<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/" version="2.0" xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/"><channel><title><![CDATA[Infobae.com]]></title><link>https://www.infobae.com</link><atom:link href="https://www.infobae.com/arc/outboundfeeds/rss/author/ariana-budasoff/" rel="self" type="application/rss+xml"/><description><![CDATA[Infobae.com News Feed]]></description><lastBuildDate>Sat, 09 May 2026 08:45:33 +0000</lastBuildDate><language>es</language><ttl>1</ttl><sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod><sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency><item><title><![CDATA[El mayor experto en figuritas habla sobre la pasión de coleccionar: “Hoy la esencia es la misma, pero hay una cambio en la mirada”]]></title><link>https://www.infobae.com/sociedad/2026/05/09/el-mayor-experto-en-figuritas-habla-sobre-la-pasion-de-coleccionar-hoy-la-esencia-es-la-misma-pero-hay-una-cambio-en-la-mirada/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/sociedad/2026/05/09/el-mayor-experto-en-figuritas-habla-sobre-la-pasion-de-coleccionar-hoy-la-esencia-es-la-misma-pero-hay-una-cambio-en-la-mirada/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[Rafael Bitrán empezó a juntarlas casi sin planearlo y terminó por publicar tres libros y reunir un acervo de miles y miles de figuritas hechas en Argentina desde el 1900. Dice que lo que más disfruta es la búsqueda de aquellas imágenes antiguas que “traen del pasado algo que está un poco perdido”, el descubrimiento arqueológico detrás de cada una. Y profundiza en los detalles de un hobby que condensa la sorpresa, la búsqueda y la socialización dentro de un pequeño sobre]]></description><pubDate>Sat, 09 May 2026 05:54:45 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/C25AQ2N4HZGOZDQF6425AETGKQ.jpg?auth=a18ccb071db07cd3e8354a5225248ab55e190802334006d3aa28ca0a1ef3b5b8&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Rafael Bitrán en su librería, El Debate (Franco Fafasuli)" height="1080" width="1920"/><p>Es un día de principios de mayo por la tarde. Un niño de cinco años abre un paquete de figuritas del Mundial 2026, que se aproxima. Es su primer álbum. Es el primer Mundial del que es consciente; aunque en el anterior salió campeón del mundo, no lo recuerda. Lo sabe por lo que le contaron sus padres: la final épica, los festejos a caballito en las avenidas desbordadas de euforia. Pero este es, para él, el primero realmente. El primero que espera, que sabe, que es todo un pequeño hincha. Y que ahora descubre ese nuevo mundo de expectativas infinitas en un sobre de 8 centímetros. Rompe el papel laminado con ansiedad. Es la primera compra. El álbum todavía limpio pide estreno. Es el segundo paquete que abre en su vida. Y de repente, el grito:<b> “¡Me tocooooó Meeeeeeeessi! ¡Vaaaaaamos!”</b>. Y grita más, todo lo que le da la garganta. Los padres —que normalmente lo reprenderían— corren a ver “LA figurita”. Esa. La imposible. La que todo el mundo quiere. La que se supone es una de las más, si no la más difícil de todas. La que en los álbumes de nuestra infancia en los noventa hubiera sido la 1 del álbum de Batman o del de Amigovios. La 3 del de Chiquititas. Corren incrédulos. La ven. Y abren los ojos más grandes que los del hijo que son muy grandes. Toda la familia se abraza. Salta. Grita. “¡Vamooooos! ¡Tenemos a Messi!”. </p><p>Lo tenemos.</p><p>Porque el álbum es suyo. Messi y la pasión, de todos.</p><p>*** </p><p>Es un lunes de mayo a la una del mediodía y el barrio porteño de Once late su propio pulso. Entre el ir y venir de los vecinos o trabajadores o consumidores ocasionales sobre la avenida Pueyrredón se identifican fácilmente los negocios que son su distintivo, aunque en estas cuadras todavía no se enciman unos sobre otros. Hay locales de telas, algunas tiendas de ropa económica, de atavíos y <i>souvenirs</i> para fiestas, un negocio chino multitodo. Algunas personas ortodoxas de la colectividad judía. Mujeres con polleras y pelucas. Varones con kipá y peies —los mechones de pelo rizado que les salen desde las sienes—. De todo esto, un poco. Una pincelada sutil. Serán las cuadras o quizás el horario por lo que el corazón de Once no se siente como ese estallido de personas y colores que se reproducen en un cambalache visual y auditivo por las calles Pasteur, Azcuénaga, Lavalle, en una competencia por la atención.</p><p>En medio de eso, “como una isla” —dirá Bitrán— que parece sacada de Corrientes y Callao y emplazada en el lugar equivocado, como una vecina que migró a un barrio que le es ajeno, se levanta <b>El Debate</b>: <b>“Librería de usados. Compra-venta de revistas, libros, figuritas y discos”</b>, dice su página de Facebook. El olor al tiempo sobre el papel se siente a metros de distancia. Mucho más allá de la reja roja —un poco despintada, un poco corroída— que protege la entrada. Y que ahora está trabada y abre solo hasta la mitad de la puerta, por lo que hace falta agacharse para poder ingresar.</p><p>Desde afuera, un pequeño escaparate de madera del mismo rojo —también recauchutado, carcomido por los años— ofrece libros y vinilos. “1 x 800 $. 2 x 1500 $. 3 x 2000$”. Atrás, en la vidriera, entre los libros amontonados, asoma uno de los suyos que hizo con Francisco Chiappini —a quien conoció coleccionando—: <i><b>Figuritas y fútbol. Más de un siglo de historia y pasión</b></i>. Al lado de ese, tapado por otros, se ve un fragmento del que le dedicó al club de sus amores: <i><b>Estampa de campeón extra. La historia de Boca en figuritas</b></i><i>, </i>en coautoría con Diego Musci, otro amigo que le dieron esas pequeñas imágenes y su afán por la búsqueda casi arqueológica detrás de ellas. Un poco más arriba, en la misma vidriera, se ven colgadas revistas viejas: varios números de <i>El Gráfico</i> con noticias de Boca, la pelea de Monzón “que el país espera” contra Briscoe, en 1972; números de <i>Gente </i>que anuncian que “comenzaron los enfrentamientos” en Malvinas; algunos cómics añosos. </p><p>Adentro, el cuarto más bien pequeño en el que consiste El Debate está tapizado de libros en todos sus rincones, en todas sus paredes, de piso a techo y en el centro, quedando apenas un pasillo pequeño para pasar. También hay revistas y discos. <b>El olor del tiempo lo impregna todo con intensidad</b>. En medio de esa aglomeración de lomos, tapas y páginas amarilleadas Rafael Bitrán se camufla hasta que aparece recortado detrás de los escaparates. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/UE5RI5FZ45ARVFEUKSQYSEEMMI.jpg?auth=5e04f2c7866910b68ad53f7b50c72b4b2597a09d6fa85256e017c7508e7d5033&smart=true&width=1920&height=1442" alt="La librería El Debate está ubicada en Once y ofrece compra-venta de libros, revistas, figuritas y discos
" height="1442" width="1920"/><p>—[Este lugar] siempre fue lo que estás viendo. Siempre estuvo acá y tuvo esta misma esencia —dice.</p><p>El dueño de este sitio tiene un buzo polar azul, la cabeza y barba entrecanas. Es un hombre en sus sesenta de estampa simple y palabra amable, predispuesta. Aunque tiene, también, una inscripción algo adusta en su mirada, en su frente. Quizás el hartazgo de un país complejo. Quizás las batallas cotidianas de un historiador, docente de colegios secundarios, al frente de una librería de viejos y usados, de espíritu analógico y amor por lo antiguo, frente a un mundo cada vez más voraz, veloz y obsesionado con lo nuevo, lo virtual, lo digital. <b>Esas batallas de las que las figuritas son punto de fuga</b>. </p><p>Durante la conversación se recuesta con piernas cruzadas en una silla de cuerina negra que tiene por casi único mobiliario, un trono de emperador en su reino de letras y papel ajado. Me acerca un pequeño taburete de madera, tal vez el mismo que utiliza para buscar o depositar libros en los sectores más alto de El debate. Este lugar que fue el comienzo.</p><p>—La librería la abrí en el 92 con otros dos socios. Uno también es profe de Historia (aunque ya se jubiló). Y en ese momento empezaron a entrar cosas, entre otras, <b>figuritas</b>. Y ahí me agarró el bichito de nuevo. Vos calculale que en el 77, que yo termino la primaria, dejo de coleccionar. Y me encantaban, eh. Me encantaban, me encantaban. Pero en toda mi secundaria y en toda la universidad no pensé ni una vez en las figuritas. Tanto es así que en el 92 me pongo a coleccionar y un tiempo después voy a buscar algo en mi bolsa de soldaditos, que sí la tenía guardada en lo de mi mamá (ya no vivía con mi mamá y mi papá), y cuando la abro encuentro una bolsa chiquita de figuritas que había guardado de mi infancia. No sabía que estaba, porque la mayoría me las había tirado mi mamá para hacer lugar. Había guardado solo de fútbol, que de hecho era lo que más me gustaba, y fue como un chispazo. Las figuritas, en un porcentaje enorme, se tiraban. Evidentemente no todas porque sino yo no podría haber hecho la colección que hice. En los libros —viste que saqué unos libros— pongo eso justamente: que las tiraban las madres para hacer lugar. Y ahí <b>empecé a coleccionar</b>. Empecé primero con las figuritas de Boca. Creo que a la semana ya coleccionaba todo lo que fuera de mi época. Y después ya me amplié a <b>lo que colecciono hoy </b>que es <b>Argentina</b> (digo Argentina porque también hay figuritas de afuera), <b>de 1900 a 1985, más o menos ese rango</b>. </p><p>—¿Cuando decís Argentina decís fútbol? </p><p>—No. De hecho, mirá —Bitrán toma los libros hechos por él y muestra sus tapas, los hojea— acá ves la trayectoria. Entre estos tres libros están las tres temáticas casi que colecciono (en realidad son seis libros, pero este, este y este son el mismo nada más que una edición más completa porque voy consiguiendo cosas). Cuáles serían las tres temáticas: en realidad son dos. Esto es fútbol de 1900 (llega al 23, pero yo coleccioné más hasta el 85) y esto es lo que no es fútbol, que es Hijitus, Piluso, Titanes en el Ring, Batman. Y esto es Boca, específico, que sería una subcategoría dentro de fútbol. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/ZGRULJJU3NAUFF6FPMKLWUAFH4.jpg?auth=2b584289e379e194b70cd0e7942674d2d1447402f35db67c49e7197029f1c380&smart=true&width=6000&height=4000" alt="Rafael Bitrán cuenta que el primer álbum del Mundial, en Argentina, apareció en 1974 —aunque el primer álbum oficial de Panini había aparecido para el de México de 1970—. Antes de eso no existían álbumes específicos (Franco Fafasuli)" height="4000" width="6000"/><p>***</p><p>Una chica de pelo lacio, vestida de negro, entra y con acento colombiano o quizás venezolano, consulta. </p><p>—Hola, busco <i>El fanatsma de la ópera</i>. Me da un poco de pena. </p><p>—No lo tengo.</p><p>No se va. Recorre con la vista las pilas infinitas de textos.</p><p>—Mirá lo que quieras.</p><p>***</p><p>Bitrán no recuerda cuál fue su primer álbum de figuritas cuando niño. Sí que coleccionó entre el 72 y el 77, durante la escuela primaria; que jugó mucho con la figuritas de sus hermanas mayores, “con lo cual por mis manos pasaron Blancanieves, Cenicienta, las de brillantina”; y que entre esas colecciones de esos años estaba la de El zorro. También se acuerda de que hubo muchas difíciles que buscaba sin descanso y que, de chico, jamás encontró. Aunque sí lo haría de grande, cuando abrió El debate y volvió al viejo <i>hobby</i>. Sobre eso dirá que fue <b>“una reparación histórica”</b>.</p><p>Entre esas difíciles imposibles de encontrar en su infancia estaban “Carrascosa, del álbum del 76; Mukombo, del álbum del Mundial 74; la mona Chita, del álbum de Tarzán (para decir algo que no sea de fútbol); el cubito y el piolín, que eran trucos de magia, del álbum de La Pantera Rosa; la 23 del álbum de Star Wars”. </p><p>Para conseguirlas en los 90, en un mundo todavía analógico y sin redes sociales, puso muchos avisos en la histórica revista de clasificados <i>Segundamano,</i> que funcionaba como un mercado de compra y venta desde el papel.</p><p>—Casi nadie coleccionaba. Había una o dos personas que buscaban, pero no había una gran cantidad de gente. Entonces iba a las plazas, ponía avisos en la revista <i>Segundamano</i>. Entre el 92 y el 2002, que salió el primer libro de los que hice, no había casi coleccionismo y no había redes, así que casi todo lo que aparecía venía a mí. Y hoy por hoy la difusión de los libros, las notas, hace que mucha gente me ofrezca directamente. </p><p><b>El desafío que supone la búsqueda es su motor</b>. No solo la de la figurita sino también la del paquete: “<b>los sobrecitos</b>”.</p><p>—Conseguir sobres viejos, en teoría, es casi imposible, porque el sobre se tiraba. He conseguido mucho por dos motivos: primero porque a veces aparecen depósitos donde hay cerrados que nunca se abrieron. Y, segundo, porque había personas que los guardaban, que tenían una visión estética y por ahí guardaban uno o dos sobrecitos y quedaban, pero es muy difícil. Yo en mi vida no recuerdo un compañero que supiera que guardaba el sobrecito. Encontrarlos ahora es casi imposible. Es todo un desafío. Yo a veces digo que <b>en este tipo de coleccionismo tiene más pasión la búsqueda que el tener</b>.<b> La búsqueda y el hallazgo</b>, porque la búsqueda sola es frustrante. Pero la búsqueda y el encuentro creo que es tan o más importante que la posesión.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/D355ZQYOZRGRVII3VIYFTQQ7ZM.jpg?auth=003a5ad8e95e214f0dcb29f86da415fa1c1f885dd3e43fcac7b838e9d7893aac&smart=true&width=937&height=1280" alt="Bitrán publicó tres libros sobre sus colecciones de figuritas. Dos de ellos junto a Francisco Chiappini ("Figuritas y fútbol. Más de un siglo de historia y pasión" e "Ídolos en cartón - Cine, televisión e historieta en nuestras figuritas") y uno junto a Diego Musci ("Estampa de campeón extra. La historia de Boca en figuritas"). A ambos los conoció gracias al hobby de coleccionar" height="1280" width="937"/><p>***</p><p>Ni siquiera fue algo planeado. <b>Una sucesión de acciones que encendieron el viejo placer de buscar. Las cosquillas de encontrar</b>. A partir de ese puñado de figuritas de su infancia que dormían en la bolsa de soldaditos, en la misma época en que, recién recibido de profesor de Historia, había abierto la librería y comprado una revista <i>El Gráfico</i> vieja con la que habían llegado figuritas, así, casi sin darse cuenta, empezó o continuó o recomenzó su colección.</p><p>—Hay gente que me dice: “Uy, qué visionario”. No, nada, nada de visionario. Me gustó, me empecé a enganchar. Después se transformó en algo grande. </p><p>—¿En qué momento te diste cuenta de que estabas haciendo algo más que buscar figuritas por <i>hobby</i>? </p><p>—Yo creo que cuando empezaron a salir los libros, a partir del 2002, que salió el primero, que se llamaba <i>Malditas difíciles</i>. Y cuatro años después publicamos con Francisco Chiappini este que agarraba lo que no era fútbol [N. de la R: se titula <i>Ídolos en cartón</i> - <i>Cine, televisión e historieta en nuestras figuritas</i>]<i>.</i></p><p>—Pero para sacar el primero ya tenías un caudal recopilado.</p><p>—Sí, pero me di cuenta de que era algo más que solamente coleccionar por la repercusión que había, la respuesta de la gente, que se movilizaba. Lo mismo que a mí me había movilizado, estando en la librería, esa primera compra, a la gente ver lo que estaba en el libro le prendía esa llamita.</p><p>Los libros se agotaron.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/L2IYQXSMNBETPE4JDJVTSGS7FE.jpg?auth=6ee210d3afb19908349e33b1173c0e10a84a625652832e840e5eab80b551321b&smart=true&width=938&height=1280" alt="Lo que más disfruta coleccionar son figuritas de fútbol antiguas. No junta lo contemporáneo, su motivación está en la búsqueda de esas estampas que sobreviven al tiempo" height="1280" width="938"/><p>***</p><p>—Holaaa —se asoma una señora de pelo caoba, entusiasta—.<b> </b>Qué tal, cómo le va. Le hago una consulta.</p><p>—Pasá, pasá. Pasá porque se rompió la cortina.</p><p>Pasa.</p><p>—Por casualidad, ¿usted compra libros? ¿No? ¿Sí?</p><p>—No mucho, hay que ver. </p><p>—Tengo colecciones, por eso. </p><p>—Ando comprando otras cosas: figuritas, estampillas… —le da otras opciones que el ruido de la calle y de un colectivo que pasa con un chillido estridente que se mete en el local vuelve inaudibles—.</p><p>—Ah, bueno. Bueno, bueno, gracias. </p><p>***</p><p>En la librería, dice, <b>se funden sus pasiones: la historia, las figuritas, los libros</b>.</p><p>—Es un combo de lo mismo. Pero, te decía: que yo me acuerde, entre las primeras que coleccioné estaban las de El zorro. Y de fútbol sí me acuerdo que la primera colección fue en el 73, que ya tenía siete años. La época más fuerte que un chico o una chica coleccionaba era de segundo grado a sexto, séptimo. Coleccionar en el secundario era de pelotudo. Y voy a hacer un salto porque es importante hacerlo ya. <b>Las figuritas han ido muriendo en Argentina, incluso hoy</b>. El tema es que hay una paradoja: como nunca, los mundiales se han transformado (por eso me estás haciendo la nota, de hecho) en un evento. Y <b>coleccionar las figuritas por un lado es una continuidad y por el otro lado es un cambio</b>. Una continuidad porque en esencia sigue siendo lo mismo: la sorpresa de abrir un paquete, de ver qué te toca, la ansiedad, en algunos casos la obsesión de llenar. También una cuestión de sociabilidad con los demás, de canjear. Eso, te diría, es atemporal. Yo creo que lo que se ha transformado es el marco general del mercado. En Historia muchas veces usamos ese criterio de <b>cambio y continuidad. Acá hay cambio y continuidad.</b></p><p>—¿Cuáles son los cambios?</p><p>—Antes se jugaba más porque eran de cartón y era más fácil. Ahora, al ser de autoadhesivas, salvo “El Chupi”, que se juega así —muestra con la mano el juego que consiste en poner la figurita sobre la mesa, cubrirla con la palma de la mano y levantarla rápido intentando que se quede pegada—, casi no se puede jugar. Pero además <b>hay una diferencia abismal en la visión</b>. Por ejemplo, hoy un montón de chicos y chicas del secundario juntan del Mundial. Hoy juntan los padres, juntan los padres con los hijos. Hoy se ha transformado en un <i>show</i>. Hay mucha gente que colecciona porque le gustan las figuritas, porque le gusta el fútbol, pero hay un ingrediente medio nuevo que es cómo el Mundial de fútbol o el fútbol mismo se ha transformado, además del deporte, en un espectáculo. Antes también había un mercado, claro, pero ahora tiene las características de ser algo más masivo. </p><p>—¿Pensás que tiene que ver con una cuestión identitaria, con sumarse a algo en lo que todo el mundo está pensando en el mismo momento?</p><p>—Sí, hay algo de eso, sin duda. Pero <b>tiene que ver con una sociedad cada vez más consumista que encuentra distintos nichos para el consumo</b>. El fútbol se ha transformado en eso y, a ver, siempre hubo un consumo enorme del fútbol, no es un invento, pero hoy se le vende a mucha gente —en los mundiales, por ejemplo— que no le gusta el fútbol y las figuritas a gente que en su vida coleccionó, pero sí colecciona de los mundiales. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/BNXUSTDXZ5HBDBHAMB2VAOIPIU.jpg?auth=c2ade0d38c4905bb743c8691a2a2e9ea65db50a5f8cbe0c350ca099c988d4284&smart=true&width=6000&height=4000" alt="Bitrán coleccionó figuritas cuando era niño y luego volvió a comenzar en 1992, cuando se recibió de historiador y profesor de Historia, abrió la librería de usados y volvieron a aparecer en su vida (Franco Fafasuli)" height="4000" width="6000"/><p>***</p><p>Como historiador, Bitrán repasa el origen de los álbumes del Mundial y cuenta que el primero de ellos, en Argentina, apareció en 1974 —aunque el primer álbum oficial de Panini había aparecido para el Mundial de México de 1970— . Hasta entonces no existían álbumes específicos. Había algunos equipos de otros países que se sumaban a las colecciones clásicas de los equipos nacionales, más nada. </p><p>También habla del origen de las figuritas como objeto de colección e intercambio en estas pampas. “Te doy un dato”, dice. Y cuenta que en Argentina, hasta la década del 40 no existían como algo independiente, sino que eran plenamente un producto del <i>marketing</i>: <b>aparecieron por primera vez como imágenes accesorias que acompañaban a otros productos que se buscaba vender</b>. </p><p>—Las figuritas de fines del siglo XIX hasta los 40 han acompañado cigarrillos, chocolates, caramelos o golosinas en general. En algún caso alimento de pájaro, una cosa muy pero muy puntual. En general eran cigarrillos, golosinas... Yo no soy especialista, pero hay cosas del siglo XVII, XVIII, que ya no no sé si llamarlas figuritas pero eran productos que venían con una imagen para ofrecerle algo más a la persona. Lo más cercano a la figurita, <b>lo que llamaríamos la protofigurita, es lo que acompañaba el cigarrillo a fines del siglo XIX</b>. En esas primeras colecciones lo dominante eran las mujeres semidesnudas o personajes históricos o cosas costumbristas. Fútbol en Argentina empieza, más o menos, a partir de finales de la década del 10. Y más sistemático, o sea, colecciones ya más importantes, a partir de la década del 20. Después ya en los 20 y 30 se prende en las golosinas: mucho; el chocolate: mucho mucho; y los caramelos: mucho mucho. Y <b>recién en los 40 empieza a ser un producto independiente que viene solo en un sobrecito</b>. </p><p>Esas primeras que llegaban al mercado presumiendo amor propio, sabiendo que valían por sí mismas y no como meras acompañantes de algo más, eran principalmente sobre fútbol y sobre personajes del espectáculo que, en esos años, se reducía al cine.</p><p>—Otra cosa que le da un <i>boom</i> fuerte a la figurita, a partir de fines de los 50 y los 60, es la televisión: incorporaron las series y todo lo que tenía que ver con la tv. </p><p>Después comenzaron a hacerse de todos los temas imaginables. Primero se pegaban con pegamento. Eran de cartón. Poco a poco, como la mayoría de las cosas de este mundo, se transformaron.</p><p><b>Cambio y continuidad.</b></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/OTFK5YZF4REQDCEYXHDSIFUZOA.jpg?auth=83022cfcb9a4d84109a1813dd0b430feec447c2e30fea64f319c54dc3a8e76e3&smart=true&width=960&height=1280" alt="Los libros sobre las colecciones de figuritas se agotaron y los autores publicaron reediciones en las que añadieron nuevas que encontraron después de las primeras publicaciones" height="1280" width="960"/><p>***</p><p>Bitrán sigue coleccionando figuritas. <b>Busca todas las nacionales que hayan salido hasta 1985</b>. Tiene entre doscientos y trescientos álbumes. Figuritas: miles y miles. Si intentara contarlas —dice— después deberían internarlo. Aunque sí las tiene perfectamente ordenadas. Sabe cuáles fueron publicadas en sus libros, cuáles no y podrían compilarse en uno nuevo. De qué año es cada una. A qué tema pertenecen. Están todas en un placard. No expuestas. No digitalizadas. </p><p>No colecciona lo contemporáneo. No colecciona el álbum del Mundial. A él le gusta esa caza de tesoros escondidos que sobreviven al tiempo. <b>“Traer del pasado algo que está ahí, medio perdido”</b>. No lo entusiasma ir al kiosco de la esquina y pedir un paquete. Aunque siempre disfruta el placer de cambiar. Por eso cuando su hijo de 24 que sí colecciona las de este Mundial llegó el domingo dispuesto a ir al Parque Rivadavia él no se resistió.</p><p>—Me sigue gustando porque la esencia sigue siendo la misma. A ver, en el fondo es igual que cuando un pibe en los años 40 coleccionaba figuritas. Pero vuelvo: es un objeto que podés conseguir en un kiosco, entonces a mí no me resulta divertido. A él le apasiona. Yo voy siempre igual al Parque Rivadavia porque hay canje todo el tiempo. </p><p>Dice que la búsqueda genera mucha adrenalina “por eso de que no sabés cuándo podés encontrar y qué podés encontrar”. Y advierte que con el coleccionismo “también <b>hay que tener mucho cuidado de no cruzar una delgada línea a la obsesión</b>”. No solo para que no deje de ser una actividad disfrutable si no para que no ocupe mayor relevancia de la que merece.</p><p>—Mirá, hay un periodista deportivo (no me acuerdo quién era) que una vez dijo una frase que me gustó mucho que es: “El fútbol es una de las cosas más importantes dentro de las menos importantes”. Y la figurita es algo así. Imaginate que con los problemas sociales que uno ve, el crecimiento de la pobreza, del desempleo, de la desindustrialización y un caos en la estructura productiva del país, no podés estar todo el tiempo pensando en figuritas. Yo tengo la visión de historiador, además. Entonces, esto distrae por momentos, te permite alienarte un poco y es divertido. Pero no hay que correr el riesgo de alienarse totalmente y que tu vida gire alrededor de eso.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/64IMG47HXRB2BCU323RDGCL7DU.jpg?auth=0f66196e5ace057d4601f8aed129c966e93540995f97f2240669450317dbb9c7&smart=true&width=938&height=1280" alt="Rafael Bitrán: "La esencia de coleccionar figuritas sigue siendo la misma que en los años 40: la sorpresa de abrir un paquete, de ver qué te toca, la ansiedad de llenar, la sociabilidad con los demás cuando vas a canjear"" height="1280" width="938"/><p>***</p><p>Entra un chico con lentes.</p><p>—Hola. </p><p>—Pasá, pasá.</p><p>—Estoy buscando un libro que se llama <i>Pedro Páramo.</i> </p><p>—<i>Pedro Páramo,</i> ahora te digo si está. </p><p>Busca. </p><p>—Gran libro ese, eh. <i>Pedro Páramo</i> es una hermosura. Yo no sé si lo tengo. </p><p>Busca más. </p><p>—Juan Rulfo. <i>Pedro Páramo</i>.</p><p>Encuentra. </p><p>—¿Cuánto está?</p><p>—$7000.</p><p>—¿Tenés Mercado Pago?</p><p>Cambio y continuidad.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/C25AQ2N4HZGOZDQF6425AETGKQ.jpg?auth=a18ccb071db07cd3e8354a5225248ab55e190802334006d3aa28ca0a1ef3b5b8&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Rafael Bitrán en su librería, El Debate (Franco Fafasuli)]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Franco Fafasuli</media:credit></media:content></item><item><title><![CDATA[A 50 años de la desaparición de Haroldo Conti: el que llevaba dentro el río y las convicciones, el que no podía dejar de escribir]]></title><link>https://www.infobae.com/sociedad/2026/05/05/a-50-anos-de-la-desaparicion-de-haroldo-conti-el-que-llevaba-dentro-el-rio-y-las-convicciones-el-que-no-podia-dejar-de-escribir/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/sociedad/2026/05/05/a-50-anos-de-la-desaparicion-de-haroldo-conti-el-que-llevaba-dentro-el-rio-y-las-convicciones-el-que-no-podia-dejar-de-escribir/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[Fue uno de los escritores más destacados en la Argentina de los 60 y los 70. Autor de títulos que le valieron premios internacionales pese a los que nunca perdió de vista dónde estaban sus pies, dónde su cabeza. Rechazó la posibilidad de obtener la beca Guggenheim por venir de un sistema al que criticaba, se negó a exiliarse cuando empezó la dictadura aunque se sabía perseguido y nunca cejó de defender sus ideas, de vivir según ellas, en su ley]]></description><pubDate>Tue, 05 May 2026 06:44:37 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/I3UQUEPP3RE2VL5MHXGQKFGR3E.jpg?auth=309a511f7782b6aee200fa2fe614c72e8f9e3b2379e1f923b882217be1e3411f&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Haroldo Conti" height="1080" width="1920"/><p><i>Hic meus locus pugnare est hinc non me removebunt</i> (<b>“Este es mi lugar de combate y de aquí no me moveré”</b>).</p><p>Esas nueve palabras en latín, impresas sobre su escritorio, eran un mandamiento férreo. Inviolable. Una convicción pétrea que lo clavó a ese rectángulo desde el que escribía: su trinchera. De la cual, efectivamente, no se movió.</p><p>Hasta que se lo llevaron.</p><p>***</p><p>En un video homenaje realizado por el centro cultural que lleva su nombre —situado en el predio de la exESMA—, fechado en 2014, se lo puede ver, escuchar. </p><p>Primero, es el río. Esa masa de agua parda que lo cautivó y que iba a transformarse en protagonista de su obra y de su vida. Con ella empieza ese montaje titulado <i>Conti x Conti</i>.</p><p>El hombre llega, remando su arroyo, a su casa en el Tigre. La que compró en 1955, la que es un museo y sitio de la memoria desde 2009. Donde después de la novela <i>Sudeste</i> (1962) también escribió muchos de sus cuentos, como <i>La balada del álamo Carolina</i> (1975). Llega lento, con la cadencia del paisaje del que es parte. De fondo la música es un silbido, los remos meciendo el agua. Se baja de la pequeña embarcación, acaricia a un perro que lo acompaña como señalándole el camino, toca las hojas del árbol de su puerta, abre el candado y entra. Después, el video teje fragmentos de entrevistas con imágenes de su cotidianidad en ese rincón de su vida: pone la pava, toma un mate, enciende un cigarrillo con un papel de diario desde la hornalla, cocina con su compañera en horno de barro. </p><p>Mientras se lo oye: <b>sobre su escritura</b> —“En realidad empecé a escribir de bastante no joven sino chico, directamente. Escribí una serie de obras de teatro humorísticas, por supuesto, ya que reconozco esa paternidad. Para mí es una especie de fatalidad, y lo digo sin hacer literatura. No me siento especialmente feliz cuando escribo, me cuesta escribir, me cuesta bárbaramente. Yo creo que para mí es una sustitución de la aventura, a veces: como no puedo viajar, como no puedo trepar a una montaña, como no puedo navegar, todo eso lo hago a través de la literatura”—. <b>Sobre su Chacabuco natal</b> —“Hablar de Chacabuco es un poco hablar de mi infancia. Como tal, en la distancia del tiempo, ha adquirido Chacabuco un relieve fantasmal para mí. En casi todas mis novelas siempre hay algún personaje que tiene su origen o su fuente en Chacabuco. Para mí Chacabuco es aquel pueblito que relato, describo, y en cierta medida recupero, aunque lo invento bastante, en <i>La balada del álamo Carolina.</i> En realidad, cuando yo escribo, hablo de ese Chacabuco mío, no es exactamente el Chacabuco que ahora existe, acá, a 200 kilómetros de Buenos Aires. Siento la permanente nostalgia por mi pueblo”—. <b>Sobre su postura política </b>—“Creo que, inclusive, también <b>se puede hacer una literatura comprometida, es decir, una literatura política válida, perfectamente válida</b>. Creo, con Galeano, que nuestra suprema obligación es hacer las cosas más bellas que las de los demás, sobre todo que lo que las puede hacer el adversario, pero aún haciendo belleza creo que podemos hacer una literatura política, pero lo político emergerá con naturalidad, no como una cosa impuesta”—. <b>Sobre la libertad</b> —“No sé si me siento libre pero he hecho un culto a la libertad. Por ejemplo nunca he aceptado trabajos si no son trabajos solitarios, que no me coarten, que me dejen maniobrar libremente. He renunciado a muchas cosas por eso. He preferido un viaje, o mandarme a mudar, una aventura, al dinero o a tantos otros beneficios: la gloria, elogios, lo que sea. En ese sentido, no sé si eso es creer en la libertad pero de todas maneras es practicarla. En fin, yo creo que a veces, inclusive, hay que sacrificarla, la de uno y a veces la de los demás, desgraciadamente, por un bien social mayor. Yo al compromiso, y nos estamos refiriendo a lo político, lo asumo como intelectual no exactamente como creador porque <b>creo que la creación es el terreno de la pura libertad</b>. Yo no puedo comprometerme a escribir una novela con mensaje político, pero sí me puedo comprometer, y debo hacerlo, a firmar una solicitada, a reclamar por los presos políticos, a rebelarme contra una injusticia, eso sí”—. <b>Sobre el amor</b> —“Soy muy sentimental, las cosas me tocan muy a fondo, me hieren, me lastiman, entonces me la paso suspirando. Pero creo que el verdadero amor está rodeado de tristeza, siempre lo dije aunque no sé muy bien por qué. Es breve, es intenso, se muere”. </p><p>La escritura, Chacabuco, la política, la libertad, el amor. Quizás en esos cinco grandes núcleos quepa toda su vida. Una vida narrada a la vera del río.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/Q3E5RFGJUJA2BAV366NI46BR2Q.jpg?auth=83fb4be34ca2d0ecab0f52706c2d559520de6faba986ba454eb77d20a9a298f0&smart=true&width=1920&height=1224" alt="Haroldo Conti nació en Chacabuco, el 25 de mayo de 1925. Comenzó a escribir de chico guiones de obras de teatro y heredó de su padre el arte de contar historias" height="1224" width="1920"/><p>***</p><p>Su propia historia podría ser análoga a la del árbol al que le dedicaría un cuento, ese álamo Carolina que “nació aquí mismo, exactamente, aunque el álamo Carolina, por lo que se sabe, viene mediante estaca y este creció solo”, ese “que asomó un día sobre esta tierra entre los pastos duros que la cubren como una pelambre, un pastito más, un miserable pastito expuesto a los vientos y al sol y a los bichos”. Y que “creyó, por un tiempo, que no iba a ser más que eso hasta que un día notó que sobrepasaba los pastos y cuando el sol vino más fuerte y templó la tierra se hinchó por dentro y se puso rígido y sentía una gran atracción por las alturas, por trepar en dirección al cielo, y hasta sintió que había dentro de él como un camino, aunque todavía no supiese lo que era eso”.</p><p>Solo que Haroldo Conti no había nacido exactamente en esta tierra, la porteña, ni en la del Delta que abrazó. Tampoco, a diferencia de su álamo Carolina, creció solo.</p><p>Hijo de Petronila Lombardi y de Pedro Conti —tendero ambulante y fundador del peronismo en su pueblo— Haroldo Pedro Conti nació en su querido y siempre extrañado<b> Chacabuco</b>, un pueblo de 45.000 habitantes al noroeste de la provincia de Buenos Aires, en el aniversario de la Revolución de Mayo de 1925. Creció en la calma de los lugares pequeños y estudió en un colegio religioso, el Don Bosco de la ciudad de Ramos Mejía, donde se unió a un grupo de teatro y donde, probablemente, algo de lo que volcaría después en sus textos comenzó a germinar. </p><p>Aunque la propensión a contar historias le llegó como herencia por línea directa: su padre, además de tendero, era un excelso, inevitable, narrador; uno que, al contar de Conti, recuerda a ese padre de la entrañable película <i>El Gran Pez</i> (2003), de Tim Burton, ese padre que no podía dejar de narrar.</p><p>“Habría que contar la historia de uno mismo. La cosa empezó de esta manera. Yo era alumno de una escuela de pupilos. En aquel tiempo no había cine, y remplazábamos esa diversión dominical con unas funciones de títeres. Yo me ocupaba de escribir los libretos que, como en todas las series, se acababan en el momento de mayor suspenso y se continuaban en el próximo domingo. <b>Así nació en mí una parte de esa vocación por la literatura</b>.</p><p><b>La otra parte se la debo a mi padre</b>. Él siempre fue un gran cuentero y lo es todavía. Es un hombre de pueblo que cuenta y cuenta cosas como toda la gente de pueblo, que a veces no tiene otra cosa que hacer. Mi padre era un viajante, un tendero ambulante, y yo salía a recorrer el campo con él; se encontraba con la gente y antes de venderle nada se ponía a charlar y contar cosas. Así recibí ese hábito de contar oralmente”, dijo en una entrevista que le hicieron en 1975 Heber Cardoso y Guillermo Boido para el diario <i>La Opinión</i>.</p><p>Desde chico sentía curiosidad y se dejaba llevar por esas historias pequeñas, de personas anónimas, por las peripecias cotidianas de los habitantes de su pueblo en las que podía condensar a toda una comunidad. “El hombre en su totalidad es una causa. <b>Mucha gente habla de revolución y olvida que las revoluciones las hacen los tipos concretos</b>. En <i>En vida</i> quise hacer la radiografía de un hombre del montón, jodido por esta sociedad, castrado en sus posibilidades de elegir”, dijo en 1975, unos años después de la publicación de <b>su novela </b><i><b>En vida</b></i>, que salió en 1971 y fue seleccionada por un jurado en el que destacaban Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa como la <b>ganadora del Premio Barral</b>. </p><p>Para eso aún faltaba cuando empezó a trabajar como docente, siendo muy, muy joven, en General Pirán. Cuando creyó que su vocación era la de la espiritualidad religiosa y entró al Seminario Metropolitano Conciliar de Villa Devoto, donde los estudiantes se preparan para sacerdotes. Cuando lo dejó para estudiar Filosofía en la Universidad de Buenos Aires, en 1947. Cuando se convirtió en piloto; trabajó como asistente de dirección de la película <i>La bestia debe morir;</i> y se casó con Dora Magdalena Campos, con quien tuvo sus primeros dos hijos, Alejandra y Marcelo. Luego tendría dos más: María José, de una relación con Gloria Ana Ibañez; y Ernesto, con quien fue su compañera hasta su secuestro, Marta Scavac. </p><p>Desde el cielo, en esos años llenos de cosas, mientras sumaba horas de vuelo, <b>vio el Delta y se enamoró</b>. En 1955 se compró la casa en el Tigre, a orillas del arroyo Gambado, en la que pasó temporadas enteras. Quizás fue la tranquilidad del paisaje o el silencio envolvente apenas interrumpido por el rumor del agua. Algo habría ahí —las islas, su gente—, que desencadenó <b>su primera novela, </b><i><b>Sudeste</b></i>, una historia que transcurre precisamente en ese sitio: el Delta del Paraná. Y narra la vida de Boga, un pescador y recolector de juncos que vive según los ritmos y las leyes de la naturaleza, que es uno con el río. Una trama que es un homenaje y, quizás también, como él menciona, un culto a la libertad. </p><p>Así contó su principio en la entrevista para <i>La Opinión</i>: “Un día, en el colegio de curas donde estudiaba, se me ocurrió escribir una novela misional, sobre aventuras de misioneros en tierras extrañas. La novela se llamaba <i>Luz en Oriente</i>. No me acuerdo si la terminé. Así fue naciendo la cosa. Después ingresé a la Facultad de Filosofía y Letras y hubo una época de silencio en la que me dediqué a estudiar y, voluntariamente, dejé todo ese tipo de inquietudes. Por ese camino acabé siendo un triste profesor de escuela secundaria. Hace veinte años que enseño Latín. Después se me dio por el teatro. En aquella época estaban en boga los teatros independientes. La experiencia fue dramática: en esa época la Municipalidad de Buenos Aires había organizado jornadas de teatro leído en el Odeón. Se seleccionaban obras de autores noveles y se leían al público. Lo lamentable era que el público estaba constituido por aquellos que habían sido rechazados en el concurso. En cuanto los actores comenzaban con el parlamento, los del público, que estaban con una bronca negra, se levantaban y empezaban a despotricar contra la obra. Y eso fue lo que me pasó a mí y me borré para siempre del teatro. Por aquellos años conocí<b> el Delta, uno de los metejones de mi vida</b>, me dediqué a construir un barco, me fui metiendo muy adentro de un determinado mundo, fui conociendo la gente de la costa, los isleños, la gente de barcos. Y con toda naturalidad, mientras construía ese barco, surgió <i>Sudeste</i>. Así empezó todo”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/G6UADH3YNNCJNEXHLEBLHPSL2I.jpg?auth=d3837362790d5e998a4d79c422096f15db5377dbee777b563ffa78376a68972b&smart=true&width=1920&height=1419" alt="En la década del 50, mientras sumaba horas de vuelo para convertirse en piloto, Conti vio el Delta desde el cielo y se enamoró. En 1955 se compró una casa en el Tigre, a orillas del arroyo Gambado, en la que escribió su primera novela: "Sudeste"" height="1419" width="1920"/><p>***</p><p>Cuando ese todo empezó ya había sido distinguido por su trabajo: en 1956 recibió el Premio Olat (Organización latinoamericana de teatro) por su obra teatral <i>El examinado,</i> y cuatro años después, en 1960, un premio de la revista <i>Life </i>por su relato <i>La causa</i>. Quizás los reconocimientos serían confirmación e impulso para las novelas y cuentos que nacerían después. Y le valdrían más distinciones. </p><p><i>Sudeste </i>se publicó en 1962 y ganó el concurso de la Editorial Fabril —el sello que la publicó— que puso a Conti entre los escritores más conocidos de esa generación, formada por otras plumas ilustres como la de Rodolfo Walsh y Juan José Saer. Dos años más tarde, en 1964, recibió el Segundo Premio Municipalidad de Buenos Aires por su libro de cuentos <i>Todos los veranos</i>.</p><p>En 1966 publicó <i><b>Alrededor de la jaula</b></i><b>, su segunda novela</b>, y recibió su primer premio internacional, el de la Universidad Veracruzana. En ella, de nuevo el río. Su escenario es el puerto de Buenos Aires, un lugar de pasaje: es ciudad, es agua, es movimiento y también quietud. La historia que narra es la de Silvestre, un viejo que se está despidiendo de la vida, y la de Milo, un chico de la calle rescatado y criado por él, que se despide de la infancia. Mientras el texto avanza —y con él las horas y los días, implacables— el mundo en el que están insertos parece inmóvil. Nada se sabe del pasado de los personajes, todo transcurre en un presente absoluto. Y eso es suficiente.</p><p>Por esta novela, Conti dijo tener “un especial cariño”. “Cada novela mía es un pedazo de mi vida, son vidas que he vivido con la misma intensidad con que se vive una vida. En la medida en que quiero esas vidas, quiero esas novelas”, señaló en la entrevista para<i> La Opinión</i>.</p><p>Poco después de ese texto empezó a trabajar como profesor de Latín del Liceo n.° 7 de la Ciudad de Buenos Aires. Dio clases ahí hasta su secuestro. Y también siguió escribiendo. </p><p>En 1971 conoció Cuba. Lo habían invitado a ser jurado del Premio Casa de las Américas. Ese viaje fue un mojón en su vida que le abrió el horizonte: había más, más allá del río. “Cuba es una especie de colina de América desde donde se divisa todo el continente. <b>Desde La Habana tomé conciencia de América Latina</b>”, dijo. Fue después de ese viaje que comenzó a militar en el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y en el Frente Antiimperialista por el Socialismo (FAS). </p><p>También en 1971 apareció su novela <i><b>En vida</b></i>, por la que fue galardonado con el premio Barral. “<i>En vida</i> constituye tal vez la apuesta de estilo más alta de Haroldo Conti. Historia urbana hasta el hueso, existencial al modo de <i>El pozo, </i>de Onetti,<i> </i>y de <i>El extranjero,</i> de Camus, narra el desencuentro entre el individuo y su contexto, una ciudad que se le vuelve ajena, hostil. Caminarla, viajar en sus colectivos y en sus trenes, confundirse con la multitud, extraviarse sin rumbo, es añorar un tiempo idílico en el que la infancia y el aire campero devienen en una melancolía corrosiva. (...) Ni Oreste ni sus compinches del vino, la madrugada y las grescas vislumbran una causa, un complot. Más bien entregados a la caída, se refocilan en la pendiente”, dice la sinopsis. “Yo creo que con <i>En vida</i> llegaba a un callejón sin salida: es una literatura que considero demasiado individualista. Para ese tiempo se produce mi primer viaje a Cuba y mi primer contacto a flor de pueblo con América”, dijo Conti después.</p><p>Quizás por eso su próximo Oreste, protagonista de <b>su última novela, </b><i><b>Mascaró, el cazador americano</b></i><i> </i>(1975), con la que obtuvo el Premio Casa de las Américas —del que había sido dos veces jurado—, buscaba formar parte de un proyecto social, a diferencia de su tocayo, protagonista de <i>En vida</i>, quien atraviesa una crisis completamente personal.</p><p>En <i>Mascaró</i> Conti narra la vida de un grupo de personas que se unen para formar un circo errante, “El Circo del Arca”, que recorre los pueblos ofreciendo su arte. En el trayecto aparecerán diferentes personajes que aportarán nuevas ideas, otros modos de mirar. </p><p>Los caminos, la causa colectiva, el trabajar juntos por un fin común, la amistad, la solidaridad, la tolerancia, la libertad, la resistencia, el cambio social, la utopía, son ejes que aparecen en la trama.</p><p>Quizás por eso no tardó en <b>ser censurada por la SIDE</b>. El informe número 83.864 de ese organismo, en 1975, decía: “El presente libro, cuyo autor es Haroldo Conti, presenta un elevado nivel técnico y literario, donde el mencionado autor luce una imaginación compleja y sumamente simbólica. (…) Como se dijo en un principio, la novela es muy simbólica, contada además en tono épico, no definida en sus términos pero con significados que dan lugar a pensar en su orientación marxista (apoyada por la Editorial Casa de las Américas, de la Habana, Cuba)”.</p><p>El mismo año, 1975, publicó otro libro de cuentos, <i><b>La balada del álamo Carolina</b></i>, </p><p>un volumen de diez textos que abre con el que le da título a la antología y continúa con “Las doce a Bragado”, “Mi madre andaba en la luz”, “Perfumada noche”, “Ad astra”, “Devociones”, “Bibliografía”, “Los caminos”, “Memoria y celebración” y “Tristezas de la otra banda”. Las líneas que puso antes de comenzar el cuento “La balada del álamo Carolina” se sienten como un presagio: </p><p><i>“Ciruelo de mi puerta, si no volviese yo,</i></p><p><i>la primavera siempre volverá. </i></p><p><i>Tú, florece”.</i></p><p>(Anónimo japonés) </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/YZEY736C6ZC5RDGKULS2GITAPA.jpg?auth=a6e060b18d2df62afe96ae91fc0593def36100a6ea17646357fba3c82ef07d3c&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Sus novelas y cuentos fueron distinguidos con premios nacionales e internacionales" height="1080" width="1920"/><p>Antes de eso, después de su viaje a Cuba y de seguro con las impresiones que le había dejado esa experiencia todavía frescas en la piel, en 1972, con mucha diplomacia, se negó a la posibilidad de obtener la prestigiosa Beca Guggenheim por “convicciones ideológicas”. Su carta de rechazo decía: “Con el respeto que ustedes merecen por el sólo hecho de haber obrado con lo que se supone es un gesto de buena voluntad, deseo dejar en claro que<b> mis convicciones ideológicas me impiden postularme</b> para un beneficio que, con o sin intención expresa, resulta cuanto más no sea por fatalidad del sistema, una de las formas más sutiles de penetración cultural del imperialismo norteamericano en América Latina. No es sólo ni principalmente la cuestión de la beca Guggenheim en sí misma, sino de la política de colonización cultural de la que forma parte, en la que el imperialismo norteamericano no escatima en esfuerzos de organizaciones estatales, paraestatales y privadas”. “…No soy un hombre de fortuna, como tampoco lo son la mayoría de mis compañeros, porque en Latinoamérica ser escritor es casi sinónimo de pobre, pero <b>me parece inaceptable postularme para un beneficio que proviene del sistema al que critico</b> <b>y combato </b>y que, por otra parte, y eso es lo más grave, de alguna manera me complica con él. No reniego que, en el orden personal, habría significado una gran oportunidad para mí, ni critico, por otra parte, a quienes careciendo inclusive de las oportunidades que yo tuve aceptaron esta beca. Yo entiendo que no puedo hacerlo y que mi gran oportunidad en este momento es América, su pueblo, su lucha, la enseñanza y el camino que nos señalara el Comandante Ernesto Guevara”.</p><p>Cuando fue censurado, en 1975, la dictadura estaba a la vuelta de la esquina y la “lucha contra la subversión”, lanzada por el peronismo de derecha, cazaba personas con ideas progresistas, sin miramientos, en todo el país. </p><p>Conti era consciente de eso. Había recibido amenazas por una serie de artículos que había publicado en la revista <i>Crisis,</i> por las denuncias que hizo en congresos literarios en el extranjero sobre la violencia de los grupos parapoliciales. </p><p>Apenas las Fuerzas Armadas dieron el golpe de Estado fue declarado “agente subversivo”. Aún así<b> eligió quedarse</b>: <i>Hic meus locus pugnare est hinc non me removebunt </i>(Este es mi lugar de combate y de aquí no me moveré).</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/5VSL44K74ZGCJJMIVRJ5BMNSHY.jpg?auth=428fab82f25b5fd8bfd42493317d14d70541f66938cba71bf265dc8f25cf292b&smart=true&width=1920&height=1421" alt="En 1971 un viaje a Cuba le cambiaría la perspectiva. "Desde La Habana tomé conciencia de América Latina”, dijo al volver. Y poco después comenzó a militar en el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y en el Frente Antiimperialista por el Socialismo (FAS)
" height="1421" width="1920"/><p>***</p><p>“En la madrugada del <b>5 de mayo de 1976</b> llegamos a nuestra casa, veníamos del cine, de ver <i>El Padrino II</i>. En casa había quedado mi hija, Miriam, de siete años, y mi bebé, de tres meses… Ambos chicos habían quedado con un compañero, con un amigo: Juan Carlos Fabián” —comenzó a narrar Marta Scavac, compañera de Conti desde 1973, con quien tuvo a su hijo Ernesto<i>, </i>en el aniversario número treinta de la desaparición de Haroldo Conti. </p><p>“Llegamos a casa. Recuerdo que eran las doce y cinco cuándo bajé del coche y le dije a Haroldo: ‘Ernesto debe estar muerto de hambre, ya se pasó la hora de la mamadera’. Voy a abrir la puerta de casa, estaba trabada. Baja Haroldo y dice: ‘Yo puedo, yo puedo’. Y cuando él intenta abrir, se abre la puerta de golpe. Había un grupo esperándonos. Inmediatamente yo lo único que alcancé a ver fue un grupo de seis u ocho personas —por llamarlos de alguna manera— que me ponen un arma en la cabeza con silenciador, recuerdo que me tiran al piso, inmediatamente me encapuchan y me atan. Cuando me tiran al piso alcanzo a ver a Juan Carlos que ya estaba tirado en el piso sin capucha, pero sí atado. Me dejan en el living donde se encontraba él. Escucho que lo llevan a Haroldo, que forcejean, escucho varios movimientos como de cuatro o cinco personas, ahí me di cuenta que Haroldo se resistía a ser atado y llevado”. “Fue el comienzo de una noche muy espantosa”.</p><p>En aquel aniversario, hace veinte años, Marta Scavac contó con detalles el episodio que partiría su vida en dos. Habló de la desesperación de quienes integraban la patota —un grupo de tareas del Batallón 601 de Inteligencia del Ejército— de robar todo lo que había en su casa (motivo por el que ella y sus hijos se salvaron porque priorizaron llevarse los electrodomésticos a llevársela a ella y lograron escapar); mencionó que uno de ellos hacía de “policía bueno”, no porque fuera buena persona sino porque le interesaba la obra de Haroldo y eso le imponía una nota de respeto hacia ellos. “Me llevó al escritorio y me preguntó sobre <i>Mascaró</i>, por qué había colaborado con <i>Mascaró</i>, por qué había viajado a Cuba. Trataba de mantener su serenidad esta persona pero en un momento no pueden ocultar lo que son y dicen: ‘Estamos en guerra, son ustedes o nosotros, no podemos dejar ni siquiera las semillas de ustedes’”.</p><p>“Una noche muy larga, unas cuantas horas, yo escucho que van a llevárselo a Haroldo, escucho que le dicen: ‘Haroldo, qué caro que vas a pagar por todo esto’. Ahí pregunto qué van a hacer con él. Me dicen que tienen unas cuantas preguntas para hacerle. Les respondí que habían estado toda la noche haciéndole preguntas. Que yo podía ayudar a contestar las preguntas pero que no tenían por qué llevárselo a ningún lado. En ese momento recibí una flor de patada en los riñones. De todas maneras sigo pidiendo, porque el dolor físico no se siente en esos momentos, ¡es tan grande el otro dolor! Cuando me doy cuenta de que es inútil, que por supuesto que no me van hacer caso, les pido que me quiero despedir de Haroldo, que quería saludarlo. Y este buen señor me dijo: ‘Yo la llevo, señora’. Y me va llevando, yo estaba encapuchada, estaba atada así que me llevaba él por mí casa. (...)</p><p>En un momento me detiene este hombre y yo siento el aliento, la presencia, el calor de Haroldo, y quiero extender mis manos y no puedo porque estoy atada, lo empiezo a llamar y me dice: ‘Acá estoy, acá estoy, querida, quédate tranquila, estoy bien’. Y yo le digo: ‘Quiero verte, necesito verte’. Él se acerca y me da un beso acá en la barbilla que era el único lugar que yo tenía descubierto. Hasta aquí llegaba la capucha que eran dos camisas que me habían puesto. Cuando Haroldo me da un beso en esa parte de la cara que yo tenía descubierta me doy cuenta que no estaba encapuchado porque sino hubieran sido otros sus movimientos, ahí sí perdí el control que más o menos pude contener en las horas anteriores. Empecé a gritar desesperadamente que no me lo llevaran. Me tiran sobre nuestra cama, uno de los tipos se tira sobre mi cuerpo, me pone un arma en la cabeza pidiéndome que me calle y al mismo tiempo escucho los ruidos de cadenas que se van llevando a Haroldo que, evidentemente, arrastraba con sus pies y sus piernas una cadena. Todavía me parece escuchar esos ruidos y yo gritando y él diciéndome, y esas fueron sus últimas palabras: ‘¡Cuídame el nene!, ¡cuídame el nene!’”.</p><p>Momentos antes, ella había escuchado a los matones pelearse por quién iba a quedarse con Ernesto y hacer negocios con él: “Decían: ‘Este lo quiero para mí, por este pibe vamos a conseguir buena guita porque es rubio y blanco’”. Así que cuando entre llevárselos a ellos y llevarse los objetos de valor, porque todo no les cabía en el vehículo que tenían, optaron por lo segundo, Scavac consiguió incorporarse y sacarse la capucha con la ayuda de su hija mayor, Miriam. Rompió una ventana, porque los habían dejado encerrados, y desnuda como estaba sacó a sus hijos de ahí. Caminaron unos metros y apareció un taxi que se solidarizó, le preguntó qué le había sucedido. Y ella: “Qué le iba a decir: ‘Entraron unos ladrones a mi casa, se llevaron todo, tengo que ir a casa de mis padres que están a diez cuadras de acá y no tengo ni una moneda’. ‘Señora, no se preocupe, yo trabajo de noche y estoy viendo todos los días situaciones como estas’, dijo. Se bajó del coche, me ayudó a subir, se sacó su saco y me cubrió porque yo estaba sin ropa y me llevó a la casa de mis viejos. No sé su nombre, no recuerdo su cara y le estoy profundamente agradecida”.</p><p>Después empezó <b>la búsqueda desesperada</b>, las denuncias internacionales, la investigación sin pausa. Logró saber que estaba en el centro clandestino de detención “El Vesubio”. Le dijeron que no lo iba a volver a ver. </p><p>“Efectivamente así fue, no lo volvimos a ver. Pero Haroldo no está desaparecido, <b>Haroldo está vivo, Haroldo está en su obra, Haroldo está en la familia que lo sigue queriendo, Haroldo está en sus amigos, Haroldo está en su grandeza” “Haroldo está en todas partes, no pueden desaparecerlo”</b>.</p><p><i>Tú, florece.</i></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/SGPBHIIRPFAXTD3A6XSL3M4BFY.jpg?auth=0a2199e0694d5b509daf0dcd285d09d5fc16aa429b61c0309d82b32188f0c43d&smart=true&width=1920&height=1028" alt="El 5 de mayo de 1976, hace cincuenta años, Haroldo Conti fue secuestrado por un grupo de tareas del Batallón 601 de Inteligencia del Ejército. Se supo, por testimonios de sobrevivientes, que estuvo en el centro clandestino de detención "El Vesubio". Sus restos nunca fueron identificados" height="1028" width="1920"/><p>***</p><p>Dos semanas después de su secuestro hubo un almuerzo. Jorge Rafael Videla se reunió con nombres de prestigio de la cultura argentina. Entre ellos estaban Jorge Luis Borges, Ernesto Sabato, Horacio Ratti —presidente de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE)—, y el sacerdote, escritor y periodista Leonardo Castellani, quien conocía a Conti de sus días en el seminario. Le pidió a Videla por él. Ratti le entregó una lista con once nombres más de escritores desaparecidos. Videla aseguró que haría lo posible por averiguar dónde estaba. </p><p>Nunca les dijo nada.</p><p>Castellani llegó a ver a Haroldo Conti una última vez, en la cárcel de Devoto, en julio de ese año. Después se supo por testimonios de sobrevivientes que en algún momento lo llevaron al centro clandestino de detención “El Vesubio”. </p><p>En 1980 Videla le confirmó a periodistas españoles que estaba muerto. Sus restos nunca aparecieron.</p><p><b>En su honor, el 5 de mayo se convirtió en el Día del escritor bonaerense</b>.</p><p>***</p><p>—Uno se pregunta si no es una tarea inútil la nuestra, eso de escribir fatigosamente, de atornillarse a una silla sin saber si vamos a trascender ese acto individual y llegar a un público —dijo en la entrevista para <i>La Opinión—.</i> A veces ocurre que las ganas de escribir son como una enfermedad y uno escribe para curarse. He dicho muchas veces que yo no escribo la Historia sino las historias de las gentes, de los hombres concretos. Escribo para rescatar hechos, para rescatarme a mí mismo. Podría decirles más: <b>creo que toda mi obra es una obsesiva lucha contra el tiempo, contra el olvido de los seres y las cosas</b>. <b>Uno siente que envejece, que se va, y quiere que algunas cosas, de alguna manera, permanezcan.</b> Es una cuestión, diríamos, metafísica, y determina todo lo que escribo.</p><p>—¿Le hace feliz escribir? —le habían preguntado antes.</p><p>—En absoluto. Es un gran dolor, un gran esfuerzo, inclusive físico. Me crea problemas personales, de relación; me vuelvo huraño, fastidioso. <b>Escribo porque no tengo más remedio</b>. <b>Escribo o me muero</b>.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/I3UQUEPP3RE2VL5MHXGQKFGR3E.jpg?auth=309a511f7782b6aee200fa2fe614c72e8f9e3b2379e1f923b882217be1e3411f&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Haroldo Conti]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Cartografías de la memoria: un proyecto busca trazar mapas de los puntos que recuerdan a los desaparecidos de la última dictadura]]></title><link>https://www.infobae.com/sociedad/2026/04/29/cartografias-de-la-memoria-un-proyecto-busca-trazar-mapas-de-los-puntos-que-recuerdan-a-los-desaparecidos-de-la-ultima-dictadura/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/sociedad/2026/04/29/cartografias-de-la-memoria-un-proyecto-busca-trazar-mapas-de-los-puntos-que-recuerdan-a-los-desaparecidos-de-la-ultima-dictadura/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[Desde Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora convocan a enviar todos los sitios, públicos o privados, que las personas consideren “lugares con memoria” para la construcción de un mapa nacional en homenaje a las víctimas del terrorismo de Estado y también a la lucha de las organizaciones de derechos humanos. Un mapa de lugares que “ayuden a no olvidar”]]></description><pubDate>Wed, 29 Apr 2026 05:53:29 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/XJRQWUI2W5AD3OFTYMVP4UCZ6Y.jpg?auth=9ff9383b0a540c5b9d826c2576e2d8b9f6f5cf0368366b9b3f9fec186d109212&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Plaza de la Memoria, la Verdad y la Justicia. Telén, La Pampa" height="1080" width="1920"/><p>La invitación es clara. “<b>Una baldosa, una escuela, una plaza, un mural</b>. Son espacios donde vivieron, estudiaron y militaron personas que fueron secuestradas y asesinadas por la dictadura militar. También son lugares donde caminaron y lucharon las <b>Madres y Abuelas de Plaza de Mayo</b>. Por eso nace <b>Lugares con Memoria</b>. Un proyecto para registrar estos espacios y que sigan presentes en todo nuestro país. Si conocés un lugar así, escribinos al Instagram y sumalo al <b>Mapa de la Memoria</b>”. El video, publicado en enero de este año, cierra con un deseo: “Que la memoria no sea cosa del pasado. La construimos entre todes y en cada lugar”. </p><p>En febrero, cuando comenzaba la cuenta regresiva para el 24 de marzo, para que se cumplieran <b>50 años del golpe de Estado </b>que arrasó con un país que se consumía en el fuego de la violencia, la crisis política y económica, la cuenta de Instagram Lugares con Memoria, apéndice de la de Madres de Plaza de Mayo - Línea Fundadora, volvía a publicar anunciando que los próximo 50 días —es decir, desde el 3 de febrero al 24 de marzo— darían a conocer un “lugar con memoria” por día en lo que dieron a llamar <b>“50 días, 50 lugares”</b>. Renovaron la convocatoria recordando que “los lugares con memoria son todos aquellos que nos ayuden a no olvidar: un libro, un mural, tu escuela y hasta un rinconcito de tu casa”. </p><p>El material los desbordó. Un mural en una esquina, la puerta de una casa con un pañuelo blanco pintado al lado, carteles que señalizan caminos de la memoria, la tribuna de un estadio de fútbol con un nombre homenaje a un desaparecido, una baldosa por la memoria de las que colocan Barrios x Memoria y Justicia, un rincón con dos muñecas tejidas con el pañuelo blanco, un omóplato que muestra el pañuelo tatuado, el <i>Nunca Más</i>, una bandera, las telas bordadas con los nombres de los desaparecidos que se preparaban para la marcha del 24, una canción. Y más. Mucho más. Los puntos en el mapa, los de cada sitio, cada recuerdo enviado, cubren diferentes territorios de la ciudad y la provincia de Buenos Aires y del país: Castelar, Almagro, Bolívar, Morón, Santa Teresita, Catamarca, Santiago del Estero, Santa Fe, Mar de Ajó. </p><p>Antes de publicar cada lugar de memoria en su día correspondiente, del uno al cincuenta, el posteo dejaba un pedido de disculpas: “Estamos respondiendo de a poco pero vamos a ir subiendo todo”, “gracias por la paciencia”. </p><p>Detrás de lo que a simple vista parecía una campaña de las Madres Línea Fundadora de cara a los 50 años del golpe, se movilizaba <b>un universo de sitios de memoria</b>: algunos de ellos, principalmente aquellos espacios donde funcionaron los <b>más de 800 centros clandestinos de detención y tortura</b>, llevan décadas siendo relevados, estudiados, investigados. Otros como plazas, escuelas, y sitios donde vivieron y de donde fueron arrancados quienes fueron blanco de las Fuerzas Armadas, son señalizados con una baldosa, un cartel; y aquellos barrios y lugares de lucha de las Madres y Abuelas, también con pañuelos blancos. Tarea casi siempre encarada por organizaciones de la sociedad civil que siguen tirando el hilo de la memoria contra todos los pronósticos de un país en el que es frecuente que enfrente de un pañuelo blanco brote un negacionista. </p><p>Ante ese escenario el proyecto lanzado por Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora se puso la ambiciosa meta de <b>reunir todos esos sitios y confeccionar mapas por barrios, por municipios y a nivel nacional</b> que muestren <b>una suerte de cartografía de la memoria argentina</b>. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/IGRTOLEHEFAAZD7NBHOOYOPOJE.jpg?auth=94a130db447b7a1482a9381fa12efa11ee639f889a3da6e100436b4a30d83a6e&smart=true&width=1920&height=1448" alt="Construcción y colocación de baldosas conmemorativas en los sitios en los que vivieron, estudiaron o fueron secuestrados los detenidos desaparecidos, llevada a cabo por el colectivo Barrios x Memoria y Justicia" height="1448" width="1920"/><h2>Los lugares de la memoria</h2><p>“El concepto <b>‘lugares de memoria’ </b>fue creado en los ochenta por el pensador francés <b>Pierre Nora</b>, habla de los lugares no en el sentido geográfico sino <b>como reservorios de sentido </b>que la comunidad va construyendo para no olvidar”, explica Pascual Guido Spinelli, director de la Casa de las Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora y coordinador del Programa Nacional Lugares con Memoria para Recuperar la Historia. </p><p>Y sigue: “Se rememora a través de un acto, un mural, un libro, un monumento, una placa, un legajo recuperado, una canción. <b>Los lugares pueden ser concretos o simbólicos</b>. Por supuesto los lugares de memoria primordiales [en Argentina] son los centros clandestinos de detención (que ya están mapeados), este programa los contempla fundamentalmente porque de no existir esos lugares, que son la máxima expresión del terrorismo de Estado, no existirían los lugares con memoria que son el resultado de la obstinación y de las luchas de los familiares, de los organismos de derechos humanos y de las organizaciones de la sociedad civil por preservar el patrimonio de la memoria en cada localidad”. </p><p>Con ese fin, el de destacar el trabajo de “diversos colectivos, asociaciones, sindicatos, comisiones barriales de DDHH y direcciones o secretarías de Estados municipales y provinciales con relación a la creación colectiva de lugares con memoria”, nace este proyecto. La meta es <b>transformar esos sitios dispersos</b>, que como un rizoma pueden conectarse entre sí, en un <b>mapa nacional de la memoria.</b> </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/VBLM5CFCNFAUNF4L4K44F7EZUM.jpg?auth=50c6ddeb42eb5ecb3bdb531281b9510e1b330b5f2ccf6c06687be4d26c5f570a&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Para el pensador francés Pierre Nora los lugares de memoria no son únicamente sitios concretos sino que puede ser “toda unidad significativa, de orden material o ideal, que la voluntad de los hombres o el trabajo del tiempo convirtieron en elemento simbólico del patrimonio memorial de una comunidad cualquiera” (Juan Mabromata/AFP)" height="1080" width="1920"/><p>Entre 1984 y 1992, el historiador francés Pierre Nora publicó lo que se convertiría en su trabajo más relevante, la obra colectiva dirigida por él que tituló <i>Les Lieux de Mémoire (Los Lugares de Memoria)</i>​. Se trató de siete volúmenes en los que más de setenta autores reflexionaron y analizaron el concepto “lugares de memoria” y lo aplicaron a la historia de Francia. Rápidamente la noción fue adoptada por los especialistas en Ciencias Sociales, principalmente entre quienes se dedican a los estudios de la memoria. Para este académico <b>los lugares de memoria son aquellos sitios o huellas que alojan a la memoria colectiva;</b> son, entonces, muchas veces, <b>su condición de existencia</b>. </p><p>El autor explica que no se trata únicamente de sitios concretos, sino que puede ser “toda unidad significativa, de orden material o ideal, que la voluntad de los hombres o el trabajo del tiempo convirtieron en elemento simbólico del patrimonio memorial de una comunidad cualquiera”. Así, <b>un lugar de memoria puede ser un edificio, una baldosa, una pintura, un libro, una canción, una fecha, un monumento</b>. </p><p>En Argentina, esa noción cobró protagonismo cuando las políticas públicas de la memoria ocuparon un lugar protagónico en la agenda y comenzaron a ponerse en valor los sitios de memoria, representados arquetípicamente, como señala Spinelli, con los lugares en los que funcionaron centro clandestinos de detención y tortura, regados en todo el país. </p><p>“En síntesis, estamos trazando con los actores locales (comuna por comuna en CABA; de los 135 partidos de la Provincia de Buenos Aires; y de las 23 provincias) <b>circuitos, mapas geográficos y geolocalizados de los lugares con memoria que la comunidad fue construyendo en homenaje a los detenidos desaparecidos por el terrorismo de Estado y en reconocimiento a la lucha de las Madres y Abuelas</b> a lo largo y a lo ancho del país en estos cincuenta años”, resume el coordinador del proyecto. </p><p>El desafío es ambicioso: para la construcción de esa cartografía nacional de la memoria se están tomando registros fotográficos, lugar por lugar, acompañados por las anotaciones que dan cuenta de la historia detrás de cada uno. Registros “de cada marca de memoria, de cada baldosa conmemorativa, nombramiento de plazas, calles, esquinas, estaciones de subtes y trenes, placas, esculturas y monumentos; murales, escuelas, aulas o salones con nombres alusivos; libros, obras teatrales y nuevas propuestas que demuestran que la memoria está siempre en movimiento”. El resultado que vislumbran, un legado de las Madres Línea Fundadora para los que vendrán, es un motor potente. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/I4AIN7EYKVFCBNQRJVN47NED4Q.jpg?auth=7a3472c5ef3a331b55a1e07d3a032d1765392073fe30c9a1ab68476f9b5c2d39&smart=true&width=1920&height=1440" alt="Murales de la GRAFA (Grandes Fábricas Argentinas), en Albarellos y Zamudio, Villa Pueyrredón, Ciudad de Buenos Aires" height="1440" width="1920"/><h2>Una cartografía nacional de la memoria</h2><p>“El programa nos impone un ritmo y viajamos para conocer, escuchar e intercambiar con las organizaciones territoriales. Impresiona cada uno de los lugares<i> </i>[de memoria] no solo por el modo en que se proponen, siempre de manera comunitaria, sino por lo que cuentan”, dice Spinelli. </p><p>El director de la Casa de las Madres Línea Fundadora y coordinador del programa destaca, a modo de ejemplo, tres de esos sitios que integran ese gran territorio de memoria y condensan fragmentos de lo ocurrido durante la última dictadura.</p><p>“<b>En La Pampa hay 19 lugares mapeados</b>. Entre ellos, en un pueblo de 2000 habitantes llamado <b>Telén</b>, una plaza fue nombrada como <b>Plaza de la Memoria, la Verdad y la Justicia</b>. Ahí, un arquitecto, Miguel García, colaboró y construyó dos esculturas: <b>una Madre de Plaza de Mayo</b> tamaño real y, a unos pocos pasos, la cabeza, de unos cuatro metros de altura, del cacique ranquel llamado <b>Panguitruz</b>, los dos mirándose de frente. De la mirada entre ambos surge la pregunta: ¿este es un diálogo entre los genocidios que hubo en la Argentina?”.</p><p>Spinelli se refiere a la llamada Campaña o Conquista del Desierto impulsada por Roca a fines del siglo XIX. Y recuerda que Panguitruz había sido tomado prisionero cuando era niño y apadrinado por Juan Manuel de Rosas quien, al enterarse de que era hijo de un cacique famoso, lo mandó a bautizar adjudicándose él mismo el rol de padrino. Lo nombró Mariano y le dio su apellido. De ahí en más Panguitruz fue “Marianito Rosas”. Luego de su muerte su tumba fue profanada y su cráneo, robado. Comenzó entonces un periplo por el que pasó de ser trofeo de guerra a patrimonio antropológico. Hasta que, mucho más acá en el tiempo, después de 1983, los ranqueles volvieron a reagruparse y comenzaron a reclamar los restos de sus ancestros. </p><p>“Su cabeza estuvo muchos años en el Museo de Ciencias Naturales de La Plata hasta que fue recuperada. Todo esto también remite a trabajar la identidad, y lo crucial de recuperar a los nietos apropiados porque, como dice Estela de Carlotto, <b>mientras quede un solo nieto con la identidad cambiada, la identidad de la sociedad estará en duda</b>. Y habla de la importancia de conocer el pasado y vincularlo con el presente para comprender los desafíos de la historia”, señala.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/M7GK5MNW7NG5NLFXE3SQOS3AZQ.jpg?auth=2e0980d5b77c1f50a182a454e3f54df058ab9314441ffdf9288de4efe65386b0&smart=true&width=6048&height=4024" alt="Los sitios en los que funcionaron los más de 800 centros clandestinos de detención son los lugares de memoria fundamentales, relevados y señalizados en el mapa nacional de la memoria (EFE/Matías Martín Campaya)
" height="4024" width="6048"/><p>Otro de los lugares de memoria que destaca es el <b>Paseo de la Memoria</b> construido en 2016 en <b>la costanera de Santa Teresita</b>, donde el mar trajo los cuerpos de <b>las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo: Azucena Villaflor de De Vincenti, María Eugenia Ponce de Bianco y Esther Ballestrino de Careaga</b>, secuestradas, torturadas y violadas en la Escuela de Mecánica de la Armada y arrojadas vivas desde un “vuelo de la muerte”.</p><p>“En diciembre de 1977, los cuerpos de las tres Madres fundadoras aparecieron en las costas de Santa Teresita y Mar del Tuyú”. “Fueron identificadas en 2005 por el Equipo Argentino de Antropología Forense. Secuestradas entre el 8 y el 10 de diciembre de 1977 en la Iglesia de la Santa Cruz, en Buenos Aires, por un grupo de tareas al mando de Alfredo Astiz. Las Madres formaban parte del grupo de ‘los 12 de la Santa Cruz’ junto a las monjas francesas. Este monumento y sus placas interpelan y cuentan el horror del terrorismo de Estado”, repasa Spinelli. </p><p>Y cuenta, además, que “hace pocos años, en 2023, ese avión [utilizado para ese vuelo de la muerte] fue recuperado. Después de casi 30 años fuera del país fue identificado en 2010 y es una prueba en la megacausa ESMA. <b>El avión en sí mismo es un lugar con memoria</b>”. </p><p>El último de los sitios que destaca el director del proyecto es aquel donde se encuentran “<b>los murales de la Grafa, en Villa Pueyrredon</b>, CABA, realizados en 2002 por la comunidad escolar del distrito”. “A lo largo de más de doscientos metros, cuentan la historia de la Fábrica Grafa que llegó a tener 5000 obreros. Un mural, en particular, muestra a los catorce trabajadores detenidos desaparecidos. La Grafa es un ejemplo de cómo la dictadura desmanteló el aparato productivo y comenzó el proceso de desindustrialización”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/EMNWHDNWERALFAB6L2XF6RHH4Y.jpg?auth=92516a60362424a0c1862f7dc2428a6baf8aaa520ddbe6f47571c5f932d37882&smart=true&width=1920&height=3407" alt="Escultura homenaje a Taty Almeida, presidenta de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, en la vereda del Sindicato de Trabajadores Municipales, Moreno, Provincia de Buenos Aires" height="3407" width="1920"/><h2>Lugares de memoria: dispositivos educativos, culturales, identitarios</h2><p>Además de conformar un mapa con los sitios de todo el país, el proyecto Lugares de Memoria busca algo más. <b>Convertir esos espacios o huellas en ejes pedagógicos</b> que disparen talleres, seminarios y contenidos educativos que narren lo sucedido a partir de cada territorio, con cada fragmento de memoria colectiva que se aloja en esos puntos. Y que este material se pueda convertir en un aporte a las currículas docentes.</p><p>Acompaña a este objetivo una propuesta cultural: “crear <b>‘Biblomemorias’ </b>en los barrios”, que son bibliotecas conformadas por “un <i>corpus</i> de libros de autores que consideramos no pueden faltar a la hora de investigar sobre lo que pasó y cuáles son las secuelas del terrorismo de Estado en la sociedad”, explica Spinelli. Estos espacios contendrían también los libros prohibidos por la dictadura y “materiales que fortalezcan la construcción democrática y plural”.</p><p>También se busca plantear <b>circuitos locales</b> por esos sitios como recorridos de un turismo de la memoria. Y que el Estado favorezca su preservación declarándolos de interés municipal, provincial o emitiendo normativas que los protejan del vandalismo.</p><p>“A la fecha <b>hay relevados 6270 lugares con memoria</b>. En el marco de los 50 años del golpe, las respuestas llegan de todo el país. No pocos colectivos ya tienen mapeado su territorio, estamos recibiendo muchísimo material. Contamos con un equipo de colaboradores que va sistematizando la información y subiendo a la web las acciones que nos envían, armando los mapas y circuitos locales de un país sembrado de Memoria”, cuenta. </p><p>Y dice también que el proyecto escaló a nivel regional: “Ya estamos avanzando con la Federación Latinoamericana de Asociaciones de Familiares de Detenidos-Desaparecidos, FEDEFAM, con el mismo criterio, para concretar el mapa con las marcas de memoria y huellas que dejara el plan Cóndor y las dictaduras en la región”.</p><p>La convocatoria a enviar lugares de memoria continúa vigente porque la idea es presentar los resultados del proyecto <b>el 30 de abril de 2027, cuando se cumplan 50 años del nacimiento de las Madres de Plaza de Mayo</b>, es decir, de la primera vez que ante la orden de circular, porque estaban prohibidas las reuniones en el espacio público, se tomaron del brazo y comenzaron a caminar en círculos. “Ya que la ronda —agrega Spinelli— es en sí misma un monumento vivo y un lugar con memoria que marcará por siempre el sentido de una ética, de la resistencia pacífica en la búsqueda de<b> Memoria, Verdad y Justicia</b>, y de una generación que, de acuerdo al contexto histórico, <b>luchó por un mundo mejor</b>”.</p><p>Quienes lo deseen pueden enviar su material a la cuenta de Instagram @lugar.esconmemoria o a lugaresconmemoriamadreslf@gmail.com. para<b> </b>continuar construyendo, colectivamente, una cartografía de la memoria que marque caminos contra el negacionismo, contra el olvido, y conduzca hacia un destino siempre certero: <b>Nunca Más</b>.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/VBLM5CFCNFAUNF4L4K44F7EZUM.jpg?auth=50c6ddeb42eb5ecb3bdb531281b9510e1b330b5f2ccf6c06687be4d26c5f570a&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Para el pensador francés Pierre Nora los lugares de memoria no son únicamente sitios concretos sino que puede ser “toda unidad significativa, de orden material o ideal, que la voluntad de los hombres o el trabajo del tiempo convirtieron en elemento simbólico del patrimonio memorial de una comunidad cualquiera” (Juan Mabromata/AFP)]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"></media:credit></media:content></item><item><title><![CDATA[Querían recuperar el metegol para que convocara a grandes y chicos y revolucionaron el juego: así es la versión 2.0 made in Rosario]]></title><link>https://www.infobae.com/sociedad/2026/04/18/querian-recuperar-el-metegol-para-que-convocara-a-grandes-y-chicos-y-revolucionaron-el-juego-asi-es-la-version-20-made-in-rosario/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/sociedad/2026/04/18/querian-recuperar-el-metegol-para-que-convocara-a-grandes-y-chicos-y-revolucionaron-el-juego-asi-es-la-version-20-made-in-rosario/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[Juan Martín Uncal y Brian Margenet se conocieron trabajando en un banco y empezaron a hacer crecer una idea: ¿si el metegol volvía a ser ese protagonista de la juntada con amigos? ¿Y si podían actualizarlo para que atrajera a quienes lo jugaron en su infancia pero también a los que crecen en este milenio? Empezaron con cartón y pegamento “como en un programa de Utilísima” y terminaron transformando la esencia de ese partido que se juega en una mesa. Hoy su producto estrella es buscado por clubes, empresas y hasta por los campeones del mundo]]></description><pubDate>Sat, 18 Apr 2026 06:04:32 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/AQ3XCNGN4VAFVGYBKVNKSKU4HM.png?auth=8b91f43ddd2a3bea2cf83005d7421f0ab7e8d51f25d681ac010dfe4838294e5f&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Una mesa de mayor tamaño con portavasos, diseño y equipos customizables, pasto sintético, movimientos multidireccionales, redes en los arcos y pelotas de ecocuero, así es el Metegol 2.0 que crearon Juan Martín Uncal y Brian Margenet" height="1080" width="1920"/><p>Al metegol le falta un portavasos. </p><p>Eso fue lo primero que<b> Juan Martín Uncal</b> —concordiense, 36 años, radicado en Rosario desde 2009 cuando decidió irse a estudiar Marketing— observó en algún momento del 2023 mientras se cansaba de perder en el juego. Se considera, sin dudarlo — “no es por agrandarme”, dice— “el peor jugador que pisó esta tierra”. </p><p>—Lo bueno es que cuando sos malo tenés tiempo de abstraerte y decir: “Che, podría mejorarlo en algo”, yo vengo del área de Marketing, y el <i>quid</i> de la cuestión nace de que <b>le faltaba un portavasos. </b></p><p>Llamó “al amigo más responsable que tenía”. </p><p><b>Brian Margenet</b> —rosarino, 37 años— atendió. Juan Martín le contó lo que había pensado. Brian asintió: “El que está jugando tiene que dejar el vaso en el piso o en una mesa aparte. Termina de hacer un gol y tiene que irse a buscar la cerveza o la gaseosa que esté tomando: cambiemos eso”. </p><p>Querían sumar cuatro portavasos a la mesa estándar de metegol para comodidad de los jugadores. Se juntaron. Anotaron la idea. Y a esa <b>le crecieron más</b>. </p><p>—Yo dije: “Para hacerlo un poquito más real tenemos que diagramarlo por lo menos. ¿Con qué lo puedo hacer? Con cartón” —cuenta Juan Martín—. Así que un día lo llamé [a Brian] y cuando llegó a casa vio que era como un programa de Utilísima lo que tenía armado arriba de la mesa. Y se sumó. Ahí estábamos los dos haciendo <i>decoupage</i>. A partir de eso empezamos a jugar: <b>“¿Por qué no lo hacemos más grande?”</b>.<b> </b>Históricamente el metegol nunca mutó en cuestión de jugabilidad, siempre, cuando hubo cambios, se le sumó una maqueta arriba, algo más estético que funcional. <b>La jugabilidad no se tocó casi desde que se creó</b>. Así que dijimos: <b>“¿Por qué no mover los caños?”</b>. </p><p>— “Démosle<b> más dinamismo</b>”, pensamos —acota Brian. </p><p>Y al diseño de <i>bricolage </i>que Juan Martín había iniciado en su casa con un rectángulo de cartón del tamaño de su mesa de comedor le sumaron ocho palos de escoba que salieron a comprar.</p><p>—Dijimos: “Bueno, vamos a ver hasta dónde puede llegar el diseño que estamos desarrollando para que los caños se muevan” —recuerda Brian—. Y así empezamos. Esas fueron las dos primeras ideas. Nunca pensamos en monetizarlo porque tampoco sabíamos si iba a funcionar. </p><p>Un <i>hobby</i> de dos amigos en su tiempo libre. Un espacio de creatividad para un licenciado en Comercialización experto en Marketing<i> </i>(Juan Martín) y un contador público (Brian), que se hicieron amigos porque trabajaban en el mismo banco —los dos llevaban unos quince años desarrollándose profesionalmente en el sistema financiero.</p><p>Entonces así empezó: con una suerte de maqueta rudimentaria que comenzaron a armar con materiales básicos y un poco de pegamento, una estructura que parecía un intento por copiar un paso a paso de algún instructivo del tipo “Hágalo usted mismo” —o su sigla en inglés, siempre más glamorosa, “DIY” (“Do It Yourself”)—. No tenían idea adónde los llevaría.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/ERIXBXCWCBGXTMYDHAGI76XSAI.jpeg?auth=211b46907bdb7fc16d1a0bfa44a108a8ef2a2a34c4d0e29520e10f90cba754a0&smart=true&width=1920&height=2560" alt="Con cartón, papel, pegamento y mucho ingenio y perseverancia los dos amigos comenzaron a construir el primer prototipo del metegol que querían diseñar" height="2560" width="1920"/><p><b>***</b></p><p>Un paisaje prehistórico, desierto. Un simio golpea sin querer un cráneo. El cráneo rueda, provoca patearlo con el pie. Un segundo simio se lo disputa y comienzan a jugar en la dirección a un tercero que busca atraparlo entre dos montículos. De una patada el cráneo es disparado al espacio donde se convierte en pelota. <b>No es la rueda, no es el fuego, no es la palabra: la evolución es el fútbol.</b></p><p>La escena inicial de <i>Metegol</i>,<i> </i>la película de 2013 dirigida por Juan José Campanella, inspirada en el cuento <i>Memorias de un wing derecho</i>, de Roberto Fontanarrosa —y destacada por haber sido el primer film argentino realizado íntegramente en animación 3D de gran escala— es también un homenaje a <i>2001: Odisea del Espacio</i>, la película de Stanley Kubrick de 1968 en la que<b> </b>tres astronautas buscan descubrir los orígenes de la humanidad y su evolución. En aquel film, en su escena “El amanecer del hombre”, un fémur utilizado como arma y lanzado al aire por un homínido se transforma en un satélite que cruza el espacio entre la Tierra y la Luna, y el tiempo hacia 1999. </p><p><b>Homenaje, fútbol, evolución. Todo eso también tiene esta historia</b>.</p><p>En <i>Metegol, </i>el fragmento del comienzo, ese amanecer, da paso a la historia de Amadeo: un chico que vive en un pueblo pequeño cuya vida gira alrededor del metegol del bar en el que trabaja. Al contrario del concordiense de esta nota, Amadeo juega mejor que nadie. Igual que el entrerriano y el rosarino, Amadeo dedicaba sus días a mejorar ese juego que era centro de desafíos y de momentos compartidos con amigos y vecinos. Customizaba los jugadores, pintaba las camisetas, formaba equipos: <b>les daba una identidad</b>.</p><p>Eso es lo que, poco a poco, comenzaron a hacer Juan Martín y Brian en la vida real. Después del cartón y los palos de escoba, de que las mejoras e innovaciones que podían introducir en el metegol formaran una lista impregnada de entusiasmo emprendedor a la que debieron ponerle un límite, el deseo fue claro: <b>¿y si además de portavasos y dinamismo lograban actualizar el metogol para que volviera a ser el rey de los clubes y las juntadas con amigos?</b> </p><p>La meta, entonces, pasó a ser otra: buscaban rescatar o revivir el entrañable juego con el que habían crecido, esa mesa en la que también se juega al fútbol, para que volviera a ocupar el lugar que tenía en el pueblo creado por Campanella. El mismo que había ocupado para ellos en la infancia entrerriana y rosarina. El metegol en el bar, en el club, después del asado del domingo. El que se jugaba “por la Coca”, “por la ficha [de arcade]”.</p><p>—Antes se vivía eso —dice Juan Martín—. Esa sensación de “terminamos, vamos a jugar al metegol”. Hay un asado: “vamos un metegol”. Eso es lo que estamos buscando, porque se fue perdiendo. La realidad es que hoy en día es más fácil prender la Play. El hecho de juntarse es lo más importante para nosotros. Muchas veces el programa es cerveza, amigos y metegol; asado, amigos y metegol. <b>Queríamos volver un poco a eso, sumándole tecnología, sumándole comodidades</b>. Queríamos remodelar un clásico que al adulto le interese y con el que pueda volver a la parte de la desconexión, y también pensar en una juventud que no es la misma que la que éramos nosotros cuando lo jugábamos. Hoy capaz un adolescente tira tres molinetes y se va porque no metió un gol. Así que estamos trabajando siempre en diseños para el grande y el chico. Y hoy tenemos un metegol que para el de 30 para arriba es hiperfuncional, y también pensamos en una generación de 20 para abajo que juega todo el tiempo juegos digitales en los que si no gana algo en los primeros 30 segundos se aburre. </p><p>—Queríamos traer a esa masa de jóvenes que dejó sin uso el metegol a algo nuevamente analógico, que se aleje de lo digital —precisa Brian— pero entendemos que también tenemos que ofrecer algo de eso digital que los chicos quieren.</p><p>Así el <i>hobby</i> se fue transformando en otra cosa.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/6HPARVEETNBZNHCBFHPGR3UK2I.jpeg?auth=b0162af0728d86e0626164f7f71ac12175ed251b72e0abc3edf55c9ce2b93b60&smart=true&width=1920&height=2560" alt="La primera idea de Juan Martín y Brian fue agregarle a la mesa de metegol cuatro portavasos. La siguiente, fue la que revolucionaría el juego: hacer que los caños se muevan en otras direcciones. Para comenzar a probarlo le añadieron al prototipo de cartón ocho palos de escoba" height="2560" width="1920"/><p><b>***</b></p><p>Metegol, fútbol de mesa, futbolín, futbolito, fulbito, futmesa, taca-taca, fulbatin, tacatocó, futillo, fulbacho, canchitas, tiragol, fulbote: con cualquiera de sus nombres, dependiendo la cartografía, el juego es el mismo: una mesa, caños transversales con palancas con forma de futbolistas que giran a merced de los jugadores que los manejan para patear una pelota y lograr convertir goles en el arco rival, evitando a la vez que el equipo contrario los meta en el propio.</p><p>Se pueden rastrear raíces del juego —con patentes que registraron propuestas análogas— desde fines del 1800 (1880-1890), en España. Pero a la creación del juego que trascendió la historia y las fronteras pueden colocársele dos marcas en el mapamundi. Hay una historia que cuenta que fue inventado por el británico <b>Harold Thornton </b>en 1921, en el Reino Unido, y patentado en 1923. Esta versión dice que Thornton miraba una caja de fósforos y de pronto se preguntó si sería posible imaginar un partido de fútbol dentro de una caja.</p><p>Otro relato inicial, quizás el más extendido, es que el metegol que jugamos hoy, ese que Juan Martín y Brian, casi sin darse cuenta, decidieron revolucionar, fue inventado en España en 1930 y tiene, como lo tiene en las memorias de los creadores rosarinos, una esencia social y emotiva. </p><p>Esta versión cuenta que el poeta anarquista español, Alejandro Campos Ramírez —conocido como <b>Alejandro Finisterre</b>—, fue herido durante la guerra civil española. Mientras convalecía se dio cuenta de que los niños y adultos heridos o con alguna dificultad no podían jugar al fútbol. Y buscó una solución. Inspirado en el tenis de mesa, trabajó junto al carpintero vasco Francisco Javier Altuna y creó una primera versión de metegol con barras de acero, estructura de madera y una pelota de corcho aglomerado.</p><p>Registró su invento en 1937, en Barcelona. Luego del triunfo franquista Finisterre se exilió y con el destierro perdió el control de su patente. El metegol comenzó a popularizarse y a expandirse velozmente por Europa, sobre todo después de la Segunda Guerra Mundial: en un continente arrasado, los ciudadanos buscaban pasatiempos y opciones que estuvieran a su alcance. </p><p>Así, el fútbol de mesa empezó a ganarse un lugar en bares, cafés, clubes y sitios donde a su alrededor hubiera amigos o una comunidad <b>dispuesta a defender una camiseta</b>, aunque estuviese pintada. Luego, la migración europea a Latinoamérica hizo lo suyo, permitió que el juego cruzara océanos. </p><p>Cuando los jugadores férreos y estáticos, cuando ese estadio emplazable en espacios comunes pisó suelo argentino la historia se escribió sola.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/HTUVZJXUKVH2TCUR5NL5NHLQRA.jpeg?auth=1b754dc2c6f3f24dc7b59f942faa0b52cfb510e701ab36ed0982d8b96fee9570&smart=true&width=1920&height=2560" alt="Los jugadores son impresos en 3D y son “hiperrealistas”, pueden tener la cara de cualquier persona y la camiseta predilecta. También se pueden elegir los equipos y formaciones" height="2560" width="1920"/><p>El sentimiento, los momentos construidos alrededor de esa cancha que cabe en una mesa y recoge la pasión futbolera que, automáticamente, al rodearla, le tansfieren sus jugadores cuando se baten en campeonatos espontáneos por la pizza, la gaseosa o la cerveza, es lo que buscaban reavivar Juan Martín y Brian. Añadiéndole condimentos del mundo actual. Para eso debieron superar varios desafíos.</p><p>—Cuando empezamos a probar quedaba claro por qué nunca se habían hecho las modificaciones que pensamos en cada parte del<i> brainstorming</i> que hicimos —dice Juan Martín—. Era una lucha con el diseño porque, además, los dos éramos totalmente ignorantes en esas áreas, tuvimos que estudiar y prepararnos para materializar algunas ideas. En el desenlace de todo eso pudimos concretar otras que surgieron y hacer que los jugadores <b>sean realistas aprovechando la tecnología 3D</b>. En ese momento no sabíamos nada de 3D y era hacer un prueba y error gigantesco. Con todas las cuestiones era: “Bueno, si lo intentamos vamos hasta el tope, hasta lo máximo que podamos, de lo real”. Nuestro metegol tiene esa esencia. Queríamos que se priorizara el juego, que los jugadores tuvieran la cara de quien los comprara o de sus futbolistas preferidos, que las camisetas fueran las que las personas quisieran. Y que no sea como el metegol común donde el que sabe jugar mucho te la pisó y tenés que esperar a que te meta el gol, acá <b>podés adelantar la línea y presionarlo y robarle la pelota. Queríamos que tuviera un rol más activo el jugador</b>. La estética acompaña un montón, pero siempre la idea fue mejorar el concepto de juego y eso hoy no existe en otra parte del mundo. </p><p>Juan Martín y Brian le añadieron al juego muchos detalles estéticos, funcionales y customizables: la mesa es de mayor tamaño, “en superficie de juego es casi un 45% más grande que un metegol común”; tiene los portavasos que imaginaron al comienzo; lleva pasto sintético con diseño personalizado —”si te gustas el patrón de pasto circular de una cancha de fútbol, lo hacemos; si lo querés cuadriculado, lo hacemos; si lo querés rectangular porque la cancha de Boca lo tiene así, lo hacemos”—; los jugadores son impresos en 3D y son “hiperrealistas”, pueden tener la cara de cualquier persona y la camiseta predilecta; la pelota, que también se puede elegir, es de ecocuero, idéntica a las reales, en miniatura; los arcos tienen redes; y la mesa puede pararse contra una pared, lo que facilita el espacio de almacenamiento, uno de los factores por los que, dice Juan Martín, nunca había tenido un metegol en su casa —“¿Por qué no se puede parar como una mesa de ping-pong? Y si se para, ¿por qué no lo hacemos hermoso para que en vez de que esté guardado en un placard se pueda exhibir?”, se preguntaron. </p><p>Esas fueron las premisas que los guiaron al metegol que ofrecen hoy. Pero, sin dudas, <b>la mayor innovación que introdujeron</b>, por la que se convirtieron en <b>los primeros en modificar la esencia, el concepto del metegol desde que fue creado</b> y alteraron la dinámica del juego, fue <b>lograr que los caños se movieron hacia otras direcciones y no solo hacia adelante y hacia atrás</b>.</p><p>—Si bien se había intentado antes —aclara Juan Martín— se había hecho de formas no orgánicas, o sea, se habían movido los caños pero se chocaban entre sí, hubo pruebas que no tuvieron el mismo resultado. La patente es válida por eso, porque llegás a un resultado totalmente distinto, de otra manera.<b> Los caños no solamente se mueven para atrás y para adelante, sino que se crean diagonales de tiro. Por ende, si estás presionado y no tenés margen de tirar, porque estarías rebotando contra el jugador de adelante, podés hacer una diagonal y vas triangulando la jugada</b>. </p><p>Además de dinamismo, el juego se vuelve más desafiante.</p><p>—Como buen profesional del <i>marketing,</i> dije: “Empecemos a venderlo como ‘<b>Metegol 2.0</b>’ para que la dinámica de la palabra ya te lleve a saber que tiene mejoras”. Brian se va a reír porque hay una frase que la uso hasta el hartazgo que la adopté como metáfora. Yo digo que este metegol es como la bicicleta sin rueditas. Vos usás la que tiene rueditas, cuando se las sacás te vas a caer, no te va a gustar, pero cuando empezás a agarrar velocidad, confianza, a hacer <i>willy,</i> cambia la dinámica. <b>Nuestro metegol es como una bicicleta sin rueditas</b>, en este punto. La bicicleta con rueditas tiene la zona de confort, cuando llega el nuestro las personas van a pensar que es un poco más difícil, pero te estoy abriendo el abanico de oportunidades, también. El otro es un arcade donde vos capaz hacés un molinete y la pelota, sepas o no sepas jugar, entra en el arco. Este requiere una nueva adecuación al juego. Pero si le encontrás el gusto podés explayarte mejor, porque capaz sos muy bueno atacando pero nunca supiste defender y acá podés hacer las dos cosas, podés cambiar la dirección y presionar.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/56B3Y3OEGFBNXLSPLODEJ37LCA.jpeg?auth=848f70413403f62fc687baa46aceab1a0b414af5db03fe8567534451daa8e6ae&smart=true&width=1920&height=2541" alt="Las pelotas son de ecocuero y replican los diseños de las que se usan en las canchas" height="2541" width="1920"/><p>***</p><p>“¿Cómo puede ser que habiendo hecho esto seguimos insistiendo en esta idea?”, dice Brian que se preguntaron al mirar dos años atrás y ver los primeros prototipos.<b> </b></p><p>—Era un poco el hambre y las ganas de hacer algo distinto, algo nuevo, lo que nos mantuvo con esta persistencia, con esa perseverancia —se responde ahora.</p><p>Ahora: que son una empresa con nombre propio: Capocannoniere (“Máximo goleador”, en italiano). Ahora, que tienen una cuenta de Instagram —@capocannoniere.club— que abre con la foto de<b> Ángel Di María parado al lado de su Metegol 2.0</b>, también parado, <b>que lo supera en altura.</b> Ahora, que tienen una página web <i>aesthetic</i> que muestra su producto estrella y todas las opciones que ofrecen. De aquellos prototipos con <i>decoupage </i>a esto, hubo un trayecto sinuoso y desafiante que atravesaron con el apuntalaminento solidario de muchas personas que allanaron el recorrido.</p><p>En el banco en el que se conocieron, Brian y Juan Martín trabajaban en áreas dedicadas a atender a empresas, eso los fue conectando con personas a quienes recurrieron para consultas puntuales o que, al conocer su proyecto, se entusiasmaban y los asesoraban desinteresadamente. </p><p>—”Che, mira, tengo que hacer esta pieza, ¿cómo recomendás hacerla?”. Y así es que fuimos indagando, aprendiendo, tocando puertas. Y la realidad es que nos encontramos con algo que por ahí no se ve en el ámbito del sistema financiero, donde todo es muy estructurado, muy burocrático, nos encontramos con que <b>hay un gen emprendedor en Argentina y una ganas de ayudar bárbaras,</b> porque nos cruzamos con personas que por ahí ya había hecho el mismo camino que nosotros y nos fueron aconsejando sin ningún tipo de pretensión, simplemente con el deseo de que nos fuera bien y de acompañar y ayudar de esa manera —agradece Brian—. Así fuimos pisando despacito pero con firmeza en cada uno de los ámbitos que nos tocaba explorar: desde cómo pintar una chapa, cómo cortar la madera. Y nos equivocarnos un montón de veces. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/6ZOWR3N63JHKLB6MWUHMYL5EMY.jpeg?auth=f0a01f3a1b76da091207426dc14531a81a8697a2df1cab96d45644220461e072&smart=true&width=1920&height=1080" alt="El metegol que diseñaron para Ángel Di María lleva grabados los nombres de los campeones del mundo de 2022 y el suyo pintado en dorado" height="1080" width="1920"/><p>Hoy cuentan con una granja de impresoras 3D donde hacen decenas de pruebas al mismo tiempo, con un diseñador empleado por ellos y con producción propia. </p><p>—Las piezas son impresas en 3D con un armazón de metal, para mantener la estética pero no perder la rigidez que requiere el juego, porque el metegol tiene mucha fuerza cinética donde la persona puede romperlo tranquilamente —explica Juan Martín—. Todas las piezas de metegol normalmente son de inyección de plástico o de metal. Nosotros usamos un material muy parecido al que usan los autos en la carrocería, en la parte de defensas, y en el centro una barra de metal. Trabajamos con matricería de corte en láser [N. de la R.: la rama industrial que se dedica al diseño y fabricación de moldes para la producción en serie de piezas] y lo que es el metegol en sí con un <i>router</i> CNC, que es un taladro que va haciendo de forma automática los agujeros, los rebajes. Con eso suplimos todo y mantenemos una estética <i>premium</i>. Después hacemos la parte del ensamblaje, que es artesanal porque tiene mucho detalle estético.</p><p>El Metegol 2.0 se ve imponente. Estético e imponente. Mide 1,70 por 1 metro, y el campo de juego es de 1,40 por 96 centímetros. “Un metegol estándar mide en su totalidad lo que es la cancha nada más”, aclara Juan Martín. La medida corresponde al tamaño de la mesa que él tenía en el comedor al momento de fabricar el prototipo: “Si tuviera una mesa más larga capaz el metegol era más largo, no tiene una explicación matemática”. Aunque sí tiene una funcional:<b> para que los caños se muevan en diagonal y los jugadores no se choquen entre sí se necesita más espacio</b>. </p><p>Para obtener ese resultado debieron cambiar piezas que se rompían, volverse expertos en planos, en diseño 3D. Y uno de ellos debió brindarle al proyecto dedicación completa: <b>a fines de 2024, Juan Martín apostó a su idea y renunció al banco</b>.</p><p>—Enero de 2025, a pleno con el proyecto.<b> </b>El corte se da básicamente porque teníamos que acelerar. Ya teníamos el pago de la patente, teníamos el desarrollo. Yo tenía la oportunidad de avanzar en el banco o irme y dije: “Esta es la ventana, porque si no capaz termino en malos términos y no tiene ningún sentido”. Inevitablemente, como cualquier proyecto, requiere que una de las dos partes esté 100% abocada porque sino es muy difícil que avance cuando estás haciendo algo desde cero. Y por mis condiciones, como yo no tengo hijos, no tengo una familia que sostener, y Brian sí, pude avanzar en la idea, irme y dedicarme por completo. No es que estábamos comprando algo, reubicándolo y cambiando la marca. <b>Estábamos reinventando un juego que requería patente, diseño,</b> un montón de contemplaciones por las que a veces decíamos por qué no nos quedamos en el de cartón. Pero cuando empezamos a evolucionar fue a pasos agigantados: a mediados del año pasado lo dimos a conocer. Después se dieron acciones como la de <b>Ángel Di María</b> y ahora ya estamos en otro nivel de proyección. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/UNG27Y7UHBF55J5QTYNJ2HLL2U.jpeg?auth=2a28c1940982f0e33261cb74ff4898e3e477e8c0de24fff7f7df108e8234a66f&smart=true&width=1920&height=2560" alt="De izquierda a derecha: Brian Margenet, Ángel Di María, Juan Martín Uncal y Guillermo Azcurra, diseñador 3D de la empresa, el día que le entregaron el metegol al campeón del mundo" height="2560" width="1920"/><p>***</p><p><b>“El emprendedor da paso ciego. No sabés cuando está el abismo o cuando hay un puente”</b>, dice, con la voz de la experiencia, Juan Martín. Sorpresivamente el puente iba a aparecer en su propia casa. Todavía no había renunciado al banco cuando debió ponerla en alquiler y comenzaron a llegar personas a verla. Los interesados no podían evitar acercarse con admiración a esa gran artesanía futbolera, el prototipo de cartón que tenía instalado. </p><p>—La gente que iba a ver la casa <b>se quedaba enamorada del metegol de cartón. </b>Entonces, nosotros decíamos: “Si ven el metegol de cartón y les gusta, cuando hagamos el de madera les va a encantar” —recuerda Brian. </p><p>Un día era su hermana quien mostraba la casa. De repente lo llama. </p><p>—“Venite ya mismo”. “¿Qué pasó? ¿Qué se rompió?”, dije. “No, no, venite que <b>está el cuñado de Ángel Di María y me está preguntando qué es esto</b>”. Fue un año antes que yo me fuera del banco y no es que le dijimos: “Seguimos en contacto” o “Cuando lo terminemos te lo llevamos”. Lo vio, pero ni siquiera era el producto final; lo que vio en ese momento era un desperdicio de cartón comparado a lo que le llevamos. Nos pusimos a charlar, quedó ahí. Pero las cosas de la vida te vuelven a juntar.</p><p>El segundo puente hacia el mismo sitio lo tendió nuevamente su hermana o, más bien, su sobrina: se había confirmado que Di María llegaba a Rosario y se rumoreaba que habían pedido banco, al menos para una de las hijas, en el mismo colegio al que iba ella. Terminaron sentándose al lado. </p><p>En esos intercambios de mami de cole a mami- compañera-de-campeón-del-mundo -de cole, la hermana de Juan Martín le mostró el Metegol 2.0 a Jorgelina Cardoso y los puso en contacto.</p><p>—Traéselo, le va a encantar —le dijo, tiempo después de ver las fotos.</p><p>El día que ella les abrió la puerta de su casa para que le entregaran el metegol a Di María,<b> no se lo olvidan más</b>.</p><p>—Era algo que había imaginado tantas veces que, si bien lo disfruté, era como que lo tenía incorporado al momento: tenía que pasar —dice Juan Martín—. [Vivirlo así] es lindo y feo a la vez, porque lo tomás como que vas cumpliendo metas en vez de verlo como una hazaña. Y es una hazaña para nosotros. Además, a partir de eso el proyecto tomó una incalculable magnitud: hoy en día tenemos contacto con clubes de fútbol, con otros jugadores, solamente porque lo vieron por Di María. Lo suyo no tiene nombre: es un campeón del mundo, un tipo que ganó todo lo que se te puede ocurrir en el fútbol y es increíble. Nosotros entrando con un placard, porque estaba embalado. Cuando lo desembalamos la reacción fue totalmente distinta, estaba enamorado, incluso nos ha llamado para decir: “Che, quiero que lo vengan a probar más jugadores del plantel de Central”. Va contra todos los estereotipos: una persona hiperconsagrada de una humildad pura.</p><p>—En mi caso fue muy parecido a lo que dijo Tincho —suma Brian—. Obviamente que uno entra con nervios, ahora, le estrechaste la mano y empezaste a hablar y te bajó al pibe de barrio, del club El Torito, inmediatamente. Le preguntamos si había jugado al metegol de chico y nos contó: “Yo lo tenía enfrente de casa, había un kiosquito…”; y un poco lo que él había vivido era lo mismo que habíamos vivido nosotros. Uno lo pone arriba por los logros deportivos que tuvo, pero no deja de ser el pibe de barrio, de acá, de Rosario. <b>Yo soy hincha de Newell’s y me saco el sombrero por Di María, pese a ser del rival</b>. Es algo muy difícil de explicar. Son muy pocas las personas que generan esas cosas. </p><p>Eso sucedió a comienzos de este año y las repercusiones fueron inmediatas: ellos subieron foto, video, el campeón del mundo lo reposteó “y eso fue un <i>boom</i> de validación automática”, sentencia Juan Martín.</p><p>Sus redes empezaron a sumar seguidores, los llamaron de programas de tv, de empresas de <i>coworking</i> para saber si podían ponerlo en sus oficinas, se lo pidieron para jugar en vivo con futbolistas invitados, incluso están en tratativas con clubes y más jugadores estrella que lo quieren probar. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/F6POWIDP6JELPIRBJQ46CYJ2WE.jpeg?auth=42cae06d8cc68e43b841e9ad8631b1a88f7b816c5735b5644df4bbd448c28636&smart=true&width=1920&height=1479" alt="El producto final: lo que inició en cartón y papel es hoy el Metegol 2.0 de Juan Martín y Brian" height="1479" width="1920"/><p>***</p><p>El trabajo no está terminado. Recién empieza.</p><p>Juan Martín y Brian todavía exploran muchas ideas para seguir optimizando el juego y atraer a las nuevas generaciones: sumar inteligencia artificial, sonido, una <i>app </i>para armar torneos, que las personas comiencen a adquirir los jugadores como piezas de colección, que los compren aunque no tengan la mesa —son extraíbles y pueden colocarse en cualquier mesa para que siempre se pueda jugar con el equipo de preferencia—, ofrecer palas de diferentes materiales para que el golpe sea más potente y compleljizar el partido, y más. </p><p>Bajo el cielo en el que se creó la bandera, una bandera que vibra ante una pelota, los dos amigos continúan trabajando en el juego que revolucionaron. Convencidos de que la meta sigue siendo <b>sacar al fútbol de caja de la caja:</b> <b>romper el molde</b>. Convencidos, también, de que alguien puede ganarse la vida en camisa y corbata, pero cuando el fútbol se impone ya no hay vuelta atrás.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/AQ3XCNGN4VAFVGYBKVNKSKU4HM.png?auth=8b91f43ddd2a3bea2cf83005d7421f0ab7e8d51f25d681ac010dfe4838294e5f&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/png" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Una mesa de mayor tamaño con portavasos, diseño y equipos customizables, pasto sintético, movimientos multidireccionales, redes en los arcos y pelotas de ecocuero, así es el Metegol 2.0 que crearon Juan Martín Uncal y Brian Margenet]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Liliana Parodi es “chica silver”: su rol como vocera de la generación +50, los desafíos y el lugar que ocupan en el tejido social]]></title><link>https://www.infobae.com/sociedad/2026/04/13/liliana-parodi-es-chica-silver-su-rol-como-vocera-de-la-generacion-50-los-desafios-y-el-lugar-que-ocupan-en-el-tejido-social/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/sociedad/2026/04/13/liliana-parodi-es-chica-silver-su-rol-como-vocera-de-la-generacion-50-los-desafios-y-el-lugar-que-ocupan-en-el-tejido-social/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[Al cerrar su etapa televisiva, la periodista buscaba nuevos contenidos y experiencias cuando se topó con el concepto “silver” y descubrió que ella misma era paradigma de esa generación activa que produce, consume y que, al cerrar la relación de dependencia, desea explorar otras aristas del mercado. Así nació un capítulo en el que difunde los escenarios posibles frente a la nueva longevidad y los cambios estructurales de la sociedad]]></description><pubDate>Mon, 13 Apr 2026 13:57:54 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/JYC54QZ535EYJFM4SWTPM6TCSM.jpg?auth=617864d2b529b08a1f9f8081190b4119f87848e7f0d106d4c499b4b89fd48e38&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Liliana Parodi es consultora y experta en medios y comunicación estratégica; especialista en imagen, contenidos y posicionamiento de marca; entrenadora de líderes de alto impacto y divulgadora de la generación silver" height="1080" width="1920"/><p> “¡Ah, entonces yo soy <i>silver</i>!”, dijo <b>Liliana Parodi</b> cuando, en una actividad del 40+ League —una comunidad impulsada por Adrián Herzkovich que reúne a profesionales +40 que buscan “reinventar su futuro laboral”, como define su sitio web—, se cruzó con <b>Andrea Falcone</b>, abogada y divulgadora, especializada en economía <i>silver</i>, longevidad y cambio demográfico. Ellas se conocían: Falcone había trabajado en columnas televisivas de programas producidos por Parodi. </p><p>—Entonces me empieza a hablar de la no sé qué <i>silver</i>. Cuando me dijo la qué sé yo qué “<i>silver”</i>, yo no entendí qué me quería decir. Y me dice: “Liliana, <b>el color de las canas. Plateado:</b> <b>generación </b><i><b>silver</b></i>“. Esa conversación derivó en la invitación al Silver Economy Forum [N. de la R.: un evento que convoca a gobiernos, empresas y sociedad civil para pensar las nuevas posibilidades de una sociedad en proceso de cambio y envejecimiento] como <i>speaker</i>, porque lo llevaba puesto: yo soy de esa generación. Ahí dije: “¡Ah, entonces <b>yo soy </b><i><b>silver</b></i>!”. Porque empecé a ver a partir de qué edad uno podía llamarse de la generación <i>silver</i>. </p><p>Liliana Parodi —consultora y experta en medios y comunicación estratégica; especialista en imagen, contenidos y posicionamiento de marca; entrenadora de líderes de alto impacto— había pasado <b>treinta y tres años en el canal América</b>. Una vida dentro de una corporación que le permitió explorar secciones, áreas y formatos. Donde integró equipos y también los lideró. Donde hizo radio, televisión, televisión abierta y ocupó gerencias: de producción, de noticias, de programación. Fue la creadora de ciclos de éxito, como <i>Intratables,</i> y estuvo a cargo de otros como <i>Dia D</i>, <i>CQC</i>,<i> Cha-Cha-Cha</i>, <i>Animales Sueltos</i>, <i>Movete</i>, <i>Intrusos</i>, <i>América Noticias</i>, <i>La Biblia y el Calefón</i>, y la lista sigue. Una carrera resplandeciente, llena de brillo —“interesante”, dirá ella— detrás de cámara. </p><p>—Ahí tuve todas las oportunidades. Pero un día se cierran.</p><p>Cuando ese día llegó, Parodi pasaba los 60. No pensó ni por un segundo en quedarse en su casa mirando series. O, mejor dicho, no pensó ni por un segundo en hacer solo eso. No estaba acostumbrada ni dispuesta a la pasividad. </p><p>—Dije: “Bueno, ¿ahora qué hago conmigo?” y<b> empecé a moverme</b>. Porque vos tenés que empezar de nuevo o seguir con lo que tenés o ver qué pasa en el mundo, si es que querés volver a trabajar o, mejor dicho, seguir trabajando. En ese camino comencé a tomar clases para seguir aprendiendo. Lo hice porque me nacía, porque yo no me pensaba quedar sentada en mi casa ni mucho menos. Entonces empecé a estudiar, a conocer a otras personas, porque cuando uno está en una corporación o en una industria durante muchos años, lo más seguro es que estés hablando siempre con las mismas personas. Ahí apareció la palabra <i>networking</i>, los cursos y maestrías en UCEMA [la Universidad del Centro de Estudios Macroeconómicos de Argentina] y las charlas con Adrián Herzkovich y fui conociendo a otra gente que hacía otras cosas en otras industrias.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/FY3G2CFC45BFRJ5HDBUNJHPZTE.jpg?auth=dd9d8732e77fa85c0833b4f98daebd25d44bf4ae5bddbf03e02c156198cedf30&smart=true&width=1920&height=3413" alt="Liliana Parodi con la remera diseñada por Milo Lockett para la generación silver 
" height="3413" width="1920"/><p>En eso estaba cuando se reencontró con Falcone y le abrió la puerta a un nuevo mundo o, más bien, <b>le puso palabras y conceptos a un mundo por el que ella ya transitaba</b>, del que ya era usuaria. </p><p>—Ella me dice: “Bueno, tenés que abrir el congreso” [el Silver Economy Forum]. Y yo me puse en el lugar de recién salida de una corporación, en el proceso de reinvención profesional, de volver a estar en el mercado laboral o de emprender. Hago todo el <i>speech</i> y le digo: “Bueno,<b> me acabo de dar cuenta de que soy una chica </b><i><b>silver</b></i>“. Y ahí nació “Chica <i>silver”,</i> porque empecé a tomar maneras amables de llamarnos y dejé de decir “tercera edad, jubilado, retirado, persona grande, vejez”. </p><p>Parodi dice que las palabras no tienen la culpa, que<b> el problema son los sesgos que arrastran</b>. Y fue eso lo que hizo que buscara otros conceptos, otros modos de nombrar a las personas que atraviesan una etapa que también es novedosa para el mundo: la de <b>la nueva longevidad</b>. “No para ponerle romanticismo”, se apura, aclara. Sino porque las palabras —lo sabe, lo sabemos quienes hacemos de comunicar nuestra vida— construyen realidades.</p><p>—En las conversaciones en las que yo había estado, antes de que hablara con Andrea Falcone, inclusive, en unos artículos que había leído del doctor Alexandre Kalache, que es el médico brasilero que habla de esta temática hace muchos años, él dice que <b>la gran revolución de este siglo es que vamos a vivir 100 años</b>. Entonces, los 50 son la mitad de la vida. En el Silver Economy Forum de Argentina determinamos que a partir de los 50 las personas se pueden considerar de la generación <i>silver —</i>y yo ahora le di, además, otra denominación—. [A partir de ese momento] empezamos a hablar y a transitar esa etapa que yo llamo <b>activa</b>: que consume, que produce, que crea, que vive. Y todavía estamos en el proceso de prepararnos aún más para la etapa <b>“</b><i><b>Silver senior</b></i><b>”</b>, como le digo yo, porque las dividí en tres momentos. Hice esto porque una mujer de 50 o 52, 53, me decía: “Liliana, yo no soy <i>silver</i>“. Entonces lo pensé así: <b>“</b><i><b>Silver junior</b></i><b>”, a partir de los 50</b>, es la primera etapa, como si estuvieras en el jardín de infantes, en la escuela primaria, de la otra parte de la vida. Después de los 60, o más o menos por ahí, hasta los 80, podés ser un <b>“</b><i><b>Silver teen</b></i><b>”</b>, como yo, y estás en el colegio secundario, en la universidad. Y después de los 80 sos un <b>“</b><i><b>Silver senior”</b></i> que ya tiene todos los títulos. Igual no me gusta ponerlo en términos de fechas, es como uno se siente: “Che, estoy en la primera etapa: <i>Silver junior</i>; en la segunda etapa, <i>Silver teen</i>; en la tercera etapa, <i>Silver senior</i>“. Fui tratando de encontrarle maneras amables para que más personas se sintieran involucradas y pudieran asimilarlo como una parte positiva de nuestra generación.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/DSCC5AXROVEONIGJ6S6ET5RBQ4.JPG?auth=2243166e0352394d21659a0f22f3695b883edad2ee9534a5078b0d12e9f3659a&smart=true&width=1920&height=1440" alt="Liliana Parodi en el IV Congreso Iberoamericano de Turismo Silver, en Ibagué, Tolima, Colombia" height="1440" width="1920"/><p>La extensión de la vida —como la prolongación o el desplazamiento de las diferentes etapas vitales antes esquemáticamente estructuradas en momentos y edades más o menos fijas— trae consigo cambios y desafíos. Y suma <b>una etapa más</b>. Para la cual —dice Parodi, dicen quienes estudian estos cambios— <b>hay que planificar y prepararse desde temprano</b>.</p><p>—El rol que yo tomé en esta nueva etapa como “Chica <i>silver”</i>, dentro de todas las otras cosas que hago, es el de predicar, narrar, abrir camino a esta historia que no empezó ahora, sucede hace varios años, pero ahora es tan visible que es necesario contarla. ¿Para qué? Para los que ya están ahí y para los que todavía nos quedan años y también para los jóvenes. <b>Porque si tenés que vivir 100 años, tenés que preparar a esa persona que vas a ser a los 80 o a los 90</b>. La tenés que cuidar desde antes, en todos los sentidos: en salud, en finanzas, en familia, en acompañamiento. Porque la vida va a ser muy extensa. A qué me refiero cuando digo que la idea no es romantizar: <b>si nosotros no prevemos eso ahora, desde los jóvenes, es posible que tengamos en el futuro muchas personas longevas pero dependientes </b>y lo que pretendo con esta historia tan simpática de la Chica <i>silver</i>, lo que se busca, es que haya menos personas dependientes en el momento de llegar a la etapa <i>Silver senior</i>. Entonces es un trabajo que hay que hacer desde temprano. Yo se lo digo a los jóvenes, además de a la gente de mi generación. La gente de mi generación tiene menos tiempo de resolver esos años que le vienen si no fueron previsores antes. Entonces, empiezo a desandar camino y me transformo en <i>speaker </i>del tema de la generación plateada, empiezo a trabajar con especialistas en cada una de las temáticas, a conocer. A volcar esta información en conferencias, en charlas, en presentaciones y en las redes sociales. Así esto va tomando una dimensión enorme. Desde ese lugar tomé esta posta y digo: bueno, yo voy contando como los predicadores de la edad media. ¡Solo me falta el laúd! Me parece que eso es lo que me toca. Y con esta consigna supersimpática, positiva, de la parte activa de nuestra generación, pero también advirtiendo que <b>si eso no se tiene en cuenta a nivel de políticas públicas, de organizaciones, de periodismo y empresas, puede haber mucha gente vulnerable en el futuro</b>. </p><p>Parodi cuenta una anécdota para ilustrar el desplazamiento de las etapas de la vida y cómo define el concepto que sintetiza el tema que estudia y divulga: narra cómo fue explicarle a Milo Lockett, en tres minutos y por teléfono, lo que implica ser <i>silver, </i>cómo funciona y a quiénes impacta, para que el artista lo plasmara en una remera que identificara a esa generación. </p><p>—“¿A qué edad tuviste a tus últimos hijitos?” —le dije—. “Y… tenía 51, 52”. “¡Sos un papá <i>silver</i>! Vas a trabajar hasta más de los 70 para que los chicos estudien, vayan a una universidad”. Eso era impensado antes o sucedía pero en pocas familias. Ahora está extendido o porque las personas deciden tener hijos después de los 40 o porque hay una segunda familia o por lo que sea. También hay mamis que si bien no son <i>silver</i>, porque tienen 40, 40 y pico, sí van a ser mamás <i>silver</i> de adolescentes. Ese corrimiento, esa caída en la natalidad y el aumento en la expectativa de vida tiene que ponerse en sintonía con el mundo, porque el mundo viene así, entonces tenemos que tratar de resolverlo: no porque tengamos más personas de edad madura o de más edad, el mundo tiene que que darse vuelta y ese es el trabajo, la narrativa, lo que yo quiero contar. Y me parece que como lo llevo puesto, entonces experimento en mí esto de cómo avanzar.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/J6ZDCGSWCFCI7CHBC4XOMIPETM.jpg?auth=9c74cac7e94d7ff6a29d1d09bb6bd90ad036582c5e0e4f5b64a142a144bd7f71&smart=true&width=1920&height=2560" alt="En su rol como “Chica silver”, Parodi busca divulgar los nuevos desafíos y oportunidades de la generación a la que pertenece. Y también hablarle a los más jóvenes de la importancia de empezar a planear esa etapa con antelación" height="2560" width="1920"/><p>—<b>Uno de los mayores desafíos en la planificación de esa etapa, en la actualidad, es el plano económico. El sistema previsional implosiona e históricamente en el país son pocas las personas que tienen jubilaciones de las que pueden vivir. ¿Qué pensás que se puede hacer frente a eso? </b></p><p>—Para mí la parte económica era una obsesión, porque yo fui una niña pobre y no quería ser una mujer grande pobre. Entonces era muy obstinada respecto a la cantidad de horas de trabajo, a tratar de tener recursos, tener vivienda. Fui así en todas mis etapas, no es algo que me agarró ahora. Por lo cual me sorprende menos económicamente este momento; pero a nivel creativo y a nivel seguir estudiando y seguir ejerciendo mi profesión, lo que hice durante toda la vida, conociendo otras industrias: es lo que estoy haciendo. No me encanta ser autorreferencial pero es lo que puedo contar de mi generación, y a lo que estoy tratando que más personas tengan acceso. Ahora: <b>yo tengo acceso y posibilidades porque tuve una vida profesional interesante, sí. Uno pretende que haya oportunidades para todos.</b> <b>Ahí necesitamos, como mencioné, las políticas públicas, las empresas, las organizaciones y los medios. Porque, por más buenas intenciones que tenga alguien, si no hay oportunidades va a ser difícil</b>.</p><p><b>—Creo que la brecha se agranda para las mujeres en esa etapa, tanto por los sesgos que van de la mano del género y el envejecimiento como por la vieja estructura del mundo en la que la regla general era que las mujeres no trabajaran de manera remunerada. Son las que hoy rondan los 70, quizás, muchas de las que se dedicaron a criar y cuidar y otras que aún teniendo otras herramientas y experiencias tampoco tienen oportunidades ni jubilación que alcance.</b></p><p>—Fijate lo que sucede en los medios —hice un posteo en LinkedIn porque siempre tomo ejemplos <i>silver</i> de los medios, que somos los que estamos más expuestos—. Yo trabajaba con Georgina [Barbarossa] y con Carmen [Barbieri] cuando ellas tenían 42 años. Hacíamos <i>Movete, </i>en América. Eran mujeres, bueno, son mujeres artistas, actrices, divertidas, y llevaban adelante las mañanas de América. Después, durante muchos años, nos separamos: ellas no estaban en televisión. Aparentemente <b>no estaban en televisión porque ya eran grandes</b>. Porque ese sesgo de “ya sos grande para televisión” yo lo viví toda la vida como programadora, como liderada, como líder, como todo, no es que le saco el cuerpo a eso que pasó. Eso que pasó es que <b>todo el tiempo buscás la juventud para los productos televisivos, para el producto que quieras</b>. <b>Que ellas estén en televisión abierta, liderando horarios </b><i><b>prime</b></i><b>, en este momento, significa que el mundo cambió</b>. Y nadie le pidió en Telefe hoy el documento a Georgina, ni a Carmen el suyo que, a los 70 años, tienen un programa. Simplemente la vida fue llevando ahí. Y si vos hacés una foto de los conductores de la televisión vas a encontrar <i>silver, silver, silver, silver</i>: chicas, hombres, y está bien. Ahora vos me dirás: “El consumidor de televisión abierta también es <i>silver</i>“. Y yo te digo: “Sí, ¿y cuál sería el problema?”. Ya sé quién lo dijo: “La televisión la mira la gente grande”, decía uno que yo conozco y que quiero un montón y tuvo el síndrome de Peter Pan, que es Mario Pergolini. Pero ahora se curó.</p><p>—Ahora está brillando en su programa. </p><p>—Porque se reinventó. Mario intentó ser el Mario de los jóvenes y ahora es el Mario de los jóvenes y de los grandes: es el Mario <b>intergeneracional</b>, que es lo que yo digo que debe ser. Él en su programa hace televisión para la gente de mi generación, que lo conocimos y que recorrimos el camino juntos, pero me lleva a veces personas que nosotros no conocemos, que son jóvenes artistas, músicos, que uno dice “¡guau!”. Entonces, entre Rada, la columnista, <b>hay una cosa intergeneracional impecable</b>. Para eso hubo que renegar antes porque él decía que éramos grandes los que mirábamos televisión. Ese es un caso. Está el de Carmen y Georgina; y el de Mirtha, ni decirte. Moria el otro día dijo: <b>“Soy </b><i><b>silver generation</b></i><b>”</b> y yo morí de amor porque dije: “Si Moria dice eso, ya llegamos a todos los lugares a los que queremos llegar”. Y el ejemplo que ponía en un posteo que hice en LinkedIn es el de Nelson Castro, que acaba de cumplir 71, y viste que él agarra la valija y va a cubrir a lugares impensados cuando podría estar sentado en el escritorio del noticiero. Sin embargo, lo hace. Y estudia para maestro de música y dirige a chicos, es una persona en reinvención constante cuando podría ser un conductor y quedarse ahí. Y hubo mucho en redes de (mal) humor sobre Nelson, como diciendo “está grande para hacer todo eso”. Entonces lo puse como un mal ejemplo de humor porque el sesgo, como bien decís, todavía sigue. Todavía seguimos diciéndole a la gente “estás grande”; lo hacemos en chiste, pero creo que es lo que hay que cambiar e intentar justamente esta convivencia intergeneracional en los trabajos, en la vida, en la familia. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/JO4YY2N7LJGYZLWCN3CDAHSRHY.JPG?auth=ee2fa5e6bafa25188812c8d45b9abab8dd5a0fc372ad39c34147d3936b9bf871&smart=true&width=1920&height=2858" alt="Liliana Parodi: "Si tenés que vivir 100 años, tenés que preparar a esa persona que vas a ser a los 80 o a los 90. La tenés que cuidar desde antes en salud, en finanzas, en familia, en acompañamiento. Si nosotros no prevemos eso ahora, desde los jóvenes, es posible que tengamos en el futuro muchas personas longevas pero dependientes" " height="2858" width="1920"/><p><b>—Volviendo a los espacios y charlas que brindás alrededor de este tema, ¿notás que las personas interesadas en este tipo de propuestas son quienes están transitando diferentes momentos de la generación </b><i><b>silver</b></i><b> y quienes están llegando a esa etapa o también ves a personas más jóvenes, de repente, interesándose o preparándose para lo que viene?</b></p><p>—Las dos cosas. Las personas + 50 sienten como un <i>relax</i> frente a estos espacios, algo como: “¡Wow, encontré un lugar! Yo pertenezco a esa generación y tengo mucho por andar". Todo es una decisión individual, igual, ¿no? Después cada persona define si tiene ganas de quedarse en su casa una vez que termina su trabajo en relación de dependencia o si tiene ganas de emprender o de trabajar en una organización social o de cuidar a su familia. <b>El tema es que el mundo te ofrezca oportunidades</b>. Y encontré en las de mi generación, de 50 en adelante, mucha predisposición, una actitud de “qué bueno que está esto y qué buena esta conversación”. Pero lo que más me sorprende es cuando le digo a la gente joven, a las chicas como vos, o más jóvenes aún: <b>“¿Ustedes se pensaron de 80 años? ¿Qué van a hacer con las que van a ser a los 80 años a partir de hoy?”</b>. Eso las desafía porque es una pregunta que no están esperando. Y además llevan la conversación, cuando son personas jóvenes, a sus casas. Les digo: bueno, avisen en sus casas que son generación <i>silver</i>, que los<i> silver</i> estamos haciendo la revolución, que somos el 40% del consumo en el mundo. Y el mundo, las series, el mercado audiovisual, si bien también está segmentado, ahora se abre y <b>los contenidos tratan de cosas intergeneracionales</b>. Entonces, aunque no lo dicen, yo entiendo que están tratando de mostrar ese cambio. Porque estamos hablando de productos, ¿no? Lo mismo pasa con los viajes, con productos de primera necesidad, con autos, con lo que quieras. Esa es la <i>silver economy</i> de la que yo hablo, la del <i>marketing silver</i>, la empleabilidad <i>silver</i>, el seguir aprendiendo, el <i>cohousing</i>, todo este movimiento<i>.</i></p><p><b>—Es cierto que hay muchas tramas de series y películas que incluyen protagonistas o historias intergeneracionales, no lo había pensado de esa manera. </b></p><p>—Si vos te fijás, las películas y las series de Gastón Duprat y Mariano Cohn tienen de protagonistas a Francella, Brandoni, Deniro, Oscar Martínez… Quizás ellos ni se dan cuenta de esto que yo digo, que tienen actores <i>silver</i>, pero imaginate que la ven todos los públicos. O sea, no está dedicado a nosotros y sin embargo eso no pasaba años atrás. Mirá, en la película <i>La tregua,</i> que cumplió 50 años y fue la primera película argentina que llegó a los Oscar, trabajaban Héctor Alterio, Marilina Ross, Brandoni, Oscar Martínez y Ana María Picchio. Alterio hacía de una persona, según el libro de Benedetti en el que está basada, “grande”. Un hombre que queda viudo y se enamora de su compañera de oficina, que era Ana Picchio. El “grande”, siempre según el libro, tenía 49 años. Y eso pasó hace 50 años. Entonces los cambios con respecto a esto empezaron, te diría, durante la última parte del siglo pasado pero principalmente en este siglo. Lo que estoy tratando de decir es que todo cambió para mejor si es que nos organizamos para que sea para mejor, porque tampoco vamos a desconocer que después tenemos que tener una salud, un bienestar que nos acompañe, porque si no la longevidad no va a ser positiva. La salud mental, la salud física, las finanzas, la vivienda, tenemos que estar preparados. Y en función de eso es que estoy tratando de contar, de unir personas, proyectos, ideas, para que todo sea mejor para todos. Los chicos están re a tiempo. En cuanto a temas de salud y bienestar, ni hablar. Cuanto antes uno tenga una forma de ser preventivo con uno mismo, mejor. Lo mismo en la cuestión financiera o económica: cuanto antes empieces, mejor. Imaginate que <b>el sistema previsional va a estar quebrado en todo el mundo</b>, porque es imposible que un sistema soporte a la cantidad de personas que vamos a ser de una edad que haya que sostener. Entonces, o te sostenés desde antes o complementás o empezás de joven a prever eso y si después te toca algo del reparto que es para todos, genial, pero eso nunca va a ser para vivir como uno vive cuando está activo. Entonces, <b>el tema es profundo y serio</b> aunque yo lo trato de presentar de una forma simpática y cercana. </p><p><b>—Creo que quienes estamos entre los treinta y los cuarenta y todavía lo vemos como algo un poco lejano (ni hablar lo que están en los veintis), estamos tan ocupados en tratar de resolver el día a día, en un contexto complejo, que cuesta detenerse a pensar y a planear esa etapa de la vida. Pero de repente cuando tenés un segundo es algo que aparece en las conversaciones: “Che, me preocupa esto”. Son cosas que empezamos a pensar de a poco. Y quizás debería estar presente desde temprano, hablarse desde los ámbitos educativos, incluso.</b> </p><p>—Es que creo que tiene que venir desde la educación. En mi época había una libreta de ahorro, que creo que venía desde Sarmiento, entonces llegabas a la escuela y te daban unas estampillas y te quedaba como una cosa en la cabeza respecto al ahorro. Yo sé que el ahorro cambió y hoy uno hablaría de inversión. Pero imaginate si vos sos adolescente y empezás a guardar algo. Ahora, si nadie te lo explica… Las mujeres no hemos tenido educación financiera, los varones, en general, creo que tampoco. Ni educación financiera, ni previsional, ni información sobre el bienestar y la salud para el futuro. Yo creo que se va a tener que intervenir a partir de la educación de los jóvenes. Si los jóvenes empiezan a pensar en eso ahora, lo que tienen que preveer económicamente es menos. Porque tienen mucho más tiempo para juntar o hacer una inversión o lo que cada uno pueda. Y prepararse en cuanto a vivienda, en cuanto a salud, en cuanto a todo. Todos vivimos etapas difíciles. Yo tenía, te digo, esa obsesión de asegurarme el futuro, que creo que hizo la gran diferencia y supongo que hay mucha gente de mi edad en la misma situación. <b>Los </b><i><b>baby boomers</b></i>, que son los de mi generación,<b> son las personas que más dinero juntaron a lo largo de la historia de la humanidad</b>, por el contexto histórico de recuperación después de las guerras y otras circunstancias. Entonces, hoy, además, somos un mercado muy requerido, porque hay gente que tiene dinero. Si bien no todos los <i>baby boomers</i> de Argentina lo tienen, es una característica a escala mundial. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/HINXMIWQXJEWXEROGJLE2ZSQFM.jpg?auth=90644d145d4db13a5f0e016a75cfa7d6f2c12179ef1b19375b703df74088d8a4&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Liliana Parodi en el Forbes Diversidad Summit, el foro empresarial que reúne a líderes y expertos para debatir estrategias de diversidad, inclusión y equidad" height="1080" width="1920"/><p><b>—Cómo se llega a</b><i><b> silver </b></i><b>a nivel financiero es clave. La esperanza de vida incluso está muy ligada a las posibilidades económicas, a las condiciones que se tienen en ese momento y al poder adquisitivo.</b> </p><p>—Lógico, eso es brutal. La expectativa de vida en Japón es aproximadamente de 84 años. La expectativa de vida en Somalia es de 54. Con eso ya te digo todo. En Buenos Aires la expectativa de vida en Recoleta no es la misma que en la zona sur. Entonces, los promedios de vida también tienen que ver con qué vida pudiste hacer en el lugar donde naciste, tu situación social, tu economía. Es tremendo cómo se nota la diferencia en este momento del mundo. Por darte un ejemplo más cercano: <b>entre una favela de Río y la ciudad de Río hay 20 años de diferencia</b>. Entonces, obviamente que la porción de personas que vive más años es, en su mayoría, la que ha tenido más posibilidades económicas, pero hay un montón de aspectos para empezar a abrir la cabeza y que cada uno vaya tomando la posición que le toca. Yo estoy en esa etapa de motivar: “Bueno, che, vamos, vení; ¿tenés 50, 55, 60? ¡Vamos a seguir trabajando, creando, siendo el agente de consumo que somos!”. ¡Votamos! Somos gente que vota, así que si los políticos nos quieren dar bola, pueden hacerlo también. Es un tema en la agenda política. Fijate que Jorge Macri lo incluyó, es más, usó el término “<i>silver”</i> en su discurso, cuando asumió. Y nos invitó a dar unas charlas porque están incentivando en las empresas la empleabilidad +50, el Gobierno de la Ciudad está estudiando beneficios para esas empresas.</p><p><b>—Cada vez se habla más, también, de los beneficios del intercambio intergeneracional en empresas y de la retroalimentación en cuanto a herramientas y aprendizajes.</b></p><p>—Hay algunos <i>papers</i> que hablan de que los <i>silver</i> somos los que mejor le podemos hablar a la IA, que somos los que mejor <i>prompts</i> podemos hacer por la experiencia. ¡Así que ojo con nosotros y la IA! Pero en el caso de las empresas tampoco uno pretende que todas se queden con los <i>silver</i> porque en algún momento te tenés que retirar, o por edad o por lo que fuera, pero está bueno que preparemos a las personas antes, con cursos, con opciones, con la posibilidad de emprender. Uno no sale de una empresa sabiendo cómo ser emprendedor, por ejemplo, o cómo hacer una continuidad laboral. Si te pueden ayudar a hacerlo antes, es muy bueno. </p><p>“De eso se trata”, dice Parodi. De que la sociedad comience a pensar de otro modo lo que sucede cuando la relación de dependencia o la actividad laboral que ocupó décadas se cierra; porque ahora, cuando eso ocurre, aún hay años de energía, potencia y proactividad delante. De que comience a abonar esos años con décadas de anticipación, para que no lleguen como un vacío que irrumpe y envuelve los días. <b>“De que podamos pensar todos juntos”</b>. Se trata de que si la vida va a ser más larga también pueda ser más largo el disfrute. Para eso, antes, mucho antes, las bases tienen que ser otras: las necesidades básicas deben estar resueltas. Las oportunidades deben ser reales. Las políticas públicas, existentes. </p><p>—Son todas esas iniciativas sobre las que trabajo, las que difundo y en las que busco ayudar. </p><p>Esa es la misión de la “Chica <i>silver”</i>: la que ahora se para delante del público, delante de las cámaras, para alzar la voz.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/JYC54QZ535EYJFM4SWTPM6TCSM.jpg?auth=617864d2b529b08a1f9f8081190b4119f87848e7f0d106d4c499b4b89fd48e38&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Liliana Parodi es consultora y experta en medios y comunicación estratégica; especialista en imagen, contenidos y posicionamiento de marca; entrenadora de líderes de alto impacto y divulgadora de la generación silver]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[“No podíamos decir ‘me da miedo, quiero volver’, los militares no cuestionan las órdenes”: el trabajo de las enfermeras de Malvinas]]></title><link>https://www.infobae.com/sociedad/2026/04/02/no-podiamos-decir-me-da-miedo-quiero-volver-los-militares-no-cuestionan-las-ordenes-el-trabajo-de-las-enfermeras-de-malvinas/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/sociedad/2026/04/02/no-podiamos-decir-me-da-miedo-quiero-volver-los-militares-no-cuestionan-las-ordenes-el-trabajo-de-las-enfermeras-de-malvinas/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[Alicia Mabel Reynoso fue una de las 14 enfermeras de la Fuerza Aérea que prestaron servicio en la Guerra. Ella y sus compañeras pasaron días y noches sin dormir, curaron heridos, se subieron a aviones para trasladarlos a diferentes hospitales en un cielo peligroso y, durante años, fueron invisibilizadas. Su rol en el conflicto bélico y su búsqueda para que no las borren de la historia]]></description><pubDate>Thu, 02 Apr 2026 05:53:27 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/Y3L7Q3DJRZH65CRGDSWTJ7RLA4.jpg?auth=d1aeb0c31b072567ad004eab3486a3c706ecc1448b659ea82dcea2f30970170a&smart=true&width=1920&height=1080" alt="De izquierda a derecha las enfermeras Alicia Reynoso, Ana Masitto y Stella Morales, en el mar, en Comodoro Rivadavia, donde se encontraban destacadas durante la Guerra de Malvinas. Historia recogida en el documental "Nosotras también estuvimos" (EFE/ En El Camino Producciones)" height="1080" width="1920"/><p>—Cuando llegué al hospital que el Ejército desplegó en Comodoro Rivadavia, un oficial me dijo: “¿Cuántas bolsas tienen?”. Yo me preguntaba: “¿Qué importan las bolsas de los residuos”. Cuando abro una puerta grande, de una habitación, veo todas las bolsas mortuorias. Ahí me di cuenta. Y pensaba —porque no hablábamos—: <b>“Yo no vine a guardar muertos, vine a recuperar heridos para que puedan volver al combate o no”</b>. Pero ellos pensaban en los muertos. Después, con el tiempo, me di cuenta por qué.</p><p><b>Alicia Mabel Reynoso</b> —enfermera retirada de la Fuerza Aérea, entrerriana, 70 años— habla de la guerra y de su paso por ella del otro lado de la pantalla, desde su casa, en Paraná. </p><p>Reynoso nació en Gualeguaychú, en la costa este de la provincia de verdes y ríos. Estudió en la Escuela Superior de Enfermería de Santa Fe y, en 1980, cuando la Fuerza Aérea incorporó mujeres a sus filas, con 21 años, <b>fue una de las 21 enfermeras que integraron la primera promoción</b>. </p><p>—Era una prueba piloto para ver si las mujeres “nos adaptábamos” a este mundo machista por excelencia. Y la verdad que sí. Nos adaptamos tan bien que hoy vemos mujeres pilotas de combate, de transporte, médicas, técnicas, mecánicas, en todas las especialidades. </p><p>Las mujeres que se sumaron como enfermeras a la Fuerza Aérea eran egresadas de diferentes facultades del país. Ahí, a su formación le añadieron <b>un grado militar</b>. </p><p>Cuando llegaron no tuvieron la mejor de las recepciones. “A tal punto que en un desfile del 9 de julio, en Buenos Aires, cuando realmente nos vieron por primera vez, <b>muchas y muchos nos gritaban: ‘Vayan a lavar los platos’</b>”. Nada de eso las amedrentó. Ellas estaban para hacer aquello para lo que se habían capacitado: atender a las personas que necesitaban de sus cuidados. En el camino, <b>les tocó adaptarse a la vida militar</b>. </p><p>Después de un curso de tres meses en el aeropuerto de Ezeiza, las nuevas integrantes fueron destinadas a hospitales de Córdoba y de Buenos Aires. Ella se quedó en el Hospital Aeronáutico Central, en Pompeya, como jefa de Enfermería.</p><p>—<b>Y en el 82, por supuesto, como todo militar, nos ordenan ir a la guerra</b>. Me llaman y me dicen: “Fijate a quién podés llevar”. Y elegí a las cinco primeras, que es esa foto emblemática que anda por todos lados.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/PNF3BKNIMVD57DC2M6P33KKLG4.jpg?auth=f0755e26c4cc1f87eb4dfb74270ec51f16384e30556cfe26892073d69ce018cb&smart=true&width=662&height=443" alt="Las primeras cinco enfermeras que llegaron a trabajar en el hospital móvil en Comodoro Rivadavia. Reynoso es la cuarta desde la izquierda" height="443" width="662"/><p>Las enfermeras —primero cinco, luego viajarían más— salieron de Buenos Aires pensando que llegaban a Malvinas pero las llevaron a Comodoro Rivadavia, donde estaba localizada una de las seis bases militares desde donde se atacó a la flota inglesa. </p><p>—[Allí] en una unidad logística de excelencia, en el aeropuerto, en cabecera de pista, se preparó el terreno para que despleguemos el hospital, que venía por tierra, cuando llegase.</p><p>Y eso hicieron. Armaron <b>un hospital móvil</b>: once módulos que se encastraban y se unían en forma de L. Tenía un quirófano, donde podían practicarse dos cirugías simultáneas, terapia, laboratorio, rayos, 25 camas, una cocina e incluso una planta potabilizadora de agua. </p><p>—Ese hospital fue comprado a Estados Unidos después de la guerra de Vietnam y luego de Malvinas prestó servicio en Kosovo, Mozambique, Haití. También lo vieron desplegado durante la pandemia. Y <b>en cada una de esas misiones siempre hubo una veterana de guerra, siempre. Aunque jamás lo dijeron</b> —subraya Reynoso. </p><p>Trabajaron desde los primeros días de la guerra, entre el 4 y el 5 de abril, que fue cuando llegaron, y lo dejaron en funcionamiento, “listo para recibir lo que se suponía iba a pasar. O no. Porque hasta esa instancia todos decían: ‘No va a pasar nada’”.</p><p>El 1 de mayo —lo lleva grabado—, después de las 4.40 de la mañana, <b>se iniciaron los bombardeos</b>. Ellas y el hospital comenzaron a trabajar con intensidad.</p><p>—Las enfermeras militares somos asistenciales en tiempo de paz y operativas en tiempo de guerra. Ahí teníamos que demostrar aquello para lo cual nos habíamos preparado, dentro y fuera de la institución. Porque al estar dentro de la Fuerza y participando en ese conflicto estábamos bajo las mismas órdenes que los hombres, bajo el mismo código de justicia militar, en una dictadura. <b>Teníamos todas las obligaciones y ningún derecho</b>. No podíamos decir: “Ay no, me da miedo, quiero volver”. <b>Los militares no cuestionan las órdenes.</b> Si alguien lloraba tenía que hacerlo a escondidas. Delante de los heridos teníamos que mostrar fortaleza. Si la teníamos o no era un problema nuestro. </p><p>Cuando los heridos se iban se reunían a llorar, a rezar. </p><p>—Las que éramos católicas y las que no también, porque el miedo existía.</p><p>Las enfermeras vivían en el mismo hospital donde curaban a los soldados argentinos y también a algunos del bando enemigo. Con 23 y 24 años, y sin preparación para afrontar las laceraciones anímicas y mentales que deja una guerra, les tocó, además, ser figura materna para los jóvenes que llegaban heridos: “Si bien ellos traían el dolor físico, nosotras escuchábamos el ‘Mamá. Mamá, ¿dónde está mi mamá? ¡Llamen a mi mamá!’ y eso nos marcó muchísimo”, recuerda. </p><p>Cuando podían, las enfermeras dormían en las camas de terapia. En ocasiones les permitían descansar por la tarde. La noche no estaba hecha para eso.</p><p>—No recordamos siquiera habernos sacado los borcegos porque <b>en la madrugada era cuando llegaban más heridos</b>. Llegaban los aviones (porque era la forma de salir de Malvinas, de noche, volando muy bajo) con los soldados que necesitaban atención. En la medida que podíamos trabajábamos con lo que se conoce como “cama caliente”, o sea, sale uno y entra el otro. Las autoridades trataban de dejar libres las camas porque nunca se sabía cuándo llegaba otro avión con más heridos. Entonces no solamente los recibíamos sino que automáticamente nos subían a los aviones y empezábamos a repartirlos en los hospitales de diferentes provincias, porque las camas de Comodoro Rivadavia eran solo 25. Eso significaba <b>volar en esos cielos y a esa altura</b>. <b>Muchas veces ni la propia tropa reconocía los aviones de la sanidad. </b></p><p>El miedo a ser atacadas erróneamente se sumaba a la lista. Era uno potente.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/RO75MZPQJFFBXPVV2W62ZX2BVA.jpg?auth=2b321b82e34fd622fe5a479faa9876f9e188d8503c0b5265f5474e62e1b75f11&smart=true&width=800&height=440" alt=""Al estar dentro de la Fuerza y participando en ese conflicto estábamos bajo las mismas órdenes que los hombres, bajo el mismo código de justicia militar, en una dictadura. Teníamos todas las obligaciones y ningún derecho"" height="440" width="800"/><p>Más que las heridas recuerda las condiciones en las que llegaban los soldados, físicas y espirituales: mal alimentados, con la ropa hecha harapos, perdidos en el tiempo y el espacio. Añorando a sus familias. Sin embargo, dice, pedían que los curaran pronto para volver a la trinchera donde habían dejado a sus pares. Habla —aclara— no de los altos cuadros, si no de los chicos de 18 años para quienes la instrucción militar había sido la misma guerra.</p><p>—Con esos jóvenes valientes enfrentamos a una potencia mundial. Hoy, a más de 40 años, me pregunto <b>qué se les pasó por la cabeza para mandarlos a una guerra</b>. </p><p>La pregunta de un pueblo todo.</p><p>Reynoso estuvo en el hospital de Comodoro Rivadavia hasta los primeros días de junio, cuando la enviaron a Córdoba a hacer un curso para ser oficial y pasar a conformar el grupo de “las primeras mujeres oficiales”. Hasta ese momento eran suboficiales, dice. Ni siquiera le permitieron, antes de eso, ir a ver a su familia. Unas cartas que no tenía certeza de que llegaran era toda la comunicación que había podido intentar con su madre en ese tiempo. Tuvo que esperar a su primer franco, en julio, para ir a verla apenas un par de horas. De eso habla cuando menciona que tenía las mismas obligaciones que cualquier hombre. Y escasos derechos. </p><p>—Sin embargo, cuando terminó la guerra, <b>de estas mujeres que merecían los mismos reconocimientos que los veteranos, se olvidaron. Y nos escondieron</b>. Nosotras estábamos ahí, codo a codo con los hombres. No éramos ni la mujer ni la mamá ni la hermana de nadie. Nos mandaron como militares y así defendimos a la patria. Pero nos ocultaron. Y todas seguimos trabajando en la Fuerza Aérea. Yo me jubilé después de 42 años de servicio activo, el 2021. Pero en 2009 levanté la bandera por la visibilidad y empecé a mostrar tímidamente las fotos. </p><p><b>En el relato de Malvinas las mujeres no aparecían</b>. Después de años de tratamiento por estrés postraumático, Reynoso se dio cuenta de que eso no podía quedar así. Y comenzó, finalmente, a contar sobre su trabajo y el de sus compañeras en la guerra. A la Fuerza no le cayó bien. </p><p>—Me empezaron a decir de todo: loca, puta, mitómana y más. No solamente los hombres, también algunas mujeres. Lo cuento en mi libro. </p><p>Su paso por el conflicto armado y lo que vino después lo volcó en un texto que tituló <i>Crónicas de un olvido. Mujeres enfermeras en la Guerra de Malvinas </i>(Tinta Libre ediciones). </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/DIBLSCSMNZCE5JFRT63HZRER4A.jpg?auth=838928873baeb04768ffc4127554022badc2d4a63b7a653f3e2bf09a2f6f0855&smart=true&width=800&height=440" alt="En el relato de Malvinas las mujeres no aparecían. Después de ver cómo a colegas con quienes había trabajado en igualdad de tareas y condiciones los reconocían como veteranos, Reynoso comenzó a hablar y a contar sobre su rol y el de sus compañeras en la guerra" height="440" width="800"/><p><b>El olvido. Eso, dice, es lo que más le duele</b>. El olvido y el intento de negar el trabajo de las enfermeras. “Esta discriminación hacia las mujeres y algunos soldados que hoy por hoy se están muriendo en la desidia total. Eso duele”.</p><p>Reynoso recuerda que para que otros se destacaran y adquirieran el título de “héroes” se necesitó de muchísimas personas: mecánicos, soldados que cargaban bombas, que cargaban combustible, el cocinero, ellas. Sin embargo, esas personas fueron ignoradas después de la guerra. </p><p>Dice que comenzó a hablar cuando sintió la injusticia en la nuca. Cuando estando dentro de la Fuerza supo que compañeros varones que habían estado en el mismo hospital con ellas, desarrollando las mismas tareas, estaban siendo reconocidos aunque ya se hubieran retirado de la institución militar. Mientras ella y otras colegas que aún eran parte eran desdeñadas.</p><p>—Empecé a ver esa discriminación, yo creo que por ser mujer, no sé, habría que preguntarles a ellos pero no contestan. <b>La guerra y la muerte nos igualaba a todos los que estábamos ahí</b>. Entonces me dispuse a caminar esta lucha.</p><p>Las palabras de los movimientos feministas comenzaron a resonar adentro, a hacerle sentido, incluso antes de que se desplegaran masivamente en la escena pública. Y, dice, por lo que había vivido,<b> calificaba en casi todos los tipos de violencia</b>: psicológica, institucional, económica. Ahí decidió dejar de lamentar el destierro al que habían echado a las mujeres de Malvinas y comenzar a actuar para que recuperaran el lugar que merecían en esa página de la historia nacional. </p><p>—Con todos esos palos y piedras que me pusieron en el camino hice la escalera más y más y más grande. Recibí golpes, amenazas, me echaron de un desfile en Buenos Aires en el 2019 por el solo hecho de ser mujer, porque a otros que estaban en igual situación los dejaron desfilar. A nosotras no: “Escóndanse, pónganse dentro de todos, que no las vean mucho”. ¿Por qué?, si yo no tengo nada que ocultar. Yo digo orgullosamente que fui a prestar servicios en ese hospital. Es un tema de género, aunque ellos [las autoridades de la Fuerza Aérea] no lo quieran reconocer, porque seguimos siendo ninguneadas. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/H6GF3REF3BFDBEFG6USMSIPD4U.jpg?auth=0e630d83b175db96c6c020288b83a713b58e2811b66a1714d256ff005b11eeaa&smart=true&width=800&height=440" alt="Alicia Reynoso con el DNI que acredita que es heroína de la Guerra de Malvinas" height="440" width="800"/><p>Después de más de una década de bregar por eso, Reynoso <b>obtuvo el reconocimiento buscado</b>, y algunas de sus compañeras —pocas—, más tarde que temprano, los suyos. <b>Recibió el DNI que dice que es excombatiente y heroína de la Guerra de Malvinas</b>, y varios premios por el documental <i>Nosotras también estuvimos</i>, dirigido por Federico Strifezzo. Sin embargo desde la Fuerza solo dijeron: “No es para tanto”.</p><p>—Una vez un jefe me dijo: “Pero qué te quejas, si no te pasó nada”. Me pasó una guerra, con 23 años, por la cabeza. Siendo mujer. En un ámbito totalmente machista y lleno de miedos. Porque todos teníamos miedo. </p><p>Pese a los escollos, celebra que no hubo que esperar 200 años para que se conocieran los nombres de las enfermeras de la guerra. Aunque asegura que hay diez que todavía no están correctamente reconocidas y que muchos organismos estatales las siguen negando.</p><p>—En una historia totalmente patriarcal, donde éramos consideradas adornos o alfombra, <b>estas mujeres hicieron algo por la patria</b>. Y así tantas otras mujeres. Nos quisieron esfumar, esconder. Pero no pudieron esfumar ni esconder nuestra memoria.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/PNF3BKNIMVD57DC2M6P33KKLG4.jpg?auth=f0755e26c4cc1f87eb4dfb74270ec51f16384e30556cfe26892073d69ce018cb&amp;smart=true&amp;width=662&amp;height=443" type="image/jpeg" height="443" width="662"><media:description type="plain"><![CDATA[Las primeras cinco enfermeras que llegaron a trabajar en el hospital móvil en Comodoro Rivadavia. Reynoso es la cuarta desde la izquierda]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[La Marina mató a toda su familia, buscó a su hermana hasta con videntes y se refugió en la religión: el caso de Daniel Tarnopolsky]]></title><link>https://www.infobae.com/sociedad/2026/03/24/la-marina-mato-a-toda-su-familia-busco-a-su-hermana-hasta-con-videntes-y-se-refugio-en-la-religion-el-caso-de-daniel-tarnopolsky/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/sociedad/2026/03/24/la-marina-mato-a-toda-su-familia-busco-a-su-hermana-hasta-con-videntes-y-se-refugio-en-la-religion-el-caso-de-daniel-tarnopolsky/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[En julio de 1976 un grupo de tareas de la ESMA secuestró a sus padres, hermanos y cuñada. Él sobrevivió porque ninguno conocía su paradero. Se exilió en Israel y en Francia, volvió a la Argentina con la democracia, participó del Juicio a las Juntas y también demandó a Massera por daños y perjuicios: ganó y donó el dinero del genocida a las Abuelas de Plaza de Mayo. Juntó sus pedazos, rearmó su vida y se volvió un referente en la lucha por la Memoria, la Verdad y la Justicia]]></description><pubDate>Tue, 24 Mar 2026 12:54:24 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/RPBGGPYHFZDT5M7IDSOUPQ7IBY.jpg?auth=3c8ebac34fbb5e8830f2970612a2fd9be22e332bef9e095dadbb5e3a06a01d6c&smart=true&width=1920&height=1080" alt="La familia Tarnoposlky, de izquierda a derecha: Sergio, Daniel y su padre, Hugo. En su falda, Betina, la menor. A su lado, su madre, Blanca Edelberg " height="1080" width="1920"/><p>—¿Me vas a hacer contar toda mi historia de vuelta? No, disculpame, no puedo otra vez. </p><p><b>Daniel Tarnopolsky</b> tiene el pelo corto y cano, una camisa beige —quizás sea rosa viejo—, lentes con marco color cemento y, del otro lado de la pantalla, frunce el ceño y menea la cabeza en negación impostando una indignación que es broma, argumentando un cansancio, un dolor, que es real. </p><p>Cuando recibe el mensaje con la propuesta: una nota sobre su historia, <b>un caso emblemático entre los miles de secuestros y asesinatos perpetrados por la última dictadura cívico-militar</b>, acepta de inmediato. Días después, pantalla de por medio porque el encuentro cara a cara no es posible, dice que no. Que toda la historia de vuelta, no. Que preguntas específicas, de momentos específicos, “por favor, porque si no, no voy a poder”. Que se le hace agotador. </p><p>—Hace 50 años que la vengo contando. Puedo hablar pero no puedo empezar: <b>“El 15 de julio de 1976…”</b>. </p><p>Entonces habla de una nota que escribió su abogada —y exdirectora del Banco Central—, Betina Stein, sobre <b>el juicio individual que él le hizo a Massera </b>exigiendo una reparación económica por los daños morales y materiales que le había infligido. Un hueco que encontró para seguir reclamando justicia cuando las leyes de Punto Final y Obediencia Debida garantizaban la impunidad a quien era, a sus ojos, el mayor responsable de la muerte de su familia: <b>su madre, Blanca Edelberg; su padre, Hugo Tarnopolsky; y sus hermanos, Sergio y Betina, fueron masacrados en la ESMA, donde señoreaba Jorge Eduardo “El Tigre” Acosta</b>, a quien no podía demandar. Le pareció razonable, entonces, acusar al ya condenado jefe de los marinos, e inició un proceso judicial que sentó un precedente. Un proceso que ganó y con el que también impartió una suerte de justicia poética: <b>donó todo el dinero con el que Massera debió indemnizarlo a las Abuelas de Plaza de Mayo, a la búsqueda de los niños que el genocida se había robado</b>. </p><p>Eso sucedió en los 90. El comienzo del juicio, a fines de los 80, en el medio de lo que él llama su “segundo exilio” o su “autoexilio”, los fallos, la apelación de Massera y la sentencia a su favor de la Corte Suprema en agosto de 1999. Pero su historia comenzó mucho antes. </p><p>Quizás la línea de inicio puede marcarse en el comienzo de la militancia de su hermano mayor, Sergio, en la Juventud Peronista; en el trabajo voluntario que él había hecho en el Centro de Salud Mental de San Telmo, con niños de familias humildes; en la participación de su hermana Betina en la Unión de Estudiantes Secundarios (UES). O quizás muchísimos años antes, en la juventud de sus padres, cercanos al Partido Comunista. Aunque lo cierto es que el día que partió la vida de Daniel Tarnopolsky en dos, el día que inició, con dieciocho años y como pudo, el resto de su vida, fue ese preciso día por el que no quiere —no puede— empezar: <b>el 15 de julio de 1976</b>.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/73WL73X35VEVRBCJDLOIG5A2DU.jpg?auth=cdfdc38d7ac3eff36a6c8c0515796100a8118858001b6e2c900569674cd35648&smart=true&width=1920&height=1080" alt="En el libro "Betina sin aparecer" Daniel Tarnopolsky vuelca un testimonio sobre lo ocurrido con su familia y en su vida antes y después de su desaparición. Es recuerdo, homenaje y también la reconstrucción de otra búsqueda, la de su hermana Betina: sospechaba que aún estaba con vida" height="1080" width="1920"/><p>***</p><p>“Cuando se llevaron a Patricia, prima de mi papá, compañera de militancia y muy amiga de Sergio —mi hermano mayor—, mis viejos tuvieron miedo de que vinieran a casa a buscarlo y que se llevaran a alguno de nosotros. Fue entonces cuando mi viejo me pidió que me buscara otro lugar donde estar. Yo había terminado el secundario el año anterior y estudiaba Musicoterapia. Había cumplido dieciocho años, trabajaba en un jardín de infantes como ayudante, lo que me permitía pagar mis gastos y tener cierta independencia. Aunque todavía no podía irme a vivir solo, me sentía un adulto. <i>Levantado</i> de casa,<i> </i>acogido clandestinamente por amigos, seguía con mi vida normal, digamos. Veía a mis padres cada dos o tres días. Dejaba la ropa sucia y me iba con una muda y plata si necesitaba. </p><p>Betina, mi hermana menor, estaba en la escuela secundaria y militaba en la Unión de Estudiantes Secundarios (UES). Era demasiado chica como para irse sola por ahí a lo de algún amigo, pero también había que sacarla de casa, así que se fue a vivir a lo de mi abuela materna, None, la única que aún teníamos”.</p><p>Así inicia Daniel Tarnopolsky su libro <i><b>Betina sin aparecer. Historia íntima del caso Tarnopolsky, una familia diezmada por la dictadura militar argentina</b></i><i> </i>(Norma, 2011), en el que reconstruye los días previos a que su vida cambiara para siempre y lo que sucedió después.</p><p>“Corría junio del 76. La dictadura militar aterrorizaba el país desde marzo: había cada vez más personas que eran secuestradas de su casa, detenidas en los trabajos, o acorraladas en plena calle por grupos de hombres armados no identificados, o por la policía, como hicieron con Patricia. Se empezaba a saber de la desaparición de jóvenes y de la posterior desesperación por la ignorancia de su paradero. <b>Desapariciones. </b>Nadie pensaba entonces que se podrían Ilevar a los padres de alguien buscado, sólo por ser sus padres. <b>Búsquedas, interminables búsquedas</b>.</p><p>Fueron semanas terribles. Vivíamos con la angustia del día siguiente, de la noche. Cada mañana me decía a mí mismo: “No pasó nada esta vez, sigo libre”. (...) Nuestra casa familiar estaba casi vacía. (...)</p><p>Todas las mañanas mi papá desarmaba las camas y dejaba platos sucios en la pileta, para que Claudia, la empleada, pensara que los chicos aún vivíamos en la casa pero que ya habíamos salido. No sé francamente si se lo creía o si notaba que había algo raro, porque la realidad era que también durante el día la casa seguía medio muerta. Betina y yo apenas si aparecíamos. Sergio ya estaba casado y vivía con Laura, su esposa”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/P656NYRRS5B5NMMGJWIBWKQLUA.jpg?auth=655b5402f974dbc3751384696784c3f49d42c35e1046f02e2d366d77b443e71c&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Los hermanos Tarnopolsky: Betina, Daniel y Sergio" height="1080" width="1920"/><p>Así describía el pulso en el país del terror y, particularmente, en su casa, desahuciada.</p><p>También describe a su madre, psicopedagoga, de 49 años: una profesional prestigiosa que tenía el consultorio en su casa, trabajaba en centros hospitalarios y era profesora universitaria: “Lloraba la vieja, deshecha, aterrada.<b> Blanca</b>, ‘Luli’, como le decían, parecía achicharrada, más bajita de lo que ya era. (...) Ella que siempre había dirigido el mundo, que en casa muchas veces parecía llevar los pantalones, mi cariñosa madre se había derrumbado y el mundo se destruía a su alrededor mientras tenía que hacer como si no pasara nada”.</p><p>Y a su padre, <b>Hugo</b>, de 51: químico y cofundador de una empresa que había levantado con amigos y colegas —en la que años después Daniel trabajaría—, miembro de la Cámara de la industria química: “Él siempre fue muy justo y ponía extremado empeño en cuidar de los otros y proteger los intereses de todos. (...) Él tampoco la pasaba bien, pero el solo hecho de tener que ir todos los días a la oficina, ahí en la zona de Tribunales, seguramente lo ayudaba a distraerse un poсо”.</p><p>Su hermano mayor, <b>Sergio</b>, ya estaba en la ESMA: había entrado como conscripto en la Marina en enero del 76. Allí le tocó ser una suerte de <b>secretario</b>, de <b>hombre de confianza</b> de quien se convertiría en amo y señor del centro clandestino que funcionaría ahí: <b>Jorge Eduardo “El Tigre” Acosta</b>. Esa bestia que mostraría las zarpas poco después, pero que ya estaba agazapada, al acecho. </p><p>En el libro Tarnopolsky recuerda que antes del secuestro de la prima de su padre, Patricia, que puso en alerta a toda la familia, una noche Sergio volvió a su casa, aterrado: “Nos contó que lo habían mandado con otros compañeros a limpiar una sala donde había restos de sangre y que habían visto copias de lo que suponían eran falsos certificados médicos. <b>Algo había pasado allí, algo terrible</b>. Fue la única vez que habló con nosotros de lo que pasaba en la ESMA”. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/RVQM5Q6OWNDZPAXFXQAG74LDME.jpg?auth=a301451914f0643fb00506d212e202c4de4244917fd9684f1940cf87b8c64dd5&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Baldosa colocada por el colectivo Barrios x Memoria y Justicia en el Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez en homenaje a Blanca Edelberg de Tarnopolsky, madre de Daniel, Sergio y Betina" height="1080" width="1920"/><p><i>“Madrugada del 15 de julio. Una tropa de autos Ford Falcon llega a la intersección de las calles Peña y Laprida, en Barrio Norte. La comisaría de la zona ya había sido prevenida. Órdenes de no intervenir. Hombres armados y encapuchados bajan de los autos. Cortan las calles y entran al edificio. El portero se despierta. Ya está en la puerta, pero no lo dejan acercarse. A punta de armas le preguntan la ubicación del departamento que buscan. Planta Baja. Le ordenan que regrese a su casa y que de ahí no se mueva.</i></p><p><i>Dos de la mañana en Buenos Aires. La bomba revienta la puerta y es oída en todo el barrio. Los vecinos salen asustados. Los encañonan. Que se metan adentro. Operativo oficial.</i></p><p><i>La puerta del departamento del antiguo edificio, de madera labrada, con mármoles, espejos y dorados, pesada, espléndida, queda totalmente destruida. La jauría entra. Corre escaleras arriba. Tira todo a su paso. Rompe. Grita. Grita más. Busca hambrienta a sus presas.</i></p><p><i>Paralizados por el estallido, los Tarnopolsky no llegan a reaccionar. Hugo y Blanca son encañonados por un grupo de bestias encapuchadas.</i></p><p><i>—Dónde están Betina y Daniel. ¡Ya digan dónde están!</i></p><p><i>El portero desde su departamento escucha los gritos, más y más gritos, golpes, insultos. Reconoce la voz de la señora:</i></p><p><i>—¡No digas nada que nos van a matar a todos!</i></p><p><i>—Cantá, pelotudo, que la mato a ella acá mismo, forro.</i></p><p><i>—Vamos a lo de la abuela, Sarmiento y Bustamante, ahí está la pendeja y llevate todo que estos acá no vuelven. Del otro pendejo ni rastros, no saben dónde está”, </i>reconstruyó en su libro. </p><p>Bajo tortura y amenazándolo de muerte, a él y a su mujer, llevaron a Hugo a la casa de la madre de Blanca donde estaba Betina. La despertaron tirándole un vaso de agua fría en la cara. Y, a golpes —a ella y a su abuela—, se la llevaron. </p><p>Mientras, otro grupo de tareas irrumpió en la casa de la suegra de Sergio, donde vivía Laura del Duca de Tarnopolsky, su mujer, cuñada de Daniel, y también se la llevaron. </p><p>No volverían. <b>Nunca más</b>.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/43VWAWKT5RGNZECO6ZQIG2FJHE.jpg?auth=890a9f516069f6a8a5216ad8f866a9083ef23f8b749b31420b35758d58025dfb&smart=true&width=1920&height=1379" alt="El 15 de julio de 1976, un grupo de tareas de la ESMA secuestró y desapareció a toda la familia Tarnopolsky: Daniel sobrevivió porque nadie conocía su paradero" height="1379" width="1920"/><p>***</p><p>—La historia de los desaparecidos nadie la entendía. No se sabía qué era —dice ahora del otro lado de la pantalla, y el movimientos de cejas, sus gestos, acentúan sus palabras—. Cuando llegué a Chile, los chilenos me empezaron a explicar lo que era un desaparecido: que no aparecía. <b>Ahí empecé a entender lo que era un desaparecido</b>.</p><p>—¿Qué creías, en el momento en que te fuiste, sobre el paradero de tu familia? ¿Pensabas que no los ibas a volver a ver? </p><p>—No, jamás. Jamás. [Para mí] Estaban detenidos en algún lado y ya iban a aparecer. Rápidamente se notó que estaban detenidos ilegalmente porque todos los <i>habeas corpus </i>habían sido rechazados; entonces eran detenciones clandestinas, eso sí. Pero <b>[pensaba] que en algún momento iban a aparecer</b>. Cuando llegué a Chile me empezaron a explicar que no era seguro que aparecieran. Porque en Chile ya sabían que los desaparecidos estaban muertos. Y ahí, a mis 18 años, me empecé a hacer a la idea.</p><p>***</p><p>El 15 de julio de 1976, por la noche, la familia Tarnopolsky se iba a reunir para cenar en lo de None, la madre de Blanca, donde se quedaba Betina. Eso había sido lo último que habían acordado. Cuando terminó su jornada laboral, Daniel quiso pasar por su casa para llegar a lo de su abuela junto con sus padres. Llamó primero. Como no atendió nadie, llamó a su abuela.</p><p>—”¿Dónde estás? —Y alcanzó para que yo comprendiera. Sin saber nada, supe todo”, escribió.</p><p>Daniel se quedó cerca de un mes deambulando Buenos Aires como un fantasma aterrado hasta que su familia —su abuela, sus tíos— lo convencieron para que se fuera a Chile, pese a que ahí las cosas no estaban mejor. Allí también tenía familia: una tía abuela, tíos y primos. Como pensaban que en Argentina las cosas mejorarían, creyó que lo mejor era quedarse cerca. Pero el país azotado por Pinochet no invitaba a quedarse y tampoco se veía que en el horizonte celeste y blanco comenzara a clarear pronto. Poco después, su familia le volvió a insistir para que saliera de ahí. Y, luego de tres meses, le consiguieron un lugar para mantenerse a salvo en Israel. </p><p>—A mí no me gustaba la idea, pero acepté. Me fui a Israel. En cuanto llegué empecé a pedir ir a Francia donde estaban mis familiares chilenos exiliados. Porque parte de la familia chilena había quedado en Chile, pero muy buena parte estaba exiliada ahí. Y consiguieron una beca para mí. <b>Estuve en Israel nueve meses y me fui a Francia</b>. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/YCGHFUQ6C5CF3PIZT5KHU5RQOE.jpg?auth=e3f40f81f32ac133b83b0b7575d01bc992f1642665e9058167d24683835fa561&smart=true&width=1920&height=1080" alt=""Sergio clandestino en la ESMA" es el libro que Daniel terminó de escribir en pandemia, publicado en 2022, centrado en la historia de su hermano mayor" height="1080" width="1920"/><p>En esos nueve meses estudió hebreo, inglés, se preparó para entrar a la universidad, porque no estaba seguro de si conseguiría irse o no. </p><p>—Hice todo lo que hace cualquier pibe de esa edad con la cabeza más o menos quemada, pero más o menos organizada. Y estaba rodeado de pibes exiliados: Israel estaba lleno de exiliados. Pero ahí también estuve con gente que había sido secuestrada y liberada, con lo cual se reforzaba la posibilidad de que [mis padres y hermanos] aparecieran de vuelta. </p><p>Tiempo después se subía a otro avión rumbo a la tierra de la revolución, la baguette y el queso brie. Donde se quedó hasta el regreso de la democracia argentina.</p><p>—Me quedé en París, conviviendo mucho con mis tíos y primos chilenos y la caterva de argentinos de todos los colores políticos que había. Porque todos no eran Montoneros y PRT, había muchos radicales, había mucha gente.</p><p>En París estudió la licenciatura en Psicomotricidad, comenzó a trabajar y buscó refugio: <b>una red contenedora con quien compartir el peso desgarrador de la ausencia</b>. Comenzó a militar con la comunidad de familiares de desaparecidos exiliados en toda Europa: emprendieron campañas, viajaron muchas veces a Ginebra para reunirse con representantes de la ONU, al Vaticano, todo lo que estaba a su alcance y un poco más. </p><p>En París también creó nuevos lazos; se integró a la sociedad francesa a través de la universidad; e hizo lo que hasta entonces en su país no había hecho, busco consuelo —quizás también una explicación— en el judaísmo, en la religión.</p><p>—Todos buscábamos rearmar lazos. <b>Los que habíamos perdido familiares buscábamos rearmar lazos</b>. Por ejemplo, <b>Matilde Herrera</b>, cuyos hijos se llamaban Beláustegui —porque el padre de los hijos era Beláustegui— perdió a sus dos hijos varones y a su hija mujer con sus respectivas parejas: perdió a seis. Quedaron dos bebitos. Matilde se tuvo que exiliar porque era perseguida también por ser periodista. Se fue a Francia, y por una amiga empecé a acercarme a ella. <b>Terminamos haciendo un núcleo familiar: ella sin hijos y yo sin padres ni hermanos</b>. Ella tenía sus nietos acá, que habían quedado con los otros abuelos. Estaba casada con Roberto Aizenberg, un pintor, y yo iba muchísimo a su casa. Todo el tiempo iba a su casa. Era como un segundo hogar. Todos rearmábamos lazos familiares, los que estábamos con agujeros adentro. Era <b>mezcla de militancia y afecto.</b> Y yo, personalmente, empecé a buscar en la religión. Pero eso era algo mío. La mayor parte eran totalmente laicos.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/EU3XG7OE66PICZLJHIV5BQIL2A.jpg?auth=98bb1e11e5a6b91452054e66e36d3f192cc0d926815073dbaf8cca38cc30d50a&smart=true&width=8640&height=5760" alt="Entre las acciones que realizó junto a los organismos de derechos humanos, Daniel Tarnopolsky trabajó por la construcción del muro del Parque de la Memoria de Buenos Aires con los nombres de los desaparecidos durante la dictadura (AP Foto/Natacha Pisarenko)" height="5760" width="8640"/><p>Buscó, preguntó y se acercó a las sinagogas menos ortodoxas que había en Francia. Luego escogió una y comenzó a frecuentarla y a formar parte de su comunidad.</p><p>—Eso me dio integración en Francia, yo necesitaba integrarme. Y además tenía 19, 20 años, la edad universitaria donde te hacés amigos para toda la vida, entonces me integré también a la comunidad francesa a través de mis compañeros de universidad y empecé a tener amigos franceses, mucho más que la mayor parte de los argentinos que vivían muy encerrados. Yo no lo toleraba. Empecé a formar parte de la sociedad a través de la sinagoga, a través de la universidad. Y de esos amigos que lo siguen siendo hoy. Después de 50 años hablamos por teléfono, cuando voy a Francia los veo todo el tiempo, vienen para acá, son amigos íntimos.</p><p>—¿Les contabas a ellos por qué estabas ahí en ese momento? </p><p>—Sí, sí, sí, sí, sí. Todo el mundo lo tenía muy claro. Aparte, los que eran judíos hacían relación con el Holocausto y los que no, con la resistencia al nazismo, con la Guerra de Argelia y las atrocidades francesas, así que en Francia era fácil que me entendieran. Digamos que el universo sociológico, político, es bastante parecido en ese sentido. </p><p>Aunque se integró bien y comenzó una nueva vida, <b>siempre quiso volver</b>.</p><p>—Y ahí estuve hasta que asumió Alfonsín. En el 84 volví. Yo quería volver. No me interesaba en ese momento quedarme. Necesitaba estar acá con mi abuela y necesitaba tratar de averiguar más. Aunque en Francia, poco a poco, fui sabiendo de los desaparecidos. Ahí conocí a detenidos que habían estado en la ESMA y que me hablaron de mi familia y empecé a armar el rompecabezas y a confirmar que habían estado ahí. Y que ya no estaban. Que, por consiguiente, lo más probable era que estuvieran muertos. Después, cuando volví a la Argentina, me junté varias veces con la gente de antropólogos [N. de la R. el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF)] y ahí ya estaba claro que los desaparecidos que no habían aparecido estaban muertos. No quedaba otra posibilidad. </p><p>Durante su exilio, más precisamente en Ginebra, en uno de sus viajes para hablar con el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, en 1979, tres ex detenidas-desaparecidas que habían logrado sobrevivir al infierno gobernado por la Marina se lo confirmaron: desde adentro de la ESMA, su hermano mayor, Sergio, había puesto una bomba o formado parte de un grupo que la puso. La venganza del Tigre Acosta contra el que suponía debía ser su hombre de confianza fue feroz. <b>“Hablá porque te va a pasar como a los Tarnopolsky, vamos a hacer mierda a toda tu familia”</b>, era una constante, le contaron, en los sótanos de la muerte. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/ZXO4BAPH3NDZ3H34Z43MYXS4SA.jpg?auth=bc115056ab760bed0f9bc8c1bf6767b61d32360286db47a53e7f168be0218262&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Betina Tarnopolsky" height="1080" width="1920"/><p>***</p><p>En Buenos Aires Daniel Tarnopolsky buscó consuelo, como venía haciéndolo desde su exilio, en la comunidad de familiares de desaparecidos y con su abuela, que también participaba de esos encuentros a los que comenzaron a asistir juntos. Continuó con su búsqueda y su práctica religiosa —“Eso me hacía muy bien”, asegura—, y decidió poner una lápida en el Cementerio Británico, donde muchos de los suyos estaban cremados; donde, estaba seguro, de haber muerto naturalmente hubieran sido cremados también sus padres, sus hermanos.</p><p>—Eso fue muy importante: la lápida. También hice una ceremonia en el Templo de Libertad y puse un recordatorio ahí. Todas acciones que tenían que ver con la religión porque es lo que a mí me hacía bien. Además participé en las acciones colectivas que se hicieron:<b> puse sus nombres en el Parque de la Memoria</b> y estuve involucrado en todo el laburo para que el muro se hiciera. <b>Vi muchos brujos, muuuuuuchos brujos,</b> en Francia, acá: <b>muchos</b>. Participé, por supuesto, del Juicio a las Juntas, todo lo que se podía hacer junto con todos los demás familiares de desaparecidos. Mi originalidad fue el juicio individual que le hice a Massera: cuando terminó el Juicio a las Juntas Betina Stein me propuso hacer este juicio de daños y perjuicios morales y financieros porque era la manera de seguir removiendo el avispero a pesar de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. Entonces empezamos ese proceso que<b> duró 14 años</b>. En el medio vino Semana Santa, y un año después me fui de nuevo. No toleré el retroceso democrático del 87 y me volví a ir a Francia a principios del 88.</p><p>Lo que Daniel Tarnopolsky cuenta al pasar, en medio de su cronología de sobreviviente, de familiar, de los juicios y exilios, “vi muchos brujos”, no fue, en su vida, algo al pasar.</p><p><i>Betina sin aparecer, </i>el libro que es un testimonio, un modo de procesar lo vivido y letra impresa —recuerdo, homenaje— sobre su familia, es también la reconstrucción de <b>otra búsqueda</b>. </p><p>El hijo del medio de la familia Tarnopolsky se había interesado por la espiritualidad, por el esoterismo, desde chico. Y una de las cosas que hizo cuando esta dimensión no le daba respuestas sobre lo ocurrido, fue empezar a buscar más allá <b>de lo terrenal</b>. <i> </i> </p><p>A partir del trabajo con diferentes <i>médiums, </i>videntes, desmagnetizadores, reconstruyó el que entendieron que fue el destino de la única persona que habiendo sido secuestrada les aparecía a todos los que tenían estas percepciones y habilidades como parte del mundo de los vivos: <b>su hermana Betina</b>.</p><p>“—¿Esta chica está viva?” —pregunta en una escena del libro en la que, reunido con un <i>médium,</i> en París, el hombre pasa las manos sobre una foto familiar y le indica quiénes viven y quiénes no.</p><p>“—Sí, está viva.</p><p>—¿Seguro?</p><p>—Sí, seguro.</p><p>—No puede ser.</p><p>—Pero es así. Su imagen está cálida, desprende energía vital. Las de los muertos están frías. ¿Por qué no puede ser?”.</p><p>—Ese tipo evidentemente veía cosas —asegura ahora—. Lo mínimo que podía decirse era que leía mi mente, porque me trajo recuerdos que él no podía saber de ningún lado. Yo lo vi tres veces. Y en un momento me dice: “Hay una señora petisita, gordita, que tiene un dedo menos, una falange menos, porque en un accidente se le cortó, que te manda saludos, te muestra su mano con la falange menos”. Y yo le digo: “Esa tiene que ser mi tía María”, que era una tía directa de mi papá. Imaginate: yo en Francia, en París, esta señora había fallecido en Buenos Aires muchos años antes, tía de mi papá, hermana de mi abuelo, y había perdido la falange porque tenía una fábrica de caramelos y tuvo un accidente. “Bueno, bajó para saludarte”. No había manera de que este hombre tuviera la más mínima idea de quién era mi tía María que había perdido el dedo en la fábrica de caramelos de Flores. Y la que más me ayudó, aparte de ese hombre, fue la que aparece en el libro como Paloma, porque <b>ella durante mucho tiempo sostuvo que mi hermana estaba viva</b>. Entonces hicimos mucho trabajo para ver si la encontrábamos. <b>No la encontramos.</b> Pero bueno, armé mi libro y después armé el otro libro y Paloma tiene mucho que ver con eso. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/WTC27DMLLFHQBHWR34EY7YTVQM.webp?auth=453e2e88411d7c7d93a604e6d7cb96b12a79331245593409f7de438306af6b18&smart=true&width=1440&height=806" alt="Juicio a las Juntas militares (TÉLAM)" height="806" width="1440"/><p>***</p><p>El otro libro, menos difundido que el de Betina, sostiene, se titula <i>Sergio clandestino en la Esma, </i>y lo publicó mucho más acá en el tiempo, en 2022. Ese<i> “</i>está más centrado en la historia de mi hermano”, cuenta. Con los libros, con los juicios y los 50 años de militancia en derechos humanos, siente que hizo algo parecido a un duelo, a un cierre.</p><p>En el medio de esa militancia, de la búsqueda exasperada, impotente, de Betina, <b>Daniel Tarnopolsky juntó sus pedazos</b>, se rearmó como pudo y construyó una vida. Se volvió a Francia después del levantamiento carapintada de Semana Santa del 87 por pánico a que volviera a instaurarse una nueva dictadura; a ese regreso lo llama su “autoexilio”. Esa vez no se fue solo: para entonces se había enamorado y casado en Buenos Aires. Del otro lado del océano tuvo dos hijos franceses y, por fin, en ese segundo destierro, construyó pertenencia en una sociedad en la que tanto tiempo se había sentido un extraño. Trabajaba de psicomotricista en diferentes hospitales, abrió un consultorio propio, su mujer trabajaba en la universidad, sus hijos iban a <i>l’école,</i> crecían felices, alquilaban una casa con jardín: les iba bien. </p><p>Vivieron 14 años como parte de la sociedad francesa hasta que en 2002, tironeados por las raíces, <b>decidieron volver</b>. Sus hijos tenían nueve y cinco años, y querían que continuaran creciendo en Buenos Aires, con abuelos y tíos maternos, con algunos primos paternos.</p><p>En Argentina dejó la psicomotricidad, se integró a la empresa que había cofundado su padre, que todavía estaba en pie, y trabajó ahí hasta que, junto a los socios, decidieron venderla. Luego se dedicó a una variedad de cosas: “inversiones inmobiliarias, en gastronomía, y música”. Desde que era un adolescente con guitarra, desde la musicoterapia antes del exilio, la música siempre había sonado dentro suyo, había sido refugio y también punto de fuga. Se reencontró con ella, esta vez, desde la religión, haciendo converger lo que le había permitido algo parecido a la sanación: comenzó a estudiar lírica y canto litúrgico judío, algo que ejerce hasta hoy: no todo el tiempo ni en cada servicio religioso, pero para algunas festividades judías clave como Rosh Hashaná (Año Nuevo) y Yom Kipur (Día del Perdón), canta en un templo de la comunidad.</p><p>Cuando volvió a volver, esta vez definitivamente —al menos hasta ahora—, por haber sido el primero en hacerle —y ganarle— un juicio a Massera como exfuncionario y no solo al Estado; por su historia atroz, paradigma salvaje del terrorismo de Estado; por su militcancia tenaz; porque a partir del 2003 los derechos humanos volvieron a ocupar un lugar preponderante en la agenda, Daniel empezó a aparecer en la prensa, se volivió una suerte de <b>persona pública</b>.</p><p>—Un día estábamos en el auto con mi hija y una amiga de mi hija, debían tener unos diez años, yo las traía del colegio a mi casa, y me llamaron de la radio. No me acuerdo qué había pasado, pero era por alguna situación específica, me hicieron una entrevista. Yo había vuelto a participar en todos los juicios que se estaban haciendo, iba a Comodoro Py tres veces por semana, porque si no me tocaba a mí, le tocaba a alguien. E íbamos, todo el tiempo. Entonces estacioné, me bajé, di una larga entrevista, pero no me di cuenta de que la radio había quedado prendida. Mi hija y su amiga estaban ahí escuchando todos los horrores que yo contaba. Y ya eran grandes, entendían. Entonces, cuando volví al auto me entraron a preguntar. Yo expliqué como pude y esta nena, la compañera del colegio de mi hija, dijo: “A mis abuelos les pasó lo mismo”. Resultó que era nieta de desaparecidos. Ese tipo de cosas pasaban de golpe al vivir acá. