<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/" version="2.0" xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/"><channel><title><![CDATA[Infobae.com]]></title><link>https://www.infobae.com</link><atom:link href="https://www.infobae.com/arc/outboundfeeds/rss/author/ernesto-cherquis-bialo/" rel="self" type="application/rss+xml"/><description><![CDATA[Infobae.com News Feed]]></description><lastBuildDate>Fri, 06 Nov 2026 14:59:11 +0000</lastBuildDate><language>es</language><ttl>1</ttl><sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod><sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency><item><title><![CDATA[La más bella locura del Loco Gatti: el día que jugó como delantero en un amistoso oficial y merodeó el gol ]]></title><link>https://www.infobae.com/deportes/2025/04/20/la-mas-bella-locura-del-loco-gatti-el-dia-que-jugo-como-delantero-en-un-amistoso-oficial-y-merodeo-el-gol/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/deportes/2025/04/20/la-mas-bella-locura-del-loco-gatti-el-dia-que-jugo-como-delantero-en-un-amistoso-oficial-y-merodeo-el-gol/</guid><dc:creator><![CDATA[Cherquis Bialo]]></dc:creator><description><![CDATA[En medio de una desorganizada gira de un Boca Juniors en crisis, el arquero nacido en Carlos Tejedor ingresó como nueve ante la carencia de reemplazos. Fue en Fresno, Estados Unidos, con 39 grados y sin público en las tribunas]]></description><pubDate>Sun, 20 Apr 2025 23:44:30 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/444E4AE4MBA5DPWO7ZQPERDA6E.png?auth=5e423cef8c0e1be14151207c7b97ae7c78537e44b62bf88d09ed98747326a830&smart=true&width=640&height=384" alt="En una doble página, la revista El Gráfico registró al Gatti "delantero", una excentrecidad que se dio un amistoso que Boca Juniors disputó frente al Atlas en los Estados Unidos. " height="384" width="640"/><p>La miseria había llegado de manera degradante. <b>Boca, un símbolo grandioso del fútbol argentino, había tocado fondo y una amenaza de remate ponía en riesgo a su templo, La Bombonera.</b> Se habían acabado los festejos del campeonato de 1981 obtenido al conjuro de la magia de Maradona y de Brindisi. En los tres años siguientes, un encerado tobogán económico lo dejó al borde de un abismo.</p><p>Fue así que la recomendación a los jugadores por parte del presidente Domingo Corigliano -al momento de pedir licencia por “cuestiones de salud”- fue: “Muchachos no hay plata, tenemos que jugar la copa Gamper en Barcelona como parte de la venta de Diego y después de todo lo que recauden, habrá una parte para los gastos, una parte para el club y una parte para ustedes….”. Y así, con el estadio clausurado, Boca jugó 30 amistosos. Y ellos comenzaron en abril frente a Estrada de Formosa, Chilecito y Andino de La Rioja, Simoca de Tucumán, entre otros. Luego continuaron con aquella derrota contra el Barcelona por 9 a 1 por la Copa Joan Gamper llegando hasta Grecia, Francia e Italia en Europa; después a Fresno, California y hasta un frustrado cruce de frontera para llegar a México y jugar con el Atlas. Este último compromiso no pudo concretarse por falta de la documentación completa de los jugadores.</p><p>¡Qué Boca era aquel Boca…! Parece un cuento: para un encuentro oficial contra Atlanta<b> tuvieron que prestarle las camisetas blancas que el club de Villa Crespo usaba como alternativa y dibujarles los números en las espaldas con un lápiz de crayón </b>a los pibes de las Inferiores que jugaban en la Primera porque los grandes estaban en huelga. Increíble. Era tal la situación que el gobierno del presidente Alfonsín decretó intervenir el club –debe haber sido la única Intervención de su mandato- y designó para tal función a Federico Polak, un caballero. Fue la salvación, pues Boca pudo reinstitucionalizarse y los socios, luego, votaron por Antonio Alegre y Carlos Heller, la fórmula que habría de devolverles prolijidad administrativa y grandeza institucional.</p><p><b>Antes de que ello ocurra y en el transcurso de aquella famosa gira ocurrieron hechos inimaginables. Uno de ellos fue que Hugo Orlando Gatti, su arquero y estrella, ingresara obligadamente como delantero</b>. Diríamos por qué el plantel era escaso y al equipo le faltaba uno… Esto pasó el 17 de septiembre de 1984. El rival era el Atlas de México y la temperatura en Fresno superaba los 39°. Boca se imponía por 1 a 0 gracias al gol convertido a los 28′ por el uruguayo Fernando Morena.</p><p>Fue en aquellas adversas condiciones climáticas que tres jugadores –el límite previsto para cambios- pidieron ser relevados durante el entretiempo pues estaban deshidratados. El estadio Ratcliffe tenía arcos de fútbol americano, las medidas del campo no llegaban a los 105 metros, en las tribunas no había ni público ni alambrado; menos aún, bancos de suplentes, <b>fue por ello que Gatti aprovechó para dejarse el pantaloncito, cubrir parte de sus pies con un par de ojotas y dejar que el sol tiñera de bronce sus doradas piernas, torso y rostro </b>toda vez que en el arco de Boca jugaba Balerio. El <i>Loco </i>Gatti solo se reincorporaba de su posición horizontal en caso de que alguna jugada que lo ameritara, a juzgar por los gritos de los jugadores.</p><p>El director técnico de aquel equipo era el brasileño <b>Dino Sani</b>, valorado campeón del mundo con la selección de Brasil en Suecia 58′. Su fama quedó asociada a la consagración de Pelé, pues este ex talentoso volante fue el cerebro táctico de aquel inolvidable equipo. Dino Sani también jugó en Peñarol, en Boca, en Milan, en no menos de siete equipos brasileños y hasta en el Puebla de México. Y fue campeón con la selección y con equipos como jugador y también como conductor.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/7UXISK2T55GZHD7P2QFC3WLOZY.png?auth=47b00c3dafe990391c3a9403da2740c3c0bc4dff2e4bb152ee677bf50d931a5b&smart=true&width=469&height=640" alt="Una de las primeras tapas de Hugo Orlando Gatti en la revista El Gráfico" height="640" width="469"/><p>Este hombre bueno también es recordado por la anécdota de haber elegido un gol en contra como “el mejor gol de la jornada” en el programa de televisión que lograba el mayor rating los domingos por la noche. En esa emisión de Canal 9 del domingo 14 de mayo de 1984, los conductores Julio Ricardo, Adrián Paenza, Marcelo Araujo, Fernando Niembro y Dante Zavatarelli no podían creer que el ilustre técnico de Boca hubiese elegido un desafortunado gol del volante Marcelo Firpo, quien al intentar rechazar un remate de Lucca tras un centro de Comas, metió el balón en su arco faltando 5 minutos. Con ese gol en contra, Velez le ganó 1 a 0 a Atlanta y Dino Sani lo destacó como “el mejor gol de la jornada”...</p><p>Por cierto que este hecho fue motivo de bromas en todos los ámbitos del fútbol y mucho más en el caótico vestuario de Boca. Pero todos sabían que Dino Sani era un hombre cordial, apacible y digno. Tanto que ilimitó la tolerancia a sus jugadores, quienes habrían de cobrar 4.500 dólares para enfrentar al Atlas de México lo que en el prorrateo significaron 261 dólares para cada uno.</p><p>Hubo más cosas increíbles en esa devastadora gira de Boca realizada por Europa y Estados Unidos en 1984. Por ejemplo, los jugadores viajaron unos 350 kilómetros desde Los Angeles hasta el Valle de San Joaquin y al llegar a Fresno –lugar del amistoso- muchos de ellos, la mayoría, debieron dormir en autos y ocupar algunos asientos del bus, pues no había lugares disponibles para todos en los hoteles adecuados.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/LXYQYH7ROFGCXOZDRGFXEVVFHE.jpg?auth=cba48ba6030334407286d843585acccc439a74ce456fc95214f16c44d553af87&smart=true&width=1920&height=1240" alt="El Loco en acción, pero en un partido por el campeonato local ante San Lorenzo. De delantero solo jugó un amistoso" height="1240" width="1920"/><p>Mientras todos corrían, Hugo Orlando Gatti tomaba sol acostado sobre el lugar donde sus compañeros, unos pocos suplentes, seguían el partido en cuclillas o sentados fuera del campo de juego sobre un piso de césped sintético. Parecía el mismo osado joven a quien Osvaldo Zubeldía hizo contratar en 1962 para que fuese el arquero de Atlanta. Fue el mismo día en que llegó desde Carlos Tejedor, su tierra natal, para probarse. Don León Kolbowski, presidente del club –un hombre que dignificó a la dirigencia argentina- habló con Gatti y luego de ello llamó a Zubeldia.</p><p>— Osvaldo –le dijo al enorme Osvaldo, un revolucionario de la táctica y de la estrategia en el futbol– este muchacho que probaste y querés que contratemos está “mishiguene” (loco en idish); dice que es mejor que Carrizo, que Roma es un antiguo, que con él llegará la revolución de los arqueros”. Y tomándose la cabeza, comenzó a lamentarse: “Mome Maine” (madre mía).</p><p>Zubeldía lo tranquilizó: “Don León ya tuvimos a Errea (Néstor) –un arquero que jugaba bien con los pies, alto, flaco, frío, de tirarse poco y ordenar la defensa, que falleció silenciosamente –junio del 2005 a los 66- en Grecia- y a quien Don Victorio Spinetto le había dado la titularidad. Bueno –completó Zubeldía– este pibe Gatti tiene condiciones, va a andar bien, quédese tranquilo Don León; hágale firmar el contrato”, completó el revolucionario técnico. Frente a tanta contundencia, Don León repreguntó a su DT: " Y dígame Osvaldo, ¿usted cree que podremos venderlo y recuperar la inversión? (Vaya si lo logró Don León: su venta fue por 15 millones de pesos de la época que significaban unos 150.000 de entonces…).</p><p>Quién hubiera dicho que aquel muchachito de 1.83, casaca de colores vivos, pelito corto, sonrisa fresca, patitas flacas, salidas audaces, transgresor, osado, intrépido y de enormes convicciones iba a llegar a jugar 765 partidos en la Primera División, de los cuales 548 fueron en Boca. Para lograrlo habría de pasar por River -93 partidos sin poder desplazar a Amadeo Carrizo, su obsesión-, más sus exitosas campañas – 244 partidos- en Gimnasia y Esgrima –durante la cual hizo el famoso aviso de ginebra Bols con Smowing, un gol de arco a arco- y Unión de Santa Fe , club en el cual Juan Carlos Lorenzo, tras dirigirlo, lo incluyó como condición “sine qua non” para tomar la dirección técnica de Boca en 1976. Se trató de una operación muy larga y complicada entre el presidente de Unión, Super Manuel Corral y el de Boca, Don Alberto J. Armando. Y fue con esa, su última camiseta, con la cual Gatti ganó 6 títulos inmortalizando el penal que le atajó a Vanderley en la final contra el Cruzeiro, como el más significativo símbolo de su paso por el club.</p><p><b>El hombre que había sido héroe en Kiev bajo la nieve con la Selección Nacional de Menotti, el que había dicho que Maradona era un gordito, que Carrizo un timorato, que Roma un antiguo y que era mejor que Fillol, tomaba sol a un costado de la cancha mientras los demás corrían en aquel inservible partido que se jugaba en Fresno, California.