<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/" version="2.0" xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/"><channel><title><![CDATA[Infobae.com]]></title><link>https://www.infobae.com</link><atom:link href="https://www.infobae.com/arc/outboundfeeds/rss/category/amores-reales/" rel="self" type="application/rss+xml"/><description><![CDATA[Infobae.com News Feed]]></description><lastBuildDate>Wed, 06 May 2026 17:38:28 +0000</lastBuildDate><language>es</language><ttl>1</ttl><sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod><sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency><item><title><![CDATA[Un amor prohibido, el precio de la osadía y cicatrices eternas: la violencia que borró la felicidad de Andrea y su primo Pedro]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2026/05/03/un-amor-prohibido-el-precio-de-la-osadia-y-cicatrices-eternas-la-violencia-que-borro-la-felicidad-de-andrea-y-su-primo-pedro/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2026/05/03/un-amor-prohibido-el-precio-de-la-osadia-y-cicatrices-eternas-la-violencia-que-borro-la-felicidad-de-andrea-y-su-primo-pedro/</guid><dc:creator><![CDATA[Carolina   Balbiani]]></dc:creator><description><![CDATA[Ella nació en un pueblo del interior, en una casa donde los cinturonazos y las cachetadas eran moneda corriente. La escuela era su refugio, aunque nunca se destacó. Todo cambió cuando llegó su tía desde la gran ciudad con un hijo de su misma edad: en un instante, él iluminó su mundo. Vinieron el primer beso y las cartas de amor más intensas que leyó en su vida. Pero el secreto fue descubierto y ese vínculo prohibido torció para siempre su destino]]></description><pubDate>Sun, 03 May 2026 05:33:29 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/2OYLFOYBJ5AJRG5NQDAFOCDAZQ.png?auth=c8a22c536a2f5e4a8a36272a19ca090ce810df36a41b89a85c94e0afff78b992&smart=true&width=2752&height=1536" alt="Andrea recuerda ese encuentro como emocionante, donde ella no vio más que a él y él solo tuvo ojos para ella. Tenían 16 años  (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1536" width="2752"/><p><i>“El enamoramiento es una entelequia, una paranoia mental, un estado de enajenación transitoria”,</i> nos dice Javier Marías en su espléndida novela <i>Los Enamoramientos</i>. </p><p>“Han transcurrido hasta el día de hoy los suficientes años como para que yo cuente esta historia de amor. Para que me sienta preparada para hacerlo. </p><p>Nací en un mínimo <b>pueblo del interior</b>. Pueblo chico infierno siempre, en el seno de una familia -antes que nada- violenta, donde el destrato y los insultos eran cotidianos. Soy la segunda de cuatro hijos. Crecí entre cachetazos y con el cinto de papá colgado amenazante detrás de la puerta. Mis únicas trincheras fueron los libros. Mis padres eran, nótese la paradoja, psicólogo y docente. La vergüenza por las marcas de los golpes de mi padre era parte de mi ropa interior. Vivía tapando <b>hematomas</b> producto de aquella hebilla que solo debería haber sostenido su pantalón, jamás haber respaldado su ira.</p><p>A los 16 años, cursaba el secundario y era una alumna mediocre. No destacaba en nada. Sin embargo, me gustaba ir a clases para cerrarle la puerta a las interminables discusiones con mis padres. Solo los niños y los jóvenes que crecemos con <b>padres violentos</b> podemos referirnos con autoridad a este sufrimiento que será eterno.</p><p>Un día de esos tiempos y sin anuncio previo, llegó a casa mi tía que venía de la gran ciudad. Venía de visita. Mi madre y mi tía no eran hermanas que se hubieran criado juntas, habían crecido en <b>hogares </b>de acogida distintos: después de la muerte de mi abuela habían sido dadas en adopción. Vino con su esposo y sus dos hijos, Lala de 19 y Pedro de 16, como yo. Fue un encuentro emocionante. Yo no vi a nadie más que a Pedro. Y él me vio solamente a mí. </p><p>Ese encierro opaco, esa vida chata de pueblo, esas horas sin pulso, gangrenadas, dónde nunca nada ocurre salvo los golpes. De pronto, el mundo cambia de manera luminosa. Eso fue lo que me pasó. Entré en un estado de atontamiento donde lo único que después entendí es que, como sugiere Cortázar, el amor es un<b> rayo que te parte al medio</b>.</p><p>Pedro y yo no teníamos ni idea qué hacer con ese “cariño exagerado” que se nos escapaba en casi todas las actitudes diarias. Se nos salía de las manos, de los pies y de las miradas.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/C2MP7G32BRD2ZPGOXS3ZZ7XA4U.png?auth=9869f6a16ff0745018d1d580b6098bc791f8d01192cc905a010e0cabfdd1c964&smart=true&width=2752&height=1536" alt="El "cariño exagerado" se repetía a lo largo de esos días felices (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1536" width="2752"/><p>Hoy algunas veces pienso que este amor sucedió a la intemperie y que -¡pobre amor!- no tuvo casi nada: ni tiempo, ni todas las caricias que precisaba ni los abrazos con que debía crecer. Pero tengo que admitir que tuvo hidalguía, intenso respeto y coraje. Sí, tal vez tuvo<b> coraje.</b></p><p>Luego de esa breve estadía de su familia en mi casa familiar, Pedro no se resignó a no verme y volvió, a la semana de haberse ido, en colectivo. La excusa que esgrimió fue que quería estar en el campo que tenía mi padre y ayudarlo. No sonó raro la búsqueda de aventuras en un joven criado en el barrio porteño de <b>Devoto</b>. </p><p>Esta segunda etapa estuvo regada de días resplandecientes entre flores robadas a los vecinos que hablaban hasta por los codos por las medianeras; <b>bicicleteadas al río a toda velocidad;</b> cucharadas de dulce de leche para mi boca, para la suya y… para lamer el mismo metal. Nos íbamos tragando de a poco, sin decir una sola palabra. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/W23ULLBHMVGMNEVIYQ4TGW334I.png?auth=85dcef94425315d316b967700e6a69b12ebc91200d1281aa0654601531777b6b&smart=true&width=2752&height=1536" alt="Amores Reales Andrea y Pedro, Amor, romance, primer amor, enamorados, (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1536" width="2752"/><p>Primos hermanos. </p><p>En los almuerzos o las cenas estaban nuestros pies debajo de la mesa. Las miles de fotos a color o blanco y negro, como si Pedro quisiera fotografiarme para poder llevarse mi amor. Fue tanta la risa contenida como el <b>caudaloso llanto</b><i> </i>que nos azotó después. Los cigarrillos a medias.</p><p>Pedro se quedó un mes. <b>Fue el mejor mes de mi vida</b>.</p><p>A mi madre le llamó la atención “la buena amistad y camaradería” que se había formado entre estos primos que antes no se conocían. </p><p>Pedro se fue. Siguieron quince días de teléfono. Tres, cuatro, seis veces por día… sonaba el aparato de mi casa. Mamá escuchaba y veía, pero no decía nada. Llegaron las fiestas de Navidad y Año Nuevo. Pedro le pidió permiso a su madre para pasarlas en casa.</p><p>Toqué el cielo con las manos. La noche de año nuevo Pedro <b>me dio un beso</b>. No sentí mariposas ni brillitos de colores en mi estómago; sentí un golpe en pleno abdomen y<b> el amor me tapó</b>. Era como una inmensa sábana donde había quedado atrapada.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/BFZ4XEU645CJLA5ASVK2XLZ4XI.png?auth=554af9799daa7948897aa4fd192c8667d9bf1b3f5f073691f5135041a708294f&smart=true&width=2752&height=1536" alt=""Entré en un estado de atontamiento donde lo único que después entendí es que, como sugiere Cortázar, el amor es un rayo que te parte al medio", dijo Andrea (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1536" width="2752"/><p>Después vinieron las mejores <b>cartas de amor</b> que pude haber leído en toda mi vida. Pedro era buen lector, hablaba perfecto italiano, sabía de música, de geografía, de astronomía, de filosofía y de cocina. Estar con él era amable, placentero, interesante.</p><p>Uno de esos días de finales del verano mi hermano mayor descubrió el escondite con mis cartas. Las leyó y<b> reveló nuestro secreto </b>a mi madre. Ella también las leyó horrorizada.</p><p>Me sentí violada, humillada.</p><p>Mamá me hizo cruzar a un terreno donde teníamos una huerta, a la vuelta de mi casa, y <b>me tiró al piso entre cachetadas.</b> Los golpes continuaron sobre el barro. Quedé sobre una manta áspera de ortigas mientras me llovía un rosario de odios. Que era una puta y no sé cuántas cosas horribles más. Remató con furia: <i>¿Sabes que te va a pasar si te acostás con tu primo hermano? ¡Un hijo mogólico es lo que te va a pasar...¿Eso querés? ¿Un hijo mogólico?</i></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/IGPAJ6OSC5ECNLEMYOGF6EEFCM.png?auth=fefbf33b436e1600da946d4be8f200ae5efd29186418f07b92a68afef3761d4f&smart=true&width=2752&height=1536" alt="Su madre la tiró al barro a los golpes al enterarse de su secreto (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1536" width="2752"/><p>Me quedé ahí sola bajo el cielo hasta entrada la noche. Comiéndome los mocos. Sin comprender bien todo lo que me pasaba. Tenía ya 17 años.</p><p>Mi madre le informó a su hermana el desatino que había descubierto, pero ella reaccionó con calma y sin golpes:<b> le pidió a Pedro que me escribiera una carta de despedida</b>.</p><p>Unos días más tarde mi madre me entregó un sobre. Era la carta de Pedro. Era solo una copia de puño y letra suya del Poema 20 de Pablo Neruda. </p><p>Decía en parte: </p><p><i>“Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Escribir, por ejemplo: “La noche está estrellada, y tiritan, azules, los astros a lo lejos.</i></p><p><i>El viento de la noche gira en el cielo y canta.</i></p><p><i>Puedo escribir los versos más tristes esta noche. </i></p><p><i>Yo la quise, y a veces ella también me quiso. </i></p><p><i>En noches como ésta la tuve entre mis brazos.</i></p><p><i>La besé tantas veces bajo el cielo infinito.</i></p><p><i>Ella me quiso, a veces yo también la quería.</i></p><p><i>Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.</i></p><p><i>Puedo escribir los versos más tristes esta noche. </i></p><p><i>Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.</i></p><p><i>Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella (...)</i></p><p><i>Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos</i></p><p><i>mi alma no se contenta con haberla perdido (...)”.</i></p><p>Lo copió entero. </p><p><b>Mamá nunca le contó a papá el amor prohibido.</b> Le tenía demasiado miedo. Al punto que papá murió sin saberlo años después.</p><p>En cuanto pude me escapé de casa y me fui a un<b> pensionado</b>. Trabajaba media jornada para mantenerme. Me fue bien y pude alquilar un departamento en otra ciudad donde comencé a estudiar. Y un día encontré el teléfono de un amigo de Pedro. Lo llamé y me contó que mi primo estaba haciendo la colimba en Campo de Mayo. Era 1982. Malvinas. Me pasó el teléfono de donde estaba y me contó que Pedro era el que lo atendía. Llamé nerviosa y escuché su voz. Solo dije ‘Hola’, él dijo ‘Andrea’. Pactamos vernos. Vino a la ciudad donde yo estaba estudiando y trabajando. <b>Se escapó vestido de conscripto</b>. Con 18 años ninguno había tenido relaciones sexuales. Nos encerramos tres días y tuvimos tres días de amor en ese departamento que alquilaba. El primer día fue vencer el miedo a tocarnos. El segundo y el tercero estuvieron llenos de susurros y un mar de suspiros.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/H5OMKSE52ZHSVPZGHQOQE4I4WM.png?auth=7682f3aa76721b16412677b89fed26b50b396e7b4b849e13d6469e979d128c25&smart=true&width=1376&height=768" alt="A los 18 años se animaron a vivir su amor tres días encerrados en un departamento que ella alquilaba (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="768" width="1376"/><p>Por supuesto que al volver<b> lo sancionaron </b>y fue preso. Sus superiores llamaron a su mamá que llamó a la mía una vez más. A mí me enviaron lejos con una tía y cambié de trabajo. Fue tal la tristeza, la angustia y la desolación que tenía que terminé escapándome de ahí y trabajando de <b>prostituta</b> en el puerto de Rosario.<b> Me volqué al alcohol y a las drogas. Me violaron.</b> Un día, no sé cuál, un camionero me levantó de una zanja, me bañó y me pagó un curso de control mental. Se llamaba Domingo y fue la primera persona, después de Pedro claro, que me trató como un ser humano. Un alma buena que me rescató. A ese hombre que ya murió le debo todo lo que hoy pude ser. ¿Por qué lo hizo? Porque me contó que había tenido una hermana que había caído como yo y nunca la había podido encontrar. Fue reparador para ambos y un vínculo de protección sano. </p><p>Tenía 22 años y a partir de ahí pude seguir sola, aunque medio a los ponchazos todavía. Primero me casé con un adicto que me pegaba. Tuve a mi primer hijo y me separé. Tuve que volver un tiempo a la casa de mis padres. Supliqué trabajo y esta vez me fue bien. <b>Así</b> <b>conocí a quien hoy es mi marido.</b></p><p>La vida se impuso sin concesiones. Pasaron muchos años. Fracasos, aciertos y más hijos. </p><p>Hace 34 años que estoy casada con mi último marido, con quien tuve tres hijos más: dos hijas que viven en Australia y nuestro hijo menor, de 25 años, que vive con nosotros, se llama Mateo y es portador del síndrome de Down. Una<b> paradoja</b>.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/YBR2EJERGVEVTKZ3UWGOBVBHWM.png?auth=b352f5a5243189d5e5bacffe1177abe749b97da36004c582c96a379b210ce552&smart=true&width=2752&height=1536" alt="Andrea recuerda ese mes en que Pedro la visitó como "el mejor de su vida", aunque haya tenido otras parejas y hoy esté casada con otra persona (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1536" width="2752"/><p>Lo único que supe de Pedro es que vive afuera desde hace décadas. Sus padres ya murieron. Los míos también. Mi familia desconoce todo esto que hoy relato y por ello resguardo los verdaderos nombres. </p><p>Con 62 años llevo en mi cuerpo y en el alma los queloides, esos costurones en los que se convirtieron mis profundas cicatrices. Molestan, pero ya no duelen”.</p><p>(Estimados de Amores Reales: no tengo idea de quien reciba o lea estas cartas. Vaya la mía, tan penosa, abreviada y escrita todavía con “nervio” y mucha entraña. Gracias por escucharme)</p><p><i>*Escribinos y contanos tu historia: amoresreales@infobae.com</i></p><p><i><u>* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas</u></i></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/H5OMKSE52ZHSVPZGHQOQE4I4WM.png?auth=7682f3aa76721b16412677b89fed26b50b396e7b4b849e13d6469e979d128c25&amp;smart=true&amp;width=1376&amp;height=768" type="image/png" height="768" width="1376"><media:description type="plain"><![CDATA[Amores Reales Andrea y Pedro, Amor, romance, primer amor, enamorados, (Imagen Ilustrativa Infobae)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Una artista vegana, un joven carnicero y un deseo arrollador: “Tenía la heladera llena de carne, pero volvía porque necesitaba verlo”]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2026/04/26/una-artista-vegana-un-joven-carnicero-y-un-deseo-arrollador-tenia-la-heladera-llena-de-carne-pero-volvia-porque-necesitaba-verlo/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2026/04/26/una-artista-vegana-un-joven-carnicero-y-un-deseo-arrollador-tenia-la-heladera-llena-de-carne-pero-volvia-porque-necesitaba-verlo/</guid><dc:creator><![CDATA[Carolina   Balbiani]]></dc:creator><description><![CDATA[Miranda era vegana, pintora y acababa de separarse. Cada vez que entraba a la carnicería de la vuelta y veía a Raúl, un joven morocho de mirada filosa y varonil hasta la médula, algo en su cabeza —y en su cuerpo— se encendía]]></description><pubDate>Sun, 26 Apr 2026 06:14:18 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/A4EWS7XYXJC6TEW2J7CPII5ZLE.png?auth=82c064bf5f9d3889825d4e0e241a5ef9823438107541a7c6fe8d62da442d35c7&smart=true&width=2752&height=1536" alt="Miranda era vegana pero empezó a comprar carne para su madre que necesitaba proteínas y mantenerse en peso (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1536" width="2752"/><p><i>“Te voy a contar lo que pasó dentro de mi cabeza enamorada”, dijo Miranda, de </i>45 años, artista por vocación y disruptiva por elección<i>. </i>Se la ve como una mujer con los años bien puestos y la cabeza colocada. Estamos en un café con ella dispuesta a relatar lo que transcurrió dentro de su mente alocada. O podríamos decir embarullada de amor.</p><p>Miranda vivía en su<b> atelier de Palermo</b> cuando un día en la carnicería se enamoró enloquecidamente de alguien muy real. El tipo era fornido, morocho, simpático. <i>“Dueño de unos ojos filosos que te cortaban en dos”,</i> describe a las carcajadas.</p><p>Ella, <b>pintora y profesora de arte </b>de un secundario de buen nivel de la zona, vivía en un segundo piso a la calle sin ascensor. Para esta época cuenta que se había separado hacía poco de otro profesor venido a menos, muy enojado con lo difícil que es vivir de la vocación, y había pasado sin gloria por un par de romances <i>“sin tripas”</i>.</p><p>“<i>Mi pareja se había convertido en un plomo amargado. Estuvimos unos seis años juntos y la verdad es que no puedo entender cómo fue que estuve tanto tiempo. Tenía un carácter difícil, </i><i><b>siempre enojado con la vida </b></i><i>porque no le alcanzaba la plata para lo que quería y era de pocos amigos. Creo que me unió con él mi costado más complejo y mi soledad. Juntos decidimos que no tendríamos hijos, yo ya estaba al filo de la edad. Tampoco me mataba la idea de ser madre y pasaba mis días con demasiados adolescentes como para pensar en criar uno”, </i>Miranda se ríe y dice por lo bajo que el humor siempre está bueno para desdramatizar y quitar importancia a las cosas que no la tienen. Continúa mientras revuelve su café sin azúcar, sin edulcorante, pero para el que pidió, para mi sorpresa, un sobrecito de sal y le tiró una pizca. <i>“Decidimos que no tendríamos hijos, que no nos convertiríamos en padres y viendo que solo compartíamos un perrito rescatado que estaba en las últimas, un día me di cuenta de que necesitaba sonrisas. Fue en un viaje que él hizo a Córdoba y salí con amigas del trabajo que me di cuenta de que si lo dejaba de ver también podía tener una vida. Hice el planteo y pocos meses más tarde nuestro perro se murió y él se fue. Las dos cosas sucedieron al mismo tiempo. Era como un destino inexorable. Recuperé la tranquilidad de mi casa y lo más importante fue que </i><i><b>recobré la sonrisa y el disfrute</b></i><i>. Claro que esto lo logré con el coraje juntado en mis sesiones de terapia. Comencé a ver la vida de una manera más lúdica, menos responsable y severa. Me atreví a ser distinta y a vivir situaciones que en otra época me hubieran parecido descabelladas. Un día salí con un tipo que conocí en la parada del bondi. Ufff, fue un completo desastre que duró casi tres meses, pero me di cuenta a tiempo. Jamás se instaló en mi casa. </i><i><b>Un divague de la soledad.</b></i><i> Otra vez creí enamorarme del encargado viudo de la casa de mi madre. Otro disparate que me permití en mi nueva manera de habitar mi yo. No teníamos nada que ver. Su vida era muy chata, el arte no permeaba por ningún lado, no había leído un libro en su vida. Solo le interesaba el alcohol, en exceso y jugar a las cartas. Huí en un par de meses de esa historia sin convivencia, sin lágrimas y sin secuelas, por suerte. Así fue que un día de esos me encontré mirando al carnicero de la vuelta. El tipo se restregaba las manos sobre su delantal blanco teñido de rojo. ¡Y me pareció tan sexy!”.</i></p><h2>El amor en el circuito cerebral</h2><p>Miranda no comía carne. Era<b> vegana</b> en ese entonces, pero había ido a comprar algo para su madre que sí necesitaba consumir proteínas para mantenerse bien y en peso.</p><p><i>“A los meses de mirar a Raúl cortar con cuidado las milanesas de peceto y los bifecitos de lomo yo ya había vuelto a engullir carnes rojas”, </i>dice con una carcajada.</p><p>Lo suyo no era convicción, era moda pasajera. <i>“El retorno a la carne fresca fue natural y sin culpas”</i> sostiene con mirada pícara.</p><p><i>“Con tanto lomo joven frente a mis ojos, porque Raúl no tendría ni 33 años, jajajaja no necesitaba más… pero </i><i><b>compraba y compraba y freezaba y freezaba. </b></i><i>Tenía llena la heladera de mamá y la mía, pero volvía porque necesitaba verlo. Cuando me di cuenta de lo mucho que me gustaba ya estaba al horno con papas”, </i>bromea.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/UNM27JMALBA2REJVPLCYTGMHCM.png?auth=7fab78fd12b7640bbc4032bcf2001867eda1729b6435bfdb1f41c77f5546e4cd&smart=true&width=1344&height=768" alt="Su freezer y el de su madre se llenaron de carne con tanta visitas para ver a Raúl (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="768" width="1344"/><p>De Raúl solamente sabía lo básico: que vivía lejos, que tenía hermanos más chicos, que su madre estaba con algún problema serio de salud, que su padre los había abandonado allá lejos en el tiempo. Eso supo mientras su mirada recorría a Raúl para alimentar su sed de amor. <b>Sus manos sabias recorriendo la carne</b>, sus ojos afilados como dagas rebanando la grasa de las milanesas de nalga o peceto, su sonrisa ancha llena de dientes blanquísimos, sus espesas cejas negras emergiendo debajo de su cofia inmaculada. Varonil hasta la médula.<b> Sereno como un cirujano</b>. Seductor pringado de rojo.</p><p><i>“Me ponía la piel de gallina”,</i> dice Miranda sin vergüenza: n<i>ada más seductor en la vida. Nunca había tenido tanto deseo. Semana a semana ese revoltijo de emociones me desbordaba. En el medio tuve algún que otro amorío con el que tenía sexo pensando en la cara y el cuerpo de Raúl. </i><i><b>Mi amor era unidireccional, lo sabía, pero no me importaba</b></i><i>. Me alcanzaba para sobrevivir ese tiempo tan anodino. Raúl le ponía color a mi vida en blanco y negro. Cuando lo veía se me iluminaba el día y la noche”</i>.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/IDXGIDPDWBFJXLEULSMEE4ZFP4.png?auth=943891cd59453f5b859f8db7d8a2d9c7c30398f3620e00ee40fed4e34eb0205f&smart=true&width=2752&height=1536" alt="Lo que sentía por Raúl fue un amor "carnal"(Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1536" width="2752"/><p>Miranda acepta que había onda. Que se tiraban chistes y que se arrancaban alguna carcajada. <i>“Ese tipo era más inteligente que muchos. Tenía acidez, tenía ternura, tenía picardía”,</i> asegura. Se volvió costumbre para ella ir todos los martes y algunos viernes. Se pasaban, cada vez, una media hora charlando. Era la cita más esperada por Miranda en la semana, la que<b> le daba ánimos para los días de trabajo y le infundía alegría</b>. Ilusión. Pensaba qué ponerse antes de ir. No tenía que ser demasiado obvio, pero quería que él la viera bien. Un poco de maquillaje cuidado, el pelo sin canas, las manos cuidadas. A Miranda le molestaba cuando otras clientas interrumpían la charla, pero no había otra que aguantar. Hacía tiempo con cualquier excusa y volvía a sacar tema. <b>Raúl ya se había acostumbrado a su presencia </b>más larga que la habitual en las clientas y la miraba a los ojos. Miranda se derretía ante el láser de las pupilas oscuras que la desnudaban. Eso sentía ella.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/AEDXUEV5BVCGRO7FXUAPZPI5M4.png?auth=77b224c3fd928bbe842fcef04fbe44de9a99f0c6007c13b9aa3dbc365d022bd5&smart=true&width=2752&height=1536" alt="Miranda llegaba a la carnicería impecable, se vestía especialmente para la visita (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1536" width="2752"/><p><i>“No me miraba desafiante ni conquistador. Me miraba como cualquiera, pero sus ojos me atravesaban y yo sentía que me desvestía. No sé cómo decirlo. A mí todo lo que él hacía con su cuerpo, su movimiento, su manera de hacer las cosas del otro lado del mostrador, me generaba deseo, pasión. No sé, era una locura. </i><i><b>Nunca pregunté sobre su vida privada. </b></i><i>No me animé a pasar a otro plano. Ni él sugirió nada tampoco. No sé si él se daba cuenta del poder magnético que tenía sobre mí, pero creo que sí. Nunca supe si tenía novia o mujer o hijos. </i><i><b>Lo que él me despertaba era un amor carnal. </b></i><i>Si alguien alguna vez sintió algo parecido con una persona con la que no pasaba en el plano físico nada, me va a entender. Lo que se dio fue sin haber contacto. ¡Contactless!”, </i>Miranda vuelve a reírse, le hace gracia animarse a pensar distinto,<i> “creo que si nos tocamos las manos sin querer cinco o seis veces es mucho. Era cuando me daba el paquete, el envoltorio mágico. A mí esos roces me alcanzaron para conocer otra sintonía sexual, una forma de sentir sin tanta piel. </i><i><b>¡No me hizo falta acostarme con él para hacer el amor! Lo hice en mi cabeza mil y una veces.</b></i><i> Maravillosamente bien. Quizá mejor de lo que hubiera sido si se concretaba. Así que este amor nació y murió virgen de desánimo, de peleas, de egos o de todo lo malo que puede haber en una relación. Fue el amor perfecto y me duró unos cinco meses”.</i></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/G6PYWCIULZCVNCB4A7JPDAK2QI.png?auth=65db1ade712d5d7c4726d0b11c890807442a390da9c4a555da0d5c73d5917d07&smart=true&width=2752&height=1536" alt="Miranda fantaseó mil veces con Raúl y considera que fueron cinco meses de un amor perfecto (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1536" width="2752"/><p><b>Todo terminó el día en que Raúl dejó de estar del otro lado. </b>Un martes en el que Miranda al llegar se encontró con un señor seco, medio pelado y malhumorado. Preguntó en la caja y la chica le dijo que había muerto la mamá de Raúl y que él había decidido no volver al trabajo porque vivía muy lejos, en zona sur. Quién sabe qué lo retuvo o si solo fue un cambio de carnicería o de barrio para estar más cerca de su casa. Vaya a saber.</p><p><b>Para vivir un gran amor no hace falta que sea cierto.</b> Que sea de carne con hueso, digo. Mejor dicho, dice ella, Miranda: <i>“Hablamos de ese amor en el que dos personas se amasijan a besos y repiten frases y diminutivos hasta que se marean mientras se prometen la cursilería de dormir “en cucharita” el resto de sus vidas. Esta época donde cualquiera se percibe como le da la gana, yo puedo contar mi teoría y mi práctica. Hay grandes amores unilaterales”,</i> apuesta Miranda.</p><p>A Miranda <b>le dolió perder a Raúl</b>. Es difícil contradecirla diciendo que eso no era un gran amor sino una fantasía no concretada. Ella se ofende e insiste con la idea de que se puede experimentar amor sin contrapartida, que la sola vivencia personal alcanza para que quepa en la definición. Que una gran historia no requiere como característica excluyente una convivencia o interacción sexual consumada.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/RYEE4HFCW5HAFCPOV6ARUQAIH4.png?auth=b5b0177b361d64df9da0807e8fa7a7db63328ef04192127c4868f98c297003c4&smart=true&width=910&height=503" alt="Cuando no lo vio más detrás del mostrador, sufrió la pérdida (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="503" width="910"/><p><i>“¿Por qué crees que vos podés tener la definición perfecta y que lo que te digo no es como lo pienso yo? Para mí Raúl representó un verdadero gran amor”, </i>lanza desafiante.</p><p>Discutir no tiene gollete porque Miranda está divertida con la idea de subvertir la realidad a la que andamos acostumbrados los periodistas: hechos, hechos y hechos. <b>La de ella es una historia de deseos, con fantasías, sueños eróticos </b>y compuesta de un material tan incierto e intangible que jamás sería noticia. ¿O sí? Ella tiene derecho a llamar como quiera a aquello que la atravesó. Quién es el resto para contradecirla.</p><p>*Escribinos y contanos tu historia: amoresreales@infobae.com</p><p><u>* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas</u></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/A4EWS7XYXJC6TEW2J7CPII5ZLE.png?auth=82c064bf5f9d3889825d4e0e241a5ef9823438107541a7c6fe8d62da442d35c7&amp;smart=true&amp;width=2752&amp;height=1536" type="image/png" height="1536" width="2752"><media:description type="plain"><![CDATA[Miranda era vegana pero empezó a comprar carne para su madre que necesitaba proteínas y mantenerse en peso (Imagen Ilustrativa Infobae)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Dos vecinas enfrentadas, un viudo codiciado y un huracán de chimentos en el country: el dolor de saberse centro de las miradas ]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2026/04/19/dos-vecinas-enfrentadas-un-viudo-codiciado-y-un-huracan-de-chimentos-en-el-country-el-dolor-de-saberse-centro-de-las-miradas/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2026/04/19/dos-vecinas-enfrentadas-un-viudo-codiciado-y-un-huracan-de-chimentos-en-el-country-el-dolor-de-saberse-centro-de-las-miradas/</guid><dc:creator><![CDATA[Carolina   Balbiani]]></dc:creator><description><![CDATA[Después de una separación devastadora, María Paz creyó haber encontrado en un vecino viudo la oportunidad de empezar de nuevo. Pero la llegada de una nueva mujer al barrio alteró el equilibrio, sembró dudas y encendió los celos. ¿Infundados?]]></description><pubDate>Sun, 19 Apr 2026 05:57:19 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/EONXY772P5DHVK4NRE55SA25NI.png?auth=00a177060f1843d682ea4d599fbad9a71b7d5ed18f16172d4ff5de4f82b76e9d&smart=true&width=2752&height=1536" alt="El encuentro con Mario pareció ofrecerle a María Paz una segunda oportunidad cuando más la necesitaba (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1536" width="2752"/><p>Dos mujeres separadas y un viudo joven y canchero. Varios hijos, puntualmente ocho, de tres familias diversas jugando juntos por un country de zona sur. Andan en bicicleta, nadan en la pileta del <i>house</i> o trepan con pericia a los árboles. </p><p>Ese escenario pasó de bucólico a dramático en pocos meses. Y todo por amor. El correspondido y el que dejó de serlo.</p><h2>Sola, triste y disponible</h2><p>María Paz se separó de un día para el otro. No se la vio venir con suficiente tiempo para hacerse a la idea. Su ambicioso marido logró escalar puestos en la empresa donde trabajaba y terminó con despacho propio y el clásico, no por eso menos doloroso, <b>romance con la secretaria</b>. La joven apresurada por tener hijos lo apretó para irse a vivir juntos y él, a pesar de llevar más de doce años de casado y de tener tres hijos chicos, no dudó. Dejó a su mujer y se mandó a mudar para vivir lo que ahora era para él “la buena vida”. Como en las malas telenovelas,<b> María Paz quedó desolada y sin un peso</b>, ni siquiera para pagar las expensas. Los colegios también los pagaba su ex y el supermercado. Por todo esto, es comprensible que ni se le ocurriera contratar a un abogado para que defendiera sus intereses. ¡Y ella que<b> había dejado su carrera como abogada</b> en un estudio jurídico para dedicarse a los chicos! Fin del sueño dorado. </p><p>Pero todas las historias ofrecen escapatoria o presentan algún sitio de fuga para escapar hacia un mundo mejor. En su mismo country vivía<b> un viudo</b> con dos hijos que también era abogado. A Mario lo conoció por casualidad un día domingo. Tenía unos 40 años, había quedado viudo hacía mucho, <b>vivía a una cuadra exacta de su casa, </b>parecía excelente padre y buen vecino. Mario fue simpático y seductor. La vio tan desvalida que le ofreció ocuparse de mediar con el ex marido sin cobrarle. <i><b>“Le cobro a tu ex”,</b></i><b> </b>le dijo riendo y comenzaron los reclamos.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/F2HPBOVH4VAZDJL63H4ELC5I3Y.png?auth=2f643dff40240bc381781b4d89ee2547675b4ac62b7be84fe11714c9a40df7ad&smart=true&width=1456&height=816" alt="Tres familias, ocho chicos y una rutina compartida en el country que parecía tranquila y previsible (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Entre cartas documento y reuniones nació entre ellos la atracción física. La soledad había hecho mella en ambos y tener un cálido refugio a la vuelta de la esquina les resultó perfecto. </p><p>En el country todos hablaban por lo bajo del <b>nuevo y feliz romance</b>. María Paz había recuperado la sonrisa.</p><p>Dice:<i> “Sentía que el mundo me daba una nueva oportunidad con Mario. Pasé de llorar todas las noches a sentirme feliz nuevamente. Además, los chicos se llevaban muy bien. Poco tiempo después blanqueamos la relación ante la familia y amigos. Nos pusimos de novios formalmente”.</i></p><p>Mario terminó logrando un buen acuerdo para María Paz y sus tres hijos y reinó la paz por un tiempo. </p><p>No sería mucho.</p><h2>La tercera en discordia</h2><p>Cada uno vivía en su casa. Cada uno tenía sus vecinos. La casa de al lado de la de Mario había quedado desocupada, pero un día cualquiera apareció<b> la nueva inquilina. Era una mujer más joven que María Paz, también separada y con tres hijos. Se llamaba Raquel.</b> En el barrio se rumoreaba que había sufrido violencia de género y que la casa se la había alquilado su violento ex a cambio de que ella no lo denunciara. Raquel era una <b>rubia siliconada</b>, un poco inflada, con tanta toxina botulínica en la frente que María Paz llegó a bromear que podría explotar y salpicar a alguien. Las dos mujeres tuvieron alguna que otra conversación cuando María Paz salía o entraba de la casa de su novio. Por eso se enteró que Raquel había vivido siempre en departamento y que lo de tener casa le parecía un trabajo pesado que no podía manejar del todo.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/RLIGCBZA65CCBDO6ZRBJTVDX34.png?auth=e86c79e4ddaa8d61db4ceb81a886e7348ba2625ddcd93867c066fc581fd9b96b&smart=true&width=5504&height=3072" alt="El arribo de Raquel modificó la dinámica cotidiana y generó incomodidades silenciosas
(Imagen Ilustrativa Infobae)" height="3072" width="5504"/><p>Fueron justamente los pormenores de mantenimiento que implica una propiedad con pileta los que empujaron los pedidos de ayuda de Raquel a su vecino. <b>Mario. Mario para todo.</b> Siempre dispuesto y sonriente.</p><p>La vida de Raquel se había convertido en un caos de cosas que no andaban: tenía problemas con la bomba presurizadora, con el filtro de la pileta, con las goteras de la claraboya del techo, necesitaba colgar un gran espejo en su habitación… ¿Quién fue el vecino comedido que le pasó teléfonos, le dio consejos, escuchó sus vicisitudes y empuñó el taladro para colocarle el espejo frente a su cama? Adivinen. Mario. <b>Raquel sabía perfectamente que él salía con esa morocha, de pelo bien corto y lacio, que entraba y salía y que se llamaba María Paz.</b> Todo el barrio lo sabía. No le importó nada. Ella también estaba sola y Mario era un tipo atractivo y bien dispuesto. ¡Tan distinto de su ex que no se comprometía nunca con nada!</p><p>María Paz cuenta: <i>“Al principio no me di cuenta de la voracidad de Raquel. Veía que Mario la ayudaba mucho y me pareció bien. Era la casa de al lado de la suya. Era la persona más cercana y como hombre tenía fuerza para entrarle la heladera, sabía colgar cosas y tenía la data que ella precisaba. Pero pasaron los meses y la constante ayuda que ella solicitaba me empezó a incomodar. El día que me sonaron todas las alarmas fue cuando </i><i><b>me enteré que Mario le había prestado plata para pagar el techista.</b></i><i> Me enojé y se lo dije de mala manera.¿Esta es tan estúpida no puede ni ir al cajero del banco? ¿Por qué le pide a su ex? Se lo devolvió, pero me había quedado caliente. Semanas después noté que él </i><i><b>se preocupaba más por los problemas de ella que por los míos.</b></i><i> ¡Yo quedaba supeditada a que ella no necesitara nada! No me parecía bien, yo era la novia. Estaba molesta”.</i></p><p>Los hijos de los tres se conocían de los espacios comunes y visitaban, alternativamente, las tres casas. La de Mario, la de María Paz y la de Raquel. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/LIZUFKLVZBHLBM4IL3WVXYF2RY.png?auth=ae970420957208883c81b6163a432507656d36788e6d931d4793738a0008ccee&smart=true&width=5504&height=3072" alt="Los pedidos de ayuda constantes de Raquel a Mario empezaron a incomodar a María Paz (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="3072" width="5504"/><p><i>“Las cosas empezaron a cambiar realmente y yo comencé a sentir desconfianza plena luego de un </i><i><b>viaje laboral de Mario</b></i><i>. Se había ido a Brasil por trabajo diez días y la tarde-noche que regresó, dejó las valijas en su casa y </i><i><b>lo primero que hizo no fue venir a verme a mí sino ir a lo de Raquel.</b></i><i> Sus hijos estaban con su exsuegra. Por mensaje de WhatsApp me dijo que iba a ayudarla a conectar el aparato anti sarro y que venía a casa a comer. Me revolvió el estómago literalmente. ¿Llevábamos casi un año saliendo y resulta que vuelve y lo primero que hace es verla a ella? En ese mismo instante me cayó la ficha, algo estaba muy mal. Esa noche, cuando vino a comer, lo encaré. Esperé que mis chicos se fueran a sus cuartos y le pregunté directamente qué pasaba. Si algo había cambiado y si le interesaba Raquel. Mario me miró como si estuviera loca. </i><i><b>No dijo mucho pero me sentí tratada como una mujer enferma de celos.</b></i><i> Yo levanté la voz, él más bien se calló. Fue la primera gran pelea que tuvimos y la última. No admitió nada, pero tampoco negó. Esa noche no pegué el ojo. En los días siguientes lo empecé a percibir lejano, distante, sin ganas de abrazarme.”</i></p><p>Después de ese enfrentamiento <b>la relación se enfrió más</b>, casi del todo. Estaba claro que a Mario le pasaba algo porque esquivaba verla como antes.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/5N6L64XY2VHGJPVM4QURS2NZJE.png?auth=0f23d4a72d92b3a67b4b701f5ee608292e450a10260d841be5fb3cbb68cecac0&smart=true&width=2752&height=1536" alt="La sensación de que algo cambiaba creció en silencio dentro de la relación hasta que llegó el planteo (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1536" width="2752"/><p><i><b>“¡De hecho nunca más volvimos a tener relaciones!</b></i><i> Fue como que mi planteo lo terminó de ahuyentar. Eso me hizo sentir culpable. Dudaba si era yo quien lo había empujado a que se alejara. Me planteaba si me había comportado como una adolescente ridícula. No sé, me agarraron todas las inseguridades posibles. Incluso fue peor que lo que había sentido con mi ex marido. Para colmo algunas de mis amigas, cuando les conté,</i><i><b> me cuestionaron el planteo que le había hecho</b></i><i>. Me dijeron que no tenía que romper tanto los quinotos”, </i>reconoce María Paz.</p><p>Siguieron viéndose por un par de semanas, pero esa relación ya no se sentía como un noviazgo. Algo se había detenido. No había risas, no había complicidad, no había sexo. Se veían como por obligación. Mario estaba huidizo. María Paz veía que la relación se había desmoronado y no sabía si podrían reconstruirla. Aunque todavía tenía alguna esperanza. Por las dudas, casi no pisaba lo de Mario y tampoco se acercó a Raquel. La percibía como una verdadera enemiga. Le había tomado rabia.</p><h2>Fin y a otra cosa</h2><p>Aterrada ante la posibilidad de volver a estar sola, María Paz se aferró a la idea de que la lejanía era algo pasajero. Pero el tiempo fue diciendo otra cosa. Pasaron de verse todos los días a <b>dos veces por semana</b>. No había cercanía física, solo restos de una relación apagada. María Paz no se animaba a hablar con él porque temía que, de hacerlo, la cosa terminaría por quebrarse. Optó por fingir demencia. </p><p><i>“Un día, simplemente, él me dijo que venía a comer y no apareció. Ni siquiera me llamó para avisar. Me quedé con la mesa puesta y la comida en el horno. No le dije nada, no le mandé mensaje. Nada de nada. </i><i><b>Ese fue el final.</b></i><i> Sin orquesta, sin lágrimas. No hablamos, no discutimos, no nos vimos. Ruptura sencilla y muda. Él se quedó en su casa, o en la de Raquel, y punto”,</i> admite con gran dolor. Nunca más volvió a llamarla. Ella tampoco lo intentó. <i>“¿Qué había que decirse?”</i>, se pregunta.</p><p>Fue la <b>peluquera a domicilio </b>de María Paz quien con valentía le contó lo que se decía en el barrio: hacía tiempo que corrían chismes que hablaban de Raquel y Mario y… de la pobre María Paz. María Paz le restó importancia al asunto frente a ella, pero se quedó con el alma mojada.</p><p>La confirmación final vino dos días después de la boca de su hijo menor. Esa tarde volvió de la cancha de fútbol y le preguntó mientras comía una tostada: <i><b>“¿Mamá es verdad que Mario está de novio con Raquel?”.</b></i><i> </i>La frase perforó la carcasa de la negación con la que se había envuelto María Paz.<i> </i>No supo qué decir, solo le respondió <i>“Después hablamos”.</i> </p><p>Tuvo que esconderse en el toilette para llorar.</p><p>Lo que siguió fue el mismísimo infierno, asegura.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/SVHVMRADOBA4DNEGALKIZQ7BEM.png?auth=ed9fabcc5e91d26704179e60ced3f1b9577c9715d12fadb966d7927de1438fa5&smart=true&width=2752&height=1536" alt="El peso de los rumores transformó su vida cotidiana en un lugar incómodo
(Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1536" width="2752"/><p><i>“Lo peor de esta historia que te cuento no fue el desamor. Porque creo que, al fin de cuentas, era una relación basada más en la</i><i><b> necesidad de amor que en el verdadero amor.</b></i><i> Lo peor fue sentirme expuesta, darme cuenta de que estaba en el foco de todas las miradas de lástima de la gente que me rodeaba. En la panadería, en el house del barrio, en el colegio, en la cancha de tenis y en la de hockey. Fue horroroso estar en el centro de la pena. Quería desaparecer, volverme invisible. </i><i><b>Bajé como diez kilos </b></i><i>y tuve que volver a terapia para enfrentarme a todos mis miedos. ¿Por qué me salía todo mal? ¿Por qué me dejaban? Encima, a ellos dos me los cruzaba de lejos por todos lados. Los tres bajábamos la vista, nos evitábamos. Varias veces los vi de atrás, caminando de la mano, por el barrio. Era una puñalada”, </i>relata con sinceridad brutal.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/EWXVZFH5ZVHPTGCEIZTXJBWRH4.png?auth=e2bd3ac07d5e97207ce18189c2ebd351f8dfa54b305e898457bb1e72c8298d84&smart=true&width=5504&height=3072" alt="La sensación de estar en boca de todos fue, para ella, más dolorosa que la ruptura (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="3072" width="5504"/><p>Pero María Paz no es un espíritu guerrero sino más bien una persona tranquila y reflexiva. Optó por no enfrentar nunca a ninguno de los dos y evitó cualquier tipo de reproche o reclamo ante nadie. Lo explica: <i>“¿De qué servía insultar o decir algo? No iba a conseguir amor de esa manera. Sería peor y mucho más humillante. Si él era un cobarde y ella una comehombres, allá ellos. Yo no puedo hacerme cargo de sus conductas. Con el tiempo comprendí que Mario no era para mí, que fue mejor no seguir con él. Pero, al mismo tiempo, pude aceptar que</i><i><b> el año y pico que estuvo conmigo me hizo bien</b></i><i>. No fue un mal año, fui feliz mientras duró. Ofició de buen salvavidas para esa etapa de mi vida. Después, mi nuevo salvavidas fue la terapia. Ahora, tres años después, estoy conociendo a alguien. Voy con pies de plomo porque las traiciones me tallaron profundo, pero no voy a dejar de intentarlo. </i><i><b>Todavía creo en el amor.</b></i><i> Por lo menos en el tiempo en que se manifiesta como amor… Quizá en lo que ya no creo es en la eternidad de ese sentimiento. Me he vuelto un tanto escéptica respecto de la medida del tiempo que nos puede durar. Aunque, te reconozco, me encantaría que llegue un hombre que me pueda demostrar lo contrario”.</i></p><p>*Escribinos y contanos tu historia. amoresreales@infobae.com</p><p><u>* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas</u></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/RLIGCBZA65CCBDO6ZRBJTVDX34.png?auth=e86c79e4ddaa8d61db4ceb81a886e7348ba2625ddcd93867c066fc581fd9b96b&amp;smart=true&amp;width=5504&amp;height=3072" type="image/png" height="3072" width="5504"><media:description type="plain"><![CDATA[Mario, Maria Paz y Raquel, Amores Reales 
Amor, pareja, conflicto, 
(Imagen Ilustrativa Infobae)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Oona y Charles Chaplin: un amor que desafió las convenciones, escandalizó a la sociedad y encendió una llama que no dejó de arder]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2026/04/12/oona-y-charles-chaplin-un-amor-que-desafio-las-convenciones-escandalizo-a-la-sociedad-y-encendio-una-llama-que-no-dejo-de-arder/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2026/04/12/oona-y-charles-chaplin-un-amor-que-desafio-las-convenciones-escandalizo-a-la-sociedad-y-encendio-una-llama-que-no-dejo-de-arder/</guid><dc:creator><![CDATA[Carolina   Balbiani]]></dc:creator><description><![CDATA[Cuando se conocieron el actor atravesaba un periodo oscuro de su vida. El tenía 53 y ella, 17. Se deslumbraron el uno al otro y en pocas semanas se enamoraron. Esperaron a que ella cumpliera 18 para casarse. Fueron centro de polémicas y controversias, y estuvieron en boca de todo Hollywood hasta que decidieron mudarse a Europa a ser felices]]></description><pubDate>Sun, 12 Apr 2026 06:24:52 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/DLSQC62F6VC2JJCG2YPYU36HDU.jpg?auth=b51f1676ca0f7153bc54fa08eb45e34b1d8ad0314a1306537b7c24dc0bdc3ba1&smart=true&width=1920&height=1080" alt="El legendario actor Charlie Chaplin y su esposa, Oona O'Neill" height="1080" width="1920"/><p>Los separaban 13.149 días. No importó. Los separaban las normas y valores sociales. No importó. <b>Había 36 años de distancia entre una y otra historia de vida. Tampoco les pareció un impedimento</b>. </p><p>La vasta experiencia de él cuando ella recién comenzaba a andar escandalizó a la mayoría. Incluso a sus respectivas familias. Nadie aprobó la relación despareja, rayana a la inmoralidad por la corta edad de ella, pero avanzaron decididos, ciegos de pasión. Y se prometieron colaboración mutua: él la ayudaría a madurar y ella a ser <i>“joven hasta el final”</i>.</p><p>Cuando Oona O’Neill y Charlie Chaplin, finalmente, se casaron corría el año 1943: <b>él tenía 54 años y ella, 18</b>.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/6QGD5N3L7ZGSPH7OLTI2LR3O2U.jpg?auth=7583e64a92ec8f323dccd50deb1e2a364afd973e9ab60befdbe73e33f30e2163&smart=true&width=660&height=864" alt="Oona O’Neill" height="864" width="660"/><h2>Amor desparejo</h2><p>Oona O´Neill llegó a este mundo el 14 de mayo de 1925 en Bermudas, adonde sus padres se habían mudado para pasar el invierno junto con su hermano mayor Shane, de 6 años. Los adultos buscaban tranquilidad para escribir. Su padre era el célebre dramaturgo norteamericano <b>Eugene O’Neill (ganador del Premio Nobel de Literatura y cuatro veces del Pulitzer)</b>; su madre, la escritora inglesa <b>Agnes Boulton</b>. Aunque Eugene tenía otro hijo que llevaba su nombre de una pareja anterior, no vivía con ellos. Eran una familia de cuatro. Lamentablemente para Oona, la pareja no duró demasiado y se quebró cuando ella cumplió 2 años. Eugene los abandonó, se había enamorado de otra mujer: la actriz Carlotta Monterey. Los dos chicos fueron criados en soledad por su madre. </p><p>Oona padeció la distancia que se interpuso con su padre. Una lejanía dolorosa interrumpida por algunas cartas que ella esperaba con desesperación.</p><p>Creció entre Nueva York y Bermuda, en escuelas privadas de élite. Bella y carismática rápidamente comenzó a circular por los estratos más sofisticados de Manhattan, <b>siempre vinculada al mundo artístico y literario</b>. Le gustaba la bohemia y lo intelectual, al tiempo que disfrutaba de aparecer en revistas y frecuentar discotecas de moda. Con solamente 15 años, su enorme atractivo donde se fundían lo superfluo y lo profundo, impactó al joven <b>Orson Welles</b> (26, actor, director, guionista) y se hizo amiga de personajes como el escritor <b>Truman Capote </b>y la artista <b>Gloria Vanderbilt</b>.</p><p>En el último año de la secundaria fue elegida la Debutante Número Uno (evento que marcaba el ingreso de las jóvenes a la sociedad adulta y aristocrática de la época). Su foto salió en todos lados y, enseguida, <b>recibió</b> <b>ofertas de agencias de modelos y de publicidad</b>. Oona pertenecía al selecto mundo de la época donde se permitía rozar el escándalo con <i>glamour</i>. Por entonces salió con un autor aún desconocido llamado <b>J.D. Salinger</b> (22), quien se haría más adelante famoso con su obra <i>El guardián entre el centeno. </i>La relación entre Oona y Salinger se enfrió cuando él se enlistó en el Ejército y fue destinado al estado de Georgia.</p><p>El padre de Oona era un hombre ausente en la vida de sus hijos, pero tuvo el tupé de enojarse con las pretensiones mundanas de su hija. De hecho, intentó frustrar los coqueteos de Oona con Hollywood valiéndose de sus contactos como dramaturgo famoso. No pudo con la convicción de la joven. Ella no le hizo el menor caso: <b>decidió dedicarse al cine y se trasladó a Hollywood </b>con su madre para las pruebas de actuación.</p><p>En 1942, <b>a los 17 años, conoció por medio de la agente Mina Wallace a Charlie Chaplin, de 53</b>. Era una cita puramente laboral en la que ella buscaba abrirse puertas y él, una joven actriz para un proyecto cinematográfico que jamás concretaría. Lo que empezó como algo estrictamente profesional mutó con velocidad. En ese primer encuentro <b>Chaplin quedó impactado por la belleza de Oona, pero más todavía por sus formas de expresión</b>. Le gustó su frescura, su modo de hablar, su sofisticación salpicada de inocencia. Ella quedó encantada con ese hombre magnético, dueño de una inteligencia superior. Chaplin no demoró en invitarla a cenar. Luego otra vez, y otra vez más. Más tarde la recibió en su casa donde mantuvieron larguísimas charlas. <b>En cuestión de semanas estaban profundamente enamorados</b>. </p><p>Se volvieron inseparables.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/EWL5VUXE7RHFPHFFMLSIB3TEOA.jpg?auth=41fcdf988fc0622361955815fca2d7082539b2436000109e6d2eececb5b98a9a&smart=true&width=1920&height=1633" alt="Charlie Chaplin y su esposa, Oona O'Neill, en el club nocturno El Morocco de la ciudad de Nueva York (Bettmann)" height="1633" width="1920"/><h2>El hombre envuelto en escándalos</h2><p>No ocultaron la relación y <b>su diferencia de edad comenzó a reclutar detractores de la pareja </b>en todos los ámbitos. </p><p>Arrancado el año 1943 las cosas se precipitaron. En mayo Oona cumplió 18 años. La mayoría de edad era lo que estaban esperando para dar el paso. <b>El 16 de junio de 1943, se casaron.</b></p><p>El distante padre de Oona se enojó tanto que rompió la poca comunicación que mantenía con ella. ¡Su hija se había casado con un hombre que tenía su misma edad! Eugene O’Neill escribió furioso a un amigo: <i>“Te habrás enterado de la última payasada de mi hija”. </i></p><p>Quitó a Oona de su testamento y nunca volvió a hablarle en su vida.</p><p>La prensa sentía curiosidad por esa pareja tan dispar en edades. Envueltos en intrigas y críticas <b>ellos sabían que estaban protagonizando un escándalo </b>de proporciones en Hollywood.</p><p>Lo cierto es que la vida de Chaplin tenía más banderas rojas que cualquier otro candidato posible para Oona. Nacido en Londres en abril de 1889, su infancia estuvo marcada por la pobreza. Sus padres eran artistas de <i>music hall</i> sin éxito. La ausencia del padre y la escasez de recursos de su madre, que trabajaba ocasionalmente de enfermera y costurera, lo envió a los 7 años a un orfanato para niños sin recursos. Estuvo allí por un año y medio. Su madre intentó rescatarlo, pero fracasó y tuvo que enviar otra vez a sus hijos a un asilo para indigentes. En 1898 ella terminó internada en un psiquiátrico, había desarrollado psicosis por la desnutrición y la sífilis según los médicos. En ese tiempo los chicos terminaron viviendo con su padre, un hombre que casi no conocían y que era alcohólico perdido. Dos años más tarde murió por cirrosis y fue enterrado en una fosa sin nombre. </p><p><b>Lo que Charlie Chaplin llevaba vivido con cortos diez años era demasiado</b>. Su madre mejoró durante un lapso, pero volvió a desbarrancar en 1903. Con 14 años Chaplin fue el encargado de internarla en un psiquiátrico del que saldría intermitentemente.</p><p>El joven Chaplin quedó a la deriva, comiendo de aquí y de allá, durmiendo donde podía, bajo el cielo o el techo de algún personaje caritativo.</p><p>Ya actuaba y siguió insistiendo por ese camino que le venía impreso en la sangre. Consiguió entrar a una compañía de claqué con la que comenzó algunas giras de <i>music hall</i> por Inglaterra. Mientras trabajaba en otros oficios (soplador de vidrio y vendedor callejero) se registró en una agencia teatral. El mánager detectó talento en el adolescente y le dieron <b>un primer papel como repartidor de periódicos</b>. Luego, consiguió otro y otro. A los 19 años tuvo una mejor oportunidad con la que levantó aplausos. Terminó formando parte de una compañía que lo llevó a los Estados Unidos durante 21 meses. Le fue muy bien. <b>Había aparecido su “vagabundo”, su personaje cinematográfico central</b>. Fue en 1914 cuando en los estudios Keystone le pidieron que improvisara un personaje cómico para un corto. Se puso unos pantalones grandes, un saco ajustado, zapatos enormes, se colocó un bigotito y un sombrero hongo pequeño. Tomó un bastón e improvisó. Ese personaje entre torpe y digno, con un dejo de tristeza tierna, se convirtió con el tiempo en un <b>ícono universal del cine mudo</b>. El silencio hablaba en la interpretación de cada cabeza (así fue hasta la aparición del cine sonoro en 1927). </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/S4SMWI7WIRAF7N3TMB7ECM4YDU.JPG?auth=6535340cb98bfbda09c27b6e44f7044b73a419decffc3ed955ee4da97473323a&smart=true&width=1080&height=777" alt="Charles Chaplin en "Tiempos Modernos" (Captura de video)" height="777" width="1080"/><p><b>De allí en más, la carrera de Chaplin solo fue hacia arriba</b>. Para 1918 se había convertido en uno de los actores mejor pagados del planeta con unos 670 mil dólares al año (eso equivaldría a unos 16 millones de dólares actuales). En 1919 ya había fundado su propia compañía. Chaplin escribía, dirigía, editaba, componía música, protagonizaba.</p><p>En lo que respecta a las relaciones sentimentales anteriores a Oona, Chaplin venía de turbulencia en turbulencia. En 1918 se casó con Mildred Harris de <b>16 años</b> porque ella le dijo que estaba embarazada. Poco después descubrió que la gestación había sido una mentira de Mildred para atraparlo. La relación se iba a pique mientras sucedió el verdadero embarazo del que nació <b>Norman</b>. Lamentablemente el bebé llegó con serias malformaciones y murió pocos días después. Se separaron en 1920 y Chaplin alegó públicamente que eran incompatibles.</p><p>En 1921 estuvo a punto de comprometerse con la actriz May Collins, a quien había contratado como su secretaria. Se arrepintió cuando se dio cuenta de que no podía tolerarla en la misma habitación, pero en vez de romper el compromiso decidió dejar de ir a la oficina. Su maniobra funcionó y todo terminó.</p><p>Cuando Chaplin tenía 35 años comenzó a salir con Lita Grey, una adolescente de <b>15</b>. El sexo tuvo lugar por primera vez en el sauna de la casa del actor en Bevery Hills. Ella quedó embarazada y la familia de Lita <b>amenazó con denunciarlo por corrupción de menores</b>. Chaplin decidió entonces que se casarían en México porque, según la ley de California, podría ser acusado de violación legal. Corría el año 1924 y estuvieron juntos hasta 1926. Con ella engendró dos hijos: <b>Charles Jr y Sydney.</b> Hay quienes dicen que esta historia habría inspirado la novela <i>Lolita</i>, de Nabokov. </p><p>Pero otra vez Chaplin sintió que no era feliz. Empezó a quedarse en su oficina para evitar estar en casa con su mujer. En noviembre de 1926, Lita se cansó, dejó el hogar que compartían y se llevó a los chicos. </p><p>Comenzó un largo proceso de divorcio donde ella lo acusó de <i>“deseos sexuales pervertidos”</i>. La noticia llegó a los titulares y se crearon grupos que buscaban prohibir las películas de Chaplin. </p><p>Los abogados de Chaplin terminaron pactando un acuerdo millonario con su ex, Lita, el más grande hasta ese momento otorgado por los tribunales del país. Cuando, unos meses después, el exmayordomo de Lita fue asesinado en Utah corrieron rumores sobre la posible vinculación de Chaplin con el crimen. </p><p><b>La fama del actor estaba hecha trizas</b>, pero él seguía facturando.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/LX5YPOJNMZGYRL2TNLI3BMTD5A.jpg?auth=cc783fac7e2414a1b9bde745caf7dedad4d1f7786b9fe12f1a5be5c3a39a1091&smart=true&width=928&height=517" alt="Los Chaplin y seis de sus ocho hijos en 1961. De izquierda a derecha: Geraldine, Eugene, Victoria, Charlie Chaplin, O'Neill, Annette, Josephine y Michael" height="517" width="928"/><h2>Más mujeres, más conflictos</h2><p>En 1936 se casó a escondidas con Paulette Goddard, de 26 años, durante un viaje por el Lejano Oriente. Dos años después estaban distanciados, aunque se divorciaron realmente en 1942 sin tener descendencia. Es aquí donde aparece otra joven aspirante a actriz llamada Joan Barry (22) con la que Chaplin mantuvo una relación breve y sumamente conflictiva. La inestabilidad emocional de ella y el acoso al que lo sometió hicieron que Chaplin se alejara de la historia. A pesar de que Joan amenazaba con suicidarse no dio un paso atrás. En un momento de desesperación ella le anunció que estaba embarazada. Chaplin no cedió. </p><p>En 1943 lo acusó de no querer reconocer a su hija Carol Ann y le inició un <b>juicio de paternidad</b>. </p><p>Un análisis de sangre demostró que Carol Ann no era hija de Chaplin, pero de todas maneras el tribunal lo obligó a pagar su manutención hasta los 21 años. ¿Por qué? Porque la ley no admitió la prueba sanguínea porque, en ese entonces, no se consideraba concluyente.</p><p>Al mismo tiempo, Chaplin enfrentó una acusación federal grave: haber trasladado a la joven entre distintos estados con “fines inmorales”. Se enfrentó a una condena de 23 años de cárcel, pero terminó siendo absuelto. </p><p>La prensa lo despedazaba a gusto. <b>Su pasión por las chicas jóvenes era vista por la sociedad como la prueba cabal de su inmoralidad</b>. También había quedado envuelto en huracanes políticos porque <b>el FBI sospechaba que era comunista, algo considerado una amenaza a la seguridad durante la Guerra Fría</b>. Si bien él no era miembro del partido, manifestaba posturas progresistas apoyando causas sociales, por lo que los conservadores lo tuvieron bajo la lupa.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/BHQF25RH3FHLLPKPFAV73ZSNLI.jpg?auth=d2c8b6783baa62e860c9917772730bde08bba0c122f1439808c3bc3ae2f948b0&smart=true&width=1920&height=1435" alt="Charles Chaplin en "El gran dictador"" height="1435" width="1920"/><h2>Sale el sol y se disuelven las sombras</h2><p>Justo en ese momento más oscuro de su vida se hizo la luz. <b>Apareció Oona</b>. La mayoría de quienes vieron el nacimiento del romance fue escéptica respecto de la estabilidad que tendría el corazón de Chaplin. </p><p><b>La controversia fue mayúscula</b>. </p><p>Sin embargo, <b>para Charlie Chaplin y Oona empezaba el trayecto más feliz de sus vidas</b>. Dijo él: <i>“Las sombras desaparecen con la noche y después de la noche sale el sol”. </i> Charles Chaplin le dijo a Oona a la hora de proponerle casamiento: <i>“Cásate conmigo para que pueda enseñarte a vivir y tú puedas enseñarme a morir”</i>. A lo que ella, rápida de reflejos, respondió:<i> “No. Me casaré contigo para que tú me enseñes a crecer y disfrutar de la vida y yo te enseñaré a mantenerte joven hasta el final”.</i> </p><p>Si bien Agnes Boulton no estuvo de acuerdo con el matrimonio de su hija, no se opuso. Decidió mantener una posición moderada. En cambio, Eugene O’Neill reaccionó enfurecido, para él era algo inaceptable. No soportaba la mala imagen pública que tenía el indeseado marido de su hija y estaba convencido de que su exmujer había orquestado ese romance. Oona le respondió tajante a su padre: <i>“Si no me das permiso, nunca me casaré con nadie. Este va a ser el amor de mi vida”.</i></p><p><b>La ceremonia del casamiento civil fue clandestina para evitar malos momentos</b> y se llevó a cabo en Santa Bárbara. Ella entró primero y él hizo su aparición sobre el filo de las firmas. No querían que nadie avisara a la prensa.</p><p><b>Tuvieron juntos ocho hijos</b>: Geraldine (actriz), Michael (actor y escritor), Josephine (actriz y escritora), Victoria (artista de circo), Eugene (ingeniero de sonido y documentalista), Jane (productora y escritora), Anette (actriz) y Christopher (compositor y actor). Curioso que Oona le pusiera el nombre de su padre a uno de ellos. Vivieron la mayor parte de su vida en Suiza, adonde se mudaron en 1952, hartos de la persecución de los anticomunistas. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/UI5UALJQKRAI3NWJJDOI6FHA2Q.jpg?auth=9820b0e7fdfb8cba2c3540883a37fc2f40ca43a6ee9ed798c4db14eead9d1da9&smart=true&width=1920&height=1440" alt="Las tumbas de Charles y Oona Chaplin en Corsier-sur-Vevey" height="1440" width="1920"/><p>Chaplin, que no era ciudadano estadounidense, había viajado para el estreno de su película <i>Limelight </i>a Londres. Aprovechando que estaba fuera, Estados Unidos no le renovó el permiso de reingreso al país. Las sospechas políticas del macartismo fueron las grandes impulsoras de esta medida. Chaplin decidió no solicitar nada e instalarse definitivamente en Suiza junto a Oona quien, dos años después, renunció a su ciudadanía norteamericana para adoptar la británica de su marido. Para entonces ya tenían cuatro hijos. Los cuatro siguientes nacieron en Europa.</p><p>Instalados en su casa frente a un lago en Corsier-sur-Vevey <b>estuvieron juntos hasta la muerte de Chaplin, el 25 de diciembre de 1977</b>. Él tenía 88 años. Ella, con 52, quedó devastada y cayó en el alcoholismo. Para tapar el tremendo vacío salió con hombres más jóvenes. Uno de ellos fue nada menos que <b>David Bowie</b>: ella tenía 55 en ese momento y él 32.</p><p>La melancolía siguió siendo absoluta. El 27 de septiembre de 1991, Oona murió como consecuencia de un cáncer de páncreas con 66 años. Antes de morir destruyó todos sus diarios personales.<b> ¿Qué no quería que se supiera?</b> No deseaba que su vida quedara expuesta luego de partir y, quizá, también quiso evitar perjudicar a sus hijos o a la figura de Chaplin. De esa manera también habría evitado que siguieran lucrando con su historia, y con su propia voz.</p><p>Se dice que la canción <i>Limelight</i> (<i>Candilejas</i>), compuesta por Chaplin, estaba dedicada a Oona. La frase clave es:<i> </i><i><b>“Llegaste a mí cuando yo ya me iba, eres luz de abril en mi tarde gris”</b></i><i>. </i>Después de tanto ejercicio inútil de su corazón extraviado, Chaplin encontró en Oona lo que siempre había buscado: paz, contención, acompañamiento. Eran dos almas a la par a pesar de las décadas que los separaban. No les creyeron al comienzo, pero la historia que quedó escrita demuestra que el corazón de Chaplin fue domesticado por el amor de Oona. Solo la muerte pudo separarlos y apenas por un rato. Hoy sus cuerpos descansan, uno al lado del otro, en el cementerio del pequeño pueblo Corsier-sur-Vevey.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/DLSQC62F6VC2JJCG2YPYU36HDU.jpg?auth=b51f1676ca0f7153bc54fa08eb45e34b1d8ad0314a1306537b7c24dc0bdc3ba1&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[El legendario actor Charlie Chaplin y su esposa, Oona O'Neill]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[“Los hombres son fuego, menina”: una azafata, un novio brasileño y unas vacaciones marcadas por una ausencia inexplicable]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2026/03/29/los-hombres-son-fuego-menina-una-azafata-un-novio-brasileno-y-unas-vacaciones-marcadas-por-una-ausencia-inexplicable/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2026/03/29/los-hombres-son-fuego-menina-una-azafata-un-novio-brasileno-y-unas-vacaciones-marcadas-por-una-ausencia-inexplicable/</guid><dc:creator><![CDATA[Gabriela Cicero]]></dc:creator><description><![CDATA[Viajó a Río de Janeiro por amor, pero el hombre que la había invitado varias veces se lo tragó la tierra. En su lugar, encontró una familia “política” que la cobijó como si fuera una más de ellos]]></description><pubDate>Sun, 29 Mar 2026 05:10:06 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/UIT3XXULBBAK5CRKRDPZMJSLYI.png?auth=50953cce1ff7ae0bc20cf222616ef82c38d9ebf80157025bb656759208977511&smart=true&width=1376&height=768" alt="Una azafata con uniforme azul y rojo desciende las escaleras de un avión de un fabricante aeroespacial, mientras el personal de tierra realiza sus tareas en la pista, evocando la edad de oro de la aviación comercial. (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="768" width="1376"/><p>Cuando era chica Carolina decía que quería ser una aventurera. Nadie le explicó cómo se hacía, pero ella encontró la manera de lograrlo: a los 21 años se subió a un avión como<b> azafata</b> y dejó su carrera de química.</p><p>Su suerte sería distinta a la de su padre, que había querido ser marino pero fue rechazado por ser daltónico. Ella cruzaría océanos y mares, desiertos e islas. Viajaría noches estrelladas y en medio de tormentas. </p><p>En los ochentas las azafatas caminaban por los aeropuertos como modelos, con sus uniformes impecables, peinados firmes y maquillaje perfecto. Eran<b> íconos de glamour</b>. Los pasajeros también formaban parte de un ambiente sofisticado: viajaban de traje, en clase turista tomaban whisky en sus asientos espaciosos y fumaban sin parar. Aerolíneas Argentinas, recuerda Carolina, ofrecía como cortesía paquetes de seis cigarrillos Jockey Club con fósforos de la aerolínea. </p><p>Trabajó para Austral tres meses hasta que le dieron el pase a Aerolíneas Argentinas, que le permitió cruzar las fronteras. “Me parecía copado eso de subirse a un avión, bajarse en otro lugar, donde te tienen en un hotel<b> cinco estrellas </b>y podés salir con jeans y zapatillas a caminar por donde quieras y además con un viático que te daban para comer por ahí y movilizarte sola”.</p><p>La azafata tenía belleza, juventud y el mundo a sus pies. En esas rutas hacia Miami, Los Ángeles, Nueva York, Roma, Nueva Zelanda, donde se quedaba una semana, conoció playas, ciudades, sabores, declaraciones de amor en otros idiomas,<b> romances y desilusiones difíciles de comprender</b>, como la historia que hoy trae al presente y por la que todavía se hace preguntas.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/UOBLVXIHAFEIFNJOJJNASOIUEU.jpeg?auth=a2f7bfc81ea2df7eeb96b363d89a191e18dc9307388cf93384e7e9efe65bf740&smart=true&width=1376&height=768" alt="En los ochentas las azafatas eran iconos de glamour (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="768" width="1376"/><p>Esta historia trata sobre el romance que tuvo con un brasileño. Un hombre que la había entusiasmado muchísimo. No lo recuerda especialmente bello. Era de un <b>estilo intelectual</b>, a lo Clark Kent, con anteojos. Un corredor de bolsa. Lo había mirado con ojos de formar una familia y tal vez él lo adivinó, se asustó. No estaría preparado.</p><p>Carolina venía de otras relaciones truncas con otros extranjeros que conocía a su paso: su corazón necesitaba un lugar donde quedarse. Alguien que la quisiera más que lo que ella había amado. Y ahí estaba Miguel, el hombre de finanzas.</p><h2>Año Nuevo y la llegada de un amor</h2><p>Todo comenzó en Año Nuevo en Río de Janeiro. Carolina estaba con unas amigas tomando unos tragos en el bar <b>Garota de Ipanema, </b>el lugar donde Vinicius de Moraes y Antônio Carlos “Tom” Jobim veían pasar a la moza de corpo dorado que inspiró una de las canciones más bellas de Brasil. “Unos muchachos al lado, como se usaba antes, ahora no se usa más -aclara-, nos dijeron:<b> ‘¿Están solas, las invitamos a tomar algo, unas caipirinhas’? </b>Nos quedamos charlando. Uno nos acompañó al hotel y me dijo:‘Te veo mañana’. Al día siguiente pasó a buscarme. Paseamos por Copacabana, Leblon, comimos juntos, me llené de <i>ovos de codorniz, casquinha de siri (cangrejo gratinado), frango a la milanesa (pollo), queijo catupiry (queso).</i> El tipo me parecía encantador, no era ningún “churro”, era uno con<b> pinta de intelectual, anteojos, bajito y muy sonriente</b>. Miguel de Oliveira”, describe con lujo de detalle. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/V64WZEHN7FH3HE2PCABADZMXDA.jpeg?auth=0326f1d3fb10c6d1a6d6d49fa297b5b263f599bc06c2b00afbc32fff3f7a3487&smart=true&width=1376&height=768" alt="Carolina se sintió atraída por Miguel, que no era especialmente buen mozo, sino de un perfil intelectual y una sonrisa única (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="768" width="1376"/><p>Carolina recuerda que tenía postas de un día en Río, en una ruta hacia Roma. “A partir de ese momento no sé si tuve un approach. Me acuerdo que él vivía en un departamento que era del padre o que vivía con el padre, sin decorar, muy impersonal. En algún momento me invitó al departamento y estuvimos ahí retozando. Cada vez que pasaba por Río, él me repetía: ‘Te voy a esperar en la salida de los pasajeros’. Casi no había tiempo, porque bajaba el avión, bajaban los pasajeros, subían los nuevos, y <b>yo pedía permiso diciendo que le tenía que entregar algo a alguien. Mentira. Y me encontraba con él, esperándome para verme un segundo</b>. Y siempre me regalaba un peluche gigante, un perro, un conejo, y yo subía al avión con el socotroco ese y todos me decían: ‘Así que tenías que entregarle algo. Más vale que te lo entregaron a vos. Vos lo que entregaste es otra cosa, ja, ja, ja. Buah”, recuerda riéndose sobre las bromas subidas de tono de la tripulación.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/5UWITSJLQFFY5PZWRFAPLIOKVI.jpeg?auth=d872d8e0bd71769a80c443af46a0af24373e0b02c634e61dead73e1b787b3870&smart=true&width=1376&height=768" alt="Una mujer y un hombre comparten un emotivo abrazo en un aeropuerto, con la mujer sosteniendo un enorme oso de peluche, celebrando un feliz reencuentro entre viajeros. (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="768" width="1376"/><p>El carioca siempre la invitaba a Río. ¿Y cuándo vas a venir? Y Caro, a dos meses de conocerlo, decidió tomarse unas vacaciones que tenía pendientes y viajar a Río. Era Carnaval, aunque no era tan fastuoso como el de ahora, cuenta. “Yo iba a llegar equis día y supuestamente él me iba a estar esperando en el aeropuerto, pero <b>no me estaba esperando</b>. No había WhatsApp, no había teléfono, nada. <b>Con una bronca bárbara, me fui a un hotelito donde, calculé que podía parar ahí, </b>que alguien me había recomendado. Llegué al hotel y estaba inundado. Entrabas y la habitación era un lago: cinco centímetros de agua en el piso. Me lo dejaban barato por eso. Yo tenía miedo hasta de enchufar algo. Pensé: ‘Acá me quedo pegada’. Al final, él me encuentra en ese hotel, no sé cómo y me dice:<b> ‘No, vos no podés quedarte acá. No, no, no. Este, yo te voy a ubicar en otro lugar’. </b></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/D7LTCYLKTBHA3JQGJ7VYJ4J5CE.png?auth=4d6cb2f6aecf57ec30718e6bee7ef6980abea4f068be1329277af6d2e7bbede4&smart=true&width=1376&height=768" alt="Los planes fueron muy diferentes: su novio brasileño no fue a buscarla al aeropuerto y terminó en un hotelito barato e inundado (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="768" width="1376"/><p>Miguel le encontró lugar en la casa de su hermana, que estaba casada y tenía una nena de un año y medio. “Y de repente, al tipo <b>se lo tragó la tierra.</b> ‘No, que tengo mucho trabajo, que tengo mucho que hacer. Y no me dan los tiempos’, se excusaba. Así que yo me pasé el resto de las vacaciones en Río de Janeiro viajando de acá para allá, paseando y yendo a la playa con mi supuesta cuñada, Marcia, Paulo, el marido, y Natalia, la nena, que me enamoré de la nena, Tatinha. Y después conocí a mi suegra y a la hermana de la suegra. Y llegó un domingo y nos fuimos todos a la casa de la hermana de la suegra a Petrópolis, que tenían tasar un terreno. Me decían: '<i>Não, você não vai ficar sozinha de modo nenhum, de jeito nenhum’</i>. No me querían dejar sola, me llevaban como barrilete". <b>Hasta que finalmente una noche Miguel apareció para cenar y Caro le planteó</b>: <b>“Escuchame, ¿nos vamos a ver o qué?</b> “Bueno, mañana te paso a buscar para almorzar porque tengo mucho que hacer. <b>Viniste en mal momento”</b>. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/T3KFICT4W5FABF7KYCFMN5ESEU.png?auth=71a713db5f2ea6496a6ad367b5265ceb141cf35be32b504642ef32c515f02f28&smart=true&width=1376&height=768" alt="La familia "política" la recibió y la integró a sus actividades durante esas vacaciones (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="768" width="1376"/><p>Ella <b>estaba segura de que no se había inventado esos días juntos en Río</b>. En realidad, había convivido con toda su familia política… menos con él. Un día, agotada, se largó a llorar y Marcia le dijo: <i>Os homens são fogo, ¿viu menina? </i><b>Los hombres son fuego</b>. Es una expresión coloquial en portugués que significa que los hombres son intensos, apasionados y difíciles de manejar. </p><p>En Brasil Carolina encontró una familia política divina, amorosa. Años más tarde le puso a su propia hija el mismo nombre de la nena con la que había compartido esos días. “Una mañana levanté todas mis cosas, estaban todos durmiendo, les dejé una carta en el botiquín del baño diciendo: <b>‘Son adorables todos, los quiero muchísimo.</b> Tuve una temporada lindísima con ustedes, pero no quiero abusar de su hospitalidad. Me estoy yendo, los voy a extrañar mucho, Carolina’. Y me fui al aeropuerto y me tomé un vuelo y me volví“. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/6OLDY4AODZB57AJMVXLSSMWCQM.jpeg?auth=2f906139f06cc3d4d06ac2a659eb20807b57b8d0ae75fc941c4891e5c4f82f51&smart=true&width=1376&height=768" alt="Cuando ella se fue y él siguió el recorrido del autobús advirtió que él estaba arrepentido (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="768" width="1376"/><p>Después él la llamó y le hizo un reclamo: “¿Cómo te vas a volver así sin despedirte?“. “Me lo volví a encontrar en Río. Almorzamos.<b> Le dije en la cara que era un cretino,</b> pero me comí un frango à passarinho. Me acompañó a un colectivo y vi que él se quedó mirándome. Cuando vos te vas y se te queda mirando, es que se arrepiente. Si cuando te vas y da media vuelta y le ves la nuca, es que no le importás. Pero creo que a él no le gustó que lo dejara así. Te lo cuento y me queda una sensación: <b>todo amor que no fue es una tristeza</b>”.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/UIT3XXULBBAK5CRKRDPZMJSLYI.png?auth=50953cce1ff7ae0bc20cf222616ef82c38d9ebf80157025bb656759208977511&amp;smart=true&amp;width=1376&amp;height=768" type="image/png" height="768" width="1376"><media:description type="plain"><![CDATA[Una azafata con uniforme azul y rojo desciende las escaleras de un avión de un fabricante aeroespacial, mientras el personal de tierra realiza sus tareas en la pista, evocando la edad de oro de la aviación comercial. (Imagen Ilustrativa Infobae)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[“¿Usted no piensa separarse?”: la decisión más difícil de una madre de tres nenas y una segunda oportunidad con un alma gemela]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2026/03/22/usted-no-piensa-separarse-la-decision-mas-dificil-de-una-madre-de-tres-nenas-y-una-segunda-oportunidad-con-un-alma-gemela/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2026/03/22/usted-no-piensa-separarse-la-decision-mas-dificil-de-una-madre-de-tres-nenas-y-una-segunda-oportunidad-con-un-alma-gemela/</guid><dc:creator><![CDATA[Carolina   Balbiani]]></dc:creator><description><![CDATA[Elena creyó que el amor profundo que sentía por Martín alcanzaba para todo, hasta que la realidad se impuso y la obligó a mirar hacia adelante. Nunca imaginó que su historia podía tomar otro rumbo]]></description><pubDate>Sun, 22 Mar 2026 04:41:55 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/SQLN4CPPTNDQTFPYANRL2ULLAE.jpeg?auth=bf60e0a7738b0db589d36073e666129f706aa6e67292a3165119123415d384a2&smart=true&width=1376&height=768" alt="Elena se casó con Martín después de siete años de noviazgo y estando muy enamorada (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="768" width="1376"/><p><i>“Soy de las que cree que todo está escrito en alguna parte del universo, como un diario que alguien viene redactando desde hace miles de años para cada uno de los seres humanos que habitamos esta tierra. Mi historia quizás es parecida a muchas otras, pero no es igual. Me casé en los años 80, a los 23, con el amor de mi vida. Estaba segura de que el matrimonio era para toda la vida. Claro que toda la vida es mucho tiempo…”</i>. </p><p>Elena dixit.</p><h2>Miedos irracionales y un diagnóstico</h2><p>Elena es de zona Oeste. No quiere especificar barrio. Conoció a quién sería su primer marido, Martín, en uno de los bailes que hacían en el colegio secundario para juntar dinero. Le gustó, pero no se vieron más durante un año. Volvieron a cruzarse en un boliche. Ella tenía 16, él 18. Comenzó un buen<b> noviazgo</b> que duró <b>siete años</b>. En ese tiempo Elena terminó el secundario y Martín encontró trabajo. Ella pensó en estudiar, pero como él no lo hacía, no quiso hacerlo sentir menos.</p><p><i>“Soy del 57. Ya cumplí 69 años. En esa época pensabas distinto a cómo son las cosas hoy. Por inexperiencia creí que si estudiaba lo iba a hacer sentir mal”,</i> aclara Elena.</p><p>Durante el noviazgo Martín tuvo un episodio puntual de ansiedad: <i>“Hoy lo llamaríamos </i><i><b>ataque de pánico</b></i><i>. En ese momento lo atribuimos a que a él le tocaba ser sorteado para el servicio militar y eso lo había asustado. Al final, sacó número bajo, no le tocó. Fue algo puntual, que pasó de largo sin que le diéramos mayor importancia”.</i> </p><p>Llegó el casamiento y la <b>luna de miel</b>. Habían sacado pasajes para ir a Uruguay. No pudo ser. Después de la fiesta, Martín tuvo <b>otro ataque de ansiedad </b>y no hubo manera de convencerlo para ir.</p><p>Elena reconoce: <i>“Fue duro. Sucedió de golpe. Ya teníamos 23 y 25 años. No viajamos. Poco después él comenzó con terapia para ver de dónde venían sus </i><i><b>miedos irracionales</b></i><i>. Yo estaba muy, pero muy enamorada. Al comienzo no lo noté tanto, pero con el tiempo empezó a tener, también, </i><i><b>delirios persecutorios</b></i><i>. Un día, por ejemplo, salimos y él me decía que nos estaban siguiendo. Me lo creí y me asusté. Con los días me di cuenta de que eso no era algo normal, estaba paranoico. Se lo conté a su familia y todos entramos en modo alerta”. </i></p><p>El psicólogo se completó con un psiquiatra. Comenzó un tratamiento con medicación y Elena escuchó, por primera vez, su diagnóstico: <b>esquizofrenia paranoide. </b></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/VS5SKNSQ4VDYDELBGZ7RYLYZZA.jpeg?auth=ee4d0c1d5ab82237b6ae204425f1509e43ed7b152eb18f9e78b1c509f2bbbfc4&smart=true&width=1376&height=768" alt="Después de los ataques de pánico llegaron los delirios de persecución (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="768" width="1376"/><p><i>“Le fueron ajustando la medicación y tuvo períodos espectaculares. Así que yo no tomé verdadera noción del problema. Si no había nada que lo estresara, él estaba muy bien. Se estabilizó totalmente y siguió trabajando. Estábamos bárbaros y seguíamos super enamorados cuando llegó mi</i><i><b> primer embarazo</b></i><i>. Fue evidente que enseguida se desestabilizó. ¡Aparecía una responsabilidad y a él se le disparaba su trastorno mental! Un día de esos no quiso ir más a trabajar y volvió con sus miedos. Decía que lo vigilaban. </i><i><b>Estuvo seis meses de licencia y después tuvo que renunciar.</b></i><i> Tuvieron que ajustar lo que tomaba”.</i></p><p>Nació la primera hija de la pareja. A Elena, que trabajaba todo el día en una empresa, para que él tuviera algo que hacer y aportara a la casa, se le ocurrió poner un<b> almacén en la planta baja de su casa</b>. Martín lo atendía. Su madre y su suegra la ayudaban con su hija. Él volvió a ser el de siempre y las cosas retomaron su curso. Pero tres meses después una nueva noticia sacudió los laberintos mentales de Martín: Elena estaba de nuevo embarazada.</p><p><i>“Martín recayó una vez más. Y yo otra vez a tratar de recomponer la relación. Encima, una noche entraron a robar el almacén. Lo desvalijaron. Se puso muy mal. Eso hizo que yo decidiera cerrar el negocio. Martín empezó un curso de mecánica para ver qué podía hacer. Cuando nació mi segunda hija, él iba y venía con sus estados de ánimo pero con la terapia y la medicación, que se la iban cambiando, mejoró. Con dos socios</i><i><b> abrió un negocio de mecánica</b></i><i> y yo estaba feliz”</i>.</p><p>Habían vuelto una vez más a la vida corriente.</p><p><i>“Pero el desequilibrio estaba ahí, latente. A los dos años Martín empezó a decir que sus socios le robaban. ¡Habían vuelto los delirios! Te resumo: cerramos el negocio y, por infinitésima vez, dejó de trabajar. Mi suegra y mi madre seguían ayudando. </i><i><b>Estaba enamorada de Martín, pero la carga había ido desgastando ese amor.</b></i><i> ¡La enfermedad es en sí muy desgastante! Entre psiquiatras, medicamentos, momentos de dudas, problemas económicos y mucha rabia por no entender lo que pasaba, siguieron transcurriendo los años”.</i> </p><p>Un día la psiquiatra de Martín la llamó para verla. Le preguntó sin anestesia: <b>“</b><i><b>Usted, ¿no piensa separarse?”.</b></i><i> </i>Elena recibió la frase como un balde de agua helada y le respondió: <i>“¿Por qué me dice eso?”. </i>La profesional le explicó que bueno, que de esa enfermedad su marido no se iba a recuperar, que era muy triste una vida así. Elena respondió seca: <i>“Por ahora, eso no está en mi cabeza”.</i></p><p>Pero desde entonces, de alguna manera, lo estuvo.</p><h2>La decisión que no quería tomar</h2><p><i>“Martín era muy bueno y cariñoso, siempre me quiso. Jamás un gesto feo. Pero ver su deterioro sin poderlo evitar de ninguna manera resultaba muy doloroso. Él seguía sin trabajar y ahí es que yo </i><i><b>me empecé a plantear, con mis chicas en primaria, si no debería separarme</b></i><i>. Mientras no tuviera situaciones que le provocaran estrés, parecía estar bien. Al punto que, si yo no hubiera sabido lo que tenía, podría haber pensado que era un cómodo. Yo lo pinchaba para que saliera a hacer algo y él me decía que lo iba a hacer, pero no hacía nada. El verano de 1994 mi cuñada se fue de vacaciones y nos dejó su casa con pileta para que la cuidáramos. Nos instalamos y fue ideal porque las chicas disfrutaron mucho del jardín y el agua. Fue un mes en el que él fue el mismo que yo había conocido, del que me había enamorado. Además, teníamos tiempo para estar juntos porque las chicas eran más grandes. Empecé a fantasear con estudiar algo que me diera placer. Tan bien estuvimos que al terminar ese mes </i><i><b>estaba de nuevo embarazada</b></i><i>. Fue un shock porque no me lo esperaba. Así fue que apareció nuestra tercera hija que vino a llenar de alegría y de amor todos los momentos. Justo en mi trabajo estaban haciendo un edificio y necesitaban a alguien que lo cuidara. Le dije a Martín y aceptó. Era una oportunidad. Estaba contento, pero como siempre</i><i><b> la cosa duró unos pocos meses.</b></i><i> Al tiempo apareció el pánico con sus miedos. La cosa no anduvo. Esta vez mi cabeza hizo un clic diferente. Ya no pensaba que iba a poder cambiar y con tres hijas, la menor de un año, no daba más. Yo le había anticipado que para mí era importante que el trabajo funcionara y cuando no anduvo le dije directamente que se había acabado. Que me iba. Busqué departamento y </i><i><b>me fui con mis tres hijas sin llevarme nada de la casa</b></i><i>. Podía pagarlo, yo ganaba muy bien, y no quería perjudicar a Martín que era el que tenía problemas. Mi hija menor había llegado para abrirme los ojos. No quería que ella pasara su infancia viendo a su padre sentado en una silla sin hacer nada productivo. </i><i><b>Fue la decisión más difícil que tuve que tomar en mi vida.</b></i><i> Dudaba. Tenía temor a arrepentirme. Pero lo cierto es que mi vida ya no era vida. Me apoyaron las dos familias. La mía y la de Martín. Entendieron perfectamente. Él estaba anímicamente mal, pero su familia lo contuvo y siguió adelante con su terapia. Mis hijas nunca dejaron de ver a su padre, él venía a visitarlas cada vez que quería a mi nuevo departamento. Las chicas veían la enfermedad, pero nunca nos sentamos a hablarlo hasta después de nuestra separación. Sé perfectamente que si Martín no hubiera estado enfermo yo hubiera pasado toda la vida con él. Extrañaba esa persona que había sido”.</i></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/HMEBS6FJHVDPVJMXK52GBJAZEA.jpg?auth=780964feaaa9c0731ba292ef9ab71e08819520169d8cc84fb6a2a7038ed10660&smart=true&width=2754&height=1536" alt="Jorge apareció en la vida de Elena por un sitio de citas que empezaba a ponerse de moda (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1536" width="2754"/><p>La vida se encarriló con cada uno en su casa y en paz. Hasta que las circunstancias económicas cambiaron. En el 2001 el país convulsionó y <b>Elena perdió su trabajo</b>. Eso la hizo replantear las cosas. Tuvo que dejar el alquiler. La madre de Martín había muerto y ese departamento estaba alquilado. Martín se ocupó de recuperarlo y se mudó allí mientras Elena volvió a la vieja vivienda familiar. Ella vivía arriba en el primer piso; Martín, abajo. </p><p>Enseguida Elena volvió a conseguir un trabajo y una vez más fluyó la vida.</p><h2>Un segundo gran amor</h2><p>El tiempo siguió corriendo: las hijas crecieron y Elena pensó que había llegado el momento de pensar un poco en ella. Después de diez años sola, en el 2006, comenzó a preguntarse si podría conocer a alguien. </p><p><i>“Con 49 años todavía me consideraba una mujer joven y podía disfrutar un poco de la vida”,</i> reflexiona al recordar esa etapa, <i>“Empecé a indagar en las </i><i><b>aplicaciones de citas</b></i><i> que recién se ponían de moda. Una de ellas era Cupido Net y todo era por mail. Creé mi perfil y comenzaron a llegarme montones de correos de hombres que querían conocerme, saber de mi vida, a qué me dedicaba, qué buscaba”.</i></p><p>Fue entonces que apareció en la vida de Elena alguien llamado Jorge.</p><p><i>“Después de varios mails de ida y vuelta, en el transcurso de un mes, sentí que este hombre insistía mucho en conocerme y decidí no responderle más. No terminaba de acostumbrarme a esa modalidad de conocer a alguien. Tenía 53 años, trabajaba en una papelera y estaba recién separado. Eso me hacía dudar. Un recién separado por ahí lleno de conflictos. Por mail estaba bien charlar pero ¿conocerlo en persona? No tenía ganas. Siguió insistiendo y se lo conté a una amiga que me dijo: Pero ¿por qué no te tomás un café con él y lo conocés? Así que al final le respondí y el 12 de mayo del 2006 pusimos un lugar de encuentro, a la salida de mi trabajo, a las cinco en punto de la tarde. Yo llegué y él ya estaba ahí. Lo reconocí de inmediato porque me había mandado fotos por mail. Me agradó su forma de hablar. </i><i><b>Al rato de conversar sentía que lo conocía de toda la vida. </b></i><i>Nunca pensé que íbamos a tener tanta química. Que podía ser tan natural. No me costó nada el comienzo de la relación. Nos quedamos hablando tres horas y, al final, me preguntó si quería que fuésemos a comer. Después me llevó a casa en un taxi. La tercera vez que nos vimos nos fuimos a un hotel. Ya estábamos de novios. Éramos grandes, no había mucho más que pensar”.</i> </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/N6EE36MHSFDRNCZWTZFPJLLEWQ.jpeg?auth=93c9e2d73c429f23cf56e17c0d930d2af58fb25d36d8150abb1d7237bbe323aa&smart=true&width=1376&height=768" alt="Elena se sorprendió por la naturalidad con la que fluyó la cita con Jorge(Imagen Ilustrativa Infobae)" height="768" width="1376"/><p>Elena reconoce que volvió a enamorarse como nunca pensó que lo haría. Reconoce que Jorge era muy diferente a su exmarido: <i>“</i><i><b>Era distinto en todo. En su forma de ser y de pensar.</b></i><i> Era un hombre que había estudiado ingeniería, con un amplio conocimiento de la vida. La conversación con él era muy interesante. Pensá que con mi ex marido había sido siempre una conversación limitada, poco nutrida, de las cosas de todos los días”.</i> </p><p>La relación prosperó pero Elena no lo llevaba a su casa por sus hijas. En el 2007 Martín se enteró de la existencia de Jorge. Todo estuvo bien. </p><p><i>“En el año 2009</i><i><b> Martín murió</b></i><i>. Fue durante una operación por un aneurisma abdominal. Tenía 54 años. Yo ya llevaba unos tres años saliendo con Jorge. Un poco después a Jorge se le terminó su contrato de alquiler. Mi hija más grande ya vivía por su cuenta y la del medio trajo a su novio a vivir a mi casa. Así que bueno fue el momento de irnos a vivir juntos con mi hija menor. Alquilamos algo para los tres cerca. La convivencia fue buena. Con sus hijos, Jorge tenía dos de su primera pareja, fue más difícil, pero a la larga funcionó. Venían a visitarlo los fines de semana. El año pasado, finalmente, </i><i><b>nos quedamos solos porque mi hija menor se mudó sola</b></i><i>”. </i>Arrancó una etapa distinta. </p><p><i>“Creo que él está mejor desde que estamos solos. Porque siempre con el hijo de tu pareja algo de celos hay. Discutimos menos que antes. Lo que pasó ese 12 de mayo de 2006 cambió la historia que parecía haber estado escrita para mí. Me di cuenta de que con Jorge éramos </i><i><b>almas gemelas</b></i><i> con muchas coincidencias: su primera hija se llama como la mía, su ex mujer tiene mi nombre y su ex suegra se llama como mi madre. Hoy estamos juntos, acompañándonos después de casi 20 años, pasando momentos buenos y malos, pero con la certeza de que, como dije al principio, nuestros destinos estaban escritos y unidos en algún sitio desde siempre”. </i></p><p>Elena admite que en su vida hubo dos grandes amores: <i>“La vida, si estamos atentos, </i><i><b>siempre da segundas oportunidades</b></i><i>. ¿Mirá si se me hubiera ocurrido no conocerlo? ¡Me lo hubiera perdido! Buen consejo el de mi amiga. No será el hombre perfecto como tampoco soy yo la mujer perfecta, pero somos dos personas comprometidas con la vida del otro y que nos queremos”.</i></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/RPPUUSXJ2VCNXFZ3JHUXGH4JJQ.png?auth=db53cd13ec4bf1e266c986593ff56e2ecab1a625bf92428e4fbd0baf4fb6433d&smart=true&width=1376&height=768" alt="En esta etapa la pareja, que se define salidora y con ganas de divertirse, trata de irse de vacaciones dos veces al año (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="768" width="1376"/><p>El 2021 golpeó fuerte: <i>“En el mes de abril, estuve internada por COVID. Nos contagiamos los dos. Yo tuve una neumonía bilateral y me pesqué una bacteria intrahospitalaria. Dos semanas de terapia y milagrosamente zafé. Él, que tiene EPOC, estuvo internado menos que yo y en otra clínica. Cuando me fui de la internación me mandaron tomografías de control. Y ahí apareció un </i><i><b>tumor maligno en mi riñón derecho</b></i><i>. Me lo extirparon en junio de ese año. Casi sin tiempo de pensar. Me fue bien porque no tuve que hacerme quimioterapia. ¡Resultó que el COVID me había venido a salvar del cáncer! Después de esa movida, dejé de trabajar. Y mi hija mayor nos regaló dos pasajes a España. Nos fuimos tres meses. Al año siguiente repetimos la experiencia porque tengo una prima allá.</i><i><b> Con Jorge somos salidores y nos gusta divertirnos.</b></i><i> Intentamos, si podemos, irnos de vacaciones dos veces al año a dónde podamos. Quizá, en este momento de la vida, me gustaría que Jorge trabajara un poco menos. Ya tiene 72, está jubilado y sigue trabajando. No hay nietos todavía por ningún lado jaja así que tenemos todo el tiempo libre para nosotros”,</i> cuenta. </p><p>Le pregunto para cerrar su historia qué es el amor para ella. Se toma su tiempo para responder: <i>“El enamoramiento se pasa. Lo pasional a esta edad no es tan importante. El amor para mí hoy son las pequeñas cosas: que me prepare una comida rica, salir de la mano, proyectar algo juntos, un día al sol en un sitio agradable… Te diría que son situaciones donde se lo ve brillar con toda su intensidad y sin interferencias”.</i></p><p><i>* Escribinos y contanos tu historia a amoresreales@infobae.com</i></p><p><i>* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas.</i></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/VS5SKNSQ4VDYDELBGZ7RYLYZZA.jpeg?auth=ee4d0c1d5ab82237b6ae204425f1509e43ed7b152eb18f9e78b1c509f2bbbfc4&amp;smart=true&amp;width=1376&amp;height=768" type="image/jpeg" height="768" width="1376"><media:description type="plain"><![CDATA[Un hombre y una mujer comparten un momento de preocupación en una calle adoquinada y poco iluminada durante la noche, con edificios antiguos de fondo y un negocio abierto a la derecha. (Imagen Ilustrativa Infobae)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Enamorada del mejor amigo de su papá: ella tiene 23 años, él 58 y viven un amor intergeneracional que atravesó a una familia]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2026/03/15/enamorada-del-mejor-amigo-de-su-papa-ella-tiene-23-anos-el-58-y-viven-un-amor-intergeneracional-que-atraveso-a-una-familia/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2026/03/15/enamorada-del-mejor-amigo-de-su-papa-ella-tiene-23-anos-el-58-y-viven-un-amor-intergeneracional-que-atraveso-a-una-familia/</guid><dc:creator><![CDATA[Carolina   Balbiani]]></dc:creator><description><![CDATA[Beto y Horacio eran compañeros en la secundaria. Beto conoce a Lucía, la segunda hija de su mejor amigo, desde que era apenas una niña. Ella empezó a mirarlo distinto a los 19 años, después de que él volviera bronceado y elocuente de un viaje: "Lo vi tan suelto, tan simpático que pensé que me gustaba". Encuentros casuales, citas, viajes a escondidas y un romance que provocó un terremoto familiar]]></description><pubDate>Sun, 15 Mar 2026 15:06:56 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<p>Lucía M. tenía 19 años y hacía tiempo que conocía a Beto. Es el mejor amigo de su padre. Mejor dicho, era. Porque una vez que las cosas sucedieron no hubo pretextos ni excusas para fingir que todo estaba bien. Lo que quedó fue tierra arrasada. El misil del amor había surcado los cielos y hecho estallar todas las relaciones. Dentro y fuera de la familia. Hagamos historia y retomemos el hilo del pasado para llegar al hoy.</p><p>Lucía a los 19 años estudiaba sociología, era la intelectual, la menos confrontativa y la del medio de una familia de tres hermanos. Su padre banquero y su madre especialista en marketing de empresas esperaban mucho de ella. Prometía destacarse en algo. En lo que fuere. Su carácter despierto, sus modos tranquilos y reflexivos, su elocuencia en público. <b>Podía ser quién quisiera ser, le decían siempre. Llegar muy lejos</b>. Nadie sabe qué futuro imaginaban exactamente para ella, pero pensaban un destino acorde a la etimología de su nombre: brillante, luminoso.</p><p>La familia vivía en un coqueto y cómodo departamento mirando los bosques de Palermo, en la gran ciudad argentina. Lucía había ido a un colegio bilingüe como sus hermanos y estaba más que al día con su carrera en la UBA. Amigas, salidas, algún que otro novio que no llegó a presentar porque el amor se esfumó antes que tarde. Sus padres todavía eran jóvenes, siempre atareados y llenos de amigos. El ambiente en la casa era siempre vibrante y cálido. Abierto a reuniones, comidas y celebraciones. Un punto de encuentro feliz para sus conocidos y familiares donde las necesidades económicas estaban resueltas. De hecho, Lucía ya tenía registro y un auto compartido con su hermana más próxima, <b>cuando su mundo perfecto entró en guerra nuclear</b>.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/FFHAZGY4J5B3RAUOZX2MFKS43U.jpeg?auth=2b014f5169e58a36167a289cd4b87c7d4ce38b13c7554dc154ec217dace78ceb&smart=true&width=1920&height=1072" alt="Lucía y Beto en un puente de París. La historia de un amor que comprometió el vínculo entre dos amigos y el de una hija con su familia (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1072" width="1920"/><p>Beto era banquero como su padre. Casado, divorciado, de novio, separado, otra vez en pareja y vuelto a divorciar, acumulaba tres hijos de tres mujeres distintas. <b>Tiro al aire, encantador, sofisticado, culto, viajero, ganador total</b>. Tenía su pinta a pesar de tocar casi los cincuenta pirulos. Mucho pelo, casi todo canas, infinitas sonrisas y cantaba como los dioses. Era una figurita repetida en la casa de los M. A veces, solo; otras, con la candidata de turno; en ocasiones, con alguno de sus hijos. Lucía conocía a cada uno de la familia de Beto y sabía de sus andanzas. Su madre bromeaba con el harem de Beto. También Lucía la escuchaba juzgar a las novias del amigo de su marido. “¡Tiene un gusto que no discrimina! ¡Qué estrafalaria era aquella actriz ignota! Creo que nunca consiguió un papel y lo que quería era colgarse de su billetera”, recuerda Lucía de una de esas veladas en la que Beto había caído con una morocha infernal vestida más para un escenario y las luces que para una reunión en la casa de una familia común y corriente.</p><p>Fue un tiempo después de la actriz que Beto cayó solo al cumpleaños de la madre de Lucía y <b>ella se descubrió mirándolo más como un hombre que como al viejo amigo de su padre</b>.</p><p>“Era verano. Estaba quemado, recién llegado de un viaje, con el pelo blanco y sus dientes brillantes. Se reía como loco con los cuentos que él mismo hacía. Estaba contando una anécdota absurda de un viaje por Tokio. Todos estaban a las carcajadas y yo volaba. Por ahí yo había tomado de más, una copa de vino, pero<b> lo vi tan suelto, tan simpático que pensé que me gustaba</b>. Al rato estaba sentada al lado de él charlando de la vida. Beto estuvo atento, todo oídos, y me preguntó con interés por mi carrera, por mi vida. Qué pensaba hacer en el futuro, de qué trabajaban las sociólogas… Le divertía la vocación que había elegido. No sé cómo fue que se dio, pero esa noche conectamos bien, profundo”, resume.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/FLI3JUT6CJFR3O2YRTQWWXWQY4.png?auth=693281bdd97ab8f3eaf159c655fcda552d14582ff6d10f72cb04cfb5ca79aaa9&smart=true&width=1609&height=899" alt="Una familia comparte una comida al aire libre, sin saber que los lazos se tensarán por un amor prohibido entre Lucía y Beto (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="899" width="1609"/><h2>Encuentro casual</h2><p>Fue unas semanas después que Beto y Lucía se encontraron de casualidad en el estacionamiento de un shopping. Una atracción magnética, que algunos llamarían destino, volvió a cruzar sus pasos.</p><p>“Ese día sentí electricidad apenas lo vi. Un cosquilleo que me recorría. <b>Por primera vez charlábamos fuera de la órbita hogareña, sin que nos atravesara la mirada de nadie</b>. Nos cansamos de estar parados y fuimos a un café dentro del mismo centro comercial. Estuvimos casi tres horas. Me contó que se había cansado de las aventuras amorosas, que ya tenía ganas de hacer pie y volver a formar una familia. Yo le decía que ya tenía hijos grandes como para que volver a empezar, que podía ser una fiaca. Pero él con 54 estaba pensando en retomar el camino como si tuviese 30. Hablamos de la sociedad, de que cada vez los jóvenes quieren tener una mejor vida con menos esfuerzo, que piensan demasiado antes de tener un hijo y que eligen más viajes y experiencias gourmet y buena vida antes que sacrificio. Comentamos preocupados cómo había bajado el índice de natalidad. Estábamos bastante de acuerdo en todo. Yo le conté que tenía muchas ganas de hacer una experiencia en el exterior cuando terminara la carrera. Quería vivir un año afuera, antes de empezar a trabajar a full. Le dije que soñaba con que fuera en alguna ciudad. Londres, por ejemplo. Sobre todo pensando en mejorar mi inglés. Nos quedamos con ganas de seguir charlando, pero él tenía que irse no sé a dónde y yo tenía clases. Y que también quería conseguir algo medio tiempo para ese momento porque me quedaba tiempo libre con la facultad. <b>Quedamos contactados por Whatsapp con la perfecta excusa de que me averiguaría de un trabajo part time</b> en una consultora donde él conocía a los dueños”, repasa Lucía.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/SFUXPDOEKNC5RB3ZWKR5QF5UNU.png?auth=44ce6ae4e26e149a2defdc17972df0e4ec75725c1f2cb02e62bc7d90e1bbe746&smart=true&width=910&height=498" alt=""Todos estaban a las carcajadas y yo volaba. Por ahí yo había tomado de más, una copa de vino, pero lo vi tan suelto, tan simpático que pensé que me gustaba. Al rato estaba sentada al lado de él charlando de la vida", recuerda ella (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="498" width="910"/><h2>La cita programada y lo que siguió</h2><p>Beto no demoró en realizar el contacto estratégico. Le mandó un Whatsapp a la hija de su amigo de toda la vida y le dijo de juntarse para poder darle algunos consejos fundamentales para la entrevista laboral.</p><p>Lucía y Beto volvieron a encontrarse de espaldas al resto. Nadie sabía de estos encuentros casuales o programados donde titilaban las pupilas y hervía la ansiedad. Esta vez fue post oficina de Beto, en un bar canchero que él eligió con acierto.</p><p>Beto no habla en la nota, pero Lucía cuenta lo que sabe que sintió con mucha risa y seguridad: “<b>¡Beto ya estaba muerto! Rendido, pero no sabía cómo manejarlo</b>. Porque nunca se había metido con alguien cercano. Sabía que podía ser un caos levantarse a la hija del mejor amigo de toda su vida. Pero era un conquistador indomable y las cosas se le iban de las manos. Eso me lo reconoció tiempo después”.</p><p>Lucía había empezado a fantasear con una historia real con él. Pero no podía pasar del terreno de la fantasía por el temor que la invadía cuando pensaba en contarlo en su casa.</p><p>La entrevista con la consultora funcionó y Lucía consiguió ese trabajo donde estaría por un año. Festejar el contrato fue la nueva excusa. Pero <b>siguieron encontrando motivos para verse cada vez más seguido. Bar, un restaurante, un recital</b>. </p><p>“Hasta ahí ni un beso ni nada”. aclara Lucía. “Corríamos riesgos de que alguien nos viera porque teníamos muchos conocidos en común de todas las edades. Pero hasta ahí teníamos alguna explicación para dar. Igual, increíblemente, no ocurrió. A medida que notamos que nos pasaba algo empezamos a hablarlo. Medio elípticamente. Yo al comienzo era un poco desconfiada por su prontuario de mujeres e hijos y su fama de mujeriego. Él dudaba por la diferencia de edad. Pero<b> lo que sentíamos era fuerte y no dudamos en continuar saliendo</b>. La relación comenzó como dos meses después de la primera salida. Beto vivía solo así que el inicio de la relación fue muy fácil y sin conflicto. ¡Yo estaba encantada porque era tan distinto a alguien de mi edad! Me encantaba su cabeza, cómo pensaba, cómo razonaba. Me deslumbraba su conocimiento del mundo, su alegría y su disposición a entenderme”, revela. ¿Sexo? “Claro que sí. No era mi primera vez. Yo ya había tenido dos novios breves. Pero igual para mí fue descubrir la experiencia. Estaba enamorada perdidamente. Lo sabía”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/XDBXOJISAFAIBE6ATPGMOG2MNI.jpg?auth=f30ea7cf6d329279ca6a9f568d26c8b8f30a53d3a19e04300d381be642b92991&smart=true&width=5504&height=3072" alt=""Mis amigas de toda la vida no me bancaron. Me sentí atacada mal cuando se los conté. Me cuestioné: ¿las había elegido y no había sabido leer cómo eran? Las tres me hicieron sentir culpa", dice Lucía (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="3072" width="5504"/><h2>Arde París y arde Buenos Aires</h2><p>Llevaban ya casi seis meses en la clandestinidad amorosa cuando un día Lucía le dijo que se sentía incompleta por no poder compartir lo que estaba viviendo con nadie. Ni siquiera con sus amigas.</p><p>“De pronto caí en la cuenta de que <b>estaba comiéndome mi historia, atragantándome, sin compartir mi felicidad con nadie más que con él</b>. Por un tiempo estuvo bien, pero después tenía ganas de vivirla con naturalidad, de contarle a mis amigas, a mi familia, a todos. Decidimos juntos que lo mejor era primero hablarlo con las más íntimas de toda la vida. A ver qué pasaba. Beto temía la cancelación, que lo rechazaran por su edad y su pasado. No se equivocó”, reconoce.</p><p>El primer dolor de su vida fue que “mis amigas de toda la vida no me bancaron. Me sentí atacada mal cuando se los conté. Me cuestioné: ¿las había elegido y no había sabido leer cómo eran? <b>Las tres me hicieron sentir culpa</b>. Ellas adoraban a mi familia y decían que yo había traicionado la confianza de papá, de mi madre, de la familia de Beto. Y también la de ellas porque no había dicho nada. ¿Cómo se me ocurría salir con el mejor amigo de papá desde el colegio secundario? ¿Estaba loca? ¿Me había puesto en el lugar de mi viejo? ¿Qué iba a hacer con un hombre que me llevaba más de 35 años? Fue un baldazo darme cuenta de que no me entendían y que no intentaban comprender mis sentimientos. Algo se quebró en mí. Ellas no comprendieron pero prometieron silencio. Yo igual había decidido seguir hablando”.</p><p>Esa noche Beto la calmó, le dijo que esperara que las aguas bajaran, que ellas pudieran digerir la novedad y confiar en que el vínculo era serio, comprometido, no algo pasajero y superficial.</p><p>Beto y Lucía acordaron que, en un plazo lógico, iban a revelar su historia, aun con el mundo en contra. Pero primero, antes de lanzar la bomba, querían vivir algo más. Beto la invitó a un viaje relámpago y de amor a París.</p><p>Se fueron del país ocho días. Lo pasaron increíble. Ella dijo en su casa que tenía un viaje laboral. Mintió. </p><p>Lo tenían decidido: <b>a la vuelta se irían a vivir juntos. Lucía se mudaría con él. Tendrían que sentar al clan M. y contar la verdad</b>.</p><p>Si había ardido París con el amor, al retorno ardió Buenos Aires con la noticia. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/G5XNDDC2ZRDQ7PWYJL44SPYK7Q.jpg?auth=6ff26e2c13ded9c6701d44a9310de9085ac6357a60e40867e7347f1ed20b15b2&smart=true&width=5504&height=3072" alt="Lucía y Beto ya conviven. Ella se recibió de socióloga y piensa en ser madre, mientras intenta recomponer el vínculo con su familia (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="3072" width="5504"/><h2>Un domingo de noticias</h2><p>Lucía les dijo a todos que el domingo, en el almuerzo familiar en la quinta de sus abuelos en Benavidez, les tenía que contar algo importante. No adelantó nada. El suspenso desató comentarios por lo bajo entre todos. ¿Sería un amor? ¿Estaría embarazada? ¿Se iría a vivir afuera? ¿Querría dejar la carrera? </p><p>“La noche anterior no dormí. Ni con una pastilla que me dio Beto para bajar la ansiedad. La reacción ya sabía que no iba a ser buena, pero tenía esperanzas de que alguien pusiera cordura y me apoyara. Iba sin tropas aliadas. Mi familia me quiere un montón, pero hoy me doy cuenta de que no estaba preparada para esta bomba que tiré. <b>Porque fue literal: casi mato a mi padre. Me di cuenta de que le cambió el color de la cara</b>. No pudo ni enojarse. Creí que le daba un paro mientras yo soltaba todo: que estaba enamorada, que la persona en cuestión era cercana, que me había ido a París para terminar de conversarlo y para poder anunciar que me iría a vivir con él y que deseaba que lo tomaran lo mejor posible. El silencio era insoportable cuando dije que esa persona Beto. El de siempre. El que conocían de toda la vida. La cara de incredulidad de mi madre fue impactante”.</p><p>Lo que se dijo en ese almuerzo no fue lindo de escuchar. El más castigado por los comentarios fue Beto. Los hermanos aportaron solo frases sueltas. “Qué disparate”. “Qué viejo asqueroso”. “Mirá papá qué amigo tenías”. “¿Sos tarada? ¿No podés pensar las consecuencias?“.</p><p>La relación con Beto, quien estaba ausente ese día, quedó cortada desde ese mismo momento. <b>Horacio, el padre de Lucía, había perdido a su mejor amigo en un abrir y cerrar de ojos</b>. Nunca más volvieron a hablar hasta hoy. Beto lo intentó, pero capituló porque no hubo respuesta. La madre de Lucía cayó literalmente en cama unos días después con una neumonía. Le achacaban su baja de defensas a la ominosa noticia.</p><p>Nadie cerró filas al lado de la enamorada.</p><p>Lucía se mudó en silencio a su nueva morada. Con Beto todo iba fenomenal. Pero con la familia tendría que aprender a remontarla. No se dijo explícitamente, pero era obvio, con Beto no podría pisar la casa de sus padres ni de sus abuelos.</p><p>“Dijeron que aceptaban, pero estaba clarísimo de que a Beto no querían volverlo a ver. <b>La traición les había parecido demasiado dolorosa como para fingir que no pasaba nada</b>. Esto me divide la vida. Porque si bien con ellos sigo viéndome y, poco a poco, con el paso de los años volvimos a tener una relación aceptable y me ayudan en todo lo que pueden, hay como un muro con él. Mi papá sobre todo. Mis hermanos este año vinieron varias veces a comer a casa. Ya pasó. Pero papá y mamá creo que recién van a aflorar cuando tengan un nieto. Estoy segura. Ellos ya comprendieron que soy una mujer adulta y que no dañé a nadie, tengo el derecho a elegir algo aunque no estén de acuerdo. Pero romper ese muro construido alrededor de la figura de Beto está llevando tiempo”.</p><p><b>Lucía tiene hoy 23 años y Beto 58</b>. Se recibió, pero le quedó pendiente el haber vivido afuera. Ya no se lo plantea porque tiene otras prioridades. Por ejemplo, quedar embarazada.</p><p>“Sé que Beto será medio el abuelo… Si tengo un hijo el año que viene, cuando cumpla 20 años va a tener un padre de 79 años. Bueno, así son las cosas. El amor me llegó sin pensarlo ni buscarlo. Me arrebató el corazón y me empujó a jugarme. No me arrepiento de nada. No sé qué me puede pasar cuando yo tenga 80 y mire para atrás… ¿qué diré de todo esto? No lo sé, pero sé que jamás me voy a tener que reprochar el no haberme jugado por lo que quería. <b>Soy feliz con mi elección sobre con quién compartir mi vida, mal que le pese a otros</b>. Por ejemplo, a aquellas amigas que no pude recuperar. No tuve ganas de remarla en contra de sus opiniones. Tengo nuevos grupos y me refugié en las compañeras de facultad que me censuraron muchísimo menos. A mis padres los quiero y los perdono. Sé que elegí a alguien que todos consideraron en ese momento inconveniente. Las historias son personales. Cada uno escoge cómo jugar sus fichas, lo que no puede hacerse es pretender que el otro juegue como lo hubiera hecho uno, con las reglas prestadas de otras generaciones y sin la piedad de intentar comprender qué siente esa persona”. </p><p>Lucía entró con valentía y a los codazos al espectáculo de los sentimientos. Se ganó su lugar en primera fila para vivir su amor intergeneracional con la intensidad que le dio la gana.</p><p><i>* Escribinos y contanos tu historia a amoresreales@infobae.com</i></p><p><i>* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas</i></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/G5XNDDC2ZRDQ7PWYJL44SPYK7Q.jpg?auth=6ff26e2c13ded9c6701d44a9310de9085ac6357a60e40867e7347f1ed20b15b2&amp;smart=true&amp;width=5504&amp;height=3072" type="image/jpeg" height="3072" width="5504"><media:description type="plain"><![CDATA[Lucía y Beto ya conviven. Ella se recibió de socióloga y piensa en ser madre, mientras intenta recomponer el vínculo con su familia (Imagen Ilustrativa Infobae)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Luego de perder a su compañero y enfrentar el mismo cáncer, se reencontró con “un amor distinto” que la devolvió a la vida]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2026/03/08/luego-de-perder-a-su-companero-y-enfrentar-el-mismo-cancer-se-reencontro-con-un-amor-distinto-que-la-devolvio-a-la-vida/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2026/03/08/luego-de-perder-a-su-companero-y-enfrentar-el-mismo-cancer-se-reencontro-con-un-amor-distinto-que-la-devolvio-a-la-vida/</guid><dc:creator><![CDATA[Carolina   Balbiani]]></dc:creator><description><![CDATA[Acompañó durante siete años la enfermedad de su marido, atravesó su propio diagnóstico un mes después de enviudar y postergó el duelo. A los 70, cuando creyó que ya nada podía sorprenderla, descubrió que todavía tenía una llama encendida]]></description><pubDate>Sun, 08 Mar 2026 04:47:46 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/OCN4PNM5NFGRVNCQIHUGSQFRGQ.jpg?auth=6e35318368b8fa809434b535949762f344eb6f8c210f6f8da39b55468e2c30dc&smart=true&width=1440&height=1618" alt="María Laura y Luis empezaron a salir a los 17 años" height="1618" width="1440"/><p>A María Laura Cassiet la historia de amor que publicamos dos domingos atrás sobre Susana y Manuel -quienes pasados ampliamente los 70 años habían apostado otra vez a la pareja- la dejó pensando. Fue después de reflexionar lo suficiente que decidió escribirnos para contarnos su experiencia personal con el tema de las pasiones.</p><p><i>“Me encantó la historia de amor que están viviendo, pero quería contarle a las mujeres que volver a tener una pareja no es la única fórmula que existe para recobrar la felicidad. Yo perdí a mi marido, con quien compartí mi vida por cuatro décadas, en 2013. Superados los momentos malos, </i><i><b>me reencontré con un amor distinto que me devolvió las ganas de vivir”</b></i><i>, </i>revela misteriosa María Laura, abogada, madre, maestra, jubilada, abuela y deportista.</p><p>Vamos a contar dónde se reencontró ella con su nueva pasión, la llevaba muy escondida dentro de su esqueleto.</p><h2>El amor de una vida</h2><p><i>“Soy hija única de papás grandes. Mi madre me tuvo a los 39”, </i>cuenta María Laura quien toda su vida vivió en solamente diez cuadras a la redonda, en la localidad de San Fernando, provincia de Buenos Aires.</p><p>Nació el <b>29 de noviembre de 1955</b> y creció bajo el apremio de cumplir con las expectativas de sus padres. </p><p>Con quien sería su marido se conocieron arrojándose bombas de barro en el Río Luján. Luis Durán era amigo de los compañeros de colegio de María Laura. <b>Empezaron a salir a los 17 años</b>. Él jugaba rugby; ella nadaba y jugaba tenis en el mismo club. </p><p>Su madre deseaba una hija abogada, así que al terminar el colegio arrancó en la UBA, pero por las dudas también estudió <b>magisterio.</b> Su padre, que era gerente del Banco de Londres, temía la excesiva politización de las universidades y que pasara algo, mejor hacer mucho que poco. Estudió entonces las dos cosas: <b>de día para abogada, de noche para maestra.</b></p><p>Cuando tenía 20 años, y al mes de mudarse a la casa que su familia había construido con mucha ilusión, <b>su padre murió</b> de cáncer con 56 años. No llegó a verla casada.</p><p>Después de siete años de noviazgo Luis y María Laura <b>se casaron.</b> Corría el año 1980 y ella había cumplido 25 años.</p><p><i>“Me casé de blanco y enamorada. Hicimos fiesta acá y, también, en los Estados Unidos. Como mi tío, que es médico, vive allá y no tiene hijos, quiso hacernos un festejo cerca de Boston. Allá fuimos”,</i> cuenta de esos primeros años felices.</p><p>La vida continuó con la misma alegría y muchísima actividad:<i> “Mi marido era un hombre bueno, promotor, patrocinador, de esos que siempre dicen contigo pan y cebolla, que me insistía en que no me pusiera un techo. Un tipo deconstruido, colaborador con la cocina y con los chicos. Tuvimos dos hijos, Santiago y Magdalena”</i>, prosigue. En el medio de los dos embarazos Luis la incentivó para que terminara la carrera de Derecho en la UBA, le faltaban materias. Lo hizo, mientras trabajaba en un colegio privado, y se convirtió en la primera profesional de su familia.</p><p>Al recibirse, trabajó en organismos oficiales, <b>montó un estudio de abogados</b>, fue docente universitaria. Todo mientras criaba a sus hijos. Luis, también decidió estudiar derecho y se recibió.</p><p><i>“Fuimos muy felices”</i>, insiste varias veces a lo largo de la charla. Pasaron los años, los chicos crecieron y cuando ellos estaban al borde de empezar a disfrutar de lo conseguido con más libertad, llegó la inesperada enfermedad. Luis tenía 50 años cuando le apareció un <b>cáncer</b> avanzado<b> </b>de vejiga. Sus hijos tenían 15 y 19 años.</p><p>Biopsia, cirugías, tratamientos sin éxito, estudios y más estudios. Eso condujo a que se sentaran a hablar. De frente, pero sin excesivo dramatismo: <i>“Hablamos de lo que queríamos, cómo lo queríamos, siempre teniendo en cuenta lo que podía pasar. Sabíamos que podían ser los últimos años. La sentencia por el grado de su cáncer era clara. Luis se mostró entero. Y la vida continuó con la casa llena de gente y disfrutando. Entre los tratamientos viajamos, hicimos todo lo que quisimos y lo que se podía para seguir pasándola bien”.</i></p><p>Tenían la decisión tomada: <b>vivirían su hoy</b>.<b> Lo que durara.</b></p><p><i>“Estuve cuarenta años con Luis Durán, el amor de mi vida, con quien compartí más de cuarenta años. ¡Viví más con él que con mis padres o como viuda!”,</i> saca cuentas.</p><h2>Siete años de lucha</h2><p>Fueron siete años de enfermedad, pero también siete años de disfrute. O, por lo menos, gran parte. Con la pancarta de plantarle cara a la enfermedad iban con la alegría a cuestas. No era fingir que no pasaba nada, era mucho más: era aceptar lo que iba a pasar, pero viviendo como si hoy fuera siempre. Era inteligencia pura frente a la adversidad cierta. Algo que, cuando sobra la salud, no siempre tenemos en cuenta.</p><p><i>“Vamos a disfrutar lo que nos quede nos decíamos. Todos sabíamos cuál era el final. </i><i><b>Viajamos un montón</b></i><i>. Salíamos. Al principio, como conservaba la vejiga, hacíamos de todo. Incluso viajamos a esquiar a Estados Unidos con nuestros hijos. No sé cómo lo hacía, pero siempre tuvo energía suficiente”,</i> rememora.</p><p>Las cosas se pusieron más bravas cuando el tumor volvió y hubo que sacarle la vejiga. </p><p><i>“A los dos años hubo una recidiva. No había respondido a la quimioterapia. El tumor reapareció. Al principio, la situación con la bolsita lo traumó, pero igual seguimos saliendo y hasta nos fuimos de viaje. La debacle de verdad comenzó el 4 de diciembre de 2012”</i>, cuenta con precisión quirúrgica María Laura.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/CUHM3QPSXVGLPHPYUPYXHLKLVQ.png?auth=bdb7e8f04ab87ede4d4ac7c0ef43bd4ea941bbead9250bbd8b996e07748f697a&smart=true&width=1408&height=768" alt="La pareja viajó mucho durante ese tiempo, incluso en familia, a centros de esquí de Estados Unidos (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="768" width="1408"/><p>Fue entonces que supieron que el cáncer se había desparramado por todo su cuerpo. Después de un mes internado, en marzo de 2013,<b> viajaron al casamiento de su hijo</b>, en la provincia de Córdoba.</p><p>Luis demostró coraje y manejó el auto hasta allá. </p><p><i>“Ya tenía dos bolsas, una de la vejiga y otra que era un drenaje percutáneo. Era cero queja”, </i>relata, <i>“Él tenía mucho humor y cuando ya tenía tres bolsas colgando del cuerpo se autodenominada </i>El hombre de la bolsa.<i> En mayo lo volvieron a operar. Hasta el 31 de julio de ese mismo año salimos. Me acuerdo porque fuimos al cumpleaños de un amigo. Después, todo se complicó. Armamos una </i><i><b>terapia intensiva en casa</b></i><i>. A esta altura yo ya no quería ni hablar más con el oncólogo, no quería más información de ningún tipo. Si ya sabía lo que pasaba… ¿qué más me iba a decir?”. </i></p><p>Luis murió el 4 de septiembre del 2013. Los hijos de María Laura insinuaron instalarse en la casa para acompañarla, vivir con ella para no dejarla sola. María Laura se negó con carácter: <i>“De ninguna manera. ¡Yo hago terapia desde hace años! Soy adulta. Ellos tienen sus propias familias. Considero que tengo una buena cabeza y sé perfectamente que hay que practicar la exogamia. Los dos habíamos tenido psiquiatra y psicóloga, así que pude manejarlo bien”.</i></p><h2>Un mismo cáncer en un mismo lugar </h2><p>Para cuando murió Luis, María Laura tenía 58 años y ya también tenía cáncer, pero todavía no lo sabía.</p><p><i>“En enero de 2013 un día hice pis con sangre. Fui a la ginecóloga y no me encontró nada. En mayo, me volvió a pasar. El médico clínico, que era el mismo de Luis, me mandó un cultivo de orina y yo le pedí una receta para antibiótico porque estaba con tanto lío con lo de Luis que no tenía tiempo para perder”.</i></p><p>Maria Laura tomó el antibiótico y se hizo el cultivo, pero nunca fue a buscar el resultado de lo que <b>ella presuponía era una infección urinaria</b>.</p><p>Luis desmejoraba ante los ojos de todos y entraba en su fase final cuando en agosto, por tercera vez, María Laura hizo pis con sangre.</p><p>El médico le mandó una ecografía de riñones y vejiga y un estudio de orina de 24 horas. Luis ya estaba grave. Un día de esos se le ocurrió entrar a ver en la web el resultado de su cultivo del mes de mayo. Lo encontró:<b> no era una infección urinaria. Negativo</b>.</p><p><i>“Ahí mismo me di cuenta: si no tenía infección y no me encontraban nada en los riñones, era la vejiga. Ya sabía demasiado por Luis del tema. Pedí turno para la ecografía, pero lo perdí porque -en el medio de todo esto que no le contaba a nadie- Luis murió. Recién fui a hacerme el estudio el 20 de septiembre. Me atendió el mismo ecografista que lo atendía a él. Le dije: </i>Vos sabés que Luis se murió y a mí me parece que yo también tengo un cáncer de vejiga. <i>Me hizo el informe y me dijo que llamara ya al oncólogo de mi marido y hablara con él. El 23 de septiembre de 2013 el doctor me llamó. En la ecografía salía una mancha importante. </i><i><b>Fui con una amiga a hacerme la biopsia </b></i><i>el 3 de octubre. No les dije una palabra a mis hijos. Les mentí y les conté que tenía una audiencia judicial. ¿Cómo les decía a ellos que yo podía tener un cáncer como el de su padre que había muerto hacía un mes? Estaba flaquísima, pesaba diez kilos menos, unos 46 kilos, y mi piel era color gris. Estaba gris como mi jogging. El médico me terminó confirmando que tenía un carcinoma urotelial de alto grado. Igual que el de Luis. Exacto. El médico decía:</i> ¿qué pasa con esta pareja que tiene el mismo tumor alojado en el mismo lugar de la pared de la vejiga?<i> </i><i><b>¡Querían hacer un ateneo médico para ver si era algo ambiental. </b></i><i>No lo era. Era más bien simbiótico”,</i> remata con un dejo de humor María Laura.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/JKLTVANZXBBAJIAYRIIVK2IMG4.jpg?auth=66711b4d7a98e902f7f07bef0db486bc40360785743b416d3a7f64f74daeab6b&smart=true&width=740&height=1280" alt="María Laura en el lugar donde volvió a sentirse feliz" height="1280" width="740"/><p>El día de la madre se lo anunció a sus hijos. </p><p><i>“La verdad es que nunca pensé que me iba a morir. Ni un poquito. Estaba convencida de que iba a zafar. Cuando fuimos al médico le dije: </i>me saco la vejiga ya y listo.<i> Él me paró en seco y me dijo que no fuera tremendista”.</i></p><p>En diciembre la operaron y le quitaron el tumor. En enero entró en tratamiento. Como no podía ser de otra manera, ella decidió viajar y pasar las fiestas con sus hijos y su tío en los Estados Unidos. Y le dijo al médico que no pensaba hacer quimioterapia. El profesional le aseguró que le iban a hacer quimio local, pero que la iban a inmunosuprimir. Lo bueno era que su cáncer <b>lo habían agarrado a tiempo,</b> no tenía un estadío avanzado como el de Luis. </p><p>María Laura estaba sobrepasada con lo que ocurría, pero seguía adelante.</p><h2>El duelo se posterga</h2><p>Lo cierto es que <i>“mi enfermedad me distrajo de la muerte de Luis. Estuve dos años sin trabajar. El tratamiento me dejó debilitada al punto que un día hasta me hice pis en la calle. Fue todo un tema. Estuve con sonda desde el 2013 hasta 2018. Fueron seis años viviendo de esa manera, hasta los 64 años. El tratamiento lo terminé en 2017. Estoy convencida de que sobreviví porque me di cuenta rápido. Con la enfermedad de Luis había aprendido mucho. ¿Te das cuenta? Hasta en eso me salvó él”.</i></p><p>Fue estando curada que le cayó la ficha de que era viuda.</p><p><i>“En el 2017 cuando me recuperé recién empecé a tener que lidiar con la muerte de Luis. Hasta ahí no había tenido tiempo. </i><i><b>Me deprimí.</b></i><i> Me medicaron. Sentía que estaba muerta en vida. No tenía a mi compañero, a mi pareja, a mi amante, a mi marido, a mi amigo. Luis era todo en mi vida. Nos habíamos dicho al casarnos, como lo hacen todos,… en la salud y en la enfermedad. Por suerte yo pude acompañarlo. Con el tiempo fui mejorando y seguí trabajando. La reclusión en la Pandemia, en mi caso, fue positiva porque pude parar y darme cuenta de que </i><i><b>podía vivir conmigo misma</b></i><i>. Que la palabra soledad no existía porque soy curiosa, escucho música, leo… estaba bien conmigo. Durante toda esa época me anoté en un grupo de canto profesional, de caradura porque nunca había cantado, y lo hicimos por Zoom. Fueron dos años divinos que cantamos 24/7. Cantar fue un duelo espectacular porque yo le cantaba a Luis. Me resultó una linda etapa porque mi casa me enamora y mis paredes me abrazan”.</i></p><h2>Una nueva pasión con otra forma</h2><p>Fue en un viaje con sus hijos a los Estados Unidos que María Laura vio en una vidriera de los Hamptons unas <b>medias de tenis vintage </b>muy parecidas a las que ella había usado de chica, de marca Ciudadela, con tiras azules y coloradas. Les sacó una foto y se la mandó a Lilly, una amiga con quien había jugado en la adolescencia. Su amiga respondió el mensaje con la siguiente frase: <i>“A esas medias les falta polvo de ladrillo”.</i></p><p>Fue entonces que en su cabeza apareció una idea que comenzó a navegar entre sus neuronas: ¿y si volvía a jugar? ¿podría hacerlo? ¿le daría el cuerpo? Cuando se lo comentó a sus hijos ellos le insistieron que lo hiciera.</p><p>Al tiempo empezó a ir con su hija a<b> clases de tenis. </b>Para probar. Se hizo socia otra vez del club de la juventud, donde había compartido vida con Luis. Poco a poco le tomó la mano y se puso en carrera: <i>“De pronto me volvió a brotar la pasión. Me sentía apasionada por algo otra vez. ¡Fue volver a vivir!”. </i></p><p>Ya no era la melancolía del canto por Zoom, era algo activo que la levantaba de la cama todos los días renovada. Pura energía.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/SEJD4THETRFVRNDRFACZJ64BVY.jpg?auth=13d4197f732621c144f4251e421257cc8b7a0e447ebe915894c7744bf93d808e&smart=true&width=898&height=1280" alt="Todo comenzó con unas clases para probar, acompañada de su hija" height="1280" width="898"/><p><i>“Después de casi cincuenta años sin hacer deporte </i><i><b>volví a las canchas de tenis</b></i><i> y desde principios de 2025 otra vez estoy federada. ¡Hoy por hoy en mi familia la única que tiene estado físico soy yo! Tengo orden en mis comidas, en mi preparación física, he vuelto a esquiar. No me duele nada y estoy perfecta. Entreno dos veces por semana en el gimnasio y juego tres veces. Soy Uber abuela, sigo trabajando, me autogestiono con mi casa, salgo con amigas, viajo una vez al año y compito en campeonatos. No paro, sigo moviéndome siempre. </i><i><b>No quise nunca poner domingos familiares de manera fija. </b></i><i>Que cada uno haga lo que quiera. Eso sí: ¡cuando cocino goulash con spätzle vienen todos y se llevan su tupper!”,</i> cuenta riendo.</p><p>María Laura desborda energía y asegura que ahora experimenta lo que ella llama “tenis pasión”. El amor volvió para ella con forma de raqueta y empezó a jugar dobles en el equipo del club.</p><p>La pregunta es qué consejo puede darle a alguien en su situación:<i> “Mi consejo es que uno tiene que conocerse bien. Por ahí, a esta edad, vivís embarullada porque estás con nietos o con hijos y no es fácil </i><i><b>encontrarse a uno mismo entre tanto ruido</b></i><i>. Lo primero que hay que lograr es entender que uno puede estar bien consigo mismo. A partir de ahí podés intentar ver qué es lo que te apasiona y buscarlo. ¡Lo mío fue con el tenis!”.</i></p><p>En su último cumpleaños decidió festejar a lo grande: 70 años. Organizó una fiesta y envalentonada tomó el micrófono para cantar <i>Honrar la vida,</i> de Eladia Blázquez. Emocionante.</p><p><i>“Honrar la vida es clave. Vivir no es lo mismo que perdurar. Practico todos los días la cultura de ser feliz conmigo. No siento soledad. Me siento feliz y plenamente satisfecha. No sé si me pasará algo como a Susana, en esa historia que escribiste. Luis siempre fue un incondicional y quizá me dejó una vara muy alta. Se me acercó mucha gente, pero nadie se le parecía ni en lo blanco del ojo. Con él fui feliz y sigo enamorada de él y, aunque físicamente no esté, lo siento alrededor mío. La pasión, en mi caso, me la devolvió el tenis”.</i></p><p>El corazón de María Laura hoy tiene otra forma. Es redondo, pica alto y está empolvado con sangre color ladrillo.</p><p><i>*Escribinos y contanos tu historia. amoresreales@infobae.com</i></p><p><i><u>* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas</u></i></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/TYYEEXOYZZBC5ADIG34YU3JN6U.jpg?auth=57e1d9a75c86206049f8e4c1958ff77cc6d4ed1bbe77b608a6807948ea95f0a1&amp;smart=true&amp;width=1405&amp;height=1054" type="image/jpeg" height="1054" width="1405"><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"></media:credit></media:content></item><item><title><![CDATA[Se aman, pero piensan el mundo como enemigos: las reglas anti grieta que inventaron para no separarse y el dilema de tener hijos]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2026/03/01/se-aman-pero-piensan-el-mundo-como-enemigos-las-reglas-anti-grieta-que-inventaron-para-no-separarse-y-el-dilema-de-tener-hijos/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2026/03/01/se-aman-pero-piensan-el-mundo-como-enemigos-las-reglas-anti-grieta-que-inventaron-para-no-separarse-y-el-dilema-de-tener-hijos/</guid><dc:creator><![CDATA[Carolina   Balbiani]]></dc:creator><description><![CDATA[Tienen una química increíble, pero discuten por política, consumo, religión y hasta vacunas. Después de años de convivencia bajo reglas estrictas para evitar conflictos, la decisión de ser padres los obliga a plantearse si el amor alcanza]]></description><pubDate>Sun, 01 Mar 2026 05:27:24 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/KLVWC6QSJVEHDPDZL2A2DRLX7E.jpg?auth=4b3de6b913d47a3af66e4268f279a640e1b061776f388aab8367ba392f995cbb&smart=true&width=1920&height=1080" alt="El día en que Jazmín e Ignacio se conocieron (Imagen ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p><i>“A mí lo que me resulta más difícil en el amor es superar las </i><i><b>barreras ideológicas</b></i><i>. El pensamiento, no la piel. Te explico: soy agrónomo y un tipo bastante básico, pero me enamoré de Jazmín, que es psicóloga y una persona compleja. Va a quizá sonar mal que lo diga así pero ella tiene muchos más rollos en su cabeza que yo. Piensa demasiado. Cosas que a mí ni se me ocurren o en las que no reparo, a ella la conmueven o enojan de una manera visceral. Tenemos una química genial, como la que jamás habíamos tenido con nadie antes, pero nuestras vidas, por fuera de los márgenes de la pasión, siempre fueron tan distintas que </i><i><b>nos cuesta amalgamar nuestra historia</b></i><i>, volverla consistente y proyectarla hacia el futuro”</i>, confiesa Ignacio hoy.</p><p>Es cierto. La sombra protectora que brinda el amor a veces no alcanza. No es suficiente para cobijar pensamientos tan diversos en un ambiente de calma para planear una vida en común a largo plazo. Esta es la historia que ellos andan escribiendo por estos tiempos, tan convulsionada internamente como el mismo universo.</p><p>Es muy raro que después de esta primera descripción lleven ya, más o menos, siete años juntos.</p><h2>Crecer en las antípodas</h2><p>Jazmín es de Villa Devoto, hija de un <b>sociólogo </b>y una <b>psicóloga</b> que se divorciaron cuando ella tenía tres años y su hermana mayor, que hoy es técnica en alimentos, 6. Cuando llegó el momento de estudiar Jazmín escogió la carrera de su madre con quien compartió techo y la cosmovisión general de la vida. Una concepción del mundo donde ella enarbola el empoderamiento contra el poder masculino que, a su juicio, siempre somete. La raíz es fácil de encontrar en la infancia de Jazmín: su padre se borró y las sometió a las tres a la escasez de dinero y de sentimientos. Su ausencia marcó un rumbo familiar difícil a la vez que esculpió en Jazmín un<b> carácter desconfiado hacia los hombres y un feminismo a ultranza</b>. Para ella defenderse consiste en atacar primero, para no dejar flancos vulnerables al enemigo. Al menos así se desprende de lo que cuenta Ignacio, su pareja, sobre sus contiendas cotidianas.</p><p>Por su lado, Ignacio creció en un ambiente muy distinto. En una familia armónica, religiosa y numerosa, en la localidad de Olivos, provincia de Buenos Aires. El énfasis de sus padres estuvo puesto siempre en los <b>valores conservadores</b>. La familia de Ignacio se mueve hasta el presente como un clan bicéfalo en el cual van todos aglutinados bajo las mismas consignas. Sin enfrentamientos ostensibles, sin fisuras profundas, sin reclamos altisonantes. Fácil. Con padres que se quieren, se respetan y que <i>“jamás se han insultado en público”</i>, recalca.</p><p>Ignacio nunca hubiera buscado para su vida una mujer<b> intensa y belicosa </b>como Jazmín; ella tampoco hubiera reparado en alguien con ese perfil para ella demasiado aburguesado, un poco tibio, muy <b>conformista y sumiso</b> ante los valores impuestos dentro de su casa. </p><p>Son opuestos en todo. En formato cerebral, en las salidas, en los gustos literarios o artísticos, en sus amistades. Observan lo que ocurre en el planeta y en sus respectivos espacios desde<b> perspectivas casi irreconciliables</b>.</p><p><i>“Nuestros amigos respectivos no pegan ni con cola. Nuestras familias, menos. Ella tiene a su madre, a su hermana con la que encima no tiene mucha onda y dos primas. Al padre no lo ve por decisión propia. Juntó demasiados reclamos a lo largo de su vida después de que él se ausentara en lo económico y lo enfrentó tanto que él le teme y la relación es imposible que prospere de esa forma. Yo ni siquiera lo conozco. Es cierto que desapareció un tiempo, que era un hombre culto pero vago y poco comprometido con su familia. Pero tampoco es un demonio. La hermana de Jazmín pudo perdonarlo y lo ve cada tanto. Jazmín no. No quiere o no puede. Yo intenté que perdone porque creo que, cuando uno suelta el odio, las cosas van mejor. Es liberador. Pero fue imposible porque cuando se lo aconsejé </i><i><b>me miró con ira y me pidió que no me meta</b></i><i>. En fin, ella eligió ese camino y yo no tengo por qué juzgarla. En mi familia somos seis hermanos, tengo nueve tíos y somos en total 28 primos. Los domingos, generalmente, nos juntamos a almorzar en la casa de mis viejos que es grande. Somos siempre miles, caen los que caen y todos traen algo. Esos mediodías nos reímos mucho y hablamos a los gritos de cualquier cosa. Bromeamos al filo de lo políticamente correcto y decimos cualquier cosa que nos pase por la cabeza porque estamos en familia.</i><i><b> Mucho chiste</b></i><i>, cero conflicto. </i><i><b>Frases picantes</b></i><i> pero al mismo tiempo todo light, nada que vaya a lastimar una relación. Nadie es tampoco demasiado susceptible. Jazmín lo pasa mal siempre. Dice que somos un poco frívolos, que hablamos de pavadas, que siempre decimos las mismas cosas, que somos previsibles. Puede ser que sea un poco así, pero nos queremos y la pasamos bien. En su casa, en cambio, todo es caminar entre cardos. Las charlas tienen que ser sesudas, profundas, analizan la realidad y lo que decís sentís que pasa por dieciocho mil filtros de los </i><i><b>políticamente correctos</b></i><i>. Por cualquier boludez estalla todo y te saltan al cuello. Así que yo cuando voy trato de mantener silencio y tampoco se me ocurre que decir para que les caiga bien. Por suerte su hermana es menos explosiva. Pero ella, sus primas y su madre son puro combustible. Cada pequeña disidencia Jazmín la vive como una guerra con misiles. Y, en esas batallas,</i><i><b> los hombres son siempre los malos.</b></i><i> En el mundo, en el país, en las familias, en la amistad… es como que tiene vedada la posibilidad de que un hombre pueda ser buen padre, buena persona”,</i> así resume Ignacio, sin filtros, el meollo de la cuestión en su relación de pareja.</p><p>Sigue pareciendo increíble que estas dos personas sigan juntas.</p><h2>El primer encuentro</h2><p>El primer encuentro ocurrió así. Un día del año 2018 Ignacio (28) llevó a su hermana menor (23) a una recibida de una amiga. Él se quedó en la tirada de huevos para llevarla en su auto después a donde ella tuviera que ir. Cuando se estaban yendo pasaron a pocos metros de otro grupo que festejaba a una licenciada reciente. Un huevo mal tirado por alguien <b>le golpeó en un ojo a una chica alta que gritó fuerte</b> y se sentó en el piso. Ignacio vio la secuencia perfectamente y se acercó preocupado a esa joven que lloraba tapándose la cabeza.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/BTYNHVVZYNAYXFGY3ELA7QFQGI.jpg?auth=415d2af50adeb8330a8c536daab164bb232cc9333d75f58e3a3f27041fa6a923&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Ignacio continuó en contacto con Jazmín para saber cómo estaba (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p><i>“Se agarraba la cara. Le dolía mucho evidentemente y no podía, o no se animaba, a abrir ese ojo. Estaba muy asustada. Lloraba desesperada porque creía que lo había perdido. Traté de calmarla y le ofrecí llevarla a ella y a una amiga para que la acompañara hasta la guardia de un sanatorio que había a pocas cuadras. Aceptaron. Nos subimos al auto y las dejé en la puerta. Me agradeció y su amiga se quedó con mi teléfono. La chica lastimada me había gustado físicamente, era alta y bellísima, pero no pensé nada más porque la situación había sido una</i><i><b> emergencia médica</b></i><i> con ella dando alaridos. No tenía idea de quién era o cómo podía ser. Ni siquiera sabía si estaba de novia. A los pocos días fue ella, se llamaba Jazmín, la que </i><i><b>me mandó un mensaje para darme las gracias </b></i><i>y me envió una foto de aquel día que había vuelto a su casa con el ojo tapado. Por suerte ya estaba bien, había sido un susto. En el que tenía abierto en esa foto vi que era de un color verde impactante. Charlamos un poco más al día siguiente y pegamos onda. En su foto de perfil tenía a su perro así que mucho no pude investigar. Tampoco quería buscarla en las redes porque las tenía privadas. Quedamos en vernos. Tenía un año menos que yo, ya estaba recibida de psicóloga y trabajaba con dos psicólogos más. Unas semanas después salimos a tomar algo; otro día, fuimos a bailar. </i><i><b>La atracción química era impresionante</b></i><i>. Sentí que me estaba enamorando”.</i></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/6VTQPBPWL5GMZD43L6P6T5KMJY.jpg?auth=3ddc72141f667995fe5f0875bff777aaa08550bd17d7b4b8bac92ef6e83f8e99&smart=true&width=1920&height=1080" alt="A las pocas salidas con Jazmín, Ignacio sintió que se estaba enamorando (Imagen ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><h2>Las diferentes químicas del cuerpo y de la mente</h2><p>Jazmín vivía sola en Villa Devoto, a unas cuadras de la casa de su madre; Ignacio, compartía departamento con unos amigos en Martínez. Fue en la casa de ella que consumaron la relación. Se pusieron de novios bastante rápido.</p><p><i>“Al principio estaba tan embalado con lo que me producía verla que no le di importancia al hecho de que no pensábamos parecido en nada. </i><i><b>Políticamente éramos el agua y el aceite</b></i><i>. Donde yo veía raciocinio, ella observaba opresión. Todos los empresarios eran garcas y los humildes siempre estaban donde estaban por culpa de las clases altas. En mi familia hay de todo, empresarios, tipos sin un mango y laburantes. No necesariamente los unos son peores que los otros como persona. Qué se yo, le discutía un poco y nada más. Que pensara como quisiera, no me molestaba demasiado. Pero sentía que nos miraba como si mi familia perteneciera a</i><i><b> otra clase social</b></i><i>. Nunca me había pasado antes nada así. Pero yo quería que ella se diera cuenta de que no éramos de la manera en que ella nos veía. Creí que había vencido sus barreras hasta que, ya estando de novios formalmente, </i><i><b>se empezó a animar a discutir abiertamente con todos</b></i><i>. Se trenzaba con mis hermanos, con mis tíos, con mis amigos en eternas discusiones que no terminaban mal porque todos se callaban y la dejaban despotricar. Ella era quién traía todos los temas espinosos a colación. Me empezaron a tensar esas reuniones porque ella insistía en buscar el conflicto. La verdad es que le gusta dar batalla, donde sea y como sea”.</i></p><p>Ignacio un día se cansó. Le planteó que para él era<b> estresante</b> vivir sometido a una guerra de argumentos y discusiones sin final donde nadie cedía en su posición por lo que resultaba estéril el álgido intercambio. Ella le respondió menospreciando las conversaciones familiares usuales en la familia de Ignacio. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/6VFGEUUIWBCAVB4JY7MGXKKMSM.jpg?auth=78a14655fdf60da2504ce0959c3fde191a72081017412ca0ef1cb3dd2cdd1cab&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Estando de novios, Jazmín empezó a llevar temas espinosos sobre la mesa y generar discusiones eternas con la familia y amigos de Ignacio (Imagen ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p>Un día, después de un encontronazo en otro almuerzo de domingo, ella le reprochó que él no hubiera salido a defender su posición: <i>“</i><i><b>Sos un cobarde.</b></i><i> No te jugás. O por ahí es peor y, en el fondo, pensás como Federico y no me lo querés admitir. No te animás. ¡No se puede vivir livianamente como vos intentás!”. </i>Ignacio tiene tantas peleas en su memoria que no puede recordar cuál fue la de esa ocasión, pero se ofendió. La palabra cobarde le pareció demasiado fuerte. Lo estaba acusando de superficial. Estaban a un paso de irse a vivir juntos pero Ignacio esa noche lo paró todo en seco. </p><p>“Así no va más. <b>Quiero tomarme un tiempo y pensar. No tengo por qué bancarme tus ataques. ¿Me querés? No se nota.</b> Ya no te alcanza con pelear a todos en la casa de mis viejos. ¿Qué querés que haga? ¿Que todos te tengan miedo? ¿Que yo me enemiste con el resto por temas que ni me interesan? La verdad es que no te entiendo. Necesito paz y tranquilidad”, le descerrajó. Ella quedó estupefacta. No se esperaba su reacción.</p><p>Se quedaron cada uno en su casa, dejaron de mirar departamentos y estuvieron sin verse por varios meses. </p><p>Como suele pasar se extrañaron demasiado. Con el tiempo las cosas feas que se dijeron se fueron diluyendo. Se hablaron por alguna tontería y buscaron pretextos para verse. Un día conversaron bien, con sinceridad, y pensaron que <b>podían volver a probar </b>a ver si todo fluía de otra manera.</p><h2>Volver a intentarlo sin certezas</h2><p><i>“Nuestros mundos no tienen puntos de encuentro. Yo me siento ajeno cuando voy a su mundo y ella en combate cuando se asoma al mío. Pero cómo decirte que </i><i><b>a pesar de eso nos amamos</b></i><i>. Así que volvimos a salir y nos instalamos juntos para intentarlo. Ella aceptó algunas reglas de convivencia que impuse previamente: de política no se habla en mi casa familiar, en la de ella yo no opino para no chocar. Disminuiríamos la presencia de cada uno en el entorno del otro para minimizar los posibles daños. Dentro de nuestras cuatro paredes sí podemos decir lo que pensamos, pero sin</i><i><b> ni una sola agresión ni adjetivando al otro. Fui bien claro que no iba a tolerar ni un solo maltrato.</b></i><i> Con nuestros respectivos amigos también intentamos no mezclarnos demasiado. Tenemos dos días a la semana para salir por nuestro lado. Cuanto menos sean los puntos de contacto entre estos dos mundos, menos vamos a enfrentarnos. Juntos pero no revueltos dice el dicho al que nos apegamos”, </i>resume Ignacio. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/3JIK2O4YUFD75N5EEB2EXAOFBA.jpg?auth=58f1118ee0645242dc78e30c51a23a8b705ebba40d17c6bb90d02d62cef3652a&smart=true&width=1920&height=1080" alt="La pareja creó reglas para evitar peleas (Imagen ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p>Así pasaron varios años bajo el mismo techo. No hubo casi peleas, porque así lo habían decidido. Ella lee libros que a él ni se le ocurre hojear. Él pone películas que a ella le parecen un bodrio sin contenido y elige no verlas o duerme a su lado sin mirarlas. <b>Tampoco ponen noticieros.</b> </p><p>Le pregunto qué hacen juntos entonces. Responde que salen a correr, que practican paddle, salen a bares, cocinan y se aman. </p><p>La grieta estaba disimulada con algunos puentes tendidos. Y todo venía bastante bien.</p><h2>La nueva discordia</h2><p>Pero el tiempo pasa raudo y la fertilidad se convierte en tema de conversación pasados los treinta y pico. Cuando comenzaron a hablar de hijos o de congelar óvulos… Así fue que vino otra fase de desacuerdos. </p><p>Lo cuenta Ignacio: <i>“Increíble o no, a ella le gustan las apuestas extrañas. Congelar óvulos no es una opción para ella. Quiere todo natural. Al punto que fantasea con un parto natural y en casa. No sé quién le metió eso en la cabeza. Además, pese a ser psicóloga,</i><i><b> no la convence la medicina tradicional. </b></i><i>Por ejemplo, cuestiona las vacunas. No sé, </i><i><b>tiene mambos con todo.</b></i><i> Nada es fácil con ella. Después empezamos a pensar qué colegio elegiríamos. ¿Religioso o laico? ¿Privado o estatal? ¿Con qué valores? Uyyy las discusiones recomenzaron. Y subió la apuesta toreándome: ¿agua mineral o de la canilla? ¿colonia de vacaciones, actividades extracurriculares o plaza? Para todo tenía un pero. Puso sobre la mesa todo lo que te quieras imaginar. No es un tema económico porque los dos estamos bien y con buen trabajo. Es ideológico. Si compró una marca determinada de algo me recalca su procedencia y quién se beneficia con lo que pagamos. Si queremos viajar hay destinos casi prohibidos. Miami o una playa del Caribe casi que es mala palabra. Ni hablar de ir a un shopping: consumo exacerbado. Cuando compramos un auto no se metió, pero también despotricó contra las automotrices. No sé cómo explicarlo. Por ejemplo una vez fuimos a un hotel en Estados Unidos que tenía las reposeras dispuestas de una manera estática y que no te dejaban desordenarlas. Armó un escándalo y me dijo que no quiere volver a un país de mente estúpida. Se destempla fácil y lo que considera injusto la saca. Mis amigos me dicen que estoy loco. Que cedo demasiado. Que no entienden que vaya a tener hijos con ella. No sé, yo estoy enamorado, la admiro en lo que hace en su trabajo, es súper inteligente en esos temas. Pero al mismo tiempo </i><i><b>creo que le falta estabilidad emocional</b></i><i> y eso le impide ser feliz sin tanto cuestionamiento. ¡Ella piensa que yo me niego a ver la realidad! Hasta con la comida es intensa. Todo está mal hecho, es peligroso y</i><i><b> las multinacionales nos envenenan</b></i><i>. ¡No puedo ni fumigar contra los mosquitos que crecen en las macetas del balcón porque le parece que intoxica! No sé, la verdad es que yo no me hago tantos problemas por nada. Lo que no puedo resolver ni me lo planteo. Ella se autoflagela. Ante esta nueva situación crítica le pedí hacer terapia de pareja.</i><i><b> No quiero tener chicos y que vivan de conflicto en conflicto. </b></i><i>De eso estoy seguro. Nos amamos, pero se ve que no cuajamos del todo. Esos costados tan distintos nos impiden ser felices en lo cotidiano. A veces me cuido de no decir cosas para que no se incube un malestar. Eso no es normal. No creo que ella vaya a cambiar, ni yo tampoco. A veces pienso que vivimos media vida, la que podemos tener juntos. Y, en la otra media vida, somos dos perfectos desconocidos, hasta te diría que somos dos </i><i><b>antagonistas.</b></i><i> Esa media vida que tenemos hoy me alcanza por ahora, pero si querés tener una familia no es suficiente. Enloqueceríamos a todos. Estamos en evolución, a ver qué logramos”.</i></p><p>El pronóstico no parecería ser promisorio. En el amor nunca hay una última palabra y menos en este caso. Final abierto.</p><p><i>*Escribinos y contanos tu historia. amoresreales@infobae.com</i></p><p><i><u>* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas.</u></i></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/6VFGEUUIWBCAVB4JY7MGXKKMSM.jpg?auth=78a14655fdf60da2504ce0959c3fde191a72081017412ca0ef1cb3dd2cdd1cab&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Amores reales Jazmín e Ignacio (Imagen ilustrativa Infobae)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Cuando pensó que su vida sentimental era cosa del pasado, apareció él: amor, sexo y un nuevo comienzo después de los 70]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2026/02/22/cuando-penso-que-su-vida-sentimental-era-cosa-del-pasado-aparecio-el-amor-sexo-y-un-nuevo-comienzo-despues-de-los-70/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2026/02/22/cuando-penso-que-su-vida-sentimental-era-cosa-del-pasado-aparecio-el-amor-sexo-y-un-nuevo-comienzo-despues-de-los-70/</guid><dc:creator><![CDATA[Carolina   Balbiani]]></dc:creator><description><![CDATA[Después de atravesar la devastación de una enfermedad y un duelo que la dejó rota tras 40 años de matrimonio, Susana creyó que la persiana del amor estaba baja para siempre. Pero a los 74 conoció a Manuel, de 78, volvió a sentir mariposas revoloteando en el estómago y descubrió que el deseo y la libertad no tienen fecha de vencimiento]]></description><pubDate>Sun, 22 Feb 2026 05:16:54 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/7QU4WJJYJVGRVMRAL67B6FB2TU.jpg?auth=e843ae3d04086e615bccfce13ecaf85f41301009af38b8ed17a063ae49ed6383&smart=true&width=1920&height=1080" alt="En una comida en casa de amigos conoció a un hombre que rompió con sus prejuicios (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p><i>“Si alguien me hubiese preguntado años atrás si creía que alguien podría enamorarse otra vez pasados los 70 años me hubiera reído a carcajadas. Hubiese dicho que era un disparate pretender volver a tener un noviazgo o una pareja a estas alturas de la vida, tan grandes, con tantos gustos asentados y tanta vida recorrida. Que </i><i><b>ya era suficiente con un matrimonio</b></i><i> y que ni loca empezaría con una nueva relación con un desconocido, con otras costumbres y de manías desconocidas”</i>, cuenta Susana, abogada jubilada y anciana enamorada.</p><p>Contra todo pronóstico desalentador, una pancarta que ella misma hubiera enarbolado años atrás, sí se volvió a enamorar a los 74. De un señor de 78. </p><p>Vamos a contar la historia de este amor maduro, no por ello menos intenso, que no cae del árbol sino que se sienta a disfrutar de su buena sombra.</p><h2>Creer que se sabe de todo y no se sabe de nada</h2><p><i>“Uno afirma cosas a los 50 o 60 años que no sabe. Habla de temas que desconoce. O resulta que creemos que todo será siempre de una manera determinada. Cuando te vas acercando a nuevas etapas descubrís cuán equivocada estabas y cuán llena de</i><i><b> prejuicios</b></i><i> una puede andar”,</i> intenta explicar.</p><p>Susana se casó en su juventud con su segundo novio, Miguel. Convivieron unos <b>cuarenta años</b> en los que tuvieron dos hijos. Cuando él tenía sesenta y poco se enfermó. Tuvo que dejar de ejercer como escribano porque una enfermedad degenerativa lo cercó con rapidez y lo volvió ultra dependiente. Susana creía haber sido feliz, pero esa felicidad se le evaporó en los tiempos de <b>incertidumbre</b> con la muerte sobrevolando sus vidas. </p><p><i>“Trabajamos juntos muchos años, tuvimos a nuestros hijos Jaime y Martín que estudiaron y volaron pasados los veinticinco y un día nos encontramos otra vez solos, bajo el mismo techo, bien pasados los sesenta. Cuando pensé que nos llegaba el momento del disfrute, que podríamos viajar libremente con nuestros ahorros y que quizá llegarían los nietos, lo que llegó fue la</i><i><b> enfermedad</b></i><i>. El deterioro inevitable que trajo aparejado fue devastador. Mi vida se convirtió en otra cosa para la que no me había preparado. Simplemente porque uno no se la pasa pensando en todo lo negativo que puede ocurrir. Uno está entretenido viviendo y de pronto cae la espada de Damocles porque la crin del caballo se cortó y chau la vida que tenías. </i><i><b>Tus días se convierten en otra cosa.</b></i><i> El shock es impactante. Partió él primero y yo quedé rota por el esfuerzo de entender cómo sería de ahora en más mi vida. También estaba</i><i><b> desgastada </b></i><i>por los esfuerzos que había realizado para que la calidad de vida de Miguel fuera mejor hasta el final. En esos tiempos se diluyó mi vida”,</i> revela con sinceridad.</p><p>Los chistes, que alguna vez se habían hecho sobre rehacer o no una pareja si acaso quedaban viudos, ni los recordó. No se le ocurría pensar en volver a compartir sus metros cuadrados con nadie más.<b> </b><i><b>“¡Ni loca! ¿Un viejo más para atender?”</b></i><b>, respondía riendo </b>y con real espanto cada vez que alguna amiga le sugería salir con alguien al teatro o a comer. Siguió adelante con el poco trabajo que le había ido quedando, empezó a vivir más austeramente. Solo veía a sus hijos y a sus amigas del café. Pensaba que eso era más que suficiente.</p><p>Con el paso de los meses y los primeros años asumió que era una viuda más del montón, que la persiana del amor había bajado definitivamente como debía ser. A pesar de eso, el peso de la soledad era intenso.</p><p><i>“Ser viuda es muy distinto a ser separada. Tengo amigas divorciadas que, de una y otra manera, pueden contar con su ex para decidir cosas sobre sus hijos o sus nietos o recurrir a él en circunstancias extremas. ¡Claro que hay algunas pocas que no se acercarían a sus maridos anteriores porque quedaron arruinadas con la experiencia! Pero ser viuda es una categoría distinta a cualquier separación. Querías a tu marido, tenías una vida compartida y feliz y, de pronto, paf…</i><i><b>te quedás realmente sola para todo</b></i><i>. Para el disfrute y para los trámites, para las dudas y para las discusiones. Incluso para los recuerdos. Es cierto que también </i><i><b>hay distintos tipos de viudez</b></i><i>. Están las que fingían estar bien; están las eternamente tristes porque habían construido una pareja simbiótica ciento por ciento y están las desconcertadas que jamás se detuvieron a pensar cómo sería la vida sin su socio en el amor. Yo me identifico con esta última especie. Él era un poco yo, no del todo porque tenía mi vida y mis momentos, pero </i><i><b>no había nadie que pudiera conocerme más</b></i><i>. Nos aconsejábamos siempre y sabías, sin ningún resquemor, que su opinión era absolutamente desinteresada y con la mejor intención”</i>, explica con un dejo de nostalgia.</p><p>Cuando murió su marido Susana no daba más: <i>“La enfermedad desgasta, te golpea y te derriba. Su muerte lo primero que me dejó fue la </i><i><b>necesidad de descansar físicamente</b></i><i>. Mi cuerpo y mi mente precisaban de esa paz que da el buen dormir. Quería no pensar en nada. Ya no había nadie a quién salvar ni por qué ir corriendo a una terapia intensiva. La tensión de vivir o morir se había terminado. Habíamos perdido la batalla. Cuando me tocara irme, no lo tendría conmigo. De alguna manera, pensaba que él había tenido la suerte de contar conmigo. Una vez recuperada la energía física me entró la nostalgia y me hundió. Un par de años después vino la pandemia. Estaba angustiada y encerrada. Fue una etapa que ni quiero recordar”. </i></p><h2>Renacen las ganas de vivir</h2><p><i>En el año 2023, ya tenía unos 72 años, un día me levanté sintiéndome mejor. No podría decir qué fue lo que pasó porque no lo sé, pero </i><i><b>me di cuenta de que estaba alegre.</b></i><i> Descubrí que tenía ganas de hacer algo, de viajar o ir de compras. Reapareció el deseo y la cuota de frivolidad que había perdido. A mediados de ese año nació mi primer nieto y, un poco después, el segundo nieto de otro hijo. Se me llenaron los días de cosas nuevas, de mamaderas y conseguí un trabajo temporal interesante. De pronto me sentía bien y radiante. Me sobraban las fuerzas”.</i></p><p>Susana tenía ganas de llenar su agenda de actividades. Las caminatas porteñas eran algo que había retomado desde hacía algún tiempo por recomendación de su médica clínica.</p><p><i>“Fue ya por octubre, era primavera, cuando un matrimonio amigo me invitó a una comida en su casa en San Isidro. Festejaban sus no sé cuántos años de matrimonio con unas </i><i><b>cuarenta personas en su jardín</b></i><i>. No conocía a todos, pero bueno, era pasar el rato. Ya no tenía auto, así que llegué en Cabify desde mi departamento de Belgrano, donde vivía. Era una noche divina y cálida. Charlé con todo el mundo. Había un par de amigos del marido que estaban separados y algún otro viudo como yo. Pusieron música y hasta bailamos entre todos un rato temas de nuestra época y brindamos por el futuro. A eso de las dos de la mañana, agotada, anuncié que iba a pedir un Cabify. La dueña de casa le habló a uno de los que estaban ahí conversando: </i>Che ¿vos te vas a tu depto del centro? <b>¿no la llevás a Susana?</b><i> El tipo era uno de los que habíamos estado charlando un buen rato y bailando. </i>Claro,<i> me miró y muy suelto dijo,</i> ‘Bancá un rato más y vamos. Te llevo´.<i> Siguieron un par de cafés y tipo tres menos cinco nos fuimos en su auto. También llevábamos a otra mujer más joven que dejamos en Núñez”.</i></p><h2>Primer acercamiento físico</h2><p>El amigo que se había ofrecido a llevarla se llamaba Manuel, tenía 78 años, era ingeniero químico retirado y era dueño de un humor muy particular. Simpático y charleta, culto y divertido. Susana sintió al despedirse que la había pasado demasiado bien.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/4AVAVQQU5BEZNFRQUNFMUD764Q.jpg?auth=860f5d861ac1a70e089aab2e3464ae5d99d5f004e741494694e65be778c22bc9&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Susana se sorprendió viéndose caminar de la mano con Manuel: no lo había hecho ni con su marido (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p><i>“Era inteligente, serio pero entretenido al mismo tiempo. Muy hablador y bastante distinto a quien había sido mi marido. De pronto, </i><i><b>me sentí una adolescente volviendo a casa con un pretendiente</b></i><i>. Me reía solo de pensar lo ridícula de la situación. Me dejó en la puerta y esperó a que entrara. </i><i><b>Me quedé soñando con él, me había encantado.</b></i><i> Por supuesto, habíamos intercambiado nuestros teléfonos para hablar por WhatsApp. No habían pasado 24 horas que ya me había mandado un mensaje. Quería invitarme a comer al viernes siguiente. Obvio que dije que sí. Esperé la salida con algo de nervios. Me pasó a buscar y fuimos a un restaurante por Martínez. Otra vez lo pasamos regio. Parece más joven de la edad que tiene, salvo que escucha bastante mal, pero es realmente</i><i><b> encantador y educado.</b></i><i> Estuvo casado y en pareja varias veces. La primera fue la madre de su hijo mayor y con la tercera tuvo a su hija menor. Al salir del restó, y mientras íbamos hacia el auto, me dio la mano. Era gracioso porque </i><i><b>ni yo me lo creía eso de ir caminando de la mano de un hombre</b></i><i>. ¡Ni con mi marido lo hacía! Al llegar a mi casa y antes de bajarme del coche se me acercó y me dio un beso de despedida. Fue suave. Creo que el vino que habíamos tomado se me había subido a la cabeza y me había relajado lo suficiente como para permitir que ocurriera sin darle mucha vuelta. ¡Jamás, jamás, en mi sano juicio podría haberme representado semejante situación! ¿Beso? ¿Mano? ¿A mi edad y a su edad? ¡Qué estaba haciendo! Me acosté muerta de risa pensando en que me había desatado, que</i><i><b> había vuelto a ser aquella mujer de mi juventud</b></i><i>. También pensé en lo que dirían mis hijos si se enteraran. ¡Capaz que no les caía nada gracioso el tema!”, </i>reconoce risueña.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/HBLGPU4UBBGANFQGC7TKD65ZHQ.jpg?auth=a2b7ecbb594203421132f9a1ae8c945c26dc2803d2588fa4b38b6e3520486335&smart=true&width=1920&height=1080" alt="" ¿Beso? ¿Mano? ¿A mi edad y a su edad? ¡Qué estaba haciendo!", se dijo Susana (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><h2>Más libre para el sexo y sin urgencias</h2><p>Manuel no es de los que esperan. Avanzó con rapidez. Unas cuantas salidas más tarde la invitó a quedarse en su casa de fin de semana en Pilar. Le aclaró que sus dos hijos vivían lejos en el interior del país por lo que no iban casi nunca, así que estarían solos. Manuel y Susana. Ella aceptó al tiempo que se preguntaba <i>“cuánto tiempo le quedaría de volante a este señor… porque ya somos grandes y de pronto un día no te dan más el registro para manejar jajajaja. Por suerte él anda todavía con sus reflejos intactos así que me dije sigamos adelante mientras se pueda. ¿Por qué no voy a probar? ¿A quién jorobo con mi historia? Nuestros respectivos hijos viven solos y hacen sus vidas sin preguntarnos, nosotros </i><i><b>somos libres</b></i><i>. No me costó mucho convencerme. Era mi momento. Y el de Manuel. No lo hablé con nadie porque </i><i><b>me daba vergüenza sacar el tema con mis amigas de toda la vida</b></i><i>. Temía, además, algún comentario que me condicionase, alguna mirada socarrona o críticas a mis espaldas… todo lo que puede pasar cuando ocho mujeres se encuentran en un café todas las semanas. Pero se dieron cuenta de que andaba en algo porque estaba siempre con </i><i><b>una sonrisa en la cara </b></i><i>y, a veces, hasta ni siquiera iba a la cita de los jueves por la tarde sin decirles por qué. Inventaba que tenía nieto o médico. En realidad empecé a faltar porque me iba a Pilar con Manuel. Descubrí que había vuelto a estar contenta, a tener alegría, a planear viajes, a tener proyectos y objetivos a corto plazo. No a largo plazo, objetivos para mañana, para la semana que viene. Una vez le había escuchado decir a Pilar Sordo en televisión que siempre hay que tener proyectos. Me quedó grabado y me volvió a la mente ahora. Es real. Los proyectos son vida, sin proyectos estás muerta. Levantarte alegre es una bendición”.</i></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/EWPUQPW4NBESNBTMOY4CFAJ56Y.jpg?auth=43faeec5b66794057a9badec4d99411a085dc44fe28dbd1e4984ccb04ef45c06&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Sus amigas se dieron cuenta de que algo pasaba porque tenía siempre una sonrisa en la cara (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p>Susana sostiene que quizá sea ahora más feliz que antes, porque se siente mucho más libre: “Mirá. Es muy simple: a esta edad ya<i> no tenemos ataduras laborales, ni urgencias profesionales, ni pediatras, ni conflictos de colegio, ni desafíos para acumular dinero o progresar. Ya pasó esa vida en la que no teníamos tiempo ni para pensar si estábamos bien o andábamos a los tumbos. Ahora, es la </i><i><b>etapa de la calma</b></i><i>, del disfrute pleno. </i><i><b>Manuel es mi prioridad. </b></i><i>Todo lo demás, le guste o no al resto, pasó a segundo plano. Es mi vida y quiero exprimirla. No es que no me importen mis hijos o nietos o amigas, es que </i><i><b>por primera vez me pongo en primer lugar.</b></i><i> Si no me permito esto ahora ¿cuándo lo voy a hacer? El tiempo no sobra, más bien es escaso. Hoy me siento más libre para todo, incluso para el sexo”</i>.</p><p>Acá viene el tema interesante: la <b>sexualidad</b> en esta etapa. Pasar juntos los fines de semana posibilitó una experiencia física más cercana. La opción desde el comienzo fue dormir juntos. Los nervios, admite Susana sin querer revelar demasiado, estuvieron pero no fueron intimidantes. Dice con sinceridad: <i>“A mí no me costó nada. Se dio naturalmente. Como si lo hubiera conocido de siempre. ¡Claro que duermo con él! Cuartos separados ni loca. Además, como está medio sordo si yo hago ruido no me escucha y yo duermo como una piedra así que cuando ronca tampoco me importa. Hace ya más de un año y pico que estamos juntos y yo ya estoy por cumplir 76 y él se acerca a los 80. Por suerte, tenemos buena salud, eso es clave. </i><i><b>Viajamos juntos al Norte y al Sur del país y ya nos presentamos a nuestras familias</b></i><i>. Para todos fue una sorpresa, pero nadie objeta nada. No se meten y nosotros la pasamos bomba. Nos divertimos, nos acompañamos, miramos series y cocinamos juntos cuando nos da la gana o compramos comida hecha y, también, leemos en silencio. Es perfecto. Más de lo que nunca hubiera esperado”.</i></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/T4DANQC6ANHL3HD72RD3AI6TCI.jpg?auth=1ea022c15b5347714639bfcd0c6b2238342e1185fbdda213c59f2646711b0502&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Hace más de un año y pico que están juntos:ella está por cumplir 76 y él se acerca a los 80 (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p>¿Qué es eso de sentirse más libre para el sexo?, pregunto. Responde riendo e incómoda: <i>“Qué se yo… nada te parece tan importante. Los dos estamos grandes. No tenés un cuerpo de 30, eso es obvio. ¿Si me dio vergüenza volver al sexo? No tanto como se podría pensar. Algo de pudor sí, porque </i><i><b>la piel es otra, la agilidad también</b></i><i>. Pero no es algo mío, es de los dos. Él tampoco es el joven que fue. Pero la verdad es que el deseo también cambia, es menos exigente y funciona igual de bien. Te diría que más que el sexo, me dio pudor el beso. Los primeros besos. Los dientes jajaja no siempre están completos, pero bueno se hace lo que se puede. Hay que saber, además, </i><i><b>tomarse la cuestión de los años con humor.</b></i><i> Yo no sé si ya me olvidé pero no encuentro que sea algo tan distinto. Quizá sea porque estoy enamorada y siento las famosas mariposas revoloteando en mi estómago. Te diría que cada etapa podrá ser distinta, pero también es buenísima. Todo es una novedad. A veces me despierto por la noche,</i><i><b> lo veo durmiendo al lado mío y me descubro feliz</b></i><i>, sintiéndome otra vez con ganas de vivir mucho tiempo para poder disfrutarnos. Es una relación de la tercera edad, así nos encasillarían, en la que hay intensidad afectiva y mucha complicidad”. </i></p><p>Sigue relatando: <i>“Es gracioso porque tengo amigas que me reclaman y se quejan de que ya no tengo tiempo para ellas. Mis hijos están contentos, aunque también un poco celosos porque cuido nietos ¡pero en horarios y noches convenidas previamente! Le digo a quien me cuestione que ahora quiero vivir un poco para mí. ¡Mejor dicho para nosotros dos!”.</i></p><h2>Pactos necesarios</h2><p>Solo han pactado un par de cosas: no vivirán juntos los siete días de la semana, mantener la independencia de dos o tres días es bueno para ambos. Decretaron que los fines de semana en Pilar son innegociables y que se completan con un par de días en el depto de Susana en Belgrano. Tampoco hablan de casamiento:<i> “Mezclar propiedades y herederos no es buena idea. No lo necesitamos. ¿Papeles para certificar qué?”</i></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/BAUNNDBSDNDKROJZWBBV2KK6CA.jpg?auth=2d02502b19200fe95c2d57bde685ed3a7bb952ef4b8f67f29e9592ee92cc0a4d&smart=true&width=1920&height=1080" alt="La pareja viajó al Norte y al Sur del país y ya se presentaron a sus familias (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p>Se acompañan en los trámites y estudios médicos y se llaman todos los días para saber cómo están. Le pregunto por la convivencia, por esas pequeñas cosas que pueden molestar. Susana vuelve a sorprender: <i>“Debo ser un bicho raro porque </i><i><b>no me costó nada volver a convivir</b></i><i>. Sé que a algunas mujeres podría molestarle, por ejemplo, si él deja la toalla mojada sobre la cama o que vaya dejando vasos usados por ahí. A mí todo me importa un rábano ¡que deje las cosas donde quiera! Soy fácil para convivir. Es mi personalidad. Nunca tuve manías ni esos temas en mi cabeza. Reconozco que a mucha gente le podría pasar pero tampoco tengo ninguna amiga que se haya enamorado a esta edad con la que poder comparar estas situaciones. Supongo que puede pasar, a mí no me ocurre. Dependerá de lo esquemática que seas y de tu personalidad. Hay otras cosas que me resultaron graciosas, porque si bien Manuel no se parece en nada a Miguel, de repente sí se parece en algunos gustos. Un día Manuel pidió el plato preferido de mi primer marido y pegué un salto en la mesa: milanesa a caballo con dos huevos fritos. Igual. Exacto. No con uno, con dos y bien quemaditos”.</i></p><p>Antes de cortar la llamada Susana insiste: <i>“Le diría a todas las mujeres de mi edad, grandes, y que están solas, que jamás bajen la persiana. Viudas o separadas… ¡no se autocensuren! Siempre hay posibilidades de volver a encontrar a alguien que te haga sentir acompañada y feliz. Yo, la verdad es que no lo sabía y tampoco sé si hubiera escuchado a alguien que me lo dijera. Resignarse a estar sola no es una buena opción, porque te vas encerrando en un mundo cada vez más pequeño. Por el contrario, el horizonte ampliado trae emociones y movimiento. Podés decepcionarte, sí. Te puede ir mal, también. Pero nadie te garantiza nada a los 20, a los 40 ni a los 70. Animarse a vivir vale siempre la pena, ¡Tenemos la eternidad de la muerte asegurada para descansar! Ahora a vivir todo lo que nos quede”. </i></p><p>*Escribinos y contanos tu historia. amoresreales@infobae.com</p><p><u>* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas</u></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/7QU4WJJYJVGRVMRAL67B6FB2TU.jpg?auth=e843ae3d04086e615bccfce13ecaf85f41301009af38b8ed17a063ae49ed6383&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Amores reales Susana y Manuel(Imagen Ilustrativa Infobae)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[El amor que nació en séptimo grado: seis hijos, una separación dolorosa y un giro inesperado con la llegada de un nuevo bebé]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2026/02/15/el-amor-que-nacio-en-septimo-grado-seis-hijos-una-separacion-dolorosa-y-un-giro-inesperado-con-la-llegada-de-un-nuevo-bebe/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2026/02/15/el-amor-que-nacio-en-septimo-grado-seis-hijos-una-separacion-dolorosa-y-un-giro-inesperado-con-la-llegada-de-un-nuevo-bebe/</guid><dc:creator><![CDATA[Carolina   Balbiani]]></dc:creator><description><![CDATA[Marcela y Guillermo se conocieron a los 12 años en un colegio de Córdoba y vivieron un primer amor adolescente que los marcó para siempre. Tras 24 años de matrimonio y una separación en plena pandemia, un nacimiento inesperado los llevó a mirarse de nuevo y a entender que el amor puede hibernar… hasta que vuelve la primavera]]></description><pubDate>Sun, 15 Feb 2026 14:15:05 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/I55URZRXNFCLXAHGJAPKRHACW4.jpg?auth=18b9febed713ee9b8769b4b08e3d3b50b7e36754f9a3f2fc6b099b1b11d9e556&smart=true&width=3932&height=2516" alt="Un recuerdo de la infancia en blanco y negro" height="2516" width="3932"/><p><i>“Éramos dos chicos en el último año de primaria cuando nos vimos por primera vez. Fue en el Instituto Hogar La Inmaculada, en Villa Allende, provincia de Córdoba. </i><i><b>Él era el nuevo.</b></i><i> Lo trajo de la mano el director hasta el aula porque lo quería presentar a todo el curso. </i><i><b>Venía de repetir</b></i><i>, por eso era un año más grande que el resto. Lo vi entrar y en ese mismo segundo mi mundo se detuvo. ¿Llamó mi atención? ¡Sí! ¿Me acerqué? Jamás. Mi timidez era más fuerte que cualquier impulso que pudiera tener. Me gustó mucho, pero todavía no lo sabía a conciencia”, </i>escribe en el comienzo de su mail la cordobesa Marcela Gómez (56).</p><p>El culpable de que su mundo hubiera dejado de girar se llamaba Guillermo Cabrera. Era un chico de 13 años muy simpático, pero también bastante vago.</p><h2>Viaje al planeta del amor</h2><p>Estamos en las afueras de Córdoba capital y el fin de séptimo grado va a culminar con un viaje, planeado y deseado por todos los alumnos, al norte argentino. Irán en ómnibus a Salta, Tucumán y Jujuy. Es la despedida de una etapa de la vida: la primaria.</p><p><i>“El final del ciclo se acercaba. Fue justamente durante ese viaje que crucé con él mis primeras palabras. Guillermo se mostraba desatado y hablaba con todas las chicas. Era pícaro, encantador y se lucía frente a mis compañeras. Lo observaba en silencio. Entendí que a ellas les gustaba dejarse seducir por él. Fue en uno de esos largos trayectos de ruta, sentados en asientos separados, uno detrás del otro, que me dijo rápido al oído, como al pasar, que</i><i><b> yo le gustaba</b></i><i>. No respondí nada”</i>, afirma. </p><p>Recuerda hoy que su yo de escasos 12 años sintió que un calor sofocante le trepaba por la cara y enseguida se vio delatada por sus cachetes al rojo vivo. Optó por mantener silencio.</p><p>En todo el resto del viaje no hubo ni una frase más del estilo.</p><p>Transcurrieron esos días, terminaron las clases y, también, pasó el verano donde cada uno anduvo por su lado. Marcela esperaba con ansiedad la vuelta a clases para volver a verlo. La ilusión se alimentaba, día a día, bajo el sol implacable de las vacaciones.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/QP6L6X6G6NARLPSZCQLU4SSGWU.jpg?auth=60386230f04d40388450f9e4cd17f18db22516a008b72f692157e4f5225a83bc&smart=true&width=3648&height=3392" alt="La historia de amor que nació en la escuela primaria y dio origen a una familia numerosa" height="3392" width="3648"/><p>Cuando en marzo regresaron al colegio Guillermo se mostró decidido. <i>“Esa declaración breve y fugaz del colectivo volvió a repetirse en el primer día de la secundaria. Esta vez me dijo algo más pensado. Fue valiente y</i><i><b> me pidió que fuéramos novios</b></i><i>. Sostuvo que, como me había dicho en aquel viaje de estudios, yo le gustaba y que, por supuesto, seguía gustando de mí. Dije que sí. Ya sabía que esas mariposas que revoloteaban en mi estómago no eran pura casualidad”.</i></p><p>Lo que siguió fue una relación adolescente, años felices sin oscuridades. El primer amor de sus vidas atravesaba timbres, recreos y sobrevolaba los planes de fines de semana y las tareas escolares. </p><p><i>“Era ese latir que emociona hasta el cielo, que ruboriza, que te hace ir con el corazón embriagado y con una alegría desconocida. Todo era nuevo para mí. Amar era flotar, compartir el aire, descubrir la vida de a dos. Aprendimos a querernos y puedo decirlo, sin ninguna duda, </i><i><b>nos enamoramos de verdad</b></i><i>”, </i>confiesa Marcela.</p><h2>Una larga escala: 8 años sin contacto</h2><p>Cursaron los tres primeros ciclos de la secundaria y cuando terminaron tercer año Guillermo se llevó todas las materias. Un desastre. Por otro lado, una pelea tonta, que ninguno de los dos puede recordar al día de hoy, los alejó justo antes de comenzar ese verano. </p><p>Marcela se pasó enero y febrero soñando con arreglarse en el primer día de clases de cuarto año.</p><p>Pero resulta que Guillermo, con tan mal desempeño como estudiante, en febrero reprobó las materias. En el colegio no aceptaban repitentes.<b> Quedó fuera. </b>Tendría que cambiarse de institución. Pero Marcela no tenía idea de todo esto.</p><p>Cuando llegó a su primera jornada escolar iba entusiasmada, moría por verlo. Es importante aclarar a los lectores más jóvenes que, en ese entonces, no había celulares ni redes y las vacaciones podían resultar un <b>gran paréntesis</b> que solo podría interrumpirse con alguna carta o postal si es que se tenía la dirección adónde enviarlas.</p><p>Marcela lo buscaba con su mirada hasta que, parada cerca de la hermana de Guillermo, la escuchó contar que su hermano se había tenido que <b>cambiar de colegio</b>. Se quedó tiesa: <i>“Me agarró una tristeza infinita, se me hizo un nudo horrible en la garganta. No podía hablar. Casi me muero con la noticia porque yo lo único que quería era volver a verlo y arreglarme. Ponerme otra vez de novia con él”.</i> </p><p>Toma envión para seguir relatando: <i>“El destino intervino en nuestra incipiente historia. Él no pudo continuar en el mismo colegio y yo no hice ningún movimiento. No sé qué podría haber hecho. La vida nos separó. Pasaron ocho años sin vernos las caras. </i><i><b>Ocho años sin saber nada el uno del otro</b></i><i>. Yo tuve otro novio y él también tuvo una novia. Pero la verdad es que no fueron noviazgos importantes.”</i></p><p>Se reencontraron recién a los 22 y 23 años.</p><h2>A ambos lados de un mostrador</h2><p><i>“Estaba colaborando en unas elecciones para intendente un domingo cuando me pidieron que ayudara llevando a un viejito a votar. Tenía que asistirlo. El colegio donde se realizaba la votación quedaba muy cerca de la casa de Guillermo. Después de hacer el encargo, esa misma tarde, se me ocurrió que podía tocar la puerta de su casa. Junté coraje, me animé y me acerqué. Golpeé y salió su hermana. Nos conocíamos muy bien del colegio, pero hacía años que no nos veíamos. Me saludó amablemente, con una sonrisa, y charlamos un rato. Al final, me dijo que su hermano no estaba en la casa, pero que él tenía una</i><i><b> fábrica de sándwiches de miga</b></i><i> en el centro de Villa Allende. Me sugirió que fuera a visitarlo algún día”, </i>explica Marcela, <i>“Ella le contó a Guillermo, esa misma noche, que me había visto, porque al día siguiente fue él quien apareció en mi casa de sorpresa y tocó la puerta. Lo atendió mi mamá, yo estaba trabajando en el concejo deliberante. En esa época trabajaba y estudiaba abogacía, después me cambié a turismo. Guillermo le pidió el número del teléfono fijo de la casa y al día siguiente me llamó. Charlamos un poco de todo y como al pasar me dijo: </i>cualquier día que puedas <b>pasate por mi fábrica </b>que está frente al anfiteatro de Villa Allende y nos vemos y charlamos un rato”. Esa fue la extraña cita.</p><p>Marcela no dejó pasar más tiempo. Esa semana se cayó al local. Conversaron de lado a lado, sobre el mostrador, mientras él preparaba los sándwiches. Era un encuentro extraño, no parecía una salida ni una invitación interesante. </p><p><i>“Resulta que él estaba de novio y yo también, pero por arriba del mostrador nos fuimos contando nuestras vidas. </i>Estamos saliendo, pero nada serio, <i>dije yo; </i>sí yo también estoy con una chica que es maestra, pero no vamos nada bien, <i>dijo él.</i> <i>Todo terminó con un</i> ¿cuándo nos podemos ver?<i> Me dio el teléfono de la</i><i><b> casa de su abuelo</b></i><i> donde se estaba quedando por esos días. Nos hablamos y concertamos una verdadera cita. El sábado siguiente fuimos a bailar a un boliche”.</i></p><p>Esa misma noche empezó el balotaje de sus vidas. </p><p>La segunda oportunidad se encendió sobre “<i>las cenizas de aquel amor adolescente como una hoguera en llamas y ¡retomamos la relación!”</i>, afirma Marcela.</p><h2>Casada con el primer amor</h2><p>El noviazgo duró tres años. Se casaron en la Iglesia de Villa Allende el 30 de septiembre de 1995. De esto hace ya tres décadas. Su primera hija nació en 1998 y le pusieron Guadalupe. En el 2001, llegó Facundo; en el 2002, Constanza; en el 2004, María Victoria (madre de Bautista, el primer nieto de Guillermo y Marcela); en el 2006, María Celeste y en el 2008, Ramiro, el menor que tiene hoy 17 años.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/CZDMNOTLNRAHBPI3MGLKEU3PQ4.jpg?auth=9317142d4252d3b3f0c9ff31f7eac252933eef366001dc04c79e18cfd5341fb3&smart=true&width=1005&height=1398" alt="Recién casados" height="1398" width="1005"/><p>Cuando se quisieron dar cuenta ya habían formado una familia numerosa: <i>“En poco tiempo, nuestra casa se había llenado de personas diminutas, fruto de ese amor que había sabido esperar. </i><i><b>Tuvimos seis hijos.</b></i><i> La bendición más deseada y esperada por ambos”.</i></p><p>Vivieron <b>veinticuatro años de matrimonio</b>. Con todos los costados, los buenos y los no tanto.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/MSRRZQ3L7REATB7C3VYC7PUQIM.jpg?auth=9a2d085162cb747451000ee27b5e9e9cdde7c47dff7d16def43f666e24ae3539&smart=true&width=1080&height=712" alt="Marcela y Guillermo en un retrato familiar" height="712" width="1080"/><p><i>“Hubo días luminosos de felicidad plena, días grises de tiempo inestable y, también, tormentas. Las crisis sucesivas de pareja y los desentendimientos nos llevaron a separarnos en 2020, en plena pandemia mundial. Se habían juntado muchas cosas. Mi papá empezó con una rápida demencia senil en el 2019 y mi mamá, que había pasado esa situación con su propia madre, se negaba a atravesar una vez más lo mismo. Me daba cuenta de que ella no podía con la situación y empecé a ir a su casa, con mis tres hijos menores, todos los fines de semana. Me instalaba y la ayudaba con papá. Guillermo</i><i><b> no entendía lo que yo estaba haciendo</b></i><i>. No comprendía bien la enfermedad de mi padre, ni que yo quisiera tener tanta presencia. Se puso extremadamente celoso. Yo adoraba a mi papá e iba a estar con él para ayudar. No me importaba tener que ir con tal de estar y colaborar. Guillermo se quedaba el fin de semana con nuestros tres hijos más grandes. Pero empezaron las discusiones cotidianas, una cosa llevaba a la otra y todo se desbarajustó. Un día me cansé de los conflictos. Dije chau, esto así no da para más, no se puede sostener. Me organicé un departamento en la parte de atrás de la casa de mis padres y me instalé ahí con algunos de mis chicos. Nos separamos de hecho. Mis hijos tenían opiniones divididas al respecto. Algunos incluso estaban de parte de él porque no entendían que yo quisiera cuidar a mi papá. Decían que me tenía que dividir con mis hermanos para hacerlo. Pero bueno, se dio así y yo me puse la enfermedad de mi padre al hombro”.</i></p><p>Eso derrumbó su matrimonio.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/LMHU27VJLRDU7HR35CRFBCIQC4.jpg?auth=dcc7c724cb14a8e24dcbb9f371e69750daf0d210f810a32beaaeebb5d211189a&smart=true&width=3324&height=2864" alt="Marcela y Guillermo dejaron de vivir juntos, pero nada los separa" height="2864" width="3324"/><h2>La reconstrucción del tiempo perdido</h2><p><i>“Sufría mucho porque no podía entender que Guillermo fuera tan terco. No podíamos ponernos de acuerdo jamás en nada. Él buscaba argumentos que no tenían peso para discutir lo que yo hacía. ¡Decía que me había ido a la casa de mi papá para ser libre! Era duro porque ya no podíamos sostener lo que habíamos tenido.</i><i><b> El dolor fue profundo.</b></i><i> Durísimo, pero hoy mirando hacia atrás, fue necesario”, </i> analiza Marcela, “<i>Al principio, la relación se puso tensa. Era una separación en la que él no estaba de acuerdo, así que me la hacía muy difícil. Pero todavía nos juntábamos todos y comíamos juntos. Un día hablando con una amiga separada, me enteré de que su ex marido, que trabajaba con Guillermo, le pasaba tres veces más dinero por un solo hijo que el que me pasaba mi ex a mí. Lo encaré y lo cuestioné. Se armó un buen lío. Comenzó a haber tensión por lo monetario y tuvo que intervenir un abogado para poder realizar un acuerdo. ¡Me hacía renegar! Tanto que </i><i><b>un día cansada de todo le dije que me quería divorciar</b></i><i>. Él me respondió muy suelto: </i>Hacé lo que quieras.<i> Era suficiente. Estaba harta de discutir. Fui a ver al abogado y le pedí que iniciara el divorcio. Guillermo se enteró cuando le llegó la notificación. ¡Ahí empezó a arrepentirse de todo lo que había dicho y hecho! Comenzó a reconsiderar las cosas. Estábamos en el 2024. Sus hermanas le aconsejaron que hiciera</i><i><b> terapia</b></i><i> y él les hizo caso. ¡No sabés lo bien que le hizo! Bajó muchos cambios y prometió que me iba a retribuir por todo lo malo que había pasado. Comenzó por arreglarme el pequeño departamento donde yo estaba viviendo con algunos de los chicos y se puso las pilas. Su actitud positiva fue, de a poco, cambiando todo. Empezamos a acercarnos porque comencé a ver verdaderas transformaciones en él”.</i></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/JD6MK27N5VAJDEIR7U3ZTDYNCI.jpg?auth=3481c6da12a10b43e59e7eb87053daf9765fb29415c506dbff81e6527cafec87&smart=true&width=3840&height=2584" alt="La familia en una celebración, siempre unida" height="2584" width="3840"/><p>El tiempo que siguió fue de aprendizaje, de ponerse a pensar y de extrañar: <i>“Nuestros hijos siguieron reuniéndonos: compromisos familiares, responsabilidades compartidas, derechos y obligaciones y trabajo. Y ese algo que nos pasaba cada vez que nos reencontrábamos cuando poníamos sobre la mesa las anécdotas vividas, nuestras historias, las risas y carcajadas de los ocho que habíamos sido y que estábamos siendo en ese instante”.</i></p><p>La terapia cumplió su rol y Guillermo vio lo que debía ver. Pudo separar sentimientos y hechos. Eso posibilitó el reencuentro con el amor de su vida, la madre de sus seis hijos. Hay frases populares que parecen hechas para ellos: no hay dos sin tres o la tercera es la vencida.</p><p>Porque eso es lo que, precisamente, está ocurriendo.</p><h2>Un nacimiento crucial para la unión familiar</h2><p><i>“Me hizo muy feliz que cambiara tanto. Me gustó ver esa evolución en él. Me alegró que reconociera cosas que antes no podía ver y ahora sí. ¡Me pidió perdón muchas veces! Él no había podido dimensionar lo que me afectó la enfermedad de mi papá”</i>, cuenta Marcela.</p><p>Habían sido otras fuerzas ajenas al amor las que los habían distanciado. Al final, lo que los unía era tanto más que lo que los separaba. El peso de lo vivido se hacía sentir de una manera entrañable. Es así que la pieza final de este rompecabezas de sentimientos la puso un bebé: <b>Bautista</b>. Fue su presencia la que terminó por consolidar la reconciliación. </p><p>Desde el 20 de noviembre de 2025, el día en que nació, la pareja y la familia entera se aglutinó sobre él con la misma sintonía del pasado. Ya no había enfermos que atender, sino vida que cuidar.</p><p>Todavía Marcela y Guillermo no han vuelto a convivir, pero la idea está. Marcela no quiere volver a la casa donde vivieron porque la zona le resulta insegura. La pusieron en venta y están pensando a dónde se mudarán y con cuáles de sus hijos. Serán los que queden todavía en el nido familiar. Porque María Victoria ya vive con su pareja y con Bautista; Facundo en la ciudad de Rosario y Guadalupe está en pareja con un futbolista con el que se trasladará a Chile.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/6PSWIXI7FRAX7CT6F4HUVSAHD4.jpg?auth=07c31573f0f7c9e46c000ab710206a2a19b8da7e79f03015b34625017cb946e8&smart=true&width=900&height=1456" alt="La pieza final de este rompecabezas de sentimientos la puso un bebé: Bautista" height="1456" width="900"/><p>¿Cómo tomaron los hijos este reencuentro de sus padres?</p><p>“¡<i>No te creas que tan bien!”, </i>se ríe Marcela a carcajadas, “<i>Los que no están, no opinan demasiado. Los que están, no saben bien cómo tomarlo”, </i>admite.<i> </i>Considera que esta etapa que viene por delante significa <i>“darnos una nueva oportunidad. </i><i><b>Nuestro nieto Bautista es el gran responsable de nuestra unión</b></i><i>. Su llegada nos devolvió alegrías y sueños. Descubrimos que había una fuerza interior que insiste, una certeza silenciosa que abre siempre la puerta a una nueva oportunidad. Porque lo más impactante es que nos dimos cuenta de que </i><i><b>el amor sigue ahí,</b></i><i> latente, que no se fue nunca, que jamás nos abandonó. Por eso tenemos la convicción de un mañana juntos. Creo que este será un tiempo sereno, que estamos eligiendo a conciencia el camino para transitar hasta el final de nuestros días. A veces, la vida enseña que en el amor no siempre es primavera floreciente. A veces, es otoño donde las hojas caen sin miedos o invierno crudo”</i>. </p><p>Marcela aprendió que el amor puede hibernar refugiado en las yemas y que volverá a brotar apenas el calor de la señal de que, una vez más, está llegando la primavera.</p><p><i>*Escribinos y contanos tu historia. amoresreales@infobae.com</i></p><p><i><u>* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas.</u></i></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/IHVU6BL3PBEKZDWPRF6GH2BG2I.jpg?auth=c295eb16a771a88ea01c43325c9ca8ec41c1d31db5a5958229f9626660afa41e&amp;smart=true&amp;width=785&amp;height=441" type="image/jpeg" height="441" width="785"><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"></media:credit></media:content></item><item><title><![CDATA[Se gustaban desde la primaria, cuando se declararon por carta: una misa, dos reencuentros en 30 años y una tercera oportunidad]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2026/02/01/se-gustaban-desde-la-primaria-cuando-se-declararon-por-carta-una-misa-dos-reencuentros-en-30-anos-y-una-tercera-oportunidad/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2026/02/01/se-gustaban-desde-la-primaria-cuando-se-declararon-por-carta-una-misa-dos-reencuentros-en-30-anos-y-una-tercera-oportunidad/</guid><dc:creator><![CDATA[Carolina   Balbiani]]></dc:creator><description><![CDATA[Era miércoles, estaban en misa y los varones eran una rareza en la escuela de mujeres a la que Rosalía asistía. Pablo, el hermano mayor de su amiga, miraba al frente, serio, con saco azul. Ella tenía once años y el corazón acelerado]]></description><pubDate>Sun, 01 Feb 2026 05:46:11 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/XGIPAJRLPRHJZMGX434CXUMR5Q.jpg?auth=4f6da144c35aa36d3202663619abce348cd762e95e7c3aee08eb5ab882a20d05&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Rosalía recuerda esa misa en memoria de su abuelo en la que Pablo asistió junto a su familia (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p>Estaban en misa, como todos los miércoles, con una excepción: la familia de su compañera de clase, Malena, estaba de visita. Habían asistido con sus seis hijos, incluido Pablo, el hermano mayor de 13 años. La ceremonia de ese día sería en <b>memoria de su abuelo</b> que acababa de morir.</p><p>Como en todo colegio de mujeres de la época, que aparecieran varones desataba una revolución. No había llegado todavía la época de los colegios mixtos generalizados y las presencias masculinas generaban murmullos entre el alumnado. </p><p>Para <b>Rosalía </b>(11) la muerte del abuelo había sido providencial porque había traído al chico que le gustaba a su colegio. Cada vez que la invitaban a la casa de Malena,<b> moría por verlo</b>, porque estaba ahí. El corazón le latía de manera extraña. Él era muy rubio, de ojos transparentes, no hablaba mucho y sonreía. Asistía a un colegio de la misma congregación pero que estaba a cuadras de distancia y era un excelente alumno, según contaban todos en la familia. Parado, inmóvil, con saco azul y corbata y mirando al frente, <i>“con la seriedad que correspondía por el momento”,</i> recuerda Rosalía.</p><p>Lamentablemente ese día Rosalía no se sentía nada bien. No pudo disfrutar como hubiese querido de verlo y, quizá, saludarlo con un beso. <i>“Un rato antes había ido al baño y había descubierto horrorizada que me había venido. No sabía bien cómo resolverlo. Era mi primera menstruación y me dolía un montón la panza. Tenía la sensación de estar sucia”,</i> rememora.</p><p>Rosalía estaba con sus<b> hormonas alteradas</b>. A pesar de eso, nunca olvidó esa misa, esa mañana, las miradas que cruzaron, el dolor de ovarios ni las <b>dos cartas</b> que más tarde intercambiaron. Dos papeles doblados en cuatro que viajaban de una mochila al bolsillo del delantal de Malena y luego al propio y viceversa. </p><p>La letra de Pablo es redonda y perfecta diciéndole <b>que le gustaba</b>. Declarando su interés. Eran cinco líneas que alimentaron ese amor de infancia.</p><p>Rosalía la tiene guardada hasta hoy. </p><p>En el medio les ocurrió algo que llamamos vida.</p><h2>Noticias cada tanto</h2><p>Las familias de Malena y de Pablo tomaron decisiones distintas. Malena <b>se mudó de barrio</b> al terminar el primer año del secundario. Pablo cambió de colegio de varones a uno más lejano en cuarto año. </p><p>Ella estudió arquitectura. Él, economía. Ella se puso de novia con un chico que hacía música y pretendía vivir de su vocación. Él tenía una contadora que tenía un trabajo importante. Ella tuvo dos hijas. Él, bastante después que ella, un varón. Ella <b>se mudó a Brasil </b>siguiendo la vocación de su marido cantante y baterista y dejó su estudio, temporalmente, en manos de una amiga arquitecta. Él partió con su familia a <b>Madrid</b> para trabajar en un banco con un puesto.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/F2MD3JDF5NHR7P3AKETK4Z5XE4.jpg?auth=6eba438c7aad1acef51ab9cc062e13c2b5a90f0fa709ea5c03093e0d038d3eaf&smart=true&width=1920&height=1080" alt="El casamiento de Malena, volvió a reunirlos cuando estaban con sus respectivas parejas (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p>Durante más de treinta años <b>se vieron solo dos veces.</b> Una fue para el casamiento de Malena, quien tenía 27 años, al que cada uno concurrió con su pareja. Diez años después, Rosalía ya había cumplido 37 años, se toparon en el entierro de quien podría haber sido su suegro: el padre de Malena y Pablo. Las dos veces pasó lo mismo: pegaron onda. <b>Charlaron mucho del pasado, contaron sus vidas y sinsabores.</b> Malena se animó a revelarle que se estaba divorciando y estaba angustiada. Hacía tiempo que había recuperado su estudio de arquitectura porque sentía que había postergado su carrera y que la<b> </b>vida nómade que le encantaba su próximamente ex no daba para más. Pablo tampoco estaba demasiado bien. Ya habían vuelto con su familia de Madrid porque <b>extrañaban la vida en Argentina</b>, pero el aterrizaje había dañado la relación.<i> “Quizá,</i> le explicó él a Rosalía, <i>estuviera dañada de antes pero no habíamos podido verlo porque allá estábamos bastante solos y con mil cosas y sin nada de ayuda a pesar del buen sueldo. No teníamos familia a nuestro alrededor y algunos pocos amigos”.</i></p><p>No se animaron a más. Ni siquiera a ir a tomar un café. Solo intercambiaron teléfonos. Por las dudas. <i>“Por si necesitás algo”, </i>dijeron a la vez. Los dos reconocen hoy que sentían algo más que curiosidad. Y Rosalía agrega que le había vuelto a latir el corazón como a los 11 años en aquella misa.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/6S4PXIHKIZCD3DUZ4AGGKIYP7A.jpg?auth=dc1fd325f4072e181646047aeba176e72992d3754c82bb78f8bbd93ba3b4844c&smart=true&width=1920&height=1080" alt="El segundo encuentro en 30 años se produjo cuando murió el padre de Malena, quien podría haber sido su suegro (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><h2>Tercer reencuentro a los 40</h2><p>Los años volaron. Tres años después la vida volvió a ponerlos a uno frente a otro en el <b>cumpleaños de 40 de Malena</b>. Iba a ser una fiesta nostalgiosa. Todo el pasado estaba invitado.</p><p><i>“Ya los dos estábamos divorciados. Yo salía cada tanto con un tipo que no me cerraba del todo porque era fóbico y malhumorado. Él picoteaba por ahí o por allá según me contó después. Éramos dos almas tristes porque se nos había terminado la idea de la familia perfecta. Los hijos eran más grandes y nosotros un poco solos”. </i></p><p>Ese cumpleaños fue el día del <b>comienzo del romance real entre Rosalía y Pablo.</b></p><p>No se despegaron en toda la noche. Animaron la fiesta y bailaron como nunca lo habían hecho. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/IOA6GPVWKRAVVHEAJHTUSLITJA.jpg?auth=993b5cc41eed4d4d1ad4e94899521f108c68100ce46adb12054269c7a1731cc5&smart=true&width=1920&height=1080" alt="El tercer encuentro fue en el cumpleaños de 40 de Malena, donde bailaron toda la noche (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p><i>“La fiesta fue en un club de Belgrano. Con dj, banda musical, mago y cotillón… espectacular. Me produje como nunca. De hecho hasta creo que esta última semana antes del cumpleaños tomé cama solar e hice un poco de dieta. Quería que me viera como nunca. Creo que lo impacté. Él estaba como siempre con su sonrisa instalada y su amabilidad tranquila. Se acercó, me saludó como si fuese su propia hermana. Me dio un abrazo y nos sentamos por ahí a conversar. No paramos. La gente desapareció para nosotros. </i><i><b>A partir de esa madrugada fuimos novios. </b></i><i>No lo dijimos, pero fue obvio que lo sentimos. Al día siguiente me llamó a la tarde para vernos y al volver nos besamos en su auto. Jajaja treinta años después de la misa ahora me chapaba el hermano mayor de mi amiga. Fue genial. Creo que unos días después tuvimos relaciones en su depto de separado y nunca más nos separamos. Después de dos años de estar juntos </i><i><b>nos mudamos hace poco a mi casa </b></i><i>y él dejó su departamento alquilado. Nuestras familias se pusieron muy contentas de que estuviéramos juntos. Los dos éramos gente conocida para ellas. No hubo ruido, no existió conflicto alguno entre nuestros hijos. No había de por medio infidelidades ni peleas graves y, además, nuestros ex por suerte ya estaban saliendo con alguien y rehaciendo sus vidas. </i><i><b>Todo fue tan perfecto que parece mentira</b></i><i>. Podemos encontrarnos con los ex por temas de nuestros hijos y no pasa nada. ¡Civilizados como noruegos! repito siempre riéndome. Por todo esto me gusta contar nuestra historia porque no arrastra llantos de otras ni complicaciones, fue una simple división de caminos que, una vez superada la primera etapa dolorosa, recorrimos con la mayor felicidad”.</i></p><h2>Elecciones inteligentes con cabeza y corazón</h2><p>Malena analiza desde su perspectiva: <i>“El pasado te une. Mucho más de lo que uno cree. Yo había conocido su infancia, su casa de chicos, a sus padres. Él si bien no venía a mi casa, conocía a mis padres. No éramos dos extraños de mundos distintos. Era un poco como volver a tu patria. Suena romanticismo tonto, pero es así: tu tierra, tu pasado, tus recuerdos, los olores, tu barrio, tu colegio, las anécdotas. </i><i><b>Compartir un pasado común ¡une tanto!</b></i><i> No hay mucho que explicar. Volvimos al primer amor distintos, pero siendo básicamente los mismos. Y así estamos hoy bajo el mismo techo, con familias ensambladas e intentando convertir en realidad el sueño infantil pero con mirada adulta. Hay una frase de los estoicos que dice: ama a las personas con las que el destino te une, pero hazlo con todo tu corazón. La tenemos impresa y pegada en la heladera. Hoy por hoy somos totalmente felices, </i><i><b>no perfectos, pero felices</b></i><i>. Tenemos enojos tontos, pero por sobre todo somos dueños de la alegría, las risas y la complicidad. El amor está también en la imperfección. Nunca me sentí más entendida y más acompañada que con Pablo. Lo elegiría una y otra vez. Pero ojo, siempre a esta misma edad en la que comenzamos a recorrer nuestra historia. Antes no hubiéramos estado preparados. Eso creo. Además, están nuestros hijos, que solo pueden existir gracias a nuestros pasados respectivos. Somos unos convencidos de que para vivir el hoy, hay que haber atravesado nuestro ayer”.</i></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/QXMOXMRSQVE77DVEYB4CMU2NOE.jpg?auth=c2b91e523eab973b0b6b66c2f49d09ae57e3960393918f8abd5709dfd0ac0852&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Rosalía dice que nunca se sintió más entendida y acompañada que con Pablo  (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p>*Escribinos y contanos tu historia. amoresreales@infobae.com</p><p><u>* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas</u></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/IOA6GPVWKRAVVHEAJHTUSLITJA.jpg?auth=993b5cc41eed4d4d1ad4e94899521f108c68100ce46adb12054269c7a1731cc5&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[El tercer encuentro fue en el cumpleaños de 40 de Malena, donde bailaron toda la noche (Imagen Ilustrativa Infobae)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[ASAP Rocky habla de su relación con Rihanna: “No es fácil ser dos celebridades y estar juntos, pero lo logramos”]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2026/01/31/asap-rocky-habla-de-su-relacion-con-rihanna-no-es-facil-ser-dos-celebridades-y-estar-juntos-pero-lo-logramos/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2026/01/31/asap-rocky-habla-de-su-relacion-con-rihanna-no-es-facil-ser-dos-celebridades-y-estar-juntos-pero-lo-logramos/</guid><dc:creator><![CDATA[Ramiro Manera]]></dc:creator><description><![CDATA[El músico y la cantante han superado los desafíos que conlleva la vida pública, encontrando equilibrio entre sus compromisos y el respaldo mutuo que ha fortalecido su vínculo lejos de la exposición constante]]></description><pubDate>Sat, 31 Jan 2026 16:43:55 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/5XQRFJAVRBGNRKTMWM6AFZYBXQ.JPG?auth=ae7fb0d10926f621563a33b6551ac51cf45fc032594165b4c463607d252597da&smart=true&width=5616&height=3744" alt="ASAP Rocky destaca las dificultades de mantener una relación estable con Rihanna bajo el escrutinio de la fama y la presión mediática (REUTERS/Eduardo Munoz)" height="3744" width="5616"/><p>El vínculo entre <a href="https://www.infobae.com/tag/asap-rocky/" target="_blank" rel="noreferrer" title="https://www.infobae.com/tag/asap-rocky/"><b>ASAP Rocky</b></a> y <a href="https://www.infobae.com/tag/rihanna/" target="_blank" rel="noreferrer" title="https://www.infobae.com/tag/rihanna/"><b>Rihanna</b></a> ha superado las complejidades de la fama, consolidándose como una de las parejas más admiradas en la <a href="https://www.infobae.com/tag/industria-musical/" target="_blank" rel="noreferrer" title="https://www.infobae.com/tag/industria-musical/"><b>industria musical</b></a>. En un entorno donde la <b>exposición</b> constante genera tensiones y cada gesto se amplifica, el rapero estadounidense reconoce que <b>mantener una relación estable “no es fácil”</b>, pero resalta que ambos han aprendido a sortear los obstáculos propios de la vida pública.</p><h2>Desafíos de una pareja en el ojo público</h2><p>Consultado por la revista <i>Complex</i>, Rocky explicó que la convivencia bajo el escrutinio mediático supone un reto diario. “<b>No es fácil ser dos celebridades y estar juntos en una relación, pero lo logramos</b>”, afirmó el artista, subrayando el esfuerzo y la determinación que demanda la relación. </p><p>La dificultad de coordinar agendas y horarios, sumada a la presión de los medios, podría desgastar cualquier vínculo, pero para ellos representa un impulso para fortalecer su compromiso.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/BC2TCIKBGFASRHNI2IACCY6SEU.jpg?auth=70ec8dd1c47c2c353665cbc5a03d002037a7673f38ee9b7b43f9f52f5d97a6d3&smart=true&width=3913&height=2566" alt="La pareja conformada por ASAP Rocky y Rihanna supera obstáculos diarios gracias a la coordinación de agendas y un fuerte compromiso emocional (REUTERS/Manon Cruz)" height="2566" width="3913"/><p>En declaraciones recogidas por <i>Esquire</i>, el músico relató cómo ambos eligen “hacerlo funcionar” pese a las diferencias en sus rutinas y responsabilidades. Ese equilibrio, según Rocky, es lo que más valora de su vínculo. “Eso es lo que más me gusta de estar con alguien como mi chica”, señaló, resaltando el <b>entendimiento mutuo</b> como un pilar fundamental.</p><h2>Una nueva perspectiva sobre el amor</h2><p>La madurez y el tiempo han transformado la manera en que Rocky concibe el amor y el compromiso. El rapero, oriundo de Harlem, reconoce que su etapa de “playboy” quedó atrás. “<b>Siempre quise formar una familia. Creo que ya tuve tiempo para divertirme</b>, para estar con muchas mujeres y ser ese chico bonito, ese ‘playboy’, gran parte de mi vida, ¿sabes? Y eso cansa”, admitió.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/6KSJ3YIZ4ZHY3J6IITYSUYQEG4.com?auth=852a714de1aeaca1d7bf1cf71d205d87971b4a67b58159110250834a511a52c2&smart=true&width=3447&height=1939" alt="La madurez transforma la visión de ASAP Rocky sobre el amor y lo lleva a dejar atrás su etapa de 'playboy' para priorizar la familia (REUTERS/Benoit Tessier)" height="1939" width="3447"/><p>Esa honestidad marca el inicio de una etapa distinta, donde busca construir sobre bases sólidas. Rocky asegura que su relación con Rihanna se sostiene porque ella es su pareja ideal. “Si no fuera mi pareja ideal, no funcionaría”, expresó el rapero, dejando en claro la autenticidad de su elección.</p><h2>Apoyo mutuo y lecciones compartidas</h2><p>El <b>apoyo emocional</b> ocupa un lugar central en la vida de la pareja. Para Rocky, sentirse comprendido y respaldado ha sido el mayor aprendizaje. “Es apoyo moral al máximo nivel. Cuando tienes a una mujer que te ama y está locamente enamorada de ti, tu vida huele a rosas”, explicó el músico a <i>Complex</i>, reflejando la importancia del acompañamiento genuino.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/G2EXXJ6PVRKSQ6CWYQBZUHRYME.jpg?auth=609785637fa53b81bf89ab0e45807e0f5ce0bbfc4fdd08545082732bbdc18401&smart=true&width=3500&height=2474" alt="El apoyo moral y el respaldo mutuo son la base del vínculo entre Rihanna y Rocky, quienes priorizan la privacidad pese a la atención de los medios
(Foto Evan Agostini/Invision/AP, archivo)" height="2474" width="3500"/><p>Rihanna también representa para él una compañera que entiende las exigencias del éxito y la atención mediática. Ambos han aprendido a proteger su intimidad y cuidar el espacio familiar, preservando la esencia del vínculo lejos de los focos. Así, logran mantener un equilibrio entre lo público y lo privado, un aspecto que consideran esencial para el bienestar común.</p><h2>El valor de la familia y los consejos maternos</h2><p>La influencia de la <b>familia</b>, en particular la <b>madre</b> de <b>Rocky</b>, ha sido determinante en el desarrollo de su relación. El músico reveló que fue su mamá quien lo animó a acercarse a Rihanna, pese a sus propias dudas. “Solía decirle a mi madre: ‘¿Por qué insistes en eso? Esa chica ni me mira de esa manera’. ‘Cálmate, ma, somos solo amigos’.<b> Pero ella me repetía: ‘Te digo que ella es real’</b>”, recordó.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/HSMXGXR4QBETVIQQA7B2V5CITA.JPG?auth=d9cbc1d2601e50af6187ddd7c4e50854b169caaf146c4c1e9a8b85c4677cd8c6&smart=true&width=4287&height=2799" alt="La influencia materna resultó clave para que ASAP Rocky se acercara a Rihanna y consolidara una relación sólida y real (REUTERS/Aude Guerrucci)" height="2799" width="4287"/><p>El consejo materno, lejos de ser un simple deseo familiar, resultó ser la clave para abrir una nueva etapa en la vida del artista. La intuición y el respaldo familiar permitieron que Rocky y Rihanna construyeran una relación auténtica y sólida, capaz de resistir la observación internacional y los desafíos propios de las celebridades.</p><h2>Mirada hacia el futuro</h2><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/3DNVQJMHRVBUVJ7BCHOZKQLXU4.jpg?auth=2fc8703c27796004580aa2c85c124bcff642f81529fa8277cbae288b36ce385c&smart=true&width=1920&height=1080" alt="El respeto mutuo y los proyectos compartidos permiten a la pareja mirar hacia el futuro, demostrando que el amor puede prosperar incluso bajo la mirada pública
(Foto Evan Agostini/Invision/AP, archivo)" height="1080" width="1920"/><p>Hoy, la pareja avanza con paso firme, demostrando que es posible consolidar una relación bajo las luces de la fama sin perder la esencia personal. El respeto mutuo, la comunicación constante y el apoyo incondicional son los pilares que les permiten sortear las dificultades y crecer juntos. Con un horizonte compartido y proyectos en común, ASAP Rocky y Rihanna reafirman que el amor genuino puede prosperar, incluso frente a la mirada del mundo entero.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/KSTUBMPZGBDGHLQESOUYGPRMTI.jpg?auth=97f84b7db6596ff69512b330621c4dedb0180845b666bcc36978d2abbef9bd52&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Rihanna y Asap Rocky comparten las primeras fotos de su nueva hija 