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/IPPVHZG5VPTDRS7434R2BRVIFI.jpg?auth=af4105bb045fea5061d7e5d60375eb0319a9d6fc1616969b7441a92b1c374335&smart=true&width=800&height=533" alt="Marcha por el 49 aniversario del golpe de Estado en la Plaza de Mayo, 24 de marzo de 2025 (REUTERS/Agustin Marcarian)" height="533" width="800"/><p>***</p><p>Hoy,<b> a 50 años del golpe</b>, a casi 50 años de la desaparición de su familia, después de haberles dedicado su vida, Daniel dice que está en un <i>break </i>con respecto a la militancia.</p><p>—La realidad es que en este momento no estoy activo en derechos humanos. Estuve muy activo hasta diciembre del 2020, tenía un cargo en la UNESCO representando a los organismos de derechos humanos. Y también soy parte del directorio de organismos de derechos humanos de la ESMA. Terminó ese ciclo, que había durado ocho años, en la UNESCO y pedí licencia, entre comillas, dije: “Necesito descanso. Hace demasiados años que estoy con esto”. Entonces no estoy participando activamente. Voy a las marchas, estoy al tanto de lo que pasa en la ESMA porque estoy rodeado de amigos y gente que está ahí todo el tiempo, y cada tanto me piden que vaya a algún colegio. Pero estoy bastante en retirada. Porque desde que volví a la Argentina, en el 2002, entré a militar sin parar. Y <b>necesito descansar. Necesito pensar en otra cosa</b>. Lo más importante para mí fue terminar el libro de mi hermano, que lo hice durante la pandemia, y eso fue cerrar algo porque había hecho el de mi hermana, con ayuda de Norma Kapelusz, y después decidí hacer este. Era: “Bueno, cierro haciendo el libro de mi hermano, ya cumplí. <b>Hice todo lo que tenía por hacer para ellos</b>”. </p><p>La necesidad es genuina. Por salud mental, espiritual y emocional. Ahora, se divide entre el canto lírico y otros proyectos como un centro turístico, con cabañas, que estructuró junto a su hijo en Mercedes, en una chacra que compró hace unos años. En el campo encuentra algo de paz frente al ruido interno y externo. Y también es, de algún modo, “volver a los orígenes”.</p><p>Pero aunque esté “en un <i>break</i>”, “en retirada” del activismo, como dice, <b>no se puede poner pausa a la memoria</b>. Está ahí, latiendo en la garganta, aunque queramos empujarla al abismo de los recuerdos. Archivarla para que no lastime. Anestesiarla para dormir el dolor.</p><p>Hoy, junto a la bandera que es símbolo con la imagen de los desaparecidos, habrá otra: una con treinta mil, <b>con más de treinta mil nombres bordados</b>, iniciativa del movimiento <b>Bordando luchas</b>, que expandió por todo el país la idea de registrarlos con hilos y unir todas las telas en un gran manto, una “manifestación textil, una marcha de colores para que no se los olvide”, definió Maria Claro, una de las impulsoras de la acción, en <i>Página 12</i>. Entre esa gigantesca trama de telas, en ese mar de hilos que dibujan memoria, están ellos: <b>Blanca Edelberg, Hugo, Sergio y Betina Tarnopolsky</b>.</p><p>Hoy, Daniel Tarnopolsky tomará un <i>break</i> de su <i>break</i>. Llegará temprano a reunirse con los organismos de derechos humanos, escogerá un sitio al frente de la bandera, junto a las Madres, las Abuelas, los H.I.J.O.S, como cada 24. Y gritará: ¡Presentes: ahora y siempre!</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/RPBGGPYHFZDT5M7IDSOUPQ7IBY.jpg?auth=3c8ebac34fbb5e8830f2970612a2fd9be22e332bef9e095dadbb5e3a06a01d6c&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[La familia Tarnoposlky, de izquierda a derecha: Sergio, Daniel y su padre, Hugo. En su falda, Betina, la menor. A su lado, su madre, Blanca Edelberg ]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Una monja francesa desaparecida y la pregunta que siempre quiso hacer su sobrina: “¿Cómo vas a vivir con esta masacre en tu corazón?”]]></title><link>https://www.infobae.com/sociedad/2026/03/24/una-monja-francesa-desaparecida-y-la-pregunta-que-siempre-quiso-hacer-su-sobrina-como-vas-a-vivir-con-esta-masacre-en-tu-corazon/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/sociedad/2026/03/24/una-monja-francesa-desaparecida-y-la-pregunta-que-siempre-quiso-hacer-su-sobrina-como-vas-a-vivir-con-esta-masacre-en-tu-corazon/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[El vínculo entre Genevieve Jeanningros con su tía Léonie Duquetellas, desaparecida de la Iglesia Santa Cruz en 1977, los juegos de la infancia, la vocación compartida, la búsqueda desesperada a la distancia, el encuentro con Astiz en los tribunales y el reclamo al entonces cardenal Bergoglio. La mujer reconstruye el secuestro y asesinato de la monja durante el terrorismo de Estado y la espera de una verdad que llegaría casi tres décadas después]]></description><pubDate>Tue, 24 Mar 2026 04:18:18 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/HH5XWLPZ65AT3IAOXTU4CWBVUM.jpg?auth=0032e1c2cce9566e2b330caab4410352f937cb810bf0215774303634b50d8937&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Genevieve Jeanningros, sobrina de Léonie Duquet, una de las monjas francesas desaparecidas durante la última dictadura y arrojada al mar en un vuelo de la muerte, recuerda a su tía y reconstruye su búsqueda (Captura de video) " height="1080" width="1920"/><p>“Arrepentite, porque ves que te equivocaste. Te equivocaste, hiciste el mal, pero ahora también podés arrepentirte. Porque si no, <b>¿cómo vas a vivir y cómo vas a morir con estas masacres en tu corazón?</b>”. </p><p>Eso quería decirle. Eso pensaba la francesa <b>Genevieve Jeanningros</b>, monja como su tía <b>Léonie Duquet</b>, quien fue detenida desaparecida, ferozmente torturada y arrojada viva al mar en un vuelo de la muerte, cuando vio a Alfredo Astiz en los tribunales argentinos en el año 2010. El gobierno de Néstor Kirchner había anulado las leyes de Punto Final y Obediencia Debida que le habían permitido la impunidad. Los juicios por crímenes de lesa humanidad brotaban en tierra fértil por todo el país.</p><p>Para ese momento Astiz ya había sido condenado a cadena perpetua en Europa. En Francia, en un juicio en ausencia en 1990, por <b>el secuestro y el asesinato de Alice Domon y Léonie Duquet </b>—caso conocido internacionalmente como el de “las monjas francesas”—. En Roma, en 2008, donde fue sentenciado junto a Jorge Eduardo “el Tigre” Acosta, Jorge Raúl Vildoza, Antonio Vañek y Héctor Antonio Febres, por la desaparición, tortura y muerte de tres inmigrantes calabreses —Ángela María Aieta, Susanna y Giovanni Pegoraro—. Luego recibiría más cadenas perpetuas nacionales y populares: en la Megacausa ESMA y en la denominada ESMA III. Durante el primero de estos procesos Genevieve, que ya había testificado en el juicio en Roma, lo vio. </p><p>—Lo que más me sorprendió es que cuando habló Astiz dijo que<b> había hecho todo eso para defender a la Argentina, creía que había salvado a la Argentina</b>. Yo me decía: “¿Pero qué has salvado? Has masacrado a tanta gente”. Luego, yo rezaba (porque nosotros estábamos detrás de un cristal, ellos estaban delante y lo veía bien). Rezaba porque me hubiera gustado cruzar mi mirada con la suya. También me hubiera gustado encontrarme con él a solas pero no se podía. Y entonces, tres veces, tres o cuatro, se giró y me miró fijamente a los ojos. Nuestros ojos se encontraron... Él sabía que yo estaba allí porque la prensa había dicho que estaba presente la sobrina monja de Léonie Duquet. Entonces enseguida me fijó la mirada. Era fría. Tenía una mirada helada.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/ZMSV2RXAYNGGXMP3K2GSIWAFSQ.jpg?auth=429e7880ed0ff0ddcabcc37b4bc92e6de1e856feb3346992a48560e84c6e1523&smart=true&width=1920&height=1399" alt="Alice Domon (derecha) y Léonie Duquet (izquierda) pertenecían a la Congregación de las Misiones Extranjeras de París. Habían llegado a la Argentina décadas antes del golpe a prestar servicios y ofrecer su fe a los más necesitados. Cuando irrumpió el terrorismo de Estado abrazaron a las Madres de Plaza de Mayo y se unieron a ellas en su búsqueda" height="1399" width="1920"/><p>*** </p><p>—¡Betty, nos llevan! </p><p>Eran cerca de las ocho de la noche del <b>8 de diciembre de 1977</b>. Un grupo de familiares de detenidos-desaparecidos conversaba en la puerta de la <b>Iglesia de la Santa Cruz</b>, ubicada en la calle Estados Unidos, en el barrio porteño de San Cristóbal. Habían ido a reunir firmas para una solicitada en la que pedían por sus seres queridos que iban a publicar dos días después en el diario<i> La Nación. </i>Entre ellos estaban dos de las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo, <b>Esther Ballestrino de Careaga y María Eugenia Ponce de Bianco</b>. También la monja francesa <b>Alice Domon, compañera de Léonie Duquet</b>: ambas venían de la misma región, “eran hermanas de la misma comunidad, pero también amigas” —dice Genevieve—. Ambas participaban de las vueltas a la Pirámide de Mayo con las Madres que habían nacido, paridas por esos hijos desaparecidos, hacía unos meses, ese año. Y, a veces, también se daban cita con ellas y otros familiares en la Santa Cruz: iban a misa y luego se reunían en el templo, donde les concedían un espacio al resguardo de los ojos cazadores de los militares que prohibían las reuniones grupales. Allí estaban a salvo. Eso creían.</p><p>—A ellas les daba tristeza ver a esas mujeres que habían perdido a sus hijos y no sabían dónde estaban. Porque si un hijo muere es muy doloroso… pero tienes su cuerpo, lo entierras, le das sepultura. Pero entonces estaba Astiz, que se hacía pasar por el hermano de uno de los desaparecidos. Y había una de las madres, no recuerdo cuál, a quien ese chico joven le recordaba a su hijo y ella se había enternecido con él. Las demás también porque, al fin y al cabo, los chicos desaparecidos tenían la edad de Astiz en aquel entonces —recuerda. </p><p>Entre las Madres de Plaza de Mayo y los familiares de desaparecidos, fingiendo ser <b>Gustavo Niño</b>, se había infiltrado el capitán de la Marina, Alfredo Astiz. Aquella noche había marcado con un abrazo a las personas que iban a ser secuestradas.</p><p>—Alrededor de las ocho nos fuimos retirando, para ir por la calle Estados Unidos. Y cuando no habíamos dado más de diez pasos vi a la señora de Cerruti que levantaba los brazos, la habían puesto contra la pared y me dijo, me llamó por mi nombre: ¡Betty, nos llevan! (...). Pude ver, al girar mi vista hacia la izquierda, que había un hombre armado con una pistola ametralladora. A mí me dio la sensación de que habían sido golpeadas, posiblemente en el estómago, porque no gritaban. Solamente sentí a la señora de Careaga que decía “Por qué”. “Por qué”, dijo dos veces, muy bajito.</p><p>Así narró Beatriz Aicardi de Neuhaus, una de las fundadoras de Abuelas de Plaza de Mayo, durante el <b>Juicio a las Juntas de 1985</b>, el secuestro en la Iglesia de la Santa Cruz, del que fue testigo.</p><p>Pero la operación que tenía por objetivo al grupo que se reunía en el templo no terminó ahí. Dos días después, <b>el 10 de diciembre</b>, los miembros del abominable grupo de tareas 3.3 que funcionaba en la ESMA, y del cual Astiz era parte, fueron por aquellas personas que el infiltrado había marcado pero ese día no se encontraban en la iglesia. Se llevaron a la principal impulsora de las Madres de Plaza de Mayo, <b>Azucena Villaflor de Devicenti</b>, cuando salía de su casa a comprar <i>La Nación</i> para ver la solicitada que habían publicado por los desaparecidos, y a <b>Léonie Duquet</b>. </p><p>—Léonie estaba en Ramos Mejía, en la parroquia en la que se alojaba —cuenta Genevieve—. Era una casita con una pequeña habitación y como no había párroco le habían ofrecido quedarse allí. Fueron a su casa y se la llevaron diciendo: “Tu compañera, Alice, está en el hospital, te llevamos con ella”. Pero no era verdad. </p><p>En la solicitada publicada aquel día, entre las firmas recabadas, aparecía el nombre que los había conducido al infierno: Gustavo Niño. Durante muchos años las agrupaciones de familiares pedirían por él como uno más entre los desaparecidos. </p><p>*** </p><p>Léonie Duquet —a quien también llamaban “Renée”— había llegado a la Argentina casi tres décadas antes del golpe, en 1949. Había nacido en la aldea campesina La Chenalotte, en una zona montañosa de Francia cerca de la frontera con Suiza, y se había unido de joven a la Congregación de las Misiones Extranjeras de París, que la había enviado al país del fin del mundo.</p><p>—Tengo pocos recuerdos de ella porque se fue en el 49 y yo tenía seis años, pero recuerdo que cuando venía a casa jugaba conmigo y con mi hermano. Todavía me veo a mí misma, teníamos la casa con las ventanas bastante bajas, saltábamos desde ahí al jardín y con ella era todo un juego. Era precioso. En 1949 ingresó en las Hermanas de Misión Extranjera de París y una de las fundadoras era argentina; entonces, si bien se dedicaban principalmente a la zona de Oriente, soñaba con llevar una comunidad a su país. Así es como se fueron —recuerda su sobrina, quien también se hizo monja siguiendo a su tía y porque su madre, fervientemente creyente, le había inculcado el amor por Jesús. </p><p>Una vez en Argentina, Léonie Duquet se radicó en Hurlingham y en Morón. <b>“Su sueño siempre fue estar con los más pobres”</b>, asegura Genevieve. </p><p>Mientras buscaba su lugar en el país austral, trabajó en una clínica y formó parte de un grupo liderado por el sacerdote Ismael Calcagno, <b>primo político de Jorge Rafael Videla</b>. Léonie Duquet tuvo el gusto con el futuro dictador de joven: ella se desempeñaba en una comunidad donde había personas con discapacidad entre las que estaba —la vida y sus paradojas— Alejandro Videla, <b>el hijo mayor del militar</b>. Había nacido en 1951 y padecía retraso madurativo, por lo que estuvo internado en la entonces Colonia Montes de Oca —institución de salud mental y discapacidad intelectual que actualmente es el Hospital Nacional y Comunidad Dr. Ramón Carrillo— en el partido de Luján. Videla lo mantenía prácticamente oculto. <b>Alrededor de 1955 Alejandro fue cuidado por Léonie Duquet</b>, que dictaba catequesis a personas con necesidades particulares.</p><p>También desarrolló diferentes tareas y colaboró con la comunidad mapuche en Neuquén, con enfermos de lepra y con Cáritas. Cuando irrumpió el golpe de Estado estaba instalada en el Gran Buenos Aires. Trabajaba en el Colegio Sagrado Corazón de Jesús de Castelar y brindaba catequesis en Ramos Mejía, donde se estableció.</p><p><b>“Callarse hoy sería cobarde”</b>, solía decir ante su actitud plantada frente a la defensa de los derechos humanos a partir del 24 de marzo de 1976. ​</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/IWWW6QLQZFBDFMEO6U77YRRPV4.jpg?auth=5069d6ee18e4e85cdd18c276b6d7ae733d181bad041d1a7758128ef691549600&smart=true&width=1920&height=2461" alt="Luego de ser secuestradas, Alice Domon y Léonie Duquet fueron llevadas a la ESMA donde las torturaron salvajemente. Al poco tiempo Francia empezó a reclamar por sus ciudadanas, y Massera quiso hacerle creer que habían sido secuestradas por Montoneros. Para eso les obligaron a escribir una carta y les tomaron una foto con una bandera del movimiento de lucha armada que enviaron a la prensa" height="2461" width="1920"/><p>***</p><p>“Buscá, tenemos que encontrarla. <b>¿Dónde está?</b>”.</p><p>La madre de Genevieve estaba desesperada. Las noticias de Argentina no demoraron en cruzar el océano y después de la desaparición del grupo de la Iglesia de la Santa Cruz <b>Francia se empezaba a preguntar por Alice Domon y Léonie Duquet</b>.</p><p>—Mamá no se tranquilizaba. Yo tengo un hermano, mi hermano mayor, Michelle, que estaba muy comprometido con los sindicatos y recopilaba muchos artículos de la prensa. Entonces mi mamá le pedía que buscara. Él tiene metros y metros de recortes de periódicos de ese período, lo que salía en Francia sobre Argentina. Francia había empezado a reclamar por eso es que desaparecieron enseguida. Porque ya se estaba creando un problema: el gobierno francés quería saber. Entonces montaron esta puesta en escena con los Montoneros para decir que habían sido ellos quienes las habían secuestrado, lo cual no era cierto. </p><p>Las doce personas que se reunían en la Iglesia de la Santa Cruz fueron llevadas al centro clandestino de detención que funcionaba en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA). Ante el inminente escándalo internacional que tenía a Francia erizado a la espera de una respuesta argentina, Emilio Massera decidió montar una pantomima y simular que las monjas habían sido secuestradas por Montoneros. Obligaron, bajo tortura, a Alice Domon a escribir una carta dirigida a su superiora en la congregación a la que pertenecían en la que afirmaba que habían sido secuestradas por una organización opositora a la dictadura de Videla. Para completar el envío les tomaron una foto en la que Alice y Léonie están sentadas delante de una bandera de Montoneros. En la imagen, capturada en el subsuelo del Casino de Oficiales de la ESMA, ambas aparecen con signos de tortura. Eso se envió a la prensa francesa.</p><p>El 15 de diciembre de 1977 el diario <i>La Nación</i> publicó un artículo titulado <b>“Vivas y con buena salud”</b>. En él se informaba que la Madre Superiora de la congregación había dicho, desde Francia, que las hermanas Léonie y Alice estaban detenidas pero “vivas y con buena salud”. Aclaraba, además, que la información provenía del Nuncio Apostólico en la Argentina.​</p><p>Para la verdad todavía faltaba. Pero después de finalizada la dictadura, cuando los sobrevivientes comenzaron a declarar para el informe <i>Nunca Más, </i>comenzó a dibujarse.</p><p>“Cayeron alrededor de diez o doce familiares, entre ellos la hermana francesa Alice Domon. Más tarde fue llevada también a la ESMA la hermana Rennée Duquet, de la misma congregación religiosa que la hermana Alice. A la hermana Renée la alojaron en ‘Capuchita’. Las hermanas Alice y Renée fueron salvajemente torturadas, especialmente la primera. La conducta de ellas fue admirable. Hasta en sus peores momentos de dolor, la hermana Alice que estaba en ‘Capucha’ preguntaba por la suerte de sus compañeros y, en el colmo de la ironía, en forma particular por el ‘muchachito rubio’, que no era otro que el Teniente de Fragata Astiz (quien se había infiltrado en el grupo haciéndose pasar por familiar de un desaparecido)”. “Las hermanas Alice y Renée fueron ‘trasladadas’ y, junto con ellas, los familiares secuestrados en la misma circunstancia”. (Testimonio de Lisandro Raúl Cubas, ex detenido-desaparecido).</p><p>Las vieron con vida, en la ESMA, hasta mediados de diciembre.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/JOJX23WCU5GPHNUJUPXEEUHFMI.jpg?auth=a0cdd261c3f51ffcfe0f30a54b0ad6e43c9c333fd8ee294f2f0e55ae3fd74fdb&smart=true&width=1920&height=2560" alt="Luego de que en 2005 el Equipo Argentino de Antropología Forense identificara los restos de su tía, Genevieve Jeanningros escribió una carta dirigida al entonces cardenal Bergoglio reclamando el silencio y la ausencia de la Iglesia ante los desaparecidos" height="2560" width="1920"/><p>***</p><p><b>El 20 de diciembre de 1977</b> el mar arrastró a la playa, a la altura del balneario de Santa Teresita, lo que no le pertenecía: <b>cadáveres que le habían sido arrojados días antes</b>. “Choque contra objetos duros desde gran altura”, era la causa de la muerte registrada por los médicos policiales que examinaron los cuerpos. Sin más, <b>fueron enterrados como NN</b> en el cementerio de la ciudad de General Lavalle. Ahí esperarían casi tres décadas hasta revelar su identidad gracias al trabajo del <b>Equipo Argentino de Antropología Forense </b>(EAAF). </p><p>—Su cuerpo fue enterrado en una fosa común junto con los que habían aparecido en la playa de Santa Teresita. De esto nos enteramos después, <b>en 2005.</b> En 2003 Néstor Kirchner llegó al Gobierno y quiso que se reabrieran las fosas comunes. Entonces vinieron los antropólogos forenses que hicieron muchas investigaciones y abrieron esta tumba. Porque había habido algunas madres que quizá tenían dudas sobre esta aparición, que fue a pocos días de la desaparición, en la playa. El que era el responsable de los antropólogos forenses nos dijo: “Yo soy ateo, pero para mí fue un milagro”, porque era más fácil identificarlas ya que eran personas adultas. La mayoría [de los desaparecidos] eran jóvenes, y allí: mi tía tenía 61 años, las otras madres tenían entre 50 y 55 —dice Genevieve. </p><p>Fue entonces cuando el EAAF le pidió a Michelle, su hermano, que se sacara sangre para contrastar el ADN con los restos encontrados. </p><p>—Un día lo llamaron porque el ADN era un 99,98 % igual al fragmento de huesos que habían encontrado allí. Y como Scilingo había explicado esto de <b>los vuelos de la muerte</b>, cuando hizo una declaración, enseguida se resolvió. Cuando fuimos a ver a los antropólogos, habían colocado la bandera argentina sobre una mesa y habían reconstituido el cuerpo, el esqueleto. Y entonces decían: “Mirá, aquí, son fracturas que sufrieron cuando fueron arrojadas desde el avión al mar”, porque<b> los huesos se destrozaban</b>.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/AD2F4ZJUENEDDDJQN23QDTZG7U.jpg?auth=683d62cb8943ebef23e7ba389f81cb1e729aee84a9f7c44255d0bde9efcb6ac6&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Cuando, a partir del 2003, volvieron a abrirse las fosas comunes y el EAAF comenzó a investigar, halló los restos de los cuerpos aparecidos en diciembre del 77 en las playas de Santa Teresita. La prueba de ADN de Michelle, el hermano de Genevieve, arrojó una correspondencia de 99,98 % con los fragmentos de huesos encontrados (Prensa EAAF)  " height="1080" width="1920"/><p>***</p><p>El funeral fue el 25 de septiembre de 2005, en Buenos Aires. El Gobierno francés quería repatriar los restos pero la familia se opuso.</p><p>—Normalmente las monjas, cuando morimos, somos enterradas allí donde fallecemos. Pero además dijeron: “Ella dio la vida junto a sus amigas y tiene que estar con ellas”. </p><p>Genevieve no quería asistir al funeral: tenía miedo de que la sobrepasara la emoción, y algo de pudor porque sentía que había seguido los sucesos desde lejos. Lo que no hizo fue quedarse callada frente a la institución a la que le había prometido y le entregaba su vida, así como lo había hecho su tía.</p><p>—<b>Sufrí por la desaparición de mi tía, pero también sufrí por el silencio de la Iglesia</b>. Y me dije: esto tengo que decirlo. Y entonces, era en septiembre el funeral, en octubre el cardenal Bergoglio vino a Roma para el sínodo de los obispos. Y le escribí; pero todavía estaba enojada así que no escribí una carta amable. Le dije que no entendía la postura de la Iglesia; que el Evangelio es para todos, pero sobre todo para los pobres. Se la llevé al Vaticano, ya que estaba allí para el sínodo, y le había puesto mi número de teléfono. Y esa misma noche me llamó. Cuando respondí empecé a pensar: “¿Pero qué he hecho? ¡Le grité a un cardenal, cómo se me ocurre!”. Y entonces me dijo: “Gracias por su carta. Quería decirle que, de todos modos, habíamos dado la autorización para enterrarlas en la Iglesia de la Santa Cruz. Y pensaba que con eso bastaba”. Le dije que no, porque todavía estaba enfadada, no bastaba: “La gente ha sufrido demasiado. Y ustedes tienen que estar presentes en estas ocasiones, cuando se pueda” —Genevieve evoca el diálogo con quien se tranformaría en un gran amigo—. Hubo un momento de silencio, luego me dijo: “Gracias, hermana, así es como se habla entre hermanos y hermanas”. “Pero no quisiera que pensaran que esto me era indiferente, porque tenía una gran amiga, Esther Careaga, que desapareció con su tía. Siempre he seguido esta historia desde cero”.</p><p>***</p><p>—Quien ha perdido a alguien siempre espera que vuelva, hasta que no te dicen que está muerto —asegura Genevieve—. Y nosotros esperábamos siempre. </p><p>Y aún así, en los tribunales de 2010, mirándolo fijo tras un cristal, rezaba por ese que había sido un joven “rubito” de ojos azules, en el que las madres veían a sus hijos. Ese que había sido su condena.</p><p>“Arrepentite”. “Porque si no, <b>¿cómo vas a vivir y cómo vas a morir con estas masacres en tu corazón?</b>”. </p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/IWWW6QLQZFBDFMEO6U77YRRPV4.jpg?auth=5069d6ee18e4e85cdd18c276b6d7ae733d181bad041d1a7758128ef691549600&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=2461" type="image/jpeg" height="2461" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Luego de ser secuestradas, Alice Domon y Léonie Duquet fueron llevadas a la ESMA donde las torturaron salvajemente. Al poco tiempo Francia empezó a reclamar por sus ciudadanas, y Massera quiso hacerle creer que habían sido secuestradas por Montoneros. Para eso les obligaron a escribir una carta y les tomaron una foto con una bandera del movimiento de lucha armada que enviaron a la prensa]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Cadáveres en las calles, militares autoproclamándose salvadores de América y el país, una lágrima: Argentina a dos días del golpe]]></title><link>https://www.infobae.com/sociedad/2026/03/22/cadaveres-en-las-calles-militares-autoproclamandose-salvadores-de-america-y-el-pais-una-lagrima-argentina-a-dos-dias-del-golpe/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/sociedad/2026/03/22/cadaveres-en-las-calles-militares-autoproclamandose-salvadores-de-america-y-el-pais-una-lagrima-argentina-a-dos-dias-del-golpe/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[A 48 horas de que la Junta Militar terminara de extinguir la democracia, las noticias de los diarios seguían naturalizando la violencia, ocultando a sus responsables y mostrando a los miembros de las Fuerzas como los futuros héroes de la patria, los que vendrían a acabar con el terrorismo que ellos mismos impulsaban en las sombras. El accionar de la Triple A y sus socios diseminados por el país y el asesinato a Néstor Del Río en Bahía Blanca]]></description><pubDate>Sun, 22 Mar 2026 04:23:30 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/NE54BVGLTBHCRHE2M66ZIEXPNY.jpg?auth=fb11a33cc96637cd3d5ec96b77b5b7d5157c2d8587de5d73dd0cfd2141d990a6&smart=true&width=1920&height=1080" alt="A dos días del golpe, el oficialismo estaba prácticamente desintegrado. Aún así, seguía buscando maneras de sobrevivir: el peronismo era instado a formar un nuevo frente federal, y desde el gabinete de Isabel buscaban diseñar un nuevo plan económico que hiciera frente a la crisis. Aunque ella ya estaba acorralada" height="1080" width="1920"/><p>“Tiroteos entre policías y extremistas”, “Halláronse otros seis cadáveres”, “La búsqueda de acuerdos para hacer viable un plan económico”. “Leigh refirióse al papel de las FF. AA.”, “Asilados políticos en Montevideo”, “Detienen en La Plata a un dirigente gremial”. “Proponen al peronismo formar otro frente”. “Una propuesta para superar la crisis”, “Refirióse una entidad a la situación del país”. “Secuestraron en Córdoba a una mujer”.</p><p>Los titulares del diario <i>La Nación</i> del<b> 22 de marzo de 1976</b>, cuando solo faltaban dos días para que las Fuerzas Armadas lideradas por Videla, Massera y Agosti derrocaran a María Estela Martínez de Perón y embistieran a la democracia y a sus instituciones, daban pistas de que la olla a presión estaba a punto de estallar. Quizás no todos, o no muchos o muy pocos, o casi nadie sospechaba de que el Ejército, la Marina y la Fuerza Aérea estaban utilizando todo el aparato estatal para crear un submundo clandestino, el <i>Upside Down </i>infernal en el que <b>desaparecerían a miles de personas</b> de un país en llamas que empezaría a vivir entre la censura, la complicidad, el terror y la clandestinidad.<i> </i></p><p>“Blanca y celeste aunque nos cueste”, atravesaba una doble página ese lunes una bandera argentina firmada por la Liga Pro Comportamiento Humano, mientras el periódico contaba que ese comportamiento no abundaba por esos días en este suelo, más bien todo lo contrario.</p><p>Durante la madrugada, en La Plata, habían resonado “dos violentos y prolongados tiroteos” entre la policía y miembros de las agrupaciones de lucha armada, llamadas por los medios hegemónicos —así lo harían durante todo el terrorismo de Estado— “elementos extremistas” —a veces “elementos subversivos”, a veces ambos—. Las noticias están repletas de “armas largas”, “ametralladoras”, “escopetas Ithaca”. Bombas que explotan frente a sitios que representan capitales extranjeros o nacionales o están envueltos en conflictos gremiales. Cadáveres cosidos a balazos en diferentes puntos del país. </p><p>El 22 de marzo traía <b>cuerpos aparecidos en Bahía Blanca, en San Vicente, en el río Luján, en Don Torcuato, en Avellaneda</b>. “Otro cuerpo acribillado”, “Uno más”, rezaban los subtítulos que informaban de los diferentes hallazgos. <b>No hay responsables por estas muertes en las noticias</b>: siempre tienen heridas de bala y “la policía está investigando” o “procura identificarlos”. Cuando alguien ve un poco más se lo llevan “individuos encapuchados”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/ASKF3VCQQJFY3EMGQ2XPYJRBFE.jpg?auth=d0db9b66ff825c7ed748b5fdbe66683535c3ff5774e9235455ee6960462a7bc1&smart=true&width=3072&height=4096" alt="Los títulos de La Nación del 22 de marzo de 1976 mostraban la violencia que crecía en las calles como hiedra. Las noticias hablaban de enfrentamientos entre policías y extremistas pero desconocían a los responsables de los cadáveres que aparecían agujereados a balazos por todo el país  " height="4096" width="3072"/><p>Mientras, en un Chile ya azotado por la dictadura, el comandante de la Fuerza Aérea y miembro de la Junta Militar de ese país, Gustavo Leigh, aseguraba que los gobiernos militares en la región surgían como <b>“las fuentes últimas de reserva moral en sociedades que han visto descomponerse a la mayor parte de sus líderes naturales”</b>. Y que “sobre los hombres de armas recae, pues, la responsabilidad de ser el soporte principal de la sociedad libertaria del futuro, en países hermanos que hoy debemos unir nuestro esfuerzo ante un adversario y un desafío que nos son comunes”. Poco antes, Pinochet había lanzado una arenga a las naciones del continente para que se le unieran en la lucha contra el comunismo.</p><p>En la Embajada de México de otra tierra vecina, en una Montevideo también maniatada por una dictadura, comenzaban a acumularse los exiliados argentinos que buscaban asilo político. A los que <i>La Nación</i> definía como <b>“un número no precisado de personas, presuntamente de filiación comunista”</b>. Y<i> El país,</i> de Uruguay, como “oportunistas” que aprovechaban la situación para decirse perseguidos y así viajar gratis con gastos cubiertos. Este diario también aseguraba que, según el Ministerio de Relaciones Exteriores, esas personas podían viajar libremente y circular por todo el territorio nacional sin necesidad alguna de asilo. Se les olvidó aclarar: “Si no eran secuestradas antes y sobrevivían”. </p><p>También mientras tanto, el peronismo era instado a formar una nueva alianza federal con partidos afines “para fortalecer su frente interno” y evitar “que esas estructuras políticas provinciales puedan ser copadas ‘en el orden nacional por grupos extremos o advenedizos’”, dado que “el FREJULI, como tal, prácticamente no existe”. </p><p>El oficialismo —lo que quedaba— se extinguía como Superman frente a una dosis de kriptonita. El equipo económico del Gobierno daba manotazos de ahogado e intentaba “elaborar <b>un programa de saneamiento</b>” para el que buscaba apoyo. El “plan viable” en medio de una situación inviable debía contener “severas medidas de austeridad; particularmente en el sector público pero en realidad en toda la actividad económica” y “paralelamente”, “como compensación”, “elementos de reactivación, como inversiones públicas seleccionadas”. Contemplando ajuste y a la vez una necesaria flexibilidad en las medidas para que no terminara de desbarrancar la sociedad ya pateando piedritas al abismo, proponían conformar, para fines de esa semana, una comisión con representantes de diferentes sectores que actuaría como una suerte de asesora del gabinete. </p><p>Aclaraba <i>La Nación</i>: “En el Gobierno se descuenta la cooperación de las Fuerzas Armadas en este intento (la sola enunciación del propósito, es obvio, descarta la tesis de una posible discontinuidad institucional), pero no existe idéntica certeza con respecto al apoyo sindical y empresario; se asegura, no obstante, que sectores amplios de uno y otro campo brindarían su asentimiento”. No llegarían. <b>Poco importaría nada dos días después</b>. </p><p>Así las cosas, cuando hasta el periodismo le soltó la mano y se anunciaba intimidado y amordazado por los restos del Ejecutivo. Cuando actores como Fernando De la Rúa, entonces senador nacional del radicalismo, decía en actos públicos que “el pueblo ni es culpable de la ineptitud de un Gobierno que lo defraudó ni de la corrupción que corroe la economía” y acusaba de esa corrupción a organismos estatales y acciones impulsadas por Isabel y su brujo fiel, López Rega, como la Cruzada por la Solidaridad —una organización creada con fines de beneficencia por la cual ambos fueron demandados en una causa de malversación de fondos—. Cuando enfatizaba: “Es increíble que la presidente que proclama su afición a los látigos, ni quisiera desmienta que su exministro y principal consejero, López Rega, siga alojado en su quinta madrileña, prófugo de la Justicia”. Cuando todo esto henchía al país como un globo en el límite de su capacidad, Isabelita asistía a misa en la capilla dentro de la residencia de Olivos. Quizás a darse baños de agua bendita para expiar sus pecados. Quizás a rezarle a sus santos o a sus brujos, quién sabe: a pedir que alguien la ayude. Que alguien la saque de allí. </p><p>Quizás nunca había oído el proverbio que advierte: <b>“Cuidado con lo que deseas”</b>.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/AL5DCU6B7FBLDB7D32SMHMJAJY.jpg?auth=9c32b3dd5ccf8090204c3eac4c2e92eca822e363e2aa03a7defb61ee7a7417bb&smart=true&width=1920&height=1073" alt="Cuando en 1974 Perón echó a los Montoneros de la Plaza llamándolos "imberbes" e "infiltrados", produjo una ruptura definitiva con la izquierda del movimiento a la que, desde el año anterior, el Gobierno había mandado a combatir. Para eso López Rega había creado los escuadrones de la muerte de la Triple A desatando una ola de violencia que iba a escalar de manera feroz" height="1073" width="1920"/><h2>“Halláronse otros seis cadáveres”<b> </b></h2><p>De todas las noticias que traía el diario el 22 de marzo de 1976, quizás la que debía ser una de las más impactantes, sino la más, <b>los seis cuerpos hallados en diferentes puntos de la Provincia de Buenos Aires</b>, era un hecho que, para entonces, se había vuelto tan usual como la crisis económica y la muerte del peronismo o del isabelismo en el poder. </p><p>Desde 1973, con el fin de la proscripción y, más aún, con la victoria de la lista encabezada por Perón - Martínez de Perón que había puesto a López Rega en el cargo de ministro de Bienestar Social y responsable de combatir y eliminar a la izquierda peronista y a la izquierda a secas, <b>el brujo faldero de Isabelita había echado a andar un brazo parapolicial y paraestatal asesino: la Alianza Anticomunista Argentina (AAA)</b>. Eran los encargados, bajo sus órdenes, de practicar el gran truco de la desaparición y eliminación de personas.</p><p>Dos días después del triunfo peronista en las urnas, una célula de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) había asesinado a José Ignacio Rucci, secretario general de la CGT. Perón llamó a una reunión con su gabinete, gobernadores, vices y otros miembros de su círculo. Hablaron de “agresiones marxistas” y de la infiltración que debían subsanar. Invitó a los militantes de derecha a <b>“participar activamente”</b> de esa lucha. Firmaron un documento como sello de ese pacto de caballeros. Y, a continuación, López Rega hizo lo suyo para poner la operación de exterminio en marcha.</p><p>Para eso contó con el apoyo de la CIA y de la logia anticomunista <b>Propaganda Due</b>, de la que era miembro —conocida como “P2” e integrada por personajes como Licio Gelli (un italiano que había apoyado a Mussolini, a Franco, y había vivido en Argentina) y el futuro dictador, Emilio Massera. </p><p>Con sede en el Ministerio de Bienestar Social —desde donde el Brujo desvió fondos para montarlo y equiparlo— el escuadrón encargado de aterrorizar, secuestrar y asesinar a toda persona a la que creyeran de izquierda, marxista, comunista o les cayera antipática operó “oficialmente”, con su firma, <b>desde fines de 1973</b>. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/2D3LBRQFJVBPLNFU23HJMZBA6I.jpg?auth=360863a9c9d2c1441a91f01e10030b2f4c79b1437d2f40223ac64c07194d29e0&smart=true&width=1920&height=2834" alt="López Rega junto a Rodolfo Almirón, uno de los líderes de la Triple A" height="2834" width="1920"/><p>Dividida en células, y<b> bajo las órdenes de López Rega y del comisario de la Policía Federal,</b> <b>Alberto Villar</b>, la Triple A fue detrás de artistas, religiosos, intelectuales, políticos, estudiantes, trabajadores, sindicalistas. </p><p>Al comienzo solo operaban en grupos al mando de los hombres cercanos al ministro de Bienestar Social, como Villar y Rodolfo Eduardo Almirón. Después se reprodujeron por fuera de la Ciudad de Buenos Aires: <b>se expandieron a la provincia y se crearon nuevos escuadrones, también bajo las órdenes de López Rega, en diferentes puntos del país</b>. </p><p>En Córdoba, por ejemplo, actuaba el<b> Comando Libertadores de América</b> —llamado también Escuadrón Libertadores de América o Grupo Interrogador de Detenidos—. Esta célula era conducida por oficiales del Ejército y actuaba con los mismos objetivos y modos que la Triple A. Era, más bien, una extensión de este grupo. Sus miembros eran principalmente militares y, en menor medida, policías, delincuentes comunes y lúmpenes. </p><p><b>Capitaneado por Héctor Pedro Vergez y agentes de Informaciones de la Policía de Córdoba</b>, el periodo de mayor crudeza y salvajismo de esta célula inició en la segunda mitad de 1975 y se extendería meses después del 24 de marzo del 76, con secuestros, torturas y muertes a mansalva. ​</p><p>Al comienzo, sus ataques y atentados regaban cuerpos en las calles y veredas de las ciudades cordobesas. Pronto contarían con <b>su propio centro clandestino de detención</b> a disposición, <b>“La Perla”</b>, el que sería el más grande de esa provincia. Una vez este sitio estuvo en actividad, los restos de sus víctimas ya no aparecieron.</p><p>Otro modo de extender el radio de acción de la Triple A y optimizar recursos, fue mediante la unión o el refuerzo de grupos parapoliciales ya existentes, brindándoles protección y facilitándoles la operación logística y de inteligencia. Ese fue el caso de la igualmente siniestra <b>Concentración Nacional Universitaria (CNU)</b>, en Mar del Plata, comandada por personajes como Carlos Alberto Disandro, Patricio Fernández Rivero, Ernesto Piantoni, Raúl Viglizzo, Gustavo Demarchi y Héctor Corres.​</p><p>La CNU había nacido en 1971, desde la derecha peronista. Con base en la Feliz y en la ciudad de La Plata. Se proclamaban fascistas, peronistas y en pie de lucha, al igual que las demás, contra la izquierda, el marxismo, el comunismo y todo lo que oliera o se viera parecido. Cuando apareció la Triple A, en el 73, <b>sus miembros se fusionaron</b>. Y a partir del 24 de marzo del 76 varios pasarían a integrar o colaborar con los grupos de tareas organizados por la dictadura. La CNU ejecutó asesinatos y ataques violentos, a punta de pistolas y fusiles, en las universidades.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/TKFJ53KUMNDYTK63KUFGCGDQMA.jpg?auth=8e188b7d365adf4eb4ddd76df19b95a490c384fa61677af7c700c545a0d06a13&smart=true&width=1920&height=1167" alt="La CNU fue anunciada el 7 de agosto de 1971 en un acto en el Teatro Alberdi de Mar del Plata. Sus principales dirigentes eran Ernesto Piantoni, Gustavo Demarchi y los estudiantes de derecho Raúl Viglizzo y Oscar Héctor Corres​, quien también era policía y aparece como el nexo con Carlos Alberto Disandro y Patricio Fernández Rivero, que encabezaban la conducción en La Plata" height="1167" width="1920"/><p>Las células terroristas fueron mutando y <b>añadiendo métodos a su menú de tortura y aniquilación</b>. Muchas veces las personas eran arrestadas en su domicilio o en la vía pública por hombres que exhibían credenciales policiales, con o sin uniformes, para luego aparecer cosidas a balazos. En otras oportunidades eran trasladados, encapuchados y esposados, en camionetas que rezaban: “Ministerio del Interior” o “Sec. Inteligencia”. Los llevaban al Ministerio de Bienestar Social y allí los torturaban, los golpeaban o les aplicaban picana eléctrica. Estas técnicas, los secuestros y desapariciones forzadas, se volverían las estrategias represivas paradigmáticas y cotidianas a partir del golpe de Estado del 24 de marzo del 76. </p><p>En el repertorio también se incluyeron bombas, fusilamientos, violaciones y asesinato de las mujeres de los blancos principales. El exterminio de familias completas a modo de “escarmiento”. Era más que la entrada en calor para lo que vendría poco —muy poco— después. </p><p>Entre 1973 y 1976 estos escuadrones de la muerte <b>asesinaron a mil o dos mil personas</b> —no existe cifra exacta porque a nadie le interesó saber—. Los seis cadáveres que enumeraba <i>La Nación</i> el 22 de marzo bajo subtítulos como “Otro cuerpo acribillado”, “Uno más”, estaban entre ellos. Para decepción de todos, o de muchos, o de algunos, no era sorpresa de nadie, o de casi nadie. </p><p>Eran <b>cinco hombres y una mujer</b>, habían sido hallados “en las últimas horas”, eran “víctimas de atentados, en diversos lugares del Gran Buenos Aires”. En San Vicente, los cuerpos de dos hombres jóvenes aparecieron en un camino de tierra con “numerosas heridas de bala” y las manos atadas en la espalda. En Tigre, en una de las riberas del río Luján, un hombre de unos 45 años y una mujer de unos 25 con “varias heridas de bala de diversos calibres”. En Don Torcuato, entre la Panamericana y la calle Belgrano, un hombre joven “con heridas de escopeta Ithaca y en estado de descomposición”. En Avellaneda, en un baldío, un hombre “con numerosos impactos de bala”. En todos los casos “la policía procura identificarlos”. <b>Lo que no dice el diario es que la policía hacía parte de los asesinos</b>. </p><p>De esa nueva tanda de muertos encontrados, sobresale el último del que habla <i>La Nación</i> con el subtítulo: “Asesinan a un internado”. Lo que había sucedido en <b>Bahía Blanca</b>, una de las localidades en las que la represión cosechó fieles y operó con fiereza desatada y sobredosis de plomo, era esto: cinco “individuos” encapuchados —estos, para el diario, no eran extremistas, ni locos, ni elementos subversivos, solo individuos— entraron por la fuerza a un hospital, redujeron al personal de guardia y asesinaron a un hombre que estaba internado. Y, como estaba internado, acá sí hay nombre. La víctima era “<b>Néstor Del Río</b>, argentino, de 37 años, <b>empleado no docente de la Universidad Nacional del Sur</b>”. Estaba en el Hospital Municipal, malherido y convaleciente, porque días antes “un grupo de desconocidos intentó secuestrarlo en su domicilio del barrio Comahue”. Los vecinos habían salido a socorrerlo y evitaron que se lo llevaran, aunque no que antes lo golpearan y lastimaran. En la madrugada del 22, los matones del pueblo se metieron en el hospital para finalizar lo que habían empezado.</p><p>Los “individuos”, “desconocidos”, “encapuchados”, <b>mataban a destajo</b>: a quien quisieran, a los testigos casuales, a quienes les ordenaban y a quienes no pero ya que estamos, también. Después, sus colegas, a los que en muchos casos respondían, los integrantes de las Fuerzas Armadas, se paraban frente a los micrófonos y las cámaras a decir que eran la última reserva moral del continente, que el terrorismo y la violencia estaban descontrolados y que hacía falta tomar medidas drásticas. De hierro. Cortar de raíz.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/4EV3OXUBMBE6PLYN6W4NP47IAM.jpg?auth=e07fb62a9669253ab9bf316dbb7012f00f7e319b8f8b2e7bd2e0f6643f4bd6e0&smart=true&width=1920&height=1080" alt="López Rega e Isabel Perón" height="1080" width="1920"/><h2>El asesinato de Néstor Del Río a manos de la Triple A y una justicia que llegaría 36 años después</h2><p>La madrugada del 17 de marzo de 1976 Pablo Del Río, hijo mayor de Néstor Del Río, se despertó sobresaltado, como arrancado de un sueño.</p><p>—Pedazo de hijo de puta.</p><p>El elogio era para su padre. Lo estaban secuestrando.</p><p>Mariela Andrea Del Río, la hija del medio, despertó con el sonido de una explosión, escuchó tiros, gritos, y vio la puerta de su casa rota y cómo su padre era llevado a la rastra mientras su madre y su hermanita de apenas meses, lloraban.</p><p>Desde 1974 <b>Bahía Blanca era tierra caliente</b>: sectores de la derecha peronista y de la Universidad Nacional del Sur (UNS) actuaban en colaboración con la Triple A y algunos sectores gremiales en <b>la persecución de docentes, estudiantes y sindicalistas de izquierda</b>, bajo el ala —de hecho, con el impulso— del Gobierno nacional.</p><p>Aquella madrugada había habido varias operaciones terroristas en la ciudad. Entre ellas, le había tocado el turno a los monoblok del barrio Comahue, donde vivían varios miembros de la comunidad universitaria. Después de ingresar a la fuerza al departamento de Carlos Gregorio Martiarena, licenciado en Economía y profesor de la UNS —quien no estaba en su casa— e irse dejando a su mujer aterrorizada, cerca de las 2:45, un grupo armado irrumpió en el número dos del monoblok 6, donde vivía la familia Del Río. Se identificaron como <b>“personal de Interfuerzas”</b> y arrancaron a Néstor de su cama y de su casa. Como oponía resistencia y el tole tole había empezado antes en el departamento del profesor, los vecinos salieron en su ayuda y lo protegieron. La patota no tuvo más opción que desistir. Lo tiraron en una zanja, inconsciente y malherido. Poco después era trasladado al Hospital Municipal, donde lo internaron en Neurocirugía.</p><p>Néstor Del Río trabajaba en la Universidad Nacional del Sur desde los 25 años. Había ingresado en 1964 como obrero y personal de maestranza del Departamento de Química e Ingeniería Química y, con los años, había desempeñado diferentes puestos. Además de su trabajo como no docente, en la universidad <b>defendía los derechos laborales de sus compañeros y compañeras</b>. Su participación en los paros, reclamos y actividades del gremio le habían valido apercibimientos en diferentes ocasiones. </p><p>Su compromiso con la actividad gremial lo condujo a integrar la Comisión Directiva de la Asociación de Trabajadores de la Universidad Nacional del Sur (ATUNS), <b>lo que lo colocó en la mira de la Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires (DIPPBA)</b>. Su nombre comenzó a aparecer, en los informes de este organismo, asociado a la Juventud Universitaria Peronista, a Montoneros y al Partido Comunista.</p><p>En abril de 1975 Néstor José Del Río, su mujer y medio centenar de trabajadoras y trabajadores no docentes fueron cesanteados de la universidad por una resolución del rectorado. Aunque gracias a la lucha de una nueva Comisión Directiva de ATUNS, apoyada por la CGT, lograron que en el mismo mes se los reincorporara. Del Río, como sus compañeros, <b>ya estaba marcado</b>.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/Y57MRMEJSJGARIOEZWFGRUF2GE.jpg?auth=54c8d53846a7f529c5fb41f98f976c18e85e858ebe776cb0671f1412cf4e8f78&smart=true&width=3072&height=4096" alt="Tapa del diario La Nación del 22 de marzo de 1976, a solo dos días del golpe" height="4096" width="3072"/><p>Cuando llegó herido al Hospital Municipal el 17 de marzo del 76, después del intento de secuestro, lo revisó un médico policial bajo orden judicial: tenía un fuerte golpe en la cabeza causado “con un elemento contundente” y pérdida de conocimiento. </p><p>Cuatro días después, <b>el 21 de marzo</b>, cuando empezaba a reponerse de las heridas, dos personas con la cara tapada irrumpieron en el hospital a la madrugada, redujeron a los médicos y enfermeras de guardia, las obligaron a conducirlos hasta Néstor Del Río y a tirarse al piso. Después, el estruendo de las balas. La huida. Habían ido a terminar lo que los vecinos que lo protegieron no les habían permitido hacer días atrás.</p><p>La Policía hizo la mímica de actuar en consecuencia: redactó un sumario, lo trasladó al juez </p><p>en lo Penal, Francisco Bentivegna, quien caratuló la causa como <b>“homicidio calificado, privación ilegítima de la libertad, intimidación pública, violación de domicilio y agresión”</b>. A dos días del golpe el caso sería trasladado de tribunal y, poco después, con la dictadura reinando a punta de picana y bala, sobreseído de forma provisional, es decir: se detuvo dejando abierta la posibilidad de reabrirlo en algún momento.</p><p>Ese algún momento llegaría una década después. La justicia demoraría aún más.</p><p>En 1985, con la democracia de vuelta en este cielo, se reabrió la causa en el Juzgado Federal N°1, pero en 1987 el juez se declaró incompetente y la remitió al Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, como lo estipulaban las leyes del Código de Justicia Militar. </p><p><b>Treinta y seis años después de su muerte llegaría la justicia real para Néstor José Del Río, cuando finalizó, en 2012, el primer juicio por delitos de lesa humanidad en Bahía Blanca</b>.</p><p>La sentencia de la Causa N° 982, con carátula “Bayón Juan Manuel y otros s/privación ilegal de la libertad agravada, reiterada, aplicación de tormentos reiterada, homicidio agravado, reiterado a Bombara, Daniel José y otros en área del Cuerpo Ejército V”, condenaba al Jefe del Departamento III de Operaciones del Comando V de esa ala de la Fuerza, el teniente coronel <b>Juan Manuel Bayón</b>, a <b>prisión perpetua </b>por considerarlo “coautor mediato” de una larga lista de delitos —como “privación ilegal de la libertad agravada por el empleo de violencia con tormentos”— infligidos a una larga lista de víctimas. Y en el caso de Néstor Del Río —y otros— por “homicidio calificado por alevosía, haber sido cometidos con el concurso premeditado de dos o más personas y con el fin de lograr la impunidad”.</p><p>En ese juicio se investigaron los crímenes de lesa humanidad perpetrados a <b>noventa personas</b> en Bahía Blanca, la mayoría de ellos militantes de Montoneros, de la Juventud Peronista (JUP) y la Unión de Estudiantes Secundarios (UES). El tribunal que dictó sentencia condenó a <b>once miembros del Ejército</b> y a <b>tres integrantes de la Policía Federal</b> a <b>cadena perpetua</b>; y a 17 y 18 años de prisión a otros dos imputados por su responsabilidad en los delitos de privación ilegal de la libertad, aplicación de tormentos y homicidios.</p><p>Pero para el 22 de marzo de 1976 nada de esto —la causa, la justicia— había comenzado. La impunidad se relamía los bigotes mientras esperaba, ansiosa, otro comienzo.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/NE54BVGLTBHCRHE2M66ZIEXPNY.jpg?auth=fb11a33cc96637cd3d5ec96b77b5b7d5157c2d8587de5d73dd0cfd2141d990a6&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[A dos días del golpe, el oficialismo estaba prácticamente desintegrado. Aún así, seguía buscando maneras de sobrevivir: el peronismo era instado a formar un nuevo frente federal, y desde el gabinete de Isabel buscaban diseñar un nuevo plan económico que hiciera frente a la crisis. Aunque ella ya estaba acorralada]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[El primer pedido de extradición de un brujo experto en el arte de desaparecer: cuando a López Rega se le rompió el hechizo]]></title><link>https://www.infobae.com/sociedad/2026/03/05/el-primer-pedido-de-extradicion-de-un-brujo-experto-en-el-arte-de-desaparecer-cuando-a-lopez-rega-se-le-rompio-el-hechizo/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/sociedad/2026/03/05/el-primer-pedido-de-extradicion-de-un-brujo-experto-en-el-arte-de-desaparecer-cuando-a-lopez-rega-se-le-rompio-el-hechizo/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[El 5 de marzo de 1976, a 19 días del golpe, la Cámara de Diputados pidió la captura del exministro de Bienestar Social. El exprotegido de la aún presidenta estaba en Europa, adonde había huido disfrazado de embajador después de dejar un país al borde del abismo con una economía destrozada por un hombre nombrado por él, con la violencia descarnada en las calles autoría del escuadrón de la muerte fundado por él, para lo que había robado fondos del Estado. Lograría evadirse por una década, luego se convertiría en uno de los primeros extraditados de la democracia]]></description><pubDate>Thu, 05 Mar 2026 05:07:28 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/4TYKOT5HONF3FMA5WRGH5UPUJ4.jpg?auth=f6595045124f7de21caa5bd56509b59527a5f717acabd3141bb8cfd3cc2f0c8b&smart=true&width=1920&height=1080" alt="José López Rega" height="1080" width="1920"/><p><i>“Había una vez un bru</i></p><p><i>Un brujito que, en Gulubú</i></p><p><i>A toda la población</i></p><p><i>Embrujaba sin ton ni son..."</i></p><p>El sábado 6 de marzo de 1976, la página 6 del diario <i>Clarín </i>titulaba<i>:</i> <b>“Piden la extradición de José López Rega”</b>. Quien había sido su protectora, a quien él había intentado —sin un ápice de resultado— insuflarle el carisma, la esencia de Evita mediante sesiones de transfusión espiritual desde el cuerpo embalsamado al suyo, a quien había seducido con predicciones y palabras que le llegaban de algún sitio oscuro del universo, más allá de los astros, la misma que le había permitido trepar hasta prácticamente quedarse con el poder del país, María Estela Martínez de Perón —Isabel, Isabelita para lo amigos y para los enemigos también— tenía los días contados y, a esta altura, no era secreto para absolutamente nadie. O para absolutamente nadie que estuviera atento a que la Argentina estaba a punto de volar por los aires. </p><p>En la noticia hay un indicio —todavía flaco, indirecto— acerca de su responsabilidad en los crímenes descarnados de <b>la Triple A</b>. <i>Clarín </i>no dice que lo buscan por hundir al país mediante un ministro de Economía tan nefasto como él o por ser parte de la emboscada a la izquierda peronista que terminó en la masacre de Ezeiza —por integrar el Comité organizador— cuando Perón volvió al país y las corrientes que le obedecían atacaron a balazos a las columnas de Montoneros que intentaban acercarse al palco.</p><p>Lo buscaban, principalmente —o eso destacan los redactores—, por <b>malversación de fondos</b>.</p><p>“La comisión investigadora de la Cámara de Diputados resolvió ayer <b>solicitar la extradición de los exministros de Bienestar Social José López Rega y Carlos A. Villone</b>, quienes se encontrarían refugiados en España y Uruguay, respectivamente. Los investigadores habrían hallado elementos suficientes como para ser sometidos a la Justicia. La semana próxima habrá un careo y se investigará la emisión de otros cheques”, dice un poco difusa, un poco elíptica en cuanto a los cargos, la cabeza del artículo.</p><p>En los párrafos siguientes se explica, apenas, un poco más: “La extradición de los exministros José López Rega y Carlos A. Villone reclama la comisión especial de la Cámara de Diputados que <b>investiga irregularidades en el desenvolvimiento de los fondos de la Cruzada de la Solidaridad (exJusticialista) y el Ministerio de Bienestar Social</b>”. “La comisión especial, según pudo saberse, tiene acumulados suficientes antecedentes para que López Rega y Villone deban ser sometidos a la Justicia ordinaria”. “Existen indicios a nivel parlamentario de que López Rega habría buscado refugio en España y que Villone permanece oculto en Uruguay”. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/TMDXLBXK6VEEHHDGCMIS44AMPY.jpg?auth=d5ea8375e959952f9712b1e9c63469132d460b241b57928fbd23acd491bd0472&smart=true&width=1920&height=1081" alt="Perón, Isabelita y López Rega en el regreso de Perón de 1972" height="1081" width="1920"/><p>Tras un subtítulo que anuncia “Careo”, la única referencia a la vinculación de “el Brujo” con el sádico <b>brazo parapolicial asesino que él fundó desde la derecha peronista: la Alianza Anticomunista Argentina (AAA)</b>: “En el transcurso de la semana próxima se procederá al careo entre el ex subsecretario de Prensa y Difusión de la Presidencia de la Nación, Jorge Conti, y Salvador H. Paino, quien se encuentra alojado en la unidad carcelaria de Villa Devoto. <b>Paino acusó a Conti de haberlo instruido, por expresa indicación de López Rega, para que planificara la organización terrorista conocida como ‘Triple A’”</b>. Luego brindan unos pocos detalles más sobre la investigación a Conti. </p><p>Más abajo, con el subtítulo “Cruzada”, otras precisiones sobre el avance de la investigación por malversación de fondos: cheques —al menos una docena de ellos— firmados por Isabel con supuestos destinos benéficos que habían tenido otros rumbos. Habían sido emitidos en el marco de la Cruzada de la Solidaridad Justicialista —que para la fecha ya era llamada “(ex Justicialista)”—, una fundación creada desde el peronismo en 1973 con el fin de canalizar donaciones para ancianos y obras de beneficencia —probablemente para emular el trabajo que cumplía Eva—, que la última esposa del general originalmente presidía y estaba absolutamente ligada al Ministerio de Bienestar Social, dominado por José López Rega. “Aparentemente los recursos no se ajustan a los fines que prescriben los estatutos de la fundación —continuaba <i>Clarín</i>—. La solicitud de informes está referida, entre otros cheques, a los que se aplicaron a pagar la instalación de equipos de comunicación en la sede central del Partido Justicialista; de pasajes de avión correspondientes a una gira proselitista que realizaron dirigentes de la Juventud Peronista de la República Argentina; y <b>para el blindaje del despacho presidencial de la Casa Rosada y de dependencias de la Residencia de Olivos</b>”.</p><p>Poco después Isabel sería demandada por esta causa y acusada de corrupción. Pero, ahora, nos quedamos con López Rega.</p><p>Hacía tiempo que la Argentina temblaba bajo un bote de ácido burbujeante a punto de derramarse y corroerlo todo; era una bomba con un reloj en cuenta regresiva que había comenzado a desprender los pedazos y terminaría de estallar solo 19 días después del pedido de extradición, 18 después de que <i>Clarín</i> lo publicara. Aquel “refugio” de López Rega en España, del que hablaba el diario, era un sutil —o cínico— eufemismo para la huída apremiante y desesperada del exministro ocho meses antes, el 19 de julio de 1975. Una huída anunciada en todos los medios con otro título: López Rega fingió —exigió como último favor a Isabel— ser nombrado “Ministro Plenipotenciario argentino en Europa”. Porque “Yo no me puedo ir como un delincuente”, decía. Lo cierto es que lo era y como lo que era terminó. Pero antes, durante toda la dictadura cívico-militar y hasta unos años entrada la democracia, perfeccionaría durante una década el número de magia que mejor le salió: el de la evasión y la desaparición. </p><p>Para pasar de ser el que en una habitación privada, encerrado con el cadáver de Evita y la futura presidenta de la Nación, Isabel, hacía sesiones de transfusión espiritual; el que se hizo con prácticamente todo el poder de las decisiones del país, a aquel que, desesperado, metía calzoncillos en una valija y se aferraba a un pedazo de cartón enrollado que lo ayudaba a creerse la propia mentira que se había inventado autoproclamándose embajador, hizo méritos.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/NYHVKIU4EZGBNHAVBUMKBHBEXA.jpg?auth=88132ef330ac73820353fbb0ec037654cf57e5072ba69bba87607d0f2891b279&smart=true&width=1920&height=1440" alt="José López Rega, conocido como "el Brujo" por sus creencias y prácticas esotéricas, conoció a Estela Martínez de Perón —Isabelita— en 1965, cuando Perón la envió a la Argentina en medio de una interna del partido. Él logró infiltrarse hasta llegar a integrar su custodia, sitio desde el que produjo su primer acercamiento" height="1440" width="1920"/><h2>De cantante a policía, de policía a “Brujo”</h2><p>La primera imagen es la de <b>una marioneta</b>. Es la imagen predominante, al menos de buena parte de los argentinos, cuando se piensa en Isabel. Entonces: una marioneta con cuerpo de hombrecito trajeado de gris y máscara de Isabel. Se mueve espástica revoleando las manos frente a un micrófono. Y se escucha la voz, en tono de discurso peronista, intentando siempre parecerse a Eva, de la expresidenta: “Gracias al hombre que la hizo grande”. Luego una breve sucesión de imágenes de la época y el anuncio de lo que se está por ver: “<i>José López Rega. El Brujo. </i>Primera parte”. “Uno de los personajes más enigmáticos de la historia política de la Argentina. De cabo de policía a secretario del general Juan Perón. Y, tras su muerte, el hombre fuerte del país. Su vida está rodeada de misterios: ¿astrólogo?, ¿pai umbanda?, ¿contacto de la mafia?, ¿creador de los escuadrones de la muerte de la Triple A? <b>¿Cuál es la verdadera historia de José López Rega, ‘el Brujo’?</b>”. A continuación, diferentes entrevistados que vivieron de cerca sus fechorías —políticos, escritores, periodistas, exfuncionarios de los gobiernos peronistas, incluso familiares— darán una batería de respuestas que intentarán explicar al personaje en este documental grabado a principios del 2000<b> </b>y transmitido por el antiguo canal Infinito, especializado en misterios y esoterismo.</p><p>“Una noche de 1943, tristemente ataviado con un traje de etiqueta alquilado y perfumado con una colonia barata, el hombre subió al escenario del Club El Tábano, de Saavedra, y entonó un bolero, al frente de una orquesta que él mismo había contratado. Su debut frente al micrófono fue casi debut y despedida: una seguidilla de necesidades económicas lo llevarían a alistarse poco tiempo después en la Policía Federal. El <b>cantante frustrado</b> tenía la certeza de que el nuevo trabajo terminaría con las penurias que lo llevaban a enredarse en largas disputas verbales con su esposa, Josefa Flora Maseda. <b>Ni sus más íntimos imaginaban, por entonces, que aquel hombre gris y menor se convertiría en uno de los personajes más influyentes y nefastos de la política argentina</b>”. Así comenzaba a anunciar la periodista Verónica Abdala, en esa época de principios del nuevo milenio, desde <i>Página 12, </i>la emisión del documental biográfico que se hundía en la vida de esa figura que parecía insignificante pero escalaría vorazmente hacia el poder y produciría un daño enorme a la sociedad. </p><p>“El escritor y periodista Miguel Bonasso —continúa Abdala—, el ex dirigente montonero Roberto Perdía, la actriz Soledad Silveyra, el actual jefe del Gobierno porteño, Aníbal Ibarra, Guillermo Patricio Kelly, el ex médico personal de Perón Jorge Taiana, el historiador Miguel Unamuno, el parapsicólogo y ex diputado peronista Luis Sobrino Aranda, el yerno menos famoso de López Rega, Jorge Conti, el ex secretario de la juventud peronista Juan Manuel Abal Medina, Ramón Landajo, ex agente secreto de Perón, Esteban Righi, ex ministro del Interior, Hipólito Solari Yrigoyen, sobreviviente del primer atentado de la Triple A, Alberto Rocamora, ex ministro del Interior de Isabel, y el periodista Emilio Corbiere ayudan al espectador inocente a entender <b>cómo fue que pasó lo que pasó con el Rasputín argentino</b>”. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/4EV3OXUBMBE6PLYN6W4NP47IAM.jpg?auth=e07fb62a9669253ab9bf316dbb7012f00f7e319b8f8b2e7bd2e0f6643f4bd6e0&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Apenas lo conoció, Isabel quedó encantada con ese hombre que comenzó a hablarle de misticismo, de sus estrategias energéticas y profecías grandilocuentes para el país que se cumplirían gracias al liderazgo de ella y de su marido" height="1080" width="1920"/><p>Hijo de padre —Juan López— y madre —Manuela Rega— españoles, de pequeño, López Rega había sido un niño introvertido que tempranamente se interesó en temas espirituales y religiosos. Trabajó desde adolescente: fue empleado en una tintorería, vendedor ambulante. Y en 1943 se casó con Josefa Flora Maseda Fontenla, con quien tuvo a su única hija: Norma Beatriz López Rega, que nació en Buenos Aires, el 17 de febrero de 1945. Después de casarse —y de asumir, probablemente, que no viviría del canto— consiguió un puesto fijo en la Policía Federal. En 1951, con el apoyo del jefe de Policía, Filomeno Velazco, <b>logró ser parte de la guardia que protegía la residencia presidencial</b>: integró, ocasionalmente, el equipo de vigilancia del Palacio Unzúe —hoy la Biblioteca Nacional—, donde vivían Perón y Eva. Y después de que el general fuera derrocado, se sumó a la Guardia de Infantería. </p><p>Mientras tanto, no abandonó por completo su deseo de cantar. También en 1951 se plantó repetidas veces ante el micrófono de Radio Nacional. Actuaciones por las que conoció al periodista José María Villone, quien unos años después lo invitó a un sitio que lo marcaría: <b>la Casa de Doña Victoria</b>, en Paso de los Libres, Corrientes. Doña Victoria era la fundadora de una sede de la orden Rosacruz, una organización dedicada al estudio del misticismo y el esoterismo cristiano. La casa de Corrientes reunía a un grupo variopinto, de diferentes religiones, convocado por <b>la búsqueda de conocimiento, científico y espiritual</b>. López Rega fue visitante asiduo de ese lugar en el que tendió lazos con su dueña y otros participantes. Fue en esa época, entre mediados del cincuenta y el sesenta, en la que escribió buena parte de sus libros fundamentalmente sobre misticismo. El tiempo y los vínculos sumaron fuentes y elementos de los que nutrió y por los que ensanchó <b>su esoterismo</b>: cultura popular, religiones afrobrasileñas, ocultismo, espiritismo, entre otras nociones, se añadieron a sus creencias y su cosmovisión.​</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/RX4PMJ7YBJCTXALMQKEMBXZF2M.jpg?auth=292a1c728ad082b54849e4544ab6317f0562a9febccf77e83f13ff04153b67d4&smart=true&width=770&height=529" alt="Cuando Isabel volvió a España llevando con ella a López Regal, Perón le echó flit. Pero ante la intransigencia de su mujer sobre su deseo de que se quedara, terminó por aceptar. Poco después López Rega se convirtió es una suerte de secretario de Perón, primero, y en el hombre de mayor confianza, en lo personal y en lo político, del matrimonio, luego" height="529" width="770"/><p>Entre 1946 y 1955, durante las primeras dos presidencias de Perón, López Rega fue cabo de policía. Y en 1962 pidió el retiro de la institución —​años después, cuando llevaba tiempo alejado de esta actividad, consiguió que Perón lo ascendiera por decreto de cabo primero a comisario general, cargo que no le correspondía ni por jerarquía ni por mérito—. Durante la década de 1950 También tejió lazos con la Alianza Libertadora Nacionalista (ALN), un grupo de choque parapolicial del peronismo. Pero <b>su gran escalada en la política comenzó cuando conoció a Isabel </b>y vio la oportunidad para meter la cuchara.</p><p>​Era 1965. López Rega integraba la empresa Suministros Gráficos, trabajo que lo había acercado a la <b>Logia Anael (Asociaciones Nacionales en Liberación)</b>: diferentes publicaciones del grupo se preparaban allí. Un material en particular hizo mella en él. López Rega debió imprimir un libro del juez Julio Cesar Urien, líder de la logia, en el que desarrollaba una teoría que hablaba acerca de cómo la unión entre América, Asia y África pondría fin al capitalismo y el comunismo y lograría la liberación del Tercer Mundo. El expolicía se interesó y lo sumó a su cúmulo de creencias y conocimientos. A partir de ese texto, el brujo en formación estableció un vínculo con Urien y con Bernardo Alberte, ambos miembros clave de la logia, ambos delegados de Perón. En ese contexto, cuando Perón envió a Isabel a la Argentina a apoyar a Nanclares, su candidato a gobernador en Mendoza, en medio de una interna del partido, López Rega logró infiltrarse y llegar a la custodia de la esposa del general gracias a esos contactos en la Logia Anael. Una vez ahí<b> comenzó a hechizarle los oídos con su misticismo y conocimientos esotéricos</b>, sus estrategias energéticas y sus profecías grandilocuentes para el país gracias al liderazgo de ella y su marido.</p><p>Isabelita, que de más joven había estado vinculada a templos umbandas y sentía inclinación hacia las creencias espirituales alternativas, estuvo encantada de escucharlo y tejió con López Rega —que para ella era “el hermano Daniel”, ya que él se le presentó con el nombre místico que se había autoimpuesto— un vínculo que fue robusto en cuestión de días, así en lo personal como en lo político. <b>Cuando la esposa de Perón volvió a Madrid no estaba sola</b>. López Rega viajó con ella, listo para ser lacayo del general y guía espiritual y mejor amigo hechicero de su compañera.​</p><p>Al comienzo Perón le echó flit: no quería saber nada con el personaje que trajo su esposa como brujo faldero. Ella lo defendió con uñas y dientes y, finalmente, Perón tuvo que aceptar. Así, el cantante frustrado y expolicía y exobrero gráfico se convirtió en una suerte de secretario del general. Que sí tenía quién le escriba y necesitaba una mano.</p><p>Una vez que Perón le abrió su puerta terminó por hechizarlo también a él. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/DVX5ASQZXNFBZOGYNQIPPNQOGM.jpg?auth=15f1ccdcabbe1c94b2a47ef9e0294f68791f9cb26af71c816e1e5d55b9517daa&smart=true&width=1746&height=1207" alt="Perón en la resdencia de Gaspar Campos, entrevistado por un periodista. A su lado, José López Rega (Revista Redacción)" height="1207" width="1746"/><h2>De “Brujo” a “el hombre de confianza” de Perón, de hombre de confianza a dueño del poder y jefe de matones</h2><p>Urdiendo una tela de araña fina y delicada —asegurándole a Perón que con sus poderes de curación podía aliviarle los dolores que sentía producto del cáncer, adiestrándole los oídos a Isabel acerca de las cosas que debía hacer para que ser la nueva Evita— López Rega fue rodeando al matrimonio hasta tenerlo en el centro plateado de su red: <b>se transformó en la persona a la que consultaban para la toma de decisiones, a la que le confiaban grandes responsabilidades</b>, al principio de índole cotidiana y doméstica, luego políticas y administrativas. Esto, pese a su falta de antecedentes y formación idónea, a su falta de aptitudes para manejar situaciones complejas, a su falta de escrúpulos, a su delirio místico y a su enorme ambición de poder. </p><p>En ese ejemplar depositaron todo. Era el que decidía quién podía ver a Perón y quién no en Puerta de Hierro, el que estaba presente en los encuentros y entrevistas, el que mediaba entre el líder y sus adeptos. También el que le aseguraba a Isabel que podía convertirla en la nueva Evita, insuflándole su carisma, su energía y su espíritu. Para lo que realizaban sesiones esotéricas en las que López Rega colocaba las manos sobre el cadáver de la abanderada de los humildes y trataba de transmitir su esencia a Isabel. Jamás hizo una pizca de efecto. Igualmente él estaba convencido del poder divino que poseía y en sus resultados.​</p><p>Para comienzos de la década del 70, el Brujo era parte de todas las reuniones políticas de Perón y el que manejaba sus papeles. Su trabajo se había vuelto tan jerárquico que le sugirió al general regresar a la Argentina para gestionar el partido <i>in situ.</i> El profeta volvió a su tierra y se coronó rey.</p><p>En 1973, poco antes del regreso del peronismo después de 18 años de proscripción, López Rega entró a la logia anticomunista <b>Propaganda Due</b> —llamada también “P2”— acompañado por Licio Gelli, líder de esa agrupación conocido como “El titiritero siniestro”: un italiano que había sido parte de las Camisas negras durante la dictadura de Mussolini, había militado para apoyar a Franco en España y después de la Segunda Guerra Mundial había pasado una temporada en Argentina. En algún momento entre eso y su regreso a Italia había estrechado lazos con López Rega y Perón, con quien colaboraría en su retorno al poder, del que también sería parte. También la CIA, el secretario de Estado de Estados Unidos, Henry Kissinger, y el Vaticano impulsaron la inserción de López Rega en la P2 —que tenía entre sus miembros ilustres a quien sería presidente provisional del país, su yerno, Raúl Alberto Lastiri, y al futuro dictador, Emilio Massera—. Así, esta agrupación se acomodó entre la cúpula peronista influyendo en el devenir de los acontecimientos.</p><p>Una vez victoriosos en las elecciones de 1973, con Cámpora de presidente, <b>Perón nombró a su mano derecha como ministro de Bienestar Social</b> —cargo que ocuparía hasta su huída del país en 1975—. Desde ahí le declararía la guerra a la izquierda peronista. Sin metáforas: saldría a cazarla. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/RNVYSL6ZVBHGPGUUTMGFIPWGHI.jpg?auth=66239a00ecb0fe4b6db77f59744663b62da1c56789eb1104812260e94d4c3125&smart=true&width=1080&height=614" alt="José López Rega, Perón e Isabel saludan a los miembros de su partido que desfilan frente a la CGT" height="614" width="1080"/><p>Cuando el general regresó al país definitivamente, <b>el 20 de junio de 1973</b>, después de casi dos décadas de exilio, López Rega —lógicamente— fue una de las personas que participó de la organización del evento de bienvenida. La custodia estaba a cargo del coronel retirado Jorge Manuel Osinde, quien tenía la directiva de <b>evitar el acercamiento de la izquierda peronista</b> que iba a recibir al que también era su líder. Las movilizaciones para asistir al acto fueron históricas. Pero estuvo lejos de ser un día de celebración. Cuando la Juventud Peronista, Montoneros y otras columnas revolucionarias intentaron acercarse al palco, fueron recibidos a los tiros por sectores de la derecha, bajo las órdenes de la organización del evento: tenían un arsenal de ametralladoras y fusiles. Así, la llegada de Perón se transformó en la<b> Masacre de Ezeiza</b>. Hubo muertos, se calculan unos trece aunque no hay certezas. Y centenares de heridos. Este episodio fue el preámbulo de lo que comenzaría poco después: <b>la formación de la Alianza Anticomunista Argentina, organizada por López Rega para aniquilar a la izquierda del movimiento</b>.</p><p>No habían pasado dos meses cuando el recién electo presidente, Héctor José Cámpora, y su vice, Vicente Solano Lima, renunciaron luego de breves 49 días en el Gobierno para, según hicieron trascender, darle paso a Perón —aunque diversas fuentes, el historiador Felipe Pigna entre ellas, aseguran que lo que quisieron presentar como renuncia fue, en verdad, producto de “un mini golpe de Estado”—. La presidencia quedó provisionalmente a cargo del presidente de la Cámara de Diputados, <b>Raúl Alberto Lastiri, yerno de López Rega</b>. A partir de ese momento el país volcaría dramáticamente hacia la derecha, con censura de medios, de libros y contenidos considerados de izquierda o progresistas y atentados y persecuciones contra militantes de este sector en general.</p><p>En el Congreso Nacional Justicialista que se celebró en agosto, Perón e Isabelita fueron nominados como candidatos a presidente y vice, respectivamente —López Rega, por supuesto, había sido un de los principales impulsores para que la esposa del general integrara la fórmula—. Y el 23 de septiembre —como para no creen en la efectividad de su magia— <b>la lista encabezada por Perón - Martínez de Perón triunfaba con el 61,85 % de los votos</b>.</p><p>Dos días después, una célula de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) asesinó a José Ignacio Rucci, secretario general de la CGT. Perón llamó a una reunión a la que asistió su gabinete, gobernadores y vicegobernadores y el secretario general del Partido Justicialista. En ese encuentro se aprobó un documento que denunciaba “agresiones marxistas” y ordenaba a los militantes a “participar activamente en las acciones que se planifiquen para llevar adelante esta lucha”.​</p><p>En los pasillos del poder comenzaban a circular fotografías y a señalarse personas y ámbitos que había que “depurar” para acabar con “la infiltración marxista”. López Rega era uno de los mayores responsables de organizar esta tarea. Para eso contó con el amplio apoyo de la logia P2 y la CIA. Así, sin demasiado esfuerzo, <b>montó la Alianza Anticomunista Argentina</b>, un escuadrón parapolicial y paraestatal que tenía sede en el Ministerio de Bienestar Social, encargado de aterrorizar, secuestrar y asesinar a toda persona que se les antojara de izquierda, marxista, comunista o se les volviera indeseable —cualquier semejanza a la distopía orwelliana en la que el Ministerio de la Verdad se encarga de distorsionar todos los hechos, y paradojas similares, es pura coincidencia. </p><p>Comenzaron a operar ese mismo año. El primer atentado que se autoadjudicó la Triple A fue cuando atacaron e hirieron de gravedad al senador radical Hipólito Solari Yrigoyen, el 21 de noviembre de 1973. Aunque antes de eso ya se habían realizado secuestros y asesinatos contra activistas considerados de izquierda atribuidos a grupos que integrarían el órgano terrorista comandado por el Brujo —quien desvió fondos del Ministerio de Bienestar Social para financiarlo y equiparlo— y por el comisario jefe de la Policía Federal Argentina, Alberto Villar. <b>Estos escuadrones matarían alrededor de mil o dos mil personas</b> —no hay cifra exacta ya que nadie ordenó una investigación—<b> entre 1974 y 1976; y comenzarían a realizar secuestros y desapariciones forzadas</b>, método represivo que se volvería corriente a partir del golpe de Estado del 24 de marzo del 76 y no se detendría hasta la recuperación de la democracia.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/2D3LBRQFJVBPLNFU23HJMZBA6I.jpg?auth=360863a9c9d2c1441a91f01e10030b2f4c79b1437d2f40223ac64c07194d29e0&smart=true&width=1920&height=2834" alt="Tras la victoria electoral de 1973, con Cámpora como presidente, López Rega fue nombrado ministro de Bienestar Social —cargo que ocuparía hasta su huída del país en 1975—. Desde esa cartera fundaría y financiaría la Triple A y buscaría aniquilar a la izquierda peronista" height="2834" width="1920"/><h2>De “Brujo”, matón y superministro corrupto a falso embajador; de falso embajador a mago fugitivo: ahora me ven, ahora no </h2><p>Después del 1 de julio de 1974, cuando muere Perón y la primera dama asume la presidencia, López Rega, automáticamente, llenó a sus anchas —pretendía hacerlo— ese vacío de poder. Comenzó a hacerse cargo de la dirección de todas las secretarías que orbitaban bajo la Presidencia. Armó el gabinete a su talla y a su gusto, sacó, puso y promovió a destajo a amigotes y contactos estratégicos. Uno de ellos fue el ministro de Economía —tan nefasto como él— <b>Celestino Rodrigo</b>, ejecutor de un plan diseñado por el Fondo Monetario Internacional que —una receta vieja y conocida— en medio de un período de gran inflación y desabastecimiento imponía un ajuste feroz, “un plan de <i>shock”</i> que tuvo como respuesta las movilizaciones populares lideradas por el movimiento obrero que pasaron a la historia como el “Rodrigazo”.</p><p>Ahí estaban los miles y miles de trabajadores copando plazas y, principalmente, la Plaza de Mayo en el que fue <b>el primer paro general de la CGT a un gobierno peronista</b>; pidiendo la cabeza de Rodrigo y la de López Rega al grito de: <b>“Isabel, coraje, al Brujo dale el raje”</b>. Isabel lo supo: no tenía más remedio que hacerles caso.</p><p>Si hubiera habido un helicóptero en la terraza, López Rega —y quizás también la presidenta— se lo hubiera tomado. Aunque de seguro habría inventado otra excusa parecida a la que fabricó en ese momento, cuando le exigió a Isabel que lo nombrara con un título que sonara importante —al margen de ridículo—, ministro Plenipotenciario argentino en Europa, y que anunciara su viaje a España como una responsabilidad oficial que le había sido adjudicada e iría a cumplir con honores: una gran misión para el país que, en verdad, era la forma de escabullirse como una rata cobarde para evadir la prisión o la muerte.</p><p>La efervescencia social que lo condenaba, la crisis galopante y los ánimos inflamables permitieron que se multiplicaran las denuncias contra él y la Triple A. El Coronel Jorge Felipe Sosa Molina, jefe del Regimiento de Granaderos a Caballo y también encargado de la seguridad presidencial, investigó y consiguió pruebas que demostraban lo que era un secreto a voces: cuál era la sede de la Triple A y dónde se guardaban las armas. Mientras, los operativos de este grupo asesino se intensificaban, los muertos se reproducían y la violencia escalaba sin tregua. </p><p>Sosa Molina denunció lo que sabía a sus superiores, se elevaron denuncias a la Justicia y filtraron todo a la prensa. El 6 de julio de 1975, la nota de tapa del diario <i>La Opinión</i> describía cómo operaba la Alianza Anticomunista Argentina por la cual responsabilizaba a López Rega.</p><p>Isabel no pudo hacer demasiado —en ningún momento, pero menos en ese— y el Brujo tuvo que presentar su renuncia y huir. No le alcazaban las manos para armar valijas y baúles, vigilado por los custodios presidenciales. Sabía que su tiempo se había terminado. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/CESM7V3375CJNK4X4654VBVK3Y.jpg?auth=e179a33a6b0068a78ca9ac9e5737196c35ffddc8fbb1ff4df9bb316159293e4b&smart=true&width=1920&height=1080" alt="En 1975, con el país ardiendo, en medio de una crisis económica y social, se multiplicaron las denuncias contra López Rega que huyó diciendo que se iba a ser embajador a Europa. El 5 de marzo del año siguiente la Argentina pidió su extradición, la que se reiteraría en los años posteriores en los que "el Brujo" se haría experto en escabullirse y desaparecer" height="1080" width="1920"/><p>El 19 de julio se escapó a España, donde se alojó en la residencia de Puerta de Hierro por un tiempo. Al año siguiente, <b>el 5 de marzo del 76, la Justicia argentina pedía su extradición</b>. Poco después, cuando comenzó a ser buscado por Interpol, ya derrocada Isabel y con la dictadura cívico - militar en el poder, <b>se hizo diestro en el arte de desaparecer</b>. Lo perfeccionaría durante todo lo que duró el terrorismo de Estado, y algunos años entrada la democracia. Fue visto en Suiza en 1982 pero logró escaparse. Se supo que pasó por Italia y que viajó a los Estados Unidos y a las Bahamas. Allí fue localizado en 1986, luego de que Alfonsín impulsara los juicios a los responsables —civiles y militares— de crímenes y violaciones a los derechos humanos durante el período anterior y retomara su búsqueda. López Rega volvió al país esposado en 1987.</p><p>Automáticamente le dieron prisión preventiva acusado de asociación ilícita, secuestro y homicidio. Ese sería su último destino: <b>murió preso y casi ciego, a los 72 años, el 9 de junio de 1989</b>, esperando su condena.</p><p><i>Pero, un día, llegó el doctor</i></p><p><i>Manejando un cuatrimotor</i></p><p><i>¿Y saben lo qué pasó?</i></p><p><i>¿Y saben lo qué pasó?</i></p><p><i>¿No?</i></p><p><i>Todas las brujerías</i></p><p><i>Del brujito de Gulubú</i></p><p><i>Se curaron con la vacú</i></p><p><i>Con la vacuna, luna-luna-lú</i>.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/4TYKOT5HONF3FMA5WRGH5UPUJ4.jpg?auth=f6595045124f7de21caa5bd56509b59527a5f717acabd3141bb8cfd3cc2f0c8b&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[José López Rega]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Se negaba a ser la mujer en la cocina y se convirtió en la mayor referente de las amas de casa argentinas: la vida de Doña Petrona]]></title><link>https://www.infobae.com/sociedad/personajes/2026/02/10/se-negaba-a-ser-la-mujer-en-la-cocina-y-se-convirtio-en-la-mayor-referente-de-las-amas-de-casa-argentinas-la-vida-de-dona-petrona/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/sociedad/personajes/2026/02/10/se-negaba-a-ser-la-mujer-en-la-cocina-y-se-convirtio-en-la-mayor-referente-de-las-amas-de-casa-argentinas-la-vida-de-dona-petrona/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[Huyó de su casa a los 15 años para que no la obligaran a casarse con un militar, se fue de Santiago del Estero a Buenos Aires por amor, comenzó a trabajar en la Compañía Primitiva de Gas vendiendo las cocinas que cambiarían los rudimentarios artefactos a leña para lo que fue entrenada por maestros de la gastronomía inglesa y francesa y se convirtió en la primera argentina en cocinar en la televisión en los años 50. Marcela Massut, su nieta, cuenta cómo era tener de abuela a una leyenda nacional]]></description><pubDate>Tue, 10 Feb 2026 04:35:24 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/OHSEEMNULFCUHO3C3EAN5YW5EI.jpg?auth=4b93207a73967dc3d98a25c9696c96ce50225b7c74446cc099a3be54f43c2663&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Doña Petrona " height="1080" width="1920"/><p>No todas las revoluciones son estallidos. Ni resultado de minuciosos y elaborados planes. No todas son premeditadas, masticadas hasta que una alfombra acolchada por detalles contemplados y posibles obstáculos con posibles soluciones brindan la seguridad para lanzarse. Hay revoluciones que nacen silenciosas. Que no se anticipan. Se arrebatan bruscamente como una pieza de carne expuesta a un fuego fuerte. Y, simplemente, suceden. </p><p>Así, la del primer <i>best seller</i> de cocina argentino. Así, la de su autora. </p><p>Más vendido que el Martín Fierro, más que la exquisita obra de Borges, en la historia literaria nacional <b>—en segundo lugar solo detrás de </b><i><b>La Biblia</b></i><b>—</b> lo más buscado, lo más comprado, fueron las suculentas peras a la emperatriz, la tradicional yema quemada, la tierna tarta de manzanas de <b>Doña Petrona</b>, que perfumaría comedores por décadas con ese tibio olor a hogar.</p><p>El que señoreaba en mi casa era un volumen ancho —todos lo son—, cubierto por un papel florido, de colores, que protegía las tapas originales ya gastadas y resaltaba como una piedra preciosa en la biblioteca familiar. Quizás por eso me convocaba cuando niña. Y por su papel amarillento pero satinado, que realzaba los tonos de esa fotos tentadoras que no dejaba de mirar: tortas de cumpleaños de diferentes motivos, postres frutales, mesas hermosamente servidas, hermosamente emperifolladas. Era una edición del 74. Se lo habían regalado a mi madre —era casi una tradición— para su despedida de soltera.</p><p>¿Salado? Claro que había. Solo que las fotos de los postres seducían más. </p><p>El libro<b> publicado por primera vez en 1934, traducido a ocho idiomas y con un récord de ventas que alcanza los tres millones de ejemplares en todo el mundo</b>, el que trascendió el plano de la gastronomía y se convirtió en documento histórico, del que se nutrieron —y lo siguen haciendo— los chefs más excelsos del país, tiene <b>más de mil recetas</b>. Además de recomendaciones para las amas de casa a quienes dicta cómo vestir la mesa según las diferentes ocasiones y cuántas personas y de qué edades se sienten a ella. </p><p>A partir de ese libro, siguiendo el consejo de alguno de los auspiciantes que la acompañaban y la habían llevado a los incipientes medios de comunicación de la época, y contra su voluntad, porque con treinta y seis años se negaba a que los usos y costumbres la hicieran sentir vieja, <b>Petrona C. de Gandulfo se convirtió, de una vez y para siempre, en “Doña Petrona”</b>. </p><p>—“De ninguna manera. Yo no soy doña. Soy una persona joven”. </p><p>Desde su casa de Olivos, Marcela Massut, nieta de la cocinera, cuenta la reacción de su abuela cuando pensaba cómo titular el libro y alguien que la asesoraba le dijo que tenía que llamarlo “El Libro de Doña Petrona”<i>.</i></p><p>—Le dio vueltas y vueltas. Le quería poner, por ejemplo, “El arte de cocinar. Por Petrona C. de Gandulfo”. El tipo le dijo: “No, porque todo el mundo sabe que sos Petrona”. Y le tuvo que poner “doña” a pesar de que no quería porque la hacía vieja. <b>A partir de ahí la empezaron a llamar “Doña Petrona”</b>.</p><p>A partir de ahí advertiría su propia revolución.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/2FO4KIXG3JHITFBUB4M7LN7ECM.JPG?auth=8b6c5a14f9f411ae37ee81ec5c91f700e6d0c7ed5a70adebce73d57cdd3da734&smart=true&width=1920&height=1312" alt="Doña Petrona y Juanita, cocinando en televisión" height="1312" width="1920"/><p>***</p><p>Petrona Carrizo nació en La Banda, Santiago del Estero, en el invierno de 1898. Con certeza era 29 de junio, del año existen algunas dudas: 98, 96. Lo irrefutable es que se avecinaba el fin del siglo cuando ella llegaba para marcar el siguiente. Por supuesto, entonces nadie lo sabía. No había como.</p><p>Anteúltima de siete hijos. Su madre, Clementina, insistía en que aprendiera a cocinar para llegar a los hombres por donde las mujeres en esos amaneceres repetían como doctrina divina: por el estómago. Un postre de hojaldre fue el comienzo. </p><p>Petrona, que ni era de Gandulfo ni era doña, huyó.</p><p>“Ni a escobazos me llevaban a la cocina”, repetiría después en los reportajes que le harían por cientos cuando su nombre era sinónimo de gastronomía, resonaba fronteras afuera y era <b>la mesías de las amas de casa:</b> el teléfono de su oficina-taller y el de su domicilio aparecían en la guía y ella animaba a sus televidentes a que la llamaran y le enviaran cartas ante cualquier duda o problema con las preparaciones. “¿Cómo voy a abandonar a una recién casada a la que se le quema la comida o a una señora que tiene invitados y no le sale la receta?”. Cuestión de códigos. <b>Llegó a recibir 400 cartas por día</b>. Armó una base de datos con los nombres, apellidos y direcciones de quienes le escribían: sumaban unos 600.000. “De día y de noche van a tener mi respuesta”, decía. Y la tenían. Quizás la escribía a máquina alguna persona de su equipo de secretarias y ayudantes, pero la tenían.</p><p>Para eso todavía faltaba cuando se evaporaba como agua en el fuego frente a la insistencia de su madre de enseñarle a cocinar para atraer a los prototipos del sexo opuesto. De la misma forma se hizo humo cuando quiso casarla.</p><p>—La abuela <b>se fue de la casa cuando tenía 15 años. </b>Se<b> </b>fue<b> </b>a trabajar a la estancia de una familia muy adinerada ahí, en Santiago del Estero, que eran los Taboada, porque la madre la quería casar con un militar, un señor mayor, y no quería saber nada. Ella tenía la experiencia de sus hermanas más grandes, que estaban casadas por orden de la madre, y no quería casarse en absoluto. Ahí, en esa estancia, lo conoce a Gandulfo que era el administrador y viajaba desde Buenos Aires cada seis meses o cada tanto. Y se ve que ahí se pusieron de novios. Gandulfo era mucho, mucho mayor que mi abuela. Pero mucho mayor. Y ella, una vez que él no volvió, se agarró un bolsito y se vino a Buenos Aires a buscarlo a la pensión en la que vivía. Imaginate, una chica de 16, 17 años. Esa situación [rondando el año 1914, 1915] ya marcaba una personalidad clara. Y lo encontró. No sé cómo. Dónde lo buscó, no tengo ni idea. </p><p>¿Cómo buscaba una chica provinciana de 16 o 17 años a un hombre mucho pero mucho mayor en la Buenos Aires de principios del siglo XX? Marcela no conoce esos pormenores. Lo habrá buscado con la misma determinación con que convertía siete huevos en un flan. </p><p>Con el resultado perseguido: lo encontró. Se encontraron.</p><p>—Ahí yo creo que volvieron a Santiago del Estero a buscar las cosas de mi abuela y ella se vino para Buenos Aires. Después se casaron acá y ella no volvió más. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/PVABQQ3PO5FSNBK6JWMHXFDJI4.jpg?auth=bd5ca83be4abd4724e6b6e1433b278815f02292111e8d68079082c0823c8153b&smart=true&width=960&height=698" alt="Con más de 500 páginas y sus imágenes a color, "El libro de Doña Petrona", publicado por primera vez en 1934, alcanzó un récord de ventas de tres millones de ejemplares en todo el mundo, y es el segundo libro más comprado de Argentina después de "La Biblia" (Foto de una de las más de mil recetas que contiene en su interior)" height="698" width="960"/><p>***</p><p>Probablemente, que se haya escapado a la gran ciudad tras un hombre mayor con el que no estaba casada no haya sido la noticia más grata para su madre. Su padre había muerto cuando chica, pero su madre, sus hermanos, ahí quedaron. Con la menor, Charo, conservó lazo. Tanto que tiempo después pasaría unas cuantas temporadas viviendo con ella en su casa de Olivos. Con la madre lo recuperaría. A esa madre, longeva como fue Petrona —rondaba el centenario cuando murió— también la llevaría a su casa. </p><p>Pero para eso también faltaba.</p><p>Se casó con Oscar Gandulfo en 1923, con quien adoptó a su hijo, Marcelo Francisco. En algunas biografías de Petrona aparece como Marcelo Francisco Gandulfo pero Oscar jamás le dio el apellido. </p><p>En ese momento Gandulfo tenía un empleo en la empresa postal del Estado —hoy Correo Argentino, entonces Correos y Telecomunicaciones—, ya no administraba la estancia en Santiago del Estero y había comenzado con algunos problemas de salud. Como el dinero escaseaba y Petrona era de las que tomaban la sartén por el mango <b>salió, una vez más, en busca de su destino</b>. Nunca imaginó que lo iba a encontrar enfrente de su casa. O al menos, que ese sería el comienzo del camino que la devolvería a aquel lugar del que había huído: la cocina.</p><p>—Había un local que era de <b>la empresa inglesa de gas</b> [N. de la R: <b>la Compañía Primitiva de Gas</b>]<i> </i>que era la que lo explotaba en el país. Y como le empezaba a sobrar el gas que antes se utilizaba para la iluminación de Buenos Aires —hasta ese momento se iluminaba con farolas a gas pero empezaron a reemplazarlas con electricidad—, comenzaron a pensar en hacer la extensión de una red domiciliaria. Obviamente esa red iba a las familias patricias y a las más ricas que estaban acá —repasa Marcela—. Entonces empiezan a ver que, para poner gas en las casas, tenían que venderle algo a las personas: estufas, por ejemplo, y cocinas, que en ese momento eran todas a carbón o a leña. <b>Ahí desarrollan estas cocinas a gas y empiezan a buscar a ecónomas para enseñarles a usarlas</b>: las preparaban para que ellas, a su vez, empezaran a dar clases sobre cómo cocinar en esas cocinas en el salón que tenía la empresa y en teatros u otros lugares donde se juntaran mujeres invitadas, como la Sociedad Cristiana y otras asociaciones de ese momento. Yo no sé ni siquiera si mi abuela sabía dónde se había anotado, porque buscaban señoras jóvenes para entrenarlas. Capaz que habrá pensado que iba a ir a trabajar a un escritorio. </p><p>En el principio —antes de las ollas, los tuppers y los cosméticos— fue la cocina a gas. Inaugurando la dinámica de lo que luego sería conocido como “venta directa” —y movería millones— Petrona, junto al resto de las candidatas tomadas por la Compañía Primitiva de Gas entrenadas para la venta, se plantaba en el centro del escenario que le indicaran, ante ceños femeninos intrigados, y hacía demostraciones en las que no solo explicaba cómo utilizar el artefacto que vendría a revolucionar el modo de cocinar, si no que cocinaba en vivo. Las recetas con las que exhibía las bondades del gas eran las aprendidas con chefs de primer nivel, como los de Le Cordon Bleu —la importantísima y francesísima red de enseñanza culinaria de renombre internacional— puestos por la compañía. Ahí se hunden las raíces de sus recetas con 14 huevos y tres kilos de manteca: así lo aprendió.</p><p>Y<b> había algo innato</b>. En las clases y demostraciones Petrona seducía, se desenvolvía con una naturalidad que venía con ella: era clara para explicar, carismática y sacaba del delantal soluciones a los inconvenientes que la sorprendían en escena —sin productores y aún sin ayudante—, lo mismo que podía sucederle a cualquier mujer en su casa. Petrona transmitía autenticidad. Vida real.</p><p>—De las ecónomas, las que más resaltaban eran mi abuela y su amiga “la Inglesa”, que era una señora bien flaquita, esas todas divinas, la cara de pecas. Una inglesa impecable. Y mi abuela que era una criolla. Tenía más de india que de inglesa. Ellas dos hicieron un buen equipo y fueron las que empezaron a representar a esta empresa del gas. Se ve que había buena química porque mi abuela toda la vida siguió con la amistad con esa mujer. Juntas eran las que daban clases en todos los teatros, en la Sociedad Cristiana, que tengo un montón de fotos con el escudo: un salón lleno de mujeres. Ellas tenían que demostrar que esta cocina nueva era mucho más limpia, más barata, y volvía todo mucho menos rudimentario que la otra. Yo digo que la abuela nació para vender estas cocinas modernas. <b>Y ahí arrancó con todo el resto.</b></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/GQYD4R44ZVH63E342AZX7WLIMY.jpg?auth=150f0245fbb02011e88f3f85484dc0856dff3139e9e06edf7f5ba3ce0fa8dc97&smart=true&width=1920&height=1080" alt="A la izquierda, la cocina a kerosene que utilizaba Petrona en su casa. A la derecha, una de las primeras cocinas a gas del país, como las que promocionaba en la Compañía Primitiva (Gustavo Gavotti)" height="1080" width="1920"/><p>***</p><p>“Yo ya les había preparado la masa de hojaldre con la que vamos a preparar el Milhojas. Les había preparado un disco así —Petrona muestra una película de masa redonda y clara que descansa sobre una placa cuadrada— que lo estiré y lo puse sobre la chapa”. </p><p>La pantalla la muestra en blanco y negro. Con sus tres vueltas de perlas al cuello, el pelo esponjado, delantal que cubre solo la falda con apliques de flores, aros y mangas al codo que dejan libres los antebrazos para manipular alimentos e ingredientes cómodamente, sin correr riesgos de ensuciar la ropa. Habla a cámara, muestra, explica.</p><p>“Ahora lo tengo así, más o menos desde hace dos horas, le vamos a dar unas pinchaditas —lo arremete, tenedor en mano— y coloco en horno de temperatura bastante fuerte al principio. Colóquelo, Juanita”. </p><p>A Juanita se le ven las manos, un cuarto de torso, el delantal. Obedece: agarra, coloca. </p><p>“Así, no, para el otro lado —corrige Petrona—. Con la receta que yo les había dado, 300 gramos de harina y 500 de manteca, le sale de este tamaño de disco, ocho a diez”.</p><p>En 1952 Canal 7, el canal todo, estaba de estreno. Quizás había olor a pintura en los pasillos, a madera recién ensamblada en la cocina en la que <b>Petrona se convirtió en la primera persona en la historia del país en batir huevos, mezclar ingredientes, meter en el horno y sacar una torta del otro lado de la pantalla</b>: ese invento recién llegado que convertía a los que la miraban en sus casas, los ojos clavados en ese gran mueble- caja bajo el hechizo de sus manos y la música de su acento santiagueño, en sus primeros televidentes.</p><p>La TV era nueva. Petrona ya era Petrona. Ya era “Doña Petrona”, desde hacía dos décadas.</p><p>La Compañía Primitiva de Gas en la que se lucía cocinando ante salas llenas de mujeres hizo una alianza con la revista <i>El Hogar —</i>publicación que<i> </i>nació con el nombre de <i>El Consejero del Hogar </i>pero comenzó a cosechar verdadero éxito cuando empezó a dirigirse a las mujeres de la clase media argentina y a acariciar la vanidad de la clase alta dedicando parvas de párrafos a la vida de las familias patricias—. A partir de ese acuerdo, en 1931, la empresa mudó las clases y demostraciones de cocina al auditorio de la revista. Petrona era dueña indiscutida de ese escenario. Tanto que comenzó a volcar las recetas y consejos de cocina en el medio gráfico. <i><b>El Hogar</b></i><b> fue un trampolín: desde ahí saltó a </b><i><b>Caras y Caretas</b></i><b>, a </b><i><b>Para ti</b></i><b> y, en los años 60 y 70, se destacaría en </b><i><b>Mucho gusto</b></i>.</p><p>Al mismo tiempo que brillaba en los escenarios y su firma comenzaba a hacerse conocida, <b>en 1933 le ofrecieron un nuevo modo de difundir sus preparaciones y recomendaciones para las señoras de la casa: la radio</b>. Comenzó en radio Argentina donde tenía una participación diaria, luego pasó a radio Excelsior y a radio El Mundo. En ese medio amasó, estiró y moldeó aún más su fama. Mientras eso sucedía, el primer gobierno peronista impulsaba el gas domiciliario a través de la estatización de la Compañía Primitiva que pasaba a estar bajo el ala de Gas del Estado, donde Petrona siguió trabajando hasta 1950, cuando se dedicaría exclusivamente a sus recetas en los medios. Antes de un salto que aún no se imaginaba. </p><p>—Tengo todas las revistas <i>El Hogar, </i>desde el 1920 hasta el cuarenta y pico. Y algunos libretos que le daban con las recetas en la radio, porque ella estaba con un locutor —cuenta Marcela—. La habían llevado dos marcas, una de enlatados y otra de cubiertos, que eran sus auspiciantes en esos años. Empezó en el 30, hacía teatros y en algún momento la llevaron a la radio y de ahí a la tele. Yo creo que, más que la radio, tuvo la caradurez de estar en la televisión porque ahí sí que no pudo mirar a nadie. A nadie. Creo que se animó pensando que del otro lado de lo que ella vería, que era nada, estaba todo su público; y que hizo una clase como en el teatro o en esas salas. Ese fue un desafío porque no había nada grabado, todo iba en vivo, si se le rompía algo tenía que resolverlo ahí. Y así se metió en la televisión. </p><p>Cuando salió, treinta años después, tenía 85 años.</p><p>El primer programa en el que enseñó sus recetas se llamaba <i>Variedades hogareñas, que</i> después pasó a ser <i>Jueves hogareños</i>. Pero <b>sus años de oro en la pantalla chica</b>, en los que llegó a las casas con tv de todo el país,<b> fueron los de la década del 60</b>, cuando se sumó al ciclo <i><b>Buenas tardes, mucho gusto</b></i>. Desde las primeras emisiones aparecía junto a <b>Juana Bordoy</b>, conocida por todos los televidentes como “Juanita”, su incondicional asistente, la que completaba el dúo dinámico culinario nacional, en la pantalla y atrás de ella. Aquel programa iba todos los lunes, miércoles y viernes por la tarde. Estuvo al aire durante dos décadas. </p><p>—Abuela, ¿cómo te animaste? —le preguntaba Marcela. </p><p>—Y, como hacía en el teatro. Arreglaba todas las cosas que se iban rompiendo porque en la casa también podía pasar eso.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/XM6TKJM6U5FLXKSBN2TMP5OWKM.jpeg?auth=7ef02ef0b2b1de939466419143922e7f7182b0169445412261b7c3d4d119396f&smart=true&width=720&height=1280" alt="Atilio Massut, segundo marido de Doña Petrona (Gentileza, Museo Doña Petrona)" height="1280" width="720"/><p>***</p><p>“Indicaciones generales sobre el comedor, la mesa y su servicio.</p><p>El comedor debe ser confortable y con buena luz, ventilado en verano y abrigado en invierno, pues hay que tener en cuenta que en la mayoría de los hogares es el lugar de reunión de la familia y donde se va a descansar de las tareas diarias en grata intimidad. Por lo tanto, hay que prestarle la debida atención, haciéndolo lo más agradable posible. Una buena ama de casa debe cuidar de que todo en la mesa sea limpieza, confort y elegancia aún en su sencillez”. “Antes de colocar el mantel hay que poner un paño para resguardar la mesa y también para evitar los ruidos desagradables que suelen hacer los platos y cubiertos al ser colocados sobre ella. Encima de este paño irá el mantel, que de preferencia será siempre blanco, pues da a la mesa aspecto de alegría y limpieza. Es conveniente colocar en el centro unas flores, pues al mismo tiempo que alegran el ambiente estimulan el apetito”.</p><p>Las recomendaciones que abren <i>El Libro de Doña Petrona</i> a modo de prólogo <i> </i>—estas pertenecen a una edición de 1946—,<i> </i>continúan. Hay indicaciones sobre cómo poner la mesa “para diversas oportunidades” divididas en “Mesa paqueta”, “Para el almuerzo familiar”, “La mesa para el almuerzo de dos”, “Para gente joven”. En cada una sugiere de qué manera disponer lo que para ella era el sitio más sagrado de la casa, con el que la mujer, ama y señora, que por supuesto no trabajaba y vivía para atender y consentir al marido y a los hijos, debía deslumbrar. </p><p>—En la parte de adelante del libro, mi abuela le dice a la señora de la casa qué comida le tenía que hacer a los chicos cuando volvían del colegio, y si volvía el marido a comer y si venía a cenar, y ella le tenía que preparar el desayuno, el almuerzo, la cena. O sea: la mujer estaba en la casa para eso. Antes no era normal que la mujer no estuviera cocinando en la casa; más allá de que <b>mi abuela era el referente de lo que ella decía que hicieran pero no hacía</b>. No era normal que las mujeres trabajaran, menos que las abuelas trabajaran. Y la mía trabajaba, y como loca.</p><p>Los 30 avanzaban ya sin tanta timidez hacia el centro de la década cuando las mujeres que seguían a Petrona desde sus comienzos en los teatros y demostraciones de cocina a gas comenzaron a pedirle que escribiera un libro de recetas. </p><p>—<b>Ese fue el otro gran hijo que ella siempre nombraba. Su primer libro</b>. Porque, además, nadie se lo bancó, el libro era de ella y lo hizo completo hasta que falleció mi abuelo Atilio. Después, cuando entró mi papá en toda la parte administrativa, empezó a delegar la producción, pero toda la vida el libro se hizo en mi casa. Íbamos al que vendía papel, después a los talleres gráficos; íbamos a Izquierdo Migone, que era el estudio de fotografía, a hacer toda la parte de las imágenes. </p><p>Y <b>en 1934 estuvo lista la primera edición de esa obra que la coronó y la sacralizó “Doña”</b>. <i>El Libro de Doña Petrona</i> era una enciclopedia gastronómica de más de 500 páginas. Que no solo compilaba recetas sino que guardaba secretos culinarios, consejos para la mujer moderna sobre la organización del hogar y para la mujer que trabajaba y cuidaba de su casa en simultáneo. <b>La primera tirada tuvo 5.000 ejemplares que se vendieron en dos meses</b>. La distribución y puntos de venta eran tan atípicos como su proceso de edición artesanal en el que no había una tirada igual a la otra, también a cargo de la propia autora. Uno de ellos era —pues claro— la casa de Petrona. </p><p>En los años 50, estalló: la demanda impulsó tiradas de 50.000 ejemplares. <i>El Libro de Doña Petrona</i>, con sus ilustraciones a color, se convirtió en un regalo tradicional de bodas o despedidas de soltera, como en el caso de mi madre. </p><p>—Me acuerdo de haber ido con mi abuelo a Koch Polito, acá en la Panamericana, que era un distribuidor de papel, a comprar porque en el año 50 en el país no había papel por las guerras o no sé qué había pasado —dice Marcela—. Y mi abuela no dejó de editar, <b>hizo el libro con papel de diario</b>. </p><p><b>Desde la primera edición hasta la actualidad, la biblia gastronómica argentina tuvo 103 ediciones</b>. En 2018 la editorial Planeta lanzó lo que llamó “la edición definitiva” (la número <b>103</b>). Una suerte de remasterización del clásico para el que Laura Vilariño, una periodista especializada en gastronomía, leyó el libro de mayúscula a punto final y se lanzó a editar las recetas y los textos con referencias añejas o desprolijidades durante más de dos años. También repuso el contexto del material original.</p><p>—Yo creo que eso [la publicación del libro y lo que sucedió con él] fue como esta cosa de decir: “Bueno, acá estoy yo”; “Esta soy yo”. Y ahí todavía estaba con su marido, con Gandulfo, que fallece en el 40. Durante toda esa etapa de explosión, mi abuela estaba con su primer marido. Después ella compra un terreno acá, en Olivos, donde se hace su casa, y queda viuda. Y al año nomás conoce a Atilio Massut, su segundo marido. </p><p>Estaba en una reunión social a la que la habían invitado, cuando lo vio: elegante, alto, joven. Un bailarín talentoso. Un placer del que ella no había podido disfrutar demasiado pese a su gusto por el baile por su marido patadura. Como ella llamaba a Gandulfo. Este modelo danzante y con gracia se llamaba <b>Atilio Massut</b>. Ella le pidió que le alcanzara algo para tomar. Probablemente whisky, brebaje del que bebía una medida diaria, <i>on the rocks</i>. Cuando él le acercó el vaso —o quizás fue una copa—, ella le vio las manos —”las manos eran impresionantemente hermosas”—, después vio todo el resto. Él la sacó a bailar, “y ahí nomás se enamoró”. Y ahí nomás empezó el resto de su vida. </p><p>—No le costó mucho. Y la verdad que eran superunidos. El amor que mi abuelo tenía por esa mujer que le llevaba 15 años, a la que él ya conoció Doña Petrona, porque en el 40 era Doña Petrona. Y se queda ocupando un lugar atrás de esa gran mujer, en el rol de acompañarla en todo lo que mi abuela había iniciado como su plan de vida. Este era el marido para mi abuela. La quiso y la respetó hasta el último día de su vida. </p><p>En 1943 quedó viuda; en 1946 se casó con Atilio Massut. Aunque decidió seguir siendo “Doña Petrona C. de Gandulfo”: así había saltado a la fama, así se quedaría. </p><p>Lo primero que hizo su segundo marido cuando se unieron legalmente fue darle a Marcelo, hijo adoptivo de Petrona y Gandulfo, su apellido. Marcelo les dio dos nietos: Marcela y Alejandro. Se disfrutarían todos sus años. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/2N276AY5PNEYPOCEHCZBJ5K7RE.jpg?auth=e3bd5e73bc0c11e5e7ee1a49385a67f6cd6d296c89190f88da5070ba6648b43d&smart=true&width=1920&height=2248" alt=""El Libro de Doña Petrona", tapa de la edición número 50 de 1957" height="2248" width="1920"/><p>***</p><p>Que detrás de la pantalla en blanco y negro se rompieran discos para el milhojas, hubiera problemas con los ingredientes y Petrona mostrara cómo resolverlo, probablemente también fue una de las fórmulas, una espontánea, para que toda ella —labios y barniz de uñas rojo furioso, perlas al cuello, porte de reina— fuera revolución. Lo único ficticio o incongruente era la distancia entre el discurso que pregonaba para sus lectoras, oyentes y televidentes y su propia vida: era la referente máxima de las amas de casa argentinas, a quienes les hablaba de la importancia de esperar al marido y a los hijos con una mesa impecable, con platos para deleitar y sorprender paladares ávidos y famélicos. Ese debía ser el objetivo de vida de su audiencia, reinas de sus propios reinos. Mas ella, al volante de su auto y de su vida, salía del suyo temprano y volvía compartiendo el cansancio con el sol. Cocinaba, por supuesto, puertas afuera. Del adentro, de malcriar marido y nietos, de lunes a viernes se ocupaba Juanita —cuando no estaba en la tele con ella— y una pequeña corte de empleados. </p><p>Juana Bordoy, la “Juanita” que muchas hijas de esta patria fuimos de nuestras madres, el nombre en el que se encarnaba —y todavía— a la ayudante de cocina argentina por antonomasia, llegó a Buenos Aires desde La Plata con 18 años en busca de trabajo. Conoció a Petrona por medio del médico de cabecera de la familia. Ella la alojó en su casa de donde Juana se iría solo para morir en La Pampa, cerca de su hermano, unos años después de la muerte de Petrona. <b>Mientras Petrona vivió, vivieron juntas</b>.</p><p>—Ni se casó por estar ahí, en la casa de mi abuela. Una fidelidad irrepetible. Entre ellas</p><p>se llevarían 25, 28 años. <b>Y para nosotros era otra madre: era mucho más que una abuela. </b>Yo viví en la casa de mi abuela hasta que construyeron la nuestra, a siete cuadras de la suya, los tres primeros años de mi vida. Ahí nació mi hermano, Alejandro, cuando yo tenía un año y medio. Y Juanita yo creo que nos disfrutó como si fuéramos sus hijos. Nosotros amábamos estar en la casa de mi abuela. Nos escapábamos de mi casa para ir a la suya. Cuando volvía del colegio y no tenía ganas de estar sola o con mi hermano, me iba y estaba Juanita. Entonces era pedirle permiso a ella, preguntarle si podíamos ir. Yo no le pedía permiso a mi abuela, no la iba a llamar a la oficina para preguntarle si podíamos ir a tomar la merienda, ni loca. Era Juaní la que siempre nos abrigaba en esos caprichos nuestros. Era otra madre, la amábamos de esa manera. </p><p>Buñuelos de manzana, panqueques con dulce de leche. Las mejores meriendas, los mejores juegos, Marcela los recuerda en la casa de Petrona, que era también la de Juanita. </p><p>—Aparte vivíamos muy cerca. Cuando mi hermano y yo tuvimos el medio móvil de la bicicleta, en el año 60, 70, bajábamos la barranquita de Vicente López, llegábamos a la casa de mi abuela y sábado y domingo no nos podía sacar nadie de ahí adentro. Era la casa del fin de semana para nosotros.</p><p>Asesorando a las soberanas de los reinos vecinos o lejanos o recónditos o todos juntos, de lunes a viernes, cuando llegaba el fin de semana la reina madre no se acostaba a descansar. Volvía al suyo para tomar el cetro, se ataba el delantal de volados cual atavío real y con palo de amasar en manos se ponía a trabajar e impartía órdenes para que todo estuviera listo para el gran banquete. <b>Cada sábado, cada domingo, Petrona recibía en su casa a más de una docena de amigos que ella agasajaba con sus creaciones.</b> Juanita y Marcela, que llegaba temprano por las mañanas, se ponían a disposición. Y empezaba el ritual.</p><p>—Cuando mi hermano y yo llegábamos a la casa de la abuela el sábado temprano, decía: “Bueno, hoy hacemos empanadas”; “Hoy tenemos que limpiar tres kilos de frutilla” o papas para hacer ñoquis. Esa parte del sábado a la mañana era la parte más feliz, porque después había que montar las mesas para toda esa gente. </p><p>Cada fin de semana las demostraciones de cocina eran en su propia casa: Petrona oficiaba de anfitriona y recibía a diez o doce matrimonios amigos que pasaban ahí del mediodía a la noche. Cada fin de semana se abrían los armarios repletos de vajilla para invitados —había para elegir según la mantelería y el menú que combinara—, se sacaba cristalería, se peinaban alfombras, se disponía prolijo, incólume, el escenario principal, el de la comida que esperaba para agasajar a los invitados.</p><p>—<b>Mi abuela siempre estaba feliz</b>. Siempre el fin de semana estaba feliz y pasaba sábado con gente y domingo con gente. Jugaban a las cartas, almorzaban: mi abuelo con todos los varones al truco, mi abuela a la canasta. Entonces qué hacía: los postres del fin de semana los preparaba en la oficina y los llevaba. Pero después había que cocinar. Me decía: “Andate al placar de arriba” (porque ella tenía placares con vajilla más que placares de ropa) “y elegí un juego para poner con tal mantel”, que por ahí ellas ya lo tenían elegido. Entonces yo iba con Juanita y bajábamos las dos todos los platos, las tazas, los platitos, todo lo que había para completar esa mesa. Esos fines de semana eran inolvidables porque uno era siempre anfitrón con ella. </p><p>No venían amigos a comer una pizza. Ningún <i>delivery</i> era admisible en la casa de Doña Petrona. Cada fin de semana, el reino de los batidores y el flan de huevo se vestía de gala, relucía esplendor.</p><p>—[Los comensales] llegaban a las 12 y a esa hora empezaban con los canapés y el vermú. Después se comía, después el postre, después el café y después de todo el juego de cartas terminaban con la picada de la noche. Ella amaba disfrutar en su casa. Ahí sí que los pisos estaban bien gastados.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/FCA6GDXWJVFYVBDMGYHAB3OZ2E.jpg?auth=680e50b25d7fb7b13bf5b696fed7197259d341c80ac417460e4fde99d53fbcb7&smart=true&width=1920&height=1496" alt="Doña Petrona fue la primera cocinera mediática del país. Comenzó escribiendo sus recetas y recomendaciones en la revista "El Hogar", continuó difundiéndolas por radio y se convirtió en la primera argentina en cocinar en televisión" height="1496" width="1920"/><p>***</p><p>Fue la primera argentina en cocinar en televisión. La primera cocinera mediática, seguida y admirada. La primera en escribir un libro de cocina que, además, es el más vendido hasta la fecha. No hablaba de política pero se dice que alguna vez le hizo una torta de cumpleaños a Perón. Cocino como se alimentó: con catorce huevos y kilos de manteca. Tomó una medida de whisky por día y murió con 96 años, sin colesterol. </p><p>También <b>supo renovarse y adaptarse a las épocas</b>. Muchas de sus recetas eran costosas por la cantidad de materia prima que insumían, lo que las volvía excluyentes para buena parte de sus seguidoras en momentos de inflación o “carestía de la vida”, como se denominaba a la suba abrupta de precios en las décadas del 50 y el 60. <b>En 1962 publicó</b> <i><b>Las recetas económicas de Doña Petrona</b></i>, que llegó velozmente a las catorce ediciones. Y cuando la moda de la anorexia y el <i>fitness, </i>pero también de la preocupación por la salud, cayó como una sábana estirada sobre la conciencia colectiva, y el conteo de calorías frente a un plato suculento hacía sudar frío a las mujeres en la mesa, <b>Petrona se unió a Alberto Cormillot y, en 1979, publicó </b><i><b>Coma bien y adelgace</b></i><i>.</i></p><p>Inspiró a generaciones de cocineras y ecónomas, como Choly Berreteaga, Emy de Molina y Blanca Cotta. ​Se hicieron tesis de grado a partir de su vida. </p><p>En 2017, por iniciativa de Marcela y Richard Saavedra, director de Goody Group —empresa dedicada a la fabricación y venta de uniformes, mantelería y accesorios para la gastronomía— se inauguró <b>El Museo de Doña Petrona </b>en el barrio de San Crisróbal. Ahí se exponían los utensilios, las ediciones de sus libros desde los años 30, los delantales, las cocinas y las mejores fotos de su vida y su carrera.</p><p>En 2019, también con el impulso y el trabajo de Marcela y su familia, la editorial Planeta lanzó <i>Doña Petrona inédita</i>, una compilación con más de mil recetas que nunca se habían publicado en un libro. Halladas en cuadernos manuscritos, revistas, guiones de radio y TV, y hasta en recetarios que la cocinera preparó exclusivamente para marcas emblemáticas.</p><p>En 2023, el pasaje del barrio de Olivos en el que vivía se ungió con su nombre por iniciativa de los vecinos.</p><p>Las marcas de la vida de Doña Petrona y de su trabajo son una cantera inagotable. Los homenajes también.</p><p><i>—</i>Para mí era mi abuela, más allá de que cuando yo decía quién era mi abuela del otro lado había una cara así: —Marcela abre la boca y los ojos hasta sus límites—. Pero para mí era mi abuela. Fue una persona superpresente con estos dos nietos insoportables de malcriados que éramos por ella. Nunca lo viví como “la abuela famosa que tuve”. </p><p>Después de dejar la TV, a sus 85 años, siguió dando clases de cocina en su oficina - taller de la calle Billinghurst. Juanita estuvo con ella hasta <b>el 6 de febrero de 1992</b>, cuando Petrona <b>murió de un ataque al corazón</b>, hace 34 años. Atilio, 15 años menor, había muerto 13 años antes, en 1979. Juanita, dos décadas más chica, lo haría en 1995, solo tres años después.</p><p>Desde entonces sus nietos, Marcela y Alejandro, y sus bisnietos, Tomás, Jazmín y Federico —atravesados de diferentes formas por la cocina— mantienen viva la memoria de esa abuela legendaria. Son guardianes de su legado. Uno que se alza pétreo como una figura de porcelana fría sobre una torta de bodas de cinco pisos, en un país que no olvida que si hoy se cocina con gas es, en gran parte, gracias a ella.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/OHSEEMNULFCUHO3C3EAN5YW5EI.jpg?auth=4b93207a73967dc3d98a25c9696c96ce50225b7c74446cc099a3be54f43c2663&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Doña Petrona ]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Ceferino Reato: “Menem arremetió con los indultos porque estaba convencido de que había que fundar un período de estabilidad”]]></title><link>https://www.infobae.com/sociedad/2026/02/02/ceferino-reato-menem-arremetio-con-los-indultos-porque-estaba-convencido-de-que-habia-que-fundar-un-periodo-de-estabilidad/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/sociedad/2026/02/02/ceferino-reato-menem-arremetio-con-los-indultos-porque-estaba-convencido-de-que-habia-que-fundar-un-periodo-de-estabilidad/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[El periodista presenta “Pax menemista”, un nuevo libro en el que analiza la primera etapa del Gobierno de Carlos Saúl Menem y el proceso de pacificación nacional que buscó imponer eximiendo de cargo y castigo a civiles y militares que cometieron crímenes de lesa humanidad durante el terrorismo de Estado]]></description><pubDate>Mon, 02 Feb 2026 03:53:16 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<p>“Cada tanto hay que revisitar la historia reciente, a mí me gusta eso, creo que es útil porque <b>en este país cada semana es nueva pero las cosas se repiten</b>”, asegura Ceferino Reato —periodista, historiador, autor—. Su trabajo confirma: <i>Pax menemista, </i>su nuevo libro (editado por Sudamericana) es el número doce que dedica a repasar acontecimientos, alumbrar hechos y personajes que fueron artífices, de un modo u otro, de la realidad que tenemos hoy. </p><p>“Yo creo que los quiebres de la política son producto de las crisis. Milei es producto de una crisis, Menem también”, dice en el diálogo en el que presenta su investigación. Una en la que se hunde en la primera etapa del Gobierno de Carlos Saúl Menem y reconstruye el proceso de pacificación nacional que buscó imponer indultando a civiles y militares que habían cometido crímenes de lesa humanidad durante el terrorismo de Estado —entre otras medidas más simbólicas y menos controversiales—, <b>haciendo caso omiso al rechazo de la mayor parte de la sociedad</b>.</p><p>Valiéndose de documentos y fuentes clave que lo condujeron a las conversaciones en la cocina, durante las comidas y en cuartos de hotel —esos sitios en los que se teje la política—, Reato hace foco en un acontecimiento que buscaba limpiar la sangre derramada a fuerza de decreto. Presenta la madeja de personajes, intereses, amistades, posturas y negociados en la que germinó esa <i>pax</i> menemista. Muestra las pretensiones de un presidente que quería ganarse —¿autoadjudicarse?— el título de <b>“reconciliador nacional”</b> a través de una medida que poco más de una década después se <b>declararía inconstitucional </b>demostrando que <b>no existe olvido por resolución. Ni paz, ni democracia que valga sin Memoria, Verdad y Justicia.</b></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/S4APA27XTJEQPNXVHFIX6PU36Q.jpg?auth=cb5fc81513b13d87f0da2226cb17017676ef4110e191e9a626571f64098fe271&smart=true&width=1920&height=1280" alt="Para imponer la reconciliación nacional, Menem indultó a civiles y militares que habían cometido crímenes de lesa humanidad durante el terrorismo de Estado con una serie de decretos que anunció en dos etapas: los primeros en octubre de 1989 y los segundos en diciembre de 1990. Estos últimos beneficiaban, entre otros, a los condenados en el Juicio a las Juntas (Víctor Bugge)" height="1280" width="1920"/><p><b>—Elegiste como título </b><i><b>Pax menemista</b></i><b>, con el</b><i><b> </b></i><b>concepto en latín. ¿Qué tipo de paz pretendía instalar Menem a través de los indultos, sobre todo, que son el eje del libro, y para quién era esa paz?</b></p><p>—Claro, <b>la medida más controvertida fueron los indultos</b>, que siguieron siendo rechazados a pesar de que Menem intentó, en su momento, bajar el nivel de rechazo. Pero la gente lo rechazó, tal es así que <b>llegaba al 70% el rechazo a los indultos</b>. Igual, él arremetió con los indultos porque estaba convencido de que había que fundar un período de estabilidad. Él quería fundar un período de estabilidad y predominio político basado en la unión del Ejército que, cuando él asumió el cargo el 8 de julio de 1989, estaba muy dividido con tres rebeliones carapintadas que la democracia naciente no había podido reprimir. Y, además, quería seducir a los antiperonistas e impedir que las bases peronistas se le rebelaran por el drástico giro económico neoliberal de su Gobierno, que era algo tan polémico. O sea, <b>tres objetivos importantes: unir al Ejército, seducir a los antiperonistas y mantener el respaldo de las bases peronistas. Eso es lo que yo denomino “la </b><i><b>Pax</b></i><b> menemista”</b>;<b> </b>que es un período que dura unos años, hasta el 2003, cuando eso va a saltar por los aires, pero que durante un tiempo tuvo éxito en ese predominio político. Unos dirán: “Fue la estabilidad”. Pero la estabilidad del uno a uno fue posterior. Esto es el período anterior. Primer año y medio de Gobierno, que es caótico, pero él se las arregla para fundar esa <i>pax</i> manteniendo un elevado nivel de imagen positiva.</p><p><b>—¿Menem realmente creía que era posible instaurar una paz honesta intentando una reconciliación con quienes habían abatido la democracia? </b></p><p>—Bueno, desde su punto de vista sí. Él pensaba eso. Lo que pasa es que había mucha gente que pensaba lo contrario. <b>Era muy controversial. No fueron solo los indultos, pero esa era la medida más importante</b>. Él, de todos modos, en la campaña había hablado de indultos o de alguna solución política para los militares. El tema eran los carapintadas pero de fondo era qué hacer con las violaciones a los derechos humanos durante la dictadura y también de los grupos guerrilleros. Y fijate qué cosa curiosa que él no habla al principio de reconciliación, de reconciliación habla la Iglesia. Y es la Iglesia, cuando a través del cardenal Primatesta le da el apoyo, que le dice: <b>“Ustedes, los políticos, hablan de pacificación, nosotros hablamos de reconciliación”</b>. Y a partir de ahí él toma la palabra “reconciliación”. </p><p><b>—Vos tomás, justamente, este Menem inicial, previo a la convertibilidad. El del comienzo. ¿Por qué elegiste esta etapa en particular? ¿Qué es lo que este Menem te permitía ver o comprender acerca de cómo se va a construir la Argentina a partir de eso? ¿Qué te mostraba ese Menem?</b></p><p>—Yo creo que cada tanto hay que revisitar la historia reciente; a mí me gusta eso, pienso que es útil porque <b>en este país cada semana es nueva pero las cosas se repiten.</b> Creo que hay en el país un gusto por el odio, por las antinomias. Nosotros somos felices odiando, y no lo digo yo, lo decía Joaquín V. González ya en 1910. En 1910, en <i>El juicio del siglo</i>, él habla de lo que se llama “la ley del odio”: la ley que rige la Argentina desde 1810 es el odio. Amamos odiar. Yo creo que esas antinomias nos persiguen y, en ese momento, había una que hoy no está, que era la de los federales y unitarios. En Entre Ríos nosotros aprendíamos sobre Urquiza y aprendíamos a detestar a Rosas. Yo creo que Urquiza es una gran, gran figura de nuestra historia. En aquel momento, me acuerdo, en 1989, esa antinomia todavía era fuerte. Bueno, a Menem se le ocurre <b>repatriar los restos de Rosas</b>. Eso forma parte de lo que, me parece, se puede llamar “<i>Pax</i> menemista”. Y le fue bien porque después de Rosas esa antinomia ya no tenía sentido. Me parece que puede haber sido legítimo eso de Menem. Lo que pasa es que el tema de los indultos era muy distinto. </p><p><b>—Muy distinto.</b></p><p>—Y, sobre eso, a mí me interesó también mostrar otra cosa: mostrar que fueron los exmontoneros los primeros que hablaron de reconciliación. Aún antes de este encuentro entre Menem y Primatesta, ya los documentos de Montoneros de 1987 se titulaban: “Por la reconciliación nacional”. Y después, en 1989, antes de las elecciones, ellos entregan un documento solemne a los pies de la Virgen de Luján y ahí dicen: “Nuestro país atravesó décadas de guerra civil intermitente y es necesario una solución política”. Me interesaba mostrar esto de que los exguerrilleros, antes que los militares, estuvieron a favor de una solución política, sea el indulto o la amnistía. También hay que tener en cuenta que para ellos era un desafío qué hacer después, porque habían tenido un montón de pérdidas, todas cercanas, habían sido derrotados militarmente y tenían que reconstituirse. Alfonsín no solo propició el juzgamiento de los militares, también propició el juzgamiento de los guerrilleros. Y de hecho, entre los indultados de la primera tanda hubo 64 guerrilleros o exguerrilleros y 39 militares, o sea, muchos más guerrilleros que militares. Firmenich estaba preso, después estaban los otros comandantes que estaban fuera del país porque estaban prófugos. Entonces, ellos hicieron un esfuerzo de encontrarle una salida política a esto, que tiene su mérito también. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/L3P3HR64RVDZ5LJSRM6CJCDA5Y.jpg?auth=6fabc18a09ef5440318f805a904fce0fbbc17ec8406bd5c03c84f5400f05533f&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Las tapas de los principales diarios del país anunciando la medida tomada por Menem  " height="1080" width="1920"/><p><b>—¿En ese documento que mencionás, Montoneros hablaba explícitamente de los indultos?</b></p><p><b>—</b>Ellos hablaban de solución política, estaban abiertos a una amnistía o a un indulto. El primer documento, que es un documento importante del 14 de junio del 87, habla de que los enfrentamientos del pasado no admitían una solución a través de los juicios, que la solución era política. Lo que pasa es que las violaciones a los derechos humanos durante la dictadura fueron muy, muy tremendas. Entonces, claro, <b>los juicios impulsados por Alfonsín fueron ejemplares</b>. Y fue un intento muy importante de fundar la democracia sobre valores distintos acá, sobre la vida, la libertad, y la gente eso lo apreciaba. Menem, ahí, él otorga los indultos como una gracia, digamos, presidencial, que es muy criticada también por algunos sectores de la Iglesia, pero no por el grueso de la Iglesia que estaba en manos de los conservadores. Había sectores que tenían una posición crítica sobre los indultos de Menem, sin llegar a una impugnación frontal. Pero <b>la Iglesia, en general, estuvo a favor, fue uno de los grandes soportes de los indultos</b>. Tanto a favor de la gestión de Menem como de la gestión de los exmotoreros, que también tenían vínculos con la Iglesia.</p><p><b>—Vos abrís el libro, de hecho, con la escena de esa comida de Menem y Primatesta. Y vas dibujando a ese primer Menem como un tipo que sabe exactamente lo que quiere y adónde va. ¿Por qué necesitaba el visto bueno de la Iglesia? Porque en esa comida está buscando el visto bueno. ¿Por qué, si estaba tan decidido al respecto como se lee, estaba buscando una aprobación de la Iglesia? ¿Estaba pidiendo que sea mediadora?, ¿que contenga, de alguna forma, la objeción moral que iba a aparecer? ¿Cuál era el rol de la Iglesia ahí?</b></p><p>—La Iglesia, como un poder fáctico, a Menem siempre le interesó. En aquel momento la Iglesia tenía mucha más importancia política que ahora, tal vez por eso es difícil de imaginar. Pero fijate vos que él y Zulema Yoma, que estaban separados, “se reconcilian”, entre comillas, antes de la elección porque precisamente el nuncio de aquel momento, Ubaldo Calabresi, los había convencido de que eso era bueno para el voto católico. Es decir: él tenía mucha consideración por la Iglesia. Y especialmente por figuras como Quarracino, que era el arzobispo de Buenos Aires; Primatesta, que era el arzobispo de Córdoba, pero era también el presidente del Episcopado; obviamente por el nuncio, obviamente por el papa. Eso, ese cuarteto, para él siempre fue muy importante. En este caso que eran los indultos, nada menos, necesitaba el aval. Y cuando lo tuvo eso cobró fuerza. Igual él fue manteniendo los ritmos porque lo dio en dos cuotas, digamos. Él [Menem] tenía algunos problemas grandes, aparte de que mucha gente estaba o<b> la mayoría estaba en contra</b>. Uno de los problemas que tenía es que había muchos militares —y esto es difícil de creer hoy—, o varios, que estaban en contra del indulto. Por ejemplo, Videla. Él no quería el indulto porque el indulto borra la pena pero no el delito y Videla quería una reivindicación institucional de lo que había hecho el Ejército en “la lucha contra la subversión”, entre comillas. Luciano Benjamín Menéndez, de Córdoba, también. Eso es difícil de considerar porque ahora se tiende a pensar que fueron los militares los que pidieron el indulto. En realidad, los que estaban más abroquelados en favor de una solución política eran los exmontoneros, los exguerrilleros. </p><p><b>—Vos presentás diferentes escenas en las que se ve germinar la idea del indulto. Está este documento de Montoneros y estas conversaciones que tienen primero con Cafiero, que no les presta demasiada atención, y después con Menem que les dice: “Sí, sí, les prometo” [la liberación de Firmenich, principalmente]. Y ahí, de hecho, ellos piden un compromiso de su parte y él les dice: “Voy a hacer una rueda de prensa”.</b> </p><p>—Él no está en la rueda de prensa, pero va a Duhalde. </p><p><b>—¿Y qué anuncia?</b></p><p>—Anuncia el apoyo de Montoneros. Porque Montoneros estaba también como buscando un lugar; pero Cafiero, que en aquel momento era el gobernador de Buenos Aires y era el casi seguro ganador, para él los montoneros eran un poco un quemo, y eran un poco un quemo. Lo que pasa es que Menem también lo era, porque Menem partía del fondo del mar. Él era de una provincia muy pequeña. Para la nomenclatura cafierista, digamos, <b>era un candidato imposible, </b>porque no podía ganar un caudillo como Menem, con esas patillas, pero también con ese lenguaje. Cafiero era una persona muy ilustrada, era más parecido a Alfonsín.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/BYEKVBR7KZC2RFJEJ63SC5OIIE.jpg?auth=cf75d6145d493015091224bcd0ca5f4a19dc81c421c39e6697d6540755e44103&smart=true&width=1920&height=1677" alt=""Menem se veía como 'el gran reconciliador nacional'. Yo en un capítulo le pongo 'El gran perdonador', porque él lo veía como que era una actitud no de los argentinos sino suya". "Él consideraba que podía perdonar, que era una fantasía porque una persona no puede perdonar en nombre de un país" (Víctor Bugge)" height="1677" width="1920"/><p><b>—Hay un quiebre en la imagen de la política en ese momento también…</b></p><p>—Totalmente. Hay una gran crisis. <b>Yo creo que los quiebres de la política son producto de las crisis. Milei es producto de una crisis, Menem también</b>. Y esa crisis era muy profunda. Que también hay que verla porque cuando Menem asume cinco meses antes de lo previsto, lo hace porque Alfonsín no puede controlar la situación, porque realmente a Alfonsín en el 89 le pasó de todo. Hay que tener en cuenta que el año comienza, prácticamente, con un asalto al cuartel de la Tablada de un grupo guerrillero, no de Montoneros sino uno más vinculado a la izquierda clasista, que fue una locura. Y después hay una hiperinflación tremenda, que es difícil de imaginar. A nosotros nos asusta la inflación, imaginate lo que es la hiperinflación. Es lo peor que puede existir luego de una guerra civil, creo yo, que la he pasado. Y había saqueos, rebeliones carapintadas. En ese marco asume Menem. Y él, además, le agrega más caos porque <b>al hacer un giro tan drástico hacia el neoliberalismo abandona todas sus promesas electorales, </b>que muchas no tenían ni pies ni cabeza,<b> y adopta un programa nada menos que con los históricos enemigos del peronismo,</b> que era el grupo Bunge y Born y los Alzogaray. Todo eso hace que ese año y medio sea muy difícil desde el punto de vista económico. Pero él logra sobrellevarlo. Claro, enfrente no había nada, la gente estaba disciplinada, con miedo, y Menem permanece con un nivel de imagen muy, muy alto. Gracias a su carisma, pero también a su actividad. </p><p><b>—Y todo iba encajando, de algún modo, en su discurso de pacificación, como estos gestos que mencionabas hoy de la repatriación de los restos de Rosas y la amistad con históricos antiperonistas.</b></p><p>—El almirante Rojas, que era una persona muy importante.</p><p><b>—¿Esto era parte de su estrategia?</b></p><p>—Sí, claro. <b>Él se veía como “el gran reconciliador nacional”</b>. Yo en un capítulo le pongo “El gran perdonador”, porque él lo veía como que era una actitud no de los argentinos sino suya, que él expresaba, habiendo estado cinco años preso y habiendo sufrido varios infortunios graves de parte de los militares, como cuando murió la mamá que ni siquiera lo dejaron ir al funeral. <b>Él consideraba que podía perdonar, que era una fantasía</b> <b>porque una persona no puede perdonar en nombre de un país</b>. Como decían los obispos más moderados, la cuestión era muy grave y se necesitaba un reconocimiento de las culpas, un arrepentimiento genuino, incluso desde el punto de vista católico. No se podía hacer. Pero en ese marco él tenía algo muy inmediato que era la división del Ejército. Ahora los militares no tienen ningún poder, pero en aquel momento sí lo tenían. Se habían rebelado tres veces y la democracia no había podido reprimirlos. Y esto es importante, porque la democracia, como cualquier régimen, necesita que el monopolio del uso de la fuerza legítima esté en manos de quien figura como presidente. Si el presidente no puede reprimir una sublevación militar la democracia está lesionada. Y hay que decir que a él se le levantan los militares —muchos de ellos habían sido indultados, otros no— y él los reprime.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/CWGYJ5SFVFDWXAJUL4VHRHVIIE.jpg?auth=60e4a3d8fee67ed1aa1192473eedf7068744c459c6bfaee4188d1b84e4d787e2&smart=true&width=3898&height=2720" alt="La comitiva que viajó a Southampton para repatriar los restos de Rosas, otra de las medidas que tomó Menem en pos de la reconciliación nacional (Juan Bautista Yofre)" height="2720" width="3898"/><p><b>—Los indultos del 90 —donde libera a los condenados en el Juicio a las Juntas— ¿fueron el modo de asegurarse de que no iba a haber más revueltas? ¿O era el desenlace de todo el proceso que ya había comenzado?</b></p><p>—Claro, era el desenlace de un proceso que él había comenzado y estaba orgulloso de haber comenzado. Él tenía resto como para bancarse la opinión en contra del 70% de la gente. Qué hay que decir que Firmenich también la tenía, y más incluso. Es decir: la gente estaba en contra del indulto a los militares y a los guerrilleros. No es como se cree ahora que los militares están bien presos y los guerrilleros estaban bien libres. No mucha gente pensaba así en esa época, la mayoría pensaba que todos tenían que estar presos. </p><p><b>—Habíamos comenzado a hablar de que en el libro vos mostrás diferentes momentos donde se lee que empiezan a germinar los indultos. Uno es este de Montoneros que habla de reconciliación en ese documento, pero también mencionás que Massera llama a hablar a un funcionario menemista cercano a la Iglesia y le dice: “Vos tenés la llave de mi libertad”, y ahí él organiza este encuentro entre Menem y Primatesta que abre el libro, a partir del cual la Iglesia da el visto bueno y es puntapié para los indultos. </b> </p><p>—Hugo Franco, claro. Según Hugo Franco, que era como el hombre de confianza en la política del cardenal Primatesta, además era funcionario de Menem, Menem le pide que haga el encuentro, la cena con Primatesta, luego de que él le diga a Menem que lo había llamado Massera, a quien él no conocía, y que le había dicho: “Cómo es que me tiene acá preso, usted que tiene la llave del reino”, o algo así. La llave era Primatesta. Entonces, claro, es ahí donde ellos dicen: hay que traerlo a Primatesta porque es un aval importante. </p><p><b>—Entonces eso se activa a pedido de Massera…</b></p><p>—A pedido de Massera. Porque Masera ahí se da cuenta de que en realidad la gran llave de su libertad era Primatesta, que era una persona importante pero estaba en Córdoba, por lo tanto muchas veces pasaba desapercibido; aunque era cardenal desde el 73, una persona de mucho peso en la Iglesia local y en el Vaticano. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/OEX2M4YHOZDPHNIXQMIHQRVVHI.jpg?auth=e1a416a8dc995478e18534c25f85122908297e4f41a4fafabdc92d7045271fa5&smart=true&width=920&height=615" alt="Menem anunció los indultos haciendo caso omiso al rechazo de la medida que llegaba al 70%. Gran parte de la sociedad los repudió con movilizaciones masivas en defensa de los derechos humanos, la memoria, la verdad y la justicia
" height="615" width="920"/><p><b>—¿Dónde quedaba el dolor de las víctimas, de los familiares, de los movimientos de derechos humanos, qué lugar les quedaba a ellos en esta paz menemista?</b></p><p>—Bueno, yo creo que —y ese fue el gran error de Menem respecto a los indultos— <b>eso no lo contempló</b>. Precisamente porque <b>él se creía capaz, por haber estado cinco años preso, de perdonar en nombre de todos los argentinos y eso es un error grave</b>. Yo creo que le faltó claridad sobre esto. Es el error que explica también por qué esto quedó y quedó y quedó y después de otra gran crisis, como la del 2001, el consenso cambia drásticamente. Se reactualiza el dolor de las víctimas, que nunca dejaron de luchar por los suyos, pero de otra manera. Por eso tiene tanta explosión lo de Néstor Kirchner, pero esa es otra <i>pax</i>.</p><p><b>—¿Menem pensaba que podía haber una paz real en medio de un silenciamiento? O mejor dicho: ¿era paz o silenciamiento?</b></p><p>—Creo que él era una persona muy práctica y pensaba que con esto bastaba. Pero es muy difícil eso de bastar. Participo de la crítica de los sectores más moderados de la Iglesia, Casaretto y demás, que expresan en un gran documento, “Iglesia y Comunidad Nacional”, de 1981, los requisitos de la reconciliación. Ahora, eso no quiere decir que no tiene que haber reconciliación. Quiero decir: es muy difícil lograr la reconciliación, pero es un gran esfuerzo porque también es cierto que los países no pueden estar peleados siempre. Creo que nosotros —una opinión— exageramos en los desafectos. El presidente Mujica de Uruguay decía, en su lenguaje tan popular y tan maravilloso: “Los argentinos tienen que quererse más”. Yo creo que algo de eso hay. Es difícil ver en la historia un pueblo que pueda progresar con semejante desafecto. Fijate vos que la <i>Pax</i> romana, que es el lugar de donde vienen todas las <i>paxes</i>, fue un intento de Augusto de terminar con las luchas civiles. Y el convencimiento de que las luchas civiles no son más que un desperdicio de energía. Y no sé en la historia, pero a nosotros con este desafecto no nos va tan bien, ¿no? </p><p><b>—No nos va tan bien. Pero respecto a la </b><i><b>pax</b></i><b>, en la mitología romana era una figura que encarnaba la paz, justamente, y era hija de la justicia. La de Menem no fue muy hija de la justicia sino lo contrario.</b></p><p>—No, a la <i>pax</i> de Menem lo que le faltó es una comprensión mucho más universal de lo que era. <b>Creo que fue algo muy a las apuradas y muy individualista</b>. La <i>pax</i> sí es hija de la justicia, pero la justicia es hija del amor para otros. Y la justicia es muy importante siempre y cuando sea para todos. Porque, claro, para Menem, todos libres. Para el kirchnerismo, libres solo los amigos, es decir, los exguerrilleros que eran de la generación nuestra, de la buena; los militantes que bueno, se equivocaron en los medios, mataron, pero los ideales eran buenos. Eso tampoco… A la <i>Pax</i> menemista le faltaban ciertas cosas importantes. Ahora, durante un tiempo funcionó. Funcionó hasta que se cayó y cambió el consenso. Yo lo explico, para mí tiene que ver con la fantástica crisis del 2001. Cuando hay una crisis así cambia todo. Es muy difícil explicar el mileísmo sin la crisis que lo precedió. Cambian todos los consensos. Me gustó hacer el libro porque creo que revisitar la historia te permite también ver cuáles, cómo son las soluciones que se tomaron después. La suerte que tiene esta investigación es que muchas fuentes están vivas y eso ayuda, pero también trata un periodo complicado, con el cual uno ya tiene una postura previa. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/HDE4RKHXW5C77CNNS3FMFOS7ZE.jpg?auth=4691de52f5471c21a9a0d24b4b9514a380cea892466bb7d599ed302ee068f0fa&smart=true&width=1920&height=1360" alt="Tapa y contratapa de "Pax menemista", el nuevo libro de Ceferino Reato" height="1360" width="1920"/><p><b>—¿Hay alguna otra cosa que te gustaría destacar?</b></p><p>—Lo bueno de la democracia es que la gente va votando y va cambiando y hay que adaptarse. Menem es muy especial porque es un intuitivo, básicamente. Yo ahí lo describo. No era una persona que tenía todo un esquema de qué es lo que había que hacer. Y ensayaba. <b>El ensayo y error era fundamental para él</b>, pero algunas cosas formaban parte de su proyecto.</p><p><b>—¿Había algún límite ético en ese ensayo y error o la gobernabilidad era el límite?</b></p><p>—Era un gobernante, todos tienen su ética. Lo que pasa es que la de Menem era particular, en realidad es <b>una ética del poder</b>; el peronismo la tiene, la ha tenido siempre. Milei también la tiene, una ética del poder. Alfonsín es distinto, era una ética de la responsabilidad. Es un personaje muy importante y diferente. Menem era una persona que manejaba mucho el poder y tenía una personalidad muy especial. Porque es difícil imaginarse una persona que no tuviera odio, pero claro, algunos dicen que era un amoral. Yo creo que no, yo creo que tenía un sentido muy particular del bien y del mal. Pero en el caso de los odios pasados es un personaje muy llamativo porque preso estuvo y sufrir, sufrió. Pero después se mostró magnánimo a la hora de poder serlo, que eso no lo hace cualquiera. Yo cuento lo de Harguindeguy, que era el ministro del Interior, muy duro, que fue el que lo mandó a Las Lomitas y un poco el que le transmitió que no podía ir al funeral de su madre y él lo perdona. Yo nunca voté a Menem, no me considero un menemista, pero hay cosas que uno reconoce. Especialmente cuando se vuelve viejo y, como decía alguien, cree que todo tiempo pasado fue mejor. La cuestión de la magnanimidad en la victoria, después de ver algunas cosas del presente, es bastante importante, ¿no? </p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/SMVIDAIDVBD2DKUBUGKIST7HSE.jpg?auth=347baffa70a5c3c3e4c693557e3dd22a418676ee9822d79176c619b46b3e9d71&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"/></item><item><title><![CDATA[A veinte años de “Ausencias”: la historia del fotógrafo entrerriano que plasmó la desaparición en imágenes que recorrieron el mundo]]></title><link>https://www.infobae.com/sociedad/2026/01/24/a-veinte-anos-de-ausencias-la-historia-del-fotografo-entrerriano-que-plasmo-la-desaparicion-en-imagenes-que-recorrieron-el-mundo/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/sociedad/2026/01/24/a-veinte-anos-de-ausencias-la-historia-del-fotografo-entrerriano-que-plasmo-la-desaparicion-en-imagenes-que-recorrieron-el-mundo/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[Gustavo Germano tenía 12 años cuando el terrorismo de Estado desapareció a su hermano mayor, Eduardo. Ese hecho, y todo lo que vino con él, iba a definir gran parte de su vida. Cuando se cumplieron 30 años del golpe de Estado puso a rodar una idea que tenía en mente hacía tiempo: volvió a su lugar de origen y recreó, con casos locales, el vacío que dejó la desaparición forzada de personas. El génesis de una muestra que sigue estremeciendo a quien quiera verla]]></description><pubDate>Sat, 24 Jan 2026 05:41:38 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/ZRKTPFGTBVABJJA7V6ADFES3X4.png?auth=587a336e5d998d0783326e62521f62c9f49e2b3eeb28ddc3546ae4eee2b21384&smart=true&width=1920&height=1080" alt="De izquierda a derecha: Gustavo, Guillermo, Diego y Eduardo Germano. Eduardo fue secuestrado el 17 diciembre de 1976 en Rosario (Ausencias - Gustavo Germano)" height="1080" width="1920"/><p>¿Cómo se representa la ausencia? ¿Cómo se ve? ¿Cómo se oye? ¿Se huele? ¿Se toca? ¿Se puede escribir? ¿Dibujar? ¿Cuánto mide? ¿Cuánto pesa? ¿Se hunde o flota? ¿Hay algo que alcance para abarcarla? ¿Cómo se dice lo indecible? <b>¿Cómo se representa lo irrepresentable?</b></p><p>El vacío que lo llena todo vive en una cama hecha. En una mesa siempre puesta con un plato que espera. Flota sobre un banco de escuela que nadie ocupa. Detrás de la pelota de un club en un equipo incompleto. Sobre los apuntes congelados en la misma página del mismo tema de la misma materia en un escritorio. </p><p>Como un elefante en un cuarto. Ahoga a las presencias. Las presencias inundadas de ausencia.</p><p>Cómo.</p><p>***</p><p>Era Paraná, Entre Ríos. Era julio de 1976. Eduardo Germano, de 18 años, acababa de volver a su casa después de haber estado nueve días desaparecido. Por la noche fue a su cuarto, se sentó en la cama para sacarse los zapatos. En ese momento entró Gustavo, de 12, su hermano menor. </p><p> —Ahora te vas a dejar de joder, ¿no? </p><p>Eduardo levantó la vista, lo miró y le respondió:</p><p>—Ahora más que nunca.</p><p>Es uno de los últimos recuerdos que <b>Gustavo Germano, fotógrafo entrerriano especializado en memoria social y ciudadana</b>, tiene de su hermano mayor.</p><p>—Lo vinieron a buscar a casa. Estábamos con mi otro hermano, Guillermo, y justo Eduardo, no sé si le avisaron o qué, pero dijo: “Si me vienen a buscar, yo no estoy, me fui”, y salió. A los diez minutos cayó la policía, de civil pero armados. Y cuando estaban hablando con nosotros los llaman por el <i>handy</i> y dicen que lo habían detenido en la esquina de Pellegrini y Perú, a dos cuadras de casa. <b>Esa fue la primera</b>. Les dicen a mis viejos que lo llevaban para hacer unas averiguaciones —a la Policía Federal, ahí en calle Rivadavia [N.de la R. hoy calle Alameda de la Federación]—. Cuando mi viejo fue le dijeron que no estaba. <b>Estuvo desaparecido nueve días</b> y no sabemos bien por qué lo soltaron, si era para seguirlo o cuál era la estrategia —dice ahora Gustavo del otro lado de la pantalla, y desde otro huso horario, en Barcelona. </p><p>También supone que, con la percepción de sus 12 años, lo que le dijo a su hermano mayor en la habitación el día que volvió tiene que haber sigo algo que escuchó decir a sus padres: “Habrán dicho: ‘Bueno, ahora se habrá cagado en las patas, se va a dejar de joder”. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/3ZMKYJCWANBABBQM3PZFEAGD7U.png?auth=dd8eef1a7fe4aa8cb1c57e3ca6a16b9764b9508e451ac555835e4a61f0b7344c&smart=true&width=519&height=753" alt="Eduardo Raúl Germano (Contradesaparecido - Gustavo Germano)" height="753" width="519"/><p>***</p><p>Hay quienes se definen por lo que hacen. Por lo que gustan. Por lo que anhelan. Por el lugar de origen. Por el punto en el mapa en el que viven. Por los ancestros. Por la cultura. Por el credo. Por lo que consumen. Y hay quienes fueron embestidos por un puño tan duro que lo cegó todo. Y eso los define.</p><p>“Gustavo Germano. 1964, Chajarí, Entre Ríos Argentina. Es hermano de Eduardo Raúl Germano, detenido - desaparecido por la dictadura argentina el 17 de diciembre de 1976 y cuyos restos fueron identificados en 2014 por el Equipo Argentino de Antropología Forense”, son las primeras líneas de su biografía en su sitio web.</p><p><b>Hermano de</b>.</p><p>—Una amiga una vez me preguntaba: “¿Cómo hubiera sido tu vida sin eso?”. Yo no sé lo que es. La dimensión de eso, en ese momento, fue inalcanzable, <b>uno no puede visualizar lo que realmente significa</b>. Después lo vas llevando y vas atravesando distintas etapas, distintos procesos. Yo creo que fue como un gran cachetazo, una piña brutal. Porque también se veía lo que pasaba en el contexto de la sociedad. Mucha gente estaba de acuerdo, o lo aceptaba o lo justificaba con el famoso “algo habrán hecho”. Y eso sucedía en un entorno donde nosotros éramos una familia feliz. </p><p>***</p><p>Lo eran.</p><p>Eduardo Germano era el mayor de cuatro hermanos. Gustavo, el menor. Entre ellos, Guillermo y Diego. Su madre, Carmen, era profesora de Francés. Su padre, Felipe, trabajaba en el Banco Entre Ríos, “era hijo de un empleado ferroviario que había estudiado Contabilidad por correspondencia, desde Basavilbaso, y había terminado como gerente de las principales sucursales del banco” en esa provincia que hace gala de sus verdes y está rodeada de agua. Los Germano pasaron por muchas ciudades. Cada uno de los hermanos nació en una diferente. Y llegar a Paraná, la Gran Manzana de esas tierras, era llegar a la cúspide del recorrido. Ahí arribó la familia promediando la década del 70. </p><p>Pero toda manzana es susceptible de tener gusanos.</p><p>Eduardo estaba cursando el último año de la escuela secundaria y se reencontraba con la cotidianidad de sus padres y hermanos. A sus 12, mientras todos saltaban de pueblo en pueblo, él se había ido a Paraná para estudiar en el colegio La Salle. Vivió su adolescencia en una pensión.</p><p>—Mi vínculo con él fue muy esporádico, lo veía los fines de semana, aparte de que yo era muy chiquito. El tiempo de vida con él fue ese año, en el 75, y parte del 76. Me acuerdo de que una vez le pedí que me arreglara la bicicleta, tengo ese tipo de recuerdos. Los discos de los Beatles o de Emerson, Lake &amp; Palmer, esas cosas que él nos trajo a la casa. Janis Joplin, el Che Guevara. Y entonces eso [su desaparición] fue como un bofetón. Aparte se juntó con otro elemento, porque la desaparición de él es en diciembre del 76, y ese mismo mes nos mudábamos de casa. A fin de año, cuando nos vamos a una casa nueva, lo hacemos ya sin Eduardo. Ahí empieza otra película. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/3UB4PU246BAVBGYVUR4BLLKYZE.png?auth=741fe3d12d8676a0abac9db4339d90618ebc5950b11e2d88d8afa4cd0540e254&smart=true&width=517&height=746" alt="Pancarta utilizada por la familia en las manifestaciones por Memoria, Verdad y Justicia (Contradesaparecido - Gustavo Germano)" height="746" width="517"/><p>***</p><p>Después del primer secuestro, en julio del 76, Eduardo pasó a la clandestinidad. Sin especificaciones, ni preguntar demasiado, su familia iba encontrando resquicios para verlo. Dejó la ciudad con nombre de río y se fue a vivir al otro lado del túnel subfluvial. </p><p>—Estuvo en Santa Fe, primero. Yo me enteré porque fuimos a verlo una vez con mis padres, nos encontramos en una cafetería que hay en Boulevard Gálvez, se llamaba Necochea. Y mi viejo le llevaba unas corbatas. Él se había cortado el pelo y estaba tratando de “adecentarse” para pasar más desapercibido. Eso es algo que me quedó, pero en el momento yo no sabía exactamente qué estaba pasando. Y de hecho por cuestiones de seguridad tampoco me lo iban a decir. Esa fue la última vez que lo vi.</p><p>Eduardo logró evadirse un poco más. Se fue a Rosario, vivió en casa de un tío y escondido en un ático y volvió a ver a sus padres una o dos veces. El 18 de diciembre habían acordado un encuentro en una plaza, pero cuando Carmen y Felipe llegaron <b>su hijo no estaba</b>. </p><p>—Ahí empezó el periplo clásico de todos los familiares de desaparecidos: <b>comisarías, iglesias, cementerios, hospitales</b>. Mi vieja dice que esa noche soñó que lo empujaban por una escalera.</p><p>El último día del año, un año aciago en un país que crecía subterráneamente y se desertizaba en la superficie, que ramificaba, bajo las baldosas, un submundo de muerte mientras en las veredas el sol lamía las marcas, los agujeros dejados por los desaparecidos, Gustavo acompañó a su padre a echar la última mirada por la casa que dejaban antes de devolver las llaves. Debajo de la puerta encontraron un sobre.</p><p>—Era un anónimo que estaba escrito a máquina en una hoja de cuaderno. Decía: “Lamentamos comunicarle que a su hijo Eduardo Daniel Germano —estaba mal el segundo nombre, se llamaba Eduardo Raúl— lo detuvieron el día 17 y posiblemente lo mataron el 26. Aunque no hay confirmación oficial”. Punto. </p><p>Punto.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/TH4L6PJ2LFFLNPPTJ22OVB7M2U.png?auth=8cb48392eb9c6c2a47e86b356c75fe11893fcb1e4bcdb5380f5d27171f4e48b6&smart=true&width=673&height=793" alt="Carta anónima recibida por la familia Germano el 31 de diciembre de 1976 en Paraná, Entre Ríos (Contradesaparecido - Gustavo Germano)" height="793" width="673"/><p>***</p><p>Lo buscaron. Claro que lo buscaron. No solo en la peregrinación por las instituciones brutas, ciegas, sordas y mudas a la que cada vez se sumaban más familias. Fueron más allá: contrataron a un detective privado que al poco tiempo de comenzar a investigar fue interceptado por una patota que le hizo entender por las malas que si seguía en ese camino le esperaban aún más malas. Si hubiera sido un dibujo animado, de seguro ese hubiera sido el momento en que el personaje escapa corriendo dejando un agujero con la forma de su cuerpo en medio de un círculo negro. Qué podía hacer frente al sistema que succionaba, se devoraba a las personas y escupía los huesos un investigador que se dedicaba a perseguir infidelidades. </p><p>—Pero algo hizo. Llegó a escribir un informe con una noción de lo que podía estar pasando, o sea, que la gente fuera realmente chupada y que no hubiera ningún margen de ninguna estructura del Estado o de la sociedad desde la cual intervenir ni cómo llegar a su paradero. Era muy desconcertante, ¿no?</p><p>***</p><p><b>Paraná</b>, esa ciudad paisaje, con veredas anchas tapizadas de lapacho rosa; la ciudad que supo ser <b>la capital de la Confederación Argentina</b>, un tatuaje de honor grabado en piedra, placas y muros, podía convertirse en la mismísima boca del infierno en los años 70 para quienes militaban por la justicia social o en agrupaciones armadas y para quienes los querían. No solo por la red de complicidades tejida entre algunos vecinos para delaciones u omisiones —lo que sucedía por todo el país—, sino por la mirada hacia quienes se convertían en familiares de desaparecidos, portadores, de repente, de una llaga invisible que se creía contagiosa. </p><p>—La reacción de la gente, todo el entorno, te trataban como el hermano del terrorista. Esos primeros años los recuerdo así: una nebulosa de destrucción de la estructura familiar, social, del contexto. Fueron muy difíciles. Quizás era un micro micro mundo, pero fue el que me tocó vivir a mí. </p><p>Cuando cumplió los años que había llegado a cumplir su hermano mayor, Gustavo tuvo una crisis: <b>“Me va a tocar vivir, porque a mí no me van a matar”</b>, pensó. Lo que le tocaba era decidir qué iba a hacer con esa vida. </p><p>Apenas la dictadura empezó a agonizar, la organización social y la formación de nuevos partidos políticos a salir al sol y en Paraná se creó la <b>Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH)</b> Gustavo comenzó a encontrar espacios en los que volcar y transformar la ausencia. O al menos compartirla.</p><p>Pero con el advenimiento del alfonsinismo, con sus avances y retrocesos en la materia de hacer justicia, el menor de los Germano sintió que algo le faltaba. Que ese banquete democrático que prometía extasiarlos y devolver algo de lo perdido en los años rotos se parecía más a un menú <i>gourmet</i>: atractivo pero escaso. Necesitaba algo más. Fue cuando decidió que se iría de viaje a Centroamérica. </p><p>—A conocer una revolución de verdad que era la revolución sandinista en ese momento.</p><p>Vendió libros, reunió dinero y se fue. Se llevó con él <b>una cámara de fotos</b>. </p><p>—Fue en ese viaje donde me conecté con la fotografía. Fui con una cámara compacta, no llevaba una supercámara ni nada. Siempre tenía esas inquietudes sociológicas pero no era muy estudiante… La parte de la palabra no era lo mío y <b>encontré en la imagen una manera de decir cosas</b>. </p><p>A su regreso comenzó a estudiar Comunicación Social. Después de cursar la primera materia dedicada a la fotografía —un taller de Imagen— decidió que ahí estaba su destino. </p><p>Trabajó. Claro que trabajó. En áreas de Comunicación, en publicidad para empresas, en prensa. Y se volvió fotoperiodista. En los 90 entró al semanario <i>Análisis</i>, uno de los medios gráficos más importantes de la ciudad, destacado por su periodismo de investigación. En 1994 integró el equipo fundador de <i>Hora cero</i>, un diario local que tuvo poca vida. Luego volvió a la revista semanal donde estuvo hasta el cambio de milenio, cuando migró a España para instalarse en Barcelona de donde no se iría. Antes expuso lo recorrido: <i>Tráfico de Imágenes </i>(1993), la <i>Muestra Anual de Reporteros Gráficos del diario Hora Cero </i>(1994 y 1995); <i>Chicos de la Calle</i> (1996); <i>Haciendo Circo</i> (1997),<i> Doce a las Doce</i> (fotonovela - 1998); <i>Go Home </i>(instalación - 1999). Las muestras que seguirían serían en otro continente.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/Y22MKZ6O4RBLXCG6YQB5WBXA24.jpg?auth=7ea885542ea25fdc73b453616ded6e5b3526eb0f63518aa1ffca69980cf434cb&smart=true&width=1920&height=634" alt="Omar Darío Amestoy y su hermano, Mario Alfredo, un domingo de primavera. Omar fue asesinado en 1976 junto a su esposa y sus dos hijos —de cinco y tres años— en San Nicolás de los Arroyos por perpetradores del Ejército y las policías Federal y Bonaerense (Ausencias - Gustavo Germano) " height="634" width="1920"/><p>***</p><p>—¿Te fuiste por la crisis de 2001? </p><p>—No, me fui antes, en mayo, junio del 2001. Ya me estaba queriendo ir a la mierda a finales del 2000, de los 90. Era todo muy raro. Medio lo que pasa ahora. Los jóvenes andaban en en los Renault Clío de corbata, haciéndose los <i>yuppies</i>, y los abuelos protestaban en la calle. <b>Algo no funciona bien en una sociedad si los jóvenes no son contestatarios </b>y los abuelos, que serían los que tendrían que aplacar las cosas, están en la calle peleando. Había algo que no estaba bien. </p><p>No había plan definido ni proyecto de vida en el Viejo Mundo. Había deseos de viaje, una compañera —con quien sigue compartiendo ruta—, zapatos viejos y arrojo.</p><p>—No era quemar las naves y nos vamos. De hecho veníamos con la ropa que teníamos. Empezamos a trabajar y nos fuimos quedando.</p><p>En Barcelona, con los círculos periodísticos cerrados, comenzó como <i>freelancer</i> tomando fotos de lo que surgía: desfiles, eventos, pisos de casas en venta. </p><p>Mientras hacía eso para vivir, iba madurando una idea que se le había instalado hacía tiempo adentro: <b>usar la imagen para mostrar, volver casi palpable, la falta de su hermano, de tantos hermanos, hijos, madres, padres, amigos desaparecidos</b>. La masticaría y ajustaría en su mente durante casi una década hasta que la oportunidad de sacarla de ahí y darle curso se encontró con él en 2006. </p><p>—En 2005 nacieron nuestros hijos, que iba a ser uno y nacieron dos. Ese fue un punto importante. Y en 2006 hubo un acto en Casa Amèrica Catalunya [N. de la R. una institución dedicada a tender lazos entre Latinoamérica y Catalunya a través de la cultura] por el 30 aniversario del golpe. Yo a <i>Ausencias</i> la tenía en la cabeza desde hacía muchos años. Siempre digo que fui de diez en diez: a los 12 desapareció Eduardo, a los 22 empecé a hacer fotos, a los 32 me imaginé <i>Ausencias</i> y a los 42 la hice. O sea que era una historia muy madurada. Quería volcar la experiencia en un hecho fotográfico, utilizar la imagen para hablar de eso que había ocurrido. Entonces en ese acto busqué a alguien a quien contarle la idea. Ahí conocí a Marta Nin, que es la actual directora y en ese momento era la encargada de exposiciones. Le presenté dos carillas escritas a máquina, porque no tenía fotos sobre eso, y se emocionó. Ella lo vio. Esa era la pata que necesitábamos acá. </p><p>En julio del 2006 toda la familia viajó a Entre Ríos para hacer las primeras pruebas. </p><p>—Hicimos cuatro fotos, porque tenía la idea pero había que ver si la cosa era real, si iba a funcionar el trabajo en los dípticos. Cuando volvimos hice una maqueta, la presenté en Casa Amèrica y terminaron de dar el ok. En diciembre ya viajé con uno de mis hijos —porque como son gemelos teníamos uno para cada uno— a hacer todas las fotos.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/QEMQDN36O5FQXNTPSQDCW2CGB4.jpg?auth=21f229e7cbc83edb68eef5a43709e19e2c2b0b20115c5cd77bf416bebf0c110c&smart=true&width=1920&height=613" alt="Orlando René Méndez, Leticia Margarita Oliva y su hija, Laura Méndez. Orlando fue secuestrado en 1976, en la Ciudad de Buenos Aires; Leticia, en diciembre de 1978. Ambos continúan desaparecidos (Ausencias - Gustavo Germano)" height="613" width="1920"/><p>***</p><p>A la izquierda, dos hombres, Omar Darío Amestoy y su hermano, Mario Alfredo, bajan un terraplén cubierto de pasto. Es un domingo de primavera. Es 1975. Fueron con sus familias a un día de campo. Hay pesca y asado.</p><p>A la derecha, solo Mario Alfredo —ahora el pelo es cano— baja el terraplén. </p><p>A la izquierda, una mujer, Clara Fink, sonríe de pie mirando a su hijo, Claudio Marcelo Fink, que está sentado a la mesa familiar escuchando la radio con el sol en los brazos, en el pecho, en la mejilla que ofrece. Es su padre, Efraín, aficionado a la fotografía, quien está detrás de la cámara y revela la instantánea.</p><p>A la derecha, Clara está de pie, ya no sonríe —ahora la piel tiene marcas—, apoya una mano en la mesa familiar, la otra en la silla vacía.</p><p>A la izquierda, una pareja, Orlando René Méndez y Leticia Margarita Oliva, sonríe sentada en la cama mientras mira a la bebé que sostiene en medio, Laura, su única hija, que mira a cámara con su boca desdentada abierta. Hace pocos meses comenzó 1976. El golpe de Estado irrumpirá días después.</p><p>A la derecha, Laura —ahora es una mujer— está sola, arrodillada frente a la cama, con la boca sellada.</p><p>***</p><p>Había un concepto y varias decisiones tomadas.</p><p>—Siempre tuve bastante claro que tenía que hablar de algo colectivo. Que era una experiencia colectiva. Había visto algunos trabajos, por ejemplo en esa época ya había salido <i>Treintamil,</i> que era un librito muy pequeñito, hermoso, de Fernando Gutiérrez, o sea que habían empezado a salir cosas. Y mi idea era recrear varias imágenes, <b>mostrar un universo de víctimas y también de afectos</b>. Quería que las relaciones de las personas que aparecieran fueran variadas, no solo hermanos, sino que hubiera parejas, hijos, distintos vínculos dentro de un universo también diferente de chicos, no todos estudiantes. Teníamos la pauta de que los vínculos debían ser muy poderosos —y digo “teníamos” porque siempre lo hice con <b>Vanina De Monte</b>, que es mi compañera—. Creo que una cosa que me dio la distancia fue perspectiva, y no estar contaminado por el día a día a la hora de construir la obra. O sea, que no tuviera que estar tal o cuál persona, sino que la elección tuviera un sentido de obra, porque si bien es un proyecto que tiene una base documental muy marcada, representa a los demás. Ahí también se consolidó la idea de que no tenían que ser casos muy conocidos, entonces pensé en <b>circunscribirlo a la provincia de Entre Ríos</b>, que eran historias desconocidas a nivel nacional. Era una buena oportunidad para darle ese sentido de <b>representación colectiva</b>. </p><p>Para la preproducción, selección de casos y logística, contó con la ayuda a distancia de su hermano Guillermo —fallecido en 2009— que entonces coordinaba el Registro Único de la Verdad, en Paraná. </p><p>—Por ahí también cerró todo. Y después, cuando empezamos la producción de las imágenes, en muchos de los casos era gente conocida para nosotros. Aunque de algunos sabíamos solo sus nombres, era un ambiente cercano.</p><p>En veinte días, con un niño de un año a cuestas, el apoyo de Guillermo, del recién fundado grupo H.I.J.O.S Paraná, “y de un montón de gente que nos ponía el auto”, Gustavo produjo las fotos que integrarían<i> Ausencias</i>. </p><p><i>—</i>Hicimos todo el periplo que era, a veces, una locura. Ir y volver en el día de Paraná a Concordia, por ejemplo. Un día fuimos a Reconquista… En esos veinte días hicimos todas las que teníamos planeadas y alguna más. Eso fue en diciembre y a partir de ahí plantamos la bandera: <b>en octubre del 2007 se iba a inaugurar acá, en Barcelona</b>. </p><p>—¿Cuál era la atmósfera que se generaba en las tomas? ¿Qué sucedía en las recreaciones?</p><p>—Se juntaban varias cosas. Hubo mucha gente que no había vuelto a sus lugares en treinta años. Otros casos en los que [las fotos] eran en el salón de su casa, como Clara Fink, que vivió ahí toda su vida y tenía el mismo frutero. Pero claro, para mí había toda una parte de logística, de trabajo de producción, de coordinar con quienes iban a estar en las fotos la llegada al lugar o dónde había que ir a buscarlos, cómo nos encontramos, asegurarme de que los equipos estuvieran en condiciones, que la cámara estuviera bien configurada, o sea: todo lo que eran mis responsabilidades. Y eso te lleva a una situación en la que no hay tanto espacio para otra cosa, todavía. Entonces era muy loco que todos veníamos en otra sintonía hasta que hacíamos la foto. Y ahí se generaban <b>unos silencios muy grandes</b>, de alto voltaje emocional. Yo no doy instrucciones con la cara cuando hago fotos sino que doy el tiempo para que la gente se ponga en situación. Porque al final los que realmente hicieron las fotos son los que se pararon ahí, adelante de la cámara. <b>Ellos son los que miran, los que denuncian el espacio que está vacío</b>. </p><p>Esas fotos se volverían estandarte en la búsqueda de memoria, verdad y justicia. Pero eso aún no lo sabía.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/ZB77X5YIFBHATKPLD5DDJAFHMA.jpg?auth=81e8a5bedb9e90c72cbe7e25bc0628126bfed838d814a0d7f556a00469c03155&smart=true&width=1920&height=613" alt="Clara Fink junto a su hijo, Claudio Marcelo Fink, 