</b></p><p>De tantos años –desde cuando se fue a probar a Atlanta hasta el final de su carrera contra Deportivo Armenio el 11-9-88 tras aquel gol que se comió al salir tarde frente a Maciel de Armenio en La Bombonera y Boca perdió 0-1- cuántos momentos he compartido con este fenomenal protagonista que falleció este domingo 20 de abril a los 80 años.</p><p>De todos los recuerdos –que son muchos y de todo tipo- habré de rescatar uno que debí sobrellevar con algo de nerviosismo. Fue en mayo de 1979 cuando la revista <i>El Gráfico</i> celebraba sus 60 años. En tal oportunidad, <i>El Gráfico</i> invitó al evento a grandes deportistas argentinos e internacionales. Entre quienes vinieron desde distintos países del exterior estaban J.C Owens – 4 medallas doradas en los Juegos Olímpicos de Berlin 1936-, Jackie Stewart –3 veces campeón del mundo de la F1-, Pelé –3 veces campeón del mundo-, muchas figuras del continente y Muhammad Alí, la estrella máxima del boxeo mundial.</p><p><b>Uno de los compromisos de nuestra agenda era llevar a Muhammad Alí a Canal 13</b> el domingo 20 de mayo para que participara relevantemente del programa “Mónica Presenta” que conducía Mónica Cahen D’Anvers junto a César Mascetti con la participación de Roberto Maidana, todos primeras figuras de la comunicación de entonces. Pero esa noche había un selecto grupo de invitados: Tito Lectoure, Edmundo Rivero y acompañábamos a Muhammad, su esposa Verónica Porsche, su fotógrafo Howard Bingham y nuestro corresponsal en Estados Unidos, Alberto Oliva.</p><p>Tal como era la televisión de entonces, todo estaba cronometrado: “Mónica abre programa, habla 1 minuto y medio; continúa César 45 segundos… Vamos al living con Roberto, 2 minutos y volvemos con Alí, Mónica, Cesar y fotógrafos; aplausos a las 21.07; luego Rivero con “Por una cabeza”; aplausos; Mónica comienza la entrevista con Alí…”. Todo milimétricamente cronometrado. Hasta que de repente apareció Gatti con su hijito Lucas Cassius de 15 meses en brazos y, puesto que la seguridad y todo el mundo en el piso creía que era un invitado al programa, <b>Gatti se acercó a Alí y le hizo traducir que le había puesto Cassius como segundo nombre a Lucas por su admiración hacia él. Muhammad no entendía bien, pero se puso a jugar con el bebé al tiempo que el productor general gritaba “mandá corte, mandá tanda…”.</b></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/3TVDQXQOEZD6DN7S2SDE6UNMT4.png?auth=2d2959ca08800e56b567d10eea647eaca653629f420aebc7da925fcd8ff6292d&smart=true&width=523&height=640" alt="En canal 13, Gatti se acercó al campeón de los pesasos para comentarle que le había puesto Lucas Cassius a su hijo en homenaje a él. Alí no entendió mucho..." height="640" width="523"/><p>Desde aquella anécdota con Muhammad Ali en Canal 13 a este hecho en Fresno que hoy recreamos, habían pasado cinco años. Y Gatti era cada vez menos Hugo Orlando y cada vez más <i>El Loco</i>. Y aunque el 11 de agosto de 1976, durante los festejos por la obtención del Campeonato Metropolitano frente a Platense en La Bombonera ya había jugado un rato de 9 como parte del show, ésta sería la primera vez que lo haría oficialmente. La crónica de <i>El Gráfico</i> decía que el correntino José Orlando Berta se lesionó y pidió el cambio. Dino Sani lo miró y quejosamente le respondió: <b>“Aguantá que no tenemos más a nadie…”</b>. Faltaban 17 minutos e iban 1 a 1. De repente, lo miró a Gatti que seguía tomando sol y acercándose le inquirió: <b>“¿Usted se animaría Hugo a jugar de punta?”</b>. La respuesta fue inmediata, pues <i>El Loco</i> se puso de pie y mientras le pedía el calzado al utilero Quintieri sin tiempo para vendarse, el preparador físico Rodriguez se fue corriendo hasta el ómnibus y trajo una camiseta de Boca impecable con el número 14. <b>En menos de dos minutos salió el Gringo Berta e ingresó para hacer su “debut internacional” como centrodelantero Hugo Orlando Gatti, uno de los más famosos arqueros del mundo. </b>Una vez en el campo ocurrió lo siguiente: “Porté (Omar Rodolfo) lo mira y escucha a Gatti que le indica Omar, tírame buenos centros y mirá lo que hago, vas a ver cómo se juega al fútbol. Atención troncos, que entró el maestro`’, le vociferó a sus exhaustos compañeros”.</p><p>La pelota no llegaba y Hugo se tiró a la derecha. <b>La recibió y se mandó por el lateral, pero lo salió a marcar un defensor y se fue con la pelota afuera de la cancha</b>. El crack uruguayo Fernando Morena no desaprovechó la oportunidad para cargarlo: “Hugo, andá a jugar a Carlos Tejedor”. <b>Por fin el gol que pudo meter Gatti, ese que fue el sueño de su vida, lo convirtió el Potrillo Morena con un remate que dejó sin chance al arquero mexicano y le dio el triunfo a Boca por 2 a 1.. </b>Pensar que era inmejorable la posición del <i>Loco </i>para empujarla si el uruguayo lo hubiera visto… Que lástima.</p><p>Por los siglos de los siglos, hubiera seguido contando cómo fue…</p><p><b>Archivo:</b> Maximiliano Roldán</p><p><br/></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/SIH226HFD5ANLLM7HF5AB7SH3E.jpg?auth=704489e6e049fa26836d1d2ca4a44a8faaa5b97814cd7f2a6e790a9039fda99a&amp;smart=true&amp;width=1583&amp;height=890" type="image/jpeg" height="890" width="1583"/></item><item><title><![CDATA[Gatti marcó una época con el nacimiento del color y la sonrisa en el fútbol argentino]]></title><link>https://www.infobae.com/deportes/2025/04/20/gatti-marco-una-epoca-con-el-nacimiento-del-color-y-la-sonrisa-en-el-futbol-argentino/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/deportes/2025/04/20/gatti-marco-una-epoca-con-el-nacimiento-del-color-y-la-sonrisa-en-el-futbol-argentino/</guid><dc:creator><![CDATA[Cherquis Bialo]]></dc:creator><description><![CDATA[Fue uno de los pioneros en el rol de arquero-jugador y causó una revolución hasta con su forma de vestir. Le adosó un estilo osado a la hora de declarar, que tomó de uno de sus ídolos: Cassius Clay. Fue Gatti hasta el último hálito de su vida]]></description><pubDate>Sun, 20 Apr 2025 22:42:55 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/EPV4GHYAPRBJPN7ZP6ODYS6QYA.jpg?auth=f6cc83f74c67c76b8bd8b9991583d7e1f76874222304e43044d3fb2b2a0aaded&smart=true&width=686&height=386" alt="El Loco murió a los 80 años" height="386" width="686"/><p>Nunca me voy a olvidar el día que fue tasado por una cifra récord ante el interés de <b>River</b> en 1964. Estábamos laburando en la redacción y la producción para la revista <i>El Gráfico</i>: “El pase más cuantioso de la historia del fútbol argentino”.</p><p>Una idea era producir fotos con <b>Hugo Orlando Gatti</b>, quien venía de Atlanta, acompañado por otro jugador del plantel (Miguel Ángel Villafañe, su compañero de pensión). ¿Por qué? Era costumbre de León Kolbowski, entrañable y respetadísimo presidente del Club Atlético Atlanta, que cada vez que River o Boca, que eran sus principales clientes, pretendían comprarle un jugador joven, Kolbowski vendía dos por uno. Fue el iniciador en la época del fútbol profesional de los años 60 en la oferta dos por uno. ¿Querés a Gatti? Tenés que comprar a otro, que más tarde terminó siendo Mario Bonczuk.</p><p>Lo llevamos a Gatti a la redacción. La pregunta era cómo conseguíamos billetes de dólares para que Gatti se sentara en el hall central del tercer piso de la Editorial Atlántida, rodeado de puertas, vitrinas y trofeos. En el medio, él, sentado en ese ámbito y con dólares lloviendo. Es decir, teníamos que arrojar dólares al aire y cuando iban cayendo sobre la humanidad del Loco Gatti, sentado en posición de yoga, sacar la foto del joven jugador sonriendo para poner en la tapa: <b>“Hugo Gatti: desconocido que vale millones, signo de nueva época en nuestro fútbol”</b>.</p><p>Para hacer esta producción tuvimos que hacer un memorándum a la administración y esta lo consultó con el directorio. El directorio lo autorizó y fueron a buscar pesos nacionales al Banco de la Nación Argentina Casa Central para hacer la nota. El administrador, el tesorero y dos empleados presenciaron la producción de la nota, desesperados cuando veían esos billetes en el aire, cayendo sobre la humanidad de Gatti y sonriendo. Kolbowski había asegurado que lo tasaba en la suma récord para la época de 15 millones porque era un<b> “arquero sensacional, llamado a ser el sucesor de Yashin”</b>.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/7UXISK2T55GZHD7P2QFC3WLOZY.png?auth=47b00c3dafe990391c3a9403da2740c3c0bc4dff2e4bb152ee677bf50d931a5b&smart=true&width=469&height=640" alt="Hugo Orlando Gatti en su primera tapa para El Gráfico: Atlanta lo había tasado en una cifra récord y luego sería vendido a River Plate" height="640" width="469"/><p>“No tomé a nadie como ejemplo”, argumentaba él cuando le preguntaban por su singular estilo. Hugo Orlando Gatti no llegó a Primera División solo por sus condiciones, sino también porque se lo impuso. El arquero de Atlanta había sido uno de los pioneros; no el uno, el dos, diría. El pionero número dos, pero el más importante en el nuevo orden del arco. El “nuevo orden del arco” era el arquero-jugador. Arquero que podía jugar con los pies. Año 1962. Club Atlético Atlanta. Director técnico: Osvaldo Zubeldía. Capitán del equipo: Carlos Griguol; técnico dentro del campo. Errea era el arquero y Atlanta lo vendió a Boca Juniors. De manera que el joven Gatti, que venía de Carlos Tejedor, y en los entrenamientos, en las duchas, en el vestuario, en las tertulias y en las pocas conversaciones de concentraciones leves, casi inexistentes, decía <i>menos mal que yo vine a salvarlos a ustedes porque soy el mejor arquero del mundo</i>.</p><p>En aquella tapa de <i>El Gráfico</i> habíamos presentado al futbolista récord del fútbol argentino y al que iba a generar la salida de una gran parte de los recursos del poderoso Club Atlético River Plate, por entonces ya el <i>Millonario</i>. El arquero titular de River era Amadeo Carrizo. Un monstruo. De manera que lo que River estaba comprando era al sucesor de ese monstruo llamado Carrizo, inventor de un nuevo puesto en el arco.</p><p>A pesar de que están en la nómina de arqueros, eran jugadores. Carrizo tenía un estilo y Gatti era más osado aún que él. Primero: chau a las rodilleras. Segundo: unos guantes enterizos que quitaban sensibilidad a los dedos. Tercero: una vincha en el fútbol argentino. Cuarto: colores revolucionarios en su indumentaria. Mientras, todos los arqueros, menos Carrizo, jugaban con la clásica camiseta color amarilla y pantalones negros, para no confundirse con el resto de los protagonistas, Carrizo empezó a ponerse otros colores. Y éste dijo “si Carrizo usa esos colores –el celeste o el verde que después recogió Fillol–, yo me pongo cualquier color”, y usaba camisetas fosforescentes, que en Atlanta generaban una sonrisa y en River una preocupación.</p><p><i>¿A quién traemos para cuando se retire Amadeo?.