<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/" version="2.0" xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/"><channel><title><![CDATA[Infobae.com]]></title><link>https://www.infobae.com</link><atom:link href="https://www.infobae.com/arc/outboundfeeds/rss/tags_slug/anarquista/" rel="self" type="application/rss+xml"/><description><![CDATA[Infobae.com News Feed]]></description><lastBuildDate>Wed, 06 May 2026 22:04:18 +0000</lastBuildDate><language>es</language><ttl>1</ttl><sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod><sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency><item><title><![CDATA[“¡Asesinos! ¡Ladrones!’: atentados, muertos y el fusilamiento al amanecer de un anarquista italiano bajo la dictadura de Uriburu]]></title><link>https://www.infobae.com/historias/2026/02/01/asesinos-ladrones-atentados-muertos-y-el-fusilamiento-al-amanecer-de-un-anarquista-italiano-bajo-la-dictadura-de-uriburu/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/historias/2026/02/01/asesinos-ladrones-atentados-muertos-y-el-fusilamiento-al-amanecer-de-un-anarquista-italiano-bajo-la-dictadura-de-uriburu/</guid><dc:creator><![CDATA[Alberto Amato]]></dc:creator><description><![CDATA[La trayectoria breve y sangrienta de Severino Di Giovanni en Buenos Aires: bombas, asaltos y víctimas civiles; el terror del gobierno de José Félix Uriburu; y la madrugada del 1° de febrero de 1931, cuando fue ejecutado ante la mirada de Roberto Arlt y Raúl González Tuñón]]></description><pubDate>Sun, 01 Feb 2026 05:10:55 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/TOJUIJ4QGFD75FKLCADCZ3F4MA.jpg?auth=bcd5cde2a22c93d3148819b8d5bcfdd4e1cceef1c5ed37e4cbadf83874005872&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Severino Di Giovanni llegó a la Argentina escapando del fascismo italiano y lideró el ala más radical del anarquismo" height="1080" width="1920"/><p>Los cuatro gritos perforaron la madrugada del 1 de febrero de 1931, hace ya noventa y cinco años, en el silencioso entorno de la entonces Penitenciaría Nacional, que hoy es un gran parque que mira hacia las Avenidas Las Heras y Coronel Díaz. Habían pasado pocos minutos de las cinco de la mañana y los cuatro gritos llegaron seguidos, apurados, vehementes: <b>“¡Preparen!” ¡Apunten!” “¡Viva la anarquía”. “¡Fuego”!</b></p><p>Después, llegó la descarga de fusilería del pelotón. Atado a una silla, “una cómoda silla de comedor”, según describió en un artículo inolvidable el genio de <b>Roberto Arlt</b>, testigo del fusilamiento, el cuerpo del anarquista <b>Severino Di Giovanni</b> pareció alzarse de su asiento, liberarse de sus ataduras, para caer enseguida hacia su izquierda, herido de muerte. Un oficial le dio el tiro de gracia en la cabeza.</p><p>La carrera, militante y delictiva del joven anarquista italiano, hubiera cumplido<b> treinta años </b>cuarenta y cuatro días después de su ejecución, había llegado a su fin. Era, de alguna forma, el <b>enemigo público número uno</b> del flamante gobierno militar que presidía el dictador José Félix Uriburu, que en septiembre de 1930 había derrocado al gobierno democrático del radical Hipólito Yrigoyen y había abierto las puertas a una violencia militar que iba a perdurar por medio siglo.</p><p>Di Giovanni había llegado a la Argentina con su familia en 1923 y con veintiún años, porque huía del fascismo de Benito Mussolini. Había desarrollado en pocos años una vida en el <b>anarquismo argentino</b>, que incluía a muchos inmigrantes europeos, y que estaba dividido por dos orientaciones diferentes y divergentes. Di Giovanni había elegido el lado más duro de los dos, el que se dio en llamar de los “anarquistas expropiadores”, y se lanzó a una carrera casi contra el tiempo que empezó con actos de protesta, siguió con robos menores, trepó hacia los <b>atentados con explosivos</b> y derivó en <b>ataques sangrientos</b> que provocaron muertos y heridos.</p><p>Su vida fue vista, luego, con el aire romántico y heroico de alguien que lucha contra la tiranía, contra los explotadores y en favor de los explotados, según sus propias palabras. Así lo rescató la valiosa biografía de Osvaldo Bayer “Di Giovanni, el idealista de la violencia”. Pero aquella dictadura militar, que miraba con cierta fascinación al nazismo floreciente en Alemania, <b>no estaba para visiones románticas y mucho menos de la violencia</b>. Había llegado para dar un escarmiento y para encarrilar a un país al que juzgaba al borde del abismo gracias a esas tonterías de las democracias liberales y del voto secreto y obligatorio. En poco tiempo, Uriburu y sus centuriones habían dado ejemplos claros de sus intenciones. Una de las primeras medidas de la flamante dictadura fue publicar un bando tajante que advertía en su artículo 1: “Todo individuo que sea sorprendido en infraganti delito contra la seguridad y bienes de los habitantes, o que atente contra los servicios y seguridad pública, será pasado por las armas sin forma alguna de proceso”. </p><p>Tres días después de asaltar el poder, el 9 de septiembre de 1930, había sido fusilado en las barrancas del arroyo Saladillo, en Rosario, el <b>anarquista español Joaquín Penina</b>, de veinticinco años. Un mes después, el 9 de octubre, acusados de tirotearse con la policía y con tropas del regimiento 6 de Caballería, habían sido fusilados los anarquistas <b>Gregorio Galeano y José Gatti</b>. El 8 de enero de 1931, en Mendoza, acusado de “asalto y crímenes en banda”, había sido fusilado <b>Pedro Icazzati</b>, un sanjuanino de veintitrés años que había intentado teñir sus delitos con los ropajes del anarquismo. El siguiente en la lista fue Di Giovanni.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/JZNF5OL4TJHPRH5ILF75B4KPII.jpg?auth=62ead8b55dd9955403940676bf074903322409cff86717505892f870e4768529&smart=true&width=443&height=395" alt="Severino se había casado con su prima María Teresa Masciulli y tuvo tres hijos" height="395" width="443"/><p>Aquella madrugada de febrero, cuando el oficial al mando del pelotón de fusilamiento se acercó a Di Giovanni y le dio el tiro de gracia, cuatro jóvenes periodistas contemplaban la escena espantados. Uno era Arlt, que había ido a cubrir la ejecución para el diario “El Mundo” y reflejarla en uno de sus célebres “Aguafuertes porteños” que tituló: “He visto morir”. Arlt cita, sin dar sus nombres, a otros dos periodistas: uno también de “El Mundo” de apellido Gómez, otro, Gauna, de “La Razón”. El cuarto había ido por el legendario “Crítica”, que dirigía Natalio Botana: era el poeta comunista Raúl González Tuñón. Los dos, Arlt y González Tuñón, dejaron dos <b>crónicas ejemplares </b>de aquella madrugada.