<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/" version="2.0" xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/"><channel><title><![CDATA[Infobae.com]]></title><link>https://www.infobae.com</link><atom:link href="https://www.infobae.com/arc/outboundfeeds/rss/tags_slug/david-copperfield/" rel="self" type="application/rss+xml"/><description><![CDATA[Infobae.com News Feed]]></description><lastBuildDate>Wed, 23 Sep 2026 01:20:38 +0000</lastBuildDate><language>es</language><ttl>1</ttl><sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod><sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency><item><title><![CDATA[Nicole Neumann contó por primera vez cuando una figura internacional intentó seducirla: “Me encaró, ¿sigue vivo?"]]></title><link>https://www.infobae.com/teleshow/2026/04/23/nicole-neumann-conto-por-primera-vez-cuando-una-figura-internacional-intento-seducirla-me-encaro-sigue-vivo/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/teleshow/2026/04/23/nicole-neumann-conto-por-primera-vez-cuando-una-figura-internacional-intento-seducirla-me-encaro-sigue-vivo/</guid><dc:creator><![CDATA[Sebastián Volterri]]></dc:creator><description><![CDATA[En plena expansión de su carrera en el streaming y rodeada de rumores sobre su vida personal, la modelo rememoró el famoso encuentro]]></description><pubDate>Thu, 23 Apr 2026 17:28:32 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://www.infobae.com/tag/nicole-neumann/" target="_blank" rel="" title="https://www.infobae.com/tag/nicole-neumann/"><b>Nicole Neumann</b></a> sorprendió en su flamante programa de streaming al compartir un episodio desconocido de su vida privada. En medio de rumores sobre una posible crisis matrimonial con <a href="https://www.infobae.com/tag/manu-urcera/" target="_blank" rel="" title="https://www.infobae.com/tag/manu-urcera/"><b>Manu Urcera</b></a>, Nicole eligió concentrarse en la crianza, además del trabajo, y en esta nueva incursión en el mundo digital es donde se animó a relatar <b>una anécdota que involucra a un ícono internacional de la magia.</b></p><p>Durante la emisión y escoltada por su hermana <i><b>Gege</b></i> y por <b>Toto Otero</b>, Nicole lanzó una afirmación inesperada:<b> “A mí me encaró </b><a href="https://www.infobae.com/tag/david-copperfield/" target="_blank" rel="" title="https://www.infobae.com/tag/david-copperfield/"><b>David Copperfield</b></a><b> en Tequila. ¿Sigue vivo?</b> Yo estaba pasando con mis amigas, no me acuerdo el año ni si estaba soltera”. Según recordó la modelo, el encuentro transcurrió en el reconocido boliche porteño, cuando el ilusionista, considerado uno de los referentes indiscutidos de la magia contemporánea, la interceptó para entablar contacto directo.</p><p>Neumann relató que el ilusionista la detuvo mientras ella circulaba con su grupo de amigas y le propuso intercambiar teléfonos e incluso participar en su espectáculo. <b>“Pasé y me frenó y me empezó a decir ‘bueno, ¿querés dejarme tu teléfono? Me encantaría conocerte. Quizás podés ser parte del show’ </b>y le dije,<b> ‘no, bueno’</b>. Era groso. Era mega”, dejó en claro Nicole, quien a la vez aclaró que, aunque el mago era una figura de peso en el ambiente, no le resultaba atractivo desde lo personal.</p><p>La revelación de Nicole sobre el acercamiento de Copperfield aporta una faceta desconocida de la modelo, que hasta ahora no había trascendido públicamente. El episodio, relatado en primera persona y dentro del nuevo formato de streaming, suma un elemento inesperado a la vida de la modelo, que suele estar en el centro de la atención mediática por cuestiones familiares y profesionales, pero <b>rara vez por historias vinculadas a celebridades internacionales de la talla de Copperfield.</b></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/ESAXX427NVDYJLODBHRIJURRFM.jpg?auth=8cad9df842ae8c0ef62c9e304f3e15c90f38f3350fdc205b8d12daa1bc39ff68&smart=true&width=1920&height=1672" alt="David Copperfield junto con la supermodelo Claudia Schiffer en 1994 (Photo by Paul Harris/Getty Images)" height="1672" width="1920"/><p>En paralelo a la anécdota revelada, el entorno de <b>Nicole Neumann</b> se ve atravesado por versiones de una supuesta crisis con su esposo y padre de su hijo <b>Cruz</b>, el piloto <b>Manu Urcera</b>. Mientras estos rumores circulan con fuerza en el ambiente del espectáculo, Nicole opta por enfocarse en su rol maternal y en la consolidación de su carrera, particularmente a partir de su desembarco en el mundo del streaming.