Europa Press]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Su primera novia lo humilló y las ocho relaciones siguientes le resultaron tóxicas: el joven de 36 años que no entiende qué es el amor]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2026/01/25/su-primera-novia-lo-humillo-y-las-ocho-relaciones-siguientes-le-resultaron-toxicas-el-joven-de-36-anos-que-no-entiende-que-es-el-amor/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2026/01/25/su-primera-novia-lo-humillo-y-las-ocho-relaciones-siguientes-le-resultaron-toxicas-el-joven-de-36-anos-que-no-entiende-que-es-el-amor/</guid><dc:creator><![CDATA[Carolina   Balbiani]]></dc:creator><description><![CDATA[Ezequiel identifica en el desprecio que recibió de su primera relación seria lo que le provocó su cortocircuito con el amor. Todas sus historias amorosas terminaban en fracaso, hasta que en terapia comprendió que el problema era él por no saber elegir. "Confieso que no sé bien qué es eso de querer. No le tengo miedo al amor en sí, le tengo miedo a las personas", dice]]></description><pubDate>Sun, 25 Jan 2026 06:18:02 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/4LWPM6KPJBAJXCPU2F64RS27GQ.jpg?auth=f879a2ea7c4cf5066e521fffd40f4957de31eb7cf4b615643027fdfe481eefd4&smart=true&width=1920&height=1080" alt="El primer amor que quebró la confianza de Ezequiel con el amor y la aventura de su novia con un compañero de la secundaria (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p>Este domingo es diferente a otros. Ezequiel (36) es uno de nuestros fieles lectores de Amores Reales, pero curiosamente no nos escribió para contarnos su gran historia, sino más bien para revelarnos que anda descreído del amor. Dice que es algo que le viene pasando desde los 18 años y que los sucesivos fracasos lo han llevado a no creer en la pareja ni en el matrimonio. Es más: <b>asegura no saber bien de qué se trata el amor</b> porque nunca se lo han demostrado cabalmente.</p><p>Esta es la historia que hoy relata Ezequiel.</p><p>“Viví casi toda mi vida en la ciudad de Buenos Aires, en el barrio de Parque Patricios. Al terminar la primaria, pasé a una escuela técnica donde hice todo el secundario. Mi familia se compone de papá, mamá y un hermano seis años mayor que yo. Tengo que reconocer que no me faltó nada. Estuvieron para llevarme a la escuela, al médico y, en lo cotidiano, <b>tuve todo lo materialmente necesario, pero siento que me faltó lo más importante: el cariño</b>”, cuenta. Explica que siente que no recibió el amor que realmente precisaba. Buscando razones, cree que quizá eso pasó “porque mi hermano era medio tiro al aire y por ese motivo le prestaron mucha más atención. Yo no daba nada de trabajo”. Cuenta que no en vano su hermano, entre tropiezo y tropiezo, vuelve siempre a vivir con sus padres: “Mis padres nunca le pusieron los puntos y yo me sentí abandonado en lo emocional. ¡Una vez tenía 15 años y volví a casa y mi hermano que tenía más de 20 estaba tomando cocaína con sus amigos! Usaba mi ropa, me quitaba la Play y hacía esas cosas pero mis padres no me escuchaban. Mi madre era muy negadora, es como que siempre vivió en otra realidad. Mi padre trabajaba todo el día, volvía y estaba conmigo un rato y después se iba a dormir. <b>No es que no me quieran, es lo que les sale. Es lo que pueden hacer. No se conectan con las emociones</b>”.</p><p>“En el secundario me puse de novio con una chica del barrio que se llamaba Gabriela. Ella tenía un compañero de clase que la perseguía. Era un tira y afloje. Un día fui a la casa de ese chico y le dije que la dejara en paz, que ella era mi novia, mi pareja. Estuvimos un año de novios. Casi al final de quinto año, Gabriela y sus compañeros se fueron de viaje de egresados. Al volver, ella me contó que con ese chico había pasado algo. Yo le vi en el cuello un moretón. Era un chupón. La relación se terminó y ella se puso de novia con ese chico con quien se casó años después. <b>Esa ruptura me hizo sufrir mucho. Había sido mi primer amor</b>. Encima, durante los últimos meses de clases, muchas veces yo iba caminando y los veía pasar en el colectivo escolar. Se asomaban y me gritaban cosas. <b>Tanto bullying me hizo mal y eso quizá me hizo cerrarme al amor</b>”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/BTO4RUTTBVB63OXPOI7XV3FTNE.jpg?auth=1fe47d8feafaba9bd8759f6ccbd6db24b797f2b6f883cb6abd85f321387c29d6&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Ezequiel coqueteó con su kinesióloga hasta que decidió avanzar. "Me trató muy mal, como si fuera un desubicado. Enseguida me aclaró que estaba de novia, que tenía pareja. Sentí una tristeza infinita. ¿Qué había hecho mal? ¿En qué me había equivocado?" (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><h2>Breves historias tóxicas</h2><p>Terminado el colegio, Ezequiel estudió para Técnico en Seguridad e Higiene y, después, Educación Física. Se recibió en 2019 y se dedicó a la docencia.</p><p>Sus siguientes relaciones afectivas nunca duraron demasiado. Todas las historias que siguieron a la primera resultaron, según reflexiona, contradictorias: “Fueron relaciones ambivalentes. Chicas que no querían nada serio, pero que me decían que me extrañaban. Yo me enganchaba y todo era muy confuso. Que sí, que no y terminaban en caos invariablemente.<b> Habré tenido, hasta el día de hoy, unas ocho relaciones más y todas fueron tóxicas</b>. Ninguna demasiado importante, cero compromiso y pura ambivalencia. Nunca un vínculo real. Quizá me boicotee, no lo sé, pero entre los 20 y los 30 prioricé mi juventud y divertirme y siempre las personas que elegí fueron destructivas”. </p><p>Una de esas mujeres que eligió fue su kinesióloga. </p><p>“Se llamaba Isabel y me atendía por una rectificación cervical. Me hacía chistes, me escuchaba, parecía interesada en lo que yo le contaba, me daba afecto, me decía ‘¡qué lindo estás! Uyyy me enamoré’. Fueron meses de histeriqueo por celular y por redes. Me coqueteaba, me mandaba fotos. Un día me animé y la encaré. Me trató muy mal, como si fuera un desubicado. Enseguida me aclaró que estaba de novia, que tenía pareja. Nunca llegó a pasar nada. Pero yo <b>sentí una tristeza infinita. ¿Qué había hecho mal? ¿En qué me había equivocado?</b> Pensaba mucho y todo lo que comía lo vomitaba. Fui a varios médicos porque bajé doce kilos. Me hicieron hasta una endoscopía, pero no me encontraron nada. Al final, me dijeron que era nervioso. Había convertido a Gabriela en el amor de mi vida… La siguiente historia duró cuatro o cinco meses. A Micaela la conocí en Caballito y era maestra jardinera. Tuvimos buen sexo y conversaciones largas. Ella me decía cosas lindísimas, pero después me aclaraba que no quería nada serio. Un día me enteré de que había tenido relaciones sexuales con un tipo que salía ahora con una amiga mía, justo en la época en que me había conocido. Le pregunté si era así. Primero me lo negó y al final cuando le dije que ella siempre decía que era de una manera y resultaba que era de otra y mentía… se levantó y me pegó con el pulóver. Me fui corriendo de su casa, como en las películas. Cuando estaba en el tren me envió un audio donde me explicó que en realidad no quería nada serio. Listo. Otro fracaso más. Hubo algunas historias más. Una fue con una chica muy atractiva con la que empecé a salir, pero justo yo estaba sin trabajo y ella exigía que yo pagara todo. Tampoco anduvo. Tuve muchos vínculos más, promiscuos y menos serios”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/AECMQYL7XBHHHNUIISH3G6K6ZM.jpg?auth=5480364c1bdf0a6dac7cec28667b80c9674814be4b0d155226cb69c7ba3c207a&smart=true&width=1920&height=1080" alt=""Un día me levanté harto y me dije: no puede ser que siempre salga todo mal, el problema no es de ellas, el problema soy yo que no sé elegir" (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><h2>Terapia y búsqueda de culpables</h2><p>“Mis historias terminaban siempre igual. Un día me levanté harto y me dije: <b>no puede ser que siempre salga todo mal, el problema no es de ellas, el problema soy yo</b> que no sé elegir. Empecé terapia y descubrí un montón de cosas. Pude ver cómo me afectó la falta de comunicación profunda con mis padres y con mi hermano. También comprendí que en las relaciones con las mujeres yo insistía demasiado aunque me dijeran que no. Eso generaba rechazo. Hoy soy plenamente consciente de que elegía mal y que uno es responsable de sus elecciones”, analiza Ezequiel sobre el momento en que comenzó terapia con 27 años.</p><p>El psicoterapeuta logró que Ezequiel viera sus errores, pero sus gustos no cambiaron y siguió con lo que considera malas elecciones. </p><p>¿Por qué cree que elige mal? Intenta explicarlo, pero no le resulta fácil: “Elijo, pero elijo mal. Quizá sea a propósito, mi inconsciente, porque temo comprometerme. A mí me gustan los perfiles tóxicos, las mujeres que no quieren construir. En cambio las que buscan formar una familia me aburren. Las personas más complejas y tóxicas me generan más adrenalina. Con ellas el sexo es más ardiente y desaforado. Es lo que me gusta, pero ya sé que ahí no se puede construir nada. ¿Pero cómo hago? Eso es lo que naturalmente me atrae. Hoy me gustaría construir. Entender el amor. <b>No lo entiendo, pero quisiera conocer el buen amor para hacer una pareja</b>”.</p><p>Hace un par de años, Ezequiel se mudó al sur. Ahora habla con <b>Infobae </b>desde San Martín de los Andes, donde se desempeña como docente.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/UU4RA2KHMFGPZAIBWKANLUCM6U.jpg?auth=78237a2d6db7ef742a1f3c0b4ee764a0c3eef7292b030ef8f46a16c0c8a21b4e&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Ezequiel se imagina así: viviendo en el sur con una pareja estable y una familia consolidada (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p>“Cada tanto voy a Buenos Aires a visitar a mi familia, en vacaciones y fiestas. Y, para ponerte al tanto de mi vida amorosa actual… hasta ayer tuve una relación parecida a todas. O, por ahí, no tanto. Porque Agustina, así se llama, es más grande, tiene dos hijos chicos, y fue la primera mujer en mi vida que me dijo que me quería. Pero al final tampoco quiso comprometerse, ponerse de novia ni que conociera a sus hijos. Dudas, dudas, siempre dudas. Duramos cuatro meses, en los que tengo que reconocer que me trató muy bien. Yo también le decía que la quería. Aunque confieso que no sé bien qué es eso de querer. <b>No le tengo miedo al amor en sí, le tengo miedo a las personas</b>. Me cuesta confiar. Creo que es por lo que sufrí”. </p><p>¿Sueña con casarse? “No porque no creo en el amor, no lo conozco. No podría casarme pensando que me van a dejar. Me da temor. Siempre dudaría por qué me eligió a mí… No creo que me puedan querer. No sé si no soy querible, no sé si podría manejarlo. ¿Hijos? Nunca me interesaron los niños, pero sí me podría llevar bien con alguien que tenga hijos. No quiero uno mío propio porque implica dejar tu vida y es algo que no estoy dispuesto a hacer”. </p><p>El próximo 8 de mayo cumplirá 37 años. Aún no sabe qué deseo le pedirá al universo: “Durante años elegí no estar en pareja, hoy quizá querría construir una. Me gustaría tener proyectos de pareja, casa, viajar… y que no me dé pánico”. </p><p>La última pregunta: ¿por qué lee esta sección de amores si está tan decepcionado?</p><p>“Porque me da muchísima curiosidad ver las historias de otros. Y porque, si bien no sé si existe, <b>me encantaría experimentar el amor y sentirme querido por alguien</b>”.</p><p><i>* Escribinos y contanos tu historia a amoresreales@infobae.com</i></p><p><i>* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas.</i></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/4LWPM6KPJBAJXCPU2F64RS27GQ.jpg?auth=f879a2ea7c4cf5066e521fffd40f4957de31eb7cf4b615643027fdfe481eefd4&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[El primer amor que quebró la confianza de Ezequiel con el amor y la aventura de su novia con un compañero de la secundaria (Imagen Ilustrativa Infobae)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Eran concuñados, los unió un service de aire acondicionado y un abrazo lo cambió todo: “Él vino para sanar mi vida” ]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2026/01/18/eran-concunados-los-unio-un-service-de-aire-acondicionado-y-un-abrazo-lo-cambio-todo-el-vino-para-sanar-mi-vida/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2026/01/18/eran-concunados-los-unio-un-service-de-aire-acondicionado-y-un-abrazo-lo-cambio-todo-el-vino-para-sanar-mi-vida/</guid><dc:creator><![CDATA[Carolina   Balbiani]]></dc:creator><description><![CDATA[Cynthia y Marcelo venían de relaciones rotas y segundas oportunidades complejas. Se conocieron en casa de sus suegros, sin que nada pareciera especial. Pero Marcelo está seguro de que, en ese primer encuentro, algo ya había nacido]]></description><pubDate>Sun, 18 Jan 2026 10:48:03 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/YRJDPRDISFBJRF4U75TX62RUUM.jpg?auth=b662a73675c40732b406f0828af8c32c0b73c1957879d8886965616e9015038c&smart=true&width=1920&height=2881" alt="Lo único en común que tenían Cynthia y Marcelo eran sus ex" height="2881" width="1920"/><p>Esta historia no llegó por el mail a Infobae. Surgió de una participación espontánea de la pareja en cuestión durante un show de stand up al que asistí en Palermo Viejo, antes de Navidad. Cuando el humorista preguntó sobre historias de amor, Marcelo saltó de entre el público y reveló, entre risas, que habían sido concuñados… ¡Chan! Enseguida descubrí que podría tener una historia simpática que contar. Luego de las carcajadas y terminado el espectáculo, me acerqué e intercambiamos teléfonos.</p><p>Acá va la historia de Marcelo y Cynthia, una historia que de no haber tenido en algún momento lazos políticos familiares, jamás de los jamases podría haber sucedido. Sobre todo porque ellos transitaban la vida por dos barrios lejanos. Lo único que tenían en común era… sus ex.</p><h2>La vida antes de él</h2><p><b>Cynthia Sanz Petruk </b>(46) nació en Mendoza como parte de una troupe de cuatro hermanos. Su papá era médico y su mamá, descendiente de ucranianos. Cuando tenía 3 años la familia se mudó a la zona de Quilmes, en la provincia de Buenos Aires.</p><p>Por amor a su padre quiso seguir sus pasos y, acabado el secundario, arrancó a estudiar Medicina. No resultó y dejó en segundo año. A los 20 volvió a vivir a Mendoza donde comenzó a estudiar<b> publicidad</b>. En ese entonces, conoció a un ingeniero químico que se convirtió en su pareja y en el papá de sus tres hijos.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/W625NQ5CNVEVBI5MJKCISEUTF4.jpg?auth=efa77fb398428096c40a04c49ac14596d6681f2d4a65fde01da63830f0e238c7&smart=true&width=1920&height=2417" alt="Cynthia Sanz Petruk nació en Mendoza pero se mudó a Buenos Aires con el padre de sus hijos" height="2417" width="1920"/><p>“<i>Vivimos cinco años en Mendoza y después nos trasladamos a Buenos Aires donde nacieron mis hijos que hoy tienen 15,16 y 19 años. Nunca estuvimos casados. Pero la pareja no funcionaba, me sentía sola. Nos llevábamos muy mal, era una </i><i><b>relación sumamente tóxica</b></i><i>. </i><i><b>Después de ocho años, tomé la decisión de terminar. Nos separamos</b></i><i> y empezó una época dura. Mientras criaba a mis hijos en el barrio porteño de Palermo abrí un </i><i><b>negocio de ropa de chicos</b></i><i> al que llamé Chocolette. Trabajaba muchísimo y me empezó a ir bien. En el negocio llegué a hacerme una habitación detrás del local, con un futón, para poder descansar. Tenía que abrir el negocio siempre, aunque los chicos estuvieran enfermos o atravesara problemas judiciales con mi ex, producto de la separación. En la Pandemia como los chicos no tenían que ir al colegio y todo era por Zoom, me instalé temporalmente en la casa de mis padres. Además, a papá le habían diagnosticado parkinson y quería pasar más tiempo con él. La salud de mi padre se fue deteriorando porque así es la enfermedad. Teníamos cuidadoras y kinesiólogos dando vueltas por la casa. Uno de esos kinesiólogos resultó ser David. Yo tenía 41 y estaba separada. David también se estaba separando. Al poco tiempo empezamos a salir. Todo parecía maravilloso. La pareja funcionaba muy bien. Pero ocurrió que, </i><i><b>seis meses después, un día sin previo aviso desapareció</b></i><i>. Me frizó. Yo no entendía nada y la situación me puso muy mal”. </i></p><h2>La vida antes de ella</h2><p>Marcelo Di Paolantonio (46) es hijo de un italiano que llegó al país con sus padres a los 4 años.</p><p><i>“Mi abuelo bajó del barco y cayó acá, en Hudson. Mi papá se casó y, con mi mamá, tuvieron tres hijos. Soy el mayor. Desde chico me gustó la música. </i><i><b>Nací músico</b></i><i>. Toco órgano, teclado, piano, acordeón y percusión. De hecho tengo un grupo. Primero estudié informática y no me gustó, luego cine en Bellas Artes de La Plata. En tercer año con un cortometraje animado gané una beca para estudiar cine en Capital Federal. Al final estudiaba en los dos lados y no tenía vida así que decidí dejar lo de La Plata e instalarme en Buenos Aires. Pensé que tendría más futuro ahí. Fue en ese entonces que conocí a Lucía, la mamá de mis hijos”.</i></p><p>Lucía y Marcelo tuvieron dos hijos que hoy tienen 18 y 15 años. El matrimonio duró unos 9 años.</p><p><i>“La que se quiso separar fue ella. Yo veía que no funcionaba, pero no quería hacerlo porque me daban mucha lástima los chicos. Me dolía pensar que me iba a perder demasiado, no verlos por las noches, no vivir con ellas. Después terminé entendiendo que era mejor separarse. </i><i><b>Soy un papá muy presente</b></i><i>, pero no fue fácil porque mi ex me la complicó un poco cuando vio que yo no me derrumbaba”,</i> explica Marcelo.</p><p>Corría el año 2014 cuando ocurrió esta separación. Marcelo decidió que seguiría buscando la persona con quien compartir su vida y que pudiera hacerlo feliz.</p><p><i>“</i><i><b>Soy romántico y familiero</b></i><i>. Tuve algunas parejas más pero no se daba la cosa. Uno va aprendiendo con cada experiencia”</i>, reconoce. </p><p>Con Soledad habían estado juntos en el colegio y se reencontraron porque era muy amiga de su hermana. La relación nació y los mantuvo juntos <b>tres años</b>, desde el 2019 hasta el 2022.</p><p><i>“Pero lo cierto es que no funcionaba bien. Era como ir en un bote remando de un solo lado. ¡No funciona así! Ella tenía dos hijas y yo una hija y un hijo. Las dos más chicas de cada uno se hicieron íntimas amigas. Eso fue un tema difícil para lo que vendría luego”</i>, admite anticipándose.</p><h2>Verse por primera vez</h2><p>Las dos parejas (Cynthia y David y Marcelo y Soledad) se habían visto una sola vez en la vida: en una <b>reunión de los suegros que tenían en común</b>, los padres de David y Soledad. Ellos habían vuelto de un viaje y querían mostrarles las fotos y videos a la familia. Cynthia fue la encargada de armar una carpeta en la computadora para hacerlo más dinámico. En esa reunión, que sucedió justo cuatro días después de la muerte del padre de Cynthia, quien estaba devastada, se vieron las caras por primera vez con Marcelo. Eran concuñados. Se conocían de nombre y sabían de sus respectivas existencias, pero<b> no se habían visto nunca en persona.</b></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/DIQO2C6A5FBCVNIH4TBIWGCM4U.jpg?auth=082222f9dd699848198660fd73f4f7dc8e1a8f1da9aa7743a353f459d5e7061f&smart=true&width=1920&height=2904" alt="Las dos parejas se habían visto una sola vez en la vida: en una reunión de los suegros que tenían en común, los padres de David y Soledad" height="2904" width="1920"/><p><i>“Esa noche no pensaba ir porque mi papá había fallecido hacía unos días. David me insistió, dijo que me haría bien pensar en otra cosa y terminé yendo. Ahí fue donde nos conocimos. Fue un ‘hola’, nada más. Cada uno estaba en su relación. A mí no me pasó nada al verlo”</i>, recuerda Cynthia.</p><p>Marcelo dice algo distinto: <i>“Tengo un sexto sentido, llamalo como quieras. Pero cuando entré a esa casa y </i><i><b>la vi sentada ahí y nos miramos, algo me pasó</b></i><i>. No sé bien qué. Algo me atravesó.”</i></p><p>Era la noche del 15 de febrero de 2022</p><p>David, unos meses después de esa noche, sacó a Cynthia de su vida sin explicaciones. No le atendió más el teléfono y se borró. Ella dice: <i>“Me frizó”</i>. </p><p>En esos meses que siguieron al abandono, Cynthia se acercó a Soledad, era lo más cercano a David que tenía, para intentar comprender qué había pasado. ¿Como una pareja que funcionaba bien había, de golpe, colapsado? </p><p>“<i>Mi única posibilidad de saber de él era su hermana con quien yo mantenía una buena relación. Le pedí que me contara qué pasaba, le dije que no entendía qué tenía David y </i><i><b>cómo era que la pareja perfecta hubiera terminado así</b></i><i>, sin que me explicara nada. Soledad me escuchó y me contuvo cuando lloraba. Ella era separada, tenía dos hijos, era maestra jardinera y estaba desde hacía tiempo en pareja con Marcelo”.</i></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/4B3EMQICLRE3HNGI7NAPD2KF7U.jpg?auth=1a5485711ae00f027550c9b43a257b14b8a6be3d3164f4923164a0ea720eb184&smart=true&width=1920&height=2400" alt="Cynthia y Marcelo, ex concuñados y pareja enamorada" height="2400" width="1920"/><p>Soledad la escuchaba y, muchas veces, Marcelo estaba al lado y escuchaba los llantos y consultas de Cynthia. Así fue como Marcelo comenzó a conocerla por los mensajes y lo que ella decía. Él relata: <i>“Era un montón porque Cynthia desnudaba su historia, su sentir, y yo la escuchaba. En ese momento no sentía nada por ella, no pensaba en nada. </i><i><b>Decía pobre mina, no se merece esto</b></i><i>. Sabía lo de la depresión de mi cuñado y muchas cosas más que su ex no tenía idea que pasaban. Incluso le hablé alguna vez a David para decirle que no le hiciera eso a esa mujer, que no la hiciera sufrir”.</i></p><p>Fue en ese entonces que el alquiler del local de Palermo de Cynthia se fue por las nubes. No daba más con tanto gasto sin que su ex aportara así que decidió que lo mejor sería dar un paso atrás. Triste por el fracaso de su pareja con David tuvo que sumar a esa mochila el retroceso de<b> volver con sus tres hijos a la casa de sus padres</b>. Dejar Palermo y volver a Quilmes.</p><p>Mientras, en sus mensajes con Soledad, Cynthia se fue enterando de que David no era un tipo sencillo. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/VR4WAQRC5BE37AWEBLMA7QE7EM.jpg?auth=d6c8f4a4c7160b10f1fbf3481b0a96ff1827c1ab9309afefa91c0efa3d38c736&smart=true&width=1920&height=2942" alt=""No fue un camino fácil pero fue verdadero", aseguró Cynthia" height="2942" width="1920"/><p><i>“Resulta que era depresivo. </i><i><b>Muy depresivo</b></i><i>. Que cada tanto se aislaba del mundo y pasaban esas cosas. Los audios que le mandaba a Soledad llorando o nuestras charlas, a veces y yo no lo sabía entonces, eran escuchadas por Marcelo, su pareja, quien conocía muy bien la problemática de David”, </i>revela Cynthia.</p><p>Cynthia estaba destruida por el abandono de David. Marcelo estaba mal en su relación con Soledad, pero seguía apostando porque creía que tenía que estar allí. Encima, sus hijas eran muy amigas.</p><p>Así estaba el escenario dispuesto para que los concuñados se cruzaran.</p><h2>Cupido, escondido en el aire acondicionado</h2><p>En diciembre de 2022, antes de Navidad, Soledad regresó con sus hijos a la casa familiar.</p><p><i>“Era tremendo volver. Es como retroceder. Siempre había ido para adelante, pero no me quedaba otra. El desarraigo de mis hijos, el desapego de sus amigos del colegio, fue una etapa dura donde sufrieron mucho. Hoy están bien, pero aunque siempre me entendieron y apoyaron, fue difícil. Yo necesitaba mudarme y armando el traslado fue que </i><i><b>precisé sacar los aires acondicionados de mi casa de Palermo para llevármelos a la casa de mis padres.</b></i><i> Y no tenía mucho presupuesto, estaba con poca plata. Justo veo que Soledad había puesto una historia en IG que era una publicidad de refrigeración. Le pregunté y le pedí que me pasara el contacto porque tenía tres aires acondicionados para sacar y volver a instalar en otro sitio. Ella me contestó enseguida: e</i>s mi pareja, Marce, ya le paso tu contacto. <i>Al rato él me llamó por teléfono. Sabía de mí más que yo de él y nos acordábamos de que nos habíamos visto una vez en los de nuestros suegros. El presupuesto que me pasó era regalado y cerré el trato”.</i></p><p>El día que Marcelo fue a Palermo no sabe por qué, pero se sintió nervioso: <i>“Toqué el timbre. Subí y vi los equipos. </i><i><b>No tenía ninguna intención de nada.</b></i><i> Pero, en un momento, la miré a los ojos y otra vez, como la primera, algo me conectó profundamente con ella. Desinstalé los equipos. Ella me ofreció unos mates y hablamos un poco”.</i> Cynthia le preguntó si sabía algo de David porque había aparecido de nuevo y le andaba revoloteando. Marcelo, que sabía que David era problemático, fue categórico. <b>Le aconsejó que saliera de esa historia,</b> que no se enganchara más. Ella lo escuchó.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/SBWWYA526VDCPHUKBADBTOYVZE.jpg?auth=398036f6622339bd635d64bf6fbf70e88608aacdd77c82fc71f7bfd44f503922&smart=true&width=1920&height=2668" alt="Cynthia estaba destruida por el abandono de David mientras que Marcelo estaba mal en su relación con Soledad" height="2668" width="1920"/><p><i>“Esta vez algo sentí. ¡Su mirada era tan buena, tan transparente y pura!”,</i> reconoce Cynthia, <i>“Hablar con él me dio una tranquilidad distinta. </i><i><b>Me generó paz.</b></i><i> Eso fue lo primero que me sedujo de Marcelo”.</i></p><p>Sacó los aires y ella los envió con un flete a Quilmes. Después fue a colocarlos en la casa de los padres de Cynthia. Ese día rompió un poco una pared. Tenía que volver a repararla con enduído. Lo hizo dos días más tarde.</p><p><i>“Mi mamá quedó encantada con él y le empezó a encargar que arreglara otras cosas. Electricidad, un vanitory…”, </i>relata ella.</p><p>Las charlas iban y venían en cada visita. Uno de esos días la mamá de Cynthia le pidió que revisara los aires acondicionado de todas las habitaciones. Cynthia lo acompañó una por una. En uno de esos cuartos Marcelo le preguntó sin titubeos:</p><p><i><b>“¿Te puedo abrazar?”</b></i></p><p>Dijo que sí. </p><p>Ese abrazo les permitió entender todo lo que les pasaba por dentro. </p><p>No hubo nada más, ni un beso ni una caricia. Solo fue el abrazo.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/B6C6ENKXEFFTZE7VAYQXTM6X4Q.jpg?auth=291e66e7426c7d391177db460fd872fe02ef3f155ebece0754a4d0ee707a9ea3&smart=true&width=1920&height=1920" alt="Todo empezó con un service de aires acondicionados y una pregunta: ¿Te puedo abrazar?" height="1920" width="1920"/><p>Cynthia reconoce: <i>“Ya había histeriqueo. Yo me estaba enamorando. No somos tontas las mujeres, yo veía cómo me miraba. Pero bueno él estaba todavía en la relación con su pareja, podía ser chamuyo…No me quería enamorar. Tenía miedo de sufrir y veía que podía ser muy complicado.</i><i><b> El abrazo fue un montón</b></i><i>”.</i></p><p>Marcelo interrumpe: <i>“Necesitaba terminar bien con la otra relación”.</i></p><p>El abrazo había desatado algo. <b>Empezaron a charlar todos los días</b>: <i>“Hablábamos de nuestras vidas, nos contábamos cosas. Se fue haciendo una rutina, siempre en horario de trabajo. Porque, después, él llegaba a su casa y ya no podía seguir”.</i></p><p>Las cosas eran tan fuertes emocionalmente que Cynthia decidió pedirle un tiempo. Fue el 10 de febrero de 2023.</p><p><i>“Le dije, arreglá tus cosas y tomá una decisión. Él me decía que se iba a separar, pero no sucedía. Solo había pasado un abrazo. Le dije que lo quería en mi vida de una manera y otra, como pareja o como amigo. Apoyé incluso que se arreglara con ella, que apostara a una reconciliación. </i><i><b>Pero él es el que tenía que decidir y entonces lo bloqueé</b></i><i>”.</i> </p><p>Marcelo, por su lado, un día estando acostado en su cama sintió que estaba extenuado: <i>“Me cansé. Sentí que no podía remontarla con mi pareja. No me gustaba vivir con problemas, ni acostarme peleado. Era una persona que me llevaba al extremo. No podía más. Listo. Le dije que me iba y</i><i><b> me fui a mi viejo departamento de soltero</b></i><i>”.</i></p><h2>El Beso</h2><p>En esas semanas Cynthia extrañó a Marcelo como loca. <b>Una noche decidió espiar un poco y desbloquearlo</b>. Vio que en la foto de perfil de Whatsapp ya no estaba con Soledad, estaba solo. </p><p><i>“¡No pasó ni media hora que él vio que yo había visto! Me mandó en broma una foto de un aire acondicionado. En nuestros estados respectivos empezamos a poner mensajes subliminales con cosas que solo nosotros entenderíamos. Canciones y frases”, </i>relata.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/MQLHO5ZPKRDT3OPZEDATX6VTPA.jpg?auth=c708b37eb0d889a16cb96a29839ce83d30d98ae2f87b4b581dd4df27878e60f3&smart=true&width=1920&height=2365" alt="Después del primer abrazo empezaron a conversar todos los días, sabían que había un "histeriqueo"" height="2365" width="1920"/><p>Arrancaron hablando mucho, contando las situaciones que enfrentaban en sus casas.</p><p><i>“Teníamos el problema que los hermanos sospechaban y no nos podíamos ver. </i><i><b>No queríamos líos.</b></i><i> La familia de nuestros respectivos se puso muy intensa. Nos asustamos por nuestros hijos. Hablábamos, pero elegimos no vernos. Seguíamos con aquel único abrazo.</i><i><b> Los dos hermanos querían recuperarnos pero nosotros no queríamos saber nada más con ellos</b></i><i>”,</i> cuentan a dúo.</p><p>Recién a fin de febrero pudieron verse.</p><p><i>“Mi mamá se había ido de vacaciones al sur y mis hijos con su papá. Estaba sola en la casa y Marcelo pasó”, </i>rememora.<i> </i>Hasta ahí no había existido ni siquiera un beso. Solo aquel abrazo y las miradas y las charlas eternas.</p><p>Esa tarde cuando Marcelo llegó a la casa<b> sucedió todo junto.</b> Fue inmenso. Más de lo que esperaban. Era como si se hubieran conocido de toda la vida. </p><p><i>“No había pudor. Nos mirábamos a los ojos y nos conocíamos. Era eso que yo vi lo que vi la primera vez… Lo estaba confirmando. Mágico. Creo en vidas pasadas y me parece que nos conocemos de mucho antes”,</i> asevera Marcelo.</p><p>Cynthia agrega: <i>“Entendimos todo lo que nos pasaba ese mismo día. ¡Si funcionábamos antes de besarnos, imaginate ahora!”.</i></p><p>Era viernes 25 de febrero de 2023. Ese mismo día comenzaron su vida como novios.</p><h2>No perder lo que otras parejas van perdiendo</h2><p>Marcelo aclara que ellos siempre van de la mano. </p><p>Ya están por cumplir los tres años juntos y se sienten más felices que nunca.</p><p><i>“A los 4 meses de estar juntos, me dijo:</i><i><b> con vos me voy a casar</b></i><i>”</i>, se ríe Cynthia.</p><p>Así fue. Se casaron por civil el 14 de marzo de 2025.</p><p>Viven en Bernal, en una casa grande que alquilaron, con los hijos de Cynthia y donde caben también los de Marcelo que van de visita, porque durante la semana están en el barrio porteño de Flores.</p><p>¿Tener hijos? ¿Lo pensaron? </p><p>Cynthia responde: <i>“Mucho lo pensamos, pero no. Ya estamos en otra etapa de la vida. Tenemos un perro Shih Tzu y una gatita. Hubiera sido hermoso, pero no”.</i></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/PVBQFA2KCVFV3HFTVHYKJFEJQQ.jpg?auth=c699bc871cdc5b4b50555a39a37f76919580a9191fa3f10f44c10ca3585097f1&smart=true&width=1920&height=2789" alt=""Con vos me voy a casar", le dijo Marcelo a Cynthia" height="2789" width="1920"/><p>Marcelo: “<i>No tenía sentido tener un hijo porque íbamos a ser muy grandes para cuando creciera. A los hijos hay que darles tiempo, dedicarse”</i>.</p><p>En el medio de la charla hablan al mismo tiempo, se pisan con las frases, se ríen. Lamentan no haberse conocido antes, pero <b>concuerdan en que si no hubieran vivido lo vivido no habrían llegado a este momento.</b></p><p><i>“No estaríamos juntos si no hubiéramos pasado lo que pasamos</i>”, reconocen a la vez. Cynthia revela que tiene tatuado el hilo rojo. Ese que une vidas y amores destinados a encontrarse.</p><p><i>“Él es de los románticos, de los que quedan pocos. ¿Dónde están esos hombres?, se preguntan muchas mujeres. ¡Es él! Es la persona que siempre soñé”,</i> confiesa ella.</p><p><i>“Es cierto. Estoy en los detalles siempre. Me encanta regalar flores”, </i>acota Marcelo. Cynthia agrega: <i>“Todos los días te enamora. Te deja un cartelito debajo de la almohada, te dice que te quiere todo el tiempo, está ahí también para mis hijos”.</i></p><p><i>“Para mí la familia es lo primero”</i>, insiste él. Ella aclara: <i>“Marcelo vino para sanar mi vida”.</i> Él aconseja: <i>“Si lo sentís hacelo, andá para adelante. Si estás seguro de lo que sentís, andá con todo”. </i>Ella asegura que está <i>“Marcelo me cambió la vida,</i><i><b> me trajo paz, estabilidad emocional, contención</b></i><i>”.</i> Él afirma:<i> “Nosotros seguimos diciéndonos te amo, comiendo juntos cada vez que podemos. Vamos de la mano. Hacemos todo lo que otras parejas van perdiendo. Muchas están aburridas y buscan hacer cosas todo el día para llenar el tiempo, se la pasan jugando al paddle, por ejemplo. Yo, al revés, quiero llegar a casa para verla y estar con ella. Me cuesta irme a trabajar cada mañana porque la extraño durante el día”. </i>Cynthia suma: <i>“</i><i><b>No fue un camino fácil pero fue verdadero. </b></i><i>Algo había que aprender en el camino para llegar acá. Valoramos lo que tenemos y lo que vivimos nos fortaleció. Somos muy compañeros y tenemos, por fin, lo que nunca tuvimos antes”.</i></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/WD55WTRW2NGZFNJFDCTBGHVXZ4.jpg?auth=b7fca91e280b99bd51cfea93067aa66f2d4d9b4d156b5dec3c518d8ed4241773&smart=true&width=1920&height=2821" alt="La torta de una gran celebración" height="2821" width="1920"/><p>Los ex concuñados pasaron del parentesco político a amarse con locura cada minuto de su vida. E inauguraron una rutina que mantienen desde el comienzo de convivencia: poner el despertador 40 minutos antes de lo necesario para pasar ese tiempo juntos.</p><p>Lo explican: <i>“Lo hacemos para tener nuestro rato antes de comenzar el día. A muchos, no sé en qué momento de la pareja, se les perdió esta parte tan importante”.</i></p><p><i>*Escribinos y contanos tu historia: amoresreales@infobae.com</i></p><p><i><u>* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas</u></i></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/ILSL55NMKJEVVPLFNMG7LP5XNY.jpg?auth=fa4413dacfed7c21c0881fdbd4d43f5829d77b29a15abee56131523cadd3088c&amp;smart=true&amp;width=1883&amp;height=1413" type="image/jpeg" height="1413" width="1883"><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"></media:credit></media:content></item><item><title><![CDATA[Con imágenes inéditas y un mensaje conmovedor, Eduardo y Elina Costantini celebraron el primer año de su hija Kahlo Milagro]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2026/01/17/con-imagenes-ineditas-y-un-mensaje-conmovedor-eduardo-y-elina-costantini-celebraron-el-primer-ano-de-su-hija-kahlo-milagro/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2026/01/17/con-imagenes-ineditas-y-un-mensaje-conmovedor-eduardo-y-elina-costantini-celebraron-el-primer-ano-de-su-hija-kahlo-milagro/</guid><dc:creator><![CDATA[Hugo Martin]]></dc:creator><description><![CDATA[La selección de fotos y videos retrata momentos cotidianos y únicos vividos en familia, desde la bienvenida en el sanatorio hasta gestos de afecto que acompañaron el crecimiento de la niña]]></description><pubDate>Sat, 17 Jan 2026 23:41:35 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<p><b>Kahlo Milagro Costantini</b> celebró su <b>primer cumpleaños</b> el 17 de enero con un <b>mensaje emotivo</b> publicado por sus padres, <b>Eduardo Costantini</b> y <b>Elina Costantini</b>, desde <b>Punta del Este</b>.</p><p>Ambos compartieron en redes sociales el mismo texto junto a fotografías y un video que repasan los momentos más significativos de la vida de su hija durante este primer año.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/PNM5Y4GCRBC65FDRPTQLDLNMTA.JPG?auth=f71a2b0659b79146fef185cf6b2493ac82b0e4d0050d08ce8bf3382b447ff5cb&smart=true&width=496&height=794" alt="Elina Costantini con su hija Kahlo en brazos" height="794" width="496"/><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/WXCBQLL275H67FFOR5TGF2KEBE.jpg?auth=31cb5ef29dfe7c7dc7e9b0f7c0a8557680dcb95516e0313f9db659c59698a5f2&smart=true&width=1320&height=2346" alt="Eduardo Costantini acurrucando a Kahlo Milagro" height="2346" width="1320"/><p>El mensaje, replicado en las cuentas de ambos, decía: <b>“¡Muy feliz 1 cumple al amor de toda mi vida! Kahlo Milagro Costantini. Mi compañera de vida; hace un año mi vida cambió para siempre.</b> Hoy, un 17 de enero, llegaba al sanatorio tan emocionada para convertirme en tu mamá y en la mujer más feliz del mundo con tu llegada, sos tan amada, tan deseada, tan esperada, tan de DIOS. Tu papá y yo vamos a estar siempre con y para vos. Muchas gracias por tanto amor y por elegirnos tus padres.<b> ¡Te amamos mucho!”</b>.</p><p>En el video publicado, se observa a <b>Kahlo Milagro</b> de pequeña, sentada en su sillita de comer y sonriendo con un babero manchado mientras su madre le lanza besos fuera de cámara.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/OSJJ2SM2Y5EKRIJZFTD52O2SJA.jpg?auth=0a0180ee192f56a047991de9251175572c0af5fb865b429e90ce4f5514acff82&smart=true&width=960&height=1280" alt="" height="1280" width="960"/><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/ZVOEYLF3ENEMRJL3EW2WOHB6GI.jpg?auth=90f0717646780368068c9eab22077afdeda279072e3ed3e8e31e638127f98827&smart=true&width=960&height=1280" alt="Dos imágenes de Kahlo Milagro al poco tiempo de nacer" height="1280" width="960"/><p>La primera fotografía muestra a la niña recostada en brazos, envuelta en una manta blanca, con los ojos cerrados y el rostro relajado. Quien la sostiene lleva una prenda de líneas onduladas en blanco y negro.</p><p>En la siguiente imagen, la pequeña aparece acostada junto a un oso de peluche blanco sobre una cama de sábanas blancas, usando un vestido claro con un lazo satinado. Dos osos más pequeños con lazos rosados completan la escena en un ambiente cálido y ordenado, con una lámpara encendida y flores en tonos pastel.</p><p>En una tercera, Kahlo está en brazos de su padre, que la acurruca. Eduardo Costantini vuelve a aparecer en otra imagen, donde duerme junto a la niña, y en la que Elina escribió un risueño reclamo: “¿Qué pasó? Y el cumpleaños?“. Y en una quinta, quien la sostiene es su mamá, Elina, que la abraza fuerte sobre su pecho. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/JZKXFDZMDNBRVCMPEVX2JXWK2A.JPG?auth=fbbf3a316717c678029cb5fbe18d1532193ef6e3802ef7853a9ea7302c6660f3&smart=true&width=495&height=853" alt="Las fotos actuales de Kahlo Milagro, que hoy cumple un año" height="853" width="495"/><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/PLSZ3C7J6RHWXJ7VF3IDCMISAU.jpg?auth=c892d77eef42b5b00c3482c6d9c449308d994fef3d0efcefa24960541a55cb10&smart=true&width=1080&height=1440" alt="Kahlo Milagro nació el 17 de enero de 2025. Hoy cumplió un año y lo festejó en la nueva casa de sus papás en José Ignacio
" height="1440" width="1080"/><p>La fotografía más reciente la retrata sentada en una alfombra verde, con un conjunto de tirantes de rayas pastel y un sombrero a juego. Milagro sostiene entre sus manos un objeto blanco rectangular y muestra una expresión seria, con las mejillas sonrosadas bajo la luz.</p><p>Pero además, Elina adelantó lo que fue la fiesta en la galería de su nueva casa en José Ignacio, llamada Nuestro Amor II, ubicada a pocos pasos del faro de la localidad uruguaya. Al lugar lo construyeron durante los últimos cinco años, y allí pasan sus vacaciones ahora. Para ello publicó las fotos de unas cookies con la cara de Frida Kahlo y otras con forma de vestido mexicano con el nombre de su hija.</p><p>Para el festejo, que transcurrió al atardecer y en el que hubo invitados conocidos como Angie Landaburu, la animación corrió por cuenta del Payaso Plim Plim.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/KJNHQM45VFBXFATZRVHC3L5OTI.JPG?auth=49555ce825d490bd0c53d827d5387a26d0a17126641a6285d634530b3f7866ff&smart=true&width=494&height=704" alt="La simpática foto que posteó Elina Costantini con Eduardo y Kahlo en una tierna postal entre padre e hija" height="704" width="494"/><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/W5KWKY6ANRB6BI5E32B4GFRITM.JPG?auth=f9ee24c1cf0bbc408b536263de456420cbcb1f292991a195bc3d1ae5facaed6e&smart=true&width=436&height=779" alt="Las cookies listas para el festejo" height="779" width="436"/><p>El día del nacimiento, hace exactamente un año, <b>Eduardo Costantini</b> publicó: “¡¡¡Bienvenida al mundo Kahlo Milagro Costantini!!!”, junto a imágenes de la llegada de la niña al <b>sanatorio Los Arcos</b>, en Buenos Aires. En ese mensaje, agradeció al equipo médico completo: “La felicidad y la emoción indescriptible en el gran día, nació nuestra hija, nuestro sueño; estamos colmados de agradecimiento a la vida y a todo el equipo fabuloso del sanatorio. Kahlo te amamos mucho. Tus papás Elina y Eduardo”. El agradecimiento incluyó menciones al <b>obstetra Leonardo Mezzabota</b>, el director <b>Jorge Lantos</b>, la secretaria <b>Paula Leis</b>, el jefe de ginecología <b>Sebastián Alessandria</b>, el jefe de neonatología <b>Jorge Lezcano</b> y el fundador del sanatorio, <b>Claudio Belocopitt</b>.</p><p>En los instantes previos al nacimiento: Elina aguardaba con ilusión, vestida con bata de sanatorio y expresando su deseo de conocer a su hija. En su mensaje, escribió: “Dulce espera, con la ilusión más inmensa de nuestras vidas: Kahlo Milagro, todo amor y protección, nos morimos por vos, sos nuestras vidas”.</p><p>La pareja relató cómo la inminencia del parto casi coincide con una función de teatro, cuando la artista <b>Elena Roger</b> hizo que la bebé reaccionara durante el espectáculo.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/XT4L4QYRSRGILNMA4KD6VJ7ASA.jpg?auth=166b29ea1e3a7d5277854e2b19f8afc0fcc4342df90f1352b5f594c9e4a6f22e&smart=true&width=1920&height=1080" alt="" height="1080" width="1920"/><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/EUOF2MQPARD27NLXINW5ZJOP5Y.jpg?auth=bcbdf79d8f4974ac5f65cef4d2f79e6cd8d286c04db5ad2af17f07120c6c4d9d&smart=true&width=1080&height=1349" alt="Las fotos del nacimiento de Kahlo Milagro, con Elina y Eduardo como felices padres" height="1349" width="1080"/><p>Formada en 2022, la pareja compartía desde el principio el deseo de ser padres. “Nos conocimos y al mes y medio ya estábamos pensando en nuestros hijos”, recordó <b>Elina Costantini en una charla con Infobae</b>. Desde 2021, la familia reservó en su hogar un cuarto para la llegada de la futura bebé.</p><p>El nombre elegido para la niña, <b>Kahlo Milagro,</b> refleja la unión entre el arte y un profundo sentimiento de agradecimiento familiar.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/C2COWAUN65HOLOBUX7CHZSQIQY.jpeg?auth=9bcb4a2ef117f154f734d0c57027219e60c196abcb128ef1f555161df4fa9087&amp;smart=true&amp;width=1600&amp;height=900" type="image/jpeg" height="900" width="1600"><media:description type="plain"><![CDATA[El primer año de Kahlo Milagro Costantini]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Tenían fecha de casamiento y sus familias aguaron los planes: el kilo de pan que les dio una segunda chance 30 años después]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2026/01/11/tenian-fecha-de-casamiento-y-sus-familias-aguaron-los-planes-el-kilo-de-pan-que-les-dio-una-segunda-chance-30-anos-despues/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2026/01/11/tenian-fecha-de-casamiento-y-sus-familias-aguaron-los-planes-el-kilo-de-pan-que-les-dio-una-segunda-chance-30-anos-despues/</guid><dc:creator><![CDATA[Carolina   Balbiani]]></dc:creator><description><![CDATA[El casamiento estaba en marcha cuando una pelea brutal entre familiares arrasó con todo. La historia quedó en pausa durante 30 años, hasta que el destino los volvió a cruzar, sin buscarlo, en una panadería del barrio]]></description><pubDate>Sun, 11 Jan 2026 05:30:05 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/CL5QVCDQO5B2DAU7R7AJHA6JLE.jpg?auth=13466811c6e686abce195a537b56f210c9eaae2e9e70bfa69d7c1b28ae380d89&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Silvina y Mariano se conocieron en un club junto a sus respectivas familias (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p>Al comienzo de la década del 90 Silvina M. tenía 22 años y Mariano J.L 24. Se conocieron en una fiesta en el <b>club</b> al que iban sus familias. Antes de esa celebración ni se habían tenido en cuenta pero a partir de esa noche comenzó el coqueteo.</p><p>Vivían en San Fernando, bastante cerca uno del otro. A los meses de salir, <b>se pusieron de novios</b> y sus familias felices porque compartían amigos en común.</p><p>El destino que los proyectaba juntos parecía discurrir por un camino tan tranquilo como obvio porque tres años después pusieron <b>fecha de casamiento</b>.</p><h2>El club de la pelea</h2><p>Silvina con su madre y una hermana mayor empezaron a ocuparse de los <b>preparativos </b>con mucha antelación. En estos trámites incluyeron a la suegra Lily, la madre de Mariano. Una tía de Silvina era íntima amiga de Lily así que todo quedaba como en familia.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/PSDKDMA7Y5H6XMEVCZRLBNFGXI.jpg?auth=946687c25e40a1fd075125f236f033cb65430f6ab2189d93ba8e6502de140050&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Silvina, su madre y futura suegra estaban dedicadas a los preparativos de la fiesta de casamiento cuando se desató una gran pelea (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p>Mariano tenía tres hermanos varones y Silvina uno. Más o menos de las mismas edades y que jugaban<b> rugby</b> en el mismo club. Después de una <b>violenta pelea</b> durante un tercer tiempo fue que las cosas entre los varones de ambas familias empezaron a carretear por una colectora diferente al de las mujeres. Mientras las mujeres pensaban centros de mesa y degustaban caterings, los hombres no se podían ni ver.</p><p>Cuando faltaban unos seis meses y ya tenían el lugar para la boda señado, el catering contratado y el traje de novia en marcha, la bomba que se había incubado a la sombra estalló por los aires.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/JPZFESYIRNDHLENB6RBUI4ODNQ.jpg?auth=23af77230cdf8907bca5d0c60ef593bf3f220675b5a4e763a91a1a2aa1c303dc&smart=true&width=1920&height=1080" alt="La pelea entre hermanos y primos rugbiers escaló en el club hasta las trompadas (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p><i>“Los hermanos mayores de Mariano se trenzaron otra vez con mi hermano y con mis primos, los hijos de mi tía, la que es amiga de mi suegra. Pero esta vez </i><i><b>terminaron a las trompadas</b></i><i>. No sé si estaban borrachos o se fueron a las manos después de un empujón desafortunado lo cierto es que tres varones, mi hermano incluido, terminaron en la guardia con</i><i><b> puntos, observación, una nariz quebrada y uno con una leve conmoción cerebral</b></i><i>. La pelea familiar escaló al punto que no pudimos manejarla más. Ya no podíamos hacernos los distraídos con Mariano. Él defendía a sus hermanos, yo al mío, mi tía se peleó con la que iba a ser mi suegra y los padres de las dos familias no se metieron mucho para no empeorar las cosas. Pero de un día para otro </i><i><b>mi casamiento se vino abajo</b></i><i>. Las relaciones se rompieron y empezamos a discutir demasiado por cualquier cosa. De pronto yo sentí que estaba embarcada en algo que no quería continuar, que me estresaba, una historia con características que no deseaba para mi vida. Con tanto lío fue como que </i><i><b>se me fue acabando el amor.</b></i><i> Un día dije basta. Corté sin lágrimas, hasta el moño de los problemas. Deshicimos todo, recuperamos algo pero perdimos bastante dinero. Igual eso no fue lo importante. No era algo que nos cambiara la vida por suerte porque económicamente todos estábamos bastante bien. Mariano se desesperó. Lloró y todo. Pero yo me bloqueé, no quería saber nada más de nada. De hecho </i><i><b>nunca más volví ni al club</b></i><b>. Corté. Punto final.</b><i> Yo soy un poco así de dura o terminante cuando algo no me gusta. En esos meses</i><i><b> me recibí y empecé una residencia en cirugía. </b></i><i>Me focalicé en mi vida, en mi profesión”, </i>confiesa hoy con risas.<i> </i></p><p>Fue un adiós Mariano para siempre y sin una lágrima.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/UXZTZRJFJBF2LDYWZ2DJ27A3LU.jpg?auth=8422d23b318057b01484ffbbb28258ba6b8dd89588cac486ffa254fbaf326a53&smart=true&width=1920&height=1080" alt="La pelea derivó en discusiones en la pareja, Silvina se estresó y cortó la relación sin lágrimas (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><h2>La vida sigue por otros caminos</h2><p>Silvina cuenta que cuatro años después, a los 30 años, <b>se casó con Jaime, médico como ella</b>. Se quedó viviendo en el mismo barrio y la pareja prosperó con rapidez. Pero le costaba quedar embarazada. En el 2007, pisando los 39 años, con una fertilización in vitro logró concebir. <b>Nacieron mellizas</b>.</p><p><i>“La relación con Jaime era muy buena, pero tuvo un </i><i><b>traspié laboral </b></i><i>que lo llevó a perder un trabajo importante y eso </i><i><b>lo deprimió demasiado.</b></i><i> Con el tiempo su carácter se volvió hosco, ya no era la persona con la que yo me había casado y de quien me había enamorado. Estaba desconocido, muy bajón. En 2015, en buenos términos, decidimos separarnos. Hoy las chicas ya tienen 18 años y todos nos llevamos excelente. El rehizo su vida con una mujer más joven y es feliz otra vez y yo acá estoy…”,</i> resume risueña.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/TXXO26BQTVDWFG2MZFXQVXAV7A.jpg?auth=47f935cf2b324964300aa4e2e8498f7fdd23aac9d390be97c91f296173c9c843&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Silvina tuvo mellizas con Jaime, quien después se deprimió por temas laborales y ya no fue más el mismo (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p>Por su lado, Mariano se casó un año antes que ella, en 1998, con una chica vecina de su casa. Había quedado sumamente dolido con el abandono de Silvina. Le costó superarlo. Su matrimonio fue más un <b>escape al dolor</b> que un gran amor. Tuvo dos hijos que nacieron en el 2000 y el 2003. <b>En el 2010 se divorció.</b> La terapia lo había ayudado a ver que estaba con alguien por no estar solo, que no era lo que verdaderamente deseaba. Le costó dejar la casa familiar y romper con la cotidianidad con sus hijos, pero le pareció que era lo más sincero que podía hacer. En terapia había repasado una y otra vez aquella relación con Silvina, su impotencia para resolver los conflictos familiares y su sumisión ante el destino que se mostraba implacable.</p><p>Se mudó a vivir solo. Tenía a sus hijos dos veces por semana. Se convirtió en un separado más del universo, pero sin ansias de vivir ninguna vida loca. </p><p><i>“Mariano es tranquilo y reflexivo”,</i> cuenta Silvina por él, <i>“Me cuenta que él siempre andaba pensando </i><i><b>qué habría sido de mi vida</b></i><i>, si nos reconoceríamos si nos cruzábamos por la calle o cualquier lado. Pero nunca le preguntó a nadie por mí de manera concreta, creo que le daba vergüenza. De hecho, los que sabían algo de mi vida no le contaban nada porque entendían que él había quedado mal y que no era un tema para sacar, ni querían andar revolviendo el dolor”.</i> Circulaban en cercanía incluso en las vacaciones en la costa, pero no se chocaron por muchos años.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/TARRRT227JCP5FBKJDHEYVO6CM.jpg?auth=e049927b4678ee9ab055a5071d52c89b25d4c27da91257c8a9e3d4b35bd00c8c&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Mariano, que también se había casado y tenido hijos, entendió que su relación le había servido de refugio ante el dolor  (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p>Todos los amigos que podrían saber algo hacían silencio. Pero el destino haría un amague y un gol.</p><h2>Segundo round: piñas no besos sí </h2><p>Fue a comienzos del 2025 que un domingo en una <b>panadería del barrio</b> se vieron. Estaban los dos esperando el turno para ser atendidos. Quedaron descolocados. No se lo esperaban. Lo primero que pensó Silvina es que justo esa mañana no se había pintado ni puesto perfume. Se odió por eso. Mariano la miró con sus ojos azules enormes.</p><p>-¿Silvina?</p><p>-¿Mariano?</p><p>Obviamente estaban iguales, o parecidos o al menos reconocibles. Había pasado el tiempo, <b>tres décadas</b>, pero ahí estaban por comprar un kilo de pan. Habían ido a comprar lo mismo, al mismo lugar y tenían números consecutivos. Si eso no es destino no sabría cómo llamarlo.</p><p>A Mariano se le iluminó la cara. A Silvina el alma y lo disimuló. Se contaron en pocos segundos que estaban<b> ambos separados y con hijos</b>. Los números en sus manos, el 38 y el 39, temblaban.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/QW5OUVK53RGGZK7JWVXYMYQ3NA.jpg?auth=cc519ee8b84cc5225871aac2b13537713cbcbe8c4485c4d4dfc4c4a908c62498&smart=true&width=1920&height=1080" alt="El día menos pensando, en una panadería de barrio, Silvina y Mariano volvieron a encontrarse (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p>Lo llamaron primero a Mariano. Compró y pagó. Esperó a que Silvina terminara su propia compra y se despidieron quedando antes en tomar algo un día de esos. Habían intercambiado, con nervios adolescentes sus respectivos celulares.</p><p><i>“Él no te lo va a decir porque es tímido, pero desde ese mismo momento sentimos una </i><i><b>electricidad impresionante</b></i><i>. ¡No podíamos esperar para concretar un encuentro! Igual fingimos y esperamos unos días antes de mandarnos los primeros mensajitos. Creo que dos. Enseguida pasamos a los mensajes de voz. Una tarde, como diez días después, pusimos un encuentro post trabajo para ir a tomar algo. La charla duró hasta las doce de la noche. La siguiente vez que nos vimos ya fue en su casa donde revivimos nuestra historia de juventud. </i><i><b>Fue el encuentro corporal más lindo de toda mi vida. </b></i><i>Supongo que el de Mariano también”, </i>asegura con firmeza.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/EJ3KSPF4LBB3LAWSSHZ22K3FE4.jpg?auth=37726054c1ed64889c84a68edf150bde8afe07f281bc5164731fa36f57bb91b9&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Hoy se dedican más a disfrutar el presente que embarcarse en planes (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p>A partir de marzo de 2025 no se separaron más. Cada uno vive en su casa a exactas 14 cuadras y media del otro. Se dedican más a disfrutar que a planear un futuro. <i>“No quiero embarcarme en planes, </i>explica Silvina<i>, ¡Nos fue tan mal antes! No sé qué pasaría si juntamos hermanos. No quiero ni ensayarlo. Ya son todos grandes, pero viste que </i><i><b>los desencuentros antiguos nunca se superan del todo</b></i><i>. Creo que podrían pelear de nuevo por cualquier tontería. Prefiero conservar mi vida más aséptica, como un quirófano”</i>, dice a carcajada limpia,<i> “Por eso el 2026 los recibimos solos con mis hijas, los hijos de él estaban con su ex. Los chicos se conocen, se han visto muchas veces y se llevan regio. No pretendo que sean íntimos amigos, solo que se lleven bien, como debe ser entre gente civilizada. La familia extensa de ambos lados, todos viven hasta el día de hoy, no pensamos mezclarla ni darle la mínima posibilidad de que nos arruine el pastel. ¿Si saben? Si claro</i><i><b> todos están enterados.</b></i><i> Fue un notición. Por supuesto, siempre manifestaron culpas y dicen que quisieran recomponer relaciones. Pero no alcanza con las palabras por ahora, mejor mantener esas energías un poco alejadas. Por lo menos en esta etapa”.</i></p><p>Hoy con sus canas y sus kilos, con sus arrugas y con sus mañas, con sus intrincadas agendas laborales y con sus relaciones familiares a distancia forzada, Mariano (60) y Silvina (58), están de nuevo viviendo el amor. Lo que ellos llaman verdadero amor. Aquel que les fue arrebatado por peleas tontas y ajenas. La postergación, de todas formas, valió la pena.</p><p><i>*Escribinos y contanos tu historia. amoresreales@infobae.com</i></p><p><i><u>* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas</u></i></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/CL5QVCDQO5B2DAU7R7AJHA6JLE.jpg?auth=13466811c6e686abce195a537b56f210c9eaae2e9e70bfa69d7c1b28ae380d89&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Amores Reales Silvina y Mariano (Imagen Ilustrativa Infobae)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Influencer Silvy Araújo publicó emotivo video para confirmar que está embarazada: “Nuestro sueño creciendo”]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2025/12/23/silvy-araujo-confirmo-que-esta-embarazada-con-un-emotivo-video-nuestro-sueno-creciendo/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2025/12/23/silvy-araujo-confirmo-que-esta-embarazada-con-un-emotivo-video-nuestro-sueno-creciendo/</guid><dc:creator><![CDATA[Newsroom Infobae]]></dc:creator><description><![CDATA[La creadora de contenido y empresaria compartió con sus seguidores la noticia de la dulce espera, junto a su esposo Juan Felipe Pino]]></description><pubDate>Tue, 23 Dec 2025 19:14:36 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<p>Hay momentos en que la vida toma rumbos inesperados. </p><p>Así lo relató Silvy Araújo, al recordar que nunca habría imaginado que una invitación casual pudiera transformar su destino.</p><p>“Yo jamás hubiera pensado que aceptar una invitación tan simple, un plan cualquiera, me iba a cambiar la vida para siempre”, dijo Silvy.</p><p>Sus certezas sobre el futuro cambiaron. “Yo pensaba que sabía exactamente cómo tenía que ser mi vida, pero la vida tiene una forma de sorprenderte, de mostrarte que ahí no es, porque el plan y el tiempo de Dios son perfectos”. </p><p><b>Y es que la llegada de Felipe Pino supuso para ella el inicio de un nuevo camino, forjado con paciencia y entrega</b>: “Él llegó sin avisar, nos tomamos nuestro tiempo. Dos meses después empezamos a salir. Y ahí lo supe. Supe que ese hombre iba a ser el papá de mis hijos”, contó Silvy al inicio de su relato.</p><p><b>Ahora puede seguirnos en nuestro</b><i><b> </b></i><a href="https://whatsapp.com/channel/0029Va4oNEALikgEL4Y8mb2K" target="_blank" rel=""><i><b>WhatsApp Channel</b></i></a><b> y en </b><a href="https://www.facebook.com/infobaecolombia" target="_blank" rel=""><i><b>Facebook</b></i></a><b>.</b></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/2MCS46C5ONBYBJV7VVOSEXJ4BQ.jpg?auth=d657986bb71e58413901c3365966b137afaea238a820e646956da16d4295bb81&smart=true&width=1080&height=1440" alt="La influencer y su esposo Felipe Pino se encuentran emocionados por la noticia - crédito @silvyaraujo/IG" height="1440" width="1080"/><p>Desde <b>Portugal, el 4 de julio de 2025, Pino graba un mensaje familiar, en el que como si presintiera lo que pasaría en el futuro, saludaba a su hijo junto al hombre que ella había elegido amar. </b>“Hola, hijos, ¿cómo están?”, saluda con ilusión. Araujo responde con humor: “Buenas”. </p><p>Pino explica el contexto: “Estamos acá en Portugal. Hoy es 4 de julio de 2025. Eh, hoy ustedes están próximos a ser...”. <b>Durante ese diálogo, Araujo explica el sentido del video: “Bueno, este es un vídeo para nuestro hijo, o hija, que viene en un futuro más adelante. Cuando seas un poquito mayor, te vamos a mostrar este vídeo. Tu papá y yo nos amamos mucho”.</b></p><p>Esa conversación abre lugar a la honestidad sobre los sentimientos. “Y... Eh, ¿cómo nos sentimos? <b>Muy emocionados por esta nueva etapa. Vamos a intentar dar lo mejor de nosotros</b>”, reflexiona Araujo, quien reconoce: “Intentamos sanar todas nuestras heridas, pero hay x cosas que nunca podremos…”.</p><p>En ese momento, Pino interviene resaltando la unión: “Pero <b>lo importante es que sepas que tu mamá y tu papá son un equipo y que ahora tú eres parte del equipo. </b>No me rindo”. Terminan con un toque ligero y cercano: “Ya no hubo marcha. Bueno, chao”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/XBS5ABMHT5D5PGD2YB252OO4FY.jpg?auth=8423147bb2e7556667ebe3236eaff43fa7846e981b2c6ae8ece510cacf8ea5cd&smart=true&width=1080&height=1440" alt="Silvy Araujo confirmó su embarazo con estas fotografías - crédito @silvyaraujo/IG" height="1440" width="1080"/><p>Para Araujo, el anhelo es común desde el primer momento: <b>“Era un sueño que compartíamos desde el principio: construir una familia”. </b>El deseo de formar una familia adquiere nueva intensidad cuando la incertidumbre y la expectativa llenan el presente. </p><p><b>Es así como el 4 de octubre de 2025, Araujo registra en palabras la inquietud y nerviosismo ante la posibilidad de un</b> <b>embarazo</b>: “Octubre, 4, 2025. Voy a hacer una prueba. Puede que no, pero no me, no me ha bajado la regla, y ya me tenía que llegar”. </p><p>Expresa sus emociones mezcladas: “Entonces, no sé. Estoy nerviosa. Pero tampoco me quiero ilusionar”. La esperanza se entrelaza con la cautela: “Es como un sentimiento de que, que sí, estoy en... y pues no, no todo es, no seas tan ilusa. Entonces...”</p><p><b>La intensidad emocional culmina con una voz entrecortada, que transmite la profunda transformación que implica el inicio de una</b> <b>nueva etapa</b>. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/CSMSZMCENJDCZOHJ76DF4KJ2I4.jpg?auth=d47fd138b4dbc9a0edcc6468a6554f442841e5d3e439628493da368a8541b2d4&smart=true&width=1080&height=1440" alt="La empresaria emocionó a sus seguidores con esta revelación - crédito @silvyaraujo/IG" height="1440" width="1080"/><p>Es así como Silvy rompe en llanto frente a la cámara de su celular, mientras ve el resultado positivo del examen que anuncia la llegada de su primogénito o primogénita, algo que es difícil de creer para la <i>influencer.</i></p><p>Fueron varios los mensajes que recibió la empresaria, con mensajes de los cuales destacan el de Greeicy: “Silviiiiii! La parte más hermosa de la vida empieza cuando llegan ellos 🦋“. Otros fueron: ”Me mueroooooooi😭🥹🥹 están por empezar la MEJOR etapa de sus vidas 🙏🏽 Que dios los bendiga"; “Felicidades Silvy, que Dios bendiga a tu bebé”, entre otros.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/LUMXPRNW5VANTEMKQ5PVKA4OYE.png?auth=6375fdd4cb57d1a13c0e4a1226d64a4ee5d12b505838838c3fe50d58574c72fb&amp;smart=true&amp;width=666&amp;height=375" type="image/png" height="375" width="666"><media:description type="plain"><![CDATA[Silvy Araujo confirmó que está embarazada - crédito @silvyaraujo/IG]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Juego de seducción en el subte D: un hombre perfecto, una pista para encontrarse y la desilusión que tiró abajo “la novela de amor”]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2025/12/21/juego-de-seduccion-en-el-subte-d-un-hombre-perfecto-una-pista-para-encontrarse-y-la-desilusion-que-tiro-abajo-la-novela-de-amor/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2025/12/21/juego-de-seduccion-en-el-subte-d-un-hombre-perfecto-una-pista-para-encontrarse-y-la-desilusion-que-tiro-abajo-la-novela-de-amor/</guid><dc:creator><![CDATA[Gabriela Cicero]]></dc:creator><description><![CDATA[Julieta había cortado con un novio con el que convivía y estaba reconstruyendo su vida. Cursaba de noche una materia durante el verano de 2010 en la facultad de Ciencias Económicas y al correr a la estación detrás del último tren sintió una presencia imposible de ignorar. Los minutos de un viaje inolvidable con una escena de película romántica y la estrategia que no falló]]></description><pubDate>Sun, 21 Dec 2025 05:54:33 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/FOPDMFZQUZEMTBU45BWTQUTPUQ.jpg?auth=0b8f863cc7791ef76b059dd092109aca3c0a64fcf620f9dd3ec259d2c2706eea&smart=true&width=1456&height=816" alt="Julieta subió apurada al último tren del Subte D, a la salida de la facultad y se cruzó con alguien imposible de ignorar (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>En el verano de 2010, Julieta, <b>una estudiante de Ciencias Económicas</b> atravesaba una etapa de reconstrucción personal tras romper con su novio. En medio de ese proceso doloroso, decidió inscribirse en una materia durante el verano, Contabilidad 2. “Estaba recién separada de mi último novio con el que convivía. Estaba devastada pero aún así se me ocurrió meter una materia de verano ya que Contabilidad 2 siempre fue mi debilidad”, contó la joven, que cada noche, en pleno febrero y bajo el calor porteño, corría para alcanzar el último tren de la <b>línea D del subte</b>, compartiendo el vagón con otros pocos que, como ella, habían priorizado los estudios. “Quedábamos los pocos locos que en vez de estar disfrutando el verano estábamos con libros bajo tierra viajando a las 23 a nuestras casas”.</p><p>Esa noche en particular recuerda que bajó a la estación rogando llegar a tiempo, y con una sonrisa en los labios descubrió que aún quedaba un subte más por pasar. Cuenta que la línea D era su compañera cada noche, antes de regresar a la casa de sus padres, ya que ese fue el otro golpe de la separación. Volver a vivir en la casa paterna. No tenía otra alternativa.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/KSGSH4X7AJHI5BW5HC6S2OLJTE.jpg?auth=4a7d1f1ae310cac2ccdb1be0a516e653826ce2f2df483a95c1e82443ef62f500&smart=true&width=1456&height=816" alt="El subte era su compañero, en momentos en que se sentía triste por la ruptura con su novio (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Cuando se disponía a subirse al vagón, notó a alguien a su lado que fue imposible de ignorar. Al cruzar miradas, sintió una <b>conexión inmediata</b>, un chispazo. “Era un chico joven, hermoso, que<b> no había forma de no verlo </b>y cuando me miró sentí que me había desnudado. No pude hacer otra cosa que reírme”, recordó. </p><p>Ella se sentó y él permaneció de pie justo frente a ella. “Estaba a tan solo un metro de distancia,<b> era un flaco de otro planeta </b>y nuevamente no pude dejar de sonreír”, agregó. Las miradas y sonrisas cómplices se sucedieron, intensificándose cuando un asiento quedó libre frente a ella y él lo ocupó, desde donde continuaron con el intercambio de miradas.</p><p>Durante el trayecto, Julieta tuvo la necesidad de compartir ese momento que estaba viviendo con una amiga a través de un mensaje de texto: “Hay un flaco enfrente que es perfecto, divino y me sonríe”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/QR4FR3SXAFGSXKEQJAGDCM53OU.jpg?auth=ef2ae01925e2bd1d9c5beeac10c9e37eee47d79725e7146abcebf641df7b9b60&smart=true&width=1456&height=816" alt="El "flaco de otro planeta" se sentó enfrente y  continuó el intercambio de sonrisas y miradas (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Poco después, escuchó a él hacer una llamada un tanto “rara” en la que mencionó su nombre y apellido, Rodrigo Manuel Isasmendi. Aprovechó la oportunidad y, aunque lo anotó con errores, logró identificarlo más tarde. El joven, mientras tanto, jugaba con una tarjeta personal en la mano, generando la expectativa. “¿Me la va a dar? ¿Voy a tener su teléfono?, se preguntaba inquieta Julieta, mientras él seguía<b> jugando con los dedos con la tarjeta</b> en la mano. “Las miradas seguían, las risas cómplices y nada se movía, solo el subte”, describió. </p><p>Cuando Julieta se levantó para bajar en su estación, todo quedó en <b>suspenso</b>. El tiempo se detuvo. Era el momento decisivo, del todo o nada. De vivir esa historia con un perfecto desconocido que prometía ser apasionante o que quedara almacenada como lo que podría haber sido, después de una poderosa ilusión de unos minutos.</p><p>Cuando llegó a la puerta del vagón, sintió que él también se había levantado, pero en el medio la puerta se cerró, separándolos abruptamente. ¿Para siempre? <b>“Él queda de un lado y yo del otro como una película de amor”, </b>relató. El tren siguió y ella lo vio irse. Sin embargo, como dice el dicho que en el amor el tren pasa dos veces, o una en el peor de los casos (se dice que quien dijo dos es para dar una versión más esperanzadora) Uno o dos, Julieta no decidió dejarlo pasar, ya en su casa empezó a escribir su nombre en Facebook, con lo que había alcanzado a oír y anotado. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/2CP3HKUU3BBTFHQTWO4TCKUTEQ.jpg?auth=ab36b9860a2a1232845deba36f2a49ba0d47ab6c17cc9ea6a637c3f44c806137&smart=true&width=1456&height=816" alt="Julieta le escribió a una amiga en el subte, mientras intercambiaba miradas y sonrisas con el chico "perfecto" (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>“Él no sabía pero yo tenía su nombre y apellido, mal escrito pero con un poco de ingenio logré llegar a su verdadero nombre y apellido. Ahí estaba su Facebook. Esa cara hermosa estaba en una foto de perfil de mi computadora”, expresó conforme con su misión. Paso siguiente fue pedirle a amistad. Y lo peor. La incertidumbre.</p><p>Al día siguiente, recibió la notificación de que<b> él había aceptado la solicitud</b>. Fue entonces cuando descubrió que el joven estaba en un “impasse” en su relación de pareja, ya que su novia se encontraba trabajando en Disney durante el verano. A pesar de la desilusión inicial, el deseo de conocerlo era más fuerte. “<b>Se me cayó la novela de amor pero aún así quería verlo, quería hablar con él</b>”, reconoció.</p><p>“Veinticuatro horas más tarde llegó su mensaje: <b>‘veo que escuchaste cuando di mis datos, era una llamada ficticia …</b>' No podía creerlo pero nada de ilusiones. Sabíamos que había un problema. <b>Me contó lo de su novia </b>pero dijo que quería verme. Nos pasamos el teléfono y al día siguiente, en Olivos, bajé del tren y ahí estaba el chico del subte en su auto buscándome". </p><p>Hoy Julieta, con quince años más reconoce la osadía de haberse subido al auto de un desconocido, pero atribuye esa decisión a la juventud. El encuentro confirmó la química anticipada por las miradas: <b>“nos besamos, al instante supimos que la química de las miradas se llevó a la piel”</b>.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/P2V7LUDAVRGZ7OOBW7COLQJICE.jpg?auth=761e708d4a3bdb459da7764353d3e55820b1c21e0bc573cca19a45df8170783d&smart=true&width=1456&height=816" alt="Julieta se animó a vivir la relación, cuando él le había dicho que tenía novia (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Julieta lo intuyó. Sabía que iba a sufrir y aún así no quería perderse estar con él. “Fueron besos en la calle, en cualquier lado. Y llegó ese día en que fueron mucho más que besos y la química fue total. Y el dolor también”, dijo consciente de que la historia tenía un final triste. <b>“Fue una muerte anunciada pero fue un mes donde supe que aún estaba viva”.</b></p><p>Años después, ya casi casada, Julieta descubrió que Rodrigo había publicado una canción inspirada en la relación de ellos. “Además de hermoso, cantaba como los dioses”, aseguró.</p><p><b>“El tema hablaba de nuestra historia de amor en el subte”</b>, contó. Saber que su experiencia había quedado plasmada en una pieza musical le dio sentido a aquel episodio fugaz. “Sabía que había valido la pena si había un tema de música con nuestra historia y cuando me da nostalgia la escucho y pienso en ese hermoso pibe que conocí unos metros bajo tierra”.</p><p>*Escribinos y contanos tu historia: amoresreales@infobae.com </p><p><i><u>* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas</u></i></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/FOPDMFZQUZEMTBU45BWTQUTPUQ.jpg?auth=0b8f863cc7791ef76b059dd092109aca3c0a64fcf620f9dd3ec259d2c2706eea&amp;smart=true&amp;width=1456&amp;height=816" type="image/jpeg" height="816" width="1456"><media:description type="plain"><![CDATA[(Imagen Ilustrativa Infobae)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Soñó con la novia de la adolescencia, quien le decía “buscame”: el amor que revivió 34 años después en la clandestinidad]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2025/12/14/sono-con-la-novia-de-la-adolescencia-quien-le-decia-buscame-el-amor-que-revivio-34-anos-despues-en-la-clandestinidad/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2025/12/14/sono-con-la-novia-de-la-adolescencia-quien-le-decia-buscame-el-amor-que-revivio-34-anos-despues-en-la-clandestinidad/</guid><dc:creator><![CDATA[Carolina   Balbiani]]></dc:creator><description><![CDATA[Gustavo estaba casado, aunque en crisis con su esposa. Laura estaba divorciada, viviendo a pocos metros de una de las oficinas de su ex novio. Pero no fue un encuentro fortuito lo que los volvió a unir, sino un sueño de él, que volvió a repetirse, hasta que salió en su búsqueda]]></description><pubDate>Sun, 14 Dec 2025 05:13:27 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/64SOWF63Z5E25CRBLDYOSNCVIY.jpg?auth=82ae8a31de89d55c265ada6f9edfd300cd41151c4d5f939d8c8aba8109085c1a&smart=true&width=1920&height=1542" alt="Hacía más de 30 años que no sabía nada de su novia de la adolescencia, hasta que soñó con ella repetidas veces" height="1542" width="1920"/><p>Octubre 8 de 2020, tres de la mañana. Gustavo Novak (53 años, ingeniero electrónico) se despierta sobresaltado en su cama matrimonial. En el sueño, la nítida cara de una mujer le pide que la busque.</p><p><i>“Buscame”, </i>le dice varias veces.</p><p><i>“No entendía nada. Era la cara de Laura Farro,</i><i><b> mi novia de la adolescencia.</b></i><i> Su cara se veía claramente. Hacía muchísimos años, más de treinta, que no sabía nada de ella. El sueño no tenía ningún sentido ni explicación en ese momento. Me quedé nuevamente dormido. A las 7:30 sonó la alarma para comenzar mi día de trabajo. Como estábamos todavía en cuarentena, en mi empresa se hacía home office. Me levanté, me bañé, desayuné y empecé a trabajar olvidando el tema del sueño. Pasó todo el día y me fui a dormir. Esa noche a las tres de la madrugada, me volvió a ocurrir. De nuevo me desperté sobresaltado con su cara que se acercaba y alejaba y su mensaje:</i> ¡Buscame!<i>” </i></p><p><b>Esta vez se asustó</b>. No parecía una coincidencia onírica. Sintió que había algo más. Tenía que buscarla.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/PGEEFEJ55FETLK52COT4PR3UHQ.jpg?auth=671516b97e2cdfc0c5347e8cfedfd78c4b87e6ceec546cb5c5869b8158f6321a&smart=true&width=1920&height=2560" alt="Cuando empezó a soñar con Laura, Gustavo llevaba 28 años de casado" height="2560" width="1920"/><h2>A la búsqueda del pasado </h2><p>Gustavo se convenció de que Laura lo estaba llamando por algún motivo. Tendría que intentar, al menos, averiguar qué había sido de ella. </p><p><i>“Quería encontrarle sentido a su espontánea aparición en mi mente. Me motivaba averiguar qué había detrás de mis sueños. Tenía muy lindos recuerdos de ella, pero no mucho más. Había pasado demasiado tiempo”.</i></p><p>Gustavo, ahora, <b>estaba casado desde hacía 28 años</b> y tenía dos hijas. Esa segunda mañana se levantó con la energía de un adolescente. No podía contarle a nadie lo que había soñado. Era como un absurdo. Pero estaba decidido a averiguar qué había sido de su novia de la secundaria.</p><p>Inició su búsqueda por Google, por redes y encontró en Linkedin un trabajo de ella. Llamó. No tuvo suerte porque era de un empleo antiguo y el ex jefe de Laura tuvo cero onda y no prosperó el pedido. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/RU76GACFQVEQBH4FC4IVSGWEJM.jpg?auth=0a4ad147ae6f7588d67a6c00c33ba7bcb0946333944dfed602abbab129bd0196&smart=true&width=1920&height=2489" alt="Después de los sueños reiterados salió en su búsqueda" height="2489" width="1920"/><p><i>“Seguí buscando en Facebook e Instagram. La verdad es que ese día de trabajo lo perdí, porque no le dediqué tiempo a otra cosa que a buscarla. Me obsesioné con conseguir algún contacto, sin saber para qué ni por qué. En redes vi a sus hijos, su perro, unos gatos, frases sueltas, mucho de Lennon, Spinetta, su abuela Ana... La primera sorpresa que me llevé es que la cara que me apareció tan nítida en mis dos sueños era exactamente la misma de su perfil. ¿Cómo podía ser si nunca más la había visto? Me sorprendió algo más. La música que subía es la misma que me gusta a mí: Seru Giran, Queen y Phil Collins…”, </i>relata, <i>“En Facebook había un mapa de una ubicación, fue de una vez que quiso vender un auto. En Google Maps descubrí que el sitio que había subido era exactamente </i><i><b>a diez cuadras de mi casa</b></i><i> en Martínez. Me emocioné. ¡Mirá si viviera tan cerca! Con cualquier excusa me fui a dar unas vueltas de manzana con el auto esperando verla por ahí. Nada. El fin de semana siguiente seguí buscando en las redes más información sobre ella. También encontré en casa las</i><i><b> pocas fotos</b></i><i> que tengo de cuando fuimos novios en la adolescencia. ¿Cómo estaría ahora?”.</i></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/O35ZQXG2DRHVXGG46HPXCEZAP4.jpg?auth=93b0ebbc14b46ea233b3bc5b4b291a98435367c0f927512fdaee7bfc4951f6ca&smart=true&width=1920&height=2629" alt="Gustavo se obsesionó con la idea de encontrarla, y rastrilló redes sociales hasta dar con ella" height="2629" width="1920"/><p>Habían pasado solamente cinco días y ya tenía un montón de información sobre Laura, pero seguía sin hallar un teléfono para contactarla. Al final decidió que le escribiría un mensaje por las redes.</p><h2>Contacto virtual</h2><p>El martes 13 de octubre del 2020 le escribió.</p><p><i>“Era el mediodía cuando abrí Facebook, puse su nombre y escribí: </i>Hola, te escribe Gustavo, me pasó algo muy loco con vos, tengo que contarte. <i>Me respondió al instante, estaba en línea. Intercambiamos algunas frases y le pasé mi número de celular. No pasó ni un minuto hasta que me contestó. Seguimos por WhatsApp, era más fácil. En el chat del celular sus primeras palabras fueron: </i>¡Hola, acá estoy!<i> Otra vez dejé de trabajar y me dediqué el día entero a conversar con ella. Comenzó un larguísimo diálogo donde nos contamos nuestras vidas. Que vivimos a 25 cuadras, que </i><i><b>su casa está a cincuenta metros de una de las oficinas de mi trabajo</b></i><i> donde ella siempre paseaba el perro. Era increíble que nunca nos hubiéramos cruzado”.</i></p><p>Gustavo tendría que borrar de su celular y de la computadora sus huellas incriminadoras. Hacer desaparecer los diálogos y llamadas. Ahora había ingresado en el terreno de la <b>clandestinidad amorosa</b>.</p><p><i>“Seguimos hablando sin parar y nos contamos de nuestros hijos, de los trabajos, que había tenido Covid, que había estado vivido en Europa, de nuestras parejas. Ella llevaba separada quince años, tenía dos hijos, dos gatos. Yo estaba casado con dos hijas y ninguna mascota. Cuando le comenté lo que me había sucedido en el sueño, no sugirió nada. Ese día estuvimos chateando hasta las once de la noche”.</i></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/CTVKPSXTCRHENIOH4RUBUYKVVM.jpg?auth=3ae65ca78ec6bc939c4b4858e83b5df23f33b983fda980c8a65b5a81a98de9f2&smart=true&width=1920&height=1885" alt="En los últimos tiempos del noviazgo cuando Gustavo hizo el servicio militar" height="1885" width="1920"/><p>Entre las cosas que se contaron estaba la vida.</p><p>Gustavo se había casado seis años después de la ruptura con Laura, en 1993, y ya llevaba 28 años de matrimonio y tenía dos hijas -que hoy tienen 31 y 26 años-. Laura se había casado un año después que él. Con su marido se habían ido a <b>Rumania </b>a probar suerte. Fue allá que terminó separándose en el 2006. Se volvió a la Argentina con sus dos hijos (una hija que hoy tiene 29 años y ya le dio una nieta de 3 y un hijo varón de 26) que empezaron a viajar, cada tanto, a ver a su padre a Europa.</p><p>A esta altura de la conversación entre ellos, Gustavo había puesto primera y no pensaba retroceder ante ningún obstáculo: <i>“Sin dudarlo le propuse vernos al día siguiente, pero ella no podía. ¿Un día después? Aceptó contenta. Sería a las dos de la tarde en su casa. </i><i><b>¡Qué nervios que tenía!</b></i><i> La noche anterior no pude dormir ni media hora. Pensé en nuestro noviazgo de chicos, en su situación, en mi situación. En la </i><i><b>excusa</b></i><i> que usaría para escaparme para verla. Y en los miedos. ¡Tampoco iba a tirar toda mi vida al diablo por un sueño y un encuentro casual!”, </i>reconoce.</p><p>Entre las inquietudes de Gustavo estaba pensar si cuando se volvieran a ver se gustarían o no. ¿Cómo se verían? ¿Qué sentirían? <i>“Habían pasado 34 años. Dejamos de ser novios a mis 19 cuando yo hacía la colimba y ella terminaba, con 18 años, el secundario. No podía tener certeza de nada. Era muchísimo tiempo y habíamos tenido vidas diferentes, con nada en común. Pero</i><i><b> ¿por qué se me aparecía en sueños diciéndome que la buscara?”</b></i><b>.</b></p><h2>El sacudón que despierta</h2><p>El jueves 15 de octubre del 2020, sin haber pegado el ojo, Gustavo comienza a trabajar. Está nervioso. Será lo que tenga que ser. Chatea con su ex novia que verá en un rato después de larguísimas tres décadas.</p><p><i>“No quería anticiparme. Era una incógnita lo que podría suceder. A las dos de la tarde antes de llegar le escribí para que bajara a abrirme, no quería estar expuesto porque era un barrio donde transitaba</i><i><b> muchísima gente conocida</b></i><i> y de mi trabajo. Cualquiera podía verme. Ella vivía en un primer piso. Me esperó en la puerta. Me abrió. Nos miramos a los ojos y nos repasamos el cuerpo entero para saber cómo nos veíamos después de tanto tiempo. Quedamos dentro, al pie de la escalera enfrentados y muy juntos, riéndonos de los nervios. Le dije sin pensar:</i> ¿Cómo te saludo después de 34 años? Me respondió: <b>Podés darme un abrazo</b>”. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/G6AXDTECK5FTNDCZIA74SHRN2U.jpg?auth=a0011e5aeb6da4901f0d9d1ba1cb14a069f74926eb0083b171b94b203245fbef&smart=true&width=1920&height=1440" alt="Gustavo y Laura en un regreso inesperado de la relación" height="1440" width="1920"/><p>Gustavo decidió romper el hielo sin demora y le dio un beso rápido además del abrazo: <i>“Ahí sentimos la primera conexión, un chispazo de amor, algo inexplicable. Nos gustó mucho ese primer contacto después de tanto tiempo. Describiría ese instante como cálido y hermoso. Comenzamos a subir la escalera hacia su departamento sin decir nada. Entramos a lo que es su living y </i><i><b>me ofreció un café.</b></i><i> Desapareció en la cocina y aproveché para mirar su casa, sus fotos, su historia, su realidad”.</i></p><p>Gustavo le preguntó por su familia, por su mamá Alicia, por la perra, por su papá. Estuvieron sentados en el sillón con dos cafés fríos cerca de una hora. Gustavo notó que desde la ventana del departamento se veía la puerta de entrada a su trabajo. Increíble. <b>Tan cerca tanto tiempo y sin cruzarse</b>.</p><p><i>“No veía el momento de darle un beso. En un momento nos paramos y mientras me mostraba unos papeles que ni recuerdo qué eran, encontré el momento y no lo dejé pasar. Me pegué a su cuerpo, la abracé por la cintura con una mano y con la otra tomé la cara. La besé con suavidad. Nos miramos, nos sonreímos y nos volvimos a besar con un beso largo. Nos habíamos reencontrado y nos sentíamos muy bien. Lo primero que se me cruzó por la cabeza es: </i><i><b>quiero esto ahora y para siempre,</b></i><i> quiero esos labios para mí por siempre. Algo muy raro, una sensación de placer enorme que no recuerdo haber vivido antes nunca. Lo primero que me salió decir con ironía fue: </i><b>Esto va a terminar mal</b><i><b>”.</b></i></p><p>Gustavo en su matrimonio todo venía barranca abajo. La remaban, pero estaban pésimo. Se fue de la casa de María Laura con la sensación de maravilla instalada en el cuerpo. Alegría pura. <i>“La vida nos había dado una segunda oportunidad”,</i> asegura haber sentido.</p><p>A partir de ese mediodía Gustavo no pudo pensar en otra cosa. Solo quería tener un rato para verla. Dos días después fue el segundo encuentro. Todo igual, café, sillón, besos y abrazos. Gustavo le preguntó para avanzar más allá. Laura sonrió y fueron juntos a su dormitorio. Vivieron la pasión renovada de los 18 años.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/NJJIB4DIPVBI3EWQA3EGBGYU5E.jpeg?auth=2d601d9986d9042f3766a7695b72a3c8688d8b392bed5977a340d49c5f8e6368&smart=true&width=1920&height=2560" alt="Gustavo sintió que la vida les dio una segunda oportunidad" height="2560" width="1920"/><p><i>“Nos conocíamos desde siempre. Resultó fácil. Cada uno ya conocía al otro. Sabía lo que el otro quería. Cuando terminamos de hacer el amor, la miré directo a los ojos y lo primero que me salió decirle desde el alma fue: </i>Esto es mucho más que hacer el amor. No fue sexo, fue amor y ternura, fue un flechazo al corazón.<i> Fue algo que nos sacudió la vida y nos despertó. No nos importó como estábamos de cuerpo, las canas, lo que fuera que el tiempo hubiese desgastado. </i><i><b>Nos gustamos igual.</b></i><i> Como estábamos. Piel y química desde el primer momento. Laura tiene su hermoso cabello pelirrojo de siempre, su piel blanca y suave, sus dientes paletones… Todo me recuerda a nuestro primer noviazgo, lo revivo. Yo sigo con mi metro noventa, un poco más grandote y con barbita blanca. Nuestras presencias nos resultaron familiares, tiernas”.</i></p><h2>Aquella historia primera</h2><p>Días de verano, Mar del Plata, 16 de febrero de 1984. Gustavo tiene 16, Laura 15. Salen a bailar con amigos a un club en el Barrio de los Troncos. Laura tenía puesto un pantalón y una campera de jean. Estaba sentada en un rincón. Gustavo se acerca y la saca a bailar. <i>“</i><i><b>Me impactó de entrada</b></i><i>. Tenía un pelo colorado brillante. Y su figura me alborotó la cabeza y las hormonas. ¡Cómo me gustaba! No sabemos de qué hablamos ni qué bailamos, pero no nos separamos hasta el final de la noche. En esa época no había teléfonos celulares ni redes para contactarse con facilidad. Quedamos en encontrarnos en la próxima fiesta en ese mismo sitio. Fue a los pocos días y ahí estuvimos. Pasamos toda la noche juntos otra vez. Bailamos, charlamos y nos besamos por primera vez”.</i></p><p>Quedaron en verse al día siguiente en la playa. Era un paso más en la relación: <i>“Ella iba con su familia a las playas del faro de Punta Mogotes y yo a La Perla norte. Tenía que cruzarme toda la ciudad lo que implicaba más de una hora de viaje en el colectivo 221. Nos encontramos en un balneario que se llamaba Mar y Sol, casi la última antes del faro y me presentó a sus padres. Había sol a pleno así que nos fuimos directo hacia el mar. Después, encontramos un lugar donde nos besamos tranquilos. Pasamos muchos días de esa manera. </i><i><b>Nos pusimos de novios </b></i><i>y así continuó todo en Buenos Aires, a nuestro regreso de la</i>s vacaciones<i>. Ella vivía en Barrio Norte, yo en Caballito”</i>.</p><p>Laura cursaba tercer año de la secundaria enfrente de su propia casa ubicada en la calle Scalabrini Ortiz. Gustavo, estaba haciendo quinto año. Durante la semana no podían verse mucho. En los fines de semana el día de encuentro era el sábado.</p><p>Para los dos fue la primera vez: enamorados como nunca antes, las relaciones sexuales se dieron naturalmente. Fueron aprendiendo, calmando miedos y disipando desconocimientos. Mucha de la vida sexual pasaba en la habitación de la casa familiar de Laura, que estaba ubicada al lado de la de sus padres. “<i>Durante toda mi vida sin ella conté que mi </i><i><b>debut sexual</b></i><i> había sido en la casa de mi primera novia al volver del cine, pero ella ahora me corrigió. Había sido en su casa pero cuando nos escapamos de la fiesta de un amigo de ella. Hicimos el amor por primera vez en su cuarto, lo disfrutamos y volvimos a la reunión de su amigo que era a pocas cuadras”.</i></p><p>A partir de entonces, cada vez que se quedaban solos en el cuarto de Laura, ella ponía música. Era un compilado de los años 80, grabado en un cassette verde que introducía en el aparato del momento.</p><p><i>“Poner ese cassette verde era el preanuncio de que terminaríamos haciendo el amor. No tenía auto por lo que el colectivo 15 era mi transporte. Cada vez que me quedaba hasta tarde en su casa un sábado, sabía que el colectivo pasaba a las 4:30. Nos quedábamos abrazados y dormidos hasta esa hora en su cama”.</i></p><p>Un día después de cumplir los 18 Gustavo sacó el registro y empezó a usar el Chevy azul de sus padres. Poco después lo sortearon para el servicio militar. Sacó el número 893. Adentro. Le tocaba la colimba.</p><p><i>“Fue durante ese mismo año, a mediados de agosto, que </i><i><b>nos separamos</b></i><i>”, </i>dice.</p><p>¿Quién dejó a quién? Laura toma la palabra: “<i><b>Yo lo dejé, pero no sé por qué</b></i><i>. Ni la menor idea. No puedo acordarme. Éramos chicos, qué sé yo. En algún momento todas mis amigas estaban de joda, no sé si pudo haber sido eso porque en realidad yo era una chica muy tranquila”.</i></p><p>Ninguno se acuerda del motivo concreto. O no quieren recordar. Quién sabe. Tampoco importa.</p><p>Dice Gustavo: <i>“Yo quería seguir, pero ella no…”</i></p><p>Y Laura retruca:<i> “No me insistió mucho en volver y al toque se puso de novio”.</i></p><p>Comenzaron la segunda etapa de sus vidas por separado.</p><h2>La revancha</h2><p>La revancha llegaría 34 años más tarde con esa imagen repetida en sueños. Gustavo admite que algunas veces la recordaba: “El 21 de <i>septiembre, el día de su cumpleaños, me acordaba de ella. También es cierto que cuando veía una pelirroja por la calle miraba para ver si por casualidad no era Laura. Pero nada más. La vida siguió con normalidad”,</i> explica. Siguió igual hasta que su matrimonio mostró señales de colapso y el sueño con ella lo despertó. En psicología podrían decir que fue su inconsciente el que metió la cola.</p><p>Después de los primeros reencuentros entre Laura y Gustavo vino un período donde cualquier excusa era válida para que él se escapara a verla. Hablaban todos los días, a toda hora e, incluso, los fines de semana se ingeniaban para encontrarse aunque fuese por un rato.</p><p><i>“La adrenalina era mucha porque su casa estaba cerca de todo. Cuando me invitaba a comer me preparaba las comidas que recordábamos de nuestra primera etapa. ¡¡¡Fue astuta!!! Un menjunje de arroz y queso, milanesas fritas con puré, sopa de cabello de ángel, queso y dulce… Era mucho más que hacer el amor, era querer compartir nuestro tiempo. Un día escuché una canción bisagra y que terminó de decidirme por ella. </i>Por fin,<i> de Pablo Alborán. </i><i><b>Esa canción resumía todo lo que sentíamos.</b></i><i> En ese mismo momento supe que ella era mi futuro. Se lo dije por teléfono, sentado en mi escritorio. La llamé y le dije que seguíamos jugando a la trampa o la elegía. Y que la había elegido”.</i></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/B3QTGFCE7BDXPGK6AB2BJGTW3E.jpg?auth=b0593c552bdf5061c0bcd62b0764e4241752d6888abc6666a13da3f1b75d050b&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Después de sus primeros reencuentros, hubo un período en que cualquier excusa era válida para ir a visitarla" height="1080" width="1920"/><p>Gustavo y Laura fueron generando nuevos recuerdos y gestos cómplices. Fueron cinco meses de un noviazgo a las escondidas: <i>“Me ponía una alarma en el celular que odiaba escuchar. Una vez le dije, hacé algo que no me deje ir. Y lo hizo. Es uno de nuestros momentos icónicos. Sentía que ella era la mujer para el resto de mi vida”.</i></p><h2>El día que lo pescaron</h2><p>Tomar la decisión de irse de su casa se acercaba. Era inminente. Pero los nervios de semejante decisión lo descompusieron. Esa noche en que decidió que se iría, terminó vomitando varias veces: <i>“La situación en mi casa era muy mala. Hacía tiempo. No daba para más, pero </i><i><b>me costaba resolverlo</b></i><i>”. </i></p><p>Después de esa noche fatal se quedó en la cama.<i> “Era un jueves y estaba recostado cuando mi ex viene, se sienta a mi lado y me muestra un papel que decía </i>´estás hermosa´.<i> Era un papelito de uno de esos tacos de papel comunes de mi trabajo y las dos palabras se las había escrito jugando a Laura. No hubo forma de justificarlo.</i><i><b> Me había descubierto</b></i><i>”.</i></p><p>En psicología le dicen fallidos. Eso había hecho Gustavo: dejar algo inconscientemente en el camino para que lo pescaran.</p><p>Sintió que era el momento: <i>“Era ahora o nunca. Le conté toda mi situación, lo que estaba sucediendo con otra mujer, lo que sentía. Hubo mucho llanto, lamentos, explicaciones. Sabía que era el momento para que me odie, me maldiga. Me lo tenía que bancar. Tenía que intentar manejarlo de la mejor forma posible. Dos horas después convoqué a mis hijas y nos reunimos para explicarles lo sucedido. Nos juntamos en la casa de la más grande. También hubo lágrimas, broncas y lamentos, pero</i><i><b> sentí que me escucharon</b></i><i>. Le conté a Laura y le pedí que me diera unos días para poder resolver la situación. Respetó la distancia, fue una gran colaboración de su parte. Al día siguiente fuimos a cenar con mi ex, a un terreno neutral. Para mí fue como una despedida. Ella me pidió unos días para ver que sentíamos, así que seguí en mi casa ese fin de semana. El lunes mis hijas pidieron verme y nos juntamos los cuatro. Les expliqué otra vez llorando todo lo que me pasaba, abrí mi corazón. Por más que me pidieran una oportunidad y ella prometiera que a futuro todo sería diferente</i>,<i> mi respuesta seguía siendo que no dejaría a Laura. En ese momento</i><i><b> decidí irme esa misma noche de mi casa.</b></i><i> Con la ropa que tenía puesta y mi notebook salí a la calle. Laura me pasó a buscar para pasar nuestra primera noche juntos”.</i></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/7YHRE2L4EFE55JHCUIBEC2AP2A.jpg?auth=fd20de8727266337c78ebdeb8b9e2836a135db9669056a34718d60a75dad8972&smart=true&width=1920&height=955" alt="Un corazón con sus nombres reescribe la historia" height="955" width="1920"/><p>Era el lunes 22 de marzo de 2021. Comenzaba la convivencia de Gustavo y Laura. Esos primeros días Gustavo oscilaba entre la alegría y la tristeza y la falta de sueño. Le llevó tres días poder volver a dormir.</p><p><i>“Hasta ese momento mis amigos no sabían nada de mi relación con ella. De a poco se fueron sorprendiendo con quién era mi nueva mujer. A la semana siguiente nos fuimos a Miramar a un departamento, para despejarnos y pensar cómo seguíamos. Cada día nos sentimos mejor y más enamorados. Por momentos nos decimos qué loco todo esto ¿no? Ella me cambió la manera de pensar y de ver la vida.</i><i><b> Todos en mi entorno cercano me ven cambiado, más feliz. </b></i><i>Laura además me ayudó a perdonar y a recuperar a mi madre, a lograr una relación perdida por peleas familiares del pasado”</i>.</p><p>Cuando le pregunto cómo ven el futuro Gustavo dice convencido <i>“riendo con ella, mirándola, caminando por el río, bailando y diciendo pavadas. También me imagino yendo con ella a París. Nuestra historia está recién comenzando. Hace casi cinco años que convivimos y que disfrutamos de este amor renovado que nos regaló la vida”.</i></p><p>También cuenta que sus respectivas suegras se han hecho amigas íntimas. Que vivieron con Laura dos años en Mendoza cuando cambió de trabajo. Que sus hijas todavía se resisten un poco a la relación; que los de Laura aceptan mejor. Que viven en la casa de Laura (57 años y docente de etapa inicial retirada) en Martínez y que ella cocina como los dioses y canta mejor.</p><p>Gustavo admite que encontrarse en esta etapa de la vida quizá les evitó el desgaste clásico y rutinario de los matrimonios largos: <i>“Por ahí, si nos hubiésemos casado hace 41 años, cuando nos conocimos, no estaríamos juntos. Quién sabe. Esto nos reencontró en una </i><i><b>etapa distinta,</b></i><i> con muchas ganas, infinito amor y gran experiencia de vida”.</i></p><p>Para terminar la charla les pregunto si les hubiera gustado tener hijos. Dice Laura: <i>“Sí. Quizá si nos hubiéramos encontrado un poco antes en la vida hubieran existido chances. Pero con lo que tuve en las mamas y la terapia antiestrogénica que me dieron tuve una menopausia anticipada”. </i>Dice Gustavo con un dejo de nostalgia: <i>“Hubiera sido hermoso tener hijos con ella”</i>.</p><p>Ahora ellos tienen por delante el resto de sus vidas, para gastar este amor que los desborda.</p><p>Gustavo ya no sueña con la cara de Laura. La tiene al lado para mirarla cuando le da la gana.</p><p><i>*Escribinos y contanos tu historia. amoresreales@infobae.com</i></p><p><i><u>* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas</u></i></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/CEQC3VET25AQJG2JXZMBXPFEGA.jpg?auth=b06c87247a392f209aac5ae8f64656a223642c497e95e4dfea762cf2ec2bf472&amp;smart=true&amp;width=1536&amp;height=1152" type="image/jpeg" height="1152" width="1536"><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"></media:credit></media:content></item><item><title><![CDATA[“Me cuesta entender que ella no vea que elige mal”: la casada que critica a su amiga soltera y los consejos tirados a la basura]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2025/12/07/me-cuesta-entender-que-ella-no-vea-que-elige-mal-la-casada-que-critica-a-su-amiga-soltera-y-los-consejos-tirados-a-la-basura/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2025/12/07/me-cuesta-entender-que-ella-no-vea-que-elige-mal-la-casada-que-critica-a-su-amiga-soltera-y-los-consejos-tirados-a-la-basura/</guid><dc:creator><![CDATA[Carolina   Balbiani]]></dc:creator><description><![CDATA[Bárbara dice que Patricia, su amiga de toda la vida, elige a la persona equivocada, hombres que no son para ella y la conducen al fracaso estrepitoso una y otra vez. A diferencia de ella, que lleva 20 años de matrimonio, después de casarse con su segundo novio]]></description><pubDate>Sun, 07 Dec 2025 04:14:44 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/UKMKIIK3XVEDLJ47EK5XB3UNFY.jpg?auth=c2a2318054320f45d35745834d70670eaa7396d39a14f61cc9b1e8be81fa5eb2&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Las amigas dieron el primer beso en una reunión en casa de amigos (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p>Los amigos suelen ser los que soportan, una tras otra, nuestras historias de amor y desamor, de encuentro y desencuentro, las emociones y los llantos de madrugada. Hoy es Bárbara T. una de esas <b>amigas de fierro,</b> la que contará los infortunios de Patricia N. a la hora de recorrer la búsqueda de una pareja sólida a lo largo de su vida.</p><h2>Una amistad desde la adolescencia</h2><p>Patricia y Bárbara fueron al mismo colegio desde el jardín de infantes, pero se hicieron íntimas amigas recién en sexto grado y jamás se volvieron a separar. Sus familias vivían cerca, se conocían de toda la vida y a las dos les gustaban cosas parecidas. Decían que eran <b>“hermanas por elección”</b> y no había secretos que no se contaran.</p><p>El primer noviazgo inocente de ambas fue a los 14 años con <b>dos hermanos</b> de un colegio de la zona de Ramos Mejía. Patricia con el mayor, Bárbara con el menor. <i>“Era gracioso porque el hecho de que fueran hermanos era como si viniera a confirmar nuestra propia hermandad. No fue un noviazgo, fue un chape de aprendizaje, nada más”,</i> relata. <i>“Es mi mejor amiga y pensá que nos conocimos en salita de 3. ¡</i><i><b>El primer beso lo tuvimos al mismo tiempo con esos dos chicos durante una reunión en una casa de amigos! </b></i><i>Hoy tenemos 45, pasaron más de cuatro décadas desde entonces, pero nuestras vidas de hoy son muy distintas. Ella sigue insistiendo desde siempre en formar pareja con tipos de hombre que </i><i><b>no son para ella</b></i><i>, algo que la conduce repetidamente hacia el fracaso estrepitoso. Yo estoy casada desde hace veinte años y tengo tres hijos en etapa escolar. Patricia vive anclada en la misma problemática de la adolescencia. Escucho sus historias, con distintos ingredientes en cada caso, pero me remiten una y otra vez al conflicto de toda la vida: ella sentada en la galería de mi casa y diciendo que los hombres son discapacitados emocionales y que no la entienden. A estas alturas lo que</i><i><b> me cuesta entender a mí es que ella no vea que elige mal</b></i><i>. Siempre escoge a la persona equivocada”, </i>explica Bárbara.</p><p>Después del colegio cada una siguió la carrera que había elegido: Bárbara estudió arquitectura en la UBA y Patricia abogacía en una universidad privada y, luego, se convirtió en escribana para comenzar a trabajar en la escribanía familiar. En lo afectivo demostraron ser opuestas. Bárbara se casó con su segundo novio a los 25; Patricia continuó <b>saltando de uno en otro </b>con el corazón deshilachado. Los años volaron.</p><p>Veamos la ristra de amores que tiene Patricia colgada de su CV según la mirada de su amiga.</p><h2>Primer amor y los que siguen</h2><p>La primera vez que Patricia se enamoró fue a los 17 años en un boliche de la costa. Esa noche no estaba con Bárbara, pero unas semanas después lo conoció en una fiesta de cumpleaños de un primo de ella.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/4JL24A76TNDUFDUXNS5JNYXVNY.jpg?auth=3503044474c225d65a38f0a47349c67ecafe762912073529971f46c2d07743f4&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Mientras Patricia hacía su carrera, su novio le decía que se había anotado e la carrera de medicina, pero su ingreso no se concretaba (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p><i>“Resultó que </i><i><b>Fernando</b></i><i> era hablador. Todo sabía, todo opinaba. Se hacía el gracioso y quería llamar la atención. Insoportable. Pero Patricia estaba encantada con él, le parecía divertidísimo. Se pusieron de novios enseguida y empezaron a ir a todos lados juntos. Al poco tiempo, las dos empezamos la facultad y nos empezamos a ver un poco menos. Fernando, supuestamente estaba anotado para ingresar a estudiar </i><i><b>medicina</b></i><i>. Era sorprendente la elección de una carrera tan exigente porque sabíamos que no había sido un buen alumno. Pero bueno, está llenó de casos de que cuando empiezan a estudiar lo que les gusta, los vagos cambian y se vuelven aplicados. Lo cierto es que pasó un año y medio y yo veía que </i><i><b>su ingreso no se concretaba.</b></i><i> Él ponía excusas y ella lo bancaba. Un día, un amigo en común me dijo que creía que el novio de Patricia todavía </i><i><b>debía dos materias del colegio</b></i><i>. Me cayó la ficha de inmediato. Le conté a Patricia, pero se hizo la que ya sabía que le faltaba una materia y cuando presioné con el tema empezó a justificarlo. Que estaba trabajando con el tío, que ya terminaría y empezaría la carrera, que los problemas financieros familiares lo tenían atrapado. No sé, la cosa es que pasó el tiempo y el estudio nunca arrancó. Mientras, nosotras dos avanzamos en nuestras carreras. Fernando trabajaba, pero yo percibía que era vago, que no era un tipo con empuje. Quería las vacaciones con los suegros, la guita fácil. Era un malcriado. Le dijo que había dado la materia, pero ponía excusa tras excusa para nunca arrancar a estudiar. Le llevó cuatro años a Patricia darse cuenta de que era un </i><i><b>mentiroso consumado</b></i><i>. Ella ya estaba terminando su carrera cuando un día le llegó el chimento de que él no se había presentado en ninguna de las dos materias que debía. La había tenido</i><i><b> a puro cuento </b></i><i>durante años. El final fue dramático porque para cortar la relación tuvo que ir a terapia dos veces por semana durante el último año de su carrera”.</i></p><p>Al final Patricia logró cortar y sus amigas apoyaron la decisión. Su familia resultó que también estaba feliz. Todos respiraron, se había sacado de encima ese personaje.</p><p><i>“¡Ahí supimos que todos pensábamos que, si se casaban, Fernando la iba a explotar! Ella iba a laburar como loca mientras </i><i><b>él dormía la siesta en su casa</b></i><i>”,</i> relata con humor Bárbara.</p><p>Ya recibida fue que Patricia conoció a un extranjero.<b> João </b>era de San Pablo, <b>Brasil</b>, y pertenecía a una familia industrial con mucho dinero y trabajaba para la empresa familiar.</p><p><i>“Tengo que reconocer que este brasileño sí que era divertido e inteligente. ¡Volaba! Un personaje total e interesantísimo. Además, tenía mucha pinta”, </i>reconoce Bárbara<i>, “Con él vino a mi casamiento y se los veía muy felices”.</i></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/UAX7KAOA25DKNKVD4S6IA3BASU.jpg?auth=06a1a913f7a7cd27f16167a320a23165af7a8a583567ab237088053283cdbc6a&smart=true&width=1920&height=1080" alt="João era divertido, inteligente y de una familia adinerada (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p>El noviazgo empezó rápido y fue siempre formal. Viajes para allá y para acá. Después de dos años de aviones, vacaciones juntos y demás, pusieron fecha para el año siguiente.</p><p><i>“Yo no detecté nada especial en él, pero claro casi que no lo conocía porque no lo veía en su entorno. Siempre lo veía en Argentina y con mi amiga. Solo podría decir que resultaba tan </i><i><b>perfecto y carismático </b></i><i>que parecía que se había sacado la lotería. Supongo que quizá ella me ocultó algunos detalles o por ahí simplemente no vio nada durante su noviazgo. Esto no lo sé”.</i></p><p>El tema fue que una vez elegida la fecha, <b>la fiesta sería en San Pablo </b>al año siguiente, él se ocupó de todo. Era el que tenía el dinero para hacerlo y jugaba de local: el lugar, la reserva, el dj, el catering, la decoración. Patricia conoció en un viaje el sitio elegido en las afueras de la ciudad donde festejarían y aprobó feliz. <b>Todo era un sueño.</b> Incluso mandó los documentos que él le pidió para poder concretar la ceremonia. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/ZJAPZOCYJ5FWXJNRDLF6K2TEDE.jpg?auth=ec50b8ecc9d5f1f65e41ff82b30c80aaaedf974c74f5861ddcc690c2e1a2cb78&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Con el brasileño parecía que se había sacado la lotería (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p><i>“Pero cuando estaban a seis meses de la fiesta, con el traje de novia en etapa de arreglos y las listas de invitados confeccionadas, de pronto las cosas cambiaron. No sé bien cómo se desarrollaron los acontecimientos ni si Patricia me ocultó información. Lo cierto es que </i><i><b>de la noche a la mañana el casamiento se derrumbó. </b></i><b>João</b><i><b> desapareció.</b></i><i> Dejó de atenderle el teléfono después de una pelea tonta, me reconoció. Como si esa pelea fuera razón suficiente para un cataclismo de esas dimensiones, se borró. Su familia se abroqueló tras él, tampoco dio la cara”.</i></p><p>Patricia quedó boyando sin saber qué hacer ni qué decir. Volvió a la misma terapeuta porque estaba deshecha. <i><b>“Sus amigas no sabíamos qué hacer. </b></i><i>La vergüenza de la marcha atrás, la ruptura del sueño y otra vez sola con sus deseos insatisfechos. Yo creo hoy que él ni siquiera había señado la fiesta que decían iban a hacer. Para mí que </i>João<i> fue otro mentiroso patológico en su vida. Un tiempo después nos enteramos que</i><i><b> estaba de novio con otra mina</b></i><i>. Por ahí esa fue la causa. ¡Patricia tiene como un imán con los chantas! No los ve venir o, lo que es peor, </i><i><b>se enamora del que mejor le miente”</b></i><i>, </i>dice con un dejo de fastidio Bárbara.</p><p>Quedó hecha un trapo. Las amigas hicieron de todo para sacarla adelante y cuando unos meses después llegó su cumpleaños 26 organizaron una comida en un restó de moda que acababa de inaugurar. El lugar explotaba de gente. En la mesa de al lado de la de ellas, había un grupo de hombres. Era obvio que eran parte de un <i><b>after office</b></i> porque muchos estaban con camisa. Al salir, cuenta Bárbara, uno con mucha pinta se le acercó de una a Patricia y le dijo mirándola a los ojos:<i> </i><i><b>“Te vi y me enamoré. Sos el amor de mi vida…”.</b></i><i> </i>Le sacó el teléfono.</p><p><i>“¿Podés creer que al mes estaba de novia con ese </i><i><b>pibe chamuyero</b></i><i> al que ninguna mina con dos dedos de frente le hubiese dado bola después de esa frase estúpida? Era un abogado turbio, mujeriego, que la tuvo con idas y vueltas, cortando y volviendo. La pifió desde el primer día. El tipo a mí me odió siempre porque intenté que ella lo viera cómo era realmente desde el principio. Después, no me quedó otra que entregarme cuando </i><i><b>se fueron a vivir juntos al depto de ella</b></i><i>, claro. La cagó, perdón por la palabra, desde el día uno. Pero ella le perdonaba todo como a todos sus novios. Creo que tiene una gran inseguridad emocional, no sé por qué. Estuvieron unos cuatro años. Enseguida comenzaron los despelotes. </i><i><b>Ella le prestó sus ahorros y nunca más los vió. Un día una mina le tocó el timbre y le dijo que ella era</b></i><i> </i><i><b>la otra novia</b></i><i>. ¡Se armó una monumental! Al final, otra vez se quedó sola y sin nada. Para ese entonces creo que ya tenía 31. Lloraba todos los fines de semana. Me daba muchísima lástima, pero ella no escuchaba los consejos de nadie. Mi marido le presentó amigos, pero me decía que tampoco quería engancharlos con una mina problemática”, </i>reconoce Bárbara, <i><b>“Patricia es monísima, tiene un figurón, es super inteligente. Es escribana y gana muy bien</b></i><i>. Sería un muy buen partido como mujer, pero el tema es su cabeza que la traiciona. Le da muchas vueltas a las cosas y </i><i><b>no mira lo que es importante observar </b></i><i>cuando querés formar una familia o una pareja”. </i></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/TJ75SE6CHNGATOICPL6EY5UJLE.jpg?auth=38eada5b74bfc5c1050293d859575b0be665144aecdbdda2eabfc28ac4ff7e79&smart=true&width=1920&height=1080" alt="El que conoció en un after office vivió en su departamento, se quedó con sus ahorros y le fue infiel (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p>Después de esto vinieron muchos años de romances pasajeros intensos, pero sin tantos bemoles. </p><p><i>“Alrededor de los 36, por ahí, volvió a engancharse. Esta vez con </i><i><b>un tipo de la noche que pasaba los 40</b></i><i>. Con solo verlo te dabas cuenta de que consumía algo, que no era para una relación conveniente ni para asentarse ni tener hijos. Ella no quiso escucharme. No hubo manera de entrarle. No sé si esta vez estaba enamorada o solo desesperada. </i><i><b>Empezó a salir a bailar a una edad absurda.</b></i><i> Estaba agotada porque ella laburaba y el tipo era otro vago en su vida que nadie sabía de qué vivía. ¿Tarjetero a esa edad? Mmmmm. </i><i><b>Un soltero con tanta noche me daba mala espina</b></i><i>. Llegaron a convivir unos meses nada más porque todo terminó mal, como era de prever. Un día lo pescó drogado mal y se asustó muchísimo. Me vino a ver y hasta me reconoció que tenía miedo de que el tipo fuera </i>dealer<i> porque no entendía bien de dónde salía su dinero. Hacía poco que había cambiado el auto. Tenía miedo. Se escudó también diciendo que en el fondo era un buen tipo, muy sensible y cariñoso y que tenían buena química… Por suerte ese susto resultó convincente y lo largó”.</i></p><p>Esta fue su última pareja estable. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/RAU4BKVLH5HOFPZWKUUNPWUTMY.jpg?auth=b626c4b4f3e39db210fd5473553a20f9324f482935d69e3acfade36e72c516a5&smart=true&width=1920&height=1080" alt="El soltero con tanta noche le dio mala espina a Bárbara, quien dijo que su amiga iba a bailar a una edad absurda (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p>Al año siguiente con 37 años invirtió plata y <b>congeló óvulos</b>. Veía que los 40 se acercaban a toda velocidad y que se le pasaba el cuarto de hora para tener hijos.</p><p>De esa manera Patricia tendría más tiempo para ver si encontraba a “esa” persona con quien compartir el resto de su vida.</p><h2>El círculo sin fin</h2><p>Bárbara dice hoy que<b> está cansada de poner la oreja porque sus consejos van a la basura.</b> Cada vez que en el horizonte aparece un hombre poco indicado a Patricia le tiemblan los cimientos y se lanza a una aventura inverosímil.</p><p><i>“Ya no me animo a decirle nada más. La dejo que dispare hacia donde quiera, sin opinar demasiado. Porque cuando lo hago me dice que soy una exagerada, que estoy achanchada, que yo me</i><i><b> conformo con la vida de Susanita</b></i><i>. Que siempre hay tiempo y que no va a bajar los brazos en su búsqueda del hombre perfecto para ella. Que está escondido en algún sitio, me dijo riendo el otro día. Busca un hombre que la entienda, que sea comprensivo, divertido, compañero, etc,, etc. Prefiero cambiar de tema cada vez que lo saca, porque también</i><i><b> me siento un poco cuestionada por su mirada sobre mi propia elección de pareja</b></i><i>. A veces, de alguna manera, siento que con lo que dice está opinando sobre mi vida porque ella da a entender que</i><i><b> no quiere una vida parecida a la mía.</b></i><i> Yo no creo que la mía sea mejor, solo sostengo que es lo que yo quiero y cuando la veo desesperarse creo que ella querría alguien a su lado para el día a día, para salir y charlar y acompañarse. Pero se enamora de los que no pueden darle eso. Ella solo escucha su corazón y los desatinos que le propone, nunca usa la cabeza. A pesar de que la quiero tanto, </i><i><b>no la termino de entender.</b></i><i> Te voy a reconocer que </i><i><b>a mí no me gusta su vida para nada</b></i><i>. Por ahí suena duro pero me parece vacía. A veces parece una adolescente por los planteos que hace. Para no discutir, la escucho y punto. Cuando veo algo muy importante se lo digo con cuidado, aunque sé que no me va a hacer caso. Porque en realidad no quiere que nadie interfiera en sus decisiones, y así me lo dijo varias veces. Así que me reservo en general mis opiniones y la dejo fluir. </i><i><b>Siempre creí que en la amistad uno puede decirse todo, pero con ella no resulta así. Si dijera todo</b></i><i>, </i><i><b>la relación de amigas explotaría.</b></i><i> Supongo que a su manera será feliz en su búsqueda eterna. No debo cuestionarla, no está bueno. Pero la verdad es que creo que lleva tanto tiempo mirándose el ombligo que no puede ver más allá. Ya no tendrá hijos creo, a menos que descongele sus óvulos y los fecunde con esperma de donante y se asuma como madre soltera. Es un tema medio tabú porque ella no lo mencionó más. A mí me hubiera gustado que tuviera hijos que jueguen con los míos. ¡Desearía que tenga una casa con ruidos y desorden, viendo crecer a sus hijos! </i><i><b>Pero por ahí ese es mi sueño</b></i><i>, no el de ella. Porque aunque decía que quería hijos y una familia nunca puso los ladrillos para construir ese futuro. Vivió pedaleando en el aire y, bueno, un día se levantó y se había hecho tarde para todo eso. Ojalá, al menos, conozca a alguien y forme una pareja para envejecer juntos”,</i> arriesga Bárbara.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/XIIMRZ63EBFMTETU2HFXWB2BQ4.jpg?auth=04509a12418e01230b32ae79e5c34bb445ae334abb76c47352793af7a3549a04&smart=true&width=1920&height=1080" alt=""A mí me hubiera gustado que tuviera hijos que jueguen con los míos", dijo Bárbara sobre Patricia (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p>Nada es blanco o negro. Hay grises. </p><p>Quizá lo que busca Patricia es vivir la misma historia una y otra vez; no superarla ni evolucionar hacia otro tipo de relación y por eso le guste repetir el círculo del amor primero, el que implica un revoltijo de aleteos en la panza combinado con adrenalina. </p><p>Quizá Bárbara no pueda ver que lo que su amiga desea es perpetuar la etapa del enamoramiento para no llegar nunca a todo lo que viene detrás. </p><p>Quizá, y solo quizá porque ella no habla aquí en esta nota, Patricia boicotee sin saberlo un mundo esforzado que avizora <b>aburrido y rutinario</b>. </p><p>Después de todo, la evolución del verbo amar no tiene por qué significar lo mismo para todos.</p><p><i>*Escribinos y contanos tu historia. amoresreales@infobae.com</i></p><p><i><u>* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas</u></i></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/4JL24A76TNDUFDUXNS5JNYXVNY.jpg?auth=3503044474c225d65a38f0a47349c67ecafe762912073529971f46c2d07743f4&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Mientras Patricia hacía su carrera, su novio le decía que se había anotado e la carrera de medicina, pero su ingreso no se concretaba (Imagen Ilustrativa Infobae)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Una mujer con “mellis” y un hombre con un perro y un bebé: el cruce inesperado en una plaza de dos historias cargadas de soledad]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2025/11/30/una-mujer-con-mellis-y-un-hombre-con-un-perro-y-un-bebe-el-cruce-inesperado-en-una-plaza-de-dos-historias-cargadas-de-soledad/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2025/11/30/una-mujer-con-mellis-y-un-hombre-con-un-perro-y-un-bebe-el-cruce-inesperado-en-una-plaza-de-dos-historias-cargadas-de-soledad/</guid><dc:creator><![CDATA[Carolina   Balbiani]]></dc:creator><description><![CDATA[Vanesa tenía 36 años cuando llevaba a sus hijos de 7 años a recorrer espacios verdes del barrio para salir del encierro y descargar energías. En una de esas tardes, encontró el amor, leyendo un libro en un banco, con un cochecito, la correa de un perro y la mirada atenta]]></description><pubDate>Sun, 30 Nov 2025 04:10:29 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/TA67TMBA3FAWRCEQ5OLOMJT5JI.jpg?auth=11a9ed04c2c5f4fa140c7c8b416ad9ea231ee18c5e1cda8ab5f3dbf00672d541&smart=true&width=1456&height=816" alt="Vansa llevaba a los chicos al parques para salir del encierro de un departamento de dos ambientes (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Cuando vivís en medio de la ciudad y tenés hijos en el jardín de infantes medio turno, la <b>plaza cercana</b> se vuelve una aliada indispensable. Es el espacio donde ellos podrán descargar la energía que los desborda cada día antes de volver al dos ambientes contrafrente “de un segundo piso ascensor”… Y sí hay vecinos y portero, pero adentro ya no mucho más, ni el amor.</p><p>Porque Vanesa con 36 años y <b>mellizos varones de 7 años</b> que demuestran tener un vigor de motor a inyección, capaz de derrotar a cualquiera, por momentos no da más. Fue por esta sensación de agotamiento y de encierro que empezó a recorrer los espacios verdes cercanos a su departamento. Y en esta nueva y no deseada soltería se fue convirtiendo en una turista en su propia ciudad buscando plazas amables, con buena onda y, por sobre todo, que estuvieran más o menos limpias.</p><p>En este tour obligado, diurno y movedizo, fue que un día<b> descubrió el amor sentado a la sombra con un libro en la mano, un cochecito, la correa de un perro </b>colgando del brazo y la mirada atenta al escenario.</p><h2>Doble sorpresa</h2><p><i>“Me había casado a los 22, como no quedaba embarazada me hice una </i><i><b>estimulación ovárica </b></i><i>y a los 29 tuve mellizos. A la felicidad siguió el caos”, </i>reconoce hoy. <i>“Nuestra vida se complicó muchísimo cuando, al tiempo, a quien era mi marido </i><i><b>lo echaron del trabajo.</b></i><i> Consiguió otro enseguida, pero en</i><i><b> Chile</b></i><i>. Yo no quería irme del país porque también trabajaba y necesitábamos de los dos sueldos para vivir bien. Además, acá tenía una familia y amigos en quienes apoyarme. Nunca había soñado con vivir afuera y ahora, con dos hijos, menos que menos. Él se fue, temporalmente dijimos, para ensayar esto de una </i><i><b>vida a la distancia</b></i><i>. Venía cada mes y medio más o menos. Así pasaron casi dos años. Y no, no funcionó. Habíamos perdido el control de la situación”</i>, explica resignada.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/XVFYK464RNBWZFU335YX42XUHY.jpg?auth=fb3ca429563a0af4aace55a33a91c11b9d91c6b2a6d79b26d9dc4bec22ec83f9&smart=true&width=1456&height=816" alt="Después de mucha búsqueda, una estimulación ovárico ayudó a lograr el embarazo y tuvieron mellizos (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>La pareja se volvió distante emocionalmente. Vanesa sentía que <b>llevaba la peor parte</b>. Estaba con sus hijos y, aunque lo económico estaba cubierto,<b> se sentía sola para todo el resto:</b> para las enfermedades frecuentes con sus noches eternas, las dudas naturales que surgen en la crianza, para el ida y vuelta con las maestras o los conflictos con los pequeños compañeros de colegio.</p><p>Fue en ese período, que duró aproximadamente 24 meses, que un día en la plaza conoció a Eduardo.</p><p>Eduardo paseaba un perro. Y, cada tanto, llevaba también un cochecito con capucha con un bebé de meses. Era un tipo alto, desgarbado, con la cabeza raleada y siempre sonriente.</p><p><i>“Parecía un hombre manso, de esos tan tranquilos que te ponen nerviosa”, </i>se ríe. <i>“La primera conversación se dio porque </i><i><b>los melli querían tocar al perro</b></i><i> a toda costa. Le pedí permiso, le pregunté si no mordía y esas cosas. Era un labrador tan manso como él. Charlamos un buen rato. La segunda vez que lo vi estaba con un bebé chiquito, además del perro. No le pregunté nada porque no quería parecer interesada o una chismosa. Nos saludamos de lejos y los chicos fueron corriendo a tocar al perro”, </i>sigue contando.</p><p>Los encuentros en la plaza continuaron con total espontaneidad. A veces con perro; a veces con perro y bebé, pero nunca con mujer, perro y bebé. A Vanesa le llamaba poderosamente la atención. <b>¿Qué pasaría con la figura materna?</b><i><b> </b></i><i>“Pero bueno, pensándolo bien yo estaba con mis hijos y el padre tampoco iba a la plaza. Era un prejuicio mío pensar que a un hombre no puede pasarle lo mismo”,</i> reconoce hoy. </p><p>Eran dos historias de soledad, llenas de arena y ladridos y berrinches. Dos historias cargadas de bolsos, pañales, botellitas, chupetes, juguetes y mamaderas y que transcurrían empujando hamacas hacia el cielo o haciendo descender niños por toboganes amarillos hacia algún porrazo. Dos historias que, inevitablemente, chocaron de frente para mirarse a los ojos.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/OFUMNTBMRVGO5IQQTNHZV2LQWA.jpg?auth=3d8fa768e128daad05ea347d31760c1d48d9793067d891b761b21a7dfe8e510c&smart=true&width=1456&height=816" alt="En esas tardes, en las que Vanesa se sentía desbordada, empezó a compartir su historia con Eduardo (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><h2>El hombre habla</h2><p>Vanesa y su pareja ya vivían separados, pero estaban en pleno proceso de divorcio cuando, entre los dos desconocidos o circunstancialmente conocidos, se dio una charla más profunda. Esta vez el intercambio de palabras fue condimentado con un termo con café de por medio bajo un manto de miradas comprensivas.</p><p><i>“Yo estaba muy triste por mi propio fracaso matrimonial. Mi familia se rompía inevitablemente. Incluso estaba pensando en mudarme a la zona oeste para vivir más cerca de mis padres y así obtener más ayuda de ellos. Trabajaba mucho, corría de mi depto a la plaza, de la plaza al colegio, con los chicos resfriados o con otitis, sin tiempo siquiera para mirar una película, hacerme los reflejos o tomar algo con alguna amiga. Me sentía desbordada 24/7. Ya no veía casi a nadie. Esa tarde </i><i><b>me largué a contarle todo a Eduardo</b></i><i>, a ese ilustre desconocido que me prestaba la oreja amablemente”. </i></p><p>Él la escuchó con su habitual calma. Y le recomendó paciencia, que ya las cosas se acomodarían y se sentiría mejor. Las situaciones nuevas requieren de tiempo para que uno se adapte. Algo así o muy parecido es lo que recuerda Vanesa que le dijo. <b>Se sintió comprendida</b>.</p><p>Unos dos o tres encuentros posteriores fue Eduardo quién llevó un paquete con medialunas y unos refrescos, además de una bolsita con caramelos para los chicos. Estaba hamacando al bebé con el pie mientras su perro iba y venía buscando un palo y los chicos de Vanesa flotaban en el aire colgados del pasamanos, cuando él habló. Vanesa hace mucho que quería saber, pero <b>temía parecer indiscreta</b>. Eduardo habló por propia voluntad, sin que hubiera ninguna demanda de ella.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/B636UXG25BELRAWDWCCTFMWXVE.png?auth=51aa739aeabdc0f64f51a9d17d769e8fb4b70837d676a8815f0f5d0787c8d644&smart=true&width=1408&height=768" alt="Finalmente, Eduardo le contó a Vanesa la razón que lo llevaba a ir solo a la plaza con un bebé de meses (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="768" width="1408"/><p><i>“Mirá nunca me preguntaste, pero supongo que </i><i><b>te parecerá raro que esté siempre solo con un bebé </b></i><i>chiquito en la plaza y con el perro. Que nunca venga la madre de mi hijo… Bueno acá voy con mi historia. La mamá de Benjamín estuvo unos meses internada porque resultó ser paciente psiquiátrica. Estábamos saliendo desde hacía un mes solamente cuando quedó embarazada. Decidimos tenerlo, pero no nos mudamos a vivir juntos porque no queríamos apresurarnos. Una cosa era tener un hijo y otra formar una pareja. La situación nos había sorprendido sin estar seguros de nuestros sentimientos. Ya veríamos cómo seguir y si se nos daba o no eso de formar una familia estable. Todo era demasiado reciente. Pero los planes de uno no siempre son los planes del destino. Resultó que apenas nació nuestro hijo ella sufrió un</i><i><b> brote psiquiátrico</b></i><i> y tuvo un</i><i><b> intento de suicidio</b></i><i>. Yo no sabía que tenía problemas de este tipo, su padre sí pero no me lo contó. Ella no tuvo hermanos y su madre murió cuando nació. Está sola con su padre y supongo que él no quiso espantarme tan rápido y esperó que no pasara nada porque la veía muy bien. Lo cierto es que su patología empeoró con el embarazo y cuando pasó lo que pasó, que </i><i><b>no quiso seguir viviendo </b></i><i>y tomó pastillas, los especialistas me explicaron que era un cuadro difícil y que de ninguna manera ella podría estar a cargo de un menor. Aunque fuera su hijo. Su papá, que además es paciente oncológico, se ocupa de ella y de la medicación. Yo, de acuerdo con él, </i><i><b>me hice cargo de nuestro hijo.</b></i><i> Cada tanto lo llevo para que lo vean. Ella está como en otra dimensión, muy desconectada y ni lo mira. Su padre sí lo disfruta, lo veo en sus ojos. Lo cierto es que mi vida cambió radicalmente porque me quedé solo con un bebé, algo que jamás había imaginado ni en sueños. Bueno, esa es mi historia y no sé a dónde me conducirá, pero hago lo que puedo. Conseguí que mi hermana casada y con hijos me ayude, pero te diría que opero en lo cotidiano como un padre soltero. Por eso ando con mi perro Lupi que me acompaña desde hace seis años y mi hijo a cuestas, aprendiendo. En el medio, trabajo por mi cuenta como contador de empresas”.</i></p><p>La carta de presentación había sido conmocionante.</p><h2>Nace un amor con futuro</h2><p>Esa tarde a Vanesa se le ablandó el corazón. Se pasó la semana entera pensando en Eduardo y sus problemas. Los de ella no eran nada al lado de los que enfrentaba él con ese bebé tan pequeño que todavía ni se sentaba del todo.</p><p>Las charlas siguieron. Las miradas y los roces casuales también. Vanesa alzaba feliz al bebé. Benjamín sonreía. Los mellizos se divertían viendo los progresos de Benjamín y jugando con Lupi.</p><p><i>“Había onda entre nosotros. Química. </i><i><b>Ninguno estaba siendo infiel a nadie</b></i><i>, pero al mismo tiempo teníamos el peso de la mirada de mis hijos y Benja que crecía y presentaba nuevos desafíos. Me gustaba haberlo conocido en un terreno tan vulnerable como familiar como es una plaza. Sin embargo, un tiempo después dejamos de vernos solo en la plaza. Un día le dije que viniera a comer a casa. Otro, fuimos los tres al departamento de él. Mis chicos adoraban a Lupi y ya se animaban a alzar a Benja o a darle de comer. Darnos un beso sin que nos vieran era un tema pero al final pudimos congeniar pareja y familia”,</i> se ríe Vanesa.</p><p>Con los meses terminaron operando como una familia normal de tres hijos y un perro.</p><p><i>“Así creo que nos veían todos los que no conocían nuestras historias respectivas. Casi sin darme cuenta </i><i><b>me había enamorado otra vez.</b></i><i> Al mismo tiempo, empecé a preocuparme por Benja y a ocuparme de él. Un día que se le complicó y su hermana estaba de viaje, le dije a Eduardo que yo lo llevaría al pediatra. Creo que llevábamos seis meses saliendo cuando le presenté a mis padres y hermanos”.</i></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/FDKOETFU3FCRZFE733UA3OCPNM.jpg?auth=7b2d7bc5b656d833901dd105bdfd002ad8324fe8dcf1d3071d6cec23b254d169&smart=true&width=1456&height=816" alt="Con el paso de los meses terminaron funcionando como una familia con tres hijos y un perro (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Hoy Eduardo y Vanesa llevan diez meses de relación formal. Ya han probado un viaje en familia a Tandil por cuatro días y apuntan a construir una vida juntos. El <b>ensamble familiar</b> funciona y sueñan con mudarse para vivir bajo el mismo techo. Los chicos esperan ansiosos el momento de estar todos juntos. Vanesa todavía le tiene que comunicar a su ex la noticia de que la nueva relación va tan en serio que están por formalizar y buscarán un departamento más grande. Y Eduardo se lo tiene que decir a su exsuegro y a la madre de su hijo.</p><p><i>“Tenemos temor de que algo arruine nuestra historia. Que algo salga mal. Que alguien no lo apruebe. Que mis hijos se vuelvan difíciles en la adolescencia. Pero bueno, vamos despacio. Pisando huevos. Lo único que quiero transmitir es esperanza y dar un mensaje: </i><i><b>el amor puede estar en cualquier lado.</b></i><i> Empujando un cochecito en la vereda o sonándole la nariz a un chico en el arenero. Pero tenés que permitirte mirar para descubrirlo”.</i></p><p>Hasta aquí llegamos. El futuro de este amor todavía no se ha escrito. Pero promete felicidad.</p><p>*Escribinos y contanos tu historia. amoresreales@infobae.com </p><p><i><u>* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas</u></i></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/OFUMNTBMRVGO5IQQTNHZV2LQWA.jpg?auth=3d8fa768e128daad05ea347d31760c1d48d9793067d891b761b21a7dfe8e510c&amp;smart=true&amp;width=1456&amp;height=816" type="image/jpeg" height="816" width="1456"><media:description type="plain"><![CDATA[En esas tardes, en las que Vanesa se sentía desbordada, empezó a compartir su historia con Eduardo (Imagen Ilustrativa Infobae)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Dos adolescentes fueron separados cuando ella quedó embarazada, dieron al bebé en adopción,  pero se reencontraron después de 40 años ]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2025/11/25/dos-adolescentes-fueron-separados-cuando-ella-quedo-embarazada-dieron-al-bebe-en-adopcion-pero-se-reencontraron-despues-de-40-anos/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2025/11/25/dos-adolescentes-fueron-separados-cuando-ella-quedo-embarazada-dieron-al-bebe-en-adopcion-pero-se-reencontraron-despues-de-40-anos/</guid><dc:creator><![CDATA[Nazareno Rosen]]></dc:creator><description><![CDATA[Distanciados por la vida y reunidos por el destino, una pareja estadounidense logró reencontrarse, conocer a su hija biológica y sellar su historia con un matrimonio lleno de segundas oportunidades]]></description><pubDate>Tue, 25 Nov 2025 14:16:37 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/4OXM7JHW7VF7RJCRJKZQTGFSMA.jpg?auth=3c18691a72a7cde60582735cc2d6cf4944e310b8c2856397117adacb60757be6&smart=true&width=1920&height=1078" alt="Kevin Carroll y Debbie Webber se reencontraron tras 40 años separados por un embarazo adolescente y las normas sociales de los años 60" height="1078" width="1920"/><p>En 1967, la vida de <b>Kevin Carroll</b> y <b>Debbie Webber</b> se cruzó en un auditorio donde ambos, adolescentes, participaban en audiciones de teatro organizadas entre sus respectivas escuelas. Kevin recuerda el primer instante en el que vio a Deb y reconoció de inmediato un fuerte sentimiento. “Le dije a un amigo mío: ‘¿Ves a esa chica? la voy a llevar a la fiesta del colegio,’” contó Kevin al programa Outlook de la <i>BBC</i>. Ella, por su parte, tampoco pudo evitar sentirse atraída: “<b>Recuerdo que cuando lo vi me pareció el chico más lindo que jamás hubiera visto</b>”, compartió Deb. Pronto, la amistad se transformó en romance y juntos comenzaron una relación marcada por la complicidad, sueños compartidos y planes de futuro.</p><p>La juventud de la pareja no impidió que imaginaran un futuro común; incluso planearon escaparse juntos a Maryland, donde podrían <b>casarse sin consentimiento parental a los 15 años</b>. Sin embargo, la vida tenía otros designios. Apenas dos semanas antes de ejecutar el plan, Deb descubrió que estaba embarazada, noticia que cambió el rumbo de ambos de forma irreversible. </p><p>A pesar del amor y el apoyo entre ellos, la reacción de las familias se rigió por las normas sociales vigentes en la época en <a href="https://www.infobae.com/estados-unidos/" target="_blank" rel="" title="https://www.infobae.com/estados-unidos/">Estados Unidos</a>, especialmente restrictivas para las adolescentes embarazadas. Los padres de Deb, aunque cariñosos y comprensivos con Kevin, enviaron a su hija a un hogar de madres solteras. “<b>Fueron muy cariñosos, amaban a Kevin, sabían que era un gran muchacho y que nos queríamos mucho. Pero en esa época las cosas eran muy distintas para las chicas que quedaban embarazadas</b>”, contó. Allí, Deb veía a su madre solo los fines de semana, mientras el futuro de la joven pareja se volvía cada vez más incierto.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/IIDCKJNNRZGM3DAULM37SKROZY.jpg?auth=029f2027260cdc3288866dbc24f0e23cb946b362bb80ee632465b3882d412c57&smart=true&width=1920&height=1440" alt="El embarazo de Deb en 1967 obligó a la pareja a separarse y entregar a su hija en adopción debido a la presión familiar y social" height="1440" width="1920"/><p>Durante ese periodo de separación involuntaria, Kevin se aferró a la esperanza de que, tras el nacimiento del bebé, podrían reunirse y construir una familia. Incluso convenció a su madre para alistarse en la infantería de Marina a los 17 años, con la idea de ofrecer seguridad económica y atención médica a Deb y al futuro hijo. “<b>Me enteré de que si me alistaba, a pesar de no estar casados, podría enviarle dinero a Deb, y que la Marina se encargaría médicamente de ella y del bebé</b>”, relató Kevin a la <i>BBC</i>. Los sueños se disolvieron abruptamente cuando, durante su entrenamiento, Kevin recibió una carta de Deb en la que anunciaba que el bebé sería dado en adopción. “Me acuerdo del sentimiento”, explicó Kevin con la voz rota. “<b>Estaba en este entrenamiento con varios marines, en el que no podías mostrar tus sentimientos, pero mi mundo interno se desmoronó</b>”. Aceptó la difícil decisión de Deb como la única alternativa lógica frente a la presión social.</p><p>Por su parte, Deb tampoco logró sobreponerse con facilidad. Perseguida por sueños angustiantes en los que abandonaba a su bebé, sintió cierto alivio cuando supo que una familia con cuatro hijos, deseosa de adoptar una niña, estaba interesada en su hija. “<b>Eso lo hizo más fácil, si se puede decir algo así. Me hizo sentir mejor con toda la situación</b>”, declaró Deb. El proceso fue doloroso y lleno de incertidumbres: la entrega de la niña se realizó en el aparcamiento de un hospital, una escena que marcó de manera indeleble su memoria. Tras la adopción, la familia de Deb se mudó a una región donde nadie conocía su pasado, pero el peso de la culpa y el dolor permaneció.</p><p>Kevin, entre tanto, fue enviado a <b>Vietnam</b> como parte de las <b>fuerzas especiales de los marines</b>. Allí vivió situaciones límite, incluyendo un rescate donde resultó gravemente herido por metralla. “<b>No pensé que fuera a salir de ahí y tuve esta pelea con Dios. Le dije: ‘No puedo creer que me vayas a dejar morir acá, en la mitad de la nada, a 18.000 millas de mi hogar, sin volver a ver a Debbie, sin ver a mi bebé,’</b>” narró Kevin a la <i>BBC</i>. </p><p>Tras meses de rehabilitación y numerosas cirugías, intentó retomar su vida, nunca olvidando a Deb. Ambos trataron, cada uno a su manera, de reconstruir sus existencias: Kevin enviudó y Deb se casó varias veces y fue madre de tres hijas, pero el recuerdo del amor adolescente y de la hija perdida nunca desapareció.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/IVY3VDE3YJC7HIC76UUIPO7LIA.jpg?auth=73a97a3657293ac909b522fae31a51cacce698f4e9599d688c826fb2508ee84d&smart=true&width=1920&height=1375" alt="Debbie Webber actualmente junto a su hija Val" height="1375" width="1920"/><p>Décadas después, el peso de los recuerdos llevó a Deb a compartir con sus hijas el secreto guardado por años: había tenido una hija durante su juventud y la entregó en adopción. “<b>Era el día de la madre. Estábamos en la cocina y les dije: ‘Tengo algo que contarles: cuando era muy joven, tuve un bebé,’</b>” relató Deb. Movidas por el deseo de conocer su historia, una de sus hijas ayudó a rastrear las pocas pistas que conservaban sobre la familia adoptiva. <b>Fue suficiente para dar con la hija biológica, Val</b>. El reencuentro entre madre e hija estuvo marcado por la comprensión y el perdón. “Tenía la madurez para comenzar la conversación reconociendo que teníamos mucho de que hablar, pero que yo apreciaba lo que había hecho y lo que había pasado. Que no había rencores de ningún tipo”, contó Val a Outlook.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/TVGEXU4HRFDUNP2HFMM4NXUAD4.jpg?auth=78dc5dafc023f3865e4f321ec18a0dce62de9da4a42991bb2e5613ba2ea304f5&smart=true&width=1920&height=2558" alt="Kevin Carroll, Debbie Webber y Val juntos en la actualidad" height="2558" width="1920"/><p>Impulsada por este nuevo capítulo, Deb decidió buscar también a Kevin, a quien localizó gracias a un obituario publicado tras el fallecimiento de la esposa de él. Le escribió una carta sencilla, proponiendo retomar el contacto y recordando sus años escolares. Kevin, sorprendido y emocionado, no dudó en llamarla, y juntos revivieron los recuerdos de su juventud. Poco después, <b>Deb le comunicó la noticia más impactante: había encontrado a su hija</b>. El reencuentro fue inmediato.</p><p>La historia culmina con el reencuentro entre los tres protagonistas. Kevin y Deb se reunieron con Val, compartiendo anécdotas, emociones y confesiones que mantuvieron en silencio durante cuatro décadas. Más allá del reencuentro con su hija, Kevin y Deb comprobaron que el amor juvenil persistía. “<b>Le confesé que nunca había dejado de amarla</b>” recordó Kevin. Deb le puso una condición: “Si en seis meses seguía siendo la persona maravillosa que recordaba, podríamos seguir juntos.” <b>Más de 40 años después de aquel primer romance, Kevin y Deb se casaron y ahora, a los 70, se acompañan cada día</b>. “Somos capaces de cuidarnos y amarnos durante esta etapa de la vida. Francamente, no hay nada más que me haga falta,” concluyó Deb para la <i>BBC</i>.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/4OXM7JHW7VF7RJCRJKZQTGFSMA.jpg?auth=3c18691a72a7cde60582735cc2d6cf4944e310b8c2856397117adacb60757be6&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1078" type="image/jpeg" height="1078" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Kevin Carroll y Debbie Webber se reencontraron tras 40 años separados por un embarazo adolescente y las normas sociales de los años 60]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Una noche de amor con una menonita, tres décadas de silencio y una llamada a la puerta que revolucionó su vida]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2025/11/23/una-noche-de-amor-con-una-menonita-tres-decadas-de-silencio-y-una-llamada-a-la-puerta-que-revoluciono-su-vida/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2025/11/23/una-noche-de-amor-con-una-menonita-tres-decadas-de-silencio-y-una-llamada-a-la-puerta-que-revoluciono-su-vida/</guid><dc:creator><![CDATA[Carolina   Balbiani]]></dc:creator><description><![CDATA[La historia de Daniel, un hombre común que nunca olvidó a la joven que desafió las reglas de su comunidad, hasta que una desconocida llegó para revelarle la verdad]]></description><pubDate>Sun, 23 Nov 2025 04:04:29 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/46N6DYN3JZELBCWMOMW4WH27FI.jpg?auth=dc9a37e33abc9022436b6b00bf929270417e346ad71bb8a08683e26c0aa3a02c&smart=true&width=1920&height=1080" alt="En su juventud, Daniel viajaba de pueblo en pueblo y al conocer a una joven de una familia de menonitas sintió un profundo interés (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p><i>“Soy un hombre grande ya, pero quería hablar de lo que a veces deja el amor. De lo que puede emerger, sin buscarlo, de una noche, de unas pocas horas. Cuidando mucho los detalles, les contaré mi historia”,</i> desgrana Daniel (68) habitante de una provincia del sur argentino que limita con La Pampa.</p><p>Hoy Daniel está casado con Vilma y ya tiene cinco nietos. Desde su ventana mira las montañas que crecen en el horizonte y se siente en paz con la vida. Asegura que por eso quiere compartir esa sorpresa que le dejó un amor que duró menos que la vida de una <i>mariposa efímera.</i></p><h2>Juventud, divino tesoro</h2><p>Ya lo dijo Rubén Darío, la juventud puede ser un divino tesoro, es esa época dónde todo vibra en una cadencia distinta. A Daniel lo encontró viajando de provincia en provincia por su trabajo con productos agrícolas. Su corazón también viajaba a su manera, <b>saltando de novia en novia</b>. Aprovechaba las oportunidades que le surgían de enamorarse cada día.</p><p><i>“¡Vivía enamorado! Conocía a una chica en un pueblo y caía rendido de amor. En otro viaje, me cruzaba con otra y me sucedía lo mismo. Durante mucho tiempo no pude mantener un noviazgo largo porque, aunque la infidelidad no era una meta, lo que sentía me impedía mantenerme atado a una mujer. Siempre pensaba que la que estaba llegando como novedad podría ser </i><i><b>la</b></i><i> </i><i><b>definitiva</b></i><i>. Con veintitantos años el amor era para mí como una marea que se extiende y se retrae y promete nuevas olas. Así anduve a los</i><i><b> tumbos emocionales</b></i><i> mientras crecía laboralmente”,</i> relata desde la madurez actual.<i> </i></p><p>Fue pasando los treinta, no recuerda exactamente el año, que un día en uno de esos pueblos que visitaba con frecuencia observó un paisaje distinto: una familia que parecía sacada de una foto antigua. Una chica joven y bellísima iba con un <b>pañuelo blanco</b> cubriendo su cabeza. Caminaba detrás de quienes él pensó serían sus padres y hermanos pequeños. Iban todos vestidos de una manera extraña, con jardineros y polleras largas. Ella lo miró, él la miró. Ella sostuvo la vista unos segundos y, luego, la bajó. Daniel la siguió mirando como en un sortilegio en medio de un escenario donde todo flotaba detenido. La familia se subió a un vehículo y se fue. Daniel despertó del embrujo y entró en el hipermercado. Le preguntó a una cajera quiénes eran esos personajes estrafalarios. La respuesta de la mujer, antes de seguir con lo suyo, fue:<i> “Son </i><i><b>menonitas</b></i><i>, vienen una vez por semana o cada tanto a buscar algunas cosas”.</i></p><p>Daniel quedó impactado con lo que había visto. Era como una película. No tenía idea qué era eso de “los menonitas”. Se puso averiguar un poco. </p><p>Descubrió que eran un grupo de personas que descendían de los germanos asentados en el Imperio ruso y que tenían distintas colonias en el mundo y un par en la Argentina. Supo que eran cristianos, que creían en Dios y en Jesús y que se llaman así por ser<b> seguidores de Menno</b> (un líder religioso anabaptista de los Países Bajos y que fue contemporáneo de los reformadores protestantes y cuyos seguidores terminaron denominándose “menonitas”). Aprendió que eran pacifistas a ultranza; que se bautizaban de adultos, que se apegaban con <b>rigidez a los textos bíblicos</b>; que no tomaban alcohol; que no aceptaban la tecnologías modernas; que se dedicaban a trabajar para agradar a Dios; que se especializaban en lo agrícola y que conservaban su idioma y costumbres y la sencillez a rajatabla. Se vestían de una manera que los hacía parecer personajes extraídos del pasado y los jóvenes <i><b>no tenían acceso a la música, ni al baile, ni a la televisión, ni a la radio, ni a los autos.</b></i> No dormían siesta y mantenían horarios estrictos. Por supuesto, los matrimonios con gente de otro origen y fuera de la colonia no tenían lugar e intentaban evitar las tentaciones que suelen presentarse para romper las reglas. Supo también que el pañuelo blanco en la cabeza de esa joven indicaba que era <b>soltera</b>. Por eso, su madre lo llevaba negro.</p><p>A Daniel le costaba imaginar un mundo tan distinto, cómo sería vivir así y cuán estrictos podrían ser.</p><h2>Encuentro casual y cita imposible</h2><p>Fue unos meses después que en el mismo lugar, quizá buscando un reencuentro no demasiado pensado, Daniel volvió a toparse con esa joven dentro del establecimiento comercial.</p><p><i>“Yo ya sabía que el pañuelo blanco que llevaba en la cabeza era porque era una mujer soltera, sin marido. Pero contra lo que todo lo que podría pensar, ella no se mostró tímida, no era como esperaba que fueran las mujeres menonitas: no tenía mirada sumisa, te la sostenía con una especie de audacia ingenua. </i><i><b>Me miró con intensidad</b></i><i>. Reconozco que yo tenía, en ese entonces, bastante facha. Y ella era una chica increíble, con unos ojos claros que te atravesaban y de una piel muy blanca, casi transparente. Yo, en cambio, soy morocho y tenía en ese tiempo la piel oscura, curtida por el sol. Pasé al lado de ella a propósito, bien cerca. Estábamos lejos de cualquier mirada y al pasar le dije alguna banalidad simpática que ya no recuerdo. Sabía que esa mujer era algo imposible, pero en mi afán conquistador lo intenté igual: le dije mi nombre y le pregunté el suyo. Ella tendría unos 28 años, algunos menos que yo. Para mi sorpresa no retrocedió y me respondió en castellano, mirándome a los ojos, que se llamaba Sara. Aposté por más y le propuse, rápido de reflejos y antes de que apareciera algún miembro de su familia o algo se interpusiera entre nosotros,</i><i><b> vernos a la semana siguiente a la misma hora allí,</b></i><i> que podríamos ir a algún sitio a tomar algo. Sonrió y con una sinceridad aplastante respondió:</i> Me gustaría<i> </i>mucho<i>. Quedamos así sin decir nada más y se fue”.</i></p><p>Daniel no entendía el éxito de su breve diálogo y no sabía cómo podría esa joven liberarse del control de su comunidad para verlo en siete días. Nunca lo supo.</p><p>La pregunta que él se hacía es ¿Iría ella al lugar? Daniel no iba a dejar pasar la ocasión.</p><p>A la semana siguiente, con puntualidad de reloj británico, Sara estuvo allí. Igual que él.</p><h2>El desliz de una noche perfecta</h2><p>No había pensado mucho en cómo se desarrollaría esa cita tan especial y distinta a otras en su vida. Sabía que las reglas de la existencia de Sara eran muy diferentes a las que él usualmente manejaba.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/F4JECW5QOJG5JAYNKDYJBH7OFE.jpg?auth=6b1e905bd52010b55c9dd297073b85eb654e9b368a7148df6ceaca57971efa51&smart=true&width=1920&height=1080" alt="El joven de corazón inquieto jamás imaginó hasta dónde llegaría ese encuentro con esa joven de 28 años, aun virgen (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p><i>“La verdad es que no tenía nada demasiado pensado. Iba a dejar que las cosas fluyeran. </i><i><b>Ella me gustaba mucho.</b></i><i> Era química y también, cómo negarlo, una gran atracción por ese mundo desconocido del que hasta ese entonces no había tenido ni idea de que existía. Salimos al sol. Ella con su pañuelo y su ropa de época pasada. Yo con mi jean nuevo y una remera oscura perfumada. Fuimos a un café. No la noté preocupada porque la vieran. La había prejuzgado. No sé si era rebeldía en su expresión más llana o si tenía una coartada de la que nadie podría sospechar. Charlamos como dos jóvenes normales y semejantes aunque no lo éramos. Supongo que algún parroquiano se habrá preguntado qué hacían esos dos personajes tan disímiles en una mesa. Pero no hubo tiempo de darse cuenta: los dos estábamos enfrascados uno en la mirada del otro. Sara era de una belleza tan pura y cristalina que no podía sacarle la vista de encima. Ella pidió un jugo. Yo, café. Solo de eso me acuerdo bien. Luego sucedieron horas de charla aunque la taza y el vaso ya estuvieran secos. Me preguntó por mi familia, por la vida corriente. Preguntó más que yo. Temía que mis preguntas fueran mal interpretadas y la ahuyentaran. Salimos y le rocé una mano. No la corrió.</i><i><b> Le dije que tenía, esto sí lo había planeado, un lugar donde podríamos estar tranquilos.</b></i><i> Solos y tranquilos. Entendió perfectamente. Vivía en una comunidad cerrada, pero no era tonta. Fuimos hasta el depto vacío de un amigo mío del pueblo”.</i></p><p>Caminaron cuatro cuadras bajo un sol que languidecía en un horizonte prendido fuego. Al abrir la puerta los golpeó un frescor muy agradable. Subieron la escalera al primer piso y entraron.</p><p><i>“Al subir yo escuchaba el chirrido de mis zapatillas contra cada escalón. A ella, en cambio, casi no la escuchaba moverse. Era suave, rozaba el piso, se deslizaba como un fantasma femenino. Entramos y encendí la luz de la entrada. En ese living semioscuro</i><i><b> la tomé de la mano</b></i><i> con seguridad como para que se sintiera protegida. Aunque creo que ese era un prejuicio mío. Porque en ningún momento Sara dio señales de que daría un paso atrás. Estaba decidida a probar lo que se le prohibía”.</i></p><p>Sara evidentemente quería saborear el mundo con sus propios ojos de cielo porque la situación evolucionó con rapidez a un plano físico.</p><p><i>“Enseguida se volvió activa y no esperó a mis avances. Avanzó ella. No con experiencia, más con </i><i><b>ansiedad por saber</b></i><i>, supongo, que por otra cosa. Porque después supe que en sus 28 años no había tenido nunca relaciones sexuales. Fue una tarde noche maravillosa. Tierna, llena de emoción, con pasión y con charlas. Me contó que hacía tiempo que quería saber qué pasaba del otro lado del cerco de su granja, cómo nos relacionábamos los hombres con las mujeres. Qué era lo normal para mí. Ya pasaron tantos años que no recuerdo mucho más, solo tengo las sensaciones grabadas. Fue un descubrimiento mutuo”,</i> revela Daniel.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/CLAMJOJO6NGHXNCSZULD6NENAM.jpg?auth=2aeaf004e3c382ff1fea5bfb8fb0cb70ec58ac0e7bc6bfc96dd7a7444aafea50&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Daniel vivió con Sara un anochecer maravilloso (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p>Terminado el encuentro ella le pidió que la dejara en una esquina donde la pasarían a buscar y quería que él se fuera antes. Daniel hizo todo como ella lo tenía digitado. Sara le prometió que volvería a comunicarse con él. No fantasearon mucho más, ya habría más oportunidades para hacerlo, imaginó Daniel.</p><p>Sin embargo, <b>no hubo más noches</b>. Ni se volvieron a ver. Simplemente Sara no volvió nunca al lugar del encuentro. El sueño mágico se evaporó.</p><h2>Lo que deja el amor</h2><p>A Daniel le costó olvidar a Sara. Pero con los meses empezó a pensar que la habían pescado en su mentira y que la habrían castigado con una reclusión más severa. No podía saberlo. Además, poco tiempo después cambió su ruta y no pisó, por un par de años, ese pueblo.</p><p>Volvió a tener novias y amigas hasta que <b>se casó con Vilma</b>. Llegaron sus hijos, tres varones, uno tras otro. La vida le sonrió y se mudó a una casa grande con pileta y limoneros. Abrió un local con productos para el campo y dejó de viajar. Tenía una vida más tranquila, de hombre adulto y consolidado. Sus hijos mayores crecieron y partieron a la capital a estudiar. </p><p>El menor ya tenía 15 o 16 años el día en que Daniel, estando solo en su casa porque Vilma estaba en el negocio y su hijo en el colegio, le tocaron el timbre.</p><p>Abrió sin pensar ni preguntar quién era. Ahí estaba una joven de unos 29 o 30 años de pelo rubio y unos ojos color cielo. Ella lo saludó con seriedad y timidez: <i><b>“¿Vos sos Daniel?”.</b></i></p><p><i>“Ninguno de los dos dijimos nada más. Yo inmediatamente me dí cuenta de todo. Fue como una epifanía. No precisé una sola palabra. Eran los mismos ojos de Sara y ella tenía la edad del tiempo que había pasado desde esa noche idílica que nunca olvidé. Segundos después atiné a preguntarle: Sí soy Daniel. </i><i><b>¿Y vos s</b></i><b>os hija de Sara?</b><i><b> </b></i><i>Asintió. La invité a pasar. Le ofrecí tomar algo. Solo dijo: </i>Agua, gracias. <i>Le pregunté cómo se llamaba y hundida en el sillón que parecía que se la tragaba, me respondió con suavidad: </i>Daniela, pero me dicen Dana”, recuerda Daniel con los ojos húmedos.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/B2H2RW3NVJDSVLOARIP6C736AI.jpg?auth=55fbd3a72814a8eb99dfe50366c10d8ff539698174749c0570ab8feed9151c65&smart=true&width=1920&height=1080" alt=""Vos sos Daniel", le preguntó una chica rubia y al ver su cara, él supo quién era (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p>De lo que sigue no recuerda el orden. Hubo abrazo cálido. Preguntas de Daniel a Dana sobre su vida y por qué nunca lo habían contactado antes. La respuesta resultó dolorosa: <i>“Mi madre no quería que lo hiciera. </i><i><b>Quería dejar las cosas como estaban.</b></i><i> No alterar a nadie. Vivíamos con mis abuelos. Sabía tu nombre y de dónde eras porque ella me lo contó todo. Ella murió el mes pasado y entonces yo decidí venir a verte. Quería conocerte”.</i></p><p>Dana contó que su familia materna la había cuidado bien, que se había criado con ellos sin demasiadas preguntas. Le reveló que Sara había muerto sorpresivamente por una apendicitis no detectada a tiempo que había derivado en una septicemia. Le contó también que para ese entonces ella ya llevaba un par de años viviendo <b>fuera de la comunidad</b>, que alquilaba un departamento en una localidad cercana, que trabajaba en una veterinaria y que tenía amigos nuevos. Dejó entrever que había comenzado la búsqueda de su propio destino fuera de ese grupo religioso, pero sin romper lazos. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/YVNKRMBPNVBIPKUDHUXBYBTEDM.jpg?auth=8ca2df6cfc15f3fdc7270383cfdc3a7e6c2928702fcea9d0a138aabfad9c593a&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Hoy, Dana forma parte de la familia que nunca supo que tenía, y Daniel celebra la sorpresa que le dejó aquel amor imposible (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p>Daniel le pidió a Dana que se quedara, quería presentarle a su hijo menor y a su mujer. Dana accedió, después de todo era por esto que se había acercado. De este encuentro ya pasaron más de diez años. Daniel todavía se conmociona al recordarlo: <i>“Ella era ese día como un cachorro abandonado que busca refugio. Estaba muy triste por la pérdida de su madre. La había dejado devastada. Pegó buena onda con mi mujer y se quedó en casa por varios días. Vilma estaba shockeada con la novedad, pero todos hicimos el esfuerzo de intentar tomar las cosas con naturalidad para no asustarla. Mis otros hijos la conocieron después. </i><i><b>¡Era la hermana mayor! </b></i><i>Considero que soy un afortunado de la vida por poder haber conocido a una hija de la que no sabía ni intuía su existencia. Una hija que lleva la mirada exacta de esa mujer que me enamoró brevemente, pero que me la dejó como herencia afectiva. Dana no rompió relación con nadie, solo buscó sumar y lo logró. La vida te da sorpresas. Y el amor, creo que a veces, algo viene a decirte, algo viene a enseñarte o algo viene darte. A mí me dio a mi hija mayor. Y, aunque me perdí sus primeros 30 años, pienso disfrutarla cada día de todos los que me queden de vida. </i><i><b>Dana tiene ahora una familia completa y yo también</b></i><i>”.</i></p><p>*Escribinos y contanos tu historia. amoresreales@infobae.com</p><p><u>* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas</u></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/F4JECW5QOJG5JAYNKDYJBH7OFE.jpg?auth=6b1e905bd52010b55c9dd297073b85eb654e9b368a7148df6ceaca57971efa51&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[El joven de corazón inquieto jamás imaginó hasta dónde llegaría ese encuentro con esa joven de 28 años, aun virgen (Imagen Ilustrativa Infobae)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[El romántico mensaje de Cinthia Fernández a Roberto Castillo que revela qué fue lo que la enamoró de él]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2025/11/20/el-romantico-mensaje-de-cinthia-fernandez-a-roberto-castillo-que-revela-que-fue-lo-que-la-enamoro-de-el/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2025/11/20/el-romantico-mensaje-de-cinthia-fernandez-a-roberto-castillo-que-revela-que-fue-lo-que-la-enamoro-de-el/</guid><dc:creator><![CDATA[Andrea Mazzei]]></dc:creator><description><![CDATA[la pareja eligió gestos significativos para fortalecer su vínculo y compartir su historia con el público]]></description><pubDate>Thu, 20 Nov 2025 17:38:55 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/5R4G4FHZYFESFB6EJZHNBYZIQ4.jpg?auth=26fc74587aa5ee3632cf4de945d6b120f323179ae5249eb5d772987c66e46e6b&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Cinthia Fernández contó a través de un mensaje a Roberto Castillo qué la enamoró de él (Instagram)" height="1080" width="1920"/><p><b>Cinthia Fernández </b>eligió su cuenta de Instagram para dedicarle un mensaje extenso y cargado de cariño a su pareja, <b>Roberto Castillo</b>. Con un texto escrito en primera persona y un <b>tono de absoluta sinceridad</b>, la bailarina expresó su perspectiva sobre el amor a través de una serie de frases que enumeran gestos cotidianos y significativos. “<b>Deberíamos enamorarnos de alguien que nos dedique canciones</b>. Deberíamos enamorarnos de esa persona que nos manda un mensaje a la mitad del día solo para decir un te amo o te extraño y haciéndonos sonreír al instante.<b> Deberíamos enamorarnos de quien pregunta cómo estás</b>, de esa persona que está atenta si comiste. Deberíamos enamorarnos de el que te espera <b>con el café que tanto te gusta a la salida de tu trabajo</b>. Del que te cuida cuando estás enferma. Deberíamos enamorarnos de quien proteja, juegue y disfrute a tus hijos. <b>Deberíamos enamorarnos de alguien que haga hasta lo imposible por vernos brillar</b>”, expresó Fernández, acompañando el texto con un corazón y una dedicatoria directa a su pareja.</p><p>Cinthia profundizó en lo que considera esencial en una relación: “Deberíamos enamorarnos de esa persona que te consiente y te presume, <b>de esa persona que te eleva todos los días</b>. Deberíamos enamorarnos de esa persona que tiene sus sueños y proyectos con vos, y que te sueñe todos los días. Deberíamos enamorarnos de alguien que valore más nuestros sentimientos que su orgullo y ego… <b>Por eso yo me enamoré de vos</b> ♥️ TE AMO @<i>robertocastillo_</i>”. La publicación se acompaña de emociones y detalles concretos sobre la dinámica que ambos construyen día a día.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/EPNFWJ476NFO7MJZMJ763ACHCY.jpg?auth=75f7eedfe0d6b0eeaa8286d7000d7ed75238bc9e4b517207bf4c1db5152a33b9&smart=true&width=814&height=539" alt="Cinthia Fernández le dedicó un tierno mensaje a Roberto Castillo: "Deberíamos enamorarnos..." (Instagram)" height="539" width="814"/><p>El abogado Roberto Castillo no tardó en responder a través de la misma red social. “<b>Te amo @cinthia</b><i><b>fernandez</b></i>”, publicó en los comentarios, consolidando la declaración pública y resaltando la complicidad de la pareja. La imagen elegida para ilustrar este intercambio es una fotografía en blanco y negro de ambos, en la que se los ve mirándose a los ojos y sonriendo. El fondo sugiere que la postal fue tomada a la salida de Tribunales. Castillo viste un traje oscuro con camisa abierta sin corbata, mientras que Fernández lleva pantalones sastreros pinzados y una chaqueta amplia. En la imagen, ambos aparecen vestidos de manera formal y relajada al mismo tiempo, reflejando una espontaneidad que reafirma el vínculo. La risa abierta y la mirada que comparten ante la cámara se convierten en una muestra de complicidad y afecto genuino. El entorno suma relevancia al momento, ya que él es abogado y ella transita el proceso de convertirse en letrada mientras estudia abogacía.</p><p>Hace un mes, la pareja viajó a Miami para disfrutar unos días a solas, sin los hijos de cada uno. Ese viaje reciente se convirtió en escenario de uno de los gestos más comentados en redes sociales:<b> el tatuaje de Roberto Castillo</b>. Durante la estancia en La Florida, la bailarina compartió postales de playa y relax, pero lo que llamó la atención de los seguidores fue la aparición de un nuevo diseño en la espalda de Castillo. En tinta negra y de forma visible, se pudo leer el nombre completo de su pareja: “<b>Cinthia Fernández</b>”. El tatuaje se transformó en tendencia, con cientos de menciones y comentarios sobre el significado del gesto y el momento que atraviesa la pareja.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/5GFS3ZLL5ZCJBP4YUAQYGT5RB4.jpg?auth=dbb16d9fabc7ea6fa2f41dc3ab0578c5b6c479ad9bdb7b757ca70c9d2bc8f597&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Cinthia Fernández y Roberto Castillo viajaron a Miami juntos en una escapada romántica (Instagram)" height="1080" width="1920"/><p>El viaje tuvo un valor especial debido al contexto personal de la mediática. En los días previos, Fernández había enfrentado críticas al sorprender a sus hijas durante un viaje de egresados, situación que generó polémica en redes y medios. A pesar de ello, la bailarina prefirió centrar la atención en su relación de pareja y compartir escenas de disfrute y cercanía con Castillo. En las imágenes publicadas, ambos se muestran sonrientes y relajados, ajenos a la controversia y enfocados en sus propios momentos de felicidad.</p><p>La historia de los tatuajes tiene antecedentes. No fue la primera vez que la relación se expresó en tinta. En una entrevista previa en<i> DDM,</i> Fernández reveló que ambos llevan el nombre del otro tatuado; Castillo optó por el nombre y apellido de ella en la espalda, mientras que Fernández eligió “Roberto” en el hombro derecho. Sobre esa diferencia, Fernández comentó entre risas: “Los dos tenemos (tatuajes), se lo tatuó en el mismo lugar. Él se tatuó nombre y apellido ‘Cinthia Fernández’. Yo no, yo puse nombre, pero porque se me juntaba con otro de la espalda y cuando nos dimos cuenta ya estaba hecho.” Este intercambio se viralizó y generó comentarios sobre lo que representa elegir dejar grabado el nombre del otro en la piel.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/OZGSMW6SOZGTHGFEEDNAAXNGWA.png?auth=b3fc09f6ed8a9d19ba62eee84fb4822d76395be74c98c0439aa074a2282da3fb&smart=true&width=480&height=871" alt="Roberto eligió plasmar en tinta el nombre  y apellido de la bailarina (Instagram)" height="871" width="480"/><p>La relación entre la bailarina y el abogado suma poco más de un año. Durante ese tiempo, el vínculo pasó de discreción absoluta a exposición pública. En ese camino hubo crisis, viajes y reconciliaciones. Hoy, con la idea de un casamiento en el horizonte y un compromiso que trasciende los gestos simbólicos, Fernández y Castillo conviven con la mirada permanente de los medios y de los seguidores. Las señales de ambos, lejos de ser efímeras, muestran una dinámica de confianza y entrega que ellos mismos eligen compartir y celebrar.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/5R4G4FHZYFESFB6EJZHNBYZIQ4.jpg?auth=26fc74587aa5ee3632cf4de945d6b120f323179ae5249eb5d772987c66e46e6b&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Cinthia Fernández contó a través de un mensaje a Roberto Castillo qué la enamoró de él (Instagram)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Fueron novios seis años y después de separarse, siguieron festejando su “no aniversario”: el fantasma de un amor que nunca se fue]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2025/11/16/fueron-novios-seis-anos-y-despues-de-separarse-siguieron-festejando-su-no-aniversario-el-fantasma-de-un-amor-que-nunca-se-fue/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2025/11/16/fueron-novios-seis-anos-y-despues-de-separarse-siguieron-festejando-su-no-aniversario-el-fantasma-de-un-amor-que-nunca-se-fue/</guid><dc:creator><![CDATA[Carolina   Balbiani]]></dc:creator><description><![CDATA[Manuela y Hernán se conocieron en unas vacaciones en Villa Gesell el 14 de enero de 2004, cuando los dos tenían 21 años. Seis días después, él le pidió el noviazgo. Pasaron más de dos décadas de aquella primera vez. La relación se rompió dos veces: cuando eligieron separarse y cuando ella le pidió que no se volvieran a ver porque su presencia le impedía vivir su propia vida. "La distancia separa cuerpos, no corazones", dice ella]]></description><pubDate>Sun, 16 Nov 2025 04:54:44 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/VBCPZWG24BFZXH3LH4GX6SE2VA.jpg?auth=e2d49f3cde538d017174ab981a9a33455ecccb37e7d9a0aa0998620466b598b8&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Manuela y Hernán se enamoraron en unas vacaciones de verano. "Fue amor a primera vista. Esa misma noche chapamos y tuvimos una conexión única", cuenta ella (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p>El punto de partida es Villa Gesell. La fecha: miércoles 14 de enero de 2004. La protagonista se llama Manuela y tiene 21 años. Está con tres ex compañeras de colegio en el departamento alquilado de los padres de una de ellas. Apenas llegan, tiran los bolsos y salen corriendo hacia la playa. Van caminando por la orilla del mar cuando pasan por una cancha de fútbol improvisada sobre la arena donde un grupo de chicos se entretiene. Chistes que van y vienen y las tres chicas que terminan sentándose sobre una lona para verlos jugar. Ellos son una banda de amigos de la localidad de Bella Vista, de la provincia de Buenos Aires. Al lado de Manuela se sienta Hernán. El protagonista. También tiene 21 y estudia ingeniería en Rosario. La misma ciudad donde vive Manuela. La cosa sigue con mates y risas durante toda la tarde. Quedan en volverse a ver todos juntos esa noche, en el boliche. </p><p><b>Manuela se queda con el corazón en la mano</b>. Primer día de verano. Primer día de amor.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/NNQLCQJ7OFBZXJHYXT72MDTXBM.jpg?auth=80ee9ff40d5e0bfc2c9227f23f7305f8fef67a3ed67caaead00229474526bbaa&smart=true&width=1920&height=1080" alt=""Hernán era un morocho musculoso, de impresionantes ojos turquesas. Jamás en mi vida volví a encontrarme con una mirada así de conmocionante" (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><h2>Recuerdos del amor eterno</h2><p>Manuela hoy es contadora de empresas, tiene 42 años, está separada del padre de su única hija Camila de 9 años y está de novia desde hace un tiempo. Vive con su hija y con su madre en la misma ciudad de toda su vida.</p><p>Recuerda con añoranza aquella época dorada: <i>“Ese verano era imposible no vernos con Hernán. ¡Nos encontrábamos todo el tiempo! En la peatonal, en la playa y por la noche. En un lugar así de verano te cruzás permanentemente. Con Hernán fue amor a primera vista. Esa misma noche chapamos y tuvimos una conexión única. Los catorce días que siguieron estuvimos siempre juntos, de acá para allá. Éramos siempre los últimos en irnos de la playa y en el boliche caminábamos de la mano. Fue un amor natural que no hizo falta construir, parecía que estaba ahí, simplemente, esperándonos. </i><i><b>Desde el minuto cero en que nos conocimos no pudimos separarnos más por seis largos años</b></i><i>. Hernán era un morocho musculoso, de impresionantes ojos turquesas. Jamás en mi vida volví a encontrarme con una mirada así de conmocionante. El 20 de enero me preguntó si quería ser su novia. Le respondí desconfiada que era imposible ponerse de novios seriamente en una playa ¡porque en verano todo suele ser efímero! Él, en ese mismo instante en que le respondí, se largó a llorar. Consideró que lo estaba juzgando y me dijo que él no era como todos los demás. Me convenció y confié. Le pedí disculpas porque no había querido ofenderlo y le expliqué que estaba acostumbrada a que todo el mundo considerara que los romances de vacaciones eran amores pasajeros de verano donde los chicos solamente buscaban acostarse con las chicas. Al final le dije que sí, que quería ser su novia. ¡Decirle que sí fue la mejor decisión que pude haber tomado! Mi corazón entendió enseguida que él no era uno del montón sino que era un hombre portador de una sensibilidad extrema. Algo que nunca había conocido antes y, además, tenía un sentido del humor único. Hernán fue y es el gran amor de mi vida”.</i></p><p>Lo que siguió fue un noviazgo de chicos jóvenes muy enamorados que deben asomarse al mundo adulto y al futuro que desean. Con las complicaciones que suelen emerger.</p><p><i>“Estuvimos de novios seis años y felices. Pero, en un momento, no sé bien cómo, ni por qué, sentimos que para poder cumplir nuestros sueños debíamos separar nuestros caminos. Yo quería ser mamá y no deseaba postergarlo más; él quería ser un fotógrafo reconocido y tampoco quería relegar su carrera. El inconveniente es que los fotógrafos nunca están… ni jueves ni viernes ni sábados ni domingos. Si no yo iba a sostenerle el flash no lo veía los fines de semana. Y bueno, </i><i><b>me cansé, yo no quería eso para mí</b></i><i>. Quizá era muy hincha pero quería verlo más y él estaba con muchos eventos y sociales, a cualquier hora, y era muy difícil. En un momento hicimos un acuerdo: un finde trabajaba y otro no. Pero bueno esas limitaciones respecto de lo que cada uno quería fue un poco lo que hizo que tomáramos la decisión de dividir nuestro camino en dos para poder cumplir nuestros sueños. Creímos que era lo que había que hacer y lo hicimos”,</i> relata Manuela. Suena arrepentida. Aunque no es lo que dice. </p><p>Cortaron y siguieron cada uno por su propia avenida de la vida. A pesar de ello siguieron hablando entre ellos con frecuencia. </p><p>A los tres meses, Hernán conoció a una chica de 18 años. Empezó a salir y, al tiempo, se puso de novio. Golpazo para Manuela.</p><p>Lo explica así: <i>“Es que no era que habíamos quedado amigos,</i><i><b> no era una amistad; nosotros nos seguíamos queriendo. Seguíamos teniendo piel</b></i><i>. Pero bueno, él empezó con esa chica y siguió adelante. En un momento, en uno de nuestros encuentros, dijimos de volver como pareja: él iba a cortar con esa relación. Para mí no estaba enamorado, pero es muy sensible y se compromete mucho. Un día de esos me llamó y me dijo que quería que yo lo aconsejara. El tema es que él le había dicho de romper a su novia y la madre de ella lo había llamado para contarle que estaba internada. ¡Resulta que ella se había tomado unas pastillas! Lo que Hernán quería preguntarme era qué debía hacer, si ir a visitarla al sanatorio o no. Me enojé con ese llamado y le respondí que no era mi tema, que él tenía que hacer lo que creyera que tenía que hacer”</i>. </p><p>Lo que Manuela no dice, pero intuyo que sintió, es que su futuro estaba siendo manipulado con un blister de pastillas. Lo que sí admite es la molestia que le generó percibir el miedo de él a seguir adelante con la ruptura planeada. </p><p>Sea como fuere, el amor que sentían había quedado atrapado en un sitio no deseado. En un lugar difícil de alcanzar. Y volver a intentar una pareja no fue desde entonces una opción para Hernán. </p><p>Amar podría ser sinónimo de muerte.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/PIGXUTBDMZEMHE42PQ3OVP7IEY.jpg?auth=002863168e7752932ca2c938c9214daaedd536569f7cf13c1a35ca219b9233f1&smart=true&width=1920&height=1080" alt=""Pero, en un momento, sentimos que para poder cumplir nuestros sueños debíamos separar nuestros caminos. Yo quería ser mamá; él quería ser un fotógrafo reconocido" (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><h2>“Feliz no aniversario”</h2><p>Manuela tuvo varios novios más. Hernán siguió viviendo en Rosario y con su misma novia. Aun así el contacto entre ellos continuó. La necesidad de saber del otro era más fuerte que nada. Un sentimiento que no se apagaba.</p><p><i>“Todas mis parejas siempre supieron de la existencia de Hernán”,</i> reconoce Manuela. </p><p>Es que <b>Hernán nunca terminó de irse de su vida y menos de su corazón</b>.</p><p>Siguieron viéndose cada tanto sin que entre ellos pasara nada físico. Solo una vez en tantos años, admite Manuela, pasaron a otro terreno: <i>“Una sola vez, estando los dos de novios, fuimos a un motel. Pero después ya no volvimos a hacerlo. Todo era más bien conversaciones profundas sobre nuestras vidas. Cada uno siguió con lo suyo y yo nunca me casé. ¡Con el único que planeé casarme fue con Hernán! Le decía siempre: </i><b>el día que me case lo único que quiero ver son tus ojos</b>.<i> Pero bueno, pasó la vida, formé pareja, me hice una casa, tuve una hija a los 33 y viví con esa pareja durante ocho años. En una de las tantas charlas que tuvimos con Hernán, luego de que tuve a Camila, él me confesó que había llorado cuando se enteró de que yo había sido mamá. Cuando mi hija cumplió 4 años me separé. La convivencia era demasiado difícil. Él tenía otro hijo más grande y era complejo el ensamble familiar”.</i></p><p>Manuela quiere aclarar algo que le parece importante. Dice que esta no es una historia de infidelidad porque asegura que ni ella ni Hernán son personas infieles por naturaleza y que ambos tienen valores <i>“intachables, pero el estar juntos parecía quedar fuera de toda esa moral establecida. No me es fácil explicarlo. No era cualquiera. Era Hernán. Ese amor estuvo presente a lo largo de más de veinte años de mi vida. A veces lo bloqueaba porque sentía que no podía concentrarme en construir mi vida sin él, pero siempre necesitábamos volver a saber del otro. </i><i><b>¡Todos los 20 de enero nos escribíamos! Es nuestro aniversario. Los dos festejábamos habernos conocido</b></i><i>”.</i> </p><p>Ese feliz “no aniversario” se mantuvo vigente hasta hace dos años.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/DXBLZLJBNNBK3F4WO3TML7AA4I.jpg?auth=f46d308fbc870b8d57ef9992e88139b6d3213c5d3620e954d568222d1f990f77&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Hernán apareció en la clínica donde estaba internado su ex suegro con un ramo y un sobre con dinero (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><h2>El fantasma del amor</h2><p>En febrero de 2022 el papá de Manuela se enfermó con Covid. Era paciente oncológico, atravesaba un cáncer de próstata, y las cosas se complicaron gravemente. Hernán se enteró de la situación y la llamó. Entre otras cosas le preguntó dónde estaba internado.</p><p>Al día siguiente, Manuela estaba con su padre, en la habitación de terapia del sanatorio, esperando al kinesiólogo, cuando tocaron la puerta. Apareció un hombre con barbijo y con un ramo de flores en la mano. Por encima del tapabocas brillaban esos dos ojos turquesas.</p><p>Era Hernán. </p><p>Se abrazaron interminablemente. Manuela se desarmó. En ese momento lo precisaba tanto. Hernán le entregó las flores con un sobre. Después que se fue, Manuela encontró en ese sobre dinero para solventar los gastos de la internación de su padre y una tarjeta escrita por Hernán: “<i>Esto es por haberme recibido con tanto amor cuando estaba solo en esta gran ciudad”.</i></p><p>Manuela sintió que Hernán estaba como siempre, que la cuidaba: <i>“Fuimos los últimos en ver a mi papá con vida. Semanas después, papá ya había muerto. Hernán, que conocía de mi dolor, empezó a venir a visitarme todos los martes, antes de su partido de fútbol. Nos quedábamos charlando dentro del auto. Me acompañaba, conversábamos, me hacía reír. No eran besos ni nada de eso. Era solo estar juntos de una manera tan especial”.</i></p><p>Manuela asegura creer que eso que los unía era puro amor verdadero: <i>“Para mí, al principio al menos, él no estaba enamorado de su novia. Yo sentía más bien que él estaba por obligación, por compromiso, porque es una persona super sensible. Quizá con el pasar de los años se haya enamorado. No lo sé porque nunca hablamos de eso”</i>.</p><p>Es inevitable preguntar por qué no desmenuzaron lo que les sucedía o por qué nunca volvieron a intentarlo. Manuela no tiene respuesta.</p><p><i>“Ni él me pidió volver, ni yo se lo pedí… Quizá sea que le tengo un respeto muy grande y si él lo decidía así, estaba bien. Ni él ni yo somos personas infieles. No es nuestro modelo de vida. No sé cómo explicarlo, pero entre nosotros pasaba algo distinto. No se sentía como una infidelidad. Hice terapia mucho tiempo porque me pasé años llorando. Y bueno, el tema de la segunda oportunidad no se dio finalmente. No pudimos volverlo a intentar. Si él hubiese estado solo, quizá podría haberse dado, pero hace quince años que está con ella. Por eso, en un momento determinado,</i><i><b> le pedí que dejara de pasar los martes a verme porque a él le hacía bien, pero a mí no</b></i><i>. Yo me preguntaba ¿para qué viene? Me quedaba ilusionada y eso me hacía mal porque me impedía proyectar o estar con otra persona. A finales de 2022 dejamos de vernos. Le avisé que me retiraba de estos encuentros, que no iba a hablar más con él y lo saqué de mis redes”.</i></p><p>Pero ni con mucha voluntad se logra arrancar por la fuerza a alguien del corazón.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/T45D6UB6PRCSHFMI4XTCSZY6GU.jpg?auth=b28ca81d840b98ebffdae0873baa18c7524765d2baf1fae344b7458ae88db105&smart=true&width=1920&height=1080" alt="A pesar de haber roto el noviazgo, Manuela y Hernán se seguían encontrando a solas (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><h2>Novedades en Facebook</h2><p>Hace poco, por las redes donde comparten algunos conocidos, se enteró de casualidad que Hernán se acababa de casar con aquella novia. No solo eso: por otro posteo ajeno supo que espera un hijo. Reconoce conmovida: <i>“Me morí con la noticia de que está esperando su primer bebé. Toda mi vida le deseé felicidad y celebro sus logros, sin importar que ya no estemos juntos.</i> <i>Pero hoy, veinte años más tarde, sigo sintiendo que el corazón me late más fuerte y que los ojos se me desbordan cuando recuerdo nuestra historia. Alguna vez leí una frase que siento que nos representa:</i> la distancia separa cuerpos, no corazones”.</p><p>El grupo musical español, <i>La Oreja de Van Gogh,</i> entona un tema que va perfecto para Manuela y Hernán, aunque ya no festejen sus “no aniversarios” cada 20 de enero:</p><p><i>“... la madrugada del 20 de enero saliendo del tren,</i></p><p><i>me pregunté qué sería sin tí el resto de mi vida</i></p><p><i>y desde entonces te quiero, te adoro y te vuelvo a querer,</i></p><p><i>te perdí y no te perderé</i></p><p><i>Nunca más te dejaré… ”.</i></p><p><i>*Escribinos y contanos tu historia. amoresreales@infobae.com</i></p><p><i>*Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas</i></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/VBCPZWG24BFZXH3LH4GX6SE2VA.jpg?auth=e2d49f3cde538d017174ab981a9a33455ecccb37e7d9a0aa0998620466b598b8&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Manuela y Hernán se enamoraron en unas vacaciones de verano. "Fue amor a primera vista. Esa misma noche chapamos y tuvimos una conexión única", cuenta ella (Imagen Ilustrativa Infobae)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Natalia Salas y Sergio Coloma celebran emotiva boda religiosa entre lágrimas y alegrías]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2025/11/16/natalia-salas-y-sergio-coloma-sellan-su-amor-en-una-emotiva-boda-religiosa-llena-de-alegria-y-lagrimas/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2025/11/16/natalia-salas-y-sergio-coloma-sellan-su-amor-en-una-emotiva-boda-religiosa-llena-de-alegria-y-lagrimas/</guid><dc:creator><![CDATA[Cecilia Arias]]></dc:creator><description><![CDATA[La actriz peruana y su esposo vivieron una ceremonia inolvidable junto a su hijo y rodeados de amigos del espectáculo, en un evento que celebró la felicidad de la pareja.]]></description><pubDate>Sun, 16 Nov 2025 02:38:38 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<p>La emoción fue protagonista este <b>15 de noviembre de 2025</b>, cuando<a href="https://www.infobae.com/peru/2025/11/06/natalia-salas-sorprende-al-anunciar-su-matrimonio-civil-con-sergio-coloma-oficialmente-senora-coloma/" target="_blank" rel="" title="https://www.infobae.com/peru/2025/11/06/natalia-salas-sorprende-al-anunciar-su-matrimonio-civil-con-sergio-coloma-oficialmente-senora-coloma/"> <b>Natalia Salas</b> y <b>Sergio Coloma</b> celebraron su <b>boda </b></a><b>religiosa</b> rodeados de familiares, amigos y su hijo, en una ceremonia que marcó un nuevo capítulo en su historia de amor y superación. La actriz peruana, reconocida por compartir abiertamente su <a href="https://www.infobae.com/peru/2025/10/19/natalia-salas-revela-que-el-cancer-regreso-en-una-sus-vertebras-se-que-voy-a-estar-bien-y-voy-a-luchar-siempre/" target="_blank" rel="" title="https://www.infobae.com/peru/2025/10/19/natalia-salas-revela-que-el-cancer-regreso-en-una-sus-vertebras-se-que-voy-a-estar-bien-y-voy-a-luchar-siempre/">lucha contra el <b>cáncer de mama</b></a>, vivió una jornada llena de alegría y lágrimas, consolidando su vínculo con Coloma tras más de siete años de relación.</p><h2>Boda religiosa de Natalia Salas y Sergio Coloma</h2><p>El esperado enlace <a href="https://www.infobae.com/peru/2025/11/06/magaly-medina-celebra-el-matrimonio-civil-de-natalia-salas-y-revela-detalles-de-su-boda-se-caso-feliz-de-la-vida/" target="_blank" rel="" title="https://www.infobae.com/peru/2025/11/06/magaly-medina-celebra-el-matrimonio-civil-de-natalia-salas-y-revela-detalles-de-su-boda-se-caso-feliz-de-la-vida/">religioso de <b>Natalia Salas</b> y <b>Sergio Coloma</b> </a>reunió a <b>260 invitados</b>, quienes fueron testigos de una jornada cargada de emociones. La actriz llegó al altar del brazo de su hijo, luciendo un vestido corte princesa con escote en V, acompañado de un delicado tocado y un velo largo que realzaron su elegancia. <b>Sergio Coloma</b> optó por un clásico smoking negro, reflejando la armonía de la pareja en este momento especial.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/Z4S6JP24HZG35LJXPLIBIN5KZI.png?auth=59054809d35c10ae40fcce616bd7c9ec60a1da889b177b1c50c20ebbdb6a9d52&smart=true&width=1280&height=720" alt="La actriz peruana Natalia Salas consolida su historia de amor y superación junto a Sergio Coloma tras siete años de relación." height="720" width="1280"/><p>Durante la ceremonia, la emoción fue evidente. Salas no pudo contener las lágrimas al encontrarse en el altar, un gesto que reflejó la felicidad y el significado profundo de la unión. Entre los asistentes destacaron figuras del espectáculo como <b>Anahí de Cárdenas</b>, amiga cercana de la actriz, y <b>Cathy Sáenz</b>, quien compartió imágenes del evento y celebró la alegría vivida en cada instante.</p><p>En declaraciones previas para <i>Magaly TV La Firme</i>, la propia <b>Natalia Salas</b> bromeó sobre los preparativos y los gastos de la boda, mostrando su sentido del humor: “Amigos que tengo un millón, si cada uno me da S/1, la boda no saldría tan cara. No me manden adornitos ni cubiertos, yapéenme. Mientras más te emocionas, más sale el gasto”, expresó entre risas, reflejando la cercanía y complicidad con sus invitados.</p><h2>Matrimonio civil y la historia de amor de la pareja</h2><p>Días antes de la ceremonia religiosa, el <b>5 de noviembre de 2025</b>, <b>Natalia Salas</b> y <b>Sergio Coloma</b> celebraron su <a href="https://www.infobae.com/peru/2025/10/21/natalia-salas-sigue-firme-con-su-boda-y-disfruta-su-despedida-de-soltera-en-jamaica-no-hay-metastasis-que-me-detenga-me-caso-si-o-si/" target="_blank" rel="" title="https://www.infobae.com/peru/2025/10/21/natalia-salas-sigue-firme-con-su-boda-y-disfruta-su-despedida-de-soltera-en-jamaica-no-hay-metastasis-que-me-detenga-me-caso-si-o-si/"><b>matrimonio civil</b> en una ceremonia íntima</a> realizada en el <b>Fundo Odría</b>. La actriz compartió la noticia en sus redes sociales con un mensaje lleno de gratitud: “Nos casamos. Oficialmente señora Coloma jijiji. #bodaCivil #5deNov #felizota #agradecida”, acompañado de fotografías donde ambos aparecen sonrientes y tomados de la mano.</p><p>El atuendo de la novia, diseñado por <b>Cleofé Mendoza</b>, fue destacado por <i>Magaly TV La Firme</i> por su elegancia y estilo peruano, mientras que <b>Sergio Coloma</b> eligió un terno oscuro para la ocasión. La celebración se desarrolló en un ambiente familiar y discreto, priorizando la cercanía y el significado del momento.</p><p>La historia de la pareja se remonta a más de siete años de relación y un compromiso anunciado en agosto de 2021 durante unas vacaciones familiares. Desde entonces, han enfrentado juntos desafíos significativos, especialmente la <a href="https://www.infobae.com/peru/2025/10/22/magaly-medina-resalta-la-actitud-de-natalia-salas-en-su-batalla-contra-el-cancer-no-solo-es-luchadora-sino-que-es-una-mujer-muy-positiva/" target="_blank" rel="" title="https://www.infobae.com/peru/2025/10/22/magaly-medina-resalta-la-actitud-de-natalia-salas-en-su-batalla-contra-el-cancer-no-solo-es-luchadora-sino-que-es-una-mujer-muy-positiva/">batalla de <b>Salas</b> contra el <b>cáncer de mama</b></a>, diagnóstico que hizo público en 2022. En entrevistas previas, la actriz ha resaltado el papel fundamental de <b>Coloma</b> en su vida: “Él ha estado conmigo en todo momento, en las buenas y en las malas. Es un hombre maravilloso, un gran papá y mi mejor amigo”, declaró.</p><p>La reciente recaída de <b>Salas</b> en su enfermedad, revelada semanas antes de la boda, generó muestras de apoyo y admiración en redes sociales. Mensajes como “Te mereces toda la felicidad del mundo” y “Eres un ejemplo de amor y valentía” inundaron sus publicaciones. <b>Magaly Medina </b>destacó en su programa la fortaleza de la actriz: “Ella viene luchando arduamente contra un cáncer de mama... Pero ahí está, dejando de lado las enfermedades, vistiéndose de positivismo, con la energía y el entusiasmo que siempre le pone a la vida. Está celebrando su boda”<i>, </i>dijo.</p><p>La boda civil, según <i>Magaly TV La Firme</i>, fue un reflejo de la autenticidad y el amor que une a la pareja, quienes priorizaron el significado del compromiso por encima de la ostentación. La felicidad de <b>Salas</b> al convertirse en “señora Coloma” quedó registrada en un mensaje enviado a la conductora: “Hola, Magali. Ya soy oficialmente la señora Coloma. Muchas gracias”, compartió la actriz con evidente emoción.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/3J3KQ5J4KNGUNF5UULHMMH3YTU.png?auth=f0256a80b2308c1ae3cd44e03553f7ed09b90e7eb192c618a5b64d1aeb75ed23&amp;smart=true&amp;width=1280&amp;height=720" type="image/png" height="720" width="1280"><media:description type="plain"><![CDATA[Natalia Salas y Sergio Coloma sellan su amor en una emotiva boda religiosa llena de alegría y lágrimas.]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Una alumna suiza en turno noche y un primer beso grabado a fuego: “El amor verdadero no se pierde, en muchos casos ¡se espera!”]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2025/11/09/una-alumna-suiza-en-turno-noche-y-un-primer-beso-grabado-a-fuego-el-amor-verdadero-no-se-pierde-en-muchos-casos-se-espera/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2025/11/09/una-alumna-suiza-en-turno-noche-y-un-primer-beso-grabado-a-fuego-el-amor-verdadero-no-se-pierde-en-muchos-casos-se-espera/</guid><dc:creator><![CDATA[Carolina   Balbiani]]></dc:creator><description><![CDATA[Jorge narra la inesperada llegada de Lynda a su escuela nocturna de la ciudad de Rosario, a mediados de la década del noventa. A los 44 años, recuerda momentos inolvidables de aquel romance que se inició con un desafío y un beso robado que terminó en “chape”. Cómo la vida los llevó a que los sentimientos resurgieran después de muchas tempestades personales]]></description><pubDate>Sun, 09 Nov 2025 06:01:41 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/QSWA3PJKEFHPFPTZGQVM6EYXDU.jpg?auth=8f8ee896c05e50ae3cf737c8eb1491365a124fd812c700f9a7bc80148efa205a&smart=true&width=761&height=888" alt="Lynda y Jorge, muy divertidos, en los tiempos de la secundaria" height="888" width="761"/><p>La semilla de esta historia de amor quedó plantada en la intensa época en la que se empieza a vivir con el corazón en la mano: el secundario. Una vez más en esta sección, es un hombre el que se acerca a relatarla: Jorge, 44 años y empleado de una metalúrgica. Es curioso descubrir cuán románticos pueden ser.</p><h2>Una mosca blanca en el nocturno</h2><p>Jorge arranca, en presente histórico, diciendo: “<i>Estamos en</i><i><b> 1996</b></i><i>. Segundo año de una secundaria nocturna cualquiera. De un lado, mis amigos: todos medio atorrantes. Ese curso era un zoológico, sí, pero entre la fauna apareció algo distinto. Dos chicas: una tímida; la otra, protagonista de esta historia. Ella, Lynda, era un </i><i><b>contraste</b></i><i> viviente. Alta, transparente de blanca, muy rubia, con unos ojos tan grises que parecían nublados. Provenía de </i><i><b>Europa</b></i><i>. El resto, yo incluido, éramos todos locales oscuros, de barrio sin vereda. Era el más chico del grupo: flaco, jetón, el que tira la piedra y esconde la mano. El típico pícaro que nunca hacía nada malo. Lynda, en cambio, había estudiado antes en un colegio alemán y era de conducta intachable, impoluta. ¡Estaba totalmente fuera de foco en esa foto de la secundaria! Con su mundo de orden y excelencia le sobraba para ser abanderada vitalicia en el caos”.</i></p><p>Lynda, aclaremos, es hoy una mujer de 44 años. Es empleada de un establecimiento de salud y, si bien es residente argentina, tiene dos nacionalidades: suiza y alemana. Por aquel entonces había caído por casualidad en esa <b>escuela nocturna</b> de la ciudad de Rosario. Su madre la había traído desde Berna, Suiza, luego del divorcio y, por distracción, <b>no la había matriculado en ningún colegio</b>. Sobre la fecha la anotó en esa escuela nocturna donde se topó con Jorge.</p><p>Volviendo al encuentro de los adolescentes resulta que un día, para un trabajo práctico “<i>el destino la empujó a mezclarse con nosotros. En medio de una discusión sobre historia, Ella no recordaba quién estaba siempre en guerra con Atenas. Entre todas las voces, dije alto: “Esparta”. Esa palabra fue como la </i><i><b>llave</b></i><i>. Me sumó una ficha. Me abrió una puerta. Yo, a esa edad, ya había cruzado ciertos umbrales. Ella, en cambio, tenía sus valores como murallas bien plantadas. Como siempre me hacía el gracioso, una noche delante de todos me desafió: </i>“Si sos tan vivo, te espero a la salida en …., noveno B”<i>. Ni idea cómo pude recordar su dirección. A la salida, despaché a mis amigos y me fui a verla. </i><i><b>Estaba regalado</b></i><i>. Me atendió, yo estaba muy sorprendido. Subimos. Justo su mamá no estaba. Hablamos mucho y con el verso de </i>“cerrá los ojos y pedí un deseo”,<i> le robé el primer beso. Para ella era su primer chape. Llegamos hasta el arco, pero al momento de meter el gol, se plantó con firmeza. Todo bien. Seguimos hablando y volvimos a chapar. Pero </i><i><b>su límite era claro</b></i><i>. Como todo salame de época, no la entendí. No hice una escena, pero por dentro me enojé un poco. No entendía que ella no era como las amigas que yo estaba acostumbrado. No cedía. Era distinta”. </i></p><h2>Del polo norte a la <i>friendzone</i></h2><p><i>“Después de aquel beso y aquel límite tajante, volvimos al Polo Norte. Hubo </i><i><b>un año entero de distancia</b></i><i>. Me mantuve frío aunque ella intentó acercarse en varias ocasiones. Yo nada. Hasta que, con su amiga, usaron la vieja técnica de inventar que tenía un novio… Eso funcionó, caí al toque. Enseguida, desesperado, le volví a hablar. Para ese entonces, yo ya andaba saliendo con alguien. Con ese alguien a veces íbamos bien, a veces mal y otras muy mal. Con Lynda volvimos a probar empezar a vernos. Pero una y otra vez, sus permisos llegaban hasta la hebilla del cinturón. Inquebrantable. Un día ella decidió jugarse y me fue a buscar a mi casa con la mala suerte de que al llegar </i><i><b>me enganchó en la puerta… ¡y yo estaba con “mi alguien”</b></i><i>! Su mundo se vino abajo”, </i>enhebra su pasado Jorge con mucho humor, <i>“Yo era un tipo con una buena pizca de egoísmo; ella era muchísimo mejor persona y no se alejó del todo. Por esos años inventamos la friendzone. Un lugar sin nombre, pero con reglas tácitas. Un limbo entre el deseo y el cariño. Entre lo que pudo ser y lo que no fue”</i>.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/PYCHNQIFEJH4HMY4XNM66HV77I.jpg?auth=918d3fd72a26d6572770a91eafb6a5fda863899c5abe074152ace3cab395811e&smart=true&width=1200&height=1600" alt="Jorge y Lynda comparten una historia de amor nacida en una escuela nocturna" height="1600" width="1200"/><p><i>“Así llegamos casi al fin de la secundaria. En cuarto año un día me dio una sorpresa: </i><i><b>me dijo que se volvía a Europa con su papá</b></i><i>. ¡No llegamos ni a graduarnos juntos! Se volvió a Suiza porque quería terminar el secundario allá y, luego, estudiar medicina. Pero resultó que en Suiza se le complicó y no pudo hacer el último año de colegio y, por ende, tampoco la carrera de medicina. Se quedó unos meses más trabajando y </i><i><b>volvió a la Argentina para rendir libre quinto</b></i><i> y terminar el secundario”.</i></p><h2>Regreso sin gloria</h2><p><i>“En ese viaje a Rosario conoció a un chico con el que venía chateando a la distancia desde hacía tiempo. Se pusieron de novios y se terminó volviendo a Suiza con él. </i><i><b>En Europa se casaron</b></i><i>. Ella trabajaba en una clínica. Al tiempo ellos se dejaron de elegir como pareja y ya separados, ella se empezó a sentir muy sola. </i><i><b>Decidió que quería volver a la Argentina porque extrañaba la forma que tenemos de relacionarnos</b></i><i>. Así fue que durante diez años, cada vez que ella volvía a Rosario, me la encontraba. En mi trabajo, en la calle, en el kiosco de la vuelta de una casa... Nos teníamos en Facebook y siempre sabíamos algo el uno del otro. Siempre seguíamos en nuestra </i>friendzone<i>, verla era un motivo de alegría profunda. Fue estando acá que conoció a otro joven con quien tuvo un hijo que hoy tiene 9 años. Parecía estar bien, trabajaba y viajaban mucho”, </i>cuenta Jorge,<i> “Mientras tanto, yo con mi alguien seguía yendo y viniendo. </i><i><b>Ya tenía dos hijos y me había separado tantas veces como las que me había vuelto a arreglar.</b></i><i> Era una relación imposible. Igual, en ese tiempo, me casé. Y por supuesto que</i><i><b> invité a Lynda a mi casamiento con su marido y con su hijo”.</b></i></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/NBF4GGJEKNH3HAGJ5KHY7T7JHU.jpg?auth=da74038c9595e412298d6552dde56712fa93c905f946279e949ac071b36389cd&smart=true&width=1200&height=1600" alt="Lynda eligió regresar a la Argentina porque extrañaba el modo de relacionarse de su gente" height="1600" width="1200"/><p><i>“Un día, como si el destino se hubiera acordado de nosotros, me llegó un mensaje de ella: </i>“Negro, ¿tomamos un café?”. “Obvio”, <i>respondí. Y partí a verla. Ella se acababa de separar. Su pareja le había jugado muy feo. Y, de entre todas sus amistades, entendió que la única persona que podía entenderla en ese momento era yo.</i><i><b> Siempre fui el amigo que no juzga.</b></i><i> ¡Después le tuve que jurar a mucha gente que todos mis consejos fueron solo para ayudarla a salvar su matrimonio!”, </i>se ríe Jorge, <i>“Lo cierto es que él le prometía que si volvían, le bajaba la luna. Ella venía emocionada, me contaba y yo le aconsejaba: ‘</i><b>primero que te diga cómo piensa bajarla’.</b> Después hablamos. <i>Ahora ella estaba coacheada por alguien que tenía tanta calle como él. No podía engañarla porque yo lo pescaba. Al final, Lynda se separó cuando su hijo cumplió los 2 años”.</i></p><h2>De tormentas propias al oasis final</h2><p><i>“Al poco tiempo, el que empezó a tener problemas insalvables de pareja fui yo. Pero consideré que no podía trasladarle mis tormentas a ella que ya atravesaba las propias. Así que opté por alejarme porque primero tenía que ordenar mi caos existencial. Mis conflictos, lejos de solucionarse, empeoraron. Nada era sostenible en mi matrimonio. El clima era pésimo”, </i>confiesa Jorge<i>, “Al notar mi misteriosa desaparición, Lynda se preocupó. Un día se encontró por casualidad con mi madre que fue quien </i><i><b>le contó que yo estaba separado</b></i><i>. Lynda se indignó porque yo no le había dicho nada. Me escribió y</i><i><b> fuimos a tomar un café.</b></i><i> Esta vez para contarle de mis propios naufragios. Ese café era instantáneo, hecho en microondas, sin batir. Pero juro que fue el café más rico y acogedor del mundo. Después de desahogarme, vino el abrazo. El abrazo se hizo interminable. En los brazos del otro nos sentimos más seguros que nunca. </i><i><b>El sentimiento resurgió</b></i><i>. </i><i><b>Era inevitable</b></i><i>. Sin que pasara nada más que eso, empezaron los cafés, cada vez más seguidos. Las charlas. Las confesiones. Los desahogos. Y sí ¡el primer beso adulto! Lynda me confesó que no solo había sido su primer beso sino el mejor de su vida. No nos separamos nunca más. Ya van siete años desde aquel día del segundo beso. Tuvimos que aguantar los desplantes de su ex y los embates de mi ex. Después los de ambos, porque </i><i><b>nuestros ex se hicieron amigos</b></i><i>. Y otras mil cosas que ocurrieron en el medio, pero que no vale la pena ni contar. Ya pasaron”.</i></p><p>El próximo verano argentino Lynda y Jorge tienen pensado viajar a Europa para visitar a los padres de ella: al papá que vive en Suiza y a la mamá que ahora está radicada en Fuerteventura, España. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/Z22LXXMCS5BMJODU5XCU66DUHY.jpg?auth=1e3e09ad590dfc3b56bcf304f755b4e146ae7745a8a727ce6438ce60c92172c4&smart=true&width=960&height=1280" alt="Lynda y Jorge con su familia ensamblada: el hijo de él de 23 y el de ella, de 9" height="1280" width="960"/><p>Para terminar relata con una emoción que no puede disimular: “<i>Acá estamos los cuatro. Viviendo juntos con nuestra familia ensamblada, con mi hijo mayor Santiago de 23 y su único hijo de 9. Siendo felices con lo que toca y</i><i><b> pensando en casarnos</b></i><i>. Pensando en nosotros. A veces, los sueños se cumplen. Ella, de chica, soñaba conmigo. De grande, soñaba con una familia. Yo por mi parte, angustiado por una vida gris, soñaba con que se despejara el clima y algún día poder ser feliz. Los sueños se nos cumplieron a los dos. Sin temor a equivocarme puedo decir que aprendí que el amor verdadero no se pierde, en muchos casos ¡se espera!”.</i></p><p><i>*Escribinos y contanos tu historia. amoresreales@infobae.com</i></p><p><i><u>* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas</u></i></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/E7TTTQJUOREKZM5EILEZBME5RE.jpg?auth=6b623a2e9073f1d6333f415083c4cb565742860f0d61fe6df605d7c0ae0100a5&amp;smart=true&amp;width=653&amp;height=367" type="image/jpeg" height="367" width="653"/></item><item><title><![CDATA[Aura Cristina Geithner se destapó sobre romance que tuvo con Miguel Varoni mientras ambos tenían pareja: “La gente no nos dejaba”]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2025/11/09/aura-cristina-geithner-se-destapo-sobre-romance-que-tuvo-con-miguel-varoni-mientras-ambos-tenian-pareja-la-gente-no-nos-dejaba/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2025/11/09/aura-cristina-geithner-se-destapo-sobre-romance-que-tuvo-con-miguel-varoni-mientras-ambos-tenian-pareja-la-gente-no-nos-dejaba/</guid><dc:creator><![CDATA[Carol Salazar]]></dc:creator><description><![CDATA[La actriz compartió detalles sobre la relación. Aseguró que estuvo marcada por la presión social]]></description><pubDate>Sun, 09 Nov 2025 02:39:29 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/NVE3HBQYGFGUXITWXWEEWGOBDU.jpg?auth=22e09b6ae1e4aef894101aa16debf7587df63aea939130561906c567a582ed9f&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Aura Cristina Geithner aseguró que estuvo muy enamorada de Miguel Varoni - crédito @crissgeithner - @soyvaroni/Instagram" height="1080" width="1920"/><p>El polémico romance que tuvieron la actriz Aura Cristina Geithner y el también actor Miguel Varoni sigue sonando en los medios y el mundo de la farándula. Su relación y enamoramiento fue motivo de polémica porque ambos tenían sus parejas con un largo tiempo de formación. </p><p>Geithner habló sobre lo que vivió con su colega de grabación en el pódcast Geniales y Mayores que yo, dirigido por la periodista Vanessa de la Torre. En la entrevista, la actriz relató que, aunque ambos mantenían relaciones sentimentales previas <b>–él estaba casado con la actriz Patricia Ércole; ella era pareja del pintor Óscar Azula, con el que llevaba 8 años de relación–</b>, el vínculo que surgió entre ellos en el set de <i>Pedro el escamoso</i> superó cualquier expectativa. </p><p><b>Ahora puede seguirnos en</b><a href="https://www.facebook.com/infobaecolombia" target="_blank" rel=""><b> </b><i><b>Facebook</b></i></a><b> y en nuestro</b><a href="https://whatsapp.com/channel/0029Va4oNEALikgEL4Y8mb2K" target="_blank" rel=""><b> </b><i><b>WhatsApp Channel</b></i></a></p><p>La artista explicó que la relación se desarrolló en un contexto de juventud e inexperiencia, lo que influyó en la manera en que ambos gestionaron sus sentimientos. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/HIH7RB3FF5FI5FAAKEBENDBF3I.jpg?auth=d23a95f3f65d95074c5c820c85a15654aeaace94adbae2bde318f0428242a136&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Miguel Varoni tuvo una relación con Aura Cristina Geithner por 4 años - crédito cortesía Disney +" height="1080" width="1920"/><p>“<b>Los dos nos enamoramos en esa novela. Éramos muy jóvenes los dos. Él estaba obviamente casado, yo tenía mi pareja en ese momento, con Óscar</b>, que ya llevaba ocho años de relación. Pero te voy a decir una cosa: lo que surgió en la telenovela fue algo que traspasó. Y creo que no solamente me ha pasado a mí, nos ha pasado a muchos”, expresó la actriz. </p><p>No obstante, aunque los sentimientos eran fuertes entre ambos, Geithner reconoció que, con el paso del tiempo y la madurez, percibe que faltó una mejor gestión de la situación: “<b>Hoy lo veo con la madurez y digo: ‘Faltó manejo’</b>”, reflexionó.</p><p>Pese a la polémica que se generó al respecto en su momento, ambos decidieron estar juntos. Sin embargo, el entorno social y la presión externa jugaron un papel determinante en la dinámica de la pareja. Según explicó, ambos se sentían asustados y condicionados por el juicio de la sociedad, lo que dificultó el desarrollo de una relación saludable. “<b>Éramos muy jóvenes, asustados por la sociedad. Es que es así</b>”, expresó la actriz, asegurado que el peso de las expectativas y los prejuicios sociales sí los afectaron. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/MACT4UF42NBWBMOM4NXDRSVCIE.jpg?auth=76fc93ead683878d75523f40a92801aa803ea33cba68d39684510c8fb44ebd95&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Aura Cristina Geithner reconoció que no supo manejar la relación con Miguel Varoni - crédito @crissgeithner/Instagram" height="1080" width="1920"/><p>A pesar de que la relación se extendió durante aproximadamente cuatro años, Geithner confesó que ese periodo estuvo marcado por la dificultad y la incomodidad derivadas de la percepción pública. “Yo siento que nosotros duramos como cuatro años, pero fueron los cuatro años más difíciles. Más difíciles. No pudimos tener una relación sana Miguel y yo porque la gente no nos dejaba”, afirmó. </p><p>La actriz señaló que la pareja era vista constantemente como protagonista de un vínculo prohibido, lo que les impidió vivir su historia de amor con normalidad, sin ser señalados: “<b>Siempre nos veían como una relación pecadora, una relación prohibida. No sé</b>”, contó entre risas. </p><p>Esta polémica relación también tiene una versión: la de Patricia Ércole. En el programa de entrevistas <i>La Sala de Laura Acuña</i>, la actriz contó cómo se enteró de la infidelidad de Miguel Varoni. Según detalló, se difundió una fotografía del actor con Geithner en los medios, pero ella no la vio debido a sus ocupaciones. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/CXSS5NASKNALRLMK2KWV4NOYNE.png?auth=09dd2b2e82efa6ef668b73c8d8ed0d151d5a0cc17d80b411771ff6d4b9d84aae&smart=true&width=1800&height=1080" alt="Patricia Ércole se enteró de la infidelidad de Miguel Varoni por una llamada de su madre - crédito @patriciaercole/Instagram y @soyvaroni/Instagram