</p><h2>Su infancia en Chieti</h2><p>¿Quién era Severino Di Giovanni y cómo había llegado a ser uno de los hombres más buscados de la Argentina? Había nacido el <b>17 de marzo de 1901 en Chieti</b>, una región italiana de los Abruzos a unos ciento ochenta kilómetros al este de Roma. Tenía trece años cuando estalló la Primera Guerra Mundial y diecisiete cuando terminó. Su infancia estuvo marcada por el hambre, la pobreza, el desamparo que dejó en Italia el conflicto, las imágenes de los soldados derrotados que mendigaban en las calles. Di Giovanni pudo ser tal vez un pacifista, pero <b>se rebeló siempre contra cualquier tipo de autoridad </b>a la que juzgaba culpable de todos los males. Estudió para maestro y empezó a enseñar en la escuela de su pueblo antes de graduarse y mientras aprendía un oficio que en la época equivalía a la informática de hoy: el de tipógrafo. Mientras, en los raros momentos de tiempo libre, leyó a los próceres del anarquismo: Mikail Bakunin, Enrico Malatesta, Pierre-Joseph Proudhon y Piotr Kropotkin. </p><p>Quedó huérfano a los diecinueve años y al año siguiente, en 1921, entró de lleno en la militancia anarquista. En 1922 se casó con su prima, María Teresa Masciulli: serían padres de tres hijos. Ese mismo año <b>empezaron a soplar malos vientos para el anarquismo italiano</b>. Entre el 27 y el 29 de octubre, Benito Mussolini, un socialista que había mudado de ropa y había fundado y dirigía el Partido Nacional Fascista, organizó y llevó adelante la “Marcha sobre Roma”, que lo llevaría al poder.</p><p>En 1923, cuando el fascismo rampante se ensañaba con los anarquistas, los Di Giovanni emigraron a la Argentina. Se instalaron en <b>Morón</b> en medio de una gran ola de inmigrantes italianos que se ayudaban unos a otros; sus compatriotas le consiguieron un trabajo como tipógrafo en la Capital. Oficio, compatriotas y cierto auge de las ideas libertarias, que no eran las de hoy, lo llevaron a editar un<b> periódico</b>, “Cúlmine” que vio la luz escrito en italiano y que expresaba un ideal que no esbozaba en principio y a cielo abierto un ideal de violencia. “Culmine” dice que nace para: “Difundir las ideas anarquistas entre los trabajadores italianos; contrarrestar la propaganda de los partidos políticos pseudo revolucionarios, que hacen del antifascismo una especulación para sus futuras conquistas por sufragio; iniciar en el medio de los trabajadores italianos agitaciones de carácter exclusivamente libertario para mantener vivo el espíritu de <b>aversión al fascismo</b>; interesar a los trabajadores italianos en todas las agitaciones proletarias de Argentina; y establecer una intensa y activa colaboración entre los grupos anarquistas italianos, los compañeros aislados y el movimiento anarquista regional.</p><p>Después, Di Giovanni difundirá sus ideas desde otro periódico, “La Antorcha”, que dirigen Rodolfo González Pacheco y Teodoro Antillí. No está solo en esa cruzada, ni todo el anarquismo está a su lado. Un sector más moderado, sin perder la dureza, lo enfrenta a través de la <b>Federación Obrera Regional Argentina (FORA)</b>, una de las piedras fundadoras del sindicalismo argentino. A las ideas de Di Giovanni y de “La Antorcha” se le oponen desde el periódico “La Protesta” que dirigen Emilio López Arango y Diego Abad de Santillán.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/WTTJYZP64JGNXJLGDYCLJGBVTY.png?auth=aa053ca5502364c8d6cb4be767bb4f488e0087d0673d1d8a064fc935564ade48&smart=true&width=349&height=426" alt="Severino Di Giovanni decide pasar a la acción durante el gobierno democrático de Marcelo T. de Alvear" height="426" width="349"/><p>Di Giovanni actuó con discreción, se expresó en panfletos y en las páginas de sus periódicos hasta 1925, que es cuando <b>decide pasar a la acción</b>. El 6 de junio, en uno de sus iniciales actos resonantes, entró a grito pelado a la función de gala del Teatro Colón que celebraba los veinticinco años de la llegada al poder del rey italiano <b>Vittorio Emanuele III</b>. Era un festejo a todo lujo, con el <b>presidente Marcelo T. de Alvear</b> en el palco de honor junto al embajador del fascismo mussoliniano, conde Luigi Aldrovandi Marescotti. Di Giovanni y un grupo de jóvenes anarquistas coparon los pasillos del teatro a los gritos de <b>“¡Asesinos! ¡Ladrones! ¡Viva la anarquía”!</b>, mientras arrojaban hacia lo alto centenares de panfletos en los que proclamaban sus ideas con una verba inflamada, para espanto de los tres mil espectadores que llenaban palcos, plateas y sectores altos del gran teatro. El embajador italiano estaba escoltado por un grupo de “camisas negras” locales, símbolo del triunfo de Mussolini, que se trenzaron en un ágil y violento intercambio de trompadas, patadas y lo que llegara. Di Giovanni y los suyos terminaron en los calabozos y sus nombres y apellidos empezaron a ser escrutados por las lupas policiales.</p><p>Para entonces, Di Giovanni había unido su destino al de una familia italiana: había conocido a Paulino Scarfó, un anarquista nacido en Buenos Aires de padres italianos, un chico de menos de veinte años que prefiere la acción al debate. Paulino tiene una hermana,<b> Josefa América Scarfó, </b>que había nacido en 1912, de modo que Di Giovanni la conoce cuando ella tiene catorce años, ambos se enamoran y seguirán juntos hasta el final de la vida de Severino. Y más allá también.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/JEEC5FDZXVBF3MK2DBQHJVBVCM.png?auth=bcd7dd458543514b5bb0643ffa257499f9d448b674071da770706cf568652eaf&smart=true&width=295&height=448" alt="Josefa América, "Fina", la pareja adolescente de Di Giovanni, entrando a la Penitenciaría junto a una de las hijas del anarquista (Revista Caras y Caretas)" height="448" width="295"/><p>Un breve y arbitrario recorrido por el accionar de Di Giovanni, muestra cómo poco a poco fue ganado por la violencia, sobre todo a partir de 1927. El 4 de diciembre de ese año coloca una <b>bomba en el Banco de Boston</b> que provoca sólo destrozos; veinte días después, el 24, poco antes del mediodía, coloca <b>otra bomba en el City Bank</b> y provoca <b>dos muertos y varios heridos.