secuestrado el 12 de agosto de 1976 en Paraná, Entre Ríos. Continúa desaparecido (Ausencias - Gustavo Germano)" height="613" width="1920"/><p>***</p><p>En octubre de 2007 <i>Ausencias </i>se presentó por primera vez en Barcelona. Coincidió con un coloquio internacional de políticas públicas de memoria que había reunido en la Casa Amèrica Catalunya a personas de diferentes puntos del Globo: Sudáfrica, Alemania, Brasil. El impacto fue instantáneo. Definitivo.</p><p><i>—</i>Creo que todo coincidió para que fuera el momento indicado. Es una exposición muy de los treinta años [del golpe de Estado]. En un contexto donde se habían anulado las leyes de impunidad, se habían reabierto todos los juicios.También el tiempo que había pasado, porque la idea de este proyecto es básicamente <b>el tiempo</b>. Es el elemento central.</p><p>Desde hace veinte años <i>Ausencias </i>recorre el mundo, como recorre las redes sociales cada 24 de marzo. Lo que generan los dípticos llevó al fotógrafo a replicar la muestra en Uruguay, en Brasil y en Colombia, con historias de desapariciones en esas tierras. Y sus vacíos. <i> </i> </p><p>Desde hace veinte años las fotos estaquean a quien quiera verlas con la devastadora presencia de la ausencia.</p><p>***</p><p><b>En 2014 el Equipo Argentino de Antropología Forense identificó los restos de Eduardo Germano.</b> Habían sido sepultados en el cementerio La Piedad, de Rosario. La familia pidió que se los entregaran el día que se cumplían 38 años de su secuestro, el 17 de diciembre. En el lugar donde los recibieron, una dependencia de la Justicia rosarina, había funcionado un centro clandestino. </p><p>—Justicia poética —dice Gustavo.</p><p>De esa identificación nacería otro proyecto:<i><b> Contradesaparecido</b></i><i>. </i>En el que el fotógrafo sostiene que unos cuantos huesos no son una aparición sino un cambio de categoría. </p><p>***</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/NAKTFAHG7JFDFI5JEGTSOW564M.png?auth=853c4cc9363a8adccaecc4f99f52b7f8bff8ea6e479150e1ee492c16be15c77c&smart=true&width=673&height=805" alt="En 2014 el Equipo Argentino de Antropología Forense identificó los restos de Eduardo Germano. Habían sido sepultados en el cementerio La Piedad, de Rosario (Contradesaparecido - Gustavo Germano)" height="805" width="673"/><p>A la izquierda, cuatro niños ubicados de menor a mayor: Gustavo, Guillermo, Diego, Eduardo.</p><p>A la derecha, tres hombres en el mismo orden. </p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/ZRKTPFGTBVABJJA7V6ADFES3X4.png?auth=587a336e5d998d0783326e62521f62c9f49e2b3eeb28ddc3546ae4eee2b21384&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/png" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[De izquierda a derecha: Gustavo, Guillermo, Diego y Eduardo Germano. Eduardo fue secuestrado el 17 diciembre de 1976 en Rosario (Ausencias - Gustavo Germano)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[“Abecedario del sueño”: un libro que navega por los secretos, las preguntas y curiosidades científicas que despierta irse a dormir]]></title><link>https://www.infobae.com/sociedad/2026/01/18/abecedario-del-sueno-un-libro-que-navega-por-los-secretos-las-preguntas-y-curiosidades-cientificas-que-despierta-irse-a-dormir/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/sociedad/2026/01/18/abecedario-del-sueno-un-libro-que-navega-por-los-secretos-las-preguntas-y-curiosidades-cientificas-que-despierta-irse-a-dormir/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[¿Por qué soñamos? ¿Qué son las pesadillas? ¿Cómo dormían los dinosaurios? ¿Podemos soñar despiertos? En su último libro, dedicado a toda la familia, el investigador experto en Cronobiología, Diego Golombek, desgrana el universo que se abre cuando cerramos los ojos]]></description><pubDate>Sun, 18 Jan 2026 04:23:18 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/Z2XD4XEIBZCNRMNUIP4Q4QYJJE.png?auth=98243db2026ee973cb7cde0435fc535cb3127b8c3dd8655bec39111aef686c4f&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Diego Golombek (Gentileza Siglo XXI Editores)" height="1080" width="1920"/><p>El escritor uruguayo Eduardo Galeano dijo que “estamos hechos de historias”. Diego Golombek —doctor en Biología, investigador del Conicet, docente, divulgador— dice que <b>“estamos hechos de tiempo”. “Y también de sueños”.</b> Dos temas que, desde niño, atraían su curiosidad como un campo electromagnético. Quizás dos de los misterios más fascinantes de la vida humana. Intangibles, inatrapables, implacables.</p><p>Tenía tres años en el primer recuerdo que puede evocar: “Un pasillo, una voz, una luz”. Nunca supo si era un sueño, la fotografía difusa de una escena de la niñez o la memoria haciendo propia una imagen de un momento ajeno, que le narraron. No tiene respuesta. Lo que sí tuvo, y nunca dejó de tener, son<b> preguntas</b>. Preguntas que lo condujeron por el camino del tiempo y de los sueños. Que lo llevaron a especializarse en Cronobiología, la rama que estudia los ritmos biológicos, a escribir cientos de publicaciones científicas, más de una decena de libros. A promover, mediante diferentes iniciativas, una educación que favorezca el pensamiento crítico, la creatividad, el conocimiento y la experiencia. Su rol de divulgador lo llevó a los medios, incluso al teatro, y se convirtió en uno de los científicos más conocidos del país por su trabajo comprometido con la ciencia y con las personas. Trabajo por el que obtuvo premios y reconocimientos de todo tipo.</p><p>En su agenda amontonada de tareas, entre la vida académica, el Laboratorio Interdisciplinario del Tiempo que dirige en la Universidad de San Andrés y las actividades de divulgación, Golombek ofrece charlas a grandes y chicos, con quienes intercambia <b>inquietudes y curiosidades sobre el sueño y el universo que se abre cuando nos vamos a dormir</b>. Fue lo recogido en estos espacios y las preguntas fascinantes de los niños y las niñas lo que lo llevó a escribir <i><b>Abecedario del sueño</b></i><i>, </i>su nuevo libro publicado recientemente por Siglo XXI. </p><p>“Atrapasueños”, “<i>Ajum</i>”, “Bostezo”, “Cronotipo”, “Cama”, “Dormir”. Entre <b>palabras cotidianas y conceptos científicos,</b> que se ofrecen a los lectores como acertijos a descifrar, el investigador se sumerge, almohada en mano, en la profundidad de ese mundo tan cercano como misterioso que aparece cuando se cierran los ojos. Y comparte “datos, ideas asombrosas, rarezas de otros tiempos y rincones del planeta” ordenadas <b>“en un abecedario que va de la ‘A’ a la ‘Zzz’”</b>.</p><p>Con ilustraciones de Juan Dellacha que conducen, de a saltitos, por los diferentes conceptos, en un estallido de sentido y color, el libro<i> </i>propone un recorrido que puede hacerse de principio a fin o trazando el camino que se elija según lo que se desee conocer. </p><p>Entretejidas en medio de los términos a desplegar el autor suma <b>“preguntas con sueño”</b>, recogidas de las investigaciones previas y los intercambios con chicos y chicas sobre sus inquietudes alrededor de la hora de dormir: “¿Los peces duermen?”, “¿Podemos soñar despiertos?”, “¿cómo dormían los dinosaurios?”, “¿soñamos con todos los sentidos?”. Preguntas que responde compartiendo su saber de manera precisa, cálida y cercana, sin subirse al estrado de la voz autorizada —aunque no haya en el país voz más autorizada para hablar del tema—, admitiendo también lo que la ciencia todavía no pudo comprobar y abriendo, con ellos, nuevos interrogantes.</p><p>Para presentar el libro se invitó a niñas y niños a ir en pijamas y con sus peluches a una colchonería “cosa que cumplieron y fue maravilloso”, dice Golombek. Y en ese encuentro surgieron muchas otras preguntas. </p><p>—“Me da miedo la oscuridad” o “¿qué son los sueños?”, “¿qué son las pesadillas?”, “¿qué pasa si me levanto a la noche?”, “¿qué pasa si tengo ganas de ir a hacer pis?”. Las preguntas son muy concretas, muy claras, y el universo de los sueños y las pesadillas está recontrapresente. El otro universo que está muy presente, y fue una sorpresa, es el del sueño en la naturaleza. Cómo el sueño es un fenómeno universal y todo bicho que camine, repte, vuele o nade, de alguna u otra manera, duerme y, si te descuidás un poquito, también sueña, o al menos creemos que sueña porque a su cerebro (los que tienen) le pasa más o menos lo mismo que nos pasa a nosotros durante el fenómeno de soñar. Entonces, cuando tienen una mascota, o ven a un pajarito que está medio de lado o se imaginan bichos raros, quieren saber: “¿Cómo duerme una jirafa? ¿Cómo dormían los dinosaurios? ¿Cómo duerme una ballena?“. Eso genera una curiosidad enorme y <b>es la mejor manera de entrarle a la ciencia: por la curiosidad y por las cosas de la vida cotidiana</b>. Los chicos tienen ambas muy a flor de piel, así que son el mejor público en ese sentido.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/TJUTT6I5RNGFXIH7JGELCER6MI.jpg?auth=194ed65b405022e0ad01a4f4750ada6ea0d0e42d5ddc0860c296c6028628b486&smart=true&width=3000&height=2249" alt=""Abecedario del sueño" es el nuevo libro del investigador y divulgador Diego Golombek para chicos y chicas y sus familias (Gentileza Siglo XXI Editores)" height="2249" width="3000"/><p><b>—¿Cómo surgió la idea de hacer un libro sobre el sueño, para chicos?</b></p><p>—Yo trabajo en este tema, como investigador, hace muchos años —sueño, ritmos circadianos— y noto que hay un interés creciente. La pregunta más fácil que podés hacer en una encuesta para una investigación de sueño es: “¿Cómo dormís?“. La respuesta es unívoca y es: “Mal”. El problema es naturalizar eso: “Y bueno, duermo mal, después lo recupero con una siesta, o el fin de semana”, cosa que no es así. El primer paso es entender de qué se trata, <b>entender que dormir no es perder el tiempo, no es un lujo, sino una necesidad</b>; que si no dormís acumulás una deuda y esa deuda se paga con salud, con estado de ánimo, con productividad, con accidentes. Me debo un libro para adultos sobre sueño. Hay muchos, realmente, pero creo que siempre hay cosas nuevas para decir. En el camino apareció esta posibilidad de hacer un libro familiar, diría, orientado a chicos y chicas pero para familias, sobre todo. Y mi sorpresa fue encontrarme con que <b>el problema del sueño es universal</b>, está muy presente en los chicos, tal vez distinto a cómo lo percibimos los adultos. Las preguntas que tienen los pibes son increíbles.</p><p><b>—En </b><i><b>Abecedario del sueño</b></i><b> cada letra va desplegando algún concepto, respondiendo preguntas, y son muy variadas. ¿Cuál fue el criterio, cuáles destacarías? </b></p><p>—La primera palabra es “<i>Ajum</i>”, o sea, hay muchas palabras serias, científicas, y algunas bromas. “<i>Ajum</i>” es la onomatopeya que se usaba —no sé si se sigue usando— en las historietas cuando algún personaje tenía sueño, es una onomatopeya de bostezo, de alguna manera. Entonces lo pongo como un amuleto para dormirse. Y obviamente “Zzz”, que es la última, como el símbolo, no universal sino en algunos idiomas, del sueño. Aparece cuando en los dibujitos animados el personaje está durmiendo. Se supone que “Zzz” es el ruido de un serrucho cortando un tronco y representa el sonido de un ronquido. En el medio hay muchas otras palabras, por ejemplo, “Ronquido”: “¿Es normal roncar? ¿Qué pasa si roncás todas las noches?”. </p><p><b>—Presiento que muchas personas esperan esta respuesta. ¿Qué pasa con quienes roncan a diario?</b></p><p>—Bueno, <b>significa que no estás respirando bien y no es normal</b>, tiene consecuencias y hay que verlo con la familia y eventualmente con el médico, si es necesario. Roncamos más, en general, cuando dormimos boca arriba. Un remedio casero para el ronquido extremo —que, insisto, no es solamente algo desagradable porque te despierta, despierta a los que tenés alrededor, es una señal de que no estás respirando bien— es coser un bolsillito en la espalda del pijama y poner una pelotita de golf, de tenis, la que tengas. Entonces, si te dormís de espalda, es muy incómodo y te das vuelta. Todo el mundo sabe que si alguien ronca lo que tiene que hacer es cambiarlo de posición. Esto te cambia de posición automáticamente. [En el libro] hay muchas cosas no clínicas pero que tienen que ver con <b>la salud del sueño</b>; muchas cosas de la naturaleza y las preguntas, que no solo están orientadas por letras sino que también vienen de lo que me preguntan siempre en las charlas, de ahí también tomé material. Están las preguntas de todos los días y las más estrambóticas que vienen de los pibes, que la tienen muy clara. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/RWAIC3B7PZAYDDRKNCYS65K5QQ.jpg?auth=5c4d5e26c4c2b7579e406522f581fb69ca28f8538dbc390b3aee3c1ff76a7aa6&smart=true&width=1920&height=2560" alt="La presentación del libro se hizo en una colchonería, y convocaron a chicos y chicas a ir en pijamas y con peluches (Gentileza Siglo XXI Editores)" height="2560" width="1920"/><p><b>—¿Cuáles de esas preguntas fueron las más ocurrentes o las que más te sorprendieron? </b></p><p>—“¿Cómo duermen los peces?”; “¿Cómo hace un pájaro o un ave que es migratoria, y está horas y horas volando, para dormir? ¿Se baja?”. No, duerme a medias, porque puede dormir con la mitad del cerebro o con un ojo abierto, incluso, así puede seguir volando y aprovechando esas corrientes de vuelo. “¿Cómo dormían los dinosaurios?”; “¿Cómo duerme una jirafa?”; “¿Soñamos con todos los sentidos?”. Hay otras sobre quiénes son los animales que más duermen, los que menos duermen. Hay tips para dormir bien. Algunas cosas son más mitos, por ejemplo, si el kiwi hace dormir. Y, si te comés unas tres docenas, posiblemente te duermas. Hay experimentos que muestran que el extracto de kiwi puede ayudar, así como la leche tibia que nos daban las abuelas. La leche es rica en triptofano que es un precursor de sustancias como la serotonina o la melatonina, que tienen que ver con el sueño. Una pregunta de chicos que está en el libro es: <b>“¿Se puede no dormir?”</b>. “La respuesta es muy fácil: no es buena idea”. En realidad, <b>la respuesta es: “No”</b>. El récord experimental es de una persona que estuvo unos once días sin dormir y hacia el final ya estaba bastante psicótico, tenía alucinaciones. La gran pregunta no es cuánto tiempo estuvo sin dormir sino qué pasó cuando fue a dormir. ¿Se quedó dormido tres días? No. La primera noche durmió unas 14 horas, la segunda unas 12 y a partir de la tercera unas 8 horas. O sea, <b>todo eso que perdió no lo recupera</b>. Hay un montón de estas preguntas que son fascinantes. Eso atraviesa a la serie de palabras ordenadas como en un diccionario. Algunas me costaron, debo decir. La “X” no estuvo tan fácil. Terminé eligiendo “Cromosoma X” para entender si la diferencia de sexo biológico, cromosómico, influye en el sueño.</p><p><b>—¿Y sí influye?</b></p><p>—Muy poco. Si vos hacés promedios de horas de sueño, de calidad de sueño, de horario de irse a dormir, es muy similar en mujeres y en hombres. Hay una pequeña tendencia a que las mujeres duerman un poquito mejor, pero también son mucho más sensibles a la baja calidad de sueño. Entonces, si la calidad de sueño baja un poquito, es bastante más común que una mujer se queje de dormir mal porque lo siente más. Siente esa consecuencia de dormir mal al día siguiente. Así que es muy sutil. Hay muchas más diferencias interindividuales que entre géneros. </p><p><b>—¿Hay diferencias culturales en el sueño?</b></p><p>—Hay diferencias culturales, por supuesto. Tienen que ver, sobre todo, con los horarios, no con la cantidad de sueño ni necesariamente con la calidad. <b>Argentina, por ejemplo, es un país típicamente búho en el sentido de que todo lo hacemos muy tarde</b>. Cenamos muy tarde, no antes de las nueve de la noche, incluso la cena familiar, con los pibes, es más o menos a esa hora; si los chicos son muy chiquitos por ahí un poco más temprano. El <i>prime time </i>de la tele es muy tarde, las salidas de los jóvenes son muy tarde, con la paradoja de que al día siguiente el día no empieza más tarde. El trabajo y la escuela empiezan al mismo horario que en cualquier otro lugar, con lo cual claramente estamos privados de sueño. Tenemos menos sueño del recomendado, que es un consenso que va cambiando, por supuesto. El último acuerdo habla de <b>un mínimo de siete horas de sueño nocturno para adultos (de ahí para arriba lo que quieras), un mínimo de ocho horas para adolescentes y un mínimo de nueve horas para niños y niñas</b>. De ahí para arriba, insisto. No tenemos una prueba definitiva de que se pueda dormir de más. Hay dormidores cortos, existen, pero son muy pocos los que necesitan cinco o seis horas y están bien. La mayoría puede ser que tenga una percepción de que duerme poco y en realidad sí sigue necesitando esas siete horas de sueño nocturno.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/OWPZCZUEUJHF5NMYUNR6IOQEGU.jpg?auth=9e029cbcfb3e78915407fc345de9b36c37d09e4c9e03b2b7d263585aa17a692b&smart=true&width=3000&height=2250" alt="Entre palabras cotidianas y conceptos científicos, y las ilustraciones de Juan Dellacha, el investigador se sumerge, almohada en mano, en la profundidad de ese mundo tan cercano como misterioso que aparece cuando se cierran los ojos (Gentileza Siglo XXI Editores)" height="2250" width="3000"/><p><b>—Es real que solemos hacer todo muy tarde, incluso cenar, aunque sabemos que comer más temprano hace mejor. </b></p><p>—Hace mucho mejor. Hay un concepto que se llama <b>“higiene del sueño”</b>. A mí no me gusta tanto porque quiere decir que los que no dormimos del todo bien somos medio roñosos, pero bueno, es el término que se usa. <b>Uno de los preceptos de la higiene del sueño es cenar más temprano y más liviano</b>. Y hacemos todo lo contrario: cenamos tarde y la cena en Argentina es la comida familiar, la comida social, la comida con amigos, la comida más pesada. Eso no ayuda a que durmamos bien. Es uno de los tips de higiene del sueño, el más sencillo de todos, por ahí.</p><p><b>—¿Qué nos pasa cuando dormimos?</b></p><p>—Durante el sueño nos movemos, más o menos cada 20 minutos cambiamos de posición, así como más o menos cada 90 minutos entramos en un estado totalmente diferente, supermisterioso, que es el llamado <b>sueño REM</b> (por su denominación en inglés: “<i>rapid eye movement”</i> (movimientos oculares rápidos). O sea, el momento en que estás dormida y los ojos se mueven muy rápido: tiki tiki tiki tiki. Si despertás a una persona en ese momento, a un chico, a un adulto, a un perro —el perro no te va a decir nada, pero seguramente le pasó lo mismo—, muy posiblemente te va a contar qué estaba soñando. Dormir no es un proceso homogéneo, es un proceso que va cambiando a lo largo de la noche y es activo. <b>Dormir no es apagarse</b>, por el contrario, para que duermas bien se tienen que prender áreas del cerebro e incluso partes del cuerpo para que funcione. El sueño tiene montón de funciones reparadoras: hace que mejore el sistema inmune, que se repare el cuerpo, que crezcas. Un niño que no duerme no crece. No hay casos, pero si vos privás del sueño a un animal de laboratorio vas a encontrar problemas con la hormona de crecimiento. También consolida la memoria. Esto está bueno para los pibes: si mañana tenés un examen y no estudiaste nada, lo peor que podés hacer es quedarte estudiando a la noche. La recomendación es: estudiá una cosa, andá a dormir y rogá que te tomen esa cosa, porque de eso te vas a acordar. </p><p><b>—Y respecto a los más chiquitos, en la letra “N” incluiste “Nana”, el primer acercamiento, al nacer, con el mundo de las rimas, de la música. ¿Qué efecto tienen las canciones de cuna? ¿Ocupan un lugar importante en el descanso?</b></p><p>—El enemigo número uno del sueño y amigo número uno del insomnio, en cualquier edad, es el estrés, la ansiedad. Y los chicos se estresan. Uno no duerme porque piensa en las macanas que se mandó durante el día, el gol que erró en el partido del recreo o el compañero o compañera que no le dio bola. O los miedos, o lo que va a pasar mañana: un examen, algo difícil, lo que fuera. Entonces, <b>cualquier cosa que baje el nivel de estrés o de ansiedad va a ayudar a dormir</b>. Que en adultos podrían ser respiraciones, meditación, leer un libro en papel con luz indirecta, porque las pantallas son enemigas del sueño. Las canciones de cuna cumplen esa función, cumplen la función de ser algo repetitivo, ritual. Vos sabés que todas las noches, mamá, papá, tu hermano mayor, te canta una canción o te lee un cuento. Esperás ese ritual. Somos bichos de hábitos. Nuestro cerebro es un cerebro de hábitos, un cerebro tipo perros de Pávlov, que se habitúa al comportamiento, al aprendizaje condicionado. Entonces, si vos sabes que a la noche baja el sonido, baja la luz, estás más tranquilo, estás con gente querida y hay una canción de cuna que además es lenta, es repetitiva, eso ayuda a que efectivamente baje el nivel de ansiedad, que el cerebro vaya entrando de a poquitito en otro estado, que es el de somnolencia, el estado previo al sueño, el estado de adormecimiento, y eso ayuda muchísimo a dormir. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/VQC2HUR42FESFJNU25JA56REWU.jpg?auth=4b6befadb9d5d5b12afc8cbf6990fcb1da896bda07ca1cdedf30b405012b1a01&smart=true&width=2367&height=2304" alt="En la presentación de "Abecedario del sueño". De izquierda a derecha: Juan Dellacha (ilustrador), Diego Golombek, Laura Leibiker (editora del libro y del sello Siglo para chicos) y Celeste Giardinelli (periodista y divulgadora) (Gentileza Siglo XXI Editores)" height="2304" width="2367"/><p><b>—Pensaba en esto que decías sobre los sueños, que nos sucede a todos. ¿Siempre soñamos? ¿o solo a veces? ¿o siempre soñamos pero solo a veces lo recordamos? ¿Y por qué a veces nos despertamos y tenemos la imagen del sueño nítida y después, en un segundo, se esfumó? </b></p><p>—Varias cosas. Todos soñamos, en el sentido de que todos atravesamos el estado fisiológico en el que sabemos que ocurren los sueños, este sueño REM. Y no solamente una vez por noche, pasa de cuatro a cinco veces por noche. Lo que pasa es que no todos nos acordamos. Hay gente que no se acuerda nunca, gente que se acuerda muy de vez en cuando y gente que se acuerda siempre. La gente que dice: “Yo no sueño” es porque no se acuerda, en general. Y si te acordás de un sueño, es el último. El último período REM, que es el más largo de todos, y es el que ocurrió justo antes de que te despertaras. La memoria es muy selectiva. Si nos acordáramos de todo seríamos como Funes [N. de la R. “Funes, el memorioso”, el personaje de Borges] pero no podríamos pensar. Entonces, <b>la memoria elige qué recordar</b> y la gran mayoría de los sueños son cosas rarísimas que no son fundamentales para nuestra supervivencia. No es algo que el sistema de memoria, con muchas comillas, decida: “Che, esto hay que acordárselo porque si no este pibe se queda sin comer” o “no hay pareja”, o lo que fuera. Entonces van a ser recontraefímeros. Hay técnicas para recordarlos. Hay algunos autores que dicen que vos podés hacerte el hábito, y una de las cosas más sencillas de poner en práctica es tener una libretita al lado de la cama y en cuanto te despertás anotar los pensamientos que te vienen. Las primeras veces vas a ver la libretita y va a decir “sdhsdhskhdskjhkjs”, cualquier verdura, pero se supone que con el tiempo empiezan a aparecer palabras que te disparan: “Ah, debo haber soñado con esto, con lo otro”. </p><p><b>—¿Y del significado de los sueños qué dice la Cronobiología? </b></p><p>—De interpretación de sueños no sabemos nada, en términos neurocientíficos. Sí, por supuesto, hay teorías: la teoría psicoanalítica, por ejemplo, o la teoría de la quiniela, que busca significados para los sueños. Pero a nivel neurocientífico lo único que sabemos es que la enorme mayoría de los sueños son bastante banales y tienen que ver con lo que hiciste ayer, lo que hiciste en los últimos días, obviamente reconfigurado. ¿Por qué? Porque durante la vigilia las partes del cerebro que son como los buchones, la policía del cerebro, están muy activas. Es lo que hace que vos no digas cualquier verdura o te pongas a bailar arriba de la mesa. A la noche esas áreas sensoras están inhibidas. Entonces, esas imágenes que vienen porque durante el sueño se activan las partes del cerebro que tienen que ver con los sentidos —con la vista, con el oído— se mezclan como se les canta. No hay un sensor que dice: “No, eso es imposible, no pienses en un elefante que está volando”. Entonces podés soñar con un elefante que está volando. No le encontramos sentido más allá de ciertas visiones que van por otro lado, fascinantes pero no científicas.</p><p><b>—¿Pero tienen que ver con cómo procesamos las vivencias? ¿Hay algo comprobado sobre eso? </b></p><p>—Hay algo interesante que es puramente correlacional. Sabemos que el sueño REM y<b> los sueños son una etapa muy importante para consolidar memorias, consolidar aprendizajes</b>. Y resulta que los bebés y los chicos más chiquitos tienen mucho más sueño REM. Los bebés se la pasan durmiendo en sueño REM, como si se la pasaran soñando. Entonces, una interpretación de esto podría ser: “Claro, como para ellos es todo nuevo, todo lo que ven, sienten, oyen, degustan, es nuevo, tienen que interpretar eso y consolidarlo”. Así que es muy posible que tengan que ver con esto de repasar lo que sucedió durante el día y fijar algunas memorias que son fundamentales, ahora sí, para la supervivencia. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/JNXTH2CPNFBMPA4A625Y7XLKUI.jpg?auth=821b750c7c957302086e79907ad8f22cc2926981da5bd7aca82de6fbb012ea29&smart=true&width=3024&height=4032" alt="Diego Golombek: "El universo del sueño genera una curiosidad enorme y esa es la mejor manera de entrarle a la ciencia, por la curiosidad y por las cosas de la vida cotidiana. Los chicos tienen ambas muy a flor de piel, así que son el mejor público en ese sentido" (Gentileza Siglo XXI Editores)" height="4032" width="3024"/><p><b>—Todo este universo se abre con un </b><i><b>Abecedario del sueño.</b></i><b> ¿Hay alguna otra cosa que te gustaría destacar del libro o de su proceso? </b></p><p>—La interacción con el ilustrador, Juan Dellacha, que fue hermosa. Él trabaja mucho con <i>collage</i>, recorta, pega, saca fotos. Esperemos que funcione como un libro familiar y que alguno se quede dormido leyéndolo.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/Z2XD4XEIBZCNRMNUIP4Q4QYJJE.png?auth=98243db2026ee973cb7cde0435fc535cb3127b8c3dd8655bec39111aef686c4f&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/png" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Diego Golombek (Gentileza Siglo XXI Editores)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[En el país del sí me acuerdo: a 15 años de la muerte de María Elena Walsh, su lucha contra el machismo y la desigualdad de género]]></title><link>https://www.infobae.com/sociedad/2026/01/10/en-el-pais-del-si-me-acuerdo-a-15-anos-de-la-muerte-de-maria-elena-walsh-su-lucha-contra-el-machismo-y-la-desigualdad-de-genero/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/sociedad/2026/01/10/en-el-pais-del-si-me-acuerdo-a-15-anos-de-la-muerte-de-maria-elena-walsh-su-lucha-contra-el-machismo-y-la-desigualdad-de-genero/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[La poeta, cantante, compositora, novelista, guionista no solo fue Doña Disparate o la Reina Batata indiscutida. Además de sus canciones y universos creados para las infancias, escribió sobre sexismo, misoginia, mandatos y roles asignados a las mujeres en la sociedad. Publicó esas reflexiones en diarios y revistas, las leyó en columnas radiales, las cantó en discos y escenarios. Y en 2024 un libro las compiló, exhibiendo otra veta de la artista, una que le agrega a su lista de atributos una reivindicación política: el mote de pionera feminista]]></description><pubDate>Sat, 10 Jan 2026 05:25:43 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/VNLMO7PBFFCGFIVC63DPSVYI2A.jpg?auth=92dffb4ce1f881516c9365c52f7334bafecd4e893f6df9e6a9b1221341caba2c&smart=true&width=1920&height=1080" alt="María Elena Walsh en el Teatro Regina, año 1968 " height="1080" width="1920"/><p><i>“</i>Cuando todavía no había aparecido en la Argentina el colectivo Ni una menos, ni habían salido a las calles miles de chicas reclamando por el fin del patriarcado,<b> </b><a href="https://www.infobae.com/tag/maria-elena-walsh/" target="_blank" rel="noreferrer" title="https://www.infobae.com/tag/maria-elena-walsh/"><b>María Elena Walsh</b></a><b> escribía, cantaba y pronunciaba palabras incómodas, cuestionaba los rígidos roles asignados a mujeres y varones, se resistía a lavar los platos por mandato y se manifestaba contra la misoginia y la violencia machista”</b>. “Sin perder el humor y la paciencia, Walsh persuade con naturalidad y el alcance de su compromiso ético la ha convertido en un símbolo que enriquece y renueva el feminismo en la Argentina”, dice la reseña de <i><b>El feminismo </b></i>(Alfaguara, 2024), un<i><b> </b></i>libro que reúne textos (algunos inéditos) de la artista que “como piedras preciosas y filosas” le hablaban a un mundo que era otro y aún así condensan una actualidad intacta, al igual que su autora. </p><p>“Las mujeres, como los negros, los colonizados, la clase trabajadora, a medida que tomamos conciencia, menos queremos dádivas; queremos lo que nos pertenece por derecho y nos arrebatan día a día, es decir, todo. Las mujeres, que fuimos custodias de la vida —para que fuera rifada en guerras—, queremos más que nunca defenderla de los fabricantes de muerte. Pero según, cómo y cuándo lo determinemos nosotras”, sentencia Walsh. Y sus palabras a modo de manifiesto suman a su lista de atributos y cualidades una reivindicación política, la de haber sido <b>pionera feminista</b>.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/RTX4U3WEJRARHEIYBGG2Y73QOI.jpg?auth=7f848f80dda08cb2f7d988854fbe8563b7497e738cbb64a23ac5969a9b883e8e&smart=true&width=1920&height=1080" alt=""El feminismo", publicado por Alfaguara en 2024, compila textos en los que María Elena Walsh vuelca su mirada feminista y su compromiso con la lucha por derribar mandatos y prejuicios sexistas" height="1080" width="1920"/><p>Hace unos años, una muestra en la Biblioteca Nacional titulada “Emancipadxs. Estereotipos, luchas y conquistas” recorría desde las primeras publicaciones escritas y dirigidas por mujeres en el siglo XIX, en Argentina, hasta la formación del movimiento Ni Una Menos y, de esa forma, recuperaba los antecedentes históricos de las luchas de los movimientos de mujeres en el país. </p><p>Allí, entre artículos, fotos y textos de firmas célebres, quien llegaba se daba de narices con la reproducción a gran escala de una página de la Revista <i>Humor</i> —editada desde junio de 1978, con la oscuridad y la censura más espesa de la dictadura cívico-militar como contexto, hasta octubre de 1999 por Ediciones de la Urraca—. Aquella página publicada en 1980 —quizás la más conocida entre los textos feministas de María Elena Walsh— era presidida por una caricatura de la artista y se titulaba: <b>“Sepa por qué usted es machista”</b>. A continuación deplegaba, a la suerte de decálogo, más de una veintena de razones que la autora esgrimía. </p><p>“1. Porque le falta el principal de los sentidos: el del humor.</p><p>2. Porque se siente Dios, aunque no sea ministro.</p><p>3. Porque cree todo lo que le dicen los medios (o miedos) de difusión de la Argentina actual, y ya tiene el cerebro más lavado que mate cebado por un polaco.</p><p>4. Porque su mamá es una santa, por lo tanto las demás mujeres son unas brujas.</p><p>5. Porque su mamá es una bruja, por lo tanto las demás mujeres también.</p><p>6. Porque no tiene mamá y no consigue quien lo mime.</p><p>7. Porque en realidad le gustan más los hombres, aunque no ejerza”.</p><p>Y la lista sigue, ácida y sagaz, hasta el motivo número 24. Después remata: “Con estos 24 puntos usted ahorra años y fortunas en psicoanálisis. Usted puede ser hombre o mujer, el machismo tampoco es cuestión de genes: poca gente más machista que algunas mujeres, sólo que ellas lo son por instinto de conservación, por despiste, por imitar a los hombres, por comodidad o porque así las dejan hablar por TV. Usted también lo es por todas estas razones pero además porque se cree superiorcito: hace unos 10.000 años que le pasan el aviso y claro, usted sigue comprando un producto inexistente”. (...) “Es posible que la perseverancia le acarree aplausos y sensación de deber cumplido, amén de las palmadas de la patota. Pero ojo que no hay premio mayor que saberse persona inteligente y civilizada. Si no opta por eso, estará contribuyendo a la contaminación mental, que es la que nos mata. Y no la humedad” (...).</p><p>Textos como este compiló <i><b>El feminismo</b></i><i>. </i>Textos que muestran que Walsh fue tanto más que la Reina Batata indiscutida de las canciones de chicos y grandes. Que fue mucho más prolífica, mucho más sarcástica, divertida y heterogénea de lo que usualmente se conoce de ella. Que la desigualdad de género en términos de desigualdad de derechos, el machismo y el feminismo eran temas que la atravesaban, la sacudían y los que intentaba poner en agenda desde sus múltiples escenarios, parada en las tablas o en los medios, cada vez que tenía la posibilidad. “<b>Aunque tal vez [estos textos] no fueron comprendidos en profundidad en su momento”</b>, escribió la fotógrafa Sara Facio, que fue pareja de la autora desde inicios de la década del 80 hasta su muerte, el 10 de enero de 2011. </p><p>“Fue el costo de ser pionera. <b>María Elena no tenía pinceladas feministas —durante esas décadas en las que nadie hablaba de feminismo— sino una conciencia de género que está presente en toda su obra, aun en la infantil</b>. Supo decir que el desafío para seguir pensando los grandes temas nacionales era erradicar los prejuicios sexistas por ser la base y el modelo de la opresión. Puso sobre el tapete la urgencia de un movimiento de liberación femenina”. </p><p>Facio fue quien seleccionó los materiales que forman <i>El feminismo </i>de Walsh, ilustrado en tapa con una foto hecha por ella. Poco después de la presentación del libro la fotógrafa murió. Como si hubiera querido dejar un último homenaje antes de partir. Una marca más en el inagotable legado de Walsh. Y en el suyo.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/ETTN7DR3VFBRPMAYWZS4B7D6QI.jpg?auth=c1a96b2049744baeb8be1a35f9664b52f15d79f48d08dd2d1871c611a5254cf5&smart=true&width=2298&height=3327" alt=""Sepa por qué usted es machista", texto publicado en la Revista Humor en 1980" height="3327" width="2298"/><p>El texto inédito que abre el libro se titula <b>“Qué es el feminismo”</b>. La autora responde, también en formato lista: </p><p>“Es una respuesta al odio que la sociedad masculina, pasada y presente, siente por la mujer.</p><p>Es una toma de conciencia individual y grupal.</p><p>Es búsqueda de fraternidad entre las mujeres.</p><p>Es justa indignación.</p><p>Es conocerse a sí misma, no competir con el varón.</p><p>Es denunciar la segregación.</p><p>Es comprender que muchas desgracias femeninas no son ordenadas por Dios ni la Naturaleza sino por los hombres para su comodidad.</p><p>Es pretender reinar no sobre los hombres, sino sobre nuestros propios cuerpos y destinos.</p><p>Es rechazar las imágenes con que la sociedad nos encasilla: prostitutas o diosas, mártires o brujas.</p><p>Es comprender que vivimos deformadas y traicionadas por una educación falsa.</p><p>Es comprender que todas las revoluciones que trajeron algún progreso parcial no contemplaron los problemas específicos de la mitad de la humanidad”.</p><p>Y sigue.</p><p>“Es buscar la libertad sin atender a dómine o que nos sigan señalando cuándo, cómo y cuánto.</p><p>Es querer integrarnos a la sociedad como criaturas enteras, no sólo como madres y amas de casa.</p><p>Es querer, una vez integradas, cambiar radicalmente una sociedad basada en la violencia, la explotación y la represión.</p><p>Es señalar y combatir la misoginia, porque lo que empieza por una simple palabra puede terminar en quema de brujas o campos de concentración.</p><p>Es comprender que las mujeres excepcionales no hacen sino confirmar la regla general.</p><p>Es rechazar milenarias etiquetas.</p><p>Es comprender que la caridad empieza por casa, pero casa es el mundo.</p><p>Es darse cuenta de que las excepciones poco cuentan porque todas las mujeres tenemos los mismos problemas”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/ZIG5FGYJU5F6RMUUR6QSWNLKQ4.jpeg?auth=9834477b581358f3990e740cc74f48c6caa07d9dee3eb341709d67c05bf7dae9&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Sara Facio con la foto que le hizo a María Elena Walsh, su pareja, que ilustra la tapa de "El feminismo"" height="1080" width="1920"/><p>En los 70, cuando en el país nacían agrupaciones como <b>la Unión Feminista Argentina</b> y el<b> Movimiento de Liberación Feminista</b> en los que activistas de clase media, alta e intelectuales traían libros de Estados Unidos sobre feminismo radical para traducir, Walsh se involucró en la corriente que trabajaba sobre <b>feminismo y política</b>. Ella, junto a la escritora Angélica Gorodischer y a la cineasta María Luisa Bemberg, se transformó en <b>una de</b> <b>las artistas representantes del movimiento de esos años</b>.</p><p>Era una lectora empedernida. Admiradora de Virginia Woolf, Doris Lessing y Victoria Ocampo, quien devendría en gran amiga pese a la diferencia de edad y del lugar de origen en el entramado social —clase altísima, Ocampo; hija de empleado ferroviario y de raíces inmigrantes, Walsh—. Probablemente hayan sido ellas y sus textos los que llenaron de ideas y palabras efervescentes las reflexiones, poemas y análisis que la artista luego publicaría, recitaría o cantaría; con conceptos que más de cinco décadas después se expanden masivamente. </p><p>En el artículo titulado “Virginia Woolf y los secretos de la tribu femenina” (publicado en <i>Clarín</i>, en 1993), escribió sobre el ensayo que fue su obsesión en la juventud y que se transformaría en ícono de la literatura feminista: “Un cuarto propio. Eso necesitaba la mujer para escribir. Y una renta, por ser la desheredada de la familia y del Estado. Su extravagante amiga Vita Sackville-West tenía un castillo con 365 habitaciones, pero para escribir se embarcaba en cruceros por el mundo, y en los puertos no abandonaba el camarote. (...) Y Charlotte Brontë escribía en la cocina. Este último ejemplo fue citado en la primera crítica de<i> Un cuarto propio</i>, y de inmediato se ocupó Virgina de retrucarla: no deseaba para sus congéneres un destino desdichado como el de las Brontë, quería que cualquier señorita Gómez o Pérez contara con una renta y un espacio en la casa, amén de un sitio en los centros de estudios vedados a las mujeres”.</p><p> “¡Qué paciencia! Justificarse ante los eternos dómines de la rutina conservadora”, protestaba Walsh. “El cuarto propio, por otra parte, es metáfora de un ámbito mental, una manera de ordenarnos interiormente y escapar a la locura impuesta a las mujeres (y los pobres) por el discurso autoritario y represivo, sea de la Inglaterra victoriana o del presente tercermundista. O lo que el actual psicologismo llamaría <i>defender el propio espacio, </i>en la casa (si se la tiene) y en la sociedad (si así se la puede seguir llamando)“.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/VE6KRC56DVC43CUEL3XNSJDEVI.jpg?auth=20cec4045bd12b4d585aa6b25658675141b17ff1207cbd49a06df57087b2e36d&smart=true&width=1920&height=2488" alt="María Elena Walsh en Pasteur, año 1971, durante la filmación de "Juguemos en el mundo" (Sara Facio)" height="2488" width="1920"/><p>María Elena Walsh colaboró en las revistas<i> El Hogar</i>, <i>Realidad</i>, <i>La mujer y el cine</i>, <i>Sur</i>, <i>Humor, </i>y<i> </i>en los diarios <i>La Nación</i> y<i> Clarín</i>, entre muchas otras publicaciones donde <b>cargaba tintas para despacharse sobre la desigualdad de género</b> que la interpelaba. No se amedrentaba ante dictadores ni representantes de Dios en la Tierra. No se andaba con falsas diplomacias ni solemnidades de plástico.</p><p>En 1973, en medio de la dictadura de Lanusse, a poco de regresar a una breve democracia, escribió “Carta para una compatriota”, un artículo publicado en la revista <i>Extra. </i>Allí decía: “<b>El Movimiento de Liberación Femenina es una ideología revolucionaria, no exprimida de libracos apolillados sino del cotidiano martirio de la mitad de la humanidad</b>. Nace en las ferias y junto a las bateas, a la vera de las camillas de ginecólogos carniceros y a contrapelo de los viejitos célibes del Vaticano que vienen diagramando la conducta sexual según conviene a los intereses de los capitales y a las fluctuaciones del mercado bélico". “No es un entretenimiento destinado a distraer de la liberación de los pueblos, sino que <b>esa liberación es mentira mientras la determinen exclusivamente los varones</b>. Así como ya no es posible pensar en términos previos a Marx o Freud (por no decir a Galileo y a Colón), <b>tampoco es posible seguir pensando sin erradicar de cuajo los prejuicios sexistas, base y modelo de toda opresión”</b>.</p><p>En ese texto empezaba a definir, implícitamente, el concepto de <b>sororidad</b>: “Querría empezar esta carta llamándote<i> </i><i><b>hermana</b></i><i>, </i>sea cual fuere tu edad y tu condición social. En realidad el parentesco es novedoso, un descubrimiento reciente del Movimiento de Liberación Femenina. Hasta ahora, sólo fueron hermanas las monjas y al parecer no por ser hijas del mismo padre sino por ser esposas del mismo esposo, ¿no? Porque hijos de Tata Dios somos todos. En la Gran Familia Argentina los varones fraternizan, se abrazan ruidosamente, se llaman ‘¡Hermano!’ con tanguero fervor (...). Pero las mujeres nunca hemos sido hermanas sino entes aislados, parias sociales, menores de edad instigadas a traicionarse. A pesar de todo, nos ha hermanado nuestra común condición de sombra, nuestro condicionamiento como satélites, sujetas a implacables reglamentos (...)”. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/AROUMBPCW5FBHMF6LSVUPQUPAI.jpg?auth=ab84a8b4a44046a44504635b3fb8b049c4d70d808c7e2eef01b342b93b50a130&smart=true&width=1920&height=1080" alt="A 15 años de su muerte, la mirada de género de la artista muestra una veta menos extendida y le agrega a su lista de atributos una reivindicación política: el mote de pionera feminista" height="1080" width="1920"/><p>En otro texto publicado en<i> Clarín </i>en 1979, titulado “Feminismo y no violencia”, escribe su despedida a Victoria Ocampo. Allí se lee: “Victoria Ocampo aprende muy temprano que la causa más original, más determinante de nuestro tiempo, la verdadera revolución cultural, es la emprendida por las mujeres. Es testigo de las batallas libradas en las primeras décadas del siglo por las sufragistas, a quienes tiene la osadía de elogiar y agradecer, cuando es un grosero lugar común aludirlas con insidiosos epítetos, cuando es mucho más cómodo ignorarlas, amparándose en el privilegio y la excepción”.</p><p>Y también: “¿Quién dijo que el feminismo no es integración humana? ¿Y quién dijo que Victoria no era feminista? Es que una dama, tan culta, tan bella, académica, para colmo, no puede, mejor dicho no debe ser feminista. (...) La palabra feminista asusta a muchas personas. Sobre todo a las que temen al ridículo”. Haciendo referencia al modo en que <b>Ocampo</b>, quien fundó la Unión Argentina de Mujeres (UAM) en 1936 para defender los derechos civiles de las mujeres y luchar contra la desigualdad de género, <b>rompió con el estereotipo que circunscribía a las feministas a las clases trabajadoras</b>. </p><p>Lo impactante —o quizás terrorífico, frustrante— de sus textos feministas es que no se gastaron con el paso de los años. Walsh podría haberlos escrito hoy: “<b>Decime cuántos no verían con malos ojos que una mujer se niegue a la maternidad </b>y diga: ‘Me revienta ser madre y tener hijos’. La verdad, muy pocos”. Decía en una entrevista con <i>Página/12</i> en el año 2008. “Y ahí es donde se nota que en nuestro país no ha habido feminismo —seguía entonces—. O que si lo ha habido, ha sido una versión tímida, blandengue, autoencerrada por miedo, por pudor, por lo que sea. En países donde existió y existe el feminismo, se habla de estos temas con mucha más franqueza. Y en la Argentina, mal que nos pese, aún estamos lejos de arriar la bandera del machismo”.</p><p>Siete años después de esa nota, tomando aquel guante, El país del no me acuerdo —que hacía un tiempo ya practicaba el saludable y urgente ejercicio de la memoria— se vestía de verde. Se inundaba con una ola feminista que dejaría un sedimento imposible de remover. Una ola que sacó otro pañuelo, que también anudó. Para seguir cantando. </p><p>Pasó una década desde que se izó, alta en el cielo, la bandera feminista, si se marca como hito histórico determinante la creación del Ni Una Menos y su primera marcha masiva en 2015 —al margen de que en Argentina los movimientos de mujeres que luchaban por la igualdad de género existían desde el principio—. La bandera de un movimiento que pedía pista porque las mujeres eran masacradas sin miramientos. Hubo luchas y conquistas. Agenda y organismos dedicados a políticas de género. Los feminismos crecieron. Vibraron. Intervinieron en cada disputa y trabajaron por cada derecho. Supieron ser olas y mar. Ser rizomas para nuevas generaciones. Y ahí —acá— siguen. Más contenidos o agazapados. Corridos del centro de la escena por discursos desacreditadores. Quizás un poco desmoralizados. Pero con las mismas convicciones. Dispuestos siempre a resucitar. Y a seguir cantando.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/VNLMO7PBFFCGFIVC63DPSVYI2A.jpg?auth=92dffb4ce1f881516c9365c52f7334bafecd4e893f6df9e6a9b1221341caba2c&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[María Elena Walsh en el Teatro Regina, año 1968 ]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[El día que Carlos Menem indultó a los genocidas y anuló las condenas conseguidas en el histórico Juicio a las Juntas]]></title><link>https://www.infobae.com/sociedad/2025/12/28/el-dia-que-carlos-menem-indulto-a-los-genocidas-y-anulo-las-condenas-conseguidas-en-el-historico-juicio-a-las-juntas/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/sociedad/2025/12/28/el-dia-que-carlos-menem-indulto-a-los-genocidas-y-anulo-las-condenas-conseguidas-en-el-historico-juicio-a-las-juntas/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[En el Día de los Inocentes de 1990, hace 35 años, el entonces presidente de la Nación firmó seis decretos que otorgaban el perdón a los máximos responsables de la última dictadura cívico-militar, entre otros perpetradores. También Mario Firmenich, uno de los fundadores y líderes de Montoneros, fue beneficiado. Era la segunda entrega que completaba los primeros cuatro firmados en 1989, con los que perdonó a cientos de militares en busca de la “reconciliación nacional”]]></description><pubDate>Sun, 28 Dec 2025 04:57:06 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/M7XEZQQX4ZCT3FDBHBYN645XXM.jpg?auth=33fe9a04c8ebda3e176709f53a857ceca47000fb3f0ea1391c758fb6e006f97b&smart=true&width=1920&height=1080" alt="El anuncio de los indultos en el diario "El Litoral", el 28 de diciembre de 1990" height="1080" width="1920"/><p>Dentro de la secuencia de fotografías y cortes de video de los años más siniestros del país y del regreso democrático que se agolpan en la memoria colectiva argentina, junto con el “Comunicado Nº 1 de la Junta Militar” del 24 de marzo de 1976 y la voz metálica, castrense, saliendo por las radios; junto con el grito desesperado de las Madres de Plaza de Mayo ante la prensa: “Solamente queremos saber dónde están nuestros hijos, vivos o muertos”; con la apertura del Mundial 78; con Videla pronunciando con la impunidad de quien cree que no tiene por qué dar explicaciones y la naturalidad de quien explica un tema más en la agenda, la que quizás fue su frase más sádica: “(...) mientras sea desaparecido no puede tener ningún tratamiento especial (...). No tiene entidad. No está. Ni muerto ni vivo. Está desaparecido”; con Galtieri arengando: “Si quieren venir que vengan, les presentaremos batalla”; con Alfonsín, prometiendo: “Con la democracia se come, se educa y se cura”; con el épico: “Señores jueces: Nunca más”, del fiscal Julio Strassera; está la voz de Carlos Saúl Menem, declarando: “Esta mañana, en horas muy tempranas, he firmado los decretos que llevan los números: mil dos, mil tres, mil cuatro y mil cinco, donde <b>indulto a muchos militares y a muchos civiles para que empecemos a construir la patria en paz, en libertad y en justicia</b>”.</p><p>Eran los primeros indultos firmados <b>el 7 de octubre de 1989</b>, que perdonaban a los jefes militares procesados que no habían sido alcanzados por las leyes de impunidad y a miembros de las organizaciones armadas. En <b>diciembre de 1990</b>, la segunda tanda fue noticia el 28 —se conocieron entre ese día y los siguientes—. Los nuevos decretos <b>beneficiaban a los condenados en el Juicio a las Juntas</b> y a otros procesados como el exministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz, completando la maqueta de una época calamitosa. Una época que iba a sumergir a la Argentina en la espuma del consumo, los excesos, la frivolidad, el falso poder adquisitivo y las modelos con desórdenes alimenticios. En lo que muchas personas se ocupaban mientras, astutamente, el país era desguazado desde sus tripas.</p><p>Con el discurso de la reconciliación, Menem ponía en pie de igualdad a los exmilitantes de organizaciones armadas y a los militares que secuestraron, violaron, torturaron y asesinaron a miles —con tanto cinismo que el Decreto 1003/89, de octubre, indultaba a dieciséis guerrilleros desaparecidos, entre ellos, María Antonia Berger, sobreviviente de la Masacre de Trelew de 1972—, adhiriendo y avivando así la teoría de los dos demonios.</p><p>Hace tres décadas y media, en 1990, cuando el riojano anunciaba los indultos que había dado a conocer el Día de los Inocentes, llevándose puesto el proceso judicial que hacía solo cinco años había sentado precedente en la historia de los derechos humanos a nivel internacional, de su lado de la escena, sus hombres aplaudían con vehemencia. Del lado de enfrente, el domingo 30 de diciembre, cerca de diez mil personas, convocadas por los movimientos de derechos humanos, se concentraban en la Plaza de Mayo para repudiarlos. </p><p>“Es un día de luto, es un día de tristeza, es un día históricamente negro, uno de los más negros que conoce la historia del país. Acá está la ciudadanía, la que expresó que no quería el indulto, acá estamos nosotros, y esto quiere decir que vamos a seguir luchando”, decía firme <b>Estela de Carlotto</b>, mientras el “No” gritado al unísono por las miles de personas que se oponían al perdón a los genocidas hacía vibrar el aire, retumbaba en el asfalto hirviente. </p><p>Diciembre casi moría y con él 1990. Aunque la década que marcaría el futuro de millones de argentinos y argentinas apenas estaba empezando.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/2HBQESPDYVDMPBTP36HBC7JHXE.jpg?auth=b5487740272566e6fc082c48e49588def9d1cbf84bbc2e280d50abd65c258e99&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Cuando Alfonsín le entregó el mando a Menem, los indultos ya eran un tema de conversación en los pasillos del poder. La medida encajaba en la política de reconciliación y pacificación nacional del nuevo presidente" height="1080" width="1920"/><h2>La gestación de los indultos</h2><p>Menem asumió la presidencia el 8 de julio de 1989, tomando el mando antes de lo previsto ante la agónica gestión de Alfonsín y un país hundido en una crisis económica y social que incluía hiperinflación, saqueos y una democracia flaca, casi en los huesos, que necesitaba robustecerse. En su discurso de asunción, frente al Parlamento, el flamante dirigente dio indicios de lo que vendría: “Yo quiero ser presidente de un reencuentro, en lugar de transformarme en el líder de una nueva división entre hermanos. Por eso <b>no vamos a perder tiempo para concretar la reconciliación de todos los argentinos</b>”. “Se terminó el país del ‘todos contra todos’. Comienza el país del ‘todos junto a todos’”. “Ha llegado la hora de que cada argentino tienda su mano al hermano, para hacer una cadena más fuerte que el rencor, que la discordia, que el resentimiento, que el dolor, que la muerte, que el pasado. Ha llegado la hora de <b>un gesto de pacificación</b>; de amor, de patriotismo. Tras seis años de vida democrática no hemos logrado superar los crueles enfrentamientos que nos dividieron hace más de una década. Vamos a decirles que jamás se alimentará un enfrentamiento entre civiles y militares, sencillamente porque ambos conforman y nutren la esencia del pueblo argentino”.</p><p>En el mundo, el contexto acompañaba: la Guerra Fría languidecía y ya comenzaba a hablarse de <b>“el fin de la historia”</b>, una teoría controversial forjada por Francis Fukuyama, un politólogo estadounidense que, como parte de un ensayo publicado en 1989 —que sería ampliado en su libro <i>El fin de la historia y el último hombre</i> (<i>The End of History and the Last Man</i>), en 1992— teorizaba sobre el triunfo de las democracias liberales como consecuencia de la caída del comunismo y sobre el fin de la historia como enfrentamiento de ideologías. Es decir: el fin de la historia se traducía como el fin de las guerras y las revoluciones violentas. </p><p>En Argentina, el asunto de los indultos venía desde el mismo fin de la dictadura: <b>Reynaldo Bignone</b>, el último militar a la cabeza del autodenominado “Proceso de Reorganización Nacional”, <b>firmó un decreto de autoamnistía</b> cinco semanas antes de que se eligiera el nuevo Gobierno constitucional.</p><p>El país estaba bañado en sangre. Miles de familias arrasadas. Niños sin madres, sin padres. Otros con la identidad fraguada, desaparecidos sin saberlo. Madres, Abuelas en pie de lucha. La Argentina era un gran agujero negro. Y la milicia se otorgaba su propia absolución: “acá no pasó nada”. Sectores de la Iglesia católica adhirieron, salieron a pedir que la sociedad apoyara la reconciliación. El olvido. Más de cincuenta mil personas se reunieron en una marcha para decir que de ninguna manera. <b>“¡Ni olvido, ni perdón. Cien años de prisión!”</b>. </p><p>Los dos candidatos dispuestos a tomar lo que quedaba del país tuvieron diferentes posturas frente a la autoamnistía: Ítalo Luder sostuvo que la respetaría; Alfonsín, en cambio, prometió juzgar a los genocidas por los crímenes de lesa humanidad perpetrados durante el terrorismo de Estado. El candidato de la UCR comprendía que los movimientos de derechos humanos no iban a aceptar la impunidad por decreto y que <b>el camino hacia la reconstrucción del país comenzaba con la búsqueda de justicia</b>. Cuando asumió, firmó los decretos 157/83 y 158/83, en los que ordenaba el juzgamiento de los líderes de las organizaciones armadas y de las Juntas militares. A la vez, envió al Congreso un proyecto para derogar la Ley de Autoamnistía.</p><p>Pero tres años después, en diciembre de 1986, el mismo Alfonsín promulgaba la ley de <b>Punto Final</b>, que fijaba un plazo de treinta días para presentar denuncias sobre los crímenes de lesa humanidad de la dictadura, tras el cual vencía el derecho de buscar justicia. Una ley que activó un efecto en cadena: muchas víctimas se apuraron a declarar e iniciaron procesos judiciales. Cuando los oficiales comenzaron a ser llamados al banquillo, comenzaron las resistencias. En 1987, con la democracia endeble, apenas renacida, los “levantamientos Carapintadas”, en los que un grupo de oficiales del Ejército tomaron instalaciones militares para protestar contra esos procesos judiciales y reclamar la impunidad para todos sus compañeros de armas —levantamientos que eran la sombra de un monstruo muerto demasiado fresco—, terminaron por forzar o acabar de definir las leyes de impunidad. </p><p><b>Al Punto Final le siguió la Obediencia Debida</b>. Una ley que Alfonsín promulgó en junio de 1987 y establecía que los delitos cometidos durante el terrorismo de Estado por los miembros de las Fuerzas Armadas con jerarquía por debajo de coronel no eran condenables por haber sido perpetrados en virtud de la “obediencia debida”, un concepto militar que dicta que los subordinados solo <b>se limitan a obedecer las órdenes de sus superiores</b>. Norma que tenía excepciones para personas involucradas en robos de bebés y de bienes. Aunque tampoco abundaron los procesos en estos casos.</p><p>No alcanzó. Los carapintadas continuaban disconformes: <b>querían impunidad absoluta</b>.</p><p>Y a la sublevación de Semana Santa de 1987 le siguió la de Monte Caseros, en enero de 1988, lideradas ambas por Aldo Rico. En diciembre de 1988 hubo un nuevo intento de revuelta, en Villa Martelli, encabezado por Mohamed Alí Seineldín.</p><p>El asunto estaba inconcluso cuando Alfonsín le entregó el mando —y la papa caliente— a Menem. Lo cierto es que el perdón sin condiciones que buscaban ya era rumor en los pasillos del (nuevo) poder. Y encajaba en la política de reconciliación y pacificación nacional buscada por el riojano que había avanzado con medidas simbólicas como la repatriación de los restos de Juan Manuel de Rosas. En el acto que lideró en el cementerio de la Recoleta, el entonces presidente aseguró: “Aún quedan heridas por cerrar”.</p><p>Pocos días después, en octubre de 1989, Carlos Menem anunciaba que indultaría a los militares, junto a integrantes de las agrupaciones armadas. Gran parte de la sociedad respondió con una movilización en repudio a la medida, <b>una de las más masivas de la historia del país en defensa de los derechos humanos</b>. Una ola que desbordó las calles desde la Plaza de Mayo a la del Congreso. </p><p>A Menem no se le movió un pelo de las patillas.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/OEX2M4YHOZDPHNIXQMIHQRVVHI.jpg?auth=e1a416a8dc995478e18534c25f85122908297e4f41a4fafabdc92d7045271fa5&smart=true&width=920&height=615" alt="Gran parte de la sociedad respondió a los indultos con movilizaciones masivas en repudio a la medida y en defensa de los derechos humanos, la memoria, la verdad y la justicia" height="615" width="920"/><h2>“El que no está de acuerdo se puede ir, que nadie va a ofenderse”: los indultos de octubre de 1989</h2><p>El 7 de octubre de 1989, muy considerado, Menem avisó a la prensa: “Voy a anunciar el indulto; el que no está de acuerdo se puede ir, que nadie va a ofenderse”. El mismo día se hicieron públicos los decretos 1002/89, 1003/89, 1004/89 y 1005/89, que eran generosos con todos los jefes militares procesados que no se habían visto beneficiados por las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, y con líderes e integrantes de las organizaciones armadas. </p><p>El Decreto 1002/89 indultó a 38 oficiales que no eran alcanzados por las leyes de impunidad, con excepción de Carlos Guillermo Suárez Mason, el excomandante del Ejército a quien llamaban “el carnicero del Olimpo”, extraditado en 1988 desde Estados Unidos, a quien liberaría poco después de los procesos judiciales que le correspondían. Quedaron libres, además, Harguindeguy, Reynaldo Bignone, Luciano Benjamín Menéndez, Ramón Genero Díaz Bessone, Cristino Nicolaides y Leopoldo Fortunato Galtieri. Todos estaban siendo juzgados, aún sin condena. </p><p>El Decreto 1003/89 indultó a 59 dirigentes y militantes del ERP y Montoneros, como Roberto Perdía, Fernando Vaca Narvaja y Rodolfo Galimberti. En esa primera tanda no liberó a Mario Firmenich, quien cumplía 30 años de condena por la causa del secuestro de Juan y Jorge Born. Pero cuando los exlíderes montoneros pidieron por él, el presidente les dijo que su libertad llegaría “dentro de unos meses, junto con la de los excomandantes” —quienes habían formado parte de la cúpula de Montoneros habían apoyado de cerca a Menem en la campaña presidencial e incluso habían aportado dinero. </p><p>El decreto también tuvo un cariz perverso: <b>dieciséis de los militantes indultados estaban desaparecidos</b>. Varios exmiembros de las organizaciones armadas alcanzados por la medida rechazaron el beneficio.</p><p>Por medio del mismo decreto indultó también a cuatro militares uruguayos del área de Inteligencia que tenían causa abierta en Capital Federal. Entre ellos estaba José Nino Gavazzo, uno de los principales represores de la dictadura de su país iniciada en 1973. </p><p>El Decreto 1004/89 libraba de rendir cuentas en la Justicia a los implicados en los alzamientos de Semana Santa, Monte Caseros y Villa Martelli: ahí brillaban Aldo Rico y Seineldín. Y el 1005/89 le regalaba el perdón terrenal a Leopoldo Galtieri —quien había sido absuelto en el Juicio a las Juntas—, Jorge Isaac Anaya y Basilio Lami Dozo, condenados por la conducción durante la guerra de Malvinas. </p><p>En total, estos primeros decretos beneficiaron a unos 300 imputados. </p><p>El rechazo volvió a sonar, masivamente, en las calles. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/HPYLIQSYDZC65KRVR2YXKILE6Q.jpg?auth=d7c3cd36600fec658dcc4f695645ab32368a95f598bcaef68bac2b81b0ed255c&smart=true&width=1920&height=2641" alt="Primera página de la carta de agradecimiento del general Harguindeguy a Menem tras el indulto" height="2641" width="1920"/><h2>Menem lo hizo: los indultos de diciembre de 1990</h2><p>El 3 de diciembre de 1990, un nuevo levantamiento carapintada colmó la paciencia del riojano, que ya estaba advertido de lo que el movimiento militar se tenía entre manos.</p><p>Por orden del jefe del Ejército, Martín Bonnet, Seineldín estaba detenido en San Martín de los Andes y se esperaba que intentaran liberarlo.</p><p>Menem no tuvo ningún reparo: “Yo no voy a ser otro Alfonsín, no voy a negociar. O se rinden, o bombardeamos las unidades”, dijo. Y ordenó reprimir la revuelta que amenazaba con escalar a un nuevo golpe de Estado. </p><p>El <i>timing</i> también lo presionaba: la agenda política marcaba que dos días después, el entonces presidente de los Estados Unidos, George H. Bush, haría una visita oficial a la Argentina. </p><p>Los enfrentamientos entre las fuerzas se extendieron por 20 horas y dejaron catorce muertos, entre ellos cinco ciudadanos que viajaban en un colectivo que fue atropellado por un tanque.</p><p>Esa fue la cuarta y última rebelión carapintada. Y el hecho que terminó de subordinar las Fuerzas Armadas al Estado, es decir, de integrarlas al sistema democrático.</p><p>Semanas después de dar vuelta esa página, <b>en el Día de los Inocentes, el 28 de diciembre,</b> Menem anunció nuevos indultos que se terminarían de conocer los días siguientes. Otro combo<i> </i>que venía a completar las leyes de impunidad. </p><p>Esta vez los decretos eran seis.</p><p>El 2741/90 <b>perdonó a los cinco comandantes condenados en 1985: Jorge Rafael Videla, Emilio Eduardo Massera, Orlando Ramón Agosti</b> (que había sido penado con cuatro años y medio de prisión y ya estaba en libertad), <b>Roberto Viola y Armando Lambruschini</b>. <b>También liberó a Ramón Camps y Ovidio Riccheri</b>, quienes no habían sido alcanzados por las leyes de Punto Final y Obediencia Debida y estaban condenados.</p><p>El Decreto 2742/90 indultó finalmente a Mario Firmenich. </p><p>Los Decretos 2743/90 y 2744/90 otorgaron el perdón a Norma Kennedy y a Duilio Brunello, respectivamente, los dos procesados por malversación de fondos públicos. Lo que en el caso de Brunello le había valido una condena a inhabilitación absoluta y perpetua.</p><p>El Decreto 2745/90, otorgó la gracia a José Alfredo Martínez de Hoz, procesado por los secuestros y torturas al empresario Federico Gutheim y a su hijo Miguel, un hecho por el cual había estado detenido dos meses y medio en 1988. </p><p>Por último, el Decreto 2746/90 indultó a Carlos Guillermo Suárez Mason, al frente del Primer Cuerpo del Ejército durante el terrorismo de Estado, prófugo y extraditado desde los Estados Unidos. Otro que no había podido ampararse en las leyes de impunidad de Alfonsín por su grado. </p><p>Una vez más, como lo venían haciendo, como no dejarán de hacerlo ante cualquier medida que amenace los derechos humanos, una multitud se lanzó a las calles, hacia la Plaza de Mayo, para rechazar los indultos. </p><p><b>Veinticuatro horas después de promulgados los decretos, todos los beneficiados estaban en libertad</b>. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/ITARMFJJPJFY7E3UNC4PUAQ6L4.jpg?auth=d26258c37b5a3bf97e43c0ab8866b0d921c95e080743662fe6e8409119fb8597&smart=true&width=1080&height=981" alt="Tapa de "Clarín" del domingo 30 de diciembre de 1990" height="981" width="1080"/><h2>Indultos, una medida inconstitucional: la búsqueda de Memoria, Verdad y Justicia </h2><p>Las imágenes del indulto son otras de las que se suman a ese archivo de la memoria nacional: Firmenich sonriendo en un auto desde la tapa de <i>Clarín</i>. Videla recibiendo una hostia de manos de un párroco en una iglesia de Belgrano, diciéndole a los periodistas que lo aguardaban afuera que en ese momento no iba a decir nada; yéndose, feliz, a reunirse con su familia.</p><p>Las imágenes de la reconciliación. De la paz buscada por Menem.</p><p>Poco más de una década después, en 2003, el Congreso de la Nación anuló las leyes de Punto Final y Obediencia Debida. Con un clima de época completamente diferente al del menemismo, con un Néstor Kirchner bajando los cuadros de los genocidas de las paredes, algunos jueces comenzaron a <b>declarar inconstitucionales</b> aquellos indultos emitidos a decreto limpio por el riojano. </p><p>Era 15 de junio de 2006 cuando la Cámara de Casación Penal consideró que los indultos concedidos a quienes habían cometido delitos de lesa humanidad eran inconstitucionales. Y 31 de agosto de 2010 cuando la Corte Suprema de Justicia confirmó sentencias de tribunales inferiores, avalando esa inconstitucionalidad. <b>Las condenas anuladas debían ser cumplidas</b>. Los casos se comenzaron a abrir de nuevo. Los juicios por crímenes de lesa humanidad, a llenar los tribunales. Y empezó así una nueva búsqueda de pacificación: la que demuestra que<b> no hay olvido por decreto</b>. La que traen la memoria, la verdad, y la justicia. </p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/M7XEZQQX4ZCT3FDBHBYN645XXM.jpg?auth=33fe9a04c8ebda3e176709f53a857ceca47000fb3f0ea1391c758fb6e006f97b&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[El anuncio de los indultos en el diario "El Litoral", el 28 de diciembre de 1990]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[“¿Demasiado feminismo?”: un libro que invita a reflexionar y debatir sobre las múltiples complejidades de hacer política feminista]]></title><link>https://www.infobae.com/sociedad/2025/12/21/demasiado-feminismo-un-libro-que-invita-a-reflexionar-y-debatir-sobre-las-multiples-complejidades-de-hacer-politica-feminista/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/sociedad/2025/12/21/demasiado-feminismo-un-libro-que-invita-a-reflexionar-y-debatir-sobre-las-multiples-complejidades-de-hacer-politica-feminista/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[Entre el activismo y el Estado, los movimientos feministas, especialmente desde el Ni Una Menos, disputan su lugar en la democracia argentina. Ganaron la calle y obtuvieron una masividad sin precedentes. Pero ¿qué pasa cuando las funcionarias de pañuelo verde ocupan por fin una banca en el Congreso? ¿Cuando entre lo que se espera que hagan y el margen de acción real hay distancias insalvables? Son algunos de los interrogantes que se hace Agustina Paz Frontera en su nuevo libro publicado por Siglo XXI]]></description><pubDate>Sun, 21 Dec 2025 05:21:51 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/BOTDGGK7YRBFJOEKNMGZUSAKEI.png?auth=fd69f15d8e399d3914b2320d208592720f45ef8792a24c50250e7f12d2cae777&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Agustina Paz Frontera (Mercedes Amusategui)" height="1080" width="1920"/><p>“¿Cómo se construye política de manera integral desde un colectivo feminista y cuáles son todas las dimensiones de ese trabajo político?”. </p><p>La pregunta —ambiciosa, desafiante—, se abrió paso hasta que Agustina Paz Frontera —licenciada en Comunicación, magíster en Periodismo Documental, cofundadora del medio feminista <i>LatFem </i>y del colectivo Ni Una Menos— no pudo hacer otra cosa más que entregarse a la investigación y al análisis para intentar responderla.<i> </i></p><p>Este libro empezó a germinar —como tantos otros comienzos feministas— a partir de la masividad del movimiento que se volcó a las calles ese<b> 3 de junio de 2015,</b> que tuvo algo de épica, algo de estallido, mucho de hartazgo. </p><p>—Ahí se da un proceso muy interesante para mí, que también explica mi pasión por la política feminista, lo que hace que haya escrito un libro: <b>intentar entender las discusiones, las estrategias, las articulaciones, las alianzas que se empiezan a producir, los equívocos</b>. [Lo que pasó a partir del Ni Una Menos] fue vertiginoso. Era realmente constante la referencia a esa manifestación que se estaba armando. El término “<b>femicidio”</b> rompió las celdas del lenguaje jurídico y del lenguaje académico y de repente era una palabra que podía decir cualquier persona en una escuela, en un programa de chimentos, en una cancha de fútbol. La sociedad se conmocionó respecto a qué pasaba con la violencia —recuerda Agustina.</p><p>A partir de ese día el feminismo comenzó a ocupar un sitio, a luchar por un sitio en la política argentina. Mujeres feministas llegaron al Estado, estuvieron al frente de diferentes programas y organismos, se creó un ministerio. Y este movimiento se replicó en varios países del Cono Sur. <b>“Por fin las mujeres tenían un cuarto propio entre las oficinas del poder para instalar sus agendas”</b>, dice la sinopsis de <i>¿Demasiado feminismo? La política feminista entre el Estado, el activismo y la batalla cultural de la derecha radical, </i>publicado por Siglo XXI. ¿Pero qué sucedió luego de casi una década de expansión, calle, políticas públicas y conquistas? ¿Por qué motivos lo que ayer hacía vibrar el asfalto y resonaba como una onda expansiva en toda la sociedad hoy está prácticamente fuera de la discusión política? ¿Fueron los discursos de los neoliberalismos que denostaron al movimiento? ¿El auge de las derechas? ¿Fue el propio feminismo el que “fue demasiado lejos, que se pasó tres pueblos, que se volvió vigilante y punitivo?” “¿En serio hubo un sobregiro que explica la crisis de los partidos del centro hacia la izquierda?” “¿En serio hubo demasiado feminismo?”, se pregunta la autora.</p><p>A través de una investigación en la que entrevistó a más de una veintena de funcionarias y exfuncionarias de Argentina, Chile, Uruguay, Brasil y España, y de un análisis de las dimensiones y tensiones al interior de la práctica de la política feminista, buscará comprender. Y encender el debate.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/N27FW6IJ2NBSZOLZFX3QUJ2F3Q.jpg?auth=b69b7fb982da0e94de89ef19c669c361ca9ec6b9d690ce2c5fa5ef162f4c9eec&smart=true&width=1200&height=1799" alt="En "¿Demasiado feminismo? La política feminista entre el Estado, el activismo y la batalla cultural de la derecha radical", publicado por Siglo XXI, Agustina Paz Frontera se sumerge en las complejidades de la práctica política feminista en la región" height="1799" width="1200"/><h2>Feminista se hace</h2><p><b>“¿Por qué desaparece una mujer y el Estado no la encuentra?”.</b> “¿Por qué desaparece una mujer y no hay demasiado que se pueda hacer, no hay demasiados resortes para dar una respuesta?”.</p><p>Agustina Paz Frontera no se empezó a hacer estas preguntas porque era feminista. Agustina Paz Frontera comenzó a construir una mirada feminista porque se empezó a hacer estas preguntas. Y se empezó a hacer estas preguntas porque en 2005, <b>Florencia Pennacchi</b>, una de sus amigas de la secundaria, con la que había crecido en Neuquén, con la que se había venido —junto a otra grupo de amigos y amigas— a estudiar a Buenos Aires, con la que compartía el mismo edificio y el mismo piso mientras cursaban los primeros años de la facultad, <b>una noche no volvió</b>.</p><p>Ni la siguiente. Ni la siguiente. Ni la siguiente.</p><p>—Nos llama el hermano y dice: “Flor no volvió. No está. ¿Alguien sabe algo?”. Yo era estudiante universitaria, tenía mil laburos, tenía mi novio, no era feminista. Tenía las preocupaciones típicas de una persona promedio de izquierda de ese momento: iba a la Facultad de Ciencias Sociales, tenía una postura crítica ante el capitalismo y la democracia, pero no era feminista. Y en ese momento, cuando fueron pasando los meses y Florencia no aparecía, <b>empezó como una necesidad de tratar de entender esa desaparición</b>. Por las respuestas que daba la policía, las respuestas que daba el abogado, las respuestas que daba la Justicia, las conversaciones en los medios. La conversación pública alrededor de por qué desaparece una mujer, los juicios que hay alrededor de eso. Y todo eso fue construyendo una masa crítica, especialmente en un grupo de amigas y amigos de ella, que por eso también están en la dedicatoria del libro. Ese “grupo de amigas y amigos de Florencia”, que así se denominaba en ese momento, después derivó en una organización feminista que se llamó Sin Cautivas, de la cual yo no participé pero fui muy cercana. Y eso también fue configurando un punto de vista feminista —dice Agustina.</p><p>Fue la desaparición de su amiga cuando rondaba los 25 años. Pero fue también su abuela, hija de inmigrantes rusos y militante del Partido Comunista, contando cómo había construido comunidad con otras mujeres, organizando colectas y llevando comida y remedios a quienes estaban detenidos o los necesitaban, a lo que se dedicó hasta que nació su madre. Y también fue su madre contándole que antes de que ella naciera se hizo un aborto. Y que su abuela, esa misma abuela que ayudaba a otros, la acompañó a practicárselo en la década del 70. Fue esa charla que tuvo con ambas, “especialmente en el momento de la marea verde”, y la postura de su madre para quien “era completamente obvio que eso tenía que suceder, que si una mujer no quería continuar con un embarazo tenía que poder hacer esa interrupción”. Y fueron las preguntas que aparecieron. Que condujeron a los textos. A las teorías. A las estadísticas. Y a las calles. </p><p>—Leés, estudiás y decís: <b>“¿Por qué hay tanta cantidad de personas desaparecidas en este país?, ¿por qué hay un corte específico en el género? ¿por qué son mujeres, por qué son jóvenes?”.</b> Y eso creo que también es una puerta de ingreso a una posición crítica respecto al patriarcado, a ese sistema que ordena la sociedad y que hace que algunas personas valgan menos que otras, por ejemplo, mi amiga, que obviamente para el sistema no valía nada.</p><p>Nadie volvió a saber de Florencia. </p><p>Se cumplían diez años de su desaparición cuando Agustina se sumó activamente a la primera convocatoria bajo el título <b>Ni Una Menos</b>: una maratón de lectura organizada por un grupo de escritoras, periodistas e investigadoras, en la Plaza del Museo del Libro y de la Lengua, organismo dirigido en ese momento por la socióloga María Pía López. </p><p>Comenzaba 2015 y una sucesión de femicidios marcados por la aparición de las mujeres víctimas de violencia tiradas en bolsas de basura, tratadas como basura, impactaba a una sociedad que no quiso, que no pudo seguir naturalizándolo. </p><p>Poco después de esa iniciativa, el tuit de Marcela Ojeda convocando “Actrices, políticas, artistas, empresarias, referentes sociales... mujeres, todas, bah.. no vamos a levantar la voz? NOS ESTAN MATANDO” empezaba a rodar. </p><p><b>Y el 3 de junio de 2015 las mujeres desbordaban las calles de todo el país al grito de “¡Ni Una Menos!”</b>.</p><p>—Hay muchas mujeres que marcharon por primera vez ese 3 de junio. Que se dieron cuenta de que tenían un espacio en la vida política pública cuando escribieron el nombre de su hija, de su sobrina, de su amiga, en un cartel y salieron. Es muy conmovedor, más en la historia de este país, ¿no? —reflexiona Agustina. </p><p>Poco después de ese día, que marca un hito en la historia del feminismo en Argentina, la agenda del movimiento empezaba a tener espacio en los medios, en la cultura, en la política, en el Estado. Y como todo movimiento vivo, que crecía y se complejizaba, también crecían nuevas tensiones y desafíos. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/4U4KW54M2VAHVI6XX4IDEFPY7M.webp?auth=492156ead7dbfcbf3497e058a91c720c8838be53689a0cf2cc4550b0b88cef86&smart=true&width=770&height=435" alt="Agustina Paz Frontera cofundó el medio feminista LatFem y fue parte del grupo que dio origen al colectivo Ni Una Menos (Irupé Tentorio)" height="435" width="770"/><h2>Un encierro propio</h2><p>“Las feministas que se inician en funciones en espacios propios de género inaugurados para responder a la expansión del ciclo Ni Una Menos reconocen la fragilidad del proceso: cuentan que erigieron un ministerio en el garaje de una compañera, sin siquiera caja chica para comprar resma de papel, o que construyeron instituciones con nombres rimbombantes que sus referentes o los altos cargos jerárquicos no comprendían. Este modo de hacer tiene épica pero también un límite. Hay voluntad política de integrar la agenda pero poca inversión presupuestaria y política para que esa integración sea consumada”, escribe Agustina en el primer capítulo, titulado <b>“¿Cómo se hace política feminista?”</b>. </p><p>Eso es lo que va a intentar desmenuzar mediante sus charlas con las funcionarias y exfuncionarias, exponiendo los primeros conflictos de la práctica política feminista: las buenas intenciones del Estado con un presupuesto exiguo; el poder que puede irradiar un título como “ministra”, “secretaria” o “diputada” en la teoría, frente a la posibilidad de acción real, al verdadero acceso a la mesa chica donde juegan los que toman las decisiones; las tensiones entre las feministas que llegaban a las oficinas del Palacio Legislativo y muchas activistas que, en las calles, veían vaciarse sus expectativas de ser representadas; las que pujaban por un programa de políticas públicas que comenzara a atacar los puntos de la agenda feminista, y las que se oponían a que el feminismo hiciera migas con las instituciones y los poderes. </p><p>—La relación entre <b>perspectiva de género y poder</b> no es nueva, viene de hace muchísimos años. Lo que pasa es que en el último ciclo, que es el ciclo Ni Una Menos, se da un proceso de mutua necesidad entre las instituciones estatales y la proyección política del feminismo como un movimiento. Que nos lleva, por ejemplo, a que sin siquiera haberlo pedido, Alberto Fernández cree el Ministerio de las Mujeres. Algo que no había sido así articulado por el movimiento feminista. No es que en las marchas pintábamos carteles que decían: “Un ministerio de género, por favor”. Pero sí era la deriva lógica, porque cuando vos decís: “Paren de matarnos. El Estado es responsable”, estás esperando que el Estado fabrique una política pública para que paren de matarnos. Entonces, hay que sí o sí pensar en un plan de política pública para llegar a ese objetivo. Ahora, lo que pasa es que cuando vos intentás hacer eso te encontrás con muchas complejidades que tienen que ver con el subtítulo del libro: ¿Qué es el Estado?, ¿y qué hace el Estado con los grupos, si se quiere, subalternos que logran llegar a ocupar un espacio de poder? ¿Qué posibilidades reales hay de plantear una política feminista que un poco está contradiciendo los propios estándares del Estado que está formado a partir de elites? </p><p>La investigación de la autora y su análisis plantea, entre otros, este conflicto: ante la escalada de femicidios y violencia, los feminismos señalaron al Estado como responsable y pidieron que responda. El Estado respondió con un organismo específico, con espacios y cargos. Pero después —salvo excepciones— no rompió con el viejo modo de pensarse. No otorgó suficientes recursos. No brindó el suficiente lugar para la política feminista. Y los conflictos al interior del movimiento tomaron temperatura y comenzaron a hervir.</p><p>—Cuando el feminismo hace ese movimiento se encuentra con algunos problemas. Que tienen que ver con la definición de Estado moderno, pero también con cómo se hace política en Argentina o en nuestros países latinoamericanos, que es <b>una política sumamente machista</b>. Y ahí está el testimonio de estas personas a las que yo fui a entrevistar, que muestran la dificultad de entrar en la conversación política de las altas esferas siendo mujeres y siendo mujeres feministas aún más. Entonces decís: “Bueno, llegué. Ya está. Me dieron la silla en el gabinete”. Minga. Te van a escuchar siempre que hables del tema de género que está de moda en las redes sociales o en la calle. No te van a escuchar hablar de política de drogas, de seguridad, de producción, de industria. Te van a escuchar hablar de aborto, de cuidados (si te entienden lo que quiere decir cuidados). <b>Hay una serie de restricciones, dentro de las instituciones del Estado, con las que se encuentran las feministas</b> que tuvieron el privilegio de llegar a esos lugares. Todas esas dificultades son sobre todo las que yo trato de plantear —dice Agustina.</p><p>Y sigue.</p><p>—¿Qué estrategias nos dimos las feministas para afrontar esas dificultades del Estado? Pensamos en el cuarto propio, que era tener nuestro propio reducto: un ministerio, una secretaría de género o lo que sea. Bueno, esa estrategia tiene todos estos problemas. No lo digo yo, lo dicen las personas que la pensaron y la llevaron a cabo. La estrategia era tener un espacio propio —el cuarto propio utilizando la metáfora de Virginia Woolf—, <b>nos dieron el cuarto propio, ahora, bien cerradito</b>, o sea: están ustedes adentro y nosotros afuera, ojo con salir y entrar muchas veces. Y no nos dieron las miles de libras o dólares que también decía Virginia Woolf que se necesitaban, junto al cuarto propio, para que una mujer pudiera escribir una novela. <b>Los presupuestos para los organismos de género eran los más exiguos de todos los países que investigué</b>. Ese es uno de los principales argumentos, de hecho, para preguntar: “¿Nos pasamos tres pueblos? ¿Fue demasiado feminismo? ¿Adónde?”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/OA7NEEPYONCCVGPA52X5NIKMM4.jpg?auth=8fb4ba48cf6a5946b34210bad35f23f1bb72624811e9cacb53b12049e8703a7b&smart=true&width=2948&height=1965" alt="Entrevista a Elizabeth Gómez Alcorta, ex ministra de las Mujeres, Géneros y Diversidad de la Nación, para "¿Demasiado feminismo?" (Solange Avena)" height="1965" width="2948"/><h2>Una política feminista cercada<b> </b></h2><p>Además de cómo se hace la política feminista, Agustina se pregunta en su libro <b>qué es hacer política feminista</b>: “¿Basta con ocuparse de cosas de mujeres, como leyes de cuotas o aborto legal, y hacer malabares con presupuestos exiguos? ¿Por qué cuesta tanto que las políticas mujeres se hagan oír ahí donde se discuten la distribución económica y el modelo de país?”.</p><p>—El feminismo no es “las cosas de las mujeres”. <b>Feminismo es transformación social</b>, es perspectiva de clase. Hay muchos feminismos. Nosotras tenemos un pensamiento político integral, no hablamos solamente de políticas de identidad, ni de hablar con la E, o sea, somos mucho más que eso, aunque contenemos todo eso.</p><p>Entre las veinticinco funcionarias y exfuncionarias con las que habló en su investigación, Agustina dice que “salvo excepciones” todas dijeron que poco era mejor que nada. Que preferían el cuarto propio en el recinto aunque fuera pequeño o estuviera alejadísimo del centro de la toma de decisiones; que preferían “el ministerio, la secretaría, el instituto de género” aunque estuviese desprovisto de recursos; que preferían el presupuesto exiguo a uno inexistente. </p><p>Entonces, la autora quiso saber para qué se usó, principalmente, el presupuesto asignado al Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad de la Nación, y de los diferentes organismos de género. Y la respuesta la condujo hacia otro análisis:</p><p>—Lo que yo encontré —y esto es una crítica que hago como parte del movimiento pero que las propias funcionarias se hacen a sí mismas, y que tiene que ver con esta lectura de contexto de cómo el feminismo llega a tener un poco de poder— es que se usó, sobre todo, para <b>la prevención de la violencia y la asistencia de víctimas de violencia.</b> El Ministerio de las Mujeres de Nación, esto es un dato compartido por Eli Gómez Alcorta, utilizaba el 97% del presupuesto para las agendas de violencia, para el programa Acompañar. Que uno diría: “Bueno, está muy bien, es uno de los principales problemas, el más acuciante, tiene que ver con la diferencia entre la vida y la muerte. Es fundamental”. Pero tiene el problema de que entonces la política feminista que podemos hacer solo tiene que ver con nuestro lugar de víctimas o con una posición defensiva. Y no da lugar a proyectar un feminismo que piense más integralmente la política y que incluya un montón de otras agendas que no tienen que ver solamente con la prevención o la reparación de la violencia. Y eso es entendible, porque si hay algo por lo cual el feminismo logra tener tanta masividad es por la agenda de violencias, por el Ni Una Menos. Pero también es una trampa. Es una trampa en la que caímos y es muy difícil salir porque todo el discurso feminista hoy está desacreditado, incluso la violencia que era el gran tema de consenso: que a la mujer no se le pega, no se la mata. Ahora, con los Gobiernos de derecha que tenemos en la región, no sé cuánto consenso hay sobre que es un tema prioritario.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/4TQC3PEDTZCQZDSTSKFXUYMAWQ.jpg?auth=390cbad0fcef45565e5faaa31f9f4bd517316a0c40bfdd8bdaa89e8fa8365763&smart=true&width=3007&height=2005" alt="Entrevista con Alba Rueda, ex subsecretaria de Políticas de Diversidad del Ministerio de la Mujer, Géneros y Diversidad de la Nación (Solange Avena)" height="2005" width="3007"/><h2>Entonces, ¿fue demasiado feminismo?</h2><p>Agustina escribió este libro, dice, con la seguridad de que el feminismo va a volver a ocupar los lugares de los que fue arrancado. Y su investigación busca revisar el camino recorrido, reflexionar sobre qué es lo que se hizo hasta ahora, cuáles fueron las acciones de las funcionarias, de las activistas por fuera del Estado, de las activistas comunitarias, de organizaciones sociales y ONG, cuando estuvieron en el centro de la escena y las miradas, y volver sobre los errores que se cometieron, hacer una autocrítica para, a partir de ahí, pensar en cómo se puede mejorar. Para “cuando nos toque volver a tener la posibilidad de pensar una política pública feminista”.</p><p>—No creernos nosotras el cuento de que de verdad estuvimos pasadas, que de verdad nos sobregiramos. O, en todo caso, tomarnos el trabajo de desmenuzar lo que sucedió: “Bueno, ¿en qué sentido sí hubo una equivocación?, ¿cuáles son las cosas que hicieron que ese ‘demasiado’ fuera construido?, ¿cuáles son las cosas que hicimos nosotras para que ese ‘demasiado’ fuera construido? Tiene que ver con nuestros errores y también con un contexto en el cual algunas cosas eran posibles de plantear y de hacer y otras no. Y tiene que ver con la correlación de fuerzas que se construyó históricamente también. </p><p>En esa revisión de lo hecho, en la mirada retrospectiva y el despliegue crítico de un momento efervescente para los feminismos, la autora analiza, además, la disputa histórica con el sector del feminismo que rechaza toda participación institucional y vínculo con el Estado. “Que es el feminismo que durante todo el siglo XX fue el más importante en nuestra región, el feminismo autónomo, el que con mucha razón desconfía del Estado y de los partidos políticos”. </p><p>Ese rechazo fundamentado, en la actualidad, parece encerrar una suerte de oxímoron: pedirle al Estado políticas públicas y leyes, pedirle que integre la agenda de género, pero después lapidarlo, no querer que las funcionarias feministas hagan —o intenten hacer— justamente lo que se les pide que hagan. “Somos millones de argentinos y argentinas que tenemos que convivir con las reglamentaciones y con las formas de vida que nos impone el Estado y la democracia. Entonces, ¿qué vamos a hacer? ¿nos vamos a quedar tirándole piedras a esa institución monstruosa o vamos a tratar de entenderla, de infiltrarla, de pensar estrategias?”, pregunta Agustina. </p><p>—Es muy difícil que esa disputa no suceda porque son <b>diferencias históricas que sostienen el feminismo</b> también y que lo hacen grande. Pero a mí me parecía interesante recuperar a esas feministas que tuvieron el privilegio, pero también el valor de ocupar los lugares de poder. Me parece importante plantear que las feministas políticas tenemos que tomar en serio esa tarea de generar un mejor Estado, <b>pensar al Estado no como una utopía sino como una herramienta de transformación</b>. Tomar en serio la tarea de generar política pública, de construir un programa político feminista, porque si no lo hacemos nos va a volver a pasar lo mismo que ya nos pasó, que es mejor que nada, pero podemos hacerlo mejor. Y para eso lo único que se me ocurre es seguir disputando dentro de las estructuras. La política autónoma callejera es otra cosa, pero si queremos sentarnos en la misma mesa donde se sientan los tipos que toman las decisiones políticas importantes para nuestros países o para nuestras ciudades, tenemos que seguir haciendo entrismo. Tenemos que seguir peleando por lugares dentro de las organizaciones, de los partidos políticos y de la sociedad civil. Tenemos que seguir defendiendo el feminismo. Y creo que este libro es una piedra lanzada para ver si esa conversación se arma.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/BOTDGGK7YRBFJOEKNMGZUSAKEI.png?auth=fd69f15d8e399d3914b2320d208592720f45ef8792a24c50250e7f12d2cae777&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/png" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Agustina Paz Frontera (Mercedes Amusategui)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Silvina Ocampo: esa hermana menor que rodeada de lo más prestigioso de la literatura del siglo XX escogió la libertad de las sombras]]></title><link>https://www.infobae.com/sociedad/personajes/2025/12/14/silvina-ocampo-esa-hermana-menor-que-rodeada-de-lo-mas-prestigioso-de-la-literatura-del-siglo-xx-escogio-la-libertad-de-las-sombras/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/sociedad/personajes/2025/12/14/silvina-ocampo-esa-hermana-menor-que-rodeada-de-lo-mas-prestigioso-de-la-literatura-del-siglo-xx-escogio-la-libertad-de-las-sombras/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[Era la más pequeña de las seis Ocampo. Creció entre lujos, idiomas y servidumbre. Fue hermana de Victoria, amiga de Borges, esposa de Bioy Casares. Y en esa vida de la cultura culta compartida con apellidos de prestigio, desde los segundos planos, se convirtió en una escritora fundamental. Su muerte, el 14 de diciembre de 1993, no la detuvo: hubo obras póstumas y un gran reconocimiento que ella no llegó a ver]]></description><pubDate>Sun, 14 Dec 2025 05:11:40 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/JDSYGR6ACRA4RBJIMAPLFRDCVA.jpg?auth=ece716bb31f2277a7d078f7cc2babdd18458368167e0f12ccfadd0e7fa4b3220&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Silvina Ocampo" height="1080" width="1920"/><p><i>“Entré por el portón del jardín silencioso.</i></p><p><i>Elevaban los árboles su mole gigantesca y morían las rosas de un cielo tenebroso.</i></p><p><i>Pensé: ‘Antes que amanezca</i></p><p><i>conoceré por fin la múltiple verdad.</i></p><p><i>Me esconderé en la sombra de este antiguo follaje</i></p><p><i>Y hallaré claramente aquí en la oscuridad, sin que nadie me ataje,</i></p><p><i>la llave del secreto que hace mi desventura’”. </i></p><p>“La metamorfosis”,<i> </i>Silvina Ocampo.</p><p>***</p><p>En la pintura. En las letras. Entre tus hermanas. ¿Dónde estás, Silvina? En la casa de la calle Viamonte en la que naciste. En la de tu bisabuelo, al que visitabas diariamente durante el invierno. En la quinta de San Isidro, bautizada por la posteridad y la UNESCO como Villa Ocampo, a la que te mudabas cada verano. ¿Dónde? En los salones donde tomabas clases con tus tres institutrices, francesa, británicas, con tus profesores de castellano e italiano. En las dependencias de servicio, donde te gustaba transcurrir junto a esos actos cotidianos de lo doméstico por los que te sentías atraída, de los que participabas con la plancha, con la ropa. ¿Dónde estás? En la mirada de Victoria. En la prestigiosa revista Sur. En las confesiones con Borges. En la enroscada relación con Bioy. ¿Dónde? En lo que se dice de vos: que tenías amantes mujeres, que tenías premoniciones. ¿Dónde estás? En la poesía. En los cuentos. En la narrativa. En el humor que decías que no te comprendían. En lo siniestro. En las niñeces. En la libertad de las mujeres que ocupaban tus tramas. </p><p>Dónde. </p><p>***</p><p>Antes de que el Alzheimer desgastara las huellas de la menor de las Ocampo. Las enredara y las transformara en un eco entrecortado de ella misma. Antes de que pusiera su propio punto final, <b>el 14 de diciembre de 1993</b>, hubo 90 años de una Ocampo tan huidiza, exquisita, inclasificable. </p><p>***</p><p><i>“¡Cómo será mi sombra! </i></p><p><i>Oh, amor</i></p><p><i>¿Qué es lo que soy?</i></p><p><i>Ave, piedra, o araña, </i></p><p><i>uno de los cipreses, </i></p><p><i>o nada</i></p><p><i>Tal vez soy”. </i></p><p>“La metamorfosis”<i>, </i>Silvina Ocampo.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/TUOG4PY7I5HFTEEHFPM4DODHE4.jpg?auth=1bc9760ced894ce5119b4b4fa518bad57cdf7e1f5a5e60b15f97a32ecd08d8fe&smart=true&width=1920&height=1788" alt="Silvina Ocampo nació el 28 de julio de 1903. Era la sexta hija, sería la última, de una de las familias más tradicionales y aristocráticas de la Argentina (Gentileza Penguin Random House)" height="1788" width="1920"/><h2>Un árbol de ramas encumbradas</h2><p>Su nombre era <b>Silvina Inocencia María Ocampo</b>. Nació el 28 de julio de 1903, en el centro de la ciudad de Buenos Aires. Era la sexta hija, sería la última, de una de las familias más tradicionales y aristocráticas de la Argentina. Los Ocampo exhibían un apellido ilustre, al que honraban generación tras generación. </p><p>Su tatara-tatara-tatarabuelo, José de Ocampo, había gobernado Cuzco cuando, conquistado por los españoles, era una ciudad clave en el Virreinato del Perú; allí estuvo antes de mudarse al del Río de la Plata. Su tatara-tatarabuelo, Manuel José de Ocampo, fue uno de los primeros gobernadores de la Argentina independiente. Su bisabuelo, Manuel José de Ocampo González, fue político, candidato a presidente y amigo de Sarmiento. Su abuelo, Manuel Anselmo Ocampo, fue estanciero, militar y político. Y fue quien fundó la ciudad de Villa María en la provincia de Córdoba. </p><p>​Había más. Más familia, más parientes en las ramas que se bifurcaban y se distanciaban del centro de ese árbol opulento y lustroso que la rodeaba. Familiares con dobles apellidos que presumían títulos de “conquistador”, “director Supremo”, “caudillo”, en países en plena metamorfosis, procesos independentistas, nacimiento y revolución. </p><p>Su padre, <b>Manuel Silvio Cecilio Ocampo Regueira</b>, era arquitecto y conservador. Había nacido en una familia de nueve hijos. ​Su madre, <b>Ramona Máxima Aguirre</b> —que encontraba disfrute en la jardinería y en el violín—, en una de ocho; creyente, religiosa. No sorprende que la pareja haya tenido seis hijas: <b>Victoria, Angélica, Francisca, Rosa, Clara María y Silvina, la menor de todas</b>. </p><p>***</p><p><i>“Soy como los reflejos de un lago tenebroso</i></p><p><i>o el eco de las voces en el fondo de un pozo</i></p><p><i>azul cuando ha llovido.</i></p><p><i>Todo lo he recibido:</i></p><p><i>como el agua o el cristal</i></p><p><i>que se transforma en cualquier cosa,</i></p><p><i>en humo, en espiral,</i></p><p><i>en edificio, en pez, en piedra, en rosa.</i></p><p><i>Soy diferente a mí, tan diferente,</i></p><p><i>como algunas personas cuando están entre gente.</i></p><p><i>Soy todos los lugares que en mi vida he amado.</i></p><p><i>Soy la mujer que más he detestado</i></p><p><i>y ese perfume que me hirió una noche</i></p><p><i>con los decretos de un destino incierto”.</i></p><p>“Canto”<i>, </i>Silvina Ocampo.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/3IDFF22765CVZLYSBM4I3742PQ.jpg?auth=69b4d61333dd7f26fffd02d85c592671121563480e64d9be4bd1627a0eff0618&smart=true&width=1920&height=2987" alt="Silvina Ocampo creció entre hermanas, institutrices, lujos y servidumbre. Y sintiéndose sola. Su infancia, etapa que la marcó, será la fuente de muchos de sus cuentos (Gentileza Penguin Random House)" height="2987" width="1920"/><h2>Una infancia llena - vacía</h2><p>En la infancia de Silvina hubo muchas hermanas, hubo educación trilingüe —las Ocampo aprendieron a leer en inglés y en francés antes que en castellano—, hubo gran casa en la ciudad, mansión de veraneo en Beccar, campos en Pergamino, una estancia en Córdoba. Hubo electricidad y agua corriente. Hubo viajes a París. Hubo un ejército de empleados y sirvientes. En la infancia de Silvina hubo <b>una profunda soledad</b>. </p><p>Soledad que se hizo más honda cuando murió su hermana, Clara.</p><p>Ellas tenían once y seis, pero la historia no es de amor. O tal vez sí. Un amor que se desgarra con la ausencia. La diabetes infantil arrasó el organismo de Clara. El dolor, el espíritu de Silvina.</p><p> “Ahí supe que se había muerto. Después me pusieron un cinturón negro en signo de duelo. Entonces lloré. Pero lloré porque creía que había que llorar, porque había visto llorar personas alrededor. ¡Me sentía tan sola!”, cita Mariana Enríquez en <i><b>La hermana menor</b></i><i>,</i> el libro en el que la retrata, que debe ser la investigación más exhaustiva sobre Silvina Ocampo. </p><p>La muerte de su hermana la lanzó hacia adentro de sí misma. A buscar la compañía de lo doméstico, lo bello de lo pequeño y cotidiano. A <b>los cuartos de servicio</b> donde pasaba horas participando de los quehaceres por puro placer. </p><p>​“Ama a los sirvientes de la casa. Ama a las niñeras, a las costureras, a las planchadoras, a los cocineros que viven en las dependencias de servicio del último piso. Ama a los trabajadores y a los pobres”, escribe Enríquez. “<b>Gran parte de la literatura de Silvina Ocampo parece contenida ahí: en la infancia, en las dependencias de servicio</b>. De ahí parecen venir sus cuentos protagonizados por niños crueles, niños asesinos, niños asesinados, niños suicidas, niños abusados, niños pirómanos, niños perversos, niños que no quieren crecer, niños que nacen viejos, niñas brujas, niñas videntes; sus cuentos protagonizados por peluqueras, por costureras, por institutrices, por adivinas, por jorobados, por perros embalsamados, por planchadoras. <b>Su primer libro de cuentos, </b><i><b>Viaje olvidado</b></i><b> (1937)</b>, es su infancia deformada y recreada por la memoria; Invenciones del recuerdo, su libro póstumo, de 2006, es una autobiografía infantil. No hay período que la fascine más; no hay época que le interese tanto”, enfatiza.</p><p>La académica y autora estadounidense Patricia Nisbet Klingenberg, coincide: “[Silvina Ocampo]​ vivió una existencia solitaria, aliviada principalmente por la compañía de varios trabajadores domésticos (...). Este, entonces, es el lugar de donde surgen sus obras, de la memoria y la identificación con aquellos identificados como otros".</p><p>***</p><p><i>“A veces te contemplo en una rama,</i></p><p><i>en una forma, a veces horrorosa,</i></p><p><i>en la noche, en el barro, en cualquier cosa,</i></p><p><i>mi corazón entero arde en tu llama.</i></p><p><i>Y sé que el cielo entre tus labios me ama,</i></p><p><i>que el aire forma tu perfil de diosa</i></p><p><i>de oro y de piedra, sola y orgullosa,</i></p><p><i>que nadie existirá si no te llama”.</i></p><p>“A veces te contemplo en una rama”<i>…, </i>Silvina Ocampo.<i> </i></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/AUVU2373VBG6PMR2GK5SVX6PSY.jpg?auth=449555acb38c651c624a00cdb281a727f3e82936f941af654289d71975458eeb&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Silvina y Victoria Ocampo" height="1080" width="1920"/><h2>Más que la hermana menor<b> </b> </h2><p>Antes de escribir, Silvina pintó. </p><p>Tenía 26 años cuando viajó a estudiar dibujo y arte a la capital francesa. Allí se unió a los artistas plásticos argentinos que se habían establecido en la ciudad de luces durante la segunda década del siglo XX y se reconocían como “El Grupo de París”. Brillarían ahí Norah Borgues, Raquel Forner, Lino Spilimbergo, Horacio Butler y Xul Solar. Silvina tomó clases con el pintor italiano Giorgio de Chirico, fundador de la escuela metafísica, y con el francés Fernand Léger, figura del cubismo. Pero, de regreso a Buenos Aires, aunque siempre tuvo un atelier, el tiempo y las letras la alejarían de los colores y los lienzos, que echó al abandono. </p><p>Probablemente, que su hermana mayor fundara <b>la revista </b><i><b>Sur</b></i><b>, en 1931</b>, y que publicara en ella a los escritores, filósofos e intelectuales más destacados de sus días —que serían los más destacados del siglo XX—, con los que tejió prestigiosas redes, influiría en ese cambio de rumbo. O quizás los versos, los cuentos y novelas siempre habían estado ahí, latiendo en ella.</p><p>Silvina acompañó el comienzo de la revista que se transformaría en <b>símbolo de la intelectualidad nacional</b>, de la cultura culta de una Buenos Aires que se presumía la París de Sudamérica. Pero no tuvo un rol que impactara en las decisiones sobre los contenidos, lo que estaba a cargo de su hermana Victoria, quien se volvería la Ocampo más célebre, el nombre unido a la gran literatura, reconocido mundialmente por su aporte a las letras y a la cultura, con quien Silvina tuvo <b>un vínculo turbulento</b>. </p><p>Victoria era quien marcaba el pulso y exhibía su poder en los círculos intelectuales del siglo XX. Silvina, escogió —o quizás fue un modo de alejarse de los reflectores sobre la cabeza de su hermana— los segundos, terceros planos. O salirse del lente. El perfil bajo. <b>La distancia y la introspección</b>. Aquel lugar donde no alumbraba la luz. </p><p>Uno que le ofrecía la más etérea y pura libertad.</p><p>“El más común de los lugares comunes sobre Silvina Ocampo es considerar que quedó a la sombra, oscurecida, empequeñecida por su hermana Victoria, su marido el escritor Adolfo Bioy Casares y el mejor amigo de su marido, Jorge Luis Borges. Que la opacaron. Pero es posible que la posición de Silvina haya sido más compleja. <b>Quienes la admiran fervorosamente decretan que sin duda fue ella quien eligió ese segundo plano</b>. Dicen que desde allí podía controlar mejor aquello que deseaba controlar. Que nunca le interesó la vida pública sino, más bien, <b>tener una vida privada libre</b> y lo menos escrutada posible. Que, en definitiva, <b>ella inventó su misterio para no tener que dar explicaciones</b>”, detalla Enriquez en <i>La hermana menor</i>.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/QTPTM6SWYZF4JN7TPAZQBSE36I.jpg?auth=7dec2c7bce972c0f83b5c4e0b13d08300b582341feee67db4fb419ab6f7cbb66&smart=true&width=1920&height=1280" alt="Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares" height="1280" width="1920"/><p>En esos años —las biografías dicen que fue en 1932— comenzó su relación con <b>Adolfo Bioy Casares</b>, también hijo de la clase acomodada argentina, once años menor que ella. Al que por sobre los campos y riqueza que podría heredar de su familia le interesaba la literatura. Y las mujeres.</p><p>Silvina y Adolfo —apodado Adolfito para diferenciarlo de su padre del mismo nombre— se fueron a vivir juntos, sin casarse, a una estancia de la familia Bioy Casares en la localidad de Pardo, partido de Las Flores, en el centro-noreste de la provincia de Buenos Aires. Se llamaba <b>“Rincón Viejo”</b>. La pareja vivió allí entre 1934 y 1940. Se dice que entonces fueron felices. </p><p>En Ricón Viejo pasaron cosas. Que los atravesarían. Que los acercarían a quienes ambos querían ser. </p><p>Bioy Casares dejó la carrera de Abogacía y se sumergió en la literatura, consagrándose en 1940 con <i>La invención de Morel</i>. Silvina dejó el dibujo y la pintura y empezó a escribir. Probablemente ahí nacieron los cuentos que se transformaron en su primer libro, <i>Viaje olvidado</i>, que publicó en 1937 y que, en ese momento, no despertó demasiado interés. También ahí se volvería sólida la amistad de la pareja con Jorge Luis Borges, que se extendería hasta el fin de sus vidas.</p><p>Cuando en 1940 Silvina y Bioy decidieron casarse, <b>el autor de </b><i><b>El Aleph</b></i><b> fue uno de los testigos</b>. </p><p>Como si se tratase de una especie de profecía, después de unirse formalmente la felicidad de los Bioy —como empezaron a llamarles a partir del matrimonio— comenzó a tambalear. Probablemente no se extinguió, pero la vida se volvió algo sinuosa. </p><p>Desde el viaje de bodas alejado de lo tradicional, en el que planeaban recorrer el país en una casa rodante con amigos, que fracasó a pocos kilómetros de Buenos Aires —solo llegaron a visitar Rosario y Córdoba—, la relación se volvió compleja. Dejaron el campo y se mudaron a la ciudad de Buenos Aires, donde comenzaron otra larga etapa que incluyó <b>colaboraciones</b> —el trío Ocampo, Bioy y Borges escribió la<i> Antología de la literatura fantástica</i> (1940), la <i>Antología poética argentina</i> (1940) y, en 1946, el matrimonio publicó la novela policial<i> Los que aman odian</i>—; <b>múltiples infidelidades de Bioy</b> —entre las que destacan una con la escritora mexicana Elena Garro, quien era esposa de Octavio Paz—; <b>presuntos romances de Silvina con otras mujeres</b> —entre los que se menciona la profunda relación que sostuvo con la poeta <b>Alejandra Pizarnik</b>, con quien intercambiaba cartas y dedicatorias.</p><p>“Oh Sylvette, si estuvieras. Claro es que te besaría una mano y lloraría, pero sos mi paraíso perdido. Vuelto a encontrar y perdido. Al carajo los greco-romanos. Yo adoro tu cara. Y tus piernas y (..) tus manos que llevan a la casa del recuerdo-sueños, urdida en un más allá del pasado verdadero”, le escribe Pizarnik en una carta fechada en enero de 1972, meses antes de que acabara con su vida. </p><p>“Silvine, mi vida (en el sentido literal) —sigue— le escribí a Adolfito para que nuestra amistad no se duerma. Me atreví a rogarle que te bese (poco: 5 o 6 veces) de mi parte y creo que se dio cuenta de que<b> te amo SIN FONDO</b>. A él lo amo pero es distinto, vos sabés ¿no? Además lo admiro y es tan dulce y aristocrático y simple. Pero no es vos, <i>mon cher amour</i>. Te dejo: me muero de fiebre y tengo frío. Quisiera que estuvieras desnuda, a mi lado, leyendo tus poemas en voz viva. Sylvette <i>mon amour</i>, pronto te escribiré. </p><p>Sylv., yo sé lo que es esta carta. Pero te tengo confianza mística. Además la muerte tan cercana a mí (tan lozana!) me oprime. (…) Sylvette, no es una calentura, es un re-conocimiento infinito de que sos maravillosa, genial y adorable. Haceme un lugarcito en vos, no te molestaré. Pero te quiero, oh no imaginás cómo me estremezco al recordar tus manos que jamás volveré a tocar si no te complace puesto que ya lo ves lo sexual es un ‘tercero’ por añadidura. En fin, no sigo. Les mando los 2 librejos de poemúnculos meos —cosa seria. </p><p>Te beso como yo sé (...)”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/YNY2GMVB2ZAWLEPBZGTUBM3V5U.jpg?auth=8883255af01cf9257d69eacf5c24e5e4da9eefc368f3f4ca433843bde9a6fa48&smart=true&width=1920&height=3129" alt="El casamiento de Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares cubierto por los medios. Arriba, a la izquierda, Jorge Luis Borges posa como testigo de la unión de sus amigos " height="3129" width="1920"/><p>Pero quizás el hito mayor de esa vida en común entre Silvina y Bioy fue <b>la adopción de su hija, Marta</b>.</p><p>Así lo narra Mariana Enriquez. </p><p>“De vuelta de un viaje a Europa, en 1954, los Bioy se mudaron al departamento en el que vivieron hasta la muerte, durante 45 años, en la calle Posadas 1650, también en Recoleta (...) Y, cuando se mudaron, <b>ya no estaban solos</b>. (...) durante ese viaje, habían adoptado a Marta, la única hija de los Bioy. No fue una adopción común. Silvina no podía tener hijos. No está claro si los deseaba, pero aparentemente Bioy quería ser padre. Por entonces, una de sus amantes, llamada María Teresa, aceptó ser la mamá de su hija y entregarla en adopción. La niña nació en Estados Unidos, pero los trámites de adopción se hicieron en Francia. Allá fueron a buscarla los Bioy (...)”. “En septiembre de 1954, Silvina le escribe a su hermana Angélica, desde Francia: ‘No encontramos niñera... Hace un siglo que no lavo mi ropa y muchos días que no me baño porque no hay tiempo —y hay un solo baño—. Estoy horrible y temo que mi organismo se haya acostumbrado. Tengo el pelo color ratón y áspero, la cara medio colorada, las manos paspadas, todo perfeccionado por mi fealdad habitual. El apuro en que vivo me enloquece. No tengo ni un minuto para dedicarme a la contemplación de nada ni de nadie. Es horrible’”.</p><p>Silvina y Bioy estuvieron juntos hasta la muerte.</p><p>***</p><p><i>“Quisiera ser tu predilecta almohada</i></p><p><i>donde de noche apoyas tus orejas</i></p><p><i>para ser tu secreto y ser las rejas</i></p><p><i>de tu sueño: dormida o desvelada</i></p><p><i>ser tu puerta, tu luz cuando te alejas,</i></p><p><i>alguien que no trató de ser amada.</i></p><p><i>Huir de la ansiedad que está en mis quejas,</i></p><p><i>poder a veces ser lo que soy, nada”.</i></p><p>“Quisiera ser tu predilecta almohada”, Silvina Ocampo.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/L4Y3MWKMANGG7OQEKON6ZIXKQY.jpeg?auth=b117a2908aceedea051c4b09ac21696863717691455b3864c150c94cefec14dd&smart=true&width=1920&height=2626" alt="En contraposición al lugar central que ocupó su hermana mayor, Victoria, en los círculos intelectuales del siglo XX, Silvina escogió los segundos, terceros planos. La distancia y la introspección. Allí donde no alumbraba la luz podía disfrutar la más etérea y pura libertad
" height="2626" width="1920"/><h2>La obra</h2><p>Desde el lugar que escogió por placer o por oposición al de su hermana mayor, con la que mantenía una relación distante, desde esos márgenes, vuelta sobre sí misma, <b>Silvina escribió</b>. Tomó su interior, sus pensamientos, su misterio, su oscuridad y sus enigmas y los transformó en poesía, en cuentos, en narrativa. En ficción, en ensayos. En antologías. Ofreciendo una vasta obra que sería reconocida como fundamental en la literatura argentina años después de su muerte. Aunque en su vida obtuvo algunos aplausos, algunos premios, como el Nacional de Poesía, en 1962, y el Municipal de Literatura, en 1954.</p><p>La niñez, la crueldad infantil, la ambigüedad moral, la metamorfosis, los cambios que tenían a la mujer en el centro de la escena —lo que hoy llamaríamos perspectiva de género, quizás, aunque no se haya considerado abiertamente feminista—, la desnaturalización de lo cotidiano, son algunos de los temas que presentan y cruzan sus tramas que suman casi dos decenas de títulos de cuentos —<i>Viaje olvidado</i> (1937), <i>La furia</i> (1959), <i>Las invitadas</i> (1961), <i>Los días de la noche</i> (1970), <i>Y así sucesivamente </i>(1987) y <i>Cornelia frente al espejo</i> (1988)— y poesías —<i>Enumeración de la patria </i>(1942), <i>Espacios métricos </i>(1945),<i> Poemas de amor desesperado</i> (1949), <i>Los nombres</i> (1953),<i> Pequeña antología</i> (1954), <i>Lo amargo por lo dulce </i>(1962)<i>, </i>destacada como una de sus mejores producciones en el género de la lírica<i>,</i> <i>Amarillo celeste </i>(1972), <i>Cinco poemas </i>(1973), <i>Árboles de Buenos Aires</i> (1979), <i>Canto escolar</i> (1979) y <i>Breve Santoral</i> (1985).</p><p>Quizás porque era inevitable compararla con su hermana, medirla con la misma vara que a su amigo o exigirle el mismo tipo de obras que a su marido. Quizás por esa odiosa costumbre de poner a competir, de funcionar siempre de manera maniquea escogiendo entre dos opciones, es que a lo largo de la mayor parte de su carrera la crítica argentina no le dio los laureles que póstumamente querría darle. Tuvo que posarse la sombra de la guadaña. La sombra en la que tantas veces se había reconfortado para ser ella. Una en la que poco a poco el Alzheimer comenzaba a perderla mientras, huidiza también de la enfermedad, seguía escribiendo, para que se pusiera atención en sus cuentos, en sus poemas, en los que <b>se empezó a reconocer su talento entrada la década de 1980</b>.</p><p>La muerte no la detendría. Póstumamente aparecieron obras que compilaban textos inéditos: poesías, cuentos, hasta novelas. En 2006 se publicó <i>Invenciones del recuerdo, </i>una autobiografía escrita en verso libre, y <i>Las repeticiones</i>, una colección de cuentos con dos novelas cortas, <i>El vidente</i> y <i>Lo mejor de la familia</i>. En 2007 apareció en Argentina <i>La torre sin fin</i>, una novela, y en 2008,<i> Ejércitos de la oscuridad</i>, una obra con diversos textos. Todo fue editado por Sudamericana, que reeditó también algunas de sus colecciones de cuentos. En 2010 se publicó <i>La promesa</i>, una novela que había comenzado por 1963 y que, interrupciones y reescrituras mediante, terminó entre 1988 y 1989, con el Alzheimer marcándole el tiempo. </p><p>***</p><p><i>“Te hablaba de una larga cabalgata,</i></p><p><i>de los baños de mar, de las alturas,</i></p><p><i>de alguna flor, de algunas escrituras,</i></p><p><i>de un ojo en un exvoto de hojalata.</i></p><p><i>Me hablabas de una fábrica de espejos,</i></p><p><i>de las calles más íntimas de Almagro,</i></p><p><i>de muertes, de la muerte de Meleagro.</i></p><p><i>No sé por qué nos íbamos tan lejos.</i></p><p><i>Temíamos caer violentamente</i></p><p><i>en el silencio como en un abismo</i></p><p><i>y nos mirábamos con laconismo</i></p><p><i>como armados guerreros frente a frente”.</i></p><p>“Diálogo”, Silvina Ocampo.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/7PSE2MNHFBGNRKE37NWEJREPPM.jpg?auth=3cd24285e30b66aaf1eaa5781e366405b13e46ee2de1f98a22d86f3a7e22edda&smart=true&width=1920&height=1920" alt="En esa vida de la cultura culta compartida con apellidos de prestigio, desde los segundos planos, Silvina Ocampo se convirtió en una escritora fundamental, aunque el mayor reconocimiento de su obra llegaría después de su muerte (Aldo Sessa)" height="1920" width="1920"/><h2>¿Dónde estás, Silvina?</h2><p>“Una de las mujeres más ricas y extravagantes de la Argentina, una de las escritoras más talentosas y extrañas de la literatura en español: todos esos títulos no la explican, no la definen, no sirven para entender su misterio. Nunca trabajó por dinero —no lo necesitaba—, no participó de ningún tipo de actividad política (ni siquiera política cultural), publicó su último libro cuatro años antes de morir (y escribió incluso cuando ya tenía los primeros síntomas de Alzheimer, con casi 90 años) y su vida social, siempre reducida, se iba haciendo nula con los años, algo casi inaudito en una mujer de su clase. El dinero le dio libertad pero nunca pareció demasiado consciente de sus privilegios que, puede decirse, apenas usó”, escribe Mariana Enriquez en <i>La hermana menor.</i></p><p>La enigmática, la oscura, la rara, la que eligió las sombras, la que mostró una escritura disruptiva y no llegó a disfrutar de su reconocimiento, la que bajo los rótulos de “la mujer de” y “la hermana de” y “la amiga de”, tal vez gozó una libertad descosida a su antojo. Así de inclasificable, así fuera de la caja vivió Silvina. </p><p><b>Era 14 de diciembre de 1993</b> cuando, a sus 90 años, la enfermedad dijo: “Victoria”. Y ni así. Fiel a su estilo, sin dejarse atrapar, esquiva, indescifrable, Silvina siguió publicando. Siguió siendo Silvina.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/JDSYGR6ACRA4RBJIMAPLFRDCVA.jpg?auth=ece716bb31f2277a7d078f7cc2babdd18458368167e0f12ccfadd0e7fa4b3220&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Silvina Ocampo]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[La esquina que es templo del pan dulce, conquista con recetas que bajaron de los barcos y cuenta una historia familiar]]></title><link>https://www.infobae.com/sociedad/2025/11/29/la-esquina-que-es-templo-del-pan-dulce-conquista-con-recetas-que-bajaron-de-los-barcos-y-cuenta-una-historia-familiar/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/sociedad/2025/11/29/la-esquina-que-es-templo-del-pan-dulce-conquista-con-recetas-que-bajaron-de-los-barcos-y-cuenta-una-historia-familiar/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[Hay una abuela de raíces calabresas. Un negocio español. Un clan que lo sostiene. Y un postre estrella, con una montaña de frutas secas y escurridas, convertido en atracción turística, para el que se hacen cuadras de cola. Plaza Mayor: el restaurante que suma más de cuatro décadas en el barrio de Monserrat, donde las calles Venezuela y San José se encuentran e invitan a pasar]]></description><pubDate>Sat, 29 Nov 2025 04:20:52 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/SYCO2MSIJBENJGVVUWAPQ3TYXM.jpg?auth=32762857e409dc6f75ff38502ec74bccc6e79cff2c642aa20285b5d38e2ae60f&smart=true&width=1920&height=1080" alt="El pan dulce de Plaza Mayor, un ícono de la Navidad porteña" height="1080" width="1920"/><p>—Hola, ¿para pan dulce?</p><p>Es lo primero que dice la chica de uniforme, pelo recogido y modos amables que abre la puerta. Es martes 25 de noviembre. Un cuarto de hora pasa de las diez de la mañana y la panadería del restaurante, que abre de 9 a 19, no deja de recibir clientes. Personas que se acercan a buscar el producto más codiciado. El mítico. La atracción fundamental por la que porteños y visitantes, nacionales y extranjeros, atraviesan la ciudad hasta este recinto con alma española, receta estrella italiana y sabores para elegir. </p><p>—No, soy de <i><b>Infobae</b></i>, busco a <b>Federico Yahbes</b>.</p><p>—Pasá. Si querés esperalo en esa mesa al lado de la caja.</p><p>El enorme local que destila España en cada rincón está vacío. Las paredes rojas con arcos arábigos de ladrillo visto, propios de la arquitectura andalusí —aquella desarrollada en la península ibérica durante el dominio musulmán—; las mesas vestidas blanco sobre rojo; el hierro trabajado en firuletes exquisitos en la baranda de la escalera, en los portalámparas del segundo piso, en detalles sutiles y funcionales; las baldosas con flores del piso que recuerdan casas antiguas y rincones coloniales de la ciudad; los abanicos en las paredes; la vajilla barroca: tazas, platos y cajitas que son filigranas en una vitrina; los escudos de Málaga, Las Palmas, Sevilla, Salamanca, Barcelona, Valencia, <b>son una celebración al país mediterráneo</b>. Pero el fileteado porteño en los florones que cuelgan del techo robándose la atención de quien entra y las banderas de las Islas Malvinas que declaran que fueron, son y serán argentinas, dicen que <b>la sangre que sostiene el negocio hace más de cuatro décadas corre en este suelo</b>. Y la italianidad de la estrella del lugar dice que la historia de un país que fue destino y promesa de un horizonte mejor confluye aquí.</p><p><b>Plaza Mayor</b> —nombre que hace referencia a la plaza principal de Madrid y una de las más importantes de España— tiene dos pisos, un salón cerrado para los encuentros que requieran privacidad, y puede alojar a unas<b> 150 personas</b>. Pero ahora no. Hasta las 12.00, cuando el restaurante prenda sus fuegos y eche a andar, la esquina será de su vedette principal: <b>el pan dulce</b>.</p><p>***</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/ZML6ACGJNVEHPBKY6RU2VGBTJU.jpg?auth=0398830bfca45184ce6e87a6d2c6adf69cf9b32e5176c02ed977703f172eb03f&smart=true&width=1920&height=2886" alt="Federico Yahbes, gerente y uno de los dueños de Plaza Mayor" height="2886" width="1920"/><p>Donde se encuentran <b>San José y Venezuela</b>, en el barrio porteño de <b>Monserrat</b>, todavía no hay cola. Pero los clientes no dejan de llegar. Falta un mes para Navidad y los previsores que no quieren que en su mesa falte el pan dulce de Plaza Mayor se están asegurando el suyo. </p><p>Buscan uno, dos o cuatro. Algunos van a ir al freezer hasta el 23 de diciembre para que estén como recién hechos en el brindis del 24. Otros van a ser merendados, desayunados con el mate, compartidos en familia, regalados. </p><p>—¿Te lo pongo todo junto? ¿Bolsitas separadas? —pregunta una chica rubia, con uñas hechas, frente a una computadora, mientras hace la transacción con una señora de unos 70 años que parece <i>habitué</i>. </p><p>—El pan dulce dura diez días a temperatura ambiente. Si no quiere hacer la cola, viene, lo busca, lo freeza, lo saca el 23 a la mañana y para el 24 queda perfecto. Mucha gente lo hace —explica otra empleada al teléfono—. Las colas empiezan el 13, 14 —responde a quien sigue evaluando opciones del otro lado del tubo—. Y, una cuadra por lo menos… Venezuela 1399. Un kilo. $ 36.000.</p><p>Las consultas telefónicas se suceden como los clientes en la puerta. Las personas que ya lo saben todo, que siempre compran, siguen un circuito aceitado, como una coreografía que tienen aprendida: entran, se acercan al mostrador abastecido de numerosas bolsas amarillas con el pan dulce ya listo para llevar, piden la cantidad deseada, pagan, quizás hacen algún comentario amable a las chicas que atienden —entre quienes está Sofía, hija de Federico Yahbes, gerente y dueño— y se van. Saben que en ese círculo de miga suave, sembrada de frutos secos, escurridos y pasas, se llevan calidad. Y un kilo de felicidad asegurada. O dos. O cuatro. </p><p>—<i><b>Panettone</b></i><b>, pan dulce</b>, hay distintas historias, algunas muy románticas. Una dice que a un cocinero se le quemó una masa y le puso fruta. Cada uno cuenta la suya. Están quienes dicen que el <i>panettone</i> es el alto y el pan dulce es el bajo. Cada quien lo llama según la tradición que sigue y su lugar en el mundo… si llegó primero el <i>panettone,</i> le van a decir <i>panettone</i>; acá llegó el pan dulce y le decimos pan dulce. Pero si viene alguien de Brasil, por ejemplo, y le decís “pan dulce”, te pregunta: “¿Qué es? ¿Pan con azúcar?”, y le tenés que decir <i>panettone </i>para que sepa de qué hablamos. </p><p>Federico Yahbes —camisa rayada, saco azul oscuro, lentes. Presencia de punta en blanco— explica que las versiones acerca del origen del pan dulce son diversas y dependen de las creencias y herencias de cada quién. La <b>leyenda</b> que menciona, que es <b>una de las más populares en Italia</b>, dice que el creador de este postre fue un tal “Toni”, un ayudante de cocina del duque de Milán, Ludovico Sforza. Según esta historia, en la Noche Buena de 1495, a fines del siglo XV, la corte de Sforza se deleitaba con un banquete opulento mientras, en la cocina, el chef corría con las preparaciones de diferentes platos para servir. Y le pidió a su ayudante, Toni, que controlara el horno donde había unos bizcochos de grandes dimensiones que iba a servir como postre. Extenuado por el trabajo, Toni se adormeció y los bizcochos se quemaron. Cuando despertó, aterrado por cómo iba a reaccionar su jefe, optó por utilizar una masa de levadura que tenía guardada para su pan de Navidad. Para que sea un verdadero postre digno del duque le agregó harina, huevos, azúcar, pasas y fruta confitada, la horneó y obtuvo un dulce suave y aireado que sirvió en el banquete. Los comensales, extasiados, llevaron a que Sforza lo bautizara “el pan de Toni”, en su honor. Lo que con los años habría mutado dándose a conocer en toda Italia como "<i>panettone</i>“.</p><p>Otras voces de la gastronomía dicen que esta leyenda es solo eso. Y que no es posible rastrear con exactitud cómo irrumpió este postre en el mundo. En lo que sí parecen coincidir todas las versiones es en su país de nacimiento: <b>el pan dulce es italiano</b>. Como lo era la bisabuela de Federico, que había llegado de Calabria y de quien su abuela, Leticia “Tita” Marcone, la madre de su padre, había heredado <b>“la” receta </b>del pan dulce más deseado de la ciudad. El que cocinaba cada Noche Buena para su familia. </p><p>***</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/SZ5PS4R665A4HGJHUU6NZTK2NY.jpg?auth=86791dd25e822ab5d8b6c0d78c59203d35c9b1fc1d5c12d6b7c9c9ffe673a959&smart=true&width=1920&height=2886" alt="Plaza Mayor destila España en cada rincón. Pero el fileteado porteño en los florones que cuelgan del techo y las banderas de las Islas Malvinas en el segundo piso, dicen que la sangre que sostiene el negocio hace más de cuatro décadas es argentina" height="2886" width="1920"/><p>La prueba es sencilla: si alguien tipea “Plaza Mayor, Buenos Aires”, en Google, lo primero que aparece son fotos del restaurante, las más de diez mil opiniones del buscador, la ubicación, la cuenta de Instagram con su frase emblema: <b>“Pan dulce todo el año”</b> y, debajo, gobernando las preguntas más frecuentes, la reina de las consultas que recibe el local: <b>“¿Cuánto vale el pan dulce Plaza Mayor?”</b>. </p><p>—Si hoy buscás “Plaza Mayor”, te aparece el pan dulce. Si ponés “pan dulce”, te aparece Plaza Mayor, un restaurante que vende pan dulce. Por ahí no aparece tanto un pulpo a la gallega —dice Federico, aunque asegura que el restaurante también funciona bien. </p><p>El nombre de la marca es un sello indiscutido asociado al postre. Pero su historia no empezó así. </p><p>El destino gastronómico de Federico Yahbes comenzó a delinearse antes de que él lo sospechara. Lejos de los frutos secos y escurridos, aunque cerca de la harina y la italianidad. <b>El primer negocio de Ricardo Yahbes, padre de Federico, fundador y dueño de Plaza Mayor, fue una pizzería.</b></p><p>—Mi papá empezó en la gastronomía en Villa Crespo, toda la vida vivimos ahí. Él era industrial, tenía la fábrica [dedicada al plástico] a la vuelta de donde teníamos la casa y cerca había una pizzería y él la compra. Ahí empezó, en el año 76. Después, unos socios españoles que tenía en la pizzería le propusieron este negocio —recuerda Federico.</p><p>El local de la esquina de Venezuela y San José era el mismo, aunque un poco más pequeño de lo que es hoy. </p><p>—Lo que pasa es que se compró el terreno de al lado y se agrandó. Pero siempre fue la esquina. </p><p>“Siempre” <b>empezó en 1982</b>. La propuesta era la que se sostiene en el tiempo: <b>un restaurante español</b> que prendió las hornallas en la época del “destape”, del regreso democrático, de la vuelta del teatro, de la noche porteña, en la que la libertad era casi tangible. Y comenzó a crecer. </p><p>—Empezaron a venir los actores, las actrices, las cantantes. Además estaba abierto las 24 horas. Argentina era otra. Había noche, había trasnoche, que empezaba a la una y terminaba a las tres. Entonces, esos actores podían venir a comer después de la función y eso también nos ayudó a mover el restaurante —repasa Federico.</p><p>Plaza Mayor había cumplido sus primeros tres años y plantaba una tímida bandera en la gastronomía porteña cuando Ricardo Yahbes, que también tenía raíces ibéricas, <b>quiso darle impulso a la sidra tirada</b>. </p><p>—Se tira como la cerveza. Y quería fomentarla. No había muchos lugares en Buenos Aires donde se tomara sidra, entonces él quería darla a conocer, que se comiera con sidra, se brindara con sidra. Ahí dijo: “¿Cómo puedo enganchar a la gente para que tome sidra?”, “¿con qué la puedo ofrecer?”. Entonces <b>se acordó del pan dulce que hacía mi abuela para nosotros los 24 y 31 a la noche y le pidió la receta</b>. Ahí él empezó a trabajarlo, haciéndolo de postre para que la gente probara y comiera pan dulce todo el año. </p><p><b>Era 1985 cuando empezó a producirlos</b>. “Y en el 90 empieza a despegar”, recuerda Federico, “apareció la primera cola, de unas 20 personas”. Hoy, a partir de mediados de diciembre, las filas llenan cuadras. El tiempo se estira como la masa en plena preparación hasta que llega el turno de entrar a buscar el postre. </p><p>Se acerca el mediodía y el movimiento del restaurante que se prepara para abrir cobra ritmo. Las empleadas siguen levantando el auricular que no deja de sonar: “Plaza Mayor, buen día”. Muchos ya lo saben, y para quienes no, la web del lugar lo deja claro en letras mayúsculas: <b>“RESERVAS SOLO POR TELÉFONO”</b>.</p><p>***</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/FD4HEIIECJEJBPRH4IGVKZVDVE.jpg?auth=19f01816ace8a1f2b76709eaa927c5f6b42029e4821650689e6a7eb981ab2be0&smart=true&width=1920&height=1080" alt="En el segundo piso hay un rincón dedicado a las Islas Malvinas que armaron en 2022, cuando organizaron una jornada en homenaje a los veteranos por los 40 años de la guerra  " height="1080" width="1920"/><p>No eran días de internet, redes sociales, <i>influencers foodies</i> ni fotos con filtros que excitaran los sentidos. No hubo campaña publicitaria, ni pósters, ni volantes. <b>Lo que volvió al pan dulce de Plaza Mayor la diva de la Navidad porteña fue el boca a boca</b>. Ese canal infalible desde el principio de los tiempos: probarlo, disfrutarlo, recomendarlo. </p><p>—Desde el primer día que mi abuela nos dio la receta, la respetamos. Si nos dijo: “Diez almendras”, son diez almendras. No se cambia nada. Entonces, mi teoría es que, al haberla respetado siempre, la gente sintió que no fue traicionada. Si yo a cada pan dulce le saco una almendra son un montón de kilos, pero no se hace, a pesar de que hoy tengamos colas y colas. Y fue el boca en boca. Después empezaron a venir las radios, los canales, los periódicos, que les estoy siempre agradecido porque eso también nos ayudó a movernos, pero siempre fueron ellos los que vinieron. </p><p><b>Desde el primer día de pan dulce ya son 40 años</b>. Cuatro décadas de un postre que se volvió punto del circuito turístico nacional y extranjero: la cancha de Boca - Caminito - Plaza Mayor. Que se vende aún en las caídas más pronunciadas de la economía argentina.</p><p>—Como es un producto muy típico de las fiestas, y como es único, bien característico, la gente viene. </p><p><b>La receta es el secreto familiar mejor guardado.</b> Sin dar detalles ni especificaciones, Federico asegura que la matemática es simple: si se busca un producto de calidad, se tiene que utilizar materia prima de calidad y en cantidad. Lo que equivale a invertir.</p><p>—Querés hacer un pan dulce con más mercadería, le tenés que poner más plata. Querés hacer un pan dulce que no te salga tan caro, le pones menos mercadería. <b>El secreto de este es usar mucha mercadería</b>. A veces la gente piensa que nuestro pan dulce es solo de frutos secos, porque tiene tanto que no se dan cuenta que tiene la fruta. Que es la fruta escurrida en realidad (la fruta abrillantada es la que tiene glaseado y la escurrida es la que tiene almíbar). Nosotros producimos nuestra propia fruta y utilizamos mamón, no usamos ni naranja ni quinoto, que es lo que le da acidez. Tiene fruta seca, escurrida y pasa de uva. </p><p>—Todo eso en un pan dulce. </p><p>—Todo eso en un pan dulce. Y lo trabajamos con manteca, no con margarina… <b>¿Vos querés un pan dulce de calidad? Poné cosas de calidad.</b> La almendra tenés que probar que sea de la nueva cosecha porque sino, como la nuez, seguro que se vuelve rancia enseguida. Nosotros trabajamos directamente con productores. En Corrientes me hacen la fruta escurrida, el higo que va arriba me lo hacen en Salta y en Corrientes, la cereza y la almendra en Mendoza, la nuez y las pasas en La Rioja. La cajú es la única que se trae de Brasil porque en la Argentina no hay. </p><p>Tener un pan dulce de Plaza Mayor en la mesa es tener<b> una pequeña muestra de federalismo</b>. Una porción del trabajo del país. </p><p>***</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/QHL2DXGNRJB2XOVC3MJAPEBGUI.jpg?auth=31b89dd94a1fe096bd9ae748eacd23fafac63d8d93bce1be8ae72766b6ef62e9&smart=true&width=1920&height=2286" alt="Federico y su padre, Ricardo Yahbes, fundador de Plaza Mayor y precursor del mítico pan dulce" height="2286" width="1920"/><p>Federico tiene 59 años y dice que está contento. Mira para atrás, repasa su carrera construida alrededor del negocio familiar y se muestra airoso, como quien sabe su faena cumplida. Dice que siempre le gustó trabajar. Que cuando terminó el colegio empezó a estudiar Licenciatura en Química y le dedicaba al restaurante los fines de semana: mozo por las noches, atención al público los mediodías. Hasta que en segundo año de la carrera no pudo sostenerlo más.</p><p>—Un día mi papá me dice: “Se va el que hace las compras, necesito a alguien”. Y yo le digo: “Yo quiero trabajar”. “Pero vos estás estudiando”. “No importa, yo voy a poder”. No podés. Si estudias Licenciatura en Química, en Física, no podés. Así que a los seis meses me fui de la facultad.</p><p>Federico había ido a rendir Análisis II. Y en medio del examen empezó a pensar que había olvidado comprar los jamones, que tenía que revisar la sidra y entendió que su lugar era otro.</p><p>—Bajé y le dije al profesor: “Esto no es para mí”, y me fui. Después tuve la suerte de poder profesionalizarme en gastronomía. Trabajé en España, en Chile, en Estados Unidos, en México. </p><p>Hizo cursos: <i>sommelier</i>, costos, servicio, atención, cocina. Estudió el rubro en diferentes países para enriquecer a la empresa. </p><p>—Si me tenía que ir a Chile a un frigorífico a ver cómo fileteaban el salmón, me iba, estudiaba, hablaba con el dueño, le preguntaba por qué en un frigorífico de pescado no había olor a pescado. Aprendí todo eso y lo traje. Nosotros <b>llegamos a tener once locales</b> y yo hice un centro de producción para abastecerlos.</p><p>Los Yahbes también son los creadores de <b>Campo de Fiori</b>, una sello de la gastronomía italiana que desde la pandemia está cerrado. Hoy, uno de los locales de tipografía inconfundible que conduce a la memoria gustativa a pastas extraordinarias, exhibe su encanto tapiado, su brillo apagado, frente a Plaza Mayor. Federico dice que no lograron rearmar un equipo que se haga cargo. Que no cree que los vuelvan a abrir. Pero que las pastas memorables se siguen ofreciendo ahí, en el local en el que concentran toda su energía. El único que quedó de esos once, al que hoy solo acompaña <b>Mío Bar, un nuevo café </b>ubicado en San José 516, exactamente a la vuelta del templo del pan dulce. </p><p>Administrado por Joaquín, hijo de Federico, Mío lleva en su logo la firma de la casa madre para que no queden dudas de lo que quien llega va a encontrar. <b>Negocio, familia y gastronomía forman así un triunvirato que acumula experiencia y suma generaciones</b>. Un triunvirato que Ricardo Yahbes, con 85 años, continúa gobernando. </p><p>—Sigue viniendo todos los días. Él es el que manda, el que da todas las órdenes. Después sigo yo y después siguen todos para abajo.</p><p>Todos para abajo son dos de sus tres hermanas, cuñados, sobrinos, sus dos hijos y sus nietos. Se los puede ver sonreír desde diferentes fotos que inmortalizan momentos felices —una de ellas con la abuela Tita, responsable de la receta del pan dulce— colgadas en el bajo escalera del local.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/LDS3OBTOANEQJIERLHJVK2KOP4.jpg?auth=db8b8c8a5e56495fdebc41cda8c2380e8e214cde55514b9b292de73c1dfad792&smart=true&width=1920&height=1080" alt="El restaurante español funciona en la esquina de Venezuela y San José desde 1982. Ricardo Yahbes comenzó a producir el pan dulce con la receta de su madre, de raíces calabresas, en 1985, hace 40 años" height="1080" width="1920"/><p>—Después me di algunos gustos: hice programas de cocina, escribí siete libros… </p><p><i>El zodíaco en la cocina</i>; <i>La Cocina Como Terapia; Cocina Kabalística – Sabores Sefiróticos; y 22 letras hebreas en la cocina, </i>son algunos de los títulos que Yahbes coescribió con el psicólogo Gabriel Espiño. Obras en las que conjugan <b>análisis, platos y misticismo</b>. <i> </i></p><p>En una entrevista que dio para Radio Nacional en 20224, dice que son “libros de cocina distintos”. Y ejemplifica: si en lo que tiene que ver con la psicología su coautor escribía sobre el insomnio, él ofrecía la receta de la “sopa de aletas de tiburón”, “porque el tiburón siempre tiene los ojos abiertos, no duerme”. Si Espiño hablaba sobre “el edipo”, “qué mejor que hacer las milanesas de mi mamá”, cuenta. En el <i>El zodíaco en la cocina</i> buscó “qué ingredientes corresponden a cada signo” y a partir de eso realizó un plato por cada uno.</p><p>Casi como un juego en el que buscaban el punto de convergencia de sus saberes e intereses, publicaron textos que unen los temas más etéreos con lo más esencial, perceptible y sensorial: la comida. Ofreciendo, como resultado, unas obras que quieren estimular espíritu, curiosidad y estómago. </p><p>Los libros, además, tienen <b>un fin benéfico</b>: el destino de lo recaudado con las ventas es la <b>Fundación Ludovica del Hospital de Niños de La Plata</b>. Para ayudar a las familias de los pacientes internados en ese hospital y aquellos alojados en la Casa Ludovica.</p><p>—Contento. Ahora voy a ver si el año que viene empiezo de vuelta a hacer programas de cocina, así que contento. </p><p>***</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/RF2ZEPXKAVHJPH7NFAX6LS5PPY.jpg?auth=aedfa4def82bcc3cc2ab9707f604873916d2ba1619b7a354dc1771fc5fd080f6&smart=true&width=1920&height=1080" alt="En la puerta del local, en el barrio porteño de Monserrat, todavía no hay cola, pero los clientes no dejan de llegar. Falta un mes para Navidad y los previsores que no quieren que en su mesa falte el pan dulce de Plaza Mayor van a asegurarse el suyo. Cada año, en diciembre, las filas llenan varias cuadras" height="1080" width="1920"/><p>El pedido más excéntrico que recibieron en estos 40 años de pan dulce, fue el encargo masivo del postre para que engalane, como souvenir, dos cumpleaños de 15. Su producto estrella fue el nada modesto recuerdo para cada uno de los invitados en dos fiestas. La primera era de alguien que Federico no conocía. La segunda, la celebración de la hija de <b>Guillermo Coppola</b>. </p><p>No es algo a lo que no esté acostumbrado. Los personajes que hacen a la historia y a la cultura argentina —y varios que hacen a la del mundo— pasaron y siguen pasando por Plaza Mayor. Muchos y muchas están ahí, junto a la puerta de entrada, en una suerte de <b>galería de las estrellas</b> en la que brilla Sandro, María Martha Serra Lima, Landriscina, Ron Wood, la Mona Jiménez, El Puma Rodríguez, la Chiqui Legrand, Andrea del Boca, y más. Algunos posaron ante el lente con Ricardo, otros dejaron una foto autografiada, dedicaron “un abrazo”, “cariños” y “<i>best regards”.</i></p><p>—Viene gente conocida a comer, vienen políticos y actores. Osvaldo Laport, María Martha Serra Lima vino muchos años, Olmedo, Javier Portales, César Bertrand, Adriana Brodsky… Es más, Adriana sigue viniendo, es muy amiga. </p><p>Federico dice que a todos, famosos y no famosos, los atiende por igual. Y que de muchos actores y periodistas, a esta altura, es amigo. El vínculo nació, siempre, en el restaurante. </p><p>—Al que sí recuerdo con mucho cariño es a <b>Alfonsín</b> —dice. </p><p>Y como si una imagen le hubiera caído en el centro de la memoria desde algún lugar del tiempo, súbita, inesperadamente, es tomado por la emoción. En la mesa en la que conversamos se instala el silencio que acompaña, que da lugar al recuerdo. </p><p>—Nosotros teníamos un salón… Esto en un momento era más grande y habíamos hecho un salón privado con el nombre de él —cuenta con la voz todavía quebrada.</p><p>—¿Venía seguido? </p><p>—Sí, venía muy seguido. Tuvimos la suerte de tratarlo mucho. Es más, un día me invitó a su casa… No éramos amigos, pero había una relación. Hay un montón de gente que pasó más allá del pan dulce.</p><p>***</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/6Y2IE2UJYVBP3DHQWXAL3D4RP4.jpg?auth=82a51e58d793f407343b6f99c0dadc7a1c561bf2d936369e4fe13f919137906d&smart=true&width=1920&height=2886" alt="El pan dulce de Plaza Mayor está cubierto y relleno de frutas escurridas, frutos secos y pasas de uva. La receta es la misma que la madre de Ricardo, abuela de Federico, preparaba cada Navidad y Año Nuevo, y es el secreto familiar mejor guardado  " height="2886" width="1920"/><p>El sol va llegando a su altura máxima en este cielo de fin de noviembre. Esa que divide al día en dos. Pero todavía faltan algunos minutos para que el gigante español abra las puertas al servicio de restaurante. Con espacio y mística suficiente para celebrar una boda, una cumbre, reuniones empresariales, Federico dice que el local no se alquila para eventos pero que él, a veces, sí los organiza. Hace homenajes en el piso de arriba. </p><p>—Hice un evento para el Día de la Mujer, otro cuando se cumplieron <b>40 años de Malvinas</b>, en el 2022. Vinieron como 20 veteranos, ahí está la foto —igual tengo todo un sector arriba dedicado a Malvinas—. Les servimos de comer, vino Adrián Noriega con su radio de <i>streaming </i>y hablaron casi todos.</p><p>—¿Y las personas podían venir a escucharlos? ¿Era público?</p><p>—No, <b>era un agradecimiento a ellos</b>. Un homenaje… —dice y una vez más el rayo de la memoria, la imagen de lo vivido, cae y estalla en la garganta, anula la voz—. Un día me trajeron una bandera y nos sacamos una foto. Todos aplaudieron, cantamos el himno —cuenta entre lágrimas. </p><p>—¿Tuviste a alguien en Malvinas?</p><p>—No. Es que fueron esos chicos… —la voz, un hilo tembloroso— que yo estaba cerca… No tenía la edad de ellos pero estaba a un año, dos años. Esos chicos, que tocaron la puerta y se los sacaron a sus madres…. Y desde que los conocí… nos quedamos muy apegados. </p><p>Para fin de año, todos tienen que tener el pan dulce. Ellos me invitan a comer asado. Vienen cada tanto, por ahí separados, me visitan. Quedé muy amigo de uno. Todo desde ese día, donde los conocí. Mi pregunta para ellos era: “¿Qué decía tu mamá cuando le contabas?”. “Y… le teníamos que mentir. Le teníamos que decir: ‘No, mamá, faltó uno y tengo que ir a hacer guardia’”, después se enteraban las madres que estaban en el frente… Historias así. Por ejemplo, ese día [del homenaje] estaba un sargento, un cabo, que era un chico en el 82, y una enfermera. Contaron que el cabo agarró a su sargento, que tenía un buraco acá —se señala el torso—, se lo colgó: ocho kilómetros. El sargento le decía: “Soldado, déjeme porque me muero. No llegamos”. Lo llevó al barco hospital, lo dejó. Estaba la enfermera que lo cosió. Estaban los tres acá.</p><p>—(...).</p><p>—Esas historias te las da la vida. Y eso es lo único que nos llevamos.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/SYCO2MSIJBENJGVVUWAPQ3TYXM.jpg?auth=32762857e409dc6f75ff38502ec74bccc6e79cff2c642aa20285b5d38e2ae60f&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[El pan dulce de Plaza Mayor, un ícono de la Navidad porteña]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Pilar Calveiro: “Hay una enorme cantidad de población que está siendo abandonada a su suerte, declarada como desechable”]]></title><link>https://www.infobae.com/sociedad/2025/11/22/pilar-calveiro-hay-una-enorme-cantidad-de-poblacion-que-esta-siendo-abandonada-a-su-suerte-declarada-como-desechable/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/sociedad/2025/11/22/pilar-calveiro-hay-una-enorme-cantidad-de-poblacion-que-esta-siendo-abandonada-a-su-suerte-declarada-como-desechable/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[La politóloga presentó su último libro, “De matar a dejar morir. Biopolíticas de selección de la vida”, en el cual analiza las nuevas formas de aniquilación que tienen lugar en la región y en el mundo actual]]></description><pubDate>Sat, 22 Nov 2025 03:48:38 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/QWYRIGCIPVCFBJSOAPPF6BIIQ4.jpg?auth=993d11332c5af01d5ab1bdf0e77f7b6cb6b5a48bb5968c6114651181675a5edb&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Pilar Calveiro" height="1080" width="1920"/><p>“Desde la llegada a la cuadra en La Perla, a los pabellones en Campo de Mayo, a la capucha en la Escuela de Mecánica, a las celdas en el atlético, o como se llamara al depósito correspondiente, el prisionero perdía su nombre, su más elemental pertenencia, y se le asignaba un número al que debía responder. Comenzaba el proceso de desaparición de la identidad, cuyo punto final serían los NN (Lila Pastoriza: 348; <b>Pilar Calveiro: 362</b>; Oscar Alfredo González: X51). Los números reemplazaban a los nombres y apellidos, personas vivientes que ya habían desaparecido del mundo de los vivos y ahora desparecerían desde dentro de sí mismos en un proceso de ‘vaciamiento’ que pretendía no dejar la menor huella. Cuerpos sin identidad, muertos sin cadáver ni nombre: desaparecidos”. </p><p>La cita pertenece a <i>Poder y desaparición. Los campos de concentración en Argentina</i> (Colihue, 1998), el texto más referenciado y quizás el más categórico de Pilar Calveiro, doctora en Ciencias Políticas, profesora e investigadora de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP). Calveiro vive en México desde 1979. Llegó allí tras huir de Buenos Aires —y después de un breve tiempo en España en 1978— luego de <b>sobrevivir a la tortura y la muerte en la Escuela de Mecánica de la Armada y otros centros clandestinos</b> por los que pasó durante el terrorismo de Estado. </p><p>Ese texto marcó un punto de inflexión. No solo por haber sido el inicio de una obra potente, que analiza diferentes mecanismo del poder y la violencia en las sociedades actuales, sino porque, como la cientista social que es, toma distancia para diseccionar una sociedad y una experiencia concentracionaria de la que ella misma había sido víctima. De la que era una sobreviviente. Como una científica con bisturí en mano en su laboratorio, Calveiro analiza y describe los cables y resortes que hacían andar los dispositivos de desaparición de personas y las fábricas mismas de la tortura y la muerte en los centros clandestinos, sin un miligramo de conmiseración con su experiencia personal. De la que no da cuenta. </p><p>Escribe como si fuera una narradora omnisciente que todo lo sabe, pero que no participa de la trama. <b>Se aleja de un hecho que la atravesó</b>, que arrasó a su familia, que determinó su exilio, y lo estudia; analiza las categorías y procesos políticos que lo subyacen para intentar explicar lo que había sucedido en la sociedad. Para intentar entender los procesos que se iniciaron después. Solo el lector atento, la lectora atenta, se entera que ella misma pasó por las entrañas de la muerte en este párrafo citado, cuando menciona, como al pasar, el número que tenía asignado en esa puerta de entrada al infierno, en ese comienzo en el que el dispositivo de deshumanización echaba a andar. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/K3KLGK4KNZF5ZD5LZZC2KZZXYA.jpg?auth=95a02c9eabd8fec2a126d210efdeb672edc2243429255229bef83a1299f5a056&smart=true&width=1920&height=1080" alt="La politóloga e investigadora vive en México desde 1979, donde se exilió luego de sobrevivir a la tortura y la muerte durante la última dictadura cívico-militar. "Poder y desaparición. Los campos de concentración en Argentina" fue el libro que dio inicio a su obra" height="1080" width="1920"/><p>A ese texto —que en realidad era un capítulo de su libro <i>Política y/o violencia, </i>publicado quince años más tarde— le siguieron otros como<i> Redes familiares de sumisión y resistencia </i>(México, UACM, 2003)<i>; Familia y poder </i>(Buenos Aires, Libros de la Araucaria, 2006)<i>; Violencias de Estado </i>(Siglo XXI, 2012);<i> Política y/o violencia </i>(Siglo XXI, 2013); <i>El Petrus y nosotras. Una familia atravesada por la militancia </i>(Siglo XXI, 2024). Con excepción de este último —que es un homenaje a su compañero desaparecido, Horacio Campiglia, que escribió junto a sus hijas, y por lo tanto se presenta como una memoria personal y familiar—, en todos sus libros continuó reflexionando sobre los mecanismos de control y el ejercicio de poder de quienes dominan las sociedades contemporáneas; sobre <b>violencia política, historia reciente y memoria</b>. Con cada uno la autora renovó “la ilusión de aportar algo al debate que tiene lugar en ese momento”: “Siempre para mí ha sido esa la expectativa: ¿en qué medida esa palabra puede entrar en diálogo con otras, puede sumar, ser refutada”, dice.</p><p>A esta obra —publicada en México, Argentina y Francia— se le acaba de añadir un nuevo ejemplar que presentó esta semana en Buenos Aires: <i><b>De matar a dejar morir. Biopolíticas de selección de la vida </b></i>(Siglo XXI). Un texto en el que Calveiro analiza <b>la biopolítica en la actualidad</b>, esa categoría popularizada por Michel Foucault que se utiliza para nombrar y pensar aquellos modos mediante los cuales los Gobiernos y las personas que concentran el poder gestionan <b>“los procesos de vida de una población”</b>. A partir de esto reflexiona sobre las nuevas formas de aniquilación de la vida (de la vida humana pero también de los ecosistemas, de la vida social y de todo lo que se interconecta con ella y la sostiene) que tienen lugar en la región y en el mundo. </p><p>En su nuevo texto Calveiro establece una diferenciación entre aquellos dispositivos utilizados para eliminar directamente a sectores determinados de la población, utilizados por los totalitarismos (dictaduras latinoamericanas, fascismo, nazismo) y los actuales. Estos últimos, explica, tienen que ver ya no tanto con matar sino con “dejar morir” como consecuencia de la concentración de la riqueza y las medidas adoptadas por los líderes del mundo y los círculos de poder que buscan acumular capital y autopreservarse en detrimento del empobrecimiento y la destrucción de determinados territorios y de <b>dejar a la deriva la vida de millones de personas</b>.</p><p>En la introducción Calveiro plantea un panorama que no por sabido deja de ser desolador: “Estamos, como entonces, ante un desastre inminente que golpea nuestras puertas pidiendo auxilio desde lo ecológico, desde lo social, desde lo político. Nos enfrentamos a fuegos literales, como los que arrasan los bosques, provocados de manera intencional para convertir territorios de vida en espacios rentables. Nos enfrentamos al calentamiento global, producto de tantos fuegos y combustiones en pos de esa misma rentabilidad. Nos enfrentamos al fuego genocida que se sigue lanzando sobre la población palestina (...). Y no hay agua suficiente para apagar tantos fuegos y calmar la sed del territorio y de las personas (...)”. “La destrucción natural y la social son una misma cosa, dramática e inseparable; la miseria política las acompaña”. </p><p>Sigue: “<b>Estos señores de motosierras, bombas y amenazas intentan, antes que nada, garantizar su propia supervivencia</b>, apropiándose de cuanto pueda sostenerlos y tomando, para ello, cuantas vidas sean necesarias: biopolítica pura y dura”. “No son una réplica del nazismo ni del facismo, que matan de manera directa y en gran escala. Son algo nuevo que ha ido anidando en el neoliberalismo y que ha crecido con la pandemia. Matan cuando lo consideran necesario, como una forma de recordar que conservan esa “atribución” (...) pero, en realidad, prefieren orillar, aislar, abandonar a su suerte y dejar morir a enormes masas de población (...). <b>Aplican una muerte diferida, más económica, que permite mayor distancia y cierta indiferencia</b>”. </p><p>Aún así, la autora afirma que no pretende dibujar una escena apocalíptica y confía en <b>las salidas colectivas</b>, en <b>las resistencias</b> que irrumpen siempre —siempre— desde los márgenes, desde miradas contrahegemónicas, desde los cuerpos que se unen por una causa común, desde las comunidades que rompen el aislamiento social. Entonces, Calveiro se pregunta dónde están, cuáles son las estrategias que van a frenar esta razia, y responde: “Allí donde se escapa a los biopoderes, <b>donde se resiste la devastación y se protege la diversidad de las vidas </b>es donde ya se están construyendo los cortafuegos para detener el incendio”.</p><p>En diálogo con <i><b>Infobae</b></i>, se explayó sobre estas reflexiones que trae su último texto.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/BBOBFO5RHNG77IZS3KYZIKGKR4.jpg?auth=0e2b21cdf0b2c86a51b807b46d901df318eebf3b308650258e32bf4c4aef083b&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Esta semana Calveiro presentó en Buenos Aires su último libro: "De matar a dejar morir. Biopolíticas de selección de la vida", en el que  analiza la biopolítica en la actualidad. Una categoría que se utiliza para pensar los modos en que los Gobiernos y los líderes del mundo gestionan “los procesos de vida de una población”" height="1080" width="1920"/><p><b>—¿Cómo surge este nuevo libro? ¿Alrededor de qué conceptos o procesos venías trabajando cuando empezaste a escribirlo? </b></p><p>—Este libro viene de mi preocupación —mi interés, pero mi preocupación principalmente— por la cuestión de la biopolítica. No como un asunto teórico, sino que esta categoría me parece que refleja lo que es el centro de las luchas políticas actuales. Creo que de verdad <b>estamos en un momento en donde lo que se está peleando es la vida</b>, que hay unos procesos de administración y de selección de la vida —y uso la palabra selección, que sé que es muy fuerte, de manera intencional—. Considero que de lo que se está tratando en este momento es de definir desde los centros de poder <b>quiénes son, cuáles son las vidas que merecen ser cuidadas y cuáles son las vidas que pueden y deben ser abandonadas</b>, que es algo distinto a las eliminadas. Pienso que hay una enorme cantidad de población que está siendo abandonada a su suerte, declarada como desechable. Y que ahí está el foco de la lucha política hoy. Y cuando digo el control, la administración, la selección de la vida, me refiero a las vidas humanas, obviamente, pero entendidas no como entes puramente biológicos, sino que hablar de la vida humana es hablar simultáneamente de la vida social, política, cultural. Y, por lo tanto, es hablar de la conexión con las otras formas de vida. Entonces, me estoy refiriendo a la vida natural y a la de todos los elementos que funcionan como soporte de eso, porque si decimos “vida” estamos aludiendo a un entramado complejo totalmente intervinculado en el que unas formas de vida dependen de las otras. Creo que lo que se está discutiendo hoy es eso y por eso <b>el eje de este trabajo es la biopolítica en el momento actual</b>; sobre todo a partir de la pandemia, pero también desde antes. Y tratar de rastrear, desde este mismo ángulo de la biopolítica, otras prácticas previas que tienen hilos que las unen con estas formas actuales.</p><p><b>—¿Como por ejemplo?</b> </p><p>—En el texto trabajo principalmente dos momentos: si nos vamos hacia atrás, hay una etapa de selección de la vida a partir de un criterio del otro amenazante en términos políticos, que es todo el período del <b>terrorismo de Estado</b>. Y, yéndome más atrás, la selección del otro por un criterio racial que ocurrió en el <b>nazismo</b>. Entonces, esos son como los dos períodos en donde hay otras prácticas que son claramente biopolíticas, pero de exterminio. </p><p>—<b>¿Es lo que llamás “tanatopolítica”?</b></p><p>—Sí, lo llamo tanatopolítica porque en ambas experiencias lo que vas a tener es un Estado declarando infeccioso a un otro, sea racial o sea político pero es un otro delimitado como infeccioso para la sociedad. Ahora, esa política se basa en exterminar, eliminar a ese otro. Y entonces es como el costado de la muerte de la biopolítica, por eso lo distingo llamándolo <b>tanatopolítica</b>. Mientras que <b>creo que las prácticas que predominan en el momento actual son propiamente biopolíticas </b>en las<b> </b>que, aunque [quienes gobiernan] no abandonan su supuesto derecho soberano a matar, <b>sus prácticas principales son estas otras, las de dejar morir</b>, es decir, expulsar hacia la muerte a enormes masas de población, mucho más gigantescas que las de las otras épocas.</p><p><b>—Queda clara la diferencia entre estas dos formas o dispositivos de la muerte, el que es dirigido e intencional, como sucedía durante el terrorismo de Estado y el nazismo, y el que podríamos considerar más “pasivo”, si se quiere, que deja a las personas a la deriva. Ahora, ¿vos pensás que este último está conscientemente planificado o que es una suerte de consecuencia colateral? Es decir, ¿creés que quienes tienen el poder dicen: “Bueno, las decisiones políticas son estas y si eso trae más hambre y se mueren personas en la pobreza, mala suerte, es un costo que hay que pagar”. O, por el contrario, que es un objetivo buscado que las medidas que se adopten vayan dejando sin recursos y terminando con la vida de buena parte de las sociedades?</b></p><p>—En política es difícil establecer qué es lo que está planificado y hasta dónde está planificado. Yo creo que hay sectores que lo ven específicamente así y lo explicitan así. Dicen: “Sobra gente”. “Para que este planeta nos sostenga como nosotros queremos que nos sostenga —o sea, con las formas de vida propias del capitalismo, porque el problema es ese, no la población—, para que sea capaz de soportar esta forma de vida, tiene que desaparecer la mitad o dos tercios de la población”. Hay algunos que así lo plantean. Sin embargo, independientemente de qué tan planificado puede estar o no —porque las perspectivas conspiracionistas en la política nunca me convencen del todo—, lo cierto es que <b>las prácticas políticas concretas llevan en esa dirección</b>. Y no es que es algo que va a ocurrir, eso está ocurriendo. Si miramos Palestina, ahí están sucediendo las dos cosas simultáneamente: es la eliminación específica, concreta y directa de una gran parte de la población, pero desde antes [de la guerra]. Hay en todo momento un abandono absoluto de las personas que quedan con unas condiciones que hacen insostenible la vida. Sin agua, sin alimentación, sin recursos médicos, en la precariedad más profunda. En Palestina lo vemos de manera aumentada, es ejemplo de las dos cosas. Y allí ves que ambas formas son terriblemente mortíferas. Creo que <b>son modos distintos, hacer morir o dejar morir, pero coexisten. </b></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/WO6KKA34HBAUBOLYZV2IFN4YBU.jpg?auth=606a9e1fc656aa98fd505b33ec2de960ee812ffd1e9de95abaaa7de8fdc0039b&smart=true&width=1920&height=1080" alt="En su nuevo libro Calveiro analiza las formas de aniquilación que tienen lugar en la actualidad y cómo estas, vinculadas a dejar a la deriva a grandes cantidades de personas, se relacionan pero también se diferencian de los modos de eliminación directa utilizados durante los totalitarismos en el mundo" height="1080" width="1920"/><p><b>—¿Por qué pensás que la pandemia fue un hito que acentuó este modo de la biopolítica de seleccionar qué vidas se conservan y cuáles no?</b></p><p>—Creo que a partir de la pandemia se profundizaron ciertos rasgos que ya venían gestándose. Por ejemplo, tenemos un aumento de la concentración, de la polarización de los recursos. Y tenemos también una medicalización, que existía previamente pero que en ese momento también se profundizó. Esta medicalización de la sociedad tiene que ver con la entrega de la vida, la muerte y la enfermedad al dispositivo médico y al dispositivo químico-farmacéutico, que es uno que se apropia de la vida y de su funcionalización en términos del mercado. Creo que eso, que es un rasgo claramente biopolítico, se acentuó con la pandemia. Creo también que esta práctica del encierro simultáneo de miles de millones de personas, esta percepción de la enfermedad y del tratamiento a partir del aislamiento, tiene un impacto en la vida social. Profundiza este inmunitarismo que ya existía —porque las prácticas inmunitarias existen en todos estos procesos a los que ya hice referencia, en la percepción del otro infeccioso racial [como en el nazismo] o del otro infeccioso político [como en el terrorismo de Estado]—. Pero en la pandemia se amplía y se percibe que todo otro es un agente infeccioso posible. Se impone esta cosa de “la sana distancia”, de mantener distancia de todos. </p><p><b>—Creo que es evidente que la población mundial, o una buena parte al menos, quedó marcada por el encierro obligatorio que pasamos en 2020, pero ¿pensás que eso, entre otras cosas, dejó instalado que el otro es siempre un otro amenazante?</b></p><p>—Es una posible amenaza, sí. Y <b>creo que eso persiste porque delimita el vínculo social</b>. ¿Con qué lo vinculo? Justamente con que pienso que uno de los procesos que estamos viviendo es toda <b>esta política orientada a la destrucción del Estado en tanto forma de representación del colectivo,</b> pero sobre todo a la destrucción de la sociedad en tanto espacio de relación y de vinculación. Creo que eso está presente en las actuales apuestas, sobre todo en las nuevas derechas, pero que está presente en el mundo, y eso conecta con este inmunitarismo generalizado que se da. Y, a la vez, también está asociado con la ampliación de toda la digitalización. Entonces lo que tenemos, a partir de esta digitalización que entra en la vida cotidiana de manera masiva, es que entra también en otros espacios, como los espacios de seguridad, lo militar, desde donde también se va a definir qué vidas se protegen, cuáles quedan dentro del domo y cuáles quedan expuestas. Aparte de eso, en la vida cotidiana lo que vamos a tener es una modificación de la percepción del tiempo, del espacio, del cuerpo, de la comunicación, del trabajo, y eso tiene un impacto social enorme. Por ejemplo: los cambios en la forma del trabajo van a tener mucho que ver, sumados a la profundización de la polarización social, con el auge del cuentapropismo. Porque es lo que hoy se abre como la alternativa laboral y la digitalización lo propicia de una manera particular. </p><p><b>—Estamos todos —o muchos— trabajando como células autónomas, desde nuestras casas, atrás de una computadora, sin poder dialogar con un otro mucho más que por algún mensaje de WhatsApp.</b></p><p>—Exacto. Paul Preciado dice en un texto que a mí me gusta mucho que en ese momento de la pandemia el espacio de la casa se convierte en el lugar de la vida cotidiana, en el lugar del trabajo, en el lugar de la escuela, en el lugar del consumo… Todo se reduce a ese espacio y al ordenador, a la mirada del ordenador, no a la del otro, cuando es la mirada del otro la que te constituye. Por eso una de las, no sé si puertas de salida pero <b>uno de los canales alternativos tiene que ver con lo comunitario</b>. En el vínculo comunitario, en el cara a cara y cuerpo a cuerpo, está esto del roce que está prohibido en la mirada inmunitarista y que, al contrario, aquí se requiere. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/WNWDXK3PP5H25DMJV3G5X6GS24.jpg?auth=d0781b05c7d7dcb93b9799c827b147726a555cc4fd7d196c9b0ac9b5b1d40fd3&smart=true&width=1920&height=2792" alt="Para la autora, las vías de escape de las nuevas formas de aniquilación y selección de la vida están en las resistencias que surgen en los márgenes, en las miradas alternativas y en las comunidades: “Donde se resiste la devastación y se protege la diversidad de las vidas es donde ya se están construyendo los cortafuegos para detener el incendio”" height="2792" width="1920"/><p><b>—En esa línea, vos preguntás “dónde están los cortafuegos” de los incendios actuales. Yo pensaba en la importancia de los movimientos sociales en este momento donde el mundo parece empujar hacia ese aislamiento, y en las luchas que emergen por diversas causas. Me parece que están un poco ahí. Pero, ¿dónde están para vos?</b></p><p>—Yo creo que los cortafuegos, primero, hay que buscarlos, porque en general hay toda una intencionalidad de obturarlos, de impedir la mirada diferente; y un desconocimiento, un ninguneo, podríamos decir, de las formas alternativas que van apareciendo. Pero me parece que hay que buscar los cortafuegos en esos lugares que, de alguna manera, están <b>en los márgenes</b>, que son <b>ajenos a esta lógica del capitalismo estatal</b>, con sistema de partidos políticos, etcétera. Todo eso que se construye un poco desde otras cosmovisiones, y cuando decimos cosmovisiones estamos diciendo también cosmopolíticas. O sea, otras perspectivas de cómo ver la vida, la sociedad, las relaciones, la toma de decisiones. Esas miradas que son laterales y en muchos casos provienen desde el margen, creo que por ahí hay alternativas posibles y vías de salida o de fuga.</p><p><b>—En lo concreto, ¿cómo te imaginás esas resistencias? ¿Creés que van a surgir en los márgenes otro tipo de propuestas o las pensás más como un tipo de militancia autoconvocada en masa que llega a lograr algunas cosas, a conquistar derechos?</b> </p><p>—Pienso en <b>todas las experiencias de carácter comunitario </b>que son sociales, son políticas, son culturales y tienen todas esas dimensiones. Por ejemplo, hay mucho para observar y aprender del mundo indígena, del mundo de los pueblos originarios, justamente porque provienen de otra cosmovisión. Pero creo que hay que construir también desde los márgenes y que hay que construir esto con el cuerpo y con la mirada. Un poco por ahí. Creo que tiene también cierta relevancia esta idea de <b>comunidad de comunidades</b>, o sea, este conjunto de experiencias que son diversas, que no pretenden dar un modelo, que cada una tiene su especificidad y que probablemente por ahí haya formas de erosión de estas prácticas biopolíticas de selección que asfixian a la vida y que son prácticas de muerte. Me parece que no es casualidad que justamente se den allí políticas de protección de la diversidad de la vida, de defensa de la diversidad, porque sin diversidad no hay vida, y de conexión entre la vida humana, la vida natural y lo sagrado, todos estos vínculos que son imprescindibles para el mantenimiento de la vida en su sentido más amplio, ¿no?</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/QWYRIGCIPVCFBJSOAPPF6BIIQ4.jpg?auth=993d11332c5af01d5ab1bdf0e77f7b6cb6b5a48bb5968c6114651181675a5edb&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Pilar Calveiro]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu">© Mario Gomez Casas 2012</media:credit></media:content></item><item><title><![CDATA[Cuando Eva volvió: la repatriación de su cuerpo luego de años de profanación y ocultamiento en una tumba que siempre tuvo flores]]></title><link>https://www.infobae.com/sociedad/2025/11/16/cuando-eva-volvio-la-repatriacion-de-su-cuerpo-luego-de-anos-de-profanacion-y-ocultamiento-en-una-tumba-que-siempre-tuvo-flores/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/sociedad/2025/11/16/cuando-eva-volvio-la-repatriacion-de-su-cuerpo-luego-de-anos-de-profanacion-y-ocultamiento-en-una-tumba-que-siempre-tuvo-flores/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[El 22 de noviembre de 1955 el cadáver de “la abanderada de los humildes”, que se alojaba en el edificio de la CGT, fue secuestrado por un comando de la dictadura autodenominada “Revolución Libertadora”. Desde ese día, el cuerpo embalsamado inició un viaje truculento en el que fue dañado, vejado y enterrado con otra identidad. Un viaje que terminaría con su salida de Madrid, el 16 de noviembre de 1974, con la llegada a su tierra, horas después]]></description><pubDate>Sun, 16 Nov 2025 04:50:34 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/CMJPKF675FATTHLXNIMAGWLDBI.jpg?auth=051f16a2738acac8880d66aa633c16e55a0a481d72887be0062f343c59579e51&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Hace 51 años los restos de Eva Perón emprendían el regreso a la Argentina después de sucesivos traslados y una sepultura en el exilio con otra identidad " height="1080" width="1920"/><p>—La flaca se va. Se va a descansar.</p><p>Quizás esta escena, las últimas palabras pronunciadas por <b>Eva Perón </b>en la mañana del <b>26 de julio de 1952</b>, las que anunciaban que el cáncer que la comía por dentro, que la consumió en poco más de dos años, había vencido, sea una de las más memorables del capítulo de la historia peronista y argentina que se inicia con la muerte de quien fue —y sigue siendo— una de sus líderes más veneradas. Más odiadas.</p><p>—El cadáver de Eva Perón es absoluta y definitivamente incorruptible. </p><p>Quizás estas, las del<b> médico español Pedro Ara</b> —que vivía en el país desde 1925 y era profesor de anatomía en la Universidad de Córdoba y agregado cultural de la embajada—, a quien Juan Domingo Perón le encomendó la tarea de conservar el cuerpo hasta convertir a la primera dama en una muñeca de porcelana que descansaría en el “Monumento al descamisado”, un mausoleo majestuoso que se planificaba en su honor, sean las más impactantes frente a lo que pasó después. Sean las más impactantes, acompañadas de la imagen en que una cánula atraviesa la piel sin vida hacía instantes de la primera dama y comienza a extraerle la sangre dando inicio al proceso de conservación.</p><p>Quizás la aparición misteriosa, casi sobrenatural, de velas y flores “no me olvides”—se dice que eran de la planta <i>Myosotis</i>— en cada trayecto clandestino que hacía el cadáver después de robado, desconcertando y sumiendo a sus captores bajo un manto de paranoia y terror, sean la mejor síntesis de su esencia, la de Eva. Como si les advirtiera a sus vejadores que aún sin vida vencería. Que <b>aún sin vida, ella era Eva Perón</b>. Y tenía su propio séquito de descamisados cuidándola en cualquier plano. Que no le perdía el rastro. Que no soltaría su mano. Como ella no lo hizo. </p><p>Quizás ver a Natalia Oreiro en su piel en la serie <i><b>Santa Evita</b></i><i>, </i>basada en el libro homónimo del periodista Tomás Eloy Martínez —una novela publicada en 1995 que teje <b>ficción y realidad</b> para contar su investigación sobre el devenir del cadáver de la abanderada de los humildes— sea una de las mejores formas, junto a la lectura de la obra, de intentar comprender qué pasó con el cuerpo. Qué hicieron de él después de que un comando militar de la dictadura autodenominada “Revolución Libertadora” lo secuestrara del edificio de la CGT en 1955. Quiénes lo laceraron, lo ocultaron y luego se lo llevaron al exilio para ser enterrado en una tumba con identidad falsa antes de que se lo regresaran a Perón en Madrid, primero, en 1971, y al pueblo argentino, después, <b>en noviembre de 1974</b>, poniendo fin a uno de los episodios más truculentos de esos días. Aquellos en los que, como anuncia la ficción, <b>“la primera dama de Argentina falleció y nació el mito”</b>.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/UE27ZZCEJRB5PADK5SC4G3FBGY.jpg?auth=b453760da8898d961796373c96a3d4307e08b93400b6c0f84ced6a2978645991&smart=true&width=1920&height=1080" alt="El renunciamiento de Eva Perón el 22 de agosto de 1951 (Télam)" height="1080" width="1920"/><p>La acompañaba su marido, sus hermanos: Elisa, Blanca, Erminda y Juan. También estaba el cirujano Ricardo Finochietto y el cardiólogo Alberto Taquini. Uno le sostenía la mandíbula, el otro le tomaba el pulso. <b>Eran las 20:23 del 26 de julio de 1952 cuando supieron que Eva Perón había muerto</b>. Y ahora era inmortal. </p><p>Pedro Ara no tardó en comenzar a trabajar sobre el cuerpo tibio. Debía dejarlo listo para el funeral, para posibilitar la despedida de un pueblo que —sabían— acudiría desde todos los rincones a darle el último adiós a su líder, su compañera. Cuando el velorio terminara, el médico continuaría su obra sobre ella para que luego fuera trasladada a la cripta en su honor, un sitio donde pudieran rendirle homenaje siempre.</p><p>Eva, su cuerpo, estuvo listo al amanecer del 27. Cuando Ara se hizo a un lado, el peluquero Jorge Alcaraz, que llevaba 13 años encargándose de su pelo y le había prometido que lo haría después de muerta, la tiñó, le cortó, la peinó con su rodete que era símbolo y se guardó un mechón. La vistieron. La pusieron en un ataúd de cedro con un cristal que permitía ver su rostro, y la trasladaron al primer piso del Ministerio de Trabajo y Previsión, el mismo sitio donde ella recibía a quienes acudían en su ayuda. La velaron ahí hasta el 9 de agosto, cuando el adiós continuó por dos días más en el Congreso.</p><p>Argentina se congeló. <b>El tiempo se detuvo en un duelo que lo envolvió todo</b>. No hubo bares ni cines ni teatros. Ni partidos de fútbol ni diarios ni taxis. Ningún lugar de encuentro vinculado a la alegría. Lo único que abría sus puertas eran las iglesias. La música de las radios acompañaba la tristeza y los rituales de la muerte. Y así comenzó <b>el velorio más largo y uno de los más masivos de la historia argentina</b>. En el que las filas para llorarla, agradecerle y despedirla perecían no tener fin.</p><p>El Gobierno había anunciado dos días de suspensión de actividades, treinta de luto oficial. Ante la profusión de la masas que desbordaban calles y veredas, decretó que el velorio se extendería hasta el 11 de agosto: “hasta que el último ciudadano pueda ver los restos de la compañera Evita”.</p><p>Se estima que más de dos millones de personas —hombres, mujeres y niños— toleraron frío y lluvia para decirle adiós. Que, al llegar, cada una debía esperar unas diez horas para entrar al recinto. El Ejército levantó puestos para ofrecer comida caliente, la Fundación Eva Perón puso a disposición ambulancias y médicos, también la Cruz Roja acompañaba por si alguien se descompensaba.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/YPNKXLNORNGHFPMYHNS2LJGUQM.jpg?auth=043a9d45435222f5e777e83fb87e493fb10d5b0f26d5ece11863f862bb5165fd&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Eva Peron votando en su lecho de muerte" height="1080" width="1920"/><p>El 11 de agosto el cuerpo de Eva fue conducido del Congreso a la CGT, donde se quedaría mientras se construía su mausoleo y mientras Ara continuaba trabajando para que durara toda la eternidad. Pero esto es Argentina. Planear toda la eternidad resultaba algo ambicioso.</p><p>El 16 de septiembre de 1955 las Fuerzas Armadas asestaron un golpe de Estado que derrocó al Gobierno de Juan Domingo Perón y dio paso a la dictadura cìvico-militar autodenominada “Revolución Libertadora”, liderada por Eduardo Lonardi hasta el 13 de noviembre, cuando fue reemplazado por Pedro Eugenio Aramburu, quien la encabezó hasta el 1 de mayo de 1958. </p><p>Este totalitarismo emitió el Decreto 4161/56, con el que <b>proscribió al partido justicialista volviéndolo ilegal</b>: quedaba prohibido utilizar palabras como “peronismo”, “peronista”, “justicialismo”, “justicialista”, el nombre de Perón, los símbolos o expresar en público simpatía o identificación con su ideología. Había castigos, sanciones severas y penas de prisión, para quienes infringieran esta norma con fuerza de ley. Así se inició un proceso de “desperonización” de la sociedad que duraría casi dos décadas.</p><p>A comienzos de este año, en <a href="https://www.infobae.com/historias/2025/01/10/empezo-a-trabajar-como-un-juego-y-se-convirtio-en-el-mejor-en-lo-suyo-juan-carlos-pallarols-el-orfebre-que-brilla-en-el-mundo/" target="_blank" rel="">una nota realizada por esta periodista a Juan Carlos Pallarols</a>, el orfebre mostró, entre la constelación de objetos expuestos en su taller-museo, la máscara mortuoria de Evita, una original tomada por su padre, Carlos Pallarols Cuni, en la CGT. También estaba ahí la maqueta de la que sería su tumba.</p><p>—Eso había que destruirlo so pena de muerte, te fusilaban si no. Nosotros no dejamos que mi viejo lo rompiera. Él tenía una quinta en Rafael Calzada, en la zona sur (en aquella época era Villa Calzada). Hicimos un pozo. Mis abuelas y mi vieja habían sido dueñas del [café] Tortoni, entonces teníamos un montón de manteles y canastas, lo metimos todo ahí y lo enterramos durante treinta y pico de años. <b>Para preservar lo histórico.</b> Así se rescató la maqueta, que estaba en pedazos, y ahora está toda armadita de vuelta, y la máscara, intacta —contaba. </p><p>La maqueta que rearmaron como un rompecabezas es una réplica del sarcófago de dos metros que se construiría para guardar el cuerpo de Eva. “Adentro de esa caja de plata iba la caja de cristal con los restos reales de Eva Perón momificados, que los había hecho Pedro Ara. Después de muchos años, yo estaba en Madrid, fui a los remates de Montepío y Mercedes Ara, la hija, había puesto a la venta el escudo peronista que utilizaba Eva”. Pallarols lo compró. Y también lo exhibe. </p><p>Mientras los artífices del golpe del 55 concentraban esfuerzos en borrar las huellas del peronismo bajo amenaza, los afiliados y seguidores de este partido que ya era un culto enterraban y escondían sus insignias y amores por sus líderes. Debajo de la superficie y entre las sombras comenzaba a crecer, como una enredadera imparable, <b>la resistencia peronista</b>. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/VGCNXWHZNZASLFCZB7KU2ICPLU.jpg?auth=264bfb383bde45676bd556afae9117dd6bb9aba3ed98f77f7b5351ce514726b4&smart=true&width=768&height=432" alt="El médico español, Pedro Ara, junto al cuerpo de Eva Perón" height="432" width="768"/><p>“Mi problema no son los obreros. Mi problema es ‘eso’ que está en el segundo piso de la CGT”, cuenta en un artículo Felipe Pigna que se le escuchaba decir al subsecretario de Trabajo del gobierno golpista.</p><p>Por su aversión a Eva, a su cadáver y a todo lo que representaba, después de intensos debates sobre qué destino darle decidieron sacarla del edificio de la calle Azopardo, “para que no se transformara en un lugar de culto y por lo tanto de reunión de sus fervientes partidarios”, escribe Pigna. </p><p>Finalmente, <b>los líderes del régimen dictatorial ordenaron secuestrarla</b> para darle “cristiana sepultura”: un entierro clandestino. </p><p>Era la noche del <b>22 de noviembre de 1955 </b>cuando el teniente coronel Carlos Eugenio Moori Koenig, jefe del Servicio de Inteligencia del Ejército (SIE), y su colega, el mayor Eduardo Antonio Arandía, ordenaron a los guardias que custodiaban la puerta detrás de la que se encontraba el cadáver de Eva Perón en la CGT que se retiraran. Y así, sin más, ante la incredulidad del doctor Pedro Ara, “que veía cómo se llevaban junto con Evita a su obra más perfecta” —apunta Pigna—, la robaron.</p><p>“Pero el ‘rey de la ciénaga’ [N. de la R: eso significa el apellido Moori Koenig] no era solo el jefe de aquel servicio de inteligencia” —sigue el historiador— “era <b>un fanático antiperonista que sentía un particular odio por Evita</b>. Ese odio se fue convirtiendo en una necrófila obsesión que lo llevó a desobedecer al propio presidente Aramburu y a someter el cuerpo a insólitos paseos por la ciudad de Buenos Aires en una furgoneta de florería. Intentó depositarlo en una unidad de la Marina y finalmente lo dejó en el altillo de la casa de su compañero y confidente, el mayor Arandía. A pesar del hermetismo de la operación, la resistencia peronista parecía seguir la pista del cadáver y por donde pasaba, a las pocas horas aparecían velas y flores” —este hecho, que sucedió alguna vez, es acentuado en la serie dando a entender que los <i>descamisados</i> no abandonarían a su abanderada, por más proscripción, clandestinidad y amenazas que pendieran sobre ellos.</p><p>La presencia del cuerpo de Eva en la casa de Arandía no trajo nada cercano a la paz ni al descanso. El mayor era atormentado por una paranoia que no lo dejaba dormir. Una noche oyó ruidos. La versión que hizo trascender es que pensó que había entrado un ladrón. Lo que se dijo es que en verdad lo aterrorizaba la posibilidad de que una célula de la resistencia peronista ingresara a su casa e intentara recuperar el cadáver. Lo certero, lo siniestramente certero, es que tomó su pistola nueve milímetros y vació el cargador contra un bulto en la oscuridad: su mujer, embarazada, cayó muerta al instante.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/X4WZRW6HRVCI5DZLMTR4JMO734.jpg?auth=0fc4c4c28678a43b7186eadaa004e2176ea19309f043c59a271d91d012d66a88&smart=true&width=1920&height=2353" alt="Así anunciaban los diarios de la época la muerte de Eva Perón" height="2353" width="1920"/><p>Pigna cuenta que Moori Koenig quiso llevar el cuerpo a su casa, pero su esposa opuso un “no” rotundo. También que su atracción y manía por el cadáver transgredieron todos los límites. </p><p>Entre los rumores y perversidades que corrieron sobre esta historia destacan las declaraciones de quien lo reemplazó en su puesto como líder de la SIE luego de que la cúpula de la Libertadora se enterara de su accionar, <b>el coronel Héctor Cabanillas</b>: “A partir del momento en que tuvo el cadáver en sus manos, se enloqueció. Pero aparte con alcohol, tomaba mucho y se enloquecía, y <b>decía que esa mujer era de él, que eso le pertenecía a él…</b>”. “El coronel Moori Koenig había cometido algunas faltas muy graves, irresponsables y muy imprudentes, y hasta anticristianas, con respecto al cadáver”, dice en el documental <i>Evita, la tumba sin paz</i> (1997) dirigido por Tristán Bauer, con guion de Miguel Bonasso.</p><p>Moori Koenig tuvo a Evita de pie, dentro de una caja de madera, en su despacho del SIE como quien tiene una cabeza de alce embalsamado en la pared. La tocaba, la vejaba y la mostraba a sus amigos como un cazador muestra una gran presa alcanzada tras una ardua persecución. Hasta que la presumió con María Luisa Bemberg —quien se convertiría en una gran cineasta— que horrorizada huyó a contarle lo que había visto a un amigo de su familia, el jefe de la Casa Militar y capitán de navío Francisco Manrique. Cuando esto llegó a oídos de Aramburu, Moori Koenig fue relevado de inmediato y trasladado a Comodoro Rivadavia. Su cargo fue ocupado por Héctor Cabanillas, quien propuso sacar al cuerpo del país. Así se empezó a organizar el <b>“Operativo Traslado”</b>. </p><p>Aramburu facultó a <b>Alejandro Agustín Lanusse,</b> entonces jefe del Regimiento de Granaderos a Caballo, para realizar las gestiones necesarias con la Iglesia Católica, donde tenía amigos, y así obtener el aval del mismo Vaticano para trasladar el cuerpo de Eva, en completo hermetismo, a Italia.</p><p>Así se hizo: por medio de un operativo secreto coordinado entre la Iglesia y los dictadores, <b>el cadáver fue sacado del país y enterrado en el Cementerio Mayor de Milán con un nombre falso</b>. “María Maggi de Magistris” decía la tumba a la que Giuseppina Airoldi, conocida como la “Tía Pina” —una integrante de la orden de San Pablo a la que también pertenecía el capellán Francisco Rotger, amigo de Lanusse y cómplice del operativo— llevó flores durante los 14 años que el cuerpo estuvo allí.</p><p>Jamás supo que se las estaba llevando a Eva Perón.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/YBDWP5YDV5DGLKBHTYBF2ARPRA.jpg?auth=458e32accf18973bca738894ea1b13debf2735fc07fc5e9b7ffab5c5f9880b5a&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Réplica del sarcófago que se construiría para alojar el cuerpo de Eva. Fue ocultada por la familia Pallarols durante la proscripción del peronismo y actualmente se encuentra expuesta en el taller-museo de Juan Carlos Pallarols, en San Telmo (Gustavo Gavotti)" height="1080" width="1920"/><p>El tiempo transcurrió. Hasta que <b>en 1970</b>, cuando en el país regía otra dictadura cívico-militar —autodenominada “Revolución Argentina”—, que había derrocado al presidente constitucional Arturo Illia mediante otro golpe de Estado en 1966, un grupo de jóvenes peronistas de extrema izquierda, nucleados en una organización guerrillera, <b>secuestró a Pedro Aramburu </b>y con ese acto se presentó en sociedad: formaban la agrupación política de lucha armada <b>Montoneros.</b> Y exigían el cuerpo de Evita de regreso. Sometieron al exdictador a un <b>“juicio revolucionario”</b> en el cual lo encontraron culpable de diversos crímenes, como la proscripción del peronismo, el secuestro del cadáver de la líder de los descamisados y los fusilamientos de José León Suárez. Y <b>lo condenaron a muerte</b>.</p><p>—Nosotros le preguntábamos a Aramburu por el cadáver de Evita. Dijo que estaba en Italia y que la documentación estaba guardada en una caja de seguridad del Banco Nación, y después de dar muchas vueltas y no querer decir las cosas, finalmente dijo que el cadáver de Evita tenía cristiana sepultura y que estaba toda la documentación del caso en manos del coronel Cabanillas. Además se comprometió a que si nosotros lo dejábamos en libertad él haría aparecer el cadáver. Pero nosotros decíamos que esto no era una negociación, que era un juicio. Para nosotros no estaba en discusión la pena. Pero además nos interesaba averiguar sobre el cadáver de Eva Perón. Por eso, no planificamos un simple atentado callejero, sino una acción de más envergadura, de más audacia, que era como decir: ‘Nos vamos a jugar, vamos a hacer lo que el pueblo ha sentenciado —le contó Mario Firmenich, líder de Montoneros, a Felipe Pigna en su libro <i>Lo pasado pensado</i>.</p><p>Así, la agrupación dio a conocer, mediante su “Comunicado Número 3”, el 31 de mayo de 1970, que el dictador se había adjudicado la responsabilidad “de la profanación del lugar donde descansaban los restos de la compañera Evita y la posterior desaparición de los mismos para quitarle al pueblo hasta el último resto material de quien fuera su abanderada”.</p><p>Al día siguiente, 1 de junio, Fernando Abal Medina, jefe del Comando, ejecutó la sentencia de Aramburu y le disparó. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/A7ZLUQYOSVD65AJ3QRWP2NYM7U.jpg?auth=a58d6f4da554f33e458a9aea5af226be320227da56741ffe9eebc2677d60c3c2&smart=true&width=1920&height=2569" alt="El velorio de Eva Perón fue uno de los más multitudinarios de la historia argentina" height="2569" width="1920"/><p>El secuestro y asesinato del exdictador generaron la caída de Onganía, al mando de una dictadura que, a diferencia de las anteriores, pretendía establecerse en el poder como un nuevo régimen permanente. En su lugar fue designado el general Roberto Marcelo Levingston, quien alteró esos objetivos y trató de volver a acercarse a los partidos políticos: proponía una salida electoral controlada por los militares, que el pueblo rechazó. </p><p>En 1971, Levingston fue reemplazado en su cargo por Alejandro Agustín Lanusse, en cuyo mando, y ante el agotamiento irreversible del totalitarismo —que iba a culminar con más fusilamientos, como la Masacre de Trelew de 1972— comenzó a gestarse la salida democrática. Fue cuando surgió el Gran Acuerdo Nacional (GAN), que buscaba una conciliación con los principales partidos políticos para restablecer la democracia y, a la vez, limpiar el nombre de las Fuerzas Armadas. </p><p>Con ese clima reinante Lanusse, que sabía perfectamente dónde estaba enterrada Eva, mandó a devolver el cuerpo a Perón. <b>Cabanillas llevó a cabo el “Operativo Devolución”</b>. Viajó a Italia, se presentó en el cementerio como Carlos Maggi, supuesto hermano de María Maggi y, el 1 de septiembre de 1971, exhumó el cuerpo de la abanderada de los humildes. Que viajó a Madrid y fue entregado a su viudo, en Puerta de Hierro, dos días después.</p><p>Cuando la recibió, el expresidente encontró un cuerpo marcado, mutilado por la saña, por los diferentes lugares de su cautiverio, por el tiempo sin cuidados. </p><p>Había llamado a Pedro Ara para que revisara el cadáver. “La cabellera aparecía mojada y sucia. Las horquillas, herrumbradas, se quebraban entre nuestros dedos. Isabel comenzó a deshacer las trenzas de Eva para ventilar y secar sus cabellos y limpiarlos de herrumbre y tierra…”, escribió el médico en su diario.</p><p>El cuerpo de Eva permaneció donde Perón, en Madrid, tres años. Cuentan las versiones que agregan condimentos a una historia que los tiene todos que, mientras estuvo allí, José López Rega, el “brujo”, realizaba ceremonias secretas en las que María Estela Martínez de Perón, al lado del cadáver, buscaba lograr una “transmutación de poder” y obtener “el carisma de Evita”. No hay pruebas que nieguen ni afirmen.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/33MXBLJQWJGTJLFRNQ7PLSXFQI.png?auth=c0a8e5d10a4f57c87a569ad5a4e14f8f48e7b9c05e4ccf0b6e2c83c175100ae9&smart=true&width=900&height=539" alt="El cortejo fúnebre inicia la marcha hacia Olivos celosamente custodiado (Archivo General de la Nación)" height="539" width="900"/><p>Cuando Perón volvió al país, después de 17 años de destierro, el 17 de noviembre de 1972, no trajo a Eva. Tampoco cuando regresó de manera definitiva, en 1973.</p><p>Entonces, <b>el reclamo por la repatriación del cadáver comenzó a crecer</b>. Hasta llegar a su clímax. El 15 de octubre de 1974 —con Perón muerto hacía tres meses—un comando de Montoneros se infiltró en el cementerio de la Recoleta. A través de un plan elaborado, planificado con minucia, secuestro el cadáver de Pedro Eugenio Aramburu, es decir, secuestró al militar por segunda vez. Para devolverlo exigían de regreso a “la compañera Evita”.</p><p>María Estela Martínez de Perón puso a López Rega a cargo del <b>“Operativo retorno”</b>. </p><p>Era <b>la noche del 16 de noviembre</b> cuando el Boeing 707 que contenía el cuerpo de Eva despegaba del viejo mundo para traerla de regreso al suyo. El mismo día, Isabel, presidenta de la Nación, había anunciado la noticia en cadena nacional: la mañana siguiente, el 17, Día del Militante Peronista en honor al regreso de Perón del exilio dos años antes, <b>Eva volvía</b>.</p><p>Eva volvió.</p><p>El cortejo fúnebre fue desde Aeroparque a la Quinta de Olivos bajo una copiosa lluvia de flores que alfombraba y pintaba calles y veredas. </p><p>Mientras, en Palermo, dentro de una camioneta estacionada, aparecía el ataúd con el cuerpo de Aramburu, concretándose lo prometido por Montoneros. Un hecho que se difuminó en una ciudad bañada de lágrimas, bañada de arengas. Porque una vez más, como en el día de su despedida, un pueblo, que era marea humana, que era una horda sumida en gratitud, se reunió para darle la bienvenida, para volver a decirle adiós.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/CMJPKF675FATTHLXNIMAGWLDBI.jpg?auth=051f16a2738acac8880d66aa633c16e55a0a481d72887be0062f343c59579e51&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Hace 51 años los restos de Eva Perón emprendían el regreso a la Argentina después de sucesivos traslados y una sepultura en el exilio con otra identidad ]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Un tour por San Telmo que recorre las raíces negras de Buenos Aires: otra forma de celebrar la afroargentinidad y su historia]]></title><link>https://www.infobae.com/sociedad/2025/11/08/un-tour-por-san-telmo-que-recorre-las-raices-negras-de-buenos-aires-otra-forma-de-celebrar-la-afroargentinidad-y-su-historia/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/sociedad/2025/11/08/un-tour-por-san-telmo-que-recorre-las-raices-negras-de-buenos-aires-otra-forma-de-celebrar-la-afroargentinidad-y-su-historia/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[La agencia Lunfarda Travel nació con un concepto que no suele ser común entre los negocios de su clase: pensar el turismo como un modo de visibilizar a las comunidades minoritarias que conforman nuestra sociedad, como una manera de construir identidad, como motor de cambio social. Por eso, además de las propuestas más clásicas, ofrece otras que narran los orígenes de estas colectividades, muchas veces tergiversados. En el Día Nacional de la Afroargentinidad, su pasado y presente en este suelo]]></description><pubDate>Sat, 08 Nov 2025 15:08:05 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/QQJJ3LEHINADZCMYM7PHIYTONY.jpg?auth=ed98774627760ae6c916fe3e5c51aa43e92feac9951640254c1bad1c00b41c16&smart=true&width=1920&height=1080" alt="El tour de historia afro que ofrece Lunfarda Travel recorre alrededor de 15 cuadras en el barrio de San Telmo en las que su guía, Julia Cohen Ribeiro, propone un viaje desde las épocas coloniales hasta la actualidad (Carla Guzmán)" height="1080" width="1920"/><p><b>“No hay personas negras en Argentina”</b>. La afirmación, tan categórica como errada, trascendió y recorrió el tejido social hasta ganarse —¿imponerse?