" height="1080" width="1800"/><p>Su madre la llamó y fue la persona responsable de informarle lo que había pasado. “<b>Me dijo, me la botó. Le tocó botármela de una por teléfono: ‘Anoche salieron imágenes tal, con esto, estaba con ella’</b>”, detalló. </p><p>El enterarse de la noticia fue devastador. Recibió el apoyo de su familia y lo enfrentó con ellos. “<b>Yo me acuerdo de que ahí colgué el teléfono. Me ataqué a llorar, lógicamente, imagínate</b>. Y llegó y empezaron a llegar cantidad de personas a mi casa. Eso parecía como si fuera un funeral. Esa parte, esa es la parte harta, digamos, de esas situaciones”, expuso.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/NVE3HBQYGFGUXITWXWEEWGOBDU.jpg?auth=22e09b6ae1e4aef894101aa16debf7587df63aea939130561906c567a582ed9f&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Aura Cristina Geithner aseguró que estuvo muy enamorada de Miguel Varoni - crédito @crissgeithner - @soyvaroni/Instagram]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Ale Capetillo recibió espectacular joya de parte de su esposo por su cumpleaños 26 a seis meses de casados]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2025/11/05/ale-capetillo-recibio-espectacular-joya-de-parte-de-su-esposo-por-su-cumpleanos-26-a-seis-meses-de-casados/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2025/11/05/ale-capetillo-recibio-espectacular-joya-de-parte-de-su-esposo-por-su-cumpleanos-26-a-seis-meses-de-casados/</guid><dc:creator><![CDATA[Armando Guadarrama]]></dc:creator><description><![CDATA[El proceso creativo, la entrega inesperada y un mensaje oculto transformaron la celebración en un recuerdo imborrable para la hija dee Biby Gaytán]]></description><pubDate>Wed, 05 Nov 2025 23:40:24 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/HC6NAFJ2N5AZ7CZIFG75UPJ6PM.jpg?auth=2706d45cbd84e9705e630f5b5fd7f72cb7efeb8cde7400e882a47e6ff27faa2b&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Alejandra Capetillo celebra su cumpleaños con un anillo de diseño exclusivo creado junto a su amiga joyera en Madrid (Fotos: @alecapetilloga, @ltorresbeauty, Instagram)" height="1080" width="1920"/><p><b>Ale Capetillo</b> celebró su cumpleaños número veintiséis en <b>Madrid</b> con un regalo que combinó creatividad, complicidad y emoción: un <b>anillo exclusivo</b> diseñado por ella misma, que su esposo <b>Nader Shoueiry</b> le entregó de manera inesperada.</p><p>La <i>influencer</i>, hija de <b>Biby Gaytán</b> y <b>Eduardo Capetillo</b>, compartió con sus seguidores la historia detrás de esta <b>joya personalizada</b>, que se ha convertido en símbolo de una etapa significativa en su vida.</p><p>El proceso de diseño del anillo comenzó meses antes, cuando una de las mejores amigas de Ale, quien se dedica al diseño de joyas, la visitó en la capital española.</p><p>Durante esa estancia, Ale expresó su deseo de celebrar su cumpleaños con una pieza de joyería original, concebida como un acto de amor propio. Ambas se dedicaron a imaginar y dibujar el diseño, buscando un equilibrio entre lo clásico y un toque distintivo.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/EWALJMSLVZC45FDNRQSSJYTKZQ.jpg?auth=d5e8ef381de76bc38cdf48175e01d71bf39681d4b23deeb569a454bad6a0015d&smart=true&width=1080&height=1919" alt="Nader Shoueiry sorprende a Alejandra Capetillo al regalarle el anillo que ella misma diseñó para conmemorar su vigésimo sexto cumpleaños (Foto: @alecapetilloga, Instagram)" height="1919" width="1080"/><p>El resultado fue un anillo de diamantes con un brillante central en corte marquise y una canastilla decorada con pequeñas gemas. Para complementar la pieza principal, la diseñadora ideó una segunda joya con dos diamantes laterales que encajan perfectamente con el anillo.</p><p>Mientras Ale y su amiga trabajaban en el diseño, <b>Nader Shoueiry</b>, presente en las conversaciones, decidió sorprender a su esposa. Sin que ella lo supiera, se puso en contacto con la diseñadora y acordó ser él quien pagara por la joya.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/CRKZ3NVSVJASVNTKON66RMN4LI.jpg?auth=b8e3f361cd7a78c6992b2a2b404bf7c0d8c80bc9e0440dddbc3ec5cb1e072436&smart=true&width=659&height=851" alt="La entrega del anillo fue una sorpresa organizada por Nader Shoueiry, quien utilizó a su perro Boby para presentar el regalo (IG)" height="851" width="659"/><p>La amiga de Ale se sumó a la sorpresa, haciéndole creer que el anillo no estaría listo para la fecha del cumpleaños, aunque en realidad la pieza ya se encontraba terminada y lista para ser entregada.</p><p>El momento de la entrega estuvo marcado por un detalle entrañable: Nader utilizó a <b>Bobby</b>, el perro de la pareja, para hacer llegar el regalo. Ató la caja del anillo al collar de la mascota, quien se acercó a Ale. Al ver la caja, la influencer intuyó que se trataba de una joya, pero no imaginó que sería el anillo que ella misma había diseñado.</p><p>Al abrirla, la sorpresa fue total. “Nader me dejó helada, no lo vi venir”, relató Ale en sus redes sociales. Aunque el diseño no era desconocido para ella, lo que realmente la sorprendió fue descubrir la inscripción ‘<i>Forever</i>’ en el interior del anillo y el hecho de que la joya se había transformado en un regalo de su esposo.</p><p>El anillo, más allá de su valor material, encierra un profundo significado emocional. Ale destacó que la pieza representa una nueva etapa en su vida y que la colaboración con su amiga diseñadora y la complicidad de Nader le otorgan un valor sentimental único. La inscripción interna y la forma en que se gestó el regalo refuerzan el carácter íntimo y personalizado de la joya.</p><p>Para <b>Ale Capetillo</b>, el verdadero propósito de este regalo reside en la historia que lo acompaña: una joya creada sin imaginar que se convertiría en un obsequio, entregada por su esposo y diseñada junto a una de sus mejores amigas, lo que la convierte en una pieza irrepetible y cargada de significado.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/HC6NAFJ2N5AZ7CZIFG75UPJ6PM.jpg?auth=2706d45cbd84e9705e630f5b5fd7f72cb7efeb8cde7400e882a47e6ff27faa2b&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Alejandra Capetillo celebra su cumpleaños con un anillo de diseño exclusivo creado junto a su amiga joyera en Madrid (Fotos: @alecapetilloga, @ltorresbeauty, Instagram)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[El amor que asomó del pasado y se animó a revivir a pesar de estar felizmente casada: excusas, nervios y una escena de película]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2025/11/02/el-amor-que-asomo-del-pasado-y-se-animo-a-revivir-a-pesar-de-estar-felizmente-casada-excusas-nervios-y-una-escena-de-pelicula/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2025/11/02/el-amor-que-asomo-del-pasado-y-se-animo-a-revivir-a-pesar-de-estar-felizmente-casada-excusas-nervios-y-una-escena-de-pelicula/</guid><dc:creator><![CDATA[Carolina   Balbiani]]></dc:creator><description><![CDATA[Dieciocho años después de aquella única cita que la dejó con el corazón prendido, María volvió a saber de Tomás. El reencuentro, en principio virtual, se transformó en un lazo intenso, capaz de desafiar el tiempo, la distancia y la prudencia. Hasta que, entre besos y verdades a medias, tuvo que elegir qué historia seguir viviendo]]></description><pubDate>Sun, 02 Nov 2025 05:27:17 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/NX77JMKR2VGSZB4Q6UAVG6E3EQ.jpg?auth=1982c804ede42a9bebba33a032c64d4cdbc5a1301bba9e893389f40351ebb6f6&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Tomás y María se conocieron en el casamiento de unos amigos (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p>La voz de este amor real, de punta a punta, será exclusivamente la de María (44), la protagonista que decidió comunicarse con nosotros. Ella le puso un título significativo al texto que envió. Dice así:<i> “El verano que me enamoré”</i>. Esto es, palabras más palabras menos, lo que relata.</p><p><i>“Nos conocimos en el casamiento de unos amigos y, unos meses después, en el verano de 2007, me invitó a salir. Yo vivía sola, él todavía con sus padres. </i><i><b>Fue sólo una cita. Fueron unos besos. Fue fernet. Fueron Los Beatles y los mates. </b></i><i>Esa noche se quedó a dormir, pero no pasó nada más que lo relatado. La conexión se sintió instantánea. Parecía que era una relación destinada a seguir adelante. O, al menos, eso sentí yo”.</i></p><p><i>“Seguimos hablando por MSN, con la ilusión propia de los veintitantos, hasta que un día sus respuestas se espaciaron. Se fueron diluyendo hasta desaparecer. No hubo explicación, solo silencio. No pregunté. Me retiré con dignidad y sin dramas, pero con ese pequeño nudo en el pecho que dejan las historias inconclusas”.</i></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/T6LQ4MWK25CFNAGYC5EJ6T57Y4.jpg?auth=35f70d2fdda645619e9b305f291e8ca3a49f980e9b6a4e3461984640e3275183&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Continuaron escribiéndose por MSN hasta que las respuestas se espaciaron y diluyeron (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><h2><i>El mail que llega del pasado</i></h2><p><i>“La vida siguió ocurriendo. Me recibí de arquitecta. Conocí a quien hoy es mi esposo. Construimos una vida juntos con 4 hijos, proyectos, amor, deseo. Sí, deseo. Una pareja sólida, imperfectamente perfecta”.</i></p><p><i>“Dieciocho años después de la escena del fernet y de aquellos besos no olvidados, una noche fría de julio mientras preparaba la cena, </i><i><b>me entró un mail en el celular</b></i><i>. Fue una sorpresa total. Era Tomás. Era él. Aquel chico de Los Beatles que me había dejado de escribir, ahora convertido en </i><i><b>profesor de arte</b></i><i>. Me decía que había encontrado viejos correos nuestros y que tenía curiosidad, que quería saber en qué estaba mi vida”</i></p><p><i>“Cualquier versión más prudente de mí misma no habría respondido. Habría guardado silencio. Pero lo hice. Contesté con humor y pregunté todo lo que yo también quería saber. Me generaba muchísima intriga. Deseaba enterarme qué había sido de la vida de aquel pibe que había desaparecido dejándome con el corazón prendido e ilusionado”.</i></p><p><i>“Los mails se convirtieron en cartas cotidianas que circulaban por el mundo de la virtualidad. Hablábamos de nuestras parejas, de la crianza, de los vínculos, de la vida en general. Me contó que se había mudado con su familia a un </i><i><b>pueblo de España</b></i><i> y que ahora estaba separado. Todo fluyó con una naturalidad que me descolocó. Sin estrategias, sin vueltas, con una conexión profunda. De pronto, estaba sin arnés hamacándome al compás de los lindos recuerdos”.</i></p><p><i>“Seguimos charlando de libros, de series y ¡hasta coincidíamos en los gustos! Había entre nosotros una </i><i><b>complicidad</b></i><i> tan viva y tan fresca como si el tiempo no hubiese discurrido. O, ni siquiera existido. </i><i><b>Ayer, era hoy.</b></i><i> Así de fácil se daba nuestra comunicación” “Sin embargo, hubo dos pausas en esa correspondencia feliz y espontánea. La primera ocurrió cuando me di cuenta de que me encantaba el ida y vuelta. Que </i><i><b>esperaba sus mails con ansiedad.</b></i><i> Que armaba en mi cabeza imágenes nuestras caminando juntos por las playas de Valencia, esas de las que tanto me hablaba. Sentí miedo por ese sentir poderoso. Porque, a pesar de entender que tengo una pareja maravillosa y una vida plena, algo se había empezado a mover dentro de mí. Algo que no podía ni nombrar o ponerle un nombre. ¿Qué era? ¿Nostalgia por otro tiempo? </i><i><b>¿Pasión virtual para combatir el aburrimiento de lo cotidiano?</b></i><i> ¿Amor a destiempo? No sabía cómo nombrarlo ni en qué lugar encasillar eso que vibraba y me mantenía en ese alerta feliz”.</i></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/EHILMFS23FDAZNMTRNS7VRQHGE.jpg?auth=a1da1eb854f873457e4ef65ca0492db4990132f01b77345229bd88a58c9d8471&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Dieciocho años después de aquella cita con Tomás, María recibió un mail de él (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p><i> “El joven que había conocido hacía tantísimos años atrás era ahora un </i><i><b>hombre maduro, inteligente,</b></i><i> con una calma y espiritualidad que maridaban perfecto con mi intensidad, mi humor y mi emocionalidad. Duró poco la primera interrupción, pudieron más mis ganas y retomamos el diálogo”.</i></p><p><i>“La segunda pausa fue más silenciosa. Más distante. Malos entendidos, algún desencuentro y, quizás, el temor que emergía contundente. Con forma y límites. No era un cierre ni un portazo. Solo se trataba de un silencio que suspendía las cosas”.</i></p><h2><i>Se abre esa puerta entornada</i></h2><p><i>“Hasta que llegó su cumpleaños y no pude evitar escribirle y quebrar la barrera de hielo protectora. Era apenas un saludo, pero lo cierto es que estaba abriendo esa puerta que había quedado entornada. Tomás respondió enseguida. Con una sinceridad que me desarmó por completo: me dijo que </i><i><b>extrañaba nuestras conversaciones</b></i><i>, que esperaba este mensaje hacía tiempo, que deseaba seguir en contacto, que me quería y me reconoció que él también armaba imágenes nuestras en su cabeza. Los dos soñábamos. Así seguimos algunas semanas más entre mails, chats y </i><i><b>viendo series juntos, a la distancia</b></i><i>”.</i></p><p><i>“Hasta que un día me dio una noticia: </i><i><b>vendría a Buenos Aires por trabajo</b></i><i>. Momento bisagra. Había una fecha. Fantaseamos sobre la posibilidad de vernos, de poder darnos un abrazo, de estar cara a cara, de escuchar nuestras voces en vivo y en directo. Sin demasiadas vueltas, la fantasía la hicimos realidad. El primer encuentro fue en los lagos de Palermo. Compramos unos cafés, caminamos sin destino, hablamos sin parar. Había nervios, tensión y esa intacta y añosa complicidad de siempre. Cuando nos despedimos, el abrazo fue largo, sentido, esperado y ¡tan necesario!” </i></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/BD6LVC6B3VBTFO4YVVESWVIVZ4.jpg?auth=dbf53e8ca447bb4a4404b1a24854e7b09f50c8b7ebcc5e3b8581eee26d47648c&smart=true&width=1920&height=1080" alt="El primer reencuentro fue en los lagos de Palermo (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p><i>“Su estadía en Buenos Aires continuó así que, a los pocos días, pactamos volver a vernos. Como vivo con mi familia en Pehuajó, en la provincia de Buenos Aires, </i><i><b>tuve que inventar una excusa para poder viajar.</b></i><i> Lo hice con una total sensación de disociación entre las dos personas en las que me había convertido. Era como si de nuevo tuviera veinte años y no tuviese marido ni hijos. Fui. Era una noche maravillosa de primavera. Nos debíamos las risas, las confesiones, las miradas”.</i></p><p><i>“Todo estaba impregnado de la magia de las cosas que sabemos no volverán a darse. Fuimos a comer, tomamos un vino. Al salir, caminamos del brazo. Antes de pedir cada uno su taxi y despedirnos hasta no saber cuándo, nos detuvimos y nos besamos sin apuro. Nos besamos mucho, nos miramos y nos acariciamos. Fue una </i><i><b>escena perfecta de película romántica</b></i><i>. Bellísima y tierna. No pasó nada más. Al otro día volví a mi pueblo, con mi marido y mi familia; él, a España”.</i></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/G7TEHLQ2NVHHVD7T5CDUFCY7K4.jpg?auth=17534ac57a37627e83ffa9f49801169982ead97e35979beea9c35334e9269877&smart=true&width=1920&height=1080" alt="María vivió un momento romántico de película con Tomás (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><h2><i>La prudencia gana la batalla</i></h2><p><i>“Había sido mucho mentir, viajar, inventar una excusa. No daba para más. Supe enseguida que lo vivido no podía ni debía seguir adelante:</i><i><b> esa historia ya había tenido todo lo que podía dar.</b></i><i> Había existido la segunda oportunidad para despedirse bien, como deben terminarse las historias y para conseguir cerrar aquello que había quedado inconcluso. Yo casada, él recién separado; la enorme distancia; los momentos en los que estábamos parados… Todo convertía a esa relación en un </i><i><b>vínculo que resultaba imposible de mantener</b></i><i>. Aún necesitándonos y deseándonos”</i></p><p><i>“Tomás no quería cortar el contacto, pero acompañó mi decisión y la respetó. Yo había decidido quedarme con el recuerdo, con lo que me hizo bien, con aquello que me recordó que sigo viva y curiosa. Con la idea de que siempre se tiene la capacidad, a veces tan adormecida, de </i><i><b>sentir hondo</b></i><i>”.</i></p><p><i>“No me arrepiento de lo brevemente vivido. Estoy agradecida de haberme animado a experimentar el reencuentro. También de haber tenido la valentía de retomar un</i><i><b> trozo incompleto de mi pasado </b></i><i>para transformarlo en una linda, pero breve, historia de amor romántico. Lo extraño, claro. Extraño sus charlas, la conexión, la fantasía que me despertaba. Pero</i><i><b> no quiero una doble vida</b></i><i>. Y menos arriesgar la historia que elegí construir y donde soy feliz”</i></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/EQYXVBJMHNFTPMMQW4KV7TV5XE.jpg?auth=0ee716907db9f7d6e141d7a6c6e7d2f5db7741fd66f38bf9ef40c37ca7085aab&smart=true&width=1920&height=1080" alt="María desechó una doble vida y eligió la historia que construyó y con la que asegura ser feliz (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p><i>“A veces, y esto es lo que deseo transmitir a los que leen la sección, los personas del pasado regresan no para quedarse, sino para mostrarnos con claridad quiénes elegimos ser. Cuando se van, dejan una paz serena, como la de esas películas que terminan justo donde deberían hacerlo”. </i></p><p>Fin.</p><p><i>*Escribinos y contanos tu historia. amoresreales@infobae.com</i></p><p><i><u>* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas</u></i></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/USIIQNEMENGIFM36HX7OPJNRV4.jpg?auth=2cfe98a34a565cd1852250b8ee5e0b4d141f0269a06d386c29827beaad5b4891&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Amores Reales Tomas y Maria (Imagen Ilustrativa Infobae)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[“Turro táctico”: J Rei mostró el kit de supervivencia que lleva encima tras la emergencia que vivió junto a María Becerra]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2025/11/01/turro-tactico-j-rei-mostro-el-kit-de-supervivencia-que-lleva-encima-tras-la-emergencia-que-vivio-junto-a-maria-becerra/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2025/11/01/turro-tactico-j-rei-mostro-el-kit-de-supervivencia-que-lleva-encima-tras-la-emergencia-que-vivio-junto-a-maria-becerra/</guid><dc:creator><![CDATA[Hugo Martin]]></dc:creator><description><![CDATA[La hemorragia por un embarazo ectópico que sufrió “La Nena de Argentina” en abril de este año y obligó a su novio a salvarle la vida al internarla velozmente, motivó su nueva actitud ante los imprevistos y el cuidado de los demás]]></description><pubDate>Sat, 01 Nov 2025 15:16:12 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<p>Un botiquín, un torniquete y luces de emergencia integran el <b>kit de supervivencia</b> que<a href="https://www.infobae.com/tag/j-rei/" target="_blank" rel="" title="https://www.infobae.com/tag/j-rei/"> <b>J Rei</b></a>, referente de la música urbana, presentó en el programa “Tapados de laburo” del stream <i>OLGA</i>. El cantante explicó que siempre lleva este equipo en su mochila y en el auto, y detalló que la idea de armarlo surgió tras una experiencia personal que lo llevó a prepararse para cualquier imprevisto: la emergencia médica vivida junto a su pareja, la también cantante <a href="https://www.infobae.com/tag/maria-becerra/" target="_blank" rel="" title="https://www.infobae.com/tag/maria-becerra/"><b>María Becerra</b></a>.</p><p>Durante la emisión, <b>J Rei</b> señaló que la importancia de contar con un kit de supervivencia se hizo evidente después de asistir a <b>La Nena de Argentina</b> en una situación límite. El artista recomendó tener en el auto elementos básicos como el cricket, la rueda de auxilio y un matafuegos, pero subrayó que el botiquín es indispensable en cualquier lugar. Además, su kit incluye un torniquete para controlar hemorragias, un compresor para inflar neumáticos, cables para batería y luces de emergencia tipo glow sticks, útiles para señalizar en la oscuridad. J Rei destacó que estos elementos no solo están pensados para su propio uso, sino también para ayudar a otras personas en la vía pública.<b> “Me gusta ir por la calle y si veo a alguien tirado ayudarlo”,</b> afirmó, y definió su actitud como la de un “turro táctico”, es decir, alguien preparado para todo.</p><p>La motivación detrás de esta preparación está directamente relacionada con una emergencia médica que atravesó la pareja.<b> Hacia fines de abril de 2025, María Becerra sufrió una hemorragia interna provocada por un embarazo ectópico</b>, lo que requirió una internación de urgencia en la Clínica Zabala, en la Ciudad de Buenos Aires. <b>J Rei</b>, cuyo nombre real es <b>Julián Reininger</b>, acompañó a su pareja y fue quien la trasladó al centro médico. El propio cantante recordó ese momento: <b>“Me asusté, fue un momento muy feo. Creo que hice lo que mi corazón me dijo y estuve ahí en el momento indicado. Hice lo que mi alma me dijo que tenía que hacer, tratando la situación con delicadeza y amor, como siempre”</b>, relató.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/PLRZXYGTOZG77FY3W5NV4IRTOE.jpg?auth=ce69a1c21b62a3ed718d2be33560877ef3fa2f0974eefc0c4d5d464cf6bab07a&smart=true&width=1920&height=1080" alt="J Rei y María Becerra" height="1080" width="1920"/><p>Ese fue el segundo embarazo ectópico que enfrentaron juntos. Tras la intervención quirúrgica y la recuperación, <b>María Becerra</b> compartió en sus redes sociales un mensaje de gratitud y esperanza: <a href="https://www.infobae.com/teleshow/2025/04/26/el-conmovedor-mensaje-de-j-rei-para-maria-becerra-despues-de-salvarle-la-vida-siempre-estare-a-tu-lado/" target="_blank" rel="" title="https://www.infobae.com/teleshow/2025/04/26/el-conmovedor-mensaje-de-j-rei-para-maria-becerra-despues-de-salvarle-la-vida-siempre-estare-a-tu-lado/">“Volviendo a casa con el amor de mi vida”</a>, escribió junto a una fotografía abrazada a <b>J Rei</b>. En ese mismo posteo, la cantante agradeció profundamente el apoyo recibido durante los días más difíciles.</p><p>El impacto emocional de la experiencia se reflejó en las palabras de ambos. <b>María Becerra</b> expresó su deseo de sanar rodeada de amor y de reconectar con sus seres queridos, mientras que <b>J Rei</b> destacó la fortaleza de su compañera y la importancia de seguir adelante juntos.<b> “Ser papás jóvenes sigue siendo una de nuestras metas, pero hay que darle tiempo al tiempo, entender que la naturaleza es sabia y estar con los brazos abiertos para que la bendición llegue en su momento indicado”</b>, reflexionó el cantante.</p><p>La relación entre <b>J Rei</b> y <b>María Becerra</b>, que comenzó en 2022 y se formalizó con un compromiso en 2023, estuvo marcada por la superación de momentos difíciles y el fortalecimiento del vínculo. En un poema musical dedicado a <b>Becerra</b> y difundido en redes sociales, <b>J Rei</b> resumió el recorrido de la pareja: <b>“Conocimos el sabor del dolor, pero con amor lo condimentamos”</b>, relató el artista. La respuesta de <b>Becerra</b>, cargada de emoción, selló el intercambio con un mensaje de amor y gratitud.</p><p>La historia de <b>J Rei</b> ilustra cómo la preparación ante lo inesperado puede convertirse en una forma de cuidado y apoyo mutuo, consolidando la resiliencia y el compromiso en la pareja. Las experiencias vividas no solo motivaron la creación del <b>kit de supervivencia</b>, sino que también reforzó el compromiso de ambos con la preparación ante emergencias y el cuidado mutuo. </p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/7G6MHNUXUNFLJPJEAS5JYMGLPI.JPG?auth=63318adc964129383bb0099f65cab678914d74125abc640131e9e2c50a342d5e&amp;smart=true&amp;width=453&amp;height=307" type="image/jpeg" height="307" width="453"><media:description type="plain"><![CDATA[J Rei mostró su kit de supervivencia]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"></media:credit></media:content></item><item><title><![CDATA[Se conocieron en una secta, quedó embarazada y él se esfumó: el increíble reencuentro 20 años más tarde]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2025/10/26/se-conocieron-en-una-secta-quedo-embarazada-y-el-se-esfumo-el-increible-reencuentro-20-anos-mas-tarde/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2025/10/26/se-conocieron-en-una-secta-quedo-embarazada-y-el-se-esfumo-el-increible-reencuentro-20-anos-mas-tarde/</guid><dc:creator><![CDATA[Carolina   Balbiani]]></dc:creator><description><![CDATA[Buba M. y Felipe se conocieron en reuniones de fanáticos religiosos de “Los niños de Dios”. Tenían 17 años y comenzaron una relación intensa en la que descubrieron el sexo. Cuando ella le dio la noticia de su embarazo, él la dejó sola. El día que lo reconoció en el lugar menos pensado. “La vida lo volvió a depositar frente a mí”, dijo]]></description><pubDate>Sun, 26 Oct 2025 04:18:53 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/TP3PXOS6PFA2JHYN4LAOLR6AVU.jpg?auth=564cf24446c55b4ebe08e13597ec2bfae02f32a442188ea60500584911bc192c&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Cuando Buba conoció a Felipe creyó que lo que los unía era amor (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p>Hay historias de amor que no se parecen al amor que llevamos en nuestro amplio imaginario. Quizá porque la emoción vivida caminó por el desfiladero de lo inconveniente, con ribetes más <b>policiales</b> que románticos. En su momento quizá sí haya sido un sentimiento que empujó los límites y que se interpretó como amor profundo o pasión desbocada. Puede ser por ello que una de sus protagonistas refiere que hablará <i>“de una vieja historia de amor”.</i> </p><p><b>Buba M </b>(51, psicóloga que nunca ejerció la profesión), quien ya no está con <b>Felipe </b>desde hace más de dos décadas, contará esa parte de su vida sin dar demasiados detalles. Ya sea porque no los recuerda con precisión o porque no desea traerlos a su memoria y reabrirse las heridas. Quién sabe.</p><h2>Una secta, un amor y una desilusión</h2><p>Empezaban los años 90 cuando Buba de <b>17 años</b> conoció a Felipe, un joven de su misma edad, en una reunión con un grupo de fanáticos religiosos que se llamaba<b> Los Niños de Dios</b>. Él con sus rulos largos sobre los hombros, ella con su ingenuidad y sus ojos traslúcidos. Se enamoraron sin demora y empezaron una relación intensa donde ambos descubrieron por primera vez el sexo.</p><p>Aclaremos que con el tiempo, en ese momento no lo sabían, se descubrió que esta organización constituía una <b>secta peligrosa</b>, nacida en Norteamérica, que promovía la vida sexual temprana y captaba familias y jóvenes para someterlos a sus creencias y prácticas. <b>Nada de eso sabían, al comienzo</b>. Buba había llegado allí escapando de una problemática familiar que incluía el alcoholismo materno y demás yerbas. Se refugió en ese grupo donde se enamoró de Felipe, que había llegado con su madre. La organización era parte de la red mundial creada por un hombre llamado David Berg que interpretaba a su manera las escrituras sagradas y la Biblia. Esto no lo dice Buba, pero es conocido por la prensa: los grupos fueron catalogados como una secta que fue señalada y perseguida y juzgada por promover el <b>abuso de menores</b>, <b>la pornografía y las relaciones incestuosas,</b> entre otras cosas. </p><p>Dicho esto, sigamos, porque<b> ni Buba ni Felipe vieron nada de esto</b> porque escaparon mucho antes de las garras de estos personajes oscuros gracias a que la familia de Buba <b>se mudó a un barrio lejano</b> por un nuevo trabajo de su padre y a que Felipe abandonara el grupo por su cuenta.</p><p><i>”Visto desde el hoy, todo era un verdadero disparate. En mi familia no sabían del tema, porque en realidad no era algo tan conocido en ese entonces”,</i> explica Buba.<i> </i></p><p>Es cierto, porque fue después que por pedido de los Estados Unidos llegó la intervención de la Justicia y se dictaron allanamientos contra Los Niños de Dios.</p><p><i>“No sé mucho más porque nos mudamos abruptamente y a mí lo único que verdaderamente me interesaba era Felipe, no ese grupo. Él también se abrió y seguimos viéndonos. Se tomaba el tren y dos colectivos para irme a buscar y salíamos cada tanto sin contarle a nadie. No nos presentamos a nuestras familias ni nos llamábamos formalmente novios, pero seguíamos teniendo relaciones como podíamos. En mi casa no me daban ni cinco de bolilla; yo era muy libre y nadie me controlaba. Creía que cuidarse para no quedar embarazada era lo más fácil del mundo,</i><i><b> contaba los días </b></i><i>y nada más. Además pensaba que los bebés, en todo caso, siempre eran una bendición. Un día de esos descubrí que no me venía: era obvio que estaba embarazada. Fue una hecatombe psíquica porque una cosa era que existiese la posibilidad y otra que hubiera ocurrido. ¡Todavía ninguno de los dos habíamos cumplido 18 años!</i><i><b> No me animaba a contárselo a nadie.</b></i><i> Cuando la siguiente vez que lo vi se lo anuncié, se quedó mudo. Enseguida noté que empezaba a borrarse. Empezó a venir menos, ponía excusas como se le hacía difícil porque había empezado a trabajar, que su madre estaba enferma… </i><i><b>siempre pasaba algo y ya no me llamaba por teléfono todos los días</b></i><i>. En unas pocas semanas se borró del todo. Hoy, si miro para atrás, creo que eso que sentíamos no era amor, era más bien una calentura. ¡No teníamos idea de qué significaba el compromiso! En casa mamá estaba con el tema de su dependencia al alcohol, papá era un adicto al trabajo y mis hermanos más chicos andaban en la suya… Yo tenía piedra libre y, ahora, </i><i><b>estaba embarazada y sola</b></i><i>. Felipe con sus rulos y su retórica resuelta se desvaneció de mi vida al mismo tiempo que a mí me comenzaron a aquejar las náuseas más espantosas. El sentirme mal hizo preocuparme menos por lo que él hacía y me obligó a enfocarme más en cómo desenvolverme para que nadie se diera cuenta de lo que me pasaba. </i><i><b>Fueron dos meses y pico horribles</b></i><i>. En mi familia ¡nadie se enteró de nada! No sé si yo simulaba muy bien o en casa estaban todos más preocupados por ellos mismos que por otra cosa. De hecho, al tiempo </i><i><b>mis viejos anunciaron que se divorciaban</b></i><i>, así que imaginate cómo era el clima en el que yo vomitaba a escondidas”, </i>relata.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/C7AJKA3RTFANROQS36EVPB6MMQ.jpg?auth=a49e22ce08846dbe7bf1740561cec8ac3f101b977e39f853110c9f5363ab5ffd&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Tras contarle la noticia del embarazo, el chico desapareció de su vida (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><h2>Dos bombas simultáneas</h2><p>El divorcio de los padres de Buba y el fin de su embarazo fueron simultáneos. Dos tragedias que cantaron al unísono.</p><p><i>“Mi casa era un desastre completo. Cada uno estaba en lo suyo y no se hablaba de nada. Papá se fue de casa, mamá lloraba agarrada de su copa de vino, mis hermanos sobrevivían yendo y viniendo del colegio. Y yo, que estaba embarazada de pocas semanas, un día me levanté y en vez de las náuseas sentí mucho</i><i><b> dolor abdominal.</b></i><i> Fui al baño y de pronto fue tremendo… sentí como que caían partes de mí. Unos coágulos enormes oscuros. Enseguida me di cuenta de que era sangre o algo así, que todo estaba mal. Tiré la cadena y me declaré enferma. Me asusté mucho, pero no tanto como para decir algo a nadie. ¿Cómo iba a contar lo que no había contado? </i><i><b>No veía a ninguna persona dispuesta a escucharme y ayudarme</b></i><i>. Tampoco le dije una palabra a ninguna de mis compañeras de colegio. Mis amigas eran sumamente cerradas y mi colegio era de monjas. Imaginate. ¡Nunca había hablado de la secta ni de Felipe! Era mi secreto. No sabían nada. Yo era muy para adentro, extremadamente introvertida. Dejé pasar el tiempo. Mi cuerpo resolvió solo lo que yo no había podido blanquear. Era obvio que ya no estaba esperando un bebé. Había tenido un aborto espontáneo”.</i></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/ZY4LCVT3UJHK5MPKVIUFTUN3AU.jpg?auth=9986407414f8c4e667cdafe7fa45254e7a9af58649ff18a6a4ed04b941fa3440&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Buba sufrió la pérdida del embarazo sin poder contarle nada a nadie (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p>Fue durante el tiempo que siguió que Buba descubrió cuánto la había afectado la pérdida de ese bebé: <i>“Por un lado, me había aliviado un montón no tener que enfrentar el mundo sola ni tener que salir a dar explicaciones. Por otro, tenía un duelo que atravesar. Porque la breve ilusión que me había generado el embarazo había existido y no había podido charlarlo con Felipe ni con ninguna otra persona.</i><i><b> Estaba demasiado sola</b></i><i>. La desaparición de escena de Felipe me enojó tanto que nunca me ocupé de buscarlo para revelarle que habíamos perdido nuestro bebé… El plural sobra, ya lo sé”.</i></p><h2>Encuentro en el colegio</h2><p>Terminado el colegio Buba decidió que quería estudiar<b> psicología</b>: <i>“Me interesaba la mente humana, pero también creo que fue una elección para intentar entender un poco más mi propia cabeza y analizar los temas de mi familia. Estaban las adicciones, la negación permanente, los duelos no resueltos. En fin, empecé la carrera y cambié de hoja. En mi familia las cosas mejoraron un poco, se estabilizaron mis viejos, cada uno por su cuenta, y la vida continuó bastante bien”.</i></p><p>Buba se puso de novia con Pedro, compañero de carrera. Se recibieron y se casaron.</p><p>El primer embarazo llegó tan rápido que frustró el ejercicio de su profesión: tuvo <b>mellizos</b>. La crianza de sus hijos pasó a ocupar el ciento por ciento de su vida. Mientras su marido trabajaba y le iba cada vez mejor, ella se dedicó a cuidarlos y, poco tiempo después, la familia volvió a crecer. <b>Tuvieron dos hijas más</b> con las que cerraron el ciclo de expansión como una familia de seis.</p><p><i>“Pedro es mi gran amor y siempre ha sido mi bastón. Era la única persona sobre el planeta a quien yo le decía todo lo que pensaba y sentía. A él le había contado todo sobre mi fugaz historia en la secta, lo de Felipe, lo del embarazo perdido y el dolor que anulé”, </i>confiesa.</p><p>Fue años después, cuando sus mellizos estaban en la primaria, que asistieron a una <b>reunión general del colegio bilingüe</b>. En ese acto con familias de todo el establecimiento escolar se topó con una<b> cara que le sonó conocida</b>. Muy conocida. El hombre estaba sentado a un costado, a unos diez metros de ella, le resultaba familiar, pero no pudo ponerle nombre.</p><p><i>“¡Podés creer que estuve todo el día pensando quién era el tipo ese que estaba en la última fila en la reunión! Totalmente canoso, de pelo más bien largo, y flaquísimo. Yo no veo bien de lejos, tengo alta miopía, pero la cara era de alguien conocido. Familiar. ¡Los chicatos tenemos la inclinación a imaginar lo que no vemos, a completar la imagen incompleta! Yo tendría por ese entonces unos 36 o 37 años. Después me olvidé del tema. Recién en otra reunión que tuvimos varios meses más tarde, me di cuenta. Mientras charlábamos con otros padres, ese hombre pasó detrás de Pedro y lo vi de cerca: era el mismo tipo del acto anterior que me había resultado conocido.</i><i><b> ¡Ahí me cayó la ficha! ¡Era Felipe! Casi me muero.</b></i><i> ¡El tipo tenía hijos en el mismo colegio! Lo que es la vida ¿no? Ese día, incluso hubo un momento en que cruzamos miradas. Estoy segura de que él me reconoció. De lejos me pareció que hizo como una mueca, un ensayo de sonrisa, y después… se esfumó. Creo que se fue de la reunión aterrado. ¡Otra vez hacía lo mismo! Repetía aquella conducta abandónica”.</i></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/27VFZHBKPRAW5PUAB2XFULE4HI.jpg?auth=dc8e915d3b36796fa324fb0f631082fccaa5de933cac6336c5a1e62a84676dd2&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Cuando Buba reconoció a Felipe en una reunión de padres, creyó que él también lo hizo y se fue aterrado (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p>Esa noche Buba se quedó pensando, antes de dormirse, que Felipe era un <b>auténtico cobarde</b>. ¡Ni siquiera se había acercado para preguntarle cómo estaba! Un hijo o una hija de ella podría ser hijo suyo… él no sabía que había perdido aquel bebé. Buba estaba furibunda.</p><p><i>“Monté en cólera. Tenía una rabia que nunca había experimentado antes con tanta virulencia. Ahora ese pusilánime estaba ahí, al alcance de mis ojos y de mis palabras. Podría haberse acercado, animarse a decirme algo. Tragué bilis y, una semana después, digerido a medias el asunto, </i><i><b>le conté lo que había ocurrido a Pedro</b></i><i>. No podía creerlo. Conversamos que en algún momento le tendríamos que contar esta historia a nuestros hijos, cuando fueran un poco más grandes. Y Pedro me dio la libertad de hacer lo que yo creyera pertinente. Me aconsejó que pensara qué creía que me haría mejor: enfrentarlo y contarle la verdad de lo que había pasado con mi embarazo o no decirle nada y dejarlo sumido en la ignorancia. No te voy a negar que fantasee con no decirle nada. Podía ser una buena venganza, porque </i><i><b>él podría sufrir un poco pensando que tenía un hijo o hija de unos 20 años,</b></i><i> el hermano/a mayor de los que iban al colegio y de su hija… ¿imaginaría cómo era? ¿tendría ganas de preguntarme algo? Capaz que era una estupidez pensar que él iba a sentir las cosas como una persona normal. </i><i><b>Su falta de empatía era evidente </b></i><i>y, seguramente, lo único que deseaba en la vida era que nada ni nadie lo incomodara. Solo se importaba él y él y él. No podía intentar catalogarlo como un ser lógico”.</i></p><h2>Confundir amor con cualquier cosa</h2><p>Buba continuó reflexionando noche tras noche:<i>“No podía dejar de pensar en lo que es la vida. Era la última pieza de un rompecabezas que se había ido armando y que fue mostrando una completa imagen final. Aunque Felipe había querido borrarse para siempre,</i><i><b> la vida lo había vuelto a depositar frente a mí. </b></i><i>¡Mirá que hay colegios en el país! Estaría aterrado, me divertí pensando. Me huía como a la peste. ¿Alguna vez lo habría contado? Estaba claro que conmigo, al menos, no tenía ganas de aclarar nada de nada. Un día lo vi salir del colegio con su chiquita, que tendría unos 7 años, y una mujer joven. Se subieron a un auto. No sabía qué había pasado en estos más de veinte años transcurridos, pero sí se lo veía </i><i><b>sumamente envejecido</b></i><i>. Tenía su melena ondulada totalmente blanca y una flacura enfermiza. ¡Era como si la vida lo hubiera devorado! No parecía un tipo de menos de 40”.</i></p><p>Buba se debatía qué hacer mientras el año escolar iba llegando a su fin. Empezó a temer que él cambiara a su hija de colegio y se escabullera una vez más sin tener que enfrentarla. Seguro que haría eso.</p><p><i>“Estaba ciento por ciento convencida de que, a fin de año, Felipe con tal de evitar cualquier otro encuentro la cambiaría de colegio. Solo para no tener que verme nunca más o correr el riesgo de un mal rato ¿Tanto me temía? ¿Pensaba que podría reclamarle algo? ¿Creía que un hijo podría ir contra sus propiedades o en busca de su dinero? Empecé a pensar que ese bebé sin nombre, porque nunca llegamos a ponerle uno ni siquiera jugando, me había venido a enseñar algo. A elegir. A hacerme cargo. A no claudicar. Tenía que homenajear su memoria. Ese bebé no tenía la culpa del desatino de dos adolescentes.</i><i><b> Fue después de un sueño de una noche de esas, donde mi bebé cobró vida con rostro de varón y mis ojos claros, que me levanté dispuesta a enfrentarlo.</b></i><i> Lloré en el baño un rato y me dije: tengo que cerrar esta herida y es la oportunidad de hacerlo. Quizá fue mi bebé no nacido quien puso en mi camino a Felipe para clarificar las cosas”.</i></p><h2>El postergado encuentro</h2><p>Buba cuenta que fue un desafío poder conseguir su contacto telefónico en el colegio y, luego, lograr que él accediera a encontrarse con ella. Los primeros mensajes no los respondió. Solo contestó cuando ella lo amenazó con que si no daba la cara daría un paso más audaz.</p><p><i>“No sé con qué lo estaba amenazando, porque no sé que podría haber hecho. Ni siquiera lo pensaba en serio, pero bastó que se lo diera a entender para que el cobarde me respondiera y accediera a vernos en un café cerca del colegio”,</i> relata conmovida.</p><p>Fue una tarde, en horario de clases, que se sentaron frente a frente, en una mesa de un bar cualquiera. Bien al fondo, donde no había nadie, para poder hablar sin temor a ser escuchados.</p><p><i>“Era un día de sol, muy agradable, pero nos sentamos tan al fondo que estaba oscuro y frío. Felipe se veía viejo, tenso. Me preguntaba cómo me había gustado ese tipo. </i><i><b>Estaba feliz de dar este paso, me sentía segura y feliz.</b></i><i> Lo tenía ahí para decirle lo que tanto me había callado. Era como un milagro. Disfruté del momento porque intuía que sería mi liberación psicológica del trauma. Él, en cambio, padecía los segundos. Tartamudeó algún perdón, que no había podido, que había sido complejo… Pero no preguntó lo que debía preguntar. </i><i><b>No preguntó por su hijo o hija</b></i><i>”,</i> cuenta Buba reviviendo su indignación. Fue así que le tiró la frase sin anestesia.</p><p><b>-¿No me vas a preguntar cómo se llama o cómo es?</b></p><p>Acto seguido se calló esperando su reacción. </p><p>Él quedó como petrificado. No podía romper el hielo. <i>“Este tipo necesita terapia urgente”</i>, recuerda haber pensado Buba.</p><p>-Bueno, sí… contame…</p><p>La nada misma. <i>“Un hombre gris y anodino”</i>, siguió elucubrando Buba decepcionada cada vez más. Un sujeto de amianto. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/N34QIBM76ZFI7JLJ56IMOAUGDY.jpg?auth=c8a5ec9a7130bf8e2afccd8355052f99181599a3e1617c706c6c335d5b2c6f21&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Buba necesitaba cerrar la herida y citó a Felipe en un bar (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p><i>“Mirándolo actuar me preguntaba cómo podía haber estado con esa ameba. Un tipo que no podía poner sujeto, verbo, predicado; que no podía desnudar sus emociones; que no podía contener a nadie ni siquiera a sí mismo. Ya no sabía si me daba furia o lástima. Por momentos sentía ganas de cachetearlo para que reaccionara”, </i>confiesa y, por primera vez, se ríe. </p><p><i>“La risa baja el estrés, afloja…”</i>, siente que tiene que explicar Buba, <i>“Tuve que terminar contándole yo sin que me preguntara nada. Y fue ver su cara de alivio lo que más me dolió. Me dio una ira pecaminosa, espantosa, que la buena gente no debería tener. Porque le dije de todo. Sin gritar ni levantar la voz, en tono sordo, como la de una psicópata de ficción.</i><i><b> Las crueldades que le dije casi ni las recuerdo.</b></i><i> Entre otras cosas que no merecía ese hijo que no había nacido, que no merecía ser amado por nadie, que no merecía mi sinceridad, que se había diplomado en cobardía, que era un hombre triste que daba pena, un témpano sin color ni sabor. </i><i><b>Nada debe haberlo conmovido, pero igual me descargué. </b></i><i>Esa tarde él se fue aliviado porque no tenía un hijo que nunca quiso. Yo me fui aliviada por haberle dicho lo que precisaba decir y, también, con una tristeza infinita por ese hijo que nunca hubiera tenido el amor de ese padre”.</i></p><p>Buba sanó, Pedro contuvo y Felipe, como era previsible,<b> cambió a su hija de colegio</b> y se evaporó.</p><p><i>“No sé por qué cuento esta historia del no amor. Quizá porque forma parte de una catarsis existencial. Soy feliz gracias a que me dejó ese adolescente al que creí amar. Fue el primero en mi vida, pero por suerte no se quedó. Hoy tengo clarísimo que </i><i><b>el verbo amar es algo tan distinto</b></i><i>… Es un verbo que construye, edifica, contiene. Cuando uno es adolescente, muchas veces, no comprende el significado cabal de esa palabra. Mi carrera entera, la que no ejercí, quizá haya sido la manera que encontré para poder comprender lo que me había ocurrido. Todo terminó contribuyendo a los cimientos de esta gran casa de amor en la que vivo hoy con Pedro y nuestros hijos. Por eso, jamás olvido a aquel otro ser que por dos meses habitó mi cuerpo. Me acompaña, ya no con dolor, sino con magia amorosa. No soy fantasiosa, pero es lo que siento: tengo a mi primer hijo -para algunos serían solo unas células que fracasaron, para otros algo más- como a </i><i><b>un ángel que me cuida,</b></i><i> que nos cuida, desde allá arriba”. </i></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/OHXSTJCYLJEUDFSULRWNMCOEEU.jpg?auth=4947bc2627a93241b0deb8f3d1400ab25d6f70133dfe279ccebe4b84a732d396&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Buba jamás olvidó el ser que tuvo en su vientre y siente que hoy protege a su familia (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p><i>*Escribinos y contanos tu historia. amoresreales@infobae.com</i></p><p><i><u>* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas</u></i></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/N34QIBM76ZFI7JLJ56IMOAUGDY.jpg?auth=c8a5ec9a7130bf8e2afccd8355052f99181599a3e1617c706c6c335d5b2c6f21&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Buba necesitaba cerrar la herida y citó a Felipe en un bar (Imagen Ilustrativa Infobae)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Eran adolescentes, sus familias se oponían al noviazgo y un embarazo los llevó al altar: el amor de 38 años que resiste prejuicios]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2025/10/19/eran-adolescentes-sus-familias-se-oponian-al-noviazgo-y-un-embarazo-los-llevo-al-altar-el-amor-de-38-anos-que-resiste-prejuicios/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2025/10/19/eran-adolescentes-sus-familias-se-oponian-al-noviazgo-y-un-embarazo-los-llevo-al-altar-el-amor-de-38-anos-que-resiste-prejuicios/</guid><dc:creator><![CDATA[Carolina   Balbiani]]></dc:creator><description><![CDATA[El inicio de una relación marcada por besos clandestinos, controles estrictos y largas llamadas telefónicas llevó a Fernando y Graciela a apostar todo por un futuro juntos. La despedida en Ezeiza que parecía el fin y la “vida de locos” que llevaron hasta que salieron a flote]]></description><pubDate>Sun, 19 Oct 2025 05:59:14 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/AWVFFFGVSFASZNJE4RJ4PGMFWE.jpg?auth=7914e3e060c39dd0e5931b6cce707aed0482cd7fc8445e5ddaa0263698d55319&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Graciela y Fernando el día que se casaron enamoradísimos en septiembre de 1989" height="1080" width="1920"/><p>Viajemos en el tiempo hacia 1987. Fue ese año que Fernando B. y Graciela D. se conocieron. Ella estaba en tercer año y por cumplir los 16. Él cursaba quinto en el mismo colegio y tenía 17. Si bien Fernando era compañero del hermano de Graciela, fue<b> un amigo en común</b> quien los terminó uniendo. El amor naciente se selló formalmente con un beso el día del cumpleaños de 16 de ella: el domingo 25 de octubre, en un boliche de Berazategui, en una especie de lo que ahora llamaríamos “matiné”, eventos donde solían sortearse viajes de egresados. Y el amor que los atravesó fue fulminante.</p><h2>Resistencia intramuros</h2><p>Fernando cuenta que con su compañero y hermano de Graciela eran <i>“como el agua y el aceite. Te hago una metáfora musical… él era Rolling Stones y yo era Beatle, ¡muy distintos”!. </i>Pero no solo el hermano era diferente, también la familia de su novia era <i>muy estructurada. Graciela es la menor y además de tener dos hermanos varones, su padre es militar. Es de la marina. Ella era la única mujer y siempre intentó transgredir en lo que podía esas</i><i><b> estrictas normas.</b></i><i> Y bueno, hacía cosas que no aprobaban… ¡Yo era parte de lo que no aprobaban! Creo que me rechazaban por una cuestión de diferencias. Mi suegro es del interior y quizá pensaba que yo pretendía hacerme más de lo que era, que mi padre era medio como un intelectual… qué sé yo. No sé realmente. Pero no era fácil y a Graciela la controlaban completamente. Por todo esto, al principio, </i><i><b>ella no les contó que estábamos de novios</b></i><i>. Yo iba a visitarla con este amigo en común, pero un día empecé a ir solo y se volvió evidente que algo pasaba entre nosotros.</i><i><b> Decidí que tenía que hacer algo para que su padre me habilitara a visitarla sin problemas. </b></i><i>Sabía que él volvía de trabajar a las 16 y, entonces, me paré en la calle a esperarlo a las 15.30, cerca de su casa. Cuando lo vi llegar, lo paré y hablamos. ¡No se lo esperaba! Formalmente su respuesta fue que sí, que estaba todo bien, pero me advirtió que la cuidara…”. </i></p><p>Fernando quedó habilitado para las visitas como novio. Pero la resistencia a la relación entre ellos aseguran que se percibía en el aire. También en la casa de Fernando su madre se oponía: <i>“El único que nos apoyó sin condiciones fue mi viejo. Él había estado casado dos veces antes, tenía más hijos, hasta que se casó en la tercera oportunidad con mi mamá a quien le llevaba veinte años. Había vivido mucho, </i><i><b>era más abierto y nos entendía.</b></i><i> Era mucho más permeable a nuestras elecciones y se lo notaba contento con mi pareja.. Se notaba contento con mi relación. ¡Nos bancó siempre!”.</i></p><p>A pesar de los recelos no abiertamente expresados por sus familias, el noviazgo siguió su curso. </p><h2>La despedida</h2><p>A fines de 1988 el padre de Graciela fue destinado a Río Grande, Tierra del Fuego, por la marina.</p><p>Fernando recuerda con profundo dolor esa época: <i>“Yo ya estaba cursando medicina. Ella, en el colegio todavía. Pasado enero y febrero de 1989, Graciela empezaría quinto año del secundario en el sur. Fue un verano insoportable porque sabíamos que </i><i><b>nos íbamos a tener que separar en breve</b></i><i>. Me fui con mis padres y mi hermana de vacaciones a Córdoba, como todos los años. La pasé mal porque descontaba los días. Éramos dos adolescentes enamorados hasta el tuétano que estábamos devastados porque tendríamos que vivir lejos el uno del otro”.</i></p><p>Y llegó el momento de la despedida. Era un día gris de fines de marzo. El suegro de Fernando ya estaba instalado en el sur desde hacía algún tiempo. Ahora, viajaban su suegra con su novia y sus hermanos.<b> Saldrían de Ezeiza en un avión de la marina. </b></p><p><i>“Fui con ellos para poder despedirme y estar con Graciela hasta el último segundo. Nos tomamos el tren en Berazategui, luego algo de Constitución a Retiro y de Retiro un micro de la Marina hasta Ezeiza. El vuelo se demoró porque había muchísima niebla. En esas horas de espera</i><i><b> pensamos en fugarnos</b></i><i>. Estábamos desesperados. Pero en un momento de normalidad pensé que no era una opción hacerlo, íbamos a lograr que hubiera más lío del que ya existía. ¡Nos mirábamos y nos decíamos nos vamos! Lo hablamos, pero al final no lo hicimos. En un momento, hasta llegamos a ir a la puerta, pero no pudimos tomar la decisión. Recuerdo que ella se iba caminando y me quedé, pegado al vidrio, mirando cómo subían a la escalera del avión. Hice el mismo recorrido que habíamos hecho juntos para volver. Solo y con un dolor inmenso”,</i> recuerda Fernando como si fuera hoy.</p><p>Hoy no tienen dudas de que ese fue el momento más triste de sus vidas.</p><p>Ya para este entonces la joven pareja, es importante contarlo, ya mantenía relaciones sexuales. </p><h2>Un reencuentro crucial</h2><p><i>“Desde el principio, empecé a pensar cómo me iría hasta Río Grande para poder volver a verla”</i>, admite Fernando quien aclara que no tenía un peso, eran muy chicos todavía y viajar en avión era carísimo.</p><p>La vida siguió con eternas llamadas telefónicas a diario. Horas y horas de teléfono diciéndose cuánto se amaban. Tanto se extrañaban que los padres de Graciela terminaron aceptando dejarla ir una semana a Buenos Aires en el mes de mayo.</p><p>Graciela llegó el 6 de mayo y se quedó unos días en la casa de Fernando y otros en la casa de una tía de ella. </p><p><i>“Mis suegros y mis padres estaban en contacto permanente porque imaginate que querían saber qué hacía su hija cada día. En mi casa dormía en la habitación con mi hermana. Pero estábamos todo el tiempo juntos. Te reconozco que mi mamá también boicoteaba, sutilmente, la relación. </i><i><b>Creía que éramos muy chicos.</b></i><i> Pero nosotros estábamos tan comprometidos con nuestro amor que si nos decían que teníamos que irnos a vivir abajo de un puente o a un caño lo hubiéramos hecho. No pensábamos mucho, sentíamos”, </i>reconoce.</p><p>Cuando Graciela volvió al sur ya no lo hizo sola. </p><p>A las semanas notó que tenía un retraso en su menstruación. Como no se cuidaban, era claramente posible un embarazo. No dudó en hacerse un test. <b>¡Positivo! </b></p><p><i>“Me llamó a escondidas de todos -</i>cuenta Fernando- <i>y me dijo que tenía que hablar conmigo. Me dijo: </i>Estoy embarazada.<i> Imaginate, ¡yo estaba a 3000 kilómetros de distancia! Llorábamos los dos en el teléfono. </i><i><b>Sabíamos que podía pasar y sucedió</b></i><i>. Bueno, ahora había que ver qué hacíamos, cómo seguíamos”.</i></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/RQSLJZPNV5DH3NU6AQCG4DEP7M.jpg?auth=b0bd3d208e40b9bfb45fafe8bd230f0d7aaf2e0da4c32cd93e5602e517a67801&smart=true&width=1920&height=2219" alt="Fernando y Graciela en Córdoba en sus primeras vacaciones" height="2219" width="1920"/><p>Era junio de 1989. Fernando eligió hablar primero con su padre porque era quien lo apoyaba siempre.</p><p><i>“Mi viejo fue sumamente práctico. Con él se podía hablar de todo, con mi vieja no podías. Me planteó las tres alternativas, no juzguemos si eran buenas o malas ideas, simplemente fue lo que me dijo y agregó que me iba a bancar lo que decidiera: interrumpir el embarazo, seguir adelante o hacerme el tonto y ver qué pasaba. Obviamente no pensaba hacerme el tonto, la amaba, era una pareja seria y mi novia. Tampoco quería un aborto porque era nuestro hijo. </i><i><b>Íbamos a seguir adelante</b></i><i>, eso le dije. Me dijo que nos ayudaría como pudiese. Yo sentía que necesitaba hablar con Graciela frente a frente, no por teléfono, para planear el futuro”.</i></p><h2>La ayuda del cuñado</h2><p>Fernando estaba decidido a verla. Tenían mucho para conversar y ponerse de acuerdo.</p><p><i>“Justo mi cuñado vino del sur por unos días. Graciela le había contado a su hermano lo que pasaba, no a sus padres. Así que hablé con él y le conté que pensaba viajar a verla y charlar pero que no tenía manera de hacerlo porque carecía del dinero necesario”. </i></p><p>Así fue que a Fernando se le ocurrió una transgresión. Le pidió a su cuñado el documento y le dijo que sacaría un <b>pasaje gratis </b>de la marina a su nombre e intentaría usarlo él para viajar. Su cuñado terminó accediendo, después de todo su hermana estaba en una situación compleja. </p><p><i>“Me lo prestó y fui al Edificio Libertad y saqué el pasaje a su nombre. Hasta ahí era todo legal. Pero lo que hice después fue devolverle el documento porque él lo necesitaba y el día del viaje fui solo con el pasaje. Me haría pasar por él. Como no era un vuelo comercial era distinto y, en esa época, por ahí era más fácil porque no había los controles actuales. Había un tipo de la marina que te miraba y pasabas. Pero justo</i><i><b> el tipo que me recibió el pasaje era un compañero de mi suegro…</b></i><i> Se dio cuenta de que yo no era el hijo de su amigo. Me miró, hizo una cara y me dijo:</i> Pasá.<i> Creo que fue de onda porque sabría del noviazgo, no sé. Salimos y en la parada de Trelew nos dijeron que había una tormenta brava y anunciaron que a lo mejor tendríamos que hacer noche en Río Gallegos y que para eso </i><i><b>nos pedirían los documentos</b></i><i> y los pasajes. Me quería matar… yo tenía el pasaje con un nombre y mi documento. Estaba en el horno. Pero otra vez tuve suerte: de pronto el clima mejoró y seguimos viaje hacia Río Grande. Cuando aparecí en la casa de mis suegros no entendían nada. Creo que se querían matar que estuviera ahí. A él se le salían los ojos de la cara como en los dibujitos animados… (se ríe) Creo que nunca supo cómo llegué ese día. Hasta hoy… ¡si es que lee esta nota!”</i></p><p>Fernando se quedó tres semanas en la casa de Graciela conviviendo con sus padres y hermanos. En esos días <b>contaron lo del embarazo</b>. Hubo discusiones, caras largas y muchísima tensión en el ambiente. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/5PIEPAU4JNFDVIIC3KJV6HDCUM.jpg?auth=f1b6013bbfd13e834fd713e43b96072ff35b731be9d1687cb648018ac3361f5c&smart=true&width=1920&height=1920" alt="Fernando y Graciela" height="1920" width="1920"/><p><i>“Yo siempre fui bastante diplomático y traté de evitar el conflicto, pero un día de esos me cansé. Y dije me voy, armé mi bolso y dije que iba a dormir a la calle o dónde fuera. Dejé la casa sin un peso y hacía un frío brutal,</i><i><b> doce grados bajo cero.</b></i><i> Primero me fui al playón donde están los camiones y empecé a preguntar a los conductores si alguien me podía llevar hasta Buenos Aires. Nadie quiso. ¡Ahora que soy productor de seguros lo entiendo! Pero en ese entonces no lo entendí y me sentí decepcionado por la falta de ayuda. Luego pensé en irme al hospital, ahí habría calefacción. </i><i><b>Finalmente los padres se apiadaron de mí</b></i><i> y me fueron a buscar para que volviera. Tres o cuatros días después mi suegro me consiguió un vuelo de la marina para regresar a Buenos Aires. Llegué de sorpresa a mi casa, porque no tenía ni monedas para llamar por teléfono de una cabina pública. Mi madre estaba entre contenta y enojada por toda la situación”,</i> relata,<i> “Graciela y yo teníamos nuestros planes, no los consultábamos con nadie. Estos eran: casarnos, tener nuestro hijo y estar juntos donde pudiéramos. Mi viejo tenía un negocio de cirugía y ortopedia y otra vez nos puso el hombro, se convirtió en nuestro ángel guardián: </i><i><b>me dio trabajo. Informamos a nuestras respectivas familias que nos íbamos a casar</b></i><i>. No quedó otra que lo aceptaran, sino lo hacían esperaríamos a que ella cumpliera 18 y lo haríamos igual”.</i></p><h2>Una cama prestada y la primera hija</h2><p>En septiembre Graciela consiguió viajar a Buenos Aires. Ya cursaba el cuarto mes de embarazo. Fernando la esperaba con la fecha para casarse por civil: 28 de septiembre de 1989. En esos días, además, fueron juntos a hablar con el sacerdote Luis Farinello quien los recibió en Quilmes y aconsejó con infinita paciencia. Explica Fernando: <i>“Yo soy católico, pero no practicante. Pero ella sí lo es. Quería el casamiento por iglesia. Entonces nos fuimos hasta Quilmes para reunirnos con él. Le reconocí a Farinello que lo hacía por ella, que no era creyente. Él nos habló de una manera que me llegó al alma. Aceptó la situación y me agradeció la sinceridad. </i><i><b>Pusimos fecha en su iglesia de Quilmes</b></i><i> para el día siguiente del civil: el 29. Las dos familias, medio a regañadientes, fueron a los dos casamientos, al civil y a la iglesia. No aprobaban, pero fueron”.</i></p><p>Pero eso no era todo.<b> No tenían casa.</b></p><p><i>“No teníamos donde ir a dormir después de casarnos. Así que en los días previos le pedí a mi vieja si me prestaba el pequeño departamento de atrás de la casa de ellos, pero no aceptó. Y me recitó un dicho popular: </i>El casado casa quiere.<i><b> Mi viejo apareció una vez más para salvarnos </b></i><i>y me alquiló enseguida, a escondidas de ella, un departamento pequeño</i><i><b> </b></i><i>y salió de garante. Pagó y listo. Se lo dijo a mamá cuando todo estaba cocinado y resuelto</i>”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/G35F6ETUHFGK5PCKGCZFOGXQSE.jpg?auth=1f75197a9fb1e1651deeae63f89935f93d887740b21346e3f387bd01665d14b7&smart=true&width=1920&height=1920" alt="Fernando y Graciela en la actualidad" height="1920" width="1920"/><p>Fernando trabajaba con su padre y empezó a estudiar menos. No le alcanzaba el tiempo. Pero ya estaban juntos, tenían un techo, una cama y una mesa prestadas. Eso les alcanzaba. El amor bastaba.</p><p>En febrero de 1990 nació M. La situación se fue normalizando de a poco. Con el tiempo consiguieron otro departamento, también ayudó un poco su padre, y Fernando optó por dejar definitivamente los estudios universitarios.</p><p><i>“No podía sostener la situación de trabajar y estudiar. Con un dinero que me prestaron puse un negocio de ortopedia, igual al de mi papá, en San Francisco Solano. Sorpresivamente, </i><i><b>nos empezó a ir muy bien</b></i><i>. Un año y medio después</i><i><b> pudimos comprar nuestra primera casa</b></i><i>. Era una quinta semiabandonada. Pagarla fue otro lío porque en el medio me estafaron con un plan de ahorros. En fin, por suerte el dueño me esperó a que sacara un crédito y en diciembre de 1993 nos instalamos ahí. Claro, pero </i><i><b>no teníamos auto. </b></i><i>Yo tuve varios trabajos distintos, uno en San Fernando, para sumar más dinero y Graciela trabajaba en el negocio que teníamos en Solano, al cual iba con nuestra hija. Abría a la mañana y a la tarde, en el medio volvía a casa por un par de horas. </i><i><b>Para ir al local desde donde vivíamos tomábamos 3 colectivos, ¡entre ida y vuelta eran 6! Pero, como iba dos veces, terminaba tomando 12 por día.</b></i><i> Hacíamos una vida de locos. Pero en la pareja siempre estábamos muy bien, enamoradísimos. Así que no había quejas. En 1996, nació X. Para esta época estábamos más acomodados, pero curiosamente siempre distante con nuestras familias. Quizá un poco por orgullo propio y no querer pedir nada más. Pero lo cierto es que, salvo mi viejo, nadie nos ofrecía ayuda con las chicas ni nada. </i><i><b>Hacíamos nuestra vida como podíamos</b></i><i>. Con mis suegros nos veíamos una vez cada ocho meses. A veces creo que ellos creían que nuestra pareja se iba a desmoronar, pero lo loco es que fue la única que perduró. En 2004 nació V. nuestra tercera hija que hoy tiene 20 años y trabaja conmigo”.</i></p><h2>Deseos no cumplidos y mensajes</h2><p>Fernando tiene guardados sentimientos encontrados con su familia política. Siente que no se interesaron lo suficiente por sus nietas: “Es como si no les interesaran demasiado. Nunca las llevaron a una plaza. ni al cine, ni al circo, ni a nada. En mi familia pasó algo parecido. Pero bueno eso generó discusiones, pases de factura de unos y otros y, por supuesto, lejanía. En el 2003 nos mudamos a Mar del plata, pensé que de alguna manera estaríamos más cerca de mis suegros que ya vivían en esa ciudad desde 1995. Pero tampoco fue remedio. En 2020, finalmente, nos compramos una casa en <b>Mar del Plata.</b> Mis suegros viven a 30 cuadras de mi casa, pero ¿podés creer que no la conocen? No los veo desde hace unos 5 años, mi mujer creo que desde hace 3. Es un poco frustrante porque nunca nos pudimos sentar a hablar bien de por qué es así la relación. Nuestro matrimonio fluye increíblemente, disfrutamos viajar, hacemos deporte, somos felices con nuestras hijas. No podemos entender qué es lo que pasa. Mi papá murió en 2003 y mamá vive, pero también la veo poco”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/3AV6J2MQFJBJPF7AWJO7TX6P4I.jpg?auth=aa04d19611b9bb822f9b165e0bc80a10d87ae73cd6f9fbb7ee5aaa8c05644065&smart=true&width=1920&height=1920" alt="Una pareja que lleva 36 años casada" height="1920" width="1920"/><p>El dolor por la lejanía familiar se nota presente en su relato. Pero el matrimonio de Fernando y Graciela parece indisoluble, se los percibe unidos, eligiéndose cada día.</p><p><i>“</i><i><b>Llevamos ya 38 años juntos, 36 de casados</b></i><i>. Sentimos que la familia somos nosotros cinco. Mis hijas tienen 35, 28 y 20 años. No entendemos por qué no se dio la de la familia extensa, no se terminó de resolver las diferencias. No creo que haya habido maldad, pero sí preconceptos o prejuicios. ¡Nos hubiera encantado tener una relación cercana con nuestras familias! Pero bueno si no sucede, ya está, qué le vamos a hacer”.</i></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/GZ74K523TFH6RMQZYU7PKS5S4I.jpg?auth=c36ae576f61eeb999ebf189a7d7e40b731d09978815671d7c6ff8919a9a4c337&smart=true&width=1920&height=1920" alt="Cruzaron los andes en bicicleta, viajan y comparten todo pasión y vida" height="1920" width="1920"/><p>A Fernando -quien, además de productor de seguros, tiene inmobiliaria- le dio por la música y hace poco le grabó a su mujer una canción de Alejandro Lerner: <i>Amarte así: “... es vivir un sueño eterno junto a ti, es confiarle al universo este milagro de sentir, amarte así, entregándome al destino que elegí, y que es ese mi camino y yo en el tuyo y compartir…”. </i>La letra, dice, refleja con precisión lo que siente. Graciela, por su parte, maneja desde hace veinte años una <b>escuela de pastelería</b>. Todo el resto de sus vidas lo realizan juntos: suben al Lanín, cruzan la cordillera, realizan largas bicicleteadas y acompañan el camino de sus hijas. Siguen amándose, asegura, con la misma intensidad de aquel 1987. Imposible no creerles.</p><p>Fernando dice que se decidió a escribir a Infobae porque lee siempre la sección y observó que muchas historias de amor terminan mal: <i>“¡Nuestro amor terminó bien! Mejor dicho ¡no terminó! Nuestro mensaje es que cuando te amás de verdad no hay boicot posible. Le diría a todos: nunca dejes que nadie frustre tus sueños y siempre peleá hasta el último round de la vida porque ¡vas a obtener tu recompensa!”.</i> </p><p>*Escribinos y contanos tu historia: amoresreales@infobae.com</p><p><u>* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas</u></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/AWVFFFGVSFASZNJE4RJ4PGMFWE.jpg?auth=7914e3e060c39dd0e5931b6cce707aed0482cd7fc8445e5ddaa0263698d55319&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Graciela y Fernando el día que se casaron enamoradísimos en septiembre de 1989]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Hugo García e Isabella Ladera confirman su romance: “Mi novia es increíble”]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2025/10/13/hugo-garcia-e-isabella-ladera-confirman-su-romance-mi-novia-es-increible/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2025/10/13/hugo-garcia-e-isabella-ladera-confirman-su-romance-mi-novia-es-increible/</guid><dc:creator><![CDATA[Manoel Obando]]></dc:creator><description><![CDATA[Un detalle romántico del modelo hacia su pareja se volvió viral, demostrando que la complicidad y el cariño entre ambos es más fuerte que nunca]]></description><pubDate>Tue, 14 Oct 2025 17:13:59 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/UNNDQCI2U5FQ7GZZL4SAE52C4Y.jpg?auth=bb5ffa0eab7aef023d4bb46bf03e8f29c3794a081f988eaaafa8006c3216a725&smart=true&width=1920&height=1080" alt="La pareja decidió dejar atrás los rumores y compartir con todos el inicio de su historia de amor, generando una ola de reacciones y mensajes de apoyo en el mundo digital (Instagram)" height="1080" width="1920"/><p>Lo que comenzó como una serie de rumores en redes sociales se convirtió en una historia de amor confirmada<a href="https://www.infobae.com/peru/2025/10/01/hugo-garcia-sorprende-con-peculiar-fotografia-en-redes-sociales-y-se-deja-ver-junto-a-isabella-ladera-en-puerto-rico/" target="_blank" rel="" title="https://www.infobae.com/peru/2025/10/01/hugo-garcia-sorprende-con-peculiar-fotografia-en-redes-sociales-y-se-deja-ver-junto-a-isabella-ladera-en-puerto-rico/">. <b>Hugo García</b> e <b>Isabella Ladera</b> decidieron poner fin a las especulaciones al declararse mutuamente en público</a>. Fue Isabella quien primero respondió a la pregunta de un seguidor sobre si tenía novio, y su respuesta —“Sí, sí y sí”— bastó para encender los comentarios. </p><p>Minutos después, Hugo compartió una publicación con una frase que lo dijo todo: “Mi novia es increíble”. <b>El intercambio de palabras y emojis en Instagram selló el inicio oficial de una relación que ya se intuía, y que ahora se muestra sin reservas, con naturalidad y afecto a la vista de todos.</b></p><h2>Una confirmación esperada</h2><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/TL6S4ZXSKVDNPEDSMQRNQBT7KY.jpg?auth=fb54c1867c13f2cc49a97c5a0215a8f4d904b17049a5b4a6fefe393d2f4e1c9c&smart=true&width=1920&height=1000" alt="Las fotos y gestos entre Hugo e Isabella dejaron de ser simples indicios: la pareja hizo pública su historia de amor, respondiendo con ternura a quienes esperaban una confirmación. (Instagram)" height="1000" width="1920"/><p>Las señales venían acumulándose desde hacía semanas. Fotografías juntos, comentarios cariñosos y viajes compartidos habían despertado la curiosidad de los seguidores. <b>Hugo García</b>, conocido por su participación en realities de competencia y su afición por el deporte, y la modelo venezolana <b>Isabella Ladera</b>, influencer de estilo de vida y moda, ya aparecían juntos en varias publicaciones. Sin embargo, ninguno se había atrevido a ponerle nombre a su vínculo.</p><p>Todo cambió cuando Isabella abrió su cajita de preguntas en Instagram, donde los usuarios no tardaron en indagar sobre su vida sentimental. Uno de ellos fue directo: <b>“¿Tienes novio? ¿Te puedo besar? Te extraño”.</b> Ella respondió con humor y emoción: “Sí, sí y sí”, agregando un emoticón con lágrimas y la frase “Te extraño con mi alma”. </p><p><b>El mensaje fue breve, pero contundente. Bastó para que miles de seguidores confirmaran lo que ya sospechaban: que entre ambos existía algo más que amistad.</b></p><h2>Amor en clave digital</h2><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/WEWYCPELRJAKTDHPBRDD26MKAM.jpg?auth=e9cd7d55b8700c2f8abfb53d968dde1d11739d4c3d7eb2d88e645a1bd8279ff5&smart=true&width=1920&height=894" alt="Entre emojis y canciones, la pareja confirmó su vínculo en redes. Con una naturalidad poco habitual, Hugo e Isabella dejaron ver la complicidad que define su historia de amor. (Instagram)" height="894" width="1920"/><p>La historia no terminó ahí. Poco después, <b>Hugo García</b> decidió dejar su propia huella. El deportista publicó un video acompañado de una canción inspirada en <b>Los Roques</b>, el famoso archipiélago venezolano que evoca paisajes de ensueño. En el clip escribió: <b>“Mi novia es increíble”</b>, sumando varios emojis de enamorado que dieron el toque final a su declaración. Isabella respondió con dulzura: <b>“Vamos a ir, ya verás”</b>, con corazones y estrellas que reflejaban su entusiasmo.</p><p>Ese intercambio se volvió viral en cuestión de horas. Las redes se llenaron de mensajes de apoyo y felicitaciones. Los seguidores celebraron la manera en que la pareja decidió confirmar su relación: sin grandes producciones ni exclusivas, sino con naturalidad, como dos jóvenes que se muestran tal cual son. <b>“Se nota que se quieren de verdad”</b>, comentó una usuaria. Otro añadió: “Por fin lo hicieron oficial, hacían una pareja hermosa”.</p><p>Las publicaciones, además, consolidaron una conexión que ya muchos percibían. La complicidad entre ellos se ha visto reflejada en los detalles: miradas en eventos públicos, risas compartidas en historias y gestos espontáneos que revelan cercanía. Aunque ambos habían optado por la discreción en meses anteriores, ahora se muestran más abiertos y transparentes sobre su romance.</p><h2>La familia y los próximos pasos</h2><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/IFCZ2VI6PBFANJC2HXYVZP7UOM.jpg?auth=aa75e8b20b147e78ebf46f0efec309eb79771820a0bda069c593ffa22de20bda&smart=true&width=1920&height=1146" alt="Con la bendición familiar y un vínculo cada vez más visible, Hugo e Isabella proyectan estabilidad. Su romance parece marcar una etapa más serena en la vida del deportista. (Instagram)" height="1146" width="1920"/><p>Otro detalle que llamó la atención fue la reacción del entorno familiar. La madre de <b>Hugo García</b>, quien en el pasado se había mostrado cautelosa sobre las relaciones de su hijo, habría expresado su aprobación hacia <b>Isabella</b>. Este gesto fue interpretado por muchos como una señal de que el vínculo entre ambos no es pasajero.</p><p>En paralelo, los seguidores de Hugo recordaron cómo el excompetidor de televisión ha evolucionado en los últimos años. Tras dejar los realities y dedicarse a nuevos proyectos personales, su imagen pública cambió hacia un perfil más reservado y maduro. <b>Isabella</b>, por su parte, ha ganado notoriedad en redes por su estilo sobrio y su enfoque en la moda, el bienestar y los viajes.</p><p>Ambos comparten una visión de vida ligada al deporte, la disciplina y la búsqueda del equilibrio personal. Quizás esa afinidad fue la chispa que los unió. En las redes, se han mostrado entrenando juntos, disfrutando de actividades al aire libre y compartiendo experiencias que reflejan complicidad y apoyo mutuo. “Mi novia es increíble”, escribió Hugo; una frase simple, pero cargada de intención, que sus seguidores interpretaron como un reconocimiento a la estabilidad emocional que hoy lo acompaña.</p><h2>Una historia que cautiva en tiempos digitales</h2><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/GKG3ERFNEBGWDOIPORU64UMFWM.jpg?auth=d8a056608903744557ea66e49e2b2d29ad49de77f2675f0c76a01f9b45ec8011&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Las redes sociales fueron testigo del inicio de un amor genuino. Hugo García e Isabella Ladera demostraron que, incluso en lo virtual, la emoción puede ser auténtica. (Instagram)" height="1080" width="1920"/><p>La historia de <b>Hugo</b> e <b>Isabella</b> se suma a la larga lista de romances que nacen y crecen bajo el ojo de las redes sociales. En un entorno donde la exposición pública puede ser abrumadora, la pareja ha sabido manejar la atención con espontaneidad. Ninguno ha intentado ocultar el cariño, pero tampoco han recurrido a la exageración. Su forma de mostrarse parece equilibrada, casi cotidiana, como si la cámara solo captara lo que ya existe sin artificios.</p><p>Las redes, en este caso, se convirtieron en el espacio donde dos personas jóvenes decidieron hablar el lenguaje de su tiempo: el de los mensajes breves, las historias efímeras y los gestos digitales que equivalen a declaraciones de amor. <b>En una época donde todo se comparte, ellos eligieron hacerlo con sutileza.</b></p><p>Los seguidores continúan atentos a cada publicación. Algunos esperan que pronto anuncien nuevos proyectos juntos; otros solo celebran la autenticidad con la que viven este capítulo. </p><p>Mientras tanto, los dos siguen compartiendo momentos, entre emojis, risas y promesas que, aunque breves, parecen hablar de algo más profundo que una simple historia de redes: el comienzo de un amor que no teme mostrarse.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/UNNDQCI2U5FQ7GZZL4SAE52C4Y.jpg?auth=bb5ffa0eab7aef023d4bb46bf03e8f29c3794a081f988eaaafa8006c3216a725&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[La pareja decidió dejar atrás los rumores y compartir con todos el inicio de su historia de amor, generando una ola de reacciones y mensajes de apoyo en el mundo digital (Instagram)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Un reencuentro casual en el Barrio Chino con su primer novio, el problema que eligieron ignorar y un acto de amor verdadero]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2025/10/12/un-reencuentro-casual-en-el-barrio-chino-con-su-primer-novio-el-problema-que-eligieron-ignorar-y-un-acto-de-amor-verdadero/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2025/10/12/un-reencuentro-casual-en-el-barrio-chino-con-su-primer-novio-el-problema-que-eligieron-ignorar-y-un-acto-de-amor-verdadero/</guid><dc:creator><![CDATA[Carolina   Balbiani]]></dc:creator><description><![CDATA[Se tropezó con él en la calle y lo reconoció a pesar del paso de décadas. Su amigo de la infancia y novio de la adolescencia tenía el pelo poblado de canas. La vida que los había separado cuando habían comenzado a estudiar, volvía a unirlos en la madurez, en una relación tan breve como intensa]]></description><pubDate>Sun, 12 Oct 2025 05:23:16 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/SBWAIID4FZD63JCRBCVUVNH3ZM.jpg?auth=675f519e2cea3f903d1759ce826f7b9736ca2708e0068805f866508377b9a6d0&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Sonia y César se reencontraron en el Barrio Chino por casualidad (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p>Sonia hacía unos tres años que se había separado cuando un día de esos de calor agobiante, caminando por el <b>Barrio Chino</b> de Belgrano, en la ciudad de Buenos Aires, se chocó con César en la vereda. Le costó reconocerlo porque él ya tenía la cabeza blanca. Hacía años que no sabía nada de él, décadas. A pesar de tener amigos en común, tenía solo una vaga idea de su vida que se había casado y divorciado y que tenía hijos.</p><p>Iban los dos tan ensimismados, en busca de algún pescado para cocinar esa noche, que casi siguen su marcha después de un “perdón”. Pero al borde de seguir camino Sonia levantó la vista y vio su cara a centímetros. <i>“¿¡¡Qué hacés César!!!?”,</i> dijo Sonia con una sonrisa estampada en la cara. El topetazo había sido con su<b> amigo de la infancia y novio de la adolescencia</b>. Al desconcierto inicial de ambos, le siguieron las risas y varios café envueltos en espirales de humo en un café de la calle Juramento.</p><p>La vida los había colocado el uno frente al otro casi cuarenta años después.</p><h2>En el túnel del tiempo</h2><p><i>“Fue un viaje al pasado. Nos reímos como locos, recordamos nuestro </i><i><b>noviazgo en la ciudad de Santa Fe</b></i><i> donde vivíamos por entonces. Nuestras familias eran amigas, vivían en la misma cuadra, y nosotros descubrimos juntos el sexo y la ternura. </i><i><b>La vida nos separó cuando empezamos a estudiar </b></i><i>cada uno lo suyo en Buenos Aires. Yo, profesorado de historia; él, veterinaria. Chau, nunca más nos vimos, ni nos extrañamos, ni nada. Era un lindo recuerdo de los 16 o 17 años y el corte se había producido sin bajas emocionales, ni grandes dramas por lo menos para mí”, </i>recuerda Sonia con una sonrisa iluminada.</p><p>En las varias décadas de vida que siguieron Sonia tuvo dos novios, se casó con un tercero, parió una hija con tratamiento de fertilización asistida y, cuando ella tenía 11 años, se divorció porque descubrió que su marido salía, nada original, con su secretaria. A partir de allí su corazón viajó a los saltos de un intento de pareja a otro,<b> sin dar nunca con la persona justa </b>para seguir caminando la existencia. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/M6XH4VPI3BD35G527CU3KFVUXY.jpg?auth=7d864baec2d4fc39a3fe125f19bdfdd88dca378616c438833b7b8340c585818d&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Sonia estaba conmovida por el hecho de volver a compartir momentos con su novio de la adolescencia  (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p>Sus clases de historia en varios colegios secundarios, sus amigas, algún que otro viaje y el ejercicio de la maternidad ocupó el ciento por ciento de su agenda.</p><p><i>“Estaba bien, un poco aburrida, pero bien.</i><i><b> No tenía grandes expectativas</b></i><i> de cambio en mi vida y tampoco las buscaba. Ya habían muerto mis padres y pisaba los 57 años. Mi hija tenía 22 y se había independizado porque le iba muy bien en lo suyo que es la informática y trabaja para el exterior. Por eso, encontrarme con mi pasado, con una parte de lo que había sido mi vida en Santa Fe, </i><i><b>lo viví como algo conmovedor</b></i><i>”, </i>explica.</p><p>Ese mediodía en el Barrio Chino le inyectó la cuota de alegría que precisaba para su vida. Se pasaron sus WhatsApp y las charlas siguieron por teléfono y, también, en sucesivos encuentros en pocas semanas.</p><p>Continúa con su relato: <i>“Lo bueno es que con César no tenía que explicarle nada porque sabía de qué hablaba, de quiénes hablaba, qué sentía, qué le gustaba. Era una </i><i><b>confianza plena</b></i><i>, total. Algo que no se da con desconocidos que no tuvieron contacto con tu vida previa. César me confesó enseguida que él había quedado enamoradísimo de mí, que </i><i><b>siempre se había preguntado cómo habría sido su vida conmigo</b></i><i>. Que me extrañaba. Cuando cortamos, fui yo la de la iniciativa, por timidez no me había dicho nada de su tristeza ni había insistido en continuar con la relación”.</i></p><h2>Un plantón y… una mala noticia</h2><p>El primer mes fueron solo charlas y chisporroteo amistoso con un dejo de coquetería seductora. Pero la cosa evolucionó y pasaron a encontrarse de noche. Un par de salidas terminaron en la casa de César; otras en la de Sonia. Iban al cine, a comer, a tomar algo a algún barcito de moda. Y después, los fines de semana, dormían en la casa de alguno de los dos. Eran adultos libres así que nada que objetar. Al principio eligieron no contarle a nadie lo que les ocurría. Sonia fue la de la idea: <i>“</i><i><b>Yo estaba tan contenta y divertida que opté por disfrutar más que comentarlo con amigas.</b></i><i> No quería escuchar opiniones ni las estupideces que, a veces, las amigas dicen. No sé si por resentimiento, por envidia o por exceso de cuidado siempre están las que cultivan el desánimo. Así que me callé durante un mes y medio o quizá dos y no se lo conté a nadie. Ni a mi hija. Obvio que todos me veían más feliz que de costumbre y bromeaban. Él creo que tampoco dijo mucho, yo pensé que quizá era por temor a que la relación terminara. También creí que podría ser que su ex, a quien conocía de lejos, podría ponerse en contra o algo así. No sé. Yo me dediqué a disfrutar y punto”.</i></p><p>Habían pasado unos cinco meses desde aquel encuentro en el Barrio Chino que sucedió algo que Sonia no pudo pasar por alto.</p><p><i>“Yo veía que César </i><i><b>iba y venía de los médicos</b></i><i>. No le presté mucha atención, pensé que eran simples chequeos y él no decía nada. Tomaba muchos remedios, pero tampoco era algo que me puse a analizar. Yo también tomaba para mi tiroides, para mi colesterol, para mi osteopenia, para mis migrañas. Qué se yo… la edad suele sumarte mil pastillas de colores en la mesa de luz. Sí notaba que, </i><i><b>a veces, él estaba cansadísimo</b></i><i>. Yo lo atribuía a su viajes al campo y a su intenso trabajo. A pesar de estar agotado siempre quería salir, nunca dejaba un plan por ello y se mostraba dispuesto a disfrutar. Hasta que un día no pudo más… Fue un fin de semana en que habíamos quedado en ir a Capilla del Señor a comer con unos amigos de él. </i><i><b>Tenía que pasarme a buscar por la mañana temprano para evitar el tráfico y no apareció. </b></i><i>Yo no paraba de mandarle mensajes y llamarlo pero no atendía. Era extrañísimo. Así que agarré las llaves que él me había dado una vez para entrar a su casa y me fui en un taxi hasta su departamento en el barrio de Núñez. Entré al edificio corriendo, ya estaba en estado de alerta. No esperé el ascensor y subí de dos en dos la escalera hasta el tercer piso. Abrí nerviosa la puerta y entré. </i><i><b>Lo encontré desmayado en su cama</b></i><i>. Estaba blanco como un papel. Llamé a la ambulancia y vinieron volando. Quedó internado. Vinieron sus hijos, su hermano que vive en Martínez, amigos… Ahí me enteré lo que pasaba, la verdad de la que no había sabido nada: César estaba con un cáncer de hígado complicado”. </i></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/3QL7T52Z5NEDZMZQ6YA3OOQ6R4.jpg?auth=79905abb98df0d3aaf8b67305e83f6b34b27309446378ad76c6c511f8e759533&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Había quedado con César que pasaría a buscarla pero faltó a la cita. La razón era que estaba desmayado (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><h2>Breve, pero bueno</h2><p>Sonia no pudo enojarse con César. No le reclamó no saber. Tampoco ella había preguntado cuando vio la batería de medicamentos. Sintió que quizá no había querido saber. Y estaba convencida de que ella había sido para él la ilusión necesaria para seguir respirando la vida sin la etiqueta de la enfermedad pegada en la frente. </p><p><i>“Lo que siguió a ese día fueron charlas interminables y profundas. Fue para mí asimilar el golpe, aceptarlo y decidir acompañarlo. No me iba a borrar. Quería estar más que nunca con él. Me junté con un amigo, Iván, que es sacerdote, le conté lo que pasaba y me consoló con mucha altura. Me dijo que acompañar en el proceso de despedida era un</i><i><b> verdadero acto de amor.</b></i><i> Y que si yo sentía que quería hacerlo que lo hiciera. Lo hablé con César y estuvo de acuerdo. Él me dijo que me amaba y le revelé que también sentía lo mismo y que no quería escaparme porque él tuviese cáncer. Le prometí que lo que fuera que quedase lo atravesaríamos juntos con la mejor cara posible. Fue un acuerdo de apostar al futuro, el tiempo que durara, con alegría”</i>.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/DRTPSILKTNEPPEVJE33ALUUQOA.jpg?auth=97b20cdcf57fe3c8a2ba3c65b0784898291351c0ea488914094c1097c265a6a0&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Sonia y César sellaron su amor en un altar lleno de flores en el campo (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p>Sonia siguió apoyándose en la escucha del sacerdote Iván y un día surgió una idea más alocada: <b>¿por qué no se casaban y festejaban ese amor breve pero intenso que se tenían? </b>Él podría casarlos. Sonia saltó de felicidad y compró la idea. César, sorprendido al principio, estuvo de acuerdo. Era un buen proyecto.</p><p><i>“Sería un casamiento ante Dios. Los dos somos creyentes, aunque no creas que tan fanáticos. Pero nos pareció una lindísima idea. No nos complicaría la vida con los hijos ni con nada. Solo íbamos a celebrar habernos reencontrado en la vida prometiéndonos amor eterno y lo que eso implica”, </i>concluye.</p><p>En abril de 2025 César y Sonia contrajeron matrimonio ante un<b> altar lleno de flores blancas en medio del campo</b>, en la quinta de un amigo de César en Exaltación de la Cruz ante 80 invitados. Los casó Iván que los bendijo bajo el sol radiante. Tomaron un micrófono y hablaron prometiéndose amor eterno:<i> “Sea lo que dure la eternidad”</i>, remató Sonia conmovida. </p><p>Todos lloraron. </p><p>Todos entendieron.</p><p>Estuvieron casados y conviviendo en el departamento de César durante 67 días.</p><p>El 11 de junio César murió en los brazos de Sonia y en su casa.</p><p><i>“Hablábamos sin pausa de todo. No había tema que no pudiéramos tocar. Realmente mal estuvo los últimos diez días. ¡Yo fui tan feliz de estar ahí para acompañarlo, amarlo y cuidarlo! Para domar su angustia y reírnos de todo. No me arrepiento de nada. Algunos conocidos tuvieron la audacia, antes de casarme, de intentar aconsejarme: ¿</i>Cómo te vas a casar con un condenado a muerte? Es tristísimo, no sabés en lo que te metés, te puede hacer muy mal… <i>¿Sabés que esa gente no entiende nada? Creían que yo estaba deprimida.</i> Nada que ver. Yo entiendo que l<i>a muerte es parte de la vida y negarla no te hace más feliz. Todo lo contrario. </i><i><b>Yo acepté que él iba a morir; él también ya lo había aceptado. </b></i><i>Se vive un día a la vez. Decidí estar cada día con él porque me hacía feliz a mí y lo hacía feliz a él. No me asustó pensar en el deterioro, en los malos momentos que podrían venir. Amaba a César y lo iba a ayudar con su envase temporal, con ese cuerpo que le daba tanto trabajo en el día a día. Aún así, hasta poco antes de su partida física, tuvimos encuentros sexuales, como pudimos. Nos amamos con nuestra eternidad”, </i>revela.<i> </i></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/2O4UGSCCQFHKTBGU6J54G7CYFM.jpg?auth=88ccdfaaad3f7c6b5d45749468f8a160152e54edebb9df22bad497894c48240f&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Su novio de la adolescencia murió en sus brazos (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p>Sonia no lamenta la pérdida de César, agradece todos los días haber tenido la posibilidad de vivir esos meses de enorme felicidad con él.</p><p><i>“Para mí casarnos fue el acto de amor más grande que pudimos ejecutar: permitirnos vivir nuestros sentimientos a pesar de que sabíamos que el trecho que nos tocaba era corto. Toda historia tendrá un final, uno de los dos en cualquier pareja, habitualmente, se va antes… Solo que en nuestra relación eso lo veíamos más cerca. Pero no dejar que esa finitud gobernara mi presente fue una elección consciente. La mejor que pude haber hecho. Y la segunda elección que me gustaría dejar como enseñanza de vida para otros, si es que puede ser útil, es que decidimos hacerlo desde la alegría, sin instalarnos en los lamentos inútiles que te hacen perder un tiempo valioso”.</i></p><p><i>*Escribinos y contanos tu historia. amoresreales@infobae.com </i></p><p><i><u>* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas</u></i></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/SBWAIID4FZD63JCRBCVUVNH3ZM.jpg?auth=675f519e2cea3f903d1759ce826f7b9736ca2708e0068805f866508377b9a6d0&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Amores reales, Sonia y Cesar (Imagen Ilustrativa Infobae)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Le lleva 24 años y ante sus ojos es la Venus de Botticelli: el ingeniero que sostiene un amor platónico por miedo a perderlo todo]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2025/10/05/le-lleva-24-anos-y-ante-sus-ojos-es-la-venus-de-botticelli-el-ingeniero-que-sostiene-un-amor-platonico-por-miedo-a-perderlo-todo/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2025/10/05/le-lleva-24-anos-y-ante-sus-ojos-es-la-venus-de-botticelli-el-ingeniero-que-sostiene-un-amor-platonico-por-miedo-a-perderlo-todo/</guid><dc:creator><![CDATA[Carolina   Balbiani]]></dc:creator><description><![CDATA[Hace tres años que Horacio, ingeniero agrónomo, conoció a Raquel, una profesora de literatura, 24 años menor que él. Ambos, cordobeses, pasean juntos interesados en programas culturales mientras que él es capaz de recorrer 200 km de ida y de vuelta para animarla si está triste. No hay besos, no hay caricias. “No tengo todo lo que quiero, pero quiero lo que tengo. Ese es mi lema”, afirmó ]]></description><pubDate>Sun, 05 Oct 2025 16:30:26 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/L34C6HEKRVBOHITFC7JFRRBXOA.jpg?auth=14d9aab6f248d34cd6abc86887e6ada3b2bb4f470501732b54123757132ceccb&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Horacio conoció a Raquel en un evento cultural y a partir de ese momento solo tuvo ojos para ella (Imagen Ilustrativa)" height="1080" width="1920"/><p>Él es Horacio. Tiene <b>68 años</b>, es<b> ingeniero agrónomo</b> y está separado con cuatro hijos. Ella es Raquel. Tiene<b> 44</b>, es<b> profesora de literatura</b>, nunca se casó ni tiene hijos. Ambos viven en la provincia de Córdoba y son los protagonistas de esta particular historia de hoy.</p><p>Horacio confiesa a Infobae que, muchas veces a lo largo de su vida, las cuestiones del amor lo han defraudado, pero asegura que desde hace algún tiempo ha vuelto a amar con locura. Y lo hace de una manera tal que ha decidido cuidar ese sentimiento a capa y espada. Cuidarlo de todo, incluso de las propias pasiones y deseos.</p><h2>Muchas mujeres, poco amor</h2><p>Horacio se casó por primera vez a los 29 años, en 1986, “muy enamorado de Ester, quien fue mi esposa. Tuvimos cuatro hijos, pero en 1994 me separé después de descubrir que <b>ella me estaba siendo infiel</b> con un tipo chamuyero. ¡Un sujeto que le inventó una historia de amor que, obviamente, después terminó en fracaso! Con 38 años volví a salir a la cancha. Me enamoré de Martha, una mujer de mi misma edad de origen sirio libanés que era neuróloga. Tres años después, me apuró con que se le estaba pasando la época de la fertilidad y me dijo que <b>quería tener un hijo conmigo, ¡pero que su idea era criarlo sola! </b>Ella era ultra feminista y no creía en el matrimonio. Obviamente eso me ofendió bastante y terminamos cortando”. “A los dos años conocí a Alicia. Al poco tiempo, le detectaron un avanzado cáncer de mama. <b>Murió en mis brazos</b> a los cuarenta y tantos años. ¡Yo ya me sentía el campeón nacional de los fracasos!”, remata Horacio haciendo gala del típico humor humor negro cordobés.</p><p>Muchos años después, conoció a Bibiana, una mujer de unos 48 años que trabajaba como fisioterapeuta. Les tocó la pandemia, pero pasaron la cuarentena en casas separadas. Hacia el final de la crisis sanitaria mundial, en 2021, Bibiana le dijo adiós. Horacio aclara:<i> “No sé bien por qué fue, pero sucedió. Creo que influía que yo era más grande de edad y, también, mi mal estado físico con tantos kilos de más. Tengo que decirlo con todas las letras y</i><i><b> sin eufemismos</b></i><i>: soy gordo y tengo una bajísima autoestima. Te quiero aclarar algo: estas tres mujeres que llegaron después de mi esposa, fueron personas muy importantes para mí que hasta conocieron a mis hijos”.</i></p><h2>Aparece un ángel </h2><p>Fue una tarde de noviembre de 2022, en medio de la<b> Noche de los Cementerios en la ciudad de Córdoba</b>, que un ángel triste y culto le robó el corazón a Horacio. Lo cuenta así: <i>“Una amiga que organizaba la movida me citó esa noche cultural en el Cementerio de San Jerónimo. Estaba con otra amiga mucho más joven, de 41 años, llamada Raquel. Fue verla y caer rendido. Justo se estaba poniendo el sol detrás de ella y se le hacía un halo alrededor de su cabeza. Parecía un cuadro de una belleza enceguecedora. Era una escultura de 1,78 m, de larguísimo pelo rubio hasta la cintura. </i><i><b>Fue como ver en vivo</b></i><b> </b><i><b>El nacimiento de Venus</b></i>, <i>el cuadro renacentista de Botticelli. Además, escucharla era una delicia para mis oídos. Esa noche charlamos y comimos los tres, pero yo solo tenía ojos para ella. Hablamos de Freud y de Lacan, de historia argentina y de todas las civilizaciones. De literatura y de lo que se te ocurra. Terminamos intercambiando teléfonos porque ella no vivía en la ciudad sino en otro sitio, a unos </i><i><b>200 kilómetros</b></i><i>”.</i></p><p>Horacio no se ilusionaba. Ella tenía 24 años menos, era una ex modelo publicitaria, cultísima, de una belleza impactante y con una carrera consolidada como profesora de literatura. No creía tener ni media chance.</p><p>Pero comenzaron las llamadas y se reprodujeron los <b>infinitos mensajes telefónicos</b>. Las charlas seguían y eran profundas y sinceras. Horacio se fue enterando de la vida de su nueva amiga en cómodas dosis. Ella había pasado por tres <b>relaciones traumáticas</b>: los dos primeros hombres le habían sido infieles y, el último, había resultado un violento que un día en una paliza le rompió un hueso de la pierna. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/TJABNBCVKFH3XCOELZSLRYVMW4.jpg?auth=7c67edfee64170e1a3a740adb811a10e3d000caac9602fe91a2fcaaae8fe5fc7&smart=true&width=1920&height=1080" alt="A pesar de la diferencia de edad, empezaron a mandarse mensajes todo el tiempo. Se escriben tres veces al día y comparten viajes y paseos (Imagen Ilustrativa)" height="1080" width="1920"/><p>“Raquel tiene una clara <b>tendencia depresiva</b>. Con esa última pareja había estado tan angustiada que en una etapa llegó a engordar 30 kilos. Su madre había muerto dos años antes y su padre es un hombre que la vive descalificando justamente por su condición de depresiva”, cuenta Horacio. El ángel arrastraba una historia gris con cicatrices de varias batallas. Averiado como estaba, Horacio se dispuso a reparar lo que estuviera a su alcance.</p><p>Se volvieron tan cercanos que, por ejemplo, un día que Raquel tocó fondo lo llamó y le pidió hablar en persona para pedirle consejo. Horacio se subió a su auto y <b>manejó para ir a verla 200 kilómetros de ida y otros 200 de vuelta solo para contenerla</b>. </p><p>El corazón de él ya había dado muestras de cómo latía. Y ella había empezado a refugiarse bajo esa protección amable que da el saberse amado sin exigencias.</p><p>Pero seguían tratándose de usted (hasta el día de hoy es así) y sin dar ningún otro paso que se saliera de la senda de lo que puede ser una estrecha amistad. Nada de besos, ni caricias; sin esas urgencias de la piel y la química humana. No porque él no las tuviera, sino para evitar que el ángel herido huyera.</p><h2>Aceptar lo que la vida propone</h2><p>Horacio y Raquel siguen con su agenda de encuentros, viajes y paseos. Van a conferencias a otras ciudades y a charlas culturales. Se llevan bien, se relajan juntos y, cada uno, se hace cargo de sus gastos. A Raquel le hace bien esa paz, Horacio lo sabe: <i>“En el pasado mes de julio vino a Córdoba y </i><i><b>se quedó una semana en casa. Le preparé un cuarto para ella</b></i><i>. Fueron siete días de compartir y charlar sin parar. Incluso tuvimos un lindo almuerzo de domingo con mis hijos y mis nietos”.</i></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/MROL2GGMYFDGXDGJAZ3ARVLSRY.jpg?auth=42c0ce7563f1fc6d82748a54764cabbc26b3f8acd6ac10d7636e0d1425a28b9f&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Horacio y Raquel comparten tiempo juntos. En una oportunidad pasó una semana en su casa (Imagen Ilustrativa)" height="1080" width="1920"/><p>Horacio explica -para que nadie interprete mal la historia- que<b> ella jamás le exige nada</b>: <i>“Es una mujer que jamás pide nada. Cuando viajo al exterior le traigo algún regalo. De Medio Oriente le traje un rosario de madera de olivo y un Papiro”.</i></p><p>Insiste en que en varias oportunidades le deslizó lo mucho que ella le gusta: <i>“En su cumpleaños del 2023 le llevé un ramo de flores y festejamos juntos y le dije con franqueza: </i><b>Me gustás mucho</b>,<b> tu físico es muy bonito, pero lo que verdaderamente me enamora de vos es tu inteligencia. </b><i><b>Ella se emocionó y me abrazó.</b></i><i> </i><i><b>Pero me dijo que no estaba preparada para una relación.</b></i><i> No soy un tipo invasivo, respeto los tiempos y los espacios de los demás. Aunque a veces me gustaría mucho tener algo más. En junio pasado se realizó una maratón epistolar, organizada por la facultad de Filosofía y Humanidades de la UBA, y había que escribir una carta cada día. Yo hice una que dirigí a mis hijos y, al final, puse una posdata que decía algo así como: </i>“... díganle a Raquel que fue lo más lindo en mi triste vida, porque la belleza es una cáscara que tarde o temprano se aja, pero la inteligencia queda. <i>Se la leí a Raquel y se emocionó. Me abrazó, me besó en la mejilla y lloró…”</i></p><p>Ahora el que se quiebra al teléfono es Horacio. Llora casi en silencio. Dice que aprovechó ese momento para decirle que la amaba, que la quería muchísimo:<i> </i><i><b>“Le expresé todo lo que ella significa para mí”</b></i><b>.</b></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/6SQOGZU7ZBBU5CADSBQHF3TGTU.jpg?auth=f8f4e415bcc9c4f0bab80a128ccd10b7d0e632145115b8b9fceaae6714de6ae0&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Horacio le hizo saber a Raquel cuánto le gusta, pero ella le dice que no está preparada para una relación (Imagen Ilustrativa)" height="1080" width="1920"/><p>Raquel solo respondió que ella también lo quería mucho. Pero no dejó espacio alguno para que ese amor traspasara al plano físico. </p><p>Horacio cuenta ilusionado que a ella le están por dar un diploma y que él es uno de los tres invitados que puede llevar. Estará con su padre y su profesor de tesis.</p><p><i>“Cuando vamos a comer juntos la gente nos mira con ojos desorbitados. ¡Ella es tan hermosa y yo parezco el Ogro Shrek! A veces me preguntan si es mi pareja y yo respondo que ojalá lo fuera. Hablamos hasta tres veces por día. Hace muy poco le pregunté</i><i><b>:</b></i><b> ¿qué es lo que usted ve en mí…? </b>Porque a mí me resulta increíble que una mujer tan atractiva quiera ser mi amiga. <i>Ella me dijo: </i><b>Yo lo admiro Horacio, me encanta reírme con usted, pasear y charlar.</b><i> Es así, hay algo profundo ahí que hace que hagamos contacto. Pero no parece desear pasar a otra relación que no sea la de amistad”.</i></p><h2>Verdad o consecuencia</h2><p>Cuando le pregunto qué pasa por su cabeza para continuar saliendo y apaciguando sus deseos, él refiere <i>“miedos recurrentes”. </i>Temores<i> </i>que lo persiguen desde chico. El <b>temor al rechazo</b>, por ejemplo.</p><p><i>“Cuando era adolescente y jugábamos a Verdad o Consecuencia o al Juego de la Botella con las prendas, las chicas decían que no querían que les tocara tener que darme un beso porque yo les daba asco. ¡También sé que hay quienes han dicho que había que tener estómago para acostarse conmigo! Quizá sea por lo que ya te conté de mi baja autoestima, no lo sé, pero</i><i><b> esas situaciones me marcaron muchísimo</b></i><i>. Sé que tendría que pesar 75 kilos y peso 114 kilos. Tengo una vida normal y me muevo bien, pero por ahí eso resulta poco atractivo para algunas mujeres. ¿Sabés qué me dijo sorprendida la fisioterapeuta que salió conmigo hace años? ¡Que no podía creer que una persona con mi exceso de peso quisiera tener sexo a cada rato! A mí me gustaría que la relación con Raquel evolucione pero, ojo, también pienso que… Mmmm prestame atención porque te voy a decir algo que es importante”, </i>revela.</p><p>Horacio pasa a contar un cuento que le hizo un conocido y que asegura lo hizo reflexionar. <i>“Un amigo me contó una historia, que no sé si es exacta, pero esto es lo que recuerdo. Un orfebre hacía vasijas sonriendo y era muy feliz cuando un día un banquero le pidió que le revelara el secreto de su felicidad a cambio de unas monedas de oro.</i> <i>El orfebre así lo hizo, pero al tener ese capital quiso aumentarlo y </i><i><b>empezó a trabajar tanto que se olvidó de ser feliz </b></i><i>y se quedó sin nada. ¿A qué voy con esto? A que, a veces, </i><i><b>uno tiene que conformarse con lo que tiene ante el riesgo de perderlo todo</b></i><i>. Mirá, yo le dije una vez a Raquel que me gustaría que viviéramos juntos, que podríamos alquilar una casa y que cada uno tuviera su sector. Se negó, no quiso. Hoy pienso que, si finalmente eso se hubiese dado como yo deseaba, capaz que podría haber ocurrido algo que nos hubiera llevado a no estar más juntos. ¡Ahí sí que me hubiera quedado sin nada! </i><i><b>Entonces, mejor no haber cumplido ese deseo.</b></i><i> </i><i><b>No tengo todo lo que quiero, pero quiero lo que tengo. Ese es mi lema. </b></i><i>No quisiera arriesgar lo que disfruto por algo más si eso implica atravesar el riesgo de perderlo”. </i>Clarísimo.</p><p>Un día, hace muy poco tiempo, Horacio le reveló a Raquel que le había escrito una <b>carta de amor </b>que jamás le daría. Ella mencionó que le gustaría leerla, pero no se la pidió ni insistió con el tema. Seguramente, Raquel intuya qué va a encontrar en esas páginas y prefiera evitar que Horacio sufra.</p><p><i>“Creo que no hace falta que le diga nada más, ella tiene más que claro lo que yo siento. </i><i><b>Creo que soy un poco el padre y otro poco el amigo</b></i><i>. También pienso que cuando una mujer fue golpeada, maltratada o le han sido infiel, quedan marcas tan profundas que puede cerrarse a la idea de tener otra relación. No tengo la relación carnal que me encantaría, pero tengo una relación de amistad que a mí me llena y me satisface.</i><i><b> Creo que los dos nos conformamos con estar donde estamos.</b></i><i> Podría ser egoísta y decir que no quiero verla más porque ella no desea dar ese paso, pero antes que nada estaría siendo egoísta conmigo mismo. Me estaría negando el disfrute y los buenos ratos que paso con ella por reducir todo al plano sexual”, </i>explica con elegida resignación.</p><p>La historia que nos comparte Horacio hoy reconfirma que el amor puede tener infinitas formas. Incluso ésta, en la que el deseo físico con sus pasiones grandilocuentes se ha dejado de lado en pos de una conexión de dos espíritus que se hacen muy buena compañía.</p><p><b>No por platónico un amor es menos feliz. </b></p><p><i>*Escribinos y contanos tu historia. amoresreales@infobae.com</i></p><p><i><u>* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas</u></i></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/L34C6HEKRVBOHITFC7JFRRBXOA.jpg?auth=14d9aab6f248d34cd6abc86887e6ada3b2bb4f470501732b54123757132ceccb&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Amores Reales Raquel y Horacio (Imagen Ilustrativa)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[El amor prohibido que derribó barreras pero el destino no lo dejó ser: de la felicidad plena a la prohibición de una despedida]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2025/09/28/el-amor-prohibido-que-derribo-barreras-pero-el-destino-no-lo-dejo-ser-de-la-felicidad-plena-a-la-prohibicion-de-una-despedida/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2025/09/28/el-amor-prohibido-que-derribo-barreras-pero-el-destino-no-lo-dejo-ser-de-la-felicidad-plena-a-la-prohibicion-de-una-despedida/</guid><dc:creator><![CDATA[Carolina   Balbiani]]></dc:creator><description><![CDATA[Carolina tenía 19 años cuando entró al mundo de la política y conoció a Leandro, de 39, recién separado y con una hija apenas unos años más chica que ella. La diferencia de edad no fue un obstáculo para enamorarse perdidamente. Sin embargo, la familia, tanto de un lado como del otro, no lo vio con buenos ojos. Después de la tempestad del principio, pudieron disfrutar de la relación, pero no por mucho tiempo]]></description><pubDate>Tue, 30 Sep 2025 14:26:07 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/TGH46KZXCZGMFCVXV5YW6X362Q.jpg?auth=a0ecc152e367e336732a2f767affbf2c8eafd5d01208fa55c855025c98573e7d&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Carolina y Leandro se conocieron en reuniones de la Unión Cívica Radical (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p>Carolina M. tenía solamente 19 años cuando la mirada de Leandro (un hombre de 39, separado y con una hija de 15), la sorprendió en una de las primeras reuniones a las que había empezado a asistir en un comité de la Juventud Radical. Esos ojos dulces, mansos, transparentes, más claros que el cielo, como los describe ella, fueron la mágica puerta de entrada al gran amor de su vida.</p><h2>Inicio veloz</h2><p><i>“Había terminado de estudiar el secundario, pero decidí tomarme un año antes de elegir una carrera. Justo había elecciones y empecé a ir a las reuniones de un</i><i><b> partido político</b></i><i> de mi ciudad con la Juventud Radical. Pasábamos muy lindos momentos con el grupo. Había chicos de mi edad y, también, algunos más grandes. Conversábamos de todo, pintábamos carteles e, incluso, jugábamos a las cartas. Fue en esas reuniones medio políticas, pero ante todo sociales, donde conocí a </i><i><b>Leandro</b></i><i>. Enseguida me encandiló con sus ojos. Él era mayor, ya tenía 39, ¡veinte años más que yo! De pelo rubio, dorado, lo llevaba medio rapado y con esos faroles claros, impactantes. Además, era sumamente simpático. Estaba separado en ese momento de su esposa y mantenía con ella una relación tóxica en la que iban y venían”,</i> relata Carolina.</p><p>Leandro y ella habían nacido en la misma ciudad entrerriana: <b>Concepción del Uruguay</b>. Carolina cuenta que su <i>familia “es de clase media: mi papá en ese entonces trabajaba en el ferrocarril y le iba muy bien. Mamá era catequista y ama de casa y se ocupaba de sus tres hijos. Soy la mayor y la única mujer. Ellos me educaron de manera estricta. A ninguno de los dos se le ocurrió </i><i><b>jamás que yo podría llegar a salir con un separado</b></i><i>”</i>.</p><p>Para Carolina que Leandro fuera casado por civil y por iglesia y tuviera una hija adolescente, no supuso un problema. Él le dijo que estaba separado. Eso era suficiente para ella. Pero la relación, por temor a las reacciones de ambos lados, <b>se inició a escondidas</b>. </p><p>El romance fogoso y clandestino duró unos seis meses.</p><p>Así fue hasta que el día anterior al 24 de diciembre del año 2000 decidieron blanquear su relación. </p><p><i>“El 23, un día antes de Nochebuena, ambos comunicamos a nuestras respectivas familias lo que nos había ocurrido”</i>, cuenta Carolina.</p><p>Lo que les había sucedido era, nada más y nada menos, que el amor. Y vaya fecha para comunicarlo. </p><p>Carolina les dijo a los suyos: <i>“Miren, quiero contarles que conocí a alguien y estoy saliendo. Cuando mis padres me dijeron que querían conocerlo, les comenté su edad y les revelé que estaba separado. Mamá lo tomó mejor que papá, que se mostró muy cerrado a aceptarlo. Yo soy su única hija mujer y creo que para él fue un gran golpe porque se dio cuenta de que no podría entrarme a la iglesia </i><i><b>vestida de blanco.</b></i><i> ¡Literal que casi los infarto con la novedad!”.</i></p><p>Leandro, quien trabajaba en una compañía de electricidad, hizo lo mismo con su ex y con su hija y les reveló la novedad. No lo tomaron nada bien. Luego de anunciar su nueva relación, dejó esa casa y <b>se fue a vivir con su mamá.</b></p><p>Pese a las resistencias iniciales de algunos, con la velocidad de un Fórmula Uno, se había armado la enamorada pareja oficial. </p><p>Y fueron felices. </p><p>Por un rato.</p><h2>Arranca la vida de a dos</h2><p>Contra todo pronóstico, los padres de Carolina, apenas conocieron a Leandro quedaron encantados con él. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/R2KXXE5K2JFLTAWXZLUM24F34Y.jpg?auth=ec2f3303cf9a675c46ad4cff095eed106bf459b0538f7eb9cdfc6e4e33fa6059&smart=true&width=1920&height=1080" alt="La familia de Carolina invitó a Leandro a pasar las vacaciones junto a ellos frente al río Paraná (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p>El verano arrancó muy bien porque la familia invitó a Leandro a pasar las vacaciones con ellos en una casa muy simpática que el padre de Carolina había armado, con<b> viejos vagones de tren</b>, sobre el Río Paraná.</p><p><i>“Pasamos unos veinte días con mis viejos y mis hermanos en nuestra casa sobre el río. Los tres hermanos y Leandro dormimos en camas cucheta. La convivencia funcionó muy bien. Mis padres enseguida lo quisieron un montón. Al volver, decidimos irnos solos a Colón otros quince días. Pero mi papá ahí puso límites y nos dijo que si ya nos íbamos solos de vacaciones teníamos que pensar en vivir juntos. Así fue. Al volver </i><i><b>nos alquilamos un dos ambientes y nos mudamos</b></i><i>. Éramos felices”.</i></p><p>Leandro continuó con su trabajo en la empresa de energía. Mientras, Carolina hacía de ama de casa y se preparaba para dar un par de materias que debía de quinto año: <i>“Las preparé en un nocturno y él fue quien me empujó para que lo hiciera. Me convenció de que tenía que arrancar pronto a estudiar algo. Teníamos un montón de planes y proyectos. Lo clásico: que yo hiciera una carrera, </i><i><b>mudarnos a una casa más grande y tener hijos</b></i><i>”.</i></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/2GVAXR6WCVGP7AEJOAYZQ55TKI.jpg?auth=3f1255084f8cbc8a0c05ee71b4e33de2b9d8e4fc6657da5900e9c5330cf6370b&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Después de las vacaciones, alquilaron un departamento de dos ambientes (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p>La ex y la hija de Leandro habían quedado enojadas con el hecho de que él comenzara una relación con alguien y, encima, tan joven:<i> “Pensá que yo tenía cuatro años más que su hija. En ese momento no se veían, pero él igual les llevaba dinero. Estaba amargado por la situación, pero estaba convencido de que sería algo transitorio. </i><i><b>Creía que su hija iba a recapacitar y a entenderlo</b></i><i>”.</i></p><h2>Demasiado breve </h2><p>Les duró muy poco la felicidad. Fueron escasos los días para soñar con el amor perfecto.</p><p>Dos meses después de semejante movida sentimental, en abril del 2001, Leandro comenzó con los primeros problemas de salud.</p><p><i>“El primer síntoma que tuvo fue que, cuando iba al baño, perdía sangre y le dolía. Consultó a un médico gastroenterólogo que le mandó a hacer una colonoscopia. Así fue que le descubrieron un</i><i><b> tumor encapsulado</b></i><i> en el esfínter. En junio del 2001 nos derivaron al Hospital Italiano de Buenos Aires. Nos instalamos, le hicieron más estudios. En ese tiempo, a veces, nos quedábamos en un hotel que le pagaba la mutual o, cuando estuvo internado, yo me iba a la casa de su hermano -que vive en Buenos Aires- a bañarme. Le dijeron que le quitarían el tumor y que después se vería si había que hacer algo más. El pronóstico parecía bueno. Al final, lo operaron en el mes de julio. Se lo sacaron y le colocaron una bolsa de colostomía que, supuestamente, era provisoria. Por los resultados, tuvo que empezar a hacer</i><i><b> rayos</b></i><i> y</i><i><b> quimioterapia </b></i><i>preventiva.</i> </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/TU2QH6HBTRBUFINLYA3EN7Z7XE.jpg?auth=4b8606de6e0372245cd4968d85abbb284c6b937da1fde6e8fc8a5b98ce3c3d99&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Al poco tiempo de irse a vivir juntos, Leandro comenzó a padecer los primeros síntomas de su enfermedad (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p><i>Al comienzo, él estaba bien, parecía que iba a superarlo. Pero también comenzaron los problemas económicos. Había cosas que su mutual no cubría, él estaba de licencia, y hacía fines de 2001, terminamos optando por devolver el departamento que habíamos alquilado. Lo más sensato era no sumar estrés económico y mudarnos cada uno de vuelta a la casa de nuestros padres. Yo volví con los míos; él con su madre. Pero </i><i><b>seguíamos juntos y enamoradísimos</b></i><i>. Él se quedaba a dormir en mi casa familiar y yo también en la suya”.</i></p><p>Los viajes a Buenos Aires eran frecuentes. Terminaron los rayos y siguió con la quimioterapia: <i>“Cuando se la hacían quedaba deshecho. Durante dos o tres días se sentía muy mal. En uno de esos viajes a Buenos Aires, la hija fue con él. Se volvieron a ver. Fue muy bueno eso”.</i></p><p>Las ilusiones de que todo volvería a la normalidad se evaporaron en uno de los controles terminando el año 2001: <i>“Descubrieron que sus riñones habían sido alcanzados por el cáncer y habían dejado de funcionar. Tenía metástasis. Le tuvieron que hacer una nefrostomía </i>(una abertura artificial para derivación urinaria) <i>y empezó con </i><i><b>diálisis.</b></i><i> Se sentía mal, pero le ponía mucha onda, tenía una fe increíble. Para ese tiempo, para que sus controles de la bolsita y para la diálisis resultaran más fáciles, lo derivaron a un centro médico más cercano a nuestra ciudad, en Puiggari”.</i></p><h2>En las buenas y en las malas</h2><p>Los siguientes meses del 2002 fueron durísimos porque el cáncer avanzó sin darles tregua. Durante este año fue que empezaron a sospechar que las cosas podrían no terminar bien. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/VAXXRFPE7JA2TIWP5JQIKNPKCY.jpg?auth=7cbfc5a9c34d239f8b26c42012d96d399ea082eacbc810b3e502e8adf3d0a090&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Carolina no se separó nunca de Leandro, seguían unidos y enamoradísimos (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p><i>“El 30 de diciembre era su cumpleaños, pero a la tarde se descompuso. Lo llevamos al sanatorio donde lo dejaron internado para estudiarlo. Los padres se fueron y me quedé con él. Pasamos Año Nuevo ahí y recibimos el 2003 juntos. En los primeros días de enero vino el médico y, a solas, me reveló:</i> Tengo que darte una <b>mala noticia,</b> el cáncer hizo metástasis y ya está en casi todos los órganos. Tiene hasta los pulmones tomados. Como mucho tiene seis meses de vida.<i> Me lo dijo a mí, pero yo no se lo iba a decir, ¿cómo decírselo? Llamé a sus padres por teléfono desesperada, desde una cabina pública al teléfono de línea de ellos porque no eran tan comunes los celulares en esa época. Les conté lo que me había dicho el doctor y que el profesional también quería conversar con ellos. Vinieron ese mismo día y cuando les informaron todo, ellos dijeron que Leandro querría saber la verdad, que él siempre había pedido ser informado. El médico, entonces, fue y le explicó las cosas con todo detalle: lo que tenía, lo que iba a sentir y cómo iba a ir cambiando todo etapa por etapa. Le anticipó, también, el tiempo estimado de vida que le quedaba. Leandro reaccionó sin llorar, ni una lágrima. Solo dijo: “</i>Yo ya sabía esto. Que no estaba bien”. </p><p><b>“</b><i><b>Fue el día más devastador que experimenté jamás en toda mi vida”</b></i><i>, </i>se estremece Carolina con solo recordarlo.</p><p>Leandro comenzó a pedirle a Carolina que se fuera, que lo dejara, esa no era vida para ella: <i>“Empezó a decirme:</i> No vengas más, no quiero que vengas. <b>Lo mejor es que sigas con tu vida</b>. Sos muy joven, buscá a alguien para ser feliz<i>”.</i></p><p>Ella se negó tajante: <i>“Era mi gran amor. Lo sigue siendo en mi memoria. ¿Cómo iba a dejarlo en ese momento? Lo acompañé siempre, cada día. </i><i><b>Jamás lo dejé solo. </b></i><i>Vivíamos separados exclusivamente por el tema económico, lo que de por sí era una situación dolorosa, pero seguíamos juntos y amándonos. Yo lo levantaba, le preparaba el desayuno. Soy muy cariñosa e intensa y</i><i><b> él se sentía profundamente amado por mí</b></i><i>”. </i></p><p>Enterados de que no había final feliz posible Carolina y Leandro no hablaron más de la enfermedad. Extirparon el tema. Tenían 5 o 6 meses y querían usarlos para ellos: <i>“Desde que supimos que se iba a morir ya no hablamos nunca más de eso. Me alentaba y me decía que tenía que estudiar, que tenía que hacer algo de mi vida. Siempre positivo. Es más, cuando él andaba un poco mejor antes de morir, hubo algunos días que hasta salimos a comer”. </i></p><p>Lo cierto es que la vida de Leandro terminó transformada en “<i>un suplicio. Estaba con morfina que tomaba por boca y, al final, también se la inyectaban.Y seguía con diálisis” </i>reconoce Carolina.</p><h2>La no despedida del amor eterno</h2><p>Por la rapidez de cómo habían empezado a salir y la súbita aparición de la enfermedad, Leandro nunca había hecho los papeles de divorcio con su ex.</p><p><i>“Fue en esta etapa final que ella reapareció. Se había trasladado a otra ciudad con su hija, pero volvió a la casa que habían compartido y empezó a ir a visitarlo. Creo que estaba interesada más en el seguro del trabajo que después cobró que en otra cosa. Se instaló en esa casa a la vuelta de los padres de Leandro y eso </i><i><b>empezó a poner tensión</b></i><i> en la familia de él y dificultó mis visitas diarias y el que me quedara a dormir. Yo no quería líos, ni molestar a sus padres que pasaban por ese momento tan complejo. Entonces, empecé a preguntar antes de ir si ella estaba o si pensaba pasar”.</i></p><p>Por cuestiones de esa logística administrada fue que la última noche de vida de Leandro, Carolina no se quedó a dormir. Cuando llegó por la mañana su suegra le comunicó que Leandro no había dormido nada en toda la noche. Carolina decidió dejarlo dormir hasta tarde y no despertarlo.</p><p><i>“Me volví a mi casa y le dije a mi suegra que iba a volver a eso de las cuatro para tomar unos mates con él. Pero justo a esa hora se largó una </i><i><b>lluvia torrencial </b></i><i>y decidí esperar un poco a que parara el diluvio. A las 18 sonó el teléfono. Era la madre de Leandro para avisarme que él había muerto una hora antes de un paro cardíaco. Me fui corriendo a su casa sin dejar de llorar como loca. Me fui recién cuando llegaron los de la funeraria”.</i></p><p>Era el 4 de julio de 2003.</p><p>Carolina<b> no pudo asistir al velorio</b> esa noche porque la madre y la hermana de Leandro le advirtieron que la ex mujer se oponía. Les había dicho que si Carolina llegaba a ir, ella y su hija no la dejarían entrar. No quiso provocar un escándalo en un día tan triste. No fue.</p><p>El 5 de julio el hermano de Leandro, mientras su ex cuñada y su sobrina se habían ido a bañar para prepararse para el entierro, se ocupó de llevar a Carolina a la casa para que pudiera despedirse de Leandro. Le anunciaron que al entierro tampoco podría ir por la negativa de la ex y su hija.</p><p><i>“Imaginate quedarte con ese dolor. Estuve en mi casa llorando con mis padres. ¡Recién al otro día del entierro pude visitar su tumba! Ahora voy regularmente.</i><i><b> Nadie le lleva flores, solamente yo”,</b></i> cuenta emocionada</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/RUEAKC2HY5AQ3JES6M2VFLY3NU.jpg?auth=becf98b030d58d7b10a073df5e50c00e29ce9e93c8b85658b327034c0bee51ef&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Carolina no pudo asistir a su velatorio, por la negativa de su ex y tuvo que esperar al día siguiente a visitar su tumba (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p>Carolina quedó deshecha. Decidió irse a vivir con su abuela materna a otra ciudad e ingresó a trabajar en un frigorífico donde conoció a quien sería el padre de sus hijos.</p><p><i>“No sé si me enamoré, creo que lo conocí en un momento de gran debilidad. Nos casamos muy rápido, en el 2004”</i>, reconoce, “<i>Mi matrimonio fue muy complicado. Con mucha violencia. Aguanté quince años por amor a mis hijos. Esa relación no se pareció en nada a la dulzura y al amor que viví con Leandro”.</i></p><p>Tuvo tres hijos y, finalmente, <b>tomó coraje y se divorció.</b> Tuvo alguna pareja más, pero nada ni nadie nunca pudo suplantar su amor eterno por Leandro.</p><p><i>“</i><i><b>Él fue el gran amor de mi vida</b></i><i>. Leandro jamás dejó de ocupar el mayor espacio dentro de mi corazón. Todos los que me quieren han sabido siempre lo importante que fue él en mi vida. Como lo quise, nunca quise a ningún otro hombre. Siempre sostengo que el amor verdadero soporta la enfermedad y que jamás lo hubiera abandonado por eso. Supongo que ese amor que sentí tan profundo me alcanzará para el resto de mi vida.</i><i><b> No necesito otra relación</b></i><i>. Tengo 46 años, ya soy abuela, trabajo en un minimercado pero, como le prometí a él, ahora estoy estudiando. Me faltan las prácticas para recibirme de maestra. Donde sea que esté debe estar orgulloso de mí porque estoy cumpliendo mi promesa. Leandro tendría hoy 66 años y tengo la convicción de que, si no hubiese muerto, estaríamos juntos y felices”.</i></p><p><i>*Escribinos y contanos tu historia. amoresreales@infobae.com</i></p><p><i><u>* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas</u></i></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/TGH46KZXCZGMFCVXV5YW6X362Q.jpg?auth=a0ecc152e367e336732a2f767affbf2c8eafd5d01208fa55c855025c98573e7d&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Carolina y Leandro se conocieron en reuniones de la Unión Cívica Radical (Imagen Ilustrativa Infobae)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Se enamoró de un compañero de trabajo que había salido y terminado mal con la jefa: una charla incómoda y la advertencia que desoyó ]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2025/09/21/se-enamoro-de-un-companero-de-trabajo-que-habia-salido-y-terminado-mal-con-la-jefa-una-charla-incomoda-y-la-advertencia-que-desoyo/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2025/09/21/se-enamoro-de-un-companero-de-trabajo-que-habia-salido-y-terminado-mal-con-la-jefa-una-charla-incomoda-y-la-advertencia-que-desoyo/</guid><dc:creator><![CDATA[Carolina   Balbiani]]></dc:creator><description><![CDATA[“Ruki era fachero, interesante, disruptivo y al que le gustaba mucho leer buenos autores”. Malena estaba deslumbrada cuando una compañera de su nuevo trabajo le contó que Ruki había sido novio un año entero de la jefa de ambos. El día que juntó coraje y conversó con su jefa, quien le avisó que estaba con “pibe medio psicópata”, y su decisión de continuar adelante para no escuchar las palabras de una ex con la sangre en el ojo]]></description><pubDate>Sun, 21 Sep 2025 05:01:14 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/YSP5CNH5ABDC7NCCZV5ZN5YF7Q.jpg?auth=e43b607c7c7bb6148fcdf9e58a04349da1ccdc0c1c10bdc1b982189f5fe4b709&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Malena en su nuevo trabajo en una agencia de publicidad, con su jefa Agustina con quien se llevaba muy bien (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p>Agustina era la jefa de Malena en su nuevo puesto de trabajo, pero más que una relación de compañerismo con jerarquías se generó entre ellas, con el paso de los meses, una suerte amistad que fue nutriéndose en las horas y horas de tareas creativas. Entre los cuatro muros de esa <b>importante agencia de publicidad</b> y entre esas mujeres treintañeras, se construyó una plataforma de sueños y complicidad compartidos. Por un tiempo.</p><h2>El curioso pasado en común</h2><p><i>“Un día que nos tuvimos que quedar hasta la madrugada para poder entregar un trabajo a un cliente súper importante, nos terminamos contando nuestras vidas pasadas. </i><i><b>¡Y no va que un novio mío había sido novio de ella! </b></i><i>Fue muy gracioso porque empezamos a coincidir en cada una de nuestras críticas hacia él. Era un nabo egoísta, era un desastre en las relaciones íntimas y, encima, un amarrete consumado. Ambas habíamos terminado la relación agobiadas por el personaje. Las dos nos habíamos sentido aliviadas por habernos liberado de ese tóxico miserable. Pero no lo hablamos con enojo o resentimiento, sino con risas y complicidad. Como si fuésemos amigas del colegio. Fue ese pasado compartido lo que nos terminó de confirmar lo bien que nos llevábamos y lo parecidas que éramos”,</i> cuenta Malena (hoy 41),<i> “Agustina me llevaba tres o cuatro años, pero teníamos vidas semejantes y preocupaciones similares. Las dos andábamos con ganas de asentarnos, de formar una familia y dejar la alocada vida de soltera. Pero nos pasaba que </i><i><b>la mayoría de los tipos con los que salíamos eran huidizos y no querían compromisos.</b></i><i> En fin, temáticas clásicas que te conflictúan cuando estás comenzando la tercera década de vida y ves que el resto de tus amigas ya están encarriladas y empiezan a tener hijos”.</i></p><p>Fue por ese tiempo que Malena se fijó en un empleado que trabajaba en el área de diseño. Un día él le dejó un <b>chocolate </b>sobre el teclado de la computadora con una notita pegada que decía: “¡Solo para alegrarte cinco minutos el día!”. En otra ocasión encontró una <b>flor silvestre </b>que seguramente había cortado por la calle. Y, en la tercera oportunidad, él le depositó al lado de su celular una mandarina son cabito y hojas que habría arrancado de algún árbol de la vereda de su barrio. Malena no le comentó nada a nadie ni sabía si los demás lo habrían notado, pero los gestos le parecieron demasiado tiernos. La seducción viajaba en cuotas. Ella tampoco le dijo nada a Agustina, no quería el runrún que se genera en las oficinas.</p><p>Ruki, así le decían todos, no solo era fachero: <i>“Era, además, un pibe interesante, disruptivo y al que le gustaba mucho leer buenos autores”. </i>La estocada final fue el día que <b>Ruki le dejó un libro en su escritorio</b>. Ya para ese momento Malena esperaba con ansiedad llegar a la oficina para verlo. El libro era más que interesante, de un autor nuevo, lo que llevó a Malena a intercambiar opiniones con él sobre la lectura. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/T7L3N4JD3FHGRIPKVLZ34CK4N4.jpg?auth=3c464805b47d8bd0a633fc1344cdd2274ba236285dce6111cdae90c0d47f0051&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Ruki comenzó a seducir a Malena con pequeños regalos en su teclado (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p>Las cosas se aceleraban a pesar de que Malena intentaba ocultar, sin mucho éxito, el coqueteo mutuo ante la mirada del resto.</p><p>Finalmente, un día de esos, terminaron por concretar una salida a espaldas de todos. Fueron cuidadosos. Nadie se enteró. Siguió otra y otra y otra. Ya la pasión arremetía y la relación arrancaba en silencio oficial. Pero, poco a poco, los demás comenzaron a hilar que ahí, entre esos dos, se tejía algo más que aséptica literatura o gustos gourmet.</p><h2>La advertencia clave</h2><p>Fue otra compañera de trabajo la que un día se animó, la encaró a Malena y le advirtió: <i>“Mirá, no me quiero meter en vidas ajenas. Cada uno sale con quién le da la gana, pero quiero avisarte algo, porque ya todos nos dimos cuenta… Ruki salió un año entero con Agustina y las cosas terminaron pésimo. No sé los detalles, pero eso es lo que se comentó. Ella es muy profesional y no lo hace notar, ni dijo nada nunca, pero </i><i><b>podría pasar que le cayera muy mal enterarse de lo de ustedes. Fijate</b></i><i>”.</i></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/RXDSBJ5WPBDMLCKZBQP3TPA454.jpg?auth=d61239ded9fea15c7cbc248294aca5e754c3be12774ec3c6a2cf86081dafc7b7&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Una compañera de trabajo le contó toda la historia a Malena de Ruki y la jefa, de la cual no estaba enterada (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p>Malena asintió con la cabeza y agradeció sin muchas palabras este aviso. Se quedó pensando. No tenía sentido negar lo obvio y, después de todo, ella no tenía nada que ocultar. No había algo ilegal en salir Ruki. <b>La verdad es que estaba molesta por haberse enterado por otra persona y no por Ruki mismo. </b></p><p><i>“Tendría que haberme dicho que había salido con mi jefa. Nobleza obliga”,</i> repite Malena al recordar los hechos, <i>“Ahora </i><i><b>tenía dos charlas pendientes: una con Ruki que se había hecho el distraído y otra con Agustina para evitar malos entendidos</b></i><i>. Era re loco porque ya habíamos tenido otro personaje en común. Aquel nefasto con el que todo se pagaba a medias y era una calamidad en la cama. Ahora era Ruki, mi nueva historia con la que estaba muy enganchada y con el proyecto de formalizar. No se me ocurría qué decirle a Agustina. ¡No debía pedirle permiso! Pero para evitar que se enterara por otro lado y pensara que yo lo ocultaba a propósito, tenía que actuar rápido”,</i> reconoce.</p><p>Esa misma noche Malena enfrentó a Ruki. Cuando le preguntó por qué no le había avisado que había estado de novio un año con su jefa, <i>“él mostró por primera vez su costado inimputable”</i>, admite, <i>“</i><i><b>Me perjuró que no había sido una relación importante </b></i><i>y que no lo recordó cuando empezamos a salir. Y que bueno, después, solo lo había dejado pasar. Eso sí se preocupó por aclararme que Agustina era una mina sumamente complicada, que todo se había ido al demonio porque ella era ultra posesiva y hasta peligrosa con su obsesión, que se había comportado de una forma neurótica y etc, etc, etc. La dejó con la imagen por el piso y me aseguró que a él le daba lo mismo si yo le contaba o no, porque en realidad le importaba un rábano lo que pensara Agustina”.</i></p><p>Malena creyó cada una de sus palabras: <i>“Estaba en la etapa del enamoramiento absoluto. De ceguera total. Al fin de cuentas, a Agustina la conocía más o menos desde la misma época que a Ruki. </i><i><b>Seguro que era una controladora</b></i><i>, una friki… Me di manija y le empecé a tomar idea. Había comprado ciento por ciento la versión de mi novio”</i>.</p><p>De todas formas, unos días después tomó coraje y le pidió a Agustina hablar a solas. Fueron a un café cerca de la oficina. Como pudo le fue contando lo que pasaba con Ruki y de lo que se había enterado: que ellos habían tenido una larga relación.</p><p><i>“Como supe que ustedes salieron un buen tiempo me pareció prudente contarte. Llevamos más de dos meses saliendo y estamos evaluando irnos a vivir juntos”,</i> soltó con cierto terror contenido en la voz.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/O5YPVVLGU5GXBB4BPYDTQM76ZU.jpg?auth=702c3f4a23a168e7af355fd4a0fa2da6c8f8f2939e399a9377a70a41a56a9bf1&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Ruki le habló muy mal de Agustina (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p>Agustina la miraba fijo. Pupila a pupila. En una pausa de su monólogo la detuvo: <i>“Mirá Malena. Para serte franca ya me había dado cuenta de que salían así que me alegro que te hayas animado y me lo vinieras a contar. Te voy a dar un consejo. </i><i><b>Cuidate</b></i><i>. </i><i><b>Este pibe es medio psicópata</b></i><i>. Seguro que te va a hablar pestes de mí, va a intentar manipularte en todo, es un vampiro emocional, un </i><i><b>sujeto tóxico.</b></i><i> Lo mejor que me pasó en la vida fue que me dejara, porque yo no podía hacerlo, creía estar enamorada. Para mí fue una relación importante: hasta </i><i><b>teníamos fecha de casamiento </b></i><i>aunque todavía no la habíamos comunicado. No sé si él pensó de verdad casarse conmigo, pero es del estilo de los que, cuando las papas queman, raja. </i><i><b>No fui la primera a la que abandonó de golpe, sin previo aviso</b></i><i>. Con la anterior, una tal Andrea que era kinesióloga, ya lo había hecho. Creo que la había colgado con el traje de novia encargado. Ruki no se hace cargo de nada, ni de su propia vida. Fijate que tiene 34 y todavía vive con su madre y, a pesar de que es inteligente, no logra ascender en el trabajo. Tiene un bloqueo emocional o algo que le impide progresar. Acumula una serie de noviazgos mal terminados y vive mintiendo. Se borra sin dar explicaciones. Un día llegué a mi departamento donde se quedaba 4 de los 7 días de la semana y se había llevado todas sus cosas de vuelta a lo de su madre. Esa es la constante. Cuando me dejó me enteré que ya estaba saliendo con una mina que resultó ser su antigua psicóloga. ¡¡Imaginate!! Encima, en el trabajo, empezó a diseminar rumores sobre mí, que yo era la loca que lo perseguía. </i><i><b>Hacé lo que quieras de tu vida, pero no digas que no te avisé.</b></i><i> Si estás con él, no cuentes con seguir siendo mi confidente porque yo lo quiero lo más lejos posible de mi vida. Ruki para mí es un caso cerrado y alguien de quien no me interesa hablar de acá en adelante”.</i></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/WO5Q4KQQJZFPPBKVXXZ5XZZSLQ.jpg?auth=87fcda0221dc8d8447515ec440cce9868c428b80fd50e36f01d9924d88f77535&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Malena juntó coraje y habló con Agustina sobre su relación con Ruki (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p>Más claro imposible. </p><p>Malena recuerda haber quedado impactada con todo lo que Agustina le dijo pero <i>“después me convencí de otra cosa. ¿Por qué le creería a ella más que a él? ¿</i><i><b>Qué me iba a decir alguien que se había quedado con la sangre en el ojo y llorando por el abandono</b></i><i>? A otras les fue mal con él, me dije, pero no tiene por qué irme mal a mí. Todos somos distintos y yo no soy una estúpida que me crea cualquier cosa. Es un hombre que me atrae, que me deslumbra. Es cariñoso, inteligentísimo y tenemos toda la piel. La mala experiencia de mi jefa no tiene que definir mi relación con Ruki”. </i>Punto. Malena había tomado partido y había decidido dónde se pararía. Aunque eso implicara alejarse de Agustina y mantener una relación fría con ella: <i>“Después de todo era mi superior, no mi amiga de toda la vida. No era grave no seguir profundizando esa amistad, pero para mí sí era importante seguir con mi pareja a quien amaba”.</i> </p><h2>Experiencia repetida</h2><p>Durante los primeros meses Malena creyó confirmar su teoría de que lo que no había funcionado con otra mujer, sí funcionaba con ella. Amor, pasión, buena química.<b> Ruki se mudó a su moderno departamento en el barrio de Caballito</b>: <i>“El nido era perfecto para dos. Nos llevábamos bárbaro. Pero, pero… al tiempo vinieron los peros. Un día su mamá se descompuso, estaba bastante mal por una enfermedad crónica que la descompensó y tuvo que internarla. Yo la había visto un par de veces y ella parecía muy buena onda. Al final el tema fue de terror porque le diagnosticaron una leucemia. Todo se volvió complejo y oscuro. Como Ruki era hijo único y los hermanos de su madre vivían en el interior, su esquema de vida se complicó exponencialmente. Empezó a no tener un minuto libre. A que su plata no le alcanzara. Se acabó la relación alegre y la ternura. Estaba preocupado de una manera introspectiva. Intenté ayudar, pero no sé qué resorte se activó en él que fue como que me empezó a empujar fuera de su vida. Estaba histérico, se ahogaba en un vaso de agua, no toleraba ni un consejo. Bajo estrés resultó ser otro tipo. </i><i><b>Volvió a vivir a la casa de su madre para poder ocuparse de ella luego de la internación</b></i><i>. Y ya nada entre nosotros volvió a ser igual. Desesperada, comencé a hablar del tema con mi psicóloga. No me parecía normal que él no se dejara ayudar. Era como si quisiera borrarme de su vida porque le quitaba tiempo con su madre. Muy loco y muy poco adulto. Ahí empecé a recordar todo lo que Agustina me había dicho”.</i></p><p>Malena se percató que, después de todo, <b>quizá Agustina no hubiera estado tan errada</b>. Ruki, contra todo pronóstico, se comportaba tal como su jefa lo había descrito y anticipado. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/VB7QSGHF4NACPOP6DTBC6TUN24.jpg?auth=3a0ca6a77c06f37a855a60316d6eb3053b6179020569c7872c90121d545e04fb&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Con el tiempo Ruki comenzó a comportarse tal cual le había alertado Agustina (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p>¿Cómo podía ser que hubiera cambiado tan radicalmente? ¿Qué ocurría con su cabeza para que no pudiese explicar lo que transitaba y no se dejara consolar y asistir? <b>Malena se cansó de intentarlo y después de unos meses de idas y vueltas, con él huyendo, no atendiendo las llamadas ni respondiendo mensajes</b>, decidió que no tenía que ser ella quién averiguara su estatus mental. Ya ni siquiera deseaba averiguar cómo se había enredado su cablerío mental. No quería ser una más en la lista de abandonadas y empezó a aceptar la idea de que, simplemente, no había sido amor lo que la unía a Ruki. Aunque él ya de alguna manera ya se había ido de la relación, decidió que le comunicaría que lo dejaba.</p><p><i>“Fue con una sucesión de instantes raros vividos que armé la cadena de la desilusión, llena de eslabones fallados. El problema no era yo, era él”, </i>resume.<i> </i></p><p>Malena se cansó de nadar en ese mar de desamor y se subió a la balsa de su autoestima para remar contra la corriente que arrastran las malas pasiones. Empuñó con fuerza los remos y logró llevar a otra orilla, sana y salva. </p><p><i>“Logré, después de un par de consejos de amigas, de varias sesiones de terapia y bastante llanto, tomar la </i><i><b>decisión de alejarme antes de que llegara el inminente abandono</b></i><i>”, </i>cuenta con orgullo Malena.</p><p>El trabajo fue otro tema: <i>“Todos tuvieron que empezar a fingir demencia cuando se dieron cuenta de que habíamos cortado súbitamente. Me ahorré explicaciones que no tenía ganas de dar y de ir a decirle nada a Agustina. Que cada uno pensara lo que quisiera. No tenía ganas de explayarme con nadie que no fueran mis íntimas amigas. De esa forma logré que no afectara mi desempeño laboral. </i><i><b>Hoy, los tres convivimos en la misma empresa sin problemas,</b></i><i> pero cada uno no sabe de la vida del otro, o al menos, eso intento. Nunca le agradecí a Agustina lo que me dijo, pero creo que ella lo sabe sin necesidad de que se lo exprese”.</i></p><p><b>A Malena le hubiera funcionado escuchar a su jefa.</b> Quizá le hubiera ahorrado la decepción de ese capítulo de su vida. De todas formas, todos sabemos muy bien que no es fácil acallar los latidos acelerados de la pasión para concentrarse en las razones que habitan la mente. </p><p>Hay un dicho, creo que era japonés, que viene al caso. Se lo comento a Malena que al escucharlo asiente con una sonrisa. La frase sostiene algo así como que sería de locos elegir con quien compartir el resto de nuestra vida con el maleable órgano del corazón en vez de decidirlo de acuerdo a lo que nos revela nuestro exquisito cerebro.</p><p><i>*Escribinos y contanos tu historia. amoresreales@infobae.com</i></p><p><i><u>* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas</u></i></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/YSP5CNH5ABDC7NCCZV5ZN5YF7Q.jpg?auth=e43b607c7c7bb6148fcdf9e58a04349da1ccdc0c1c10bdc1b982189f5fe4b709&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Malena en su nuevo trabajo en una agencia de publicidad, con su jefa Agustina con quien se llevaba muy bien (Imagen Ilustrativa Infobae)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Lo conoció en una app, tuvieron sexting y la pasión creció en un departamento semivacío frente al río: el acto fallido de una farsa]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2025/09/14/lo-conocio-en-una-app-tuvieron-sexting-y-la-pasion-crecio-en-un-departamento-semivacio-frente-al-rio-el-acto-fallido-de-una-farsa/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2025/09/14/lo-conocio-en-una-app-tuvieron-sexting-y-la-pasion-crecio-en-un-departamento-semivacio-frente-al-rio-el-acto-fallido-de-una-farsa/</guid><dc:creator><![CDATA[Carolina   Balbiani]]></dc:creator><description><![CDATA[Separada y con dos hijos grandes, se anotó en una aplicación de citas y durante seis meses mantuvo una relación virtual enviándose contenido sexual con un desconocido. Cuando pasaron al plano físico todo fue mejor. Cuando había empezado a enamorarse de su “hallazgo” en la app, un economista “fachero”, advirtió que algo escondía]]></description><pubDate>Sun, 14 Sep 2025 05:34:37 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/HFMNW24BFFAFZCYMRMIWXQ7F2U.jpg?auth=00c02f4d676f086ebff23c064da38b69fade9d402ffe9ace32a9d1c922ffe0ac&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Jackie se cansó de que sus amigas le presentaran a los amigos de sus maridos y se lanzó a las app de citas donde conoció a "Turbio"  (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p>La búsqueda del amor hoy sucede, cada vez más, en las aplicaciones. Esta historia que toca contar hoy no llegó al mail de Infobae, la obtuve de primera mano durante el cumpleaños de una amiga. A la protagonista, desde hace un tiempo amiga por transición, la he visto pocas veces, pero es de esas mujeres que se llevan al mundo puesto. Me cuenta hoy en el jardín y pucho en mano, una de sus últimas experiencias sin temor a ser juzgada. </p><p>Ya separada, con dos hijos varones grandes, agotadas las citas con amigos de los maridos de sus amigas, esa primera cadena de contactos, se asomó divertida a las aplicaciones y a sus infinitas propuestas amorosas. </p><p>Divertida, sin rollos y de una franqueza casi increíble, Jackie (así la llamaremos) ahora anda bien acompañada, pero lo que relata ocurrió durante 2023. </p><p><b>Jackie conoce a Guille</b></p><p>Es alta, de pelo lacio y abundante, con una figura de mujer todopoderosa. Determinada, jamás víctima, ella siente que puede con todo. De hecho, crió sola a sus dos hijos y ejerce con éxito su profesión de contadora eficiente. Desde que se separó del padre de sus hijos hace ya tantísimos años, tiene hoy 48, le costó encontrar un hombre con el que compartir un nuevo trayecto de la vida. Fue después de mucho salir con “presentados” por amigas casamenteras empezó a probar con citas emanadas del espacio virtual. Un espacio donde un día empezando el 2023 se encontró con alguien interesante.</p><p><i>“Encontrar un tipo que se banque cómo soy no resulta fácil: tengo carácter, vivo trabajando, no demoro en concretar lo que quiero, no preciso que me mantengan y adoro divertirme… con cordura. Los hombres grandes son complicados y vienen con mucho mambo o están en la de hacerse los pendejos irresponsables. Los jóvenes me resultan anodinos y escurridizos, no quieren compromiso. Hay de todos los colores. La mejor manera que encontré para conocer gente, después que agoté a los conocidos de conocidos, fue sumarme a las aplicaciones de citas”, </i>explica mientras da una bocanada de humo, <i>“Un día apareció Guille. Y fue bueno, este sí que podría ser. Era un bombón, se lo notaba deportista, te chamuyaba poco pero sugería más. </i><i><b>Los mensajes fueron subiendo de tono y comenzó un increíble sexting</b></i><i>. Sabés de qué te hablo ¿no?”, </i>arremete Jackie. </p><p>Me sorprende y me deja con la boca abierta. Murmuro que creo saber, que algo he leído, pero no tengo más remedio que pedirle con sinceridad que me explica mejor en qué consistía, soportando el riesgo de que me considere como la dama antigua con miriñaque de los actos del colegio. <i> </i>Jackie me mira comprensiva y exhibe media sonrisa. Ante mi desconcierto por el término precisa mejor de lo que habla: <i>“¿Sexting? Ponele que es sexo, pero no sexo común.</i><i><b> Es por mensajes, con fotos y videos</b></i><i>. Te mandás contenido sexual y es re hot… Funciona. Todos deberían probar. Ahora es común. Bueno eso andaba tan bien que a los seis meses de charla un día dijimos de conocernos”. </i></p><p>Le pregunto preocupada si no teme que eso que hacía pudiese ser un problema, que pudieran viralizar sus mensajes. Se ríe. </p><p><i>“Nahhh, ¿por qué? Igual yo no estaba haciendo nada reprochable. Era libre, soltera. El espacio virtual debe estar colapsado de estas cosas”, </i>dice dejándome afuera de la cancha<i>, “Sigo contándote. Por fin, pusimos fecha y pactamos un encuentro. Guille me había dicho que era </i><i><b>economista</b></i><i>, que trabajaba en una consultora que es archiconocida, que estaba separado desde hacía poco tiempo y que tenía una hija chiquita, en jardín de infantes. </i><i><b>Era un hallazgo alguien como él.</b></i><i> Teníamos, además, la misma edad. Que no es un tema menor, nos gustaba el vino y la misma música. La relación personal física fue tan buena o mejor que la virtual.”</i></p><p><b>Desencuentros y el ulular de las sirenas </b></p><p>Bares, restaurantes fashion, algún que otro fin de semana de amor en el <b>departamento medio vacío</b> de él con vista al río. Jackie ayudó con la elección de muebles y cortinas. Estaba recién mudado. De amor no se hablaba, pero había pasión, encuentro y charlas eternas sobre la vida. Jackie creía que podía estar comenzando una relación larga y que podrían presentarse a sus familias. Por ahí, se estaba enamorando.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/H4DIN2NKJVDWHH5ZSSIYFFVRLU.jpg?auth=f6fbdc83234e5a3aa4aad0802ba1addd075641911d2a4c6bae7753d986ace6a6&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Jackie lo ayudó a elegir las cortinas del departamento al que se había mudado, que estaba semi vacío  (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p><i>“Pero empecé, dice, a notar algunos detalles que me hacían ruido. En su depto no había nada pero nada personal. Ni un papel, ni una foto, ni una boleta de luz. Nada.</i><i><b> Parecía un AirBnB</b></i><i> sin referencias a un pasado.</i></p><p><i>No me cerraba. Por momentos me parecía que podía estar ocultando algo. Comencé a maquinar que por ahí no estaba realmente separado y que ese depto podía de </i><i><b>alquiler temporal</b></i><i>, tipo bulo. O que trabajara en una inmobiliaria y fuera de otro. No sé pero empecé a parar mis antenas y a sospechar. Lo sentía demasiado impersonal, medio vacío. No era una casa que pareciera habitada”. </i></p><p>Al tiempo empezaron otros detalles a hacerle sonar todas las sirenas: encuentros que se frustraban sin explicación o salidas anuladas sobre la hora hacían ulular el globo rojo sobre el corazón de Jackie. ¿Ocurriría algo? Jackie no les dio mucha importancia, pero los <b>plantones</b> no eran algo a lo que ella estuviese acostumbrada. Ni dispuesta a bancar indefinidamente.</p><p><i>“Yo estaba a full con él. Me encantaba. Si bien me molestaban bastante los contratiempos me los banqué. Eran cosas de la vida. Podrían tener explicación. Aunque yo no las pedía. Mi vida iba a mil y corría de un lado a otro. Pero mi olfato me decía que algo pasaba”.</i></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/QUYRREZJZJA4BG2CGTT56QEMQQ.jpg?auth=fa94643ab5c652c6306b612b0197ed1ea7be822bce9e6e9110e4c51ee6e4995d&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Los plantones no era algo a lo que Jackie estuviera acostumbrada (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p><b>La historia de una amiga planta dudas </b></p><p>Hubo un encuentro una tarde con una amiga que aclaró el panorama mental y sentimental de Jackie.</p><p><i>“Fue justo por esas semanas que andaba medio bajón que un día me encontré a comer con mi amiga Rosie que venía de una experiencia horrible. Queríamos ponernos al día con nuestras vidas. Rosie, está separada y tiene tres chicos adolescentes, había conocido a un tipo, por otra aplicación, con el que se había puesto formalmente de novia. Hasta ahí sabía. Pero esa noche me contó que a los pocos meses el pibe ya mostraba rasgos raritos… Era </i><i><b>controlador</b></i><i> con todo y se mostraba tan posesivo con ella que no la dejaba hacer nada sola. No era que le decía que no lo hiciera, simplemente inventaba algo para que no pudiese ir o hacer otra cosa que no fuera con él. Me contó que había sido tan natural que ni ella se había dado cuenta. Además, ella tiene plata, él había comenzado a manejarle su dinero. Trabajaba en finanzas en una sociedad de bolsa. Parecía que la hacía ganar plata pero ella había pensado que lo que estaba era tomando el control de su vida. Él siempre estaba muy atento a lo que precisaba, a la cartera de Rosie y a sus abrigos, era tan caballero que había empezado a sentir que la ahogaba. Lo cierto es que un día ella encontró en esa cartera que rara vez cambiaba durante la semana, una cosa redondita. No entendía qué podía ser y le preguntó a su hijo mayor Santi. Él la miró, buscó no sabe dónde información y terminó por explicarle que eso que tenía en la mano era </i><i><b>un tag geolocalizador.</b></i><i> Rosie se descolocó y me contó que entró en pánico. Se subió al auto y lo tiró en un contenedor en otro barrio lejos de su casa. Obvio había terminado la relación sin decirle lo que había encontrado, optó por miedo a no confrontar para sacar al mal genio de la lámpara. Pero esa noche Rosie estaba triste. Cuando volví a mi casa quedé pensando qué estaba pasando con mi relación con Guille. Yo también tenía problemas. </i><i><b>No creía que Guille fuera quien decía ser</b></i><i> y de hecho, entre mis amigas, le decíamos Turbio. Que Turbio tal cosa o que Turbio tal otra”.</i></p><p><b>Fisuras en el relato y un acto fallido</b></p><p>Fue en uno de esos días post charla con Rosie. Después de un escarceo amoroso en el depto impersonal mirando el brillo del agua del Río de la Plata, que Guille tuvo un fallido: contándole algo se mencionó a sí mismo con otro nombre. Jackie no dudó, le exigió que le mostrara su DNI:<i> “Sos Turbio flaco, muy turbio. Hace meses que salimos ¿y resulta que ahora tenés otro nombre? </i><i><b>Mostrame ya tu documento o no nos vemos más”.</b></i></p><p>Lo dijo con tanta energía que él, luego de ensayar respuestas absurdas y fue hasta su billetera y se lo enseñó: Guille era Juan. La edad era cierta. El estado civil no lo terminó de aclarar. Que sí, que no, que separarse no es sencillo. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/4YNQE5HX2BBYBLJFCVRZFLXAXM.jpg?auth=cd0a6022f94442b114e1521d2f244e14587830ab596cf83c2ffa826e5824e419&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Un acto fallido sacó a la luz las mentiras de Guille que se llamaba Juan (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p>El desencanto invadió a Jackie. Le dijo chau, pero al tiempo él insistió, le mandó una ubicación, estaba cerca. Él logró un nuevo reencuentro. Así estuvieron otros seis meses.</p><p><i>“Fue una gran desilusión en cuotas. Porque aquello vivido tan lindo resultó que </i><i><b>había sido todo una farsa</b></i><i>. El se vendía como un hombre que apostaba al compromiso y que era tradicional. ¡El muy caradura, me enteré después, iba a misa todos los domingos! Me empezó a quedar claro que él no iba a querer nunca nada serio. Por eso no me presentaba amigos, por eso no venía a donde yo lo invitaba. </i><i><b>Seguía casado aunque no lo dijese </b></i><i>y no quería formalizar. Como pude, en una especie de relación chiclosa con idas y vueltas, logré dejar de verlo. Después de todo yo había sido una necia que no había querido ver lo obvio. Así que me guardé la tristeza de ese fracaso y me dispuse a estar sola”, </i>dice ahora mientras mira de frente al agua de una laguna de un barrio privado.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/COA72F7OABE7XIZVJHK4KHB64Q.jpg?auth=80ebe1c416188cb9aa6c248ec76a82f50848cb748bcd3cf4f035ba77ddd596e1&smart=true&width=1918&height=1080" alt="El desencanto invadió a Jackie (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1918"/><p><b>Sobrevivir al desencanto</b></p><p><i>“Las mentiras, cuando tenés el detector de alertas encendido saltan enseguida”, </i>arremete Jackie convencida. Hace un par de semanas, dice que tuvo un recordatorio de ese desencanto: <i>“</i><i><b>Lo vi de lejos por la calle de la mano de una mina.</b></i><i> ¿Sería la mujer u otra como yo que cayó en su red? Turbio seguirá siempre siendo Turbio. Lo tengo claro. Con mis amigas cuando queremos decir algo que no es claro traemos a colación a Turbio. Me río porque con lo que se quiere ese narciso se muere si supiera como bardeamos con sus cuentos. Sabe que estoy de novia y feliz y me sigue mandando mensajes tontos cada tanto. Le respondo porque soy educada. Punto. Turbio </i>¡never more! (nunca más)<i>”, </i>afirma Jackie.</p><p>Cuando le pregunto si cree que lo que sintió por él fue amor real o si fue solo entretenimiento para la soledad dice que no sabe: <i>“Llamalo, mejor, amor irreal”,</i> resume mientras larga una carcajada gruesa y agrega: <i>“Debe estar llenos de Mister Turbios por ahí, así que yo te lo cuento por si querés relatarlo en esas historias que escribís, ¡puede ser útil y servir para avivar gilas!”.</i> </p><p>Jackie apaga el pucho y me dice de entrar. Hace un frío que ni los chismes jugosos pueden apaciguar.</p><p><i>*Escribinos y contanos tu historia. amoresreales@infobae.com</i></p><p><i><u>* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas</u></i></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/4YNQE5HX2BBYBLJFCVRZFLXAXM.jpg?auth=cd0a6022f94442b114e1521d2f244e14587830ab596cf83c2ffa826e5824e419&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Amores Reales Jackie y Guille (Imagen Ilustrativa Infobae)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Se casó tres veces y en todas enviudó: de encontrar muerto a su primer marido, a sostener la mano de los otros dos hasta el final]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2025/09/07/se-caso-tres-veces-y-en-todas-enviudo-de-encontrar-muerto-a-su-primer-marido-a-sostener-la-mano-de-los-otros-dos-hasta-el-final/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2025/09/07/se-caso-tres-veces-y-en-todas-enviudo-de-encontrar-muerto-a-su-primer-marido-a-sostener-la-mano-de-los-otros-dos-hasta-el-final/</guid><dc:creator><![CDATA[Florencia Illbele]]></dc:creator><description><![CDATA[Roberto, Raúl y Carlos fueron los hombres de su vida. Los tres murieron en julio —el 9, el 15 y el 22— y ella convirtió esos duelos en “Todos los hombres de Chichita”, un unipersonal con el que hoy, a los 78 años, hace catarsis de su propia historia]]></description><pubDate>Sun, 07 Sep 2025 04:16:10 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/GRGY42KDRZEKNMB5FXEFJCJIZ4.jpg?auth=b2744c966c1c189b86f5e778aaeaaf66fbd5cbe19b326e53ae48c83f825515f5&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Chichita y Roberto se casaron el 27 de septiembre de 1969" height="1080" width="1920"/><p>Fue un miércoles 9 de julio de 2008 a la tarde. <b>Beatriz “Chichita” Casciari (78) </b>entró a su casa y encontró a su marido en el sillón. Minutos antes, él le había enviado un mensaje de texto diciéndole que se sentía mal. Ella dejó lo que estaba haciendo, se subió al auto y fue a su encuentro: “Cuando llegué, la puerta estaba abierta y él estaba sentado. <b>‘¿Qué pasa, Robert? ¿Te quedaste dormido?’, le pregunté</b>. Me acerqué y tenía el rictus hacia abajo. Llamé a emergencias, desesperada. Vinieron, intentaron reanimarlo, pero no hubo caso. <b>‘Señora, no hay nada que hacer, este hombre está muerto’</b>, me dijeron. Lo primero que pensé fue: ‘¿Cómo le aviso a los chicos?’”. </p><p>Ese día, <b>después de cuarenta años de matrimonio</b>, Chichita quedó viuda por primera vez. Tenía 60, dos hijos —uno de ellos viviendo en Barcelona—, cinco nietos y una pena que no le cabía en el cuerpo. “<b>¿Qué hiciste, Roberto? ¿Cómo te vas a ir así de golpe, sin despedirte, sin avisarme nada?</b>”, le reprochaba. </p><p>Chichita y Roberto vivían en Mercedes, una ciudad de 70 mil habitantes ubicada a 100 kilómetros de Capital Federal. De aquel 9 de julio trágico, además de que era feriado, Chichita recuerda que su casa se llenó de gente. Cuando todos se fueron y el silencio volvió a ocupar las habitaciones, sonó su celular: <b>“No estés triste, descansá”</b>, decía el mensaje. Lo leyó y quedó perpleja: venía desde el teléfono de Roberto. La incógnita —cuenta ahora, como si fuera una escena de comedia negra— se resolvió rápidamente. “Fue una de mis nietas, que se había llevado el aparato de mi marido y me escribió desde ahí”. </p><p>Meses después de la partida de su marido, dos mujeres se acercaron a preguntarle cómo era estar viuda. Chichita no dudó en responder. Décadas más tarde, esa misma pregunta —y las respuestas que fue encontrando— se transformaron en el eje de <i>Todos los hombres de Chichita</i>, el unipersonal que presenta cada domingo en el Paseo La Plaza. “<b>No cualquiera se casa tres veces y enviuda tres veces</b>”, dice y se dispone a repasar sus matrimonios con Roberto, Raúl y Carlos. Una historia atravesada por duelos y mandatos, pero también por la búsqueda de la construcción del amor y la realización personal.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/DC3FKC3NJJB7DFEZJOTBSLYSP4.jpg?auth=e3a800d184d99e1bfbedf51613856e504b023cf5b77a797c3a0ec61b18a6f9a0&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Con Roberto, su primer marido y padre de sus dos hijos" height="1080" width="1920"/><h2>Roberto, el salvador </h2><p>Chichita nació en la localidad bonaerense de San Isidro y fue la segunda de cinco hermanos. Hija de Beatriz y Marco Florencio, su infancia y adolescencia transcurrieron en una familia de clase media con un padre autoritario y violento. “<b>Vivíamos entre discusiones, peleas y golpes</b>. Crecí soñando con irme de mi casa para ser feliz”, cuenta. También soñaba con ser actriz, como Tita Merello, pero su papá le decía que no iba a lograrlo, que subir a un escenario, “era de puta”.</p><p>A Roberto lo conoció durante unas vacaciones en Capilla del Monte, en Córdoba, y se casó enseguida. “<b>Era todo lo contrario a mi papá: un tipo cariñoso, de buenos modales, tranquilo</b>”, describe. “La primera vez que lo vi, me hizo acordar al chico del que me había enamorado el verano anterior, que resultó ser su primo hermano”, agrega. </p><p>Se casaron el 27 de septiembre de 1969. Chichita todavía recuerda con claridad una postal de aquel día: “Estaba vestida de blanco y llovía torrencialmente. Me miré al espejo y me dije: <b>‘Está bien lo que estás haciendo’</b>. Porque lo que yo buscaba era irme lejos de mi casa y Roberto me llevó a vivir a Mercedes, un pueblo feo, horrible y triste, pero que quedaba a 100 kilómetros de mi casa”.</p><p>Con el tiempo supo amar a Roberto. “Siempre digo: <b>el enamoramiento no es el amor. El verdadero amor es una construcción diaria</b>. <b>Y con Roberto fue así</b>: formamos una familia, tuvimos un sexo increíble, fuimos generosos los dos. Terminé enamorándome bien de mi marido porque él tenía todo”, cuenta.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/YS3IAN5ZJVBW3KT4LYWETV5A4E.jpg?auth=0b973eeb6bcc3cbb080586cca11b819ca31341d9ad7899dfc77ef2fa1cf9ddad&smart=true&width=1080&height=1443" alt="Chichita junto a sus dos hijos: Hernán y Florencia Casciari" height="1443" width="1080"/><p>Con Roberto criaron dos hijos, <a href="https://www.infobae.com/tendencias/2025/07/20/la-vision-de-hernan-casciari-sobre-la-vejez-la-autenticidad-y-el-derecho-a-decir-no-en-la-proxima-etapa/" target="_blank" rel="noreferrer" title="https://www.infobae.com/tendencias/2025/07/20/la-vision-de-hernan-casciari-sobre-la-vejez-la-autenticidad-y-el-derecho-a-decir-no-en-la-proxima-etapa/"><i><b>Hernán</b></i></a> y Florencia, y atravesaron juntos momentos difíciles: el embarazo adolescente de su hija, la adicción de su hijo y los vaivenes económicos de un país en crisis. “Roberto era bueno, pero era muy conformista; y yo, todo lo contrario: quería que los chicos tuvieran zapatillas de marca, que cada uno tuviera su bicicleta, empapelar la casa, irnos de vacaciones. En un momento tuve que tomar las riendas porque él se deprimía. Pero a pesar de todo eso salimos adelante”, dice.</p><p>Cuando Hernán y Florencia se fueron de Mercedes, no llegó el “nido vacío” sino todo lo contrario: “Nos unimos más. Dormíamos abrazados, hablábamos de nuestros hijos y de los nietos. <b>Era como una segunda luna de miel</b>”, cuenta Chichita. Hasta que aquel 9 de julio de 2008 lo encontró muerto en el sillón: </p><p>“Ese día él había ido a jugar al tenis por la mañana. Roberto era un atleta, muy cuidadoso en las comidas, nunca tuvo ningún problema como para que le pasara una cosa así. A la tarde, yo me fui a merendar con mi mamá al geriátrico y él se fue a jugar al <i>paddle</i>. Lo dejé en una esquina: doblé para un lado y él dobló para el otro. <b>Nos dimos un beso y quedamos que a las 17.30 nos encontráramos en casa a tomar unos mates</b>. Y al final no lo vi más. Fue un mazazo en la cabeza. <b>Nunca había estado sola</b>: primero viví 20 años con mi papá; después 40 años con él. Con su muerte se me dio vuelta el mundo”, asegura.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/PCWLOTA4QJAUJJLI4YH2YOLRQA.jpg?auth=b6a9d5daa8a84eaed29555581015ca6dffd7f27eb6a5cd59c97912195eb6e59f&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Chichita y Roberto con su primer hijo, Hernán, durante unas vacaciones en Mar del Plata" height="1080" width="1920"/><h2>Raúl, un milagro romántico</h2><p><b>El dolor de la primera viudez la dejó en un estado de anestesia</b>. “Sentía un vacío total. No sabía qué hacer con mi vida. Era como un <i>zombi</i>. Iba a trabajar y hacía lo imposible para no volver a casa. <b>Lloraba hasta que me quedaba dormida</b>. Un día, una vecina escuchó mis gritos, me tocó timbre —ella era evangelista— y me dijo que dejara de llorar, que Roberto era un ángel, y que lo que quería es que yo fuera feliz”, recuerda. </p><p>Cuatro meses después —durante un encuentro familiar, en noviembre de 2008— conoció a Raúl: <b>un viudo de 85 años, padre de la mujer de uno de los mejores amigos de su hijo</b>. “Cuando lo vi por primera vez pensé: ‘Uy, qué parecido a Roberto en viejo’. Nos sentamos a charlar y estuve tres horas escuchándolo. Me contó por todos los estadíos que iba a pasar durante la viudez. Aunque <b>él era 25 años mayor</b>, fue la primera vez que le presté atención a una persona después de la muerte de mi marido”, dice.</p><p>La relación, que al principio parecía más una amistad, avanzó. En diciembre, <b>Raúl le propuso matrimonio</b>. “Me dijo: ‘Tengo un amigo en San Martín de los Andes y me encantaría llevarte allá y que lo conozcas, pero no quisiera presentarte como una amiga, porque te haría quedar mal. Me gustaría llevarte como mi esposa’. ‘Raúl, ¿vos me estás ofreciendo casamiento?’, le contesté. Yo todavía estaba con todo el mambo de Roberto, así que le dije que no. Pero después me fui a Pinamar con unas amigas y empecé a sentir que lo extrañaba. Extrañaba hablar con él, salir a comer… Lo comenté y una de las chicas me dijo: <b>‘Dejate de joder, Chichita, casate. ¿Qué podés perder?’</b>. Volví y le dije que sí. La alegría que tenía… Mis hijos también: los dos se pusieron muy felices”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/6PXQ5EI3OZFTJKJY63GU6W7JUE.jpg?auth=dd8e735eb0363d250c4793e411d44919fe8e815b54bd44721e876218e5a98263&smart=true&width=1080&height=810" alt="Raúl, su segundo marido, era 25 años mayor" height="810" width="1080"/><p>En enero de 2009, Chichita y Raúl dieron el “Sí”, tanto por civil como por iglesia. “<b>El primer año de casados fue horrible: me la pasaba llorando por Roberto</b>. Pero, al mismo tiempo, me sentía protegida por Raúl”, cuenta. Con el tiempo el vínculo se fue afianzando. “Yo creo que uno de los motivos por los que acepté casarme con él fue porque sexualmente no me iba a pedir nada. También para irme de Mercedes: cada rincón de la ciudad me hacía acordar a Roberto. Así que me fui a vivir a su casa: una quinta divina, enorme, en Luján. <b>Raúl era cariñoso y muy romántico</b>. Me terminé enamorando de él”.</p><p>Casi tres años después, Raúl se enfermó. “Lo operaron el 31 de diciembre de 2011 y yo estuve ahí, mirando los fuegos artificiales desde la clínica. Pasó todo enero internado y después le dieron el alta con una <a href="https://www.infobae.com/tag/bolsa-de-ostomia/" target="_blank" rel="noreferrer" title="https://www.infobae.com/tag/bolsa-de-ostomia/"><i><b>bolsa de colostomía</b></i></a>. Ahí me hice amiga con la caca. Todos los días la limpiaba, pero lo hacía con amor. No me costó”, cuenta.</p><p>El deterioro fue inevitable: “<b>Él se estaba muriendo y me agarraba de la mano porque no quería que me fuera de su lado</b>. ‘Qué gran mujer sos, Chichita’, me decía. Por suerte no tuvo dolores. Murió el 15 de julio de 2012. Yo le cerré los ojos: le había prometido que iba a hacerlo. Y cumplí. Fue un adiós sereno, pero devastador. <b>Otra vez sentí un vacío inexplicable</b>”. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/CKVDHKKV7ZAS7PDPVUYBNS72KE.jpg?auth=062e3994c5f974fdc7cb2947d230a70db1bf32d4023cc20642259abaea581085&smart=true&width=1920&height=1080" alt="A Raúl, su segundo marido, lo acompañó hasta el último suspiro. “Él se estaba muriendo y me agarraba de la mano porque no quería que me fuera de su lado”, recuerda" height="1080" width="1920"/><h2>Carlos, la combinación perfecta</h2><p>Después de la muerte de Raúl, Chichita se mudó a un departamento en Luján donde vivió cuatro años. Los dos primeros bajo tratamiento psiquiátrico. “<b>La psiquiatra me dijo: ‘Usted tiene que pasar dos duelos, porque el de su primer marido no lo hizo. Va a ser bravo, pero tiene que acostumbrarse a vivir sola’</b>”. Para darse ánimo —recuerda ahora— compraba objetos para decorar su casa. Después viajó casi tres meses a Europa a visitar a su hijo; pero al volver, otra vez cayó en la depresión: “<b>Agarraba el auto de noche y salía a dar vueltas llorando</b>”.</p><p>Cuando empezó a sentirse mejor, intentó encontrar compañía en <i>Tinder</i>, pero las citas eran un desfile de frustraciones: “Uno vino desde La Rioja y me pasó a buscar con el auto todo sucio y lleno de botellas de aceite. Otro me encerró en su casa... Hubo uno que me gustó: se llamaba Mario y me llevó una semana a Camboriú. <b>Con ese sí hubiera seguido, pero ¿qué pasaba? Él era de La Pampa y venía cada quince días. No venía a visitarme. Venía a trabajar y usaba mi casa de posada</b>. Un día le pedí que no viniera más. ‘Quiero un compañero de vida, no una relación a distancia’, le dije”. </p><p>En medio de esa búsqueda, en 2016, su hijo Hernán la invitó a hacer teatro. “Fue el regalo más hermoso que me dieron. Ahí me olvidé de Internet, de los hombres, de todo”, cuenta Chichita.</p><p>A una de esas funciones fue una amiga de su hija Florencia, que tenía un papá que también había enviudado: Carlos. “<b>Me llamó por primera vez un 9 de julio, a las cinco de la tarde </b><i>(NdR.: el mismo día que falleció Roberto). </i>No lo podía creer. Hablamos un ratito, me pareció muy correcto, muy serio. Cuatro días después, vino a tomar el té a casa. Cuando lo vi me gustó: buenos zapatos, bien vestido, ojos verdes. <b>Después de haber visto tanto adefesio por Internet, de pronto, estaba frente a un señor</b>.<b> </b>Me gustó su presencia, aunque me parecía demasiado correcto”.</p><p>La primera cita fue fallida: “Empezó a contarme todos los achaques y problemas de salud que tenía. Después fuimos a cenar a un restaurante y pasamos un frío... Los dos quedamos en cama como un mes. Igual le di una chance y nos seguimos viendo. Un día fui a conocer su casa, otro día fuimos a San Antonio de Areco. Ahí me di cuenta de que todo lo que mostró la primera vez que nos vimos fue una pantalla, porque cada dos por tres tiraba un chistecito. Y eso me gustaba”. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/7TYMLLC3DBEW7CVTPUKLL3L3XI.jpg?auth=d950a294b89d14ead742d9cb8321b8125ad8b3b02144f837d1035cbdd2d8828b&smart=true&width=1080&height=1421" alt="Carlos, su tercer marido, falleció en 2024" height="1421" width="1080"/><p>En diciembre de ese mismo año Carlos le propuso que fuera a vivir con él. Envalentonada, Chichita dejó su departamento en Luján y volvió a Mercedes después de casi diez años. “Me había ido de ahí cuando me casé con Raúl, a los seis meses de que murió Roberto. Y en el pueblo me despellejaron: dijeron que lo conocía de antes... todas mentiras”.</p><p>Con Carlos, la vida era distinta. “A mí me gusta la pintura. Mientras pintaba, él aparecía y me cebaba unos mates. Le gustaban las películas, el teatro, salir a comer afuera y a pasear. Las mismas cosas que a mí. Era la conjunción de Roberto y Raúl. Juntos viajamos por todo el Caribe. Fuimos a Cancún, México, Cuba. Y a Búzios, como cinco veces. <b>Él tenía diez años más que yo y también había enviudado dos veces</b>”.</p><p>El 16 de octubre de 2018 se casaron por civil <i>(NdR.: descartaron la iglesia, porque Carlos era ateo)</i>. Un año después llegó un cáncer. “En lugar de ir al Caribe, íbamos al Cemic, a la Austral. Falleció el 22 de julio de 2024, rodeado de sus cuatro hijas y de mí, que lo tenía tomado de la mano. <b>A diferencia de lo que me pasó con Roberto, esta vez no me sentí sola. Fue un duelo distinto, porque sentía que lo tenía adentro mío</b>”.</p><p>Después de su partida, Chichita le compró la casa a las hijas de Carlos y sigue viviendo allí: “<b>Duermo abrazada a su almohada y charlo con él todas las noches</b>. Tenemos una conexión muy especial”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/XT2LINRFMFCP7JMFKI75YZTLDU.jpg?auth=1d7cdc689a02b6de02a505984f1cbb10579fb79bef5a22fabb375e7e00df2946&smart=true&width=1920&height=1277" alt="Chichita cumplió su sueño de hacer teatro y este año, a los 78, estrenó su unipersonal en el Paseo La Plaza (Foto/Gastón Taylor)" height="1277" width="1920"/><h2>“No me retiré del amor”</h2><p>Hoy Chichita vive en Mercedes y reparte sus días entre distintas actividades. Se siente distinta, como “liberada”, como ella misma dice. “<b>Ya no tengo que cuidar a nadie, porque cuidé mucho a Carlos, cuidé mucho a Raúl</b>. Estoy bien. Estoy haciendo el unipersonal, que me encanta. Visito a mis hijos, hago aquagym, gimnasia, veo a mis amigas y voy al bingo, que me encanta. Estoy viviendo una etapa muy tranquila”, cuenta.</p><p>De esos años de pérdidas también le quedó un aprendizaje. “El consejo que yo puedo dar a las personas que enviudan es pasar por el duelo. Ese dolor es intransferible. No podés compartirlo con nadie, tenés que experimentarlo. Pero todo pasa. Como me dijo una vez Raúl: <b>‘Vamos a llenar este vaso con agua. En algún momento, el agua, que es como tu dolor, se va a evaporar. Date tiempo’</b>. Uno tiene que darse tiempo. Yo no me di tiempo, porque soy ansiosa y quiero todo ya”, dice.</p><p>Y se despide: “Ahora disfruto de estar sola —asegura—. <b>No me retiré del amor, pero tampoco sé si buscaría un cuarto marido: tendría que aparecer</b>. Y si llega…”.</p><p><i>* “Todos los hombres de Chichita”. Dirección: Carlos La Casa. Sala Casals, Espacio Orsai, Paseo La Plaza (Avenida Corrientes 1660, CABA). Funciones: domingos a las 20 horas.</i> <i>Entradas por Plateanet o en boletería.</i></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/GRGY42KDRZEKNMB5FXEFJCJIZ4.jpg?auth=b2744c966c1c189b86f5e778aaeaaf66fbd5cbe19b326e53ae48c83f825515f5&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"/></item><item><title><![CDATA[Del adolescente tímido al policía que ama en silencio hace 29 años: una sonrisa, un vestido negro y una ilusión que nunca muere]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2025/08/31/del-adolescente-timido-al-policia-que-ama-en-silencio-hace-29-anos-una-sonrisa-un-vestido-negro-y-una-ilusion-que-nunca-muere/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2025/08/31/del-adolescente-timido-al-policia-que-ama-en-silencio-hace-29-anos-una-sonrisa-un-vestido-negro-y-una-ilusion-que-nunca-muere/</guid><description><![CDATA[Dos vidas que nunca olvidaron la magia de su primer baile en una discoteca, y que encontraron siempre, tras separaciones y otros amores, la forma de reconocerse en la misma melodía compartida en 1995]]></description><pubDate>Sun, 31 Aug 2025 04:41:36 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/CYVKVJNY55EDZPORWAP4L23RJQ.png?auth=4895d745a90570810afe4e3b560f4f44c69449709338b4db3300ab33034cf2bd&smart=true&width=1024&height=576" alt="Jorge conoció a Marcela en una discoteca con un vestido negro y una sonrisa imposible de olvidar (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="576" width="1024"/><p>Bajo la tenue luz de una noche reciente, entre las conversaciones y risas de una celebración, <b>Jorge</b> sintió un calor en el pecho que lo transportó de inmediato varias décadas atrás. Todo se debía a la presencia de <b>Marcela</b>, la protagonista de un vínculo que se teje lentamente a lo largo de casi treinta años, con pausas y en el que el azar siempre parece tener la última palabra.</p><p>Corría el año 1995 cuando Jorge, un adolescente tímido de 15 años, aceptó a regañadientes la invitación de su hermano tarjetero para ir a un boliche llamado Sem. Poco aficionado a la vida nocturna, Jorge no sospechaba que esa noche sería el comienzo de una historia que marcaría el resto de su vida. Fue allí donde vio por primera vez a Marcela, de 14. “En ese instante<b> todo mi alrededor desapareció</b>. Su pelo negro, cortado a la altura de los hombros, su rostro delicado, sus gestos al bailar… pero lo que más me marcó fue su sonrisa, una de esas imposibles de olvidar. Llevaba un vestido negro corto, con mangas que se abullonaban en los hombros. No puedo describir lo que sentí, pero sí sé que desde esa noche ella quedó grabada en mi retina", recuerda como si fuese ayer.</p><p>La timidez y la falta de destreza sobre la pista no impidieron que Jorge, encandilado, comenzara a frecuentar el boliche cada fin de semana, solo para contemplar a Marcela bailar. Y se propuso aprender. Tenía que bailar con ella. “Según mis hermanas, era el más pata dura que conocían. Pero tenía una misión: aprender a bailar, y esperar que el universo conspirara para volver a cruzarnos. Así fue que cada fin de semana la veía en la misma pista, sin animarme a hablarle, y mientras tanto <b>me enamoraba en silencio viéndola bailar</b>”.</p><p>La oportunidad finalmente llegó. Una noche, la música y el destino se aliaron y Jorge, superando su torpeza inicial, cumplió su desafío: bailó junto a Marcela. Desde ese instante, ambos comenzaron a compartir no solo la pista de baile, sino también una amistad que pronto se volvió entrañable. “Teníamos esa <b>conexión única</b> que se siente cuando con una sola mirada entendés todo. Estuve en su cumpleaños de 15, le escribí poemas, le regalé pequeños detalles y hasta grabé un casete con dedicatorias entre tema y tema. Ella sabía lo que yo sentía”, asegura.</p><p>A medida que los años fueron pasando, la vida los llevó por caminos separados: ambos <b>tuvieron otras parejas, nuevas amistades</b> y cada uno armó su vida. “Podíamos pasar meses o años sin vernos, y cuando nos encontrábamos era como si nos hubiéramos visto ayer: <b>todo fluía</b>”, rememora Jorge, quien durante todo ese tiempo nunca dejó de pensar en ella. Así, el vínculo entre ambos se mantuvo flotando entre la amistad y la nostalgia, fortaleciéndose en la memoria de los gestos sencillos y los detalles compartidos en la juventud.</p><p>La historia dio un giro en el año 2000. Jorge, ya convertido en policía, sintió que había completado un ciclo personal y decidió que era el momento de declarar abiertamente su amor a Marcela. <b>“Lo primero que hice fue ir a su casa uniformado para decirle que ahora sí estaba preparado para amarla y cuidarla toda la vida”,</b> relata. Sin embargo, esta vez el destino nuevamente fue esquivo: Marcela tenía pareja y Jorge, con resignación, supo que aún no era el momento. Dice que se fue tarareando una parte del tema “Tengo todo excepto a tí”, de Luis Miguel: ‘Se ve que no te voy, se ve que no me vas...’.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/C6XR6T5GGBGEFJUYQLKXZVA5NM.png?auth=3507db580d3dd4d2f6498965e9423393d99b92df4151379ee418b50b07303227&smart=true&width=1024&height=576" alt="Cuando se recibió de policía lo primero que hizo fue ir a visitarla uniformado para prometerle amor eterno (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="576" width="1024"/><p>Los años continuaron su marcha y ambos siguieron con sus vidas por sendas diferentes. <b>Jorge formó una familia y fue padre de una niña.</b> A pesar de la rutina, Marcela seguía estando, de alguna manera, siempre presente. Un día, después de mucho tiempo,<b> fue ella quien lo contactó. </b>Se encontraron, pero Jorge se sintió en la obligación de marcar un límite. “<b>Le mostré la foto de mi hija.</b> <b>En su dulce mirada vi tristeza, pero también entendí que debía ser leal</b>. No quería robarle un beso al amor de mi vida porque lo que sentía era verdadero: amor, no deseo pasajero, y mi deseo siempre fue hacerle bien...”, explica Jorge sobre aquel reencuentro que, aunque breve y distante, reafirmó el sentimiento profundo que mantenía por Marcela.</p><p>A partir de entonces, el vínculo se resumió a<b> mensajes esporádicos</b> en los cumpleaños, saludos por redes sociales y la certeza de que, aun en la distancia, la complicidad seguía intacta.<b> Pero el hilo invisible que los conectaba guardaba aún una sorpresa. </b>Este año, Jorge se separó. Entonces, la fecha del cumpleaños de Marcela volvió a reunir sus historias. Ella lo invitó a celebrar y, aunque él dudó, finalmente decidió asistir. “<b>Ella tiene su familia, y yo no quería confundir nada</b>.<b> Pero ya saben lo que dicen: el amor es más fuerte</b>”, cuenta.</p><p>Aquella noche, que Jorge la recuerda como “mágica”, llegó tarde. Lo recibió el hijo menor de Marcela, cuyos rasgos le recordaron inmediatamente a ella. El reencuentro con la familia fue cálido y la emoción apenas pudo disimularse cuando finalmente vio a Marcela y se fundieron en un abrazo eterno. Una serie de casualidades los situó uno junto al otro durante la fiesta. Una amiga de Marcela le pidió ayuda para disparar tubos de papelitos de colores en el instante de la torta. Así, cuando la cumpleañera sonreía bajo esa lluvia de colores, <b>Jorge sintió que “el tiempo volvía atrás”.</b></p><p>Un rato después Marcela se acercó al DJ, y de golpe empezó a sonar un tema, el tema de ellos: “You’re My Heart, You’re My Soul” de Modern Talking. “Bailamos como hacía 29 años. Nos mirábamos, sonreíamos, y no existía nadie más. Bailamos algunas canciones más, ella se repartía entre todos, como dueña de la noche… pero cada vez que nuestras miradas se encontraban, yo sabía que esa magia seguía ahí“, resume Jorge.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/SDBDRVVB2JBCXBF4LONOLTDYOY.png?auth=7511d99e8b7dd1b3aee0e7d85519bef3d27ef92074fc178f6f7e7700d902fe79&smart=true&width=1024&height=576" alt="Amores reales Marcela y Jorge (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="576" width="1024"/><p>Jorge quiso compartir una historia de amor distinta. “Porque el amor verdadero no se mide en besos ni en lo físico, sino en cómo alguien logra hacerte sentir. Y ella, cada vez que la abrazo, <b>me reinicia, me da paz, me recuerda que existe un amor puro, eterno e inigualable. </b>Te quiero, mi medio litro. Te necesito en mi vida, de la forma que sea...”</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/C6XR6T5GGBGEFJUYQLKXZVA5NM.png?auth=3507db580d3dd4d2f6498965e9423393d99b92df4151379ee418b50b07303227&amp;smart=true&amp;width=1024&amp;height=576" type="image/png" height="576" width="1024"><media:description type="plain"><![CDATA[Amores reales Marcela y Jorge (Imagen Ilustrativa Infobae)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[La revelación de un amor a destiempo: del abrazo de 10 minutos y sexo apasionado en la clandestinidad al “me siento usada”]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2025/08/24/la-revelacion-de-un-amor-a-destiempo-del-abrazo-de-10-minutos-y-sexo-apasionado-en-la-clandestinidad-al-me-siento-usada/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2025/08/24/la-revelacion-de-un-amor-a-destiempo-del-abrazo-de-10-minutos-y-sexo-apasionado-en-la-clandestinidad-al-me-siento-usada/</guid><dc:creator><![CDATA[Carolina   Balbiani]]></dc:creator><description><![CDATA[Para Alejandro, Rosa había sido una compañera del secundario inalcanzable, “un sueño”. En su adolescencia escribió paredones cercanos a la casa de ella con frases que salían de su corazón. Nunca imaginó que 30 años más tarde, cuando tenía una familia constituída, lo que el destino tenía preparado para él. La confesión que lo hizo estremecer]]></description><pubDate>Sun, 24 Aug 2025 04:43:13 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/Z6F253ON75AYDIYGOPACHKV22M.jpg?auth=f1dd14f90635697dcbcdea57408290ffdeab54afcd5716524631ba6720ebf1e4&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Rosa, que llegaba al curso después de repetir en otra escuela, era un sueño inalcanzable para  Alejandro (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p>Hoy es Alejandro quien quiere contarnos en Amores Reales su historia con Rosa. Una que recorrió la columna vertebral de su vida durante <b>más de tres décadas</b>, desde cuarto año del colegio hasta hace algunos meses. Es de esas que se hamacan al compás de los miedos y de los vaivenes desacompasados de los corazones confundidos.</p><p>Nacido en 1969, Alejandro fue el segundo de tres hermanos de una familia tradicional de clase media de<b> Lanús</b>, provincia de Buenos Aires. De origen alemán por ambos lados, la familia de Alejandro es luterana. </p><p>A pesar de que la primaria la habían hecho en un colegio privado, para el secundario los pasaron a uno estatal. En cuarto año fusionaron chicas con chicos y, a su clase, justo entró Rosa que venía de repetir el año en otra institución.</p><h2>El tímido rockero y la chica herida</h2><p><i>“Yo no era exitoso con las mujeres en el colegio. Era rebelde, me vestía raro para el resto, tenía un estilo muy heavy metal. Era una época en la que salíamos de la dictadura y nos gustaba enfrentarnos con la policía. Mis relaciones con las chicas duraban poco. Parecía un tipo duro, pero eso era solo por fuera. Como dicen mis amigos, por dentro soy un dulce de leche. Es cierto que suelo tener cara de pocos amigos, siempre me sorprende la gente que lleva la sonrisa dibujada. </i><i><b>Como chico heavy metal, me gustaba la noche, la música, el alcohol, llevaba ropa negra y estaba lleno de tatuajes.</b></i><i> Pero solo descontrolaba un poco los viernes y sábados porque después, en la semana, era súper responsable. Con mis viejos siempre hubo buena relación. Aceptaban mi aparente locura, aunque creo que un poco sufrían en silencio. Cuando Rosa arrancó en cuarto año, me gustó inmediatamente. Era el estereotipo perfecto de mujer que me atraía: morocha y de pelo lacio. Estaba saliendo con otra chica, pero la dejé. Enseguida me quise ganar la amistad de Rosa y nos convertimos en amigos. </i><i><b>Me parecía una mujer inalcanzable, era como un sueño</b></i><i>”.</i> </p><p>En quinto año llegó el tradicional viaje a Bariloche y con sus compañeros se propusieron escribir, cada uno por su lado, el relato de esa experiencia.</p><p><i>“Yo era muy tímido, no me animaba a acercarme a Rosa para decirle que me gustaba. Para mí eso de escribir en el viaje representaba la gran oportunidad para declararle mi amor. En Bariloche hubo ocasiones en las que dudé si hablarle o no. Muchas. Pero no me animé. No pude. Incluso la primera noche de borrachera que me impidió ir a bailar con todo el grupo fue por mi angustia de tenerla tan cerca y tan lejos a la vez. De regreso a Buenos Aires, en la redacción de las crónicas me liberé y expuse todos mis sentimientos. Con Rosa compartimos nuestros escritos. Al leer mi versión ella se enteró de lo que yo sentía. Sin embargo</i><i><b>, su respuesta fue el rechazo</b></i><i>. Había tenido una experiencia anterior que la había hecho sufrir demasiado y había quedado con mucho miedo a fracasar. Eso creí entender. Insistí, pero en innumerables ocasiones me repitió que </i><i><b>me veía como solamente como un amigo</b></i><i>. Sus palabras las viví como puñaladas directas a mi corazón. Terminó la secundaria y empecé a sufrir por no verla todos los días. Pinté varios paredones cercanos a su casa con frases como </i><i><b>Ni el tiempo ni la distancia cambiaran mis sentimientos”.</b></i></p><h2>Verse de lejos y poco más</h2><p>Alejandro se anotó para estudiar en la UBA: “<i>Primero empecé abogacía. No me gustó y me cambié a contador público”.</i> </p><p>Alejandro no disfrutaba de esta etapa. Se sentía un número en la universidad y extrañaba demasiado la camaradería del secundario. Finalmente, terminó pasándose a una facultad privada más cerca de su casa. En el mientras tanto siguió intentando ver a Rosa: “<i>La acompañaba, como amigo, a sus </i><i><b>cursos de mecanografía</b></i><i>, por ejemplo. Pero ella siempre me ponía límites. Eso me sumió en la más espesa oscuridad. El alcohol se convirtió en mi refugio. Mi vida cayó en un </i><i><b>pozo profundo</b></i><i> y crucé algunos límites de los cuales me avergüenzo hoy en día”.</i></p><p>Con Rosa siguieron siendo amigos. De hecho, el grupo que armaron con los egresados, se reunía cada tanto. Pero bueno, como ella no se había jugado por él, Alejandro terminó por cambiar de página para salir a flote. <i>“Pensé que su negativa era algo definitivo”</i>, asegura, <i>“</i><i><b>Me recibí a los 26. </b></i><i>Mis amigos heavy metal se mataban de risa porque me veían estudiando para contador y decían que yo era como Dr Jekyll y Mr Hyde. Esa dualidad entre lo que me gusta y mi trabajo me acompañó siempre. Convivo con los roles preasignados y hasta me causa gracia porque</i><i><b> amo mi profesión</b></i><i>. Empecé a trabajar primero en una mutual, pero ahora llevo 36 años en una multinacional”. </i></p><p>Finalmente fue en la universidad privada que conoció a Liliana. Era dos años más joven que él. Se pusieron de novios.</p><p><i>“Rosa cada tanto aparecía en las reuniones de ex alumnos del colegio o con algún mensaje de cumpleaños o para las fiestas navideñas. Solo eso. Varias veces, cuando viajaba con mi novia Liliana en el tren, nos cruzábamos con Rosa y nos saludábamos de lejos”, </i>reconstruye Alejandro. Pasado pisado. Eso se decía en el colegio. Alejandro se había acostumbrado a verla de otra manera y a la distancia. Era una amiga de una época lejana que no había querido ser su novia. Punto final.</p><h2>Saberes del otro</h2><p>En 1997 Alejandro se casó. Por supuesto invitó a sus compañeros de colegio a la fiesta, Rosa incluida. Al año siguiente, fue ella la que se casó y también lo invitó. La relación era muy civilizada.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/65KL4S5RB5GWNBWJM3OXDRSFKE.jpg?auth=9b21a297476871b787186b85e5cea4d3c5e47a8951b43f63b9aded5cc0f9c304&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Ambos se invitaron a sus respectivos casamientos, con un año de diferencia (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p>Alejandro con Liliana continuó con su vida de una manera tradicional: <b>cuatro hijos y hasta la fecha lleva 28 años de casado</b>. </p><p><i>“Sigo con la cara y la sonrisa difíciles, pero el entorno me obligó a adaptarme. El monstruo de la rebeldía que llevo dentro </i>(se ríe)<i> fue domesticado. Además, cuando entré a trabajar a la compañía tuve que abandonar el pelo largo, la ropa negra, esconder mis tatuajes y</i><i><b> pasarme al traje</b></i><i>”, </i>confiesa con humor.</p><p>Por su lado, Rosa siempre trabajó en cuestiones sociales y siguió vinculada con la <b>iglesia luterana</b> donde conoció a quien fue su marido.</p><p><i>“Ella siempre estuvo muy conectada con la iglesia y, lamentablemente, ahí conoció en alguna misión a un </i><i><b>payaso violento</b></i><i>. Le fue pésimo. Era un sujeto golpeador. Se separó después de tener tres hijas”</i>, cuenta Alejandro sobre lo que se iba enterando por el grupo y en las reuniones de ex alumnos que se llevaban a cabo dos veces al año. Los pormenores de la vida de Rosa le parecieron inquietantes y se lamentó por ella.</p><h2>Vengo a ofrecer mi corazón</h2><p>Fue cuando se cumplieron los 30 años de haber terminado la secundaria que, con sus ex compañeros, convocaron a una gran reunión. Pidieron que si alguno había conservado algún diario del viaje de egresados lo llevara para recordar viejos tiempos.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/LWADIIQPBBBLHOLYC5V2IR4XBU.jpg?auth=b235b60d1345acd3c01d22c2973a8b9e38c3c05ca6eafcc3199c84771e34c9f4&smart=true&width=1920&height=1080" alt="En la reunión de los 30 años después de egresar llevaron los diarios que habían escrito en quinto año (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p><i>“Lo cierto es que aquella</i><i><b> consigna de quinto año sobre escribir un diario</b></i><i>, un relato personal sobre cómo lo habíamos vivido, la habíamos cumplido solo dos alumnos de los 30 que éramos. Rosa y yo. Así que lo que pasó fue que antes de esa reunión los intercambiamos por mail. Yo no quería leer el mío en público porque quedaba claro lo que había sentido por Rosa. Ella me pasó el suyo y lo imprimí. Cuando mi mujer se fue a dormir esa noche, me quedé en el comedor de diario, leyendo. El relato tenía nuevos párrafos agregados en negrita sobre las antiguas anotaciones y cuatro páginas más que el original. Ella había sumado más vivencias. No era la versión original sino una editada 30 años después. Ahí Rosa contaba un montón de situaciones que en su primera versión había escrito de manera más aséptica. En esta última</i><i><b> agregó sentimientos</b></i><i>. Por ejemplo, lo que había sentido al verme bailar con otra chica. Era como un desahogo profundo donde ella</i><i><b> terminó confesando que siempre había estado enamorada de mí, solo que por miedo a repetir una historia fallida no se había animado a admitirlo</b></i><i>. Esas declaraciones suyas por escrito me produjeron una conmoción brutal. No entendía por qué me venía a contar todo tres décadas después. Me largué a llorar como un chico. Yo ya estaba casado y con cuatro hijos; ella casada y con tres hijas. ¿Qué sentido tenía venirme a enterar ahora que, en aquel momento, ambos nos amábamos?”. </i></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/UFMX27NVL5C4BJR22F4OBDGS4A.jpg?auth=55b3b856381e200d57a91fb5886f239bd78134c14b5ef835b62e659cab0bb835&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Rosa más tarde escribió lo que había sendio al verlo bailar con otra chica (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p>Alejandro, <b>el heavy metal duro y recio lloraba apoyado en la mesada de la cocina. </b></p><p>No dudó y minutos después tomó el celular: <i>“Le mandé un mensaje por WhatsApp. Le dije: </i>tenemos que vernos, necesito explicaciones.<i> Terminamos coordinando un encuentro. Ese día se subió a mi auto y </i><i><b>nos abrazamos durante diez minutos </b></i><i>sin decir nada de nada. Después seguimos conversando de su miedo al fracaso. Ella se excusó diciendo que no había sabido cómo dar marcha atrás para revertir su primera negación a nuestra relación y que, después con el paso del tiempo cuando vio que yo había armado mi familia, simplemente desistió”</i>.</p><p>En realidad Rosa<b> había desistido antes de siquiera intentar nada</b>. Había estado bloqueada emocionalmente, pero ahora, en su nueva etapa de separada, deseaba concretar lo abandonado.</p><p><i>“Yo tenía doscientas mil preguntas para hacerle. Esta vez, en esta etapa de la relación, sí que pasamos a la acción. Nos besamos y, bueno, terminamos en la cama. Tuvimos muchos encuentros sexuales donde la pasamos muy bien. Yo experimentaba la carga pesada de que </i><i><b>nunca le había sido infiel a mi esposa.</b></i><i> No era para nada cómodo. Pero al mismo tiempo sentía una tremenda necesidad de </i><i><b>cerrar el círculo de mi vida</b></i><i>. Esa situación me movilizaba, pero con el paso de los meses me di cuenta de que estábamos confundiéndonos”. </i></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/GZFQO5ZPYNGVJFK2YSZC3UJZP4.jpg?auth=c1764a6b1021652b96daa112ad414c6e00cda11a09ee6dad60c2e7acd445ef4c&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Todo empezó con un beso y terminaron teniendo sexo. Alejandro nunca le había sido infiel a su esposa (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p>En esos encuentros furtivos Rosa le llevó un día todas las cartas que se habían enviado en los años 80.<i> “¡No podía creer todo lo que ella tenía guardado! Había acumulado como tesoros hasta los regalitos que yo le había llevado cuando viajaba de mochilero. Las cartas eran muy explícitas sobre mis intentos de convencerla para tener una relación de pareja y sobre su negativa. Esa noche en que releí todo pensé inmediatamente que Rosa tenía un mambo tremendo. Me las quiso dejar, pero yo le dije que no. Que las iba a tener que tirar porque </i><i><b>no podía tenerlas en un cajón de mi casa</b></i><i>”.</i> </p><p>Ella le entregaba el corazón envuelto en papeles de antaño, pero ahora era él quien decía que no y ponía un límite. Por supuesto, Rosa se ofendió. </p><p>La imaginación del amor adolescente desde el mundo adulto se veía de una manera diferente para Alejandro. El pasado no era lo que había sido, ni se acercaba a lo que pensaron que podría ser: <i>“Interpretábamos las cosas de distinta manera. Veíamos nuestro nuevo vínculo devenido en relación de manera muy diferente. </i><i><b>Ella apostaba a que yo rompiera con mi vida e iniciara otra con ella. Para mí no era así.</b></i><i> Yo la valoraba y apreciaba mucho, pero estaba contento con lo que había construido y no quería romper con todo eso. Quiero a mi mujer. La elegí. En esta confusión </i><i><b>Rosa comenzó a exigirme y a expresar que se sentía usada para el sexo</b></i><i>. </i>De ninguna manera,<i> le dije. Pasaba momentos hermosos con ella, eso no era usarla. Pero no le alcanzaban mis explicaciones, ella se lastimaba con esa relación híbrida. No niego que lo sexual era importante para mí, pero ella no era una mujer cualquiera, yo tenía un lazo sentimental profundo con Rosa. Entendí que lo más sano era dejar de vernos”.</i></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/BCDWTGQLRNDUXDKVUQLKJ4FB6U.jpg?auth=6b107a1a020924467b036f55189c4624dc488cc27a87d5babc31a5b50934ea51&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Rosa esperaba que Alejandro rompiera con su mujer y empezara una nueva vida con ella (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><h2>El pasado al tacho de basura</h2><p>La relación de Alejandro y Rosa no siguió adelante. El reencuentro de los compañeros de colegio, con idas y vueltas, duró casi un año antes de que le pusieran el broche final y se despidieran.</p><p>Lo más doloroso para él fue darse cuenta de que había perdido a su amiga Rosa en esa aventura fracasada:<i> “</i><i><b>No pudimos seguir siendo amigos y a las reuniones cuando voy yo, ella no va y viceversa.</b></i><i> Lo lamento, aunque entiendo que no me quiera ver si aún no cerraron sus heridas. Hace un tiempo tiré a la basura el ejemplar de ese diario impreso de ella. Era para problemas. No quiero tenerlos porque soy feliz con mi vida.”</i></p><p>Le pregunto qué significó para él esta segunda etapa con Rosa: <b>¿Fue amor por un rato a la sombra de la infidelidad o solo un recuerdo de lo que nunca había podido ser?</b><i> “No sé. No te puedo responder eso. No lo puedo definir. </i>No me movilizó lo su<i>ficiente. En el fondo soy un tipo conservador y poner en juego mi vida construida no tenía sentido. Ya no sentía aquel amor que había experimentado a los 17, 18 o 19 años. Yo no la seguía amando, ella era algo del pasado. De todas formas, leer lo que Rosa había sentido en Bariloche me conmovió hasta los cimientos y fue lo que me llevó a esa situación. Cuando la relación se concretó, me di cuenta de que para ella todo seguía congelado en el pasado. Para Rosa los sentimientos seguían vigentes, inmutables. Para mí no, nada que ver. Yo que siempre había creído que aquel rechazo había sido sincero, había construido mi vida en la que era feliz”. </i></p><p>Solo dos mujeres, ex compañeras de ellos, supieron lo que pasó entre Alejandro y Rosa. Él lo explica:<i> “Cuando la relación con Rosa comenzó necesitaba la opinión femenina de alguien confiable. Ellas fueron muy sinceras y me dijeron que si nos sentíamos bien, adelante, pero que evitáramos lastimarnos”.</i></p><p>Alejandro esgrime ser un hombre de convicciones firmes: <i>“</i><i><b>Estoy enamorado de mi mujer.</b></i><i> Puedo coquetear con el descontrol, pero sé muy bien adónde quiero ir y dónde me tengo que parar. Nunca pensé en separarme. Tampoco Rosa me lo planteó, pero creo que lo esperaba. Mi mujer, por supuesto, no se enteró. Creo que no me lo hubiera perdonado. ¿Qué pasaría si fuera al revés y yo me enterara algo así de mi mujer? Me dolería demasiado. Por eso jamás le contaría nada. Creo que todo este tema podría explicarse por la monotonía en que, a veces, te ahogan las relaciones largas en el tiempo. Estás un poco aburrido, </i><i><b>una mujer que te gustó mucho te llama y te dice que te desea tanto y que quiere tener sexo con vos… Te sentís valorado y eso rompe con tu rutina. Te enloquece un poco</b></i><i>. Podría decirte que la aventura con Rosa me sirvió para valorar más lo que tengo. Por un poco de sexo con el pasado, con lo que no fue, con lo que no se dio, no vale la pena perder lo que con tanto esfuerzo construiste”.</i></p><p><i>*Escribinos y contanos tu historia. amoresreales@infobae.com</i></p><p><i><u>* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas </u></i><u>serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas</u></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/GZFQO5ZPYNGVJFK2YSZC3UJZP4.jpg?auth=c1764a6b1021652b96daa112ad414c6e00cda11a09ee6dad60c2e7acd445ef4c&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Amores Reales Alejandro y Rosa(Imagen Ilustrativa Infobae)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Aunque lleva 30 años casada, toda su vida amó en silencio a un imposible y nadie sospecha quién fue: la confesión de una “impostora”]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2025/08/17/aunque-lleva-30-anos-casada-toda-su-vida-amo-en-silencio-a-un-imposible-y-nadie-sospecha-quien-fue-la-confesion-de-una-impostora/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2025/08/17/aunque-lleva-30-anos-casada-toda-su-vida-amo-en-silencio-a-un-imposible-y-nadie-sospecha-quien-fue-la-confesion-de-una-impostora/</guid><dc:creator><![CDATA[Carolina   Balbiani]]></dc:creator><description><![CDATA[Felicitas se enamoró profundamente de un sacerdote y nunca más sintió nada parecido por nadie. Suspiró por él por primera vez cuando fue a misionar al norte argentino y desde entonces, su vida ya no fue la de siempre. “Mis pasiones ocultas no le hicieron mal a nadie y quizá hasta me hayan ayudado a vivir mejor”, expresó]]></description><pubDate>Sun, 17 Aug 2025 05:39:12 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/S2XZEI3XYNH55JPFKNYONTMXLA.jpg?auth=d442c27f639c8a619c8eaf71a2e37b32c9aee808c51d2cd1ad05dc5c678fcded&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Tenía 18 años cuando Felicitas fue a misionar al norte de la Argentina y conoció al padre Paul, que la enamoró perdidamente (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p>La impostora. Así se llama Felicitas a sí misma porque desde los 18 años estuvo profundamente enamorada de alguien imposible: un hombre que había elegido la vida religiosa y el celibato. </p><p>Él, el padre Paul, se había entregado a Dios. Y ella se entregó al padre Paul, pero solo en sueños. Por lo que esta historia de amor rodará por carriles muy poco convencionales dentro de un mundo intangible. </p><p>Quien sintiera culpa por una “pasión carnal” de semejante índole podría confesar murmurando tras las rejilla de madera de un confesionario: <i>Padre he tenido malos pensamientos… </i>para luego irse aliviada con su penitencia a rezar tres Ave María y un Padre Nuestro. No es el caso de nuestra protagonista que asegura jamás haber sentido el peso de sus ardientes fantasías porque <b>nunca tuvo la intención de llevar las cosas al plano de la realidad</b> ni de perturbar la santidad con el pecado.</p><p>No sé el nombre completo de quien habla, es amiga de una amiga. Felicitas es el que decidimos usar, lo eligió ella antes de abrir su pecho para mostrarnos el revés de su corazón desteñido.</p><h2>La adolescente misionera</h2><p><i>“Como los alumnos de primer grado se enamoran siempre de su maestra, yo me enamoré del primer cura con el que me relacioné cuando comencé a ir a misionar al norte argentino. Todo empezó en el colegio religioso al que asistía: con tantos valores que nos infundían no había otra opción que anotarse para ir a misionar durante el verano… Terminé yendo muchísimas veces. Porque aunque </i><i><b>nunca fui una persona realmente creyente</b></i><i>, sinceramente me cuesta creer, me dejaba llevar por lo que debía ser. No cuestionaba las cosas y aceptaba con aparente sumisión lo que se establecía como verdad absoluta. Lo cierto es que hoy, si lo analizo, creo que todo lo de la religión me resbalaba un poco, aunque no me animaba a manifestarlo. En casa eran católicos y tradicionales, las familias de mis amigas también. A mí todo el exceso de normas me producía cierto rechazo. Todo estaba mal, </i><i><b>todo era prohibición</b></i><i>. Esto no se dice, esto no se hace, de esto no habla una chica como vos... Pero bueno mis hermanas iban a misionar, </i><i><b>mis hermanos colaboraban en misa </b></i><i>y así era mi vida dentro de mi familia numerosa. Me acoplé a esa existencia sin demasiadas quejas. Tengo buen carácter, no soy rebelde y elijo no enrollarme. Esa es mi personalidad y creo que ayudó a la buena convivencia a pesar de no pensar exactamente igual a todos. Vivíamos en </i><i><b>San Isidro </b></i><i>en una casa muy linda y armoniosa. Del amor no se hablaba mucho. No sé qué onda mis padres, si realmente estaban enamorados o si fingían nuestra familia perfecta, pero en todo caso nos dieron una lindísima vida. Aunque, para mi gusto y como ya te anticipé, demasiado reglada. A los 18 no había tenido un novio todavía, solo me había dado un beso con un chico en una fiesta. Esa era toda mi experiencia”, </i>cuenta Felicitas quien nació en 1965 y tiene <b>60 años </b>cumplidos. </p><p>En su primera misión a “evangelizar” estaba el padre Paul, un joven bastante más grande que ella, de unos 33 años. Alto, elegante, muy culto y carismático. A pesar de la sotana, era un tipo canchero, usaba el pelo largo y tocaba muy bien la guitarra. Su propuesta de una vida dedicada al bien le daba un aura especial que a todas las chicas las hacía caer rendidas.</p><p><i>“¡¡Cómo no me iba a enamorar!! Creo que la mayoría de las que fueron conmigo </i><i><b>estaban muertas por él</b></i><i>. Pero la atracción sexual con un sacerdote se consideraba un pecado mortalísimo. En el mundo había liberación sexual y otras yerbas, pero en este costado, bahh en mi rincón del planeta, nada de eso. Todo lo contrario. En casa rezábamos agradeciendo la comida antes de almorzar o de comer a la noche, íbamos a misa los domingos en familia, en el colegio nos confesábamos cada quince días. </i><i><b>A mi casa venían de visita monjas y curas</b></i><i> como por otras suelen pasar abogados, médicos o artistas. En fin, todo era con bastante fanatismo, pero a mí nunca me importó mucho porque siempre fui de una cabeza bastante libre. Bueno, libre para mis adentros, que en definitiva es lo importante”, </i>afirma con convicción.</p><p>En esa primera misión de verano, Felicitas fue inmensamente feliz. Admiraba al Padre Paul y lo seguía como una novicia adorando a Dios. Al principio, no se animó a pecar con el pensamiento, pero con el tiempo empezó a usar las noches para<b> soñar con lo prohibido</b>. <i>“Era el mejor momento porque me dedicaba a fantasear con él cada vez con más libertad. Primero eran situaciones tontas, idílicas y cero sexuales. Cuando volví, pasaron los meses y yo seguía en contacto con Paul. Por ese tiempo fue que mis sueños despierta se volvieron más eróticos. Me di cuenta de que podía pensar un beso con él y que nadie lo vería, que eso solo habitaba en mi cabeza. Así fue que </i><i><b>empecé a vivir en dos mundos paralelos</b></i><i>.</i><i><b> El real y el onírico.</b></i><i> Nada de eso me impidió seguir con mi vida de lo más tranquila. Veía a Paul, asistía a sus misas y charlas, viajaba con los grupos al norte. Él confiaba en mí. </i><i><b>Conoció a mi familia y empezó a visitarnos con mucha frecuencia</b></i><i>. Lo increíble es que yo podía disociar lo que pensaba cuando soñaba con él despierta en mi cama de lo que pasaba durante la vida real donde ni nos tocábamos las manos. No sé si en psicología eso tendrá algún nombre, pero hoy miro para atrás y me parece un poco insólito. Porque mis fantasías no impidieron que mi relación con él fluyera como si nada. Era una dicotomía muy loca.</i><i><b> Era mi secreto</b></i><i>.</i><i><b> Estaba profundamente enamorada de un cura y siempre lo estuve</b></i><i>. No podía compartirlo con una amiga ni con nadie. Un tiempo después intenté salir con un chico, pero me resultó aburrido. No me despertaba nada. Nos dimos unos besos pero no tenía sentido. ¡Tan distinto a Paul! Creo que disfrutaba más físicamente imaginando que concretando. Aunque no lo creas así pasaron unos años”.</i></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/2AN5S3CG5FG7POHLYNIAYQTQQY.jpg?auth=5f4b57af04df24900bf3db120f84f397aeb1d1d763f12e2d1efc77d72fb61ddc&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Las fantasías de Felicitas no afectaron la relación con el cura en el plano real (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><h2>Un médico para los latidos de más </h2><p>Mientras su dedicación a la Iglesia -en la que creía poco pero donde amaba mucho- ocupaba buena parte de su agenda, su amor por Paul crecía. Intacto, sin la erosión de ninguna realidad. Al mismo tiempo Felicitas estudió Derecho en la facultad y se recibió: <i>“En esos años me puse de novia finalmente con otro abogado que no era para nada religioso. Igual, para darle el gusto a mis padres </i><i><b>nos casamos por Iglesia y, como no podía ser de otra manera, nos casó Paul.</b></i><i> ¡Paul ya era parte de la familia! De ese día del casamiento tengo grabada su mirada cuando nos tomó el juramento. Yo secretamente creía que él me amaba, pero que no tenía coraje para planteárselo a sí mismo. La vocación era algo que no se discutía. Ni a mí se me ocurrió jamás decir ni una palabra que pusiera en peligro la amistad.</i><i><b> Era mi locura amarlo y por eso dejé esa pasión escondida en un costado de mi corazón.</b></i><i> Con mi marido, a quien quiero profundamente pero por el que jamás sentí algo parecido, </i><i><b>tuvimos tres hijos</b></i><i> a quienes bautizó Paul. Jamás me alejé de él y fue quien me consoló cuando descubrí que mi marido había tenido algo con una abogada del estudio.</i><i><b> Fue Paul quien logró que lo perdonara</b></i><i>. Me dijo literalmente: </i>El amor es más fuerte.<i> </i>No destruyas lo que construiste con tanto empeño por una debilidad que él mismo reconoció. <i>Le hice caso. El amor que sentía por Paul era lo más fuerte que jamás me había sucedido, pero ¿cómo decirle a alguien con vocación de celibato algo así? Imposible. Por esa época tuve algún que otro ataque de pánico. Una vez terminé en una guardia porque </i><i><b>tenía taquicardia y creía que me iba a morir de un infarto</b></i><i>. Era mi cabeza y mi corazón que andaban desencontrados. Me calmé y, con el tiempo, también me serené. Acepté las cosas como eran y las fantasías continuaron. Por mi profesión terminé ayudando a Paul con un montón de temas legales y siendo sostén de una organización religiosa que él lideraba. Eso me hacía sentir que aportaba mi grano de arena a la humanidad y me daba la excusa perfecta para estar cerca de él”.</i></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/IBADCEPVLJFC3N5LT26ATZFE74.jpg?auth=4c4d60cff72ccf631e675095b439bce5d158b91a28dbe50ef05bb6f12c6fe428&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Felicitas en el altar con el padre Paul quien la casó con un compañero de la facultad (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p>Felicitas admite que ansiaba los roces de manos, los abrazos distantes que él le daba al despedirse, esos centímetros de piel que hacían <b>contacto eléctrico por segundos</b>. Eso le bastaba para la vida real, el resto se lo reservaba para los sueños recurrentes.</p><p><i>“Creo que una vez, antes de casarme, estuve tan tentada de darle un beso que me asusté de mí misma. No se dio cuenta de nada, pero yo me debatí por unos segundos... ¿y si le doy un beso qué pasa? Me reprimí enseguida. Salvo esa vez, no me volvió a pasar por la cabeza la loca idea de hacer algo que nos lastimara o que perjudicara a alguien de nuestro círculo de seres queridos. </i><i><b>Todo lo que me pasaba con él discurría sobre mi almohada</b></i><i>. Punto. Alguien puede pensar que yo estaba mal de la cabeza, que vivía reprimida o infeliz. Pero nada de eso. Son elecciones y yo no pensaba dar ese paso”.</i></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/R7WDU3AGPRBGRM6I7ANGDA4WIA.jpg?auth=1484bb5ee7019395cbf0e74efb92ec9ff9a192b51a2b5282b7f3749023de9510&smart=true&width=1456&height=816" alt="El padre Paul también bautizó a los hijos de Felicitas (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>El marido de Felicitas nunca percibió nada de lo que pasaba en el corazón y la cabeza de su mujer:<i> “Es un tipo inteligente. Un abogado sagaz, pero </i><i><b>de sentimientos entiende poco.</b></i><i> Es hasta hoy, salvo aquel desliz perdonado gracias a Paul, un marido ocupado y proveedor, buen padre, buen abuelo. Puede ser sensual, pero lo que es </i><i><b>amor desbordante, como lo que me hacía sentir Paul, no. </b></i><i>Eso no se volvió a repetir en mi vida”.</i></p><h2>Oculto en el fondo de la piel</h2><p>Felicitas no tiene quejas para con su vida. Se reconoce medianamente feliz. Es alegre y bromista, abomina los dramatismos. Lleva oculta la carga del verdadero amor inviable sin lamentos. La pregunta es obvia: qué pasaría si volviera a vivir y a ser joven, ¿cambiaría algo? ¿Le daría a Paul algún indicio de lo que le pasaba con él? No duda ni un segundo. Casi escandalizada responde: <i>“¡No! </i><i><b>No cambiaría nada </b></i><i>porque no puedo imaginarme traicionando a mi familia con ¡el sacerdote de la familia! Tendría que no haberme casado y no haber tenido hijos para que me hubiera animado a algo. Pero tampoco eso hubiera sido garantía alguna para que Paul dejara el sacerdocio. </i><i><b>Quizá él no sintió nada de lo que yo sentí. Jamás lo sabré.</b></i><i> Por eso mi respuesta es que no cambiaría nada. Todo lo viviría igual. No soy de mirar atrás. Mis pasiones ocultas no le hicieron mal a nadie y quizá hasta me hayan ayudado a vivir mejor. Por otra parte, también es cierto que yo tenía terror al rechazo. No lo hubiera soportado. Igual ya nada tiene sentido porque Paul</i><i><b> murió el año pasado sin saber lo que yo sentía.</b></i><i> O, por ahí, sí lo sabía pero se hacía el tonto. Porque era un tipo inteligente y sensible, aunque intransigente con las normas. Creo que me animo a contar todo esto anónimamente porque él ya no está sobre esta tierra. Para que en algún lado quede escrito y enunciado que</i><i><b> el amor puede, a veces, tener formas inexplicables”.</b></i></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/7JCEH65OKNHLRE57QI2QYO5ZHY.jpg?auth=9d0cc7165d2384045788f848d2452f983fdb131f2c5081041051834dacbfcea6&smart=true&width=1920&height=1080" alt=""Cada vez que le dije a mi marido que lo amaba no era del todo cierto. Pero ojo, tampoco era mentira. Lo quiero, pero nunca fue el mismo amor que sentí por Paul", dijo Felicitas (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p>La siguiente es si no sintió culpa en imaginar relaciones sexuales con un sacerdote: <i>“Ya no. Antes sí.</i><i><b> No creo que el celibato sea algo exigido por Dios si es que Dios es lo que imagino.