</b></p><p>La ejecución en Estados Unidos de los anarquistas Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti, acusados en falso de un asalto que terminó en asesinato y condenados a la silla eléctrica, lleva a Di Giovanni a atentar contra la <b>embajada de Estados Unidos</b>, ubicada entonces en Arroyo y Carlos Pellegrini. El 23 de mayo de 1928 Di Giovanni plantó una bomba en el<b> consulado de Italia</b> donde <b>murieron nueve personas </b>y otras treinta y cuatro resultaron heridas. En octubre, ya con Hipólito Yrigoyen de nuevo en la Casa Rosada, Di Giovanni atacó con una bomba los domicilios del comisario Eduardo Santiago y del teniente coronel del ejército italiano y delegado de Mussolini, Césare Afeltra, que <b>murió en el atentado</b>.</p><p>El 25 de octubre de 1929, alguien llamó a la puerta de la casa de Emilio López Arango, aquel director de “La Protesta” enfrentado a Di Giovanni que lo había amenazado desde las páginas de “La Antorcha” por “agente fascista e infiltrado policial. Cuando Arango abrió la puerta de su casa, lo mataron de <b>tres balazos en el pecho</b>. El asesinato fue adjudicado a Di Giovanni, pero nunca se descubrió a su autor.</p><p>Mientras desafiaba a la policía y cambiaba de domicilio y planificaba y ejecutaba<b> atentados cada vez más sangrientos</b>. Severino mantenía una profunda relación de amor con América Scarfó. Una de las tantas encendidas cartas que le envió, fechada en 1928, proponía: “(…) Perdernos entre el verdor, lejos, lejos... Caminar del brazo en esta aurora hacia un horizonte intangible e inalcanzable, siempre unidos, siempre fuertemente ligados como dos hiedras, sorbiéndonos la propia existencia una a la otra, y cantar la rapsodia heroica de la vida difícil”. En otra proclamaba: “El amor, el amor libre, exige aquello que otras formas de amor no pueden comprender. Y nosotros dos, rebeldes divinos (jamás nadie podrá llegar a nuestras cumbres), tenemos derecho a desagotar el pantano de la moral corriente y cultivar allí el inmenso jardín donde mariposas y abejas puedan satisfacer su sed de placer, de trabajo y de amor”.</p><p>La muchacha llegó a ver a Di Giovanni antes de su fusilamiento en la Penitenciaría. Ambos se abrazaron y él le pidió entereza. Paulino Scarfó fue fusilado al día siguiente de Di Giovanni. Casi seis décadas después de aquel drama, en julio de 1999, bajo el gobierno de Carlos Menem, el entonces ministro del Interior, Carlos Corach, entregó a la ya anciana América Josefina “Fina” Scarfó las apasionadas cartas que Severino le había enviado y que habían quedado retenidas, secuestradas u olvidadas en el Museo de la Policía Federal. <b>América murió el 26 de agosto de 2006.</b></p><p>Con la dictadura militar del general Uriburu ya en el poder, en vigencia el bando que anunciaba la <b>pena de muerte</b> para quien fuese sorprendido en la comisión de un delito, el accionar de Di Giovanni no se atemperó, por el contrario se hizo más intenso. El 2 de octubre de 1930, a menos de un mes del golpe de Estado y con el Ejército en las calles, Di Giovanni dio otro de sus grandes golpes: <b>asaltó el camión de la Comisión Pagadora de Obras Sanitarias de la Nación y se alzó con un botín de 286 mil pesos</b>: una fortuna para la época. El dinero estaba destinado al pago de los salarios de los obreros y empleados de la empresa estatal y Di Giovanni lo usaría para financiar su propaganda anarquista, comprar una imprenta para desarrollar su proyecto editorial y para publicar obras de teóricos libertarios como Elisée Reclus.</p><p>El asalto tuvo precisión militar. El camión pagador fue interceptado en la zona de Palermo, no muy lejos del Tiro Federal, donde practicaban tropas del Regimiento 1 de Infantería. Los asaltantes lograron inmovilizar a la custodia del camión y se alzaron con las sacas de dinero hacia unos coches que los esperaban. En la huida se enfrentaron a cerca de doscientos miembros de la policía y del Regimiento Patricios, pero <b>lograron huir</b>.</p><p>En medio de la búsqueda de los asaltantes y de los allanamientos a centros, clubes, asociaciones y bibliotecas anarquistas, Di Giovanni <b>empezó a editar su periódico en castellano</b> y ya no sólo en italiano. Uno de sus últimos artículos era una declaración de guerra decía: “Sepan Uriburu y su horda fusiladora que nuestras balas buscarán sus cuerpos. Sepa el comercio, la industria, la banca, los terratenientes y hacendados, que sus vidas y posesiones serán quemadas y destruidas”.</p><p>La dictadura aceptó el reto y la búsqueda de Di Giovanni se hizo más intensa. El 29 de enero de 1931, a las siete de la tarde, dos agentes policiales, José Gregorio Sarrieta y Ramón Cinza. Se cruzaron con Di Giovanni. Lo buscaban por los alrededores de una imprenta de la calle Callao y lo hallaron cuando llevaba en las manos las copias de galera de un libro en impresión. Di Giovanni disparó contra los policías y escapó por la calle Sarmiento hasta llegar a Riobamba donde, según las crónicas de la época, giró a la derecha para tomar Cangallo y entró en el 1975, donde había un modesto hotel. Después se sabría que los balazos que intercambiaron perseguido y perseguidores, habían herido a una chica de trece años, <b>Delia Berardone</b>, que murió horas después.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/4ZH35YKUDBDJVMZ7HISB4JZNSQ.png?auth=09e4881c804a5b66db42612ae198a5d8934068751f60496b2e5168e05cdb0e69&smart=true&width=346&height=447" alt="Delia Berardone, la nena que murió por una bala, durante la persecución de Di Giovanni (Revista Caras y Caretas)" height="447" width="346"/><p>Los dos policías se apostaron en la puerta del hospedaje, sin entrar, y pidieron refuerzos. Cuando llegaron, todos entraron para apresar a Di Giovanni que mató de un balazo en el pecho al agente Antonio Ceferino García, de la seccional 5ta. Di Giovanni llegó a ganar los fondos del hotel, trepar a la azotea para, desde diez metros de alto, saltar hacia los fondos de una casa desde donde salió a la calle Ayacucho; llegó a Sarmiento y se refugió en un garaje: acorralado, <b>se disparó en el pecho pero se hirió en forma superficial</b>. Apresado y derivado en una ambulancia y con custodia al Hospital Ramos Mejía, en pocas horas fue llevado a la Penitenciaría.