<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/" version="2.0" xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/"><channel><title><![CDATA[Infobae.com]]></title><link>https://www.infobae.com</link><atom:link href="https://www.infobae.com/arc/outboundfeeds/rss/tags_slug/gueto/" rel="self" type="application/rss+xml"/><description><![CDATA[Infobae.com News Feed]]></description><lastBuildDate>Sun, 17 May 2026 00:03:53 +0000</lastBuildDate><language>es</language><ttl>1</ttl><sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod><sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency><item><title><![CDATA[En el aniversario de la aniquilación del gueto de Varsovia: un sitio de memoria, la resistencia más célebre y una mujer olvidada    ]]></title><link>https://www.infobae.com/historias/2025/05/16/en-el-aniversario-de-la-aniquilacion-del-gueto-de-varsovia-un-sitio-de-memoria-la-resistencia-mas-celebre-y-una-mujer-olvidada/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/historias/2025/05/16/en-el-aniversario-de-la-aniquilacion-del-gueto-de-varsovia-un-sitio-de-memoria-la-resistencia-mas-celebre-y-una-mujer-olvidada/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[El 16 de mayo de 1943 el ejército nazi asesinó a los sobrevivientes y destruyó la Gran Sinagoga como símbolo del fin del levantamiento y de la vida judía en la capital polaca
]]></description><pubDate>Sun, 18 May 2025 10:34:48 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/VIS2MG2CPJAEDNZN325KLQXT3U.jpg?auth=f26607aeaa1e739f4172728c53b7e67d34dc03a88a603d89cd599e17819b3dba&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Un niño y un grupo de civiles judíos salen, a punta de pistola, del búnker donde estaban ocultos durante el levantamiento del gueto de Varsovia" height="1080" width="1920"/><p>Hay una foto grabada en la retina. Y en un álbum en el placard. Es 2006, es Polonia, es <b>Mila 18</b>. Un montículo de pasto verde erigido sobre las cenizas de un búnker enterrado en lo que había sido esa dirección: calle Miła, número 18, <b>Varsovia</b>. Ahí intentaron resistir, al final del levantamiento del gueto, quienes integraban la Organización de Combate Judía (Żydowska Organizacja Bojowa, en polaco) conocida como ŻOB, junto a su comandante, Mordejái Anielewicz —o, castellanizado, Mordejai Anilevich—. Ahí muchos de ellos fueron asesinados.</p><p>El montículo se levantó en 1946 con los escombros de las casas cercanas —las ruinas a las que, en 1943, los soldados nazis habían reducido el gueto—, en homenaje a los combatientes muertos. Lo llamaron <b>Montículo Anielewicz</b>. En la cima, una piedra con una inscripción en polaco, hebreo e idish: “En este lugar, el 8 de mayo de 1943, el comandante del levantamiento del gueto de Varsovia, Mordechai Anielewicz, junto con su tropa ŻOB y varias docenas de combatientes de la resistencia judía, <b>murieron como soldados en la lucha contra los ocupantes alemanes</b>”.</p><p>En la foto hay una ronda tejida por un grupo numeroso de jóvenes de 18 años de diferentes partes del mundo, con diferentes lenguas. Es un acto por el aniversario del levantamiento del gueto, en el marco de un programa educativo para líderes comunitarios que incluía ese viaje hacia el corazón —o hacia las cenizas— de la historia. Al país donde se pisa, se ve, se escucha, se huele y se toca. </p><p>Cementerios. Sinagogas. Restos de pueblos. Las plazas y sitios donde los soldados nazis ordenaban a los judíos reunirse antes de ser deportados. Los trenes en los que se los llevaban a la muerte. Las vías. Auschwitz, Majdanek, Treblinka —los campos de concentración y exterminio—. El gueto de Varsovia, el mayor de todos los guetos levantados en Europa por el nazismo. Las alcantarillas en las que algunas personas se escondieron. Resistieron. Todo lo que un itinerario desbordado y casi sin respiro depara en este tipo de viajes —que incluía películas sobre la <i>Shoá</i> (el Holocausto judío) en los traslados en micro de un sitio a otro—. </p><p>En el acto, en la ronda, en la foto, en Mila 18, un sitio de la memoria emblemático aunque quizás no tan conocido a nivel mundial, se recordaba a quienes resistieron, a quienes lucharon. Se leía la última carta de Anilevich, como solía hacerse. </p><p>En ningún momento de ese viaje vasto de contenidos, en ningún apartado, en ningún rincón se habló de mujeres como <b>Zivia Lubetkin, una de las fundadoras del ŻOB y lideresa de la resistencia judía</b>. Así como fueron invisibilizadas en la mayoría de los ámbitos y tramos de la historia, en los conflictos armados, sus protagónicos también se difuminaron detrás del de sus compañeros varones. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/INIS7E5RERBJNDYBO2BX6FUQN4.jpg?auth=ebf30cc22cc8e846b0e7d57890fcbb00184ed82fc0eaf9453e44be947d2dde4d&smart=true&width=1920&height=1394" alt="Destrucción del gueto de Varsovia" height="1394" width="1920"/><p>La historia, a grandes rasgos, es más o menos conocida. </p><p>Entre el 19 de abril y el 16 de mayo de 1943, un ejército judío del gueto de Varsovia se enfrentó a las tropas alemanas para evitar la deportación masiva hacia los campos de exterminio donde sabían una muerte segura.</p><p>Desde la invasión alemana a Polonia, en 1939, los nazis comenzaron a despojar a los judíos de sus casas para reubicarlos en pequeñas zonas de las ciudades destinadas solo para ellos: <b>los guetos</b>. Unos tres millones de judíos polacos fueron reunidos en esta suerte de barrios donde vivían hacinados, carentes de alimento y todo tipo de recursos escenciales para la vida. Donde eran continuamente vigilados, apaleados, amenazados, asesinados si así lo querían los centinelas alemanes.</p><p>En el gueto de Varsovia, el mayor de todos, vivían —subsistían— casi 400.000 judíos: <b>el 30% de la población de la ciudad concentrado en poco más del 2% de su superficie</b>. Ahí comenzaron a morir de a miles por las enfermedades propias del hacinamiento, por el hambre. </p><p>A mediados de 1942, habiendo sido aprobada por las nazis un año antes la “solución final” —la decisión de trasladar a todos los judíos de Europa a campos de extermino para ser aniquilados— empezaron las deportaciones en el gueto de Varsovia. </p><p>La resistencia judía —formada principalmente por el ŻOB, la organización clandestina de lucha armada de izquierda, liderada por Anielewicz, y el ŻZW (sigla de Żydowski Związek Wojskowy, Unión Militar Judía, en español) la organización de lucha armada de derecha, liderada por Pawel Frenkel— comenzó a entrenar tropas. No incitaron a la lucha en un principio, ya que cuando comenzaron los primeros traslados creyeron en lo que los nazis les habían dicho: que los deportados serían llevados a campos de trabajo donde vivirían mejor. </p><p>Los rumores de lo que en verdad sucedía con quienes se subían a los trenes tardaron algunos meses en cruzar las fronteras metálicas del gueto. Para fines de ese año ya se habían colado entre los habitantes que quedaban. Costaba creer que fuera cierto. Costaba imaginar que, en realidad, las decenas de miles de personas deportadas habían sido conducidas a una muerte en masa.</p><p>Terminaba 1942 cuando supieron que pronto habría nuevas deportaciones. De los 400.000 que habían sido en el gueto <b>solo quedaban unas 60.000 personas</b>. Algunas de ellas <b>decidieron luchar</b>. Estaban determinadas: no se dejarían arrastrar a ese destino que parecía inexorable sin dar pelea. </p><p>Eran una minoría, <b>unos setecientos hombres y mujeres organizados</b>. Y sin embargo <b>la resistencia armada era un hecho</b>. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/VXXO3V5QGJATZCNU3RJSOQLGBY.jpg?auth=193095421446ed343068d7c7c5036950af4372e515cc1e5b760dd782822887b7&smart=true&width=1920&height=1379" alt=""Bandidos aniquilados en batalla", escribió en su informe el SS al mando de la aniquilación del gueto, Jürgen Stroop " height="1379" width="1920"/><p>En enero de 1943, el jefe de las SS, Heinrich Himmler, ordenó que se reanudaran las deportaciones del gueto. Los combatientes de la resistencia lo supieron. No tenían muchas armas ni tecnologías de punta. Pistolas, revólveres, fusiles viejos, una ametralladora, explosivos artesanales y algunas granadas que había podido hacerles llegar la Armia Krajowa, el primer movimiento de resistencia polaca de la Segunda Guerra Mundial, era todo su arsenal. </p><p>Entre el 18 y el 21 de enero, ante la sorpresa de los alemanes, <b>el gueto resistió</b>. Las organizaciones ŻOB y ŻZW lograron expulsar a los soldados de las SS, que imaginaban que las deportaciones serían rápidas y sin incovenientes. </p><p>Antes de irse, en venganza de lo sucedido, el 21 de enero los alemanes masacraron a mil judíos en la plaza principal, pero suspendieron las nuevas deportaciones, abandonaron el gueto y se prepararon para el contraataque. </p><p>Con el fervor de la victoria, los combatientes de la resistencia se prepararon para una lucha mayor: <b>un levantamiento a gran escala</b>. Planificaron estrategias, cavaron cientos de búnkeres y túneles subterráneos, construyeron pasajes en los tejados, una red de comunicación por las alcantarillas. Y esperaron por los alemanes. </p><p>Los nazis buscaron refuerzos. Tanques, vehículos blindados, armas químicas, lanzallamas. <b>La revancha sería definitiva y la resistencia judía lo sabía. </b></p><p>Era una noche de Pesaj (las pascuas judías), el 19 de abril de 1943, cuando los SS rodearon el gueto y avanzaron. Los combatientes les tiraron bombas molotov, granadas. Los soldados nazis comenzaron a incendiar casa por casa, cuadra a cuadra, para obligar a salir a quienes se escondían dentro. Destruyeron sótanos, volaron alcantarillas y asesinaron a cada judío que encontraron.