</b></i><i> Creo que es solo para conveniencia de la iglesia lo de pretender sujetos dedicados full life”</i>. ¿Podría Paul también haber imaginado sobre su almohada algo sexual con ella? Felicitas lo duda. <i>“Hay gente que no se plantea estas cosas. Que ni siquiera se anima a pensarlas. Yo al menos ejercité la libertad de pensar y de sentir. Aunque fuera solo en mi intimidad. </i><i><b>Supongo que él estaba formateado de otra manera, una en la que jamás podría traspasar una norma de ese tipo por una pasión terrenal”</b></i><i>. </i>Entonces, en algún punto, ¿no se siente una impostora del amor? Se queda muda por unos segundos y se ríe. Con crudeza admite que sí. Dice que con una desconocida, que ni siquiera sabe su nombre real completo, no tiene nada que ocultar:<i> “Claro que sí. </i><i><b>Es que lo soy. Una impostora.</b></i><i> Está bueno el título. Cada vez que le dije a mi marido que lo amaba no era del todo cierto. Pero ojo, tampoco era mentira. Lo quiero, pero nunca fue el mismo amor que sentí por Paul. Cuando Paul murió repentinamente me sentí agujereada, como si me hubieran arrancado un pedazo de carne del medio de mi pecho. </i><i><b>Todavía estoy transitando ese duelo</b></i><i>”.</i></p><p>Le digo si no será que lo prohibido y lo imposible la han hecho creer que este amor fue el más importante, porque después de todo el amor es el que se construye ladrillo a ladrillo sobre lo que llamamos realidad. ¿No será que lo puso en un atril que no se merece y donde nunca pudo ser socavado por la cotidianidad que suele ser cruel y el hartazgo de lo doméstico? Felicitas murmura que está acuerdo, pero ya no demuestra tantas ganas de seguir profundizando:<i>“Todo puede ser. Sí, es cierto. Era </i><i><b>un sentimiento sublime que no fue expuesto a nada. </b></i><i>A ningún desgaste o erosión. Era una ilusión. Una utopía. Qué sé yo, llamalo como quieras. No tengo un instrumento para medir los sentimientos. Pensar a Paul cada noche me hacía temblar y ya no puedo hacerlo porque la muerte se interpuso. Su partida me despertó y ahora ni siquiera puedo soñarlo. Lo único que te puedo afirmar es que ese amor me clavó sus uñas en el cuerpo, me arañó el alma, me esculpió el espíritu. Lo extraño. Quisiera transmitir que las fantasías no siempre son malas, son un escape que lo pude manejar. Pero bueno</i><i><b> con los años me animé a contárselo a dos íntimas amigas que me hice en yoga. </b></i><i>Eso me hizo bien. Igual ya no me interesa analizarlo mucho más, voy a seguir viviendo en mi único mundo real que tampoco está nada mal”.</i></p><p><i>*Escribinos y contanos tu historia. amoresreales@infobae.com</i></p><p><i><u>* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas</u></i></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/IBADCEPVLJFC3N5LT26ATZFE74.jpg?auth=4c4d60cff72ccf631e675095b439bce5d158b91a28dbe50ef05bb6f12c6fe428&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Amores Reales Felicitas y Paul, Felicitas se casa y el cura es Paul, casamiento, boda, iglesia (Imagen Ilustrativa Infobae)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Llevaban 20 años juntos cuando, de repente, él enfermó y murió: la promesa de que no la dejaría sola y el desafío de volver a empezar]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2025/08/10/llevaban-20-anos-juntos-cuando-de-repente-el-enfermo-y-murio-la-promesa-de-que-no-la-dejaria-sola-y-el-desafio-de-volver-a-empezar/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2025/08/10/llevaban-20-anos-juntos-cuando-de-repente-el-enfermo-y-murio-la-promesa-de-que-no-la-dejaria-sola-y-el-desafio-de-volver-a-empezar/</guid><dc:creator><![CDATA[Carolina   Balbiani]]></dc:creator><description><![CDATA[María y César eran una pareja con mucho camino recorrido: se habían conocido ejerciendo la docencia, trabajaban codo a codo, tenían dos hijos, muchos amigos y una vida armada en Montevideo. Pero en agosto de 2021 María se paralizó cuando, de manera abrupta, quedó viuda. Casi como una premonición, antes de partir César le aseguró que alguien más vendría a compartir la vida con ella. Poco después, un nuevo amor sacó a María de su oscuridad ]]></description><pubDate>Sun, 10 Aug 2025 03:50:12 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/R5AMSJXUSNE6TEL3XX7Y4UE22Y.jpg?auth=bda3062a7f61c781600a9275aede2c228421cd6aab73fa7116c6805e726cad38&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Antes de morir, César, su marido, le prometió a María que no la dejaría sola. Poco después apareció en su vida Carlos, con quien María comenzó una historia de amor y resiliencia. (Imagen ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p>Todos los días María cruza el patio de la escuela que dirige, donde trabaja como docente, y se detiene a observar <b>el nogal</b>. Ese árbol al que le podaron una de sus ramas tiempo atrás, justo cuando murió César, su marido. Ahí está, cercenado como <b>un testigo mudo del amor que se tuvieron</b>. Porque lo curioso es que donde estuvo aquella rama que amputaron quedó estampado un corazón oscuro. Y, por encima de él, en el tronco añoso, van creciendo nuevos brotes verdes. </p><p>Una alegoría de la vida misma. <b>Morir un poco para rebrotar con toda fuerza</b>. </p><p>María está convencida de que ese nogal es la señal inequívoca de que César, del que enviudó en 2021, está presente a su manera. Que la sigue cuidando desde el firmamento y que, como prometió antes de partir, <b>le mandó otro gran amor para que la acompañe por el resto de su vida</b>.</p><p>Esta historia sucede del otro lado del charco, en la vecina ciudad de Montevideo. Mientras charla con <i>Infobae,</i> detrás de su voz por momentos quebrada, se escucha el habitual griterío de chicos pequeños y adolescentes en pleno recreo.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/R2C5JAX63JF77EH2C2TKXSUKSA.jpg?auth=b0c454f2746b975576eaa92f6d6e2be296eaee837dbb2781a658b02a156f7fd6&smart=true&width=1920&height=1080" alt="María estaba felizmente casada con César, su compañero de más de dos décadas, con quien tenía dos hijos y una vida apacible en Montevideo. Pero en 2021 César comenzó a sentirse mal. Fue al hospital y lo dejaron internado. (Imagen ilustrativa Infobae) " height="1080" width="1920"/><h2>Episodio 1: la despedida</h2><p><i>“Soy de Montevideo. Me casé a los 26 años con mi marido que también era docente. Él estaba en secundaria y yo trabajaba en primaria. Nos conocimos, nos casamos e hicimos una vida muy planificada dando todos los pasos correctos hacia el futuro. Tuvimos dos hijos: una mujer llamada Pía que hoy tiene 21 y un varón llamado Lucas que acaba de cumplir los 17. Con mucho esfuerzo fuimos consiguiendo logros materiales, trabajando siempre codo a codo, ¡y hasta pudimos armar un centro de primera infancia!”. </i></p><p>A mediados de agosto de 2021, pasada ya la parte más brava de la Pandemia, <b>un día César le dijo a María que le dolía mucho la espalda</b> y se fue a acostar.</p><p><i>“Era domingo. El lunes se levantó peor. Se sentía como engripado. Todavía estaba el fantasma del covid, así que optó por quedarse en casa y no fue a trabajar. El martes seguía igual y se fue a hacer una placa. Llegó a la guardia, lo revisaron y lo dejaron en observación. Cuando llegué me dijeron que tenían que dejarlo ingresado porque </i><i><b>tenía líquido en un pulmón</b></i><i>. Parecía algo respiratorio. Le pusieron un catéter para que saliera ese líquido y nos empezaron a preguntar qué vacunas le habían dado. Dijeron que algunas vacunas estaban dando síntomas cardíacos. Le harían, al día siguiente, un cateterismo para ver el corazón. Como César se sentía bastante bien les sugirió irnos a casa y volver para la intervención. Le dijeron que no, que debía quedarse internado”. </i></p><p>Llegó el momento del estudio y se llevaron a César en una camilla. Al rato apareció una doctora para hablar con María: <i>“Me explicó que el cateterismo era un procedimiento para destapar arterias y colocar stents, pero que no habían podido hacer nada de nada, porque así lo dijo textualmente:</i> <i><b>‘Todo está muy mal, muy mal’</b></i>. <i>Repitió varias veces esas dos palabras y me dejó helada antes de volver a entrar a terapia intensiva”. </i></p><p>Unos minutos después esa doctora volvió a salir y fue directo hacia ella: “<i>Me dijo que harían una excepción y me iban a dejar entrar porque César estaba muy nervioso y pedía verme. Pasé y lo vi bastante bien, pero él empezó a decirme cosas que me shockearon. Era como que se quería despedir. </i><i><b>Tenía el presentimiento de que se moría. Era como una premonición</b></i><i>. Yo le pedí que parara de decir esas cosas, que no era así, pero levantó la voz y me dijo: ‘Te pido que me escuches, es enserio, no estoy embromando, </i><i><b>siento que me voy, que no hay tiempo</b></i><i>’</i>. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/FYBEZJTZV5COJO2DA5HVEMDU3Y.jpg?auth=bb1997a5ea00f0212b01b8f247c333da6f4e54ffba488926b508470de3948114&smart=true&width=1920&height=1080" alt="María no entendía qué sucedía cuando su marido comenzó a despedirse de ella: le habían encontrado líquido en un pulmón y, rápidamente, todo comenzó a empeorar. Él presentía que moriría pronto y le aseguró que alguien más vendría a compartir la vida con ella. (Imagen ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p><i>Ahí me empezó a dar indicaciones de temas de nuestra vida que manejaba él, de los chicos, de la comida por la alergia de la perra, del jardín… Yo pensé que estaba loco o asustado. No entendía nada de lo que pasaba. En un momento César me tomó la mano, me miró y me dijo: ‘Sé que vas a estar muy mal, lo sé, pero no te vas a quedar sola. Tené la sabiduría de abrirte y de aceptar lo que venga. </i><i><b>No voy a permitir que te quedes sola</b></i><i>’”</i>. </p><p>María seguía pensando que su marido deliraba por el miedo, quizá. Un rato después les anunciaron que pasarían a una habitación porque al día siguiente lo vería un cardiólogo. </p><p><i>“Lo sacaron en camilla y subimos en el ascensor bromeando. Incluso en un momento de esos hablamos con el jardinero que él había llamado para podar el nogal del colegio. Le pasé el teléfono y </i><i><b>César le dio instrucciones precisas sobre qué rama era la que había que cortar</b></i><i>. Cuando llegamos a la habitación me pidieron que me quedara afuera mientras lo acomodaban y pasaban a la cama. Cuando se fueron me aconsejaron que viéramos una película, me pasaron un código para la televisión y avisaron que más tarde traerían la cena. </i></p><p><i>Entré, y cuando le dije a César que viéramos qué podíamos mirar en la tele, a él le salió otra voz, no era su voz. Era como que no podía hablar. Noté que la lengua se le iba para un costado. </i><i><b>Salí del cuarto a los gritos pidiendo que vinieran los médicos</b></i><i>. Entraron y me quedé afuera desde donde escuchaba que César seguía sin poder hablar bien. Lo llevaron de urgencia a terapia intensiva. </i><i><b>Vino un médico y me dijo que mi marido estaba cursando un ACV</b></i><i> </i>(accidente cerebrovascular), <i>que esperara unos minutos para que me pudiesen informar mejor. </i></p><p><i>Volvió enseguida y me explicó que gracias a que yo me había dado cuenta rápido de que algo pasaba </i><i><b>había un tratamiento que me podían ofrecer, pero que era riesgoso</b></i><i>. </i>Es una medicación <i>que se puede dar dentro de la hora posterior a un ACV. Es algo fuerte que puede hacer que todo remita sin dejar rastros ni secuelas, pero que también podía pasar todo lo contrario: que su cerebro se inundara de sangre. Tenía que decidir rápido si se la daban o no. </i><i><b>No había tiempo</b></i><i>. Los doctores me dijeron que le habían preguntado a mi marido, porque estaba lúcido, y que él había indicado que sí, que quería el remedio. </i><i><b>Yo tenía que decidir si firmar o no</b></i><i>. </i><i><b>Firmé</b></i><i>. No pasó ni media hora que me vinieron a anunciar que </i><i><b>César había muerto por un sangrado fulminante”</b></i><i>.</i></p><p>Era el 20 de agosto de 2021. César tenía 52 años y María, 48.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/PWSL4UWHRNH2DJBK4IBFPRDEZU.jpg?auth=d6c2cc1cccb87765ce876208ccca631ccd35e83268b0fa7bcd767b526ac44e5d&smart=true&width=897&height=1470" alt="El nogal en el colegio de Montevideo donde trabaja María. La rama que cortaron cuando murió César, su marido, quedó así, con un corazón estampado y nuevos brotes sobre la corteza" height="1470" width="897"/><h2>Episodio 2: la rama del nogal</h2><p><i>“Ese día mi vida volcó. </i><i><b>Con César llevábamos más de veinte años juntos. Éramos un tremendo equipo, muy compañeros</b></i><i>. Algo tan repentino, tan inesperado me paró mi vida en seco. No sabía qué hacer, dónde ir, me sentía muerta en vida. Solo recordar lo que sentí en esos momentos me angustia" —</i>dice y llora desconsolada—<i>. “Volví a mi casa con dos amigos desde el sanatorio. Los chicos cuando me vieron llegar no entendían nada y les tuve que decir lo que había pasado. Fue tremendo. La casa se llenó de gente y todo lo que implica un velatorio multitudinario. </i></p><p><i>Yo le había regalado entradas a César para que viera a Fito Páez con mis hijos el 22 de agosto. Les dije que fueran igual, que era como un homenaje a él. Después llevamos las cenizas a un balneario agreste y las tiramos en una cascada. Después de eso vino el peor dolor, </i><i><b>me vine abajo</b></i><i>. No comía. ¡El bolso que había traído de él del sanatorio lo tuve tres meses sin desarmar, al lado de mi cama! De su lado de la cama dejé por meses sus zapatillas. No podía tocarlas. </i><i><b>Dejaba todo en el lugar donde había quedado cuando él murió, como si él estuviera todavía</b></i><i>”.</i></p><p>María soñaba con que un sortilegio la despertara de la pesadilla. Pero nada de eso pasó. </p><p>Tuvo que empezar a trabajar de nuevo, a gestionar las cosas y a ocuparse de todo. En septiembre, cuando volvió al colegio, se enteró de que había que solucionar un tema con el nogal: <i>“La rama que había cortado Jeremías, el jardinero, chorreaba un agua pegajosa impresionante. No eran gotas, eran cataratas de líquido. Pusimos un balde que teníamos que cambiar dos o tres veces al día porque se llenaba. Lo llamé y me dijo que no podía ser tanto. Vino y no encontraba manera de que dejara de segregar líquido. Era rarísimo. Al punto de que Jeremías me dijo que</i><i><b> parecía algo del más allá… </b></i><i>Me quedé pensando en su frase. Pensé que por ahí sí, que </i><i><b>por ahí César tenía que ver con eso</b></i><i>. </i></p><p><i>Es curioso, pero al día siguiente fui hasta el árbol y le dije: ‘¡César, si sos vos no llores más por favor!’ Creer o reventar:</i><i><b> </b></i><i>a la semana había dejado de gotear y</i><i><b> en el lugar donde había serruchado la rama afloró un corazón marrón oscuro</b></i><i>. ¡Como si estuviera impreso!”. </i>Para María era una clara señal de la presencia de César.</p><p>Las fiestas del 2021 fueron angustiantes para María y sus hijos: <i>“Fue horrible porque encima de todo mi hijo se agarró covid y las pasamos encerrados. Cada uno en su cuarto”</i>, recuerda conmovida. </p><p>Su vida siguió por el sendero de la tristeza. Demoró un año y medio en tener la fuerza necesaria para sacar las cosas de César del ropero.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/M72NI7LOZND5NCG4MWJAQMJCDM.jpg?auth=595fb1b8a4c17e8b0dff6c01e6e3f64cd8ff0605b81eeefba6a6c286e8e8224d&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Tiempo después de la muerte de César, el padre de una alumna del colegio donde trabaja María, Carlos, se le acercó y comenzó a acompañarla cuando otro padre, enojado por el cierre de la institución a causa del covid, comenzó a hostigarla. (Imagen ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><h2>Episodio 3: el papá de una alumna</h2><p>Rodemos para atrás en el tiempo y vayamos a diciembre de 2019. Un papá de una alumna del colegio, Carlos, va a una entrevista con María y le cuenta que estaba pasando un momento bravo porque se estaba separando de su mujer. <b>María lo escucha con atención y él se siente contenido por ella</b>. Nada más que eso.</p><p>Entre 2019 y 2021 Carlos y María se vieron esporádicamente en la puerta del colegio y, durante la pandemia, en las reuniones por Zoom. </p><p><i>“Era un papá del colegio. Punto. Cuando murió César, él me mandó un mensaje cálido. Como muchos otros padres. Yo no reparé en él, para nada. Pero he aquí que en febrero 2022, en el colegio, todos nos enfermamos de covid y tuvimos que cerrar por varios días. Cuando reabrimos, en una reunión, apareció un papá muy enojado por el cierre y me empezó a patotear. Yo estaba vulnerable y me puse mal. Encima, al irme, vi que me seguía con su camioneta. Yo frenaba, él frenaba; yo arrancaba y él arrancaba. De pronto se me puso al lado y me gritó. Me asusté un montón. </i></p><p><i>En la puerta del colegio, al día siguiente, Carlos me preguntó cómo estaba por eso y le conté que me había seguido ese violento. </i><i><b>Él se ofreció a acompañarme con su auto detrás del mío</b></i><i>. Pudo verlo con sus propios ojos porque el tipo volvió a hacer lo mismo. Carlos me dijo que si las cosas seguían así iba a tener que denunciarlo. Y fue a hablar con el hombre. No tengo idea de lo que le dijo, pero dejó de perseguirme. </i><i><b>Fueron diez días los que Carlos me estuvo acompañando con su auto</b></i><i>. </i></p><p><i>De pronto teníamos más confianza, charlábamos de tonterías, pero yo no pensaba en nada más. Cuando ya todo había pasado Carlos me mandó un mensaje para decirme que </i><i><b>como se había solucionado el problema teníamos que celebrar, y me invitó a comer</b></i><i>. Le dije que no. Insistió y me pidió que lo pensara. Ya tenía una reserva en un restaurante. En esos días la psicóloga del centro me dijo que me había escuchado volver a reír mientras hablaba con Carlos. Le conté de la invitación y me insistió: </i><i><b>‘Tenés que ir, animate’</b></i>.<i> Acepté y salimos. </i></p><p><i>Comimos pescado. Me cayó bien. En la charla surgieron muchas cosas en común. Somos de la misma edad, nos gusta la misma música, era una catarata de coincidencias. Esa noche, cuando me llevaba a mi casa, me dijo que no quería que pensara que estaba loco pero que él, desde que había pasado lo de mi marido, </i><i><b>sentía que tenía que cuidarme</b></i><i>. Me sorprendí mucho. De alguna manera, él sin saber mi última charla con César, me estaba diciendo algo que coincidía con lo que mi marido me había dicho”, </i>relata María.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/LEMZZQSU6NB5FDQ3TLW3ATOBWI.jpg?auth=8d66e826562a5aa304fa854b7c44c0d245ed8bac61c0b3f9a243f7bad0778a1b&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Cuando María se libró del padre agresivo con la ayuda de Carlos, él la invitó a cenar para celebrar. Ella dudó pero finalmente aceptó. Esa noche él le dijo que sentía que debía cuidarla. (Imagen ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><h2>Episodio 4: el compañero “enviado”</h2><p>Lo que siguió a esa noche fue una intensa frecuencia de encuentros y mensajes por WhatsApp. Se veían dos o tres veces por semana. Él separado y ella viuda tenían mucho que contarse. Dolores, angustias, miedos e ilusiones.</p><p><i>“Otro de esos días me dijo que no lo tomara a mal pero que él sentía que tenía el mandato, desde algún lugar, de acompañarme. Que </i><i><b>creía que podía ser esa persona enviada por César</b></i><i>. Si bien él no había proyectado vínculos para su vida después del divorcio, me afirmó que sentía que quería saltar al agua y jugarse conmigo. Mi primera reacción fue negativa. Me pidió que le diera una chance. Fue entonces que confluyeron en mi cabeza varias cosas. Mi amiga psicóloga me decía que me animara, que total no tenía que ser algo definitivo sino simplemente un empezar a estar con alguien. Estaba muy confundida, no sabía si era un disparate o no lo era. Todavía estaba en carne viva. </i></p><p><i>Una noche llegué a casa tarde y mi hija me dijo: ‘Mamá, ¿en qué andás?’</i> <i>Le conté lo que me estaba pasando, desde el lugar del disparate. Ella, increíblemente para mí, me respondió: </i><i><b>‘Dale para adelante, mamá, probá, ¿por qué no? Es lo que papá querría’</b></i>. <i>Seguía dudando, pero ella me empujó: ‘Invitalo a comer el sábado a casa y nos conocemos todos. ¿Qué perdés con invitar a un amigo? Que venga con su hija de 4 años’. Le hice caso y lo invité. </i></p><p><i>Ese sábado estaba muerta de nervios, quizá lo que estaba haciendo era una locura. Carlos vino con su hijita de 4 años y nos trajo una planta de regalo y un ramo de flores. Era una comida familiar: yo con mis hijos y él con su nena. Resulta que yo tengo, en un mueble del comedor, un cuadro con César y mis dos hijos. A los 15 minutos de estar ahí la nena preguntó: ‘¿Quién es él?’, y lo señaló. Me quedé paralizada. Después de un cruce de miradas Carlos le respondió: ‘Él es César, el papá de Lucas y de Pía. Era el esposo de María, pero ahora está en el cielo’</i>.</p><p><i>-¿No lo vamos a ver? </i></p><p><i>-No, no lo vamos a ver, pero esta es su casa y su familia”.</i></p><p>La noche fue maravillosa y <b>la relación avanzó</b>, pero con todas las limitaciones que María había impuesto. Con sus tiempos y sin contacto físico, por lo menos al comienzo. <i>“Accedí a salir con él con un millón de condiciones al principio. Le dije que no quería contacto físico. </i><i><b>Me daba paz tener un compañero, pero ni yo sabía qué quería</b></i><i>. Aceptar el contacto era abrir una puerta a una relación, a un vínculo que no sabía cómo iba a seguir”, </i>reconoce.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/4TD2YR447NFL7BQEIKASYLU5NI.jpg?auth=38b5139882eef78add1bb6efa5d40a57a4d5262ce738519048e375e282801aea&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Después de dudarlo mucho, y por la insistencia de su hija que la alentaba en esa nueva relación, María invitó a comer a Carlos y a su hija pequeña a su casa, para que las familias se conocieran. (Imagen ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><h2>Episodio 5: la mirada de los otros y la propia</h2><p>La paz que sentía María por la contención encontrada en Carlos tenía un costado complejo: <b>el peso de la mirada de los otros sobre esta nueva relación</b>. La de aquellos que habían sido amigos de la pareja de María con César.</p><p><i>“Confié y sentí tanta paz que </i><i><b>estoy convencida de que la mano de César estuvo en todo</b></i><i>. Sin esa paz jamás me habría tirado al agua. Con César éramos una pareja llena de amigos cercanos. Sin embargo, ocurrió que tuve que enfrentar el rechazo total de muchos de esos amigos que no podían tolerar verme con otra persona. A mí me daba cosa la mirada de los otros. Me condicionaba muchísimo. </i><i><b>Lo que piensen los demás te puede coartar y alejar de un sueño</b></i><i>. Estuve a punto de dejarme manejar por esa mirada. ¡Eran mis amigos de toda la vida y me dieron la espalda! Dijeron que no podían aceptarlo. Hasta me juzgaron y me preguntaron si no me daba vergüenza lo que estaba haciendo. ¡Incluso algunos pensaron que la historia venía de antes! Fue muy feo perder amigos de esa manera brutal. </i></p><p><i>Lo increíble fue que cuando fui a contarle a la mamá de César, que había perdido a su hijo, lo que hizo fue todo lo contrario: me felicitó. Me dijo que </i><i><b>estaba contenta de que estuviera con alguien que caminara conmigo la vida</b></i><i>. Mi hija fue también un gran puntal que hasta llegó a defenderme diciendo que era buenísimo que yo tuviera esta oportunidad. Aunque Lucas sigue luchando con el duelo por su papá, mi hijo también entendió perfectamente. La familia de César fue tan amorosa que hasta nos hicieron un asado para conocer a Carlos. Eso neutralizó un poco a quienes me señalaron y me hicieron sentir mal”.</i></p><p>María comenzó terapia porque dice que <i>“el duelo no se acaba porque yo esté con alguien. No es que un clavo saca otro clavo. Pero hoy, gracias a Dios, </i><i><b>lo vivo bien acompañada</b></i><i>”.</i></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/SQK2JUERXNAZNGBKU6GDFYRL5E.jpg?auth=decfb8fbf81793f260fc77accbb3d8d0e15a142ccf8fd7a776dd9a232506f89a&smart=true&width=1920&height=1080" alt="A la hora de avanzar en su relación con Carlos, a María le pesaba la mirada de los demás: muchos de los amigos que tenía cuando era pareja de César le dieron la espalda, pero sus hijos y la familia de César la apoyaron y celebraron que caminara la vida en compañía. (Imagen ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p>Con Carlos ya comparten casa. Le pregunto por el lugar que tiene este nuevo amor en su vida: <i>“Esta relación es muy distinta a la otra, ¡porque yo soy otra! A veces, me desconozco. Estoy mirando este vínculo desde un lugar distinto. Con César todo lo hacíamos en familia. Con Carlos, con mis hijos ya grandes </i>[N. de la R.: su hija se recibió de psicóloga en 2022 y vive con su novio; Lucas vive con ellos]<i>, nos permitimos escapadas y hacemos cosas de pareja. Se me abrió un panorama diferente.</i></p><p><i><b>Siento que estoy viviendo otra vida, otra etapa, con otra persona</b></i><i>. Algunas cosas son mejores; otras, extraño. Tuve que transitar procesos de aceptación de los cambios y reprogramarme. Tanto que uno habla en la docencia de las familias ensambladas, ahora me tocó vivirlo. Carlos es un gran amor, pero es diferente. ¡A César lo nombramos como si estuviera! </i><i><b>Ya van cuatro años de duelo, así que me siento libre para amar a Carlos y tengo paz</b></i><i>. Lo que más me angustiaba era la mirada del resto, hoy por suerte me importa menos. </i><i><b>Siento que habernos encontrado fue algo milagroso</b></i><i>”.</i></p><p>María fue exigente para concretar la pareja con Carlos. Y él fue paciente. La vida sexual tuvo que esperar bastante para suceder: <i>“Para mí iba a ser como la constatación de que daba un paso más, real, hacia otra pareja. Además, ya no tenés el cuerpo de los veinte años. Insólitamente en ese tema descubrí cosas que no conocía, frecuencias que no manejaba, una manera de amor distinta y muy pasional. Eso me implicó sacudirme un poco los hábitos de carmelita descalza… “,</i> bromea.</p><p>Carlos tiene hoy 54 años, María, 52 y <b>ya hace dos años y medio que recorren la vida juntos</b>: <i>“Nos ocupamos mucho de nosotros dos. Este camino es algo novedoso para mí. Nos cuidamos, nos acompañamos y nos proyectamos por 25 o 30 años más”</i>. </p><p>Le pregunto si quiere decirle algo a otras mujeres en situaciones similares: <i>“</i><i><b>Mi consejo es que hay que saltar. Animarse a vivir</b></i><i>. El dolor no se va a ir nunca, pero ese dolor me trajo enseñanzas para cambiar y mirarme desde otro lugar. No hay que quedarse de brazos cruzados. Soy muy creyente y creo que todo lo que pasó es parte de esa red que maravillosamente me ha sostenido y que me fue mostrando que la vida puede tener mucho más para darnos de lo que creemos”.</i></p><p>*<i> Escribinos y contanos tu historia.</i> amoresreales@infobae.com </p><p><i>* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, sus nombres serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas.</i></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/R5AMSJXUSNE6TEL3XX7Y4UE22Y.jpg?auth=bda3062a7f61c781600a9275aede2c228421cd6aab73fa7116c6805e726cad38&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Antes de morir, César, su marido, le prometió a María que no la dejaría sola. Poco después apareció en su vida Carlos, con quien María comenzó una historia de amor y resiliencia. (Imagen ilustrativa Infobae)]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"></media:credit></media:content></item><item><title><![CDATA[Los tres amores tóxicos de un hombre que no podía descifrar a las mujeres que elegía: de la controladora a la mentirosa patológica ]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2025/08/03/los-tres-amores-toxicos-de-un-hombre-que-no-podia-descifrar-a-las-mujeres-que-elegia-de-la-controladora-a-la-mentirosa-patologica/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2025/08/03/los-tres-amores-toxicos-de-un-hombre-que-no-podia-descifrar-a-las-mujeres-que-elegia-de-la-controladora-a-la-mentirosa-patologica/</guid><dc:creator><![CDATA[Carolina   Balbiani]]></dc:creator><description><![CDATA[A los 36 años, Mariano hace un repaso de las relaciones que lo llevaron a buscar terapeuta y sentarse en el diván durante una década. Sabe que tuvo algo más que mala suerte. Decepcionado de su pasado amoroso, hoy siente que va por buen camino. “Tengo hecho un master en toxicidad”, asegura sin perder el humor]]></description><pubDate>Sun, 03 Aug 2025 04:35:14 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/E6PQGH5OVNA4NCYJSGQZAM6PZM.jpg?auth=f1c46caa7381922ffe828ce4fdb8ee3839bf108c29af7386f287fbd10581e182&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Con su primer amor, Carina, sintió que estaba en una película (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p>Mariano (36) llega a esta nota un poco decepcionado de los amores reales que le han tocado a lo largo de su vida: <i>“Quizá solo es que tuve mala suerte, pero me inclino a pensar que es mucho más que eso. La realidad es que </i><i><b>me pasé varios años de mi existencia eligiendo mal a la persona con la que quería estar</b></i><i>. Pésimo. Y, además, quedándome donde no debía por demasiado tiempo. Siempre esperando una especie de resurrección de la pareja que nunca llegaba. A veces, creo que nací con el corazón fallado, uno que no aprende a leer las emociones de la persona que tiene enfrente y tropieza permanentemente con la misma piedra”.</i></p><h2>La intensa compañera de banco</h2><p>La primera vez que Mariano sintió que le estallaba el pecho fue a los 16 años. Su compañera de banco, <b>Carina: lo miraba embobada</b>. Ser observado de esa manera prendió un incendio interno de pasiones en ese adolescente que se asomaba al mundo. Sin saber bien qué debía hacer, una noche en la casa de otros compañeros, se lanzó a la conquista y la besó. Para los dos fue <b>el primer beso.</b></p><p><i>“Yo era muy tímido y ella también parecía serlo. Estábamos desde hacía dos años compartiendo clase y nunca nos habíamos dicho nada. Cuando me percaté de sus insistentes miradas que me atravesaban fue que me atreví a avanzar. Todos los chicos me repetían que la tenía muerta, que hiciera algo y eso fue lo que hice esa noche en el patio de la casa de un amigo mientras el resto charlaba dentro. Hacía frío, nos sentamos en una hamaca paraguaya y nos abrazamos primero. Luego nos dimos unos besos. </i><i><b>Sentí que estaba como en una película</b></i><i>. El corazón no me cabía en el cuerpo y latía tan fuerte y rápido que me dio vergüenza porque pensé que ella podría escucharlo”</i>.</p><p>Siguieron dos meses con encuentros románticos y, en la primavera, el amor floreció. Se pusieron de novios más que nada por insistencia de ella. Carina tenía el pelo lacio, larguísimo y oscuro, y unos ojos penetrantes. Casi amenazantes. Mariano sentía que la amaba más allá de todo así que no dudó. </p><p>Fue durante el siguiente verano que empezaron a tener relaciones sexuales en la casa de Mariano los fines de semana, cuando sus padres y hermanos no estaban. </p><p><i>“No era fácil, pero buscábamos el momento. No me animaba a hacerlo en la casa de ella. Siempre estaban sus hermanas menores y sus padres parecían muy estrictos. Estábamos más cómodos en mi cuarto cuando la casa se vaciaba. Pensá que eso era veinte años atrás, no es como ahora que todo es más aceptado”</i>, relata Mariano. Fue más o menos ocho meses después que Mariano <b>comenzó a darse cuenta de que había abandonado su vida anterior</b>: sus amistades, el deporte, los partidos de ajedrez con su abuelo en Pergamino. Casi no viajaba con su familia al interior para visitar a los parientes y sus amigos hacían cola para reprocharle que se hubiera alejado y que no saliera con ellos a divertirse: “<i>No era que yo no quisiera ver a mis abuelos o estar con mis amigos. Es que tenía que elegir entre estar con Carina o con ellos. No encontraba el momento de hacerlo. </i><i><b>Estaba día y noche con ella</b></i><i>. Carina me reclamaba atención permanente y yo no sabía cómo decirle que tenía un programa que no la incluía. Siempre había un festejo, un mesario, algo que hacer con ella que impedía que yo hiciera otra cosa. No era que lo exigiera directamente, lo daba a entender. Yo con tal de no discutir, cedía. </i><i><b>Primero ella, después ella y siempre ella.</b></i><i> De hecho, en ese momento, lo único que seguía haciendo una vez por semana era jugar al fútbol los domingos a la tarde con un grupo del club, pero terminado el partido iba directo a buscarla. Con el tiempo hasta eso dejé de hacer. Perdí estado físico, engordé. Si me preguntás qué hacíamos todos los días, no sabría decirte bien. Absolutamente todos mis programas eran con Carina. Estábamos pegados como chicle. </i><i><b>Si osaba sugerir alguna salida sin ella, se ofendía mal.</b></i><i> Y costaba las relaciones sexuales. Con eso me manejaba. Me hacía entender que si era el novio tenía que estar al ciento por ciento. Si no, nada. Creo que fue algo tan paulatino a lo largo de los meses que no me dí cuenta hasta que casi me ahogué”</i>.</p><h2>Sacar la cabeza a flote</h2><p>Fue a mediados de quinto año que tuvieron la primera pelea seria. La familia de Carina atravesaba una grave crisis económica. Su padre se había quedado sin trabajo hacía un tiempo y, por eso, ella no iría al <b>viaje de egresados</b>. La estaban pasando mal. El colegio y los compañeros se ofrecieron a pagar su parte entre todos, pero los padres de Carina no quisieron aceptarlo. Les parecía una humillación. El problema fue que como ella no iba <b>esperaba que Mariano tampoco fuera</b>. Cuando vio que Mariano no desistía de la idea, le armó una escena de proporciones. Esta vez él reaccionó y no se dejó convencer:<b> por nada del mundo se perdería el viaje de egresados</b>.</p><p><i>“Le dije la verdad. Que sus padres no habían querido aceptar la invitación de la clase. Ella se puso a gritarme enloquecida diciendo que yo no entendía lo horrible que era no tener dinero y que para sus padres era una vergüenza que ella fuera sin pagar. Y siguió con que si yo, verdaderamente la amaba, tenía que ser solidario y quedarme. Me fui muy enojado por el lugar donde me había colocado. Esa noche hablé con mi hermano mayor y me dijo que estaba chiflado si no iba. Que era una neurótica que solo pensaba en ella. Que me fuera y después ya se vería. Al día siguiente le hice saber a Carina mi decisión. Ella lloró desconsolada y </i><i><b>como vio que no me podía manipular, me dijo que la relación se terminaba ahí</b></i><i>. No sin antes acusarme de querer viajar solo para chaparme a otras chicas y hacer la vida loca”.</i></p><p>Los padres de Mariano, que algo se habían enterado, quisieron hablar con él para explicarle que esa actitud de Carina no había sido normal, pero él no quiso escucharlos demasiado y les dijo que era su vida, que la manejaría a su manera. </p><p>Estaba shockeado, pero se fue de todas maneras.<b> Disfrutó poco</b>. Tenía culpa y miedo a perderla.</p><p>A la vuelta ella lo llamó. Después de quejas y más quejas de parte de Carina, se terminaron arreglando. Pero comenzó una etapa distinta donde ella le pasaba facturas: desconfiaba de lo que le decía, no lo dejaba ir a jugar al fútbol en el club y, <b>cuando él comenzó el ingreso a la facultad, todo empeoró</b>. </p><p>Ella no había decidido qué estudiar y él se había anotado en ingeniería. Un día, al salir de cursar, la vio en la parada del colectivo de enfrente. Cruzó y la encaró. Ella dijo que había ido hasta allí para sorprenderlo: <i>“Sentí que la verdad era que me estaba espiando, que quería ver si hablaba con alguna chica o si salía charlando con alguien. ¡Andá a saber cuántas veces lo hizo y yo no me dí cuenta! Esa tarde </i><i><b>me cayó, por fin, la ficha de que ella estaba muy mal,</b></i><i> que era una persona tóxica. No me quería como novio, ¡quería ser mi dueña! Yo era una posesión. No sé cómo pude, pero junté fuerzas y consejos de amigos y me planté. Una de esas noches de discusiones eternas terminé la relación. </i><i><b>Ella estaba en pleno ataque de histeria y me agarró de los pelos.</b></i><i> Fue horrible. Me fuí de donde estábamos casi corriendo y con alivio”.</i></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/VXF4E5BFFFDZ5JAF67LTV2GN5Y.jpg?auth=fbd35ed394803adc042b2b2c164510f85d8f48aaf4f01afcb6f86bf2502587a4&smart=true&width=1920&height=1080" alt="En la discusión, a Carina le dio un ataque de nervios y le tironeó de los pelos (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p>Mariano no retrocedió y mantuvo su decisión. Su familia fue el sostén del que se agarró en esos tiempos.</p><h2>Amor en una grilla</h2><p>Fue en la facultad que conoció a Silvina. Seria, jamás una sonrisa, re concentrada, super estudiosa.</p><p><i>“No sé qué me atrajo de Silvina, supongo que su brillantez y su dedicación. Su claridad para saber a dónde iba. Una mina decidida, con horizontes claros. Vivía sola, era del interior como parte de mi familia, de bajo perfil. Se acomodó bien a mi gente, pero lo raro de ella era que </i><i><b>no tenía amigas. Ni una sola</b></i><i>. Visitaba a sus padres cada quince días exactos y a su único hermano no lo veía porque estaban peleados a muerte. Era una persona un poco hosca, pero parecía interesante. El problema era su</i><i><b> obsesión por tener las cosas bajo control</b></i><i>. Todo tenía que entrar en su grilla y en su lista de objetivos posibles. Increíblemente en ese check list entré yo. A partir de ahí me convertí en una obsesión más por controlar. Otra vez lo mismo, aunque de distinta manera. Esta relación tenía horarios fijos para todo. Días para salir, días para tener relaciones sexuales, horario para descansar y para estudiar… </i><i><b>Todo estaba reglado</b></i><i>. Nuevamente, a los meses, empecé a sentirme asfixiado. No daba más. Mis amigos se reían de mis problemas, decían que iba de mal a peor con las novias. Silvina era una persona que no gritaba, ni lloraba, pero que podía tener gestos de gran violencia. Se encerraba como una ostra, bajaba la mirada y podía romper algo, revolear cosas o pegar un portazo que parecía que la casa se venía abajo. Yo ya vivía solo por suerte. Lo cierto es que </i><i><b>no estaba enamorado,</b></i><i> solo me sentía acompañado. Pero puse en la balanza lo que sentía y pude ver el lío en el que me había metido. Otra vez junté valentía y le dije de tomarnos un tiempo. Un tiempo que yo sabía era definitivo. ¿Podés creer que no dijo nada? Solo me miró con un odio que casi podía tocar”, </i>rememora.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/YH6VFUXUCFABHN5GWUQ5YHW4AM.jpg?auth=97cc1f1ec2b46652e398f8486f831bdb371e267aa0369a02614d4a0e8370e0ce&smart=true&width=1920&height=1080" alt="De Silvina le atraía su brillantez en la universidad y su actitud ante la vida (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p>Silvina había quedado llena de rabia y se la seguía topando en los pasillos de la facultad. Supo que ella habló mal de él en todos lados, que había contado mentiras sobre la relación, que l<b>o había acusado de ser violento</b> y que llegó a decir que él la había zamarreado. </p><p>Mariano optó por mantener la calma. Sabía que enfrentarla no serviría de nada. Era una mujer reconcentrada y herida que buscaba lastimarlo, destruir su imagen. Perdió amigos que le creyeron a ella pero, poco a poco, pudo retomar su vida.</p><h2>La tercera no es la vencida </h2><p>Por un tiempo se alejó de las mujeres:<i> “Mejor solo que mal acompañado, me decía siempre a mí mismo. Estaba harto de que me quisieran manejar”.</i> </p><p>Fue en el trabajo, unos cuatro años después, que apareció la tercera mujer de su vida: <i>“Luciana era una rubia de rulos, petisa, entradora, simpática, chamuyera. Le caía bien a todos.</i><i><b> Ella fue la peor de mis historias porque caí enamoradísimo</b></i><i> y supo armar una telaraña a mi alrededor atrapante, de la que no pude despegarme con facilidad”.</i></p><p>Las cosas con ella fluyeron. Conocieron a sus respectivas familias. Todos felices. Parecía que, por fin, <b>había dado con la chica </b><i><b>“correcta”</b></i>. Se mudaron juntos y los primeros tiempos resultaron maravillosos. Hasta que un día pasó lo inesperado. Mariano la pescó en una mentira sobre sus estudios. No se había licenciado como le había dicho. Ella adujo vergüenza, él perdonó. Al tiempo, descubrió que aquel romance del trabajo anterior con un jefe injusto… no había sido cierto. <i>“Fue de casualidad. Ella era tan dicharachera que siempre hablaba de más. </i><i><b>Al principio pensé que eran simples malos entendidos</b></i><i>. A una amiga se le escapó que del trabajo anterior la habían echado por inventar un romance con ese tipo. ¡Imaginate! Cuando le pregunté qué era lo que de verdad había pasado me explicó que había sido una broma, un desafío entre amigos, que había terminado mal y siguió hablando de cualquier otra cosa, como si nada. Yo me lo creí. Quise creerle”,</i> afirma Mariano.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/NHA2CQQYJRCTVAMICTLA6523JI.jpg?auth=9b6b52c33fd270141ccd57b6ed2d26679f0dd4f73a24fa09d401307b52cebb84&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Mariano conoce a Luciana en el trabajo (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p>Ya vivían juntos cuando un día Luciana apareció llorando. Le dijo que tenía una enfermedad grave. </p><p><i>“Se había ido a hacer un chequeo médico y me dijo que le había dado mal no sé qué valor en sangre. Así me tuvo, sin explicarme, mucho y esperando resultados de distintos estudios que decía se estaba haciendo. Yo pensaba que se estaba alarmando por alguna pavada, que seguro no sería nada. Pero ella se mostraba cada vez más nerviosa al ver que yo intentaba tranquilizarla y bajar los decibeles. Por otro lado, </i><i><b>no me dejaba ir con ella a los especialistas.</b></i><i> Decía que prefería estar sola con los médicos, que cuando hubiera un diagnóstico claro me lo iba a decir. Fueron dos meses y medio o tres de espanto y angustia. Pero, otra vez, la casualidad me avivó. Me crucé con un compañero de trabajo de ella por la calle y aproveché para comentarle mi preocupación por su salud. Me miró como si yo hubiese caído de la estratósfera y medio tanteando me dijo: Flaco, perdoná que te diga, pero </i><i><b>¿vos sabés que es medio cuentera tu novia, no?</b></i><i>. Me quedé helado. Quise indagar más y le pedí que me contara por qué decía eso, que me venía bien saberlo porque me sentía perdido. Me parece que se apiadó de mí, me vio desamparado frente a la locura: </i>¿No notaste todos los cuentos chinos que inventa? Vive diciendo cosas estrafalarias para llamar la atención. ¿No me digas que no te diste cuenta? Si no es una enfermedad mortal, es un intento de abuso sexual, o es el robo de una compañera de trabajo o es el jefe que la odia porque ella lo descubrió en una manganeta… ¡Siempre tiene algo distinto que decir para armar bardo!”<i>. </i></p><p>A Mariano se le cayó la mandíbula. Era la primera vez que alguien que no era amigo le decía abiertamente que, su carismática novia Luciana, mentía descaradamente. El amigo del trabajo pidió discreción y aseguró que le contaba esto por su bien. Mariano siguió camino sin prestar atención a nada. No recuerda cómo cruzó ni cómo llegó a su casa. <b>La cabeza enhebraba mil recuerdos, uno tras otro… mil historias increíbles, mil anécdotas raras. ¿Serían cuentos? </b></p><p><i>“Otra vez caí en el error de confrontarla y ella me dio vuelta como una media. Yo era un nabo. Elegí creerle, como siempre, y dejé todo como estaba. Ganaba el amor, perdía la cordura. Y al tipo del trabajo lo acorraló, no sé qué habrá pensado el pobre de mí”, </i>reconoce.</p><h2>La verdad desnuda y el balcón</h2><p>Luciana siguió con el tema de su endeble salud y hasta lo convenció de que tenía que hacer “una quimioterapia preventiva” por un posible cáncer de mama. Faltaban más estudios. Había que esperar un poco más. Mariano no pidió pruebas. Solo puso el oído. Creía que la familia de ella acompañaba.<b> Del tema oncológico, por expreso pedido de Luciana, no se hablaba con nadie.</b> </p><p>Estaba atrapado como una mosca en la red de una araña voraz. Enamorado de su victimaria.</p><p>De más está decir que todo resultó otro embuste. Y que destaparlo fue obra de un amigo de Mariano que, viendo a su amigo vencido, decidió investigar por su cuenta en el sanatorio donde supuestamente se atendía Luciana. Nada. Habló con la madre de Luciana a ver si sabía algo de lo que pasaba con su hija, tampoco. Estaba convencido de que era un cuento más.</p><p>Cuando esa noche Mariano le sugirió a Luciana que podía ser una mentirosa patológica, ella reaccionó abriendo la ventana del balcón y diciendo a los gritos:</p><p><i>“¿No me crees? ¿No me crees? ¡¡Sos un hdp que preferís escuchar al resto!! ¿Qué tengo que hacer para que vos me creas? </i><i><b>¿Tirarme del balcón para morirme antes?</b></i><i>”</i></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/G2UT3QIJIBCJNMF5WTRWSBGYSM.jpg?auth=bb7d953b6cd8a2b56999ca7a3517ddae56ed68225356138ab38dfaf445580f9a&smart=true&width=1920&height=1080" alt="La amenaza de suicidio de Luciana ayudó a Mariano a despertar de la pesadilla (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p>En la telaraña ella era una equilibrista perfecta que prometía vértigo ante una posible caída al vacío.</p><p>La amenaza del suicidio, sin embargo, despertó a Mariano de su pesadilla. No se apiadó y buscó consejo de sus padres.<b> Se separó y buscó un terapeuta.</b></p><p><i>“Era el último porrazo que estaba dispuesto a darme. Necesité diez años de terapia para poder aprender a escucharme y tomar conciencia de lo que significa elegir a alguien que te haga bien. Mi familia estuvo siempre. Volví a vivir y, a pesar de algún resquemor, creo que hoy tengo las herramientas necesarias para no volverme a equivocar y para </i><i><b>poder ver a la mujer que tengo enfrente</b></i><i>. Hace tres meses que estoy en una nueva relación y me siento, podría decir, feliz. Es una persona buena y equilibrada. Está divorciada y tiene una hija de cinco años. Todavía no convivo, pero</i><i><b> siento que voy por buen camino.</b></i><i> No me presiona, no me pone entre la espada y la pared, me espera, me escucha y me ama. Si me preguntás… ¿Miedo? Mucho. ¿Temores? Todos. ¿Desconfío? Intento ver, observar, más que creer. Tengo hecho un master en toxicidad y creo que ya conocí a todos los personajes dañinos que me tocaban en la película de mi vida. Veremos si esta vez estoy con la mujer indicada para tener hijos, me muero de ganas, y con quien envejecer con paz y sin oscuridades”.</i></p><p><i>*Escribinos y contanos tu historia. amoresreales@infobae.com</i></p><p><i><u>* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas</u></i></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/NHA2CQQYJRCTVAMICTLA6523JI.jpg?auth=9b6b52c33fd270141ccd57b6ed2d26679f0dd4f73a24fa09d401307b52cebb84&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Mariano conoce a Luciana en el trabajo (Imagen Ilustrativa Infobae)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Un viejo diario íntimo, un sueño premonitorio y el secreto de los ojos de la mujer de su vida, tres años antes de conocerla ]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2025/07/27/un-viejo-diario-intimo-un-sueno-premonitorio-y-el-secreto-de-los-ojos-de-la-mujer-de-su-vida-tres-anos-antes-de-conocerla/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2025/07/27/un-viejo-diario-intimo-un-sueno-premonitorio-y-el-secreto-de-los-ojos-de-la-mujer-de-su-vida-tres-anos-antes-de-conocerla/</guid><dc:creator><![CDATA[Carolina   Balbiani]]></dc:creator><description><![CDATA[Su primera novia oficial no lo tenía enamorado en un principio. Sus prioridades eran otras, el fútbol y los amigos. Hasta que un día, inesperadamente, se descubrió sufriendo por ella. Los escritos para desahogar su dolor que anunciaron la llegada de Norma, la mujer de su vida mucho antes de conocerla. “Anoche soñé con unos ojos bellísimos”, narró]]></description><pubDate>Sun, 27 Jul 2025 04:38:50 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/XJK4AJE7PNFSTBWG6FQIRW7F7E.jpg?auth=14c0aa2e354516ad1da271c4b000f3531b62292b2c7ca05431c7e32c4e76312f&smart=true&width=2272&height=1704" alt="Luis y Norma, la mujer de su vida, dueña de los ojos verdes con los que soñó" height="1704" width="2272"/><p><i>“En aquella etapa de mi vida, con 23 años, nunca había tenido todavía una novia oficial, trabajaba en una empresa del estado, estudiaba ingeniería y jugaba al fútbol. En ese momento mis intereses no pasaban por las chicas sino por otro lado”</i>, relata Luis Masci (cordobés, hoy 67 años) al hilar sus recuerdos y desgranar su historia con Infobae: <i>“Un día cualquiera vino a visitarme Miguel, mi mejor amigo, quien se había casado hacía muy poco. Me dio un</i><i><b> osito de peluche </b></i><i>y me dijo que me lo mandaba su cuñada Adriana por mi reciente cumpleaños. Era algo extraño y, al rato, tuvo que reconocer que su cuñada me había fichado… ¡y que esa era su forma de hacérmelo saber!”.</i> Fichar, en esos años, significaba que ella lo había puesto bajo su mira.</p><p>Adriana tenía 21 años. Luis la conocía, pero no le había prestado especial atención.<i>“Era una linda chica, pero la verdad es que no había pensado en ella nunca desde un punto de vista sentimental. Hasta esa ocasión…”,</i> reconoce. Se quedó pensando que si ella le tiraba onda <b>podría valer la pena conocerla un poco más</b>: <i>“¿Por qué no intentar algo?,</i> me dije, <i>“Después de todo quería tener una novia y lo que ello podría implicar. Concertamos una salida. Fuimos a un boliche de donde salimos siendo ya novios esa misma noche. Lo cierto es que yo no sentía demasiado, no tenía sentimientos intensos, pero ella sí parecía sentir mucho amor por mí. Me cuidaba, me mimaba y me daba afecto. Al fin y al cabo </i><i><b>me gustó tener una linda chica a quien poder presentar como “mi novia” </b></i><i>y estar acompañado. Sin embargo, debo aclarar que ella no constituía de ninguna manera una prioridad para mí. Quiero decir: si tenía que elegir entre juntarme con mis amigos o salir con ella, prefería lo primero. Tampoco dejaba de lado un partido de fútbol aunque para eso tuviese que cancelar una cita con Adriana. Era frecuente que pasáramos varios días sin saber uno del otro. Las comunicaciones no eran fluidas en esa época y</i><i><b> las distancias parecían mucho más lejanas</b></i><i> que lo que se percibe en la actualidad. Un día desesperada por encontrarme llamó por teléfono a mi trabajo. Yo era empleado en una fábrica de aviones mientras estudiaba ingeniería. Parece algo intrascendente para los jóvenes de hoy, pero en la década del 80 llamar a alguien por teléfono era una proeza. Por empezar, no teníamos todos teléfonos en nuestros hogares. En mi trabajo solo había uno. Por supuesto que cuando llamó se enteró todo el mundo porque tuvieron que localizarme para que atendiera el teléfono. Fue un alboroto por una tontería, porque no pasaba nada grave. Solo que </i><i><b>ella se sentía insegura de mi amor</b></i><i> y había llamado para escucharme la voz y saber algo de mí. Adriana me reprochaba siempre mi conducta, decía que sentía que era ella quien estaba detrás mío y que yo no le prestaba toda la atención que una novia merecía”. </i></p><p>Luis continúa relatando: “<i>Con el tiempo, luego de muchas actividades juntos y de intimidad compartida, la fui sintiendo como una verdadera </i><i><b>compañera de vida</b></i><i>. Me acostumbré a su forma de ser, a sus caricias, a sus cuidados. Claro que teníamos grandes diferencias: ella era muy religiosa y yo no; ella era apegada a las tradiciones y formalidades, yo era todo lo contrario”.</i> Las diferencias existían y ambos eran conscientes de ellas, pero lograron sobrellevarlas. El noviazgo siguió adelante durante más de un año y medio.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/WFOZ6RUA2FB5VE552SC4HRMFRA.jpeg?auth=ea8784899a6a6c0da44e475517a7c6945866db3d01af56d6906a85c22d0dc4a2&smart=true&width=6048&height=4024" alt="Con el tiempo Adriana se transformó en una compañera de la vida (AdobeStock)" height="4024" width="6048"/><h2>Rendido ante los sentimientos</h2><p>Ambos vivían en la ciudad de Córdoba y corría el año 1981 cuando Adriana empezó a insistir con que debían comprometerse y poner fecha para el casamiento. </p><p>Luis fue obediente: <i>“Aprovechamos la reunión familiar de fin de año, para anunciar nuestro </i><i><b>compromiso</b></i><i>, con anillos incluidos. Dijimos que nos casaríamos quizá en unos seis meses. Así oficializamos nuestro noviazgo. En realidad, muy dentro de mí, sentía como imposible el matrimonio en un plazo tan corto como habíamos planteado. No teníamos dónde vivir, ni electrodomésticos, ni muebles, ni dinero suficiente. ¿A dónde iríamos? ¿A vivir con nuestros padres? No parecía una buena idea. No obstante, seguimos adelante. Ella para mí no había sido hasta ese momento, como ya te conté, una prioridad en mi vida diaria, ni cerca de eso”.</i></p><p>Llegó enero del ´82. Se fueron juntos de vacaciones y pasaron unos días maravillosos en la <b>casa de campo de los padres</b> de Adriana en Tanti, a 60 kilómetros de la capital cordobesa. Eso cambió la atención de Luis hacia ella de manera radical.</p><p><i>“Por la mañana íbamos de compras al pueblo cercano, las tardes las pasábamos en la playa al lado del río y las noches con la frescura de las montañas y el olor a campo. ¿Quién no iba a caer enamorado en medio de semejante naturaleza y tan bellos paisajes? Creo que ahí </i><i><b>fue cuando me sentí enamorado por primera vez </b></i><i>y realmente ligado a su corazón. De allí en más ella sería mi prioridad ante todo”.</i></p><p>Luis había caído rendido en los brazos de su novia.<i> </i>Se entregó por completo pero, contra todos los pronósticos, los planes de casamiento se fueron postergando. La fecha quedó en el aire y ella dejó de insistir con la boda.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/ARMNE27LEVC63JVWOUZYMPBTPA.jpg?auth=29446d1c0a7fdd3e63692480ac964ac208fed1639c2bbb93553e812615085622&smart=true&width=1456&height=816" alt="En la casa de campo de los padres de Adriana Luis se sintió por primera vez enamorado (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><h2>Asoma el desinterés</h2><p>Fue después de ese verano idílico que Adriana comenzó a mostrarse distinta. Muy diferente a cómo había sido hasta entonces.</p><p><i>“Ella, por fin, había empezado a ser el foco de mis atenciones, pero curiosamente de manera paulatina fue perdiendo interés en mí. No me di cuenta en ese momento, fue un proceso sumamente gradual. Cuando lo noté, ya era demasiado tarde. ¿Alguien sabe cómo se llamará ese fenómeno tan común en psicología? ¿Cuando alguien se muestra distante es interesante y cuando se acerca deja de serlo? Había una vieja canción justo con esta temática que me recuerda lo vivido ese tiempo: </i>Por tenerte conmigo me desespero, pero si te acercas me alejaría<i>”. </i></p><p>Luis parece tímido y de pocas palabras, pero para hacerme recordar la canción la canta en el teléfono sin cohibirse. Entona bien y sabe la letra. Al mismo tiempo <i>googleo</i> y le digo que la web afirma que es de Horacio Guarany. La estrofa dice: “(<i>...) no quisiera quererte pero te quiero</i></p><p><i>ese castigo tiene la vida mía</i></p><p><i>por tenerte conmigo me desespero</i></p><p><i>pero si te acercas me alejaría…”.</i></p><p>Para Luis esto configura una paradoja que suele afectar a muchos, tanto a mujeres como a hombres: <i>“Resulta que cuando yo no le daba pelota, ella me buscaba y </i><i><b>cuando, por fin, estuve ahí para ella, todo pasó a ser al revés.</b></i><i> Lo cierto es que cuando llegó el invierno ya había empezado a notar su distancia. De pronto descubrí que le molestaban cosas mías que siempre habían estado ahí y que las diferencias que habíamos sobrellevado tan bien se habían vuelto infranqueables ante sus ojos. Su desinterés ya era evidente. Una noche fui a esperarla a la salida del instituto de inglés donde estudiaba. Se mostró fría y apática. Lejana. No le alegró verme. </i><i><b>Me dijo que yo había cambiado mucho, que ya no le despertaba nada. </b></i><i>Para mi sorpresa me di cuenta de que la estaba perdiendo. Unos días después me mandó una carta donde decía que había terminado conmigo. Me desesperé aunque ya hacía tiempo que Adriana me había dado claras señales que yo no supe o no quise ver: había dejado de mimarme, de consentirme”. </i></p><p>Luis creía que el amor que se declaraba como incondicional tenía como característica intrínseca ser eterno. Le costó aceptar que estaba equivocado, pero no tuvo más remedio:<i> “</i><i><b>Nunca pensé que su amor podría cambiar. Creí que siempre la tendría enamorada a pesar de que no la mereciera.</b></i><i> Erróneamente estaba convencido de que si a pesar de mi primer desapego ella me había sido fiel, mucho más lo sería ahora cuando yo le estaba expresando todo mi amor. Estaba en un error”.</i></p><p>No hubo retorno. Fin para Luis y Adriana.</p><h2>Soñar el futuro: los ojos del amor</h2><p>Luis quedó desolado, como nunca pensó que podía estarlo. Con la idea de mitigar sus penas comenzó a escribir un diario personal:<i> “No era un diario en el estricto sentido de la palabra, no escribía todos los días sino cuando tenía tiempo y ganas de hacerlo. Eso me duró algunos meses. Como con todo, la vida pasa, </i><i><b>las penas se van desvaneciendo</b></i><i> y uno sigue su camino”. </i>Con el tiempo Luis dejó de escribir y de llorar por aquel amor y Adriana empezó a desdibujarse y se convirtió en un recuerdo.</p><p>Tres años después él se volvió a enamorar. La elegida fue una joven llamada <b>Norma</b> a quien conoció en un baile en Villa Retiro, en las afueras de la capital cordobesa. Lo que más le impactó a Luis fue su mirada verde coloreada con puntitos color caramelo. <b>Se casaron en 1986. Con ella tuvo dos hijos que hoy tienen 34 y 36 años.</b> Un amor largo, una compañera de vida hasta el día de hoy.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/RG365IACZFEEHHUBXIRVFBE3BE.JPG?auth=0c3d963a31053e7bd8224cae13bde8f78d1f77c842fee83e507a20cd09088327&smart=true&width=2272&height=1704" alt="Lo que más le impactó a Luis de Norma fueron sus ojos verdes " height="1704" width="2272"/><p>Hace unos meses, ordenando cosas en su oficina, Luis se tropezó con algunas páginas sueltas de aquel diario donde había enterrado sus penas. Resultó toda una sorpresa porque no recordaba casi nada de lo que ahí leía.</p><p><i>“Lo encontré por casualidad. Lo tenía olvidado en un viejo escritorio. Me puse a leer algunos pasajes al azar. Había olvidado muchísimas cosas. De pronto llegué a una página donde me quedé petrificado. Decía lo siguiente: </i><b>Anoche soñé con un par de ojos bellísimos.</b> Unos ojos verdes con pintitas marrones que veía con una inusual nitidez para un sueño. Pensé que como es habitual para estos días, que era otro sueño relacionado con Adriana, pero no podía ser porque sus ojos aunque bellos, eran pardos y bastante comunes. No sé de donde salió en mi sueño este par de ojos tan bellos con pintitas.”</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/XJMKE47USNDDXPGYBDNOK3RUNU.jpg?auth=ca8a4d77247069ecaa0d13bf289312493e76441fbdd23f3fbbf6dcb1b343ad05&smart=true&width=1440&height=1410" alt="Luis quedó shokeado al leer lo que había escrito tres años antes de conocer a Norma" height="1410" width="1440"/><p>Luis estaba shockeado. No recordaba para nada esas palabras garabateadas en las páginas amarillentas de su juventud. No tenía registro de que las había escrito y, mucho menos, tenía presente aquel sueño tan gráfico. <i>“¿Por qué mi perplejidad? Porque no eran los ojos de Adriana, pero en cambio la descripción de esos ojos verdes con pintitas oscuras corresponde exactamente a los de quien es hoy mi esposa, Norma. El tema es que, al momento del sueño que registré en mi diario personal, </i><i><b>faltaban todavía tres años para que conociera a mi mujer.</b></i><i> ¿Premonición? ¿Casualidad? ¿Futurología? No lo sé. No tengo idea cómo llamarlo. He escuchado que </i><i><b>los sueños muchas veces encierran misterios que los humanos no pudimos todavía descifrar</b></i><i>. Es un verdadero misterio. No soy religioso, soy agnóstico, así que no encuentro explicación por ese lado. Pero lo que es cierto es que gracias a mi viejo diario descubrí el secreto de los ojos de mi mujer quien fue el amor real de mi vida”.</i></p><p><i>*Escribinos y contanos tu historia. amoresreales@infobae.com</i></p><p><i><u>* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas</u></i></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/AYBOULE7UZGOPDEML7ZFQO4UMY.jpg?auth=bffec4aabe08667a38b90e361df6ffac30b7da7bdfab21394060ee4fc864d49a&amp;smart=true&amp;width=671&amp;height=378" type="image/jpeg" height="378" width="671"><media:description type="plain"><![CDATA[(Imagen Ilustrativa Infobae)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Se enamoraron en la adolescencia y sellaron su relación con un pacto de sangre que duraría poco: un amor que nunca terminó de ser]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2025/07/20/se-enamoraron-en-la-adolescencia-y-sellaron-su-relacion-con-un-pacto-de-sangre-que-duraria-poco-un-amor-que-nunca-termino-de-ser/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2025/07/20/se-enamoraron-en-la-adolescencia-y-sellaron-su-relacion-con-un-pacto-de-sangre-que-duraria-poco-un-amor-que-nunca-termino-de-ser/</guid><dc:creator><![CDATA[Carolina   Balbiani]]></dc:creator><description><![CDATA[Tito y Lilia se conocieron cuando ella se mudó a la cuadra en la que vivía él. Primero fueron amigos hasta que una noche, bajo la luz de la luna llena, él se le declaró y comenzaron un noviazgo que prometieron sería eterno. La felicidad fue breve: a los diez meses él le dijo que se marchaba a Viedma a estudiar. Y aunque procuraron escribirse y sostener la relación, ese fue el principio del fin: el primer desencuentro de muchos que vendrían]]></description><pubDate>Sun, 20 Jul 2025 05:43:52 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/HDCHDAAIJNHCJM3Q3Y2E4QGQMA.jpg?auth=f15345e2328f600cf535af809a93340e9080635267c610cb68e922cff73116d0&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Lilia y Tito se conocieron en 1973, cuando ella se mudó a la misma cuadra en la que vivía él. Lilia tenía 15 años y Tito, 18. (Imagen ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p>Tenían 15 y 18 años cuando una noche, emborrachados por el sentimiento que los recorría, dijeron que <b>sellarían un pacto indisoluble</b>. Estaban en la plaza del pueblo y hacía mucho calor. En ese escenario Lilia y Tito pincharon sus pulgares en la oscuridad y mezclaron su sangre. Ese acto era para ellos <b>el símbolo de un amor eterno</b>.</p><p>La vida se encargaría de demostrarles luego que las pasiones adolescentes no suelen durar para siempre y que <b>el camino del amor puede estar inundado por infinitos cardos</b> <b>o interrumpido por vados infranqueables</b>. Pero lo cierto es que el recuerdo de esa noche y de tantas otras alimentó por décadas la imaginación de Lilia y la ayudó a sobrellevar los sinsabores de lo cotidiano, de lo no elegido a conciencia, de la decepción. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/5BUJLGNWU5F5HMGXPNDXHZDC24.jpg?auth=195a184819a75d113f5d99be8dc23419dd2739aa64715d3cc0f92fb6b25a2d27&smart=true&width=1456&height=816" alt="Lilia y Tito eran adolescentes enamorados cuando decidieron hacer un pacto de sangre para sellar su amor. (Imagen ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><h2>El primer novio</h2><p><i>“Nací en el 58 y era la del medio de siete hermanos. Mi papá era policía y mi madre un ama de casa dedicada a nosotros. Mi primera infancia transcurrió en Tupungato, entre nogales y jugando a las escondidas. Después nos mudamos a una zona residencial de la ciudad de Mendoza y justo </i><i><b>en la misma cuadra vivía Tito</b></i><i>. Era 1973, yo tenía unos 15 años y él 18. Su papá acaba de morir y su madre, que era profesora de dactilografía, le daba clases a mi hermana mayor. Un día empecé a ir yo también a la casa y fue entonces que lo vi… Tito quería entrar al comedor y aunque su madre le decía que no, que estaba ocupada, lo hizo igual. </i>Al poco tiempo <b>éramos amigos y nos juntábamos con todos los chicos del barrio</b>. Nos divertíamos mucho”, relata Lilia sobre esos años felices. </p><p><b>Fue la noche del 1 de abril de 1974 que Tito dio un paso más</b>. La invitó para que lo acompañara a buscar un traje a la tintorería. Resultó que el lugar ya estaba cerrado. Siguieron caminando sin rumbo, <b>perdidamente adolescentes y enamorados</b>.</p><p><i>“Mientras andábamos bajo la luna llena me propuso ser su novia. Hacía mucho calor. Tito me recitó</i>: ‘En el cielo las estrellas, en el campo las espinas, y en el centro de mi pecho una chica llamada Lilia. <b>¿Querés ser mi novia?</b>’.<i> Le dije que sí, feliz. Ya eran cerca de las diez de la noche cuando empezamos el camino de regreso a mi casa. Imposible olvidarme de los detalles porque era tardísimo y cuando estábamos llegando vi venir a mi papá. Estaba esperándome afuera, enfurecido. Me dijo: '</i>Estas son horas en que las señoritas no andan por la calle’.<i> Y me mandó a entrar.</i> <i>Tito no se quedó callado y pasó para explicarle lo que había pasado. Le contó lo de la tintorería y que bueno, que después se me había declarado y que ya… </i><i><b>¡éramos novios!</b></i><i> Mi papá reaccionó muy tranquilo, le respondió que bueno, que estaba bien, pero que los días de visita serían los martes, los jueves, los sábados y los domingos”</i>, recuerda a carcajadas Lilia.<i> </i><i><b>“Fue mi primer amor y mi primer novio. No hubo sexo, pero sí muchos besos”</b></i><i>.</i></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/PGGAS6YFCVG4JNN3Y2AI543E2U.jpg?auth=f5491f1ac290b29ba9be12a584248db0e921dc02625c82408d15f1ac025e42f5&smart=true&width=1456&height=816" alt="Una noche de abril de 1974, caminando por el barrio en el que vivían, Tito se le declaró. Lilia no olvidaría jamás los detalles de ese momento en el que se convirtió en su primer novio. (Imagen ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><h2>Pacto rojo y la despedida</h2><p>Canciones románticas, salidas a bailar, varios “te amo” gritados a los cuatro vientos frente a todos. <b>Una época dorada que para Lilia tiene perfume, tacto y que está iluminada por los bellos ojos verdes de Tito</b>. Un tiempo que también tiene música de la época y suena como Camilo Sesto o se mece al ritmo de Mocedades con <i>Eres Tú</i>. <b>La etapa más dulce y tierna que Lilia vivió jamás duró diez meses</b>. </p><p>La idea fue de ella. Una noche llevó una aguja —esterilizada, aclara— y le propuso a Tito pincharse los pulgares <i><b>“para sellar nuestro amor</b></i><i> </i><i><b>mezclando nuestras gotas de sangre, para que nunca nos separáramos y siguiéramos amándonos hasta morir”</b></i><i>. </i>El pacto se concretó, pero después vendría la otra canción de Mocedades, <i>¿Quién te cantará?,</i> que habla más de rupturas y de nostalgias que de sentimientos perpetuos.</p><p>Ese día llegó y fue en enero de 1975: <i>“Vino a verme a la una de la tarde. Pensé que era una de sus típicas escapadas para visitarme. Pero me venía a decir algo distinto. Que </i><i><b>se iba a Viedma, Río Negro</b></i><i>, para estudiar en la Escuela de Policía. Me sorprendió. No tenía idea. No lo habíamos hablado. Le pregunté cuándo pensaba irse y me dijo muy serio: </i><i><b>‘A las 15 sale el tren’</b></i><i>. Sentí que me iba a desmayar. Disimulé como pude y le dije que lo iba a ir a despedir. Yo creo que él no había dicho nada antes para que su madre, viuda, no pudiera impedirlo. Ella tenía mucho carácter. Entonces él se lo ocultó a todos. Tito se fue a su casa porque su madre y su hermana lo acompañarían a la estación de trenes. Yo me tomé el colectivo pero vino demorado. </i><i><b>Cuando me faltaban cinco cuadras para llegar vi que el tren partía. Me bajé corriendo, y corrí y corrí, pero cuando llegué al andén ya no había nadie</b></i><i>. Fui a preguntar si había otro tren a Viedma, quizás me había equivocado. Las. palabras del hombre de la boletería retumbaron en mis oídos: </i><i><b>'</b></i><b>No, señorita, ese es el único tren que va en dirección a Río Negro’</b>”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/Y6L4WCSFPZDSJL2M3WXBNXUN5I.jpg?auth=3da7c4a9cfab316a4a092239f9700642df42ede62640bad64b097f5855fce53c&smart=true&width=1456&height=816" alt="Después de diez meses de amor y romance, Tito le dijo a Lilia que se iba a Río Negro a estudiar. Ella, disimulando su abatimiento, le dijo que lo iba a ir a despedir a la estación, pero cuando llegó el tren estaba partiendo. (Imagen ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Aún hoy puede palparse la angustia en la voz de Lilia al recordar.</p><p><b>Tito le había prometido volver y escribir mucho</b>. Las cartas comenzaron a llegar regularmente, todas las semanas: <i>“Cada vez que el cartero hacía sonar su corneta en la puerta de casa, mi corazón saltaba de alegría. </i><i><b>Eran cartas amorosas, llenas de TE AMO</b></i><i>. Iban y venían”.</i></p><p>En uno de los primeros viajes de visita a su casa <b>Tito le propuso matrimonio</b>:<i> “Me dijo que quería que nos casáramos, que me fuera a vivir con él allá, que me extrañaba mucho. ¡Decía que iba a comprar un juego de muebles para llevarme!“.</i></p><p>Pero el corazón es un músculo inquieto. </p><p>Lilia lo sabría demasiado pronto.</p><h2>“¿Puedo volverme a enamorar?” </h2><p>Fue en la visita en la que justo se cumplía un año de su abrupta partida que <b>todo cambió</b>. Esta vez no llegó diciendo te amo, ni prometiendo futuro. Le dijo, sin medias tintas: <i><b>“He venido para ver si puedo enamorarme de vos otra vez”</b></i><i>.</i> </p><p>Lilia quedó petrificada: <i>“Mi corazón se estrujó con cada palabra, sentía que una daga me atravesaba. Le respondí que eso era imposible y le dije que en quince días no se iba a volver a enamorar de mí porque ya no me amaba. </i><i><b>Le pedí el último beso</b></i><i>. Me lo dio y después se alejó tranquilo, silbando… Ese silbido era como si nada le importara. Cuando vi que su espalda desaparecía de mi vista, caí de rodillas llorando. </i><i><b>¡Era muy fuerte el amor que sentía por él!</b></i>”.</p><p>Lilia mira hacia atrás y reflexiona: <i>“Cuando uno deja de amar ya está, ya no ama. Fue. De alguna manera yo me lo veía venir porque Tito era un joven muy atractivo, atlético, sociable y que estaba solo y lejos… Creo que incluso su madre me dio señales con algunas cosas que dijo. Yo intuí que me estaba sugiriendo que hiciera mi vida, que no lo esperara. Pero yo estaba de novia y lo amaba tanto”.</i></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/V4G33WX6LBCRZHVCLH2WZVG3HY.jpg?auth=4b5bd611d0afa6e5e5100d1ba1dad3e2a4f4bba36847eeb03cddf0c4869c3f7f&smart=true&width=1456&height=816" alt="Al cumplirse un año de su partida, Tito visitó a Lilia y le dijo que ya no la amaba. Se dieron un último beso y él se fue. (Imagen ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><h2>Un velorio y el álbum de recuerdos </h2><p>La vida continuó, las lágrimas se secaron parcialmente y, tres años después, <b>Lilia formó pareja con otro chico</b>.</p><p><i>“En el 78 me puse de novia y al tiempo me casé. Nos conocimos estudiando magisterio. </i><i><b>Me casé por la insistencia de él y de nuestras familias, pero no estaba verdaderamente enamorada</b></i><i>. En ese tiempo no existía eso de ir al psicólogo, de ver lo que uno realmente quiere… Me acorralaron y me dije ‘bueno, ya está, me caso’. Desde el comienzo todo fue difícil. Él había sido preso político durante cuatro meses y había sido torturado, eso lo había marcado profundamente”.</i></p><p>Recién después de trece años de casada, cuando Lilia tenía 36 años, quedó embarazada. El primer bebé lo perdió, pero enseguida quedó nuevamente y tuvo un varón que hoy tiene 30 años y, luego, una hija que hoy tiene 27.</p><p>Tenía una familia, pero el amor se había salido del cuadro de las posibilidades para Lilia: <i><b>“Siempre seguí extrañando a Tito y pensándolo”</b></i><i>, </i>reconoce. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/AIDBF5UNMZBD5K2UPYYEXPHU7M.jpg?auth=2842f977d5e23d2c13b919d29c8c682f1b69b7af385c21358641d5eaca569714&smart=true&width=1456&height=816" alt="Aunque habían pasado muchos años, estaba casada y tenía hijos, cuando Lilia supo que había muerto la madre de Tito fue a acompañarlo al funeral. (Imagen ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Lilia tenía estampada a fuego aquella primera imagen de lo que era el amor: <i>“Cuando te toca una vida compleja y difícil, uno se agarra del pasado, de lo que puede, y con ese recuerdo se sobrevive”,</i> explica de esa cruda manera la resignación de aquella época. </p><p>Fue en el año 2004 que murió la mamá de Tito. Lilia ya era una mujer casada y con hijos desde hacía muchos años, pero igual tomó coraje para asistir al velorio de quien había sido su vecina y su suegra.</p><p><i>“Sabía que Tito iba a estar allí. Necesitaba saber si a él le pasaba lo mismo que a mí con el recuerdo. </i><i><b>Apenas me vio, su rostro se iluminó tanto como el mío y nos dimos un abrazo</b></i><i> </i><i><b>profundísimo que no podré olvidar nunca</b></i><i>.</i> Frente <i>al cajón de su madre me tomó la mano y la cruzó sobre su pecho. No dejó de besar mi mano. </i><i><b>Nos despedimos casi sin palabras, pero mirándonos a los ojos</b></i><i>. Supe que no podía quedarme con esa pregunta atragantada, sin respuesta. Al otro día volví a llenarme de valentía y le dije de tomar unos mates. Nos vimos un par de veces. Supe que se había casado con su novia y que ambos lo habíamos hecho con dos días de diferencia en diciembre de 1981: yo el 26 y él el 28. Re loca la coincidencia. También me contó que tenía dos hijos y que su mujer había estado internada en un psiquiátrico”.</i> Lilia le preguntó <b>cuántas mujeres había habido en su vida</b>. Tito no esquivó su inquietud y le respondió con precisión: <b>27</b>. Aunque le aclaró que de esas 27 ella era la única con la que no había hecho el amor. Todo un detalle.</p><p><i>“La última vez que lo vi le pregunté lo que siempre había querido saber:</i> <b>¿dónde estoy yo en tu vida?</b>, <b>¿en un álbum de recuerdos o en tu corazón? </b><i>Con un gesto cínico me respondió:</i> ‘En un álbum de recuerdos’. <i>Disimulé, como siempre lo había hecho, el dolor que me causó su respuesta y, al despedirnos —íbamos en su auto—, le pedí algo más</i>: <b>¿Me harías un favor? ¿Me dirías tres veces Lilia no te amo?</b> <i>Se tomó del volante de su auto con firmeza y me lo dijo, tal cual yo se lo había pedido. </i><i><b>Aquellas palabras, que en un principio me destrozaron por completo, también rompieron las cadenas que me tenían amarrada a él. Se terminó para siempre. </b></i><i>Fin. Nunca más volveríamos a saber uno del otro. Me sentí en paz, como si hubiera pasado treinta años de cárcel y hubiese sido liberada. Me había pasado la vida esperando una noticia, una llamada, amándolo y pidiendo al cielo por su bienestar. Ahora, </i><i><b>era libre de ese sentimiento</b></i>”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/3VETTJCXJ5BQTI3YI45JMUP73A.jpg?auth=23ed2cc5ae1d5747b740d5420712b16c9397890513ba4ee4ddd6856bf6e3df40&smart=true&width=1456&height=816" alt="Después del reencuentro entre Lilia y Tito y de que ella se sintiera liberada de un amor que solo vivía en sus recuerdos pensó que no volvería a verlo nunca. Sin embargo, 20 años más tarde él le escribió por chat. (Imagen ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><h2>De ataduras y libertades</h2><p>Lilia se había liberado del recuerdo perturbador del amor de juventud. Pero <b>su vida seguía atada a alguien que no amaba</b>. El mandato de que los matrimonios son para siempre regía su existencia.</p><p><i>“Mi marido era un narcisista, un controlador, pero nadie se daba cuenta de cómo él me manipulaba. Lo veían encantador. Tuve psicóloga y psiquiatra y estuve medicada cuatro años porque decían que yo padecía celopatía. Cuando hace nueve años, en 2016, él me pidió hablar y me dijo que se iba, fue duro. Eran 34 años de casada, de costumbres, de compañía mutua. Él rehízo su vida con una mujer más joven. Después de un tiempo pude sanar, ver la realidad y comprender. ¿Qué podía pedirle a alguien que había pasado lo que él había vivido? Nada, no podía pedirle nada, ni sentir rencor. </i><i><b>Tenía que soltar.</b></i><i> </i><i><b>Dolió, pero a la vez sentí una libertad absoluta, como nunca había tenido antes”</b></i><i>.</i></p><h2>El futuro de la memoria</h2><p>En 2024, ya separada, una noche Lilia vio en su celular un: "<i>Hola!“.</i></p><p><i>“Respondí preguntando quién era. Me enviaron una foto antigua que no reconocí. Fui a la imagen de perfil de esa persona y ¡sorpresa! </i><i><b>Era Tito</b></i><i>. </i><i><b>Habían pasado 20 años desde aquel encuentro. </b></i><i>Intercambiamos unos pocos mensajes pero lo cierto es que él hacía largos silencios entre uno y otro. Me dijo que ya también estaba separado de su mujer. Se me ocurrió contarle en forma de capítulos de libro nuestra historia, a la que llamé Pacto de sangre</i>”, Lilia se ríe y dice que creyó que él también se reiría con esos relatos antiguos y que comentaría algo. Pero las respuestas a sus escritos eran solo <i>stickers</i> y pequeños corazones.</p><p><i>“Un día una mujer que me conoce mucho me dijo:</i> <b>‘Vos sos su pendiente, no sos su proyecto…'.</b><i> Me cayó la ficha. Era muy evidente que no le interesaba nada de lo que yo le recordaba. No tenía ningún sentido continuar. Cansada le escribí:</i> <b>Buen viaje por la vida</b>. <i>Y acto seguido lo bloqueé. Este año logró volverme a contactar por Facebook y yo le respondí. Pero lee mis mensajes y no responde nuevamente. Hoy tengo 66 años, mucha experiencia de vida, sé quién me suma y quién no.</i> <i>Aunque me hubiese gustado mucho reunirme con él como amiga para recordar nuestras picardías adolescentes, entiendo que a él no. </i><i><b>Es más lo que puse en él que lo que fue todo realmente”</b></i><i>.</i></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/QZB3EEG4RNGQRBRAVJ24W4VHII.jpg?auth=7b51d786fa66fcb52ba5223b358513a98fcfd8f013151dd15bce5f67606d05c3&smart=true&width=1456&height=816" alt="Aunque Tito encontró la manera de contactar una y otra vez a Lilia, a través de las redes, no lograron coincidir en una historia en la que cada uno buscaba algo diferente. (Imagen ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>¿Si un día aparece para tomar una cerveza o un café? es la pregunta final: <i>“Iría, sí claro. Porque hoy me siento fuerte. Tengo experiencia de vida y mucha terapia encima. También </i><i><b>rescato que su recuerdo me salvó durante mucho tiempo</b></i><i>, cuando vivía en un matrimonio en el que no quería estar y la pasaba mal. </i><i><b>Me ayudó a resistir y a mantenerme a flote, pero ya cumplió ese objetivo y no tiene sentido idealizar nada</b></i><i>. Le aconsejaría a todos que no se queden pensando nunca en aquel amor, que lo busquen, que le pregunten</i>. <i>Porque, después de todo, cuando el otro te dice que no, que a él no le pasó nada cercano a lo que vos sentiste, resulta muy liberador. </i><i><b>A mí, preguntarle en 2004 me ayudó a sanar y a terminar con tres décadas de fantasía, de estar colgada de un recuerdo que solo era mío”</b></i>, sintetiza sin eufemismos Lilia.</p><p>Lo que se recuerda suele ser mucho más sabroso que lo vivido. Más luminoso. Más perfecto. Es el juego que nuestra memoria propone. Nosotros podemos decidir si jugar o no y hasta cuándo hacerlo.</p><p><i>*Escribinos y contanos tu historia. amoresreales@infobae.com</i></p><p><i>*Amores Reales es una serie de historias verdaderas contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas.</i></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/5BUJLGNWU5F5HMGXPNDXHZDC24.jpg?auth=195a184819a75d113f5d99be8dc23419dd2739aa64715d3cc0f92fb6b25a2d27&amp;smart=true&amp;width=1456&amp;height=816" type="image/jpeg" height="816" width="1456"><media:description type="plain"><![CDATA[Lilia y Tito eran adolescentes enamorados cuando decidieron hacer un pacto de sangre para sellar su amor. (Imagen ilustrativa Infobae)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[El amor contra reloj entre una enfermera y un paciente, una boda íntima y la decisión de ser madre viuda]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2025/07/13/el-amor-a-contrarreloj-entre-una-enfermera-y-un-paciente-una-boda-intima-y-la-decision-de-ser-madre-viuda/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2025/07/13/el-amor-a-contrarreloj-entre-una-enfermera-y-un-paciente-una-boda-intima-y-la-decision-de-ser-madre-viuda/</guid><dc:creator><![CDATA[Carolina   Balbiani]]></dc:creator><description><![CDATA[Debía haber un error. Se lo veía tan sano y se estaba muriendo por dentro, un cáncer terminal. Cuando Tania conoció a Luigi desconocían la gravedad de la enfermedad. Vivieron un amor pleno en cuestión de meses, los suficientes para dar el sí y preservar semen para una fertilización asistida ]]></description><pubDate>Sun, 13 Jul 2025 10:35:58 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/FQFLM4Q54NH4VPL7WOJQZ36HDM.jpg?auth=265019859d734bce182d6208f1372632b0deb29aeb743ed8d1c4f881835cf281&smart=true&width=1456&height=816" alt="Tania conoció e Luigi en el sanatorio donde trabaja (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Tania no va a dar los nombres reales. Porque no quiere comprometer el futuro de su hijo ni tener complicaciones de ninguna índole. Mientras habla noto que se acaricia la panza donde late, desde hace 33 semanas, esa vida que planearon con su gran amor al que llamaremos Luigi. <b>Una pasión que nació dentro de las paredes de un sanatorio </b>cuando todavía el panorama no indicaba oscuridad.</p><p>Vamos hacia atrás, unos años, en la cápsula del tiempo.</p><h2>De amor y de enfermedad </h2><p>Tania es <b>enfermera</b>. Cuando se topó con un paciente llamado Luigi llevaba tres años en pareja con un hombre que no la hacía feliz. En medio de su proceso de separación, la sonrisa de ese <b>morocho de 37 años recién ingresado </b>para estudios varios y la picardía que destilaba por los ojos, la conquistaron de inmediato. Con 34 años bien vividos ella detectó al toque que <b>tenían química</b>.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/KPA3JU5SGFCCDIVZIJP6A7OJMY.jpg?auth=0598625e4395c4b7cd1c7ef9b7ff61b240bc46568ac97b510c4d7625f2d058fe&smart=true&width=1456&height=816" alt="El paciente con su sonrisa la conquistó de inmediato: había química (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Luigi se realizó todos los exámenes y se fue a su casa para esperar los resultados no sin antes intercambiar con Tania teléfonos y redes. Él era soltero, acababa de terminar una relación plagada de tensiones con una chica que se había ido a vivir al exterior, trabajaba en el <b>área de informática</b> de una compañía importante y vivía cerca del sanatorio, en un octavo piso inundado de luz. </p><p>Luigi no era un tipo de esos que van a los médicos con frecuencia. Toda la batería de estudios había comenzado después de un <b>fuerte golpe en el abdomen mientras jugaba al fútbol</b> con amigos. Una guardia, dos guardias, valores que inesperadamente dan mal, un especialista, otras opiniones. El golpe no era nada, pero fue lo que posibilitó el hallazgo. Así le decían al tema:<b> hallazgo</b>. Una cosa llevó a la otra y Luigi terminó un par de meses sometido a distintas prácticas para determinar qué tenía. Para quedarse tranquilos, decían los médicos.</p><p>Mientras, la relación con Tania prosperó<b> a máxima velocidad</b>. Ni siquiera estaban los últimos resultados cuando mantenían una relación tan intensa como fogosa. Uno de los últimos estudios que le pidieron fue una tomografía con contraste. Había preocupación, pero Tania y Luigi eran optimistas. Tan joven, tan sano que parecía, <b>tenía que haber algún error </b>o alguna explicación. Ellos no creían que pudiera ser algo grave.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/KZZNPBC7PJEYNGILXUBPDD2QV4.jpg?auth=8043dcb1764276bf6bd55d6940ca114db8445e0bfdecf46b93ca98e5a68c44be&smart=true&width=1450&height=816" alt="La relación entre Luigi y Tania fue a toda velocidad (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1450"/><h2>En la salud y en la enfermedad</h2><p><i>“Empezamos a vernos casi todos los días. Después de varias salidas simplemente ya éramos como novios. Yo sentía que Luigi era </i><i><b>mi alma gemela.</b></i><i> Nunca había estado con alguien con quien me entendiera tan bien. Terminaba mi turno e iba a su casa. Él teletrabajaba tres veces por semana así que era maravilloso porque compartíamos un montón de tiempo. Muchos amigos de los dos todavía no sabían bien de nuestra relación cuando la cosa comenzó a complicarse. </i><i><b>El diagnóstico finalmente llegó y fue demoledor. Tenía cáncer avanzado en un sitio raro de su abdomen. </b></i><i>Hablamos muchísimo y decidimos que si se iba a realizar quimioterapia los espermatozoides podrían alterarse y él quedar estéril. No lo pensamos mucho. Con un contacto mío enseguida </i><i><b>preservamos su semen</b></i><i>. Nosotros, a pesar de que era una pareja nueva, ya nos proyectábamos como familia”, </i>relata.</p><p>Cuando llegaron las presentaciones familiares mutuas la enfermedad estaba declarada, el semen criopreservado y la familia de Luigi se hallaba en <b>shock absoluto</b>.</p><p><i>“Era raro estar conociendo a sus padres en medio de ese tembladeral que significa una enfermedad oncológica grave. Pero enseguida me sentí aceptada y querida por ellos. Creo que</i><i><b> el hecho de que él estuviese acompañado y de que yo fuera enfermera los aliviaba bastante”,</b></i> analiza hoy.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/KN4VUTCGORCZRGCVOW5KSBULFM.jpg?auth=4a28cc011741bc2f6d374356bdc7cd39c102fc27041f693306e218bc224b69d1&smart=true&width=1920&height=1088" alt="El diagnóstico llegó y fue demoledor (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1088" width="1920"/><p>En este punto Tania aclara que quiere transmitir un mensaje: nunca debe perderse la capacidad de la risa. Recuerda los buenos momentos y la cuota de humor negro con que enfrentaron algunas situaciones. <b>Se casaron medio a las apuradas, con una reunión pequeña con familiares y amigos. </b>Cuando el cura, muy amigo de la familia del novio, dijo la clásica frase <i>“...en la salud como en la enfermedad”, </i>ellos largaron una carcajada que alivió la tensión del momento. <i>“A veces, en las peores situaciones, el humor funciona como una vía de escape que hace que todo fluya. Nosotros no queríamos tomarnos las cosas de una manera trágica. No era una alternativa posible porque esa actitud nos hubiera entorpecido el día a día que tanto queríamos disfrutar y que valorábamos. La angustia te arrebata los segundos, esos que con una enfermedad agresiva vas descontando. </i><i><b>Ambos optamos por vivir lo mejor que se pudiera lo que tocara. </b></i><i>Lo hablamos de una manera profunda y Luigi empezó terapia.</i><i><b> Yo pedí licencia en mi trabajo y me dediqué a él todo lo que pude</b></i><i>”.</i></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/S3XLQWNSGRA7LP6FCNPWBXXLTE.jpg?auth=bf75c5cb4de4f53b8edc209a24e6d1da928866d2ed984dd94144607046e31671&smart=true&width=1920&height=1080" alt="La pareja se casó en una ceremonia íntima con familiares y amigos (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p><b>Llevaban meses de novios que parecían años</b>. Tania se instaló en el departamento de Luigi y subalquiló el suyo a otra enfermera de la misma institución: <i>“Teníamos esperanzas de que la terapia funcionara y que hubiera alternativas. Pero el tumor siguió desparramándose con rapidez y nos fuimos dando cuenta de que iba a ser difícil atravesar con éxito la enfermedad. No quiero hacer foco en la enfermedad, dar mensajes negativos y que eso termine definiendo lo que fue nuestra pareja.</i><i><b> Nuestra pareja fue luz, fue apuesta, fue pisar el acelerador aún sabiendo que se terminaba la pista.</b></i><i> </i><i><b>Siempre podía haber un milagro</b></i><i>. Antes de cumplir los dos años de conocernos, Luigi murió”. </i>No sin antes dejar todo hablado, todo conversado, todo acordado.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/LE6GS2KT45H3DICC5UGEAXOIQE.jpg?auth=bfcede2d26c868f7aa005b090ee2bad45ad4d86c85fa4226d9d6af84653fc77c&smart=true&width=1456&height=816" alt="Antes de que se cumplieran los dos años de conocerse, Luigi murió (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><h2>El después: una apuesta a la vida</h2><p>Habla Tania: <i>“Se fue siendo amado y cuidado. Estaba preparado para irse. Yo no para que se fuera. Teníamos una conexión única. Quizá sabiendo que no había demasiado tiempo la exprimimos al máximo. Quedé desolada, como nunca pensé que podría estar. </i><i><b>Había tenido al amor de mi vida por tan poco tiempo.</b></i><i> Pero no olvidaba que tenía su semen. Decidí que haría todo lo posible para quedar embarazada y cumplir el objetivo que nos habíamos propuesto. No voy a hablar mucho de esta parte por sus implicancias. Solo te voy a decir que lo habíamos hablado y dejado por escrito luego de pasar por abogados y médicos amigos. Y, por supuesto, era un tema blanqueado con sus padres. Todos nos apoyaron. </i><i><b>Él soñaba con un hijo y yo iba a tenerlo antes o después</b></i><i>. Una vez fallecido Luigi, con mi suegra Betty, seguimos conversando muchísimo. Ellos me apoyaron en todo. Me largué a intentarlo y enseguida quedé embarazada. El bebé, no sé si te dije que es varón, se llamará Luigi, pero llevará mi apellido. Mis suegros están felices con la idea de tener un nieto. Con los padres tenemos plena conciencia de que es lo que Luigi hubiera querido: un hijo conmigo. Sus dos hermanas son solteras, no tienen chicos y todos esperan con amor infinito a este bebé que viene en camino. Mientras sigo trabajando y soñando con lo que viene. Seré madre sola, pero no soltera…</i><i><b> ¿Qué soy? ¿Una madre viuda antes de tiempo? </b></i><i>Me hace gracia la extrañeza que causa mi historia en otros. Sé que hay alguna que otra amiga que debe pensar que estoy loca. Lo veo en sus caras. Incluso sé también que esta historia despertará polémicas… ¿y esta qué se cree? ¿va a traer un hijo al mundo sin padre? No me importa. La gente siempre te va a juzgar. No soy influenciable a lo que me digan. Si a mí y a su familia nos parece bien, está bien. A veces me desespero pensando cuánto me hubiera gustado que Luigi lo conozca, que esté acá para disfrutar de esta nueva vida. Para mí lo mejor que hicimos con Luigi fue no dejarnos ahogar por la pena y pensar en el futuro que quizá no tendríamos la oportunidad de ver juntos. </i><i><b>En unas semanas mi vida dará un vuelco y necesitaré la ayuda de mis suegros para criar a mi hijo. </b></i><i>Ellos siempre están. Yo no tengo mamá porque murió cuando tenía dos años, ni hermanos. Mi papá vive con su nueva esposa en Mendoza y no tenemos demasiada relación. La familia de Luigi es la familia que no tuve. Un bebé no reemplaza el amor que tuve con él, pero no tengo dudas de que es la expresión más perfecta de esa emoción tan profunda y sincera que experimentamos. Este bebé llega para ser amado y estoy segura de que cambiará la vida de todos para bien”.</i></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/QASNLMS62JDMRAHV2BOH5HDZRM.jpg?auth=b6d4504c48a100e920f4a06d1d1134895ccee98e203642dd4a9752fb4ac62b7c&smart=true&width=1456&height=816" alt=""¿Qué soy? ¿Una madre viuda antes de tiempo?", se preguntó Tania  (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p><i>*Escribinos y contanos tu historia. amoresreales@infobae.com </i></p><p><i><u>* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas</u></i></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/FQFLM4Q54NH4VPL7WOJQZ36HDM.jpg?auth=265019859d734bce182d6208f1372632b0deb29aeb743ed8d1c4f881835cf281&amp;smart=true&amp;width=1456&amp;height=816" type="image/jpeg" height="816" width="1456"><media:description type="plain"><![CDATA[Amores Reales Historia de Luigi y Tania (Imágen Ilustrativa Infobae)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Quedó viuda a los 57 y creyó que su vida amorosa estaba acabada: el algoritmo que la unió a un andaluz y una vida “casi” perfecta ]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2025/07/06/quedo-viuda-a-los-57-y-creyo-que-su-vida-amorosa-estaba-acabada-el-algoritmo-que-la-unio-a-un-andaluz-y-una-vida-casi-perfecta/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2025/07/06/quedo-viuda-a-los-57-y-creyo-que-su-vida-amorosa-estaba-acabada-el-algoritmo-que-la-unio-a-un-andaluz-y-una-vida-casi-perfecta/</guid><dc:creator><![CDATA[Carolina   Balbiani]]></dc:creator><description><![CDATA[“La vida es una auténtica caja de sorpresas”, dijo Isabel, que todavía aún no comprende cómo Pedro, desde el otro lado del Atlántico, leyó un posteo de ella en Facebook sin tener siquiera amigos en común ni nada que los uniera. Después del impacto de perder a su compañero de toda la vida, la mujer se animó a vivir un nuevo e inesperado capítulo en su vida]]></description><pubDate>Sun, 06 Jul 2025 06:35:40 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/AKS6EMILZBENJDTVKSEDJVFOAU.jpg?auth=a2b929294e3faf23c2fa57daba48b2437e466581fc2189227437ee9de90524ff&smart=true&width=1080&height=847" alt="Isabel no sabe cómo su posteo llegó a ser visto por Pedro en España, cuando no eran amigos" height="847" width="1080"/><p>La historia de Isabel Ferrero llega por mail a Amores Reales y es tan positiva que es imposible no detenerse a leerla. Lo primero que dice al atender la llamada de Infobae, a diez mil kilómetros de distancia, es contundente:<i> “Quiero transmitir que la vida de una mujer, ni la de nadie, termina a los 60 años. Yo no lo sabía pero ¡la vida es una auténtica caja llena de sorpresas! No me siento una persona de 61 por cumplir los 62… hace poco más de un año mi existencia cambió, gracias al amor, en un ciento por ciento”.</i></p><h2>Papá con depresión y un novio que vuelve de la guerra</h2><p>Isabel nació el 21 de noviembre de 1963 en una familia trabajadora, de clase media, en Cerro de las Rosas en la ciudad de Córdoba, Argentina.</p><p><i>“Mi papá era vendedor, viajante de comercio. Vendía mayormente productos de perfumería. Mi mamá era modista y eso le permitía quedarse con nosotros, sus cuatro hijos. Cuando cumplí 15 años mi papá cayó en una </i><i><b>depresión severa </b></i><i>y dejó su trabajo. Con lo que ganaba mamá no podíamos sobrevivir así que me puse a trabajar, después del horario del colegio, en una boutique del centro de la ciudad para colaborar con la familia. Mi sueldo hacía falta. Salía a las ocho de la noche de la boutique. Admito que fue una época dura. Cuando terminé el secundario ingresé a estudiar licenciatura en Recursos Humanos y, paralelamente, entré a trabajar en el Ministerio de Agua y Servicios Públicos de Córdoba. Me recibí, seguí trabajando, mi papá mejoró y la vida siguió”.</i></p><p>A Gustavo, quien se convertiría en su marido, lo conocía desde los 13 años. Pero fue recién después de que él volvió de la <b>Guerra de Malvinas</b> que empezaron a salir.</p><p><i>“Él era paracaidista, no alcanzó a entrar en combate en tierra, pero sí sobrevolaba el continente y muchas veces intercambió disparos. En uno de los saltos su paracaídas quedó medio enganchado en el ala del avión, se lesionó bastante, pero tuvo suerte porque antes de golpear la tierra </i><i><b>se le abrió el segundo paracaídas</b></i><i>”. </i></p><p>El relato de Isabel continúa: <i>“Siempre habíamos sido amigos, pero al terminar la guerra, cuando nos vimos, sentimos que había una </i><i><b>conexión especial</b></i><i>, mucha onda. Nos pusimos de novios enseguida y, en pocos meses, nos casamos. Tuve a mi primer hijo Jeremías (hoy 38) a los 21 y, un año después, tuve a Agustín (37). Gustavo tenía un negocio de venta de especies, pero quebró cuando ya teníamos a nuestros primeros dos hijos. Entró a trabajar en una importante fábrica que hacía parabrisas para autos, aviones y barcos. Al tiempo llegó mi tercer hijo, Joaquín (32) de quién hoy tengo una nieta de 10 años que se llama Martina”.</i></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/L7O6OOEBMVBXLJ5EVKOU6ZLHTM.jpg?auth=74674588d11fbb5e06210e2cfaed6991cbb48546d1cdd56ebb48b433fdc98e96&smart=true&width=1080&height=1312" alt="Isabel y Pedro en España" height="1312" width="1080"/><h2>Con el corazón en la mano</h2><p>En esos primeros años de matrimonio Isabel se licenció en Recursos Humanos y continuó trabajando a pesar de criar a sus tres hijos: <i>“Teníamos una vida tranquila, linda, y con mucho esfuerzo. No fue fácil, pero lo logramos. Mi hijo más grande es ingeniero civil, el segundo es protesista dental y el tercero, profesor de educación física. Todo iba bien hasta que a los 47 años a mi marido le diagnosticaron una enfermedad cardíaca severa y entró en lista de espera para un trasplante. Nunca se supo el origen de su</i><i><b> cardiopatía</b></i><i>. Decían que podía ser un virus que se alojó en su corazón. Sus últimos diez años fueron tremendos para todos. Estuvo siempre en esa lista, pero el corazón compatible con él nunca llegó. Varias veces fuimos al hospital porque había un donante, pero después resultaba que no era compatible o que Gustavo no estaba físicamente bien para afrontar semejante operación. Fueron tiempos durísimos. </i></p><p><i>En 2019 la golpeada fui yo: me diagnosticaron </i><i><b>cáncer de colon</b></i><i>. Por suerte salió todo bien. Pero no llegué a recuperarme del todo cuando, en 2020 y en medio de la Pandemia, Gustavo sufrió un infarto masivo. Fue quince días después de haberse dado la vacuna AstraZeneca contra el Covid 19. Yo estaba con Agustín, nuestro segundo hijo, y como no llegaba la ambulancia llamé al menor Joaquín, quien vino volando e intentó revivir a su padre hasta que llegaron los médicos. No fue posible. Estoy convencida de que fue la vacuna lo que terminó de matarlo porque después se supo que podía generar trombosis y él, justamente, tenía que tener bien líquida la sangre. De todas formas, el corazón de Gustavo funcionaba al 11 por ciento. Todos sabíamos que podía llegar ese momento aunque siempre manteníamos la esperanza del trasplante. </i><i><b>Quedar viuda fue un gran impacto.</b></i><i> Por suerte yo siempre seguí trabajando, en ese momento era secretaria del ministro de Servicios Públicos. Eso me mantuvo activa. Acepté que esa sería mi vida y que mi faceta como mujer se había agotado”.</i></p><h2>Viuda resignada y una sorpresa virtual</h2><p><i>“Después de la muerte de Gustavo, me quedé viviendo sola. Aunque tengo muchísimas amigas, el golpe fue tremendo. Gustavo había sido mi compañero de vida. Sentía un vacío enorme, pero lo aceptaba. A finales del año 2021, una noche de las tantas en las que andaba triste, bajoneada, me dio por escribir algo en Facebook. A mí siempre me gustó mucho la literatura. Soy fanática de García Lorca y de Antonio Machado. También de la pintura de Diego Velázquez, tengo a Las meninas en mi muro de Face, y escucho mucho a Joan Manuel Serrat. La cultura en general me atrapa.</i><i><b> Lo que escribí esa noche era un texto donde contaba las similitudes entre los cordobeses de argentina y los andaluces.</b></i><i> Resulta que a los dos o tres días me escribió alguien desconocido por Facebook. Me dijo que ese texto le había gustado mucho y que estaba muy bien escrito.</i><i><b> Era un andaluz que se llamaba Pedro.</b></i><i> </i><i><b>No sé cómo le llegó mi posteo, porque no teníamos ni un solo amigo en común</b></i><i> ni estábamos conectados por ningún lado. Algún algoritmo, quién sabe. Yo le agradecí y punto. Al día siguiente, me mandó otro mensaje, esta vez por messenger. Era domingo y yo andaba tristona. Empezamos a hablar por mensaje de texto a las 11 de la mañana y eran las 11 de la noche y seguíamos conversando. No le di mucha importancia al asunto, pensé que era algo que terminaba ahí. Unos días después él me mandó otro mensaje y la conversación siguió. </i><i><b>Nos relatábamos nuestras vidas</b></i><i>. Él era separado desde hacía años, con dos hijos y dos nietos. Me contó que era arquitecto y psicopedagogo, que había sido director de un instituto. En ese entonces yo tenía 58 y él 62 años. Una cosa fue llevando a la otra y se nos volvió costumbre hablar por teléfono. Hasta que un día de esos me pidió hacer una </i><i><b>videollamada</b></i><i>. Ya para ese momento yo me levantaba y le ponía </i>Buenos días<i> y él se preocupaba por saber si yo había llegado bien a mi trabajo. Todo a la distancia, pero a mí me gustaba esa faceta protectora de Pedro. Me transmitía tranquilidad y, al mismo tiempo, me infundió nuevas ganas de seguir viviendo. </i><i><b>Yo no había tenido otras parejas en mi vida </b></i><i>y creía que como mujer había llegado hasta ahí. Que todo había terminado, que no había nada más. Ni se me había ocurrido pensarlo. No había planes en mi cabeza de salir con nadie. Pero algo, no sé si llamarlo destino o azar, puso a Pedro en mi camino ese día en Facebook. Porque te insisto: no tenemos ni un solo amigo en común, ni nada que nos una en ningún sitio del planeta. Ninguno de los dos sabemos cómo ocurrió. Hasta el día de hoy nos lo preguntamos”.</i></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/22WTK7PPARDNFDHFXYPHSVA36A.jpg?auth=54b0ae39adc384e78a4e0d4ca92360b9bfafcaea0f221e194a07311eb0b3d25f&smart=true&width=1600&height=1168" alt="La pareja compartiendo una cerveza en Córdoba" height="1168" width="1600"/><h2>La gran historia</h2><p>Fue justamente en esta etapa de la vida de Isabel que ocurrió ese amor que cambiaría su vida y la llevaría a hacer las valijas para cruzar el océano. Los mensajes y las voces viajaban sobre el mar, todos los días y a toda hora.</p><p><i>“Desde el 3 de enero del 2022 hasta septiembre del 22 estuvimos hablando y hablando sin pausa. Conocimos a nuestras respectivas familias, hijos y nietos por videollamada. Todos aceptaban la relación. Fue entonces que él me invitó a España y yo acepté el desafío y saqué el pasaje. Mis amigas más cercanas </i><i><b>me decían que estaba loca</b></i><i>, tenían miedo de que él fuera un loco, decían que era un enorme riesgo lanzarme a esta aventura. </i><i><b>Mis hijos, en cambio, me apoyaron y no desconfiaron nunca</b></i><i>. De tanto verlo en las llamadas era como que lo conocían. Yo no soy de hacerme problemas y tenía tres meses de vacaciones acumuladas. Hacía años que no me las tomaba por la enfermedad de Gustavo. Me tomé el tema como un viaje, no conocía Europa. Si la cosa pintaba fea o no funcionaba, me iría a viajar sola por ahí y, después, volvería a mi país”.</i></p><p>Isabel aterrizó en Madrid. Pedro, quien había viajado desde Ginés, cerca de Sevilla, para ir a buscarla, la estaba esperando.</p><p><i>“No me vas a creer pero apenas se abrió la puerta de salida y lo vi paradito ahí, esperándome </i><i><b>¡me encantó!</b></i><i> Su aspecto ¡¡¡todo!!!”.</i></p><p>Pedro le dijo que ella era más chiquita de lo que había imaginado. Isabel mide 1.50 m. Ella se rió y él la abrazó con ternura.</p><p>Fue amor a primera vista.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/JS6VLEQYX5ABFBGY5IFMMBC2CA.jpg?auth=b994baf9de771f80244fee2b08c15d7fb3c221593e5f1488d7cfa2efce17cb11&smart=true&width=1600&height=1590" alt=""Fue amor a primera vista", contó Isabel sobre el día que conoció a Pedro personalmente" height="1590" width="1600"/><h2>Miedos y realidades</h2><p>Pedro tenía reservada una habitación de hotel para los dos, pero le dio la opción a Isabel de alojarse en un cuarto separado. Isabel le respondió que no, que se quedaría con él.<i> “Después de todo, a eso había ido”,</i> confiesa riendo,<i> “a probar una relación”.</i> </p><p>Los primeros cinco días fueron de paseos a museos y una completa recorrida de Madrid. Los siguientes cinco se quedaron en la casa de la hija de Pedro: <i>“Me dio mucha confianza que me presentara a su familia. Era una muestra de que se tomaba en serio las cosas. Me sentí más enamorada que nunca. Me di cuenta con rapidez de que era una excelente persona. ¡Pensá que yo tenía 59 años! </i><i><b>Ya no era una chica sino una señora mayor y tenía muchísima vergüenza con todos los prejuicios que uno arrastra. </b></i><i>Encima tenía la enorme cicatriz de mi operación de 2019. Imaginate que yo no me sacaba la ropa ni delante de mi mamá o de mis hermanas y, de golpe, lo hacía ante un ser extraño ¡y no me daba ningún tipo de vergüenza! Era muy raro. ¿Sabés qué miedo tenía yo antes de conocerlo? Que no me gustara su olor. Pero todo funcionó de manera maravillosa. De pronto,</i><i><b> me sentí viviendo una historia que no parecía ser la mía.</b></i><i> Venía de pasar diez años con un marido muy enfermo, años en los que yo no había podido pensar en lo que quería. Me había perdido a mí misma. No había tenido una vida normal porque con Gustavo no podíamos ir a ningún sitio y me había dedicado totalmente a mis hijos y a mi nieta a quienes adoro. </i><i><b>Era una nueva sensación de libertad absoluta</b></i><i>, espectacular, donde me encontré conmigo y con mis necesidades”. </i></p><p>Isabel pasó tres meses de ensueño en España y se despidió sin saber bien cómo seguiría la relación. No lo sabían.<b> Pedro prometió viajar a Argentina en enero de 2023. Y lo hizo. </b></p><p><i>“Cuando vino a visitarme, estuvo tres meses en mi casa y nos enamoramos más todavía. Lo paseé por todos lados: Cataratas, Buenos Aires, Mendoza… Conoció personalmente a mis hijos y nos fuimos de vacaciones con la familia del menor. Fue una experiencia lindísima. Pedro quería que yo me fuera a vivir a España con él, pero yo todavía trabajaba y me faltaba un año para jubilarme así que le dije que tendría que esperar. Todo ese año me dediqué a pensar qué iba a hacer y cómo lo iba a hacer. </i><i><b>Me jubilé en abril del 2024 y en mayo, un mes después, ya estaba instalada viviendo con él en Ginés, cerca de Sevilla. </b></i><i>Mis hijos me la hicieron fácil: estaban felices de verme feliz. Decían que hacía tiempo no me veían reír de esa manera. Jamás se opusieron a nada, ni con el pensamiento”.</i></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/YB7U52ZTDJHXNEUAHXDV4QVQWQ.jpg?auth=6f960162daada757be156f93eb5308c6b692693f4eddbfe80ac1f95d161f4565&smart=true&width=1171&height=1600" alt="Pedro prometió viajar a la Argentina, luego de la visita de Isabel y lo hizo" height="1600" width="1171"/><h2>La vida de hoy y el alma partida</h2><p>Pedro está jubilado desde hace seis años y <b>la vida que hacen con Isabel es tranquila</b>. Se levantan y van, por turnos, a realizar ejercicio. Primero Isabel se lleva el auto de Pedro para ir a pilates. Cuando vuelve, es él quien toma el auto y se va a nadar. Almuerzan juntos y, por las tardes, salen a caminar cuestas con el grupo de amigos de Pedro. Por las noches comen y luego ven series y, como costumbre cotidiana, están sus partidas de ajedrez. Adoran viajar y cada vez que pueden aprovechan las oportunidades que se les presentan.<i> </i>Isabel se lleva bien con todos, incluso con la ex de Pedro y madre de los hijos: <i>“La aprecio mucho y ¡hasta salimos a tomar café juntas! Todo es casi perfecto, al punto que me parece que estoy viviendo una vida ajena, de fantasía. No me falta nada. Pedro es un hombre maravilloso, protector, que tiene todas las cualidades que cualquier mujer querría”.</i></p><p>Casi perfecto deslizó ella. Esas cuatro letras no hay que dejarlas pasar sin bucear en su contenido. Isabel confiesa: <i>“Pedro me brinda lo mejor. Me preparó todos los papeles para ser pareja de hecho. Todo lo hizo él. Es súper organizado y, en menos de cuatro meses, obtuve la residencia por cinco años. Estoy muy acompañada y feliz con él, pero debo reconocer que </i><i><b>tengo el corazón partido</b></i><i>. </i><i><b>Extraño demasiado a mis afectos de Argentina</b></i><i>: a mis hijos, a mi nieta, a mi mamá Lucía que ya tiene 84 años, a mis hermanos y a mis amigas de toda una vida. Es durísimo. </i><i><b>El desarraigo es cruel,</b></i><i> pero también es cierto que al lado de Pedro todo es bondad. Aún así hay días en que me ataca la tristeza. Los domingos por ejemplo. A veces creo que no voy a poder aguantar, tengo ganas de hacer las maletas y volverme para abrazarlos. Él se da cuenta, me comprende. </i><i><b>Me dice que no puede quererme más</b></i><i>. ¡Que a esta edad alguien te diga eso y que lo sientas y te lo transmita de esa manera es increíble!”.</i></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/3TEEWGE7EVE2HMX3KFYVBG4WRQ.jpg?auth=0b59cc7881c51e4be135329de4d9d4664cd0198e2455948dc03d982e1b21e22c&smart=true&width=1080&height=845" alt="Una de las costumbres de la pareja es jugar al ajedrez y tomar mate" height="845" width="1080"/><p>A Isabel y a Pedro los unen los gustos por el arte, la poesía, por el tablero de fichas blancas y negras y por la música:<i> “A pesar de no tener nada en común en nuestro pasado somos muy parecidos. ¿Podés creer que durante este año que llevo viviendo con él </i><i><b>jamás tuvimos una sola discusión?</b></i><i> Me sorprende mucho. Porque con mi marido tenía algún que otro intercambio de palabras, lo normal. Con Pedro nada de nada”.</i></p><p>Reconoce que si bien estuvo enamorada de su marido, este amor le resulta totalmente distinto: <i>“Es un amor diferente, sin compromisos, es un amor para disfrutar. ¡Este amor es un viaje liviano, donde puedo ser yo misma en todos los aspectos! Hoy me siento totalmente libre y enamorada. Me doy cuenta de que pude realizarme en esta etapa como persona y como mujer. Lo único que no me deja ser ciento por ciento feliz es la </i><i><b>distancia</b></i><i> con mis seres queridos. Aguanto porque sé que voy en noviembre, pero solo podré quedarme tres meses. A partir del 2026 va a ser distinto porque ya voy a ser ciudadana española y podré quedarme en la Argentina el tiempo que precise. La última Navidad fue la primera sin mi familia y te reconozco que experimenté un </i><i><b>ataque de pánico.</b></i><i> En un momento me planteé: ¿qué estoy haciendo acá sin mis hijos, sin mi nieta, con gente que no es la mía? Me cuestioné todo y me sentí descolocada. Después logré calmarme, soy bastante práctica, y volví a mirar para adelante”</i>. </p><p>Isabel va pilotando su nave emocional de los extrañares como puede. Día a día. Con la certeza de que es libre y que, si lo desea, puede irse. Por ahora va eligiendo quedarse: “<i>Cuando le planteo esto a Pedro veo que él lagrimea un poco y me conmueve. Siento que él es el compañero ideal”.</i></p><p>Para ir cerrando la nota le pregunto qué entiende ella por <b>amor</b>. Piensa bien antes de responder:</p><p><i>“Es una entrega sin esperar nada a cambio. Yo lo vivo así desde que tomé esta decisión. Aposté a esto y que dure el tiempo que sea. Sin condiciones. Amor es que los dos tengamos la libertad de poder seguir eligiendo lo que queremos cada día”.</i></p><p>El poema que escribió su admirado Antonio Machado, y luego cantó a su manera Serrat, va a la perfección con la nueva vida que está eligiendo Isabe cada mañana: <i>“Caminante, son tus huellas el camino y nada más; caminante, no hay camino, se hace camino al andar. Al andar se hace camino, y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar. Caminante no hay camino sino estelas en la mar”.</i></p><p>*<i>Escribinos y contanos tu historia. amoresreales@infobae.com</i></p><p><u>* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas</u></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/AKS6EMILZBENJDTVKSEDJVFOAU.jpg?auth=a2b929294e3faf23c2fa57daba48b2437e466581fc2189227437ee9de90524ff&amp;smart=true&amp;width=1080&amp;height=847" type="image/jpeg" height="847" width="1080"><media:description type="plain"><![CDATA[Isabel no sabe cómo su posteo llegó a ser visto por Pedro en España, cuando no eran amigos]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Se conocieron en una app de casados sin buscar nada serio: el amor clandestino que desarmó certezas y transformó una vida]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2025/06/29/se-conocieron-en-una-app-de-casados-sin-buscar-nada-serio-el-amor-clandestino-que-desarmo-certezas-y-transformo-una-vida/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2025/06/29/se-conocieron-en-una-app-de-casados-sin-buscar-nada-serio-el-amor-clandestino-que-desarmo-certezas-y-transformo-una-vida/</guid><dc:creator><![CDATA[Cynthia Serebrinsky]]></dc:creator><description><![CDATA[Julia quería sólo sentir algo que la sacara de su vida gris. Mario buscaba emoción fuera de su estructura perfecta. Pero lo que vino se les escapó de las manos. Por un año y medio se cruzaron en calles vacías y autos mal estacionados. Hasta que la culpa de él y la fuerza de ella los puso frente a una decisión que marcaría el fin… ¿O el comienzo?]]></description><pubDate>Sun, 29 Jun 2025 05:51:00 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/NLDNQ56VMFHBNGGTQUM77ITNL4.jpg?auth=dc6f1bac8eb61f87eac1c685520a9969679f94e47b5c48bd3b38f655194bb84c&smart=true&width=1456&height=816" alt="El desgaste paulatino de su matrimonio llevó a Claudia a bajarse una aplicación para conocer a alguien en una situación similar a la suya (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Julia sentía que su vida se desdibujaba. Tenía 45 años, era periodista, madre de dos hijos -de 6 y 15-, y casada con un profesor de educación física. Todo en apariencia funcionaba: familia, trabajo, rutina. Pero en el ecosistema de su día a día, hacía tiempo que había un silencio tan denso que la aplastaba. “Con mi marido<b> nos conocíamos de memoria</b>, ¿qué pasión puede haber en eso?”, dispara enfática la pregunta retórica.</p><p>No buscaba culpas, y no hubo escándalos ni traiciones notorias. Sólo un<b> desgaste paulatino</b>, silencioso, un corte constante de miradas, de gestos, de comunicación. Su marido ya no estaba. “O tal vez ya estaba todo”, dice Julia con complicidad, haciendo referencia a lo poco erótico de lo ya conocido, del lugar seguro. Ella lo apoyaba, llevaba adelante una vida de ocupaciones que la vaciaban; hasta su noble labor como periodista dejó de inspirarla. Cada vez que aparecía un desafío, su propia voz lo ahogaba.</p><p>Julia se había impuesto una fecha. No la había anotado, pero la repetía en terapia y en su cabeza: <b>“Si para junio esto no cambia, me separo”</b>. No era una amenaza ni un impulso: era una promesa que la ayudaba a sostener el día a día. Su matrimonio estaba agotado. Ya no se sentía mirada, ni cuidada, ni contenida.</p><p>No era su primera separación, y quizás por eso le costaba tanto concretarla. Sabía lo que implicaba: el movimiento desestabilizante para los hijos, el reparto de las horas, las preguntas. “Pero más me dolía la vida que estaba teniendo”, se defiende. Su esposo trabajaba, estudiaba, se esforzaba. “<b>Pero</b> <b>no me veía</b>”, dice en tres palabras todo lo que encierra la realidad de no sentirse amado. Ella lo apoyaba en todo, pero sentía que no había reciprocidad. Vivían juntos, pero distantes.</p><p>“Estaba en pareja, pero vacía”, define con una precisión que duele. Entonces, un día, después de un silencio con forma de rutina, descargó una aplicación de citas para personas casadas, buscando confirmar lo que ya sabía: “mi matrimonio tenía los días contados”, reconoce valiente. “No estaba buscando amor”, se justifica rápido como si estuviera frente a un juez, y agrega con más contundencia: “Ni siquiera sexo”. Sólo<b> quería salir del gris </b>que la estaba devorando.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/GEFYOFA3LNGH5EQVFT53DCWHRA.jpg?auth=4c94fb3d91d823463a82374bb9f4d38d5f6b29525005503cb5371f7957e3bee6&smart=true&width=1161&height=653" alt="Julia sentía que vivía una vida vacía y había puesto una fecha de separación si la relación con su marido no cambiaba (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="653" width="1161"/><p>Así, un domingo normal, después de compartir un asado con toda la familia de su marido, llegó a casa y abrió la app. “La conocía por mi trabajo como periodista, incluso había recibido gacetillas para cubrir campañas provocadoras”, explica. Pero esta vez no la abrió como profesional: la usó como mujer. Quería reafirmar que su malestar era real, pero no tan grave como para perderlo todo. <b>Quería ver qué había del otro lado</b>. Y si lo que encontraba era peor, volvería a su lugar con resignación y sin culpa.</p><p>“Pero ahí estaba él: Mario”, dice en un largo suspiro, pronunciando su nombre como quien habla de un dios inalcanzable, con una mezcla de pasión y nostalgia que intrigan.</p><h2>El calor del encuentro</h2><p>Habían pasado apenas tres días cuando recibió su mensaje. <b>Julia no escribió nada fingido. Mario tampoco</b>. Él tenía 41 y era un hombre muy marcado por haber crecido sin papá –lo conoció recién a los 12– y con una mamá algo inmadura. A Mario lo criaron sus abuelos. Entonces el cuadro familiar era algo importante para él. Vivía esa soledad común al que muestra tenerlo todo pero que, en cambio, carece de felicidad: una agenda perfectamente sincronizada como gerente general, dos hijos chicos de 4 y 7, una casa ordenada y una estructura tan sólida por fuera como agrietada en su alma.</p><p>“Con lo que me decís, mi corazón late otra vez, como el de un adolescente”, escribió Mario. No decía nada especial. No prometía aventuras sino un<b> rescate de emergencia</b>. Y tenía algo diferente: su forma de escribir, la escucha, la paciencia. No inventaron personajes. No jugaron a seducirse. Sólo chatearon. Julia sintió que ya había sido suficiente. Le agradeció y cerró la conversación. Pero Mario insistió. No se rindió. Entonces ella le pidió una prueba: su nombre real. “No por paranoia, sino por respeto”, dice con cierta necesidad de marcar sus valores. Si iban a seguir hablando, al menos quería saber con quién.</p><p>Él dudó, pero lo dijo. Y eso cambió algo. Ella se abrió también. Se expusieron. Para Julia, esas palabras fueron un golpe. Lo que más la impactó fue su sinceridad. “De repente un hombre me volvía a encender, simplemente con sus palabras y creo, o estoy segura, de que lo que más me calentaba era que <b>Mario no era un pirata: él amaba la vida que tenía pero sinceramente</b> <b>encontró en mí una tentación incontenible</b>. ¿Imaginate volver a ser el objeto de deseo para un tipo que ya tenía la vida perfecta? Eso me partió la cabeza”, expresa aún con ganas de seguir describiendo aquella sensación de estar tocando el cielo con las manos. No esperaba encontrarse con alguien que insistiera tanto… y que la viera como hacía años nadie la veía. Sí: ella se desarmó.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/3IMYTKBZP5ATLGCLRR27ELINMM.jpg?auth=061db87ac43f052491cf61bba98bab70a0aba6a7e7932593f288705ef56c8637&smart=true&width=1456&height=816" alt="La primera cita fue breve e intensa, en el auto de él (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Y en ese terreno de sinceridad extraña, se propusieron verse.</p><p>La transparencia los llevó al primer encuentro presencial. “<b>No estábamos de trampa</b>. Lo nuestro era auténtico”, afirma negando cualquier gesto parecido a la infidelidad que se le pueda endilgar. La primera cita fue breve, pero intensa. En el auto de él, estacionado cerca de una plaza poco transitada. No era una salida clásica ni un juego de seducción. Fue una conversación íntima, directa.</p><p>—Yo quiero sorpresa —dijo él—. Y complicidad.</p><p>—Yo quiero cortejo —le respondió ella—. Sentirme mirada.</p><p>Hubo besos tímidos. Nada planeado. Apenas un roce que terminó siendo mucho más: fue un puente. Un conector real. No fue erótico, fue emocional. De esos besos que dejan una huella, que no cierran nada pero abren todo. </p><p>Y quisieron repetirlo.</p><h2>Una trampa sísmica</h2><p>Durante un año y medio fueron clandestinos vivos. Las citas se entrelazaron con la rutina: tras dejar a los chicos, temprano en las calles desiertas, en autos mal estacionados, en habitaciones prestadas. Media hora bastaba para recuperar algo que ya no encontraban en sus hogares. No había exigencias, ni falsas promesas. Sólo<b> pequeños gestos</b>: un chocolate comprado en un kiosco, una palabra delicada, una presencia callada que importaba más que una declaración.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/YG6CPUTEE5DJXIWL4LPY6HV5IE.jpg?auth=50eef4f3b337bd634f2ee3721036014adf94baf705bb024446850309edb8682c&smart=true&width=1456&height=816" alt="Media hora bastaba para tener lo que no conseguían en sus hogares (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p><b>“Siempre va a haber un hombre pensando en vos”</b>, decía Mario. No era consuelo ni caricia para Julia; era una señal de la jaula emocional en la que él vivía. Y ella lo sabía: preferible el salto al decreto silencioso de quien no se arriesga.</p><p>Mario también fue un motor de transformación cotidiana: la asesoró con su trabajo, le propuso independencia; la vio en su potencial aún cuando ella lo minimizaba. Él, profesional –contador con doctorado en economía– la llenaba de esa mirada que hasta su marido le rehuía.</p><p>Julia se sorprendía sintiéndose viva. Otra vez mirada. Otra vez deseada. Otra vez inspirada. Y eso, que parecía tan simple, lo era todo.</p><p>Mario tenía una vida ordenada. Una familia sólida. Una esposa que todos admiraban. Un cargo alto. Una casa blanca con jardín. Pero por dentro, <b>se sentía partido</b>. Siempre había sido el que sostenía. El que no se permitía flaquear. Con Julia, se ablandaba.</p><p>—Esto no me pasó nunca. Nunca así —le dijo una tarde.</p><p>Incluso cuando viajaba por trabajo, la llamaba. Desde un aeropuerto, desde el lobby de un hotel, desde el baño de un restaurante. No podía desconectarse. Julia tampoco. Pero todo tenía un precio.</p><h2>El impasse de la culpa</h2><p>Un día lo premiaron públicamente. Un galardón importante. Subió al escenario. Fotos, discursos, su mujer al lado. Y al bajar, algo se rompió. Esa noche, le escribió:</p><p>—No se puede estar en la misa y en la procesión al mismo tiempo.</p><p>Eligió la misa.</p><p>Se alejaron. Fue un impasse sin escándalo. Julia lloró frente a sus hijos, en silencio. Sintió rabia, tristeza, desilusión. Y sin embargo, entendía. Porque Mario era eso: el hombre que quiere, pero no puede. El que mide. El que calcula. El que no se permite saltar.</p><p>Volvieron a verse. Una vez. Dos. La química era igual. Mejor, incluso. Pero más insoportable. <b>Cada encuentro era un pico. Y una caída. </b>Intentaron verse sin tocarse. Fracasaron.</p><p>La psicóloga de Julia fue clara: neurótico obsesivo. De los que prefieren el dolor conocido antes que el placer incierto. De los que aman con freno de mano.</p><p>Hubo otro impasse. Y luego otro. Él desapareció algunas semanas creyendo que podía meter una situación disruptiva en su vida sin romper nada. Quién sabe si era culpa, o miedo a hacer saltar su mundo construido.</p><p>Se despidieron sin escenas. Julia lloró frente a sus ojos y él solo la miró, con ternura, sin decir nada. Nada alcanzaba. En ese silencio se borró un poco más de ella misma. Julia todavía recuerda las frases de Mario: “Sos mi mitad”, “no entiendo cómo nadie te descubrió antes”. Pero cuando el dicho no se traduce en presencia, se vuelve <b>palabra hueca</b>. Y ella lo sabía.</p><p>Él le explicó que lloraba del otro lado; que no tenía fuerzas para un último beso personal. Y que tuviera en claro que habría siempre un hombre pensándola. Ella no lo vio como halago: le dio pena. Casi <b>compasión</b>. De él y de sus propias ganas de volver.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/VJYO4NBZRFGTVCDFUHUCESOVUQ.jpg?auth=eca3a4acc10db54e08d3e6fe0bc7edeaf34260cab44993bf0f6f698247216e31&smart=true&width=1456&height=816" alt="Julia lloró frente a él en una amarga despedida y él la miró con ternura (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>A pesar de todo, Julia insistió algunas veces más. Se cobijaba en esa esperanza. Intentaba un mensaje, algo. Pero adentro la voz fue haciéndose más fuerte: “¿Y tu amor propio?”.</p><p>Fue precisando la frontera: lo que podía dar y lo que ya no. Fue entendiendo que su salto ya no era saltar hacia otro —aunque apareció uno—, sino saltar hacia sí misma.</p><p>Él intentó retomar la comunicación. Le propuso saludarse en fechas y cumpleaños “como si nada hubiera pasado”. Ella lo hizo. Con ironía. Él contestó a distancia. Con distancia. Y ahí recién ella fue entendiendo: no hay reencuentro verdadero si no hay voluntad real de estar.</p><h2>Después del último encuentro</h2><p>El 25 de octubre de 2024 fue el último encuentro, y se sintió como un final sin ritmo de despedida: sin más un “te quise, chau”.</p><p>Y eso fue todo.</p><p>Hoy, Julia está viva. Se transformó. Se fortaleció y también se liberó. <b>Su pareja —su marido formal— cambió.</b> No fue un milagro del amor: fue el <b>sacudón</b> <b>de casi perderla</b> lo que le hizo entender y reaccionar. Él empezó a mirarla. A estar. A escuchar.</p><p>Julia encontró retos nuevos en su trabajo y ancló su voz profesional en su propio poder creativo. Ya no pidió una prueba de fuego: se dio cuenta de que<b> ella misma era su propia luz</b>. Lo recordó cuando Mario la miró de verdad, sin buscar salvarla. Lo que le dejó fue una clave: que merecía ser vista, amada, reconocida.</p><p>Mario no volvió. Pero tampoco desapareció del todo: Julia lo lleva adentro.</p><p>Él eligió misas y procesiones. </p><p>Ella aprendió que el amor no es lo que se concreta, sino lo que te transforma.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/NLDNQ56VMFHBNGGTQUM77ITNL4.jpg?auth=dc6f1bac8eb61f87eac1c685520a9969679f94e47b5c48bd3b38f655194bb84c&amp;smart=true&amp;width=1456&amp;height=816" type="image/jpeg" height="816" width="1456"><media:description type="plain"><![CDATA[El desgaste paulatino de su matrimonio llevó a Claudia a bajarse una aplicación para conocer a alguien en su misma situación (Imagen Ilustrativa Infobae)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Se conocieron en Lisboa y decidieron tener una pareja abierta: el contrato de amor en PDF que uno de los dos no logró cumplir]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2025/06/22/se-conocieron-en-lisboa-y-decidieron-tener-una-pareja-abierta-el-contrato-de-amor-en-pdf-que-uno-de-los-dos-no-logro-cumplir/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2025/06/22/se-conocieron-en-lisboa-y-decidieron-tener-una-pareja-abierta-el-contrato-de-amor-en-pdf-que-uno-de-los-dos-no-logro-cumplir/</guid><dc:creator><![CDATA[Cynthia Serebrinsky]]></dc:creator><description><![CDATA[Sofía y Tomás se cruzaron en Portugal cuando tenían 27 años. Los dos eran de Buenos Aires, artistas, libres, curiosos. Decidieron tener una pareja abierta, sin etiquetas ni celos, con acuerdos claros y muchas ganas de probar otra forma de quererse. Pero el amor, incluso el más moderno, a veces duele. La búsqueda de libertad que los unió intensamente y también los enfrentó a sus propios límites]]></description><pubDate>Sun, 22 Jun 2025 06:28:13 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/XVNNP7LVEZGPNBSK7HZRD2EBVY.jpg?auth=418ee891bf51dd3e1745e6e12ced1e6968084e7fd7b6cd600b4a34e497eed613&smart=true&width=1456&height=816" alt="Sofía viajaba sola por Europa cuando conoció a Tomás que hacía un máster en Barcelona. El destino los cruzó en un mirador de Lisboa  (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Se conocieron en<b> Lisboa</b> en mayo de 2022, en ese primer verano que volvía a sentirse libre después del encierro de la pandemia, cuando el sol empezaba a entibiar las veredas pero todavía no apuraba a nadie. Ella estaba sentada en la escalera del Mirador de São Pedro de Alcântara dibujando en su cuaderno, y él se acercó con la excusa de mirar la vista. Fue una frase mínima —<b>“¿Te puedo mirar desde acá sin molestar?”</b>— la que abrió el juego. Ella se rió sin levantar la vista. Después alzó la mirada y lo vio a él con su libro subrayado en los bordes. “Ahí empezó todo”, cuenta Sofía con la sonrisa más linda del mundo.</p><p>Sofía tenía veintisiete años, pelo oscuro y revuelto, una mochila llena de pinceles, y una forma suave de moverse por el mundo. Había estudiado Diseño Gráfico en la UBA, pero lo suyo era la ilustración. Vivía en Colegiales, en un PH de dos ambientes con paredes llenas de dibujos. Había juntado algo de plata trabajando freelance y se había ido de viaje <b>sola por Europa</b> por tres meses. “Era mi viaje sabático”, dice juntando las palmas de sus manos como quien le reza al Universo.</p><p>Tomás también tenía veintisiete, y vivía en Almagro. Estudió Arquitectura, también en Ciudad Universitaria, pero lo suyo era más conceptual. Se había enganchado con la bioarquitectura y estaba haciendo un <b>máster en Barcelona</b>. Ese fin de semana se había escapado a Lisboa con amigos. Llevaba una camisa de lino arrugada, un cuaderno de notas en la mochila y una sonrisa tranquila, esas que parecen no tener apuro. “No sé si era un potro pero algo en él me atrajo y, de repente, me sentí como en casa, ¡era un bardo hermoso!”, explica con sencillez lo que se siente al conectar con alguien que, “<b>no sabés por qué pero sólo sabés que es ahí</b>”.</p><p>Estuvieron hablando más de tres horas. De libros, de casas, de ciudades. De relaciones, de viajes, de cómo se sentía estar lejos de todo. Ella le mostró un dibujo que acababa de terminar. Él dijo que era<b> </b>precioso. “Creo que<b> hablábamos el mismo idioma</b> y eso me seducía mucho”, intenta Sofía definir su estado. Terminaron compartiendo una bifana –el popular sándwich que se come en Portugal, de cerdo marinado con ajo y especias, que se sirve bien caliente y suele disfrutarse como comida callejera– en un bar escondido en el barrio de Graça. Cuando se despidieron, no hubo promesas, pero sí un intercambio de celulares.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/5R43OKYC6RGPPJ6JWVWRTXXFAE.jpg?auth=feb63a050ba44936a3618437abbaa1cec0b051344d017c06fc3cf2dbf93786f4&smart=true&width=1456&height=816" alt="Esa tarde después de hablar por horas compartieron una bifana, un sándwich típico portugués (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Al día siguiente se vieron de nuevo. Y después otra vez. “No fue una historia de amor de película, fue de coincidencia emocional”, aclara extrañada de su propia conclusión. Dos personas con preguntas parecidas, con ganas de probar si había otra manera de estar con otro sin perderse.</p><p>Cuando volvieron a Buenos Aires —ella en junio, él en julio— ya se habían escrito todos los días. “Recién con Tomás pude entender la frase, ‘cuando fluye, fluye’. Antes me la decían y hasta me daba bronca pero es tal cual: entre nosotros <b>todo fluyó del modo más hermoso</b>”, tararea ella como si cantara una balada romántica. No lo pensaron demasiado. Se buscaron. Se vieron. Y decidieron estar juntos.</p><p>Pero desde el principio, dejaron claro algo: <b>no querían una pareja tradicional</b>. No porque les diera miedo el compromiso, sino porque sentían que la fidelidad podía pensarse de otro modo. “Hoy puedo darme cuenta que <b>surgió más de él y yo me adapté</b>. No sólo por amor sino que hasta me pareció divertido, ¿por qué no? Pero bue…”, apunta con una intensidad que se desvanece, desnudando algo de arrepentimiento en aquella decisión. Hablaron durante días. Armaron una especie de contrato: se querían, se cuidaban, se respetaban. Pero también se daban espacio. <b>Si alguno quería estar con otra persona, podía</b>.<b> La única regla era avisar</b>. Nada a escondidas. Nada que hiriera por omisión. “Y nada de enamorarse”, suma Sofía, estirando una de sus comisuras y disparando sus cejas al cielo, con el típico gesto involuntario de la resignación que, ahora es más que nada un reproche a sí misma. “Era nuestro contrato de amor: hasta lo escribimos e hicimos un pdf. Estábamos contentos, era toda una aventura”, señala más animada.</p><p>Sofi y Tomi - Tomi y Sofi</p><p>Nuestro acuerdo de amor</p><p>Ambos tener en claro y respetar que:</p><ul><li>Tenemos una pareja abierta; lo demás que tengamos no son parejas sino diversión/cotillón. </li><li>Cuidamos de no hacer cosas que lastimen al otro. Acá, cada uno que plantee sus límites. Por ejemplo, a mí me hace mal que me dejes en visto hasta el otro día. Prefiero un mensaje cariñoso con apertura y final.</li><li>Usamos preservativo con los otros contactos, de principio a fin siempre. Cuidarse sexualmente siempre.</li><li>Nuestras casas son nuestras. Somos locales.</li><li>Con los otros hay sólo “citas/salidas” fru, es decir, a lugares que nosotros no iríamos.</li><li>Los viajes son nuestros.</li><li>La comunicación, sinceridad y honestidad entre nosotros es clave.</li></ul><p>Agosto 2022</p><p>Durante meses, funcionó. Salían juntos, dormían juntos, hacían planes. Pero también, a veces, <b>uno salía con alguien más</b>. No siempre lo contaban con detalle. Pero lo hablaban. Y eso, decían, los acercaba. “Sí, estaba bueno”, se sincera ella sorprendida, y refuerza: “Nos excitaba un poco saber e imaginar al otro”. Sentían que estaban construyendo algo maduro, sin trampas. “¡Y <b>re toxi</b>!”, declara entre risas endulzando la palabra venenosa, hoy con la historia masticada.</p><p>Sofía, incluso, se enganchó unas semanas con un <b>fotógrafo</b> que había conocido en una muestra en Chacarita. Tomás lo supo. Se lo contó con naturalidad. Él lo tomó bien. Después le pasó a él. Se había encontrado con una ex en un bar de Villa Crespo. Se besaron. Al día siguiente se lo contó a Sofía. Ella lo escuchó, le hizo un par de preguntas, pero no se enroscó. “El amor no tenía por qué ser una cárcel”, declara con dudosa confianza. Estaban probando algo. Y, durante un tiempo, parecía que lo lograban.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/BSPV3SX3LRBIHB7A7WFBYMFLGY.jpg?auth=a2cb179025844fb2d17678f206d0fddb8c0a66f7fa2ecef8897265e4d426a7a3&smart=true&width=1456&height=816" alt="El amor libre tenía sus reglas: escribieron un contrato y lo descargaron en un PDF (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p><b>Lo que quebró el equilibrio no fue una traición</b>. Fue una charla, un café, un interés que creció como crecen las cosas importantes: despacio, sin aviso.</p><p>Tomás la conoció en una feria de arquitectura alternativa que se hacía todos los años en Parque Lezama. Clara tenía una mesa chiquita con alfombras tejidas a mano, colores apagados y texturas irregulares. Hablaba con la lentitud de los que nada esperan, como si cada palabra hubiera sido pensada antes de decirse. Él le preguntó si podía hacerle una<b> entrevista</b> para un proyecto que estaba armando sobre diseño y hábitat. Ella le ofreció un mate. Y ahí empezó algo que ninguno quiso detener.</p><p>La vio una vez, después dos. Fueron a una <b>muestra</b> en el Centro Cultural Borges, tomaron una cerveza artesanal en un bar de la calle Piedras, caminaron hasta Constitución sin mirar la hora. <b>Él sabía que se estaba saliendo de las reglas</b>. Lo pensó. Lo evaluó. Y volvió.</p><p>La cuarta vez que se vieron, ya no pudo fingir que no pasaba nada. Esa noche volvió a casa y se metió en la cama sin hablar. Sofía, que siempre lo olía antes de escucharlo,<b> le preguntó si seguía viéndose con la misma chica</b>. Él dijo que sí. Ella asintió. “Era obvio, yo sabía, siempre lo supe”, apunta por lo bajo con una sumisión que entristece. Se quedó sentada en la cama, con las ideas cruzadas y el pelo desordenado, y le preguntó si era algo más que físico. Tomás tardó en responder. “Todavía recuerdo esos segundos, ese silencio insoportable… Cuando es un ‘no’, ni lo pensás”, medita Sofía con el alma marchita. Luego de segundos que parecieron años, Tomás<b> dijo que se sentía bien con Clara</b>. Que lo hacía pensar en otras cosas. Que no quería dejar de estar con Sofía, pero tampoco quería mentirle. “Pero me mentía, o sea, no con las palabras, sino con los sentimientos y hasta creo que lo hacía sin querer lastimarme pero a esa altura yo ya estaba rota”, se sincera con lágrimas en los ojos.</p><p>Entonces lo hablaron de frente, por primera vez. No con listas ni frases encubiertas. Sofía le preguntó si estaba enamorado. Él, “de vuelta”, no contestó enseguida. “No hacía falta, lo conocía como nadie, ya lo sabía”, repite Sofía como el estribillo de un tango mustio. Entonces, Tomás cerró los ojos, como si eso pudiera ayudarlo a ordenar el deseo. Dijo que <b>tal vez sí.</b> O que estaba empezando a estarlo.</p><p>“Ahí se rompió algo… o todo”, sentencia Sofía con una determinación que conmueve. No hubo un portazo. Más bien un abismo que quedó flotando en el cuarto como si ya supieran que era el principio del fin.</p><p>Durante las semanas que siguieron, Sofía se esforzó en sostener algo que ya no la sostenía. Se repitió que habían acordado esto. Que estaba dentro de lo pactado. Que el amor no era una cárcel. Pero cada vez que él hablaba de un almuerzo con Clara o de una frase que ella le había dicho, Sofía sentía que algo se le achicaba por dentro. “El corazón”, dice estrujándose el pecho.</p><p>Intentó salir más. Conoció a un chico que vendía cuadernos artesanales en una feria de la plaza de Colegiales. “Le quería poner onda, me sobre exponía y <b>terminaba usando a otros y lastimándome yo</b>”, declara con remordimiento. Se mandaron audios largos, salieron a tomar vino a un barcito de Gorriti y Carranza. Se besaron una vez en la esquina de una estación de servicio. Pero no era lo mismo.</p><p>Una noche, después de ver una obra en el San Martín, Sofía y Tomás caminaron por Corrientes sin decir una palabra. “Era horrible, el aire se cortaba”, dice negando con la cabeza, como si tal gesto ayudara a reparar la pena. Él le quiso dar la mano, pero ella no la tomó. Le dijo que necesitaban parar. Que <b>él ya no estaba ahí</b>. Que, diga lo que diga, ella lo sentía lejos. Que no era bronca ni tristeza. Era otra cosa. Una especie de comprensión inevitable. “Como cuando te das cuenta de que es domingo a la noche: el fin de semana se termina, sabés que ya hay que volver a la rutina y, aun así, te agarra la angustia”, explica Sofía en una metáfora la congoja de lo malo conocido que aborrece.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/5QDUKTDOLNBDRFTUPDKN6HZLZ4.jpg?auth=a64d3488d65f6c55e7eaa112a6905319ab49a2ecb5b100e11dfa56325dbc27da&smart=true&width=1456&height=816" alt="Sofía y Tomás caminaron por Avenida Corrientes sin decir una palabra, el aire se cortaba  (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Tomás intentó decir que no era tan así. Que la quería. Que todavía podían reconfigurar algo. Pero ella le sonrió con los ojos húmedos y le dijo que no. “¿Acaso se puede seguir mirando al otro igual después de eso?”, lanza Sofía la pregunta retórica, y rápido se contesta: “No. Absolutamente no, nada es igual después de que los ojos que alguna vez te miraron con amor, ahora ven a otra”. Sofía le dijo que si él estaba enamorado de otra persona, entonces ya <b>no había nada que negociar</b>. Que estaba bien. Que no se odiaban. Que lo que habían intentado había sido lindo, incluso ahora.</p><p>Esa fue una noche triste, se abrazaron como se abrazan los que no saben que no van a volver a verse así. Con los cuerpos apretados y los corazones quietos.</p><p>Después de la separación, Sofía volvió a dormir del lado izquierdo de la cama, como cuando vivía sola. Le costaba más de lo que quería admitir. “No por Tomás, o no sólo por él, sino por todo lo que habíamos construido”, admite. </p><p>Volvió a su rutina, pero ya no era la misma. Ilustraba sin tanto entusiasmo. Iba a ferias, pero se iba temprano. Sus amigas le decían que estaba “ida”. Ella respondía que estaba bien, “sólo repensando cosas”.</p><p>Empezó terapia en un consultorio sobre Cabildo. Iba los jueves, a las seis de la tarde. “Elegí especialmente ese día y hora, que era cuando me empezaba a agarrar la<b> angustia del fin de semana vacío</b>”, dice y por primera vez sus manos se calman. Ahí hablaba de los límites entre la libertad y el cuidado. De las formas posibles del amor. De los vínculos que no se ataban pero tampoco se cuidaban del todo. Y también de Tomás. Aunque cada vez menos.</p><p>En diciembre, se compró un <b>pasaje a Tucumán</b> para ver a su madre. Pasó Navidad allá, comiendo ensalada rusa con mayonesa casera y brindando con sidra tibia. Volvió más liviana.</p><p>Mientras tanto, Tomás seguía con Clara. Habían pasado de los encuentros esporádicos a un vínculo más serio, aunque nunca le puso nombre. A veces, cuando caminaba por la calle Honduras y pasaba por la librería donde Sofía una vez le había leído un poema de Idea Vilariño, sentía un nudo en la garganta. Pero no volvía.</p><p>Sofía empezó a salir con alguien nuevo en febrero. Se conocieron en una muestra en Recoleta. Él era fotógrafo, vivía en Saavedra, tenía una hija chica de una relación anterior. Era dulce, paciente, un poco intenso. Salieron tres veces. Después ella le dijo que todavía no estaba para nada muy serio. “Pero nos besamos bien”, recuerda. Eso, pensó, ya era un avance.</p><p>En marzo, cuando volvió a abrir el taller donde ella daba <b>clases de acuarela</b>, Tomás le mandó un mensaje: “Vi que arrancaste de nuevo. Me alegra mucho. Que estés bien”. Ella lo leyó, lo dejó en visto un rato, y después respondió: “Gracias. Estoy bien. Espero que vos también”.</p><p>Esa noche Sofía <b>soñó que volvían a encontrarse en una plaza</b>, en una especie de picnic eterno, con manteles de colores y canciones que sabían los dos. “Cantábamos con una alegría descontrolada y todavía puedo escuchar nuestras carcajadas contagiosas, y Tomás tenía la mirada más feliz que jamás le haya visto”, remata todavía inmersa en aquella fantasía. Sin embargo, al despertar, no quiso volver a ese sueño. Le alcanzaba con lo que había sido.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/FZ2BCJNV2ZFEXCUPLS7VNGX32Q.jpg?auth=270e9d53f50ac7fd04f89f4de4e15385d6a5a7ead13dba0dc8288f2dfc1f4f90&smart=true&width=1456&height=816" alt="Sofía soñó con Tomás, una especie de picnic eterno (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Pasó el tiempo. No volvieron a verse. No se bloquearon. No se stalkeaban. Sólo se dejaron ir con la misma delicadeza con la que se habían elegido.</p><p>A veces, caminando por Colegiales, a Sofía le volvía alguna frase que Tomás había dicho en Lisboa. O recordaba el modo en que se acomodaba los lentes cuando algo lo incomodaba. O la forma en que la miró la noche que se animaron a vivir el vínculo abierto.</p><p>No se arrepentía. Aprendió a no romantizar la idea de <b>amar sin condiciones</b>. A entender que los pactos también duelen. Que el deseo de libertad no anula la necesidad de cuidado. Que se puede amar mucho a alguien y, sin embargo, no poder quedarse. Y que, a veces, lo más generoso que uno puede hacer con el amor es dejarlo ir cuando ya no encuentra su lugar. “Aprendí mucho más de lo que perdí”, dice convencida.</p><p>No volvieron ni se escribieron más.</p><p>Pero alguna vez, en alguna ciudad lejana, en otro mirador, si uno de los dos ve a alguien con un cuaderno en la mano o un libro subrayado en los bordes, probablemente sonría. No por lo que fue. Sino por todo lo que aprendieron juntos, al animarse a amar sin querer ser dueños de nadie.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/XVNNP7LVEZGPNBSK7HZRD2EBVY.jpg?auth=418ee891bf51dd3e1745e6e12ced1e6968084e7fd7b6cd600b4a34e497eed613&amp;smart=true&amp;width=1456&amp;height=816" type="image/jpeg" height="816" width="1456"><media:description type="plain"><![CDATA[Sofía viajaba sola por Europa cuando conoció a Tomás que hacía un máster en Barcelona. El destino los cruzó en un mirador de Lisboa  (Imagen Ilustrativa Infobae)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[La conoció en un boliche de Buenos Aires en los 80 y la buscó durante décadas hasta encontrarla, pero el final no fue el que esperaba]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2025/06/08/la-conocio-en-un-boliche-de-buenos-aires-en-los-80-y-la-busco-durante-decadas-hasta-encontrarla-pero-el-final-no-fue-el-que-esperaba/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2025/06/08/la-conocio-en-un-boliche-de-buenos-aires-en-los-80-y-la-busco-durante-decadas-hasta-encontrarla-pero-el-final-no-fue-el-que-esperaba/</guid><dc:creator><![CDATA[Cynthia Serebrinsky]]></dc:creator><description><![CDATA[Bautista y Carrie vivieron un amor clandestino en pleno carnaval porteño. Casi cuatro décadas después, él quiso volver a verla. Lo que encontró no fue lo que imaginaba, pero esa historia seguía viva como una canción imposible de olvidar
]]></description><pubDate>Sun, 08 Jun 2025 13:19:47 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/YSYLOJKHYFD67BFHEG3TDVDVQQ.jpg?auth=200eccf15df08a179f0d567f498b8e6993ac5c07e2f36e1750c3153c911bb7c0&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Bautista (23) y Carrie (27) se conocieron en 1986 en la disco Bamboche, en el barrio de Flores. Él la invitó a bailar y ella aceptó " height="1080" width="1920"/><p>La última vez que Bautista la vio fue en el verano de 1988, en una esquina de Parque Chacabuco donde los árboles daban sombra incluso en los días más impiadosos de febrero. Ella se despidió con una frase que él jamás olvidó: <b>“Me voy a volver a juntar con el padre de mis hijos, no nos vamos a poder ver más”</b>.</p><p>Pasaron casi cuatro décadas desde entonces. Y sin embargo, ese nombre inventado que ella usó una sola vez en voz baja —“me llamo Carrie”— se le quedó a vivir en el pecho como un tango.</p><h2>Buenos Aires, 1986</h2><p>El 15 de febrero de 1986, un día después de San Valentín y en plena época de carnavales, Bautista salió con sus amigos a <b>Bamboche Club</b>, una de las discos más emblemáticas de la avenida Rivadavia, en el barrio de Flores, conocida por sus maratones y fiestas temáticas —un sitio que, con el tiempo, se transformaría en La Puerta del Sol, un boliche tropical—. Tenía 23 años, trabajaba en una oficina de correo cerca de Plaza San Martín y vivía con su madre en un departamento de dos ambientes sobre la calle Esmeralda, en Retiro. Para él los sábados eran sagrados.</p><p>Bamboche era su segunda casa. En la puerta había un personaje pintoresco —un hombre de baja estatura apodado “Tito”— que oficiaba de filtro y a veces de confesor. Esa noche la fila rodeaba la cuadra. Bautista y sus amigos, a esta altura amigos de Tito, entraron sin esperar. “Teníamos palanca”, dice girando una perilla invisible, con sus cansados 62 años, haciéndole un guiño al pasado feliz.</p><p>La estrategia era conocida: se paraban cerca de los baños a la espera de chicas que salieran después de acomodarse frente al espejo. “Fue entonces cuando la vi”, recuerda todavía obnubilado. Era alta, de pelo castaño claro y ojos verdes, vestida con un pantalón blanco ajustado y una blusa azul con hombreras. <b>“Una bomba atómica”</b>, resume con la mirada encendida en aquella noche inolvidable. Estaba con su hermana y una amiga. Bautista la invitó a bailar y ella aceptó sin dudar.</p><p>Se llamaba Carrie, le dijo. Él, improvisando sobre la marcha, eligió Bautista por un bisabuelo que nunca había conocido. Bailaron hasta que llegaron los lentos y ahí, entre baladas de Air Supply y Alphaville, <b>se besaron por primera vez</b>. “¡Y qué beso! ¿Viste cuando se te mueve todo por dentro? Sin dudas el mejor primer beso de mi vida”, dice con nostalgia contenida. El resto de la noche fue una sucesión de secretos compartidos a media voz.</p><p>Más tarde ella le confesó que tenía 27 años, que estaba casada, que era madre de tres hijos y que aquella era su primera salida en años. Lo miró con una mezcla de dulzura y resignación: “No estoy buscando nada pero sos un buen pibe”.</p><p>Para Bautista <b>ella era la mujer ideal</b>. </p><p>Y lo fue…</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/IRBEMWERLRB5THDB4THCYI2MTA.png?auth=ce39cd2fdb3b922f1c2c90733de9a466705182061de2cb90b699c5f10bc21d4e&smart=true&width=1456&height=816" alt="Después de la noche en la que se conocieron, Bautista y Carrie comenzaron a verse a escondidas en el boliche, en bares y en departamentos de amigos
" height="816" width="1456"/><h2>Un amor clandestino</h2><p>Durante cinco meses se vieron casi todas las semanas. A veces en el boliche, otras en bares discretos de Almagro o Boedo y otras en departamentos prestados por amigos que les hacían “la gamba”. Carrie le hablaba de sus hijos, de su infancia en Flores, de su amor frustrado por la danza. “Me atraía todo en ella: su voz, la curva de su cintura, su mirada profunda pero misteriosa, lo que decía y lo que no, era toda sexy”, describe como quien adora a una figura celestial. Bautista escuchaba todo con devoción, intentando memorizar cada detalle. Aunque, sin esperanza de que su musa dejara su historia oficial, decidió también mirar otros rumbos. Así, en septiembre de ese año, conoció a quien más tarde sería su esposa, Mariana, una bibliotecaria de Villa Urquiza con la que tuvo un hijo diez años después.</p><p><b>En paralelo siguió viendo a Carrie</b>, al menos hasta enero de 1987. Ya no eran pareja —nunca lo fueron—, sino más bien “algo” que en su interior él no se animaba a definir. ¿Amigos con derechos? ¿Fantasmas con privilegios? <b>“Yo hubiera querido todo con ella, pero bueno…”</b>, dice dejando abierta la frase que, por sus ojos vidriosos, es fácil de completar. </p><p>Una tarde de marzo quiso sorprenderla. “La extrañaba y necesitaba verla”, se justifica como si el tiempo no hubiera pasado. Tomó el colectivo 65 desde Retiro hasta Parque Chacabuco. Caminó por Avenida La Plata hasta la esquina con Tejedor, donde ella le había dicho que vivía. Tocó el timbre. Esperó. Preguntó a los vecinos. Carrie se había mudado sin avisarle.</p><p>Durante semanas hizo averiguaciones sin éxito. Hasta que una noche, en Bamboche, se cruzó con la hermana de Carrie. “Se separó”, le anunció la buena nueva. “Ahora vive en otro lado”. Le dio la dirección. Y así <b>volvieron a encontrarse</b>. Esta vez, sin promesas.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/IYTGH4RHFVABFJXPWOG4HA5JNM.jpg?auth=14f2aa2823fca964c151d1dae14a558aa6b365d3dbc3590ead28fa60e991ba54&smart=true&width=1456&height=816" alt="Durante dos años se encontraron, se distanciaron y se volvieron a reencontrar en la clandestinidad. Mientras tanto, Bautista se comprometió con quien sería la madre de su hijo y Carrie se separó de su marido, pero despúes de un tiempo decidió regresar con él y le dijo a Bautista que, entonces sí, no podían verse más " height="816" width="1456"/><h2>El final (¿definitivo?)</h2><p>El reencuentro duró hasta 1988. Para entonces, Bautista ya se había comprometido con Mariana. Aún así, si hubiese sido por él, hubiera sostenido en paralelo su “pasión secreta” con la chica del boliche. Pero Carrie planeaba volver con su marido, o al menos eso le dijo. Él no insistió. “Lamentablemente”, agrega dándole énfasis a su resignación, como si aquello apaciguara esa mezcla de angustia y bronca que todavía siente. “Enojo conmigo por no habérmela jugado”. Simplemente dejó de verla. <b>Dejó que “el tiempo decidiera por los dos”</b>.</p><p>Durante años pensó en ella de manera esporádica. “Era involuntario. Todo me la recordaba. Había una publicidad de un chocolate, que pasaban cada dos por tres, en la que la chica era idéntica a mi Carrie y cada vez que la veía imaginaba volver a tenerla en mis brazos”, recuerda con la mirada perdida. A veces la soñaba. A veces creía verla en la calle. Pero nunca hizo nada. Se casó, tuvo un hijo, se mudó a Morón. Trabajó en el mismo correo durante tres décadas.</p><p>Hasta que en abril de 2024, mientras caminaba por Caballito para hacerse unos anteojos en una óptica de la avenida Acoyte, algo hizo <i>click</i> en su cabeza. Pasó frente a un edificio y le pareció ver la sombra de Carrie subiendo una escalera. Sabía que era una ilusión, pero aquel espejismo fue suficiente para <b>tomar la decisión de su vida: buscarla</b>.</p><p>Empezó con lo típico, las redes sociales. Facebook, Instagram, incluso LinkedIn. Nada. Probó con el padrón electoral, sin éxito. Pensó en rendirse. Pero entonces, “como en una película de detectives de los años cincuenta”, <b>contrató a una agencia</b>. Pagó una suma considerable. Les dio apenas su nombre y apellido y la edad aproximada.</p><p>El milagro ocurrió: le consiguieron una dirección y un número de celular. Durante un mes entero fue a la zona a esperar encontrarla por casualidad. Nunca apareció. Le mandó un mensaje de WhatsApp. No hubo respuesta. <b>“Se la había tragado la tierra”</b>.</p><p>Entonces escribió una carta. Le habló de aquel verano de 1986, de Bamboche, de los corsos en Rivadavia. Le dijo que estaba escribiendo una novela basada en aquellos años y que le gustaría preguntarle algunos detalles. La dejó por debajo de la puerta. “Bien a la antigua”.</p><p>Días después recibió un mensaje: “¿Qué querés?”. Le contestó con respeto pero sin mucha simpatía. Le recordó quién era. Al principio ella pareció reconocerlo, pero al segundo mensaje el tono cambió: “No te conozco. No vuelvas a mi barrio. Esto es acoso”.</p><p>No insistió. No volvió.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/6H2QHTD4VVERNGZEVPNG4C7QWY.jpg?auth=0746d7467e5518dd607abc2ab9fa67789f8231f7e0bf0571e892e8ad7ac64664&smart=true&width=1456&height=816" alt="En abril de 2024, con más de 60 años, Bautista caminaba por Caballito cuando le pareció ver la sombra de Carrie. Era una ilusión pero desde ese día decidió buscarla. Cuando por fin la encontró ella lo desconoció
" height="816" width="1456"/><p>Hoy, Bautista tiene 62 años. Se jubiló del correo. Vive solo en un PH modesto en Castelar. A veces escribe. A veces mira fotos viejas. A veces escucha la canción “Carrie”, de Europe, y se permite llorar un poco.</p><p><b>No volvió a enamorarse como entonces</b>. No sabe si idealizó a Carrie o si simplemente fue un amor imposible atrapado en el ámbar del recuerdo. “Esperaré un milagro antes de la partida”, dice sin ironía. A veces sueña con que ella lea la novela –“o, quién sabe, esta nota”, agrega ilusionado—, que entienda que no era una amenaza, que sólo quería cerrar una historia abierta.</p><p>Y entonces, quizás, el tiempo les dé <b>una última escena</b>.</p><p><i>* Escribinos y contanos tu historia. amoresreales@infobae.com.</i></p><p><i>* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas.</i></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/YSYLOJKHYFD67BFHEG3TDVDVQQ.jpg?auth=200eccf15df08a179f0d567f498b8e6993ac5c07e2f36e1750c3153c911bb7c0&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Bautista (23) y Carrie (27) se conocieron en 1986 en la disco Bamboche, en el barrio de Flores. Él la invitó a bailar y ella aceptó ]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Dos matrimonios amigos lo compartían todo, hasta que una mirada bastó para prender el fuego y desatar la traición]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2025/05/25/dos-matrimonios-amigos-lo-compartian-todo-hasta-que-una-mirada-basto-para-prender-el-fuego-y-desatar-la-traicion/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2025/05/25/dos-matrimonios-amigos-lo-compartian-todo-hasta-que-una-mirada-basto-para-prender-el-fuego-y-desatar-la-traicion/</guid><dc:creator><![CDATA[Cynthia Serebrinsky]]></dc:creator><description><![CDATA[Durante años hicieron todo juntos. Eran una tribu unida por una amistad que parecía indestructible. Compartían salidas, vacaciones, casas, autos. Pero a espaldas de sus parejas, Solange y Julián se enamoraron. El deseo fue creciendo en secreto, hasta volverse incontrolable. Lo que rompieron por amor, aún arde]]></description><pubDate>Sun, 25 May 2025 04:11:28 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/2KXRTM6XPBBOXHAFT7GXRKUHVI.jpg?auth=41cc61f1c109f6952858747d1d83ac7f1353fb954bce75d82242f266c8dee5eb&smart=true&width=1796&height=1010" alt="Las familias pasaban mucho tiempo juntas, incluso las vacaciones y las fiestas de fin de año (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1010" width="1796"/><p>Durante más de quince años fueron inseparables. Una tribu perfecta, con códigos propios, chistes internos, vacaciones compartidas y rituales repetidos. Dos matrimonios, cuatro hijos, una amistad que parecía <b>indestructible</b>.</p><p><b>Solange y Leo</b> vivían en Belgrano. Ella, <b>ginecóloga</b>; él, <b>abogado</b>. <b>Julián y Verónica</b>, sus amigos del alma. Se habían conocido los cuatro estudiando en la misma universidad, aunque diferentes carreras. Julián, <b>médico clínico</b>. Verónica, amiga de la infancia de Solange, y luego <b>socia de Leo </b>en el estudio jurídico. Vivían a ocho cuadras. Tenían la llave de la casa del otro, se prestaban los autos, se mandaban a los chicos sin avisar.</p><p>Cada verano alquilaban juntos en<b> Cariló</b>. Ocupaban dos dúplex contiguos y armaban una casa común. Los chicos –Pedro, Valentina, Tomás y Sofía– crecieron como <b>hermanos</b>. Dormían en carpa, se metían todos en una misma habitación, comían milanesas en ronda mientras los adultos se tomaban un aperitivo en la galería.</p><p>Compartían hasta el <b>cuidado de los hijos</b>: cuando uno se enfermaba, podía pasar la noche en la casa del otro. Si alguno tenía una guardia, el resto lo cubría. Cuando Julián tuvo que operarse, fue Leo quien lo acompañó al quirófano. Cuando Solange tuvo su segundo hijo, fue Verónica quien le sostuvo la mano en el parto porque Leo estaba de viaje.</p><p>Las fiestas de fin de año también eran conjuntas: Navidad en una casa, Año Nuevo en la otra. El brindis era un abrazo colectivo, un mar de fuegos artificiales sobre los techos y una promesa tácita de felicidad continua.</p><p>En 2010, cuando los hijos tenían entre 5 y 8 años, viajaron todos juntos a<b> Florianópolis.</b> Fueron dos semanas de playa, mariscos, mate al atardecer y charlas largas en la arena. Las <b>fotos </b>muestran risas, besos, trajes de baño floreados, niños con la piel salada. Pero hay una que Solange aún no puede mirar sin que se le acelere el corazón: ella y Julián, parados muy juntos, con una sonrisa que no es del todo inocente.</p><p>Porque fue por esos años cuando algo se desvió.</p><p><b>Julián había estado enamorado de Solange en la facultad</b>. Nunca se lo dijo. Cuando ella empezó a salir con Leo, él decidió enterrarlo. Se hizo amigo de ambos. Después, sin buscarlo, terminó saliendo con Verónica. Y la vida se armó así: prolija, funcional, entrañable.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/B3RMP2HMDRCPFDKOSZIKZN5FWQ.jpg?auth=08ea4936bba0a700b966635efb91a0240f3807bd35114f1d840a632c3017ef22&smart=true&width=1820&height=1024" alt="El recuerdo de un verano en Florianópolis le aceleraba el corazón a Solange (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1024" width="1820"/><p>Pero un día de 2012, a la <b>salida de un acto escolar</b>, algo cambió. Leo y Verónica preparaban un caso importante en el estudio entonces no pudieron asistir al evento. Solange y Julián llevaron a los chicos a casa y <b>se quedaron charlando en el auto</b>. No hablaron de nada en especial, pero al despedirse, sus manos se tocaron un segundo más de lo normal. Esa noche no durmieron bien.</p><p>“No puedo creer lo que sentí”, pensó Solange. “No está bien. Pero fue real”.</p><p>Al principio, se convencieron de que había sido una tontería. Pero empezaron a buscarse. Primero con <b>excusas triviales</b>: que un resumen para un congreso; que un llamado por un paciente en común; que él pasaba a buscar a los chicos al colegio y aprovechaba para quedarse un rato charlando. Los encuentros eran breves, casuales, inocentes en apariencia. Pero bastaba con un cruce de ojos o un roce fugaz de los cuerpos para que el deseo se colara, cada vez con menos disimulo.</p><p>Una noche de otoño, después de una jornada en la clínica, Solange pasó por el consultorio de su amigo para dejar unos papeles. Julián estaba solo. Hablaban de algo banal cuando ella le tocó el brazo. Él no se apartó. No se besaron. Pero ya no hubo vuelta atrás.</p><p>Lo suyo fue una<b> historia clandestina</b>, sí, pero no fugaz. Se vieron durante años. En habitaciones de hotel en congresos médicos. En la casa familiar de uno o del otro cuando sabían que estaba vacía. En caminatas nocturnas donde el deseo y la culpa se tomaban de la mano. El peligro era tan adrenalínico como excitante. </p><p>“Me estoy convirtiendo en alguien que no reconozco”, se decía Solange. Pero cada vez que Julián le tocaba la espalda baja o le susurraba al oído, se desarmaba. <b>“Intenté frenar el deseo con todas mis fuerzas pero el amor no avisa”.</b></p><p>Una noche, después de un congreso en Rosario, hicieron el amor en una cama de hotel que olía a jabón neutro y ventanas empañadas. Fue lento, urgente, silencioso.</p><p>Otra vez, en la casa de Julián mientras “los otros” estaban en un cumpleaños infantil, Solange se quitó el guardapolvo apenas cruzó la puerta. El deseo era un lenguaje nuevo, feroz, innegociable. “Sabíamos que estaba pésimo lo que hacíamos y la intención no era lastimar a nadie pero había algo tan seductor en el<b> riesgo de ser descubiertos</b> que nos devoraba y nos llevaba a más”.</p><p>En los cumpleaños, en las reuniones, en los fines de semana compartidos, todo era sospechosamente igual. Nadie se daba cuenta. Solange se vestía con esmero para esas cenas de grupo, y Julián la miraba de reojo mientras servía el vino.</p><p>En 2017, durante unas <b>vacaciones en Pinamar</b>, compartieron una tarde entera a solas, con la excusa de buscar algo en el centro. Se besaron en el auto, estacionado en una callecita lateral. El mar estaba cerca, el viento traía olor a sal, y en ese momento supieron que ya no podían seguir fingiendo y, aunque quisieran,<b> la bomba estalló</b>.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/SK6ETMMY4RHT5AMM5J6QZ6UDII.jpg?auth=1115bb1826791632ed1ac1a00be163333f1de0792ee4d8bc03bbe4b0c0f2da35&smart=true&width=1450&height=816" alt="Solange y Julián se besaron en el auto, antes de la infidelidad saltara por los aires (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1450"/><p>Fue Valentina, la hija menor de Solange, quien <b>descubrió un mensaje</b>. Tenía 12 años y buscaba fotos para un video. Vio el chat, entendió lo esencial y, sin quererlo, hizo explotar la noticia.</p><p>La reacción fue inmediata.<b> Leo enfrentó a Solange</b>. Ella, arrasada, no negó. Dijo que no era una aventura, que no sabía cómo explicar lo inexplicable. Que lo sentía. Que no había sido planeado. Que no podía dejar de querer a Julián.</p><p>Verónica, al enterarse, hizo las valijas. No gritó. No insultó. Se llevó a los chicos y se mudó a lo de su hermana. Julián fue a buscarla, le pidió perdón, le rogó que no destruyeran todo. Pero ella no quiso escucharlo.</p><p>En menos de una semana, el mundo de los cuatro se desmoronó. <b>Las familias dejaron de hablarse</b>. <b>Los hijos fingían no conocerse en el colegio</b>. Los amigos en común tomaron partido. Era un escándalo.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/Q3C2SJEZ6RCJJK7XEXS5HL6Z2E.jpg?auth=53c78f1fa9d975ab05027d6be6a3c9d122c7e738dbc5323d47d941c8f0b47c08&smart=true&width=1536&height=864" alt="La hija menor de Solange descubrió un chat de su madre con Julián que desató el escándalo (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="864" width="1536"/><p>Solange y Leo intentaron hablar, pero no había forma. Él se fue a vivir a un departamento en Núñez. Durante meses, se manejaron en piloto automático. Compartían a los chicos en días pactados. Solange se volcó al trabajo: turnos extensos en el hospital, consultas privadas, talleres para adolescentes. Cada vez que entraba a un consultorio, intentaba dejar atrás la historia. No podía.</p><p>Había noches en las que lloraba sola. “<b>¿Hice bien en elegir el amor? </b>¿No rompí demasiado para quedarme con muy poco?”, pensaba. Pero entonces Julián le mandaba un mensaje: “Te extraño como el primer día”, y todo volvía a encenderse.</p><p>Julián, en paralelo, alquiló un dos ambientes en Palermo. Empezó terapia. Buscó recuperar a sus hijos. Lo logró parcialmente: Sofi lo perdonó, Tomás no.</p><p>Pasó casi un año. Y entonces, una tarde de invierno de 2018, Solange y Julián se encontraron. Se sentaron en un café de Belgrano. Él le preguntó si todavía sentía lo mismo. Ella dijo que sí. Que nunca se había ido de ese lugar. Que ya no podía más con el silencio.</p><p>Fue el principio de algo nuevo. Una <b>relación a la vista</b>. Sin mentiras. Sin amigos. Sin tribu. Solange y Julián supieron que estaban solos contra el mundo. Pero por primera vez, sin culpa.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/PNUZ5ZRVLJDTVHQFEKLBQJRDJE.jpg?auth=3f2a329f2349a8dc40bcc32598627ffad2cc5ab8504aa1cbf282c7625a11a6e3&smart=true&width=1456&height=816" alt="Solange y Julián decidieron seguir adelante con la relación (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Alquilaron un PH en Colegiales. Los chicos entraban y salían con cierto recelo, pero con el tiempo se acomodaron. No fue idílico. Fue real.</p><p>Hoy llevan casi trece años juntos. Siguen trabajando como médicos. Siguen enfrentando las consecuencias. Pero viven en paz.</p><p>Nunca pensaron que ese amor iba a sobrevivir al estallido. Pero sobrevivió.</p><p>Y, aunque dejó cenizas por todos lados, eligieron caminar sobre ellas. Juntos.</p><p><i>*Escribinos y contanos tu historia. amoresreales@infobae.com</i></p><p><i>* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas</i></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/2KXRTM6XPBBOXHAFT7GXRKUHVI.jpg?auth=41cc61f1c109f6952858747d1d83ac7f1353fb954bce75d82242f266c8dee5eb&amp;smart=true&amp;width=1796&amp;height=1010" type="image/jpeg" height="1010" width="1796"><media:description type="plain"><![CDATA[Las familias pasaban mucho tiempo juntas, incluso las vacaciones y las fiestas de fin de año (Imagen Ilustrativa Infobae)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Ella dormía, él la operaba: el amor que nació en un quirófano en medio de una cirugía de emergencia]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2025/05/18/ella-dormia-el-la-operaba-el-amor-que-nacio-en-un-quirofano-en-medio-de-una-cirugia-de-emergencia/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2025/05/18/ella-dormia-el-la-operaba-el-amor-que-nacio-en-un-quirofano-en-medio-de-una-cirugia-de-emergencia/</guid><dc:creator><![CDATA[Carolina   Balbiani]]></dc:creator><description><![CDATA[Valeria, de 26 años, llegó a la guardia junto a sus padres, sin un diagnóstico claro. Tenía apendicitis y la intervención no podía esperar. Pablo, el cirujano hizo su trabajo, fue a visitarla a su habitación. Al conocerlo, ella quedó deslumbrada y se sintió protagonista de una novela que recién empezaba]]></description><pubDate>Sun, 18 May 2025 05:12:34 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/7EJM4DNK6NDO7LJ2GAKRDAZJYQ.jpg?auth=0368c91ab53b2be1564ce10bdaa0aebd30ea437cd929c4762e934015c60d3ff8&smart=true&width=1536&height=864" alt="Valeria, de 26 años, llegó a la guardia acompañada de sus padres, sumamente dolorida (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="864" width="1536"/><p>Una apendicitis de urgencia puede matarte, pero también puede disfrazarse de Cupido. Valeria entró a la guardia de un sanatorio porteño en medio de la noche doblada en dos. La primera médica que la vio evaluó la posibilidad de tuviera un quiste ovárico o una gastritis.<b> Los estudios no mostraron nada</b>. Los análisis de sangre revelaban unos glóbulos blancos un poco altos. Nada alarmante. En esas horas de espera entre ecografías y extracciones, remedios suministrados de manera endovenosa y preguntas de distintos especialistas, Valeria a duras penas podía entretenerse con su celular. <b>Estaba sumamente dolorida y con escalofríos</b>.</p><p>Los remedios le calmaron un poco las molestias. Pero sentía náuseas, tenía un poco de fiebre y, también, diarrea. A las cinco de la mañana finalmente la obligaron a tomar un líquido que le costó tragar y la enviaron para hacerse una tomografía. Así fue que llegó el diagnóstico: <b>apendicitis</b>. Le dijeron que su apéndice estaba en una posición imposible de ver de otra manera. Iría a quirófano apenas llegara el cirujano. Sus padres estaban con ella. </p><p>Se la llevaron por los pasillos en una camilla mirando el techo blanco. Iba con miedo. <b>Nunca la habían operado de nada</b>. Nunca la habían dormido. Llegó a una sala llena de gente que le hablaba amablemente y de repente chau, se durmió.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/CS2J7S5ZH5CIVEN4HT3KWTO4CQ.jpg?auth=5b387723019262520c9faeb2939be6ec578cfae1e39a7220f450719549c50a51&smart=true&width=1536&height=864" alt="El diagnóstico de Valeria fue una apendicitis y entró al quirófano apenas llegó el cirujano  (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="864" width="1536"/><p>Cuando quiso darse cuenta ya había sido operada. Se despertó en un coqueto cuarto donde estaban sus padres. Ellos le dijeron que había sido por laparoscopía y que estaba todo bien. <b>Que más tarde pasaría el cirujano que la había operado a verla</b>.</p><h2>Las vueltas de la vida </h2><p>Pablo abrió la puerta sin golpear. Llevaba el ambo de médico abierto, una remera celeste debajo, un pantalón claro y zapatillas. Sonreía con una cara tan bronceada que parecía haber llegado de unas vacaciones caribeñas el día anterior. Dijo un fuerte y nada tímido <i>“Buen día, soy Pablo, el que te operó”</i> y la encaró directamente para preguntarle cómo se sentía.<b> Valeria sintió que se había transformado en la protagonista de una telenovela ridícula</b>. Ella era un estropajo al lado de ese hombre atlético, buenmozo y joven. ¿Ese sujeto que parecía un actor de cine era el que le había sacado su apéndice? Conversaron unos pocos minutos y le dio algunas indicaciones que después debieron recordarle sus padres porque ella estaba como dormida, como en una nube: <i><b>“Me sentía La fea durmiente</b></i><i> a la que había despertado el príncipe jajajajaja. El médico era un bombón y yo no podía pensar en otra cosa que si me había visto en bolas en la camilla, porque dicen que siempre te sacan todo, o en qué cara tendría yo porque llevaba horas sin bañarme, sintiéndome horrible con el pelo hecho un asco. ¡Había vomitado varias veces esa noche pasada!”.</i> Valeria en vez de preguntar por cómo había sido la operación, él dijo que había sido por laparoscopía y que le habían hecho tres agujeritos, quiso saber por qué tenía ese buen color de piel. <b>Pablo le dijo que hacía ciclismo</b>.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/4JUV7UKTUFAINDKVUOKW7BKKZI.jpg?auth=0aa08045d72a569cb635484cd476a0b34d3ac637b5d5bed4b2b534c400a66b2b&smart=true&width=1536&height=864" alt="Valeria se sintió protagonista de una novela ridícula (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="864" width="1536"/><p><i>“Guau, ¡qué tipo! Y justo me lo vengo a encontrar en este estado”</i>, pensó Valeria sin poder concentrarse todavía. Ella venía de estar cinco años de novia. Había roto dos meses antes de este contratiempo quirúrgico y, en un par de meses,<b> viajaría a Gran Bretaña </b>para hacer un programa de inglés intensivo. <i>“Tenía 26 años, estaba un poco rota por el fin de mi larguísimo noviazgo y ya me había recibido de </i><i><b>contadora</b></i><i>. Así que tenía todo armado para irme a realizar este curso de inglés avanzado en el Reino Unido y </i><i><b>fantaseaba con enamorarme de alguien afuera</b></i><i>. La noche antes de la cirugía había estado en un cumpleaños de una compañera de la facultad. Me desperté en medio de la noche sintiéndome pésimo, con mucho dolor de panza. Pensé que me había caído algo mal porque había comido de todo. No pude volverme a dormir y nada de lo que tomé me hizo efecto. Estaba hecha un ovillo en mi cama así que decidí despertar a mi vieja. A mí nunca me duele nada, no soy de enfermarme. </i><i><b>Ella me subió al auto y me llevó a la guardia</b></i><i>. Ahí empezamos a girar por los consultorios porque no llegaron rápido al diagnóstico. Que si eran los ovarios, que si podía ser una gastritis o cualquier otra cosa. Ecografías, estudios de sangre. Nadie dijo al principio que podría ser apendicitis porque no se veía nada. Hasta que un médico me apretó en un lugar y cuando soltó pegué un alarido. Recién ahí, muchas horas después empezaron a pensar en eso y me indicaron una tomografía con contraste. Me llevaron a quirófano temprano por la mañana. ¡Menos mal porque estaba a punto de estallar! Lo primero que pensé es qué suerte que había tenido de que esto pasara en mi país y no estando sola en Gran Bretaña. Porque hay gente que se demora y no llega a tiempo a ningún lado. Si se te hace una peritonitis </i><i><b>podés morir por la infección</b></i><i>. Cuando yo estaba en cuarto año del colegio, un chico de segundo, tuvo apendicitis y llegó tarde a operarse. Se le convirtió en peritonitis y murió por una septicemia. Me impresionó tanto su caso que jamás me olvidé de él, pero justo ese día en que me sentí mal no pensé que podría ser eso lo que me pasaba”,</i> relata Valeria, hoy con 34 años.</p><h2>Atracción sin anestesia</h2><p>Valeria había caído en manos de un cirujano de guardia joven, de 38 años, super deportista, soltero y carismático. Eso lo supo después porque primero fueron las manos de él las que se ocuparon de sanar su cuerpo. Pablo contaba con ventaja: cuando entró a la habitación ya conocía a su paciente, <b>por lo menos físicamente</b>. La había tenido más de una hora en la mesa de operaciones. </p><p>Valeria no recordó haberlo visto antes de que la anestesiaran:<i> “Fueron varios los que me saludaron. Un anestesista, una enfermera y otros. Así que no me fijé en él. Pensá que yo estaba aterrada mirando el techo. Pero a partir de esa visita </i><i><b>me empecé a preguntar si me habría visto desnuda</b></i><i>… </i><i><b>¡Qué vergüenza! </b></i><i>Me había conocido dormida y sin yo tener el control de nada”. </i>Ese primer día que charlaron Pablo habló más con su papá de deporte que con ella. </p><p>“<i>Cuando se fue todos estábamos encantados. Que buen tipo parecía. Estuve internada ese día y el siguiente y vino a verme como cuatro veces más. Yo no sabía si eso era lo normal. ¡Después me enteré de que tantas veces no! Jajajaja, Pasó esa tarde, a la noche antes de irse y a la mañana siguiente dos veces. Yo sentía cada vez que entraba</i><i><b> nervios en el estómago</b></i><i>. Pensaba que me dolía la operación, no sé, pero se me retorcía la panza. Salí del alta con su número agendado en mi celular. Tenía que ir unos días después a que me viera la herida. Y luego a sacarme los puntos. Hasta ahí todo era de lo más normal. Solo que me emocionaba verlo y sabía que me gustaba demasiado. Creía que era ridículo que me gustara el médico. Además era muy simpático, pero sería con todas las pacientes igual. O quizá era un chamuyero, pensé. No tenía idea qué onda él , si estaba de novio o en qué andaba. Anillo no tenía y por lo que había hablado con mi viejo no era casado ni tenía hijos”.</i></p><h2>Demorar a todos y la primera salida</h2><p>Valeria fue al consultorio del cirujano la primera vez a los ocho días de su cirugía. Se vistió pensando bien qué usar, se maquilló y fue entusiasmada: “<i>No pensaba nada en especial, solo </i><i><b>quería que me viera linda y bien arreglada</b></i><i>, no con esa bata horrible del sanatorio. Logré impactarlo. Cuando entré me dijo algo que no recuerdo bien qué fue, pero noté su sorpresa. Sentí su mirada. Lo increíble fue el tiempo que se tomó conmigo. Después de mirar las heridas hablamos un poco de todo y </i><i><b>me preguntó por mi vida</b></i><i>. Ahí ya me di cuenta de que esa consulta excedía cualquier normalidad. Feliz yo también pregunté bastante y ¡¡atrasamos al resto que esperaba afuera!! Cuando me fui me dio vergüenza porque había estado como una hora”.</i></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/RPCXIPMP5BE5NCV2YN2CJF2JQE.jpg?auth=feadb5782439fc46d691617541fc5846389290973318f55150d9982e35626770&smart=true&width=1536&height=864" alt="Valeria se quedó sorprendida por el tiempo que se tomaba con ella en las consultas  (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="864" width="1536"/><p>Valeria se fue con la siguiente cita concertada para que le quitara los puntos. Después de eso quizá ya no habría motivos para volverlo a ver. <b>No tenían a nadie en común</b>. Pablo era del interior y más de diez años más grande que ella. Valeria empezó a pensar en qué podría hacer para tener alguna oportunidad más con él.</p><p>La segunda consulta ocurrió unos nueve días más tarde. <i>“Fue igual de intenso todo. Miradas, charla y otra vez demorando el consultorio. Antes de irme me dijo que sabía que no correspondía, pero que tenía ganas de tomar algo conmigo en otro ámbito…”,</i> recuerda con una sonrisa. <b>Valeria le dijo que sí feliz</b>, lo hablarían por teléfono.</p><p>Él la mensajeó unos ocho días después y combinaron el encuentro. Irían a comer por Palermo Viejo.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/GOW6K4MHYNGUBHWGPRAZCS3NCY.jpg?auth=a10df95d16fab66a026109eff3445a43e8540ead4f02684bdc067155db2b9393&smart=true&width=1536&height=864" alt="En la segunda consulta él le propuso encontrarse en otro ámbito  (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="864" width="1536"/><p><i>“Yo vivía con mis padres todavía, pero no les dije con quién iba a salir porque no quería escuchar consejos o peroratas. Sabía que iban a empezar con que era muy grande, con que no sabía nada de él, etcétera. Me pasó a buscar en su auto y fuimos a comer a un lugar muy cool. Me encantó mal. Enseguida sentí que era el hombre de mi vida. A la vuelta nos besamos en su auto y </i><i><b>me bajé mareada de amor”</b></i><i>.</i></p><p>Las salidas se reprodujeron. La atracción era total. Pablo le dijo que, desde que la vio dormida, pensó que era una mujer interesante: <i>“Jajaja, yo le dije que eso era puro chamuyo suyo porque no me había visto ni la mirada ni escuchado la voz. Pero él insistió en que sintió algo distinto en el cuerpo, como electricidad. Pablo no era un tipo enamoradizo, para nada. Así que bueno debe ser cierto”</i>. </p><p><b>Pablo vivía solo así que rápidamente Valeria comenzó a quedarse a dormir en su departamento</b>. A sus padres les decía que se quedaba en lo de una amiga. Como Valeria tiene dos hermanas más chicas, sus padres estaban suficientemente distraídos como para no percatarse de sus mentiras:<i> “De todas formas yo ya era bastante grande y estaba a punto de irme a vivir un tiempo afuera”</i>, reconoce.</p><p>La fecha para irse a Gran Bretaña se acercaba a toda velocidad. Serían más de seis meses en total. Valeria ya había renunciado a su trabajo. A la vuelta buscaría algo afín a su carrera como contadora.</p><p>Curiosamente el tema del viaje no le hizo ruido a Pablo. <b>La alentó a hacerlo</b>: <i>“Vale, tenés que irte. Uno no puede dejar de hacer algo en función de otra persona. Es una meta. Completala. Yo hice mi experiencia en el exterior a los veinte y es importante. ¡Si esto funciona vamos a aguantar seis meses! Si no podemos resistir es que no era…”</i>, dijo comprensivo. Además, sugirió que podría escaparse para ir a visitarla.</p><p>El tema quedó zanjado. </p><p>Los padres de Valeria sabían que ella estaba iniciando una relación, pero no sabían con quién.</p><p>Una semana antes de tomar su vuelo a Londres juntó coraje y<b> lo invitó a comer con sus padres</b>. Fue una sorpresa para ellos verlo llegar. Enseguida recordaron su cara. Hubo risas, bromas y complicidad. Por suerte la reunión resultó muy agradable. Sus hermanas lo ametrallaron a preguntas. Sobre todo la menor quien ya soñaba con estudiar medicina.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/MOZMXVSDHJGQFK3KAF5UQH36O4.jpg?auth=0d79f080036dffa938d02d66ab2ddb9a8d42489bb8a9c2dffec8d944a60550e3&smart=true&width=1536&height=864" alt="Pablo la acompañó al aeropuerto y la despedida fue difícil (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="864" width="1536"/><p>Cuando Pablo se fue, sus padres le pidieron tener una charla a solas. Le hicieron dos preguntas: ¿Estaba segura de salir con alguien tanto más grande?, ¿Qué pasaría durante su ausencia? Ella los tranquilizó.</p><p>Al aeropuerto la llevó Pablo. Se despidieron desgarrados. Valeria abordó su avión con el corazón partido.</p><h2>El punto feliz </h2><p>A los tres meses Pablo cayó por sorpresa a donde vivía Valeria en las afueras de Londres. Se quedó diez días. Fue entonces que empezaron a pensar cómo seguirían a su vuelta. Pablo le anunció: quería que se fuera a vivir con él a su departamento.</p><p>En esta historia no hubo malos ratos, ni grises, ni dudas, ni celos. El amor brotó sin malas hierbas y <b>al año estaban juntos</b>, planeando un casamiento y la llegada de hijos. Entre las cirugías de él y las cuentas de ella en una compañía extranjera donde consiguió un excelente empleo, el amor siguió sin desviarse de la senda esperada.</p><p>Antes de que Valeria cumpliera 30 años tuvieron a Helena y hace poco, muy poco, llegó a sus vidas Jacinto.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/KFIXJE2TWRBCVG7D3IQRASE63Q.jpg?auth=ffef6bbe6d028ce600007751b3d460b585fffe4468fa5345c013511acc435f4e&smart=true&width=1535&height=863" alt="Valeria y Pablo fueron padres de Helena y Jacinto (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="863" width="1535"/><p><i>“No sé si nuestra historia de amor es para esta sección, porque muchas veces leo dramones. La nuestra no tiene lados oscuros, por los menos hasta hoy, jajajaja Creo que es una muy linda historia, pero no quiero que vaya con apellidos ni fotos porque creo que no va con nuestra forma de ser. El opera, yo trabajo en una compañía seria y no quiero exponer a nadie. Soy fanática de la sección aunque, a veces, las historias terminen mal y me dejen con sabor a tristeza. Tengo suerte de tener el marido que tengo. Nos amamos y nos complementamos. Lo único que sé es que sin mi apéndice no hubiera existido Pablo, sin Pablo no estarían ni Helena ni Jacinto y yo no experimentaría esta felicidad. Porque él y yo no teníamos nada en común antes de ese sanatorio.</i><i><b> No éramos de mundos cercanos</b></i><i>, no habíamos vivido cerca, no habíamos compartido colegio ni universidad, no teníamos profesiones afines, ni amigos en común. Nada de nada. Estamos los dos muy agradecidos a aquel quirófano y a aquella guardia que nos terminó uniendo de esta manera sólida y sin fisuras. Somos totalmente felices y apostamos por seguir así todo lo que nos reste de nuestros días”.</i></p><p>Las urgencias de salud suelen tratar temas de vida y de muerte. En este caso, nada de eso. La urgencia fue del corazón que despertó al amor. </p><p>Punto feliz.</p><p><i>*Escribinos y contanos tu historia. amoresreales@infobae.com</i></p><p><i><u>* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas</u></i></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/CS2J7S5ZH5CIVEN4HT3KWTO4CQ.jpg?auth=5b387723019262520c9faeb2939be6ec578cfae1e39a7220f450719549c50a51&amp;smart=true&amp;width=1536&amp;height=864" type="image/jpeg" height="864" width="1536"><media:description type="plain"><![CDATA[El diagnóstico de Valeria fue una apendicitis y entró al quirófano apenas llegó el cirujano  (Imagen Ilustrativa Infobae)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Se enamoraron de adolescentes, se separaron sin razón y pasaron décadas sin poder olvidarse: “Estábamos desesperados por vernos”]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2025/05/11/se-enamoraron-de-adolescentes-se-separaron-sin-razon-y-pasaron-decadas-sin-poder-olvidarse-estabamos-desesperados-por-vernos/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2025/05/11/se-enamoraron-de-adolescentes-se-separaron-sin-razon-y-pasaron-decadas-sin-poder-olvidarse-estabamos-desesperados-por-vernos/</guid><dc:creator><![CDATA[Cynthia Serebrinsky]]></dc:creator><description><![CDATA[Después de mucho tiempo, Eli y Mauri volvieron a encontrarse y comprobaron que el amor de la adolescencia no se había apagado. Separados por una despedida impulsiva, distintos países, matrimonios y duelos, sus vidas siguieron rumbos paralelos marcados por la nostalgia y el recuerdo]]></description><pubDate>Sun, 11 May 2025 04:41:15 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/BT7757MMWVAKRGD2EQQ7J6HDGE.jpg?auth=ffb9c43b9f6e625fe3916252227159b525600fb6718a5020c6d8a537218f9ee6&smart=true&width=1778&height=1000" alt="La primera vez que Mauri vio a Eli ella estaba sentada en el piso jugando con sus sobrinos (Imagen ilustrativa Infobae)" height="1000" width="1778"/><p>Tal vez la infancia sea ese terreno en el que intentamos determinar cuánto importamos y cuánto no; un mapa donde estudiamos las dimensiones y las fronteras de nuestra valía. Entonces, ese que nos vio de un modo diferente, cuando sentíamos que nadie creía en nosotros —ni siquiera nosotros mismos— quedó tatuado en lo más profundo del alma. Y quizás vivamos toda una vida sólo para encontrarlo, y así volver a ser reconocidos.</p><p>La primera vez que <b>Mauri vio a Eli</b>, ella estaba en el piso, jugando con sus sobrinitos. Tenía 14 años y el gesto suelto de la infancia todavía intacto. Era fines de 1977, y ella recuerda la escena en detalle: él entró a su casa de <b>Ciudad Jardín</b> invitado por su hermana Sandy, que compartía con Mauri una clase de teatro en el Centro Cultural Israelita del barrio. Eli, que había nacido en Once en 1963 y se crio en esa zona arbolada del oeste bonaerense, no imaginaba que ese día iba a marcar algo que la vida demoraría <b>décadas</b> en concretar.</p><p>Mauri, que venía de Villa Lynch y ya tenía 19, quedó “hipnotizado” desde el primer momento. Eli, por entonces, apenas registró al joven de rulos y sonrisa ancha. Fue un <b>cruce silencioso</b>, como un guiño que demora en revelarse. La hermana lo había invitado a la casa sin pensar en nada más que una charla. Pero ese día, algo pasó. Ni bien Mauri cruzó el umbral… la vio. No era una aparición glamorosa. Y sin embargo, fue ahí donde todo empezó.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/CHKMBABF25FGDAUKBRKIYHOZVE.jpg?auth=1e96e793f5ff678dfad61d5f86e0ddaa63381d28cc8b3a28a1f27f4f9c22b949&smart=true&width=1024&height=576" alt="A Mauri le llamó la atención una chica de espaldas sin saber que se trataba de Eli (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="576" width="1024"/><p>La chispa real llegó semanas después, en una quinta donde solían reunirse varias familias a pasar el día. Mauri estaba allí, caminando, cuando vio a una chica de espaldas. Le llamó la atención de inmediato. “¡Ay, qué linda!”, pensó. Y cuando se dio vuelta… era Eli, la misma que había visto en el suelo, jugando, ahora se le aparecía transformada en algo distinto. “Ahí me gustó más, <b>estaba hermosa</b>”, sostiene. Eli también lo recuerda con nitidez. “Ahí lo vi bien y me empezó a gustar. Y desde entonces, cada vez que lo veía el corazón se me salía de lugar”, confiesa.</p><p>Pocos días después, fue el cumpleaños de Dani, el hermano de Mauri. Invitaron a Sandy y, la excusa era perfecta: “Venite con tu hermanita”, le dijo su amigo disimuladamente. Era un departamento chico, lleno de jóvenes y había poco lugar para sentarse. Entonces el destino, o la logística, hizo lo suyo: Mauri y Eli <b>compartieron la silla </b>plegable. Literalmente. Uno sentado en la punta, el otro acomodado al borde; las rodillas rozándose, el aire temblando entre los dos y los cuerpos, a pura tensión, se sostenían uno del otro. Nunca mejor dicha la frase “menos es más”: las acciones indefinidas y palabras sin pronunciar, generaban esa energía única de sentirse en la gloria por el simple hecho de rozar la energía del otro. Las hormonas estaban de jolgorio. Escuchar tan de cerca por primera vez la voz de la persona que te gusta; conocer el aroma de su piel; el sonido de su respiración. Eli no lo podía creer. “Por dentro pensaba: <b>¡Wow! ¡Estoy compartiendo silla con Mauri!</b>”. Él, entre risas, recuerda ese momento como el principio de todo. “Todavía tenía pelo”, bromea. Ahora, completamente pelado, se ríe de sí mismo y de cómo cambian los cuerpos, pero no los recuerdos.</p><p><b>Se pusieron de novios en abril de 1978.</b> Aunque la historia venía insinuándose desde hacía meses, hubo que esperar un poco: Mauri todavía estaba saliendo con otra chica. Pero cuando la historia con Eli empezó, no hubo dudas. Fue una relación luminosa, intensa, con toda la fuerza de las cosas que se hacen desear. Ella tenía 14. Él, casi 20. Hoy tal vez no parecería tanta la diferencia, pero en ese entonces, lo era todo. “Yo era una nena, y él ya era un hombre”, dice Eli todavía con admiración y señalando que “los 14 de antes no eran los de ahora”. Claramente. “Conocí el mundo desde otro lugar. Me marcó, me formó. Fue hermoso”, resalta.</p><p>Mauri venía de pasar momentos difíciles. Acababa de terminar el <b>servicio militar obligatorio</b>,<b> que en aquellos años de dictadura era “duro, opresivo y muchas veces traumático”.</b> Aunque él, con esa mirada estoica y argentina, resume todo con una frase simple: “No me puedo quejar. Dentro de todo, la pasé bien”, dice en referencia al clima de miedo y régimen del terror que había instaurado la dictadura, donde la represión era sistemática y la desaparición de personas era una práctica común. Después de la colimba nada era fácil. Costaba conseguir trabajo, la economía era un desierto. “No teníamos un mango, pero con Eli la pasábamos bárbaro”, recuerda, sonriendo con nostalgia.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/LBZYKRQ7W5CJ5I5IT7C6UAG24Y.jpg?auth=a7b0db64b886144269ac474ba77d0ac56b833173e7b02678db184e0bf52cfb51&smart=true&width=1536&height=864" alt="Una tarde con sabor a chocolate con churros (Imagen ilustrativa Infobae)" height="864" width="1536"/><p>Iban a El Vesubio —una de las confiterías más antiguas de Buenos Aires, ubicada en Avenida Corrientes 1181, conocida por su icónico volcán del Vesubio en un vitral— a comer chocolate con churros. “Íbamos a una arquería en Martínez, ¡como si hubiéramos sido millonarios! No sé de dónde sacábamos la plata”, dice Mauri, “pero siempre la pasábamos lindo”. Caminaban por la plaza, <b>comían pirulines</b>. “¿Y quién te pelaba el pirulín?”, la interrumpe él con picardía, y Eli se ríe, como si tuviera 14 otra vez. Iban al teatro, al cine, a donde fuera que el bolsillo lo permitiera. O simplemente a caminar. Eli lo pasaba a buscar por el negocio familiar donde trabajaba Mauri, un pequeño local que atendía su mamá. </p><p>Caminaban y hablaban por horas. Era una relación incipiente, despareja, quizá ingenua. Pero había algo auténtico que los unía. Así empezó una historia que, como las verdaderas, no se mide en continuidad sino en intensidad y en destino. Eran tiempos distintos, donde las historias de amor se tejían con menos explicaciones y más vértigo. Estuvieron juntos durante <b>un año y medio</b>; 18 meses que en la vida de dos adolescentes pueden ser eternos. Tuvieron un romance, aunque breve, poderoso. </p><p>Fue un año y medio de primeras veces, de descubrimientos, de amor sin apuro. Pero también de tensiones que ninguno supo resolver del todo. Ella, con su mundo recién expandido. Él, con el peso de ser “el más grande”, con responsabilidades, con un entorno que no terminaba de avalar esa relación. “Había presión”, admite Mauri. “La familia de Eli no estaba tan de acuerdo. Era lógico. Era otra época, y esas cosas pesaban.” Pero lo que los separó no fue una gran tragedia. <b>Fue una discusión</b>.<b> “Tonta”, </b>según los dos. Y hoy, casi cincuenta años después, ninguno recuerda con precisión qué la provocó. Lo que sí recuerdan es el final.</p><p>Estaban en el living de la casa de Eli. Ella quería hablar. Él no la escuchaba. Ella insistía, le pedía que le prestara atención. Él seguía sin oírla. Hasta que ella, cansada, frustrada, lanzó la frase que nadie cree que será la última: <b>“Andate”.</b></p><p>Y él se fue.</p><p>“Lo que yo no imaginé es que no iba a volver más”, dice Eli, con ese sabor agridulce que dejan los amores de juventud inconclusos. Porque a veces, una palabra dicha en caliente no busca cerrar una historia, sino abrir un espacio para que el otro vuelva. Pero <b>Mauri no volvió</b>.</p><p>Tal vez por orgullo, tal vez por el contexto, tal vez porque algo en él también entendía que no podía forzar un vínculo que “el mundo de Eli” no miraba con buenos ojos. “También empujaron para que no sigamos el noviazgo”.</p><p>Y así terminó su historia. O eso creyeron los dos durante mucho tiempo.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/J6VZO7M7GBEAPISOAZS36NAXME.jpg?auth=ffe15fe43dc57b3759c64d3cc18e87a67bf9476fdcfccb7cf959324cdbd5d9f7&smart=true&width=1536&height=864" alt="La pareja siempre disfrutaba de las salidas (Imagen ilustrativa Infobae)" height="864" width="1536"/><p>Mauri no volvió. Pero<b> tampoco se fue del todo</b>.</p><p>Porque, aunque la vida lo llevó lejos, Eli nunca salió de su mente. “Siempre estuvo ahí”, dice él. “En mis sueños aparecía muy seguido, en los recuerdos. Y en los momentos malos, cuando algo me dolía o me angustiaba, pensaba en ella. Y me sentía mejor.”</p><p>Pero en esos años de juventud, Mauri también sentía una necesidad urgente de <b>independencia</b>. Su padre había fallecido antes de que él hiciera el servicio militar, y la relación con su madre era difícil, áspera. Había algo en él que necesitaba escapar, empezar de nuevo, respirar otro aire.</p><p>Así, apenas se separaron, <b>conoció a otra chica</b>. Buena, generosa, pareja. Se pusieron de novios, se casaron y en 1980 se fueron juntos a vivir a Estados Unidos. “A los 11 meses”, aporta Eli veloz, como si hubiera estado contando las horas desde el día en que se separó de Mauri. Él tenía 22 años y se embarcaba en un cambio tan radical como necesario. “Me quería tomar el palo de mi casa”, dice contundente.</p><p>Se instalaron en un suburbio de Nueva York y empezaron su vida de inmigrantes. Tuvieron hijos, construyeron una familia. “Ahí empezó la vida”, dice hoy, sin dramatismo pero también sin euforia. Porque si bien valora su historia, sus hijos, todo lo que logró, hay algo que nunca logró ocultarse del todo: “<b>Yo no estaba enamorado</b>. No de ella. Siempre seguía pensando en Eli”.</p><p>Era como un eco constante, una presencia espiritual que volvía en sueños, en canciones, en gestos de otras personas que, sin saberlo, le recordaban a la chica de Ciudad Jardín. La de los 14 años. La de los pirulines y las caminatas. La que lo miraba con los ojos abiertos del asombro.</p><p>La que lo veía.</p><p>La vida de Eli, por su lado, también siguió adelante. Adolescente aún, buscó distraerse. Empezó a ir a grupos, luego a campamentos, a salir, a conocer otros chicos. Pero había un nombre que no se borraba nunca de sus labios. Mauri. “¿Qué será de la vida de Mauri? ¿qué pasará con Mauri? ¿dónde estará Mauri?”, lo nombraba como un lorito con sus amigas, con su hermana, incluso con desconocidos a los que les contaba su historia como si fuera un tatuaje del alma. Era otra época: <b>no había celulares, mucho menos redes sociales, ni Google para buscar a alguien</b>. Las personas que se iban, realmente se perdían. Pero él, de algún modo, seguía ahí. “Mauri siempre estaba revoloteando”, dice ella. No en la vida real. Pero sí en su mente y, sobre todo, en su corazón.</p><p>El tiempo pasó. En 1986, Eli se casó con un hombre correcto, compañero. Poco después tuvieron un hijo y cuando el bebé tenía apenas ocho meses, tomaron una decisión de esas que cambian todo: hacer aliá e <b>irse a vivir a Israel</b>. Allá comenzó su nueva vida. Un país nuevo, idioma nuevo, costumbres nuevas. Y una familia que crecía: al poco tiempo nació su segunda hija.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/WUI6OQT7WFBG5ML3UANGDZRTBY.jpg?auth=c03db8ac7c4a10ad6323e86042c35ee13be41800d9ed28a3a9320fe9c9a2c0f1&smart=true&width=1456&height=816" alt="Eli se casó en 1986 con un hombre correcto y compañero (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Vivieron una década en Israel. Y si bien Eli tenía una familia armada, un hogar, una rutina, ella lo resume en una frase corta y clara: “Mi matrimonio no fue bueno. Porque<b> no estaba enamorada</b>”. Había cariño, respeto. Pero no amor. “Mauri siempre estaba en mí pero no era algo consciente, era algo que estaba dentro”, insiste tocando su pecho. Como una presencia invisible que no la dejaba entregarse del todo. Como una melodía que seguía sonando de fondo, aunque el disco ya se hubiera cambiado. “Mi marido era una buena persona pero yo no pude sentir amor”, reconoce.</p><p>A finales de los noventa, fue su marido el que sintió nostalgia. Extrañaba Buenos Aires, la familia, los amigos. Así que decidieron volver. Otra mudanza. Otro comienzo, esta vez, con un desenlace trágico.</p><p>Volvieron a Buenos Aires en diciembre de 2001, justo cuando la Argentina entraba en una de sus peores crisis económicas y sociales. El país ardía: corralito, saqueos, devaluación. Todo era incertidumbre. Y en medio de ese caos, a sólo unos meses de haber regresado, la vida le dio a Eli un golpe brutal. Un día, que parecía uno más, su marido había ido a jugar al fútbol con amigos, como cada semana. Al terminar, se sentó a tomar una gaseosa helada, lanzó un chiste y, de pronto, cayó desplomado al suelo.<b> Muerte súbita.</b> Un espasmo pulmonar. Inesperado. Fulminante. Incomprensible. Un día estaba, y al siguiente, ya no.</p><p>Tenía apenas 34 años.</p><p>Eli se quedó viuda en un abrir y cerrar de ojos. Con dos hijos chicos —uno de once, el otro de seis— y un país hecho trizas. Recién regresados de Israel, con el corazón dividido y una vida entera por reconstruir, se encontró en la peor de las tormentas. La muerte, la maternidad, la crisis económica, las deudas que no daban respiro. Nada tenía sentido.</p><p>“Yo no quería volver a la Argentina”, dice ahora, con la perspectiva del tiempo y la voz todavía rota al recordar. </p><p>“No sabía cómo explicarles a mis hijos que su papá, que ayer estaba tirado en el piso jugando con ellos y haciéndoles cosquillas, hoy ya no estaba más”. Fue imposible. Ellos quedaron con traumas que el tiempo se encargó de suavizar, pero nunca de borrar. “La pasé mal. Fue muy duro, muy, muy duro”, repite. Y no hace falta que lo diga más.</p><p>Eli se quedó sola, con dos hijos chicos, en una ciudad que ya no era la misma y con una tristeza que la envolvía por completo. No era sólo el duelo por un compañero de vida; era también la sensación de<b> haber apostado a una vida que nunca terminó de ser lo que esperaba</b>. Esa sensación de vacío que había acompañado su matrimonio se transformó en silencio, en angustia, en sobrevivir como se pudiera.</p><p>Y, sin embargo, entre el dolor, aparecía cada tanto el recuerdo de Mauri. No era un recuerdo romántico en ese momento. Era algo más profundo. Como si él representara algo que se le había escapado por muy poco. Como si su nombre —ese nombre que durante años nunca dejó de repetir— volviera a asomarse en el momento justo.</p><p>A veces, el destino se asoma sin hacer ruido. Da señales suaves, casi imperceptibles, como si tanteara el terreno antes de intervenir. <b>En 1990, Mauri había regresado a Buenos Aires con su familia</b>, buscando una nueva oportunidad, apostando otra vez por el país que lo había visto partir. Eli, en cambio, ya no estaba. Hacía tiempo que se había ido a Israel con su marido y sus dos hijos, en busca de una vida distinta, aunque en el fondo nunca pudo dejar de mirar hacia atrás.</p><p>Un mediodía cualquiera, Mauri salió a la puerta de su fábrica de pre pizzas en Congreso y Olazábal. Hacía calor y salió a “ventilarse”. De pronto, alguien pareció reconocerlo: un taxi frenó justo frente al local. Y al volante, como si no hubiera pasado el tiempo, apareció un viejo amigo de la adolescencia, de aquellos días en que Eli y él eran dos chicos enamorados.</p><p>Se abrazaron, se rieron, recordaron anécdotas. Pero Mauri no aguantó: <b>“¿Sabés algo de Eli?”</b>, preguntó. La respuesta lo atravesó: “Sí, claro. Está hermosa como siempre. Se fue a vivir a Israel con su familia”.</p><p>Mauri sintió algo raro en el pecho. “Me puse muy contento”, diría después. Contento de saber que estaba bien, que la vida la había cuidado. Y sin embargo, no podía imaginar que algún día volverían a estar juntos. En su cabeza, eso era un <b>sueño sagrado</b>, una fantasía para las noches en que la tristeza golpeaba más fuerte.</p><p>Años después, en 1996, con pocas perspectivas en la Argentina y sin que Eli hubiera vuelto aún, Mauri <b>hizo las valijas una vez más</b> y regresó a Estados Unidos con su familia. Otra vez lejos, otra vez sin ella.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/P3SKXHYJCNABXIGHWPH6GHOCOM.jpg?auth=7038685599cc16abba7cb2b7f8f442dec832359f08a1aa0cb8b3ad3062e27a7d&smart=true&width=1456&height=816" alt="Mauri emprendió un nuevo viaje a Estados Unidos con su familia (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Un día cualquiera de <b>2013</b>, Eli hizo algo que nunca antes se había animado a hacer. Estaba sola, después de 11 largos años viuda, sin pareja, y con ese hueco que dejan los amores que no se cierran del todo. Una tarde, casi sin pensarlo —o pensándolo demasiado—,<b> escribió su nombre en el buscador de Facebook</b>: Mauri.</p><p>Y ahí estaba. Más grande, sin rulos, pero con la misma mirada. Aparecía en una foto junto a una joven. “¿Será la esposa?”, se preguntó Eli, con una mezcla de curiosidad y temor. Dudó. Pero algo más fuerte la empujó. Le escribió.</p><p>“No pensé que me iba a contestar”, dice ahora, sonriendo como una adolescente. Pero él lo hizo. Y no sólo eso. Le escribió, como en las películas, <b>una carta de amor</b>. De esas que se dictan con el alma después de años de silencios y caminos equivocados. <b>Le dijo que ella siempre había sido el amor de su vida</b>. Que jamás pudo olvidarla. Que ni los años, ni las distancias, ni las decisiones que tomó, pudieron borrar su nombre.</p><p>Eli lo repite y lo remarca, como si necesitara que quede claro, que quede dicho: él la amaba. Él la amó siempre. Y esa certeza —dice ella— lo cambió todo.</p><p>Mauri, que seguía viviendo en Miami, estaba atravesando el peor momento con la madre de sus hijos. Hacía tiempo que su relación estaba quebrada, y el mensaje de Eli, justo en ese instante, fue una señal. “No sabía bien por qué, pero <b>supe que desde ese momento mi vida iba a cambiar</b>”, diría después.</p><p>Y cambió. Empezaron a hablar todos los días. A contarse cosas que nunca se habían dicho. A confesarse amores antiguos, dolores escondidos, y deseos que seguían vivos. Ella en Buenos Aires. Él en Miami. Pero ahora, al otro lado de la pantalla, se reencontraban dos personas que no habían dejado de pensarse.</p><p>Habían pasado 35 años desde aquella tarde en la que Eli, con apenas 15, le había dicho “andate” sin saber que él no iba a volver. Ahora, ella tenía 50. Él, 55. Y el amor, intacto. Sólo había estado dormido. “Personalmente me di cuenta que nunca murió lo que yo sentía. Que estaba ahí”, confiesa ella.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/Q4PHNG7SBFA4LJQCA75FANBOMI.jpg?auth=4c04f8d9e1b1d7c038bad38006145eed2fdb7e02eec2f7d03c03c49e4b4f3091&smart=true&width=1536&height=864" alt="Cuando volvieron a verse sintieron que el tiempo se detuvo (Imagen ilustrativa Infobae)" height="864" width="1536"/><p>El primer encuentro fue unos meses después de ese mensaje que lo cambió todo. Mauri viajó a Buenos Aires. Se citaron en la Estación Federico Lacroze de la línea Urquiza de tren. Un lugar cualquiera, cotidiano, urbano, pero que esa tarde se convirtió en el escenario de una película. <b>“Estábamos desesperados por vernos”,</b> dicen los dos, casi al unísono, como si la ansiedad de ese día todavía viviera en sus cuerpos.</p><p>Mauri llegó primero. Estaba nervioso. Había repasado mil veces el momento en su cabeza, pero ahora que estaba ahí, con los pies apoyados en el andén y el pulso acelerado, sentía que nada lo había preparado para lo que venía. “<b>El corazón se me salía del pecho</b>. Lo había imaginado tantas veces que ahora no sabía si estaba viviendo la realidad o uno de esos sueños en los que Eli se me aparecía de pronto”, cuenta con emoción.</p><p>Ella no venía. Había perdido un tren, después otro. Él empezaba a imaginar lo peor. Hasta que la vio. A Eli le pasó igual: llegó, bajó del tren y lo vio. Ahí estaba Mauri, su Mauri, parado en el andén, con los mismos ojos de siempre y una sonrisa nerviosa que parecía pedirle que no se detuviera. Venía caminando apurada, con los ojos buscándolo. Y entonces Mauri se quedó inmóvil. La reconoció al instante.</p><p>“Estaba igual”, repite. “Igual.” Y en ese momento, <b>desapareció todo el mundo.</b> “No existía nadie”, dice él. “A mí me pasó lo mismo”, se suma ella, como si estuvieran narrando la misma película desde dos cámaras distintas. “¿Viste como en las novelas románticas cuando ponen en segundo plano la imagen?”, dice Eli. “Así fue.”</p><p>Se fusionaron en un <b>abrazo infinito</b>, como si quisieran recuperar en un solo gesto todos los años perdidos. “Fue como si el tiempo no hubiese pasado”, recuerda Mauri. “Como si todo lo demás hubiese sido una pausa, y ahora por fin alguien volviera a apretar play”. Como si lo hubieran estado esperando toda una vida y, en cierto modo, así era. Desde ese instante <b>no se separaron más</b>. Fue como si nunca, nunca, nunca se hubieran dejado de ver durante todo ese tiempo de ausencia. La reconexión fue inmediata, casi milagrosa. No hubo silencios incómodos ni frases ensayadas. Hablaban como si hubieran estado conversando el día anterior.</p><p>Hablaron, caminaron, se miraron con intensidad. No había reproches, sólo una certeza: ese amor nunca se había ido. Estuvo guardado, agazapado entre la rutina, los hijos, los compromisos, los países, los duelos y las decisiones. Pero ahí estaba. Entero. Vivo. Y ellos, también.</p><p>Mauri, que en Estados Unidos tenía trabajo, una casa, una rutina armada, dice que en realidad no tenía nada. Que <b>se sentía perdido</b>. Que lo único que tenía sentido estaba parado frente a él, en esa estación de tren.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/BMC6ZTMRN5BANCO2RDQAS3ALNI.jpg?auth=dcfb20e87335985a778a344df0ea48f000f682b808540d296d1110e53d5281e3&smart=true&width=1536&height=864" alt="Desde el reencuentro, no volvieron a separarse nunca más (Imagen ilustrativa Infobae)" height="864" width="1536"/><p>Para ellos, el tiempo volvió a detenerse. Volvió a ser como cuando eran chicos. No necesitaban grandes cosas para ser felices. Se duchaban con una manguera en la terraza y se quedaban ahí, empapados, mirando las estrellas. Y con eso alcanzaba. Con eso eran felices.</p><p>Y entonces decidió dejarlo todo. Volvió a buscar al amor de su vida.</p><p><b>En 2017, se casaron.</b></p><p>Mauri habla con la certeza de quien, después de tanto buscar, encontró lo que siempre había estado buscando: “Para mí, ella es todo. Significa estar juntos, compartir. Discutir, porque no somos pajaritos, somos seres humanos, cada uno tiene su mochila encima, y uno tiene monstruos. A veces discutimos pero siempre para adelante. Y siempre con amor, ¿no?” Hace una pausa, y se corrige: “Lo malo no existe. Lo único malo son los pensamientos. Pensamientos que cada uno tiene por lo que hay en su trayecto, en su vida. Pero ella… ella es lo que me faltaba. Cada uno con nuestras locuras. Me hubiese gustado que suceda antes, pero por algo así se dan las cosas.” Y Eli lo mira. No necesita pensar mucho para decir qué es Mauri en su vida: “<b>Para mí él es todo</b>. Es la alegría, la tristeza. Es el amor, es el enojo. Es todo. Lo extraño, me enojo, lo deseo, me encanta. Lo amo. Fue mi primer y mi último hombre.”</p><p>Desde entonces, están juntos. Llevan más de una década compartiendo una historia madura, profunda, hecha de memoria y presente, con la solidez de lo vivido y la dulzura de lo que aún queda por vivir. A veces, el amor no llega tarde. Sólo espera el momento justo.