</i> No para cuando Amadeo fuera desplazado porque Amadeo había nacido para jugar siempre. Llega el joven Gatti al Club Atlético River Plate y por ser jugador de River es protagonista de la cotidianidad informativa. Se podían ver los entrenamientos de los equipos, de manera que era consultado permanentemente por los cronistas que iban a ver entrenamientos, sobre todo en vísperas de grandes partidos, y ni hablar de los enfrentamientos frente a Boca Juniors. Mientras todos los jugadores decían “la verdad que nos gustaría ganar el clásico”, y otros decían “nuestra hinchada que nos apoya merece una satisfacción”, <b>Gatti decía “les vamos a hacer cuatro goles”</b>. Para la prensa era como agua para el chocolate. </p><p>¿De dónde venía esa osadía en el conservador clima de las noticias deportivas que por entonces publicaban los diarios, matutinos y vespertinos, y las revistas semanales? Venía de una línea parecida a la que en la misma época llevaba a cabo un boxeador distinto a todos, que luchaba por la igualdad social, racial e intelectual, y se llamaba <b>Cassius Marcellus Clay</b>.</p><p>Clay declaraba. Y Gatti repetía y trasladaba al fútbol lo que Clay declaraba respecto de ir corriendo el límite del fútbol para declarar sobre otro jugador, sobre otro equipo. Así como Cassius Clay decía, por ejemplo, que Joe Frazier no le llegaba ni a los talones; Gatti decía que Carrizo era el pasado; y también decía que Roma ya no estaba para atajar porque era un arquero antiguo. Vivía provocando a los colegas, que en el mundo del fútbol era un escozor. </p><p>Cuando había tertulias futbolísticas se convertían en ateneos. <i>“Apareció un jugador que mirá lo que dice y lo compró River”</i>. Ya había gente de River que no estaba de acuerdo con estas declaraciones con las que Gatti representaba a una señera institución. Tenía las piernas más delgadas que cualquier otro arquero que hubo existido o existirá. Tenía brazos sin bíceps marcados. Tenía un pectoral muy angosto para lo que era la fisonomía de los arqueros de la época, grandotes, gordotes, altos, armados. En Atlanta seguramente se habría advertido porque fue protagonista de grandes partidos, pero con River se notaba mucho más. Y no había televisión.</p><p>Esta anécdota sobre Cassius Clay debe ser ampliada. La revista <i>El Gráfico</i>, al cumplir 60 años de vida en el año 1979, cuando ya Gatti llevaba varios años como arquero, y había pasado por River, Gimnasia La Plata, Unión y Boca Juniors, decide celebrar de una manera ampliamente merecida con todos los maestros que tuvo en la redacción, con todos los fotógrafos que pasaron por allí, y con toda la historia del deporte argentino a lo largo de 60 años, con todas las transformaciones que implicaba eso desde 1919, fecha de partida de la revista, a 1979. De manera que pensamos: “Debemos invitar grandes héroes”. Vino Jesse Owens, ganador de los 100 metros en Berlín 1936, atleta norteamericano. Vino Jackie Stewart, campeón mundial de la Fórmula 1, gran admirador y amigo de Juan Manuel Fangio. Vino Pelé, obviamente, el mejor jugador de fútbol del mundo. Y vino Cassius Clay a la Argentina.</p><p>Me ocupé de atender a Cassius Clay porque era el cronista de boxeo. Había cubierto algunas peleas de Cassius en Estados Unidos y también en otros países, por ejemplo en Manila y en el Congo, cuando recuperó la corona. Teníamos buena relación. Una de las obligaciones de agenda para homenajear los 60 años de <i>El Gráfico</i> y aprovechar la presencia de estos héroes deportivos en el país, era la participación de Cassius Clay, en este caso, en el programa de Mónica Cahen D’Anvers en Canal 13, un domingo por la noche. Yo tenía que ocuparme. Estaba alojado en el Hotel Sheraton de Retiro junto con Cassius Clay. Debía llevarlo al canal y pasar a buscar a Tito Lectoure. Allí estaría Mónica. Estábamos ahí en el piso, televisión en vivo, canal abierto, y tenían a Cassius Clay en la Argentina para una entrevista de una hora en televisión.</p><p>En eso hay un tumulto en el piso, que era una cosa totalmente desacostumbrada. No entraba nadie. Aquello era un ámbito cuasi religioso. Era un templo con cámaras y luces, maquilladoras y peinadoras, vestuaristas y asistentes. Cassius Clay, sentado; Tito Lectoure, Roberto Maidana y Mónica, de pie. Y cuando estamos por empezar el programa, faltaban uno o dos minutos, aquel tumulto. ¿Quién era? El Loco Gatti, que traía a su hijo de un año y piquito en brazos: <b>Lucas Cassius Gatti</b>. Entonces Mónica dijo <i>‘ya que está acá, que participe de la nota’</i>. No había telefonía celular para sacarse una foto, pero aquel tremendo jugador que ya actuaba en la selección argentina de fútbol después de su trayectoria en River, Gimnasia, Unión y Boca Juniors, había ido a conocer a su ídolo y por quien le había puesto el nombre de Cassius a su hijo, que luego resultó ser jugador de fútbol. Después del programa, me pidió que le tradujera: <i>“Decile que yo soy aquí lo que él es en el boxeo del mundo”</i>. La autoestima de Gatti era una cosa impresionante. Nunca supe si la autoestima partía de la seguridad o de la inseguridad que había en toda la representatividad de aquellas declaraciones con las que se comprometía cotidianamente.</p><p>No hizo muchos amigos en el fútbol. No conservó aquellos códigos de comportamiento convivencial. No empatizó demasiado con periodistas, no abrevaba en lugares clásicos de grandes futbolistas de la época. Eso llamó siempre la atención. Pero <b>tenía un adorador: Juan Carlos Lorenzo</b>, un prestigiosísimo revolucionario de la táctica del fútbol que vino de Italia a dirigir a San Lorenzo, volvió a Italia, ascendió a la Lazio, y después fue contratado otra vez para regresar al país y dirigió a casi todos los equipos. Pero el arquero de Lorenzo era Gatti. De manera que cuando Boca contrata a Lorenzo como técnico luego de una exitosa campaña en Unión de Santa Fe, el arquero de Unión era Gatti, y él le pone como condición Alegre que el arquero tenía que ser Gatti. Él dirigía equipos donde el arquero era Gatti, con lo cual se producía allí también un gran debate entre la prensa y el público, que no había proliferado tal como lo marca ahora el avance tecnológico con pantallas 24 horas de deporte. <b>¡Lo que hubiera sido Gatti jugador con la superficie que hoy ocupa la información y el debate deportivo! ¡Hubiera sido extraordinario!</b></p><p>Después tiene los grandes hitos y algunas declaraciones que naturalmente se eternizarán. Tuvo la mala idea de, en vísperas de un partido que jugaba contra Argentinos Juniors, decir respecto de Maradona que era un gordito. Ese “gordito” se ensañó. Diego no quería hacer el gol normalito, un remate con tres dedos, un revés de pie con el efecto, un empeine completo para un pelotazo, un chanfle. No, quería hacerle goles, si era posible, de túnel y de sombrero. Y le hizo un gol histórico y Gatti respondía a esas cosas de una manera muy particular. </p><p>Tuvo declaraciones también espontáneas, pero desafortunadas. Eran cosas muy osadas. Además siempre iba en contra de la corriente. Gatti necesitaba alimentar su autoestima, que estaba elevadísima, pero que siempre le daba más para arriba, criticando, que en el mundo del fútbol era todo una osadía. Criticaba a otros arqueros, criticaba a Maradona y en el ’77 le tocó la selección nacional de fútbol. Lo convocó el Flaco Menotti y se mandaron una gira, respondió fenomenalmente, pero ahí había un parteaguas que era: “¿Vos querés jugar la Copa del Mundo del 78 en Argentina? ¿O querés jugar la Copa Libertadores con tu club?“, preguntaba con toda franqueza Menotti a los jugadores que estaban en duda porque no todos los jugadores acudían al llamado de la Selección. Los de River renunciaron, menos Passarella; y después de última se llamó a Fillol, cuando ya la cosa claramente era inminente.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/UULLN5SSKJHRRNSJJLQWB6FESM.png?auth=c88618af49d25796d06d758078d02c7ce8ae7f9565165bd3df8dde3375474126&smart=true&width=709&height=697" alt="Fillol y Gatti: una dicotomía de época " height="697" width="709"/><p>Y Gatti dijo Boca, me quedo con Boca, jueguen ustedes el Mundial. Se quedó con Boca y ganó la Copa Libertadores y la Copa Intercontinental contra el Borussia. Una vez que pasó la consagración, quiso volver a la Selección. Fillol también quiso volver. El <i>Flaco</i> Menotti aceptó una reunión con Fillol, que hubo de haberse llevado a cabo en su casa, a instancias de una producción de la revista de la época, pero no admitió lo de Gatti porque Fillol siempre fue silenciosamente respetuoso con la Selección y los objetivos para el Mundial. En cambio, Gatti dijo <i>cómo vas a comparar a Boca con la Selección.</i> Es decir, tenía esa cosa, de la que nunca se arrepentía, la reafirmaba. Iba a cualquier programa. Para el ambiente del fútbol, desde su debut hasta su retirada y sobre todo después, cuando siguió como comunicador en España, este enorme arquero, este personaje que cambió un poco la lógica y el humor de los interesados en la información deportiva y de los hinchas de los clubes en los que actuó, fundamentalmente, no será recordado por actitudes personales, porque no se le conocen actitudes personales propias de jugadores de fútbol –solidaridades, adhesiones, etcétera.–. Antes bien se lo conoce por su pasión por el fútbol y por su frustración de no haber sido “nueve”; <a href="https://www.infobae.com/deportes/2022/08/28/la-mas-bella-locura-del-loco-gatti-el-dia-que-jugo-de-delantero-contra-el-atlas-de-mexico/" target="_blank">puesto en el que jugó algunas veces</a> y que intentaba ser aceptado por Zubeldía en Atlanta. Cuando vino a probarse como arquero le dijo <i>Maestro, mire que yo también juego de delantero. Si le hace falta un delantero, pruébeme de delantero.</i> Y después por sus críticas despiadadas a otros colegas.</p><p>Llama la atención que haya permanecido en un hospital público, no porque no sea la excelencia, sino porque es naturalmente el lugar de recurrencia emergente cuando, como a él, le ocurre un accidente tan propio de la edad: una caída. Una caída es la rotura del fémur y el reemplazo de una cadera. Se va al hospital. Una ambulancia, un coche particular, un taxi, te lleva a una guardia de hospital. Pero cuando el diagnóstico es poner una prótesis en la cadera, generalmente se apela a algún servicio de jerarquía de sanatorio, que es donde una persona con la trayectoria y la vida del <i>Loco</i> Gatti generalmente acude. Llama la atención que haya permanecido allí y llama la atención que no nos hubiéramos enterado antes que estaba internado allí y que estaba en una situación crítica. Pero a la vez también forma parte de la coherencia de su vida hasta el hálito final. Así de austero era y así priorizaba todas las cuestiones vinculadas con lo que comúnmente nosotros llamamos la vida. El gasto para una vida mejor. En los conceptos de Gatti esto no existía. Él tenía una autoestima tan elevada que entendía que a los lugares que pudiere abrevar, tenía que ser invitado. Esto siempre fue marcado como una cosa rara, una rara avis en el universo del fútbol.