</p><p>Lo sometieron a un juicio sumarísimo y por un Tribunal Militar. Le designaron como defensor a un joven teniente, Juan Carlos Franco, a quien Di Giovanni dijo: “Jugué y perdí. Pago con la vida, como buen perdedor”. Pero el teniente Franco no sabía de resignaciones. Hizo una defensa apasionada y, tal vez, hasta justificada y absolutoria de los crímenes de Di Giovanni con la idea de salvarlo del fusilamiento. Era imposible. Di Giovanni <b>fue condenado a morir fusilado al día siguiente </b>del dictamen. Días después, el teniente Franco fue dado de baja y debió exiliarse en Paraguay.</p><p>En su celda de condenado sin tiempo para más, Di Giovanni escribió una especie de testamento, ni siquiera era última voluntad; fue un breve repaso de su vida fugitiva que iba a terminar a los veintinueve años. Decía: “No busqué afirmación social, ni una vida acomodada, ni tampoco una vida tranquila. Para mí, elegí la lucha. Pasar monótonamente las horas enmohecidas de la gente común, de los resignados, de los acomodados, de las conveniencias, no es vivir, es solamente vegetar, llevar encima una masa informe de carne y huesos. A la vida hay que ofrecerle la exquisita rebelión del brazo y de la mente. Enfrenté a la sociedad con sus mismas armas, sin inclinar la cabeza. Por eso me consideran, y soy, un hombre peligroso.”</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/JXKZYE36KNFMXNFQSPJUG56YDM.png?auth=f303475d039f6dcbc4e9bf9b935c96a0bee052e51bf0cbbcc1ea8db2e39b8016&smart=true&width=313&height=407" alt="Di Giovanni y Paulino Scarfó, ya capturados. Serían ejecutados con un día de diferencia (Revista Caras y Caretas)" height="407" width="313"/><p>Si hoy sabemos cómo murió Di Giovanni es porque dos periodistas, que eran además escritores, dejaron una crónica ejemplar, en técnica, descripción, interpretación, emotividad y sorpresa: Roberto Arlt y Raúl González Tuñón. A casi un siglo, todavía son una lección de periodismo.</p><p>La pintura que trazó Arlt para uno de sus “Aguafuertes porteños” fue salvada del olvido por Bayer que la reprodujo íntegra en su biografía de Di Giovanni. Antes, Bayer citó el fragmento de una crónica del diario “El Día”, de Montevideo que revelaba: “La gente dio el más triste espectáculo que pedir se pueda, al punto de que algunos copetudos fueron a presenciar el bárbaro acto vistiendo smokings o sea verdaderos trajes de gala”. </p><p>Durante todo su escrito, Arlt se empeña en comparar el escenario de la tragedia con equivalencias inofensivas y cotidianas, con contrastes mansos y serenos, como si lo que en ese rincón de la Penitenciaría fuese a ocurrir otra cosa: quienes corren por los pasillos de la cárcel para ver la ejecución, el propio Arlt incluido, “se precipitan como si corrieran a tomar el tranvía”; la silla en la que van a sentar a Di Giovanni es “una cómoda silla de comedor”;<b> el escenario completo “parece un ring, el ring de la muerte”</b>; Di Giovanni se sienta y “luego se inclina y parece, con las manos abandonadas entre las rodillas abiertas, un hombre que cuida el fuego mientras se calienta el agua para tomar el mate”; el condenado escucha su sentencia a muerte como si fuesen “las cláusulas de un contrato cuyas estipulaciones son importantísimas”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/4GQIEAWXJJHQDH5LQABPAW3T6M.jpg?auth=7f9ec5baf069a140eb2d98e60153d2748ed1a0a7a946e0974b862dea07c8254d&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Imagen de una reconstrucción de su ejecución" height="1080" width="1920"/><p>Toda la crónica está escrita con frases cortas, vibrantes, contundentes, definitivas. Arlt no se preocupa demasiado para ocultar sus propias simpatías anarquistas y su comprensión, tal vez hasta su cariño hacia Di Giovanni. Lo hace más de una vez, con enorme sutileza, y cifra los colores rojo y negro del anarquismo. Primero, al describir la lectura de la sentencia por parte de un oficial: “Frente a él, una cabeza. Un rostro que parece embadurnado de aceite rojo. Unos ojos terribles y fijos, barnizados de fiebre. Negro círculo de cabezas”. Y, más adelante, dando por hecho que los lectores saben de qué color son las panteras: “Es Severino Di Giovanni. Mandíbula prominente. Frente huida hacia las sienes, como la de las panteras. Labios finos y extraordinariamente rojos. Frente roja. Mejillas rojas (…)”</p><p>Con si se tratara de un guion de cine, cuando las balas matan a Di Giovanni, Arlt describe: <b>“Un cuerpo recio se ha convertido en una doblada lámina de papel.</b> Las balas rompen la soga. El cuerpo cae de cabeza y queda en el pasto verde, con las manos tocando las rodillas. Fogonazo del tiro de gracia”. La muerte de Di Giovanni fue reconstruida luego con una persona de cuerpo muy parecido, al del anarquista. Figuran, y así fueron citadas, como las fotos reales del fusilamiento. No lo son. </p><p>Sigue Arlt: “Las balas han escrito la última palabra en el cuerpo del reo. El rostro permanece sereno. Pálido. Los ojos entreabiertos. Un herrero martillea a los pies del cadáver. Quita los remaches del grillete y de la barra de hierro. Un médico lo observa. Certifica que el condenado ha muerto. Un señor, que ha venido de frac y con zapatos de baile, se retira con la galera en la coronilla. Parece que saliera del cabaret. Otro dice una mala palabra (…) Yo estoy como borracho. Pienso en los que se reían. Pienso que a la entrada de la Penitenciaría deberían poner un cartel que rezara: ‘Está prohibido reírse. Está prohibido concurrir con zapatos de baile”.