</p><p><i>*Escribinos y contanos tu historia. amoresreales@infobae.com</i></p><p><i>* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas</i></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/J6VZO7M7GBEAPISOAZS36NAXME.jpg?auth=ffe15fe43dc57b3759c64d3cc18e87a67bf9476fdcfccb7cf959324cdbd5d9f7&amp;smart=true&amp;width=1536&amp;height=864" type="image/jpeg" height="864" width="1536"><media:description type="plain"><![CDATA[La pareja siempre disfrutaba de las salidas (Imagen ilustrativa Infobae)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[“¿Estado Civil? Casado con tres hijos”: la relación que nació en una app de citas de forma impensada y terminó con una tragedia]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2025/05/04/estado-civil-casado-con-tres-hijos-la-relacion-que-nacio-en-una-app-de-citas-de-forma-impensada-y-termino-con-una-tragedia/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2025/05/04/estado-civil-casado-con-tres-hijos-la-relacion-que-nacio-en-una-app-de-citas-de-forma-impensada-y-termino-con-una-tragedia/</guid><dc:creator><![CDATA[Carolina   Balbiani]]></dc:creator><description><![CDATA[Ella se separó y comenzó a explorar las redes sociales para conseguir pareja. Se conocieron. Él se quería divorciar pero no concretaba. Al principio no hubo sexo, pero luego todo fue bello hasta que llegó el final]]></description><pubDate>Sun, 04 May 2025 10:41:30 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/Z6YPV6NHLBEFHOZIEEHGFWPTOI.jpg?auth=7609943c30bd680013703a49306c72e277a1aeaacc238c09f516f028db2c28a9&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Cuando él se presentó en la App de citas su mensaje fue desconcertante: "Soy casado", dijo" height="1080" width="1920"/><p>Toda la vida no siempre es toda la vida. Hay amores con fecha de caducidad. No porque escasee el afecto o se diluya la pasión,<b> sino por factores totalmente ajenos</b>. El gran amor de Martina (49) y Marcelo (60) se interrumpió el pasado mes de febrero. Martina con su perro Pipo sobre la falda, el único “bebé” de la pareja, se dispone a contarnos su historia.</p><h2>Un matrimonio que termina</h2><p><i>“Soy de Rosario, Santa Fe. A los 26 conocí al papá de mi hijo Nacho y estuve con él hasta los 39 años. Fuimos felices y nos divertimos mucho, pero cuando nació Nacho, hoy mi hijo está por cumplir 12 años, la maternidad me cambió la cabeza. Me puso en eje y vi que la relación tenía serias fallas y empecé a desenamorarme. Cuando Nacho estaba por cumplir dos años tomé la decisión de separarme. Fue muy difícil porque me había casado pensando que sería para toda la vida. Quería a mi marido, pero las cosas no eran como tenían que ser. Eso me interpeló como persona, el amor se había desgastado. Apenas lo tuve claro, no pude sostener la relación ni un minuto más. </i><i><b>Solté al que era mi marido con todo el amor del mundo y le deseé que encontrara una mujer que lo quisiera mucho y mejor que yo</b></i><i>. Se fue un 20 de marzo y siguió comportándose como el mismo buen papá de siempre”</i>, reconoce. </p><p>Su marido se fue del hogar y volvió a la casa de sus padres; ella se quedó con Nacho. Martina continúa con un toque de humor, <i>“Con casi 40 años y un hijo pensé: </i>bueno, ahora me quedo sola porque soy un producto invendible en la góndola<i>”.</i></p><h2>Cuatro letras que cambiaron su futuro</h2><p>En esos meses de nueva soledad Martina recordó a un ex novio de su juventud, llamado Jorge, al que había dejado por mujeriego. Pensó que si Jorge no había cambiado, seguro que tendría una cuenta en un sitio web de citas llamado Badoo. Se dispuso a buscarlo y escribió en esa red:</p><p><b>Si naciste en el 68</b></p><p><b>Si sos de libra</b></p><p><b>Si viste nevar en el 73 </b></p><p><b>Si te gusta el fútbol y leer Un puente hacia el infinito de Richard Bach</b></p><p><b>Te estoy buscando.</b></p><p>Martina dispuso las cartas con ingenio para encontrar a Jorge y él apareció. Resultó que seguía siendo quien había sido. No había cambiado en absoluto. <b>Fue en ese camino por la web que apareció otra persona</b>: Marcelo. </p><p><i>“Muchos hombres me mandaban mensajes. Era tal la cantidad que me agobié y cerré la notebook por unos días. Cuando la volví a abrir y entré en mi cuenta me reí mucho. Mi vida era un verdadero desastre, pero los tipos en la web me escribían cosas como si yo fuese la más linda y la mejor del planeta</i> (Martina se ríe a carcajadas)<i><b> ¡Todos se adjudicaban lo que yo preguntaba y decían por ejemplo</b></i><i>: ¡Sí, yo nací en el 68, no vi nevar, pero sí me gusta el fútbol… Todo era un disparate y una risa total!”.</i></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/XCEI5IQRJNBVNIALES5VNGSO4I.jpg?auth=c0ee6231ee816bf2bf1673d07b47f16cdac93ebb3a86a9c67ed7d86a7de6db45&smart=true&width=1920&height=3413" alt="Martina y Marcelo, una relación que creció en Rosario" height="3413" width="1920"/><p>En medio de esa catarata de posibles candidatos hubo alguien que, el 18 de mayo de 2014 a las 16:34, escribió un escueto: "<b>Hola. Cuatro letras"</b>.</p><p>Exactamente dos horas más tarde, Martina vio el mensaje y, luego de escudriñar la foto de su perfil en color sepia, le respondió con las mismas cuatro letras dispuestas en el mismo orden.</p><p><b>Fue el único mensaje que respondió</b>.</p><p>No lo sabían, pero era el inicio de la charla más importante de sus vidas.</p><p><i>“Todo fue muy de a poco. Fueron pasando días y días. Empezamos a filosofar sobre la vida y las relaciones. Me resultaba interesante, inteligente y, sobre todo, muy agradable. En un momento me di cuenta de que me gustaba, pero no le había visto la cara más que en esa foto sepia y antigua, no sabía nada de él, nada personal. Así que le pregunté directamente: ¿Estado civil? La respuesta me dejó helada: </i><i><b>Casado con tres hijos</b></i><i>. ¡Uy!, me dije en ese mismo instante, de acá tengo que rajar ya. No hablaría más con él porque nunca había querido meterme con un señor casado ni entrar en relaciones tortuosas. Pensé: </i>¡qué enfermo este tipo, capaz que está chateando conmigo con su mujer al lado!<i> Él percibió lo que yo sentía y que la cosa quedaba ahí y me respondió </i><i><b>que hacía tiempo que dormían en cuartos separados</b></i><i>, que cada uno hacía su vida. Eran las dos de la mañana y estábamos chateando, así que era posible. Le advertí que yo no buscaba un amante. Terminé por creerle porque tenía una amiga que atravesaba una situación similar. Él quería conocerme, pero yo no quería todavía darle mi celular. En ese tiempo los dos trabajábamos mucho y él tenía un puesto importante. Con tanta charla linda le admití que era como estar leyendo un libro que me gustaba mucho y que no quería que ese libro que era él se me terminara. </i><i><b>A Marcelo lo conocí de adentro para afuera</b></i><i>. Al revés de lo habitual. Marcelo era todo corazón, ¡un corazón con patas! Se emocionaba con las mismas cosas que yo, sentíamos una conexión total sin habernos visto ni siquiera por la pantalla. Para mí él seguía siendo esa foto sepia de su perfil de la web y estaba bien así”.</i></p><h2>Frente a frente: “No me gusta”</h2><p>El 29 de junio de 2014 se vieron cara a cara por primera vez después de vencer las resistencias de Martina. Fue en un bar rosarino que ya no existe llamado <b>El Born</b>. Marcelo llegó tarde, venía de una reunión importante.</p><p><i>“Yo ya estaba con mala cara por su tardanza. Cuando lo vi venir, no me gustó nada. Tenía 49 años, pero se lo veía avejentado, parecía muchísimo más. Fue un shock. Yo tenía 39. </i><i><b>Enseguida le confesé que no había química</b></i><i>. Le dije con sinceridad: </i>Podemos ser amigos, pero no va a pasar nada entre nosotros<i>. Esa noche charlamos mucho y, en algún momento, intentó tomarme de la mano, pero yo se la saqué. Después fuimos a otro bar y, más tarde, me llevó en su auto hasta mi casa. Ahí de nuevo hizo el movimiento para agarrarme la mano. Curiosamente, lo dejé y ¡sentí algo tan maravilloso!”.</i></p><p><b>La química visual no había funcionado, pero la táctil sí</b>.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/WWPA2WJXWZBTVK3J63GA67ZAJQ.jpg?auth=5fa221d6b3cda284d881ad82c463cca9b25952c1408bef42e7304ed29fc0a8c6&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Vivieron juntos y luego se establecieron cada uno en su casa" height="1080" width="1920"/><p><i>“Enseguida me bajé del auto. Al día siguiente le conté a una amiga cómo me había ido, que no me había gustado, pero que había sentido algo intenso, muy raro, cuando me dio la mano. Ella me aconsejó:</i> Dale otra oportunidad. Volvé a verlo.<i> Y no se equivocó”,</i> recuerda Martina emocionada.</p><h2>De sexo ni hablar</h2><p>Martina le hizo caso a su amiga y tres días después salió a cenar con Marcelo:<i> “Esta vez ya fue diferente, no sentí rechazo y nos dimos el primer beso. Me gustó. Tuvimos dos o tres encuentros más del mismo estilo tranquilo y después se fue unos días a Salta. Cuando volvió, sabiendo que yo amo el barrio porteño de San Telmo, me propuso ir juntos a Buenos Aires. Llegamos y, apenas traspasamos la puerta de la habitación del hotel, me desesperé. Me pregunté qué hacía ahí con un sujeto casi desconocido.</i><i><b> No pude avanzar. No pasó nada porque no quise</b></i><i>. Me fui a caminar sola. Al día siguiente nos volvimos. Supongo que él tenía expectativas sexuales, pero se la bancó. Seguimos viéndonos, yendo a almorzar o a tomar algo, </i><i><b>pero de sexo nada</b></i><i>. Yo no quería. Así fue hasta el 15 de septiembre. Ese día dimos un paso más y fuimos a un hotel. La primera vez resultó maravillosa. Y las siguientes veces fue mejor en cada ocasión. Teníamos una conexión única. Para el resto de la gente Marcelo era un ser pensante, metódico, pragmático. Conmigo era distinto. Él me decía que yo le había desnudado el alma como si fuese un caramelo. Me mostró su lado romántico, sensible, vulnerable.</i><i><b> Me enamoré perdidamente. Él se había enamorado de mí antes que yo”</b></i><i>.</i></p><p>En diciembre mientras comían en una parrilla Marcelo le anticipó a Martina que había tomado una decisión irrevocable: cuando volviera de sus próximas vacaciones en Punta del Este con su familia, por el mes de marzo o abril, <b>se iba a divorciar</b>. Y empezaría una nueva etapa para ellos.</p><h2>Un amor como el tango: con muchas idas y vueltas</h2><p>Martina cuenta que ella fue muy clara en esa oportunidad: le pidió que si iba a tomar semejante decisión lo hiciera por él, no por ella. <i>“Yo no quería que se separara por mí. Él tenía que resolver sus cosas por él mismo. Se fue de vacaciones con su familia y, cuando volvió, creo que ya era abril de 2015, me llamó desde el vestidor de su casa. Su mujer escuchó la llamada y se armó el gran desastre. Marcelo le reconoció que estaba enamorado de una separada con un hijo de dos años. Ella lo echó y él cayó en mi casa por cuatro días. </i><i><b>¡Nunca había entrado a casa hasta ese momento! </b></i><i>Empecé a convivir con alguien en esa extraña circunstancia y nada fue simple. En octubre su hija cumplía 15 años y él le había prometido llevarla a Europa en familia. Al final, la cuestión familiar pudo más y se fueron todos juntos. Marcelo iba y venía con su indecisión, con psicólogo de por medio. ¡Sufrieron todos! Nuestra relación era como un tango, ir y volver todo el tiempo. Hasta el 10 de julio de 2016 cuando él terminó de soltar la situación en la que estaba gracias a muchas horas de terapia. Ahí nos quedamos solos”.</i></p><p><i>C</i>reyeron que venía, por fin, la etapa feliz y a toda orquesta. <b>Pero no</b>.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/Q2LMBYAWA5DU5NFP56IGYNUE4M.jpg?auth=d7dfcef33c401a2bfe559b04c0d8801a68e15daeb182e50c3488224e70b1635c&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Al principio, nada de sexo" height="1080" width="1920"/><p><i>“Ocurrió que empezaron nuestras sombras… Estábamos dos días bien y dos mal. Yo tenía cosas que sanar en mi forma de ser. Sufríamos los dos”, </i>reconoce Martina. Recién comenzaron a vivir juntos a fines de 2018 y a pesar de que buscaban un sitio grande para poder convivir con sus hijos, terminaron quedándose en la casa de ella.</p><p><i><b>“La convivencia no funcionó</b></i><i>. Los dos teníamos caracteres fuertes. Encima después nos tocó la pandemia. Fue difícil. Marcelo no se sentía en su casa y yo no sentía que me había ido a vivir con alguien porque seguía en la mía. En fin, un lío. No anduvo”, </i>relata. <i>“En agosto de 2020 Marcelo quiso dar un paso atrás. Seguir como pareja porque había muchísimo amor, pero vivir separados. Se alquiló un departamento cerca. Necesitábamos espacio. Sus hijos son maravillosos, ese fue un buen trabajo que hicieron ellos como padres, y yo por suerte logré con el tiempo tener una buena relación con ellos. Cuando él dio ese paso atrás justo ya todo funcionaba perfecto, pero éramos nosotros los que no nos podíamos llevar bien de manera constante. Peleábamos todo el tiempo aunque nos amábamos con locura. Todo era motivo de discusión. Chocábamos. Así estuvimos hasta julio de 2021. Harta de las idas y vueltas, de discutir, pelear y de pasar días sin hablarle hasta que se me pasara el enojo, </i><i><b>me separé</b></i><i>. Lo amaba, pero no teníamos un equilibrio. Eran besos o peleas”.</i></p><p>Al mes de la separación Martina ya lo extrañaba con desesperación. Pasar las fiestas sin Marcelo <i>“fue un momento horrible”</i>, admite. <i>“En total estuvimos un año sin vernos y yo hablaba del tema cada semana con mi psicólogo”.</i></p><h2>La revancha del amor</h2><p>Sigue relatando Martina: <i>“Después de las fiestas un día le mandé un mensaje pidiéndole disculpas por cómo me había comportado con él. Él me agradeció el audio. Yo hice constelaciones, diferentes métodos de sanación y empecé a sentirme mejor y me reconecté con la música. Terminé mi terapia en febrero y ¿Sabés qué? Al tiempo, en abril, sin que lo supiéramos, </i><i><b>Marcelo empezó sesiones con el mismo terapeuta”</b></i><i>.</i></p><p>Volvieron a reencontrarse recién el 1 de julio de 2022. Estaban nerviosos y venían de mucho trabajo personal.<i> “Le conté que había sufrido horrores, que lo amaba. Él me dijo que también. </i><i><b>Le conté que no había vuelto a hacer el amor con nadie después de él; Marcelo me confesó lo mismo</b></i><i>. A partir de allí comenzó nuestra tercera etapa. La más linda, la más maravillosa. La que estoy agradecida de haber tenido la oportunidad de vivir. Nos había llevado mucho tiempo y mucha terapia construir una relación así de bella. Esta vez nos cuidábamos, nos amábamos y las fricciones las tratábamos de otra manera. No rompíamos el diálogo, nos uníamos. Decidimos estar en pareja, pero cada uno en su casa: él vivía a dos cuadras. Estábamos juntos todo el tiempo.</i><i><b> Cocinábamos, dormíamos, salíamos, pero no convivíamos</b></i><i>. Podríamos haber probado la convivencia, pero no queríamos tocar la fórmula porque funcionaba perfecto. Gracias a Dios la vida nos dio esa revancha”.</i></p><p>Martina y Marcelo hablaban de todo y tocaban cualquier tema. Cuando conversaban sobre la muerte o el futuro lejano, Marcelo muchas veces dijo lo mismo: <b>no la iba a poder acompañar para siempre</b>. </p><p><i>“No sé por qué lo decía, pero lo hacía. Decía que se iba a ir antes. En enero de este año salió una nota en Infobae sobre inteligencia artificial y la longevidad, decía algo así como que si sobrevivías los próximos diez años seguro que tendrías una larga vida por los cambios que sobrevendrían. Se la leí y, al principio, no dijo nada. Al rato expresó: </i>Pola,<i> así me decía él</i>, yo no llego a diez años.<i> Te cuento algo. A él le gustaba juntar los corchos de los vinos que tomábamos y le compré una corchera para que los guardara, pero entonces empezó a guardar también los capuchones del vino. Le pregunté preocupada ¿Dónde íbamos a poner tanta cosa? Él comenzó a armar una vara con los capuchones y me dijo: </i><b>Me voy a ir y te va a quedar la varita</b><i>. Siempre creí que decía esas cosas porque su padre había muerto a los 60 años por un aneurisma y él pensaba que podría pasarle algo parecido”.</i></p><h2>Verano del ‘25</h2><p>Llegó el 2025 y Martina y Marcelo decidieron alquilar una casa en un country en las afueras de Rosario para pasar juntos, en familia, unos días de enero.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/GSUMKI3GMZDPHP64NXLN7Y6PHM.jpg?auth=225fdbdb8e87916e9048b19ada27edefe0ce25db82d48c9bfd2674f703e6ae87&smart=true&width=1920&height=1440" alt="Marcelo con Martina y el hijo de ella, Nacho" height="1440" width="1920"/><p><i>“¡Vinieron todos! Les hizo asados a sus hijos y luego volvimos a Rosario. En febrero me fui a Carlos Paz, Córdoba, a pasar unos días con una amiga que tiene un hijo de la edad del mío. Él iba a venir después a quedarse conmigo para pasar juntos el Día de los Enamorados. Mientras yo estaba en Carlos Paz, Marcelo fue a visitar a un amigo suyo a Yacanto, también en Córdoba. Para no molestar a su amigo optó por alquilar una cabaña a doscientos metros de él.</i></p><p><i>El domingo 9 de febrero a las siete de la tarde Marcelo arribó a Yacanto. El lunes pasó todo el día con su amigo y a la noche, después de comer con él, cuando bajaba caminando hacia su cabaña me llamó por celular. Era la una y media del martes 11 de febrero e íbamos charlando de lo que habían hecho, de los signos y de los ascendentes y, </i><i><b>en un momento, la llamada se cortó</b></i><i>. Se había quedado sin señal. Esa fue la última vez que escuché su voz. Me fui a dormir. A la mañana siguiente no me saludó como siempre ni me mandó ningún mensaje. Me resultó rarísimo, pero pensé que seguía sin señal en esa zona de montaña”. </i></p><p>Lo que pasó esa mañana lo reconstruyeron después de la tragedia. Marcelo se levantó, se hizo un café. Encendió el termotanque y luego fue al baño. Un poco más tarde volvió a la cocina por un segundo café. Fue entonces que estalló todo y <b>Marcelo terminó con el 95 por ciento de su cuerpo quemado</b>. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/N4DPUCQAS5FJRLOTGPWV6HFXMQ.jpg?auth=1a124c7a4872abe0bb154a066f1b29c63b9a6af3aec2e1b5097974cd6729255a&smart=true&width=1920&height=2560" alt="La corchera que Martina le regaló a Marcelo" height="2560" width="1920"/><p>Lo asistieron rápido y él llegó a contar algo de lo que había ocurrido. Enseguida llegó emergencias, vino el coma inducido y el traslado al Instituto del Quemado de la ciudad de Córdoba.</p><p>Al rato le sonó el teléfono a Martina. Era la hija mayor de Marcelo. Algo serio pasaba: <i>“Pensé en la montaña, en un pico de presión o algo así. Pero ella me dijo que no, que había habido una explosión y que su padre estaba quemado, que lo estaban trasladando al Instituto del Quemado. Me volví loca. Dejé a Nacho con mi amiga, paré un taxi y me fui como estaba para Córdoba. Llegué antes que la ambulancia que lo llevaba. Lo esperé en el estacionamiento”, </i>Martina llora. <i><b>“Lo vi ya sedado</b></i><i>. Pero me tranquilizó que su cara era su cara, aunque tenía el pelo y las cejas quemadas. Me ilusioné durante quince minutos, hasta que salió la doctora y me explicó que tenía más del 95 por ciento del cuerpo quemado y que esas quemaduras eran incompatibles con la vida”.</i></p><p><b>Fin de la ilusión</b>.</p><h2>El adiós y las coincidencias</h2><p>Los dos días siguientes en terapia intensiva Martina le dijo a Marcelo, al oído, todo lo que necesitaba decirle para despedirlo.<i> “Le agradecí lo feliz que me había hecho, </i><i><b>que se hubiera jugado por mí</b></i><i>. Le dije mil veces gracias por los últimos tres maravillosos años. Le pedí que esperara hasta que llegaran sus hijos. Entraba y le cantaba una canción de Rodrigo. Le hablaba y me despedía de todas las maneras posibles. También le escribía por WhatsApp.</i><i><b> Al segundo día de internación nos dijeron que era cuestión de horas</b></i><i>. Saber que se me iba el amor de mi vida, era muy loco y angustiante. A las cuatro y media de la tarde salí un rato a tomar aire y decidí escribirle en nuestro WhatsApp algo liberador, para que no sufriera más. Cinco minutos después me llamaron para decirme que había fallecido”, </i>relata entre lágrimas. </p><p>El horario exacto de la muerte en la ficha médica de Marcelo, quien tenía 60 años, dice 16:30. Es el exacto horario del mensaje que le escribió Martina ese 13 de febrero de 2025 donde le puso textual: <i>“Mamorr te estás yendo de este plano. </i><i><b>Pero siempre vas a estar donde yo esté</b></i><i>. Me hiciste una mujer muy feliz, nos amamos profundamente y pateamos juntos muchos tableros. Gracias por hacerme feliz, y acompañarme desde donde estés, no le tengo miedo a los espíritus”</i>. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/LB5RKTXYYNHHRPLUVYPF4JRHPM.jpg?auth=eb3402fa1dd3570fd2ea7cfbd21b6e7682576e6b71720ebe1614ab1dfeaf4376&smart=true&width=1920&height=2639" alt="El último WhatsApp de Martina a Marcelo" height="2639" width="1920"/><p>No habría ningún Día de los Enamorados para ellos. </p><p>Martina asegura: <i>“Marcelo merece cada lágrima que se me cae. Le pido todos los días que me visite en sueños así puedo seguir agarrando su mano por un rato y besarlo. Sé que tengo la fuerza para salir adelante. Seguramente me la envíe él y también la poseo por mi hijo Nacho. </i><i><b>Tengo la certeza de que Marcelo fue y será el gran amor de mi vida</b></i><i> porque, como dice una frase del libro </i>Un puente hacia el infinito<i>, las verdaderas historias de amor nunca tienen un final”.</i></p><p>Martina cierra nuestra larga charla en positivo: <i>“A pesar de todo lo que pasó estoy agradecida de la posibilidad de </i><i><b>habernos podido amarnos bien</b></i><i>, de una forma sana, en los últimos años. Estuve con él once años y los últimos tres fueron los más maravillosos de mi vida. Acepto el destino. No tengo rencor por lo sucedido. Contra nada. Ni con Dios, ni con lo que pasó, ni con la vida. Marcelo murió siendo amado y feliz. Solo experimento este dolor que me ahoga por su ausencia”.</i></p><p>Martina batalla contra esa ausencia durmiendo del lado de Marcelo en la cama que compartieron y abrazada a su almohada porque <i><b>“todavía conserva su olor”</b></i>.</p><p>El hola de aquel primer chat y el adiós para siempre, en la variable tiempo de esta historia de amor, estuvieron demasiado cerca.</p><p><i>*Escribinos y contanos tu historia. amoresreales@infobae.com</i></p><p><i><u>* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas</u></i></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/Z6YPV6NHLBEFHOZIEEHGFWPTOI.jpg?auth=7609943c30bd680013703a49306c72e277a1aeaacc238c09f516f028db2c28a9&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Cuando él se presentó en la App de citas su mensaje fue desconcertante: "Soy casado", dijo]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[La historia de los gemelos que se casaron con gemelas: amistad, destino y un doble “sí, quiero”]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2025/04/29/la-historia-de-los-gemelos-que-se-casaron-con-gemelas-amistad-destino-y-un-doble-si-quiero/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2025/04/29/la-historia-de-los-gemelos-que-se-casaron-con-gemelas-amistad-destino-y-un-doble-si-quiero/</guid><dc:creator><![CDATA[Francisco González Tomadin]]></dc:creator><description><![CDATA[Cuatro almas, dos pares inseparables, y un camino que parecía trazado mucho antes de que ellos pudieran entenderlo]]></description><pubDate>Tue, 29 Apr 2025 09:05:00 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/BWSVRQICJVEAPMUMX5FGCZ6K6E.jpg?auth=cfd4f62bc013d77b68a79aa87b71ef286d46041ccd95e0ebf5fccebd9e5f070a&smart=true&width=1920&height=1082" alt="Todo comenzó en una iglesia de Arizona, cuando aún eran apenas unos chicos (@wildroots_photography)" height="1082" width="1920"/><p>La <b>ceremonia</b> no fue una, sino dos, pero todo ocurrió en el mismo altar. En Buckeye, <a href="https://www.infobae.com/tag/arizona/" target="_blank" rel="" title="https://www.infobae.com/tag/arizona/">Arizona</a>, el pasado 14 de marzo, <b>Jeremy y Caleb Baker</b>, <a href="https://www.infobae.com/tag/gemelos-identicos/" target="_blank" rel="" title="https://www.infobae.com/tag/gemelos-identicos/">gemelos idénticos</a> de 21 años, se casaron con <b>Kristen y Brooklyn Stutler</b>, hermanas gemelas de 22. Primero, Caleb le dijo “<b>sí, acepto</b>” a Brooklyn. </p><p>Y en cuanto terminó esa unión, Kristen se cambió de ropa a toda velocidad, se colocó su vestido blanco y caminó por el mismo pasillo para casarse con Jeremy. </p><p>Cuatro figuras, parecidas como un reflejo de espejo, compartieron roles cruzados: ellas fueron damas de honor, una de la otra, ellos fueron padrinos. </p><p>Pero esta historia no se cuenta solo desde ese día. En realidad, comenzó hace casi una década, cuando apenas eran adolescentes y su vínculo no tenía nada de romántico, pero ya lo tenía todo de destino.</p><p>Según <i>People,</i> Jeremy y Caleb conocieron a las hermanas Stutler en 2016. Ellos estaban en octavo grado, las chicas en primero de secundaria. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/QUT2GUAU5VDULCE377PB3EUASE.jpg?auth=1dc712da6deee56602270362dbf96c66fdc6f277e08b6a7f66a7c44e60599634&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Durante años compartieron amistad, sin saber que estaban escribiendo algo más grande (Courtesy of Jeremy Baker)" height="1080" width="1920"/><p>El escenario era un grupo juvenil de la iglesia local. Tenían entre 13 y 14 años. Las primeras palabras fueron casi una profecía: “<b>¡Nosotras también somos gemelas!”,</b> recordó Caleb que le dijo Brooklyn. </p><p>A partir de ahí, el lazo fue inmediato. Se acercaron por la curiosidad, se quedaron por la afinidad. “Nos hicimos muy amigos”, contaron todos más tarde a<i> People.</i></p><p>No fue una amistad por pares, como podría suponerse, sino de a cuatro: dos duplas bien definidas, pero con una convivencia grupal continua. </p><p>Pasaban tiempo en la iglesia, en salidas, en casas, en reuniones de jóvenes cristianos. No eran aún adolescentes formales, pero estaban trazando sin saberlo una historia que, con el tiempo, desafiaría la coincidencia estadística.</p><p>Durante cinco años, el lazo entre ellos fue <b>platónico</b>. Caleb, según dijo después, tenía sentimientos por Brooklyn desde un principio, pero los mantuvo a raya. “No quería arruinar nuestra amistad”, explicó a People.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/H3OCHSH3MVCGDIWN53O6R3EY4M.jpg?auth=76f5b3b71eaed40d1031c7cb261bbfbdafff0f26ecd8cc5d7a13d8b2ef625c57&smart=true&width=1920&height=2559" alt="Un mes de convivencia inesperada cambió para siempre lo que sentían (Courtesy of Jeremy Baker)" height="2559" width="1920"/><p>Según informó<i> The Washington Post</i>, el mismo esquema se repetía en la otra mitad del grupo: Kristen sentía una conexión profunda con Jeremy, pero ninguno se atrevía a leerlo como algo más. Las charlas eran largas, las bromas comunes, el cariño evidente. </p><p>Sin embargo, la amistad seguía siendo la palabra dominante. Hasta que una<b> crisis familiar </b>sacudió el mapa emocional de todos.</p><p>A comienzos de 2021, la madre de las gemelas fue internada con <b>COVID-19.</b> La situación de emergencia obligó a Kristen y Brooklyn a mudarse temporalmente con los Baker. Fue solo por un mes. Pero ese mes bastó para transformar lo que venía latente.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/F26M5KZ25FBDZCD7AVCCMXPQEY.jpg?auth=2fe7692f3caf376e64a95926914b29abd6f6eb5f2da2402643661fff5fbc738b&smart=true&width=1920&height=2623" alt="Se enamoraron sin prisa, como quien descubre que el amor ya estaba ahí (@wildroots_photography)" height="2623" width="1920"/><p>El momento clave llegó una noche cualquiera, mientras compartían una silla viendo televisión. Kristen apoyó la cabeza sobre el hombro de Jeremy. “Fue tan reconfortante, tan natural… y tan extraño”, dijo ella a <i>People.</i></p><p>Lo que sintió fue nuevo, pero no del todo inesperado. Después de cinco años de amistad, algo se había movido. </p><p>“Me di cuenta de que me gustaba”, confesó. Jeremy, por su parte, tuvo una revelación similar, casi sincronizada. Lo mismo pasaba en paralelo con Brooklyn y Caleb, aunque a otro ritmo. Caleb lo tenía más claro desde antes, pero ella recién entonces comenzó a verlo con otros ojos.</p><p>Una vez disipada la niebla de la amistad, vino la <b>primera cita</b>. Pero como todo en su historia, fue coordinada: un doble primer encuentro en un restaurante frente al agua. No querían sentarse todos juntos, así que reservaron dos mesas en extremos opuestos del local. </p><p>Querían vivirlo al mismo tiempo, pero de forma personal. Aquella noche, tanto Caleb como Jeremy hicieron la misma pregunta a sus respectivas parejas: “¿Querés que seamos novios?”. Ambas dijeron que sí. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/GHXRTVEGXFGG7JLDHSPIDRP4EA.jpg?auth=b466c4fd688e2d094ae5e478f0c301f61369bbb94d7c72fe4a1eae7f93a22e6a&smart=true&width=1920&height=3412" alt="Caleb conoció a Brooklyn en un grupo juvenil cuando tenía 13 años, y aunque la conexión fue inmediata, tardaron cinco años en pasar de mejores amigos a pareja (Courtesy of Jeremy Baker)" height="3412" width="1920"/><p>La relación se consolidó. En 2024, Jeremy y Caleb comenzaron a planear un paso más: el <b>compromiso</b>. Lo hablaron con sus novias, sin ocultar la idea de hacer algo conjunto. </p><p>Las hermanas les habían dicho, tiempo antes, que soñaban con vivir la experiencia del compromiso el mismo día. Así lo hicieron. </p><p>En <b>junio de 2024</b>, con un minuto de diferencia, ambos hermanos se arrodillaron. Jeremy lo hizo en la cima de una montaña. </p><p>Caleb eligió un lago. Las anillos eran gemelos: corte esmeralda de 2.5 quilates, uno montado en plata, otro en oro. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/UL4IJGSGFFH2DK22AOUJNAFKXI.jpg?auth=290142023c905c282589004cd291abdaa55857962077f24de402b19dd7831f45&smart=true&width=1920&height=1081" alt="La decisión de caminar juntos no fue espontánea, fue el resultado de años latiendo al mismo ritmo (Courtesy of Jeremy Baker)" height="1081" width="1920"/><p>Con las respuestas afirmativas y los anillos puestos, comenzaron a organizar la boda. La fecha quedó fijada para el<b> 14 de marzo de 2025</b>, en Buckeye, Arizona. </p><p>Decidieron que serían dos ceremonias separadas, pero seguidas, con un mismo altar, mismos invitados, misma escenografía. Primero Brooklyn y Caleb. Luego, Jeremy y Kristen. “Fue un caos hermoso”, dijo Kristen a<i> People, </i>sobre el momento en que corrió a cambiarse el vestido tras la primera ceremonia. </p><p>Las fotos muestran una armonía imposible de fingir: peinados similares, trajes gemelos, miradas compartidas. La primera danza, también a dúo, comenzó con una balada y se convirtió en una coreografía sorpresa al ritmo de “Ice Ice Baby”, dirigida por la hermana menor de los Baker.</p><p>Según <i>The Washington Post,</i> hoy, las dos parejas viven en departamentos contiguos en Goodyear, Arizona. Kristen y Brooklyn trabajan como técnicas en una farmacia CVS, el mismo lugar. Jeremy y Caleb estudian cine en Huntington University, también juntos. </p><p>Además, hacen trabajos freelance de video y embalan cajas para Amazon. Por si fuera poco, ahora son líderes del grupo juvenil donde se conocieron. “<b>Todo cerró como un círculo perfecto</b>”, dijeron. En ese espacio acompañan a adolescentes como los que ellos fueron.</p><p>Durante su luna de miel, también conjunta, en un crucero por México, se dieron cuenta de que su historia tenía algo de insólito. </p><p>No tanto por los detalles idénticos, sino por la armonía que, más allá de los lazos biológicos, parecía hecha a medida. “Lo que tenemos es una<b> amistad</b>, un <b>amor,</b> una familia, todo junto”, explicó Brooklyn. Caleb lo resumió en pocas palabras: <b>“Es un sueño. Uno que no hubiéramos podido escribir mejor”,</b> mencionó a <i>People.</i></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/BWSVRQICJVEAPMUMX5FGCZ6K6E.jpg?auth=cfd4f62bc013d77b68a79aa87b71ef286d46041ccd95e0ebf5fccebd9e5f070a&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1082" type="image/jpeg" height="1082" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Todo comenzó en una iglesia de Arizona, cuando aún eran apenas unos chicos (@wildroots_photography)]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu">@wildroots_photography)</media:credit></media:content></item><item><title><![CDATA[El amor que nunca se apagó: salieron en la adolescencia, ella se casó con un amigo de él y décadas más tarde se hicieron amantes]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2025/04/27/el-amor-que-nunca-se-apago-salieron-en-la-adolescencia-ella-se-caso-con-un-amigo-de-el-y-decadas-mas-tarde-se-hicieron-amantes/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2025/04/27/el-amor-que-nunca-se-apago-salieron-en-la-adolescencia-ella-se-caso-con-un-amigo-de-el-y-decadas-mas-tarde-se-hicieron-amantes/</guid><dc:creator><![CDATA[Cynthia Serebrinsky]]></dc:creator><description><![CDATA[Juana y Mateo se conocieron cuando eran chicos en San Fernando. Fueron novios en la juventud pero rompieron sin mucha explicación. Cada uno armó su vida, se casó, tuvo hijos. Pero 30 años después, cuando él ya vivía en el exterior y ella seguía casada, comenzaron una charla inocente, que se convirtió en una historia de reencuentros clandestinos, confesiones, heridas abiertas y un amor que, pese al tiempo y las decisiones, hoy se sigue escribiendo]]></description><pubDate>Sun, 27 Apr 2025 04:11:05 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/SM22TOTFKNCJBC7KECXJSRDZME.jpg?auth=03edc63c836e6f9d0ab258856735a6e29f1eba34b0fec43365a66c8ab3eb8d01&smart=true&width=1536&height=864" alt="Juana y Mateo jugaron juntos en el barrio durante la infancia (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="864" width="1536"/><p>El primer amor no siempre se olvida. A veces duerme, espera. Se guarda en un rincón del corazón hasta que, con una chispa, se vuelve llama. Una vez alguien dijo: sólo sabrás quién fue el hombre o la mujer de tu vida cuando esa persona ya no esté, ¿será? Triste pero, muchas veces como en esta historia, real. Acaso, ¿es eso amor?</p><p>En<b> San Fernando</b>, donde las veredas todavía se llenaban de chicos jugando, donde los vecinos se saludaban por su nombre y las madres gritaban desde las ventanas que la leche estaba servida, floreció una historia de amor que, a pesar del tiempo, las distancias y los silencios, se niega a morir.</p><p>Desde que nacieron, en 1972, <b>Mateo</b> vivía en una casa con galería y <b>Juana </b>un poco más allá, pero siempre sobre la misma vereda. Se conocieron cuando tenían diez años. Él jugaba con los varones a la pelota y al poliladron; ella, con las nenas, al elástico y a saltar la soga. Eran parte del mismo paisaje, de la misma tribu de infancia. “Sentía una bronca terrible porque yo volvía a las 5 de la tarde del colegio y ellos ya estaban jugando hace horas”, cuenta risueño, dando a entender que él era el único de la barra que iba a un colegio bilingüe y los demás hacían jornada simple. En un intercambio de<b> figuritas</b> para completar el álbum del Mundial España ’82, Mateo y Lucas, el hermano mayor de Juana, se hicieron mejores amigos, y esa relación fue el primer hilo que los unió. Ella, con trenzas apretadas, uniforme prolijo y cuadernos de tapas duras. Él, con sonrisa tímida y un aura inquieta. Fue en la calle, en algún zaguán o alguna tarde mientras jugaban al <b>ring-raje</b>, que Mateo se convirtió en una presencia habitual en la vida de Juana. Así, entre esquinas compartidas e “histeriqueos de chicos”, Mateo y Juana comenzaron a cruzarse más seguido.</p><p>En ese entonces, eran solo niños que se miraban como niños. Que compartían silencios largos. Que se buscaban con excusas mínimas. A veces, él le pedía ayuda con una tarea; a veces, ella aparecía con una chocolatada; cualquier pretexto era válido para visitarse. Justo para esa época estaba de moda <b>Festilindo</b> –un programa infantil de televisión que se emitía en Argentina donde los hits que cantaban los chicos se hacían virales, y que sirvió de trampolín para muchos jóvenes talentos, como Florencia Peña, Pablito Ruiz y Luciano Pereyra–, y sonaba fuerte una que decía: “Me parece que me estoy enamorando, de mi vecino, que vive al lado…”, y cada vez que se oía desde algún patio, Mateo y Juana se miraban intentando disimular el rubor de sus cachetes. Casi sin querer, empezaron a armar un lenguaje que no necesitaba palabras.</p><p>Cuando llegaron los asaltos —esos bailes adolescentes que marcaban la transición entre la niñez y algo parecido a la adultez; en donde los varones solían llevar la gaseosa y las chicas los Chizitos—, Mateo, sin entender del todo por qué, se sintió empujado hacia ella: los nervios le ataban las manos pero se animó a sacar a bailar a Juana; fue <b>el primer baile de los dos</b>. “No sé si fue el destino que la dejó a ella disponible o inconscientemente yo dije: ‘A la única que voy a a sacar a bailar es a Juana’”, reflexiona intentando desafiar a la suerte.</p><p>Bailaron lentos, torpes, como sólo se baila la primera vez. “Imaginate la vergüenza mía, yo era muy buen deportista en esa época, era ‘el bueno en todos los deportes’, el atorrante, el simpático, el comprador, o sea, que todas <b>las chicas estaban enamoradas de mí</b>”, desliza él y cuando advierte algo de soberbia, baja el copete con humor: “Eso fue un periodo muy corto de mi vida… después no volvió a pasar”. Y esos minutos, entre luces bajas y corazones acelerados, quedaron grabados en la memoria de ambos. Fue en una casa del barrio, frente a todos los amigos de la cuadra, las persianas bajas y los padres escondidos detrás de una puerta entreabierta. Juana recuerda que a Mateo le transpiraban las manitos, y él, que nunca pudo olvidar ese perfume suave, mezcla de colonia infantil y manzanilla de ella. “Ella tenía <b>un vestido turquesa y sandalias blancas</b>”, apunta con la sonrisa dibujada, la imagen aún patente en su retina.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/LR6V4OKL3ZGQHMZVZMQB4T67MM.jpg?auth=063104b6ba8ec12dad33e5c90fe36554dcd44c98db712a29e837e39f7bbae636&smart=true&width=1456&height=816" alt=""A la única que voy a a sacar a bailar es a Juana’", dijo Mateo en el "asalto" (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Y así, entre bicicletas por San Fernando y meriendas después del colegio, crecieron. “Pero nunca pasó nada”, se ocupa de aclarar Mateo, dándole a “nada” el valor absoluto de la intimidad, como si hubiera que besarse para validar lo que el corazón ya se dio cuenta primero. Hasta que el azar, o algo parecido, los impulsó al borde de algo más.</p><p>Entre 1985 y 1989, cuando los <b>adolescentes</b> surfeaban entre los estudios y entrenamientos deportivos, Juana y Mateo se cruzaban por las calles del barrio sin mirarse demasiado. Habían compartido infancia, veranos en la vereda, meriendas con los amigos del hermano de ella —el vínculo que originalmente los había conectado—, pero sus caminos se fueron bifurcando sin dramatismo. Estaban en la secundaria, en plena “edad del pavo”: Mateo entrenaba, Juana estudiaba, y apenas si se saludaban cuando coincidían en el almacén o en alguna casa de los viejos conocidos. Para Mateo, ella era simplemente la hermana del amigo. Para Juana, él era un “pibe” más. “No se me pasó en el secundario invitarla a salir”, dice. </p><h2>Un accidente y cartas sin entregar</h2><p>Hasta que a los 19 años un accidente lo cambió todo. El hermano de Juana, aquel amigo entrañable de Mateo, quedó cuadripléjico tras un hecho trágico. Y ese dolor los volvió a reunir. “Lamentablemente”, repite cuando recuerda esa etapa. Fue el impacto de lo que pudo ser una pérdida lo que lo llevó a volver una y otra vez a la casa de su viejo amigo. Después de cursar en la facultad, su recorrido lo llevaba inevitablemente a esa casa familiar en San Fernando, donde pasaba horas conversando, acompañando, ayudando.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/2RUEDRRFP5CGLFPCNR7M3DFMMI.jpg?auth=eca101c546a68d6d6eb83e844f10e65735382364af4f6eff7affb1fb974b86ff&smart=true&width=1456&height=816" alt="Un accidente dejó cuadripléjico al hermano de Juana y las visitas de su amigo Mateo se hicieron frecuentes (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Juana también estaba ahí. Primero como hermana, luego como anfitriona, finalmente como confidente. Comenzaron las charlas de café, los silencios compartidos, los gestos de consuelo. Se escuchaban, se hacían compañía. Pero por entonces, Mateo tenía la cabeza en otra. Le gustaba una<b> amiga de Juana</b> que estudiaba con ella el profesorado de magisterio. Le escribía cartas a esa chica, y le pedía a Juana que las entregara. Años después, Juana se animó a confesarle que jamás entregó ninguna. “No hace mucho me enteré”, admite él, riéndose. Ella nunca se lo había dicho. Tal vez porque ya entonces algo en ella empezaba a cambiar. Juana las guardaba, tal vez con una mezcla de celos, tristeza o intuición. Él, con humor muy argentino, recuerda que al no recibir respuesta por aquellos años pensaba: “Andá a freír churros”. No se imaginaba que no habían sido entregadas, y menos el por qué.</p><p>Aunque todavía faltaba. Porque cuando Mateo empezó a tirar alguna indirecta, a acercarse más, Juana se asustó. Lo frenó. No era un chico más de un boliche: era el íntimo amigo de su hermano, alguien que conocía desde siempre. Había una historia previa, muchas emociones, muchas personas involucradas y sentía que tenía mucho por perder. Pero dos años después del accidente, algo en Juana hizo clic. “Se dio vuelta la torta”, dice él. Comenzó a ponerse <b>celosa </b>si Mateo le hablaba de otras; a esperar sus visitas; a soñar con lo que podía pasar.</p><p>Y pasó. El <b>primer beso</b> fue en la primavera del 93. Él la invitó a cenar, después fueron al cine, y cerraron la noche con un beso que era inevitable. “Se caía de maduro”, recuerdan. Les temblaban las piernas. “Fue nuestro primer beso de enamorados para los dos”.</p><p>Comenzaron un noviazgo “a escondidas”. Él seguía yendo a la casa, oficialmente para visitar a su amigo. Pero se cruzaba al cuarto de Juana con cualquier excusa. La casa era un punto de reunión constante de amigos y familiares. El secreto era difícil de mantener. Hasta que una tarde Lucas, el hermano de Juana, los llamó a su cuarto, con la voz débil pero firme, y les dijo con una sonrisa cómplice: “Ustedes no me van a contar nada, pero yo <b>los quiero felicitar</b>. Hacen una pareja bárbara”. Y fue ese manto de alivio el que les dio el envión para “salir del tupper” y vivir su romance sin secretos.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/6LW5GZMVZFFZFBN75QITQTWEWQ.jpg?auth=de863fa7a1d17f6bc9c9546a88a3237fe4cb9570d3e1d0c427c13adf4346c039&smart=true&width=1456&height=816" alt="El primer beso fue inevitable (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Las madres de ambos se conocían de toda la vida. Enseguida el barrio entero supo del noviazgo. San Fernando se llenó de susurros y chismes. A los tres meses tuvieron relaciones, aunque no fue fácil: “Juana tenía miedo, no quería ir a un hotel, tampoco a su casa”. Él la entendió. “Fue un trabajo arduo de tira y afloje”, reconoce Mateo, siempre respetando los tiempos de ella. Como todo, con el tiempo, se transformó en un vínculo habitual.</p><p>El tiempo pasó y el amor juvenil fue mutando. A los casi cuatro años de relación, Mateo “cometió un error”. Había dejado la <b>facultad</b> y no se lo contó a nadie, tal vez por vergüenza. Juana lo descubrió y se sintió traicionada, así, la relación terminó. Aunque años después, cuando volvieron a hablar, ambos coincidieron: “lo de la facultad había sido una excusa más grande que una casa”. Lo que tenían era una relación de chicos, de divertirse y pasarla bien, sin proyectos reales a futuro.</p><p>Pero para Mateo, ella dejó una marca imposible de borrar. “Después de Juana <b>fui infiel en todas mis relaciones</b>”, confiesa entre caladas de su vapeador, como si la confesión lo alterara. “Sólo estaba con otras mujeres para olvidarme de ella”, dice dejando entrever que cada historia que le siguió fue un intento fallido de borrar a Juana.</p><p>A los seis meses de la ruptura, mientras Mateo andaba “de boliche en boliche frecuentando a cuanta mina se le presentara, básicamente por despecho”, un amigo de la misma barra de Lucas lo citó a tomar algo. Necesitaba hablar con él y Mateo no imaginaba “ni a palos” el motivo. “No esperaba este puñal”, dice. Ese verano del 96,<b> el amigo le pidió “permiso” para invitar a salir a Juana</b>. Él, intentando ser maduro, o más que nada haciéndose el superado, le dio el visto bueno, pero con una advertencia: “Si yo me entero que la lastimás, te cago a trompadas”. En el fondo, se resignó y pensó que si “el pata de lana” la podía hacer feliz, estaba bien. “Tendría que haber corrido a buscarla”, dice hoy arrepentido de no haber reaccionado hace 30 años.</p><p>Entonces Juana inició esa nueva relación, y Mateo “se borró”. No soportaba verla con otro. </p><p>“Yo tengo códigos, para mí <b>la ex de un amigo es la ex un amigo</b> y hay muchas mujeres en el mundo como para buscarle la esposa a un amigo. Hay otra gente que no lo considera, pero bueno…”, abre por fin la coraza de resentimiento que viene forjando hace décadas. Y así cada uno por su lado rehizo su vida. “Desde ahí no volví a tener relación con ella, por bronca, por lo que sea, pero la veía en la calle y miraba para otro lado. Pero el tema es que al ser un barrio, nuestras madres se chusmeaban todo”, cuenta para señalar lo que sigue. <b>Ella se casó con ese hombre; él también se casó.</b> Vivían a diez cuadras uno del otro. Nunca se cruzaban. Aunque Juana, a días de casarse, seguía llamando al fijo de la casa de su ex sólo para escucharle la voz. Marcaba y cuando escuchaba el “hola” de Mateo, cortaba el teléfono. Hoy él recuerda esas llamadas, pero jamás se hubiera imaginado que eran de ella.</p><p>El hermano de Juana,<b> Lucas, falleció unos años después</b> y Mateo no se presentó en el velorio. “No quise generar tensión con mi presencia”, dice con algo de pena y mucho de culpa. En 2011, se fue a vivir al exterior con su familia. Y la historia quedó en pausa. Hasta 2021.</p><p>En agosto de 2021, Juana lo empezó a seguir en Instagram. Fue una linda sorpresa para Mateo, que estaba recién<b> separado</b>. Ella seguía<b> casada</b>. “Y ahí empezamos a hablar todo el día, todos los días”, recuerda él con ilusión. Las conversaciones eran largas, profundas. Recordaban, se hacían declaraciones, se aconsejaban. Las 17 horas de avión que los separaban se condensaban con la cercanía de sus confesiones: “Hicimos mucho<b> análisis</b> de lo que fue nuestra relación, lo pendejos que éramos y que no lo pudimos manejar. Blanqueamos que hacíamos como que no nos interesaba el otro, pero estábamos al tanto de lo que pasaba o de los grandes acontecimientos. Empezamos, sin tener ningún tipo de nada, ninguna expectativa porque yo tenía que esperar al menos 8 meses para que se pudiera salir de donde vivo por el tema del COVID”. En las charlas descubrieron un dato insólito: se casaron el mismo día de marzo, en la misma iglesia, con 7 años de diferencia.</p><p>Estuvieron así hasta <b>abril de 2022</b>. Hablaban sin parar del deseo de volver a verse pero por la pandemia, él no podía viajar. Así, apenas se abrieron las fronteras, Mateo vino a la Argentina. Solo. Sin hijos. Para verla.</p><p>Se encontraron en el viejo chalet familiar –“en la casa que era de los padres, ahí donde nos dimos los primeros besos”–, ahora habitado por un tío de Juana que ese día no estaba. En la calle Besares, en pleno San Fernando. Fue un <b>lunes al mediodía</b>. Ella salía del trabajo. Él dejó el auto lejos, para no despertar sospechas. Volvían a verse, solos, después de casi 30 años. “Fue como la primera vez: el primer beso, aguantamos un segundo y medio, y pasamos de un abrazo eterno, a más besos y a lo que viene”, dice él con una cálida nostalgia. Los cuerpos se reconocieron. “<b>Volvimos a ser nosotros dos</b>”, resume Mateo con la simpleza del amor real.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/J25IJ6SWERAGFMDG26X3GV6E24.jpg?auth=e6ab9bede44ceb5f44d2657dc651478a5d25469afc6c70a4853e2218de72a715&smart=true&width=1456&height=816" alt="El primer amor volvió a la vida de Juana, de forma clandestina, porque seguía casada (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Ese mes se vieron doce veces. Siempre a escondidas. Siempre de día. Ella lo llamaba, él pasaba a buscarla. Iban a donde podían. Y así empezaron una segunda <b>historia secreta</b>, esta vez más clandestina porque lo que estaba en juego era algo más que “el qué dirá el barrio”: Juana sigue casada. </p><p>“Lo nuestro es amor”, dice él, sin dudar, salvando su hilo rojo de toda posible comparación a una vacía lujuria. Juana también lo reconoce. Le confesó que para su marido, él sigue siendo un <b>fantasma</b>: durante todo su matrimonio existe el “chicaneo” constante por Mateo, su amor de la juventud.</p><p>Al año siguiente, él volvió a viajar para verla. “Esta vez alquilé un Airbnb así teníamos nuestro <b>nidito de amor</b>”, explica Mateo eligiendo con intención sus palabras. Juana se soltó aún más: le confesó que con él tenía el mejor sexo de su vida; que se lamentaba por haberse casado; y que <b>si pudiera volver atrás</b>, cambiaría muchas decisiones. Pero no lo hacía. Por sus hijas. Por su familia.</p><p>En 2024, Mateo tenía todo listo para volver, pero se rompió la rótula de la rodilla derecha y tuvo que cancelar el viaje tres días antes de partir. ¿Era su cuerpo el que hablaba por él? Algunos creen que romperse la rodilla derecha —la del avance, la del impulso, la de la acción— es una señal de querer estar forzando algo que no fluye. Que es necesario frenar. Que hay que repensar el camino. Juana, mientras tanto, comenzó a sentirse muy mal cada vez que él se iba. Se sentía vacía, culpable, desgarrada, mortificada. Y por más de que cada marzo esperaba con ansias su “pase a la libertad”, le pidió que no siguieran. “<b>Te amo pero no vuelvas, no puedo más”,</b> le impuso rotunda con una expresión más cercana al dolor que al mandato.</p><p>Pero este otoño de 2025, Mateo volvió a la Argentina, es más, todavía anda por las calles de San Fernando. “<b>Ella es el amor de mi vida</b>, sin duda, que no lo puedo disfrutar por decisiones que tomé en otro momento”, repite dispuesto a hacer lo que no hizo hace 30 años. Sabe que la tiene difícil, que ella está con otro, con su marido. Pero aún así, está convencido de que su novia de los veinte siente lo mismo. Y lanza un detalle que lo llena de esperanza: “Juana es la única mujer con la que nunca amanecí. Nunca compartimos un despertar juntos”. Entre sueños, espera poder hacerlo. “Al menos una vez. Aunque sea sólo una”, dice en un suplicio, mientras lleva sus palmas pegadas hacia los labios. Aunque sea para cerrar un círculo que lleva tres décadas girando.</p><p>Hay historias que no terminan cuando se dice adiós. Algunas sólo duermen. Se esconden entre los años, entre las calles de un barrio y las cartas que nunca llegaron. Y cuando despiertan, aunque sea por un instante, iluminan todo como si el tiempo no hubiera pasado. Mateo aún espera ese primer amanecer con Juana. Tal vez solo uno. Tal vez eso alcance. Porque según Mateo, esta es una historia de amor eterno, que arrancó en la infancia, se consolidó en la juventud, se ocultó en la madurez, y todavía —todavía— se sigue escribiendo.</p><p><i>*Escribinos y contanos tu historia. </i><a href="mailto:amoresreales@infobae.com" target="_blank" rel=""><i>amoresreales@infobae.com</i></a></p><p><i>* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas</i></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/6LW5GZMVZFFZFBN75QITQTWEWQ.jpg?auth=de863fa7a1d17f6bc9c9546a88a3237fe4cb9570d3e1d0c427c13adf4346c039&amp;smart=true&amp;width=1456&amp;height=816" type="image/jpeg" height="816" width="1456"><media:description type="plain"><![CDATA[Amores Reales Juana y Mateo, historias de amor, amor, reencuentro, historias reales, amores reales, (Imagen Ilustrativa Infobae)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[“Mi cerebro me martillaba día y noche sin piedad”: el secreto de una infidelidad, el fruto de ella y un dolor inconmensurable]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2025/04/20/mi-cerebro-me-martillaba-dia-y-noche-sin-piedad-el-secreto-de-una-infidelidad-el-fruto-de-ella-y-un-dolor-inconmensurable/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2025/04/20/mi-cerebro-me-martillaba-dia-y-noche-sin-piedad-el-secreto-de-una-infidelidad-el-fruto-de-ella-y-un-dolor-inconmensurable/</guid><dc:creator><![CDATA[Carolina   Balbiani]]></dc:creator><description><![CDATA[Cuando estaba por recibirse de publicista, Moira hizo un intercambio en Estados Unidos y conoció a Steven. Formaron una familia tipo, lo tenían todo y la vida era puro disfrute. Cuando la rutina se interrumpió, y su marido se instaló en otro país para trabajar por un período, Moira se encontró en una situación inesperada. No podía creer lo que estaba haciendo y mucho más le costó procesar todo lo que vino después]]></description><pubDate>Sun, 20 Apr 2025 06:59:43 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/E6ZDIJ67ZVDTJK77SHBRJPXRMQ.png?auth=c46db19cc1911ee98d7d78dc920d1d857bfe33c0a81a067b8405df0e36e8718d&smart=true&width=2668&height=1501" alt="Cuando Moira formó una familia con Steven no hubo tiempo para pensamientos nostálgicos del desarraigo (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1501" width="2668"/><p>Moira vive en San Diego, California, Estados Unidos. Tiene una vida que, a primera vista, todos envidiarían. Una casa de dos plantas con un gran jardín mirando al golf, un marido banquero exitoso pronto a jubilarse, tres hijas mujeres grandes e independientes, dos nietos y, desde hace dos años, un perro Golden retriever. Puertas adentro arrastran como familia un dolor eterno: la muerte en un accidente de su hija más chica, Luciana.</p><p>La cuestión es que Moira arrastra con un peso extra: una verdad que solo ella conoce. Una, a esta altura inconfesable, que ya sabe que nunca saldrá a la luz. Ella tiró, hace mucho tiempo, la llave que escondía su secreto en medio del mar del olvido.</p><p>Un olvido que nunca será.</p><h2>Fundar una familia en el exterior</h2><p>Nació en Buenos Aires en una familia donde no faltaba nada. Cuando Moira alcanzó sus veinte años, ya por recibirse de <b>licenciada en publicidad</b>, partió por unos meses para realizar un intercambio en los Estados Unidos donde conoció a Steven. Él era amigo de los chicos de la casa donde ella vivía, estaba recién recibido de <b>ingeniero</b>. Sumamente carismático e inteligente Steven, enseguida, se mostró encantado con las costumbres argentinas. Fanático del fútbol y del tenis sabía mucho de las estrellas argentinas. Moira estaba impactada por las ganas que Steven demostraba por conocer otra cultura. Al punto que ella le enseñó a hacer empanadas y milanesas mientras la relación se iba convirtiendo en algo más serio.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/U5H2FDUZTVEMREIWIT7XNGHINU.jpg?auth=66bec65271a7a593352045cf21366bde5ffa92fffedd9113bd3f612c58c8f1d2&smart=true&width=1456&height=816" alt="Con 20 años y a punto de recibirse de publicista, Moira viajó a San Diego para realizar un intercambio y conoció a Steven (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Después de un par de años de idas y vueltas, de viajes y presentaciones de sus respectivas familias, y con Moira ya recibida, <b>se casaron</b>.</p><p>Ella dejó el país y se instaló en San Diego. El futuro parecía brillante para ambos.</p><p>Aunque es sabido que la vida en el exterior siempre es un poco distinta a lo que uno imagina y el <b>desarraigo</b> puede golpear cuando uno menos se lo espera.</p><p>Durante los primeros años hubo poco tiempo para la nostalgia. Vinieron una hija tras otra: Emily, Beth y Cin. Con ambos trabajando, requirieron ayuda. Podían pagarla. La juventud se fue pasando con ellos corriendo de un sitio a otro, del trabajo al colegio y a las actividades extracurriculares de las chicas o las visitas a la Argentina o a los suegros de Moira que vivían en Pismo Beach.</p><p>Cuando ya la mayor de las chicas había cumplido 14 años y la menor tenía 9, ocurrió algo impensado. La empresa de Steven le ofreció un puesto que implicaba mudarse a Vancouver, Canadá. Lo pensaron mucho. Él quería progresar y les venía bien que ganara más dinero, pero Moira y los chicos no estaban dispuestos a trasladarse tan lejos. Tenían amigos, una vida y les gustaba más el clima donde estaban. Moira ya había sufrido un desarraigo, no quería pasar por otro y someter a sus hijas a tanto cambio. Decidieron que Steven tomaría ese puesto por <b>dos años</b> e intentaría ir preparando a otra persona para que ocupara su lugar. Cumplido ese tiempo podría volver. Mientras podrían manejarse viajando con frecuencia. La compañía aceptó el planteo y fue muy comprensiva. Se ofreció a darles treinta pasajes anuales en avión para que los usaran como quisieran. Implicaba mucho esfuerzo afectivo, pero valía la pena. Así fue que se lanzaron a ese formato temporal de familia.</p><h2>El hueco de la ausencia</h2><p>“Los primeros meses no fueron tan difíciles como esperábamos. Steven venía cada mes y <b>se quedaba cinco días o seis días. </b>Yo también iba todos los meses y me quedaba una semana. Generalmente viajaba con alguna de las chicas, la que podía por sus actividades, y si no iba sola. Las otras se quedaban en casa con mi suegra que venía y se instalaba. Nadie se quejó nunca por estas movidas, preferían seguir con sus rutinas a mudarse. Era lo que habíamos votado como familia”, relata Moira.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/CNIVJZRFFFFAHGFUV7Z2HWNUFY.jpg?auth=0671376306d2744c256f01a96b983c861c181a14989b00012558f01c833614c3&smart=true&width=1456&height=816" alt="Un viaje laboral de Steven produjo un vuelco en la vida de Moira (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Fue a comienzos del segundo año de viajes que Moira sufrió un vuelco en su vida. Una amiga argentina del secundario, Elena, fue a visitarla a San Diego. Elena se acababa de separar, no tenía hijos, y había viajado para celebrar su cumpleaños. Esa noche de festejo Moira dejó a las chicas con su suegra y salieron a comer y a tomar algo como dos <b>adolescentes</b>. Estando en un bar se les acercaron dos jóvenes latinos a conversar: Quique, un argentino muy simpático, y Gonzalo, un chileno que llevaba toda su vida viviendo en los Estados Unidos. Quique contó que había ido a realizar una experiencia laboral temporal. Ellos eran unos <b>diez años más jóvenes que ellas</b>, pero divertidos, solteros y buena onda. Moira le contó que estaba casada y tenía tres hijas; Elena les aclaró que era una recién divorciada sin ataduras. Esa noche se rieron mucho y quedaron en volverse a ver cualquier día. Intercambiaron sus celulares.</p><p>Se vieron un par de veces más en el mismo bar. Funcionaban como amigos nuevos. Risas y charlas de pavadas. Cuando después de once días volvió a la Argentina, Quique no dudó en llamar a Moira para verse a solas. La salida ocurrió luego de un viaje de Moira a Canadá. Aunque Moira se hiciese la distraída había una llama encendida. Gestos, miradas, atracción física.</p><p>“No me interesa contar mucho lo que pasó o cómo pasó. Todos entenderán. Fue una <b>relación fogosa, pero breve.</b> Yo estaba un poco aburrida, un poco sola, un poco apática en una edad en la que ya sentía que no me pasaban tantas cosas en lo sexual ni en la vida. No sé, no puedo explicarlo, solo que me arrojé a vivir esa aventura o romance, como quieras llamarlo. Nunca hubiera imaginado que me animaría, pero Quique era audaz y un conquistador nato. Fueron menos de dos meses de locura y en el medio me iba de viaje o venía mi marido. Estaba como desorientada conmigo misma. Sabía que estaba haciendo las cosas mal, pero la situación era de pura <b>adrenalina</b>. Hoy no puedo creer lo que hice, pero me pasó. Quizá, que él fuera argentino me tiró demasiado del hilo de la melancolía. Compartíamos esa identidad entrañable de nuestras costumbres. No lo sé”, reflexiona.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/IRBEMWERLRB5THDB4THCYI2MTA.png?auth=ce39cd2fdb3b922f1c2c90733de9a466705182061de2cb90b699c5f10bc21d4e&smart=true&width=1456&height=816" alt="Moira conoció a Quique en un momento en que estaba aburrida, en el que no le pasaban cosas en la vida (Imagen Ilustrativa Infobae) " height="816" width="1456"/><h2>El eco de la aventura</h2><p>Fue acercándose a diciembre que Moira se dio cuenta de que no podía seguir viviendo de esa manera. Traicionando y mintiendo. Su vida podía estallar en cualquier momento y sería un desastre. Con tanto viaje de ida y vuelta estaba como anestesiada para percibir la realidad como era realmente: “No era amor lo que sentía, tampoco una gran pasión. Era otra cosa. Me caía bien, me gustaba, pero no proyectaba nada con él. Ni él conmigo. Más joven y sin hijos, vivíamos en realidades contrapuestas. Quizá haya sido una relación que aniquiló esa especie de <b>aburrimiento existencial</b> que me atacó en esa etapa de mi vida. Un día, cuando ya se acercaba la fecha en que él volvería a Buenos Aires, decidí que teníamos que hablar y terminar con todo de cuajo. No quería más sentirme una traidora ni inventar cuentos para tapar algo que Steven no merecía. Quique lo tomó bien, cero drama, y nos despedimos como adultos”, reconoce Moira, “Esa extrañitis mal resuelta por Argentina puede haber contaminado mi soledad. Porque después de que se fue retomé mi vida tal como antes. Te diría que con más felicidad porque ya no tenía el peso de esa historia clandestina. <b>Elena jamás supo que entre Quique y yo había pasado algo.</b> Solo lo supimos nosotros dos y habíamos quedado en no contarlo nunca”.</p><p>El 27 de diciembre Moira se sintió mal. Vomitó varias veces. Estaba sumamente cansada. Unos días después, como seguía rara, decidió ir al médico. El especialista le preguntó si no creía que podía estar embarazada, ya había tenido varias gestaciones. Moira no lo había pensado, creía estar protegida por el DIU (dispositivo intrauterino): “Le respondí que tenía puesto un espiral. Que era grande, que sí que ya tenía tres hijas y que no quería más. Que no podía ser”, relata. El médico le mandó un análisis de sangre. La sorpresa la dejó helada: <b>estaba esperando un bebé.</b> Por cómo estaba colocado el DIU no era posible quitarlo. Tendrían que monitorear el embarazo y punto.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/SPKEWOX3J5EDNH33L4D7BSPW4M.jpg?auth=b2781fd5cd2761c0f7a104cb19733aad5ab4cfe06e554fc8513a82761ed5785c&smart=true&width=1456&height=816" alt="Moira quedó embarazada aun estando protegida por un DIU (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>“Me aterré. <b>¿El bebé era de mi marido o de mi aventura recién terminada? </b>¿Cómo podía saberlo? ¿Qué tenía que hacer? No podía hacerme la pregunta en voz alta. Tampoco podía decirle a Quique, ¿de qué serviría? Además yo le había asegurado que me cuidaba. Fue como si mi cabeza me ordenara seguir adelante sin preguntas, como un caballo con anteojeras. No me detuve a pensarlo mucho porque me resultaba insoportable. Me decía que si contaba la verdad y después por el tema del DIU pasaba algo y perdía al bebé, terminaría divorciada inútilmente. Si no contaba nada debería asumir que nunca sabría de quién era realmente mi hijo. No me animé a realizar ningún movimiento más que a sostener mi silencio. Un silencio externo con muchísimo ruido interno. Porque <b>mi cerebro me martillaba día y noche sin piedad</b>”, cuenta Moira.</p><p>A los nueve meses nació Luciana, ¡otra mujer! Los miedos de Moira se disiparon un poco y esa beba la llenó de amor. Y todos fueron felices. Por un tiempo.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/SAEJN352T5CLJNKS7WIBME3K5Q.png?auth=9b7850503e08e2f9cd08d111c16ff6a0403bb1c97f1b23e22aaf4f46f8b1464c&smart=true&width=1456&height=816" alt="Luciana era la menos parecida a Steven  (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><h2>Lo que pesa una mentira</h2><p>Steven volvió al cabo de los dos años a San Diego y las cosas se normalizaron para la familia. No hubo más crisis para Moira ni nada que alterara la nueva rutina placentera. Ella notaba, claramente, que Luciana era la menos parecida a Steven de sus hijas. <b>Era muy parecida a Quique</b>: “Era algo que solo yo podía saber. Era morocha como Quique y con ojos oscuros como él. Nada que ver con el resto de mis hijas que tienen ojos claros. Nunca nadie dijo nada al respecto porque uno siempre tiene algún tío o familiar a quién adjudicar el parecido”.</p><p>Cuando Luciana ya había empezado preescolar con 5 años, unos amigos se casaban en Francia y los invitaron a su casamiento. Costó decidirse, pero se organizaron bien. La suegra de Moira se instaló una vez más en la casa y sumó a una de sus cuñadas. Además tomaron a una baby sitter para que las ayudara algunas noches. Los padres estarían ausentes nueve noches.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/BGMQQOZPDREPFGCKJJUIQ4LFCI.jpg?auth=8dd9b0298785b191fc53c32c9ee33d86b9846dbf2acaa4200f20a4553bc415c6&smart=true&width=1456&height=816" alt="El matrimonio viajó a Francia por una invitación a un casamiento (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Fue entonces que ocurrió la gran desgracia de la familia. Un jueves que nadie quiere recordar el transporte escolar que llevaba a Luciana <b>chocó en una esquina con una ambulancia.</b> Con tanta mala suerte que Luciana fue la única de todos los pasajeros que se golpeó fuerte la cabeza. La internaron ya grave. Moira y Steven volvieron de urgencia. Llegaron cuando la estaban llevando a operar de urgencia porque el hematoma seguía sangrando. No lo soportó y unos días después murió.</p><p>“<b>No podíamos sacarnos la culpa de habernos ido</b>. Pero también es cierto que estando nosotros podría haber pasado lo mismo, porque la llevaba siempre el autobús escolar. Pero en mi cabeza y en mi corazón había un peso extra y desconocido para el resto. Mi marido estaba llorando a nuestra hija. Una hija que yo intuía que no era hija biológica suya. Eso me sumió en una tristeza horrible porque <b>sentía que Dios me estaba castigando por mi infidelidad. </b>Apareció el tema del pecado y de mi educación religiosa temprana. Empecé terapia y recién ahí pude contar a alguien la verdad de lo que me pasaba y aliviar un poco el peso de mi alma”, cuenta desgarrada. “Pasamos por momentos de extremo dolor y, en lo personal, casi perdí las ganas de seguir viviendo. En terapia pude reconectar con el amor de mi marido y el de mis hijas que me sacó de ese abismo oscuro. Con el tiempo pude soltar aquello que no puedo cambiar. Nunca blanqueé con mi marido ni con nadie, salvo la terapeuta, el origen biológico de Luciana.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/ZODTCPZDTBAXTKO3L4QZI7YHD4.jpg?auth=56585afcb4a1c041c979ac128f0fba248f6451dc542f7f5c4099e0f0903bd36b&smart=true&width=1456&height=816" alt="La pareja no podía quitarse la culpa de haberse ido (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Con años de terapia pude ver el costado luminoso de las cosas: Luciana fue adorada, querida, tuvo hermanas, tuvo abuela, tuvo mamá y tuvo papá. Lamentablemente pasó un accidente, como miles en el mundo, y eso no tiene nada que ver con mi mentira. Ningún dios me puso en penitencia. Hoy puedo decir que si bien siempre tendré el dolor de su ausencia<b> ya no siento esa culpa horrible que me quitaba las ganas de vivir</b>. Estuve mal, mentí, pero sé que decir la verdad hubiese sido un sincericidio estúpido porque tenía una familia y un marido que amaba. Tuve que aprender a perdonarme a mí misma, que fue una compleja tarea, mi debilidad. Quique nunca supo que tuvo una hija. Tampoco se lo diría porque no tendría sentido sumarle dolor a alguien que ni siquiera la conoció. Lo único que me pregunto es qué hubiera pasado si Luciana hubiese vivido con su <b>derecho a la identidad.</b> Si hubiera llegado a ser una mujer quizá yo tendría que haber enfrentado en algún momento mi desliz, blanqueado todo y hacerle un ADN. Pero eso no ocurrió. Y es otra de las cosas que tengo que soltar. Además, a Steven no le dolería menos su muerte por no ser su papá biológico. Hoy tengo nietos, mis otras hijas son inmensamente felices y volvería a elegir a Steven mil veces más. Fue un roble, mi ancla, mi sostén en los tiempos oscuros. El amor verdadero tiene caminos extraños. Uno puede equivocarse en algún momento. Tenemos derecho a la equivocación. Elegí pensar que una infidelidad no tiene por qué ser una condena a perpetua y que la verdad, a cualquier costo, tampoco tiene siempre sentido. Cada caso es un mundo particular que debe ser analizado. Luciana fue el ángel de nuestras vidas y quién terminó de unirnos definitivamente”.</p><p><i>*Escribinos y contanos tu historia. </i><a href="mailto:amoresreales@infobae.com" target="_blank"><i>amoresreales@infobae.com</i></a></p><p><i>* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas</i></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/E6ZDIJ67ZVDTJK77SHBRJPXRMQ.png?auth=c46db19cc1911ee98d7d78dc920d1d857bfe33c0a81a067b8405df0e36e8718d&amp;smart=true&amp;width=2668&amp;height=1501" type="image/png" height="1501" width="2668"><media:description type="plain"><![CDATA[Pareja, familia, familia numerosa, historia de familia, historia de amor, romance, infidelidad, familia multiracial  (Imagen Ilustrativa Infobae)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Una historia de amor truncada por el odio: se amaron desde el primer día hasta que lo asesinaron y su cuerpo sigue secuestrado ]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2025/04/13/una-historia-de-amor-truncada-por-el-odio-se-amaron-desde-el-primer-dia-hasta-que-lo-asesinaron-y-su-cuerpo-sigue-secuestrado/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2025/04/13/una-historia-de-amor-truncada-por-el-odio-se-amaron-desde-el-primer-dia-hasta-que-lo-asesinaron-y-su-cuerpo-sigue-secuestrado/</guid><dc:creator><![CDATA[Cynthia Serebrinsky]]></dc:creator><description><![CDATA[Karina y Ronen se conocieron en una calle de Tel Aviv mientras paseaban a sus perros y no se separaron más. Vivieron 25 años de amor profundo y construyeron una familia en el kibutz Nir Oz, su “paraíso”. El 7 de octubre, terroristas de Hamas asesinaron a Ronen en su casa y se llevaron su cuerpo que aún sigue cautivo]]></description><pubDate>Sun, 13 Apr 2025 04:52:46 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/52ZRH2BE3VFGVATU6N3TPQ2JWI.jpg?auth=d381402fe1b2946a73738c42532fdc6eb9188a164a243a94e951d6b469ce65d3&smart=true&width=1536&height=864" alt="Karina, nacida en Córdoba, conoció a Ronen en Tel Aviv mientras paseaban a sus respectivos perros" height="864" width="1536"/><p>Una presencia tiene un espacio limitado. La ausencia, en cambio, lo ocupa todo.</p><p>Esta es la historia de amor más hermosa y con el final más triste; triste por el insoportable desenlace que provoca el odio y la inhumanidad absoluta. La injusticia e impotencia intentarán ser puestas a un lado, sólo por un ratito, para honrar con amor la memoria de Ronen y, si es posible, devolver algo de paz a su familia.</p><p>“La nuestra es como la historia de los 101 dálmatas”, comienza Karina abstrayéndose del presente y, por primera vez desde que llega a la nota, exponiendo una sonrisa llena de orgullo. Karina, nacida en Córdoba, vivía en Tel Aviv en un edificio que en la planta baja había un negocio donde todos los fotógrafos iban a revelar sus rollos. Ronen era uno de ellos. Ese caluroso 27 de julio de 1999, Karina salió a pasear con Mía, su cachorrita “mezcla de cualquier cosa”, y Ronen hacía lo mismo con George, su labrador blanco. Las mascotas, con su libre y desprejuiciado coqueteo para enamorarse en segundos, fueron las que hicieron el “gancho”. En la calle Bazel 40, una de las más céntricas de Tel Aviv, sucedió la magia: “<b>Los perros se enredaron y así nosotros nos encontramos</b>”. ¿Puede alguien explicar el instante del flechazo? Los hechos: los jóvenes intercambiaron los teléfonos y a las dos semanas estaban viviendo juntos. “Fue amor a primera vista”, dice con un acento raro por haber emigrado a Israel hace 36 años.</p><p>Ronen Engel, hijo de inmigrantes rumanos, nació el 21 de marzo de 1969 en Ramat Aviv, “uno de los mejores barrios de Tel Aviv”. Karina Engelbert, que nació el 6 de enero de 1972 en Córdoba capital, a los 17 años se mudó a Israel junto a sus padres y tres hermanos: “Un poco por ideología, pero también nos fuimos por un tema económico y de seguridad”, relata. En Israel fue a la universidad y se recibió de arqueóloga. Los amantes de las coincidencias dirían que por sus apellidos, Engel y Engelbert, ya estaban destinados; como si uno fuera parte del otro y viceversa, aún antes de conocerse.</p><p>“Ronen era enorme, medía 1.86, era así grandote con el cuello enorme, musculoso y andaba siempre con su moto”, describe acariciando el aire, con ternura. “Si lo ves en la calle te daba miedo porque era gigante”, dice mezclando el presente con el pasado, como quien no puede aún entender la ausencia del ser amado, y se apura para aclarar: “Pero tenía una sonrisa eterna en la cara, así como ustedes dicen de oreja a oreja. Él siempre, pero siempre, siempre, <b>siempre estaba contento,</b> se reía, no se hacía drama por ninguna cosa. Era súper cómico. Ni siquiera podías pelear o enojarte con él porque siempre hacía algún chiste”. Y de pronto, ella comienza a soñar despierta: “¡Tenía una memoria terrible, no se acordaba de nada! Y siempre se reía de que yo le pedía cosas que hiciera y él se las olvidaba. Entonces me decía: ‘Pero no me dijiste’. Y yo contestaba: ‘No, Ronen, te dije pero te olvidaste’. Eso era algo de todos los días, de no acordarse qué tenía que hacer o los nombres de la gente”, describe escenas cotidianas que podrían leerse como reclamos pero en este momento son tesoros para su alma. No hay en su tono enojo con su marido sino un agradecimiento infinito. Al fin menciona la clave: “Lo principal es que Ronen era… sigue siendo… <b>mi mejor amigo y el mejor papá del mundo.</b> Y para muchos fue muy especial y lo extrañamos mucho”, se quiebra. Karina ama hablar de Ronen, y en su forma de traerlo al presente con anécdotas tan vívidas, el amor se le nota más allá de tanta angustia.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/YY5K7Z6X6NBNPPYRWPYETGFAGI.jpg?auth=06f37952d0e64bdece8747eb546a492ffed4c3d143ce65d6da8e3e1c5ff39faa&smart=true&width=1920&height=4062" alt="Ronen siempre sonreía, estaba de buen humor y desdramatizaba, siempre estaba dispuesto a hacer un chiste" height="4062" width="1920"/><p>Una vez más vuelve encantada al momento en que vio por primera vez al amor de su vida: “Esa misma noche que nos cruzamos con los perritos me llamó por teléfono y me quedé tipo: ‘Wow. ¡Me llamó!‘. Me acuerdo hasta cómo me vestí: tenía un vestido de jean de color azul. Salimos toda la noche, paseamos en Tel Aviv por la costa, frente al mar y comimos hamburguesas. Esa fue la primera vez y desde ese momento <b>no nos separamos nunca…</b>”, relata de corrido con alegría, hasta que en una pausa se ensombrece y, con dificultad, termina la frase: “..<b>.hasta el 7 de octubre</b>”.</p><p>Karina se teletransporta a aquellos tiempos felices para contar que con Mía se mudaron a vivir a la casa de Ronen y George porque “tenían patio y era más cómodo”. Así, en agosto de 1999 comenzó la aventura de sus vidas: “<b>Vivimos juntos 25 años de amor</b> –dice casi sin poder pronunciar la última palabra–, de compañía. Ronen para mí era mi lugar seguro. Él siempre sabía cómo manejarme para que no estuviera tensa o hacerme cambiar la forma de pensar, ir a fiestas, ir a pasear en la moto, salir al campo, estar todo el día con gente amiga. Él no sabía estar solo, siempre tenía que estar con gente”, se apega al recuerdo que es todo lo que le queda. Rápido, el israelí aprendió a hablar un “poquito” de castellano por las novelas que Karina “lo obligaba” a ver. Imitando a Natalia Oreiro en “Muñeca brava”, supo ganar algo de fluidez para comunicarse en la lengua nativa de su mujer. Además era fanático de la carne argentina, “si él estuviera acá sería uno de los hombres más felices del mundo”.</p><p>El 31 de diciembre de 1999 se comprometieron. “Armó toda la escena romántica, se puso de rodillas, me dio el anillo. Pero estábamos de acuerdo de nunca casarnos”, explica que el motivo es que en Israel la única forma es la religiosa –no existe el matrimonio por civil– y Ronen “era una persona que no la obligaba a hacer nada”. Pero <b>tenían un acuerdo de convivir y tener chicos,</b> de respeto y cuidado mutuo. El pedido de mano fue al estilo Cenicienta: “Esa misma noche a las 12 él tenía que salir a sacar fotos por las fiestas. Así que fue antes de medianoche. Me dio el anillo, me dio un beso y se subió a la moto. Fue romántico y cortito”, dice con la mirada perdida en ese día feliz.</p><p>Todo no fue color de rosas pero siempre estuvieron el uno para el otro: “Fue una época también de tristeza porque mi mamá se enfermó de cáncer”, dice Karina con un pesar soportable y correspondiente a la ley de la vida. Su madre falleció el 25 de julio del 2002 y dos meses después nació <b>Tom</b>, el primer hijo de Ronen y Karina. Si bien la angustia de perder un padre es entendible, en comparación con su presente, lo que ella intenta explicar es que su marido siempre estuvo ahí para sostenerla y acompañarla. Al convertirse en padre, Ronen tuvo el típico miedo inicial: el gigante de las motos se volvió una “mantequita”, tenía pánico de tocar al bebé y que se le rompiera. Pero el temor duró poco y a los tres años tuvieron a <b>Mika</b> –”que nació el 5/5/2005 entonces la llamamos Hamsa, palabra que proviene del hebreo ‘hamesh’ y se traduce como el número cinco, símbolo de la mano con cinco dedos que se usa como amuleto de protección”– y en 2012 Yubal, la más chiquita de la familia, que nació en Nir Oz.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/JMHJQRQWFJCKJOQYMTBZQLHA2U.jpg?auth=6aca849c182c7eabd2a36a785317bb7e1a5fd6bd215677b7f5c214d0036b13b7&smart=true&width=1366&height=2048" alt="El sueño de Ronen siempre había sido vivir en un kibutz" height="2048" width="1366"/><p>Ronen tenía un sueño desde siempre: vivir en un kibutz. “La vida en un kibutz es muy simple, estar en el campo, sin las preocupaciones de la ciudad, los chicos están libres, pueden salir solos a dar vueltas. Y para la idea de vida que teníamos juntos eso era lo mejor que nos podía pasar”, narra manteniendo su calma natural. Así, en 2008 se fueron a vivir a un kibutz al sur, cerca de Eilat. Pero no les resultó porque estaba alejado, había pocas familias, no se acostumbraron al lugar y decidieron mudarse a otro kibutz más cercano a sus hermanas, en el centro. Ronen trajo el mapa y propuso: “¿Qué te parece acá, de este lado?”, señaló un punto fronterizo con la Franja de Gaza. A Karina le pareció bien pero él quiso asegurarse de que su mujer estaba entendiendo: <b>“¿Pero sabés que está al lado de la Franja de Gaza?”.</b> A ella nada le parecía peligroso: estaba con Ronen, su héroe. “Sí, ¿qué puede pasar?” Él insistió: “¿Te la vas a bancar?”. Así, en 2010, con Tom de ocho y Mika de cinco, los Engel se mudaron a cumplir su sueño.</p><p>“Ese también fue un amor a primera vista”, dice entre suspiros para describir lo que sintieron al llegar a <b>Nir Oz</b>; suspiros de amor eterno por esa tierra que se volvió su casa; suspiros de melancolía por lo que fue y ya no es. “Nos quedamos enamorados del lugar. Fue como que<b> encontramos nuestro pedacito de paraíso</b>”, dice llevándose las manos al pecho. Por alguna razón los sobrevivientes de Nir Oz repiten que “es 5 por ciento de infierno y 95 por ciento de paraíso”. De repente, uno no puede dejar de preguntarse si seguirán pensando así después del 7 de octubre. Y, como si hubiera leído este pensamiento Karina afirma: “Esa frase es exacto lo que pasa en nuestra zona”.</p><p>Al llegar cada uno encontró su trabajo en comunidad: Ronen en <b>agricultura</b> –era ingeniero hidráulico– y Karina en la <b>contabilidad </b>del kibutz. “Nunca viví con miedo. Ningún miedo. Para mí Nir Oz era el lugar más seguro del mundo. Cuando se ponía la cosa tensa nosotros nos íbamos todos juntos, todo el kibutz, a otro lado”, detalla como quien habla de un equipo olímpico consolidado: “Podía ser al norte o al sur pero nos íbamos juntos como comunidad”. Y si pudo haber existido una pizca de alarma, ya se perdió por completo: “Nunca, nunca tuve miedo, ni tampoco imaginé que algo así podría pasar”, se refiere al ataque terrorista seguido de su brutal secuestro. “Miedo no tengo. <b>El miedo lo perdí el 7 de octubre</b>”, habla en presente para que no queden dudas. Me explica que todavía no se puede volver a Nir Oz porque está totalmente destruida. “La van a recuperar y la gente va a volver a vivir a Nir Oz pero yo no voy a poder, no porque tenga miedo, sino porque duele”.</p><p>Los Engel fueron felices durante años en su paraíso: “Tuvimos una vida linda, súper tranquila, pero a la forma de Ronen: siempre con gente en casa, con salidas, con música, bailamos en el medio del salón, los chicos jugaban, todos los fines de semana íbamos a pasear a algún lugar… <b>una vida muy simple pero muy feliz</b>”. Ronen tenía grupos por todos lados: de las motos, de la fotografía –paradójicamente a Karina le quedaron pocas fotos; perdieron todo en el ataque del 7 de octubre–, de los autos 4x4, del colegio primario, del secundario, “y miles, miles de amigos y conocidos”.</p><p>Karina, de repente, necesita volver al pasado con un hecho doloroso sólo para graficar que la pena más grande era tolerable gracias a Ronen: “En enero del 2020 a mí me descubrieron un <b>cáncer de mama</b>. El 17 de marzo les contamos a nuestros hijos que iba a tener que pasar una sesión de quimioterapia y que iban a recibir a una mamá diferente. Empezamos el tratamiento. A la segunda sesión a mí se me empezó a caer el pelo. Le dije: ‘Dame la máquina de cortar el pelo’. Y él me filmó cuando me pelé. Ronen tenía el pelo largo, con rulos y me dijo: ‘Bueno, si vos te pelás, yo me pelo también’”. Ella atesora este momento que, aunque duro, le recuerda el cariño incondicional que le brindó su marido: “Me llevaba a hacer cada análisis, a fisioterapia, se ocupaba de los chicos, les hacía de comer… Él <b>fue mi ancla, mi lugar seguro </b>porque sin él no hubiese pasado esta etapa tan dolorosa”, explica con un hilo de voz. “A los seis meses me hicieron una operación para sacarme los pechos y fueron tres largos meses que estuve sin poder mover las manos. Ronen me lavaba la cabeza, me ponía la camisa… Fue mis manos durante casi tres meses y, al final, en septiembre del 2023 yo ya estaba mejor, me sentía bien, con ganas, con fuerzas, estábamos empezando a programar viajes juntos, con la moto los dos solos”, dice con una tristeza que lastima y que sólo se comprende sabiendo el desenlace de esta historia.</p><p>Todo eso se acabó. “El <b>7 de octubre</b> Ronen fue asesinado en nuestra casa”.</p><p><b>Ese día fue como todos los sábados, se levantaron muy temprano, a las 5 de la mañana,</b> y a Ronen “le tocó” llevar a pasear a Mancha y a Mafalda, sus dos labradoras chocolate. “Todas las mañanas hacíamos un ‘piedra, papel o tijera’ y el que perdía tenía que sacar a las perras”, explica en un amoroso esfuerzo por seguir recordando lo lindo. Karina preparó el desayuno. Ronen volvió. Estaba todo “normal”. Tomaron café y se pusieron a ver Netflix. Estaban enganchados con <i>The Blacklist</i>. Mientras, esperaban que la mañana llegara y que Mika se levantara para ir a pasear. “Ronen todos los sábados nos llevaba en el Jeep 4x4 que teníamos. Íbamos con las nenas y las perras, y volvíamos todos llenos de tierra, con naranjas que habíamos cortado en el camino o alguna palta o una zanahoria. Así eran todos los sábados…”, cuenta con alegría hasta volver al instante menos deseado.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/45GNYQP7LJDLTHPCSVOTDG77TU.jpg?auth=957e9d3b1cbe8d430fe5cb52e714d0547fd4e694eaf97d878e736de72ecfde5e&smart=true&width=1600&height=1200" alt="Ronen junto a Karina y sus hijas Mika y Yubal" height="1200" width="1600"/><p>Pero ese sábado no fue como todos los sábados: a las 6.30 de la mañana empezó el bombardeo que, aunque estaban habituados en la zona, fue diferente porque “el aire estaba ya cambiado;<b> había mucho ruido</b>; era un bombardeo muy intenso que no paraba”. Sonaban las sirenas, una tras otra y muy rápido, y ya se dieron cuenta de que “algo malo iba a pasar”. Ronen, que era del Maguén David Adom –estrella de David Roja, paralelo a la Cruz Roja en Israel–, enseguida agarró su bolso de paramédico y llamó a su encargado para preguntarle a dónde ir a ayudar. “<b>Ronen, la situación está muy fea afuera, está muy mal, no salgas, quedate en tu casa.</b> Pero estate preparado para recibir la orden”, fue la respuesta.</p><p>Preparó el bolso, preparó el arma y le pidió a Karina que entrara a la pieza de seguridad y cerrara la puerta. <b>“Esa fue la última vez que vimos a Ronen”.</b> Y sus últimas palabras: “Entrá a la pieza y cerrá la puerta”. Ronen intentó hacer lo de siempre: cuidar y salvar a su familia. Desde el cuarto blindado Karina, Mika y Yubal escucharon todo. “Todo”. Hubo tiroteos, hubo gritos, rompieron y se robaron todo lo que tenían en la casa, incluidas las vitrinas con la “colección vintage de cositas” de Ronen. Y en su “todo” encierra lo más sagrado que un ser humano puede tener. Cuando los terroristas violan el cuarto de seguridad para arrastrar a Karina de los pelos, ella, aunque intentó con todos sus sentidos, no vio a Ronen: <b>“Él ya no estaba. Había solamente mucha sangre pero Ronen ya no estaba más”.</b></p><p>Como si la crueldad no fuera suficiente, secuestraron a Karina por un lado y a sus hijas por el otro. Mika había terminado el secundario y estaba haciendo un año de voluntaria en una escuela para niños del espectro autista. Yuval estaba en el último año de primaria.<b> Un cuchillazo hirió a Karina en el cuello</b>; un enloquecido trayecto en moto para remolcarla entre dos terroristas. <b>Tanto Yuval como Mika fueron baleadas</b> y llegaron con los pies quebrados y desmayadas al túnel donde las encerraron. Yuval, de 10 años en ese entonces, se estaba desangrando; su hermana de 17 rogó que la llevaran a un hospital. Allí le cerraron la herida con papel y con cinta adhesiva; una pésima atención que dejó secuelas físicas en ambas adolescentes. <b>Las tres sobrevivieron al cautiverio del horror</b>, separadas, malheridas, en condiciones inhumanas, “muertas de hambre, frío e inmundicia”, durante 23 días hasta que fueron “despachadas” en el hospital. Más allá del infierno, una vez reunidas imaginaron posibles escenarios sobre Ronen: “La esperanza de que tal vez, tal vez, él se hubiese salvado era muy chiquitita pero vivía en nosotras. Con mis hijas nos decíamos: ‘Seguro los está volviendo locos, contándoles chistes’. Si Ronen estuviera vivo los hubiese convertido en amigos a los secuestradores porque era su forma de ser; se hacía amigo de cada uno que conocía”. Pero un día la esperanza se apagó. Karina, Yuval y Mika fueron liberadas luego de 52 días en el “infierno”, para el 1 de diciembre de 2023 enterarse de lo peor: <b>“Nos avisan que Ronen fue asesinado el mismo 7 de octubre en nuestra casa, su cuerpo fue secuestrado y todavía sigue secuestrado”.</b></p><p>El corazón de Karina está “partido en dos, destrozado, quebrado”. “Nosotros decimos ‘halev sheli jatuf beAza’, mi corazón está todavía secuestrado en Gaza (הלב שלי עדיין חטוף בעזה), porque Ronen fue asesinado, pero todavía está allá”, se desarma. <b>Para el judaísmo, el cuerpo es sagrado por lo que es importante recuperar un cuerpo muerto</b>. El entierro tradicional judío respeta el cuerpo y le permite al alma transitar a un mundo espiritual; la muerte es un cambio de estado, una liberación, por la cual el alma abandona el cuerpo físico para desarrollar una relación eterna con Dios. Por eso, Karina siente que salió del “infierno” para volver a allí: “<b>Este infierno que seguimos viviendo desde el 7 de octubre, lo vivimos todos los días. Porque hay 59 secuestrados que todavía están en Gaza y los 59 tienen que volver.</b> Ronen es, aún, uno de los 59 secuestrados. La única forma de que esto se termine es que los 59 vuelvan; los vivos a sus familias pero también los que fueron asesinados por la crueldad del Hamas puedan volver a sus casas. Sin eso no puedo hacer nada”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/NZ2PRCM3R5FHHPRU5WPBA5PDIE.png?auth=4ae6287f9869b38a74f62ef104703acc163d8097275cbce5fec89c4054b793b4&smart=true&width=706&height=1012" alt="Karina contó que les avisaron que Ronen fue asesinado el mismo 7 de octubre en su propia casa, pero el cuerpo fue secuestrado y nunca fue entregado" height="1012" width="706"/><p>Y dentro de tanta oscuridad, una llama que abraza: “Las dos <b>perras</b> estaban en el cuarto de seguridad: Mancha se escapó cuando me sacaron a mí; Mafy –como llaman a Mafalda– se escapó cuando sacaron a las nenas, pero volvió a casa. Soldados la cuidaron y un día uno de ellos se sintió mal, lo tuvieron que sacar del kibutz y se las ingenió para subirla también a la perrita que estaba herida, tenía un hueco en el pulmón”, se ilumina Karina. El soldado malherido la llevó de “contrabando” en una Hummer del ejército y cuando llegaron al hospital se dieron cuenta que también había una perra. La llevaron a una veterinaria, la cuidaron y, gracias al <b>chip</b> interno de Mafy, dieron con el hermano de Karina que la cuidó hasta que ellas fueron devueltas.</p><p>Desde donde esté, Ronen estaría orgulloso de su familia. Por alguna razón, un tiempo antes del ataque, se había tatuado en el brazo izquierdo su lema: <b>“Always look on the bright side of life” (Siempre mira el lado luminoso de la vida).</b> Esa era su forma: “Siempre intentar ver la parte más linda, no enojarse por nada, todo va a pasar y estar bien”. Luego del asesinato de su padre, Tom –el único que se salvó de presenciar ataque porque ya no vivía en Nir Oz– se hizo el mismo tatuaje en la mano. Y, aunque su ausencia está cada día más presente, los Engel-Engelbert ahora emulan a su héroe: “Intentamos siempre ver lo más lindo de la vida. Porque así eran Ronen”.</p><p>Adorado por sus hijos, Ronen era de esos papás que se tiraban al piso a jugar con los chicos y que iban a la pileta y a pasear en bicicleta. Así como Tom viajó a los 5 años en la moto, Mika y Yubal también. A los 7 años ya tenían su casco, sus camperas con los parches y los zapatos especiales para la moto. “Todas las travesuras que hacían las hacían con él. Así que Ronen falta todos los días”, dice intentando no quebrarse aunque no lo logra. Y con lo que le queda junta fuerzas para reconocer al amor de su vida: “Le tengo que agradecer a Ronen por los 25 años que me dio, la mitad de mi vida”.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/6UYTKKDO2ZFNXO62WDTFUU3PUM.jpg?auth=629aa41cc932c73a3ec8a5ee2742d31d3277c643061578d3747d7159074b4005&amp;smart=true&amp;width=1093&amp;height=820" type="image/jpeg" height="820" width="1093"/></item><item><title><![CDATA[Un viudo desanimado, una hija en modo “cupido” y una ex novia azafata a 12 mil kilómetros: el mágico reencuentro 51 años después ]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2025/04/06/un-viudo-desanimado-una-hija-en-modo-cupido-y-una-ex-novia-azafata-a-12-mil-kilometros-el-magico-reencuentro-51-anos-despues/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2025/04/06/un-viudo-desanimado-una-hija-en-modo-cupido-y-una-ex-novia-azafata-a-12-mil-kilometros-el-magico-reencuentro-51-anos-despues/</guid><dc:creator><![CDATA[Carolina   Balbiani]]></dc:creator><description><![CDATA[Tras perder a su compañera de las buenas y las malas de la vida, la madre de sus cuatro hijos, a Juan Carlos lo había fulminado un rayo. Al verlo muy desanimado un día, su hija menor, que vivía con él, Desirée, se puso la tristeza de su papá al hombro y le hizo evocar recuerdos de la juventud para reconfortarlo. Así llevaron al presente a Graciela, una novia de la juventud, que la joven encontró rápidamente por Facebook. “Yo había pensado que papá tuviera algo así como una compañía, pero fue muchísimo más que eso”, reveló Desirée]]></description><pubDate>Sun, 06 Apr 2025 04:52:27 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/DXZD7UFAUFB7RAVFH72HEMGT2E.jpg?auth=3a9d3c92ee1461ff2f99199ad48871d488710150e1bbcf5e78735a69e6aba0df&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Juan Carlos, Graciela, Desirée y un amigo en marzo" height="1080" width="1920"/><p>Alicia llevaba 48 años casada con Juan Carlos cuando murió debido a un tercer cáncer a finales de 2023. Él no le soltó la mano en ningún momento durante los meses que estuvo internada en el Hospital Ramos Mejía.</p><p>Cuando se produjo su partida, en la familia quedó el enorme hueco de su ausencia. Juan Carlos nunca fue de hablar demasiado, más bien es de los que se guardan los sentimientos. Pero el dolor de haber perdido a su compañera en las buenas y las malas de la vida, la madre de sus cuatro hijos, fue como un rayo. Una descarga fulminante que lo volteaba, cada día, al despertarse y lo dejaba fuera de combate.</p><h2>El recuerdo como arma contra la tristeza</h2><p>Fue su hija <b>Desirée</b>, la menor del cuarteto de hermanos y que todavía vivía con él, la que una tarde oscura lo notó extremadamente desanimado. Se le ocurrió, para entretenerlo, traer al presente recuerdos lindos de su juventud. Hablar de aquella vida alegre para reconfortarlo. Desirée, quien ya estaba recibida de abogada, sentía que debía hacer algo por él. Se puso su tristeza al hombro y <b>comenzó a preguntarle sobre el pasado</b>. Estaban en febrero de 2024 y viajaron con la mente a antiguos veranos marplatenses.</p><p>“Mi papá volvió a contarme sobre un noviazgo de su juventud con una chica que luego había trabajado como <b>azafata</b>. Pensé, entonces, que si la encontraba por las redes sociales podría llevarle a mi papá un poco de alegría. Algo con qué distraer su cabeza de la soledad actual. Un reencuentro que, aunque fuera virtual, sería bueno. Le pregunté el nombre de aquella novia: Graciela. Me dio el apellido y ¡no demoré en ubicarla por Facebook!”.</p><p>Cuando Desirée le mostró a Juan Carlos la foto de quien habría sido su ex en blanco y negro, él no la reconoció de inmediato. Habían pasado <b>cinco décadas</b>. Desirée, de todos modos, sumó a esa mujer como amiga.</p><p>Al rato, ese mismo día, Graciela respondió al pedido de amistad. Le consultó a Desirée si ella era la hija de Juan Carlos. Claro. Y la charla siguió. Se pasaron teléfonos y fotos. Quedaron contactados.</p><h2>Una historia antes de la historia</h2><p>Juan Carlos y Graciela <b>se habían conocido en Mar del Plata, cuando ella tenía 15 y él 18. </b>Sus familias eran amigas del barrio, ambas de origen italiano y la relación entre ellos fluyó siempre con normalidad. En 1970 Juan Carlos y Graciela se pusieron de novios. La cosa duró un año entero. En 1971 Graciela se fue a vivir con su familia a Italia. El romance siguió un tiempo por teléfono, pero la distancia fue desdibujando a la joven pareja.</p><p>En 1974 Graciela volvió por un tiempo y llegaron a verse una vez cara a cara. Fue movilizador, pero ya Juan Carlos estaba de novio con Alicia. Cada uno terminó siguiendo su camino: Juan Carlos anclado en Buenos Aires y Graciela por los aires europeos como azafata.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/UZ4CI7QBSRGV5MPQ66BRSN6VTM.jpg?auth=36f6e9e603ab2109f50f14092af8a8ac09164f2fa2a4d4a41a1985aaba3690b6&smart=true&width=1920&height=1926" alt="Graciela en su juventud" height="1926" width="1920"/><p><b>Juan Carlos se casó con Alicia en 1975 con quien tuvo a sus cuatro hijos: Ezequiel, Loreta, Yago y Desirée.</b></p><p>Ella trabajaba en hotelería, pero luego debió abandonar para ocuparse de sus chicos. Juan Carlos se desempeñaba con su propio padre en una empresa constructora. Vivían en la ciudad de Buenos Aires, pero pasaban los veranos enteros en Mar del Plata porque las dos familias tenían casa en esa ciudad costera.</p><p>Cuando Alicia tenía 40 años nació su última hija, Desirée. Juan Carlos, quien es de 1951, ya tenía 42 años para ese entonces.</p><p>Los chicos crecieron, se pusieron en pareja, tuvieron hijos. Ellos disfrutaron de los nietos, se jubilaron y, también, enfrentaron vicisitudes. En todos esos años el cáncer atacó a Alicia una vez en cada mama y, luego, vino un diagnóstico de bipolaridad que puso las cosas bravas durante un buen tiempo. Pero el amor y la familia pudieron con todo hasta que, un día de agosto de 2023, Alicia se sintió muy mal. Pésimo. La llevaron a urgencias y en el hospital descubrieron que <b>el cáncer había regresado</b> para ocupar todo su cuerpo. No había nada qué hacer. Ya no salió de la institución. Murió el 5 de noviembre de 2023.</p><p>Desirée tenía 29 años, ya estaba recibida de abogada en la UBA y se encontraba estudiando Profesorado de Ciencias Jurídicas. Le prometió a su madre internada y al filo de la muerte que terminaría esta nueva carrera. Cumplió. Luego de enterrarla, empezó terapia para poder superar la pérdida y se cargó a la espalda la responsabilidad de devolver a su padre la ilusión de vivir.</p><h2>La voz del pasado</h2><p>“Mi papá es bastante cerrado con sus sentimientos, pero yo notaba que estaba muy triste. A mí también me costaba salir de casa y por eso había empezado terapia, pero él se hacía el duro. Llegó un momento en que, por más que él intentara disimular, yo veía su desánimo. No salía a caminar, no hacía nada de nada. Me preocupé”.</p><p>Así llegamos a aquellas conversaciones sobre las vidas pasadas y <b>la novia de la juventud </b>que se había convertido en azafata.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/JRQQHIS55NDBZFVOMLOD5OWMVQ.jpg?auth=39fcc2806f5ebd3517b33a6aa902c759aa8c1d5508f4766c4b38fb09d04bdfdf&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Juan Carlos hace unos años atrás" height="1080" width="1920"/><p>“Se ve que Graciela estaba como latente en su cabeza. No tenía fotos con ella, pero si hablaba del pasado hablaba de ella”, cuenta Desirée divertida. Cuando al fin ella la encontró y los contactó llegaron las primeras fotos actuales. “Se las mostré y lo primero que él me dijo fue que sí… Es ella, pero ¡qué arrugada que está! Me hizo reír, mirá vos, le dije a papá: Y vos estás gordo, calvo, diabético e hipertenso, así que lo que decís está de más. Jajajaja. Lo puse en su lugar porque él se siente joven. A veces dice que a mi hermano mayor lo ve viejo. Papá es tremendo. Se hace el lindo, se<b> autopercibe joven</b> y está por cumplir 74 este año”, relata Desirée con mucho humor. “Les pasé los teléfonos y se contactaron. <b>¡Nunca más dejaron de hablar!”.</b></p><p>Graciela no estaba en la Argentina, vivía en Italia, en Gorizia, muy cerca de la frontera con Croacia. Era separada, madre de dos hijos y abuela de cinco nietos. Y ya estaba jubilada.</p><p>Con el devenir de las semanas Desirée notó que su papá estaba mucho más animado. Hablaba con Graciela todo el tiempo, se contaban el día a día y se mandaban fotos.</p><p>“Cuando cumplió 73 años, en noviembre, lo invité a las termas de Federación. Nos fuimos juntos a pasar unos días y él se la pasó hablando con ella y mandándole fotos. Para pelearlo un poco le dije: Pa, ¿no era que estaba arrugada? Y él me respondió que bueno, que no tanto, que ella le había mandado más fotos y que no estaba nada mal. Era gracioso. Era obvio que le gustaba. Hablaban, incluso, en la madrugada, insomnio propio de la edad de por medio”.</p><p>Un día de esos Juan Carlos le anunció a su hija que Graciela tenía planeado venir a la Argentina en el mes de marzo de 2025.</p><h2>51 años después: la visita del amor</h2><p>“Me hacía bien verlo mejor”, dice Desirée que fue quien se contactó con Infobae para contar la historia de amor de su padre, “También pensé en lo rápido que se había dado todo”.</p><p>Pero claro, hay edades en las que el tiempo apremia.</p><p>Graciela voló para ver a Juan Carlos 11.778 km. Llegó el 19 de febrero y fue directo al departamento de unos familiares suyos en Palermo.</p><p><b>El jueves 20 se vieron por primera vez después de 51 años.</b> Cuenta Juan Carlos venciendo su parca timidez: “Los dos sentimos lo mismo. Como si nos hubiésemos despedido la noche anterior. Lo que demuestra que<b> los sentimientos no se apagan con el tiempo ni por la distancia</b>. Independientemente de la vida que haya tenido cada uno”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/PHGHXATNXNFXLIXVZY3VPSXTGM.jpg?auth=fe1c7ebdc66df4ae2e64a26142f6fd5cad9b0a8072f99e85ccbdb94f691ff555&smart=true&width=1920&height=3413" alt="Risas y complicidad entre Graciela y Juan Carlos" height="3413" width="1920"/><p>Desirée relata que ese mes de marzo su padre “se levantaba temprano, se bañaba, se perfumaba y la iba a buscar a Palermo con sus anteojos de sol, como un galán. Lo vi feliz. Graciela se quedó un poco más de un mes en el que salieron todos los días. Incluso<b> viajaron una semana solos a Mar del Plata.</b> Yo le pregunté a papá: ¿van a dormir en la misma cama? Él me dijo que bueno, que ya era un adulto. Jajajaja. Tenía razón. Se los notaba enamorados como dos adolescentes”.</p><p>Juan Carlos, un poco culposo, le aclaró a su hija menor que lo que había sentido por su madre no había cambiado en nada, pero le reconoció que con Graciela, en su <b>reencuentro</b>, había sentido una conexión única.</p><p>Desirée pegó buena onda con Graciela: “¡Las dos somos piscianas! El 3 de marzo cumplí 31 años. Fuimos los tres a comer un asado y después a tomar el té a los jardines del Palacio Duhau”. Graciela cumplió 70 años el 15 de marzo. Un festejo tras otro.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/RV22SH7Z7FHYVKX3L2GT7QYYTM.jpg?auth=a24d0fb0c5664a2a26c9d945e947aa290afccc51b8d67f4e22977e184080a4ff&smart=true&width=1920&height=3413" alt="Graciela festejó sus 70 con Juan Carlos" height="3413" width="1920"/><p>Graciela se hace cargo de cuidar un nieto pequeño con problemas en Italia y su presencia es imprescindible. Por otro lado, Juan Carlos es jubilado y no cuenta con suficientes recursos para ir a pasear por Europa. Están a tanta distancia que es complicado proyectar demasiado. Desirée se plantea que le gustaría ahorrar para <b>sacarle un pasaje a su padre </b>para que vaya a visitar a Graciela a Italia: “Me gustaría ayudarlo con eso. Él conoce Italia, fue un par de veces, pero ahora le resulta difícil reunir el dinero necesario para viajar”.</p><p>Desirée dice que Graciela es una mujer muy elegante, con buen físico, muy educada, que se cuida y anda mucho en bicicleta. “Papá en cambio no se cuida nada, es sedentario y come mal. Pero cuando estuvo con ella vi que hizo muchos esfuerzos para estar mejor, comer bien y caminaban un montón. Graciela sostiene que tiene planeado volver, pero bueno el tema de su nieto la ata un poco. Fue súper cálida y agradable. Hasta me dijo que observaba que yo me hago mucho cargo de mi papá y me aconsejó que también intentara hacer mi vida sin preocuparme tanto. ¿Sabés?<b> Me gustó verlos abrazados.</b> Él es como un oso y ella chiquita. Son una linda pareja y me conmovió verlos bien. Solo me queda el sabor amargo por la distancia y porque creo que sería bueno poder materializar ese amor. Pero bueno, al menos tienen la ilusión. Solo quise intentar que mi papá fuera feliz otra vez. Entiendo que mi mamá hubiera querido que él tenga un motivo para vivir, para despertarse con alegría”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/O7NSPO22ENBMNPNV5JTCHOHTEE.jpg?auth=b0ceb83fc8c5926279125df6597fc8111893dc90e23b9a1acedc81335bf725e5&smart=true&width=1920&height=3413" alt="Graciela y Juan Carlos felices con su reencuentro" height="3413" width="1920"/><p>Juan Carlos dice del futuro del amor a sus 73 años: “Seguramente, este es nuestro momento. Tratamos de vivir el hoy. Debemos aprovechar el tiempo al máximo, improvisando todos los días. Así fue el mes que compartimos. Sueños siempre existen, y pueden cumplirse. El tiempo dirá y es el que seguirá escribiendo nuestra historia con los sentimientos inalterables de siempre”.</p><p>Desirée afirma: “Lo veo enamorado. Manejan una intensidad única. Están a diario y a toda hora. <b>Yo había pensado que papá tuviera algo así como una compañía, pero fue muchísimo más que eso. Fue amor</b>”.</p><p>Lo que Desiré le regaló a su padre es algo por qué seguir soñando.</p><p>A veces Cupido lleva por nombre: Hija.</p><p><br/></p><p><i>*Escribinos y contanos tu historia. </i><a href="mailto:amoresreales@infobae.com" target="_blank"><i>amoresreales@infobae.com</i></a></p><p><i>* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas</i></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/DXZD7UFAUFB7RAVFH72HEMGT2E.jpg?auth=3a9d3c92ee1461ff2f99199ad48871d488710150e1bbcf5e78735a69e6aba0df&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Juan Carlos, Graciela, Desirée y un amigo en marzo]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Su primer novio se suicidó y en el camino de su resiliencia conoció al amor que la salvó y la ayudó a cumplir una promesa]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2025/03/30/su-primer-novio-se-suicido-y-en-el-camino-de-su-resiliencia-conocio-al-amor-que-la-salvo-y-la-ayudo-a-cumplir-una-promesa/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2025/03/30/su-primer-novio-se-suicido-y-en-el-camino-de-su-resiliencia-conocio-al-amor-que-la-salvo-y-la-ayudo-a-cumplir-una-promesa/</guid><dc:creator><![CDATA[Cynthia Serebrinsky]]></dc:creator><description><![CDATA[Mariana nunca imaginó que su primer amor, Joshe, terminaría de manera tan trágica. Pero, en medio del sufrimiento, encontró una nueva oportunidad en Cristian, un hombre que la ayudó a superar la culpa y el miedo, y a cumplir la promesa que le hizo a Joshe]]></description><pubDate>Sun, 30 Mar 2025 04:51:17 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/GYI7XDDQBNDHFEKF3PK7Y4QLJY.jpg?auth=d1c7004b26d37c64de684b6aaa2e3eab401e5be3170c13cc5d3e360104161d38&smart=true&width=1920&height=1280" alt="Las historias de amor transcurren en el sur de Chile" height="1280" width="1920"/><p>Esta es una historia que parece triste y, aún así teniendo sus tragedias, es un verdadero relato de amor y supervivencia.</p><p>Mariana nunca imaginó que su primer amor se desvanecería de la manera más trágica posible. A los 10 años, <b>en un pequeño pueblo en el sur de Chile</b>, sus caminos se cruzaron por primera vez. Joshe llegó al colegio de Cabrero como un alumno nuevo, y aunque sólo estuvo allí por un breve período, fue suficiente como para captar la atención de Mariana. Era un <b>amor de niña</b>, uno que se guardaba entre las páginas del cuaderno, un cariño inocente y callado. Pero como tantas historias de la infancia, ese primer enamoramiento se desvaneció: “Me gustó como niña, obviamente, a esa edad uno no conoce bien lo que es el amor, pero me llamó la atención él. Fue solamente un año que estuvo en mi colegio. Cuando se fue no supe más de él, nada”, recuerda Mariana. Y aunque nunca llegaron a ser más que compañeros de clase, “el chico nuevo” protagonizó varios capítulos en su<b> diario íntimo</b>.</p><p>Mariana lo olvidó, o al menos eso pensó. Pasaron los años, y la vida de ambos siguió su curso. Él, en su búsqueda por encontrar su lugar en el mundo, se dedicó a sus estudios de agronomía, mientras que ella, en su propio camino, comenzó a estudiar psicología en la ciudad de Concepción, a más de una hora de su pueblo. Pero la vida tiene maneras curiosas de devolvernos lo que una vez dejamos atrás. En 2012, cuando los ex compañeritos de 5to. grado tenían 19 años, Joshe reapareció de forma inesperada. Una notificación en las redes sociales los reconectó. Un mensaje breve, como un suspiro del pasado preguntando cómo estaba, fue suficiente para que Mariana lo reconociera de inmediato. <b>La niña enamorada, </b>aquella que sentía mariposas en el estómago cada vez que veía a Joshe en los recreos<b>, despertó en su interior, </b>pero ahora era una joven con otras preguntas, con una visión más amplia de lo que significaba el amor.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/D4WKHIA7WBCYHEAWIWB7NEKDDU.jpeg?auth=c039ebc5dc6e88af7ee506ed1eafe4e67550b3412de36a8ec6a1e2337cdadf6c&smart=true&width=1920&height=2521" alt="A los 19 años Mariana volvió a sentir las mariposas en el estómago al reencontrarse con Joshe" height="2521" width="1920"/><p>“¿Te acuerdas de mí?”, le preguntó él. Y Mariana, tras un par de intercambios, aceptó la invitación a reunirse. No había expectativas más allá de compartir un café y tal vez encontrar una respuesta a la pregunta no resuelta de su infancia: <b>¿qué habría sido de ellos si la vida no los hubiera separado?</b></p><p>Las primeras citas fueron casuales, sin presión ni promesas. “Apenas volví a ver a Joshe ya sentí una química, o sea, como que eso que sentí de niña también me pasó de adulta”, relata con ternura. El reencuentro fue orgánico y la chispa entre ellos se encendió de un modo automático. Lo que había sido un amor de niña se transformaba en algo más profundo y real. “Salimos un par de veces y <b>enseguida nos enamoramos</b>”, dice con la simpleza que habla el amor genuino. Ella descubrió que el niño tímido y algo inseguro de la primaria ahora se había convertido en un hombre con sueños y temores propios.</p><p>Pero, como tantas veces sucede en las historias de amor, la relación no fue un mero “felices para siempre”. Joshe, aunque profundamente enamorado, luchaba con su autoestima. Había un <b>conflicto interno </b>que no podía superar, algo que lo hacía sentirse menos valioso frente a Mariana, una mujer decidida y segura de sí misma. “Él se sentía menos que yo y yo trataba siempre de animarlo”, cuenta ella con algo de impotencia. Lo cierto es que se hacía complejo por la distancia; vivían cada uno en diferentes ciudades por los estudios, entonces intercambiaban mucho por redes sociales y se juntaban de vez en cuando, pero el día a día se tornaba complicado.</p><p>“Te quiero”, le decía ella. “Pero <b>¿por qué pensás que no podés estar conmigo? </b>Yo te veo. Te valoro”, le respondía, con la esperanza de que sus palabras pudieran romper las barreras invisibles que él mismo había levantado alrededor de su corazón. No era un amor perfecto, pero era verdadero.</p><p>A lo largo de esos primeros meses juntos, el amor parecía haber triunfado sobre las inseguridades. La distancia entre Concepción y Cabrero se hacía más corta cada vez que decidían verse. Los fines de semana cuando viajaban entre ciudades se llenaban de risas y de conversaciones sobre sus sueños, sus miedos y sus planes para el futuro. “En uno de esos encuentros <b>él me confiesa que vivió situaciones súper dolorosas y difíciles</b> en su vida, que ahí no quiero especificar porque es privado de él, pero que de alguna forma todas esas cosas le habían afectado a que tuviera una mala autoestima, como una mala visión de sí mismo. Pero jamás, jamás jamás, él me dijo que pensara en hacerse daño o que había intentado antes hacerse daño, nada de eso”, revela ella. “Y las cosas estaban bien, como en una relación normal y bonita” de una pareja de novios. Sin embargo, el destino hace planes sin preguntar.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/ERF24UKTYRGSHCILGU24HFVBDQ.jpg?auth=ca7946f7dd551055263565a19127f99615363d2a32cb56c82c08af5ac9882c16&smart=true&width=7900&height=5267" alt="La relación no fue un mero “felices para siempre”. Joshe, aunque profundamente enamorado, luchaba con su autoestima (Imagen ilustrativa Freepik)" height="5267" width="7900"/><p>Mariana nunca imaginó que una tarde de primavera, llena de promesas y palabras dulces, terminaría siendo la que marcaría el fin de una etapa. Un día cualquiera, uno más en el que estaban “bien, no había ningún problema ni nada que diera a sospechar que algo pasaba”, Joshe llamó a su novia: “No me doy cuenta de nada y él me llama y me dice: ‘¿Sabes? Quiero que me prometas algo’. Lo noté angustiado y en los días anteriores estaba como triste y me había dicho que ‘después me iba a contar por teléfono’”, revive ella el momento sin esfuerzo por recordar. Fue una conversación habitual aunque cargada de incertidumbre: <b>“Prométeme que vas a ser feliz, pase lo que pase”</b>, le suplicó Joshe al otro lado del teléfono. Su voz, esa que siempre había sido cálida y llena de esperanza, ahora estaba nublada de una melancolía que Mariana no podía descifrar.</p><p>Mariana, que estaba a punto de dar un importante examen en la universidad, no entendió el peso de lo que estaba sucediendo. Aunque algo en el tono de Joshe la inquietó. “Pensé que quizás estaba preocupado por mí por el tema de mis exámenes y que no tenía que ver con él, sino que quería que yo estuviera bien nomás”, dice como disculpándose con el pasado. Sin pensarlo demasiado y a la insistencia de su novio contestó al pasar: “Sí, ya, ok, te prometo que voy a ser feliz”, largó sin saber que ese juramento sería lo último que le diría. “Me lo preguntó muchas veces”, incide apesadumbrada. Y al escuchar lo que quería, Joshe suspiró: <b>“Ahora puedo estar tranquilo”</b>. Y cortó el teléfono sin antes despedirse con un sentido “Te amo, nunca lo olvides”.</p><p>Joshe estaba “extraño, pero no triste”. Distante tal vez. Pasaron cinco minutos y una <b>rara sensación</b> quedó rondando por la cabeza de Mariana. Lo llamó. “No me contestaba, no me contestaba. Me salía apagado después. Primero me cortaba, después me salió apagado el teléfono”, enumera con una desprolija desesperación que muestra su bronca por no volver a escucharlo. Durante media hora persistió sin obtener la respuesta que quería, hasta que su cuerpo reaccionó antes que su mente: “Me empecé a sentir pésimo físicamente; me empezó a doler el estómago; tenía ganas de vomitar; vomité; y después… sentí un alivio”, revela sorprendida de lo que ella misma deja traslucir. La sensación de dolor de estómago de repente cesó.</p><p>Mariana se quedó quieta, mirando el teléfono, como si esperara una respuesta que no llegaba pero tenía un examen que rendir. Cumplió y al entregar la prueba “por fin” recibió el llamado de Joshe: “Oye, al fin me llamaste, estaba preocupada por ti, ¿qué te pasó?” Pero en ninguna de todas sus vidas hubiera querido escuchar lo que siguió: “<b>No soy Joshe, soy su papá. Joshe se quitó la vida”</b>, revive lo peor.</p><p>El desenlace llegó con una llamada inesperada. Joshe había tomado una decisión irreversible, una decisión que quizá había estado gestando en silencio, lejos de los ojos de Mariana. “Jamás pensé que iba a hacer algo así”, se desarma. La noticia llegó como un golpe devastador, como un rayo en un cielo despejado. Joshe se había suicidado. “En ese momento sentí que todo el mundo se caía, como un terremoto, no sé, algo demasiado horrible. Primero caí en negación, decía: ‘No, mentira, si yo hablé con él hace un rato’”. Pero la confirmación era contundente: lamentablemente Joshe había tomado el fallo más drástico y su corazón ya no latió.</p><p>Las reacciones son tan personales como infinitas. Y Mariana sólo pudo gritar. “Gritar como loca”. Cortó el teléfono y, a la preocupación de sus compañeras que no entendían qué le pasaba, lo dijo por primera vez: “Joshe se mató”. Salió corriendo<b>. Tomó el primer bus a Cabrero para acreditar lo que había escuchado todavía sin terminar de creer:</b> “Iba llorando, pero llorando mal, tratando de contenerme para que la gente no se diera cuenta”, recuerda agregando un dato que deja entrever su sufrimiento encubierto: “Una señora al lado mío me miró, se dio cuenta que estaba muy mal, me pasó un pañuelo pero no le dije nada. Lloraba, lloraba, lloraba y lloraba”, describe sobre la hora y media en su trayecto al lugar menos deseado.</p><p>Llegó al pueblo donde vivía su novio y se fue directo a su casa. La escena era de película: “Estaban los carabineros, la policía, la familia y yo estuve ahí con él, vi su cuerpo, me despedí, me refiero físicamente, le di un beso. Fue súper fuerte pero era necesario para mí”. <b>Joshe había dejado una carta que Mariana nunca pudo leer</b> porque la policía se llevó como prueba pero sí supo que decía “los motivos relacionados con todas sus vivencias complejas” y, para su consuelo, si es que existe, aclaraba que la amaba mucho y que quería que ella fuera feliz, lo mismo que le había hecho prometerle en su último llamado. Además, la familia nunca la señaló: “En la carta especificaba que yo no tenía la culpa. Nunca leí esa carta, pero el papá la leyó y, al contrario, decía que de alguna forma yo le había entregado un poquito de alegría en sus últimos meses de vida. Ellos no me echaron nunca la culpa, nunca”. Igual internamente Mariana se sentía muy culpable.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/AXHNRGY64ZCRTBLP2VFA4UO5NA.jpg?auth=cb3d62be6fe87d1158ec893ee8aa28d8a1f503e1c713af09c21b18ed3285068f&smart=true&width=1920&height=2871" alt="Mariana y Cristian. a quien conoció en medio del duelo" height="2871" width="1920"/><p>“Fui a su velorio y a su funeral, donde dije unas palabras y posteriormente me guardé todo, todo, todo, todo”, corea la palabra que resignifica la completud en un tono fuerte hasta apagarse. En su despedida Mariana dijo que Joshe había marcado su vida y que había sido “la persona más buena que había conocido, porque él era una persona muy humana, muy buena, no tenía malos sentimientos hacia los demás, le gustaban mucho los animales, le gustaba leer, era bien sabio y culto, sabía hartas cosas y era bondadoso”. Aseguró que nunca lo iba a olvidar, que él iba a ser siempre importante para ella y que deseaba que descansara en paz, “porque el tema del suicidio es un tema complejo por todo el estigma que hay de juzgar que la persona hizo algo incorrecto y no va a descansar”. No fue nada fácil, la gente se empezó a retirar del cementerio y Mariana desolada se quedó ahí: “No me quería ir de la tumba, era una <b>sensación de querer quedarme con él</b>”. Acaso, ¿hay manuales que digan cuánto tiene que durar una relación para marcarnos de por vida? “Fue una relación súper corta, no fue larga –se refiere Mariana a los seis meses con Joshe–, pero fue demasiado significativa e intensa; era muy intenso lo que nosotros sentíamos”.</p><p>Al otro día Mariana conversó con su propia familia sobre lo sucedido y “jamás” volvió a hablar de él. Pasaron días, luego meses y ella, como quien esconde sus pesares debajo del sillón, se guardaba todo. Fingía que estaba bien, iba a la universidad y continuaba con su vida normal: “Al otro día no falté a clase, lo tomé como un día normal”, simula entereza. Pero en cada viaje de Concepción a Cabrero lloraba a escondidas la hora y media del trayecto. Cuando faltaba poquito para llegar se secaba las lágrimas para que nadie notara su tristeza y su familia no se preocupara. “Estuve mucho tiempo así, como unos dos años”.</p><p>En medio de todo su duelo oculto apareció Cristian, un compañero de la facultad que la vio rara, “más bajoneada” y se interesó. Aunque ella hablaba del tema con muy poca gente, pudo abrirse con Cristian que la escuchó de un modo incondicional. A veces un oído amable es todo lo que alguien necesita. “Cuando uno se siente realmente escuchado las cosas fluyen”. Las charlas se volvieron las caricias que a ella le urgían, y con el tiempo Mariana y Cristian se enamoraron. Empezaron una relación aunque ella sentía <b>mucha culpa:</b> “Sentía que traicionaba a Joshe por estar con Cristian”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/MXT7ZFI22VFY5GAUOO5FBNZNSM.jpg?auth=27adb7b8a63d09d22016ec20dab3e6b6f567f8bb837521206709529fd5c008de&smart=true&width=1920&height=1920" alt="Mariana se permitió ser feliz con Cristian, su compañero de psicología y más tarde marido" height="1920" width="1920"/><p>Pero el amor, que poco entiende de razones, hizo lo suyo y Mariana se fue permitiendo “ser feliz”. Aunque la mala inclinación persistía, ¿pero cuál era el monstruo que la perseguía? “Sentía que si yo no le hubiera prometido que iba a ser feliz, él quizás no se hubiera quitado la vida. Eso pasó por mi cabeza mucho tiempo, mucho tiempo”, se desahoga por fin. Su falsa creencia la torturó largo rato: “Lo único que a él lo retenía un poquito era pensar que yo iba a sufrir. Entonces, como yo le prometí que iba a ser feliz, él se fue tranquilo entre comillas, pensando, ‘Ok, a pesar de que yo no esté va a ser feliz. Entonces, como me importa su felicidad, puedo hacerlo’”, resume el pensamiento que la castigaba.</p><p>Mariana amaba a Cristian con quien estaban formando una linda relación con “momentos de felicidad o mayor tranquilidad”, pero igual aparecía este fantasma de Joshe que la “envolvía”. Se refugió mucho en su carrera y cuando se recibió de psicóloga empezó a especializarse en el tema de <b>trauma y duelo</b>, y tratar de entender lo que había pasado. Empezó a hacer terapia y a sentir un poquito más de alivio. “Nunca había ido a terapia, nunca, es loco lo que digo porque siendo psicóloga no iba a terapia; me lo tenía que permitir porque nunca es demasiado tarde”, dice y a medida que suelta su proceso de recuperación se la ve más distendida. En el transcurso se dio cuenta de que quería trabajar con supervivientes de duelo por suicidio: “Es un duelo muy solitario y creé una comunidad para apoyar al que necesite desde ahí”. En su Instagram (@psicologa.marianamoreno) comparte información del tema para apoyar a otras personas en su proceso. “Mi primera historia de amor quizás triste, porque terminó mal, puede transformarse en una experiencia con sentido. O sea, lo que pasó fue terrible, pero el significado que yo le di, hoy hace que pueda ayudar a otras personas”.</p><p>En su proceso de sanación Mariana descubrió que antes de la tragedia de su novio hubo corazonadas. “Antes que él se quite la vida hubo dos <b>sueños premonitorios</b>. Primero soñé que estábamos en un concierto. Yo lo veía a él, pero él no me veía a mí. Se lo llegué a contar porque fue un sueño extraño. Después, como un mes antes de que él falleciera, tuvo un sueño super raro que me contó: estábamos juntos, felices en un bosque, en un lugar con muchas flores y muy hermoso, y de repente se abría la tierra y había como una especie de hoyo negro que me tragaba a mí. Y él quedaba desesperado porque yo no estaba. Eso me lo contó él”, relata con precisión frunciendo el ceño para recordar en detalle. Y por otro lado, una vez analizada, Mariana pudo sacar cuentas de que su malestar físico justo cuando estaba sucediendo el fatal episodio no fue casualidad: “En el momento que él falleció fue el mismo en el cual yo empecé a sentirme mal; tuve un presentimiento”, explica con los ojos bien abiertos.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/JKET7JA65BANXI7TCJFEKCPIPM.jpg?auth=f7cd687bd4bd5a20135710c721f99a34c99fa104f21564aebb1606ac434683c3&smart=true&width=1920&height=1438" alt=""Hoy estoy tranquila conmigo", expresa Mariana" height="1438" width="1920"/><p>“Hoy me siento libre de esta culpa y siento que con lo que estoy haciendo estoy honrando a Joshe y cumpliendo mi promesa, que es lo que yo le dije a él, que iba a ser feliz, que mucho tiempo no fue así, de hecho decía, ‘Yo no voy a ser feliz’, porque sentía rabia también contra él de por qué me había abandonado, que es algo común que pasa en el duelo por suicidio. Pero<b> </b>hoy estoy tranquila conmigo”, cuenta Mariana que se siente realizada y feliz por lo que hace. Pero no sólo eso:<b> en 2021 se casó con Cristian </b>y fue una “decisión superconsciente”. Previo a eso sentía que estaba “soltando” a Joshe, y no quería hasta que finalmente entendió que siempre sale el sol: “Independiente que siga queriendo a Joshe, lo sigo queriendo, sigue siendo parte importante de mi vida, pero también puedo volver a amar y ser feliz”.</p><p>Con Cristina llevan tres años de matrimonio y proyectan tener hijos. “Cristian siempre ha sido mi gran apoyo”, dice y por primera vez se le ilumina la mirada, y agrega: “Nos recibimos juntos de psicólogo y él me ayudó mucho a superarlo”. Porque cuando el amor es verdadero puede correrse de su ego para cuidar al otro: “Él no fue egoísta, no fue celoso para nada, porque yo <b>a veces le hablaba de Joshe y él me escuchaba.</b> No me juzgó. Entonces eso fue bonito porque me ayudó poco a poco a entender que no estaba traicionando a Joshe”. El apoyo ilimitado de su marido la sanó y, de premio, él supo ganarse el más preciado de los tesoros: “Cristian es como mi felicidad”. Y para que no queden dudas vuelve a describir a su marido “como la confirmación de que en la vida se puede salir adelante”. Y con poesía lo define: “Él fue un faro en medio de la tormenta, la luz que me sostuvo cuando todo parecía perdido. <b>Hoy es mi refugio, donde la vida renace</b>”. De hecho, su nuevo amor la influyó para lograr sostener el pacto con su primer amor: “Cristian hoy es la persona que me ayudó a poder cumplir la promesa de ser feliz porque, sin duda, si él no hubiera aparecido las cosas hubieran sido mucho más difíciles para mí. Entonces Cristian es importante, muy importante. Ambos son importantes para mí”.</p><p>Y finalmente, con paz dice: “Agradezco demasiado el espacio, para mí es muy significativo publicar mi historia porque es todo lo contrario a lo que hacía cuando comencé mi duelo, que era ocultar y ahora lo estoy dejando para que sepan todos; eso es bonito porque es parte de mi proceso de transformación”.</p><p><br/></p><p><i>* Escribinos y contanos tu historia. </i><a href="mailto:amoresreales@infobae.com"><i>amoresreales@infobae.com</i></a></p><p><i>* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas</i></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/GYI7XDDQBNDHFEKF3PK7Y4QLJY.jpg?auth=d1c7004b26d37c64de684b6aaa2e3eab401e5be3170c13cc5d3e360104161d38&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1280" type="image/jpeg" height="1280" width="1920"/></item><item><title><![CDATA[Una mancha de nacimiento, un lugar donde encajar y seis meses de ensueño: el amor entre un buscavidas argentino y una médica italiana]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2025/03/23/una-mancha-de-nacimiento-un-lugar-donde-encajar-y-seis-meses-de-ensueno-el-amor-entre-un-buscavidas-argentino-y-una-medica-italiana/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2025/03/23/una-mancha-de-nacimiento-un-lugar-donde-encajar-y-seis-meses-de-ensueno-el-amor-entre-un-buscavidas-argentino-y-una-medica-italiana/</guid><dc:creator><![CDATA[Carolina   Balbiani]]></dc:creator><description><![CDATA[Matías buscó durante 28 años un refugio donde ser feliz. No lo había encontrado en Córdoba, donde se crio, creció y donde se maquillaba para esconder el angioma de su cara. Después de la pandemia, se embarcó un viaje laboral e introspectivo por Europa. Buscaba sentirse bien consigo mismo cuando Beatrice le sonrió en un hostel londinense. Le escribió "si te llegara a besar ¿te molestaría?" antes de que su vida cambie por completo]]></description><pubDate>Sun, 23 Mar 2025 03:59:41 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/DBJV4BV6MFFRPA3PSDEHW5GZTA.jpg?auth=e6a993d7484149eb346ea01b6d65118fb04162c5cfc61ef347c4b58b2cffcfe1&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Matías y Beatrice en Italia, donde actualmente viven. Se conocieron el 6 de marzo de 2024: él trabajaba en un hostel al que ella había llegado. A ella, ese argentino le pareció muy simpático y carismático" height="1080" width="1920"/><p>A Matías la cosa social no se le daba. Eso del millón de amigos, de ser popular entre los compañeros de estudios o de tener varias aspirantes a novia, era algo que solo formaba parte del mundo de sus deseos y aspiraciones adolescentes. Le costaba pertenecer, se percibía distinto al resto y se sentía cero atractivo para los parámetros idealizados de la sociedad argentina donde el físico, demasiadas veces, se lleva puesto al espíritu.</p><p>Le llevó unos años encontrarse con ese yo que soñaba construir. Lo hizo, finalmente, del otro lado del océano donde, después de mucho andar, una noche chocó de frente con el gran amor de su vida.</p><h2>La mancha de nacimiento</h2><p>Matías (29) nació en Buenos Aires el 23 de marzo de 1996. Fue prematuro y<b> traía consigo, en el lado derecho de su cara, una gran mancha roja</b>. Un angioma que sus padres se preocuparon por empezar a borrar para disminuir el impacto que pudiera causar, en el resto de las personas, esa imagen. De los 3 a los 5 años, con cirugías láser, lograron reducirla bastante. En la crisis de 2001 la familia de tres, Matías ya tenía 6 años, dejó la ciudad de Buenos Aires para instalarse en Santa Rosa de Calamuchita, Córdoba, buscando mejores oportunidades económicas y una vida más tranquila. Hoy la familia sigue viviendo allí, donde su padre es profesor de artes marciales y su madre gerente de un hotel. La cuestión es que en Córdoba se acabaron las sesiones de cirugía láser y <b>la mancha quedó parcialmente visible</b>.</p><p>Cuando Matías tenía 16 años y ya era un hijo único consumado que había disfrutado de la atención completa de sus padres, nació Luca (hoy 12) y, luego, llegó Josefina (9). La familia se había agrandado de manera imprevista y Matías tuvo que acostumbrarse a compartir a sus padres con dos hermanos pequeños. Pero lo realmente difícil para él ocurría dentro de su colegio secundario.</p><h2>El chico con acné que no encaja</h2><p>Lo cuenta él: “El primario no lo sufrí tanto, pero el secundario fue espantoso. Nunca me adapté. Era el porteño, el gordito y ¡encima tenía un angioma de nacimiento en la cara! No era un chico popular, ni tenía muchos amigos. Era más bien solitario. El bullying me resultó horrible. <b>Por mis problemas de peso y por esa mancha me volví muy inseguro</b>. Nunca terminé de pertenecer. Para mí el angioma era muy notorio y a la gente le daba impresión. Pero encima de eso en la adolescencia el tema se agravó con el acné y mis kilos de más. ¡A esa edad te mirás mucho al espejo! El secundario me abrumó completamente así que cuando terminé no tenía más ganas de nada. Hasta que decidí irme a la ciudad de Córdoba para estudiar actuación, mi vocación. Me gustaban, también, los medios audiovisuales. Tenía algún grupo pequeño de amigos, pero casi no salía. Tampoco tenía novia. Trataba de disfrutar conmigo mismo. Las películas fueron siempre un buen pasatiempo a solas y un gran escape. Mientras,<b> pensaba quién quería ser</b>. Trabajaba los fines de semana en un parque de diversiones para poder mantenerme. Estudié durante tres años, pero tampoco me encontré a gusto y la experiencia en la ciudad de Córdoba me resultó negativa. Me empecé a preguntar dónde quería vivir, si mi lugar era en la Argentina o si podría ser algún otro sitio del mundo. Sentía que donde estaba no tenía chances de crecer como persona ni en lo económico porque no podía conectar con nadie. A los 23, con la ayuda de mis padres, me fui de viaje por un mes a Europa. Quería ver cómo era vivir en otro lado, cómo resultaban las cosas y si podía conectar con otras personas”.</p><p>Matías habla con lentitud, pensando lo que dice. Se acomoda su pelo a lo Beatle que le tapa un lado de la cara. Justo el del angioma. Le digo que no se le ve la mancha de la que tanto me habla y, entonces, me la muestra. La verdad es que hoy no llama la atención, pero ya sabemos lo crueles que pueden ser los adolescentes con sus compañeros.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/IQEF57EQOBBTVIL4KFUL7H5WVM.jpg?auth=cf2b3fcf69a19271977cf3ba06fa2187edf3a69dcc3fddc67322bd9324c5765e&smart=true&width=1200&height=1600" alt="Matías en Venecia. Nació en Buenos Aires, vivió su niñez y adolescencia en Córdoba, trabajó en Budapest, Londres, Riga, Praga, Cracovia y Frankfurt. Ahora vive en Italia " height="1600" width="1200"/><h2>Aterrizaje en un mundo distinto</h2><p>El punto de llegada al continente Europeo no fue casual. Matías escogió Londres. Llegó en agosto de 2019.</p><p>“Enseguida sentí que estaba en otro planeta. Era maravilloso. Me identificaba con esa ciudad y ese barullo. Me sentía parecido a la ciudad. ¡Me gusta el rock, el fútbol y el cine! Londres tiene lo mejor de todo eso. Led Zeppelin, Sex Pistols, los Rolling, excelente fútbol y excelentes actores. Eso era lo que yo quería. ¡No ver todos los días a la misma gente como pasa en los pueblos o las ciudades chicas! Mi viaje siguió por Holanda, Alemania, Luxemburgo, Bélgica y Francia. <b>Me sentí maravillosamente bien y volví convencido de que había descubierto el mundo para mí</b>. Ese donde encajaba. Pero ¿cómo seguía? ¿Podría vivir para siempre en Europa? Me prometí: lo voy a conseguir. Empecé a buscar una opción con las visas que combinan estudios y vacaciones para Gran Bretaña, pero era 2020 y el Brexit me complicó los planes y encima, enseguida, comenzó la Pandemia. Quedé atrapado con mis padres. Pero, visto desde hoy, sucedió lo mejor que me podía pasar. Empecé a entrenar artes marciales con mi papá y <b>¡dejé de ser el gordito! Bajé de peso, unos 19 kilos, y me empecé a sentir muchísimo mejor</b>. ¡Mientras muchos engordaban, yo adelgacé y me puse fit!”.</p><p>Respecto de los amores Matías cuenta: “Había tenido algunas relaciones cortas, pero ningún noviazgo formal. Sobre todo por inseguridades mías. Idealizaba mucho, había visto demasiadas películas y hoy te puedo decir que nunca me había enamorado de verdad. ¡Eran más bien amores platónicos con chicas que estaban lejísimos de mi alcance! Esas adolescentes buscaban chicos perfectos, como esos que actuaban en la serie de Cris Morena”, remata con risas. “Haciendo autocrítica creo que me gustaban las inalcanzables. ¡Gordito y con acné no podía tener mucha suerte en ese contexto! Pero tampoco creas que yo era el hombre elefante”, aclara con humor.</p><p>Terminada la pandemia, Matías corría veinte kilómetros por día y ya era otro.</p><p>“Londres había quedado descartado y yo no tengo pasaporte de ningún país europeo. Entonces empecé a averiguar y me enteré del programa de visas working holiday. En el 2021 todavía había restricciones. Solamente podía aplicar para dos países: Alemania o Hungría. Elegí el segundo, pero iría con la visa de turista y pediría la working holiday estando ya en la ciudad de destino: <b>Budapest. Me fui de Argentina el 11 de noviembre de 2021 y allá inicié el papeleo</b>. No es algo automático, tenés que esperar un par de meses para que salga. Así que, mientras lo hacía, para no gastarme la plata que tenía, encontré una opción: hacer voluntariados donde trabajás a cambio de casa y comida. Era la mejor solución. Pagué la suscripción a una plataforma que se llama <i>workaway </i>así tenía acceso a los trabajos a disposición. Primero conseguí un empleo en un santuario de animales en Pecs. Estuve solo tres semanas porque me llamaron de un hostel de Budapest y eso me pareció mucho más divertido para mí y me fui. Ahí éramos doce voluntarios.<b> Limpiaba baños, habitaciones, hacía de recepcionista y de guía turístico</b>. El lugar era alegre y un poco loco porque era un party hostel, donde la gente no va a dormir sino que va a tener fiestas, música y sexo muy libre… Un mundo atrevido, muy distinto. Dormíamos ocho voluntarios en un cuarto de 5x4, en cuchetas. Yo dormía arriba y más de una vez no pude conciliar el sueño, la cama se me movía porque el que dormía abajo estaba teniendo relaciones. No había intimidad. Un día el manager, un argentino con un carácter muy volátil, me llamó la atención por algo que yo había hecho mal y me despaché y le dije todo lo que pensaba de lo que pasaba. Terminó echándome. Me sentí maltratado, como me había pasado en el secundario. ¡Solamente había dicho la verdad y que no me gustaba que mi cama temblara de noche! Al final, él me dijo que no me había echado antes porque le daba lástima. ¡Me quedé más furioso todavía! Era un maleducado hipócrita”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/DX3TFZG7FZAL7FACR7A5BKJRTQ.jpg?auth=7c69e6270828c3714f7367046b622b2dc65681b6b0b5f55b5da2e73adc24a52a&smart=true&width=1200&height=1600" alt=""Ella me parecía tan genial que no quería que tomara a mal algo que yo hiciera. Así que no avancé. Esa noche no pasó nada. La acompañé por las escaleras hasta su cuarto y me despedí con ¡un apretón de manos!", contó él del primer encuentro " height="1600" width="1200"/><h2>Girando por Europa</h2><p>“Enseguida <b>conseguí otro voluntariado en Praga</b>, pero la desgracia fue que era de la misma cadena de hostels del que me habían echado. Cuando llegué a la entrevista a ellos les figuraba el despido y no pudo ser. Volví a sentirme horrible. Justo <b>me contactaron desde un hotel de Cracovia</b>, en Polonia, a donde fui en febrero de 2022. Cuando llegué, me sentí como en casa y me quedé nueve meses. ¿Amores? Algo. Tuve una relación con una madre soltera española, de Valencia, que me invitó a que fuera a verla. Fui a visitarla unos días, pero no funcionó. Ella resultó emocionalmente inestable. Un día fuimos a la playa con un amigo suyo y por algo que él le dijo tuvo una reacción que fue como un brote psicótico. Un escándalo, gritaba enloquecida. Estaba tan sacada que trepaba por las paredes. <b>Por esa experiencia emocional me volví muy asustado de España</b>. Lo cierto es que en los hostels, en general, se dan relaciones esporádicas, de una o dos noches. Yo quería algo más estable, pero no se me daba. En un momento tuve, con una compañera inglesa, algo que duró un poco más. Pero ella era poliamorosa y eso del amor libre no va bien conmigo. No lo critico, solo que no es para mí. Yo buscaba una conexión emocional profunda con alguien, pero sentía que me iba vaciando por dentro. Quería construir puentes emocionales para seguir caminando las relaciones y no podía”, relata con sinceridad Matías.</p><p>“En noviembre de 2022 me fui a vivir a <b>Riga, Letonia, un país báltico, a un hostal con un ambiente similar a los otros</b>. Fueron tres meses, la pasé bien y justo me tocó el mundial de fútbol. Era el único argentino, así que era muy raro. Pensá que el deporte nacional es el hockey sobre hielo, el fútbol no les importa nada. Se me estaba terminando la visa y no quería volver a Argentina derrotado sin haber conseguido nada. Por orgullo eso no era una opción. Estando en Irlanda en otro voluntariado apliqué nuevamente para una visa de working holiday, esta vez para Alemania. Un mes después salió y <b>me fui a una granja en Düsseldorf donde pasé cuatro semanas trabajando con animales</b>. Por suerte, enseguida conseguí otro empleo en un hostel en Frankfurt que me ofrecía vivienda. Era un barrio rojo, horrible, pero todo funcionó bien y había muchos argentinos trabajando. Hacía limpieza, cuatro horas al día y me pagaban algo. Otra vez hubo una argentina en mi camino… la encargada del grupo que me echó. El trabajo estaba muy mal organizado, pero bueno me quedé fuera otra vez. Seguí con varios voluntariados más y fue así que conocí a un brasilero que me aconsejó seguir mis deseos. Si soñaba con ir a Londres, tenía que ir. Me pasó unos contactos para trabajar en negro. Era arriesgado, porque me salía del sistema de visas working holiday, pero opté por correr el riesgo y ver qué pasaba”.</p><h2>La médica fanática de Harry Potter</h2><p>“Terminaba el 2022 cuando llegué a Londres. Conseguí algunos trabajos en restaurantes y volví a sentirme feliz. La buena vibra de la ciudad era genial y estaba haciendo lo que yo quería. Volví a estar bien conmigo mismo. Apareció una oferta de la misma cadena de hostels de Budapest del que me habían echado y me permití correr el riesgo. ¿Qué podía perder? El mánager era un colombiano que me dijo que creía en las segundas oportunidades, ¡así que me tomó! Éramos doce durmiendo en una habitación sin ventanas. <b>Uno se engripaba ¡y al otro día todos estábamos igual! Pero el buen ambiente funcionó. Era una revancha para mí</b>. Estaba feliz”.</p><p>Faltaba todavía el mejor capítulo.</p><p>El 6 de marzo de 2024 conoció a alguien que le cambiaría la vida. Era de noche y estaban con los huéspedes con un juego de mesa que se llama 21, con números y bebidas. <b>Una mujer, de más o menos su misma edad, lo impactó</b>. Ella llevaba puestos unos pantalones que tenían una pierna negra y otra blanca.</p><p>En medio del ruido, la música y las risas, intercambiaron unas pocas palabras. Ella le dijo que era italiana, de Reggio Emilia, que tenía 26 años y que era médica. <b>Se llamaba Beatrice y estaba sola en el hostal</b>. A Beatrice ese argentino llamado Matías le pareció muy simpático y carismático.</p><p>Al otro día, Beatrice salió de excursión a los castillos de Harry Potter. Volvió feliz y apenas vio a Matías le preguntó si no quería mirar con ella una película en la sala del hostel. “¡Para mí era la mejor estrategia! Mucho más fácil para una conquista que ir a un boliche”, admite Matías. Vieron <i>Harry Potter y el prisionero de Azkaban</i>.</p><p>“Charlamos bastante. Le conté a qué me dedicaba y le confesé que yo transitaba una etapa de autodescubrimiento. Que para mí parte del viaje era vivir nuevas emociones, cosas que no había sentido nunca y que en un pueblo chico no las iba a descubrir jamás. Que buscaba ser valorado, que quería dejar de sentirme pisoteado. Ella me contó que venía de una relación de cinco años, que había cortado hacía unos meses. Hablamos de la vida. Pero yo seguía siendo tímido. Estábamos en un sillón en un lugar público. Ella me parecía tan genial que no quería que tomara a mal algo que yo hiciera. Así que no avancé. <b>Esa noche no pasó nada. La acompañé por las escaleras hasta su cuarto y me despedí con ¡un apretón de manos! No quería apresurarme</b>”, confiesa.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/2BECPKYGW5B2TFXIBD2B7AIZAM.jpg?auth=42cfb1ef43aae50ee1730e7921df4e596f544fed4fe5dbb4ae166c24e170c5ee&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Matías y Beatrice, protagonistas de un amor veloz e inesperado. Después de su primer encuentro sexual, ella volvió a su país. Una semana después, ella le preguntó a Matías qué quería hacer de su vida..." height="1080" width="1920"/><h2>Cita en el baño</h2><p>Al día siguiente, 8 de marzo de 2024, volvieron al sillón de la sala para ver <i>Harry Potter y el cáliz de fuego</i>.</p><p>“Ella es muy fanática de la saga. Usé una estrategia de un ping pong de preguntas y respuestas para conocernos mejor. Lo hicimos todo por escrito. <b>Al final le puse: “Si te llegara a besar ¿te molestaría?”. Ella leyó la pregunta y escribió: “No”</b>. Estábamos en dos sillones distintos y Beatrice se acercó a mí. Pero había mucha gente dando vueltas y le dije de esperar a que se fuera el resto. Pero nadie se iba y, por el contrario, llegaban más personas. Entonces, en un momento agarré una manta que había ahí, y nos tapé. Me di ánimos y me dije dale… ¡¡¡y la besé!!! <b>Sentí algo que no había sentido jamás con nadie antes</b>. Además cada cosa que le preguntaba ella me respondía con tanto sentimiento que yo no podía no creerle. Le gustaba, no era solo para una noche y listo… Lo que te voy a contar no es muy romántico, pero es la verdad. Acordamos tener relaciones en el baño del hotel. Una amiga austríaca me prestó un preservativo. Acordate que en estos party hostels todo es muy libre. Beatrice venía de una relación larga y en toda su vida solo había tenído relaciones sexuales con dos hombres antes que yo. Ella es doctora y los médicos no suelen tomar muchos riesgos, pero esa noche decidió correrlos y tener historia en un baño con alguien a quien apenas conocía. Fue todo magnífico, espontáneo”.</p><p>Esa misma madrugada Beatrice volvía a su país. Se subió a un tren y se fue al aeropuerto. Dice Matías: “Me quedé angustiado. Me gustaba mucho, me había identificado con ella, era una persona muy interesante para mí”.</p><p>Solo se habían intercambiado sus cuentas de Instagram.</p><h2>Treinta horas de ómnibus</h2><p>Matías no se hacía muchas ilusiones. Se mensajearon unos días después para ver cómo había llegado ella a destino. La charla siguió y, una semana más tarde, Beatrice le preguntó qué quería hacer de su vida. Matías se quedó recalculando.</p><p>“Yo quería vivir en Londres, pero tenía un tiempo límite por mi visa. Tenía planes de irme un tiempo a Estambul, Turquía. Y Beatrice que aparece y me pregunta si no quería irme un tiempo a Italia, donde estaba ella. Me impactó, por primera vez alguien quería que nos siguiéramos conociendo. Me gustó mucho la idea. No era que había sido un rato y nada más. Pero dudaba. ¿Irme a Italia? ¿A su casa? Me preguntaba qué podía perder o ganar. ¿Puedo ganar una relación estable? ¿Un amor? ¿Una relación verdadera? Lo peor que podía pasar es que se aburriera de mí, que no funcionara, no mucho más que eso. Pero tenía el recuerdo de lo que me había pasado en Valencia…¿podría pasarme algo parecido? Tomé el riesgo y me subí a un ómnibus con rumbo a Milán. Fueron 30 horas con un ruso alcoholizado al lado y, luego, otro colectivo hacia la ciudad de Reggio Emilia. Era un domingo por la tarde, 17 de marzo de 2024… ¡Mirá que loco, justo hoy que estamos hablando, hace un año de todo eso! Ella vino a buscarme en auto y fue muy lindo verla llegar. Desde el primer momento me dio total seguridad.<b> La relación era de un bienestar perfecto. Que se mostrara feliz de verme, me produjo mucha satisfacción</b>”.</p><p>Llegaron al edificio de departamentos que pertenece a la familia de Beatrice y donde hoy viven.</p><p>“El departamento está casi todo pintado de rosa y ella tiene tres gatos… La situación era rara porque no nos conocíamos nada. Todo el tiempo pensaba en que no tenía que ponerla incómoda y arruinar la relación. Ella me cedió un sector del placard y yo metí mis cosas hechas una bola. Beatrice pegó un salto y me dijo que no la pusiera así, que la colgara y la doblara. Yo era un desastre, venía de vivir en hostels”, se ríe Matías.</p><h2>Diferencias superadas</h2><p>“Si es difícil la convivencia de las parejas que se conocen desde hace mucho tiempo imaginate para nosotros que nos mudamos juntos luego de conocernos unas horas… Había mucho por atravesar. Resultó que ella era vegana y lo primero que me comí esa noche que llegué fue una pizza calabresa. ¡Ese fue el último plato con carne que comí! Me hizo ver películas de animales maltratados y explotados. No era mi idea inicial, pero estaba en su departamento, bajo sus reglas. No le gustaba que comieran carne en su casa. Finalmente me terminó convenciendo y también me hice vegano. No usamos ningún producto de origen animal en casa -relata-. Al principio, discutíamos por tonterías. Como, por ejemplo, por no saber usar el bidet que acá tiene el chorro horizontal en vez de vertical. O porque yo era un bruto que quemaba la sartén porque usaba demasiado aceite o porque le ponía especias a la salsa. Una vez le preparé unos spaghettis y los partí antes de ponerlos en la olla y eso para los italianos es como un pecado. Encima, como no encontré salsa de tomate, les tiré ketchup. ¡Todo mal! Otro tema fue que yo venía de una familia con perros, sin gatos. Me tuve que acostumbrar a los suyos. Porque los gatos, durante la noche, se te suben a la cama, hacen ruidos y saltan de placard a placard. Beatrice tampoco podía creer lo mal que andaba en bicicleta, de un lado para otro, sin mantener mi carril. <b>Fuimos aprendiendo a modificar conductas y a tolerarnos el uno al otro</b>, sin enojarnos por esas pequeñas diferencias de costumbres que fuimos superando. Hoy nos llevamos diez puntos y sexualmente todo es maravilloso”.</p><p>Tan bien fueron las cosas que “un par de meses después de que llegara a Italia, formalizamos la relación. Conocí a sus padres que están divorciados -él tiene un negocio y su madre es profesora de matemática-, a su hermano menor y a su abuela. Pero como yo no tenía papeles y no podía trabajar, me sentía medio impotente para ayudarla en lo económico. Yo <b>era como un amo de casa</b>”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/XLIUYSSMOBFGPNBUVYR2MEFLOI.jpg?auth=f1b8a4b7ba5fdcf3532ae49033451bb02bce89342bdc35a5148b895aa3b27a7a&smart=true&width=960&height=1280" alt=""Yo me maquillaba lo que había quedado de mi angioma para taparlo, por inseguridad. No quería que se me viera. Bea me quitó todo eso. Me dijo: 'no necesitás ponerte nada, te quiero igual, aceptate como sos'", relató Matías " height="1280" width="960"/><h2>La sorpresa doble</h2><p>“Encontrarla a ella fue como un faro en medio de un camino oscuro de tanta incertidumbre y desde que vivo con Beatrice me han sucedido cosas tan hilarantes, que parecen sacadas de una película de Ben Stiller, como aprendizajes profundos”, sintetiza para seguir contando que terminaron haciendo <b>un contrato de convivencia para que él pudiera permanecer legalmente en Italia y así poder trabajar y acceder a los beneficios de salud</b>. “Afortunadamente, después de un par de meses, me dieron un recibo temporal que me permitía trabajar aunque no tuviera la residencia. Estudiaba italiano y me esforzaba, pero como no hablaba bien la lengua todavía, no era fácil conseguir trabajo”.</p><p>“En julio del año pasado Beatrice se fue de viaje con su mamá y su tía a Nueva York. Me quedé acá solo. Nos extrañamos un montón. Esos sentimientos nos hicieron pensar en la idea de sumar un hijo a la pareja y convertirnos en una familia. <b>Podés preguntarte por qué una chica italiana, profesional, quiere embarazarse de un argentino ilegal sin plata, sin nada…. La respuesta es ¡¡¡por amor!!!!</b> Empezamos a probar porque pensábamos que podríamos demorar bastante en quedar embarazados, pero no pasó nada de tiempo. En septiembre de 2024 sucedió”, relata.</p><p>El 8 de septiembre Beatrice se hizo un test de embarazo, pero una de las dos líneas estaba borrosa. Al día siguiente lo repitió: positivo.</p><p><b>En solo seis meses Matías había conocido a una mujer, se había mudado con ella y estaba esperando un hijo. </b>Sentían felicidad, sorpresa y, también, un poco de susto.</p><p>Festejaron. Se lo contaron a sus respectivas madres y decidieron ser precavidos. Beatrice sabía, como médica, de los riesgos de los primeros meses de embarazo. Esperarían a los tres meses para decírselo al resto.</p><p>El 23 de octubre tenían turno para la primera ecografía. Fueron ilusionados. El médico exploró con el gel una y otra vez, meticulosamente, hasta que les tiró la bomba: “No es un bebé… son dos bebés”.</p><p>No podían creerlo. ¿Cómo dos? Sí, mellizos.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/PSQTE6OJA5BDDCTAFOVZ4ZSUNE.jpg?auth=e2fa1991524b91c5866b5d1a5de5fe6baf83ad0a54f6332a0aa2b2af9d97dc65&smart=true&width=1920&height=1477" alt="Matías durante 28 años buscó un lugar donde encajar, donde establecerse, donde ser feliz. En seis meses, conoció a Beatrice, se mudó con ella y espera que nazcan sus mellizos en mayo" height="1477" width="1920"/><p>Beatrice estaba azorada, la posibilidad de mellizos en una familia en las que no hay casos es baja, pero les había tocado. Eran dos varones. La fecha prevista en la que, Nicolo y Leo, saldrán al mundo es el 20 de mayo próximo.</p><p>Hasta entonces Matías y Beatrice (que asoma su panza en la pantalla durante la llamada) esperan ese momento con tanta felicidad como ansiedad.</p><p>En noviembre pasado Matías consiguió trabajo: “Yo sabía que iba a conseguir trabajo, siempre hay una luz al fondo del túnel. Siempre hay una salvación. Empecé en un local de comida Hawaiana en un shopping”.</p><p>El mensaje que quiere transmitir es de aliento: “Pensá que yo me maquillaba lo que había quedado de mi angioma para taparlo, por inseguridad. No quería que se me viera. Bea me quitó todo eso. Me dijo: ‘No necesitás ponerte nada, te quiero igual, aceptate como sos’. Me gustaría que mi historia sea inspiradora para otros.<b> Que la gente se atreva a ser feliz</b>. Que se anime a correr riesgos y a salir de su zona de confort. A valorarse. Te puede ir bien o mal, pero siempre vas a aprender algo. Yo todavía tengo sueños, por ejemplo concretar mi vocación de actuación. Sigo con los castings y tengo ahora uno avanzado en Roma. Mi familia nos vendrá a visitar en septiembre para conocer a los mellizos. Quisiera decirle al que no se anima a dar el paso: el tiempo, el lugar y el momento perfectos no existen. Tomen la iniciativa, arriésguense a vivir, vale la pena. ¡Yo me gané el amor y mi nueva vida en familia!”.</p><p><i>* Escribinos y contanos tu historia. </i><a href="mailto:amoresreales@infobae.com" target="_blank"><i>amoresreales@infobae.com</i></a></p><p><i>* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas</i></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/DBJV4BV6MFFRPA3PSDEHW5GZTA.jpg?auth=e6a993d7484149eb346ea01b6d65118fb04162c5cfc61ef347c4b58b2cffcfe1&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Matías y Beatrice paseando por Italia]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Fueron novios en la adolescencia y se reencontraron 35 años después para descubrir que nunca debieron separarse]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2025/03/16/fueron-novios-en-la-adolescencia-y-se-reencontraron-35-anos-despues-para-descubrir-que-nunca-debieron-separarse/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2025/03/16/fueron-novios-en-la-adolescencia-y-se-reencontraron-35-anos-despues-para-descubrir-que-nunca-debieron-separarse/</guid><dc:creator><![CDATA[Cynthia Serebrinsky]]></dc:creator><description><![CDATA[Ángeles estaba “muerta de amor” por el mejor amigo de su primo: Adrián. Tuvieron una “historieta” que duró un suspiro. Luego de toda una vida separados volvieron a encontrarse y sintieron la misma confianza de la adolescencia, pero claramente ya no eran los mismos]]></description><pubDate>Sun, 16 Mar 2025 04:09:53 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/FOPBNKJMNJHWJEPB7HNRLGKZPQ.jpg?auth=624128207bbe8de098015962a8c3a8f63b62ef24a6ace10a5f08e3ab7bcfd60c&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Ángeles tenía 14 años cuando conoció a Adrián, quien era el mejor amigo de su primo Gaby" height="1080" width="1920"/><p>¿Quién dijo que las segundas vueltas no son exitosas? Gracias a Dios, la vida empieza muchas veces. “Hoy, después de 40 años, puedo decir con certeza que nos encontramos de nuevo, cada uno con una historia de vida distinta, con experiencias que nos habían marcado de maneras diferentes. Y, sin embargo, ese <b>amor de adolescentes </b>que nunca se fue, siguió allí latente, esperando el momento perfecto para resurgir,” se desnuda Ángeles. Tal vez el destino vuelve a regalar oportunidades para probarnos que ahora sí (o no) estamos preparados. “Si la ves a ella ahora está exactamente igual”, se deshace Adrián por la mujer que tiene al lado: “¡En cambio yo cambié muchísimo!”, ríe humilde. Es que jamás se hubiera imaginado reencontrarse con su<b> alma gemela.</b> “A mí siempre me gustó Angelita, siempre, desde chica, desde los 14 años. Más allá de mi situación sentimental, cuando nos seguíamos viendo en algún cumpleaños tenía miedo de que ella se diera cuenta de que me seguía gustando, entonces era un tema saludarla y no mirarla. Nunca dejó de gustarme”, refuerza abriendo su corazón de par en par con una ternura que dan ganas de correr a abrazarlo.</p><p>Cuesta comprender por qué una persona no enamorada se queda en ese vínculo e insiste, pero aún así sucede mucho más de lo que el colectivo común admite. Y eso exactamente era lo que le pasaba a Ángeles en su agónico matrimonio de hacía 24 años. “Hoy viendo lo que es el amor –habla de su relación con Adrián–, me doy cuenta que<b> nunca antes estuve enamorada</b>, nunca. No sé, mi ex marido se desvivía por mí pero era todo un desastre, ni sexualmente, un desastre, todo un desastre, mal. De tener algo oscuro al lado mío, pasé a tener algo con otros valores, con más o menos la misma situación y muchas coincidencias. Lo anterior no fue amor ni por casualidad, en cambio acá<b> fue un despertar en todo</b>”. Claro, porque el amor real es luz, el resto electricidad.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/HCWBMUAHG5A4VHS4PNR37YZWDQ.jpg?auth=56777203d135a67284dd6d527e45e5dd56007c591d7abc0bf62b10b426b49b91&smart=true&width=1920&height=1080" alt="A Adrián siempre le gustó "Angelita", desde que la conoció" height="1080" width="1920"/><p>Era el año 1985, en una Argentina donde el presidente Raúl Alfonsín anunciaba la creación del Plan Austral y en el mundo se inauguraba la primera conexión de Internet en un dominio .com, cuando comenzó esta historia. Adrián, con más de 18 años, y Ángeles, de apenas 14, <b>estaban unidos por Gaby: primo de ella y mejor amigo de él</b>, compañeros del ENET N 1 Gral Enrique Mosconi de Quilmes. “Con el Mono –como lo apodan a Adrián– éramos el agua y el aceite, o al menos eso pensaba todo el mundo”, introduce ella para mutar rotundamente a una expresión de enamorada y repetir con énfasis lo que se pregunta desde hace 40 años: “No sé qué tenía, ¡pero me encantaba! Lo veía y me pillaba encima de la emoción”, remata con gracia. Aunque eran de barrios vecinos –ella de Avellaneda y él de Bernal– se veían en las reuniones familiares de parte del primo, y en las vacaciones en el departamento de <b>San Bernardo</b> que tenían los tíos de Ángeles, donde se habían visto por primera vez. “Pasábamos el verano juntos porque mi primo llevaba a sus amigos de vacaciones y yo iba con mi tía y mis primas… Y me encantaba”, vuelve a destacar, estirando la “a” de la tercera sílaba, para que no queden dudas de su amor platónico: “<b>Me había enamorado del amigo de mi primo, ¿viste? A los 14 años,</b> ¡imaginate!” Y el “galán no enterado” se cuela en el presente para rememorar aquellos años: “Una cosa más: cuando veraneamos juntos dormíamos cinco en una combi y escuchábamos a Perales… ¡15 días seguidos escuchando Perales! Y es el día de hoy que con Angelita –como la llama él cariñosamente– nos sabemos todas las letras de las canciones”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/5LHD56G6MRDGZMSF5IBZT4R5VY.jpg?auth=ce143c0567b4c7b0404969c5552c0d3573a87f4ca8508f71c40b067f17508ee2&smart=true&width=583&height=527" alt="Ángeles veía a Adrián en reuniones familiares, invitado por su primo y en las vacaciones en San Bernardo" height="527" width="583"/><p>Lo más cómico es que aquella atracción adolescente, aunque ignorada por él, era un secreto a voces. “Incluso llevaba en mi firma la inicial de su apellido”, cuenta ella con la misma inocencia y emoción con que se atesoran esos primeros amores. Pasaron casi doce meses hasta que, a fines de marzo de 1986, alguien le contó al “susodicho” que<b> Ángeles había decidido no esperar más</b>. “Fui a un cumpleaños de 15 de una de las chicas que veraneaba en San Bernardo –con quien todavía se hablan–, y resulta que había invitado a todo el grupo de la Costa, a los que compartimos la playa. Y ahí le dije a otro amigo de mi primo: ‘Yo ya me cansé de esperarlo’”. Entonces, mientras de fondo en la pista sonaba un joven Charly García con “Rezo por vos”, el mensaje fue dado: “Chiquita ya no te espera más”.</p><p>La presión funcionó y, al otro día, Adrián despertó: “¡Te llamó el Mono!”, fue corriendo la hermana de Ángeles con una sonrisa de oreja a oreja, mientras le entregaba un papelito con la frase escrita a mano: “No podía creerlo. ¿Qué pasaba por mi cabeza a los 15 años? Ni yo lo sabía”, se cuestiona intentando entender su emoción primaria. Cierto que aquellas tecnologías de “teléfono fijo” hacían que tanto la espera como la sorpresa de un llamado fueran más valiosas.</p><p>Llamado de por medio, arreglaron para verse y empezaron a salir. “Él se acuerda de cada paso que dimos ese día de marzo de 1986, pero yo... quizás la emoción y los nervios me hicieron olvidar algunos detalles. Lo que sí recuerdo es que tuvimos un par de salidas y después vino <b>mi primer beso</b>: fue en Summum”, dice Ángeles, recordando la disco de Lavalle 653 en Quilmes a la que iban los domingos. “Fue algo raro, qué sé yo, pero lindo”, describe con timidez su sensación de besar y ser besada por primera vez en la vida. Y así pasaron unos meses de genuino romance adolescente: “Yo era chiquita, él estaba en la facultad. A veces salía y me venía a buscar a casa. Nos tomábamos el 17 o el 22 e íbamos a caminar por Santa Fe y Callao. Él se acuerda más cosas”, enumera ella con un salpicado de imágenes típicas de esas primeras veces que quedan impresas en la retina del corazón.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/LXTXQ2CF45HA7JHBQJRFBSJXWM.jpg?auth=c397f0b6a883ee66ac4225a2547b1ea1fa83cddc8c5ec86c29d50e02e6ce27b9&smart=true&width=886&height=415" alt="La pareja encontró grupales del pasado donde están los dos" height="415" width="886"/><p>El noviazgo duró un otoño y un invierno. Y llegada la primavera, aquel “capricho imposible” de Ángeles, se convirtió en calabaza: “Estuvimos un tiempo pero yo como que me desenamoré, lo había conseguido y ya está, no sé…”, dice por lo bajo, medio con culpa medio con pena, hasta que por fin tiene un arranque que honestidad bruta: “Yo después ni pelota. Ya había sido, se me había ido el entusiasmo, ya no me gustaba nada”. ¿Será responsabilidad de la época? “Remontate hace 35 años atrás, esa diferencia de edad era una locura. Ella era una nena y yo estaba más maduro”, la rescata amorosamente Adrián de todo cargo y culpa. Entonces, se fueron “abriendo” hasta que de aquél amor platónico sólo quedaron lindos recuerdos. “Lo largué por teléfono”, cuenta ella con una risa nerviosa y recuerda que del otro lado del tubo se oyó: “Yo hubiese seguido saliendo toda la vida con vos”. Así, la campana de Adrián permaneció sonando en solitario –”Él se quedó re-enganchado”– por siempre. “Si bien estos 35 años nos habremos visto 10, 11, 12 veces –dice él como quien tiene anotado al detalle en un diario íntimo–, no había mucho diálogo. <b>A mí me daba mucha vergüenza porque siempre, siempre me siguió gustando</b>”, se abre él. “Nos veíamos en los cumpleaños de mi primo y le conocí a una novia de mucho tiempo; yo estaba con el que después fue mi marido. A él le daba vergüenza”, dice señalando a Adrián y se sincera categórica: “A mí ‘ni fu ni fa’”.</p><p>Pero como todo en la vida, el tiempo pasó: “Las circunstancias cambiaron para ambos. En 1997 me casé y al año se casó él. Y, aunque nuestras historias seguían en direcciones diferentes, continuamos cruzándonos una o dos veces al año”, narra Ángeles que andaba construyendo su propia familia, y fue madre de María. “Una vez nos encontramos en un shopping, yo embarazada de mi segundo hijo, Manuel, y él con su nueva pareja, también esperando al que sería su único hijo”, detalla una anécdota de hace 14 años. Aunque vivían ambos sobre Avenida Mitre, a 10 cuadras de distancia,<b> no se cruzaron por años:</b> “Me lo crucé una vez sola con su hijo, pero él no me vio porque yo iba manejando”.</p><p>Con el tiempo, los matrimonios de ambos empezaron a desmoronarse. “Un desastre…”, dice Ángeles para describir lo que era su unión anterior y repite la palabra que define el caos varias veces. “Yo creo que nunca estuve enamorada, <b>creo que me casé para salir un poco de mi casa</b> y porque mi ex marido era lo opuesto a lo que es mi familia, ¿entendés? Mi familia es súper estricta y ‘el otro’ era un tiro al aire”, dice ella usando el pronombre para referirse a su ex.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/5YJJOBKGMBHF7CYMGDNJMGQN4Y.jpg?auth=e6459c6e3fad9910746a86218abf3380ed9c5d54302514184764c2d483e5c30a&smart=true&width=1041&height=1600" alt="Aunque ambos vivían sobre Avenida Mitre, a 10 cuadras de distancia, no se cruzaron por años" height="1600" width="1041"/><p>En el 2013 Ángeles decidió separarse, pero no del todo: “Yo dependiendo económicamente de mi ex, pasaron un montón de cosas, hasta que después de unos meses acordamos que<b> vivíamos en lugares separados</b>, yo con mis hijos, pero parecíamos una familia que no éramos. Mi matrimonio era algo raro de definir; hacía ocho años que no vivíamos juntos, pero tratábamos de funcionar como familia, aunque ya no había vuelta atrás”, describe con honestidad una situación que, aunque roce lo bizarro, es más habitual de lo que se cree. Y, entre “líos, perimetrales, juzgados y enfermedades”, el intento de separación se extendió hasta el 2021: “Aunque trataba de que funcionara, ya no había mucho por hacer. El papá de mis hijos se mudó lejos, y la pandemia comenzó”. Entonces Angelita juntó coraje y decidió salir de esa maraña de cables que la conectaban a una pesadilla; entendió que era tiempo de volver a estar enamorada… pero de sí misma; decidió dejar de invertir latidos en un hombre “narcisista” y de quien “nunca había estado enamorada”. Ahora su corazón, en un sabio<b> intento por sanar</b>, se agarraba fuerte al presente palpitando por la persona más importante de su vida: ella.</p><p>Y aunque suene a cliché, a veces las mejores personas llegan cuando uno menos se lo espera. “En medio del quilombo de recién separada, el 26 de enero de 2021, me escribe él. De la nada”, dice ella y no hace falta que lo nombre; sus ojos irradian felicidad. Fue en ese contexto, en medio de una separación tortuosa e interminable cuando Adrián, ya solo hacía años, vuelve a aparecer en la vida de Ángeles. “Llamó a mi primo por un tema cualquiera, cortó, y luego lo volvió a llamar. <b>‘Ya sé, me vas a preguntar por mi prima’, </b>le dijo Gaby. Y lo próximo fue contactarme por Instagram”. La sorpresa fue mayor porque en ese momento en lo que menos pensaba Ángeles era en volver a tener una relación: “Mi proyecto era: me separo del que tengo y no me interesaba más que tomarme una copa de vino y mirar Netflix, nada más que eso. La vida sexual, estas cosas de amor, para mí era todo una pelotudez”, dice con su tono delicado. Aún así, respondió el mensaje.</p><p>Los chats se extendieron; las reacciones a las historias ayudaron y, aplauso va aplauso viene, volver a recordar los bellos tiempos hizo de las suyas. “Un día pasamos cuatro horas seguidas escribiéndonos. <b>La confianza estaba intacta</b>. Todo fluía, como si el tiempo nunca hubiese existido”. Mientras, Adrián continuaba postulándose al premio a la perseverancia: “Yo le decía: ‘Qué linda que estás; estás bárbara’, y ella me contaba de su separación. O sea que no veía que había onda”, cuenta divertido, hoy levantando el galardón.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/2MG2LVJWGZGKBKNVYYFUWET66E.jpg?auth=c3bf9b3be25f01f80545de32fdc13dc36d9fa2a85108bea5cc4ea54cac4ba8e3&smart=true&width=1920&height=1080" alt="35 años después la confianza estaba intacta" height="1080" width="1920"/><p>Así, luego de darle al teclado y a la “parla” por casi dos meses, el 19 de marzo de 2021 quedaron en encontrarse para correr. “Mi intención, como no me tiraba mucha onda, era encontrarnos y charlar de la vida. No veía que podía existir algo más”, recuerda Adrián. Ni el mal tiempo los paró: “Aunque lloviznaba, caminamos en lugar de correr. Recuerdo claramente ese momento cuando lo vi. Fue como si el tiempo no hubiera pasado. Lo abracé porque el cariño era intacto, como cuando te encontrás con alguien del secundario que para vos el tiempo no pasó. Pero él no, un poco más distante, más seco”, cuenta ella. La caminata fue larga y, sobre todo, entretenida: “Nos contamos todo pero con una naturalidad, con una confianza y transparencia terrible, como podría charlar con una amiga. Fue algo mágico que pasó”. Aunque no todo fue tan color de rosa porque aparentemente Adrián ya no era el muchacho que Ángeles había cruzado casualmente hacía diez años en el centro comercial: “Cuando le miré su Instagram me quería morir porque antes era un pibe pelado, flaquito, sin barba, y cuando lo vi dije: ‘<b>¿Este es el Mono?’. Estaba todo tatuado, </b>todo trabado, todo lleno de cosas, gorra, nada que ver, no me gustaba para nada en el Instagram”, se sincera con la frescura que la caracteriza, hasta que por suerte cambia: “Después sí, ahora me encanta, además apenas lo vi era como estar con alguien que había estado hace una hora y pensá que habían pasado años que no lo veía”, sintetiza con palabras perfectas el embrujo del encuentro.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/PNFYII5L5FEXDLBBVCDY63VMZE.jpg?auth=5bd3d4d166e36da86bd30534939c7d5a33084cc0754e1cf4e112951ef025c4c8&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Cuando Ángeles volvió a ver a Adrián estaba físicamente muy cambiado" height="1080" width="1920"/><p>A pesar de la emoción compartida, la cita fue más que nada <b>amistosa:</b> no hubo beso ni nada que se le parezca pero estuvo todo “re contra bien, re re bien”. Al otro día Ángeles tenía que ir a repartir unos bombones que fabricaba. “Lo llamé y le dije: ‘Che, Monito, ¿me acompañás?’ O sea, con una naturalidad, ¿rara?”, dice ella para más tarde revelar que esa fluidez hizo que desde ese día no se separaran “nunca más”. Ahí Adrián pensó: “Ya está”. Aunque el segundo primer beso se hizo esperar: “Salimos dos o tres veces más, que fuimos a Puerto Madero, me acuerdo que él estaba muy cuidadoso. Me daba un beso acá, acá, uno sólo –dice tocándose las mejillas– porque decía que yo estaba muy sensible, no quería pasarse. Imaginate después de no sé cuántos años de matrimonio, de nada”. Ángeles había tenido intimidad con un solo hombre: el padre de sus hijos. Y siempre había sido muy recatada pero con Adrián hizo un clic: “Este pibe me dio vuelta así”, explica girando la palma de la mano en 180 grados. Después de la cuarta salida Ángeles se animó: “Che, Mono, <b>paremos de caminar y vamos para tu casa</b>”, revive el momento entre risas. “Organicé todo y… ¡yo provoqué la situación!”, se confiesa perpleja y apunta desde la alegría lo que le sucede en la era del Mono: “No soy yo”. Y para que no queden dudas aclara: “Le tengo que estar agradecida cien por cien de que esto pasó porque yo por lo menos soy un antes y un después”.</p><p>Enseguida se “corrió la bola” entre los suyos y circuló el rumor que todos estaban esperando: “Che, Chiquita está saliendo con el Mono; a él siempre le quedó algo; qué buena noticia; sale con su amor del secundario”, y toda otra sarta de frases bien intencionadas. Aunque hubo algunas advertencias: “Ojo Chiqui que el Mono no es el de antes”, aconsejó el primo Gaby. Pero se equivocó porque hace cuatro años que este amor no para de crecer, en sentimiento y en tatuajes: “<b>A los tres años nos tatuamos una alianza en el dedo anular con una raya por cada año juntos”</b>. Este 19 de marzo de 2025 se viene la cuarta y ojalá que con el tiempo tengan la mano como una cebra.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/4JGQBDRCVNAWTEK3OKBN3HMOJE.jpg?auth=88a3c7b4631ac6818233db863569e3044e02fccb99be138ce70711f8067153ea&smart=true&width=1492&height=1600" alt="El tatuaje alianza que se hicieron a los tres años de estar juntos" height="1600" width="1492"/><p>La espera valió la pena: “La verdad re contentos, re chochos y una locura que viviendo a diez cuadras, literal, nunca nos cruzamos en estos 35 años”, dice él con la paz de los enamorados. Y a la pregunta del millón ella tiene una noble respuesta: “No es que me arrepienta de haberlo dejado a los 15 años pero se dio así. A mí <b>lo que sí me hubiese gustado es haber formado una familia con él. </b>Pero bueno ahora, de a poco, vamos ensamblando y nos movemos como familia”.</p><p>A los 49 años Ángeles se puso de novia con su pretendiente de la adolescencia: “Y cumplí los 50 con él. Nos elegimos para terminar juntos nuestras vidas, amándonos con la frescura de dos adolescentes pero con la madurez que nos dio la vida. Hoy, después de tanto tiempo, puedo decir que es mi primer, gran, y último amor”. Porque al final del camino todos buscamos a alguien que nos haga sentir irremplazables en un mundo lleno de distracciones, como le pasó a Adrián: “Cuando me separé de la mamá de mi nene no me interesaba tener ninguna relación seria. Hasta que me apareció Angelita en el camino y <b>obviamente que era la mujer de mi vida</b>”. Sin trabalenguas ni escatimos, se desarma en elogios para su amada: “No sabía bien cómo era ella porque era muy chica cuando empezamos a salir. Y ahora puedo decir que cumple todos los requisitos que para mí tiene que tener una persona: el respeto, la lealtad, la confianza, el apoyo, una mentalidad positiva a pesar de todo lo que le pasa, consideración con el otro, es muy dulce y algo que me encanta es que tiene una risa infinita conmigo”. Y qué mejor que ser y estar con la persona más importante en el universo de otro: “Es la mujer de mi vida y siempre decimos que una vez que los nenes estén grandes, la idea es vivir juntos, recorrer, viajar y poder terminar mis días con ella. Es mi todo Angelita, mi media naranja”.</p><p><br/></p><p><i>* Escribinos y contanos tu historia. </i><a href="mailto:amoresreales@infobae.com"><i>amoresreales@infobae.com</i></a><i>.</i></p><p><i>* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas.</i></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/FOPBNKJMNJHWJEPB7HNRLGKZPQ.jpg?auth=624128207bbe8de098015962a8c3a8f63b62ef24a6ace10a5f08e3ab7bcfd60c&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"/></item><item><title><![CDATA[Se enamoró por las redes de un nigeriano 18 años menor, viajó a conocerlo y ahora quiere casarse con él y traerlo a la Argentina]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2025/03/09/se-enamoro-por-las-redes-de-un-nigeriano-18-anos-menor-viajo-a-conocerlo-y-ahora-quiere-casarse-con-el-y-traerlo-a-la-argentina/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2025/03/09/se-enamoro-por-las-redes-de-un-nigeriano-18-anos-menor-viajo-a-conocerlo-y-ahora-quiere-casarse-con-el-y-traerlo-a-la-argentina/</guid><dc:creator><![CDATA[Carolina   Balbiani]]></dc:creator><description><![CDATA[Después de 26 años de estar felizmente casada, Susana, una docente jubilada y martillera, se encontró nuevamente en soledad. Su marido perdió la vida a causa de una cruel enfermedad. Después de varios meses sumida en una depresión, comenzó a chatear en Facebook con un hombre que le transmitía su calma desde África. De ahí en más, inició un camino fascinante hacia lo desconocido]]></description><pubDate>Sun, 09 Mar 2025 14:04:56 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/BGR45OEIZREZXMQBP6RADRQFLY.jpg?auth=6584347a37571923fd1b73469a70911c913618114844091c5621efe99e20788b&smart=true&width=920&height=614" alt="Susana en un viaje a África que jamás había imaginado en compañía de un hombre que la conquistó con su calidez y calma" height="614" width="920"/><p>Susana K. tiene voz de adolescente aunque pisa los 59 años. Se la nota entusiasmada y feliz. El motivo es que se siente más enamorada que nunca y que está pergeñando <b>casarse por tercera vez</b>. La primera fue a los 22 con un aspirante a vago que, apenas ella se dio cuenta de sus intenciones, despachó con rapidez. La segunda fue a los 24, con Horacio, el hombre de su vida. Con él pasó 26 años, tuvo a su único hijo y enviudó. Ahora, sería la tercera. De ocurrir, sería una boda llamativa. El novio es un hombre con piel negra, dieciocho años menor y que vive en un lejano y perdido pueblo de<b> Nigeria</b> en medio del continente africano.</p><h2>El segundo amor</h2><p>“Siempre fui como el ave fénix. Cuando me di cuenta de que <b>mi primer marido era un vago que pretendía vivir de mi sueldo,</b> <b>lo eché de casa</b>. Y¿sabés qué hizo el caradura? Se llevó todos los regalos. Pero yo, siempre que me caí, arranqué de nuevo. Me compré otra vez la vajilla y los muebles con mi sueldo. A mis padres, al principio, no les conté nada para no preocuparlos, pero se ve que mi viejo se dio cuenta enseguida porque me regaló una heladera. Al poco tiempo, yo tenía 24 años y trabajaba como secretaria en un estudio jurídico, fui a llevar unos expedientes a los Tribunales de Córdoba. Ahí estaba Horacio, un empleado que tenía 28 y que me invitó al cine. Empezamos a salir. Al comienzo de la relación a mí <b>no se me pasaba por la cabeza la idea de volverme a casar, </b>ya me había ido muy mal. El tiempo me terminó convenciendo. Horacio era muy buen tipo y su familia era tan buena gente que me aceptó sin importarle que yo fuera divorciada. Su mamá era una persona espiritual con un corazón de oro. Nos casamos y después llegó mi hijo Ramiro que ya tiene 22 años<b>. Fuimos felices hasta que Horacio enfermó. </b>Nunca esperé que nuestra historia terminara de esa manera. ¡Teníamos pensado envejecer juntos y viajar! Horacio era un buen padre, tranquilo, jamás se enojaba. Era agua de tanque. Muy callado y para adentro. Teníamos una vida, quizá muy estructurada, pero sumamente feliz”.</p><p>La enfermedad de Horacio, al comienzo, pasó medio desapercibida por Susana. A él no le gustaba hablar de los temas de salud y minimizaba los síntomas. Susana supo cuando le diagnosticaron diabetes, pero Horacio iba al médico cuando ella estaba trabajando como docente en una escuela primaria. Cuando ella volvía a casa, él le contaba lo que quería. Y lo que callaba, Susana no lo sospechaba. Así fue que ella vivió en un limbo parte de la enfermedad de su marido.</p><p>El final de esa fantasía comenzó a dilucidarse cuando a él <b>se le lastimó un pie</b>. Era por un espolón que no cicatrizaba. El hueco creció. Uno de esos días Susana vio un montón de remedios sobre el escritorio de su marido que solía trabajar mucho en su casa. Lo encaró. ¿Qué tenía? ¿Qué era lo que estaba pasando?</p><p>“Yo sabía que tenía diabetes, pero no tenía idea de la gravedad de la enfermedad. Él me lo ocultaba. ¡Esa tarde me vine a enterar que<b> tenía una diabetes galopante!</b> Los estudios le daban más de 500 de glucosa en sangre (lo normal es tener menos de 100 en ayunas). Horacio me había escondido la magnitud de las cosas. Me enojé mucho. Le dije que sentía que éramos como dos desconocidos, que yo no sabía con quién vivía porque no me contaba lo que le pasaba. Me enteré de que se estaba inyectando insulina. Como no me explicaba bien corrí a preguntarle a mi papá, que también es diabético, y él sí me dijo con claridad lo que significaba. ¡Casi me divorcio! Le reproché que me hacía sentir como un cero a la izquierda. Lo cierto es que el huequito de pie creció y debieron amputarle parte del talón. Después fue el pié. ¡Podés creer que al final estaba tan ciego que cuando se tenía que inyectar pinchaba la mesa! Era demoledor. Estuve muy enojada con él, porque no me había hecho partícipe de lo que le pasaba, le recriminaba que no me había querido lo suficiente para compartirlo conmigo. Me dio mucha pena y terminé pidiéndole perdón por mi enojo”.</p><p>Susana lo empezó a cuidar con dedicación. Horacio se recuperó, pero otro día más adelante en el tiempo tuvo la mala suerte de caerse de una silla y de lastimarse su pierna sana. A partir de ahí fue la debacle.</p><p>“Se le puso muy feo el tobillo y, de esta, ya no se recuperó. Soy muy creyente, creo en los milagros. Por eso, además de los médicos y de los remedios, busqué agua bendita. Nada funcionó. Le cortaron la pierna arriba de la rodilla. Íbamos <b>de hospital en hospital </b>porque todos querían avanzar y cortar más y más. Un día estaba tan mal que le dije que yo en su lugar preferiría morir a que me despedazaran de a poco. Al final, Dios se lo llevó. Tenía 60 años. Jamás se quejó de nada. Se entregó en silencio”.</p><p>Horacio murió en agosto del 2023. Después de 26 años de casada, Susana se encontró nuevamente en soledad. La vida le había dado la espalda.</p><h2>Un amigo en la nube</h2><p>“El día que murió mi marido sentí que mi vida se había dado vuelta. Desde hacía ya varios meses que estaba muy deprimida porque veía lo que se venía. En mi desesperación había empezado a chatear por Facebook. Un desconocido me había pedido amistad y comencé a mandarme mensajitos con él. Hablaba en inglés, era de África. Ni pensé en qué cara podría tener. De mensajes escritos a audios, pero sin verlo, seguimos el diálogo. Me gustaba charlar porque sentía que ese hombre me escuchaba. Me empezó a contener en mi gran tristeza. Un día me cansé de no poder verle la cara y lo amenacé: <b>no iba a hablar más si no lo veía en la llamada</b>. Al día siguiente me hizo una videollamada y lo vi. ¡Era un joven negro de 39 años! No sé por qué yo no me había hecho a la idea de que podía ser así, no me había puesto a pensar. Me sorprendieron sus ojos grandes, su sonrisa. Nunca había tenido alumnos negros, ni amigos negros. Él me reveló que no había querido mostrarme antes su cara por temor a que yo lo rechazara. Le expliqué que yo no discrimino. Me gustó porque era muy sencillo, tranquilo. Suave y cálido en el trato. Me hizo mucho bien la conversación cotidiana con él en ese momento trágico de mi vida. Es más, por ese tiempo un día me caí en la calle y me rompí el brazo derecho. Él me levantó el ánimo, <b>era un ángel en mi camino.</b> Teníamos una relación de amistad muy linda que volaba por arriba del océano”.</p><p>Ememma G. vivía en Nigeria. Susana K. en Argentina. Pero hablaban todos los días por teléfono como viejos amigos.</p><h2>Viaje a un mundo desconocido</h2><p>Susana empezó a notar que cuando no hablaban lo extrañaba mucho. Extrañaba sus risas y sus palabras de calma. Ememma decía sentir lo mismo.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/LN3WYA7XHJAR5IKCMEFVBO2HT4.jpg?auth=e68469a99ce7896f8630410ef1d4dbfa20a561a497fa5e81c2f0c9637e5c1e0f&smart=true&width=723&height=1440" alt="Susana definió a Ememma como un ángel en su camino" height="1440" width="723"/><p>Al quedar viuda, las conversaciones siguieron adelante. Pero fue a partir de este momento que la relación entre ellos avanzó un paso más: la amistad se convirtió en algo más parecido a una relación de pareja.</p><p>“<b>Le empecé a enseñar español.</b> Frases y palabras. Aprendió bastante. Hablábamos por video y conocí su casa sencilla de techo de paja, a su mamá, a sus hermanas, a su hija de seis años, Clarina. El cría a su hija con la ayuda de su madre y hermanas porque su ex se fue con su mejor amigo. Su familia se mostró exaltada al verme, yo les llamo mucho la atención por mi color, pero me aceptaron enseguida”, cuenta Susana divertida.</p><p>Pero lo cierto es que hubo un punto en que ella necesitaba algo más. Verse, conocerlo en persona, “estar juntos, vernos cara a cara”.</p><p>Así se lo dijo y empezaron a programar el encuentro. Susana viajaría a África. Se dio las vacunas necesarias para la aventura y comenzó con los papeles.</p><p><b>“Ememma no quería que yo fuera a Nigeria</b>. Dice que<b> es muy peligroso para las mujeres </b>y más para mí que soy blanca. Me podían secuestrar. Me aconsejó encontrarnos en Ghana. El hermano de él trabaja allí, es un país mucho más seguro, y él podía ir con cierta facilidad porque queda a dos horas de auto de su casa. El tema era la visa. Una amiga que yo tenía en un grupo de mujeres africanas en Facebook y que trabaja en migraciones en Ghana me ayudó con el papeleo. Me consiguió la visa en dos semanas. A principios de mayo de 2024 tuve la visa que ella me mandó por pdf y el 13 de mayo despegué de Córdoba hacia Brasil, de ahí a Francia y de ese país a Ghana. Fueron más de<b> 35 horas de vuelo</b>, uno atrás del otro. Al llegar, me esperaba mi amiga Samuela de migraciones. Le pagué la visa que me había sacado y le di los regalos que había llevado para ella. Al rato, llegó Ememma a buscarme”.</p><p>Dice Susana que lo que sintió en el mismo momento en que lo vio no lo había sentido en toda su vida. Fue un sentimiento tan intenso como instantáneo.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/WFRNQQVRCNF5XBCJ7HSMW4KIKU.jpg?auth=46b84e60102fc66a21b742a9953157368edc182500e111ee048eeea6039cb7c2&smart=true&width=810&height=1080" alt="A Susana le gustó Ememma desde el primer instante" height="1080" width="810"/><h2>Amor en colores</h2><p>“Soy bajita y Ememma mide 1,80. Desde el primer instante me gustó muchísimo. Tiene una carita divina tal cual lo había visto por la pantalla de la computadora. Nos abrazamos y después salimos para el hotel por separado porque mi amiga me había pedido un taxi y Ememma estaba con un amigo en otro auto. Recién nos quedamos solos un rato más tarde, en el hotel. Todo comenzó con un abrazo divino y cálido. <b>A mí me hacía mucha falta ese contacto piel a piel. En ese momento yo tenía 57 años y el 39. </b>Antes de viajar yo le había preguntado si nuestra diferencia de edad podía ser un impedimento para la relación. Él me dijo que no, que no le importaba en absoluto. ¡Cuando me conoció me aseguró que no podía creer que yo no tuviera arrugas!”, cuenta desde Córdoba Susana.</p><p>Esa misma tarde tuvieron relaciones por primera vez: “Fue delicado, amoroso, nada brusco. Para todo pedía permiso. La verdad es que nos complementamos muchísimo”, confiesa.</p><p>El romance cara a cara se prolongó durante<b> doce maravillosos días</b>. Dormían juntos y paseaban. Fueron mucho a la playa y Susana experimentó la sensación de ser “la distinta”: “Vi muy pocos blancos. Me miraban muchísimo. Ememma estaba divertido. Para ellos, la rara era yo. En el camino iban vendedores ambulantes con bandejas en la cabeza, ¡como en Buenos Aires en la época de la colonia! El agua se toma en sachet, sobre todo los que no somos de ahí. Yo me había llevado mucho repelente y me ponía todo el tiempo aunque, por supuesto, me había vacunado contra la fiebre amarilla”. ¿Cómo pagaban las cosas? Susana cuenta que algunas a medias, otras ella. “Pensá que Ememma no tiene un sueldo, vive al día. Es barbero, peluquero, de varones y de bebés”.</p><p>Entre las cosas que más le llamaron la atención está el hecho de que las mujeres son realmente diferentes a las argentinas: “Es otro mundo. Hay cosas muy buenas si las comparamos con nosotros. Allá, cualquier mujer es gorda, tiene cola grande, tetas enormes y nadie dice nada. Van vestidas con colores extravagantes y sus hombres las quieren igual. No es como acá con el físico que hay que ser flacas para que te consideren linda”.</p><p>Eso sí, reconoce que el calor la agobió, le tocaron<b> cincuenta grados de térmica, </b>y que la comida no le gustó nada porque la encontró aceitosa y picante: “El calor casi me mata y él estaba como una lechuga. Y me morí de hambre porque no me gustaba nada”.</p><p>Cuando se tuvieron que separar, para volver cada uno a su vida en distintos continentes, ya tenían pensado un plan: <b>Susana lo ayudaría a tramitar una visa para que Ememma pudiera venir a visitarla a la Argentina</b>.</p><p>“Al volver a Córdoba<b> empecé con los trámites para ayudarlo con la visa y encontré que todo era extremadamente difícil</b>. Un desastre. Me conecté con medio mundo. Con el consulado argentino en Nigeria, expliqué que venía a pasear para que le otorgaran la visa de turista. No funcionó. Presenté documentación, fui al colegio de escribanos de Córdoba, hice el apostillado de La Haya… No conseguí nada y me enojé con todos<b>. F</b>ui de nuevo a visitarlo cuatro meses después, en septiembre. Nos volvimos a encontrar en Ghana. Esta vez me quedé menos, ocho días. Llegué agotada, el cuerpo me pasó factura. Estuvimos poco tiempo y hablamos mucho de los caminos a seguir. Fue una visita breve, pero la relación fue divina nuevamente. ¡A pesar de que me agarré un <b>virus intestinal </b>terrible que me tuvo un día vomitando! En enero empezamos a pensar que tendré que volver a viajar. Pero lo cierto es que los viajes son carísimos para mí. Hoy hablamos del tema durante horas”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/5GUBYYXBQBHQVAXPTYH335QZM4.jpg?auth=e01c83dd2ba03938f0daa1aa8e070af92560a2bdfbd4db31f8e0a5427fb436d7&smart=true&width=1280&height=1280" alt=""Muestra relación es auténtica y estamos absolutamente enamorados”, asegura Susana" height="1280" width="1280"/><h2>Reacciones del resto</h2><p>Susana K. de la ciudad de Córdoba está enamorada de Ememma G. de Sapele, Nigeria. La familia de él está feliz; la de ella presentó algunas resistencias que Susana no dramatiza y toma con humor.</p><p>“Mi papá tiene 83 años. Es armenio, un poco a la antigua. Cuando le quise mostrar a Ememma no quiso ni verlo. Miró de reojo y después le dijo a mis hermanas que yo estoy hablando con un negro”, se ríe Susana al tiempo que admite ser consciente de que ella empuja lejos los límites familiares tradicionales, “Mis hermanas aceptaron, pero confieso que al principio se reían de mí. Entiendo que es algo raro. Mi hijo al principio se mostró reacio. Le expliqué y le hablé de los valores de respetar al otro. Ahora lo acepta”.</p><p>Los planes siguen y van más allá. <b>Ella es docente jubilada, martillera y tiene una inmobiliaria</b>. Esgrime: “Estoy bien económicamente. Tengo capacidad de ahorro porque vivo sola. Los dos estamos muy enamorados. Queremos volver a vernos. Tenemos una relación divina. No nos podemos olvidar el uno del otro. Cuando hablamos, su mamá que tiene 67 años, se muestra feliz conmigo y su hija Clarina me enseña su cuaderno con la tarea escolar. La verdad es que <b>yo me quiero casar con él en África y él también</b>… todos están alborotados jajaja. Él es evangelista y yo soy católica. Pero no lo haría por la Iglesia, lo haría por civil. Casada me van a dar la visa para él”.</p><p>Esos son los sueños de Susana.<b> Dice que vería más lógico que él viniera a instalarse a la Argentina con ella porque no se ve viviendo en África</b>. “Allá me muero con el clima. Imagino más que él se venga para acá. Él quiere irse de ahí. ¡Imaginate que a partir de las siete de la tarde les cortan la luz! No tienen nada. Sé que se iría feliz y que su familia está de acuerdo. ¿La hija? No sé, habría que sacarle el pasaporte después… Como docente me imagino ocupándome de llevarla al colegio y de enseñarle. Pero, por otro lado, también pienso que eso sería sacarle un poco su identidad. Eso es algo más complejo. Lo que sí es que nuestra relación es auténtica y estamos absolutamente enamorados”.</p><p>Según Susana él venderá su auto Toyota 2007 para comprarse el pasaje y venir detrás de ella.</p><p>“Creo que se va a adaptar a nuestro país. Le va a gustar la vida de acá. La comida puede ser un tema. Empezará a probar. Arroz con pollo es algo que él come habitualmente y, también, fideos con queso”, explica riendo, “Mi casa es de una planta y tiene tres dormitorios, tres baños, dos quinchos, cochera y jardín y patio con plantas. Va a vivir conmigo, tengo espacio de sobra. Hasta he pensado que la pieza de mi hijo podría pintarla de rosa para Clarina si es que ella quisiera venir algún día”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/OCUFSQHLDZA63EKTIFDX2B2YOU.jpg?auth=2244fa156bd5f94ba2857d13229602240a6622d5e00c291b8ad2c47b8148dac8&smart=true&width=1280&height=854" alt="Susana, Ememma y amigos en la playa" height="854" width="1280"/><p>El 12 de junio de este año Ememma cumple 41; el 15 de octubre Susana celebrará los 59.</p><p>“El tiempo vuela. Estoy para empezar ya mi vida de nuevo. Tengo miedo de que se me vaya demasiado rápido. <b>Mis amigas dicen que desde que estoy con él rejuvenecí una década. </b>Tengo ilusiones, no sé cómo explicar lo que siento. Soy una soñadora y este amor es más fuerte que el que tuve nunca”.</p><p>Al final, no puedo esquivar un pensamiento incómodo. Esta historia podría ser un encuentro más de necesidades reales que de amores reales. Pero ¿quién tiene la posta sobre lo que es o no es el amor? Si en una balsa a la deriva se encuentran los sobrevivientes del naufragio de la vida, ¿qué más da cómo se llame ese sentimiento que sale a flote? ¿necesidad? ¿compañía? ¿pasión? Esta parte de la historia será la que ellos terminen de escribir y quienes, en definitiva, les pongan nombre.</p><p><br/></p><p><i>*Escribinos y contanos tu historia. </i><a href="mailto:amoresreales@infobae.com" target="_blank"><i>amoresreales@infobae.com</i></a></p><p><i>* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas</i></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/BGR45OEIZREZXMQBP6RADRQFLY.jpg?auth=6584347a37571923fd1b73469a70911c913618114844091c5621efe99e20788b&amp;smart=true&amp;width=920&amp;height=614" type="image/jpeg" height="614" width="920"/></item><item><title><![CDATA[La historia de amor e infidelidad entre las góndolas de un supermercado de un encargado de edificio y su cajera favorita  ]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2025/03/02/la-historia-de-amor-e-infidelidad-entre-las-gondolas-de-un-supermercado-de-un-encargado-de-edificio-y-su-cajera-favorita/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2025/03/02/la-historia-de-amor-e-infidelidad-entre-las-gondolas-de-un-supermercado-de-un-encargado-de-edificio-y-su-cajera-favorita/</guid><dc:creator><![CDATA[Cynthia Serebrinsky]]></dc:creator><description><![CDATA[Sentada en el banco de una plaza cordobesa, Mariel soñaba en secreto con un amor verdadero, a pesar de que todos los días a la salida la esperaba su marido en la casa. En el momento menos pensado, un cliente con quien se robaba miradas, le dio su número de teléfono escrito en birome y le susurró algo al oído]]></description><pubDate>Sun, 02 Mar 2025 03:47:29 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/IJHTQ23IGVD2RKYEZSGI55ENOQ.jpg?auth=2ff44da258000ec25b54f5ccae4c498bccd127df82523bea97586c350094349e&smart=true&width=1456&height=816" alt="Mariel se sentaba en una plaza, luego del trabajo, con su cabeza llena de pensamientos dispersos (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>En la ciudad de Córdoba, donde las siestas parecen detener el tiempo y los edificios de la vieja escuela todavía dominan el horizonte, se entrelazan historias de esas que uno no espera, pero que, con el tiempo, marcan la vida de quienes las viven. La historia de Mariel y Miguel comenzó de una manera que bien podría pasar inadvertida, pero para ellos, fue el principio de algo que lo cambiaría todo.</p><p>Rondaba el año 2007, cuando Mariel trabajaba como <b>cajera en el supermercado </b>Buenos Días de la calle Chacabuco, en la zona céntrica de Córdoba Capital. Tenía 28 años, pero su modo sumiso y algo contenido, mostraba la fragilidad de una joven que, aunque sonreía todo el tiempo, todavía no había encontrado su lugar en el mundo, “ni el amor verdadero”. Cada día, entre las charlas de los clientes y el ruido del scanner, la cordobesa soñaba en secreto con algo diferente. “Veía tantas caras y escuchaba tantas historias y, en silencio, le pedía al cielo que me deje vivir mi propia historia de amor”, esboza con una dulzura que conmueve. Anhelaba algo más que una vida entre góndolas repletas de productos de limpieza y paquetes de galletitas a medio abrir. “Quería mi propia casita de Hansel y Gretel”, explica formando una torre con las manos para indicar sus deseos de cariño.</p><p>A veces, al final del turno, caminaba por las calles empedradas del centro, con la cabeza llena de pensamientos dispersos. Se sentaba en una de las plazas cercanas, mirando las fuentes de agua que la refrescaban con su murmullo, mientras el sol se iba ocultando detrás de las sierras. Le gustaba pensar en lo que podría ser, aunque no sabía por dónde empezar. Nunca había dejado de imaginar <b>al hombre de sus sueños</b>, pero jamás pensó que lo encontraría en alguien, literalmente, “a la vuelta de la esquina”.</p><p>Miguel, por otro lado, aparentaba una década más de los 41 años que tenía. Un hombre de silueta robusta, pero de ojos tranquilos. Su trabajo como<b> encargado del edificio </b>a la vuelta del Buenos Días de Chacabuco, lo mantenía ocupado gran parte del día, pero a pesar de levantarse al alba para baldear las veredas, recolectar la basura y repartir la correspondencia a cada vecino, él siempre se las arreglaba para tener un momento para sí mismo. En sus 13 años más que Mariel, Miguel había pasado por varias etapas. Se había casado una vez, pero el amor se había esfumado con el tiempo, dejando un vacío que creyó irremplazable.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/VQLAWWFFUNG55KMDMJAQC2MNJU.jpg?auth=3e738aee9212dc2a26ee3590bf0573e8136e1b6cd1affd44f18b1d497f4f7ef3&smart=true&width=1456&height=816" alt="Miguel se animó y le dejó su teléfono a su cajera favorita (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>“Aquel hombre se convertía, poco a poco, en algo más que un simple cliente. Cada vez que me veía, sentía sus ojos fijos en mí, pero no de manera invasiva. Era una mirada de admiración, como si en mí hubiera algo que lo cautivara. Sólo venía a comprar para que yo le cobrara, como si mi presencia fuera la razón detrás de cada uno de sus pasos hacia mi caja”, revela Mariel con más ternura que soberbia hablando de los días en que él la “fichaba”. De vez en cuando el encargado se animaba y le lanzaba algún “piropo” bastante explícito: “<b>Quiero tener 100 hijos con vos”, </b>le dijo una vez mientras guardaba el cambio que ella le devolvía de su compra. </p><p>Y así fue como un día, cuando el ruido de las cajas registradoras resonaba en todo el supermercado, Miguel entró a hacer una compra más. Nada fuera de lo común. Sin embargo, esa tarde, la presencia de Mariel en la caja le pareció diferente. Ya se “tenían de vista” pero <b>algo ese día lo cautivó</b>. No sabía si era su mirada, un poco más directa que otras veces, o el leve rubor en sus mejillas al tomar las monedas. Lo cierto es que el hombre, con su experiencia de tantos años observando la vida, sintió algo que no había percibido en mucho tiempo. La cajera no podía evitar robarle “miraditas” discretas. Lo veía pasar, saludando con una sonrisa gentil, que parecía esconder un secreto, algo que la inquietaba sin entender por qué. </p><p>Como todas las tardes, la intensidad de la ciudad, la luz cálida del atardecer y el ruido lejano del tráfico a Mariel le servían de compañía. Pero algo en el aire le decía que ese crepúsculo iba a ser “especial”. Y no se equivocó. Media hora antes de finalizar su jornada laboral, Miguel se acercó a su cajera favorita con un paquete de yerba. Se aseguró de que no hubiera nadie en la fila y, luego de estudiar el panorama, de “miradas que lo dicen todo”, de guiñadas de ojo, de compras inútiles en silencio, <b>luego de seis meses se atrevió: “Llamame”, susurró el portero</b> acercándole un sobre viejo de algún servicio que sacó del bolsillo, en el cual figuraba un número de diez dígitos manuscrito con birome gastada. “Todavía tengo ese papelito guardado en mi billetera”, revela ella como señal de amor eterno, mientras sorpresivamente lo muestra.</p><p>Sucede que no todo era tan sencillo: “<b>Yo estaba en pareja y él también</b>. Los dos estábamos con algo”, cosifica Mariel a los “otros” para alejar la culpa. “Él ya estaba separado de la mamá de sus hijos pero tenía algo por ahí”, vuelve a aclarar restándole importancia a las parejas de ambos. De hecho, la emoción de ese gesto hizo que al llegar a casa, Mariel no pudiera evitar mandarle un mensaje. “Hola”, escribió, y a partir de ahí, “todo cambió”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/HL6RDYY3PBBKNDYNNVPWXYJZMU.jpg?auth=1fa93467fac08083968c00cddb3c8d31346925883526c4b9f9a633cb686d60a9&smart=true&width=1456&height=816" alt="Si antes Miguel iba una vez por semana al súper, comenzó a hacerlo día por medio  (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Quedaron en encontrarse a los tres días “que pareció un mes”, a la salida del súper. Miguel la vio sentada en el Bulevar Chacabuco. Algo en ella, en su forma de mirar el horizonte, lo hizo suspirar y, de repente, el incesante habitual bullicio de los colectivos se convirtió en serenata: “¿Hace calor por acá, o es mi imaginación?”, dijo él, acercándose con su voz grave. La labia se le daba naturalmente, “bien del típico portero que se las sabe todas”. Mariel lo miró y una sonrisa apareció en su rostro. La conversación comenzó sin demasiada pretensión, <b>como si ambos supieran que algo importante se estaba gestando</b>. Hablaron de libros, de música, de Rodrigo, de la Mona Jiménez, de sus recuerdos de la infancia y de cómo Córdoba había cambiado con los años, todo fluía. “Es que en verdad no importaba el tema, la cosa era estar juntos. Por más que no nos habíamos besado, nos teníamos unas ganas que nos mantenía totalmente enganchados”, revela. Y de a poco, sin darse cuenta, sus palabras se fueron volviendo más personales. Como si el espacio entre ellos se fuera estrechando, sin que ninguna de las dos partes lo buscara, pero sin que tampoco pudieran escapar de ello. Miguel ya no pensaba en el vecino “quejoso” del 5to. B exigiendo que repase mejor los vidrios del hall, ni tampoco se preocupaba por congraciarse con la “anciana chusma” de la planta baja que siempre encontraba una excusa para que lo echaran. <b>“Fue una cita en la que nos descubrimos, yo casada, él con su pareja. </b>Aunque la situación era compleja, algo entre nosotros hizo que no pudiéramos dejar de vernos, como si el destino nos hubiera unido con hilos invisibles”, adelanta ella.</p><p>Luego de ese primer encuentro inofensivo, “corto y sin ningún tipo de contacto físico”, aclara Mariel, Miguel empezó a ir más seguido al supermercado, aunque no siempre tenía algo que comprar. “¡Mucho más seguido! Si antes iba una vez por semana, ahora pasaba día por medio”, cuenta la cajera orgullosa que, sin entender muy bien “de qué iba la cosa”, esperaba con ansias esos <b>momentos fugaces</b> en los que él aparecía. “Su presencia era silenciosa pero magnética”. Él la observaba entre la pila de botellas de aceite barato o el producto que estuviera de oferta, siempre ubicado unos metros antes de la caja de Mariel. Se hablaban sin hablar, sin poder sacarse los ojos de encima.</p><p>A medida que pasaban los días, la relación entre Mariel y Miguel se transformaba en un delicado equilibrio entre la <b>complicidad </b>y la <b>atracción. </b>Había algo palpable entre ellos, como una tensión sexual que no lograban descifrar. Ella y su energía llena de juventud, no dejaba de sorprenderse por la calma que él lograba transmitir. A veces, Miguel la miraba con una ternura inexplicable, como si ya la conociera de antes, y Mariel sabía que algo maravilloso en su vida recién empezaba.</p><p>Era un martes cuando todo comenzó a cambiar “para mejor”. El supermercado estaba tan lleno de gente como siempre, y Mariel, con su uniforme gris de cajera, se movía de un lado al otro como una pieza más de esa gran maquinaria que nunca se detenía. Sin embargo, cuando levantó la vista y vio a Miguel entrando por la puerta, su pequeño mundo se tiñó de rojo fuego. “Es que ese día no lo esperaba, me sorprendió”. Miguel, con su aire sereno, se acercó. “<b>Tenía la capacidad de hacerme sentir especial, con sólo existir”</b>, se desasna melosa. “¿Qué haces acá?”, preguntó Mariel que apenas pudo disimular su excitación cuando el portero se arrimó a su caja. Miguel sonrió con seguridad, como si estuviera acostumbrado a que el destino jugara a su favor, y eso a ella la derretía. “Vine a comprar algo... y tal vez a ver cómo se te ve al final del día, cuando no estás detrás del mostrador”, le cantó con un tono juguetón, pero cargado de respeto. Mariel no estaba acostumbrada a que alguien, “sobre todo un hombre como él”, la adornara con tanta galantería. Y eso la atrajo como nunca antes.</p><p>Al final de la jornada, cuando ya la tienda comenzaba a vaciarse, Miguel la esperó frente a la puerta. “¿Te gustaría dar una vuelta por la ciudad?”, le preguntó casi suplicando. Y si de algo Mariel estaba segura era de que “ni loca” quería rechazarlo. Aunque todavía le costaba abrirse del todo porque la realidad es que tenía a un hombre esperando en casa, su marido de hacía 6 años. “Aunque de eso prefiero no hablar”, se ataja Mariel para continuar su <b>historia secreta, </b>sólo dejando entrever que el “tema” terminó mal, con <b>su ex acusado de abuso y detenido en prisión</b>. “¿Por qué no?”, pensó y aceptó nerviosa pero con el corazón contento.</p><p>“Se me ocurrió que sería lindo mostrarte algo diferente, lejos de los pasillos del súper”, dijo el hombre extendiéndole la mano con floreo. Mariel siguió el impulso sin pensarlo demasiado. Caminaron juntos por callejuelas empedradas llenas de historia, como la calle de la Luna y el Pasaje Santa Catalina. El sol comenzaba a esconderse, manchando de tonos anaranjados y rosados las fachadas de los edificios, y el aire fresco de la tarde los despeinaba. <b>“¿Sabías que esta plaza es mi lugar en el mundo?”,</b> comentó Miguel mientras avanzaban lento, disfrutando del silencio compartido. Mariel lo miró sorprendida y feliz por el hecho de que alguien le ofreciera un lugar de privilegio en su vida. Le gustaba descubrir la ciudad que ya conocía de memoria, pero ahora “junto a Miguel todo se veía más hermoso”. Le fascinaba la serenidad que él le transmitía. “Es tranquila —respondió Mariel—. Me gusta la paz que se respira acá. Me recuerda a esos momentos en que te sentís solo, pero de una forma linda”. Miguel sonrió y se apuró a decir: “Vos sos linda”, y agregó: “Me pasa lo mismo. Creo que por eso siempre vuelvo. Acá puedo estar solo sin sentirme solo”. A pesar de la garúa que caía, la cajera y el encargado recorrían la plaza España como dos adolescentes impermeabilizados, no sólo del agua, sino de las miradas ajenas. “No entendía nada pero cuando estaba con Miguel<b> sólo éramos nosotros dos</b>”, dice con adoración en sus pupilas, y en cada una de sus palabras que arrastran una evidente carencia afectiva. Mariel sabía que algo dentro suyo se había prendido de una manera que jamás habría esperado.</p><p>Hubo un silencio cómodo entre ellos; una mudez que les gustó más de lo que esperaban; un reposo de esos que se llenan con algo más que palabras. De pronto, Miguel la miró directo a los ojos y apuntó: “¿Sabes qué? Nunca pensé que encontraría a alguien con quien hablar de estas cosas. Y menos en este momento de mi vida”. La intensidad de sus palabras la envolvieron como los dos brazos de un gigante. “Me pasa lo mismo”, respondió ella, con una sinceridad que pocas veces había experimentado en su vida. “Yo también había estado buscando algo diferente. Algo que me sacara de la chatez de la rutina. Algo que, sin querer, había encontrado en él”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/OJLU4MFU7NH23MT5KODWPXFGVQ.jpg?auth=5f066d23004e0af24ac1782b7f66b9cfe33a05bf184edd9802b15251d3835a77&smart=true&width=1456&height=816" alt="En la parada de colectivo el portero besó a la cajera  (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Esa noche, después de caminar y tomar un “fernecito” al paso, Miguel la acompañó hasta la <b>parada del colectivo</b>. La luz de la luna iluminaba el camino, y el aire nocturno estaba cargado de una sensación especial. “Gracias por este día, Miguel —dijo juntando las palmas de sus manos mostrando gratitud devota—. No había tenido un momento como este en mucho tiempo”. Miguel la observó en silencio, con paz en su rostro. Luego dio un paso acercándose lo suficiente para que Mariel pudiera sentir su respiración. “Yo tampoco”, dijo, casi en un suspiro. Y sin pensarlo, tomó su mano con delicadeza. Ella lo miró fijo, buscando en sus ojos alguna señal, algo que la ayudara a entender lo que estaba pasando entre ellos. El encargado, a pesar de su madurez, <b>parecía ser un hombre que también temía al amor</b>. Pero al mismo tiempo, su gesto, cargado de ternura y algo de melancolía, dejaba en claro que las palabras no siempre eran necesarias para expresar lo que uno siente. Con una sonrisa nerviosa, Mariel se acercó, sin prisa pero sin pausa, hasta que sus labios se encontraron en un beso suave. Fue un <b>beso inesperado,</b> pero no por eso menos necesario. Era el tipo de beso que uno da cuando siente que encontró algo único, algo que no puede explicarse en palabras, pero que resuena en lo más profundo del alma, y que quiere atesorar aquel instante entre algodones. El beso fue breve, pero al mismo tiempo, transformador; cargado de todo lo que no se había dicho hasta ese momento; fue un beso que atravesó el alma, como si cada instante anterior se desvaneciera por completo. “<b>Nunca imaginé que algo tan simple, como un beso, podría significar tanto</b>. Pero con vos… cada gesto es un suspiro profundo, una eternidad”, susurró él cuando se separaron. Ella no pudo responder, porque las palabras le fallaron. Sólo sonrió, dejándose llevar por ese torrente de emociones que no sabía cómo describir. Mariel se subió al ómnibus, mirando hacia atrás como esperando que él estuviera allí. “No sé qué me está pasando, pero no quiero que se termine”, pensaba ella mientras miraba por la ventanilla del vehículo al hombre que le robaba los pensamientos.</p><p>Las semanas siguientes fueron una mezcla de mini citas, mensajes de texto, y momentos trincados entre la rutina del portero y la cajera. Miguel, se fue acercando más y más a Mariel, no sólo con su presencia física, sino también con su comprensión silenciosa. Para él, el amor nunca había sido algo fácil de entender, pero con ella, todo parecía claro, como si las piezas del rompecabezas de su vida finalmente encajaran. Mientras Mariel se encontraba buscando excusas para ir al supermercado –”Ya casi ni me tomaba francos… prefería estar en el trabajo cerca de él”–, Miguel empezó a aumentar la apuesta, invitándola a esos pequeños detalles que marcaron la diferencia: un paseo por las sierras, una cena improvisada y visitas relámpago al Buenos Días con algún que otro regalito.</p><p>Un domingo por la tarde, Miguel la invitó a hacer algo que ninguno de los dos había hecho antes: <b>un picnic.