</p><p>Si hubiera que hacer una síntesis, yo diría que el <i>Loco</i> le quitó máscara de drama a las tribunas del fútbol, sobre todo de los equipos en los que jugó. Su principal virtud fue, como arquero, que generó la reafirmación de un nuevo orden para el golero; pero que también transmitía una enorme confianza en sus compañeros. Su único involucramiento siempre fue el fútbol y no manejó la autoestima como un hecho provocado, sino que estaba dentro de él. Polémico, a veces provocativo, generalmente autorreferente. Empezaba a hablar de cualquier tema y terminaba siempre poniendo ejemplos respecto de lo que él hubiera hecho o lo que él hizo. Pero, naturalmente, reconociendo cualquier error de forma de vida, no de comportamiento humano. Gatti marcó una época en el fútbol argentino con sus burlas contra Carrizo, sus sarcasmos contra Roma, su actitud burlona frente a los arqueros convencionales. Gatti marcó una época; y la época que marcó Gatti fue una en la que justamente apareció el color y la sonrisa en las tribunas del fútbol argentino. El color y la sonrisa.</p><p>Fue un gran arquero. Priorizó siempre su convicción y nunca aceptó frente al espejo haber admitido lo que los años le iban a traer: arrugas en el rostro y que había dejado de ser lo que fue. Por eso luchó hasta el último hálito de su vida por seguir siendo Gatti.</p><p>Y será Gatti para siempre...</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/CQQM4RNDO5BRZPDSE3NYWBTKMY.png?auth=9275ee911812882bb4b4318de5418ba6806a050669035e10c9c18ef126bd1894&amp;smart=true&amp;width=1096&amp;height=502" type="image/png" height="502" width="1096"/></item><item><title><![CDATA[La historia de Fischer-Spassky, la apasionante partida de ajedrez que paralizó al mundo en medio de la Guerra Fría]]></title><link>https://www.infobae.com/deportes/2025/02/27/la-historia-de-fischer-spassky-la-apasionante-partida-de-ajedrez-que-paralizo-al-mundo-en-medio-de-la-guerra-fria/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/deportes/2025/02/27/la-historia-de-fischer-spassky-la-apasionante-partida-de-ajedrez-que-paralizo-al-mundo-en-medio-de-la-guerra-fria/</guid><dc:creator><![CDATA[Cherquis Bialo]]></dc:creator><description><![CDATA[La muerte de Boris Spassky a los 88 años reflotó la leyenda del mítico enfrentamiento, que se prolongó del 11 de julio al 1 de septiembre de 1972 y le significó a su rival, de origen estadounidense, cortar una hegemonía de campeones mundiales rusos sostenida durante 24 años]]></description><pubDate>Thu, 27 Feb 2025 20:46:55 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/XQIC2SZQPNB73FCRUHBQZXWYDM.jpg?auth=f05f5b505e6298bb9c76b0733af2cd9ba72d6ad327c465d0237a17d681ec71cf&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Fischer dialoga con el autor de la nota, enviado especial de la revista El Gráfico a cubrir el encuentro que dirimía mucho más que el cetro del ajedrez." height="1080" width="1920"/><p>Fue un año de glicinas y quimeras. Aquel <b>1972</b> consumía tan vertiginosamente las horas que el vértigo impedía la reflexión. Se vivía todo intensamente. Y la evocación alterna el país gobernado por el<b> General Alejandro Agustin Lanusse</b> -quien enfrentaba bombas y secuestros- y el Mundo distendiendo la “<i>Guerra Fría</i>” con las visitas del presidente norteamericano <b>Richard Nixon</b> a <b>Mao</b> en China y<b> Leonidas Brezhnev</b> en Moscú.</p><p>Para el deporte individual argentino fue un año de esperanzas y consolidaciones: Guillermo Vilas alcanzaba su primera final en Cincinatti y perdía nada menos contra Jimmy Connors en tierra batida por 3-6 y 3-6 preanunciando su inmenso futuro como el mejor tenista argentino de la historia. Y si bien es cierto que el enorme Nicolino Locche perdió su corona en Panamá ante Alfonso “Peppermint” Frazer sin la preparación adecuada; Carlos Monzón, en cambio, puso en fila a sus cuatro derrotados : Denny Moyer (Roma), Jean Claude Bouttier (Paris), Tom Bogs (Copenhague, evento que facilitó esta nota) y finalmente tras cierto susto a Benny Briscoe en el Luna Park.</p><p>Ese año de 1972 nos daba la dinámica memoriosa de mezclar los goles del “Gringo” Scotta con “Los Matadores” del San Lorenzo campeón junto al debut en la Formula 1 de Carlos Alberto Reutemann con su Brabham BT 34 en nuestro Autódromo aquella carrera que ganó Jackie Stewart con su Tyrrell seguido por Denny Hulme con McLaren.</p><p>No nos faltó nada para escribir soñando. Monzón, Vilas, Reutemann, un fútbol en plenitud de estrellas, unos Juegos Olímpicos en Munich que resultarían trágicos y un Ringo Bonavena que en Nueva York perdía ante el ex campeón mundial Floyd Patterson en una extraña, atípica y rara actuación.</p><p>No había tiempo para disfrutar del tango que por fin había llegado al Teatro Colón con “El GordoE Anibal Troilo, Horacio Salgan y el “Polaco” Roberto Goyeneche; o con Astor Piazzolla de regreso desde París tras su primer infarto, estrenando “Libertando” y ofreciendo ante el clamor popular la “Balada para un loco”, escrita por Horacio Ferrer. Tampoco para aplaudir a la “Negra” Mercedes Sosa estrenando su “Cantata Sudamericana” o la “Misa Criolla” junto a Ariel Ramírez. Había que viajar, ver, cubrir, escribir, reportear y aprovechar el avión para disfrutar con lo último de los Rolling Stones, su álbum “Tumbling Dice” (“Dados tirados”) en el cual se destacó “Exile On Main St”.</p><p>En <b>1972</b> fui a cubrir para<i> El Gráfico</i> la pelea que Carlos Monzón le ganó por KO en el 5° round al danés Tom Bogs. Estaba en Copenhague, Dinamarca. Algo menos de una hora de vuelo hasta <b>Reikiavik, Islandia.</b> Después del <i>match,</i> en el vuelo Copenhague-Nueva York, en la compañía Loftleidir, escribí con mi máquina portátil <i>Lettera 22</i> de Olivetti, apoyada en la mesita de la fila de a tres de la clase turista del avión, la nota que ofrecemos a continuación , cuyo título fue: “<i><b>Las cosas que vi y escuché de Fischer y Spassky</b></i>” (Agosto de 1972).</p><p>——————————————————–</p><p>“Fue como si me hubiera despertado de un largo sueño. O como si aún estuviera soñando. Me vi en una sala inmensa, silenciosa y expectante. Alrededor, unas dos mil quinientas personas ubicadas en butacas y sillas; arriba, un techo con pentágonos blancos y negros cubriendo la forma cupular; en el piso una gruesa alfombra para amortiguar el sonido del tránsito humano; al frente, un escenario con imponente cortinado blanco, cinco adornos florales de pie, un escritorio para el árbitro aislado por un biombo, un tapiz verde cubriendo todo el piso y una alfombra blanca en la superficie ocupada por la mesa de juego y los dos sillones, reclinables y movibles. Eran las 5 y 2 minutos de la tarde. <b>Bobby Fischer</b> y <a href="https://www.infobae.com/deportes/2025/02/27/dolor-en-el-mundo-del-ajedrez-murio-el-legendario-boris-spassky/" target="_blank"><b>Borís Spassky</b></a> ya tendrían que estar allí. Allí, frente a mí. ¿No es un sueño? (…).</p><p>Así vi cómo el campeón del mundo aparecía en el escenario con un termo bajo el brazo, paso lento, traje azul con un pañuelo lila en el bolsillo superior y un aplauso respetuoso y prolongado. Es como si<b> Leopoldo Stokovsky</b> hubiera tomado lugar frente a la orquesta: el público de pie. Unos segundos después, él, el genio, el único, el futuro campeón del mundo. Paso apurado, cadencioso, brazos colgantes, traje marrón claro, corbata detonante, un vaso con jugo de naranja y una manera muy particular de dejarse caer sobre el sillón. Así como cuando en el subte alguien se levanta y lo gana el que está más cerca.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/Y2YEGCDA75AAVLTD6JZOI6S2OM.jpg?auth=9aa9541aabf7ffc6027f5cf7fd0371934d34f598f26f65214184586d4f32cf96&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Los contendientes" height="1080" width="1920"/><p>Ya estaban frente a frente <b>Fischer</b> y <b>Spassky</b> en la partida 17. Algo más que un tablero los separaba: una verdadera batalla. Acaso la de mejor nivel técnico después de la <b>Segunda Guerra Mundial</b> y sin duda la más histórica, promocionada y fantástica.</p><p>Durante la primera media hora me quedé en el asiento. Un asiento cualquiera, pues no hay numeración. Y es lógico: la gente entra y sale. Y son más los que viven el <i>match</i> fuera del recinto que los que ocupan los asientos. Porque adentro hay una gran pantalla en la parte superior del escenario que va mostrando cada movimiento. En el exterior hay pequeñas pantallas del tamaño de televisores que están ubicadas en todos lados y también dan la imagen simultánea. La diferencia está en que que desde afuera se puede hacer de todo mientras <b>Fischer</b> y <b>Spassky</b> fatigan sus cerebros; en cambio adentro sólo se permite respirar. Y afortunadamente Fischer no se ha opuesto a que ello ocurra. Pero además de lograr que la primera fila esté a 15 metros, que no haya cámaras de televisión, flashes y filmadoras, Fischer ha solicitado que no se permita la entrada a menores de 10 años y que los chicos sean revisados antes de ingresar para que les saquen los chocolates envueltos en papel de aluminio. Luego de una sonrisa, el presidente de la Federación islandesa ha prometido estudiar el requerimiento. (…).</p><p><b>Spassky</b> y <b>Fischer</b> demuestran por qué son los mejores: <b>porque nadie en el mundo resolvería mejor que ellos cada movimiento.</b> Cuando digo el mundo lo digo pensando en el mundo en serio. Lo que ellos dos están haciendo se sabe de inmediato en Buenos Aires y en Sydney; en Roma y en Karachi. Y los aficionados siguen y viven la partida. Por eso me pareció maravilloso estar en la sala. Es como si uno estuviera en un cine sin recibir imágenes o en un teatro sin escuchar música. ¿Cuál es el mensaje capaz de lograr tanto silencio e interés? <b>¿Qué están ofreciendo Fischer y Spassky para que todo el mundo hable de ellos?</b> ¿Qué misterio se ha producido que hasta los que no sabemos nada preguntemos cómo va el match? <b>No hay imagen, no hay sonido, no hay emoción. Pero hay un mensaje y un suspenso. Es el que ofrecen las inteligencias.</b></p><p>El maestro <b>Miguel Quinteros</b> (uno de sus más valorados analistas) consiguió la palabra de <b>Fischer</b> para Radio Rivadavia. Y esto es tan imposible como que yo le gane a <b>Fischer</b> o a <b>Spassky.</b> No sólo es imposible para nosotros, los periodistas: aquí estuvo el presidente de la Federación Italiana y <b>Fischer</b> no lo recibió; estuvo su propio embajador y no lo recibió; estuvo el representante del primer ministro de Islandia y no lo recibió; estuvo el millonario inglés James Slater, que aportó 125 mil dólares para que Fischer doblara sus ganancias, y no lo recibió.