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/TOJUIJ4QGFD75FKLCADCZ3F4MA.jpg?auth=bcd5cde2a22c93d3148819b8d5bcfdd4e1cceef1c5ed37e4cbadf83874005872&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Severino Di Giovanni llegó a la Argentina escapando del fascismo italiano y lideró el ala más radical del anarquismo]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[“Fue valiente hasta el último momento”: la vida del albañil anarquista fusilado por la dictadura de Uriburu y enterrado como NN]]></title><link>https://www.infobae.com/sociedad/2025/09/09/fue-valiente-hasta-el-ultimo-momento-la-vida-del-albanil-anarquista-fusilado-por-la-dictadura-de-uriburu-y-enterrado-como-nn/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/sociedad/2025/09/09/fue-valiente-hasta-el-ultimo-momento-la-vida-del-albanil-anarquista-fusilado-por-la-dictadura-de-uriburu-y-enterrado-como-nn/</guid><dc:creator><![CDATA[Adrián Pignatelli]]></dc:creator><description><![CDATA[Fue el primer anarquista ejecutado por la dictadura que desalojó del poder a Hipólito Yrigoyen, por realizar panfletos contra el general Uriburu. Conocido por su militancia, fue víctima de la ley marcial por imprimir panfletos]]></description><pubDate>Tue, 09 Sep 2025 06:14:57 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/BZUKCYABHFDNTHAOPF3PQITGVI.jpg?auth=6d9e5688ca133ca6870f1c503817143583e27aaf2e106a7aec1783797a2af8c9&smart=true&width=1920&height=977" alt="Foto de prontuario del anarquista Joaquín Penina que, de joven, había emigrado a la Argentina" height="977" width="1920"/><p><b>Joaquín Penina Sucarrats</b> había nacido en Gironela, un municipio catalán de Berguedá, el 1 de mayo de 1905. Ya sea para eludir el servicio militar o por cuestiones políticas —no se sabe la razón concreta— a los 20 años dejó España y, luego de un paso por Buenos Aires, <b>se radicó en la ciudad de Rosario.</b> Los libros realizados por Fernando Quesada <i>(El primer anarquista fusilado en Argentina</i>) y Aldo Oliva (<i>El fusilamiento de Penina</i>) contribuyeron a dar luz a la tragedia del joven catalán.</p><p>Rubio, de mediana estatura, <b>se ganaba la vida como albañil</b>, colocando mosaicos y baldosas. Militaba en la Federación Obrera Regional Argentina y se hizo conocido cuando <b>fue uno de los promotores de una huelga que paralizó Rosario y los alrededores en 1928.</b> En el altillo que alquilaba en la calle Salta 1581 había logrado armar una pequeña biblioteca, y muchos de aquellos ejemplares de contenido anarquista los vendía a compañeros a muy bajo precio o bien los prestaba.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/AL5EPLQFBVELJD7CQ6PAURHTBE.jpg?auth=7b7d3850321e43179f00a78f5e3eba57da34763bb8f9635c8ef0ff0e40394fb1&smart=true&width=1920&height=2037" alt="Uriburu, autor de golpe que derrocó a Hipólito Yrigoyen, impuso la ley marcial" height="2037" width="1920"/><p>Cuando, el sábado 6 de septiembre de 1930, el general Félix Uriburu derrocó a Hipólito Yrigoyen, la dictadura aplicó la censura en los diarios, anuló el Congreso, intervino las universidades mientras que la temible oficina de Orden Político, a cargo de Leopoldo Lugones (h), le era funcional para el encarcelamiento y la tortura de los opositores. Ni el derrocado Yrigoyen se salvó; anciano y enfermo, fue recluido en el penal de Martín García. </p><p>Pero lo que nadie imaginaba que también habría fusilamientos sumarios, a través de la <b>ley marcial</b>, que establecía: “Todo individuo que sea sorprendido infraganti cometiendo un delito contra la seguridad y bienes de los habitantes, o que atente contra los servicios y seguridad públicos, será pasado por las armas sin forma alguna de proceso”.</p><p>El 9 de septiembre por la mañana detuvieron a Penina en la pieza que alquilaba. Lo acompañaba el carpintero Victorio Constantini, con quien compartía la vivienda, y el azar quiso que a los pocos minutos se sumara otro amigo, el catalán Pablo Porta.<b> Se los acusaba de imprimir y difundir propaganda anarquista contra Uriburu.</b> Según las autoridades, la prueba del delito estaba a la vista: un mimeógrafo de su propiedad. Vanos fueron los intentos de explicarles a los policías que <b>hacía dos meses que el aparato no funcionaba.</b></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/K2ZAETEVTBDYRPTENA5FBYMVXE.jpg?auth=ebf5970598aa80e32b7b1cab01f0a43a6a7c3c132712c6be27e9bdad799b937d&smart=true&width=1920&height=2502" alt="Vivía en un altillo en la ciudad de Rosario, donde tenía una pequeña biblioteca. Allí lo fueron a buscar" height="2502" width="1920"/><p>Antes de que se lo llevaran, Penina alcanzó a tomar un par de galletas marineras y una fruta, para sobrellevar las horas que estuviera detenido, <b>confiado en que sería puesto en libertad.</b> Ya había estado preso en 1928, cuando participó de una marcha por la liberación de <a href="https://www.infobae.com/historias/2023/08/23/sacco-y-vanzetti-los-anarquistas-ejecutados-en-la-silla-electrica-por-un-crimen-que-no-cometieron/" target="_blank" rel="" title="https://www.infobae.com/historias/2023/08/23/sacco-y-vanzetti-los-anarquistas-ejecutados-en-la-silla-electrica-por-un-crimen-que-no-cometieron/">Sacco y Vanzetti</a>, y sabía lo que le esperaba.</p><p><b>Fueron alojados en una celda de Orden Social</b>, cuyo jefe era Marcelino Colombé, quien los interrogó. Como jefe de investigaciones de la policía se desempeñaba Félix V. de la Fuente. Fue el teniente coronel Rodolfo Lebrero, a cargo de la policía, el que les comunicó que, en vista de las acusaciones que pesaban sobre ellos,<b> serían fusilados.</b> Tan armada estaba la trama que un diario local, <i>La Capital</i>, publicaría en su edición del día siguiente la noticia que tres anarquistas habían sido pasados por las armas cuando aún el hecho no había ocurrido. La fuente citada es la propia policía.</p><p>Con la complicidad de personal policial subalterno, dejaron a Constantini que se fuera; Porta también fue liberado, <b>pero ya habían decidido la suerte de Penina. </b>A las 22.30 lo subieron esposado a un camión, en el que iba el subteniente Jorge Rodríguez, que justo esa noche era el oficial de guardia. Fue gracias a él que,<b> por el agobio de los remordimientos </b>o por quitarse responsabilidad, se conocieron los detalles de las últimas horas del militante anarquista.</p><p>Lebrero le había dado la orden al joven subteniente de fusilar a Penina. Rodríguez estaba acompañado por un suboficial, tres soldados y un empleado de investigaciones. Delante y detrás del camión iban dos automóviles, ocupados por el mayor Carlos Riccheri, el capitán Luis Sarmiento y otros funcionarios policiales.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/ASGSA35VIRBGLIJUOFGZELC7ZU.jpg?auth=58ac1923868f89714e0b4241d8c84060bf6b110753253ac0798837b22f1020e4&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Manifestación anarquista de la FORA" height="1080" width="1920"/><p>Una vez que partieron de la comisaría, tomaron hacia el barrio de Pueblo Nuevo. A los trescientos metros de haber cruzado el puente sobre el Saladillo, el camión se detuvo y <b>condujeron a Penina hacia la barranca del río</b>. Ahí descendieron.