</p><p>La elección de compartir detalles íntimos en su nuevo espacio digital coincide con un momento de exposición mediática marcada por especulaciones sobre su vida personal. La modelo no hizo referencia explícita a la situación con Urcera durante la emisión, pero la mención pública de episodios pasados y desconocidos adquiere relevancia en el marco del actual contexto familiar.</p><p>David Copperfield es reconocido mundialmente como<b> uno de los mejores ilusionistas de su generación</b>, pionero en la magia moderna y figura habitual en el circuito internacional del espectáculo. Actualmente, <b>cuenta con 69 años</b> y es célebre tanto por sus espectáculos como por sus romances con figuras del modelaje internacional.</p><p>La relación del mago con modelos top fue desde siempre un tema de interés para la prensa global. Su historial sentimental incluye a mujeres que, como Nicole, desarrollan una carrera en las principales pasarelas del mundo. En el caso de la modelo argentina, la anécdota relatada la vincula indirectamente a ese círculo, aunque ella rechazó la invitación del mago.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/J6XSEEN3YVF53AR2K5GJ6LQHSQ.jpg?auth=b4d1ccc44ad99eb6219b038516aa94a6c3e0947c7ca6942daf574cc48591e03b&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Nicole Neumann, su pareja Manu Urcera y su hija, con protección auditiva, caminan por un circuito automovilístico, mostrando el apoyo familiar al deporte de los autos (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p>Un episodio emblemático en la vida sentimental de Copperfield es el extenso romance que mantuvo con la supermodelo alemana<b> Claudia Schiffer.</b> El inicio de la relación se remonta a octubre de 1993, durante un espectáculo del mago en Berlín. Según relató el exrepresentante de Schiffer, ella recibió 35.000 francos de la época por un primer encuentro promocional con Copperfield.</p><p>Ese evento consistió en una performance en la que Schiffer subió al escenario y el mago <b>la hizo levitar ante el público</b>. Lo que comenzó como un acuerdo comercial <b>derivó rápidamente en un vínculo sentimental</b>. Claudia Schiffer y David Copperfield estuvieron juntos <b>por casi seis años</b>, período en el que llegaron a proyectar una boda.</p><p>La historia entre el mago y la modelo alemana se consolidó como una de las parejas más famosas y comentadas de los años 90, marcando un precedente para las relaciones entre figuras del espectáculo y del modelaje internacional.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/EIXHVJW355GZ5BAG46WU4QQG7A.jpg?auth=467cbefe8a935ae32d9b53ba9874bc5a0a9e58c1feada35544873d629ccb53a3&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"/></item><item><title><![CDATA[“No se puede hacer más lento”: el ilusionista que se quedó manco a los nueve años y se ganó la admiración de David Copperfield]]></title><link>https://www.infobae.com/sociedad/2025/09/24/no-se-puede-hacer-mas-lento-el-ilusionista-que-se-quedo-manco-a-los-nueve-anos-y-se-gano-la-admiracion-de-david-copperfield/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/sociedad/2025/09/24/no-se-puede-hacer-mas-lento-el-ilusionista-que-se-quedo-manco-a-los-nueve-anos-y-se-gano-la-admiracion-de-david-copperfield/</guid><dc:creator><![CDATA[Daniel Cecchini]]></dc:creator><description><![CDATA[Era diestro y tuvo que aprender a hacer todo con la mano izquierda, incluso los trucos con las cartas que le encantaba hacer. Con ellos triunfó primero en la Argentina y después en el resto de América y Europa]]></description><pubDate>Wed, 24 Sep 2025 10:54:00 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/7PLZ3PNNKRAELBUY3MKQQDVIRM.jpg?auth=e456436de18404d476f5f6a454e69738d8353b47b0bde3015137cebbbf3a5513&smart=true&width=1920&height=2069" alt="René Lavand falleció en Tandil en 2015, dejando un legado imborrable en la historia del ilusionismo y la cartomagia mundial" height="2069" width="1920"/><p>“No se puede hacer más lento”, decía René Lavand con estudiada teatralidad