</p><p>La lucha organizada duró cuatro días. <b>La resistencia se extendió casi un mes. </b></p><p>Algunas de las personas que quedaban con vida se escondieron en los refugios. Muchas otras se suicidaron. Algunas mujeres detonaron granadas que escondían bajo su ropa al ser detenidas. En los sótanos de los edificios en ruinas se ovillaban sobrevivientes entre los cadáveres y las ratas. </p><p>El 8 de mayo los alemanes tomaron el cuartel general del ZOB y <b>masacraron a todos</b>. Mordechai Anielewicz se suicidó antes de que llegaran, como la mayoría de los líderes del combate. Otros —poquísimos, quizás no más de tres o cuatro—, lograron escapar.</p><p>Para dar por finalizada la revuelta los soldados nazis terminaron de incendiar el gueto y <b>destruyeron la Gran Sinagoga, lo que representaba el fin de la vida judía en Varsovia</b>.</p><p>El 16 de mayo, el general de las SS Juergen Stroop, al mando del aniquilamiento del gueto, <b>declaró que la batalla había terminado</b> y que habían capturado 56.065 judíos. Unos 13.000 habían muerto en el ataque alemán o asfixiados en sus propios búnkeres; los otros 40.000 fueron deportados a los campos de exterminio de Treblinka, Majdanek y a otros de trabajos forzados. </p><p>Donde funcionaba el gueto se desplegó el campo de concentración de Varsovia, que se utilizó para encerrar polacos y fusilar a quienes a los nazis se les antojara.</p><p>Aún así, durante el levantamiento, <b>la resistencia polaca pudo liberar a 380 judíos</b> de la cárcel que habían creado los alemanes dentro del gueto —situada en la calle Gęsia que luego fue rebautizada Anielewicz en homenaje al líder de la revuelta—. Muchos de los liberados se unieron a la Armia Krajowa, igual que los combatientes que lograron subsistir en las alcantarillas o escapar se sumaron a los grupos de resistencia escondidos en los bosques alrededor de Varsovia.</p><p>&nbsp;Zivia Lubetkin, fundadora y lideresa del ŻOB, fue una de ellos. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/3PEPUZA4LJA77HJCGQTJMTMPKU.jpg?auth=8085e2410b9e64c740a86bafa003ad59ec69c1b0dca3179cef4f60cfe23036a4&smart=true&width=800&height=440" alt="Zivia Lubetkin" height="440" width="800"/><p>Quizás trascendieron ¿siete?, ¿diez?, ¿quince? Unos pocos nombres de mujeres que tuvieron roles activos en todas las iniciativas para luchar contra el nazismo. <b>Fueron muchísimas más</b>. Cuando se investiga sobre su papel en la resistencia no aparecen parvas de información —y aunque hubo un sin fin de formas de resistir a la <i>Shoá</i>, en este caso se alude a la lucha armada—. No porque no las hubiera sino porque aún tienen poco lugar en la narración de los hechos. </p><p>Pero sí hay un puñado de ellas a las que, poco a poco, se les hizo justicia. Sus historias comenzaron a aparecer en algunas muestras de museos del holocausto que dedican un fragmento específico a las mujeres que lucharon o en alguna muestra completa en su honor. Esto, mayormente, en años recientes. Impulsada esta reivindicación por la conquista de la escena pública de los feminismos en todo el mundo, que sacudió e impactó en todo los ámbitos. En todos los acontecimientos. </p><p>Zivia Lubetkin, quien plantó cara y cuerpo ante el avance del genocidio, también <b>lideró el levantamiento del gueto de Varsovia</b> —entre otras acciones de resistencia al nazismo— y vivió para contarlo. Fue una de ellas.