</p><p>Se improvisó un pelotón de fusilamiento. Fue el subteniente Rodríguez quien dio la orden a los soldados de disparar sus revólveres Colt. Penina, sorprendido, atinó a gritar: <b>“Viva la anarquía”</b>. En una primera andanada no se desplomó sino que quedó doblado, y entonces los soldados continuaron disparando. Rodríguez ordenó el alto el fuego. Una vez caído, aún con vida, el subteniente le dio el tiro de gracia. Debió hacerlo dos veces porque el primero lo erró. </p><p>Alguien murmuró: <b>“Fue un valiente hasta último momento”</b>. Había recibido siete disparos.</p><p>En sus bolsillos aún guardaba las galletas marineras. También hallaron un giro por cinco pesetas que iba a enviarle a su hermano Juan, que moriría en 1938 durante la guerra civil española. Subieron el cuerpo a una ambulancia y lo llevaron al cementerio de La Piedad. <b>En un cajón de pino, cuatro conscriptos lo enterraron como NN en el solar 2 fosa 450.</b> Hubo una investigación, se identificaron a los responsables pero no hubo condenas. Los policías admitieron haber detenido a las tres personas “en averiguación de antecedentes” pero que el día 10 a las 22 horas habían sido liberadas.</p><p><b>Sus compañeros, Constantini y Porta, volvieron a sus países</b>, Italia y España. Fue por el testimonio de Porta que en el pueblo natal de Penina se enteraron de lo ocurrido. </p><p><b>La venganza no demoraría en concretarse.</b> El capitán de ejército Luis Sarmiento manejaba su auto por la ruta que une El Marquesado con la ciudad de San Juan. Sorpresivamente, se le puso a la par otro automóvil, ocupado por dos personas. Uno de ellos le efectuó varios disparos a quemarropa. <b>“Acordate de Penina”,</b> le gritaron. Era el 23 de julio de 1932 y el asesinato de Sarmiento, de 37 años, sería una de las consecuencias del ojo por ojo por el que considera como <b>el primer fusilado y desaparecido luego del golpe de septiembre de 1930</b>.</p><p>Luego del asesinato de este militar, <b>el teniente coronel Lebrero fue cambiado de destino, intuyendo que podría correr la misma suerte.</b> En 1943 sería nombrado interventor de Río Negro y fallecería, anciano, en 1972, jactándose de haber combatido a las mafias de Rosario.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/JXKZYE36KNFMXNFQSPJUG56YDM.png?auth=f303475d039f6dcbc4e9bf9b935c96a0bee052e51bf0cbbcc1ea8db2e39b8016&smart=true&width=313&height=407" alt="Di Giovanni y Paulino Scarfó, dos anarquistas fusilados en la Penitenciaría Nacional en febrero de 1931 (Caras y Caretas) " height="407" width="313"/><p>El de Penina fue el primer fusilamiento, pero no sería el único. También enfrentaron a un pelotón, en diversas circunstancias, los hermanos Gatti en el patio de la comisaría primera de Avellaneda, mientras que Severino Di Giovanni y Paulino Scarfó serían pasados por las armas en la Penitenciaría Nacional, entre otros.</p><p><b>La humilde pieza que habitaba Penina fue vaciada por los policías.</b> Se quedaron con los 600 pesos que el anarquista debía enviar a editoriales para cancelar deudas, y los libros y los panfletos fueron quemados. También corrieron la suerte de las llamas, en 1977, la tirada completa del libro <i>El Fusilamiento de Penina</i>, de Aldo Oliva. Por alguna razón, se salvó un ejemplar, que sirvió para que la obra se reeditase y posibilitar que se conociese su triste historia.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/BZUKCYABHFDNTHAOPF3PQITGVI.jpg?auth=6d9e5688ca133ca6870f1c503817143583e27aaf2e106a7aec1783797a2af8c9&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=977" type="image/jpeg" height="977" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Foto de prontuario del anarquista Joaquín Penina que, de joven, había emigrado a la Argentina]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"></media:credit></media:content></item><item><title><![CDATA[“¡Camarada Lenin!”: los tres disparos de la anarquista que intentó matar al líder de la revolución rusa y el misterio que aún persiste]]></title><link>https://www.infobae.com/historias/2025/08/30/camarada-lenin-los-tres-disparos-de-la-anarquista-que-intento-matar-al-lider-de-la-revolucion-rusa-y-el-misterio-que-aun-persiste/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/historias/2025/08/30/camarada-lenin-los-tres-disparos-de-la-anarquista-que-intento-matar-al-lider-de-la-revolucion-rusa-y-el-misterio-que-aun-persiste/</guid><dc:creator><![CDATA[Daniel Cecchini]]></dc:creator><description><![CDATA[La tarde del 30 de agosto, el líder de la Revolución Rusa fue herido gravemente por una mujer que le disparó cuando salía de pronunciar un discurso. Poco después detuvieron a Fanya Kaplán, quien confesó ser la autora del atentado y aseguró que había actuado sola. La mataron tres días después sin siquiera ser interrogada seriamente. Las dudas sobre los posibles ideólogos y una respuesta que debió esperar 40 años]]></description><pubDate>Sat, 30 Aug 2025 04:22:59 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/OGHGGUKLSFE4HLGZCQQHF4RJ4A.jpg?auth=4d4f8f674d1bf8d565ca081cf576b2ddc53984caf826696ed1165af63702105a&smart=true&width=720&height=480" alt=""¡Camarada Lenin!", escucho el líder de los bolcheviques antes de ser alcanzado por los tiros de una mujer armada" height="480" width="720"/><p>La versión oficial de los hechos puede contarse en muy pocas líneas. La tarde del viernes 30 de agosto de 1918, Vladímir Ilich Uliánov, más conocido por su nombre de guerra, <b>Lenin, líder de la Revolución Bolchevique,</b> pronunció un encendido discurso en una fábrica de armas en Moscú. Llegó sin custodia, solo acompañado por su chofer, Piotr Guil, y al salir para dirigirse al coche que lo esperaba escuchó el grito de una mujer:</p><p>-¡Camarada Lenin!