cada vez que terminaba su truco de separar con una sola mano –la izquierda- las cartas rojas de las negras, una y otra vez, cada vez a menor velocidad pero sin que los espectadores pudieran descubrir el secreto. Y cada vez que lo decía, el público estallaba en aplausos. <b>No le gustaba que lo llamaran mago, ni tampoco prestidigitador. Quería que lo consideraran un ilusionista</b>. “Ilusionismo, ilusión, ¡qué bien suenan estas palabras! Me gustan más que magia, magos, prestidigitación, prestidigitadores. Me gustó el término de por sí y, además, a mi juicio, es el que más se adapta para calificar nuestro arte, pues somos precisamente eso: creadores de ilusiones. ¡A lo que puede hacernos llegar una ilusión!”, decía.</p><p>Una vez, después de una exhibición en Londres, se quedó –como muchas veces hacía– conversando con el público. Un muchacho joven, que se confesó maravillado por su habilidad con las cartas, levantó la mano y le preguntó:</p><p>-¿Qué hay que hacer para conseguir hacer la magia de forma tan profunda y personal como usted?</p><p>El ilusionista argentino pensó unos segundos, con la manga derecha del saco, vacía, metida en el bolsillo, y le contestó:</p><p>-Pierda una mano.</p><p>Cuenta su colega español Woody Aragón, que también estaba entre el público, que la gente se rio, creyendo que se trataba de una broma de Lavand sobre su propia discapacidad. Sin embargo, en esa respuesta –muy seria- radicaba la clave a partir de la cual el argentino había construido una carrera espectacular y despertado la admiración de sus colegas de todo el mundo, hasta el mismísimo David Copperfield.</p><p>Lavand lo explicaba así: “Tuve la suerte de no poder copiarle a nadie. Porque<b> no hay libro ni maestro que te enseñen técnicas para mano izquierda, así que tuve que hacerme autodidacta</b>. Porque yo tenía la suerte de tener una sola mano. Y así surge el estilo, la personalidad, lo que no se puede copiar”, contó en <i>El gran simulador</i>, el documental que Néstor Frenkel sobre su vida.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/BFUQUTCMBNBAFGN5WMNK2ULE5Y.jpg?auth=632e531075d8b331a506d770cca45301abc0bdf0c367bf14adfabb98901b4b0d&smart=true&width=1920&height=1549" alt="El artista combinó trucos de cartas, relatos literarios y música clásica para crear espectáculos de gran teatralidad y emoción" height="1549" width="1920"/><h2>Una mano perdida</h2><p>Héctor René Lavandera, que así se llamaba en los documentos detrás del nombre artístico que había construido omitiendo el primero de sus propios y acortando el apellido, sabía muy bien de lo que hablaba, precisamente porque él mismo era el resultado de una ilusión que había acunado desde chico, quizás desde el día mismo en que perdió su mano derecha en un accidente. </p><p>Nació en Buenos Aires el 24 de septiembre de 1928, de una madre maestra, Sara, y un padre zapatero, Antonio. Héctor también tenía una tía, Juana, que fue la primera que lo puso en contacto con el mundo de la magia –del ilusionismo, diría después Lavand– al llevarlo a una presentación del mago Chang.</p><p>Tenía 7 años y esa tarde vivió una mezcla de fascinación. Lo que lo fascinó fue la habilidad de ese hombre de rasgos orientales para hacer trucos con las manos; la desesperación, porque no podía descubrir cómo los lograba. Casi al final del número –esto podría leerse como una leyenda, pero lo contó el propio ilusionista muchos años después– la desesperación pudo más que todo y lo hizo gritar: “Que lo haga más lento”. Lavand no contó, en cambio, respondió a su pedido, o si siquiera lo escuchó, pero del recuerdo de ese lejano episodio, <b>nació su frase más famosa, esa que repetía después de muchos de sus trucos con las cartas: “No se puede hacer más lento”</b>.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/U37C4POSJJEM5EB3QH2LDORNLE.jpg?auth=dca4c1388ebb3b592968717c27054b0ae206364b70884696675eeb8eaabd31b0&smart=true&width=1920&height=1831" alt="El ilusionista argentino superó la pérdida de su mano derecha y creó un estilo inimitable que asombró a públicos de todo el mundo" height="1831" width="1920"/><p>Poco después la familia se mudó a Coronel Suárez, donde el padre zapatero consiguió un nuevo trabajo, como viajante, y la madre maestra se puso al frente de un aula en otra escuela. Por entonces, Coronel Suárez era un pueblo tranquilo del interior bonaerense, de modo que Sara le permitía a Héctor salir de la casa con una sola recomendación que no olvidaba repetir todos los días: “¡No cruces la calle!”