— <b>el lugar del sentido común</b>. Desde fines del siglo XIX, cuando la inmigración europea empezó a llegar al país en oleadas intensas, el relato que dice que “los argentinos venimos de los barcos” —y por tanto somos hijos de la Europa blanca— se repitió incansablemente desde los discursos fundacionales de la nación hasta la actualidad y logró encarnarse en la cultura, en la educación, en el imaginario nacional. </p><p><b>El turismo</b>, como un sector que narra la historia de las ciudades, por supuesto, <b>no estuvo exento</b>. Ese mismo relato recibió en su formación como guía <b>Mariana Radisic Koliren</b>, de 33 años, fundadora de Lunfarda Travel. Y así lo cuenta <b>Julia Cohen Ribeiro</b>, afrodescendiente, de 29, cuando repasa los inicios de la agencia.</p><p>—Se puede ver cómo el turismo contribuyó a solidificar esa idea, a reproducirla y a venderla, incluso, al exterior:<b> vender a la Argentina como un país sin comunidad ni cultura negra</b>.</p><p>Julia es la guía del <b>afro tour</b>, una propuesta que se hunde en las raíces de la comunidad afrodescendiente en Buenos Aires, y cuenta que el recorrido concluye con una síntesis que intenta comprender —ambicioso desafío— <b>por qué Argentina es cómo es</b>. </p><p>—Ahí traigo esto de que si las personas negras fueron dejadas a su suerte y por lo tanto quedaron más vulnerables durante la epidemia de la fiebre amarilla, entonces sí han muerto bastantes ahí, aunque no fue el mayor grupo de afectados (una compañera me dijo que estuvo investigando y que murieron más italianos). Pero algo para mí muy clave, que siempre digo, es que <b>cuando vinieron seis millones de europeos nuestro país tenía un total de dos millones de habitantes</b>. Entonces es medio una matemática simple. Y después, el hecho de que murieron en las guerras como carne de cañón también es una realidad. Pero justo ayer estaba haciendo un tour y dije: “Qué loco: cuando pensamos en las guerras de la independencia no imaginamos a personas negras luchando, pero después se repite que murieron ahí porque, claro, los mandaron a la guerra”. Es como una gran contradicción. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/G5ZZPEQPRFBMRCL6A3RTNNXUIY.jpg?auth=ad95ce5a936338012f4764752b5b0d1518a382687df9f8978aaa002849e4dcd0&smart=true&width=1280&height=1705" alt="En el corazón de San Telmo, en una casa antigua que era parte de una de las propiedades de la familia Devoto, detrás de una vidriera con fileteado porteño, se levanta Lunfarda Travel, la agencia de viajes fundada por Mariana Radisic Koliren en 2019" height="1705" width="1280"/><h2>San Telmo: el barrio del tambor</h2><p>Es miércoles 5 de noviembre y <b>San Telmo late otro pulso</b>. No está atestado de turistas ni se escucha el tango en la Plaza Dorrego, no hay que esquivar el amontonamiento de la feria ni hacer filas en ningún restaurante. El tráfico infinito que hay que superar para atravesar la ciudad parece esfumarse y dar paso a una armonía inquebrantable una vez en sus pasajes. Los faroles que acompañan las calles de adoquín, como anunciando el barrio postal, descansan bajo un cielo purísimo. Las veredas se ofrecen al sol, dejándose entibiar en la mañana fresca de primavera.</p><p>A contramano de lo que sucede en otros barrios, aquellos de moles de hormigón que tapan el sol, tubos fluorescentes y oficinas que se ahogan en una vorágine infernal de computadoras y papeles, San Telmo amanece ajeno al ritmo frenético de la ciudad. Se asoma a la mañana porteña con una calma imperturbable. Como si ese fuera su tiempo para reponerse y prepararse para su propia vorágine, su propio show: el fin de semana, cuando las oficinas duerman, San Telmo se encenderá. </p><p>Pero hoy no. Esta mañana de miércoles el barrio parece volver a ser solo de sus vecinos. Y de quienes lo recorren en su labor cotidiana. Como Mariana, como Julia. En medio de esa tranquilidad prístina, en el centro mismo de este punto que es paseo obligado, corazón del turismo propio y ajeno, en una casa antiquísima como San Telmo, con esa belleza que ostentan las paredes que acumulan y cuidan la historia, detrás de una vidriera con fileteado porteño, otro sello distintivo del vecindario, se levanta <b>Lunfarda Travel</b>. </p><p>Al cruzar el umbral, una invasión de colores y texturas envuelve los sentidos: cuadros, percheros con ropa, artesanías, un tarot africano, accesorios, peinetas, pañuelos, objetos de todo tipo que rápidamente conducen a <b>la cultura afro y su inserción en Argentina</b> compiten por la atención, son un imán para visitantes y curiosos. Entre los retratos, Gardel, la activista feminista brasileña asesinada, Marielle Franco; entre los objetos, las bases de Lunfarda: una bandera LGTBIQ+, el pañuelo de la campaña por la despenalización del aborto. Es que además de ser una agencia de turismo que ofrece más de sesenta experiencias —de las que destacan el tour de historia afro, el de historia queer, el de historia judía y uno dedicado a niños y niñas—, desde abril de este año en el local también se presume <b>“El Tambo Afro”: la primera tienda de emprendedores afrodescendientes del país</b>, fundada por Julia y otras dos socias a partir de la demanda de quienes llegaban al tour y preguntaban dónde conseguir productos hechos por personas de esa comunidad. </p><p>—Le pusimos “El Tambo Afro” porque “tambos”, “tangos”, “candombes” o “naciones”, se llamaba a los lugares de encuentro de la comunidad afroporteña, acá en el barrio o en Montserrat, que eran <b>“los barrios del tambor”</b>. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/MK3HLVADTBEEDKPUV5PYGFUNHM.jpg?auth=6617f592f8aaa22cd6b9875f50fbde1d86e8d01664820facec9daf127d9314f9&smart=true&width=1280&height=1705" alt="Mariana alquiló el local en plena pandemia, convencida de que en algún momento abriría sus puertas. Una norma la obligaba a tener un lugar físico para ser una agencia de turismo y no se resistió a este sitio con baldosas de damero y aberturas de madera y hierro repujado. El techo, pintado a mano por un amigo, es una obra de arte inspirada en las flores de la primavera porteña" height="1705" width="1280"/><p>“Los barrios del tambor” es una de las maneras en que se conoce a <b>aquellas zonas que históricamente albergaron a comunidades afrodescendientes</b>, donde tenían lugar el candombe y otras manifestaciones culturales. Estos sitios, los tambos —o naciones, como explica Julia— eran los puntos de encuentro y reunión allí. </p><p>—Por ejemplo, uno de los lugares que dentro de las investigaciones que se hicieron se cree que fue una nación es la Casa Mínima —dice.</p><p>—Es la más angosta de Buenos Aires —acota Mariana, fundadora de Lunfarda— y tiene un montón de mitos adosados. </p><p>Ubicada en el número 380 del pasaje San Lorenzo, la Casa Mínima, de 2,50 metros de ancho y 13 de profundidad, es una construcción de la segunda década del siglo XIX, dice el sitio web de la Ciudad de Buenos Aires, famosa no solo por ser la única de este tipo que se conserva en la capital porteña sino por la leyenda que cuenta que ahí vivía un esclavo que había sido liberado y que su amo le había donado ese terreno para que construyera su hogar. Por esto durante mucho tiempo se la llamó también <b>“Casa del esclavo liberto”</b>.</p><p>—Eran lugares donde se mantenían las tradiciones, como tocar los tambores —sigue Julia—, que de ahí nos llega el candombe de alguna forma, era <b>ese sostenimiento en comunidad de esas prácticas que eran fundamentales para las personas africanas</b>. Los tambores también eran muy importantes en los funerales, por ejemplo, era una forma de elevar al alma, el paso de ese ser humano a ser un ser ancestral, un ancestro. Entonces, había algo de eso, de cómo sostener esos ritos. Y también se hacían fiestas donde juntaban limosna, que la usaban para comprar terrenos o para comprar libertades de otras personas. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/6X7TUKDAQZGYDEETRNFXKQ5FE4.jpg?auth=98a7c24c9e4a5a055074146a7c89189aec52e215db54f4a23d1e0bfb6239dbf8&smart=true&width=1920&height=1280" alt="Desde abril de este año en el local también funciona “El Tambo Afro”, la primera tienda de emprendedores afrodescendientes del país (Carla Guzmán)" height="1280" width="1920"/><h2>El turismo como motor de cambio social</h2><p>Como el barrio esta mañana la agencia está calma, reluciendo su cielorraso pintado a mano, un diseño que se expande como un tapiz floral y se deja iluminar por el chorro de sol que entra por la vidriera. Mariana despide a Laurent, una persona no binaria vestida y maquillada de rosa, que entró hace unos minutos al local y es amiga o habitué. “¡Nos vemos el sábado!”, se dicen. <b>El sábado, Día de la Afroargentinidad, hay fiesta</b>. Aunque ahí, en Lunfarda, la cultura afro se celebra, se reivindica, todo el año.</p><p>Lunfarda Travel nació <b>a fines de 2019</b>. Cuando Mariana decidió fundarla no sabía que apenas unos meses después el mundo entraría en cuarentena obligatoria y el turismo se encerraría bajo llave y candado sin fecha de reapertura en el horizonte. Más aún: cuando alquiló la casa de belleza sublime que la aloja la pandemia todavía se esparcía por las fronteras y mantenía a todas las personas en sus casas. Pero Mariana tuvo fe. Y no se resistió ante este sitio de baldosas de damero. Este local de aberturas de madera y hierro repujado, elaboradas con la solidez y la delicadeza del trabajo artesanal de antaño. Este espacio que había sido una vidriería y antes una peluquería, y que cuando entró tenía el techo pintado del color naranja “más feo del mundo”, al que ella, con el talento de un amigo, transformó en una obra de arte que lo completa. </p><p>—El techo lo hizo un amigo mío que se llama Valentín de las Casas. Le pedí que se inspirara en las flores de la primavera porteña, entonces <b>hay jacarandá, ceibo, lapacho</b>. El lugar es superlindo e histórico porque además esto era parte de la casa de los Devoto, uno de los edificios de los Devoto, y esta era la entrada de carruajes. Pero me parecía que le faltaba un poco de naturaleza adentro, entonces le pedí que me hiciera esto como para sentir que estamos bajo árboles floreados. Lo alquilé en el 2020, o sea, el último momento del universo para buscar un local a la calle, pero tuve que hacerlo porque la ley que teníamos antes, del Ministerio de Turismo, nos obligaba a tener un espacio físico para poder ser agencia. Aposté que íbamos a reabrir y que iba a estar todo bien, como más de uno de los actos de fe que hice en mi vida. Eso fue noviembre del 2020 y acá seguimos. </p><p>Mariana se había formado como guía turística. En las agencias en las que trabajaba, en las que muchas veces desarrollaba tours relacionados a la comunidad judía, a la que pertenece, ya masticaba la idea de que <b>el turismo, bien enfocado, podía ser un dispositivo de gran riqueza para la construcción de la identidad. Y que también podía pensarse como una herramienta de transformación y cambio social</b>. Además traía reflexiones sobre cómo había permeado y se repetía sin miramientos el discurso de que en Argentina no había personas negras. Llevó estas ideas y la propuesta de abordar el turismo vinculado a las colectividades a los lugares donde ejercía su oficio, pero no encontró interés por parte de las agencias. Entonces, <b>decidió abrir la suya</b>. </p><p><b>—</b>Yo venía con inquietudes que tenían que ver con la forma en la que se contaba la perspectiva racial de Buenos Aires, desde hacía tiempo —recuerda— y, <b>por el feminismo, terminé conociendo al movimiento antirracista, el movimiento afroargentino</b>. Venía pensando en todas estas cosas cuando empezó la pandemia y sucedió el asesinato de George Floyd, sobre el que vi declaraciones muy fuertes y muy erróneas, disfrazadas de sentido común, en la tele y ahí me pregunté <b>qué espacios podíamos jugar desde el turismo para </b><i><b>hackear</b></i><b> estas narrativas y construir algo diferente</b>.<b> </b>Y publiqué en Instagram: “¿Alguien conoce personas negras que hablen inglés y quieran trabajar en turismo?“. Así, por amigos de amigos, nos conocimos con Juli en una llamada de WhatsApp totalmente cuarentenada.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/SAET2OADNFB47EHGJ3Y727J4AQ.jpg?auth=04b7c454f78359c9d34391ddaa6fdc1d9ac6120b90fa1df1f7df4273e71110b6&smart=true&width=1920&height=1441" alt="El nombre de la tienda de emprendedores, en la que se ofrecen todo tipo de objetos vinculados a la cultura afro, hace referencia a los lugares de encuentro de la comunidad que eran llamados “tambos”, “tangos”, “candombes” o “naciones” " height="1441" width="1920"/><p>La fundadora de Lunfarda había decidido integrar a su agencia en ciernes <b>un tour de historia afroargentina</b>. El feminismo también la había llevado a una charla de un grupo de mujeres afrodescendientes que planteaban el rol de las personas blancas y como, desde sus lugares, sus espacios de trabajo o sus accesos de privilegio con respecto a la minoría negra, también podían contribuir. Ahí lo supo: desde su empresa quería aportar contenido a través de un recorrido que ayudara a romper con el discurso de que los argentinos éramos todos blancos, hijos de europeos que habían bajado de los barcos y que no había habido negros. Y si algo tenía claro era que no solo importaba contar los hechos sino que era igual o quizás más importante <b>el lugar y la mirada desde la que se los contara</b>. La persona que lo hiciera debía, inexorablemente, ser de la comunidad afro.</p><p>—Acá tenemos una política inamovible que es que <b>cada tour que es comunitario es guiado solamente por personas de dicha comunidad</b>. Nunca una persona que no sea judía va a guiar un tour de historia judía, nunca una persona blanca va a guiar un tour de historia negra —enfatiza Mariana—. Porque en realidad a mí lo que me pasó fue que veía que éramos todas personas blancas hablando, o mejor dicho no hablando, de historia negra y que, cuando eso sucedía, se hacía desde el desconocimiento y repitiendo un montón de lugares comunes. Por eso me parecía importante que fueran personas negras las que contaran esta historia porque si no termina haciéndose apropiación cultural y no es el <i>ethos</i> de esta agencia hacer eso.</p><p>Con esa convicción implacable, luego de publicar en Instagram y que los amigos de por medio hicieran lo suyo, conoció a Julia. Que es negra, alta, de ojos cafés, con un pelo rizado y voluminoso que deja su linaje en evidencia.</p><p>—Mi papá es afrodescendiente, brasilero, y mi mamá es de acá, porteña y judía —cuenta Julia—. Yo nací en Porto Alegre. Mientras iba creciendo estaba de alguna forma la cuestión de la afrodescendencia pero no era algo tan hablado. Siempre lo tuve muy presente sobre todo por mi pelo. Pasaba de la angustia de tener este pelo creciendo a quererlo. Siempre entre quererlo y no quererlo. Cuando era chiquita fue difícil. Tenía 11 años cuando vinimos [a la Argentina]. Y acá también, estaba todo el tema de alisarse el pelo… Pero en la secundaria justo cayó en mi curso un chico que tenía medio la misma mezcla que yo, el papá es argentino judío y la mamá, brasilera y negra. Y nos volvimos mejores amigos, lo somos hasta el día de hoy. Entonces, <b>primero fue elaborar muchas cosas</b> con él porque en la escuela incluso nos hacían comentarios. Tener con quién hablar fue reimportante. Y, después, una vez que salí de la secundaria, empecé a hacer parte de una agrupación feminista. También creo que <b>el feminismo en Argentina te lleva a muchos lados</b>. </p><p>Tanto Mariana, que no es afrodescendiente pero es judía, como Julia, que es ambas, llegaron a conectarse con la comunidad afro y a converger en este proyecto a través del feminismo, que hizo de lazo y puerta de entrada para otros activismos. En el caso de Julia, de la mano del grupo al que se acercó llegó al Encuentro Nacional de Mujeres que se celebró en Rosario en 2016. </p><p>—Ese fue el primero que tuvo taller de mujeres afrodescendientes. Las compañeras que son históricas lucharon mucho porque incluso dentro del movimiento feminista decían que no era necesario porque ya había un taller de mujeres migrantes. Pero finalmente se abrió ese espacio —recuerda—. Ahí conocí a la comunidad y vi que<b> éramos un montón de mujeres afrodescendientes y disidencias, diversidades</b>. Ahí también me hice de un grupo con el que nos empezamos a juntar después del encuentro. Y creamos, con tres amigas, un colectivo artístico afrofeminista con el que hacemos cosas hasta el día de hoy. <i>Performances</i> e iniciativas que primero tenían mucho que ver con la identidad negra en Buenos Aires. Se llama<i> Kukily</i>. </p><p>El nombre, en idioma kpelle, hablado por el pueblo de Liberia, Guinea y Costa de Marfil, y por la madre de una de las integrantes del colectivo que es de Liberia, es una suerte de bendición que ella les regaló: <b>significa “todos nosotros, cada uno de nosotros”</b>. </p><p>—Y eso fue como mi inscripción en la comunidad afro. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/U53TSX7NEZHNJLTZ2RJKFV4SBU.jpg?auth=c1c6006fb7256d6d3fb1e35e11284102bcb2eeb65b234d82f2451dd3c747ee09&smart=true&width=1280&height=1920" alt="El recorrido por las raíces negras de Buenos Aires comienza con la historia de María Remedios del Valle, en honor a quien cada 8 de noviembre, día de su fallecimiento, se celebra el Día Nacional de la Afroargentinidad (Carla Guzmán)" height="1920" width="1280"/><h2>El afro tour</h2><p>—Lo que le propuse a Juli fue que encarara la investigación histórica —recuerda Mariana—. Yo había armado un montón de preguntas que eran los sentidos comunes e inquietudes que me traían los pasajeros a los tours y empezamos a hablar de cómo llevar eso al territorio. Yo dije que me parecía que lo más lógico era hacer algo por San Telmo porque iba a haber un montón de atractivos que se iban a poder mostrar. Y porque es conocido en turismo por su apodo, “el barrio del tambor”, pero lo único que quedó en el imaginario colectivo son las llamadas de los domingos [N. de la R: los grupos de candombe que tocaban los tambores en las calles]. Entonces nos preguntábamos <b>cómo desandar todo el resto del patrimonio</b>. Y Julia armó una investigación larguísima. Estuvo seis meses buscando información. Yo iba dando una mano e iba pensando cómo transformábamos esos contenidos en paradas en cada lugar, qué es lo que íbamos a mostrar. Ahí nos encontramos con otro desafío muy común en los tours que tenemos en Lunfarda que es el de <b>cómo rescatar una historia que está escrita por las personas que no son parte de esa comunidad</b>. </p><p>Julia había estudiado Diseño de Imagen y Sonido en la UBA, trabajaba en proyectos vinculados con el turismo y desarrollaba producciones audiovisuales independientes, algunas de ellas vinculadas a la comunidad afro. En eso estaba en 2020 cuando, en medio de la cuarentena por covid-19, Mariana la llamó y le propuso crear un recorrido que rescatara las raíces afro de Buenos Aires.</p><p>—La investigación del tour llegó en esos momentos de la vida en que las cosas confluyen —rememora Julia— porque en el 2020 el Ministerio de Cultura había lanzado el concurso nacional “María Remedios del Valle” [N. de la R. La madre negra de la patria, en honor a quien cada 8 de noviembre, día de su fallecimiento, se celebra el Día de la Afroargentinidad]. La convocatoria tenía un montón de categorías artísticas y realmente generó bases para una difusión mucho mayor de la figura de María Remedios y de la historia afroargentina en general. Por ejemplo, el retrato oficial que hoy está en el billete de diez mil pesos fue el ganador del concurso en su categoría. El monumento que estaba acá cerca [N. de la R. y fue vandalizado y quemado completamente en 2023], que es donde empezamos el tour, también surgió ahí. Y con un equipo nos presentamos para la categoría “Documental” y ganamos. Hicimos la película de María Remedios, que se llama <i><b>María, presente</b></i>, para la que tuvimos que investigar un montón. Al mismo tiempo estaba investigando para el tour. Toda la cuarentena, para mí, fue eso.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/BLARTGAJB5EMNPIVMDCPZMA7GM.jpg?auth=9a287f2378b2e9264050f66b381a814318ae0a72f61ae267f40a1dc9efbac940&smart=true&width=1920&height=1280" alt="Entre un antiguo conventillo, murales, monumentos e instituciones (las paradas del tour), Julia aborda diversos aspectos de la cultura afroargentina (Carla Guzmán)" height="1280" width="1920"/><p>Mientras el mundo se ponía en pausa y sus habitantes transcurríamos los días entre estadísticas fatales de mortalidad, medidas de flexibilización, alcohol en gel, tapabocas, ansiedades y miedos, Julia se sumergía entre libros, artículos e investigaciones para recuperar la historia de su comunidad en este suelo. Para cuando la cuarentena se levantó, Lunfarda Travel estaba lista para lanzar el afro tour, una propuesta que ofrecen tanto a turistas extranjeros como a locales, para quienes brindan, cada tanto, un recorrido especial y subvencionado. </p><p>El tour se hace caminando y recorre unas 15 cuadras en las que Julia viaja <b>desde las épocas coloniales hasta la actualidad</b>, “atravesando distintos planos de la argentinidad y de la cultura”. Comienza —cómo no— por María Remedios del Valle, “porque es una historia muy contundente y porque también nos sitúa muy bien en el barrio, en la historicidad de San Telmo. Así que empezamos con ella, con las guerras de la independencia y la participación de las personas negras e indígenas”.</p><p>El recorrido sigue por un mural de Maradona en el que la guía cuenta que un historiador trazó su genealogía unas cinco generaciones para atrás y descubrió que tenía raíces afro, es decir, que era descendiente de esclavos. Según esa teoría “Maradona sería el apellido del esclavizador”, dice Julia, y explica. </p><p>—Lo que pasa con los apellidos de las personas negras en nuestro continente es que <b>no son los de nuestros antepasados, sino los apellidos de los esclavizadores, porque era una cuestión de marcar propiedad</b>. Mucha de la historia de la esclavitud y de la negritud en América tiene que ver con testamentos o registros de inventarios, porque los negros eran posesiones. Entonces, a partir de esos documentos que se guardaron, la gente puede intentar reconstruir algo. </p><p>Una de las preguntas más frecuentes que recibe Julia en el tour, y que también aborda con Maradona de fondo, es si es correcto decir “negro” o “negra” para referirse a las personas de la comunidad afro. Y lo hace ahí para marcar la diferencia entre el término que alude a una persona afrodescendiente y el que se utiliza como calificativo de clase o más bien de desclasado, como se percibía Maradona.</p><p>—Entonces <b>traigo esta cuestión del uso de la palabra “negro” en nuestro país</b>. De hecho, una vez hicimos un tour con niñes y una nena preguntó: “¿Por qué decís ‘negros’ y no ‘morochos’?”. Argentina necesita del eufemismo para sentirse tranquila. Pero no hay nada de malo con decir “persona negra”. [No decirlo] Es una corrección política que termina siendo incorrecta, pero está bueno que se dé la discusión y hablar del tema.</p><p>El afro tour pasa también por un mural en el que una pareja baila tango, “entonces hablamos de las raíces negras de los ritmos folclóricos”; por una galería que era un antiguo conventillo “y hablamos de la vida en estos sitios, y del lunfardo y los africanismos en el lunfardo”; por un restaurante cuyos dueños son de la comunidad caboverdiana “que es una de las migraciones más modernas de África y que tienen un vínculo muy fuerte acá”; y por la iglesia de San Pedro Telmo “que tiene un memorial a las víctimas de la epidemia de la fiebre amarilla”.</p><p>—Entonces, traemos de vuelta <b>todas esas justificaciones que se usan para decir que no hay personas negras en Argentina</b>, como que todos murieron en las guerras de la independencia o del Paraguay o con la epidemia, y vamos deconstruyendo un poco esos mitos que tienen algo de verdad, pero dejan mucho afuera. Para terminar de entender por qué Argentina es como es y hablar de la inmigración masiva europea. </p><p>—¿Logran entender por qué Argentina es como es?</p><p>—Sí. Y es una parte clave del tour, para mí, porque es lo que las personas están esperando. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/UDKYCLLFM5HNHOYSIZDNS2A7NE.jpg?auth=d4c1e51b04cbba70f10cd0124eb7648e8e7fdbc2e6df3b3f1e85cc11c6e1a38a&smart=true&width=1920&height=1280" alt="Una de las paradas del afro tour es el monumento a Pedro de Mendoza, en el Parque Lezama, donde la mujer querandí tallada detrás da pie para hablar sobre el borramiento de buena parte de la historia indígena del país y de la ciudad (Carla Guzmán) " height="1280" width="1920"/><p>Antes de regresar a la agencia-tienda para dar por finalizado el recorrido, el grupo guiado por Julia habla también de <b>Antonio Gonzaga</b>, el cocinero afroargentino que fue <b>el primero en recopilar y escribir un libro de recetas en el país, entre ellas, la que enseñaba a hacer asado</b>; van al Parque Lezama, donde el monumento de Pedro de Mendoza con un paredón detrás donde está tallada una mujer querandí da pie para hablar sobre el borramiento de buena parte de la historia indígena del país y de la ciudad “y de cómo los monumentos siguen manteniendo viva esa historia”; al Museo Histórico Nacional “que en una de sus puertas tiene una imagen que es un fragmento de una bandera que le hicieron las mujeres negras de Buenos Aires a Rosas, quien tuvo una relación muy cercana con la comunidad afroporteña”.</p><p>—Y mostramos cómo algunas instituciones están revisando la narrativa de la historia oficial. Porque el Museo Histórico hizo una reconstrucción fuerte de su discurso y en los últimos tiempos tenía un montón de cosas que traían lo afroargentino. </p><p>El cierre, después de hablar del candombe frente a unos murales de un artista brasilero que era vecino del barrio, sobre la calle Bolívar, es la reflexión que intenta comprender la composición demográfica del país.</p><p>—Los factores principales son esas muertes [por la fiebre amarilla y las guerras de independencia] que son reales, pero en los inicios del siglo XX todavía la población estaba presente en la ciudad. Creo que fue sobre todo la inmigración europea que cambió la composición de la sociedad y ese racismo internalizado que llevó a personas negras a casarse con personas blancas para que sus hijos no sufrieran lo mismo que ellos, que es algo muy común y de hecho fue fomentado. Hay historias del blanqueamiento como una especie de política pública que se usó no solo acá sino en Brasil y seguramente en toda la región. Existen unos cuadros, imágenes que se difundían, que mostraban a la abuela negra, a los padres y los nietos ya más blancos y decían: “Mejoraste la raza”. Esas cuestiones tienen un impacto enorme. Ves a la bisabuela o a la abuela negra y en dos generaciones se puede perder el fenotipo. Como también puede volver. Hay algo de la genética que a veces se salta generaciones y después aparece. <b>Pero yo creo que ahí está la clave para entender qué pasó en nuestro país</b>. A lo que se suma lo que se llama “genocidio estadístico”: <b>se borró totalmente del censo a la población negra hasta el 2021</b>. Aunque tampoco ese año fue certero porque a mí, por ejemplo, no me preguntaron si era afrodescendiente. </p><p>Según el último censo poblacional, en Argentina la comunidad afrodescendiente es de unas</p><p>300.000 personas. Aunque Julia asegura que el dato no es preciso.</p><p>—El número es muy relativo. Conozco casos, por haber hablado con personas que me contaron de sus antepasados negros o amigos de amigos, que no pusieron “afrodescendiente” en el censo. Hay muchas personas que lo son pero no lo saben, familias que lo niegan. Han venido personas al tour que se acababan de enterar que tenían una abuela que era negra y nadie se los había dicho, o lo escondían. Hay muchas de esas historias. Entonces, también <b>lleva un tiempo hasta que las persona tienen las conversaciones o se encuentran con su identidad y pueden reconocerla</b>. Recién estamos en ese proceso.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/QQJJ3LEHINADZCMYM7PHIYTONY.jpg?auth=ed98774627760ae6c916fe3e5c51aa43e92feac9951640254c1bad1c00b41c16&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[El tour de historia afro que ofrece Lunfarda Travel recorre alrededor de 15 cuadras en el barrio de San Telmo en las que su guía, Julia Cohen Ribeiro, propone un viaje desde las épocas coloniales hasta la actualidad (Carla Guzman)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Cuando el arte de prohibir libros se convierte en publicidad: la obra que se volvió bestseller tras la censura por “obscenidades”]]></title><link>https://www.infobae.com/sociedad/2025/11/02/cuando-el-arte-de-prohibir-libros-se-convierte-en-publicidad-la-obra-que-se-volvio-bestseller-tras-la-censura-por-obscenidades/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/sociedad/2025/11/02/cuando-el-arte-de-prohibir-libros-se-convierte-en-publicidad-la-obra-que-se-volvio-bestseller-tras-la-censura-por-obscenidades/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[Fue el 2 de noviembre de 1960: el desenlace de un juicio ganado por la editorial británica Penguin Books, demandada por la Corona por haber impreso sin censuras la novela “El amante de Lady Chatterley”, de David H. Lawrence -con contenido sexual explícito y haber violado la Ley de Publicaciones Obscenas-, convirtió en un éxito de ventas la obra que llevaba décadas circulando en forma clandestina]]></description><pubDate>Sun, 02 Nov 2025 05:19:56 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/JNHS45I42ZDSXOU56M2NKNSDWI.jpg?auth=f803dd47d20ae08b0421984529e81bf88c18f76f86d3f8fb2094a5459fafd0ac&smart=true&width=1920&height=1080" alt=""El amante de Lady Chatterley" fue la última novela del autor británico D. H. Lawrence, conocido por sus obras cargadas de erotismo, consideradas controversiales " height="1080" width="1920"/><p>“Buenas tardes. ¿Me daría un ejemplar de ‘Lady C’?”. “Sírvase, aquí tiene tres chelines y seis peniques por ‘el libro’”. Frases elípticas como las que aludían al título de la obra sin hacerlo del todo explícito, o las que solo indicaban el precio exacto de la publicación por toda precisión de que querían “esa” novela tan en boga, eran las utilizadas por algunos compradores pudorosos en la Gran Bretaña de los 60 —contó un librero a la <i>BBC</i>— cuando un juicio de gran trascendencia, ganado por el sello editorial Penguin Books, catapultó las ventas del texto, a partir de entonces legalmente publicado, <i><b>El amante de Lady Chatterley.</b></i></p><p>Mas la legalidad no esfumaba la vergüenza de estar pidiendo un título célebre por cotener escenas de sexo explícito y palabras que de solo pensarlas hacía sonrojar los refinados modales ingleses.</p><p><b>Publicada originalmente en 1928, en Florencia, Italia</b>, donde vivía entonces, fue la última novela de David Herbert Lawrence —conocido como D. H. Lawrence—, antes de morir de tuberculosis en 1930. Lawrence era un autor británico ya conocido por sus obras consideradas controversiales: en sus tramas tejía su mirada crítica frente al avance vertiginoso de la industrialización y cargaba buenas dosis de erotismo y sexualidad que en general subvertían los mandatos y la moral tradicional que sentenciaba virginidad, fidelidad y matrimonio eterno. También daba lugar a lo que entonces resultaba increíble, impúdico, indecible: <b>el deseo, el goce y el placer femenino</b>.</p><p>Algunos de sus títulos anteriores como <i>Hijos y amantes </i>(1913), <i>El arco iris </i>(1915)<i> </i>y <i>Mujeres enamoradas </i>(1920) ya habían sido vetados y retirados del mercado. Pero <i>El amante de Lady Chatterley</i> sería quizás el más controvertido y el que adquirió mayor popularidad al convertirse en <b>un éxito de ventas </b>después de ser liberado de la censura en la tierra natal del autor aquel noviembre de 1960. También sería <b>un ícono de la libertad de expresión </b>y<b> </b>un síntoma de que en ese paisaje de posguerra —como escribió el pensador judeoalemán Walter Benjamin sobre los días posteriores a la Primera Guerra— “todo excepto las nubes había cambiado”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/V35A2ILCQZCLDL3IQDFOBYT2AE.jpg?auth=064598054606d3cb8b62b747f5d23a14972ea5b6cf9fe2034d2c236ebf0a9803&smart=true&width=580&height=382" alt="Escena de la película "El amante de Lady Chatterley", una adaptación al cine de 1981 dirigida por Just Jaeckin y protagonizada por Sylvia Kristel y Nicholas Clay " height="382" width="580"/><h2>La censura: ese viejo y conservador intento de reprimir ideas</h2><p>El infame arte de prohibir libros —censurar algunos fragmentos, sacar de cuajo la totalidad de una obra de circulación, quemarlos en una pira— no es novedad. Desde que los textos tienen una tirada masiva Gobiernos conservadores y régimenes totalitarios que han intentado matar las ideas se han dado a la caza no solo de personas si no de las palabras detrás de ellas. Lo han sabido bien: esas son las verdaderas armas, la cantera de historias y pensamientos que nutren la riqueza cultural y también ideológica. Destruir o prohibir los libros era destruir la esencia de lo que detestaban. </p><p><b>Sucedió durante la Alemania nazi</b>, <b>el 10 de mayo de 1933</b> —el año que Hitler se hizo con el poder— cuando estudiantes, profesores e integrantes del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán, bajo la dirección de la federación nazi de estudiantes, echaron al fuego, en un acto público, textos de autores que habían sido proscriptos por considerarse “peligrosos”.</p><p>La quema en la Plaza de la Ópera en Berlín y en otra veintena de ciudades universitarias, fue el hecho que coronó la “Acción contra el espíritu antialemán”, una campaña que había comenzado en marzo de 1933, con la que se dio inicio a la persecución de los escritores judíos, marxistas, pacifistas y otros opositores o que no se alineaban a las ideas del nazismo. A partir de ese momento, cualquier libro escrito por una persona judía o con pensamiento no afín al totalitarismo debió ser ocultado, enterrado o incluso quemado por sus propios dueños porque que los hallaran con ellos era una sentencia de muerte segura.</p><p><b>Durante la última dictadura cívico-militar, que tomó la Argentina entre 1976 y 1983, un mar de libros fueron prohibidos</b>, secuestrados, sacados de circulación y también quemados. Forrar las tapas, enterrarlos u ocultarlos, al igual que durante el nazismo, eran las maneras en las que las personas trataban de salvarlos. Julio Cortázar, Rodolfo Walsh, Elsa Bornemann, Manuel Puig, Ricardo Piglia y la colección de libros infantiles del Centro Editor de América Latina eran algunos de los nombres y series condenadas a la hoguera. En su interior, las ideas de libertad, el pensamiento crítico, la sexualidad o cualquier historia que fuera un indicio de subversión a la moral occidental y cristiana de los represores con ínfulas de dioses, amos de la vida y la muerte, era motivo de sobra para su prohibición o para el castigo y la desaparición de quien los tuviera en su poder. <b>Junto a las personas, los libros integraron listas negras, fueron perseguidos, secuestrados y destruidos.</b></p><p>La mayor quema de libros en esos años del terror se ejecutó <b>el 30 de agosto de 1980</b>, en un baldío de Sarandí, Provincia de Buenos Aires. Allí se redujeron a cenizas más de un millón y medio de obras y fascículos del Centro Editor de América Latina. Cuenta la leyenda que la hoguera ardió durante tres días.</p><p><b>La censura no solo sucede en totalitarismos</b>. El año pasado algunos libros de autoras argentinas como <i><b>Las aventuras de la China Iron</b></i><b>, de Gabriela Cabezón Cámara, y </b><i><b>Cometierra</b></i><b>, de Dolores Reyes</b>, incluidos como parte del material sugerido para los alumnos de los últimos años de la secundaria en la provincia de Buenos Aires —en un plan educativo que busca acercar y profundizar las prácticas de lectura— fueron el centro de una polémica y sufrieron un intento de censura por parte de sectores conservadores y voces del oficialismo. El pedido de exclusión de estos materiales —que puede leerse como parte de la batalla cultural explícitamente librada y motivada por el Gobierno actual— giraba alrededor del contenido: se esgrimía que incluían escenas de sexo y temas asociados a la violencia, inapropiados para los y las estudiantes. Sin embargo nunca se dijo nada sobre libros como <i>El matadero, </i>de Esteban Echeverría, por ejemplo, este texto fundacional de la literatura argentina regado de violencia, salpicado —más bien chorreado— de abusos y sangre, leído por generaciones y generaciones de estudiantes en las escuelas secundarias del país. </p><p>Lo único que consiguió aquel intento de censura, tal como ocurrió con <i>El amante de Lady Chatterley</i>, fue que <b>las novelas adquirieran mayor popularidad de la que ya tenían</b>, que se hicieran conocidas por personas que no las tenían en su radar, que fueran leídas en clubes de lectura y promocionadas masivamente, en señal de apoyo, en redes sociales y medios de comunicación. Traducida a 15 idiomas, <i>Cometierra, </i>por ejemplo, como la novela apasionada del escritor inglés en los 60, se volvió <i>bestseller</i>.<i> </i></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/YU5CS3XQNJAVROQ3G3LVMVHXUA.jpg?auth=cb4b20bdaf0a2fdc7d2f2bb2b30a76a61687db04f920c5b6cfc13af46411cd65&smart=true&width=1920&height=1080" alt="La escritora argentina, Dolores Reyes, y su novela, "Cometierra" (EFE/ composición fotográfica)
" height="1080" width="1920"/><h2>Alto voltaje sexual, la relación interclasista, el placer femenino, la industrialización desemedida: ¿qué escandalizó a la sociedad inglesa?<b> </b></h2><p>Quizás todo eso junto.</p><p>“La nuestra es esencialmente una época trágica, así que nos negamos a tomarla por lo trágico. El cataclismo se ha producido, estamos entre las ruinas, comenzamos a construir hábitats diminutos, a tener nuevas esperanzas insignificantes. Un trabajo no poco agobiante: no hay un camino suave hacia el futuro, pero le buscamos las vueltas o nos abrimos paso entre los obstáculos. Hay que seguir viviendo a pesar de todos los firmamentos que se hayan desplomado. Esta era, más o menos, la posición de Constance Chatterley. La guerra le había derrumbado el techo sobre la cabeza. Y ella se había dado cuenta de que hay que vivir y aprender”.</p><p>En sus líneas iniciales, en su primer capítulo, D. H. Lawrence brinda toda la información necesaria para conocer a los protagonistas de la historia y el contexto de posguerra —pos Primera Guerra— en el que se desarrolla. Historia que iba a levantar termómetros y horrorizar lords y ladys defensores de la moral. Y posteriormente circular en algunos países, por algunas décadas, en la clandestinidad. </p><p>Presenta a <b>Constance Chatterley</b>, quien “se había casado con <b>Clifford Chatterley </b>en 1917, durante una vuelta a casa con un mes de permiso”, pero en realidad habla, primero, de su marido: “Un mes duró la luna de miel. Luego él volvió a Flandes, para ser reexpedido a Inglaterra seis meses más tarde, más o menos en pedacitos. Constance, su mujer, tenía entonces veintitrés años, y él veintinueve”. (...) “Durante dos años estuvo en manos del médico. Luego le dieron de alta y pudo volver a la vida, con la mitad inferior de su cuerpo, de las caderas abajo, paralizada para siempre”. “Paralizado sin remedio, sabiendo que nunca podría tener hijos, Clifford había vuelto a su hogar en los sombríos Midlands para mantener vivo mientras pudiera el nombre de los Chatterley”. “Habiendo sufrido tanto, su capacidad de sufrimiento se había agotado en cierto modo. Permanecía ausente, luminoso y de buen humor, casi podría decirse chispeante, con su cara rubicunda y saludable y el empuje brillante de sus ojos azul pálido. Sus hombros eran anchos y fuertes, sus manos potentes. Vestía ropa cara y llevaba corbatas elegantes de Bond Street. Y, sin embargo, en su cara podía verse la mirada vigilante, la ligera ausencia de un paralítico”.</p><p>Entonces, en las primeras líneas, el lector, la lectora ya lo sabe: <b>el marido de Constance, herido de guerra, estaba congelado de la cintura para abajo</b>. Era feliz de haber sobrevivido, pero la batalla le había impreso una melancolía eterna. Y no podrían tener hijos.</p><p>Después habla de la joven Constance, lady Chatterley: “Rubicunda, de aspecto campesino, tenía el pelo castaño, un cuerpo fuerte y movimientos pausados, llenos de una energía poco frecuente. Era de ojos grandes y admirativos, con una voz dulce y suave; parecía recién salida de su pueblo natal. Nada de esto era cierto. Su padre era el anciano Sir Malcolm Reid, en tiempos muy conocido como miembro de la Real Academia de Pintura. Su madre había sido una de las cultas Fabianas de la floreciente época preRafaelista. Entre artistas y socialistas cultos, Constance y su hermana Hilda habían tenido lo que podría llamarse una educación estéticamente poco convencional. Las habían enviado a París, Florencia y Roma para respirar arte, y habían ido en la otra dirección, hacia La Haya y Berlín, a los grandes congresos socialistas, donde los oradores hablaban en todas las lenguas civilizadas sin que nadie se asombrara. Las dos chicas, por tanto, y desde edad muy temprana, no se sentían intimidadas ni por el arte ni por la política teórica. Era su ambiente natural. Eran al mismo tiempo cosmopolitas y provincianas, con el provincialismo cosmopolita del arte mezclado con las ideas sociales puras”. </p><p>Constance era culta, sabía de política, de arte, de filosofía y de algo que en la época en la que D. H. Lawrence escribió la novela de seguro escandalizaba aún más que las relaciones sexuales explícitas y el lenguaje soez: <b>la libertad de las mujeres</b>.</p><p>“Las habían enviado a Dresde a los quince años, para aprender música entre otras cosas. Y lo pasaron bien allí. Vivían libremente entre los estudiantes, discutían con los hombres sobre temas filosóficos, sociológicos y artísticos; <b>eran como los hombres mismos: sólo que mejor, porque eran mujeres</b>. Patearon los bosques con jóvenes robustos provistos de guitarras, ¡tling, tling! Cantaban las canciones de los Wandervógel, y eran libres. ¡Libres! La gran palabra. Al aire del mundo, en los bosques de la alborada, entre compañeros vitales y de magnífica voz, <b>libres de hacer lo que quisieran y —sobre todo— de decir lo que les viniera en gana</b>. Hablar era la categoría suprema: el apasionado intercambio de conversación. El amor era un acompañamiento menor”.</p><p>Las hermanas también habían tenido “sus aventuras amorosas”, aunque el autor cuenta que era algo más bien accesorio para ellas, que venía unido a lo verdaderamente estimulante: los debates, la libertad de pensamiento y los momentos que compartían con sus pares varones. </p><p>“Así que se habían regalado, cada una al joven con el que tenía las controversias más sutiles e íntimas. Las charlas, las discusiones, eran lo más importante; hacer el amor y las relaciones afectivas eran sólo una especie de reversión primitiva y un algo de anticlímax. Después, una se sentía menos enamorada del chico y un poco inclinada a odiarle, como si se hubiera entrometido en la vida privada y la libertad interior de una. Porque, desde luego, siendo chica, toda la dignidad y sentido de la vida de una consistía en el logro de una absoluta, perfecta, pura y noble libertad. ¿Qué otra cosa significaba la vida de una chica? Eliminar las viejas y sórdidas relaciones y ataduras. Y, por mucho que se sentimentalizara,<b> este asunto del sexo era una de las relaciones y ataduras más antiguas y sórdidas</b>. Los poetas que lo glorificaban eran hombres la mayoría. Las mujeres siempre habían sabido que había algo mejor, algo más elevado. Y ahora lo sabían con más certeza que nunca. <b>La libertad hermosa y pura de una mujer era infinitamente más maravillosa que cualquier amor sexual</b>. La única desgracia era que los hombres estuvieran tan retrasados en este asunto con respecto a las mujeres. Insistían en la cosa del sexo como perros”.</p><p>Estos pasajes, en apenas el comienzo del libro publicado en 1928. No extraña que a muchas sociedades les haya parecido inadmisible e ilegal.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/6TYTZWQNAFC4XDKQ6AUOL5DOG4.jpg?auth=0c194f9f387771f4af2380b2ca8999d838bd09378f3afb306a5b7183294f9450&smart=true&width=1920&height=1080" alt="En 2022 "El amante de Lady Chatterley" llegó a Netflix protagonizada por Emma Corrin, Jack O'Connell y Matthew Duckett (Tráiler oficial Netflix)" height="1080" width="1920"/><p>La trama, entonces, continúa así: </p><p>Lord Chatterley, postrado en una silla de ruedas tras haber sido herido en la Primera Guerra Mundial, sin posibilidades de satisfacer sexualmente a su mujer ni de brindarle descendencia, le sugiere a Constance, desanimada ante el paisaje que le presentaba la vida, buscarse un amante para satisfacer sus deseos y tener un hijo. Lady Chatterley se ofusca, se ofende. Pero con el correr de los días esta idea va a ir prendiendo dentro de ella. </p><p>“Connie era consciente, sin embargo, de un creciente desasosiego. A causa de su falta de relación, una inquietud se iba apoderando de ella como una locura. Crispaba sus miembros aunque ella no quisiera moverlos, sacudía su espina dorsal cuando ella no quería incorporarse, sino que prefería descansar confortablemente. Se removía dentro de su cuerpo, en su vientre, en algún lado, hasta que se veía obligada a saltar al agua y nadar para librarse de ello. Hacía latir agitadamente su corazón sin motivo. Y estaba adelgazando. </p><p>Era simple inquietud. A veces salía corriendo a través del parque, abandonaba a Clifford y se tumbaba entre los helechos. Para escapar de la casa... Tenía que escapar de la casa y de todo el mundo. El bosque era su único refugio, su santuario”.</p><p>El primer hombre con el que inicia un coqueteo es Michaelis, un artista que está de visita un tiempo en lo de los Chatterley. Pero luego <b>su marido le presenta a Oliver Mellors, el guardabosque de sus tierras</b>. Y Constance es cautivada por su virilidad, por su rudeza, aunque rechaza su forma de hablar, sus modos ordinarios, su clase social. Pese a que el autor, Lawrence, resaltará de este trabajador rústico sus conocimientos literarios, de la lengua pura y de los usos y costumbres de la aristocracia. </p><p>Mellors, señor del bosque de la propiedad ajena, oscilaba entre dos mundos: el de los trabajadores, cuyo dialecto utilizaba naturalmente, y el de las élites acomodadas, con el que estaba familiarizado tras haber hecho carrera en el Ejército, aunque no le era propio.</p><p>Poco a poco, lady Chatterley bailará con él una danza de miradas tensas, de pieles erizadas. Y un hilo invisible entre ellos, a veces más cercano a la atracción, otras al rechazo, culminará por enredarlos en el suelo de una cabaña, refugio del guardabosques. </p><p>De cierto modo, en ambos extremos de la pirámide social, incómodos en los lugares que habitaban, ambos compartían una inmensa soledad que encuentra reparo en brazos del otro.</p><p>Allí comienza <b>un intenso triángulo amoroso</b>, tejido en un texo en el que el autor, a través de ese vínculo que representa algo que podría definirse como la justicia social del sexo, critíca las jerarquías de clase tan definidas e instaladas en la sociedad inglesa de la época, el derroche aristocrático y las carencias de los trabajadores. Y, no contento con describir los encuentros carnales de manera explícita, <b>destaca la búsqueda del placer sexual e intelectual y la satisfacción de los deseos femeninos</b>, algo que un siglo después todavía resulta complejo de contemplar y comprender. </p><p>Por si eso fuera poco para un libro de los años veinte, en <i>El amante de Lady Chatterley </i>D. H. Lawrence descarga su mirada contra una industrialización despiadada: “Esta es la historia. <b>Una Inglaterra eliminando a la otra</b>. Las minas habían llevado la riqueza a los palacios. Ahora estaban acabando con ellos como antes habían acabado con las casas de campo. <b>La Inglaterra industrial acaba con la Inglaterra agrícola</b>. Un significado elimina al otro. La nueva Inglaterra acaba con la vieja Inglaterra. Y la continuidad no es orgánica, sino mecánica. Perteneciendo Connie a las clases altas, se había aferrado a los restos de la vieja Inglaterra. Le había costado años darse cuenta de que estaba siendo anulada por aquella terrible Inglaterra nueva e implacable y que el proceso de destrucción continuaría hasta ser completo”. </p><p>A los ingleses de aquellas décadas les sobraban los motivos para escandalizarse y condenar el libro aunque, como un secreto a voces, muchos de ellos lo circularan y leyeran a escondidas.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/XXZCAGQCRZGURA6UCK54F6JGYU.jpg?auth=64d418fecb0bb0cd1a170e35df7c359d2d2c447aa27c73ca373658ccdfcc62b6&smart=true&width=280&height=395" alt="Póster de la película realizada para televisión, con las actuaciones de Holliday Grainger, Richard Madden y James Norton, estrenada por la BBC en 2015​" height="395" width="280"/><h2>De la censura a romper récords de ventas</h2><p>Cuando terminó su novela, Lawrence publicó una primera edición en forma privada en Florencia, donde vivía en ese momento, y un año más tarde, en 1929, en Francia. Pero el runrún sobre su contenido no apto para todo público —en muchas jurisdicciones considerado ilegal por violar leyes contra el “conteido obsceno”— corrió como la pólvora por los países europeos, Estados Unidos, Australia y Japón, que no titubearon y lo prohibieron: la novela violaba las normas de buen comportamiento social. </p><p>Pero el público lo pedía. En algunos sitios, entonces, pusieron en las librerías una edición censurada a principios de la década del 30: “La presente versión omite, naturalmente, aquellos pasajes que, por su empleo de ciertas palabras anglosajonas de mal gusto y su descarado tratamiento de los aspectos físicos del amor, hicieron imposible la publicación de <i>El amante de Lady Chatterley</i> en este país en su forma original", aclaraba <i>The New York Times</i> en 1932. </p><p><b>“</b>Un elogio del libertinaje y de la pornografía”, sentenciaban algunas críticas y lectores escandalizados, con ínfulas de dueños de la moral.</p><p>“Quiero que los hombres y las mujeres puedan pensar en el sexo con plenitud y honestidad”, “hacer que las relaciones sexuales [en la novela] fueran válidas y preciosas, en lugar de vergonzosas”, había dicho su autor respecto de esta historia. La que no llegó a ver convertida en <i>bestseller</i>: murió en 1930, enfermo de tuberculosis. De hecho, <b>iban a pasar treinta años más</b> para que fuera editada en Inglaterra y en España y <b>para que su autor fuera reivindicado</b> —póstumamente— como el artífice de una de las grandes obras de la literatura erótica. </p><p>Esto no sucedió sin escándalo en el medio.</p><p>Era 1959 cuando <b>la editorial estadounidense Grove Press se lanzó a publicar una versión completa, sin censuras</b>. El impacto no demoró: los titulares cubrieron el país donde todavía regían leyes severas contra el contenido obsceno. Fue entonces cuando el correo estatal interceptó las copias camino a las librerías y Grove Press puso una demanda judicial. El proceso escaló hasta el Tribunal Supremo que <b>sentenció que el libro no era una obra obscena y, por lo tanto, podía venderse</b>. </p><p>El fallo no solo liberó de la censura al <i>amante de Lady Chatterley</i> sino también a otros libros vetados hasta entonces, como <i>Trópico de Cáncer</i>, de Henry Miller, y <i>Fanny Hill. Memorias de una cortesana</i>, de John Cleland, y flexibilizó las leyes contra la obscenidad, anunciando un cambio de época y sentando un precedente en la defensa de la libertad de expresión.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/XGURW5HE3JFEJEBVXCGG463SBQ.png?auth=caccf1a90fe27f95bfe3cfc3acd2a0fc3ae843b306a090880abc7decf2fb1d7f&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Al liberarse de la censura, "El amante de Lady Chatterley" llegó a vender tres millones de ejemplares en tres meses, convirtiéndose en el segundo bestseller de la editorial británica Penguin Books" height="1080" width="1920"/><p>Al año siguiente, en 1960, Reino Unido sería escenario de un hecho similar cuando la editorial Penguin Books decidió publicar la versión original de la novela. Eran tiempos en los que a escritores y editores británicos los inquietaba el volumen de libros que estaban siendo prohibidos por obscenidad. Por lo que, un poco a modo de respuesta, en 1959, el Parlamento había aprobado una nueva Ley de Publicaciones Obscenas que se adjudicaba la tarea de “proteger la literatura y reforzar la legislación sobre pornografía”. Esa norma brindaba algunas garantías para quien fuera señalado por publicar un “libro sucio”, ya que esgrimía que, si tenía valor literario, una obra podía publicarse aun si para el común de las personas resultaba provocadora o escandalosa. </p><p>Así las cosas, la británica Penguin Books tenía la decisión tomada: pondría a prueba la herramienta legal <i>aggiornada</i>. Antes de hacerlo le avisó al fiscal general.</p><p>Cuando el asesor legal de la Corona, Reginald Manningham-Buller, leyó los primeros cuatro capítulos de la novela le escribió al fiscal general: debía iniciar acciones legales contra Penguin. “Espero que consigas una condena”, dijo.</p><p>Así se iniciaba una contienda en los tribunales que, detrás de la censura de la novela, representaba un proceso más profundo: <b>era un enfrentamiento entre los sectores conservadores, defensores del </b><i><b>statu quo</b></i><b>, y aquellos que impulsaban vientos de cambio</b>. </p><p>Testigos expertos y más de una treintena de escritores participaron en el juicio a favor de la publicación de la obra, junto a algunos políticos destacados. En su contra, la parte acusadora esgrimió motivos como que el sexo descrito era pura pornografía, e interpelaba al jurado y al juez preguntándoles si lo dejarían en sus casas al alcance de sus hijos, y si permitirían que lo leyeran “sus esposas y criados”; además de señalar las palabras ordinarias de sus páginas.</p><p>Finalmente, <b>el 2 de noviembre de 1960</b>, tras seis días de juicio y tres horas de deliberación del jurado, la decisión fue unánime: <b>Penguin Books fue declarada “no culpable”</b> —el alegato de Krishna Menon, abogado de la editorial, se sigue estudiando en Oxford.​</p><p>Pese a los obstáculos —como que para su impresión Penguin debió contratar una nueva imprenta, ya que aquella con la que trabajaban usualmente se había negado a emitir el libro—, <i>El amante de Lady Chatterley</i> rompió sus ataduras de inmediato y estuvo disponible en las librerías donde los vendedores veían agotarse, una y otra vez, su <i>stock</i>. </p><p>Años después la historia se adaptaría al cine y a la televisión en diferentes países del mundo, para llegar a Netflix en 2022. </p><p>Como sucedió con <i>Cometierra </i>y su intento de censura, el juicio y el deseo de prohibición de una parte de la sociedad inglesa fueron la mejor publicidad para la obra de Lawrence: <b>los 200.000 ejemplares de la primera tirada después de su legalización en Reino Unido fueron vendidos el mismo día de su publicación</b>. Llegaría a vender tres millones de copias en tres meses. Y a convertirse en el segundo <i>bestseller</i> de la editorial, detrás de <i>La Odisea</i>. </p><p>Los resultados de ambos juicios, de uno y otro lado del océano, marcaron un punto de inflexión y cristalizaron los cambios que venían germinando luego de la Segunda Guerra: las ansias de un paisaje donde la libertad, principalmente en la cultura como símbolo y expresión de los deseos e intereses sociales, fuese cotidiana, permanente. Y posibilitara un espíritu soberano que los aires de la década iban a potenciar. </p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/JNHS45I42ZDSXOU56M2NKNSDWI.jpg?auth=f803dd47d20ae08b0421984529e81bf88c18f76f86d3f8fb2094a5459fafd0ac&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA["El amante de Lady Chatterley" fue la última novela del autor británico D. H. Lawrence, conocido por sus obras cargadas de erotismo, consideradas controversiales ]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Estaba a punto de morir en una cámara de gas, Mengele la vio bailar y cambió su destino: Edith Eger es “la bailarina de Auschwitz”]]></title><link>https://www.infobae.com/sociedad/2025/10/25/estaba-a-punto-de-morir-en-una-camara-de-gas-mengele-la-vio-bailar-y-cambio-su-destino-edith-eger-es-la-bailarina-de-auschwitz/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/sociedad/2025/10/25/estaba-a-punto-de-morir-en-una-camara-de-gas-mengele-la-vio-bailar-y-cambio-su-destino-edith-eger-es-la-bailarina-de-auschwitz/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[Después de sobrevivir al infierno nazi emigró a Estados Unidos, se doctoró en Psicología y se volvió especialista en estrés postraumático. Desde entonces —y aún hoy, a sus 97 años— dedica su vida a ayudar a otros a superar hechos atroces. Su primer libro, en el que vuelca sus memorias, lleva vendidos millones de ejemplares y este año lo relanzó en una versión para jóvenes]]></description><pubDate>Sat, 25 Oct 2025 04:35:39 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/65HV57ANEJEN3KZNSYUC7AKVJE.jpg?auth=5687a1cee50b7ed5bb9dbeec935410760a3f5c3e618da957d2f47ee2d98b2f82&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Edith Eger en su juventud" height="1080" width="1920"/><p>Arte entre las artes, la danza. Libertad, la danza. </p><p>Quien baila es atravesado por la melodía. Se entrega. Se deja envolver. Envuelve a quien mira. En el instante de bailar no hay más mundo que el de la música y su tempo. Que el del movimiento. El ritmo. La expresividad. Quien baila, vive. </p><p>Para <b>Edith Eger</b> sería más que una imagen retórica. Cuando de pequeña bailaba ballet y soñaba con ser gimnasta olímpica jamás lo imaginó: <b>la danza sería su sentencia de vida</b>. </p><p>Edith Eva Eger nació en Hungría, en 1927. Era la menor de tres hermanas, de una familia judía, como tantas. <b>Una familia con dotes para las artes</b>. Su hermana mayor, Klara, era violinista y había sido admitida en el Conservatorio de Budapest. Su hermana Magda era pianista. <b>Edith tomaba clases de ballet y practicaba gimnasia</b>, formaba parte del equipo olímpico de esta disciplina en su país. Soñaba con participar y brillar en los Juegos. Soñaba, también, con destacarse como su hermanas, quienes tocaban juntas, y ganarse la admiración de su familia. “Las dos eran conocidas porque Magda acompañaba a Klara y la gente ni siquiera sabía que yo existía”.<b> “Creo que pasé mucho tiempo sola y eso me preparó mucho, mucho para Auschwitz”</b> —dirá en una entrevista para el pódcast <i>Tiene que haber algo más</i>, de la ingeniera en sistemas y emprendedora Magalí Bejar, unos ochenta años después.</p><p>Edith era una adolescnete cuando, en 1942, el Gobierno húngaro anunció nuevas<b> leyes antijudías</b> y fue expulsada del equipo de gimnasia. El 19 de marzo de 1944 las fuerzas alemanas tomaron su país. Los judíos que vivían allí fueron hacinados en guetos. Ella se trasladó con sus padres y su hermana Magda al gueto de Košice, como se llamaba entonces su ciudad natal. Klara se escondió con su profesor de música. ​</p><p>En abril, su familia, junto a otros 12.000 judíos, fue obligada a permanecer en una fábrica de ladrillos durante un mes. <b>En mayo fueron deportados a Auschwitz</b>.</p><p>El destino que tenía frente a ella era una cámara de gas. <b>Fue el mismo “Ángel de la muerte”, Josef Mengele, el que la apartó</b>. La arrancó de su madre, que fue asesinada allí. Y la noche de ese día, su primera noche en Auschwitz, <b>la hizo bailar para él</b>. </p><p>El médico que experimentaba con seres humanos era un amante del arte. Y los jerarcas nazis solían elegir a prisioneras como objetos de entretenimiento. Mengele vio a Edith y la escogió. Sus compañeras de reclusión la empujaron a danzar. Se la llevó a su cuartel. Y la música sonó. Primero, <i>El Danubio Azul, </i>el vals de Johann Strauss; luego, <i>Romeo y Julieta</i>, de Tchaikovsky.</p><p>Era el mismísimo infierno sobre la Tierra. Su madre acababa de morir. Ella tenía 16 años. Cerró los ojos y se trasladó al centro del escenario de la Ópera de Budapest, ante un público expectante por admirarla y ovacionarla. <b>Y bailó como si estuviese ahí. Bailó como si estuviese ante ellos. </b></p><p>Del otro lado de la fantasía, el siniestro médico de las SS se deleitaba. <b>Su danza lo cautivó. Y Edith vivió. </b></p><p>En agradecimiento, Mengele le dio un trozo de pan que ella compartió con otras niñas.​</p><p>Ese instante, esa noche, dio inicio al resto de su vida. Su otra vida. <b>La de la supervivencia</b>. <b>La de la resiliencia</b>. La que décadas más tarde, a sus noventa años, la llevaría a escribir <i><b>La bailarina de Auschwitz</b></i><b>,</b> un libro con sus memorias convertido en <i>bestseller </i>mundial. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/LDYCTR7FYVEIPBACXCO365C374.jpg?auth=bb0fead27f6d46d00a4ba1a5b3391299bcfb46514fa15b189a719c1eb76bf01b&smart=true&width=1920&height=1280" alt="El documento de identidad con el que Edith ingresó a los Estados Unidos después de la guerra
" height="1280" width="1920"/><p>En la entrevista que dio para el pódcast <i>Tiene que haber algo más</i>, en 2023, la conductora le preguntó por qué había decidido publicar su primer libro contando lo sucedido recién a sus 90 años. Edith respondió: “Durante muchos años la gente me pidió que escribiera un libro, que escribiera un libro, y yo automáticamente decía que no tenía nada que decir. Finalmente, Philip Zimbardo, de Stanford [N. de la R. un psicólogo e investigador del comportamiento estadounidense, quien presidió la Asociación Norteamericana de Psicología, fallecido en 2024] me llamó y me dijo que había investigado y que <b>las personas que sobrevivieron y son famosas eran todas hombres y se necesitaba una voz femenina</b>. Así es como <i>La Bailarina de Auschwitz </i>es la voz femenina de Viktor Frankl”.</p><p><b>Viktor Frankl</b> —reconocido neurólogo, psiquiatra y filósofo austríaco, fundador de la logoterapia, un tipo de análisis existencial, fallecido en 1997—, <b>también ​era un sobreviviente del nazismo</b>. Pasó por cuatro campos de concentración —Theresienstadt, Kaufering, Turkheim y Auschwitz—, experiencia que volcó en el libro, también <i>bestseller,</i> <i><b>El hombre en busca de sentido</b></i> (1946). Y se convertiría en el mentor de Edith.</p><p>Después de sobrevivir a Auschwitz, ella también pasó por otros campos de exterminio. Estaba en el de Mauthausen cuando los nazis comenzaron a evacuarlos sabiendo los pasos de los aliados cada vez más cerca. Entonces fue enviada con su hermana Magda al campo de concentración de Gunskirchen, a unos 55 kilómetros, en una <b>“marcha de la muerte”</b>: una caminata bajo el frío extremo, prácticamente sin alimento ni descanso. Allí, quienes no podían seguir andando eran fusilados. </p><p>En un momento Edith llegó a su límite. Estaba débil y físicamente agotada. Fue ahí cuando las niñas con las que había compartido el pan que le dio Mengele aquella noche de la danza la reconocieron y la ayudaron a llegar: “Me armaron una silla con sus brazos y me sacaron. Es hermoso que, en el lugar más oscuro, en la peor situación, la gente pueda sacar lo mejor de sí misma”, recordó en un diálogo con <i><b>Infobae</b></i><i>,</i><i><b> </b></i>en 2020.</p><p>En Gunskirchen Edith comió pasto para sobrevivir. Aún así, cuando el Ejército estadounidense liberó el campo, en mayo de 1945, la dieron por muerta entre los cadáveres. Pero un soldado vio que su mano se movía. Quizás en el sueño del agotamiento, en la entrega final del cuerpo, cuando ya no podía luchar, cuando ya no podía hacer más, su espíritu siguió bailando. </p><p>El soldado buscó atención médica y la salvó. <b>Pesaba 32 kilos. Su espalda estaba rota, su organismo enfermo. Pero Edith vivió.​</b></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/5R43XQUKWRANXNIHTSIVMC53X4.jpg?auth=0664207eea38aec8cf5e019bcd2cc0a718648be93c70881a684e7fb8f5991cce&smart=true&width=4062&height=2654" alt="Después de la guerra Edith migró a Estados Unidos, se doctoró en Psicología y se especializó en estrés postraumático. A partir de su experiencia se dedicó a ayudar a otros a superar eventos atroces (X)" height="2654" width="4062"/><p><b>“Creo que Auschwitz fue un aula maravillosa para aprender realmente a no permitir nunca ser una víctima. Fui victimizada, no es mi identidad, no es quién soy, es lo que me hicieron”</b>, dijo en la entrevista de 2023. Y lo repitió en muchas otras ocasiones. En otras entrevistas. Lo deja claro: <b>no es víctima, es sobreviviente</b>. No tolera la idea de sentirse o de que la vean como una víctima. “No es lo que soy. Es lo que me hicieron”, repite, sentencia.</p><p>Al finalizar la guerra, Edith huyó a la antigua Checoslovaquia desde donde migró luego, en 1949, a los Estados Unidos. Allí comenzó otra vida. </p><p>Pasó un tiempo recluida, “escondida”, por no saber el idioma, por no saber cómo explicar quién era, de dónde venía, ni cuán pesado era lo que traía a cuestas. Pero luego comenzó a estudiar Psicología, disciplina en la que se doctoró, y se convirtió en terapeuta especialista en trastornos por estrés postraumático. También se casó y tuvo a su primera hija a los 19, poco después de haber escapado de Auschwitz. <b>La vida haciéndole un jaque mate a la muerte</b>.</p><p>Aún era una estudiante cuando conoció a Viktor Frankl, que le habló de la necesidad de superar sus traumas para alcanzar la felicidad y de que de las experiencias más trágicas podían sacarse los mayores aprendizajes. </p><p>Tras leer su libro en la Universidad de Texas escribió un artículo titulado “Viktor Frankl y yo”. Y un día recibió una carta de él diciendo que quería reunirse con ella en San Diego. “Fue maravilloso. [Él] tenía 70 años y estaba escalando montañas, aprendiendo a volar aviones. Era un hombre que verdaderamente había renacido”. </p><p>Fueron colegas y amigos. Frankl le transmitió a Edith su mirada existencial de la vida. Le habló de propósitos y sentidos. </p><p>Inspirada por él, y con los argumentos de Zimbardo, a sus 90, ella escribió su primer libro: <i>La bailarina de Auschwitz</i> (<i>The Choice</i>, en inglés, su título original) (2017), que rompió récords de ventas. Y luego otro, <i>El regalo: 12 lecciones para salvar tu vida</i> (<i>The Gift: 12 Lessons to Save Your Life) </i>(2020) también titulado <i>En Auschwitz no había Prozac</i>. En ellos vuelca lo aprendido en su propio camino de resiliencia y en su profesión como especialista en traumas y brinda herramientas para ayudar a las personas a salir de sus propias “prisiones mentales”. A levantarse cada día y a levantar consigo los hechos traumáticos que hayan atravesado. </p><p><b>“Nunca lo superas, solamente llegas a aceptarlo”</b>, le dijo la autora a <i><b>Infobae </b></i>en 2020. “Una parte de mí se quedó en Auschwitz, pero no la mayor parte ni la mejor. Y creo que en los lugares más oscuros se pueden hallar nuestros recursos internos, no puedes esperar a que nadie te haga feliz. Es muy importante mirar a Auschwitz como una oportunidad para descubrir qué hay dentro tuyo, porque nada viene de afuera. Incluso hoy si esperas a que alguien te haga feliz, nunca lo serás. Tendrás que amarte a ti mismo, porque el amor propio es sinónimo de autocuidado, no es narcisismo”.</p><p>Edith lo destaca una y otra vez —tiene razones para eso—: para ella <b>la respuesta a todo está dentro de uno</b>. “Me gustaría que la gente supiera que muchas veces nos pasan cosas para las que nunca estuvimos preparados, así que tenemos que encontrar la respuesta en nuestro interior” —dijo en una nota para el diario <i>El Mundo </i>en abril de este año—.<i> </i><b>“Nosotros tenemos la capacidad de cambiarlo todo cambiando nuestra forma de pensar”</b>.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/TOJQD5WS7ZDD7F76G35YD54I2A.jpg?auth=1f330e5602e712cf1f8fc59238f19884c6989d6f39fc89d2d5a3ca6bf8a820e4&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Su primer libro, "La bailarina de Auschwitz" ("The Choice", en inglés), en el que vuelca sus memorias, lleva vendidos más de tres millones de ejemplares " height="1080" width="1920"/><p>Sobre <i>La bailarina de Auschwitz, </i>la autora dice que es un libro en el que derramó muchas lágrimas. Algo que recomienda con énfasis: “Está bien llorar. <b>Lo que salga del cuerpo no te hará mal, lo que queda dentro sí lo hará</b>. Mira lo que hacemos con la angustia, la sacamos. Y por eso es bueno gritarlo. Mucha gente lo está reprimiendo y yo fui una de esas personas. No quise ver ni hablar de Auschwitz durante casi 20 años. Así que es muy bueno llorar, gritar y reconocer que tengo una historia, pero no soy solo eso. Eso solo no es mi identidad”. </p><p>En su segundo libro, <i>The gift, </i>condensa<i> </i>lo<i> </i>que aprendió como psicóloga, de ella misma y de sus pacientes, y brinda herramientas para llevar una vida feliz, sin resentimiento. Una vida que permita perdonar, soltar y crecer. </p><p>Sobre el surgimiento de esa obra la autora contó que luego del primer libro le pidieron algo más práctico. Las “lecciones” que brinda en su segundo texto hace las veces de manual para aplicar ante las adversidades de la vida, para permitir el cambio, “porque si no cambias, no creces. El cambio es sinónimo de crecimiento”. Allí busca guiar a las personas <b>“de la victimización a la fortaleza, empoderarlas, de la oscuridad a la luz, de la tragedia a la maravillosa victoria”</b>. Son “12 consejos” para enfrentar “las cárceles mentales”. Se refiere a aquellas prisiones que observa en sus pacientes, en las que se recluyen tras un episodio traumático. Es un texto con una mirada crítica sobre el victimismo, la culpa, el miedo y la vergüenza. En él habla de personas que conocieron el dolor de diferentes maneras, veteranos de guerra, mujeres víctimas de violencia de género, personas que atravesaron abusos, intentos de homicidio y femicidio, rupturas conyugales o diagnósticos de cáncer.</p><p><b>Todo su trabajo muestra cómo su propia experiencia le permitió ayudar a otros</b>. Su mensaje es certero: “Tenemos la capacidad de escapar de las prisiones que construimos en nuestras mentes y <b>podemos elegir ser libres, sean cuales sean las circunstancias de nuestras vidas</b>“. </p><p>Nadie podría contradecirla. </p><p>En abril de este año, a sus 97, publicó junto a Planeta una versión ficcionada y adaptada a lectores jóvenes de <i>La bailarina de Auschwitz </i>(Edición Young Adult). La sinopsis sintetiza su historia así: “En 1943, Edie, una joven bailarina húngara, es deportada junto con su familia a Auschwitz. A pesar de los horrores del campo de exterminio, logra sobrevivir gracias a su determinación y al apoyo de su hermana. De regreso a casa, la protagonista percibe su supervivencia más como una carga que como un regalo, hasta que descubre que, si bien no puede cambiar el pasado, sí tiene el poder de decidir cómo vivir su futuro. Esta historia inolvidable enseñará a las nuevas generaciones que siempre es posible encontrar esperanza en los momentos más oscuros de nuestras vidas”.</p><p><b>Las memorias de Edith Eger ya cuentan con más de tres millones de ejemplares vendidos. </b>Cuando en la nota del pódcast le preguntan a la autora si se imaginaba que sus libros iban a tener el éxito que cosecharon ella dice que no pero que le “resulta encantador <b>convertir la tragedia en triunfo</b>”.</p><p>La autora dedica esta reciente publicación a sus padres, hermanas, hijos, nietos y bisnietos. Las cinco generaciones de su árbol. Eso, dijo este año a <i>El Mundo,</i> <b>la familia que supo formar y nació de la supervivencia y la resiliencia, es su mayor revancha</b>. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/NT4SS3T2KVHC5BZ6UDE3ILNHWM.jpg?auth=a29c2dbdcfd5cc0fd0ba57e7ca92e3795e7464cc9e2d67b595330d997042b077&smart=true&width=1920&height=1662" alt="Edith con una de sus hijas y una de sus nietas" height="1662" width="1920"/><p>La fortaleza más grande de Edith para sobrevivir a la fábrica de muerte y luego al peso de esa experiencia traumática fue el control sobre sus pensamientos y el estado de su espíritu. Su imaginación y su capacidad para evadirse fueron claves en los campos. En Auschwitz “desarrollé mis recursos interiores y esperanza en la desesperación. Y en lugar de decir ‘Sí, pero’, comencé a decir ‘Sí, y’: <b>‘Sí, no me gusta, es inconveniente, y es temporario y puedo sobrevivir’</b>. Nunca se pierde la esperanza", dijo en el pódcast en 2023. </p><p>Aseguró más de una vez que Auschwitz para ella fue una escuela en la que aprendió “a lidiar con lo inesperado y lo inanticipable”. También le enseñó sobre la gestión de sus emociones: luego del campo de exterminio y aún dentro de él, en las mismas fauces de la máquina de muerte que acababa de dejarla huérfana, ella, cuenta, rezaba por los nazis. Rezaba para que dejaran de odiar. Para que dejaran de matar. <b>“Sólo siento pena por esa gente. Yo no tengo tiempo para odiar. Si odiara, seguiría siendo prisionera”, dijo en varias ocasiones.</b></p><p>“Creo que cuando reaccionamos no pensamos. Si nos golpean, queremos devolver el golpe. Pero luego te conviertes en uno de ellos. Soy más grande que eso”, sostuvo cuando habló con este medio en 2020. Y agregó: “La violencia trae violencia, es algo muy primitivo. A mí me gusta la negociación y el compromiso. Está mi verdad y está tu verdad, que son ambas subjetivas. No hay que negar o huir del pasado. Nunca olvidaré Auschwitz ni me repondré de lo que pasó allí, lo que voy a hacer es atravesar el valle de las sombras. Las víctimas se quedan atascadas en vez de evolucionar, revuelven sobre sí mismas. <b>En vez de decir: “¿Por qué a mí?”, lo que digo es: “¿Ahora qué”?</b> Aún con la revancha, no te dará la última libertad como lo hace el perdón. Si siguiera enojada con los nazis, seguiría estando prisionera y secuestrada del pasado. No les voy a dar una pulgada más. Vivo hoy, tengo tres hijos y cinco nietos y tengo siete bisnietos. Esa es mi mayor venganza contra Hitler”.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/65HV57ANEJEN3KZNSYUC7AKVJE.jpg?auth=5687a1cee50b7ed5bb9dbeec935410760a3f5c3e618da957d2f47ee2d98b2f82&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Edith Eger en su juventud]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Sangre y barbarie en el origen de la primera colonia judía de la Argentina, y una página policial que teje una historia familiar]]></title><link>https://www.infobae.com/sociedad/2025/10/20/sangre-y-barbarie-en-el-origen-de-la-primera-colonia-judia-de-la-argentina-y-una-pagina-policial-que-teje-una-historia-familiar/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/sociedad/2025/10/20/sangre-y-barbarie-en-el-origen-de-la-primera-colonia-judia-de-la-argentina-y-una-pagina-policial-que-teje-una-historia-familiar/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[En octubre de 1889 unas tierras ubicadas a 170 kilómetros de la capital santafecina recibieron a un grupo de inmigrantes de Podolia (hoy Ucrania) que les dieron un nombre y las convirtieron, con los años, en el poblado judío más importante del país: Moisés Ville. Pero el comienzo no sería sencillo. En 2009 el periodista Javier Sinay dio con un artículo escrito por su bisabuelo sobre veintidós crímenes ocurridos allí y ya no pudo hacer más que lanzarse a investigar]]></description><pubDate>Mon, 20 Oct 2025 06:05:15 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/RAL742CAR5HPPK4CJYVS6ZEUX4.jpg?auth=a8202ce77b22e95b39f12fc1102b7f147374b5a767b97491226aac9d1fbddde3&smart=true&width=1920&height=1080" alt=""Los crímenes de Moisés Ville", de Javier Sinay, fue publicado en 2013 y está a punto de relanzarse con actualizaciones " height="1080" width="1920"/><p><b>Es 2015 y en Moisés Ville hay un asesinato</b>. Todo un suceso en un pueblo de 2500 habitantes. Aunque los vecinos no parecen abrumados. El paisaje, usualmente en calma, se agitó un poco. No demasiado. </p><p>Un hombre, “Cacho” Galeano, de 76 años, había matado de un escopetazo a su vecino, “Yaco” Villarroel, de 80, mientras barría la vereda. Vivían en casas contiguas, medianera de por medio. Llevaban cincuenta años hostigándose. No hay demasiados detalles. Uno le habría tirado al otro una gallina muerta o algo parecido. Un rumor, como sucede en los pueblos. Lo cierto es que el viernes 16 de octubre de 2015, mientras Yaco barría la vereda comenzaron a discutir, se insultaron. Cacho entró a su casa, salió con un rifle y le disparó. Después se entregó a la policía.</p><p>Cuando <b>Javier Sinay</b> —periodista, escritor— se enteró de este crimen, no lo dudó: se subió a un micro y el sábado, al día siguiente, ahí estaba. Hacía dos años había publicado <i>Los crímenes de Moisés Ville </i>(Tusquets, 2013) —a punto de relanzarse con actualizaciones— y <b>este asesinato, “después de más de 45 años”</b> de los que él había registrado, le despertaba una curiosidad que <b>lo necesitaba en el lugar de los hechos</b>. </p><p>—Fue inesperado. Para mí era todo un impacto: “¡¿Un nuevo crimen en Moisés Ville?!”. Pero Ingue Kanzepolsky, que era un anciano que había sido mi principal fuente, no estaba sorprendido para nada. Y yo le dije: “Pero, ¿por qué, Ingue, vos no estás sorprendido y casi nadie está sorprendido acá?”. Y él me dijo: “Y, acá todos tenemos más de 80 años, ya vimos todo en la vida”. </p><p>El asesinato de 2015 no era igual a aquellos veintidós crímenes primigenios que marcaron la historia de la formación de la colonia. Ya no se trataba de gauchos contra inmigrantes, de nativos contra recién llegados, sin embargo también era salvaje, irracional. Y quizás por eso Sinay necesitó volver a ese suelo que seis años antes no tenía un significado particular en su vida más que el reconocimiento del pueblo que abraza la raíz identitaria: la comunidad judía argentina —o la mayoría de ella— es hija —nieta, bisnieta, tataranieta— de colonos, conoce el génesis de su historia y tiene una estima particular por los asentamientos de donde viene. <b>Pero a partir de 2009 aquel sitio se había transformado para él en el lugar donde estaba eso que buscaba</b>.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/5PVFEHDM3JHQXCUROMYISDJFBY.jpg?auth=4dfee7b939c944b459a95d0536914ee09b644ab7358bc8211bfe5238cf599125&smart=true&width=1920&height=1440" alt="La Sinagoga Arberter (en ídish) conocida también como "Sinagoga Obrera" o "Sinagoga de los Artesanos", fue fundada en 1916 por iniciativa de artesanos, carpinteros, herreros, albañiles, talabarteros, sastres, quienes cubrieron el costo de la obra (gentileza Javier Sinay)

" height="1440" width="1920"/><h2>El punto en la bota</h2><p>Casi inmediatamente al abrir <i>Los crímenes de Moisés Ville</i>, entre índice y prefacio, lo primero que encuentra quien lee es <b>el punto en la bota santafecina.</b> La localización exacta de este poblado situado en el departamento San Cristóbal, a unos 320 kilómetros de Rosario, unos 170 de la ciudad de Santa Fe, y unos 600 de la Ciudad de Buenos Aires. <b>Ahí vivió algunos años de su juventud Mijl Hacohen Sinay, bisabuelo del autor</b>. Como las 136 familias —824 personas— que llegaron huyendo de los <i>pogroms</i> y persecuciones rusas a unas tierras bastante diferentes de las prometidas <b>en 1889</b> —salvajes, llenas de maleza y animales—, su antepasado había nacido en el Imperio zarista. Pero los Sinay no eran “podolier”, es decir, no provenían de la zona de Kamenetz-Podolsk como los primeros colonos; y, según pudo saber el periodista en su investigación, si bien también venían de Rusia donde vivían con leyes restrictivas y una vida compleja para los judíos, tampoco se habían ido con los asesinos pateándoles la puerta como muchos de quienes migraron. </p><p><b>Mijl Hacohen Sinay había nacido en Grodno —actual Bielorrusia—</b>. Llegó a Moisés Ville a los 17 años, con su padre que era rabino y lideraba “un grupo de unas cien familias que emigraban organizadas por la Jewish Colonization Association (la JCA que se le dice ICA, en ídish) <b>en 1894</b>”, recuerda Sinay. </p><p>La Jewish Colonization Association era una organización creada por el <b>barón Moritz von Hirsch, un empresario y filántropo judeo-alemán</b>, para fomentar y posibilitar la emigración masiva de judíos desde Rusia y otras tierras de Europa del Este hacia colonias agrícolas que crecerían en tierras financiadas por la misma asociación, principalmente en Argentina pero también en Canadá y los Estados Unidos.</p><p>Cuando Mijl Hacohen Sinay pisó Moisés Ville, la aldea tenía unos años de haberse fundado y estaba algo más organizada que cuando los primeros colonos llegaron hambrientos y desconcertados.</p><p>—Ya habían superado la etapa más salvaje cuando vino esta gente con este rabino, mi tatarabuelo, supuestamente a darles una mano para continuar con la organización. Por ejemplo, mi bisabuelo y su padre fueron maestros. Pero ahí se armó una rebelión en la colonia que encabezó mi tatarabuelo tres años después de llegar, porque los colonos tenían que pagar por la tierra pero no sabían trabajar el campo. Se les exigía que pagaran, era barato, pero no conseguían de dónde sacar el dinero, entonces reclamaron. Esa rebelión la perdieron y mi familia se fue.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/JABUHQSY4VC3DBMQHMPIO6EUXU.jpg?auth=f98582808960c8a5ac76b6c3604c58280e23c6635240a69911507bf6081eda12&smart=true&width=1920&height=2718" alt="Mijl Hacohen Sinay (gentileza Javier Sinay)" height="2718" width="1920"/><p>El bisabuelo Sinay, Mijl Hacohen, echó raíces en Buenos Aires donde escribió y publicó <i><b>Der Viderkol</b></i><b> (</b><i><b>El Eco</b></i><b>), el primer diario en ídish de la Argentina y de Latinoamérica</b>. “Un pasquín que tuvo solo tres números, hecho por un chico de 20 años para denunciar esta rebelión que había ocurrido ahí”, cuenta Sinay.</p><p>Pero además del diario que, sin saberlo, inauguraría una serie de publicaciones en ídish de tirada masiva hacia todo el país, el antepasado Sinay, también periodista, publicaría algo más. <b>En los años que acababa de vivir en la recién germinada Moisés Ville había sido testigo indirecto de varios crímenes</b>. Matanzas encarnizadas, asesinatos y robos que parecen usuales en los capítulos inaugurales de las tierras de este país. Se habían sucedido desde la llegada de las primeras familias a ese punto de la bota santafecina, en 1889, y continuarían luego de que Mijl Hacohen se fuera de allí y publicara las tres ediciones de su pasquín. Donde quizás habló de alguno de ellos. Quizás no. Lo cierto es que <b>unos cincuenta años después, en 1947</b>, con un cúmulo de vida considerable en su espalda y en sus manos, quiso rememorarlos y escribió un artículo contando sobre esos, <b>los veintidós crímenes de Moisés Ville ocurridos entre 1889 y 1906</b>.</p><p>Desde ese tramo de la historia que él relevó a la actualidad, en ese sitio que se transformó en epicentro de la identidad judeoargentina hubo otros crímenes. Pocos. Hasta hace dos semanas, cuando un nuevo asesinato sacudió al pueblo, el enfrentamiento entre los vecinos “Cacho” y “Yaco”, en 2015, había sido el último. </p><p>Seis años antes de ese, Javier Sinay no sabía nada de todo esto. No eligió ser periodista en honor a su bisabuelo, ni conocía sobre su diario; mucho menos sobre los crímenes que había registrado en aquel artículo décadas más tarde, los que hacían parte de la fundación de esa colonia legendaria de la que quedan más historias y nostalgias que pobladores. No sabía prácticamente nada sobre Mijl Hacohen, de hecho. Y sin embargo es periodista. Y sin embargo se dedicó mucho tiempo a la crónica policial. Y sin embargo apenas se enteró de lo que a su bisabuelo lo había inquietado ya no pudo pensar en nada más que en ese punto de la bota.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/XY3QSWXLEFA2BHVVNKCNZTHCRU.jpg?auth=cd7da62a50e7d5eb88c88d7751ad94f628765ec3f9109ae579e60077d0561210&smart=true&width=1920&height=1080" alt="El cementerio judío de Moisés Ville es el más antiguo del país. Allí están las tumbas de muchas de las víctimas que se narran en el libro (gentileza Javier Sinay)   " height="1080" width="1920"/><h2>En el principio, un correo</h2><p>En 2009 Javier Sinay recibió un mail. Era de su padre, Horacio, y el asunto rezaba: “Tu bisabuelo”. En el inicio de su libro el cronista lo transcribe: </p><p>“Hola Javi,</p><p>Entrá en esta dirección: www.generacionesmv.com/Generaciones/Victimas.htm. El autor, Mijl Hacohen Sinay, es tu bisabuelo. Lo acabo de encontrar y, además de todo lo emotivo e histórico que significa para nosotros, tiene un tinte de crónica policial”.</p><p>Cuando pinchó en el link se encontró con un artículo titulado <b>“Las primeras víctimas fatales en Moisés Ville”</b>. Ese texto escrito en 1947 en el que su antepasado recordaba y narraba lo que había sucedido cinco décadas atrás, cuando la colonia estaba en ciernes y él había pasado un breve período como uno de sus habitantes. </p><p><b>El artículo original estaba escrito en ídish</b> y se titulaba “Las primeras víctimas judías en Moisés Ville”. El ídish era <b>el idioma de gran parte de los judíos migrantes</b>, el de los abuelos y aún más de los bisabuelos de muchos de quienes hoy somos adultos judíos en Argentina. Tiene raíz germánica —estructura y léxico son heredados del alemán antiguo—, vocablos que son un mejunje de la propia cultura más las influencias de los países en los que la comunidad había vivido y de dónde los habían echado (tiene vocabulario del arameo, del polaco, del checo) y, por si eso fuera poco en las dificultades para aprehenderlo, su pronunciación suele diferir según la zona de donde se emigrara. Cualquiera puede hacer la prueba: si se le pregunta a dos abuelas descendientes de inmigrantes de diferentes puntos cómo se dice una palabra en ídish, aunque hayan venido de lugares cercanos, lo más probable es que las dos tengan una versión distinta para ese término y discutan un poquito acerca de cuál es el modo original de decirlo. </p><p>Sinay no leía ídish, un obstáculo que luego se afanaría en resolver. Pero aquel día de 2009 cuando clickeó en el enlace que le envío su padre ese no fue un problema; el texto había sido traducido al español y ahí estaba: quizás el legado desconocido, esa esencia identitaria inexplicable que se transmite entre generaciones que lo había llevado a la crónica policial. Ahí estaba: <b>su antepasado no tan lejano recordando los crímenes que habían tenido lugar los primeros años de la colonia</b>. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/J7ZR3HSUA5CUJNPFQ5DYCFCOT4.jpg?auth=3bcf5360b436173f2db88d4e9fa69152e44dbbb369c6e6e3ee94725b615eac1c&smart=true&width=1920&height=2682" alt="Barón Moritz von Hirsch, fundador de la Jewish Colonization Association, una organización creada para impulsar la emigración masiva de judíos desde Rusia y otras tierras de Europa del Este hacia colonias agrícolas (gentileza Javier Sinay)" height="2682" width="1920"/><p>Cuando le envió el mail, porque pensó que le iba a resultar interesante, su padre, Horacio, no lo sabía pero Javier llevaba un tiempo en una búsqueda que él acababa de saldar. Y ese fin fue el principio.</p><p>—Yo ya había publicado <i>Sangre joven</i> [N. de la R.: el primer libro del autor, también en el género de la no ficción] que era sobre crímenes de jóvenes cometidos por otros jóvenes y lo había escrito porque había estado trabajando en <i>Forenses</i> y en <i>Fiscales,</i> que eran dos programas sobre crímenes. Desde antes, y también durante, había trabajado en el suplemento “Sí”, de <i>Clarín,</i> y en la revista <i>Rolling Stone</i> haciendo historias de jóvenes. Y yo en ese momento era joven, estaba en ese rango de edad de menos de 30, y <b>quería cruzar esos dos mundos: crimen y juventud</b>. Mientras lo hacía leí <i>Correrías de un infiel</i>, que es un libro de Osvaldo Baigorria en el que narra un viaje que hace a un monasterio en la provincia de Buenos Aires para buscar algo sobre sus orígenes familiares. Y me impactó mucho, me encantó. Entonces, después de haber hecho un primer libro casi de actualidad, bien periodístico, pensé que sería bueno hacer algo de no ficción pero más personal o más familiar, incluso. Pero <b>en la no ficción una cosa es querer hacer algo y otra cosa que la realidad te responda. Entonces estaba muy atento a ver qué podía hacer hasta que mi papá me mandó ese correo</b>.</p><p>Ese correo abrió una puerta que Sinay atravesó para recorrer un camino rumbo a un lugar que lo transformaría. </p><p>—Yo no sabía nada. Sabía muy poco de mi bisabuelo, no sabía nada de Moisés Ville, menos de los crímenes, pero tenía ganas de escribir, como te digo, algo familiar o personal y me pareció que esto podía ser. Porque, además, me pasó algo parecido a lo que me había sucedido cuando escribí la crónica “Rápido, furioso, muerto”, que es la que obtuvo el Premio Gabo en 2015. Esa nota empezó con una denuncia de Julián Axat, que era abogado defensor oficial de menores de la ciudad de La Plata, en la que juntó seis casos de jóvenes asesinados por policías en sus días de franco y la elevó ante la Corte Suprema de la provincia de Buenos Aires pidiendo que se investigaran mejor. Acá había veintidós crímenes, ahí había seis, pero en las dos situaciones dije: <b>“Esto es una cantera de historias tremendamente dramáticas y supongo que tremendamente importantes”.</b> Y en ambos casos me pareció que en lo que se mostraba como una serie, como un conjunto, si me metía y lo diseccionaba, iba a encontrar la individualidad, la particularidad, el detalle y lo humano. Y eso fue lo que hice. Entonces, rápidamente me di cuenta de que era lo que estaba buscando. Aparte había sido escrito por mi bisabuelo, hablaba de un lugar como Moisés Ville que tenía ese nombre tan significativo. Y tenía esto del viaje en el tiempo. </p><p>Uno en el que Sinay se embarcó.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/BRJYAAYECVGFZCSP26RS4CLAJ4.jpg?auth=5ca83d881221ec82bc7ba763b185818d3d7f270a995b1062b29fbf5537c35f0d&smart=true&width=1920&height=2880" alt="Javier Sinay (Vera Rosemberg)" height="2880" width="1920"/><h2>La arqueología del saber moishe</h2><p>“Durante algunas noches me desvela una pregunta: ¿cómo se investiga un crimen ocurrido en el ocaso del siglo XIX, en un pobre páramo santafecino?” (<i>Los crímenes de Moisés Ville)</i>.</p><p>Como el nacimiento de la colonia, como la mayoría de los comienzos, el de la investigación no fue sencillo. “Fue como moverme en un lugar sin luz, palpando a tientas para saber por dónde ir y cuáles eran las líneas que me iban a llevar a algo y cuáles no”, recuerda Sinay. Los dos sitios de los que más se nutrió para su pesquisa en busca de los crímenes de los que hablaba su bisabuelo fueron el oráculo digital que todo —o casi todo— lo sabe, Google, y la <b>Fundación IWO</b>, “es como la biblioteca más importante de cultura judía y cultura ídish en la Argentina y probablemente en Latinoamérica. Es un universo en sí mismo donde hay cientos de historias contenidas en esos estantes llenos de libros, diarios, revistas; aparte de cuadros, instrumentos musicales, obras de teatro, cartas, archivos personales. Hay mucho mucho mucho”, define con un entusiasmo que lo desborda.</p><p>“Y lo que para mí es muy impresionante”, sigue, “es que la mayoría de lo que está ahí está escrito en ídish y es antiguo. Hay cosas que están en español, en inglés, en polaco, en ruso, en francés, en alemán, etcétera, pero <b>todo lo que está escrito en ídish ahí habla de un mundo que muchas veces es europeo, pero muchas veces también es argentino</b>, un mundo sobre el que cada vez sabemos menos porque cada vez hay menos gente que habla ídish y que puede acceder a esos escritos. Entonces, siempre fue como un misterio lleno de posibilidades para mí”. Es así que cuando supo de la existencia del IWO y, más aún, que su bisabuelo en sus últimos años de vida había sido archivista allí y que su diario, <i>Der Viderkol,</i> había estado en algún momento entre sus escaparates, no lo dudó. No solo se sumergió entre libros, archivos y documentos de la época, sino que comenzó a estudiar ídish —lo que haría durante dos años— para acercarse al material en su idioma original y poder detectar qué le era útil en su búsqueda y qué no. También se contactó con otros investigadores especialistas en el tema y, claro, se lanzó a Moisés Ville, entre otros lugares como Rosario, Santa Fe capital y Santiago de Chile. </p><p>—Ahí vivía el familiar Sinay más anciano que quedaba, de 102 años, que era un sobrino de mi bisabuelo. Entonces fue una investigación con muchos documentos, muy bibliográfica, pero a la vez todo lo territorial estaba en Moisés Ville, entonces era importante ir allá. Y había un contraste porque obviamente ya no había crímenes cuando fui. El último asesinato había ocurrido en 1971. <b>Yo empecé a ir en 2009 y publiqué el libro en 2013. En 2015 hubo otro y volví a ir y hace 15 días, increíblemente, hubo otro crimen.</b></p><p>En uno de sus textos más célebres, la “Clase del 7 de enero de 1976”, el filósofo francés Michel Foucault dice que la “genealogía” es el “redescubrimiento exacto de las luchas y memoria en bruto de los combates”. El “acoplamiento del saber erudito y el saber de la gente”, ese saber desenterrado “que no es en absoluto un saber común, sino, al contrario, es un saber particular, un saber local, regional, un saber diferencial, incapaz de unanimidad”. Para él, la genealogía era un fenómeno que ocurría gracias a “la insurrección de los saberes sometidos” es decir, de aquellos “contenidos históricos” que habían sido sepultados “enmascarados en coherencias funcionales o sistematizaciones formales”.</p><p>Eso es lo que comprobó Sinay luego de dar con el artículo de su bisabuelo, la punta de un ovillo que empezó a desmadejar: a través de un trabajo genealógico en el que escarbó en esos saberes locales, en esas historias de crímenes que habían quedado enterradas en los cimientos de la que después fuera la colonia judía agraria insignia del país, descubrió que <b>“ese pueblo de 2500 habitantes que contaba el cuento de hadas de la llegada de los colonos judíos a la Argentina, el del cementerio judío más viejo y la sinagoga que es un monumento histórico nacional”, el que fue base de la expansión comunitaria en este suelo, no tuvo un comienzo tan romántico.</b></p><p>El modo de desentrañar esos saberes ocultos, dice Foucault, es mediante un trabajo arqueológico —“La arqueología sería el método propio del análisis de las discursividades locales”—. Y esto, dado su oficio ya aceitado aunque también explorando nuevas posibilidades, es lo que hizo el periodista. El texto de su bisabuelo de 1947 que hablaba de los crímenes fue para él un estallido a partir del que se detonó una pregunta tras otra. “¿Por qué ocurrieron los crímenes? ¿Por qué estos inmigrantes judíos estaban acá? ¿Y por qué mi bisabuelo estaba ahí? ¿Y por qué mi bisabuelo escribió esto 50 años después? ¿Y por qué yo no sabía nada de esto y lo descubrí 60 o 70 años después? ¿Y por qué lo escribió en ídish y yo no hablo ídish? ¿Y por qué algunos gauchos se habían convertido en bandidos rurales?”. Interrogantes que los siguientes cuatro años, herramientas de arqueólogo en mano, Sinay trataría de responder. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/75WWCE2VCVHENITGWYKVVR7W5U.jpg?auth=7cfcd78aec7c5af9c04e8bf3e5c6dc0e967f8f0f960f3335680f07b9144e8c3c&smart=true&width=1920&height=1310" alt="Colonos judíos en Moisés Ville, a finales de la década de 1930 (Colección fotográfica de la Jewish Colonization Association, Central de Archivos para la Historia del Pueblo Judío, Jerusalén)" height="1310" width="1920"/><h2>El lejano Oeste del sur global<b> </b></h2><p>A quién se la iba a ocurrir que Moisés Ville o Moisesvishe —como muchos litoraleños oímos llamar a la colonia toda la vida— ese sitio que se imagina en tonos sepia, con sus habitantes pacíficos y en armonía ordeñando vacas y plantando la tierra, génesis de la comunidad judía argentina, podía ser hace 130 años un escenario parecido al lejano Oeste, con bandidos y pistoleros. </p><p>En su libro Sinay transcribe un pequeño resumen que acompañaba la publicación de su bisabuelo sobre los crímenes: <b>“No sin víctimas empezó la colonización judía en la República Argentina</b>. Más de veinte vidas jóvenes cayeron tronchadas en este sitio solamente. A los pocos días de su llegada pagaron los <i>pioneers </i>judíos en tierra santafecina su primer tributo de sangre a las costumbres gauchas. Sucédense los hechos de sangre y barbarie, narrados en este artículo, con abundancia de detalles, uno a uno, siguiendo la crónica policial. El autor no califica los hechos, los expone y documenta con los testimonios literarios accesibles, que los convierte en lectura interesante, para conocer las modalidades gauchas de la época”.</p><p>Sinay agrega: “<b>El primero de esos crímenes ocurrió en 1889 y el último en 1906</b>.<b> El saldo es de veintidós víctimas en 17 años</b>. No es extraño: en la campaña santafecina el homicidio era rutina y los bandidos no dudaban en pasar a degüello a sus víctimas antes o después de robarles sus pertenencias”. “Muchas veces las víctimas se contaban entre los colonos. Ellos, a diferencia de los gauchos bravos, eran rutinarios, laboriosos, ligados a los ciclos lentos de la agricultura. Moisés Ville fue la única colonia de judíos rusos en la provincia de Santa Fe durante más de veinte años, hasta que en 1912 fue fundada la de Montefiore”. </p><p>—[La de su fundación] Es una época bastante salvaje en Moisés Ville —dice ahora, en diálogo con <i><b>Infobae</b></i>—. Así como hay un <i>wild West, </i>el lejano y salvaje Oeste, esto era como el lejano Sur (en el sentido en que vivimos en el sur global), era una especie de<i> western</i> en las pampas donde no había <i>cowboys</i> sino gauchos, colonos llegados de todos los lugares de Europa y, por supuesto, un montón de habitantes nativos de distintos pueblos. Y había también soldados del Gobierno que iban empujando lo que se llamó “la frontera”, la línea entre el Estado y lo que era tierra de los nativos; pero a medida que iban empujando la frontera los territorios adentro quedaban medio abandonados. Entonces había muchos robos, mucha delincuencia rural. Y el gaucho quedaba desplazado porque la política de los Gobiernos liberales de la época era productivizar el campo, hacer colonias, organizar esas tierras, traer inmigrantes europeos con la idea de que las iban a civilizar. Entonces el gaucho se tenía que someter y convertirse en un peón de estancia; y el que no, pasaba a vivir al margen y se convertía en bandido. </p><p>La xenofobia por los recién llegados también flotaba en el aire de una tierra que era yuyos y abandono. Eso fue hasta que la coexistencia de los gauchos y locales y los nuevos pobladores que bajaron de los barcos terminó por armonizarse, a fuerza de tiempo y entendimiento, y logró convertirla en algo más.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/K6MPUP5FWJCZFJJLANK4LL53NY.jpg?auth=eb4a2af9e6e4b8d562cfa9cab981f19e1ca10041366ff354f631c34e9d7c3d7c&smart=true&width=1920&height=1272" alt="En el cementerio judío de Moisés Ville hay unas 2.500 tumbas, todas orientadas hacia el este, en dirección a Jerusalén. Sobre ellas se acostumbra a dejar piedras en lugar de flores como símbolo de que la memoria, como la piedra, perdura (Paula Salischiker)" height="1272" width="1920"/><p>Si bien se sabe que Moisés Ville se fundó en octubre de 1889, cuando llegaron las 136 familias de “podolier”, Sinay dice que no hay un día exacto ni un acta formal. </p><p>—Fue una llegada bastante accidentada la de los colonos. El barón de Hirsch, con la Jewish Colonization Association, los cobijó en 1891, pero ellos migraron solos como un grupo independiente y fundaron antes el pueblo. <b>Argentina, con esta política de productivizar los campos, no solo tenía las puertas abiertas sino que además le pagaba los pasajes de barco a muchos inmigrantes</b>. Cuando llegaron, el 14 de agosto de 1889, creían que iban a estar en La Plata o cerca, pero esas tierras se habían vendido y quedaron a la buena de Dios [N. de la R. habían comprado las tierras desde Europa, ya que para fomentar la inmigración agrícola el Gobierno promocionaba el suelo argentino mediante oficinas de venta en distintos países]. Durante un tiempo anduvieron mendigando por la Ciudad de Buenos Aires. Acá ya había una comunidad judía, pero eran judíos de Europa Occidental, aburguesados, que venían en representación de casas comerciales de Francia, Inglaterra, Alemania, ellos fueron los que se enteraron de que estaba esta gente sin rumbo y lograron que un terrateniente de Santa Fe, que tenía las tierras del actual Moisés Ville, se las vendiera relativamente baratas y en muchas cuotas. Se fueron en tren hasta allá y cuando llegaron, en octubre, no había nadie. <b>Las tierras eran para ellos pero había juncos, animales predadores. Entonces primero tuvieron que desmalezar, organizar el terreno y así, en algún momento, se fundó la colonia</b>, pero no fue un día en particular. </p><p>El filósofo judío alemán Walter Benjamin escribió que <b>“no hay documento de la cultura que no sea también un documento de la barbarie”</b>. Entre que los primeros colonos se asentaron y que Moisés Ville se convirtiera en la aldea judía más importante de Argentina y en un epicentro de cultura reconocido mundialmente, famoso por sus sinagogas, teatro, escuelas y academias hebreas, las tierras fueron escenario de robos y asesinatos atroces que en su mayoría tenían a los inmigrantes como víctimas y a los gauchos como victimarios. </p><p>Quizás, como en el lejano Oeste, alguno usaba pañuelo al cuello, quizás sombrero de ala ancha. No siempre eran claros los sucesos. A veces la muerte era el acto seguido o la excusa para robar alguna pertenencia, un almacén de comestibles o el medio para conseguir un poco de vino. A veces eran hombres, a veces mujeres o se ensañaban contra una familia entera. En esa veintena de casos originarios el patrón era la violencia indiscriminada. <b>Esto también estuvo en el principio del principio de la judeidad argentina.</b></p><p>—La versión oficial de la historia de la comunidad judía en la Argentina, que es la de los gauchos judíos, que no habla de los crímenes sino de un acuerdo entre culturas muy fácil, es la que refutaba el texto de mi bisabuelo y <i>Los crímenes… </i>también terminó por refutar, en el sentido de que no fue fácil al principio. Justamente creo que este libro en realidad se trata de <b>cómo dos culturas que al comienzo chocan después entran en cooperación, porque finalmente sí se forma la figura de un gaucho judío</b> que es este colono llegado de Rusia que se adapta a las costumbres de la pampa y se hace amigo de los gauchos locales veinte años después de la primera fricción. <b>Habla del paso de una fricción a una fusión cultural</b>. Moisés Ville fue un experimento social, comunitario, de gente que necesitaba irse, algunos desesperadamente. Y hubo muchos conflictos a lo largo de su historia. Pero más allá de todo eso creo que valió la pena que se haya buscado un lugar de prosperidad acá, en un rincón del sur global, para gente perseguida que quería hacer su vida.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/3C6DCLOE4BFUZDIVWF4BPPGE3M.jpg?auth=4f7ba58e239a8962eb1513b1a62b1336c88879da58e3388400c2cf58501aeccf&smart=true&width=1920&height=1272" alt="Uno de los crímenes más brutales narrados en el libro de Sinay es el cuádruple homicidio de la familia Waisman. Los gauchos criollos degollaron al matrimonio y a dos de sus hijos. Están enterrados los cuatro juntos y su tumba es una parada obligada en el cementerio de Moisés Ville (Paula Salischiker) " height="1272" width="1920"/><h2>Una mamushka de historias</h2><p><i>Los crímenes de Moisés Ville</i>, entonces, narran el comienzo álgido de la primera colonia rural judía en Argentina, rompen con la inocencia y el romanticismo de la historia de los gauchos judíos conocida por todos, pero, además, narran la genealogía trazada por Sinay al recuperar su propia historia familiar. Y, por si fuera poco, narran una subtrama, un extraño caso de envenenamiento de perros en 2013 que responde a la búsqueda del periodista acerca de dónde residía la violencia contemporánea de la colonia. </p><p>El libro es como una mamushka —quizás debido al origen ruso de sus protagonistas— en la que la historia principal se abre para dar lugar a otra, que da lugar a otra, que da lugar a otra. </p><p>De todas las preguntas que se hizo Sinay y se lanzó a responder, solo una de las importantes, la piedra filosofal en la búsqueda del periodista, quedó abierta: dónde está el diario de su bisabuelo, <i>Der Viderkol. </i>Lo buscó, lo buscó, pero no pudo dar con él. </p><p>—Estaba guardado en el IWO, que era uno de los pisos de la AMIA y cuando explotó el edificio el diario voló por el aire. Se salvó, lo rescataron. Alrededor de 1997 lo exhibieron en la Biblioteca Nacional y después de eso desapareció. Quizás está en algún lugar o quizás no, pero esa es una de las preguntas que no pude responder: ¿dónde está <i>Der Viderkol</i>? </p><p>En 2009 Sinay publicó<i> Sangre joven</i>, con historias policiales. En 2013, <i>Los crímenes de Moisés Ville</i> unieron el policial con una genealogía de su familia. En 2019 publicó <i>Camino al Este: Crónicas de amor y desamor, </i>en el que emprendió otro viaje, un poco más largo en distancia: se fue a Japón. Pero en el medio pasó por muchos otros sitios narrando diferentes historias. Entre esos lugares fue a Grodno. Desde la investigación que había hecho para <i>Los crímenes</i> quería conocer el lugar de donde había venido su familia —sobre este viaje y otros dos escribe en la reedición del libro que estará disponible a partir de noviembre—. Luego, en 2024, publicó <i>Después de las 09:53, </i>una cartografía del atentado a la AMIA. Donde supo estar alojado el diario de su bisabuelo. </p><p>Sus libros se interconectan, van formando un círculo. Unos parecen cerrar —o buscar responder— las preguntas que abren los anteriores, como intentando completar un ciclo: el personal, en el que como un arqueólogo levanta piedra tras piedra de su historia que a la vez está tejida en una trama mayor, la de la llegada de los judíos de Rusia, cuando empezó todo. Ese es su método: ve una pista que lo convoca y comienza a cavar. Quita capas de polvo decidido a encontrar todos aquellos objetos, todas aquellas personas, que le aporten algo para narrar una historia que persigue. Para narrarse. Para entender de dónde viene. De qué está hecho el tramo de círculo que lo antecede. Qué va a volcar en el que sigue después o a partir de él.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/RAL742CAR5HPPK4CJYVS6ZEUX4.jpg?auth=a8202ce77b22e95b39f12fc1102b7f147374b5a767b97491226aac9d1fbddde3&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA["Los crímenes de Moisés Ville", de Javier Sinay, fue publicado en 2013 y está a punto de relanzarse con actualizaciones ]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Soledad Deza: “‘Belén’ es una historia de libertad construida en desventaja, pero a propósito de la unión de un montón de esfuerzos”]]></title><link>https://www.infobae.com/sociedad/2025/10/11/soledad-deza-belen-es-una-historia-de-libertad-construida-en-desventaja-pero-a-proposito-de-la-union-de-un-monton-de-esfuerzos/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/sociedad/2025/10/11/soledad-deza-belen-es-una-historia-de-libertad-construida-en-desventaja-pero-a-proposito-de-la-union-de-un-monton-de-esfuerzos/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[La abogada feminista que defendió a la joven tucumana y logró su libertad y la anulación de la condena a ocho años de prisión por sufrir un aborto espontáneo, recuerda los detalles del caso que fue producto de la pacatería social, la ignorancia médica y la incompetencia —o falta de voluntad, de perspectiva de género o saña— judicial. Pero que también fue emblema de la lucha feminista, una que Dolores Fonzi llevó a la pantalla grande]]></description><pubDate>Sat, 11 Oct 2025 04:55:29 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/7R5WE6WBBNEBBMXUSNTOZGAGAI.jpg?auth=418245a816f7d3b451fa8d44a47bcae3ec9e62c6b3cd4949dc4368ff73b9c1dd&smart=true&width=1920&height=1081" alt="Soledad Deza" height="1081" width="1920"/><p>Si este texto fuera una crónica, probablemente las primeras palabras serían las mismas que abren el tráiler de la película: una chica de campera rosa con flores, rulos largos, voz atormentada, ante un tribunal:<b> “Yo no parí ningún bebé”</b>.</p><p>O quizás la escena inaugural sería, como en el <i>film, </i>la de una chica de 24 años, asustada, doblada de dolor, llegando con su mamá a la guardia del hospital Nicolás Avellaneda, un hospital tucumano. Y la del arrasamiento que sobrevino sobre ella poco después. Un diagnóstico de “abdomen agudo”. Una hemorragia repentina. Un nuevo diagnóstico: “un aborto espontáneo incompleto”. Un raspaje de útero. Una denuncia. Unas esposas. Una caja en la que supuestamente había un feto aparecido en un baño que le estaban endilgando. Una chica que no entendía qué sucedía. Que no sabía que estaba embarazada. Que entró a una institución de salud a pedir ayuda por un dolor de panza y salió en un patrullero.</p><p>O podría comenzar con la potencia de los grupos de mujeres pintando banderas en distintos puntos del país, atándose pañuelos verdes a las muñecas, levantando carteles en lo que fue la primera marcha nacional organizada por la Mesa Provincial para la Libertad de Belén: representantes de diferentes organizaciones progresistas, feministas y de derechos humanos que llevaban meses trabajando y manifestándose para hacer visible la causa y exigir la anulación de la condena. Y que el 12 de agosto de 2016 lograron extenderla por Argentina. <b>Mujeres unidas al grito de: “Todas somos Belén”. Porque, es cierto: cualquier persona con útero podría serlo</b>. </p><p>O cuando Soledad Deza, la abogada feminista que logró en cinco meses su libertad —con el mismo expediente que los tres defensores anteriores habían tenido durante dos años— le dijo a la joven en la cárcel que para poder sacarla su caso debía hacerse público y le eligió el seudónimo que resguarda su identidad hasta hoy, bautizando una causa histórica que parece ficción pero no es: <b>“Belén”</b>.</p><p>Pero no es crónica. Es diálogo. Uno en el que Soledad Deza, en medio del furor por la película que dirige y protagoniza Dolores Fonzi —en la que se pone en su piel— recuerda cómo se enteró de lo que le sucedió a Belén; cómo se movió para sacarla. Porque saberla presa, víctima de un sistema abúlico, apoltronado en una sociedad conservadora en la que la maternidad era —¿era?— mandato obligatorio, un sistema al que le bastaron una acusación de aborto, una hemorragia y un feto supuestamente encontrado a la misma hora que nadie vio, para encerrarla, no la dejaba dormir. Un diálogo en el que también recuerda cómo en veinte semanas puso el caso de Belén en escena, lo impulsó fronteras afuera y lo resolvió. Y cómo vive hoy que su historia, llevada al cine, sea la candidata argentina en la preselección de “Mejor <i>film </i>internacional” en los Oscar y en el rubro de “Mejor película iberoamericana” en los Goya.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/NEZOBKONGRCBTPJCNXKIYJ3KE4.jpg?auth=5ec688504e4be575f242592204328d341a28b92263471147a85b874218bda9ae&smart=true&width=1920&height=1080" alt=""Belén", la película dirigida y protagonizada por Dolores Fonzi, narra la historia de la joven tucumana condenada a prisión tras haber sufrido un aborto espontáneo y la de Soledad Deza, abogada feminista que tomó su defensa y consiguió su libertad (Prime Video)" height="1080" width="1920"/><p>Entonces empieza de otra manera.</p><p>Empieza con una Belén presa. Empequeñecida. Una Belén que lleva 24 meses privada de su libertad “preventivamente”. A la que hicieron creer que era culpable de algo que no terminaba de decodificar, pero a esas alturas se había convencido: tenía que ser culpable de algo porque eso le habían dicho hasta el hartazgo. Porque en la prensa hegemónica que construye discursos era “la matahijos”. Porque abortar en Tucumán, en el año 2014, era un asesinato. No importaba si ella sabía o no que estaba embarazada. Si había sido una decisión o un hecho fisiológico. La ignorancia patriarcal sobre el organismo de un cuerpo que gesta descansa, encuentra aval, en el poder del mandato férreo. En el poder del relato. </p><p>Empieza con una Belén encerrada y sometida que un día recibe una visita inesperada: <b>una abogada feminista que le dice que ella no es culpable de nada. Que es víctima.</b> Que confíe. Que la va a sacar. Y le da un libro: <i>Jaque a la reina</i>. Uno que la abogada había escrito junto a otras dos colegas —Alejandra Iriarte y Mariana Álvarez—, en el que recorren, con perspectiva de género, los laberintos que atraviesan las mujeres para abortar en Tucumán, los escollos y costos para acceder a la salud. Entre las historias está la de María Magdalena —otro nombre ficticio puesto por Soledad, su primer caso de este tipo—: una joven acusada y procesada por aborto que Deza había defendido. Un precedente de Belén. </p><p><b>Entonces, empieza con una mujer presa y derrumbada que un día recibe a otra que le dice que no es ella: es el patriarcado. Le da un libro. Le cuenta sus derechos. Y la empodera.</b> </p><p>—[De ese primer encuentro] yo me acuerdo una campera rosa. Me acuerdo una Belén superculpabilizada, una Belén desolada, una persona arrasada en su subjetividad. A la vez desconfiada, con razón, por supuesto. Absolutamente descreída de ese momento en el que yo le decía: <b>“Mirá, vos no deberías estar acá, vos sos una víctima</b>. Esto funciona así, así, así“. Y le llevé el libro <i>Jaque a la reina</i>, tal y como está en la película. Charlamos mucho, mucho, mucho, nos abrazamos. Me acuerdo de que lloramos las dos, mucho. Producto de que éramos dos personas que pudiendo haber estado en la misma situación, una estaba en un lugar y la otra en el otro por razones tan accidentales como injustas. Ella tenía que preparar sus últimas palabras porque el último día de su juicio, que es cuando la imputada dice sus últimas palabras y el tribunal dicta el veredicto, iba a ser el martes siguiente [N. de la R.: tres días después de ese primer encuentro que fue un sábado]. Y fui el lunes, no me dejaron entrar, pero después la vi el día de la condena. En el interín traté de hablar con la defensora, como está ahí, en la película. La defensora llegó tarde…Y bueno, <b>yo tomé ese día, el día de la condena, la representación de Belén</b>. Y por qué te cuento esto, porque la vez siguiente que yo la fui a ver, después de que ella no solo escuchó de mí, sino que leyó en un libro que existía otra mujer que había pasado por lo mismo, yo ya la encontré parada de otra forma. Y me parece que eso también es parte de lo que podemos hacer cada uno, cada una desde nuestros lugares de poder mínimos: <b>acercarle un derecho a otra persona</b>. Por eso yo siempre enseño en la facultad que<b> operadores del derecho no somos solamente los abogados y las abogadas. </b>Por ahí dentro de los procesos, sí.<b> </b>Pero<b> todas las personas que conocemos un derecho y se lo podemos acercar a alguien estamos operando, de alguna forma, mayor justicia.</b></p><p><b>—Fuiste a una escuela de monjas; creciste en Tucumán que, como tantas provincias del interior, suele tener una idiosincrasia de corte más conservador: ¿cómo te convertiste en abogada feminista?</b></p><p>—Yo fui a un colegio de monjas, efectivamente, desde jardín hasta quinto año. Primero me convertí en abogada. Trabajo desde los 19 años, hice toda mi carrera trabajando, y en 2008 <b>decidí hacer una maestría de género</b>. ¿Por qué? No sé muy bien, pero me decidí a hacer Derecho para las mujeres. Y después, <b>en el año 2011, yo decido abortar y era ilegal</b>. Yo ya tenía mi maestría, estaba dentro del feminismo, pero no sé si mi <i>praxis</i> era feminista. Y <b>cuando aborté tuve que ir al circuito clandestino</b>. <b>Hasta que di con una médica amigable pasé muchísimo miedo</b>. Temí, no solamente ir a la cárcel, temí por mi vida. Me acuerdo mucho de estar a la salida de un lugar al que había ido porque me habían pasado un papelito para que fuera, estar ahí llorando, me acompañaba mi marido. Y decir: “Qué va a ser de mi vida”. Creo que ahí junté un poco la teoría con la<i> praxis</i>. Y tomé conciencia, dije: “Si a mí, que tengo un montón de privilegios, me pasa esto, no quiero imaginar a las que no los tienen”. Y al año siguiente vino<b> el caso de María Magdalena</b>,<b> </b>y de ahí ya no paré de trabajar en cuestiones que hacen a la violencia contra las mujeres y a la criminalización de las mujeres, en defensa de mujeres criminalizadas.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/OS64IIUMFFBCBMQLHLMNW6U4VU.JPG?auth=a768a6c5ca32e5adb4d2978c98d9c92bfcecd64f5c070b13a6a9b8e9ea414d97&smart=true&width=1920&height=1402" alt="Soledad Deza lleva más de una década dedicada a defender los derechos de mujeres criminalizadas y víctimas de violencia" height="1402" width="1920"/><p><b>—Entonces tu propia experiencia te marcó también en lo profesional.</b></p><p>—Y sí porque uno puede estudiar muchos temas y puede tener todos los fundamentos teóricos de la interseccionalidad, del feminismo, pero creo que, al menos en mi caso, no digo que todas las trayectorias sean iguales, esa experiencia encarnó las desigualdades estructurales, me las puso enfrente. </p><p><b>—El primer caso de este tipo en el que trabajaste, entonces, fue el de María Magdalena, que fue similar al de Belén pero en el que ella no estuvo presa, ¿es así?</b></p><p>—Exactamente. María Magdalena, con 26 años, llega también con un dolor de estómago, no sabía que estaba embarazada. Llega con su mamá y su esposo, una madrugada, a la maternidad Nuestra Señora de las Mercedes —que es la segunda en partos de América Latina, la más importante de Tucumán—. Ella ya tenía tres chiquitos. Le diagnostican un aborto pero la acusan de habérselo provocado. Ella dice que no sabía que estaba embarazada; la médica de guardia le dice que si se moría ni flores le iban a llevar a la tumba. La legran sin anestesia. Pero a diferencia de Belén, y me parece a mí que eso también hacen las defensas, <b>María Magdalena estuvo tres años procesada pero no estuvo presa nunca</b> y fue absuelta en el año 2015. Ese fue mi primer caso. </p><p><b>—¿Y vos te enteraste de ese caso y dijiste: “Voy”? ¿Cómo supiste de María Magdalena? </b></p><p>—Tanto con María Magdalena como con Belén fue lo mismo. Con María Magdalena me entero porque una de las psicólogas que la atendió me escribió un correo. Era 24 de enero, yo estaba de vacaciones en Brasil, y leo: “Mirá, no te conozco, pero vos una vez me diste una charla sobre secreto profesional y derecho de las pacientes. Pasó esto”. Por suerte el equipo de psicólogas de la maternidad de ese momento intervino de manera adecuada: sacó al personal policial que interrogaba a María Magdalena de la sala de partos, registró en la historia clínica la violencia institucional. Entonces yo llegué para defenderla. En el caso de Belén fue similar, pero en aquel momento no hubo la misma intervención del equipo de salud mental. <b>Belén termina siendo apresada y a mí me llaman dos años después</b> cuando una de las psicólogas tenía que declarar ya en el juicio. Me sumo porque también me contacta una psicóloga. Pero, para mostrar cómo el abordaje de mucha gente tiene que ser respetuoso de los derechos, vos fijate que en María Magdalena un grupo de psicólogas logra impedir el encarcelamiento. No sé qué hubiera pasado si ellas no intervenían de esa forma. En el caso de Belén ocurrió distinto, las psicólogas no hicieron la misma intervención y recién cuando las llaman a declarar en el juicio me llaman y me dicen: “Che, ¿cómo es?”, por el secreto profesional, “¿puedo declarar?”. Y después me dicen: “Ojo que esta chica está presa”. Yo ahí casi me muero. </p><p><b>—Y llevaba, en ese momento, dos años presa...</b></p><p>—Veinticuatro meses presa. Porque su juicio se hizo dos días antes de que venciera la preventiva. El encarcelamiento preventivo tiene un máximo de dos años. Entonces, su investigación duró un mes pero la tuvieron arrumbada ahí veintitrés meses, y <b>le hicieron el juicio en 48 horas y la condenaron el tercer día</b>. </p><p><b>—Realmente suena a ficción de terror: vas a un lugar donde se supone que te van a cuidar y te terminás yendo en un patrullero a la cárcel como si fueras una delincuente. Cómo pasa esto si en la primera página de su historia clínica, contaste un montón de veces, decía “aborto espontáneo incompleto”. ¿Cómo un profesional de la salud lee eso y decide llamar a la policía y acusarla por habérselo provocado? ¿Fue una cuestión ideológica? ¿Por dogma, por conservadurismo?</b></p><p>—A ver, yo creo que hay varias cuestiones. Por un lado <b>hay una gran dosis de desinformación</b>. Estos temas deberían estar dentro de la formación de grado de todo el personal de salud, independientemente de la disciplina a la que se dediquen —porque es la Medicina, pero es el Trabajo Social, es la Enfermería, es la Salud Mental—, todas deberían ofrecer una formación en eventos obstétricos y en atención, <b>todas las disciplinas deberían incluir capacitación sobre los derechos de los pacientes</b>. Medicina legal se suele pensar, dentro de las profesiones, no como un campo que ve cuáles son las obligaciones del personal de salud y cuáles son los derechos de las usuarias, sino en términos forenses: ven autopsias, lesionología y demás. Así,<b> hay una fase del ejercicio de las profesiones, que es la que junta obligaciones del personal de salud y derechos de las usuarias, que no se ve</b>. Entonces, la ignorancia por un lado. Y por otro, también <b>los prejuicios que históricamente han desanudado los derechos de la atención de mujeres que abortan</b>. Al contrario de lo que ocurre con alguien que va a atenderse por una apendicitis o alguien que llega con un cuadro clínico de un abdomen agudo o un cólico, que tiene claramente derechos, <b>la persona que aborta es sospechada desde el inicio y se la trata como una delincuente</b>. En esa unión de ignorancia y prejuicios hay también un sesgo de género que me parece a mí que se construye dentro de las disciplinas de la salud y del derecho, porque ahí hay una cosa unida que ha marginado las experiencias de las mujeres en ambos campos disciplinares: hay una mujer y se presume que por el hecho de tener útero sabe que está embarazada, sabe cuál es la edad gestacional, sabe cuáles son los síntomas compatibles con un aborto o con un parto de manera tal de poder evitarlo. Presumen que todas las mujeres tienen el mismo acceso a bienes y servicios de forma tal de poder contar con la ayuda que permita evitar estos eventos. <b>La presunción de inocencia, que es una garantía constitucional, desaparece para el caso de las mujeres. ¿Por qué? Por esa ignorancia y por esos prejuicios</b>.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/QPAWH7N5NRAJFBM2GZVHB3F5HU.jpeg?auth=f3ac4c8cd1d315f99ec67fcac1ce9a1e4c422c6608681434dddd78b68d806174&smart=true&width=1280&height=953" alt="Soledad supo del caso de Belén cuando una psicóloga que debía declarar en el juicio se contactó con ella. Para ese momento la joven llevaba dos años presa injustamente " height="953" width="1280"/><p><b>—Lo que no termino de comprender es por qué, si ella fue a un hospital, los médicos vieron qué es lo que sucedió en su cuerpo, aún así la inculparon de algo que era evidente que no había ocurrido. De repente se arma toda una escena para incriminarla. Esto que contás que ella va a un baño cuando empieza con la hemorragia y después encuentran —o dicen que encuentran— en otro baño del lugar un feto, que vos concluís que se lo plantan, todo suena delirante. ¿Cómo fue eso?</b></p><p>—Ella entra al hospital cerca de las tres de la mañana. La atienden, queda internada en la guardia. Después de estar medicada por vía, a propósito del diagnóstico que le hace el jefe de la guardia, pide permiso para ir al baño. ¿Qué es lo que pasa? Vuelve del baño, tiene una hemorragia, la suben al quirófano y ahí le diagnostican aborto espontáneo incompleto sin complicaciones. Una hora más tarde aparece una policía que dice que encontraron un feto en el baño y los vinculan, por supuesto, porque coincidieron en el mismo tiempo y espacio, <b>nunca hicieron un ADN.</b> Cuando yo tomo la defensa de Belén estando ella ya condenada, tal y como está en la película, yo me voy al hospital un día sábado y me doy con que el hospital Avellaneda <b>tiene ocho baños</b>. Con ninguno daban los tiempos para haber ido y haber vuelto en los minutos que declaraban las enfermeras que Belén se había ausentado de la sala de guardia donde estaba internada. Entonces, ahí es donde yo empiezo a decir: <b>“Le plantaron un feto”.</b> Imaginate que acá casi se desmayan. Porque decir que le plantaron evidencia es algo asociado con el narcotráfico, con otros delitos. Ahora, cuando uno toma el expediente y se da cuenta de que no se acordonó la escena del crimen, no se había individualizado qué baño había sido el del hallazgo, no se había hecho ADN y luego yo encuentro que dice que quisieron hacer el ADN y el subdirector del hospital respondió: “El feto fue extraviado”, ahí es cuando digo: “No, esto viene de otra parte, están uniendo dos partes que no son tales”.</p><p><b>—¿Pero alguien lo vio? ¿efectivamente estaba o dijeron que había un feto? </b></p><p>—Lo que cuenta Belén es que entraron a la sala de parto cuando la estaban legrando y le mostraron una cajita. Eso se ve en la película: una cajita. Luego aparece una autopsia sobre un feto que en algunos lugares del expediente dice que tiene piel blanca, en otros morena. En algunos lugares dice que tiene 15 semanas, en otros 18, en otros 20 y la autopsia llega a decir que tiene 33 semanas de gestación. Lo que yo planteo en el recurso, cuando pido que se anule la condena es: evidentemente ese feto no se corresponde con el evento obstétrico de Belén. </p><p><b>—Cuando a vos te llaman por teléfono y te enterás del caso de Belén, ¿lo primero que hacés es ir a la cárcel a verla? </b></p><p>—Sí, empiezo a mover cielo y tierra para dar con ella, para hablar con ella. A veces no dimensionamos lo fácil que es entrar a la cárcel y lo difícil que es comunicarse desde adentro o dar con una persona que está privada de su libertad. Pasaron 72 horas hasta que pude dar con ella. Yo me fui el jueves siguiente, le dejé un papelito, no me permitían entrar porque las personas internas solo pueden ver a otras, sea a su propia abogada o a familiares, los días de visita. Entonces le dejé un papelito y la madre de Belén, que había ido a visitarla, me llamó el viernes a la noche y me dijo: “Mañana, doctora, la espera mi hija a la mañana”. Entonces me fui ese sábado a las 9 de la mañana y estuve ahí como tres horas charlando con ella. </p><p><b>—Y a partir de que tomaste su defensa, ¿cómo fue? ¿Cuándo te planteaste que al margen del proceso judicial tenías que hacer algo más que ejerciera presión social y se arma la Mesa por la Libertad de Belén?</b></p><p>—Ese día de abril de 2016, cuando<b> la condenan a ocho años de prisión por homicidio agravado por el vínculo</b>, la que era su defensora hasta ese momento me entrega lo que se llamaba “radiografía” con el viejo sistema inquisitivo. La radiografía sería como el expediente que tiene la defensora para defender a su cliente, es lo que considera que es lo más importante. Cuando yo lo veo y me doy cuenta de que tenía no más de 40 páginas y que ahí adentro no había una historia clínica, yo digo: “Esto algo mal tiene”. Entonces empecé a tratar de dar con el expediente. Cuando finalmente lo consigo, hago los recursos una vez que estructuro una defensa legal técnica sólida, cuestionando los argumentos de la condena y cuestionando los argumentos de la prórroga de la prisión preventiva. Yo hago hincapié en que hay que hacer un cuestionamiento jurídico porque los recursos tienen una parte técnica. A veces se piensa que solo con la movilización en la calle vamos a lograr dar vuelta una condena y eso no es así. Entonces, una vez que ya estaba hecho eso, nosotras nos damos cuenta de que para acortar los tiempos del poder judicial —y sabiendo que una mujer estaba injustamente presa, entonces necesitábamos que no se tomaran años para revisar la condena— teníamos que hacer algo más y armamos la Mesa por la Libertad de Belén. Y la verdad que en las primeras marchas éramos muy poquitas. En parte, lo que pasaba era que <b>el caso se había instalado como el de “la matahijo”, “la asesina”, en la prensa hegemónica</b>. Entonces, ahí es cuando articulamos una defensa que iba en tres direcciones: la defensa legal, la comunicacional y la Mesa para la Libertad de Belén. Todo subordinado a la estrategia legal. Yo hago hincapié en eso porque tampoco se puede hacer público un caso si la protagonista no quiere. </p><p><b>—Y ahí nace “Belén”.</b></p><p>—Ahí es donde surge “Belén” como un nombre ficticio para resguardar su identidad. Y cuando hacemos la primera nota, que la hacemos con APA [N. de la R. Agencia de Prensa Alternativa, un medio tucumano independiente]. La Mesa era el dispositivo adecuado para incrementar las bases de legitimidad del reclamo. Porque nos dábamos cuenta de que era mucho más impopular el pedido de justicia de lo que pensábamos. Y nos empezamos a juntar todos los lunes de seis de la tarde a nueve de la noche. Iba una representante por espacio y le explicábamos cuáles eran los argumentos del recurso y por qué en la condena no era verdad tal cosa, o tal otra era arbitraria, para que ellas a su vez fueran a sus espacios y pudieran traducir ese derecho que se enmascara a veces para que no se lo comprenda. Y así fuimos creciendo hasta que el 12 de agosto nacionalizamos la marcha para la libertad de Belén. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/BDCRA7WMANGU5NTWDQBRYM6C4I.jpeg?auth=0abe43cf3926c229f80abd2466332030935a4edc756decfec297eb88bfce67f2&smart=true&width=1066&height=1600" alt="Apenas supo que Belén estaba presa Soledad fue a verla: le explicó que ella era una víctima, no una criminal, le dio herramientas, le habló de sus derechos y la empoderó " height="1600" width="1066"/><p><b>—Cuando dijiste “empezamos a juntarnos todos los lunes a las seis de la tarde”, salvando distancias, se me vinieron a la cabeza las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo cuando deciden juntarse todos los jueves a la misma hora en la Plaza. Hay cosas que nos enseña la historia. </b></p><p>—Encontrarnos, encontrarnos, encontrarnos. Exacto. </p><p><b>—¿Y en qué momento el caso adquiere mayor popularidad y se vuelve ícono de la lucha por los derechos de las mujeres y de la marea verde?</b> </p><p>—Nosotras empezamos las reuniones [con la Mesa] a mediados de abril, cuando yo tomo la defensa. Y en mayo, junio, aproximadamente, fue que Dolores [Fonzi, en una premiación por la película <i>La patota</i> en Punta del Este] levantó el cartel que decía “Libertad para Belén”. Y eso fue una gran inyección. La tapa de <i>Página 12</i> de Mariana Carbajal titulada “Yo no maté a nadie”, también. Mariana se vino a entrevistar a Belén a la cárcel y eso fue todo un tema. Y yo no me acuerdo si unos días antes, unos días después, Dolores levantó ese cartel. A veces es muy difícil desde Buenos Aires sentir lo que nosotras, quienes somos del interior, sabemos: que lo que no pasa en Buenos Aires no existe. Entonces todo eso fue una inyección porque por un lado teníamos a la periodista nacional, la que cubría para todo el país. Y por otro lado tenías a alguien que no era del palo de los derechos específicamente pero que desde su lugar, una famosa, se sumaba. Y también fue importante cuando vinieron a Tucumán Charo López, Male Pichot, que en ese momento tenían el espectáculo <i>Persona</i>, y en el escenario pidieron “Libertad para Belén”. <b>Entonces nos empezamos a legitimar. Dejamos de ser un poco las embusteras, las activistas: las mi-li-tan-tes</b>.</p><p><b>—¿Y ese cambio se reflejó también en la prensa hegemónica tucumana? Esos que titulaban “La matahijo”, cuando empezaron a ver todo lo que se estaba gestando, ¿cambiaron de actitud?</b> </p><p>—Ahí empezó a bajar la espuma; y luego el Comité de Derechos Humanos también se pronunció, en julio, pidiendo la libertad de Belén. Entonces, no es que empezaron a salir notas a favor, pero empezó a disminuir el volumen de la narrativa en contra del caso. Y se armó como una meseta de silencio. Pero, a decir verdad, <i>La Gaceta</i>, por ejemplo, que es el diario local de mayor circulación, cambió su narrativa en pos de la libertad cuando salió el dictamen del Ministro Público Fiscal, que fue el 26 de julio —me acuerdo patente porque era el día antes de mi cumpleaños—. ¿Por qué te cuento esto? Porque a veces no medimos la función autolegitimante del discurso del derecho: <b>lo que veníamos logrando a nivel nacional no alcanzaba a desacreditar el discurso jurídico de una sentencia</b>. Solo un instrumento equivalente, proveniente del mismo poder y con la misma lógica, empezó a dar vuelta en los hechos. Pero fue una estrategia exitosa porque <b>la libertad, que usualmente hubiera demorado un año, un par de años, la terminamos obteniendo en cinco meses </b>y la absolución en los meses posteriores, en marzo. </p><p><b>—¿Qué decía Belén cuando, de repente, en tus visitas sucesivas le contabas todo lo que se estaba generando? Después de veinticuatro meses encerrada, en unas semanas se había levantado todo un revuelo nacional alrededor de ella. ¿Cómo fue su reacción, su transformación?</b> </p><p>—Yo de verdad creo que su vida empezó a cambiar cuando alguien le habló desde otro lugar que no era el del juicio moral o la culpa. Y digo que empezó a cambiar de manera casi vertiginosa. Y también empezamos a estrechar un vínculo. Yo al día de hoy sigo hablando con ella, porque <b>eso también es el feminismo</b>. Creo que el momento en el que peor la pasó fue cuando en la cárcel se enteraron de que la de las noticias era ella. Porque adentro nadie sabía que ella era Belén. Entonces lo vivía muy agradecida. Le llegaban cartas, nosotras le llevábamos los diarios para que viera cómo iba cambiando la opinión pública, pero también lo vivía de una manera muy reservada porque nadie sabía que ella era ella. Cuando sale el dictamen del Ministerio Público Fiscal, dos de los jueces del tribunal que la habían condenado, en un acto que yo le llamo de despecho judicial, porque ya se veían venir que la corte iba a revertir esa condena y le iba a dar la libertad, salieron en <i>La Gaceta</i> y dijeron su nombre real. Ese fue un momento bien duro porque de verdad yo le había prometido que eso no iba a ocurrir. </p><p><b>—¿Y adentro de la cárcel eso le trajo consecuencias?</b></p><p>—Y al principio sí. Pero la verdad es que es intransmisible lo que pasó en el medio. Porque ella pasó de ser la peor persona que podría estar dentro de la cárcel en nuestra cultura occidental y cristiana, que es “la que mata a su bebé” o la que aborta, <b>la que de alguna forma desafía el mandato de maternidad obligatorio</b>, a irse vitoreada por sus compañeras. Porque ella, en ese modificar su propio posicionamiento, les empezó a llamar la atención a sus compañeras, y les decía: “Pero cómo, ¿tu abogada no viene a verte? ¿No te cuenta qué escritos presentan? ¿No te dicen en qué está la causa? ¿No te trae noticias?”. <b>Ella empezó, desde su lugar, y dentro de su mínima disposición de poder, a acercarle un derecho a las otras reclusas</b>. Eso cambió su lugar. <b>Creo que al correrse de la culpa y la victimización, pudo tener un rol emancipador frente al resto de sus compañeras</b>. Y eso también es una construcción feminista. Entonces, cuando se iba la aplaudían, le gritaban: “Bravo, Belén”. Que es esa imagen de la película en la que nos estamos yendo de la cárcel, que fue así, salimos con máscaras y las internas aplaudiéndola, y algunas guardiacárcel también. Fue muy fuerte. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/LS5YV322SNA53A537M2KWJCTAI.jpg?auth=0a707f2f49c833c4326c18c7bfa1a1917dd64136eae071526ebc062e159f9d28&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Gracias a su defensa, que además de ser sólida ante la Justicia incluyó volver pública la causa y la formación de un grupo de mujeres, la Mesa para la Libertad de Belén, que se manifestaba para pedir la anulación de la condena, cinco meses después de que Soledad se pusiera al frente del caso Belén era liberada (Prime Video)" height="1080" width="1920"/><p><b>—Es fuerte escucharlo, imagino vivirlo... ¿Y cómo fue cuando te enteraste que se iba a hacer una película? </b></p><p>—Dolores [Fonzi] me contactó y yo casi me desmayo, imaginate. Yo ya sabía que K&amp;S había comprado los derechos del libro de Ana Correa, pero había quedado en <i>stand by</i>. Y un día hace, no sé, un año y pico, recibo un mensaje de WhatsApp: “Hola, Sole, aquí Dolo Fonzi”. Yo digo: “Acá me están cargando, no puede ser”. ¿Y cómo fue? ¡Hermoso! Imaginate que una abogada jamás va a pensar que va a vivir esto. Uno vive un poco una película de terror dentro de estos procesos, pero nunca toda la aventura que es el <i>backstage</i> de una película. Leer un guion, porque fueron tan generosas que compartieron conmigo el guion antes; charlar: “Esto fue así”, “esto, ¿cómo?, ¿qué pasaba acá?”, mandarles una foto… No es que yo tomé decisiones ni muchísimo menos pero <b>también fue una construcción feminista</b>. Alguien ocupado por que Tucumán se reflejara en los hechos, por que hubiera locaciones tucumanas, por que hubiera actores y actrices tucumanas, por que yo me sintiera lo menos expuesta posible. A mí no me fue fácil verme, ver la parte de mi vida privada… Pero fue una hermosura, no tengo más que palabras de agradecimiento para Dolores, para Laura Paredes que hizo el guion, para Leticia Cristi [productora] que realmente fue incondicional en todo este proceso y yo creo que eso se ve. Y eso es lo que ve la gente cuando termina la película, creo que ve un hacer amoroso. Entonces, <b>de un evento superdesafortunado, traumático y doloroso, se construyó una historia de libertad, porque no es la historia de una presa injustamente, es mucho más que eso. Es una historia de libertad construida en desventaja, pero a propósito de la unión y conjunción de un montón de esfuerzos</b>. Yo creo que lo mismo hubo en el rodaje. </p><p><b>—¿Y cómo estás viviendo todo lo que está pasando con la película ahora?</b></p><p>—Yo lo vivo con esperanza. A mí me pone muy contenta ver que es una película que emociona a varones, mujeres, chicos, grandes, porque <b>es una historia de una injusticia y de cómo un grupo de personas puede revertirla porque no mira para otro lado</b> y me parece que por eso es esperanzadora. Me da mucho orgullo lo que la gente devuelve, incluso quienes no están a favor del aborto, porque comprenden con la película que la libertad se construye así, un poco con empatía, un poco con esfuerzo, un poco con unión. En estos momentos de tanta crueldad y donde pareciera que uno no ve futuro, yo creo que la gente queda aplaudiendo hasta el final por eso, ¿no? Porque hay esperanza. Y como la película está muy bien contada, y en esto es el ojo de Dolores que es punzante y a la vez amoroso, me parece que también al tener dosis de humor, al no tener golpes bajos y al haber podido ella humanizar a los personajes y mostrar que hay una vida privada que tienen las personas, que también nos atribulamos y que nadie es completamente una heroína ni completamente una villana, bueno, creo que ahí un poco estamos todos y todas en esa historia.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/7R5WE6WBBNEBBMXUSNTOZGAGAI.jpg?auth=418245a816f7d3b451fa8d44a47bcae3ec9e62c6b3cd4949dc4368ff73b9c1dd&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1081" type="image/jpeg" height="1081" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Soledad Deza]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[“Sensibles”, un libro que le recuerda a chicos, chicas y adolescentes que para dejar una huella hay que animarse a ser uno mismo]]></title><link>https://www.infobae.com/sociedad/2025/10/06/sensibles-un-libro-que-le-recuerda-a-chicos-chicas-y-adolescentes-que-para-dejar-una-huella-hay-que-animarse-a-ser-uno-mismo/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/sociedad/2025/10/06/sensibles-un-libro-que-le-recuerda-a-chicos-chicas-y-adolescentes-que-para-dejar-una-huella-hay-que-animarse-a-ser-uno-mismo/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[¿Qué tienen en común Manu Ginóbili, Manu Lozano, Martha Argerich, Lohana Berkins y Franco Colapinto? Todos fueron por sus sueños sin importar si encajaban o no en lo que se esperaba de ellos. La periodista Debbie Maniowicz reunió 35 historias inspiradoras para que niños y jóvenes descubran de qué están hechos los caminos que llevan a marcar la vida de otros]]></description><pubDate>Mon, 06 Oct 2025 15:03:02 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/YQ7BBGEE5ZAG3I2FPURF33HQZI.jpg?auth=ebc1bd6ad631f0ad4ecc34a7a9d304abfc47aae8a60c3e5f6df702f926ffc0b7&smart=true&width=1920&height=1080" alt="La periodista, escritora y doula, Debbie Maniowicz, reunió biografías breves de argentinos y argentinas destacadas en "Sensibles: 35 historias inspiradoras para que te animes a hacer lo que soñás", su segundo libro (Alan Goldfarb)" height="1080" width="1920"/><p>Mi hijo de cinco años no sabe perder. Se enoja, se frustra, altera las reglas a su antojo o inventa excusas con tal de no perder un partido de fútbol, un juego de cartas o de mesa. Por más que le explicamos la importancia de ser un buen perdedor, de pasarla bien en el juego y que las reglas no pueden cambiarse, nada puede frenar el estallido: la detonación de furia y enojo y una sordera absoluta a las razones que los adultos que lo amamos esgrimimos.</p><p>Los hijos de edades similares de muchas madres —me animo a decir de la mayoría— no saben perder. La periodista, escritora y doula, Debbie Maniowicz dice que el suyo, de siete, tampoco. ¿Cómo se hace para enseñarle a los niños, niñas y adolescentes a perder en un mundo que suele mostrarles a los héroes que admiran brillando con el polvo dorado del éxito pero no siempre el camino —muchas veces sinuoso, con pendientes, escollos y fracasos— que recorrieron para llegar ahí? ¿Cómo se hace para enseñarles que los resultados son multicausales pero que los grandes se logran con un arduo, paciente, disciplinado y obstinado trabajo? <b>¿Cómo enseñarles a tolerar la frustración en un mundo que no siempre recuerda que, para que las luces enceguecedoras de la gloria llegaran, esos héroes que hoy alzan copas y llenan estadios en recitales monumentales tuvieron que perder infinidad de veces?</b> ¿Cómo explicar el esfuerzo, la constancia, la práctica implacable a lo largo del tiempo que se esconde —o más bien sostiene— esa capa lustrosa de victoria y sueños cumplidos, en un mundo que pone delante suyo respuestas instantáneas como una sopa en polvo?</p><p>Y en ese camino, ¿cómo mostrarles que no hace falta que dejen de ser quienes son para encajar en ningún lado; que perseguir los propios deseos, aunque se diferencien de los de la mayoría, es lo que, indefectiblemente, lleva a alguien a destacarse, a ser su mejor versión? En un mundo cada vez más complejo y hostil, donde la sensibilidad es vista como debilidad ¿cómo les enseñamos que ser empáticos, escucharse a sí mismos y lo que sucede a su alrededor es lo que hace la diferencia? </p><p>Esto es lo que Debbie Maniowicz pone al alcance en <i><b>Sensibles: 35 historias inspiradoras para que te animes a hacer lo que soñás</b></i><i>, </i>su segundo libro, publicado recientemente por Planeta Junior. Una compilación de 35 biografías breves de argentinos y argentinas —o nacionalizados— que ya dejaron una huella en nuestra sociedad. No son solo deportistas o solo artistas o solo personas coronadas de esa gloria glamorosa de brillos que hace ruido y cosecha millones de <i>followers </i>en redes. Muchos de ellos ostentan otra gloria: entre las biografías del libro está la historia del Equipo Argentino de Antropología Forense, la de Nicki Becker, la de Gino Turbaro, la de Manu Lozano, la de Lohana Berkins, y otras <b>personas que potenciaron su sensibilidad y la convirtieron en derechos ganados o en causas masivas, en restitución de identidades, en oportunidades y calidad de vida para otros y otras que la necesitan.</b> También las de quienes siguieron una vocación tan fuerte que les valió todo tipo de sacrificio o quienes se animaron a plantarle cara a las reglas preestablecidas por el mundo que los cercenaba y les decía qué podían o no hacer. </p><p>Historias que abren universos e invitan a sumergirse y conversar sobre una infinidad de temas como la tolerancia al fracaso, el <i>bullying</i>, la salud mental, la educación. Como animarse a ser algo distinto de lo que se espera o, incluso, a renunciar cuando esa cima por la que se dejó todo no resultó ser el lugar que prometía. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/2VRC2JMSQBD6XA4U2SJ54YS2EE.jpg?auth=85b0a6648be7be6b46aa92bd84e669e47a131de91cd6c0e61b0a7875ca245ed5&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Delfina Pignatiello, la nadadora de alto rendimiento que compitió en los torneos más importantes y luego dio un paso al costado para cuidar su salud mental, es una de las personas que se cuentan en "Sensibles"" height="1080" width="1920"/><p>Debbie dice que está pensado para lectores y lectoras a partir de los diez años —aunque la editorial sugiere a partir de los doce—, pero que con una lectura acompañada por las familias esta puerta puede abrirse mucho antes. </p><p>—Para cualquiera que disfrute de conocer biografías es un libro que gusta. Pero apunta más a los más grandes porque, hablando con mis editores, sentíamos que los chicos, los adolescentes, los preadolescentes, por ahí en su casa o en su entorno conocían algunas historias de personas que no tenían caminos completamente ascendentes sino que tenían contradicciones, idas y vueltas, pero cuando prendían la tele, cuando veían a sus referentes —que casi todos son músicos, deportistas, <i>youtubers</i>—, medio que lo que se mostraba era siempre lo mismo: el éxito, el estadio lleno… <b>Se dejaban ver mucho menos los recorridos que por ahí no son tan lineales. Y no solo que no son tan lineales sino que hay muchos que ni siquiera llegan a lo que se considera cima</b>. <b>Y en los casos que sí, mostrar que para llegar ahí primero hay que aprender a perder,</b> porque generalmente es eso: perdemos, perdemos, perdemos, perdemos y una vez cada tanto la pegamos y la pegamos porque antes perdimos un montón de veces y aprendimos. Entonces la idea era reflejar un poco todo esto. </p><p>En <i>Sensibles </i>hay varones, hay mujeres, hay equipos que muestran salidas colectivas. Algunos ampliamente famosos, otros seguramente serán un descubrimiento para los lectores y sus familias. En todos la búsqueda del texto, de su autora, a través del perfil principal, de un dato curioso o una anécdota, fue mostrar un nuevo aspecto, echar luz en una arista menos conocida.</p><p>—<b>Marta Argerich</b>, por ejemplo, pianista número uno. Quizás conocés su historia y decís: “Estuvo en el Colón superchiquita y lo llenó”. Pero por ahí no sabías que ella odiaba tener el pelo atado con un rodete porque en la familia le decían: “Sos una música clásica, tenés que tener el pelo impecable”. Y ella, como símbolo de rebeldía, dice: “Yo nunca más voy a ir a una peluquería, me voy a dejar el pelo blanco al viento”, y hoy <b>su pelo es reemblemático</b>. Entonces, incluso en las historias más conocidas se intentó mostrar otros matices y que los chicos empezaran a ver de sus referentes —porque hay algunos que son bien referentes tipo los muchachos de la Scaloneta, Manu Ginóbli, María Becerra— <b>otra parte del recorrido que por ahí está más invisibilizada</b> porque nos quedamos con el estadio lleno y todo eso que sí suelen ver. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/56VEOX2LRZHRFLG7H3F7735AWM.jpg?auth=fdd450a75bd2475ceb61fb1d36a14a2ec7d789fbbf84b98ab969574755a90567&smart=true&width=1442&height=1920" alt=""Sensibles" está pensado para lectores y lectoras a partir de los diez o doce años, aunque su autora asegura que con una lectura acompañada las historias también pueden compartirse con chicas y chicos más pequeños  
" height="1920" width="1442"/><p>A veces fruto del trabajo obcecado, una disciplina salvaje y un deseo incontenible. Otras, con algún factor de azar. Siguiendo una pregunta, una inquietud, una pasión o queriendo traer una solución a alguno de los infinitos problemas del mundo. De la manera que fuese, los recorridos de las personas que logran hitos por los que son reconocidas suelen tener múltiples factores y, en la mayoría de los casos, no son una línea recta de la nada al cielo. Pero, además, otro punto que destaca el libro y tienen en común las personas <i>Sensibles </i>que se cuentan es haber tenido <b>la valentía de ser ellos mismos</b>. </p><p>—Se animan. Como que hay un punto donde todos les dicen: “Te tenés que definir: ¿vas por acá?, ¿vas para allá?”. Y ellos: “Yo quiero hacer esto, me siento cómodo acá”. Rompen un poco el formato o lo que se esperaba de ellos. Creo que mostrar esto está bueno porque hay algo en la adolescencia, que es un momento donde todos quieren parecerse y verse iguales. Todos fuimos adolescentes y en esa época te parece muy importante encajar y ser igual a los demás. Y muchas veces en esa situación nos perdemos de quiénes somos, qué queremos y qué nos gusta, realmente. Pasa mucho. Yo lo veo con mi nene de siete. Justo él es refanático del fútbol, le va bien, como que cumple con eso que se supone todos quieren a esa edad. Pero hay un montón de mamás que tienen hijos que no les gusta el fútbol y sienten que les tiene que gustar, que tienen que encajar, que si no se van a quedar solos, aislados del mundo. <b>Entonces hay algo de todo eso donde el libro es también una invitación a decir: “Che, quedate en ese lugar, conectate con quien sos, con qué te gusta”. </b>Probá lo otro, fijate, pero si a vos no te gusta, dale lugar a eso. Me parece que en la adolescencia pasa mucho esto de que terminamos recontradesconectados de qué queremos en verdad. </p><p>Debbie ejemplifica la importancia de seguir esa voz interior que dice “es por ahí” con <b>Franco Colapinto</b>, biografiado en <i>Sensibles</i>. Cuenta que muchas personas de su entorno, cuando les hablaba del libro en proceso, le preguntaban por qué lo iba a incluir si no estaba triunfando en este momento. A lo que ella respondía con todo el esfuerzo y trabajo que le había costado llegar a la Fórmula 1. Y el mérito de ser el único piloto argentino corriendo ahí después de mucho tiempo de que no hubiera nadie por quién agitar la camiseta.</p><p>—Cuando era rechiquitito iba al kartódromo y el viejo, que era el que lo llevaba, dijo: “Ah, ok, esto no es solo un <i>hobby</i>“. Y decidió darle lugar a eso que veía en él. Le empieza a comprar autitos, tiene una familia atrás que escuchó eso que a él le interesaba, que no era lo que le interesaba al promedio. Está bien, el viejo venía del palo y eso ayudaba, pero le dan lugar a eso. Se dan cuenta de que es bueno, empiezan a vender cosas para bancarlo y él a los 14 años está viviendo solo en Europa, aprendiendo a cocinarse, a moverse. Y llega a un lugar donde la mayoría de los que lo critican chocaría queriendo doblar una curva. Es muy fácil criticar. Entonces me parecía que mostrar algunos referentes que incomodaran un poco más o que todavía no hayan llegado a un lugar al que parecería que van a llegar, que todavía no estén consagrados, tenía valor. O está, por ejemplo, <b>Delfina Pignatiello</b>, que dejó la natación entonces no es que va a llegar a algún lado, pero —y esto yo lo rehablo con mis hijos— <b>¿qué pasa con los </b><i><b>haters</b></i><b>? ¿Qué pasa con las redes sociales? ¿Por qué importa tanto lo que dice el otro?, ¿por qué importa tanto la mirada ajena? Que a todos nos pesa, en algún punto</b>. Pero cuando salís del agua y te das cuenta de que no hiciste el tiempo que querías y en lo primero que pensás es en lo que te van a decir en redes sociales: qué valiente, te aplaudo que te diste cuenta de que te tenías que correr de ahí. <b>Cuidar la salud mental, cuidar lo que sentimos, lo que queremos, me parece muy clave construirlo en las infancias, esto de que podés bajarte de ese lugar en el que no te sentís cómodo</b>. Creo que si uno va introduciendo ejemplos como el de Delfina les das herramientas a los chicos para decir: “Ah, ok, no es tan grave si me bajo entonces, aunque estaba por salir campeón”. Siento que todo esto ayuda a que después tengan más recursos si ven que los referentes o los consagrados también se animaron a hacer eso. O si saben que <b>a María Becerra en el colegio no la trataban bien y le hacían </b><i><b>bullying</b></i><b> y encontró un lugar donde podía canalizar eso</b> y hablarlo. O que Tamara Tenenbaum en un momento pensó en todas las reglas que tenía en la casa y dijo: “Esto me hace ruido, no me siento cómoda; ¿y si le planteo a mi mamá ir a otro colegio?”. Y le dio lugar. <b>Es una forma de que los chicos vean: “Che, puedo plantear lo que pienso”</b>. Me parece que mostrarles las construcciones de estos caminos está bueno. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/KLY4YUPEIJBETKHXPUWSZKIX4I.jpg?auth=1d55ed2364ee5a0d897aefe50e3ae08a4822ee5ea44da9a0a68869d1bd443087&smart=true&width=1920&height=1280" alt="Cuando era pequeña, Martha Argerich era obligada a usar el pelo corto o recogido porque se suponía que eso era lo que correspondía a una música clásica. Cuando creció, se lo dejó largo y suelto como símbolo de independencia y se convirtió en su emblema (Laura Szenkierman)" height="1280" width="1920"/><p>Como las historias que llenan el libro, la selección de quiénes serían contados no fue lineal sino un proceso con vaivenes. En la idea inicial, de hecho, se proyectaba una compilación de biografías de varones, referentes masculinos diversos, rebeldes, que no se redujeran a las superestrellas del deporte o la música. En el intercambio entre la autora y la editorial, vieron que algo de esa idea no terminaba de cerrar.</p><p>—Sentíamos que no estaba bueno seguir categorizando y separando: un libro de varones, un libro de nenas. “Y qué pasa si mezclamos a todos, sin importar el número” —porque el libro tiene, si no me equivoco, unas doce mujeres, dieciocho varones y cinco grupos, ni siquiera es que está totalmente equilibrado—. Entonces lo primero fue decir: “Ok, no vamos a hacer un libro solamente de varones, sino de varones, mujeres y sumemos colectivos; <b>sumemos que hay veces que los cambios pueden ser en equipo</b>”. Y después buscamos, por un lado, que sean diversos, no queríamos que fueran todos del mismo aspecto y si veíamos que teníamos muchos deportistas, por ejemplo, decíamos: “Saquemos alguno y traigamos algún científico más”. Esto de<b> poder ampliar el mapa fue algo que nos planteamos mucho</b>. Y algo que también me planteé mucho fue que no sea tan ajeno a los pibes, a los adolescentes: que haya personas vinculadas a la tecnología, a la ciencia; referentes actuales y que no estén tan contados a la vez. En un momento yo abrí encuesta en Instagram y todo el mundo me decía: “Estela, Estela” [de Carlotto], pero Estela está recontra contrada y la bancamos a muerte pero ya hay un montón de libros que la traen con todos sus matices. Y ahí fue que sumamos al Equipo Argentino de Antropología Forense para mostrar algo más colectivo y porque, además, están mucho menos contados en libros infantiles. Entonces, era como un mix entre contar algunos históricos, algunos actuales, que las temáticas sí sean actuales y que esté repartido entre hombres, mujeres y colectivos. Un poco fue ese el equilibrio. </p><p><b>El libro es un catálogo de talento</b>. Y, orgullo obliga, el que no nació se desplegó en este suelo, de talento argento. Debbie cuenta algunos perfiles al azar recordando las decisiones que tomaron sobre la selección que juega este texto y destaca que entre los más clásicos eligieron a Charly —cómo no— porque para llegar a ser Charly lo primero que hizo es ser Charly desde siempre.</p><p>—Toda su familia quería que sea un músico clásico. Él estaba destinado a ser un músico clásico, hasta que escuchó a los Beatles, se le abrió el bocho y de repente dijo: “No, yo voy a hacer rock”. Y después porque es un gran abridor de puertas. Son estas personas que no solo llegan sino que hacen que muchos otros lleguen, les dan espacio. Con Duki pasa algo parecido, suben al escenario y abren la posibilidad para un montón de otros músicos. </p><p>La autora señala que entre los perfiles hay algunos históricos como <b>Ladislao José Biro</b>, inventor de la birome; <b>Eugenia Sacerdote de Lustig</b>, la médica e investigadora que probó la vacuna poliomielítica en Argentina; <b>Adolfo Kaminsky</b>, quien falsificaba documentos para salvar vidas en la Segunda Guerra Mundial. Pero también está <b>Fernando Salem</b>, el creador de “Zamba”, que viene a interpelar a los chicos y chicas y a contarles que del aburrimiento pueden nacer las mejores ideas y que aprender historia no tiene por qué ser tedioso; <b>Gino Turbaro</b>, que muestra qué pasa cuando la tecnología se pone al servicio de personas que realmente la necesitan; o <b>Raquel Chan</b>, científica del CONICET: “Ella dijo: ‘Che, ¿por qué cuando me voy de vacaciones y vuelvo hay algunas plantas que están completamente muertas y otras que no? Investiga, investiga, investiga y se da cuenta de que hay un gen que tienen los girasoles que hace que las plantas vivan más y empieza a introducir ese gen que trajo beneficios para la agricultura”. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/GPHTG66RPVGNJA6JLTA3VM4GXE.jpg?auth=747822b3054bb23ce541017116422b17c967a015240cc4714d31cbc58f784e36&smart=true&width=1920&height=1543" alt=""Sensibles" pone al alcance de chicos y chicas historias que invitan a conversar sobre la tolerancia al fracaso, el bullying, la salud mental, la educación. Sobre animarse a ser algo distinto de lo que se espera o, incluso, a renunciar cuando esa cima por la que se dejó todo no resultó ser el lugar que prometía (Alan Goldfarb) 