</b> El plan sonaba sencillo y Mariel “no podía estar más emocionada”. Salieron temprano, con una canasta llena de sándwiches, frutas frescas y, “por supuesto”, el mate. Se sentaron en un rincón de la plaza España, el que ahora se había convertido en el lugar en el mundo de ambos. “Nunca imaginé que un domingo de siesta me podría traer tanta paz”, comentó Mariel mientras se recostada sobre el pasto, mirando el cielo. Miguel la miró sabiendo que allí, juntos, con el sonido de la naturaleza como único testigo, estaban forjando algo grande. El sol comenzó a esconderse detrás de las sierras, y por un instante, el mundo parecía haberse detenido solo para ellos.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/STJMOLUMBFFOBECPYG5Q7MA2SY.jpg?auth=11cc02ff8b2368b6528c2d4f4b3c80f71ae13e89634bc11bbc0cb2f28197ded4&smart=true&width=1456&height=816" alt="El plan del picnic parecía sencillo pero Mariel no podía estar más emocionada (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Los días después del picnic estuvieron llenos de silencios cargados de significado. Miguel y Mariel se habían vuelto inseparables pero, en el fondo y sin confesarlo, cada uno tenía miedo de dar el siguiente paso. Ella, con su juventud y su vida llena de dudas, sentía la presión de una conexión tan intensa, pero tan arriesgada. Él, con los años de experiencia y las huellas de amores pasados, temía que algo tan hermoso pudiera desmoronarse por la fragilidad de la vida misma.</p><p>Una tarde, mientras compartían un café en “el bar de siempre”, Miguel se abrió de lleno: “Mariel, a veces siento que <b>te estaba esperando desde otra vida. </b>Que algo en mí sabía que ibas a llegar. Pero también tengo miedo... miedo de que me veas como alguien con un pasado demasiado cargado, alguien que no puede ofrecerte lo que te merecés”. Había algo en su confesión que desarmó a Mariel por completo; la fragilidad de Miguel la interpelaba de manera extrema. “Creo que el amor no tiene que ver con las edades, ni con los miedos que cargamos. El amor es lo que estamos dispuestos a apostar, lo que elegimos ser, lo que decidimos compartir”, dijo ella como leyendo una frase de sobrecito de azúcar. Y Miguel lo supo: “Es acá”, dijo mientras afirmaba con su cabeza. “Siempre creí que el amor es más que lo que se ve. Es lo que se siente en cada respiración, en cada palabra no dicha. Y con vos, Mariel...<b> con vos me siento más yo que nunca</b>”. Ella lo observó, sintiendo que esa atracción incontrolable, se transformaba en algo más grande. Y de repente pudo escuchar a quien tiene más experiencia que el corazón y más sabiduría que la mente: el alma. Sin pensarlo, se acercó y lo abrazó: “No me importa lo que digan los demás, ni las diferencias. Si algo aprendí, es que las historias que importan, no tienen que entenderse con la cabeza ni con el corazón, sino con el alma. Y la mía ya está acá, con vos”. Miguel la abrazó con fuerza, como si ya no pudiera imaginar un mundo sin ella. “Sos lo que nunca supe que necesitaba”, le dijo el encargado.</p><p>Un viernes por la tarde, mientras la cordobesa estaba en la caja, un mensaje de texto apareció en su celular: “<b>¿Nos vemos después de tu turno?</b> Conozco un lugar tranquilo”, le dijo él pasándole la dirección de su departamento. Miguel nunca había sido tan directo, pero el tono del mensaje lo decía todo. Mariel sintió una oleada de emoción, pero también una pizca de “chucho”. No sabía si estaba preparada para un paso tan grande, pero tampoco podía negar que algo en ella lo deseaba profundamente. Al finalizar su día, fue a la dirección que Miguel le había mencionado, un edificio humilde a la vuelta del Buenos Días. El lugar era íntimo, con luces suaves. Cuando Mariel llegó, él la besó como si la hubiera estado esperando por años. “¿Querés hacerlo?”, preguntó él cuidando las formas, y lo que siguió fue pasión pura. Sus cuerpos se fusionaron, se vieron por primera vez sin uniformes, ardieron las paredes y las horas pasaron sin que lo notaran.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/HHMBBTZZEVA6POYW4PK4G5WMOE.jpg?auth=af8640e9858d3c49906c27379f41c2e7e767f9709cd140ae00bc3636aa7a90fe&smart=true&width=1456&height=816" alt="El encargado fue directo e invitó a Mariel a su departamento (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Y así, día tras día, Miguel y Mariel fueron “amantes y algo más”. Se conocían mejor que nadie. La diferencia de edad ya no parecía tan relevante; lo que importaba era el sentimiento que, aunque “sin títulos”, era firme y claro. Pero luego de tres años de disfrutar juntos la alegría clandestina, la vida de Mariel dio un giro inesperado: “<b>Quedé embarazada de mi esposo</b> <b>y nos dejamos de ver </b>con Miguel porque yo tenía otra vida”. Tuvo a su primer y luego a su segundo hijo pero el amor que sentía por aquel hombre no se fue, al contrario, persistió. Pasaron cinco años y, una primavera del 2015, el destino los volvió a cruzar. “A pesar de las circunstancias, aún sentía la misma conexión, la piel seguía intacta, como si nunca nos hubiéramos separado”, se sincera Mariel para contar sutilmente que “juntos volvieron a ser uno”. Se olvidaron del resto del mundo, compartiendo momentos que nadie más conocía, risas, miradas, abrazos y una “química” que decía más que mil palabras. “Cuando nos veíamos, nos olvidábamos de nuestros compromisos. Y aunque yo sabía que lo quería, tenía miedo… miedo de que la vida nos separara otra vez”, confiesa Mariel.</p><p>Los encuentros volvieron a ser frecuentes, y por fin, Mariel “podía decir que era feliz”. Pero como nada en la vida de la cajera fue lineal sus temores se hicieron realidad. “Hace tres años la vida, como siempre, nos dio una cachetada. Él se<b> enfermó gravemente</b>, necesitaba un trasplante de hígado, y tuvo que mudarse lejos, a Cruz del Eje, dejando una distancia que parecía insalvable”, expresa ella con un dolor que lastima. “Yo me quedé en la ciudad, llorando desolada y rogando a Dios por su salud, esperando que el hígado que tanto necesitaba apareciera. En las noches frías, recibía sus videollamadas cuando estaba perdido, y aunque la distancia era grande, nunca ninguno dejó de pensar en el otro”.</p><p>Una noche, después de dos años de espera, el hígado que necesitaba Miguel apareció y el corazón de Mariel “resucitó”, cuando la luz de su celular se encendió mostrando el mensaje más esperado: “Gracias a Dios, ya estoy operado”, escribió Miguel. Así, en junio de 2024 la vida los volvió a reunir. “Lo abracé con todas mis fuerzas y lloré. Siempre le dije que él era mi debilidad, mi gran amor… Lo quiero mucho más de lo que digo, y sé que él también me quiere”. Cada cumpleaños, cada fecha especial, aunque estén con otras personas o no, siempre esperan ese mensaje del otro, como una promesa silenciosa que, a pesar de algunas interrupciones, “desde hace 18 años” nunca se rompe.</p><p>Después de todo lo vivido, el lazo no sólo no cambió sino que se afianzó. “Él sigue siendo mi tentación, mi dolor y mi amor. Con sólo escuchar su voz, <b>mi corazón late más rápido</b>. Cuando veo que sus mensajes llegan, sé que son especiales, como un eco de todo lo que no podemos decirnos en persona. Y aunque no podamos vivir juntos por miedo o por alguna razón que todavía no entiendo, este amor imposible de olvidar sigue adentro mío como un fuego que nunca deja de arder. Lo amo, con todo mi ser, más de lo que jamás amé a nadie en esta tierra. Él es mi gran amor para toda la vida”, se desnuda Mariel dejando todo lo que es a la vista.</p><p><b>–</b></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/OJLU4MFU7NH23MT5KODWPXFGVQ.jpg?auth=5f066d23004e0af24ac1782b7f66b9cfe33a05bf184edd9802b15251d3835a77&amp;smart=true&amp;width=1456&amp;height=816" type="image/jpeg" height="816" width="1456"><media:description type="plain"><![CDATA[Miguel y Mariel, Amores reales - VisualesIA  (Imagen Ilustrativa Infobae)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[De una relación tóxica al amor virtual perfecto con una egipcia que se niega al encuentro: “Es todo por voz, sin videollamada” ]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2025/02/23/de-una-relacion-toxica-al-amor-virtual-perfecto-con-una-egipcia-que-se-niega-al-encuentro-es-todo-por-voz-sin-videollamada/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2025/02/23/de-una-relacion-toxica-al-amor-virtual-perfecto-con-una-egipcia-que-se-niega-al-encuentro-es-todo-por-voz-sin-videollamada/</guid><dc:creator><![CDATA[Carolina   Balbiani]]></dc:creator><description><![CDATA[Carlos es venezolano y vivió en Caracas hasta 2015. Antes de venir a probar suerte en la Argentina, vivió un tiempo en República Dominicana, donde se convirtió al Islam. Las lecciones de árabe que marcaron el comienzo de una extraña relación donde lo máximo que hubo fue un intercambio de fotos y mensajes telefónicos]]></description><pubDate>Sun, 23 Feb 2025 04:28:46 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/SE6HQHDBQJDVLIROBATF4POY3U.jpg?auth=b2d5327c5dba32dd966feeca2b37ead70c790853706f69fb62ddbad645eb2e98&smart=true&width=1456&height=816" alt="Cuando Carlos se instaló en la Argentina en busca de un futuro mejor tuvo su primera relación sentimental con una mujer que conoció en la mezquita de Palermo  (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Al leer el mail que Carlos R. nos escribió imaginé que la suya sería una historia de pasiones físicas desenfrenadas batallando contra estrictas creencias religiosas. Él hablaba en su correo del amor por su novia musulmana y de su profundo respeto por sus creencias. Lo que no me esperaba era que el amor entre Carlos y Aisha no hubiera transitado jamás el piel a piel. Que nunca se hubieran parado frente a frente para mirarse a los ojos y que tampoco, aunque más no fuera, hubiesen hablado en vivo por videollamada.</p><p>La suya es una historia de <b>amor virtual</b>, de esas que cada vez escuchamos más y parecen extraídas del futuro.</p><p>Los prejuicios me atacan antes de poder relatarla. Lo primero que me viene a la mente es el caso del enamoramiento virtual que por estos días llenó los titulares de los portales. Anne, una mujer francesa de 53 años y decoradora de interiores, casada pero en crisis, se enamoró online de un hombre quien creía era Brad Pitt a quien le transfirió a una cuenta la friolera de 800 mil euros. Reír para no llorar océanos. Si bien hasta el mismísimo Brad salió a manifestar su gran pena por esta cándida señora, lo cierto es que la dama en cuestión no volvió a ver ni uno solo de sus euros. Si ya estaba en crisis con su marido no quiero pensar lo que sucedió después.</p><p>Pero qué curiosa es la confianza de la gente con los desconocidos. Porque Anne no fue ni la primera ni la única ni será la última. Hubo, en 2021, otro caso rimbombante que pobló los medios. El ex jugador estrella del voley italiano, Roberto Cazzaniga, salió a reconocer que durante más de una década había creído estar de novio con una mujer que en Internet se mostraba -nada menos- como la bellísima modelo brasileña Alessandra Ambrosio. Resultó que la de la foto no era ella ni mucho menos, era un <b>trío de timadores profesionales</b> que le arrebataron, a lo largo de la relación virtual, 700 mil euros.</p><p>En fin, será por toda esta contaminación que me acosa que la historia de Carlos me genera algunas desconfianzas sobre quién podría estar realmente del otro lado de su computadora. Pero no puedo menos que creerle, además, la mujer sujeto de este amor fiel no pide ningún dinero.</p><p>Vamos con lo que el protagonista mismo me contó.</p><h2>Buscando remedio en otro país</h2><p>“Soy venezolano, nací en 1982 y ya tengo 42 años. Mi padre es ingeniero y profesor universitario; mi mamá era maestra de preescolar. Somos cuatro hermanos varones y mis padres se separaron cuando éramos chicos. Crecí, me casé, tuve un hijo que hoy ya tiene 12 años y me separé. Con mis hermanos empezamos a pensar en emigrar al exterior cuando a mi mamá le dio un ACV que la dejó hemipléjica y en Venezuela no conseguíamos todos los medicamentos que precisaba. Teníamos que ir a algún sitio donde ella tuviera todo lo necesario para su tratamiento. En el 2015 nos fuimos de Caracas, con mi madre y dos de mis tres hermanos, hacia <b>República Dominicana</b>. Ellos son programadores y enseguida consiguieron trabajo. Yo había estudiado publicidad, pero no conseguí nada en lo mío. Además, con el tema de que era ilegal, los trabajos que me ofrecían eran malísimos y me explotaban. Así fue que en un momento, en 2017, <b>decidí venir a la Argentina para probar suerte</b>. Apenas llegué me alquilé una habitación en la localidad de Merlo. Empecé a trabajar cuidando personas mayores. Me anoté y realicé cursos y, luego, me pude inscribir en la facultad para estudiar Educación Física. Así siguió mi vida de estudios y hoy ya estoy en cuarto año. En este tiempo me mudé de Merlo a Palermo, después a La Plata y ahora volví a Palermo”, relata Carlos.</p><h2>Conversión y golpes</h2><p>Antes de aterrizar en la Argentina, estando en República Dominicana, Carlos se había acercado a la fe musulmana. Había empezado a concurrir a una mezquita donde hallaba consuelo. Así fue que el hijo de una madre católica y de un padre ateo, terminó por convertirse al Islam: <b>“La mezquita fue un refugio para mí</b>. A mis padres no les importaba, siempre nos dieron libertad espiritual”.</p><p>En Buenos Aires, en 2018, en la Mezquita de Palermo, <b>conoció a una mujer llamada Leila</b>. Carlos iba todos los viernes a una reunión comunitaria después del mediodía. En esa reunión cuenta “leemos el Corán. Hay mujeres y hombres, pero ellas rezan aparte, en otro salón. Así fue que conocí a Leila quien era un poco más grande que yo y venía de una pareja sumamente difícil. Eso me contó. Yo me enamoré, pero tres o cuatro meses después ya nada funcionaba en esa pareja”.</p><p>Leila era sumamente posesiva. “Le daban ataques de celos muy agresivos. Por ejemplo, si íbamos en el colectivo, yo tenía que mirar hacia el techo. Porque si se sentaba una chica al lado y yo sin querer la miraba, ella empezaba a los gritos. Armaba un escándalo y eso me daba mucha vergüenza. Otras veces me esperaba en la puerta del gimnasio para ver qué hacía, para tenerme vigilado, como si fuese un niño pequeño. Era horrible porque sentía que no podía estar tranquilo en ningún sitio porque <b>ella me perseguía a donde fuera</b>”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/PC3WM2ZRGNCNPDXREHPJO46I6Y.jpg?auth=bc46d1312914204c5330c02e96829d9349a5a88e0aeca7a8b76da06d504b7098&smart=true&width=1456&height=816" alt="Leila sufría de celos y le hacía la vida imposible en todo momento (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Pero eso no era todo. Además, estaba la violencia para con ella misma y con él.</p><p>“Al poco tiempo descubrí que se había empezado a cortar los brazos. Encima, ante cualquier ataque de celos, me pegaba. Cada vez sucedía con mayor frecuencia. Así que un día me cansé y preocupado llamé a un número para violencia de género. Conseguí que me atendieran dos trabajadores sociales y una psicóloga. Al principio, desconfiaron de mí. Pensaban que yo era el que la maltrataba. Me volvieron a citar para que me presentara con ella a una reunión. Cuando la vieron actuar la mandaron a terapia de inmediato y me alertaron: la tenía que dejar porque los problemas podrían empeorar. Para ellos estaba claro que <b>Leila tenía problemas psiquiátricos</b>. Era sumamente tóxica.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/3JSZAAM7G5GZDHU6AVFKHVZ2YM.jpg?auth=8edab66be96504181e6bc8b4afbbf0171ab65eabd8e6037a7257352e20925996&smart=true&width=1456&height=816" alt="Un día Carlos, cansado del maltrato de su pareja, llamó a un número de violencia de género y recibió atención de especialistas (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Fue muy duro porque tuve que decirle que no podíamos seguir adelante. Ella por suerte no reaccionó tan mal y me dijo que agarrara mis cosas y me fuera. Fue un alivio. Esa experiencia de pareja fue tremenda para mí y me marcó”, confiesa.</p><p>Carlos siguió yendo a la mezquita, pero Leila dejó de asistir. Menos mal.</p><h2>De Argentina a Egipto</h2><p>Carlos recibió el año 2019 en soledad. No quería saber nada con una nueva pareja. “Seguía yendo a la mezquita y quería aprender árabe así que busqué clases por YouTube en un canal donde había videos con mujeres árabes que te enseñaban. Fue así que me conecté con <b>Aisha.</b> Ella estaba en Tanta, <b>Egipto</b>; yo, en Buenos Aires. Al principio la contacté y nos conectamos por Facebook; luego, pasamos a mensajes de WhatsApp. Aisha decía que quería practicar español y yo quería aprender árabe. Entre los dos, nos íbamos corrigiendo. Al terminar el primer año de clases un día me animé y le manifesté que ella me gustaba. Me rechazó muy seria y <b>me dijo que lo máximo que podía tener conmigo, por la diferencia cultural, era una amistad</b>. Bueno, acepté. No me quedaba otra que decirle que estaba bien. Seguí con las clases de árabe. Ella me mandaba tarea y yo la hacía. Mensaje va y mensaje viene pasaron dos años más. Decidí insistir porque cada vez me gustaba más. Me volvió a decir que no. Pasó todo el 2022 y empezó el 2023 y fue recién ahí, ante mi perseverancia, que<b> ella comenzó a aceptar que yo le gustaba. </b>Admitió que había sido desde el principio. Dijo que se estaba enamorando, pero que no quería enamorarse, porque todo iba a ser un problema. Lo fue. Te cuento que Aisha hoy tiene 29 años, trabaja en una embajada latinoamericana en Egipto y habla varios idiomas. Es dulce, tranquila, inteligente. Hablábamos en ese momento todos los días y los fines de semana hasta seis horas. Pero <b>todo es por voz, sin videollamada</b>. Las mujeres árabes son muy pudorosas”, explica Carlos.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/43NG4FDWV5ESRGPN6TRNINRW7E.jpg?auth=0e1624c6e240edaeff27152d7f6b484b3583278aa2129ba28aee8516f7f561cc&smart=true&width=1456&height=816" alt="A Aisha la vio por primera vez en un canal de YouTube de mujeres árabes que daban clases del idioma (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Cuando<b> la madre de Aisha</b> se enteró del mutuo interés se opuso de una manera tajante.</p><p>“<b>Llegó a decirle que si yo llegaba de visita a Egipto, me iba a hacer matar</b>. Le recriminó que yo era de occidente, que tenía otras costumbres, que había estado casado y que ella no sabía qué tipo de musulmán era. La mamá empezó a enfermarse de cualquier cosa porque Leila le decía que me amaba y que quería conocerme en persona. Cuando le avisé que estaba intentando planificar un viaje Aisha dio marcha atrás y me pidió que no lo hiciera porque ella, me explicó, justo se había presentado para un trabajo en el estado y no quería que mi visita pudiera interferir. Quedamos en postergarlo. En eso estábamos cuando me contó que <b>su madre la había golpeado con violencia </b>cuando discutían por nuestra relación. Me asusté. Yo sé lo que es la violencia en el hogar por lo que viví con mi ex pareja y le dije que me iba a alejar un poco para que ella solucionara pacíficamente las cosas con su madre”.</p><p>Los padres de Aisha están divorciados desde hace tiempo y ella vive con su madre y una hermana: “El único hermano varón también las abandonó”, relata Carlos. Los varones de la familia son, en estas culturas, demasiado importantes y su abandono puede generar una situación de indefensión.</p><p>Le pregunto a Carlos, muy intrigada, cuál es el problema de hacer una videollamada en tiempo real. Al menos así se verían en movimiento, más naturalmente y en vivo. Explica Carlos que “la videollamada es como un tabú para ellas. No se hace por respeto para no llegar a más cosas. <b>Solo hablamos y nos mandamos fotos</b>. Ella es mucho más estricta que yo por la crianza. Un día Aisha lloraba y yo llegué a escuchar a su mamá gritando detrás de ella. Se le notaba la voz muy alterada por la ira. Instaba a su hija a ser fuerte porque me iba a prohibir la entrada a Egipto e insistió en que podía matarme. Aisha se defendía y le decía que éramos solo amigos, pero su madre respondía que no quería ni amistad ni nada porque <b>yo manchaba su reputación</b> por ser un hombre impuro. Mi impureza ensuciaba a su hija”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/NZUWN2MY2NEHLF7O5JUZ7NGP3Y.jpg?auth=150c40e6be3aea4c6549c18075e63690ee17bf2b21ff33aea0b96eac9263d7c3&smart=true&width=1456&height=816" alt="Carlos no consiguió hacer una videollamada para ver en tiempo real a la mujer de sus sueños, que solo ve en fotos (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><h2>El mundo de los imposibles</h2><p>Le pregunto a Carlos si sabe cómo se viste Aisha: “Usa el hijab en la cabeza, pero no se tapa la cara. Eso sí: tanto sus brazos como sus piernas tienen que estar cubiertos”. A pesar de estas limitaciones Carlos cuenta que<b> Aisha viaja bastante con su hermana</b>. Dice que estuvo de vacaciones en China desde donde le mandó fotos y videos.</p><p>Le expreso mi creciente desconfianza respecto del enamoramiento virtual y él se defiende: “Yo al principio decía que el enamoramiento virtual no existía. <b>Nunca creí que pudiera pasar, pero me pasó</b>. Cuando hablo con ella, me siento escuchado. Tenemos una conexión emocional muy fuerte y pasa algo extraño: cada vez que me siento mal física o espiritualmente, ella justo me escribe. A ella le ocurre igual. Es tal la conexión que tenemos. Incluso reconocemos lo que nos pasa por el tono de voz. Eso no lo había tenido nunca con nadie estando en el mismo lugar y frente a frente”.</p><p>Fue en 2023 que Carlos comenzó a insistir con ir a visitarla. Fantasearon un poco con vivir fuera de Egipto por la negatividad de la madre de ella frente a esta pareja. Las cosas se complicaron en el 2024 y verse en persona con Aisha es algo imposible en el corto plazo. No solo por la suegra intransigente sino también porque a Carlos <b>se le venció el pasaporte </b>y “desde julio de 2024 dejó de haber relaciones entre Argentina y Venezuela. Yo ya no podría viajar a Egipto. Tengo vencido el pasaporte, no hay embajada. Tengo residencia permanente en Argentina, pero tendría que ir quizá a Brasil para renovar mi pasaporte venezolano y debería disponer de más de 500 dólares. Un lío”.</p><p>El otro imposible que enfrenta es traer a su hijo que vive en República Dominicana y con quien tiene una relación fluida. “Con la madre me llevo bien, pero <b>no lo veo desde hace siete años.</b> Mi hijo también está indocumentado en República Dominicana. Él me reclama porque lo dejé allá, así que sueño con traerlo. Pero no siento culpa porque no es algo voluntario, son las tremendas circunstancias que nos tocan.”</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/LLIJFY7FNVHYDFEMFZAOD3KYOA.jpg?auth=be2cc7767c27ee9c4f13e28ac4fb2955b8852b39ada2c07df0983f5a034c4c6a&smart=true&width=1456&height=816" alt="Aisha suele viajar con su hermana y en unas vacaciones en China le mandó fotos y videos (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Para colmo hace un mes murió la madre de Carlos en República Dominicana y explica conmovido: “Falleció por una mala praxis. Le dio una convulsión después de ser mal intubada y se le cerró la tráquea. Eso me dijeron. Tenía 67 años”. Carlos enfrentó una depresión con todo lo que ha vivido en estos años y desliza que también le pesa mucho ver a sus pacientes tan enfermos: “Tuve que hacer terapia porque caí en una depresión. Muchos de mis pacientes tienen ELA, Alzheimer o enfermedades graves o mueren. Eso me bajonea”.</p><p>Lo cierto es que ahora cuenta que hace unas semanas Aisha le mandó un mensaje que es como una <b>despedida a la relación</b>: “Lo siento mucho por tí, por si te voy a causar algo malo, pero eres un hombre más fuerte que mi madre. Mi padre la dejó y mi hermano también. Necesito apoyar a mi familia y no causarle más sustos. Admito mi error de no dejarte o de prometer algo que no pude cumplir. Nunca lo dije como si fuera una mentira. Hay diferencia entre dejarte o alejarme. Si me necesitas aquí estoy. No dejo de amarte, pero tengo que pensar en mi familia”.</p><p>Carlos acepta que con estas palabras de Aisha quedó “muy dolido” porque las ve como una posible “despedida”.</p><h2>El futuro: ¿ficción o realidad?</h2><p>Retomemos el eje de la cuestión que es el amor: ¿qué espera Carlos de la vida y de su pareja virtual?</p><p>No lo sabe bien: “No sé si terminar esta historia o si insistir en ella. Se me hace un poco complicado. Me he puesto a pensar mucho en eso. Voy a terminar mi carrera y traerme a mi niño. Fantaseo con poder viajar a conocer a Aisha y también me encantaría que ella pudiera venir a vivir a la Argentina. Si quisiera, le mandaría un pasaje para venir. He conocido muchas chicas que están cerca, acá al lado, pero no siento lo mismo que me despierta Aisha. Ella me transmite tranquilidad, <b>su esencia es la calma</b>. Y no consigo con otras mujeres esa conexión emocional que te conté antes. No me enamoro de las chicas cercanas. Con Aisha entendí que el amor no solo es una emoción, sino también una transformación. Ella me mostró lo que significa sentir algo profundamente, incluso en la distancia. Comparto esta historia porque creo que muchas personas pueden entender lo que es <b>el dolor de amar a alguien y no poder estar juntos</b>, pero también la esperanza de que las circunstancias cambien”.</p><p>Le pregunto si no cree que su experiencia con la mujer golpeadora lo ha lastimado demasiado. Tanto como para hacerlo elegir una “relación virtual perfecta” que la realidad no tiene la oportunidad de deformar. No lo niega: “Quizá quedé tocado con mi historia anterior. Quizá haya sido tan violenta que cuando encontré esta tan tierna ya no quiero salir de ahí”.</p><p>La realidad siempre es menos moldeable que la tierra de los sueños donde quiere vivir Carlos. Por eso Aisha puede ser, por ahora, su mejor opción. Un refugio donde lamer sus heridas y prepararse para el futuro imperfecto.</p><p><i>*Escribinos y contanos tu historia. </i><a href="mailto:amoresreales@infobae.com" target="_blank"><i>amoresreales@infobae.com</i></a></p><p><i>* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas</i></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/TZC6ENIDSNEHPLXVNLCKF3CRMM.jpg?auth=7a4a77ddbb51f9b6b087730e85e09a775c013e43f4d7c81d6a8644f7af0b111d&amp;smart=true&amp;width=1456&amp;height=816" type="image/jpeg" height="816" width="1456"><media:description type="plain"><![CDATA[Amores Reales Carlos y Aisha - VisualesIA (Imagen Ilustrativa Infobae)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Se había consagrado a Dios, sintió atracción por otra monja y un beso lo cambió todo: el vívido recuerdo de un gran amor]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2025/02/09/se-habia-consagrado-a-dios-sintio-atraccion-por-otra-monja-y-un-beso-lo-cambio-todo-el-vivido-recuerdo-de-un-gran-amor/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2025/02/09/se-habia-consagrado-a-dios-sintio-atraccion-por-otra-monja-y-un-beso-lo-cambio-todo-el-vivido-recuerdo-de-un-gran-amor/</guid><dc:creator><![CDATA[Carolina   Balbiani]]></dc:creator><description><![CDATA[En su casa no solían ir a misa ni se rezaba a la hora de comer, pero en la escuela católica a la que asistía encontró la protección que necesitaba. Con 17 años, al regresar de un retiro espiritual, decidió irse de su casa para tomar las hábitos, a pesar de la oposición de su familia y amigos. Las ilusiones depositadas en esa vida religiosa perfecta se mantuvieron hasta que llegó la monja Mercedes en su Renault 12]]></description><pubDate>Sun, 09 Feb 2025 03:45:23 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/KN2D5CMRFJFLBKLL6OCGKMEDPI.jpg?auth=f5d1cd29563626a718d6856ff7a78a3056b8e05216bb29c61f4447b29ac7bd96&smart=true&width=1456&height=816" alt="María, en un retiro espiritual que la decidió a consagrar su vida a Dios (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>María tenía 17 años cuando se escuchó por primera vez. Una voz en su interior le repetía su vocación religiosa. Hasta entonces había sido una adolescente corriente, con novios, salidas y amigas, pero ahora <b>quería ser monja</b>. Dedicar su existencia a Dios y a los más necesitados.</p><p>Esto desató en su vida una revolución interna y externa, más digna de los infiernos que de los paraísos.</p><h2>Antes de soñar con el “hábito”</h2><p>Era la menor de tres hermanos de una familia de clase media porteña donde la educación era relativamente importante. Los dos varones mayores se educaron, de principio a fin, en la escuela pública, pero para María su madre quería algo distinto. Para la secundaria de su hija escogió un <b>colegio privado religioso </b>en el barrio de Flores de la ciudad de Buenos Aires. Fue así que María descubrió el mundo de las monjas, esas mujeres consagradas a Dios que se vestían de pies a cabeza de blanco. Por esos años tuvo varios novios. El primero a los 14.</p><p>En su casa no se rezaba a la hora de comer, no se iba a misa y la religión no era algo importante, pero para María, poco a poco, comenzó a serlo.</p><p>A través de las hermanas, su contacto con la religión se volvió profundo e intenso, y no demoró en aflorar la idea de su vocación religiosa.</p><p>“Era como un sistema natural de captación de voluntades. Tenía 15 años cuando la hermana que llegó a la escuela para comandar la rectoría me captó. Llamó mi atención de manera total. Calculo que yo tenía carencias maternas que me hicieron más vulnerable y ella, con habilidad, me fue llevando. <b>Yo buscaba protección</b>, una madre contenedora, lo que no tenía en casa. Porque, en ese tiempo, <b>mi mamá era alcohólica,</b> no me prestaba atención y andaba como ausente en mi vida. La falta de presencia materna, como veía que tenía el resto de mis amigas, me hacía sentirme muy sola. Era claramente una adolescente susceptible de ser cooptada. La que se había convertido en mi protectora me invitó a un retiro que hacían en la provincia de Córdoba, donde había un noviciado. Cuando volví de ese retiro espiritual ya lo tenía decidido: <b>me iría de mi casa para tomar los hábitos</b>. Habían conquistado mi punto más vulnerable. Así fue que <b>a los 17 años decidí ingresar en la congregación </b>donde pasaría casi nueve años. Entré con ideales de cambiar el mundo y de vivir al servicio de los que más lo necesitan”.</p><p>Esa decisión de María requería una comunicación urgente. El siguiente paso fue anunciarlo a su familia.</p><p>“Fue un bombazo contarlo en casa. Mi mamá se opuso desde el primer momento. Yo le respondí, muy bien asesorada por las hermanas, que si no me dejaban iba a realizar una <b>presentación judicial </b>para vencer toda resistencia. No solo se oponían mis padres, también mis amigas que fueron a hablar con mis hermanos quienes intentaron hacerme razonar. Pero las hermanas religiosas me habían preparado para esto: me habían explicado que tenía que resistir y evitar todas las tentaciones demoníacas, obstáculos que los demás me pondrían en el camino. Estaba ciega y así lo hice. Mi hermano mayor me lleva diez años y se mostró totalmente en contra de mi decisión. Me habló mucho, me rogó. En realidad, todos hicieron lo que tenían que hacer para que yo viera lo que no podía ver y no vi. <b>Tenía mis ilusiones y expectativas depositadas en esa vida religiosa perfecta </b>que me prometían y no me pudieron mover de ahí”.</p><p>Incluso uno de sus novios de adolescencia, hermano de una de sus compañeras, se atrevió a ir al colegio a hablar con las religiosas para pedirles que dejaran tranquila a María. No sirvió de nada.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/GTEBAWVVOVEZJF37QFJXNTLZ7Y.jpg?auth=f33a5dc32bd5015747d9a3e84f0eeb218c6bde9af7a004266f5fd2f65077e5e7&smart=true&width=1456&height=816" alt="María conversó con sus padres sobre su decisión, ya asesorada por las hermanas (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>María no puede evitar reflexionar sobre lo que acaba de contar de su decisión adolescente: “Hoy, después de muchos años de terapia, veo que ingresar al convento fue también <b>una manera de escaparme,</b> de evadirme del abandono que sentía. De situarme en un refugio donde seguir siendo niña. Ese lugar que elegí, en sociología, se llama sociedad total, porque es un sitio donde vos encontrás todo sin tener que salir.<b> Te aniñás para siempre porque no manejás dinero, tenés que pedir permiso para cada cosa que hacés y perdés contacto con la realidad</b>. Te infantilizás y evitás crecer. Crecer era mi terror”.</p><p>Nadie pudo con su convicción: María se haría monja.</p><h2>Dentro de los muros del convento</h2><p>El 28 de enero de 1990 María se subió a un ómnibus con destino a la ciudad de Córdoba. Su madre y una amiga de su madre la acompañaron hasta el noviciado.</p><p>De ese viaje de muchas horas por la ruta casi no recuerda nada. Iba como encandilada.</p><p>“Al principio de mi vida en comunidad me sentí contenida. Yo era postulante, el primer paso para ser monja, y éramos seis compañeras. Algunas de la misma edad, otras más grandes. Nos hicimos amigas. Vivíamos en la casa generalicia, un convento bastante moderno donde las postulantes teníamos un sector de habitaciones. Había, además, una capilla, el comedor, un jardín inmenso y, en un edificio aparte, estaba la comunidad de la superiora general y sus consejeras. Dentro del convento<b> todo se maneja como un gobierno</b>. Todo está regulado: la economía, el comportamiento, la educación. Es, como te dije antes, una sociedad total que funciona con independencia de todo reglado externo. De hecho, hay una estricta constitución propia que rige dentro de la congregación”.</p><p><b>Ese primer año fue entretenido</b> para María. Ir y venir entre mujeres vestidas con sus hábitos blancos de mangas largas y velos negros o blancos -según su grado de compromiso- la hizo sentirse protegida. Con eso le alcanzaba para la felicidad. Al menos por ahora.</p><p>Se levantaban <b>a las seis de la mañana </b>y lo primero que hacían era <b>asistir a misa</b>. Luego, desayunaban y rezaban. Terminadas las plegarias se dirigían a las tareas que tenían asignadas. La campana indicaba la hora del recreo y de sentarse a tomar mate con el resto.</p><p>En este punto María salta y remarca: “Comías, comías y comías. En todos los años que estuve <b>engordé como treinta kilos</b>. Entré flaca con menos de 52 y <b>¡salí pesando 80! </b>Eso es un desastre alimenticio. Comíamos alimentos muy calóricos y teníamos cero actividad física. Terrible”.</p><p>En el verano solían ir a la casa que la congregación tenía en las<b> sierras cordobesas</b>. Cada tanto las postulantes, si estaban solas, se bañaban en el río: “Nunca podías mezclarte con las más grandes”, aclara María, “Pero era un soplo de libertad”.</p><h2>De votos y pecados veniales</h2><p>Al año, cuando terminó el postulado y antes de entrar al noviciado, le mandaron a confeccionar su <b>primer hábito</b>. Al tomarle las medidas, la monja/modista le dijo muy sorprendida: “¡Cuánto hace que no veo a alguien flaco! Eso ya lo vamos a arreglar”. María recuerda no haber entendido el comentario. Años después, dice, sí que lo comprendió.</p><p>“Como te dije antes yo pesaba unos 52 kilos en ese momento. Pero cuando dejé la congregación estaba enorme con treinta kilos de más. Te sonará raro pero adentro no estaba bien visto ser flaca y ¡tampoco ser porteña!”, se ríe María. A pesar de su sonora risa, cuando dice “adentro” percibo que transmite otra palabra que podría ser “encierro”. Un encierro voluntario, claro.</p><p>Cuando comenzó el <b>noviciado</b>, etapa que dura dos años, comenzó a usar ese <b>hábito con velo blanco</b>. Todavía la ilusión brillaba.</p><p>“Estuve en una casa de campo viviendo con mis seis compañeras, más otras seis que estaban en segundo año, y con una superiora a la que recuerdo con mucho afecto. Pasamos momentos agradables y nos divertíamos bastante. A veces<b> trasgredíamos algunas reglas</b>. ¿Cuáles? Pavadas. Por ejemplo, decir que íbamos a un lado e íbamos a otro y de paso <b>nos tomábamos una cerveza</b>. Creo que esas pequeñas cosas nos salvaron de la locura”, afirma. María no habla con dramatismo, conversa con soltura. Se nota que valora ejercer la libertad de palabra y de movimiento. Es algo que aprendió con las vueltas de la vida y la terapia sostenida.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/KYFOGRZSQVHILG72A7RI2XZH4M.jpg?auth=fefb8b521f7c03195d5dc0cbd6d2f2058f3402a956e7c3b7a700e4edf9b3d94e&smart=true&width=1456&height=816" alt="Cuando comenzó el noviciado, empezó a usar el hábito blanco (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>“Yo era rebelde y esos años me costaron mucha salud mental. Empecé a ver cosas que me parecían contradictorias. La congregación tiene como carisma, desde su fundación, educar para la libertad. Pero absolutamente <b>todas las cartas que me llegaban venían con el sobre abierto</b> y habían sido leídas por mis superioras. El teléfono tenía candado. Si te llamaba tu mamá siempre había alguien al lado tuyo escuchando. No podías salir a la calle sin permiso, nada podías hacer sin permiso. De alguna manera quieren quebrar tu voluntad y que no busques la libertad. Que te sometas a la obediencia. Yo veía la paradoja y, con el paso del tiempo, empecé a cuestionar lo de los votos de obediencia.”</p><p>Terminado el noviciado empieza el “juniorado” y las hermanas hacen sus primeros votos temporales por tres años: <b>obediencia, castidad y pobreza</b>. Al cumplirse ese lapso, los renuevan por otros tres años. Luego, llegan los votos permanentes. María siguió el camino previsto y tomó sus votos: “Hasta que no pasan los tres primeros años y hacés los votos temporales, <b>no podés volver a tu casa</b>. Mi mamá fue a verme una vez, mi papá y uno de mis hermanos también. Se podían quedar en un ala apartada del edificio y pude compartir algo de tiempo con ellos, no mucho. En esos primeros años, en realidad, casi no los vi. Además, llamar por teléfono resultaba carísimo”.</p><h2>La monja del Renault 12 y un eufemismo</h2><p>“Pasados unos años en la congregación ocurrió lo que puso <b>mi vida patas arriba</b>. Yo tenía 20 y ya había realizado mis votos temporales. Vivía en la casa general, trabajaba en el colegio y estudiaba. Hasta que un día, estando de vacaciones en la casa de las sierras, llegó a nuestra comunidad una hermana que venía desde Misiones. Se llamaba <b>Mercedes</b>. Era bastante más grande que yo, tenía 35 años, y ya había tomado los votos perpetuos. Desde la primera vez que la vi, llegando en su Renault 12 gris, mi vida no volvió a ser la misma. <b>Apenas nos miramos surgió algo muy especial entre nosotras</b>”.</p><p>En un momento de ese primer día tuvieron que ir a buscar unos cubiertos a otra casa cercana. Fueron caminando Mercedes, bajita, rubia de ojos claros y ascendencia alemana, con María, la porteña alta de pelo castaño. Pegaron onda de inmediato.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/ZOLGUH26D5EVVDSRRQPKHMM5F4.jpg?auth=2e96c4195c09c1f177dfc925663655c3a489fd7b26ae68970c243e4547a22346&smart=true&width=1456&height=816" alt="Cuando la monja Mercedes llegó con su Renault 12 se volvieron inseparables (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>“Ella era docente y toda su formación había sido dentro de la congregación. Mercedes venía de una familia muy humilde. Con los años deduje que, quizá, entrar en el convento había sido su salida para escapar de la miseria. Así como en mi caso el motivo fue huir de una realidad familiar.”, confiesa María.</p><p>Al tiempo, dejaron la casa de las sierras y volvieron a la ciudad de Córdoba para retomar sus actividades habituales. María dormía con las “junioras” (las que ya habían hecho los votos temporales) y Mercedes en el área de las monjas más grandes. Para este tiempo ellas ya se habían convertido en <b>amigas inseparables.</b></p><p>“Obviamente éramos monjas, estábamos en un convento, por lo cual disfrutamos de lo que creímos era una hermosa amistad. Pero esa amistad fue creciendo con el paso del tiempo. Nos volvimos muy apegadas y casi que no podíamos no estar juntas. Queríamos compartirlo todo. Cada una tenía su actividad. <b>Ella era directora de la primaria </b>y hacía el profesorado a la noche. Nos las ingeniábamos para vernos en las horas que teníamos actividades en común, pero no nos alcanzaba y buscábamos más excusas para vernos en todo momento. Queríamos pasar tiempo juntas, charlar a solas. A veces la iba a buscar, medio a escondidas. También íbamos los sábados y domingos al colegio porque no había nadie. Recuerdo nuestras largas caminatas por las calles del barrio, haciendo compras y otras diligencias. Siempre queríamos estar una al lado de la otra, en la mesa, en el auto. <b>Teníamos una fuerte atracción física.</b> Buscábamos todo el tiempo el contacto casual de las piernas, de las manos, de las miradas. Nos sentábamos en el piso del colegio y accidentalmente nos rozábamos, siempre con miedo. Vivir una amistad así en un convento no es nada fácil, porque enciende todas las alarmas. Enseguida te comienzan a observar con detenimiento. Ella tenía pavor, yo lo notaba, pero no decíamos nada. De nada de eso se hablaba, solo intentábamos vernos y estar juntas”.</p><p>María explica, no sin ironía, que estas relaciones estaban terminantemente prohibidas en la constitución de la congregación y tenían un nombre concreto: <b>amistades particulares.</b> “No podías tenerlas. Pero de eso no se hablaba. En realidad era un eufemismo para no mencionar el lesbianismo”, admite.</p><p>Es que las amistades particulares con acceso carnal son consideradas un<b> pecado mortal</b>. Gravísimo. No lo dice ella. Lo digo yo y con riesgo de equivocarme. Pero no me quiero adelantar, porque todavía no había pecado, solo existía el deseo. Las atravesaban los inconfesables “malos pensamientos”.</p><p>Lo cierto es que, rápidamente, a María y a Mercedes las empezaron a observar. Pasaban demasiado tiempo juntas. <b>Llamaron a Mercedes y le advirtieron que pusiera distancia prudencial con María.</b></p><p>La amenaza no funcionó. María no se asustaba fácil.</p><p>“Con cierto temor y todo<b> seguimos encontrándonos en secreto</b>. No dimos mucha bola”, reconoce, “Porque nosotras defendíamos nuestra amistad que era pura, transparente, amorosa, no había nada que ocultar… Hasta que sí hubo algo que ocultar”, revela.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/VOVUP3N7W5FGLJGBHFXD745Z7A.jpg?auth=490194971f251dfe8b30741135b22658c244ea7eaad241557d8b7e9ec9326e9b&smart=true&width=1456&height=816" alt="A pesar de las advertencias, María y Mercedes continuaron encontrándose en secreto (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><h2>El amor prohibido</h2><p>Todo ocurrió un fin de semana de descanso en la casa de las sierras de la congregación, la misma donde se habían conocido.</p><p>“Es una casona estilo inglés, ubicada en la punta de un cerro, con balcones bellísimos mirando al río. Un paraíso. Fuimos varias hermanas. La casa es muy grande. Mercedes y yo buscamos compartir dormitorio y justo se dio que en el nuestro no había durmiendo nadie más. Ya habíamos viajado juntas a campamentos y a encuentros religiosos a otras provincias, pero esta vez fue distinto. Esa noche cuando nos fuimos a dormir, nos pusimos a charlar como siempre, pero en el aire se respiraba electricidad, tensión. Atracción pura. De alguna manera, nos fuimos acercando cada vez más. Parecía que mi corazón se me iba a salir de lugar y <b>me temblaba el cuerpo.</b> A ella también le pasaba lo mismo. Hasta que <b>estuvimos tan cerca que nos besamos</b>. Fue el beso más tierno y dulce que jamás experimenté hasta el día de hoy. Un beso tembloroso, lleno de amor, lleno de miedo, lleno de culpa. Besos y caricias con las que nos descubrimos. Fue como salirse fuera del tiempo y del espacio. Nada nos importó más que ese momento en que finalmente se rozaron nuestros labios… Aunque las circunstancias no nos permitirían vivir ese amor mucho tiempo más”.</p><p>¿Hasta dónde llegaron sexualmente? María, sin tapujos ni falso recato, aclara que hasta dónde pudieron: “Pensá que para dos monjas ya era un montón besarse y tocarse de esa manera”.</p><p>Los besos y tocamientos prohibidos por la constitución religiosa siguieron durante casi un año: “Si no se avanzó más fue porque ella no podía hacerlo. La culpa era más fuerte. Era reticente, aunque me quería con locura. Lo sé bien”.</p><p>Lo cierto es que a pesar de los cuidados el enamoramiento trascendió al secreto de a dos. O quizá era visible en sus ojos iluminados.</p><p><b>El murmullo de lo que pasaba entre ellas provocó que a Mercedes la trasladaran,</b> de manera intempestiva, a otra ciudad de la provincia. Ocurrió en menos de veinticuatro horas y, cuando se lo anunció, María dice que pensó que moriría de dolor. Mercedes, en cambio, logró mantenerse en su eje de apariencia inmutable. “Ella era muy fría, pero yo lloraba”, recuerda María, “Cada una en una comunidad distinta intentamos mantener la comunicación. Nos escribíamos, nos hablábamos como podíamos. Si hubiera habido celulares, como existen ahora, todo podría haber sido distinto. Cierto es que <b>ella no tuvo el valor de vivir ese amor,</b> de dejar todo y fluir con lo que sentíamos. Una vez, estando las dos paradas en una escalinata del colegio en el que trabajábamos y antes de que nos separaran de esa manera, me dijo: ‘Nada, absolutamente nada de lo que sucede alrededor me importa más que vos’. Nunca más en mi vida volvieron a decirme algo tan fuerte”, admite María emocionada.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/FSLH2ECMNVD47MTXT2MBQS44I4.jpg?auth=9fb6c2d2ef8d99ccbeee2a97554394e28739caaab20395487f8e0b06106cd1af&smart=true&width=1456&height=816" alt=""‘Nada, absolutamente nada de lo que sucede alrededor me importa más que vos", le dijo Mercedes al despedirse (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>A partir de ese momento la relación fue por carta y teléfono. “Con mis compañeras no hablábamos del tema, pero algunas de ellas fueron cómplices llevando y trayendo cartas y cassettes grabados. Le enviaba a Mercedes canciones cantadas por mí, ¡hoy serían como podcasts!”.</p><p>Nunca más se volvieron a ver hasta que María dejó el convento.</p><h2>Separadas por las normas</h2><p>María siguió adelante como pudo dentro de la congregación. Hasta<b> llegó a realizar sus votos permanentes</b>. Fue trasladada a Mendoza para dirigir una escuela. Sus dudas y rebeldías las llevaba enquistadas en algún sitio de su esqueleto y se hacían sentir.</p><p>En el año 1999 María tenía casi 27 años y estaba con atención psicológica y psiquiátrica y <b>medicada por depresión</b>. Estaba en crisis. Un día de esos tocaron el timbre de la casa donde vivían con otras monjas. Traían algo, pero ella observó que la hermana que había ido a atender la puerta había vuelto con las manos vacías. Le pareció muy curioso.</p><p>“Yo estaba en alerta y sospeché de ese movimiento. Cuando la madre superiora se fue a hacer unos trámites al centro, fui directo a su habitación y entré. Era algo que no debía hacerse, pero no me importó nada. Me introduje en su cuarto y revisé todo. Era como una película y yo me había convertido en detective. Busqué por todos lados hasta que encontré en un ropero una caja forrada con papel floreado. La abrí y descubrí que estaba <b>llena de cartas dirigidas a mí.</b> Cartas de amigas y muchísimas de Mercedes que nunca me habían dado. Todas abiertas. Agarré la caja con su contenido y corrí a encerrarme en mi habitación. Me puse a leer página por página. Cuando llegó la superiora se armó una discusión muy fea. Me gritó que qué había hecho, que yo era la manzana podrida. Enloquecí y le contesté sin reparos. Le recriminé que era una monja retrógrada que violaba mi intimidad. Le dije, además, que <b>abrir correspondencia ajena constituía un delito.</b> Esa misma tarde hablé con la superiora general y le avisé que me iba, que dejaba la vida religiosa. Me había ayudado mucho que mi psicóloga no era de la congregación sino alguien ajeno. Ella fue la primera que me dijo que me tenía que ir de inmediato de la congregación y me derivó con un psiquiatra quien me medicó con antidepresivos. Yo no tenía ganas de vivir y no hablaba con nadie, ni con mi familia, al respecto. Encontrar esa caja se convirtió en el<b> momento bisagra de mi vida </b>porque me permitió dar el portazo que tanto necesitaba”.</p><h2>Volver al mundo</h2><p>María advierte que la decisión de dejar los hábitos siempre es dura: “He visto a muchas monjas enfermar psiquiátricamente. Si te pasás cuarenta años adentro es como que no podés irte nunca.<b> Sentís que no sos nada ni nadie cuando te sacás el hábito</b>. Si a mí me costó después de casi nueve años volver a insertarme en la sociedad, no quiero pensar qué pasa cuando son décadas. Cuando salís en tu vida hay un agujero inmenso, imposible de llenar”.</p><p>Ese día de 1999, después de la pelea, las cosas cambiaron de rumbo. Ya no habría más una monja, normas y votos sino una joven común que tendría que ver qué hacía de su vida. Su superiora le consiguió el dinero para el pasaje de avión y para comprarse ropa para quitarse el hábito y poder volver a la calle. María relata divertida que, en ese momento, contó con el apoyo de sus queridas alumnas quienes la acompañaron a elegir y comprar lo que se iba a poner. También fueron a despedirla al aeropuerto mendocino de El Plumerillo. En Aeroparque la esperaban su madre y un hermano.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/U5H2FDUZTVEMREIWIT7XNGHINU.jpg?auth=66bec65271a7a593352045cf21366bde5ffa92fffedd9113bd3f612c58c8f1d2&smart=true&width=1456&height=816" alt="María terminó dando un portazo a la congregación y enfrentó su nueva vida (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>“Estaba tan confundida y mareada... Era rarísimo. Mi hermano me dio un abrazo inmenso y me dijo bienvenida. ¿Lo ocurrido con Mercedes? No se lo conté a nadie. Eso me lo guardé”, rememora, “El retorno no fue nada fácil. Me puse en contacto con gente y conseguí empezar a dar clases. Entré un tiempo después en un grupo de investigación sobre educación. Y bueno, <b>me fui reciclando</b>. Cuando volví yo ya había perdido la noción de lo que era el dinero así que cuando cobré mis primeros sueldos hice desastres”.</p><p>La casa familiar que encontró María a su retorno no era muy distinta de la que se había ido. Aún así dice: “Sentí una mezcla de liberación y frustración. Mi recuperación, con terapia de por medio, fue un proceso lento. Estaba quebrada, pero <b>mis padres fueron contenedores</b> y fue sanador”.</p><h2>Ese sentimiento inolvidable</h2><p>Una vez fuera del convento <b>siguió comunicándose con Mercedes</b>. Ella, finalmente, accedió a verla y la invitó a la casa de su familia en la provincia de Misiones. María no dudó y viajó.</p><p>“Fui de visita, pero no pudimos retomar nada. Encontré en ella una barrera, ya no era lo mismo. Ella vivía lo nuestro como un pecado. Cuando intenté acercarme me dijo: ‘Para mí esto es un error’. Respeté su decisión y no quise perjudicarla más. Por el afecto que le tengo no quise lastimarla, la liberé. Mercedes no pudo o no supo cómo seguir y yo lo acepté. Reconozco que me fui decepcionada de Misiones, pero ya estaba. La única opción que había era mantener una amistad y seguir con mi vida”.</p><p>La amistad siguió adelante. “Nos encontramos muchas veces más en Buenos Aires, cuando ella venía a hacer cursos. La relación se circunscribió a una amistad. Yo había dejado atrás la congregación, las ilusiones de construir un mundo mejor y, también, al amor que no fue y que podría haber sido. <b>Nunca más tuve relación con otra mujer ni me atrajo otra mujer.</b> <b>Estoy casada, tengo hijos y mi vida siguió su curso con tranquilidad.</b> No hablé de mi historia con Mercedes con nadie, solo le mencioné algo a mi compañero actual pero sin demasiado detalle. Un par de años después de dejar el convento conocí al padre de mi hija que hoy tiene 22, pero la pareja no funcionó. En el 2005 encontré en mi camino a quien es hoy mi marido. Con él tuve a mi hijo varón de 16 años y completamos una familia muy linda. A Mercedes la seguí viendo por bastante tiempo más. Ha venido a mi casa de visita, a tomar café y conoció a mis chicos. <b>Creo que ella sintió celos cuando me casé y tuve a mis hijos,</b> pero jamás expresó nada. Le cuesta hablar. Es rígida y muy severa con ella misma. Nos seguimos tratando de esa manera hasta que cometí el error de comentarle que tenía ganar de contar mi historia, quizá de escribir un libro. Eso la descolocó totalmente y la puso muy mal. Me pidió, por favor, que no lo hiciera. Le dije que jamás la nombraría, que no se preocupara. Pero se aterrorizó y nunca más me volvió a responder un solo mensaje”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/QGIO6GHYINC5JMN2HO7Q7MO23Y.jpg?auth=76a89a5eb114ef0223a778e550dbb07397671c281539362631abaf27b69ef865&smart=true&width=1456&height=816" alt="María fue a visitar a Mercedes a la casa de su familia en Misiones (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Eso ocurrió en el año 2019.</p><p>Dice María en forma de balance sobre su vida como monja: “Lo que se vive dentro de un convento, tras los muros, es siempre un misterio. Hay muchas vivencias dolorosas porque <b>se vive en un mundo paralelo</b>. A mi parecer hay muchas personas heridas dentro de ese corset de reglas y, de eso, poco o nada puede salir bien”.</p><p>Le pido que para cerrar que hablemos un poco del amor, del gran amor. Lo piensa. “<b>Jamás la olvidé</b>. <b>Dicen que el verdadero amor llega una vez en la vida. </b>A veces pienso que a mí, tal vez, ese amor me llegó en el lugar y en el momento menos oportuno. A mi marido lo quiero y tenemos una relación hermosa, pero la verdad es que nunca más volví a sentir lo que experimenté en aquel tiempo. También es cierto que el sentimiento quedó anclado tan profundo y de esa manera por lo que no fue, por la prohibición, porque no hubo desgaste, porque no se pudo vivir. Quedó fijado como algo idílico. Pero sí, nunca volví a sentir algo con esa misma intensidad”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/VMBF3OCTUNCIPO33FYX2SN67EA.jpg?auth=af4cea6de8f84dda5f7800d3b7dc213a3f0faa304f640f4608c47f7bcaa0cad5&smart=true&width=1456&height=816" alt="María cree que Mercedes sintió celos cuando ella se casó y tuvo hijos (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>María narra su historia con una frescura sorprendente. No pareciera habitarla hoy ningún resentimiento por lo atravesado sino que se muestra acunada por la mágica mano de la aventura de seguir viviendo. Está claro. Nunca olvidará a Mercedes. Pero ya, a esta altura, todos sabemos que nadie olvida al primer gran amor.</p><p><br/></p><p><i>*Escribinos y contanos tu historia. </i><a href="mailto:amoresreales@infobae.com" target="_blank"><i>amoresreales@infobae.com</i></a></p><p><i>* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas</i></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/VOVUP3N7W5FGLJGBHFXD745Z7A.jpg?auth=490194971f251dfe8b30741135b22658c244ea7eaad241557d8b7e9ec9326e9b&amp;smart=true&amp;width=1456&amp;height=816" type="image/jpeg" height="816" width="1456"><media:description type="plain"><![CDATA[Amores reales, monjas enamoradas - VisualesIA (Imagen Ilustrativa Infobae)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Se obsesionó con su cuñada y como siempre lograba lo que quería, cruzó límites, al borde de una conducta inapropiada]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2025/02/02/se-obsesiono-con-su-cunada-y-como-siempre-lograba-lo-que-queria-cruzo-limites-al-borde-de-una-conducta-inapropiada/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2025/02/02/se-obsesiono-con-su-cunada-y-como-siempre-lograba-lo-que-queria-cruzo-limites-al-borde-de-una-conducta-inapropiada/</guid><dc:creator><![CDATA[Cynthia Serebrinsky]]></dc:creator><description><![CDATA[Martino tenía la vida perfecta: familia, carrera y todos sus objetivos cumplidos. Pero un día vio en su cuñada “algo diferente” que lo cambió todo. Gala se caló tan hondo en sus pensamientos como en su rutina. Primero se enamoró, luego se obsesionó y, a espaldas de la madre de sus hijos, vivió una romántica “locura” intrafamiliar]]></description><pubDate>Sun, 02 Feb 2025 04:12:35 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/BRBHQMXADJCW5CHQVRJQTRUN6A.jpg?auth=36dfb348be19686e39bfa06c531770e628664d87cb0160f2d47c23ba4b8be771&smart=true&width=1456&height=816" alt="El vínculo entre Martino y Elena era estable, pero al descubrir a Gala se alteró su idea de la felicidad (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>¿Qué nos define? ¿Lo que tenemos o lo que deseamos? Él no lo sabía. Nunca había pensado en la vida de esa forma hasta que una mujer comenzó a sacudir los cimientos de todo lo que había construido. No en el sentido dramático o superficial de una aventura fugaz, sino en algo más profundo, más perturbador. Algo que amenazaba con deshacerlo todo: <b>el amor imposible.</b></p><p>“¿Sabés qué es lo peor de estar enamorado de alguien que jamás te va a mirar? Que no lo podés dejar ir, aunque te lo pida el cuerpo. Estás ahí, atrapado, esperando una señal, un mínimo gesto que te dé esperanza, y en el fondo sabés que no va a llegar. Yo lo sabía, pero a la vez no podía dejar de perseguirla. Tal vez, lo que más me dolía era que<b> mi deseo no se agotaba.</b> Al contrario, con cada rechazo se volvía más grande. ¿Es posible enamorarse de alguien que no te pertenece? Claro que lo es. Y ahí es cuando te das cuenta que el amor no tiene nada que ver con la reciprocidad. No se trata de ser correspondido. Se trata de la necesidad de que esa persona esté cerca”, se desahoga Martino como si charlara con su propia consciencia.</p><p>Martino era un hombre al que muchos admiraban, sobre todo por sus éxitos laborales y su carisma. Logró lo que se supone que toda persona quiere: una carrera exitosa, una familia soñada, una casa lujosa, y la tranquilidad de vivir en un entorno que más de la mayoría envidiaría. <b>Su esposa, Elena, era la mujer perfecta.</b> La conoció durante un posgrado cuando ambos estudiaban en una universidad extranjera, y aunque las circunstancias de su encuentro no fueron extraordinarias, él siempre había considerado que ella era ideal para “sentar cabeza”. Elena era inteligente, comprensiva, venía de una familia judía acomodada y lo había acompañado en su ascenso profesional sin pedir nada a cambio. Juntos, habían formado una familia, criado a su hijo de un matrimonio anterior y tenido dos más. Viajes a lugares exóticos, cenas elegantes, amigos influyentes. Vivían en un mundo de lujo y confort.</p><p>Sin embargo, todo esto se tambaleó cuando descubrió a Gala, la<b> hermana menor</b> de Elena.</p><p>Al principio, Martino apenas reparó en ella. Gala era diferente, eso estaba claro desde el primer momento. A diferencia de su hermana, que siempre parecía tener todo bajo control, Gala era una mujer que<b> desbordaba una frescura imperturbable</b>. Era sexy de una forma natural, no como las mujeres que había conocido en su mundo, sofisticadas y calculadoras. Gala no necesitaba los trajes perfectos ni los discursos ensayados para deslumbrar a los hombres; su sola presencia lo hacía.</p><p>Una tarde de verano, Martino la vio en una reunión familiar, sentada en el piso, junto a la piscina. <b>“Esa fue la primera vez que realmente la vi”</b>, explica extasiado incorporando sus manos. Gala estaba tomando una copa de vino, conversando con su hermana, y “sin querer”, Martino se quedó observándola. Algo en ella lo atrajo de inmediato. La forma en que su risa parecía tan sincera, su postura relajada, cómo se movía con una elegancia despreocupada. La mirada en sus ojos era el tipo de mirada que le hacía pensar que ella sabía lo que quería sin necesidad de decirlo, “una mirada que acariciaba”. Lo que sentía por Elena, su esposa, “estaba bien”, pero <b>había algo en Gala que hacía que su corazón latiera de manera diferente. “Me volví a sentir vivo”.</b></p><p>La primera vez que él se atrevió a escribirle fue un viernes a medianoche, en uno de esos viajes de negocios en que sentía que la rutina lo había devorado. Al estar lejos de casa era más fácil “pecar”. Mientras su esposa estaba en una cena con amigos, y sus hijos disfrutando del fin de semana con sus abuelos, Martino estaba solo frente a la pantalla, y un<b> impulso irracional </b>lo llevó a buscarla en redes y tipear: “¿Despierta? Con razón vas a trabajar al mediodía. Yo aterrizando en Lima después de haber estado en Chile… garrón”, redactó él cómo si se tratara de una amiga con quien hablaba a diario. El mensaje fue impulsivo, una necesidad desesperada de escuchar algo de ella, aunque fuera algo insignificante. Pasaron los minutos. Nada. Martino “sabía” que estaba cometiendo un error, pero algo dentro de él le decía que no podía dar marcha atrás, como un chico encaprichado, sentía la tentación de desobedecer. “Además,<b> siempre logré todo lo que quise</b> y mi prepotencia me decía que también la iba a tener a ella”, asume algo avergonzado.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/THB5UY4I2BCRBMRXBKNRKVW7N4.jpg?auth=fa2fc9df9a7e6f12ef2349f830d04c3959ef8e011dfac1e4d6e966a938f4a96f&smart=true&width=1456&height=816" alt="Martino le escribió a Gala muy lejos de su casa, dominado por un impulso racional (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Cuando finalmente vio que ella lo leyó, sintió una mezcla de nervios y ansiedad. “Nada grave, sólo estaba leyendo. ¿Qué pasa?”, contestó Gala, sintiéndose rara y sin entender por qué el marido de su hermana de repente le escribía. La respuesta fue simple, casi fría, y tan casual que lo golpeó más de lo que esperaba. Y esos pocos caracteres encendieron la chispa del peligro. Gala no había rechazado su mensaje, no lo había ignorado, y eso fue suficiente para Martino. <b>“Sólo quería saber cómo estás. </b>No te interrumpo, ¿no?”, se atrevió él. “No, para nada. Todo bien. Estuve trabajando”, dijo a secas. La conversación siguió durante una hora más, siempre en tonos tranquilos, pero Martino no podía evitar notar cómo la presencia de ella, incluso a través de una pantalla, lo embriagaba. La forma en que escribía, cada palabra, cada respuesta, era un juego sutil que no podía dejar de interpretar. “A mí que nada ni nadie me sorprendía. Siempre era ‘el admirado’, ‘el elegido’, ‘el capo’ y ella me hacía sentir chiquitito”, describe achinando los ojos al mismo tiempo que junta sus dedos índice y pulgar.</p><p>A partir de ese mínimo contacto por chat, se volvieron compañeros virtuales: “Creo que era raro para ambos estar mensajeándonos pero era un tema que no tocábamos. A mí me fascinaba estar en contacto con ella y, creo, yo le hacía cierta compañía”. El primer encuentro físico después de ser “amigos por chat” ocurrió al cabo de unos días, una tarde de domingo, después de una comida en la casa de los suegros. Martino no planeaba nada, pero la oportunidad se presentó cuando Elena y los chicos fueron a pasar la tarde al country, en Pilar. Y Gala, que jamás frecuentaba los almuerzos familiares –siempre tenía otro tipo de prioridades, planes de mujer libre–, esa tarde “cayó” en la casa de sus padres. Al verla, Martino se dio cuenta de que <b>su corazón comenzó a latir con más fuerza</b>. Sus ojos se encontraron, y todo se paralizó por un momento. No importaba que estuvieran en la misma familia; lo único que importaba era lo que sucedía entre ellos.</p><p>“Hola”, dijo ella, sin intentar disimular la sonrisa pícara que se dibujó en sus labios. “Hola, Gala. Qué casualidad verte por acá”, contestó Martino. “Nada casual”, respondió, mientras se sentaba cerca de su cuñado, y agregó: “Estaba esperando que mi hermana te dejara solo. Es raro verte taaan… tranquilo”. Sus palabras fueron una mezcla de burla y curiosidad, y Martino no pudo evitar sentirse como si ella lo estuviera evaluando a través de una lente que él no entendía del todo. Ella sonrió y se zambulló en la piscina con una gracia natural. El agua parecía abrazarla como un segundo hogar, y Martino, atrapado en la imagen, sintió que <b>no podía quitarle los ojos de encima</b>. “¿Nunca te sentís como si fueras una marioneta?”, preguntó Gala mientras nadaba hacia el borde, dejándose ver de manera provocativa. Martino no sabía cómo responder. Sabía que las palabras de ella eran un reto. La manera en que jugaba con él, con una indiferencia que lo desarmaba, aumentaba su deseo por ella. <b>“A veces me siento como un actor en una obra que no elegí”, </b>se confesó él, y enseguida sumó: “Pero no sé qué hacer para cambiarlo”, sabiendo que la frase sonaba profunda, pero sin entender del todo por qué la había dicho. “Eso te hace más interesante, Martino. Pero cuidado, la vida no es una obra. Y las obras siempre terminan”, declaró haciéndose la poetisa y se volvió a hundir en lo más profundo. Salió de la piscina y, mientras se secaba el pelo, no dejó de mirarlo. A Martino cada palabra de Gala lo seducía; sentía como si lo tuviera atrapado con un lazo invisible. “Me tenía loco, hipnotizado”, dice todavía encantado.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/OFH6E53XIVFKNHGLJA4MB35JRI.jpg?auth=a57da62f36d93e555959ffdc86a5069d115cda630f8879875130db33c296bccb&smart=true&width=1456&height=816" alt="Martino no podía quitarle los ojos de encima a Gala (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Los siguientes intentos de Martino por acercarse a Gala fueron discretos, casi inocentes, como si se tratara de un simple coqueteo sin mayores implicancias. Pero al poco tiempo, su actitud se fue transformando. La distancia entre ellos, más que ahuyentarlo, lo acercó. La ausencia de respuesta y la indiferencia de Gala fueron el motor que impulsó su deseo hacia niveles que él mismo no comprendía.</p><p>Cuando la veía en reuniones familiares en las que ella desbordaba simpatía, alegría y confianza, la ansiedad de Martino alcanzaba límites insostenibles. A veces, sentía como si la sola presencia de Gala fuera suficiente para que todo a su alrededor dejara de tener sentido. La forma en que se reía, cómo iluminaba una habitación con su sola presencia, lo enloquecía. Pero <b>lo que más lo obsesionaba era la paz con la que ella parecía vivir su vida. Mientras él estaba atrapado en un remolino de pensamientos, deseos y frustraciones, Gala simplemente era.</b></p><p>Durante semanas estos encuentros se fueron repitiendo. Siempre en reuniones familiares, siempre con excusas para cruzarse, pero cada vez más intensos. Martino comenzaba a notar que sus pensamientos ya no pertenecían a su esposa o a sus hijos. Lo único que ocupaba su mente era Gala. Pero, por más que se acercaba,<b> nunca lograba romper la barrera </b>de la indiferencia que ella mantenía. Las respuestas breves y picantes, las sonrisas sarcásticas, todo lo que ella le daba lo mantenía en un estado de caos emocional.</p><p>Una tarde, mientras él revisaba sus mensajes en su teléfono, algo lo hizo sonreír de forma involuntaria: “Gala había visto mis historias de Instagram”. Era una tontería, un gesto sin importancia, pero para él significaba “todo”. Sentía que, de alguna manera, ella le estaba prestando atención, aunque no de la forma en que él deseaba.</p><p>A medida que los meses pasaban, Martino comenzó a hacer cambios sutiles en su vida. Su trabajo, que antes le daba una satisfacción infinita, comenzó a perder sentido. Ya no le importaban tanto las reuniones ni los proyectos<b>. Lo único que quería era estar cerca de Gala,</b> aunque fuera a través de su imagen en una pantalla. Las horas que pasaba mirando su celular, revisando sus redes sociales, aumentaron exponencialmente. Cada vez que alguien hablaba de ella, su corazón se aceleraba.</p><p>Un día, durante una reunión con algunos compañeros de trabajo, Martino sintió una necesidad inexplicable de escapar. La conversación lo aburría, las caras a su alrededor se difuminaban. Sólo podía pensar en lo que Gala estaría haciendo en ese momento. Tal vez, pensó, estaba en una cena, rodeada de amigos, tal vez con alguien que no era él, y eso lo volvía loco. Decidió escribirle: <b>“Hola, Gala. ¿Cómo estás? Estoy en una reunión, pero no puedo dejar de pensar en vos”. </b>Estaba tan absorto en la necesidad de ese mensaje, en la desesperación por obtener una respuesta, que ni siquiera pensó que su comportamiento era irracional. “Estaba loco de celos de alguien que ni siquiera me pertenecía”. Cuando Gala, por supuesto, no le contestó, su ansiedad aumentó aún más. Cada momento sin respuesta lo hacía sentirse más vacío y solo. “Quería lo que no tenía”.</p><p>Entonces, la estrategia de Martino para acercarse más a Gala comenzó a tomar formas elaboradas y astutas, que rozaban lo “ilegal”. Ya no se conformaba con los encuentros casuales ni con los mensajes furtivos. Necesitaba más, y encontró en su trabajo la excusa perfecta para inventarse viajes de negocios. Cada vez que tenía la oportunidad de salir de la ciudad, la usaba como una vía de escape y como la excusa para escribirle a Gala. “Estoy viajando por trabajo. Es todo tan estresante. <b>¿Te gustaría escaparte unos días y acompañarme?”</b>. Sus mensajes eran atrevidos, claro, y sin tapujos. Pero sabía que, al menos, si ella le respondía, él podría sentir que el deseo aún estaba vivo, aunque sólo fuera en el aire. La idea de invitarla no era más que un juego para él, algo que tramaba en su cabeza como una fantasía repetida. Gala no sólo lo rechazó, sino que contestó con ironía:<b> “No, Martino. No soy de esas chicas que se escapan con tipos casados para vivir aventuras</b>. Pero me alegra saber que te acordás de mí, aunque solita no me va nada mal”. La respuesta lo sacudió. Pero, en lugar de desanimarlo, lo llenó de una energía absurda. Se le ocurrió una nueva táctica: si no podía ganar su atención con viajes, lo haría a través de la familia, de los momentos compartidos.</p><p>Las reuniones familiares, en especial las celebraciones de las <b>fiestas tradicionales</b>, eran momentos clave. Martino sabía que la familia de Elena siempre estaba reunida en esas fechas: algún que otro Shabat, las cenas de Rosh Hashaná y de Pesaj. Cada ocasión era perfecta para observar a Gala de cerca, para buscar esas brechas en las que pudiera colarse y acercarse aún más. La mirada fija de Martino nunca faltaba. Se las ingenió para estar cerca de ella en cada momento, y aunque siempre era cuidadoso de no sobrepasar los límites, en su mente “ya había cruzado todas las barreras posibles”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/PKTRKIRJKRDN3BFNWZDB2T7GSI.jpg?auth=91a0aee0cd1181f94b93549e573954227987d5ef9af6840c900b20792dd3a7a8&smart=true&width=1456&height=816" alt="En las fiestas tradicionales Martino aprovechaba para observar de cerca a su cuñada (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Gala siempre estaba rodeada de gente porque era “la adoración de todos en la familia”, la que animaba las cenas, la que jugaba con los chicos, la que tenía una sonrisa para todos, sin importar lo que pasara a su alrededor. Cada vez que Martino la veía rodeada de niños, su deseo aumentaba. Era como si la naturalidad con la que ella se entregaba, la calidez con la que interactuaba, lo martillara a cada paso. Le dolía verla tan cercana a todos, pero al mismo tiempo, eso lo mantenía más atento, más obsesionado.</p><p>En una de esas cenas de Pesaj, Gala se inclinó para hablar con uno de sus sobrinos, el más chiquito que le preguntaba sobre el significado de la festividad. Martino aprovechó para acercarse. El living estaba lleno de gente pero él logró sentarse junto a ella, como si fuera lo más natural del mundo. Se hizo el distraído, como si realmente le importara la criatura, pero sus ojos nunca se apartaron de ella. “Gala, qué linda estás hoy, como siempre”, le dijo con voz de galán amistoso. Su tono era suave, casi imperceptible entre el bullicio de la mesa. Ella, sin mirar, le respondió con una sonrisa amable, pero sin aliento en la conversación. “Gracias, Martino. Pero no te distraigas, la cena ya está por terminar y cada vez te veo más distraído”, estampó con su habitual tono canchero. “<b>El problema no es que me gustes. El problema es que te necesito.</b> Te necesito más que a mi propia cordura, y aunque lo sé, no puedo dejar de seguirte, de buscarte. La necesidad de ver tu sonrisa, de escuchar tu risa, me consume. Porque en el fondo sé que nunca voy a ser el tipo que te rompa la cabeza. Pero, no me importa<b>, sigo acá, como un nabo, esperando algo que nunca va a pasar”</b>, <b>se despachó él con tremenda declaración, a metros de la familia de ambos.</b> Pero nada salió de ella.</p><p>La indiferencia era su peor castigo, pero al mismo tiempo, le daba un pequeño resquicio de esperanza, la misma que lo mantenía en constante desvelo. Entonces, decidió hacer algo aún más drástico. Aprovechando que las celebraciones de Rosh Hashaná estaban por llegar, ideó un plan para acercarse a Gala de otro modo. El día de la fiesta en la casa de sus suegros, se preparó como nunca. Llegó con la sensación de que esta vez, finalmente, iba a lograr lo que tanto deseaba. La vida ya no tenía sentido sin la posibilidad de que su cuñada lo mirara de otra manera. La cena transcurrió sin incidentes, con Martino mostrándose más amable y atento de lo habitual, como si todo estuviera bajo control. Pero en su interior, <b>sentía una tormenta desatada</b>. Estaba pendiente de cada movimiento de Gala. La veía reír con la familia, jugar con los niños, hablar con sus amigos. Nadie parecía notar que él la observaba con la intensidad de un hombre que está perdiendo el control de sí mismo. Se acercó varias veces para hablarle, para hacerle comentarios sobre algún detalle en la conversación, pero ella lo recibía siempre con la misma amabilidad distante.</p><p>Después de la cena, cuando todos se dirigieron a los sillones para la sobremesa, Martino la interceptó. “Gala, ¿puedo hablar con vos?”, le dijo, casi sin aliento. Ella lo miró, como si no lo hubiera visto en toda la noche. Sus ojos eran como un espejo, fríos e inaccesibles. “Claro. ¿Qué pasa?”, contestó. “Es sólo que… hay algo que siento, algo que no puedo dejar de pensar. Quiero decirte que no soy como todos los demás, que esto no es sólo un juego.<b> Dejaría todo por vos</b>”. Sus palabras salieron atropelladas, llenas de ilusión. Gala lo observó en silencio, como si estuviera esperando que él terminara de hablar. “Martino… No sigas.<b> Sabés que esto no va a ningún lado</b>”, respondió con suavidad, casi con compasión, pero sin un atisbo de emoción. “Ya sabés lo que tenemos, ¿no? Somos familia. No puedo ser la mujer que buscás”. Con esas palabras, lo rechazó, pero con una delicadeza que lo dejó aún más devastado. Lo peor no fue el rechazo en sí, sino que él lo sabía de antemano. Lo sabía, pero no podía dejar de intentarlo. Quería que ella cediera, que su indiferencia se rompiera. Pero no pasó. Gala, una vez más, se alejó.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/KQONYER2EJA2JAC34GQLDSXGRI.jpg?auth=04640a9523ff12b4703f3da875a29b9522399a61bfc13352412c5cb49a4dac88&smart=true&width=1456&height=816" alt="A pesar de los rechazos, Martino no se daba por vencido (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>A pesar de las respuestas frías, Martino no se daba por vencido. Aprovechaba cada encuentro para acercarse, <b>siempre al borde de lo que podría ser un comportamiento inapropiado.</b> A los diez días, en Yom Kipur, después de la tradicional cena previa al ayuno, la familia se reunía en el living para rezar. Cuando todos estaban concentrados, él se acercó a Gala que estaba sentada en el sillón sola. Le pidió que lo acompañara a fumar fuera de la casa. Gala lo miró con un aire divertido, como si leyera sus pensamientos. “¿Creés que soy tonta? —le preguntó, aunque no con agresividad, sino más bien con una sonrisa que lo frustraba y lo atraía más que nunca— No voy a salir a caminar con vos. Y mucho menos hoy, nuestro día más sagrado, cuando pedimos perdón por nuestros errores”.</p><p>Cada vez que pasaba más tiempo con la familia de Elena, las fiestas, las cenas, Martino sentía una mezcla de ambición y excitación. En cada cruce, su cuerpo lo traicionaba, su corazón latía con más fuerza al ver a Gala, al estar cerca de ella. Pero, a su vez, la culpa lo invadía, la voz interior que le decía que lo que estaba haciendo era inapropiado. Sin embargo<b>, era incapaz de detenerse</b>. “¿Por qué sería inapropiado?”, pregunta preguntándose, y en un intento de justificarse, cuestiona: “¿Qué tenía de malo desear a la mujer que me volvió loco?”</p><p>Pero la indiferencia de Gala lo empujaba más al abismo. A veces, sentía como si su corazón estuviera en una cuerda floja, a punto de caer al vacío. Sabía que no podía seguir buscando una respuesta en ella, pero el miedo al precipicio lo mantenía amarrado a esa obsesión que ya lo devoraba. En uno de esos encuentros grupales Martino se presentó una vez más frente a la hermana de su esposa y le rogó: “Si tan sólo fueras mía, aunque fuera por un segundo. No me importaría lo que pasara después, pero ese segundo de tu cercanía, de tu mirada, de tu respiración junto a la mía… sería todo lo que necesito para poder cerrar este círculo. Pero lo sé: nunca va a suceder. Jamás me vas a mirar como yo a vos”. Y en un despertar de sensatez, vuelve al presente para recriminarse: “<b>¿Cómo pude llegar a este punto? </b>¿Cómo pude perderme en algo que no existe? Tal vez porque el deseo no necesita justificación”, concluye con las pupilas tiesas.</p><p>Gala, sin embargo, nunca cedió. La lealtad que sentía hacia su hermana la mantenía firme. En sus ojos, él no era más que un hombre casado, y el padre de sus sobrinos, nada menos. No importaba cuánto él intentara demostrarle lo contrario. Gala jugaba con la idea, pero nunca cruzaba la línea. Martino no lo entendía. La paradoja lo consumía: tenía todo lo que cualquier hombre podría desear, y aún así, se encontraba perdido en el deseo de una mujer que era inalcanzable… “Que era la tía de mis hijos”. Cuanto más se obsesionaba, más distante se volvía de todo lo que había sido antes.</p><p>Cada vez que se cruzaban, Martino sentía que la línea entre lo correcto y lo errado se desdibujaba. Y aunque sentía amor por Elena, no podía dejar de pensar en cómo habría sido su vida si, en lugar de haber elegido el camino de la estabilidad, hubiese optado por el deseo, la pasión, lo prohibido. “<b>Gala representaban todo lo que quise ser en mi vida pero no tuve el valor de seguir”,</b> se confiesa.</p><p>Gala dejó claro que jamás traicionaría a su hermana, pero a Martino ya no le importaba. La ilusión de lo que podría ser se había convertido en un monstruo. Aunque trataba de mantener su vida intacta, el fuego del deseo seguía ardiendo con fuerza, y nada parecía poder apagarlo. Con el paso del tiempo, Martino comenzó a convencerse de que su obsesión por Gala era más que un deseo pasajero, más que una simple atracción. “Era como un veneno en mis venas, algo que ya no podía controlar”, dice recorriendo su pecho con la yema de sus dedos, y agrega: “La había idealizado tanto que se había convertido en el centro de mi existencia”. Cada pensamiento, cada momento libre, su mente volvía a ella, se refugiaba en su imagen y en su rechazo. Su cuerpo, su voz, sus gestos… todo en ella lo consumía de una manera que jamás imaginó posible.</p><p>Cada vez que entraba a su casa, cada vez que veía a Elena, una sombra de culpa le recorría el cuerpo. ¿Cómo podía mirarla a los ojos cuando su mente estaba tan ocupada con la hermana de ella? ¿Cómo podía soportar la ironía de tenerlo todo y, al mismo tiempo, sentirse tan vacío? El hecho de que Gala nunca le hubiera dado una oportunidad, nunca hubiera cedido a sus avances, sólo alimentaba el fuego en su interior. En su mente, ella se había convertido en el símbolo de lo imposible, de lo inalcanzable, y como tal, lo deseaba más que nada.</p><p>Una noche, mientras revisaba su teléfono, Martino encontró algo que lo hizo estremecerse. Había una foto en una red social en la que <b>Gala estaba de vacaciones en el Caribe</b>, sonriendo, libre, rodeada de amigos. Parecía feliz, como siempre, Gala sonreía en la foto con una tranquilidad y una paz que lo atormentaban. Él estaba atrapado en la cárcel de su deseo, y ella, aparentemente, seguía adelante con su vida como si nada hubiera sucedido entre ellos. El contraste entre sus vidas lo golpeó con fuerza, como un puñal directo al corazón.</p><p>Martino, cegado por el capricho, comenzó a buscar más detalles. Revisaba minuciosamente cada una de sus publicaciones, cada foto, cada comentario. Chequeaba las cuentas de sus amigos, de sus compañeros de trabajo. Necesitaba saber más. Su mente se llenaba de preguntas obsesivas. Y lo peor de todo era que <b>no podía compartirlo con nadie</b>. Nadie podría entender lo que sentía. La gente que lo rodeaba lo veía como un hombre exitoso, feliz, pero por dentro estaba completamente arrasado. La angustia de su deseo lo estaba destruyendo.</p><p>A partir de ahí, todo se fue precipitando. Los mensajes se hicieron más frecuentes, y Martino comenzó a cruzar límites que nunca antes había imaginado. Le enviaba mensajes a cualquier hora, sin esperar respuesta, “simplemente porque necesitaba escribirle”. Se presentaba en su lugar de trabajo sin previo aviso, esperando verla, aunque fuera por un segundo. Y Gala, como siempre, lo trataba con esa indiferencia cortante, pero no lo rechazaba. Lo provocaba manteniéndolo en un estado de limbo, donde<b> la esperanza y la angustia se confundían.</b></p><p><b>“¿Por qué me haces esto?”,</b> le preguntó él, la última vez que se encontraron en el centro de Buenos Aires. <b>“Porque te gusta. Te encanta la tortura, Martino. Y te encanta que yo te lo haga”</b>. Eso fue lo último que ella le dijo antes de bloquearlo en todas las redes sociales, eliminar su número de teléfono y cortar cualquier tipo de comunicación privada. Finalmente, llegó el día en que Martino comenzó a entender lo que Gala había hecho con él: lo había enterrado sin que él se diera cuenta. En una ocasión en que él se presentó sorpresivamente en su trabajo, Gala ni siquiera le dirigió la palabra. Los mensajes quedaron sin respuesta.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/ZHNTZV6RM5EELOKSS55LBS5EVQ.jpg?auth=7e5e5800f2e3552192b3d42c924bbefbc901456ef05f1b3af2a5da38a529817f&smart=true&width=1456&height=816" alt="Frente a su comportamiento obsesivos, apariciones en la puerta del trabajo, Gala optó por ignorar a Martino (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Ese rechazo definitivo de Gala fue la última conversación, y marcó el principio del fin para Martino. Ya no había más juegos, no había más excusas. El amor, si alguna vez se le pudo llamar así, se había transformado en una<b> obsesión cruel, implacable</b>. Él intentó seguir adelante, seguir viviendo su vida, pero algo había cambiado para siempre. A partir de ese momento, sus días se convirtieron en una rutina vacía. Y lo único que quedó fue el eco de la figura de Gala en su mente.</p><p>Ella seguía con su vida con su carrera, sus amigos, sus propios deseos, ajena a todo lo que él había sufrido. Él seguía viviendo con la obsesión, pero ahora era más distante, más dolorosa. Para ella, Martino nunca fue más que una distracción pasajera, un hombre casado que intentó apostar con fuego. Pero para él, Gala seguía siendo su anhelo inalcanzable, su imposible, su dolor eterno.</p><p>“La belleza de lo inalcanzable es que, cuando uno lo toca, se desvanece de inmediato”, parafrasea Martino queriendo explicar su frustración de no poder jamás acceder a ella en la forma que él quiso. Se ven, sí, pero sólo en eventos familiares los cuales ella se ocupa de esquivarlo. “Siempre supe que esto no iba a terminar bien, pero nunca imaginé que me llevaría tanto tiempo entenderlo. Porque, ¿sabés qué? Ahora lo sé. El amor no se trata de que dos personas se elijan. El amor verdadero es cuando una persona es incapaz de dejar ir a la otra, incluso sabiendo que nunca serán lo que desean. Ahora no sé cómo salir de este laberinto que me construí. Lo peor es que la sigo buscando y ya ni siquiera sé cómo se hace para olvidarla”, se quiebra.</p><p>Martino continúa con su familia y su éxito laboral. Sin embargo, en algún rincón de su mente, sigue persiguiéndola, atrapado en la ilusión de algo que nunca fue. Mientras Gala vive su vida, libre y feliz, sin recordar siquiera el eco de la obsesión de su cuñado.</p><p><i>*Escribinos y contanos tu historia. </i><a href="mailto:amoresreales@infobae.com"><i>amoresreales@infobae.com</i></a></p><p><i>* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas</i></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/OFH6E53XIVFKNHGLJA4MB35JRI.jpg?auth=a57da62f36d93e555959ffdc86a5069d115cda630f8879875130db33c296bccb&amp;smart=true&amp;width=1456&amp;height=816" type="image/jpeg" height="816" width="1456"><media:description type="plain"><![CDATA[Gala y Martino, amores reales, historia de amor, romance y separación (Imagen Ilustrativa Infobae)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Del sueño americano con un estudiante de criminología a temblar de miedo lejos de casa: la relación que se inició con un escalofrío]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2025/01/26/del-sueno-americano-con-un-estudiante-de-criminologia-a-temblar-de-miedo-lejos-de-casa-la-relacion-que-se-inicio-con-un-escalofrio/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2025/01/26/del-sueno-americano-con-un-estudiante-de-criminologia-a-temblar-de-miedo-lejos-de-casa-la-relacion-que-se-inicio-con-un-escalofrio/</guid><dc:creator><![CDATA[Carolina   Balbiani]]></dc:creator><description><![CDATA[Marcos le había resultado interesante, era un seductor parco, un estudiante de Criminología, serio, que venía de un país con futuro. Elizabeth siempre había querido vivir en Estados Unidos y él llegaba como anillo al dedo. La relación continuó con su deseado viaje en la conquista de su sueño americano que resultó muy distinto a todo lo que imaginó]]></description><pubDate>Sun, 26 Jan 2025 03:49:12 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/HSFDMX2IXFFUFKJPWHSUZ7FF6Q.jpg?auth=0458c9d985b46d80085cbf606eaa4d23bcb87a87f7328adc44f2c6b95f7478cc&smart=true&width=1456&height=816" alt="Elizabeth sintió un escalofrío mientras estaba con Marcos, y se lo atribuyó a la película de suspenso que estaban viendo (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Dice ella que la primera vez que algo le llamó la atención no recuerda bien cuándo fue ni por qué. Solo recuerda lo que sintió mientras estaba de espaldas a él: un <b>escalofrío</b> que le subió por la espalda, vértebra por vértebra. Elizabeth lo atribuyó a la película de suspenso que habían visto con Marcos donde un tipo aparentemente normal se convertía en un monstruo. Como en tantas otras películas que había mirado, solo que esta vez experimentó miedo. “Qué tonta que soy”, pensó, “Grande y cagona”.</p><p>Con Marcos habían salido, hasta ese momento, unas tres veces. Él era dos años mayor y vivía desde hacía años fuera del país. Un estudiante serio que estaba por terminar su carrera de<b> Criminología en los Estados Unidos.</b> Había venido de paseo, a visitar a unos ex compañeros de la primaria. Elizabeth, que soñaba con vivir en los Estados Unidos y había empezado justo la carrera de Medicina en la Argentina, se sintió atraída de inmediato por él. Un seductor parco, con un mismo lenguaje universitario, “un tipo que venía de un país con futuro, alguien sólido. ¡No como los típicos chamuyeros medio vagos argentinos con los que yo me topaba a diario acá!”, reconoce con humor. La cosa fluyó.</p><p>“Tenía algo que me llamaba poderosamente la atención. <b>Era sumamente enfocado</b> en lo que hacía y quería conseguir. Podía ser simpático por un rato, pero de pronto parecía ausentarse y se volvía ajeno. Seco. Eso me divertía. Me resultaba interesante. Ahora, si le reclamabas la atención con algo volvía a enfocarse en vos”, relata Elizabeth.</p><p>Marcos había venido con la intención de pasar aquí los dos meses de verano. En ese tiempo la relación con Elizabeth, quien vivía sola en un departamento que bancaban sus padres en el centro de la ciudad de Buenos Aires, se convirtió en algo más. Del sexo a secas pasaron a una especie de pre noviazgo.</p><p>A la familia de Elizabeth le cayó muy bien ese joven que estudiaba en una universidad de renombre y demostraba tener grandes aspiraciones.</p><h2>Una visita reveladora</h2><p>Pasado el lapso de vacaciones, Marcos se volvió a Filadelfia para continuar con sus estudios en la Universidad de Pensilvania. Ella decidió, a los pocos meses, que deseaba visitarlo. Sus padres <b>la ayudaron con el pasaje </b>y partió feliz.</p><p>Se alojó en un departamento alquilado cerca de donde vivía él con otros compañeros de facultad. La idea de Elizabeth era aprovechar para viajar con él los fines de semana. Luego de eso, sus vacaciones terminarían con la visita a una amiga que estaba estudiando en Miami.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/DIA27TH6JZD73KCBRKMU4A5C7E.jpg?auth=b2bc4bf0a7e3c2203775af33f1bdc66d12e7642b348ee7eb193dc4ffa5a68b5f&smart=true&width=1456&height=816" alt="A los pocos meses de conocer a Marcos, Elizabeth viajó a Filadelfia a visitarlo llena de entusiasmo (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Con 20 años estaba más que emocionada con la perspectiva de que la relación funcionara. Le gustaba cómo era él en líneas generales y le gustaba también la vida que podrían tener juntos. <b>Soñaba con una familia enorme en una casa perfecta en los Estados Unidos. </b>El tema de las equivalencias de su carrera era algo que todavía no tenía demasiado en cuenta. Ya vería cómo se presentaban las cosas: “Esas eran mis fantasías. Algo propio de la edad. Vivir afuera, con un argentino que le iba bien, enamorada y feliz. Ganar dinero para una vida cómoda y educar a varios hijos. Nada muy distinto de lo que podría soñar la mayoría. Estaba el tema de mi carrera, de las equivalencias que tendría que dar. No había averiguado nada, pero bueno, yo iba día a día. Recién comenzaba la cosa”, resume.</p><p>“Yo ya te conté que había sentido ese escalofrío al principio, cuando nos conocimos. Casi se me había borrado de la memoria, pero en la estadía en Estados Unidos, un comentario de él, me lo recordó. Fue una frase que parecía estúpida por lo desubicada, una broma negra propia de los que están en el mundo forense o de la criminología. Ocurrió después de una discusión por un partido de truco. Yo jugaba en pareja con un norteamericano llamado Jim que no tenía idea de nada; él hacía dúo con otro que también estaba aprendiendo. Jugamos tres partidos y con Jim los matamos. Divertida<b> me burlé de él todo lo que pude</b> porque la última vez durmieron afuera, en las malas… A Marcos se le desencajó la cara y cuando ellos se fueron, enojado por mis bromas, me dijo muy serio algo que me dejó dura. Te lo voy a decir textual porque de esto sí que me acuerdo con precisión: <b>Por si algún día te volvés a portar mal conmigo… supongo que sabés que</b> <b>yo sabría perfectamente como disecarte para plantarte en el cantero de la facultad ¿no?</b> Remató su esperpéntica frase con una media sonrisa, pero yo me quedé helada. Petrificada. Sentí miedo de verdad”. Fue por eso que recordó aquel escalofrío previo sin causa registrada.</p><p>Las cosas volvieron casi a la normalidad al día siguiente y Elizabeth intentó olvidar el comentario.</p><p>No pudo.</p><h2>Actuar a tiempo</h2><p>Marcos tenía cinco días libres así que al fin de semana siguiente viajaron a Boston. La familia de él vivía en las afueras de la ciudad. Estuvieron un día y medio en su casa y después de los saludos y presentaciones pertinentes volvieron a salir de viaje. Alquilaron un auto para ir hacia Nueva York donde se alojarían en el departamento de un amigo de Marcos. Serían tres noches.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/L6C62OAQBBCC5CWM4VC6CWHLWY.jpg?auth=f841448d30f66c10e5f1e46f83e0aaf98875dbe12df12ba2fc1bf323f6404f7d&smart=true&width=1456&height=816" alt="Durante el viaje, las conversaciones con Marcos volvieron a atemorizar a Elizabeth (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Fue en ese período que Elizabeth <b>volvió a experimentar temor frente a su pareja</b>. Pequeños grandes detalles. Estaban en la ruta hacia Manhattan cuando él, hablando de su propia madre, sugirió que sería mejor que ya no le estuviera tanto encima porque le daban ganas de desaparecerla del mapa. “No recuerdo como lo dijo, pero ese era el mensaje inequívoco. Casi que<b> la prefería muerta</b>. Me vio que me había cambiado la cara y se entró a reír a carcajadas. Sonó forzada su risa. Quedó ahí. Yo sentí que no había sido ningún chiste, lo había dicho con una medida rabia. La siguiente vez que me inspiró lo mismo fue después de una llamada telefónica de su padre en la que le contó que su abuela paterna, de noventa y tantos, estaba en las últimas en Buenos Aires, internada en un hospital. A él le salió una frase que para mí fue lapidaria: ‘bueh ¡ya es hora de que parta la vieja! ¿Hasta cuándo vamos a tener que estar corriendo con el tema de su Alzheimer? Es una pesadilla vivir tanto’. Otra vez él percibió en mis ojos el horror y dio marcha atrás. Me explicó que veía que sus padres se preocupaban demasiado y que, bueno, que su abuela ya había vivido bastante, que eso no era vida. Que no era que no la quisiera. Intentó explicar cosas obvias que todos podemos pensar, pero que él había puesto en palabras sin ningún reparo y con cero emoción. Empecé a darme cuenta de que <b>sus reacciones a mis caras no eran espontáneas, eran como aprendidas.</b> La empatía no le salía con naturalidad. O, no la tenía en absoluto”.</p><p>A Elizabeth no le salía pasar por alto esas actitudes. Al irse de Nueva York para visitar por un día los Hamptons las cosas escalaron. Habían tomado un hotel de madera, cerca del mar. Ella se había comprado unos collares largos hippies, de piedras muy coloridas, y unas barras en crema para tapar manchas en el cutis. Luego del check in dejó sus adquisiciones apoyadas sobre su mesa de luz. Se fueron a la playa. A la noche Marcos y ella discutieron acerca de dónde ir a comer. Él quería carne, ella pasta. Al final cedió ella al observar que el <b>fastidio</b> de él estaba por fuera de lo previsible. Marcos quedó molesto. Lo demostró con su indiferencia y distancia. Elizabeth lo etiquetó como malcriado y procuró no darle importancia al asunto.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/ABXMJN3FD5G2LE5RXAXHKCOVEA.jpg?auth=9892e2f7694e4f1db2aa7198bbb2e51d6091665fa0dbf0c5823ac904a2541aea&smart=true&width=1456&height=816" alt="La familia de Marcos vivía en las afueras de Boston y pasaron a visitarlos (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Al día siguiente, después de una mañana de playa anodina, pensó en ponerle onda al asunto. Se pondría sus collares, se maquillaría y lo invitaría a almorzar algo con carne como tanto le gustaba a Marcos a un sitio que había visto que daba al mar. <b>Buscó sus collares, pero no estaban en ningún sitio.</b> Él, como si nada, dijo que podría haber sido la mucama. Podía ser, admitió Elizabeth, que también notó que tampoco aparecían sus correctores faciales. Marcos salió de la habitación y le anunció que la esperaba en la recepción tomando algo. Elizabeth terminó de maquillarse y revisó el ropero. ¿Cómo alguien podía mancharse robando unos tontos collares? Al mover su carry on escuchó un tintineo y vio deslizarse unas cuentas de colores por el piso del placard. Ahí estaban. Y el hilo estaba por ahí también, parecía cortado a tijera por la mitad. Era absurdo. ¿En qué momento había pasado el collar a estar en otro sitio y roto? Todas las pequeñas cosas vividas con Marcos, sus frases que tanto le habían molestado le vinieron a la memoria juntas. <b>Siguió revisando como loca mientras el collage se armaba en su cabeza</b>. Debajo del mueble donde estaba la bacha del baño había algo más… Era el otro collar también despanzurrado. Ahora, sus rodillas temblaban, se entrechocaban del miedo. Nada de un robo de una mucama. Esto era algo de él. Tenía que haber sido él. ¿Y las barras de make up? ¿Qué las habría hecho? ¿Las habría tirado por el inodoro? Elizabeth creía estar inmersa en una película de terror. Intentó calmarse: “Me dije: tranquila, estás haciendo una montaña de una tontería”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/OC6BB6TDENHVTACUT3IQRQX54E.jpg?auth=9402d4aaa17d0833ddecffa56fbcc956f85c9e37f16dc9115a8ddf5abd979823&smart=true&width=1456&height=816" alt="Después de buscar los collares, los encontró cortados como por una tijera y le empezaron a temblar las piernas del miedo (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Si Elizabeth había creído antes estar enamorándose, con estas sospechas había retrocedido todos los casilleros hasta el inicio. Se sentó y pensó con frialdad que <b>le quedaban dos días, </b>que ya se volvía: “Tendría que remarla durante ese tiempo, solo tenía que hacer eso para después irme”.</p><p>Esa noche fue la última estocada contra el amor que ya había languidecido: mientras veían en la tele un suceso guerrillero sangriento en la otra punta del planeta Marcos sacó a relucir su opinión: el mundo estaba superpoblado y, después de todo, esas cosas que pasaban venían a equilibrar la presión demográfica.</p><p>A pesar de sus temores, Elizabeth no pudo evitar saltarle al cuello y pedirle que se retractara de tanta insensibilidad, que algún día él tendría hijos y que no querría que fueran considerados como un porcentaje descartable de la población mundial.</p><p>Marcos la miró con absoluta frialdad y le espetó sin bajar su mirada: “Bueno, será por ahí que<b> yo trabajo demasiado con la muerte como para andar tan sensible</b>. Las cosas como son y el mundo cada tanto tiene que regular su población. El planeta va hacia su destrucción por los excesos del hombre. Las guerras, te guste o no, son necesarias”. Después de esa conversación, terminó su trago y la tomó del brazo y la llevó al cuarto. Como emulando un tratado de paz hicieron el amor, o el desamor diría ella después, de una manera distinta: “Fue rarísimo. Era como impersonal y distante y al mismo tiempo demasiado fogoso. Estaba aterrada, pero lo disimulé bien. Solo pensé que me faltaba muy poco para irme. Pero <b>había violencia en el aire</b>”.</p><p>Elizabeth esa tarde supo que jamás sería Marcos el padre de sus hijos. De ninguna manera. Ni quería verlo de nuevo. Marcos era una bomba de tiempo. Y ella no quería estar ahí cuando todo saltara por los aires.</p><p>Dos días después “<b>me subí agradecida de estar viva al avión</b>. Con gran alivio. Le había empezado a tener un miedo terrible”.</p><p>Se despidió simulando, como pudo, y un Marcos gélido le anunció que en dos meses podría viajar a Buenos Aires a verla.</p><p>Apenas aterrizó en Buenos Aires Elizabeth pidió turno con su antigua psicóloga. Le contó lo ocurrido al detalle y la profesional le advirtió que sería prudente terminar la relación ya, no esperar a la nueva visita de Marcos para hacerlo en persona.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/UZBPEE5SD5CEDEXARJ7VSZTCLQ.jpg?auth=e80806b528557b63fb805e992a99c4ec6358dd4882a50a89e0af5cef06f49c01&smart=true&width=1456&height=816" alt="Marcos y Elizabeth, historia de amor, amores reales, pareja, romance, noviazgo, novios (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>“Decidí inventarme una crisis vocacional, una depresión existencial y hacerme la víctima. Le dije que no quería seguir, que no podía, que no quería perturbar sus estudios. Él insistió un poco y dijo algunas cosas fuera de lugar sobre la psiquis femenina, pero por suerte logré distanciarme.<b> Tanto pavor le tomé que me apuré a alquilar otro departamento en otro barrio, Núñez, y me cuidé bien de que nadie le pudiera decir dónde vivía.</b> A mis padres solo les dije que no había funcionado y que necesitaba la mudanza. Me entendieron. Por suerte, no teníamos gente en común, casi nadie. Lo fui bloqueando de a poco en mis redes hasta que lo volví transparente”.</p><p>Nunca más vio a Marcos y de esto ya pasaron como seis años. Todavía, cuando se le aparece en su mente, siente el mismo escalofrío inicial: “No sé bien qué me llevó a salir con él, quizá esa vida lejana que parecía tan maravillosa. Menos mal que estuve atenta y que me borré antes de que avanzáramos. No sé si él tendrá alguna patología realmente, pero <b>estoy segura de que podría ser capaz de cualquier cosa</b>. <b>De maltratar y hasta de matar. </b>No creo que sienta las cosas como las sentimos los demás. A veces pienso en la pobre mina que se enganche con él, ¿cómo puede terminar?, ¿en un macetero siendo abono de las rosas como me amenazó a mí? Creo que las mujeres tenemos que estar atentas, jamás distraídas. Menos mal que me avivé y salí a tiempo de una relación potencialmente peligrosa. Creo que son muchas las personas que boicotean las sensaciones de alerta que alguien puede generarte. Hay que escucharse. Esa es para mí la clave de la supervivencia y lo que me llevó a contarte mi historia”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/VSUTRUAI5NEGXFOBPVN7354NCY.jpg?auth=fb70579a629e6a0d55670c9b0dae6afd0a8f8132282080b10a4f10dc99ac58a7&smart=true&width=1456&height=816" alt="Marcos y Elizabeth, historia de amor, amores reales, pareja, romance, noviazgo, novios (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Si los miedos de Elizabeth reflejaron la realidad, vaya uno a saber, pero siempre prevenir resulta mejor que curar. Después de todo, amores puede haber muchos y vida solo hay una.</p><p>*Escribinos y contanos tu historia. <a href="mailto:amoresreales@infobae.com" target="_blank">amoresreales@infobae.com</a></p><p>* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/UZBPEE5SD5CEDEXARJ7VSZTCLQ.jpg?auth=e80806b528557b63fb805e992a99c4ec6358dd4882a50a89e0af5cef06f49c01&amp;smart=true&amp;width=1456&amp;height=816" type="image/jpeg" height="816" width="1456"><media:description type="plain"><![CDATA[Marcos y Elizabeth, historia de amor, amores reales, pareja, romance, noviazgo, novios (Imagen Ilustrativa Infobae)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Era una “novia fugitiva” hasta que se cruzó con un hombre misterioso y descubrió que jamás había conocido el amor verdadero]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2025/01/19/era-una-novia-fugitiva-hasta-que-se-cruzo-con-un-hombre-misterioso-y-descubrio-que-jamas-habia-conocido-el-amor-verdadero/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2025/01/19/era-una-novia-fugitiva-hasta-que-se-cruzo-con-un-hombre-misterioso-y-descubrio-que-jamas-habia-conocido-el-amor-verdadero/</guid><dc:creator><![CDATA[Cynthia Serebrinsky]]></dc:creator><description><![CDATA[Lea tuvo incontables romances pero por alguna cuestión siempre terminaban en la nada. Mirando la película de Julia Roberts entendió que su problema era simple: no sabía lo que quería. Un día llegó Román y, del modo más enigmático, le mostró otra manera de amar]]></description><pubDate>Sun, 19 Jan 2025 04:45:09 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/I6AU43A4DFBJZC7MAUS4TG6P64.jpg?auth=214e8f75e9cb5d57757d5532e72a2a6fc868ed7f6356fd9eb2c5e61d0f775468&smart=true&width=1456&height=816" alt="Lea tuvo numerosas relaciones amorosas a lo largo de su vida con fecha de caducidad (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Lea era una <b>enamoradiza empedernida</b>… o al menos es lo que ella creía. Vivía de amor en amor, siempre con una intensidad correspondida. Y aunque en su entorno la juzgaban, ella sufría en silencio, soportando que cualquier descarado opine que “si estaba sola, era porque en el fondo era lo que ella quería”; la “culpa” era de Lea por su poca paciencia, como si el mundo se dividiera entre “los emparejados pacientes” y “los solteros intolerantes”. Lea sentía bronca; nadie sabía por lo que ella realmente pasaba. Nadie.</p><p>La protagonista de esta historia nació en Buenos Aires el 14 de febrero de 1975: “Tal vez el haber llegado al mundo en una fecha tan vinculada al amor –se refiere a San Valentín, el día de los enamorados–, me condicionó para siempre”, aventura sacando predicciones de su propia suerte. Lo cierto es que a sus casi 50 años su inmadurez seguía siendo tan atractiva como insostenible. “Mi mejor amiga me decía: ‘Cuando los tipos te conocen sos Pampita, todos se quieren casar con vos al otro día. Y un día te convertís en la hermana de Cenicienta, no sé qué hacés…’ Y lo peor es que tenía razón”, dice Lea con una angustia contenida. Porque hoy, con el diario del lunes, puede verlo, se dio cuenta: <b>ella no tenía ni la más pálida idea de lo que elegía.</b> “De hecho, siempre pensé que no sabía elegir pero hoy me doy cuenta que el problema es que <b>yo no elegía.</b> <b>Me elegían y pensaba que eso era amor, </b>hasta que un día entendí…”, asume para relatar lo que le sucedió un domingo de lluvia, cuando encendió la tele y de casualidad se enganchó con una película “viejísima” que todavía no entiende cómo jamás antes la había visto: <i>Novia fugitiva</i> (1999). “De repente vi a Julia Roberts escapando tantas veces del altar, y entendí todo: yo tampoco sabía cómo me gustaba el mate”, expresa haciendo un paralelismo con lo que le pasa a la protagonista de la película pero con los huevos. “No sólo eso, sino que <b>ni siquiera me acordaba en qué momento incorporé el mate en mi vida.</b> ¿Había sido con Luis o con Marcos? Con Diego lo tomaba dulce y con Agustín amargo; Pablo me hizo usar edulcorante y cuando lo conocí a Lucas lo saqué porque decía que el ayuno intermitente no lo permite. Tomé con miel, con coco por alguno que tenía acidez y hasta me pasé al tereré cuando me puse de novia con el paraguayo”, resume su historia análoga entre el mate y sus enamorados. “Lo que quiero decirte es que, igual que Julia, yo no me conocía, sólo me dejaba llevar por la corriente”. Hasta que apareció Román.</p><p>Lea no lo vio venir. Román no es como los otros. A pesar de que tiene la misma edad que ella, y que nació en el barrio de al lado, no es un hombre que diga “te amo” a los dos minutos de conocer a alguien ni que crea en la convivencia. “Román es un tipo que te mira como si estuviera viendo algo más, algo que no podés ver ni en un espejo”, dice obnubilada. Es raro, porque nunca le ofreció una relación, pero tampoco la descarta. Lo de Lea con Román no es una historia épica, ni un amor a primera vista, ni un drama de los que la gente comparte en redes sociales para que todos los amigos le den “me gusta” y la llenen de comentarios de aliento. Nada de eso. Es, simplemente, <b>una constante presencia de alguien que la hace pensar sin presionar</b>, alguien que no pide nada a cambio, ni la hace sentir como si hubiera llegado a salvarla.</p><p>Al principio, Lea no sabía si eso le gustaba o la aterraba. Porque, con Román, no hay ataduras, lo que a la vez le generaba la inseguridad de si estaba o no de novia. Todo con él era diferente y la novedad, aunque por momentos con angustia, la enganchaba. Había tardes en la librería del barrio, paseos por parques tranquilos, y hasta alguna que otra charla sobre cómo la mayoría de los matrimonios de sus conocidos son una farsa. Román era el tipo de persona que no intentaba ser algo que no era, y eso, para Lea, era casi una herejía. <b>Ella estaba acostumbrada a los enamoramientos breves e intensos, a las “relaciones yogur”, como a Lea le gustaba llamarlas por su fecha de caducidad, a las promesas que nunca se cumplían</b>, pero con Román todo era un enigma. “El mismo suspenso que me torturaba, a la vez, me mantenía atraída”, se sincera. Como si el misterio estuviera en el aire y nadie se atreviera a decir lo que pensaba o lo que sentía realmente.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/5QBITNFY4NBJDNLW5EWCMMIN5I.jpg?auth=8d8c630e8e304ca37ae141ab793967bd19e9b60cac4c869027a7a5d61991e8c0&smart=true&width=1456&height=816" alt="Con Román descubrió que no tenían ataduras y a la vez le generaba la inseguridad de si estaba o no de novia (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p><b>“Che, ¿te pasa que a veces sentís que no sabés nada de vos misma?</b>”, le preguntó él, un día sentados en el pasto del Vial Costero de Vicente López mientras miraban el horizonte, rodeados de árboles y un espacio abierto. Se respiraba una sensación de intimidad entre ellos, como si el mundo a su alrededor no existiera. El sol estaba a punto de ponerse, pintando el cielo como si fuera el cuadro más hermoso. Lea lo miró desconcertada. No era la primera vez que alguien la cuestionaba sobre su identidad, pero Román lo decía sin la intención de jugar al psicólogo. Y encima ella venía de “despertar” con la visión sobre sí misma que le había dejado la película de Julia Roberts. Él simplemente lo había soltado, como si hablara de <i>Novia Fugitiva</i>. “Claro que sí”, contestó ella, pero lo dijo como si estuviera hablando de otra persona; como si no se tratara de sí misma, sino de alguna mujer que admiraba y que miraba desde afuera, como quien observa un documental sin involucrarse en la historia.</p><p>Román la miró sin pestañear. No con ese gesto calculador, de esos que dicen “sé lo que pensás”, sino con una calma extrema, como si en sus ojos se reflejara un paisaje lejano. “A mí me pasa lo mismo, pero ¿sabés qué? <b>Me gustaría saber quién sos sin tener que basarme en lo que otros piensan de vos, </b>ni en lo que tus relaciones anteriores te hicieron creer que sos”, dijo él inclinado hacia adelante, con una mirada profunda, mientras ella lo observa con una mezcla de desconcierto y curiosidad. Lea se quedó en silencio. Esas palabras resonaron en su cabeza de una manera que no sabía cómo procesar.<b> Román no la necesitaba para completar su vida, ni esperaba que ella lo necesitara para la suya. </b>¿Y eso qué significaba? “Yo estaba acostumbrada a amoldarme al otro para que me quiera, ¿entendés? No tenía ni idea de quién era”, se desnuda como si se confesara ante su mejor amiga. Para alguien como Lea, que siempre se había definido por las historias que contaba con sus ex parejas y por las que otros relataban sobre ella, esa forma de verlo era casi un desafío. “No sabía si sentir admiración o miedo por Román”.</p><p>Habían pasado semanas desde que lo conoció, y ella había comenzado a sentirse incómoda. No por lo que él hacía, sino por lo que no hacía. No se trataba de la típica historia de amor como la que ella siempre había imaginado, “como la de sus padres, su hermana o sus amigas”; no había complicidad instantánea, ni la promesa de un “felices para siempre”. <b>No había enamoramiento arrasador, ni días nublados de besos bajo la lluvia. Había, en su lugar, algo mucho más aterrador: la paz. </b>“Yo no estaba acostumbrada a eso”, se sincera. La sensación de que, tal vez, con él no necesitaba perderse, ni cambiar, ni redefinir su identidad a cada rato. Y eso le sacaba el aire.</p><p>Ella había jugado tantas veces a lo largo de su vida con el fuego de las relaciones, probando un poco de todo: amor joven, relaciones a distancia, pasiones desbordadas, vínculos difíciles, promesas rotas… Sin embargo, con Román había algo que nunca había sentido antes: no había promesas rotas porque no había promesas. Eso <b>la hacía sentir incómoda, vulnerable.</b> “Creo que una de las cosas que más me mataba era que no tenía algo a futuro para contarle a mi entorno que siempre quería saber: ‘para cuándo los confites; se van a vivir juntos; él quiere tener hijos…”, se cuela en el relato con una desesperación que conmueve. El contraste entre lo que esperaba y lo que, después, sucedía la “aniquilaba”. Porque, si no había promesas, ¿qué quedaba?</p><p>Entonces llegó el momento del planteo. “No podía seguir así”, explica su sensación de aquel día. Lea se paró frente al espejo y, concentrada, ensayó todo lo que le iba a decir: “Perdón, no puedo hacerlo. Estuve enganchada y ahora siento una desconexión total. Me da pena, tristeza, realmente me imaginé hacer muchas cosas juntos. Hasta averigüé para irnos a esquiar, quería hacer muchas cosas con vos. Vivir juntos, tener hijos, adoptar perros, lo que quieren todas las personas, lo normal. Y lo mejor de todo es que sentí que vos querías hacer todo conmigo. Pero de repente siento que cada cosa que te digo no es retribuida, como si me cortaras el mambo, tu cara dice ‘Pará, bajá un cambio’”, anunciaba Lea verborrágica frente a su propia imagen, intentando compenetrarse en lo que le diría. En sus ojos había una mezcla de determinación y vulnerabilidad. Mientras la luz suave de la tarde entraba por la ventana, continuó su acting: “La primera vez que salimos me sentí cuidada, sentí que me querías cuidar, que te daba placer hacerlo. Y hoy siento que en lugar de crecer o estar igual, todo disminuyó. Te lo digo con mucha mucha pena. Pero bueno, tal vez creí que te pasaba algo más, algo especial que, definitivamente es lo que deseo en mi vida. <b>Quiero ser la persona más importante en la vida de alguien</b>. Una relación especial, con mucho amor, con ganas de saber del otro, con entusiasmo pero con entusiasmo no disimulado. Me gusta el entusiasmo que se percibe en el aire. Quiero a un hombre gánico”, remató en su versión previa a la charla. Y se quedó contenta con su speech: “Sí, una vez más, tengo el discurso perfecto”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/OA4TFCWN75GNLB53S5RKHJNUK4.jpg?auth=ce029dd2c747565a51535abb289db5294dd3a879bf254e1d0a34b885f3e3cfed&smart=true&width=1456&height=816" alt="Lea se paró frente al espejo y, concentrada, ensayó todo lo que le iba a decir a Román (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Pero una tarde de domingo, después de una semana rara en la que Lea sentía como si todo lo que tocaba se desmoronara, justo un día previo a la fecha límite que ella se había puesto “para hacerle el planteíto” que tanto había ensayado frente al espejo, Román la flechó. La llamó para decirle que pasaría por su barrio, que quería verla, y que <b>traería una sorpresa.</b> “Me descolocó”. No era un regalo en el sentido tradicional: no era una joya, ni un ramo de flores, ni una cena en el restaurante de moda. Era más bien una invitación a una experiencia extraña, casi desconcertante.</p><p>Cuando llegó, la sorpresa resultó ser una “plantita” de hojas rojas y verdes, un tipo de cactus que ella jamás había visto. “Este es un cactus que no necesita mucho para sobrevivir —le dijo, sonriendo de manera relajada—. A veces, las cosas más fuertes se dan con poco. Lo que le da vida es lo que no se ve, el espacio vacío entre sus espinas”, enseñó él como un <b>monje tibetano</b>. Lea lo miró, primero con desconfianza, después con curiosidad. No entendía del todo el simbolismo del regalo, pero algo en la forma en que lo entregó, con ese tono serio y sencillo, le hizo sentir que lo que él le decía era más profundo de lo que parecía a simple vista. Como si estuviera tratando de decirle algo sobre sí misma sin forzar la interpretación.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/UB333GLS5RCU7F4VY7UUKJPMGI.jpg?auth=41ca514c8162bb2b7f20b10309e282c3dee7a58d0f971782694d62071e88c2ad&smart=true&width=1456&height=816" alt="La sorpresa que le dio Román fue un cactus que no necesitaba mucho para sobrevivir (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>“¿Y qué tiene que ver eso conmigo?”, preguntó, casi sin pensar. Su tono fue casual, pero había algo de inquietud en su voz. Román la miró, como si esperara esa pregunta. No le dio una respuesta rápida, sino que se quedó en silencio, buscando las palabras exactas. “<b>A veces creemos que necesitamos llenar todos los espacios. </b>Llenar los vacíos con algo que se vea o se toque, pero en realidad lo que nos da forma es lo que no se ve, lo que se queda adentro, lo que no mostramos. El cactus no necesita que le den agua todo el tiempo, necesita que le dejen respirar, que no la asfixien”.</p><p>Lea sintió una mezcla de incomodidad y revelación. Ese tipo de conversaciones no eran las que tenía con sus ex novios, que en su mayoría no habían pasado de lo superficial, de la idealización del amor perfecto y la constante búsqueda de cumplir expectativas ajenas. Pero con Román no había lugar para eso. No era que no le importara, o que no sintiera algo, sino que lo que él ofrecía era un lugar diferente, uno donde los roles tradicionales del amor y el deseo no importaban tanto.</p><p>A medida que pasaban los días, Lea comenzó a entender que lo que sentía por Román no era como lo que había experimentado antes. No se trataba de una relación por descarte, ni de una historia que podía predecir. Era más bien una sensación de conexión, de estar en un espacio compartido donde ambos se miraban sin miedo a lo que pasaría después, sin esperar que el otro encajara en un molde predefinido. No había promesas de para siempre, ni expectativas de futuro. <b>Sólo había presente.</b> Y eso, para Lea, era más aterrador que cualquier otra cosa que hubiera experimentado antes.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/4GVUJNWOYRBSFIYJWNDBS4XDLQ.jpg?auth=a1840eadc21e48bb8d101dc727a89f5158543b94898accf8055413de27d15dfe&smart=true&width=1456&height=816" alt="Román le ofreció un lugar diferente al que estaba acostumbrada (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Román nunca le pidió nada. Y quizás eso fue lo que más la dejó pensando… y al mismo tiempo la enamoró. Porque, ¿cómo podía alguien que no pedía nada, ofrecer tanto? ¿Y qué significaba eso para ella, que siempre había estado acostumbrada a que el amor fuera algo que se daba y se tomaba, una especie de intercambio constante? <b>“Él me enseñó a amar. Todo lo que tuve antes, que fue lindo sí, con Román entendí que no era amor”, </b>dice mirando al cielo como si su novio fuera un ángel celestial.</p><p>Justo en esa ausencia de necesidad es donde Lea empezó a ver algo que no había visto antes en sus relaciones:<b> la libertad.</b> La libertad de ser quien es, sin la obligación de transformarse o de cumplir con las expectativas del otro. Y, tal vez, por primera vez en su vida, empezó a entender que el amor no se trata de lo que uno puede obtener, sino de lo que uno puede compartir.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/Y5YJ4FOCZZHZHITIYX6GNMBAFE.jpg?auth=176396d8f4d5ece218f57f5db35419fc5ef110192b1633fd97172bd882e1ad9b&smart=true&width=1456&height=816" alt="Lea empezó a sentir la libertad de ser quién es (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Pasaron cinco años y Román aún no le dijo “sos la mujer de mi vida” ni le prometió que estarían juntos para siempre. Pero, en su presencia, Lea finalmente entendió que lo importante no es lo que se dice, sino lo que se siente. Y, aunque la incertidumbre sigue siendo un tema recurrente, algo en ella cambió: la verdadera cuestión ya no es el amor que los otros pueden darle, sino el que ella misma es capaz de brindarse a sí misma.</p><p>“Lo que me pasa con Román es rarísimo porque aunque no entienda bien para dónde vamos, ya no siento la necesidad de escaparme”, dice con una calma que abraza. Por primera vez en mucho tiempo, Lea puede quedarse quieta. Ama y se siente amada.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/5QBITNFY4NBJDNLW5EWCMMIN5I.jpg?auth=8d8c630e8e304ca37ae141ab793967bd19e9b60cac4c869027a7a5d61991e8c0&amp;smart=true&amp;width=1456&amp;height=816" type="image/jpeg" height="816" width="1456"><media:description type="plain"><![CDATA[Amores reales, Lea y Román, amor, historia romántica, romance, enamoramiento (Imagen Ilustrativa Infobae)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Deseaba más a su suegra escultural que a su novia adolescente: el beso en una carpa de Playa Grande que desató una tempestad]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2025/01/12/deseaba-mas-a-su-suegra-escultural-que-a-su-novia-adolescente-el-beso-en-una-carpa-de-playa-grande-que-desato-una-tempestad/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2025/01/12/deseaba-mas-a-su-suegra-escultural-que-a-su-novia-adolescente-el-beso-en-una-carpa-de-playa-grande-que-desato-una-tempestad/</guid><dc:creator><![CDATA[Carolina   Balbiani]]></dc:creator><description><![CDATA[Juan nunca compartió esta historia de lujuria con nadie, ni un amigo, ni con su actual mujer. Cómo llegó ese verano en la costa a vivir una aventura inesperada, en la que se embarcó sin pensar en nada. La batalla que libró en su interior cuando la culpa intentó aplacar ese fuego, hasta entonces desconocido, que lo consumía]]></description><pubDate>Sun, 12 Jan 2025 15:35:35 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/BWMRGLHKAJC75NTZ67TZR26OY4.jpg?auth=73fef86b5928d1595a9deb766d7149290eb5ba4af5a9e5c11889ca8a53a30906&smart=true&width=1456&height=816" alt="Juan había viajado al lugar donde vacacionaba su novia Mili, una adolescente acompañada por su madre y hermano (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Intentar disciplinar al corazón es una tarea que suele resultar bastante inútil. Porque ganar esa batalla implica desoír al cuerpo; volverse sordos al golpeteo del deseo y enmudecer ante el reclamo de la pupila que habla.</p><p>Domesticar al instinto de la atracción no siempre se puede. O se quiere, lo que es peor.</p><p>Vamos al punto. Juan era el yerno. Sonia la suegra. Mili la hija de esa suegra que al yerno le gustaba menos que la madre.</p><p>Escenario: un toldo en <b>Playa Grande</b>, Mar del Plata. Fecha: muchos años atrás. Lluvia y viento desatando una feroz tormenta eléctrica mientras Mili está con sus amigas en el balneario de al lado.</p><p>Hacía tiempo que Juan miraba con deseo a Sonia. <b>Escultural suegra en bikini</b>, bastante joven y extremadamente sexy: “Pelo negro sin canas, o quizá se teñía, qué se yo. Pero tenía un lomo que te quitaba el aire. Lolas (nada de SIC porque en realidad el hablante dijo ´tetas´), buen traste y mirada inquisidora”, recuerda hoy este Juan ya maduro.</p><p>Se ríe, no sin malicia, al decir que le despertaba instintos que su novia no: “Qué querés que te diga. Parece desubicado solo relatarlo. Pero mi novia era virgen, no quería todavía tener relaciones sexuales conmigo. Por lo menos hasta ese momento. Mi suegra, en cambio, era un minón inquietante que, para mi gusto, me tiraba mucha onda. Estaba<b> </b>separada<b> </b>desde hacía años, tenía decenas de candidatos, pero <b>yo estaba seguro de que se hacía el bocho conmigo. Era obvio, lo sentía en la intensidad de sus miradas</b>”, afirma, “Roces aparentemente involuntarios, abrazos presuntamente querendones, ojos directos a los míos. También algunos indicios verbales que ya ni recuerdo, pero que en ese momento vi como pistas clarísimas del interés. Sonia trasnochaba a la par nuestra, ponía música con onda, inventaba juegos de cartas o con dados. Cuando venían amigos nuestros, se quedaba por ahí, sirviendo tragos o dando vueltas. Mili vivía en cualquiera, no era de las adolescentes que echan a la madre del living y, por el contrario, la incluía en todo. Sonia se comportaba más como una amiga que como su vieja”.</p><p>Este Juan se escandaliza un poco al recordar a aquel otro. Ahora le parece peor que entonces. Es que creció, está casado y espera una beba.</p><p>“Yo era un mandado, un poco cancherito. Me creía un diez y que me las sabía todas. Mili, la verdad, hoy te lo puedo decir, me torraba un poco. Me gustaba, pero no tanto. Me aburría con ella, en realidad no sé ni por qué me puse de novio. Creo que <b>cumplía con el check list</b> que tenía grabado en mi cabeza. Al tiempo, <b>ya me gustaba más Sonia que ella.</b> Pero no es que yo me ponía a pensarlo. Ni siquiera me atrevía a reconocérmelo a mí mismo. Menos me animé, jamás, a comentarlo con nadie. Nadie es nadie, ni a mi propia sombra ¿entendés?”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/T4TNMHC5SZCNHPD3SDTUC6LG4I.jpg?auth=550a0593e3e1b5b76bc896f59ee09ff257ea68925ab4ec25ccfaf3831af1a5e1&smart=true&width=1456&height=816" alt="Su novia Mili era la chica del check list, que lo aburría, pero pronto se dio cuenta que le atraía más su madre, con su actitud arrolladora - (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Lo que sentía como hombre no era algo que estaba permitido sentir. Obvio que no se podía, obvio que no se debía, obvio que avanzar sería traspasar todos los límites con los que había sido educado.</p><h2>Al resguardo de la lluvia</h2><p>Los amigos de Juan bromeaban con “lo buena que estaba mi suegra”, admite, “y no puedo repetirte las frases que decían porque me avergüenzan. Cosas de jóvenes desatados. Un poco irrespetuosos, pero buenos pibes”.</p><p>Bromas aparte volvamos al pasado del toldo en Mar del Plata. Esa tarde, solos detrás de la cortina de esa carpa de Playa Grande, donde los chicos pequeños suelen hacer pis o dormir la siesta, ocurrió algo imprevisto en medio de la <b>tempestad </b>que voló sombrillas y corazones.</p><p><b>“Fueron quizá 40 segundos o un minuto</b> y algo, no sé bien cuánto. Pero lo que ocurrió en ese breve lapso fue más que suficiente para que mi mundo se descalabrara”, confiesa.</p><p>El principiante estudiante de economía y la suegra “bomba”, acomodando los bolsos para resguardarse del viento y del temporal terminaron en un vórtice desestabilizador. Solos, ella y él, detrás de esa cortina flameante de grueso plástico blanco. En ese espacio de uno por dos, o menos, entre la heladera azul con sándwiches con olor a rancio, toallas húmedas y restos de gaseosa caliente y sin gas, <b>tuvo lugar el ciclón que empezó con un “pico”.</b></p><p>“Creo que me lo dio ella cuando medio nos tropezamos hacia atrás con la heladerita, pero yo respondí comiéndole la boca con desesperación. Mordí, manoteé su bikini con descaro, nos apretamos sobre el fondo de la carpa y casi que casi… Ella también avanzaba con sus manos, pero de pronto se escucharon voces como que llegaban corriendo bajo la espesa caída de agua y nos detuvimos en seco”, dice con voz ronca.</p><p>Esas voces venían del mundo real. Su mundo de 40 segundos se congeló y, rápidamente, Sonia se acomodó el bikini y Juan se bajó la remera. Ambos emergieron tambaleantes, como si nada, de ese cuadrilátero pecaminoso.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/IB2VFX2ZRRGRZD7VPZMLHPM4F4.jpg?auth=12870898c4f3ef9b0517a26f989970debb314c63757eea14a29459a760aedb26&smart=true&width=1456&height=816" alt="Fueron 40 segundos dentro de una carpa de Playa Grande que descalabraron la vida de Juan (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Habían llegado unos amigos de Mili y la charla prosiguió tonta y sin rumbo sobre el torbellino climático que había vaciado la arena en pocos minutos. Al rato, llegó Mili ensopada.</p><h2>Retomar el deseo</h2><p>A partir de ese momento Juan no pudo pensar en otra cosa que en concretar relaciones sexuales con Sonia. Se olvidó de vivir… y eso que jamás había escuchado a Julio Iglesias. <b>No pensó ni por un segundo en Mili ni en la traición ni en su noviazgo adolescente.</b> O, si su cerebro sugirió algo, él pisoteó los pensamientos hasta dejarlos bien muertos.</p><p>“No me puse en moralista ni en nada. Tenía una calentura bruta. A los pocos días se nos volvió a dar la posibilidad de estar solos. Los dos buscábamos el momento. Yo estaba alojado en la casa de Mili y dormía en el cuarto con Leo, su hermano menor. Pero esa noche Leo se había ido a pasar el finde a Miramar con un amigo y sus padres y Mili tenía un cumpleaños de chicas en Chapadmalal. En dos días yo tenía que volver a Buenos Aires porque me iba de viaje con mis padres al exterior. Sonia llevó a sus hijos a sus respectivos programas y yo, supuestamente, me quedé durmiendo una buena siesta para descansar. No pegué el ojo. Cuando Sonia volvió, estábamos completamente solos. Apenas<b> abrió la puerta de la casa fue directo a buscarme al cuarto. </b>Me agarró de la mano y me llevó al de ella. Me estalló el mundo”, reconoce.</p><p>En el cuarto de Sonia, de esa casa que alquilaban sobre la calle Saavedra, pasó lo que deseaban tanto que pasara. Sonia no dijo una palabra, solo actuó con maestría. A Juan no se le ocurría qué decir, dejó hacer y respondió físicamente. Podría ser su madre, pero no lo era. <b>Nunca había tenido relaciones con una mujer más grande.</b> <b>Nunca había fantaseado con algo así.</b> No recuerda hoy que hubiesen hablado de nada, ni antes ni después. Solo sucedió.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/S7LX6ZH4URFRDD3UMAKO73YD64.jpg?auth=7763f437428b76687ab1cc2c1acefdc8f5a13b447a666447229bfa53d3f6592b&smart=true&width=1456&height=816" alt="Cuando quedaron solos en la casa, Sonia fue directo a buscarlo al cuarto y lo llevó de la mano al de ella Su mundo estalló (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Juan chocó de frente esa tarde con el deseo más tempestuoso que había experimentado en su vida.</p><p>“Fue maravilloso. <b>Creo que fue una de las mejores historias sexuales de toda mi vida. </b>O ese es el recuerdo que me quedó fijado. Porque me comporté de una manera animal, absolutamente inconsciente de las implicancias que podría tener”, admite casi asustado.</p><p>Estaba claro que esa relación era insostenible. Era eso y nada al mismo tiempo. Sexo mudo y sin futuro.</p><p>Sonia no parecía tener culpa ninguna. Se manejaba con la soltura que solo otorga la impunidad. En Juan, en cambio, no tardaron en asomar algunos remordimientos, pero tironeado por las ganas de seguir enroscado con Sonia no prosperaron.</p><p>“Yo sabía que esa historia era cortoplacista. Y que, de alguna manera, pondría fin a mi noviazgo. De hecho, desde que pasó eso (eso es “eso” que no puede verbalizar bien hasta el día de hoy)<b> no pude más besar a mi novia</b> <b>como antes ni decirle que la quería. La verdad es que no la deseaba ni, evidentemente, la amaba. </b>Con meridiana claridad pensé que cuando los dos volviéramos a Buenos Aires tendría que cortar de manera definitiva, pero no podía hacerlo en ese momento”.</p><h2>Volver y adiós</h2><p>Juan volvió a Buenos Aires en ómnibus y partió de vacaciones con su familia: “Me fui con mis viejos y hermanos quince días a Floripa. Al volver de Brasil, enfrenté a Mili con mis dudas y le pedí un tiempo, alejarnos. Fue un drama que no tenía ganas de vivir, pero que tuve que atravesar. Lo peor fue que <b>con Sonia nos seguimos viendo. </b>Tenía que ser a escondidas de todos. Terminamos usando un telo que había cerca de su casa. Ella iba primero y yo caía después. Un turno o quizá dos que pagaba ella con su tarjeta de mujer emancipada. Y, luego, salíamos por separado. Siempre con el miedo en el pecho de que alguien, por algún detalle, nos descubriera. No pasó nada. Lo pasábamos muy bien, pero hoy lo pienso, te lo cuento y me da muchísima vergüenza”.</p><p>Juan cortó definitivamente con su novia un par de meses después.</p><p>Pasada un poco la gran calentura Juan no pudo evitar pensar en serio. <b>Le hacía ruido que a esa madre le importara más su propia avidez y vida sexual que la tristeza de su hija abandonada</b>. Angustia que ella misma había provocado enredando a su novio en una relación lujuriosa. Que fingiera con tanto descaro le hacía ruido.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/6TGMY5HC3FAGZGRVE3QHJAS6XU.jpg?auth=bc9e4228f09b87e1c78a22aa860d276d3c460633cee20b895cd6574a967f9920&smart=true&width=1456&height=816" alt="Juan rompió su relación con su novia Mili meses más tarde (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>“Cuando me cayó la ficha <b>me decepcioné de Sonia y de mí también</b>. De pronto, estaba con alguien con quien solo tenía sexo, con quien no conversaba de nada y que encima como persona me parecía indecente. La juzgaba más a ella que a mí mismo. Así eran las cosas. Quizá pensaba de esa manera porque Sonia era la adulta y yo el pendejo calentón. Habían pasado unos tres meses de encuentros furtivos cuando, una tarde antes de ir a verla, decidí que sería la última vez, que no iba a hacerlo más. Fue como una promesa a mí mismo para sentirme menos sorete con todos y, sobre todo, con mi ex Mili”, sostiene.</p><p>Habían aflorado las márgenes del mundo de Juan. Ahí estaban sus límites. Podía tocarlos. Eran como líneas emanando de su cuerpo que delimitaban el espacio con reglas y sanciones. Habitar fuera de esos márgenes se le había empezado a hacer muy cuesta arriba.</p><p>“No soy un tipo cerrado, para nada. Nunca lo fui. Pero esta traición en mi pasado no me enorgullece en lo más mínimo. Me pudo la calentura, la pasión. Y eso me hizo dar cuenta, de forma irrevocable, de que mi noviazgo era una absoluta ficción. Una chica buena, tranquila, la novia que mis padres esperaban ver, no más que eso. Había roto con las formas, por un tiempo. Sin embargo, me alcanzó para darme cuenta de que lo roto lastimaba con sus bordes y que no servía para construir nada. Había quebrado mi realidad por ambición a otra que tampoco me alcanzaba. Si querés, desde esta perspectiva, valió la pena lo vivido. Porque,<b> abierto el cascarón, salí para reencontrarme con mi yo más oscuro.</b> Con Mili no hablé nunca más en mi vida; con Sonia después de esa última tarde, tampoco. Los dos intuimos que no habría un nuevo encuentro. Lo sentí en el beso aliviado de la despedida. Ni yo la busqué ni ella me buscó jamás”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/JLI2S63XLNB7VEOOBDDU7OT5XE.jpg?auth=6b4ecdfa8511a10c1661d18a2344c9b69fabb13275b1e8172de931fb88af9178&smart=true&width=1456&height=816" alt="Después de unos meses de encuentros furtivos en hoteles en un hotel alojamiento Juan se decepcionó de ella y de sí mismo (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>A Juan le llevó un tiempo recuperarse de su propia osadía. Estuvo un par de años de aquí para allá hasta que se volvió a enamorar y se animó a ponerse de novio. No pensaba en Sonia. Ella constituía un recuerdo que había dejado bien lastrado en el fondo de su esqueleto para que no tuviera ninguna posibilidad de reflotar y perturbarlo.</p><p>Hace unos meses <b>Juan se enteró de que Sonia murió el año pasado.</b> Se lo dijo un amigo de un amigo de Mili, como al pasar. “¿Sabés que se murió la mamá de aquella novia que tuviste? No sé de qué pero de un día para otro, creo que en junio del año pasado. Era bastante joven creo. Vos veraneante con ellos y la conociste, ¿no?”, le soltó.</p><p>Se le revolvió el estómago. Sintió náuseas. Hacía diez meses que Sonia no existía. Ese capítulo de su pasado ahora sí que estaba enterrado. No había quién pudiera revelar su leyenda negra. Sintió tristeza, angustia y algo más que no sabe bien qué es. Quizá, dice, “melancolía”.</p><p>No iba a llamar a Mili para darle el pésame. Era ridículo. Jamás habían hablado, no tenía su teléfono y, además, Mili siempre se había llevado muy bien con su madre, confiaba en ella… ¿qué le iba a decir?, ¿otra vez le mentiría diciendo uy cuánto lo siento? No estaba para hipocresías de esa envergadura.</p><p>Mientras terminamos su historia<b> Juan se arrepiente un poco de haber hablado</b>. Dice que no entiende porque se le ocurrió contarla. Que jamás se la había confesado a nadie. Ni a un solo amigo. Menos a su actual mujer. Sigue craneando y sostiene que no sabe si tiene algún sentido este relato porque, al fin y al cabo, de amor real no tiene nada: “Fue más una pasión real, sin una pizca de amor verdadero”. Eso dice. Vaya a saber si lo cree.</p><p><br/></p><p><i>*Escribinos y contanos tu historia. </i><a href="mailto:amoresreales@infobae.com" target="_blank"><i>amoresreales@infobae.com</i></a></p><p><i>* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas</i></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/VSXU4UKFTNBMZLIJE4EOK2B5LE.jpg?auth=ce129b4d4dafeffbf914080c9e834b9fc275503038c5277cbdf4fe0d8c6455df&amp;smart=true&amp;width=1456&amp;height=816" type="image/jpeg" height="816" width="1456"><media:description type="plain"><![CDATA[Amores reales, Sonia y Juan, enamoramiento, amor, suegra y yerno (Imagen Ilustrativa Infobae)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[La psicóloga que se enamoró perdidamente de su paciente de los jueves: “Algo en él lo hizo irresistible”]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2025/01/05/la-psicologa-que-se-enamoro-perdidamente-de-su-paciente-de-los-jueves-algo-en-el-lo-hizo-irresistible/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2025/01/05/la-psicologa-que-se-enamoro-perdidamente-de-su-paciente-de-los-jueves-algo-en-el-lo-hizo-irresistible/</guid><dc:creator><![CDATA[Cynthia Serebrinsky]]></dc:creator><description><![CDATA[Camila, una excelente profesional, especialista en temas de pareja, podía comprender el corazón de todos sus pacientes, menos el de José. En el marco de la terapia, sus vidas se entrelazaron de la única forma prohibida. Quisieron evitarlo pero el deseo y la curiosidad fueron más fuertes]]></description><pubDate>Sun, 05 Jan 2025 04:18:09 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/CVAVG6IO3NBGDA62H7OGDIS7P4.jpg?auth=57c4b97a88c701d7a9a9bd1672553d53cf346172cdb32d42d97910b260d6ad62&smart=true&width=1456&height=816" alt="José, de 38 años, llega al consultorio de Camila un jueves caluroso sin una clara razón para iniciar terapia (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Camila, <b>psicóloga</b> clínica de 38 años, vive y trabaja en Buenos Aires. Su consultorio, en el barrio de<b> Palermo</b>, está decorado con estanterías llenas de libros y una ventana pequeña que da a un árbol grande que parece haber existido desde siempre. El lugar, en un viejo edificio de la década del 30, era un refugio tanto para sus pacientes como para ella misma. Su vida era tranquila, ordenada, regida por los principios que había aprendido a lo largo de los años. Nada la había preparado para lo que estaba por suceder.</p><p>Era un jueves caluroso de noviembre cuando <b>José entró por primera vez en su consultorio</b>. “Me acuerdo como ayer; me impactó”, dice ella perdida en la nostalgia. José<b>,</b> con 38 años, era un hombre de presencia magnética. Alto, con el rostro marcado por la expresión constante de un dolor que no lograba ocultar del todo, y una mirada que parecía escrutar cada rincón de quien tuviera frente a él. Su ropa, aunque elegante, no era especialmente llamativa. De hecho, su atuendo era sobrio, casi sombrío: un chaleco negro, una camisa gris y un saco oscuro. Al entrar, José no se presentó con una sonrisa ni un saludo convencional. Sólo se limitó a decir: “Hola, Camila”.</p><p>Camila lo observó, tratando de leer la situación. Había algo en él, algo indefinido, que despertó su curiosidad y, por alguna razón, también cierta inquietud. Mientras él se sentaba en el sillón, ella lo miró un momento y luego le preguntó con el tono profesional que ya dominaba: “¿Qué te trae por acá?” José la miró fijo. No parecía nervioso, pero tampoco relajado. La forma en que se acomodó en el sillón, la postura de su cuerpo, indicaban una resistencia casi palpable a someterse al análisis que la psicóloga quería iniciar.</p><p>“<b>No estoy seguro de por qué vine </b>—dijo con voz grave, un poco distante—. Tal vez porque me dijeron que lo haga. O tal vez porque estoy cansado de hacer todo lo que me mandan”. Camila, que sabía que en estos primeros encuentros el silencio y la paciencia eran fundamentales, se quedó callada por diez segundos; el tiempo que tenía medido para que sus palabras se asentaran en el aire frente a los pacientes difíciles. “A veces, no saber por qué uno está aquí puede ser el primer paso hacia algo más claro”, respondió con una calma que, ella misma, sabía que estaba dirigida más a sí misma que a él. Camila era una buena psicóloga, sí, a pesar de su juventud era una excelente profesional pero también, más allá de su carrera, su vida personal acarreaba bastantes <b>traumas todavía irresueltos</b>. Sus palabras flotaron como un puente colgante que intentaba tender hacia el hombre que tenía frente a ella.</p><p>José no contestó inmediatamente. Pareció sumirse en sus pensamientos por un largo rato. Por fin dijo con una leve sonrisa: “Quizás estoy aquí para contarle a alguien lo que realmente me pasa”. Camila se sorprendió por la sinceridad con la que había hablado. La mayoría de las personas que pasaban por su consultorio no tenían la valentía, o la necesidad, de ser tan directas en el primer encuentro. Y sin embargo, José parecía no tener miedo de desnudarse emocionalmente, aunque lo hacía con cautela.</p><p>Las semanas transcurrieron, y las sesiones con José se volvieron un<b> ritual extraño</b>. Camila había tenido pacientes complejos antes, personas con historias desgarradoras o profundos conflictos internos, pero nunca había experimentado una conexión tan intensa. Había algo en José que la descolocaba. Un dolor evidente, pero también una capacidad de ocultar su sufrimiento detrás de una fachada tan cuidada que era difícil distinguir si realmente estaba intentando abrirse o simplemente jugando a un juego psicológico de manipulación. “También veía mucho de él en mí, lo cual me distraía del trabajo terapéutico para llevarme a involucrarme a otro nivel”.</p><p>El primer giro en su relación sucedió una tarde de agosto, cuando José comenzó a hablar de sus <b>fracasos en las relaciones personales</b>. “Nunca entendí por qué las mujeres me terminan abandonando —dijo, su tono grave resonando en las paredes del consultorio, mientras sus ojos oscuros no dejaban de mirar a Camila—. Como si al final no tuviera suficiente. O tal vez me aburro antes de que ellas lo hagan”.</p><p>Camila, que había aprendido a mantenerse serena frente a este tipo de confesiones, se mantuvo atenta e, inesperadamente, su interés creció. Tal vez porque a ella misma en su vida personal le sucedía igual. En sus 38 años había tenido más de diez parejas, la mayoría hombres que se enamoraban de ella, que planificaban un futuro, futuro que siempre terminaba parecido: a los meses de relación intensa ella ejercía cualquier estrategia inconsciente para que el caballero “huya despavorido”, y si el candidato aún seguía de pie ella lo dejaba sin mucha explicación. Hubo algo en la expresión de José, una mezcla entre vulnerabilidad y arrogancia, que la hizo sentirse incómoda pero una vez más identificada. “<b>¿Y por qué creés que te aburrís?”,</b> preguntó, más por curiosidad personal que por empatía profesional. “Creo que buscaba en José las respuestas que yo no tenía para mí misma”.</p><p>José levantó la mirada, encontrándose con la de su analista. La intensidad del choque fue tal que, por un segundo, ella sintió que el consultorio se vaciaba de todo lo que lo rodeaba. Fue una mirada profunda, casi como un examen, y Camila evidenció que no sólo le preguntaba a él, sino que el cuestionamiento era para sí misma. “Porque al final siempre busco lo que ya sé que no voy a encontrar”, respondió José, como si estuviera diciendo una verdad incómoda. No esperaba una respuesta, pero Camila sabía que él, en el fondo, quería ser comprendido, incluso sin mostrar su dolor tan abiertamente.</p><p>Camila guardó silencio durante unos segundos, sin saber si esa revelación debía ser analizada más a fondo o si debía simplemente dejarla reposar en el ambiente. Había algo en sus palabras que la tocaron de una forma inesperada. No era simplemente la confesión de un hombre que no comprendía su fracaso en las relaciones; era la confesión de alguien que estaba perdido, que había dejado de intentar entenderse a sí mismo. “Que <b>parecía haber dejado de creer en el amor</b>, <b>como me pasaba a mí.</b> Daba consejos para que las parejas tengan vínculos más sanos, vivía hablando de amor y, sin embargo, mi vida sentimental era un desastre, cada vez peor. Llegué a pensar que el amor no existe”.</p><p>La sesión terminó sin grandes avances, pero algo había cambiado. Camila comenzó a darse cuenta de que había algo más en José que un paciente con problemas sentimentales. Había una complejidad detrás de su fachada, algo que despertaba en ella una mezcla extraña de intriga y ternura. <b>“Me veía en él”,</b> dice con la mirada puesta en el sillón de cuero. Así, el vínculo entre terapeuta y paciente comenzó a rozar los límites de lo que debía ser. Aunque todavía sólo en los pensamientos más secretos de cada uno. Camila sintió miedo, “sabía que estaba mal”, pero al mismo tiempo no podía parar de pensar en su paciente de los jueves.</p><h2>La confesión inesperada</h2><p>El punto de no retorno ocurrió una <b>tarde lluviosa de otoño</b>. José llegó tarde, empapado, y se sentó en su lugar con una expresión que Camila jamás había visto en él: agotada, casi resignada. “Camila, hay algo que tengo que decirte”, dijo, con la voz grave, como si le costara encontrar las palabras. Ella lo miró, sabiendo que en ese instante algo estaba a punto de transformarse. “¿Qué pasa, José?”, preguntó, sin poder evitar el tono tenso que ya comenzaba a apoderarse de su voz. Él levantó la mirada y sus ojos, normalmente llenos de un misterio impenetrable, ahora se veían vulnerables. “<b>Hace semanas que vengo pensando en vos</b>. En todo lo que me decís, en lo que hago, en cómo me siento después de hablar con vos. —desembuchó verborrágico con una honestidad brutal que la descolocó—. Con vos puedo hablar cosas que no hablo con nadie. Así es la relación ideal, así como la nuestra. Creo que… te volviste algo más para mí que mi psicóloga”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/AFU5BQM4F5C7XNUGV7POHVKOYM.jpg?auth=1dce7e48e11c456f4813b562b490141b2a9effe86f79270bdee7bbf64f2a9376&smart=true&width=1456&height=816" alt=" “Hace semanas que vengo pensando en vos", confesó su paciente de los jueves en una sesión (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Camila no sabía qué responder. Su mente se apagó. Sabía lo que debía hacer, lo que la ética le dictaba que debía hacer. Pero su corazón, traicionero, le decía otra cosa. Había algo en esa confesión, algo que la hacía sentir una mezcla de pánico y fascinación. “Lo que acababa de escuchar, no me gustaba… pero me encantaba”, se enciende contradictoria. Intentó mantener la compostura, pero la tensión entre ambos era palpable. Camila se levantó y caminó hacia la ventana. Afuera, la lluvia seguía golpeando los cristales con furia. “José, no podemos mezclar los límites profesionales con lo personal”, largó finalmente, con voz temblorosa. José permaneció en silencio. Luego se levantó lentamente, acercándose con cautela a ella. “Lo sé, Camila. Lo sé —respondió, con voz suave pero firme—. Pero… ¿y si esto no es tan raro? ¿Y si estamos sólo evitando algo que ambos sabemos que está ahí, entre nosotros? ¿Y si somos almas gemelas?”</p><p>La pregunta quedó flotando en el aire. Camila sintió que, por primera vez, no tenía las palabras adecuadas. Todo lo que había aprendido en la facultad, sobre la importancia de los límites, parecía desmoronarse frente a ella. Estaba siendo testigo de su caos. Pero, al mismo tiempo, no podía ignorar lo que sentía. <b>“Esto es todo por hoy. </b>Se terminó la sesión. José, andate por favor”, es todo lo que atinó a decir.</p><p>La relación entre Camila y José había ido tomando un rumbo incierto, aunque las líneas nunca habían sido trazadas con claridad. En las semanas previas, el vínculo había cruzado umbrales invisibles: las palabras ya no se sentían tan convencionales, las miradas entre ambos parecían cargadas de una intensidad que no podían o no querían reconocer. Había una especie de magnetismo palpable en el aire del consultorio, como si la energía que compartían estuviera a punto de desbordarse. Camila lo sabía, y él también. Pero, al mismo tiempo, ambos mantenían un delicado equilibrio entre la ética profesional y la fascinación personal; un clásico contrato entre analista y analizado.</p><p>Habían pasado meses desde que José había confesado que sus sentimientos por ella iban más allá de la relación paciente-terapeuta. Camila, aunque trató de mantener la distancia, no podía dejar de pensar en él. Lo había oído en su voz, en su forma de mirar, en su dolor sin resolver. Y algo en ella, que había estado guardado bajo capas de profesionalismo, comenzó a resquebrajarse. A veces, incluso se sorprendía deseando que llegara el día de la próxima sesión, sin querer admitir la razón por la cual <b>su corazón se aceleraba</b> al escuchar el sonido de su teléfono anunciando su cita. “El juego se volvió tan peligroso como excitante”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/IOG4ZHCESBG5DMQ3EVGYXEY65Y.jpg?auth=819774e5f2f38bc4afc8373083f21ea3d750051b6835857a69ac046144068d5c&smart=true&width=1456&height=816" alt="Aunque intentó mantener la distancia, Camila no podía dejar de pensar en José (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><h2>La sesión que cambió todo</h2><p>Aquella tarde de invierno fue la que cambió todo. José llegó tarde, como solía hacerlo a veces, pero esta vez fue diferente. Su rostro mostraba algo más que cansancio: una extraña mezcla de desesperación y deseo reprimido. La tormenta afuera parecía presagiar lo que estaba por suceder. El viento soplaba fuerte y la lluvia arremetía contra las ventanas. La atmósfera del consultorio, con su luz cálida y la presencia del árbol que se balanceaba hacia los vidrios, era más intensa que nunca, como si a veces la sabia naturaleza nos armara la escenografía perfecta para la escena del crimen. Camila sintió un escalofrío, aunque no sabía si era por la tormenta o por lo que estaba a punto de enfrentar. Hoy reconoce que<b> los jueves se arreglaba especialmente </b>y que, “aunque ni en sus sueños se hubiera imaginado pasar la raya”, esos días elegía cuidadosamente su ropa interior.</p><p>José entró sin pedir permiso, como si su decisión ya estuviera tomada. “Camila —dijo con voz áspera—, ya no puedo seguir con esto. Siento que me estoy ahogando en esta tensión. No puedo vivir entre lo que quiero y lo que debo hacer. Además, para algo vine a terapia y justamente vos me ayudás a que no reprima lo que me pasa”. Camila lo miró desde su sillón, la cabeza ligeramente inclinada, tratando de interpretar las palabras, el tono, la postura de su cuerpo. Sintió algo de frustración en cuanto a su profesionalismo: “¡Yo misma, sin querer, lo conduje al más tabú de los deseos!”, pensó. Algo en él había cambiado, <b>había una urgencia palpable en su ser.</b> No era sólo la angustia de un paciente. Era algo más profundo, algo que se sentía como un grito silencioso pidiendo ser escuchado. “José, por favor, no... no quiero que esto vaya por ese camino. Sabés lo que está en juego aquí”, soltó Camila, aunque su voz ya no sonaba tan firme como solía hacerlo.</p><p>José se acercó lentamente, con pasos medidos pero decididos. Ya no había distancia física entre ellos. La energía entre ambos estaba tan cargada que era casi imposible ignorarla. Se detuvo a pocos centímetros de su psicóloga, y sus miradas se hundieron con una intensidad insoportable. “Camila, no puedo más con esto —susurró, ahora tan cerca que sus palabras parecían un eco en el silencio del consultorio—. ¿Por qué no podemos simplemente darnos lo que ambos sabemos que queremos?”, insistió como un nene chiquito suplicando por lo que más quiere.</p><p>Camila tragó saliva y notó su corazón “latiendo aterrado”. Quiso decir algo, cualquier cosa que los hiciera entrar en razón, pero en ese momento no tenía palabras. Su mente estaba completamente en blanco, y las emociones que hasta entonces había mantenido tan bien controladas comenzaban a invadirla. Los límites se difuminaban lentamente, como si la realidad se estuviera distorsionando. José no esperó más. Con una mano, levantó delicadamente el rostro de Camila, buscando una reacción, una señal. En su mirada había desesperación, pero también una fragilidad que no podía ocultar. Y algo en esa vulnerabilidad quebró la última barrera que quedaba.</p><p>El roce de sus cuerpos fue el último paso hacia lo prohibido. <b>Camila, sin poder resistirse, se dejó llevar por la intensidad del momento. </b>El consultorio que siempre había sido un lugar de calma, de distancia profesional, ahora se convertía en un escenario íntimo y peligroso. Sus labios se encontraron en un beso ardiente, un beso contenido por meses, y la electricidad entre ellos pareció recorrer cada rincón del salón. José la abrazó con fuerza, como si no quisiera dejarla ir nunca más.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/ELTU35KCURCTLICYN62PFF3YWM.jpg?auth=66c30eacdacf15ba1c02f3cb425dd216b47db6df3525827abed065ad10e2f79c&smart=true&width=1456&height=816" alt="Camina no pudo resistirse al beso (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>En ese instante, Camila sabía que había cruzado una línea de no retorno, pero no podía detenerse. No quería detenerse. La sensación de su cuerpo contra el de él la envolvió. Era una mezcla de miedo, deseo y adrenalina adictiva, “un cóctel perfecto”. Las manos de José se deslizaban por su espalda, trazando un camino hacia sus partes íntimas, mientras ella, atónita, se entregaba al momento, con la mente atrapada entre la culpa y el goce. Los límites entre terapeuta y paciente ya no existían; <b>sólo eran un hombre y una mujer</b>.</p><p>Pero la realidad no tardó en infiltrarse, pesada y abrumadora. Cuando se separaron, ambos respiraban con dificultad, y el silencio que quedó era denso, casi insoportable. Camila, con la mente en un torbellino de emociones, se levantó rápido y se apartó de él. No podía mirarlo a los ojos. Su cuerpo temblaba, pero no era por el frío, sino por la confusión que sentía. “No podemos hacer esto, José —dijo quebrada—. Sabés lo que está en juego. Esto... no puede seguir así”, agregó palabras que su cuerpo parecía desconocer.</p><p>José la miró en silencio. Había en sus ojos una mezcla de frustración y comprensión, como si él también supiera que lo que había sucedido no debía haber ocurrido, pero aún así no pudiera arrepentirse. “Ya sé”, dijo cabizbajo, y agregó derrotado: “Se terminó la sesión”. Pero no había ira en sus palabras, solo una tristeza profunda. Camila era la primera mujer que colmaba sus fantasías, su corazón, todo su ser… y no podía tenerla. Había sido él quien había impulsado ese momento, pero ahora, en la quietud que seguía a la tormenta, la realidad de sus acciones se dejaba sentir en toda su crudeza.</p><p>Camila lo miró por un segundo más antes de girar hacia la ventana, buscando en la lluvia algo que la anclara a la cordura, como si el agua que cae del cielo pudiera darnos las respuestas que en la tierra no encontramos. El consultorio, con su ambiente cálido y su luz tenue, ahora se sentía claustrofóbico, como si el aire mismo estuviera cargado de una energía maldita. “José, te pido que te vayas. <b>Necesito pensar, necesito… volver a encontrar mi lugar”</b>, expresó ella juntando el valor que no había tenido hacía cinco minutos, aunque su alma tembló al pronunciar el reclamo, por la frustración y el deseo que aún persistían en su piel. José sabía que la decisión de Camila era la correcta. Asintió lentamente, sin decir nada más, y se marchó.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/3HH4PDZTZFCTDMZ7AJ2I6Q33QU.jpg?auth=d59825f19cb98aca463b52aac7224d69f13d5c1ae6474732de18013a5fdfd8c1&smart=true&width=1456&height=816" alt="La experiencia con José había marcado un antes y después en su vida (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Cuando él se fue, ella permaneció en el consultorio por un tiempo indefinido, contemplando la nada desde la ventana mientras la tormenta seguía arremetiendo contra los cristales. El viento parecía llevarse con José la última ilusión de pasión que ella había tenido. Se sintió vacía, como si su mundo profesional hubiera colapsado, llevándose consigo las certezas que hasta entonces habían definido su vida. Pero también había algo en ella que sabía que, por alguna razón inexplicable, <b>esa experiencia la había cambiado de manera irreversible.</b></p><p>Luego de ese jueves ardiente José desapareció. Cada semana el celular de Camila le seguía avisando que llegaba su paciente más esperado, pero era inútil, él no volvió a presentarse ni al otro jueves ni nunca más. Ella intentó localizarlo, pero pronto descubrió que no había rastro alguno de él. Había decidido irse del país, o quizás simplemente había resuelto irse de su vida. Lo que ocurrió después, Camila nunca lo sabrá. En cambio sí tiene en claro que no volvió a ser la misma. Trata de seguir adelante con su vida profesional, aunque no puede evitar que la marca de su “paciente encantado” quedara en su memoria; continúa presente, como una sombra que nunca se desvanece por completo. José dejó una huella invisible. No es sólo la culpa lo que la atormenta, sino la fragilidad de los límites humanos, esos que, a veces, parecen desvanecerse frente a las emociones más intensas.</p><p>Aunque no lo volvió a ver, cada vez que cierra los ojos, siente la presencia de lo que sucedió, ese deseo prohibido que nunca debió existir, pero que, en cierto modo,<b> marcó un antes y un después en su vida</b>: un amor que nunca podría vivir, pero que, de alguna manera, jamás la abandonaría.</p><p>Y así Camila aprendió, de la forma más difícil, que a veces el amor no se mide por su duración, sino por el impacto que deja en nosotros.</p><p><br/></p><p><i>* Escribinos y contanos tu historia. </i><a href="mailto:amoresreales@infobae.com"><i>amoresreales@infobae.com</i></a></p><p><i>* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas</i></p><p><br/></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/ELTU35KCURCTLICYN62PFF3YWM.jpg?auth=66c30eacdacf15ba1c02f3cb425dd216b47db6df3525827abed065ad10e2f79c&amp;smart=true&amp;width=1456&amp;height=816" type="image/jpeg" height="816" width="1456"><media:description type="plain"><![CDATA[amores reales, josé y camila, psicóloga y paciente, enamoramiento, amor (Imagen Ilustrativa Infobae)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Él chateaba desde una plataforma petrolera en el Golfo de Bengala y ella desde Bangkok: del viaje sin un beso a apostarlo todo]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2024/12/29/el-chateaba-desde-una-plataforma-petrolera-en-el-golfo-de-bengala-y-ella-desde-bangkok-del-viaje-sin-un-beso-a-apostarlo-todo/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2024/12/29/el-chateaba-desde-una-plataforma-petrolera-en-el-golfo-de-bengala-y-ella-desde-bangkok-del-viaje-sin-un-beso-a-apostarlo-todo/</guid><dc:creator><![CDATA[Carolina   Balbiani]]></dc:creator><description><![CDATA[En 2009, el comodorense Claudio Iturrioz se encontraba trabajando en el Océano Indico, aislado pero con una muy buena conexión a Internet. En el tiempo libre contactó con Oli, una masajista terapéutica tailandesa que le gustó apenas la vio. Su foto era simple, común, nada sexual. Cuando ella le propuso un encuentro, él se lanzó a la aventura de un viaje que produjo un sismo en su vida]]></description><pubDate>Sun, 29 Dec 2024 03:35:59 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/H7DNTE5D3FFHTH7G2TH4FXNAPI.jpg?auth=0ea9f57442759a23f681595caa9d86103e92a6b212951dde5c7e004ad202b944&smart=true&width=1280&height=960" alt="Claudio (a la derecha), junto a un compañero de trabajo en una plataforma petrolera" height="960" width="1280"/><p>Y sí, hay amores que se cocinan por las redes a pura pantalla lenta, sobre el fuego de Internet, entre píxeles y cristales líquidos. El que relataremos hoy comenzó <b>del otro lado del planeta</b>, con textos que aprendieron a nadar desde una plataforma petrolera construida sobre el golfo de Bengala hasta las multitudinarias calles de Bangkok, la capital de Tailandia. Dos pequeñas agujas que el imán virtual sacó del pajar universal y unió, gracias a la tecnología, con una fuerza espiritual descomunal.</p><p>Algunas décadas atrás, este amor entre el argentino Claudio Iturrioz (53) y la tailandesa Natthanicha “Oli”(43), no hubiera podido naufragar porque ni siquiera hubiera tenido la oportunidad de existir.</p><h2>Arriba, soledad; abajo, petróleo</h2><p>La voz de <b>Claudio</b> viaja con demora, sus respuestas llegan luego de la siguiente pregunta y se mezclan las frases. Él explica que es culpa de la mala señal. Está en la casa que comparte con su pareja, a ocho kilómetros de Plottier, una zona de chacras en las afueras de Neuquén capital. Aquí, entre rosales y árboles frutales, este hombre -ciudadano del mundo por su trabajo- construyó un refugio para su gran amor con <b>la tailandesa Oli.</b></p><p>Nacido en <b>Comodoro Rivadavia</b> allá por 1971, Claudio conoce los rincones más alejados y exóticos porque “he trabajado en el área del petróleo desde los 19 años. Soy el menor de tres hermanos y el único varón -resume-. Mi padre era empleado público y mamá trabajaba en un colegio, ambos ya murieron. Estuve<b> trece años casado con una argentina</b> con quien tuve dos hijos: Ariel que hoy tiene 29 años y Daniela de 27. Durante su infancia me la pasé trabajando mucho, quizá demasiado. Siempre estaba de viaje en algún sitio remoto”.</p><p>En 2009, ya divorciado, llegó a la India para trabajar sobre unas plataformas petroleras sobre el mar del <b>Golfo de Bengala</b>: “Mi trabajo implicaba estar 35 días en las plataformas y, luego, tenía otros 35 días libres en los que siempre viajaba a la Argentina, a Neuquén”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/BEZG3AWZ5ZAFPPWGTRPRO4T7YI.jpg?auth=f85fc332049b1f22c7b433dccd7253b478c6537668adb1094640fe7997544cf9&smart=true&width=1920&height=1279" alt="Claudio Iturrioz conoce muchos lugares exóticos en el mundo porque trabaja en el mundo del petróleo desde los 19 años  (Crédito: REUTERS)" height="1279" width="1920"/><p>Pasaron los años y el 2013 lo encontró en este mismo mar ayudando a extraer petróleo para una compañía norteamericana: “Soy especialista en herramientas de pozo abierto. Éramos en ese momento una población de unas 98 a 120 personas en la plataforma. En estos sitios, si bien pasás mucho tiempo aislado de todo, suele haber muy buena conexión a Internet. En junio de 2013, yo tenía 42 años. Cuando me quedaba tiempo libre, me metía en diferentes chats para conocer gente. En uno de esos días me crucé en un chat con Oli, una joven de 30 años de Tailandia. Empezamos a mandarnos mensajes y, desde el principio, me gustó. Veía que podíamos conectarnos muy bien en inglés y observé que ella tenía <b>una foto simple</b>, común, nada sexual. No estaba en bikini ni en ropa interior. Todo era sencillo, fácil. Charlamos durante varios meses y, cuando me tocó bajar en Bombay, India, ella me dijo de probar hablar por Skype. ¡Recién entonces empezamos a vernos por cámara!”.</p><p>Oli (30) vivía en <b>Bangkok</b>, Tailandia, donde trabajaba como <b>masajista terapéutica</b> junto a su hermana. Les iba muy bien. Había estado casada con un hombre con quien había tenido una hija (hoy de 27 años), pero la cosa no funcionó y él las abandonó. Así que Oli tuvo que ponerse la crianza sobre sus hombros y, para poder trabajar, su propia madre se encargó de cuidar a su hija.</p><p>En medio de las conversaciones por Internet con Oli, Claudio tuvo su mes y pico libre donde viajó a la Argentina. Cuando regresó a la India tuvo que quedarse un tiempo en la ciudad de Kakinada, con otros compañeros, esperando que les asignaran nuevos puestos de trabajo. Mataban el aburrimiento y la soledad en la oficina chateando por Internet. Un día de <b>septiembre de 2013</b> Oli le anunció que tenía planeado un viaje a Nueva Delhi, con una amiga, para conocer un templo budista. Fue más lejos: le dijo que ella podría estirar su viaje un par de días y le sugirió que sería una buena oportunidad para conocerse. El universo de Claudio experimentó un pequeño sismo. Existía la posibilidad concreta de verse cara a cara.</p><h2>Un buen consejo</h2><p>Recuerda Claudio: “Uno de mis colegas de trabajo, que sabía de mis charlas con Oli, me dijo: Aprovechá que no estamos con trabajo y pedite dos o tres días de vacaciones y viajá a conocerla. Me pareció una buena idea. Le pedí permiso a mi jefe y saqué el pasaje. Era un vuelo corto de cuarenta minutos. También reservé un hotel para mí. El 10 de septiembre llegué al aeropuerto de <b>Nueva Delhi</b>. Como se acababa de ir su amiga, Oli me esperaría sola en la puerta 3. No me olvido más. ¡El temor era vernos en vivo y en directo! Estaba aterrado de conocerla personalmente y que no fuera la misma persona que yo venía viendo por la cámara de la computadora desde hacía meses. Por suerte, nos reconocimos con facilidad y no hubo sorpresas. Me encantó inmediatamente. Encima, ocurrió algo increíble. Nos subimos al taxi en el aeropuerto y cuando dijimos la dirección de nuestros respectivos hoteles fue una sorpresa: ¡habíamos reservado en el mismo! No nos habíamos puesto de acuerdo en nada del alojamiento. Es una ciudad con 33 millones de habitantes y donde hay miles de hoteles. Fue una<b> coincidencia impresionante</b>, muy loca. Llegamos a las tres de la tarde a la recepción y cada uno se fue a su habitación. Éramos como viejos amigos. Sentíamos que nos conocíamos desde siempre. Quedamos en encontrarnos a las 19 en el lobby para ir a cenar”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/R3HN7QTC7NHB5PIMIS46JSCZXU.jpg?auth=a140b19d941966f80bf13d901db3f2b033a3812f9569555198aa879a433f9687&smart=true&width=1920&height=1306" alt="Durante la visita a Nueva Delhi hicieron una excursión al Taj Mahal, donde él fue tan prudente que no se atrevió a tomarla de la mano (Crédito: REUTERS)" height="1306" width="1920"/><p>Esa noche después de comer y de charlar sin parar, cada uno regresó a su dormitorio. No hubo nada de nada. Ni un roce ni una frase sugerente. Claudio quería cuidar la relación y no apurar las cosas: “Era una mujer que me había impactado mucho, que había traspasado muchos de mis límites por su forma de ser, por su amabilidad. Me cuidé de ser prudente para no asustarla. ¡Ni siquiera intenté agarrarle una mano!”, confiesa riendo.</p><p>Al día siguiente pasearon como miles de turistas. Fueron a visitar el <b>Taj Mahal</b> y caminaron sin pausa. Volvieron muertos de cansancio al hotel y, una vez más, cada uno a su cuarto de hotel.</p><p>El tercer día almorzaron y, luego, a ella le tocó partir primero. Se despidieron sin haberse dado un beso: “No había pasado nada de nada de nada, pero había quedado encendida una linda chispa”, sostiene Claudio.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/RMT6QHOUPZGSZIDYH53FEF2YSY.jpg?auth=0c8b2c1945e13d1bdca5f549f073930b7218e16ed33e4f6b3c549abcb90b84f5&smart=true&width=1920&height=2560" alt="Claudio quedó impactado con Oli desde el primer momento" height="2560" width="1920"/><h2>La decisión jugada</h2><p>“Cuando regresé de mis breves vacaciones mi jefe me anunció que tenía que pasar unas semanas trabajando en Bombay. Iba a estar instalado en un departamento y solo. No lo pensé mucho. Enseguida llamé a Oli y le propuse si no quería venir unos días conmigo para conocernos más. Ella me comunicó que no tenía dinero para volver a viajar y yo le ofrecí comprar el pasaje. Se iba a quedar en el departamento, no tendría que gastar casi nada. Su hija de 16 años vivía desde hacía tiempo con la abuela así que eso tampoco era un tema. <b>Vino a Bombay y se quedó trece días</b>. La primera noche durmió en otro cuarto. El primer paso lo di yo, le hablé de frente. Le dije que me gustaba más de lo normal, que no quería solo una amistad, que <b>deseaba que fuera mi novia</b>. Ella me admitió que ya sabía que eso era lo que iba a pasar y nos besamos. La sociedad tailandesa es bastante conservadora. Recién ahí nació nuestra relación como pareja.”.</p><p>Cuando a Daniel le dieron el mes y algo libre esta vez no fue directo a la Argentina. <b>Arrancó por Bangkok</b> donde decidió alquilar un departamento: “Ella vivía con su hermana. Así que alquilé un lugar para nosotros. Para que ella se instalara ahí y pudiéramos tener nuestra intimidad. Yo iba cada vez que podía. En vez de pasar todo mi período de vacaciones en la Argentina, empecé a repartir mis días entre Tailandia y Neuquén. Mi vida era complicada porque justo mi mamá estaba cursando una dura enfermedad, cáncer de mama. De esos 35 días que me tocaban, dos semanas las pasaba con Oli y, las otras dos, en Neuquén con mi vieja y mis hijos. Era agitado vivir arriba de los aviones tantas horas, pero <b>estaba totalmente enamorado.</b></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/CVROEB7QMVBGDDBXEYDLEXVODU.jpg?auth=57973d6a6436d4e492dce95fe59c88e9cc3c5b6d32fee44c95b6c85d1909e64a&smart=true&width=1920&height=1280" alt="En lugar de pasar todas sus vacaciones en la Argentina, Claudio empezó a quedarse con ella en Bangkok, donde alquilaba un departamento (Crédito: Grosby Group)" height="1280" width="1920"/><p>En diciembre de 2013 Oli vino conmigo para pasar las fiestas y poder conocer a mi familia. Mi mamá se ponía nerviosa porque quería comunicarse mejor con ella y no podía porque no hablaba nada de inglés. Oli fue una nuera impecable y amorosa. Mamá tenía muy mal la piel y los pies por los tratamientos oncológicos. Oli se los lavaba con paciencia. ¿Qué nuera hace eso? -Claudio se ríe con amor al responder-. Oli desayunaba como los orientales con comida no con café y tostadas. Mi madre veía que se preparaba <b>pollo frito a las ocho de la mañana. </b>Al final ¡probó y le encantó!. Mi hermana del medio se resistía un poco y me decía que había traído una novia a la que no le entendían lo que decía”, cuenta siempre con humor para intentar explicar las <b>diferencias culturales</b>. “Mi vieja intentaba hacerse entender y entonces le hablaba muy fuerte al oído y le preguntaba, por ejemplo: ¿Tenés frío? Yo le explicaba: Mamá, no habla español, pero no es sorda, no grites. ¡Era todo demasiado gracioso!”.</p><p>Los hijos de Claudio y la hija de Oli también tomaron bien que sus padres se enamoraran. Así que las cosas discurrieron con paz: “Mi hija Daniela de hecho vino a Tailandia en 2015 y se quedó un mes con nosotros”. Fue durante el viaje de regreso a la Argentina en el 2015 que murió la mamá de Claudio.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/HCJYXSSFWJFFXMW64KILGNTWIE.jpg?auth=b2c6a79320a68de2e1e61a61045c588229896c12fc76d68f6680c65e31ad5810&smart=true&width=1920&height=2552" alt="En diciembre de 2013 Oli aterrizó en Neuquén para pasar las fiestas con Claudio y toda su familia" height="2552" width="1920"/><h2>“Lo que me enamoró de ella”</h2><p>Desde el 2013 hasta el 2016 la vida siguió más o menos por los mismos derroteros y sin grandes sorpresas. Entre la soledad de las plataformas y las visitas a Oli y a su país natal, yendo y viniendo.</p><p>El 16 de enero de 2016 Oli y Claudio decidieron dar otro paso en su relación: <b>se casaron por civil en Bangkok</b>, frente a unos amigos y familiares de la novia.</p><p>A fines del 2017 Claudio regresó a la Argentina, había terminado su trabajo. El 2018 lo sorprendió con un empleo nuevo en Arabia Saudita, en el que estuvo hasta octubre de este año. Fue por este tiempo que ambos comenzaron a planear vivir juntos en la Argentina.</p><p>En una nueva decisión audaz, Oli encaró el desafío sin dudar: se mudaría a vivir a la Patagonia, la otra punta del mundo. Se organizaron y, en 2019, se trasladó a Neuquén. Ahora, Claudio podría pasar todo su tiempo libre en Argentina.</p><p>“¿Qué me enamoró de Oli? Todo. Me enamoró que nunca tiene días malos; que es resolutiva en lo económico y en lo afectivo; que no peleamos ni discutimos; me da una vida muy armoniosa. Creo que ella encontró en mí seguridad, protección y respeto. Nunca tiene ni tendrá motivos para los celos. ¿Sabés? Nosotros canalizamos nuestras diferencias meditando. <b>Ella es muy espiritual,</b> es mi descarga a tierra. Es una persona con valores y que no tiene miedo a los desafíos”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/IX5LM6KFTFFKBEFW3UQHXOB3U4.jpg?auth=8287ae631558f673d021727f684a98545c9367de31fa05947d0d4226484ee490&smart=true&width=1920&height=2552" alt="Oli probando un sandwich de miga" height="2552" width="1920"/><p>En el año 2021 construyeron su propia casa en<b> Plottier </b>a dónde se mudaron con su perra Daisy. Fue adoptada en San Justo y es de la raza Shih Tzu mini. Claudio le pone humor a su nueva paternidad: “¡Es nuestra hija peluda!”.</p><p>Mientras él trabaja en Medio Oriente, ella se queda sola en Neuquén: “Por suerte Oli se maneja muy bien. Hace todos los trámites, lo que sea que haya que hacer y, no me preguntes cómo se comunica, pero se hace entender. Es muy simpática y siempre está con una sonrisa. Acá todos la conocen como la tailandesa”.</p><p>¿El ve el futuro cercano? “Ahora estoy cambiando de locación de trabajo. Hasta el pasado 28 de octubre estuve trabajando en Arabia Saudita. Quizá me toque en esta nueva etapa Kuwait o Guyana. Pero antes tengo que hacerme un tratamiento médico: una cirugía bariátrica porque tengo problemas de sobrepeso y diabetes tipo dos desde hace unos cinco años. Quiero operarme en febrero. Peso 112 kilos y mido 1,65 metros ¡me sobran 40 kilos!”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/PKVGLQVXZNBRLI3ZZRA4IPRMKA.jpg?auth=3a95453384b203fdae458e19577fb5dafb0331587954aa9a70f079205925c98d&smart=true&width=1920&height=3413" alt="En 2021 construyeron su propia casa en Plottier y se mudaron con su perra Daisy, adoptada" height="3413" width="1920"/><h2>El jardín de los cerezos y los almendros</h2><p>Todavía la familia de Oli no visitó nunca la Argentina. Pero ellos sí tienen decidido viajar a Tailandia en el 2025: “Por suerte, la tecnología ayuda a que Oli no extrañe tanto. Su hija está bien, trabaja, tiene a sus tías y un hijo de 9 años”.</p><p>Claudio cuenta que también él tiene un nieto de su hijo Ariel. Que con su hijo se habla todas las semanas y reconoce que no ha sido un padre muy presente para sus hijos: “Estoy cuando me necesitan. Siempre fui medio <b>nómade,</b> trabajé mucho y viví lejos. Se criaron así. Pero mi hijo lo sufrió bastante y me lo expresa. De hecho, él que también trabaja en una empresa petrolera, lo hace de lunes a viernes. No acepta viajar porque no quiere poner distancia entre él y su propio hijo Santino. Me reprocha el haber estado lejos porque asegura que me extrañó mucho y que no estaba para los cumpleaños o las graduaciones. Mi hija, en cambio, no lo vivió de la misma manera, dice que no la pasó tan mal. Me ve más como un luchador y le gusta escucharme contar lo que fue mi vida”.</p><p>¿Qué le costó a su esposa Oli de nuestras costumbres argentinas? Él la traduce: “No le agradan las puteadas típicas argentinas, ¡le parecen muy feas! Nunca le tomó gusto al mate. Eso sí: ¡le encantan las empanadas y el asado!”. Claudio sostiene que a él en cambio, abrazar la cultura oriental, no le costó nada. Pero se pregunta qué hubiera pasado si se hubiera cruzado con Oli y él no hubiera tenido previamente la larga experiencia de vivir en lugares como Malasia, Vietnam o India: “No sé si un clásico hombre nacido y criado en la Argentina, que no vivió en lugares orientales, podría haberse acoplado bien a una mujer asiática”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/IJECV65AFRGYPMPXUZPP42RB2E.jpg?auth=278f703ba0bdf4d1be1a054b4149ff276a8dde6b3269ae401b748e028fccc3f9&smart=true&width=1920&height=1440" alt="Claudio cuenta que no le costó nada abrazar la cultura oriental y asegura vivir un amor distinto a todo" height="1440" width="1920"/><p>Los ladridos de Daisy, interrumpen sus pensamientos y se pierden en el enorme jardín de los cerezos, durazneros y almendros. Una paz salpicada con albahaca y menta los envuelve. Oli reniega por el viento huracanado del sur argentino que le quiebra los rosales que tanto cuida. Claudio, con mucha sonrisa instalada en su cara, observa su nueva vida transcurrir sin urgencias. Asegura vivir un amor distinto a todo, basado en “un respeto mutuo inigualable. Seguimos declarándonos el amor cada día, en cada conversación. Es algo que no hemos perdido en estos once años que llevamos juntos. ¿Lo perderemos alguna vez? Creo que no. Porque ella me sigue gustando cada día más y la volvería a elegir. Me imagino envejeciendo con ella acá, en esta tierra”. Oli, con su paz oriental, sonríe y asiente.</p><p><i>* Escribinos y contanos tu historia. </i><a href="mailto:amoresreales@infobae.com" target="_blank"><i>amoresreales@infobae.com</i></a></p><p><i>* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas</i></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/ADSUHRA35VB3NBBSR3RZ45ILKY.jpg?auth=e193ec49ba40e28bcf8db65db448dc72afbd6c61ce83abf0806cb3227acec139&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1440" type="image/jpeg" height="1440" width="1920"/></item><item><title><![CDATA[Sentía atracción por un primo siete años menor, jugó con fuego y se enamoró: entre la culpa, los prejuicios y la fascinación]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2024/12/22/sentia-atraccion-por-un-primo-siete-anos-menor-jugo-con-fuego-y-se-enamoro-entre-la-culpa-los-prejuicios-y-la-fascinacion/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2024/12/22/sentia-atraccion-por-un-primo-siete-anos-menor-jugo-con-fuego-y-se-enamoro-entre-la-culpa-los-prejuicios-y-la-fascinacion/</guid><dc:creator><![CDATA[Cynthia Serebrinsky]]></dc:creator><description><![CDATA[Joaquín, el mimado de la familia, que se había criado en Tierra del Fuego y se mudaba a Buenos Aires, tenía 25 años cuando su prima mayor Martina, de 32, se dio cuenta de que “había algo más entre ellos”. La historia de un amor tan verdadero que nada, ni siquiera la familia pudo detener]]></description><pubDate>Sun, 22 Dec 2024 04:31:14 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/KMW3KTJFBRAODJPO4AYY3BGICY.jpg?auth=e1f3747be6fa861a721376e901a500ff6956860808e170ec6d9a6907a00fb6e1&smart=true&width=1456&height=816" alt="Joaquín era el menor de lo primos y Martina la mayor (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>En el corazón de Buenos Aires, donde la ciudad nunca parece dormir y las calles laten con una energía vibrante, Martina siempre pensó que su vida estaba predestinada a seguir ciertos caminos: trabajo estable, amigos leales, citas en cafés de Palermo, y alguna que otra aventura amorosa. Nunca imaginó que, más allá del bullicio de la Avenida Rivadavia, habría algo más profundo esperando por ella.</p><p>Martina tenía 32 años cuando su vida dio un giro inesperado, pero esta vuelta no fue producto de una relación pasajera ni de un cambio de carrera. Fue algo mucho más cercano, más arriesgado, más complejo. Un <b>amor prohibido</b>, oculto durante años, entre ella y su primo Joaquín, 7 años menor y criado en un pequeño pueblo de Tierra del Fuego, al sur del mundo.</p><h2>Infancia compartida</h2><p>Antes de que el amor prohibido floreciera entre Martina y Joaquín, hubo años de juegos, risas y una complicidad natural que no podría haber sido más inocente. Como niños, pasaron muchas tardes juntos en la vieja casona de los abuelos, en Caballito. En esos años, el tiempo parecía tener otro ritmo, más lento, más sencillo. El sol se ponía tarde, y las tardes se alargaban entre risas y carreras por el jardín, entre cuentos y secretos compartidos en rincones escondidos.</p><p>Martina era apenas una <b>nena de segundo grado</b> cuando Joaquín nació, lo había visto crecer desde sus primeros pasos, siempre a su lado, cuidándolo, protegiéndolo de todos, bromeando con él, como buena prima mayor. Sin embargo, en las primeras veces que jugaron juntos, había algo en la manera en que Joaquín la miraba que nunca pasó inadvertido. Tal vez era la forma en que él se apoyaba en su hombro cuando sentía miedo durante las películas de terror, o cómo ella lo abrazaba al verlo triste después de un reto de su madre. Esos gestos inofensivos, tan comunes en cualquier relación entre primos, se fueron entrelazando con una intimidad que se volvía cada vez más difícil de definir.</p><p>A veces jugaban a “la mamá y el papá”, “al cuarto oscuro”, “al doctor” o a otros juegos puros de la edad, como si el mundo no tuviera un peso moral que impusiera reglas. Eran pasatiempos que se iban transformando con el paso de los años. Se encerraban en su propio universo, y también en su cuarto, sin que nadie los interrumpiera, sin que nadie les dijera lo que debían o no debían hacer. En esos momentos, sin saberlo, se descubrieron uno al otro de una manera que los acompañaría para siempre.</p><p>Los años transcurrieron y los<b> 3.000 kilómetros</b> de distancia hicieron que la relación se calmara, o al menos eso parecía. Por un largo tiempo a la familia de él se le hizo más difícil viajar a Capital, entonces, el vínculo fue más que nada por teléfono, y muy de vez en cuando. Durante los años de Joaquín en Tierra del Fuego, el contacto entre ellos eran meros saludos familiares para las grandes fiestas aunque, sin saberlo, cada uno recordaba al otro con una fantasía que ya no parecía tan inocente. Entre la ilusión y la distancia, la idealización se retroalimentaba cada vez más. “Pero tenía que estar totalmente loco, ¿cómo me podía estar ratoneando con mi prima del alma”, sentencia él con toda la culpa puesta. Sucede que las almas a veces no piden permiso.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/7YFYUYZYMZBIHDKCG6JESB3R4U.jpg?auth=fe7b595c629ed4642c3c6be4e48054163feb33c542da3f0bf0449e3671153332&smart=true&width=1456&height=816" alt="Cuando Joaquín nació, Martina estaba en segundo grado y lo vio crecer (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><h2>El encuentro: destino o coincidencia</h2><p>La “otra” historia comenzó como un susurro lejano, un cruce fugaz entre dos almas. Joaquín, a sus 25 años, <b>decidió mudarse a Buenos Aires</b> en busca de nuevas oportunidades. La capital lo recibió con su ruido, sus luces y sus infinitas promesas. Era un joven sensible, con los pies plantados en la tierra fría del sur, pero con la mirada fija en algo más. Algo más grande, más allá de las montañas que marcaban el horizonte en su pueblo natal.</p><p>La familia de Martina, muy unida, era su única referencia en la gran ciudad. Las reuniones familiares en casa de los padres de Martina eran una tradición que él no pensaba romper. Fue en una de esas cenas, una noche de verano donde el aire cálido de Buenos Aires se mezcla con las risas y la música de fondo, que los dos se miraron por primera vez con una intensidad que no se puede describir.</p><p><b>“Hace calor, ¿no?”</b>,<b> </b>dijo Joaquín, tomando la copa de vino de la mesa mientras buscaba un escape de la conversación trivial que los rodeaba. Claro, ya no había chocolatada en sus vasos. Todo lo que ayer había sido infantil hoy viraba a un <b>formato adulto</b>.</p><p>“Sí, pero es soportable. Algo diferente al viento de Tierra del Fuego”, respondió Martina con una sonrisa nerviosa, aunque sus palabras fueron sólo el preámbulo de lo que estaba por suceder.</p><p>Las conversaciones entre ellos se alargaban más allá de lo esperado. <b>Algo había cambiado</b>, algo que ni ellos comprendían todavía. Joaquín se sentó junto a Martina en el balcón, rodeados por el murmullo de la familia y el ajetreo de “la city porteña”. Por primera vez, algo entre ellos ya no se sentía como una relación de primo y prima, “había algo más”.</p><p>El punto de inflexión ocurrió semanas después un domingo de enero en <b>Caballito</b>, cuando, “de casualidad”, Joaquín pasó por la casa de Martina. La excusa fue sencilla: él necesitaba hablar sobre su futuro, sobre su vida en Buenos Aires, y su prima mayor era la única que podía entenderlo. Pero lo que ninguno de los dos imaginaba es que esa conversación los llevaría hacia un destino irreversible.</p><p>“Qué increíble… cómo pasan los años y seguimos acá, juntos, ¿no?”, dijo Joaquín con su tono relajado, pero algo en su voz parecía diferente. La mirada de ambos se cruzó, y algo cambió en el aire. Martina no pudo evitar sentir esa extraña atracción que los unía desde siempre, una conexión que parecía haber estado allí durante años, bajo la superficie, esperando el momento adecuado para salir a la luz. Fueron microsegundos de debatirse entre las millones de preguntas existenciales que, como en un <b>duelo mortal</b>, una parte suya se formulaba y su costado “cuerdo” le respondía: “<b>¿Te gusta tu primo? ¡No da!”; “¿Qué le vas a decir a toda tu familia? Olvidate hermana”;</b> “¿Querés tener hijos normales? Con un primo podés tener problemas genéticos”; “Es el bebito de tu abuela, ¿te pusiste a pensar en ella? Estás del tomate”.</p><p>Fue entonces que Joaquín, con la mentalidad más abierta, la despertó de su “maquinaria mental” y le dio “el abrazo más contenedor de su vida”. Ya no eran como los de antes, como los de chicos. Su “primito” se había convertido en un hombre. Ahora había algo más, una electricidad inconfundible. “Te extrañé”, susurró Joaquín, sin poder evitarlo. Y antes de que ella pudiera responder, sus labios se encontraron en un beso inesperado y eterno, un<b> beso apasionado</b>, un beso que los dos ya habían practicado a escondidas tantas veces, en lo más reprimido de sus inconscientes, pero ahora se hacía realidad con un deseo irrefrenable.</p><h2>La confusión y el miedo: un amor prohibido</h2><p>Los días pasaron y lo que comenzó con una tierna incertidumbre se transformó en algo profundo. Martina, con su vida estable en la ciudad y sus expectativas de un amor convencional, se encontraba cada vez más atrapada entre la <b>fascinación por Joaquín</b> y la creciente sensación de culpa. Las voces de su familia, las mismas que durante años habían estado presentes en cada reunión, comenzaron a retumbar en su cabeza.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/FWOYLN27RJHS5LHLGHQB7Z7HOE.jpg?auth=ed8b582873ac3f413d985191f123e43fa89bea20d9c73c4174acd1a05cfe285c&smart=true&width=1456&height=816" alt="Tenían a la familia en contra pero el deseo de estar juntos era irrefrenable (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>“Esto no está bien, Martina. Somos familia. Esto es… prohibido. No podemos seguir adelante”, pensaba. Pero al mismo tiempo, el magnetismo, esa conexión bestial, no hacía más que crecer. Sin saber qué hacer con esos “malditos” sentimientos, la tensión se volvió insoportable. Fue en una de esas noches, después de una charla que se extendió hasta la madrugada, que Joaquín la miró a los ojos y, sin ningún filtro, le dijo lo que ambos sentían pero nunca se atrevían a nombrar: <b>“Martina, me haces sentir cosas que no debería sentir. Pero no puedo evitarlo. </b>Siento que esto es real.”</p><p>“Yo siento lo mismo, Joaquín”, respondió ella, pero su voz temblaba. “Pero… tengo miedo. La familia, la sociedad. Todo nos señala. <b>¿Qué vamos a hacer con esto?”</b></p><p>El silencio que siguió fue pesado. Ninguno de los dos sabía cómo seguir. A pesar de la atracción intensa y el deseo de estar juntos, la idea de la desaprobación social los paralizaba. Pero ya estaban “hasta las manos”.</p><p>Lo que siguió fueron meses de <b>conversaciones clandestinas,</b> risas compartidas a través de mensajes y tardes a solas donde se permitían soñar sin el peso del mundo sobre ellos. A pesar de las complicaciones, el amor entre Martina y Joaquín se hizo más grande, más fuerte, más urgente.</p><p>Martina comenzó a cuestionarse su futuro. El amor por Joaquín no sólo significaba un desafío familiar, sino también una ruptura con sus propias creencias. La idea de tener hijos con él, por ejemplo, le generaba un temor insondable. Había crecido escuchando que los hijos de primos no serían “normales”, que habría algo “equivocado” en ellos. Esta preocupación, este <b>fantasma del incesto </b>socialmente aceptado, la atormentaba. El peso de la herencia cultural, la presión de la familia, se hacía cada vez más grande.</p><p>“¿Y si nuestros hijos no son como deberían ser?” le dijo un día, con una vulnerabilidad que nunca había mostrado ante él. “¿Y si la gente nos rechaza? No sólo nosotros, sino a nuestros hijos también.”</p><p>Joaquín, con la seguridad que sólo el amor verdadero puede otorgar, la miró a los ojos y respondió con firmeza: “<b>No importa lo que digan, Martina. </b>No importa si somos diferentes o si nos señalan. Lo único que importa es lo que sentimos el uno por el otro. Eso es lo va a hacer a nuestros hijos fuertes: nuestro amor.”</p><p>Entonces ella confió. Se refugió en la madurez de su primo que, aunque era el menor del clan, había sido criado entre adultos, “y se notaba”.</p><h2>El conflicto familiar: la guerra fría</h2><p>El amor entre ellos comenzó a crecer sin escalas, pero con él también lo hicieron las dudas y los temores, pero ya no de ellos, sino de su entorno. A pesar de que ambos compartían una conexión profunda, la presión de la familia comenzó a hacerse insostenible. Martina, aún sabiendo que su vínculo con Joaquín era tan real como cualquier otro, no pudo evitar <b>sentirse culpable</b>. En la sociedad de entonces, los lazos sanguíneos entre primos ya tenían un peso, un prejuicio que marcaba el destino de los involucrados.</p><p>El primer indicio de que las cosas no podían continuar fue cuando, accidentalmente, la madre de Joaquín, Beatriz, los vio juntos una tarde, riendo en el balcón. Martina sabía que su madre, que siempre había sido más abierta, no vería bien el acercamiento, pero nunca imaginó lo drástico que sería el rechazo. El mismo<b> rechazo</b> que encontró en los ojos de su hermano y en las miradas acusadoras de los demás primos.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/DPJYQVII2JBDJP6WY2PHTDW4PA.jpg?auth=a73cca02d1aa9c074f800bc497f1aa0c8b5a2a2a88f6a0a9e9cc93c1763ad3b1&smart=true&width=1456&height=816" alt="Joaquín le pidió en Tierra del Fuego que quería pasar el resto de su vida con ella (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>“¡Esto está mal, Martina! ¡No podés seguir con él! ¡Es tu primo! ¡Es mi sobrino! ¡No lo podés querer de esa manera!” le gritó su madre una noche, cuando ya no pudieron más con los secretos y las mentiras.</p><p>Las cenas familiares se volvieron tensas, los abrazos fríos y las conversaciones llenas de silencios incómodos. El núcleo cercano, que siempre había sido el refugio de Martina, se convirtió en el campo de batalla de una guerra interna que parecía no tener fin.</p><h2>La decisión</h2><p>La situación llegó a un punto de no retorno cuando un tío de Martina, un hombre conservador y estricto, les advirtió a ambos que no podían seguir viéndose. La sentencia de muerte sobre su relación no tardó en llegar: “Es por el bien de todos, Martina. Es lo que hay. No vamos a permitir que una relación así manche el apellido familiar.”</p><p>A pesar de todo, el amor de Martina y Joaquín fue más fuerte que cualquier obstáculo. Se dieron cuenta de que no podían seguir viviendo bajo la sombra de las expectativas ajenas. Decidieron salir del laberinto de culpa y vergüenza, y comenzar una nueva vida, lejos de la mirada de su familia. “Nos teníamos a nosotros y eso era lo único que importaba”.</p><p>La necesidad de vivir su amor sin restricciones los llevó a tomar una decisión radical. En un rincón apartado de Tierra del Fuego, un verano gris de 2021, Joaquín le propuso matrimonio. El lugar elegido no fue el centro de la ciudad ni un salón elegante, sino una pequeña cabaña junto al mar, donde el viento helado del sur se hacía más fuerte. La atmósfera era perfecta para una promesa silenciosa y eterna.</p><p>“Martina, sé que este amor no es como los demás. Sé que estamos rompiendo todas las reglas y que probablemente tengamos días difíciles. Pero quiero pasar el resto de mi vida con vos, sin esconderme. ¿Te casarías conmigo?”</p><p>Martina, con lágrimas en los ojos, no pudo más que abrazarlo.<b> “Sí, Joaquín. Sí, quiero. Quiero estar con vos, </b>contra todo lo que nos digan.”</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/7LW2NKLWQRAZVFDLB6OHFH2GEQ.jpg?auth=cadb28cbd266072e2734d6f9765aecc3369b0bbba91f16bf1ed5991feb97f260&smart=true&width=1456&height=816" alt="Lo que había sido una fantasía se convirtió en la realidad más hermosa de sus vidas (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Con el tiempo, aunque la familia se distanció y les dio la espalda, ellos encontraron la paz en su amor. El mismo cariño genuino que, después de todo, los había unido desde chicos, en esos juegos inocentes, en esos abrazos compartidos sin saber lo que significaban. Ahora entendían que lo que había sido una fantasía de chiquilines, se había convertido en la realidad más hermosa de sus vidas y que no estaban dispuestos a abandonar.</p><p>Lo que siguió fue una transformación no sólo de su relación, sino de ellos mismos. El amor que habían cultivado durante años, en secreto, pasó de ser una emoción furtiva a una declaración de libertad. Los prejuicios familiares comenzaron a desmoronarse, aunque lentamente, y <b>la pareja logró vivir su amor en plenitud,</b> sin las sombras del temor y la culpa que había marcado sus primeros años.</p><p>Hoy, ya casados y con la firme decisión de formar una familia, Martina y Joaquín siguen viviendo en su pequeño refugio, rodeados de libros, risas y amigos. Los rumores de antaño ya no les importan. Porque al final, solo queda el amor. El amor que desafió las reglas, la historia y el tiempo.</p><p><br/></p><p><br/></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/KMW3KTJFBRAODJPO4AYY3BGICY.jpg?auth=e1f3747be6fa861a721376e901a500ff6956860808e170ec6d9a6907a00fb6e1&amp;smart=true&amp;width=1456&amp;height=816" type="image/jpeg" height="816" width="1456"><media:description type="plain"><![CDATA[Amores Reales Joaquín y Martina - VisualesIA (Imagen Ilustrativa Infobae)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Viajó con su familia a Sudáfrica, se enamoró del guía en un safari y decidió quedarse: del 5 estrellas a una aldea precaria]]></title><link>https://www.infobae.com/america/cultura/2024/12/15/viajo-con-su-familia-a-sudafrica-se-enamoro-del-guia-en-un-safari-y-decidio-quedarse-del-5-estrellas-a-una-aldea-precaria/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/america/cultura/2024/12/15/viajo-con-su-familia-a-sudafrica-se-enamoro-del-guia-en-un-safari-y-decidio-quedarse-del-5-estrellas-a-una-aldea-precaria/</guid><dc:creator><![CDATA[Carolina   Balbiani]]></dc:creator><description><![CDATA[Macarena, la mayor de los hijos, siempre había sacado las mejores notas y “nunca un problema”, según sus padres, hasta que viajaron a la sabana africana donde en pocos días determinó que quería quedarse a vivir con Zenani, el hombre negro por el que sintió una atracción irresistible y por el que tomó una decisión en 48 horas hecha un manojo de nervios]]></description><pubDate>Sun, 15 Dec 2024 13:41:56 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/TXOGVKXEPVB7DD3J4NZ3MGFHDI.jpg?auth=24686e74bd74378da16072c6e9d4ad82c4a1bd091f13d962f7b7741c521963fc&smart=true&width=1456&height=816" alt="Cuando todos terminaron el secundario la familia decidió hacer un gran viaje para festejar (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Las matemáticas no pueden aplicarse a los deseos. Eso es lo que le pasó a la formal y tradicional familia de <b>Macarena</b>: los cálculos que sus padres habían hecho brindaron un resultado inesperado. Cuando todo parecía ir encaminado y los cuatro hijos de la pareja ya habían terminado la etapa escolar, se dispusieron a hacer un gran <b>viaje de festejo</b> para cerrar una etapa de sus vidas. Pero lo que creían era un futuro diseñado y previsible, se quebró como una rama seca sin previo aviso. De un día para otro.</p><p>Jamás podrían haber sospechado que esas vacaciones exóticas en familia serían el comienzo, para una de sus integrantes, de una vida diametralmente opuesta a la proyectada.</p><h2>La búsqueda de “la normalidad”</h2><p>Macarena es la mayor de tres (después de ella llegaron a la familia dos varones) y siempre fue la más estudiosa y aplicada. Desde que percibieron sus cualidades y dedicación sus padres colgaron en sus espaldas, naturalmente y sin pensarlo, más <b>expectativas</b> de las que ella podría soportar.</p><p>Con madre profesora universitaria y padre ingeniero civil, al terminar el secundario, Macarena optó por estudiar <b>sociología</b>. No por vocación manifiesta o porque quisiera trabajar en algo específico, sino más bien “porque deseaba conocer otros mundos. Intuía que en el mío estaban vedadas las diferencias. Veía desafíos sociales que deseaba explorar, las expectativas del resto sobre mi futuro me acorralaban y lo cierto es que yo no sabía para qué lado disparar. Eso es algo que puedo verbalizar hoy, en ese entonces solo sentía cierta <b>opresión en mi pecho</b> y angustia, sensaciones que obviamente disimulaba y postergaba cualquier análisis”, explica.</p><p>Desde comienzos de su secundario, Macarena tuvo siempre, sobre su mesa de estudios, un simpático<b> globo terráqueo</b>, de esos que giran con muchos colores, que le había regalado su abuela Jerónima, alguien a quien ella siempre había admirado por su carácter indómito. Sentía que esa esfera era el símbolo perfecto de sus deseos y el mejor regalo que le habían hecho nunca.</p><p>El futuro perfecto que habían construido María Rosa y Javier para sus cuatro hijos le había quedado chico a la mayor pero nadie lo sabía.</p><p>Macarena nunca se quejó. La queja no era su estilo. Durante todo el primario y secundario sacó las <b>mejores notas</b>, nunca un enfrentamiento con nadie, jamás levantó la voz y menos se le ocurrió sacar los pies del plato fumando o experimentando con drogas, esas cosas que algunas de sus amigas habían comenzado a hacer. Con la facultad todo siguió igual. Tranquilidad, buena conducta y excelentes calificaciones. “Macarena nunca un problema”, decían Javier y María Rosa bromeando.</p><p>El run run run de la joven iba por dentro. Tan profundo que, al principio, ni ella podía detectarlo. La navegaba un río subterráneo a punto de desbordar, pero la calma exterior era la de un día soleado y perfecto: “Tenía amigas, pero<b> me aburría</b> a morir con ellas. No me interesaban las mismas cosas. De noche, me desvelaba pensando en cómo vivirían otras familias en lejanas latitudes, cómo sentirían el amor, la tristeza, los afectos. Cómo sería trabajar en otros climas. En extremo frío o extremo calor. No sé. Nada de lo que vivían ellas era lo que me preocupaba a mí. Supongo que yo les parecería medio un bicho raro. Por eso mismo, creo, que nunca tuve un novio formal. Solo algunos candidatos que, luego de unos besos, desaparecían de mi vista. No me volvían a llamar. No lloraba como el resto de las chicas cuando el tipo no aparecía. Esas cosas no me hacían sentirme especialmente mal. Creo que yo experimentaba para ver si podía tener una vida parecida a la del resto: un novio, salidas para hablar de la nada. Me exigía ser como las demás y no me salía. Empecé a darme cuenta de que<b> no encajaba</b> del todo en ningún sitio, pero tampoco sabía por qué. Ni se me ocurrió que podía expresarlo o recurrir a terapia. Por mi cuerpo parecía correr una sangre distinta a la del resto”.</p><h2>Propuesta “salvaje”</h2><p>Cuando su hermano menor cursaba el último año del secundario, ella ya estaba recibida, pero todavía no había encontrado trabajo y ganaba dinero dando clases de inglés. A sus padres se les ocurrió que podría ser la última oportunidad para hacer un <b>gran viaje juntos</b>, los cinco. Podría ser una aventura inolvidable. Macarena era la mayor y la más organizada. Le pidieron a ella que se ocupara de todo. Le dieron un presupuesto posible y le pidieron que pensara un destino.<b> Macarena les propuso un viaje a</b> <b>Sudáfrica</b>. Sus padres dudaron primero, pero terminaron aceptando por la insistencia de sus hijos varones. Elefantes, leones, leopardos, búfalos, rinocerontes, playas… estaban enloquecidos por realizar safaris fotográficos y bañarse en ese mar salvaje. La fecha en la que todos podrían viajar fue enero. El típico mes de vacaciones para los argentinos.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/MTMBYEP4AFEGXPPPSKI65ZUKZA.jpg?auth=763b53a3a1db1be7a1f51384524d0d8a9e19400fcd4ebf1b6b9861fc62e2719e&smart=true&width=1456&height=816" alt="En el primer safari Macarena se sentó al lado del guía y comenzó a sentir una atracción por él que jamás había experimentado (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Hicieron las valijas, dejaron su casa de La Lucila, en la provincia de Buenos Aires, y partieron apenas arrancó <b>enero de 2009</b>. Aterrizaron en Ciudad del Cabo y todo comenzó de la mejor manera. Excursiones exóticas, babuinos por las rutas, bodegas soñadas, playas al pie de montañas escarpadas, teleféricos para ver el paisaje, buenos hoteles y armonía familiar. Después de esas primeras dos semanas vendría lo más entretenido: las cabañas en medio del <b>Parque Nacional Kruger</b> adonde llegaron en avioneta.</p><p>Desde el aire ya observaron elefantes y manadas de búfalos desenfrenados levantando polvo. Era como estar viviendo una película. “Estábamos en África, nos pellizcábamos de la emoción”, recuerda Macarena.</p><p>Al llegar, el lujo de las dos cabañas, una para los padres y otra para los hermanos, los sorprendió. Doseles como los de los cuentos de príncipes para evitar los insectos, bañaderas llenas de espuma que los esperaban ya preparadas regadas con pétalos de flores. No podían creerlo. Les explicaron las reglas. No podían caminar solos por el hotel por las noches y tenían que avisar cuando fueran de cabaña a cabaña. Era peligroso. También les contaron que saldrían de <b>safari dos veces al día,</b> al alba y al caer el sol. En el primer turno deberían levantarse a las cinco de la mañana, casi de noche. Era la manera de poder ver a la mayoría de los animales que habitan en el parque. Les asignaron un guía conductor y un <b>tracker</b> (así le decían a los expertos en seguir las huellas).</p><p>En la primera salida Macarena se sentó adelante, al lado del que conducía. Contra el vidrio iba bien amarrada una escopeta, por si acaso.<b> Zenani era sudafricano y de raza negra. Tendría unos 35 años,</b> pensó Macarena de 24. Ella era la típica belleza occidental con una cascada de pelo rubio sobre su espalda y enormes ojos azules dispuestos a devorar el paisaje. Este hombre con chaleco y sombrero de donde asomaban pequeños rulos oscuros, le daba la sensación de estar sumamente protegida en ese hábitat desconocido.</p><h2>Atracción total</h2><p>Esos primeros dos días fueron la gloria para Macarena. Y por primera vez sentía una atracción física que no podía dominar. Por Zenani. Era algo que jamás había experimentado. Se ríe con nostalgia: “<b>Era una calentura como nunca había tenido</b>. Ese tipo me encantaba y moría por pasar más tiempo con él. Quería estar a solas, pero no sabía cómo podía hacer. La oportunidad la tuve en el tercer día porque mi familia se bajó del paseo de la mañana. Mis viejos estaban agotados y mis hermanos prefirieron dormir y salir en el safari de la tarde. Fui sola y me senté, como siempre, a su lado. Le hablé todo el tiempo y sin parar. En inglés. Él no hablaba muy bien el idioma, pero se hacía entender a la perfección. Cuando paramos a hacer el tradicional<b> picnic</b> con los manteles a cuadritos y el licor de Amarula me animé un poco más y le pregunté cómo era su familia, dónde vivían y esas cosas básicas. Él y su compañero, el detector de huellas salvajes, tenían que prestarle atención a todo el grupo. Pero, como éramos pocos y la mayoría eran alemanes que hablaban entre ellos, tuve más espacio para conversar con él sin que nadie se quejara de que monopolizaba al guía. Noté que él tenía mucha onda conmigo, algo le movía. Era respetuoso, llevaba años trabajando de guía, vivía en una comunidad cercana al parque nacional con sus dos hermanos menores y su madre. No tenía 35 como yo había pensado, sino 28. No estaba casado ni había tenido hijos. Yo seguía pensando en cómo podría hacer para estar solos sin provocar problemas en su trabajo ni con mi familia”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/LKKJJ6OZ6JBXJMCCTHA6POICDQ.jpg?auth=0a16459def7d8caab87563eb5f7b87e565d02735a42938b33beda032c0ccdee9&smart=true&width=1456&height=816" alt="Macarena logró que Zenani se animara a más y arreglaron una cita  (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Finalmente, sonrisas van y sonrisas vienen, Macarena logró que él se animara a más y concertaron una cita: tomarían algo por la noche, después de comer, en ese lobby selvático, cuando la mayoría ya se habría retirado a dormir, exhaustos, después de tantos madrugones.</p><p>Zenani y Macarena estaban encandilados el uno con el otro. Quizá sus extremas diferencias de color, de vida, de experiencias, eran la mayor atracción. Sus miradas se enlazaron y transmitían más vibraciones que cualquier palabra que pudieran decir.</p><p>Quedaban todavía <b>cuatro noches</b> en las que siguieron conversando cada vez más cerca uno del otro. Cualquier motivo o risa provocaba algún roce casual eléctrico.</p><p>Dos días después, Zenani cambió su puesto con otro guía y Macarena le dijo a su familia que no iría al safari matutino, que se quedaría por ahí, en la pileta del hotel. Su madre había percibido algo extraño entre su hija y el guía, pero pensó que una socióloga tenía que indagar un poco en otras culturas y no sospechó nada más complejo.</p><p>Lo que en realidad hizo Macarena esa mañana fue irse temprano con Zenani a su aldea. Paseó por su población de calles de tierra, de chozas para premios fotográficos y salpicada por arbustos espinosos y animales domésticos. Conoció a la madre de Zenani y a los dos hermanos que vivían allí. “No tenían lo que se dice un jardín, era como un gran patio con más tierra que otra cosa y algunos corrales de madera con animales. Las gallinas andaban sueltas. Quedé encantada. Sentí que era una vida al natural. ¡Tan distinta al cemento en el que me había criado! ¡Tan lejana a las ciudades turísticas que había visitado! <b>Por primera vez tuve la sensación de querer pertenecer a algo</b>”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/FXEZMXWMQNH2TEIVSXA5LUBOSU.jpg?auth=ac4eb3fc1ad68e4df82e469c9e483ac0962905c5d75785f86d3bdaf5c8f3993f&smart=true&width=1456&height=816" alt="Mientras su familia estaba de excursión, Macarena tuvo un encuentro sexual con el guía en la habitación que compartía con sus hermanos (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Volvieron al hotel y esa misma tarde, Zenani corrió sus riesgos. Mientras la familia de Macarena seguía en una excursión, ahora navegando entre hipopótamos, en el cuarto que Macarena compartía con sus hermanos ocurrió lo previsible: <b>sexo, pasión e inconsciencia</b>. Eran dos jóvenes de mundos disímiles, pero felices. Como dijo Antonio Machado en su poema: “Hoy es siempre todavía, toda la vida es ahora…”.</p><p>Así, al menos, lo vivían ellos.</p><h2>La decisión</h2><p>Esa noche Macarena no pudo dormir. Decidió hablar con Zenani: le confesaría que estaba dispuesta a hacer la experiencia de quedarse sí es que él estaba convencido y la aceptaba. Él tenía un buen trabajo, si ella se quedaba ¿podría conseguirle alguno a ella en la aldea o en los hoteles de la zona? Era una decisión que debían tomar los dos y en solo <b>48 horas</b>. Se acababa el tiempo. Los nervios bombeaban sangre a su cerebro al punto de marearla.</p><p>“Imprudencia, juventud, llamalo como quieras, pero por primera vez en mi vida iba a desafiar a mis padres con lo que pensaba hacer”, rememora, “Y Zenani aprobó lo que le propuse. ¡Lo que pueden las hormonas! Era un disparate, pero estábamos de lo más convencidos”.</p><p>Esa noche era la típica comida para turistas alrededor de una gran fogata con cánticos locales y donde se relatarían experiencias de la selva. Después de eso, ya lo habían pactado con Zenani, ella le anunció a sus padres que quería ir a la cabaña de ellos para hablar “de algo muy importante”. Padres e hijos estaban alojados en dos cabañas contiguas. Macarena no quería que sus hermanos escucharan lo que tenía que decir ni que intervinieran en el tema.</p><p>Los tres se sentaron en la enorme cama. Ni María Rosa ni Javier se la vieron venir. En cinco minutos Macarena, la hija perfecta, la que marcaba el sendero de lo correcto, se rebeló y <b>les dijo que se iba a quedar en África,</b> por un tiempo. En la aldea y con Zenani.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/6XDUM7ICCREL7LNUKNMEHM2CGI.jpg?auth=9e84fe0334bab65de6ddf81d8155c3e1d98d81f49108ce5d22f110dd5c48f88f&smart=true&width=1456&height=816" alt="Sus padres no podían creer que ella, que había sido criada entre algodones, se quedara a vivir en una pobre aldea (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>“Es un tiempo solamente que quiero tomarme para probar otra vida”, les dijo para suavizar el impacto, “Y seguí contándoles lo que me pasaba. Ellos me escucharon mudos. No daban crédito a lo que yo planteaba. Enseguida les quedó claro que no me dejaría convencer por nada ni por nadie. Les expliqué que no me faltaría lo básico, que ya sabía que podía dar clases de español a unos extranjeros que vivían en la zona y que viviría en la casa de su familia. Mamá arremetió con el tema de la salud, de los peligros, de las pestes. Papá con que yo no sabía quién era este tipo ni el resto de la familia, que no tenía la misma cultura, que no se había educado como yo, que a la larga eso pesaría en la relación, que a las mujeres no se las trataba igual en esa sociedad, que podía ser un borracho, un violento o cualquier cosa. En definitiva: <b>no podían creer que yo, criada entre algodones, quisiera quedarme </b>y así lo dijeron: ‘en ese chiquero lleno de animales salvajes viviendo con desconocidos’. Estaban aterrados así que dejé pasar la frase discriminatoria. Pero me dolió que hablaran de esa manera de Zenani y su familia. Las preguntas siguieron: una experiencia ¿de cuánto tiempo? Tres meses. ¿Cuánto aguantaría? No era su tema. ¿Dónde vivía este sujeto? Cerca de allí”, cuenta hoy.