</p><p>¿Qué podría hacer yo para que me recibiera? Por lo menos intentarlo. Eso no cuesta nada… por ahora. Y mi primer contacto fue <b>Fred Cramer,</b> alto dirigente del ajedrez norteamericano y, más que eso, uno de los ayudantes de <b>Fischer. Cramer</b> es un hombre simpático, que habla algo de español, aunque la respuesta me la dio en el idioma que todos entendemos: casi se tira al suelo de la risa cuando se lo propuse.</p><p>Él mismo fue el que me dijo que <b>en 8 semanas Bobby ha recibido nada más que a su hermana, su cuñado, sus dos sobrinos</b> –que pasaron por aquí como parte de una excursión por Europa–<b>, a su abogado</b> por el juicio que le inició <b>Chester Fuchs</b> –el hombre que había comprado los derechos de televisión–, <b>al maestro yugoslavo Svejczar Gligoric</b>, a quien Fischer llamó para jugar al tenis, <b>y a don Miguel Najdorf</b>. Fuera de ellos, los únicos que tienen acceso al challenger son sus segundos y el periodista norteamericano Brad Darrach, de la revista “Life”, que para esto pagó 50 mil dólares.</p><p>Yo no traía tanto dinero, pero había que seguir intentándolo. Me fui a la sala de prensa y conocí al padre <b>William Lombardy,</b> el principal ayudante de <b>Fischer,</b> uno de sus mejores amigos y el asesor general de sus cosas. No de sus negocios, porque luego de la ruptura con<b> Edmond H. Edmonson</b>, el hombre que firmó este match como representante de <b>Bobby</b> y prácticamente lo obligó a venir según ese contrato, <b>Fischer</b> no quiere más managers. <b>Edmonson,</b> respetado por todos, fue el que aceptó la participación de <b>Bobby</b> frente a <b>Spassky</b> en Reykjavik. Y aunque después <b>Fischer</b> no lo quería, no tuvo más remedio que venir.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/O7UMQJMBV5F43E3OI22WT4MJ6Q.jpg?auth=aca6e28ff744dfb82f3a9765c438b0d3d6ddb6eb3d0be5d97432d9b1435bf485&smart=true&width=1920&height=1080" alt="El legendario match entre Bobby Fischer y Spassky, en una postal histórica" height="1080" width="1920"/><p><b>Lombardy</b> es otra cosa: un hombre joven, segundo tablero de los Estados Unidos, sacerdote, cordial y accesible. Lo encontré mientras analizaba la jugada 30 de la partida 17. Estaba con los maestros estadounidenses <b>Larry Evans</b> y <b>Robert Byrne.</b> Junto a ellos, en un sillón de ruedas y padeciendo una lamentable enfermedad, se encontraba el hombre que le enseñó a <b>Fischer</b> las lecciones superiores del ajedrez, el maestro <b>Collin.</b></p><p>–¿Cómo puedo hacer para ver a Fischer?, le pregunté a Lombardy. –Compre una foto, las venden en todos lados. –Escúcheme… He viajado mucho para llegar aquí, vengo de Argentina. –¿De Argentina? ¿No sabe usted cuándo llega Quinteros?</p><p>La verdad que no lo sabía porque hacía ya una semana que estaba afuera, pero le dije: <b>“Vendrá hoy o mañana, yo soy muy amigo de él, del maestro Najdorf, y ellos me dijeron que usted haría lo posible”</b>. La verdad es que no tengo la suerte de ser amigo ni de Quinteros ni de Najdorf, pero ellos me sabrán disculpar.</p><p>–Muy bien, escríbale una carta a Bobby en español, explique todo y en menos de una semana prometo contestarle. No le aseguro nada; usted sabe cómo es Bobby. Pero haga la carta y démela.</p><p>Me fui a un escritorio. Escribí las frases “más dolientes” que jamás haya escrito en mi vida y se la entregué a Lombardy con esta aclaración:</p><p>–Maestro, yo pienso irme el jueves, no puedo esperar una semana. –Muy bien, mañana hábleme al hotel; veremos qué suerte tenemos.</p><p>No tenía mucha fe. Sabía que únicamente un milagro podría lograr mi objetivo. Y seguí caminando por el bar, por la sala de prensa, por los pasillos. Me encontré otra vez con el viejo <b>Cramer.</b> Su ataque de risa había pasado y me habrá visto cara de angustia porque me preguntó:</p><p>–¿Habló con Lombardy? –Sí, hablé. –¿Qué le dijo? –Le conté todo. –Muy bien –me replicó–, yo voy a poner su carta encima de todas las que Fischer tiene para esta noche. Llámeme al hotel Lofther.</p><p>Cuando se iba me dejó una pregunta insólita: –Dígame, ¿usted sabe jugar al ping-pong o al bowling? Contesté rápido porque sabía qué había detrás de la pregunta. –Yo soy el mejor jugador de ping-pong que hay en Argentina y campeón sudamericano de bowling –le dije sonriendo pero dándole a entender que sí sabía jugar a las dos cosas. –Entonces venga conmigo.</p><p>Me agarró de un brazo y mientras chocábamos con la gente pensé: “Qué lío: en mi vida jugué al ping-pong y me retiré del bowling porque rompía los vidrios de los boliches donde a veces iba”.</p><p>–Este señor juega muy bien al ping-pong y al bowling –le dijo <b>Cramer</b> a otro señor joven, de cachetes sonrojados y con más pinta de norteamericano que John Wayne. –Por favor, deme su nombre y su dirección. Lo llamaré tal vez esta noche, una hora después de la partida.</p><p>Le dejé mi tarjeta y el nombre del hotel. Y pensé si me llaman voy. Además, jugaré con <b>Fischer</b> y aunque me eche a los dos minutos, por lo menos tendré algo para contar. El señor que se había interesado era <b>Don Schulltz,</b> encargado de recreación y deportes de <b>Fischer.</b> Él fue el que trajo a <b>Archie Waters</b> desde Nueva York, un experto en ping-pong que conocí enseguida y trató de tomarme una prueba. La mayoría de las cosas “no pude” contestarlas porque no “entendía” el inglés. Menos mal que Waters no me había escuchado hablar con <b>Schultz,</b> porque aunque mi inglés es muy malo sirve para pedir cosas, ¿cómo no habría de servir para hablar algo de ping-pong?</p><p>Así conocí a todo el equipo de <b>Bobby.</b> Ahora me faltaba conocer al equipo de <b>Spassky.</b> Los rusos me parecieron distintos. Generalmente están juntos y aunque responden a cualquier saludo o pregunta, caminan menos. Allí estaba <b>Eufin Geller,</b> el segundo de <b>Spassky,</b> con cara de enojado. <b>Geller,</b> en la mañana, había denunciado que <b>Fischer</b> estaba usando métodos electrónicos para perjudicar a <b>Spassky.</b></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/HJC725X7SBGSNHUNAVYQ7E7ZWM.jpg?auth=c95cac7cf414b570413678cb7ddb7525fc1cb2d02854c53bbf39f726ea339991&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Spassky fue campeón mundial entre 1969 y 1972" height="1080" width="1920"/><p>Pidió –esto fue el miércoles pasado– que desarmaran el gran plafón de luz fluorescente que ilumina el salón y las cámaras que toman para circuito cerrado el match. <b>Geller</b> debe ser uno de los pocos hombres en el mundo que se corta el cabello con la máquina doble cero. Cuando hablé con él y antes que le dijera nada en concreto se anticipó:</p><p>–Ni Pravda, ni Tass, ni ningún periodista soviético ha hablado por ahora con Boris, no pierda el tiempo.</p><p>Quedaba feo decirle que eso quería y repliqué:</p><p>–No, sólo quiero transmitirle el saludo de los aficionados argentinos. –Muy bien, muy bien. ¿Algo más? –Sí, ¿de qué manera Fischer está usando métodos electrónicos en perjuicio de Spassky? –Yo ya le informé a la Federación Islandesa. Pídale a ellos mi carta. ¿O usted tiene dudas que Fischer está haciendo cosas raras?</p><p>Pensé para mí: “¿Cómo podría saberlo si ni siquiera sé jugar al ajedrez?” Pero le contesté:</p><p>–Usted es el denunciante, no yo. Dígame cómo. –Vaya adentro y vea lo que hace Fischer todo el tiempo. Se dará cuenta. Fui adentro y vi. Fischer mueve y se va del escenario. Spassky se queda pensando. Cuando el campeón mueve, Bobby regresa siempre con un vaso en la mano. En tres horas lo único que había cambiado era que Fischer tenía la corbata floja, media camisa afuera y el cordón del zapato derecho desabrochado.</p><p>No lo encontré a <b>Geller</b> para contárselo. De su equipo estaba <b>Nei Boleslavsky</b> y la esposa de <b>Spassky,</b> una señora de cabello morocho, ojos negros, peinado cuidado y hermosas facciones.</p><p>Luego de cinco horas la partida quedó suspendida. Para mí era terrible. Si Fischer hubiera ganado podría ser llamado para jugar al ping-pong. Al hacer tablas, estudiaría toda la noche y no habría distracción. Por un lado menos mal para mí , por otro lamentable también para mí. Mi plan de todas maneras continuaba. Tendría todo el jueves y parte del viernes para hablar con Fischer. Mi carta no sería leída esa noche, pero sí tal vez al día siguiente. Y regresé al hotel. Por teléfono llamé a la habitación del maestro <b>Gligoric,</b> también alojado en el Esja. Lo invité a cenar. Aceptó. <b>Gligoric</b> trabaja para muchos medios: radio Belgrado, diario de Belgrado, una radio mexicana, una inglesa, a veces Rivadavia… Interrumpimos varias veces porque lo llamaban de todos lados. También está escribiendo un libro sobre el match que será traducido a varios idiomas.</p><p>Me contó que además de analizar las partidas, escribirá sobre la parte psicológica del match. El está convencido de que <b>Fischer</b> le planteó a <b>Spassky</b> una situación para la cual el ruso no está preparado. Cuando <b>Spassky</b> se dio cuenta, casi era tarde. Recién en las últimas partidas el campeón pudo encontrar la manera de acostumbrarse a Fischer. Según Gligoric el secreto estuvo en las aperturas.</p><p>–¿Usted cree que Fischer es un ambicioso del dinero? –Oh, no. Fischer es un hombre que exige ganar y no le importa luego gastar el dinero. Fíjese, le ofrecieron 125 mil dólares para que haga la publicidad de un tónico para el cabello. ¿Sabe qué respondió?: “Yo no puedo aceptar eso porque ese tónico es muy malo y no lo uso”. Y gracias a él todos los jugadores del mundo ganaremos más. Tienen ofertas para jugar la revancha con Spassky y le dan 500 mil dólares. Tiene otra oferta para asesorar sobre ajedrez en una película y le dan 200 mil dólares. Bobby será millonario cuando termine este match y todos nos beneficiaremos. –¿Y por qué entonces no aceptó venir hasta que no doblaron la bolsa? –Porque él tiene esas cosas. Opino que no quería jugar este match. No le interesaba, simplemente. –¿El llamado de Kissinger tuvo algo que ver? –Kissinger lo llamó a título personal y le explicó que era conveniente que jugara. Pero conozco a Fischer y sé que no se quedó por eso. Aunque en realidad eso fue muy importante para levantarle la moral. –¿Y entonces por qué vino? –Porque el contrato firmado correctamente por Edmonson no le daba otra salida. Podría ser inhabilitado de por vida. –Él quería jugar en Belgrado, ¿no es cierto? –Fischer me dijo en Holanda que él quería Buenos Aires. Y que aceptaba Belgrado. Pero Spassky quiso venir aquí porque dijo que el clima de Belgrado es muy caluroso. Para mí Spassky tuvo miedo al espíritu más frenético de la gente de allí y sabía que aquí todo sería tranquilo. No se equivocó: esta es una isla sin vegetación, sin aire contaminado, sin industria, sin ruido y la gente es muy respetuosa en el salón. Es más para Fischer que para Spassky. Es cierto. Aquí hay 100 mil kilómetros cuadrados para 200 mil habitantes. Los islandeses no gritan y el viento es lo único violento. A pesar de eso, en los dos meses Fischer nunca caminó por la calle, no se dejó ver por nadie, no firmó autógrafos y recién ahora sale de vez en cuando de la habitación para tomar algo en el bar. Solo en dos oportunidades cenó en el restaurante del hotel y un solo día estuvo en el hall unos cinco minutos. Su vida es ajedrez, ajedrez y ajedrez.