" height="1543" width="1920"/><p>—Son temáticas que a los pibes les interesan. Hay algunas que les son muy propias y otras que queríamos que conocieran, como a Lohana Berkins; como a Pablo García Borboroglu, que es alguien que investiga pingüinos en la Patagonia; Rodrigo Abd, que es fotógrafo de guerra; Martín Kremenchuzky, triatleta sordociego. Hay un montón de personas. Kremenchuzky es el que más gustó en mi casa: “¿Cómo puede ser que nada atado a una persona? ¿Cómo puede ser que anda en bicicleta y es sordo, ciego?“, hay algo que les despierta la curiosidad a los chicos.</p><p>“¿Cómo, mamá, que hay alguien de 11 años en el libro?” —Faustino Oro, el gran ajedrecista que bate récords—. “No entiendo, ¿cómo que tenía 19 años y ya era política?” —Ofelia Fernández—. “¿Estaba en Argentina y de repente se enteró que estaba pasando esto y dijo: ‘Voy a ir a ayudar’, y se tomó un avión y se fue?” —Mauro Di Si, que rescata personas en el mar Mediterráneo—. “¿Cómo que los maestros no podían tachar ni marcar el cuaderno de los chicos?, ¿cómo que no había pruebas ni recreos?” —la escuela Serena, en Rosario, iniciativa de Olga y Leticia Cossettini, quienes creían que la educación podía ser diferente—. Los hijos de Debbie fueron claves en el proceso. Los primeros en escuchar las historias y en mostrar la combustión inmediata: la explosión de curiosidad, las ansias por conocer más de esos mundos que la lectura les proponía. </p><p> —“Ay, me gustaría que la escuela fuera así“. “¿Por qué? ¿Qué te gusta de la escuela? ¿Qué no te gusta?”. Siento que si uno acompaña la lectura, lográs hacerla mucho más rica. El proceso del libro giraba alrededor de qué temas queríamos acercar a las infancias. Queremos hablar de la escuela y del rol que ocupa, queremos hablar de salud mental y deporte, de <i>bullying</i>, ese también fue un poco el termómetro. </p><p>Los perfiles son breves. Pueden leerse antes de dormir, en un recreo o de un tirón un sábado de lluvia que se preste. El libro puede comenzarse desde el principio, desde el medio, desde el tres cuartos o desde el final. O incluso se puede entrar a las historias a partir del juego o la propuesta con la que termina cada biografía: sopa de letras, <i>tests</i>, trivias, creaciones varias. El objetivo es que encienda la curiosidad, que germinen preguntas, que abra debates, que muestre nuevos temas de interés o genere identificación. </p><p>—Que lean a Ian Moche y por ahí digan: “Esto que le pasaba a él a mí me hace sentido también”. Que lean a Nicky y se pregunten qué es el cambio climático. Que los estimule a conocer distintas temáticas, a hablar de distintas cosas. Los libros permiten eso, incluso abrir conversaciones que son muy duras. En <i>Sensibles </i>se habla de enfermedad, se habla de <i>bullying</i>… Y, sobre todo, esta reflexión de que <b>cuando los pibes terminen de leerlo se sientan menos solos y digan: “Ah, ok, está bueno ser uno mismo”, “Está bien ir por acá”</b>. Eso ya me parece un montón de ganancia. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/7VGKW4STEBGC7BCN3DVJIXOLTU.jpeg?auth=0f0de4cc879c8f6757a8db7042cab9f8a27697d24b566157756ba94a42ab8f76&smart=true&width=1366&height=766" alt="A los catorce años, con el apoyo de su familia, Franco Colapinto se fue a vivir solo a Europa para correr en la Fórmula 4 española" height="766" width="1366"/><p>Debbie dice que uno de los personajes que más disfrutó investigar, uno con el que se identifica, es Agustín “Rada” Aristarán porque, como le sucedió en alguna medida a ella —periodista, divulgadora, doula, creadora de una marca de comida para bebés, autora— a Rada su entorno lo presionaba para que se definiera y se quedara con una de las múltiples disciplinas que él mezclaba y disfrutaba —la magia, la música, la comedia, la actuación—. “Hasta que un productor le dijo lo que necesitaba escuchar: ‘Vos sos Radagast. Dedicate a ser el mejor Radagast posible’”. Que es otra forma de mostrarle a los lectores que no hace falta que elijan un solo camino, que se puede ir detrás de muchas inquietudes y que coexistan felices. Que eso que quieran ser cuando sean grandes pueden ser muchas cosas y que no necesariamente tienen que ajustarse a un envase donde alguien les diga que tienen que entrar. </p><p>O que se puede cambiar de rumbo si lo que eligieron no los convence, como Candelaria Mantilla, una de las creadoras de juegos Maldón, que no conforme con el trabajo que ocupaba sus días se preguntó: <b>“Si pudiera dedicarme a cualquier cosa, ¿qué haría?”</b>, recordó que lo que más le gustaba hacer de chica con sus hermanos era jugar juegos de mesa y se lanzó, junto a uno de ellos, a crear nuevos. </p><p>La semilla en la infancia. <b>Recordar ese grande que deseaban ser de chicos</b>. Animarse a escuchar el deseo impreso dentro. A dar un giro si algo no cierra del todo. Eso tienen en común las personas <i>Sensibles.</i></p><p>En la primera página el libro es para tres niños. La autora, su madre, les agradece por haberle cambiado la mirada. Y se asoma a mirar más allá de lo que se ve. </p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/YQ7BBGEE5ZAG3I2FPURF33HQZI.jpg?auth=ebc1bd6ad631f0ad4ecc34a7a9d304abfc47aae8a60c3e5f6df702f926ffc0b7&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[La periodista, escritora y doula, Debbie Maniowizc, reunió biografías breves de argentinos y argentinas destacadas en "Sensibles: 35 historias inspiradoras para que te animes a hacer lo que soñás", su segundo libro (Alan Goldfarb)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Era intelectual, marxista y fundó una nueva izquierda latinoamericana: la vida de Silvio Frondizi y su muerte a manos de la Triple A]]></title><link>https://www.infobae.com/sociedad/personajes/2025/09/27/era-intelectual-marxista-y-fundo-una-nueva-izquierda-latinoamericana-la-vida-de-silvio-frondizi-y-su-muerte-a-manos-de-la-triple-a/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/sociedad/personajes/2025/09/27/era-intelectual-marxista-y-fundo-una-nueva-izquierda-latinoamericana-la-vida-de-silvio-frondizi-y-su-muerte-a-manos-de-la-triple-a/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[Era culto. Era académico. Había creado movimientos que serían semillero de cuadros políticos. Algunos de sus seguidores tendrían roles protagónicos en las organizaciones de los setenta. Apoyó la Revolución Cubana. Era divulgador empedernido de las ideas de Marx y abogado defensor de los presos políticos: todo lo que la derecha quería aniquilar]]></description><pubDate>Sat, 27 Sep 2025 06:08:07 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/FRTO6NI4MRAJXAX3URAYW2NUY4.jpg?auth=83af5552a987ccdb2e6fedc1bf9f54420342e62df9b2922c2cf465cddf91d611&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Silvio Frondizi" height="1080" width="1920"/><p>Una irrupción violenta en su casa. Un secuestro. Un Falcon verde. Un cuerpo masacrado con saña: cincuenta impactos de bala. Arrojado para ser encontrado. Una firma: la organización que se lo adjudicó poco después. Una advertencia. Un intento de disciplinamiento.</p><p><b>Era 27 de septiembre. Era 1974.</b> El mediodía acaba de correrse para dar lugar a ese espacio temporal que en muchas provincias del país tiene nombre propio y sacro: la siesta. En Buenos Aires quizás solo haya sido el comienzo de una tarde de primavera recién estrenada. En otras versiones del episodio era la noche. Lo cierto es que <b>Silvio Frondizi</b> —67 años— descansaba en su casa de la calle Cangallo —ahora, las trampas de la historia, Presidente Perón—. Su esposa y su nieto de seis meses, con él. La pareja no imaginaba que avanzaban a su encuentro dos Falcon verdes. O quizás sí. Quizás lo habían pensado. Quizás lo temían en secreto sin hablarlo o quizás era un tema recurrente. Lo más probable es que no lo esperaran aquel día, en aquel momento, tarde o noche, en el que estaban al cuidado del bebé. </p><p>En un instante, como una estampida incontenible, <b>un escuadrón de la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A)</b>, dirigido por el subcomisario Juan Ramón Morales y el subinspector Rodolfo Eduardo Almirón Sena, <b>se metió dentro</b>. Los golpeó de un modo feroz.</p><p>Al advertir lo que sucedía, su hija Silvia y su yerno, Luis Mendiburu —militante de la Juventud Peronista—, que vivían en el mismo edificio —según unas versiones— o estaban ahí de visita —según otras—, intervinieron. Aún así <b>no pudieron evitar que se lo llevaran a la fuerza</b>. En el enfrentamiento Mendiburu quedó herido y murió poco después. </p><p>Frondizi fue arrojado en uno de los autos. Uno de los Falcon verdes.<b> Fue llevado a un descampado en Ezeiza donde lo masacraron.</b></p><p>Poco después, el mismo día, <b>la Triple A firmaba públicamente el crimen</b> y daba precisiones sobre dónde había tirado el cuerpo: “Sepa el pueblo argentino que a las 14.20 horas fue ajusticiado el disfrazado número uno, Silvio Frondizi, traidor de traidores…”. La autopsia mostró <b>cincuenta balazos</b>. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/HEHCFMKXGVALVA22NWDQQHDQOQ.jpg?auth=747586156805a35d6bde9b514ef32f867f190fe6053e11f192f3f96a7bdfca52&smart=true&width=1280&height=800" alt="Silvio fue el decimosegundo de catorce hermanos. Le siguieron Arturo, presidente argentino entre 1958 y 1962, y Risieri Frondizi, rector de la Universidad de Buenos Aires en los años de presidencia de Arturo. En la foto, de izquierda a derecha: Silvio, Liduvina, Arturo y Risieri" height="800" width="1280"/><h2>Un nuevo intelectual de una nueva izquierda</h2><p>A mediados de los años 60 Silvio Frondizi dictó un curso de Historia y marxismo en la facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional de Córdoba. Estaba brindando una de las conferencias cuando se escucharon tiros: un grupo de derecha disparaba a la puerta de la facultad para repudiar la actividad. Los estudiantes se apuraron para proteger a Frondizi. Él tomó su portafolio de docente, lo abrió y sacó una ametralladora pequeña. Por si las dudas. Cuando la calma se restauró volvió al estrado e hizo su descarga. La que concluyó así: <b>“Aunque sea a los tiros vamos a defender nuestro derecho a difundir el marxismo”.​</b></p><p>Este episodio, narrado por el médico e histórico militante del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) Abel Bohoslavsky —fallecido en 2021 durante la pandemia de covid-19—, quien asistió a aquel curso en Córdoba, quizás logre capturar la esencia de Frondizi. De Silvio Frondizi. </p><p>Correntino, había nacido en Paso de los Libres inaugurando el año 1907, en enero. Llegó para sumarse a una gran familia que contaría 14 hermanos. <b>Él sería el antepenúltimo, el número doce</b> —los dos que le siguieron fueron Arturo, presidente de la Argentina entre 1958 y 1962, y Risieri Frondizi, rector de la Universidad de Buenos Aires en los años de presidencia de Arturo—. Completaban los nueve varones Ubaldo, Américo, Ricardo, Amadeo, Giulio y Oreste. Las cinco mujeres eran Luidina, Tersilia, María Virginia, Isabella y Liduvina. Sus padres, Julio Frondizi e Isabel Ercoli, eran inmigrantes italianos que habían llegado a buscar un mejor porvenir en estas pampas en 1890, desde Gubbio, región de Umbría. Lo consiguieron: la actividad de Julio como contratista de obras y constructor de puentes y caminos les permitió un buen pasar.</p><p>En la casa de los Frondizi Julio no era solo el jefe de la tribu, el padre proveedor. Siendo un ateo ferviente —aunque tolerante con el cristianismo de su mujer, que enviaba a los hijos a la iglesia y le prendía velas a la Virgen María— y un lector feroz, <b>se encargaba de cultivar la cultura y el intelecto de sus hijos</b>: promovía debates de todo tipo en la mesa familiar y motivaba a su prole para que estudiara una carrera universitaria. </p><p>En 1912 la familia se mudó a Concepción del Uruguay, Entre Ríos, donde los hijos menores comenzaron los estudios primarios y luego los secundarios en el célebre Colegio Nacional de esa ciudad, fundado por Urquiza. En 1923 Julio viajó con sus hijos Silvio y Arturo a Buenos Aires y los anotó en el Colegio Nacional Mariano Moreno. Ahí completaron el bachillerato. Cuando finalizó esa etapa, en 1927, Silvio ingresó a la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires y al Instituto Nacional de Profesorado.​ En estas instituciones <b>se convirtió en abogado y profesor de Historia</b>, respectivamente.</p><p>Durante el golpe militar de 1930, encabezado por Uriburu, fue encarcelado junto a su hermano Arturo durante varios días.</p><p>En 1938 se instaló en la Universidad Nacional de Tucumán, donde enseñó Teoría política y desde donde escribió los primeros textos que luego se transformarían en el primer libro de una vasta obra: <i>Introducción al pensamiento político de John Locke </i>(1943). En ese momento sus ideas aún se circunscribían al universo liberal-democrático. </p><p>En años donde los Gobiernos civiles y militares se alternaban como cartas rojas y negras en un juego de naipes, después del golpe de Estado de 1943, dirigido por los generales Arturo Rawson y Pedro Pablo Ramírez, la Universidad de Tucumán fue intervenida y Silvio Frondizi renunció al Consejo Académico. Tres años después, en 1946, fue cesanteado de sus cargos docentes y se instaló definitivamente en Buenos Aires. En el ombligo del país compartió el estudio jurídico con su hermano Arturo y dictó clases en el Colegio Libre de Estudios Superiores. </p><p>En ese contexto efervescente <b>sus ideas políticas sufrieron una metamorfosis</b>. La sociedad argentina inauguraba la grieta que se convertiría en la madre de todas las dicotomías políticas: la división entre peronistas y antiperonistas; con los cientos de matices que nacerían, se bifurcarían y volverían rizoma los años venideros. La sociedad internacional, todavía golpeada y de rodillas, inauguraba la etapa de la posguerra; con el nazismo recientemente derrocado y los pueblos de Europa destrozados, recogiendo las cenizas. </p><p>Este fue el marco en el que Silvio Frondizi cambió sus concepciones para crear nuevas.<b> Entre fines de 1945 y comienzos del 46 se paró en la vereda de enfrente del peronismo y también cuestionó a la izquierda tradicional</b>. En un folleto —de los varios que escribió— titulado <i>La evolución capitalista y el principio de soberanía</i> asumió, por primera vez, <b>una postura marxista. Que jamás abandonaría.</b> Allí explicaba que el sistema mundial había ingresado, luego de finalizada la Segunda Guerra, en una nueva era que se caracterizaba por la “trasnacionalización del capital y la consiguiente erosión de la soberanía de los Estados-nación”, así lo cuenta el historiador, docente e investigador Horacio Tarcus —que estuvo vinculado a la izquierda— en su entrada sobre Frondizi del <i>Diccionario biográfico de las izquierdas latinoamericanas.</i> </p><p>A partir de sus análisis y su mirada innovadora sobre la realidad argentina, crítica del peronismo y de las posturas clásicas de la izquierda en los envases del socialismo y el comunismo, <b>Silvio Frondizi abrió un espacio novedoso que llamó —o sus discípulos llamaron— “la Nueva Izquierda Latinoamericana”</b>.<b> </b></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/EX7PUMDUENBMVAVG75UZQ6RAVI.jpg?auth=53a7daac40386b56471b8f8e5505cdf001cabd7b378482b2b1fa30074194c6f4&smart=true&width=800&height=594" alt="Así cubría la prensa el secuestro de Silvio Frondizi, el 27 de septiembre de 1974" height="594" width="800"/><h2>Praxis, MIR, FAA: los movimientos que fueron semilla<b> </b></h2><p>Avanzaba la década del 50 cuando Silvio Frondizi, que ya había creado un primer movimiento político llamado Acción Democrática Independiente, creó <b>Praxis</b>, al que luego le antepuso la sigla <b>MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria)</b> consolidándose el <b>MIR-Praxis, </b>en el inicio, <b>una agrupación juvenil marxista que estudiaba esta corriente y sus teorías y abogaba por aplicarlas a la realidad política argentina</b>. Allí se formó una gruesa fila de cuadros políticos que alimentaron la izquierda nacional y se implantaron en la comunidad académica. La mayor parte de ellos tendrían roles muy activos en las organizaciones políticas y sociales de los ‘70. </p><p>Escribe Tarcus: “Allí [en Praxis] va a forjarse políticamente una nueva generación de militantes —entre ellos: Marcos Kaplan, Ricardo Napurí, Ramón Horacio Torres Molina, Alberto Ferrari Etcheverry, Arturo Lewinger, Jorge Lewinger, José Pepe Eliaschev, Aldo Comotto, Arnol Kremer (seud.: Luis Mattini), Juan Wermus (pocos años después conocido como Jorge Altamira), etc.— cuya principal actuación se dará en las décadas de 1960 y 1970. El grupo, que edita el periódico<i> Revolución </i>(Buenos Aires, 1955-1960), pasa enseguida a denominarse Movimiento de Izquierda Revolucionaria Praxis (MIR-P)”. Cuenta también que además de formarse teóricamente en el marxismo, desde comienzos de la década del 60 sus integrantes desempeñaron un intenso activismo comunal en diferentes puntos del Gran Buenos Aires y de la provincia de Córdoba.</p><p>El MIR Praxis generó eco en la región y también cosechó <i>followers </i>y adeptos en América Latina. Así, se convirtió en una de las experiencias teóricas más interesantes de la izquierda argentina y sentó un precedente en los alrededores. “Creemos que en Latinoamérica están dadas las condiciones para una revolución socialista, pero nos faltan todavía algunas condiciones subjetivas. Claro está que el análisis de esta situación significa resolver el grave problema —tal vez el más grave que enfrenta la revolución socialista en el mundo— sobre las relaciones entre masa, partido y dirección”, decía el artífice de este movimiento en 1959.</p><p>Mientras la Guerra Fría era el fondo de escenario del mundo y la mancha negra que había dejado la Segunda Guerra Mundial todavía estaba fresca y humeante, los años se prestaban para que los países tuvieran sus propias discusiones y disputas ideológicas y se preguntaran qué sistema querían para vivir. Cuál forma de organización social y política traería mejores condiciones a los habitantes del territorio. Y de todos los territorios. Aunque en el Norte tuvieran otros planes para coartar estos impulsos, estos intentos, de cuajo.</p><p>El MIR Praxis no sería el único movimiento que fundaría Silvio Frondizi. Más de una década después también participaría activamente en el surgimiento del<b> Frente Antiimperialista y Antidictatorial (FAA)</b>, que presidiría en 1972: otro año bisagra. Esto pariría luego al <b>Frente Antiimperialista por el Socialismo (FAS)</b>. Las iniciativas políticas darían un volantazo cuando apremiaba la construcción de una coalición democrática a modo de estrategia frente al regreso del Gobierno constitucional que se avecinaba con la salida de la dictadura de Lanusse y el llamado a elecciones. Como sucedió en muchos momentos de la historia argentina —como sigue sucediendo: a veces a modo de alianza coherente, otras de ensalada de injertos extraños—, se fusionaron entonces algunos grupos de la izquierda marxista con fases del peronismo revolucionario de cara a las urnas de 1973.​ Y Frondizi integraría, con otras figuras, la mesa coordinadora del Frente Antimperialista por el Socialismo (FAS). Pero para esto aún faltaba. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/THBKAZS6YFHETODPD2CZVFOJ7Q.jpg?auth=6a2acf4d805499eb6b8fe0ba19173f78618ca9887420a3cf20a1b8858a7f4c29&smart=true&width=1080&height=1550" alt=""Bases y punto de partida para una solución popular" fue el título que escogió Frondizi para el folleto que escribió en 1961, cuando al regresar de Cuba decidió darle una nueva dirección a la actividad del MIR, que volcó allí" height="1550" width="1080"/><h2>En La Habana</h2><p>Un año después de que Cuba se cubriera de Revolución, Silvio Frondizi fue invitado a la isla por el Movimiento 26 de Julio —la organización política y militar liderada por Fidel Castro y el Che Guevara para combatir la dictadura de Fulgencio Batista—. Estuvo allí de mayo a junio de 1960, donde <b>tuvo varias reuniones con el comandante argentino. Que le hizo una propuesta: que se quedara en Cuba como rector de la Universidad de La Habana</b>. Guevara sabía que Silvio era el intelectual de la izquierda más innovador del país y de la región por esos días, y quería que hiciera de la universidad de la isla el centro intelectual del continente. Pero Frondizi no aceptó. Dicen que le propuso, en cambio, crear una internacional de partidos revolucionarios por fuera del comunismo desde allí —el MIR argentino que él fundó sería la primera de varias células con el mismo nombre en América Latina. </p><p>Lo cierto es que Silvio regresó a Buenos Aires y publicó <i>La revolución cubana. Su significación histórica</i> y también <b>le dio una nueva dirección a la actividad del MIR</b>, que daba lugar a un discurso más popular y menos clasista que el que había sostenido, lo que volcó en el folleto <i>Bases y punto de partida para una solución popular</i> (1961). Esa nueva dirección se tradujo en una crisis al interior del movimiento que se desmembró en varios grupos. </p><h2>La revolución desde las aulas y los tribunales</h2><p>Sin movimiento político alrededor Silvio Frondizi se volcó a la docencia, aunque siguió escribiendo y publicando libros y folletos que ensancharon su vasta obra. Desde 1958 estuvo al frente de la cátedra de Derecho Político de la Universidad Nacional de La Plata y en 1962 ganó el concurso de profesor titular de la de Instituciones del Derecho Público en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA. En 1963, apoyado por el Centro de Estudiantes, dictó la cátedra de Sociología Argentina Contemporánea en la carrera de Sociología de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. </p><p>En ocasión de un homenaje en su memoria, Horacio Tarcus recordó su trayectoria académica y su entrega a la tarea docente “preparando sus clases, escuchando a sus alumnos. Hay muchísimos testimonios de que fue un gran profesor”, dijo y destacó: <b>“Fue formador de una generación de izquierda que pasó por sus clases pero también por su organización política y por los grupos de estudio y lectura que coordinaba”</b>.</p><p>“Sus alumnos siempre recordaron muy bien a ese hombre alto, algo encorvado, que hablaba rápido y con potencia”, se lee en un texto, también homenaje, de la Universidad Nacional de La Plata.</p><p>Cuando el golpe de Estado de 1966 derrocó a Arturo Illia e inició la dictadura cívico-militar autodenominada Revolución Argentina, <b>Frondizi renunció a sus cargos y se dedicó a la defensa de presos políticos y gremiales</b>. Cuando los militares estaban en retirada y se asomaba un nuevo Gobierno peronista, dirigió el periódico <i>Nuevo Hombre —</i>expresión política del PRT, de quienes era prácticamente parte o al menos muy cercano— que se publicó entre 1972 y 1973. En este tiempo fue blanco de presiones, amenazas y censuras. </p><p>De cara a las elecciones de 1973 la dirección del Partido Revolucionario de los Trabajadores sopesaba una posible fórmula: Agustín Tosco – Silvio Frondizi. Pero terminó por ser contactado por el político Jorge Enea Spilimbergo para proponerle que se presentara como candidato a senador extrapartidario por el Frente de Izquierda Popular (FIP).</p><p>De todos modos, el principio del fin, <b>lo que lo pondría en la lista negra que había dado a conocer la Triple A, fue su tarea como abogado defensor de militantes y presos políticos</b>. La que desempeñó como miembro de una comisión de abogados coordinada por Rodolfo Ortega Peña, a quien le aguardaba el mismo destino. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/3DTLRJO7LBB5HEYYYS6UK6W5P4.jpg?auth=d2e0b61846464b82e3079e52adba4553ba73aa930b4c26c22e7d8c3c4f45af74&smart=true&width=1080&height=720" alt="Nota del diario La Opinión sobre el asesinato de Silvio Frondizi a manos de la Triple A" height="720" width="1080"/><h2>La caída</h2><p>“<b>Fue un tipo que se jugó la vida y sabía que se la jugaba</b>. Hay un montón de testimonios de compañeros que he recogido que le decían: ‘Andate del país’. Recibió amenazas, le pusieron bombas en su estudio, y <b>él creyó que su misión era la de combatir hasta el final</b>”, recordó Horacio Tarcus cuando la agrupación Barrios por Memoria y Justicia colocó la baldosa restaurada, que señaliza el lugar donde lo secuestraron, en la puerta del que fuera su domicilio, en el barrio de Almagro, en 2024.</p><p>Un mes antes de que la Triple A lo asesinara, en agosto de 1974, el Ejército Revolucionario del Pueblo (brazo armado del PRT) intentó tomar el Regimiento de Infantería Aerotransportada N° 17 de Catamarca. El operativo fracasó y <b>catorce combatientes fueron capturados y fusilados en lo que se llamó la masacre de Capilla del Rosario</b>, un asesinato que las fuerzas armadas disfrazaron de enfrentamiento. Fórmula que —como el secuestro, como el Falcon verde— pronto se masificaría. </p><p>Silvio Frondizi viajó a la provincia y asumió la defensa de los combatientes detenidos, como lo hacía con otros presos políticos en lo que se había convertido en la tarea más importante de su vida. Cuando regresó a Buenos Aires, <b>denunció en conferencia de prensa lo que había sucedio: la tortura y la matanza. </b>Y responsabilizó de eso a las fuerzas comandadas por el general Benjamín Menéndez y al entonces jefe de Policía, comisario Alberto Villar. <b>Esa fue su sentencia de muerte</b>. </p><p>Aunque hacía tiempo que, gentilmente, le acercaban advertencias: meses antes de estos hechos había sufrido atentados en su estudio jurídico. Y su nombre figuraba entre las futuras víctimas que había dado a conocer, sin escrúpulos, la Alianza Antiomunista Argentina.</p><p>Muerto el rey, y con una reina casi de plastilina, la siniestra organización de la derecha peronista, que actuaba bajo las órdenes y el auspicio del hechicero al frente del Ministerio de Bienestar Social —una paradoja digna de Orwell— con las complicidades necesarias, tenía luz verde para hacer a su antojo. </p><p>En enero de ese mismo año, <b>la Triple A había publicado una lista negra</b> que condenaba a personalidades políticas, intelectuales, de la cultura, activistas, obreros, estudiantes, defensores de derechos humanos. Personas que serían <b>“ejecutadas inmediatamente en donde se las encuentre”</b>.</p><p>Mario Roberto Santucho, Roberto Quieto, Agustín Tosco, Rodolfo Puiggrós, Rodolfo Ortega Peña, Julio Troxler y Silvio Frondizi eran algunos de los que figuraban en el catálogo de la muerte. Una advertencia. Un intento de disciplinamiento.</p><p>Aunque se calcula que el número de víctimas de la Triple A ronda las 1.500 o 2.000 personas, quienes fueron heridos y torturados, asaltados y amenazados entre 1973 y 1976 son incontables. La organización paramilitar tenía una meta clara: amedrentar a las izquierdas. Sembrar el terror. La advertencia. El disciplinamiento que conduce al sometimiento.</p><p>Quizás aquel 27 de septiembre de 1974 cuando escuchó el ruido inconfundible de la violencia paraestatal en su puerta lo supo de inmediato. No era el primero de su círculo.</p><p><b>Dos meses antes había sido Ortega Peña</b>. Defensor de presos políticos, como él. Amenazado, como él. Negándose al exilio, como él. Fue acribillado —como lo sería él— dentro de un taxi, cuando viajaba con su esposa, en la intersección de las calles Arenales y Carlos Pellegrini. <b>Fue el primer asesinato que la Triple A firmó</b>. </p><p>Siete días antes que él había sido <b>Julio Troxler</b> —conocido dirigente peronista y sobreviviente de los fusilamientos de José León Suarez—, otro de los fusilados que vivía. Y que lo hizo hasta aquel día de septiembre de 1974 en el que fue secuestrado en las inmediaciones de la facultad de Derecho y acribillado por la espalda, como hacen los cobardes, junto a un paredón del ferrocarril Roca en Barracas. Ese día también, como si saldaran un encuentro pendiente con el destino del que Troxler había escapado dos décadas atrás, la Triple A se adjudicó el asesinato acusándolo de “bolche y mal argentino”.</p><p>Es muy probable que aquel 27 de septiembre de 1974, cuando escuchó el ruido inconfundible de la violencia paraestatal en su puerta lo haya sabido de inmediato.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/AMIWG67V7BHO3AHQYXN6WQHDAQ.jpg?auth=46bd97205469d60273fd008bc143fbf74be0605e4728bcdf854cc50c09a3f81c&smart=true&width=1080&height=720" alt="Baldosa restaurada y colocada en 2024 por la agrupación Barrios por Memoria y Justicia en el sitio donde vivía Frondizi, en Almagro" height="720" width="1080"/><p>Su velatorio, multitudinario, fue en el Aula Magna de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN). El domingo 29 de septiembre, cuando el cortejo fúnebre acompañaba el cuerpo hacia el cementerio de la Chacarita, fuerzas policiales al mando de Alberto Villar —uno de los líderes de la Triple A— secuestraron el féretro durante algunas horas.</p><p>Después de su muerte, su esposa, Pura Sánchez Campos, y sus dos hijos, Isabel Silvia y Julio Horacio, se exiliaron en Italia.</p><p>En el acto de colocación de la baldosa restaurada, Horacio Tarcus destacó la trascendencia de las ideas de Frondizi en los debates de la izquierda de entonces: “Él pensó cosas muy originales, habló de movimientos sociales cuando era algo raro, nadie hablaba en la década del ‘60 de movimientos sociales por fuera o más allá de los partidos políticos. Habló de la globalización cuando todavía no tenía ese nombre; decía que después de la etapa imperialista del capitalismo había una etapa de integración mundial”. <b>“Se estaba anticipando a pensar fenómenos contemporáneos con una gran autonomía, autoridad, inteligencia”</b>.</p><p>En la exposición realizada también en 2024, en el homenaje a Silvio Frondizi por los 50 años de su muerte organizado por la cátedra libre Alejandro Korn de la UNLP, la Universidad Popular Alejandro Korn y la Biblioteca Popular Francisco Romero Delgado, el abogado, docente y cientista político Ramón Torres Molina, quien además tuvo a Frondizi de maestro, dijo: <b>“</b>Silvio Frondizi actuó como abogado en varias causas pero, básicamente, era un militante político. Siempre lo fue y lo era en ese momento. Están los testimonios de Luis Mattini [N. de la R.: un militante de izquierda y dirigente del ERP fallecido en 2024] donde expresa que lo entrevistó y le ofreció salir del país con el apoyo del PRT. Y él dijo: <b>‘Sería traicionar mis principios. Si yo he sostenido la necesidad de una revolución en nuestro país y he formado gente en ese sentido, no me puedo ir’”</b>. </p><p>“Silvio Frondizi fue un militante, directamente o indirectamente, del Partido Revolucionario de los Trabajadores. Asumió, con esa definición, el camino de la historia más allá de la coyuntura, más allá de los aciertos o errores que se tomaron en ese momento. Lo asumió con todas las consecuencias que implicaban esas decisiones, mirando las posibilidades de cambio en un camino histórico hacia la liberación de la patria. Fue asesinado por militante político por la Triple A. (...) Silvio Frondizi fue muerto por ser consecuente con sus ideas, por su conducta. Fue muerto por revolucionario”.</p><p>“La lucha no se libra en el Congreso sino que la libran los propios trabajadores”, se escucha decir al intelectual con una voz lejana y algo áspera en un video homenaje titulado <i>Fragmentos del 74: memorias de Silvio Frondizi</i>. <b>“Solo el pueblo salvará al pueblo, no debemos olvidar eso”</b>.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/FRTO6NI4MRAJXAX3URAYW2NUY4.jpg?auth=83af5552a987ccdb2e6fedc1bf9f54420342e62df9b2922c2cf465cddf91d611&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Silvio Frondizi]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[“Debimos recomponer un tenebroso rompecabezas”: cuando Ernesto Sabato le entregó al presidente Raúl Alfonsín el informe de la Conadep]]></title><link>https://www.infobae.com/sociedad/2025/09/20/debimos-recomponer-un-tenebroso-rompecabezas-cuando-ernesto-sabato-le-entrego-al-presidente-raul-alfonsin-el-informe-de-la-conadep/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/sociedad/2025/09/20/debimos-recomponer-un-tenebroso-rompecabezas-cuando-ernesto-sabato-le-entrego-al-presidente-raul-alfonsin-el-informe-de-la-conadep/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[El 15 de diciembre de 1983, cinco días después de asumir y refundar formalmente la democracia argentina, Alfonsín creó la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas para investigar los crímenes de lesa humanidad cometidos por la dictadura cívico-militar. Sus integrantes trabajaron en tiempo récord: el 20 de septiembre de 1984, el escritor, quien la presidía, hacía entrega del material que luego se publicaría con el título que sería mandamiento: “Nunca más”]]></description><pubDate>Sat, 20 Sep 2025 05:04:46 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/T67YUZNCVNDZRJ2HUPIOELWFZ4.jpeg?auth=2be54740125f7d43349489570fda6a5d7fa43200c7e12b9c046903dc41742d67&smart=true&width=1920&height=1079" alt="Ernesto Sabato le entrega a Raúl Alfonsín el informe de la Conadep (AP)" height="1079" width="1920"/><p><i>“En nombre de la seguridad nacional, miles y miles de seres humanos, generalmente jóvenes y hasta adolescentes, pasaron a integrar </i><i><b>una categoría tétrica y fantasmal, la de los desaparecidos. Palabra, triste privilegio argentino, que hoy se escribe en castellano en toda la prensa del mundo</b></i><i>. Arrebatados por la fuerza dejaron de tener presencia civil. ¿Quiénes exactamente los había secuestrado? ¿Por qué? ¿Dónde estaban? No se tenía respuesta precisa a estos interrogantes. Las autoridades no habían oído hablar jamás de ellos, las cárceles no los tenían en sus celdas, la Justicia los desconocía y los habeas corpus solo tenían por contestación el silencio. En torno de ellos crecía un ominoso silencio”</i>.</p><p>Era <b>20 de septiembre de 1984 </b>cuando un atribulado pero sólido Ernesto Sabato se dirigía con estas palabras al entonce presidente Raúl Alfonsín para presentar el trabajo a destajo que la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep) que él presidía había realizado durante los nueve meses anteriores, desde que el mandatario que trajo de regreso la democracia la había creado. </p><p>Eran <b>más de cincuenta mil páginas </b>que rebalsaban de datos.<b> </b>Más de cincuenta mil páginas que contenían el testimonio más atroz. Secuestros, torturas, mutilaciones, violaciones. Las formas más siniestras de la muerte. Nombres y ubicaciones de los centros clandestinos y morideros que antes de su caída las Fuerzas Armadas habían querido destruir, ocultar. <b>Más de</b> <b>cincuenta mil páginas que serían prueba judicial y piedra fundacional en la búsqueda de la memoria, la verdad y la justicia</b>. Que serían bandera, declaración, deseo, mandamiento.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/T53HEWLMBZB25JAMPTEMFE5R5E.jpg?auth=c16ab33af6470ce8cb67ec4c37714ee22fd83b85288aae6cddaa3bbef2209b55&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Los integrantes de la Conadep, miembros notables de la sociedad, reunidos en pos de investigar las violaciones a los derechos humanos cometidas durante la última dictadura" height="1080" width="1920"/><p><i>“Desde el momento del secuestro la víctima perdía todos los derechos, privada de toda comunicación con el mundo exterior, confinada en lugares desconocidos, sometida a suplicios infernales, ignorante de su destino mediato e inmediato, susceptible de ser arrojada al río al mar o reducida a cenizas. Seres que, sin embargo, no eran cosas, sino que conservaban atributos de la criatura humana: la sensibilidad para el tormento, la memoria de su madre o de su hijo o de su mujer, la infinita vergüenza por la violación en público; seres no solo poseídos por esa infinita angustia y ese supremo pavor, sino, y quizás por eso mismo, guardando en algún rincón de su alma alguna descabellada esperanza”</i>. (Sabato, 20 de septiembre de 1984). </p><p>Entre 1976 y 1983, <b>las Fuerzas Armadas argentinas</b>, comandadas por Jorge Rafael Videla, Emilio Massera y Orlando Agosti, <b>secuestraron, torturaron, violaron y asesinaron a miles de personas en los sótanos de una sociedad aterrorizada</b>. Quizás aquel 24 de marzo fatídico, cuando derrocaron a la presidenta María Estela Martínez de Perón, que había asumido tras la muerte de Juan Domingo en 1974, los habitantes de este país pensaron que sería un golpe de Estado más. Argentina estaba acostumbrada: contaban demasiados años en su historia en los que los gobiernos militares se intercalaban con los civiles tomando el poder por la fuerza. Aunque a este golpe lo antecedía una escalada de violencia cada vez más cruda, cada vez más feroz. Orquestada por grupos paramilitares dirigidos por personas allegadas a la presidenta y al poder que querían acabar con las organizaciones políticas de izquierda, las que habían decidido armarse para plantarles cara y dar una revolución violenta que condujera —utopía mediante— a una existencia más justa.</p><p>Cuando la junta militar tomó el gobierno, los secuestros, los asesinatos, las acciones clandestinas de los movimientos guerrilleros, los cadáveres en las veredas cocidos a balazos eran parte de las noticias y el paisaje cotidiano. Quizás aquel 24 de marzo fatídico los habitantes de este país pensaron que sería un golpe de Estado más. Quizás algunos o varios o muchos pensaron que la violencia llegaría a su fin. Argentina estaba acostumbrada. Mas lo que sucedió a partir de aquel 24 de marzo fatídico no tenía precedentes. </p><p>“Proceso de Reorganización Nacional” —el eufemismo padre de los cientos de eufemismos siniestros que utilizarían los perpetradores desde entonces— llamaron ampulosamente al plan a través del que establecieron un sistema concentracionario que aniquiló a miles de personas y sembró el terror en las fibras más profundas de la estructura social. El saldo: 30.000 personas desaparecidas, 500 bebés robados, miles de ciudadanos exiliados. Una guerra infame, un país en ruinas. </p><p>La guerra de Malvinas y el debilitamiento progresivo del poder de los dictadores después de siete años de oprobio dieron paso al <b>regreso democrático</b> que quedó formalizado el 10 de diciembre de 1983, cuando Raúl Alfonsín asumió la presidencia. Cinco días más tarde, <b>el 15 de diciembre, Alfonsín creó la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas con el objetivo de investigar los crímenes de lesa humanidad cometidos por la dictadura cívico-militar</b>. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/OF72GNTXHJFATGMMRB3C77VBYM.jpg?auth=fc2037e9cd22140325abd6b62915dce472ebd09091e9161c32dc8c7be710f348&smart=true&width=1920&height=1440" alt="Durante 280 días la Conadep trabajó a destajo recibiendo testimonios, intentando localizar centros clandestinos y recopilando información para devolverle identidad a los desaparecidos y reconstruir lo que habían hecho de ellos" height="1440" width="1920"/><p>Los integrantes eran miembros destacados de la sociedad. Presidido por el escritor Ernesto Sabato, el grupo que se dispuso a desentrañar las violaciones a los derechos humanos estaba formado por el exrector de la UBA, Ricardo Colombres; el doctor René Favaloro —que renunciaría al no estar de acuerdo con que la comisión no investigara los crímenes de la Triple A ocurridos durante el Gobierno de Isabel Perón—; el exdecano de la Facultad de Ingeniería y también exrector de la UBA, Hilario Fernández Long; el pastor evangélico Carlos Gattinoni; el filósofo y matemático, Gregorio Klimovsky; el rabino y fundador del Movimiento Judío por los Derechos Humanos, Marshall Meyer; el obispo defensor de los derechos humanos, Jaime de Nevares; el filósofo Eduardo Rabossi; y la periodista Magdalena Ruiz Guiñazú. También los diputados radicales Santiago Marcelino López, Hugo Diógenes Piucill y Horacio Hugo Huarte, en representación del Congreso.</p><p>Como secretarios actuaron Daniel Salvador, en el Procesamiento de Datos; Raúl Peneón, en Procedimientos; Alberto Mansur, en Asuntos Legales; Leopoldo Silgueira, como administrativo; Agustín Altamiranda; y Graciela Fernández Meijide en la Recepción de Denuncias. </p><p>Junto a ellos, un grupo de personas vinculadas a organizaciones de derechos humanos <b>trabajaron incansablemente y en tiempo récord</b>. Como la abogada, exjueza y docente de la Universidad de Buenos Aires fallecida en 2024, LuciIa Larrandart, quien en 1984 también fue designada a la Secretaría de Denuncias de la Conadep. </p><p>Su titánica labor consistió en leer y oír miles de acusaciones y testimonios de sobrevivientes y familiares de víctimas e intentar ubicar el sitio donde habían sido destinadas las personas desaparecidas, siguiendo unas huellas fragmentadas, borrosas: “Uníamos las características mencionadas con el centro de detención al que correspondía porque no se sabía qué centros había”. <b>Se calcula que hubo más de 800 centros clandestinos de detención</b>, "<b>la Conadep fue la que comenzó a descubrirlos</b>. Fue un trabajo superartesanal que se hizo en diez meses", recordaba hace unos años Larrandart.</p><p>Como un enorme desafío macabro de enigmas y acertijos, a partir de datos sueltos y características e información cruzada lograron devolver la identidad a muchos desaparecidos, identificar represores y descifrar la suerte indescriptible de muchas de las personas a las que sus familias y amigos buscaban. El trabajo minucioso de la comisión perseguía un fin mayor:<b> comenzar algo que se pareciera a la sombra de una reparación imposible</b>. </p><p>Ocupados con tamaña tarea, contaba Larrandart, jamás imaginaron el impacto que tendría el material que estaban preparando. “En el momento nos parecía que no era tan importante lo que estábamos haciendo porque no se tomaban declaraciones en tribunales, no pensábamos que sería prueba judicial”. Pero cuando pudo verlo en retrospectiva, fue evidente: "<b>El informe es brutal</b>. <b>Describe todo cuando no se conocía nada, hizo que el conjunto de la sociedad se enterara de lo ocurrido</b> <b>y sirvió como prueba en los juicios por delitos de lesa humanidad que vendrían después"</b>.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/3JVYMRRLVNHIPLSPRW7CKUFHXU.jpg?auth=56865afd1020fc6ae0b22142e79dff9f179c969a7b4db075046ba5ea9dd81c31&smart=true&width=3280&height=2460" alt=""La Perla", el centro clandestino de detención, tortutra y exterminio más grande de la provincia de Córdoba y uno de los más grandes del país" height="2460" width="3280"/><p><i>“Con tristeza, con dolor, hemos cumplido la misión que nos encomendó en su momento el presidente constitucional de la República. Esa labor fue muy ardua porque debimos recomponer un tenebroso rompecabezas después de muchos años de producidos los hechos. Cuando se habían borrado deliberadamente todos los rastros, se había quemado toda la documentación y hasta se habían demolido edificios. Hemos tenido que basarnos pues en las denuncias de los familiares, en las declaraciones de aquellos que pudieron salir del infierno y aún en los testimonios de represores que por oscuras motivaciones se acercaron a nosotros para decir lo que sabían”</i>. (Sabato, 20 de septiembre de 1984).</p><p>En varias escenas, de las muchas indelebles, de <i>Argentina, 1985, </i>la película de Santiago Mitre que recrea la tarea del fiscal Julio Strassera, su adjunto, Luis Moreno Ocampo, y un equipo legal formado por jóvenes estudiantes, de investigar y preparar en tiempo récord la acusación judicial más importante del país y sentar en el banquillo de los acusados a los miembros de la juntas militar que lo masacraron, se ve a los chicos y chicas —eso eran— del equipo de Strassera correr en una competencia descarnada contra el tiempo. Tenían solo cuatro meses para reunir la información que requerían para el juicio. Se los ve en una oficina desplegando papeles, haciendo marcas como en un juego de estrategias, uniendo puntos con nombres, subiendo a micros que los conducían a diferentes puntos de la Argentina para recabar testimonios e intentar localizar sitios que habían funcionado como centros clandestinos de detención, tortura y muerte.</p><p>Todo eso teñido a la vez de un vértigo, una adrenalina y un entusiasmo que traspasaba la pantalla. La adrenalina, el vértigo y el entusiasmo que generaba saber que lo que hacían podía cambiar la historia. El cuerpo de funcionarios judiciales se había negado a asistir a los fiscales en esa tarea, por miedo, simpatía o complicidad con los militares. Ellos, con alrededor de 20 años o menos, salieron a conseguir lo imposible.</p><p>Mientras, eran seguidos de cerca, en las sombras, amenazados e intimidados por los exrepresores, sicarios sueltos que les respiraban en la nuca e intentaban hacerlos abdicar para que el juicio no se concretara.</p><p>En el <i>film</i> —una dramatización inspirada en los hechos reales, aclararon sus productores—, los chicos y chicas de la Fiscalía van a la Conadep. Alguien del equipo los recibe, les ofrece los expedientes. Ellos se sientan allí a leer el informe. Lloran.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/RSS7XY4D5VHXZEN6GN7SINIBYI.jpg?auth=7c566ea236e93e6506dfab32c7748d77cce3da034e9a95163a11041eaf6bfa7a&smart=true&width=5760&height=3840" alt="En el film de 2022, "Argentina, 1985", se recrea el trabajo de los fiscales Julio Strassera, Luis Moreno Ocampo y su equipo de investigar y preparar la acusación que llevaría a juicio a los comandantes de las Fuerzas Armadas. Para esta tarea se apoyaron en el trabajo realizado por la Conadep" height="3840" width="5760"/><p>De esa manera, con papeles regados por doquier; unión de nombres, datos y puntos geográficos con declaraciones; recabando denuncias; recorriendo el país en busca de testimonios y sitios de la muerte casi a ciegas; siguiendo pistas incompletas como en una caza del tesoro y oyendo las experiencias más salvajes que puede oír un ser humano, todo a contrarreloj, transcurrió el trabajo de la Conadep realizado apenas unos meses antes de la investigación de la Fiscalía que llevó a los perpetradores a juicio marcando un hito sin precedentes en el mundo. Para eso, el informe inestimable de la comisión fue clave: registró todas las desapariciones denunciadas hasta ese momento y los centros clandestinos, contrastando la información a la que accedían con la arquitectura de los edificios, reconocimiento que hacían muchas veces con la ayuda de los sobrevivientes. </p><p>Sus miembros <b>confeccionaron mapas, agruparon testimonios y analizaron todo el material compilado con el objetivo de reconstruir el modo de operar del terrorismo de Estado</b>. Visitaron morgues, vecindarios, lugares de trabajo de las personas desaparecidas para descifrar las modalidades utilizadas para secuestrarlas y localizar los centros clandestinos de detención. Revisaron registros carcelarios, policiales. También investigaron delitos cometidos sobre los bienes de los desaparecidos. <b>En 280 días la Conadep hizo un trabajo colosal</b>. </p><p>El 20 de septiembre de 1984 el escritor Ernesto Sabato le entregaba a Alfonsín un informe que incluía una vasta muestra del funcionamiento de los subsuelos del terror: testimonios de sobrevivientes y de familiares de las víctimas, detalles sobre las torturas, un inventario de más de 300 centros clandestinos de detención y una lista parcial de las personas desaparecidas —el documento probaba al menos nueve mil casos—. <b>Cincuenta mil páginas con un infierno de información</b>. </p><p>Esa voluminosa investigación, también conocida entonces como “Informe Sabato”, fue editada y publicada luego por la Editorial Universitaria de Buenos Aires (Eudeba) —con un prólogo que iba a despertar controversias— bajo el título <i><b>Nunca más</b></i><i>. </i>Que fue propuesto por el rabino Marshall Meyer: era el lema utilizado originalmente por los sobrevivientes del gueto de Varsovia en repudio de las violaciones a los derechos humanos y las vejaciones realizadas por los nazis.</p><p>La publicación del informe <i>Nunca más</i> —o simplemente, “el <i>Nunca más</i>”—, un material imprescindible para comprender el pasado reciente, <b>demostró por primera vez el carácter sistemático de la represión llevada a cabo a manos y en nombre del Estado</b>. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/EA3VXKM72VEHDC2LB3QL6P6J3I.jpeg?auth=4b98e9d78c2122bd8a5f59bf7cad20214db02534d951edb76db2df080a5487c2&smart=true&width=570&height=286" alt="El informe de la Conadep fue la base del histórico Juicio a las Juntas, proceso que marcó un hito sin precedentes en el mundo" height="286" width="570"/><p><i>“Las grandes calamidades son siempre aleccionadoras y sin duda el más terrible drama que en toda su historia sufrió la nación durante el periodo que duró la dictadura militar iniciada en marzo de 1976 servirá para hacernos comprender que </i><i><b>únicamente la democracia es capaz de preservar a un pueblo de semejante horror</b></i><i> y solo ella puede mantener y salvar los sagrados y esenciales derechos de la criatura humana. Únicamente así podremos estar seguros de que</i><i><b> nunca más en nuestra patria se repetirán hechos que nos han hecho trágicamente famosos en el mundo civilizado</b></i><i>”. </i>(Sabato, 20 de septiembre de 1984)</p><p>"<b>La construcción de la Conadep inicia un proceso sin retorno en busca de memoria, verdad y justicia en Argentina </b>y, claramente, es un quiebre, una bisagra", le decía a esta periodista hace unos años el abogado y exdetenido desaparecido Martín Gras, sobreviviente de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), donde funcionó el centro clandestino de detención más grande del país. </p><p>En esa conversación Gras acentuaba que “la represión argentina se caracterizó por crear la figura del desaparecido, alguien que, en palabras de Videla ‘no estaba ni vivo ni muerto’. Colocó al desaparecido en un no lugar. Y montó un sistema totalmente clandestino y fantasma por debajo de la esfera pública. <b>El terrorismo de Estado, entonces, tenía en su corazón esa especie de pozo negro que era la ignorancia sobre la suerte de miles de hombres y mujeres</b>. Y cuando se produjo el proceso de recuperación democrática hubo un clamor, principalmente de los familiares de las víctimas que —con cierta ingenuidad— pensaban que muchos o la totalidad de los desaparecidos iban a reaparecer. <b>Cuando la Conadep comenzó a investigar, fue desbordada por aquello con lo que se encontró</b>“.</p><p>El primer gran impacto fue para los familiares de las víctimas, señalaba, porque recién ahí comprendieron lo que había sucedido: “Ya no era su hijo, su hermano, se descubre que hubo una política de exterminio y que fueron miles. Le dieron, de golpe, a todo el país la dimensión de lo que pasó. <b>La sociedad en su conjunto salió de un espacio de niebla</b>. Yo creo que ese fue el efecto principal que tuvo esa tríada de Conadep, <i>Nunca más</i> y Juicio a las Juntas". Para los sobrevivientes, además, <b>la creación de la comisión “significó la posibilidad de hablar y ser escuchados”</b>. </p><p>El único punto flaco señalado por Gras fue la polémica que rodeó al prólogo con el que se publicó el informe, escrito por el mismo Sabato. El texto comenzaba con una frase que hacía alusión a la teoría de los dos demonios: “Durante la década del 70, la Argentina fue convulsionada por un terror que provenía tanto desde la extrema derecha como de la extrema izquierda”, una frase fuertemente criticada por conducir a una lectura de los hechos que equiparaba la violencia perpetrada por las Fuerzas Armadas con el accionar de las organizaciones guerrilleras. Esa interpretación de lo ocurrido, esa frase y ese prólogo que se antepone a un texto que muestra lo opuesto, que deja puramente al descubierto el accionar abyecto y descarnado de las Fuerzas Armadas, generó controversias y cambios en las reediciones posteriores del <i>Nunca más</i>. </p><p>Del trabajo de la comisión, solo virtudes. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/43BHG55NCZAQNF26TUFCFO3DSE.jpg?auth=eb3a21e1b55903565a6107bbe45d5d912babcdf449665976cfd9a1c6e94249c1&smart=true&width=1920&height=1080" alt="El informe de la Conadep fue publicado por la Editorial Universitaria de Buenos Aires (Eudeba) bajo el título que se convertiría en mandamiento: Nunca más" height="1080" width="1920"/><p>En el mismo prólogo, apenas unas líneas abajo de esta primera, Sabato escribió: “Nuestra comisión no fue instituida para juzgar, pues para eso están los jueces constitucionales, sino para indagar la suerte de los desaparecidos en el curso de estos años aciagos de la vida nacional. Pero, después de haber recibido varios miles de declaraciones y testimonios, de haber verificado o determinado la existencia de cientos de lugares clandestinos de detención y de acumular más de cincuenta mil páginas documentales, <b>tenemos la certidumbre de que la dictadura militar produjo la más grande tragedia de nuestra historia, y la más salvaje</b>. Y, si bien debemos esperar de la Justicia la palabra definitiva, no podemos callar ante lo que hemos oído, leído y registrado; todo lo cual va mucho más allá de lo que pueda considerarse como delictivo para alcanzar la tenebrosa categoría de los<b> crímenes de lesa humanidad</b>”.</p><p>“La impunidad es enemiga directa de la búsqueda de derechos”, dijo Gras al hablar sobre la Conadep y su tarea, y aseguró que <b>el </b><i><b>Nunca más </b></i><b>y los primeros juicios refundaron la democracia argentina</b> —aún con las absoluciones, los indultos, las condenas a medias y otros agujeros que dejaron medidas establecidas por el mismo Alfonsín poco después y que seguirían vigentes hasta el 2003.</p><p>Buscar justicia fue imprescindible para empezar a reparar el tejido social destrozado. Por eso las palabras con las que el fiscal Julio César Strassera cerró su alegato histórico, unidas al trabajo de la Conadep, quedarían grabadas en la memoria colectiva argentina: <b>“Señores jueces, quiero utilizar una frase que pertenece ya a todo el pueblo argentino: Nunca más”</b>.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/GQ7YV36IJ5CPVFSYWFKKXKVCGY.jpg?auth=0ee47fd3658c02614b424355949af49aebae985fdeb4df8f6a64b501322020a5&smart=true&width=1920&height=1080" alt="El informe de la Conadep descubrió y le mostró a la sociedad el carácter sistemático que había tenido el terrorismo ejercido por el Estado. Inició el largo camino de una reparación imposible en una sociedad devastada. Fue la piedra fundacional en la búsqueda de la memoria, la verdad y la justicia " height="1080" width="1920"/><p>Cuando Alfonsín recibió los gruesos fajos que contenían la investigación de la Conadep de la mano de Sabato —dicen que algunos de los integrantes de la comisión durmieron la noche previa junto a las copias por miedo a que intentaran robarlas o destruirlas— agradeció con solemnidad, elogió la labor realizada y dió el pie para el juicio que llegaría un año después: “Necesitábamos, sin duda, de la tarea que ustedes han realizado. Sabemos que ha significado para ustedes un esfuerzo físico tremendo. Pero nos consta que por encima de ese esfuerzo han tenido que superar algo que es mucho más fuerte. Han tenido que superar el agobio del dolor con el que se han encontrado a través de todos estos días de tan intenso trabajo. El país necesitaba en consecuencia este ejemplo de ustedes. <b>Así como necesita saber la verdad acerca de lo que pasó. </b>Porque sobre la base de la mentira o de la oscuridad no podemos construir la unión nacional. Y solamente sobre la base de la verdad y de la justicia es que podemos encontrarnos en la reconciliación tomados, por qué no, de la mano de la bondad.</p><p><b>Yo creo que lo que ustedes han hecho ya ha entrado en la historia de nuestro país</b>. Constituye un aporte fundamental para que de aquí en adelante los argentinos sepamos cabalmente, por lo menos, cuál es el camino que jamás deberemos transitar en el futuro. <b>Para que nunca más el odio, para que nunca más la violencia perturbe, conmueva y degrade a la sociedad argentina”.</b></p><p>Para que nunca más el odio. Para que nunca más la violencia perturbe, conmueva y degrade a la sociedad argentina. Quizás sean buenos tiempos para recordarlo.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/T67YUZNCVNDZRJ2HUPIOELWFZ4.jpeg?auth=2be54740125f7d43349489570fda6a5d7fa43200c7e12b9c046903dc41742d67&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1079" type="image/jpeg" height="1079" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Ernesto Sabato le entrega a Raúl Alfonsín el informe de la Conadep (AP)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[A 30 años de la Cuarta Conferencia Internacional sobre la Mujer, la cumbre que fundó las bases de las luchas actuales por la igualdad]]></title><link>https://www.infobae.com/sociedad/2025/09/15/a-30-anos-de-la-cuarta-conferencia-internacional-sobre-la-mujer-la-cumbre-que-fundo-las-bases-de-las-luchas-actuales-por-la-igualdad/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/sociedad/2025/09/15/a-30-anos-de-la-cuarta-conferencia-internacional-sobre-la-mujer-la-cumbre-que-fundo-las-bases-de-las-luchas-actuales-por-la-igualdad/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[Se realizó entre el 4 y el 15 de septiembre de 1995 en Beijing, China; asistieron 17.000 participantes, 30.000 activistas, y 189 países adoptaron, de forma unánime, la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing: un programa para el empoderamiento de las mujeres con objetivos estratégicos y normas que permitieran su progreso y la equidad de género. Qué ocurrió en ese encuentro, por qué marcó un punto de inflexión en la agenda internacional del movimiento de mujeres, y un homenaje a quienes estuvieron allí y siguen liderando la conquista de derechos]]></description><pubDate>Mon, 15 Sep 2025 05:59:58 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/IH6CKHLB4BHYNKAMTV5LVNPEAE.jpg?auth=975229009c1321b1236649fe2df0f749b97ad7a0850aeec82316a499c9ca5aaa&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Entre el 4 y el 15 de septiembre de 1995, en Beijing, China, se realizó la Cuarta Conferencia Internacional sobre la Mujer. Se tomaron los acuerdos políticos alcanzados en las tres conferencias anteriores —Ciudad de México (1975), Copenhague (1980), Nairobi (1985)—y se establecieron numerosos avances jurídicos que buscaban garantizar la igualdad de género
" height="1080" width="1920"/><p>“El compromiso de un organismo internacional como Naciones Unidas, en la década de los 90, fue muy grande y tuvo un impacto enorme sobre las mujeres. Empezando por 1993, en Viena, donde <b>por primera vez se declaró que los derechos de las mujeres son derechos humanos y por primera vez se consideró que la violencia contra las mujeres es una violación a los derechos humanos</b>”. “Todo fue a pulmón, pagamos durante dos años para poder viajar. Solamente encontramos un grupo que bregaba por las mismas cosas que bregábamos nosotras, las mujeres que trabajamos en nuestro propio hogar [y luchamos para] que ese trabajo pueda ser considerado como trabajo y que cada mujer tenga el derecho a tener la autonomía económica que le permita conversar de igual a igual”. “Creo que lo significativo fue la construcción y la articulación de redes. El conocernos, el construir confianza entre las feministas de América Latina y el Caribe”. <b>“Ahí se reconoce al feminismo como un movimiento global y a América Latina como la región más potente”</b>.</p><p>Diana Maffía, directora del Observatorio de Género en la Justicia dependiente del Consejo de la Magistratura de CABA; Pimpi Colombo, secretaria General del Sindicato de Amas de Casa de Argentina; Ana Falú, directora ejecutiva de CISCSA Ciudades Feministas; y Virginia Franganillo, expresidenta del Consejo Nacional de la Mujer, son cuatro de las más de treinta activistas y referentes argentinas que participaron en la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer de 1995. Ellas fueron homenajeadas la semana pasada en un evento en conmemoración del treinta aniversario de esa cumbre organizado por ONU Mujeres junto a la embajada de China. </p><p>Allí, a través de un video producido por el organismo internacional, muchas viajaron en el tiempo y recordaron cómo había sido participar de un momento que <b>iba a convertirse en un hito para el movimiento de mujeres a nivel mundial</b>. Un encuentro que iba a sentar los cimientos de las luchas que vendrían. Y se quedarían.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/UONI7YZ3UFBIFIW2PTV64BVDZ4.jpg?auth=f935ba92d73e61ac8a6af3825d7c174a3be456268fa3510eb0944d0b694092fb&smart=true&width=1920&height=1382" alt="La Cuarta Conferencia Internacional sobre la Mujer se consagró como un hito: allí 189 países adoptaron, de forma unánime, la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing, un programa para el empoderamiento de las mujeres con objetivos y normas que permitieran su progreso y trazaran el camino hacia la igualdad de género. (Foto: cortesía María José Lubertino)" height="1382" width="1920"/><h2>Una cumbre que fue hito: la Cuarta Conferencia Internacional sobre la Mujer</h2><p>Fue entre el 4 y el 15 de septiembre de 1995, en Beijing, China, y se consagró como <b>la más importante </b>entre sus predecesoras —Ciudad de México (1975), Copenhague (1980), Nairobi (1985)—. Allí, en Beijing, se tomaron los acuerdos políticos alcanzados en las tres conferencias anteriores y se apuntalaron décadas de avances jurídicos que buscaban garantizar la igualdad de género —aunque el concepto de género aún no se utilizaba.</p><p>La convocatoria fue abrumadora: <b>17.000 participantes y 30.000 activistas llegaron desde todo el globo</b> a ese punto lejano —al menos para las latinoamericanas— para plantear debates y establecer acuerdos. Más de 6.000 delegados gubernamentales fueron parte de las negociaciones y más de 4.000 representantes de organizaciones no gubernamentales. “Todos los colores, todas las edades, una diversidad… una cosa maravillosa”, recordaba Pimpi Colombo. Todas las personas empujadas por un objetivo común: <b>trazar un camino que condujera a la equidad y al empoderamiento de las mujeres</b>. </p><p>El foro se convirtió en dos: el oficial, donde sucedían las discusiones y la redacción de los documentos, y el paralelo, celebrado en Huairou, cerca de Beijing, donde 30.000 integrantes de organizaciones no gubernamentales también discutían sobre los puntos cruciales que se trataban en esos días claves de fin de siglo. Y estrechaban vínculos. </p><p>El resultado fue un punto de inflexión y “una carta de navegación”, como lo llamaron las referentes argentinas que estuvieron ahí al recordarlo: <b>la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing</b>, <b>adoptada por 189 países, de forma unánime</b>. Un programa que buscaba y aún busca el empoderamiento de las mujeres y estipula una lista de objetivos estratégicos y medidas que favorecen su progreso y el camino a la igualdad de género. </p><p>Esta agenda, la más nutrida, la que cuenta con mayor aval internacional y se convirtió en una hoja de ruta para transformar la vida de mujeres y niñas, se planteó en <b>doce ejes</b> que necesitaban —aún lo hacen— intervención inmediata: la mujer y la pobreza; educación y capacitación de la mujer; la mujer y la salud; la violencia contra la mujer; la mujer y los conflictos armados; la mujer y la economía; la mujer en el ejercicio del poder y la adopción de decisiones; mecanismos institucionales para el adelanto de la mujer; los derechos humanos de la mujer; la mujer y los medios de difusión; la mujer y el medio ambiente; la niña.</p><p>“[La cumbre] incorporó, efectivamente, la visión de las mujeres como colectivo minoritario; <b>minoritario de poder, no de número</b>”. “Fuimos construyendo argumentos, afinando informaciones para llevar adelante acciones como el litigio internacional”. “Una de las cuestiones que plantea la Plataforma es <b>favorecer la participación política de las mujeres y la representación</b>, no solamente por el valor que tiene, sino por su potencia, por su carácter performático”. “Las latinoamericanas tuvimos una presencia muy fuerte en Huairou, que fue la ciudad donde se celebró la conferencia paralela, digamos, de la sociedad civil”. “Todos los días había reuniones donde se nos informaba hasta dónde iban las negociaciones. Eso nos permitía trabajar con las delegaciones oficiales para consultar, para llevar los temas, para presionar”, recordaron. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/RP52C7AWQVHB5BY5MQRURQRFRM.jpg?auth=ca2186e7362fa2c61a1b851380ac0aca430a5db91529cd7ecd4680be18734dca&smart=true&width=1920&height=1282" alt="Esta semana se realizó un evento para celebrar los treinta años de la Cuarta Conferencia Internacional sobre la Mujer y homenajear a las activistas y referentes argentinas que participaron. Allí se realizó un panel intergeneracional que se ofreció como espacio de intercambio y reflexión. (Foto: cortesía ONU Mujeres)" height="1282" width="1920"/><p>Las tres conferencias mundiales anteriores fueron el soporte sobre el que se paró y se consagró la cuarta, encuentros esenciales para empujar la causa al centro de la escena del mundo y culminar la última cumbre con un plan de acción concreto para el progreso de las mujeres. </p><p>“La transformación fundamental que se produjo en Beijing fue <b>la adopción del enfoque de género</b>, de modo que se reconoció que<b> toda la estructura de la sociedad y todas las relaciones entre los hombres y las mujeres en el interior de esa estructura tenían que ser reevaluadas</b>. Únicamente mediante esa reestructuración fundamental de la sociedad y sus instituciones sería posible potenciar plenamente el papel de las mujeres para que estas ocuparan el lugar que les correspondía como participantes en pie de igualdad con el hombre en todos los aspectos de la vida. Este cambio representó una reafirmación de que <b>los derechos de las mujeres eran derechos humanos</b> y de que la igualdad entre los géneros era una cuestión de interés universal y de beneficio para todos”, destaca la ONU en su sitio web. </p><p>La Cuarta Conferencia se constituyó así en un hito internacional: <b>fue la más grande y representativa en la historia de las Naciones Unidas y la que selló un compromiso y un programa práctico para lograr la igualdad de género</b>. A treinta años de su establecimiento, los Gobiernos y organizaciones de la sociedad civil continúan valiéndose de su Declaración y Plataforma de Acción para evaluar los avances, retrocesos y desafíos pendientes en la lucha por la conquista de derechos. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/DCGZLVNNM5DDBN4PK3JGNJHZZU.jpg?auth=760de60d93b76e66de9c3fbe82ba6220b06c0247840175edbd43e390cb504bd2&smart=true&width=1920&height=1280" alt="Ana Falú, arquitecta, activista por los derechos humanos y por los derechos de las mujeres, investigadora y profesora Emérita de la Universidad Nacional de Córdoba. Es cofundadora de la Red Mujer y Hábitat de América Latina y el Caribe y de CISCSA Ciudades Feministas. (Foto: cortesía ONU Mujeres)" height="1280" width="1920"/><h2>Treinta años no es nada y sin embargo</h2><p>“Los avances respecto de Beijing en la Argentina fueron muy significativos y esto se nota en la legislación que se ha aprobado desde hace treinta años, como por ejemplo <b>el matrimonio igualitario</b>”. “Las constituciones provinciales, por ejemplo, la Constitución de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires es hija de Beijing, porque se aprobó en el año 96, un año después, e incluye la perspectiva de género, incluye la educación sexual integral”. “[La Declaración de Beijing] permitió la sanción de las leyes, en un primer momento, de cuotas o cupo y después la sanción de la <b>ley de paridad</b>”. “A nivel barrial, a nivel comunitario, logramos armar redes. Entre las organizaciones sociales, entre los feminismos populares, y <b>logramos poner en funcionamiento algunas acciones donde el Estado no llegaba o no estaba</b>”. </p><p>Las conquistas en materia de derechos para mejorar la vida de las mujeres y las niñas a partir de la Cuarta Conferencia Internacional fueron contundentes: desde 1995 a esta parte se conquistaron espacios de participación política, se amplió su acceso a la educación, se visibilizaron y construyeron canales para combatir las diferentes violencias que habían estado silenciadas por años, latiendo en secreto, en la discreción de la privacidad hogareña. </p><p>A treinta años de aquella cumbre-hito, en el evento que fue conmemoración, evaluación y homenaje, Magdalena Furtado, oficial a cargo de ONU Mujeres Argentina y directora de programas en Uruguay, compartió algunos números pedidos desde el organismo a los Estados miembro, resultantes del trabajo con el que cada país se había comprometido a partir de la Declaración y Plataforma de Acción de 1995. </p><p>La respuesta fue significativa: <b>159 países enviaron informes nacionales que daban cuenta de la tarea realizada</b> respecto a aquellos 12 ejes acordados para el progreso y la mejora de las condiciones de vida de mujeres y niñas. Países que aún hoy continúan implementando aquel plan de acción a modo de hoja de ruta. Los resultados en números, desde la cumbre de Beijing a estos días, muestran la aprobación de <b>1531 leyes</b>, en todo el mundo, “en pos del avance de los derechos de las mujeres”. Muestran que <b>se duplicó la presencia de mujeres parlamentarias</b>, que <b>aumentó la tasa de mujeres que finalizan la educación secundaria</b> y que <b>disminuyó el matrimonio infantil</b> de modo considerable. </p><p>Las conquistas fueron el resultado del activismo y el trabajo de organizaciones feministas y organizaciones de la sociedad civil; de políticas públicas aclamadas y peleadas tramo a tramo, voto a voto, con el fin de reconocer derechos. Pero falta.</p><p>Los indicadores de los informes nacionales compartidos por la ONU también arrojaron puntos negativos, estancados o en retroceso, que representan algunos de los <b>desafíos pendientes</b>. Entre ellos <b>la violencia sexual en los conflictos: aumentó un 50% “</b>y todos sabemos que las mujeres y las niñas son las que sufren el 95% de esos casos”, acentuó Furtado. “¿Y esto por qué? Porque hoy en día hay alrededor de 180 conflictos armados en el mundo”. Le sigue a este indicador <b>la violencia de género</b>, “prioridad principal para todos los Estados miembro”, principalmente en América Latina y el Caribe. La <b>mortalidad materna </b>apareció en el informe como el tercer punto que, si bien disminuyó entre el 2000 y el 2015, en los últimos diez años se encuentra estancado. El último indicador internacional que señaló Furtado en la columna del debe es <b>el financiamiento para la igualdad</b>. “Hoy en día <b>estamos en un mundo en el que los países invierten más en armas de guerra que en los derechos de las mujeres</b>”, dijo. </p><p>“Sabemos que a medida que se avanza en los derechos, se intenta detener ese avance —continuó— . Sabemos que aún faltan muchas violencias, sin duda, pero hoy más que nunca hay conciencia en la sociedad”. La representante de la ONU culminó su presentación afirmando que “avanzar en los derechos de las mujeres no es solo una cuestión de justicia, <b>es un imperativo para el desarrollo sostenible, para la democracia y para la paz</b>”. Y para dar pie a un panel del que participaron mujeres que estuvieron en Beijing tomó una frase de la feminista dominicana Margarita Pineda: “‘<b>Beijing fue la culminación de un proceso de fortalecimiento del movimiento de mujeres en América Latina y en el Caribe</b>’. Beijing no fue un evento. Fue la celebración de una etapa de lucha que continuará por muchos años más”. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/GGTIQKP26JHNNL7AGPEK2QQAN4.jpg?auth=ebbe31a0d42bf80cab2d417c40f9cf0a1391878a5a4104f38516ed4df65b3147&smart=true&width=1920&height=1280" alt="Nelly Borquez, directora de Violencias por Razones de Género de la Secretaría de Mujeres, Políticas de Género y Diversidades de La Matanza. (Foto: cortesía ONU Mujeres)" height="1280" width="1920"/><h2>El homenaje</h2><p>Para honrar a las argentinas que participaron de la conferencia del 95 y cimentaron y empujaron lo que se tradujo en un movimiento enorme y diverso, en el evento que conmemoró aquel otro evento fundacional se realizó un panel intergeneracional. Moderado por la periodista Graciela Petcoff, que cubrió la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer para la agencia Télam, estuvo integrado por dos activistas, referentes históricas, que viajaron a Beijing y repasaron lo que vivieron en esos días de septiembre que perdurarían, también hablaron de logros y desafíos pendientes: Ana Falú, directora ejecutiva de CISCSA Ciudades Feministas, y Nelly Borquez, directora de Violencias por razones de género de la Secretaría de Mujeres, Políticas de Género y Diversidades de La Matanza. También participó la politóloga, escritora y comunicadora María Florencia Freijo, como heredera de esas referentes que luchan desde aquella cumbre y antes por la conquista de derechos.</p><p>En el intercambio repasaron el impacto de aquella cumbre en el presente, las conquistas que partieron de esa reunión y recorrieron el tiempo hasta concretarse y las deudas pendientes que reclaman ser atendidas con urgencia.</p><p>Entre las primeras, Ana Falú destacó la magnitud del proceso que se desarrolló a partir de la conferencia del 95, encarado y logrado <b>“en clave de movimiento”</b>. “En el que realmente construimos alianzas, construimos articulaciones, construimos argumentaciones, no sin tensiones”. “Fue una tarea de muchas personas. Tantas fueron las artífices: las que conformaron el grupo de Argentina, las que escribieron los documentos, las que pelearon cada párrafo y, como lo decía alguien en ese video que recoge algunas de las voces que participamos, en ese proceso nos precedieron conferencias como la de Viena, en donde por primera vez nos definieron como humanas”. “Cada una de ellas fue un espacio en el que las feministas del mundo articulamos para defender e instalar los temas de la agenda que fueron los 12 puntos de la Plataforma de Beijing”. </p><p>También resaltó el rol clave de aquella cumbre para la formación y motivación del movimiento feminista que creció sobre esa —esta— tierra regada: “Argentina es un país que realmente ha modelado conductas en los derechos de las mujeres, en la región y en el mundo. Y hay que decirlo a esto, la fuerza del movimiento variopinto, por suerte, de las mujeres argentinas, en todas sus diversidades, ha sido de un talento, de una capacidad para instalar temas que parecían imposibles”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/DQSF4MJUONBLHGGROQOTPVHBKU.jpg?auth=c5fbb65441acbf2ff94e4f91f74b4e65ff30d05dafb3a9c48cca2a064222518a&smart=true&width=1920&height=1280" alt="María Florencia Freijo, politóloga, escritora y comunicadora. (Foto: cortesía ONU Mujeres) " height="1280" width="1920"/><p>Con la mirada analítica de quien lee el pasado desde el presente y sus consecuencias, Freijo repasó el legado de la Plataforma de Acción de Beijing como fuente de inspiración para el movimiento feminista en la Argentina y los logros alcanzados desde entonces para el avance de los derechos de las mujeres. Y los sintetizó en la concreción de “tres grandes ejes”: la elaboración de indicadores, es decir, “establecer variables para evaluar el desarrollo”, lo que señala como imprescindible para “observar la problemática y a partir de ahí establecer políticas públicas”; la institucionalización, “exhortar a los países a que las instituciones eran necesarias para darle estructura a las políticas públicas”, entender que organismos dedicados a los derechos de las mujeres a nivel nacional y también provincial eran relevantes; y generar leyes: “Argentina tiene desde el 95 —antes también— una cantidad de leyes que hemos logrado, lo cual es muy bueno porque en materia de retrocesos o de olvidos, las leyes nos marcan un poco el camino y sobre todo marcan la necesaria participación legislativa”. </p><p>Como no podía ser de otra manera, <b>destacó también el Ni Una Menos como “el gran hito”</b>, quizás síntesis de los entonces veinte años que se llevaban trabajando pos Beijing cuando el océano verde inundó las calles en 2015. </p><p>“El Ni Una Menos fue un gran hito porque planteó que más allá de lo legal y de lo institucional <b>necesitamos la reforma cultural</b>. Un cambio cultural que abarcara transversalmente a esas generaciones respecto a lo que veníamos diciendo, que era: ‘Miren, la violencia de género es un actor pero no son situaciones aisladas, hay que trabajar en el acceso a los derechos sexuales y reproductivos, hay que trabajar en el acceso a la educación, hay que trabajar en materia de representación legislativa’”. “Hay muchísima evidencia científica —porque de eso se trata, de trabajar sobre la base de datos— que muestra que <b>más mujeres en participación política efectivamente generan un impacto correlativo al desarrollo humano, no solo de mujeres y niñas</b>”.</p><p>Nelly Borquez recordó lo que había sido para las mujeres de los feminismos populares llegar a Beijing: “Creo que muchas veces se dictan leyes, se hacen avances sobre lo que en esos momentos de los 90 terminaba en los sectores populares: era formación, capacitación, pero<b> nunca se llegaba a lo que es la vida misma de las personas que vivíamos en comunidades</b>. Creo que el feminismo nos llegó de la mano de muchas mujeres que habían vivido el exilio, porque veníamos nosotros, la gente de los barrios, de una resistencia, de un exilio social, de haber salido de la dictadura y salimos de la mano de dos movimientos grandes, como si fueran tormentas, como si fueran vientos, que fueron los encuentros nacionales con mujeres que se habían exiliado”. </p><p>“<b>Los movimientos feministas populares somos la resistencia</b>. Somos raíz, somos rebeldía. Me preguntan: ¿para qué fuimos? Yo me preguntaba: “¿Qué estoy haciendo acá?”. No podía entender cuántas lenguas escuchaba, cuántas mujeres en las diversidades de todo el mundo. Yo digo: “Estoy acá”. Porque muchas veces muchas mujeres de los barrios no están en su lugar. Y <b>ahí pude darme cuenta de que los feminismos populares tenemos lugar en la historia. Y teníamos un lugar en estas luchas</b>”. “Seguimos teniendo situaciones de violencia. ¿Por qué nos atacan tanto a los feminismos? ¿Por qué nos atacaron el Ministerio de Mujeres? Y decimos: “¿Qué hicimos mal?”. No, chicas, no hicimos nada mal. <b>Hicimos demasiadas cosas bien</b>”. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/USL5PQSBNVAQBEYJYAIQD5ZVMQ.jpg?auth=a590d942d7ead6f7adf04716266f0b74801aa349e342732667581479e9f6ae48&smart=true&width=1920&height=1439" alt="En "Beijing +30", el evento que conmemoró la conferencia de 1995, las homenajeadas repasaron el impacto de aquella cumbre en el presente, las conquistas que nacieron en esa reunión y se concretaron y las deudas pendientes que reclaman ser atendidas con urgencia. (Foto: cortesía ONU Mujeres)" height="1439" width="1920"/><h2>Pendientes, montañas y ríos: lo que falta</h2><p>“El tema del matrimonio, las uniones infantiles, es uno que nos queda pendiente”. “Hay que superar la brecha digital y la posibilidad de que las mujeres tengamos acceso a los nuevos trabajos”. “Los Estados han sido reticentes en dar cumplimiento a todas las recomendaciones de Beijing. Beijing establecía el compromiso de los Estados de implementar las políticas públicas respecto a los temas que ahí se estaban debatiendo”. “Tenemos la impresión y es verdad que nosotras hemos logrado muchísimos cambios.</p><p>Esos cambios pueden ser debilitados”. “Creo que las mujeres estamos bajo ataque y justamente por eso debemos reafirmar la agenda que se aprobó en Beijing y sigue siendo nuestra hoja de ruta”. “Una frase de María Luisa Bemberg: <b>‘Hay que mostrarle a las mujeres que se puede’</b>”.</p><p>Desde el video que recoge la voz de muchas de las mujeres homenajeadas, quienes participaron del proceso previo, de la Cuarta Conferencia y de la lucha por el cumplimiento de los compromisos allí asumidos, se destacan también los grandes temas pendientes, los que urge mirar, los peligros de los derechos conquistados. </p><p>En el panel que se ofreció como espacio de reflexión e intercambio, Ana Falú mencionó como “desafíos que han crecido” la escalada de las violencias de género con sus nuevos modos: “Las violencias políticas, las violencias digitales, las violencias en las redes. Hay violencia en cada territorio de nuestra América Latina y del Caribe. Entonces, hay nuevos temas o viejos temas que adquieren un carácter muy importante”. “Las identidades sexuales, la pobreza que sigue siendo un flagelo”. “Entonces: los temas se han ampliado, se han complejizado, sin embargo la Plataforma de Acción mundial sigue teniendo vigencia y como tal tenemos que monitorearla permanentemente y trabajar con estos nuevos puntos de agenda que necesitamos incorporar para avanzar en una mirada multicultural, plural, integradora de la diversidad”.</p><p>Florencia Freijo marcó algunos puntos clave, como <b>la falta de tiempo de las mujeres para dedicar a la participación política</b> —“El tiempo es el gran factor que nutre al poder, que consiste en las relaciones sociales, las relaciones económicas. (...) Sabemos que las mujeres, sobre todo en América Latina, trabajamos aproximadamente el doble de tiempo que nuestros pares masculinos cuando estamos nivelados en la misma clasificación social económica”—; <b>el castigo como modo de disciplinamiento</b> —“Si yo veo que a mujeres las silencian al momento del ejercicio del poder, por supuesto que no me voy a animar a estar en ese lugar”—; y <b>el acceso a la educación de las mujeres </b>—“Vemos un salto cualitativo en la vida de las niñas y las mujeres cuando tienen mejores accesos a los niveles de educación”.</p><p>Nelly Borquez sumó a la lista de deudas, <b>las infancias</b>: “Hay que trabajar también con la infancia, con la juventud, ahí está el futuro”.</p><p>En el Salón Dorado de la Legislatura de Buenos Aires se expandió el eco de quienes llevan en la piel la marca de la lucha colectiva desde hace más de tres décadas. Como Alicia Tate, secretaria de Mujeres, Género y Diversidad del Gobierno de Santa Fe, o Mabel Bianco, presidenta de la Fundación para Estudio e Investigación de la Mujer (FEIM): “Conmemorar la conferencia de Beijing a 30 años de su celebración significa ver la apertura de una puerta que marcó un camino que no tendrá final”. “Es recordar cómo pudimos lograr, en esa reunión, esa cantidad de derechos que se estaban garantizando”.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/IH6CKHLB4BHYNKAMTV5LVNPEAE.jpg?auth=975229009c1321b1236649fe2df0f749b97ad7a0850aeec82316a499c9ca5aaa&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Entre el 4 y el 15 de septiembre de 1995, en Beijing, China, se realizó la Cuarta Conferencia Internacional sobre la Mujer. Se tomaron los acuerdos políticos alcanzados en las tres conferencias anteriores —Ciudad de México (1975), Copenhague (1980), Nairobi (1985)—y se establecieron numerosos avances jurídicos que buscaban garantizar la igualdad de género
]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Sin padre, sin marido y sin Estado, con Milei, el capitalismo y el mercado: quiénes son y cómo piensan las feministas libertarias]]></title><link>https://www.infobae.com/sociedad/2025/09/06/sin-padre-sin-marido-y-sin-estado-con-milei-el-capitalismo-y-el-mercado-quienes-son-y-como-piensan-las-feministas-libertarias/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/sociedad/2025/09/06/sin-padre-sin-marido-y-sin-estado-con-milei-el-capitalismo-y-el-mercado-quienes-son-y-como-piensan-las-feministas-libertarias/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[Las hay maduras, jóvenes y jovencísimas. Adhieren a las ideas de la derecha. Votaron por La Libertad Avanza en las últimas elecciones presidenciales y muchas de ellas se definen como feministas, pero sus pilares fundamentales no son los mismos que los del feminismo “progre” o “zurdo”, como lo llaman. Las investigadoras Melina Vázquez y Carolina Spataro salieron a buscarlas y a contarlas en su último libro]]></description><pubDate>Sat, 06 Sep 2025 10:39:27 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/52MB6ZXDFBGCBJCGG65HZKGIJU.jpg?auth=77091e097b8e5816848933c90b6adc80215fc803719d2fe063674af1b9dba9c2&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Melina Vázquez y Carolina Spataro en la presentación de "Sin padre, sin marido y sin Estado. Feministas de las nuevas derechas", el libro que publicaron recientemente a través de la editorial Siglo XXI" height="1080" width="1920"/><p>El 8 M del 2024, el primero con Javier Milei en la Rosada y sus ideas en el poder, Carolina Spataro y Melina Vázquez se preguntaron <b>qué sucedería</b>. Doctora en Ciencias Sociales, magíster en Comunicación y Cultura, investigadora del Conicet dedicada a los feminismos y su masividad, Carolina; posdoctora en Investigación en Ciencias Sociales, Niñez y Juventud, doctora y magíster en Investigación en Ciencias Sociales, investigadora del Conicet dedicada a políticas y juventudes, Melina, movidas por la curiosidad, el feminismo y sus disciplinas decidieron ir a la plaza a ver. Atravesaron las pancartas, banderas y consignas que les resultaban familiares y después se asomaron a la Legislatura, donde había una actividad coordinada por Rebeca Fleitas, <b>una legisladora porteña de La Libertad Avanza</b>. Había panelistas que debatían en el centro y público que escuchaba detrás. Cuando el intercambio concluyó, Fleitas condujo el cierre en el que ofreció <b>una definición del feminismo liberal</b>.</p><p>—Y habló de la importancia de disputar el feminismo a quienes ellas llaman “las feministas zurdas” porque “el feminismo nació liberal, pero la izquierda nos robó las banderas” —cita de memoria Carolina. </p><p>A las investigadoras ese acto les quedó impreso en el cuerpo. Y fue la piedra fundacional. La puerta de entrada a un mundo que ya existía pero que nadie se había detenido a estudiar, <b>el de las feministas liberales, libertarias</b>. Y fue el comienzo de un trabajo de campo arduo.</p><p>Acá están —ahí estaban—. Y Carolina y Melina quisieron conocerlas, comprenderlas y contarlas. Eso es exactamente lo que hicieron en <i><b>Sin padre, sin marido y sin Estado.</b></i></p><p><i><b>Feministas de las nuevas derechas</b></i>, el libro que escribieron juntas y publicaron recientemente a través de Siglo XXI.<i> </i></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/2ZCBGFPXQZB5FOV5CH33VHJRPI.jpg?auth=984905da64995f7a0c591f0787b056c5dc4772c498d9a2d455dbf7e62a35c904&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Carolina Spataro es doctora en Ciencias Sociales, magíster en Comunicación y Cultura, investigadora adjunta del Conicet y docente de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. (Julieta Bugacoff) 
" height="1080" width="1920"/><h2>La pregunta y la antipregunta<b> </b></h2><p>—En nuestro caso se juntaron dos preguntas que nos veníamos haciendo por separado.</p><p>Yo venía pensando en la masificación del feminismo a partir del Ni Una Menos: hasta dónde había llegado. Venía observando lo que sucedía en la conversación cotidiana, en los medios de comunicación, cómo había llegado al programa de Rial, a la mesa de Mirtha Legrand, a los noticieros, a los clubes de fútbol, a las universidades, a las empresas, a los sindicatos. Y <b>hasta dónde habían llegado los debates feministas </b>era un poco la pregunta, las discusiones que el feminismo viene construyendo hace décadas en la Argentina y que a partir del 2015 tuvieron otra plataforma, otra masividad. Y Meli venía pensando lo mismo a partir del 2020, con la pandemia, en relación a <b>la masificación del liberalismo como significante</b>, que llegó mucho más lejos que lo que había llegado hasta entonces en la historia política de la Argentina. Entonces, una pregunta que nos hacíamos es: <b>si el feminismo o los feminismos se convirtieron en una conversación pública, ¿por qué no iba a llegar a las mujeres de derecha?</b> Y, del otro lado, <b>si el liberalismo se convirtió también en una conversación pública</b> en relación, por ejemplo, a la crítica sobre las medidas de aislamiento, al rol del Estado en la pandemia, <b>¿por qué no iba a llegar también a las mujeres?</b> Pensar que eso es imposible es un problema de punto de vista, no del campo y de lo que sucede.</p><p>Carolina explica cómo ella y Melina hicieron converger los temas que las ocupaban en uno común: <b>quiénes son, qué hacen, qué edades tienen, qué piensan, las mujeres de las nuevas derechas.</b> Más aún, <b>cómo se las arreglan las que se consideran feministas para llenar de sentido ese significante y adherir a un espacio político que se ha pronunciado enemigo del feminismo</b>, que no cree en la desigualdad de género ni en nada que implique una agenda para proteger y ampliar los derechos de las mujeres, más bien lo opuesto.</p><p>Ellas sabían que era un desafío. Y, como cientistas sociales, fue lo que las estimuló a sumergirse en terrenos donde, también sabían, iban a ser <i>outsiders.</i> Necesitaban estar ahí para comenzar a indagar, con la rigurosidad de sus disciplinas, a mujeres que se salen de lo que el sentido común o la dicotomía reduccionista que necesita ordenar a personas e ideas en lados, como si existiese una línea divisoria que atravesara el mundo en dos, reconocen. Mujeres que ante el asombro de muchos y muchas se resisten a ser portadoras de unas etiquetas más cómodas y fáciles de comprender. </p><p>Así fue que, ante susceptibilidades y recelos de parte de miembros de su comunidad académica y entornos de pertenencia que les preguntaba con la ceja levantada si estaban seguras sobre lo que iban a emprender, entendiendo que las personas, como dijeron en la presentación del libro organizada por la editorial, no van por la vida con un etiquetado frontal que las define sino que el asunto —los vínculos, ideas y espacios que construimos como sociedad— es mucho más complejo, tiene muchos más matices y mucha más riqueza, para quienes estén dispuestos a verla, avanzaron. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/AXTH7H4HINDCZLNMPSGTWMIHJI.jpg?auth=b5a7c51f252c54519f07830c9207ba481cf8525701f012734a107130a39f21b2&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Melina Vázquez es posdoctora en Investigación en Ciencias Sociales, Niñez y Juventud, doctora y magíster en Investigación en Ciencias Sociales, investigadora independiente del Conicet, codirectora del Grupo de Estudios en Políticas y Juventudes y coordinadora del Diploma Superior en Juventudes de Clacso. (Julieta Bugacoff)" height="1080" width="1920"/><p>Entonces, en el comienzo fue la(s) palabra(s) y la(s) pregunta(s). Y también <b>la antipregunta</b>. Como lo definen ellas.</p><p>—Sabíamos que elegir este tema era meternos en un barro, pero para nosotras fue una apuesta académica y política —asegura Melina—. Nosotras hemos leído cuánto desde el feminismo que invita a repensar los programas, los hechos políticos a partir de las historias de las mujeres, de las voces de las mujeres y de las posiciones de las mujeres y parecía que sobre las derechas esto no era importante. Esta pregunta ya se la habían hecho otras historiadoras con otros campos y nos parecía increíble que se diera por hecho, primero, que las mujeres votan al progresismo; segundo, que todas las mujeres votan lo mismo y que entonces si sos mujer había una esencia que dictaminaba hacia dónde iba el voto; y después ver que el campo nos mostraba otra cosa. Entonces empezamos el libro citando a Leila Guerriero [N. de la R.: las autoras citan <i>Una historia sencilla</i>, donde la cronista acompaña a un bailarín en un festival de malambo y a partir de la pregunta por esa experiencia devela un mundo ajeno para muchos lectores] porque en realidad la investigación y el periodismo y la literatura y otras disciplinas comparten <b>la posibilidad de hacerse preguntas en otros términos</b>. Y empezamos con las preguntas que nos invitan a hacernos quienes son interlocutoras de un análisis poco moralista y que permiten que esa inquietud conduzca a entender algo nuevo. Desde que publicamos la nota que dio origen a este libro [N. de la R: después del 8M del 2024 las autoras publicaron un texto en la revista <i>Anfibia</i> con el primer acercamiento que habían tenido a las feministas mileístas y despertó controversias], donde encontrábamos respuestas muy reactivas a estudiar esto, nos decíamos: <b>¿cómo no hay una inquietud política, militante y académica por entender por qué esas mujeres están ahí?</b> Entonces,<b> movidas por la antipregunta, hicimos una investigación, que es lo que hacen las ciencias sociales cuando tienen dudas que no pueden responder fácilmente</b>. </p><p>Melina sostiene que, a la inversa, todas las investigaciones que se hundan en el tejido social “deberían estar movidas por preguntas que no sean de fácil respuesta ni nos den la certeza del sentido común”, que es una certeza ilusoria, ficticia. Sabiendo esto, y contra todas las objeciones que les habían transmitido —que iban desde la negación de la existencia del feminismo de derecha: “no existe, no es posible, próxima pregunta”. “El feminismo si no es lucha de clases, no es feminismo”, hasta el desinterés y la superioridad moral: “Bueno, el día que lean y entiendan que son cómplices de su propia subordinación van a votar a otra cosa”—, <b>ellas salieron a ver qué había detrás</b>. Porque, como indica Carolina, “hacer como que esto no existe y entonces va a desaparecer por arte de magia y el mundo va a ser tal cual como lo imaginamos” no es lo que buscan las ciencias sociales, sino “la producción de conocimiento sobre lo existente”.</p><p>—Y eso es lo que intentamos en el libro.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/LAKK34UURNFYRDKRABQL3MZC6I.jpg?auth=df9353d0d0a8c4364567850bf642236a750e715d1b3686bc4466083097aca7be&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Acompañaron la presentación del libro Alexandra Kohan, Diana Maffía y Pablo Semán. (Julieta Bugacoff)" height="1080" width="1920"/><h2>Ser feminista libertaria no es oxímoron: una remera que diga</h2><p>Una de las cosas que les dijeron —más de una vez— a las investigadoras cuando empezaron a hacer público su estudio era que “feminista de derecha” o “feminista libertaria” era un oxímoron, es decir, una expresión compuesta por términos contradictorios, o una contradicción en sí misma. A lo que ellas han dado tantas respuestas que bromean con estamparlo en una camiseta. </p><p>—Porque el oxímoron —dice Carolina— ya parte de una premisa que supone que el feminismo o los feminismos tienen una posición coherente sobre todos los puntos, entonces un feminismo que no adhiera a eso sería un oxímoron. Y eso es lo que nosotras desarmamos o intentamos desarmar casi como punto de partida. </p><p>—Además —suma Melina— no hay muchos estudios sobre mujeres en las derechas, menos que menos sobre este fenómeno tan reciente que a nosotras también nos tomó por sorpresa. Mujeres en las derechas hubo siempre, pero <b>que hubiera mujeres en los espectros de la derecha que además disputaran el significante “feminismo” sí nos aparecía como una novedad</b>, y tratamos de pensar qué quería decir. ¿Es algo impostado? ¿Es algo frente a lo que nosotras tengamos que decir: “No, no lo son”? Eso también supone que el feminismo pueda determinar dónde empieza y dónde termina, quién entra y quién sale, que si bien puede ser una práctica existente, a nosotras no nos interesaba. Nosotras no queríamos decir que el hecho de que haya mujeres en las derechas que reivindican una idea de feminismo para disputar lugares en la política era o no podía ser considerado feminismo o implicaba que ellas eran unas alienadas, si no <b>entender los términos en los que para ellas la palabra feminismo, que en sus espacios políticos no garpa, les permite pensar una posición </b>y disputar o buscar un lugar entre las posiciones antifeministas de sus espacios, entre las posiciones conservadoras y el feminismo, como dicen ellas, “de las zurdas”, “del progresismo”, del que ellas no se sienten parte. Entonces, esa idea de nombrarse feministas expresaba una postura que para nosotras es muy importante y muy interesante reponer, porque sale de esa visión dicotómica que el propio feminismo dio herramientas para combatir: “están las progresistas de izquierda y todo lo que queda por afuera es antifeminismo”. Bueno, no, este campo nos muestra todos los matices que nos ofrece la investigación empírica. </p><p>Las feministas liberales o libertarias no adhieren a la idea de que hay que luchar contra el capitalismo, por el contrario creen que ese sistema, y el mercado como su corazón, ha sido el gran aliado de la emancipación femenina por posibilitarles un ingreso, una cuenta bancaria y una independencia financiera de los varones que antes no existía. Aún así se cubren con una bandera y buscan ganar lugar dentro de un espacio político que no pocas veces se anunció como enemigo del feminismo, que descree y denosta que exista algo parecido a una agenda de género o cualquier herramienta que haga especial hincapié en los derechos, los deseos o situaciones de las mujeres. En definitiva, <b>son mujeres que se interesan por la economía, que ven en el mercado un aliado, y que buscan un lugar en la política</b> en espacios en los que se ven representadas porque hablan de lo que ellas quieren. Aunque estos espacios sean abiertamente antifeministas y misóginos. Son mujeres que eligieron un camino difícil. O, como define Melina, “encuentran en la palabra feminismo una posición en un campo complejo. Entonces, reponer toda esa complejidad para nosotras fue una apuesta y lo sigue siendo”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/VOYAKN7O2NAPVMWDNXD4V7H2NQ.jpg?auth=5859875d58aa291235c461213b9159b42da8780d8dfc9617f454f4fa2fb063e3&smart=true&width=1920&height=886" alt="Las investigadoras hicieron converger los temas que las ocupaban en uno común: quiénes son, qué hacen, qué edades tienen, qué piensan, las mujeres de las nuevas derechas. (Julieta Bugacoff)" height="886" width="1920"/><h2>Pero quiénes son</h2><p>En la que para ellas fue la escena inaugural del trabajo de campo que permitió la investigación volcada en el libro, el panel de las libertarias del 8M en la Legislatura, Carolina y Melina identificaron a mujeres de diferentes edades, por eso decidieron trabajar con tres generaciones e identificar los puntos en común entre ellas, y también qué las hace definirse feministas a quienes se nombran así.</p><p>—Están <b>las</b> <b>señoras liberales</b>,<b> </b>como las llamamos en el libro —cuenta Carolina—, que tienen <b>alrededor de 60 años</b>, son mujeres de clase acomodada, muchas viven del campo. Ellas no se definen como feministas, es un significante que les resulta muy ajeno, sigue siendo una mala palabra, pero <b>sí se presentan como rebeldes respecto de los mandatos con los que fueron educadas</b>,<b> como dedicarse a su hogar, a su familia</b>. Todas ellas militan. Se divorciaron. Algunas son profesionales, otra nos contaba que quería ir a la universidad y no pudo porque en su familia a la universidad iban los varones. Después hay una generación intermedia, de <b>alrededor de 35 años</b>. Muchas de ellas van a universidades nacionales, también eso nos interesó. Trabajan para vivir, tienen otra posición de clase, se sintieron muy interpeladas por el Ni Una Menos, por el debate del aborto, incluso alguna participó de algunos espacios feministas de sus propias universidades. Lo que sí sintieron es una gran distancia con lo que llaman “la cooptación partidaria de la agenda”. Cuando iban a la marcha del Ni Una Menos, al comienzo, y se gritaba “Macri, basura, vos sos la dictadura” y ellas tenían una sensibilidad política más vinculada al macrismo, dejaban de participar, directamente. Y después las más jovencitas que tienen <b>alrededor de 20 años</b>, que ingresaron a la política en la pandemia, que tienen trabajos más precarizados porque son más jóvenes, algunas están estudiando en la universidad, otras dejaron por cuestiones económicas y a todas ellas las marcó fuertemente el debate del aborto, porque sucedió mientras estaban en la secundaria. <b>Todas tienen algo que decir sobre aborto y eso para nosotras fue muy impactante</b>. Ese debate las atravesó, independientemente de su posición, como una clase de educación cívica a cielo abierto: escuchar a los legisladores, saber los días que se sesionaba, saber que hay argumentos que se plantean dentro del Congreso y que a partir de ahí se votan las leyes, que pasan por diferentes cámaras. <b>Fue muy importante para las generaciones más jóvenes</b>. </p><p>Para acercarse a ellas, contarles sobre su investigación y conocer de dónde provenían, qué pensaban, qué puntos de la agenda de género defendían y por qué militaban en un espacio político con una posición tan opuesta a sus credenciales de género, las investigadoras comenzaron a asistir a sus reuniones, conversaron con ellas, las entrevistaron y compartieron sus actividades políticas tanto en la esfera pública como privada, así como sus quehaceres cotidianos, durante más de un año.</p><p>—Fuimos a charlas, encuentros, las analizamos en redes sociales, aunque no son el principal terreno de su activismo —explica Melina—; por eso también hacemos una observación, porque ahí no se ve todo, se ve solo una parte. Está bien estudiarlas, pero quien crea que va a comprender la complejidad del mileísmo a través de las redes sociales para nosotras se va a encontrar con una sorpresa porque hay muchas cosas que pasan por detrás. Y estas mujeres no solo se encuentran ahí, si no únicamente se ven las Lilias Lemoines, con las que tienen sustantivas diferencias. También la idea de que hubiera dos mujeres haciendo un estudio sobre el feminismo liberal para ellas fue objeto de interés y entusiasmo, y estuvieron totalmente pendientes durante todo el proceso a ver qué pasaba con el libro, si quedaban sus testimonios. Querían que pusiéramos sus nombres y apellidos, nosotras optamos por dejar solo sus nombres porque también ellas fueron muchas veces objeto de controversias, de doxeos en redes sociales por parte de los varones de sus propios espacios políticos, entonces quisimos cuidarlas. Solo dejamos los apellidos de las mujeres que son públicas como Gloria Álvarez o Antonella Marty, que son además las autoras con las que ellas se forman.</p><p>Para la mayoría de estas mujeres los libros y las ideas son pilares fundamentales. Según explica Melina, conocer sus bibliotecas es elemental para entenderlas.</p><p>—Ellas mixturan entre las lecturas liberales clásicas, que comparten con otros mundos, como [Murray Newton] Rothbard, la escuela austríaca, Laje, Milei, con una biblioteca feminista donde encontramos lecturas que nos tomaron por sorpresa, como <b>Simone de Beauvoir</b>, a quien leen, discuten y de la que se apropian en sus términos. Y también están las lecturas que expresan lo que para ellas es el feminismo liberal: autoras como Gloria Álvarez, Antonella Marty o María Blanco. María Blanco tiene un libro que se llama <i>Afrodita desenmascarada</i>, donde hace una apuesta por <b>definir</b> <b>al feminismo liberal</b>. Entonces, para ellas los libros y los grupos de lectura no son prácticas por fuera de lo que hacen. Ellas miran los programas de algunas de las carreras que estudian para ver si hay mujeres o si hay lecturas liberales. Arman grupos de lectura como parte de su repertorio de acciones militantes. De hecho, uno de los diagnósticos que hacen dentro de los mundos liberales es “Nos faltan mujeres” y ese diagnóstico encontró una de sus respuestas armando grupos de lectura para nuclearlas. Los libros son un sustrato importante. Entonces, saber que iban a quedar reflejadas en uno fue algo muy relevante para ellas. De hecho lo presentamos con ellas, lo hicieron circular, lo colocaron en un evento liberal del que fueron parte donde también generó resistencias entre algunos de los varones que les decían: “¿Qué es este libro? ¿Ustedes hablan de feminismo? ¿Qué es esto?”. <b>Un libro acerca de ellas que contenía la palabra feminismo también causó controversia dentro de sus mundos</b>.<b> </b>Eso para nosotras es parte de la reflexión. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/AAXQEEGVK5D6BM32HQ27U54H6Y.jpg?auth=a94c6b8c5667bc5db4c38c9a8b4d2599733288a58995b18a48329877a72ce4c8&smart=true&width=1200&height=1600" alt="Las feministas liberales, y aquellas que adhieren a las nuevas derechas sin definirse feministas son, en su mayoría, mujeres que se interesan por la economía, que ven en el mercado un aliado y que buscan un lugar en la política en espacios en los que se ven representadas aunque sean abiertamente antifeministas. (Julieta Bugacoff)" height="1600" width="1200"/><h2>Una agenda propia</h2><p>Tienen diferentes edades. Viven en diferentes puntos del país, e incluso de la región. Pertenecen a diferentes clases sociales. Tienen diferentes trayectos políticos: algunas nacieron en familias liberales y jamás se movieron de esos límites, otras llegaron desde un progresismo que no llenó sus expectativas o las dejó de representar, otras apenas se están asomando a esos espacios. Algunas se reconocen feministas y otras no. Todas adhieren a ideas liberales (quizás no a las mismas en todos los casos) y a algunos de los puntos de la agenda feminista más “clásica” o “progresista”, o a las luchas debajo de ellos para las cuales defienden otros caminos. Ellas unieron esos puntos que les hacen sentido en un <b>“decálogo del feminismo liberal”</b>.</p><p>—Es como un documento en donde ponen algunos acuerdos a los que incluso adhieren las mujeres más grandes que no se dirían feministas —explica Carolina—. El primer punto de ese decálogo establece que <b>“Nadie tiene el monopolio de la representación de las mujeres”</b>, un poco discutiendo esta idea de que hay ciertas posiciones feministas que creen representar a la totalidad de las mujeres, posiciones de las que ellas se consideran afuera. Un segundo punto tiene que ver con que <b>lo que empodera a las mujeres es el mercado, la posibilidad de tener autonomía económica</b>. Ellas se forman y dan cursos y discuten sobre educación financiera, ya que un gran problema de las mujeres es justamente no poder manejar sus bienes, no disponer de su dinero, no saber cómo negociar un sueldo, cómo armar un negocio, cómo emprender. Entonces, empoderarse en el mercado es un elemento importante. En relación a eso, son muy críticas de lo que denominan “el victimismo estatista”, es decir, pedirle al Estado que cuide a las mujeres por estar en desventaja. Ellas militan el achicamiento del Estado, les parece que el Estado se ensanchó innecesariamente durante el kirchnerismo y están de acuerdo con la motosierra, incluso si se lleva puesta el Ministerio de las Mujeres. Ahí se ve parte de la sensibilidad de los espacios liberal libertarios que integran. Y hay un elemento que no está en el decálogo pero que nosotras reconstruimos: <b>le dan un gran valor a la idea de mérito</b>, piensan que cualquier persona que ocupe un cargo público tiene que estar por mérito propio, incluyendo a las mujeres, y no por ser hermana de, amante de, por ser atractiva. </p><p>“Yo quiero estar ahí por mis ideas y no por mis tetas”, cuentan que les dijo una de las mujeres que participó de la investigación y aspiraba a ser la primera intendenta de la ciudad de San Juan. Ellas no quieren que les regalen nada. Por eso se forman. Leen, discuten, participan.</p><p>—Con las leyes de paridad de género —sigue Carolina— tienen posiciones complejas, porque ellas adhieren a esta idea del liberalismo de “somos todos iguales ante la ley”, y estas acciones afirmativas dan una falsa sensación de justicia, pero a la vez saben que <b>sin esas leyes no podrían llegar</b>. Sobre todo las mujeres que entrevistamos de algunas provincias del norte que definen a sus climas políticos como un feudo. Entonces, en términos teóricos las rechazan, pero en la <i>praxis</i> política saben que es importante alguna norma que les genere un espacio, aunque critican a las mujeres públicas de La Libertad Avanza justamente porque consideran que no están ahí por un mérito propio. </p><p>La agenda de las feministas libertarias tiene otros pilares y objetivos que la de las feministas progresistas, pero debajo de los titulares de esas metas aquello que las impulsa tiene puntos comunes. Lo que buscan, principalmente, es “empoderarse en política, empoderarse en el mercado laboral y en la agenda económica”, dice Melina.</p><p>—Y ahí ellas proponen una conversación bastante novedosa, pero con muchos aires de familia. Que va desde Mercedes D’Alessandro hasta Luci Cavallero, desde las académicas, intelectuales o funcionarias, hasta las<i> influencers</i> que hablan de cómo las mujeres tenemos que llevar adelante las finanzas, desde Flor Freijó hasta Laura Visco. Entonces, la pregunta por la relación entre mujeres, feminismos y la agenda económica no es exclusiva de ellas. Lo que pasa es que ellas dicen algo que por ahí eriza un poco los pelos en otros mundos ideológicos que es: <b>“el capitalismo es el mejor amigo de las mujeres”</b>. Cuando lo dicen causa escozor y tiene una gestualidad provocadora también, como dando a entender: “Bueno, si ustedes se dicen anticapitalistas, nosotras amamos el mercado”. Que tampoco todas las feministas son anticapitalistas, eso tratamos de decirlo en el libro, pero ellas dicen: “El capitalismo nos dio herramientas porque tener una cuenta propia fue un cuarto propio para las mujeres, porque tener independencia patrimonial fue una batalla ganada”. También discuten sobre el rol que tienen los electrodomésticos en la independencia de las mujeres de las tareas del hogar —algo de lo que habló Camille Paglia [N. de la R.​ una intelectual y crítica social estadounidense]—. Tienen una conversación que podríamos encontrar en otras raíces, en otros hilos. </p><p>Pese a las agendas y definiciones propias, Carolina y Melina aseguran que estas mujeres también reconocen aspectos del feminismo “progre”, como la capacidad organizativa, la lucha por el aborto a las que muchas adhirieron —y siguen adhiriendo—, la mística. De una u otra forma <b>se vieron atravesadas por la historia reciente del feminismo y sus conquistas </b>con las que, aunque pongan énfasis en diferenciarse, tienen puntos en común. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/JPSZJTEEPBEL3DDQJICQJAGULM.jpg?auth=ed1503241fee981d5026a57a7a5dac5288c571639951f31903dc057d08f62867&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Aunque la agenda de las feministas liberales tenga otros pilares y objetivos que la de las feministas progresistas, debajo de los titulares de esas metas, aquello que las impulsa tiene puntos comunes. (Julieta Bugacoff)" height="1080" width="1920"/><h2>Habitar la incomodidad </h2><p>Si hay algo que flota alrededor del libro, como rayos que advierten alto voltaje, es <b>la incomodidad</b>. Una que las investigadoras atraviesan y transmiten, que las habitó y las habita en este recorrido; a ellas, a sus protagonistas, a sus colegas de la comunidad académica, a las feministas progres y probablemente a la mayor parte de los lectores y lectoras. La incomodidad que genera poner bajo un chorro de luz a un grupo de mujeres que no había sido visibilizado y viene a sacudir o a llenar de nuevos significados, preguntas e ideas un concepto que descansaba cómodamente en las banderas de la fila más gruesa del movimiento de mujeres. Una incomodidad de la que ellas se valieron para promover las preguntas, la reflexión, el debate y el entendimiento de las diferencias.</p><p>Si el mundo fuera un gran alfajor Blanco y Negro, ese espolvoreado con maní tan popular en los 90, es decir, si efectivamente estuviera dividio en dos lados diametralmente opuestos, las que están del lado más invisibilizado, que este libro pone en el centro, también son las que se impusieron una tarea doblemente desafiante: a la dificultad que implica, como mujer y feminista, hacerse escuchar y ocupar un lugar en espacios políticos más o menos afines, más o menos permeables a esas ideas, ellas le suman la que implica intentarlo en uno que se declara abiertamente y acérrimamente opuesto al feminismo y a todo lo que lo rodea. Sin embargo ahí están. Intentando derribar un enorme muro de hormigón macizo con las manos. Intentando hacerse un sitio dentro de un partido por el que se ven ideológicamente representadas, aunque saben que ese espacio desprecia el concepto con el que muchas de ellas se identifican.</p><p>Y esa es otra conclusión a la que llegaron las investigadoras.</p><p>—<b>Hacer política para las mujeres es difícil, no importa dónde milites </b>—sentencia Melina—. Y es muy difícil no identificarse con mujeres que vivieron abortos, personales o de amigas, que vivieron discusiones donde tuvieron que encontrar argumentos para justificar por qué estaban ahí, que tuvieron que romper con sus familias, explicar que no eran putas, sino que que querían participar de la política. Al final del día votamos cosas muy diferentes pero hay una experiencia común que el libro también quiere poner de manifiesto. Mostrar que un montón de mujeres que estaban en otro lado que ni nos imaginábamos también fueron interpeladas por el debate sobre el aborto, por ejemplo. Tal vez están en contra, pero les abríó un signo de pregunta. Porque hay debates públicos y políticos que permearon todas las conversaciones. Aunque digamos “esta queda a un lado, esta queda al otro”, no pasaron inadvertidos.</p><p>Quizás el mundo no es un gran alfajor Blanco y Negro. Quizás se parezca más a el yin y el yang, donde cada lado contiene una fracción del opuesto. Esas fuerzas antagónicas que se complementan. </p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/52MB6ZXDFBGCBJCGG65HZKGIJU.jpg?auth=77091e097b8e5816848933c90b6adc80215fc803719d2fe063674af1b9dba9c2&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Melina Vázquez y Carolina Spataro en la presentación de "Sin padre, sin marido y sin Estado. Feministas de las nuevas derechas", el libro que publicaron recientemente a través de la editorial Siglo XXI]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Su padre no era pasajero del avión y murió en la tragedia de LAPA: un relato sobre cómo convivir 26 años con el dolor y la injusticia]]></title><link>https://www.infobae.com/sociedad/2025/08/31/su-padre-no-era-pasajero-del-avion-y-murio-en-la-tragedia-de-lapa-un-relato-sobre-como-convivir-26-anos-con-el-dolor-y-la-injusticia/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/sociedad/2025/08/31/su-padre-no-era-pasajero-del-avion-y-murio-en-la-tragedia-de-lapa-un-relato-sobre-como-convivir-26-anos-con-el-dolor-y-la-injusticia/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[Oscar Eduardo Ramonino murió el 31 de agosto de 1999 después de que el avión, fuera de control, se saliera de la pista y arrollara el auto que conducía, en el que también se encontraba Andrea Grilli, una compañera de trabajo que planeaba acercar a su casa. Para su hija, Oscar fue víctima de “una cadena de irresponsabilidades que terminó con la vida de muchas personas”. En un nuevo aniversario, Ivanna cuenta cómo rearmó su vida y aprendió a vivir con la tristeza por su ausencia y la rabia por la impunidad]]></description><pubDate>Sun, 31 Aug 2025 04:12:19 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/UDOEPMKX5ZHWHLOELVQDXTMHSY.jpg?auth=f7634fd717320d86c3fe91b52ddd7d776b2ab171266d9086e43952708ef418f7&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Ivanna de pequeña con su padre, Oscar, y su madre, Rita" height="1080" width="1920"/><p> —No fue un accidente ni una tragedia, <b>fue un asesinato masivo</b>.</p><p>Ivanna no duda. Cuarto siglo después, la falta de justicia le resulta aborrecible. </p><p>*** </p><p>El 31 de agosto de 1999 la familia Ramonino —madre, hija, hijo: Rita, Ivanna, Diego— hacían lo que buena parte de los argentinos y argentinas hacían cerca de las nueve de la noche: preparaban la cena, acomodaban la mesa. Esperaban a Oscar —marido, padre— para comer en su casa de Ramos Mejía, La Matanza. De fondo, como sucedía en los 90 y en muchas casas aún sucede, la TV repasaba las noticias más destacables del día y de los que vendrían.</p><p>De pronto, algo en el sonido ambiente cambió. La cadencia cotidiana que salía del electrodoméstico ícono de la vida familiar se alteró: las voces de los conductores de noticieros y presentadores se puso grave y comenzaron a aparecer las placas rojas a pantalla completa, los <i>grafs</i> con letras contduntendes: “Urgente”, “Último momento”. “Tragedia en Aeroparque”. <b>El pulso de la vida diaria era embestido por un avión</b>. El Boeing 737-204C, que llevaría adelante el vuelo 3142, de Líneas Aéreas Privadas Argentinas (LAPA), acababa de estrellarse cuando intentaba despegar del aeropuerto Jorge Newbery rumbo a la ciudad de Córdoba inscribiendo un récord desolador: <b>la peor catástrofe en la historia de la aviación argentina</b>. </p><p>Había víctimas fatales. Había heridos. Había desesperación.</p><p>En la TV todo era fuego, humo, sirenas. Los bomberos intentando extinguir el infierno. </p><p>Un instante antes de fijar los ojos en la pantalla, esa pantalla casi indisociable de las escenas familiares que estaba a punto de desmoronar la suya, a Ivanna la recorrió un escalofrío. Como un presagio venido de algún lugar, un pensamiento se le metió dentro y estalló dentro de ella: su papá estaba extrañamente demorado para cenar. Temió que algo le hubiera pasado.</p><p>Su hermano, su madre, también empezaban a inquietarse.</p><p>La TV seguía mostrando sin respiro, una tras otra, una sobre otra, las imágenes trágicas. Y alrededor de la mesa de los Ramonino la tensión, alimentada por las noticias, comenzaba a crecer como un monstruo feroz.</p><p>Hasta que lo más temido, ocurrió. Una de las cámaras que estaba cubriendo el hecho en vivo enfocó el esqueleto de un auto partido. Era blanco, era demasiado parecido al Chrysler Neón de la familia. <b>Cuando mostró la patente, en la casa de los Ramonino se abrió la tierra</b>. Ellos cayeron dentro. </p><p>***</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/Y4KOOK4IDZFRTDTS7KVHQZLXVU.jpg?auth=97bfda0c9ecd7e7006a9ea2fe400b9c30fed6149eb3e5dd8a55a27c1f573d2c7&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Los restos del avión de LAPA consumido por el fuego
" height="1080" width="1920"/><p>—Fue una desesperación total esa noche porque <b>nadie sabía nada</b>. Yo creo que pasé junto a mi familia más de 24 horas rondando hospitales y morgues para ver si estaba vivo, si no, dónde, qué había pasado.</p><p>Ivanna se disculpa. No quiere volver a pasar por ahí. Pero cuando llega agosto todo se tiñe de dolor. Cuando empieza a compartir cómo logró rearmarse después, esa noche vuelve a ella. Lo que vio, lo que escuchó y debió atravesar solo está agazapado, permitiéndole continuar su vida. Pero cada agosto, si ella le da margen, aunque sea una pizca, si se asoma a 1999, se abre paso del fondo a la superficie. </p><p>Cuando el avión de LAPA, dispuesto a despegar, había alcanzado la velocidad necesaria para levantar vuelo, <b>comenzó a sonar una alarma que el piloto, Gustavo Weigel, decidió ignorar</b>: indicaba que los flaps —esas superficies móviles situadas en el borde de salida de las alas— estaban retraídos. Eso impidió que el Boeing se elevara. No voló. Mas dada la velocidad que habían alcanzado, frenar era imposible. La nave carreteó por la pista y siguió su recorrido fuera de ella, a una velocidad solo apta para el cielo, inusitada para la tierra, arrasando todo a su paso. Atravesó las vallas del perímetro del aeropuerto; se llevó puestas máquinas viales, una casilla de gas; cruzó la avenida Costanera y arrastró, en su trayecto imparable, a un automóvil que circulaba por ahí. Un Chrysler Neón blanco. </p><p>El recorrido del avión fue brutalmente detenido al chocar contra un montículo de arena de un campo de golf cercano. El Boeing se prendió fuego. <b>Los heridos de gravedad sumaban más de 30. Los muertos, 65, incluidas las dos personas que estaban dentro del auto arrollado</b>. En ese momento nadie lo sabía.</p><p>Al volante iba Oscar Ramonino y a su lado Andrea Grilli. Eran compañeros de trabajo y Oscar iba a acercarla a su casa antes de reunirse con su familia para cenar. <b>Ellos serían</b>, según los jueces, <b>las primeras víctimas de esa noche aciaga. Una noche que pasaría a la historia como “la tragedia de Lapa”</b>. Aunque Ivanna asegura que fue más que eso.</p><p>***</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/YZQNZ7WN3FB6RFB7J4W2GIQOWY.jpg?auth=d3932d167e78fabe66818efa27f2aead9f30c9794a933d7db07a6b4301a120ed&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Los bomberos combatiendo el fuego que envolvió al avión de LAPA después de estrellarse y lo corroyó por completo" height="1080" width="1920"/><p>En su casa, al ver la patente del auto en la pantalla, Ivanna se desvaneció. Cuando recuperó la conciencia, con el pánico hecho carne pero albergando la esperanza que trae la falta de certeza, salió con su hermano y su madre a buscar a su padre. Nadie sabía nada sobre el destino del conductor del auto que había arrasado a su paso el Boeing. </p><p>La respuesta más atroz, la que deseaban que no llegara nunca, la conocieron <b>24 horas después</b>, en el lugar de los hechos. Un funcionario se los confirmó. Una médica que trabajaba en el lugar quiso contenerla: “Fue en un segundo, (tu papá) ni se debe haber dado cuenta. Quedate tranquila”, le contó en 2019 Ivanna al diario cordobés <i>La Voz del Interior</i>. </p><p><b>El mundo se desmoronó</b>. “Fue un <i>shock</i>, todo parecía irreal” —dijo al cumplirse 20 años de aquella noche a <i>La Voz—.</i> “La muerte de mi papá fue devastadora. Nos mató, nos devastó como familia. ¿Quién se puede imaginar una cosa así?”.</p><p>Después hubo que juntar los pedazos. Pedazos que se multiplicarían con el proceso judicial. </p><p>***</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/DZQEY6KVMZGSRN3JCDTWPS3BHE.jpg?auth=0ede0ed2b1abcfabc50b56cd636a71b8b0f23368d99c2a954a11f0862f431bc0&smart=true&width=1920&height=1079" alt="El Tribunal Oral Federal N° 4, en un fallo que generó incidentes en la sala, sobreseyó a los exdirectivos de Lapa y a dos exintegrantes de la Fuerza Aérea. Entre los miembros de la compañía librados de culpa y cargo estaban el expresidente de la empresa, Gustavo Deutsch (foto) y el ex vice, Ronaldo Boyd, junto al ex gerente de operaciones, Fabián Chionetti y a la ex jefa de personal, Nora Arzeno. (NA: Mariano Sanchez)" height="1079" width="1920"/><p>—<b>No fue un accidente ni una tragedia, fue un asesinato masivo</b>. Aunque suene fuerte decirlo así. Esa fue la realidad por más que la Justicia haya decidido mirar para otro lado —afirma Ivanna ahora, en diálogo con <i><b>Infobae</b></i><i>—.</i> Lo que quiero destacar, sobre todo, es eso, la falta de justicia. Que no es poca cosa. Al juicio lo demoraron todo lo que pudieron, fue un plan para que la causa prescribiera y solamente hubo una condena que fue una cargada, de tres años en suspenso. Ni siquiera a los directivos de la empresa, a los responsables reales, los dueños y toda la gente que sabía que esto iba a suceder. Porque, como te digo, no fue un accidente, un hecho en el uno dice: “Uh, qué habrá pasado”. Fue una sucesión y un encadenamiento de cosas: <b>de falta de inversión, pero, sobre todo, de responsabilidad, de falta de consideración por la vida humana</b>, básicamente.</p><p>La Junta de Investigaciones de Accidentes de Aviación Civil (JIAAC) no dejó mucho lugar a dudas: determinó que <b>se había tratado de un error de los pilotos al olvidar configurar el avión correctamente para el despegue</b>. Pero la investigación judicial abierta se concentró en probar que la organización de la empresa y la falta de controles por parte de las autoridades de la Fuerza Aérea fueron factores clave en el desenlace trágico, ya que eso permitió —entre otras cosas— que el piloto volara con su licencia vencida. Por estos motivos fueron imputados algunos de los máximos directivos de LAPA y funcionarios de la Fuerza Aérea, y la causa se elevó a juicio oral.</p><p>La Justicia porteña fue la que se hizo cargo del caso. Aquel día desgraciado tomaron el expediente Gustavo Literas —quien era entonces juez federal— y Carlos Rívolo —el fiscal—. <b>El juicio comenzó seis años después, en 2005</b>. En el banquillo de los acusados había nueve: seis eran directivos de la empresa —acusados por el delito de “estrago culposo”—, entre los que se encontraba el dueño de la compañía, el empresario Andrés “Andy” Deutsch; y tres, miembros de la Fuerza Aérea —acusados por el delito de “incumplimiento de los deberes de funcionario público”.</p><p>Si bien la Justicia investigó coyunturalmente el hecho, y no solo lo relativo a la falla dentro del avión, en 2010, los jueces Leopoldo Bruglia, María Cristina San Martino y Jorge Luciano Gorini <b>absolvieron a casi todos los acusados, inclusive a Deutsch</b>. Los únicos condenados fueron el exgerente de operaciones de LAPA, Valerio Francisco Diehl, y el exjefe de la línea de boeing 737-200 —la del avión que se estrelló—, Gabriel María Borsani. Les asignaron una pena de tres años de prisión por considerarlos responsables del delito de “estrago culposo agravado” dado que “elevaron el riesgo permitido, al haber decidido ascender, el 9 de diciembre de 1998, al piloto Weigel en el puesto de Comandante de avión B 737-200, desatendiendo las características de vuelo negativas que se presentaban en forma recurrente a lo largo de su carrera profesional, evidenciadas en su legajo técnico, las cuales se vieron reflejadas el día del accidente”, pero la pusieron “en suspenso”. </p><p>La cárcel, para ellos, fue simbólica. Un como sí. Como si fueran niños que deben fingir que aprendieron la lección para que los dejen volver a jugar. Para el resto de imputados ni siquiera eso. Para los familiares y seres queridos, <b>el juicio, una farsa. Un nuevo drama</b>.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/JDZT5M4RQFGWHECY6WYUXQLWXM.jpg?auth=a6e07e690f438ad32f8201cb5e2c95ad3da373eac24a44232fa5b88808d8173a&smart=true&width=1920&height=2281" alt="Sentencia de absolución de Fabián Mario Chionetti, ex gerente de operaciones de LAPA" height="2281" width="1920"/><p>En 2011 se confirmaron condenas y absoluciones, pese a que el juez Gustavo Hornos no estuvo de acuerdo y pidió elevar la pena de los condenados y la reclusión para quienes presidían la compañía —Deutsch y Ronaldo Boyd, su vicepresidente.</p><p>En septiembre de 2012 la Corte Suprema dejó firme la resolución. Dos años después,<b> los directivos de LAPA que habían sido absueltos fueron sobreseídos</b>: la Sala IV de la Cámara Federal de Casación Penal dijo: <b>prescribió</b>. El mismo año, a dos días del decimoquinto aniversario del hecho funesto, la Corte Suprema avaló lo que había establecido la misma sala de Casación para Deutsch y Ronaldo Boyd, para quienes también dijo: <b>prescribió</b>. Las condenas de Diehl y Borsani, los únicos castigados por el hecho, fueron confirmadas, pero ellos tampoco vieron la cárcel de cerca por la brevedad de la pena y la falta de antecedentes.</p><p>—Estos empresarios, que no fueron los únicos culpables porque también estuvo la gente que tendría que haber controlado el funcionamiento de esa empresa —porque son aviones, no está manejando una bicicleta—, dentro de ellos la Fuerza Aérea Argentina, lo único que pretendían era <b>llenarse los bolsillos </b>de plata. No les importaba si viajaban bien, mal, si el avión estaba en condiciones o no. En este fervor de tener cada vez más plata denigraban la la vida humana. Y eso me parece lo más terrible y lo más doloroso que una persona puede sentir.<b> Lo más terrible y lo más doloroso</b> —repite Ivanna, como si tratara de entender</p><p>algo inexplicable, como si con el énfasis llegara alguna respuesta, 26 años después.</p><p>***</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/NIYPJQSXUBEODNRJEUD4BL2QII.jpg?auth=d4f49f595f5bc4aac6b85b2669bd7d3e83a3e5716a3f3a1148be5ad2d311b3ff&smart=true&width=2048&height=1152" alt="Tapa de la segunda edición de un libro publicado en el año 2000 que narra las historias de los que murieron y recaba testimonios de algunos de los sobrevivientes. (Candela Teicheira)" height="1152" width="2048"/><p>—Siempre agosto me costó bastante desde aquel momento. En estos días me cuesta todavía más. Entonces, hasta la palabra sanación me resulta extraña en este marco.</p><p>Ivanna vive en la ciudad de Lobos, donde tiene un estudio de “yoga y trabajo corporal”. Después de aquella noche en la que se rompieron, la familia Ramonino buscó, lentamente, rearmarse. Dejaron la casa en la que vivían y comenzaron a probar caminos diferentes. Siempre en contacto. Siempre unidos. </p><p>—Si hablamos de sanación, yo en ese momento tenía 19 años y acá estoy, viva. Construí una vida. Pude formar una familia, tengo una hija preciosa, construí mi carrera en todos estos años, como pude, porque tampoco fue fácil. Atravesé muchos desórdenes de salud, en todo sentido, a nivel físico y psíquico también. <b>Esto deja muchas secuelas, muchas y muy profundas</b>. Hoy doy clases de yoga, me dedico al cuerpo. Soy bailarina. Y ese fue mi camino como para empezar a construirme otra vez. Sigo sanando desde un lugar que me permita vivir. </p><p>Ivanna logró continuar, “al principio muy a los tumbos, muy desorientada, muy perdida. Con la ayuda de seres muy queridos, muy amados”. Pero le costó.</p><p>—Paradójicamente, en el momento en que tenía que despegar en mi vida, a los 19 años, pasó esto que me destruyó por completo. Y tardé mucho tiempo en empezar a ponerme de pie, en tratar de empezar a ponerme de pie. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/BJZ3PBO4ZFBVDHPLGGLCYTTXSU.jpeg?auth=b534475df18b5ecea8851896a8e08296a29cd018065995f84b15c77704ff429e&smart=true&width=1920&height=2865" alt="Ivanna y su padre, Oscar" height="2865" width="1920"/><p>Ella pensaba hablar de su proceso de sanación, de los caminos y herramientas de las que se valió para hacer cuerpo aquella noche, asumirla y salir a vivir con eso a cuestas. Pero al comenzar, pisando un nuevo aniversario, se llena de una cólera compartida por todas las personas a quienes un hecho trágico personal les fue duplicado con la impunidad auspiciada por la (in)Justicia. Entonces cuenta que sí, se sobrepuso; que sí, siguió adelante, pero <b>ante la falta de una condena adecuada para los responsables la palabra sanación queda grande</b>, flota como un globo de elio en el éter. Inalcanzable. </p><p>—¿Cómo se hace? <b>No hay posibilidad de sanar cuando te preguntás: “Bueno, ¿pero entonces a nadie le importa?”</b>. Ellos sabían que era posible que sucediera esto, que un avión se estrellara, y no le dieron ningún valor a la vida de los seres humanos. Tampoco la gente que los tenía que controlar, tampoco la Justicia, que fue partícipe de este acto. Entonces, hay cosas que no se pueden perdonar y hay que nombrarlas. En estos días lo que más me resuena es la injusticia. La injusticia da mucha bronca, mucha impotencia, estado de ira. Es lo que más me duele. <b>No se puede sanar una cosa así</b>. </p><p>Ivanna dice que hay detalles que no quiere recordar. Que no se trata solo del duelo personal por su padre si no por la impunidad y por una avalancha de “cosas espantosas de ver, horribles de escuchar, actitudes humanas que fueron totalmente desagradables”. Aunque también destaca a quienes sí se presentaron a ayudar, que fueron muchos, “incluso desconocidos que aparecieron en ese momento en el lugar del accidente o que iban a los hospitales a colaborar con todos los familiares”. </p><p>—No es un duelo solo de la muerte de un ser amado, que es terrible también. En este caso <b>uno tiene que aprender a procesar o aprender a convivir con esto.</b> Y con lo que se perpetúa, porque las cosas no cambian, se han repetido tragedias con el mismo sistema de corrupción, de ocultamiento, de que la Justicia no se puede meter con los poderosos, del Estado que estuvo totalmente ausente. <b>Nada cambia. Y eso es lo doloroso</b>. No es una cuestión política ni partidaria porque esto ha pasado en todo tipo de gobierno. </p><p>Descarga Ivanna.</p><p>—El dolor no es solo personal, el dolor que yo siento es por todas las personas que pasaron y que pasan por esto. Quiero recordar y honrar a las 65 personas que mataron y a todos los sobrevivientes, que sufrieron muchísimo, a todos los familiares. Conozco el dolor profundo que pasaron y pasan. Y todo por qué. Por la gente que quiso más poder, por la gente que quiso más dinero y ¿qué hacen con eso? Me parece tan absurdo tener ese tipo de vida, de pensamiento, ¿no? Donde se pisotea al otro. La verdad que no lo entiendo, nunca lo voy a entender y tampoco lo quiero entender.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/UDOEPMKX5ZHWHLOELVQDXTMHSY.jpg?auth=f7634fd717320d86c3fe91b52ddd7d776b2ab171266d9086e43952708ef418f7&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Ivana de pequeña con su padre, Oscar, y su madre, Rita]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Cuando Cortázar irrumpió en la cárcel de Devoto en medio de la noche para donar el dinero de su última novela a los presos políticos]]></title><link>https://www.infobae.com/historias/2025/08/26/cuando-cortazar-irrumpio-en-la-carcel-de-devoto-en-medio-de-la-noche-para-donar-el-dinero-de-su-ultima-novela-a-los-presos-politicos/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/historias/2025/08/26/cuando-cortazar-irrumpio-en-la-carcel-de-devoto-en-medio-de-la-noche-para-donar-el-dinero-de-su-ultima-novela-a-los-presos-politicos/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[Cuenta la leyenda que cayó a las tres de la mañana. Contaba él que no lo revisaron porque el guardiacárcel no tenía la menor idea de quién era y un policía le dijo, a modo de advertencia pero sin especificaciones, que lo hiciera pasar si no quería salir en los diarios al día siguiente por no haber dejado entrar a Julio Cortázar. La primavera democrática del 73 —que no sería más que un suspiro— se olía de un lado y del otro de las rejas tras las que el escritor tenía amigos por una causa compartida. Así fue la noche en que Cortázar despertó a Paco Urondo y a Pedro Cazes Camarero con una sorpresa]]></description><pubDate>Wed, 27 Aug 2025 15:51:41 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/FE724BETUFDFVPWLIVE2OQMNRE.png?auth=f317ca7e2b322fddd5dac7ba42da085b697982b631d0763b721c25df4481f156&smart=true&width=914&height=614" alt="En 1983, ya enfermo, Cortázar viajó a Buenos Aires y se reunió con Pedro Cazes Camarero, recién liberado después de una década en prisión. Ese sería su último encuentro" height="614" width="914"/><p>“Agonizaba la dictadura de Lanusse y yo estaba preso en la cárcel de Villa Devoto. Ya habían tenido lugar las elecciones y faltaba poco para que asumiera Cámpora. Dormíamos. Eran las tres de la mañana cuando un guardiacárcel me despertó. En una piecita con un sofá desvencijado esperaba Paco Urondo, restregándose los ojos. También a él acababan de despertarlo. “Oiga”, dijo Paco al yuga que acababa de llegar conmigo: “¿Qué pasa?”. El sujeto se rascó la cabeza. “No sé, don”, confesó. “Uno alto”. Irrumpió un oficial con unos papelitos. “¿Ustedes son amigos de este Cortázar?”. Nos miramos con Paco. “Sí”. “Bueno, firmen la autorización de visita”.</p><p>*** </p><p><b>Julio Cortázar nació el 26 de agosto de 1914</b>. Desde que Cortázar se convirtió en Cortázar se han escrito —y se seguirán escribiendo— infinitas líneas sobre el cronopio favorito de todos —o de muchos—; sobre su casa —aquella que estaba tomada y también aquella donde pasó los últimos años en Buenos Aires, antes de exiliarse en París, ubicada en la calle Artigas del barrio Rawson (Agronomía) llamado, también, “barrio Cortázar”—; sobre los bares en su honor —como Rayuela, aledaño a esa casa de calle Artigas, o el Café Cortázar, en Palermo—; sobre los universos maravillosos a los que conduce su prolífica y prodigiosa obra. </p><p>Si este texto fuese a sumar más líneas sobre alguna de esas aristas, inagotables, por las que se puede recordar o intentar abarcar un fragmento de Cortázar, quizás podría empezar con unas instrucciones para subir una escalera, para llorar o dar cuerda a un reloj. O hablar de los extraños comportamientos de los cronopios y las famas. Sin embargo, en el día de su cumpleaños, esta historia busca otro recuerdo, otro homenaje: <b>mostrar a Cortázar como amigo. Y como argentino</b>. Mostrar eso que Pedro Cazes Camarero —periodista, escritor, docente, investigador, ex militante político del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y de su brazo armado, Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP)— recuerda que <b>al escritor le encantaba generar en los demás</b>: <b>asombro.</b></p><p><b>—</b>Él no tenía mucha conciencia de la sensación de estupor que producían muchas de sus actitudes.<b> </b>¡Te salía con cosas más raras!</p><p>Esta historia circulaba en ámbitos de derechos humanos como leyenda, hasta que uno de sus protagonistas, el mismo Cazes Camarero, la volvió a narrar en el año 2010 —lo había hecho por primera vez en el regreso democrático de 1983, poco después de ser liberado luego de una década de encarcelamiento, en la revista <i>Crisis,</i> publicación que dirigió por un tiempo, en esos días—. Y a <b>111 años del nacimiento de Cortázar</b>, en diálogo con <i><b>Infobae </b></i>volvió a recordarla junto a otros momentos con el máximo cronopio argentino. </p><p>Entonces, este texto sí hablará de los comportamientos curiosos de un cronopio, después de todo. O tal vez podría comenzar con unas instrucciones que él no escribió —al menos no publicó—: <b>instrucciones para visitar a amigos entrañables que están en prisión, a las tres de la mañana, durante una dictadura</b>.</p><p>***</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/AIL5DF6VSNGFJA3NSZKNN3UEZQ.jpg?auth=ba193369c257d9cc6116d1cdafdc3cf6d399caad693ed54a730edd823f991dc7&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Pedro Cazes Camarero" height="1080" width="1920"/><p>—“¿Conoce a un sujeto llamado Cortázar?”.</p><p>Cuando a Pedro Cazes Camarero lo sacaron de su celda en la cárcel de Devoto, en la mitad de la noche, no entendía nada. Era 1973, quizás abril, no lo recuerda con exactitud, lo que sí recuerda es que faltaba muy poco para que los presos políticos salieran en libertad con la amnistía de Cámpora, el 25 de mayo de ese mismo año. Faltaban días. Y se notaba: “[Los guardias] ya te empezaban a tratar de usted, con respeto, ¿viste?”.</p><p>Menos entendió cuando el policía le preguntó por el escritor. </p><p>—Yo pensé que me iban a dar una carta o un telegrama, pero era insólito que te despertaran a las tres de la mañana para darte una carta. </p><p>Lo que traían era más que las palabras de Cortázar. </p><p>—Y cuando me dicen: “No, <b>está en la puerta</b>, pero lo vamos a dejar pasar si usted está de acuerdo”.... Y ahí me lo encuentro a Paco Urondo, en una oficinita chiquita, con unos sillones, parecía la sala de espera de un dentista. Y entonces lo dejan entrar. </p><p>Pedro Cazes Camarero nació en 1945, en Buenos Aires. Le da vuelta a los recuerdos de su memoria octogenaria y dice que no se acuerda los detalles de esa noche, que si lo hiciera, 52 años después, su memoria sería de elefante, pero cuando empieza a narrar, las imágenes, ahí están. </p><p>Comenzó su activismo en Palabra Obrera, una organización marxista de tendencia trotskista fundada a fines de los años 50, que se disolvería antes de los 70, más concretamente, en 1965. </p><p>Fue más o menos por esa época, <b>a mediados de los 60</b>, que<b> conoció a Cortázar</b>.</p><p>—Con mi antigua compañera solíamos ir a unos seminarios que daba él para aprender a escribir, supongo, que eran informales, no era una academia ni nada. Ahí iba gente que después fue bastante célebre, como la poeta que se suicidó, <b>Alejandra Pizarnik</b>. Y así me contacté. Había una cierta diferencia de edad, tal vez 30 años, pero él parecía mucho más joven de lo que era. </p><p>Cazes Camarero recuerda al que fue su amigo, con quien tuvo una relación de encuentros breves pero honestos, esos que se sumergen en la hondura que tienen las cosas reales de las vidas. <b>Que no se miden en cantidad, sino en calidad. La que Cortázar desparramaba</b>. </p><p>—No tenía el pelo canoso. Además era una persona muy imponente físicamente porque era muy alto. Y hablaba gangoso, como si tuviera un acento francés, no porque se hiciera el francés, sino porque tenía una enfermedad de la garganta, él en realidad<b> hablaba bien a lo porteño</b>. Tenía una acromegalia, que es una enfermedad hormonal, entonces le crecía mucho el cuerpo, las manos. Tenía muy separados los ojos entre sí. Pero luego lo trataron, no sé con qué, eso nunca me enteré, y estaba contento porque le empezó a crecer la barba. Él quería tener barba y bigotes y hasta los cincuenta y pico de años no tuvo ninguna de las dos. Después le crecieron. </p><p>Mediaban los 60 y los asistentes a los talleres de escritura de Cortázar, como Camarero, esperaban a que el escritor pisara suelo porteño y se pusiera en contacto para avisarles que había clase: como tenía un cargo en Naciones Unidas como traductor, recuerda el exmilitante, los seminarios eran esporádicos porque viajaba seguido. Así se hicieron amigos.</p><p>—<b>De una forma bien característica de Cortázar, sumamente irregular</b>. Por ahí pasabas años sin verte, por ahí te veías seguido. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/QCHMBFPVJBCXHFMJKYCSH652KY.jpg?auth=ca210a0c2810dd62c2cde2a3197aef2027aa1c7bee4d0059231fd1c7f73e17fa&smart=true&width=1200&height=900" alt="Pedro Cazes Camarero conoció a Cortázar a mediados de los 60, cuando comenzó a asistir a los talleres que el escritor ofrecía en Buenos Aires " height="900" width="1200"/><p>El espacio en el que dictaba sus talleres de escritura podía variar. A veces era la casa de unas mellizas —“dos pendejitas”, dice Cazes Camarero— que asistían a las clases y su mamá ofrecía el lugar; a veces el marco para escucharlo hablar era algún bar afortunado escogido al azar, generalmente en el barrio Villa Crespo.</p><p>—Yo nunca supe por qué le gustaba Villa Crespo, pero después me di cuenta que era porque la madre vivía cerca. Bah, supuse eso porque yo a la madre la conocí muchos años más tarde, una vez que él me llevó a la casa. En el 73, justamente, varios meses después de su visita a Devoto, que no fue una sola porque fue varias veces.</p><p>Camarero cuenta que Cortázar tomaba té. Que a veces tomaba algún que otro mate, pero que era más usual verlo con una taza en la mano. Que <b>era asiduo del bar London City</b>, —fundado en 1954 y ubicado en la esquina de Perú y Avenida de Mayo—, punto de encuentro para artistas, políticos y periodistas. Y que <b>fue ahí donde se inspiró y escribió su primera novela, </b><i><b>Los Premios</b></i><b> (1960)</b>, que se desarrolla, en buena parte, en ese bar.</p><p>—Le dieron un premio muy lindo por esa novela. Y en el London bar ahora tienen, lo que yo le decía al mozo el otro día, “un Cortázar disecado”: es una figura hecha en cartapesta, en papel maché. Está sentado en una mesa que da a la vereda. Fue mucho tiempo cliente de ese lugar, que fue muy atacado, por alguna razón loca, cuando ocurrió lo de las Malvinas. En un sentimiento super antiinglés. Y el dueño del bar era un gallego que no tenía nada que ver, que se le ocurrió ponerle London, supongo, por algún motivo personal pero no es que era inglés. Y él [Cortázar], <b>en sus clases, contaba cómo se le había ocurrido escribir eso, cómo se le había ocurrido escribir </b><i><b>Rayuela</b></i><i>, </i>que en ese momento acababa de salir con mucho éxito, y, en realidad, era una novela experimental para aquella época. Después fue copiada hasta la náusea. </p><p>Poco años más tarde, en 1967, Cazes Camarero fue detenido. La primera de tres. Entonces estaba Onganía a la cabeza de la dictadura que había tomado el país. Camarero tenía poco más de 20 años. Lo habían juzgado por faltar a la Ley 17.401, que era una norma anticomunista que castigaba con represión o prisión cualquier acción que se alineara a esta ideología o consideraran subversiva. Al tiempo lo liberaron. Y, poco después, se formaron y se dieron a conocer las diferentes agrupaciones guerrilleras de los 70. Cazes Camarero, miembro, y uno de los fundadores del PRT en la ciudad de Buenos Aires, pasó a dirigir su periódico, <i>El combatiente</i>, y también el del ERP, <i>Estrella Roja</i>. </p><p>Su tiempo de libertad sería breve. En 1971, en medio de un operativo del ERP, lo detuvieron y marchó preso, la segunda vez. La dictadura ese año había cambiando de mando. Agustín Lanusse estaba al frente y había decidido enviar a todos los presos políticos del país al penal de Rawson, una cárcel de máxima seguridad ubicada en el fin del mundo, de donde —creían— era imposible escapar.</p><p>Ahí, <b>los presos de las principales agrupaciones guerrilleras</b> —Montoneros, Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y ERP— <b>se unieron para planear la fuga </b>que, de haber salido, hubiera sido la más grande de la historia argentina. El 15 de agosto de 1972 más de cien presos estaban preparados para escapar, pero una falla en una señal —o más bien en su interpretación— cometida por quien debía entrar con tres camiones que trasladarían a los fugados hizo que estos se retiraran y el plan se cayera sobre la fase final. Veinticinco presos —los cuadros de mayor jerarquía— alcanzaron a salir y a llegar al aeropuerto de Trelew. Solo seis pudieron abordar un avión —que secuestraron— y llegar a Chile. Los otros 19 serían fusilados el 22 de agosto, a la madrugada, en la Base Aeronaval Almirante Zar, en lo que pasó a la historia como <b>la Masacre de Trelew</b>, considerado <b>el primer crimen de lesa humanidad perpetrado por el Estado</b>, antesala de lo que vendría a partir de 1976.</p><p>Pedro Cazes Camarero se había quedado en el penal con la mayoría de los presos que no había podido salir. </p><p>—Yo estaba en un grupo de contención que se formó por si fracasaba el plan, para que no </p><p>entraran a matar a todo el mundo y pudiéramos negociar con el juez. Después se vio que eso era muy relativo, ¿no? Luego de la victoria parcial, que fue la fuga de los compañeros que llegaron a Chile, a nosotros nos dejaron en el penal y después de varios meses, cuando venían las elecciones, a mí y a tres o cuatro más nos trasladaron a Devoto. El grueso de los compañeros quedaron en Rawson. En Devoto me eligieron como responsable, tenía un rol en la discusión con el ministro del Interior, Esteban Righi, con la exigencia de que saliéramos en libertad. Así que, <b>el 25 de mayo del 73 abrieron la puerta por orden de Cámpora y de Perón y salimos en libertad.</b></p><p>Pero antes de ese momento, una buena noche, lo levantaron de la cama a las tres de la mañana para preguntarle si conocía a un tal Cortázar.</p><p>***</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/MXDMTSC56VACBJ5F75ORKA7ON4.jpg?auth=363baa92f80a2d5f005319f834e86b4ba022766b93db8703fd66be6a0ed06b89&smart=true&width=1920&height=1278" alt="La cárcel de Devoto en mayo de 1973, cuando por orden de Perón y Cámpora abrieron las puertas y liberaron a los presos políticos " height="1278" width="1920"/><p>—“¿Conoce a un sujeto llamado Cortázar?”.</p><p>Le contó Paco Urondo, en esa sala en la que se encontraron a la madrugada, que le preguntaron a él también. Y Urondo, como su compañero de insomnio, no entendía nada. </p><p>Cazes Camarero dice que no sabe cómo el poeta se había hecho amigo del escritor. Lo que se sabe es que <b>tenían una amistad entrañable</b> y que hacía tiempo que Cortázar quería ir a verlo.</p><p>“Parece, según noticias de buena fuente, que de un tiempo a esta parte, no es nada fácil dar con vos personalmente. Siempre fuiste un poco jodón, pero en este caso estoy convencido de que no tenés la culpa de que los amigos no puedan tomarse un vinito con vos, y como no soy rencoroso te escribo, Paco, con la seguridad de que muy pronto has de cambiar de conducta y no solamente aceptar visitas sino incluso devolverlas. A la espera de todo eso te voy a hacer rabiar un poco, porque si a vos no se te puede ver resulta que a otros si, y a lo mejor te divierte que te cuente cómo me las arreglé en Quito, hace apenas dos meses, para ir a pegarle un abrazo a Jaime Galarza”, le escribió Cortázar a Urondo en la <b>“Carta muy abierta a Francisco Urondo”</b>, que publicó cuando el poeta estaba preso.</p><p>“Lo fuí a ver —continuaba—, y resultó más fácil de lo que pensaban algunos. Fuí con la rubia Mireya (como irrespetuosamente la llamaste vos alguna vez a mi compañera), porque esta lituana loca no es de las que me deja ir solo a lugares de mala fama. Y como mala, es mala, algo sabés de eso, te sacan el pasaporte a la entrada y vos pensás que por ahí se les pierde, esos descuidos penosos”. “Hablamos largo de <i>Festín</i> y de otros petróleos de este continente, yo aprendí algunas cosas que acaso serán útiles cuando vuelva a Francia, y además, hubo todo eso que hoy no puede haber entre vos y yo, ese quedarse callados, mirándose como nos miramos los amigos, con esa mirada que no tendrán nunca los que nos separan.</p><p>Me fuí, claro, pero me fuí sabiendo que de alguna manera no me iba, y que también Jaime se iba conmigo en esa zona del corazón que está para siempre a salvo de los cercos, las rejas y el odio”. “A mi pasaporte no le faltaba ni un sello a la salida, y más bien pienso que tenía uno de yapa. Ahora sé quién es de veras Jaime Galarza, ahora me siento más fuerte porque su prisión, las cicatrices de la tortura en sus muñecas, serán como tantas otras cosas, parte de mi fuerza.</p><p>Y si te cuento esto, Paco viejo, es porque sé que te gustará leerlo y que para vos será como si te hubiera visitado, como si también vos y yo hubiéramos fumado juntos un rato, mirándonos con nuestra sorna de porteños. Y también porque otros leerán esta carta, cerca o lejos de vos, y comprenderán que de alguna manera quise estar con todos, y que mi abrazo con Jaime es el que todos nos damos y nos daremos siempre, hoy de lejos, mañana en esa calle abierta en que nos encontraremos para seguir el largo, necesario y hermoso camino que lleva a nuestro sueño”.</p><p>Aquella madrugada de abril —pongamos que sí fue abril— logró ese abrazo. </p><p>Unos minutos antes, Urondo estaba recién amanecido, restregándose los ojos, en la pequeña sala de la cárcel de Devoto. Sin entender.</p><p>***</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/7HSXLUJF4FGRNGRE42DRZW3LUQ.webp?auth=89bae91ef5e324a0441e7989e4a1bb57fbcf3d8b99218a1e4e2bf8571a797ba1&smart=true&width=1200&height=1050" alt="Paco Urondo" height="1050" width="1200"/><p>“Eran las cuatro menos cuarto. <b>Entró Julio, enfurecido y triunfante</b>. ‘No saben el quilombo que tuve que hacer para entrar’. Acababa de llegar a Buenos Aires, explicó, y se vino directamente a Devoto. Golpeó. Le abrieron una ventanita. Pidió vernos. Le cerraron la ventanita en la nariz. Volvió a golpear. No le abrieron. Pateó la puerta y se puso a gritar. Llegó un patrullero, convocado por la guardia de la cárcel. Se identificó. El cana del patrullero parlamentó con el oficial a cargo. ‘¿Sos pelotudo?’, contó Julio el diálogo. ‘¿Querés salir en lo diario, querés?’. Lo dejaron entrar”. Escribió en 1983, en <i>Crisis,</i> Cazes Camarero.</p><p>—Él armó quilombo para entrar a Devoto, se intimidaron y lo dejaron entrar —recuerda ahora, en diálogo con <i><b>Infobae</b></i>—. En realidad no había ninguna orden que le prohibiera vernos. Lo que pasa es que también él tenía actitudes rarísimas como ir a Devoto a medianoche, cosas a las que no estaban habituados los guardiacárceles, y tampoco estaban habituados al ambiente cada vez más insurgente que había dentro de la cárcel, donde directamente, ya en esos días, hacíamos lo que nos daba la gana. Y entró porque no entendían bien quién carajo era, y no lo revisaron. Lo dejaron pasar porque el policía le dijo al guardiacárcel, según contó Cortázar, que si no quería salir en los diarios el día siguiente porque no había dejado pasar a Cortázar, lo dejara entrar. El policía se lo describe como una persona importante, no le dice que es escritor. Entonces ahí nomás lo hicieron pasar. Y a nosotros nos llevaron ahí y estuvimos charlando. Él siempre tuvo una charla desopilante. Que te salía con cosas más raras. </p><p>Pero Además del abrazo y la puesta al día, Cortázar había ido con otro objetivo a la cárcel de Devoto. Así lo narraba, con los recuerdos frescos de hacía una década, Cazes Camarero en 1983: “Nos pusimos a tomar mate. ‘Traje guita’, dijo Julio. ‘Gracias’, le dijimos. ‘Con eso compramos fasos, dulce de leche’. ‘No, giles’, dijo Julio. ‘Mucha guita’. Y empezó a sacar puñados de plata, a montones, de los bolsillos de la campera. ‘Pará, loco’, dijo Paco. ‘Guardá eso, qué hacés’”.</p><p>Cortázar tenía sus bolsillos repletos de dólares hechos bollito. Repletos del adelanto del <i>Libro de Manuel</i>, que publicaría ese mismo año —hay otras versiones que dicen que en realidad el dinero que les llevó eran las regalías por los derechos de autor de la novela, en todo caso era dinero por ese texto. </p><p>“‘Entonces se la voy a donar a la comisión de familiares de presos políticos’ —seguía Cazes Camarero en el 83—. ‘¿A cuál?’, pregunté yo. ‘¿Cómo a cuál?’. ‘Hay dos’, explicó Paco, ‘una de los perros y otra de los montos’. ‘¡Ah! no, no, no’, dijo Julio. ‘Si no se unen no les doy nada’. ‘Pero, Julio’, dijo Paco, ‘es un problema político complicado’. ‘Eso’, dije yo. ‘Entonces juéguensela a la perinola’, propuso Julio. ‘¿Què?’... ‘esta perinola’ y sacó una perinola del bolsillo. ‘Bueno’, dije yo. ‘¡Pero vos estás mamado!’, me dijo Paco. ‘Cómo nos vamos a jugar la guita a la perinola a las cuatro de la mañana y en cafúa’. ‘Ma, sí’, dijo Julio. ‘Garren la mosca y dividanselá’. ‘Mirá’, dijo Paco, ‘Mejor llevásela a Ortega Peña o alguien y que la reparta con los familiares’. ‘Sì, mejor’, dije yo. ‘Así siempre nos van a romper el culo’, comentó Julio”.</p><p>—Lo convencimos de que fuera a hablar con <b>Ortega Peña </b>y con <b>Duhalde</b> —recuerda ahora Cazes Camarero—, que eran<b> los defensores de los presos políticos</b>. A mí, de hecho, me defendían ellos. Y eran tipos que eran de confianza tanto de los peronistas como de los comunistas, y de los marxistas o de la izquierda marxista. Así que fue y habló, y ellos lo asesoraron. A él le parecía catastrófico una cosa que verdaderamente era catastrófica: <b>que no hubiera una unidad de los presos políticos ni de las organizaciones revolucionarias</b>. Le parecía que era atroz y que eso iba a tener muy malas consecuencias, cosa que efectivamente ocurrió. Pero no era tan sencillo porque había diferencias políticas importantes. </p><p>El exmilitante del ERP todavía se agarra la cabeza cuando se acuerda el momento en el que Corázar sugirió que se jugaran el dinero a la perinola porque las organizaciones no se ponían de acuerdo y sacó del bolsillo una perinola, como si la hubiese tenido preparada para ese momento.</p><p>—Una cosa loca. Él trajo una perinola, pero la tenía encima por otro motivo, se le ocurrió eso cuando descubrió que no había una sola organización de familiares, sino dos organizaciones de familiares. Entonces dijo: “Juéguenselo a la perinola”. Y Paco se puso loco: “¡Pero vos estás en pedo!”, me dice, “¿cómo le vas a dar pelota? Estamos presos y te vas a jugar la guita a la perinola”. “Claro”, le digo, “no, no se puede”. Y él [Cortázar] llevó la plata en los bolsillos. Paquetes así —abre los dedos en forma de “c” para denotar la cantidad de dinero que entró a la cárcel— de billetes de cien dólares tenía hechos un bollo. No es que llevaba en un portafolio la guita, la tenía en los bolsillos. </p><p>—¿Era el adelanto del<i> Libro de Manuel</i>? </p><p>—Creo que sí. Porque él no había entregado todavía el libro, no sé qué había habido. Creo que él no estaba de acuerdo con algo que le habían comentado, pero después sacó el libro como se le dio la gana, porque se peleaban a puñetazos los editores para publicar el libro ese. Y lo sacaron ahí, al toque.</p><p>El dinero que donó se usó, entre otras cosas, para que muchos familiares que tenían a sus presos en el penal de Rawson, en el borde del país y del mundo, pudieran viajar a verlos.</p><p>Aunque Cazes Camarero asegura que lo importante para las organizaciones, más que el dinero en sí, era el peso simbólico que tenía que Cortázar les donara lo percibido por uno de sus libros.</p><p>***</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/6BQLZMREB5AN7HJ3QZFUCLDQCQ.jpg?auth=eb5b23358e857371c98f69bc9c89951dd123911bd2f693003e55e39801d73344&smart=true&width=1920&height=1080" alt="El dinero que Cortázar llevó a la cárcel de Devoto para ayudar a los presos políticos provenía de su última novela, "Libro de Manuel", que se publicaría ese mismo año" height="1080" width="1920"/><p><b>A esa visita de Cortázar a la cárcel de Devoto le siguieron otras</b>, por esos días en que la libertad palpitaba y andaba suelta entre los barrotes de las celdas. Visitas en las que aprovechó a ver amigos, a estrecharlos en los abrazos que añoraba. Incluso se entrevistó con algunos de ellos. </p><p>—Porque él tenía varios amigos ahí, en realidad no era una visita estrictamente política, sino que era más bien distendida. Lo más político que hizo probablemente fue reunirse con Paco Urondo y conmigo por la donación que quería hacer del dinero y porque quería hacerlo con alguien a quien le tuviera confianza. Y a mí me conocía desde que era chico, prácticamente, yo debía tener 21 o 22 años cuando lo conocí. Así que fue una experiencia breve, porque él enseguida se fue de vuelta a Francia.</p><p>Pero esa no fue la última vez que se vieron.</p><p>La democracia camporista duró un pestañeo. Y en ese mismo pestañeo, en el mismo 1973, bajo la presidencia interina de Raúl Lastiri tras la renuncia de Cámpora, <b>Cazes Camarero fue detenido por tercera vez</b>. Entonces sí pasaría tras las rejas una década completa, larga y sórdida. Lo habían condenado por dirigir el periódico de su organización y por aparecer en TV en un rol de vocero. Fue afortunado —en ese contexto cabe— porque era un preso legal cuando irrumpió la dictadura de Videla. Y salió cuando Alfonsín entró. </p><p>En 1983, <b>Cortázar hizo un último viaje de París a la Argentina</b>. Ya estaba enfermo de leucemia, el mismo mal que le había arrebatado a su última esposa, Carol Dunlop, dejándole un vacío profundo. Cuando venía, cuenta Cazes Camarero, se hospedaba en el Hotel Bauen y usaba el comedor de oficina. Y cuando él salió en libertad lo fue a ver.</p><p>—Pero no se sentía bien. Me citó en el Bauen para almorzar y cuando nos encontramos me dijo que tenía que volverse a Francia porque le había agarrado leucemia. Él se había estado tratando. Volvió a París y a los dos meses yo me fui a Nicaragua y lo llamé por teléfono desde ahí, entre otras cosas, por pedido de los nicaragüenses que lo amaban, porque él había estado en plena dictadura de Nicaragua, escondido. Y ese mismo día, a la noche, se murió. Fue muy triste. </p><p>Cortázar murió. Pero Cortázar quedó. Y quedará.</p><p>—La relación que tuvimos fue una cosa hermosa que uno tiene en la memoria. Y no solo yo, los compañeros que sobrevivieron a todo esto, que increíblemente fueron muchos, se acuerdan muy bien de Cortázar.</p><p>***</p><p>El <i>Libro de Manuel</i> fue una de las novelas más criticadas del autor porque su contenido político desplazó al fantástico tal y como lo venía desarrollando. Algunos, para denostarla, la llamaron “obra menor”. Para Cortázar fue exactamente lo contrario. Para él esa novela fue una obra mayor. Significó <b>“el paso del yo al tú o al vos. Y del vos a todo el resto. Es, en el plano literario, mi evolución en el plano personal”</b>.​</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/QCHMBFPVJBCXHFMJKYCSH652KY.jpg?auth=ca210a0c2810dd62c2cde2a3197aef2027aa1c7bee4d0059231fd1c7f73e17fa&amp;smart=true&amp;width=1200&amp;height=900" type="image/jpeg" height="900" width="1200"><media:description type="plain"><![CDATA[Pedro Cazes Camarero conoció a Cortázar a mediados de los 60, cuando comenzó a asistir a los talleres que el escritor ofrecía en Buenos Aires ]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Fueron condenados a la silla eléctrica por un crimen que no cometieron y se convirtieron en símbolo: la historia de Sacco y Vanzetti]]></title><link>https://www.infobae.com/historias/2025/08/23/fueron-condenados-a-la-silla-electrica-por-un-crimen-que-no-cometieron-y-se-convirtieron-en-simbolo-la-historia-de-sacco-y-vanzetti/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/historias/2025/08/23/fueron-condenados-a-la-silla-electrica-por-un-crimen-que-no-cometieron-y-se-convirtieron-en-simbolo-la-historia-de-sacco-y-vanzetti/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[Eran inmigrantes italianos. Eran anarquistas en los Estados Unidos de la década del 20. Sus condiciones precarias de existencia y la conciencia de clase los llevaron a unirse a los seguidores de Luigi Galleani, un célebre ácrata italiano que incitaba a la revolución violenta. Cuando muchos integrantes de los galleanistas fueron deportados, Sacco y Vanzetti se ocultaron para eludir la cárcel y el exilio. Pero poco tiempo después los inculparon por un robo y un asesinato en los que no estaban involucrados. El 23 de agosto de 1927 serían ejecutados al finalizar un juicio infame, con los trabajadores del mundo clamando por su libertad]]></description><pubDate>Sat, 23 Aug 2025 03:56:00 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/3W2IX66PCNDQ3GXRSABBB7I4EI.jpg?auth=521c93b18acbdfc0d614258afd9c38c32284ab4cf3b5f3968386237857ad0171&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti" height="1080" width="1920"/><p>“Lo mejor de los hombres —tú lo sabes, Vanzetti— no es su cuerpo, que cualquier asesino carboniza. De ser así —también tú lo sabes, Sacco— sería más noble y piadoso ser verdugo que anarquista. <b>Lo mejor de los hombres es su coraje y su fe</b>; aquel es manto que arropa a los que tiemblan; esta es sandalia para los pies llagados. Hoy, las almas proletarias están calientes y erguidas gracias a lo que vosotros, moribundos, les donasteis: audacia, esperanza. ¡Os saludamos en vuestra final victoria, hermanos!</p><p><b>Desde la CÁMARA DE LA MUERTE, eso —fe y coraje— irradiasteis a los hombres de toda idea y toda raza, Sacco y Vanzetti</b>”.</p><p>Así comenzaba la despedida a Sacco y Vanzetti —titulada “A Sacco y Vanzetti, nuestro saludo”—, escrita por el dramaturgo, periodista y anarquista argentino, Rodolfo González Pacheco, y publicada en el periódico anarquista <i>La Antorcha</i> que él editaba, el</p><p>10 de agosto de 1927.</p><p>En muchas partes del mundo, y en Argentina de modo muy intenso, los trabajadores, los anarquistas, y los trabajadores anarquistas aún más, ondearon banderas, pintaron consignas, escribieron proclamas, y alzaron puños <b>reclamando la libertad de los italianos condenados a muerte</b>.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/NDH6CLZ2KBDWTFFV63TD6OMQTQ.jpg?auth=8f960386063e2fe8c7e62b4597f72c037d9b8cf260dd21d1c0ef418fc110cad6&smart=true&width=1920&height=1068" alt="La historia de Sacco y Vanzetti, los anarquistas italianos condenados a la silla eléctrica por un delito en el que no estaban involucrados, pasó a la historia; y ellos se transformaron, para muchos, en un símbolo de resistencia y lucha " height="1068" width="1920"/><h2>Sacco</h2><p>Nicola Sacco nació el 23 de abril de 1891 en Torre Maggiore, región de Apuia, Italia. Emigró a los Estados Unidos en 1908, como lo hacían —y aún lo hacen— quienes se desarraigan y buscan una nueva patria: con la ilusión de encontrar un mejor porvenir. Era mecánico, pero en Milford, estado de Massachusetts, donde se radicó, <b>comenzó a trabajar como operario en una fábrica de calzados</b>. En aquella ciudad conoció a Rosina, con quien se casó y tuvo dos hijos: Dante e Inés. No se definía como anarquista antes de llegar a Norteamérica. Fue después de ver por él mismo y hacer cuerpo las duras condiciones en las que vivían los trabajadores y trabajadoras en los Estados Unidos que decidió sumarse a las filas de quienes buscaban otro modo de vivir, aunque para alcanzarlo debieran volar por el aire el existente.</p><p>Así lo recordó él mismo antes de su ejecución: “<b>Yo me lancé en cuerpo y alma a la pelea</b>; me hice el organizador de mitines y conferencias; pertenecí durante poco tiempo a la Federación Socialista Italiana. Poco después, deseando más aire, no queriendo perderme en las luchas estériles que debían alcanzar su apogeo con la exaltación de una unidad obrera, fui dirigido por un ardor y voluntad de acción hacia las agrupaciones libertarias, hasta el día nefasto en que las manos impúdicas de los esbirros me capturaron y me designaron a las represalias del enemigo…”.</p><h2>Vanzetti</h2><p>Bartolomeo Vanzetti nació el 11 de junio de 1888 en Villafalleto, región de Piamonte, Italia. En 1908 —igual que Sacco, con apenas tres años más que él (Sacco tenía 17 y Vanzetti, 20)— emigró a los Estados Unidos en búsqueda de trabajo y mejores condiciones de vida. Vanzetti era panadero, pero al llegar hizo lo que suelen hacer los migrantes apenas pisan una nueva tierra: buscar cualquier —o casi cualquier— tipo de empleo. Pasó por diferentes ciudades, por oficios varios que tenían algo en común: <b>la precariedad de las condiciones laborales</b>. Para intentar enraizar en Plymouth, estado de Massachusetts, se puso a<b> </b>trabajar en forma autónoma como vendedor de pescado. Entonces <b>ya traía acumulada una aguda militancia sindical que lo había enviado directo a las llamadas “listas negras”.</b></p><p>Si bien había cruzado el océano con algunas ideas formadas sobre las diferencias de clase y la lucha social, <b>como Sacco, Vanzetti terminó por identificarse con el anarquismo en la nueva tierra</b>. Ahí comenzó su activismo en los sindicatos que defendían esas ideas y estaban adheridos a la Industrial Workers of the World (Trabajadores Industriales del Mundo) (IWW, por sus siglas en inglés), una organización sindical que promueve la democracia laboral y la autogestión obrera, y nació en Estados Unidos en 1905, poco antes de que Sacco y Vanzetti llagaran.</p><p>También como Sacco, Vanzetti escribió sobre su experiencia: “Aprendí a amar y a simpatizar con aquellos que como yo estaban resueltos a aceptar un salario mísero con tal que conservara el cuerpo y dejara en salvo el espíritu. <b>Aprendí que la conciencia de clase no era frase inventada por los propagandistas, sino que representaba una fuerza vital, real</b>, y que aquellos que comprenden su significado no son ya simples bestias de carga, sino seres humanos”. “<b>Comprendí que bajo el nombre de Dios, de la Ley, de la Patria o de la Libertad,</b> de las más puras abstracciones y de los más elevados ideales,<b> se han cometido y se cometen los crímenes más horrendos…</b>”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/433TBUUY7FGUNJ65TNCJ4R667A.jpg?auth=7752ec29eb77e799876a7e68822758eb4fc83429ed8b58b84801ab2112090318&smart=true&width=1920&height=1280" alt="La causa de Sacco y Vanzetti fue recreada y narrada en diferentes manifestaciones culturales, como la obra de teatro "Sacco y Vanzetti. Dramaturgia sumaria de documentos sobre el caso", de Mauricio Kartun, que se estrenó en 1992. (Foto: Teatro Nacional Cervantes) " height="1280" width="1920"/><h2>Sacco y Vanzetti</h2><p>Sacco y Vanzetti se conocieron —como los activistas que eran— en una huelga, por 1917. Con todas las cosas en común que tenían, su amistad fue casi instantánea. En esos días, los dos ya eran galleanistas, seguidores de Luigi Galleani, un famoso anarquista italiano que desde su propio periódico anarcocomunista, <i>Cronaca Sovversiva</i>, convocaba a quienes formaban sus filas, a la acción: concretamente, <b>a la revolución violenta</b>. De hecho, Galleani también publicó un manual para la fabricación de bombas, sin eufemismos —<i>La Salute è in voi!</i>—, ampliamente difundido entre sus seguidores.</p><p>El contexto en el que Sacco y Vanzetti decidieron unirse a este grupo no es menos importante que lo que pasó después.</p><p>El siglo XX se había estrenado hacía menos de dos décadas, pero la vorágine con la que irrumpía en el mundo impactaba a través de las fronteras y agrietaba todos los suelos. En Estados Unidos había manifestaciones que repudiaban el ingreso del país a la Primera Guerra Mundial; y el eco de la Revolución Rusa se expandía entre los trabajadores del globo —también en los del país norteamericano— y provocaba <b>un crecimiento vertiginoso en la actividad sindical</b>. </p><p>En este marco, Estados Unidos atravesó lo que dio en llamar <b>“el primer temor rojo”</b>, un período caracterizado por <b>el pánico a la viralidad de las ideas comunistas y anarquistas</b>, consideradas foráneas, infiltradas en su tierra por los extranjeros y destinadas a acabar con lo que para los estadounidenses —o al menos para buena parte de ellos— representaban los valores tradicionales de su sociedad —cualquier semejanza con lo sucedido en las dictaduras latinoamericanas de casi fin de siglo no es pura coincidencia—. Esta efervescencia y ese pavor sirvieron de impulso para el lanzamiento de <b>una intensa campaña de persecución a quienes se enlistaban tras esas ideas</b>, con el objetivo de acabar o al menos menguar la actividad sindical creciente —y cada vez más fructífera— y terminar con la propaganda revolucionaria que se había fortalecido.</p><p>El punto máximo de ese clima de tensión ocurrió <b>entre 1919 y 1920</b>.</p><p>En abril de 1919, un grupo de anarquistas, comandado por el italiano Luigi Galleani, puso bombas por todo el país. El objetivo eran figuras destacadas del <i>establishment </i>político y económico de los Estados Unidos como J. P. Morgan Jr., John D. Rockefeller, Oliver Wendell Holmes (juez del Tribunal Supremo), Alexander Mitchell Palmer (fiscal general) y funcionarios de inmigración. Algunos de ellos habían firmado la ley antisedición —que penalizaba la incitación pública a la rebelión contra el Gobierno— y la Ley de Inmigraciones del año 1918, conocida como “ley de exclusión de anarquistas extranjeros ” —tal como define su apodo, una norma para expulsar de los Estados Unidos a los extranjeros anarquistas, comunistas o de ideología similar—, o habían enviado a anarquistas galleanistas a prisión. Ninguno de ellos murió en la acción coordinada. </p><p>Sí murieron un sereno, una mujer que caminaba por la calle y Carlo Valdinoci, un galleanista muy cercano al propio Galleani, y exeditor de <i>Cronaca Sovversiva</i>. </p><p>Si bien Palmer y su familia no se vieron afectados, quedaron muy impactados por la explosión. No era la primera vez que el fiscal era blanco de un atentado con cartas bomba y no quiso esperar para ver si la próxima le atinaban. Por lo que luego de estos ataques, a los instrumentos legales que utilizaba el Gobierno para perseguir y coartar la actividad sindical y política de los trabajadores extranjeros, el fiscal sumó otra estrategia: activó lo que se conoció como <b>“las redadas de Palmer”</b>. Una persecución salvaje en la que, <b>entre noviembre de 1919 y enero de 1920, el Departamento de Justicia de los Estados Unidos deportó a cientos de inmigrantes y encarceló a más de cinco mil ciudadanos haciendo caso omiso de sus derechos constitucionales</b>. Estas redadas, como la Ley de Inmigraciones —que tuvo como destinatarios preferenciales, dentro de la actividad sindical, a los miembros de la IWW—, buscaban detener y echar al exilio las ideas anarquistas y comunistas, debido al temor rojo que se expandía por Estados Unidos como una mancha de petróleo en el mar.</p><p>En este contexto los protagonistas de esta historia, extranjeros, anarquistas, activistas sindicales de la IWW y trabajadores conmovidos y comprometidos con la emancipación de las clases explotadas, es decir, <b>dos arquetipos de todo aquello que aborrecían las clases acomodadas norteamericanas</b>, encontraban en los galleanistas un espacio donde volcar sus ideas y llevarlas a la acción. Aunque Sacco y Vanzetti nunca ocuparon puestos jerárquicos en la organización, participaban de la logística y sabían bien de explosivos. </p><p>Cuando en 1919 los anarquistas italianos estaban a la cabeza en la lista de los enemigos peligrosos del Gobierno, y Galleani y sus principales hombres fueron deportados, Sacco y Vanzetti aprovecharon su poca exposición y se ocultaron. Así evitaron la prisión la mayoría de los galleanistas que quedaron en suelo norteamericano: dejando de actuar, haciéndolo en secreto o escondiéndose.</p><p>Así la evitarían también Sacco y Vanzetti. Por poco tiempo.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/QKBRQPHNYBGTZGCHUYOMTJTGQM.jpg?auth=1122aacc3e7079ef42a3170dbbc6b48b18e6d04eb686608c8914369448fcbed6&smart=true&width=1920&height=2743" alt="En los años 70 se estrenó una famosa película basada en el caso, dirigida por Giuliano Montaldo, cineasta, guionista y actor italiano " height="2743" width="1920"/><h2>Presuntos culpables por anarquistas e italianos: la acusación </h2><p><b>El 5 de mayo de 1920</b>, en una de las <i>“Palmer raids”</i> (“redadas de Palmer”), <b>Sacco y Vanzetti fueron arrestados</b>.</p><p>Días antes, el 15 de abril, en la ciudad de South Braintree, estado de Massachusetts, un empleado —Frederick Parmenter— y un sereno —Alessandro Berardelli— de la Slater and Morrill shoe factory, una fábrica de calzados, habían sido asesinados a balazos luego del robo de 15.776 dólares con 51 centavos, destinados a los salarios de los trabajadores.</p><p>El crimen sacudió y encolerizó a los vecinos de la ciudad. </p><p>A su vez, el 3 de abril, la policía había detenido a otro militante anarquista italiano de peso: Andrea Salcedo. Después de torturarlo y pasar varios días en prisión, Salcedo cayó del décimo cuarto piso del edificio de la policía de Nueva York. La versión oficial fue que se había suicidado. Pero sus compañeros de activismo, afuera, no dudaban de que lo habían arrojado. Y el perfil bajo que estaban intentando mantener algunos para no ser deportados se tiñó con la sangre del militante muerto que provocó que los anarquistas italianos se organizaran para reclamar por su vida o, más bien, por su muerte.</p><p>Cuando Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti fueron arrestados, la noche del 5 de mayo, estaban organizando campañas de denuncias por el asesinato de Andrea Salcedo. </p><p>Lo curioso —si cabe el término para una Justicia que actuaba más por xenofobia e influencia del antianarquismo y anticomunismo del momento que por pruebas certeras— es que <b>cuando los llevaron a la comisaría y los interrogaron no se les imputó ningún delito</b>, más bien los increparon por sus actividades sindicales y políticas. Pero dos días después de su detención, el fiscal del distrito tuvo la amabilidad de informarles que <b>se los acusaba de los asesinatos de South Braintree</b>. </p><p>En un santiamén, la prensa se encargó de que la noticia corriera como hilo de pólvora con fuerte hincapié en que los presuntos culpables eran anarquistas e italianos. </p><p>A partir de ese momento el procesamiento de Sacco y Vanzetti se convirtió en un espectáculo orquestado por el Gobierno de los Estados Unidos para enviar un mensaje claro y contundente a la sociedad, específicamente a los inmigrantes y activistas sindicales, compañeros de ideas y de lucha de los acusados: <b>el que no sabemos si las hizo o no las hizo, las paga igual por anarquista, por inmigrante o por las dos</b>.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/A4Y7OV73F5HXXL2GPX2D72ST44.jpg?auth=c742c888f97cefde36cd918a79f72eeb1e1e5fba9004f5c94cab22fd8d7bcf19&smart=true&width=1039&height=680" alt="Mientras Sacco y Vanzetti transitaban un proceso judicial nefasto, con instancias de apelación ignoradas, durante siete años de prisión, en todo el mundo los trabajadores y activistas de izquierda se lanzaban a las calles clamando por su libertad" height="680" width="1039"/><h2> “El derecho es lo que dicen los jueces”: el juicio</h2><p>Sacco y Vanzetti estuvieron presos durante más de siete años. El juicio en el que se debía comprobar o descartar si efectivamente habían sido los autores del crimen fue una pantomima: estuvo sembrado de irregularidades, pruebas distorsionadas, inventadas y un sinfín de caminos tomados por la fiscalía que conducían —una y otra vez— a la actividad sindical y anarquista de los acusados. </p><p>No le importó al tribunal la declaración de Vanzetti, que aseguró había estado vendiendo pescado en el momento en que la fábrica de calzado era robada. Ni la de los testigos que confirmaron que lo vieron vender. Tampoco le importó que Sacco hubiera estado en Boston, intentando obtener un nuevo pasaporte en el consulado italiano, y que el empleado que lo recibió enviara esa confirmación por escrito. Ni que contara que luego había almorzado con amigos allí y esos amigos confirmaran su versión. Por el contrario, la fiscalía desestimó estos testimonios: aseguró que no podía establecerse la visita de Sacco al consulado y quitó valor a las palabras de sus amigos sentenciando que eran anarquistas.</p><p>Tampoco le importó al tribunal que las balas homicidas no coincidieran con el arma de Sacco, ni con la de Vanzetti. En la corte, dos expertos de la fiscalía juraron que una de las balas letales encontradas cerca de Berardelli, el sereno, coincidía con las disparadas por el arma de Sacco, la que probaron en el juicio. No importó que dos expertos de la defensa dijeran que eso no era cierto —años después, los abogados defensores sugerirían que la bala mortal que utilizaron para compararla con la del arma de Sacco había sido sustituida por la fiscalía, advirtiendo que la parte acusadora aseguraba que solo una bala coincidía y los testigos juraron haber visto cómo uno de los asaltantes vaciaba su cargador en Berardelli, el sereno. Razón por la cual todas las balas debían coincidir. O ninguna.</p><p>No les importó que todas las balas encontradas en la escena del crimen eran calibre 32, mientras Vanzetti empuñaba una 38. La fiscalía aseguró que Vanzetti le había sacado el arma al guardia asesinado. Nadie declaró haber visto a alguien sacarle el arma ni nada parecido, aunque el guardia que cargaba con el dinero de los jornales estaba oportunamente desarmado cuando lo hallaron muerto. Al jurado le cerró la explicación de la fiscalía y la compró sin más.</p><p>Tampoco importó que la gorra que hallaron allí, y aseguraban pertenecía a Sacco —las pruebas de las que se jactaba la fiscalía— le quedara chica al momento en que se la probaron. Katzmann, el fiscal asignado, insistió en que le iba perfecta y se refirió en lo que siguió a la gorra como suya. Para que nadie dudara.</p><p><b>Al jurado le llevó solo tres horas, interrumpidas para cenar, llegar al veredicto: culpables</b>.</p><p>Sus integrantes aseguraron que el hecho de que fueran inmigrantes y anarquistas no había influido en la decisión. El asesinato, en Massachusetts, era un crimen capital. <b>Era 14 de julio de 1921 y Sacco y Vanzetti estaban destinados a la silla eléctrica</b>.</p><p>Las instancias de apelación, a las que recurriría la defensa durante los seis años siguientes, llegaron hasta la Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos. Serían obsoletas. La institución <b>se negaría a revisar el caso, aunque afuera, los trabajadores del mundo clamaran por la libertad de Sacco y Vanzetti</b>.</p><p>Al Máximo Tribunal del país del norte no le importó que el juicio fuera una farsa. Ni que tres testigos clave de la fiscalía admitieran haber sido obligados a identificar a Sacco en la escena del crimen. Ni que en 1924 se descubriera que, efectivamente, alguien había cambiado el tambor del arma de Sacco por el de una Colt automática idéntica a la utilizada en el homicidio para que coincidiera en la comparación. Ni que <b>en 1925 Celestino Medeiros</b>, un convicto portugués miembro de una banda que había robado zapatos de algunas fábricas en Massachusetts, incluyendo en la que ocurrieron los asesinatos, <b>dijera haber cometido el crimen </b>—aunque al ser interrogado se desdijo, seis años después se lo confesó, según trascendió, a un abogado de Nueva York—.</p><p>Entre los integrantes de la Suprema Corte estaba el célebre Oliver Wendell Holmes, conocido por su famosa premisa: <b>“el derecho es lo que dicen los jueces”</b>. </p><p>Vaya si lo comprobaron Sacco y Vanzetti.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/BVBRPMO2NZGBLEROYSAATMUYT4.jpg?auth=92683f15deb539222cde0a2b07b35a6030c93b4e921813c9adef13220a6fb069&smart=true&width=1920&height=2488" alt="The Boston Daily Globe, un diario de Boston, Massachusetts, anunciaba la muerte en la silla eléctrica de los anarquistas italianos y del portugués, Madeiros" height="2488" width="1920"/><h2>Sacco y Vanzetti, fronteras afuera</h2><p>En todo el mundo el juicio y el destino de los italianos era seguido con atención —y buena dosis de incredulidad—. Y luego de la condena no tardó en propagarse, como una onda expansiva internacional, el repudio: <b>trabajadores de diferentes partes del globo se volcaron a las calles para manifestarse en contra y pedir su liberación con huelgas masivas</b>, mientras se agotaban las instancias de apelación. Hicieron de la causa del pescador y el zapatero la propia, proclamaron su libertad con puño alzado. Sacco y Vanzetti se transformaron en bandera, en consigna, en símbolo de lucha. </p><p>El fiscal y el juez Webster Thayer fueron señalados por su comportamiento corrupto. Demasiado no pareció afectarles.</p><p>En 1927 las protestas multitudinarias ya habían sacudido las calles de Nueva York, Londres, Ámsterdam, Tokio, París, Ginebra, Berlín, Milán, Barcelona, Lisboa, Ciudad del Cabo, Sídney, México, Montevideo, Buenos Aires. <b>En algunas ciudades también hubo atentados. Buenos Aires, donde el anarquismo tenía una presencia destacada, fue una de ellas</b>.</p><p>Ahí —acá— la solidaridad para con Sacco y Vanzetti no sólo se expresó con paros generales, y manifestaciones extensísimas sino también con ataques con explosivos ejecutados por Severino Di Giovanni, el famoso anarquista italiano radicado en el país. Algunos de sus blancos fueron la embajada de Estados Unidos, la estatua de George Washington, la sede de la compañía Ford. Y hubo más.</p><p>En ciudades como Mendoza y Rosario la causa también caló hondo y hubo cierre de comercios, de escuelas, protestas que duraron una semana entera y que no menguaron en su convocatoria.</p><p>En este suelo austral, como en otros tantos de otros puntos cardinales, se publicaron cientos de notas, columnas y periódicos completos dedicados a seguir los acontecimientos que se sucedían en el proceso judicial.</p><p>Referentes de la cultura internacional como H. G. Wells, Bernard Shaw, Albert Einstein, Miguel de Unamuno y Marie Curie, entre otros, también se pronunciaron a favor de los sentenciados.</p><p><b>En Massachusetts hubo un diluvio de telegramas pidiendo el indulto para Sacco y Vanzetti. </b>Fue ahí cuando el entonces gobernador, Alvan Tufts Fuller, creó una comisión que trabajó a destajo para revisar el caso, pero terminó por confirmar el veredicto.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/Y2DTMSSCF5AFNKHKS3SK7AL6EA.jpg?auth=9b9cbaa16fe27401dc59f7aed82eeeb93e858ba5f10d9bdb4f00f4d62bffccd3&smart=true&width=1114&height=2000" alt="Monumento a Sacco y Vanzetti en Carrara, Italia" height="2000" width="1114"/><h2>La condena</h2><p><b>El 23 de agosto de 1927</b>, después de negarse a recibir a un sacerdote, Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti <b>caminaron tranquilos y con la frente en alto a su encuentro con la muerte</b>. En sus instantes finales de vida Vanzetti agradeció a los guardias por haber sido amables en el trato y se despidió con un apretón de manos. También leyó una declaración en la que aseguraba su inocencia y luego dijo: “Deseo perdonar a algunas personas por lo que me están haciendo ahora a mí”. En la silla eléctrica, en la prisión de Charlestown, mientras el mundo, afuera, seguía intentando, impotente, salvarlos, miró a los presentes y gritó: “Viva la anarquía”. </p><p>Las últimas palabras de Sacco, también fueron “¡Viva la anarquía!” y "<i>Addio, mia madre</i>“. </p><p>Antes de que llegara su destino, que a esas alturas sabían inexorable,<b> Sacco y</b> <b>Vanzetti le enviaron una carta de agradecimiento a los trabajadores argentinos por su solidaridad</b>:</p><p>“Nosotros deseamos decir a los compañeros, a los amigos, al pueblo argentino, que sabemos cuán grande, sublime y heroica es su solidaridad hacia nosotros.</p><p>Sabemos que habéis dado el pan y el reposo vuestro, vuestra sangre y vuestra libertad por nosotros. Sabemos que hubo quien dio su vida por nosotros.</p><p>Vuestra solidaridad generosa nos reafirma en la fe anárquica y humana.</p><p>Vuestro sacrificio heroico, nos hace sangrar el corazón, mas nos sostiene el ánimo dándonos la certeza de una victoria final del proletariado.</p><p>Nosotros saludamos a quien lucha por nosotros; a quien está preso por nosotros; a quien ha muerto por nosotros.</p><p>Compañeros: amigos, Pueblo de la Argentina: nosotros morimos con vosotros en el corazón”.</p><p>También habían enviado cartas a sus familias y seres queridos y volcado sus sentires y pensamientos en diferentes declaraciones. En una de ellas, Vanzetti escribió: “Abarqué el concepto de fraternidad y amor universal. <b>Sostuve que cualquier cosa que beneficie o perjudique al hombre, beneficia o perjudica el conjunto de la especie humana</b>. Sentí mi libertad y mi felicidad en la libertad y la felicidad de todos. <b>Admití que la equidad en los actos, en los derechos y deberes es la única moral en que puede fundamentarse una sociedad humana…</b> Yo soy y seré hasta el último momento (a menos que descubra mi error) comunista anárquico, porque siento que el comunismo es la forma del contrato social más humana, porque sé que solamente en la libertad podría surgir el hombre a su noble y armoniosa integridad”. </p><p>Sacco también escribió: “<b>Mi crimen, el único crimen, del que estoy orgulloso, es el de haber soñado una vida mejor</b>, hecha de fraternidad, de ayuda mutua; de ser, en una palabra, anarquista, y por ese crimen tengo el orgullo de terminar entre las manos del verdugo”. </p><p>Al cumplirse 50 años de su ejecución, en 1977, el gobernador de Massachusetts, Michael Dukakis, admitió que <b>la condena y ejecución de Sacco y Vanzetti había sido</b> <b>injusta</b> y que “cualquier desgracia debería ser para siempre borrada de sus nombres”. Su verdad, medio siglo más tarde, hizo poco sentido en el consciente colectivo de los trabajadores y todos aquellos que se habían involucrado con la causa, para quienes nunca había existido un ápice de duda: Sacco y Vanzetti eran inocentes. </p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/3W2IX66PCNDQ3GXRSABBB7I4EI.jpg?auth=521c93b18acbdfc0d614258afd9c38c32284ab4cf3b5f3968386237857ad0171&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[El adultocentrismo bajo la lupa: ¿qué piensan los más chicos sobre cómo son tratados por los adultos? ]]></title><link>https://www.infobae.com/sociedad/2025/08/17/el-adultocentrismo-bajo-la-lupa-que-piensan-los-mas-chicos-sobre-como-son-tratados-por-los-adultos/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/sociedad/2025/08/17/el-adultocentrismo-bajo-la-lupa-que-piensan-los-mas-chicos-sobre-como-son-tratados-por-los-adultos/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[Santiago Morales y Marta Martínez Muñoz se hundieron en una investigación tras el objetivo de acercar a todas aquellas personas que acompañan la crianza y el cuidado de los más pequeños y jóvenes de la sociedad —y a la sociedad toda— un texto que busca desentrañar este concepto que resuena en distintos ámbitos pero se utiliza “de manera intuitiva”. En el Día de la Niñez, Santiago Morales habla sobre este libro que invita a adultos y adultas a reflexionar sobre el modo de vincularnos con los más pequeños]]></description><pubDate>Sun, 17 Aug 2025 05:38:57 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/MUYVXTSBYBGO5FBCEDSFEBQHDY.jpg?auth=7f833f5477029c42b6fb43b4a2bc2f54ac4fc370914d356683cfe257b967dc28&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Adultocentrismo: ¿Qué piensan chicas y chicos?, es el nuevo libro del sociólogo Santiago Morales junto a su colega española, Marta Martínez Muñoz, en el que invitan a reflexionar sobre el lugar que ocupan niños, niñas y adolescentes en "un mundo hecho por y para los adultos"" height="1080" width="1920"/><p>Hace unos años, una periodista estadounidense contaba en una nota del <i>New York Times</i>, escrita en primera persona, que había dejado que sus hijos de unos 8 y 10 años planificaran las vacaciones familiares en Buenos Aires. La autora decía que a ella y a su marido se les había ocurrido viajar a la Argentina para que sus niños practicaran español, idioma que los chicos estudiaban y los adultos —los padres— no sabían hablar, y que los habían alentado a que ellos mismos armaran el itinerario y escogieran los paseos que harían en la ciudad. </p><p>Además de contener muchas visitas a heladerías y sitios con gran variedad de oferta de azúcar, en la nota, la madre periodista mostraba cómo cuando iban a cada lugar, como museos o restaurantes, y los niños, por ser los únicos que manejaban el idioma, se dirigían a los adultos que los recibían para pedir lo que deseaban —<i>tickets</i>, el menú, los platos que escogían para comer— sus interlocutores miraban inmediatamente a los padres y se dirigían a ellos en lugar de responder a los niños que les hablaban. La experiencia, que se repitió durante todas las vacaciones, le sirvió a la madre para advertir <b>la poca validez que se la da a la voz de los niños y niñas en el mundo adulto</b>. </p><p>Eso, exactamente, es el adultocentrismo.</p><h2>Las niñas y niños (nos) dicen</h2><p>“El adultocentrismo es algo que se ve al revés de como lo ve un/a niño/a” (chica, 9 años, España). “Para mí el adultocentrismo es que lxs adultxs crean que son superiores o que tienen la razón en todo solo por ser mayores” (chica, 13 años, Argentina). “Creen que lo que digo no es en serio”, (chica, 8 años, México). “No por el simple hecho de ser mayores significa que sean sabios o algo por el estilo, hay veces en las que los niños sí tienen la razón y ellos tienen que aprender a reconocerlo” (chico, 13 años, Chile). “[Creen] que tienen la razón en todo” (chico, 18 años, España). “Restan importancia a nuestros sentimientos” (chica, 17 años, Argentina). “Que los adultos y adultas no respeten a los niños y las niñas ni nos escuchen” (chica, 7 años, Argentina).</p><p>Estas son solo algunas de las respuestas entre los <b>casi 200 testimonios</b> que recoge el libro <i><b>Adultocentrismo. ¿Qué piensan chicas y chicos?</b></i>, ideado por los sociólogos Santiago Morales —argentino, investigador de CONICET, divulgador, padre y activista con años de trabajo dedicado a repensar las infancias— y Marta Martínez Muñoz —española, investigadora y evaluadora de políticas de infancia y diseñadora de metodologías que promuevan la participación protagónica de niños y adolescentes en España, Europa y América Latina—, y editado por Chirimbote. </p><p><b>Los protagonistas del texto</b>, quienes responden y dan forma a la obra, <b>tienen entre 5 y 25 años</b> —pese a que las preguntas estaban dirigidas, en principio, a personas menores de 18—. Son de Argentina, México, España, Chile, Colombia, República Dominicana y Panamá. A todos les enviaron las mismas consignas que buscaban que dieran sus propias definiciones de adultocentrismo, que contaran cómo piensan que les afecta y qué consejos le darían a las personas adultas para mejorar su relación con ellos, con ellas.</p><p>El resultado es <b>un libro que desgrana el concepto de adultocentrismo</b> e intenta suplir su ausencia en sitios autorizados como el Diccionario de la Real Academia Española, por ejemplo. Pero no solo como una mera cuestión etimológica, sino rodeando y abriéndolo para acercar a todas las personas su real significado en la vida cotidiana: es decir, pone en evidencia las prácticas que lo llenan de sentido y hacen que este término se convierta más bien en un conjunto de acciones —pequeñas y enormes— que impactan directamente en la vida de las niñas, los niños y adolescentes y en su vínculo con los adultos que los rodean. </p><p>El resultado, también, es un texto que sacude e <b>invita a reflexionar a todos aquellos que tenemos niños y niñas a nuestro cuidado</b>, a revisar nuestras formas de criar y acompañarlos a descubrir el mundo. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/FMRCYD4BARBDHF6563SYIXCROY.jpg?auth=12a42c583bf6f0fab54e1e5ddfbcc20de7f955c21d9177c511299c7705a0c659&smart=true&width=800&height=440" alt="Santiago Morales es sociólogo, investigador de CONICET, divulgador, padre y activista dedicado a repensar las infancias, a reivindicar sus derechos y defender su voz " height="440" width="800"/><h2>“Aquello que no se nombra no existe” </h2><p>Con esta frase contundente del pensador George Steiner abre el texto que se apura en explicar la ausencia del término “adultocentrismo” en la máxima referencia del español ilustrado, como es el Diccionario de la RAE y, en cambio, <b>su omnipresencia en la vida diaria</b>: “Hay adultocentrismo en las aulas escolares, en la crianza familiar, en el diseño e implementación de políticas públicas (o en la ausencia de estas), incluso en las zonas de juego de los parques infantiles en cualquier ciudad del mundo”, se lee en las primeras líneas de esta investigación que brotó como idea en 2021.</p><p>—El motivo inicial tenía que ver con reconocer la ausencia de un libro que estuviera al alcance de cualquiera que quisiera conocer en profundidad qué es el adultocentrismo, pero escrito con transparencia lingüística y con rigurosidad científica. Se me ocurrió la idea y le mandé un mensaje de audio a Marta. Ella rápidamente se entusiasmó, lo conversamos y estuvimos de acuerdo que hacía falta ese libro. Que en español, por lo menos, no existía. Y como suele pasar en el diálogo que vamos construyendo, una iniciativa se transforma en una contrapropuesta —recuerda Santiago.</p><p>Marta, a quien conoce hace una década por el Movimiento Latinoamericano y del Caribe de Niñas, Niños y Adolescentes Trabajadores (MOLACNNATS) —un organismo que exige a la sociedad y a los Estados el acceso y reconocimiento de los derechos de los niños, niñas y adolescentes— le retrucó que si se trataba de reflexionar sobre adultocentrismo, la voz debía ser entonces la de quienes se ven impactados por él: “Me parece estupenda la idea, pero no tenemos que hacer algo escrito simplemente por vos y por mí, sino que tenemos que buscar la manera de incorporar, hacer cuerpo, las voces de las nuevas generaciones porque <b>tenemos que escribir un libro sobre el adultocentrismo que no replique una práctica adultista muy recurrente que tiene que ver con considerar que nadie mejor que las personas adultas para pensar el mundo, incluso aquello que afecta a las niñeces</b>”.</p><p>—Y ahí poco a poco lo fuimos cocinando.</p><p>Otra de las motivaciones de los coautores y promotores del texto fue el hecho de observar “la necesidad, el deseo, la búsqueda o inquietud de muchas educadoras, educadores, profesionales del campo de la infancia, de la juventud, incluso de madres y padres que querían saber un poco más <b>de qué estamos hablando cuando hablamos de adultocentrismo</b> —señala Santiago—. Es decir, lo pensaron también para acercar herramientas comprensibles a todas aquellas personas cercanas a los niños, niñas y adolescentes que reflexionan y se replantean sus vínculos y la manera de interactuar con ellos. La meta, entonces, era ofrecer “un trabajo sólido, en términos científicos, en un lenguaje para todo público, que permitiera una aproximación que haga pensar”. </p><p>Y arrojar luz en las acciones o los modos de vincularse que encierra el concepto, para desmadejar el ovillo que a veces se hace sobre sí mismo.</p><p>—Veíamos que, en tanto categoría, el término se usaba y se sigue usando de modo intuitivo: <b>muchas personas veían adultocentrismo donde no lo había o creyendo no reproducirlo, lo reproducían</b> o impugnaban, descartaban la sola idea de problematizar el adultocentrismo creyendo que eso significaba un desdibujamiento del rol de cuidado, de las responsabilidades adultas, que negaba un ejercicio legítimo de autoridad. Entonces, <b>ante esa confusión general, quisimos ofrecer ideas</b>. Construidas con tres grandes aportes: el de las niñeces y juventudes que participaron del cuestionario que da origen al libro; el nuestro, en tanto sociólogo y socióloga que investigamos hace muchos años los universos de las nuevas generaciones; y el del conjunto de teorías, de investigadores, investigadoras, educadores, educadoras que desde hace décadas vienen <b>cuestionando</b> <b>el autoritarismo legitimado en las relaciones intergeneracionales</b>.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/QCULJGT6MVCMRLYQZZ7XMHQ2B4.jpg?auth=b3bddc5951fec5d90e6dda69ad9c89a1f0ac33e61c69f0109b1b6248be3438f3&smart=true&width=6520&height=4347" alt="Los sociólogos explican en el libro que aunque no haya en el idioma español una definición certera y formalizada del término "adultocentrismo", las acciones que lo integran están presentes en todas las instituciones y sitios de la sociedad, incluso en las aulas y en las áreas de juego de los parques para niños. (Freepik)" height="4347" width="6520"/><h2>Más coherencia, por favor</h2><p>—“Me retás porque le grité a mi hermano y lo hacés gritando. Me decís que no mire el celular y te la pasás mirando el celular. Me decís que colabore con las cosas de la casa y estás echado en el sillón. Me pedís que me lave las manos cuando entramos a casa y vos no lo hacés”. Esa sensibilidad muy a flor de piel que tienen las niñeces de 6, 7, de 10, de 14, o 17 años, expresa algo que para el orden establecido es peligroso: <b>la búsqueda de coherencia</b>.</p><p>Santiago explica de forma simple el reclamo —quizás el principal— de los niños y adolescentes y deja en evidencia el sinsentido que atraviesa al mundo adulto con sus pretensiones de que los pequeños y jóvenes respondan y actúen de una manera que muy a menudo es exactamente la contraria a la que ven de sus mayores. </p><p>—<b>¿Qué pasaría si nuestra sociedad se manejara con otro criterio ético?</b> ¿Si las autoridades políticas, si los dirigentes empresariales, si los dueños más importantes del capital, si los trabajadores y trabajadoras actuaran cotidianamente bajo ese prisma ético de coherencia? Se produciría <b>una verdadera implosión en el régimen institucional de nuestras sociedades</b>. Porque la mayoría de las instituciones funcionan en base a una contradicción explícita, muchas veces, o implícita, en otros casos. Si ponemos como ejemplo la escuela y la familia, nos encontramos con que la escuela busca enseñar la importancia de la democracia bajo un régimen que, en los hechos, impone más la obediencia en los y las estudiantes que un criterio propositivo, cuestionador y transformador de la propia dinámica cotidiana de la institución. Y si pensamos en la familia, observamos que quienes somos madres o padres consideramos que lo mejor que puede hacer nuestro hijo o hija es ser obediente, hacer aquello que le pedimos cuando se lo pedimos. Ahora, si nos cuestionan, si tienen una mirada distinta a la nuestra, si les gustan cosas diferentes a lo que nos gusta o a lo que nos gustaría que les guste, <b>muchas veces sentimos nuestro poder adulto amenazado</b>.</p><p>Así oído —o leído— resulta evidente la demanda de los niños y adolescentes de que el mundo “hecho por personas adultas para las personas adultas” <b>comience a tener un poco más de coherencia</b>, que sus figuras de referencia, mínimamente, hagan lo mismo que les piden o exigen a ellos y no diametralmente lo opuesto. Y <b>que estén dispuestos a escuchar y considerar lo que tienen para decir</b>. </p><p>—Realmente el libro busca ser un punto de partida para reinventar el mundo en un sentido que sea más justo con las niñeces, no para las niñeces. Esa es su apuesta radical. Partiendo de un dato observable e indiscutible que es que<b> cada vez vivimos peor y </b>que <b>el mundo debe ser reinventado, debe ser transformado</b>.