</p><p>Nada de lo que pudiera contestar Macarena alcanzaría para tranquilizar los temores de sus padres. En algunas cosas, ella tuvo que mentir, simplemente porque no sabía la respuesta. La pelotera se volvió mayúscula. Sus padres se enojaron, levantaron un poco la voz y <b>amenazaron con llevarla por la fuerza al aeropuerto.</b> Macarena les habló claro y fuerte: “Les recordé que yo era mayor de edad y les aclaré que no les estaba pidiendo nada de nada. Ni permiso. Me puse dura, como nunca”. Javier intentó algo más y sugirió que podría ir a encarar a Zenani. Macarena le advirtió: si hacía algo así no la verían nunca más en su vida.</p><p>Sus padres no reconocían a su hija en esa joven tan determinada a, textual de sus progenitores, “arruinarse la vida”.</p><p>María Rosa quiso aflojar las cosas y esbozó la idea de ir con ella a conocer la aldea y el hogar de Zenani. Macarena se negó. Estaba segura del horror que les causaría a sus padres el lugar y la situación. <b>“Era mejor que no vieran nada. </b>Era mejor que imaginaran. No veía la hora de que se fueran y quedarme tranquila”.</p><p>Todo terminó en una tregua artificial donde Macarena prometió que<b> serían solo 90 días,</b> eran los días que podía quedarse, ni uno más. Aunque ella fantaseaba con quedarse y criar un par de hijos en esos pagos lejanos, no lo dijo. Eran sus sueños previos a la realidad desconocida. En cualquier caso, también estaba la posibilidad de convencer a Zenani para que viajara con ella de regreso a la Argentina. Sus amigos podrían conseguirle un trabajo para que él pudiera integrarse.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/WF34MYMU6VBVLOEQICQ2A47VQI.jpg?auth=f46cf4d26909fe8693ba2377449727d23aad9dca7758924154c6d1b582f4f89f&smart=true&width=1456&height=816" alt="Macarena prometió que serían solo 90 días en esas tierras (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>El día en que todos hicieron sus valijas, ella hizo la suya pero la colocó en la parte de atrás del<b> auto de Zenani.</b></p><p><b>Sus padres se veían desolados</b>. Le dejaron el cash que tenían a esta altura del viaje, unos 1600 dólares. <b>Lloraron los dos y la abrazaron con fuerza.</b> Eso la conmovió profundamente. Los que ni la miraron ni se despidieron fueron sus hermanos. Estaban tan enojados que habían decidido no hablarle.</p><p>Así fue como Macarena pasó de vivir en un hotel cinco estrellas a una chabola sin pisos de porcelanato ni agua corriente.</p><p>Nadie sabe, porque no lo hablaron, cómo fue el regreso de esos padres sin su hija mayor. “Debe haber sido traumático. Pero nunca quise preguntarles porque es reabrir viejas heridas”, admite Macarena.</p><h2>Diferencias culturales ¿irreconciliables?</h2><p>Los primeros días de Macarena y Zenani fueron fantásticos. Lo nuevo siempre brilla y más bajo el sol estridente de África. Ella comenzó a dar clases de español a unos extranjeros ingleses de la zona y a colaborar con las tareas de la rústica cocina de la familia. Con Zenani compartían una mínima habitación, con techo de paja, con su amor les era suficiente.</p><p>Al principio, solo el amor basta.</p><p>El primer mes atravesó varias pestes: una <b>enterocolitis</b> que la dejó con tres kilos menos, una infección en una herida en una mano y una tos interminable. Terminando el segundo mes se agarró <b>malaria</b>. Tuvo fiebre, escalofríos y mucha fatiga. Por suerte fue leve y se recuperó después de unas semanas en la que le administraron medicamentos, pero había bajado un par de kilos más. “Estaba esquelética. Vivir como nativa, no como turista, es algo tan distinto que es complejo de explicar. Las comidas, los hábitos de higiene, las pequeñas cosas de todos los días que al principio me parecieron tontas y hasta divertidas. Las pavadas dejaron de parecerme pavadas. Pero después de haber estado enferma, confieso que extrañé a mi vieja más que nunca, sentía que cualquier cosa podía ser un peligro para mi salud. Hervía el agua, limpiaba todo veinte veces y me volví un poco hipocondríaca. Sentía que mi madre había tenido razón con el tema del acceso a la atención médica. Los argentinos, y los de Buenos Aires sobre todo, estamos acostumbrados a tener todo resuelto y cerca. Allá me daba un poco de miedo que no supieran y nada era parecido a lo que yo conocía. A eso sumale que yo era una blanca en una aldea de casi todos negros. <b>Me empezaron a pesar las miradas</b>, los silencios, el no entender la lengua. Zenani seguía trabajando a full y yo pasaba muchas horas con su madre. No sé si ella me aprobaba o solo me aguantaba. Me vería tan distinta, qué se yo. Yo daba clases, pero <b>no podía caminar tan lejos sola</b> y dependía de que me llevaran y me trajeran los vecinos o el mismo Zenani. El amor pasional seguía vigente por las noches, pero a veces no sabía cómo plantearle algo que me incomodaba o la comida que no me gustaba. Ni siquiera estaba segura de que él pudiera entenderme o si estaba pensando que eran mañas de una chica blanca con una vida fácil. Creo que me empezaron a ver como a una turista malcriada. Seguramente lo era, pero yo planteaba hábitos que eran de sociedades con otros recursos. Creo que mis miedos no les gustaban o no los comprendían. Los hermanos de Zenani se mostraban un poco hostiles conmigo, nada especial pero sus caras eran evidentes. A los dos meses y medio ya me había dado cuenta de que <b>la diferencia cultural era mayúscula.</b> Ya me perdía con sus miradas, no sabía si eran de aprobación o de desaprobación. Zenani seguía siendo un tipo amoroso, amable, pero por momentos me resultaba un desconocido al que no podía sondear. Me empecé a plantear si la experiencia no debía terminar. Además, me cuidaba con los días, no tenía pastillas anticonceptivas, y empecé a temer quedar embarazada. Y había detectado que, a veces, Zenani venía con aliento a alcohol. De alguna manera, ya sabía que no quería tener hijos en ese rincón lejano de mi familia y mis raíces”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/XG4QUFITRZGUBEWCB7JNVDUXCA.jpg?auth=4de4135b727f5e89eb53afd754fe17256dfcfeea8b905bc887c5c8327326c9b3&smart=true&width=1456&height=816" alt="Las clases que le daba de español a un inglés despertaron los celos de Zenani (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Fueron días intensos de dudas y lo que terminó de zanjar la cuestión fue un <b>arranque de celos de Zenani.</b> Macarena daba clases de español a un inglés de 36 años. A Zenani se le metió en la cabeza que Macarena y Anthony se gustaban. El planteo enojó mucho a Macarena y la cosa escaló. Zenani se fue esa noche de la casa con un portazo. Volvió al día siguiente.</p><p>Pero Macarena ya era otra: había tenido una noche de insomnio barajando el asunto y lo había resuelto. Con la misma firmeza que había tomado la decisión de quedarse, le dijo a Zenani que se volvía a la Argentina. Sentía que se había terminado de romper el delgado lazo que los unía. Lo explicó seria, como pudo, entre lágrimas y besos, pero le aclaró que lo hacía creyendo que sería lo mejor para los dos.</p><p>“Fue desgarrador porque <b>lo seguía amando. Pero había descubierto que mis padres tenían razón</b>. Entre los dos había un abismo que se llama cultura. Ni mejor ni peor, distintas costumbres y creencias y expectativas. Llamé a mi vieja y le conté que quería volver. Percibí el alivio en su voz y enseguida me enviaron un pasaje. La despedida fue sin reproches, con un quizá vuelvo, con un quizá podrías venir a la Argentina… Me subí a un taxi y luego a un avión y luego a otro avión y terminé aterrizando en Ezeiza más confundida que nunca. Confieso que<b> pisar tierra en mi país me hizo sentir contenida, </b>que había vuelto a casa. Después de todo tenía un sitio”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/GONPMSIVLFDVNFSKEBZ5KGQVRE.jpg?auth=5ca19f432e9d164819c32d50480a56f78e0c1e8ce263a1806806691e94fa9b79&smart=true&width=1456&height=816" alt="El momento en que Macarena pisó Ezeiza se sintió en casa, contenida (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><h2>El globo terráqueo embarazado de sueños</h2><p>Macarena lloró. Macarena se arrepintió. Macarena quiso volver. Macarena quiso invitar a Zenani a su país. Macarena se preguntó, cada día, en los siguientes meses: “¿Todo amor tiene un final? ¿Hubiera sido posible otro desenlace? ¿Me equivoqué al quedarme o me equivoqué al marcharme? ¿Estoy a tiempo de volver a intentarlo?”. Eran preguntas para las que no existían respuestas definitivas y que el paso del tiempo terminó borrando hasta que no quedó ninguna.</p><p>Volvemos al principio: las ciencias exactas no pueden resolver algunos desafíos del alma. El algoritmo de la vida es bastante más complejo y no se le pueden aplicar fórmulas salvadoras. Cada uno ensayará la suya. Hoy Macarena cuenta su historia con cierto humor y algo de nostalgia. Ya pasaron de aquello casi quince años.</p><p>“Después de ese gran amor me costó reconstituirme. Tenía la vara muy alta en lo que se debe sentir. En ese apretón de estómago con estrellitas y… nada me alcanzaba. Salía con alguien que me gustaba un poco, pero a los diez días ya no lo soportaba. Me parecía previsible, aburrido, soso, que no era para mí. <b>Nunca más volví a sentir algo como lo que viví con Zenani.</b> No sé qué sigue en mi vida. No sé si él me habrá perdonado, si habrá olvidado. Ni siquiera me anime a sacarle un pasaje para que viniera a probar suerte acá. Después de un tiempo dejamos de hablar y todo se diluyó. Me ganó la idea de que él no iba a ser feliz en un país de blancos, que podrían discriminarlo mucho. Hace años que no sé de él. Hoy trabajo mucho en mi profesión, lo paso bien, pero tampoco llevo la vida que quisiera tener. Aunque <b>no sé bien qué es lo que quiero</b> en realidad, ni cómo lograrlo. Para eso hago mucha terapia. Solo puedo asegurarte que pude amar mucho, que me animé en parte a intentarlo, pero que finalmente me di cuenta de que la cultura pesa más de lo que yo creía. Mis padres terminaron comprendiéndome. Hoy no opinan sobre mis cavilaciones. Saben que un día puedo volver a volar, o no. Quizá debería animarme a más, pero ya no tengo la mirada inocente de los veinte años. De todas formas, no me gustaría llegar a los 80 y mirar atrás y decirme: ¿cómo no me animé? Por eso siempre estoy abierta a lo que sea que pueda ocurrir”.</p><p>Un detalle no menor: al pequeño globo terráqueo, que le regaló su abuela Jerónima, Macarena le otorgó un trono especial en la biblioteca de su nueva casa en Beccar. Explica riendo, pero en serio: “De alguna manera ese globo encierra mis genuinos deseos de infancia y de adolescencia. También mis desafíos como adulta. ¡Está embarazado de sueños! Algunos chicos quieren juguetes o mascotas… yo siempre quise habitar, en carne y hueso, las venas del planeta. En eso estoy todavía, pensando en cómo lograrlo y ser del todo feliz. Le pido todos los días a mi globo terráqueo, como si le rezara, que me muestre el mejor camino para llegar a destino”.</p><p>*Escribinos y contanos tu historia. <a href="mailto:amoresreales@infobae.com" target="_blank">amoresreales@infobae.com</a></p><p>* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/WF34MYMU6VBVLOEQICQ2A47VQI.jpg?auth=f46cf4d26909fe8693ba2377449727d23aad9dca7758924154c6d1b582f4f89f&amp;smart=true&amp;width=1456&amp;height=816" type="image/jpeg" height="816" width="1456"><media:description type="plain"><![CDATA[Amores Reales Macarena y Zenani - VisualesIA (Imagen Ilustrativa Infobae)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[“Roberto había sido el hombre de mi vida y yo estaba ciego”: de los años de juventud jugando al fútbol a una gran revelación]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2024/12/08/roberto-habia-sido-el-hombre-de-mi-vida-y-yo-estaba-ciego-de-los-anos-de-juventud-jugando-al-futbol-a-una-gran-revelacion/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2024/12/08/roberto-habia-sido-el-hombre-de-mi-vida-y-yo-estaba-ciego-de-los-anos-de-juventud-jugando-al-futbol-a-una-gran-revelacion/</guid><dc:creator><![CDATA[Cynthia Serebrinsky]]></dc:creator><description><![CDATA[Juan y Roberto se conocieron en un potrero de Villa Modelo en la década del 70. El primero, el goleador del equipo, era un buen compañero y el “fachero” que salía con cuanta mujer se le cruzara. Roberto, el arquero, lo amó en secreto toda su vida, luego de un acercamiento fallido. El desenlace inesperado en la madurez y las ganas de recuperar el tiempo perdido]]></description><pubDate>Sun, 08 Dec 2024 04:10:44 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/2VCN2LJXJRFHRGONAIAFEI3VAU.jpg?auth=574307620fcfc5ba2870368449d3b9811c7e170b31fc0228312b08dc36f6c168&smart=true&width=1456&height=816" alt="Don y Roberto jugaban en su adolescencia en un club de barrio ( Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>“Viví sintiendo que había algo mal en mí. Me convencí de que estaba fallado, que lo que sentía por ‘Don’ no podía ser amor. Entonces durante 50 años me anulé, callé e hice todo lo que ‘había que hacer’”, se despacha Roberto para introducir la historia que tuvo guardada durante casi toda su vida. “¡Pará Roberta! No empieces con sentimentalismos… Lo importante es todo <b>lo que nos queda por vivir juntos</b>”, dice Juan, alias “Don” como lo apodaron en la adolescencia por su fama de Don Juan y como lo llamaremos a partir de ahora.</p><p>Roberto y Don se conocieron allá por la<b> década del 70</b>, cuando eran dos quinceañeros en la flor de la vida y jugaban al fútbol en el club de su barrio: “Don era un jugador de toda la cancha, en todos los sentidos: era el crack del equipo, goleador de media cancha, fachero, no estudiaba nada pero zafaba todas las materias y las minas caían muertas a sus pies… ¡todas!”, cuenta Roberto tan obnubilado como aquella primera vez que se lo cruzó, en las canchitas improvisadas en el potrero de<b> Villa Modelo</b>, y lo invitó a sumarse al equipo. De repente, cambia a un tono humilde para decir: “Yo era el arquero, un ‘machomenos’ en todo, pero al tener la venia del chico popular –dice cabeceando al hombre que hoy comparte su sillón y su vida–, el mundo me aceptaba”.</p><p>En el invierno del 74, la platea albiceleste estaba caldeada: el fixture de la<b> Copa Mundial</b> que se disputó en<b> Alemania</b> no favoreció al conjunto dirigido por Vladislao Cap y, tras superar la fase de grupos, Argentina fue acribillada por la mítica “Naranja Mecánica” de Johan Cruyff, por 4-0… el resto es historia. Sumado a que justo cinco días después de la derrota futbolística, el 1 de julio, fallecía el General Juan Domingo Perón y el país estaba de luto. Ese domingo mientras disputaban la final del campeonato de clubes, un delantero del equipo contrario se rió de Roberto luego de marcarle el quinto gol: “¿Qué sos Clemente? El arquero sin manos”, dijo el de Barracas, y absolutamente todo el plantel, hasta el banco suplente, estalló a carcajadas. Pero hubo un sólo valiente que defendió a Roberto: “¿Qué te pasa cabeza de termo? ¿Querés pelear?”, se abalanzó Don con los tapones de punta. Acto seguido, se desató una<b> batalla campal</b> en el rústico estadio de zona sur.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/BRGG3FVPOFFYJBRDEQAM5ZE5IA.jpg?auth=dcaf1af486265acd828ec9ab7b86865905c53ddc6c6fa7629a5b4f0d065e9a8d&smart=true&width=1456&height=816" alt="Amores Reales, Juan y Roberto (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>El <b>equipo de Avellaneda</b> perdió pero, a pesar de los cinco tantos en contra que le metieron, Roberto salió triunfante al escuchar las palabras que Don le susurró al oído: “Hay cosas más importantes que ganar… cosas como no dañar o no avergonzar a otros”, lo sorprendió dándole una palmada en el hombro, con la camiseta todavía embarrada y la cara hinchada de los golpes que se había comido por defenderlo. “Nunca me voy a olvidar de ese gesto. Imaginate lo que es tener todo un estadio de pibes riéndose de vos, hasta tus propios compañeros embroncados por ‘hacerlos perder’. Y de repente, el más querido por todos, sacando el pecho por mí”, dice Roberto abrazando al hombre que tiene al lado, y luego de un suspiro agrega: “<b>Ahí me enamoré profundamente de Don</b>. ¡Él se puso la 10 por mí! Ya sentía cosas y me las autocensuraba. Pero vino toda esa demostración, ¡y en público!”, señala haciendo montoncito. Esa noche, y todas las que vinieron hasta el jueves siguiente, Roberto no pudo dormir.</p><p>El <b>entrenamiento</b> de los jueves solía combinar ejercicios físicos, técnicos y cognitivos con pelota. Era normal que Roberto y Don hicieran dupla: uno era el goleador estrella y el otro el arquero titular; uno lanzaba remates aplastantes desde los ángulos más recónditos, y el otro “volaba” para atraparla, ahora más motivado que nunca. En esa práctica se respiraba “algo” diferente, había “sed de más”: venían de perder por goleada, estaban por descender, tenían el orgullo pisoteado pero nunca roto y sabían que estaban para más… Sobre todo Roberto “tenía un Don motivo” para pelearla más que nunca.</p><p>Luego de transpirar la camiseta, venía la rutina de siempre: “a las duchas para salir con los muchachos a morfar algo”, dicen a dúo. Esa noche de agosto el vestuario estaba impregnado con el olor a sudor, a esfuerzo y a humedad, mientras las luces fluorescentes titilaban sobre las cabezas de los jugadores. El eco de las voces y los golpes de las duchas caían como una cortina sonora que cubría el ambiente; Roberto sólo oía el eco alentador de su voz interior:<b> “Es ahora, es ahora”.</b> Algunos jugadores ya se habían sacado sus camisetas, dejando a la vista los músculos tensos y las marcas de un entrenamiento exigente, como Don, que fue el primero en meterse debajo del chorro caliente. El arquero se coló en la <b>ducha</b> de al lado y sosteniendo el jabón le hizo una seña a su mejor amigo y le dijo: “<b>¿Te lo paso?”</b> El delantero con su mejor gambeta esquivó la propuesta, con delicadeza, sin exponer ni ofender a Roberto le respondió: “No, no, gracias Robert… a esta espalda sólo la tocan minas”. El arquero entendió el mensaje y la escena terminó en silencio.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/BWVD5D43SFGYTOMAZUYSGKONO4.jpg?auth=89ae777762c0265fcbf5821ede5dcbc77839c479ef4006682d320e1e92724151&smart=true&width=1456&height=816" alt=""A esta espalda solo la tocan las minas", le dijo Don a Roberto en el vestuario (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Un par de jugadores se relajaba contra los bancos de madera, charlando sobre las jugadas clave del entrenamiento. Reían, se tomaban el pelo entre ellos, burlándose de un pase fallido o de una jugada que no salió como esperaban. Mientras, en un rincón, Don y Roberto se cambiaban mudos, con las miradas perdidas, aún procesando la intensidad de lo ocurrido hacía instantes. Un golpe seco contra un armario rompió la monotonía: alguien lanzó con frustración una camiseta arrugada, y otro a la voz de “¡calmate!” indicó que la seguían en la cena.</p><p>En el<b> bodegón</b> de la Av. Debenedetti, mientras los compañeros de equipo conversaban sobre tácticas para el próximo partido, la atmósfera era relajada pero cargada de camaradería, menos Roberto y Don que ya no se podían sostener la mirada. “<b>Sentí que lo había arruinado todo</b> y no podía ni mirarlo”, dice el arquero, y el otro agrega: “<b>No entendía si yo le gustaba</b> o habían sido mis fantasmas, pero mi estrategia a partir de ahí fue hacer como si nada. Hay cosas de las que es mejor no hablar”, decreta Don. La energía del equipo, aunque algo apagada por el cansancio, seguía siendo palpable: la cena post entrenamiento es un lugar donde los esfuerzos compartidos se sienten, donde las rivalidades y las bromas se mezclan con un respeto mutuo, como si cada uno fuera consciente de que el trabajo en equipo es lo que los hace avanzar. Esa misma energía que ayudó a los amigos confundidos a continuar, “como si aquí no hubiera pasado nada”.</p><p>Pero a Roberto entrenar ya le dolía, y no era una molestia física, sino la tortura de no poder abrazar o mirar a Don como antes del “incidente” en el vestuario. Seguían siendo los mejores amigos pero ambos sabían que “algo” había cambiado y la incomodidad era insoportable. Así fue que al año siguiente, cuando volvieron los entrenamientos, Roberto se puso a tono con la represión del país y tomó una decisión drástica: “Me dejé de joder, colgué los botines y con ellos mis verdaderos deseos. Me puse de novio con Lucía que <b>era la mujer ideal para ‘hacer todo lo que había que hacer’ </b>y andaba loca por mí desde primer grado”, es su forma de explicar que no sólo dejó el fútbol para siempre, sino que abandonó sus ilusiones para tomar por prestadas “las de la gente normal”.</p><p>Dicho y hecho, al año<b> Roberto se casó con Lucía </b>y tuvo muchos momentos de felicidad: “Sobre todo cuando nacieron nuestros hijos que son la luz de mis ojos”, dice emocionado y con algo de culpa en la comisura de sus labios. Durante años, se construyó la fachada del hombre perfecto para esos tiempos: un <b>marido devoto</b>, un <b>padre ejemplar</b>, un empresario exitoso y un amigo leal. “Me volví un pecho frío, bah…”, dice por lo bajo. Cada mañana, se despertaba con la convicción de que debía cumplir con las expectativas que la sociedad y él mismo le habían impuesto. En su hogar, era el pilar de estabilidad, siempre dispuesto en la crianza de los niños, a complacer los deseos de su esposa y a mantener la armonía. En su trabajo, era el líder admirado por su visión estratégica y su capacidad para resolver problemas con calma. Con sus amigos, era el compañero fiel, el que nunca fallaba, el que siempre tenía una sonrisa y una palabra de aliento. La perfección era su traje diario, un rol que desempeñaba tan bien que, con el tiempo, incluso él mismo comenzó a creer que era la única versión de sí mismo. Y <b>Don siempre seguía presente en todos los acontecimientos más importantes de su vida.</b></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/FMUVGITQ35CNBKU5YRH4JQWEAI.jpg?auth=f4b21876d1580636ebad44450f8a6ff522cc322afe299ca79615c4a9273af0bc&smart=true&width=1456&height=816" alt="Roberto se casó con Lucía, la mujer ideal "para hacer todo lo que debía hacer" (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Sin embargo, debajo de esa <b>máscara</b> cuidadosamente construida, Roberto se sentía cada vez más vacío. Sus emociones y deseos reales estaban reprimidos, ahogados por la constante necesidad de cumplir con todas esas <b>expectativas ajenas</b>. En su interior, luchaba con un torbellino de inseguridades, miedos y frustraciones que no se atrevía a compartir. La presión de mantener la perfección lo había aislado de sus propias pasiones y sueños –como el fútbol y Don–, y comenzó a sentir que su vida se había convertido en una rutina sin alma.</p><p>Cada vez que estaba solo, el reflejo en el espejo le devolvía la imagen de un hombre que no reconocía, alguien que había perdido su autenticidad en el proceso de agradar a los demás. Ya no recordaba la última vez que se permitió sentir realmente: reír sin preocuparse por la apariencia, o llorar sin temor a ser juzgado. O mejor dicho, sabía bien que su último instante de autenticidad había sido la noche del vestuario de 1974, y que el previo episodio en el accidentado partido que Don lo protegió había sido su <b>oportunidad final de amar </b>realmente. Pero también, cada noche, se consolaba con el gran trabajo que había logrado para arrancar “los malos pensamientos” de su mente y mantener a su amigo en su vida.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/K4BPXOKS25ATNOMHO5BDHSRVC4.jpg?auth=9336a6b46ebc807c6fc6c72e21879391f21889fae33a8184bd0a971fd2fd0018&smart=true&width=1456&height=816" alt="Roberto ya no reconocía la imagen que le devolvía el espejo (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>La historia de Don, previsible, había seguido por un carril muy diferente. Era el prototipo del soltero empedernido, aquel que causaba suspiros en cada lugar en el que entraba. Con su aspecto impecable, una mezcla de carisma y seguridad, aún pasaban los años y seguía siendo la envidia de sus amigos. Se entregaba a la <b>vida nocturna</b> con desenfreno, disfrutando de cada conquista sin ningún compromiso, cambiando de pareja con la misma facilidad con la que cambiaba de medias. Para él, <b>las relaciones eran fugaces</b>, como un juego sin reglas ni consecuencias, y no veía sentido en formar una familia. Nunca se había siquiera planteado la paternidad. “Al menos que yo sepa, hijos no tengo”, hace el chiste fácil propio de los hombres. Prefería la libertad de la soltería, la adrenalina de la seducción y el reconocimiento que le brindaban esas historias efímeras, pero vacías. “Sí, vacías”, dice por primera vez con tristeza. Aunque sus amigos lo admiraban y su vida parecía una fiesta de placeres, en su interior había algo que faltaba: un deseo de conexión genuina que nunca se atrevió a explorar.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/HXD2DWX5XRH7VLS6GJYBT3EJVU.jpg?auth=6a0d2f132fcfa340f919058729c24fda86d9a3435360b7d32bacfdbcc7db4480&smart=true&width=1456&height=816" alt="Don llevó una vida nocturna entregada a los placeres efímeros (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Pero luego de la Copa América 2024, cincuenta años después, Don despertó. “Es muy loco, lo sé”, se ataja para relatar su repentino momento de iluminación: “La noche que estaba viendo la transmisión de la Copa, en la entrega de premios, cuando le estaban dedicando el Guante de Oro al Dibu Martínez, se me cayeron todos los jugadores juntos”, dice mientras empuja con su índice un dominó imaginario. “<b>Quería estar con Roberto.</b> Se me vino todo junto a la cabeza: el día de la goleada, la noche del vestuario y cómo extrañaba al otro Roberto… al que me miraba antes de que le sacara la roja”, relata emocionado sin poder dejar de recurrir a los términos futboleros, y poniéndose más romántico y reflexivo confiesa: “De repente<b> entendí por qué entre tanto baile recorrido no existía en el mundo la mujer de mi vida</b>, claro,<b> es que no había lugar para eso porque Roberto había sido el hombre de mi vida y yo estaba ciego”.</b></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/OWCWFXDOL5HMFJLJQ4PTFABCQE.jpg?auth=6cb4e714c4aeba50f358caf5ff8c914257fa0181972bc263a18f0046accc1544&smart=true&width=1456&height=816" alt=""Ojalá me hubiera dado cuenta hace 50 años pero, bueno, nunca es tarde para el amor verdadero”, le dijo por Whatsapp Juan a Roberto  (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>“Vos te merecés esos y todos los guantes de oro del mundo”, lo whatsappeó Don a su amigo. “Él me la había dejado picando hacía 50 años pero yo estaba en otra, por eso ahora quería ir <b>cortita y al pie</b>”, continúa con su vocabulario del hincha nato. Había algo dentro suyo desenfrenado y necesitaba sacarlo: “Mis guantes de oro son para vos, sin duda. Ojalá me hubiera dado cuenta hace 50 años pero, bueno, nunca es tarde para el amor verdadero”, agregó con un emoji de corazón, dato que no sería relevante si no fuera porque Don jamás solía enviar este tipo de mensajes, ni en broma, mucho menos mandar corazoncitos y, “¿entre tipos?”, dice escandaloso simulando a un juez de antaño. Súbitamente había descubierto que<b> jamás se había sentido más feliz que con Roberto</b> y, como un trailer de Hollywood, una mini película se proyectó mostrándole cada una de las mejores anécdotas compartidas entre los dos. Siempre había un denominador común: la felicidad. Atónito, Roberto se cercioró que el que escribía fuera realmente su amigo. “Salté de la cama. Y sí, <b>para mi alegría, era Don</b>”, recuerda todavía con la emoción intacta. No fue fácil: sin develar que lo suyo era un amor pendiente desde la adolescencia. “¿Para qué? La sinceridad sin empatía es crueldad y, a pesar de mis instintos naturales, amo a mi familia”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/M4INADEECJALVK5GAXTLREGDEI.jpg?auth=72c755d5a27cfa2db01a9c4363be5622f6547e8c9f6986598e8b0dd1a53a7f01&smart=true&width=1456&height=816" alt="Amores Reales, Juan y Roberto - VisualesIA (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Roberto tuvo que explicarle a su mujer e hijos, ya grandes e independientes, lo que le estaba pasando. Las palabras que emanan del corazón entran en el corazón, entonces los suyos supieron entender.</p><p>“Hoy estamos más cerca del cajón que de la tribuna”, bromean entre ellos con su eterno espíritu futbolero. Tienen cerca de 70 años pero también tienen salud y, aunque todavía con algo de pudor, por fin dicen: “Qué vamos a seguir esperando”. Roberto y Don entendieron que “los de afuera son de palo”, y hace unos meses caminan de la mano. “Si alguno dice algo, citamos al gran prócer: ‘¿Qué mirá bobo?’”, se divierten coreando. Y por si quedan dudas, rematan: “Estamos decididos a vivir juntos todo nuestro amor y esas aventuras que jamás nos permitimos”.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/BWVD5D43SFGYTOMAZUYSGKONO4.jpg?auth=89ae777762c0265fcbf5821ede5dcbc77839c479ef4006682d320e1e92724151&amp;smart=true&amp;width=1456&amp;height=816" type="image/jpeg" height="816" width="1456"><media:description type="plain"><![CDATA[Amores Reales, Juan y Roberto - VisualesIA (Imagen Ilustrativa Infobae)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Chatea a diario con su ex amante sin poder verla: la infidelidad que sobrevive al tiempo y a la culpa, pero le teme a lo peor]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2024/12/01/chatea-a-diario-con-su-ex-amante-sin-poder-verla-la-infidelidad-que-sobrevive-al-tiempo-y-la-culpa-pero-le-teme-a-lo-peor/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2024/12/01/chatea-a-diario-con-su-ex-amante-sin-poder-verla-la-infidelidad-que-sobrevive-al-tiempo-y-la-culpa-pero-le-teme-a-lo-peor/</guid><dc:creator><![CDATA[Carolina   Balbiani]]></dc:creator><description><![CDATA[La historia entre Guillermo y Adriana, hoy su gran amor virtual, nació en Baradero en los años setenta, donde fueron novios adolescentes. La relación fue complicada desde un comienzo. Los padres de ella no lo aceptaron a él porque había sido el novio de la mejor amiga de Adriana, situación que arruinó su reputación. Cómo después de luchar por su amor contra viento y marea terminaron siendo amantes]]></description><pubDate>Sun, 01 Dec 2024 21:43:05 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/2M76P3F7AZAMHPMMF4T2WUBBSE.jpg?auth=4b10550f6fc5ba6983a051be32e3166e88fa5285b789bc6cb3de4d3fa58fd885&smart=true&width=1456&height=816" alt="Guillermo y Adriana enamoraron durante la adolescencia en Baradero - VisualesIA (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Nacieron y se criaron en el mismo pueblo de la provincia de Buenos Aires: <b>Baradero</b>. Pero, por sus respectivas edades, las vidas de Guillermo y Adriana transitaban por distintas calles. Hasta que ella alcanzó la adolescencia y empezó a colarse en los boliches de los mayores de edad. Como con tantos otros amores que hemos contado en esta sección fue una de esas madrugadas de fiesta que ellos cruzaron sus miradas por primera vez.</p><p>Pero no nos adelantemos, porque no fue entonces que nació el amor.</p><h2>Ganarse el odio</h2><p>Guillermo comienza su relato con optimismo: “Hubo años que a pesar de las convulsiones del país, hablo de los años 70, el sol salía sin preguntar. En esos tiempos de club, de barras con amigos, de pileta y de fútbol mechados con estudio y trabajo, se era feliz”.</p><p>Un día de esos, de amigotes y corazones desenfrenados, Guillermo eligió novia. Pero no fue la chica que lo miraba disimuladamente y encandilada y que se llamaba <b>Adriana</b>, sino otra llamada <b>Laura</b>.</p><p>“Adriana era muy chiquita, tenía tres años menos que yo, era de otro grupo y mucho más tranquila. No le di bolilla. ¡Yo siempre elegía a la chica equivocada!”, recuerda con humor. “Resultó que escogí a <b>Laura que era un poco más grande</b>, más interesante y más divertida para ese momento”.</p><p>Cuando se pusieron de novios Guillermo se enteró de que Laura era la mejor amiga de Adriana: “<b>Laura sabía que Adriana moría por mí.</b> ¡Para Adriana, que era muy introvertida, debe haber sido muy duro que el tipo que te gusta se ponga de novio con tu mejor amiga!”.</p><p>Pero las cosas no demoraron en darse vuelta.</p><p>“La aventura, así califica Guillermo a aquel noviazgo con Laura, duró poco”. Cortaron. Y, al tiempo, él empezó a encontrarse con Adriana por casualidad en fiestas, en casas de amigos o por la calle. Se dio cuenta de que ya no la veía como a la “chiquita” de antes: “Empecé a notar que cuando nos veíamos a ella le brillaban los ojos. Yo era muy hablador, pero cuando me la topaba perdía la voz. En resumen, en poco tiempo <b>me enamoré de ella como loco</b>. ¡Para mí tenía los ojos más hermosos que había visto jamás! En unos meses empezamos a salir. <b>Ella tenía 15 y yo 18.</b> La atracción mutua era enorme. Claro que apenas Laura se enteró de que estábamos saliendo se desató la tormenta perfecta. Sintió que la habíamos traicionado. <b>Yo era el peor hombre del mundo</b>. A partir de ahí, me odió para siempre. Jamás me perdonó que me hubiera enamorado de su amiga Adriana”.</p><p>Los padres de Laura eran amigos de los padres de Adriana. Los matrimonios no vieron con buenos ojos que Guillermo hiciera ese traspaso brutal de una novia a otra. Si bien el clima entre las familias de las chicas se enrareció un poco al principio, finalmente, terminaron haciendo <b>causa común en contra de Guillermo</b>. El joven había pasado a ser el malvado de la historia, el que había metido cizaña entre las amigas.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/2LZIDZMNOJCEBFLUSW64YMQP2I.jpg?auth=69877e0ff4e96419bbaf81351e5d3fb720257316c7901d8802d2f0767938f145&smart=true&width=1456&height=816" alt="La relación con Guillermo no había sido aceptada por los padres de Adriana, porque antes había sido novio de la mejor amiga de ella - VisualesIA (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Guillermo siguió adelante. Había estudiado y trabajado al mismo tiempo durante todo su secundario. <b>A los 20 partió a estudiar a Buenos Aires</b> la carrera Administración de Empresas. Trabajaba de día, estudiaba de noche. Adriana, enamoradísima, siguió sus pasos: al terminar el colegio dejó también Baradero para instalarse en la misma ciudad de Guillermo, pero en la casa de una prima de su madre. Y comenzó a estudiar Agronomía.</p><p>“La mala impresión que tenían sobre mí fue de mal en peor y yo cada vez estaba más enamorado. <b>Mi reputación estaba en bancarrota</b> y no había forma de remontarla. Seguía siendo un sujeto horrible para su familia, un nombre prohibido. ¡Los padres de Laura les habían llenado la cabeza en mi contra!”.</p><p>La pareja surfeaba en un mar revuelto, pero con la felicidad de la inconsciencia. “Nos veíamos cuando podíamos, en lugares extraños a horas extrañas. Era un noviazgo en el que había que batallar de manera permanente. La cosa se fue poniendo cada vez más difícil porque yo no lograba que su familia confiara en mí. La lucha era desigual y sus padres la acosaban para que ella me dejara y se terminara nuestra historia. Nuestro noviazgo duró más que el otro, había mucho amor. <b>Fueron tres años, contra viento y marea,</b> bellos e intensos. Pero en un momento bajé los brazos. Entre la facultad, mis nuevos amigos y las salidas que con ella no podía tener, sobrevino el final. Y quedaron atrás esos años hermosos y difíciles. Cada uno siguió su ruta y no nos vimos más”, relata Guillermo.</p><p>Ya habían llorado tanto, que en la despedida no hubo lágrimas. Era algo obvio que tendrían que cortar, alejarse. Era la aceptación de lo inevitable. No había mucho más que hacer y casi que resultó un alivio terminar con esa guerra.</p><h2>Sorpresas: un embarazo y una llamada</h2><p>Guillermo siguió con su vida. Cuando llegó a los 26 años tuvo una sorpresa: una chica de su misma edad y con la que estaba saliendo quedó embarazada.</p><p>“Y bueno… era mi novia. No sé si estaba enamorado, pero me pareció que estaba bien casarme. Era lo que correspondía. Ya me había recibido, me iba muy bien en lo económico y bueno, ya estaba, la vida era así”, cuenta así la<b> resignación</b> con la que aceptó el hecho de que su vida quedaba configurada por esa gestación.</p><p>Estaba en esta etapa cuando, de la nada, un día recibe una llamada.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/6LSVPWQC6JAURC3LMKXLJDNLOY.jpg?auth=9feb49681feee3b9c65239b531582356c121f66b702248091e50a3317f2cf4f1&smart=true&width=1456&height=816" alt="A los 26, Guillermo decidió, resignado, casarse con la novia del momento que había quedado embarazada - VisualesIA (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Era Adriana.</p><p>Y, por supuesto, conmoción total en ese nuevo mundo que estaba edificando.</p><p>Guillermo le dice de verse. Adriana no quiere. “<b>Hablamos unas diez veces por teléfono</b> sin vernos. Me tenía miedo, desconfiaba de lo que podía volver a sentir conmigo o de lo qué podía pasarnos”, aclara Guillermo.</p><p>El pavor termina interrumpiendo las llamadas.</p><p>Dos meses después, Guillermo se casa. “Y <b>sigo casado hasta el día de hoy</b>”, spoilea nuestro protagonista.</p><h2>Dos décadas más tarde</h2><p>“Pasaron los años y yo siempre estaba acordándome de Adriana. Pensaba qué estaría haciendo, con quién se habría casado, qué nombres les habría puesto a sus hijos. No podía terminar de sacármela de la cabeza y del corazón”, relata. “Ya habían pasado unos 20 años cuando, con un exhaustivo y trabajoso plan,<b> logré ubicar su teléfono</b>. Era el teléfono de su casa de casada. Por suerte, todavía se usaban muchos los de línea. Dudé en llamarla. Al cabo de unos días, tomé coraje y llamé. Atendió ella, enseguida supe que era su voz. No me acuerdo con qué excusa, ni que mentira le dije para justificar el llamado. Hubo sorpresa total de su parte, yo atiné a pasarle mi teléfono celular y enseguida ella me dijo que me tenía que cortar, que estaba con gente de visita en su casa. Me quedé con un nudo en la garganta. Me había quedado con ganas de hablar un poco más”.</p><p>Eso ocurrió el miércoles<b> 13 de noviembre de 1996</b> y hacía veinte años que no sabían nada el uno del otro..</p><p>“Yo no le creí que estuviera con alguien, pero le había llegado a dar a las apuradas mi celular. Me dije bueno, ya está, lo intenté. Con los días me olvidé del tema”, confiesa, “También pensé que era imposible que recordara mi número, porque creo que ni había llegado a anotarlo. Por suerte me equivoqué”.</p><p>Guillermo siente la necesidad de aclarar que para este entonces “estaba felizmente casado, con tres hijos y con mi vida en la dirección correcta”. Continúa su relato:</p><p>“Esa Navidad de 1996, a las 12 de la noche, miré mi celular para mandar los saludos de rigor y ¡grata sorpresa! Encuentro que tenía un mensaje de Adriana deseándome unas lindas fiestas y disculpándose por no haber podido atender bien mi llamada aquel día de noviembre. Ese mensaje me llenó el alma y el cuerpo de una manera que<b> me faltó la respiración</b>. Ahí nació otra historia porque<b> empezamos a hablar por teléfono por horas.</b> Al principio, era cada dos o tres días, después algo diario y, al final, varias veces por día. Hablábamos de nuestros hijos, nos contábamos nuestras respectivas vidas. Me dijo que siempre había pensado en mí, en qué estaría haciendo y yo le mencionaba cuánto la había extrañado. Insistía con verla, pero no había forma de convencerla. Pasamos meses hablando hasta que, a fines de febrero de 1997, nos vimos. El encuentro fue en el <b>microcentro </b>de la ciudad, en un bar que nos quedaba a los dos relativamente bien por nuestros trabajos. Un sitio cualquiera para mirarnos a los ojos. Fue maravilloso, como si nunca hubiésemos estado separados. Claro, estábamos de trampa, es cierto, los dos estábamos casados. Pero lo nuestro era amor, amor antiguo y amor presente. No era un romance sexual, algo pasajero, una pasión, era una verdadera historia emocional y profunda que nos atravesaba”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/YG6CPUTEE5DJXIWL4LPY6HV5IE.jpg?auth=50eef4f3b337bd634f2ee3721036014adf94baf705bb024446850309edb8682c&smart=true&width=1456&height=816" alt="En sus encuentros con Adriana, en hoteles, no predominaba el sexo, era más que una pasión pasajera, era amor profundo- VisualesIA (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Empezaron a verse cada vez más seguido. Los fines de semana se extrañaban de una manera terrible.</p><p>“Teníamos chicos de poca edad, mucha agenda escolar y laboral, <b>horarios incompatibles</b>. Era super difícil, pero lo lográbamos. Yo de pronto cruzaba toda la Capital para vernos media hora, 40 minutos. ¿Sexo? Y sí, ahora sí teníamos relaciones. En esta etapa hubo sexo, en hoteles alojamiento que era donde podíamos, pero <b>lo más fuerte no era lo sexual, sino esa emocionalidad incondicional que nos unía</b>”, explica Guillermo.</p><h2>El papel de la culpa</h2><p>“Separarnos durante los fines de semana, era un suplicio. Adriana, casada con cuatro hijos, decía que su marido era un buen tipo, que lo quería. Que lo nuestro era algo distinto. Nuestras parejas eran personas a las que no deseábamos herir. Pasaron los meses y el amor se volvió intenso, necesitábamos estar juntos. Pero también era insoportable la <b>culpa</b>, sobre todo la que experimentaba ella. Sentía que no podía mirar a sus hijos a la cara. Y tenía temor a que fuéramos descubiertos. Estuvimos así tres largos años. Nos terminamos dejando de ver porque ella tuvo la fuerza de proponerlo. No podía seguir con esa<b> doble vida</b>. Escindida. Culposa. No se podía vivir a escondidas. Estaba la tortura de los fines de semana alejados y siempre esa culpa diciendo presente en su mirada. La verdad es que <b>yo no sentía la misma culpa</b>. Quizá por la educación más liberal que la de ella, yo había sido hijo de padres separados y el único del colegio de esa condición. Nunca había faltado a un acto del colegio, a un compromiso de mi mujer, a nada. Siempre sentí que cumplí bien con mi rol, bueno quizá eso sea un poco hipócrita. Pero bueno, es la verdad de lo que siento. De todas formas, quedé herido con la ruptura porque había estado enamorado como nunca antes. La extrañaba, no dejaba de pensar en ella. Me faltaba algo cuando estaba en mi casa. Por suerte, justo en ese momento, <b>me salió un trabajo en el exterior</b>. Lo tomé y la distancia y la perseverancia de mi esposa me fueron aliviando las penas. Después de todo, a estas alturas, ya había aprendido que de amor nadie se muere”.</p><p>Corría el año 2002.</p><p>Reflexiones pisando los 70 años</p><p>Cuatro años más tarde, ya cuando estaban sanando las heridas, volvieron los contactos por mail y por teléfono.</p><p>Guillermo había vuelto de su experiencia en el exterior y ya existía el <b>WhatsApp</b>. La comunicación era más fácil: “Empezó todo muy frío. Nos contábamos las novedades y, al principio, hablábamos una vez al mes. Después, comenzamos a hacerlo una o dos veces por semana y <b>volvimos al contacto cotidiano</b>. Así empezó esta relación que tenemos hoy, tan distinta a las etapas anteriores. No nos vemos, no tomamos café juntos, no hay relación física, pero nos hablamos diariamente. Cuando tenemos problemas nos ayudamos, nos aconsejamos, cuando tengo dudas recurro a ella,<b> es la primera en enterarse de mis alegrías o mis penas</b>. Y Adriana hace lo mismo. Por ejemplo, cuando se enteró de que iba a ser abuela, al primero que se lo dijo fue a mí. Estamos el uno para el otro, siempre. No nos vemos desde el 2002, hace 22 años, aunque vivimos en la misma ciudad, y necesitamos seguir hablando todos los días”.</p><p>La pregunta se cae de maduro: ¿Por qué no se separaron de sus respectivas parejas e intentaron una vida juntos?</p><p>“Tengo ya 45 años de casado. Tengo una mujer excepcional, con la que me llevo bien, soy muy feliz con mis hijos que ya pasaron los treinta años, tengo una vida cómoda y sin necesidades económicas. Atribuyo el seguir casado al hecho de haber tenido esas <b>licencias para vivir el amor</b>… O quizá sea una excusa para justificarme. A veces pienso que por ahí duré más que mis amigos en sus matrimonios justamente porque me permití la infidelidad”.</p><p>No considero respondida la pregunta, vuelvo a la carga.</p><p>Guillermo se queda pensando sobre su vida. Se siente joven para hacer deporte, pero para otras cosas se siente un poco viejo, o “muy vivido” mejor dicho.</p><p>“Tengo una vida social entretenida, juego al tenis, al paddle, soy amiguero… Me siento con mi mujer a mirar televisión por la noche y soy feliz. También cuando hablo con mis hijos todos los días. En breve tendré nietos. Después de todo, eso también es el amor. Es lo que hace que mi vida tenga valor, un sentido, que sea piola y no quisiera estropear esa realidad. No quiero hacer cagadas que arruinen mi presente. Aunque te admito que,<b> a veces, me desespero por verla</b>”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/BIUPLDD43ZCG5EEMNTBL2ZKNII.jpg?auth=6811c447e450d5303b48b2d99421d04adb60b8c20f6cfc0f700c5a9f50b29e98&smart=true&width=1456&height=816" alt="Hoy Guillermo y Adriana siguen con su amor virtual paralelo aunque él hay días que se desespera por verla - VisualesIA (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Va una pregunta más: ¿Por qué es que no se ven?</p><p>“Me muero por verla, no desisto. ¡Desde hace años intento convencerla para tomar un café! A mis casi 70 años sigo un poco soñando, pero ella con sus 66 tiene miedos. Me plantea con mucha lógica: Nos vemos y… ¿qué pasa? Pueden pasar dos cosas: una atracción o una decepción. Y las dos cosas son una cagada. Eso me dice. Y ¿sabés qué es lo peor de todo? Que en el fondo tiene toda la razón del mundo”.</p><p>Su debate interno sigue adelante, discutiendo razones: “Jamás, ninguno de los dos, pensamos en separarnos de nuestras parejas. Así que también me pregunto con sinceridad absoluta si es que hubo, o si es que hay, tanto amor como declamamos. Porque si hubiera sido tantísimo lo hubiéramos hecho ¿no creés? También pienso que quizá ese amor que sentimos es el que complementa lo que nos falta en la rutina matrimonial de cada uno. Quién te dice, capaz que sin ese complemento nos hubiéramos terminado divorciando. Mi conclusión es que<b> la comodidad puede ganarle al amor </b>o que, por ahí, el amor no era tan inmensamente grande”.</p><p>Hoy Guillermo y Adriana siguen con su amor virtual paralelo que se mide en gigabytes. No hablan de ilusiones, hablan de pequeñas cosas, de aquellas que les llenan la vida y otorgan un sentido. No esperan nada especial uno del otro, no es una relación melancólica, es una pulsión de amor vital. Lo más cerca que llegan a estar físicamente es cuando, cada tanto, <b>él le lleva un regalo a la puerta del edificio donde ella tiene su oficina.</b> Lo deja en la portería y ella lo retira al irse. Virtualidad pura que se materializa en flores, chocolates o lo que sea.</p><p>Guillermo, un fanático de la música y del rock, dice que ella le dijo hace poco una frase de Calamaro que me viene muy bien para terminar de contar esta historia y que nos puede dejar pensando: “no salgo a buscarte porque sé que corro el riesgo de encontrarte”.</p><p>A veces, para vivir un gran amor, alcanza con menos.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/YG6CPUTEE5DJXIWL4LPY6HV5IE.jpg?auth=50eef4f3b337bd634f2ee3721036014adf94baf705bb024446850309edb8682c&amp;smart=true&amp;width=1456&amp;height=816" type="image/jpeg" height="816" width="1456"><media:description type="plain"><![CDATA[Guillermo y Adriana, Amores Reales - VisualesIA (Imagen Ilustrativa Infobae)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Se enamoró perdidamente de ella y creyó que estarían juntos toda la vida hasta que descubrió que el corazón duele]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2024/11/24/se-enamoro-perdidamente-de-ella-y-creyo-que-estarian-juntos-toda-la-vida-hasta-que-descubrio-que-el-corazon-duele/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2024/11/24/se-enamoro-perdidamente-de-ella-y-creyo-que-estarian-juntos-toda-la-vida-hasta-que-descubrio-que-el-corazon-duele/</guid><dc:creator><![CDATA[Cynthia Serebrinsky]]></dc:creator><description><![CDATA[Corría el año 1987, cuando Ricardo y Violeta se vieron por primera vez en la puerta de su trabajo, sin saber que eran compañeros. Una tarde deportiva inolvidable para él, que recuerda cada detalle, incluso cómo estaba vestida. Un lamentable accidente con una pelota le sirvió de excusa para volver a verla. La atracción desenfrenada que los unió, que no estuvo libre de obstáculos ni traiciones]]></description><pubDate>Sun, 24 Nov 2024 04:05:14 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/BXBBTLGBF5CBNFHCLTEJRQCN6Y.jpg?auth=6d1709433fabce8be84c6201275a969bca607415d075eae0d993f8274c2842e3&smart=true&width=1456&height=816" alt="Richard recuerda el impacto de ver a Violeta por primera vez en 1987  (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Esta historia comienza en febrero de 1987. Para esa fecha Ricardo llevaba<b> 5 años de novio</b>: “Un noviazgo sin mucho sustento, sin profundidad, sin futuro, manchado por mis infidelidades permanentes”. El oriundo de Villa María, Córdoba, vivía hacía veinte años en Moreno, provincia de Buenos Aires, y viajaba cada día a Capital, donde trabajaba: un <b>organismo estatal</b> frente al Congreso Nacional. En aquella entidad con una gran cantidad de empleados se fomentaban los torneos deportivos, y Ricardo junto a sus compañeros de fútbol, todos treintañeros como él, decidió que era una buena idea unirse al equipo de <b>voley mixto</b>. Los entrenamientos eran los viernes. Ecuación que, si uno quiere ser mal pensado, ya delata trampa: una actividad extra laboral, “mixta”, los viernes por la tarde-noche, resulta una propuesta demasiado tentadora para aquellos sosteniendo vínculos gastados en casa. O aún viviendo en armonía, el sudor de los cuerpos expuestos en<b> shorts y musculosas</b> podría provocar hasta al más santo, que claramente no era el caso de “Richard”, como lo llamaban en la oficina.</p><p>Los jugadores quedaron en encontrarse en la puerta del edificio a la salida del trabajo. “Cuando llegué y la vi, estaba ahí, era la mujer más hermosa que jamás había visto”, suspira Richard con la fuerza de aquel primer impacto inolvidable, y casi hiperventilando sigue: “Tenía puesto un enterito violeta y una suerte de vincha del mismo color y <b>¡me enamoré perdidamente!”</b>, describe con precisión, y enseguida agrega con la misma sorpresa de hace 37 años: “No sabía quién era, no la había visto antes, yo llevaba varios años trabajando en el lugar y creía conocer a todos, me sentía congelado, no sabía cómo comenzar una conversación, me sentí muy extraño, nunca me faltaron palabras ni actitud para acercarme a las personas… pero con ella no podía”, dice asumiendo su rol natural del “rey del chamuyo”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/COR6B3UWNNED7PROPR7TWQZJUM.jpg?auth=4261245d08851903f8c39c09cb71d367dc749605a42a454f9e22371dc5e902cf&smart=true&width=1456&height=816" alt="La relación comenzó accidentada: sin querer le dio un pelotazo la cara - VisualesIA (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Sus amigos del equipo de fútbol, eran compañeros de oficina de Violeta. “Sí, se llamaba Violeta y casi siempre iba vestida a tono con su nombre”, murmura con ternura. Ahí mismo, a medida que iban llegando a la vereda de la calle Solís, se fue completando el grupo y, entre los clásicos comentarios jocosos y “cantitos de cancha” que regala la ansiada llegada del fin de semana, se fueron subiendo cada uno al colectivo que los llevaba al <b>Club de Amigos</b>, donde se darían los entrenamientos en vistas al <b>torneo</b> que ya casi comenzaba. Pero claro, para Richard ya daba igual si la práctica era de voley, bridge o patinaje artístico; tampoco importaba si el micro tenía que llegar a Luján o hasta la China; de hecho, cuanto más lejos mejor. “Le pregunté a unos de los chicos quién era ella, me dio su nombre y me pareció mágico. No podía dejar de verla y pensar en ella”, cuenta todavía plantado en aquella veredita de 1987.</p><p>Una vez en el playón, mientras se lanzaban la pelota a modo de calentamiento, Richard que ya había alcanzado un óptimo nivel de temperatura ni bien “marcó” a Violeta, hizo sus maniobras. Con “mucha vergüenza” comenzó a acercarse pero pronto sonaron las alarmas: “Estoy separada y tengo un hijo”, deslizó ella leyendo rápido las intenciones de Richard y poniendo claros límites a posibles propósitos de conquista. “Yo me había criado con pensamientos muy tradicionales: noviazgo, casamiento, hijos. Esto cambiaba todo, y así fue mi vida con ella, explosiva, divertida, irreverente, independiente, a partir de allí toda esa estructura mental que tenía comenzó a esfumarse, <b>mi vida cuadradita cambiaba</b>”, adelanta.</p><p>Violeta nació en una familia tradicional de Olivos, dos años después que Richard. A sus 25 años ya era madre soltera y vivía sola con su hijo en Villa del Parque, con la ayuda de sus padres vecinos de Pompeya. En sincronía con el aviso de Violeta –”Estoy separada y tengo un hijo”–, sonó el silbato y ¡a jugar! El partido arrancó bien arriba y, aunque algunos recién se conocían, el espíritu de equipo que entrega el deporte se contagió automáticamente y en la cancha todos eran uno. Bromeaban, se la pasaban y, sobre todo, se divertían. El marcador venía ajustado; de repente, entre tanto y tanto, Richard que era el rematador “punta” estrella logró destacarse de la única manera que no hubiera querido: “<b>¡Le pegué un tremendo pelotazo en un ojo a Violeta!”</b>, recuerda llevándose las manos a la cabeza como si su lamento de hoy pudiera reparar el golpazo de ese viernes. El susto por el accidente fue tal que Richard quedó aterrado: “Su vista se puso negra en ese ojo, yo no sabía qué hacer, estaba desesperado”, revive. Fueron a sentarse en el bar del club y poco a poco llegó la calma.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/253V53FIGREM7LK5H35BJOR3LQ.jpg?auth=5ead563c55aacc29b6b23cc105e4f970fb768e1d66d872d67b3f20926cd7236f&smart=true&width=1456&height=816" alt="Cuando Richard empezó a salir con Violeta el corazón le explotaba - VisualesIA (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Terminado el encuentro deportivo, cada cual se fue a su casa en composé: Violeta con el ojo morado y Richard con el corazón teñido del rojo más escarlata que jamás se haya conocido. “<b>Yo no tenía teléfono, ella sí</b>. Le pedí su número para llamarla y saber cómo se encontraba del golpe, mi propósito era real, estaba asustado”, se ataja enseguida el enamorado, hasta que se sincera: “Pero también deseaba seguir de alguna manera en contacto con ella”. La única forma de hablar era ir a la llamada Unión Telefónica de la calle Defensa, a pocos metros de la Plaza de Mayo, en el barrio de Monserrat, donde las personas solicitaban un llamado a un operador y le asignaban una cabina cuando se establecía la comunicación. Eso mismo hizo Richard: “Llamé y no me respondía, lo hice a la mañana, al mediodía, a la tarde y nada. Ansiaba que pasara ese fin de semana para volver el lunes al trabajo y poder ir a verla. Me preparé por completo, elegí mi mejor traje, mi mejor camisa y corbata”, cuenta con la emoción de un adolescente en su UPD (Último Primer Día).</p><p>Ese lunes de verano, a las 10 de la mañana, Richard ya estaba en la oficina de Violeta para, según le dijo, saber cómo seguía su ojo: “Una verdad a medias, necesitaba estar cerca, mi corazón explotaba”. Charlaron, la invitó a almorzar y ella aceptó: “El mundo se detenía cuando estaba junto a ella”, irrumpe a cada paso de la charla con todos los clichés habidos y por haber. Todo fluyó y <b>programaron una salida nocturna</b>: “Pasé a buscarla, salimos… ¡y nos amamos por primera vez!”, dice completando el catálogo del romántico empedernido.</p><p>El asunto es que el protagonista de esta historia seguía con su novia de hacía 5 años y sus mandatos se lo hacían saber. Al regresar a su casa, ya sentía culpa, remordimiento, todo era extraño en él: “Ella no era una mujer para engañar, yo no quería hacerlo, pero tenía novia desde hacía mucho tiempo y no sabía qué hacer. Si le era sincero podría perderla”, explica. Su cargo de conciencia fue más fuerte y decidió contarle todo, a Violeta, por supuesto. Y tal cual el cordobés intuyó, <b>terminaron el vínculo sentimental</b> y continuaron cada uno por el mismo camino que andaba, “era lógico”, deduce él explicando que la “ladrona de su alma” acababa de salir de un matrimonio trunco, con un hijo de casi un año y arriesgarse a una<b> historia inconsistente</b> no le cerraba ni le convenía. “¿Con alguien como yo? Ni yo lo veía posible”, recurre al autoflagelo por victimización. Pero como no siempre lo que conviene sucede, el amor fue más fuerte.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/VLSYEQ7RXNF3ZHRHBDPEKZX5VY.jpg?auth=2c5944516f1cffc700f27b7f4eea616037c2c0f28550f07b1d50ce43637a9297&smart=true&width=1456&height=816" alt="Richard dejó a su novia por Violeta - VisualesIA (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>“Pasó una semana, volvimos a hablar y ambos nos expresamos lo difícil que fueron esos días sin vernos”, aporta con un tinte dramático. “Le pedí que me esperara, que me diera un tiempito, terminaría mi noviazgo y comenzaríamos nuestra historia”. Y contra todos los pronósticos de lo que rezan los amantes descarados, pasados los cuatro meses, Richard<b> cumplió con su palabra</b>. “Así lo hice, hablé con mi novia y con sus padres, era la manera correcta de hacer las cosas”, dice como un señorito inglés, y aclara: “En esa superposición de meses, como una manera de respetar a Violeta, no volví a tocar a mi novia, esquivaba todo roce posible. Seguramente es una tontería pero fue la manera de fidelidad que encontré en ese momento”. Su alivio era tan reparador que necesitaba compartirlo con la dueña de sus sueños: “¡Ya soy libre!”, la llamó para recitarle a los cuatro vientos su alegría.</p><p>Además de expresarle su amor, Richard le demostró que estaba dispuesto a extender el afecto a su hijo: “Violeta ya tenía una familia, y entendí que el amor no podía ser sólo hacia ella; obviamente tenía que ser también hacia ese hermoso niño”. Y así fue. Pasaron dos años, la relación creció y se fueron a vivir juntos.<b> Sin boda de por medio, hicieron una fiesta</b> y se fueron de luna de miel. Un día a él se le ocurrió proponerle casamiento, “sabía que sólo sería por civil porque ella ya había pasado por la iglesia”. Lejos de seguir formalidades, un tema de papeles o un orden cívico, Richard quería vivir la experiencia de la unión; una unión en matrimonio con la mujer de su vida. “<b>¡Ni loca!</b>”, respondió la novia con su personalidad arrebatada. Pero él, cada tanto, volvía con la propuesta.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/XVFYK464RNBWZFU335YX42XUHY.jpg?auth=fb3ca429563a0af4aace55a33a91c11b9d91c6b2a6d79b26d9dc4bec22ec83f9&smart=true&width=1456&height=816" alt="A los 7 años de estar juntos tuvo un hijo con Violeta (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>A los siete años llegó el hermanito, ya eran cuatro. Y esta vez a la propuesta del casorio, le llegó el <b>“sí, quiero”.</b> Entonces hubo celebración y luna de miel por partida doble. Así, pasaron<b> 33 años juntos</b>: “En lo personal crecí y mucho, ella me hizo mejor, mucho mejor. Fuimos felices, tuvimos una buena vida”, cuenta él con un dejo de nostalgia que va entornando la puerta para adivinar lo que viene. Los chicos crecían y como familia pudieron disfrutar cada etapa de ellos: las vacaciones y también el día a día que “valían la pena” vivirlos; los hijos se convirtieron en buenas personas, estudiaron y partieron del hogar, el mayor sigue en la Argentina, el menor en España. “Si me detengo a mirar hacia atrás, veo que fue bueno, todo fue bueno, nuestra relación se diferenciaba y mucho de ciertas maneras de pensar y actuar de otras parejas, éramos pares en todo, no existió jamás ‘la bruja’, ‘mi suegra es la peor’, ‘andá a lavar la ropa’, y todos esos conceptos de macho cabrío que no formaban parte de nosotros”, continúa y remata: “Siempre el aliento, la valoración, el respeto, el hacer por el otro y disfrutarlo, el homenaje mutuo era la constante”.</p><p>Pero como en una canción de Vox Dei, una tarde de invierno, mate de por medio, <b>Violeta expresó su necesidad de separarse</b>: “Lo argumentó y mi corazón se quebró”, dice él con un hilo de voz, y traga saliva para detallar: “<b>Me di cuenta de que ese modismo de ‘me duele el corazón’ se siente realmente</b>. Sabemos que es un órgano que no duele”, intenta apelar a la lógica pero se desbanda hasta las lágrimas: “Pero sí, es verdad, se siente cuando se rompe; ese sentimiento no tiene otra manera de describirse”, dice categórico.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/KBGU7HKCNBF6JPSMNJECZRYKT4.jpg?auth=c05c2c8ca9e28f9edda13839ad767dc5c4d4d325124c369d9fd35fdbfb48150f&smart=true&width=1456&height=816" alt="Richard y Violeta mantienen una relación de respeto y apoyo aunque ya no estén juntos  - VisualesIA (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Richard no estaba preparado para el tsunami, pero “ella ya no sentía ese amor necesario para continuar”, le dijo. Lo charlaron, le dieron mil vueltas pero no… “ante ese motivo no podía hacer más”. Todo se desarmó, tantos años juntos, tantos recuerdos, la familia, los hijos, los padres, todo era una convulsión, todo un desastre. Tuvieron que enfrentarlo y avanzar. Hablaron con cada uno de sus afectos para notificarlos. Nadie lo entendía, <b>¿cómo es que “la pareja feliz” se separaba?</b> Pero así fue. “Nuestra relación actual no cambió en el cariño mutuo ni en el respeto, seguimos apoyándonos y ayudándonos en lo que el otro necesita. <b>Lo que pasó es que se acabó el amor, a ella, a mí no”</b>, se confiesa con la mirada más triste del mundo, y luego de una pausa, cuando logra recuperar el aliento se desahoga: “Me pregunté tantas veces <b>qué hago con el amor que siento. ¿Dónde lo pongo?”</b>, pregunta devastado. “Todo cambió, vendimos la casa, compré otra, hoy vivo solo, ella está por hacer lo mismo”, concluye como si hubiera hecho un bollito con lo que quedaba de su corazón, y lo hubiera plantado en un frasco de su nueva cocina, con la esperanza de que algún día germine.</p><p>Han pasado casi tres años desde aquella tarde que Violeta entonó el himno de Ricardo Soulé. La soledad se hace sentir aún, Richard quedó detenido en ese viernes de 1987 cuando vio a Violeta por primera vez. Mira fijo el frasco de su cocina, como si sus ojos fueran toda la luz que su ser necesitara para renacer: “Sigo buscando qué hacer con el amor, y creo que nunca más lograré poder brindarme a otra mujer. Mi vida es tan distinta, hoy con 63 años,<b> no veo un futuro con amor</b>. Mi pregunta sigue sin respuesta”. Hasta que entiende que nadie más que él va a venir a rescatarlo, y por fin se anima: “Viví un amor profundo, enamorado por 33 años, tuvimos una buena vida, nuestras familias políticas nos siguen queriendo y tomando en cuenta, me sobran recuerdos lindos”.</p><p><b>–</b></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/BXBBTLGBF5CBNFHCLTEJRQCN6Y.jpg?auth=6d1709433fabce8be84c6201275a969bca607415d075eae0d993f8274c2842e3&amp;smart=true&amp;width=1456&amp;height=816" type="image/jpeg" height="816" width="1456"><media:description type="plain"><![CDATA[Amores Reales: Luis y Clara - VisualesIA (Imagen Ilustrativa Infobae)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Ella lo vio como “un hombrecito”, él la enamoró con poemas por fax: el amor que creció lento entre una argentina y un italiano]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2024/11/17/ella-lo-vio-como-un-hombrecito-el-la-enamoro-con-poemas-por-fax-el-amor-que-crecio-lento-entre-una-argentina-y-un-italiano/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2024/11/17/ella-lo-vio-como-un-hombrecito-el-la-enamoro-con-poemas-por-fax-el-amor-que-crecio-lento-entre-una-argentina-y-un-italiano/</guid><dc:creator><![CDATA[Carolina   Balbiani]]></dc:creator><description><![CDATA[Él es Guido Gazzoli y trabajaba en Alitalia. Ella, Alfonsina Luciano y trabajaba en Aerolíneas Argentinas. Cuando se conocieron, ella esperaba a un “milanés divino” pero no: “No me gustó nada”, reconoce. Él la conquistó a base de mensajes y gestos románticos. Los viajes de trabajo, la desgracia con suerte y el casamiento de cuento en un lugar paradisíaco. La vida de una familia ensamblada a la que bautizaron “argentana”]]></description><pubDate>Sun, 17 Nov 2024 04:23:53 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/JF3MYHZ74RF65BPLZ3XGTSPAUQ.jpg?auth=6c5fa1cc27450cf08ca39e28ad2c06f7ad97782709372d8ffe5a186e6028156c&smart=true&width=1920&height=1115" alt="Ella nació en Valentín Alsina, en 1956, y es hija de padres italianos. Él nació un año antes, en Milán" height="1115" width="1920"/><p>No todo es amor a primera vista. Hay casos en los que el amor crece lento y seguro, a la sombra del árbol del conocimiento del otro. Esto es lo que les ocurrió al italiano Guido Gazzoli (69) y a la argentina Alfonsina Luciano (68) hace 27 años. El humor, los guiños con empatía, los gustos en común terminaron por desembocar en una pasión irrenunciable.</p><h2>Una argentina con raíz italiana</h2><p>“Nací en Valentin Alsina, el 10 de agosto de 1956, de padres italianos”, cuenta Alfonsina. “Mi papá se llamaba Michele y era originario de Avellino, un pueblo de la región de Campania. Estuvo en la guerra a los 18 años y se marchó para la Argentina con 28. Se casó con mi mamá cuando ya tenía 35. Mi abuela materna había tenido familiares que habían tenido que ir a pelear a Etiopía así que cuando ella olió que se venía una nueva guerra, la que sería la Segunda Guerra Mundial, <b>como no quería perder a sus hijos decidió irse para la Argentina</b>. Llegó con mi mamá que tenía solamente 10 años. Mis viejos se conocieron por casualidad porque mi nona se hacía bordar los manteles y las sábanas en su pueblo natal y alguien siempre los traía desde Europa. Un día, ese alguien que viajó cargado con ropa blanca fue mi papá. Así se conocieron, se pusieron de novios y se casaron”.</p><p>Alfonsina terminó el secundario con sed de conocer el planeta. Poco después entró a trabajar en Aerolíneas Argentinas y <b>logró su gran sueño: ser ciudadana del mundo</b>.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/G5OALBYGQRF33OWSUEI2ATJGAY.jpg?auth=dbf3f4429625890e43b18bb38575d4edf262252b5d17dde4e993486e00ed47d7&smart=true&width=1920&height=1057" alt="Él se incorporó a la compañía aérea Alitalia. Vivió por todos lados: Tokyo, San Pablo, Río de Janeiro. Ella empezó a trabajar en Aerolíneas Argentinas como azafata" height="1057" width="1920"/><h2>Un italiano enamorado de la Argentina</h2><p>Ahora, en el relato de esta historia, la posta la toma Guido: “Nosotros fuimos tres. Mi hermano mayor murió a los dos meses de vida debido a una neumonía y yo nací dos años después, el 17 de enero de 1955. El menor llegó en 1957 y hoy vive en Milano. Mis padres fueron la generación de la postguerra. Tuvieron que trabajar muy duro para subsistir. Mi padre era un mecánico de Mantova; mi mamá trabajaba como empleada del ministerio de agricultura de Milán. Para sobrevivir mi abuela aportaba su jubilación y una tía, quien era empleada doméstica de una rica familia protestante, también nos ayudaba. Esa Italia me brindó una enseñanza de alto nivel sin adoctrinamiento y una gran cultura del trabajo. Durante la secundaria me di cuenta de mis dos pasiones: el periodismo y el diseño de coches. Con 11 años dirigí el períodico escolar. Después, al terminar la secundaria, comencé ingeniería. En segundo año gané un concurso de diseño de autos, de una famosa empresa. Pero resulta que al final el dinero que obtenía no me alcanzaba para vivir en Torino. Como también me apasionaban los viajes, un amigo me aconsejó dejar de lado el mundo del diseño y<b> buscar un trabajo estable, uno donde me pagaran para viajar. No estaba mal la idea</b>. Yo hablaba, además de italiano, inglés y español. Me decidí y me presenté en la compañía aérea <i>Alitalia</i>. Fue una sorpresa porque me tomaron de una. A partir de ahí, viví por todos lados. En Tokyo, en San Pablo, en Río de Janeiro… Se me abrieron el cerebro y el corazón”.</p><p>Guido llegó a ser jefe de cabina para la línea de bandera italiana donde trabajó por 32 años. En 1984 conoció la Argentina y su primera impresión no fue nada buena: “<b>Buenos Aires me pareció una ciudad fea</b>. Percibí un clima de tristeza que no me gustó. Pero una noche, como no me podía dormir, salí a dar una vuelta. Sin darme cuenta llegué caminando hasta el obelisco. Eran las once de la noche y las luces de la avenida Corrientes me encandilaron. Las librerías abiertas, las confiterías con gente. Me conmovió. Me senté en el Café La Paz. Esa misma noche me encontré con unos intelectuales y uno de ellos me aconsejó ir a una función de cine que darían a las siete de la mañana del día siguiente. ¡Le pregunté sorprendido cómo podía ser que fueran al cine a esa hora en un día de trabajo! Yo también me quedé trasnochando y terminé yendo al cine. Cuando volví a las 10 de la mañana al hotel donde me quedaba, el Sheraton, me había cambiado radicalmente la visión de la ciudad. <b>Me había enamorado de lo que se respiraba en las calles porteñas. ¡Había encontrado mi segunda patria!</b>”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/Z6WNBO6GXBDCRNH35MWLWUMKUY.jpg?auth=6fc4f96affecb98cc019559256c124a14227640f6dc823b0e464645106419054&smart=true&width=1920&height=1034" alt="La visita de Guido y Alfonsina a El Calafate en 2003. A él, al principio, Buenos Aires le parecía una ciudad triste, hasta que de madrugada descubrió que tenía una cultura viva" height="1034" width="1920"/><p>Se ríe y admite que no solo se rindió ante la ciudad: “Tuve varias novias argentinas, pero me enamoré realmente de la cultura que se vivía en Buenos Aires”. Antes de que su camino se cruzara con el de Alfonsina, Guido confiesa haber tenido algunas convivencias breves y frustradas y experiencias dolorosas: “Lastimé y me lastimaron. Nunca antes de Alfonsina me casé, era algo que consideraba innecesario”.</p><p>Su relación con la Argentina, después de ese enamoramiento, terminó en decepción. Él era delegado de un gremio de la empresa <i>Alitalia </i>en el área de relaciones internacionales y cuando vino la crisis en <i>Aerolíneas Argentinas</i> al ser comprada por <i>Iberia</i>, donde echaron a 1500 trabajadores, encabezó una maniobra de solidaridad para brindarles a los despedidos auxilio psicológico y de dinero, “pero resulta que pensaron que yo organizaba una interna. Terminé enojado porque habían malinterpretado lo que hacía. Entendí que esa experiencia debía terminar”.</p><p><b>Guido volvió a Italia desencantado de la Argentina y siguió en lo suyo.</b></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/GYQVFW35HVBKTKSO7JQHKLGYWI.jpg?auth=e1a52f9663e12956ecbd97f06e8f44331970111d34efaf54ac035b6d966773de&smart=true&width=1920&height=2267" alt="La foto de Alfonsina vestida como azafata de Aerolíneas Argentinas en 1981" height="2267" width="1920"/><h2>El “hombrecito” en Roma</h2><p>Serían las calles romanas testigos del nacimiento del gran amor de su vida. Corría el año 1997, Guido tenía 42 años y estaba de paso por Roma cuando se cruzó con Alfonsina una tarde.</p><p>Así lo cuenta ella.</p><p>“Me acuerdo perfectamente del día porque fue justo el día anterior a que mataran al diseñador Gianni Versace en Estados Unidos, el 14 de julio de 1997. Yo volaba en <i>Aerolíneas Argentinas</i> y tenía una compañera de la tripulación que siempre me hablaba de su amigo de la <i>Alitalia</i>… A mí me encantaba estar con ella porque tiraba las cartas y era muy divertida. Llegamos y fuimos a un supermercado que había cerca del hotel que quedaba en via Aurelia. Compramos pizza de mozzarella y prosciutto para almorzar. Esa noche me tenía que encontrar con un candidato, que también trabajaba en <i>Alitalia</i>, que había conocido en una posta en Caracas. Él me había ido a visitar a Buenos Aires y vivía en Roma. Así que lo llamé y lo primero que me dijo es que me iba a pasar a buscar en su moto para pasear. Por eso cuando volvimos del supermercado le pedí a mi amiga Silvia que comiéramos en mi habitación por si él me llamaba por teléfono. Cuando lo hizo me dijo que estaba de guardia y que justo le había salido un vuelo a Hong Kong. ¡Seguro que me estaba haciendo un cuento chino! Silvia me insistió entonces para que fuéramos a su habitación porque vendría a visitarla su amigo milanés Guido que estaba justo en Roma y que trabajaba en la misma compañía aérea que mi candidato chamuyero. Bueno, pensé un poco decepcionada por mi salida frustrada, por fin lo conoceré a este tal Guido. Estábamos comiendo cuando tocaron a la puerta y<b> apareció un hombre muy chiquitito, del estilo de Woody Allen</b>. <b>Me dije ‘¡¿este es el amigo?!’. ¡Yo me esperaba un milanés divino! No me gustó nada de nada. Lo vi como a un hombrecito</b>”.</p><p>Guido, permanente bromista, no puede evitar meterse en la conversación con Alfonsina y riendo acota: “¡Prácticamente me dijo boludo!... A mí, en cambio, me gustó enseguida y cuando la miré a los ojos me dije: ¡¡es ella!! Me vino así de golpe la idea a la cabeza. Alfonsina llegó en un momento bastante difícil de mi relación con la Argentina, pero conocerla derrumbó todas las barreras que yo había puesto con el país”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/V73KGUMM25E5LMNNB6QNZIE2TI.jpg?auth=c594c405fecef533408d7d05bffa4a85cad1e1376dc081708e6fa7c9e2f64556&smart=true&width=1920&height=1080" alt=""Apareció un hombre muy chiquitito, del estilo de Woody Allen. Me dije ‘¡¿este es el amigo?!’. ¡Yo me esperaba un milanés divino! No me gustó nada de nada. Lo vi como a un hombrecito”, contó ella del primer encuentro" height="1080" width="1920"/><h2>Conquistador empedernido</h2><p>Alfonsina reconoce con risas que Guido “trabajó mucho para que me gustara. Esa noche en que nos conocimos, después de comer, me llevó al Campidoglio que estaba todo iluminado. Me puso la mano en la cintura y me quiso besar y yo salté para alejarme y <b>le dije que no: si querés somos amigos. Lo rechacé totalmente. No me gustaba en absoluto</b>. Lo que sí reconozco es que la charla durante la cena había sido bárbara. Me encantaba lo culto que era. Pero cuando quiso avanzar yo no quise saber nada. Le expliqué que me encantaba como pensaba y bueno nada más. Ya estaba harta de los tipos mujeriegos que siempre querían apretarte. Quería ir con pies de plomo. Él aplicó un método que me terminó sorprendiendo. Yo tenía vuelos a Miami y a Nueva York y él empezó a llamarme siempre a la recepción del hotel, a dejarme mensajes en la conserjería o a enviarme un fax con poemas. Eran esos tiempos en los que no había otro tipo de comunicación”. Guido no se calla y agrega: “Sí, <b>¡mi conquista fue a puro fax!</b> A cada lugar donde ella iba se encontraba con un texto mío. Y le llenaba el contestador automático de su casa con mensajes tipo: ‘Bienvenida a casita’”.</p><p>Alfonsina, en lugar de sentirse acosada por él, pensó extrañada: “¿Quién es este tipo? ¡Qué divino y qué raro es! A Miami me mandó un poema en espiral que me encantó. Me dije esto no es normal, le tengo que dar una chance a este sujeto, una oportunidad”.</p><p>La estrategia de Guido había funcionado. Le había llamado la atención y había despertado el interés de esa mujer que vivía como él surcando los cielos.</p><p>En ese momento Guido estaba en una larga posta laboral en Río de Janeiro, Brasil, donde tendría que estar tres meses. Alfonsina continúa la historia: “Me dijo que estaba muy cerca y que iba a venir a Buenos Aires para visitarme. Yo tenía previsto un viaje de vacaciones a Bariloche, pero lo pospuse porque Guido vendría. Le dije, venite, y retrasé todo. Yo vivía en ese momento en un departamento en un séptimo piso en la localidad de Olivos. No sé cómo hizo, pero la noche que llegó subió directo hasta la puerta de mi casa. Tocó el timbre, abrí, ahí estaba él muy vestido con su uniforme y un paquete de spaghettis en la mano. Yo le había pedido que me hiciera unos spaghetti al limone y cumplió. Pasó, hizo los spaghetti y tomamos champagne. Hablamos de todo sin parar. A la hora de irnos a dormir le dije con mucha claridad: ‘Acá tenés un sillón bergere; yo tengo una cama de 2x2. Si dormís de tu lado, tranquilo y sin molestarme, podés venir a dormir a mi cama’. Me dijo enseguida: ‘¡Voy a la cama!’. <b>Vino y dormimos sin problemas y ¡no me tocó un pelo! Yo morí</b>”.</p><p>Al otro día Guido se fue. A la semana siguiente hicieron lo mismo. Pero esta vez Alfonsina estaba dispuesta a algo más. Hubo abrazos, besos y todo lo que quieran imaginar. <b>Desde esa noche Guido y Alfonsina no se separaron nunca más</b>. Guido vuelve a bromear: “Desde entonces yo hago siempre la pasta y el arroz, por respeto a las tradiciones italianas. La carne a la parrilla la hace ella, porque si la hago yo… ¡Me voy a dar cuenta de que el asado está listo recién cuando lleguen los bomberos!”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/TCURVYDW6VB3ZGBAAERFFF5IYU.jpg?auth=afd0f73d753ce44871eff8e8c525ec538c675bb55f0c84cb8b9a2cd13e8d524d&smart=true&width=1920&height=1080" alt=""Mi conquista fue a puro fax. A cada lugar donde ella iba se encontraba con un texto mío. Y le llenaba el contestador automático de su casa con mensajes tipo: ‘Bienvenida a casita'", explicó él" height="1080" width="1920"/><h2>Desgracia con suerte</h2><p>Lo que siguió fueron veinte años de convivencia de todo tipo. En 1987 Guido había comprado un departamento en las afueras de Roma y fue el sitio donde Alfonsina paraba cuando coincidían en la ciudad.</p><p>“Primero, relata Alfonsina, <b>nos encontrábamos cuando podíamos</b>. Nos veíamos en todos lados, donde era posible, pero era una vida muy embrollada. Así estuvimos mucho tiempo. Pero hubo una desgracia con suerte. Esquiando me rompí ligamentos cruzados y meniscos y me tuve que operar. Estuve seis meses sin poder volar. Fue la gran oportunidad porque aproveché para tomarme una licencia y me instalé con él en Italia. Eso fue clave porque se consolidó la relación”.</p><p>Guido se asoma a la videollamada en curso y se ubica en el primer plano de la pantalla para aclarar a carcajadas: “¡Se vino a Italia prácticamente de rodillas!”. Alfonsina se ríe, pero lo calla para poder seguir con el relato: “En el 2000 dejé de volar y me acogí a un retiro voluntario. El 2 abril de 2001 tomé el vuelo definitivo para irme a vivir con él a Italia. De otra manera hubiera sido imposible convivir. <b>Ese día, él viajó como jefe de cabina y yo como pasajera de </b><i><b>Alitalia</b></i>. Todas mis cosas las mandé por barco. Así fue que comencé a vivir en Roma con él”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/BCLTDLGUUVGUXOXDDJJDO7ZGB4.jpg?auth=9690e603f50c81305a70d44a562054994775a31ca1c97de408bc02c334c55c2f&smart=true&width=1920&height=2172" alt="El 16 de septiembre de 2018, Alfonsina con 62 y Guido con 63 hicieron realidad el matrimonio en Il Belvedere Principessa di Piamonte, en Ravello. "¡Parecía el casamiento de Naciones Unidas!”, graficó el italiano" height="2172" width="1920"/><h2>Casamiento de cuento</h2><p>En un viaje a la Argentina en 2011 encontraron a un perro abandonado en una parada de colectivo sobre la autopista Richieri. Alfonsina se bajó del auto y lo subió. “Le pusimos Garibaldi (el militar italiano conocido como el Héroe de los dos mundos), porque ¡era el perro de los dos mundos! Le salvamos la vida. Y con el gato Blushi se llevó bien. Los dos son negros y blancos. Hasta la cuarentena solíamos viajar llevando a Garibaldi en la bodega; a Blushi lo dejábamos con una persona que lo cuidaba en Italia. Pero ocurre que después del 2020 el gato envejeció bastante y el veterinario nos dijo que era mejor que no viajara. Ya no podíamos viajar los cuatro juntos porque ellos se estresaban mucho. <b>Ahora vamos por separado a Buenos Aires. Voy primero yo un tiempo sola y cuando vuelvo va Guido</b>. Solo los subiremos a un avión si es que viajamos para instalarnos allá definitivamente”, aclaran.</p><p>¿Cómo fue qué nació la idea de casarse? Alfonsina responde con rapidez: “Porque él tuvo un infarto en 2017 y dijo seguro que pensó… ¡mejor con esta me caso o me caso!”.</p><p>El 16 de septiembre de 2018 Alfonsina con 62 y Guido con 63 hicieron realidad el matrimonio en Il Belvedere Principessa di Piamonte, en Ravello. Balconeando al Tirreno y rodeados de historia dijeron “Sí”, ante sus invitados y familiares. “Nos tocó un día divino”, recuerda Alfonsina. “De ahí caminamos cien metros con los invitados hasta la Villa Fraulo, una construcción del 1700 con una fuente del 1200 en medio de la terraza que daba al mar.<b> Fue divino, mágico, maravilloso. No tuve que hacer ningún esfuerzo para que se diera lo que había soñado</b>. Vinieron mis hermanas, mis sobrinas, cuñados, una tía, una prima que vive en Sorrento y amigos de todas partes del mundo, ¡hasta de Australia!”. Guido suma su humor: “Sí, ¡parecía el casamiento de Naciones Unidas!”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/XTPEJ7FRDNHX7KSY4M7TBHNWXM.jpg?auth=6871c90053cfb2f86ef4f4ffaa7c5a71f335369eaaf21001870a499f2f9bb3e7&smart=true&width=1196&height=1051" alt="La pareja vive en Roma pero tiene previsto instalarse definitivamente en Argentina: él quiere radicarse en la ciudad y ella en un campo del sur" height="1051" width="1196"/><h2>Siempre hay sueños</h2><p>En 2006 habían comprado un departamento en Buenos Aires, un piso 11 sobre la calle Ayacucho de la capital porteña, que es donde paran cada vez que vienen al país. Guido, ya retirado después de 32 años de trabajo, y Alfonsina tienen ahora un nuevo proyecto en marcha: <b>mudarse a la Argentina para vivir en su querido rincón de Recoleta</b>. Guido explica que él cree que Argentina tiene la manía de vivir pensando en el pasado y asegura que él vislumbra un buen futuro porque el país tiene enormes recursos naturales e intelectuales. Ambos dicen que se puede vivir mejor en Sudamérica que en la Europa actual. Alfonsina augura convencida: “Argentina va a ser el faro del mundo”. Pero lo cierto es que hoy por hoy siguen viviendo en Italia, a 5 kilómetros del mar y a 25 minutos del Coliseo romano con Garibaldi y Blushi. Con ellos <b>ensamblaron una familia como a Guido le gusta llamar “argentana”</b>.</p><p>Discrepan un poco en cómo imaginan el futuro en Argentina. Pero como siempre se pondrán de acuerdo. Alfonsina expresa: “A mi me gustaría vivir en el campo, rodeada de animales y de plantas. ¡El cielo en la patagonia es único en el mundo! Me encantaría agarrar un auto y hacer la ruta 40 y parar donde nos guste sin tiempos ni relojes. Ese es mi sueño”. Guido acepta la idea, pero para vivir dice que prefiere la ciudad, con sus luces, su cultura y aquellas librerías de las que se enamoró una vez. Mientras llega ese momento del traslado Guido sigue despuntando el vicio del periodismo y escribe un par de notas, como corresponsal, sobre la realidad social y política de América Latina para el diario italiano<i> Il Sussidiario</i> bajo el pseudónimo de Arturo Illia.</p><p>¿Cuál es la clave para que una pareja dure en el tiempo? Guido se apura a decir: “<b>La clave es el humor y decir pavadas</b>… ¡aunque la única que no se ríe más de mis chistes es ella!”. Alfonsina acostumbrada a sus chistes sonríe: “Es que yo ya los escuché demasiadas veces… ¡son repetidos!”. Discuten un poco y vuelven a reír. Como cualquier pareja feliz.</p><p>Alfonsina remata: “Se necesita humor y ¡mucha paciencia! Eso aprendí. Él es mi mejor maestro en este mundo. ¡Vine a aprender la tolerancia y, también, a no enojarme por tonterías”. Guido cierra la charla con gracia: “<b>Lo más importante es que nada es tan importante</b>. ¡Porque si todo va a ser importante es que al final nada te importa tanto!”.</p><p><i>* Escribinos y contanos tu historia. </i><a href="mailto:amoresreales@infobae.com" target="_blank"><i>amoresreales@infobae.com</i></a></p><p><i>* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas</i></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/JF3MYHZ74RF65BPLZ3XGTSPAUQ.jpg?auth=6c5fa1cc27450cf08ca39e28ad2c06f7ad97782709372d8ffe5a186e6028156c&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1115" type="image/jpeg" height="1115" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Foto 24. Alfonsina y Guido_]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Son judíos ortodoxos y se gustaron desde el primer día: el rol de los rabinos, las citas con reglas y el primer beso]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2024/11/10/son-judios-ortodoxos-y-se-gustaron-desde-el-primer-dia-el-rol-de-los-rabinos-las-citas-con-reglas-y-el-primer-beso/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2024/11/10/son-judios-ortodoxos-y-se-gustaron-desde-el-primer-dia-el-rol-de-los-rabinos-las-citas-con-reglas-y-el-primer-beso/</guid><dc:creator><![CDATA[Cynthia Serebrinsky]]></dc:creator><description><![CDATA[Yamila y Jonathan iniciaron su camino hacia la espiritualidad de manera inesperada, mientras buscaban su lugar en la vida. Se conocieron en 2007, se sintieron atraídos el uno al otro, pero fue a través de un proceso guiado que finalmente se comprometieron. Se casaron al año siguiente y, desde entonces tienen una vida en común. Un viaje al corazón para saber cómo se construye el amor en la comunidad judía ortodoxa]]></description><pubDate>Sun, 10 Nov 2024 11:13:11 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/UKPR3SXJXBFXFNOE2IJVY7PV2Y.jpeg?auth=7f93b5b561e7f3eb8e5d61b68c7a10f109856377e0159a9fd263191a5cab9b48&smart=true&width=1500&height=1000" alt="Yamila Fuhrman y Jonathan Silberman, hace 16 años que están juntos" height="1000" width="1500"/><p><b>Yamila Requena Fuhrman</b> nació el 24 de enero de 1984 en el barrio de Villa Crespo, y se crió con su mamá Patricia, su tío y primas de la familia, quienes siempre estuvieron presentes. “Fui al Scholem, hice los grupitos y mi Bat en Murillo, y después fui a la ORT”, cuenta, enumerando lo que forma parte de una linda y<b> tradicional infancia judía </b>no religiosa. En 2002, tras la crisis económica del “corralito”, la situación para los Fuhrman era “insostenible”, por lo que <b>Patricia decidió que mudarse a Israel con su hija era la mejor opción.</b> Así, por medio de un plan de nueve meses en el que los chicos viajaban solos un mes antes que los padres, Yamila emigró junto con 60 jóvenes de entre 18 (su edad) y 30 años.</p><p>Dos semanas después de la llegada de Yamila a Israel, su madre se dio cuenta de que no estaba lista para hacer el cambio de país, y le comunicó la noticia a su hija, “segurísima” de que, como tanto le había costado dejar Argentina, iba a estar feliz. “Tuve 25 despedidas, ya me había anotado para estudiar psicología… Pero no me volví”, dice Yamila con una misteriosa calma. No solo completó el plan de nueve meses, sino que<b> se quedó tres años viviendo sola en Israel, desde los 18 a los 21.</b> Como suele suceder en estos casos, sus amigas se convirtieron en su familia, y Maia, quien se había vuelto muy cercana, se enfermó e hizo <i>teshuvá</i>, el término hebreo que significa literalmente “retorno” y se refiere a cuando un judío se vuelve religioso. “Ese fue mi primer acercamiento religioso en la vida. Maia empezó a cumplir con mucha, mucha alegría, y así conocí la Torá a través de ella, con una felicidad y un amor brutales”, recuerda Yamila sobre su gran amiga, lamentablemente ya fallecida.</p><p>Tres años después, la chica de Villa Crespo regresó al hogar materno con un objetivo en mente: “Si bien tenía 21 años, sabía que el día que formara una familia quería que mi mamá estuviera cerca”. En febrero de 2006, tras haber trabajado repartiendo volantes y como telemarketer durante seis meses, se enteró de un puesto de secretaria en un Beit Jabad, institución que forma parte del movimiento Jabad-Lubavitch y sirve principalmente como centro para la difusión del judaísmo jasídico, donde el rabino y su esposa organizan programas de bienvenida, actividades y servicios para la comunidad judía local y para judíos turistas. Yamila necesitaba el trabajo, así que se presentó en Villa del Parque, aunque con las palabras de su madre resonando: <b>“Andá, pero te pido por favor que no te hagas religiosa”</b>.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/FGRRCEKLRNC33LXKLLXPZUFFUY.jpeg?auth=3accbb82e92aefd60b1e5822f061ee976a6e4aa8875328c2e074a686ab7ccee6&smart=true&width=813&height=1600" alt="Jonathan, antes de volcarse a la vida religiosa" height="1600" width="813"/><p><b>Jonathan Silberman</b> nació el 25 de octubre de 1978 y se crió junto a sus padres y dos hermanos menores en el barrio porteño de Flores. Su apellido evidencia su origen ashkenazí, aunque sus rasgos anuncian algo distinto: “Tomo sol todos los días un ratito, y además mis dos abuelas son sefardíes, así que se me amorochó la vida”, cuenta con simpatía. Sus padres, muy jóvenes, le regalaron una infancia bastante libre: “Vengo de una familia que ni siquiera se puede llamar conservadora. <b>En mi casa no éramos religiosos ni de cerca; comíamos jamón.</b> Era rara la educación porque, de repente, mis compañeros los ‘cotures’ iban al <i>knis</i> (sinagoga), comían kasher, pero en mi casa nada. Cuando íbamos a la casa de mis abuelas hablaban en árabe, había comida sefardí y kasher… era una mezcla medio rara”, describe sin juzgamientos. Hasta cuarto grado asistió a un colegio judío, pero un día, sin muchas preguntas, lo mandaron a la escuela del Estado, a la vuelta de su casa. <b>“Tuve que dejar de decir ‘morá’ (maestra) y empezar a decir ‘señorita’”</b>, resume en una frase el cambio.</p><p>Aun así, Jonathan siempre estuvo en una búsqueda espiritual: “Mi familia me llevaba por un camino que no era el espiritual tipo judaísmo; <b>mis tíos se hicieron budistas”</b>. A los 18 años, trabajó en comercios de conocidos hasta que, en un momento, se cansó y empezó a ser su “propio jefe”. Llamó a una tía abuela, le pidió la receta de las milanesas de soja y comenzó su emprendimiento: <i>Taam Jaim</i> (Sabor de vida). “Tenía el pelo largo hasta la cintura, era medio hippón”, cuenta entre risas, y remata: “<i>Hippie con Osde</i> igual, como somos los de la cole. Pero estaba en la búsqueda, tocaba el tambor, bailaba salsa, tenía toda una movida media especial, y empecé a vender milanesas de soja, hummus y mermelada de naranja. Lo fabricaba en casa, me levantaba a la una de la tarde porque salía todas las noches. Justo a mis 17 mis padres se separaron”, explica Jonathan, dando a entender que no había nadie en casa que le “pusiera los puntos”. Estudió para maestro y también marketing, pero nada lo terminaba de “llenar”. A nivel mandato, su familia no le decía qué hacer porque “ni ellos podían hacer algo con ellos mismos; estaban muy conflictuados, eran muy jóvenes”, razona, siempre con cariño. Apenas un año después,<b> Jonathan se fue a vivir solo.</b></p><p>Era el año 2000, y <i>Taam Jaim</i> venía creciendo: las milanesas de soja pasaron a ser orgánicas y no transgénicas, algo no tan común en aquel momento. Jonathan iba con la bicicleta rosa de su mamá repartiendo pedidos. “A las dos de la tarde vendía, con eso ya tenía para comprarme algo de comer. Después me iba a Agronomía, al Centro de Estudiantes, donde <b>había una huerta tomada por unos hippies y me ponía a tocar los tambores ahí</b>. A la noche me iba a bailar salsa y volvía todas las noches a las tres de la mañana; así era mi ciclo”, narra que su “búsqueda” lo llevó a tocar música en el tren. El emprendimiento evolucionó, y <b>se le ocurrió “kasherizar” sus milanesas</b>, lo que lo llevó a acercarse más a su religión. Cada vez que entraba a ofrecer sus productos, Jonathan dice que era “carne de cañón” para sus clientes religiosos: “Me hablaban y yo me quedaba horas. No me gustaba trabajar tampoco… Quería charlar, llevarme bien con la gente y tocar el tambor, como Los Decadentes”, se ríe.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/MVHVIR4GFZGUNMGMGBYIUAMXQ4.jpeg?auth=ec58ad483bb5e431a9cc8365b0ebf42de2bb667fef45decc761de45f968c7d4a&smart=true&width=1080&height=1280" alt="En el 2001, Yamila se fue a vivir a Israel por la crisis. Tres años después, regresó al país" height="1280" width="1080"/><p>Hasta que confiesa: “Me hago reli porque<b> empiezo a encontrar todo lo que estaba buscando afuera, dentro del judaísmo.</b> Yo era muy de lo cabalístico, me gustaba lo místico y toda esa tendencia. Y empiezo a escuchar en el judaísmo todo lo que había escuchado durante 22 años, y, a la vez, en simultáneo, me asqueo del tipo de vida que llevaba”, dice al referirse a su pasado algo caótico. “<b>Me corté el pelo, empecé a estudiar y a ponerme los </b><i><b>tefilin</b></i> —unas cajitas de cuero unidas por correas que contienen un trozo de pergamino enrollado con pasajes de la Torá y que se colocan los hombres en el brazo y en la frente cada mañana para recordar mantener sus valores en la mente y en el corazón—; <b>dejé de comer jamón</b> y adopté muchas actitudes y decisiones que me llevaron a un contexto un poco más empresario, y, a la vez, con formas judías más ordenadas”.</p><p>Cuando Yamila empezó a trabajar en el Beit Jabad de Villa del Parque quedó cautivada: “Me llamaba mucho la atención que gente que no me conocía me abriera las puertas de su casa e invitara a sus cenas de Shabat, junto con mi mamá. Me encantaba el concepto de las familias grandes y el respeto que había entre los chicos y hacia los adultos”, relata entusiasmada la primera vez que se cuestionó para qué había venido al mundo, cuál era su propósito de vida, y otros interrogantes profundos que la llevaron a querer saber más. Poco a poco,<b> empezó a tomar decisiones, como no mezclar carne y leche, pero continuaba con su vida “normal”.</b></p><p><b>Para cuando tenía 27 años, Jonathan ya estaba en su camino de religiosidad</b>, y el centro de Villa del Parque le quedaba “a mano”. Un día de otoño, fue en busca de una <i>mezuzá</i>, la cajita que se coloca en el marco derecho de la puerta de entrada de las casas judías para bendecir el hogar:<b> “Entré y ahí estaba ella”, cuenta, señalando a quien hoy es su esposa. </b>Su objetivo era hablar con el rabino David, pero ella, como buena secretaria, lo “filtró”. Para sorpresa de Yamila, rápidamente, el rabino correspondió a la necesidad del joven. A pesar del recato, una linda tensión se sintió en el ambiente: “Algo percibí; ella se puso nerviosa y lo pude notar”, admite él, con la experiencia de un pasado mundano. Esa fue la primera vez que se vieron.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/B3MVF6UNSRA4ZEN3VXCREMM5UQ.jpeg?auth=562eee51847c5581b5014bb4b657395cda343b4d7ab79fb3fa408c73b320d2be&smart=true&width=1080&height=805" alt="Yamila, aunque todavía no era religiosa, era secretaria del rabino David del Beit Jabad de Villa del Parque. Jonathan acudió allí para encontrar su destino y se vieron por primera vez" height="805" width="1080"/><p>Evidentemente, el instinto de Jonathan no estaba errado: “Durante todo ese año no lo volví a ver porque yo tenía que llamar para invitar a las festividades”, explica ella, haciendo una pausa antes de revelar lo que sigue: <b>“Y nunca lo llamé porque estaba anotado como ‘Jonathan y fulana’ en la lista.</b> A mí me daba mucha vergüenza, o sea, que en todo 2007 no lo invité. No me preguntes por qué, porque lo había visto una sola vez en mi vida”, enfatiza, tratando de explicar ese inexplicable magnetismo que uno siente por alguien que apenas conoce. “Era algo impensado. Para mí él era reli, y yo en ese momento cero. <b>Me pareció un chico muy lindo, pero religioso”,</b> pronuncia la última palabra como algo prohibido, recordando el ruego de su madre: “Te pido por favor que no te hagas religiosa”.</p><p>En enero de 2008, Yamila se fue una semana de vacaciones a San Bernardo con sus amigas “no judías” de la Facultad y otra con la familia del rabino David, su esposa y sus ocho hijos, a Córdoba. “Me acuerdo de que me até el pelo como las nenas porque no sabía si se podía estar con el pelo suelto”. Una tarde durante el verano serrano, Yamila tuvo una conversación con el rabino y, preocupada,<b> le confesó que a sus 23 años “estaba segura de que se iba a quedar sola”</b>. Su maestro le aconsejó tomarse ese año para crecer, para estudiar, para viajar a Israel, y <b>prometió que junto con su esposa Dalia la ayudarían a encontrar una persona para ella:</b> “Vos quedate tranquila, sacate eso de la cabeza, que nosotros te vamos a acompañar, y cuando estés lista te vamos a presentar a alguien”, la alentó David, con bella calma. Sus palabras fueron un bálsamo.</p><p>En marzo llegaron las festividades judías, y <b>Jonathan y Yamila se volvieron a cruzar en la sinagoga.</b> Había pasado todo un año desde aquella primera vez que se vieron, y las cosas habían cambiado: “¡Él ya estaba con <i>peyes</i>!”, dice ella con la misma sorpresa que hace 17 años, alargando sus manos desde las sienes hacia abajo. <b>Los </b><i><b>peyes</b></i><b> son los bucles rizados que los judíos ortodoxos dejan a ambos lados de la cabeza, </b>como los que usaba el protagonista de la serie <i>Shtisel</i> (Netflix). Hubo alguna mirada entre ellos, pero no mucho más: “Yo no le hablaba a ella”, resume él su cambio radical.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/L2CJVSD4LBAJBCEQYC6OTRGBW4.jpeg?auth=44f4da9b1d0d1dd33b1e485f3fb0e984ed045f9ae258001506195fee15fca61f&smart=true&width=1073&height=1600" alt="El 8 de septiembre de 2008 se dieron el primer beso. Para ellos, es la fecha que cuenta como aniversario" height="1600" width="1073"/><p>Sucede que, mientras en ese último año <b>Jonathan había estudiado en una Yeshivá (centro de estudios de Torá y Talmud) en Jerusalén</b>, Yamila seguía perteneciendo “al otro mundo”: usaba pantalones, saludaba con beso y usaba el teléfono en Shabat. “Nadie se venía venir lo mío”, confiesa ella, adelantando la historia. Sin embargo, había un punto en común entre estos dos: “Un día, viviendo en Israel,<b> le dije a mi rabino de la Yeshivá que yo ya estaba ‘grandecito’, tenía 28, y le pedí si me podía presentar a alguien”</b>, cuenta Jonathan. Así, en los últimos meses de su estancia en Medio Oriente, le presentaron a una chica: “Salí siete veces y quedé en contacto porque tenía que volver a Buenos Aires para dar clases en un colegio de Ramos Mejía”. Jonathan aclara que eran citas religiosas: “Yo ya era reli”, dice, <b>dejando claro que no había ningún tipo de contacto físico con el sexo opuesto.</b></p><p>Entonces, él y la candidata en Israel mantuvieron contacto, pero una mañana, durante una conversación telefónica, una charla le generó dudas: “Corrí a hablar con mi rabino Abraham en Buenos Aires; me superó la situación y, de repente, lo que antes manejaba, ahora necesitaba discutirlo todo con mi rabino”, dice, mofándose de sí mismo. Casualidad o no, su maestro era del mismo templo en el que Yamila trabajaba. “Jony, ¿a vos te gusta la chica?”, le preguntó Abraham después de escuchar la escena. Seguramente el rabino vio más allá para cuestionarlo porque, tras el “sí” automático de Jonathan, le siguió un: <b>“No sé, pará… No, ¡no me gusta!”.</b> Abraham intentó calmarlo, pero el soltero entusiasmado se sintió cada vez más seguro, y<b> la respuesta más insólita fluyó: “Gustar, de a quién le daría un beso… a la secretaria de David”</b>, disparó él, descarado y desde su más antiguo yo, refiriéndose a Yamila, a quien había visto dos veces en su vida y de quien aún no sabía el nombre. Y aunque con el diario del lunes todo es más claro, lo cierto es que en aquel momento Jonathan no lo pensó realmente: “La tomé como ejemplo, ella ni era religiosa”, se justifica él como si lo difícil fuera imposible.</p><p><b>Los rabinos se comunicaron para cancelar la relación entre Jonathan y la chica de Israel,</b> tal como él había solicitado. “Y a partir de acá todo empieza a volar. Todo lo que no pasó en cuatro años, se da en tres meses”, cuenta Yamila. Al día siguiente, Jonathan fue al templo de Villa del Parque por Shabat. <b>Entre rezo y rezo se cruzó con el rabino David, jefe de Yamila, </b>y tuvieron una breve charla en la cual Jonathan intencionalmente dejó “bien claro” que ya no estaba comprometido con nadie. “Tengo una chica para presentarte”, dijo el rabino disimulando, y astuto agregó: “Pero debe ser demasiado pronto, recuperate”. Jonathan, ilusionado, insistió en saber más.<b> “No sé, la chica todavía saluda con besos, usa pantalones, va a la facultad”, enumeró el rabino</b>, dando a entender que no estaba seguro si Yamila ya estaba lista. “Ojalá sea ella”, pensaba Jonathan para sí mismo, recordando a la secretaria que había visto dos veces. Pero el rabino no soltaba demasiada información, solo repetía que debería pensarlo porque sería un noviazgo muy largo. En el judaísmo, las parejas ortodoxas para cumplir con la <i>Taharat Hamishpaja</i> (pureza familiar) deben cumplir tres condiciones básicas:<b> </b>kasher, Shabat y la mikve (un baño ritual de purificación). Además, <b>no pueden tener ningún tipo de contacto físico hasta el matrimonio; </b>técnicamente, según la ley de la Torá, dos solteros no pueden estar solos hasta que se casen. Y Jonathan no podía parar de maquinar: “En mi mente ya no lo escuchaba; solo pensaba: ‘Que sea Yami, que sea Yami…’”, recuerda como un disco rayado. Mientras, David continuaba explicando que él le había dicho a “esta chica” que le iba a encontrar pareja, hasta que por fin llegó el anuncio más esperado: “¿Viste a la chica que trabaja en todo lo comunitario, mi secretaria? Ella”. Y así como un rayo de luz, <b>el alma entera de Jonathan se iluminó; ya nada más importaba.</b></p><p>“Empecé a contar hacia adentro para hacerme el que pensaba”, dice Jonathan sobre cómo intentó seguir el protocolo, pero tres segundos fueron suficientes para responder: “Sí, sí, me parece bien; puedo probar conocerla”, dijo como quien no quiere la cosa.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/GAJKAZLSQNH3HI4P7JST6JXKCY.jpeg?auth=b1989fe1e427e17ec536afc393aac35fddd0c05aefae8fcedf1cb2efae2a5b23&smart=true&width=1066&height=1599" alt="El casamiento tuvo lugar en el templo Beid Jabad de Villa del Parque, donde se conocieron" height="1599" width="1066"/><p>David se puso en campaña, le comunicó a su secretaria que quería conversar sobre “un tema” y también habló con Patricia para contarle que quería presentarle a alguien a su hija. Pero<b> Yamila, “avisada” y algo desconcertada, se escabulló del rabino durante 15 días.</b> “En mi cabeza no estaba la posibilidad de que fuera Jonathan, entonces me escapaba porque no sabía quién sería”, relata divertida, explicando que lo más gracioso es que en el templo todos sabían del “complot” de la presentación, menos ella: <b>“En Pesaj, la mamá del rabino nos miró a los dos y nos dijo: ‘¡Qué linda pareja que hacen!’. </b>Y nosotros, bordó”. Ese mismo día, Yamila le señaló a una amiga “al de barba” que le gustaba: Jonathan.</p><p>Finalmente, el rabino y su secretaria se reunieron, y él comenzó a explicarle que tenía un candidato para ella, pero que era religioso. A ella le sucedió lo mismo que a Jonathan: “Se me vino su imagen a la cabeza y solo pensaba: ‘Ojalá que sea él’”, dice con la mirada encendida. “Bueno, mirá, es Jonathan Silberman”, dijo por fin David. Y aunque por dentro Yamila celebró con bombos y platillos, su voz se disfrazó de duda: “Rab, ¿no le parece que estamos un poco a destiempo?”. Y, en una frase inolvidable, el rabino le dijo todo:<b> “Las almas se encuentran cuando están en el mismo nivel espiritual”.</b></p><p>El plan era un café. “Andá a conocer a la persona. Olvidate de la investidura”, propuso David a Yamila, quien también <b>le dio “pautas” para la cita a Jonathan:</b> “Salí. No salgas más de dos horas en la primera salida. La pasás a buscar, pero no por la puerta de su casa. No hablés de <i>halajot</i> (reglas religiosas) ni de Torá rígida; podés hablar de Cábala. Y nunca, pero nunca, subas a su casa”, indicó, queriendo que todo funcionara. Todo estaba concertado: de hecho, <b>a los candidatos no se les dan los números de teléfono, sino que el rabino es quien arregla la cita y, una vez que termina, ambos van a charlar con él.</b></p><p>El 28 de marzo de 2008, Yamila y Jonathan se encontraron en la esquina de Av. Gaona y Dr. Nicolás Repetto, cerca de la casa de ella, para su primera cita. “Aunque todavía no era mi costumbre, obviamente me vestí con recato. Y era la primera vez en mi vida que salía con alguien a quien no podía saludar; no sabía cómo acercarme, entonces me presenté hablando por teléfono porque <b>no sabía cómo abordar la situación de decirle ‘Hola’ sin darle un beso”</b>, recuerda ella.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/FQ7U3LV5KZHEZIOKED6RK3XUJM.jpeg?auth=e08246a20fdecd9120a5182a08945716ce699b603d1109ddbb77a7ed5e839384&smart=true&width=1600&height=1313" alt="La celebración de la boda de Yamila y Jonathan" height="1313" width="1600"/><p>Las primeras citas religiosas, hasta que la pareja oficializa, deben ser en lugares donde nadie los conozca para no “quedar expuestos”. <b>Solo se muestran como pareja cuando ya han fijado una fecha de matrimonio. </b>El lugar elegido fue Nacha, una confitería en Segurola y Gaona. Y en cuanto a las leyes del <i>kashrut</i>, se puede consumir una bebida fría o un café en vaso de vidrio en cualquier lugar. La charla fluyó y fue todo tan “lindo y natural” que los echaron del bar porque cerraba. Cuando se cumplieron las dos horas sugeridas por el rabino David, se extendieron 45 minutos más conversando en la puerta de la casa de ella.</p><p><b>“Decime dónde firmo, yo me caso con ella”</b>, fue corriendo Jonathan a la mañana siguiente a contarle al rabino. “No necesito salir más”, le dijo contundente y con una sonrisa. Y Yamila, aunque seguía “en pantalones y saludando gente”, sintió lo mismo; enseguida supo que “era por ahí”. No se detuvo ni un momento a pensar en todos los cambios que implicaba ponerse de novia con Jonathan.</p><p><br/></p><p>Tuvieron otra cita más, parecida a la primera.<b> Pura charla y cero contacto físico.</b> Intercambiaron teléfonos. “Ahí ya estábamos hasta las manos; me quemé todo el crédito del celular en una tarde”, dice él con su tono porteño. En la tercera salida, la tentación era tremenda: ella hacía bolitas con una servilleta y se las tiraba con el dedo a un centímetro de distancia. <b>“Ya había que chapar y no se podía, era durísimo…</b> Mi mente decía: ‘Es la tercera salida. ¿Tengo que esperar un año?’. Nunca me había pasado algo así en la vida”, cuenta Jonathan con la misma intensidad que sintió ese miércoles de abril. Al final del encuentro, él tuvo una idea: a modo de “chiste”, le sacaría el tema del casamiento para ver su reacción: “Che, ¿y si nos casamos en agosto?”, dijo desde la otra punta del palier del edificio de Yamila. “¿En agosto? Es abril”, contestó ella desde el otro extremo del pasillo, y enseguida completó: <b>“¡Septiembre puede ser!”</b>. Él, sin esperarse tal respuesta, respondió: “Bueno, dale, septiembre”, rápidamente cambió de tema y se despidió con la misma prudencia de siempre. Sorprendido por su reacción, no quiso decir que lo había planteado en broma para no arruinar el momento.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/RNCDGJFC75BS3AN4AAIMRHYBOM.jpeg?auth=e6fef2b15e6c9d0eee18e0e417edd6232756e33130a567669692585ebbc87f49&smart=true&width=1080&height=1176" alt="Yamila y Jonathan hoy, con sus cuatro hijos" height="1176" width="1080"/><p>Al día siguiente sonó el teléfono de Jonathan, y era el rabino: <b>“Mazal tov, mazal tov, ¡se casan en septiembre!”,</b> fue lo primero que escuchó del otro lado. Lo que para Jonathan había sido un chiste, para Yamila fue una “propuesta oficial”, así que tan pronto como pudo, le envió un mensaje a David: “Rab, ¡nos casamos en septiembre!”.</p><p>En esos cuatro meses la vida de ambos dio un giro enorme, especialmente la de Yamila, quien<b> regaló toda su ropa no recatada a sus amigas no judías de la Facultad</b>, empezó a cumplir el Shabat y asistió, por primera vez, a un casamiento religioso: el suyo.<b> “Nuestro noviazgo fue armar un casamiento”</b>, comenta ella con una alegría contagiosa. “Y nuestro noviazgo real, como el que ustedes conocen, fue cuando nos casamos, que <b>ahí ya nos podíamos tocar”</b>, cuenta él, revelando que<b> a los 15 días Yamila estaba embarazada.</b> “Lo más lindo de todo fue que yo no la toqué hasta el día que nos casamos en la <i>jupá</i> (el dosel bajo el cual se casan los novios judíos). Después tuvimos 10 minutos a solas en algo que se llama <i>jeder ijud</i> (cuarto privado), y ahí le di el primer beso… y para mí fue como que me entró un alma dentro mío, fue mi sensación”, declara Jonathan con un brillo eterno en su mirada. “La gente siempre nos pregunta: <b>‘¿Y si no te gusta el primer beso?’. No hay chance porque vos estás eligiendo a la persona con todo lo que es; es mágico</b>”, define Yamila.</p><p>Trece años después, Yamila se enteró de que aquella propuesta había sido “en chiste”, pero gracias a esa ocurrencia de Jonathan, hace más de 16 años que están casados y tienen una hermosa familia con cuatro hijos. Luego de encontrar su verdadero camino, Yamila utiliza sus redes (@yamilasilberman) para ayudar a otras jóvenes a encontrar su propio destino.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/UKPR3SXJXBFXFNOE2IJVY7PV2Y.jpeg?auth=7f93b5b561e7f3eb8e5d61b68c7a10f109856377e0159a9fd263191a5cab9b48&amp;smart=true&amp;width=1500&amp;height=1000" type="image/jpeg" height="1000" width="1500"/></item><item><title><![CDATA[Eran consuegros desde hacía 15 años y un día la vida los puso frente a frente: ¿podrían confesar lo que sentían?]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2024/11/03/eran-consuegros-desde-hacia-15-anos-y-un-dia-la-vida-los-puso-frente-a-frente-podrian-confesar-lo-que-sentian/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2024/11/03/eran-consuegros-desde-hacia-15-anos-y-un-dia-la-vida-los-puso-frente-a-frente-podrian-confesar-lo-que-sentian/</guid><dc:creator><![CDATA[Carolina   Balbiani]]></dc:creator><description><![CDATA[Laura era la madre de Agustina; Martín, el papá de Rodrigo. Casi no se hablaban. El destino los dejó solos y comenzaron a frecuentarse. Con el tiempo se gustaron, pero ninguno se animaba a dar el primer paso]]></description><pubDate>Sun, 03 Nov 2024 04:17:15 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/2UC7FYT7DVHQTDBQP3W53H2AHI.jpg?auth=fc1776e09358e922842195a24f1a4cd006340266692722ed598758e7f1c218a3&smart=true&width=1456&height=816" alt="Laura y Martín eran consuegros, y junto a sus parejas, llevaron adelante la boda de sus hijos (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Cuando Agustina se enamoró de Rodrigo (hoy ambos de 37 años) no podían saber que estaban sembrando las bases de otra pareja cercana. Muy cercana. Se conocieron con veinte y tantos, durante unas vacaciones de verano en Punta del Este. Estuvieron varios años de novios hasta que <b>con 31, en 2018, se casaron.</b></p><p>Los padres de ambos apenas se conocían, pero empezaron a tener que verse seguido en 2017 cuando comenzaron los planes de casamiento de sus hijos. Los cuatro se llevaron inmediatamente muy bien.</p><p><b>Laura (madre de Agustina) y Martín (padre de Rodrigo)</b> no recuerdan cuando se vieron exactamente por primera vez. Eran parte de un enjambre familiar que, como las abejas, laburaban para que todo saliera impecable: era el primer casorio de sus hijos. Por ello los dos matrimonios pusieron, con mucha ilusión, todo de su parte: <b>ellas decoraban y pensaban en el armado de las mesas y las flores; ellos sacaban las cuentas del fiestón.</b></p><p>Esa era la relación por esa época.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/4ZF6XUMPMVE6XE337N6KRTXUBQ.jpg?auth=beabc2258e41f3e343c8cf77170cacccd17aff5366e5635bf7fb35e1d21d30bb&smart=true&width=1456&height=816" alt="Al poco tiempo de la boda de sus hijos, Laura se separó de Horacio y Martín quedó viudo de Gloria (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><h2>Las vidas de Laura</h2><p>Laura nació en 1962. Vivió casi toda su vida en Martínez e hizo primaria y secundaria en un colegio de la zona. Su papá murió cuando ella se graduó y la vida económica en su casa se complicó un poco. Por eso Laura trabajó desde muy joven. Su pasión por el deporte la llevó a estudiar profesorado de educación física. Su corazón era volátil y vivía enamorándose. A los 25 años quedó embarazada de un novio con quien tuvo una hija. A pesar de que la pareja no prosperó, la criaron entre los dos. <b>La llamaron Agustina y es la misma que, años después, se casó con el hijo de Martín.</b></p><p>Al año de tener a Agustina, Laura conoció a un hombre de 40, separado y que tenía 3 hijas.<b> Con Horacio, así se llamaba, vivió por décadas, sin casarse.</b> Juntos tuvieron a Rocío que hoy tiene 27 años. Se convirtieron en una gran familia ensamblada en una casa llena de mujeres, secadores de pelo, ropa tirada y música a todo trapo. Horacio tenía más inventiva que éxitos: era una máquina de emprender cosas nuevas aunque después nada funcionaba demasiado. Una pyme para construir locales, un bar, un local de comidas rápidas… Se animaba a todo, pero<b> la economía familiar desbarrancaba. </b>Había que mantener la línea de flotación para bancar los gastos fijos. Las cosas se pusieron difíciles. Laura duplicó sus horas de trabajo de clases de baile y entrenamiento y se puso como pudo la familia al hombro. Así fue que durante años proveyó esos indispensables ingresos fijos. <b>A finales de 2019 la pareja terminó por irse al demonio.</b> Las crisis económicas habían desgastado a la pareja. Separada en buenos términos, Laura siguió intentando progresar y estudió nutrición para completar su formación.</p><p>La soledad no le pesaba. Durante la cuarentena se la bancó y “después empecé a salir un poco, pero no me interesaba nada el tema. Tengo muchas amigas solas y laburo un montón así que nunca me sobra el tiempo. Jamás me dio por meterme en las aplicaciones de citas como a ellas. Ni loca lo haría. En ese tiempo estando sola llegué a salir con un ex de mi adolescencia. Él había enviudado en la pandemia y resultó una buena compañía. Era una persona con la que tenía confianza, pero no fue un gran amor. Para nada. Fue un tiempo breve. Te reconozco que <b>me daba fiaca salir con alguien nuevo,</b> prefería estar sola”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/XC3DLLXXXJARJKGVUE3SQ364TU.jpg?auth=486a73d3b339085444fa64c22f7a1bbc932c96114500a3eab6f5e4c0ed968f7b&smart=true&width=1456&height=816" alt="Laura y Martín comenzaron a pasar tiempo juntos. Uno de sus pasatiempos favoritos era jugar al tenis (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><h2>Una muerte y el consuegro</h2><p>Lo cierto es que, a pesar de estar separada, con los padres de Rodrigo, el marido de Agustina, siguió viéndose. Sobre todo, a partir de la llegada de los nietos. Cumpleaños, navidades, festejos: <b>“Yo trataba más con Gloria, mi consuegra, que con él. Con Martín no hablaba nunca.</b> Por nuestros dos nietos coincidimos en muchas ocasiones y empezamos a hablar mucho por teléfono. Tenía la mejor onda con ella, era un amor. Con él, si me cruzaba, solo era un hola que tal y punto”.</p><p>En 2023 una mañana sonó el teléfono de la casa de Laura. Era su hija, llorando. <b>Le dijo que su suegra Gloria había muerto durante la noche como consecuencia de un infarto masivo. </b>No podía creerlo. Se vistió con el corazón a mil y apretando las lágrimas y fue a la casa de su hija para cuidar a sus nietos mientras ellos acompañaban con los trámites y contenían a Martín.</p><p>Su yerno había perdido a la madre y <b>Martín había quedado viudo.</b> Estaban todos destrozados. Laura prestó todo su tiempo.</p><p>“Justo nuestros hijos estaban planeando irse a vivir en un par de meses a Sidney, Australia, con sus dos chiquitos. Tenían que dejar la casa que alquilaban porque terminaba el contrato. Les ofrecí que vinieran a mi casa hasta la partida. Lo hicieron y se quedaron más de un mes. <b>Martín salía del trabajo y venía a visitarlos casi todos los días. </b>Era lógico, se estaban por ir y quería ver a sus nietos todo lo que pudiera. Además, supongo, se sentiría un poco solo. Era muy raro verlo a Martín solo, que Gloria no estuviese ahí. Y muy doloroso. Nos empezamos a ver mucho para aprovechar el poco tiempo que quedaba para compartir con Agustina y Rodrigo y sus hijos. <b>Con Martín empezamos a pasar un montón de tiempo juntos”</b></p><p>Con hijos y nietos a cuestas empezaron los partidos de tenis, las salidas a comer, los asados y las películas en familia: “Compartíamos muchísimo tiempo, sobre todo los fines de semana. <b>Nos llevábamos bárbaro”</b>, cuenta Laura.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/KWNH73RPKJDLFBIAAXCAIJ2VF4.jpg?auth=e853b0a7510f1482aa156f78a60b0dc72959e27223900d75c440503e9f2f3ed9&smart=true&width=1456&height=816" alt="Las llamadas eran cada vez más frecuentes. Algo pasaba entre ambos (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><h2>Mirar distinto</h2><p>La pregunta se cae de maduro: ¿en qué momento sucedió que la mirada hacia él cambió?</p><p>Laura se ríe sin prejuicios: “Mirá, él tenía siempre el pelo corto y muy prolijo. Un estilo re normal, tranquilo. Un día, después de bastante tiempo sin verlo, porque había estado de viaje visitando a los chicos en Australia, apareció distinto. ¡¡Ey!!, me dije por adentro, ¡Qué cambiado está! <b>Estaba con barba y el pelo largo, medio hipón. </b>Me encantó. ¡Qué buen look sacó! te confieso que pensé. Me llamó tanto la atención que se lo comenté a una amiga. Le dije que me había gustado, pero que era mi consuegro. Era una sensación re loca. Yo no sabía cómo se sentía él, si estaba duelando, si todavía estaba en carne viva, no me animaba a preguntar nada. A pesar de que los chicos nuestros ahora vivían afuera, igual seguimos compartiendo muchas actividades. Ya no con nietos. Juguemos al tenis, quedate a comer, quedate a almorzar… y siguió así. Lo invité a un cumpleaños mío y un amigo me llegó a comentar cómo podía haber tanta buena onda y me largó la pregunta sobre si pasaba algo… Jajaj mmm<b> ¿pasa algo? Yo le respondí ¿Qué? ¡Noppp! Nada que ver.</b> Pero ahí me cayó la ficha de que algo pasaba de verdad. Igual, no era fácil. A mí me parecía raro eso de que me gustara mi consuegro. No quería decir nada ni hacer nada que pudiera romper algo en la familia. Mirá si me mando con algo y él decía ¡la consuegra me acosa!”, se ríe a carcajadas Laura, “No era fácil interpretar lo que sucedía. Martín siempre fue tan correcto, pero me invitaba un montón. Me decía: ya que venís a jugar venite más temprano y almorzamos juntos. Había algo también por parte de él, pero yo no estaba segura del todo porque no había connotaciones de ningún otro tipo. ¡Imaginate que hasta me quedaba a dormir en su casa porque al día siguiente jugábamos a la mañana al tenis! <b>Yo en un cuarto, él en el suyo y nada de nada. </b>Todo muy prolijo”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/QXPIX4RPEBGEVE3T66OB3SKXGA.jpg?auth=942bf8dd8cb33619cca638c5e21a62ad872c4852de75f4dc5a608b47ea2f97b5&smart=true&width=1456&height=816" alt="A Laura le preguntaban si pasaba algo con Martín. Ella decía que no, pero por dentro sabía que sí (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><h2>Dar un paso más</h2><p>En realidad, <b>a los dos les estaban pasando cosas que no se animaban a confesar.</b> Cosas de las que no se hablan. Cosas lindas pero que, cuando hay hijos de por medio, se temen porque pueden caer mal. Experimentaban el lógico miedo a dar un paso en falso y caer quién sabe a dónde.</p><p>“Nos pasaba lo mismo, pero no nos animábamos a hablarlo. Un día, antes de irme a Australia a visitar a los chicos, me animé y le pregunté de una. En el cuarto de arriba estaba una de sus hijas con su novio, habían venido de visita. Nosotros estábamos almorzando algo rápido en la cocina. <b>Le dije si no creía que nos pasaba algo. Él me miró y muy serio me dijo: Obvio que pasa algo…</b> Mantuve un poco mi cara de nada, pero ahí nos confesamos que nos gustábamos. La hija podía bajar o escucharnos, me puse bastante nerviosa. Le dije que bla bla bla, que era jodido que los consuegros salieran que qué podían pensar los chicos. Y si nos iba mal,¿qué íbamos a hacer? Podía ser muy incómodo. Martín fue práctico: ¿qué puede pasar? Si no salimos más no nos vamos a matar, ni nada. No salimos más y punto”. Eso la convenció o al menos disipó sus principales temores.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/NEJY34QYQZCPZHSREL4V737ODI.jpg?auth=a6666c99da14a14030a81c79dd4133b0549dec8639a99e2caedc50712378cade&smart=true&width=1456&height=816" alt="El día que Martín viajó a Australia para ver a sus hijos, Laura lo acompañó al aeropuerto y se despidieron con un pico (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Al día siguiente Martín la fue a buscar a su casa para llevarla al aeropuerto para tomar el avión rumbo a Australia. <b>Al despedirse se dieron un pico. </b>Salió así, sin premeditación: “Fue un pico solo, y me fui. Te voy a extrañar, le dije, chau”.</p><p>Durante el tiempo que duró el viaje hablaron todos los días. Eran conversaciones que duraban horas, como si fuesen adolescentes enamorados: “Yo allá y él acá, así se armó la relación. <b>Dos horas de charla diaria durante casi un mes.</b> Lo extrañé un montón, me moría por volverlo a ver. Fue durante ese viaje que fuimos hablando con los chicos. Cada uno habló con el suyo, de manera individual. Lo tomaron bien. Se rieron un poco, por los nervios creo, pero reconocieron que ya se lo imaginaban porque nos habían visto mucho juntos. Les parecía raro, pero no objetaron nada. <b>Ya nos conocían y nos querían contentos”</b>.</p><h2>Extrañarse,.. y el noviazgo</h2><p>Cuando Laura volvió del viaje no se separaron nunca más: “El día que llegué no lo ví, pero ese mismo viernes fui a visitarlo y ya me quedé. Se dio todo de una manera tan natural que no podía creerlo. Fluyó. Todo fluyó, las relaciones también. Ya tenía miedo de cómo podría ser… (se ríe una vez más) pero fue todo lo bueno que se puede esperar, porque ya había amor.<b> </b>Las cosas se habían ido dando de a poquito, así que fue muy lindo y romántico. <b>Estamos muertos de amor.</b> Yo me voy los fines de semana para quedarme con él en Pilar, en la semana vivo en Tigre. Hoy somos una pareja normal que se habla todos los días por teléfono y que convive los fines de semana. Amo que seamos tan compañeros. Me di cuenta de que yo no había tenido un compañero de verdad en mi pareja anterior. Ahora sí lo tengo. En el amor a esta edad lo más importante es hacer cosas juntos. Jugar a un deporte, ver una serie sin parar, jugar a las cartas, hablar de todo lo que nos pasa. Ya criamos a nuestros hijos y estamos para pasarla bien con el otro. <b>Tenemos proyectado viajar juntos para visitar a los chicos en mayo de 2025.</b> Esto es un amor maduro, acorde a lo que deseamos. Tengo amigas en Tinder o otras plataformas y yo les digo que el amor puede estar en el lugar menos pensado. Les digo que se animen a mirar y que estén abiertas. Siento que estoy en el mejor momento de mi vida, soy grande, tengo tiempo para mí y para compartir y disfruto de todo un montón”,</p><p><b>¿Vivir juntos? “Nooo. No es la idea. </b>A mí me gusta tener mi espacio y a él también. Estamos muy bien de esta manera. Todo es maravilloso y no hay desgastes. Me doy cuenta de que la gente que se entera de nuestra historia no puede creer que seamos consuegros. Les impacta. Pero bueno, somos felices y por otro lado ¿qué mejor que tener a toda la familia junta?”.</p><p><br/></p><p><i>*Escribinos y contanos tu historia. </i><a href="mailto:amoresreales@infobae.com" target="_blank"><i>amoresreales@infobae.com</i></a></p><p><i>* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas</i></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/XC3DLLXXXJARJKGVUE3SQ364TU.jpg?auth=486a73d3b339085444fa64c22f7a1bbc932c96114500a3eab6f5e4c0ed968f7b&amp;smart=true&amp;width=1456&amp;height=816" type="image/jpeg" height="816" width="1456"><media:description type="plain"><![CDATA[consuegros, Amores reales - VisualesIA (Imagen Ilustrativa Infobae)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Se enamoró de dos mujeres al mismo tiempo y decidió vivir una doble historia de amor sin que ellas lo supieran]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2024/10/27/se-enamoro-de-dos-mujeres-al-mismo-tiempo-y-decidio-vivir-una-doble-historia-de-amor-sin-que-ellas-lo-supieran/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2024/10/27/se-enamoro-de-dos-mujeres-al-mismo-tiempo-y-decidio-vivir-una-doble-historia-de-amor-sin-que-ellas-lo-supieran/</guid><dc:creator><![CDATA[Cynthia Serebrinsky]]></dc:creator><description><![CDATA[En su búsqueda de redención amorosa, Carlos se entregó a la conquista frenética. Vivía su mejor historia de amor cuando se cruzó con otra mujer que lo flechó inesperadamente. En silencio, decidió animarse a la doble vida, entre sus dos conquistas y sus propios demonios que hicieron estragos en su rastrillaje de un amor auténtico]]></description><pubDate>Sun, 27 Oct 2024 04:03:05 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/MWZEAKMXUVFY7JWUH7J7M7MAYE.jpg?auth=f2fcc8f67e06cabc49ffe7aebc5856a43462a34e9c11c48c6785b8e4549ec3aa&smart=true&width=1456&height=816" alt="Carlos y Manuela, juntos. Pero él no para de stalkear a Milena en las redes (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Esta historia de amor gira en torno a<b> Carlos, un hombre infiel,</b> que tras experimentar múltiples rechazos amorosos en su juventud, decidió, ya de adulto, aprovechar los recursos de seducción que había adquirido a lo largo de su vida e intentar recuperar el “tiempo perdido”. Carlos decidió revelar este relato, que ni siquiera sus amigos más cercanos saben, a modo de confesión, justo antes de ir a misa.</p><p>Después de un matrimonio fallido, en 2016, Carlos regresó a su ciudad natal, Córdoba. Dejó atrás a su ex esposa y a un hijo varón que, en la actualidad tiene 17 años y vive con él y con su pareja, Manuela, otra de las protagonistas de esta historia.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/LPZZQQSUCBDGZCR2ROXX4GVVIU.jpg?auth=f05af94e7130a143618da849388cbb9e01a0bffa0c7ebae5fdaa6fc6f5b33fba&smart=true&width=1456&height=816" alt="Después de separarse, Carlos regresó a Córdoba (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Durante los primeros meses de su vuelta a la tierra que lo vio nacer,<b> las redes sociales le brindaron la oportunidad de conocer, casi de forma simultánea, a dos mujeres. </b>Cada una, a su manera, ayudó a mitigar la angustia emocional, mental y física que había arrastrado durante los casi cinco años de duelo tras la ruptura con la madre de su hijo.</p><p>Fue en esos momentos de reconstrucción personal que dio con “el hallazgo más hermoso que un hombre podría imaginar”:<b> Manuela, una mujer “extraordinaria”</b> que, en un breve lapso, le enseñó que la vida puede ser vivida desde un lugar diferente, y que el amor no necesariamente tiene que ser sinónimo de sufrimiento y esfuerzo. <b>“Juntos llevamos casi ocho años, a</b>poyándonos mutuamente y fortaleciéndonos de tal manera que, si algún día nuestra relación llegara a su fin, ambos podríamos continuar con nuestras vidas, con un vacío afectivo, pero sin dolor, conscientes de que el otro había sido un compañero y no un bastón”, reflexiona el cordobés con la lección aprendida de lo que pareciera ser un libro de autoayuda.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/MN5TPOLVBZH7HMITHJIFWFPX6Y.jpg?auth=ee0799752a3f42f8bf6b112ac6aa054b6473d0a12bf55731735b56128b0ef6bc&smart=true&width=1456&height=816" alt="Con Manuela, Carlos pensó que alcanzaría la felicidad (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p><b>A los 43 años, Carlos se encontró en medio de otra crisis existencial, </b>una realidad que, a diferencia de como le habían enseñado, no era exclusiva de la juventud. Buscando respuestas, descubrió en el estudio una herramienta que le permitió entender y liberar aquellas cargas pesadas que ya no podía soportar. <b>“Me gradué como Coach Ontológico y Mentor</b> en julio de 2020, en plena pandemia, pero con un horizonte de posibilidades infinitas ante mí”, se autoanaliza. Así, comenzó sus prácticas profesionales y eso derivó, una vez más, en conocer a una mujer “fascinante” que le mostró otra forma de ver la vida: <b>“Fue en este punto donde mi esencia infiel se reactivó”</b>, declara haciéndose cargo de un patrón de conducta. “Su nombre era Milena”, dice Carlos que enseguida se apasiona en la charla para destacar un dato que a él le resulta curioso: “Todas las mujeres que conocí en esta etapa de mi vida, posterior a mi divorcio, llevaban nombres similares: <b>Manuela, Malena, Milena, Melina”</b>, dice con cara de inocente picaflor.</p><p>Casi inmediatamente y quebrando todas las reglas de lo que atesora el secreto profesional,<b> coach y paciente comenzaron a vivir un “romance clandestino</b>”. El vínculo estaba mal por todos lados: no sólo porque se suponía que él debía guiarla sin involucrarse sentimentalmente sino que, y tal vez lo más oscuro, <b>Milena desconocía que Carlos estaba en pareja,</b> secreto que, para empeorar el caso, nunca le reveló durante los casi nueve meses de amantes. “Fue un período en el que <b>jugué a dos puntas,</b> distribuyendo mis días entre ambas, haciendo malabares para que ninguna sospechara, y soportando un estrés que no se puede describir”, elige victimizarse Carlos ante su engaño con respecto a Manuela y Milena. En aquel entonces cada uno vivía en su casa, lo cual le brindaba cierta facilidad para sus “escapadas” con sendas novias.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/6FW6QBXAA5BTRCDDMJV7N7QSY4.jpg?auth=9f30460cb205cb7bf49c56fa02dec3e0f97b06c0fdaea9d20fd40b353c7ea665&smart=true&width=1456&height=816" alt="Carlos era coach ontológico, y se enamoró de Milena mientras estaba con Manuela (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>A los cuatro meses de haber iniciado esta relación oculta, las dudas y cuestionamientos personales y profesionales comenzaron a alzar la voz en la mente del cordobés. Fue entonces cuando la tecnología, como un diablo travieso, lo llevó a descubrir un estilo de vida que jamás había imaginado: <b>“Se me metió en la cabeza ser nómade digital, vivir viajando mientras hacía lo que amaba”</b>, expresa sus aires de cambio como un adolescente en plena revolución hormonal. Pero Manuela no compartía ese sueño, y cuando se lo planteó, la relación perdió el sentido para ambos, pues ella anhelaba algo más convencional. “Recuerdo aquella conversación decisiva, el último domingo de junio de 2021, como un momento de liberación”, evoca soñando despierto. Al día siguiente, sin el peso de una relación, ya más relajado, <b>Carlos volvió a tocar la puerta de Milena, </b>listo para construir con ella un noviazgo sin estrés ni culpa. Era un hombre libre.</p><p>Los dos meses que siguieron fueron casi “idílicos”.<b> A Milena le encantó la idea de viajar por el mundo,</b> y juntos comenzaron a proyectar su “aventura”. Sin embargo, la vida tiene un extraño sentido del humor. Un fin de semana, después de un breve viaje a casa de sus padres, Milena regresó con ideas que “no encajaban” con lo que habían estado construyendo. “Quería imponer ciertas condiciones que me excluían del estilo de vida que ella deseaba, lo que <b>me hizo sentir que ya no había lugar para mí a su lado”</b>, recuerda Carlos todavía con un tono amargo, que esa misma noche decidió regresar a su casa, “empoderado y feliz de haber salido sano y salvo emocionalmente”. Ella, en cambio, se quedó en su departamento, con lágrimas en los ojos, observando cómo su novio se marchaba “ileso”. Aunque en poco menos de dos meses, se había quedado, como dice, “sin el pan y sin la torta”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/URWZUKLD25BDDPPP73JCFTAXQM.jpg?auth=580f4a76630ee909cb73ab4caf801fb3b36d91a88c0118bde6b615c7483dd2f5&smart=true&width=1456&height=816" alt="Milena lo acompañó en su deseo de trabajar como nómade digital, lo que no hizo Manuela, por eso rompieron (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Paradójicamente, menos de una semana después, <b>Manuela llamó a Carlos para invitarlo a tomar un café</b> y “hablar de algunas cosas”. El inesperado encuentro se dio con gusto ya que la separación había sido en “buenos términos”. Contra todos los pronósticos, <b>Manuela no había descubierto las infidelidades de su novio</b>, sólo quería charlar de un tema puntual: “Me dijo que había estado reflexionando sobre mi proyecto y deseaba experimentarlo. Además, me confesó que aún me amaba, y que si yo también la amaba, estaba dispuesta a explorar ese nuevo camino juntos”, revela Carlos, que enseguida aceptó la propuesta con entusiasmo ya que<b> sus sentimientos hacia ella seguían “intactos”.</b></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/ZXS3P3KFBNAQ7HRWBYYPXRDD5M.jpg?auth=dc6f92c740d83d3f84638e12df732da96881b6b85536e866ecede697bf06080c&smart=true&width=1456&height=816" alt="Con Milena terminó después, y quedó solo (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Hoy, hay dos cosas que hasta el momento no han sucedido. La primera:<b> Carlos y Manuela no lograron vivir viajando como imaginaban</b>; siguen atrapados en creencias sociales limitantes, y sus paseos son esporádicos. La segunda: <b>Carlos no volvió a saber de Milena</b>, quien, tras la partida, lo bloqueó del teléfono y de todas sus redes sociales. “Aunque nunca intenté contactarla, no me he olvidado de ella un solo día. Y hace poco, por motivos laborales, abrí un nuevo perfil de Facebook, la busqué y ¡la encontré! Al mirar sus fotos, vi su crecimiento y su alineación con un propósito de bienestar social. A esta altura<b> no dejo de preguntarme qué habría sido de nosotros</b> si aquella noche que me fui. Si hubiera tenido un poco más de inteligencia emocional para entender su propuesta desde otro punto de vista tal vez las cosas serían diferentes”, se lamenta exponiendo su gataflorismo.</p><p>Pero aquel es un misterio que nunca resolverá, ni tampoco podrá saber si ella lo ha olvidado. Mientras, <b>Carlos sigue compartiendo sus días con Manuela y espiando a Milena en secreto, </b>con la certeza de que está sola. “Me entristece porque es una gran persona y merece tener a su lado a alguien que sea un fiel compañero. Me duele pensar que muchos hombres no saben apreciar eso, lo cual me lleva a sentir que la humanidad está perdida o, al menos, confundida”, dice tentado a echar sus propia tierra sobre los demás, hasta que finalmente razona: “Pero, <b>¿quién soy yo para juzgar esos valores sociales, cuando yo mismo soy un infiel?”</b></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/ZAX2B75ZKZHPVGJ2SNUHYDWYNI.jpg?auth=26e2d40e989f6ea2b3d0909945a75861934b25f22a9583dff9523f5e3f3e905d&smart=true&width=1456&height=816" alt="Manuela lo llamó y decidieron volver. Pero Carlos no puede olvidar a Milena, y su deseo es estar con ambas (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p><i>* Escribinos y contanos tu historia. </i><a href="mailto:amoresreales@infobae.com"><i>amoresreales@infobae.com</i></a></p><p><i>* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas</i></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/MWZEAKMXUVFY7JWUH7J7M7MAYE.jpg?auth=f2fcc8f67e06cabc49ffe7aebc5856a43462a34e9c11c48c6785b8e4549ec3aa&amp;smart=true&amp;width=1456&amp;height=816" type="image/jpeg" height="816" width="1456"><media:description type="plain"><![CDATA[Carlos, Manuela y Milena (amores reales) - VisualesIA (Imagen Ilustrativa Infobae)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Se conocieron en un ascensor, se enamoraron y el romance parecía de ensueño: el acto de sinceridad que derrumbó todo]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2024/10/20/se-conocieron-en-un-ascensor-se-enamoraron-y-el-romance-parecia-de-ensueno-el-acto-de-sinceridad-que-derrumbo-todo/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2024/10/20/se-conocieron-en-un-ascensor-se-enamoraron-y-el-romance-parecia-de-ensueno-el-acto-de-sinceridad-que-derrumbo-todo/</guid><dc:creator><![CDATA[Carolina   Balbiani]]></dc:creator><description><![CDATA[Rosario y Germán eran dos argentinos que coincidían con frecuencia en un mismo edificio de Miami. Ella tenía 38 años y él 55: los dos estaban separados. La seducción funcionó y la relación amorosa fluyó, fuera y dentro del país. Atravesaron la cuarentena por el covid-19 pero no prosperaron: la mañana en la que el vínculo cambió por completo]]></description><pubDate>Sun, 20 Oct 2024 03:54:05 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/ENE5EQZ7SBAXVMDTJG4OZJTH6Q.jpg?auth=5943a34a8b8bb46daa988ac828d59828e0e80d7927b7d1c669c1896565e52258&smart=true&width=1456&height=816" alt=""No me acuerdo de qué le hablé, pero logré que levantara la vista de su celular y me sonriera. Ya era mucho", contó Rosario cuando lo vio en el ascensor (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Fueron segundos. Nunca se habían visto. Pero ese viaje hacia el quinto piso, en ese brillante edificio de Miami, fue suficiente para Rosario. Le encantó. El tipo era sin dudas argentino, lo había escuchado decir algo por teléfono. Masculino, educado, tranquilo, elegante. Esos, y muchos más encantos, le atribuyó al desconocido de pelo blanco y ojos azules que se perdió entre el mar de departamentos.</p><p>Tuvo que pasar mucho tiempo más hasta que se lo volvió a encontrar. Más precisamente fueron <b>dos viajes y 26 meses después.</b></p><p>Rosario es argentina, soltera, en la actualidad tiene 45 años y trabaja en un puesto directivo de una compañía con sede central en Europa. El dinero no es su problema, sabe ganarlo. Por eso suele veranear en los Estados Unidos y, cada vez que lo hace, pisa Miami y alquila el mismo departamento en esa colosal mole sobre el océano turquesa.</p><p>“Soy de costumbres metódicas y <b>como me gusta el edificio prefiero no cambiar de lugar. Lo que funciona no debe cambiarse</b>”, aclara con una sonrisa que brilla en la pantalla del celular por el que conversamos.</p><h2>Un segundo encuentro menos fugaz</h2><p>El primer encuentro en el ascensor con quién sería el amor de su vida ocurrió hace exactamente siete años, en 2017, cuando ella tenía 38. Fue recién en febrero de 2919 que volvió a toparse con el canoso cincuentón en el mismo ascensor lleno de espejos. Lo reconoció al toque. Él, en cambio, no la tenía para nada registrada.</p><p>Esta vez Rosario no lo iba a dejar pasar. Improvisó una charla tonta y le sacó tema: “No me acuerdo de qué le hablé, pero <b>logré que levantara la vista de su celular y me sonriera</b>. Ya era mucho. Yo no sabía si él alquilaba, si era dueño, si vivía ahí o si iba cada tanto. Aproveché que era argentino, lo había dado siempre por hecho, y le pregunté si conocía algún nuevo restaurante para ir a comer con mis amigas. Enseguida me aconsejó dos o tres y yo los apunté en el chat con las chicas. Desde ese momento comencé a rondar por todo el complejo, por la zona de las piletas y el solárium para ver si lo veía. No me animé a preguntar en la guardia porque eran unos latinos muy chismosos y capaz que le decían algo a él. Dos días después me lo crucé en el parking cuando los dos estábamos estacionando. Él iba solo, como siempre, yo con dos amigas que inmediatamente, ya las tenía aleccionadas, se esfumaron. Le agradecí la recomendación, me había gustado mucho el restaurante italiano y <b>no recuerdo cómo, pero terminamos intercambiando teléfonos</b>. Al día siguiente. me mandó un mensaje para invitarme a comer afuera”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/5UARRHUWHNEHXKJC373WZHLUFU.jpg?auth=4c494a32a026cd8e1e0251844ff2cd2e82365d041787e2e218c0fa9e4088ff55&smart=true&width=1456&height=816" alt="Rosario empezó a buscarlo por todos lados en el hotel hasta que se lo encontró de manera azarosa en el estacionamiento (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><h2>La vida por allá, la vida por acá</h2><p>Fue en esa salida que Rosario se enteró de que Germán<b> tenía 55 años, era separado, tenía dos hijos y viajaba con frecuencia por negocios a los Estados Unidos</b>, sobre todo a Miami. Y, como ella, era un hombre de rutinas y siempre alquilaba en ese edificio. “Por eso lo veía solo. Me contó que tenía algunos amigos norteamericanos, en su mayoría gente relacionada con su trabajo”, afirma Rosario.</p><p>Esas vacaciones fueron un idilio total. La segunda o tercera salida terminaron en la cama y unos días después ella sentía que “había amor, compañerismo, empatía total. Yo había tenido un novio eterno que me había dejado por otra hacía ya unos diez años. Esa mala experiencia me había dejado sumamente marcada. Después de esa relación no había podido volver a confiar en nadie. Todo era un<i> touch and go</i>. Me daba más seguridad eso que intentar una pareja”, explica. “Germán parecía atento, escuchaba mucho y preguntaba poco. <b>Teníamos una piel fenomenal y lo sentía claro como el agua</b>”. (La metáfora que utiliza Rosario es bastante curiosa, porque Germán resultaría tener alguna de las particularidades del agua en estado líquido como su capacidad para escurrirse, pero no la transparencia que le adjudicó ella al comenzar la historia).</p><p>Esa primera parte de la relación resultó un éxito. Una semana después él tuvo un viaje relámpago a Atlanta desde Miami para una conferencia y volvió cargado de regalos. “Se había fijado hasta el perfume que yo usaba porque me trajo el mismo. También me compró unas zapatillas para correr y mucha ropa interior”.</p><p>Rosario no podía creer su suerte.</p><p>Unos días después volvieron a la Argentina cada uno por su lado, pero en Buenos Aires (los dos eran porteños) no pudieron verse. German tuvo que volver a viajar enseguida. Mantuvieron largas charlas por WhatsApp hasta que un mes después, días más días menos, se encontraron esta vez en tierras locales, en un coqueto bar porteño. Germán no era demasiado específico con lo que hacía en su trabajo, pero Rosario intentó no ser indiscreta para no frustrar la relación. Ya habría tiempo de saber más. Por otro lado, los encuentros románticos eran siempre en la casa de ella, en Olivos. Él tenía a sus hijos con frecuencia en la suya en Villa Devoto y no quería mezclar las cosas: “Por lo menos por ahora. Es mejor así. Son adolescentes y me cuestionan mucho porque me achacan que fui yo quien dejé a su madre”, le explicó.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/SIYEPDIMIJE7LMCYLETKZTNN3U.jpg?auth=9c13e5697c01c6f9b4a6ae0850ab990702c86d32b5f8c5c7532aa46fc3b03c9f&smart=true&width=1456&height=816" alt=""Germán parecía atento, escuchaba mucho y preguntaba poco. Teníamos una piel fenomenal y lo sentía claro como el agua”, cuenta Rosario (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><h2>Tercer episodio: miedos locos y el deseo de un hijo</h2><p>Esa situación se prolongó durante unos dieciséis meses, cuarentena de por medio. Ya por entonces Rosario estaba acercándose a los 42 años y <b>el tema de la maternidad la tenía contra las cuerdas</b>. Tenía óvulos congelados desde los 35 años, pero no veía ni por asomo poder plantear todavía esa cuestión con Germán. No se animaba.</p><p>Apenas estaba juntando coraje para insistirle para conocer su casa y a sus hijos. Germán amable como siempre esquivaba los amagues con habilidad y los miedos de Rosario de quedarse sola y de perder a su gran amor eran más fuerte que cualquier otro deseo.</p><p>“Mis amigas me decían que era un absurdo que no conociera su casa. Por más separado que fuera estaba lleno de tipos en su misma situación y ninguno actuaba igual que él. Yo sabía los nombres de los hijos, las edades, lo que les pasaba, pero jamás los había visto fuera de algunas fotos que Germán me enseñaba en su celular. Hablé del tema con mi psicóloga y me dijo que frenara un poco mi ansiedad y la intensidad con que vivía todo. Que fuera viendo y le diera la oportunidad a él de decidir. Las relaciones sexuales eran espectaculares, las salidas también. Íbamos juntos al teatro, a restaurantes y algún que otro festejo con mis amigos. Pero con sus amigos nunca. La excusa que me puso alguna vez fue que él había quedado como el malo en el divorcio y muchos de sus amigos habían tomado partido por ella. Solo conocí dos amigos suyos con los que jugaba al tenis. Los vi un rato en un café y nunca más. Ese primer año él pasó su cumpleaños con sus hijos, lo entendí. Yo pasé el mío con mis amigas porque él justo estaba de viaje. Volvió con una pulsera increíble y me llevó un fin de semana a un súper hotel en zona norte. Con eso, una vez más, acalló mis miedos no expresados. Después de todo, había dejado a los chicos el fin de semana para estar conmigo”, rememora.</p><p>Pero Germán <b>seguía sin presentarle a nadie de su círculo más íntimo</b>. “No tenía padres, ambos habían muerto, su único hermano vivía en Madrid y sus dos hijos, decía, atravesaban una adolescencia compleja y difícil. Ya habían pasado muchos meses y un día me encontré merodeando la zona donde él vivía. Sabía la dirección, no el piso. La había visto no sé en qué trámite que había hecho un día. No me reconocía haciendo esas cosas. Era humillante, poco digno. Pero estaba desesperada. Con lo que había vivido con mi ex novio esta vez quería estar más prevenida”.</p><p>Rosario no encontraba fisuras de las que agarrarse para ponerlo entre la espada y la pared sin entrar en una crisis de pareja. “Una noche soñé que él me dejaba y que <b>yo tenía 60 años y no había tenido hijos</b>. Me desperté super angustiada con lágrimas en los ojos. Lo vi durmiendo ahí, lo más pancho. Eran las seis y media de la mañana, un día de semana del mes de mayo de 2021. No pude más y justo él se despertó. Me preguntó qué pasaba, que era muy temprano, casi de noche. Le largué todo. Lloré cataratas y le dije que se me iba la edad para tener hijos, le confesé que tenía óvulos congelados, que me angustiaba mucho el tema. Bah, le dije todo, todo”, recuerda Rosario.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/EWFRQWMX7JCJLPZZCKEMBME6AU.jpg?auth=79e9926b987a68d045ea0d8d233fff1bca25f52f5c933472780d884f3193d438&smart=true&width=1456&height=816" alt="Una madrugada, Rosario se despertó desconsolada tras un sueño poco feliz y recibió el consuelo de Germán. Ella no imaginaba lo que sucedería después (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><h2>Capítulo final</h2><p>Lo que más le impresiona a Rosario, al repasar los hechos desde el presente, es la reacción que tuvo Germán. Enseguida la abrazó, le dijo que la entendía perfectamente, que era cierto que la vida pasaba muy rápido, que ella merecía tener hijos, que él ya los había tenido pero que podía pensarlo… Clic. Rosario sintió clic en su pecho y se le detuvo el llanto.</p><p>“Me dijo que una mujer sin hijos era probable que no se sintiera y no sé cuántas cosas más. <b>Parecía tan empático que empecé a pensar cómo me había equivocado</b> y me cuestioné el haber demorado tanto en contarle lo que me atravesaba. Desayunamos juntos y acaramelados. Hice tostadas. Él comió dos de pan integral con mermelada de tomate, un jugo de naranja y un café con leche. Yo tomé un té de hierbas con limón y le robé un bocado de su tostada. Estábamos en la cocina, él con pijama y yo con camisón. A las ocho ya habíamos desayunado y quedaba un rato para bañarnos e irnos a trabajar. Nos metimos en la cama y tuvimos relaciones como nunca. Por supuesto, como siempre, se cuidó. No me importó. La charla había sido tan buena y clarificadora que me sentía feliz”.</p><p>Cada uno se subió a su auto y partieron hacia sus respectivas empresas. A media mañana Rosario le mandó un mensaje y él respondió con varios corazones verdes. Esa noche a él le tocaba que sus dos hijos fueran a dormir a su casa. No se verían. Rosario seguía en una nube. Hablaron una vez más antes de irse a dormir. Germán le dijo que estaba viendo una película con el mayor de sus hijos y le puso un corazón rojo de esos que laten en el WhatsApp.</p><p><b>Después de eso, nunca más volvieron a hablar en su vida</b>. Como el agua, Germán se escurrió y terminó secándose sin dejar ni la sombra de su paso.</p><p>A Rosario sí que le quedaron huellas profundas.</p><p>Lo que siguió fue para ella una pesadilla. Germán no volvió a llamarla ni a mandarle mensaje alguno. Su foto de WhatsApp desapareció. Él la bloqueó en redes. Y cuando Rosario intentó llamar a la empresa, la secretaria la filtró una y otra vez: estaba de viaje, estaba en reunión, estaba ocupado. Su número de teléfono también había cambiado. No tenía manera de comunicarse, a menos que se parara en la puerta de la empresa. Pero no quería rebajarse a ese punto de convertirse en una stalker. Su psicóloga la contuvo todo lo que pudo y la derivó con un psiquiatra.</p><p>“Me pegó tan mal la historia que casi pierdo mi trabajo. Mis amigas no podían sacarme de la cama. Germán se había borrado olímpicamente. Estaba claro que mi llanto y el tema de tener hijos lo había espantado de una manera horrible y él había optado por simular su comprensión en el primer rato para después autoeliminarse de mi vida. Me había vuelto a equivocar. Sentía que mi vida no tenía sentido sin ese amor que tan feliz me había hecho sentir. Está claro que él no pensaba comprometerse conmigo ni planeaba un futuro ni me quería como decía. <b>Ante mi primer acto de sinceridad se borró</b>. Hoy estoy preparada para contarlo para prevenir a otras mujeres contra los hombres fóbicos, para que se den cuenta antes de sufrir lo que pasé yo, pero todavía tengo heridas abiertas. A Miami sigo yendo y no cambié de departamento pero nunca más me lo encontré. ¿El futuro? No pienso en una pareja. Rescaté un perrito blanco que adoro y llena mis vacíos existenciales. Estoy pensando en, a lo mejor, fecundar mis óvulos congelados con un donante y tener un hijo. Pero no lo sé. Todavía siento que tengo que curarme del desamor que viví y sanar mi corazón antes de ser madre”.</p><p><i>* Escribinos y contanos tu historia. </i><a href="mailto:amoresreales@infobae.com" target="_blank"><i>amoresreales@infobae.com</i></a><i>.</i></p><p><i>* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas.</i></p><p><br/></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/ENE5EQZ7SBAXVMDTJG4OZJTH6Q.jpg?auth=5943a34a8b8bb46daa988ac828d59828e0e80d7927b7d1c669c1896565e52258&amp;smart=true&amp;width=1456&amp;height=816" type="image/jpeg" height="816" width="1456"><media:description type="plain"><![CDATA[Rosario y German, Amores reales - VisualesIA (Imagen Ilustrativa Infobae)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Se conocieron en un crucero hace 33 años, la distancia los alejó y las redes sociales les dieron una chance más]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2024/10/13/se-conocieron-en-un-crucero-hace-33-anos-la-distancia-los-alejo-y-las-redes-sociales-les-dieron-una-chance-mas/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2024/10/13/se-conocieron-en-un-crucero-hace-33-anos-la-distancia-los-alejo-y-las-redes-sociales-les-dieron-una-chance-mas/</guid><dc:creator><![CDATA[Cynthia Serebrinsky]]></dc:creator><description><![CDATA[Ella vivía en Luján y él en San Juan, se amaron pero la lejanía, los miedos y los encuentros a destiempo siempre les jugaron en contra. Un posteo los volvió a acercar. Pero luego de tres décadas, ¿sería suficiente?]]></description><pubDate>Sun, 13 Oct 2024 04:19:43 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/VXRGV3FAGBF7DAVXEVZJHBTHPQ.jpg?auth=cd15990720bedfbe905409746b35bf747c58d0c1d6c036df05895e6421309c54&smart=true&width=1456&height=816" alt="La relación comenzó el siglo pasado en época de cartas manuscritas y teléfono fijo (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>La historia entre María y Santiago comenzó, sin que ellos lo supieran, <b>en el medio del mar.</b> Ella era una adolescente de 16 años y él tenía 21. En febrero de 1991, se embarcaron en un crucero que partía del puerto de Buenos Aires rumbo a Brasil y, por amigos en común de otros viajes realizados en barcos, terminaron bailando en el boliche de la embarcación la primera noche de la travesía. No había forma, era imposible que alguno de los dos pensara lo que pasaría en los próximos años con ellos.</p><p>Si bien el glamour sobraba en el barco y todo estaba dado para tener alguna historia en el mar —mucho más para dos jóvenes solteros—, no fueron fáciles las cosas. María estaba de novia y si bien Santiago la cortejaba todas las noches y eran como una “pareja de novios” durante el viaje, no logró arrancarle ni una palabra que le indicara un rumbo ni mucho menos tener algún contacto físico con la chica. <b>Ni las escenas más románticas</b>, como estar juntos en reposeras en la cubierta, con la luna llena de frente, lograron ablandar las sólidas defensas de María. Lo único que consiguió Santiago <b>fue robarle un beso la última noche</b> en la puerta de su camarote cuando se despedían. Al día siguiente había que abandonar el navío y todo indicaba que las vacaciones se irían esfumando junto con los recuerdos durante los próximos meses. Pero Santiago logró algo, se quedó con el teléfono fijo de María y con su dirección. Eran épocas de pocos celulares y nada de redes sociales. Se miraron por última vez entre la gente mientras descendían, y luego cada uno volvió a su vida normal: María a Luján en la provincia de Buenos Aires y Santiago a San Juan, en Cuyo.</p><h2>Suena el teléfono</h2><p>A partir de ese día comenzaron las estrategias de ambos para no perder el contacto. Aunque no entendían bien qué sucedía, todos los fines de semana <b>hablaban por teléfono fijo y las cartas iban de un lado al otro del país</b>. Santiago decidió jugar un poco más fuerte e invitó a María que fuera a San Juan al casamiento de su hermana, pero la lujanense continuaba de novia y si bien su madre había decidido acompañarla, no se sintió cómoda en esa situación. Pero había algo que la empujaba. Siguieron los contactos, los llamados y las cartas. En esas charlas telefónicas María decía con bastante insistencia que <b>se había peleado con su novio.</b> Santiago no dudó sobre lo que tenía que hacer, justo se cumpliría un año desde que se habían conocido en el crucero y estaba decidido a festejarlo con María en Luján. <b>Ya no había excusas, iba a por ella</b>. Planificó cada detalle sin decirle nada, la sorpresa tenía que ser contundente. Luego de aviones y micros, Santiago llegó a la ciudad destino de las masivas peregrinaciones un viernes a última hora de la tarde, se hospedó en un hotel y desde allí llamó a la casa de María. En cada zumbido se le aceleraba el corazón, <b>nadie atendía.</b> Pero Santiago no cortaba y tuvo suerte, levantó el teléfono el padre de María. “Hola, me parece que no está, ya te digo”. Otra vez volvían los galopantes latidos por cada segundo que pasaba y no había respuesta. “Hola, aquí está, te doy con ella”, le dijo el padre. <b>La alegría de Santiago no entraba en toda la provincia de Buenos Aires.</b> Hablaron pavadas hasta que le dijo, “María estoy en Luján en un hotel, venite”. Ella no lo podía creer pero su respuesta lo dejó sentado al sanjuanino: “Voy, pero me arreglé con mi novio”. Ahora el corazón a Santiago le iba a explotar, pero de<b> pena</b>. Había pensado quedarse el fin de semana, pero no dudó de que debía irse al otro día.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/MM7AFTKDRBG25J3VB5XML5FGPY.jpg?auth=103f4d3fec5ce3cd783e7823d5c2ffd60e847060bccd6675a201c73c948a6d19&smart=true&width=1456&height=816" alt="Santiago sólo le pudo sacar un beso a María en el crucero, pero quedó impregnado por su amor (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>María llegó al hotel y por fin se volvieron a ver, hablaron durante un rato largo y después llegó la madre, la tía y la hermana de María al hotel a saludar a Santiago y <b>así terminó la noche</b>. Al otro día Santiago tenía que ir por la mañana a despedirse de María, tal como habían quedado. Estaba llegando a la puerta cuando una mano se le adelantó y tocó el timbre. Santiago se quedó esperando detrás de la otra persona. María abrió la puerta y ahí estaban los dos, su novio y , más atrás, Santiago. Como su tía vivía cerca, María le avisó que viniera a buscar a Santiago. Estuvo un rato ahí, luego llegó María, le mostraron sitios emblemáticos de la ciudad y se fue por la tarde en un colectivo a la Capital con el corazón roto y la mente atribulada sin saber qué hacer. ¿Había que seguir sosteniendo lo que le pasaba con María? ¿Qué pasaba realmente? ¿Buscaba querer conquistar lo imposible, la seducción de lo casi prohibido? ¿Había una relación entre ellos?</p><h2>Lejanía</h2><p>Con el tiempo las llamadas comenzaron a ser menos frecuentes, y las cartas más cortas. Ya no iban chocolates, CDs y casetes en ellas. Hasta que un día llegó una carta de María en la que <b>le ponía fin a la situación.</b> Decía que estaba de novia y que quería seguir con su novio tranquila, por lo tanto, no habría más llamados, ni cartas, ni nada. <b>Una vez más Santiago quedó dolido,</b> le pasó con el viaje por el aniversario del barco, con el casamiento de su hermana y ahora. Era entendible la elección de María, pero por algún motivo durante esos casi dos años Santiago se había negado a aceptar que él no era opción para la joven. Comenzó entonces un período en el que trató de racionalizar qué pasaba y por qué se había enganchado tanto en ese vínculo que nadie entendía ni podía definir. <b>Abrió la herida y que doliera todo lo que debía doler.</b></p><p>Un día salió de su edificio y el portero le dijo que tenía una carta. Pensó que era de su hermano que estaba en EEUU, pero no, era de María. Había pasado mucho más de un año desde la última vez que tuvo contacto con ella. Pidió que se la dejaran en su departamento. Lo cierto es que la cabeza no le paró hasta que volvió a su casa y se tiró sobre la carta. ¿Qué venía ahora? <b>¿María se casaba? ¿Tuvo un hijo?</b> Nada de eso, le decía que durante este tiempo había tenido ganas de saber de él y que si bien ella seguía de novia podían tener algún tipo de contacto. Santiago leyó como 12 veces entre líneas para encontrar una clave, un código secreto, un señal apenas perceptible que le indicara qué hacer. Recién por la noche entendió que tenía dos cosas claras, que no estaba dispuesto a colocar otra vez su corazón en la mesa para que sea destrozado y que ni loco iba a desaprovechar los dos centímetros de espacio que le estaban dando para seguir peleando por María, <b>pero esta vez iría más lento y se preservaría.</b></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/H52TZ4DAZRAIPIEPY6UJRS4XWQ.jpg?auth=9da60a8e4741e5a98a0c2c0c77c86c37048f653b8c9579569bb9468d0434c566&smart=true&width=1456&height=816" alt="Luego de las cartas se encontraron y abrieron su corazón (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Las cartas regresaron y también los llamados por teléfono hasta que una noche, Santiago llegó de trabajar y le avisaron que lo llamaba María. “Estoy en el aeropuerto de Mendoza” le dijo. “Te voy a buscar”, contestó. “No, estoy de novia. Voy a estar en el hotel, pasá si querés”. Santiago esta vez no iba a dejar pasar la oportunidad, por fin iba a poder sacarse todas las dudas de la cabeza desde que se fue de Luján. María había viajado con su prima, esa primera noche fueron a tomar algo y al otro día a bailar y fue ahí, en el medio del boliche cuando María<b> comenzó a llorar y por fin abrió su corazón.</b> <b>“Yo te amo, ha sido todo difícil, pero te amo”, dijo ella. </b>Santiago no necesitaba saber mucho más, todo se alineó. María se fue y quedaron en volver a verse al mes siguiente en Buenos Aires ya sin novio de por medio.</p><h2>De a dos</h2><p>Y así sucedió. En agosto del 96, se unieron y mantuvieron una relación a distancia con miles de desafíos. Cada vez que se veían el mundo se apagaba, <b>no existía nada más.</b> Pero también hubo problemas y crisis. En una de ellas Santiago atravesaba por complicaciones familiares y María también, no les resultaba fácil mantener el vínculo a cientos de kilómetros y cortaron. Con el tiempo Santiago quería volver y María se negaba. Como a los dos les gusta Sting, él averiguó que ella iba a ir a un recital en enero del 2001, sacó entradas cerca de su fila y se le apareció en medio del concierto. <b>Así logró recuperarla.</b> Pero fue en 2003 cuando después de idas y vueltas, la relación ya no daba para mucho más. María lo había puesto todo, había dejado todo para estar con Santiago y él trató de acomodar sus cosas y ordenarse como pudo, pero necesitaba un período sin cargas ni obligaciones porque ya había superado otras pruebas difíciles. La apuesta de María era fuerte, irse a San Juan y dejar familia, trabajo estable y amigas. Santiago sintió que no iba a poder con todo eso, que no era el momento y <b>así la relación comenzó a quebrarse.</b> El último intento por recuperarla lo hizo cuando se tomó un micro por el día, llegó a Buenos Aires a las 7 de la mañana, esperó en un hotel, se bañó y fue al trabajo de María. Pero pero ya costaba conectarse, ya no había magia, algo estaba roto. Regresó a San Juan en el ómnibus de las 19 y no volvió a Buenos Aires a ver a María.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/CYQBZYC5ARFHHOROANPB3CQEEU.jpg?auth=d91ee55b0a0d24d3756714169eedece8ca986f94a21922c97b3c77a5960b7d7c&smart=true&width=5000&height=3317" alt="Un día había un mensaje de Santiago por Facebook. María lo leyó y se ilusionó EFE/EPA/CRISTOBAL HERRERA-ULASHKEVICH
" height="3317" width="5000"/><h2>Redes</h2><p>Mayo de 2016: “Hola, ¿vos me mandaste solicitud de amistad? ¿Cómo estás?”, así contestó María por mail la invitación que Santiago le envió un día de aquel mes de ese año por Facebook. La relación entraba en la era cibernética, entre otras cosas. Cruzaron miles de correos en un par de horas en los que se pusieron al día sobre algunos asuntos y preguntaron por otras que ya sabían: por ejemplo, Santiago se había enterado de que María <b>estaba casada y con 2 hijos. </b>La había<b> “</b>googleado” incansablemente. El convivió siete años con una mujer, pero había terminado la relación sin tener chicos.</p><p>Al rato de dejar de mandarse correos a Santiago lo llamó su jefe y le dijo que la empresa lo mandaba a Buenos Aires por trabajo por un día, algo que sucedía con cierta frecuencia. Se juró no decirle nada a María si ella no enviaba alguna señal. Santiago estaba terminando una reunión en Buenos Aires y entró en su celular un correo de María preguntando si todavía vivía un tío de él, le contestó que no. Ella se apenó y siguió preguntando hasta que le dijo: “Estoy en Buenos Aires, si querés nos juntamos a tomar un café”. Una vez más ella no podía creerlo, pero aceptó y fue al hotel donde estaba terminando la reunión de Santiago. Antes se pasaron por mail los celulares y, del fijo y las cartas, se mudaron a la inmediatez del WhatsApp.</p><p>El decidió irse de la reunión cuando María le avisó que estaba en el hotel. Bajó con su corazón latiendo más fuerte que nunca en los últimos 13 años, la vio hermosa y brillante mientras ella miraba su celular y sonreía. A él le parecía que flotaba, que no llegaba nunca, que sus pasos no le permitían avanzar porque estaba en el aire. Y finalmente llegó, se saludaron, tomaron café, cerveza y María le dijo a Santiago que le había roto el corazón, que cuando tuvo sus hijos pensó en él y <b>que no lo había olvidado nunca.</b> “Sí, no estuve bien, pero estoy aquí, te busqué para tener esta charla al menos”, se justificó él con cariño. La conversación siguió por otro lado y finalmente se despidieron con<b> “un abrazo inolvidable”.</b></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/4TE3LXIANZCQDK7V6RJAIF7OXA.jpg?auth=0ec6c004b906fbfba987dd2b466c06d373fc2ba4f8390e3a92371cee07a50f96&smart=true&width=1456&height=816" alt="El reencuentro décadas más tarde de aquella primer beso en un crucero (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Y así comenzó el principio de la última temporada. Volvieron a verse varias veces, muy seguidas. <b>María se separó y avanzó en su relación con Santiago.</b> La pandemia también los golpeó y hubo otra pausa impensada pero necesaria. Santiago hoy ve a María con una entereza y madurez que lo enamora todavía más, ahora están juntos atravesando una hermosa etapa, disfrutando el amor que se tienen, valorando lo que pasaron y planificando el fin de la relación a distancia. Hablan de que en no más de seis años estarán viviendo juntos y quieren hacer una fiesta de compromiso pronto. Pasaron 33 años desde que se conocieron en aquel barco y nunca dejaron de amarse, se acompañaron como pudieron en momentos difíciles, vivieron, caminaron juntos y separados. Pero no dejaron de amarse. Ahora recorren el último tramo para concretar el sueño de vivir en el mismo lugar, no quieren desaprovechar más lo bien que se sienten juntos.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/MM7AFTKDRBG25J3VB5XML5FGPY.jpg?auth=103f4d3fec5ce3cd783e7823d5c2ffd60e847060bccd6675a201c73c948a6d19&amp;smart=true&amp;width=1456&amp;height=816" type="image/jpeg" height="816" width="1456"><media:description type="plain"><![CDATA[Santiago y María, amores reales -VisualesIA (Imagen Ilustrativa Infobae)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[No se terminaba de decidir y le mentía a las dos: impulsos locos, lujuria y un costo demasiado alto]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2024/10/06/no-se-terminaba-de-decidir-y-le-mentia-a-las-dos-impulsos-locos-lujuria-y-un-costo-demasiado-alto/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2024/10/06/no-se-terminaba-de-decidir-y-le-mentia-a-las-dos-impulsos-locos-lujuria-y-un-costo-demasiado-alto/</guid><dc:creator><![CDATA[Carolina   Balbiani]]></dc:creator><description><![CDATA[Sergio conoció a Andrea en un baile y se enamoró primero de su familia y más tarde de ella. Sintió que lo presionaban para casarse y la dejó. Pero nunca pudo olvidarla, a pesar de haber conformado una familia. Luego llegaron las mentiras, las promesas vanas y hasta ser pescado in fraganti. “Lo que me costó el amor”, reflexionó el escribano, citando a Alejandro Dolina]]></description><pubDate>Sun, 06 Oct 2024 16:52:57 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/ADLZ2UYX35FL7F4JFCUHKUL7QQ.jpg?auth=e9a866b9d5ddd0c7fdf87e529ea049a23970b0ad1a555c83aee1f9735a585f67&smart=true&width=1456&height=816" alt="Sergio conoció a Andrea en una fiesta, él era miope, al principio no le gustó pero terminó enamorado (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>“Nos conocimos en un baile para gente de la colectividad judía en 1974 en la calle Corrientes al 2000, en la ciudad de Buenos Aires. Yo era <b>miope</b>, tenía cuatro dioptrías y usaba unos anteojos muy gordos. Por eso, cuando llegaba a las fiestas, me los sacaba en el baño y, después, ya no veía nada más. Tenía lentes de contacto, pero por aquella época eran duros y me molestaban mucho así que no los usaba. Cuando la vi Andrea estaba de espaldas. Me gustó su pelo lacio y largo. Le toqué el hombro para sacarla a bailar. Cuando se dio vuelta y la observé de cerca casi me muero: tenía una nariz enorme, horrible. Pero bueno, yo era en extremo tímido y ella me dio bola así que quedamos para vernos a la semana siguiente en el mismo lugar. Ella me dijo que tenía 16 años y yo tenía 18. La segunda vez me tuvo que decir la verdad porque se acercaba su cumpleaños… estaba por cumplir 15. No era nada linda, pero me daba bolilla”, recuerda con humor Sergio, 70, escribano.</p><h2>Enamorarse de la “fea”</h2><p>“Después de esa segunda cita ella me preguntó si yo estaba con auto. Obvio que no… yo había ido en colectivo. Entonces me dijo: ‘Mi papá me ofreció llevarte a tu casa’. El padre la venía a buscar desde Lanús. ¡En realidad el tipo quería saber quién era yo! Esa noche a las dos de la mañana tomamos los tres un café en la confitería La Ópera. Con la excusa de que podía ayudarme a sortear la colimba de una mejor manera, en esa época tocaba hacer el servicio militar, me dijo que tenía un militar conocido. Me pidió que le escribiera mis datos y yo le puse en una servilleta mi<b> nombre, mi DNI, mi dirección</b> y los nombres de mis padres. Se las ingenió para averiguar todo de mí con esa estrategia. Cuando supo que no era nadie indeseable, la cosa fluyó. Yo tenía una familia minúscula y mi papá había muerto cuando yo tenía 7. Ellos pasaron a ser como mi familia. Los padres de Andrea fueron como mis padres; su hermano fue mi hermano; sus tíos, los míos; sus primos, mis primos. <b>Me enamoré de esa familia</b>. Me iba de mi casa los viernes y volvía los lunes. Veraneaba con ellos, me tenían como a un hijo más. O sea: primero me enamoré de la familia, después de ella. El noviazgo duró unos tres años, hasta 1977″.</p><p>Sergio cuenta que en esa época, en su círculo cercano, las chicas no tenían relaciones con los novios y que ellos, entonces, gozaban de ciertos permisos. Era algo aceptado dice. Pero sin relaciones sexuales Sergio se fue enamorando de la narigona Andrea. Mucho más que ella de él.</p><p>“Era muy caprichosa. Y terminó abandonando el colegio en tercer año del secundario. Se fue a trabajar con el padre a las sederías que tenían en Once. Para ellos era más importante trabajar que estudiar. Yo estaba estudiando Derecho y ellos sugerían que dejara la facultad, trabajara y que nos casáramos jóvenes. De hecho, <b>el padre compró un departamento para nosotros</b>. Me espantó esa presión implícita para el casamiento. Seguí laburando de cadete y estudiando”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/DUHS5EMDFBFYNM6CGKGHZAOOWA.jpg?auth=afec52aa4b580d74f2a507817fc606852f97cb2b543a8223626a660f3d7cefe3&smart=true&width=1456&height=816" alt="El padre de Andrea compró un departamento para ellos y esa presión implícita para el casamiento lo llevó a cortar la relación (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Hasta que a los tres años vino la ruptura total. Por alguna tontería que ya Sergio ni recuerda. Eran demasiado chicos, dice.</p><h2>Deseado reencuentro</h2><p>“No supe nada más de Andrea, pero<b> jamás pude olvidarla</b>. Había sido mi gran amor. En 1983 me puse de novio con Beatriz y me casé al año siguiente. Ella era de Hurlingham y me la presentó un amigo que era actor. Tuve dos hijos: en el 87 y en el 91. Nunca me enamoré de Beatriz. Me equivoqué. Era muy buena persona, una mujer excelente que había estudiado para ser guía turística, pero yo siempre seguí enganchado con Andrea. No sabía nada de ella, pero tampoco la buscaba. Y no sé por qué no la buscaba”, recuerda hoy.</p><p>Pero Andrea sí sabía algo de él: porque Sergio ya trabajaba como escribano en la televisión. En ese momento estaba en un programa de Canal 13.</p><p>La vida siguió con demasiada tranquilidad para Sergio. Hasta que veintidós años después de aquella ruptura, Andrea y Sergio se reencontraron.</p><p>“En 1999 ella estaba infelizmente casada con un tipo que había dilapidado la <b>fortuna familiar</b>. Alguien le sugirió que presentaran la quiebra y Andrea fue a ver a un abogado especialista en derecho comercial que, casualmente, había sido profesor mío y, además, mi cliente. Él le dijo que necesitaba un poder y que le recomendaría un escribano. Me recomendó a mí. Ella no quiso llamarme, pero ya tenía algo: mi teléfono. Por esas mismas semanas, caminando por un lugar por el que nunca pasaba, me encontré con su hermano y otro día con su padre. Andrea se enteró y les dijo que ella era la única que no se encontraba conmigo…</p><p>Otro día de esos me sonó el teléfono de la escribanía. Era su hermano pidiéndome un teléfono para Andrea. Le dije: Que me llame ella. A la media hora me llamó. Me volví loco. <b>El corazón me latía de una forma infernal</b>. Esa misma noche nos encontramos a tomar un café en la esquina de Warnes y Angel Gallardo, frente a Parque Centenario. Enseguida me di cuenta de que ese encuentro sería algo non sancto, por el lugar que ella había elegido. Era obvio que era para que nadie nos viera. Esa noche fue un reencuentro pasional absoluto. Volvimos a las 5 de la mañana. Los dos estábamos tranquilamente casados, pero yo perdí la cabeza. Era pura pasión.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/PVZOK5Q5PJBZ5HBHXBEAEII574.jpg?auth=0543b538a48002a9a534f5f73c77e4e8c8751ac42aa4d681b4d2bbb7d0e5ab63&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Cuando volvió a encontrarse con Andrea sabía que sería un encuentro non sancto - (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p>Durante un tiempo comencé a llegar a mi casa de madrugada. Tenía <b>pretextos</b> creíbles por mi trabajo: yo trabajaba con un detective que tenía que hacer actas a cualquier hora y Beatriz me había acompañado alguna vez a certificar. También tenía el pretexto de las reuniones políticas del Colegio de Escribanos: dos veces por semana nos reuníamos y salíamos a comer. Eso me daba espacio para el romance. Igual con el tiempo Beatriz sospechó. Las amigas le insistieron en que había algo raro. <b>Contrató un detective</b> para que me siguiera. Yo ví que alguien me seguía ese día, pero cuando llegué a mi casa ella ya tenía el informe y las pruebas en la mano. Era el 30 de diciembre de 1999 y, en un arrebato, sin pensarlo,<b> me fui de mi casa.</b> Enloquecí. No me importaron mis hijos, no me importó ella, no me importaron mis bienes. ¡Nadaaa! Cuando volví de trabajar dispuesto a irme, ella ya me había hecho las dos valijas con toda la ropa limpia y planchada. Beatriz me obligó a enfrentar a mis hijos y decirles la verdad de por qué me iba. Con la cola entre las patas acepté todo. Tenían 8 y 12 años. Lloraron mucho. Fue terrible. De lo peor de mi vida”.</p><p>Sergio se fue provisoriamente a la casa de su mamá y, después, alquiló un departamento. Él “volaba a medio metro del suelo”, reconoce. Era el año 2000.</p><p>Andrea, que tenía tres hijos adolescentes, consiguió que su marido dejara la casa y se separó. Sergio se hizo cargo económicamente de ese divorcio. Pero los chicos le hicieron la guerra: “Había mala onda con ellos, porque había aparecido yo ocasionando la separación. Todo lo habíamos hecho de manera atolondrada”.</p><h2>Engañar a la amante con la ex</h2><p>La felicidad fue brevísima. Duró apenas un mes.</p><p>“En enero mi hijo mayor cumplió 12 años. Estaba en Pinamar con su madre, su hermano y con mi ex suegra. Y ese día viajé a saludarlo. Cuando me reencontré con Beatriz <b>volví a tener deseos locos de estar en familia</b>. Extrañaba mucho eso. No era amor, no era pasión, no era ella. Era la familia. Empecé la tarea de la reconquista de Beatriz y en febrero nos fuimos todos juntos de vacaciones a Merlo, San Luis. Viajamos como un matrimonio separado, en dos habitaciones distintas. Sabía que tenía que pagar el precio y bancar. Ahora, era Andrea la engañada y que no sabía nada de esta nueva misión mía por reconquistar a Beatriz y a mi familia”.</p><p>La noche en que volvieron de San Luis Sergio tenía cita con Andrea. Por eso a su hijo menor que le había pedido ir a dormir con él a su departamento le había dicho que no y le inventó una excusa. Beatriz sospechó de inmediato. Esa noche lo llamó y Sergio la atendió: le dijo que estaba en un restaurante determinado comiendo solo. La verdad es que estaba en ese restaurante con Andrea sentada en frente. Fue un gran error. Beatriz cayó al lugar y <b>lo pescó in fraganti.</b></p><p>“Fue un verdadero escándalo. Porque le agarró una crisis de nervios. Andrea solo miraba. Tendría que haberme ido con Beatriz esa noche por lo mal que estaba, pero no reaccioné y me quedé con Andrea. Beatriz era débil y Andrea era fuerte. Ahí me reprendí y me dije que estaba siendo demasiado desprolijo, que debía tomar una decisión razonada y definitiva sobre qué hacer y con quién vivir. Al día siguiente le dije a Andrea de tomar un café y rompí la relación. Pero<b> le mentí una vez más</b>. No le dije que quería volver con Beatriz, le conté que quería estar solo. Me iba con la mujer que me daba una familia. Igual tuve que remarla durante dos o tres meses más para que Beatriz me permitiera volver a mi casa. Cuando lo hice, al principio, fue todo hermoso. Como un nuevo noviazgo. Con el tiempo volvió la rutina y el aburrimiento”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/BFH4JOJ56FF3LK4OUBFLJRSBD4.jpg?auth=bb83d472f7389dcd1e9786ec6c0cd842e9fba978d15e827ac9269e81ac755d07&smart=true&width=1299&height=731" alt="Al día siguiente de ser descubierto por Beatriz, decidió romper su relación con Andrea. Elegía la mujer que le daba una familia (imagen ilustrativa infobae)" height="731" width="1299"/><h2>El amor que se va y más mentiras</h2><p>“Dos años después me enteré de que Andrea se iba con dos de sus tres hijos del país porque no tenía dinero para subsistir. El negocio de su padre no existía más, se había fundido; el depto donde habían vivido se lo habían rematado por deudas. Andrea se había instalado con sus hijos y sus padres en un dos ambientes donde vivían encimados. Su ex se había desentendido de todo y ella tenía que mantenerlos. No tenía ni un peso, estaba pasando necesidades. Pero había encontrado como una solución pasajera la posibilidad de <b>emigrar a Israel.</b> Porque el estado a los judíos que emigran les da un plan de acogida muy bueno: durante un año te brinda obra social, te da dinero por mes y tenés tiempo para organizarte. Ella tendría que estudiar hebreo, pero tendría un año de tranquilidad. Cuando me enteré de su elección la busqué desesperado”, narra Sergio. Hablaron mucho y él le prometió el universo: “Le dije: No te vayas porque yo te voy a ir a buscar. <b>Le prometí que sería diferente esta vez</b>, que viviríamos juntos. <b>Le imploré que no se fuera</b>. <b>Se fue igual</b>. Y yo cumplí: la fui a buscar. A Beatriz le dije que me iba a Estados Unidos porque tenía que ver a un cliente. Pero saqué un pasaje via Miami hacia Tel Aviv. En Israel pedí que me sellaran el pasaporte en una hoja en blanco y a la vuelta hice que la salida la sellaran en esa misma página. Después la arranqué. Beatriz revisó el pasaporte porque sospechó algo raro, pero no se dio cuenta de que no había correlatividad en las páginas”. La mentira le había funcionado a Sergio, quien era una <b>máquina de promesas</b> vanas. En realidad, él afirma en la actualidad, que <b>estaba totalmente confundido con lo que quería para su vida </b>y que actuaba por impulsos.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/RXGWHDFKZVH6RERHTUCFDR24PI.jpg?auth=dc97c3f11a90e2cc892975602a6aca4d3732fa380caae1978a787b5c8b019268&smart=true&width=1456&height=816" alt="Sergio fue a buscar a Andrea a Israel, pero le dijo a su mujer Beatriz que iba a Estados Unidos a ver a un cliente (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>“En 2001, cuando atravesé medio planeta para ir a buscarla, tenía 46 años. Pero seguía mintiendo. A ella en Israel le dije que ya estaba divorciado. Así conseguí que volviera a la Argentina. Para que ella regresara tuve que indemnizar a Israel por el dinero que el estado había invertido en ella. Una fortuna, pero no me importaba porque yo seguía los dictados de mis locos impulsos”.</p><h2>Fracaso reiterado</h2><p>“A mi regreso a la Argentina tenía muy pocos días para resolver mi situación. Andrea vendría entre diez y quince días después que yo, y tenía que en ese tiempo separarme de Beatriz y mudarme”, cuenta, “Le dije a Beatriz que la cosa no funcionaba, que me quería separar. Pero no le conté nada de Andrea. Aunque ella siempre sospechó que Andrea seguía estando detrás de todo lo que yo hacía”.</p><p>Como su escribanía era muy grande, tomó un ambiente de sus oficinas y lo acondicionó como un dormitorio. Se instaló ahí: “Por segunda vez en dos años tuve que pasar por el horrible momento de explicar a mis hijos pequeños por qué me iba de casa. Y armé las valijas y<b> me fui a vivir a la escribanía</b>”.</p><p>Cuando Andrea aterrizó con sus hijos, en julio del 2001, proveniente de Israel, Sergio y ella comenzaron a organizar sus sueños. Empezaron a buscar la casa que Sergio quería comprar: grande para que vivieran todos y con jardín.</p><p>Hoy dice convencido: “Felizmente eso no se dio. Yo ya tenía el préstamo concedido y una propiedad vista, pero estalló la crisis de diciembre de 2001. Ahí suspendí todo y alquilé un departamento para ella y sus hijos. No para mí porque me quedé en la escribanía. Por qué hice eso no lo sé. <b>No me decidía</b>. Igual fue una época de éxtasis total aunque condimentado con la inmensa culpa y la tristeza de no vivir más con mis hijos que tenían 14 y 10 años. Esta vez la experiencia de pareja duró un poco más.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/QTER6ZLA3FEVXOOGIYA3OCQQUU.jpg?auth=b4aff40243186e9171e10176cd26b31a39df532157357279d0862d16fc000495&smart=true&width=1456&height=816" alt="Sergio quería comprar una casa grande con Andrea, que tuviera jardín y todo, pero finalmente les alquiló un departamento y él se quedó en la escribanía (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p><b>A los ocho meses nos separamos de nuevo</b>. No sé cómo explicarlo, pero creo que me empecé a sentir usado. Estaba claro que a Andrea no le gustaba estar en Israel y que me utilizó para volver. Yo con mi locura la rescaté. Sentía que había más interés por parte de ella que amor. Mientras yo seguía manteniendo dos familias. Creo que la verdad es que ella nunca me quiso lo suficiente para que yo tomara la decisión irrevocable de vivir juntos. También es cierto que <b>yo no la pasaba nada bien con sus hijos</b>. En la mesa me daban la espalda, me hacían vacío. Sentía que hacía todo para que tuvieran un techo y estuviesen bien y que ellos no estaban mínimamente agradecidos. Hasta que un día mi psicólogo me preguntó por qué esperaba su agradecimiento. Me dijo: ¿Ellos te pidieron algo? Y me dí cuenta de que tenía razón. No me habían pedido nada. En ocho meses se desmoronó todo lo que creí estar construyendo con Andrea. En marzo de 2002 dejamos de vernos, pero seguí pagando el alquiler para que tuvieran un techo hasta que venció el contrato en julio de 2003″.</p><p>En ese interín Beatriz y Sergio hicieron un divorcio express y sellaron un acuerdo donde lograron sanar heridas y mantener una buena relación.</p><h2>El precio a pagar</h2><p>La vida de Sergio siguió transcurriendo en la escribanía y terminó comprando un departamento en ese mismo edificio.</p><p>En el verano del 2004 se tomó unas vacaciones con sus hijos en la montaña. “Nos fuimos a Las Leñas porque a ninguno nos gusta el mar. Saqué un paquete de diez días con actividades de rafting, mountain bike, caballos, senderismo. El 14 de febrero me dio una gran jaqueca que no podía más. A la noche en el lobby había un show en el hotel y tocaron la canción de Sabina<i> 19 días y 500 noches</i>… Y me dije: <b>esta es mi historia</b>. Pasaron unos meses hasta que me enteré que ese 14 de febrero Andrea se había casado con alguien que había conocido en un velorio. ¡Me dolió muchísimo! Hice terapia toda mi vida, desde que pude pagarlo, pero no estaba preparado para esa sensación”.</p><p>Beatriz no volvió a formar pareja. Quizá estaba desencantada de todo: “La madre de mis hijos, con quien tenía una relación muy cordial, <b>murió hace un mes</b>. Tuvo demencia frontotemporal, la misma enfermedad que tiene el actor Bruce Willis. En un año y pico se murió sin que yo haya tenido la buena actitud de pedirle perdón. Me arrepiento mucho de no haberlo podido hacer porque la hice sufrir mucho”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/ZFFBKA2V5ZDFHGVQLTP4YW6LD4.jpg?auth=fbfa338cf980c48979d007ee5819d1771416a1ab78e701980efb23dfe07765bd&smart=true&width=1456&height=816" alt="Beatriz murió sin que él haya tenido la buena actitud de pedirle perdón, contó Sergio (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Sergio leyó a Alejandro Dolina y le gustó esa frase donde refiere “lo que me costó el amor”. Le pregunto si no sería mejor llamar pasión o de otra manera a ese sentimiento. Se queda callado y, luego, responde que sí. Le pido que enumere todo lo que cree que le costó… Se ríe y dice que no es lo más importante, pero que le costó mucho dinero. Después va al hueso y desgrana: “Me costó muchísimo sufrimiento. Me costó perder una familia en su vida cotidiana. Me costó el no poder hablar todos los días con mis hijos. No llevarlos siempre al colegio. A pesar de que ellos no me reclamen nada, son culpas que me tiro encima porque me cuestiono el tiempo que les resté. Me perdí sus infancias. Yo, encima, trabajaba muchísimo en esa época. Perdí también a la mujer que más me quiso, Beatriz. La dejé dos veces. Me manejé más con impulsos que con reflexión. No elegí, actué sin pensar”.</p><p>Le pregunto si cree que es más importante, entonces, <b>conservar a quien nos quiere que perseguir el amor alocado que no nos quiere tanto</b>; le pregunto si pudiera desandar el camino del tiempo y elegir -ahora sabiendo lo que ocurrió- qué haría.</p><p>Piensa bastante antes de responder. Y lo hace con sinceridad aplastante.</p><p>“Elegiría haber sido más prolijo en mi primera etapa de infidelidad. En ese primer encuentro pasional con Andrea. Que Beatriz no se enterara nunca. Porque, pasada esa lujuria que no tenía en mi matrimonio, me quedaría con Beatriz.<b> Lo que viví con Andrea debería haber sido solamente una aventura pasajera.</b> Eso”</p><p>Le hago una última pregunta. ¿Acaso cree que tendría que haber mentido mejor, pero haber vivido el romance de todas maneras? “<b>Sí. En todo caso querría haberlo vivido. Así es”</b>.</p><p>La vida, después de todo, cada uno la vive como quiere. O como puede. Y el que esté libre de yerros que tire la primera piedra.</p><p><i>* Escribinos y contanos tu historia. </i><a href="mailto:amoresreales@infobae.com" target="_blank"><i>amoresreales@infobae.com</i></a></p><p><i>* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas</i></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/PVZOK5Q5PJBZ5HBHXBEAEII574.jpg?auth=0543b538a48002a9a534f5f73c77e4e8c8751ac42aa4d681b4d2bbb7d0e5ab63&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Sueño donde una pareja está siendo infiel, simbolizando conflicto y desconfianza en la relación. - (Imagen Ilustrativa Infobae)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[De bar en bar tras una morocha que lo ignoraba y la noche que todo cambió: “¿Puedo hacer como que estoy con vos?”]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2024/09/29/de-bar-en-bar-tras-una-morocha-que-lo-ignoraba-y-la-noche-que-todo-cambio-puedo-hacer-como-que-estoy-con-vos/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2024/09/29/de-bar-en-bar-tras-una-morocha-que-lo-ignoraba-y-la-noche-que-todo-cambio-puedo-hacer-como-que-estoy-con-vos/</guid><dc:creator><![CDATA[Cynthia Serebrinsky]]></dc:creator><description><![CDATA[Tras dos convivencias fallidas y una vida guiada por mandatos sociales, Mariano se encontró con Rebeca, una mujer de carácter fuerte que rompió con las expectativas familiares y los cánones sociales. Se conocieron en un bar, donde él quedó cautivado, pero ella ni lo miró. Un tiempo después, una palabra clave provocó la chispa que se encendió para siempre]]></description><pubDate>Sun, 29 Sep 2024 14:41:12 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/M7FO5QJN7VC7VGVPYNJFRI7QBQ.jpg?auth=d7934779fca3c3b998596bd9f6dc1b8337c5a8be0dcea082c0fbdf18db4cfaa2&smart=true&width=2592&height=1456" alt="Rebeca y Mariano se conocieron en un bar y en un principio no fue fácil para él invitarla a salir, ella no lo registraba" height="1456" width="2592"/><p>Qué hermoso cuando encontrás una pareja como Mariano y Rebeca que decide volver a apostar por el amor. “Me casé muy pendejito, muy muy joven”, aclara él por si no se entendió el eufemismo, refiriéndose a su <b>primera boda a los 24 años</b> de la cual nació su hijo mayor, hoy de 23 y viviendo en Sevilla. Ella, una mujer de carácter, se arrima a la charla para presentarse: “Soy todo lo anti, siempre vengo al revés. Los mandatos familiares y culturales esperados, no cumplí ninguno, hice todo a contra marcha, como se me cantó a mí y como se fue dando”.</p><p>La vida de Mariano comenzó guiada por el famoso manual de “todo lo que se debe hacer” y, burlándose de sí mismo con un tono de rabino jazídico, se autodefine: “Conocí una chica de la cole, nos casamos con la fiesta, y todo el show puesto, súper”. Mariano Rotman nació el 31 de marzo en Villa del Parque, se crió en <b>La Paternal</b>, fue a la ORT de Almagro, trabajó como madrij (líder) en Macabi y viajó al Plan Tapuz, todas instancias muy vinculadas a la comunidad judía: “Recorrí todo el caminito como se suponía que debía ser”.</p><p>Ocho años fueron suficientes para que Mariano se diera cuenta de que esa no era su ruta deseada, más otro octenio conyugal, sin hijos, que terminó en el 2012, casualidad o no, cuando el porteño cumplía sus 40. “En ese momento mi núcleo histórico de amigos estaban todos casados, con pibes, y el único divorciado que andaba suelto era yo. No tenía con quién salir entonces me iba solo a escuchar a alguna banda”. Una vez más soltero, el señor de las cuatro décadas volvió a las andadas, y una noche a principios del verano de 2013 cayó solo en un “pub de dudosa reputación” de Palermo. Según el héroe de este relato, al Sr. Pub -como se llamaba el ya desaparecido boliche - iba “gente no muy santa”. De repente, entre la multitud, <b>una morocha lo cautivó</b>. “Mirá qué linda esta chica”, se habló a sí mismo pero sus intentos de acercarse fueron en vano: “Me cortó, no me dió ni hola, nada, me cortó la cara”, dice tajeándose la mejilla con un cuchillo imaginario.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/ADLHZYKL4FFTPD3ACOCCT7EO5U.jpg?auth=d8cd3b9ddeb9c8a795e7d46822fd4c06d74e19bab6804852709f91c750cb8657&smart=true&width=1536&height=2048" alt="Ambos estaban solos y se cruzaron por primera vez en un bar donde una banda rendía tributo a Joaquín Sabina" height="2048" width="1536"/><p>Enseguida recurrió a Laura, la clásica amiga en común, que le tiró data: “Viene cada tanto, no va a aparecer tan seguido”, dándole a entender que “la morocha” era una presa difícil de roer. “No… por ahora no”, repitió la amiga más allá de la insistencia. Así, <b>Mariano se volvió habitué del Sr. Pub</b>, en donde pronto “ya conocía al de la barra, al de la entrada”, y hasta las columnas lo saludaban. Todo valía la pena para volver a ver a la morocha intrigante.</p><p>Rebeca Peña nació el 6 de noviembre de 1975 en Máximo Paz, partido de Cañuelas. “Vivíamos afuera del pueblo, en un barrio que primero era muy campo, pasaban las vacas en mi vereda, y después se hizo un asentamiento tipo villa, y ahí crecí”, cuenta orgullosa sus orígenes en una familia humilde, de clase trabajadora; su papá era chacarero, operario de fábrica y carnicero: “Fui a la escuela rural, luego a la secundaria que me quedó más cerca y después tuve la posibilidad de ser la <b>primera universitaria de la familia</b>”, continúa relatando airosa su historia de superación. Con mucho sacrificio, consiguió su título en la Universidad Nacional de Lomas de Zamora: “Eran tres horas para ir y lo mismo para volver. Algunos cuatrimestres cursaba de a una materia porque no tenía plata para el boleto, y en aquella época no había becas de nada”. Así, mientras trabajaba media jornada de administrativa, se recibió de Licenciada en Ciencias de la Educación, su primera carrera, y “ya de adulta”, estudió Relaciones Laborales. Desde el 2011 es profesora de cátedra en lo suyo.</p><p>En sus días no había mucho más tiempos que para progresar, “lo otro” quedaba en un plano secundario: “En el último año de la secundaria me puse de novia pero son vidas pasadas que no interesan”, explica cortante. “Luego tuve una segunda pareja, con convivencia incluida, y cuando lo conocí a Rotman ya estaba separada, sola…”, resume Rebeca su currículum amoroso hasta los 38 años, como quien quiere explicar El Aleph de Borges en dos líneas. Además de “separada y sola” la chica de zona sur estaba “lista”, pero también demasiado <b>desconfiada</b> para volver a entregar su corazón “a cualquiera”.</p><p>Si bien sus anteriores elecciones habían tenido muchas similitudes con sus orígenes, no compartían “para nada la proyección personal, ni social, ni cultural… estábamos en las antípodas”, cuenta. Ahí fue cuando su amiga Laura le propuso ir a ver a “La del pirata cojo”, una banda que, todavía vigente,<b> </b>rinde <b>tributo a Sabina.</b> Rebeca, “fan absoluta de Joaquín”, no se pudo resistir. “Te vas a divertir”, prometió Laura que ya era groupie. Sin demasiada expectativa la “morocha misteriosa” fue desde Monte Grande para escuchar covers de su músico preferido al Sr. Pub de Palermo.</p><p>Esa noche de enero donde coincidieron por primera vez, la misma velada que según Mariano la morocha “lo cortó menos diez”, para Rebeca las cosas fueron diferentes: “Él estaba socializando por ahí con un montón de chicas –elige el término “socializar” por no decir “gatear”, “chamuyar”, y otros que se escapan en la charla–, era muy requerido, vamos a decirlo así”, sostiene ahora relajada. Aunque su comentario es de puro peleadora porque enseguida asume que no tiene ni registro de ese primer encuentro: “Fui con mi amiga y mi actividad era ver a los del tributo. No fui de levante, ni a mirar gente, ni siquiera tomé alcohol, a ese nivel, sólo agua… Así que ni a ponerme alegre fui”.</p><p>Luego de tres meses sin suerte de perseguir a la banda –aunque todos sabemos que el propósito de Mariano era otro-, de boca de Laura llegó la respuesta más esperada: “Va Rebe”. Así, los extraños se volvieron a ver en el Bear’s Cave de Adrogué, donde se presentaba el grupo. “Ahí fue la primera vez que dije ‘Hola’, pero ya está listo. Ya fue”, cuenta ella con la misma cara de pocos amigos que hace once años. Acto seguido, la morocha se fue a sentar a su mesa a mirar el show, sin despegar la cola de la silla ni los ojos del escenario, de principio a fin: “Ni pelota le di”, agrega metafórica por si cabían dudas de su poca simpatía. En cambio Mariano guarda el momento con detalles: “Yo tengo registrado hasta lo que ella tenía puesto: un vestido de color clarito con lunares de colores”, recita memorioso.</p><p>Una vez entrado el otoño, “La del pirata cojo” se volvía a presentar, esta vez en el bar La Roca de Villa Devoto, y sus seguidores regresaron a decir “presente”. “Ahí sí lo saludé y nos sacamos unas <b>fotos grupales </b>pero yo hacía como en la escuela primaria, que ponés distancia, ¿viste?”, relata Rebeca estirando sus brazos tiesos al frente. “Y yo aprovechaba con la excusa de que ‘no entrábamos en la foto’, para ponerme al lado pero ella movía el cuerpo en dirección opuesta… ¡me venía cortando el rostro fuerte!”, cuenta Mariano sin vergüenza.</p><p>Entonces, en este caso, la tercera no fue la vencida. Rebeca <b>venía golpeada, de una separación que “terminó en Tribunales</b>, en muy malos términos”. Por eso el caradurismo, la perseverancia o el profundo flechazo de Mariano fueron claves en esta historia de amor. Su “morocha misteriosa” definitivamente estaba en otra frecuencia: “Venía quemada, de situaciones de machismo ligados a la violencia económica”, justifica ella su distancia con Mariano -que por supuesto no conocía el conflicto- y con todo hombre que se le acercara.</p><p>A las tres semanas, la rueda de la fortuna hizo que Mariano y Rebeca se vuelvan a encontrar en el punto inicial: el Sr. Pub. Una vez más, mientras sucedían las típicas cuestiones que se dan en un bar, Rebeca permanecía quietita en su columna: “Me quedé sola, parada, frente a la barra con mi agua”, menciona dándole entidad de persona a su botellita. De repente se le acercó un fanático habitué <b>pasado de copas </b>-”estaba re borracho el pibe”-, y la empezó a “chamuyar”. Rebeca, de pocas pulgas, a la tercera vez que el “grandote se puso pesado”, lo paró en seco: “Me inflamé y le dije: ‘Mirá flaco, está todo bien pero si vos no te vas, te voy a bajar los dientes, no me jodás, te dije que no quiero saber nada, no me interesa’”, teatraliza el momento. La frenada bastó para que el señor ebrio insista y avance físicamente. Ella, incómoda y algo desesperada, recorrió el lugar con la vista y encontró su salvación: “Lo veo a Rotman de espalda apoyado canchero contra una media pared que había”, cuenta imitándolo, mientras él a su lado festeja como si fuera ayer.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/QUFYZFIM6RF2XDDSOYCRMUTEVI.jpg?auth=914363b4cd8571e6823001961aaf92a635d8443b2988c4da88955ef63e18ea3c&smart=true&width=4288&height=2848" alt="Ella se flechó cuando él le hablo de Pierre Bourdieu" height="2848" width="4288"/><p>“A este flaco lo conozco”, pensó Rebeca que utilizó sus armas de seducción para que el “conocido” la ayudara. “Hola, ¿te acordás de mí?”, se presentó haciéndose la linda. Mariano, que no lo podía creer, respondió atento a la chica que venía rastreando hacía meses: “¿Te puedo pedir un favor? ¿Puedo hacer como que estoy con vos? Porque aquel flaco está borracho y me está molestando y no quiero tener un problema”. Atónito se calzó su mejor papel de <b>“novio de turno” </b>y comenzó la función. “Tuve que empezar a hablarle de verdad”, se defiende ella como quien no quiere la cosa. Entonces arrancaron, según los protagonistas de esta historia, con los “temas universales”: ¿Qué hacés?¿De qué signo sos? ¿Trabajás o estudiás?</p><p>Ella le contó que era profe en secundarias y en la Universidad de Lomas y él contestó que también era profesor. Y en ese ir y venir de las clases y las materias que daban, Mariano comentó que con sus alumnos estaban viendo un texto de Bourdieu, palabra que resultó mágica: “Dijo ‘Bourdieu’ y fue la primera vez que lo miré en serio. Fue automático, me cambió absolutamente, como cuando alguien dice ‘Me dio el flechazo’. <b>Escuché ‘Pierre Bourdieu’ y fue increíble”</b>. No del todo confiada, siguió tanteándolo: “Me hice la gila y le fui preguntando sobre el contenido del texto”, cuenta cual Maestra Ciruela. Sus sospechas de que su amiga Laura estaba complotada con Mariano para hacerle gancho, tuvo que guardárselas en el bolsillo: el hombre sabía de qué hablaba.</p><p>La charla sobre el sociólogo francés y otros destacados teóricos que parecía darse en la Biblioteca Nacional, se extendió mientras de fondo seguían sonando los temas de Sabina, “los borrachos bailaban” y el reloj marcó las 3 de la madrugada. Después de mucho rato sin ese tipo de alegrías, aquel sábado de junio de 2013,<b> Rebeca volvía a sonreír:</b> “Estaba encantada de la vida”. Igual que Mariano que “hacía seis meses la venía remando en dulce de leche”. Él, rápido, le propuso sacarse una foto para “etiquetarla en Facebook”. Así le hizo “el entre”, le chateó por Facebook y después le “sacó el celular, hizo todo un caminito de hormiga”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/ONLLD5V62JBOTEZCBS2L6DHMFY.jpg?auth=97e212876204e2711112791673e82c8a6770196e0ab3a01bbcf9b115ae1f7a4c&smart=true&width=4608&height=3456" alt="El hijo de 23 años de Mariano vive actualmente en Sevilla" height="3456" width="4608"/><p>La conversación se extendió durante toda la semana hasta que ella le anunció que ese viernes tenía que ir por el Obelisco a buscar unos zapatos de tango. “Laburo por ahí, <b>te invito a almorzar</b>”, aprovechó él ni lento ni perezoso. Cuando Mariano llegó al restaurante que la había citado, Rebeca ya estaba sentada esperándolo. Él se acercó, la saludó casual y le dió un “pico” de una. Ante una Rebeca impactada, Mariano se sentó enfrente y continuó lo más campante con su mejor cara de poker: “¿Qué pedimos?” Entusiasmado, Mariano se apura para aclarar: “Ojo, no fue ningún accidente. Le agarré la boca, le dí un beso y seguí viaje como si nada”. Cuando ella se recuperó del shock, el almuerzo continuó lo más bien, y al despedirse ya había cambiado la historia: “Me acompañó a mi combi que volvía a Monte Grande, y ahí sí me dio un beso de verdad… Sentí <b>mariposas </b>en la panza y me fui re contenta”, recuerda con la emoción de las primeras veces.</p><p>Empezaron a salir y a compartir los clásicos planes de las parejas: cenas, cine, teatro, todo. Hasta que “el insistidor de La Paternal” se asustó. “Yo así como no te doy bolilla, si me enamoré ahí voy y soy así en general en la vida. <b>Lo que quiero lo consigo,</b> me propongo armar un proyecto y, si el otro dice que sí, dale que va…”, se abre por fin Rebeca y el cambio de estado se le nota hasta en la forma en que expone el relato: a partir de “Bourdieu” todo es amor. Mariano tenía a su hijo Ian de su primer matrimonio y Rebeca se adaptaba a los horarios y, aunque había situaciones que no le encantaban, se las respetó. “Sin querer queriendo, viste, como que te vas enamorando también del paquete”, plantea con cariño. Pero luego de los “tres meses de prueba” llegó la charlita: “<b>¿Qué somos nosotros dos? </b>Porque yo soy una señora grande ya, no tengo paciencia, no tengo tiempo para perder y no quiero dar vuelta en pavadas”, se lanzó al vacío. Y él mencionó la frase que toda chica quiere escuchar: “¿Somos novios?” Así, “el remador oficial de la pareja”, se puso a trabajar para que el vínculo se fortalezca: le presentó a su hijo y todo fluyó.</p><p>El segundo “conflicto” apareció al año, cuando <b>ella le declaró su amor profundo</b>. Un día cualquiera mientras Mariano sacaba a relucir sus obsesiones -”tiene un tema con las migas, y apenas se caen al piso el tipo se pone a barrer frenético”- ella, en lugar de enloquecer, se rió, se dio cuenta y se lo dijo: <b>“Ves, por estas cosas te amo”.</b> Lo que siguió fue un silencio de cementerio. “No me dijo ‘yo también’”, aclara ella por si quedaban dudas. Durante la cena que tuvieron esa misma noche en la casa de una amiga, Rebeca permaneció muda y no volvió a tocar el tema. De hecho, al día siguiente volvió a su casa y no le habló por una semana; “estaba indignada” pero el amor era real así que tuvo paciencia. “No dije nunca más nada y esperé, pero internamente me había puesto plazos”, revela ella. Dentro de esos límites, una tarde que volvían caminando “tranqui” del Coto de Abasto hacia el departamento, Rebeca le dijo: “Yo tengo como proyecto de vida ser mamá”. Y Mariano, una vez más, se quedó taciturno aunque no tanto: “Sí, pero yo ya tengo hijos y no sé si…”, intentó exponer, pero su novia firme lo cortó: “No, disculpame, ¿a vos quién te dijo que era con vos?<b> Quiero ser mamá, si es con vos o no veremos</b>, pero no tengo mucho tiempo biológico así que tampoco voy a dar muchas vueltas. Fijate, andá, pensándolo”. La conversación quedó ahí y, aunque el aire se cortaba, siguieron caminando juntos por la calle Gallo y por la vida.</p><p>Y para noviembre del 2014 sucede el milagro: Rebeca fue como cada año a hacerse un control ginecológico y volvió a su casa con una ecografía obstétrica. “Me enteré así”, cuenta. Con una mezcla de éxtasis e incertidumbre, fue al departamento de su novio y luego de los saludos pertinentes tiró la noticia: “Bueno, te voy a decir una cosa… <b>Sabés qué, estoy embarazada”.</b> Él “¿Quéeee?” de Mariano fue interceptado por la advertencia de su mujer: “Sí, estoy embarazada y no sé qué vas a hacer vos, pero yo voy a ser mamá”. Mariano quedó literalmente en el piso. Se puso blanco como un papel hasta que ella sacó las pruebas: “Tengo una ecografía, ¿la querés ver?”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/OZ5OB6YO2FB53B44FLSF75S6PI.jpg?auth=1346231319f7747c3c3340adf5881e2386f078ae3f3ef19fe34c2943581103ee&smart=true&width=960&height=1280" alt=""Sabés qué, estoy embarazada", le contó ella" height="1280" width="960"/><p>Más allá de los pronósticos, Rotman sorprendió a su mujer con la mejor de las reacciones, y sugirió invitar a su madre a almorzar para contarle que sería abuela. “Fue inmediata la reacción”, asegura ella todavía sorprendida. Ensamblaron hogares para que el 31 de julio del 2015 nació Teo, y siguieron avanzando: “Él me pidió casamiento el 6 de noviembre del 2015, el día de mi cumpleaños <b>me regaló las alianzas con nuestros nombres</b>”. Pero para sorpresa de la hinchada, ella dijo que “no”, y enseguida se cuela para esclarecer: “Sí quería casarme con él, pero con fiesta y en ese momento no podíamos”. El pedido de mano se repitió dos veces por año, todos los años desde hace nueve ciclos. Hasta que a principios de 2024, Mariano ya resignado no propuso más y fue ella que por fin se decidió: “¿Nos casamos este año?”</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/H5GE54OKDJDAFI4AQ6GEBBNBAY.jpg?auth=08e5fe2aefdfc0bdb2cc0fc9d794a0fc97a63d83573c2e94a1f2de4dde08f08f&smart=true&width=1280&height=720" alt="La pareja con su bebé se casará este 23 de noviembre" height="720" width="1280"/><p>Encontraron un punto intermedio en el que no habrá grandes despliegues pero subsiste lo más importante: el amor. El próximo 23 de noviembre Mariano y Rebeca se casan. Y, ¿adivinen quién es la diseñadora del vestido de novia? Laura, la amiga en común que los llevó a ver “La del pirata cojo”.</p><p><i>* Escribinos y contanos tu historia.&nbsp;</i><a href="mailto:amoresreales@infobae.com"><i>amoresreales@infobae.com</i></a></p><p><i>* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas.</i></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/OODWETMPZ5CO5HE7PN5MYCY7NY.jpg?auth=e2ce3e4232118fa29ba87f81dbdc01ddbbf07eee1f394792a2a25ccedeaf8e09&amp;smart=true&amp;width=1405&amp;height=1054" type="image/jpeg" height="1054" width="1405"/></item><item><title><![CDATA[Ella en Uribelarrea, él en Arabia Saudita y una relación sin punto final: cuando los tiempos de dos que se aman no están sincronizados]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2024/09/22/ella-en-uribelarrea-el-en-arabia-saudita-y-una-relacion-sin-punto-final-cuando-los-tiempos-de-dos-que-se-aman-no-estan-sincronizados/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2024/09/22/ella-en-uribelarrea-el-en-arabia-saudita-y-una-relacion-sin-punto-final-cuando-los-tiempos-de-dos-que-se-aman-no-estan-sincronizados/</guid><dc:creator><![CDATA[Carolina   Balbiani]]></dc:creator><description><![CDATA[Catalina y Gonzalo se conocieron en 2015, cuando ella tenía 24 años y un hijo de cinco, y él 21. Ambos habían nacido en el mismo pueblo de la provincia de Buenos Aires: Uribelarrea. Se enamoraron rápido, a pesar de algunos contratiempos. Convivieron ocho años hasta que él descubrió que tenía sueños inconclusos por cumplir. Una historia de amor, de egoísmos, de distancias, de anhelos, donde el tiempo hace de árbitro]]></description><pubDate>Sun, 22 Sep 2024 04:55:36 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/QNUHYDU4DNDF3PO2LWJTPVZCVA.jpg?auth=d549a652f9183489abfcf037345126ea6e11306b46b90447f99f179e38472594&smart=true&width=1456&height=816" alt="Catalina y Gonzalo tuvieron una conexión "mágica" desde que cruzaron miradas (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Gonzalo es tan inquieto que hoy, ni por asomo, deja caer el ancla en ningún sitio. Ni siquiera por el amor de su vida. Va donde lo lleve la vela flameante de su deseo. Ya veremos.</p><p>Nacido en Uribelarrea, provincia de Buenos Aires, fue el menor de tres hermanos de una pareja conformada por su papá, empleado, y por su madre, docente. Arrancó estudiando para ser abogado en la ciudad de La Plata, pero luego decidió dejar el derecho y se dedicó a estudiar para ser policía. En uno de sus viajes a su pueblo, en un boliche llamado La Grieta, conoció a Catalina. Corría el año 2015. Él tenía 21, ella 24. Gonzalo ya había decidido por entonces dejar el derecho y había comenzado a estudiar para ser policía.</p><p>“A lo lejos vi a una hermosa mujer. <b>Cruzamos miradas y la conexión fue mágica</b>. Me impactaron sus ojos celestes, muy claros. Enseguida comenzamos a conversar y me di cuenta de que era una persona distinta al resto. Yo, hasta ese momento, había tenido dos relaciones cortas, pasajeras. Me dijo que se llamaba Catalina, que estaba separada y que tenía un hijo de 5 años”, recuerda y sonríe con sus enormes auriculares rodeando su cabeza en esta llamada que recorre continentes y mares.