</p><p>Conocida también como Celina, Zivia nació en Polonia, en la ciudad de Byteń, cerca de lo que hoy es Bielorrusia. En su adolescencia se sumó al movimiento juvenil sionista Dror, y en 1938 se convirtió en miembro de su consejo ejecutivo. Cuando a Alemania ya se le había añadido el adjetivo nazi y la Unión Soviética invadió Polonia, en 1939, se lanzó a un viaje riesgoso desde la parte ocupada por los soviéticos hasta Varsovia para <b>unirse al movimiento clandestino de lucha contra el nazismo</b>. </p><p>En 1942, Lubetkin cofundó el Bloque Antifascista Sionista de Izquierdas, que sería la primera organización de resistencia contra las fuerzas alemanas en el gueto de Varsovia. Y luego cofundó el ŻOB, grupo en el que fue la única mujer en un puesto de mando. </p><p>Durante sus años de activismo clandestino, <b>su nombre, Zivia, pasó a ser la palabra clave para “Polonia”</b> en las cartas que enviaban diferentes grupos de la resistencia. </p><p>Fue una de las 34 combatientes que sobrevivieron a la guerra. </p><p>Cuando el levantamiento del gueto de Varsovia se acercaba a su fin, condujo al grupo que había sobrevivido y estaba a su cargo a través de las alcantarillas de la ciudad. Después siguió activamente en la resistencia.</p><p>En 1944 participó en el levantamiento de los habitantes de Varsovia y peleó en las unidades de la Armia Krajowa. Aunque la mayoría de sus integrantes serían asesinados en manos de los alemanes, <b>Lubetkin logró sobrevivir</b> con otros combatientes refugiándose en un hospital.</p><p>Cuando la Segunda Guerra Mundial terminó, se involucró activamente en la comunidad de sobrevivientes del holocausto en Europa. Fue parte de la creación de Brijá, una organización que ayudó a los judíos de Europa del Este y del centro a cruzar las fronteras, por canales de inmigración ilegal, para llegar a Israel, que entonces era gobernado por el Mandato Británico. Ella también emigró allí en 1946. Se casó con Yitzjak Zuckerman, también comandante de la ŻOB, y junto con otros combatientes del gueto de Varsovia y partisanos sobrevivientes fundaron el Kibbutz Lohamei HaGuetaot y el Museo de la Casa de los Combatientes del Gueto.</p><p>En 1961 <b>testificó en el juicio contra Adolf Eichmann</b>. En 1968 <b>vino a la Argentina </b>y fue la oradora principal del acto en conmemoración del levantamiento del gueto de Varsovia que se realizó el 25 de abril en el Luna Park. Allí, dijo: “Sabíamos que nuestra lucha no era para salvar nuestras vidas, ya que la resistencia judía no podía luchar e imponerse sobre las fuezas alemanas, quedar con vida y salvar a los judíos combatientes. <b>Fue una lucha por el honor del pueblo y del hombre</b>; y para combatir por un pueblo hay que hacerse junto a él, donde este se encuentre. El pueblo se encontraba en los guetos, por eso elegimos luchar entre las ruinas y las casas humeantes de los judíos”.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/VIS2MG2CPJAEDNZN325KLQXT3U.jpg?auth=f26607aeaa1e739f4172728c53b7e67d34dc03a88a603d89cd599e17819b3dba&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Un niño y un grupo de civiles judíos salen, a punta de pistola, del búnker donde estaban ocultos durante el levantamiento del gueto de Varsovia. La fotografía, una de las más icónicas de la Segunda Guerra Mundial, era parte de un informe del oficial de las SS y la Policía, Jürgen Stroop, para el comandante Heinrich Himmler, titulado: «¡Ya no hay barrio judío en Varsovia!». (Foto de Keystone/Hulton Archive/Getty Images)
]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Keystone</media:credit></media:content></item><item><title><![CDATA[El diario de un adolescente judío relata el dolor y la resiliencia en un gueto nazi]]></title><link>https://www.infobae.com/america/the-new-york-times/2024/07/04/el-diario-de-un-adolescente-judio-relata-el-dolor-y-la-resiliencia-en-un-gueto-nazi/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/america/the-new-york-times/2024/07/04/el-diario-de-un-adolescente-judio-relata-el-dolor-y-la-resiliencia-en-un-gueto-nazi/</guid><dc:creator><![CDATA[Joseph Berger]]></dc:creator><description><![CDATA[En una exposición en línea, el Instituto YIVO de Investigación Judía explorará el relato de Yitskhok Rudashevski. Tenía 13 años cuando los alemanes tomaron Vilnius, Lituania]]></description><pubDate>Thu, 04 Jul 2024 22:14:05 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/UXFYRQLKQRAWTCF2AQC4EDQMHA.jpg?auth=3d45c3ede3e85126983413163c7fbd635bdf2ee64c3312475089cafe4dddc686&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Yitskhok Rudashevski en la década de 1930, antes de la toma nazi de Vilnius, Lituania (Israel/Archivo fotográfico, vía Instituto YIVO para la Investigación Judía)" height="1080" width="1920"/><p>No ha tenido el impacto del diario clásico de <b>Ana Frank</b>, pero el diario de otro adolescente de la <b>Segunda Guerra Mundial</b> ha proporcionado durante mucho tiempo una imagen vívida de las miserias de la vida en un gueto judío y las sorprendentes formas en que soportaron sus condenados habitantes.