</p><p>Cuando el jefe bolchevique giró para ver a quien lo llamaba desde la multitud, <b>la mujer les disparó tres veces</b> con una pistola Browning. La primera bala no impactó en su cuerpo sino que le atravesó el abrigo e hirió a una mujer que estaba detrás, a quien se identificó como Popova; la segunda le dio en el hombro y el cuello, y la última le entró en el pecho y<b> le rozó el pulmón izquierdo</b>, sin orificio de salida. Cayó herido en el patio de la fábrica, cerca de la puerta. mientras la mujer escapaba. Nadie la detuvo en ese momento, tampoco hubo testigos que pudieran describirla bien. A Lenin lo subieron al auto y lo llevaron de inmediato al Kremlin, donde fue atendido por dos médicos. </p><p>El líder se negó terminantemente a que lo trasladara a un hospital por temor a que volvieran a atentar contra él. Pasó los primeros días encerrado en el Kremlin y luego continuó su recuperación en una casa de campo en las afueras de Moscú hasta que volvió a aparecer en público el 25 de septiembre. Sobrevivió, pero<b> las heridas impactaron para siempre en su salud.</b> Vladímir Ilich Uliánov murió en Gorki, cerca de Moscú, el 21 de enero de 1924, cinco años después del atentado. Hay quienes aseguran que una de sus últimas frases fue “Cuídense de Stalin”.</p><h2>La versión oficial</h2><p>No hay documentos ni testimonios que den cuenta de cómo la mujer que supuestamente ejecutó los tres disparos fue detenida esa misma tarde. Se trataba de<b> Fanya Yefímovna Kaplán</b>, también conocida como Fanni, rondaba los treinta años y <b>sufría una ceguera parcial, lo que quizás explicara que sus balazos no hubiesen sido tan certeros</b>. Se reconocía anarquista, pero hubo quienes sospecharon que en realidad militaba en las filas de una <b>organización terrorista del Partido Socialista </b>Revolucionario, que había sido mayoritario después de la toma del poder, pero que había sido desplazado cuando Lenin y los bolcheviques disolvieron la Asamblea Constituyente en enero de 1918.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/IZBNQOCCV5C2XMF5W2AQZULINI.jpg?auth=1edb57b1a11ae01385bfc0b31c74e85332dc1ca8b5464907824d2f690b774c82&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Las heridas afectaron la salud de Lenin, quien murió cinco años después del atentado (Wikimedia)" height="1080" width="1920"/><p>Sin embargo, siempre según la versión oficial, no hizo falta que ningún testigo reconociera a Kaplán como la autora del atentado. Interrogada primero por la Cheka, la primera organización de inteligencia soviética que antecedió a la KGB, reconoció que había disparado contra Lenin, aunque no quiso decir si había actuado sola ni tampoco sus razones. Tampoco le encontraron el arma y se negó señalar dónde la había dejado. La llevaron entonces a la <b>cárcel de Lubianka,</b> donde fue interrogada de nuevo, ahora por altos funcionarios del gobierno soviético. </p><p>Fue allí donde firmó su declaración, el único documento indudable que existe sobre el atentado contra Lenin: “Mi nombre es Fanya Kaplán. Hoy disparé a Lenin. Lo hice con mis propios medios. No diré quién me proporcionó la pistola. No daré ningún detalle. Tomé la decisión de matar a Lenin hace ya mucho tiempo.<b> Lo considero un traidor a la Revolución.</b> Estuve exiliada en Akatúy por participar en el intento de asesinato de un funcionario zarista en Kiev. Permanecí once años en régimen de trabajos forzados. Tras la Revolución fui liberada. Aprobé la Asamblea Constituyente y sigo apoyándola”, dice la confesión que lleva su firma. Los investigadores de la Cheka no lograron encontrar el arma usada en el atentado y sólo después de cerrar la investigación el 2 de septiembre de 1918 se anunció la entrega de una pistola, que no se pudo asegurar que fuera la utilizada para perpetrar el atentado.</p><p>Fanni Kaplán <b>fue ejecutada</b> en un pasillo del 3 de septiembre de 1918 y <b>su cadáver fue calcinado</b>. El caso quedó oficialmente cerrado, pero las dudas sobre su actuación continúan hasta hoy. Las preguntas que siguen sin respuesta son, entre otras: ¿Cómo una mujer casi ciega pudo dispararle a Lenin? ¿Actuó realmente sola o fue parte de una conspiración mayor? ¿Con su confesión se convirtió en un voluntario chivo expiatorio para proteger a sus jefes o a sus cómplices? Con el correr del tiempo se plantearon algunas respuestas parciales, pero ninguna que disipara del todo uno de los grandes enigmas políticos del siglo pasado.</p><h2>Historia de una revolucionaria</h2><p>Fanya Kaplán no era una desconocida en el mundo de la Revolución Rusa cuando supuestamente perpetró el atentado contra Lenin. Nacida un día indeterminado entre 1887 y 1889 en Volinia, por entonces un territorio en la frontera occidental del Imperio ruso que hoy forma parte de Ucrania, se sabe muy poco de sus primeros años. Era una de las ocho hijas de un maestro de origen judío y un ama de casa. La educó su padre fuera de las aulas y cuando era apenas una adolescente dejó el hogar paterno para trabajar en una fábrica de Odesa. Allí comenzó a participar de las<b> luchas antizaristas</b>, algunos sostienen que en las filas del anarquismo y otros la ubican como militante del socialismo revolucionario.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/YW4PDE7D7NE2FAMM5TDUPZCRXU.jpg?auth=2abb356de01ca6876d84935b74a2beaf2cc60887d69c6ba0134f470207762bd1&smart=true&width=683&height=1024" alt="Fanya Kaplan comenzó a participar tempranamente de la lucha antizarista" height="1024" width="683"/><p>En diciembre de 1906, participó, junto con dos compañeros, en el <b>atentado con explosivos</b> fallido contra el gobernador zarista de Kiev.​ Fue arrestada y condenada de por vida a un campo de trabajo en Akatúy, Siberia, por la muerte de una empleada de limpieza del hotel donde colocaron la bomba. Estuvo allí dos años y después la trasladaron a la prisión de Máltsev, también en Siberia, uno de los centros de encierro para mujeres socialistas o anarquistas. El encierro la afectó física y emocionalmente, tanto que en 1909 comenzó a sufrir<b> fuertes dolores de cabeza </b>que fueron el preludio de una ceguera temporal. Eso terminó de quebrarla y<b> trató de suicidarse</b>, aunque sus compañeras lograron detenerla. Gracias a una de ellas aprendió braille y a valerse por sí misma mientras profundizaba su formación política.</p><p>En 1912, todavía ciega, la trasladaron a la cárcel de Akatúy, donde fue tratada por un médico y <b>recuperó parcialmente la visión</b>, aunque nunca volvió a ver bien. Llevaba 11 años presa cuando la amnistía para presos políticos dictada por el Gobierno Provisional ruso formado después de la revolución de febrero de 1917 la puso en libertad. Volvió entonces a la Rusia europea para vivir en Moscú con una excompañera de reclusión. En abril de ese año viajó a Crimea y poco después a Járkov para continuar con el tratamiento de sus ojos.