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/EDKOY4SZSNCO5DG7BYCG6VAG6I.jpg?auth=c07ee58c36431f745b838feea1632b07c6a4d7f6e44c8548a643a4b352032b40&smart=true&width=1920&height=1080" alt="La mayor demanda de los niños, las niñas y adolescentes, recogida por los investigadores en el libro, es ser realmente escuchados por los adultos. (Freepik)" height="1080" width="1920"/><h2>Entre el autoritarismo y la niñocracia: la búsqueda de una relación simétrica</h2><p>Un punto en el que el sociólogo coautor del libro hace mucho hincapié, es en el objetivo de desenmarañar al adultocentrismo en cuanto a lo que este concepto no implica: no implica dejar de cuidar ni de poner límites respetuosos y necesarios a los niños, niñas y adolescentes, ya que los necesitan para su desarrollo pleno y para aprender las normas de la vida en sociedad. No implica hacer todo lo que los niños deseen, a ciegas. Tampoco que ellos hagan lo que los adultos deseamos, a ciegas, a fuerza de coerción, amenazas o castigos que solo siembran miedo y distancia en los vínculos. Tampoco implica —o no debería implicar— abrir otra valija llena de nuevos mandatos —y de nuevas culpas— para madres y padres que quieren criar de un modo diferente. </p><p>—Cuando cuestionamos el adultocentrismo —explica Santiago— lo que estamos señalando críticamente es que <b>la edad de una persona no puede ser argumento suficiente para que sea tratada como autoridad</b>. Las chicas y los chicos no deben respetar a los más grandes porque son más grandes, deben respetarlos porque son personas, del mismo modo que las personas adultas debemos respetar a los chicos y a las chicas porque son personas. El criterio de la edad lo que nos informa es que tenemos distintas experiencias, distintas miradas del mundo, quizás, diferente tiempo cronológico vivido, más posibilidad de estudio, otro tipo de racionalidad, pero ni mejor, ni superior, ni más confiable, definitivamente. </p><p>Tampoco se trata de vivir en “una niñocracia” y, en pos de no replicar conductas adultocéntricas, ceder a todos los deseos de los chicos y las chicas. De ese modo también se reproduce, dice el sociólogo, una práctica poco prodigiosa al no hacernos cargo de la responsabilidad de acompañar y guiar que nos toca a los mayores en la crianza o en las aulas o en los ámbitos en los que escoltamos a los más pequeños. </p><p>—Lo que las chicas y chicos demandan, y que hace parte del libro, es fundamentalmente <b>que el mundo adulto les escuche más</b>. Pero eso no quiere decir que hagamos todo lo que nos dicen. Porque en ese caso, lejos de relacionarnos intergeneracionalmente de un modo no adultista, lo que estaríamos haciendo es reproducir el adultocentrismo de un nuevo modo: cumplir todo lo que desean habla de un trato paternalista y por lo tanto reproductor de una relación desigual de poder. <b>Cuando las chicas y chicos reclaman escucha, lo que demandan es que no les miremos como personas sin capacidad de pensamiento, sin capacidad de saber cuáles son sus sentimientos o de tener un juicio propio sobre el mundo y su contexto</b>. </p><p>Santiago hace <i>zoom</i> en esto y subraya, para que no queden dudas, que criticar o desandar el adultocentrismo no tiene que ver con corrernos del lugar de autoridad que toca ejercer con niños y niñas, “<b>lo que nos demandan es que no seamos déspotas. Y al mismo tiempo que no seamos permisivos</b>. La autoridad es el resultado de un vínculo, es una posibilidad. Las personas adultas, docentes, profesionales de la salud, madres, padres, educadores, podemos volvernos autoridad de las niñeces que nos rodean o no”.</p><p>Por mucho tiempo se pensó que los niños debían tratar a una persona como autoridad por el mero hecho de ocupar un rol determinado y ser mayor “y <b>eso legitimaba violencias de todo tipo </b>y, en definitiva, la obediencia como principal virtud de la infancia. Y ya está comprobado que sociedades que educan a las nuevas generaciones en la obediencia construyen modos de relación social menos disfrutables, más infelices, en definitiva, más injustos”.</p><p>Todo es bastante más simple.</p><p>—Lo que dicen las chicas y chicos es: “<b>Queremos que nos traten bien</b>, queremos que reconozcan que tenemos sentimientos propios, que tenemos necesidades, que tenemos ideas y que<b> por ser más chicos o más chicas no somos menos personas ni debemos ser tratadas como gente con menos valor</b>”. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/WDAOT2MWVJDL7GDIHPICGOJPYY.jpg?auth=3ba90efbd152cae988780ec3c78e127f9e4e4d8e2cdd5a6399fb43dc9a3b9e25&smart=true&width=1920&height=1080" alt="El libro "Adultocentrismo. ¿Qué piensan chicas y chicos?", recoge casi 200 testimonios de niños, niñas y jóvenes, entre los 5 y los 25 años, que contaron qué significa para ellos el concepto y qué le aconsejarían a los adultos y adultas que los rodean para mejorar sus vínculos con ellos " height="1080" width="1920"/><h2>El desafío de ser adultos diferentes para acompañar mejor a los adultos del futuro</h2><p>—¿Cómo se hace para criar o acompañar de otro modo, con disponibilidad, con presencia, en un mundo que no da respiro? </p><p>—Para mí la respuesta a eso es <b>intentándolo</b>. Siempre que intentamos algo ensayamos y, por lo tanto, nos equivocamos, acertamos, revisamos lo que hicimos bien y lo que hicimos mal y volvemos a intentar. Es un proceso inacabado, dialéctico, colectivo, no individual, que nos demanda a las personas adultas un ejercicio de honestidad intelectual permanente. De lo que se trata, me parece, es de reconocer que tenemos un desafío por delante, que nos vamos a equivocar. <b>No hay que evitar esa incomodidad sino buscar genuinamente convertirnos en la persona adulta que hubiésemos querido tener cerca cuando crecíamos</b>. Intentarlo. Pero para eso debemos reconocer que es con las niñeces, es con las chicas y chicos. Es en diálogo con ellas y con ellos.</p><p>Todo parece tratarse de eso: escuchar a las niñas, niños y adolescentes, conversar con ellos acerca de lo que piensan sobre las diferentes situaciones que nos atraviesan, tener en cuenta sus deseos y opiniones. </p><p>—Las niñas y niños no son el problema, son parte de la solución. La crítica al adultocentrismo, fundamentalmente, lo que persigue es que las personas adultas asumamos un desafío. Necesitamos dejar de excluir a los chicos y chicas en la elaboración de diagnósticos, en el reconocimiento de problemas comunes y el diseño de soluciones posibles que los afecten. Si lográramos como sociedad que las chicas y los chicos tuvieran espacios de representación ante el Estado y sus instituciones, por ejemplo, el sistema adultocéntrico se vería menos fortalecido.</p><p>Santiago pone el foco, los niños y niñas, más bien, ponen el foco, piden a gritos, la escucha, pero una escucha real, honesta. La que causa algo en el otro. </p><p>—<b>Ahí está el secreto de la escucha verdadera, cuando a partir de lo que la otra persona dice, yo me transformo</b>. Si no, no hay escucha, hay monólogos, hay información que va y viene en el mejor de los casos. Insisto, no se trata de hacer aquello que nos dicen, sino de pensar juntos desde una lógica de respeto. Eso quiere decir que yo te trato con respeto y vos me tratás con respeto. Entonces, cuidarlos, sí; reconocer la complejidad del mundo, sí; intentar tomar decisiones con ellas y con ellos que beneficien el contexto donde crecen, sí; y al mismo tiempo intentar ser coherentes entre lo que decimos que debería pasar y lo que pasa o hacemos. </p><p>El libro <i>Adultocentrismo. ¿Qué piensan chicas y chicos?</i> —que está a la venta a través de la tienda de Chirimbote, en librerías afines y en formato <i>ebook </i>en la página de Octaedro (www.octaedro.com), la editorial que publicó originalmente el libro en Barcelona el año pasado— irrumpe en el mes de las infancias como un aporte que busca iluminar un fragmento del turbulento universo de las ideas que habitamos, específicamente el que concierne a los derechos de niñas, niños y adolescentes. Un aporte vinculado “con el reconocimiento de su dignidad, con la necesaria valentía del mundo adulto para ponerse a la altura de la demanda casi revolucionaria de toda niña y niño que nace, que mira a los ojos con un pedido: divirtámonos. <b>Disfrutemos de encontrarnos</b>. Eso es lo que toda niña, niño o niñe espera y demanda explícita o implícitamente al mundo adulto que lo recibe en este caos”.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/MUYVXTSBYBGO5FBCEDSFEBQHDY.jpg?auth=7f833f5477029c42b6fb43b4a2bc2f54ac4fc370914d356683cfe257b967dc28&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Adultocentrismo: ¿Qué piensan chicas y chicos?, es el nuevo libro del sociólogo Santiago Morales junto a su colega española, Marta Martínez Muñoz, en el que invitan a reflexionar sobre el lugar que ocupan niños, niñas y adolescentes en "un mundo hecho por y para los adultos"]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Cuando las mujeres de Sudáfrica marcharon contra la medida que las obligaba a llevar permisos para circular durante el apartheid]]></title><link>https://www.infobae.com/sociedad/2025/08/09/cuando-las-mujeres-de-sudafrica-marcharon-contra-la-medida-que-las-obligaba-a-llevar-permisos-para-circular-durante-el-apartheid/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/sociedad/2025/08/09/cuando-las-mujeres-de-sudafrica-marcharon-contra-la-medida-que-las-obligaba-a-llevar-permisos-para-circular-durante-el-apartheid/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[Entre las restricciones discriminatorias de las que fueron víctimas cuando regía el sistema de segregación racial, en 1950 el Gobierno sudafricano instituyó una norma que establecía que los hombres negros debían tener un pase especial para entrar en áreas urbanas reservadas a los blancos. Cuando en 1956 el primer ministro quiso extenderla a las mujeres, 20.000 sudafricanas se manifestaron en repudio. En conmemoración a esa protesta, en 2001 la ONU estableció al 9 de agosto como el Día Internacional de la Solidaridad con la lucha de la Mujer en Sudáfrica y Namibia]]></description><pubDate>Sat, 09 Aug 2025 11:06:41 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/5TI5LX3IXNFCHKVCBGZRX3K2XQ.png?auth=3d4dab18c7b2a90f3da043c47d68b71c32fdf2bdf0669c1b879ec446413345b2&smart=true&width=1920&height=1080" alt="El 9 de agosto de 1956, 20.000 mujeres sudafricanas marcharon a la sede del Gobierno para reclamar contra la obligación de llevar pases para circular por las zonas urbanas asignadas a los blancos. Esa protesta pasó a la historia" height="1080" width="1920"/><p>“—Yo nací en 1911, en el condado de Chickasaw, plantación Piedmont. </p><p>—¿Sabías de niña que ibas a ser criada?</p><p>—Sí señorita, sí sabía.</p><p>—¿Por qué?</p><p>—Mi madre fue criada y mi abuela fue esclava doméstica.</p><p>— ¿Sueñas con ser otra cosa?</p><p>— [Asiente con la cabeza]. Cuidar niños blancos, eso es lo que hago. Sé cómo hacer que los niños se duerman, dejen de llorar y hagan sus necesidades antes de que sus madres se levanten”.</p><p>El diálogo entre Aibileen Clark (Viola Davis), una trabajadora doméstica afroamericana, y Skeeter (Emma Stone), una aspirante a escritora recién graduada de la universidad de Misisipi que consiguió un trabajo en un periódico local escribiendo una columna sobre el cuidado del hogar, es de la película <i>Historias Cruzadas</i>. Un <i>film </i>estadounidense de 2011 —dirigido por Tate Taylor y protagonizado por Emma Stone, Viola Davis, Octavia Spencer y Bryce Dallas Howard— basado en la novela <i>Criadas y señoras</i>, de Kathryn Stockett. </p><p>La historia sucede en Estados Unidos, en plena década de los 60, cuando el movimiento por los derechos civiles de los afroamericanos, que buscaba combatir la segregación racial y conquistar la igualdad de posibilidades y la igualdad ante la ley, sacudía las calles. </p><p>En la película, Skeeter —joven, blanca, amiga de todas las mujeres de la alta sociedad que fueron criadas por empleadas negras que luego crían también a sus hijos e hijas— está decidida a convertirse en escritora y comienza a entrevistar a las trabajadoras de las casas que la rodean. Y a advertir <b>las pésimas condiciones de sus empleos, los malos tratos que reciben y la discriminación</b>.</p><p>Desde la ficción, <b>el </b><i><b>film </b></i><b>expone de muchas formas la segregación y el racismo del cual eran víctimas las mujeres y todas las personas negras en los Estados Unidos de los sesenta</b>. En una escena, una de las amigas de Skeeter dice que escribió una “iniciativa de Saneamiento del Hogar” que consiste en “una ley para prevenir enfermedades que exige que las casas de los blancos tengan otro baño para los negros”. En otra se ve a Skeeter leyendo lo que establece la legislación local sobre la conducta de las “personas no blancas y minorías”: “Ningún peluquero de color atenderá a mujeres o chicas blancas”; ”Cualquier persona que imprima o circule material escrito alentando la igualdad entre blancos y negros, será encarcelada”.</p><p>En la película, las empleadas domésticas ganaban un salario inferior al mínimo, no tenían seguro social, eran acusadas y arrestadas por delitos que no cometían. <b>Es ficción pero era —y en muchos lugares del mundo aún es— realidad</b>.</p><p>En la película —alerta espóiler—, después de negarse por miedo, las mujeres afroamericanas accedieron a narrar sus historias de maltrato y discriminación de manera anónima. Historias que la periodista compila en un libro titulado <i>The Help</i>, como un modo de visibilizar su padecimiento. </p><p>En la vida real, el racismo y la creencia en la supremacía de las personas blancas por sobre las negras existe desde antes que sean creados los términos para nombrarlo. Los 60 fueron años álgidos en la lucha por la igualdad. Los afroamericanos en Estados Unidos daban su pelea mientras, al otro lado del océano, el segregacionismo llevaba dos décadas siendo política de Estado en Sudáfrica, donde al sistema que regía se le había puesto nombre: <i>apartheid</i>. </p><p>Ahí, <b>en 1956, las mujeres negras también dijeron basta</b>. También buscaron hacerse oír.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/XFW2OO24A5CXVGHYF2U3EWEJPE.jpg?auth=cebca0d430508953149541dc9e02e6239d3ebb3c074c7454fa7d481e48834ec4&smart=true&width=1920&height=1428" alt="Un cartel exhibido en una playa de la provincia del Cabo Occidental (Sudáfrica) en junio de 1976, durante el apartheid, indica que esa es una "zona blanca". (Foto AP, archivo)" height="1428" width="1920"/><h2>Un legado de discriminación: el apartheid en Sudáfrica</h2><p>Como muchos países del mundo, como muchos trozos de tierra de África, en los siglos pasados Sudáfrica fue colonizada por diferentes naciones europeas que iban tras la explotación de sus recursos. En el siglo XIV, los portugueses buscaron trazar rutas comerciales con la India. Luego, entre el siglo XVII y el XVIII, los holandeses instalaron una colonia en la actual Ciudad del Cabo, la capital sudafricana, en la que <b>la segregación racial ya era la norma</b>. Y después llegaron los británicos. Quienes, a partir del siglo XIX, se enfrentaron con los afrikáneres, los descendientes de los colonos holandeses, para disputarse el control del territorio. Esa guerra la ganaron los británicos, que firmaron un tratado de paz con los afrikáneres en 1902. </p><p>Pero <b>ese tratado ya tenía cláusulas que discriminaban a la población negra, a pesar de que era la mayoría: tenían prohibido votar y participar en las elecciones</b>. La minoría blanca controlaba la tierra, la riqueza y el Gobierno, desde el que erigió una estructura social segregada que tiempo después se formalizaría convirtiéndose legalmente en el sistema de organización del país.</p><p>Los británicos gobernaron Sudáfrica hasta la llegada del <b>Partido Nacional Afrikáner</b> —compuesto por los descendientes de los colonos europeos— que asumió el poder en 1948. Aunque la Segunda Guerra Mundial había terminado, una parte de ellos era adepta a las ideas del nazismo y deseaba conservar el poder de la minoría blanca con sus privilegios. </p><p>El Partido Nacional aprobó <b>317 leyes para legalizar el racismo</b> <b>y discriminar a cualquier persona que no fuera blanca como política de Estado</b>. Así comenzó el sistema de segregación sudafricano conocido como <i><b>apartheid</b></i>, que en la lengua afrikáans significa <b>“separación”</b>.</p><p>La premisa era que <b>las personas con diferentes orígenes y color de piel no podían vivir entre los mismos límites ni compartir los espacios públicos</b>. Los sucesivos Gobiernos continuaron y acrecentaron esa herencia opresiva de racismo y discriminación contra la ciudadanía que no fuera blanca, es decir, los indígenas africanos, las personas de origen asiático y los mestizos, que conformaban más del 80% de la población. </p><p><b>Bajo el régimen del </b><i><b>apartheid</b></i><b> los negros no tenían voz y mucho menos voto</b>. Estaban obligados a vivir en zonas alejadas de los blancos (llamadas <i>bantustanes</i>) y cobraban menos por los mismos trabajos. Las parejas y matrimonios entre personas blancas y personas negras estaban prohibidas. Ni siquiera podían compartir los mismos baños, ni viajar en los mismos transportes públicos, ni bañarse en las mismas playas. </p><p>Los niños negros que iban al colegio debían concurrir a instituciones separadas, con menor nivel educativo. Y era usual que, al comenzar, los maestros les asignaran un nombre en inglés despojándolos hasta de su identidad, ya que los blancos “eran incapaces o no estaban dispuestos a pronunciar un nombre africano, y consideraban incivilizado tener uno”, escribió Nelson Mandela en su autobiografía, <i>Un largo camino hacia la libertad</i>. Cuyo nombre de origen, de hecho, era <b>Rolihlahla Dalibhunga Mandela</b>.</p><p>En definitiva, <b>durante el</b><i><b> apartheid</b></i>, que se extendió entre 1948 y 1991 en Sudáfrica y África del Sudoeste (actual Namibia), <b>las personas negras se vieron completamente privadas de sus derechos</b>.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/FZY3JYSUZBGNRJO6VNDHXOWDFA.jpg?auth=275cf45fbaa691948d02f779823f0503f44e5ac6fda0826528af62b1dafd656f&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Rolihlahla Dalibhunga Mandela (conocido mundialmente como Nelson Mandela) fue uno de los activistas más comprometidos en la lucha contra el apartheid; fue el primer presidente negro de Sudáfrica y también el primero en ser electo mediante el sufragio universal en ese país. (Andina)" height="1080" width="1920"/><h2>“¡Ahora tocaste a las mujeres! ¡Moviste una roca, serás aplastado!”</h2><p>En el <i>apartheid</i> también regía otra política obligatoria para los sudafricanos negros —que se ha replicado en la mayoría de los régimenes segregacionistas—: <b>no podían circular sin llevar con ellos una identificación o permiso especial</b>, imprescindible para ingresar en las zonas de las ciudades designadas para los blancos. Esa medida, instituida en 1950, se llamó Urban Areas Act, y era conocida informalmente como la <b>ley de pases</b>. En un comienzo, esta norma aplicaba únicamente a los hombres, que debían moverse por las diferentes áreas para buscar trabajo. Desde su aprobación, alrededor de 300.000 ciudadanos fueron arrestados cada año por encontrarse en las zonas prohibidas para ellos sin el permiso.</p><p>En 1956, el primer ministro Johannes Gerhardus Strijdom, del Partido Nacional, propuso <b>extender la obligación del pase a las mujeres</b>. Así, las sudafricanas que necesitaran o desearan entrar en un área urbana blanca deberían contar con un documento que demostrara el tipo de servicio por el cual eran requeridas. Además se les haría un examen médico obligatorio.</p><p><b>Era 9 de agosto de 1956 cuando 20.000 mujeres sudafricanas marcharon a la sede del gobierno nacional</b> —Union Buildings— en Pretoria, capital administrativa del país. La manifestación fue organizada por la Federación de Mujeres Sudafricanas, una agrupación política cercana al partido Congreso Nacional Africano —que obtendría la victoria en 1994, luego de finalizado el apartheid, y gobernaría desde el establecimiento de la democracia, con Nelson Mandela como presidente— y fue guiada por Lilian Ngoyi, Helen Joseph, Rahima Moosa, Albertina Sisulu y Sophia Williams-De Bruyn.</p><p>Ellas pidieron una reunión con el primer ministro. Strijdom se negó. Ellas pidieron, entonces, que se elevara a las oficinas de gobierno una petición en la cual explicaban que la ley de pases había causado “indecibles sufrimientos a todas las familias africanas” y que su extensión a las mujeres (con los probables arrestos que implicaría) dejaría a muchísimos niños solos y sin protección. </p><p>Su comunicado finalizaba de esta forma: “[Las mujeres africanas] no se detendrán hasta que todas las leyes sobre los pases y todas las formas de permiso que limitan nuestra libertad sean abolidas. <b>No nos detendremos hasta que hayamos conquistado los derechos fundamentales de libertad, justicia y seguridad para nuestros hijos</b>”.</p><p>El documento tenía 100.000 firmas. Una vez entregado, las manifestantes hicieron treinta minutos de silencio. Un silencio espeso que rompieron cantando. Para la protesta compusieron un himno en lengua xhosa —una de las once lenguas oficiales de Sudáfrica— que trascendería y alcanzaría popularidad como grito de lucha: “<i>Wathint` abafazi, Strijdom! Wathint` imbokodo uzo kufa!</i>” (<b>“¡Ahora tocaste a las mujeres, Strijdom! ¡Moviste una roca, serás aplastado!”</b>).</p><p>A partir de esa marcha, que fue hito, la frase “<i>wathint’ abafazi, wathint’ imbokodo</i>” (“Ahora tocaste las mujeres, tocaste una roca”) sería en Sudáfrica emblema de <b>la fuerza, la determinación y la valentía de las mujeres por defender sus derechos</b> aún en el ojo de un sistema estatal discriminatorio y opresivo como el <i>apartheid</i>.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/KTYLHPHGYZACHF7IBISVDIXZKA.png?auth=a422a8dfb7d54d3708ff362137630f09477437dad09e059f3ad4d57bd2cf8d92&smart=true&width=1920&height=1080" alt="En 1981 la Asamblea General de la ONU reconoció a nivel internacional la importancia de la marcha de las mujeres sudafricanas del 9 de agosto de 1956 y, en 1994, instituyó esa fecha como el Día Internacional de la Solidaridad con la lucha de la Mujer en Sudáfrica y Namibia" height="1080" width="1920"/><h2>Un día para recordar su lucha </h2><p>Cuando llegaron los años 60, y el movimiento por los derechos civiles de los afroamericanos ya latía fuerte en Estados Unidos, algunos países miembros de la ONU comenzaron a pedir que se sancionara a Sudáfrica, como modo de presionar para que el <i>apartheid </i>llegara a su fin. <b>Muchas naciones repudiaban sus leyes racistas y optaron por bloquear los acuerdos económicos con el Gobierno afrikáner</b>. También se le negó la participación en los Juegos Olímpicos desde 1964 hasta 1988 (inclusive) como represalia. </p><p>La intervención de la ONU se volvía urgente ya que muchos Estados consideraban que lo que sucedía allí ponía en riesgo la paz internacional todavía flaca y débil, desde el final de la Segunda Guerra. </p><p>De pronto, <b>Sudáfrica se vio marginada a nivel internacional</b>. </p><p>La Organización de las Naciones Unidas redobló su trabajo para poner fin a la política racista. En 1962, creó el <b>Comité Especial contra el Apartheid</b> para promover iniciativas y recomendaciones, recaudar fondos y apoyar las actividades del organismo en Sudáfrica. Pero no fue suficiente y el segregacionismo continuó.</p><p><b>En 1973, la ONU directamente declaró al </b><i><b>apartheid</b></i><b> crimen contra la humanidad</b>. Tiempo después se sumó a la lista de los crímenes que la Corte Penal Internacional puede juzgar. </p><p><b>El 17 de diciembre de 1981, la Asamblea General</b>, resolución mediante, <b>reconoció a nivel internacional la marcha de las mujeres sudafricanas del 9 de agosto de 1956.</b> Y pidió a los organismos del mundo que se solidarizaran con la lucha de las mujeres en Sudáfrica y Namibia.</p><p>Finalmente, recién en 1990, como respuesta a las presiones internacionales y a la amenaza de una guerra civil, el entonces nuevo presidente de Sudáfrica, <b>Frederik Willem de Klerk</b>, quien había asumido el año anterior, <b>se comprometió a poner fin al sistema segregacionista</b>. De Klerk liberó a Mandela ese mismo año —el activista había sido condenado a cadena perpetua por protestar contra la embestida a los derechos de las personas negras y apoyar para ello medidas violentas de algunos sectores de su partido— y <b>eliminó el </b><i><b>apartheid</b></i><b> en 1991</b>.</p><p>Mandela negoció con De Klerk una nueva constitución que habilitaba un gobierno electo por mayoría y, en 1993, recibió junto a él <b>el Premio Nobel de la Paz</b>. En 1994, el Congreso Nacional Africano ganó con más del 62% de los votos unas elecciones libres y democráticas. Mandela asumió como presidente y <b>el 9 de agosto fue instituido oficialmente como el Día Internacional de la Solidaridad con la lucha de la Mujer en Sudáfrica y Namibia</b> y también como el Día Nacional de la Mujer, en conmemoración a esa protesta que hizo historia. </p><p>El 9 de agosto de 2006, al cumplirse 50 años de ese día, se realizó una marcha simbólica en el Union Building de la que participaron algunas de las mujeres que habían marchado cinco décadas atrás. En esa ceremonia, la plaza en la que se habían reunido, que tenía el nombre de Strijdom, fue rebautizada Lilian Ngoyi Square, en homenaje a una de las organizadoras de la manifestación de 1956.</p><p>Actualmente, <b>el 9 de agosto recuerda los padecimientos de las mujeres negras durante el </b><i><b>apartheid</b></i>, propone una jornada de reflexión y acciones contra el racismo y todo tipo de discriminación contra niñas y mujeres en cualquier lugar del mundo, y reivindica la lucha femenina en una historia en la que los héroes son siempre varones: cuando se habla de la defensa aguerrida de los derechos de las personas negras los relatos giran alrededor de Nelson Mandela, en Sudáfrica, o de Martin Luther King, en Estados Unidos.</p><p>El Día Internacional de la Solidaridad con la lucha de la Mujer en Sudáfrica y Namibia pone en las páginas que cuentan lo sucedido a <b>todas aquellas mujeres invisibilizadas que también pelearon por sus derechos</b>.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/5TI5LX3IXNFCHKVCBGZRX3K2XQ.png?auth=3d4dab18c7b2a90f3da043c47d68b71c32fdf2bdf0669c1b879ec446413345b2&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/png" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[El 9 de agosto de 1956, 20.000 mujeres sudafricanas marcharon a la sede del Gobierno para reclamar contra la obligación de llevar pases para circular por las zonas urbanas asignadas a los blancos. Esa protesta pasó a la historia]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Vive con VIH, es referente en la conquista de derechos y hoy celebra la lactancia materna en mujeres con carga viral indetectable]]></title><link>https://www.infobae.com/sociedad/2025/08/02/vive-con-vih-es-una-referente-en-la-conquista-de-derechos-y-celebra-un-nuevo-logro-la-lactancia-materna-en-mujeres-con-el-virus/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/sociedad/2025/08/02/vive-con-vih-es-una-referente-en-la-conquista-de-derechos-y-celebra-un-nuevo-logro-la-lactancia-materna-en-mujeres-con-el-virus/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[Mariana Iacono tenía 20 años cuando recibió su diagnóstico. Apenas logró asimilarlo decidió hacer algo con eso: comenzó a dar talleres y creó la Red Argentina de Jóvenes y Adolescentes Positivos. Desde ese momento no paró. Lleva más de dos décadas luchando para ampliar las posibilidades y mejorar la vida de las personas con VIH en todo el mundo. En la semana de la lactancia humana cuenta la victoria más reciente: la posibilidad de amamantar para personas con determinadas condiciones ]]></description><pubDate>Sat, 02 Aug 2025 14:17:54 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/LPHYHDZSMFHTJNRHCU4HJH5MT4.jpg?auth=7c793fb21515b61f718b2d64c506187837a839456388e025f26432d2ae3e019d&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Mariana Iacono. (Foto: José Nico)" height="1080" width="1920"/><p>Cuando lo supo sintió que estaba muerta.</p><p>—Muerta.</p><p>Pero Mariana Iacono es una de las personas más llenas de vida que conozco.</p><p>A los 19 años adquirió el VIH (<b>“no se dice contagio —instruye— se dice adquirir o transmitir porque contagio es por contacto y el VIH tiene vías específicas: por transmisión sexual, por la sangre y vertical, de madre a hijo”</b>). Era el año 2002, estaba encerrada en un noviazgo violento, aunque se daría cuenta de eso años después. Su pareja, de 27, sabía que tenía el virus y, sin decírselo, la forzó a tener sexo sin preservativo.</p><p>—Al principio, cuando tuve el diagnóstico y empecé a hacer actividades para concientizar decía: <b>“Tengo VIH porque yo lo decidí. Porque decidí no usar preservativo”</b>. Ese discurso me sirvió para empoderarme pero después me di cuenta de que no. De que <b>si estaba con una pareja violenta con la que no podía negociar el uso del condón yo no había decidido</b>.</p><p>***</p><p>Así empezaba a contar la historia de Mariana hace algunos años. Historia que, como ella, ya era conocida en los medios, en la comunidad de quienes conviven con el virus de inmunodeficiencia humana. <b>Cuando el VIH entró en su vida, se enamoró de ella —como gusta decir—, ella entró en la vida de muchos y muchas. </b>Y muchos y muchas se enamoraron de ella. Se encandilaron con ella. No hay opción. Cuando Mariana aparece nadie queda indemne.</p><p>“Lo primero que pensé fue, me voy a morir (...)</p><p>Pese a mi ateísmo, las diez cuadras antes de llegar a retirar mi resultado recé diez padres nuestros.</p><p>Durante un año, lo único que repetí fue: Me quiero morir.</p><p>Yo con esto no puedo vivir.</p><p>Yo con esto no quiero vivir.</p><p>Yo con esto no puedo vivir.</p><p>No quiero vivir.</p><p>No quiero.</p><p>Acá estoy. Pienso a veces: <b>con mayor vida que antes</b>”, escribió ella misma hace más años, en la revista <i>Anfibia</i>, en una nota titulada “¿Por qué no me lo dijiste antes?”, en la que planteaba si las personas con VIH estaban obligadas a avisar que vivían con el virus ante un encuentro sexual con preservativo. O si tenía que comunicarlo apenas conocía a alguien si buscaba una relación que fuera en serio. Y que, como mucho de lo que dice y hace, desató controversias, debates, rayos y centellas. Porque habla. Porque no teme. O a eso, al menos, no le teme. </p><p>Mariana rezaba camino al hospital porque la certeza que había tenido hasta unos metros antes —de que iba a dar negativo— de repente se había ablandado y comenzaba a derretirse como los relojes de Dalí. “Sería raro que te diera positivo”, le habían dicho antes de hacerse los análisis cuando ella respondió que no tenía sexo casual ni compartía agujas para drogarse. Pero entonces se acordó de que sí había tenido algo tóxico en su vida hasta hacía poco tiempo: la relación de la que apenas se había podido librar. </p><p>Una mirada de la infectóloga bastó para comprender. Y para que en su cabeza la imagen fuera una: la suya, pálida y tiesa, en una caja mortuoria. La misma que la persiguió las dos veces que repitió el estudio con el mismo resultado. Entonces Mariana no sabía demasiado sobre el tema. Tampoco en su casa era algo cercano. Cuando ella volvió aullando, entre alaridos y llanto, “¡Me dio positivo!”, su padre, que entonces tenía 70 años, pensó que estaba embarazada. Nadie en su familia sabía demasiado del VIH. Pero eso sería por poco tiempo más.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/WDGUJQB33VE4TOGLILO4OTGXPA.jpg?auth=45ee3bc7d86143292521bd63ef0d2073fd23e8a560704219ee3d5e4d6b392579&smart=true&width=960&height=640" alt="Después de conocer su diagnóstico, a los 20, y procesarlo, Mariana comenzó su activismo por los derechos de las personas con VIH. Hoy es una referente internacional" height="640" width="960"/><p>Cuando lo digirió, Mariana hizo con el VIH lo que hace con todo lo que se le presenta, con todo lo que se propone: <b>ponerlo a su merced, ser la puta ama</b>. Y decidió <b>tomar su propia situación vital para transformar la vida de otros, para mejorarla, llenarla de sentido</b>. Para que los que vinieran después que ella no vivieran lo que ella vivió, o tuvieran mejores condiciones y posibilidades. <b>Y fue por los derechos de las personas con VIH</b>. </p><p>Se empezó a hacer preguntas, como las que escribió irreverente y sagaz en la nota de <i>Anfibia</i>: “¿Se lo digo antes de acostarnos? ¿Cómo se lo digo? ¿Cuándo se lo digo?”.</p><p>“Hola soy Mariana, nací en Buenos Aires, soy trabajadora social, me gusta nadar y si querés tener sexo conmigo o hay alguna posibilidad de que vos y yo terminemos revolcándonos te aviso que tengo VIH para que reveas ese deseo. ¿Necesitás una charla informativa? ¿Conserjería personalizada? ¿O que le dé un taller a tu grupo de amigos que van a poner el grito en el cielo cuando les cuentes que conociste o te acostaste con una mujer con VIH? Porque podría ayudarte a buscar una organización que haga intervenciones en grupos de amigos”. “¿O quizás debería andar con una remera que en letras blancas sobre fondo negro diga: ‘¿AVISO IMPORTANTE’ y, luego, aunque en mayúsculas rojas: ‘VIVO CON VIH’?”. “<b>Las personas que vivimos con VIH tenemos el derecho a no decirlo</b>. ¿Qué significa esto?, que decidimos cuándo, cómo y con quién, y que eso no es un delito. No tenemos la obligación de decirlo. Aunque las personas que no viven con VIH piensen que sí”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/JBBCXOZM5ZCRHGPOEVZKT2OIO4.jpg?auth=e77b0d1b19f5c6674b72d938ec38d8d7b3c8cb1e4e489bcb67afb10fe30b515f&smart=true&width=1920&height=1080" alt="De pensar que se iba a morir Mariana pasó a vivir "tres vidas en una": fundó y es miembro de organizaciones locales e internacionales por los derechos de las personas con VIH, estudió dos carreras de grado, cuatro posgrados y tuvo una hija" height="1080" width="1920"/><p>***</p><p>Cuando escribió esta nota hacía más de una década que Mariana convivía con el virus. Ya era licenciada en Trabajo Social con orientación en Pedagogía y estaba a diez materias de recibirse de profesora de Historia —luego cursaría la Maestría en Comunicación y Derechos Humanos de la Universidad de La Plata, el Doctorado en Comunicación Social, la Especialización en Metodología de la Investigación de CLACSO, y en Epistemologías del Sur —. Había fundado la Red Argentina de Jóvenes y Adolescentes Positivos (RAJAP), cofundado la Red de Jóvenes Positivos de América Latina y el Caribe, era miembro de la Red Argentina de Mujeres viviendo con VIH y de la ICW Argentina, la Comunidad Argentina de Mujeres con VIH. </p><p>También había tenido diferentes experiencias de vínculos frustrados.<b> Su carga viral, aunque indetectable (y por ende intransmisible), se metía en medio de las relaciones junto a la ignorancia, la falta de información de sus </b><i><b>partners</b></i><b> y el miedo</b>. Hasta que en 2014, en un viaje a un Encuentro de Mujeres en Brasil, conoció al que sería su compañero los seis años siguientes. Él no vivía con el virus pero tampoco temía. Se informó —estando con Mariana no tenía cómo no, todos a su alrededor aprenden— se enamoró. Se enamoraron. Formaron una pareja <b>sero-discordante</b>, es decir, <b>cuando uno tiene el virus y el otro no</b>. Y decidieron hacer familia. Buscar un hijo. </p><p>Mariana soñaba con ser madre, soñaba con serlo del modo convencional —algunas parejas sero-discordantes recurren a la fertilización asistida para lograr un embarazo y no dejar de usar preservativo en las relaciones sexuales— soñaba con dar la teta. Y fue por todo. De a un paso a la vez. </p><p><b>“Elegimos tener sexo sin preservativo. Eso no es una locura, es una opción”</b>, explicaba ella a <i><b>Infobae</b></i> en 2017 cuando esto parecía una novedad. “Está estudiado que si una persona con VIH toma su medicación en tiempo y forma, tu carga viral pasa a ser indetectable. Es como si el virus estuviera dormido”. </p><p>La carga viral de Mariana hacía mucho era indetectable. La premisa repetida en loop como un mantra que pretende hacer nido en el cerebro de las personas se lee en el fondo de su imagen de perfil de Instagram: <b>“Indetectable es intransmisible”</b>.</p><p>Indetectable no transmite. </p><p>En la misma nota de 2017 de la periodista Gisele Sousa Dias para este medio el infectólogo Pedro Cahn, uno de los impulsores de la Fundación Huésped, lo confirmaba: “Se ha demostrado, desde 2012, que una persona con una carga viral indetectable no solo mejora su salud individual sino que <b>prácticamente lleva a cero la posibilidad de transmitir la infección a un tercero</b>”. </p><p>Esa es, de hecho, una de las condiciones establecidas por ONU/SIDA dentro de la estrategia que busca erradicar la epidemia de VIH hacia 2030. La llamada “meta 90-90-90” implica que el 90% de las personas que viven con el virus conozca su diagnóstico, que el 90% de las personas diagnosticadas reciba tratamiento antirretroviral, y que el 90% de las personas en tratamiento tenga una carga viral indetectable. Para lo que es necesario que ese 90% tenga acceso al sistema de salud —en Argentina tres de cada diez personas viven con VIH sin saberlo— , accedan al tratamiento y a los cuidados necesarios —y no lo abandonen— y respondan bien a la medicación.</p><p>“La no transmisión por vía sexual del VIH en parejas sero-discordantes está debidamente probada <b>siempre que se tengan todas las variables mencionadas</b>. Es una decisión de cada pareja que, en el marco del conocimiento y el acuerdo voluntario, debe ser respetada como tal”, sintetizaba Cahn, entonces.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/QLDWUXTKUVFVFKTESBARTSWV2I.jpg?auth=503a984a6cc4e80b9a8bc946ac5fc70ca8124380ee81166b50876744397009f3&smart=true&width=1920&height=1442" alt="En el XIX Simposio científico de la Fundación Huésped, luego de disertar sobre la posibilidad de la lactancia materna en mujeres con VIH  " height="1442" width="1920"/><p>Sin temor y llenos de expectativa, Mariana y su compañero tomaron esta opción, dejaron de cuidarse y, al tiempo, ella quedó embarazada, hace seis años. Fue entonces cuando empezó a preguntarse por <b>la posibilidad de la lactancia materna</b> y los riesgos de la transmisión vertical (de madre a hijo o hija durante el embarazo, el parto o la lactancia) teniendo una carga viral indetectable. </p><p>—Cuando quedé embarazada tenía pensado amamantar porque mi socia (yo les digo mi socia en el crimen, en la práctica política, en conspirar cosas a nivel mundial), Jessica Whitbread, de Canadá, amamantó. Jessica es trabajadora social, trabaja en comunicación como yo, en mi organización (ICW), fue presidenta global de la Comunidad Internacional de Mujeres que Viven con VIH. Ella había amamantado y veníamos hablando mucho del tema de la lactancia. Con ella y con Alejandra Trossero, que en ese momento estaba en el PNUD [N. de la R. el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo] y después se fue a trabajar a UNICEF y a las Naciones Unidas, y era una miembro muy importante de nuestra red. Empecé a abrir un poco el tema para debatirlo, en realidad, cuando estaba intentando quedar embarazada. Después quedé y dije: “Okay, voy a hacer todo lo posible para poder amamantar”, porque <b>la evidencia que había me hablaba de una posibilidad</b> —recuerda ahora del otro lado del teléfono.</p><p>Así como en la nota de <i>Anfibia</i> había dicho contundente: “Las personas que vivimos con VIH tenemos derecho a no decirlo”; como en un Día Mundial del Sexo Oral dijo en sus redes: “Las personas con VIH tenemos derecho a ser chupadas”; Mariana dijo: <b>“Las personas con VIH tenemos derecho a dar la teta”</b>. Pero los médicos que la atendían y los especialistas con quienes conversaba durante su embarazo no estaban tan seguros.</p><p>—Primero lo hablé con mi médico que me dijo que no, que la recomendación en Argentina era sustituir la lactancia por la leche de fórmula porque no había ningún estudio que indicara que hay cero posibilidades de transmisión de VIH en la lactancia. Ahí discutimos un poco sobre el indetectable - intransmisible, pero <b>no hay evidencia hasta el día de hoy que avale esto, que las posibilidades de transmisión de VIH en la lactancia sean nulas</b>. Después lo hablé con otro médico, Diego Cecchini, —doctor en Medicina y médico infectólogo— que ahora trabaja el tema también desde la SADI, la Sociedad Argentina de Infectología. Y me respondió lo mismo, que la recomendación en Argentina era la de la sustitución de la lactancia materna por la leche de fórmula. Me planteó que si había cero riesgo en esa opción por qué tomar la otra decisión. </p><p>Cómo empezar siquiera a dar esa explicación vinculada a lo más ancestral, a lo más animal, al origen y la supervivencia de la especie humana. Vinculada a un impulso que pervive como un código impreso en las células de los cuerpos que gestan. Aunque luego haya elecciones y situaciones diversas. Vinculada a la existencia de la posibilidad.</p><p>Mariana, fiel a ella misma y a su deseo, <b>siguió buscando otra respuesta</b>. </p><p>—Y lo hablé con Pedro Cahn también. Tuvimos una entretenida reunión donde me mencionaba lo mismo. O sea: <b>no encontré un solo médico, una doctora infectóloga que me acompañara</b>. Y esto, desde que yo empecé a trabajar en el tema, siempre fue algo muy importante. Es hasta el día de hoy que necesitás que un médico, una médica infectóloga te acompañe en el proceso de la decisión de la lactancia, y con la información. Si tu médico, el que te atiende y entiende, te dice que no ya es una primera traba porque <b>no lo vas a lograr sola. Necesitás una red de apoyo</b>.</p><p>No lo vas a lograr sola. Necesitás una red de apoyo. </p><p>Aplica a todo lo que concierne traer una persona al mundo.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/NCE5JSBI6BCSBFYOJWKQO4OLDA.jpg?auth=4bb00ade2a696e91a8144eb953f552ffbfcbc215bfa32cef11c245acfade1104&smart=true&width=770&height=770" alt="Cuando Mariana quedó embarazada comenzó a preguntarse por la posibilidad de la lactancia materna para mujeres con carga viral indetectable como ella. Pero ante la falta de evidencia científica que avalara la seguridad de esa opción ningún profesional le aconsejó que amamantara" height="770" width="770"/><p>***</p><p>Mariana no recibió un “no” rotundo, pero no encontró un profesional de la salud que se tirara a la pileta con ella. Que le recomendara correr el riesgo porque la norma, en Argentina —no así en otros países—, indicaba que no era posible o, más bien, que no era seguro. Ella sabía que si de todas formas decidía hacerlo, podría. </p><p>—Me refiero a mí, Mariana Iacono, con más de 20 años de activismo, estando en una red de mujeres con VIH, siendo feminista, siendo parte del movimiento feminista, empoderada y con información. Pero en un momento, con el papá de la nena, <b>decidí que no</b>, que no era la mejor opción porque no estaba teniendo el apoyo de un equipo médico que, al fin y a cabo, es con quien vas trabajando. Pero a partir de que dije “ok, no están dadas las condiciones de acompañamiento de parte del sistema de salud” <b>entendí que iba a hacer todo lo posible, a nivel personal y a nivel colectivo</b> —con mi organización, que es la Comunidad Internacional de Mujeres con VIH (la ICW) en todos sus niveles (Argentina, América Latina y global)—, <b>para que la lactancia en mujeres con VIH fuera una opción</b>. Me sentí mal pero creo que esa decisión de no amamantar fue como “bueno, cabrón, listo, yo no lo puedo hacer (que también tuvo que ver con que decidiera que no iba a ir hasta las últimas consecuencias con esto) pero <b>la que venga lo va a hacer</b>”.</p><p>Cada palabra de Mariana irrumpe indomable. Por el carisma y el magnetismo, por la irreverencia y el desparpajo, por la lucidez, la convicción y la contundencia —y por compartir nombre de pila quizás también—, <b>Mariana podría ser la Lali del VIH</b>. La Lali de la lucha por los derechos de las personas, pero especialmente de las mujeres, que viven con VIH. </p><p><b>Si Mariana Iacono dice que no va a parar hasta que algo sea posible, mejor creerle</b>.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/AKSE4VULCZHUZJIR4UHRJJ73TI.jpg?auth=5023ffd47ee44d92f22cd8db082b5edaa6f893c6026a716d2fab51f659c9fdfc&smart=true&width=770&height=770" alt="Al no contar con el acompañamiento del sistema de salud, Mariana decidió no amamantar a su hija pero se juró que iba a hacer todo lo posilbe para que las mujeres con VIH y carga indetectable en Argentina pudieran tener esa opción" height="770" width="770"/><p>*** </p><p>Hace pocos días ella publicaba en sus redes sociales un posteo por su cumpleaños en el que celebraba su vida y el nuevo logro colectivo, conseguido a costa de años de lucha. </p><p>“¡Hoy es mi cumpleaños! Y aunque son un montón de años, en mi última sesión de terapia reflexioné que, en realidad, he vivido tres vidas en una sola.</p><p>Estoy en constante movimiento, “conspirando” con redes a nivel nacional, en mi amada América Latina y el Caribe, y a escala mundial. Tengo la fortuna de contar con el apoyo invaluable de redes regionales de mujeres, feministas y diversas comunidades que acompañan y ayudan incansablemente.</p><p>He tenido el privilegio de estudiar todo lo que quise y deseé desde que era niña. Además, tengo la hija soñada, y mucho más de lo que jamás imaginé.</p><p>Y el mejor regalo que pude haber recibido en este cumpleaños es la noticia de que, tras más de ocho años de arduo trabajo —y los últimos tres de forma intensificada—, <b>las nuevas guías mundiales de la OMS abren la posibilidad de la lactancia para mujeres con VIH con carga viral indetectable. ¡Lo logramos!</b> Este fue el motor de todo nuestro esfuerzo, impulsado por la convicción de que lo que a mí me tocó vivir, al no poder amamantar, no le volvería a pasar a ninguna otra mujer con VIH que tuviera la carga viral indetectable y las condiciones necesarias para hacerlo.</p><p>Este logro es el fruto del más alto nivel de incidencia política, y ha sido posible gracias a la Comunidad Internacional de mujeres con VIH y a organizaciones que nos acompañan como Fundación LLAVES, IPPF, y las agencias de la ONU que escucharon y atendieron nuestras demandas y necesidades. El momento de la presentación de este avance en la conferencia internacional de infectología fue, sencillamente, emocionante.</p><p>Ahora, los siguientes pasos y<b> nuestro próximo gran desafío es trabajar incansablemente para tener las políticas públicas que necesitamos en cada uno de nuestros países</b>. Esto implica asegurar el cumplimiento de los derechos reproductivos, la decisión informada, la no discriminación y la no criminalización para todas las mujeres viviendo con VIH”, escribió.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/ILYJMFZGNRHRLKUGCITR7Z6COM.jpeg?auth=5e80e176cd58007581a2b40bc67a68a0e266a19d7d3f7e042413c43a04dc3a9a&smart=true&width=1600&height=900" alt="Después de casi una década de lucha desde organizaciones regionales e internacionales, hace pocos días Mariana anunciaba la victoria: lograron que las guías de la OMS para las personas con VIH incluyeran la posibilidad de la lactancia materna cuando la carga viral es indetdedctable, y que en Argentina se establezca una hoja de ruta que habilita esta opción y da paso al cambio de la norma" height="900" width="1600"/><p>Del otro lado del teléfono rememora el camino recorrido hasta ese anuncio que hizo público la semana pasada. </p><p>—<b>La lucha por los cambios de las opciones en las guías fue larga</b>; desde que se hizo la apertura del tema fueron entre ocho y nueve años. Para esto hice investigaciones: un mapeo de políticas públicas y lactancia en 13 países de la región que todavía tienen apoyo del Fondo Mundial por la lucha del VIH, la tuberculosis y la malaria. Acabo de terminar otra con mujeres con VIH en edad reproductiva. Fue levantar información, hacer articulación política e incidencia, tanto en América Latina y en Argentina como a nivel global. Armamos un grupo que se llama Más Información donde hay científicas, médicas, infectólogas que trabajan lactancia, investigadoras que están haciendo estudio de leche, en este caso en Argentina. También estamos en vinculación y trabajo directo con la Organización Mundial de la Salud. </p><p>Mariana forma parte del comité global de mujeres con VIH que asesora a la Organización Mundial de la Salud y también, para la Organización Panamericana de la Salud, del comité regional por la eliminación de la transmisión vertical. Desde esos escenarios y con esos organismos empujaron para poner el tema en agenda, para lo que contaron también con el apoyo de muchas organizaciones latinoamericanas e internacionales. </p><p>No fue fácil, porque <b>la evidencia científica que demuestre que la posibilidad de transmisión en la lactancia es nula sigue sin existir</b>. Pero ahí estaba la clave: en <b>la posibilidad</b>.</p><p>—No hay ningún estudio que diga que hay cero posibilidad de transmisión de VIH en lactancia. Entonces, en noviembre, en una reunión, la OMS nos decía que iba a ser imposible que esto saliera en las guías por ese mismo motivo. Hasta que en algún momento de lucidez política dije: “Ok, nosotras estamos de acuerdo, no hay evidencia que avale esto. Pero hablemos de la posibilidad. Y pensar en el concepto de posibilidad en situaciones de indetectable - intransmisible, aunque no haya evidencia científica que lo valide, nos hizo cambiar el diálogo con el organismo.</p><p>En todos estos años de investigación y debate, la estrategia y la búsqueda de quienes luchaban por este logro fue la de instalar el tema, “meterlo en incidencia política, trabajarlo con los jefes de programas”. De este modo lograron lo que Mariana llama “la hoja de ruta multisectorial en Argentina”, que indica el cambio e incluye la posibilidad de la lactancia bajo ciertas condiciones específicas. </p><p>—Ahora la norma, la de sustitución de leche materna por leche de fórmula, no es la única opción. Y <b>da el aval para que las mujeres con VIH y carga viral indetectable que quieran amamantar puedan hacerlo si están en condiciones óptimas de escenario, con acompañamiento médico</b>. Para esto, todos los equipos de salud van a tener que estar formados. </p><p>Antes de llegar a esa hoja de ruta en Argentina y a un consenso se hicieron foros durante dos años del que participaron entidades como el Comité de Ética del Garrahan, la Sociedad Argentina de Infectología, la Fundación Huésped, la ICW, entre otras. El documento resultante se elaboró en conjunto con el Ministerio de Salud de Nación, “gracias a la participación de Mariana Ceriotto”, médica especialista en enfermedades infecciosas y en salud pública. Simultáneamente, la medida tuvo eco en otros países que presentaron sus propuestas como Chile, Cuba y México.</p><p>—Hay 15 casos en el mundo de criminalización por lactancia de mujeres con VIH. Los hemos acompañado en Argentina, Chile y uno que no llega a hacer criminalización en Colombia. Pero es importante mencionar que no es así en todo el mundo, en África hay más de diez países que tienen lactancia en mujeres con VIH porque no hay agua potable, no hay acceso a leche de fórmula y esto sucede hace muchos años. Ahí ni siquiera es un tema en sí. Cuando nosotras discutíamos esto con las compañeras de esos países era: “Pero cómo, si nosotras amamantamos normal, ¿por qué ustedes no pueden?”. Entonces, fue un trabajo de muchos años en el que el máximo punto de incidencia política era la actualización de las guías de atención para las personas con VIH de la Organización Mundial de la Salud, ese que parecía el imposible, a lo que no íbamos a llegar nunca porque no hay ningún estudio.</p><p>Pero llegaron.</p><p>Mariana aclara también que la demanda, desde la comunidad internacional de mujeres con VIH, es <b>“que estén todas las opciones para todas las mujeres con VIH en el mundo”</b>. Es decir que así como en Argentina se pueda optar por la lactancia con el acompañamiento indicado cuando la carga viral es indetectable, que en los países de África que solo es posible la lactancia haya acceso al agua potable y a la leche de fórmula “para que las mujeres puedan decidir si quieren amamantar o no”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/4PMJN7GDKZAFTPLO6WQHJIEZ4I.jpg?auth=910f2fd26a056da303ed2582206e7c322947019930fa5a24230557112582f5b1&smart=true&width=1920&height=1080" alt="El cambio en las guías de la OMS es el principio, dice Mariana, ahora el gran desafío es que eso se acompañe con políticas públicas, asesoramiento y que la información llegue a quienes tiene que llegar" height="1080" width="1920"/><p>***</p><p>Entre las miles de comisiones de las que forma parte, Mariana integró también el comité que revisó las guías de opciones de lactancia para mujeres con VIH de la OMS y estuvo presente en la sesión en la que se expuso el tema, en la conferencia sobre Ciencias del VIH, en Ruanda, este mes, lo que para ella fue emocionante. Pero la inclusión de la lactancia materna como posibilidad en mujeres con VIH es solo el comienzo, “la punta del <i>iceberg</i>”, dice. El gran desafío ahora es que eso <b>se traduzca en políticas públicas</b> y que la información llegue a quienes tiene que llegar.</p><p>—Desde ICW, con el apoyo de otras organizaciones regionales, pudimos hacer unas orientaciones para lactancia para que las mujeres con VIH que quieran buscar más información y estén con carga viral indetectable, los equipos, las organizaciones, puedan tener una primer acercamiento, porque todavía ese material de parte de los ministerios no está. O sea, que ya esté en la Organización Mundial de la Salud no significa que va a estar en las carteras de Salud, porque implica el diseño de política pública, de cambio de normas, de discusión. Entonces, <b>se intervino y lo logramos, ahora hay que volver hacia abajo para trabajarlo a nivel comunitario, a nivel nacional, en las discusiones regionales, en todas las regiones del mundo, en los países que aún falta que actualicen</b>. Hay que dar el debate con los equipos médicos para que la cuestión ideológica no intervenga en las decisiones de acompañar o dar mayor información.</p><p>En Argentina hay hoja de ruta “y es un avance”. Pero el trabajo recién comienza, dice Mariana, arquetipo toda ella de que lo personal es político.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/LPHYHDZSMFHTJNRHCU4HJH5MT4.jpg?auth=7c793fb21515b61f718b2d64c506187837a839456388e025f26432d2ae3e019d&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Mariana Iacono]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[La abuela argentina que cocina empanadas, pastel de papa y otras delicias nacionales en el restaurante neoyorquino del filme “Nonnas”]]></title><link>https://www.infobae.com/sociedad/2025/07/19/la-abuela-argentina-que-cocina-empanadas-pastel-de-papa-y-otras-delicias-nacionales-en-el-restaurante-neoyorquino-del-filme-nonnas/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/sociedad/2025/07/19/la-abuela-argentina-que-cocina-empanadas-pastel-de-papa-y-otras-delicias-nacionales-en-el-restaurante-neoyorquino-del-filme-nonnas/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[Con la mitad del corazón en el barrio de Boedo, donde nació hace 78 años, Carmen Bernardo vive desde hace 14 en Nueva Jersey, adonde se mudó para cuidar de su nieta. Y hace nueve conquista paladares de todo el globo en Enoteca María, el local gastronómico de Staten Island en el que los chefs estrellas son abuelas del mundo que cocinan los platos más típicos de sus países a turistas y clientes asiduos. El local que se hizo famoso cuando su fundador protagonizó una película de Netflix]]></description><pubDate>Sat, 19 Jul 2025 04:36:19 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/CB635GRXTFDZROGSDCOSK7I3BQ.jpeg?auth=99f712df9cfd27b21772bf63b9ec767f4fe04f4f6427ce95cbceac71d1395375&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Carmen Bernardo en Enoteca María" height="1080" width="1920"/><p>Esta historia podría comenzar así: hace casi una década, cuando Carmen tenía 69 años y ya hacía tres o cuatro que vivía en Nueva Jersey —estado que limita al norte con Nueva York, a un poco más de 100 kilómetros de distancia— una amiga le dijo que en el <i>New York Times</i> había salido una nota que contaba que <b>en Staten Island había un restaurante que en lugar de chefs buscaba abuelas de todo el mundo</b>. A lo que Carmen respondió: “Ay, pero qué interesante, ¿no?”. Y su amiga le informó: “Sí, vos tenés un <i>appointment</i> (una cita) el sábado”.</p><p>—“¡¿Qué?! ¡Pero vos estás loca!!”, le dije. “No, porque vos cocinás muy rico”, me dice ella. “¡Pero una cosa es que a vos te gusta mi comida y otra cocinar para un restaurante en Nueva York!”. </p><p>Carmen —piel bronceada, pelo rubio ceniza, lentes con marco <i>animal print</i>, labios rojos, <i>bijou </i>dorada en <i>composé</i>, espíritu enérgico, el acento un popurrí de los países que habitó y la habitaron— se ríe del otro lado de la pantalla cuando recuerda ese día, esa conversación con su amiga que sin consultarle la había anotado para una entrevista de trabajo con <b>Jody “Joe” Scaravella</b>, <b>el</b> <b>fundador de Enoteca María</b>, restaurante que había abierto en 2007 después de la muerte de su madre —por quien lleva su nombre—, para homenajearla a ella, a su abuela y a la gastronomía italiana de su familia. <b>A Scaravella se le había ocurrido contratar </b><i><b>nonnas</b></i><b> —primero italianas y luego de diferentes países del mundo— para que cocinaran los platos típicos con los que él había crecido</b> y pusieran en la mesa ese sabor inigualable que transporta en un pestañeo a los días de la infancia, a la familia reunida, a <b>la comida hecha en el lugar más especial del mundo: la casa de la abuela</b>. </p><p>Por supuesto que Carmen se negó. Que no. Que de ninguna manera. Pero como ese tipo de reuniones en Estados Unidos son muy respetadas, por educación, fue a su entrevista a explicar amablemente los motivos por los que ella no era apta para ese puesto.</p><p>—Y entonces me recibe el dueño, Jody Scaravella, el de la película. ¡Ay, Dios mío! —se ríe— ¡69 años tenía yo! Y entonces le digo que me disculpe pero yo nada que ver: “Mire, viene porque tenía el <i>appointment</i>, pero lamentablemente no reúno las condiciones para trabajar en su negocio”. Y me dijo: “¿Por qué?”. “Porque <b>mi cocina es muy básica, muy de mamá, muy de abuela”. “Eso es lo que yo estoy buscando”</b>. </p><p>Carmen quedó pasmada. Scaravella le preguntó qué se cocinaba en Argentina y ella fue a lo tradicional, a la comida de su casa: “<b>‘Empanadas no pueden faltar’</b> (porque mi mamá era de campo y hacía unas empanadas deliciosas). ‘Y con el mismo relleno de las empanadas se hace un puré y es <b>el</b> <b>pastel de papas nuestro</b> que es delicioso, come toda la familia, es económico y confortable, además’”. Y no sé qué otra cosa le dije. Me miró y me dijo: “Usted empieza el sábado”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/HYZDD5R4IBEW3BG4IEEEP6H6MQ.jpeg?auth=b7111c99b8abb9ba98c1481de1b8ef7b8fbb0f5723fcec85a483c7996d8e086c&smart=true&width=1920&height=2560" alt="Carmen Bernardo en la premiere de "Nonnas", en Nueva York" height="2560" width="1920"/><p>No entendía cómo, ni qué había sucedido. No sabía nada de las dinámicas de un restaurante y nunca se le había cruzado por la cabeza la idea de cocinar en uno. Y sin embargo ahí estaba.</p><p>Si la llegada de Carmen a Enoteca María también hubiese sido narrada en la película <i>Nonnas</i> —dirigida por Stephen Chbosky y protagonizada por Vince Vaughn, Susan Sarandon, Lorraine Bracco, Brenda Vaccaro y Talia Shire—, que cuenta la historia de Scaravella, su pequeño restaurante de Staten Island y las primeras abuelas italianas que llegaron a trabajar en él, esa conversación con su amiga y la entrevista que siguió después serían escenas obligadas.</p><p>Pero todo empezó mucho antes, de una forma bien argenta: <b>con un plato de empanadas</b>. Y de hecho esta historia también podría comenzar así: eran los 70 o los 80 y Carmen con su marido y sus tres hijos vivían en Venezuela. Se habían ido del país en el 73, “en nuestros años más difíciles”, dice, porque a su marido le había surgido un contrato con la compañía petrolera para la cual trabajaba en Venezuela. Tenían un hijo que había nacido en Argentina, Sebastián, y en suelo tropical nacieron dos más: Mariano y Natalia. </p><p><b>Se fueron con la esperanza de volver</b>. De que la situación en Argentina mejorara. Intentaron regresar en el 76, “pero Buenos Aires estaba peor que en el 73”. Tenían tres bebés y resolvieron volver a Venezuela. </p><p>—Siempre esperando que se mejorara Argentina porque nuestro deseo era estar ahí y criar a los hijos con la educación nuestra. Así se fue mi vida quedando lejos lejos lejos.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/PAFUXMF4XFBPBBZ6625D6BZ6KA.jpeg?auth=9242cf02a8133e7a4423c74e7c60dc092a2d177981a9be7191a29c997416ecce&smart=true&width=1920&height=1440" alt="Carmen Bernardo con sus amigas de toda la vida en el barrio de Boedo " height="1440" width="1920"/><p>En el exilio, aunque vivían con <i>confort</i>, entre palmeras, acariciados por el calor del Caribe, <b>Carmen, criada en Buenos Aires, no dejaba de sufrir el desarraigo</b>. De sentir la soledad. Le faltaba su familia. Le faltaba la tierra de sus recuerdos. E intentaba remediar esa nostalgia con lo que siempre se extraña cuando se está lejos y provoca una conexión inmediata con la patria y los afectos: <b>la comida</b>.</p><p>—Ahí entendí a mi abuela que tanto hablaba de su Italia natal. <b>Cuando estás lejos te das cuenta de tantas cosas...</b> Porque cuando vos tenés que irte de los tuyos, de tu entorno, es muy fuerte, muy fuerte. Una cosa es pasear, ir de turista a todo el mundo, pero irte… Entonces <b>los sabores me hicieron de puente</b>. Yo no era cocinera, nunca lo fui. Yo extrañaba hasta los bizcochitos con grasa, lo que te puedes imaginar. Si llovía hacía tortas fritas. <b>Todo lo que me acercara algo de Argentina</b>.</p><p>Carmen recuerda que de niña —como Jody Scaravella en <i>Nonnas</i>— observaba mucho a su madre cuando amasaba. Un día, en Venezuela, cuando sus hijos eran bebés, evocó las manos de su mamá haciendo empanadas y se puso a cocinar. </p><p>—Cuando me di cuenta <b>había hecho un montón de empanadas</b>. Y digo: “¿Qué hago?”. Si yo estaba sola con los bebés, mi esposo venía tardísimo. Entonces preparé un plato, lo llené, e hice lo que mi mamá me enseñaba siempre: llevarle a las vecinas. “Señora, señora”, llamé por la medianera. “Soy de Argentina, soy una vecina nueva”, le dije. <b>“Estas son las empanadas nuestras, para que las pruebe”</b>. Y se las pasé. Al día siguiente escucho que me llamaban: “Señora, argentina, señora, argentina”. No sabían mi nombre. Y era ella dándome un plato de cachapas, una comida muy rica venezolana; se hace como si fuera un panqueque grande de harina de maíz, grueso, y va relleno de queso, muy sabroso. Y así empecé a tener contacto con las nuevas vecinas.</p><p><b>Las empanadas de carne que hacía Carmen en Venezuela</b> —”carne picada, cebollita, pimiento. Con pasas de uva, porque mi mamá le ponía para que contrarrestaran el efecto ácido de la aceituna— <b>eran un </b><i><b>hit</b></i>. También deben haberlo sido para sus amigas en Nueva Jersey lo que motivó que una de ellas, sin preguntarle, la anotara para la entrevista en Enoteca María.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/OGLE5I25YBGRBPEBBZ2ESUMDG4.jpeg?auth=b5e10db627c179b8afc55ecc015a55c2cb6783680cd3d8134a0a23436c83ea69&smart=true&width=1920&height=2665" alt="Carmen Bernardo con un delantal de cocina hecho especialmente para ella, "la nonna argentina", que le regaló una amiga " height="2665" width="1920"/><p>***</p><p>Carmen se alejó del Caribe para aterrizar en Estados Unidos y echar nuevas raíces en otro idioma en 2011. Pero ella marca el punto de inicio de esa aventura en 2001. Los años habían pasado, Venezuela se había complejizado y se sacudía entre caminos sinuosos; sus tres hijos habían crecido, estudiado, y Sebastián, el mayor, decidió ir a probar suerte a “La Gran Manzana”. Al año siguiente, en 2002, falleció el marido de Carmen. Sus otros hijos, Mariano y Natalia, continuaban en la universidad. Pasaron un buen tiempo sin ver a Sebastián hasta 2004, cuando ella viajó entusiasmada por el reencuentro y encandilada con esa ciudad que ponía frente a sus ojos los sitios que había visto en el cine: la Estatua de la Libertad, el Empire State… “¡La emoción de verlo porque me acordaba hasta de <i>King Kong</i>!”. </p><p>Al año siguiente, en 2005, Sebastián se casó; y Carmen comenzó a viajar ida y vuelta, desde Venezuela, con su visa de turista y a quedarse con él y su mujer por períodos breves. Hasta que en 2011, cuando nació su nieta, ya no hubo mucho qué pensar:<b> armó valijas y se mudó</b>. </p><p>—Así fue como vine a cuidar a la nena. Cuando nació Elaine me quedé con ellos atendiendo la casa y a la bebé. </p><p>En ese momento Carmen no sospechaba que cinco años después una amiga la anotaría sin preguntarle para una entrevista de trabajo en un restaurante que buscaba abuelas del mundo para cocinar. Ni que se filmaría una película sobre la vida de su fundador para Netflix, que sería un éxito convirtiéndose en una de las más vistas a nivel mundial y trepando al <i>top</i> 10 en 71 países y ese sitio se volvería internacionalmente famoso. Y ella también. </p><p>—<b>Nadie puede dimensionar cómo explotó esto</b>. Ya éramos muy conocidos por los mismos clientes que hacían muchas reservas. ¡Y cuando saben que hay comida argentina! (porque vamos rotando los países). <b>¡El sabor argentino es el que gusta!</b> <b>Yo hago, por ejemplo, pollo al chimichurri y se vuelven locos.</b> A las empanadas les hago una salsita de ajo y perejil para acompañar, que es una provenzal pero ellos le dicen aceite verde, y piden “más, más”. A mí me da risa. Quieren más y le mando más salsa. Todo es diferente. No es el concepto del restaurante al que vas, <b>al cliente no lo sentimos cliente sino que es como cuando la abuela hace los ravioles del domingo: como si llegara la familia</b>. </p><p>Así, “como un juego”, hace casi una década que Carmen conquista paladares de todo el mundo con sus platos caseros con diferentes sabores de esta patria. Recuerda que al comienzo no tenía idea de cómo eran las cosas, de la dinámica del local, y tampoco se sentía segura con el idioma, pero fue aceitando incluso eso. </p><p>—Tuve asistentes. La que me pusieron en el lavaplatos, que se ocupa de lavar todo y pelarme las papas, el pinche, como le dicen, era paquistaní; la señora que me asistía para enseñarme de las comandas, porque ¿qué sabía yo lo que era un restaurante?, era una abuela francesa que recién conocía; y yo con mi inglés machucado —recuerda y la asalta una carcajada—. El idioma que yo tenía era el que aprendí en bachillerato, como todos en Buenos Aires: <i>I am, you are, he is</i>, el <i>to be</i> elemental. Pero,<b> ¿sabes qué? Te das cuenta después de que es la actitud que uno pone lo que te hace abrir puertas</b>. Cuando te llaman los clientes para tomar una <i>selfie</i> yo siempre digo: “<i>Sorry, i was born in Argentina, no speak very well in english</i>”. Y enseguida me dicen: “<i>¡No, fantastic, nonna! ¡You speak very well!</i>”. Y listo. Ya está.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/H5DJ6LRDEBGJZHOKYPW4TUNY34.jpeg?auth=e033a55ae125f4c46abd4fd4d8e959ef0cfb3568da4fe87aaea50ffc4118a598&smart=true&width=1920&height=2858" alt="Reconocimiento otorgado por el presidente del distrito de Staten Island a las abuelas que cocinan en Enoteca María" height="2858" width="1920"/><p>Al principio, cuando empezó a trabajar en el restaurante, a Carmen le tocaba ir una vez cada 15 días porque las abuelas que rotaban detrás del menú no eran tantas y Enoteca María abría toda la semana. Después de la pandemia de covid-19 Scaravella comenzó a abrir solo viernes, sábados y domingos, y <b>las abuelas de diferentes países se multiplicaron: ya suman cerca de 40</b>. Eso hace más largo el intervalo entre un día de trabajo y otro, ahora va, prácticamente, una vez por mes. ¡Pero qué vez! </p><p>El día que le toca, Carmen, con 78 años, <b>trabaja más de diez horas seguidas</b>. Su hijo la pasa a buscar y la lleva de su casa en Nueva Jersey al restaurante en Staten Island, donde llega cerca de las 11 de la mañana y comienza a preparar sus platos estrella. Corre entre hornallas y sartenes hasta que se va del lugar cerca de las 10 de la noche, cuando “ya no queda nada de nada, ni un bistec”. </p><p>—No te imaginás lo intenso que es. Tenés que jugar contra el reloj. El restaurante tiene siempre comida italiana porque cuando abrió, como muestra la película, era un restaurante italiano. Entonces el que quiere comer su lasaña lo hace. Cuando la gente viene a comer mi comida en una mesa pueden pedir, por ejemplo, comida italiana y también argentina, yo ya aprendí a que salga exactamente al mismo tiempo y al comensal le llegue todo a la vez. <b>Cada vez piden más: argentino argentino argentino</b>. <b>Tuvimos que triplicar las cosas, hago muchísimas más empanadas</b>. Y después es increíble la comida de las abuelas de los países más insólitos que no sabés ni dónde están en el mapa: Grecia, Turquía, Bangladesh, Filipinas, Sacaristán (que ni lo sé pronunciar). Muchos, muchos; la abuela judía, de todo lo que te puedas imaginar. De Latinoamérica tenemos: Argentina, Perú, Chile, Paraguay, que se incorporó hace poquito. </p><p>Otro motivo que hace al éxito de Enoteca María, dice Carmen, son “los productos de primera calidad”; que a esta altura, después de nueve años en su caso, quienes se encargan de la compra de los ingredientes ya saben dónde obtener. Al comienzo ella llevaba cosas, como el dulce de leche, porque ellos no sabían dónde conseguirlo. Y así funcionaba con todas las abuelas que requerían alimentos muy específicos de sus países: los compraban ellas y después el restaurante les daba el dinero por lo que habían gastado.</p><p>—Porque imaginate, hay productos de todas partes y hay lugares que solamente la abuela que sabe de eso conoce. Ahora ya hace nueve años que cocino ahí y ya saben perfectamente. Me preguntan: <b>“¿Carmen, lo de siempre?”. “Sí, dale”</b>. </p><p>“Lo de siempre” son los ingredientes para <b>los platos infaltables de Carmen en Enoteca María</b>, que incluyen <b>empanadas, pollo al chimichurri, bife relleno</b> —“como si fuera una cima, les hago como un bolsillito y lo relleno como al matambre, con ajo, perejil, queso parmesano, zanahoria. Entonces, cuando lo cortan y sienten esos sabores diferentes para ellos, ¡ah! ¡Todo me sale un éxito! Yo digo que no es que sea tan buena cocinera, son nuestros sabores los que gustan!”—. <b>Y de postre, panqueques con dulce de leche</b>. </p><p>No ofrece otro postre porque no le daría el tiempo. Empieza a trabajar entre las 11 y las 12 del mediodía, con dos asistentes “que se encargan de la <i>mise en place</i>, de preparar todas las cebollitas, los pimentones” y aún así llega a las diez de la noche exhausta y sin resto. Tampoco ofrece milanesas porque Scaravella le asegura que son italianas.Y aunque ella le explica: “Vos no sabés cómo es Argentina. ¡Somos los reyes de la milanesa!“, la respuesta tozuda del dueño de Enoteca María es un muro: “No. La milanesa es de Milán”. “Entonces yo con mi churrasco, con mi pollito, con mis panqueques. Porque aparte no puedo poner otros platos; he hecho otras cosas como costillitas con miel y mostaza pero ya nos dimos cuenta de que <b>la gente se vuelve loca por el bistec</b>, que no puede faltar”, dice Carmen. Y asegura que <b>trabajar en el restaurante, enfrentarse a ese reto una vez al mes y aprender cosas nuevas la rejuvenece</b>. </p><p>—Ese día tengo 25 años, parece, porque vuelo, pero al otro día ya tengo los 80 —dice y no deja de reírse—. Pero contenta, muy contenta. Y al final, cuando te vas del restaurante, el dueño hace que nos aplaudan. Dice, por ejemplo: “Se va la abuela Carmen”, y toda la gente aplaude, te saluda. Y ahí decís: <b>“Todo este día intenso de trabajo valió la pena”</b>.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/AAAN7EEOWFBSJAGPROB5WOZ2SA.jpeg?auth=2e198d56ea75277313dc295c46b2dcc92903869c36038cbf6a05090094274148&smart=true&width=1920&height=2560" alt="Carmen Bernardo con Vito Fossella, presidente del distrito de Staten Island" height="2560" width="1920"/><p>*** </p><p>Aunque su historia personal no aparece en la película de Netflix, que narra los inicios de Enoteca María y cómo llegaron las primeras <i>nonnas</i> al restaurante, el efecto que causó el <i>film</i> en la plataforma de <i>streaming</i>, y el que causó en sus compatriotas —siempre orgullosos— saber que en el restaurante de la vida real había una abuela argentina cocinando, derivó en una oleada de reconocimientos para Carmen. Y en momentos que a la orilla de la octava década de su vida no imaginaba que iba a vivir.</p><p>—Nosotras no sabíamos que se estaba haciendo una película sobre la vida de Jody. Y los primeros días de mayo me llama la encargada del trabajo y me dice: “Carmen, seleccionamos cuatro abuelas (entre las que estaban las que quedaban de las que entraron primeras) y tú vas a ir en representación de todas a la <i>premiere</i>”. Le digo: “¡Ay, qué bueno!”. Y ella me dice: “Y ese día coincide con que <b>Kelly Clarkson las quiere entrevistar en su </b><i><b>show</b></i>”. <i>El</i> <i>Show de Kelly Clarkson</i> se graba en Manhattan, en el Rockefeller Center. Y me dice: “Así que ustedes van a ir, te mandamos un auto de Netflix”. Yo dije: “¡Ay, Dios mío!”, no lo podía creer. Busqué lo más lindo que tenía, un conjunto sin estrenar, porque decía: “¿Cuándo sino voy a ir yo a una <i>premiere</i>? Y me dice: “Después las van a llevar en una <i>van</i> al teatro donde van a ver la película”. </p><p>El día indicado Carmen se preparó, se puso lo mejor que tenía. Rebosaba elegancia y estaba tranquila, dice, porque “no imaginaba lo que venía después”. </p><p>—Estábamos en el <i>show</i> de Kelly Clarkson, presenta a todos los artistas y la veo a ella, que era mi locura desde siempre: <b>¡Susan Sarandon!</b> Las demás artistas son maravillosas también, pero yo estaba feliz porque estaba viendo a Susan Sarandon. Mi hija, que me había acompañado, me dijo después: “Mamá, vos no veías, pero las cámaras las tomaban a ustedes en el <i>show</i>”. Y antes de finalizar <b>Kelly Clarkson pidió que las verdaderas </b><i><b>nonnas</b></i><b> bajáramos: ¡y me la presentaron! </b>Le pude decir que era mi artista favorita, que la seguía desde <i>Thelma &amp; Louise</i>. ¡Encantadora, preciosa!</p><p>Como si no hubiesen sido suficientes emociones, de ahí las llevaron al teatro donde las esperaban unos lugares reservados especialmente para ellas. El presidente de Netflix presentó a los artistas, habló el protagonista de la película, Vince Vaughn, quien también pidió que por favor se pararan las verdaderas <i>nonnas</i>.</p><p>—Entonces, cuando me paro y veo a todo el teatro aplaudiendo, ahí me hizo el <i>click</i>. Y dije: <b>“Dios mío, de Boedo a Manhattan porque hago empanadas”</b>. Y la gente que estaba al lado mío, que no sabía que yo era una de las <i>nonnas</i> reales, me saludaba y me hablaba en inglés, me agarraban. Yo les decía: <i>“Yes, i’m the grandmother from Buenos Aires, Argentina”</i>. Ay, no no no no no, fue emocionante, realmente emocionante. </p><p>A Carmen todavía le cuesta creer todo lo que vivió por su trabajo en el restaurante. Está agradecida por lo que le sucedió y por las repercusiones que trajo y sigue trayendo en su vida el <i>film</i>, por las notas en los medios: <b>“¡Hasta Teté Coustarot me entrevistó!”</b>, dice asombrada.</p><p>Además de aquel gran día en Manhattan que no olvidará jamás, hace una semana recibió otra sorpresa: <b>el presidente del distrito de Staten Island, Vito Fossella, les otorgó un reconocimiento a todas las abuelas del restaurante</b>.<b> </b>Materializado en un certificado, el homenaje dice que las <i>nonnas</i> de Enoteca María no solo preparan platos deliciosos sino que llevan “una palabra de aliento y amor mediante la cocina a las personas que visitan el lugar, que son mayoría extranjeros y <b>siempre añoran el sabor de la casa, el sabor de la abuela”</b>.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/6RJW37JLW5GQRHPKNJ5H5AGAUY.jpeg?auth=9ee48538752af8c581fb9e69069d8db2d1460332375881c939408a5da4a50635&smart=true&width=1920&height=2560" alt="En el camarín del show de Kelly Clarkson
" height="2560" width="1920"/><p>***</p><p>Cuando estamos lejos del hogar por mucho tiempo una de las cosas que más añoramos son <b>las comidas tradicionales</b>, esas que al primer bocado causan una descarga inmediata de dopamina y <b>conducen al corazón de la familia, a la mesa con amigos</b>. Y buscamos la manera de recuperarlas aunque para eso haya que aprender a fabricarlas. Y de repente nos encontramos haciendo recetas elaboradas aunque quizás en los lugares de origen jamás hayamos encendido una hornalla. O buscamos restaurantes donde las ofrezcan para sentir ese abrazo tibio que se parece a estar de vuelta.</p><p>Eso le pasó a Carmen en Venezuela. Y a Jody Scaravella cuando murieron su abuela y su madre. Fue esa nostalgia la que se volvió artífice de la idea. <b>La comida es más que eso. Es cultura. Es identidad. Es el lugar de donde venimos.</b> No importa el idioma que tenga, la geografía en la que se produzca.</p><p>—Cuando uno quiere tanto a la patria sentís como un desarraigo al irte. Y <b>los sabores te llevan a los momentos que extrañas</b>. No es que yo me vanaglorio diciendo que soy bárbara y cocino espectacular, solo estoy tratando de hacer las cosas bien, de hacer quedar a todas las abuelas de lo mejor, porque <b>tengo la responsabilidad de representar al país </b>—dice Carmen. </p><p>Lo hace preparando cada mes <b>platos que son un viaje directo a casa</b>. Como hablar con ella es un viaje directo a una charla con la propia abuela. Al cortar la conversación manda “un besote grande para todas” y se despide como lo que es, una de ellas: “Cuidate que hace mucho frío, tapate la garganta. ¿Oíste?”.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/CB635GRXTFDZROGSDCOSK7I3BQ.jpeg?auth=99f712df9cfd27b21772bf63b9ec767f4fe04f4f6427ce95cbceac71d1395375&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Carmen Bernardo en Enoteca María]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Abrazó su identidad indígena, encontró pares para tejer comunidad y trabaja reivindicando la cultura de los pueblos originarios]]></title><link>https://www.infobae.com/sociedad/2025/07/15/abrazo-su-identidad-indigena-encontro-pares-para-tejer-comunidad-y-trabaja-reivindicando-la-cultura-de-los-pueblos-originarios/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/sociedad/2025/07/15/abrazo-su-identidad-indigena-encontro-pares-para-tejer-comunidad-y-trabaja-reivindicando-la-cultura-de-los-pueblos-originarios/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[Aunque su madre nunca le ocultó de dónde venía, toda la vida había intentado que dejara a un lado sus raíces indias y se asimilara a la cultura urbana, bonaerense, para que no fuera discriminada y pudiera progresar. Pero Adriana Gerez no pudo ignorar lo que latía bajo su piel y buscó sitios de pertenencia en los que se sintiera ella misma. Cuando los encontró no hubo vuelta atrás]]></description><pubDate>Tue, 15 Jul 2025 06:44:36 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/DZ5TV4ZOARDCLIC7SFNMZTYWJA.jpg?auth=35ba5be00564a1112a4bcec0fcaa45a9b8b74be8e79fe445475e43466c6a3ec7&smart=true&width=1920&height=1081" alt="Adriana Gerez" height="1081" width="1920"/><p>Adriana Gerez tiene 56 años, la piel castaña, las raíces en sus rasgos y las montañas de Tucumán en las pupilas. Basta evocarlas, recordar cada viaje en tren o colectivo en la infancia y en avión en la adultez hacia la tierra de su madre para que la voz vibre, se parta y se desvanezca tomada por la emoción. Para que sonrisa y llanto coexistan, incontenibles, en el impacto de la identidad recuperada que crece y la desborda. <b>Identidad que es causa, manifiesto y bandera</b>. Que es proyecto, comunidad y forma de vida. </p><p>—Nosotras fuimos muchos años, cuando éramos chicas, a Tucumán. Íbamos en colectivo, en tren, desde Santiago, y ya pasando las termas se empiezan a ver en el horizonte <b>las montañas</b>. Así, hacia el oeste —dice y se esfuerza para mover la pelota que se le atraviesa en la garganta y no la deja seguir hablando. Es inútil—. Y yo me acuerdo que a mí me agarraba una emoción de verlas nomás y eso que yo no había nacido ahí y no me había criado. Y todavía ahora, a veces ya de empezar a ver los cerros, cuando uno va llegando, a mí se me llenan los ojos de lágrimas así como ahora. </p><p>Adriana se disculpa. Como si hubiese que disculparse por una emoción, como si verse conmovida por su identidad no fuese una escena que reconforta en medio de un contexto hosco. </p><p>Nacida en la ciudad de Buenos Aires por una casualidad; criada y arraigada hasta hoy en <b>Merlo</b>, el oeste del Gran Buenos Aires, con una identidad que podría haber sido absoluta y orgullosamente conurbana, <b>nunca dejó de escuchar lo que le latía dentro</b>, de pensar que había algo más detrás de lo que le devolvía el espejo. </p><p>—Toda la vida me atravesó la cuestión de lo identitario, la imagen, la piel marrón. Y <b>siempre sentí que había alguna cosa ahí que no estaba contada</b>, que no se veía.</p><p>En su cabeza no había dejado de sonar, con el eco de los años, una pregunta o más bien una afirmación que le había hecho una profesora de la secundaria: “Bueno, usted es Gerez, entonces tiene orígenes españoles, por su apellido”. </p><p>—Yo en ese momento no tenía herramientas para decirle: “No”, porque hasta donde contaba podíamos reconstruir cuatro o cinco generaciones para atrás. Le dije: <b>“Me parece que no venimos de ningún lado”</b>. </p><p>Adriana estaba en sus 20 cuando comenzó a reunirse con personas que tocaban instrumentos autóctonos en la zona oeste en busca de un círculo de pertenencia; y en un contrafestejo del 12 de octubre, en el Congreso, se abstrajo por un momento y se vio rodeada de personas que le hicieron vibrar el hilito de la identidad, ese que toda su vida hasta ese momento se había tensado indicándole que algo más había.</p><p>—Fue la primera vez que me sentí así como que estaba en mi lugar. Y dije: <b>“Bueno, es acá”</b>. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/YHJFQDMB25GNVGLG6RPTIC7NKQ.jpg?auth=02bf0aa93bc6087ebd0a3e4f3939c38f0ca8611305922e9a1c3929ca23c41a79&smart=true&width=1920&height=2528" alt="Adriana se crió en Merlo con una identidad que hubiese sido plenamente urbana y bonaerense. Pero siempre percibió que había algo más: no terminaba de sentirse cómoda en los círculos en los que se movía y se lanzó a buscar su lugar de pertenencia " height="2528" width="1920"/><p>***</p><p>Su padre murió “muy pronto”; sus abuelos paternos, igual. Adriana se crió con su madre, nacida en Tucumán, y su hermana. Su abuelo, padre de su madre, era catamarqueño y llegó a Tucumán, como muchos habitantes de las provincias o poblados aledaños, con el furor del azúcar. “Se acercaban para el tiempo de la cosecha y muchos se iban quedando”, cuenta Adriana. Y la familia de su abuela, madre de su madre, era santiagueña con la misma historia: “Ellos fueron llegando también y en algún zafra se quedaron. Y ahí nació mi abuela. Pero sus hermanos más grandes habían nacido en Santiago”. <b>Su madre no daba cuenta de las tierras de su árbol genealógico ni de su sangre diaguita; prefería “invisibilizar algunas cuestiones que traía de sus orígenes”</b>. Intentaba lavar o al menos no hurgar en sus raíces indígenas porque <b>creía que lo mejor para sus hijas era una identidad urbana, bonaerense</b>. </p><p>—Ella pretendía blanquearnos porque era lo que había aprendido. Había nacido a la orilla de un cañaveral, en Cruz Alta, en Tucumán; trabajó en la zafra y se vino a los 17 años con una botella de agua, un pollo hervido y una hermana arriba del tren. No sabía ni a dónde venía ni a qué ni nada de esto. Y cuando vino para acá [para la Ciudad de Buenos Aires] de entrada nomás la llevaron a vivir en una casa donde iba a trabajar y trabajó 13 años con cama adentro, o sea que se mimetizó, de alguna manera, con la blanquitud de sus patrones, que eran además de familias militares.</p><p>Después de años de vivir en la capital porteña, “cuando los trabajadores tenían posibilidad de ascenso social y con un aguinaldo podían pagar el anticipo para un lote”, compró su porción de tierra en Merlo, de donde nunca más se fue. </p><p>—Ella nos mandó a una escuela religiosa pensando que hacía bien y bueno, ahí como que empezó la cuestión de la discriminación. No fueron crueles, pero de todas maneras <b>me han gritado de todo en la calle por el aspecto</b>, porque además yo nunca me blanqueé, nunca me asimilé, y porque nosotros tenemos cuerpos diferentes, no tenemos cuerpos hegemónicos. La mayoría de mis compañeras eran hijas o nietas de italianos, de españoles, entonces era otra imagen, y nosotras, las marrones, las que vivíamos fuera del centro del lugar donde yo me crié, que es el Parque San Martín, acá en Merlo, desencajábamos.</p><p>—¿Qué significa eso de “blanquearte”?, ¿es asimilarte o es más como aparentar ser algo que no sos, que no se condice con tu identidad?</p><p>—Tiene que ver con eso, con asimilarte a la cultura hegemónica. Nosotros siempre bromeamos con esto: <b>“Con esta cara no nos bajamos de ningún barco”</b>, que es lo que han pretendido siempre: que no se note tanto, que si están que se blanqueen, que se asimilen, así no se nota la presencia. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/USB7KCD2WVFNZN3JWTTBHO3J44.jpg?auth=2855af74d0372e6628a8a374f5e00feaf1be847b9a0c940d29e7e4d3345ccae7&smart=true&width=1920&height=1280" alt="Fue en un contrafestejo del 12 de octubre cuando, rodeada de un montón de personas pertenecientes a pueblos originarios, se dio cuenta de cuál era el lugar al que pertenecía y dijo: "Es acá"" height="1280" width="1920"/><p>***</p><p>Adriana creció en medio de esa tensión entre lo que le transmitía y recomendaba su madre, un entorno urbano con grupos sociales en los que se sentía diferente y, a la vez, con la convicción férrea, que no sabía muy bien de dónde salía pero no podía desoír, de que <b>su identidad iba por otro lado</b>. Estaba unida a algo más profundo.</p><p>Estudió Trabajo Social orientado a Educación; descifró entre instrumentos autóctonos y contrafestejos que lo que latía adentro eran las raíces de sus abuelos que la constituían íntegramente y lejos de renegar de eso u ocultarlo, a lo que la empujaba su entorno, lo abrazó: <b>su identidad la definió</b>. Pero comenzó a hacer algo más con eso, a tejer comunidad y a trabajar en pos de visibilizar la cultura de los pueblos originarios hace menos de una década. </p><p>—Una vuelta me tocó acompañar la gestión municipal, estuve trabajando como directora del área de Niñez y ahí la conocí a <b>Verónica Azpiroz Cleñan</b>, que es una de las integrantes del Tejido [de Profesionales Indígenas en Argentina] y que es una de las más visibles porque hace muchos años que ella milita la cuestión indígena (ella es mapuche). En ese momento era el 2017, y ella me decía que quería armar algo pensando en el próximo censo que teníamos previsto que iba a ser en 2020: “Quiero armar algo pero tiene que ser colectivo”, me dijo. </p><p>Y Adriana se subió. </p><p>—Fue ahí que empecé a participar en las reuniones que hacíamos en el INDEC y el Tejido nació así, <b>nuestra punta de lanza fue el censo</b>.</p><p>El Tejido de Profesionales Indígenas en Argentina es una organización que comenzó entre 2017 y 2018 —y ahora tramita la personería jurídica—. Integrada por unas 30 o 35 personas de diferentes pueblos originarios es, en la definición de Adriana, <b>un grupo de “indios que han accedido a la educación superior”</b>. Politólogas, abogadas, trabajadoras sociales, psicólogas —también nombra a compañeros varones, pero la mayoría del tiempo alude a mujeres—. Casi todos sus integrantes viven en zonas urbanas “como la mayoría de los indígenas de este país”. “Algunos viven en comunidad, algunos alternan entre la comunidad y la urbanidad”, cuenta. Pero todos están conectados entre sí y <b>defienden juntos diferentes causas, difunden su cultura, visibilizan sus raíces y sus identidades</b>. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/2FTODGSGKZFGBBAWQRDF6RRRME.JPG?auth=9276c196ec4dece1b29e93678fb74296c665aa4d3012ac3b6c1ed18eb8a664e3&smart=true&width=1920&height=1440" alt="Adriana estudió Trabajo Social orientado a Educación y forma parte del Tejido de Profesionales Indígenas en Argentina, una organización de personas que pertenecen a pueblos originarios, accedieron a la educación superior y defienden causas comunes vinculadas a sus territorios" height="1440" width="1920"/><p>La causa madre o “punta de lanza”, como dice Adriana, lo que inició la organización, fue el objetivo de <b>lograr modificaciones en el formulario del INDEC</b> que se iba a utilizar para censar a la población argentina en 2020. Lo que exigían era <b>“que se preguntara si las personas se reconocían indígenas y a qué pueblo pertenecían”</b>. Algo que en el censo de 2010 se le había preguntado solo a una muestra representativa. Para el de 2020 pedían que esta fuera una pregunta para todas las personas.</p><p>—Logramos la mitad de eso. Conseguimos que se le preguntara a todo el universo pero la segunda pregunta que pedíamos, que era esclarecer a qué pueblo pertenecían, estaba mal redactada porque no nos escucharon. Nosotros pretendíamos que se pudiera contar con censistas indígenas o por lo menos que estuvieran sensibilizados con la cuestión indígena y que se pusieran como opción los 40 pueblos conocidos —que en ese momento eran 39, yo creo que ahora son 42—. Y nos dijeron que no porque iba a ser muy largo, “que el censista lleve anotado o que la gente le diga”. Entonces cuando a la gente le preguntaban “De qué pueblo es usted” o “A qué pueblo pertenece”, la gente daba cuenta del lugar donde vivía. Así salió cualquier cosa el resultado. Dicen que somos por lo menos <b>un millón trescientos</b> los indígenas, pero tenemos duda de que sea así.</p><p>Saben que son más, que eran más, pero que a lo largo de la historia muchas personas comenzaron a asimilarse o a negar sus orígenes a causa “del blanqueamiento que llevó adelante la educación en los siglos XIX y XX”, a partir de la premisa fundante de <b>“civilización o barbarie”</b> y todo lo que se desprendió de ella. De infundir a todo lo que se vinculaba con lo indígena, lo autóctono, lo indio, un manto de sordidez, como si fuese contrario al desarrollo del conocimiento, al movimiento iluminista, al progreso. Negando a quienes ya estaban en este suelo y lo conocían mejor que nadie, negando su cosmovisión y su conocimiento ancestral en medicina, por ejemplo, y todo el acervo cultural que traían. </p><p>—Nos fueron cambiando de nombre: fuimos los cabecitas negras, el aluvión zoológico, porque estaba mal esto de reconocerse o dar a conocer los orígenes indígenas. Y pasa mucho. Por ejemplo, los santiagueños: <b>el 70% hablan en quichua</b>, pero ellos no se reconocen indígenas, ellos dicen que son criollos. Entonces, cuando fue el censo no se pudo preguntarles a ellos, no se los pudo contar porque si vos no respondías que eras indígena no podías dar cuenta de la lengua materna, no te preguntaban sobre eso. </p><p>Adriana cuenta que participa a veces de un taller de quichua que ofrecen “unas <i>ñañas</i>” (que significa hermana) en Merlo y en Moreno donde cuentan historias relacionadas al uso de la lengua en la infancia; y que allí muchos de los participantes son “recuperantes del habla” porque <b>en sus casas lo escuchaban pero no tenían permitido hablarlo</b>, incluso recibían castigos si lo hacían. “Porque la familia no quería que atravesaran la discriminación, el racismo estructural que ellos habían vivido, entonces para preservarlos les prohibían hablar en su lengua materna”.</p><p>En cuanto a la lengua materna de sus antepasados, dice que los diaguitas hablaban el cacán, que está prácticamente extinto, que subsiste en muy pocos lugares y que en Chile “hay algunos intentos de revitalización, porque hay diaguitas de uno y otro lado de la cordillera, pero no supera lo doméstico, no hay una cuestión académica o que se practique en la escuela”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/53YK4ACGVZEOBMY6AJU4SENV6Y.jpg?auth=f28fa66de440417422904d3adf6eeaf87c97517130e0e6b4ff3b159fecf2b8d5&smart=true&width=1920&height=1911" alt="Adriana trabaja en la jefatura distrital de Educación de Merlo desde donde busca visibilizar, dar a conocer y transmitir la cultura de los pueblos originarios" height="1911" width="1920"/><p>***</p><p>Las lenguas indígenas, la medicina ancestral y otros ritos y prácticas que hacen a la identidad y la cosmovisión de los pueblos originarios son difundidas en el trabajo que realiza cada uno de los miembros del Tejido de Profesionales Indígenas en Argentina desde el lugar que ocupa. </p><p>—En el trabajo que hago yo, desde el espacio en el que estoy ahora, lo que tratamos de hacer es <b>visibilizar, dar a conocer</b>. En Merlo, por lo pronto, según el censo somos 14.000 los que nos reconocemos indígenas o nos sabemos parte de algún pueblo, de una nación de las preexistentes. Y la pertenencia al Tejido, a la hora de realizar esta tarea, es como un escudo protector, como un fueguito que está prendido siempre, un grupo en el que nos contenemos, por más que estemos lejos, por más que no nos veamos casi nunca o que nos encontramos puntualmente por alguna cuestión.</p><p>Adriana trabaja en la jefatura distrital de Educación de Merlo. Las jefaturas distristales —explica— son particiones administrativas dentro de la estructura educativa de la provincia que se encargan de supervisar y promover la educación en los diferentes distritos, lo que equivale a los diversos partidos provinciales. El jefe de esa partición es quien está a cargo de los inspectores y supervisores de las escuelas de esa región geográfica. Adriana, como trabajadora social especializada en Educación se desempeña en instituciones educativas de Merlo —“una escuela técnica y un centro complementario”— y también colabora con tareas administrativas vinculadas a conflictos escolares. Fue directora del área de Niñez y Adolescencia, donde trabajó en asuntos vinculados a la vulneración de derechos y, actualmente, desde su puesto de trabajo, una de las líneas que desarrolla es la de “memoria e identidad”, donde se abordan de diferentes modos estos ejes y también se hace foco en cuestiones de derechos humanos.</p><p>—<b>Hay muchas formas de ser indígena</b> que tienen que ver, sobre todo, con el territorio donde vive cada uno. Entonces se habla mucho de estas cuestiones, de todo lo que se nos niega, los derechos que no se nos reconocen. Y también de que los indios no están todos en las comunidades, que la mayoría estamos por afuera. Y visibilizar, dar a conocer, respetar, revalorizar. Son cuestiones que yo pretendo desde el lugar donde estoy, desde el primer día que llevo adelante mi trabajo. </p><p>En la organización, en el tejido que llaman Tejido, cada miembro defiende, desde su profesión, una causa vinculada a su identidad. Y todos, como una trama firme de fibras elásticas que se expanden en diferentes territorios, se sostienen entre sí.</p><p>—Lo que nosotros proponemos es <b>el diálogo entre el conocimiento académico</b> —porque todos hemos atravesado la academia— <b>y el conocimiento ancestral</b>. La idea es <b>conjugar y potenciar las diferentes cosmovisiones</b>, sin denigrar ninguna, aprovechar esto que traemos de los pueblos originarios, este legado que nos han transmitido y cambiar el concepto de la occidentalización del conocimiento, en cuanto a que la universidad es europeizante, eurocéntrica, blanqueadora. Hay muchas, muchas iniciativas, muchos esfuerzos por poner en valor lo que traemos de nuestros pueblos originarios.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/BVGOHDPJFRERXKWP2GZQD7BIHM.JPG?auth=f8f6d0a45d5d3b02572263b0b385177b9cc9f44f32afa4c8160ab41aa23932e4&smart=true&width=1920&height=2961" alt="Adriana tiene dos hijos, de 20 y 22 años, que se asumen originarios y comparten con ella el amor por la cultura de su pueblo y por sus raíces" height="2961" width="1920"/><p>Verónica Azpiroz Cleñan, con quien empezó a reunirse en 2017 para modificar el cuestionario del censo, cursa un doctorado vinculado a la medicina ancestral y busca “que el sistema de salud pueda reflejar las necesidades de un pueblo tan diferente, de tantos matices”. Busca que se recupere y se respeten los conocimientos que traen las personas de los pueblos originarios, en general los mayores que lo transmiten a los más jóvenes. </p><p>—Por ejemplo la figura de <b>los machis, que son las personas sanadoras del pueblo mapuche</b>. Hay machis mujeres y machis varones que traen muchísimo conocimiento que van aprendiendo desde la infancia porque el día que nacen ellos señalan: “Se levantó un machi o se levantó una machi”, entonces la forman o lo forman desde muy chiquititos transmitiéndoles todo el saber que traen desde siglos y siglos. A partir de esto:<b> ¿por qué no generar espacios de diálogo entre ambas medicinas?</b> Me ha pasado de trabajar puntualmente en Santa Victoria Este [en Salta] o en los pueblos que están alrededor y que el enfermero, que era un wichi, tuviera que mediar entre los médicos o las médicas y las pacientes; inclusive a veces las mujeres se negaban a acercarse a la salita o a la posta sanitaria porque sentían que no las entendían, primero por la cuestión lingüística, segundo porque las wichis son bastante reacias a la medicina blanca entonces muchas veces se complicaban los partos, por ejemplo. <b>Había una distancia muy grande entre lo que necesitaba esa población y lo que estaba dispuesta a darle la salud estatal.</b> </p><p>Adriana también cuenta sobre otros integrantes del Tejido, como Nicacio, “un wichi cordobés pero nativo del Chaco que alterna entre su comunidad en Sauzalito y la gran ciudad de Córdoba, donde es licenciado en Enfermería”. Como Aymara, que es abogada, de la que dice que “es bien urbana pero se crió de una forma muy ancestral porque su mamá y su papá sostenían el arraigo cultural a toda costa, hasta en la comida”. Aymara les contaba que cuando en la escuela los chicos se preguntaban “qué comiste al mediodía” y todos respondían “milanesas con puré”, ella quizás había comido chuño [N de la R: es la papa o algún otro tubérculo de altura deshidratado, un alimento central en la comida indígena] pero igualmente respondía: “Yo también comí milanesas”. Y como Lourdes, que es trabajadora social del sistema judicial en Tucumán y busca proteger a las familias indígenas a las que muchas veces les quieren quitar las tenencias de sus hijos porque argumentan “que los están criando mal porque no saben nada”.</p><p>—Cada uno en relación con sus territorios. Además de las luchas por protegerlos. Nosotros promovemos o pretendemos practicar <b>“el buen vivir”</b>, que tiene que ver con <b>vivir en equilibrio con la Pacha, con la Tierra, con la Mapu</b>. Entonces, cuidar el agua, cuidar los cerros, tiene que ver con esto, porque los pueblos originarios del mundo tenemos eso del cuidado de la naturaleza, la preservación, porque<b> entendemos que somos parte de y no que es nuestra</b>, que para vivir bien hace falta estar en equilibrio y que generalmente son las personas las que desequilibran los ambientes en los que les toca vivir.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/URUC4P7FBRE5PDVA32BIMIW44I.jpg?auth=8a29733d07b58679ff71b516aba6e4529d1572097cb18a9551f70fb84522df93&smart=true&width=1920&height=1557" alt=""En un mundo globalizado, pensar en sostener nuestra ancestralidad, nuestros orígenes, es también una postura de rebeldía"" height="1557" width="1920"/><p>***</p><p>Adriana tiene dos hijos, de 20 y 22 años. Dice que son más diaguitas que ella, porque tienen sangre diaguita de madre y padre, que “se asumen como originarios” y comparten con ella el amor por la cultura de su pueblo y por sus orígenes. De su madre, en cambio, dice que si bien conservó algunos regionalismos, nunca reivindicó esas raíces que ella recuperó y abrazó e incluso llegó a burlarse sobre su forma de vestir, con prendas y peinado típico, al ir a encuentros de pueblos indígenas. </p><p>&nbsp;—Ahora tengo el pelo corto, pero en ese momento me decía: “Mirá esas trenzas que te hacés”, como diciendo: “¡Ridícula, mujer grande!” —cuenta y se ríe—. Alguna cosa ella tiene por ahí, pero como que no está muy de acuerdo o no estaba muy de acuerdo con esto de que yo me reivindicara como indígena.</p><p><b>Su semilla está plantada en su descendencia</b>. Sus hijos. </p><p>—Yo creo que he sembrado y que algo ha quedado ahí, que florecerá en algún momento. Porque este tipo de cuestiones, de discriminación que hemos ido sufriendo —algunas más, otras menos— también nos han fortalecido para ser parte de esto; porque en un mundo globalizado, donde la derecha avanza de manera tan cruel, pensar en <b>sostener nuestra ancestralidad, nuestros orígenes, es también una postura de rebeldía</b>, de cuidar la lucha de los abuelos, de las abuelas. Defender que ser indígena no tiene que ser motivo de deshonra. Porque es lo que somos. Y también así siento que honro a mis ancestros que se tuvieron que ir de las comunidades alguna vez. Sobre todo las mujeres. Mis abuelas, mis bisabuelas, a lo mejor habrán pensado alguna vez en ser mujeres que pudieran levantar la voz, decir las cosas que pensaban y no avergonzarse y no estar sojuzgadas por el patrón, por el marido, por el sistema patriarcal que las sometía en ese momento. Entonces para mí es razón de orgullo llevar esta cara, esta forma de ver y de vivir el mundo.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/DZ5TV4ZOARDCLIC7SFNMZTYWJA.jpg?auth=35ba5be00564a1112a4bcec0fcaa45a9b8b74be8e79fe445475e43466c6a3ec7&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1081" type="image/jpeg" height="1081" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Adriana Gerez]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Fueron quemadas por sus parejas y vivieron para contarlo: “Y un día, el fuego”, un ensayo fotográfico sobre violencia de género ]]></title><link>https://www.infobae.com/sociedad/2025/07/09/fueron-quemadas-por-sus-parejas-y-vivieron-para-contarlo-y-un-dia-el-fuego-un-ensayo-fotografico-sobre-violencia-de-genero/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/sociedad/2025/07/09/fueron-quemadas-por-sus-parejas-y-vivieron-para-contarlo-y-un-dia-el-fuego-un-ensayo-fotografico-sobre-violencia-de-genero/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[Hace una década los fotógrafos Belén Grosso y Sebastián Pani, con la sensibilidad aguzada, comenzaban a investigar, luego del primer Ni Una Menos, historias de mujeres que habían sobrevivido a las llamas en intentos de femicidio. A partir de múltiples encuentros para conocerlas y escucharlas lograron una muestra de imágenes que, desde diferentes elementos, narran y denuncian. El vínculo que crearon con ellas, que fue contención, empoderamiento y refugio, sigue enriqueciéndose hasta hoy]]></description><pubDate>Wed, 09 Jul 2025 03:36:30 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/B55U7USKUJCBFFR75B3TF527AY.jpg?auth=a24a731e246bfe1884f9c4dbb71fb6e9197597ead4a1a085c3aaf0a4bf36723d&smart=true&width=1920&height=1080" alt="En 2015, Belén Grosso y Sebastián Pani fueron convocados para dejar registro de la primera marcha "Ni Una Menos". Ahí, al ver a una mujer con las marcas del fuego en la piel se propusieron visibilizar a más como ella: mujeres sobrevivientes. (Foto: Belén Grosso y Sebastián Pani)" height="1080" width="1920"/><p><i>“Porque te cela. Porque te quiere. Porque no puede. Por los chicos. Por la casa. Por el trabajo. Los vecinos. La familia de él. La familia tuya. Porque es la última. Jura y jura por su vida. Por la de los hijos. La última. Fue un error. No sabe qué le pasó. Se puso loco. El vino. La droga. La presión del laburo. Vos. Vos lo ponés loco. Vos lo sacás de quicio. Te vas a ir. La próxima te vas. No te importa adónde pero te vas. Es la última. Otra no le dejás pasar. Cuando se repite, dejás pasar unos días. Salís de la casa. Vacilás pero caminás hasta la comisaría. Esta vez sí. Te armaste de valor. Esta vez sí. La última. A esta no se la perdonás. No se la dejás pasar. Pero cuando estás ahí: qué hacés ahí. Andate mejor. Date media vuelta y andate. No ves la piba esa toda moreteada. No ves cómo se le ríen las oficialas que le toman la denuncia. A qué venís. A que se te rían en la cara dos tipas que no sabés quiénes son. Que no saben quién sos. Mejor te volvés a la casa. Le vas a poner los puntos cuando vuelva. Esta fue la última vez. Lo repetís. Como cuando ibas a la escuela y repetías las tablas de multiplicar hasta que te entraban. La última vez. La última. Dice que sí. Te jura que sí. Porque te quiere. Porque no quiere vivir sin vos. No puede. Te jura que sí”</i>.</p><p>Texto de <b>Selva Almada</b> escrito a partir de los testimonios de las mujeres fotografiadas por Belén Grosso y Sebastián Pani.</p><p>***</p><p>En 2018, los fotógrafos Belén Grosso y Sebastián Pani expusieron por primera vez <i><b>Y un día, el fuego</b></i> luego de casi cuatro años de trabajo —desde el destello de la idea y el comienzo de la investigación <b>en 2015 —: una muestra de fotografías sobre mujeres quemadas por sus parejas</b>. Así de crudo. Así de real. Mujeres que habían sido víctimas de violencia de género del mismo modo: <b>a todas las habían prendido fuego</b>. </p><p>La fotografía, ese lenguaje periodístico, artístico y estético de enorme poder expresivo, <b>fue una forma de denuncia</b>. Y también un modo de comenzar a cicatrizar algo más que las heridas de la carne. Que los cuerpos marcados por el agresor. </p><p>En el comienzo, Belén Grosso y Sebastián Pani hicieron lo que muchos hacemos en la era de Google cuando buscamos conceptos. Ideas. Tipearon en el oráculo universal digital <b>“Mujer quemada”</b>. Entre los resultados que obtuvieron apareció un PDF de la <i>Biblia</i> con pasajes subrayados: cada vez que decía mujer y por qué esta debía, merecía, ser quemada. <b>El fuego como castigo a las impías data desde mucho tiempo atrás</b>. </p><p>Buscaron una Biblia. Buscaron los pasajes. Esa se transformó en una de las fotos de su trabajo. </p><p>Pero no empezó así. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/IF7VXM5T75AZ5J3TBU7WPXYHKQ.jpg?auth=ccb196d4c2bca2a2e60a11d73cea48cf9384e44161fc2b385c023cada47110aa&smart=true&width=1920&height=1378" alt="La imagen de la Biblia con los pasajes que establecían los motivos por los que una mujer debía ser quemada. (Foto: Belén Grosso y Sebastián Pani)" height="1378" width="1920"/><p>Era 2015 y las organizadoras de <b>la primera marcha Ni Una Menos</b> los habían convocado para que dejaran registro de lo que sucedería allí, en ese encuentro en el que el grito colectivo, el reclamo de justicia, las historias de tantas muertes efervescían en los centros neurálgicos de la democracia argentina. En la marea humana, entre los familiares de víctimas de femicidios, vieron a <b>Karina Abregú, una mujer con las marcas del fuego en la piel</b>. Su expareja había intentado matarla quemándola, en enero de 2014.</p><p>“Nos llamó la atención que <b>era una sobreviviente</b>. Porque lo que habíamos visto ahí eran más que nada familiares de víctimas que ya no estaban”, dice Belén. </p><p>“Hasta ese momento —pensé yo— lo que conocíamos respecto a trabajos fotográficos o lo que se contaba era siempre sobre las que ya no estaban. Creo que con Kari [Abregú] lo que nos pasó fue decir, como dice Belu: es una sobreviviente. <b>Está acá. La puede contar</b>. Y como ese caso debe haber un montón”, agrega Sebastián.</p><p>Belén y Sebastián se conocían, habían trabajado juntos previamente, pero nunca en una producción así, documental, de investigación, si no para proyectos más comerciales. Fue después de esa primera marcha que dijeron: “Che, <b>hay que hacer algo con esto</b>”, recuerda Belén.</p><p>“La idea era contar la violencia de género, pero el abanico se nos iba gigante. Creo que lo que nos pasó fue que en la imagen de Kari [Abregú] vimos cómo resumir este abanico”, dice Sebastián. </p><p>A partir de ahí los desafíos constituían una lista: cómo encontrar a más víctimas sobrevivientes del fuego, cómo acercarse, de qué manera iban a contar sus historias para no revictimizarlas ni hacer “un catálogo de cicatrices”. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/CUW4WNI47JCKHD64C4IIFCVMCU.JPG?auth=adc40a3a298112780483454ceb4944991c0634ee57bc626f3eb9f9731d1b6ace&smart=true&width=1536&height=1920" alt="El vestido que tenía una de las mujeres que fotografiaron Belén y Sebastián al momento de ser prendida fuego. Su madre había guardado la prenda, hecha jirones, por si servía como prueba judicial. (Foto: Belén Grosso y Sebastián Pani) " height="1920" width="1536"/><p>Belén y Sebastián hicieron lo que muchos hacemos en la era de Google cuando no sabemos por dónde empezar: buscaron noticias policiales, leyeron, investigaron caso por caso aquellos intentos de femicidio con fuego en los que las víctimas habían sobrevivido. No fue sencillo. <b>En el fuego la mayoría muere</b>.</p><p>Una vez que hallaron nombres, redes sociales, contactos, Belén y Sebastián hicieron lo que pocos profesionales del periodismo, de la comunicación, hacen en cualquier era: <b>tomar todo el tiempo necesario para acercarse a las víctimas con respeto, con cuidado</b>; presentarse, hablar con ellas. Escucharlas. Escucharlas. Escucharlas. Visitarlas dos, tres, cinco veces. Hasta que estuvieran listas. Hasta lograr establecer confianza —“sobre todo con Sebastián”, aclara Belén, que era lo que más les costaba a algunas—. Consensuar con cada una cómo quería ser fotografiada. <b>Buscar un equilibrio entre la denuncia y el arte</b>, sin cruzar el límite que desbarrancara en la revictimización. </p><p>En ese trayecto fueron probando diferentes abordajes y cambiando. Hasta que lo hallaron.</p><p>La primera a la que se acercaron fue Karina Abregú. Como su intento de femicidio había tenido trascendencia mediática estaba más familiarizada con las cámaras y la exposición. Con ella empezó el trabajo que, en un comienzo, habían planteado hacer en formato analógico. Pero las tomas llevaban demasiado tiempo y no siempre tenían controlado el resultado. Entonces decidieron pasar a lo digital. “Eso nos permitió otro juego, buscar otro tipo de fotografía”, dice Sebastián.</p><p>De todas formas, fue recién con Maira Maidana —atacada por su pareja la noche del 24 de diciembre de 2011, sometida, luego, a casi 70 operaciones—, la segunda mujer a la que se acercaron, que encontraron el abordaje que buscaban.</p><p>“Nosotros estábamos muy enfocados en el trabajo documental que consiste en no meterse mucho en la escena y fotografiar lo que ves. Entonces con Kari [Abregú] sacamos muchas fotografías de su vida diaria pero decíamos ‘por acá no va’, no le encontrábamos la vuelta a eso. Después, con Maira, empezamos a pensar en <b>fotografiarlas a ellas, de la manera más cuidada posible, con sus marcas</b>. Que tampoco fue fácil. Kari estaba mucho más amigada con esas marcas, pero aún le costaba salir a la calle con ellas. De hecho, nos decía: ‘Yo no volví a ponerme ni una chalina, ni remeras que hicieran cuenta de esas marcas porque <b>no quiero ser observada</b>’. Y con Maira nos pasó algo similar. Pero en el intercambio, al mostrarles por dónde queríamos ir, lo aceptaron y lo consensuamos. <b>Fue un trabajo en equipo </b>ver cuánto querían mostrar u ofrecerles ser fotografiadas de otra forma”, cuenta Belén. <b>“Se trataba de cómo se querían ver. Cómo querían encontrarse ellas en esa imagen que nosotros les proponíamos”</b>, acota Sebastián.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/IJKUU7MVPRFRNMQGBBAEKUDNGE.JPG?auth=3d079f077df6e3ed28c053c197291feaae3a24dc9338c2c8f01e0c2dfd18ee1e&smart=true&width=1493&height=1920" alt="Antes de fotografiar a las mujeres que habían sido víctimas de la violencia y del fuego, Belén y Sebastián las visitaron para conocerlas y escucharlas. Luego de varios encuentros trabajaron con cada una hasta hallar la forma en que querían mostrarse y ser mostradas. (Foto: Belén Grosso y Sebastián Pani)" height="1920" width="1493"/><p>Tanto para las fotografiadas como para los fotógrafos, la producción representó un quiebre. Un antes. Un después. </p><p>“Lo que nos sorprendió, por ejemplo con Maira Maidana, es que ella fue atacada en 2011, tiene quemado el 50% del cuerpo, o más, quedó ciega de un ojo, y hasta ese momento no había denunciado a su agresor. Recién en 2023 inició el juicio [N de la R: ese abril condenaron a 12 años de prisión a su expareja] porque se animó. Cuando hablamos con ella nos contaba que todo el tiempo estaba con remeras manga larga, pero <b>después de hacer las fotos y verse, empezó a animarse a usar musculosas</b>. Y un día nos mandó una foto en Chapadmalal donde se había puesto bikini. ‘Es la primera vez que uso’, nos dijo. <b>Empezó a amigarse con ese nuevo cuerpo y esa nueva imagen</b>”, dice Belén.</p><p>Para los fotógrafos el trabajo de escucha, el ir a verlas solo para que ellas hablaran, sin tomar ninguna imagen en las primeras dos, tres visitas, también fue algo novedoso. Un giro en lo que suele ser el ejercicio apurado de su profesión, que, como ocurre con las declaraciones para los periodistas, tiende a parecerse más a salir a cazar: ir con la cámara o el grabador a obtener la foto, el testimonio, la historia, a contrarreloj, como único objetivo. </p><p>“Esa inmediatez o ese apuro que tenemos los fotógrafos de conseguir la imagen a como dé lugar se fue apagando y decíamos: <b>‘Hoy no la tenemos, vamos a volver otra vez, a reflexionar sobre lo que hablamos y la tendremos de otra forma’</b>”, recuerda Belén. “Y ese modo de escuchar, esa situación, fue también la que permitió que el trabajo tomara la forma que después tuvo, incluso con material audiovisual”, agrega Sebastián.</p><p>Fue así, gracias a esos encuentros y charlas sin tiempo, que supieron que la mamá de Maira Maidana había guardado <b>el vestido, hecho jirones</b>, que ella tenía en el momento del ataque, por si llegaban a un juicio. Un vestido que, dice Belén, “parecía una flor”. Fue así que descubrieron que en la casa de otra de las chicas había armada, perfecta, <b>una casa de Barbies</b>, imaginario, quizás, de una vida ideal, de un mundo rosa donde las mujeres no son prendidas fuego por sus parejas. Y así como vieron <b>las marcas de puño violento</b> en la pared de otra, esperando, también, ser prueba judicial. Y <b>el corsé de cuerpo entero </b>de otra para que la carne y la piel restaurada después de las cirugías se mantuvieran en su lugar. </p><p>Todos esos elementos les permitieron construir una narración sobre lo que les sucedió a las cinco mujeres que escogieron —había más, muchas más, pero decidieron limitarlo para que no se convirtiera en un muestrario de violencia—. Elementos que resultaron, junto con los cuerpos marcados, <b>imágenes que son denuncia</b>. Y, a la vez, logran conmover como solo un trabajo expresivo, casi poético, puede. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/UWK2UDSKCNG7VPWKKXI5FGPPXI.JPG?auth=86c32c2bcc5a7ad31b4f72daed7985c2d35229f039ecd885853b5e8c0fc00f7d&smart=true&width=1534&height=1920" alt="Corsé de cuerpo entero. (Foto: Belén Grosso y Sebastián Pani)" height="1920" width="1534"/><p>También sucedió que al contar por primera vez sus historias —como fue el caso de algunas de las mujeres—, al animarse a mostrar, por primera vez, sus marcas a personas ajenas al círculo íntimo y familiar, en el contexto del Ni Una Menos y la fuerza arrolladora que fueron cobrando los movimientos feministas, comenzaron a sentirse dueñas de sus relatos, de sus cuerpos, y las fotos les supieron a poco. <b>Se dieron cuenta de cuánto necesitaban hablar, denunciar. Y pidieron hacerse escuchar</b>. Para ayudar a otras. Para ayudarse a sí mismas.</p><p>A las imágenes estáticas se les sumó un trabajo audiovisual, testimonial, en el que Belén y Sebastián encendían una cámara para que ellas dijeran lo que deseaban. Después, la transcripción de esos audios se la dieron a la escritora <b>Selva Almada</b> para que los transformara en algo más. </p><p>Belén dice que hasta hoy se pregunta si las fotos realmente sirven como denuncia. De lo que no duda, en absoluto, es de que <b>a ellas las ayudó</b>. Las fortaleció, las animó a iniciar procesos judiciales, a aceptar sus cuerpos marcados, a tomar el micrófono en cada presentación de la muestra en la que acompañaron a los fotógrafos, en diferentes puntos del país, lo que inspiró a otras a denunciar o alejarse de relaciones violentas. También <b>las convirtió en tribu</b>: ellas, junto a Belén y Sebastián, integran un grupo de WhatsApp en el que se contienen y acompañan. Si una tiene una audiencia, las demás van. Viajan desde otra ciudad. Están la una para las otras. Aprendiendo, enseñando, que no están solas.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/NSRZT632MZGKPM2HM7TG24BF3M.JPG?auth=f9cd0960df04f7333d598745b3c3c65560203140cbed6cefdf349cefbcc9ffc9&smart=true&width=1536&height=1920" alt="Tanto para las fotografiadas como para los fotógrafos, la producción representó un quiebre. Un antes. Un después. (Foto: Belén Grosso y Sebastián Pani)" height="1920" width="1536"/><p>***</p><p><i>“Y un día, el fuego.</i></p><p><i>Sentís el ardor frío del líquido en tu ropa, en tu cuerpo.</i></p><p><i>Y un día, el fuego.</i></p><p><i>Ves alucinada como el encendedor hace click.</i></p><p><i>Ves la llama pequeña y oscilante.</i></p><p><i>Y un día, el fuego.</i></p><p><i>Oís el sonido de la minúscula combustión</i></p><p><i>Que enseguida se hace incendio.</i></p><p><i>El terreno devastado sos vos. El terreno devastado sos vos.</i></p><p><i>El terreno devastado sos vos.</i></p><p><i>La llama.</i></p><p><i>Un instante.</i></p><p><i>Después la oscuridad”</i>.</p><p>Selva Almada. </p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/B55U7USKUJCBFFR75B3TF527AY.jpg?auth=a24a731e246bfe1884f9c4dbb71fb6e9197597ead4a1a085c3aaf0a4bf36723d&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[En 2015, Belén Grosso y Sebastián Pani fueron convocados para dejar registro de la primera marcha convocada bajo la consigna "Ni Una Menos". Ahí, al ver a una mujer con las marcas del fuego en la piel se propusieron visibilizar a más como ella: mujeres sobrevivientes. (Foto: Belén Grosso y Sebastián Pani)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[La enfermera y el marinero: la historia de uno de los besos más icónicos del siglo XX y de la fotografía que lo volvió un símbolo]]></title><link>https://www.infobae.com/historias/2025/06/28/la-enfermera-y-el-marinero-la-historia-de-uno-de-los-besos-mas-iconicos-del-siglo-xx-y-de-la-fotografia-que-lo-volvio-un-simbolo/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/historias/2025/06/28/la-enfermera-y-el-marinero-la-historia-de-uno-de-los-besos-mas-iconicos-del-siglo-xx-y-de-la-fotografia-que-lo-volvio-un-simbolo/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[El 14 de agosto de 1945, el fotoperiodista Alfred Eisenstaedt presionó el obturador de su cámara y eternizó una imagen que pasó a la posteridad como emblema del final de la Segunda Guerra Mundial. La reconstrucción de ese momento, la búsqueda de sus protagonistas y lo que suscitó la foto décadas después]]></description><pubDate>Sat, 28 Jun 2025 05:26:49 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/4KJQPAQTYJEBNBFLXTNPSSWBY4.jpg?auth=645c3d12bdf3e57294224ef44abb232cc44c1b73fc3556ce2bf281823ab1c02c&smart=true&width=1920&height=1079" alt="Conocida como "El beso", es una de las fotografías más icónicas del fin de la Segunda Guerra Mundial, cuando miles de estadounidenses salieron a las calles de Nueva York a celebrar que Japón se había rendido y el conflicto había terminado" height="1079" width="1920"/><p>Podría ser la escena final de una película de cine mudo de los años ‘20: Nueva York en blanco y negro; <b>el corazón de la isla, el Times Square, latiendo su ritmo taquicárdico</b>. Ella toda de blanco, enfundada en su uniforme de enfermera sin mácula, con zapatos de taco medio, el pelo recogido, la cintura quebrada, el pie derecho levantado: entregada. Él, de azul oscuro, en su traje de marinero orgulloso, rodeándola con sus brazos fornidos: una mano sujetándole la espalda, la otra sosteniéndola por la cadera, los dedos fuertes ejerciendo presión sobre su cuerpo. Las bocas fundiéndose en un beso. Ellos no lo sabían —no tenían cómo— pero <b>ese instante sería eterno</b>.</p><p>Esa imagen, tomada <b>el 14 de agosto de 1945</b> por el fotógrafo Alfred Eisenstaedt —que la publicó en la revista <i>Life</i> y la bautizó como <i>V-J Day</i> (<i>Día de la Victoria sobre Japón</i>)— no fue el cierre perfecto de una ninguna ficción sino el de una realidad cruda y aterradora. El beso apasionado entre la enfermera y el marinero, capturado en el centro de Manhattan, era producto de la celebración y la euforia por la noticia: <b>Japón se había rendido ante los aliados, la Segunda Guerra Mundial llegaba a su fin</b>. </p><p>La foto, que se volvió emblema de ese momento histórico en todo el globo, también daría comienzo, años después, a una investigación que duró décadas: <b>¿quién era la pareja que protagonizaba ese apasionado beso?</b> </p><h2>Greta Friedman: la enfermera</h2><p><b>Greta Friedman nació el 5 de junio de 1924 como Greta Zimmer</b> en Wiener Neustadt, un pueblo pequeño de Austria, a las afueras de Viena. Era hija de Max e Ida Zimmer, tenía tres hermanas y su padre era dueño de una tienda de ropa.</p><p>Cuando Alemania ocupó Austria y la vida de las familias judías comenzó a desteñirse, Max e Ida enviaron a sus hijas fuera del país. Greta y dos de sus hermanas llegaron a Estados Unidos en 1939, la otra hermana se fue a Palestina. Nunca volverían a ver a sus padres, quienes fueron asesinados en los campos de exterminio. </p><p>Greta llegó a Nueva York donde trabajó como asistente en un consultorio odontológico, de ahí su uniforme impoluto. El 14 de agosto de 1945, al enterarse de que la guerra había terminado, <b>se fue de su trabajo a Times Square a celebrar</b>. Entonces no sabía cuál había sido el destino de su familia.</p><h2>George Mendonsa: el marinero </h2><p>George Mendonsa era pescador, hijo de pescador. <b>En la Segunda Guerra Mundial servía como soldado en la Marina de Estados Unidos</b>. El 14 de agosto de 1945 tenía 22 años y días libres de sus funciones en la costa del Pacífico. En el libro <i>The Kissing Sailor: the mystery behind the photo that ended the World War II</i> (<i>El marinero que besa: El misterio detrás de la foto que puso fin a la Segunda Guerra Mundial</i>), publicado en 2012 por Lawrence Verria, Mendonsa contó: “Recién había vuelto de Filipinas”. “Mi barco había enfrentado mucha acción. Nos enviaron de vuelta a los Estados Unidos hasta que la Armada adquiriera suficiente fuerza”. </p><p>Quiso aprovechar esa tarde para una cita romántica: iba a salir con una chica que había conocido unas semanas atrás en una reunión familiar, su nombre era <b>Rita Petry</b>, tenía 20 años y era pariente de su cuñado. “Ella era hermosa. Creo que me enamoré de ella la primera vez que la vi”, dijo Mendonsa.</p><p>Ese 14 de agosto había planchado su uniforme cuidadosamente para impresionar a Rita. Estaba nervioso. Se encontró con ella y tomaron juntos el tren que iba a Manhattan. La cita empezaba en el Radio City Music Hall, iban a ver la película <i>A bell for Adano</i> a las 13.05, y luego irían a tomar unos tragos. Pero no llegaron al final del <i>film</i>: “Desde la calle comenzaron a golpear las puertas del teatro. Prendieron las luces y pararon la proyección. <b>‘La guerra terminó, Japón se rindió’</b>”, recordó Mendonsa en el libro.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/C6LWYCLR4NB4PKQMQY4636U5YA.jpg?auth=1332e812c17845e4e5839ce1ae5bb14a527458b595cbcb25d29fcf07aad56557&smart=true&width=1920&height=2554" alt="Greta Zimmer Friedman " height="2554" width="1920"/><h2>El beso</h2><p>Al recibir la noticia más importante de los últimos años, George y Rita salieron corriendo del cine hacia un bar cercano. Para celebrar el final de la guerra, en un clima de euforia, los barman ofrecieron tragos. El marinero reconoció que había tomado “unos cuantos”. Después <b>se fueron a Times Square a festejar con todas las personas que estaban ahí</b>. Cuando cruzó la 7th Avenida con la calle 44th, abrupta e impulsivamente, <b>Mendonsa tomó en sus brazos a una mujer con uniforme de enfermera y la besó</b>. Después la soltó y se fue a una estación de Metro, con Rita. </p><p>Eso dijo él.</p><p>En el libro sobre el beso que publicó Verria, Greta Friedman recordó: <b>“De pronto alguien me agarró por la cintura”, “ese hombre era muy fuerte. Yo no lo estaba besando. Él me estaba besando a mí”</b>. </p><p>A ninguno de los dos se le ocurrió, ni por un instante, que ese beso súbito y repentino sería publicado en un medio masivo y que <b>se convertiría en símbolo</b>.</p><h2>El fotógrafo</h2><p>La imagen tomada por Alfred Eisenstaedt era parte de un reportaje de la revista estadounidense <i>Life</i> sobre el fin de la guerra. Eisenstadt, que produjo más de 2500 historias y 90 portadas para esa publicación, describió en el libro sobre la fotografía cómo captó ese momento —una versión que dista un poco del recuerdo moderado de Mendonsa de esa tarde—: “En Times Square, durante el Día de la Victoria, vi a un marinero a lo largo de la calle que <b>agarraba a todas y a cada una de las chicas que se ponían a su alcance</b>. Tanto si pudieran ser su abuela, fueran altas, delgadas o viejas, no hacía distinción”. “Fui corriendo atrás mirando por encima del hombro con mi Leica pero ninguna de las tomas que hacía me agradaba. De repente, como un destello, vi algo que se me grabó. <b>Me di la vuelta y capturé el momento justo en que el marinero besó a una enfermera</b>. Si ella hubiera llevado un vestido oscuro jamás me habría dado cuenta. Nunca habría disparado la toma, o si el marinero hubiera llevado uniforme blanco, lo mismo. Realicé cuatro tomas. Fue en apenas unos segundos”, dijo.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/UXDNCNPKAVDBLEFNDZQHL3BYAM.jpg?auth=ef797155be59283d60384ad56bc283dbe0a7abf717f4f3ef7faa4534113ff2a0&smart=true&width=1080&height=1080" alt="George Mendonsa " height="1080" width="1080"/><h2>En busca de los protagonistas</h2><p>El 14 de agosto, en la vorágine de la celebración, intentando una imagen que le agradara en medio de los festejos por el fin de la guerra, Eisenstaedt no registró los nombres del hombre y la mujer que se besaban en Times Square. Y la foto tampoco fue inmediatamente un ícono. Pasaron años para que la popularidad de la imagen llevara a la pregunta acerca de quiénes eran sus protagonistas. <b>Y más años antes de que se confirmara la identidad de Mendonsa y Friedman</b>.</p><p>Aunque la imagen se publicó al día siguiente, el 15 de agosto de 1945, aquel día no causó demasiada repercusión: estaba en tamaño pequeño en la página 27 de la revista. Recién en 1980, <b>35 años después, </b><i><b>Life</b></i><b> la volvió a publicar, esta vez en la primera plana</b>. </p><p>Para entonces, hacía veinte años que Greta Friedman se había topado, por primera vez, con la imagen en el libro <i>El ojo de Eisenstaedt</i> (1969), publicado por el fotoreportero, y se había reconocido. Cuando se vio nuevamente, esta vez en la portada de <i>Life</i>, se contactó con la revista para darse a conocer. Pero desde la publicación le dijeron que <b>ya habían localizado a la protagonista: se llamaba Edith Shain</b>, era una maestra de Beverly Hills, California, que le había escrito al fotógrafo diciendo que era la mujer del beso, que en esa época trabajaba en un hospital de Nueva York. </p><p>“No le creí porque sabía que eso me había pasado a mí”, dijo años más tarde —en 2005—, Friedman, cuando recordó ese momento en una entrevista del <i>Veterans History Project</i> —creado por el Congreso de Estados Unidos para recopilar y preservar los recuerdos de los veteranos de guerra—. “Esa era mi figura, lo que traía puesto y, en especial, mi peinado”. “Mi ropa estaba perfectamente planchada, tenía cuidado en eso. Tenía esta pequeña cartera…”. Sin embargo, <b>durante años Shain fue considerada la verdadera enfermera</b>. (Incluso en la actualidad pueden encontrarse publicaciones con Shain como protagonista de la foto).</p><p>Cuando Greta se vio siendo besada en blanco y negro ya estaba casada —lo estaba desde 1956— con Mischa Friedman, un científico del Ejército de los Estados Unidos con el que tuvo un hijo y una hija. También había estudiado Artes, pintaba y hacía serigrafías. Nunca le había comentado a nadie sobre ese episodio que no había sido especialmente significativo en el marco de los festejos. <b>“No fue algo romántico, sino una forma de decir: ‘Gracias a Dios, la guerra ha terminado’</b>”, explicó.</p><p>La identidad del marinero también fue un misterio por décadas: había sido reclamada por al menos once hombres.</p><p>Cuando la foto fue portada de <i>Life</i>, George llevaba mucho tiempo casado con Rita. “Fue como mirarme en el espejo”, dijo el exsoldado sobre su reacción al ver la imagen. “Pero cuando Rita vio la foto, dijo: ‘Creo que esa soy yo’”, a lo que él respondió: “Esa no eres tú, no puedes ser tú”. También dijo que Greta le había recordado a las enfermeras que vio en un barco hospital.</p><p>Después de ese día de 1945 George y Rita continuaron con su relación, que apenas comenzaba, sin hablar de ese beso. Y <b>se unieron para toda la vida</b>. “Muchas personas querían saber lo que yo estaba pensado” —dijo Rita en el libro sobre la foto—. “Fue un día feliz. Yo estaba festejando como loca. <b>El beso realmente no me molestó</b>. Si hubiésemos estado comprometidos, tal vez”. “Nunca le di muchas vueltas al asunto. Para cuando supe de ella, ya estaba casada por años”, dijo. </p><p>Durante décadas muchos veteranos de la Marina dijeron ser los besadores y otras tantas enfermeras dijeron ser las receptoras de ese beso. <b>Las controversias sobre la imagen rodearon incluso a su veracidad</b>: se cuestionó que hubiera sido tomada ese día y se dudó de su espontaneidad y autenticidad. Nada de eso manchó su simbolismo y lo que representaba. Pero fue un impulso para confirmar la identidad de los retratados, lo que terminó por hacerse con tecnología de reconocimiento facial. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/ZQJYZXRR2FG4BIU6EX6LN7EMY4.jpg?auth=0fad6e40181627df49520d674b480e10c5b4f63ee0481a8e87d73620e8d5a0de&smart=true&width=1080&height=1080" alt="George Mendonsa con la icónica foto enmarcada, en su casa " height="1080" width="1080"/><h2>¿Celebración o beso sin consentimiento?</h2><p>Tampoco esa fue la única polémica alrededor de la foto. Por años la imagen, ahora conocida como “El Beso”, fue la representación de la emoción de los estadounidenses al enterarse del fin de la Segunda Guerra Mundial. Como muchas obras de arte que adquieren gran popularidad <b>fue reproducida, recreada y homenajeada hasta el infinito</b>. Sin embargo, más acá en el tiempo, la rodeó un anillo de inquietud, un interrogante que partía de la descripción que había hecho Greta de ese momento.</p><p>En 2012, un autor del sitio web <i>Crates and Ribbons</i> sostenía que la fotografía no mostraba un instante romántico sino “un abuso sexual según nuestros estándares”, ya que al hablar con el <i>Veterans History Project</i> la protagonista había dicho: “Sentí que él era muy fuerte. Me apretaba. No estoy segura del beso”. “Solo era alguien que celebraba. No fue algo romántico”. En 2014 la revista <i>Time</i> se plegó a esta mirada y, en un artículo, mencionó: <b>“Mucha gente ve la foto como la documentación de un abuso sexual muy público, y no como algo para celebrar”</b>.</p><p>Pese a estas perspectivas Joshua Friedman, el hijo de Greta, aseguró que su madre no se avergonzaba de la foto, ni recordaba ese momento de esa manera. <b>Entendía por qué podía verse como un acto de acoso pero para ella no había sido así</b>. Tampoco para George, ni para Rita, que llegaron a cumplir 73 años de matrimonio y tenían enmarcada y colgada la imagen en su casa, lo que George aseguraba en un reportaje que no hubiese sucedido sin la autorización de su esposa: “Ella es la jefa!”, confesó, “Después de todo, yo beso a Rita”.</p><p>En una entrevista publicada en 2012 Rita continuaba asegurando que el beso entre quien era su pretendiente y esa mujer desconocida nunca le molestó. Aunque sí dejaba un pensamiento flotando: <b>“En todos estos años, George nunca me ha besado así”</b>.</p><h2>El fin de la historia</h2><p>En septiembre de 2016, a los 92 años, murió la enfermera —que no era enfermera— besada en Manhattan. En febrero de 2019, a los 95, murió el marinero que la besó sin conocerla. <b>No sin antes volverse a ver</b>. En 2012 ellos se reencontraron en Times Square para posar ante decenas de flashes y recrear, casi 70 años después, aquella imagen que los hizo eternos. </p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/4KJQPAQTYJEBNBFLXTNPSSWBY4.jpg?auth=645c3d12bdf3e57294224ef44abb232cc44c1b73fc3556ce2bf281823ab1c02c&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1079" type="image/jpeg" height="1079" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Conocida como "El beso", es una de las fotografías más icónicas del fin de la Segunda Guerra Mundial, cuando miles de estadounidenses salieron a las calles de Nueva York a celebrar que Japón se había rendido y el conflicto había terminado]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Un día en el Garrahan: crónica del lugar al que los profesionales sueñan llegar y en el que las familias buscan respuestas]]></title><link>https://www.infobae.com/sociedad/2025/06/23/un-dia-en-el-garrahan-cronica-del-lugar-al-que-los-profesionales-suenan-llegar-y-en-el-que-las-familias-buscan-respuestas/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/sociedad/2025/06/23/un-dia-en-el-garrahan-cronica-del-lugar-al-que-los-profesionales-suenan-llegar-y-en-el-que-las-familias-buscan-respuestas/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[Atiende al 40% de los pacientes oncológicos pediátricos del país; recibe a quienes padecen enfermedades raras o poco frecuentes; brinda asistencia social integral a los chicos y sus familias; es líder en docencia e investigación.Es el sitio con el que sueñan pediatras y trabajadores de la salud, al que les da orgullo pertenecer]]></description><pubDate>Mon, 23 Jun 2025 05:55:10 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/YDAOH6JNJRCSFMVZBG4I2MCXWE.jpg?auth=c2b50ddf22ee81bcd9cef483e5693049826961526aa8eef7624ebc5a1c993250&smart=true&width=1920&height=1080" alt="El Hospital Garrahan fue fundado en 1987, pero fue imaginado casi veinte años antes de eso. Desde que era solo una idea perseguía el objetivo de transformarse en un centro pediátrico de alta complejidad, que brindara una atención integral y de calidad a todos los que la necesitaran (Maximiliano Luna)" height="1080" width="1920"/><p>—¿Vas al Garrahan? Yo soy licenciada en Alimentación Neonatal y siempre trabajé con prematuritos de 400 gramos. Era encargada del lactario de neonatología en la Maternidad Sardá y en el Hospital Fernández, así que todo el tiempo estaba en contacto con el Garrahan por las derivaciones de casos complejos que van para ahí. </p><p>Alice, la conductora del auto —una mujer en sus sesentis, quizás primeros setentis— mira por el espejo retrovisor y asoma unos ojos oscuros y pintados sobre un barbijo. Desde el asiento de atrás se ve una camisola larga verde seco. Media cara cubierta por el tapabocas. Pelo corto, rojizo y crespo. Los gestos se advierten con claridad. Su historia es simple: trabajó siempre en salud, con recién nacidos, en sitios que son referencia, con profesionales que reconoce como “eminencias a nivel mundial”, algo que amó y eligió cada día —”con sus glorias y sus derrotas”—. Está jubilada. No le alcanza. Tiene nietas a las que quiere disfrutar: las lleva al colegio, las busca, las lleva a pasear. Y quería un trabajo sin ataduras horarias. Ahora, cuando lo decide, se sube a su auto y sale a conducir: lleva y trae personas de un sitio a otro en las aplicaciones.</p><p>—<b>El Garrahan es lo mejor que puede haber en el país</b>. Un lugar con excelentes profesionales. Hay que cuidarlo muchísimo porque, aparte, todos los que trabajamos en salud, en general, es porque tenemos una fuerte vocación y de eso se abusan. La salud es algo muy delicado, de lo que todos dependemos. Como en la pandemia. Estaba el aplauso, pero del aplauso no vive nadie. </p><p>Muchas veces las notas comienzan antes de llegar al lugar de los hechos.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/XHB6VH7SIRFEPIKM2UZR37G76A.jpg?auth=5452f803fa64033ba3beb8ac0bb0adacb415bc500432299f9a6254ff94a7bc5b&smart=true&width=2560&height=1440" alt="Por día ingresan al Garrahan alrededor de 400 pacientes nuevos (sin contar los que entran a la guardia en carácter de urgencia). Entre los que llegan por primera vez y los que ya son pacientes en tratamiento, circulan a diario cerca de 10.000 (Maximiliano Luna)" height="1440" width="2560"/><p>***</p><p>Es 13 de junio. Viernes 13. Pero nadie detrás de la puerta le adjudicará nada a la suerte. El cielo se funde con el cemento, con el cartel gris —quizás supo ser blanco— que indica la entrada de personal: “Hospital Garrahan” en imprentas macizas. Afuera, algunas personas conversan, toman un descanso, hablan sobre un paciente, fuman. Hacen frente a la mañana invernal. </p><p>El equipo de <b>Infobae</b> sigue las indicaciones: se anuncia ante el personal de seguridad —damos identificaciones—, y espera a las personas de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) que, a su vez, los esperan. Discreción. La cualidad que se necesita para recorrer el hospital sin despertar suspicacias ni generar más conflictos en el contexto álgido de la lucha salarial. Casi en puntas de pie. Así nos desplazamos por los pasillos guiados por Verónica, que tiene 43 años y la firmeza de quien sabe que tiene el derecho de piso ganado a fuerza de trabajo: —lo tiene— es empleada administrativa del Garrahan hace una década y media. </p><p>—Empecé trabajando en Emergencias, que funciona las 24 horas, los 365 días del año. Y después de pasar por algunos lugares terminé en el sector de Orientación médica, que es donde se deriva a los pacientes a las diferentes especialidades cuando ingresan por primera vez —dice. </p><p>El sonido ambiente son conversaciones de enfermeros, médicos que se saludan, complicidades varias. Las ruedas de las camillas que trasladan pacientes, el eco de una ambulancia lejana que deja una estela sonora en el aire, la estridencia de un timbre que recuerda a un teléfono de línea de los noventa. Y el olor universal, inconfundible —igual en todos: públicos y privados, sencillos y lujosos— a puré de calabaza, a comida de hospital.</p><p>Por el puesto de trabajo en el que se desarrolla, Verónica ve a muchos de los pacientes que ingresan. Dice que, por día, solo por el área de Orientación médica —“que son los que entran ambulatorios, no las urgencias porque en esos casos van directamente a la guardia”— pasan <b>un promedio de 400 pacientes</b>. </p><p>—Esos 400 son los que entran por primera vez al hospital. Después la circulación es muchísimo más alta, no te sé decir el número exacto pero, si entran 400 nuevos, <b>unos 10.000 pacientes circulan a diario</b>. </p><p>Las familias de los niños y niñas que llegan a atenderse desde todas las provincias argentinas, principalmente las de quienes tienen un cuadro complejo —<b>en el Garrahan se encuentran los niños con las afecciones más graves del país</b>—, llegan golpeadas, vulnerables “por una cuestión socioeconómica o por el problema de salud que afrontan”, dice Verónica. Llegan, también, <b>esperanzadas</b>. </p><p>—<b>Nosotros atendemos el 40% de los pacientes oncológicos del país</b>. Tengan obra social o no. Hay muchos pacientes con obra social que se atienden acá. Después tenemos muchos pacientes neurológicos, el servicio de neurología siempre fue muy innovador. De hecho, hace unos años, sacaron el programa de tratamientos con cannabis para la epilepsia y los profesionales que trabajan en eso siempre tienen reconocimientos a nivel mundial. También hay pacientes con <b>enfermedades poco frecuentes</b> que no son recibidos en otros lugares, son derivados, atendidos y estudiados acá. Porque este hospital <b>invierte mucho en investigación y docencia</b>, entonces siempre está innovando en tratamientos. Como no lo hace con un fin de lucro, tiene una libertad —o tuvo una libertad— para investigar, para intentar dar respuestas a los pacientes y a las familias que llegan con la esperanza de que las van a conseguir acá. En general <b>asumen que la respuesta que buscan está acá</b>.</p><p>En medio de la conversación, mientras avanzamos por el pasillo, irrumpe una camilla: un niño, pelado por los tratamientos, con una máscara de oxígeno, tapado con una manta violeta. </p><p>Un niño que se queda atravesado en las palabras. En todo el recorrido por el Garrahan. En todo este texto.</p><p>—Esto pasa todo el tiempo. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/2B2T4HEQJFH6FDUGXDTZZ3K6G4.jpg?auth=95f582020fbbe24aef2b708c96b7da4863980e288872606ace7b59d209e5aba7&smart=true&width=2560&height=1440" alt="Como todos los hospitales el Garrahan es laberíntico. Pero no es blanco. Está dividido en rampas de colores según los servicios. Es rojo. Es violeta. Es verde. Es azul. Son vinilos con animalitos en las paredes. Es dibujos. Es arte. (Foto: Maximiliano Luna)" height="1440" width="2560"/><p>***</p><p><i>“Mi nombre es Patricia. Estamos acá porque necesitaba que me lo vea un neurocirujano, porque le salieron unos quistes en el cerebro y no conseguía en ningún lado que lo atendieran. Y la verdad acá me atendieron de diez —dice con ojos tristes, mirada cansada, el pelo en una cola revuelta, como el de las madres que batallan tapando más agujeros que lo que les permite el cuerpo. Dice y se le rompe la voz. Junto a ella su hijo de 12 años mira al piso—. Me atendieron en el momento. Me vio la médica orientadora, me mandó a neurocirugía, y ahora le van a hacer un fondo de ojo. La atención es excelente. Estoy muy agradecida con el Garrahan. </i><i><b>Si no fuera que está este hospital acá no sé qué haríamos</b></i><i>. Los que no tenemos obra social no tenemos adónde llevar los chicos —la voz, un hilo—. Tiene que seguir la atención acá porque sino los que no tenemos plata no tenemos dónde llevarlos</i>”. </p><p>***</p><p>—El Hospital Garrahan es, para mí, <b>un espacio único en Argentina</b>. Fue concebido con una visión integradora y funciona como una institución de alta complejidad que logra dar respuesta a casos que no encuentran solución en otros niveles del sistema. Trabajamos en red con hospitales de todo el país y eso amplifica nuestro impacto. Además de ser un hospital de referencia en atención, el Garrahan cumple un rol estratégico en la formación de profesionales. Actualmente, tenemos alrededor de<b> </b>800 personas en formación, entre residentes y becarios. A eso se suman más de 1.200 rotantes, pasantes y visitantes observadores por año. <b>La mayor parte de ellos se forman acá y luego fortalecen otros equipos de salud en todo el país</b>. Considero esta tarea esencial porque <b>el trabajo colaborativo y multidisciplinario es una de las claves del éxito del Garrahan</b>.</p><p>Hernán Rowensztein es médico pediatra y hoy es el coordinador del área de Docencia del hospital. Ingresó al Garrahan en 1998, como residente de primer año de Pediatría, y nunca se fue. Imprime el orgullo de pertenencia en cada palabra. En esta institución se especializó, se subespecializó en Medicina Interna Pediátrica y, luego, se formó en docencia e investigación. Lleva más de diez años capacitando técnicos y profesionales de diferentes disciplinas. Supo que quería ser pediatra desde que era un estudiante de Medicina y miraba al Garrahan “como un centro de referencia”. </p><p>—Desde que decidí ser pediatra, el Garrahan fue un objetivo claro. Muchos profesionales que admiraba —entre ellos mi padre, también pediatra— me lo recomendaban como <b>el mejor lugar para formarse</b>, y no se equivocaban. Cuando ingresé como residente encontré un entorno de excelencia con un enfoque integral e interdisciplinario que marcó mi manera de entender la medicina. Era [en esos años] un hospital joven, pero con un enorme potencial. Hoy es <b>un pilar indiscutido de la salud pediátrica en la Argentina</b>.</p><p>El Hospital Garrahan fue fundado en 1987. Pero fue imaginado casi veinte años antes de eso. “Ya en 1969, un grupo destacado de médicos pediatras del Hospital de Niños Dr. Ricardo Gutiérrez elaboró un programa médico para un nuevo modelo de establecimiento pediátrico”, se lee en su sitio web, donde se cuenta su historia. La propuesta llegó desde la Secretaría de Salud Pública de la ciudad de Buenos Aires a la Nación. Fue aceptada: hubo llamado a concurso nacional para diseñarlo en la década del 70. En un comienzo el edificio planeaba ubicarse en la zona de Parque Saavedra, pero a finales de 1973 el Ministerio de Bienestar Social decidió cambiar el lugar por el que terminó siendo su sitio definitivo, donde se alza en la actualidad: la manzana integrada por las calles Combate de los Pozos, Pichincha, Avenida Brasil y 15 de Noviembre. </p><p>Desde que era solo una idea ya perseguía el objetivo de “brindar atención médica integral y de la mejor calidad disponible a la población infantil”, “de la mayor complejidad en la rama básica de la pediatría y en sus respectivas especialidades”, “y actuar como hospital de referencia del sistema de atención médica pediátrica, principalmente en el área metropolitana, teniendo en cuenta su proyección en el ámbito nacional”. Es decir: <b>desde los papeles el Garrahan se perfilaba como las palabras mayores en la atención de la salud de los niños y las niñas del país</b>. </p><p>Un sitio que brindaría el mejor servicio posible a quienes lo necesitaran <b>“asegurando a toda la población una accesibilidad igualitaria”</b>, establecía el proyecto. Que recibiría los casos más desafiantes de la Argentina y estaría abocado a cuidar de quienes ingresaran en cada procedimiento, en cada instancia de su internación. “La estructura de los servicios del hospital debe satisfacer las necesidades médicas y de enfermería de los pacientes en cada etapa de su enfermedad”, se lee en los bosquejos iniciales. “Como resultado de esto, se constituyeron equipos de trabajo para realizar tareas asistenciales en todas las áreas”, dice su página web, lo dirán también médicos, enfermeros y empleados administrativos. También lo planeaban como un centro en el que se desarrollaría un área de docencia e investigación “acorde con su nivel de complejidad” para multiplicar el conocimiento de sus profesionales.</p><p><i>Check</i>, <i>check</i> y <i>check</i> para el Garrahan.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/Z7Z4VFLLDBFHTASXB2ZIBMTD5A.jpg?auth=bd419dc71d765f8f4a343bf45446c58360a8da710519c0a9274ffc81132429e9&smart=true&width=4080&height=2296" alt=""El trabajo colaborativo y multidisciplinario es una de las claves del éxito del Garrahan", dice Hernán Rowensztein, pediatra y coordinador del área de Docencia del hospital (Maximiliano Luna)" height="2296" width="4080"/><p>*** </p><p><i>“Me llamo Angie. Estamos esperando que la atiendan para oftalmología —dice una madre joven, de piel castaña y voz tímida, menuda como un pájaro conurbano. A su lado, su hija de tres años mira con dos ojos pero ve solo con uno, el derecho; el izquierdo es una laguna blancuzca, una mancha lechosa, tornasolada—. Tiene un glaucoma de nacimiento y por ahora le están haciendo control cada tres meses para ver cómo va evolucionando porque hay veces que tiene como presión su ojo y le molesta, pero a veces sube, a veces baja —explica mientras la pequeña se levanta, se sienta, gime, demanda “mami mami mami” y le reclama toda su atención—. Desde que nació la traje acá y hasta ahora me la han atendido bien. Estaba con medicamentos y ahora igual sigue y es muy, muy bien, para mí la atención es muy bien”</i>. </p><p>***</p><p>En la sala de espera de Emergencias el tiempo se detiene. En todo el hospital el mundo se detiene un poco. </p><p>—Los pacientes que vienen más graves entran por acá —explica Verónica, que hace de guía y de nexo con los trabajadores del hospital—. O sea: son pacientes nuestros que vienen con fiebre o pacientes nuevos que vienen directamente a <i>shock room</i> por algún accidente o lo que sea.</p><p><i>Shock room</i>. Lo dice con la naturalidad de quien explica un trabajo que realiza hace muchos años, sin tono grave ni dramatismo, pero está hablando de la sala de reanimación, ese lugar al que llegan los niños y niñas en real peligro. Ese lugar donde todos contienen el aliento y se ponen en sus posiciones enfrentándose al estrés más grande que atraviesan en el día: sacarlos de un paro cardíaco, intentar devolverles, muchas veces, sus señales de vida.</p><p>La sala de estar de los enfermeros de Emergencias es un rectángulo pequeño de pisos rojo oscuro, como todo el edificio. Tiene dos mesas unidas, algunas sillas de caño, un sillón viejo de dos cuerpos, de cuerina bordó, con un cartel que pide “No llevar”. En las mesas: termos, edulcorante, un librito para pintar de Paw Patrol; más allá unos crayones, dos motos de juguete. Su dueño es, probablemente, el niño de cinco años que se esconde en un <i>locker</i> y sale cuando entramos para asustarnos. Se llama Enzo y es el hijo de Miguel, uno de los enfermeros. También hay un globo inflado, que resiste al tiempo, pegado en la pared. </p><p>—Yo trabajé en otras instituciones, en otros hospitales y clínicas, y <b>trabajar acá me requirió hacer cursos de capacitación, especializarme, seguir estudiando</b>, porque el paciente que se presenta en este hospital no es cualquier paciente, son pacientes que tienen enfermedades complejas y requieren también de cuidados complejos. No cualquier persona que recién comienza está capacitada, y de eso se da cuenta tanto el enfermero como la institución. La institución, cuando toma gente nueva, la prepara, le hace hacer cursos, adentro y afuera, para atender el tipo de paciente que tenemos con la calidad adecuada. <b>Es un hospital que no es para cualquiera</b> —dice Miguel, que tiene 44 años y trabaja en el Garrahan desde 2012. </p><p>En la sala también están Sandra (56) —que trabaja en el Garrahan desde 1998— y Mari Cruz (57) —que lo hace desde 1992—. Los tres son enfermeros de Emergencias. En cada guardia hay 14. Cumplen turnos de siete horas, de día y de noche, y, noche por medio, les tocan diez. También está lo que llaman “turno franquero” (los que se realizan fines de semanas y feriados), en los que se divide al equipo en dos y hacen 12 horas cada grupo. Cuentan que, para esos días, los horarios se están reorganizando: tomaron más enfermeros para que se respete el tiempo de descanso que deben tener entre una guardia y otra porque venían trabajando 14 horas seguidas y no llegaban a descansar lo suficiente —lo que corresponde, lo establecido: 12 horas mínimo— antes de volver.</p><p>Todos los días, desde hace más de diez, de veinte, e incluso hace casi treinta años, Miguel, Sandra y Mari Cruz salen de sus casas y llegan al hospital sabiendo que, probablemente, van a enfrentar situaciones límite, van a estar bajo presión. Sandra y Mari Cruz coinciden en que, con el tiempo, ese estrés que atraviesan y las atraviesa hace nido en el pecho y se transforma en enfermedad: <b>los enfermeros se enferman</b>.</p><p>—Todos los días te enfrentás a situaciones muy estresantes. Sobre todo acá, en la emergencia, porque a veces estamos sentados y, ¿ves esa alarma?, esa alarma suena cuando un chico entra en paro. Puede ser un politraumatismo que viene de la vía pública, diferentes situaciones. Es como un cuartel de bomberos, no sabés con qué urgencia te vas a encontrar —cuenta Sandra y sigue—. Pero en ese momento no tomás conciencia de lo que estás haciendo. Cuando, por ejemplo, están reanimando a un paciente y a vos te toca ocuparte de las drogas, de la adrenalina, o de colocar una vía, es vital porque nosotros, por ejemplo, colocamos una vía intraósea, que es rapidísima, para sacar a ese chico del paro. <b>Y en ese momento lo único que pensás es en salvarle la vida. No pensás en otra cosa</b>.</p><p>Diabetes, hipertensión, ataques de pánico, fibromialgia, enfermedades autoinmunes. Con los años, dicen, todos los enfermeros y enfermeras se descubren alguna patología a causa de la presión que experimentan a diario. </p><p>—Es inevitable estar enferma acá. Porque yo decía: “¿Dónde se va este estrés?”. No se va a ningún lado. Te queda en el cuerpo y, cuando ya sos un poco más grande, te empezás a enfermar, más allá de que es lo que no nosotros elegimos, lo que nos gusta —dice Sandra.</p><p>—Con los años nos acostumbramos y no nos damos cuenta del nivel de exigencia que nos pide el ritmo del hospital, lo tomamos como algo habitual. Lo que sí, no nos sentimos acompañados con la retribución que tenemos todos los meses —adhiere Miguel.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/SOTRCGK6RJGKBEYRY3IJDHUPTQ.jpg?auth=166b870f55bc0c703bd3449e0fd5731649486ed546348cd87abe31a92abc509f&smart=true&width=2560&height=1440" alt="Los enfermeros de Emergencias atraviesan a diario situaciones límite: en una jornada habitual les puede tocar cuidar de pacientes internados o correr a la sala de reanimación para compensar a un paciente con un paro cardíaco (Maximiliano Luna)" height="1440" width="2560"/><p>Dicen que siempre fue así. Al margen del contexto actual. Del conflicto actual. El salario de los trabajadores de la salud pública, color político que tocara, <b>nunca estuvo a la altura</b>. No llegar a fin de mes; tener pluriempleo; salir de una guardia de 12 horas y correr a otro trabajo; despedir a compañeros queridos que se van a otros sitios, a otros países; el temor de quedarse sin trabajo; la incertidumbre sobre el futuro del hospital; el derecho a reclamar por sus derechos. De todo eso necesitan hablar. </p><p>Y de cómo impacta la situación generalizada en los pacientes y sus familias, que muchas veces no pueden solventar los tratamientos, aunque consistan en dar o restringir ciertos alimentos a los niños. </p><p>—Hay patologías que van a requerir un tipo de alimentación, un tipo de dieta. Y las familias no las pueden dar. Por ejemplo, un niño diabético que no tiene la forma de hacer un tratamiento, que sería cuidarse con la comida. Ya no pensemos en los medicamentos. Nosotros miramos a ese chico y decimos: “Va a terminar todas las veces internado”. Y es así. Antes cumplían un tratamiento y no lo veías en la emergencia si no en otras salas, haciendo los controles. Ahora nos miramos. Nosotros también tenemos hijos, nosotros también nos estamos enfermando —sentencia Mari Cruz. </p><p>En un día normal de trabajo, a los enfermeros y enfermeras de Emergencias les puede tocar cuidar y administrar medicación a un paciente internado o correr a asistir a los que llegan a la guardia con cuadros graves, o al <i>shock room</i>.</p><p>—Acá atendemos a muchos pacientes con cáncer y al estar inmunosuprimidos [N de la R. cuando el sistema inmunológico está debilitado y le cuesta combatir infecciones y enfermedades] vienen con <i>shock</i> por infección. Esto pasa muy seguido porque el cuidado de higiene en la casa muchas veces no puede ser tan riguroso por falta de dinero y de otros recursos. Así que estamos teniendo muchos pacientes que vienen por infecciones a la guardia y la primera atención la hacemos nosotros —explica Miguel. </p><p>—En este lugar, igual que en el resto de las internaciones, ven mucho lo que es el deterioro en la calidad de vida de los pacientes —suma Verónica— porque si no tienen las condiciones para vivir, no es que no las tiene el paciente, no las tiene la familia. Quizás en todo su barrio no haya condiciones de asepsia para sostener, por ejemplo, un tratamiento en quienes están inmunosuprimidos. </p><p>Verónica explica que cuando necesitan asegurar un determinado nivel de higiene en los pacientes antes de una cirugía los envían a pasar la noche anterior o los momentos previos a Casa Garrahan, un complejo de 43 habitaciones, abierto desde 1997, que nació con el objetivo de hospedar a quienes viajaban desde las provincias para realizarse tratamientos ambulatorios o estaban a la espera de diagnósticos que no requerían internación. Fue pensado como un lugar donde los niños, niñas y adolescentes, lejos de sus casas, pudieran quedarse con su madre, padre o adulto responsable. “Pero se desbordó”, dice, “esa situación ya no existe más”. </p><p>—Desde hace algunos años comenzó a usarse la Casa Garrahan para que los pacientes duerman antes de las cirugías porque si no, no tenían las condiciones para entrar al quirófano: porque tenían que bañarse, necesitaban agua caliente y por ahí no tenían algo tan elemental como un baño apto. Este es un hospital que atiende todas esas cosas, que <b>brinda una atención integral</b>. Tenemos un servicio social enorme que se encarga de seguir las distintas necesidades que tiene la familia, por ejemplo, si un paciente llega y no tiene las condiciones habitacionales o si tiene algún problema de índole psicológico, <b>se abordan en conjunto todos los aspectos que hacen a la salud de ese paciente</b>, lo social, lo ambiental, no solamente lo clínico. Pero este año se cerró la residencia de servicio social, con lo cual no va a haber nuevas personas que se formen en esa área —cuenta Verónica.</p><p>“Es todo lo que se ve acá”, dice. En el Garrahan no se reciben solo pacientes, no se evalúan solo enfermedades y patologías, sino <b>todas las situaciones que atraviesa la familia que cruza la puerta</b>. Las madres y padres con hambre que se turnan en el hospital para comer un día cada uno; los chicos y chicas que necesitan ropa, para los que las enfermeras y enfermeros hacen colectas en sus barrios, con sus conocidos, y arman una cajita para tener disponible “porque a veces vienen con lo puesto” —dice Sandra—; a los que les buscan juguetes para ayudarlos a pasar el tiempo de internación de la mejor manera posible. </p><p>Vocación le llaman.</p><p>—Todo el mundo habla de las eminencias. <b>Para que haya una eminencia tiene que existir una estructura base y nosotros somos esa estructura base </b>—señala Mari Cruz—. Felicitamos al señor que hace el trasplante pero todos tenemos que construir para que el señor esté ahí arriba. Todo un equipo. Nosotros sabemos que es una cadena. El famoso reloj suizo es verdad. Hoy tomé la guardia, pero mi compañera que estuvo antes me tiene que contar tantas cosas. La señora de limpieza tenía que venir a hacer tantas cosas. En la mañana me levanto y digo: “Bueno, que hoy esté bien, que no tenga que andar buscando ropa para los pacientes, que a nadie le falte”. Y recién entraron y dijeron que se necesita ropa para una nena de 8 años. Un papá me dijo: “Yo no me pude ir anoche —estaban la mamá y el papá acá—. Hacía mucho frío para quedarme afuera”. <b>Cuando termina el turno nosotros pasamos una tarjeta y nos vamos pero eso te queda</b>.</p><p>—A todos nos gusta, porque si no te gustara la labor que hacemos acá, en la guardia, no podrías bancarte el trabajo —asegura Sandra—. A veces te vas bien, a veces te vas con un sabor amargo cuando, por ejemplo, tuviste algún paciente grave o tuviste mucho trabajo para que un chico se compense o cuando un paciente no sale del paro cardiorrespiratorio, lo ves tan chiquitito y te angustia que no lo pudiste salvar. O lo que me pasó la semana pasada, cuando la madre de dos hermanos que estaban internados y les dieron el alta a las 11 de la mañana me preguntó a qué hora venía la comida y si se podían quedar a comer. Esas cosas, ¿viste? </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/IWQVF3W4CZCELMURYVQB3PECCE.jpg?auth=0fafa63049d5f61bfdd2b0a3ac11d2ce35399c8b56fcc399827049d2e353aa93&smart=true&width=2371&height=1357" alt="El Garrahan cuenta con un área de servicio social que intenta dar respuesta a todas las necesidades del paciente y de la familia que ingresa. No evalúa solo enfermedades y patologías, sino que atiende las distintas situaciones que hacen a la salud integral de los que llegan (Maximiliano Luna)" height="1357" width="2371"/><p>***</p><p><i>“Mi nombre es Jaline. Vinimos a ver a un cirujano plástico. Luz sufre de una discapacidad, tiene parálisis braquial obstétrica, más conocida como PBO, es una parálisis en el miembro superior del lado derecho, fue mala praxis en el parto. Cuando tenía seis meses la operaron y hoy, con 12 años, la traemos porque en ese momento era muy bebé y en la cirugía le hicieron una costura debajo de la axila que hoy en día le impide hacer ciertos movimientos en kinesiología. El cirujano que la operó en su momento era del Hospital de Clínicas, pero llegamos a él porque nos derivaron de acá, del Garrahan. Ahora estamos viendo que quizás necesite otra cirugía, quizás con un profesional de traumatología. El tema es que hoy en día el Garrahan no cuenta con traumatólogo del miembro superior. En su momento hubo especialistas en esto y que hoy no haya, no contar con ese especialista que nos está haciendo falta, es fuerte porque vienen muchas familias a atenderse a este hospital”</i>. </p><p>***</p><p>Como todos los hospitales el Garrahan es laberíntico. Pero no es blanco. Está dividido en rampas de colores según los servicios. Es rojo. Es violeta. Es verde. Es azul. Son médicos con ambos de tonos vistosos. Es su niño insignia en caricaturas sagaces y graciosas que indican cada especialidad. Son vinilos con animalitos en las paredes. Dibujos. Arte.</p><p>Para llegar a la sala de estar del equipo de hemoterapia —que se encarga de las transfusiones y la utilización de la sangre y sus componentes— pasamos por la sala de espera donde las familias aguardan que sus niños o adolescentes salgan del quirófano. Algunas madres, algunos padres, tienen la cara fruncida en gestos de angustia. Con la vista hacia la nada, desde sillas despintadas, miran hacia adentro. Quizás ruegan. Quizás combaten ansiedades o miedos. De fondo siempre hay algún llanto de bebé. Más o menos estridente. Más o menos sostenido. </p><p>El espacio de Hemoterapia es, como el de los enfermeros de Emergencias, otro rectángulo pequeño con una mesa, dos mates, un termo, un recipiente con cubiertos de plástico y, de fondo, una cartelera de corcho con los avisos —uno que exhorta: “Denunciá la violencia laboral”, otro que pide: “No al cierre de la residencia de trabajo social”— y un mural de ocurrencias y frases célebres (códigos internos) que anotan las personas que trabajan ahí desde hace al menos dos décadas. </p><p>Ahí están Irene —técnica en hemoterapia, 39 años, en el Garrahan desde el 2011—, Lula —técnica en hemoterapia, 41 años, en el Garrahan desde el 2014— y Eugenia —becaria del sector de inmunohematología, 30 años, en el Garrahan desde septiembre de 2024—. <b>Las tres soñaban con estar donde están</b>. Salvo Eugenia, a quien la satisfacción de haber entrado y el deseo de continuar se le escapa, incontenible, como un chorro de luz por una sonrisa que no apaga, Irene y Lula —como la mayoría de los profesionales que hablaron con <b>Infobae</b>— llevan más de una década en el hospital. Todas quieren —desean— quedarse ahí. </p><p>—Empecé a trabajar en el hospital como estudiante, a los 25 —recuerda Irene—, van a ser 15 años. Siempre quise venir acá. Después tuve una beca, y hará diez años que estoy en planta, más o menos, después de haber pasado por la facultad, la universidad pública. Yo valoro mucho eso, que sea un hospital público, porque <b>somos parte de algo más grande que es la salud pública</b>. Y trato de hacerme responsable de eso. En este servicio hacemos transfusiones de sangre (eso es lo sencillo), pero para que eso ocurra hacemos un montón de otras cosas. Yo trabajo en quirófano, asisto a las cirugías, al equipo, pero mis compañeras asisten a todos los pacientes del hospital: internados, ambulatorios, tomamos muestras en el consultorio, ponemos vías, hacemos estudios especiales, procedimientos para tratamientos. </p><p>—Con la particularidad de que los pacientes son niños y niñas.</p><p>—A mí, en lo personal, lo que me gusta es trabajar con los chicos. Es divertido, no deja de ser triste a veces y conmovedor, pero creo que una se hace un poco fuerte y quiere hacer este trabajo porque sabe que lo va a hacer de la mejor manera posible. Por ponerte un ejemplo, cuando vamos a tomar una muestra, que implica pincharlos, voy segura porque así los voy a hacer sufrir lo menos posible, y está bueno también todo lo que se genera alrededor. Porque a veces vienen un poco enojados o tristes entonces charlamos, jugamos, los convencemos. Lo que más me gusta de los chicos es que cuando se van lo hacen con una sonrisa, saludando y sin rencor —dice Irene y el final de la frase se le rompe en la garganta—. Eso es fantástico. Pero también pasamos momentos difíciles.</p><p>Como ella asiste en el quirófano, no es extraño que de repente irrumpa una situación de vida o muerte en la que tenga que actuar rápido.</p><p>—Empezás a ir y venir. Por suerte están las chicas acá que ya me conocen: me ven la cara, me ven la forma de caminar y se ponen todas a disposición. Ahí es <b>todo el equipo para resolver esa situación en el momento</b>. Porque tiene que ser rápido, no hay mucho margen de tiempo para actuar.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/GVG6NGJZK5CSRKUOUZACB4I2KA.jpg?auth=e25fb8c638dd02a2986f4045f8616ffeb20b5344cfe72bd6d183a512b4e11583&smart=true&width=2560&height=1440" alt="El Garrahan se destaca también por su área de Docencia e investigación. Miles de profesionales se capacitan en el hospital, algunos se quedan y otros regresan a sus provincias para expandir y multiplicar el conocimiento (Maximiliano Luna)" height="1440" width="2560"/><p>Eugenia es bioquímica. Quería hacer la residencia en el Garrahan y no pudo; pero gracias a una beca, desde el año pasado logró estar donde siempre quiso. Donde espera quedarse.</p><p>—A mí hay algo que me encanta: salir por el pasillo, mirar a los ojos, sonreír y decir: “¡Buenos días!, ¿cómo están?”, con toda la buena onda porque a la gente se le ve en los ojos la tristeza. Es entrar al hospital y ver otras realidades fuertes, duras. Yo en la beca hago los estudios inmunohematológicos, son todas las reacciones de antígenos, anticuerpos, también hago los seguimientos de trasplante de médula ósea, de órganos sólidos y un montón de cosas más que estoy aprendiendo. <b>Estoy orgullosa de formar parte de este grupo</b>, de este sector, que es el servicio de medicina transfusional: te lleva a crecer personalmente, profesionalmente. </p><p>Como Irene, Lula entró al Garrahan hace más de una década. Como Eugenia, ingresó con una beca y después pudo concursar el cargo. En sus jornadas puede rotar por quirófano, por la sala de hemoterapia, por el hospital de día, por el consultorio, por la sala de recuperación. Y también hace dos guardias a la semana. </p><p>—Siempre dije que, en lo que uno hace, <b>el mejor lugar en el que podía estar era este</b>. Yo trabajé antes en otro lado y en un principio decía: “Tal vez me resulta complicado trabajar con chicos”, me generaba dudas. Y después me di cuenta de que era lo mejor que me podía pasar. <b>No hay mejor lugar, no solo en lo que tiene que ver con recursos, sino en cuanto a lo que se puede aprender</b>, porque acá se tratan patologías complejas que por ahí en un libro ves que tienen una incidencia de uno cada cien mil casos y tal vez acá ves dos por mes. Eso es una motivación porque uno se tiene que poner a leer, a informarse con respecto a las cosas que ve y resulta superinteresante y supernutritivo a la hora de generar el conocimiento y de brindar las mejores herramientas para que los chicos puedan estar lo mejor posible. Uno hace lo que puede, se capacita y trata de que toda esa formación llegue a donde tiene que llegar, que en definitiva son los chicos. <b>Terminé acá y no me quiero ir</b>. Me imagino jubilándome acá, si todo sale bien.</p><p>—¿Cómo describirían un día de trabajo en el Garrahan? </p><p>—Intenso.</p><p>—Arduo.</p><p>—Agotador.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/GEHTCLPHKJHURAQVRBZBSECE64.jpg?auth=370bed4c524ec74882fcbfd2b1a224d66498088bdb9fa03b68f7cde6c7b8a996&smart=true&width=2560&height=1440" alt="Los trabajadores de los diferentes equipos del Garrahan sienten orgullo de desempeñarse en este hospital. Soñaban con llegar acá y aseguran que, en salud pediátrica, "no hay mejor lugar" (Maximiliano Luna)" height="1440" width="2560"/><p>***</p><p><i>“Me llamo Johanny, soy de Venezuela y vivo en Argentina desde el 2018. A ella le están haciendo control desde el año pasado porque tuvo una neutropenia post COVID: neutropenia es que se le bajan los neutrófilos, que vienen siendo un grupo de los glóbulos blancos, y pues cada tres o cuatro meses le hacen un chequeo para verificar que todo esté bien, porque en algún momento pensaron que como no estaba funcionando la médula podía ser una leucemia, pero se dieron cuenta de que no era eso, pues —'ella’ es su hija de dos años. Antes los controles eran cada mes hasta que empezó a mejorar—. Para mí, que vengo de Venezuela, esto es un paraíso. De verdad, estoy muy agradecida. Tanto del hospital como del país —dice y su voz se parte—. Espero que siga funcionando como está funcionando porque para nosotros, que no tenemos muchos recursos, el hospital es muy importante, siento que es indispensable, más que todo porque </i><i><b>cuida la salud de los niños</b></i><i>”</i>. </p><p>***</p><p>—Para todos los que estudiamos pediatría y nos gusta la alta complejidad, <b>llegar al Garrahan es llegar al lugar más deseado</b>. En mi vida lo vi siempre como un imposible. Hice Medicina en la UBA, me recibí, hice pediatría en el Hospital Posadas, y el Garrahan era algo inalcanzable. Logré entrar a la beca de perfeccionamiento de internista pediátrico, me recibí y, después de eso, juntando currículum y haciendo publicaciones y cursos, me presenté a concurso en el año 2010 donde quedé como médico de planta y ya desde hace dos años estoy como jefe de clínica de un área de internación. </p><p>Pablo Puccar repasa su recorrido como si todavía le costara creer que está ahí, que llegó. <b>“Quedar en el Garrahan fue lo mejor que me pasó”</b>, dice. </p><p>Su trabajo, actualmente, consiste en “ayudar a los médicos de planta”. Tiene un equipo a cargo al que guía en los diagnósticos complejos y tratamientos, los asiste, hace interconsultas con especialistas, transmite su conocimiento y experiencia. Dice que los días son variados; que es habitual que cada semana haya momentos arduos en los que tiene que encarar conversaciones con los padres de los pacientes para explicarles los diagnósticos crudos de enfermedades difíciles, muchas veces con tratamientos extensos, desafiantes, y otras incurables. </p><p>—Es lo más duro que me toca: sentarme con ellos y contarles de qué se trata la enfermedad de sus hijos, responder sus preguntas. Entro casi todos los días a todas las habitaciones, aunque sea cinco minutos, a charlar con los padres; al que quiera más trato de dedicarle todo el tiempo del mundo sabiendo que tiene a su hijo internado con alguna enfermedad compleja y que es un momento muy difícil; trato de acompañarlos y brindarles seguridad, transmitirles que su hijo, en ese momento, es lo más importante que tenemos. <b>Que cada niño y cada padre sienta que su hijo es único y que es lo más importante que nosotros tenemos en el día</b>.</p><p>Para lograr eso, para que las familias realmente sientan que el médico está dedicado a la salud de su hijo o hija, Pablo siempre se detiene y se sienta en la cama del paciente. </p><p>—Por más que esté recontra apurado porque no terminamos nunca, por más que estemos corriendo todo el día y comamos un sandwichito de parado, en ese momento el papá tiene que sentir que no hay ningún apuro, que es lo más importante que tengo. Para un papá que está esperando que revisemos a su hijo, que le devolvamos una información, eso es lo más importante y para nosotros también debe serlo; y lo que debemos transmitir es eso. Habitualmente armo un vínculo muy lindo con las familias. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/ERESY7HDLZEO3NHV6RJ7TLYYVA.jpg?auth=30ca08ce93b85a638376bd4f11953fe9a59ed00d64a204f752bf2fa98a2320b3&smart=true&width=2560&height=1440" alt=""Entro casi todos los días a todas las habitaciones, aunque sea cinco minutos, a charlar con los padres (...). Trato de acompañarlos y brindarles seguridad, transmitirles que su hijo, en ese momento, es lo más importante que tenemos", dice Pablo Puccar, pediatra y jefe de un área de internación (Maximiliano Luna)" height="1440" width="2560"/><p><b>Gratitud</b>. Es lo que todos dicen que las familias devuelven. Aún en los momentos más oscuros y descarnados. Es lo que las familias en la sala de espera también transmiten.</p><p>“Siempre palabras de agradecimiento, por eso también recibimos mucho apoyo de las familias de todo el país, porque se van agradecidos por lo que es la atención acá”, dice Verónica. “Los padres y los niños te agradecen. Te tiran besos. No siempre son esos pacientes que se van y no los vas a volver a ver, porque sabés que el que llegó acá tiene que volver, generalmente, por su patología. Entonces, con el tiempo, ya te conocen las madres, ya conocés al nene, lo ves crecer. Y tenemos muchos pacientes que estuvieron acá de chicos y ahora son madres y padres y vuelven. Ellos vuelven a buscarnos. Y te reconocen”, cuenta Mari Cruz.</p><p>“Hay patologías que las venimos tratando durante años, entonces por ahí el paciente que llega a un trasplante de médula hizo dos, tres, cuatro años de tratamientos previos y como nosotras los asistimos con transfusiones, conocemos al chico, conocemos a la familia, conocemos la historia. Estamos esperando que llegue el donante. Le transfundimos la médula, lo asistimos en el postrasplante y lo vemos irse de alta. Hacés todo el recorrido y terminás siendo parte. Tenemos compañeras y compañeros que han participado de cumpleaños, de festejos familiares de esos pacientes, de cumpleaños de 15”, dice Irene. </p><p>“Yo tengo un paciente que está trasplantado que es de Misiones y hablo con la mamá, nos saludamos para los cumpleaños, cuando vienen a los controles me avisan para que nos veamos. Y a mí me encanta verlos, me encanta verlos bien, me encanta esa energía y el cariño que transmiten, el agradecimiento. Aparte que vino acá con 8 años y ahora es un pibe de 15, que está enorme, alto, que la mamá me dice: “No, acá está con la novia”, “¡¿cómo la novia?!”, no lo puedo creer. La verdad que me llena el alma”, dice Lula. Y agrega: “Ese agradecimiento también se ve también en pacientes a los que por ahí no les va tan bien, porque se complica por algún motivo. Las familias en general están agradecidas igualmente con el hospital, por el trato, porque, en definitiva, <b>lo damos todo</b>. Eso es así, independientemente del resultado. Siempre se hace todo lo que está al alcance, y algunas cosas fuera del alcance también se hacen”.</p><p>“No hay nada más lindo cuando los nenes se curan, cuando entran graves, los ves tan frágiles y después están jugando antes de irse y vienen corriendo y te abrazan y se ríen. Verlos llenos de vitalidad, creo que esa es la devolución más linda que tenemos. Me acuerdo de una paciente que tuve internada casi seis meses, que parecía que nunca la íbamos a poder alimentar por boca por una enfermedad intestinal que tenía grave y todos los días le hablaba, le decía que lo íbamos a lograr, que había que tener paciencia. Era una niña que tenía 14 años, estaba en plena adolescencia y eso le generó un montón de angustia y nosotros con esperanza de que la podíamos curar. Que esa chica venga a traerme la tarjeta de invitación a su cumpleaños de 15 y ese abrazo que no lo puedo describir con palabras, ese “gracias” y ese afecto que te transmite un chico o una chica cuando están curados es lo más lindo que me llevo”, asegura Pablo.</p><p><b>Orgullo</b>. Es lo que los trabajadores del Garrahan sienten por formar parte del hospital.</p><p>“Ser parte del Garrahan es un orgullo enorme”, dice Hernán Rowensztein. Cada logro, cada paso adelante en la vida de un paciente, es una motivación que nos impulsa a seguir. <b>Aquí se acompaña a familias, se forma talento y se construye salud pública de calidad</b>. “Cuando vos entrás acá tenés un orgullo… porque se te infla el pecho: ‘Estoy trabajando en el Garrahan’”, agrega Sandra. “Me siento orgullosa de estar acá. Y estoy aprendiendo a defender nuestros derechos. El hospital tiene esa fuerza que nadie va a parar”, dice Eugenia. “Es una institución importante en la evolución de la salud en la Argentina, en lo que genera para disminuir mortalidad, para disminuir morbilidad, para aumentar la expectativa de vida, para hacer cosas que se hacen en el mundo y se pueden reproducir acá”, sostiene Pablo. “Incluso para los que no llegan acá —señala Irene—, porque este hospital hace docencia, forma profesionales que después se van a sus provincias y asisten allá o hacen consultas por videoconferencias. <b>Este hospital es la salud de los niños y las niñas</b>”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/CWUXSHDR7NATPDRXAHKEHBYSC4.jpg?auth=f16a91781cfd06149695d04e442c8698c147ca72291807ad524e7d82b8037534&smart=true&width=2560&height=1440" alt="Gratitud. Es lo que todos dicen que las familias devuelven. Aún en los momentos más oscuros y descarnados (Maximiliano Luna)" height="1440" width="2560"/><p>*** </p><p>Mientras se escribía esta nota el Garrahan <a href="https://www.infobae.com/salud/2025/06/20/como-fue-la-cirugia-intrauterina-historica-realizada-en-el-hospital-garrahan/" target="_blank" rel="" title="https://www.infobae.com/salud/2025/06/20/como-fue-la-cirugia-intrauterina-historica-realizada-en-el-hospital-garrahan/">volvía a ser noticia</a>: el domingo 15 de junio nació por cesárea la bebé a la que, en abril, en la semana 27 de gestación, se le había practicado una cirugía dentro del útero de su madre para mejorar su pronóstico y calidad de vida luego de que fuera diagnosticada de mielomeningocele, una malformación congénita grave de la columna vertebral, un tipo de espina bífida. </p><p>La operación fue realizada por un equipo interdisciplinario de 25 profesionales, entre obstetras, neurocirujanos y anestesistas, quienes demostraron que el reloj suizo del que hablaban las enfermeras funciona con la precisión exacta: sin el trabajo mancomunado entre los especialistas, la cirugía que requería de una exactitud milimétrica para no poner en riesgo a la madre ni a la hija, que debía continuar su desarrollo intrauterino, hubiera sido imposible. </p><p><b>El Garrahan marcó otro hito en la medicina de alta complejidad del país</b>: se convirtió en el primer hospital público pediátrico de Argentina en llevar a cabo una cirugía fetal con este diagnóstico. </p><p>Y aún así. </p><p>El 13 de junio, cuando salimos, los trabajadores comenzaban a agruparse bajo el frío invernal y las primeras gotas de una llovizna tenue para la asamblea que realizan casi a diario en defensa de sus derechos.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/YDAOH6JNJRCSFMVZBG4I2MCXWE.jpg?auth=c2b50ddf22ee81bcd9cef483e5693049826961526aa8eef7624ebc5a1c993250&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[El Hospital Garrahan fue fundado en 1987, pero fue imaginado casi veinte años antes de eso. Desde que era solo una idea perseguía el objetivo de transformarse en un centro pediátrico de alta complejidad, que brindara una atención integral y de calidad a todos los que la necesitaran. (Foto: Maximiliano Luna)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Cuando nació su hijo pausó su carrera para cuidarlo y creó una newsletter sobre crianza: Ignacio Pereyra, un padre que se cuestiona ]]></title><link>https://www.infobae.com/sociedad/2025/06/15/cuando-nacio-su-hijo-pauso-su-carrera-para-cuidarlo-y-creo-una-newsletter-sobre-crianza-ignacio-pereyra-un-padre-que-se-cuestiona/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/sociedad/2025/06/15/cuando-nacio-su-hijo-pauso-su-carrera-para-cuidarlo-y-creo-una-newsletter-sobre-crianza-ignacio-pereyra-un-padre-que-se-cuestiona/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[Comenzó “Recalculando”, su boletín que también es sitio web, maldormido, aprendiendo a cuidar un bebé a tiempo completo, mudándose de un lado a otro y escribiendo parado entre hamacas y toboganes. Lleva tres años sosteniendo ese espacio en el que intercambia con lectores, plantea interrogantes y reflexiona sobre paternidad y masculinidad]]></description><pubDate>Sun, 15 Jun 2025 04:38:02 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/W2TCJVW42VGSLGKVAOUFIL6Z4Q.jpg?auth=07c8212c773051363b84be283224afb2f72ddd3683d3058a445b622fd235d26b&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Nacho Pereyra junto a sus hijos. (Gentileza Nacho Pereyra)" height="1080" width="1920"/><p>“¿Por qué soy como soy como varón? ¿Por qué me gustan las cosas que me gustan y por qué no? ¿Cuánto de eso es cultural y cuánto no? ¿Y esto sería igual si no fuera varón? ¿Y esto lo hago porque soy varón? ¿Y esto, en realidad, es de varón? ¿Qué es de varón y qué no lo es? ¿Hay un límite?”