</p><p>Ahora, a partir del 17 de julio, el Instituto YIVO para la Investigación Judía en Manhattan centrará su atención en el diario del adolescente Yitskhok Rudashevski, convirtiéndolo en la segunda entrega de lo que el instituto llama su “museo en línea” de la historia judía.</p><p>En junio de 1941, a la edad de 13 años, Yitskhok comenzó a hacer una crónica de la vida cotidiana en Vilnius, Lituania (Vilna en yiddish). Registró la toma de la ciudad por parte del ejército alemán de manos de sus ocupantes soviéticos, describió el confinamiento de los 55.000 judíos de Vilnius en dos guetos y documentó los primeros informes de masacres sistemáticas en el suburbio boscoso de Ponar, donde finalmente murieron 70.000 judíos, 8.000 prisioneros de guerra soviéticos y 2.000 intelectuales polacos fueron asesinados a tiros o ametrallados por los escuadrones de exterminio nazis “einsatzgruppen” y voluntarios lituanos.</p><p><b>Yitskhok</b> fue asesinado en <b>Ponary</b> en octubre de <b>1943</b>. Su primo localizó el diario, escrito en yiddish, en un escondite en un ático y se lo entregó al poeta <b>Abraham Sutzkever</b>, quien había rescatado decenas de preciosos libros, manuscritos y cartas de la biblioteca original de <b>YIVO</b> en <b>Vilna</b>. El diario ha sido exhibido anteriormente, principalmente en una traducción hebrea en <b>Yad Vashem</b> en <b>Israel</b>, pero no en un texto completo en inglés ni con una nueva traducción de Solon Beinfeld.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/W2V53AAJO5D4RHXTL5QMT4CMFM.jpg?auth=c588d4a5e310af291ede8829fd98632d7e2758bb898fef3972768d3028b9e676&smart=true&width=1920&height=1508" alt="El diario de Yitskhok ofrece una perspectiva más amplia sobre la vida bajo la persecución nazi que el diario de Ana Frank (Instituto YIVO para la Investigación Judía)" height="1508" width="1920"/><p>Alexandra Zapruder, cocuradora de la exposición en línea, dijo que el diario se destacaba entre los 85 diarios del <b>Holocausto</b> escritos por adolescentes judíos por su elocuencia juvenil. ”<b>Tenía un talento literario extraordinario</b>”, dijo. “Después de haber leído docenas de diarios de adolescentes, muy pocos alcanzan este nivel de habilidad literaria, dominio del lenguaje y espíritu de observación”.</p><p>El diario difiere del de Ana Frank, dijo Zapruder, porque detalla la narrativa amplia de los judíos de una ciudad, mientras que el aislamiento de Ana con miembros de su familia y otras personas en un “anexo secreto” la llevó a narrar esa experiencia claustrofóbica.</p><p>La exposición, “El relato de un adolescente sobre la vida y la muerte en el gueto de Vilna”, utilizará una variedad de materiales para explorar el diario y sus implicaciones, incluyendo animación, novelas gráficas, dramatizaciones en video y otras características interactivas, dijo el instituto.</p><p>El diario de <b>Yitskhok</b> comienza con una descripción exuberante de una reunión de su grupo juvenil comunista, los Pioneros. Pero su bonhomía se ve repentinamente destrozada por el aullido de las sirenas y el ruido sordo de las bombas. En cuestión de semanas, se ordena a los judíos abandonar sus hogares hacia dos guetos.</p><p>“Es una imagen de la Edad Media”, <b>escribe Yitskhok</b>. “Una gran masa negra de gente se mueve, enganchada a sus grandes bultos. Entendemos que pronto será nuestro turno. Miro la habitación desordenada, los bultos, la gente abrumada y desesperada”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/FA5O7SHYSFGSDMI3YSV2X5QXQ4.jpg?auth=cb1ee1ace523cb92421446590968f5af892f73b9dd4e38be958f1d632cae7ffe&smart=true&width=1920&height=1307" alt="Docenas de judíos se alineaban para ser ejecutados en el bosque de Ponar, en la Lituania ocupada por los alemanes, en 1941. Yitskhok sería asesinado en este bosque en 1943 (Instituto YIVO para la Investigación Judía)" height="1307" width="1920"/><p>La familia de <b>Yitskhok</b> estaba hacinada en un apartamento que tenían que compartir con otras familias.<b>”Además de nosotros cuatro, hay 11 personas en la sala”</b>, escribió. “La habitación está sucia y embarrada. Es estrecho. La primera noche del gueto. Tres de nosotros nos acostamos en dos puertas. No duermo. Mis oídos se llenan del lamento de este día. Escucho la respiración intranquila de las personas con las que tan repentinamente me he encontrado, personas que de repente han sido desarraigadas de sus hogares, como yo”.