. Era un chico obediente, pero una tarde del Carnaval de 1937 algo tentó al grupo de amigos con que estaba jugando a cruzar a la vereda de enfrente. Todos llegaron a salvo menos Héctor, que cayó sobre el asfalto atropellado por un auto que, además, <b>le pasó con una de sus ruedas sobre el brazo derecho y se lo destrozó. Tenía 9 años</b>.</p><p>Lo llevaron de urgencia a una clínica y el primer médico que lo atendió quiso cortarle el brazo entero por temor a que se gangrenara, pero un cirujano ortopedista le salvó una parte: solo le cortó el antebrazo y la mano. <b>Héctor era diestro y tuvo que aprender todo de nuevo</b>: a escribir, a prenderse los botones de la camisa, a atarse los zapatos, a jugar al ping pong y a la paleta e, incluso, a hacer los trucos de magia que venía intentando desde el día que había quedado fascinado por el mago Chang.</p><p>Le llevó mucho tiempo y esfuerzo construir la habilidad de la única mano que le quedaba. Lo de las cartas le resultó muy difícil: se le caían, no podía manipularlas bien, pero no se dio por vencido. Incluso se consiguió un libro de trucos que leía con avidez: <i>Secretos de Cartomagia</i>, de Joan Bernat y Esteban Fábregas. Muchos años después, Lavand contó la tristeza que podía ver en la mirada de su padre cuando lo veía leer ese libro. “En sus ojos podía leer sus palabras: ‘Pobre hijo mío’. Él sabía, tanto como yo, que ese libro estaba escrito para hombres con dos manos. Pero<b> lo que él no sabía era de lo que yo iba a ser capaz</b>”, recordó en una entrevista con la revista <i>Orsay</i>. Antonio, el padre zapatero y viajante, nunca llegó a saberlo, porque murió de cáncer en 1955. La familia ya vivía en Tandil, donde Sara trabajaba como maestra y Héctor había entrado a trabajar en un banco.</p><h2>El ilusionista manco</h2><p>En el banco contaba dinero, escribía a máquina y hacía cuanta tarea se podía hacer con una sola mano. En los ratos libres, sacaba del cajón de su escritorio un mazo de cartas y deslumbraba a sus compañeros con sus trucos, que renovaba una y otra vez. Uno de esos compañeros le sugirió que montara un espectáculo con sus números de cartomagia y también le consiguió un contacto en el Hotel Continental, donde debutó ante un público que no superaba las cincuenta personas, casi todas ellas conocidos y amigos que fueron a hacerle el aguante. El debut fue un éxito, tanto que se corrió la voz y trabajaba a sala llena. También se animó a más: <b>se inscribió en un concurso de ilusionismo que se iba a realizar en Buenos Aires y lo ganó</b>. Con eso se le abrieron las puertas al mundo del espectáculo, con presentaciones en varios teatros porteños. </p><p>La década de los ’60 recién empezaba cuando Héctor René Lavandera decidió que para darle impulso a su carrera debía buscarse un nombre artístico. Eligió jugar con los que ya tenía y así nación René Lavand, como se lo presentaba en los afiches y avisos publicitarios del Teatro Nacional, del Tabarís y también en la tele –ese medio que estaba revolucionando los hogares argentinos-, donde debutó en uno de los programas más vistos, <i>El show de Pinocho</i>, que conducía Juan Carlos Mareco.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/CVFTKMLZEFDG3CWQXML7LVIWKY.jpg?auth=7b5f9f2e7fdb3b726d0314c8de17676c27d214200c376fac99d6420fefdd2984&smart=true&width=1200&height=800" alt="Su frase "no se puede hacer más lento" se convirtió en sello personal y símbolo de su maestría en el arte de la ilusión" height="800" width="1200"/><p>Sus presentaciones eran mucho más que un simple número de cartomagia o ilusionismo, porque mientras desarrollaba sus trucos con música de Beethoven, Bach o Andrés Segovia de fondo, Lavand citaba a escritores famosos o contaba historias que le aportaban dos grandes amigos y colaboradores, Rolando Chirico y Ricardo Martín. En tono calmo, mientras sus manos jugaban con las cartas, Lavand contaba la historia del fullero griego, que usaba para su truco de poner las cartas en blanco; la del pistolero Cumanés para otro juego de cartas, o recitaba un poema que adjudicaba al chino Li Po para adornar el número que hacía con tres migas de pan y un pocillo de café.