</p><p><b>Spassky</b> en cambio hace una vida más normal. Tenis a la mañana, caminatas con su mujer Larisa (Solovyova) y sus amigos, almuerzo, siesta y al salón. Luego, cena y a descansar. Confía mucho en sus analistas. Más que <b>Fischer</b> que cuando se aplaza una partida –como la 17– se queda toda la noche y si es necesario irá a proseguir el match sin haber dormido.</p><p>Según <b>Cramer,</b> la llegada de <b>Quinteros</b> fue muy importante para él: “Fischer necesita a su lado alguien de su mismo temperamento. Quinteros es tan joven como Bobby y tiene sus mismos gustos. Será muy bueno para todos y por eso le hemos reservado una casa particular. Sabemos que no puede ponerse en muchos gastos y haremos lo posible para que se quede aquí hasta el final”.</p><p>Ya son las 4.30 de la tarde. Aquí la lluvia es helada y el viento obliga a un gran esfuerzo para caminar. Trataré de ver a <b>Fischer</b> antes de la continuación de la partida 17. Cuando llegan, el público bordea un cordón policial. Nadie puede estar a menos de 10 metros. Por primera vez <b>Fischer</b> ha llegado primero que <b>Spassky:</b> –Un minuto, por favor, soy argentino. –Rápido, tengo que entrar. –¿Qué es lo primero que hará si se consagra campeón mundial? –Descansaré un poco y trataré de que otro no me lo quite. –¿Le interesaría que lo reciba el presidente Nixon? –Podría ser. –¿Qué opina de Spassky? –Fue un gran campeón. Y basta, tengo que entrar ya mismo. –¿Algo para los argentinos? –Los quiero mucho y allí defenderé mi título si es posible…</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/HM62RR475JHMJABR2QTJKZZHKM.jpg?auth=04e37f5c8ed034df03866368e851bcc858779ca933e763c9616e73a81a49382e&smart=true&width=1920&height=1079" alt="" height="1079" width="1920"/><p><b>Walter Green,</b> el fotógrafo de la Associated Press que trabaja para Chester Fuchs, no lo podía creer. Yo tampoco. Pero él tomó las fotos y vio todo. Luego Fuchs, al visulizar el rollo, dejó de reírse como el día anterior. Al rato, me entregó las fotos, copiadas. Su odio hacia <b>Fischer</b> le obliga a decir que <b>Bobby</b> es un loco. Fuchs le ha iniciado una demanda por 1.750.000 dólares. Al no permitir Fischer la televisación, Fuchs ha dejado de ganar mucho dinero.</p><p>En pocos minutos la partida habrá concluido. Cuando <b>Spassky</b> movió por tercera vez su alfil. <b>Fischer</b> llamó al árbitro <b>Lother Schmidt</b> y se lo hizo notar. Eso significaba tablas. Y así fue.</p><p>Se dieron la mano. <b>Bobby</b> salió corriendo, <b>Spassky</b> aplaudido y caminando lentamente. Para muchos, <b>Spassky</b> lo hizo conscientemente, para otros volvió a equivocarse.</p><p>Para mí había sido importante que <b>Fischer</b> no perdiera. A lo mejor mañana me llama y puedo completar el reportaje. ¿Y si quiere que juegue al ping-pong o al bowling? ¿De qué me disfrazo? Bueno, si me llama, voy y chau”.</p><p>——————————————————–</p><p><b>Robert James Fischer</b>, nacido en Chicago en <b>1943</b> murió el <b>18 de enero de 2008</b> en Reykiavik. Tenía<b> 64 años</b> y dejó viuda a <b>Miyako Watai,</b> esposa que conoció en Tokio en calidad de prófugo del FBI por haber ido a jugar a Yugoslavia en 1992 sin el permiso requerido para los norteamericanos, toda vez que las relaciones entre ambos países, por entonces enemigos, estaban interrumpidas.</p><p><b>Fischer</b> escapó siempre y obsesivamente de la prensa. Cuando fue descubierto en Los Angeles por dos periodistas de la revista Sports Illustrated, desapareció por dos años. Nadie supo nada sobre él, hasta ser detenido en Tokio al presentar su pasaporte. <b>Estuvo preso ocho meses en 2004</b>. <b>Pidió y obtuvo asilo político en Islandia. Tomó esa ciudadanía y allí descansan sus restos, en el cementerio de Laugardaelir.</b></p><p><b>Boris Spassky</b> vivió en Moscú <a href="https://www.infobae.com/deportes/2025/02/27/dolor-en-el-mundo-del-ajedrez-murio-el-legendario-boris-spassky/" target="_blank">hasta su muerte a la edad de 88 años</a>. El deceso fue confirmado este jueves por la Federación Rusa de Ajedrez. Se divorció de Larisa y enviudo de su tercera mujer <b>Marina Shchebachova.</b> Solía jugar algunas partidas por Internet, concedía una entrevista por año y seguía estudiando cada uno de los movimientos de cada una de las partidas que jugó con <b>Bobby Fischer</b> en 1972.</p><p>El match que consagró a <b>Fischer</b> Campeón del Mundo inspiró libros, ensayos, películas, foros y aún hoy la partida es debatida vía internet por jugadores profesionales, maestros, grandes maestros y aficionados.</p><p>Este insuperable hito del ajedrez mundial que <b>Fischer</b> le ganó a <b>Spassky</b> por 12 y ½ a 8 y ½ comenzó a disputarse el 11 de Julio y finalizo el 1 de Septiembre de 1972, día en que <b>Spassky</b> abandonó el match y lo dio a conocer telefónicamente tras suspender la partida 21 en el movimiento numero 40. <b>Fue así como Fischer cortó una hegemonía de campeones mundiales rusos que se sostuvo durante 24 años.</b></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/https%3A%2F%2Fs3.amazonaws.com%2Farc-wordpress-client-uploads%2Finfobae-wp%2Fwp-content%2Fuploads%2F2018%2F08%2F04151752%2FCherquis-con-Bobby-Fischer1.jpg?auth=e96884ebdf484b3a9695f3d7e58f21306c3f4298c15eb03f4607d1a826f1a685&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"/></item><item><title><![CDATA[“Sábado de drama y triunfo”: así fue la primera corona mundial lograda por un argentino en el Luna Park hace 50 años]]></title><link>https://www.infobae.com/deportes/2024/12/08/sabado-de-drama-y-triunfo-asi-fue-la-primera-corona-mundial-lograda-por-un-argentino-en-el-luna-park-hace-50-anos/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/deportes/2024/12/08/sabado-de-drama-y-triunfo-asi-fue-la-primera-corona-mundial-lograda-por-un-argentino-en-el-luna-park-hace-50-anos/</guid><dc:creator><![CDATA[Cherquis Bialo]]></dc:creator><description><![CDATA[El autor, testigo y comentarista del acontecimiento, refleja la consagración de Víctor Emilio Galíndez frente al norteamericano Len Hutchins. Fue un 7 de diciembre de 1974 y marcó un hito en la historia de nuestro pugilismo]]></description><pubDate>Sun, 08 Dec 2024 03:54:23 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/MNROMXUYHZHC7OEEZW4P2Q5JAA.jpg?auth=3951dbfe68250a4b92d02b8adbc0a0a34b2c52706216b6c54918eb25b78a3b15&smart=true&width=1920&height=888" alt="La izquierda imparable de Galíndez" height="888" width="1920"/><p>Hubo una época durante la cual ir un sábado al Luna Park significaba distinción. O algo así como la pertenencia a una <i>porteñidad </i>litúrgica. Cuanta elegancia en mujeres y hombres de advertida presencia rumbo a sus butacas del ring side. Y cuanta excitación en aquellas tribunas populares, las que daban sus espaldas a la avenida Corrientes o a su paralela Lavalle, algunas veces regadas con mucha agua para que nadie pudiera sentarse y cupiesen más espectadores. Unos y otros solían conformar una multitud socialmente asimétrica pero unida por una pasión que ya no existe: el boxeo. Diría más: el boxeo en el Luna Park. Y agregaría: de un sábado por la noche…<b>Esa era la combinación: Luna Park, boxeo, sábado…</b></p><p>Los 30 años de <i>Tito </i>Lectoure como programador del Luna fueron maravillosos. Especialmente desde el último lustro de los 60′, más los 70′ completos y una gran parte de los 80′. El boxeo argentino había logrado cuatro títulos mundiales: <b>Pascual Pérez</b> (anterior a Tito pues fue en el 54′), <b>Horacio Accavallo</b> (1966), <b>Nicolino Locche</b> (1968), todos en Tokio y <b>Carlos Monzón</b>, el más significativo, (1970 en Roma). Y antes o después algunos intentos fallidos de grandes exponentes y siempre en el exterior a quienes nunca se les dio una chance tal el caso de Eduardo Lausse o que llegado aquel momento decisivo no lo lograron, como Luis Angel Firpo, Gregorio Peralta, Luis Federico Thompson, Jorge Fernández, Ramón La Cruz, Vicente Derado o Ringo Bonavena, solo por nombrar algunos ejemplos.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/7YALHNZQP5B7HNCES65IHL2OJA.jpg?auth=1dc8abd1b054c70f45bd88b35540471f0cdc859a58deee78cd22f60fed4cf4ea&smart=true&width=1920&height=964" alt="Hace medio siglo Galíndez se consagraba en el Luna Park" height="964" width="1920"/><p>Al Luna Park que por entonces pasaba los 40 años de existencia le faltaba programar la disputa de un título mundial; o sea el sueño de su promotor Tito Lectoure. En la prodigiosa vida del estadio los aficionados habían visto defender campeonatos mundiales: Accavallo, Locche y Monzón lo habían hecho varias veces. <i>Pascualito </i>Pérez en cambio, un gran peronista, debió hacerlo en las canchas de San Lorenzo y de Boca Juniors por divergencias políticas y una consecuente enemistad con los Lectoure. Lo que nunca había ocurrido se daría: que un aspirante argentino pudiera buscar el título mundial como local tras más de 40 años de espera…</p><p>Para ello se dio una circunstancia atípica. Y fue que el ilustre campeón mundial <b>Bob Foster</b> -a quien le regalaron impunemente el triunfo en Albuquerque la vez que enfrentó al mendocino Jorge Víctor <i>Aconcagua</i> Ahumada, <b>un verdadero e indignante robo “a mano armada” de los jueces localistas</b>- abandonó la corona mundial de los medio pesados pues los 79 kilos medio ya no le resultaban posibles. Y al dejarla vacante quedó liberada la disputa entre los dos mejores del ranking de la AMB. Ellos eran <b>Víctor Galíndez</b> (1er clasificado) y <b>Len Hutchins</b> (3° del ranking mundial). Fue por ello que Lectoure ofreció una bolsa que nadie se animó a igualar para el norteamericano y <b>Bob Arum</b>, el más grande promotor de la historia -a quien aun afortunadamente vemos en plena vigencia subir a los rings con sus 92 años- le tendió su mano amiga.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/MNKSXU3HUFGNHKVLGH46PIDJQI.jpg?auth=d0c737dcccf507f9b5f095ee4cc34e8c1dc9595cc8326c60515bd8c551afa3c9&smart=true&width=1920&height=1606" alt="Un maltrecho Len Hutchins en su rincón" height="1606" width="1920"/><p>Fue así que el protagonista resultó ser Víctor Emilio Galíndez quien por entonces era el campeón argentino y sudamericano de los medio pesados. Un peleador <b>sanguíneo y estoico</b> nacido en Vedia, provincia de Buenos Aires (2-11-48) y hecho pugilísticamente en Morón desde donde partió su campaña. Galíndez fue un peleador dramático que <b>estaba predestinado a un paso leve y cruento por la vida</b>; todo lo que fue lo consiguió con sangre y la tragedia lo halló en una competencia de TC en la ciudad de 25 de Mayo siendo acompañante del corredor Nito Lizeviche, seis años después de su consagración como campeón mundial de los semicompletos de la AMB (26-10-80). Pero aquel sábado –casualmente como si hubiese sido anoche- sinteticé en el título de mi nota para la revista <i>El Grafico</i> - edición 2979 del 11 de Diciembre de 1974- aquello que había sentido. Y puse: <b>“Sábado de drama y triunfo”</b>, firmada con mi seudónimo <i>Robinson</i>.