</p><p>A pesar de la desnutrición y las malas condiciones sanitarias que sufrieron los habitantes en los meses siguientes, establecieron escuelas y clubes juveniles, publicaron un periódico, organizaron una exposición sobre un poeta popular y celebraron el libro número 100.000 prestado de la biblioteca del gueto.</p><p><b>“A las nueve nos reunimos en la cocina”</b>, escribió sobre un evento social en el que se repartió un kugel (pastel) de papa. “Miro a mi alrededor a los presentes. Todos ellos nuestros más cercanos y queridos profesores, amigos y camaradas. Se siente tan íntimo, tan cálido, tan placentero. Esta tarde hemos demostrado quiénes somos y qué podemos hacer”.</p><p>“<b>Hasta altas horas de la noche cantamos junto con los adultos canciones que hablan de juventud y esperanza</b>”, escribió. “Estábamos tan felices, tan felices”.</p><p>“<b>Hemos demostrado que no será una juventud destrozada la que saldrá del gueto</b>”.</p><p>En abril, su destino quedó claro. Llegaron noticias de que 85 vagones de ferrocarril llenos con 5.000 judíos fueron llevados a <b>Ponary</b>, donde fueron asesinados a tiros en fosos destinados al almacenamiento de combustible. “El gueto quedó profundamente sacudido, como si hubiera sido golpeado por un trueno”, escribió <b>Yitskhok</b>. “El ambiente de masacre se ha apoderado de la población”.</p><p><b>“Las garras del halcón han vuelto a aparecer ante nosotros”</b>, escribió. “La gente está encerrada en una jaula y al otro lado acecha el enemigo, que se prepara para aniquilarnos de forma refinada y según un plan, como lo ha demostrado la masacre de hoy”.</p><p><i>© The New York Times 2024</i></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/UXFYRQLKQRAWTCF2AQC4EDQMHA.jpg?auth=3d45c3ede3e85126983413163c7fbd635bdf2ee64c3312475089cafe4dddc686&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Yitskhok Rudashevski in the 1930s before the Nazi takeover of Vilnius, Lithuania, which he recounted poignantly in a diary as a teenager.Credit...Ghetto Fighters' House Museum, Israel/Photo Archive, via YIVO Institute for Jewish Research]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[La conmovedora historia del niño de 3 años que sobrevivió a un campo de concentración nazi como en la película La Vida es Bella]]></title><link>https://www.infobae.com/america/mundo/2024/06/24/la-conmovedora-historia-real-del-nino-de-3-anos-que-sobrevivio-a-un-campo-de-concentracion-nazi-como-en-la-pelicula-la-vida-es-bella/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/america/mundo/2024/06/24/la-conmovedora-historia-real-del-nino-de-3-anos-que-sobrevivio-a-un-campo-de-concentracion-nazi-como-en-la-pelicula-la-vida-es-bella/</guid><dc:creator><![CDATA[Francisco González Tomadin]]></dc:creator><description><![CDATA[Roberto Benigni no conocía la historia de Janek Schleifstein cuando creó la película consagratoria. La increible historia de supervivencia de un pequeño polaco que se trasnformó en el testigo más joven de la barbarie]]></description><pubDate>Mon, 24 Jun 2024 13:19:04 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/ZFBNY3JHLBAZBJGOSD7OZ7LTB4.jpg?auth=2a3ddfb5ebfbca9bb6fbfa87beccdc8525691f2f5ec25f0f66eb14e06ed94dca&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Janek Schleifstein nació en el gueto de Sandomierz en 1941, en pleno régimen nazi.
" height="1080" width="1920"/><p>En el invierno perpetuo del gueto de <b>Sandomierz,</b> un niño nació en medio del caos y el miedo. <b>Janek Schleifstein</b>, el 7 de marzo de 1941, abrió los ojos a un mundo que ya se había oscurecido por la sombra del régimen nazi. La vida en el <b>gueto</b> era una constante lucha por la supervivencia, una danza macabra entre la esperanza y la desesperación. A sus apenas un año de vida, Janek ya conocía la penumbra de los <b>sótanos</b> donde sus padres lo escondieron para salvarlo de los guardias nazis que consideraban a los niños <b>“inútiles para el trabajo”.</b></p><p>Cuando el gueto fue evacuado en 1942, la familia fue trasladada al gueto de <b>Czestochowa</b>, donde los prisioneros eran obligados a trabajar en la fábrica de armas HASAG. En este nuevo infierno, Janek aprendió la regla de oro: nunca llorar. El sonido más mínimo podía ser una sentencia de muerte. Durante 18 meses vivió en completa oscuridad, escondido en sótanos, donde sólo veía la luz cuando sus padres bajaban con comida y velas. Para protegerlo de los ratones, su madre consiguió un gato que cazaba en la penumbra.