</p><p>Lavand no solo asombraba con su habilidad de ilusionista sino también con<b> su calculada –pero nunca rimbombante- teatralidad y una cuidadosa creación de climas que capturaban al público</b>. Uno de los momentos culminantes era cuando hacía el juego donde separaba las cartas rojas y las negras. Lo repetía cada vez a menor velocidad, para que el público se desesperara tratando de encontrar el truco, igual que aquel pequeño Héctor que se había fascinado con el mago Chang. Cuando lo remataba con la frase que todos esperaban: “No se puede hacer más lento”, la sala siempre se llenaba de aplausos.</p><h2>La admiración de Copperfied</h2><p>Los teatros de Buenos Aires, las giras por el interior y las presentaciones en programas de televisión le empezaron a quedar chicos y René Lavand quería más. Sabía que podía. Era hora de conquistar el mundo y el primer paso fue una gira por México, que luego repitió en otros países de América latina. En Colombia hizo una función privada para el jefe del Cártel de Cali, Gilberto Rodríguez Orejuela, y sus invitados.</p><p>El gran éxito llegó cuando se presentó en Las Vegas y lo vio uno de los productores del programa de Ed Sullivan. Tuvo una audiencia de 50 millones de espectadores, maravillados por ese ilusionista que hacía todo con su mano izquierda mientras guardaba la manga vacía del saco dentro del bolsillo derecho. “Nunca olvidaré la cara de Sullivan y el asombro de quienes nos rodeaban.<b> Un norteamericano llevando a la televisión a un prestidigitador manco... Era como presentar a un bailarín rengo</b>”, relató después.</p><p>El siguiente destino fue Europa, donde llegó de la mano de otro ilusionista, el español Juan Tamariz, que lo llevó primero a Madrid y más tarde a Francia y Alemania donde, a pesar del impedimento del idioma, trabajó a salas llenas.De sus presentaciones en Madrid, queda un secreto que reveló Ricardo Sánchez, el propietario de Magia Estudio: “Lavand medía sus sesiones de magia con una copa de vino. Empezaba con una llena y se la iba bebiendo con cada juego. Y cuando acababa la función, coincidía con la copa vacía. Es una forma fantástica de medir el tiempo de una actuación”, contó.</p><p>Después de cada gira, volvía a su querido Tandil, donde vivía con su esposa Nora. La fama nunca se le subió a la cabeza y se divertía enseñando sus trucos en “Pata de Fierro”, un vagón de ferrocarril que compró y adaptó como salón de magia. Pese a la humildad con que siempre tomó su éxito, se sabía un verdadero artista. “<b>¿No le parece curioso que la gente pague para que la engañen? A mí me parece bello</b>. Todas las artes mienten. Yo no le creo a ningún poeta, pero me encanta que me mientan. Lo dijo Picasso: ‘La única misión del artista es convencer al mundo de la verdad de su mentira’”, explicaba.</p><p>Héctor René Lavandera, aquel chico manco que se convirtió en René Lavand, murió de neumonía en Tandil el 7 de febrero de 2015. En una de sus últimas entrevistas recordó el día que David Copperfield, el mayor ilusionista de la época, fue a ver su espectáculo cuando se presentó en un casino de Lausana, Suiza. Al final de la presentación, se acercó a saludarlo y le dijo que le resultaba admirable. Lavand se lo agradeció, pero más tarde dijo: “Me hizo sentir muy halagado, por más que Copperfield no tenga nada que ver con lo que yo hago. La diferencia es abismal. Él viaja con cinco toneladas de equipaje y yo con cincuenta gramos, lo que pesa una baraja; él viaja con miles y miles de dólares en materiales y yo con cinco dólares, que es lo que cuesta una caja de cartas”. </p><p><i>(PD: En esta nota no se cuentan los trucos de René Lavand, porque eso no tiene la más mínima gracia: hay que verlos. Los lectores que se interesen pueden encontrarlos en grabaciones que están disponibles en Youtube).</i></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/J7ZDJQB6GNHNDEO6AEEJ3ZJX3U.jpg?auth=edd80690057bc6760b2dcbe020da460a138e688b96a52f9fa01de8c04d3c402d&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[(Fuente)]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"></media:credit></media:content></item></channel></rss>