. </p><p>Ignacio “Nacho” Pereyra se describe como <b>“en estado de pregunta permanente”</b>. Dice que es algo que lo caracteriza desde siempre pero que con la paternidad se disparó aún más, y así también describe a su <i>newsletter</i>, <i>Recalculando</i>: “Diario de un nómade en crisis. Hablo de paternidad y masculinidad. Más preguntas que certezas. Más dudas que respuestas. Siempre estoy pensando”. </p><p>Cuando se convirtió en padre a Nacho Pereyra <b>se le esfumaron las certezas</b>. Su vida dio un vuelco y necesitó comprender qué le sucedía y escribir sobre sus experiencias, un poco a modo de catarsis. </p><p>En un primer momento comenzó una crónica que, de tan extensa, devino en borrador de libro para finalmente transformarse en <i>newsletter</i> como un espacio sostenido en el que volcar sus vivencias, sus aprendizajes y reflexiones constantes en torno a la paternidad, a la masculinidad, a los vínculos de pareja después de que llegan los hijos, las hijas.</p><p>Nacho es periodista, argentino, y desde 2020 vive en Grecia con su compañera, italiana, Irene Caselli —también periodista y autora de una <i>newsletter</i> llamada <i>The First 1000 Days</i> (<i>Los Primeros 1000 Días</i>), sobre crianza y la importancia de los primeros mil días de vida—. Pero antes de instalarse en Grecia para echar una raíz que aún no saben si dejarán crecer mucho tiempo más allí, vivieron en Italia, en Argentina, y estuvieron cuatro años siendo nómades sin un lugar al que llamar “casa”. La pandemia los sorprendió en medio de esa situación con su primer hijo aún pequeño y los obligó a establecerse: eligieron las afueras de Atenas, frente a la playa.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/4WWVTJXNPFEWTD3QGWAO7C4YLM.jpg?auth=07ee2243679e9913b0e6dd4221af8b6189308230340866b488d1a93e3dc77011&smart=true&width=1920&height=1077" alt="Cuando nació su primer hijo, Lorenzo, Nacho entró en crisis y comenzó a escribir sobre sus dudas, sus reflexiones y sus experiencias como padre. (Gentileza Nacho Pereyra)" height="1077" width="1920"/><p>La <b>crisis</b> de Nacho que dio inicio a su <i>newsletter </i>no tenía que ver con el nomadismo al que ya estaba acostumbrado —o no principalmente— sino a que junto con la paternidad, a los pocos meses de nacer su primer hijo, a Irene le llegó una muy buena propuesta laboral. Esto, sumado a que su trabajo no iba muy bien y a que a poco de intentar sostener los trabajos de ambos y la crianza de un bebé se dieron cuenta de que el equilibrio era imposible, decantó en que él renunciara y se dedicara enteramente al cuidado y la crianza de su hijo. </p><p>Así lo cuenta en uno de los primeros envíos de <i>Recalculando</i>: “Los primeros meses de Lorenzo coincidieron con un fracaso laboral propio, que resonó aún más porque contrastó con un éxito de Irene, mi compañera, también periodista, que pasó a convertirse en el sostén económico de la familia. Sin pensarlo demasiado, dejé a un lado casi dos décadas de trabajo como periodista para <b>ocuparme a tiempo completo de Lorenzo y de las tareas domésticas</b>.</p><p>De pronto los roles de género tradicionales con los que habíamos crecido quedaron <b>invertidos</b>. En teoría, y durante los primeros días, no veía ningún problema. Pero a medida que pasaba el tiempo fue creciendo una sensación de incomodidad e insatisfacción. Desorientado, apareció una pregunta a la que intenté dar respuesta: ¿quién soy yo si no trabajo para ganar dinero?“. </p><p>Así me lo cuenta a mí: “Vivíamos como nómades, cuidando casas, no teníamos infraestructura alrededor para criar a un chico si no era con uno de los dos <i>full time</i> en eso, aunque eso lo entendí después. Entonces, naturalmente, dije: “Sí, dale, yo me quedo con Lorenzo, no pasa nada”. Irene viajaba y yo iba con ella a lugares pero era estar atrás de Lorenzo. Iba como lo que algunos llamaban <i>babysitter</i>, un poco como broma, pero al final siempre había alguien que me decía: ‘Que, ¿sos el <i>babysitter</i>?’, ‘No, soy el padre’. Pasaba mucho eso. La cuestión es que empecé a sentir un malestar ahí. Ya había dejado las colaboraciones que hacía en medios porque no podía editar hasta las cuatro de la mañana y levantarme a las siete, terminaba muerto. <b>Con ese malestar empiezo a escribir</b>”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/XKGT777XVRDQVOVFAQTKPU2HV4.jpg?auth=51beaa432d85384d502f3ee1ee3f76e893d4a70d2c180fcef28947d00bcdd641&smart=true&width=1920&height=1082" alt="Cuando a su compañera se le presentó una buena oportunidad laboral, Nacho pausó su carrera para dedicarse a tiempo completo a la crianza y las tareas de cuidado. (Gentileza Nacho Pereyra)" height="1082" width="1920"/><p>Nacho dice algo que las mujeres repiten hasta el hartazgo al convertirse en madres: <b>“Yo no tenía tiempo para mí, no tenía nada, estaba todo el día con Lorenzo y nada más”</b>. Entonces comenzó a levantarse a las cinco de la mañana para poder arrancarle más horas a su día y tener algo de tiempo propio antes de empezar a cuidar a su hijo, a las 9. Algo que usualmente también hacen las mujeres que maternan y trabajan de forma remunerada. Y las que escriben. “Y ahí empiezo a escribir y, claro, sale como una especie de <b>catarsis</b>, escribo un montón, y lo que era una crónica se transforma en un libro, que todavía tengo ahí, son más de 200 páginas”. </p><p>Era entonces 2021, Irene y una amiga le sugirieron postular a un programa de beca del International Center for Journalists (Centro Internacional para Periodistas) —ICFJ por sus siglas en inglés— en el que escogían un proyecto de medio digital para subvencionar y otorgaban capacitación a su autor para crearlo. Se postuló con la idea de su <i>newsletter</i>, lo eligieron y <b>así comenzó </b><i><b>Recalculando</b></i>. </p><p>Para empezar, le sobraba material: “Tenía un montón de borradores escritos en notas del teléfono, por todos lados. Escribía en las siestas de Lorenzo, escribía en los ratos que él se enganchaba a jugar con algo, cuando se dormía, parado en una plaza: escribía cuando podía. Escribía como algo un poco terapéutico y para procesar. <b>Escribir me ayuda a pensar y pensar me ayuda a ver todo lo que no sé y todo lo que no entiendo”</b>.<b> </b></p><p>Nacho comenzó su <i>newsletter</i> maldormido, aprendiendo a cuidar un bebé a tiempo completo, mudándose de un lado a otro y escribiendo parado entre hamacas y toboganes. Y —algo que destaca— <b>sin red</b>. Sin tribu. Porque ni él ni su compañera tenían a su familia ni a sus amigos cerca la mayoría del tiempo. Lleva tres años así.</p><p>En este tiempo con <i>Recalculando</i> cosechó aprendizajes, tanto del boletín como espacio como de los temas sobre los que escribe. Dice que “la <i>newsletter</i> tiene un potencial enorme” y que le brindó “un montón de perspectivas nuevas, experiencias de lectores, <b>la posibilidad de mirar hacia adentro y ver cosas que no veía</b>, de reflexionar”: “Irene siempre es una primera lectora y me hace comentarios, entonces me ayuda a parar la pelota y a ver con un poco más de profundidad. Es un privilegio tener el tiempo de pensar y de buscarle la vuelta, ya sea a cosas con los chicos, a mi forma de ser varón y por qué determinadas cosas me hacen sentir mal y por qué no”. </p><p>La recepción de la <i>newsletter</i>, dice, fue mucho mejor de lo que esperaba, con suscriptores en sus versiones en inglés y en español y un muy buen <i>feedback</i> . “Me escriben más mujeres que varones diciendo: ‘Está buenísimo lo que decís, me gustaría que lo leyera mi pareja, pero no se suscribe’. Entonces se la reenvían. También me escriben varones que reaccionan cuando hablo de un tema en particular y me dicen: ‘Siempre pensé en escribirte pero no lo hice y ahora que veo que los varones te escriben, te escribo’, y me mandan mails larguísimos. Así que en ese sentido estoy supercontento”.</p><p>Del intercambio con los lectores también destaca las devoluciones de un <b>papá primerizo</b> que se sentía identificado y cobijado por la <i>newsletter</i>: “Sentía que [el boletín] le decía: ‘Ey, hay que laburar esto o lo otro’, sentía que le hablaba a él pero que le daba una <i>chance</i> de <b>repensar y repensarse</b> en vez de ponerlo solamente contra el paredón”. </p><p>Dice también que es en esta forma de interpelar a quien lee, generando identificación, mostrándole que no es la única persona con determinado pensamiento o atravesando alguna situación, y en la cercanía entre autor y lector que genera el intercambio por mail, sin algoritmos ni intermediarios, donde radica la mayor riqueza de la <i>newsletter</i> como medio.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/46ZXE25KSJHNJE6LNVO2QCHWS4.jpg?auth=701e61cc2f2a2812d073aedf25e3faee66f7187730e9191fabf5c14a67818533&smart=true&width=1920&height=1082" alt="En 2022, tras recibir una beca para crear un medio digital, Nacho lanzó 'Recalculando', una newsletter sobre paternidad y masculinidad con versiones en español y en inglés. (Gentileza Nacho Pereyra)" height="1082" width="1920"/><p><i>Recalculando</i> plantea temas como por qué los varones deben involucrarse en la organización de los cumpleaños de los hijos e hijas, “desde un concepto bastante pragmático porque creo que los varones somos bastante iletrados en tareas de cuidados por una cuestión de cómo está conformada la sociedad y de qué nos enseñan de chicos a unos y a otros. Los varones aprendemos a ser fuertes, a diseñar una carrera para generar plata y las mujeres están educadas en los cuidados. Entonces llegamos bastante ignorantes (te hablo siempre en línea generales) a esas tareas cuando se presentan”. </p><p>Sigue: “Y si cuando uno quiere hacerlo se siente hostigado o maltratado porque ‘Ah, sos un inútil, dejá que lo hago yo’, creo que lo que pasa es que muchos varones prefieren no hacer nada a enfrentar un conflicto. Tampoco el varón está muy acostumbrado al conflicto en territorios en los cuales no se siente fuerte. Una cosa es en el laburo donde sí está entrenado o en otros ámbitos y otra en el ámbito doméstico, donde no tiene las herramientas para defenderse, o en la crianza, porque no se siente muy seguro y <b>al varón no le gusta sentirse inseguro</b>. Entonces creo que viene por ese lado ese <i>feedback</i> de lectores. Creo que tiene que ver con lugares de partida. Y yo también escribo la <i>newsletter</i> desde un lugar, lo pongo ahí, muestro mi curva de aprendizaje. <b>No escribo desde un lugar de sabiduría sino desde cómo la experiencia me atravesó</b> porque me tocó, ni siquiera porque la elegí en el sentido altruista, no es que dije: ‘Yo lo voy a hacer por una cuestión de género’. Lo hice porque me pareció obvio que si Irene ganaba buena guita, yo me ponía a cuidar a Lorenzo. Con mucha ignorancia, lo hice. Y, cuando me lancé, la experiencia me cagó a palos. <b>Ahí empiezo a aprender y a entender. Ahí empiezo a ver las cosas que nunca había visto”</b>.</p><p>Los temas más recurrentes que surgen en el intercambio con los lectores tienen que ver con lo cotidiano: cómo encontrar el equilibrio en las tareas domésticas y de cuidado, cómo resolver rispideces o conflictos en la pareja y cómo continuar con la pareja y alimentarla después de tener hijos. Ahí, él dice que su <i>newsletter</i> funciona como un puente: las parejas se las envían a sus compañeros o compañeras a modo de llamado a la reflexión. Para que lean lo mismo que les sucede a ellos y quizás no pueden poner en palabras o lo que les interesa que comiencen a plantearse.</p><p>“Me parece que lo que falta ver es que más allá de lo individual hay <b>un problema estructural muy grande</b>. Depende del contexto de los países pero, en general, se repite un poco el patrón de que laburamos como bestias, todo el tiempo, ya no importa casi donde estés, somos esclavos de nosotros mismos, y en eso nos cuesta ver que tener hijos es un montón. Y que encima dedicamos, el que menos, dos o tres horas por día al teléfono, a estar conectados ahí, y en esas dos, tres horas podrías hacer un montón de otras cosas. Eso <b>atenta contra la crianza</b>. Y después te frustra cuando un hijo te demanda atención casi plena. Al varón, como me pasó a mí, lo hace descubrir lo que es vivir interrumpido todo el tiempo, algo que las mujeres siempre padecieron”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/OIRU44SLTJGHXK3HL2ES7OJCY4.jpg?auth=23c37fdce4ab77a4b6c88af0b0c5baed5fac26f151069689006a27a814ae0ac4&smart=true&width=1920&height=1078" alt="Nacho lleva tres años intercambiando con lectores desde "Recalculando", el boletín que publica cada dos semanas, y dice que si bien no se siente como cuando lo comenzó las dudas no desaparecieron: cambiaron. (Gentileza Nacho Pereyra)" height="1078" width="1920"/><p>Respecto a las <b>nuevas masculinidades</b> y a la deconstrucción de los viejos modelos tiene puntos interesantes: pide un poco de paciencia a las mujeres y sugiere a sus congéneres no huir de los conflictos y “dejar de barrer abajo de la alfombra” por comodidad. En vez de esto propone llegar a <b>puntos de negociación</b> para tener relaciones más armoniosas: “Al varón le puede parecer un embole tener que limpiar el baño tres veces por semana y a la mujer le parece supernecesario. Ese desencuentro lo podemos simplificar en: ‘¡Ah, qué pesada!’ o llegar a un acuerdo: ‘Yo lo limpiaba una vez por mes, vos lo limpiabas tres veces por semana, qué te parece si hacemos una vez por semana’. <b>Encontrar un punto medio en el que funcione para los dos”</b>. </p><p>Dice que muchas de estas actitudes están muy arraigadas en los varones y que él puede verlas más claramente desde que cursó la Diplomatura en Masculinidades y Cambio Social de la UBA, la primera oferta académica de este tipo, a la que llegó a partir de que comenzó a escribir y a pensar sobre estas cuestiones. “Haber estudiado eso me ayudó a poner en palabras cosas que me habían pasado los últimos años”. Luego siguió y sigue formándose en masculinidades y paternidades a través de lecturas, cursos y consumos culturales. “Creo que eso me da una visión mucho más amplia respecto a que <b>esto que me pasaba no me pasaba solo a mí si no a muchos</b>”.</p><p>A comienzos de este año, con dos hijos un poco más grandes —Lorenzo de seis años y León de dos— volvió al mercado laboral: comenzó a trabajar como editor de una revista anual sobre primera infancia —es la publicación de la Fundación Van Leer que cada año elige a alguien nuevo en ese puesto y lo seleccionaron por <i>Recalculando</i>—. Aún así asegura que el subibaja emocional, la crisis inicial que disparó la <i>newsletter</i> y las preguntas constantes cambiaron pero no se extinguieron, lo que en su opinión es saludable. </p><p>“Hay momentos en que me siento más seguro y menos vulnerable, y otros en los que me sigue costando. Yo empecé a laburar desde muy chico, entonces nunca dependí económicamente de nadie y de repente pasé a depender de mi pareja por más de cuatro años. Y si bien, racionalmente, eso no me parecía un problema, había un lugar en mí en el que <b>me costaba vivir sin ganar plata, sin ser el que generaba la plata</b>, por más que mi laburo era estar con los chicos y ocuparme de la casa y que haya <b>todo un trabajo invisible</b> ahí que, si hubiera que pagarlo, costaría tal vez lo mismo que gana Irene en su trabajo, que es lo que les pasa a las mujeres todo el tiempo. <b>Lo que me pasaba y me pasa a mí como varón es lo que le pasó a las mujeres durante décadas”</b>. </p><p>“Entonces sí, cambió la manera en que me sentía [cuando inicié <i>Recalculando</i>] porque tengo más herramientas para poner en palabras eso y <b>transformo lo personal en algo colectivo</b>”.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/W2TCJVW42VGSLGKVAOUFIL6Z4Q.jpg?auth=07c8212c773051363b84be283224afb2f72ddd3683d3058a445b622fd235d26b&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Nacho Pereyra junto a sus hijos. (Gentileza Nacho Pereyra)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Entre los cuidados de hijos pequeños y padres grandes, ellos: cómo gestiona la doble demanda y sus deseos la “generación sándwich”]]></title><link>https://www.infobae.com/sociedad/2025/06/06/entre-los-cuidados-de-hijos-pequenos-y-padres-grandes-ellos-como-gestiona-la-doble-demanda-y-sus-deseos-la-generacion-sandwich/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/sociedad/2025/06/06/entre-los-cuidados-de-hijos-pequenos-y-padres-grandes-ellos-como-gestiona-la-doble-demanda-y-sus-deseos-la-generacion-sandwich/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[Especialistas hablan del impacto de los cambios poblacionales en la vida de los adultos que deben afrontar tareas de cuidado multigeneracionales y acercan sugerencias para preservarse del agotamiento que provocan]]></description><pubDate>Fri, 06 Jun 2025 04:30:24 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/SL6BWNAVFNGF3IPC6TYSOYJVCI.jpg?auth=1a2d5a85db6a2739a733a877e7638a28d1cac865bd193a59700954f1c6805de7&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Según el Diccionario Cambridge se llama “generación sándwich” al “grupo de personas que tienen padres mayores además de hijos pequeños, por lo que deben cuidar tanto de sus padres como de sus hijos”" height="1080" width="1920"/><p>Después de semanas de intentar que coincidan sus agendas, entre los casilleros de días y meses rebalsados de trabajo, turnos al pediatra, cumpleaños infantiles, reuniones del jardín, asistencia a padres que cada vez se hacen más grandes en un mundo cada vez más complejo, cuatro amigas lograron reunirse a merendar, sin hijos, para celebrar un cumpleaños. En la conversación desenfrenada y a borbotones, como una olla a presión que se destapa, rápida y amontonada —en cualquier momento puede llegar un mensaje que diga que uno de los chicos llora o extraña y alguna tenga que irse—, con todos los temas al mismo tiempo, como una puesta al día que a la vez es catarsis, que a la vez es búsqueda de oreja que escuche y consejo que abrace, surge.</p><p><b>Las exigencias de las tareas de cuidado multigeneracionales</b> para quienes tenemos más de 30 —o de 35—, especialmente para las mujeres, <b>se reproducen </b>en un contexto en el que los cambios demográficos, sociales y económicos impactan a todo el globo. Hoy, las personas que sí deciden tener hijos lo hacen a edades cada vez más avanzadas; a la vez, el aumento de la esperanza de vida hace que las personas mayores lleguen a edades antes impensadas en un universo de cambios tan vertiginosos como desafiantes. Esto trae como resultado una avalancha de demandas para quienes están en esa situación: hijos chicos, padres grandes. ¿Y la vida propia? ¿La salud? ¿La carrera? ¿La pareja o vida sentimental? ¿Los afectos? ¿El resto de los mandatos? ¿El ocio? ¿El qué?</p><p>Para quienes están en medio de ese sándwich <b>la respuesta suele ser es un colapso mental </b>con consecuencias físicas, muchas veces.</p><p>El concepto es gráfico: según el Diccionario Cambridge se llama “<b>generación sándwich</b>” al “grupo de personas que tienen padres mayores además de hijos pequeños, por lo que deben cuidar tanto de sus padres como de sus hijos”. La licenciada en Gerontología y docente Graciela Spinelli se lo explicaba a <i>Infobae</i>, hace un tiempo, de modo similar: son “aquellas personas que están entre los 30 y 50 años y se encuentran cumpliendo una doble función y responsabilidad: la de criar a sus hijos y velar por el cuidado de sus padres mayores. Quedan en este espacio tan difícil de repartirse entre ambas responsabilidades, muchas veces o casi siempre <b>relegando su propio tiempo</b>”.</p><p>Las cuatro amigas intercambian, opinan, acuerdan pero también difieren: qué se hace cuando una madre que se hace grande te necesita porque tiene movilidad limitada, las articulaciones le fallan y se le caen y rompen cosas de las manos, no sabe cómo enfrentarse al buscador de Google o a la cartilla digital de la prepaga para pedir un turno médico y, a la vez, un hijo de dos años demanda toda la atención y energía por fuera de las horas de trabajo remunerado. ¿Qué se hace cuando no hay otros miembros de la familia que puedan acompañar y sostener? ¿Hay que elegir entre las demandas, entre padres e hijos? ¿Estamos siempre en deuda con alguien? Parecería que para atajar todas las exigencias hay que ser una especie de pulpo-malabarista del Cirque du Soleil que resuelve un sudoku con una mano mientras con el dedo menique de la otra mantiene una pila de platos girando en el aire, y hace jueguitos con una pelota con los pies. Mientras la vida propia, el autocuidado y los deseos se diluyen y resbalan por esa pila de platos en el aire hasta irse por la alcantarilla.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/JT3RU4X43BDAJLYJOAM33CP4XA?auth=815f6291183b56bceae4028c6ade7c6260e1e36745de998235a88c14a6919445&smart=true&width=1583&height=890" alt="Los cambios poblacionales y sociales afectan directamente a los adultos que deben afrontar tareas de cuidado multigeneracionales" height="890" width="1583"/><h2>Ser el centro de una cinchada que no cede</h2><p>“Siento que todo depende de mí”. “No llego a hacer nada y encima me siento culpable”. “No llegó a compartir tiempo de calidad porque me gana el cansancio”. “Me despierto para cuidar a mis hijos y me acuesto después de chequear que mi mamá esté ok con su medicación”. “Siento que estoy todo el tiempo cansada”.</p><p>Estas son algunas de las frases que la psicoanalista Candela Mazzitelli escucha con frecuencia en su consultorio. “Lo que se expresa, más que nada, es el cansancio físico, pero lo que queda invisibilizado es un desgaste emocional enorme. Lidiamos con el deber ser, la culpa, el miedo a no estar a la altura, los intereses de la vida propia que terminamos resignando”, dice.</p><p>Mazzitelli trabaja desde una perspectiva de psicoanálisis vincular, esto quiere decir que focaliza, especialmente, en el modo en que las personas se construyen a sí mismas —su identidad— y desarrollan su subjetividad en relación con otros. “No trabajo desde una lógica individualista sino entendiendo que <b>lo que nos pasa está profundamente atravesado por nuestros lazos sociales, por la cultura, por el género, las clases, nuestras crianzas y los vínculos que habitamos</b>”, explica.</p><p>Sobre las consultas que recibe respecto a las sobreexigencias de cuidados desde muchos frentes señala a que es cada vez más usual que quienes rondan los treinti-cuarenti se encuentren criando hijas e hijos pequeños y, a la vez, sosteniendo a madres y padres adultos mayores o adultos no tan mayores pero con diferentes necesidades y demandas para afrontar el día a día.</p><p>“Es mucha la responsabilidad de tener a cargo el cuidado hacia ambos lados. Quedamos justamente en el medio de ese sandwich. Criando hijes, sosteniendo trabajos exigentes y, a la vez, acompañando a madres, padres o familiares mayores que necesitan también otra atención. En medio de todo esto, nuestra propia vida e intereses: atravesados por múltiples exigencias (emocionales, económicas, laborales), en un contexto donde el tiempo parece quedarse corto y quienes forman parte de nuestras redes de apoyo también están colapsados”, asegura.</p><p>Para empezar a ordenar o hacerle frente a las demandas sin sacrificar la salud mental y física, Mazzitelli hace foco en la importancia de “trabajar en ser buenos con nosotros mismos. Entender que hacemos lo que podemos y que <b>la idea de ‘puedo con todo, todo el tiempo’ es una trampa</b>. En la práctica no llegamos a todo y hay que priorizar. Pero no desde la lógica de dejar a algo o alguien afuera, sino desde abarcar el cuidado posible”.</p><p>“Además —agrega—, <b>vivimos en un sistema que no contempla, visibiliza ni distribuye equitativamente las tareas de cuidado</b>. Pareciera que tenemos que elegir entre trabajar, maternar, acompañar a nuestros viejos o tener una vida propia; porque todo no se puede combinar sin colapsar en el intento. El desafío es reconocer que somos seres finitos: con tiempo, energía y salud limitada, y que necesitamos <b>apoyo,</b> <b>redistribución y red</b>. Entonces sí: hay que priorizar. Pero no como renuncia, sino como forma de sostener lo posible sin perdernos en el camino”.</p><p>Pedir ayuda, delegar, y aprender a poner límites cuando estamos desbordados son decisiones que, según la analista, hay que animarse a tomar: “Aunque parezcan cosas simples, mi trabajo en la clínica me demostró que es muy difícil ponerlo en práctica. <b>No podemos con todo y no tenemos por qué poder con todo</b>”. “También —y esto lo trabajo mucho en consultorio— hay que revisar cómo nos tratamos a nosotros mismos. Solemos ser muy crueles con nuestro diálogo interno. Las fallas y todo lo que no podemos tiende a sonar con volumen muy fuerte en nuestra cabeza, mientras casi ni reconocemos nuestros logros. El autocuidado no es solo hacer yoga o tomarnos un baño largo, sino aprender a hablarnos con más compasión, con más paciencia, con menos exigencia y menos castigo. No necesitamos más listas de pendientes: necesitamos amigarnos con nuestra voz interna y decirnos: ‘<b>estás haciendo lo mejor que podés con lo que tenés</b>’.</p><p>Esa, dice, “también es una forma de resistencia frente a un sistema que todo el tiempo nos exige más y más. Y —pensándolo de manera más macro— como sociedad deberíamos <b>dejar de considerar el cuidado como algo individual y empezar a pensarlo como una responsabilidad social y colectiva</b>”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/JGVMOMKHYFGNDDDAFANCSLKGLE.jpg?auth=50835eb79b8ad5d9a452670b4c99eb43fd2ffd4b45d0410dfe3e76c7be57399f&smart=true&width=6106&height=4094" alt="La psicoanalista Candela Mazzitelli explica que para afrontar las múltiples demandas de cuidado es crucial pedir ayuda, delegar y aprender a poner límites  " height="4094" width="6106"/><h2>Los padres con padres aún más grandes y nietos pequeños: otra capa del sándwich</h2><p>Una pareja con una hija pequeña que tiene abuelos en sus 70 y bisabuelos nonagenarios. Los abuelos viven pendientes de los bisabuelos. Los visitan y acompañan a diario. Responden de inmediato ante cada necesidad. A la vez, propinan cuidados a la nieta. A veces la buscan en el jardín, la llevan a dormir a su casa, juegan, para que los padres trabajen en sus tareas remuneradas y tengan algún tiempo para sí mismos. Es otra capa del sándwich que se deriva del aumento de la longevidad y la esperanza de vida: en muchos de estos casos, adultos que rondan los 60 y los 70 años cuidan padres que rondan los 80 y 90 y nietos chicos. Y <b>también están extenuados</b>.</p><p>“Este es el perfil que yo tengo en el consultorio. La enorme sobrevida que hay trae como resultado que personas muy longevas tengan hijos mayores que también tienen nietos y que están agotados. Yo tengo pacientes de 100 y de 90 con hijos grandes, de 60 o 70, exhaustos. Los de 60 hoy tienen nietos y padres mayores”, dice María Victoria Salamé, especialista en Envejecimiento Activo y Saludable y docente de la cátedra de Psicología de Tercera Edad y Vejez de la UBA.</p><p>El envejecimiento de la población es real. Según un informe de las Naciones Unidas de 2023, “se prevé que el número de personas de 65 años o más en todo el mundo se duplique con creces, pasando de 761 millones en 2021 a 1.600 millones en 2050″. El mismo sitio indica que la esperanza de vida supera los 75 años en la mitad de los países del planeta y que, para 2030, “se espera que el número de personas mayores supere al de jóvenes en todo el mundo”. Es decir: <b>las personas viven vidas más largas mientras las tasas de natalidad caen</b>. Lo que vuelve cada vez más necesaria la gestión de tareas de cuidado para personas mayores.</p><p>Salamé cuenta que, <b>en Argentina, ya hay más de once mil personas centenarias </b>anotadas a PAMI; y que el envejecimiento poblacional trae aparejadas situaciones que antes no existían, como por ejemplo “una mamá de 95 con un hijo de 60 con síndrome de down internados en una residencia o una mamá de 95 sana con una hija de 73 con Alzheimer”.</p><p>“Hoy quizás el sándwich también se agranda un poco en el sentido de que, frente al cambio de la esperanza de vida que muchas veces supera los 80 años, aparecen hijos muy grandes con padre y madre, a quienes deben cuidar, y, al mismo tiempo, tienen que ser abuelos: es decir que deben ocuparse de sus padres mayores y de sus nietos pequeños”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/US4W4TTW3ZHPPCSW5B3HY24YZE.jpg?auth=b06926afc5a5541d1bfa053ea7e8123b7174248dfb0883be81416844ccd98ec0&smart=true&width=1200&height=800" alt="Una madre con su hijo de 12 años y su madre de 87 a la que cuida también. (Jordi Otix)" height="800" width="1200"/><h2>Cuando la gestión de los cuidados se traduce en políticas públicas</h2><p>En 2021 Bogotá implementó <a href="https://www.infobae.com/america/soluciones/2021/08/18/bogota-implementa-el-primer-sistema-de-cuidado-de-la-region-para-compensar-la-sobrecarga-de-trabajo-no-remunerado-de-las-mujeres/" target="_blank">el primer sistema de cuidado de la región</a> (SIDICU) para compensar la sobrecarga de trabajo no remunerado de las mujeres. Se organizó —y aún lo hace— en lo que llamaron “<b>Manzanas de Cuidado</b>”, esto significa que en un radio de 800 metros se concentran diferentes servicios destinados a atender las necesidades de niños, niñas, personas mayores y con discapacidad. También ofrecen formación y recreación para sus cuidadoras —usualmente mujeres que dejaron de trabajar y estudiar para dedicarse al cuidado— y cursos para que los varones y otros familiares aprendan tareas domésticas y puedan compartirlas.</p><p>Así, mientras los más pequeños o los mayores realizan actividades lúdicas y de esparcimiento, a pocos metros, las cuidadoras o cuidadores que son relevados de su tarea pueden retomar sus estudios o perfeccionar oficios, finalizar sus bachilleratos y tomar cursos complementarios. También pueden recrearse y tomar una pausa de las responsabilidades para hacer una actividad que les guste. En las manzanas de cuidado se ofrece yoga, baile, el programa La Escuela de la Bici, para que más mujeres aprendan a andar en bicicleta y adquieran autonomía. Además se brinda atención psicosocial y jurídica para las mujeres cuidadoras que necesitan un rato para desahogarse, hablar y sentirse escuchadas. <b>La premisa “cuidamos a las que nos cuidan” es una de las que rige esta iniciativa</b>.</p><p>Para las familias de las cuidadoras ―principalmente para los varones―, se ofrecen talleres de cambio cultural que se llaman <b>“A cuidar se aprende”, otro de los lemas del SIDICU</b>. En estos espacios les enseñan a lavar, planchar, cocinar, cambiar un pañal, bañar a una persona mayor. Y también aparecen otras opciones para facilitar estas tareas, como lavarropas automáticos de uso común. Esto busca aliviar la sobrecarga de las mujeres bogotanas que aún pasan horas lavando a mano y también impulsar una transformación cultural: que cada vez más hombres aprendan a usarlas.</p><p>El sistema distrital de cuidados fue diseñado e implementado por Diana Rodríguez Franco, quien fue secretaria de la Mujer en Bogotá entre 2020 y 2023 —actualmente es la asesora especial en género y diversidad para el presidente del Banco Interamericano de Desarrollo—. Comenzó a aplicarse hace cuatro años y hoy cuenta con <b>25 manzanas del cuidado</b> y es <b>un ejemplo de inclusión urbana y de política de género en América Latina</b>. Por la diversidad de servicios que ofrece es, también, una fuente generadora de trabajo.</p><p>“El sistema articula servicios ya existentes y nuevos para atender las altas demandas de cuidado que presenta Bogotá de una manera corresponsable entre el distrito, la nación, el sector privado, el sector comunitario y los hogares. Tiene como objetivo las llamadas tres erres: <b>reconocer los trabajos de cuidado y a las cuidadoras</b>; redistribuir los trabajos de cuidado entre hombres y mujeres y entre el sector privado y el público y reducir los tiempos que dedicamos las mujeres al cuidado”, decía Franco en diálogo con <i>Infobae</i> cuando lo implementaron. Así, “una mujer puede llegar a un espacio donde hay una sala con computadores a terminar su bachillerato o a tomar un curso complementario mientras, cerca, su hijo o hija es cuidado en un espacio lúdico o la persona mayor ve una película. En eso consisten las manzanas del cuidado”, describía.</p><p>Estos sitios también tienen su versión ambulante: ómnibus adaptados con espacios para formación, un consultorio para atención psicosocial y jurídica y otro para la atención y promoción en salud. Mientras las mujeres cuidadoras están dentro, alrededor se despliegan carpas inflables para que las personas que ellas cuidan realicen las actividades propuestas: allí los niños pueden ejercitarse y jugar con colchonetas. Las unidades móviles están pensadas, sobre todo, para las zonas rurales donde hay poca infraestructura.</p><p>La propuesta se completaba con un sistema de relevos mediante el cual enviaban personas a las casas de las que las cuidadoras prácticamente no podían salir por las condiciones de las personas que tenían a su cargo. De este modo, unas horas a la semana, las reemplazaban en sus tareas para que las mujeres pudieran estudiar o hacer algo para ellas mismas. Esa iniciativa funcionó hasta 2024. Y este año se sumó una nueva llamada “Estrategia de Cuidados Itinerantes”, que consiste en “llevar los servicios del sistema a universidades, cajas de compensación, centros comerciales y zonas rurales. Es una apuesta por ampliar la cobertura, llegar a nuevos territorios y, sobre todo, a nuevas poblaciones que antes no podían acceder a estos servicios”, según indica el sitio web del programa.</p><p>“El sistema ha sido reconocido a nivel internacional como modelo de innovación en políticas públicas de género. Solo en 2024 recibió 26 visitas de delegaciones extranjeras interesadas en replicarlo. Países como Brasil, Chile, Uruguay y Sierra Leona, están implementando modelos similares. También se ha convertido en un referente nacional. Ciudades como Medellín, Manizales y Cali han iniciado procesos para adaptarlo en sus propios territorios, reconociendo su capacidad para transformar la vida de mujeres cuidadoras y reducir las desigualdades estructurales”. Desde su implementación en 2021 al 31 de enero de 2024, <b>esta política pública benefició a casi 850.000 mujeres y sus familiares, mediante cerca de 6.000.000 de atenciones brindadas</b>, indican en su sitio web.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/UAV5TEEH65E5DJ5NMNVZLCDMHM.jpg?auth=15d0240d8500634f8f7fd47d5175f5ef2bb6ffbd10d32af83416d7f8c6dfd61c&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Inauguración de la primera Manzana del Cuidado en 2021. (Twitter:  @ClaudiaLopez)" height="1080" width="1920"/><p>En Argentina se habían comenzado a debatir iniciativas afines. A comienzos de 2023, se estaba discutiendo en el Congreso el proyecto de ley “Cuidar en Igualdad”, que buscaba crear el Sistema Integral de Cuidados de Argentina (SINCA).</p><p>Antecedentes como la Asignación Universal por Hijo o la Moratoria Previsional fueron una plataforma clave sobre la cual pararse para comenzar a poner las tareas de cuidado —y sus desigualdades en términos de género— en el centro de la escena: dejaron en claro que detrás de una buena parte del trabajo informal y no registrado, detrás de una buena parte de la exclusión del mercado laboral, detrás de la brecha salarial entre varones, mujeres y diversidades, detrás de una buena parte de la feminización de la pobreza, <b>están los cuidados</b>. Por eso, el extinto Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad les dedicó un lugar preponderante en la agenda.</p><p>En diciembre de 2020 la comisión redactora empezó a escribir el proyecto de ley Cuidar en Igualdad, recogiendo debates y estados de situación de todo el país a través de un proceso participativo con todas las provincias llamado Campaña Nacional Cuidar en Igualdad, Necesidad, Derecho y Trabajo. Y mediante intercambios con la Mesa Interministerial de Políticas de Cuidado, compuesta por 15 organismos nacionales que buscaban recuperar las acciones y políticas previas aplicadas por el Estado en materia de cuidados y construir consensos para las próximas.</p><p>Como resultado de este relevamiento también se elaboró un Mapa Federal del Cuidado, un sitio interactivo en el que se podían buscar los espacios que brindan servicios de cuidado en diferentes puntos del país, tanto para niños y niñas como para personas mayores y con discapacidad. Además ofrecía información sobre sitios para capacitarse y trabajar en el mundo de los cuidados.</p><p>El proyecto que se debatía tenía tres puntos centrales: reformar las licencias de maternidad y paternidad para que sean igualitarias y tengan en cuenta la diversidad de familias que existen —monoparentales, aquellas que adoptan, aquellas que adoptan más de un hijo a la vez— y aquellas situaciones que, salvo excepciones, no cuentan con ningún tipo de derecho a licencia —por ejemplo quienes utilizan métodos de reproducción asistida y requieren tiempo de descanso durante el tratamiento—; registrar y remunerar a las cuidadoras comunitarias, que sumaban entonces más de 150.000 en todo el país —las que están detrás de la olla en los comedores de los barrios o cuidan a los chicos en algún espacio informal—; y crear un sistema de cuidadores y cuidadoras para personas mayores que se ofrezca dentro del plan médico obligatorio.</p><p>Como en Colombia, este proyecto contemplaba<b> un conjunto de políticas destinadas a la primera infancia, las personas mayores, con discapacidad y el cuidado comunitario</b>. Buscaba alivianar —o remunerar— las tareas que asumen, en su mayoría, las mujeres. Pero su tratamiento legislativo quedó en ese Congreso previo a octubre de 2023.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/IWHLXZNBMBBSDEIWJNBVCMWYNQ.jpg?auth=02535a48cf9ed4f20b73d6deb0dab5acf228ee5b0050862fb95d6c9116186340&smart=true&width=1800&height=1200" alt=""Como sociedad deberíamos dejar de considerar el cuidado como algo individual y empezar a pensarlo como una responsabilidad social y colectiva", dice la psicoanalista Candela Mazzitelli" height="1200" width="1800"/><p>En un mundo que tuviera a los cuidados como prioridad “estas tareas no deberían ser una carga solitaria, feminizada y silenciosa”, dice Mazzitelli. “Pienso que hay varias políticas públicas que podrían llevarse a cabo: licencias parentales más justas, equitativas y extendidas; licencias para cuidado de familiares mayores o familiares que transiten una enfermedad; reconocimiento económico del trabajo de cuidado, es decir, salario básico para personas que realizan tareas de cuidado no remuneradas; jardines maternales accesibles desde los primeros meses de vida; centros y residencias de calidad para personas mayores; espacios comunitarios de cuidados compartidos (comedores, ludotecas, espacios de crianza); espacios terapéuticos y de salud mental accesibles; acompañamiento psicológico para quienes cuidan; formación en salud mental con perspectiva de género; formación en corresponsabilidad; enseñar que cuidar no es solo cosa de las mujeres; visibilizar el valor de los cuidados en medios de comunicación”.</p><p>“<b>En una sociedad que prioriza el cuidado, nadie debería cuidar solo</b> —sentencia—. Las infancias, los adultos mayores y todas las etapas de la vida tendrían que estar acompañadas por una comunidad que ayude a sostener y redistribuir las tareas”.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/SL6BWNAVFNGF3IPC6TYSOYJVCI.jpg?auth=1a2d5a85db6a2739a733a877e7638a28d1cac865bd193a59700954f1c6805de7&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"/></item><item><title><![CDATA[La historia del único sobreviviente de una tragedia aérea y la frase de su hija que lo salvó: “Tengo miedo de que algún día no vuelvas”]]></title><link>https://www.infobae.com/sociedad/2025/06/02/la-historia-del-unico-sobreviviente-de-una-tragedia-aerea-y-la-frase-de-su-hija-que-lo-salvo-tengo-miedo-de-que-algun-dia-no-vuelvas/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/sociedad/2025/06/02/la-historia-del-unico-sobreviviente-de-una-tragedia-aerea-y-la-frase-de-su-hija-que-lo-salvo-tengo-miedo-de-que-algun-dia-no-vuelvas/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[El 2 de junio de 1995 Ricardo Romanelli se subió a una aeronave que lo llevaría a Paraná donde se haría cargo de la reestructuración de la aerolínea que daba pérdidas millonarias. Minutos después, en medio de una sudestada, tenía un único objetivo: llegar a la costa para que el agua no se lo tragara. En el día en que recuerda su “segundo cumpleaños” cuenta cómo vive, qué hizo con la experiencia que le cambió la vida]]></description><pubDate>Mon, 02 Jun 2025 14:14:05 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/P3EZLFZ6QZEYPCHKX44FVJJACI.jpg?auth=6aa1e5bbe995ffdec8662e8526c01f735775152a24d2fc2ea47c3df74c7d89ac&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Ricardo Romanelli, único sobreviviente del accidente de LAER" height="1080" width="1920"/><p>Cuando mira el río, ese manto ondeante de agua parda, Ricardo Romanelli no puede evitar la angustia.</p><p>El río. Las aguas abiertas que tantas veces había domado en la práctica de una disciplina en la que era diestro: antes del 2 de junio de 1995 Romanelli nadaba por deporte, por placer.</p><p>—A veces, cuando mirás las experiencias que vas teniendo, te das cuenta de que, sin saberlo, te fuiste preparando durante toda tu vida para poder afrontar esa situación. Yo he sido y sigo siendo un tipo muy deportista. Soy un muy buen nadador, he nadado en aguas abiertas, y esa es una de las razones, probablemente, por las cuales me salvé. <b>Tengo una personalidad sumamente resiliente</b>, he enfrentado un montón de situaciones adversas en mi vida, empezando por la pérdida de mi padre cuando era muy chiquito. Así que supongo que la vida me fue entrenando para eso, sin saberlo.</p><p>Cuando se acerca esta fecha no puede evitar la ambivalencia. Año a año llega al mismo río que vio bravo en medio de una sudestada esa noche de junio, el mismo que se devoró el avión privado en el que viajaba junto a otras seis personas. El que se devoró a todos, menos a él. Lleva flores en memoria. Agradece haber salido.</p><p>—Lo vivo muy intensamente. A veces estoy viajando y no estoy o no tengo un río, ni agua cerca para hacerlo. Pero sí, me afecta mucho. Yo volví a nacer ese día y de hecho mi familia me lo celebra como un segundo cumpleaños.</p><p>Recordar en detalle el accidente, lo que pasó a la posteridad como “la tragedia de LAER”, siempre es movilizante para él. Doloroso. Después de tres décadas de contarlo cientos de veces prefiere hablar de algo más: <b>cómo lo que sucedió aquel día cambió su forma de ver la vida</b>. Cómo logró sobreponerse a la adversidad. Cómo se vive siendo un sobreviviente. Cómo se lleva una experiencia traumática a cuestas, como una capa invisible que flota sobre el cuerpo, como una sombra que camina bajo los pies.</p><p>De la tragedia ya dio detalles. Treinta años más tarde elige hablar de resiliencia. Pero en la conversación, como en su vida, el río vuelve. Siempre vuelve.</p><p>***</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/EH75SG3EBJHZXMG3IUOUIA2OII.jpg?auth=8344e1609e164d6f151797484323025fbe9dff5f556d82c93a1600e3dde2ad15&smart=true&width=1920&height=1295" alt="Una semana después del accidente la revista Gente contaba lo sucedido en la nota de tapa con algunas impresiciones: para salvarse Romanelli nadó casi tres kilómetros
" height="1295" width="1920"/><p>El viernes 2 de junio de 1995, Ricardo —que entonces tenía 43 años, estaba casado y tenía hijos de 13, 11 y 9— salió de su casa por la mañana, como todos los días. Tuvo reuniones de trabajo en el centro porteño y, por la tarde, volvió a buscar un bolso para viajar a Paraná.</p><p>Hacía cuatro años que había comenzado su propio negocio —el que dirige hasta el día de hoy—: una empresa que se dedica a asesorar compañías a nivel nacional y regional “en temas vinculados fundamentalmente con fusiones y adquisiciones, búsqueda de capital privado, finanzas corporativas y consultoría estratégica y operativa”.</p><p>El avión que debía abordar a las siete, en Aeroparque, era uno privado de la Línea Aérea de Entre Ríos (LAER) —una aerolínea estatal que unía la ciudad de Buenos Aires con el litoral—. Ricardo había sido contratado para asesorar y reestructurar la compañía que tenía una flota de tres aviones pequeños y pérdidas millonarias.</p><p>Antes de salir de su casa su hija mayor, Josefina, rompió a llorar. Lo que le dijo en ese momento, minutos después, sería el motor que impulsaba sus brazos hacia la costa. El eco de las palabras por el que se aferró a la vida. Cuando Ricardo, listo para partir, le preguntó qué le pasaba, ella respondió: “<b>Vos siempre te vas y tengo miedo de que algún día te pase algo y no vuelvas</b>”.</p><p>Ricardo no había pensado en esa posibilidad. La angustia repentina de su hija no le despertó ningún presagio. Debía trabajar; prometió que volvía y se fue.</p><p>Sobre la hora pactada el avión despegó con siete personas a bordo: el piloto, el copiloto, el presidente de LAER, dos pasajeros que necesitaban llegar a Entre Ríos y no habían conseguido vuelo de línea, Ricardo y un amigo suyo “de toda la vida”, a quien había invitado a formar parte del nuevo proyecto que iba a comenzar con la aerolínea. Minutos después sobrevolaban el río sin saber que se había desatado una sudestada. Apenas subió y se abrochó el cinturón Ricardo clavó los ojos en papeles del trabajo. Hasta que no vio más nada.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/U4AZDYMWVBCQ5GXUODNSER4RQ4.jpg?auth=821e342884221024f773db84d24239cb8ee156aef30fe7fb6777d919c1e30660&smart=true&width=1920&height=1283" alt="En la nota de Gente de 1995 había fotografías del avión, luego de que lo sacaran del agua, de Ricardo leyendo un diario que contaba la tragedia y de su familia " height="1283" width="1920"/><p>Así le contó hace cinco años a la periodista Gisele Sousa Dias lo que sucedió en ese momento: “Pocos minutos después y sin ninguna señal previa, sentí el impacto. Se apagaron las luces y empezó a entrar agua por todos lados. El cerebro humano no tiene amortiguadores, con lo cual, si estás volando a 200 kilómetros por hora cuando pegás contra el agua es como si chocaras contra una pared de hormigón armado. Yo no perdí el conocimiento, pero cuando reaccioné no entendía dónde estaba, qué había pasado”.</p><p>“Señor, por favor, abra la salida de emergencia”, cuenta que escuchó en ese instante. Pensó que el pedido venía de alguien de la tripulación. Idea que más adelante descartó cuando tuvo acceso a las autopsias: todos los que estaban a bordo se habían desmayado en el impacto. Todos excepto él.</p><p>Lo cierto es que esa instrucción le hizo notar que a su lado había un ojo de buey de emergencia. La fuerza del río era imparable, el avión se hundía. Ricardo logró abrir la salida a los codazos. El agua empezó a entrar sin clemencia. Él se desabrochó el cinturón de seguridad y logró salir por la abertura.</p><p>Lo que siguió fue una secuencia de decisiones que tomó envuelto en la adrenalina del momento. <b>Las decisiones que lo mantuvieron con vida.</b></p><p>Rodeado por la espesura de la noche y el agua helada, con el río encrespado con olas debajo y la lluvia copiosa encima, tardó unos instantes en entender lo que había pasado. Intentó mantener la calma para poder flotar. Las olas lo envolvían una tras otra. Tragaba agua.</p><p>Al no ver a nadie se sumergió unos metros para tratar de hallar el avión y ayudar al resto a salir. Fue un esfuerzo en vano. Casi sin aire comenzó a nadar para volver a la superficie pero las botas texanas que llevaba puestas, llenas de agua, lo jalaban hacia abajo “como dos baldes de hormigón en los pies”, contó a <i>Infobae </i>en 2020. “Debo haber estado 45 minutos tratando de sacármelas y no pude. Si sacarte botas sentado en el borde de la cama es difícil, imaginate sacártelas en el agua, cuando no hacés pie”. “No había empezado a nadar y ya estaba físicamente agotado. En ese momento pensé: ‘No puedo más’. Me empecé a hundir, las botas me empujaron rápidamente hacia el fondo. Ahí empecé a experimentar el proceso de la muerte”. <b>Fue cuando recordó las palabras de su hija</b>.</p><p>—Yo perdí a mi padre de muy chico, tenía diez, once años, y no quería que mis hijos y quién era entonces mi mujer tuvieran que sufrir las consecuencias de que yo de un día al otro desapareciera del mundo —dice ahora—. Y esto fue lo que me hizo salir adelante.</p><p>Con su familia como motor y el objetivo irrenunciable de llegar a tierra firme, puso toda su determinación al servicio de su supervivencia. Salió de nuevo a flote, logró sacarse las botas y el jean para avanzar más rápido —sabía que tenía poco tiempo antes de que la hipotermia le frenara el corazón— y sin tener claro hacia dónde, divisó unas luces a lo lejos y comenzó a nadar.</p><p>Entre él y la costa había aproximadamente <b>tres kilómetros y un esfuerzo sobrehumano</b>. Su reloj nunca dejó de funcionar. Supo que nadó, agotado física y mentalmente, durante una hora y cuarto.</p><p>Las brazadas finales lo sacaron a tierra en Punta Carrasco, una zona conocida por sus instalaciones para eventos, <i>after office</i> y celebraciones. Se apareció, como un fantasma en calzoncillos, en un salón de fiestas donde tocó la ventana para pedir ayuda a los mozos que preparaban el lugar.</p><p>“Yo ya no podía hablar así que les expliqué con señas lo que pude. Me abrieron una ventana, me metieron en la cocina, abrieron la tapa del horno y me taparon con manteles. Cuando llegó el médico del SAME y me tomó la temperatura estaba debajo de los 28 grados, ese es el límite en el que usualmente el corazón deja de funcionar” —contó.</p><p>***</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/PNB74MFJCVGO3C2RNBR3RFJ4MM.jpg?auth=986201dc46eb8f6edfae2702af3775577537b6388c779c614bf7ae3e9c080e1b&smart=true&width=1920&height=1350" alt="La tragedia de LAER en Clarín, el 3 de junio de 1995
" height="1350" width="1920"/><p>—Esas situaciones en las que podés perder la vida dejan una cicatriz muy profunda, muy difícil de olvidar, porque te vienen a la mente todo el tiempo, el resto de tus días —dice ahora.</p><p>Pasaron treinta años y, algunas noches, Ricardo tiene pesadillas. Algunos días, el río se le aparece, como un rayo, y lo vuelve a empujar a ese 2 de junio de 1995.</p><p>—Sigo teniendo visiones del accidente estando despierto, mi mente a veces se va ahí. Es imposible olvidarte.</p><p>Por diez o quince años, luego de aquel día, la pregunta no lo abandonó: “<b>Por qué me tocó a mí vivir esta situación y qué es lo que debía aprender</b>”.</p><p>—Fue un proceso de reflexión profundo. Leí mucho sobre este tipo de situaciones de otras personas y leí mucho acerca de la vida después de la muerte, una pregunta que todo ser humano se hace en algún momento. Yo comencé a vivir el proceso de la muerte porque en un momento dado, por el agotamiento que tenía, me entregué y me empecé a ahogar, y esto me enseñó a perderle el miedo. La muerte es algo que a todas las personas les estremece de manera tal que, cuando te pones a reflexionar al respecto, automáticamente la mente lo primero que hace es pensar en otra cosa.</p><p>El estrés postraumático que lo acompañaría y lo acompañará el resto de sus días, el interrogante de por qué la vida lo puso en esa situación y qué es, exactamente, lo que lo llevó a salvarse lo condujeron por diversas lecturas, diversos enfoques. Lo llevaron incluso a hacia un estudio de religiones comparadas para tratar de entender qué piensa cada credo sobre la muerte y sobre lo que sucede cuando la vida llega a su fin.</p><p>Este bagaje literario, reflexivo, y los interrogantes que no dejaron de girar a su alrededor se tradujeron, para Ricardo, en la adquisición de un nuevo sentido de la vida y de la experiencia traumática que había protagonizado.</p><p>Mucho tiempo después pudo poner en palabras ordenadas sus ideas respecto a <b>qué fue lo que hizo para salir con vida de una situación en extremo adversa.</b> Y decidió poner esas palabras, esas ideas, al servicio de quienes las necesitaran: armó una presentación que pudiera ayudar a las personas a enfrentar situaciones límite, hechos traumáticos. Y la lleva adonde la requieran: dio charlas en clubes, grupos de amigos, empresas, escuelas, universidades. Siempre gratuitas —aclara—. No le interesa lucrar con una experiencia que llevó a otros, incluso a un amigo muy querido, a la muerte. <b>Lo que busca irradiar es un mensaje de resiliencia</b>.</p><p>—De alguna manera trato de explicar qué pasa cuando uno se enfrenta a una adversidad de cualquier naturaleza, no necesariamente como esta. Cuáles son los mecanismos para tratar de superar esa situación. Yo identifiqué algunos que creo que, inconscientemente, utilicé. Que, en esencia, implican <b>fijarte un objetivo de corto plazo</b> vinculado a la situación que estás viviendo o paralelo a la situación que estás viviendo, focalizarte en ese objetivo y poner todo tu esfuerzo, absolutamente incondicional, para salir de esa situación. A ese proceso lo terminé llamando “<b>la ventana de la esperanza</b>”. Cuando te enfrentás a ese objetivo no podés dudar, tenés que poner todos tus recursos al servicio de lograrlo. Es muy importante que uno crea en sus capacidades y en sus competencias. No podés pararte a reflexionar si es realmente lo que debés hacer: <b>tenés que hacerlo</b>.</p><p>Ricardo explica que lo que suele interponerse entre el deseo y el cumplimiento del objetivo es <b>el miedo</b>: a la muerte o al ridículo, que es lo que hay que intentar superar.</p><p>—Lo otro que es importante entender es que, en general, cuando uno enfrenta una situación como esa necesita darle sentido a la vida y <b>eso te lo da siempre algo que está fuera de vos, de tu persona: lo hacés por algo o por alguien</b>. Esa es la segunda reflexión, entender que uno sale de estas situaciones por algo o por alguien. En mi caso fue por mi familia.</p><p>“Nadie se salva solo”, la máxima de la Argentina del <i>Eternauta</i>, es real. Aún intentando salir a flote en el agua helada, en medio del Río de la Plata, envuelto en una noche cerrada sin otro ser humano cerca, lo que impulsó una nueva bocanada de aire, lo que empujó una dosis de energía extrahumana cuando la resistencia humana estaba agotada para lograr la próxima brazada fue un otro.</p><p>***</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/RRAWTF7LWFA2FBTTGTO3MHLVFY.jpg?auth=d5a09a1eb56a9ed49c1f27c41416a75c03f1ca32353d782e58c7f6012cb2572c&smart=true&width=6720&height=4480" alt="Romanelli con Infobae, en 2020, en el Río de la Plata, señalando el lugar en el que pudo salir" height="4480" width="6720"/><p>Su objetivo a corto plazo, ese que se fijó después de recordar las palabras de su hija la noche del 2 de junio de 1995, era llegar a la costa. Salir del río. Para concretarlo, dice, fue clave “haber desarrollado una personalidad resiliente”, lo que le adjudica —y le agradece— al deporte en equipo, concretamente al rugby. En sus años de reflexión sobre el asunto entendió que estos dos ejes, <b>objetivo fijo y resiliencia</b>, van juntos en los momentos difíciles. Y es en lo que se explaya cuando lo invitan a hablar sobre cómo manejar la adversidad.</p><p>—Yo soy exjugador de rugby y creo que eso, más allá de saber nadar, me ayudó mucho. Es un deporte que me formó, tuvo y sigue teniendo una enorme influencia en mí, en mi personalidad, porque es un deporte que te enseña que te vas a caer, te vas a golpear y tenés que levantarte y ayudar a los que tenés al lado. Esas enseñanzas fueron muy importantes para sobreponerme a la adversidad. Porque el fenómeno de la resiliencia es algo que se entrena, no es algo con lo que uno nace. Y, en mi opinión, se entrena practicando deportes de conjunto. Particularmente si tienen contacto físico. Yo lo hice sin querer, no es que lo hice a propósito, pero esto es un factor central para mí. Es una cualidad que todo padre debería enseñarle a sus hijos. Nosotros le enseñamos un montón de cosas a nuestros hijos pero perdemos de vista enseñarles a ser resilientes en la vida; porque todos, en algún momento, enfrentan la adversidad y hay que saber recibirla y superarla. Esta fue otra de las cosas que aprendí del accidente. Es un tema central para mí en la vida de una persona.</p><p>Además de la resiliencia, de cómo enfrentar una situación desafiante o límite, de perder el miedo a la muerte, aquel 2 de junio de 1995 Ricardo adquirió otra cosa: la posibilidad de ver y pensar la vida de otra manera, de <b>encontrar la felicidad todos los días</b>.</p><p>Explica que las personas podemos mirar la vida y las cosas que la componen de dos formas diferentes: “cómo son o con respecto a qué son y qué representan” —una idea tomada del existencialismo de Heidegger.</p><p>—El primer modo es lo que se llama el modo común y el segundo es la forma ontológica. Cuando vos lo mirás de modo común le prestás atención, por ejemplo, a los bienes económicos, a la riqueza, a la belleza, a la edad, al poder. Y lo que aprendés con esto [con un hecho traumático] es que esas son <b>evanescentes distracciones de la vida</b>. Porque todas esas cosas cambian. Vos podés quedarte sin dinero, sin poder, vas a envejecer. Entonces lo importante es aprender a mirar la vida y las cosas con respecto a qué son. Cuando hacés eso, lo que estás haciendo es mirar todas las cuestiones que te rodean y que no cambian con el tiempo. Básicamente ahí empezás a entender que lo que importa es vivir todos los días como si fuera tu último día, entender, cuando te levantás a la mañana, que este día nuevo que vas a vivir es irreproducible, que está totalmente virgen y podés hacer lo que vos quieras y realmente te propongas hacer con él.</p><p>Ricardo habla de lo que para él, desde aquel día, representa la esencia de la vida. De la importancia de preguntarse a diario si lo que hiciste te hizo feliz. También dice que para ser feliz “uno tiene que <b>aprender a amar todo lo que lo rodea</b>”. Y que para eso primero hace falta quererse y aceptarse a uno mismo, con las fortalezas y debilidades, con los aciertos y los errores. Cree que es importante pensar siempre en el presente, porque pensar en la felicidad del mañana genera ansiedad y en la del pasado, frustración. Sabe también que no es tarea fácil. Que es más simple decir todo esto que llevarlo a la práctica, pero que es un ejercicio que vale la pena hacer. Asegura que hace el esfuerzo de pensar así todos los días. Que como el río vuelve, y lo envuelve, es imposible no pensar, es imposible olvidarse dónde está lo verdaderamente importante.</p><p>—En el fondo es eso. Esta es mi contribución, lo que yo aprendí después del accidente. Yo soy un tipo común, igual que cualquier otro. No soy un genio, un superhombre ni nada por el estilo. Soy una persona a la cual simplemente le tocó vivir lo que le tocó vivir, como me han tocado otras situaciones muy críticas en la vida, y traté de acomodarlo de la mejor manera posible.</p><p>***</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/YVYM57TLZVA55MCJ5UN7GOW5TA.jpg?auth=8d2c06e2b8e86993397c27a39a0027222b080f4efb949c14c9aacc6ced59d365&smart=true&width=6720&height=4480" alt="A treinta años de la tragedia de LAER, Ricardo elige hablar de resiliencia. Pero en la conversación, como en su vida, el río vuelve" height="4480" width="6720"/><p>Ricardo dice que tuvo suerte: de no desmayarse en el impacto como el resto de los pasajeros del avión; de vivir el comienzo del “proceso de la muerte” que le permitió dejar de temerle; de haber salido del agua justo cuando el cuerpo marcaba 27 o 28 grados, la temperatura límite en la que el corazón deja de funcionar.</p><p>Volvió a volar. A la semana siguiente de la tragedia estaba, de nuevo, arriba de un avión. Padece despegar desde Aeroparque. La pasa mal cuando carretea. Y si no toma alguna pastilla que lo ayude a dormir en vuelos largos no hay manera de que descanse.</p><p>Volvió a nadar. De vez en cuando, pero no le resulta fácil. Necesita que alguien cercano, algún afecto, esté con él, lo cuide.</p><p>Dice que <b>pensar en la muerte es como mirar al sol</b>: “Vos podés mirarlo por un segundo, pero la luminosidad molesta tanto que enseguida quitás la vista”. Dice que, desde el accidente, él mira.</p><p><br/></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/P3EZLFZ6QZEYPCHKX44FVJJACI.jpg?auth=6aa1e5bbe995ffdec8662e8526c01f735775152a24d2fc2ea47c3df74c7d89ac&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Thomas Khazki</media:credit></media:content></item><item><title><![CDATA[Las mujeres de Mayo: quiénes eran y por qué sus roles y proezas fueron clave para el proceso independentista ]]></title><link>https://www.infobae.com/sociedad/2025/05/25/las-mujeres-de-mayo-quienes-eran-y-por-que-sus-roles-y-proezas-fueron-clave-para-el-proceso-independentista/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/sociedad/2025/05/25/las-mujeres-de-mayo-quienes-eran-y-por-que-sus-roles-y-proezas-fueron-clave-para-el-proceso-independentista/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[Madres, compañeras, soldadas, guerreras, espías, mensajeras, costureras, oradoras, enfermeras. A 215 años de la revolución que daría paso a un país emancipado, el lugar que les corresponde, con lo mucho o poco que la historia rescató
]]></description><pubDate>Sun, 25 May 2025 22:59:28 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/6NRJ7VXADRGL5DUSJQNRHSD4LM.jpg?auth=e36968c1929613af581158f29445a6a5071aaf895c818367d3d166525b36ebc8&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Monumento a Juana Azurduy" height="1080" width="1920"/><p>Hace algunos días un video explicativo en el universo digital mostraba una nueva función de uno de los tantos programas que trabajan con inteligencia artificial: la de animar fotos. Cualquier tipo de momento congelado en el tiempo ante un obturador, a la luz de determinados pasos a seguir, puede cobrar vida. Una vida breve. Las personas fotografiadas pueden hacer algún movimiento vinculado a la imagen: agitar un globo, mover la cabeza, saludar. </p><p>Pero qué pasaría si, al mejor estilo <i>Black Mirror</i>, esta función escalara más allá y las imágenes pudieran explicarse a sí mismas, tomar voz y contar algo más del momento en que fueron inmortalizadas. Tal vez <b>Mariquita Sánchez de Thompson</b> no ofreciera masitas y bebidas calientes o espirituosas a sus invitados junto al piano. Tal vez contaría que ponía su casa y sus comodidades suntuosas a disposición para ser utilizada como una suerte de búnker lujoso en el que <b>se exponían e intercambiaban ideas</b> llegadas de Europa, nacían asociaciones privadas y públicas y alianzas políticas. Tal vez confesaría que entre exquisitos muebles y telas <b>se planeaba la revolución</b>. </p><p>Tal vez <b>María Remedios del Valle</b> podría hablar, por fin, de sus orígenes. Contar sobre su vida de esclava, sobre cómo logró la libertad. Sobre su heroísmo, el miedo que debió masticar y tragar en <b>la primera expedición militar hacia el Alto Perú</b>, en junio de 1810. En las victorias de Tucumán y Salta (1812 y 1813) y en las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma (1813), donde fue herida de bala, tomada prisionera por los realistas y sometida a azotes públicos. Sobre lo que sintió cuando <b>Belgrano la reconoció como capitana</b>, en medio del duelo de su marido y sus dos hijos muertos en combate.</p><p>Tal vez <b>Macacha Güemes</b> relajaría su boca sellada para contar cómo <b>organizó junto a su hermano, Martín Miguel, un ejército de gauchos</b> que pasó a la posteridad con el nombre de Los infernales, que defendió el territorio donde ahora se yerguen las provincias de Salta y Jujuy de las fuerzas realistas. Cómo​ hizo de su casa un taller para la confección de uniformes para ese ejército. Y cómo se puso el traje de <b>espía profesional</b>, cuando la ciudad de Salta fue cercada por autoridades fieles a la Corona española, para <b>proveer de información clave a los guerreros independentistas</b> sobre las tropas ajenas. Tal vez confesaría, entre risas y orgullo, cómo ocultó papeles en su pollera o los dejó en huecos de los troncos de los árboles a la ribera del río Arias. Cómo montó a caballo, aún embarazada, para llevar noticias a las que le cabrían la música y la placa roja de “último momento” al campamento del ejército.​</p><p>De unos pocos años a esta parte, para estas fechas, se intenta hacer un revisionismo que les devuelva a las mujeres que participaron en la gesta de la independencia algo del honor y el protagonismo que la historiografía oficial, masculina, blanca y rica de Argentina no le dio, cristalizando en los manuales que se estudian en las escuelas otras representaciones. Las de las damas con vestidos vaporosos, peinetas y mantillas y los caballeros majestuosos que, con los sables bien puestos, liberaron la patria. </p><p>Entre el aguatero y la negra mazamorrera. Entre los vendedores de velas y los paraguas. Estaban ellas. Aunque sus papeles no hayan sido casi encarnados en los escenarios escolares. Tras bambalinas, sosteniéndolo, empujándolo, orquestándolo todo. <b>Estaban ellas</b>. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/SZLTOLMTNVHF7MMYVJ4OJTUWSQ.jpg?auth=e3a8d771e9e25e4f39ac0499a42930422a0d926d93c8b06f6d387a4c462dbfdf&smart=true&width=1920&height=1280" alt="Mariquita Sánchez de Thompson  " height="1280" width="1920"/><p>Si hubiera un álbum de figuritas de las mujeres de la patria, quizás de la Revolución de Mayo habría unas pocas. De seguro estarían presentes las que aparecen en esta nota, el puñado al que los años, los feminismos y algunas reivindicaciones latinoamericanas pudieron rescatar del anonimato, del olvido. De seguro hay miles de ellas que no corrieron esa suerte, pero pueden alinearse tras estas, las figuritas que querríamos conseguir. En el honor de todas, en su memoria: sus hazañas. Lo que se supo. Lo que se rescató entre los pocos documentos y registros que los historiadores aseguran hay de ellas. Lo que el tiempo redimió.</p><p><b>La madre negra de la patria: María Remedios del Valle</b></p><p>La doctora en Historia e investigadora del CONICET, Florencia Guzmán, se especializó en la vida de María Remedios del Valle. En un artículo titulado “María Remedios del Valle y las Marías. Memorias, representaciones y actualidad de una femineidad negra heroica en la capital ‘blanca’ argentina” explica que la reconstrucción de su vida nace de <b>dos documentos</b> principales disponibles: un pedido de pensión hecho por ella, en 1826, y el registro del debate, en la Cámara de Representantes de la Provincia de Buenos Aires, sobre si se la otorgaban o no, en 1828. </p><p>“De ambos documentos y de una breve cita realizada unas décadas después, surgieron las biografías y semblanzas sobre María Remedios que han sido escritas y reproducidas a lo largo del tiempo por ensayistas, biógrafos, periodistas, historiadores e incluso novelistas. Esta información se ha acumulado y repetido metódicamente, con algunas adiciones, pero también con equívocos, contradicciones y omisiones”, dice en ese texto en el que estudia diversos aspectos desconocidos o imprecisos de la vida de María Remedios, como su filiación, y narra la dificultad de obtener información debido a los pocos registros que existen de las mujeres en general, y más aún de las afrodescendientes que fueron esclavas. </p><p>Guzmán dice que “la reseña más completa fue publicada por Jacinto Yaben en el <i>Diccionario de Biografías Argentinas y Sudamericanas</i>, en 1940”. Según esa descripción María Remedios era porteña, afrodescendiente. Aparece nombrada como “parda o morena”. Las investigaciones sugieren, dice Guzmán, “que fue esclavizada por Rosa del Valle, quien le otorgó el apellido”. </p><p>Se supo que <b>defendió a la ciudad de las invasiones inglesas</b> y, tras la Revolución de Mayo, se fue junto a su marido e hijos a la expedición destinada al Alto Perú. Alimentaba a los soldados, curaba heridos, peleaba a la par. Tiempo después fue desde Potosí hasta Jujuy, donde se sumó al ejército del general Manuel Belgrano. “Participó en las victorias de Tucumán y Salta (24 de septiembre de 1812 y 20 de febrero de 1813) y en las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma (1 de octubre y 14 de noviembre de 1813). En esta última fue herida de bala y tomada prisionera por los españoles, luego sometida a nueve días de azotes públicos. No se conoce en cuáles de todas las acciones libradas fallecieron el marido y los dos hijos y tampoco la fecha de su regreso a Buenos Aires”, escribe Guzmán. </p><p>Y se detiene largo en la batalla de Ayohuma: “Sugiero que significó un punto de inflexión en la vida y en la representación de heroicidad de María Remedios. Las cicatrices que llevó en su cuerpo hasta el final de sus días resumen las acciones realizadas en esta derrota patriota, donde luchó, escapó, fue herida de bala, capturada y azotada. También, <b>en conjunto con otras mujeres, consoló y asistió en medio de un intenso cañoneo </b>y de un sol abrasante en el mediodía del territorio boliviano. Los adjetivos que la caracterizan en los discursos de los líderes y oficiales sintetizan esta <i>performance</i> de heroicidad: <b>valentía, bravura, abnegación, fortaleza, patriotismo y determinación</b>”.</p><p>Vuelve a saberse de ella, en los papeles, en 1826, cuando comenzó el trámite para que le otorgaran la pensión —de seis mil pesos— por los servicios prestados por ella, su marido e hijos muertos en combate. </p><p>“Con fecha 24 de marzo de 1827 el ministro de la Guerra, general Fernández de la Cruz, firmó un decreto para que la demandante se dirigiese a la Cámara de Representantes de la Provincia de Buenos Aires, reactivándose allí el expediente en el año 1828. Allí los diputados votaron a favor de otorgarle el sueldo y cargo de capitán de Infantería y dos meses después fue incluida en la Plana Mayor (29 de enero de 1830)”, expone la investigadora. Y sigue: “En 1835 Rosas la habría destinado a la Plana Mayor pasiva con su jerarquía de Sargento Mayor y allí revistará con el nombre de María Remedios Rosas, con el que luego continuaría apareciendo en las listas respectivas hasta la fecha de su muerte, ocurrida en 1847”. </p><p>Después de morir fue declarada “<b>madre de la patria</b>”. Aunque su reivindicación histórica llegaría muchos años más tarde: su papel en la gesta revolucionaria comenzó a trascender en el año 2010, por las celebraciones del bicentenario de la Revolución de Mayo, y fue coronado en 2013, cuando se estableció el <b>8 de noviembre</b>, día de su fallecimiento, como el “<b>Día de los afroargentinos y las afroargentinas y de la cultura afro</b>”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/CH2G5G3LURB3ZJGC6SRRMWEZ44.jpg?auth=3776b1a26343728edd3cfbffc29bcd269102527382d73efd090288e05dabae54&smart=true&width=1920&height=2584" alt="María Remedios del Valle" height="2584" width="1920"/><p><b>Flor y Amazona: Juana Azurduy</b></p><p>A la flor del alto Perú quizás le quepa mejor el mote con el que pasó a la posteridad: “<b>la Amazona de la libertad</b>”. Oriunda de Toroca, un poblado ubicado en la provincia de Charcas​ del Virreinato del Río de la Plata —actualmente Potosí, Bolivia—, de una familia de Chuquisaca. Hija de una madre mestiza y un padre blanco y rico, dueño de muchas propiedades. En 1809, ella y su marido, Manuel Ascencio Padilla, se unieron a los ejércitos independentistas que encararon la Revolución de Chuquisaca y la Paz, en la que derrocaron al gobernador. Después, los dos se sumaron al Ejército del Norte encabezado por Manuel Belgrano. </p><p>Juana <b>logró reclutar a diez mil indígenas, comandó tropas</b>, colaboró con Martín Miguel de Güemes luchando en más de treinta batallas que liberaron Arequipa, Puno, Cusco y La Paz. Entre quienes pelearon se destacan “Las Amazonas”, un grupo de <b>mujeres mestizas e indígenas movilizadas por la causa de la liberación del pueblo</b>. </p><p>Como señala en su estudio sobre María Remedios del Valle, Florencia Guzmán, retomando al historiador Alejandro Rabinovich, “el esfuerzo reclutador de los ejércitos patriotas se había repartido de manera desigual entre los distintos sectores sociales. La tropa estuvo compuesta mayoritariamente por campesinos y trabajadores pobres de la campaña, la plebe urbana, migrantes internos, negros, pardos, indios y mestizos, <b>tanto varones como mujeres</b>”.</p><p>Juana Azurduy destacó por <b>su valentía y su capacidad de liderazgo</b>. En 1816 fue nombrada teniente coronel; en 1825, Simón Bolívar la ascendió a coronel y le otorgó una pensión que recibió durante cinco años. Sin embargo murió, a los 81, en la pobreza y el olvido; un 25 de mayo de 1862. Y fue enterrada en una fosa común. Cien años después sus restos fueron exhumados y trasladados a un mausoleo construido en su honor en la ciudad de Sucre.</p><p>A la mayoría de estas mujeres los homenajes y reconocimientos por lo hecho en pos de la liberación de estas tierras les llegaron mucho después de morir. Entre los muchos que recibió Juana, en Bolivia, hay una provincia, un aeropuerto, y la Orquesta Infanto Juvenil Nacional con su nombre. Además fue ascendida póstumamente: en 2009 se le otorgó el grado de mariscala de la República, declarándola “<b>libertadora de Bolivia</b>”; en 2011, el de mariscala del Estado Plurinacional de Bolivia. Para sellar este nombramiento, el entonces presidente Evo Morales posó los grados y el sable al pie de sus restos.</p><p>En la Argentina, el historiador Félix Luna escribió una cueca norteña que musicalizó Ariel Ramírez en su honor, y muchas instituciones de diferentes provincias la llevan en su nombre. Hay escuelas, de norte a sur, calles y hasta una ruta chaqueña que se llama como ella. </p><p>Su imagen se alza, determinante, en la Plaza del Correo, frente al Palacio Libertad —ex Centro Cultural Kirchner— y solía estar en el Salón de las Mujeres Argentinas del Bicentenario de la Casa Rosada, que el Gobierno actual rebautizó Salón de los Próceres, en el Día Internacional de la Mujer. En 2009, cuando Hugo Chávez visitó el país saludó militarmente el monumento y la entonces presidenta argentina, Cristina Fernández, le dijo: “Hacés muy bien en hacerle la venia. Perdió cinco de sus seis hijos en la guerra por la independencia”.​</p><p>Como a Remedios del Valle, con una ley se dedicó un día en su honor: en 2007 se declaró al 12 de julio, fecha de su nacimiento, <b>Día de las Heroínas y Mártires de la Independencia de América</b>.</p><p>El 14 de julio de 2009 Cristina Fernández le otorgó el grado póstumo de generala del Ejército Argentino y, al año siguiente, entregó sable e insignias de ese cargo a sus restos, en la Casa de la Libertad de Sucre y firmó un tratado, con Evo Morales, que establecía al 12 de julio como el <b>Día de la Confraternidad Argentina-Boliviana</b>.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/5UJIK7T3LJG5DK5LDPHHFUDVNQ.jpg?auth=836f27863e0e1c12badba2b9ba9e1bc687af79336d38f11f869da9ee4c776c06&smart=true&width=3264&height=2017" alt="Juana Azurduy en combate. (Ilustración publicada en la revista Caras y Caretas)." height="2017" width="3264"/><p><b>Mucho más que “la hermana de”: Macacha Güemes</b></p><p>Sexta hija —primera mujer— de ocho hermanos en una familia de apellidos ilustres y fundacionales del norte argentino, María Magdalena Dámasa Güemes, cuyo padre era el tesorero real de la Corona española en la Intendencia de Salta, territorio tucumano del Virreinato, llegó al mundo dos años después que su hermano Martín Miguel. <b>Con el que lucharía codo a codo por la independencia argentina</b>. </p><p>En 1803 se casó con Román Tejada, capitán del Regimiento de Patricios de Salta, otro hijo de una de las familias más tradicionales de esa ciudad. Con él tuvo una hija que llamó Eulogia.​</p><p>Podría imaginarse que Macacha tenía una vida colmada de comodidades, apellidos relucientes, exenta de preocupaciones. Sin embargo, cuando estalló la Revolución de Mayo, <b>se puso al servicio de la causa independentista</b>. Se plegó a su hermano, que hacía carrera militar desde los catorce años. </p><p>Juntos organizaron un ejército de gauchos para defender las tierras de las actuales provincias de Salta y Jujuy de las tropas realistas. Este cuerpo de soldados fue conocido con el nombre de Los infernales. Macacha transformó su casa en un taller para fabricarles los uniformes y cuando la ciudad de Salta se vio cercada por autoridades fieles a la Corona española, se convirtió en <b>espía </b>para llevarle, a los suyos, información. Escondía pequeños trozos de papel entre su falda o los dejaba en huecos de los troncos de los árboles. Cuando tenía noticias con carácter urgente montaba a caballo —lo que hizo incluso embarazada— hasta el campamento de Los infernales. </p><p>Cuando su hermano se enfrentó con el general José Rondeau, director supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata —que lo había declarado traidor por haberse apropiado de armamento para formar su propio ejército— y venció, su popularidad lo llevó a convertirse en gobernador de Salta. Rondeau quiso intervenir militarmente en consecuencia, pero Macacha medió entre ambos para evitar otro enfrentamiento. <b>Logró un acuerdo de no agresión </b>que se conoció como Pacto de los Cerrillos. Y que también establecía la continuidad de su hermano al frente del ejército de gauchos. </p><p>Mientras Miguel dirigía los combates, Macacha se hacía cargo del Gobierno provincial y desactivaba operaciones en su contra suscitadas por las familias de la élite salteña que no veían con agrado un gobierno gaucho y formaron un partido opositor llamado Patria Nueva para reemplazarlo. A raíz del cual, junto a José Ignacio de Gorriti, ella formó el partido Patria Vieja.</p><p>Su hermano falleció en junio de 1821 por un balazo recibido en un enfrentamiento en su casa de Salta. Macacha estaba ahí. </p><p>Después de la muerte de Miguel, ella continuó trabajando para la causa revolucionaria. Fue encarcelada, junto a su madre y simpatizantes de su partido, por el gobernador opositor, pero debieron liberarlas tras una sublevación del ejército gaucho, con saqueos, en la ciudad de Salta, el 22 de septiembre de 1821. Ese episodio fue conocido como <b>la Revolución de las Mujeres</b> y trajo como consecuencia el derrocamiento de Fernández Cornejo y la asunción de Gorriti.</p><p>Macacha siguió siendo una activista política acérrima varios años más. <b>Luchó por la justicia y la igualdad. Por los derechos de las mujeres y su educación</b>. También apoyó a los movimientos obreros y a los trabajadores agrícolas, y luchó por la abolición de la esclavitud. </p><p>Murió en Salta, el 7 de junio de 1866, a los 79 años, con el reconocimiento y la estima de las franjas más humildes de la sociedad, muchos de quienes conformaban el ejército gaucho de Güemes. De ellos recibió el mote de “<b>madre del pobrerío</b>”.​</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/L7CIVR3LKRC4JO3FYTXVSWY5WE.png?auth=173b7149211bd1ffaa1e162158f71a8435eb601ed3adbbafca318fee4e4ee532&smart=true&width=606&height=432" alt="Macacha Güemes" height="432" width="606"/><p><b>Una escritora elocuente: Águeda Tejerina</b></p><p>Águeda Tejerina nació en Tucumán, en 1768. Como muchas de las mujeres que participaron de la causa independentista, era hija de una familia española con gran fortuna, con miembros que se sucedían en puestos relevantes de la política y la sociedad de esa geografía. </p><p>Según las tradiciones de su cultura, las niñas de buena familia no debían dar a conocer de forma pública sus pensamientos y opiniones. Era extraño que se les enseñara a leer y, si se hacía, se controlaba con rigor a qué materiales accedían. Aún más extraño era que se les enseñara y permitiera escribir para expresarse. Las pocas mujeres que sabían leer, en general, no sabían escribir más que su firma. Pero Águeda tenía un temperamento particular y estas costumbres no la detuvieron.</p><p>En 1783 se casó con el comerciante español más rico de la ciudad, Manuel Posse, y se dispuso a su lado para llevar la contabilidad de sus negocios. Mientras paría un hijo por año, hasta contar 14 —muchos de los cuales morirían en la niñez— se erigía como <b>una referente social</b>: era la primera en actos de caridad, presidía eventos importantes. Pero la causa que haría suya, más que ninguna, llegó con la noticia de la invasión inglesa, en 1806. Y el pedido de refuerzos desde Buenos Aires.</p><p>Águeda comprendió enseguida que algo debía hacer para avivar la reacción del pueblo tucumano. Fue cuando escribió una <b>apasionada proclama dirigida a las mujeres</b>, que trascendería los sesgos de género de la historia. Un texto en el que las llamó a <b>demostrar su patriotismo</b> de la manera que eligieran, que pudieran.</p><p>Con fecha de marzo de 1807 y la firma de uno de sus hijos —pese a que sabía leer y escribir notablemente— más como una estrategia sutil para conservar las formas impuestas socialmente ante las destinatarias de ese mensaje, en el texto escribió cosas como: “Llegó el tiempo en que <b>es preciso manifestar los sentimientos de patriotismo, vasallaje y honor que también nos animan</b>. Aunque la honestidad del sexo nos excluye de la comparecencia personal al socorro de Buenos Aires, no por eso niega otros recursos para demostrar que nuestros deseos se nivelan con los que han dado a luz los nobles ciudadanos del pueblo”. </p><p>“Un solo golpe resta para que el enemigo Inglés posesionado en la Capital de Buenos Aires continúe sus hostilidades al interior del Reino para que después de sus porfiados ataques se haga dueño de nuestro Patrio suelo, de nuestros dominios y propiedades y que enarbolando sus banderas, suelte el freno al despotismo y rigor, promulgando leyes de severidad y espanto”. </p><p>“(...) En menos de cuatro días ya tenemos ochenta y tantos voluntarios”. “Hemos visto que aún los niños de diez años concurrieron en tropel a ofrecerse voluntarios: y que los más infelices han hecho demostraciones de verdaderos compatriotas oblando alguna suma entre la indigencia que les oprime”.</p><p>“<b>Tucumanas, nuestro sexo jamás puede reputarse de menor condición en esta parte</b>, y así es preciso que expliquéis nuestros sentimientos suscribiéndose a continuación por las sumas que queráis oblar, que yo me suscribo por la de cincuenta pesos”.</p><p>Después del texto —que tuvo una amplia recepción— comenzó a tocar puertas, a recorrer casa por casa para recoger la colecta y seguir motivando a sus conciudadanos a ser <b>protagonistas de la historia</b>. </p><p>Así lo narró el escritor Eliseo Soria Quiroga: “Doña Águeda no se dio por satisfecha con la proclama, salió a la calle y, haciendo sonar el fru fru de sus enaguas, fue de casa en casa levantando una colecta para costear los gastos que habían de hacer frente la población de Tucumán cooperando a la Reconquista de Buenos Aires, ya que, como decía en su escrito, las arcas del erario provincial estaban exhaustas”.</p><p>Las mujeres tucumanas se sintieron interpeladas, sacudidas: respondieron. Armas, dinero, uniformes, mano de obra, cada quien ofrecía lo que estaba a su alcance en pos de la defensa de Buenos Aires. Tucumán fue el primer territorio que acudió ante el pedido de ayuda de manera significativa: envió a la capital unos 600 hombres, con equipo y armamento brindado por la cooperación popular.</p><p>Los años siguientes, en las guerras de la independencia, Águeda Tejerina supo oponerse a su propio marido que apoyaba al ejército realista. <b>Donó todas sus joyas al ejército patrio</b> en colaboración a la lucha. Perdió en combate a un hijo y a un hermano. Murió longeva, nonagenaria, testigo del nacimiento de <b>una nueva Argentina</b>.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/KVHG3ETJYRBIZMUJ7XEAE5LYZU.jpg?auth=c7b23346fe789fd086e0490bc044abfaf879d4dd7fe9dc1b9a0e30f8ba53a1ee&smart=true&width=1920&height=1817" alt="Águeda Tejerina" height="1817" width="1920"/><p>Fueron más. Más las que trascendieron —Mariquita Sánchez de Thompson, Melchora Sarratea, Manuela Pedraza, Casilda Igarzabal de Rodríguez Peña— y más aún las que no. <b>Miles de mujeres desarrollaron acciones fundamentales para el proceso independentista </b>y quedaron ocultas entre los pliegues de la historia, en el anonimato que en gran parte les cupo por ser mujeres. La independencia del 9 de julio de 1816 no sería aún independencia para ellas, que seguirían por largo tiempo confinadas a la vida doméstica, restringidas del derecho de participar activamente de las decisiones políticas del país naciente. Aún así, ellas fijaron los cimientos de una sociedad que años más tarde lucharía por la igualdad de derechos. Una sociedad que años más tarde las reivindicaría.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/6NRJ7VXADRGL5DUSJQNRHSD4LM.jpg?auth=e36968c1929613af581158f29445a6a5071aaf895c818367d3d166525b36ebc8&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Monumento a Juana Azurduy]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[En el aniversario de la aniquilación del gueto de Varsovia: un sitio de memoria, la resistencia más célebre y una mujer olvidada    ]]></title><link>https://www.infobae.com/historias/2025/05/16/en-el-aniversario-de-la-aniquilacion-del-gueto-de-varsovia-un-sitio-de-memoria-la-resistencia-mas-celebre-y-una-mujer-olvidada/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/historias/2025/05/16/en-el-aniversario-de-la-aniquilacion-del-gueto-de-varsovia-un-sitio-de-memoria-la-resistencia-mas-celebre-y-una-mujer-olvidada/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[El 16 de mayo de 1943 el ejército nazi asesinó a los sobrevivientes y destruyó la Gran Sinagoga como símbolo del fin del levantamiento y de la vida judía en la capital polaca
]]></description><pubDate>Sun, 18 May 2025 10:34:48 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/VIS2MG2CPJAEDNZN325KLQXT3U.jpg?auth=f26607aeaa1e739f4172728c53b7e67d34dc03a88a603d89cd599e17819b3dba&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Un niño y un grupo de civiles judíos salen, a punta de pistola, del búnker donde estaban ocultos durante el levantamiento del gueto de Varsovia" height="1080" width="1920"/><p>Hay una foto grabada en la retina. Y en un álbum en el placard. Es 2006, es Polonia, es <b>Mila 18</b>. Un montículo de pasto verde erigido sobre las cenizas de un búnker enterrado en lo que había sido esa dirección: calle Miła, número 18, <b>Varsovia</b>. Ahí intentaron resistir, al final del levantamiento del gueto, quienes integraban la Organización de Combate Judía (Żydowska Organizacja Bojowa, en polaco) conocida como ŻOB, junto a su comandante, Mordejái Anielewicz —o, castellanizado, Mordejai Anilevich—. Ahí muchos de ellos fueron asesinados.</p><p>El montículo se levantó en 1946 con los escombros de las casas cercanas —las ruinas a las que, en 1943, los soldados nazis habían reducido el gueto—, en homenaje a los combatientes muertos. Lo llamaron <b>Montículo Anielewicz</b>. En la cima, una piedra con una inscripción en polaco, hebreo e idish: “En este lugar, el 8 de mayo de 1943, el comandante del levantamiento del gueto de Varsovia, Mordechai Anielewicz, junto con su tropa ŻOB y varias docenas de combatientes de la resistencia judía, <b>murieron como soldados en la lucha contra los ocupantes alemanes</b>”.</p><p>En la foto hay una ronda tejida por un grupo numeroso de jóvenes de 18 años de diferentes partes del mundo, con diferentes lenguas. Es un acto por el aniversario del levantamiento del gueto, en el marco de un programa educativo para líderes comunitarios que incluía ese viaje hacia el corazón —o hacia las cenizas— de la historia. Al país donde se pisa, se ve, se escucha, se huele y se toca. </p><p>Cementerios. Sinagogas. Restos de pueblos. Las plazas y sitios donde los soldados nazis ordenaban a los judíos reunirse antes de ser deportados. Los trenes en los que se los llevaban a la muerte. Las vías. Auschwitz, Majdanek, Treblinka —los campos de concentración y exterminio—. El gueto de Varsovia, el mayor de todos los guetos levantados en Europa por el nazismo. Las alcantarillas en las que algunas personas se escondieron. Resistieron. Todo lo que un itinerario desbordado y casi sin respiro depara en este tipo de viajes —que incluía películas sobre la <i>Shoá</i> (el Holocausto judío) en los traslados en micro de un sitio a otro—. </p><p>En el acto, en la ronda, en la foto, en Mila 18, un sitio de la memoria emblemático aunque quizás no tan conocido a nivel mundial, se recordaba a quienes resistieron, a quienes lucharon. Se leía la última carta de Anilevich, como solía hacerse. </p><p>En ningún momento de ese viaje vasto de contenidos, en ningún apartado, en ningún rincón se habló de mujeres como <b>Zivia Lubetkin, una de las fundadoras del ŻOB y lideresa de la resistencia judía</b>. Así como fueron invisibilizadas en la mayoría de los ámbitos y tramos de la historia, en los conflictos armados, sus protagónicos también se difuminaron detrás del de sus compañeros varones. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/INIS7E5RERBJNDYBO2BX6FUQN4.jpg?auth=ebf30cc22cc8e846b0e7d57890fcbb00184ed82fc0eaf9453e44be947d2dde4d&smart=true&width=1920&height=1394" alt="Destrucción del gueto de Varsovia" height="1394" width="1920"/><p>La historia, a grandes rasgos, es más o menos conocida. </p><p>Entre el 19 de abril y el 16 de mayo de 1943, un ejército judío del gueto de Varsovia se enfrentó a las tropas alemanas para evitar la deportación masiva hacia los campos de exterminio donde sabían una muerte segura.</p><p>Desde la invasión alemana a Polonia, en 1939, los nazis comenzaron a despojar a los judíos de sus casas para reubicarlos en pequeñas zonas de las ciudades destinadas solo para ellos: <b>los guetos</b>. Unos tres millones de judíos polacos fueron reunidos en esta suerte de barrios donde vivían hacinados, carentes de alimento y todo tipo de recursos escenciales para la vida. Donde eran continuamente vigilados, apaleados, amenazados, asesinados si así lo querían los centinelas alemanes.</p><p>En el gueto de Varsovia, el mayor de todos, vivían —subsistían— casi 400.000 judíos: <b>el 30% de la población de la ciudad concentrado en poco más del 2% de su superficie</b>. Ahí comenzaron a morir de a miles por las enfermedades propias del hacinamiento, por el hambre. </p><p>A mediados de 1942, habiendo sido aprobada por las nazis un año antes la “solución final” —la decisión de trasladar a todos los judíos de Europa a campos de extermino para ser aniquilados— empezaron las deportaciones en el gueto de Varsovia. </p><p>La resistencia judía —formada principalmente por el ŻOB, la organización clandestina de lucha armada de izquierda, liderada por Anielewicz, y el ŻZW (sigla de Żydowski Związek Wojskowy, Unión Militar Judía, en español) la organización de lucha armada de derecha, liderada por Pawel Frenkel— comenzó a entrenar tropas. No incitaron a la lucha en un principio, ya que cuando comenzaron los primeros traslados creyeron en lo que los nazis les habían dicho: que los deportados serían llevados a campos de trabajo donde vivirían mejor. </p><p>Los rumores de lo que en verdad sucedía con quienes se subían a los trenes tardaron algunos meses en cruzar las fronteras metálicas del gueto. Para fines de ese año ya se habían colado entre los habitantes que quedaban. Costaba creer que fuera cierto. Costaba imaginar que, en realidad, las decenas de miles de personas deportadas habían sido conducidas a una muerte en masa.</p><p>Terminaba 1942 cuando supieron que pronto habría nuevas deportaciones. De los 400.000 que habían sido en el gueto <b>solo quedaban unas 60.000 personas</b>. Algunas de ellas <b>decidieron luchar</b>. Estaban determinadas: no se dejarían arrastrar a ese destino que parecía inexorable sin dar pelea. </p><p>Eran una minoría, <b>unos setecientos hombres y mujeres organizados</b>. Y sin embargo <b>la resistencia armada era un hecho</b>. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/VXXO3V5QGJATZCNU3RJSOQLGBY.jpg?auth=193095421446ed343068d7c7c5036950af4372e515cc1e5b760dd782822887b7&smart=true&width=1920&height=1379" alt=""Bandidos aniquilados en batalla", escribió en su informe el SS al mando de la aniquilación del gueto, Jürgen Stroop " height="1379" width="1920"/><p>En enero de 1943, el jefe de las SS, Heinrich Himmler, ordenó que se reanudaran las deportaciones del gueto. Los combatientes de la resistencia lo supieron. No tenían muchas armas ni tecnologías de punta. Pistolas, revólveres, fusiles viejos, una ametralladora, explosivos artesanales y algunas granadas que había podido hacerles llegar la Armia Krajowa, el primer movimiento de resistencia polaca de la Segunda Guerra Mundial, era todo su arsenal. </p><p>Entre el 18 y el 21 de enero, ante la sorpresa de los alemanes, <b>el gueto resistió</b>. Las organizaciones ŻOB y ŻZW lograron expulsar a los soldados de las SS, que imaginaban que las deportaciones serían rápidas y sin incovenientes. </p><p>Antes de irse, en venganza de lo sucedido, el 21 de enero los alemanes masacraron a mil judíos en la plaza principal, pero suspendieron las nuevas deportaciones, abandonaron el gueto y se prepararon para el contraataque. </p><p>Con el fervor de la victoria, los combatientes de la resistencia se prepararon para una lucha mayor: <b>un levantamiento a gran escala</b>. Planificaron estrategias, cavaron cientos de búnkeres y túneles subterráneos, construyeron pasajes en los tejados, una red de comunicación por las alcantarillas. Y esperaron por los alemanes. </p><p>Los nazis buscaron refuerzos. Tanques, vehículos blindados, armas químicas, lanzallamas. <b>La revancha sería definitiva y la resistencia judía lo sabía. </b></p><p>Era una noche de Pesaj (las pascuas judías), el 19 de abril de 1943, cuando los SS rodearon el gueto y avanzaron. Los combatientes les tiraron bombas molotov, granadas. Los soldados nazis comenzaron a incendiar casa por casa, cuadra a cuadra, para obligar a salir a quienes se escondían dentro. Destruyeron sótanos, volaron alcantarillas y asesinaron a cada judío que encontraron.</p><p>La lucha organizada duró cuatro días. <b>La resistencia se extendió casi un mes. </b></p><p>Algunas de las personas que quedaban con vida se escondieron en los refugios. Muchas otras se suicidaron. Algunas mujeres detonaron granadas que escondían bajo su ropa al ser detenidas. En los sótanos de los edificios en ruinas se ovillaban sobrevivientes entre los cadáveres y las ratas. </p><p>El 8 de mayo los alemanes tomaron el cuartel general del ZOB y <b>masacraron a todos</b>. Mordechai Anielewicz se suicidó antes de que llegaran, como la mayoría de los líderes del combate. Otros —poquísimos, quizás no más de tres o cuatro—, lograron escapar.</p><p>Para dar por finalizada la revuelta los soldados nazis terminaron de incendiar el gueto y <b>destruyeron la Gran Sinagoga, lo que representaba el fin de la vida judía en Varsovia</b>.</p><p>El 16 de mayo, el general de las SS Juergen Stroop, al mando del aniquilamiento del gueto, <b>declaró que la batalla había terminado</b> y que habían capturado 56.065 judíos. Unos 13.000 habían muerto en el ataque alemán o asfixiados en sus propios búnkeres; los otros 40.000 fueron deportados a los campos de exterminio de Treblinka, Majdanek y a otros de trabajos forzados. </p><p>Donde funcionaba el gueto se desplegó el campo de concentración de Varsovia, que se utilizó para encerrar polacos y fusilar a quienes a los nazis se les antojara.</p><p>Aún así, durante el levantamiento, <b>la resistencia polaca pudo liberar a 380 judíos</b> de la cárcel que habían creado los alemanes dentro del gueto —situada en la calle Gęsia que luego fue rebautizada Anielewicz en homenaje al líder de la revuelta—. Muchos de los liberados se unieron a la Armia Krajowa, igual que los combatientes que lograron subsistir en las alcantarillas o escapar se sumaron a los grupos de resistencia escondidos en los bosques alrededor de Varsovia.</p><p>&nbsp;Zivia Lubetkin, fundadora y lideresa del ŻOB, fue una de ellos. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/3PEPUZA4LJA77HJCGQTJMTMPKU.jpg?auth=8085e2410b9e64c740a86bafa003ad59ec69c1b0dca3179cef4f60cfe23036a4&smart=true&width=800&height=440" alt="Zivia Lubetkin" height="440" width="800"/><p>Quizás trascendieron ¿siete?, ¿diez?, ¿quince? Unos pocos nombres de mujeres que tuvieron roles activos en todas las iniciativas para luchar contra el nazismo. <b>Fueron muchísimas más</b>. Cuando se investiga sobre su papel en la resistencia no aparecen parvas de información —y aunque hubo un sin fin de formas de resistir a la <i>Shoá</i>, en este caso se alude a la lucha armada—. No porque no las hubiera sino porque aún tienen poco lugar en la narración de los hechos. </p><p>Pero sí hay un puñado de ellas a las que, poco a poco, se les hizo justicia. Sus historias comenzaron a aparecer en algunas muestras de museos del holocausto que dedican un fragmento específico a las mujeres que lucharon o en alguna muestra completa en su honor. Esto, mayormente, en años recientes. Impulsada esta reivindicación por la conquista de la escena pública de los feminismos en todo el mundo, que sacudió e impactó en todo los ámbitos. En todos los acontecimientos. </p><p>Zivia Lubetkin, quien plantó cara y cuerpo ante el avance del genocidio, también <b>lideró el levantamiento del gueto de Varsovia</b> —entre otras acciones de resistencia al nazismo— y vivió para contarlo. Fue una de ellas.</p><p>Conocida también como Celina, Zivia nació en Polonia, en la ciudad de Byteń, cerca de lo que hoy es Bielorrusia. En su adolescencia se sumó al movimiento juvenil sionista Dror, y en 1938 se convirtió en miembro de su consejo ejecutivo. Cuando a Alemania ya se le había añadido el adjetivo nazi y la Unión Soviética invadió Polonia, en 1939, se lanzó a un viaje riesgoso desde la parte ocupada por los soviéticos hasta Varsovia para <b>unirse al movimiento clandestino de lucha contra el nazismo</b>. </p><p>En 1942, Lubetkin cofundó el Bloque Antifascista Sionista de Izquierdas, que sería la primera organización de resistencia contra las fuerzas alemanas en el gueto de Varsovia. Y luego cofundó el ŻOB, grupo en el que fue la única mujer en un puesto de mando. </p><p>Durante sus años de activismo clandestino, <b>su nombre, Zivia, pasó a ser la palabra clave para “Polonia”</b> en las cartas que enviaban diferentes grupos de la resistencia. </p><p>Fue una de las 34 combatientes que sobrevivieron a la guerra. </p><p>Cuando el levantamiento del gueto de Varsovia se acercaba a su fin, condujo al grupo que había sobrevivido y estaba a su cargo a través de las alcantarillas de la ciudad. Después siguió activamente en la resistencia.</p><p>En 1944 participó en el levantamiento de los habitantes de Varsovia y peleó en las unidades de la Armia Krajowa. Aunque la mayoría de sus integrantes serían asesinados en manos de los alemanes, <b>Lubetkin logró sobrevivir</b> con otros combatientes refugiándose en un hospital.</p><p>Cuando la Segunda Guerra Mundial terminó, se involucró activamente en la comunidad de sobrevivientes del holocausto en Europa. Fue parte de la creación de Brijá, una organización que ayudó a los judíos de Europa del Este y del centro a cruzar las fronteras, por canales de inmigración ilegal, para llegar a Israel, que entonces era gobernado por el Mandato Británico. Ella también emigró allí en 1946. Se casó con Yitzjak Zuckerman, también comandante de la ŻOB, y junto con otros combatientes del gueto de Varsovia y partisanos sobrevivientes fundaron el Kibbutz Lohamei HaGuetaot y el Museo de la Casa de los Combatientes del Gueto.</p><p>En 1961 <b>testificó en el juicio contra Adolf Eichmann</b>. En 1968 <b>vino a la Argentina </b>y fue la oradora principal del acto en conmemoración del levantamiento del gueto de Varsovia que se realizó el 25 de abril en el Luna Park. Allí, dijo: “Sabíamos que nuestra lucha no era para salvar nuestras vidas, ya que la resistencia judía no podía luchar e imponerse sobre las fuezas alemanas, quedar con vida y salvar a los judíos combatientes. <b>Fue una lucha por el honor del pueblo y del hombre</b>; y para combatir por un pueblo hay que hacerse junto a él, donde este se encuentre. El pueblo se encontraba en los guetos, por eso elegimos luchar entre las ruinas y las casas humeantes de los judíos”.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/VIS2MG2CPJAEDNZN325KLQXT3U.jpg?auth=f26607aeaa1e739f4172728c53b7e67d34dc03a88a603d89cd599e17819b3dba&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Un niño y un grupo de civiles judíos salen, a punta de pistola, del búnker donde estaban ocultos durante el levantamiento del gueto de Varsovia. La fotografía, una de las más icónicas de la Segunda Guerra Mundial, era parte de un informe del oficial de las SS y la Policía, Jürgen Stroop, para el comandante Heinrich Himmler, titulado: «¡Ya no hay barrio judío en Varsovia!». (Foto de Keystone/Hulton Archive/Getty Images)
]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Keystone</media:credit></media:content></item><item><title><![CDATA[Chaco: una abogada, junto a familias de la comunidad, logró que un emblemático colegio de varones permitiera el ingreso de mujeres ]]></title><link>https://www.infobae.com/sociedad/2025/05/11/chaco-una-abogada-junto-a-familias-de-la-comunidad-logro-que-un-emblematico-colegio-de-varones-permitiera-el-ingreso-de-mujeres/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/sociedad/2025/05/11/chaco-una-abogada-junto-a-familias-de-la-comunidad-logro-que-un-emblematico-colegio-de-varones-permitiera-el-ingreso-de-mujeres/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[Se trata del Instituto Politécnico Juan XXlll, en la ciudad de Sáenz Peña, que depende de la diócesis de San Roque. Sus autoridades se oponían a que fuera mixto con el argumento de que ese tipo de educación era perjudicial para los estudiantes
]]></description><pubDate>Sun, 11 May 2025 04:51:11 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/7ZIRO26C4VA63KP4GDSE4BBGXM.jpg?auth=ac13e3bc36f56586f666a8767fcf72e52ff834d763c49204e8ab55f37d951334&smart=true&width=1920&height=1080" alt="La abogada Adriana De Langhe junto a Milagros Belén Rodríguez, Kiara Estefanía Ramírez y Abril Tatiana Malagueño, las primeras tres mujeres en ingresar como alumnas regulares al  Politécnico Juan XXIII" height="1080" width="1920"/><p>Adriana De Langhe es abogada desde 2012. Nació en la ciudad chaqueña de Quitilipi pero vive y se dice de Sáenz Peña, la segunda ciudad más poblada de la provincia. Hija de madre y padre docentes, siempre se sintió atravesada, sensibilizada, por los conflictos sociales, por los problemas de los sectores vulnerables, especialmente los que afectan a los niños y las niñas. </p><p>En 2023 algunas familias de la comunidad educativa de la ciudad se acercaron a ella a exponerle una inquietud: deseaban que sus hijas, que debían comenzar la secundaria, ingresaran al Instituto Politécnico Juan XXIII. Porque buscaban ese tipo de educación y ya tenían hermanos en la institución o les favorecía la distancia del colegio a sus hogares, lo que no ocurría con la otra escuela de enseñanza técnica de Sáenz Peña que sí era mixta. </p><p>“Me involucré en la causa porque venía observando ciertos rasgos discriminatorios en la participación de mujeres en la institución, no solo con los docentes sino con las madres que se acercaban y buscaban la forma de que sus hijas iniciaran primer año en el colegio”. “Las familias nunca habían hecho acciones previas, no tenían los recursos, yo les había prometido que las ayudaría de forma gratuita, de corazón, para que esta discriminación terminara de una vez. Y así fue”, dice De Langhe. </p><p>En 2024 comenzó a trabajar con dos madres que buscaban lugar para sus hijas. En octubre presentó un recurso de amparo ante la Justicia para que el colegio <b>dejara de ser solo de varones </b>y las recibiera, y solicitó que “mediante una [medida] cautelar <b>se les reservara el banco y se las preinscribiera para el ciclo lectivo 2025</b>”. </p><p>El colegio, sus abogados, no estaban de acuerdo con lo que planteaba De Langhe ni las familias, ni con que la Justicia interviniera en los fundamentos que había tenido su institución desde su nacimiento. Creada en 1967, su objetivo era el de capacitar a varones, en su mayoría de orígenes humildes, mediante la enseñanza de actividades prácticas. En otras palabras, el pilar principal sobre el que los sacerdotes la levantaron fue <b>suministrar un oficio a varones —y solo a varones— con pocos o ningún recurso</b>. </p><p>La iniciativa creció y devino escuela secundaria: una que está alineada a las demandas laborales de la vida contemporánea. Pero su evolución —como sucede en muchos ámbitos— <b>no alcanzó a la igualdad de género</b>. Situación que Adriana De Langhe, junto a las familias interesadas, se dispuso modificar.</p><p>“La lucha judicial fue dura, requirió mucho tiempo de trabajo, fue muy mediática. La sociedad se manifestaba en favor de este cambio y también existieron opiniones en contra que apoyaban al obispado y a la estructura de la institución. Aquí, en Sáenz Peña, hay un colegio industrial, con una formación similar, que es mixto, entonces muchos cuestionaban por qué las chicas no iban ahí. Pero el Politécnico Juan XXIII está ubicado en un sentido diametralmente opuesto a ese colegio industrial, están uno en cada punta de la ciudad. Lo que hizo que, hasta ahora, las madres que querían llevar a sus hijas a recibir ese tipo de formación técnica o industrial tuvieran que cruzar toda la ciudad”, explica De Langhe.</p><p>Y continúa: “El principal fundamento de las autoridades del colegio para negarse a este cambio fue que ellos tenían una institución destinada a educar a niños varones que venían de familias de padres holgazanes, con problemas de alcoholismo y drogadicción. Me llamó la atención semejante barbaridad ya que en esos hogares también existen mujeres, <b>no entendía por qué solo era importante ayudar a los varones y no a las chicas”</b>. </p><p>Otro de los argumentos que esgrimieron era que “el colegio tenía probado que la educación diferenciada tenía un impacto positivo en los varones y que la mixta, en cambio, impactaba negativamente en su desarrollo, ya que las mujeres tienen otro tipo de maduración, otros tiempos, y los varones se podrían sentir inferiores si se escolarizaban juntos”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/YGHXRJB5JRA3RMPALDDNM7MIMI.jpg?auth=3e4aae9d298d28aba7c6ee3d0d79d36a8592c4fc9631d6627d67fb99a93956f4&smart=true&width=1920&height=1892" alt="La lucha judicial que llevó adelante la abogada Adriana De Langhe junto a las familias de las chicas que deseaban ingresar fue cubierta por varios medios que anunciaron el ingreso de las estudiantes como un "día histórico" en la lucha por la igualdad" height="1892" width="1920"/><p>La decisión acerca de si el Instituto Politécnico Juan XXIII debía transformarse en un colegio mixto o no estaba <b>en manos de la Justicia</b>. Eso era lo que De Langhe exponía en su amparo: ya que la situación negaba a las aspirantes al colegio un derecho fundamental como es el acceso a la educación, era deber de la Justicia restituirlo. En el otro polo, las autoridades del colegio negaban que la vía judicial fuese la mejor para dirimir el asunto. “Además de expresar, en varias oportunidades, que contaban con la certeza de que en ninguna parte del mundo a nadie se le ocurriría suprimir la educación diferenciada y menos acudir a un juez para que lo hiciera”, dice la abogada.</p><p>Finalmente, los magistrados coincidieron con los argumentos de De Langhe y fallaron a favor de las familias. Determinaron que la vía judicial era pertinente porque el colegio estaba discriminando a las aspirantes a ingresar solo por el hecho de ser mujeres, que sus argumentos no eran convincentes, su comportamiento era arbitrario y que les cercenaba el derecho a la educación.</p><p>En la sentencia emitida el 5 de febrero de este año “los jueces dijeron que la institución estaba llevando adelante conductas ilícitas, ya que su ideario de enseñanza estaba en contra de lo que establece la Constitución Nacional y los tratados internacionales”, enfatiza De Langhe. Declararon: “‘El Instituto Politécnico manifiesta su empatía e identidad con los alumnos varones que provienen de hogares humildes y familias desarmadas, con problemas de violencia, alcoholismo y drogadicción, necesitados de contención, formación y corrección. Esa premisa es cuestionable ya que sobre ella se pretende fundar y perpetuar<b> un modelo educativo sexista, como si las niñas y las mujeres no pudieran ser eventuales víctimas</b>‘. ‘De otra manera se caería en el absurdo de suponer que en este tipo de hogares y familias solo son paridos hijos varones…’”.</p><p>En la sentencia, los camaristas también resaltaron que el Instituto Politécnico Juan XXIII era el único que quedaba a nivel provincial empecinado en mantener unas <b>bases educativas excluyentes y segregadoras</b>, que muestran una concepción <b>“basada en estereotipos de género y cargada de prejuicios que resultan discriminatorios</b>”. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/LNMWGLIMGJGUZKTOKTCUXOMWAQ.jpg?auth=959ca7b0722b505c61fa2d37ece4d6ed0193872274ce3d30960888dff561c864&smart=true&width=1920&height=2711" alt="La abogada Adriana De Langhe" height="2711" width="1920"/><p>Pero el asunto no terminó ahí.</p><p>Cuando los jueces decretaron que el colegio de varones debía ser mixto, los abogados del obispado a cargo de la institución, rotundamente negados a aceptar estas condiciones, utilizaron otra herramienta legal: “plantearon un recurso extraordinario de inconstitucionalidad”, explica De Langhe, que fue rechazado. No conformes con esto presentaron “un recurso de queja” que también fue rechazado por el Superior Tribunal de Justicia de Chaco. Es decir: recurrieron a las figuras legales de las que podían valerse para intentar sostener su institución tal como era desde hace casi sesenta años.</p><p>Para no permitir el ingreso a las mujeres el Politécnico también se resguardaba en el derecho de admisión, en “la libertad de contrato de enseñanza”, en el hecho de ser una institución privada. </p><p>Los jueces respondieron que estos motivos eran contrarios a la Constitución y al paradigma de derechos humanos. Que una institución fundada en la educación diferenciada quizás hacía sentido cincuenta años atrás, cuando la sociedad se erigía sobre otros pilares e ideales socioculturales, pero que en la actualidad había perdido toda legitimidad. </p><p>La Procuración General adhirió: “La Cámara (...) ordenó al Instituto Politécnico Juan XXIII admitir a alumnas mujeres, sosteniendo que su prohibición implica la vulneración de los derechos fundamentales a la igualdad y a la educación y de tratados internacionales, y transgrede la prohibición de discriminación por motivos de género (...). A la par enfatizó que <b>el Estado debe garantizar el acceso igualitario a una educación de calidad</b>; y que el instituto, aunque de gestión privada, <b>recibe subvención estatal del 100% de su planta funcional</b>, lo que justifica un mayor deber de no discriminar en el acceso”, se lee en el dictamen firmado por el procurador.</p><p>Entre otros puntos centrales, este documento también hizo hincapié en “el principio de no regresividad en materia de derechos humanos” señalando que negar el ingreso de mujeres a una institución técnica subvencionada “es un retroceso que el Estado no puede permitir ni por omisión”. También recordó que “garantizar una educación inclusiva y de calidad” es parte de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que conforman la Agenda 2030 de las Naciones Unidas para lograr un mundo mejor y que <b>la igualdad de género es insoslayable </b>cuando se habla de que <b>todas las personas “deben tener acceso a los distintos niveles de enseñanza”</b> y a adquirir “<b>las mismas competencias en la educación</b>”. “Los Estados parte <b>tienen la obligación de proteger a las niñas y a las mujeres de todas las formas de discriminación</b> que les impidan acceder a cualquiera de los niveles de la enseñanza y de velar por que, cuando se dé esa discriminación, puedan recurrir a la Justicia”, se lee allí. </p><p>El Ministerio de Educación provincial también se plegó al fallo y dio su apoyo a las alumnas para que pudieran comenzar sus estudios en la institución. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/B2JMUU5YQRFB7DL4TPCQEOMOQA.jpg?auth=19ef3cbf1da8529fa249bfcd603bd23af2a90529706ef21317f842ca411283a0&smart=true&width=1920&height=1268" alt="La sentencia que ordenó al Politécnico Juan XXIII permitir el ingreso de estudiantes mujeres sentó un precedente histórico y convirtió en mixto el único colegio de varones que quedaba en la provincia" height="1268" width="1920"/><p>El máximo tribunal de Chaco ratificó la sentencia y las primeras tres estudiantes mujeres fueron matriculadas en el Politécnico Juan XXIII. </p><p>Milagros Belén Rodríguez, Kiara Estefanía Ramírez y Abril Tatiana Malagueño marcaron un precedente histórico cuando, este año, pudieron comenzar sus estudios como alumnas regulares en el que había sido un tradicional colegio de varones, <b>luego de la ardua lucha que sentó jurisprudencia</b>.</p><p>“Fue un proceso escrito en el que se obtuvo una sentencia ejemplar —recuerda con satisfacción De Langhe—. <b>Este era el único colegio que quedaba con educación diferenciada en Chaco. Hoy ya es mixto</b>”.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/7ZIRO26C4VA63KP4GDSE4BBGXM.jpg?auth=ac13e3bc36f56586f666a8767fcf72e52ff834d763c49204e8ab55f37d951334&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[La abogada Adriana De Langhe junto a Milagros Belén Rodríguez, Kiara Estefanía Ramírez y Abril Tatiana Malagueño, las primeras tres mujeres en ingresar como alumnas regulares al  Politécnico Juan XXIII]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[La vivienda de mujeres trans en Mar del Plata que Francisco ayudó a reconstruir: la historia de la casa Bordabehere]]></title><link>https://www.infobae.com/sociedad/2025/05/03/la-vivienda-de-mujeres-trans-en-mar-del-plata-que-francisco-ayudo-a-reconstruir-la-historia-de-la-casa-bordabehere/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/sociedad/2025/05/03/la-vivienda-de-mujeres-trans-en-mar-del-plata-que-francisco-ayudo-a-reconstruir-la-historia-de-la-casa-bordabehere/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[Las ganas de Maju Burgos de ayudar a quien le había dado un hogar cuando más lo necesitaba la impulsaron a escribir una carta que traería una ayuda casi divina]]></description><pubDate>Sat, 03 May 2025 04:41:59 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/6SJ5GKTTS5ALPNSUXGU5QNQV4A.jpg?auth=8840edc4c9ef482b417b7eb91a791d878a8ba05eb6d39d4c3df90d62d2905693&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Maju y Noni en la reconstrucción del Hogar Dignidad Trans, en Mar del Plata " height="1080" width="1920"/><p>Lo primero que le sucedió a <b>Maju Burgos</b> cuando tuvo en sus manos la carta que el Papa le había enviado como respuesta a la suya fue viajar, en un instante, 32 años en el túnel del tiempo. Vio a “esa piba” de 12 años “cruzando la tranquera de su casa”. A esa que habían echado a la calle porque su familia no toleraba, no podía aceptar una hija trans. A la que tenía en carne viva el recuerdo de la primera paliza de su madre cuando la encontró vestida con su ropa “jugando a que desfilaba” en los fondos de la casa de su abuela. A la que apenas pasaba la infancia cuando fue arrojada a la buena de Dios, o de quién sabe, en la ciudad de Azul, una localidad de 75.000 habitantes de la Provincia de Buenos Aires, a 300 kilómetros de la capital del país. Donde para ella —como para tantas en su situación— había un solo norte: una esquina. A la que no volvió nunca más. </p><p>—Cuando la recibí, me fui ahí. No sé por qué. Te lo cuento y se me paran los pelos. Como que cerró algo. ¿Viste? </p><p>—Yo soy Maju. Tengo 44 años. Soy una mujer transexual. </p><p>Con ojos café, pómulos altos, manos hechas, maquillaje sutil, pelazo, se presenta, desde Mar del Plata, del otro lado de la pantalla y cuenta su historia. Que en el comienzo se parece a la de muchas mujeres trans de su generación.</p><p>—Fui expulsada, como la mayoría de las historias que conocemos de las compañeras. Hoy vivimos otro tipo de realidades pero en aquellos años, en mi generación e incluso en generaciones anteriores, <b>la mayoría éramos expulsadas a temprana edad de nuestros hogares</b>. Y del sistema de salud, del sistema educativo, del judicial, del gubernamental y de <b>una sociedad que rechazaba nuestras identidades</b>.</p><p>Maju dice que ella siempre fue así. Que la manifestación de su identidad devino cuando era muy pequeña, como algo natural, no la sorprendió un buen día y decidió transicionar. Ella siempre se sintió igual: femenina, con gestualidad y movimientos vinculados a ese género. Con una personalidad marcada que brotaba sin ningún esfuerzo y que ella dejaba salir.</p><p>Cuando<b> la familia la echó de su casa</b> estuvo un tiempo en lo de un conocido, en su ciudad, y a los 14 años, persuadida por una compañera un poco más grande, se fue a vivir sola a Mar del Plata. </p><p>—Era otro contexto, otro mundo. No sé si más violento pero había algo. Había una revolución interna de la que muchas veces hablaba la querida <b>Lohana [Berkins].</b> Siempre decía: “Hay una cosa dentro”, que ella se lo adjudicaba a la papa de la empanada salteña. Bueno, yo no sé a qué, porque en Azul no había empanadas, pero algo habría porque había una revolución que no podía parar. <b>Cuando se manifiesta tu identidad de género, vos no podés pararlo</b>. Es como una ola que aunque vos te pongas ahí al frente, con una mano, y digas: “Yo te paro”, es imposible de detener, incluso contra tu voluntad. Al menos eso es lo que me sucedió a mí. Y en aquellos años la mayoría de las pibas migrábamos del pueblo.</p><p>Eso hizo. Si bien muchas de sus compañeras se quedaron en Azul —“una ciudad muy chica con mucha trava, mucha cantidad”— e hicieron su vida ahí, ella se sumó al grupo que se fue. Y el primer destino fue Mar del Plata, “donde se hacía la temporada”. </p><p>—Esto era una plaza de prostitución, una de las más importantes de la Provincia de Buenos Aires, principalmente en verano. Entonces todas veníamos para Mar del Plata. A mí se me acercó Fernanda, una compañera mucho más grande que yo, que en ese momento tendría 22 o 23 años, no más, y me dijo: “Vamos”. Llegué con ella pero se tomó el buque enseguida —ella también andaba en una—. Entonces me quedé sola en un hotel que se llamaba La Rosa, frente a la antigua Ferroautomotora, donde estaba la estación de tren. Un lugar que yo digo que era como Temaikén: había de todo lo que te imagines. Fijate el nivel de marginalidad que yo podía vivir ahí, con 14 años, sin documento, nunca me pidieron nada. Había gente migrante, gente de la noche, y yo ahí metida. </p><p>Maju se prostituía para vivir, o lo que más se le pareciera, en una zona que entonces y ahora se conoce como “La perla”, pero que en esa época no estaba tan explotada por quienes ejercían el trabajo sexual. <b>Era tan chica y la noche tenía tantas oscuridades que lo hacía de día</b>. Salía a caminar a la luz del sol, con una compañera de un pueblo cercano al suyo, y se ofrecía a los interesados. Se sentía muy sola. Hasta que conoció a un grupo de “ocho, nueve travestis que para mí eran altas como el obelisco”, que vivían todas juntas en una casa en el barrio San Cayetano. <b>Una casa a la que se empezó a acercar, a la que quiso pertenecer</b>.</p><p>—Imaginate: yo tenía 14 años, para mí todas eran inmensas, muy inmensas. Mucha silicona, mucho pelo, mucha cosa. Era un carnaval pasando frente a mí, una película. Y yo quedaba alucinada y no me quería ir de la casa. Nosotras en el pueblo éramos muy campechanas, no hablábamos de hormonas, no hablábamos de lentes de contacto, no hablábamos de postizos, ni de todas las cosas que hablaban acá. Ni hablar en Buenos Aires. Nosotras veníamos del campo, con el olor a bosta de caballo, teníamos otra concepción. Allá no usábamos tetas, no nos poníamos ni siquiera relleno falso, andábamos chatas y lisas como sin desarrollar. Y acá se nos reían porque éramos muy campechanas. La dueña de la casa se llama Marcela. Y le decía: “Marcela, yo quiero quedarme a vivir acá”. Y Marcela me decía: “No tengo dónde, no hay lugar acá”. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/M43SNKWE4VBWTNKUPXTHZBMENQ.jpg?auth=f192108edaaa346fb371145cc7959ca60a7abe1570163d156dc2281a8b046e85&smart=true&width=1920&height=1440" alt="Desde la década del 90 la casa de calle Bordabehere fue refugio de travestis y trans en situación de vulnerabilidad. Con los años y sin dinero para su mantenimiento sufrió un gran deterioro" height="1440" width="1920"/><p>Marcela también había llegado a Mar del Plata buscando algún lugar donde vivir después de que la echaran de su ciudad, Tandil. A ella no la había desterrado su madre sino la policía por una orden del intendente. Era 1984, el regreso de la democracia estaba casi nuevo y le pidieron, con poca amabilidad y sin opción a que se negara, que se fuera. Recorrió con una amiga el norte argentino y <b>con 17 años llegó a La Feliz. </b>Se puso de novia con un chico que vivía en esa casa de calle Bordabehere donde cuidaba a un hombre mayor, Luis. Tiempo después se separaron y fue Marcela quien quedó al cuidado de Luis y lo acompañó hasta su último aliento. Se acercaban los 90 cuando él murió y ella quedó sola en la casa y <b>empezó a dar refugio a compañeras que huían de la calle y de la represión policial</b>. </p><p>Desde ese momento <b>“Bordabehere”</b> —el nombre de la calle con el que apodaron al lugar y que acompañaría al de Marcela como si fuese su apellido— se subdividió con biombos, con maderas, con tablas, y exprimió sus metros cuadrados para convertirse en hogar de muchas mujeres travestis y trans, lo que es hasta el sol de hoy.</p><p>—Yo caigo en aquellos años y en este contexto, con todas estas travestis que vivían en diferentes habitaciones. Habían empezado a construir dentro del mismo complejo. <b>Era una casa chorizo</b> y se había dividido. Algunas habían construido sucuchos, como decíamos, o cuartuchos: espacios separados con biombos o madera, otra había construido una habitación al costado. Y todas colaboraban con una alquiler simbólico a Marcela que, cansada de la prostitución, dejó de salir porque ya era grande y su cuerpo estaba muy castigado por la policía. Tenía una quemadura muy importante en un brazo, que había recibido en un calabozo una de las veces que cayó presa, había recibido un bastonazo en una corrida y le habían puesto tres clavos en una rodilla. A ella nunca le gustó el trabajo sexual, como a mí, siempre nos pareció una cosa horrible <b>y nunca fue una elección, siempre fue un destino por nuestra identidad</b>.</p><p>Cuando llegó a la casa de Bordabehere estaba completa. Aún así, Maju insistió: quería quedarse a vivir ahí, con esas compañeras altísimas y producidísimas con las que se sentía menos sola. Marcela cedió y le ofreció un sofá cama viejo y aparatoso en la cocina comunitaria que todas compartían. </p><p>—Ahí me quedé durante muchos meses. Para esto, yo tenía casi 15 años y, para mí, fue como empezar el primer hogar. <b>Lo sentí como mi casa, el lugar de donde nadie me iba a echar, donde nadie me iba a juzgar</b>, donde nadie me iba a levantar con un grito o con un palo, como hacían en mi casa, en el lugar de donde yo venía, ¿viste? </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/KQ77BWRHCNAOFKPHN4QJYEQYLI.jpg?auth=fb88983ff743c8354f1f205de2012e987f437388b0ceaec89afdb0b91b7f42bf&smart=true&width=1920&height=3411" alt="Cuando Maju se dispuso a arreglar la casa que la había recibido en el momento que más lo necesitaba comenzó a buscar la forma de obtener el dinero para la reconstrucción. La hermana Mónica Astorga le sugirió que le escribiera una carta al papa Francisco " height="3411" width="1920"/><p><b>Maju vivió varios años en Bordabehere</b>, primero en la cocina, luego, cuando una compañera se fue, pasó a una habitación más grande, se compró su primera cama, su primera mesa. A los 18 tuvo su primer novio. Estudió peluquería y maquillaje —“que es algo que a todas nos gustaba pero yo sentía desde muy chica la profesión”— comenzó a trabajar de eso y dejó la prostitución. Tiempo después se mudó a la Ciudad de Buenos Aires para ampliar las posibilidades de trabajo que en Mar del Plata veía limitadas.</p><p>En Buenos Aires también vivió muchos años, nunca perdió el contacto con Marcela. <b>Trabajó de peluquera y maquilladora.</b> Tuvo suerte, guiños del universo o de algún azar o divinidad misteriosa que la llevó en momentos indicados a lugares correctos. Conectó con personas del mundo del espectáculo. Trabajó en teatro. Trabajó por 14 años en un estudio jurídico en paralelo a su profesión. Vivió en Paternal. Vivió en Congreso. En Almagro. Y en 2020, antes de la pandemia, <b>la convocaron para formar parte del equipo de un ministerio que estaba naciendo: el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad de la Nación</b>. </p><p>—Para mí era una oportunidad muy linda. Tenía mucho miedo, en realidad, porque venía del sector privado, de un estudio jurídico, con la comodidad de tener un sueldo fijo, vacaciones, más o menos todo acomodadito y armado. Pero desde el año 2003, o antes, a esta fecha, siempre estuve en el activismo, con compañeras, siempre en la militancia <b>en pos de los derechos de las personas trans</b>. Y me llega esa oportunidad y, con mucho miedo, dije que sí. Fue una experiencia preciosísima. Y el espíritu era siempre por y para el colectivo.</p><p>En 2021, todavía en pandemia, le surgió la posibilidad de volver a Mar del Plata. Había pasado muchos años en Capital y, a la inversa de lo que necesitaba cuando llegó, <b>Maju sentía que tenía que alejarse un poco de la gran ciudad. </b>Cuando volvió a La feliz fue a ver a Marcela a la casa de Bordabehere. Lo que encontró la impactó mucho.</p><p>—Ya no era lo que había sido. Era un lugar que estaba <b>completamente arrasado, destruido, abandonado</b>. Habían quedado solo dos compañeras, Marcela y Celeste, ya adultas, viviendo en una situación de precariedad muy grande, sin ayuda social, sin asistencia del Estado. En aquellos años habíamos conseguido subvenciones de algunos programas sociales como el Potenciar Trabajo, para ayudar a las compañeras, y algo de ayuda alimentaria, pero <b>políticas reales para adultas trans no había</b>, no se pudieron crear en ese momento, y <b>todavía no las hay</b>.</p><p>Con la necesidad de sacar a sus compañeras de la situación de desidia y abandono, Maju le propuso a Marcela arreglar un poco la casa que, con los años y sin dinero para mantenimiento, se había venido abajo. </p><p>—<b>El baño estaba muy detonado</b>, salía agua de todos lados, era insalubre, inhabitable. Ella me dijo que nadie había podido arreglar la casa, que cada vez que alguien lo había intentado nunca lo había conseguido. Me dijo con su tono travesti: “Nadie pudo domar Bordabehere”. Yo le dije: “Bueno, <b>yo la voy a domar</b>”. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/YL2AORY6HZAJRJ7OWMO3IN2DNM.jpg?auth=3191ecd16fe55c8279168f8912e248c231b6a8b9d1486cc1e8fe46742ad22e1e&smart=true&width=1920&height=1440" alt="El papa Francisco no solo respondió la carta de Maju sino que les envió la ayuda económica necesaria para que reconstruyeran la casa que, luego de la obra, nombraron: "Hogar Dignidad Trans"" height="1440" width="1920"/><p>Maju sentía —siente— que era hora de retribuir algo de lo que ella había recibido. </p><p>—Que con las herramientas que me dio el activismo y la vida tenía que devolver desinteresadamente lo que se me había brindado en aquel momento. Que era un hogar, una casa, un sillón cama en una cocina con un ventiluz con los vidrios rotos en pleno invierno, que es tan crudo el Mar de Plata. No importa. Yo sentía que de algún modo tenía que devolver.<b> Yo creo en el servicio de devolver sin esperar nada a cambio.</b></p><p>Tenía el deseo y la voluntad. Lo que no tenía para domar Bordabehere era el dinero.</p><p>Fue la hermana <b>Mónica Astorga</b>, “la monja de las travas”, quien lleva más de dos décadas trabajando junto a mujeres del colectivo LGTBIQ+ en Neuquén y creó el primer complejo habitacional para personas trans apoyada por el papa Francisco (motivo por el que la expulsaron de su congregación), quien le sugirió: <b>“¿Por qué no le escribís una carta al papa?”</b>.</p><p>—Conocía a Mónica por nuestras compañeras de Neuquén, porque sabíamos de la obra que ella venía haciendo. Entonces le digo: “Mónica, ¿qué podemos hacer?”. Primero hicimos posteos en Facebook. Ella en ese momento estaba en la congregación. Pedíamos chapas, colaboración, la gente por ahí ayudaba con dos o tres mangos. Y un día me dice: “¿Por qué no le escribís a Francisco?”. “¿Al papa?”, le digo. “Sí”, me dice. Ella tenía contacto con Francisco porque se conocían desde mucho antes de que él fuera Francisco, cuando ella tenía 19 años. Mónica tiene 60, así que fueron grandes amigos. </p><p>Era mayo de 2022 cuando Maju le mandó, por primera vez, una carta al papa en la que le contaba su proyecto: “poner en valor esta casa, reconstruir todo lo que había que reconstruir —que era absolutamente todo, había que hacer todo nuevo, todo de cero—“. </p><p>En el momento en que la envió Francisco no estaba en Roma, había salido del Vaticano por un evento de la Iglesia unos 20 días. Pero cuando regresó le respondió. </p><p><b>Al recibir la carta Maju se quedó “muda”. “No lo podía creer”.</b></p><p>Primero, el papa Francisco se disculpó por la tardanza de su respuesta y le explicó a Maju los motivos de esa demora: que no había estado en Roma. Después, dijo que las ayudaría. <b>“Que contemos con él”</b>. “Que recemos por él, que él iba a rezar por nosotras”. Por medio de intermediarios mandó el dinero que hacía falta para reconstruir la casa. Ella agradeció y él volvió a escribirle, ya con afecto, “Querida Maju”, “que esperaba que sirviera lo que había mandado”. Ellas comenzaron a enviarle fotos del avance de la obra. A contarle todo lo que iban haciendo con su ayuda. <b>Él siempre respondía</b>.</p><p><b>—Yo no soy católica</b>, te aclaro, soy budista, tengo otra fe, pero gracias a Francisco me pude acercar al cristianismo. Me considero también cristiana, pero respecto a lo que predicaba Jesucristo, del que leemos que estaba con el pobre, con las prostitutas, con los leprosos, con los más marginados de la sociedad, lo que practicaba Francisco, que es lo que empezamos a escuchar toda la semana de su fallecimiento y que todo el mundo está alucinado. Porque no solamente tuvo gestos con nosotras acá, en Mar de Plata, sino alrededor del mundo con otras compañeras trans y con la comunidad LGTBIQ+. Estas historias que se empiezan a conocer ahora para nosotras no son noticia. Cuando me escribió, cuando me respondió,<b> recibimos su ayuda y de esa manera pudimos reconstruir esto.</b> </p><p>“Esto”, la casa de la calle Bordabehere, hoy se llama: <b>Hogar Dignidad Trans</b>. </p><p>—Porque buscamos devolverle dignidad a vidas que no la tuvieron.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/7OYP3RKAV5AQ5AOT73JCZC75HI.jpg?auth=79465a9d0c3a520d299ec6a3238a637947d8ece517ea50f1f2468f6b7249d259&smart=true&width=1920&height=1440" alt="Así se ve el interior de la casa luego de la obra de refacción realizada gracias a la ayuda del papa Francisco" height="1440" width="1920"/><p>Cuando Maju comenzó a buscar ayuda a través de las redes sociales, antes de que Francisco les enviara el dinero, conoció a Noni, “una compañera cis[género] que se dedica a la construcción y fue fundamental”.</p><p>Cuando hubo dinero, Noni ayudó a convocar a los trabajadores que necesitaban: albañiles, electricistas, plomeros y, junto con la hermana Mónica, acompañó el <b>proyecto de Maju</b> desde que era un deseo. También se volvió un apoyo moral clave para las compañeras, ya mayores, que habitan la casa.</p><p>—Yo creo que lo primero que hicimos fue cambiar todos los techos: <b>más de 240 metros cuadrados.</b> Y cambiarles los colchones a las compañeras adultas. Tanto Marcela como Celeste tenían colchones muy finitos y ellas son grandes, pesadas. Pudimos comprar colchones buenos y armar camas, comprar sábanas, acolchados. El frío es muy duro acá en Mar del Plata. También pudimos arreglar los baños ¡que quedaron de <i>luxe</i>!</p><p>Desde ese momento, cuando surgen discusiones y algunas recuerdan las posturas polémicas que tenía Bergoglio frente al colectivo LGBTIQ+, Maju enfatiza en lo importante del cambio de mirada: en que “tenés que tener un valor muy grande para hacer tu propia revolución interna y decir: ‘Yo estaba equivocado’ o ‘la verdad que esto no es así’”.</p><p>—<b>Es de alguien con mucho coraje mirarse al espejo y poder cambiar</b>. No todo el mundo lo puede hacer porque tenemos nuestros defectos de carácter, nuestros patrones de conducta, nuestra construcción cultural. Tenés que tener mucha sabiduría, mucha compasión, otra cabeza, ¡y con 80 años, corazón! Más estando en un lugar en el que lo más probable era que se pusiera más conservador. Y todo lo contrario. Eso es bárbaro. Entonces cuando damos debates y discusiones yo le digo [a Marcela]: “Bueno, vos tenés que agradecerle a Bergoglio el colchoncito donde dormís”. La jodo.</p><p><b>El Hogar Dignidad Trans</b> hoy cuenta con cinco departamentos dentro de la misma casa: cuatro están habitados y uno, que aún está en construcción, está destinado a ser un lugar de tránsito. </p><p>—Ese espacio específico está pensado para que las compañeras adultas en situación de vulnerabilidad puedan pasar algunos días hasta articular, con los diferentes entes de los organismos, espacios propios. Sucede que ese círculo que nosotras tenemos pensado no se estaría pudiendo cumplir porque <b>los Estados están completamente ausentes</b>. Desde el municipio hasta la nación: <b>no tenemos políticas de diversidad, no tenemos ayuda económica, entonces es muy complejo</b>. </p><p>A veces organizaciones o personas de a pie envían alguna colaboración económica, pero el hogar se sostiene, principalmente, con el trabajo de Maju, que continua en la administración pública <b>gracias a la ley de cupo laboral trans</b> —Ley N° 27.636 que establece que al menos el 1% de los cargos y puestos en el sector público nacional deben ser ocupados por personas travestis, transexuales y transgénero—, la jubilación de Marcela y el trabajo de Celeste, la otra compañera adulta. Luciana, que tiene 20 y es la más joven y nueva de las residentes, se quedó sin trabajo hace un mes y entre todas la están <b>ayudando a encontrar uno nuevo. </b></p><p>Son ellas cuatro y sus ingresos los que mantienen el espacio en el que conviven <b>una atea (Marcela), una judía practicante (Celeste), una escéptica (Luciana) y una budista (Maju).</b> Pero en algo coinciden: para el hall de distribución que comparten cuando ingresan a la vivienda, en el que ya hay una imagen de Santa Teresita de Jesús que les envió la hermana Mónica, de la que el papa era muy devoto, enviaron a imprimir una foto de Francisco. </p><p>—Como una forma de reconocer a este hombre que fue nuestro amigo. Como te vuelvo a decir, yo no soy religiosa, hay una cuestión de haber conocido a un tipo que tuvo <b>un grado de humanismo muy grande</b> y de conocer su obra silenciosa que mucha gente no conoció como esto que nos pasó a nosotras, en Mar del Plata. </p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/6SJ5GKTTS5ALPNSUXGU5QNQV4A.jpg?auth=8840edc4c9ef482b417b7eb91a791d878a8ba05eb6d39d4c3df90d62d2905693&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Maju y Noni en la reconstrucción del Hogar Dignidad Trans, en Mar del Plata ]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Catar alfajores, algo más que comer una golosina: Facundo Calabró cuenta cómo empezó con este hobby soñado]]></title><link>https://www.infobae.com/sociedad/2025/04/28/catar-alfajores-algo-mas-que-comer-una-golosina-facundo-calabro-cuenta-como-empezo-con-este-hobby-sonado/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/sociedad/2025/04/28/catar-alfajores-algo-mas-que-comer-una-golosina-facundo-calabro-cuenta-como-empezo-con-este-hobby-sonado/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[Un proyecto de escritura, un terreno popular poco explorado y un título polémico en un medio nacional. Así nació El catador de alfajores]]></description><pubDate>Mon, 28 Apr 2025 06:13:27 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/D7NEOQ5DAFDBRBTYJJVNXCW73Q.jpeg?auth=3b7656e30b1cd318d709f98e6cf4d25494a59b26bda032722517a69b89aaa0f4&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Con 20 años y deseos de escribir creó un blog sobre alfajores, un periodista le hizo una nota y se volvió "trending topic" " height="1080" width="1920"/><p>Si alguien tipea “alfajor” en el diccionario de la Real Academia Española, la primera definición que aparece es el término utilizado para designar una crema dulce que se usa para hacer un postre similar al que conocemos en algunos sitios de España. La palabra proviene del árabe: <i>alhajú</i> o <i>alajú</i>. Su descripción: “Pasta de almendras, nueces, a veces piñones, pan rallado y tostado, especia fina y miel bien cocida”. Y también “Dulce hecho con alajú”. La segunda acepción sí es la que dibuja la imaginación al leer la palabra “alfajor” y el primer país en el que la RAE indica que se utiliza de este modo es Argentina: “Golosina compuesta por dos rodajas delgadas de masa adheridas una a otra con dulce y a veces recubierta de chocolate, merengue, etc”. En ese etcétera cabe el paraíso.</p><p>El orden en el que la RAE dispone los significados no es arbitrario, tiene que ver con el origen del alfajor. Aunque muchos, muchas, juraríamos que es argentino, y la identidad y entidad que se le imprimió está arraigada a este suelo al punto de ser ícono nacional, lo cierto es que nació del otro lado del mundo, varios siglos atrás. Al seguir el hilo de su recorrido, el principio de la madeja puede encontrarse en Arabia, donde se le llamaba <i>al-hasú</i> (el relleno) —etimología que evolucionaría hasta llegar a “alfajor”—. Con este nombre o sus variantes llegó a España, a la región andaluza —algunas fuentes señalan que llegó primero a otras zonas, lo cierto es que <b>arribó con la cultura árabe en la conquista musulmana a la península ibérica entre el 700 y el 1400</b>— donde se sigue fabricando con otros materiales, porque el dulce de leche, lo que le da la identidad argenta, no tiene tanta presencia en esa otra parte del mapa. En el siglo XIX emigró al sur global donde se fusionó la base del dulce árabe con el chocolate mesoamericano y el dulce de leche argentino.</p><p>Luego los argentinos lo hicieron suyo. <b>Lo hicimos nuestro</b>.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/COZCBFK7ZRGC7LYMWNREQXLVAI.jpg?auth=21e652106ace636a805e8c51bdcffbe7c5f533ed567bebbf119a4163b407123a&smart=true&width=5761&height=3841" alt="Aunque se lo considera ícono nacional el alfajor proviene de la cultura árabe, llegó a España con la conquista musulmana de la península ibérica y a la Argentina en el sigo XIX donde comenzó a transformarse en el dulce que conocemos hoy  " height="3841" width="5761"/><p>“<i>Después del Terrabusi, el Capitán del Espacio y el Jorgito (D. de T., C y J)</i></p><p><i>Podríamos decir que estas tres versiones constituyen el punto de partida, los cimientos, del resto de los alfajores del mercado. Terrabusi, Capitán del Espacio y Jorgito, ergo, todo lo demás. Esta es, por lo tanto, sólo una reseña, la primera que hago de ellos, pero no la última ni la definitiva. Es de esperar que al final de este viaje, o en alguno de los intervalos, me encuentre con que mis gustos y mis criterios se han vuelto más finos y profundos; entonces ya no debería medir de la misma manera a estos tres pilares. Estoy absolutamente abierto a ese futuro. Es más, voy en su búsqueda. Pero por algo se empieza</i>”.</p><p>De este modo comenzaba <b>Facundo Calabró</b>, conocido popularmente como “Catador de alfajores”, una de las primeras reseñas que hacía en su blog titulado “El alfajor perdido”, nacido hace casi una década, en 2016, cuando él tenía 20 años, estudiaba locución en el Instituto Superior de Enseñanza Radiofónica (ISER) Y Letras en la Universidad de Buenos Aires.</p><p>—No me acuerdo bien por qué se llamaba así. Yo estudiaba Letras y era como una referencia al libro de Proust [<i>En busca del tiempo perdido</i>] que no había leído. Era un poco a cuenta de esta búsqueda que justificaba el proyecto: explorar qué había ahí. Creo que iba un poco por ese lado.</p><p>La primera reseña en el blog —que no era su primer blog sino uno de sus muchos proyectos de escritura en internet, aunque sí el primero que tuvo éxito— era una comparación entre el alfajor quilmeño Capitán del Espacio y el Jorgito.</p><p>—No los de chocolate sino los glaseados. Mi inquietud era: “Tengo estos dos alfajores que en principio deberían ser iguales: pesan lo mismo, tienen paquetes parecidos, son blancos”. Entonces, decía: “¿Dónde se puede inscribir la diferencia entre estos dos productos? ¿Cuán sutil tiene que ser y dónde puede estar?”. <b>Buscar la identidad de un producto, tratar de encontrar qué es lo que lo distingue y cómo se transmite esa diferencia en un sabor</b>, era el interrogante; y sigue siendo para mí, hoy, una pregunta estimulante. Sobre todo cuando tenés dos cosas muy parecidas que se distinguen por algo muy chiquito. Buscar esa mínima diferencia me parece un lindo desafío. Entonces fue ese el primer posteo, esa comparación.</p><p>Lo que impulsó esa inquietud y encendió las luces acerca de que el mundo de los alfajores podía ser un universo interesante para sacar la linterna y sumergirse a explorar fue el aclamado Capitán del Espacio: un alfajor creado en 1962 por una PYME ubicada en la ciudad bonaerense de Quilmes, venerado en la zona Sur y que por mucho tiempo prácticamente no se conseguía más allá de este sector del conurbano. Como es habitual que suceda, la porteñidad de Facundo había causado el desconocimiento del Capitán. Como también es habitual que suceda, un amigo que sí conocía el alfajor, cuando estudiaba en el ISER y se tomaba el tren en Retiro, le habló de él.</p><p>—Siempre me acuerdo de ese momento cuando descubrí que había algo que se llamaba Capitán del Espacio. Hablando con un amigo, él me contó que era un alfajor muy famoso y eso me llamó la atención porque en ese momento no se conseguía en el resto de la Ciudad de Buenos Aires, pero sí en Retiro, que es como una especie de transición entre el conurbano y Capital Federal. Entonces, llegó a mis oídos su fama y de alguna manera eso me hizo intuir que en los alfajores había una materia interesante. En particular, <b>me interesaba esta combinación entre una especie de identidad abstracta, como un mito, y un sabor</b>. Ese empalme entre algo muy material y sensorial como es una comida, o concretamente un alfajor, y una leyenda; o sea, que una comida pudiera generar eso.</p><p>Cuando conoció la golosina que es bandera conurbana Facundo intuyó que “<b>detrás de cada alfajor se escondía algo más</b>” y quiso abrir ese envoltorio para ver qué era.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/R562225S4REUHE42YJVTC3XAP4.jpeg?auth=bba406818899788ca4542b74d50742987b2437711fb2f257af1e0ee9292639f3&smart=true&width=1920&height=2566" alt="En el blog que tituló “El alfajor perdido”, en 2016, Facundo Calabró se dispuso a analizar, comparar y reseñar la golosina nacionalizada por excelencia con ojo académico" height="2566" width="1920"/><p>Siempre le había gustado escribir y lo hacía desde muy chico. Desde el surgimiento de los blogs había creado varios. Los veía como pequeños proyectos editoriales: disfrutaba de elegirles un nombre, una marca, buscar una excusa para redactar y publicar. Pero los abandonaba pronto. Ninguno tenía visitas. <b>Hasta que comenzó a hablar de alfajores</b>.</p><p>En el que tituló “El alfajor perdido” se dispuso a analizar, comparar y reseñar la golosina nacionalizada por excelencia. No a modo de un simple comensal o fanático —lo que de hecho no era cuando empezó— sino que aguzaba los sentidos y desglosaba los dulces de tapas y rellenos con ojo académico: sus reflexiones eran verdaderos ensayos que resaltaban las ventajas, los puntos débiles, la esencia que los rodeaba, con la prosa, sensibilidad y seriedad de quien analiza un conflicto social. Como quien se posa en los pequeños elementos de lo cotidiano y los rodea hasta abrirlos, desmenuzarlos y encontrarles el verdadero sentido que esconden dentro. <b>Quien encuentra un mundo en un detalle</b>. En este caso, uno delicioso.</p><p>—Fue un día que descubrí que eso era un universo interesante, consumido pero <b>poco explorado desde el punto de vista metafísico</b>.</p><p>Así comenzó a escribir sobre este dulce y descubrió que, además del Capitán del Espacio, “<b>el de los alfajores es un ecosistema formado por un montón de identidades</b>, lo que no pasa casi con ningún otro producto del kiosco”.</p><p>—Lo comparativo también me interesaba porque me permitía armar ese <b>mapa de los alfajores</b> y tratar de ver cómo estaba constituido, cuáles eran las piezas. Y después, algo que me encanta, ver cómo dialogan esas piezas. Porque hay intertextualidades entre los alfajores. Están todo el tiempo compitiendo —lo cual sucede en el capitalismo—, pero es como si se estuviera muy atento. Hay mucho de referencia, mucho plagio, mucho juego. El ejemplo que más me gusta es el de Cachafaz, que nace casi como un desafío al Havanna y al mismo tiempo como un homenaje. El mapa de los alfajores es así, muy de diálogos y eso es fascinante. E insisto que, si bien pasa con otros alimentos, en el kiosco no se da con las gomitas, con los caramelos ni siquiera, se da con los alfajores porque <b>están forzados a respetar una estructura y dentro de esa estructura tienen que encontrar originalidad</b>. Esa restricción los obliga a ser más creativos. Si vos querés jugar al juego de los alfajores necesitás respetar ciertas reglas y dentro de esas reglas encontrar tu identidad y eso es interesante. Por eso hay mucha diversidad, hay empresas chicas compitiendo con empresas grandes y todas tienen una historia detrás que a veces se traduce en la materialidad del alfajor. Es como si de alguna manera <b>el sabor absorbiera el significado.</b> Esa combinación me parecía copada para escribir. Pero en realidad el disparador fue un deseo de crear un proyecto de escritura. Y obviamente la excusa para comer alfajores.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/N7OZTRWDRVAL3GHHHZUYKTOVLU.jpeg?auth=e813aa3f9a6397ee5f853ac20d71e5e9a05e90b7682e99efae1ad995a85024e6&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Cuando un periodista de Clarín encontró su blog y lo entrevistó, Facundo saltó a la arena pública digital: sus redes crecieron, comenzaron a llamarlo de los medios para dar notas, para comer alfajores y lo convocaron de la editorial Planeta para escribir un libro" height="1080" width="1920"/><p><i>“Algo debió hacerme ese alfajor tan extraño que me daban de merendar en las tardes de la colonia del Club Comunicaciones. Tuvo que ser bastante seria la cosa para que ahora, una década más tarde, aunque nada me acuerde del Club Comunicaciones ni de la colonia (...) todavía tenga como anclado, en alguna zona remotísima del paladar, el sabor de ese alfajor”. “Quizá hubiera preferido un primer recuerdo más clásico, pero no se me dio. Mi infancia empírica se redujo al sabor de ese alfajor y alrededor de él tuve que construir mi identidad. Afronté mi destino, como debe ser, y poco a poco fui comprendiendo que ese único material disponible en mi memoria de pibe tenía también su hondura, su complejidad; comprendí, tiempo después, que ese recuerdo modesto era como un gran ovillo que podía, con mucho esfuerzo, comenzar a deshilachar. Que no era cualquier pavada el recuerdo de ese alfajor, sino que detrás de él (o adentro de él) un montón de recuerdos en pequeña escala aguardaban la hora de su desentierro. Y así empecé esa labor de reconstrucción”</i>.</p><p>Probablemente se hubiera reído ese niño que iba a la colonia de Comunicaciones si alguien le decía que su experiencia con ese alfajor <b>Fulbito de maní</b>, con los gajos de una pelota grabados en la cobertura y valor nutricional cuestionable, que merendaba a diario iba a ser el comienzo de su primer libro, <i>En busca del alfajor perdido</i>, publicado por Planeta en 2020.</p><p>Si alguien le decía que iba a pasar momentos espantosos, bizarros, de nervios y sudor frío cuando en la televisión, frente a conductores y espectadores, con una venda en los ojos lo desafiarían a probar y <b>adivinar marcas de alfajores en vivo.</b></p><p>Entre el blog sin visitas y publicar su propio libro —lo que deseaba—, y salir en la pantalla chica —lo que no deseaba pero asumió con la mayor dignidad posible— y <b>volverse famoso de un sol a otro,</b> hubo un titular polémico en uno de los medios más importantes del país.</p><p>—Fue bastante azaroso. Básicamente todo empezó por un periodista de Clarín que iba cazando historias raras, medio exóticas, <b>Hernán Firpo</b>, y que no sé cómo descubrió mi blog porque realmente se leía poco. Fue sorprendente. Él me hizo una nota que tuvo mucha, mucha repercusión porque tenía un título medio polémico que era: “El Cachafaz superó al Havanna”. Fue mérito suyo ese título. Y la nota fue <i>trending topic</i> en Twitter. Yo estaba como loco. Fue un montón para mí, no lo podía creer. De golpe todo el mundo me escribía al WhatsApp y me mandaba el texto; me volví como medio famoso dentro de mi círculo. Obviamente una fama limitada pero había un montón de gente que de repente sabía quién era yo y que antes ni me registraba. Y la familia, mi abuela… Hasta el día de hoy, en el que ya mi actividad es bastante modesta, sigo siendo “El catador de alfajores” para muchísima gente y va a seguir siendo así, creo, que hasta que me muera.</p><p>Cuando se publicó la nota que lo catapultó a la arena pública Facundo trabajaba como <i>community manager</i> y estaba adiestrado en el arte de generar discusiones en redes sociales. Hoy dice que echó mano de esa destreza para que su cuenta, que de repente generaba interés, siguiera creciendo de la mano de los alfajores. Y funcionó. Aunque entre sus seguidores encontraba un público heterogéneo: los que los leían porque disfrutaban de sus análisis y quizás decían: “Che, esto es divertido, ¿qué le pasa a este que escribe así sobre alfajores?” (de quienes más se enorgullece) y los que le daban <i>like</i> por toparse con fotos de productos que les llamaban la atención sin detenerse demasiado en su contenido.</p><p>—No es que todos se ponían a leer esas reseñas que escribía que eran complejas, pero quedé muy apalancado en las redes y los medios me empezaron a llamar: iba a la televisión a comer alfajores, una cosa bastante absurda que odiaba. Me acuerdo que tuve que salir a dar notas en radio y no sabía qué decir, porque ni siquiera sabía mucho de alfajores en ese entonces. Ahora <b>puedo hablar horas sobre alfajores</b>, pero en ese momento salía y decía cualquier cosa. Sobre todo la televisión era algo que detestaba. Yo era como un personaje a quien, en general, los conductores llamaban porque les divertía el título pero no sabían bien quién era o qué hacía y pasaban cosas muy bizarras: me vendaban los ojos y me hacían probar alfajores y adivinar. Todo lo que sucedía en televisión era un poco humillante. Ese fue el precio que tuve que pagar por haber aprovechado un tema tan popular para ponerme a escribir las cosas que yo quería y que de golpe hubiera un público que lo leyera. <b>No es que todo el mundo era fanático de mis ensayos ilegibles, sino que la gente quería hablar de alfajores y yo tenía que adaptarme</b>.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/QJRCVPZYFZFRDOKWSECF5X5VEM.jpeg?auth=60ae73f5fbe27500567d297d3580b665cc00cfe0d31e31a3e10e138365c89f79&smart=true&width=1920&height=1920" alt="Facundo Calabró en su rol de jurado en la Fiesta Nacional del Alfajor de La Falda " height="1920" width="1920"/><p>Al margen del costo de vivir momentos incómodos en TV, la popularidad que adquirieron las reseñas alfajoreras de Facundo y un <i>hobby</i> que si se pagara sería el oficio soñado de la mayoría de argentinos y argentinas también trajo a su vida impactos positivos. La convocatoria de la editorial Planeta para escribir un libro sobre la historia del alfajor, la invitación a participar como jurado en concursos de alfajores, a escribir algunos textos en medios y, por supuesto, que en su casa llovieran docenas y docenas de alfajores de todos los tipos para que los probara, analizara y describiera.</p><p>—Lo que más agradezco y lo que más disfruté fue todo lo que tuvo que ver con escribir el libro, que nació como proyecto en 2017 o 2018, cuando me convocó un editor de Planeta. Ahí sí sentí que había pasado algo importante, porque imaginate, <b>yo lo que quería era escribir y de golpe me llamaron para hacer lo que quería, que no era probar alfajores en la tele.</b> Eso estuvo bueno porque pasé dos o tres años investigando, viajé a Mar de Plata para estar en la fábrica de Havanna. Estuve en la Fiesta del Alfajor de La Falda, en la Fiesta del Alfajor Costero, o sea que hubo algo de cronista también durante el libro. Y como en esos años, cuando lo escribí, yo estaba creciendo, porque es una época en la que uno cambia mucho, también acompañó mis transformaciones y ese proceso estuvo buenísimo.</p><p>Como todo escritor, novel o avezado, Facundo, a sus 20, también se enfrentó a la angustia de la página en blanco, a no saber —”porque nunca había escrito nada”— cómo empezar, o si lo que escribía iba a interesarle a alguien. Le faltaba información, se sentía solo en ese desafío y el tiempo lo apremiaba. Pero pese a esas dificultades descubrió el disfrute del proceso.</p><p>—Investigar, entrevistar gente, conseguir una información que nadie antes había conseguido. Había algo lindo en esto que es que <b>el terreno era tan virgen</b> —no fui el primero pero casi— que <b>de golpe estaba creando la historia del alfajor</b>, porque nadie antes se había preocupado por eso, no porque fuera muy groso. Y eso fue creo que lo que más me gustó.</p><p>En una década de probar y comparar alfajores Facundo construyó una mirada propia sobre esta golosina, con hipótesis y análisis respecto a sus ingredientes, sus sabores, sus intenciones y hasta sus envoltorios, y se volvió un referente. Esa forma de pensar el alfajor, dice, fue lo que más disfrutó de este <i>hobby </i>que irrumpió en su vida de manera casi azarosa. Desde ese momento, y ya como licenciado en Letras, gusta de investigar la historia de alguna golosina, buscar su recorrido, su metamorfosis y ver qué la trajo hasta los kioscos o supermercados nacionales, cuál fue su derrotero.</p><p>—Esa especie de ensayos medio históricos me encanta: meterme en el archivo digital y empezar a recolectar datos y a generar hipótesis acerca de dónde salen las cosas, cómo se mueven de un país a otro, por qué tienen ese nombre, rastrear todo ese itinerario tan sigiloso de la cultura, pero sobre todo de los alimentos como algo especial a lo que nadie le da mucha pelota. Porque en cierto modo esos itinerarios recuerdan un poco cuando los historiadores de la lengua se ponen a estudiar la etimología de una palabra o el recorrido. Y a veces pasa lo mismo que lo que pasa con los alimentos, con el alfajor, <b>son elementos de la cultura que van trasladándose de un lugar a otro y sufriendo metamorfosis</b>, solo que las palabras parecen un objeto mucho más digno que los alfajores para estudiar. Hacer esas investigaciones es lo que siempre me gustó más y al mismo tiempo lo menos convocante.</p><p>Facundo dice que constantemente se topa con la misma dificultad: lo que más disfruta hacer no es lo que le da popularidad, y lo que le da popularidad —un posteo que genera disputa en redes, probar alfajores en televisión— no es algo que desee. Y ese es el mayor motivo por el que está alejado de la conversación digital y la búsqueda de <i>likes</i>.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/EDPSC2J4L5DCLB4WFZBGJCQIVQ.jpg?auth=f4874425c2c4701bfac2c3a334db37a70cb17649cf34c1a21e5c197b40bd68c1&smart=true&width=1920&height=1920" alt="La convocatoria de la editorial Planeta para escribir el libro de la historia del alfajor, la invitación a participar como jurado en concursos y que en su casa llovieran docenas y docenas de alfajores fue lo que más disfrutó de la creación azarosa del hobby soñado" height="1920" width="1920"/><p>Catar alfajores nunca le dio dinero. Para vivir Facundo tiene un trabajo no tan especial, como la mayoría de los mortales, que también disfruta y que, reconoce, tiene la esencia de mezclar cosas que en apariencia no se mezclan, como son sus ensayos históricos y académicos sobre dulces: es “lingüista computacional”.</p><p>—Es como si fuera una veta del <i>software</i> relacionada con la lingüística. Estoy muy lejos de eso, pero el chat GPT es el producto de esta disciplina en la que trabaja gente que se dedica a modelar matemáticamente el lenguaje. Es un buen lugar para trabajar. Es como una mezcla de cosas. Cuando pienso <b>qué tengo todavía de ese chico que hizo el proyecto de los alfajores, es la pasión por mezclar cosas que en general no se mezclan</b>; sacar las cosas de contexto, ponerlas en otro lugar y ver qué pasa cuando las combinás. Y en mi trabajo soy un poco eso: alguien que viene de las letras en un mundo de datos y <i>software</i>, de gente que viene de la ingeniería o de la matemática. Eso de andar siempre entre dos mundos me divierte mucho, es un juego que creo que conservo.</p><p>Y sin presiones, sin la obligación de rendir cuentas a ninguna empresa o salir a buscar pulgares arriba y corazones, cuando sale algún alfajor nuevo que le provoca curiosidad, ganas de comer y escribir, lo hace.</p><p>—Si bien, en definitiva, uno termina escribiendo una recomendación o una crítica, lo que trato de hacer es <b>una interpretación del alfajor</b>: descifrar qué es lo que está tratando de decir, cómo se inserta en el mapa de los alfajores y dónde está la novedad o a quién está tratando de emular o con quién está discutiendo o qué nos dice eso de la evolución del mercado hoy. Obviamente esta lectura tiene un poquito de sesgo, pero no busco solo decir esto es bueno, esto es malo. Siempre estuve en contra de los puntajes, de poner, por ejemplo, siete sobre diez. Porque, además, ¿qué es el diez? O sea: no hay un diez porque <b>no hay un alfajor ideal</b> al que haya que aspirar. Si hubiera un alfajor ideal sería todo muy aburrido, ya sabríamos cuál es el mejor del mundo, entonces por qué seguiría probando alfajores. Se terminaría el juego. Justamente lo que tiene el alfajor es que todo el tiempo va modificando ese ideal, lo va destruyendo. Y eso me parece hermoso: <b>todo el tiempo se están produciendo rupturas</b>.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/BU6WA55PJVADRACDGHVQLWA5M4.jpeg?auth=c195bad548eed42e1ed91943d25a487e974cec65e542ba5ac5dcc5c3889aec18&smart=true&width=1920&height=1080" alt=""Algo que me encanta es ver cómo dialogan los alfajores porque hay intertextualidades, están todo el tiempo compitiendo. Hay mucho de referencia, mucho plagio, mucho juego"" height="1080" width="1920"/><p>Quizás uno de los mayores méritos de Facundo en su rol de catador de alfajores no sea solo poder hablar por horas o desgranar con dedicación de científico de laboratorio la composición y el significado, en sentido amplio, de un producto que acompaña la cotidianidad argentina desde la fundación del país —cuenta la historia que cuando se firmó la Constitución de 1853, algunos de los constituyentes se alojaron en la planta alta del local donde se vendían los alfajores santafecinos Merengo y fueron agasajados con este dulce que también llevaron a sus provincias. Y este tipo de alfajor, “de merengue o de almíbar, con una masa medio rústica, de yema de huevo salada y dulce de leche, que en realidad no es santafesino sino que es el alfajor de la colonia, el primer alfajor nacional”, es el que elige entre sus preferidos el catador a la hora de comer—.</p><p>Quizás su magia pase por esa virtud de <b>detenerse a interrogar un elemento que damos por obvio</b>, que consumimos a diario sin preguntarle nada. Aquella cualidad sobre la que escribía en su Manual de Instrucciones, en sus <i>Historias de Cronopios y de Famas</i>, Julio Cortázar: <i>“Negarse a que el acto delicado de girar el picaporte, ese acto por el cual todo podría transformarse, se cumpla con la fría eficacia de un reflejo cotidiano. Hasta luego, querida. Que te vaya bien. Apretar una cucharita entre los dedos y sentir su latido de metal, su advertencia sospechosa. Cómo duele negar una cucharita, negar una puerta, negar todo lo que el hábito lame hasta darle suavidad satisfactoria. Tanto más simple aceptar la fácil solicitud de la cuchara, emplearla para revolver el café”</i>.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/D7NEOQ5DAFDBRBTYJJVNXCW73Q.jpeg?auth=3b7656e30b1cd318d709f98e6cf4d25494a59b26bda032722517a69b89aaa0f4&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"/></item><item><title><![CDATA[El arte de conservar el arte: el oficio de restaurar esculturas centenarias y el hospital de estatuas que es un museo a cielo abierto]]></title><link>https://www.infobae.com/sociedad/2025/04/18/el-arte-de-conservar-el-arte-el-oficio-de-restaurar-esculturas-centenarias-y-el-hospital-de-estatuas-que-es-un-museo-a-cielo-abierto/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/sociedad/2025/04/18/el-arte-de-conservar-el-arte-el-oficio-de-restaurar-esculturas-centenarias-y-el-hospital-de-estatuas-que-es-un-museo-a-cielo-abierto/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[En el corazón de los Bosques de Palermo, desde 1952, se alza el taller en el que se reparan los monumentos, bustos y obras que ofrece en sus espacios públicos la Ciudad de Buenos Aires]]></description><pubDate>Fri, 18 Apr 2025 03:53:59 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/QVJCT3RGHBG7HLUHR44FPJ3D4A.jpg?auth=36bbba7c61ce185af2c6734e619a94c77a2692855550beb94f5ad8a989833e9d&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Julio Romero trabaja en la restauración de La Cautiva, obra creada en 1905 por Lucio Correa Morales, el segundo escultor de Argentina. (Adrián Escandar)" height="1080" width="1920"/><p>A La Cautiva le arrancaron la nariz. Le pintaron los pechos. Al perro de sus niños le arrancaron la oreja. Tiene partes del cuerpo agrietadas. Lastimadas. Mas esa madre, la mirada un cuchillo, clava los ojos en quien piense siquiera en meterse con ellos.</p><p>Agachado junto a esa mujer indígena, <b>arrasada por ser india, por ser mujer</b> —en la retórica y en lo concreto, en el mundo de las ideas y en el material—, pertrechado con un bisturí, una pequeña brocha, lentes con aumento y un cepillo de dientes, está Julio Romero. Tiene pantalón y buzo gris azulado con puños, delantal con algunas roturas y manchas propias de la labor, pañuelo rolinga violeta y negro, gorra, guantes de látex, voz suave, 47 años, paciencia milenaria y amor por el arte.</p><p>—Vengo de la Escuela de Bellas Artes. Siempre quise ser escultor —también soy docente en una escuela de joyería, profesor de dibujo y me estoy formando en el área de fotografía y papel—. Y este lugar lo conocía desde que estudiaba. Acá existía un programa que se llamaba Premoa, que recibía estudiantes que venían a hacer pasantías. Yo entré en el último Premoa y desde ese momento me quedé. Estamos hablando de 2004, 2005, 2006. Después hubo un receso, en ese tiempo trabajé en talleres de artistas, me fui formando con ellos, y me volvieron a contratar en 2013. Yo me había ido de viaje y un día, como verás, <b>La Cautiva</b>.</p><p>—La Cautiva.</p><p>—Es un grupo escultórico importante hecho por <b>Correa Morales, segundo escultor argentino</b>. Primero, es un honor estar con Correa Morales. Siempre lo amé. Y segundo, paciencia. <b>Es un trabajo de mucha paciencia</b>. Fijate que, mucho más allá de roturas por el tiempo, tenés vandalismo. Ahora me encuentro sacando viejas intervenciones, limpiando la obra por oxidaciones, hongos. Todos los días parece que estás en el mismo lugar y no, no estás en el mismo lugar. Es así: paciencia. Es un trabajo que va a llevar seis meses.</p><p>Mientras conversamos el sonido ambiente es el de los martillos neumáticos. Los lentes con aumento de Julio, el grabador, todo se cubre de polvo: el MOA mismo está en plena obra de refacción y conservación. Se proyecta la remodelación de los talleres, del equipamiento, un nuevo sector de archivo que ahora funciona en otro edificio, una sala de convenciones, baños y vestuarios nuevos. Un espacio que mejore las condiciones de trabajo y brinde más comodidades. Se espera que esté listo para octubre.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/Z2WOG3MN6VC33NPAMUNJ2PBUDM.jpg?auth=f0ee14bcf7812132bc7809ea63b020182a47af9a5e4db6ea0bae2c1b0b4b0d23&smart=true&width=1920&height=1080" alt="La limpieza del mármol se realiza, mayormente, con un bisturí para no lastimar la obra. (Foto: Adrián Escandar)" height="1080" width="1920"/><p>En el corazón del Parque Tres de Febrero, conocido popularmente como los Bosques de Palermo, junto al Jardín Japonés, pasando un café que invita a quedarse y siguiendo un camino empedrado como se sigue al conejo blanco, se llega al predio de Monumentos y Obras de Arte (MOA). Llamado también hospital de estatuas, el sitio consiste en dos grandes galpones donde funcionan los talleres de restauración de las estatuas y monumentos que se emplazan en el espacio público de la Ciudad de Buenos Aires.</p><p>En el exterior, el paso del tiempo, el vandalismo, las decisiones oficiales sobre qué próceres, figuras u obras se ponen y se sacan y las necesidades de conservación logran una reunión imposible: Colón; Fernando de Magallanes; Gardel; Evita; Perón; Sarmiento; una pareja de enamorados; un esclavo flaco, negro y engrilletado —hecho por Francisco Cafferata, el primer escultor argentino, contará Julio— y más personajes encomiables de todos los tiempos esperan —pacientes, quietos— su turno de ser reparados o de que se les asigne un nuevo destino.</p><p>A un costado Juana de Arco. Más allá: <b>una representación colosal del Gaucho Rivero creada por Julio César Vergottini en 1982</b> con la idea de colocarla en Malvinas, lo que la guerra volvió imposible. Luego quiso colocarla en Río Grande, Tierra del Fuego, como el punto más cercano a las Islas. Pero tampoco se logró. En el año 83 y hasta el 2000 estuvo en la Plaza Naciones Unidas, junto a la Facultad de Derecho, hasta que fue donada la Floralis por su autor, el arquitecto argentino Eduardo Catalano, y ocupó su lugar. Desde entonces el gaucho espera expectante en el MOA <b>su próxima batalla</b>.</p><p>Esa parte del predio es conocida como el patio de las esculturas y está abierta a todos aquellos que deseen pasar a ver a los que permanecen en esta suerte de purgatorio pétreo a cielo abierto que se vuelve museo.</p><p>—<b>El MOA se creó en el año 1952 </b>como un apéndice de lo que era la Dirección de Paseos y se encargó de la conservación de la estatuaria emplazada en los espacios públicos de la ciudad. Todos los monumentos, estatuas, bustos, placas, mástiles y elementos decorativos que estaban en los espacios públicos dependían de alguna manera de lo que era el MOA y aún siguen dependiendo. Es decir, seguimos trabajando en lo que es <b>la conservación de la estatutaria pública</b>. Algunas obras se restauran en el lugar y otras se traen al taller, siempre y cuando las condiciones y las dimensiones de la obra lo permitan y el trabajo que se tenga que hacer amerite el traslado —explica Jorge Grimaz, subgerente operativo del espacio.</p><p>En algunas oportunidades también se encargan de la <b>creación de obras nuevas para emplazar en el espacio público</b> de la ciudad porteña. En estos casos, como en el taller no se esculpe en mármol, se fabrican en cemento, resina o pueden hacerse los moldes “que luego se mandan a una fundición privada como para hacer una reproducción en bronce”, cuenta Grimaz. Cuando plantean un nuevo proyecto primero hacen el molde a mano, en plastilina, a partir de imágenes, y luego la reproducción en el material.</p><p>Salieron íntegros de los talleres del MOA una reposición de La flor de Irupé (“le pedimos el original al Museo Perlotti, se hizo el molde y se colocó la réplica en el Parque Centenario”), piezas para restaurar obras, y bustos como el de Gabriela Mistral (“que también era reposición, pero al no tener el molde original se hizo desde cero acá”). El busto del barón Pierre de Coubertin, fundador de los Juegos Olímpicos modernos —que fue robado el original y su réplica— y se alza en una plazoleta frente a la Embajada de Francia, y el de Carlos López Buchardo, compositor y pianista de cámara argentino, en Plaza Lavalle, también se hicieron completos allí.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/7Q44SGVFORBP3K53ZSWXCDQ7PY.jpg?auth=5f6ed1af854ad7c67eabf104884ecd7f1a7afdec4c532c423a5edf4c7902b9be&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Gastón Souto trabaja en el molde de un busto pequeño de Eva Perón. (Foto: Adrián Escandar)" height="1080" width="1920"/><p>Ahora los dos talleres —dos galpones enormes— están compactados en uno, atiborrado de materiales y herramientas: el otro está en obra. Dentro se apiñan bolsas de cal, cemento, arena, marmolina, yeso, sillas y mesas de trabajo, reglas T, sierras, máquinas agujereadoras de bancos, soldadoras, estructuras metálicas, cascos de construcción, carretillas hormigoneras, tachos de pintura, un ejército de palas, un farol de plaza. Los insumos de trabajo conviven —se enciman— con los de la obra de refacción de todo el espacio.</p><p>—Estamos medio desacomodados porque uno de los talleres está en obra y tuvimos que mudar todo lo que es depósito —explica Grimaz—. Estamos amuchados y tenemos parte del plantel en el Jardín Botánico, también haciendo tareas de restauración. Y en el Ecoparque.</p><p>La otra parte del plantel está allí. Dentro del taller trabajan Martín Santos, que restaura <b>La Flora, reproducción en cemento de una escultura de mármol de 1709 </b>que se encuentra en el Louvre (París) —creada por el artista francés Renato Frémin—; y Gastón Souto, que trabaja en un molde nuevo —de caucho, para utilizar en futuras reproducciones— de un busto pequeño, como para decorar un escritorio en un despacho importante, de <b>Eva Perón</b>. Para hacerlo mira en una tablet numerosas fotos de época de Evita e intenta recrear su expresión, los detalles de su peinado recogido más emblemático. Usa plastilina y plasticera, “un material un poco más duro que la plastilina”, explica. Lo derrite en una olla pequeña y con eso modela.</p><p>Santos y Souto estudiaron juntos. Ahora hablan de las técnicas clásicas de modelado, del escultor francés <b>Antoine Bourdelle</b> —considerado uno de los precursores de la escultura monumental del siglo XX—, de <b>Auguste Rodin</b> —considerado el padre de la escultura moderna—, de arte. Y las mejores esculturas del mundo.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/VSQ5QQYNAFC5HF3OXWWN7KFU2Q.jpg?auth=15550c13d4bf38f304a50337dc65d1fc6d991ef196a700f1ad7cd6cfd6fcb8ad&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Martín Santos restaura La Flora, una reproducción en cemento de una escultura de mármol de 1709 que se encuentra en el Louvre, París. (Foto: Adrián Escandar)" height="1080" width="1920"/><p>Las esculturas necesitan ser restauradas por la degradación natural que provoca el paso del tiempo, por estar a la intemperie expuestas al ritmo y a las sustancias que flotan en la ciudad; porque son víctimas de vandalización.</p><p>—Por lo general tiene ambas cosas. Pero <b>el hecho del paso natural del tiempo o la vejez de la obra no tiene nada que ver con la vandalización</b>. Ahí es mucho peor el daño que le hacen a la obra y el trabajo que hay que hacerle a posteriori —explica Grimaz.</p><p>A veces la vandalización es porque sí. Otras, es misógina. Ideológica. Política. Como con La Cautiva.</p><p>—La Cautiva estaba en Plaza Brasil, entre la Facultad de Derecho y el centro de convenciones que está como soterrado a nivel de la entrada del subte. Ella estaba emplazada ahí. Y era enorme el grado de vandalización que tenía. La nariz, la oreja del perro, los pies. Aparte de que es constantemente grafiteada. Ahora se le sacaron pero, si te fijás, tiene todavía algunas marcas de pintura que quedaron y que se van a limpiar. Los grafitis se focalizaban en los pechos. En este caso evidentemente es vandalizada no por el significado sino tal vez porque es <b>la mujer desnuda </b>—arriesga Grimaz.</p><p>“Estaba cierto día con mis hijos, y una india vieja que los miraba largamente con los ojos humedecidos dejó escapar esta frase: ‘Yo también tenía chico, chico lindo; no sé vivo, no sé muerto, no sé dónde…‘. Contó el escultor argentino Lucio Correa Morales sobre la imagen que inspiró su obra La Cautiva, <b>una de las más importantes del patrimonio de arte público de la Ciudad</b>.</p><p>Realizada en mármol, en 1905, en la obra una mujer tehuelche sostiene con su brazo derecho a uno de sus hijos, que se apoya en su pecho, mientras otro se asoma, recostado en el piso, por debajo del manto que los cubre. También el perro de los niños levanta la cabeza sobre la tela mientras el pequeño sobre su madre estira un brazo para tomarle la oreja.</p><p>La Cautiva de Correa Morales retoma el poema homónimo, fundacional de la literatura argentina, escrito por <b>Esteban Echeverría</b> en 1837, en el cual una mujer blanca, María —símbolo de la civilización—, es raptada por los indios —símbolo de la barbarie—, y presenta su contracara. <b>El escultor voltea el texto con su obra: critica la matanza de las poblaciones indígenas en la Campaña del Desierto </b>emprendida por Julio Argentino Roca entre 1878 y 1885 como parte del proyecto civilizatorio de Argentina. En su escultura la cautiva es la mujer indígena. Son sus niños. Sus saberes. Su pueblo. Su cultura.</p><p>“La he representado sentada en un resto de pared de adobe, mirando a lo lejos el toldo que no volverá a ver jamás. Sus pequeños se esconden como pájaros asustados y el perro queda para seguir la larga fila de cautivos, como vivo recuerdo del lejano amor que se apagó con su sangre en defensa de la tribu”, dijo el autor.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/SSTWAFMIZRHNTPFGXAGSRNK5PU.jpg?auth=1dc94aa1946514ad6f4c146dab649db2645081bc47acf63ec431a6f8c0013a54&smart=true&width=1920&height=1080" alt="El patio de las esculturas se encuentra abierto al público y se convierte en un museo a cielo abierto. (Foto: Adrián Escandar)" height="1080" width="1920"/><p>Antes de que La Cautiva llegara al MOA, Julio Romero, que sabía que iba a venir, pidió que se la asignaran. Quería ser él quien restaurara la obra del escultor que admiraba desde estudiante. Lleva dos meses limpiándola, quitándole los grafitis, pensando qué es lo mejor para ella.</p><p>—Ya se limpió, ya se lavó. Acá tenemos un pequeño grafismo que quedó de algún momento, que hay que limpiar. En este caso se hicieron dos limpiezas con cloruro de benzalconio, un químico que es un detergente, a <i>grosso modo</i>, pero no es un detergente. Mata hongos, se lo deja un tiempito y después se cepilla todo. Ese es el procedimiento más común. Y no tan común porque hay otros productos. Acá tenemos ese y funciona. Se lo limpia, <b>no se lo deja blanco</b>. El mármol originalmente, cuando se terminó la obra, era blanco inmaculado, pero ahí está <b>el tiempo que avanza sobre el material</b>. Nada es para siempre. <b>Es tratar de que perdure lo máximo posible</b>. Y, como te digo, <b>el segundo escultor del país, Correa Morales, es algo que por lo menos como argentino tenés que seguir viendo</b>. Todo bien con Miguel Ángel, todo bien con todos ellos, pero, che, acá está esta gente.</p><p>—¿Y eso es lo primero que se le hace a una pieza que se va a restaurar?</p><p>—Sí. Primero una limpieza con agua normal y después con el cloruro. Luego ver lo que esté suelto, lo que haya que sacar. Una vez que termine esto, otra vez lo voy a limpiar. Lo voy a lavar y recién ahí voy a ver los faltantes. Y empiezo a hacer las reproducciones, que es donde tengo que ir a la Cárcova, que es el museo de calcos, donde se encuentra el modelo más pequeño de este para ver cómo son los rasgos de la mujer, los rasgos que tiene el perro y ver algún que otro detalle. La nariz se va a volver a hacer. La oreja [del perro] se va a volver a hacer. Ya estos tipos de faltantes no sé —muestra fragmentos de mármol desgarrado, descascarado del cuerpo de La Cautiva—. Son muy pequeños, no hay necesidad. Su cara es importante y el perro es importante. Este gesto es importante —dice y señala la mano del niño que se estira para tomar la oreja del perro—. La madre protegiendo. Pero este gesto del chico con el perro, esta comunicación que hay acá, es única.</p><p>Julio explica que él es de los que defienden la idea de que a este tipo de obras centenarias hay que intervenirlas lo menos posible. Trabaja con un bisturí para sacar las suciedades y vandalizaciones de modo quirúrgico evitando lastimar la pieza.</p><p>—Antes tuve un pequeño cincel para sacar lo grosero. <b>Nunca atacás el mármol</b>, cuando estás acercándote ya vas con bisturí y es más preciso. Y acá lo que se hizo es sacar viejos anclajes que eran de hierro porque, si te fijás, empezaban a generar oxidaciones —dice y señala las areolas ocres que dejaron los amarres de metal con el paso del tiempo en la piedra clara—. Esto estaba todo cubierto pero yo decidí sacarlo porque había que ver qué pasaba adentro. Y había oxidaciones y había que limpiar todo eso.</p><p>—¿Y se las vuelven a poner?</p><p>—Se le va a poner varilla de fibra de vidrio, que es lo que se usa hoy. También hay ciertos lugares donde ya no se vuelven a poner los apliques o los faltantes. Si se rompió, se rompió. No se vuelve a intervenir más. Depende de la escultura y depende del país, pero hoy se trata de no intervenir tanto. Si se rompió, pongamos en este caso, la oreja, se verá cómo se puede volver a poner en la posición, pero no se lo pega, no se lo adhiere con nada. Si no me equivoco en Italia [si una pieza se desprende] ya directamente le ponen como un soporte, no está adherido, no tiene un perno de anclaje, no tiene nada, solo está colocado en el lugar. Se hace así para no dañar más la pieza, porque vos fijate que acá tenés que hacer un agujero con una agujereadora, tenés que seguir rompiendo para volver a colocar un anclaje, que va a ser más amable con la pieza, no va a ser un hierro, va a ser una fibra de vidrio, no oxida, no pasa nada. Pero hiciste un agujero.</p><p>Armado con bisturí y cepillo de dientes, Julio pasa sus días, sus meses, agachado, en torsiones extrañísimas, procurando devolverle a La Cautiva un estado de pulcritud con un trabajo casi arqueológico. Milimétrico. Dice que su labor tiene mucho de eso, que estuvo hace poco en el Museo de Ciencias Naturales y vio que ante un hueso o ante una escultura se hacía el mismo procedimiento: <b>“Ir muy de a poco hasta llegar a la pieza original”</b>. Cuenta que aunque su horario de trabajo es de siete a dos es imposible y riesgoso para la obra no hacer pausas para descansar “porque es agotador”.</p><p>—La postura es agotadora, porque estás así, doblado, fijate que estoy muy agachado… Tengo un lente con aumento y también te cansa la vista. Es estar muy atento. Hay momentos en que es preferible, cuando empezás a hacer un poco más de fuerza con el bisturí, frenar y despejar. El conservador precisa eso. No hay ningún conservador, sea de papel, fotografía, de pintura de caballete, que esté ocho horas sin parar. Tenés el descanso y cuando te sentís cómodo y decís: “Bueno, relajé”, te acercás otra vez a la pieza.</p><p>Julio toma registros diarios para dimensionar cómo evoluciona la obra. A veces está en su casa y se pone a ver el antes y el después, a pensar en cómo continuar. Reconoce que es un trabajo lento y es algo de lo que disfruta, asume que tiene “un par de tocs” en su vida, lo que no significa “que un día no digas: ‘No quiero estar más acá’”, que a veces le pasa pero al día siguiente vuelve —literalmente— las manos a la obra y se da ánimos pensando que falta menos para terminar.</p><p>—Es un oficio <b>muy artesanal y muy de vieja escuela</b> y eso es lo que me enamora.