</p><p>La vida en el sótano era una prisión dentro de una prisión. Los muros húmedos y fríos, impregnados de desesperanza, eran el único mundo que Janek conocía. Sus padres, <b>Israel</b> y <b>Esther Schleifstein</b>, se turnaban para visitarlo, trayendo no solo alimento, sino también un rayo de humanidad y amor en medio de la oscuridad. Cada descenso al sótano era una arriesgada misión: el más mínimo ruido podría atraer a los guardias nazis. Las velas parpadeantes proyectaban sombras temblorosas en las paredes, creando un ambiente de constante temor y vigilancia.</p><p>El sótano no era solo un escondite, sino un lugar donde Janek aprendió las primeras lecciones de supervivencia. Sus padres le enseñaron a quedarse completamente inmóvil y en silencio. El llanto, la risa o cualquier sonido podían significar la muerte. Aprendió a comunicarse en susurros y a moverse sigilosamente. A pesar de su corta edad, comprendió la gravedad de su situación y la necesidad de obedecer para mantenerse con vida.</p><p>El gueto de Czestochowa estaba repleto de historias similares de niños escondidos en los lugares más improbables: sótanos, áticos, armarios. Los padres vivían en una tensión constante, divididos entre el trabajo forzado y la protección de sus hijos. Los guardias nazis eran implacables en su búsqueda de niños, considerados <b>“inútiles”</b> y, por lo tanto, destinados a ser enviados a <a href="https://www.infobae.com/tag/auschwitz/" target="_blank">Auschwitz</a>. Cada inspección era un ejercicio de nervios de acero y fe desesperada.</p><p>En medio de esta oscuridad, Israel y Esther hicieron lo imposible por mantener viva la chispa de la infancia de Janek. Le cantaban canciones de cuna en susurros, le contaban historias y le daban pequeños objetos para jugar. Un <b>gato </b>se convirtió en su silencioso compañero, cazando ratones que podían convertirse en un peligro para el niño. Estos pequeños gestos eran actos de resistencia, un recordatorio de que aún existía amor y cuidado en un mundo desprovisto de humanidad.</p><p>Las condiciones en el sótano eran extremas. El aire estaba viciado y húmedo, y la oscuridad constante afectaba los sentidos y la mente. Janek rara vez veía la luz del día, y su piel palideció a causa de la falta de sol. Las visitas de sus padres eran la única ruptura en la monotonía oscura y opresiva. La comida escaseaba, y cada bocado era una lucha contra el hambre persistente.</p><p>El riesgo de ser descubierto era omnipresente. Los registros y redadas de los nazis eran implacables. En cada inspección, Israel y Esther se jugaban la vida, escondiendo a su hijo con la esperanza de que no fuera encontrado. La tensión era palpable, un hilo constante que mantenía a la familia al borde del abismo.</p><p>En septiembre de 1943, cuando el personal de la fábrica fue reemplazado por polacos y los judíos fueron trasladados al campo de concentración de Buchenwald, Janek salió finalmente de la oscuridad del sótano. Pero su lucha estaba lejos de terminar. Su padre convirtió la supervivencia en un juego, prometiéndole tres terrones de azúcar a cambio de su silencio y obediencia. La promesa de azúcar y la devoción paterna se convirtieron en el salvavidas del pequeño.</p><p>La historia de Janek encuentra eco en la película<b> “La vida es bella”</b> de <a href="https://www.infobae.com/tag/roberto-benigni/" target="_blank"><b>Roberto Benigni</b>,</a> aunque el director italiano no conocía esta historia real cuando creó su obra en 1997. La película narra cómo un padre, interpretado por el propio Benigni, convierte la brutalidad de un campo de concentración en un juego para proteger a su hijo de cinco años, asegurándole que deben acumular puntos para ganar un tanque. La ficción y la realidad convergen de manera inquietante en este relato, donde el amor paternal se erige como el último bastión contra la barbarie.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/6WL4A36JZVFJHIOFDRNPD2OHME.jpg?auth=4e308b5fd23cc93447bf3129a0f0cb0e0dbfc2d148167f78e2acc6e9563e167b&smart=true&width=1920&height=1440" alt="Roberto Benigni no conocía la historia de Janek cuando creó "La vida es bella" (Wikipedia)" height="1440" width="1920"/><p>Benigni recibió tres premios Oscar por su conmovedora película, que fue aclamada en todo el mundo por su enfoque único y emotivo del Holocausto. Sin embargo, el director desconocía que, en los oscuros rincones de Buchenwald, la historia de Janek Schleifstein se desarrollaba de manera similar. La vida de Janek, con sus elementos de ocultamiento, juego y la constante amenaza de la muerte, se refleja en la trama de “La vida es bella”. La diferencia radica en la brutal honestidad de la realidad frente a la interpretativa ficción cinematográfica.