</p><p>Recuerdo que no disfruté del acontecimiento. Y cuando estuve frente a mi máquina de escribir en la soledad de la redacción, ya de madrugada, entre indignado y conmovido, solté una primera pregunta a la que siguieron otras. Comencé así:</p><p><i>- Me pregunto todavía, ¿qué derecho hay a que un hombre sufra tanto sobre un ring? Y más aún, quisiera saber qué nos pasó el sábado a la noche a los doce mil seres humanos que estábamos en el Luna Park para que nadie se animara a subir al ring y pedir clemencia por Len Hutchins. </i><i><b>Fue una estúpida masacre ejecutada a través de un combate que del quinto asalto en adelante resultó absurdo, grotesco y sanguinario.</b></i><i> Sólo hay un hombre que se exime de este desastre: Víctor Emilio Galíndez, el ganador. Subió para consagrarse campeón. Y, obviamente, no hizo más que cumplir con las reglas del juego. Pero, ¿y el médico de turno?, ¿y el referí?, ¿y los segundos del norteamericano? ¿Dónde estaban ellos mientras Hutchins se tambaleaba de un lado a otro con la mirada extraviada y las piernas vencidas? ¿Dónde estaban ellos mientras el boxeador estaba conmocionado cerebralmente y mostraba su peligrosa y alarmante incoordinación sobre el ring? ¿Dónde estaban ellos mientras Hutchins dejaba a cada instante un poco de su salud?</i></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/OI2ARFVR4RH5ZFW45RL6P3YHVQ.jpg?auth=b0cbb4bd4e11c2ae38c374a17ec3b66acdd3bfafe7b8c5e4379f048cb70c7d13&smart=true&width=1920&height=1121" alt="El festejo de Galíndez y su equipo" height="1121" width="1920"/><p><i>- El referí y a la vez jurado Jesús Celis, de Venezuela, me dijo que él no se animó a sacar a Hutchins de la pelea </i><i><b>para no cargar con la responsabilidad de ser el “autor de la derrota”.</b></i><i> Y en un momento de su descargo agregó: “Reglamentariamente no cabía, pues el americano respondía a los golpes”. La explicación es débil, carece de consistencia. Si Celis decretaba el nocaut técnico nadie podría decirle nada en contra. Los segundos, por su parte, vivieron la ceguera de una remota esperanza especulando, seguramente, con la herida que Galíndez tenía sobre el superciliar derecho – producida en el 4° round – y </i><i><b>alimentaron una torpe posibilidad a un precio demasiado alto: el de la inhumanidad.</b></i><i> Y hay un tercer personaje que en estas circunstancias pasa a ser el primero, el fundamental: el médico. Pero el doctor Leonel Primavesi se quedó sentado en su butaca como si nada hubiera pasado. Ni siquiera tuvo la inquietud de realizar un chequeo en alguno de los descansos para hacerle un test verbal a Hutchins y saber si ese hombre estaba despierto. </i><i><b>Y en este clima de tensión, dramatismo y angustia, la pelea se hizo una pesadilla</b></i><i>. Fue tan cruenta que todos queríamos que terminara de una vez. En realidad había terminado en el 5°. Cuando regresando a su esquina Hutchins dibujaba sobre el tapiz los inequívocos pasos de la borrachera que denunciaban su deterioro cerebral. Hasta aquí había sido una pelea digna, intensa, dinámica. En esa etapa quedó demostrado el tremendo vigor del nuevo campeón que aún en un planteo estratégico insospechado -pelear y pegar de contragolpe- se convirtió en dominador de la situación. Hutchins cayó cuando faltaban cuatro segundos para terminar el primer round de una izquierda en gancho, volvió a ser conmocionado en el segundo con la misma mano, se repitió la situación en el tercero, y en el cuarto la campana salvó otra vez al norteamericano, que terminó de escuchar la cuenta de protección sentado en su propia esquina. Hasta aquí, Galíndez ejerció su potencia como un elemento desequilibrante y el desarrollo generaba ciertas expectativas pues Hutchins cambió su filosofía de combate: propuso una pelea franca, por momentos frontal, y asumió siempre el ataque. Sus descargas obedecían a una notable pulcritud de manejo y la combinación del 1-2 terminaba siempre con derecha en punta bien voleada. Entre el vigor de Galíndez y la mejor técnica de Hutchins se producía la maravillosa química competiotiva. </i><i><b>Pero cuando pegaba Galíndez el nocaut rondaba permanentemente.</b></i><i> Es más, el público lo iba sintiendo. Pareció, a cada instante, que el destino sería la cuenta definitiva. Sin embargo, el nocaut no llegó. Pudo haber sido en el 5° en que una izquierda tomó a Hutchins a la lona. Pudo haber sido en el 12° en que el referí paró para contarle los ocho a Hutchins contra el encordado después de un cambio de golpes. Pudo haber sido, incluso mucho antes. En un round cualquiera después del 4°. Pudo haber sido, pudo haber sido…</i><i><b>Y no fue, ¿por qué?: no hay que esforzarse mucho para explicarlo. Galíndez estaba tan cansado como Hutchins pero siempre consciente. Sabía lo que hacía pero no podía hacer lo que debía. Todo en medio de un desorden total. -</b></i></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/LBWX3NADSFDTLJRDU6PU4AMYKQ.jpg?auth=b55c3fd5950bc86c254aac654e175996918179ecfa78ae3966cf38040424b158&smart=true&width=1920&height=1306" alt="Así dejó Len Hutchins el Luna Park" height="1306" width="1920"/><p>El comentario abordaba otras consideraciones muy de coyuntura, muy bajo estado de emoción, pero el final lo resume mejor:</p><p><i>- No sé si sirve como una respuesta –finalizaba la nota- pero cuento esto que pasó el sábado alrededor mío. Lectoure se cansó de gritar: “Esperalo y pegale”. Brusa (Don Amilcar el mismo maestro que hizo a Monzón) se quedó afónico de pedirle: “Andá al frente y hacé lo que sabés”. Menno (José, un ex campeón argentino de La Plata, que terminó siendo custodio del plantel de Zubeldía) repetía: “Dalo vuelta y empujalo”. Bonavena (nuestro gran Ringo, padrino pugilístico de Galíndez): “Tirá el gancho al hígado”. Accavallo (el gran Roquiño, ex campeón mundial Mosca): “No lo dejés pensar”. Juan Carlos Pradeiro, su manager: “Llévelo, Víctor, llévelo”. Patricio Russo, su preparador físico: “El uno –dos, Víctor, el uno – dos”. Al final, ya a la altura del 11° round, alguien -no hay por qué identificarlo- exclamó: </i><i><b>“Cómo en la calle, Víctor, cómo en la calle…” Y bueno Galíndez ganó peleando como en la calle.-</b></i></p><p>Luego del combate <b>Horacio Pagani</b> lo acompañó para realizar la entrevista del nuevo campeón y compartir los festejos. De su maravillosa pluma extraemos este segmento:</p><p><i>-En el vestuario lloró. Mucho. Porque no creía lo que estaba viviendo. Porque vio la emoción de su madre. Y estaban sus hermanos, su hijo. El doctor Paladino le revisó la herida de la ceja. Sólo le puso un coagulante sin aplicarle puntos de sutura. Pero, ¡qué importaba a Víctor Galíndez esa herida! Ni el dolor del pie. Ni el traumatismo de las dos manos. ¡Qué podría importarle!</i></p><p><i><b>- Soy campeón mundial, viejo…</b></i></p><p><i>-…Lo repitió como un autómata durante su viaje hasta el hotel (Sheraton). Llegó con el buzo abierto. Los desprevenidos le preguntaron por el resultado de la pelea: “Soy campeón mundial”. “Bien, Negro”.</i></p><p><i>“Bien, Víctor”. Se mezcló entre los vestidos largos y los trajes de etiqueta. Sonreía y agradecía cada palmada. En el ascensor se miró en el espejo. Se estudió la herida y las manos hinchadas.</i></p><p><i>Hizo un silencio de cuatro pisos, se dio vuelta y volvió a repetir:</i></p><p><i><b>“Soy campeón mundial”. Quería empezar a creerlo…</b></i></p><p><i>Llegó a la habitación y se tiró en la cama con las manos cruzadas por detrás de la nuca. Parecía extenuado. Alguien le sugirió que se quedara a dormir… “Estás loco. Soy campeón mundial. Tengo que festejarlo…” Se puso una camisa y un vaquero moderno, hinchó el pecho y salió a la cabeza del pequeño grupo. “Vamos a la cantina de David”.-</i></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/Z7WEOIRURVALRJ4OVEYSN6XLOM.jpg?auth=00642c0e54895b1b8feab57589f947af26a972d9c4734f7346192750fa7430e2&smart=true&width=1920&height=1396" alt="Primer brindis de Galíndez como campeón del mundo" height="1396" width="1920"/><p>Ah esa Cantina de David que ya no queda. Y con el inolvidable David La Regina, ese amigo que dignificó la vida. Lejos estábamos de suponer que aquel campeón de reciente consagración <b>sería el protagonista de la pelea más sangrienta de la historia del boxeo argentino </b>cuando un año y medio después - Johannesburgo el 22-5-76- le ganó a Richie Kates por KO con el suspiro final del último round…<b>Lo recuerdo como si hubiese ocurrido anoche: mientras el doctor Clive Noble le cosía la ceja derecha por donde descendió la sangre que lo obligó a pelear ciego más de 12 asaltos tuvimos que contarle sobre el asesinato de su ídolo, Ringo Bonavena, ocurrido 15 horas antes en Reno, Nevada.</b></p><p>Pobre criatura fue Galíndez. Tan feroz y tan frágil. Su vida estuvo signada por la sangre: sangre para ganar, sangre para morir. La tragedia era su sino…</p><p><i>Archivo: Maximiliano Roldan</i></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/MNROMXUYHZHC7OEEZW4P2Q5JAA.jpg?auth=3951dbfe68250a4b92d02b8adbc0a0a34b2c52706216b6c54918eb25b78a3b15&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=888" type="image/jpeg" height="888" width="1920"/></item><item><title><![CDATA[A cuatro años de la absurda muerte de Diego Maradona, la ausencia que más sentimos ]]></title><link>https://www.infobae.com/deportes/2024/11/25/a-cuatro-anos-de-la-absurda-muerte-de-diego-maradona-la-ausencia-que-mas-sentimos/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/deportes/2024/11/25/a-cuatro-anos-de-la-absurda-muerte-de-diego-maradona-la-ausencia-que-mas-sentimos/</guid><dc:creator><![CDATA[Cherquis Bialo]]></dc:creator><description><![CDATA[El 25 de noviembre de 2020, el ídolo, solo y triste, lejos de sus amores, moría, dejando un vacío enorme. El eterno amor de Nápoles y cómo debemos evocarlo]]></description><pubDate>Mon, 25 Nov 2024 05:06:01 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/S4MRS4QDG5GFNCQ27MCK5JVUYQ.jpg?auth=3fc82cffb477f3620f889419e9990158f26c39315de9dba2f248023c637f47e9&smart=true&width=1920&height=1080" alt="La última aparición pública de Maradona, el 30 de octubre de 2020, el día de su cumpleaños 60, en el estadio de Gimnasia y Esgrima La Plata. En la imagen se lo ve acompañado por Marcelo Tinelli (Foto EFE/Demian Alday Estévez)