</p><p>El Partido Socialista Revolucionario tenía, sin embargo, un fuerte apoyo entre los soviets, a los que Lenin había calificado “El Estado y la Revolución” como el único camino hacia el gobierno postrevolucionario; sin embargo, en las elecciones a la Asamblea Constituyente de noviembre de 1917, los bolcheviques no pudieron obtener mayoría absoluta, mientras que un social-revolucionario fue nombrado presidente en enero de 1918. Los bolcheviques, favoreciendo a los soviets, ordenaron la disolución de la Asamblea. Durante los siguientes meses, <b>los</b> <b>enfrentamientos entre socialistas y bolcheviques llevaron a la ilegalización de todos los partidos excepto el que lideraba Lenin</b>. Kaplán decidió volver a Moscú para participar activamente en la lucha contra los bolcheviques.</p><p>No se sabe nada sobre las actividades de Kaplán en la capital rusa hasta que fue capturada el 31 de agosto, después del fallido atentado contra Lenin en el patio de la fábrica de armamentos.</p><h2>¿Sola o acompañada?</h2><p>En la confesión que firmó – forzada o no – en la cárcel de Lubianka, Fanny Kaplán aseguró que apoyaba a la Asamblea Constituyente que habían disuelto los bolcheviques, pero no aclara a cuál de las facciones políticas opositoras pertenece. No dice si es anarquista o socialista revolucionaria. En “El año I de la Revolución Rusa”, Víctor Serge la ubica en este último partido. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/HJB5NULZTFG57D6I2W55F7BZH4.jpg?auth=973f4a366d37c82ebf4d3bf338f26d4a714ae06adaf8d227088a4ca44e564981&smart=true&width=640&height=425" alt="Fanya Kaplán, la presunta autora del atentado, había sido fusilada y su cadáver incinerado" height="425" width="640"/><p>“El Comité Central del <b>partido socialista revolucionario se declaraba, cinco días después, ajeno al atentado</b> (contra Lenin). Esta desautorización, arrancada evidentemente por el temor de terribles represalias y por el sentimiento de la impopularidad -la tradición del partido consistía en reivindicar y en jactarse de los atentados cometidos por su organización de combate-, produjo en los terroristas una impresión de abatimiento abrumador. ‘¡íbamos a la muerte -dice uno de ellos- en nombre del Comité Central, y el Comité Central nos desautorizaba!’. La duplicidad de los dirigentes de los socialistas-revolucionarios era tan grande, que en el momento mismo en que redactaban esta desautorización, en la noche del 6 de septiembre, sus hombres <b>preparaban el descarrilamiento del tren de Trotski</b>”, escribió.</p><p>Serge sostiene también que Kaplan no actuó sola, sino que formaba parte de un grupo que desde hacía semanas preparaba el atentado contra el líder bolchevique. “Los ejecutores eran dos mujeres: Konopleva y Kaplán, y dos obreros: Usov y Kozlov. Estos dos últimos tuvieron sendas <b>oportunidades de atacar a Lenin</b>, pero desfallecieron. El 30 de agosto, al igual que los viernes procedentes, esperaban los terroristas a Lenin en todos los grandes mítines obreros. Un anciano obrero socialista-revolucionario, Novikov, apostado en los alrededores del establecimiento industrial Michelson, lo vio llegar; la terrorista Fanny Kaplan, antigua anarquista, se hallaba en la sala, armada con una pistola cuyas balas creyó haber envenenado el jefe del grupo. Lenin llegó solo; no lo escoltaba nadie; nadie lo recibió. Al retirarse, lo rodearon algunos obreros un momento, a pocos pasos de su automóvil. En aquel momento hizo Fanny Kaplán tres disparos contra él, hiriéndole gravemente en la espalda y en el cuello”, reconstruyó en su libro.</p><p>Por último, asegura que la conspiración era mayor y conecta el ataque a Lenin con otro atentado cometido por los socialistas revolucionarios el mismo día. “Se actuó en las dos capitales a la vez. El mismo día en que caía Lenin, en Moscú, era asesinado el presidente de la Checa de Petrogrado, Moisés Salomonovich Uritski, por Kaneguiser, un estudiante socialista-revolucionario que intentó refugiarse en el club inglés”, explica.</p><h2>Las dudas de Lenin</h2><p>Cuando, durante su convalecencia, Lenin supo que Fanya Kaplán, la presunta autora del atentado, había sido fusilada y su cadáver incinerado, no ocultó su sorpresa. Le resultó extraño que la mujer no hubiese sido interrogada más a fondo y que no se la sometiera a un <b>proceso público</b>. Sospechó que esa urgencia por ejecutarla y hacerla desaparecer de la escena había sido un<b> recurso para impedir que una investigación más a fondo pusiera al descubierto a los ideólogos de la maniobra y, quizás, a otros autores materiales.</b></p><p>Lenin sabía que tenía <b>muchos enemigos dentro de su propio partido </b>y llegó a preguntarle a Trotsky si él también sospechaba de otros dos líderes bolcheviques que parecían querer disputarle el poder: eran Yacob Sverdlov y Nilolai Bujarin. De hecho, después del atentado, Sverdlov se convirtió de hecho en el hombre que daba las órdenes mientras Lenin convalecía. Murió repentinamente la mañana del 16 de marzo de 1919, media hora después de reunirse con Lenin. Nunca se supo de qué hablaron en esa última conversación. Lenin llamó por teléfono a Trotski y le dijo: <b>“Ha muerto”, sin siquiera mencionar el nombre del difunto</b>. Tampoco, a pesar de que era uno de sus colaboradores más cercanos, pronunció una sola palabra en su funeral.</p><p>Hubo que esperar cuarenta años, hasta que en 1958 Pável Malkov – comandante del Kremlin en 1918 – hiciera público que él había sido el encargado de ejecutar a Kaplán luego de recibir una orden directa de Sverdlov.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/OGHGGUKLSFE4HLGZCQQHF4RJ4A.jpg?auth=4d4f8f674d1bf8d565ca081cf576b2ddc53984caf826696ed1165af63702105a&amp;smart=true&amp;width=720&amp;height=480" type="image/jpeg" height="480" width="720"><media:description type="plain"><![CDATA["¡Camarada Lenin!", escucho el líder de los bolcheviques antes de ser alcanzado por los tiros de una mujer armada]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"></media:credit></media:content></item></channel></rss>