</p><p>En Buchenwald, la realidad fue aún más despiadada. La madre de Janek fue enviada a otro campo de concentración, <b>Bergen-Belsen</b>, y muchos niños y ancianos fueron fusilados al llegar. Hermann Pister, el comandante del campo, sentenció: <b>“Necesitamos trabajadores, no parásitos”.</b> Aun así, Janek logró sobrevivir gracias a la ayuda de dos comunistas alemanes que lo escondieron y compartieron con él las raciones de pan y agua de lluvia. Uno de los prisioneros talló un pequeño caballo de madera, un juguete que sería tanto un consuelo como un peligro.</p><p><b>Israel Schleifstein </b>ideó múltiples estrategias para ocultar a su hijo en el campo. Inicialmente, Janek fue escondido en los rincones más oscuros de los barracones, entre montones de ropa vieja y escombros. Las inspecciones de los guardias eran constantes y cualquier hallazgo podía ser fatal. Los comunistas alemanes, arriesgando sus propias vidas, ayudaron a<b> Israel </b>a construir escondites más seguros dentro del barracón. Se cavaron pequeñas cavidades en el suelo y se camuflaron con tablas sueltas y paja.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/IQOOWR3WE5FCXEUKZVA3WWGP4I.jpg?auth=715d134e2c325361544d4e70d0fe5e3b2437d6c0d702848615ef75dc4d88ae65&smart=true&width=1920&height=1080" alt="En Buchenwald, los comunistas alemanes ayudaron a ocultar y alimentar a Janek (Wikipedia)" height="1080" width="1920"/><p>Durante una inspección, un guardia de las SS descubrió el escondite de Janek, pero un milagro lo salvó: el <b>guardia</b>, al recordar a su propio hijo de la misma edad, decidió no delatarlo. En su lugar, convirtió a Janek en la <b>“mascota de Buchenwald”,</b> ordenando coserle un uniforme de campamento y haciéndolo participar en los chequeos matutinos. Sin embargo, la amenaza persistía; cada visita de oficiales de alto rango obligaba a Janek a esconderse nuevamente. En una ocasión, Janek fue descubierto jugando en el patio por un subdirector del campo, quien ordenó su ejecución inmediata. Israel, con astucia y desesperación, logró aplazar la orden prometiendo fabricar una silla de montar para el oficial, quien fue enviado al frente oriental antes de que pudiera llevar a cabo su amenaza.</p><p>El juguete de madera que un prisionero talló para Janek, un <b>pequeño caballo</b>, se convirtió en un símbolo de su lucha por la inocencia en medio de la barbarie. Sin embargo, este mismo juguete casi lo delata durante una inspección sorpresa. A pesar de este peligro constante, la habilidad de Janek para seguir las instrucciones de su padre y mantenerse en silencio fue crucial para su supervivencia. Cada día era un nuevo desafío, una nueva oportunidad para resistir y sobrevivir en un ambiente donde la muerte acechaba en cada esquina.</p><p>Tras la liberación de Buchenwald el 12 de abril de 1945 por el <b>ejército estadounidense</b>, Janek experimentó una alegría indescriptible. El miedo y la oscuridad de los campos quedaron atrás, aunque las cicatrices mentales permanecieron. Janek, quien más tarde adoptaría el nombre de<b> Joseph Schleifstein</b>, emigró con su familia a los Estados Unidos en 1948, estableciéndose en Brooklyn. Durante años, la oscuridad siguió siendo su enemiga, obligándolo a dormir con la luz encendida.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/VM6CE6C7OZEL7J7WQMQA5Y2J7I.jpg?auth=47d953a132b342cc3814cee2703fcebcee228a78ab0cb00a9b0546501199744e&smart=true&width=1920&height=2666" alt="Tras la liberación de Buchenwald, Janek emigró con su familia a los Estados Unidos (Wikipedia)" height="2666" width="1920"/><p>En 1947, a la edad de seis años, Janek se convirtió en el testigo más joven en los juicios contra los guardias de Buchenwald, su testimonio fue fundamental para condenar a 22 oficiales, de los cuales 11 fueron ejecutados.</p><p>Su historia, marcada por el horror y la resiliencia, permaneció en silencio durante décadas, hasta que encontró la fuerza para compartirla con el mundo. La conexión entre la vida de Janek y la obra de Benigni subraya la capacidad humana para encontrar esperanza y significado en los momentos más oscuros. La ficción de “La vida es bella” y la realidad de Janek Schleifstein convergen en una potente lección sobre el amor, la resistencia y el ingenio humano frente a la abrumadora crueldad.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/ZFBNY3JHLBAZBJGOSD7OZ7LTB4.jpg?auth=2a3ddfb5ebfbca9bb6fbfa87beccdc8525691f2f5ec25f0f66eb14e06ed94dca&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"/></item></channel></rss>