" height="1080" width="1920"/><p>Aquella imagen lastimosa y fatal domina el recuerdo cual pulsión de la tristeza. Fue la última vez que lo vimos. Resultará imborrable aquel 30 de Octubre de 2020 pues era su cumpleaños número 60 y los hinchas de Gimnasia y Esgrima aturdían el espacio con un cálido canto de feliz cumpleaños que escucharía confusamente y por última vez.</p><p><b>Diego era una mueca decrépita y final</b> que se esforzaba por llegar hasta la mitad del campo de juego donde se cumpliría con el acto de homenaje a tanta gloria. Iba tomado del brazo derecho por Christian Jorgensen, un solidario profe que le asignó Gimnasia para las horas de trabajo de Diego con el club y del izquierdo por un custodio personal -un agente penitenciario- de los tantos contratados que lo cuidaban las 24 horas por orden de quienes manejaban sus intereses.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/3VAEEL73TZHLFA2DBSPWZRQGCQ.jpg?auth=14369e45bc78d277b8bd37a2fc0c5d9f477a85409539c29d3a00f03f7061491b&smart=true&width=1920&height=1080" alt="El último saludo de Diego, en el estadio del "Lobo" (Foto Baires)" height="1080" width="1920"/><p>Como olvidar aquella tarde si se presentía que ese paso claudicante, esa cara ovoidal de pronunciada deformación, ese balbuceo inentendible nos devolvía la imagen de un espectro abismal; ya no era Diego, siquiera se parecía a su sombra…</p><p>Hoy se cumplen cuatro años de su muerte, apenas 25 días después de aquella doliente y póstuma aparición. Fue en oportunidad de un partido oficial frente a Patronato que obviamente no pudo seguir desde el banco pues tras la ceremonia de estricta obligación comercial- llevada a cabo en la mitad del campo- clamó por ser llevado de regreso al country Campos de Roca, en Brandsen, donde habitaba.</p><p>Siempre intuí que en la celebración nocturnal de aquel significativo cumpleaños, el de los 60, Diego despertó a una realidad resistida hasta entonces: estaba rodeado por una multitud que no representaba nada para sus sentimientos. Mucha gente elegante, excelente comida, distinguido champagne, mucho glamour, camareros enguantados, custodios por doquier para que nadie lo molestara –en su mayoría hombres recios del Servicio Penitenciario Provincial- <b>pero ninguno de sus amores, nadie que estuviese alojado en su corazón maltrecho.</b> Por cierto que no tendría a su lado como siempre tuvo a Doña Tota ni a Don Diego para prolongar en besos y abrazos su manera de expresar el cariño. Estaba resignado a sus ausencias. Pero ¿y su ex mujer Claudia, y sus otras compañeras de vida , y sus hijos, y su nieto…?. ¿Nadie de sus afectos junto a él esa noche? No había ni manos amigas, ni rostros de glorias compartidas; no aparecían los queridos compañeros de equipos ni tampoco alguno de los amigos que hacía tanto no veía…¿Es que nadie quería celebrar con él, nadie quería abrazarlo o a Diego lo habían blindado tan sutilmente que ni el mismo lo advertía? <b>Pudo haber sido esa noche, la de los 60, que entre tantas caras extrañas Maradona, esa celebridad mundial, el autor del mejor gol de la historia, el ídolo de los argentinos, el Dios de los napolitanos, el gran capitán hubiese despertado a una realidad: transitaba la vida en soledad.</b> Y cuantas más personas lo rodearan mas soledad sentía. Resultaría pues bastante admisible que fármacos y alcohol se transformaran en el coctel de nuevos y graves episodios de salud con una intervención quirúrgica –aún judicializada por lo controversial, en los tribunales de San Isidro - hasta atravesar la línea de la finitud de la vida. O dejar que la muerte ingresara a esa vivienda inadecuada para sus requerimientos del barrio San Andrés en Villanueva, partido de Tigre, alquilada de urgencia y tutelada - como todo lo concerniente a Diego en sus últimos ocho años- por su abogado Matías Morla.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/FAMRTIYSMBBH7ADZUDUPLOUMYA.jpg?auth=9a15e5d3993fdf96d2157b5ea24a58ad4a279117a523695fee8e8ac9350de5ec&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Maradona, rey de Nápoles (Foto Colorsport/Shutterstock)" height="1080" width="1920"/><p>Estos cuatro años sin Diego fueron de gloria para el futbol argentino: dos copas América, un Mundial, el pueblo en la calle, el reinado de Messi, la aparición de grandes figuras del futuro -el <i>Dibu</i>, Julián, Lautaro Martinez, Mac Allister, Enzo y otros que se agregaran-, un presente sólido con grandes jugadores y magistralmente liderado por Scaloni y su grupo técnico de excelencia…Ah lo que hubiera disfrutado Diego en la final del Maracaná con el gol del <i>Fideo </i>Di María frente a Brasil, o en Qatar tras la última ejecución de Montiel ante Francia o en algún lugar del mundo después del 1-0 ante Colombia con el tobillo de Messi lesionado igual que el de él en Italia 90.</p><p>La vida me permitió compartir con Diego muchas horas, muchos días, muchas circunstancias. Buenas y malas. Sublimes y abyectas. <b>Y eso me permite afirmar que Diego fue un amante incondicional de la camiseta argentina</b>. Y que siempre les transmitió a sus compañeros el mensaje de identidad y en México hasta mencionó, creo que por primera vez la palabra honor. Maradona hubiese disfrutado de estos éxitos pues él fue un abanderado del amor por la selección nacional. Claramente recibió y profundizó un legado de pertenencia: <b>“primero la Selección, después el resto…”.</b> Más aún, entre los muchos ejemplos que pudiera argumentar mencionaré sólo uno, el más emblemático y fue el día que en Nápoles, nada menos que en Nápoles, su casa, Diego escuchó que alguien, algunos o muchos espectadores silbaron al Himno Nacional Argentino al tiempo que se escuchaban sus inspiradores compases… <b>Fue aquella puteada a los italianos la que cambió el destino de Diego en Nápoles.</b> Pues a partir de entonces comenzaron todos sus conflictos personales, legales, tributarios y hasta convivenciales. Y aquella ruptura con la Camorra, su voluntaria organización protectora, terminó con un inesperado doping positivo después de ganarle al Bari (marzo de 1991) recibiendo una sanción de 15 meses de inhabilitación.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/QD423MMX2NG7JMATNFVWUWYRGE.jpg?auth=8c2619674d66e17dc55e258d74ef91e405dfe85f4f941d19e3dd121ead974b8d&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Diego festejando con sus hermanos un Scudetto (Foto Ricardo Alfieri)" height="1080" width="1920"/><p>Es necesario que en estos tiempos se comprenda cabalmente el significante Diego para Nápoles, su pueblo y su orgullo. <b>Los tres millones de napolitanos amaron y aman al hombre que les devolvió la identidad y el orgullo.</b> Aún en aquellas fabricas del norte de Italia donde se sentía la burla y la discriminación. Digamos que hasta la llegada de Diego muchos de ellos cambiaban la fonética de su acento para que no se les advirtiera la melodía meridional de su dialecto. Y ya con Maradona en el Napoli ingresaban a trabajar a la fábrica que fuere cantando: “Oh mamma, mamma, mamma, oh mamma mamma, mamma, ¿sai perchè mi batte il corazon? Ho visto Maradona, ho visto Maradona, eh, mamma, innamorato son”, que traducida al español es: “Oh mama, mamá, mamá, oh mamá, oh mamá, oh mamá. ¿Sabes por qué me late el corazón? He visto a Maradona, he visto a Maradona. Oh mamá, enamorado estoy”. <b>Fue Diego quien convirtió la absurda vergüenza en orgullo y era el rey en Nápoles.</b> O mejor expresado, un Dios… Pero le silbaron el himno siendo capitán de la selección argentina y aquel romance que parecía indestructible se desmoronó. Fueron las generaciones siguientes, la de los chicos de hoy quienes reivindicaron la historia, la verdadera historia de Maradona con Nápoles, su gente y ese rol de Dios sin ateos que intentará perpetuarse con el nombre del estadio de la ciudad que dejó de ser el mítico San Paolo para llamarse Diego Armando Maradona.</p><p>Y de todos los Diego habidos y por haber pues cada día aparece uno más, el del atronador silencio, a ese cuya ausencia más se siente quisiera evocarlo hoy que se cumplen cuatro años de su absurda muerte así, como alguien que no hubiese permitido las falsas dicotomías con las cuales se intenta debatir si Messi o Diego… El propio Maradona , imagino, creo, intuyo, afirmo, sí, afirmo, lo hubiese impedido pues él antes que nadie habría sido el exegeta de Messi y ante cualquier cámara o micrófono se hubiese emocionado con el juego y la identidad de los jugadores con la Selección. Sería un argentino más, feliz y orgulloso de su equipo nacional. Nadie admira más a un genio que otro genio de su mismo arte.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/CFR6T4EMABEZLBN4ILNEZ3BRH4.jpg?auth=ae2ebf9573808b2b42eb91e7785d961b792c7ae2e0b301696ab772dc96e3a42b&smart=true&width=4758&height=3175" alt="Su última vez en la Bombonera, homenajeado por Miguel Ángel Brindisi y Hugo Perotti. Fue en un Boca-Gimnasia, el 7 de marzo de 2020 (Foto Rodrigo Valle)" height="3175" width="4758"/><p>Estaría bueno que hoy al evocarlo no lo imaginemos solo opinando sobre la dinámica tan controversial que ofrece el futbol a cada instante. Claro que Diego no se hubiese privado de hablar sobre las SAD, los streamers que se ponen una camiseta de primera división por un minuto, los youtubers que “pelean” contra un casi septuagenario Tyson, los torneos de 30 equipos, la aparición de Colapinto, el enorme triunfo de Racing con Costas besando el Cristo incluido, los errores del VAR, la pobreza futbolística de su Boca tras empatar con Huracán o la amenaza de huelga de los jugadores europeos por la multiplicidad de partidos por temporada. Todo eso y mucho más le hubieran resultado como propio. Y las cosas que diría…Dios mio…Pero esa es una parte mínima del Diego que nos falta…La otra, la valiosa es la del Diego perpetuado en la Fundación que preside Dalma con un mausoleo futuro detrás de la Casa de Gobierno para que el Mundo pueda dejarle una flor de gratitud. Y los tributos de artistas como Manu Chao o la Sinfónica de Lomas que homenajearon al hijo pródigo de Fiorito el 30 del mes pasado –hubiese cumplido 64 años- con lo mejor de su música mientras nuevos murales realizados por artistas como los del grupo Muro Sur van modificándola estética del barrio natal para que los turistas vayan y conozcan el lugar donde nació y soñó Diego.</p><p>Hoy habrá actos conmemorativos, misas y tributos a Maradona en Nápoles. El Quartieri Spagnoli (Barrio de los Españoles), el más humilde, populoso y promiscuo colgará en sus balcones cualquier objeto que lleve la imagen del ídolo que les devolvió identidad y respeto en toda Italia, en Europa y en el Mundo. El escritor napolitano Maurizio de Giovanni – autor de innumerables éxitos como “Los bastardos de Pizzofalcone” o " La Navidad del comisario Ricciardi” entre tantos- ofreció una afirmación publicada en una nota de <i>La Gazzetta dello Sport</i>. Y sostiene: <b>“Jamás hubiésemos permitido aquí en Nápoles que Maradona muriese solo, triste y abandonado…”</b></p><p>Cruel verdad que nos atraviesa el alma…</p><p><br/></p><p><br/></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/I7YASYJ7DFFRZE6RC3XZWP5YLQ.jpg?auth=ea00161f94917d07edc38b81aaa9a0eefa4cb4daf2e934ac9a50075655b62e92&amp;smart=true&amp;width=795&amp;height=447" type="image/jpeg" height="447" width="795"/></item></channel></rss>