</p><p>Sigamos. Catalina era del mismo pueblo. Su familia se componía de papá constructor, mamá comerciante y tres hermanas. Gonzalo la invitó a salir.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/2C7YX2OHJJGT3JFLAMONE5EPZA.jpg?auth=2ae8dbb9eb7764134ece666f59f5488f8a5f889b9da627d89d81ad643391ae20&smart=true&width=1456&height=816" alt="Catalina le contó a Gonzalo que estaba separada y tenía un hijo de cinco años (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><h2>Un tatuaje y un accidente que lo cambió todo</h2><p>“En nuestra primera cita, le dije con claridad que no quería nada serio con ella, que no estaba para formar una relación porque yo era una persona complicada y con poca paciencia. Creo que, en mi interior, <b>tenía miedo a enamorarme</b>. Tanto es así que llevaba un tatuaje con una frase, en alemán, que dice exactamente eso: ‘tengo miedo a enamorarme’. Se lo mostré, pero no logré espantarla. Ella se rio. Catalina es de esas personas que sonríen y transmiten paz y alegría. Empezamos a hablar por WhatsApp todos los días. Ella trabajaba como asistente social y cuidaba de su hijo. Las señales de amor siguieron avanzando, pero yo era joven, medio vago y un poco alocado. ¡Ni se me ocurría pensar en convivir”.</p><p>El día de la segunda cita, un accidente lo cambió todo. Gonzalo primero salió con sus amigos. “Tomé de más y, a pesar de que los chicos me escondieron la llave del auto para que no manejara en ese estado, yo tenía una copia y me fui igual a buscarla. No pude hacer ni dos cuadras. <b>Choqué primero contra una casa y, luego, golpeé un árbol</b>. El auto quedó destruido y yo salí, increíblemente, caminando. ¡Había chupado mucho y las consecuencias podrían haber sido espantosas! Para peor en ese momento era policía. Imprudencia total. Gracias a dios iba solo”.</p><p>A pesar de la borrachera se acordó de avisarle a Catalina de que no llegaría a su cita. Le escribió: “Me choque con una planta, estoy mal, mañana hablamos”.</p><p>Tampoco este cuento la alejó: “No entendía por qué ella seguía firme queriendo salir conmigo. <b>Yo hacía todo para que ella se fuera</b>”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/B72LS5FVYRFKXOWE65SYAYEBTI.jpg?auth=70e4c6c93c96fe61b22ad60faab6903468a3d5951b745df699ef11906a7c3dde&smart=true&width=1456&height=816" alt="Un día, pasado de copas, Gonzalo estrelló su auto contra un árbol. Ahí cambió su vida (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><h2>Los buenos tiempos</h2><p>La historia de amor continuó y pudo más que los contratiempos y el autoboicot practicado por Gonzalo. Seis meses después él volvió a Uribelarrea y se mudaron a vivir juntos.</p><p>“Arranqué una etapa muy diferente de mi vida. Abracé su amor y su postura ante la vida. No éramos dos sino una familia de tres con su hijo Teo. Me llevé desde el primer día muy bien con él. Eso hizo que todo fuera mucho más fácil. Fue la mejor decisión que pude tomar. Convivir con un niño, no siendo su padre biológico, es un reto indescriptible, un momento de aprendizaje continuo para una persona que no tiene hijos. Me volvió responsable porque yo percibía que había un niño mirando lo que hacía. Tenía que ser un ejemplo. <b>Teo me enseñó más a mí que yo a él</b>”.</p><p>Gonzalo y Catalina disfrutaban de la familia que estaban construyendo. Fue una excelente etapa.</p><p>“El padre de Teo, los primeros dos años, no quería ni cruzarse conmigo. Hasta que un día dije basta. Era ridículo hacer dos festejos de cumpleaños para Teo. Me puse firme y les dije que nos dejáramos de tonterías y que lo hiciéramos juntos. A partir de ahí, con su padre empezamos a hablar. Fue genial. <b>Tan buena fue la relación que él se mudó cerca nuestro</b> para estar más presente en la vida de Teo”.</p><h2>La vida de quién quiero vivir</h2><p>De 2015 a 2019 Gonzalo trabajó para la policía, pero luego dejó y se empleó como contable en una empresa. Cambiaba de puesto, pero nada lo satisfacía. Consiguió un nuevo trabajo, pero tampoco le alcanzó. Soñaba con más y le dio por aprender a cocinar. Quería ser chef.</p><p>“Antes de conocerla siempre había tenido la idea de viajar. Después, me adapté al estilo tranquilo de vida familiar. En la pandemia los dos trabajamos mucho, no estuvimos encerrados, por lo que no nos resultó duro ese tiempo. Incluso agrandamos la familia y adoptamos una perra. Estábamos muy conectados, éramos una manada de a tres y nuestra loba era Catalina, guiando y apoyando nuestros proyectos, decisiones y crecimiento”.</p><p>Sin embargo, Gonzalo reconoce que con el paso del tiempo fue dándose cuenta de que se sentía atrapado, de que estaba haciendo una vida monótona. “Lo bueno era mucho, pero también había algo que me faltaba y me hacía sentir incómodo en esa comodidad. Tenía deseos no concretados y estaba llegando a la tercera década de mi vida. Fui cambiando mucho de trabajo en esos años que convivimos. <b>No estaba satisfecho, sentía que había algo pendiente</b>. Tenía muchas ganas de probar la experiencia de vivir en otro país, quería ser chef. Veía que muchos de mis amigos, por la situación, se iban a otros países y yo quería vivir eso también”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/LWDWLEMDW5GHRNPZOEX5FHJ7XE.jpg?auth=b98904a8129d73d4f40db8855107945e483f5d6c8fd44f104cfc6ee2c9d89673&smart=true&width=1456&height=816" alt="Gonzalo estudió para chef, y enseguida llegó el éxito (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>En este camino existió un distanciamiento breve. Lo superaron y volvieron a elegirse. <b>Se amaban demasiado. Pero el fondo no quedó resuelto</b>. Él seguía soñando con viajar y Catalina, por su parte, se sentía vacía porque Gonzalo no le prestaba la atención que ella necesitaba.</p><p>Gonzalo empezó terapia. Quería descubrirse, conocerse. Fue una pregunta de su psicóloga la que provocó la decisión final.</p><p>“Me preguntó qué era lo que quería hacer yo. Me explayé diciéndole esto y esto y esto y esto… Me pidió que no le respondiera en ese momento, pero que pensara esta pregunta: ¿por qué no lo estás haciendo? Lo hice y ahí me di cuenta.<b> Estaba viviendo la vida y los sueños de otra persona, no mi vida y mis propios sueños</b>”.</p><p>La relación de Gonzalo y Catalina terminó el último día de 2021. “Me separé el 31 de diciembre de ese año y de la forma más tonta. Lo íbamos a pasar en la casa de mis viejos, porque para la Navidad habíamos estado con su familia. Esa misma tarde me llamó y me dijo que no iba a venir. Toda esa semana había sido de desencuentros. Ella se quedó en su casa y yo me quedé cocinando en la de mis viejos. Al otro día fui directo a buscar mis cosas y me fui. No hubo diálogo. <b>No hubo pelea. No hubo discusión. Ella me amaba, pero no dijo nada</b>. Yo sabía que era algo definitivo”.</p><p>Los vacíos se habían vuelto abismos.</p><h2>Entender los motivos</h2><p>Cuando un tiempo después llegó el momento de hablar pudieron hacerlo con total tranquilidad. Catalina le manifestó que entendía lo que le pasaba. “Me dijo que me quería, que habíamos tenido una relación muy linda y que me comprendía. Yo también la quería, no me iba por otra mujer, de hecho no volví a formar pareja hasta hoy. Pero <b>necesitaba probar esta otra vida. Me quería dar el gusto. Quizá suene egoísta, pero es la verdad</b>. De hecho, laboralmente yo estaba bien allá, pero soñaba con experimentar otras cosas. Quería viajar, conocer el mundo. ¡Jamás había estado más lejos que Uruguay!”.</p><p>En esa vida que deseaba Gonzalo no había lugar para Catalina. Primero, porque ella tenía a su hijo; segundo, porque su trabajo estaba en Uribelarrea y le iba muy bien y, por último, porque no era su necesidad sino la de él.</p><p>Gonzalo lo resume: “Elegí renunciar a mi trabajo, a mi familia, a mis amigos, a mi cercanía con ella para cumplir otros sueños: viajar, trabajar como chef internacional y encontrarme conmigo mismo. Ella decidió acompañar mi decisión y para mí eso la hizo crecer como persona. Ella es exitosa en lo que hace y<b> tiene el corazón más grande que conocí jamás</b>”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/WGPKGTNKKVDCHHR75DCNCV57VQ.jpg?auth=c7cbd8b013220dd9b2ecb270ab990fa38558257a8d07a06456b63fb9188dd46a&smart=true&width=1456&height=816" alt="Hoy, Gonzalo es chef en un importante restaurante de Arabia Saudita (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Enseguida para Gonzalo las cosas fueron dándose. “Fue mágico. Pocas semanas después me contactó una persona desde Inglaterra por mi perfil de LinkedIn y me pidió el currículum. Quería tener una entrevista conmigo al día siguiente por <i>Meet</i>. Yo no hablaba inglés así que me hice unos machetes como pude con todo lo de cocina. Esta persona me preguntó si estaba disponible para ir a un reclutamiento en Dubai, me pagarían todo. Era septiembre de 2022. ¡Viajé feliz y casi me pierdo por los aeropuertos! Nadie hablaba español y yo no hablaba inglés, así que estaba todo el tiempo con el traductor del teléfono. En el aeropuerto tuve la suerte de que un chico de Nepal, cuando se enteró de que era argentino, empezó a saltar como loco, le encantaba Messi e iba a la misma entrevista. Fueron tres días intensos, pero no quedé para ese trabajo porque en ese momento había solo cien visas de Arabia Saudita para Argentina y ya se habían otorgado. Quedé loco, quería volver como fuese. Empecé a estudiar inglés y seguí aplicando a todo lo que veía hasta que llegué a un restaurante, Cipriani, de cocina italiana en Bahrein que necesitaba personal. Ya estaba canchero con las entrevistas y en diciembre de 2022 me contrataron. La primera semana estando allá me preguntaba qué cuernos estaba haciendo tan lejos. Tenía que aprender en inglés todos los nombres de las cosas que usaría en la cocina. Pero<b> ser argentino es Messi Messi Messi y, aunque parezca mentira, eso te abre muchas puertas y es de gran ayuda</b>. Cuando me quise dar cuenta ya entendía inglés. Después, me cambié a otro trabajo mejor en Arabia Saudita. Es donde estoy ahora. Trabajo para un restaurante de alta gama, una franquicia del chef francés Joël Robuchon que murió en 2018 y es el cocinero con más estrellas Michelin de la historia: 32”.</p><p>Ese restó está dentro de un mega proyecto de<a href="https://www.infobae.com/america/2024/05/08/asi-es-el-proyecto-de-construccion-mas-grande-del-mundo-que-se-esta-levantando-en-arabia-saudita/" target="_blank"> una moderna megalópolis llamado Neom</a> que implica un desembolso de 500.000 millones de dólares con los que Arabia Saudita busca entrar en el mundo del turismo internacional. Sigue contando Gonzalo: “<b>Los sueldos acá son muy buenos porque se están abriendo al turismo</b>. Es barato y gasto poco porque tengo casa y comida pagas. Vivo en un complejo con gimnasio, cancha de tenis, pileta y trabajo ocho horas. Una vez al año me dan pasajes para viajar a mi país. Además, voy conociendo el mundo. La semana que viene capaz que me voy a Petra, Jordania, o a Egipto”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/KMWAZCCQQNAWTAMR4TDHUWWSXU.jpg?auth=3fbc996fe296888d3300a199832ba1875cd754aeeeb1d65bc90e70dd97b0b8b4&smart=true&width=1456&height=816" alt="En mayo de 2024 Gonzalo y Catalina se reencontraron en Uribelarrea. El amor está intacto, pero sus tiempos son distintos (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><h2>Reencuentro fugaz</h2><p>El 11 de mayo de 2024 Gonzalo volvió de vacaciones a Argentina. Llegó al pueblo y pensó en Catalina, como siempre. “Quería verla, pero no quería interrumpir nada. No sabía en qué andaba. Pero ella se enteró de mi llegada y me mandó un mensaje. Yo sabía que después me volvía a Arabia Saudita, pero nos vimos igual. <b>Sigo pensando que la amo, pero también pretendo continuar con mi experiencia</b>. Ella es la persona con la que quisiera formar mi familia, pero no es este el momento. Catalina me contó que después de que me fui le quedó un gran vacío. A mí también me quedó ese hueco. En Arabia el vacío es constante. Hay días en los que te sentís muy realizado. Otros, en los que extrañás mucho y lo peor es el domingo. Es ese día de la semana cuando me da el bajón y necesito estar en familia. ¿Parejas? No, alguna relación ocasional, pero pareja ninguna”.</p><p>A pesar de estar tan lejos y de la convicción de que su decisión fue acertada, Gonzalo sigue preguntándose sobre el amor. “Quizás esta parte de nuestra historia no sea el final de la historia. Quizás tengamos que pasar por todo esto para entender que la vida es una sucesión de horas. Cada momento es lo que cuenta. Quizás nos sirva para ser mejores personas el día en que nos volvamos a ver. Ambos sentimos ese vacío que te deja dentro ese amor que quedó lejos, al punto que parece que ninguna otra persona podría llenarlo. Nos recordamos con una sonrisa y con mucho afecto. Fuimos una familia joven y feliz que, durante ocho años, ayudó a crecer sano y con valores a ese hijo del corazón que es Teo. Supimos llevar a cabo esa crianza entre su madre, su padre biológico y yo. Dejamos de lado los egos y el amor nos enfocó en ese eje. Hoy es un adolescente maravilloso. Con Teo seguimos hablando. Ya tiene 15 años y es muy lindo saber que crece bien. ¡Su tío era mi capitán de rugby y Teo juega también el mismo deporte! Así que tenemos mucho en común”.</p><p>Gonzalo se acomoda los auriculares y queda <i>freezado </i>en la imagen. Cuando volvemos a conectarnos cuenta que las llamadas por WhatsApp no funcionan muy bien en Arabia Saudita porque hasta hace poco tiempo no se podían hacer.</p><p>“Llegué a los 30 años viviendo en Arabia Saudita. Estoy a 14 mil km de mi ciudad, del lugar donde viven mis tesoros de la vida, mi familia, mis amigos y mi gran amor. <b>Mi lugar en el mundo siempre será mi querido Uribelarrea</b>. Sé que puede sonar raro elegir alejarse del sitio donde tenés lo que más valorás y que encima esa lejanía te duela. Pero bueno, estoy descubriendo y cumpliendo mis sueños. Hoy me siento íntegro, aunque no esté con esa persona mágica que amo con todo mi corazón. Estoy en la otra punta del mundo y en cada lugar nuevo que conozco me imagino con ella, compartiendo la experiencia. Cobijo la ilusión de volver a la Argentina para emprender algo propio.<b> Siento que podemos tener pendiente un segundo tiempo y que quizá sea mejor que el primero</b>. Pero no quiero ser egoísta ni generar esperanzas falsas porque la vida tiene siempre un final abierto. No puedo dejar a Catalina esperando a que yo concrete mis sueños y tampoco me gusta la idea de que me estén esperando. Ella es sin dudas el amor de mi vida, pero cuando decidí me elegí a mí mismo. La decisión no puede estar mal porque si no soy feliz yo, no podría hacer feliz a otra persona”.</p><p><i>* Escribinos y contanos tu historia. </i><a href="mailto:amoresreales@infobae.com" target="_blank"><i>amoresreales@infobae.com</i></a></p><p><i>* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas</i></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/VCEUDKN2B5CFTNGP6QTSQFOPJ4.jpg?auth=73d118c9ba8153b07207447fe44ab1f9fbd24c7ef46be0cd61e5bf0f439179c3&amp;smart=true&amp;width=1456&amp;height=816" type="image/jpeg" height="816" width="1456"><media:description type="plain"><![CDATA[Arabia, Amores reales (Imagen Ilustrativa Infobae)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[De la amistad juvenil al amor verdadero: luego de vivir distancias y tragedias, ¿iban a desaprovechar la última chance?]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2024/09/15/de-la-amistad-juvenil-al-amor-verdadero-luego-de-vivir-distancias-y-tragedias-iban-a-desaprovechar-la-ultima-chance/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2024/09/15/de-la-amistad-juvenil-al-amor-verdadero-luego-de-vivir-distancias-y-tragedias-iban-a-desaprovechar-la-ultima-chance/</guid><dc:creator><![CDATA[Cynthia Serebrinsky]]></dc:creator><description><![CDATA[Cecilia y Lucas se conocieron a los 14 años en Tucumán. La relación se rompió luego de la muerte del padre de él y su mudanza a Córdoba para estudiar. A pesar de nuevos noviazgos y la complejidad de sus vidas, la vida los volvió a reunir para probar si eran el uno para el otro]]></description><pubDate>Sun, 15 Sep 2024 13:42:19 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/5WVLJECCWNEYJAVTI5TPLMY2KY.jpg?auth=dae4c6b6c9910bbcfdc933e973a53461462e3ad6ab43993955dce4223bb65521&smart=true&width=1456&height=816" alt="Cecilia y Lucas se conocieron en la escuela, en Tucumán. Un día fueron a tomar un helado y se dieron cuenta que estaban enamorados (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Cecilia tiene 35 años, todos vividos en la ciudad que la vio nacer: Yerba Buena, Tucumán. Se conocieron con Lucas, el sanjuanino, en el colegio privado más renombrado del pueblo, cuando él se mudó a la provincia más chiquita. En la secundaria se hicieron mejores amigos y, aunque él iba a 3ro. C que era de varones y ella al B de mujeres, aprovechaban cada recreo, viaje de estudio, fin de semana y fiesta de 15, para estar juntos. <b>“Los tiempos que teníamos para compartir nos re presumíamos”</b>, dice ella con una tonada en la “pr” que delata su origen. Iban a bailar a las matinés y Lucas, que estaba “saliendo” con una amiga de Cecilia, por esas cosas de la adolescencia, se terminó enamorando de su íntima amiga.<b> “Me dijo que se había enamorado de mí</b>, que no le gustaba mi amiga, que gustaba de mí”, cuenta con una tierna timidez. “Éramos muy chicos”, agrega enseguida Cecilia restándole importancia, como si los sentimientos necesitasen una edad exacta para comenzar a ser verdaderos. Pero, típico, ella le dijo que “lo quería sólo como amigo”.</p><p>La realidad es que Cecilia no quería saber nada porque su grupo de amigas en esa época salía con chicos más grandes, lo contrario sería “un quemo” y ella quería “apuntar” a ese público. Entonces no le daba “bola”, y luego de la confesión de amor la amistad se “enrareció”. Lucas resignado pero feliz siguió compartiendo con “la chica de sus sueños” recreos y demás travesuras, viendo cómo <b>ella miraba a los de 5to. año.</b></p><p>Hasta que un hecho desgraciado cambió la vida del sanjuanino para siempre: “De un día para otro,<b> su papá se murió en un accidente </b>bastante complicado acá de Tucumán”. El padre de Lucas era un ejecutivo importante de una empresa, el avión en el cual volaba rumbo a Tucumán tuvo un desperfecto técnico, se incendió y murieron siete personas. “Fue terrible… y <b>ahí me di cuenta que tenía muchas ganas de estar con él.</b> En ese momento quería ir a la casa y me di cuenta que por ahí era más profundo lo que yo sentía, que en realidad lo quería mucho, mucho más de lo que me imaginaba”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/T73DJGRK6FAZ5DIZBQZPNLBBE4.jpg?auth=9e1124ff60cdeab1dc2142be6ccef76e0866bf0cc443a28cc161d8b44ab3279a&smart=true&width=1456&height=816" alt="La amistad se convirtió en un romance juvenil. La familia de Cecilia invitó a Lucas a Mar de las Pampas (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>A las pocas semanas de la tragedia, Lucas invitó a salir a Cecilia: “Me pareció raro porque era muy reciente lo de su papá”, confiesa ella. “Cómo puede ser que este chico con todo lo que le pasó, esté pensando en salir conmigo en vez de estar en duelo por el padre”, se preguntaba la colegiala. Pero su hermana mayor la convenció: “<b>Dale bola a Lucas que es un buen chico</b>, con todo lo que le ha pasado, ¿no te parece que merece una oportunidad?” La charla sorora surtió efecto y aceptó la cita.</p><p>Los quinceañeros fueron a tomar un helado. <b>La amistad se transformó en amor y a los dos meses, un frío 26 de junio de 2002, le pusieron título al noviazgo</b> que duró los tres años que quedaron del secundario. Él la ayudaba a estudiar porque “era muy bocho” y ella “un desastre en matemáticas”; también estudiar era la excusa para pasar tiempo juntos. Fue un noviazgo muy juvenil, se daban besos, “chapaban” y caminaban de la mano, “que era un montón”, pero no llegaron a tener “relaciones”. Así pasó la fiesta de 15 de ella, el viaje de egresados de los dos, hasta que cumplieron los 18 años y con la culminación del colegio secundario, una nueva etapa.</p><p>Ese verano de 2007, Lucas luego de vacacionar con sus amigos en Pinamar, <b>se sumó a la familia de Cecilia que lo invitaron a Mar de las Pampas. </b>“Y esa fue la última vez que estuvimos medianamente bien”, sentencia ella. Porque cuando volvieron a Tucumán, Lucas empezó la Facultad de Ingeniería Industrial, probó la pública y la privada, pero ninguna de las dos instituciones lo convenció, entonces empezó un proceso “medio raro” porque no sabía qué hacer, y <b>decidió irse a estudiar a Córdoba</b>, donde encontró una carrera que le interesó más. “Como su papá había estudiado en Córdoba, él sentía que se tenía que ir para ahí, para seguir sus pasos”, reflexiona ella que por fin entiende y dispara: “También ahí le empezó a caer la ficha de todo el duelo de lo que fue la muerte de su padre y sentía que se tenía que ir de Tucumán”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/RIZTX5Y7BNHPBBMIU3EYNM64BM.jpg?auth=1d8f0661df3a907b7a342b356683386754e981f337a44e06db20f26449ba1cdd&smart=true&width=1456&height=816" alt="Lucas se fue a estudiar a Córdoba luego de la muerte de su padre. Y Cecilia rompió la relación con él (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Cecilia se volvió “loca”, primero pensó que era una “tontera”, y no le creyó. Tenía claro que sólo dejaría Yerba Buena por la gran ciudad: Buenos Aires. Entonces, cuando la cosa se empezó a poner un poco más seria y él le pidió su apoyo, que lo acompañe, ella cocorita, le anunció: “Mirá<b>, si vos te vas a estudiar a Córdoba nosotros nos peleamos, o sea, yo termino la relación”</b>. Y Lucas, que ya no era el nene de 14 años con uniforme que perseguía a su mejor amiga por los pasillos del colegio; que la vida lo había golpeado de forma contundente y sin aviso; y que tenía convicción de su futuro, respondió: “Bueno, está bien”.</p><p>Así, ella siguió en su “casita de Tucumán” y él se hizo hombre a 560 km de distancia. Ya había tenido mucha presión en su casa, sosteniendo a su madre en el duelo, y despegar era urgente. <b>Con 18 años Lucas comenzó un nuevo capítulo en Córdoba Capital. </b>Y, de vivir a tres cuadras de su novia, en un “pueblito” donde “todos se conocen”, “paran a la hora de la siesta” y juntarse con amigos es una cuestión de cinco minutos porque “todo es cerca”, se instaló en la segunda provincia con mayor cantidad de habitantes del país.</p><p><b>“Cuando él se fue me arrepentí mucho y a toda costa quería volver como sea”</b>, se sincera ella, hoy tranquila con el diario del lunes. Y él, un poco porque ya estaba encontrando su camino en suelo cordobés, tal vez por algo de orgullo propio y definitivamente porque el humor de sus nuevos vecinos lo tenía encantado, le contestó a su ex novia que “ya era tarde”. El “tira y afloje” duró más que varios meses: “Para mí han sido tres años que estuve muy mal porque siempre teníamos algo de contacto, por los amigos en común, yo sabía de su vida y él de la mía. Entonces cada vez que venía a Tucumán para las fiestas o eso, me lo cruzaba y hablábamos, pero no pasaba nada…<b> él no quería volver”.</b></p><p>Cecilia cuenta que viajó “un par de veces” a Córdoba, con la excusa de ver a sus primas que vivían ahí, y cuando se encontraba con el sanjuanino era inútil:<b> “Yo quería volver y él no. Estaba enfocado en su carrera”</b>. Tres años fueron suficientes para que ella soltara el vínculo y entendiera que hay decisiones que cuestan demasiado caras pero hay que asumir las cosas como son y seguir viaje. Decidió hacer un cambio de cabeza, quería conocer a alguien. Entonces, <b>cerró la puerta con Lucas, conoció a Juan y, sin demasiado preámbulo, se puso de novia.</b> “No es que me encantara pero me gustaba”, reconoce ella.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/QXDQ2KWWNFDQZLT6YOI3Y2A5LM.jpg?auth=48d84431992bbc93b7c1d9255eb6c290be7d4fef505e4237dd4834b8bfda25ec&smart=true&width=1456&height=816" alt="La mamá de Cecilia murió de cáncer. Lucas no le envió ningún mensaje. A ella le dolió (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Sucede que los planes del que dirige los hilos son impredecibles y, casi al mismo tiempo que Cecilia volvía a sonreír, un golpe de puño la sentó: “A la semana que me puse de novia con Juan,<b> a mi mamá le detectan cáncer de mama”, </b>revive ella el dolor de aquella noticia insoportable. Entonces ese noviazgo que recién iniciaba, esa etapa donde todo son alegrías y mariposas en la panza, para Cecilia pasó a ocupar un plano totalmente secundario, o más bien nulo. “No me importaba mucho porque me importaba más el tema de mi mamá. Y <b>estuve ocho años de novia con él pero, no sé cómo explicarte, sin darle mucha pelota”</b>, defiende su postura con bastante transparencia. Aunque su nuevo novio era una “excelente persona, excelente compañero”, a la tucumana sólo le preocupaba la salud de su madre, inclusive Lucas ya estaba fuera de su radar. En el 2013, cuando Cecilia tenía 24 años, luego de batallar tres temporadas contra la enfermedad,<b> su mamá tristemente falleció.</b></p><p>Lucas le escribió a toda la familia para darle el pésame, y hasta su mamá fue al velorio. En ese momento de tanto desconsuelo del cual nadie está preparado, Cecilia tenía un deseo:<b> “Lo que más quería era que Lucas me escriba y me diga algo y nunca me escribió”</b>. Pero no sólo eso: “Cuando mi mamá muere, viene para mí toda una etapa de duelo y, justo <b>en ese momento que mi mamá se muere, Lucas se pone de novio”</b>, relata los giros de la vida que nuevamnete la venían a poner a prueba con sus rebuscados mensajes.</p><p>Así pasaron los años de “estar bien” pero no tanto: “Seguí de novia con Juan, sin importarme, pero seguía porque la pasaba bien, era muy bueno, éramos muy compañeros, pero yo no estaba enamorada. Al principio no me importaba porque mi mamá era mi prioridad, pero cuando me empecé a hacer más grande, <b>había muchas cosas de Juan que no me gustaban y esto me comenzó a pesar”</b>. Cecilia cumplió los 28 y sintió que ya se estaba “volviendo grande”, y decidió separarse. Pero una vez más el guionista de su vida se encaprichó en que nada fuera tan lineal: “Literalmente estaba por dejar a Juan, y<b> a la semana siguiente le agarró una especie de ACV</b>, una cosa muy rara, nunca le supieron decir muy bien qué tuvo”. Ellos convivían y, la noche anterior, Juan había empezado con dolores de cabeza y a “balbucear cosas sin sentido”. Preocupada, su novia llamó a la madre de Juan a las 4 de la mañana y, a partir de ahí, empezó un nuevo capítulo en su vida: “Me volví su enfermera”.</p><p>Fueron<b> seis largos meses de recuperación,</b> primero estuvo internado en terapia intensiva y después lo trasladaron a Buenos Aires para rehabilitación. “Imaginate que yo me quería pelear y de repente pasó todo esto esto… No lo iba a dejar porque la verdad es que lo quería mucho”, explica ella que su cerebro se había “reseteado” y tuvo que aprender a caminar, a hablar, todo de nuevo. Lo que siguió tampoco fue fácil: <b>“Cuando volvimos al departamento de Tucumán él estaba muy deprimido</b>, y entre que no estaba enamorada y encima él había vivido esto tan fuerte… yo ya no daba más”. Cecilia habló con su papá que la alentó y la ayudó a separarse. Ese mismo día agarró sus cosas, “lo mínimo indispensable”, y no volvió “nunca más”. Se fue a vivir a la casa familiar.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/MIR7RBTXJNFS3MWCLVMY4GFRGQ.jpg?auth=bb34644e8abcebf7323de1aa2a701317d24b58f06ef07fe0fdf2a847fc6fcd93&smart=true&width=1456&height=816" alt="El reencuentro de Cecilia y Lucas fue en el casamiento de una amiga (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>“Estuve muy mal porque habían sido muchos años de estar con esta persona y dejarla en una situación medio complicada, pero no daba para más, <b>nunca había estado enamorada de él”</b>, recuerda contundente. A los tres meses, Cecilia decidió despejarse y salir a bailar con sus amigas: <b>“De repente me lo encuentro a Lucas en el boliche</b>, después de no sé cuántos años, rarísimo porque además de que él no vivía en Tucumán, tampoco era de salir. Me sorprendí, me puse re mil nerviosa, y él se me acercó y me empezó a hablar y a preguntar cómo estoy, a presumirme, y yo me hacía la superada, como si no me importara y en realidad… <b>me re importaba”</b>, relata con la emoción del encuentro. Pero por más de que Lucas insistió, ella huyó sin demasiado intercambio, como una Cenicienta apurada. “Yo estaba destrozada, pero obviamente él no lo sabía”. Por supuesto que se quedó toda la noche y la semana pensando en su primer novio porque, además, sabía que lo vería pronto:<b> Lucas estaba de visita para concurrir al casamiento de un amigo en común.</b></p><p>El día de la boda Cecilia estaba expectante y para su sorpresa, <b>Lucas se presentó con su novia cordobesa,</b> quien no estaba ni enterada de que la ex de su actual, estaba ahí. “Lo más gracioso es que él se me acercó todo el tiempo para hablar, y yo me seguía haciendo la superada, y él más me perseguía”, describe ella el típico comportamiento de la histeria. Las semanas posteriores, la psicóloga de la tucumana cobró protagonismo porque Cecilia se daba cuenta que “seguía gustando” de su compañero del colegio pero que “no había mucha opción: él estaba de novio”. Al mes, llegó el cumpleaños número 29 de Cecilia y con este, el regalo más esperado que vino en forma de WhatsApp:<b> “Hola Ceci, feliz cumple, tantos años, cómo estás. Espero que pases un lindo día”</b>, escribió Lucas, todavía abrazando a su novia en su foto de perfil.</p><p>Contra todos los consejos de sus amigas, Cecilia respondió y el chat se extendió durante toda la noche y el día siguiente. Se sinceraron: él le contó que no estaba bien con la cordobesa; que quería separarse; que pensó que Cecilia se estaba por casar; y que cuando la vió se enteró de que se había separado. Pronto vendrían las fiestas para recibir el 2019, entonces <b>quedaron que en la próxima visita de Lucas se verían “para charlar”.</b></p><p>Así, <b>en la Navidad de 2018 tuvieron su “segunda primera salida”</b>, fueron a tomar algo y conversaron desde las 9 de la noche hasta las 4 de la madrugada, “y no pasó nada”. Después de tantos años tenían mucho que ponerse al día, entre algunos reproches, como el llamado que nunca llegó por la muerte de su madre. <b>“Toda mi vida había estado enamorada de él. </b>Así que decidí que iba a hacer todo lo que tenga que hacer, no me importaba nada”. Enseguida tuvieron otro encuentro y ahí sí, “pasó todo, nos acostamos, <b>tuvimos sexo por primera vez</b> y, a partir de ahí, no nos separamos más”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/JFOMFYP6UJDEFBM3ZJCM4FLFLY.jpg?auth=d092b65c444f4c369b8a0fade11622809140092a37594362180406b8642f90ae&smart=true&width=1456&height=816" alt="Al final del camino, Cecilia y Lucas se casaron. Hoy son felices (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Lucas volvió a Córdoba a cerrar “todos sus asuntos pendientes”. Siguieron dos meses a distancia hasta que él dijo: “Me voy a vivir a Tucumán”. Volvió a Yerba Buena,<b> los novios se mudaron a vivir juntos. </b>A los ocho meses llegó la pandemia y, con ella, la propuesta de casamiento: “Un día Lucas me sacó un anillo y me dijo, ‘¿Te querés casar conmigo?’”. Para ese momento, sin saberlo, ya <b>“estaban embarazados”</b> así fue que dieron el “Sí, quiero” con su hijo en camino. Luego llegó el segundo varón, y hoy viven felices a pocas cuadras de donde todo empezó.</p><p>“Siempre supe, desde que me puse de novia, que estaba enamorada de él y que lo iba a querer siempre. Cuando me separé todos me decían, ya está, se terminó, tenés que cerrar la etapa, seguir adelante. Y yo sentía que era por ahí, después no se me dio, fue muy difícil. Cuando me separé nunca me imaginé que podíamos llegar a volver, pero cuando se me dio la oportunidad dije ‘sí o sí’ me meto por acá, porque realmente lo quería. El primer día que volvimos a salir, después de 12 años, dije:<b> ‘Cómo puede ser que después de 12 años lo vea y me siga gustando’</b>. Creo que no hay mucha explicación, lo sentís o no lo sentís. Ahora <b>somos súper felices</b>, así que uno tiene que pelear por lo que quiere”, reflexiona Cecilia a modo de conclusión.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/5WVLJECCWNEYJAVTI5TPLMY2KY.jpg?auth=dae4c6b6c9910bbcfdc933e973a53461462e3ad6ab43993955dce4223bb65521&amp;smart=true&amp;width=1456&amp;height=816" type="image/jpeg" height="816" width="1456"><media:description type="plain"><![CDATA[Amores reales, Cecilia y Lucas (Imagen Ilustrativa Infobae)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Un amor eterno atravesado por las infidelidades: con la primera se separaron; la segunda los reencontró en la madurez]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2024/09/08/un-amor-eterno-atravesado-por-las-infidelidades-con-la-primera-se-separaron-la-segunda-los-reencontro-en-la-madurez/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2024/09/08/un-amor-eterno-atravesado-por-las-infidelidades-con-la-primera-se-separaron-la-segunda-los-reencontro-en-la-madurez/</guid><dc:creator><![CDATA[Carolina   Balbiani]]></dc:creator><description><![CDATA[Margarita y José Luis se enamoraron en la escuela. Él provocaba sus celos, hasta que ella descubrió que había un motivo. El tiempo pasó y él la volvicó a buscar. El fogoso reencuentro décadas después, que a ella le generó culpa. Y el presente amoroso que lucha hasta con una enfermedad]]></description><pubDate>Sun, 08 Sep 2024 10:25:21 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/GKXTPGQMGRHZHN5KNQ7MO4IYWA.jpg?auth=f607dc16b02c1d2ab7ebd374895265c565ce28f3f6099ea9b7b7f83c31081622&smart=true&width=1456&height=816" alt="Margarita y José Luis se conocieron en la escuela (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Margarita está por cumplir 75 años, vive en la ciudad de Buenos Aires y es fanática de la sección Amores Reales de <b>Infobae. </b>Siente que el suyo, el que lleva desde hace décadas instalado dentro de su esqueleto, podría formar parte de esta saga periodística que ve la luz cada domingo. Habla con voz de adolescente enamorada. El destinatario de ese amor febril y prolongado es un compañero del mismo colegio. De aquel secundario porteño de Villa Urquiza donde en una ceremonia anual, <b>ella con 15 y él con 19 años, cruzaron miradas por primera vez. </b>Ese joven muy rubio y de ojos de cielo la atropelló con la pasión eternamente.</p><p>A instancias de una amiga, durante la noche escolar, conversaron un rato y, <b>por mucho tiempo, no pudieron despegarse.</b> Esto es lo que pasó luego.</p><h2>Noviazgo formal</h2><p>Margarita estaba en tercer año del secundario; él terminaba, tardíamente, el suyo en el horario nocturno de la misma institución. El noviazgo progresó y se presentaron a sus respectivas familias. Todos encantados. No había frentes, ni tormentas.</p><p>Un año después<b> José Luis, así se llama aquel joven hoy anciano, fue a pedir la mano de su novia a Manuel.</b></p><p>“El primer año que salimos, José Luis llegaba solo hasta la puerta de mi casa. Me dejaba y yo entraba. Mi mamá sabía de la historia, mi papá un poco menos. No es que fuera muy estricto, pero me ponía horarios. Yo, que tenía dos hermanas mayores, cumplía sus indicaciones al pie de la letra. Por eso, <b>cuando cumplí 16 años, José Luis fue a hablar con mi papá y formalizamos nuestro noviazgo. </b>Así eran las cosas por esa época. Soñábamos con casarnos”, cuenta divertida Margarita.</p><p>José Luis terminó sus estudios ya trabajando en una entidad financiera en la que tuvo la oportunidad de sacar un crédito muy favorable para comprar un departamento. Querían casarse y precisaban un techo. Margarita terminó su secundario y comenzó a trabajar en un banco. Siguió estudiando en la universidad donde escogió la carrera de sociología.<b> José Luis era su primer novio, su primer amor y, también, el primer hombre en su vida sexual.</b></p><p>Esos años resultaron maravillosos a pura risas, besos, abrazos y alguna que otra pelea menor: “No podíamos estar separados. Era sublime, maravilloso”.</p><h2>Adiós sin sentido</h2><p>Pero siempre hay peros. En la vida hay peros. Y poco se puede hacer para evitarlos.</p><p>Según cuenta Margarita, <b>José Luis era una persona a la que le divertía mucho ponerla celosa. </b>Un poco bromista, un poco picaflor, un poco provocador… Y ella reaccionaba con grandes ataques de celos.</p><p>“Me decía tonterías. Por ejemplo, cuando me dejaba en casa, me peleaba diciendo: ahora vos te quedás durmiendo y yo me voy de farra con los chicos… Esas bromas me ponían mal. <b>Empezamos a pelear mucho por eso y por mi desconfianza”.</b></p><p>Lo que no cuenta Margarita, aunque lo deja traslucir, es que <b>en el fondo sospechaba que él podía tener un costado “donjuanesco”. </b>Quizá algo había de cierto en lo que le decía en broma. Lo cierto es que las discusiones llegaron al punto en que un día <b>él se enojó de verdad.</b> Le recriminó furioso que estaba cansado de los berrinches de novia celosa. Que así no podían seguir, que peleaban demasiado y que debían cortar la relación.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/MIPDWSDXKJE7RP376YVPCBIAI4.jpg?auth=8ee1ddc02bd40cb9fbcb2472528c50a8dc6964b03dc46040c43b63a2f671cc78&smart=true&width=1456&height=816" alt="Él provocaba sus celos, hasta que Margarita se dio cuenta que había motivos (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>“Estábamos en una confitería que se llamaba San Jorge, en la que trabajaba una de mis hermanas mayores. Me lo dijo y yo me quedé con mi hermana muy tranquila. No le dí demasiada importancia, pensé que era una discusión más del momento. Como tantas otras. Ya iba a volver en unos días.<b> Pero esta vez no me llamó nunca más, no volvió a buscarme. Desapareció.</b> Y yo, aunque estaba destrozada, tampoco lo llamé. Seguí esperando. Pasó el tiempo y cada vez había más distancia”. Era el año 1969.</p><p>Pasado unos meses Margarita decidió que si se habían separado definitivamente<b> debía devolverle las llaves del departamento que había comprado José Luis para vivir con ella</b> y que nunca habían llegado a amueblar. O, quizá, fue una excusa para intentar verlo, quién sabe. Con la piel en carne viva fue hasta ahí, subió y abrió la puerta. Estaba como siempre había estado, vacío. Fue hasta el único placard para dejar las llaves y fue ahí que encontró un par de cosas que la sorprendieron. <b>Había una foto de una chica con una dedicatoria de amor a José Luis y algunas prendas femeninas.</b> Quedó helada. Tiró las llaves y se fue corriendo, devastada.</p><p>Ahora sabía que había alguien más en la vida de José Luis.</p><p>“Me dolió mucho descubrir de esa manera que estaba con alguien. Estuve sumamente deprimida. Muy mal. Fue horrible. <b>No volví a relacionarme con ningún otro chico durante seis años.</b> Me dediqué a trabajar y a estudiar en la facultad a tiempo completo”, cuenta.</p><p>Ahora estaba convencida de que<b> sus celos habían tenido un porqué.</b> No habían sido infundados.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/V3OGUHNYSJEMBGZR6VF4SREED4.jpg?auth=eeb27f828bb681cd7f661c0268fdf2b89a9cc368b5a9c927eddd076a12d4a9fe&smart=true&width=1456&height=816" alt="En la casa donde iban a convivir antes de pelearse, Margarita halló las pruebas de la infidelidad (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><h2>Dos muertes y una sorpresa</h2><p>En diciembre de 1973, habían pasado ya cuatro años desde la ruptura y el hallazgo de la foto, cuando sucedió una tragedia.<b> En un accidente de auto murieron el padre y la abuela de José Luis. </b>Cuando lo ocurrido llegó a oídos de Margarita, ella no dudó: tenía que ir al velorio. Ella había querido mucho a su familia. Llegó a la casa de la abuela de su ex con las piernas temblando. No sabía qué se iba a encontrar.</p><p>Fue en esa reunión familiar tan triste que se enteró de que <b>él se había casado con aquella chica de la foto del placard</b> un año después de que hubieran roto el noviazgo.</p><p>“En el velorio supe que, durante ese tiempo en que no nos vimos, <b>no solo se había casado sino que también ya se había separado. </b>En un momento lo vi solo, parado entre los dos cajones de su padre y de su abuela. Me acerqué y le dije que todavía lo quería, que siempre lo había querido. No me acuerdo mucho más. Pero <b>él no quiso escucharme, ni hablar conmigo.</b> Después supe que su ex también estaba ahí. Me fui sumamente angustiada”.</p><p>Tuvo que pasar bastante tiempo hasta que el nudo que Margarita llevaba en su pecho empezara a ablandarse.</p><p>En el año 1975, setenta y dos meses después de haber terminado la relación con José Luis, conoció a otro hombre, Ramón. Era ingeniero y tenía dos años menos que ella. <b>Con él descubrió el costado estable y confiable del amor. Tanto que al año siguiente se casaron.</b></p><p>Ella, ya recibida, siguió trabajando en una institución bancaria mientras tenía a sus seis hijos.</p><p><b>“Empecé de nuevo a ser feliz. Mi marido era muy bueno. No sé si lo amaba con locura, pero lo quise muchísimo.</b> Fue buen marido, buen compañero, buen padre. Tuvimos seis hijos y fuimos muy felices”, confiesa.</p><p>La vida transcurrió apacible y sin contratiempos.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/QGNPLI2X2FBRBDVDBC5WGOYQJQ.jpg?auth=39d6ed2d144b3cb17099d4d5265d26d7cdd74ddb8556423f75b5942413002c09&smart=true&width=1456&height=816" alt="El reencuentro fue en un lugar inesperado: un velorio (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Por su lado, <b>José Luis tuvo una vida más turbulenta.</b> Se volvió a juntar con esa ex -la responsable de la ruptura con Margarita-, tuvo un hijo con ella, pero se volvió a separar. Después se unió con otra con la que tuvo dos hijos varones más. Pero, como siempre le pasaba, terminó divorciado. Conoció a una chica mucho más joven con la que vivió tres años. Con la siguiente mujer de su vida tuvo una hija y un hijo más. <b>Iba y venía con cinco hijos.</b> Tenía un corazón saltimbanqui.</p><p>En todos esos años no supieron nada el uno del otro. Pero <b>Margarita no lo había olvidado.</b> Solo que lo tenía muy escondido en algún abismo de su cuerpo. Tenía plena conciencia de que ese sentimiento tan intenso podía herirla fatalmente y hundirla.</p><h2>Cupido está en Internet</h2><p>“No hablamos nunca más hasta 2017. Cuarenta y tres años después. <b>Y fue él quien me conectó por Facebook. </b>Me mandó un audio con el tema de Palito Ortega, <i>Mi primera novia</i>”, se ríe hoy Margarita como si tuviera veinte años. Esa canción afirma que la primera novia nunca se olvida… Justamente de eso se trata esta historia.</p><p>Ambos todavía en pareja comenzaron con un diálogo tan extenso como profundo por la esa red social.</p><p><b>José Luis vivía en la Patagonia, en un pueblo.</b> Margarita seguía viviendo en la ciudad de Buenos Aires, ahora en el barrio de Belgrano. Charlas, videollamadas, la relación despertaba en ellos sentimientos viejos y nuevos. Y, sobre todo, unas ganas impostergables de volverse a ver.</p><p>Pero como le dijo José Luis a Margarita, “el diablo metió la cola”. Su mujer de ese momento descubrió un día los largos y cariñosos mensajes entre ellos y armó flor de escándalo. Acto seguido, lo dejó.<b> José Luis quedó libre de ataduras.</b></p><p>“Yo seguía casada y feliz. Pero <b>él me despertaba ese amor que nunca había vuelto a sentir.</b> Algo distinto. José Luis insistía en que me separara, pero yo no quería saber nada con hacer algo así. Tenía una bella y amorosa familia”, cuenta todavía un poco arrepentida.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/IJAFBWCB6VCGLD6EFDB7WH7YRE.jpg?auth=8fad2c67f4a3b9233ff98e070bf0834c67d824da3d0718086e8c11260282dd74&smart=true&width=1456&height=816" alt="José Luis y Margarita se reencontraron décadas después: ahora la infiel era ella (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Mientras la cosa se mantuvo en el plano virtual no hubo mayores conflictos ni dilemas. Hasta que <b>un día, en 2019, José Luis tuvo que viajar por negocios a Buenos Aires. Y llegó el encuentro. </b>Fue en una confitería de Chacarita.</p><p>“Ese día quedé loca de amor. <b>Nos besamos. Yo tenía 70 y él 74.</b> No podía pensar en otra cosa. Él también sintió lo mismo. Volvió a los dos meses por otro supuesto trámite…”, relata.</p><p>Margarita no quiere admitirlo, pero termina confesando con infinita culpa que se animó a dar el paso de la infidelidad.</p><p>Romance. Amor físico.<b> José Luis había sido el primer hombre en su vida. Volver a tener relaciones tantos años después fue un tremendo shock.</b></p><p>“Aunque trato de mantenerme bien, el físico con tantos años se desvirtúa un poco… jajaja. Pero igual fue de una entrega total. Maravilloso”, se sincera. <b>Ocurrió dos veces: una en el hotel donde él se alojaba; otra, en un hotel alojamiento.</b></p><p>“A partir de ahí, en nuestras charlas, <b>él empezó a insistir en que dejara a mi marido. Yo no podía hacerlo. </b>Dejar así a alguien que había sido siempre tan bueno conmigo, con una familia increíble, no podía ni imaginarlo. Con mi esposo teníamos una linda vida. Lo quería mucho, a pesar de esto que me pasaba con mi primer novio. José Luis repetía que me quería, que quería venir a vivir conmigo a Buenos Aires, que yo era el amor de su vida. Yo sentía lo mismo, pero no estaba dispuesta o no me animaba”.</p><h2>Siempre no dura nada</h2><p>Siguieron las conversaciones y, esta vez, la que no se decidía era Margarita. Quizá en el fondo sabía que hay amores que serán para siempre contrariados. <b>Lo imposible quizá jamás pueda volverse algo distinto.</b></p><p>A finales de 2019 a tanto corazón revuelto le siguió la enfermedad.</p><p><b>A José Luis le descubrieron un cáncer y lo tuvieron que operar de urgencia.</b> Casi se muere. Le llevó mucho tiempo recuperarse y, apenas lo logró, tuvo una caída donde se rompió la cadera. Otra operación y otra recuperación.</p><p>Se había generado entre ellos un nuevo foso divisor:<b> la salud quebrantada que suelen traer los años.</b></p><p>Él estaba solo, pero su ex lo ayudaba con la obra social que tanto precisaba. El diálogo entre ellos siguió adelante. Lo que Margarita sentía era inmanejable y <b>la culpa llenaba cada esquina de sus pensamientos. </b>Para lidiar con eso empezó terapia. Dos veces por semana.</p><p>“Yo seguía muy unida a mi marido.<b> Unos meses después, en pandemia, Ramón tuvo una severa crisis cardíaca.</b> Después, producto de un pequeño ACV, empezó con problemas de movilidad. Sus problemas físicos lo tenían atrapado. En su cabeza no aceptaba las nuevas limitaciones que tenía que enfrentar.<b> Murió en 2022. </b>Para mí fue muy triste porque había sido mi gran compañero de vida. Creo que para él fue lo mejor porque estaba postrado y era algo que no podía tolerar”.</p><p>Las charlas de Juan José y Margarita siguieron su derrotero y pasaron por todas las emociones. Hoy se consuelan, hablan del pasado y reflexionan sobre ese delgado “hilo rojo” que los mantiene conectados.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/FK5THRMV35B6DF4GJD2MLNKBSU.jpg?auth=b92acb0dfa3425079db5f55843dddf9859aeb9b4edea1a5a5aa2a7eb41f88319&smart=true&width=1456&height=816" alt="Hoy, José Luis está enfermo, pero se siguen escribiendo y ella lo ayuda a sostener la esperanza (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>“Yo veo que <b>él vive solo y muy enfermo</b>, pero depende demasiado de su ex. Por eso no puede venir a vivir acá conmigo”, cuenta con un dejo de resignación. Lo increíble es que Margarita dice que ella sí estaría dispuesta a irse a vivir al sur y a cuidarlo cada día y cada noche. Quisiera, aunque sea, tenerlo para ella en la última etapa de la vida. Eso dice y asegura que se siente con la fuerza física suficiente y la buena salud para intentarlo.</p><p>“Hablé con mis hijos de él, no les conté todo todo pero sí lo actual y que fue mi gran novio de la adolescencia.<b> Ellos me apoyan y me advierten que sería una locura ir a cuidar a alguien enfermo tan lejos.</b> A mí no me importaría, pero el tema es que él no quiere porque dice que sería un lío. Creo que teme que su ex haga problemas. O, quizá, no quiere que lo vea así, en ese estado. Hablamos por la mañana, por la tarde y por la noche de todo, también de los libros que leemos. Yo sigo al psicólogo Gabriel Rolón y él también. <b>Hacemos videollamadas larguísimas”</b>, relata Margarita con el corazón en la mano, “Yo sigo con mi terapeuta. La psicóloga me dice que él es un poco cobarde, que no se anima a dar el paso ahora que yo también estoy sola. No sé. De todas formas creo que hoy nos hacemos una excelente compañía. Hablamos de visitarnos, pero él dice que prefiere venir unos días a que vaya yo. Para mí es el gran amor de mi vida.<b> A veces me pregunto ¿¿¿por qué es el amor de mi vida si no me dio nada??? Quizá lo tengo idealizado.</b> Hace poco le dije que si hubiera convivido con él quizá no sentiría lo mismo”.</p><p>Es algo contrafáctico. Nunca lo sabrán. De todas formas <b>no hay nada menos racional que los sentimientos.</b></p><p>“Soñamos con el reencuentro. Estamos unidos por ese hilo rojo que jamás se cortará. Eso nos decimos. A veces me siento mal porque habiendo tenido un marido tan bueno no se entiende que yo sienta este amor por José Luis. Te aclaro que mis hijos fueron fruto del amor, pero <b>este es otro tipo de amor, no sé explicarlo. Es algo distinto.</b> Ahora solo pienso en tener momentos de felicidad, en experimentar solo esos momentos. Pero hay instantes en los que quisiera estar todo el día con él para vivir lo que antes no viví… aun con su enfermedad. <b>¿Sabés qué me dijo hace un rato?: Qué suerte que te tengo a vos. </b>Ahora promete que va a venir a verme. No sé porqué nunca me lo pude sacar de mi corazón. Por eso sigo con mi terapia. Es un amor que no entiendo, pero ahí está. Como si yo fuese una adolescente eterna. Siempre sueño con él y con volverlo a ver”.</p><p>………………………………………………………..</p><p>Corto la llamada con Margarita y me queda dando vueltas por la cabeza una sola idea: en cualquier caso, y pase lo que pase entre ellos, está bueno sentir ese amor enloquecido. Encabritado. Que hace perder el norte. A la edad que sea.</p><p><br/></p><p><i>*Escribinos y contanos tu historia. </i><a href="mailto:amoresreales@infobae.com" target="_blank"><i>amoresreales@infobae.com</i></a></p><p><i>* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas</i></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/IJAFBWCB6VCGLD6EFDB7WH7YRE.jpg?auth=8fad2c67f4a3b9233ff98e070bf0834c67d824da3d0718086e8c11260282dd74&amp;smart=true&amp;width=1456&amp;height=816" type="image/jpeg" height="816" width="1456"><media:description type="plain"><![CDATA[Amores Reales Margarita y Juan José (Imagen Ilustrativa Infobae)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Se enteró de que su ex novio estaba solo otra vez mientras ella daba a luz: las idas y vueltas de un amor insuperable]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2024/09/01/se-entero-de-que-su-ex-novio-estaba-solo-otra-vez-mientras-ella-daba-a-luz-las-idas-y-vueltas-de-un-amor-insuperable/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2024/09/01/se-entero-de-que-su-ex-novio-estaba-solo-otra-vez-mientras-ella-daba-a-luz-las-idas-y-vueltas-de-un-amor-insuperable/</guid><dc:creator><![CDATA[Cynthia Serebrinsky]]></dc:creator><description><![CDATA[Andrea y Alejandro fueron novios en la adolescencia. Eran uno para el otro, pero las discusiones era constantes. Ella se quejaba de la falta de compromiso de él. El día que todo se vino abajo por una noticia inesperada y el shock que cambió los planes]]></description><pubDate>Wed, 04 Sep 2024 22:18:12 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/XEICZFDRHZE3ZHUZQB7YEDCFQ4.jpg?auth=0d94f99c68c726878a10f3c0892873818d492630de98bf3b03bf9d68042d97bc&smart=true&width=1456&height=816" alt="Andrea y Alejandro se conocieron por intermedio de unos amigos y el destino volvió a cruzarlos más de una vez (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Andrea y Alejandro se conocieron cuando tenían 17 y 18 años, respectivamente. Ella había ido de camping con un grupito de chicas a <b>San Bernardo</b> y, típico, conocieron a una banda de “pibes” con quienes salían para todos lados. La magia de la juventud, la playa y las noches estrelladas crearon el escenario perfecto para forjar una amistad que continuaría. Terminado el verano dorado de 1989, quedaron en hacer una “juntada” en Buenos Aires, en la puerta de la Facultad Tecnológica. Y ahí estaba Alejandro, el “responsable” del grupo que se había quedado en Capital trabajando.</p><p>Era viernes, las chicas se iban a un cumpleaños y los caballeros las acompañaron hasta la parada del colectivo. Cuando Andrea se subió al bondi sucedió la magia: “Viste cuando te das vuelta y mirás tipo flechazo de película… Ahí, cuando lo miré justo a los ojos dije, <b>‘Es él’</b>”. Y a Alejandro le pasó lo mismo, se sintió atrapado por una conexión inexplicable y poderosa.</p><p>El destino quiso que sus caminos se cruzaran nuevamente. Durante ese verano, Andrea y Alejandro se encontraron en los mismos boliches del <b>Pasaje Bollini,</b> y lo que empezó como una amistad se transformó en algo más. Después de un mes de idas y venidas, de noches de baile y risas, Alejandro y Andrea comenzaron a salir. Mientras en el país, el dólar saltaba de 17 a 24 australes y comenzaba la hiperinflación que liquidó al gobierno de Alfonsín, los adolescentes se daban su primer beso en uno de esos barcitos de paso, y a partir de allí, su relación se volvió algo más seria, o al menos eso parecía.</p><p>Sin embargo, como suele pasar con las primeras historias de amor juvenil, las cosas no siempre salen como se espera. Después de tres meses, una pelea, cuyo motivo Andrea ya no recuerda, los llevó a cortar. A pesar de la separación, ambos continuaron sus vidas, pero nunca dejaron de pensar en el otro.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/4ZJBV3JBWNFMJDVZJVOFZ2I2WQ.jpg?auth=f0197b2a9ce30b3bb61616ed58d0225c6d9a871fd34b0e73d026949c41b383a4&smart=true&width=1456&height=816" alt=""Me acabo de quedar sin novia", dijo Alejandro a sus amigos después de haberle fallado a Andrea (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>El reencuentro ocurrió en una <b>noche de Fin de Año</b>. Andrea, con sus amigas, se encontró con Alejandro en la esquina de Ugarte y Maipú, para ir a Parada Cero, el boliche del momento, ubicado en Olivos. A pesar de que Alejandro estaba acompañado por sus amigos, no pudo evitar acercarse a Andrea y charlar. “Yo re empilchadita, con el vestidito blanco y la gorra marinera”, describe ella riéndose del “look furor” de aquella época. Esa noche, mientras el calendario cambiaba para recibir la década de los 90, Alejandro y Andrea se volvieron a conectar. Él, con su tímido encanto y los mismos ojos verde grisáceos de antes, la sorprendió con un beso inesperado antes de irse.</p><p>El destino había jugado sus cartas. Esa Navidad, Alejandro había ganado un pasaje a <b>Punta del Este</b> y Andrea, con sus padres y sus cuatro hermanas -”que ya lo conocían y lo adoraban”-, casualmente habían decidido ir a veranear a las playas de <b>La Paloma</b>, Uruguay. Alejandro se unió a ellos, y ese fin de semana fue una gran oportunidad para fortalecer su vínculo, como los momentos compartidos, las conversaciones y, sobre todo, el pequeño incidente de quedarse sin combustible en el camino de vuelta: “Mi viejo siempre se queda sin nafta en cualquier lado, así que a 20 kms del balneario nos mandó a nosotros dos a hacer ‘dedo’ para buscar una bolsita de combustible”, revive Andrea anécdotas que los hicieron sentir más cerca que nunca.</p><p>A medida que pasaban los años, Andrea y Alejandro siguieron creciendo juntos. Él trabajaba y estudiaba administración de empresas mientras vivía solo, y “era muy insoportablemente pegote con los amigos”, cuenta ella que, por aquel entonces, se dedicaba a sus estudios y era la nena de papá: “No trabajaba, iba a una universidad privada, estaba <b>acostumbrada a pedir lo más caro</b> y le hacía pagar a él”. Sus vidas estaban llenas de altibajos: fiestas, viajes, trabajos y momentos cotidianos, algunos buenos, otros mejores.</p><p>“Una vez Alejandro viajó a San Martín de los Andes a visitar al papá y me trajo de regalo un dije que son dos hojitas bañadas en oro”, recuerda Andrea con cariño. Sin embargo, la relación comenzó a enfrentar dificultades. Mientras que él estaba más enfocado en su ámbito social, ella sentía que la relación se estancaba: “Yo quería que el tipo se comprometa un poco más, no es que quería casarme, pero sí que se ponga un poco más serio este. Y él siempre se iba de joda con sus amigos”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/2S4BNYMJJ5D2HFNZON3NUYGF4M.jpg?auth=82959799d2aeb0f7374cd8dd5f23ab0aae07ca999fa691d79a46da3c75703b63&smart=true&width=1456&height=816" alt="Después de que naciera la beba de Alejandro, Andrea conoció al padre de su hija (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Los problemas empezaron a hacerse más evidentes cuando ella notó ciertos detalles que la hicieron dudar. Un domingo de enero, habían quedado ir juntos a ver a la abuela de Andrea que había tenido un ACV. A las 8 de la mañana tocaron el timbre del departamento que compartían en Olivos; eran los amigos de Alejandro que lo buscaban para ir a una casa quinta.<b> “¡Vamos a la pileta!”,</b> dijo él. “No, vamos a ver a mi abuela”, respondió ella. Él insistió con su propuesta; ella lo mismo. Él se fue con su traje de baño y su toalla a disfrutar del día. Y ella, nota mediante - “Te vas a la re p… que te lo p…”-, dejó las llaves en la mesa, y se fue al sanatorio.</p><p>En el mismo momento que Alejandro subió al auto de sus amigos lo intuyó: <b>“Me acabo de quedar sin novia”</b>, le vaticinó a su banda. Pero por esas cosas de la juventud, los aires del verano, los chapuzones con el cuerpo ardiente, el asadito con sus “compas” o la creencia de que “total después me perdona”, el día de campo con sus amigos pudo más.</p><p>Al mes del episodio de la quinta, tuvieron un nuevo intento de reconciliación: se tomaron un micro hasta La Lucila del Mar a pasar unos días románticos: “Fue un fracaso, el peor viaje que hicimos en nuestra vida”, recuerda ella que, claramente, la decepción de que su novio no la haya acompañado a ver a su abuela, no había sido superada. Y sí, Alejandro tuvo razón al pronosticar el fin de la pareja. Andrea ya había comenzado a perder la confianza. La tensión se acumuló, y a pesar de los intentos de él por enmendar las cosas, ella ya había tomado una decisión. A la vuelta de las mini vacaciones, Andrea anunció:<b> “Hasta acá llegamos”.</b></p><p>Así, con 23 y 24 años cada uno empezó a hacer la suya. Ya no estaban de novios: él frecuentaba otras chicas, igual que ella otros muchachos. Pero siempre se mantenían en el radar. Un día Andrea pasó por la casa de su ex novio para buscar algunas cosas que se había dejado. Cuando llegó, Alejandro estaba con sus amigos en el living, y ella con confianza entró al cuarto por lo suyo. La sorpresa fue cuando se topó con un par de medias de mujer y un <b>cepillo de dientes </b>en el que había sido su placard. Andrea no estaba para hacer reclamos porque durante esos meses él insistía en volver y ella seguía firme con su decisión. Pero, claro, lo que acababa de ver le movió la estantería y, quiso hacer evidente su hallazgo: “Tené cuidado porque la que no se cuida con vos no se cuida con nadie”. Alejandro minimizó el tema y volvió a insistir para recomponer la relación. Hasta que Andrea finalmente aflojó.</p><p>La última gota fue cuando, en una cena programada para amigarse, él le canceló la salida porque tenía que ver a “una amiga que se sentía mal”. Andrea, con su intuición femenina afilada, lo supo: “La mina que Alejandro veía estaba embarazada”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/RYGD3M72TJCNHPY35ITW2Q53DI.jpg?auth=404ffa6ade525121e970f70895ad34cf2c406533d5fa7d3c1bcff41c144c416f&smart=true&width=1456&height=816" alt="Andrea formó una familia con otro hombre, que le dio dos hijos, pero no podía ser feliz (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>El final fue doloroso. Aunque Alejandro intentó recuperar a Andrea, ella ya había decidido seguir adelante. Se había cansado de las promesas incumplidas y de la falta de compromiso. Y ahora, con<b> un bebé de otra en camino</b>, mucho más.</p><p>Andrea comenzó una nueva etapa, “llorando día por medio al principio” pero salió del pozo. Conoció a nuevas personas y, aunque siguió recordando a Alejandro con cariño, entendió que la vida debía continuar. Mientras que al año siguiente nació la beba de Alejandro, <b>Andrea conoció a quien es el padre de su hija</b>, nacida en 1998.</p><p>Alejandro se mudó al sur e hizo su historia con la madre de su hija, mientras que Andrea enfrentaba su presente con su nueva familia en la ciudad. Sin embargo, la<b> convivencia de Alejandro no duró</b>, se separó cuando la chiquita tenía cinco años, y se trasladó a Río Gallegos con otra pareja.</p><p>En 2002 nació el segundo hijo de Andrea. La vida con su marido fue una montaña rusa de emociones: el recuerdo de Alejandro persistía en la mente de Andrea que<b> mientras daba a luz se enteraba que su</b> <b>novio de la adolescencia se había vuelto a separar</b>. Y desde Río Gallegos él seguía los movimientos de su novia perdida: aunque había tomado un camino diferente, el eco del pasado perduraba en sus pensamientos.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/XMGOFPFKFJFRZFS6D2Z5IA4NCU.jpg?auth=d4aaeb279a143cd0571e7e9e5f7ad4bcf9b074cd92e4682ba8530b7f4313ddf9&smart=true&width=1456&height=816" alt="Con Andrea ya separada, en el verano de 2008, Alejandro visitó Buenos Aires, y el encuentro fue una mezcla de emociones y recuerdos compartidos (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Andrea y Alejandro siguieron sus vidas por separado, pero la historia de su primer amor siempre permanecía grabada en sus memorias. Era una semblanza de romance juvenil, llena de pasión y desafíos, que los formó a ambos de manera indeleble. La magia de aquel primer flechazo y las anécdotas compartidas siempre serían un recordatorio de que, a veces, el amor verdadero no siempre es para siempre, pero siempre es inolvidable.</p><p>A los tres años, el matrimonio de Andrea sufría una <b>crisis</b>: “Sentía un vacío que no podía llenar”. Cada vez más seguido, su mente viajaba a los días en los que Alejandro había sido una parte importante de su vida. En una curiosa coincidencia, en las vacaciones de 2006, Andrea se encontró en la puerta de la casa de la abuela de Alejandro, quien la saludó cálidamente y todo la llevó a pensar con más intensidad en su primer amor. A pesar de todo, la conexión que compartieron en su juventud siempre tendría un lugar especial en sus corazones.</p><p>En 2007 Alejandro consiguió el teléfono de Andrea, la contactó y, a través de correos electrónicos, comenzaron a restablecer el vínculo. La pareja de ella, que ya estaba en las últimas, se fue diluyendo de a poco hasta desaparecer del todo. Con Andrea ya separada, en el verano de 2008, Alejandro visitó Buenos Aires, y el encuentro fue una mezcla de emociones y recuerdos compartidos. Ambos se dieron cuenta de que, a pesar del tiempo y las distancias, el amor entre ellos seguía intacto. La chispa aún estaba ahí: “Nos contamos todo: que <b>nunca habíamos dejado de pensar uno en el otro,</b> que soñábamos uno con el otro, nos contamos todo lo que nos había pasado durante ese tiempo. Y ahí decidimos definitivamente que queríamos estar juntos para siempre”, confiesa ella con paz en la mirada. La relación entre ellos se fortaleció y, en febrero de 2009, decidieron mudarse juntos. En 2011, se casaron en una ceremonia íntima, y en 2013, nació la única hija en común de la pareja.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/OFKRRV43JBFY3AVSANNEWYKBOQ.jpg?auth=72735e339de8177790b038dc375257bc60bc8adfcc51a239067b597dab493fc5&smart=true&width=1456&height=816" alt="La vida de Andrea y Alejandro se convirtió en una historia de segundas oportunidades (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>La vida de Andrea y Alejandro se convirtió en una historia de segundas oportunidades. En 2014, realizaron un viaje a Europa, paseo que simbolizó la superación de los desafíos y el amor perdurable entre ellos. A través de todas las pruebas y cambios que el destino les presentó, Andrea y Alejandro encontraron el equilibrio y construyeron una familia sólida. Sus hijos se adaptaron a la nueva dinámica, y el amor entre ellos sobrevivió a las adversidades. Con el tiempo, construyeron una vida juntos llena de esperanza y la certeza de que, a pesar de las vueltas del destino, siempre hay una oportunidad para un final feliz.</p><p><i>*Escribinos y contanos tu historia. </i><a href="mailto:amoresreales@infobae.com" target="_blank"><i>amoresreales@infobae.com</i></a></p><p><i>* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas</i></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/QTT4VI7CX5GZZPXO6LIBCRCR3A.jpg?auth=3d994a765d4665f94a5d2964d2b488009cbf6984c0f99993494fa170abc4b603&amp;smart=true&amp;width=1456&amp;height=816" type="image/jpeg" height="816" width="1456"><media:description type="plain"><![CDATA[Amores reales reencuentro (Imagen Ilustrativa Infobae)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Juegos sexuales violentos y una relación tóxica de la que había que escapar]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2024/08/25/juegos-sexuales-violentos-y-una-relacion-toxica-de-la-que-habia-que-escapar/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2024/08/25/juegos-sexuales-violentos-y-una-relacion-toxica-de-la-que-habia-que-escapar/</guid><dc:creator><![CDATA[Carolina   Balbiani]]></dc:creator><description><![CDATA[Lo que empezó como diversión en la cama terminó como violencia en la vida cotidiana. Ella le pegaba a él y eso produjo la ruptura de la pareja]]></description><pubDate>Sun, 25 Aug 2024 16:11:02 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/47MR5DRHHJE55FJ46K5FNPVBEQ.jpg?auth=d3635268424da002c53761b618562cf522c57eb4a15dbbba804980e46ad120e8&smart=true&width=1920&height=1080" alt="La relación entre Darío y Melissa (cuyos nombres son ficticios y tienen 34 y 35 años respectivamente) se fue disolviendo a medida que las actitudes de ella generaban desconfianza en él (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><p>La historia que me contó Darío me remontó hasta 1984, y no precisamente al célebre libro distópico de George Orwell, <b>sino a aquella exitosa telenovela llena de agresiones físicas y “erotismo” llamada </b><i><b>Amor y Señor</b></i>, que hoy nadie se atrevería a filmar. Después de escucharlo, me tomé la licencia de imaginar una serie televisiva donde todo ocurriera al revés y los cachetazos los recibiera el actor, <b>Arnaldo André,</b> por parte de su novia, la actriz <b>Luisa Kuliok.</b></p><p>En la actualidad, por suerte y con mucho trabajo de la sociedad de por medio, <b>toda violencia es unánimemente condenada.</b> Venga de donde venga. Pero a pesar de estos avances no siempre sus protagonistas en la vida real pueden correrse a tiempo para evitarla y <b>esquivar sus secuelas.</b> Este es el caso de Darío y Melissa (cuyos nombres son ficticios y tienen 34 y 35 años respectivamente) donde el amor se mezcló con lo que <b>no se le parece.</b></p><p>Darío reveló lo que experimentó en una etapa de su vida: “Me animo a contar mi historia, primero, porque ya pasaron varios años y, segundo, porque de alguna manera el tema de la violencia dentro de una convivencia entró de nuevo en mi radar por los acontecimientos actuales del ex presidente Fernández y Fabiola. Solo que a mí me pasó justo al revés. Increíble, pero cierto. Hay un tercer motivo: <b>hoy me siento seguro y a salvo, </b>en una relación sana y con futuro. Por esas tres razones me atrevo a relatar lo que sufrí durante un breve período de mi vida”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/MTDIBHWTTZHENKXHBY2INLFIEM.jpg?auth=aebd71714162e3d77f6eb7134bf9d9c613f7e282eb79841d0a3d5f65191c6997&smart=true&width=1920&height=1080" alt=""Todo comenzó con jueguitos sexuales que yo nunca había tenido. Ella era muy audaz y desenfrenada. Al principio, me sorprendió, pero me pareció bien", dijo Darío (Imagen ilustrativa Infobae)" height="1080" width="1920"/><h2>Sexo violento</h2><p>Darío explicó cómo comenzó la relación: “Conocí a Melissa en una fiesta con gente de mi trabajo en el mundo vitivinícola en 2017. Yo tenía 27 y ella un año más y trabajaba en una empresa de la competencia.<b> Estábamos solteros, teníamos buenos sueldos y muchas ganas de pasarla bien. </b>Nos enganchamos enseguida. Ella era re sexy, altísima, usaba el pelo larguísimo, tenía un figurón y en la cama era un infierno. No sé, pero creo que pasaron solamente unas ocho semanas hasta que Meli y yo empezamos a vivir juntos. Ella dejó su alquiler en el barrio de Saavedra, en la ciudad de Buenos Aires y la excusa fue que se le vencía el contrato en pocos meses. No puse objeciones, estábamos bárbaro. Así que se instaló en mi departamento de tres ambientes en Palermo. Trajo un sillón de dos cuerpos muy lindo, sus mesas de luz y toda su vajilla. Mandé a la baulera las viejas mesitas que tenía al lado de mi cama doble e hice lugar en el ropero. Me sentía feliz. En mi familia conocieron a Melissa cuando ya vivía conmigo. Les cayó bien. Con su familia, son pocos y viven en Corrientes, no nos vimos más que cuatro o cinco veces, pero también resultó muy tranquilo”.</p><p>La convivencia arrancó divertida y ella, con el paso del tiempo, fue conociendo a los amigos de Darío. <b>Las relaciones sexuales eran frecuentes y siempre de alta intensidad.</b></p><p>“Todo comenzó con jueguitos sexuales que yo nunca había tenido. Ella era muy audaz y desenfrenada. Al principio, me sorprendió, pero me pareció bien.<b> Nunca había tenido una novia formal, así que no tenía demasiado con qué comparar. Había tenido relaciones ocasionales y súper tranquilas. </b>Solo podía buscar semejanza con lo que veía en las películas, porque con mis amigos del tema sexual casi no lo hablábamos. Primero una noche ella me pidió unos golpecitos en la cola, me costó porque me parecía ridículo, pero le di el gusto. <b>Siguió otro día con que ella pretendía que le diera un cachetazo. Me daba no sé qué, pero ella insistió en que eso la calentaba. </b>Decía que le gustaba ser dominada, sometida. Me impactó el juego, lo reconozco, pero con la pasión de la edad entré enseguida. <b>Durante varios meses creí estar inmerso en una relación fogosa, como de película de Hollywood.</b> Jamás se me representó ningún peligro. No podría decirte exactamente cómo pero, de pronto, un día los golpes supuestamente sensuales traspasaron las paredes de la habitación con los roles invertidos. Ella fue la que empezó a golpearme… por cualquier cosa. <b>Era como si estuviese permitido por lo que pasaba en la cama. </b>Creo que la primera vez ocurrió después de un llamado de una compañera de trabajo con la que estuve charlando media hora por celular. En un repentino ataque de celos, cuando corté, me pegó un cachetazo que me dio vuelta la cara. No entendía nada y antes de que pudiera reaccionar ella se sacó la ropa y me llevó al cuarto. Tuvimos relaciones muy apasionadas, pero yo me quedé con un sabor extraño por su manera de actuar. Después, de eso no se hablaba. Unas semanas más tarde, volvió a la carga. El motivo fue otro, no sé si un piropo que le dije a una amiga de ella que nos vino a visitar para quedar bien con algo que se había comprado o algo así. Meli me clavó los ojos. <b>Cuando su amiga se fue y yo ya me había olvidado de esa mirada, se me tiró encima como enloquecida. Empezó a golpearme el pecho con los puños.</b> También terminamos teniendo sexo. A la semana, en otro ataque repentino, me golpeó en la cabeza con mi raqueta de tenis que siempre dejaba apoyada en la entrada de casa. No me lastimó porque tenía la funda puesta, pero me asusté mucho. <b>Como era costumbre llegó el sexo perdonador y aquí no ha pasado nada.</b> Estaba muy enamorado y ella era muy cariñosa el resto del tiempo de modo que no sucedía nada. Cuando me empezaba a relajar, pensando que todo estaba bien y la cosa se había calmado, la historia se repetía.<b> Era siempre el preludio de un encuentro sexual salvaje</b>. No me daba cuenta de lo enfermo que se estaba volviendo el asunto: <b>ella ya no podía tener un orgasmo si no había violencia y golpes de por medio”.</b></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/TOYKM33NWNAQDI563RLXEPXBXE.jpg?auth=63320183bc12bcc48facea8bb7840fc871d52219cd23c9caa7757425eeefc67b&smart=true&width=1456&height=816" alt="El sexo servía como acción de perdón para que los hechos de violencia cometidos por ella quedaran olvidados (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><h2>Arañazos y algo más</h2><p>“Fue unos dos meses o tres después del capítulo de la raqueta que Melissa se enojó por algo que dije de una actriz mientras veíamos una serie en <i>Netflix</i>. Era un sábado por la noche y estábamos en el sillón del living mirándola en mi computadora. Furibunda se me lanzó encima como un gato. Mi compu cayó al piso y la pantalla se hizo pedazos. <b>Ella agarró entonces una de las botellas de cerveza que estábamos tomando y la estrelló contra la ventana del balcón dejando astillado el vidrio</b>. Estaba fuera de sí, como nunca antes. Gritaba cosas feas. Le dije que parara de una vez, que estaba loca. Que yo pronunciara la palabra loca fue lo que la terminó de enloquecer. Me clavó las uñas en la cara y me dejó tres largos surcos en una mejilla. <b>La agarré de las manos con fuerza y dominé la situación para que no me lastimara más. </b>Ella daba alaridos diciendo que me iba a denunciar por violento. Yo, a esta altura, estaba aterrado de que los vecinos llamaran a la policía. Al rato, de pronto, no sé qué pasó pero se calmó totalmente. Quedó relajada, como si se hubiese quedado sin batería. <b>Me miré en el espejo del baño: se veían tres arañazos que iban desde abajo de mi ojo izquierdo hasta casi la pera.</b> Yo temblaba del enojo que sentía por la situación. Ella, como si nada, pretendió tener relaciones para amigarnos. Como hacía siempre. <b>Me negué. Estaba asqueado.</b> Esta vez ella había traspasado la línea de mi tolerancia. Hice un bolso y me fui a dormir a lo de un amigo al que le inventé una excusa para no contarle la verdad. Creo que no me creyó mucho, pero no dijo nada. Melissa se la pasó llamándome al celular durante toda la noche. Me dejó decenas de mensajes que duraban minutos.<b> Me pedía perdón y al mismo tiempo me quería explicar que la rabia la transformaba, que ella me amaba y que tenía más ganas que nunca de tener sexo conmigo.</b> Que la volvía loca. No le respondí. A estas alturas yo solo me preguntaba cómo me iban a ver en la oficina el lunes. Era un arañazo obvio y profundo. Yo trabajaba en una bodega y teníamos reuniones diarias con clientes, era un papelón aparecer así. Tenía vergüenza de hablar de esto con alguien. Seguía enamorado, pero empecé a pensar que algo no andaba bien, que eso no podía ser amor normal. Tomé fuerzas y al día siguiente, el domingo, le conté todo a mi amigo. Le pregunté si alguna vez le había pasado algo así con una novia. Se quedó de una pieza, me dijo que nunca. <b>Me aconsejó ir a ver a un psicólogo”.</b></p><p>Darío no lo hizo. En el trabajo mintió y contó que habían salido a hacer senderismo por el Delta y se había rasguñado la cara con unas ramas secas. Si alguno pensó algo distinto o no le creyó, se calló. Lo habitual en las relaciones laborales. Por otro lado, Darío evitó ver a su familia <b>hasta que los surcos cicatrizaron </b>y quedaron disimulados entre los pelos de su incipiente barba.</p><p>Regresó con Melissa dos o tres días después. Ella lo convenció de que no volvería a pasar algo así, lo prometió. Por lo menos no de esa manera brutal, pero seguirían teniendo algunos permisos en la cama. <b>Darío creyó en ella.</b></p><p>“Transcurrieron un par de meses y todo volvió a salirse de la normalidad. Un día de furia en la cocina me clavó sus uñas en el brazo. Esta vez fue tan profundo que me pregunté si tendría que ir un sanatorio, porque tal vez se pudiera infectar. Pero ¿qué podía decir si me preguntaban qué había pasado? Decidí curarme yo, era más fácil. Como era verano la cicatriz se secó, pero estaba a la vista. Un fin de semana mi hermana me la vio. Suponía que algo me pasaba, no me veía bien y alegre como siempre. <b>Me preguntó cómo iba todo con Meli. Era mi primera novia y en casa la querían bastante. </b>Ella podía ser encantadora. Lo primero que pensó mi hermana Sofi al ver esa herida fue que ella se había querido defender de mí. Por eso empezó a decirme que tuviera cuidado con lo que hacía, que mi pareja me podía denunciar, que a las mujeres no se les pegaba, si me pasaba algo… No aguanté que sospechara de mí. Jamás le había levantado la mano a nadie, ni siquiera me había peleado en la secundaria a trompadas con ningún varón… <b>¿Cómo podía pensar que le había pegado a una mujer? </b>Molesto con sus comentarios, le expliqué lo equivocada que estaba. Todo era exactamente al revés. Cuando terminé el relato Sofi me miraba con los ojos como platos. Incrédula todavía me aconsejó lo mismo que mi amigo. Me dijo que no podía estar con una mujer así y que necesitaba un terapeuta para que me ayudara a dejarla. Además dijo que ella también tiene que ir a terapia. Le dije que no sabía bien qué era del todo normal y qué no, pero que iba hacer lo que me aconsejaba.<b> Pasaron los días y Sofi me llamó para insistir y me advirtió que tenía miedo por mí.</b> Juntos buscamos una psicóloga. Esta vez me animé y di el paso sin avisarle a Meli. Esas sesiones cambiaron las cosas para siempre”</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/ST6JJA5MPVGATKCFO4YDSXXR6E.jpg?auth=0c5f12c2d849d96fb3fee2222e9469bccd4e0758692c956d4457e558a0edb503&smart=true&width=1456&height=816" alt="Darío no soportó más y entendió que quería para su vida un futuro sin Melissa (imagen ilustrativa infobae)" height="816" width="1456"/><h2>Terapia salvadora</h2><p>Fue en cuatro meses meses de dos sesiones semanales que Darío comenzó a cambiar y a darse cuenta de que en su pareja todo andaba mal. De cada consulta salía emocionalmente más lejos de Melissa.<b> La nebulosa que le impedía ver la realidad se estaba deshaciendo. Había empezado a distinguir lo sano de lo enfermo.</b></p><p>Melissa, por el contrario, vivía con furia la lejanía creciente que percibía en Darío. <b>Y, ante su demanda de hacer tratamiento, se negó de forma tajante. </b>En un momento se fue de viaje quince días con sus amigas a Brasil, pero en vez de retornar feliz, volvió más enojada que nunca.</p><p>Darío no podía entablar una conversación seria sobre el tema con ella y cada vez quería menos tener sexo porque empezó a temer que escalara la violencia de ella contra él. A preguntaba: “¿Y si un día, durante un brote de ira, agarraba un cuchillo y me lo clavaba? O ¿si durante la noche me hacía algo? ¡No sabía qué pensar, pero todo era posible! <b>Yo la había visto desbordada muchas veces e intuía de lo que era capaz”.</b></p><p>En un momento pensó en hablar con las amigas de Melissa, pero creyó que eso podría generarle más ira. Tampoco sabía si ellas iban a entender lo que estaba pasando o si se pondrían de su parte. <b>¿Qué cuentos les haría ella? No era una opción.</b></p><p>Con el paso de las sesiones descubrió que lo único que quería era irse. Irse para siempre. Tomó la decisión de dejarla. Así no podía vivir. Seguiría pagando hasta el fin del contrato el departamento que él había alquilado para que ella se quedara allí y no hubiera un problema más. Para tener donde mudarse alquiló a escondidas otro más chico, de un ambiente, en otro barrio. <b>A ella se lo comunicó en medio de otra pelotera: se iba definitivamente, pero no le dijo a qué lugar.</b> Quería evitar que ella lo siguiera y lo acosara. Tenía claro que no la amaba más y que lo que sentía era otra cosa, que el vínculo que los unía era tóxico. <b>Enfermo. Sería lo mejor para los dos. </b>A pesar de la negativa de ella a ver su decisión irrevocable y de sus gritos destemplados, Darío logró hacer sus valijas e irse. <b>En las semanas siguientes a su partida Melissa apareció tres veces en la puerta del trabajo de Darío y armó escándalos.</b> Sabiendo que esto podía pasar Darío se había anticipado: ya le había avisado a sus jefes y a sus compañeros que su separación era muy conflictiva y que tal vez sucediera que Melissa apareciera desbordada. <b>Lo apoyaron e ignoraron el asunto.</b></p><p>Cambió de teléfono, de gimnasio y de rutinas. Caminaba por la calle mirando por encima de su hombro con temor de que ella lo acechara en medio de uno de sus ataques de celos. <b>Porque Melissa estaba convencida de que Darío se había ido con otra mujer. </b>No podía creer que él hubiera escogido estar solo.</p><p>Por suerte, la cuarentena llegó cuando ya estaban separados: “¡Imagináte si me hubiese agarrado viviendo con ella! Hubiera sido el peor desastre”, dijo.</p><p>Milagrosamente, Darío no sabe por qué, el acoso finalizó. De pronto ella desapareció de su vida: <b>“Quizá empezó a salir con otro pibe, no lo sé ni quise preguntarle a nadie. Para mí era un alivio cuando más tiempo pasaba sin noticias de Melissa”.</b></p><p>Al año siguiente, en la empresa, le ofrecieron un traslado a Mendoza. Darío aceptó de inmediato. Logró así cortar definitivamente con toda posibilidad de contacto o encuentro casual. Dejó de ser un hombre golpeado y acosado para volver a sentirse libre y feliz. <b>Conoció a otra joven y rehízo su vida.</b></p><p>Concluye diciendo: “Creo que hoy puedo entender a la perfección lo qué les pasa a las mujeres golpeadas. Si para mí, siendo varón y teniendo fuerza física para detener un ataque, fue difícil zafar… <b>¡No quiero pensar lo complicado que puede ser para una mujer, en una situación similar, intentar parar las agresiones de un tipo! Imposible. </b>Por eso creo que lo más importante es darse cuenta a tiempo, asumir lo que te pasa con cierta rapidez y salir cuanto antes del escenario en el que estás parado como víctima. Para mí, también, fue muy difícil el tema de la imagen que creés que proyectás en el resto. <b>Un varón golpeado se ve como un pelotudo, un tarado, un pusilánime. Sentía que me veían de esa manera y, encima, me tenían lástima.</b> Sin la ayuda de la terapeuta y de mi hermana Sofi, no sé si hubiera podido salir bien parado. Confieso que esta historia de maltrato no se la conté a mis viejos porque creo que no lo entenderían. <b>Tampoco a todos mis amigos, solamente a los tres más cercanos.</b> Para el resto era una relación que no había funcionado, nada más. Sin detalles. Hace un tiempo me volví a enamorar y volví a ser feliz en pareja.<b> Vivo con una mujer increíble que sabe todo lo que me pasó y el infierno que atravesé. </b>Estamos esperando una beba que nacerá a fines de noviembre. <b>Quiero educar a mi hija para que jamás permita que la agredan y para que sea una buena persona con vínculos de pareja sanos.</b> Espero que mi historia ayude a cualquiera, mujer o varón, a salir del círculo vicioso que constituyen las agresiones. Con que le sirva a una sola persona, valió la pena haberlo contado. La violencia no debe permitirse, no solo en lo cotidiano, sino tampoco en la cama con la excusa de un juego erótico sexual. Nunca. <b>Que el sexo no sea una excusa para ejercerla, ese es mi mensaje final”.</b></p><p><i>* Escribinos y contanos tu historia. </i><a href="mailto:amoresreales@infobae.com" target="_blank"><i>amoresreales@infobae.com</i></a></p><p><i>* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas</i></p><p><br/></p><p><br/></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/MTDIBHWTTZHENKXHBY2INLFIEM.jpg?auth=aebd71714162e3d77f6eb7134bf9d9c613f7e282eb79841d0a3d5f65191c6997&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Un análisis revela la brecha orgásmica que afecta a las mujeres heterosexuales, señalando desafíos en la educación sexual y la comprensión de la sexualidad en las relaciones de pareja. (Imagen ilustrativa Infobae)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Sabía que era el amor de su vida y no estaba dispuesto a perderla: de los excesos de la noche a la decisión más difícil]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2024/08/18/sabia-que-era-el-amor-de-su-vida-y-no-estaba-dispuesto-a-perderla-de-los-excesos-de-la-noche-a-la-decision-mas-dificil/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2024/08/18/sabia-que-era-el-amor-de-su-vida-y-no-estaba-dispuesto-a-perderla-de-los-excesos-de-la-noche-a-la-decision-mas-dificil/</guid><dc:creator><![CDATA[Cynthia Serebrinsky]]></dc:creator><description><![CDATA[Bruno y Belén se conocieron mientras trabajaban en la misma galería. Se enamoraron pero pertenecían a mundos opuestos. Él tuvo una juventud donde lo ganaron las tentaciones. Cuando logró recuperar el amor perdido, el pasado tocó la puerta y le dio un giro inesperado a su vida]]></description><pubDate>Sun, 18 Aug 2024 03:46:57 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/GQ2JPADWLZHTTLKCHJURLXLCOI.jpg?auth=2f890922ffdcb766b2abcd514c3c6c8f7bd2ccde5936402ba09a96d56dd8b11d&smart=true&width=1456&height=816" alt="Cuando Bruno fue a pedir cambio a un negocio de ropa de bebé conoció a Belén y quedó obnubilado (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Bruno nació el 4 de abril de 1990 en Guernica, zona sur. “Vengo siempre de malas relaciones’ hasta el día de hoy que estoy bien, pero calculo que es algo que arrastro”. A los 23 años fue papá y, si bien está todo en orden con la mamá de su hijo, la relación no llegó a nada; decidieron tenerlo “pero cada uno por su lado”. Así, saltando de “relación en relación”, una mañana de 2014 entró a pedir cambio a un negocio de la misma galería de la <b>fiambrería</b> donde trabajaba, en Glew, y la conoció a Belén que le “voló el cerebro”.</p><p>“Che, ¿tenés cambio?”, dijo él. Y cuando la <b>vendedora</b> que acomodaba la ropita de bebés se dió vuelta, Bruno se quedó “obnubilado”, recuerda contando que se le mezclaron las palabras. A partir de ese momento la fiambrería empezó a necesitar más “billete chico” que nunca: “Se me hizo costumbre ir, prácticamente día por medio, todos los días a buscar cambio”.</p><p>Belén era buena y “copada” pero no con todo el mundo. “Si le caías mal, lo primero era cara de culo. Evidentemente le caí mal de entrada por su expresión. Pero seguí yendo y me gastaba literalmente medio sueldo en ropa de bebé con tal de verla. Sabía que la podía conseguir más barata pero iba por ella”. Pasó meses invirtiendo su sueldo pero sin decirle nada -”tal vez alguna bardeada como cuando a un nene chiquito le gusta otra nena”- con la esperanza de que Belén le llevara el apunte. Tenían<b> charlas superficiales</b>, sobre la ropa, nunca nada profundo: “No me animaba y también sabía que estaba de novia con un chabón que se mataban en el gimnasio, todo duro, trabado, así que menos iba a querer meterme ahí”.</p><p>Al tiempo Bruno dejó de verla tan seguido porque lo mandaron a una sucursal en otra zona. Entonces la buscó por Facebook, le inventó el viejo chamuyo de “la app me sugirió tu amistad” y le mandó una solicitud. Enseguida comenzaron una amistad por chat, ella se había separado del “patovica” así que todo empezó a tener otro color.</p><p>Luego de seis meses de “laburo de hormiguita”, la empleada de la galería y “el pesado del cambio” quedaron en verse. “A mí cuando me gusta alguien se le deforma la cara y es todo risa”, se teletransporta Bruno a aquel primer encuentro: “No sabía qué ponerme porque vos la veías a ella, era de zona sur, como yo vivía en medio del barro, pero era una mina preciosa que no tenía que estar ahí, o sea, ‘<b>Vos no pertenecés acá’</b>. En mi barrio te imaginás que son todos ‘ATR’, cumbia villera, y ella era una modelo literalmente”, describe él con fascinación.</p><p>La primera salida fueron a tomar algo por Lomas de Zamora, y la plaza Griguera fue testigo del beso que jamás se olvida: “Fue un viaje de ida… no quería salir más de ahí”. Pero sus heridas de la infancia le jugaban una mala pasada y Bruno tenía por deporte escapar de los lugares buenos. Siempre que conseguía algo muy deseado disfrutaba el momento de la victoria y la pasaba bien, pero no podía con sus impulsos negativos. “Entonces<b> eché todo a perder </b>por gil”, dice desde un presente recuperado, y vuelve al pasado: “Fue todo lindo, volví para mi casa re estúpido, sonriéndole a la gente en el colectivo”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/HGXIER3HWFB27IZ5DAYRXB2LP4.jpg?auth=7f27c5f98dab2214e3734b70f020af919f34df2b6bb360a234f5b691f6dcf0f5&smart=true&width=1456&height=816" alt="La plaza Griguera fue testigo del beso que Bruno jamás podrá olvidar  (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Así empezó una relación linda. Bruno ya no tenía que ir a buscar cambio ni a comprar ropita a la galería: simplemente pasaba a visitar a su novia. “No era celoso, no me importaba si salía o cómo se vestía. La verdad que cuanto mejor se vistiera más me gustaba; me encantaba que la miraran”, explica para especificar que, hasta ese punto, el vínculo era saludable, él era <b>aceptado</b> y “querido” por la familia de ella. Bruno dejó la fiambrería y consiguió trabajo en Capital, a unos 60 kilómetros de donde vivían, entonces ya no se podían ver tanto y la relación se empezó a “venir abajo”. Durante los tres años de noviazgo tuvieron idas y vueltas, se empezó a tornar feo y, lo que en un principio fue amor se complicó: “Ya no nos fumábamos una”.</p><p>A Bruno, que la vida lo llevó a ser un busca, había conseguido un trabajo que, sin saberlo, lo estaba desviando por el mal camino. “Manejaba micros de recitales”, cuenta. Cuando había un concierto de una banda popular, contrataba colectivos, organizaba todo y cobraba un plus por llevar a la gente. “Me volví la estrellita de los micros de los recitales, vivía en el mundo de la noche, y era casi todos los fines de semana”. Sin darse cuenta y de costado, comenzó a vivir una <b>vida de músico llena de tentaciones</b>: “No pagaba nada, ni la entrada, nada. Después me iba a comer pizza a los camarines con los músicos y era todo excesos”, cuenta hablando con naturalidad de un universo para él “básico”, que se ve en las películas: “Tenía acceso literalmente a todos y a todas. Tenías lo que vos quisieras, o sea, desde un porro, a una pastilla, drogas, mujeres… lo que vos quieras”, enumera el género femenino como una sustancia ilícita más. Bruno era consciente de “lo que tenía en casa”. Pero sus voces internas no lo dejaban en paz y, en tanto no podía resistir la tentación, entraba en aquel caos y después se arrepentía.</p><p>En unas vacaciones juntos en la Costa, Bruno intentó hacer parte a Belén de su círculo: “En esa época estaba más tranquilo”, aclara contando que se quería “portar bien”. Sentía que ella le estaba dando un montón de oportunidades, “es un 10 y yo soy un 5 y me está dando un mil chances”. Pero mientras que él se divertía, ella sufría esos entornos. Definitivamente eran de <b>diferentes mundos</b>. Aquello que él se preguntó al conocerla -’Vos no pertenecés acá'-, ahora estaba sucediendo. Quizás algo común en todos los vínculos el no coincidir al cien por cien con los gustos y costumbres del otro; todo depende de cuán dispuesto está uno a ceder. Y Bruno estaba en “cualquiera”. De vez en cuando tiraba el tablero y “picoteaba” con alguna chica pero al poco instinto del bien que le quedaba le daba culpa, entonces iba y le contaba a su novia. “Una vuelta que estaba todo mal, habíamos peleado feo y era ya para terminar la relación. Me armé unas cartulinas diciéndole que me perdone y todos los motivos por los que la amaba. Me fui hasta su local, me paré en frente y se los iba mostrando desde la calle, con la vidriera de por medio y los clientes mirando”. Y ella lo perdonaba.</p><p>Se habían comprometido con una alianza. La idea era casarse, “hacer las cosas bien”, él había empezado terapia. Pero cada vez más seguido Belén se preguntaba por qué su novio andaba repartiendo “likes” por todo Instagram. Y luego de tres años, entre las inconsistencias de Bruno y los celos justificados de Belén, la relación se fue intoxicando hasta que no dio para más. Se separaron.</p><p>El primer año de separados Bruno, le stalkeaba las redes. Veía que Belén salía con otro chico y por un lado se ponía contento pero otra parte suya se castigaba por no haberla podido valorar. “Y ahí me cayó la ficha de lo que perdí. Fue un torbellino de<b> depresión</b> y mi cena era un vino y una pastilla para dormir porque llegaba por la noche agotado del laburo, me quería dormir y con todas las cosas que me daban vuelta por la cabeza no podía”, recuerda hoy repuesto. Cuanto más se condenaba por haberla perdido, más se hundía y se anestesiaba con los excesos de la noche.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/G7XDDNTVR5GAZPGJCNFOCB7QYQ.jpg?auth=24902d45dbef8731a75af227ad281fdfcb6032ec3e8689dfe44ecfd889e190aa&smart=true&width=1456&height=816" alt="Tras la separación, Belén conoció un chico que estaba mejor económicamente mejor que Bruno (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Tampoco tenía un buen sostén para apoyarse, y aquí nuevamente surgen las palabras que hacen pensar, ¿qué es lo común y qué no? “Me fui de casa cuando tenía 18 años. Vengo de una familia normal, monoparental, súper religiosa y yo soy la <b>oveja negra</b>. La única familia que tenía en mi casa era mi vieja, y después mi mamá se volvió a casar con un chabón que no me caía bien; y tuvo dos hijos más”, relata con llaneza un hogar totalmente disfuncional. Su padre biológico “desapareció” y la última vez que Bruno lo vio tenía 3 años: “Me acuerdo de la cara de él porque tengo una foto, nada más, si no creo que me hubiese olvidado”. Con el mismo tono simple dice saber que tiene tres hermanastros más “por algún lado” porque una vez lo contactaron. Aunque Bruno fue producto de una relación de varios años, al poco tiempo de su nacimiento su padre se fue y los dejó “en la nada misma”.</p><p>Al ver con quién salía Belén, Bruno que la quería de verdad, se mantuvo al margen: “Estaba de novia con un chico mucho mejor económicamente que yo y no la quería molestar”. Las ganas de hablar no faltaban pero cada vez que no podía más, recordaba el consejo de su psicóloga: “Cada vez que tengas ganas de hablarle pensá y preguntate con qué propósito le querés hablar, qué es lo que querés generar”. Descarrilado, Bruno sentía que no tenía nada bueno para ofrecerle: “Tenía relaciones con otras mujeres, simplemente por el hecho del acto sexual. Era todos los días estar con alguien y, durante el acto estaba todo bien, pero una vez que terminaba <b>me sentía vacío,</b> una basura, sucio, era desagradable ni sentir. Era un placebo de algo que no tenía y me sentía mal conmigo mismo. En el fondo yo quería seguir estando con ella y no podía”.</p><p>Pero como “allá arriba” alguien escucha todo y vuelve a dar oportunidades, el milagro ocurrió: “De la nada un día me habló ella para que elimine unas fotos del Facebook”. Belén, que “parecía tan feliz y viajando” con el nuevo, no estaba bien. Bruno enseguida intuyó algo y le preguntó cómo estaba. Entonces su ex le contó que el actual era medio “pirado”, tomaba y se ponía “violento”, era “bruto”, y el consejo fue inmediato: “volá de ahí”.</p><p>A los dos meses Belén se separó y Bruno volvió a ponerse “romántico” y a animarse a decirle que la extrañaba. Quedaron en verse y, con el deseo contenido de dos ex que se separan queriéndose, luego de doce largos meses sus cuerpos volvieron a fusionarse en el ballet más poético de Tchaikovsky. Después vino la charla: “<b>Quiero estar bien con vos </b>pero no me gusta esto, tampoco aquello, etcétera”, sacó ella enseguida el pasado que lo condenaba. “No te preocupes, cambié de número, cerré mi antiguo Facebook, corté vínculo con todo el ambiente de la noche”, prometió él que, no sólo lo dijo, había cambiado. Bruno sentía que no podía dejar pasar la oportunidad de perder a la mujer de su vida. “Me siento cómodo estando con ella, teniendo o no teniendo sexo, compartimos un montón de cosas, de acá no me saca nadie”, pensaba para sí mismo. La terapia lo había rescatado.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/UPTVUH2OPNBPTARS6CFETVFHRQ.jpg?auth=834cbcb7cc5150b451a760684d0fa0b4054b48e3eb7aa38337ba04e5db7e7150&smart=true&width=1456&height=816" alt="Amores reales- Canciones en spotify (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Volvieron y Bruno realmente era otro hombre. Todas esas noches de “descontrol y excesos” habían quedado atrás. Fueron <b>nueve meses de idilio</b>, ya estaban conviviendo y Belén había entablado una <b>conexión </b>hermosa con el hijo de Bruno que tenía 3 años, “mi hijito la amaba”. Y cuando flotaban en la cúspide de la relación, volvió el ayer a pasar factura.</p><p>Un domingo de primavera mientras Bruno le preparaba el desayuno a Belén, el teléfono de él la encandiló: “Te llegó un mensaje”, dijo ella con el sexto sentido femenino afilado. “Fijate qué es”, pidió él con la confianza de quien ya no tiene ni quiere ocultar nada. “Una solicitud de Facebook”, contestó. Para darle <b>más confianza a su novia </b>a quien amaba, Bruno chequeó el celular delante de Belén. La solicitud venía seguida de varios mensajes que enviaba esa misma persona, a lo largo de los meses. Bruno no reconocía ni el nombre ni la foto de quien insistía en contactarlo. Junto a su pareja, fue leyendo los mensajes uno a uno, del más antiguo al más actual: “Te quería contar que <b>estoy embarazada</b>”; “Estoy de tres meses”; “Va a ser un varón”; y así durante nueve meses continuaba el relato, hasta el “Ya nació” de la mamá del nuevo hijo de Bruno.</p><p>“Casi me desmayo, literalmente sentí que estaba en el aire, no sentía mis piernas y me caí de espaldas a la cocina. Se me caían las lágrimas. Era obvio que Belén no me iba a creer que no la había engañado, que de verdad estaba haciendo buena letra, era el karma que me perseguía”, revive con desesperación aquella mañana inédita. Belén reaccionó con el enojo exacerbado de haber perdido su propio<b> </b>embarazo<b> </b>con Bruno hacía 4 meses, y sólo pudo recriminar: “Tuviste un hijo con esa sucia y no conmigo”. La herida se abrió aún peor y aunque Bruno intentó explicar que había sido antes de volver con ella, no se podía “justificar” por sus antecedentes. Ese fue el principio del fin.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/7DYX2CZBWVBGBDVSWQKFOHNYUA.jpg?auth=83f47f3d04e82bd3f3d8bdccf31911a3057080822df8920c76179f97395cbcc3&smart=true&width=1456&height=816" alt="Bruno fue abandonado por su padre y no quiso repetir sus pasos (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Bruno amaba a Belén pero no quería copiar los mismos pasos de su papá, y “dejar una criatura por ahí abandonada”. Optó por hacerse cargo, se lo planteó un par de veces a Belén y “fue como sí, pero no”. Siguieron la relación unos cinco meses y ella no estaba bien, estaban “juntos por estar”. Bruno tenía <b>pesadillas</b>, “Sentía que estaba repitiendo los mismos patrones que mi viejo y no quería”. Así, a sus 28 años sentó cabeza y, con todo el amor que sentía por su novia, pero también con sus valores bien puestos, le dijo: “Siento que no sos feliz conmigo y yo tampoco me puedo permitir que un bebé no tenga papá. Todo bien, pero no me siento cómodo. Sé que quizás te incomode, pero <b>me gustaría conocer a esa criatura</b>. Si querés formar parte de esto me gustaría que también estés”.</p><p>Entonces terminaron. “No sé si fue la mejor o la peor decisión que tomé en mi vida, pero de ahí en más <b>nunca más volvimos a vernos</b>. Creo que fue la primera decisión madura que tomé en toda mi vida… o la segunda”, dice Bruno refiriéndose a sus dos hijos.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/T62JDSBBR5D7LFUF24P2VQCDGA.jpg?auth=98731edb07ba81039075161292d80e5853fd4e5a9fb0958bbf860b655713d54f&smart=true&width=1456&height=816" alt="Bruno hizo catarsis con sus canciones que hoy suenan en Spotify (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Bruno capitalizó todo, convirtiendo lo vivido en canciones que escribió y hoy suenan en Spotify, bajo el nombre de <i>Insomnio</i>, <i>El sueño </i>y <i>Panic Show</i>, del álbum Nicco Ciclotimia <i>(https://open.spotify.com/artist/62VT2JklKr76L2ZpmZpalo?si=m7Q1n6-bRSqXJvo7fVhH5w&amp;nd=1&amp;dlsi=ae8bb82095204485</i>). “Ok, vamos a vaciar todo lo que pasó por ahí y hacer catarsis”, se dijo. También se tatuó un ancla que le recuerda la estabilidad que Belén le daba, y concluye: “No me quedó el soporte, pero sí la estabilidad”.</p><p><b>–</b></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/GQ2JPADWLZHTTLKCHJURLXLCOI.jpg?auth=2f890922ffdcb766b2abcd514c3c6c8f7bd2ccde5936402ba09a96d56dd8b11d&amp;smart=true&amp;width=1456&amp;height=816" type="image/jpeg" height="816" width="1456"><media:description type="plain"><![CDATA[Amores reales- Canciones en spotify (Imagen Ilustrativa Infobae)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Una noche de sexo a los 16 años, un aborto y la vuelta del pasado cuando se enamoró: ¿cómo decirle que fue con su hermano?]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2024/08/11/una-noche-de-sexo-a-los-16-anos-un-aborto-y-la-vuelta-del-pasado-cuando-se-enamoro-como-decirle-que-fue-con-su-hermano/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2024/08/11/una-noche-de-sexo-a-los-16-anos-un-aborto-y-la-vuelta-del-pasado-cuando-se-enamoro-como-decirle-que-fue-con-su-hermano/</guid><dc:creator><![CDATA[Carolina   Balbiani]]></dc:creator><description><![CDATA[Luego de muchos fracasos, Ludmila conoció a Andrés y creyó olvidar aquel episodio de la adolescencia que la atormentaba. Pero todo resurgió al saber quién era su cuñado. La prueba de fuego de la relación. Y la decisión que tomaron de a dos]]></description><pubDate>Sun, 11 Aug 2024 03:40:23 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/6TIZOMHWUNGNVKTNOHXB3ECLI4.jpg?auth=7fc442d335c865a6a2a0cee64507f5d44231d27ae0b999d34c63f6dda0e03f19&smart=true&width=1456&height=816" alt="Ludmila se enamoró de Andrés, pero no pudo creer quién era su hermano (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>De pronto, ella estalló en llanto y él quedó petrificado por lo inesperado de la situación. Acababan de tener relaciones sexuales. Habían sido dulces y pasionales al mismo tiempo. Ludmila (37, soltera) había quedado de espaldas a él, semicubierta por el edredón, mirando hacia la ventana. Las luces de la ciudad dibujaban cinturones chispeantes y amarillos detrás del vidrio del noveno piso. Andrés (40, separado, padre de dos chicas) se sentía bien, relajado, mientras observaba cómo dibujaba figuras la cascada de pelo largo de ella sobre la cama cuando, sin previo aviso,<b> la escuchó explotar en sollozos. </b>Sus hombros, de contornos dorados a contraluz, comenzaron a moverse al compás convulsivo del llanto. Espasmos de lágrimas con gemidos.</p><p>Andrés no supo qué hacer. La conocía desde hacía poco, un mes y algo quizá, se habían visto cuatro o cinco veces antes de llegar a la cama. A él le encantaba la forma de ser de Ludmila, alegre, libre, sin rollos. Hasta esta madrugada. ¿Qué podía haber pasado?</p><p>Para entenderlo, antes, hay que conocer a los protagonistas.</p><h2>La jefa sale a correr</h2><p>Ludmila es la jefa de comercial de un importante laboratorio internacional. Lo laboral siempre se le dio bien, pero en lo personal viene de tener infinitas relaciones frustradas.</p><p><b>“Siempre elijo mal”, resume a modo de autorreproche</b>, “Cuando no era un vago, resultaba un fóbico que escapaba a la primera de cambio con la convicción de que yo estoy corriendo desesperada para subirme al último vagón del tren para tener hijos y una familia. Nefasto”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/UTZHZQKMQRHWTC2L4JENNXCLMI.jpg?auth=b6a37beac11603f6e15b55ab3271bfcaa7d9abb0295b807e581f84e5d98572ae&smart=true&width=1456&height=816" alt="Ludmila y Andrés se conocieron en un grupo de running. Para ambos fue volver a tener la oportunidad de ser felices (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Las citas por aplicaciones resultaron un fiasco demasiadas veces. Los amigos de las amigas, también. Por eso, cuando <b>conoció a Andrés en un grupo de runners</b>, pensó que era la forma ideal de enganchar con alguien: “¡Al menos compartíamos el deseo desaforado por llegar a una meta!”, confiesa riendo a carcajadas.</p><p>Se vieron tres veces y siempre eran muchos los presentes, hasta que Ludmila le preguntó su nombre y apellido y en qué trabajaba. Estaba en una financiera desde hacía años, le iba considerablemente bien, era separado desde hacía unos cinco años y tenía dos hijas de 8 y 10 años.</p><p>“El tema fue que <b>cuando me dijo su apellido alemán fue un shock.</b> Imposible que no me recordara mi terrible angustia existencial, la que me acompaña desde mi adolescencia”, explica Ludmila.</p><h2>Noche con consecuencias</h2><p>Ludmila tenía 16 años, e iba a un colegio de zona norte donde cursaba 4 año, cuando en una fiesta conoció a un chico de su misma edad llamado Nico. <b>Ese adolescente llevaba el mismo apellido de Andrés</b>, el del grupo de corredores que acababa de conocer ahora. Pero sigamos en el pasado. En aquella fiesta, después de unos besos torpes y risas, medio borrachos, detrás de unos arbustos de ese club, los adolescentes inexpertos, terminaron teniendo relaciones. Fue un sexo veloz y sin mucho preámbulo. Para Ludmila, de 16 años, era la segunda vez, la primera había sido con un compañero de clase unos cinco meses antes y todo había salido medianamente bien. No sabía cómo cuidarse ni le pareció demasiado importante para algo ocasional: <b>“Yo creía que quedarse embarazada era algo extremadamente difícil </b>porque mi vieja para tener a sus tres hijos había hecho peripecias y deambulado por muchos médicos. ¡Había crecido escuchando lo difícil que era quedar embarazada!”, confiesa hoy. Esta vez las cosas fueron distintas a esa primera ocasión y el desliz en el club trajo aparejado consecuencias vitales. Pocas semanas más tarde Ludmila descubrió que no le venía la menstruación. Un test de embarazo, realizado con la ayuda de una amiga y a escondidas del resto, confirmó la presunción.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/QNIFDMIOQZGS3PRCQWWRXQ3LRQ.jpg?auth=ed24e402b004b6c3c67eef14e8e39321632cbad47743981a360758b62c9f966c&smart=true&width=1456&height=816" alt="Nico -el hermano de Andrés- y Ludmila se conocieron en un baile escolar. Tuvieron sexo y ella quedó embarazada. El joven nunca se enteró (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>El mundo se detuvo para Ludmila. Ahora, ¿qué iba a hacer?</p><p>“¡Puedo recordar que sentí el corazón golpeando en mi como pidiendo permiso para escapar de entre mis costillas! Era una locura. Bajé a despedir a mi amiga sin emitir una palabra. Las dos en silencio. No me llegaban los ruidos de los autos ni los bondis que pasaban a mi alrededor, estaba como en una extraña burbuja de silencio. Es una sensación que jamás podré olvidar. No sé si era miedo exactamente, pero era como vivir algo totalmente irreal, como una película que yo miraba desde mi esfera insonorizada. No lloré, no protesté, no me lamenté. No atiné a hacer nada. Me senté en mi cuarto y solo sentí que quería estar con mi mamá.<b> No quería tener ese bebé que empezaba a gestarse en mi interior. </b>No podía tener un hijo, ni deseaba tenerlo. Jamás me había planteado si estaba a favor o en contra del aborto, soy cero politizada y nunca fui demasiado religiosa. Ni soy de portar banderas de nada. En el colegio teníamos catequesis, pero en casa éramos más bien ateos. Mi papá era científico e incrédulo. Yo tenía la íntima convicción de que no quería ser madre en ese momento… ¿Cómo se hacía para no tener un bebé? No había muchas alternativas. No tenía dinero, no trabajaba, estaba todavía en el colegio… Debía pedirle ayuda a mamá. Fue lo único que se me ocurrió. Mamá me iba a ayudar porque es de las personas que escuchan y no se escandaliza demasiado como las madres de otras amigas que vivían estigmatizando al que piensa distinto. Tenía la suerte de tener una madre reflexiva, abierta. Mi vieja no es una persona severa, para nada. Si bien después ambas nos dimos cuenta de que ella se equivocó porque no me había enseñado a cuidarme como debía, porque a ella no se le ocurrió que hubiera peligros porque yo no estaba de novia. Pensó erróneamete que, a esa edad, sin novio no había riesgo de sexo. Yo no sabía cómo encararla ni qué podía decirme ella cuando le contara que estaba embarazada de un chico cualquiera, que solo sabía su nombre, y que quería hacerme un aborto”.</p><p>Ludmila no vio otra salida y esa noche, cuando todos se fueron a dormir, le pidió a su madre hablar a solas. <b>Salieron a dar una vuelta a la manzana y le contó todo</b>. Dieron infinidad de vueltas iguales, las mismas cuadras con silencios repartidos cada tanto y el tumulto interno de sentimientos encontrados.</p><h2>El hijo que no fue</h2><p>Perla fue expeditiva. Superó sin decir mucho la sorpresa y le prometió a su hija apoyo incondicional. <b>Primero se aseguró que ella le dijera con sinceridad si no quería tener al bebé. Cuando quedó clara su decisión, se dedicó a organizar cómo hacerlo. </b>Tenía contactos y los medios necesarios. Evitó exponerla ante su marido y sus otros dos hijos varones. Lo hicieron a escondidas y no le soltó la mano ni por un segundo. La mejor amiga de Ludmila era la única que conocía el secreto y aportó su compañía.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/Z5VTWUGZ55BKDJMSGSB3UB23G4.jpg?auth=17e5af30a4f256dc38c2904ce0245931a37ad4fe492c9f6572a751548ffe54e4&smart=true&width=1456&height=816" alt="La madre de Ludmila era una mujer comprensiva y la acompañó a practicarse el aborto. La joven no quería tener a ese hijo. Fue un secreto que sólo ellas y una amiga guardaron durante años (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Pero “el secreto” que mantuvieron a cal y canto, años después, comenzó a hacer estragos en la psicología de Ludmila.</p><p>“Al principio no sentí nada, fue alivio solamente de ver que mi vida seguía como antes. Pero, cuando un par de años más tarde empecé a sumar fracasos amorosos e intentos fallidos de noviazgos, empecé a maquinar que era un castigo divino por haberme hecho ese aborto. Imaginaba que ese dios, en quien no creía demasiado, se vengaba. Era un divague, pero todo eso generaba mucho ruido en mi cabeza. Además, <b>cada vez que tenía relaciones experimentaba el miedo espantoso de volver a quedar embarazada aunque tomaba pastillas.</b> Ridículo, pero eso sentía. De alguna manera sentía que me merecía lo que me pasaba. Me deprimí por primera vez a los 22 años, a los 26 la segunda y, a los 32, la última que fue la peor. Me medicaron. No hablaba nunca con mamá ni con mi amiga del alma de lo que había pasado ni de lo que sentía. Había barrido todo debajo de una alfombra, pero la psiquiatra lo sacó a la luz. Veía un bebé y se me retorcía la panza. No era que yo quisiera tener un hijo en ese momento, pero pensaba que el destino me lo ponía delante a propósito, para que viera lo que pasa cuando uno no hace las cosas bien. Encima mis amigas del colegio ya se habían empezado a casar y a tener hijos. Muchas eran claramente anti aborto, otras pro, pero esas discusiones a mí me callaban. Me cosía la boca y jamás opinaba, ni a favor ni en contra. No podía. Era un nudo que tenía en mi estómago que no podía desatar.<b> Me sentía juzgada, aunque nadie lo sabía.</b> Era algo mío, algo que tenía que resolver en mi cabeza”.</p><h2>Llanto en la madrugada</h2><p>En un momento cambió de terapeuta y la cosa mejoró notablemente. Empezó a sentirse mejor y a aceptar que su decisión no podía generar nada de lo malo que le pasaba en su relación con los hombres.</p><p><b>“En algún momento hice un click y empecé a ver lo ocurrido desde otro lugar. Me amigué conmigo misma.</b> Las cosas mejoraron muchísimo en los dos años siguientes. Fue en medio de esta etapa que me sumé al grupo de corredores al que un día llegó Andrés. El del apellido alemán. Enseguida pensé que podía ser hermano de aquel chico del que había quedado embarazada, pero no quise preguntar. Al comienzo, negué el asunto. Pegamos onda y entonces me dije que mi pasado no me condenaba, que tenía que permitirme ser feliz. Seguí adelante y coqueteé con él. Andrés es lo más divertido y alegre que se puede ser. Finalmente, un día de esos me invitó a salir y una noche, en su depto, tuvimos relaciones por primera vez. <b>Fue entonces que me pasó eso de que el corazón me explotó y se me convirtió en agua. Lloré sin consuelo. </b>Fue una reacción que no pude manejar. Me sentía una loca...”</p><p>Andrés quedó desconcertado.</p><p>“Él no sabía qué hacer ni qué me pasaba. Así que cuando me calmé <b>le pregunté si su hermano se llamaba Nico, si tenía mi edad. A todo respondió que sí.</b> Ahogada, decidí que era el momento adecuado para contarle todo con lujo de detalles. Para que él pudiera decidir qué hacer con la relación que nacía y si quería seguir adelante”, relata emocionada.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/NKZ5CO7ALVB3VEP5CNCN7IPT7A.jpg?auth=1c6910bbbca3eb9dd4e6192981d1346e53d3d495e8f4329ef3f64cc348da7e70&smart=true&width=1456&height=816" alt="La noche que tuvieron sexo por primera vez, Ludmila se puso a llorar desconsolada. Andrés la contuvo y allí se enteró que había quedado embarazada de Nico, su hermano (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><h2>Digerir el pasado</h2><p>La primera reacción de Andrés fue de sorpresa absoluta. Había tenido relaciones con una chica que le encantaba, la primera en mucho tiempo que le sacaba chispas a sus emociones y, ahora, <b>ella le contaba en medio de un mar de lágrimas que había abortado a un bebé de su hermano menor lustros atrás.</b> Era como una novela. Su posible pareja había estado embarazada de un posible sobrino suyo. Algo difícil de digerir en un rato.</p><p>“Me miró y me escuchó con atención. Se quedó petrificado. Me dijo que estuviera tranquila, que él quería procesar lo que le había contado. Que no iba a huir, pero que tenía que pensar. Ver qué sentía y cómo lo asimilaba. Me advirtió que yo también debía pensarlo y hablarlo con mi psicólogo”, revela Ludmila.</p><p><b>Se separaron con una sensación fea: quizá no se vieran nunca más, quizá eso terminaba ahí.</b> Punto. Fue como una despedida.</p><p>Ludmila pasó esa semana mal, llorando de a ratos a escondidas en el baño de su trabajo. Andrés no lo vivió nada bien tampoco. No fueron al grupo de correr durante ese tiempo.</p><p><b>Unos quince días después él la llamó. </b>Quería tomar algo con ella y conversar. La buscó con el auto al salir del trabajo y se dirigieron a un sitio sobre el río. Era una noche apacible y tranquila.</p><p>“Me dijo que t<b>enía muchas ganas de seguir saliendo conmigo</b>, que no quería abandonar nuestra historia sin probar si funcionaba. Que aquel trauma de mi adolescencia no debía ser un obstáculo. Que él creía que yo había ejercido mi derecho de no tener ese bebé. También sostuvo que no pensaba hablar de esto con nadie más, porque consideraba que era un hecho privadísimo de mi vida. Que si yo estaba de acuerdo, podíamos intentar y ver qué nos pasaba. Si funcionaba y yo algún día tenía que encontrarme con mi cuñado no debíamos remover el pasado lejano porque, <b>de hecho, Nico jamás había sabido del embarazo. </b>Nico ya está casado y con hijos y no sería justo, reflexionó Andrés, someterlo a esto. Estuve totalmente de acuerdo porque tenía muy claro que habíamos sido dos adolescentes inconscientes, no era que él se había portado mal conmigo. Había sido un rapto de pasión de dos chicos que no sabían de la vida. Yo no sentía rencores ni tenía revanchas para con Nicolás, solo tenía el tema irresuelto en mi cabeza de mi decisión”, aclara.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/HB3JAEINYBEBNEHRSIUOB6YSPI.jpg?auth=2b896ba28002f3c258cc6d5c0be8aa18760b2f5f2d6f2022b8dd1e49ea1fd756&smart=true&width=1456&height=816" alt="Después de un impasse por el shock de la noticia, hoy la pareja de Ludmila y Andrés marcha mejor que nunca y hacen tratamientos para tener un hijo. Jamás le contaron a Nico lo sucedido en el pasado. Si éste la reconoció, tampoco lo dijo (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Al poco tiempo <b>Andrés y Ludmila se fueron a vivir juntos. Intentaron tener hijos, pero ella no ha logrado todavía quedar embarazada. </b>Hoy están con el segundo intento in vitro.</p><p>“A Nico lo veo con cotidianidad, pero <b>jamás hablamos de esa noche de la adolescencia</b>. Supongo que él se acordará, pero estábamos demasiado alcoholizados. Después de todo éramos dos desconocidos y hoy somos cuñados. Jamás sabrá que llevé un bebé suyo en mi panza. Las vueltas de la vida son increíbles. Estoy muy bien de ánimo desde hace tiempo y <b>estamos muy enamorados con Andrés.</b> Es el gran amor de mi vida y el que conoce todos mis secretos. Seguiremos intentando tener hijos, creo que es lo único que me falta a mí para sentir que soy plenamente feliz. Pero también aceptaré si las cosas no se dan de esa manera. Sé que muchas mujeres habrán atravesado cosas parecidas por eso me atrevo a contarlo. Hoy <b>estoy en paz conmigo misma”.</b></p><p><br/></p><p><i>*Escribinos y contanos tu historia. </i><a href="mailto:amoresreales@infobae.com" target="_blank"><i>amoresreales@infobae.com</i></a></p><p><i>* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas</i></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/6TIZOMHWUNGNVKTNOHXB3ECLI4.jpg?auth=7fc442d335c865a6a2a0cee64507f5d44231d27ae0b999d34c63f6dda0e03f19&amp;smart=true&amp;width=1456&amp;height=816" type="image/jpeg" height="816" width="1456"><media:description type="plain"><![CDATA[Amores Reales-Ludmila y Andrés-Aborto a los 16 años-Grupo de Runners-Buscando un hijo (Imagen Ilustrativa Infobae)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[El increíble desenlace de un amor de la infancia que se coló en un matrimonio feliz y con hijos 27 años después]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2024/08/04/el-increible-desenlace-de-un-amor-de-la-infancia-que-se-colo-en-un-matrimonio-feliz-y-con-hijos-27-anos-despues/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2024/08/04/el-increible-desenlace-de-un-amor-de-la-infancia-que-se-colo-en-un-matrimonio-feliz-y-con-hijos-27-anos-despues/</guid><dc:creator><![CDATA[Cynthia Serebrinsky]]></dc:creator><description><![CDATA[Natalie recibió un mensaje de Ariel, un amigo con quien no hablaba desde los 12 años y vivía en España. Su matrimonio era bueno, pero se aventuró a un chat picante que su esposo descubrió y puso en crisis toda su vida. El juego de seducción que parecía tener fin, el viaje inesperado y el encuentro para decir adiós que abrió otra puerta]]></description><pubDate>Sun, 04 Aug 2024 13:14:48 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/T7VBMBX2HRHE7BZVUAPI72NKVU.jpg?auth=987cf27aecb49e9370de3ecdcc514632c3be931f33f2a662e08c4500fd2609c9&smart=true&width=1456&height=816" alt="Natalie y Ariel se conocían de chicos. Habían compartido muchas noches de pizzas con sus padres  (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Todo empezó un día de junio de 2014: “Recibí por Facebook un mensaje de un amigo de la infancia: ‘Hola Nat, cómo estás, tanto tiempo, qué es de tu vida…’”, cuenta ella, y aclara que no hablaba con Ariel “desde que tenían 12 años”.</p><p>Se conocieron en 1985, a los 10 años, en un club. Aunque Natalie iba a un grupo un año más joven que Ariel, se hizo muy amiga de Romina, cuya familia era cercana a la del chico, una especie de tíos postizos. <b>“Todos los sábados iba a la casa de Romi, donde estaba Ariel con sus padres”</b>. Compartieron miles de noches de fines de semana con “pizza en la casa de Romina”. Pero eran amigos y nada más. “Nunca me fijé porque además <b>Romi moría de amor por Ariel</b> entonces para mí Ariel era prohibido”, dice contundente. Y para graficar la amistad que los unía dice: “En el bat-mitzvá de Romina yo estaba sentada de un lado y Ariel del otro”, relata hablando de la fiesta más importante que hacen los chicos en la comunidad judía, a los 12 las nenas y a los 13 los varones. Sentarse al lado del homenajeado es símbolo de “mejores amigos”. Así, entre veladas en el country, travesuras en la pileta, campamentos de invierno y veranos en Miramar, transcurrió su preadolescencia. “Siempre me pareció muy buena gente y <b>me divertía mucho con él pero pasaron los años y perdí el contacto</b>”, dice Natalie.</p><p>Ella tuvo sus novios. Él tuvo las suyas.<b> Ella se casó con Diego y tuvieron tres hijos.</b> “Pasó la vida”, sintetiza Natalie tres décadas en una frase. Hasta <b>el sorpresivo mensaje de 2014 que Ariel escribió y ella respondió:</b></p><p>“Hola Ari, tanto tiempo.<b> Yo estoy felizmente casada</b> y tengo tres hijos de 9, 6 y 3 años”, respondió la ahora madre, haciendo énfasis en que la palabra ‘casada’ la resaltó en mayúsculas: “No sé porqué lo hice. <b>Me olí algo turbio”</b>, dice con necesidad de aclarar lo que ya había blanqueado diez años atrás, como lavándose las manos antes de entrar a “la boca del lobo” y así engañar temporalmente al inconsciente susurrándole “conste que yo no quise”.</p><p>Natalie tenía un matrimonio realmente feliz pero “por cosas de la vida” <b>en ese momento estaba teniendo muchas discusiones con su marido</b> que define como “boludas”. Cuestiones menores, mambos intrafamiliares que los hacían chocar, lo habitual en un vínculo luego de una docena de años, con hijos, convivencia y “todos los chiches” de por medio. En ese contexto el contacto con Ariel a Natalie le cayó como un flota-flota: <b>nada mejor que “algo” para mantenerse y divertirse cuando nos tapa la marea.</b> Los antiguos amigos del Facebook pasaron al mail. Y así ella se fue enterando que, durante ese cráter sin conectarse, <b>Ariel ya no vivía en Buenos Aires.</b> La curiosidad, las reiteradas crisis del país o “vaya uno a saber qué”, lo empujaron a cruzar el charco y, hacía diez años, el hogar de Ariel estaba en Madrid. Lo cual era más conveniente todavía: un pasatiempo con la distancia prudencial para no pecar. “Además, viste cómo es el mail: te tenés que acordar de chequearlo, no es como el WhatsApp”, retoma para explicar que si bien había un “ida y vuelta”, no era tan fluído ni ella estaba pendiente.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/4PNL5NLU6NDABAIYFTSMYSKABA.jpg?auth=4202a2f07a726df37ebe34a5f416851e19783f0a10690b7d9764cbe7a4c9dd66&smart=true&width=1456&height=816" alt="Natalie estaba casada con Diego y tenía tres hijos. Eran un matrimonio feliz, pero a veces tenían discusiones por pavadas (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>En el intercambio de mensajes, también<b> supo que se había separado hacía ocho meses</b>, que estaba muy angustiado y que tenía dos hijos, de 9 y 6, con edades parecidas a los de ella. Y agrega un dato que, por algún motivo, le parece relevante: <b>“Me contó que él había sido mucho tiempo infiel con su esposa y, cuando lo descubrió, se separaron”</b>. A medida que las conversaciones se profundizaban, el canal de comunicación corría la misma suerte y, a los dos meses, “pasamos a WhatsApp”.</p><p>La cuestión es que aquello que había comenzado como un genuino “salvataje” se tornó un juego de seducción: “Sentía que <b>me atraía la situación de que me escriba”</b>. De repente, Natalie da un retroceso en la historia para revelar un detalle clave que había olvidado: “Ah, en uno de los mails Ariel me confesó:<b> ‘Vos fuiste el amor de mi vida cuando éramos chiquitos</b>, por qué nunca me diste bola’”. Aunque para esas altura ella había superado la “mini” crisis matrimonial, el reclamo de amor infantil funcionó como un shot de cariño a su mujer vencida. La pantalla del celular se había vuelto su sonrisa cotidiana. “Romi era mi mejor amiga en ese momento -hoy en día se perdieron el rastro-, y ella moría de amor por vos. Jamás te miré”, se esforzó Natalie por convencer al enamorado arrepentido, quien jugando al ofendido contestó: “<b>Ya me di cuenta que nunca me viste y yo moría, moría por vos.</b> Mi mamá todo el tiempo me decía que vos tenías que ser mi esposa, y me jodía… y yo moría de amor”, redobló la apuesta. “Nunca te tiraste a la pileta, nunca me insinuaste nada, ni me diste un indicio”, seguía ella fascinada. “Sí, pero nunca los viste”, dio el golpe final Ariel.</p><p>Toda esta conversación de quinceañeros la estaban teniendo dos adultos llegando a su cuarta década que, en <b>un brote de adolescencia tardía</b>, la edad de los descubrimientos y las rebeldías, embalados pedían por más. “Bueno, ahora te tiraste y<b> estoy casada, no da”</b>, lo toreó ella cautivada. “¿No da?”, arriesgó el galán reprimido. “No, no da”. Pero dicen que toda negación es un modo de defensa y, sin querer, Natalie mostró su debilidad: “Aparte vos vivís en Madrid y yo en Buenos Aires”. Tal vez sin darse cuenta, ella daba todas respuestas que invitaban a arremeter más y más el coqueteo de Ariel. “Fue una sorpresa hermosa porque <b>a mí siempre de chico me pareció lindo pero me lo prohibía porque mi amiga estaba enamoradísima</b> y cada vez que me hablaba de él se le iluminaba la mirada”, termina por confesar Natalie.</p><p>La distancia, la conciencia o la mano de Dios, lograron calmar el fuego contenido de la infancia y aquella declaración quedó atrás para continuar una amistad por chat. “Hablábamos todos los días. <b>Yo me levantaba a la mañana ansiosa para chequear que él me haya mandado un mensaje”</b>, cuenta con la adrenalina intacta. Pero los amigos virtuales fueron prolijos y, para cuidar a los suyos, pusieron reglas: “<b>Él sabía que de 9 a 6 de la tarde me podía escribir en cualquier momento porque ya después venía Diego</b>, y yo ya no quería estar pendiente del celular. Segunda regla, <b>borraba todo</b>; Ariel me enseñó a borrar”.</p><p>Siguieron hablando y en cada crisis con Diego, Natalie le escribía a Ariel, que se había vuelto una especie de héroe-psicólogo-consejero para salvarla desde el más allá. “Mi intención no es que vos te separes de tu marido porque yo la pasé horrible. Sé lo que estás pasando y quiero ayudar”, juraba desde la Puerta del Sol. <b>“Ya habíamos empezado una relación de amistad, de cariño, de hablarnos todos los días; de necesitar del otro. </b>Yo le decía qué hacer con sus hijos o con su ex, y se empezó a llevar mejor. Y a mí me pasaba lo mismo: yo empezaba a llevarme mejor con Diego porque Ariel me daba la mirada de varón, que yo no veía. Cambié la actitud en mi matrimonio gracias a los tips de Ariel, y <b>mi relación con mi marido empezó a ser maravillosa”.</b></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/YIJK7XVRZJDJRICQKWOAEZXIK4.jpg?auth=e8832f36c635fb4a55f39840b545af7d4dba25ef1b48693b25b7eb8c117e8385&smart=true&width=1456&height=816" alt="Ariel desde España y Natalie desde Argentina comenzaron a enviarse mensajes picantes. Tenían dos reglas de oro: un horario determinado y borrar todo. Hasta que algo falló... (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>La culpa no la habitaba pero sí ciertos temores: <b>“Tenía miedo de charlar en los sueños y que Diego me escuche nombrarlo</b>; que descubriera algo me daba terror”. Entonces hubo un anexo en el reglamento del chat a distancia: si el matrimonio viajaba solo, el de Madrid tenía terminante prohibido escribir. “Era a diario que hablábamos, sin fines de semana, de lunes a viernes, sin feriados, o sea, tipo oficina”, explica risueña. Lo que también alimentaba esta pasión encubierta porque la adrenalina de no poder escribirse, por ejemplo, un fin de semana largo hacía que la abstinencia genere por sí sola. Rápido Natalie quiere ilustrar: “Nada de lo que yo hacía era para estar con Ariel. Me encantaba la situación.<b> Y me hubiera encantado la adrenalina de todo lo que Ariel me provocaba en Diego…</b> pero no me pasaba”, remata con nostalgia lo obvio de lo conocido.</p><p>Cada tanto <b>el vínculo entre Natalie y Ariel tropezaba con los desniveles del instinto sexual </b>y pasaban a ser “amigos con derechos” pero siempre estaba el Atlántico de por medio para no correr peligro. “Quiero verte, mandame una foto”, se tentaba él, y ella, que aunque lucía espléndida ya no tenía el cuerpo de los quince, se le ocurrió una idea: “Me daba vergüenza, soy muy pudorosa, <b>entonces empecé a mandarle fotos de otras, </b>tipo de las piernas para abajo. Buscaba en Pinterest una chica divina de espalda, parecida a mí”, cuenta entre carcajadas, pero su “enamorado” lejano veía más allá: “Boluda, yo te veo en Facebook. Sé quién sos, no me tenés que inventar. <b>Me gustas así como sos, como te levantas a la mañana, veo todo lo que publicás.</b> Me doy cuenta de quién sos y me gusta lo que veo”, decía obnubilado con la imagen de una Natalie adolescente. Y claro, ella escuchaba miel para sus oídos, hacía tanto que alguien no la miraba con los generosos ojos del que todavía no disfrutó el fruto de sus deseos. <b>“Me encantaba”, explota ella de la emoción</b>, poniéndole al vocablo “encantaba” el tilde que no lleva. “Era súper halagador, súper…”, queda flotando en aquellos buenos tiempos. Entonces de repente, cuando se tenía que “producir” para un evento, le mandaba fotos a él, “no a una amiga”, y le preguntaba: “¿Me pongo esto o esto? <b>Pero jamás en corpiño, ni de una teta, o de bañarte, no, no eso no me gusta”.</b></p><p>Así, mientras el matrimonio de Natalie pasaba sus mejores épocas, por el andarivel de al lado <b>continuó el inocente romance virtual hasta junio de 2017</b>, justo tres años.</p><p>Natalia y Diego estaban invitados con sus tres hijos a una cena. Eran las 8 de la noche, ella se fue a bañar y dejó su teléfono cargando. “¡Y estos celulares que te avisan del mensaje!; antes no decía ‘notificación’, ¡te aparecía lo que decía!”, subraya con tal desesperación que uno puede adivinar lo que sigue. <b>“Acabo de aterrizar, muero por verte”, gritaba el WhatsApp</b> de ella de parte de un “tal” Ariel.</p><p>Ella había hablado el miércoles, el jueves no hubo comunicación y nunca le contó que venía para Argentina. La ducha de Natalie fue interceptada por la sorpresiva entrada de su marido: <b>“¡¿Quién se muere por verte que se llama Ariel?!”</b>. Natalie sintió cómo el mundo entero se escurría por la rejilla. “Empecé a pensar qué le digo”, se posesiona con la escena, y tan tranquila como hace seis años, expuso su verdad: <b>“Es un amigo de la infancia que vive en Madrid”</b>. Pero la respuesta no fue suficiente, y en seguida Diego quiso saber por qué el “amiguito” se moría por ver a su mujer: “Qué significa; desde cuándo apareció; por qué nunca me contaste que tenías un amigo en Madrid; cuántas veces fuimos a Madrid y nunca me dijiste que tenías un amigo de la infancia; de qué infancia -Diego y Natalie se conocen desde el primer año de la secundaria-; <b>nunca existió un Ariel; quién es”</b>, rugió como un león a punto de ser atacado.</p><p>Rápido, ella trató de protegerse, explicando: “Es un ex amigo de la infancia, no lo veo hace mil años y, te voy a ser sincera, <b>me escribió hace tres días avisándome que venía a la Argentina”</b>. Sus años en la escuela de teatro y la creatividad adquirida gracias a su profesión -es arquitecta-, la ayudaron a escabullirse tan veloz como el agua de su ducha. Pero como el reglamento con Ariel rogaba “borrar todos los mensajes”, se empezó a pisar sola. <b>“No quiero saber más nada con vos. Me estás engañando. Pásame ya el contacto de este tipo. A ver, dónde está el chat que te dijo que venía para acá</b>”, seguía el marido furioso.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/KDKT46UUU5GKNHL7ORUMBK43GE.jpg?auth=4a172a10bcda4936ca38c194764ce6ed1502af74a077c1ecc90a6cf5e91fcaed&smart=true&width=1456&height=816" alt="Diego vio los mensajes y los mails de Ariel y se enojó mucho con Natalie. Hasta habló con Ariel. Parecía que el matrimonio llegaba a su fin (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Aunque Diego quiso suspender la cena de esa noche, fueron en familia. Ella pensó que así se “suavizaría” la situación, pero no: “No me dirigía la palabra, por abajo de la mesa lo trataba de acariciar y me sacaba la mano,<b> no quería saber más nada conmigo”</b>. Esa noche Diego durmió en el living. A la mañana siguiente cuando se fue, ella se apresuró a advertir a Ariel que su marido lo iba a llamar en cualquier momento:<b> “Dejá de escribirme”, le mandó Natalie</b>, y le describió en detalle todo lo que tenía que decir según su coartada.</p><p>“Tenía taquicardia, no había dormido, la pasé muy mal. A partir de ahí, sentí que empezó una tortura para mí. Yo era ‘la peor del planeta’, <b>Diego me martirizaba diciendo ‘cómo le vas a explicar a tus hijos que anduviste acostándote con tipos’</b>. Cuando yo no me acosté ni con el diablo. Nadie. Me volví una geisha, chiquitita. Me sentí sumisa, mínima y que todo lo que él decía tenía razón”.</p><p>Diego llamó a Ariel y lo encaró:<b> “Hola, soy el marido de Natalie, quiero saber qué estás haciendo con mi mujer. ¿Sabés que ella está casada?”</b>. El visitante no colaboraba a favor, en un sincericidio le confesó estar enamorado de su mujer desde los 12 años. Y por suerte agregó: “Nunca me dio bola y <b>quiero asegurarte que tu mujer está enamoradísima de vos</b>. Jamás en la vida, me dio un centímetro de lugar para que pase algo. Vivo en Madrid, quedate tranquilo. Todo lo que hablamos siempre fue bien de vos y de tus hijos”. Eso sedó en parte a la fiera, y la frase final terminó de aplacarlo: <b>“Igual quedate tranquilo, estoy esperando un bebé</b>, soy un buen tipo”. Diego sin metáforas contestó que <b>“un buen tipo no está mirando el culo de otra mujer”</b>. Ariel pidió disculpas y terminó la conversación.</p><p><b>“Ariel nunca más se dirigió a mí”,</b> dice ella con tono melodramático y refuerza: “Jamás”. Diego volvió más calmado y le contó a su mujer que había hablado con su “amante”, además de comunicarle lo de la dulce espera. Ella se sintió decepcionada, Ariel no sólo no le había contado eso sino que <b>“no sabía ni que estaba de novio”. A Natalie se le “cayó una cortina” con Ariel y no hablaron más.</b></p><p>Siguieron semanas incómodas para la pareja: “Yo era la peor del mundo, no me tocaba un pelo, no me hablaba o me hablaba mal, enojado, con desprecio”. A los tres meses las cosas parecieron calmarse y Natalie por primera vez en los 15 de matrimonio se hizo una escapada con amigas. A duras penas, reinaba la paz conyugal. Diego se quedó de papá soltero a cargo de sus hijos. Cuando el de 6 años le pidió que lo ayudara con algo de la tablet, dispositivo que había heredado de Natalie: <b>“Y en el Ipod estaba mi mail”, alerta.</b> El mismo que usaba desde el 2014 en el cual le respondía a su pretendiente de España que estaba “felizmente casada con tres hijos”. A pesar de ser primavera, su fin de semana con amigas, se volvió el más helado de los inviernos, cuando <b>al volver su marido le anunció: “No quiero saber más nada con vos”. Y empezó de vuelta “o peor”.</b></p><p>Ahí <b>Natalie borró todos los mails “del mundo”</b>, todos, no me importaba nadie, incluídos los contactos del celular, del Facebook, todo, “me borré del mapa”. Fueron seis meses despiadados hasta que Natalie tomó la decisión y habló con su marido: “No tengo más ganas de vivir así. Soy una tipa joven, vos también, si no me querés más buenísimo, pero decime que no me querés más y cada uno hace su vida.<b> Yo te amo y quiero seguir esta historia con vos. Ahora queda en vos, si tenés ganas o no”. </b>Sucede que a veces la desgracia viene toda junta y, <b>al otro día, se enteraron que el padre de Diego tenía cáncer, “y él se desmoronó”.</b></p><p>Un viaje familiar pendiente a Disney y el cumpleaños de su hija mayor fueron “la excusa” para dilatar lo que ninguno de los dos quería: separarse. “Conservaba la ilusión de que se suavizara”, se cuela ella para aclarar que apostaba al matrimonio. Y la tragedia del suegro dio lugar a que Natalie mostrara realmente quién era:<b> mientras Diego se instaló en el sanatorio para cuidar a su papá, ella estuvo “al pie del cañón” sosteniendo todos los frentes.</b> La forma en que Natalie supo sobrellevar los momentos difíciles abultó el corazón aplastado de Diego. A pesar del estado de su padre decidieron hacer el viaje y “a partir de Disney, Diego ya fue otro tipo. <b>No se habló más de Ariel en mi casa. </b>Empezamos una vida amorosa él y yo”.</p><p>Volvieron. Hicieron el cumple y, aunque en junio el papá de Diego falleció, <b>la pareja estaba nuevamente unida.</b></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/ZK3OHCKZHFEVZHNHBYU5WFUPSU.jpg?auth=39d90142d17fed06c461dd96eeaab190a4b09164423a6a8cccfb8ecbd7bd2ead&smart=true&width=1456&height=816" alt="Natalie se enteró que Ariel había viajado a la Argentina y lo citó para "aclarar los tantos" y poner fin al asunto. Pero cuando lo vio, el corazón le comenzó a latir más fuerte (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Un año más tarde <b>Natalie se enteró por una amiga que Ariel estaba de visita en la Argentina. </b>Consiguió el teléfono de su antiguo admirador y le escribió sin preámbulos: “Sos un imbécil. Sé que estás en Argentina. <b>Más vale que nos veamos para aclarar los temas y nunca más volver a vernos”.</b></p><p>Quedaron lugar y hora. La cita era a media mañana en el bar del hotel boutique de San Telmo donde Ariel se hospedaba. Con la lección aprendida, Natalie tomó todos los recaudos y fue en colectivo para no generar ningún tipo de sospechas. “No quería que ni siquiera un taxista me vea”, bromea. “Tenía todos los nervios habidos y por haber porque todo había sido ‘tiki-tiki’, por chat”, hace ella con el gesto de tipear y volviendo a caer en la cuenta de que<b> no se habían vuelto a ver las caras desde los 12 años.</b></p><p>La condición por parte de Natalie fue que sea un lugar público porque “no quería duda de nada; <b>me daba miedo que él intente algo que yo no quería”.</b></p><p>Llegó y se sentó en el café que le pareció “el más lindo del mundo”. Mientras ella espiaba la carta, escuchó una voz detrás de su hombro: “Hola, ¿no? Por fin nos vemos”.<b> Y al levantar la mirada toda esa bronca se volvió amor, un amor genuino, un amor de niños.</b> “Me salió la sonrisa, me levanté como en un resorte y lo abracé tan fuerte que no podíamos soltarnos. <b>Sentíamos los corazones que nos latían pero a pleno, o sea, yo sentía su corazón en mi corazón”</b>. Ella le confesó de sus nervios, y él le dijo que nunca en su vida había tenido tanto miedo como en ese preciso momento. Ariel miró para todos lados, y le dijo: “Tenemos que salir de acá”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/XELCQQEB3JBIRETYDT5VRN6MZQ.jpg?auth=505e8cc5afedb1cafbb38183cda803731411dbe2662e8c4f41845d21c2192642&smart=true&width=1456&height=816" alt="En el ascensor del hotel, Ariel y Natalie comenzaron a besarse con desesperación. El encuentro terminó en una habitación (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>La agarró de la mano, ella se dejó llevar, <b>salieron corriendo como dos “nenes adolescentes”,</b> y se metieron adentro del ascensor, testigo de tantos años de deseo amontonado. Se<b> besaron apasionadamente contra los espejos que los multiplicaban por mil. </b>“No parábamos de besarnos hasta que se abrió la puerta y entramos a su habitación”.</p><p>El sueño se hacía realidad y el plan se les salió de las manos. “No podíamos dejar de besarnos. Besos hermosos.<b> Besos con ganas de 12 años.</b> En ropa…”, detalla para describir la ternura desenfrenada. “¿Estás dispuesta a que pasemos a otra situación, querés que hagamos algo más?”</p><p><b>Tres horas más tarde Natalie salió por esa puerta</b>. “Fue hermoso. Me fui contenta, <b>me fui feliz a casa. </b>Me fui tocándome los labios, lo sentí durante mucho tiempo en mí pero después de sus besos me di cuenta que <b>fue un amor infantil y se quedó ahí… en ese hotel de San Telmo”.</b></p><p>Volvió a su casa, se bañó, fue a buscar a “los pibes al cole” y volvió a su rol de mamá. Nunca más hablaron.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/XELCQQEB3JBIRETYDT5VRN6MZQ.jpg?auth=505e8cc5afedb1cafbb38183cda803731411dbe2662e8c4f41845d21c2192642&amp;smart=true&amp;width=1456&amp;height=816" type="image/jpeg" height="816" width="1456"><media:description type="plain"><![CDATA[Amores reales amigos infancia, historia de amor, romance, amantes, enamoramiento (Imagen Ilustrativa Infobae)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Dos matrimonios deshechos, charlas en la puerta del colegio de sus hijos y la consumación de una pasión que esperó años]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2024/07/28/dos-matrimonios-desechos-charlas-en-la-puerta-del-colegio-de-sus-hijos-y-la-consumacion-de-una-pasion-que-espero-anos/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2024/07/28/dos-matrimonios-desechos-charlas-en-la-puerta-del-colegio-de-sus-hijos-y-la-consumacion-de-una-pasion-que-espero-anos/</guid><dc:creator><![CDATA[Cynthia Serebrinsky]]></dc:creator><description><![CDATA[Valeria y Hernán se conocieron en un acto escolar de sus hijos. A partir de ese momento, los dos se buscaban mientras esperaban el horario de salida. Ambos estaban casados pero aburridos de ese compromiso. Una dura confesión le dio a ella la excusa para vivir el nuevo romance con libertad. Y el desenlace que llegó de forma inesperada]]></description><pubDate>Sun, 28 Jul 2024 14:22:56 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/TSZ4ZDT47RDJBK7QDBUDQCY74Y.jpg?auth=52e91d8daa48fcefab02a27774b1bb67eae1c508631568276294dd29791329db&smart=true&width=1456&height=816" alt="Valeria y Hernán pudieron consumar su pasión (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>“Conocí a Hernán a través de uno de mis hijos, éramos padres casados”, relata Valeria, ya sin necesidad de aclarar que ambos estaban comprometidos cuando apareció en su vida. La primera vez que ella lo registró, fue en un acto del colegio: “Ese año <b>nos tocó actuar a los papás</b> para nuestros nenes. Yo era protagonista y, aunque muchas otras veces lo había cruzado,<b> al ver su penetrante mirada posada en mí desde el escenario sentí un magnetismo irresistible”. </b>Valeria tenía un matrimonio que se había vuelto mustio, gris. Y entonces, con cierta culpa, quiso saber más sobre ese “sexy papi” del cole.</p><p>Fue fácil averiguar su apellido, claro, sus hijos compartían la “salita de 5″ del selecto colegio inglés ubicado en las elegantes calles de Belgrano R. Cual agente de inteligencia, en cuestión de una semana Valeria sabía prácticamente todos los movimientos de Hernán. “La idea no era perseguirlo ni mucho menos acosarlo”, se ataja. Pero sus días embutida en <b>un matrimonio muerto</b> se tornaban más llevaderos en torno a cualquier dato nuevo de aquel hombre que la tenía deslumbrada.</p><p>Así <b>pasaron doce años de salidas del colegio,</b> llevando y trayendo niños: “Todavía lo puedo ver a él sentado en su auto, con las balizas, haciendo la fila para retirar a su hijo. Yo esperaba en la esquina, calculando justo para ponerme detrás de su coupé y, en esos minutos que quedaban hasta que los chicos salían, me acercaba hasta su ventanilla a preguntarle algo”. Primero fueron ocurrentes excusas hasta que el método de Valeria surtió efecto, y era él quien la llamaba desde el espejo retrovisor o directamente bajaba del auto a buscarla. <b>“Por más que a mí se me cruzaban las escenas más hot de 50 sombras de Grey, disimulaba y todo se daba en un clima súper amistoso”</b>, advierte. Valeria notaba que cada vez era más habitual verlo buscar a su hijo: “la mamá brillaba por su ausencia”.</p><p>Un día se le ocurrió sugerirle que anote al compañero de su hijo en la escuelita de fútbol donde llevaba al suyo: “Todo motivo era bueno para tenerlo cerca”. Hernán “picó el anzuelo” y Valeria sintió flotar: “Ahora no sólo lo vería en la puerta del cole sino que empezamos a compartir tardes de club”. Los padres improvisando interés en el desarrollo de sus herederos, desahogaba sus penas mientras hablaban de la vida. “Compartíamos el mismo humor y, con el tiempo, nos dimos cuenta que <b>coincidíamos en esa sensación de soledad por mantener matrimonios deshecho</b>s desde hacía demasiado tiempo”, cuenta ella con una adrenalina más parecida a la alegría que a la tristeza. O sea, en sus hogares estaba “todo mal”, pero fuera de ellos habían encontrado el refugio perfecto.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/B22KMAVOTNE67MXLDHTP6XIAWM.jpeg?auth=3fe34b034b2df9c6bac5e956ce04374bd0f7a72ac7e21fa61dcf02a64a0aabea&smart=true&width=1456&height=816" alt="La primera vez que Valeria notó la presencia de Hernán fue mientras ella actuaba en un acto escolar y el la miraba insistente desde la platea (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Hernán se separó mucho antes que Valeria, y para suerte de ella, siguió siendo un padre tan o más presente que antes de su ruptura. La dedicación a su hijo nunca flaqueó, incluso cuando sus propios asuntos sentimentales se complicaron. Valeria solía observarlo con una mezcla de admiración y envidia, pensando que de alguna manera, él tenía el control de su vida mientras ella se debatía en su propia confusión. <b>“Ahora ya lo tenía todo para mí”</b>, dice con una sonrisa que roza lo maquiavélico, una sonrisa que oculta la mezcla de fascinación y desesperación que sentía al ver cómo Hernán parecía ser el hombre que podía llenar los vacíos que ella había acumulado a lo largo de los años.</p><p>Mientras Hernán transitaba sus primeros años de “soltería tardía” en la plenitud de sus cincuenta, explorando un mundo nuevo que parecía abrirse con una libertad que él mismo no había esperado, Valeria estaba en un momento completamente distinto e inesperado: <b>daba a luz a su segunda hija</b>, un nuevo comienzo que llegaba con una mezcla de alegría y presión. Con “el bebé bajo el brazo”, Valeria cargaba con la última esperanza de reconstruir la imagen de la familia feliz que había soñado desde que era niña. Imaginaba un futuro donde la ternura de su hija podría ser el pegamento que uniera los fragmentos de su matrimonio roto, un último intento por redimir sus sueños de estabilidad y amor.</p><p>Pero a medida que pasaban los meses, la realidad comenzó a imponerse. La alegría de tener una hija no podía borrar las grietas en su vida personal, y las ilusiones de una familia perfecta se desvanecían lentamente. “Tal como decía mi mamá, lo que es, es y lo que no, no”, se cuela Valeria con una amarga ironía, haciendo psicología barata con sus propios dramas irresueltos. La frase heredada de su madre se había convertido en un mantra personal, una forma de reconciliarse con la cruda realidad de que, a pesar de sus esfuerzos y esperanzas, las cosas no siempre se alinean con nuestros deseos. La lucha entre lo que ella había imaginado y lo que realmente vivía era una batalla constante, un recordatorio doloroso de que<b> la vida no siempre se ajusta a los guiones que escribimos en nuestra mente.</b></p><p>Valeria comprendió, quizás demasiado tarde, que a pesar de sus mejores intentos por construir la familia ideal, el peso de las expectativas y la realidad de su propia insatisfacción la estaban empujando hacia una introspección más profunda. A medida que su “relación” con Hernán se desmoronaba, también lo hacía su visión de un futuro en el que el amor y la familia parecían tener un lugar garantizado. La confrontación con estas verdades la llevó a una búsqueda interior donde enfrentó sus propias decepciones y aprendió a aceptar que, <b>a veces, los sueños se desvanecen, pero también abren la puerta a nuevas posibilidades de crecimiento y autocomprensión.</b></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/CI5QSQPD7FHB3DOZ5KDLXQXDAM.jpg?auth=a472cdc97efb1fd718a40e2e1d87cede4b106e8eff6c8430bce3c5c477e07963&smart=true&width=1456&height=816" alt="Valeria y Hernán empezaron a charlar todos los días mientras esperaban que sus hijos salieran del colegio (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>No es que ella no quisiera a su marido y mucho menos tenía que ver con sus hijos, “por Dios y María Santísima, ¡no!”. El tema es que, después de gomosas décadas de monotonía, por fin alguien la veía, la escuchaba, “un hombre tenía ojos y tiempo para mí”, anuncia con una mezcla de impotencia y hambre sexual. Aún así, desprovista de municiones, Valeria seguía apostando a reavivar las cenizas de su foto familiar: “Cumpliendo mis cuarenta y cinco años nos fuimos en plan familiar a Europa”. Valeria estaba segura que la Torre Eiffel no podía fallar. Y falló: <b>“Sentí una soledad tan profunda que no pude esquivar el frío que corría por mis venas. Sólo pensaba en regresar”</b>.</p><p>Al volver a Buenos Aires, la sensación de familiaridad la envolvió de inmediato, pero esta vez el calor no era sólo climático, sino emocional. En medio de su rutina, cargada de responsabilidades, Valeria se encontró con una sorpresa inesperada que alteraría su percepción de la realidad. “Encontré a Hernán en la esquina del colegio”, cuenta, recordando el encuentro con una mezcla de nostalgia y sorpresa. Fue un reencuentro fortuito que no sólo reavivó recuerdos, sino que también<b> encendió una chispa de esperanza en su corazón.</b></p><p>Hernán, con su sonrisa despojada y una mirada que aún podía desarmar las defensas de Valeria, le preguntó sobre su viaje a Europa. Ella le habló de la Torre Eiffel y los encantos de la ciudad, pero lo que realmente la impactó fue escuchar sobre el reciente viaje de él con sus amigos por la campiña francesa. Describió los paisajes verdes, las comidas en pequeñas tabernas y el aire fresco que había experimentado. Cada detalle, cada anécdota que él compartía, parecía crear una conexión tan viva que Valeria sintió que, a pesar de la distancia y el tiempo, <b>algo seguía vibrando entre ellos</b>. La felicidad que le proporcionó esa minúscula charla fue como una ráfaga de aire fresco que la embriagó con una alegría intensa por semanas, volviendo a transformar sus días en algo más soportable y lleno de color.</p><p>En ese momento, Valeria comprendió que la presencia de Hernán en su vida, incluso en forma de una simple conversación, <b>tenía el poder de llenar su alma de una manera que hacía tiempo no experimentaba.</b> Esta revelación la llevó a una introspección dolorosa pero necesaria. Si Hernán, alguien que en ese momento era casi un extraño en su vida, podía provocarle tal felicidad y resonar tan profundamente en su ser, entonces el matrimonio que había intentado sostener con su esposo estaba cerca de desplomarse. A pesar de que, desde afuera, su pareja parecía “el modelo de estabilidad y durabilidad”, ella sabía que la realidad era muy diferente.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/2CQHYXKI4BFQLINIC45ISMD5XA.jpg?auth=6cd9d1325e4a81b10de1a50268e0e076d707dbdee21859433ecd8c10e6a68903&smart=true&width=1456&height=816" alt="Amores Reales Valeria y Hernán (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Habían estado juntos desde que tenían catorce años, como alguna vez alguien en su entorno había descrito, eran “una institución con treinta años de solvencia”. A lo largo de las décadas, habían construido una vida que, a primera vista, parecía perfecta y sólida. Sin embargo, bajo la superficie, era consciente de que<b> la aparente perfección no ocultaba la verdad de su insatisfacción y desconexión. </b>Valeria se dio cuenta de que la pantalla que había estado sosteniendo su matrimonio estaba comenzando a agrietarse, y el reencuentro con Hernán había actuado como un catalizador para ver lo que había estado oculto durante tanto tiempo.</p><p>Con la claridad que le proporcionó ese breve pero significativo encuentro con Hernán, Valeria comenzó a comprender que su matrimonio no podía sostenerse en la fachada de una vida bien construida. En lugar de aferrarse a una imagen de estabilidad, debía enfrentarse a las verdades incómodas y buscar una forma de reconstruir su vida que fuera auténtica. Entonces juntó valor y se hizo cargo: “Tras plantearle a mi marido desde un lugar de serenidad la realidad que nos golpeaba en la cara, <b>me confesó que era gay. Fue un balde agua fría”</b>, dice todavía con la tormenta en la cara. “No hubo alarmas. Desconozco cómo -a esta altura no me interesa- fue que hizo para estar conmigo semanalmente”, explica dando por sentado que en el verbo “estar” involucra relaciones sexuales. “Luego de un breve período en donde <b>estuve al borde del suicidio,</b> se fue de la casa que con tanto esfuerzo habíamos construido”, recuerda con bastante pena.</p><p>En un intento por recuperar su existencia, Valeria aceptó una propuesta de viaje en su trabajo, y buscó la forma de volver a encontrarse con su “amigo especial”: “Nos volvimos a ver con Hernán y le comenté de mi nueva aventura dejándole saber que estaba separada y libre. Él me contó que iría a España pronto, la alegría volvió a retornar a mi alma”. Pero aquella fiesta le duró poco: “No pude concretar el viaje laboral porque mi madre se enfermó. Una noche le escribí a Hernán contándole lo que me estaba pasando y quedamos en contacto más cercano”.</p><p>El destino, con su enigmático sentido del humor, parecía haber decidido que “el proyecto de amantes” estuviera destinado a concretarse. En los meses siguientes, sus vidas se cruzaron con una frecuencia que superaba lo habitual, “y yo me encontraba completamente atrapada por un sentimiento que había surgido de manera pura e inesperada”.<b> La conexión entre la dupla fue creciendo de una forma natural, </b>sin que pudieran anticipar ni controlar lo que estaban experimentando.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/Y7SHKWUAPFAAVOU2QMAUOMWRBI.jpg?auth=7678ad35a2b74b47c42f3839671d633dfbefcaec91b39c0bdad97a5d6099c41e&smart=true&width=1456&height=816" alt="Luego de años de contener la pasión, Valeria y Hernán concretaron sus deseos (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>“Recuerdo claramente una tarde de sábado primaveral, cuando recibí un mensaje de su parte <b>sugiriendo que nos viéramos sin la compañía de los chicos,</b> con la excusa de una asesoría laboral”, revela Valeria. Aunque el motivo de la reunión parecía ser profesional, el subtexto era claramente diferente, “y eso sólo aumentó mi nerviosismo”. En ese momento, Valeria sentía un cúmulo de emociones que la hacían recordar a su adolescente interior: “Me sentía como a los trece años, en el instante de mi primer beso, lleno de emoción y ansiedad”.</p><p>Esa noche, la anticipación y el juego de coqueteo habían alborotado las hormonas de la flamante separada, y finalmente se dio el encuentro. “La reunión tuvo lugar en mi casa, un lugar que estaba cargado de recuerdos y emociones. Mi mente estaba en un torbellino, mezclando su imagen con la de mi ex, mientras temblaba de miedo y ansiedad”, apunta mimetizada con el pasado. <b>Hasta ese momento, ella sólo había intimado con el que había sido su marido</b>, “y cualquier cambio o emoción nueva era un territorio completamente inexplorado para mí”. La tensión y el temor de lo desconocido se mezclaban con la esperanza y el deseo, creando una fusión de sentimientos difícil de describir y aún más molesto de controlar.</p><p>Los siguientes dos meses fueron a pura adrenalina, en un maridaje de aventura segura, con <b>la danza perfecta entre dos cuerpos que se encontraban tras años de gustarse. </b>Cada encuentro era una explosión de sensaciones, como una serie de fogonazos en la penumbra de la noche. “En nuestra primera cita, bajo el parpadeo de las luces de la ciudad que reflejaban en el agua del río, nos aventuramos a una cena en un restaurante con una vista deslumbrante. La conversación fluía y cada mirada compartida era un acuerdo tácito para seguir avanzando, superando el muro de lo prohibido que habíamos construido durante años”, recuerda Valeria que al mismo tiempo se reconoce “subida a una montaña rusa del placer”.</p><p>La segunda vez que se encontraron fue en un barcito bohemio, rodeados de libros antiguos y el aroma a café recién molido. Sentados en una esquina apartada, sus palabras eran susurros cómplices mientras sus manos se rozaban casualmente sobre la mesa, y en cada roce surgía el recordatorio de la conexión profunda que compartían. La tarde se deslizó con una naturalidad inusual, como si estuvieran desentrañando los secretos de una melodía que ambos conocíamos de memoria. <b>“Y siempre terminábamos entre las sábanas, desquitándonos de todos los años contenidos”, </b>cuenta deshinibida.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/MFT2FSEJMFERLDJREKS2XKDXUU.jpg?auth=c2ae04e834dbacbfa27d733a261495ddd9db12b8025546ce7df74238c7b0058b&smart=true&width=1456&height=816" alt="Valeria no pudo olvidar a Hernán. Cada tanto, mira el celular a la espera que él haya visto los estados de whatsapp que pone (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>La intensidad era tal que Valeria y Hernán se animaron a más: “Decidimos aventurarnos al aire libre y fuimos a un festival de música al atardecer. La energía vibrante del lugar nos envolvía mientras bailábamos al ritmo de una banda local como dos adolescentes desatados, riendo y dejando que la música nos guiara”, dice ella todavía balanceándose. <b>Cada movimiento y cada risa se sentían como un triunfo, </b>una celebración de cómo habían dejado atrás las inseguridades para abrazar una relación que, aunque emergente, ya estaba cargada de promesas.</p><p>Para Valeria ya nada más importaba. Los límites de su nueva vida exploraban un mundo donde la emoción y el deseo superaban las restricciones de lo cotidiano. “La intensidad de esos días era como un sueño del que no queríamos despertar, un viaje en el que cada paso dado juntos se sentía como un avance hacia un horizonte compartido, lleno de posibilidades infinitas”, dice ella con una entonación que de repente la desnuda: <b>“Aunque tal vez el viaje era sólo mío”.</b></p><p>Sin mensaje ni excusa previa,<b> Hernán desapareció</b>. “Nunca entenderé si fui yo la que boicoteó o fue Hernán quien se asustó, pero tan rápido como fue, tan pronto como desapareció sin explicación”, relata con la angustia desesperante que genera la incertidumbre. “Y ahí quedé detenida, sabiendo que Hernán no pudo decir lo que le pasaba por cobardía, que no pudo compartir su ser porque yo no era la depositaria de sus respuestas, o porque aún no las encontró <b>o porque sólo fui un trofeo de larga data”</b>, se desata en cuestionamientos, hasta que de pronto, negada o esperanzada, vuelve a agarrarse de su “viaje”: “Llevo más de cinco años sin verlo… De vez en cuando me enloquezco y subo un estado de WhatsApp con la única intención de que él lo vea y me escriba algo”. dice Valeria, pronunciando la palabra “algo” con tal abatimiento que lastima de sólo verla. Todavía sigo esperando una señal que me haga entender que si el tiempo no nos reencontró, ni las circunstancias volvieron a acercarnos, Hernán no va a regresar. Lo nuestro fue tan efímero como inolvidable”, sostiene y en cuanto menciona el nombre del hombre que extirpó su alma, “Hernán”, aún con dolor se siente su amor incondicional: “En el fondo de mi alma espero una respuesta del Universo, ya entendí que <b>será cuando tenga que ser</b>, en general más inesperadamente. Tal como fue ese mágico encuentro”.</p><p><br/></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/TSZ4ZDT47RDJBK7QDBUDQCY74Y.jpg?auth=52e91d8daa48fcefab02a27774b1bb67eae1c508631568276294dd29791329db&amp;smart=true&amp;width=1456&amp;height=816" type="image/jpeg" height="816" width="1456"><media:description type="plain"><![CDATA[Amores Reales Valeria y Hernán (Imagen Ilustrativa Infobae)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[A los 6 años se “enamoró” del baterista del grupo de sus hermanos: la sugerencia de Facebook y una cita increíble]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2024/07/21/a-los-6-anos-se-enamoro-del-baterista-del-grupo-de-sus-hermanos-la-sugerencia-de-facebook-y-una-cita-increible/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2024/07/21/a-los-6-anos-se-enamoro-del-baterista-del-grupo-de-sus-hermanos-la-sugerencia-de-facebook-y-una-cita-increible/</guid><dc:creator><![CDATA[Cynthia Serebrinsky]]></dc:creator><description><![CDATA[Eudis lo miraba embelesada: Rodrigo era su amor imposible, pero tenía 18 y ni se percató de su presencia. Esa relación platónica, para la venezolana, no se enfrió con el tiempo. Las mudanzas de país hicieron que hasta sus hermanos perdieran contacto con él. De adultos, cuando menos lo esperaba, las redes sociales hicieron su magia. Y el resto corrió por cuenta suya]]></description><pubDate>Sun, 21 Jul 2024 03:35:37 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/OXTAO4NP45FBRIUMFDTPXJYTPM.jpg?auth=b7ac14669a2b481ba47efceb8da8168d2949d27dc6ff254eaaf34150770bd029&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Eudis y Rodrigo, felices hoy en España" height="1080" width="1920"/><p>“Conocí a mi marido cuando yo tenía 6 años y él 18″, cuenta Eudis Figueroa deschavando el final de su historia. Todo comenzó en Caracas, Venezuela, ciudad donde ella nació y se crió, como toda su familia de origen. Sus hermanos mayores, de 18 y 15 años, tenían una banda pero el baterista -“que era mi primo”-, repentinamente se fue a vivir a Estados Unidos. Rodaron la voz para reemplazarlo “y llegó mi esposo”, vuelve a referirse a quien en aquel entonces ocupaba sus sueños: “Yo no tengo muchos recuerdos de mi infancia vividos, pero sí recuerdo haberlo visto entrar en mi casa y quedarme encantada, ¿sabes? <b>Esos típicos amores platónicos que uno tiene de niña”</b>, dice todavía con corazones en los ojos.</p><h2>Una infancia fantástica</h2><p>Corría el año 1991 y Eudis esperaba ansiosa a que llegara el fin de semana, pero no porque le fuera mal en el colegio: <b>el motivo era Rodrigo. </b>“Cuando llegaban los fines de semana, que era cuando ellos podían ensayar, yo hacía los deberes el viernes para que el sábado mi mamá me dejara ver el ensayo”, explica como quien asiste a una final del Mundial. Mientras espiaba a su príncipe azul, la chiquita de seis años sentía que su juego de muñecas se hacía real: “Abría la puerta del estudio de música y me asomaba”, cuenta con picardía aunque rápido reconoce que “él ni sabía que yo existía, era una niña”, dice y, rápido, se coloca en su lugar: “Yo era la hermanita de sus amigos”.</p><p><b>Rodrigo Núñez nació el 2 de abril de 1972 en Santiago de Chile. </b>El país estaba convulsionado, ya se proyectaba la sombra de la dictadura que se instalaría al año siguiente, y sus padres decidieron emigrar a Venezuela. Pero un año después “decidieron enviarlo de vuelta a Chile porque sus abuelos paternos lo extrañaban”. Lo que serían dos años, se convirtieron en quince. Rodrigo se quedó viviendo con sus abuelos, que cumplieron la función de padres hasta 1987, cuando que el chico decidió volver a Caracas. La música siempre fue parte de su vida y a los 18 unos conocidos <b>le propusieron tocar con ellos en Atenas, la banda de los hermanos de Eudis.</b></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/EQUAWHRWWZANRJ7TGK23HCIRT4.jpg?auth=b2bafa985053b0e1dec192b399973280a7ab5bfbcae63b461ffac861aa99bdd2&smart=true&width=1920&height=2560" alt="Eudis, de pequeña. A los 6 años se "enamoró" del baterista de la banda de sus hermanos, 12 años mayor que ella" height="2560" width="1920"/><p>“Cuando mi hermano se graduó de Bachiller el grupo tocó en la graduación. Con una fiesta, todo muy al estilo de Venezuela. Y hay un vídeo donde <b>él sale tocando la batería y yo en el escenario bailando la conga</b>, ¡era una nenita!”, recuerda con alegría y nostalgia a la vez, por haber perdido semejante tesoro cuando tuvieron que dejar Caracas. “A los pocos meses mis padres decidieron emigrar para España. Toda la familia, o sea, mamá, papá y los tres hijos. Y ahí se perdió todo contacto porque no existían las redes sociales ni nada por el estilo. Los teléfonos no se intercambiaron, no se escribieron cartas, se perdió...”, resume.</p><p>La familia se instaló en Orense, España. “Yo tenía 8 años y cuando llegamos a Galicia nos pilló una crisis económica muy fuerte. Al año mi padre no pudo conseguir empleo, porque en esa época si tenías 44 años ya eras viejo para poder insertarte al mundo laboral”, relata Eudis. Entonces c<b>erca de 1994, los Figueroa decidieron regresar a al país caribeño</b>, pero ya no para vivir en el antiguo barrio: de la coqueta y colonial San Bernardino se mudaron al barrio Vista Alegre, donde residían mayoritariamente españoles, italianos, portugueses y árabes.</p><p>Los años transcurrieron y a pesar de los vaivenes de la vida, <b>Eudis siempre guardaba en un rincón de su corazón al chico que tocaba la batería</b> con sus hermanos: “Desde muy pequeña, todos los 2 de abril me acordaba del cumpleaños de Rodrigo, y le decía a mi mamá: ‘cuando yo crezca me voy a casar con Rodrigo’”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/JQV67HTS6NDRLGE5BLD7G7MKSQ.jpg?auth=eea3405c93beafd1ec4b1630430668e6086fb1acefc8cf98847edfbdd78a313b&smart=true&width=1920&height=1080" alt="" height="1080" width="1920"/><p>La niña se convirtió en adolescente y, cual groupie, continuaba leal a su amor imposible, ahora devenido en una especie de rockstar: “Mi marido fue el único de toda la agrupación que se convirtió en músico profesional. Entonces venía mi hermano mayor, que es más o menos contemporáneo con él, y me decía: ‘Ahí está Rodrigo tocando con no sé qué artista famoso, escúchalo en la radio, miralo en la tele’”.<b> El chileno era baterista y director musical de personalidades muy conocidas en los 80 en Venezuela</b>, como Guillermo Dávila, Pedro Castillo de Aditus, Guillermo Carrasco, Kiara, Karina y un popular grupo urbano que se llamaba Franco y Oscarcito, quiénes al día de hoy compusieron para Marc Anthony y Alejandro Sanz, y hasta se dio el lujo de negarse ante el Chino y Nacho que le pidieron de trabajar con ellos. Todo para Eudis que lo miraba por tevé.</p><p>“A mí siempre me ha encantado la música y decía que me iba a casar con un músico porque la música es vida. Y nos dimos cuenta que <b>yo había ido a muchos conciertos que él estaba de baterista pero nunca nos topamos. </b>Estuvimos al mismo tiempo en tantos sitios y nunca lo supimos…” Claro, el Universo andaba tejiendo sus cosas por allí y ellos no lo sabían.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/NDVRHBZB2ZH5HADRPQS2ZV5QMY.jpg?auth=c546c7ac0d3d95d308d9a9022d8d24c5bd4de32058341a1f888b3286892ed6e7&smart=true&width=1920&height=1080" alt="" height="1080" width="1920"/><h2>La vida después de la vida</h2><p>A los 23 años la venezolana hizo una especie de viaje sabático: “Me gradué de diseñadora gráfica y decidí nuevamente emigrar a España, con la mala suerte que me coge la segunda crisis”. Así, luego de siete meses volvió a su tierra natal y, con esta, a su flechazo de la infancia: “Ahí sí <b>mi hermano ubicó a Rodrigo por Facebook</b>, lo tenía de amigo, pero yo nunca había hablado con él directamente”. Sucede que volver nunca es fácil y Eudis sufrió las consecuencias: <b>“Caí en una depresión”.</b> Su mente se había aliado con el lado negativo y la torturaba pensando “estoy recién graduada; soy buena en mi trabajo; no me considero una persona fea, me considero simpática. Pero no tengo ni trabajo, ni novio, o sea, me sentía como aislada del mundo”. Entonces empezó a ir al psiquiatra y le diagnosticaron, como suponía, una depresión leve. En una de las sesiones la terapeuta ahondó y juntas descubrieron que <b>traía un tema de sobreprotección desde su niñez </b>que la estaba trabando: “Cuando nací me dio meningitis bacteriana tenía ocho meses y estuve 22 días casi en coma. Entonces, claro, mis padres cada vez eran más aprensivos conmigo. Luego a los 16 años sufrí un secuestro exprés en la puerta de mi casa. Ahora que soy madre entiendo que querían protegerme pero al final esa protección resultó dañándome”. Y agrega que además de ser 9 años menor que sus hermanos, “soy la más pequeña de 11 primos”.</p><p>Así, en conjunto con su psiquiatra, Eudis llegó a la conclusión que para salir del pozo debía agarrar las riendas y hacer por fin lo que más le gustaba:<b> “Me encanta viajar</b>, tenía el dinero para hacerlo, así que salí de la consulta con la psiquiatra y me fui directo a la oficina de Iberia a comprarme un pasaje”. Se acopló al viaje ya programado que harían sus padres para visitar a la familia: “No les dije nada y compré pasaje para el mismo día”. En teoría a ella le tocaba llevar a sus padres al aeropuerto, en cambio, sin que se dieran cuenta metió su equipaje en el auto y, sorpresa: “Cuando ven a mi hermano montarse en el carro, miran asombrados, y digo, ‘¡Me voy con ustedes!’”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/V5HMQL4SPVC5VC75B7WCVNODYU.jpg?auth=c2f0e9c38bea0215ba73de4514c3ba454e0dbfbbc80206da8444dd8aeb9abf81&smart=true&width=1920&height=1080" alt="" height="1080" width="1920"/><p>En septiembre de 2009, ya en Madrid disfrutando con toda la familia y el ánimo más recuperado, Eudis todavía podía escuchar la voz de su psiquiatra diciéndole: “Tú aprovecha, disfruta, relájate, que seguro cuando regreses vas a ver todo desde otro prisma”. Se sintió motivada y entró en acción: “Me metí en Facebook y ví sugerencia, ‘Quizás conoces a…’, y <b>apareció Rodrigo Núñez”</b>. Los aires madrileños aportaron lo suyo y sin dudarlo lo añadió a sus amigos. “Ese día nunca se me va a olvidar: empezamos a chatear el 14 de septiembre y<b> estuvimos chateando 45 días consecutivos </b>hasta el 15 de octubre”, dice ella, explicando cuál fue la duración exacta de su viaje a España. La conversación fluyó aunque el arranque fue de terror: “¿¡Quién eres!?”, escribió el chileno desde Venezuela. “Soy la hermana de Gabriel y Samuel”, contestó ella rápido mencionando a sus hermanos. Lo que siguió fue todavía peor: “¿Es que tenían hermana? Ni lo recuerdo”. Hoy Eudis relata todo con gracia y hasta lo justifica: “Claro, qué se iba a acordar de mí, si yo era una niña de seis años”. Pero <b>ahora eran una mujer de 25 y un hombre de 37.</b></p><p>Lo cierto es que el chileno, a pesar de hacerse el “cocorito”, por alguna razón le había dado amistad a esta desconocida que, según confesó más tarde, algo adentro suyo le decía que acepte. Y para ser más honesta, ella cuenta que “Rodrigo estaba en un momento muy enfocado en su carrera y sus cosas, pero ese día lo tenía libre”. Por fin <b>Eudis volvió a sentir que el viento soplaba a su favor</b>, reconociendo el mérito de su analista que “mejor consejo no me pudo haber dado”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/YGNDZURYZJCM5LMG3TTSAGNT5Q.jpg?auth=6c4696ece3ef2e92d7151bc9088fce69943b257951ed48aa16fa55985097a950&smart=true&width=1920&height=2560" alt="" height="2560" width="1920"/><p>El único drama por esos días era que se estaba consumiendo todo el roaming de su BlackBerry: “Yo hablaba, hablaba, hablaba”, repite como un trabalenguas. Había mucho de qué ponerse al día. “Estaba tan entregada en querer conocerlo como persona que a mí ni me importaba que me dijera que estaba tocando con equis artistas; estaba muy centrada en conocerlo a él. Lo primero que le pregunté era si estaba casado o si tenía pareja”, dice con coherencia. <b>Rodrigo le contó que estaba en proceso de divorcio, </b>o sea, se había separado recién el mes anterior pero no había sido padre porque “en teoría” no podía tener hijos. “Yo dormía con el teléfono aquí”, cuenta llevándose las manos al oído. El roaming se seguía consumiendo y las charlas eran interminables. “Yo viajaba por España con el teléfono en la mano”, parlotea graficando la escena. “En esos 45 días me gasté dos mil euros en recibo de teléfono, pero mi papá nunca se enteró. La mitad me la pagó él y la otra mitad mi mejor amigo, que es un santo y se ganó al cielo, porque en ese entonces yo tenía dinero pero no podía sacar dos mil euros así debajo de la manga”.</p><p>Así transcurrieron las vacaciones de Eudis en España, pero a medida que se acercaba su regreso, y con este el esperado encuentro, sus miedos también se incrementaban: “Me parecía imposible que todo sea tan perfecto: un chico guapo, lo conoce mi familia, un buen trabajo…”. Y por algo dicen que a la desgracia no hay que llamarla: “Resulta que en el camino aparece su ex esposa”. Lo que pasa es que “sólo habían hecho separación de cuerpos”, precisa. La relación no funcionaba pero el diablo metió la cola: “<b>La chica tenía la clave de su cuenta de Facebook y, en una de esas, vio un mensaje mío.</b> Entonces me escribió haciéndose pasar por él”, devela y, viendo mi cara de sorpresa, explica: “Enseguida me di cuenta porque no era la manera en la que él me trataba”. Su acertada intuición fue confirmada por su príncipe ideal que tuvo que presenciar su propia telenovela: “Un día lo llamé por teléfono y ella se lo arrancó de la mano y se me puso a hablar. Obviamente a mí se me vino el mundo abajo”, recuerda cabizbaja. Eudis estaba enamorada “hasta las trancas” pero aún así, recordó todo el esfuerzo que le había tomado sanar su autoestima herida, y le habló a la ex de su futuro marido: “Mira, yo no sé tu historia con él pero te aconsejo que te quieras primero como mujer”.</p><p>Posiblemente el discurso de autovaloración hizo efecto porque las duelistas nunca jamás volvieron a hablar. Además la venezolana había aprendido la lección que divulgaba: “Regresé a mi vida normal, o sea, decidí no estar tan en contacto con él lo que me quedaba de viaje porque no sabía si estaba perdiendo mi tiempo. <b>No sabía si él estaba jugando ‘doble play’, si me estaba mintiendo sobre ella”.</b></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/LPDJDJQ32JAVFJWMAQFRHUE52U.jpg?auth=f32f2ae957531d2d3693fd977d7751aa1f1a75532004b68db475e5a393a14cb5&smart=true&width=1920&height=2570" alt="" height="2570" width="1920"/><p>Eudis tenía una sola persona que la podía comprender en ese momento, y tal vez en todos los instantes de su vida: “Mi mamá, que en paz descanse, era mi confidente, mi mejor amiga, le contaba todo”, conmemora con los ojos vidriosos. A pesar de ser su madre, Ysmelia siempre fue muy ecuánime y objetiva, y aunque creía en Eudis y en sus sentimientos, le pasaba lo mismo que a cualquier madre: no quería que le hagan daño a su hija. Además, la joven ya había sufrido demasiado: <b>“Mi pareja anterior me abandonó de la noche a la mañana</b>, desapareció. Estábamos muy bien, salíamos, disfrutábamos y de la noche a la mañana me dejó de responder los mensajes, los correos”, relata eso que hoy se llama ghosting. “Y menos mal, mira, la vida tiene sus misterios y sus porqués”, agrega positiva, con la sabiduría del día después.</p><p>Cuando ya se acercaba el 14 de octubre, fecha de regresar a Venezuela, Rodrigo, en plan romántico, le propuso que al encontrarse la llevaría a una cabañita en El Ávila, una montaña frecuentada por los enamorados que cubre todo el valle de Caracas. Pero unos días antes le pidió posponer la fecha para verse porque, arguyó, <b>estaba enfermo de una muela, con un absceso</b>. Eudis se indignó, llevaban más de un mes hablando del momento en el que se iban a ver, ¿y Rodrigo la cancelaba? ¿por un diente? ¿qué excusa era esa? De ninguna manera. Eudis sentenció: “Mira, te voy a decir algo, si tú realmente quieres verme, nos vemos el 15 u olvídate de que yo existo. No me importa si es una cabaña o no: nos vemos el 15 o aquí se acabó todo”.</p><p>Efectivamente se vieron el 15. Fue a la peluquería, se arregló las uñas, se puso un vestido súper coqueto y “los zapatos turquesa que tenía en la primera primera foto mía que vio, porque me dijo que le encantaron”. Pero al verlo, para sorpresa de Eudis, el chico que la tenía loca desde los 6 años, era lo más parecido a Shrek: “Tenía la muela así -infla su mejilla como Quico-,<b> tenía la cara literalmente deformada</b>”. Pero eso fue anecdótico porque “me llevó a un restaurante muy bonito, que se encuentra en una colina y cenamos a cielo abierto mirando las estrellas, mientras un saxofonista tocaba en cada mesa. Una cosa preciosa. El pobre pidió papilla porque era lo único que podía comer”, cuenta entre risas. Y ese mismo día de octubre de 2009 se pusieron de novios. <b>“Nos dimos un beso que duró tres segundos, pero para mí fue una eternidad”</b>, recuerda con fuegos artificiales en la panza. Y ahí, Eudis confirmó aquello que había experimentado cuando tenía 6 años, escondida detrás del sillón: “Es él”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/PEJXLY2VXFBCVGYZH6OL5F4SVU.jpg?auth=9fe3480bcb11d2c0a1f273b8599035d5956425eff177cd0d2186fcc8b7c41127&smart=true&width=1920&height=1080" alt="" height="1080" width="1920"/><p>Cuando Rodrigo supo de que era acechado por aquella niña de 6 años, lo registró con gracia. “Los chilenos tienen un humor muy negro, y él se reía y me echaba broma y me decía, ‘Es que yo sabía y lo estaba cocinando a fuego lento; estaba esperando a que tu fueras adulta’”, cuenta Eudis que sin quedarse atrás respondía que estaba esperando que él “la cagara en otras relaciones para cuando la conociera a ella se enseriase”. Chiste va, chiste viene... <b>“en enero de 2010 quedé embarazada”</b>, revela. Y además de la alegría más grande, la noticia fue el milagro que llegó para confirmarles que eran el uno para el otro: “Se supone que él no podía tener hijos por una varicocele, y en teoría yo tampoco porque me habían dicho que tenía el útero muy arriba, entonces que el día que quisiera ser madre me iba a costar muchísimo y quizás hasta me tenía que hacer algún tratamiento de fertilidad. Pero fue todo hiper natural”.</p><p>Comenzaron a convivir. El 17 de septiembre de 2010 nació Victoria Núñez Figueroa. <b>Con la bebé se mudaron a Chile un par de años y desde 2013 viven en España</b>. No todo fue un cuento de hadas: tuvieron un restaurante y lo perdieron; pasaron por crisis económicas; estuvieron en bancarrota; tuvieron mucho dinero; lo perdieron todo. Pero el amor siempre estuvo intacto: “Ha valido la pena y no importa lo que pase alrededor del mundo si nosotros estamos unidos como equipo y como familia. Nuestra niña ya tiene casi 14 años y la hacemos partícipe de gran parte de nuestras cosas. Pero no importa lo que pase, si viene otra inmigración, si tenemos que irnos a otra ciudad o a otro país, siempre que estemos unidos y que hablemos desde el respeto y la confianza, no hay obstáculo que no podamos superar”.</p><p><b>El 12 de abril del 2013 se casaron,</b> pero no llevan anillo: “En ese momento no teníamos los medios económicos para comprar una alianza. Pero no queremos tener alianza porque para nosotros nuestra alianza son nuestros sentimientos, y nada más poderoso que eso”. Y aunque la diferencia de edad en el año 91 era notable, hoy con 40 y 52 años la brecha es de lo más habitual. “Yo soy feliz, de verdad, muy feliz. Y le doy gracias a la vida por haber pasado por todo esto porque la felicidad se construye. El enamoramiento llega y se va pero el amor se hace y se construye día a día y paso a paso”.</p><p><br/></p><p><i>Escribinos y contanos tu historia. </i><a href="mailto:amoresreales@infobae.com"><i>amoresreales@infobae.com</i></a></p><p><i>* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas</i></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/OXTAO4NP45FBRIUMFDTPXJYTPM.jpg?auth=b7ac14669a2b481ba47efceb8da8168d2949d27dc6ff254eaaf34150770bd029&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"/></item><item><title><![CDATA[Del tantrismo y el poliamor en Koh Phangan a la monogamia inesperada: el viaje espiritual de dos yoguis]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2024/07/17/del-tantrismo-y-el-poliamor-en-koh-phangan-a-la-monogamia-inesperada-el-viaje-espiritual-de-dos-yoguis/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2024/07/17/del-tantrismo-y-el-poliamor-en-koh-phangan-a-la-monogamia-inesperada-el-viaje-espiritual-de-dos-yoguis/</guid><description><![CDATA[En la paradisíaca isla tailandesa, donde la espiritualidad y los estilos de vida alternativos se entrelazan, Amitayus y Elica encontraron el amor en medio de sus propios caminos de autodescubrimiento]]></description><pubDate>Wed, 17 Jul 2024 05:32:54 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/V2YPG7TRI5DUTGTSJ56FOVC5QQ.jpg?auth=4b211a497f3f10abb92ac84e01aace8b4f23c6d718ea118c65246d9ca41c7f4e&smart=true&width=1024&height=768" alt="La australiana Elica había ido a la isla a sanar su corazón roto mientras que el norteamericano Amitayus buscaba un crecimiento espiritual a través del yoga y la meditación (crazylovestories.com)" height="768" width="1024"/><p>La isla de <b>Koh Phangan</b>, Tailandia, era un refugio espiritual donde los estilos de vida alternativos y las <b>relaciones abiertas</b> eran<b> la norma</b>. Fue en este enclave, donde las olas acariciaban suavemente la arena y el aroma del incienso impregnaba el aire, que Amitayus conoció a Elica por primera vez. Era diciembre de 2014. <b>Amitayus</b>, originario de Portland, Oregón, había llegado a la isla -famosa por sus fiestas de la luna llena- dos años antes, con la intención de profundizar en su camino espiritual a través del yoga y la meditación. “Cuando llegué allí por primera vez, había comenzado a salir con una mujer. No fue hasta nuestra tercera cita que ella me dijo que estaba viendo a otras personas. Me quedaba la opción de cortar con ella o continuar en una relación abierta. En la comunidad allí, la mayoría de las personas con las que hablé siempre mencionaron los beneficios espirituales de las relaciones abiertas. Decidí probarlo”, relató el hombre. En cuanto a <b>Elica</b>, nacida en Australia, había viajado por unas semanas para sanar tras una <b>ruptura amorosa</b>. “Oh, esa isla suena bien. Iré allí y haré un poco de yoga por un par de semanas y vuelvo”, se propuso. El viaje que era de unas semanas se había prolongado a un año. La isla tenía un modo peculiar de alterar los planes.</p><p>Amitayus estaba liderando una sesión de<b> acro-yoga</b> (disciplina que combina yoga y acrobacia en pareja) en la playa cuando vio a Elica por primera vez, acompañada por un amigo que no dejaba de cortejarla. “Me dirigía allí para una formación de profesores de yoga y estaba recién iniciado en mi camino. ¡Todo se sentía nuevo y emocionante!”, recordó Amitayus en una entrevista del sitio Crazy Love Stories. En cuanto la vio, supo que había algo especial en ella. La atracción fue instantánea y poderosa.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/MKQCNSHFHNC7BAX3ALAGLIA36Q.jpg?auth=329896fbfe67f8581b30fad7c67741279aafc31a20b152903ec43b4db9baea03&smart=true&width=1024&height=576" alt="Cuando Amitayus conoció a Elica la invitó a salir varias veces, pero ella lo rechazaba debido a que recién salía de una relación complicada (crazylovestories.com)" height="576" width="1024"/><p>Amitayus no perdió tiempo y la invitó a salir. Sin embargo, Elica, aún lidiando con las heridas de su pasado, rechazó sus avances una y otra vez. “La razón por la que siempre decía que no cuando me invitaba a salir era porque intuitivamente sentía que las cosas podrían ser diferentes con él. Sabía que tan pronto como me propusiera a hacer yoga en pareja con él, me sentiría demasiado atraída por él y querría profundizar”, explicó Elica más tarde. Pero el destino seguía tejiendo sus hilos, y aunque la vida intentaba separarlos, siempre volvían a encontrarse.</p><p>Finalmente, una conversación profunda fuera de la sala de yoga marcó un antes y un después. Sentados juntos, Amitayus le habló de <b>la belleza de que te rompan el corazón</b>, y Elica, aunque escéptica, empezó a ver algo diferente en él. “Él me estaba diciendo lo maravilloso que es que te rompan el corazón. ¡A mí me sonaba bastante terrible!”, recordó ella. Amitayus estaba citando del libro de Gibran “El Profeta” sobre el amor.</p><h2>Nada duradero</h2><p>Las diferencias en sus experiencias y expectativas plantearon desafíos desde el inicio. Amitayus llevaba años llevando relaciones abiertas, siguiendo el consejo de sus amigos en el lugar, aunque tenía claro que lo que buscaba era una <b>relación profunda</b>. Ya le habían roto el corazón infinitas veces y él a otras personas que incluso quisieron casarse con él. Sobre el poliamor dijo: “Hay muchos aspectos hermosos en estar abierto a múltiples personas. Te permite observar cómo interactuás de manera diferente con distintas personas y te enseña cómo manejar muchas <b>energías diferentes</b>”. Sin embargo, la naturaleza transitoria de Koh Phangan, donde las personas nunca estaban seguras de cuánto tiempo se quedarían, no era el entorno ideal para construir algo duradero.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/42W66TWMUVBYTOZU6RBMINEO4M.jpg?auth=f353c1a1e8fe4d8c46b7757d7ae2d9fe56371a5ec07ef7a6b80e943a9a0991a6&smart=true&width=684&height=1024" alt="Cuando Elica y Amitayus se conocieron él llevaba tiempo manteniendo relaciones abiertas en la isla (crazylovestories.com)" height="1024" width="684"/><p>Elica, por otro lado, siempre supo que, aunque había explorado las relaciones abiertas, buscaba algo más profundo y monógamo. “En el fondo sabía que tener relaciones abiertas no iba a ser mi <b>camino final.</b> Mi signo zodiacal es Cáncer y, al ser un signo de agua, encuentro que soy más profunda que amplia”, reflexionó Elica que durante su primer año en Koh Phangan tuvo parejas ocasionales como parte de “su proceso de recuperación”.</p><p>Uno de los momentos decisivos llegó cuando ambos coincidieron por casualidad en Melbourne, Australia. Fue allí donde empezaron a conocerse realmente. Elica, una astróloga talentosa, leyó su carta astral y le dijo: “Sabes, deberías estar con una mujer Cáncer con Géminis en ascenso”. A lo que Amitayus respondió sorprendido: “¡Esa soy yo!”. Aunque<b> Elica negó estar coqueteando</b>, Amitayus siempre creyó que sí lo hacía. Esta revelación sembró la semilla de lo que estaba por venir.</p><p>De vuelta en Koh Phangan, Amitayus había decidido dejar la isla para siempre. Estaba haciendo las valijas, listo para cortar lazos, cuando decidió dar un último intento para reconciliarse con Elica tras una pelea. Le pidió que se encontraran para tomar un licuado y hablar. Esa reunión se convirtió en una conversación de tres horas que cambió el rumbo de sus vidas. Al final de la conversación, Amitayus la invitó a salir por última vez. Esta vez, Elica finalmente dijo que sí.</p><h2>La despedida</h2><p>“Sería fantástico si pudiéramos<b> irnos en buenos términos</b>. ¿Podemos almorzar y simplemente hablar de cosas?”, le había dicho Amitayus. Elica aceptó y esa reunión fue el inicio de su verdadera conexión. “Me sentí muy atraída por él y me gustaba mucho como persona”, confesó ella más tarde. La primera cita se transformó en una noche juntos que desbordó de pasión y conexión.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/KSRYMIGI4RCAXMP4ITSZLGQVZY.jpg?auth=5027f454b491ee07063a66e08a26f216e86154922b9a2193d057eb3032b10530&smart=true&width=768&height=1024" alt="La isla tailandesa, Koh Phangan puso el escenario paradisíaco para la historia de amor (crazylovestories.com)" height="1024" width="768"/><p>Koh Phangan, con sus playas paradisíacas y su vibrante comunidad espiritual, fue el telón de fondo perfecto para su historia de amor. La isla, aunque transitoria y llena de viajeros buscando respuestas, ofreció el escenario ideal para que Amitayus y Elica encontraran las suyas. Los rituales de yoga, las meditaciones al amanecer y las conversaciones bajo las estrellas crearon un ambiente donde su amor podía florecer.</p><p>Amitayus y Elica pasaron de la confusión y el rechazo a una conexión profunda y sincera. Amitayus, quien siempre había buscado una relación con verdadera profundidad, encontró en Elica la <b>compañera perfecta</b>. “Ella vino a mi casa y ambos nos sorprendimos del poder de la conexión que teníamos”, recordó Amitayus. Ambos habían pensando que vivirían una aventura de una noche porque él se iba en dos días. Pero a la mañana siguiente le preguntó si podía volver a verla esa noche y nuevamente ella dijo que sí. “Tuve que decepcionar a algunas damas”, reveló Amitayus sobre las relaciones simultáneas que llevaba hasta entonces y agregó: ”Esa fue la noche en que salimos a disfrutar de una agradable cena italiana. Pasamos la mayor parte de la noche mirándonos a los ojos, deslumbrados”. Y Elica afirmó: “¡No podíamos dejar de sonreír! Fue realmente lindo”.</p><p>En ese punto, los dos asumieron erróneamente que el otro quería una<b> relación abierta</b>. Dado que en su última relación la australiana había sufrido demasiados problemas relacionados con los celos, el miedo y el control, su flamante pareja también creyó que ella quería tener una relación abierta. “Él asumió que yo quería una relación abierta y yo supuse que él quería eso y ahí es donde estábamos”, explicó Elica.</p><p>Amitayus se fue a la India y más tarde a Corea, donde volvieron a estar juntos durante 9 días, mientras visitaban templos y vivían una suerte de luna de miel.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/56OL33P5DVGHPKWHDLECRT3JAI.jpg?auth=29288635e1c5d29bb30e314fa160cb6a10597dee3dbd99ce2bd2f688383ebcaa&smart=true&width=392&height=579" alt="Los dos asumieron erróneamente que el otro quería una relación abierta (crazylovestories.com)" height="579" width="392"/><h2>Boda tailandesa</h2><p>La relación de Amitayus y Elica pasó por varias pruebas. Después de dejar Corea, Amitayus sintió que <b>no quería estar con otra persona que no fuera Elica</b>. “Recuerdo haberle dicho a un amigo nuestro de antemano que ya no estaba seguro de estar interesado en relaciones abiertas porque realmente buscaba profundidad y compromiso, no en términos de tiempo, sino un compromiso mutuo en términos de presencia y intimidad. Entonces, sin que ella lo supiera, <b>eso ya estaba en mi mente</b>”, expresó el yogui. Mientras que al mismo tiempo Elica, dos o tres semanas después del viaje a Corea entró en una pequeña crisis. “Si iba a tener una relación, necesitaba profundizar con la persona de manera comprometida porque el trabajo de sanación sería una parte fundamental del viaje para mí”, pensó la mujer, que decidió no guardarse esos sentimientos asumiendo el riesgo de que la relación se acabara allí mismo.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/JHQQSPZ7S5E57KF2R532O3KQ2M.jpg?auth=7eaeccade1a1861015f0764a857f12e65fe9d9886e0477c4152a601caf8dffaa&smart=true&width=683&height=1024" alt="La pareja selló su amor con una boda tailandesa (crazylovestories.com)" height="1024" width="683"/><p>La pareja conversó online y celebró este proceso que atravesaron por separado y les permitió llegar a la misma conclusión. Ella leyó el Tarot para saber qué les depararía el destino. “La lectura fue para ver si iba a ser bueno para nosotros. Lo que surgieron fueron algunos aspectos negativos, pero fueron ahogados por muchos de los hermosos aspectos positivos que recibiríamos de ello”, contó el hombre feliz por la decisión de encarar una relación monógama con la mujer que había rechazado sus invitaciones una y otra vez, además de dejarlo plantado.</p><p>Elica compartió las repercusiones que hubo en la isla al enterarse de la relación ambos y ¡del casamiento! “Publicamos un vídeo nuestro en Facebook anunciando personalmente nuestro compromiso. ¡Esto conmocionó a toda la comunidad tántrica y fue un caos absoluto! El shock colectivo fue: “<b>No nos casamos en Koh Phangan, ¡simplemente nos acostamos unos con otros!”</b>. Aunque sentaron un precedente: en la boda, uno de sus amigos y profesores que dirige una escuela de yoga allí decía que al casarse habían creado una base de algo en la comunidad que otros podrían seguir. Crearía el potencial de profundidad y compromiso.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/AHAEPX7XHJE4TGAN6GJZ5VKLDY.jpg?auth=0823b82d600b6703c5c7615565b6ba37dd09c43a90f73cad0891f9bdad78428c&smart=true&width=1024&height=683" alt="La ceremonia tailandesa fue inolvidable para la pareja que apostó por la monogamia (crazylovestories.com)" height="683" width="1024"/><p>El compromiso se selló en una hermosa boda tailandesa, un evento cuidadosamente planeado que reflejaba su dedicación mutua y espiritual. “<b>Casarse realmente cambia alquímicamente la conexión entre dos personas</b>”, comentó Elica. Su ceremonia no solo fue un ritual de unión, sino una transformación espiritual que cimentó su amor que sueñan que sea para siempre.</p><p>Después de su boda, Amitayus y Elica continuaron su viaje juntos. La pareja sigue explorando <b>nuevas dimensiones</b> de su relación, utilizando las herramientas conscientes que han aprendido para resolver cualquier desafío que enfrenten. Hoy, viven entre Estados Unidos y Koh Phangan, enseñando yoga y<b> terapia de sistemas familiares internos</b> (un enfoque de la psicoterapia que identifica y aborda múltiples subpersonalidades o familias dentro del sistema mental de cada persona), ayudando a otros a encontrar la misma profundidad y conexión que ellos descubrieron.</p><h3><br/></h3>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/BGCBPKXIRNA3DBCYHYNLIJVPSY.jpg?auth=9d5d3b620ec663e96144341c086bb75b67ae121d6d4ea97294f07f2c76aeb556&amp;smart=true&amp;width=713&amp;height=500" type="image/jpeg" height="500" width="713"><media:description type="plain"><![CDATA[(crazylovestories.com)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Esperó años por una palabra que la hiciera dejar su vida atrás: cuando él la dijo, eligió al amor que será para siempre]]></title><link>https://www.infobae.com/amores-reales/2024/07/14/espero-anos-por-una-palabra-que-la-hiciera-dejar-su-vida-atras-cuando-el-la-dijo-eligio-al-amor-que-sera-para-siempre/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/amores-reales/2024/07/14/espero-anos-por-una-palabra-que-la-hiciera-dejar-su-vida-atras-cuando-el-la-dijo-eligio-al-amor-que-sera-para-siempre/</guid><dc:creator><![CDATA[Cynthia Serebrinsky]]></dc:creator><description><![CDATA[Paula era maestra jardinera y tenía un novio, pero su corazón se dividía entre dos amores: otro hombre y un paisaje de bosques y montañas, ambos a dos mil kilómetros de distancia. La pasión la hizo viajar una y otra vez mientras la felicidad plena la esquivaba. Después de mucho tiempo, él la sorprendió y le pidió lo que soñaba. Y su respuesta fue descubrir la vida que deseaba de verdad]]></description><pubDate>Sun, 14 Jul 2024 04:19:30 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/WLFBV3ZNGZCW3JJJ3A3XHKRTQA.jpg?auth=706b9b2226038cf11a0a9a99d6d0b35b04795388bff189e3914dddc84084d933&smart=true&width=1456&height=816" alt="Paula amaba a Martín y al paisaje de El Bolsón donde soñaba vivir con él. La espera duró años... (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Paula tiene 44 años, es maestra jardinera y vive en Quilmes. Martín tiene 48 años, es ingeniero agrónomo y vive en El Bolsón. Esta historia ocurrió allá por 2005, cuando ella rondaba sus 25 primaveras.</p><p><b>“Siempre quise ir a plantar frutillas en El Bolsón”</b>, cuenta, esbozando una sonrisa, la misma que un chico hablando de Disney. “Literal. De chica hice una lista de lugares para visitar porque mis papás tenían una caja donde guardaban las postales que les mandaban, y siempre había una que me llamó mucho la atención: El Bolsón, no sé por qué…”, dice todavía con el guardapolvo puesto: acaba de salir del colegio de Ranelagh donde trabaja, el mismo donde comenzó esta historia, y agrega un dato relevante en este relato: <b>“Yo nací el 11 de septiembre, el día del maestro”</b>.</p><p>Pasaron los años, la vida misma, Paula se recibió de maestra jardinera y comenzó a trabajar en una institución de zona sur, en la cual Martín era “profe” de huerta. “Yo estaba de novia con un buenazo total pero que <b>me aburría tremendamente...</b> era todo previsible. No había magia ni mucho menos adrenalina. Éramos como hermanos”, se sincera explicando que estaban de novios hacía tres años. “Un amor de persona”, dice y, como si no la hubiera escuchado, repite “un amor de persona”, con la entonación exacta que<b> anuncia más cariño que pasión. </b>Y Paula tenía 25 años como para conformarse con “estar bien”. Estaba en la flor de la vida, y quería sentirse viva.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/OUPUG3EU4VCP5E7Z4HW34ODGLY.jpg?auth=a1fb2ed68e235870b233e71b1cce7f27fd42c3a6f5e47a16842c7c1ff334c081&smart=true&width=1456&height=816" alt="Paula conoció a Martín en el jardín de infantes donde ambos trabajaban (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>De repente, casi sin darse cuenta, se da cuenta: “Un día siento que estaba esperando ansiosa que Martín llegue a dar su clase, estaba nerviosa. Así fue cada día durante más de medio año escolar. Vestirme mejor, producirme… ¡y comportarme como una tonta!”, añade entre risas para explicar<b> su súbito enamoramiento por el compañero. </b>Toda la adrenalina que le faltaba en casa, de golpe Paula sintió que la tenía en su trabajo.</p><p>Terminó el año escolar, momento en que llegan las preciadas vacaciones, el descanso, pero para ella fue al revés: “El vacío que sentía por no cruzarlo era tremendo. <b>Me di cuenta que estaba hasta las manos”.</b> Mientras que todos sus amigos querían que el verano se extendiera por años, la quilmeña sólo anhelaba volver a trabajar. Claro, sin imaginar que su “zanahoria” ya había cambiado de huerta. “Empiezan las clases y él desaparece. Sin saludar, se lo traga la tierra”, anuncia con la angustia de hace 20 años. “Me cuentan que<b> se había ido a trabajar como ingeniero agrónomo a El Bolsón”,</b> declara la primicia conmovida, y alzando la voz, cual actriz de telenovela, dice: “Mi corazón dio un vuelco. Desde ese día busqué la manera de contactarme. Sólo tenía un mail”. Además de irse a vivir a “su” lugar, cual quinceañera Paula encontraba (o buscaba) indicios en las coincidencias más irrisorias: “Yo soy fanática de Luis Miguel, fanática pero fanática”, repite como para que no queden dudas. “El ‘flaco’ cumple los años el mismo día que Luismi…”, señala una información que para cualquiera podría sonar insulsa, salvo para quien sabe rebuscarselas en encontrar agujas en pajares: “Basta señales Universo, basta”, suelta en capicúa, develando la incógnita que indica la evidencia suficiente para que sus corazones estuvieran destinados. <b>“Me encantaba él y todo lo que estaba pasando con la conexión</b>; flasheé conexiones por todos lados”, confiesa con el diario del lunes.</p><p>Fueron varios meses de desolación en el Jardín, hasta que “¡Por fin me responde!”, despliega con una mirada que lo dice todo. “Y así,<b> cada 15 o 20 días nos mensajeábamos”</b>, revela, aclarando que en aquella época no había Internet en todos lados, como en la actualidad, “sólo ciber”. De repente llega el mail más esperado: “¿Por qué no venís a conocer El Bolsón?”</p><p>El cielo, el océano y su pecho se abrieron a un nuevo mundo, aquel que Paula soñaba desde chica: “<b>Plantar frutillas en El Bolsón y con el hombre de mis sueños”.</b></p><p>Sin mucho preámbulo, habló con “el buenazo” de su novio y <b>“le dije que no funcionaba...</b> que quería conocer la Patagonia y buscar un trabajo. Mis amigas sabían y nadie más”, se refiere al secreto que la esperaba en la provincia de Río Negro. “En las vacaciones de julio, me tomé un avión y llegué a El Bolsón a las 9 am”, dice como si hubiera aterrizado ayer mismo. Lo primero que hizo fue ir al Mitski-Cocoa -la mítica chocolatería plagada de turistas ya cerrada hace una década- a tomar un cafecito mirando el Piltriquitrón, “¡no lo podía creer!”, recuerda todavía maravillada refiriéndose a la primera vez que<b> por fin tuvo frente a frente a ese majestuoso cerro que había visto cada día de su infancia en postales.</b></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/IJG5PNUAYFBQPL4WXMJUPHW4UQ.jpg?auth=d73a86aac46940322f916ca2172352ccf819474e979434b03cc153c5f53d42b6&smart=true&width=1456&height=816" alt="El reencuentro fue apasionado. Paula confiesa que tomó mucho vino y terminó la noche en brazos de Martín (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>“Por SMS le había avisado a dónde estaba y al mediodía me fue a buscar. Me llevó a recorrer todo, yo estaba embelesada”, reconoce con una emoción tal que confunde: <b>¿Paula amaba a Martín o era el paisaje lo que la tenía fascinada?</b> Poco importan esas cuestiones a los 25 años, periodo en que la serotonina, las hormonas y el colágeno están de farra. “A la noche fuimos a lo de un amigo suyo a cenar... <b>Tomé mucho vino y luego pasamos la noche juntos. </b>Yo vivía un cuento”, admite gloriosa, aunque enseguida emite su lamento boliviano: “pero a los tres días me tuve que volver”. Si la neurociencia demuestra que se tardan seis milisegundos en enamorarse, en aquellos quinientos millones acumulados durante el fin de semana, Paula ya lo sabía: <b>Martín era el hombre de su vida, “definitivamente”.</b></p><p>Cuenta una anécdota que la marcó cuando emprendía el retorno a casa: “Estoy esperando el colectivo para Bariloche, yo lloraba, lloraba, lloraba. <b>Se me acerca un paisano y me dice, ‘Te enamoraste de un bolsonero’. ‘Más o menos’, le contesto.</b> Y nunca me voy a olvidar de ese buen señor que me dijo, ‘Hay unos lugares en Argentina hermosos, pero Bolsón tiene un eslogan: ‘Donde lo mágico es natural’. Vas a ver que vas a conocer un montón de lugares hermosos, pero vas a ver que vas a volver una y otra vez. <b>Este lugar te hechiza’”.</b></p><p>Una vez devuelta a la vida cotidiana, la comunicación continuó por la misma vía que antes de reencontrarse. Y como sucede a menudo, la distancia se volvió directamente proporcional con las ilusiones del más enganchado. “Yo le mandaba mensajes de texto pero <b>él respondía muy escueto.</b> Muy raro, muy cerrado al extremo, tal vez porque era guardaparque”, suma para justificar la austeridad verbal de Martín. Para su cumpleaños Paula decidió auto regalarse lo que más deseaba: “Cumplo el 11 de septiembre que para mi laburo es feriado y me fui tres días a ver a Martín a El Bolsón. Todo era perfecto pero, <b>al volver a mi rutina, las cosas se enfriaban mucho de su parte”</b>, cuenta con las expectativas un escalón más abajo que en su anterior visita. “Esos tres días, todo divino. <b>‘Te quiero. Me quiero casar con vos’, pero cuando vuelvo me deja de hablar otra vez…</b> y yo mandando menos amor propio”, se autoincrimina verborrágica.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/CRIKFC25JZGR5A3AIM3AFIADMM.jpg?auth=f6fb6f23262c5052978ecf71b7f10501b83f92157e228fc79aa6e33f66a37481&smart=true&width=1456&height=816" alt="Paula estaba enojada por las frialdad de Martín cuando no estaban juntos. Viajó a El Bolsón sin decirle, pero se lo encontró en un supermercardo y su sonrisa la desarmó (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Pero el amor es ciego y, a veces, insistidor por demás. “En diciembre decido irme todo el verano, hasta el 14 de febrero”, cuenta sin hacer ninguna aclaración acerca del porqué de la fecha de vuelta, pero hago mis propias conclusiones e intuyo que en su inconsciente enamorado, San Valentín sería un buen árbitro para probar si lo de Martín era amor. “No le avisé que iba porque estaba enojada, pero sí le dije a su amigo. Un día estaba haciendo compras en un súper y<b> apareció Martín con su mamá.</b> Su sonrisa entre sorpresa y alegría me hizo olvidar lo enojada que estaba”, recapitula devolviéndole la alegría de ese verano de 2007. Aunque ese enero fue peculiar, por decirlo con delicadeza: “Pasábamos la noche juntos y al día siguiente me encontraba en la calle y me hacía de lejos…”, dice alzando su mano como quien saluda al kiosquero. “Raro, pensaba y me preguntaba,<b> ‘¿Está con alguien?’</b>”, revive Paula la angustia por no obtener respuestas contundentes del otro lado. “Yo estaba de vacaciones, tenía 26 años. Él estaba trabajando y es muy serio. Muy introvertido. Yo soy cero vergüenza, hablo mucho y todo el tiempo estoy haciendo cosas. Éramos agua y aceite”, sentencia. “La pasé como el culo,<b> me lo pasé llorando todo el verano… </b>horrible”, se desahoga sin reparos.</p><p>Llegó febrero y Paula volvió con su alma marchita “sabiendo que no era lo que quería ni esperaba. Yo estaba destrozada. <b>Pero en Buenos Aires no podía olvidarlo”</b>, retoma su rol de actriz melodramática, y se arma para admitir: “Hoy después de casi 20 años te lo puedo decir:<b> la que escribía siempre era yo”</b>. Claramente había algo que ella aun no podía ver, así que en julio volvió a volver por cuarta vez a su Tierra Prometida. La misión era clara: “Empezar o terminar; pudrirla o seguir”. La maestra jardinera había tenido una seria charla con la almohada:<b> “Si él me dice ‘quedate’, yo me quedo.</b> Estaba dispuesta a todo, sin un mango, sin nada. A riesgo de perder mi laburo”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/OLEEB4QEIZH25KWJ33TLG5LANY.jpg?auth=b9fffd5b1d59c21d7b4b39f01af7598179c47769ab4ab1076c09cb136507c68b&smart=true&width=1456&height=816" alt="Después de un matrimonio fallido, pero que le dejó un hijo, Paula regresó nuevamente a El Bolsón en busca de una palabra de Martín que la hiciera quedar en el paraíso que había soñado toda su vida (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="816" width="1456"/><p>Y café de por medio, Paula puso su corazón en la mesa de 1942, una confitería en el centro de El Bolsón: “Mirá, yo la estoy pasando mal, no sé si vos te das cuenta”, fue a fondo sin hacerse más “la boluda, la que no me importa”. Y la respuesta llegó como navaja:<b> “Yo te quiero, pero nos separan 2.000 kms y vos no te vas a establecer”</b>, sentenció Martín y, sin abrir una ínfima posibilidad de réplica, <b>bajó el martillo: “Mejor dejemos acá”.</b></p><p>Así, sin más, se abrazaron y, en esa fría noche de julio, <b>se dijeron “Adiós”.</b></p><p>“Estaba re enamorada. Él me llevó a un lado mío relajado porque soy muy que quiero controlar todo, y él era tan impredecible que no me quedó otra que relajarme y soltar”. Literalmente, así fue. “<b>Volví a Buenos Aires en julio de 2007 y me casé en 2009 con alguien que sabía de antemano, no iba a durar. </b>Siempre pensé en Martín, cada día, durante esos años”, desparrama con melancolía. Tuvo a su único hijo y <b>para el 2014 ya estaba separada. </b>“¿Y a dónde vuelvo? Al útero, ¡El Bolsón! Esta vez con mi nene de 2 años”, esboza con la alegría de enseñarle a su tesoro más preciado, su lugar en el mundo.</p><p>A Paula le costaba recorrer los rincones del pueblo patagónico sin pensar en la posibilidad de chocar con su antiguo amor: “Mi corazón saltaba”, admite sin definir si los brincos eran de alegría o temor a que su mundo se vuelva a derrumbar. Juntó valor, lo contactó y fueron a cenar los tres. “Nos pasó a buscar por el hotel y nos llevó a cenar a su casa. <b>Mi hijo se durmió en sus brazos y nosotros nos quedamos”</b>. Charlaron de la vida hasta que, mientras debatían qué había pasado entre ellos, de la boca de Martín salió “esa” palabra que 10 años atrás hubiera cambiado toda la historia:<b> “Quedate”</b>. Pero ya todo había mutado para Paula, tenía un hijo, con un padre que “no podía desarraigar por mi historia nada más”. Entonces esta sí fue la última vez: <b>“Nos despedimos y, por fin, yo pude dejar atrás mi historia con Martín”</b>, relata, y reflexiona sobre quien tal vez fue su verdadero amor: “¡Pero no con El Bolsón! Ahora es mi lugar en el mundo, al que siempre necesito volver, tomar una bocanada de aire y seguir la vida”.</p><p>Y se nota que realmente Paula logró ponerle un moño a esa etapa: <b>“En 2016 empiezo a salir con quien hoy es mi pareja, un hombre extraordinario</b> que conozco desde hace muchos años.<b> Él pudo rescatarme de Martín”</b>, dice sobre su relación que se va afianzando desde hace casi 8 años. “Hoy soy muy feliz con mi pareja y espero que Martín también lo sea. Lo cerré, lo guardé y lo solté. Pero pienso que sin él no hubiese conocido a mi novio, que es el amor de mi vida. <b>Martín no me dio una vida juntos, pero me regaló a El Bolsón</b>, y estaré eternamente agradecida por eso. No nací en El Bolsón pero sí moriré allá”.</p><p><b>–</b></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/WLFBV3ZNGZCW3JJJ3A3XHKRTQA.jpg?auth=706b9b2226038cf11a0a9a99d6d0b35b04795388bff189e3914dddc84084d933&amp;smart=true&amp;width=1456&amp;height=816" type="image/jpeg" height="816" width="1456"><media:description type="plain"><![CDATA[Amores Reales El Bolsón (Imagen Ilustrativa Infobae)]]></media:description></media:content></item></channel></rss>