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/27NNDFOV6RAZHMBUXDR3E324IE.jpg?auth=9655ac8569a0b222b52b85794d28402939cdf92d50e746f1b2fe02f561ae249e&smart=true&width=1920&height=1080" alt="En la escultura La Cautiva, Correa Morales retoma el poema homónimo de Esteban Echeverría y lo voltea: él critica la matanza de las poblaciones indígenas perpetradas en la Campaña del Desierto. (Foto: Adrián Escandar)" height="1080" width="1920"/><p>¿Cómo de un bloque tosco de piedra fría como el mármol nace una obra que desnarizada, con un siglo encima, arrollada por las inclemencias del tiempo y de los dañinos logra conmover con solo mirarla a los ojos?</p><p>—[Las obras que se emplazan en el espacio público] están pensadas para que la gente las aprecie y se involucre con lo que está viendo —dice Julio—. Sea que te llegue o no el mensaje. Todas las obras de mármol que vas a ver en la calle tienen cien años, todas. Y está bien que tenga rastros de agua, está bien que esté poroso. Está bien porque es piedra y es el paso del tiempo. [A La Cautiva] incluso así como está la entendés. No precisás mucho. Sin saber que Correa Morales se basó en un poema vos ves acá a <b>una madre, leona, con sus hijos</b>.</p><p>Quizás si La Cautiva hablara diría que salió de las manos de Correa Morales, el segundo escultor argentino. Que la vandalizaron en su nariz, en sus pies, es sus pechos, por ser mujer, por ser indígena. Que desnarizada y todo no va a permitir que nadie toque a sus críos.</p><p>Quizás si La Cautiva hablara. ¿Alguien la escucharía?</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/QVJCT3RGHBG7HLUHR44FPJ3D4A.jpg?auth=36bbba7c61ce185af2c6734e619a94c77a2692855550beb94f5ad8a989833e9d&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Fotografía: Adrián Escandar]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu">ADRIAN ESCANDAR</media:credit></media:content></item><item><title><![CDATA[De David Bowie a María Elena Walsh: tesoros y secretos de la única fábrica de cajas musicales que existe en Argentina]]></title><link>https://www.infobae.com/historias/2025/04/15/de-david-bowie-a-maria-elena-walsh-tesoros-y-secretos-de-la-unica-fabrica-de-cajas-musicales-que-existe-en-argentina/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/historias/2025/04/15/de-david-bowie-a-maria-elena-walsh-tesoros-y-secretos-de-la-unica-fabrica-de-cajas-musicales-que-existe-en-argentina/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[Melodías como Manuelita y la Canción de tomar el té, escenas con movimiento diseñadas por grandes ilustradores y perfume de galletitas. Así es este objeto que dibuja un puente entre diferente generaciones]]></description><pubDate>Tue, 15 Apr 2025 05:49:47 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/AUT5ZXBY6JA3LFAUA3D7ERT62M.jpg?auth=b5f0ea01f380c452e70f5b9535f35e4c9e6cacc9469245f4666ac4dbc575663a&smart=true&width=6000&height=3376" alt="Hace más de diez años Germán Bertinat decidió abandonar una carrera segura que no lo hacía feliz y buscar aquello que deseaba. Encontró la respuesta en las cajitas de música y en María Elena Walsh " height="3376" width="6000"/><p>Quizás al pensar en una caja de música muchos, muchas, tengan la misma imagen: unas manos pequeñas o adolescentes, en una época no muy lejana, girando una cuerda, usualmente en la parte inferior, para luego abrir la tapa y <b>dejarse encantar</b> por una bailarina que gira sin parar sobre una superficie espejada, al compás de una melodía que sacude los hilos invisibles que mueven las emociones dentro del cuerpo. O un cisne. O una muñeca.</p><p>Otras imágenes, las de las cajas adultas, devuelven el recuerdo de la música a la que daba paso la cuerda al abrir la tapa. Un objeto igual de especial, aunque nada bailase dentro. Siempre eran portadoras de joyas —reales, de fantasía, de plástico—. De <b>tesoros y secretos</b>.</p><p>El corazón de la cajita, ese rodillo con puntos en relieve que eran tocados por un piano metálico en miniatura con teclas flaquitas era parte del encanto de ese cofre que solía tener añadido un valor sentimental: era un regalo de alguien especial, una herencia de una persona que se quería mucho, un lugar ideal para hurgar, cuando nadie miraba, entre los collares, pulseras y aros de las mujeres de la familia.</p><p>La música envolvente, el objeto danzante, la caja-cofre, el mecanismo en su centro, la cuerda, el cariño, la nostalgia. Todo lo que sintetizaba ese objeto comenzó a extinguirse cuando dejaron de fabricarlas, de ofrecerlas, de comprarlas. Cuando pasaron a ser material de mercado de pulgas y antigüedades o estridencias importadas.</p><p><b>Todo eso fue lo que buscó recrear el santafecino Germán Bertinat </b>cuando pensó, hace una década, en fabricar cajas de música.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/CPQT2EN5JNHEJEYGAZBSRHLB6A.jpg?auth=bec27c7c7912e13bdd4a3e046462f29067ab7450014483af0c01c99095d2deae&smart=true&width=1920&height=1920" alt="Escena de la caja de música dedicada a la canción Manuelita, de María Elena Walsh" height="1920" width="1920"/><p>—Un día, cuando trabajaba en el área de Recursos Humanos de una multinacional, me llamaron a una reunión. Yo tengo esta dinámica de resolver problemas, entonces era siempre medio hiperactivo. ¿Viste <i>El diablo viste a la moda</i>?, bueno, yo soy la Emily soñada —dice Germán (39 años, mirada celeste, barba rala, risa fácil) desde su taller en Rosario, haciendo referencia a la exitosa película protagonizada por Meryl Streep, Anne Hathaway y Emily Blunt—. Pero venía trastabillando. Y mi jefe era una persona que habitaba en los años 80 y tenía un escritorio de esos de acero con el vidrio encima, lleno de fotos de nietos y dibujos. Yo venía con una bandeja con cuatro cafés a la reunión a la que iba a asistir. Cuando me siento tumbo todos los cafés. Arriba del escritorio había una computadora de esas con el CPU y el monitor gigante. ¡Hasta que sacamos todo, se arruinaron todas las fotos!. Ahí —me adoraba el tipo—, me dice: “Germán, no te gusta este trabajo”. Le digo: “No, la verdad, Ricardo, es que me quiero ir”. Y aparte, me dice: “No lo tomes a mal pero ¿no estás engordando mucho?”. ¡Había engordado ocho kilos!, no paraba de comer galletitas, tenía una angustia.</p><p>Germán cuenta esta anécdota entre risas. Tirar los cafés, el hambre emocional, eran <b>síntomas</b>.</p><p>Desde adolescente su futuro era algo que le preocupaba: no había nacido con la vocación definida como otros de sus amigos y eso lo tenía claro. Por eso en cuarto año del colegio se hizo un test vocacional. Y quizás por eso, por que la opción del diseño o el desarrollo de un producto no estaba en su horizonte, optó por estudiar Relaciones Laborales. Una carrera correcta a sus ojos de buen alumno, que cursó de manera correcta. Una profesión a la que se dedicó durante una década, en la que era un empleado correcto. <b>No feliz</b>.</p><p>—Hice de todo. Me recibí trabajando para la Secretaría de Gobierno, acá de Rosario. Después me fui a una multinacional, después estuve en el mundo de las ONG, o sea que iba mutando entre lo privado, lo público. Siempre muy consciente de una insatisfacción o de que no iba por ahí. Pero decía: “Hasta que no tenga un plan B que sea tan sólido como esto, me quedo”. Y un poquito esa es la trampa, porque a medida que seguís recorriendo nunca hay plan B que sea tan sólido y que dé tantas garantías como lo que ya estás haciendo. Entonces me quedé mucho tiempo mientras el desconcierto crecía. Y me iba escapando: me ofrecían planta permanente en el Estado y yo salía corriendo; se me venía una promoción en la empresa, se corría el rumor de que podía quedar a cargo de un departamento y yo sufría. A medida que hacía un máster, conseguía otro trabajo, la claustrofobia era cada vez más grande o al menos la sensación de que no me quería quedar. Así hasta que me fui de viaje. Y quizás ese fue el punto de inflexión.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/YQ3C4MVHA5BYBBUCKVLAWUJZU4.jpg?auth=be50dc1d54ab22fd5b6173e87e724eb79550f0e56955bd606950a843f3ad0b20&smart=true&width=1920&height=2265" alt="El equipo de La Maravillosa Calle Bolton. De izquierda a derecha: Germán Bertinat, Juan Manuel Giacomino y Walter Gonsolin" height="2265" width="1920"/><p><b>No llegaba a los treinta años</b> cuando, después de arruinar las fotos y dibujos de los nietos de su jefe, renunció. Se sintió en crisis y decidió cambiar de aire. Armó una mochila, llamó a un amigo que vivía en Londres y se fue por dos meses a su casa.</p><p>La distancia, el tiempo de ocio, el paisaje diferente hicieron que poco a poco se fuera sintiendo mejor. Pero lo que verdaderamente lo sacudió fue <b>David Bowie</b>: una muestra interactiva e inmersiva que le enloqueció los sentidos y se quedó reverberando dentro suyo.</p><p>—La exhibición estaba en el Victoria and Albert Museum, un museo divino. Y la muestra era un escándalo, una puesta multimedia de recorrido, toda una cronología de su vida. Entrabas a un cuarto que simulaba, con una escenografía, su habitación; después pasabas a los vestuarios, y tenías auricular, entonces a medida que te acercabas a una vestimenta determinada, por ejemplo, hablaba el diseñador, todo se conectaba con todo. Esto fue en 2013, yo estaba <i>flasheadísimo</i>, ahora quizás estas muestras son más comunes. Y me pasó algo: sin ser un gran fanático de Bowie —ahora sí lo tengo colgado acá en el taller— salí con una angustia muy desconcertante.</p><p>Cuando volvió a Rosario, con un poco de ayuda del psicoanálisis, comprendió: “Lo que me angustió, que era un poco contradictorio, fue pensar en la gente que había hecho la muestra. Decía: ‘Qué divertido que debe ser este laburo de haber pasado un año decidiendo de qué manera recrear la habitación de Bowie, a quién llamar, qué música poner’. Y yo trabajaba en Gremial empresaria. Pensaba: ‘Yo tengo que volver a ponerme un pantalón de sastre, ir a pelear con gremialistas, es lo opuesto a lo que quiero hacer”.</p><p>En ese momento Germán terminó de comprender que lo que lo hacía feliz estaba lejos de lo que hacía para sostenerse. Había renunciado a su trabajo en la multinacional, había tomado otro <i>part time</i> con gremios empresariales porque tenía que pagar un alquiler y, en su tiempo extra, comenzó a pensar <b>qué es lo que realmente quería hacer</b>.</p><p>—La pregunta que dio inicio al proyecto fue: <b>quién es mi Bowie</b>.</p><p>“Yo no quiero ser Bowie, pero sí voy a encontrar quién es mi Bowie. Y me voy a agarrar de eso como a una tablita”, se dijo. Su Bowie fue nada menos que <b>María Elena Walsh</b>.</p><p>—Fue mi norte. Dije: “María Elena conmueve a una nación, me moviliza a mí por mi infancia, y si hay que rendir este homenaje —solo por responder una pregunta, viste que a veces poquito alcanza— <b>María Elena Walsh es mi David Bowie</b>”. Y empecé a escribir el proyecto, como se escribe un cuento.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/GTOAZUWZ7ZG4VC6WAF6ZHOTT6I.jpg?auth=02407da84bfe6e4535388f4eb1127f398367e71607a5fa47ad301876529a5644&smart=true&width=1920&height=1590" alt="La confección de la caja de música dedicada a la Canción de tomar el té" height="1590" width="1920"/><p>Germán se sentó, cuaderno en mano y, con María Elena como bandera en proa, empezó a pensar qué podía hacer. Como se planteó creer seriamente en sus ideas como una clave para que funcionaran, a cada cosa que se le ocurría la estudiaba como si fuese a ser el futuro emprendimiento: sopesaba posibilidades, hacía plan de negocios, investigaba, se asesoraba con personas que supieran del tema —”por eso me llevó tres años armarlo, porque soy un nerd pesado, entonces todo lo constataba con números, retorno de inversiones e iba descartado”, cuenta.</p><p>Su primera idea, y quizás la más ambiciosa, fue replicar la muestra de Bowie pero en homenaje a la artista argentina.</p><p>—Acá en Rosario hay mucha movida cultural, pública y privada. Y durante muchísimos años funcionó muy bien una muestra que hicieron desde la municipalidad en homenaje a Antonio Berni, tenía eso presente y pensé en hacer algo así. Pero quería darle toda la impronta tecnológica y empecé a recorrer con eso en mente. El plan de negocios lo escribía como una consigna laboral. Entonces tenía también el <i>gift shop</i> que iba a tener la muestra, con toda una lista de productos. Cuando los empecé a escribir dije: “Qué ganas de arrancar por acá”. Y empecé a decir: “Bueno, vamos a hacer un subplan de negocios para producir, a la vez, esto que no existe”, y las cajitas de música estaban en el titular de todo. Cuando avancé ahí dije: “No, <b>es por acá</b>”. No tuve dudas.</p><p>El abuelo de Germán, a quien no conoció, era carpintero aficionado y en su infancia los objetos de madera hechos por él estaban envueltos de una nostalgia emotiva que hacía que adquirieran un valor especial. En su búsqueda visitó mucho el campo de sus abuelos y a esos objetos con intención de revivir lo que le generaban, “de volver a los lugares donde fui feliz”, dice. “Todo eso cuando uno está emocionado o mal se te viene a flor de piel”.</p><p>Fue entonces que las variables que tenía asentadas como columnas de hierro para su proyecto comenzaron a converger alrededor de la caja musical.</p><p>—Era un objeto lindo para atesorar, que convocaba a todas las generaciones de una familia, que podía conmover.</p><p>Y podía sonar a <b>María Elena Walsh. </b>Además de ser un gran regalo. Lo que para Germán no era menor sino central.</p><p>—Yo soy muy bueno haciendo regalos. Iba a decir que me gusta mucho. No, soy muy bueno haciendo regalos —ríe de su decisión de no recurrir a la falsa modestia—. Y creo que la clave (o al menos yo me divierto haciéndolo) es pensar siempre en que <b>el regalo tiene que tener algo en común entre la persona que lo da y quien lo recibe</b>. Que si pensás solo en el otro y preguntás qué necesita, tipo lista de casamiento, es deprimente. De hecho, jamás en mi vida cumplí con una lista de casamiento, nunca te voy a dar una <i>gift card</i>, detesto todo ese tipo de alternativas. Y trataba de ser muy genuino en esta búsqueda. Empecé a darle mucho lugar a lo que se sentía verdadero. Me parecía que ese tenía que ser inevitablemente el norte si el proyecto iba a ser mío.</p><p>—¿Y siempre gustan tus regalos? ¿Podés afirmar que hacen felices a las personas?</p><p>—Sí. Y si no creo que la gente no se está animando a decírmelo —ríe— , pero yo estoy convencido de que sí. Eso también lo tengo muy presente en el proyecto porque, en la tienda, cuando hacés la compra, podés agregar una dedicatoria y marcar si es un regalo, en ese caso lo preparamos distinto. Y el 95% de las compras son regalos, entonces me parece que todas estas cosas hacen sentido. <b>Es mucho más emocionante que una abuela le regale a un nieto un objeto que ella comprende</b>. Y los chicos perciben que la abuela se emociona, sabe la canción, y a su vez es algo delicado entonces a lo mejor te invita a cuidarlo de otra manera o a no tirarlo en el cajón de los juguetes sino ponerlo en una estantería. Ese folklore que generan las cajitas musicales me encanta.</p><p>Su abuelo carpintero, los objetos hechos por él con valor sentimental, la música impregnada en ese rincón del cuerpo adulto donde se guarda la infancia que despierta con los primeros acordes de Manuelita o La reina batata, el amor por lo que emociona y puede compartirse entre las diferentes generaciones de una familia, todo se jugaba ahí.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/WJC6RAYHTRCTDNTITG2APH3YFA.jpg?auth=0b7cba71b2de1de9acc42286f8e8d434265fcdd800629e03b2a54095a05ad451&smart=true&width=1920&height=1920" alt="El packaging de la caja musical Canción de tomar el té" height="1920" width="1920"/><p>Nerd como se define y decidido a trabajar con ella, se compró todos los libros, biografías, discografía “y todo lo que existía” de María Elena Walsh.</p><p>—Y me enamoré el doble. Miré todos los programas de archivo que había cuando tenía ese <i>show </i>en ATC o Canal Siete, toda su militancia, su obra, me la consumí en meses. Así que quedé más enamorado y también me generó un poquito más de vértigo porque quería estar a la altura con lo que diseñara homenajeado su obra.</p><p>Era 2013 y Germán se puso a construir su idea —le llevaría tres años pasar del boceto inicial en papel a la producción, que comenzó en 2016, y otros cuatro que esté en funcionamiento óptimo para renunciar del todo al mundo de las relaciones laborales y dedicarse por completo a su empresa—. Una vez que tuvo definido el producto y su música armó equipo, que es, en sus palabras, <b>“lo más valioso de la empresa, sin lugar a dudas”</b>.</p><p>Sus compañeros en este barco de fabricar un objeto casi extinto que pudiera ofrecer algo especial a niñeces y familias son Juan Manuel Giacomino y Walter Gonsolin.</p><p>—Estamos los tres en ciudades distintas porque nadie está dispuesto a abandonar su punto de trabajo, lo cual me encanta porque nos parecemos mucho. Entonces tenemos una carpintería en San Carlos (Santa Fe), que es el pueblo de donde soy yo, donde está mi familia, que ahí trabaja Juan Manuel. Y el taller de Walter, que vive en Carcarañá, que queda acá cerquita de Rosario, donde estoy yo con mi taller. Walter es el último hombre del Renacimiento: sabe hacer todo. Estudió Bellas Artes pero si en la casa hay que cambiar un piso lo hace, si hay que revisar una instalación lo hace y construye las escenografías en el Teatro El Círculo, que es el más importante de Rosario. Entonces, maneja todas las escalas. Mi pareja —que es escenógrafo de ópera—, cuando arranqué, me dijo: “Andá a hablar con Walter porque se van a llevar bien, son los dos igual de...”, no sé, seguro que dijo pesados o algo muy parecido —recuerda y se ríe.</p><p>Dice que se juntaron a tomar un café y salieron con un manojo de ideas de mecanismos y “enganchadísimos” con el plan.</p><p>De ahí en más todo fue diseñar <b>la caja musical,</b> buscar proveedores —como Ricardo, Alicia y Gigi, que hoy son prácticamente parte del equipo—, perfeccionar procesos, profesionalizar y unificar los talleres de los tres.</p><p>Germán dice que es “el más acelerado y el más eufórico” y que cuando se reúnen sale lleno de soluciones.</p><p>—Nos complementamos muy bien y creo que a todos les encanta el proyecto, un poco por su naturaleza. Me parece que todos somos entre sensiblones, medios nerds y eso nos mantiene trabajando contentos.</p><p>Así, Germán, Walter y Juan Manuel se encontraron en <b>“La Maravillosa Calle Bolton”</b> y la transformaron en la única fábrica de cajas musicales del país. El nombre y el logo, una casita con estilo georgiano —el tipo de arquitectura que se estilaba entre 1720 y 1840 en los países de habla inglesa— son un homenaje al viaje que sacudió a Germán: Bolton era la calle donde se hospedaba y la casa tenía ese diseño salido de un cuento.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/RE3NNRYDFNBPRFBLBH2ELT2UUE.jpg?auth=6d5b834624e1f4ff649a424777faf832c2b0bef4c937431b66ff41b5c6a50cf6&smart=true&width=1920&height=1920" alt="Una caja musical lista para enviar" height="1920" width="1920"/><p>En los pequeños cuadros de madera hay <b>mini escenografías</b>: un elefante con trompa de tetera sirve té a unos amigos muy particulares frente a una mesa de merienda muy argenta, con torta y pan dulce; una reina batata encarnada en criatura de bosque posa con gracia con cetro y corona entre flores e insectos encantados; la tortuga Manuelita rema por el río Sena, recién salida de la tintorería. Al girar la cuerda que está en el reverso, bajo el título de la canción, la pequeña escena cobra vida mientras se escucha un fragmento de la melodía inmortalizada por María Elena Walsh.</p><p>La idea de lo escénico de las cajas también fue una convergencia entre los escenógrafos que rodeaban al proyecto y unos pequeños teatros de papel que Germán encontró en una juguetería <i>vintage</i> en el mismo viaje que le dio impulso a todo y fueron inspiración. Compró varios para traer de regalo, compró también unas cajitas de música que eran para su sobrina por nacer, de las que Germán después no se podía desprender.</p><p>—Le compré dos o tres cajitas de Alicia [en el país de las maravillas]. Y me fue quedando en la estantería entonces le empecé a decir a mi sobrina: “El tío te las va a guardar y las vas a tener acá cuando lo visites” —se ríe—. No quería soltar nada. Le regalé una y me quedé con otra.</p><p>Para confeccionar las escenas de cada una de las cajas convocaron a diferentes <b>ilustradores argentinos</b>, con todos se dieron lujos diferentes.</p><p>—Esto que provoca María Elena lo vamos comprobando en todos los pasos que damos porque así como fue atrevido decir: “Quiero fabricar cajitas de música”, al primero que contactamos fue a <b>Cristian Turdera.</b> Me dijo: “Sí, me encanta. María Elena Walsh y cajitas de música: reestoy”. Imaginate que los presupuestos que teníamos en ese momento no eran muy tentadores para esos profesionales. A mí me gusta mucho trabajar en equipo, entonces con mis compañeros y los ilustradores nos pusimos a pensar juntos cada cajita.</p><p>A Turdera le siguió Decur, a Decur, Yael Frankel. Y pronto emprenderán la búsqueda de alguien que ilustre la cuarta cajita inspirada en <b>Canción de bañar la luna.</b></p><p>—Cada proceso fue muy distinto pero en cada una [de las cajas] se pensó primero la canción. El mayor desafío es adaptar la melodía al mecanismo a cuerda, esto lleva un trabajo tremendo porque hay que lograr que el fragmento elegido tenga la duración exacta para que cuando se repita no se interrumpa y a su vez cumpla con la cantidad de notas que te permite el piano de la caja. Y después, como todo, tiene un millón de requisitos, como que no podés poner determinadas notas demasiado juntas porque hacen un chillido, es como un manualcito que vas descubriendo equivocándote. Entonces trabajamos con un pianista que nos tiene mucha paciencia y vamos haciendo partituras, las probamos, sale mal, lo hacemos de nuevo. Entonces primero desarrollamos la melodía.</p><p>Luego viene la escenografía con los ilustradores. El movimiento. La serigrafía de los nombres en la parte posterior. El envoltorio delicado. Quizás el objeto parezca simple pero la meticulosidad del trabajo para que esa caja cumpla con el estándar de sus creadores es quirúrgica. Y va desde la idea hasta la esencia acaramelada que le impregnan para que, al abrirla, sus futuros dueños cierren los ojos y el perfume libere las endorfinas de un paquete de galletitas con chips.</p><p>—Eso es lo que más disfruto del producto y lo que más cuidamos. Siempre le sumamos detalllecitos, info, postales, dedicatorias y <i>packaging</i>. Y me da mucha felicidad que la gente reconozca eso a lo que uno le dedica tanto tiempo. Cuando hacés una compra en la web, a los diez días te llega la posibilidad de dejar una crítica, siempre prestamos atención a lo que dicen y la mayoría son buenísimas. A veces yo pensaba: “Oy, nadie va a ver esto”. O muchos me decían: “No seas tan pesado, nadie le va a dar bola, lo van a comprar igual”. Yo lo hago por mí, porque también la quiero pasar bien, pero la gente lo ve. Hay mucho público que disfruta de los detalles. Cuando tenemos listas las cajitas, y hacemos la última revisión, las guardamos en un placard por 15 días con esencias de <i>cookies</i>.</p><p>Así, las cajas musicales de La Maravillosa Calle Bolton son <b>una flecha en el centro neurálgico de los sentidos, las emociones y la argentinidad</b>. La cuerda, la ilustración, la música, la madera impregnada con olor a paraíso de vainilla. A la merienda de la casa de la abuela.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/7ESDTDCBOZGHBLEGDGMGNBOSTE.jpg?auth=f90ffce686a8101fc667e5e4567510d44da633d46a551ee0c1bded48066fbbf8&smart=true&width=1920&height=1080" alt="La música envolvente, el objeto danzante, la caja-cofre, el mecanismo en su centro, la cuerda, el cariño, la nostalgia. Todo eso fue lo que buscó recrear el santafecino Germán Bertinat cuando pensó, hace una década, en fabricar cajas de música" height="1080" width="1920"/><p>Quizás sea el amor por la belleza, por el objeto, por la canción en el pecho que se vuelca en la pequeña caja lo que hace que, pese a todos los vaivenes económicos del país, desde hace una década el emprendimiento crezca de manera sostenida. Quizás también sea por eso que desde su tienda online salgan pedidos a muchas partes del mundo e incluso las exporten a países como <b>Estados Unidos y Corea del Sur.</b></p><p>—Ellos [los coreanos] le dan muchísimo valor a su propio folclore, a la oralidad de los cuentos, de las canciones, lo tienen muy presente y son muy avanzados en cuanto a la educación y la pedagogía de los niños, le dan muchísima importancia. Entonces congeniamos muy bien con los productos analógicos que tienen una historia por detrás. Tenemos otra línea que está basada en cuentos de Hans Christian Andersen, con cajas musicales de <i>Pulgarcita</i> y <i>El soldadito de plomo</i>, y la de <i>Pulgarcita</i>, al ser más universal, es la que más exportamos. Pero la mayoría de los productos que vendemos afuera son para argentinos que tienen un hijo en otro país o la abuela se la manda a Suiza. Entonces siempre nos aclaran: “esta va a Finlandia, esta va a Japón”. Y nos emocionamos un montón con las dedicatorias que escriben las abuelas para los nietos. <b>Que el regalo signifique enviar un pedazo de Argentina nos llena de orgullo.</b></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/AUT5ZXBY6JA3LFAUA3D7ERT62M.jpg?auth=b5f0ea01f380c452e70f5b9535f35e4c9e6cacc9469245f4666ac4dbc575663a&amp;smart=true&amp;width=6000&amp;height=3376" type="image/jpeg" height="3376" width="6000"/></item><item><title><![CDATA[Los agricultores chinos que buscaban agua y se encontraron con un ejército de 8000 guerreros de terracota que custodiaba el más allá]]></title><link>https://www.infobae.com/sociedad/2025/04/02/los-agricultores-chinos-que-buscaban-agua-y-se-encontraron-con-un-ejercito-de-8000-guerreros-de-terracota-que-custodiaba-el-mas-alla/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/sociedad/2025/04/02/los-agricultores-chinos-que-buscaban-agua-y-se-encontraron-con-un-ejercito-de-8000-guerreros-de-terracota-que-custodiaba-el-mas-alla/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[Las esculturas de terracota continúan siendo uno de los hallazgos arqueológicos más relevantes del siglo XX. La historia comenzó en 1974, cuando un grupo de campesinos desenterró por accidente, cerca de Xi’an, en China, las primeras piezas del ejército funerario encargado por el emperador Qin Shi Huang, obsesionado con la muerte. El verdadero impulsor de la excavación fue Zhao Kangmin, arqueólogo autodidacta y curador de un museo local, cuya contribución fue eclipsada]]></description><pubDate>Wed, 02 Apr 2025 03:34:37 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/GDK2YU2CRFD4BPELEIIUYXQDCE.jpg?auth=8e4a01ff750d9aacb32d7f3a10f33182fa435046c1be4b8d80b289f08e5960be&smart=true&width=1920&height=1079" alt="Los guerreros de terracota que protegen al emperador se encuentran a un kilómetro y medio de su tumba y forman parte del Mausoleo de Qin Shi Huang" height="1079" width="1920"/><p>Esta es la historia de unos campesinos que buscaban agua, un agricultor devenido arqueólogo y curador de museo y un niño de 13 años que se creía mucho.</p><p>La leyenda cuenta que un día de febrero de 1974, un grupo de agricultores desesperados a causa de una sequía cavaba un pozo cerca de Xi’an (provincia de Shaanxi, República Popular China) con la esperanza de encontrar agua. Habían avanzado un metro dentro de la tierra cuando hallaron algo más: <b>formas humanas hechas de tierra roja, endurecida como roca</b>. Continuaron apartando el suelo, intentando entender de qué se trataba, y lograron discernir que habían descubierto cabezas de tamaño real. Y puntas de flecha de bronce.</p><p>No dudaron de que pudieran tener algún valor, aunque no dimensionan cuánto. Siguieron desenterrando y se apropiaron de algunas puntas de flecha para venderlas. Habían pasado varias semanas: ya era abril cuando convencidos de que se trataba de algo más grande decidieron comunicarse con quienes trabajaban en el museo local.</p><p>No tenían idea de que estaban frente a <b>uno de los descubrimientos arqueológicos más importantes de la historia</b> y que, quien había ordenado esas esculturas, había sido un niño que había llegado al poder con 13 años.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/LJTC2KNSQZCA7NLPGGVDAYRSNQ.jpg?auth=a9120551eb8e6b727944c7aeeba00a31c09f642a3d7c281cea1406dced81d6c9&smart=true&width=1920&height=1080" alt="La historia cuenta que Qin Shi Huang estaba obsesionado con la muerte. Quizás por eso, a poco de asumir, mandó a construir su propia necrópolis subterránea
" height="1080" width="1920"/><p>Qin Shi Huang no había llegado a la adolescencia cuando asumió al trono en el año 246 a. C. Las memorias de un historiador de la antigüedad, llamado Sima Qian, dicen que a poco de comenzar a gobernar ordenó construir su Mausoleo —en grandes cámaras subterráneas— con su propio ejército —más de ocho mil soldados de terracota de tamaño real— listo para defenderlo en el más allá: hubiera lo que hubiera del otro lado de la vida, mejor estar prevenido.</p><p>Tenía por qué pensar que necesitaría protección. Era ambicioso, despiadado y con solo 13 años sus planes —que logró durante su reinado— eran enormes. Fue un tirano que se autoproclamó <b>el primer emperador de China </b>después de derrotar a seis estados y lograr unir los siete reinos que estaban en guerra bajo un sistema imperial que continuó hasta 1912. En sus más de tres décadas de reinado logró avances administrativos, económicos, militares y tecnológicos en la región, como la creación de un sistema universal de pesas y medidas, un único alfabeto para toda China y la primera versión de un muro defensivo que tiempo después se conocería como <b>la gran muralla</b>.</p><p>La historia cuenta que Qin Shi Huang estaba <b>obsesionado con la muerte</b>. Pasó sus últimos años rodeándose de alquimistas y realizando expediciones para encontrar el elixir de la vida: una pócima o quizás algún menjunje o brebaje que le otorgara la inmortalidad.</p><p>De seguro fue ese el motivo por el que no tardó en mandar a construir su propia necrópolis subterránea: <b>56 kilómetros</b> que contienen su mausoleo —lleno de objetos suntuosos— y tres fosas de entre cuatro y ocho metros de profundidad, situadas a un kilómetro y medio de su tumba y a unos 35 kilómetros de Xi’an. Allí se encuentran los guerreros de terracota formados y listos para la batalla: <b>más de ocho mil soldados</b> creados sin escatimar detalles, con un tamaño que apenas supera la escala real, con decenas de gestos y facciones de diferentes tipos, y una caballería de 150 animales y 130 carros tirados por otros 520 caballos, y decenas de miles de armas de bronce.</p><p>También había algunas figuras no militares, como funcionarios, acróbatas, forzudos y músicos. Quizás Qin Shi Huang tenía claro que en una vida del otro lado de la vida necesitaría asesores con quién consultar sus decisiones, y un poco de cultura y diversión.</p><p>Además se descubrió una cuarta fosa vacía, lo que indicaría que el proyecto no se terminó antes de su muerte.</p><p>Para construir este imperio subterráneo el emperador empleó <b>más de 720.000 trabajadores</b> entre los que había artesanos que moldearon cada parte de los cuerpos por separado, basándose en los soldados reales del ejército de Qin Shi Huang.</p><p>Pero cuando los agricultores encontraron las primeras cabezas, las primeras puntas de flecha, en 1974, no tenían ninguna idea de que se trataba de este imponente, rojizo y estoico ejército.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/ZMPITZEFOZC53NJA7TBA3FLIDI.jpg?auth=47fea8808ff0c35795e708ad6b2e1d62fe55770b6fdc31c152361d95adc96f67&smart=true&width=1920&height=1280" alt="Los guerreros de terracota fueron creados por artesanos sin escatimar detalles, con decenas de gestos y facciones diferentes. (REUTERS/Andrew Yates)" height="1280" width="1920"/><p>Cuando Zhao Kangmin, agricultor local devenido en curador del Museo de Lintong y arqueólogo autodidacta de la provincia china de Shaanxi, atendió la llamada, en abril de 1974, únicamente le dijeron que un grupo de campesinos había encontrado algunas reliquias cuando excavaban un pozo.</p><p>En ese instante Kangmin tuvo un presentimiento: sabía que muchos años atrás se habían enterrado figuras en el área cercana a la ciudad de Xian, en una zona próxima a la tumba del primer emperador de China, Qin Shi Huang. De hecho, diez años antes de recibir esa llamada, él mismo había descubierto a tres ballesteros arrodillados. Pero no había podido confirmar si se trataba de creaciones realizadas en la época de la dinastía Qin. Nada se comparaba con lo que estaba a punto de encontrar.</p><p>Zhao, junto a un colega, montaron bicicletas y pedalearon todo lo que le daban sus piernas hasta el lugar del hallazgo. “<b>Íbamos tan rápido que parecía que volábamos”</b>, escribiría en un ensayo en 2014.</p><p>Cuando llegó, vio “siete u ocho piezas, pedazos de piernas, brazos y dos cabezas, cerca del pozo”. Le contó después al historiador británico John Man. Al instante concluyó que debían ser partes de las estatuas de la dinastía Quin y pidió a los campesinos que no avanzaran con el pozo ni se llevaran ninguna pieza.</p><p>Tomaron las partes que podían ser trasladadas y se las llevaron al museo en camiones. A partir de ese momento, Zhao comenzó un trabajo artesanal y delicado: armar los pedazos, incluso colocando en su lugar aquellos que eran minúsculos, como si fuese un verdadero rompecabezas gigante.</p><p>Tres días de trabajo después tenía frente a él a <b>dos guerreros de terracota monumentales</b>, de 1,78 metros de altura.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/FQFIS26EYZB4HM6NE2YEACC66Y.jpg?auth=21de07641d79242277977a13e20fd0fe3049f41d41157e1dec59166a85f2d3f3&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Cuando el descubrimiento se hizo público comenzaron a llegar visitantes célebres y anónimos para conocer al gran ejército de barro del emperador Qin Shi Huang. Y en 1975 se decidió abrir un museo en el lugar mientras continuaba el trabajo arqueológico. (Reuters)" height="1080" width="1920"/><p>Pese a que el descubrimiento le había provocado gran entusiasmo, Zhao decidió, por cautela, no anunciar públicamente lo que había hallado. Temía por el destino de estas piezas.</p><p>En 1974, China vivía las últimas fases de la Revolución Cultural del presidente Mao, en la que los guardias rojos buscaban destruir viejas tradiciones y formas de pensar para “purificar” a la sociedad. Y a fines de la década del 60 Zhao había sido sometido a una sesión de “autocrítica” como una persona “involucrada con cosas viejas”. Fue por eso que decidió esperar un buen momento para anunciarlo.</p><p>O eso proyectaba.</p><p>La llegada inesperada de un periodista de la agencia estatal Xinhua que visitaba la zona le cambió los planes. Al ver las estatuas, el joven reportero le dijo que parecía tratarse de un gran descubrimiento y le preguntó por qué no estaba difundiéndolo. Pese a que Zhao le pidió que mantuviera el secreto, lo publicó. La noticia llegó a oídos de los líderes comunistas, pero en ningún momento quisieron destruir las piezas halladas. Por el contrario, las autoridades en Pekín decidieron excavar el lugar. Fue así que en los meses siguientes descubrieron <b>más de 500 guerreros</b>. Y al año siguiente, en 1975, se decidió abrir un museo en el lugar mientras continuaba el trabajo arqueológico.</p><p>El descubrimiento trascendió fronteras y comenzaron a llegar visitantes célebres y anónimos a conocer al gran ejército de barro del emperador Qin Shi Huang, que sería declarado <b>Patrimonio de la Humanidad</b>, por la Unesco, en 1987.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/4QQAFDQJYRCMVPSACSOLMGUPTA?auth=95b2d08dd6ffd0bd1c67e754c990bd6a5c73f2702b238b781332f784193c335c&smart=true&width=1583&height=890" alt="Zhao Kangmin, el arqueólogo que los identificó y restauró los primeros guerreros, nunca obtuvo un reconocimiento real por lo que sería uno de los mayores descubrimientos arqueológicos de la historia. (Siha Sakpracum / Shutterstock)" height="890" width="1583"/><p>La fama y la atención que provocó este hallazgo fue celebrada por muchos, pero para Zhao Kangmin tuvo un sabor semiamargo: el mérito se lo llevó Yang Zhifa, uno de los campesinos que buscaba agua, de quien se dice que es el que desenterró la primera pieza.</p><p>Fue él quien se sentó por años en el Museo de los Guerreros y Caballos de Terracota a firmar libros en silencio. Y quien fue invitado al exterior para contar la historia del descubrimiento.</p><p>“[El gerente de la tienda de recuerdos] me dijo que me pagaría 300 yuanes (unos US$50 al mes). Pensé ‘no está mal’, así que vine”, le contó al <i>China Daily</i>. A él se sumaron otros tres del grupo que buscaba agua aquel febrero del 74. Y el pago para ellos se triplicó. De todos modos, no fue negocio: los campesinos reclamaron que nunca fueron recompensados lo suficiente ya que les confiscaron sus tierras para crear el museo.</p><p>“<b>Ver no significa descubrir</b>”, le dijo Zhao indignado al <i>China Daily</i> cuando supo que cuatro de los campesinos del grupo que aún vivían, en 2004, pidieron que se los registrara como los descubridores de los guerreros. “Todo lo que quieren es dinero”, aseguró. “Los campesinos vieron fragmentos de terracota, pero no sabían que eran reliquias culturales, e incluso las rompieron”. “<b>Fui yo quien detuvo los daños, recolectó los fragmentos y reconstruyó el primer guerrero de terracota</b>”, dijo, según una nota de la BBC.</p><p>Quien dirigió el Museo de los Guerreros de Terracota entre 1998 y 2007, Wu Yongqi, está de acuerdo. Confirmó que sin el trabajo de Zhao el descubrimiento podría haberse retrasado por años.</p><p>No tuvo fama, ni reconocimiento. No se codeó con grandes figuras políticas del mundo ni contó los detalles del trabajo que realizó a los medios. En vez de eso, Zhao permaneció el resto de su vida en el pequeño Museo de Lintong, donde firmaba postales y libros para turistas de una manera particular: “Zhao Kangmin, el verdadero hombre que descubrió, determinó, restauró y desenterró los mundialmente conocidos Guerreros y Caballos de Terracota”.</p><p>Recién en 1990 recibió una pensión especial de parte del Consejo de Estado. De todas formas, con cierto ascetismo respecto al lugar que le había tocado en esta historia, parecía sentirse satisfecho con el breve reconocimiento que había recibido por parte de un enviado oficial de Pekín durante la excavación inicial: le había dicho que había realizado “una gran contribución al país”. Y le había bastado. Eso y hacer saber a quienes visitaban el museo en el que trabajaba quién había sido el verdadero hombre que descubrió uno de los tesoros más importantes de China.</p><p>Como sea, Zhao Kangmin estuvo feliz de haber respondido el teléfono aquel día de abril.</p><p><br/></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/GDK2YU2CRFD4BPELEIIUYXQDCE.jpg?auth=8e4a01ff750d9aacb32d7f3a10f33182fa435046c1be4b8d80b289f08e5960be&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1079" type="image/jpeg" height="1079" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Los guerreros de terracota que protegen al emperador]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Getty Images/iStockphoto</media:credit></media:content></item><item><title><![CDATA[Cuando Juan Gelman encontró a su nieta: a 25 años de un abrazo que llegó después de dos décadas de búsqueda tenaz, cartas y poesías]]></title><link>https://www.infobae.com/sociedad/2025/03/31/cuando-juan-gelman-encontro-a-su-nieta-a-25-anos-de-un-abrazo-que-llego-despues-de-dos-decadas-de-busqueda-tenaz-cartas-y-poesias/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/sociedad/2025/03/31/cuando-juan-gelman-encontro-a-su-nieta-a-25-anos-de-un-abrazo-que-llego-despues-de-dos-decadas-de-busqueda-tenaz-cartas-y-poesias/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[El 24 de agosto de 1976 un grupo de tareas irrumpió en la casa del escritor y se llevó a su hijo y a su nuera, embarazada de siete meses. Desde ese momento, él concentraría todos sus esfuerzos en encontrarlos]]></description><pubDate>Mon, 31 Mar 2025 04:08:09 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/UPP5CRMPXFBG7BUV3KQPIHIVSQ.jpg?auth=c5ef3d1e459c52096bf2eb3ffec53e6555b19d04ba574e8986936be42b76ab49&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Juan Gelman y su nieta, Macarena, luego de escuchar una declaración en la que el Estado uruguayo asume la responsabilidad por el crimen político contra Claudia García de Gelman (madre de Macarena), asesinada durante la dictadura uruguaya (1973-1985) y el nacimiento en cautiverio de su hija, en el Congreso de Montevideo, el 21 de marzo de 2012. (AFP/Miguel Rojo)" height="1080" width="1920"/><p><i>“Dentro de seis meses cumplirás 19 años. Habrás nacido algún día de octubre de 1976 en un campo de concentración. Poco antes o poco después de tu nacimiento, el mismo mes y año, asesinaron a tu padre de un tiro en la nuca disparado a menos de medio metro de distancia. Él estaba inerme y lo asesinó un comando militar, tal vez el mismo que lo secuestró con tu madre el 24 de agosto en Buenos Aires y los llevó al campo de concentración Automotores Orletti (...). Tu padre se llamaba Marcelo. Tu madre, Claudia. Los dos tenían 20 años y vos, siete meses en el vientre materno cuando eso ocurrió. A ella la trasladaron —y a vos con ella— cuando estuvo a punto de parir. Debe haber dado a luz solita, bajo la mirada de algún médico cómplice de la dictadura militar. Te sacaron entonces de su lado y fuiste a parar —así era casi siempre— a manos de una pareja estéril de marido militar o policía, o juez, o periodista amigo de policía o militar. Había entonces una lista de espera siniestra para cada campo de concentración: los anotados esperaban quedarse con el hijo robado a las prisioneras que parían y, con alguna excepción, eran asesinadas inmediatamente después”.</i></p><p>Con estas palabras el poeta Juan Gelman comenzaba la “Carta abierta a mi nieta o nieto”, un texto que publicó el 12 de abril de 1995 en el diario <i>Página 12</i>, quizás con la ilusión pétrea de que todos sus esfuerzos por hallarla, llevaran hasta su abrazo a esa persona fruto de su hijo y su nuera que <b>la dictadura le había arrebatado</b>.</p><p>Gelman no lo sabía pero para ese ansiado encuentro no faltaba tanto.</p><p>***</p><p>Era 31 de marzo del 2000, hace exactamente 25 años. Era cruzando el charco, en Uruguay. Lo que el poeta ya había averiguado. Habrá sentido sus vísceras retorcerse de nervios, su estómago hecho un nudo de miedo. Le habrán sudado las manos. La garganta se le habrá sellado, habrá vibrado. O tal vez no.</p><p>Cuando a los periodistas se les permitió entrar al despacho del entonces presidente uruguayo Jorge Batlle, donde estaban reunidos, vieron a Gelman con los ojos rojos de emoción. El presidente, con sonrisa de satisfacción, tenía en mano un libro del poeta.</p><p>“Yo había pedido una reunión con el presidente Jorge Batlle y él, dando muestras de una sensibilidad y una humanidad que se confirmaron a lo largo de la entrevista, aceptó que esta tuviera lugar”, dijo Gelman a la prensa en un encuentro breve en el que confirmó que, después de más de dos décadas, <b>había encontrado a su nieta</b>, nacida en Montevideo en 1976.</p><p>“Hace mucho que estoy en la búsqueda de mi nieta. (...) Y he confirmado que la persona que busco ha nacido en el Uruguay, que está en el Uruguay y que es querida por sus padres, a quienes quiere. Y hasta aquí llego, porque quiero preservar la intimidad de esta persona”.</p><p>Por el presidente uruguayo, Gelman supo que su nuera había parido en Montevideo y que su nieta –en ese momento de 23 años– había sido encontrada y vivía en el barrio de Pocitos, en la casa de un policía retirado y fallecido que no había estado vinculado a la represión de la dictadura uruguaya de los años 70.</p><p>“Hoy es un día muy importante —dijo Batlle, también emocionado— más allá de posiciones políticas, de matices o de credo o religión, porque <b>se logró que un abuelo se reencontrara con su nieta</b>”.</p><p>Después de veinticuatro años de búsqueda <b>Macarena tenía un abuelo poeta y Gelman una nieta uruguaya</b>.</p><p>***</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/JWITRECOBFHVPOGKW656MH3NBM.jpg?auth=e9397e2d751d975afa93932428f9725585ff84675d134625177e3f9b81733508&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Juan Gelman y su nieta, Macarena Gelman, en una audiencia pública de la Corte Interamericana de Derechos Humanos en Quito, en 2010. Gelman se declaró en contra del Estado uruguayo por la desaparición forzada de su nuera, María Claudia García. (AFP/ Pablo Cozzaglio) 
" height="1080" width="1920"/><p>Era 14 de enero de 1977, era la noche, cuando en la casa del matrimonio Tauriño Vivian, integrado por un policía uruguayo y su esposa, en Montevideo, sonó el timbre. Al abrir la puerta, como si fuese una película, se encontraron con un bebé en una canasta con una nota. Era Macarena. Eso es lo que le contaron.</p><p>Un día, 23 años después, Macarena volvió a su casa y se encontró con su madre envuelta en un llanto desconsolado. Habían pasado cuatro meses desde la muerte de su padre. Cuando le preguntó qué le pasaba, le dijo que tenía que hablar con ella. La vio tan abatida que decidió faltar a su trabajo y quedarse a escucharla.</p><p>“Le preguntaba y le preguntaba y ella sólo lloraba. Casi no podía hablar. Le pregunté si tenía que ver con papá, con ella. Me dijo que con los tres. Y entonces, no me pregunte por qué, yo nunca sospeché, lo cierto es que, ante su silencio y su llanto, le pregunté: ‘¿Es que no soy hija de ustedes?’. Y ella me dijo: ‘¿Quién te lo dijo?’. Ahí fue cuando me di cuenta de lo que había dicho”. Le contó Macarena a la periodista Gabriela Cañas, para <i>El País Semanal</i>, en 2008.</p><p>En ese momento su madre adoptiva le dijo que tenía un abuelo que la estaba buscando. Y Macarena comenzó una vida nueva. <b>Una identidad nueva a la que abrazaría para siempre</b>.</p><p>“Mis papás biológicos tenían 19 y 20 años. Eran argentinos. Vivían en Buenos Aires. Los secuestran el 24 de agosto de 1976″. “Tanto en ese momento como después —dijo en la entrevista para <i>El País Semanal</i>—, <b>siempre pensé que la verdad era mejor que cualquier otra cosa</b>”.</p><p>***</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/LOHOHSCJ6FGUPAJXGBXYZVMXTE?auth=6bb1afcb95b92e8dfc64cff6d5e0b03042b99ae2b9edec188f6fdae064a004bb&smart=true&width=1170&height=658" alt="Juan Gelman y su nieta, Macarena, se reencontraron en el año 2000 después de 24 años de búsqueda intensa por parte del poeta y toda la familia biológica de Macarena" height="658" width="1170"/><p>Era 24 de agosto de 1976 cuando un grupo de tareas irrumpió en la casa de Juan Gelman. El escritor les había ganado de mano: ya estaba en el exilio. Pero los militares se llevaron en su lugar a su hijo, Marcelo Ariel Gelman, y a su esposa, María Claudia García Iruretagoyena, embarazada de siete meses.</p><p>El mismo año había sido secuestrada su hija, Nora, pero la dejarían en libertad poco tiempo después. Su hijo y familia a punto de expandirse no habían corrido esa suerte.</p><p>Desde ese día, la vida del poeta giró alrededor de esa búsqueda irrefrenable de Marcelo, de Claudia, de su nieto o nieta a quien no había llegado a conocer fuera del vientre materno.</p><p>Un año antes de que se los llevaran, en 1975, Gelman había sido enviado al extranjero, como parte de las Fuerzas Armadas Revolucionarias que se habían fusionado con Montoneros, para denunciar las violaciones a los derechos humanos perpetradas por la Triple A durante el Gobierno de Isabel Perón. Y siguió vinculado a la organización de lucha armada hasta 1979. Cuando el operativo conocido como “Contraofensiva montonera” fracasó, Gelman decidió alejarse y dedicó todo su tiempo a la búsqueda de su familia, a la escritura, a sus palabras hechas arte en las que drenaba un poco del dolor que le provocaba la ausencia.</p><p>La madre de Marcerlo, Berta Shubaroff, ya había iniciado esa búsqueda que compartirían: se había sumado rápidamente a las Abuelas de Plaza de Mayo. También la madre de Claudia, María Eugenia Casinelli, —abuela materna de Macarena— había comenzado de inmediato su lucha por encontrarla: fue una de las fundadoras de las Abuelas.</p><p>Habían pasado trece años desde el día en que se los llevaron cuando tuvieron la primera certeza: en 1989 el Equipo Argentino de Antropología Forense <b>identificó los restos de Marcelo Gelman en el río San Fernando</b>, la zona norte del Gran Buenos Aires, dentro de un tambor de grasa lleno de cemento. Había sido asesinado el 14 de septiembre de 1976. Más adelante, el poeta averiguaría que su nuera había sido trasladada a Uruguay, país donde a comienzos de noviembre <b>había parido a una niña</b>.</p><p>Desde ese momento, Gelman intensificó aún más su búsqueda: sabía que tenía una nieta en Montevideo y se apoyó en su familia y en escritores y artistas de todo el mundo que se unieron a su reclamo.</p><p>Era 1998 cuando decidió llevar el caso a la Justicia federal argentina para que sea considerado en la causa que comenzaba a indagar el robo de bebés durante la dictadura, impulsada por las Abuelas de Plaza de Mayo. Simultáneamente, avanzaba en Buenos Aires otra investigación judicial que brindó más pruebas respecto al destino de los desaparecidos y de unos 200 menores apropiados: la causa conocida como Plan Cóndor, en la que se investigaba el accionar represivo llevado a cabo en conjunto por las Fuerzas Armadas de Argentina y las de países vecinos.</p><p>Entre la evidencia reunida, un documento aportó pruebas sobre el funcionamiento del centro clandestino de detención conocido como Automotores Orletti, en el que se registraron varios casos de<b> apropiación de bebés</b> que habían sido secuestrados junto a sus padres o nacidos en cautiverio. Algunos testimonios declararon también que los países que participaban del Plan Cóndor estaban involucrados en el robo de niños y niñas entre los que se encontraba el bebé de Claudia García Iruretagoyena de Gelman.</p><p>Al año siguiente, en 1999, Juan Gelman viajó junto a Mara La Madrid, su esposa, a Montevideo para comenzar a tejer una trama de contactos en el país. Y solicitó la colaboración del entonces presidente uruguayo Julio María Sanguinetti. El mandatario negó que su país hubiera estado involucrado en el robo de menores. “En Uruguay nunca hubo casos de niños secuestrados como en la Argentina”, declaró. Gelman no le creyó. Solo un mes después, en mayo, habían logrado averiguar que María Claudia había tenido una niña mientras estaba secuestrada en Montevideo.</p><p>A partir de eso, insistieron en el pedido de colaboración del Gobierno para continuar la investigación: su información llegaba hasta el traslado de María Claudia y su hija desde el centro clandestino de detención hasta un destino incierto. Las respuestas oficiales fueron <b>promesas incumplidas</b>.</p><p>Luego de ocho meses de buscar hasta debajo de las piedras del suelo uruguayo, Gelman publicó una carta abierta dirigida a Sanguinetti. A partir de ahí su causa se visibilizó aún más y el presidente uruguayo comenzó a recibir cartas de todas partes del mundo. Hubo miles de firmas, 115 poetas de 71 países. Todos <b>pedían respuestas sobre el paradero de la nieta del autor argentino</b>. También los Premios Nobel José Saramago, Adolfo Pérez Esquivel, Dario Fo, Rigoberta Menchú, Günter Grass, Seamus Heaney y Wole Soyinka se plegaron al reclamo.</p><p>***</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/IQM727CLNBHN7CPZLNPE7KS7VQ.jpg?auth=a53186fd4f1e503ba9eca971b9bc0321dab9472de4c99d66c417f112f5c55540&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Juan Gelman ofrece una conferencia de prensa tras escuchar un comunicado en el que el Estado uruguayo se responsabiliza del crimen político contra María Claudia García, esposa de su hijo Marcelo Gelman, asesinada durante la dictadura de este país, y del nacimiento en cautiverio de Macarena, el 21 de marzo de 2012. (AFP /Pablo Porciuncula)
" height="1080" width="1920"/><p>“A mi mamá la trasladan acá, a Montevideo. Era noviembre de 1976, según he podido saber. Nos tienen un tiempo juntas, al menos hasta el 22 de diciembre. El parto fue acá. Se presume que en el Hospital Militar, aunque nadie lo confirmó. Me dijeron que el parto fue el 1° de noviembre. Es la fecha más probable. Además, cuando me dejan en la puerta de mis papás, lo hacen con un cartelito dando esa fecha de nacimiento. Presumo que no es mentira, aunque tampoco tengo toda la certeza del mundo. Después del 22 de diciembre, última fecha en la que nos ven juntas y viva a mi mamá, ya no se sabe nada hasta el 14 de enero, día en que me dejan en la puerta de la casa de mis papás” —contó Macarena en 2008 a <i>El País Semanal</i>.</p><p>Macarena Gelman García Iruretagoyena nació en noviembre de 1976, en el cautiverio de su madre, María Claudia García Iruretagoyena. Con dos meses de vida fue dejada como un cachorro, como un regalo, en la puerta del matrimonio Tauriño Vivian, dentro de una canasta. La pareja la nombró Macarena y la anotó como hija propia.</p><p>Ella creció mirando al Río de la Plata del otro lado. Caminando la Rambla montevideana, sin imaginarse el vuelco que, a sus 23 años, daría su vida. Estudió Bioquímica en la Universidad de la República —aunque luego cambiaría de rumbo— y se unió a la militancia estudiantil, pero se consideraba algo ajena a los asuntos políticos nacionales, hasta que supo que ella no era quien creía que era. <b>Que su familia no era quien creía que era</b>.</p><p>El día que su madre le contó la verdad le dijo que no sabía de dónde había salido, quién la había dejado en la puerta de su casa, hasta que un señor llamado Juan Gelman, que era su abuelo, logró dar y contactarse con ella.</p><p>Macarena estaba aturdida. No podía procesar lo que escuchaba. Lo que su madre, que no era su madre, le decía. Corrió a Internet y descubrió que sus padres biológicos eran argentinos, que su abuelo era un poeta conocido mundialmente y vivía autoexiliado en México desde donde reclamaba la recuperación de esa nieta, sangre de su sangre, que le habían robado.</p><p>En el mismo momento su madre adoptiva le dijo que fuera a hablar con el obispo Pablo Galimberti, “que era la persona que mi abuelo había contactado para hablar con nosotros”, contaba Macarena en la entrevista de 2008. Gelman había podido averiguar que el matrimonio que criaba a su nieta era muy devoto y que esa era la mejor forma de acercarse a ellos. Como quien tantea un terreno antes de adentrarse en él, Galimberti ofició de intermediario entre Macarena y su abuelo hasta que ellos estuvieron listos para conocerse.</p><p>“Cuando me senté a hablar con él [Galimberti], lo primero que me contó fue la historia de la Operación Cóndor, que había consistido en la coordinación de las fuerzas represivas de América Latina. (...) Me contó todo lo que mi abuelo había podido averiguar. Lo que él sabía. Que a efectos de confirmar mi identidad había que hacer una prueba de ADN, cosa que yo manejaba perfectamente (...). Y, bueno, me dijo que lo mejor era ir aproximándome a mi abuelo, al principio, no de forma directa sino con cierta prudencia, durante un tiempo. Siempre a través del obispo. Me consiguió una carpeta con fotos de mi abuelo. Enseguida me enteré de que había habido una gran campaña pública internacional para buscarme que contó con el apoyo de muchísima gente, pero yo no me había enterado de nada”, contó Macarena.</p><p>Sobre el primer encuentro con su abuelo dijo que “iba con un miedo terrible”, “pero a partir de ahí todo fue una avalancha. Había decisiones que tomar en un momento histórico y político en el que todavía se negaba la existencia de niños robados en Uruguay. El tema de los desaparecidos siempre se dejaba de lado. Aquí se negaban la mayoría de las cosas”.</p><p>Después de conocer a su abuelo, en el 2000, Macarena se realizó la prueba de ADN en el Banco Nacional de Datos Genéticos argentino y despejó toda duda: “<b>al 99,99 por ciento de probabilidades era yo</b>”, dijo.</p><p>***</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/DJMNQOQ6L5BQTE47ZIYY2DVUDE?auth=1290f8e6b63246133071c90f203f567338abb4e9f6264c095308be6ae347e6a7&smart=true&width=600&height=360" alt="Después de haber recuperado su identidad inició un juicio para cambiarse el apellido y pasó a ser, formalmente, Macarena Gelman García Iruretagoyena" height="360" width="600"/><p>A sus 23 años, Macarena, que se convirtió en <b>la nieta restituida número 67</b>, descubrió una nueva vida que le trajo otros niveles de consciencia respecto al pasado reciente de su país y de la región: se enteró de los crímenes de lesa humanidad, de los secuestros y torturas, de los centros clandestinos. Y se volvió militante de derechos humanos. Se involucró en política.</p><p>Esa nueva vida también trajo un montón de familia.</p><p>Conoció y disfrutó de su abuela paterna, quien vivió hasta 2020. Conoció primos y tíos en Buenos Aires, por parte de su padre, y en Barcelona, por parte de su madre. Primos de sus padres y amigos que fueron familia para ella. Personas que la abrazaron y la ayudaron a reconstruir su historia.</p><p>A quien Macarena no llegó a abrazar fue a su abuela materna que falleció cinco años antes de su aparición, en 1995.</p><p>Después de haber recuperado su identidad inició un juicio para cambiarse el apellido y pasó a ser, formalmente, Macarena Gelman García Iruretagoyena. Su nombre, ese que le había puesto su madre adoptiva, lo conservó. Quizás ahí, en la combinación de lo que más hace a la identidad de una persona —el nombre, el apellido— haya encontrado <b>una suerte de síntesis de su vida</b>. <b>De ella misma.</b></p><p>Dedicó esfuerzos en encontrar los restos de su madre pero no hubo respuestas. El pacto de silencio de los militares que participaron de las operaciones de secuestro, asesinato y robo de personas siguió siendo un paredón de hierro grueso. María Claudia García Iruretagoyena permanece desaparecida.</p><p>***</p><p>Apenas asumió la presidencia de Uruguay, el 1° de marzo del 2000, Jorge Batlle tomó los reiterados pedidos del poeta y de todas las personalidades que lo apoyaban en su causa y ordenó dos investigaciones paralelas que llegaron a los mismos resultados que había obtenido Gelman en su búsqueda. En 30 días, el mandatario posibilitó la identificación de Macarena; el encuentro entre ese abuelo que llevaba 24 años de búsqueda, y esa nieta de 23, que nada sabía sobre su verdadero origen.</p><p>El 31 de marzo de 2000 Batlle admitió a la prensa que la mayor parte de la información para encontrar a Macarena había sido brindada por el poeta. Él puso la voluntad política para que eso sucediera.</p><p>“Cuando le doy un abrazo o un beso es algo que me invade porque siento que en ese abrazo entran ella y sus padres”, diría tiempo después Berta Shubaroff, abuela paterna de Macarena.</p><p>Mientras Gelman, ese mismo 31 de marzo, hace 25 años, no cabía dentro de sí mismo: “Podrán imaginarse lo que significa esto para cualquier ser humano. Yo mismo puedo sentirlo; <b>soy abuelo</b>”.</p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/UPP5CRMPXFBG7BUV3KQPIHIVSQ.jpg?auth=c5ef3d1e459c52096bf2eb3ffec53e6555b19d04ba574e8986936be42b76ab49&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[zzzzinte1Argentinean poet Juan Gelman (R) kisses his granddaughter Macarena Gelman after the reading by Uruguayan President Jose Mujica of a statement in which Uruguayan State takes responsability over the political crime against Maria Claudia Garcia de Gelman, killed during the dictatorship (1973-1985) and the birth in captivity of her daughter Macarena, at the Congress in Montevideo on March 21, 2012. Argentine poet Juan Gelman, winner of the Spanish speaking world's top literature prize and a vehement critic of military rule in his country, died on January 14, 2013 in Mexico City at the age of 83.   AFP PHOTO/Miguel ROJOzzzz]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu">MIGUEL ROJO</media:credit></media:content></item><item><title><![CDATA[La dictadura y el negacionismo, según Daniel Feierstein: “Hubo un proyecto de transformación de la identidad a través del terror”]]></title><link>https://www.infobae.com/sociedad/2025/03/24/la-dictadura-y-el-negacionismo-segun-daniel-feierstein-hubo-un-proyecto-de-transformacion-de-la-identidad-a-traves-del-terror/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/sociedad/2025/03/24/la-dictadura-y-el-negacionismo-segun-daniel-feierstein-hubo-un-proyecto-de-transformacion-de-la-identidad-a-traves-del-terror/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[En el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, el investigador especialista en genocidios reflexiona sobre conceptos y discusiones que permiten analizar el terrorismo de Estado del pasado y pensar el presente desde temas como derechos humanos y fascismo]]></description><pubDate>Mon, 24 Mar 2025 05:44:41 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/KAAZHLSISJH4BPALK5AOWBVOQQ.jpg?auth=4523ff1c368c4163d64f239924d1ca3ecd142346c0a66fa3648a467459b536b1&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Daniel Feierstein: "A lo largo de la historia, el fascismo creció cuando hubo un porcentaje muy importante de la sociedad que estaba sufriendo mucho" (Paula Conti)" height="1080" width="1920"/><p>Daniel Feierstein es doctor en Ciencias Sociales, especialista en el estudio de las prácticas genocidas y los procesos de memoria y representaciones. Es investigador del CONICET, docente de grado y posgrado en la UNTREF y la UBA, donde dirige, además, el Observatorio de Crímenes de Estado (OCE) de la Facultad de Ciencias Sociales. También dirige el Centro de Estudios sobre Genocidio de la UNTREF —”la primera institución en América Latina dedicada al estudio comparativo de las prácticas sociales genocidas”, informan en su sitio web—, presidió la Asociación Internacional de Investigadores sobre Genocidio entre 2013 y 2015, y tiene más de 15 libros publicados, y artículos traducidos en múltiples idiomas.</p><p>En el aniversario número 49 del golpe de Estado que secuestró a la Argentina y la metió en un sótano oscuro durante ocho años, que diseminó el terror, violó, torturó, asesinó y usurpó la identidad de 500 niños y niñas, el especialista desgrana conceptos clave que permiten seguir interrogando el pasado reciente y sus consecuencias; y arroja luz a debates para examinar el presente.</p><p><b>—¿Por qué podemos decir que lo que sucedió en Argentina durante la última dictadura militar fue un genocidio?</b></p><p>—Para decirlo muy sencillo, la base de la definición de genocidio es <b>el intento de transformar la identidad de un pueblo a través del terror</b>. Te diría que este es el eje de la definición del creador del concepto [N. de la R. el término, que proviene de unir el sustantivo griego “<i>genos</i>” (raza, pueblo) con el sufijo latino “<i>cide</i>” (matar), fue acuñado por el abogado judío polaco Raphael Lemkin después de la Segunda Guerra Mundial para definir la matanza perpetrada por el nazismo]. Después, la Convención de las Naciones Unidas dice que<b> hay intención de destruir un conjunto de grupos entre los cuales el principal es el grupo nacional</b>. Por lo tanto, desde el concepto como desde la Convención, está la idea de transformar la identidad de un pueblo a través del terror. Y esto es exactamente lo que pasó en nuestro país: el intento de transformar un proceso social que estaba en curso y transformar la identidad del conjunto de quienes vivieron esos hechos de la manera más efectiva, que es a través del terror. Lo que implica, por lo general, la implementación de un sistema de institucionalización del terror, que son los campos de concentración, y requiere aniquilar a una parte significativa de la población —el modo clásico de irradiación de ese terror que aparece en muchas experiencias históricas, e incluso en una obra de teatro argentina muy visionaria, porque es previa al genocidio, que es <i>El Señor Galíndez</i>, de Tato Pavlovsky, es esta idea de: “por uno que tocamos, mil paralizados de miedo”.</p><p>El asunto es que esto implica abrir una serie de discusiones con respecto a si lo que ocurrió en la Argentina fue este proyecto, que está en muchos documentos militares, de transformar la sociedad, o si lo que ocurrió fue una guerra donde se venía a enfrentar a un actor que buscaba la subversión internacional. A mí me parece que ahí radica una de las discusiones más relevantes. Aunque tantos años después ya tenemos no solo muchísimos testimonios sino muchísimos documentos para abonar esta hipótesis, decir que en verdad no hubo condiciones para ninguna guerra sino que <b>hubo un proyecto de transformación de la identidad argentina</b>.</p><p><b>—Contemplando todas estas pruebas, todos los documentos que mencionás, los libros que se siguen escribiendo, los testimonios, los juicios, ¿en qué se basan quienes defienden ideas negacionistas? ¿Qué es lo que alimenta al negacionismo?</b></p><p>—Todo proceso genocida tiene reacciones negacionistas. Ahí se juntan sectores muy distintos. Por un lado tenés a los cómplices de los genocidas en sus más diversos planos, porque pueden ser los que participaron, pero pueden ser los que se sienten afines o los que jugaron roles marginales o tangenciales en ese genocidio. Pero también tenés el mundo de los mecanismos psíquicos de defensa: que es todo aquello que te genera el terror, la dificultad para lidiar con lo que el terror generó en vos. Eso, en todos los casos históricos, ha dado lugar a estas formas que se llaman negacionistas que en general son o distorsiones o relativizaciones o minimizaciones. Por eso negacionismo es un término medio complicado porque da la idea de alguien que está diciendo: “No pasó nada”. Y los que llamamos negacionistas no es que dicen :”No pasó nada”, sino que dicen, por ejemplo: “No fueron tantas las víctimas”.</p><p><b>—Exacto, el debate de los treinta mil.</b></p><p>—Claro, el debate de los números, que es el de los seis millones o el de los treinta mil o el del millón y medio del genocidio armenio. Siempre hay quien plantea: “Bueno, el hecho ocurrió, pero no fueron tantos”. Esto es la minimización; después está la relativización, que es decir: “Sí, ocurrió, pero la causa no es la que vos decís, en realidad se lo merecían, hicieron cosas que justificaban”. Por eso digo que es interesante ver el negacionismo como un conjunto de argumentaciones que tienden a evitar hacernos cargo de las consecuencias de un genocidio. Y por eso digo que, por supuesto, el que es responsable o cómplice o el que participó de eso o lo avala va a sostener ese tipo de miradas, pero también <b>aquel al que le duele mucho y no puede lidiar con ese dolor</b>. Entonces no es que solamente son cómplices los que caen en estas argumentaciones negacionistas, muchas veces también es un conjunto de la población al que le resulta demasiado duro aceptar las consecuencias que dejó un genocidio en una sociedad. Y por eso es que tienen la fuerza que tienen. Las variantes negacionistas van cambiando con el tiempo, a veces las sociedades tienen más capacidad de hacerse cargo de eso, a veces menos. A veces, incluso, muchas de las construcciones oficiales de memoria tienen un montón de problemas que generan una emergencia o un avance de estas posturas negacionistas.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/3OGS4VYT2RHQ7JZNRYEJFKLPZE.jpg?auth=a8f336ea6580b36e7fe2303d8c2e23ffcf1e04334cc996016f51ea4ae957790d&smart=true&width=1920&height=2468" alt="Daniel Feierstein: "La base de la definición de genocidio es el intento de transformar la identidad de un pueblo a través del terror" (Paula Conti)" height="2468" width="1920"/><p><b>—Como la teoría de los dos demonios, que muchas personas todavía sostienen. ¿Puede entrar en estas categorías?</b></p><p>—Diría que la teoría de los dos demonios es una manera compleja de abordar lo sucedido. Yo no la incluiría dentro de las visiones negacionistas. La teoría de los dos demonios <b>es una manera de hacerle lugar a la memoria de un genocidio sin abordar las consecuencias</b>. Y cómo logra esto, poniendo a la sociedad afuera. La operación más importante de la teoría de los demonios es que caracterizando a esos demonios como los responsables de lo que ocurrió, el que enuncia la teoría se pone afuera. De esa manera evita que las consecuencias del genocidio puedan ser trabajadas, porque si vos estás afuera, todo el problema es de los que ejercieron la violencia, y como vos te ponés afuera de los que ejercieron la violencia, incluso afuera de los que sufrieron la violencia, quedás en un lugar donde solo podés condenar pero no tenés nada que elaborar. Y creo que por eso las teorías de los dos demonios son tan exitosas porque sin entrar en el nivel de distorsión, incluso te diría de renuncia moral que implica el negacionismo, le permiten a una sociedad <b>no hacerse cargo </b>de las consecuencias de un genocidio. Y, por lo tanto, permiten el funcionamiento de esos mecanismos psicológicos de defensa. Es como que te dejan afuera de la situación.</p><p><b>—Y es cómodo también, ¿no? Porque abona, además, el maniqueísmo de los buenos y los malos.</b></p><p>—Exactamente. Porque estás del lado de los buenos. Estás del lado de las víctimas inocentes, ¿no? En este sentido resulta muy cómodo.</p><p><b>—Además este argumento pierde de vista el hecho de que el Estado no puede salir a matar a su pueblo, básicamente. Justifica de algún modo su accionar al poner a los dos bandos, estos “dos demonios”, en el mismo nivel y decir: “Era un enfrentamiento: estaban los militares por un lado y las organizaciones de lucha armada por el otro”.</b></p><p>—Claro, pero no es que justifica a los militares, sino que justifica al que lo plantea, que lo que dice es: “Bueno, estaban las organización insurgentes que desarrollaron una violencia ilegítima y por lo tanto son responsables y estaban los militares que los reprimieron de una manera totalmente ilegítima y por lo tanto son responsables”. Entonces <b>las transformaciones sociales que ocurrieron a partir de ese proceso de terror quedan afuera de la narración.</b> En esta cosa maniquea de “están estos malos, están estos que eran todavía más malos, se enfrentaron los malos con los malos y nosotros terminamos sufriendo algo que no teníamos ningún motivo para sufrir”, se desconecta el conflicto social de la explicación de lo ocurrido, se desconecta el que narra de <b>todas esas consecuencias del genocidio que estamos sufriendo hoy</b>: la transformación de la identidad de un pueblo, la transformación de un modelo económico, todos los objetivos estructurales de un proceso genocida.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/WNTXMWWK5NHHLE4HBC3VUFSNDI.jpg?auth=53f43a32e754fcb9b6242f41a54e1d22f30907d4db5b1e1307e3ec3fabb5138a&smart=true&width=1920&height=1080" alt=""Los dos demonios (recargados)" (Marea Editorial), de Daniel Feierstein, explora la teoría de los dos demonios en el siglo XXI. Alerta sobre los riesgos de esta mirada y propone revisar de forma crítica el pasado " height="1080" width="1920"/><p><b>—¿Cómo ves la situación actual del movimiento de derechos humanos en Argentina? Y si querés ampliar tu mirada a América Latina.</b></p><p>—Me parece que hay dos tipos de crisis del mundo de los derechos humanos. Por ahí te diría tres tipos de crisis. Dos son más generales, más internacionales, y una es más propia de la Argentina, que fue un lugar donde el movimiento de derechos humanos fue muy potente. La primera crisis general es que el mundo de los derechos humanos surgió bajando el horizonte utópico, paradójicamente. Esto es, antes de la reivindicación de los derechos humanos, la reivindicación general de los movimientos populares eran la justicia y la igualdad. Consignas muy amplias y muy potentes en un sentido utópico, una sociedad donde seamos más iguales, donde haya más justicia.</p><p><b>—¿Hablás de la época de la Revolución Francesa?</b></p><p>—Sí, empieza con la Revolución Francesa, pero después va a seguir con las revoluciones socialistas. Esto es un proceso que lleva a mayores niveles de igualdad, mayores niveles de justicia social. Mientras que el universo utópico de los derechos humanos es <b>que no nos maten, que no violen nuestros derechos</b>. Entonces, primero es mucho menos como horizonte utópico. Y segundo es mucho más individualista. O sea, <b>un proyecto de una sociedad más justa para todos no es lo mismo que un proyecto donde todos tengamos derechos</b>. Parece que es lo mismo, pero no es lo mismo: uno está pensado en una clave colectiva, otro está pensado en una clave mucho más individualista.</p><p>El segundo nivel de crisis, que se deriva de eso, es que ese universo de derechos se empezó a pensar de una manera cada vez más corporativa, más particularista. Esto es: los derechos de los seres humanos empezaron a ser segmentados en los derechos de las mujeres, los derechos de los indígenas, los derechos de los afrodescendientes, los derechos de los homosexuales o de quienes tienen una identidad sexual alternativa. Distintos sistemas de derechos que ya no eran universales sino particularizados. Eso generó cierta fractura de esas luchas. Además es un elemento para explicar por qué surgen un montón de grupos que se consideran desfavorecidos en esa distribución, que podían haber sido favorecidos en otros momentos históricos pero que quizás esas reivindicaciones corporativas de la actualidad no siempre se combinan con su sufrimiento concreto. Por plantear un ejemplo internacional, vas a tener el <i>white trash</i>, que son los sectores de trabajadores blancos muy empobrecidos de los Estados Unidos. Ellos van a decir: “Claro, nosotros somos blancos, somos hombres, pero no quiere decir que no estemos sufriendo las consecuencias de la realidad social tanto o más que algunos que son mujeres o que son afrodescendientes o que tienen alguna de esas identidades hoy reivindicadas”. Entonces este proceso que fue viviendo el movimiento de derechos humanos a nivel internacional, fue generando un conjunto de reacciones que son comprensibles, que son legítimas, porque cuando es particularista, por definición, deja un montón de gente afuera. Esa individualización provocó <b>una confrontación de derechos </b>en lugar de apostar a la universalización de derechos.</p><p><b>—¿Y en Argentina, en particular, cómo leés esta situación?</b></p><p>—Por último está la crisis más propiamente de Argentina. Que Argentina tuvo un movimiento de derechos humanos muy potente durante y después de la última dictadura, <b>va a ser un faro en el mundo</b> en ese sentido. Pero uno de los ejes centrales de esa potencia, para mí, tenía que ver con <b>la pluralidad política</b>, que no era el apoliticismo, esos organismos eran muy politizados, pero eran muy plurales. Entonces, los organismos de derechos humanos no se identificaban con un movimiento político, sino que te diría que <b>casi toda la estructura política participaba del movimiento de derechos humanos</b>. Te quedaba un sector muy pequeño de la derecha más recalcitrante que no participaba, pero los grandes partidos políticos, el peronismo, el radicalismo, todas las agrupaciones de la izquierda, incluso muchas de las agrupaciones de la derecha más democrática o de centro derecha, todas tenían su vinculación y su participación en el movimiento de derechos humanos. Esto, en los últimos 20 años, diría, se fue transformado. El movimiento de derechos humanos quedó muy articulado con una posición política y eso le quitó muchísima potencia, generó mucha crisis al interior del movimiento y causó que estos acuerdos tan masivos, tan generalizados de la sociedad argentina en la defensa de esos derechos, se empezaran a quebrar. Porque si el movimiento de derechos humanos es parte de un movimiento político, el que está contra ese movimiento político pareciera que no puede ser parte o no tendría por qué avalar o participar de ese conjunto de luchas. Entonces me parece que las dos crisis internacionales se juntaron en Argentina con esta crisis más propia, más nacional, y eso generó la situación actual, que creo que es de <b>una profunda crisis, tanto del movimiento de derechos humanos como de todo el discurso de los derechos humanos</b>.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/EFHU36KCLFCEDDY4EEDL2QXCHE.jpg?auth=f6a9ca615e8fd719232da2757c83bab01f45de5f89f27bb5fd724ec35831bed4&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Daniel Feierstein: "Una de las mayores herramientas frente al fascismo es ser capaces de crear utopías creíbles, esto es: imaginar que nuestra sociedad puede ser mejor" (Paula Conti) " height="1080" width="1920"/><p><b>—Estaba escuchando una entrevista tuya con Julia Mengolini, en </b><i><b>Futurock</b></i><b>, en la que charlaban sobre las ideas fascistas que aparecen, de manera alarmante, en Argentina. Hablaban sobre las condiciones para que emerjan cada vez con más fuerza, si están dadas o se están generando. ¿Cómo haces esa lectura? ¿Estamos en riesgo de repetir una situación semejante a la del pasado reciente?</b></p><p>—En la línea que venimos hay un tema que es previo a lo del fascismo que tiene que ver con el funcionamiento institucional o el autoritarismo. Y, efectivamente, hemos entrado en una deriva, ya hace tiempo; una deriva creciente pero cada vez peor, donde <b>se ha deteriorado el funcionamiento institucional</b>: hay muy poca confianza en las instituciones centrales de la sociedad argentina. Es paradójico que una de las instituciones que genera mayor confianza sea la universidad, por ejemplo, pero el Parlamento, la Justicia, incluso el Poder Ejecutivo, las Fuerzas Armadas, generan niveles de confianza muy bajos. Esto da cuenta de un deterioro muy fuerte de la estructura institucional, acompañado de <b>una serie de acciones gubernamentales, en los últimos años, que han implicado un aumento en el ejercicio autoritario del poder</b>. Eso va por un lado. El problema es que siempre el pasado nos la está jugando, entonces nos convoca a plantear: “Esto se parece a otros momentos que vivimos”, y es cierto que se parece, pero también es cierto que la historia nunca se repite de la misma manera. Entonces <b>hay que ser capaz de ver que si bien es cierto que hay semejanzas va a cobrar otras formas</b>. Eso es un debate.</p><p>El segundo debate que me parece que es muy previo a este Gobierno, yo lo identifiqué en el giro del Gobierno de Macri, hacia el año 2017, con la desaparición de Santiago Maldonado, es la aparición, por primera vez yo creo, de manera muy embrionaria pero ganando mucha fuerza rápidamente, de <b>toda una corriente fascista en la sociedad argentina</b>. Y lo distingo porque <b>fascista no es lo mismo que autoritario</b>, es muy específico. Y la especificidad del fascismo no es solamente el autoritarismo ni fundamentalmente el autoritarismo, sino, por un lado, la movilización reaccionaria, esto es la capacidad de movilizar mucha población activamente en las calles pero <b>no para defender derechos sino para recortar derechos a otros</b>. Esto es algo muy específico que logra el facismo y que la sociedad argentina no había tenido en su historia. No vivimos otro momento así. Vivimos momentos autoritarios, vivimos momentos genocidas, pero no hemos vivido momentos fascistas. Y el fascismo tiene, por otro lado, una segunda característica que es <b>la horizontalización del odio y el resentimiento</b>. Esto es <b>la construcción de un enemigo que es el que tenés al lado</b>. Por ejemplo: el privilegiado o la casta sería el trabajador estatal, el médico, el policía, el maestro. O, en todo caso, cualquiera que tenga un trabajo formal al lado de quien tiene un trabajo informal. Ahí se genera como un odio y una confrontación horizontal: no es que el odio se expresa hacia el banquero o el multimillonario, sino que se expresa hacia alguien que está muy cerca de aquel que odia.</p><p><b>—El vecino.</b></p><p>—Claro, y esta es la característica fundamental del fascismo. Entonces, esto sí es una novedad en la estructura política argentina que, insisto, no es que nace con este Gobierno, pero es bastante nuevo —uno podría decir que no tiene ni siquiera una década—, que ha ido creciendo muy fuerte en la sociedad, que se encuentra en las distintas fuerzas políticas y que <b>le da mucha gravedad a la perspectiva de futuro</b>. Porque si vamos a permitir que se difundan estas formas reaccionarias de movilización o estas irradiaciones horizontales del odio, se va a generar una sociedad con un nivel de conflictividad muy superior y puede llevar a experiencias tan horribles como las que se vivieron en los distintos fascismos del siglo XX. Por eso me parece un error —y esto lo decía Pablo Avelluto, lo escuché en una entrevista en la que era muy sintético, muy preciso— este debate con los historiadores cuando plantean que “cómo vamos a hablar de fascismo si no tenemos Auschwitz o campos de concentración”. Él [Avelluto] dice: “Bueno, el fascismo no empieza con Auschwitz, el fascismo termina en Auschwitz”. Entonces el problema es identificar los primeros momentos porque cuando ya tenés un fascismo a un nivel de conflictividad social llevado a un punto que termina en una experiencia de exterminio, ya es muy tarde para hacer cualquier cosa. <b>Hay que poder identificar el nacimiento de estas prácticas porque es el momento donde es más fácil enfrentarlas</b>.</p><p><b>—Y una vez que las identificamos, ¿qué se hace?</b></p><p>—Bueno, yo creo que hay que pensar conjuntamente montones de acciones de respuesta. Básicamente cosas que no han ocurrido en la sociedad argentina. Por un lado, lo que se llama el cordón sanitario, que es tratar de cerrarle el camino a los distintos sectores de las fuerzas políticas que podríamos decir que sustentan estos modos de ejercicio de la política y esta horizontalización del odio, estas formas reaccionarias de movilización, estos usos del resentimiento. Pero, por otro lado, brindar las respuestas que las otras fuerzas políticas no han brindado, porque siempre, a lo largo de la historia, <b>el fascismo creció cuando hubo un porcentaje muy importante de la sociedad que estaba sufriendo mucho</b> y no encontraba respuestas esperanzadoras. Entonces, lo tremendo del fascismo, es que se constituye como una aceptación del nihilismo. El fascismo crece de la mano de la desesperanza. Por eso, uno de los desafíos es ser capaces de crear utopías creíbles, esto es: <b>imaginar que nuestra sociedad puede ser mejor</b>. Esa es una de las mayores herramientas frente al fascismo. Si estamos convencidos de que nuestra sociedad no puede ser mejor, cada uno deja emerger lo peor de sí mismo. Y esto es un poco lo que nos conduce al fascismo. Creo que uno de los desafíos es ese: movilizar lo mejor de cada uno de nosotros.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/KAAZHLSISJH4BPALK5AOWBVOQQ.jpg?auth=4523ff1c368c4163d64f239924d1ca3ecd142346c0a66fa3648a467459b536b1&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"/></item><item><title><![CDATA[Danza Abierta: la resistencia cultural y artística a la dictadura también sucedió entre saltos, giros y figuras sobre el escenario]]></title><link>https://www.infobae.com/sociedad/2025/03/23/danza-abierta-la-resistencia-cultural-y-artistica-a-la-dictadura-tambien-sucedio-entre-saltos-giros-y-figuras-sobre-el-escenario/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/sociedad/2025/03/23/danza-abierta-la-resistencia-cultural-y-artistica-a-la-dictadura-tambien-sucedio-entre-saltos-giros-y-figuras-sobre-el-escenario/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[El movimiento que se inspiró en la experiencia de Teatro Abierto y buscó la expresión y el encuentro en un contexto de terror y censura contó con cientos de coreógrafos y bailarines. Muchos de ellos serían luego grandes exponentes de la escena local]]></description><pubDate>Sun, 23 Mar 2025 04:02:23 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/TDBSOAYJGVBLNNX5VO22L54HFQ.jpg?auth=06851ae60c942b70219097fabe3448af2a940650386188e66f05958e96e50d57&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Grupo de los Miércoles en "Instrucciones para un tejido Tres derecho, una lazada, terminar con dos revés", de Adriana Barenstein (1983) (Foto: Elias Mekler)" height="1080" width="1920"/><p>Zapatillas de punta gastadas por el uso, por la fricción en cada paso, en cada giro, en cada salto y cada ensayo. Por el roce contra las tablas. Puntas rosa pálido, el color sutil y fino de la danza clásica. Puntas rojas, de raso brillante, para una función de ballet especial. Zapatos de español. Zapatillas de lona acordonadas, impregnadas de tierra. Danza contemporánea, danza moderna, danza urbana. Zapatillas de media punta negras. Todas juntas. Todas entrelazadas. ¿Amontonadas? <b>De eso se trató Danza Abierta</b>.</p><p>Así lo muestra, en una imagen, el volante publicitario de 1982 que anunciaba las funciones en el teatro Blanca Podestá de la Avenida Corrientes —hoy Multiteatro Comafi—. No había marquesina con luces cegadoras ni cartel enorme que anunciara las figuras. Había un panfleto doblado, una fotografía con lugar y fecha. <i>Flyers</i> y pósters en los estudios de danza. Un boca a boca infalible. Un entusiasmo desesperado. Una legalidad con sabor clandestino. Como un grito susurrado. Un mensaje que rodaba con cautela. Después sí: <b>el estallido</b>.</p><p>Hubo tres ediciones —1981, 1982, 1983—; 165 funciones; más de 250 coreógrafos; más de 500 bailarines.</p><p>“Estábamos con Alfredo Zemma en el teatro Bambalinas, en la calle Chacabuco y Estados Unidos, en la época que se estaba haciendo Teatro Abierto y habían tirado la bomba en el Picadero. Alfredo me dice: ‘Ani, ¿qué te parece si hacemos Danza Abierta?’. Él sabía que estaba estudiando danza. Y le digo: “Claro”. Me comuniqué con Etel Bendersky y con Mariana Szusterman. Nos reunimos los cuatro. Las bailarinas empezaron a llamar por teléfono y a la semana hicimos la primera reunión. Así empezó Danza Abierta. Y toda la primera semana, cuando estrenamos, nuestra cautela era estar muy atentos a ver quiénes entraban, pues <b>nos habían amenazado</b>, obviamente”.</p><p>La voz grabada de Anahí Zlotnik, bailarina en los 80, una de las impulsoras del movimiento artístico de resistencia a la última dictadura militar, Danza Abierta, envolvió la Cúpula del Centro Cultural Kirchner —ahora Palacio Libertad—. Era 2023 y se inauguraba “Abrir Danza Abierta”, un<b> homenaje</b> para celebrar al mítico ciclo que contó con la presentación de más de 20 artistas que participaron de sus tres ediciones. El evento, las performance, estuvieron enmarcadas en los festejos por los 40 años de democracia. Para muchos, los más jóvenes, fue descubrir a un grupo de personas que enfrentó la censura desde un escenario.</p><p>—El asunto es que yo estaba en el Teatro del Picadero con un espectáculo que se llamaba <i>Tres coreógrafas</i>, ahí compartía con Etel Bendersky, que es mi amiga, y otra señora con la que no me llevaba bien. Y estaba con muchas ganas de ver otro teatro para presentar mis obras nuevas. Anahí Zlotnik era alumna mía y salía con Alfredo Zemma, que en esa época estaba a <i>full</i> con Teatro Abierto. Entonces Fuimos con Etel que me acompañó al Teatro Bambalinas para ver la sala. Cuando llegué, dije: “Uy, ¡es muy grande para mí sola!”. Era muy grande, me asusté. Y ahí Alfredo dijo: “Che, ¿y por qué no hacen ustedes lo que hacemos nosotros en Teatro Abierto? <b>¿Por qué no hacen Danza Abierta?</b> Yo me quedé pensando, no mucho, las miré a las chicas y les dije: “¿Por qué no?”—recuerda Mariana Szusterman, maquillada, con los labios rojos, del otro lado de la pantalla.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/KYHX5H6WKFE33F2Z2RZOTTZNOA.jpg?auth=b5f651c61a3ec71864cf556afc5144a0015a426df04a1d58f13db037e750b574&smart=true&width=1900&height=1279" alt="Volante publicitario de la segunda edición de Danza Abierta en 1982" height="1279" width="1900"/><p>Teatro Abierto fue un movimiento cultural que surgió como reacción al terrorismo de Estado desplegado formalmente en 1976. Creado por referentes del quehacer teatral como Osvaldo Dragún, Carlos Gorostiza, Tito Cossa, Luis Brandoni y Pepe Soriano —entre otros— con el apoyo de Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz, y Ernesto Sabato. Comenzó en 1981 y, con el impulso que genera la resistencia, el grupo creó 21 obras breves que ofrecía todas las tardes en el Teatro del Picadero. Pero la respuesta de los perpetradores ante esa irreverencia no demoró: la madrugada del 6 de agosto la sala ardió a causa del estallido de bombas incendiarias que destruyeron casi la totalidad del edificio. Así fue que se mudaron al Teatro Tabarís y repitieron su ciclo de obras en 1982, 1983 y 1985.</p><p>Lo que proponía el director teatral Alfredo Zemma era que la danza imitara la iniciativa y sus referentes se unieran para crear algo nuevo: <b>una sinergia en movimiento que hiciera frente a la censura</b>.</p><p>Las dos coreógrafas y la bailarina salieron aquel día del Teatro Bambalinas con un gran proyecto entre manos. El desafío era cómo llevarlo a cabo.</p><p>—Hay que convocar, a ver qué qué pasa —dijimos—. Y nos pusimos a hacer una lista de las coreógrafas más conocidas por nosotras, que era el grupo Nucleodanza, de Susana Tambutti y Margarita Bali, Ana Deutsch… Empezamos a llamar a la gente que conocíamos de las clases y de ir a verla en los espectáculos, eran como 14. Se corrió la voz. Todos empezaron a pedir [ser partícipes] y de 14 <b>¡terminamos siendo 100 coreógrafas y coreógrafos!</b>—recuerda Szusterman.</p><p>“¿Qué hacemos nosotros con 100?¿Cómo hacemos la planificación?”, se preguntaron. Había de todo: novatos y avezados, formados y por formar. La invitación era abierta. Como sería la danza.</p><p>—La organización fue un lío. En esa época yo ya tenía mi estudio en la Avenida Corrientes, enfrente del [Teatro] Broadway. Nos dividimos las personas que íbamos a participar en los estudios de danza y pusimos una fecha límite para que la gente se presentara. [La convocatoria de los bailarines] fue de boca en boca. La gente se enteró, fue y se inscribió. Y los cabecillas teníamos reuniones para ver cómo hacíamos con tantas personas, porque además entraron de todos lados. Y bueno, no sé cómo lo organizamos, pero lo organizamos. El programa era por 15 días. Cada día duraba horas y horas hasta que pasaban todos y en cada función había un plato fuerte, porque estaban Ana Kamien, las Nucleodanza…</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/JPBZHWLTJFF3RF5JK2RIY54VAQ.jpg?auth=66f406c671f60c296809591ce011fb5f1d3030e0f6063ecadd918e51b8057c4a&smart=true&width=1200&height=800" alt="María José Gabin, “Un corte en el eje del sol”, Danza Abierta 1983" height="800" width="1200"/><p>“De la oscuridad a un corte en el eje del sol. Pura transición personal. En el principio fue la danza, danza que se abrió a más danza, al cine, a la perfo. Danza sin zapatillas, con dedos rajados, torcidos en media punta. De la danza a la máscara, del cuerpo al mimo, mimo raro, mimo acción, mimo prohibido.</p><p>De la danza al teatro, al teatro danza, la danza mimo a la actuación, al cine, y de ahí, al descontrol colectivo. No quiero bailar, quiero ser y estar. Del 76 al 83, dictadura a democracia, transición, Teatro Abierto, Malvinas. Danza Abierta 83, un eje en el sol, todo puro desvío, todo pura transición personal, <b>personal es político</b>”, recitaba una voz de mujer, en medio de una oscuridad total, desde el escenario que rendía homenaje a Danza Abierta en la Cúpula del CCK. La <i>performance </i>se titulaba <i>Revisitando un corte en el eje del sol ‘83</i>, de la actriz, bailarina, narradora y dramaturga María José Gabin, interpretada por ella y por Carla Rímola.</p><p>Comenzaba en la oscuridad. Una oscuridad que daba paso a los aplausos. Que daban pasos al silencio. Que daba paso a la música. Que daba paso al estallido. Y a las imágenes en la pantalla. Materia elevándose para entrar en ebullición y reventar en el aire. Olas feroces. Nubes de humo, polvo, espuma. Erupciones. Antes de que comenzara la coreografía, entre el silencio y la música, en blanco y negro, fotos de Danza Abierta. <b>Piernas extendidas, cuerpos en torsión ofreciéndose al arte</b>.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/D3MQFBFJARDSNAIPCNPE4V4KCU.jpg?auth=83d07c20799a1317f70701c208b769a6fca9980cace6381a9ff6d23d853c019b&smart=true&width=1200&height=800" alt="En agosto de 2023, en el marco del 40 aniversario del regreso democrático, en la Cúpula del Centro Cultural Kirchner —ahora Palacio Libertad— se rindió homenaje al mítico ciclo en una muestra protagonizada por más de 20 coreógrafos, directores y bailarines de las tres ediciones de Danza Abierta " height="800" width="1200"/><p>“Fue un estallido. Como cuando se abre una puerta y sale algo que estaba comprimido. Fue muy mágico que nos pasara eso. Mágico como lo son las cosas colectivas. Que son ‘lo que es, es’. Y no hay quien lo frene”, le dijo la coreógrafa Adriana Barenstein a la periodista especializada en danza Laura Chertkoff durante la investigación para su tesis doctoral en Artes sobre Danza Abierta.</p><p>“<b>Danza Abierta fue el primer intento de recuperación de lo colectivo en el sector de la danza </b>y fue posible gracias a la gestión de coreógrafos y bailarines independientes”, contaban los conductores en la apertura del homenaje de 2023 que se realizó en agosto. El evento buscó revisitar el movimiento artístico en sus tres ediciones, recordar que “fue un movimiento horizontal, democrático, con un modo de gestión horizontal y democrático, que abrió otros caminos y dio posibilidad a que hubiese otros movimientos similares, por ejemplo, los que tuvieron lugar en las ciudades de Rosario y Córdoba”.</p><p>Con más de 20 artistas en escena que dieron una muestra de la diversidad que tuvo el ciclo, el homenaje buscó recuperar imágenes, mensajes que tenían para dar sus protagonistas entonces que quizás todavía seguían vigentes, explicaba Susana Tambutti, quien participó como coreógrafa y bailarina en Danza Abierta y fue la curadora de la presentación de 2023.</p><p>“El evento de Danza Abierta 81 es distinto al del 82 y al del 83, cuando ya la dictadura de alguna manera estaba caída y cedía el paso a esta época democrática. La curaduría se desarrolló de acuerdo a qué recuerdos pueden traer estos coreógrafos que han participado. Pero estos recuerdos se dibujan contra un contexto o dentro de un contexto. Que es el régimen dictatorial, la dictadura que se desarrolló desde el 76 en adelante”, explicaba.</p><p>Y seguía: “<b>Es algo así como tratar de componer espejos rotos. </b>(...)<b> me refiero a la memoria</b>, cómo funciona la memoria. No se trata de hacer relatos de lo que fueron las coreografías (..) sino de <b>qué tipo de performatividad tienen esas imágenes hoy</b>. O sea, cómo pueden accionar y cómo pueden movilizar a generaciones en las que muchos ni nos conocen, porque todos somos mayores (...). Entonces, la intención es que este viaje en el tiempo, de alguna manera, tenga un traqueteo, por así decir, <b>que mueva el presente</b>”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/YGTPRQGOFFG2DLBKC4GKAID4MU.jpg?auth=3dfb4de198eb958c49bd53198caca2412c43a55f98bc4bbf8ee1750bafc7e605&smart=true&width=1200&height=800" alt="En el homenaje de 2023, los protagonistas del ciclo reconstruyeron imágenes, llevaron vestuarios y recrearon fragmentos de las coreografías montadas en los 80" height="800" width="1200"/><p>En Danza Abierta convergieron figuras consagradas y otras para las que el ciclo sería un hito. En las tres ediciones se cruzaron nombres como Margarita Bali, Ana Deutsch, Sandro Nunziata, Mónica Fracchia, Alejandro Cervera, Andrea Chinetti y Martín Miranda, Patricia Stokoe, María Fux, Paulina Ossona, el grupo Nucleodanza, Las Bay Biscuits —con Vivi Tellas y Fabiana Cantilo—, “y también jóvenes intérpretes que luego formarían Las Gambas al Ajillo, el Clú del Claun, el Parakultural y Mediomundo Varieté. En los ciclos ‘82 y ‘83 se sumaron Katya Aleman y Omar Chabán, que años después crearían la discoteca Cemento”, escribe Laura Chertkoff en un artículo sobre su investigación doctoral.</p><p>Y en otra nota, para <i>La Nación</i>, lo cuenta de esta forma: “Así fue como llegaron a compartir función la consagradísima María Fux y el acto inaugural de la primera planta espacial de las Bay Biscuits, <i>performers</i> fundamentales en la escena de los ‘80, entre las que estaban Vivi Tellas y Fabiana Cantilo. Cuenta la leyenda que esa noche estuvo entre el público un tal Charly García, que decidió invitarlas a ser teloneras de Serú Girán”.</p><p>“Danza Abierta tuvo la fuerza política de volver a reunir un campo disciplinario que estaba desgarrado. Porque en esos tres años que duró, de alguna manera lo que se logró fue reconstruir un tejido. Porque en realidad <b>el tejido comunitario es lo primero que una dictadura rompe</b>. (...) Creo que <b>el acto político tiene que ver justamente con esa recomposición del campo de la danza</b>. En donde además es muy importante decir que no se eligieron obras ni por su calidad ni por su categoría —me refiero a folklore, tango, danza contemporánea— sino que <b>estábamos todos juntos</b>. Creo que de alguna manera es ese el eco que yo recibo desde aquella Danza Abierta” —dice Tambutti sobre su curaduría del ciclo homenaje.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/J6RFYL6LXVET5LKNQT63FS4XQU.jpg?auth=de17d6fc8503fe05b6e3be971cfbdd04519b8ceeddd86ce6f7dc0f059b5f5e21&smart=true&width=1200&height=800" alt="Con la violencia y el terror como fondo de escenario los referentes de la danza contemporánea se unieron para crear algo nuevo: una sinergia en movimiento que hiciera frente a la censura   " height="800" width="1200"/><p>—Estábamos asustadas pero no era clandestino, para nada. Es más, había carteles, teníamos <i>flyers</i>, pósters en todos los estudios. Teníamos a la prensa detrás nuestro y se publicaba todo en Clarín. Teníamos mucho cuidado en la entrada sobre todo, pero éramos inofensivas en realidad porque la danza no tenía palabras —recuerda Mariana Szusterman.</p><p>—En tu vida personal, profesional y en tu trayectoria: ¿qué significó Danza Abierta?</p><p>—Fue como si yo fuera un proyectil y me lanzaran. Como un cohete. Porque pude presentar obras muy grandes y de ahí en más me animé a hacer cosas con 25 personas, una obra llamada <i>Los Huérfanos</i> que la presenté en el segundo Danza Abierta, y en el tercero fue un quinteto con el que salí elegida entre las mejores obras. El primer año no estaba todavía tan centrada en mis coreografías pero después sí, me animé e hice cosas muy grosas. Y tuve muy buenas críticas.</p><p>“Estas acciones de recuperación de la memoria fueron amplificando y fortaleciendo los recuerdos, a veces de manera planificada y muchas otras de modo espontáneo gracias a la poderosa memoria de los cuerpos”, escribe Laura Chertkoff y cita un fragmento de la entrevista con la coreógrafa y docente del Teatro Colón Silvia Kaehler, que participó de Danza Abierta: “‘La obra se llamaba <i>Campanas</i> y era con música de percusión, de Maurice Ohana. Empezaba en cuclillas. ¿Querés que te lo baile?’ —dijo y lo bailó desde la silla. Cuarenta años después recordaba ese solo y podía volver a bailarlo. La espalda se curvó como una enorme campana. Los brazos se movieron golpeando el silencio como un badajo”.</p><p>En el homenaje del 2023, en el cual Laura Chertkoff colaboró, María José Gabin abría el acto <i>Revisitando un corte en el eje del sol ‘83</i>: “Danza Abierta. La puerta aún más allá de la danza. Hoy estamos ella y yo, grupo, grupa, la bailarina vieja y la vieja bailarina para abrir la danza, danza, danza, danza. Danza”.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/TDBSOAYJGVBLNNX5VO22L54HFQ.jpg?auth=06851ae60c942b70219097fabe3448af2a940650386188e66f05958e96e50d57&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[(Fuente)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Las cartas de la guerra: la mujer que dedicó sus últimos años a intentar traducir secretos familiares escritos en polaco y en ídish]]></title><link>https://www.infobae.com/sociedad/2025/03/17/las-cartas-de-la-guerra-la-mujer-que-dedico-sus-ultimos-anos-a-intentar-traducir-secretos-familiares-escritos-en-polaco-y-en-idish/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/sociedad/2025/03/17/las-cartas-de-la-guerra-la-mujer-que-dedico-sus-ultimos-anos-a-intentar-traducir-secretos-familiares-escritos-en-polaco-y-en-idish/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[Parte de la familia de Sara Lichtenstein había migrado de Polonia hacia Uruguay y otra parte había quedado allí. Cuando de su pasado solo quedaba ese intercambio epistolar en un idioma que no entendía comenzó a buscar la manera de comprenderlas. Quizás así sabría qué había sido de ellos]]></description><pubDate>Mon, 17 Mar 2025 06:12:46 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/ZPGJWBRYRBGURF2KIIS23BSFQ4.jpg?auth=27fe9567e00937bd5919c47bfb145cf5be69be948d22714c264218576d817fd7&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Sara Lichtenstein con su hermana mayor, Rosa, su mamá, Feigen, y su papá, Jacobo, en el parque Rodó de Montevideo" height="1080" width="1920"/><p>Sara Lichtenstein era activista política, uruguaya. Fue miembro de la Juventud Comunista y del Partido Comunista de ese país. Apoyó la Revolución cubana, por la que <b>caminó desde Montevideo a Punta del Este en una peregrinación que duró diez días</b>, en enero de 1962.</p><p>Parte de su familia había llegado a Uruguay desde Polonia poco antes de la Segunda Guerra Mundial. Otros habían quedado ahí.</p><p>El primero en encontrarse con ese manto de agua parda, el Río de la Plata tendido sobre la arena montevideana, fue su tío, Salomón “Shloime” Jedlina. Era 1929. Para la guerra faltaba una década pero se sintió en peligro por sus ideas comunistas, compró dos pasajes, uno para él y otro para su novia, a quien finalmente dejó, y se fue.</p><p>Su hermana Feigen Jedlina —madre de Sara— con las mismas banderas que su hermano —judía, comunista— también perseguida, decidió utilizar el pasaje que había comprado Salomón para esa novia que no lo fue más y lo siguió. Llegó a Montevideo en 1932 desde Varsovia.</p><p>En este tramo los hermanos se enviaron cartas para contarse cómo estaban. Salomón quería que su hermana se le uniera para protegerla. Quería saber cómo se encontraba en la travesía del barco, quería tranquilizarla acerca de que el desarraigo iba a valer la pena. Pero todo esto <b>Sara no llegaría a saberlo antes de morir</b>.</p><p>Jacobo Lichtenstein —padre de Sara—, también había llegado a Montevideo desde Varsovia en 1929. Venía casado porque era una manera de salir más rápido de Polonia, pero al llegar disolvió ese matrimonio por conveniencia. Jacobo y Salomón eran colegas del trabajo textil. En 1932, cuando Feigen estaba recién llegada a Montevideo, su hermano organizó una cena e invitó a Jacobo. Así se conocieron. Aunque la relación demoraba en llegar a algún puerto.</p><p>—Feigen y Jacobo comienzan un vínculo, pero Jacobo no se declara y empiezan las habladurías. Feigen no entiende que Jacobo la acompañe siempre a su casa pero no le proponga nada. Entonces, lo cita en el murallón del barrio Sur de Montevideo y le dice que así no pueden seguir, que hay que formalizar. Jacobo le dice: “Qué suerte que hablaste, vamos a casarnos”. Se van a vivir juntos y años después se casan —cuenta Elbio Ferrario, exdirector del Centro Cultural y Museo de la Memoria de Montevideo (MUME), quien fue gran amigo de Sara y su hermana Rosa Lichtenstein Jedlina y guardó <b>su legado: las cartas de su familia.</b></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/74I3KM5CO5ECVMBV5GKWDKWY5U.jpg?auth=02878d151f943ebdf918925bb14d9400af65e7b3e45f6ffbca1a1f3607ff0687&smart=true&width=1920&height=3844" alt="Foto del pasaporte polaco de Feigen Jedlina, madre de Sara" height="3844" width="1920"/><p>Primero nació Rosa, el 17 de abril de 1934. Sara llegó casi una década después: el 20 de marzo de 1943.</p><p>Las dos hermanas —como su madre, como su tío— fueron militantes del Partido Comunista. Rosa se convirtió en arquitecta. Sara trabajó como administrativa en la fábrica textil de su padre. <b>Las dos fueron detenidas por la dictadura militar uruguaya el 10 de noviembre de 1975</b>, en el marco de la Operación Morgan, como llamaron los castrenses al operativo de represión y violencia que tenía como blanco principal al Partido Comunista de ese país y a la Unión de la Juventud Comunista, junto a otras organizaciones políticas.</p><p>—Sara estuvo prisionera en el “300 Carlos” o “Infierno grande”, centro clandestino de detención donde fue especialmente torturada por ser judía —en la espalda de su chaqueta le escribieron “judía”—, y luego en la cárcel de Punta Rieles, hasta el 22 de noviembre de 1978, cuando fue liberada y marchó al exilio en Cuba —cuenta Elbio.</p><p>A Rosa la habían liberado dos años antes, en agosto de 1976. Y se quedó en Montevideo trabajando como arquitecta en el sector privado.</p><p>Sara volvió del exilio en 1984 y comenzó a trabajar en una ONG que <b>se ocupaba de los presos y presas políticas</b>. Allí se encontró con el padre de Elbio Ferrario —Elbio entonces era también un preso político—. Y, muchos años después, gracias a Elbio, conocería a la artista Eugenia Bekeris.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/THDQYJU2BNA5FPEPA6XP75BEPA.jpg?auth=a3249241e652596c3c7e686bd9971d5e478449f9614091500bb4e2a92a4cc334&smart=true&width=1920&height=2897" alt="Carta enviada desde Montevideo, el 17 de mayo de 1932, escrita con pluma, para Feigen Jedlina, firmada por "Shloime" (Salomón), su hermano, tío de Sara
" height="2897" width="1920"/><p>***</p><p><i>Montevideo, día 17 de mayo de 1932.</i></p><p><i>Mi muy querida hermana.</i></p><p><i>Tu última carta postal la recibí ayer de tarde. Mi alegría fue indescriptible. Por fin viví este dichoso momento. Hoy de mañana te escribí una carta y te la mandé enseguida directamente al correo del barco. Ahora de noche te escribo este correo aéreo (...). De ambas quizás te llegue alguna.</i></p><p><i>En la carta ya te escribí que anoche estuve vagando, buscando un cuarto para nosotros. Ahora te puedo contar que hoy de tarde ya alquilé una vivienda y ahora de noche fui a comprar muebles. Todavía no los compré. Pero hasta tu llegada todo estará resuelto de la mejor manera.</i></p><p><i>Te espero con la mayor ansiedad. Quiero recibirte sana, corajuda y contenta.</i></p><p><i>Deja el extrañar en el camino y llega a mi dichosa.</i></p><p><i>(...)</i></p><p><i>Cómo te va sobre el barco. Qué impresiones tienes del viaje, como están mis queridos y cercanos. Ya voy a recibirlos de ti personalmente. Te voy a besar de corazón y no a través de papel. Que tengas salud y te espero al lado del barco.</i></p><p><i>Mando también una carta a casa por el correo del barco para que ellos no me olviden.</i></p><p><i>Tu hermano Shloime.</i></p><p>***</p><p>Eugenia Bekeris es dibujante y artista visual. Trabaja desde hace más de una década junto a Paula Doberti en un colectivo al que nombraron <a href="https://www.infobae.com/sociedad/2024/12/06/los-trazos-de-la-memoria-la-tarea-de-las-dibujantes-de-los-juicios-de-lesa-humanidad-para-estampar-un-testimonio-en-grafito-y-papel/" target="_blank">“Dibujos urgentes”</a>: retratan a querellantes, víctimas, y genocidas que comparecen y declaran sobre los crímenes de la última dictadura militar argentina. Son <b>las dibujantes de los juicios de lesa humanidad</b>.</p><p>Pero Eugenia, además, retrató a sobrevivientes del Holocausto, de la <i>Shoá</i>, que viven en la Argentina. Y, en 2013, reunió 18 de esos dibujos hechos en lápiz en una muestra que tituló “Negra leche del amanecer”. Fue invitada a exponerla en el Museo de la Memoria de Montevideo, el 20 de abril de ese año, con motivo del 70 aniversario del levantamiento del Gueto de Varsovia y de los 40 años del Golpe de Estado en Uruguay.</p><p>Al mismo evento fue invitada Sara Lichtenstein a exponer sus <b>cartas de la guerra</b>. En papel añejo, amarillento, con sus pliegues y dobleces, en letra negra o azul, en idish nítido, prolijo y elegante, <b>la correspondencia que había legado de su familia</b>. Un legado que era un misterio: ella desconocía los mensajes que había dentro, su contenido. Solo sabía que eran de la época del levantamiento del gueto. Que algunas de ellas venían de Białystok, esa ciudad ubicada a unos 180 kilómetros de la capital polaca que también fue gueto. Que fue campo de concentración. Que fue resistencia. Que fue cenizas. En 1943, los nazis deportaran y asesinaran a todos los judíos que quedaban allí.</p><p>En ese evento Eugenia conoció a Sara.</p><p>—Elbio había invitado a Sara a presentar estas cartas en idish en una vitrina en el marco de mi exposición. Y con mi video <i>El Secreto</i> [N. de la R. en el que Eugenia rinde homenaje a sus familiares asesinados por los nazis durante el Holocausto] hicimos un taller de reflexión con las ex presas políticas, que eran casi todas del Partido Comunista, y los sobrevivientes de la <i>Shoá</i> del Memorial de Montevideo. Fue muy emocionante compartir esta voz con este grupo tan diverso y tan cercano en definitiva. Y fue ahí que conocí a Sara. No recuerdo por qué motivos fue a buscarme al hotel y, en ese momento, nos hicimos amigas. Sentimos que éramos hermanas —dice Eugenia—. Ella era una ex presa política a la cual se le temía cuando estaba detenida porque mordía. Entonces advertían a la policía que tuviera cuidado con una alerta que decía: “Peligro, mujer que muerde”. ¡No puedo imaginármelo! Era un amor, una tipa divina.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/GN2XXZJEBVGCFBW2SKMVUCEP4Y.jpg?auth=dc9fecd35c444adf4801d52c96e90f8bef4033a7ad386cd6dbe6e1941aa7e390&smart=true&width=1920&height=1568" alt="Carta desde Varsovia fechada el 26 de julio de 1932,  escrita en ídish. Esta tiene cuatro escribientes. El segundo con fecha del 27 de julio de 1932. Fecha que también aparece escrita en polaco. Este texto aún está sin traducir" height="1568" width="1920"/><p>***</p><p><i>Montevideo, 17 de mayo de 1932.</i></p><p><i>Muy querida hermanita.</i></p><p><i>Feigele! Por fin mi sueño se convierte en un hecho. Después de un año de estar fuera de nuestro hogar voy a tener un hogar. Tú también te vas a beneficiar. Ayer todo el día mientras trabajaba hablaba contigo y cuando te pregunté cómo estás, cómo está mamá y papá se me llenaron los ojos de lágrimas…</i></p><p><i>Feiguele no te preocupes porque dejaste Polonia, porque dejaste tus amores para más tarde volver a verlos. Las lágrimas para mejores ocasiones. Tira la tristeza. El mar es grande. Déjalo en el camino y llega aquí nueva, contenta, viva. Vuelta a nacer. Y empieza una nueva vida. Feigale!</i></p><p><i>Yo estoy feliz. Yo me voy a preocupar por ti. ¡Me voy a atrever a llenar el vacío que quedó! Trataré para que estés contenta.</i></p><p><i>(...)</i></p><p><i>Hermanita: Hoy ya estás en el segundo día sobre el barco de acuerdo con lo que escribes. En el quinto, de acuerdo con nuestra información. ¿Cómo se viaja? ¿Cómo comes? ¿Tenés nuevos amigos? ¿Estás saludable?</i></p><p>***</p><p>Elbio Ferrario había nacido en una familia de izquierda, de clase media. Su padre, arquitecto y empleado bancario, había estudiado la carrera con Rosa Lichtenstein, la hermana mayor de Sara. Desde ahí las familias tenían vínculo.</p><p>Desde niño le habían fomentado el arte. A sus 14 años ingresó a la escuela de titiriteros del teatro El Galpón de Montevideo, que si bien era para adultos hizo una excepción para recibirlo. A los 15 ingresó a la Escuela Nacional de Bellas Artes de la Universidad de la República. Era una década efervescente y su adolescencia quedó envuelta “en la crisis social, política y económica de mediados de los años 60, y las grandes movilizaciones de obreros y estudiantes de 1968, 1969, 1970″, de las que participó “muy activamente junto a los estudiantes de artes”. La policía se lo llevó detenido en muchas oportunidades y, a sus 16 años, en 1968, <b>fue secuestrado</b> “por un escuadrón parapolicial que andaba detrás de los dirigentes estudiantiles”. “Nos interrogaron, castigaron y finalmente nos dejaron tirados”, recuerda Elbio.</p><p>Como sucedía en muchos otros países de Latinoamérica, la violencia estatal y los golpes de Estado con los que las dictaduras arrancaban los Gobiernos democráticos, llevaba a muchos jóvenes a unirse a diferentes agrupaciones armadas. En 1970, Ferrario ingresó, junto a su madre, al Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros. Poco después los detuvieron y arrestaron a ambos. Los próximos dos años sería apresado y liberado cíclicamente hasta que, en mayo de 1973, después de pasar casi un año en diferentes cuarteles siendo interrogado y torturado, fue recluido en la cárcel de Libertad hasta el 10 de diciembre de 1985, cuando fue liberado con la amnistía del gobierno democrático.</p><p>Antes de quedar en libertad, antes del final de la dictadura, Sara, que había regresado a Montevideo desde el exilio con la ONG que se ocupaba de los presos y presas políticas, se había reunido con familiares de los detenidos y detenidas entre los que estaba su padre.</p><p>—Después de que fui liberado compré casa casualmente a tres cuadras del apartamento donde vivían Sara y Rosa, así que éramos vecinos de barrio. Desde entonces nos veíamos esporádicamente —recuerda Elbio. Y cuenta que al salir de prisión retomó sus estudios secundarios, estudió arquitectura, siguió haciendo arte y volvió al teatro El Galpón—.</p><p>—Desde el teatro me vinculé con el grupo de Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos que nos pidieron ayuda para el desarrollo de la Marcha del Silencio de los 20 de mayo [N. de la R. es una movilización que se realiza ininterrumpidamente desde 1996 todos los 20 de mayo en Montevideo y diferentes puntos del interior de Uruguay para pedir que se esclarezcan las desapariciones y asesinatos impunes de la última dictadura militar uruguaya]. Como delegado de El Galpón integré la coordinadora de apoyo a Madres y Familiares y, en ese ámbito, surgió la propuesta de <b>crear un Museo de la Memoria</b>.</p><p>En 2005, con Uruguay gobernado por el Frente Amplio y Mauricio Rosencof —también extupamaro— como director de Cultura en Montevideo, esta propuesta no solo fue bien recibida sino que fue tomada como propia por la intendencia que, dos años después, en 2007, inauguraba el museo. Ferrario lo dirigió desde que abrió sus puertas hasta 2022, cuando se jubiló, al cumplir 70 años.</p><p>—Rosa murió en el 2010. Y Sara quedó sola en su casa. En algún momento, después de la muerte de Rosa, comenzó a hablarme de <b>las cartas de su familia polaca</b> que le habían llegado a su madre en Montevideo. También hay cartas dirigidas a Buenos Aires. Se ve que habiendo quedado sola, y sin familia, comenzó a preocuparse del destino de las cartas y me eligió a mí como depositario, por la amistad y la confianza que me tenía.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/LIPCPVDXTFBLNNWA24CKKZTCLQ.jpg?auth=41e109b971b95c401324efe2c83722dcd2395cf59144eaef3bb891dd1e63667f&smart=true&width=1920&height=1345" alt="Sobre de la Unión Soviética de la carta fechada el 17 de mayo de 1940. Anverso. Tiene matasello con fecha 20 de mayo del 40. Y matasello de Bialystok. La carta de ese sobre está escrita y firmada por "Josele" (José), hermano de Feigen, tanquista en la URSS. El sobre fue dirigido a Buenos Aires: calle Thames 1175/2.  Para Salomón Jedlina, hermano de Feigen, tío de Sara " height="1345" width="1920"/><p>***</p><p><i>Bialystok, 14-2-40</i></p><p><i>Mis queridos, Feigue, mi hermana, mi cuñado y la querida Rositele:</i></p><p><i>Después de tanto tiempo de no poder escribir nada por fin puedo mandarles una carta. (...) Les escribo en forma muy concreta porque ésta es una carta que irá por correo aéreo.</i></p><p><i>Entre nosotros, las casas no han sufrido (daños) por la guerra. En la casa de Jáiele resultaron destruidas las escaleras de los 2 pisos (…). Por ahora Yosef armó otras provisorias. Lo más importante es que todos nosotros y nuestros parientes cercanos viven y han salido completamente enteros de la breve pero estremecedora matanza.</i></p><p><i>En Bialystok también estamos yo –Leitzie-, la prima Peshe, Mendl y Yosef. Yosef salió de Varsovia 2 semanas antes que nosotros y llegó 6 semanas después; es decir que estuvo 8 semanas de viaje sin lograr pasar a este lado.</i></p><p><i>Ya todos estamos trabajando pero ninguno en su oficio. Estudio en una escuela secundaria obrera la lengua rusa. En cuanto a escribir, leer y comprender no me va mal; hablar ya es más difícil. (Pero) todo esto son tonterías.</i></p><p><i>¿Cómo estás, Feigue, de salud? ¿Ya te curaste los (…)? ¿Cómo anda Meier y cómo está vuestra hijita? ¿Ya es una linda dama?</i></p><p><i>(...)</i></p><p><i>Mientras tanto pensamos permanecer acá, en Bialystok, y en el verano ver si nos adentramos en la URSS o si nos quedamos acá. Ahí (la situación) está muy mal; todo el tiempo hay requisas y constantemente hay nuevas sorpresas. Todo está muy caro y el dinero no alcanza para nada. No sabemos qué va a pasar con los que se han quedado en Varsovia porque el camino (a Bialystrok) es muy difícil y cada vez se vuelve más difícil pasar aún (la frontera) para este lado.</i></p><p><i>Termino y te pido que no dilates la respuesta a esta carta y me escribas enseguida sobre todo y todos. (...) Que estén sanos, que vivan felices y que esta carta los encuentre sanos y de buen ánimo. (...) Yo les mando mis más cariñosos saludos y besos. Besos especiales para Rositele.</i></p><p><i>Su hermana, cuñada y tía</i></p><p><i>Leitzie</i></p><p>***</p><p>Algunos años después de la muerte de su hermana, Sara se enfermó de cáncer. Y compartió con Eugenia que deseaba <b>traducir las cartas de su familia</b>. Se las otorgó y Eugenia se las entregó, en Buenos Aires, a Perla Sneh —escritora, psicoanalista, investigadora, traductora literaria del ídish al castellano y vicepresidenta de la Fundación IWO (Instituto judío de investigación)—. Ella comenzó a hacerlo pero no pudo finalizar la tarea.</p><p>Entonces intentaron traducirlas con un académico catalán, David Blanquer, especializado en la transmisión de testimonios de sobrevivientes, que había editado varios libros y películas de la <i>Shoá</i>. Pero se quiso quedar con las cartas y llevárselas.</p><p>—Tuvimos una discusión. David se puso en contacto conmigo y luego con Sara y comenzó a pedir las cartas originales para traducirlas y publicarlas en una editorial de la Facultad de Catalunya. Su insistencia fue insoportable. Él quería viajar a Uruguay, a Montevideo, a llevarse las cartas. Finalmente las cartas las guardó Sara. Y se las entregó en custodia a Elbio. Siempre estaba la expectativa y la alegría cuando creía que tendría sus cartas traducidas.</p><p>***</p><p><i>Bialistok el 17/IX/1940:</i></p><p><i>Muy querida hermana Feigue, cuñado y querida Rositkele. Hace ya más de 18 meses que no sabemos absolutamente nada de ustedes. Shloime me escribió que tú recibiste mi carta, pero nosotros no recibimos respuesta. No sé qué pensar. Yo no puedo entender con qué tiene que ver este silencio. No te quiero responsabilizar porque la comunicación por correo no es normal, pero tú, de tu lado, debes escribir otra vez una carta. Tampoco en casa reciben cartas ni de tí ni de Shloime. Nosotros con la casa tenemos contactos a través de las distintas posibilidades del correo. Nosotros estamos en Bialistok. Trabajamos y estamos sanos. Cuando recibamos de ustedes una carta les vamos a contestar con una amplia carta sobre todos y todo. Escriban sin falta, sobre todos y sobre todo lo que sucede a ustedes. ¿Cómo vá la parnose (ingresos)? ¿Cómo estás Feigue con tu salud? ¿Cómo están Rositkele y su esposo? Que estén bien de salud y los saludo de corazón. Un especial saludo de tu prima Sole (¿?). ¿La recuerdas?</i></p><p><i>Vivan felices.</i></p><p><i>Vuestro</i></p><p><i>Leibl</i></p><p>***</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/DHMBDDUHMBCUNBIX564SRHQ7CA.jpg?auth=cfc0fa71c83194d3689a857aa616faf490cd09336450b55a9cdfa58d39c50008&smart=true&width=1920&height=1361" alt="Sara dibujada por Eugenia. La intervención de fotos fue hecha por Sara en el marco de una muestra de ex presas políticas uruguayas" height="1361" width="1920"/><p>En 2018, Eugenia y su compañera de equipo, Paula, fueron invitadas a Montevideo a dibujar a un grupo de ex presas políticas. Era marzo cuando viajaron a Uruguay para asistir al seminario “Terrorismo de Estado y Género”, organizado por el Museo de la Memoria de Montevideo, y fueron convocadas para dejar ese registro.</p><p>—Se nos acercó una mujer y nos pidió ser dibujada. Nos dijo: “No pude declarar en un juicio, pero quisiera que me dibujaran porque estuve detenida durante la dictadura”. Comenzamos a pensar entonces cómo y dónde podríamos realizar la tarea de dibujar a mujeres uruguayas, ex presas políticas. Por sugerencia de Elbio, entonces director del MUME, decidimos que llevaríamos a cabo nuestra tarea en los jardines del museo, un espacio amable, luminoso y apacible, absolutamente opuesto a una sala de audiencias de un tribunal —recuerda Eugenia.</p><p>Un año antes, en 2017, Bekeris había expuesto en el Museo de la Memoria uruguayo la muestra “Tu Mirada, retratos testimoniales intervenidos”. Eran retratos en lápiz de hijos y hermanos de personas desaparecidas, familiares de sobrevivientes de la <i>Shoá </i>y miembros de pueblos originarios: personas atravesadas por genocidios. La propuesta consistía en dibujar frente a ellos mientras escuchaba sus testimonios —como hacen en los juicios de lesa humanidad— y luego invitarlos a intervenir las hojas del dibujo como quisieran. Siguiendo esa línea, Elbio sugirió hacer algo similar con las expresas políticas uruguayas e invitarlas a dar sus testimonios e intervenir sus retratos luego de que Paula y Eugenia las dibujaran.</p><p>—Volvimos en octubre y dibujamos a <b>catorce expresas, denunciantes y testigos de delitos de lesa humanidad</b>. La propuesta desde el comienzo fue posibilitar que las mujeres retratadas intervinieran los dibujos con fotos, textos y los elementos significativos que cada una eligiese colocar —recuerda Eugenia.</p><p>Entre ellas faltaba Sara. Para esta época, ya peleaba contra un cáncer que la comía por dentro, se había mudado a una casa de salud donde la cuidaban.</p><p>—Se estaba despidiendo. Allí me reuní con ella algunas veces y le pedí que no dejara las cartas sin traducir en su casa. Recuerdo que una tarde fue a buscarlas. Y [cuando fuimos a dibujar a las expresas] le dije: “Vos tenés que estar presente en esta muestra”. Yo la retraté, fui a la casa de salud a dibujarla, tenía un enorme árbol en su jardín, almorzamos juntas, y allí nos vimos por última vez —recuerda con cariño, Eugenia.</p><p>—Yo la visitaba regularmente —dice Elbio— y ella me hablaba de sus padres y de su familia polaca que había quedado en el gueto de Varsovia y de algunos que habían logrado salir hacia otros lugares. Cuando falleció, en 2019, <b>me dejó en su testamento las cartas familiares</b>. Logré traducir con amigos las que están escritas en idish, que hablan de asuntos familiares, de la separación y de la dificultad de comunicarse. También hay otras escritas en polaco que aún no logré traducir. Sara me legó la responsabilidad de hacer la historia de las cartas.</p><p><br/></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/ZPGJWBRYRBGURF2KIIS23BSFQ4.jpg?auth=27fe9567e00937bd5919c47bfb145cf5be69be948d22714c264218576d817fd7&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"/></item><item><title><![CDATA[Aprendió a coser de niña, trabajó con diseñadores de la realeza y encontró su destino: Laura Noetinger, la mujer de los sombreros]]></title><link>https://www.infobae.com/historias/2025/03/16/aprendio-a-coser-de-nina-trabajo-con-disenadores-de-la-realeza-y-encontro-su-destino-laura-noetinger-la-mujer-de-los-sombreros/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/historias/2025/03/16/aprendio-a-coser-de-nina-trabajo-con-disenadores-de-la-realeza-y-encontro-su-destino-laura-noetinger-la-mujer-de-los-sombreros/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[Tenía cinco años cuando se sintió atraída por las telas y las costuras. Vivió en Nueva York, en Londres y, mientras criaba a sus hijos, aprendía con los mejores del mundo de la moda]]></description><pubDate>Sun, 16 Mar 2025 13:17:38 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/NY6KRIHLWZCYBKV2ETEXLMTZAI.jpg?auth=98eb5a5f52dcdf1e9dabe2390067f6c06b8a6556bad492b1565dcd6a6b2651ac&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Laura Noetinger vivía en Londres cuando descubrió el arte de la sombrerería, se anotó en una clase y dijo: "Esto es para mí"" height="1080" width="1920"/><p>De yute, de fieltro, de hojas de eucalipto, de tela de tapicería, de papel, de plástico, de disco de vinilo. Con plumas. Con mariposas. Con red. Con tul. Con sorbetes. Con piedras. Con flores.</p><p>Un sombrero de ala ancha con una cinta bordó y una enorme rosa a tono. Un tocado adornado con una trama de hojas de alambre pintadas a mano del color del otoño, como un árbol de la vida tensado. Un sombrero de rafia con formas rígidas. Un turbante de fieltro drapeado color canela, color abrigo de invierno. Una boina carmesí y visón con flores: un tapiz de silla, de sofá, transformado en un complemento delicado. Una vincha azul eléctrico con plumas y mariposas que parecen volar sobre ella, que hacen suspirar.</p><p><b>No hay límites</b>.</p><p>Cuando hay materia, inspiración y manos expertas, se produce la alquimia. La metamorfosis.</p><p>Cuando el sombrero terminado toca la cabeza de su humana, como si hubiese destellos de varita mágica flotando en el aire, se produce el encanto.</p><p>No es hada madrina. No hay hechizo.</p><p><b>Es arte</b>.</p><p>***</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/54S666FF4RDEPGTZS24V4DDHOU.jpg?auth=4359f6fd69ab6a6fcfd67ae5383bb1137fc223ef8a2ce3c6913d2319327fbdd1&smart=true&width=1920&height=2881" alt="Sombrero hecho con un disco de vinilo para la DJ Puli Demaría" height="2881" width="1920"/><p>A Laura Noetinger se la asocia a la reina de los Países Bajos. Es conocida —entre muchos otros motivos— por <b>haberle hecho accesorios para la cabeza a Máxima Zorreguieta</b>, pero ella se apura en aclarar que no es su sombrerera oficial, que quien sí lo es se llama Fabienne Delvigne y es una diseñadora belga, y que ella hizo un montón de cosas además de lo encargado por la reina. Aunque haber creado para ella significó, sin dudas, <b>un hito en su carrera</b>.</p><p>—Tocados. Porque es muy difícil hacer un sombrero a medida sin ver a la persona y probárselo.</p><p>La oportunidad de diseñar para una integrante del mundo de la realeza surgió en un momento entre el 2007 y el 2010 —no lo recuerda con exactitud— en un sitio del mundo de los plebeyos. Quizás en el rey de los sitios plebeyos: el supermercado.</p><p>—Me acuerdo de que me la encontré a Marina Lanusse, que es maquilladora, en un supermercado de Pacheco. Me dice: “¡Lauri! ¿Qué haces? ¡Tanto tiempo! Ay, sé que estás haciendo esto [sombreros, tocados]. Yo la maquillo a Máxima y viene en un par de semanas. Hacele algo de regalo y dame fotos para que le lleve y le muestre tu trabajo”. Supergenerosa —gracias, Marina Lanusse—. Y así fue. Le llevó, le gustó, me encargó. De hecho lo que me encargó, que me lo compró, lo usa un montón, un montón. Se lo he visto en varias oportunidades. Después le hice otras cosas que también usó, dos o tres cosas más.</p><p>***</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/LWWWK4756JELFDEGE4WI5GZWLA.jpg?auth=413ce9cd4e6b5f3136374747867ebc61a724cbb905fd9f7930e844ddb2b559f5&smart=true&width=1920&height=1440" alt="El showroom de Laura Noetinger, en Palermo" height="1440" width="1920"/><p>—A veces me hacen donaciones de sombreros <i>vintage</i> porque, qué pasa, como todo, la industria de la moda también, ¿viste que es de ciclos? <b>Todo vuelve</b>. Y yo agarro esos sombreros y los estudio. Y hay una cosa muy particular que es que la técnica de hacer sombreros es la misma desde el año 500, o no sé en qué año empezó. La primera sombrerera era la de María Antonieta, dicen, que era como su estilista, la que le hacía todos esos adornos en el pelo: Rose Bertin. Si vos sentás acá a un sombrerero del año 1500 va a tener las mismas herramientas que tengo yo. Hay materiales nuevos, de repente. Pero <b>las técnicas son las mismas</b>, es impresionante. Se moldea con vapor.</p><p>Laura Noetinger —57 años, melena y ojos castaños, blusa con diseños geométricos, delantal encima con estampa de plumas, entusiasmo arrollador— habla enérgica y apasionada de su trabajo. Mueve las manos, sonríe, muestra lo que tiene en el escritorio de su taller de Palermo: retazos de tela de diferentes géneros, tijeras de distintos tamaños, hilos, pegamento, centímetro, planchas, una máquina de coser, piedritas y mostacillas para bordar, unas plumas de pavo real.</p><p>—Nunca se debe poner el ojo del pavo real porque trae mala suerte —dice y muestra la parte más bella de la pluma, ese círculo azul francia con otro dentro que se asemeja a una pupila rodeado de marrones y verdes tornasol—. Hay una leyenda. Eso lo aprendí en Inglaterra. Una vez quise ponerlo porque tenía un sombrero con color al que esto le iba bárbaro y la profesora me dijo: “¡Ay, no, da mala suerte, ni se te ocurra! Usá los pelos” —recuerda y evoca el tono y el gesto displicente de la mujer inglesa—. Entonces yo uso los pelos de la pluma. Ahora tengo que hacer un tocado, justamente, con esto. Estas vinieron del campo, no sé, alguien me las regaló. La gente viene y me trae cosas, entonces de repente una persona que tiene pavos me manda. Tengo un ramo de plumas enorme ahí.</p><p>Habla de los materiales para hacer sombreros.</p><p>—El fieltro de lana, el fieltro de piel de conejo, tenés mezcla, tenés otros géneros que son exclusivos de la industria del sombrero que no se consiguen en Argentina y hay que comprar afuera. La rafia de decoración que se usa acá, la usamos para hacer sombreros y quedan divinos. Nos rebuscamos con lo que haya, ¿no? Pero <b>la gracia del sombrero es que sea liviano</b>, entonces uno tiene que tener cuidado con qué materiales usa porque imaginate tener algo pesado en la cabeza, es incomodísimo. Es un oficio muy milenario con diferentes materiales que han perdurado a lo largo del tiempo y otros nuevos que se han implementado. También uso plástico, como eso que tengo ahí que es un espantapalomas, como le digo yo, como un móvil.</p><p>Laura muestra una especie de colgante que pende de una repisa al lado de la ventana hecho de sorbetes de plástico negro que hizo para el diseñador que viste a celebridades, Fabián Zitta —y dice que de paso ahuyenta a las palomas—.</p><p>—Me dijo: “Quiero un tocado supermoderno para unas fotos”. Se me ocurrió esto que me encantó. Me dijo: “Sí, dale”. Entonces ellos envolvieron esto alrededor de la cabeza y quedó supermoderno. Y es divertido cuando se mueve porque adquiere diferentes formas. <b>A mí me encanta el arte</b>. Me encanta, me encanta, me encanta. A una DJ, Puli Demaría, para una fiesta, le hice un sombrero con un vinilo, le puse unos strasses, quedó super. O sea que <b>no hay límite en realidad para el material</b>.</p><p>Aunque quisiera hacer cosas como esas todo el tiempo, Laura dice que ya no vuela tanto: tiene que bajar a tierra porque “la clienta no te va a comprar eso para irse a Europa”. Si le encargaran más proyectos de ese estilo <b>Laura Noetinger podría ser algo así como la Marta Minujín de los sombreros</b>.</p><p>***</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/YVDHJXBB7JEOLJNQEXRUFCYZ5U.jpg?auth=f87ef8d1557a9c3ee56b93b2e95b6a2d200dc9c3dff2c6076953c9002289ea9a&smart=true&width=1920&height=1280" alt="Laura Noetinger con el diseñador argentino Fabián Zitta" height="1280" width="1920"/><p>Su taller —un departamento compacto de dos ambientes en Palermo— es una fiesta para cualquier persona que guste de probarse accesorios: el living, la cocina y el cuarto donde está su escritorio son un <i>collage </i>de sombreros de diferentes tamaños, estilos, materiales y géneros; tocados; cajas redondas, exagonales; maniquíes de cuellos largos con mucho <i>glamour</i>. En el cuarto al que se llega, donde podría haber un living, destaca un atril de madera que era de su madre con vinchas majestuosas, perlas, plumas, pétalos, brillo. Un mueble blanco y un estante más arriba en la pared principal muestran más opciones de complementos para la cabeza. Y arriba un cartel con su nombre, que es su marca: “<b>Laura Noetinger. Milliner</b>” (sombrerera).</p><p>—Esta es la cocina donde cocino sombreros —dice, mientras da un breve <i>tour</i> por su taller.</p><p>Solo faltan sombreros dentro de la heladera. El microondas está rodeado: al lado, encima, una horda de hormas, pero también <i>bowls</i>, cazuelas, todo lo que sirva para moldearlos.</p><p>—Tengo mis hormas que las fui coleccionando con el tiempo. Es muy difícil conseguirlas porque en nuestro país no hay industria de sombrero, entonces me las traje de afuera y fui incorporando algunas antiguas. También uso ensaladeras o cualquier cosa para hacer sombreros, nos adaptamos con todo.</p><p>Contra la heladera, un cuadro con la bandera de Inglaterra, donde Laura vivió y aprendió el oficio.</p><p>A los sombreros la condujeron las señales, esos indicios a los que siempre está atenta. Y su curiosidad insaciable, su creatividad infinita y su olfato para detectar una actividad que combinaba su amor por la costura y el arte con una buena idea de negocio.</p><p>***</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/7QWGVZSRQFCZTOTBYLMGCYSTWA.JPG?auth=81639213b60f2ca1bcbf728f50429c768eea11af90c6a1854b40780a0892daca&smart=true&width=1920&height=1920" alt="Valeria Mazza con un sombrero de Laura Noetinger" height="1920" width="1920"/><p>Al principio fue solo amor.</p><p>—Primero que nada soy costurera. Me encanta coser, siempre me gustó. En mi casa trabajaba una persona, María Elena —yo la adoraba—, que hacía de todo un poco, incluso los remiendos de la ropa cuando éramos chicos. Yo la veía a coser y decía: “Ay, quiero aprender”. Tenía cinco años. Y ella me empezó a traer trapitos que eran de su hija, que cosía. Me traía bolsas llenas, y me enseñó a coser. Me enseñó a agarrar la aguja, el hilo. Ella me inició.</p><p>Al comienzo fue la ropa para sus muñecas, después quiso hacerse la suya.</p><p>Porteña, con tres hermanos, el padre de Laura había muerto cuando todos eran pequeños —tenían entre tres y once años—. Con su madre deprimida tras esa muerte, viuda con cuatro niños, su abuela paterna asumió el rol de jefa de familia: fue quien los apuntaló para que salieran adelante. Y fue quien, cuando Laura tenía 15 y la vio lidiar con un molde de camisa que no terminaba de descifrar, le preguntó: “¿Laurita, querés aprender a coser de verdad?”.</p><p>—Entonces le dije, “Sí, obvio”. Y me dice: “Bueno, yo te voy a mandar a una profesora que es una especie de prima, una parienta nuestra”. Y ahí me mandó, junto con mi prima que tiene mi misma edad, a aprender a coser con Deborita Robredo —que fue modelo en la década del ‘60—. Estuve uno o dos años con ella, y yo feliz. Ella hacía el sistema Delego [N. de la R. un método de corte y medidas creado por Donato Delego, un diseñador italiano que fundó la Escuela de Diseño y Moda Donato Delego. Se adapta a cualquier tipo de prenda, brinda precisión y es reconocido internacionalmente] que yo creo que es el mejor sistema porque la ropa te queda impecable. Ahí aprendí y empecé a coser. Y la vida me llevó a New York, primero.</p><p>Lo que la llevó a La Gran Manzana fue el trabajo de su marido —ahora ex— en el sector financiero. Era 1996, estaba casada, embarazada de su primera hija, Milagros, y Nueva York se abría a sus pies. El primer año lo dedicó a la maternidad, a la crianza, pero cuando su hija cumplió uno comenzó a picarle la inquietud en el cuerpo.</p><p>—Dije: “Bueno, a ver qué puedo hacer en esta ciudad tan espectacular”. Y empecé a averiguar por cursos de moda. Una amiga que era voluntaria del MET — el Metropolitan Museum— me dijo: “Yo soy voluntaria y está buenísimo. ¿Querés trabajar en el MET?”. “Obvio. Sí”. Estuve un año de voluntaria, que fue lindísimo porque conocí un montón de gente, estaba adentro del museo, que es precioso —la galería del vestido que tiene es impresionante; aunque más impresionante es la de Londres—, y cuando había cualquier exhibición podía entrar antes que nadie. Yo estaba en el escritorio que brindaba información en español a la gente, no sobre las exposiciones sino que éramos cuatro o cinco que hablábamos diferentes idiomas y venían a preguntarnos: “Ay, ¿dónde está el baño?” —recuerda y ríe—. Principalmente eso, o dónde está la cafetería. Cuando empecé a decir: “Bueno, a ver qué hago ahora”, nos mudamos.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/BYJU3TXRIRFPRJCB3R7DEBNLF4.jpg?auth=732f8a79741fcfc64ff2d855c6b44552a4ee9ba946787b9acc11212f2b003640&smart=true&width=1920&height=2560" alt="Sombreros de papel para un desfile de la diseñadora Min Agostini realizado en el espacio de Marta Minujin del evento Designers BA " height="2560" width="1920"/><p>En el 98, nuevamente por el trabajo de su marido, llegaron a Londres. Laura viajó embarazada de su segundo hijo. A poco de llegar nació Lucas. De nuevo el proceso fue parecido, después de dedicar el primer tiempo a acomodarse al nuevo territorio, a ser madre de dos, cuando su segundo bebé tuvo un poco de autonomía quiso comenzar a hacer algo más, algo por fuera de la crianza.</p><p>—Yo estaba bastante en casa, pero dije: “Voy a buscarme algo para aprender a hacer que no me lleve tanto tiempo y no le robe tiempo a los chicos. Pero necesito explotar esta ciudad que es la ciudad de la costura, del diseño, del arte”. Y la lluvia no me podía importar menos. Hay mucha gente a la que Londres la tira abajo. A mí ni las nubes, ni la lluvia. Yo hacía de todo. Ahí empecé a hacer cursos de arte, de pintura, de dibujo, de escultura, de acuarela. Y también de costura, de diseño de modas, de sastrería, de alta costura, de bordado, de todos los bordados que te puedas imaginar. Muchos. Muchas clases las hice en Liberty, que en ese momento tenía una escuela de costura. Entonces tenía unos maestros increíbles.</p><p>En una de esas clases un sastre no dejaba de mirarla. Laura sentía el peso de su inspección “como una sombra” sobre su cabeza mientras aprendía a hacer un traje. Hasta que le preguntó: “<i>are you on the market?</i>” (“¿estás en el mercado?”). “Tu costura es perfecta. ¿Quién te enseñó?”. Le contó que había aprendido en Argentina y siguió con los cuarenta cursos que hacía. Tenía 32 años y estaba en el cielo. En su cielo. Hasta que se dio cuenta que estaba para volar un poco más alto.</p><p>—El entorno era increíble, ¿entendés? Porque <b>venía gente de todo el mundo a aprender a esos lugares</b>. Y estar en Liberty, que vos salías y tenías todas las telas, todos los avíos habidos y por haber, ese edificio que es impresionante. Pero llegó un momento que cuando él dijo: “Bueno, ahora vamos a aprender a pegar un cierre”, yo dije: “Ay, no. Yo hace 20 años que coso, cierres pongo de taquito. No puedo perder más tiempo en estos cursos que ya poco me enseñan. <b>Yo necesito hacer dos cosas: buscar un desafío y trabajar</b>”. Porque trabajando es donde más aprendés. Me acuerdo que me propuse eso. Y ese día vi unas hormas en Liberty, unas hormas de madera, y empecé a averiguar qué era eso. “Son para hacer sombreros”, me dijeron. Ay, dije, qué interesante. Ahí me picó el bichito.</p><p>Laura encontró cerca de su casa londinense un lugar para aprender sombrerería, “que dio la casualidad que era el mejor lugar para aprender”, en un instituto que enseñaba múltiples artes y destrezas, con docentes de gran nivel. No lo pensó demasiado: se anotó.</p><p>—Y fue entrar a esa clase y decir: “¡Guau!, <b>esto es para mí</b>”. Cuando empecé a aprender dije: “Esto es lo que estaba buscando”. Hacer algo nuevo, totalmente diferente, totalmente ajeno a mí, pero que implicaba la costura a mano, el hacer y la moda. <b>Lo artesanal y lo artístico</b>. Es como que <b>confluía todo en los sombreros</b>. Fue un camino de ida.</p><p>***</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/QEJQR3LTW5BK7DOVTSCZWPXL4M.jpg?auth=19bb4908e6e0a2f807e076e37812c58f834037da023fc68bbb49df0465b12ce3&smart=true&width=1920&height=2130" alt="Boina con telas de tapicería" height="2130" width="1920"/><p>Laura ya tenía algo de experiencia traída de Nueva York: sabía que los grandes museos necesitaban voluntarios hispanoparlantes. Mientras buscaba sus desafíos y aprendía más sobre costura y sombreros, con la meta de exprimir su vida en Londres, se anotó como voluntaria en el Victoria and Albert Museum, un destacado museo de arte decorativo donde van a aprender los estudiantes de moda que se convierten en los diseñadores más exquisitos del mundo.</p><p>Y algo se alineó: el instituto donde estudiaba sombrerería organizaba un concurso que proponía usar de inspiración <b>una obra de arte </b>de alguno de los museos que participaban —entre el que estaba el Victoria and Albert Museum— para crear otra mediante alguna de las destrezas manuales que se establecían. Si la obra era seleccionada podía ser expuesta en el museo donde estaba la pieza que había sido musa.</p><p>—”Esto es para mí”, dije. Y me inspiré en una lámpara, una araña gigante que cuelga en la entrada del museo, de un artista americano que se llama Dale Chihuly, que sopla vidrio. Es una lámpara de vidrio soplado en turquesa y verde. Que parece que tiene víboras. Dije: “<b>Yo voy a hacer un sombrero para esto</b>”.</p><p>Lo hizo. Presentó el proyecto, la ilustración y el sombrero. Puso en juego todo lo que había aprendido. El concurso fue para ella una especie de trabajo final, de tesis del curso de sombrerería. Lo eligieron y, ante la incredulidad llena de orgullo de sus amigas,<b> su sombrero se exhibió en el Victoria and Albert Museum.</b></p><p>—”Esto es una señal”, dije. “Esto me quiere decir algo. Yo me tengo que poner en serio con esto”. Más allá de todos los cursos que estaba haciendo, porque para esa altura, a la vez que empecé a hacer sombreros, le dije a mi primera maestra de sombrerería que mi sueño era trabajar con un diseñador inglés “porque yo quiero ver la industria desde adentro”. “Ay”, me dijo, “yo le hago sombreros a Bruce Oldfield. Si vos querés, yo le hablo y vas a verlo”.</p><p>Bruce Oldfield es un diseñador de moda de alta costura, británico, que viste a miembros de la realeza, viste a Camila, vistió a Lady Di. La determinación de Laura no se amedrentaba ante estas figuras: crecía. Su deseo era aprender de los mejores del mundo. Y ahí los tenía cerca.</p><p>Llevó fotos de su trabajo a la mano derecha de Oldfield y ella le ofreció sumarse a los pasantes que ya tenía el modisto.</p><p>—Le digo: “Encantada”. Me quedaba a tres cuadras de mi casa, imaginate. Dije: “Lo único es que yo puedo hacer horario de colegio. Puedo venir a las 9:00 y me tengo que ir a las 3:00 porque tengo que ir a buscar a los chicos”. Dejaba a los chicos en el colegio, iba a lo de Bruce. Así empecé a trabajar con él una vez por semana. Y aprendí muchísimo. Yo era su <i>hand finisher</i>, terminaba a mano los vestidos de alta costura. También hacía los <i>toiles</i> —cuando te prueban un vestido en una tela como de muestra para ajustarla y cuando está perfecto al cuerpo de la mujer se hace en la tela de verdad—, ayudaba al sastre, hacía de todo. Si tenía que ir a comprar alfileres, iba y compraba alfileres, no me importaba nada. Porque ir a comprar era aprender dónde se conseguían los insumos, todo tenía un valor.</p><p>Cuando el trabajo comenzó a desbordarla, a tres meses de haber empezado, pidió lo justo: que le pagaran. Bruce la contrató. En el sótano donde trabajaba con uno de los diseñadores de moda más exclusivos del mundo, Laura había encontrado otro cielo. Uno más alto.</p><p>Tenía su trabajo y su desafío. Mas no le bastó.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/TATNMSWQCFE2LNCVAPSF6VNI2A.jpg?auth=102587ac654bcfbf8681ed689e91697d238c0e2e7a7eb7800fba8412714bb923&smart=true&width=1920&height=1336" alt="Laura Noetinger con Jorge Ibáñez" height="1336" width="1920"/><p>—Y al mismo tiempo, en esa época, una amiga me dijo: “Lauri, me parece que en lo de Catherine Walker reciben voluntarios” —que Catherine Walker fue la que le cambió el <i>look</i> a Lady Diana, era su diseñadora. Bruce también la vistió pero Catherine Walker le hizo más cosas, eran como competencia entre ellos—. Y dije: “Bueno, me anoto”. Y me puse a trabajar en lo de Catherine en la parte de novias. Así que también aprendí un montón. <b>Trabajaba con los dos más importantes y aparte hacía los sombreros</b>, lo del museo. Hacía de todo.</p><p>Entre ese todo, en 2002, nació Mateo, su tercer hijo. Y en la consciencia de Laura seguía retumbando una voz que le decía que el camino estaba en los sombreros: “Laurita, ponete posta”.</p><p>Fue en 2004 cuando vio otra oportunidad para desplegar su diseño en este complemento y mostrarlo: un evento en la Embajada de Argentina que invitaba a “una noche de diseño y moda en Belgravia”, el barrio donde están las embajadas, que era su barrio. Buscaban diseñadores argentinos y ella se ofreció a participar. Puso una mesa en el evento con los sombreros que había hecho hasta ese momento. Las personas se volvieron locas. Fueron un <i>hit</i>.</p><p>—Y ahí dije: “Laura, dedicate a esto porque <b>es por acá</b>. Ya te pasó lo del museo, que fue una señal. Ahora esto. Entonces, me busqué una oficina de la municipalidad, cerca de mi casa, que quedaba a la vuelta del Harbour Club, que es donde iba a jugar al tenis Lady Diana y toda la <i>elite</i> de Londres. Y dije: “Estoy rebien ubicada. Es una señal”. Y ahí empecé a atender clientas.</p><p>Nunca paró.</p><p>***</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/ELODGFB4CJB4XGVSW3WMBM3RJQ.jpg?auth=f47d3a2db83df650591cef187e7424ba43772917a3ca296b34d0c016121792fe&smart=true&width=1920&height=2595" alt="Flor de la V "con mega sombrero inspiración McQueen", de Laura Noetinger " height="2595" width="1920"/><p>Habían pasado ocho años intensos en Londres. Cuando sus hijos tenían entre tres y siete años dijeron: “Es hora de volver”. Su idea siempre había sido regresar a la Argentina y querían hacerlo antes de que los niños echaran raíces.</p><p>Era 2006 cuando dejaron Inglaterra y volvieron a Buenos Aires. Su marido a un “supertrabajo” que le habían ofrecido, ella a empezar de nuevo. Con calles, museos, cielos y sótanos europeos exprimidos y experiencia de lujo en las valijas.</p><p>—Viste que igual la vida te lleva. Yo creo que hay señales y cosas que te dicen por dónde ir. Yo estoy muy alerta. No solo a lo artístico. Voy en la calle y observo todo, ¿viste? Miro las hojitas de los charcos, soy sensible a cosas que suceden. <b>Si vos estás atenta, tenés las respuestas</b>.</p><p>Se mudaron a un barrio cerrado en Pacheco, zona norte, y de la misma forma que en Londres, tocó puertas, mostró su trabajo a los mejores o a quienes podían conducirla a ellos, como la destacada <i>wedding planner</i> Bárbara Diez. Así, de trabajar con los diseñadores más importantes de Londres, comenzó a trabajar con los más importantes de Argentina: Fabián Zitta —de quien se hizo amiga—, Jorge Ibáñez, Pablo Ramírez, Laura Valenzuela.</p><p>—Bárbara [Diez] me ayudó muchísimo, que siempre lo digo porque estoy muy agradecida con la vida, con todas mis oportunidades, con todo lo que hice. Con las personas que me dieron una mano sin nada a cambio, ¿viste? Ella empezó a mirar mi álbum de fotos y me dijo: “No puedo creer lo que hacés. Es impresionante. Mándame un mail y yo te voy a mandar una lista de diseñadores para que los veas de mi parte”.</p><p>***</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/3MD2ONIVEBCQFE7FZP2RAI4SKM.jpg?auth=a4dec2e6ed19732d00f8e9451a471fa0dcefb768035cef8ebb6593d171316d10&smart=true&width=1920&height=2560" alt="Tocado de mariposas" height="2560" width="1920"/><p>Dice que dos de los momentos más destacados de su carrera fueron el sombrero que hizo para el concurso en Londres que pudo exponer en el Victoria and Albert Museum —”porque fue como un <i>starting point</i>, un momento clave en que decís ‘por acá tengo que ir”’—. Y haberle hecho tocados y complementos a <b>Máxima</b> —a quien conoció personalmente recién a fines del año pasado cuando se encontraron en un restaurante con amigas en común—. Que amó trabajar con Jorge Ibáñez. Que no siente que tenga muchas personas pendientes a quienes le gustaría hacerles sombreros porque con Máxima se llevó el premio mayor.</p><p>—Los sombrereros se matan por hacerle a alguien de la realeza. O sea, vos le hacés a alguien de la realeza y listo, ya estás realizada. Pero quizás a un artista, una Lady Gaga, una Madonna o, no sé, me hubiera gustado hacerle a Audrey Hepburn, que es como un ícono, o a Dita Von Teese, que me encanta. A ella me encantaría hacerle algo porque es muy sexy, es bailarina de burlesque, divina.</p><p>Dice que ama su trabajo y no se aburre jamás.</p><p>—Me levanto con alegría pensando ¡¿qué voy a hacer hoy?! ¡Yupi! —dice y se frota las manos como quien se prepara para hincar el diente en un plato jugoso—. ¡Tengo esto, esto, y esto! Y si no, hay tareas que hago cuando estoy medio dubitativa: me pongo a forrar vinchas, digo: “Tengo que hacer algo útil que pueda utilizar en momentos de apuro”, cuando venga una clienta a la que le tengo que probar rápido. No hay momento de zozobra.</p><p>Laura Noetinger pasa sus días vistiendo y adornando cabezas en Palermo con sombreros y complementos artesanales, hechos a manos, uno por uno, según la necesidad de las clientas: el casamiento de un hijo, un viaje a Europa, carreras en el exterior. Nunca le falta el trabajo aunque reconoce que, al ser un accesorio que en Argentina no se usa, a veces le toca persuadir, decirles que se prueben, que cuando se vean vestidas y maquilladas para la ocasión se van a sentir diferentes.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/4VRD5FHCMJFX7AA6VTJRQ7DZ74.jpg?auth=f7f1134de32c04cde3f0fb6ac8d7cfaf42757e4c378ef881302520a7a661851b&smart=true&width=1920&height=2343" alt="Laura Noetinger crea sombreros, complementos y enseña el arte de la sombrerería. Dice que ama su trabajo y no se aburre jamás" height="2343" width="1920"/><p>Además de hacer, en su taller, enseña. Tres veces por semana recibe a cuatro grupos de tres alumnas cada uno con quienes hace un trabajo de docencia personalizado y de quienes, también, aprende. Con quienes forma comunidad.</p><p>—Yo le enseño la misma técnica a todas mis alumnas y cada una hace su propio estilo. No nos pisamos entre nosotras. Cada una tiene su nicho que depende de su onda. Porque lo primero que te enseñan es: “<b>No te copies. Sé vos misma, sé auténtica</b>”. Es lo primero que les digo. Y es superlindo porque nos ayudamos un montón. De repente yo no puedo hacer algo y llamo a otra chica, nos pasamos los clientes, encontramos materiales, que es tan difícil. Tengo mis egresadas. Ahora tengo doce alumnas pero he criado un montón. Lo que sucede en la clase es que no se quieren ir. Tengo alumnas que hace cinco años que vienen; la pasan tan bien que quieren seguir viniendo.</p><p>Aunque pueda considerarse una sombrerera consagrada, su deseo de aprender, su curiosidad e inquietud siguen indemnes. A veces le pide a sus alumnas que tomen su lugar y den la clase para enseñar lo que ellas hacen —”entonces todas aprendemos de todas, es relindo”—. Hace poco hizo un curso de joyería y aunque concluyó que no era lo suyo, quería saber cómo se hacía.</p><p>Los sombreros siguen siendo la piedra filosofal de su vida. Ella dice que <b>tienen magia</b>.</p><p>—¿Sabés algo increíble que pasa con los sombreros cuando vienen las mujeres acá? Se transforman. Porque ver el sombrero apoyado en la mesa no es lo mismo que verlo puesto. Es como que toman vida cuando se los ponen en la cabeza; y ves a las mujeres transportadas a otra dimensión, a otro mundo, que se miran y dicen: “¡Guau!”. Los sombreros te hacen soñar, te elevan. Son mágicos.</p><p><br/></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/NY6KRIHLWZCYBKV2ETEXLMTZAI.jpg?auth=98eb5a5f52dcdf1e9dabe2390067f6c06b8a6556bad492b1565dcd6a6b2651ac&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[(Fuente)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[“Las chicas del Buenos Aires”: un documental recupera la historia de las primeras mujeres que ingresaron al Colegio Nacional]]></title><link>https://www.infobae.com/sociedad/2025/03/08/las-chicas-del-buenos-aires-un-documental-recupera-la-historia-de-las-primeras-mujeres-que-ingresaron-al-colegio-nacional/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/sociedad/2025/03/08/las-chicas-del-buenos-aires-un-documental-recupera-la-historia-de-las-primeras-mujeres-que-ingresaron-al-colegio-nacional/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[Hasta 1959 era una escuela de varones. Veinticinco mujeres iban a abrir el camino a tantas que vendrían después. Tres de ellas cuentan cómo fue dar esos pasos iniciales hacia la igualdad]]></description><pubDate>Sat, 08 Mar 2025 17:33:12 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/Q62CLOBPCBCSLJTGUUGD3U6DFY.jpeg?auth=e7dbd5393590323218c4412abeb59e11c58f75727e3b037fbde53701ae7de88d&smart=true&width=1920&height=1386" alt="Conducido por la periodista Marina Abiuso, el documental evoca cómo fue la incorporación de mujeres al Colegio Nacional de Buenos Aires a través de la mirada de tres graduadas de la primera promoción  " height="1386" width="1920"/><p>“El Colegio Nacional de Buenos Aires, uno de los más antiguos del país. Todavía lo pensamos como el colegio de los próceres, los padres de la patria, los Premios Nobel”.</p><p>La voz de la periodista Marina Abiuso se escucha mientras la mirada recorre las imágenes en la pantalla: las aulas, los pupitres, la escalinata, las columnas, la luz arremetiendo por los ventanales.</p><p>“Imaginá ahora 25 chicas, 12 y 13 años” —dice y el film muestra fotos en blanco y negro de un grupo de <b>exalumnos, varones de traje, mujeres de vestidos formales</b>, perlas al cuello, peinados cortos y vaporosos—. Están por cruzar las puertas para convertirse en las primeras alumnas del Nacional. No fue hace tanto, pero <b>ya son parte de la historia</b>”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/HIVNHRPBCZHI3FXHI2Q4WJANTA.jpeg?auth=30934b82a330afc10858cee97b0c9c9005ca4d9af948bbd15c7f512b3ef6fdf9&smart=true&width=1920&height=2660" alt="Hasta 1959 el Colegio Nacional de Buenos Aires había sido una escuela solo de varones. Ese año fue el primero en que a las mujeres se les permitió rendir el examen de ingreso y cursar en el edificio con sus compañeros" height="2660" width="1920"/><p>“¿Cómo es entrar con doce años a un lugar en el que no te esperan? Un lugar que no está ediliciamente preparado para darte un baño o un vestuario. ¿Qué vínculos se construyen con los otros: los adultos, los compañeros, las compañeras? ¿Qué idea hay sobre las mujeres en ese lugar?”.</p><p>Estas preguntas son algunas de las que se hicieron desde la Oficina de Graduados —el área del Buenos Aires que desarrolla las políticas para sus egresados— que dirige Diego García (promoción 2001) y coordina Flavia De Micheli (promoción 2007), guionista y productora del documental —en el que también trabajaron Lucía Bravo Lerner (promoción 2016), Florencia González Aragón y Manuel Fernández Lorea.</p><p>Todo comenzó <b>cuando relevando las respuestas de una encuesta de satisfacción</b> sobre un programa de orientación vocacional que realizan entre estudiantes y graduados, en el año 2022, descubrieron el mensaje de una mujer que decía que formaba parte de <b>la primera promoción de mujeres</b>.</p><p>—En lo personal fue muy sorprendente porque provengo de una familia de muchos egresados del Buenos Aires, entre los cuales se encuentra mi tía que terminó en 1968. Por eso, para mí, pensar en un colegio con mujeres siempre había sido lo natural. Me impactó darme cuenta de que, en verdad, esta historia era más reciente de lo que imaginaba. Desde hace varios años en la Oficina intentamos cambiar<b> “la imagen de bronce”</b> de los graduados del Buenos Aires, es decir, destacar que no solo pasaron próceres, Premios Nobel y varones encumbrados. Entendemos que somos una gran comunidad, de más de treinta mil nombres, con un vínculo positivo con el conocimiento, con un gran interés por la historia, el presente y el futuro de la institución y, sobre todo, con ganas de devolver. Y también, que en el Buenos Aires, como en todos lados, <b>hay historias que permanecen en el margen y que vale la pena traer al centro</b> —dice De Micheli.</p><p>Por ese motivo, al encontrarse con ese mensaje inesperado se contactó con su autora para saber más. Esta entrevista telefónica le reveló detalles sobre los primeros años de las mujeres en el Buenos Aires. Cuando a fines de 2023 planificaban el año siguiente, en el que la primera promoción de mujeres cumplía <b>60 años de graduadas</b>, decidieron hacerles un reconocimiento. Al comienzo, como funciona la escena pública hoy día, <b>fue un posteo en redes para el 8 de marzo</b>. Luego, una foto del brindis por el aniversario de egreso. El algoritmo le dio pulgar arriba: la repercusión de esas publicaciones superó la usual y así decidieron hacer una serie de entrevistas a algunas de las primeras graduadas para que contaran cómo vivieron su paso inaugural por el colegio emblema.</p><p>—La imagen que nos guiaba para iniciar la investigación era la de niñas ingresando a esa escuela-palacio que es el edificio del Colegio. En ese momento, tuvimos la idea y la gran suerte de poder incorporar a Marina Abiuso, también <b>egresada, periodista dedicada a temáticas de género</b>, que aportó todo su capital y experiencia para que pudiéramos ordenar estas ideas. Luego de las entrevistas, nos dimos cuenta de que teníamos mucho material y que había una diversidad de miradas que debían entrelazarse para construir un panorama completo —cuenta la productora y guionista.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/4T6IOAUYBBBSHNQYBQ262ZYAGI.jpeg?auth=63f900f44340da0d3c23df3a91ea535d59c95c3675f66fa7a4e31010aa435cc6&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Marina Abiuso con Marta Litter en el rodaje de "Las chicas del Buenos Aires". (Foto: Lucía Bravo Lerner)" height="1080" width="1920"/><p>María Cristina Richaud —licenciada en Psicología, doctora en Filosofía y Letras con orientación en Psicología, investigadora superior del CONICET— entra a un aula y escribe su nombre en el pizarrón. <b>“Yo prácticamente nací con esto porque mi abuelo materno, mi papá y mi tío paterno fueron al Buenos Aires, pero yo no iba a poder ir”</b>. “Ese año que yo tenía que entrar es que Escardó hace toda esa movida en la universidad”.</p><p>Marta Litter —doctora en Química, estadía postdoctoral en la Universidad de Arizona, investigadora superior del CONICET— recorre las filas de bancos, los toca. Escribe su nombre. “A mi papá y a mi mamá les avisó Florencio Escardó, que fue el que movió toda la entrada de las chicas al Nacional. Y, por supuesto, mis padres dijeron que sí, entonces si ellos consideraban que yo tenía que ir al Buenos Aires, fui al Buenos Aires, y con mucho gusto”.</p><p>Shila Petroni —profesora de Castellano, Literatura y Latín, escritora— dibuja su nombre con tiza en una cursiva delicada. “Y en la familia apareció esa noticia de que yo podía ir a un colegio, que era el Nacional Buenos Aires, y yo no tenía ni la menor idea de qué se trataba. Pero entre los adultos fue muy convulsionante la noticia”.</p><p>Florencio Escardó era mendocino, pediatra. Había cursado sus estudios secundarios en el Buenos Aires, se había convertido en médico en la UBA, graduándose en 1929. Hizo su especialización en Francia e Italia. Cuando volvió a la Argentina comenzó a trabajar en el Hospital de Niños Dr. Ricardo Gutiérrez. Por 45 años se desempeñó en diversos puestos y llegó a ser su director. Desde ese cargo introdujo una reforma en pos de mejorar la recuperación de los niños hospitalizados: las madres podrían internarse con sus hijos para ayudarlos a sanar desde el afecto y el amor. Hasta ese momento solo podían visitarlos en un rango de dos horas al día.</p><p>Escribió, publicó, enseñó, e introdujo cambios revolucionarios en distintas áreas de la medicina pediátrica. En 1958 fue decano de la Facultad de Medicina y luego fue elegido vicerrector de la Universidad de Buenos Aires, acompañando al rector Risieri Frondizi. Desde allí propuso e impulsó la iniciativa de volver mixtos el Colegio Nacional de Buenos Aires y la Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini, ambos dependientes de la UBA. “Todavía se me critica haber conseguido que las mujeres entraran en el Colegio Nacional de Buenos Aires y en el Carlos Pellegrini. Todavía me dicen: ‘Vos sos el que introdujo a las muchachas en los colegios’… (…). Me pareció monstruoso que las mujeres no estuvieran en el colegio. (…) Yo me acuerdo que, cuando se debatió mi ordenanza, un político dijo: ‘Hace cien años que no hay mujeres en los colegios’. Y Risieri Frondizi le contestó:<b> ‘¿Qué quiere?, ¿Qué la vergüenza siga un año más?’</b>”, recordaría Escardó varios años después.</p><p>María Cristina Richaud, Marta Litter y Shila Petroni fueron parte de ese grupo de 25 mujeres que, gracias a esa reforma, subieron por primera vez las escalinatas a diario, que recorrieron los pasillos y estudiaron en las aulas del opulento edificio que <b>hasta que ellas llegaron, en 1959, había sido una casa de varones</b>. Son ellas quienes van a narrar cómo fue ser parte de la primera camada de mujeres con la que el Buenos Aires comenzó a ser mixto. <b>Las primeras que rindieron el mismo examen de ingreso que debían dar todos los que deseaban entrar y lo aprobaron</b>. Las que, sin ser conscientes de eso, abrirían camino a tantas más.</p><p>Aunque, antes de ese momento, entre 1892 y 1907, el colegio ya registraba algunas graduadas.</p><p>—A las que nos referimos como “las libres” —dice De Micheli— porque pudieron rendir el examen final que les otorgó el título de bachiller pero no pudieron cursar. Entre ellas, Alicia Moreau (luego, de Justo), Ada Elflein, Adela Chertkoff. Muchas fueron <b>pioneras universitarias</b>. Es para destacar que gran parte de estos datos son aportes de las ingresantes de 1959, en colaboración con otras integrantes de las primeras promociones de mujeres del Colegio, como la historiadora Alicia Bernasconi que egresó en 1965 y mantiene un gran vínculo con algunas de las primeras que ingresaron.</p><p>Las primeras estudiantes se repartieron en dos turnos: 13 chicas a la mañana y 12 a la tarde. Eran <b>25 mujeres en un colegio de 1316 estudiantes varones</b>.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/W3HJZVRABZD2NPO4FCQM3DM3QY.jpeg?auth=895def62f5dab44975f78c8ca3b5d54b84848d240ea7f494ed99fda78c6adb58&smart=true&width=1920&height=2940" alt="Tapa del libro "Cincuenta años no es nada", escrito por la primera promoción de graduadas del Colegio Nacional de Buenos Aires" height="2940" width="1920"/><p>En 2009, las ingresantes del 59 escribieron un libro: <i>Cincuenta años no es nada. Las primeras chicas en el Buenos Aires</i>. Ese texto, que fue iniciativa de ellas, fue un material de consulta clave para la investigación del documental, que tuvo como uno de sus mayores desafíos seleccionar entrevistadas <b>que reflejaran diversidad </b>en su paso por el Colegio.</p><p>—El segundo gran desafío fue cambiar la óptica. En consulta con el Archivo Histórico del Colegio no solo descubrimos que las ingresantes fueron 25 sino que solo terminaron 17 de ellas, y que el diploma no hacía que esa experiencia fuera menos meritoria. De modo que ya no queríamos hablar de las egresadas de 1964 si no de las ingresantes de 1959 —cuenta De Micheli.</p><p>Qué impacto tuvo su incorporación al Colegio desde lo social, desde lo edilicio. Cómo debían ir vestidas, dónde iban al baño, qué rumores comenzaron a correr cuando ellas lo volvieron mixto. Qué hacían para divertirse, su participación en el coro que hasta entonces había tenido solo voces masculinas, la amistad con sus excompañeras y compañeros de curso. <b>De todo esto da cuenta el documental</b>.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/QEHUQCIIHZBY5P37NXJ35ALCAA.jpeg?auth=b17be086ecc1846e4f1fd3c0ad10a7fc8ef170026d6780b8976ec36f562d47c4&smart=true&width=1920&height=1299" alt="Las primeras 25 mujeres que ingresaron al Buenos Aires le abrirían camino a todas las que vinieron después" height="1299" width="1920"/><p>—¿Qué es lo que más destacaron las protagonistas, lo que más recordaban de haber sido las primeras?</p><p>—Todas destacan <b>no haber sido del todo conscientes de lo que atravesaron</b> y, en el mismo sentido, que no hubo reconocimiento institucional posterior —algo que durante muchas décadas no hubo— que diera cuenta de ese lugar. Mi hipótesis es que el libro de 2009 fue clave para ellas en términos de autorreconocimiento, de visibilización, de darse voz y de <b>construcción colectiva de una memoria</b>. Cada una tiene una entrada en la que cuenta su historia, todas aportaron materiales de sus archivos personales e incluso hicieron lugar para el recuerdo de las compañeras que ya no estaban. <b>El ingreso de las mujeres al CNBA fue una transformación para el Colegio</b> que puede parecer pequeña pero que, visto en perspectiva, <b>generó grandes cambios</b>, también para la universidad.</p><p>“Desde 1959 cada vez más mujeres se incorporaron al Buenos Aires. En el último examen de ingreso, y estrictamente por nota, entraron <b>la misma cantidad de chicos que de chicas</b>”, dice Marina Abiuso al cierre del documental.</p><p>Poco antes se escucha a Shila Petroni leer unas palabras, escritas para su aniversario de graduación: “Porque fui una niña inocente, asombrada por la enormidad del camino que emprendía aquella mañana de 1959. Y de pronto son 60 años en los códigos aprendidos y jamás abandonados, del tiempo que se fue y siempre está volviendo con el colegio. <b>Con esta reverencia incesante ante los libros, lo humano, el pensamiento y el amor”</b>.</p><p><br/></p><p><i>El documental “Las chicas del Buenos Aires” se puede ver </i><a href="https://www.youtube.com/watch?v=emtoDwtxVxI" target="_blank"><i>acá</i></a></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/Q62CLOBPCBCSLJTGUUGD3U6DFY.jpeg?auth=e7dbd5393590323218c4412abeb59e11c58f75727e3b037fbde53701ae7de88d&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1386" type="image/jpeg" height="1386" width="1920"/></item><item><title><![CDATA[A cinco años de que se confirmara el primer caso de covid-19 en Argentina: así se vivió el inicio de un virus que marcó al mundo]]></title><link>https://www.infobae.com/sociedad/2025/03/03/a-cinco-anos-de-que-se-confirmara-el-primer-caso-de-covid-19-en-argentina-asi-se-vivio-el-inicio-de-un-virus-que-marco-al-mundo/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/sociedad/2025/03/03/a-cinco-anos-de-que-se-confirmara-el-primer-caso-de-covid-19-en-argentina-asi-se-vivio-el-inicio-de-un-virus-que-marco-al-mundo/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[Qué decían los medios, cuáles eran los consejos de los profesionales de la salud, los protocolos, los miedos, lo que pasaba, lo que estaba por pasar ]]></description><pubDate>Mon, 03 Mar 2025 05:48:47 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/C4V6457WEFHMVO73UJ7AG5PK34.jpg?auth=d1e4cfd08797d2433a128340529aaf2c4c0f2899d7a542c4e76e346e69f023ac&smart=true&width=1920&height=1080" alt="El 3 de marzo de 2020 el entonces ministro de Salud de la Nación ,Ginés González García, junto a su par porteño, Fernán Quirós, y a la secretaria de acceso a la salud, Carla Vizzotti, brindaron una conferencia de prensa  que confirmaba la llegada del coronavirus a la Argentina. (Foto: Daniel Vides)" height="1080" width="1920"/><p>“Confirmaron el primer caso de coronavirus en la Argentina”. “Coronavirus: Argentina confirma su primer caso de covid-19″. “Primer caso de coronavirus en la Argentina: trasladaron al paciente a otra clínica”. “Coronavirus| Confirman el primer caso en la Argentina: es un hombre que viajó a Italia”. “Confirmaron el primer caso de coronavirus en Argentina: trasladaron el paciente a otra clínica”.</p><p>Estos titulares idénticos de los principales medios del país tienen la misma fecha: <b>3 de marzo de 2020</b>. Pese a que la Organización Mundial de la Salud había declarado una <b>emergencia de salud pública de relevancia internacional</b> el 30 de enero de ese año —condición que mantuvo hasta el 5 de mayo de 2023— hasta el 3 de marzo en Argentina aún reinaba una aparente normalidad. Toda a la que está acostumbrada este país. Aunque desde comienzos de 2020 había un runrún. Un murmullo que rodaba en el aire. Se veía en las noticias una nueva enfermedad muy contagiosa, aparentemente no demasiado grave salvo algunas excepciones —no quedaba del todo claro—. Una gripe, una neumonía, que se transmitía con facilidad. Que había empezado a circular en diciembre de 2019 en una ciudad china, desconocida para muchos, llamada Wuhan.</p><p>En el sur del mundo eran meses de viajes y vacaciones, y ya se instalaba cierto recelo con los turistas internacionales. El virus no era un asunto solo de China. A esta altura se sabía que se transmitía por las partículas de saliva que las personas excretan al toser, hablar o estornudar y que el covid ya había viajado de Asia a Europa. Ya aparecían en fotos y tomas de los medios de comunicación algunas personas con barbijo. Y en estas fronteras se miraba con desconfianza a quienes los usaban en la calle, en el transporte público. Mucho más a quienes los usaban en una guardia médica o institución de salud.</p><p>En las oficinas, en los negocios del barrio, en los asados del domingo, las conversaciones arribaban inevitablemente ahí. “Che, ¿viste lo del virus de China?”. “¿Qué es eso del coronavirus?”. “Está lejísimo, no va a llegar”. “No hay que ser paranoicos”. “Se muere más gente de gripe común en nuestro país”. “No va a pasar nada”. “¿Será?”.</p><p>Pero pasó.</p><p>Con el inicio oficial del año lectivo, académico, laboral, el 3 de marzo, llegó el virus. Nadie podía imaginarse que en pocos días más los ciudadanos argentinos —como ya sucedía con otros residentes del mundo— íbamos a sentirnos dentro de una película de ciencia ficción. El 11 de marzo de 2020, una semana después de que se confirmara el primer caso en el país, <b>el covid-19 se nombró pandemia</b>: las personas infectadas contabilizadas eran casi ciento veinte mil y las muertes más de cuatro mil en 114 países. El 20 de marzo de 2020 el expresidente Alberto Fernández estableció, mediante un Decreto de Necesidad y Urgencia, el <b>aislamiento social preventivo y obligatorio (aspo)</b>, es decir, el <b>inicio de la cuarentena</b>.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/BBJ24GYI65GWZCU5ZZGFWB4TW4.jpg?auth=27b5d516571cf718f90182f4eff7e54284269186b68610b55317a2b4943934a7&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Alberto Fernández anunció el inicio de la cuarentena obligatoria junto a los gobernadores Omar Perotti, Axel Kicillof, Gerardo Morales y el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta. (Foto:
Gustavo Gavotti)" height="1080" width="1920"/><p><b>“Tenemos el primer caso de coronavirus confirmado en el país”</b>, anunciaba Ginés González García, ministro de Salud de la Nación, en una conferencia de prensa convocada rápidamente, brindada junto a su par porteño, Fernán Quirós. “Es un paciente importado, que viene de Italia, estamos trabajando, como desde el primer día, cumpliendo con todos los protocolos”.</p><p>Las conferencias de prensa de Alberto Fernández, Ginés González y la secretaria de Acceso a la Salud, Carla Vizzotti, que anunciaban hasta cuándo se extendería la cuarentena, cuántos contagios, cuántos muertos y para dónde iba la curva según los días de encierro todavía no eran “el plan” a esperar con pochoclo y pan de masa madre recién aprendida en medio de un encierro desesperado.</p><p>El expresidente todavía no había llegado a la cúspide de la buena prensa que ganó por tomar medidas rápidas al inicio de la pandemia y después perdió hasta la humillación, hasta el escarnio, hasta el harakiri, por la fiesta de Olivos, por el vacunatorio VIP, por la acefalía política y, bastante después, por la denuncia de violencia de género de parte de su expareja.</p><p>Todavía no se había desatado la guerra fría de las vacunas y el <i>expertise</i> repentino de buena parte de la población respecto a los laboratorios científicos internacionales que las fabrican. Los falsos rumores. Los anti-vacuna. Los anti-esavacuna. La curiosidad acerca de cuál iba a tocar y cuál era el deseo de que tocara. Que la rusa, la yanqui o la china. Depende de qué lado de la grieta o de la ideología la persona estuviera. Que las contraindicaciones. Los efectos. La desinformación. Las leyendas urbanas.</p><p>Nada extraño para unos poquitos meses en Argentina.</p><p>Todavía no.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/56NR6UOP65A5DIDUP7GS23JTZU.jpg?auth=1ec3b67b92ec57722dca1ecf8917c956ca3a86d6ba001f684a8d2bff4fd96b5c&smart=true&width=1920&height=1291" alt="Las calles vacías fueron la postal de la Ciudad de Buenos Aires en el primer día de la cuarentena obligatoria dispuesta por el Gobierno nacional para evitar el incremento de casos de covid-19. (Foto: Victoria Egurza. TELAM) " height="1291" width="1920"/><p>La primera persona con diagnóstico de covid-19 en el país era un hombre de 43 años que había viajado a Europa, había recorrido ciudades de Italia y España y volado de regreso en primera clase. No había tenido contacto con demasiadas personas en el vuelo. También se supo que vivía solo.</p><p>A poco de aterrizar en Ezeiza, el 1 de marzo, el viajero fue a una guardia médica porque tenía<b> fiebre, tos y dolor de garganta. Los primeros signos de alerta</b>, para esta fecha, conocidos por la población mundial. Los que comenzaban a ser antesala del miedo. Luego fue aislado bajo la supervisión de trabajadores de la salud y quedó internado en la clínica Suizo Argentina. La Administración Nacional de Laboratorios e Institutos de Salud (ANLIS) “Dr. Carlos Malbrán”, había hecho los análisis y, “en menos de 24 horas, se obtuvieron los resultados confirmatorios”, informaba un comunicado de la cartera de Salud nacional.</p><p>“Fue aislado rápidamente, se le tomaron muestras y no estuvo en contacto con nadie en la sala de espera”, tranquilizaba Fernán Quirós en la conferencia. Y agregaba que la posibilidad de haber contagiado a otros era baja “porque el paciente no tuvo contacto social desde que llegó a Buenos Aires. Vive solo y muy rápidamente se presentó ante los síntomas”. “Hay una cuestión de miedo en la sociedad que está sobreactuada. Entiendo que nadie esté tranquilo pero es una enfermedad que en la mayoría de los casos no requiere internación, que todavía no la tenemos acá, que vamos a luchar para que no se disemine. Vamos a tratar de que no se generalice”, decía González García.</p><p><b>El viajero estaba bien</b>. Había actuado de forma responsable. No había tenido contacto con más personas. La Argentina aún estaba bien de covid. Aunque no por mucho tiempo.</p><p>“Se implementó el protocolo y fue aislado preventivamente. El 2 [de marzo] ingresó al Malbrán y hoy al mediodía teníamos la confirmación. Un caso importado no cambia lo que venimos haciendo. Sigue siendo una etapa de contención en la Argentina”, decía la secretaria de Acceso a la Salud, Carla Vizzotti, también presente en la conferencia de prensa junto a González García y a Quirós.</p><p>“La seguridad del paciente y de todo su entorno se encuentran absolutamente garantizadas”, explicaban a través de un comunicado desde el Swiss Medical Group.</p><p>El protocolo —otro de los conceptos que iba a empezar a ser de uso cotidiano, como <b>el lavado de manos,</b> <b>el alcohol en gel, mantener distancia, el tapabocas</b>— ante estos casos indicaba que se activara una búsqueda de los posibles contactos con el contagiado en cuestión para analizarlos y, si fuera necesario, también aislarlos. En este caso, se buscó a los pasajeros que habían estado cerca en el vuelo. “La Ciudad se contactará con ellos y les hará estudios de control y los pondrá en aislamiento”, agregaba Quirós. Y ponía una línea telefónica —la 147— a disposición por consultas o síntomas, junto con “boti”, el chat de Whatsapp de la Ciudad, que adquiriría mayor fama a fines de ese año y al siguiente, cuando comenzó la campaña de vacunación.</p><p>El 3 de marzo de 2020 Italia contaba 2263 infectados, 79 fallecidos. España había confirmado el primer muerto y 151 contagiados. En el mundo había más de 90000 personas con el virus y más de 3000 fallecidos en 73 países. Y la Argentina se convertía, luego de algunas falsas alarmas —más de 35 casos sospechosos habían arrojado resultados negativos—, después de Ecuador y Brasil, en <b>el tercer país de la región con un caso confirmado de SARS-CoV-2</b>.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/PCNQBQ2NZ5AVVN33GW5UDOA4S4.jpg?auth=2f532230e81fec365780b163ed0cba1e6adb1aa3c2e1860649f54eab9d2c1080&smart=true&width=800&height=555" alt="Trabajadores de la salud en un centro de pruebas para el covid-19, en Buenos Aires. (Foto: Agustín Marcarian. REUTERS)" height="555" width="800"/><p>Al 3 de marzo se sabía que el virus tenía hasta 14 días de incubación. Que se contagiaba al toser o estornudar, cuando las partículas de saliva alcanzaban a otro, o cuando se cubría la boca y la nariz con la mano y luego se tocaba alguna superficie dejando las partículas allí. Se creía que si alguien estornudaba, por ejemplo, cerca de una baranda del transporte público y luego otra persona se agarraba y se pasaba la mano por la cara, se contagiaba. Aunque después se diría que era poco probable que el contagio se produjera de esa manera.</p><p>La recomendación entonces —y durante toda la pandemia— era lavarse frecuentemente las manos, con agua y jabón —los instructivos para hacerlo exhaustivamente comenzarían a aparecer donde se mirara: en publicidades oficiales, en medios, en negocios, en oficinas, en la vía pública— o desinfectarse con alcohol en gel y evitar tocarse la cara. También se recomendaba limpiar con frecuencia las superficies más usadas como picaportes, celulares.</p><p>En ese momento, <b>el uso de barbijo de manera indiscriminada estaba contraindicado </b>—esto duraría poco tiempo—. Los profesionales decían que llevarlo brindaba una falsa sensación de seguridad y protección y se corría el riesgo de descuidar las medidas de higiene esenciales, como estornudar o toser en el pliegue del codo, no tocarse la cara, los ojos. Otra acción que solía potenciarse con el barbijo para acomodarlo.</p><p>El 3 de marzo se creía eso.</p><p>Menos de 20 días después la cuarentena obligatoria sacudiría la vida de los residentes argentinos. Grandes, medianos, pequeños, recién llegados. Se cancelarían vuelos, ciudadanos de vacaciones quedarían varados, se agotaría el alcohol en gel en farmacias y supermercados y muchos de quienes conservaban <i>stock</i> se aprovecharían y lo cobrarían carísimo. Nos lavaríamos las manos hasta agrietarlas. Comenzarían a verse imágenes escalofriantes de la pandemia alrededor del mundo: muertos en la calle, cremaciones en serie, hospitales saturados, médicos desbordados. Profesionales de la salud que para atender debían ponerse trajes como si fueran a cubrirse de una lluvia ácida.</p><p>Cualquier actividad mínima de la vida cotidiana pasaría a ser un desafío feroz: para salir a comprar pan había que pertrecharse con barbijo, máscara sobre el barbijo, algunos llevaban guantes, repelente —porque también había dengue y no fuera a ser cosa—, no olvidar el alcohol en gel; y apenas se tocaba cualquier superficie desinfectarse de inmediato. Caminar con miedo, repitiendo siempre el mantra: <b>“No te toques la cara, no te toques la cara, no te toques la cara”.</b></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/MWMTBA4AEEWKJ7PGF5NQQUW7JM.jpg?auth=5e8012c6a4d8f24d7851ee3cf1addd9840471b47b4308dd7d7eb2f7f34316909&smart=true&width=800&height=519" alt="Un trabajador sanitario inyecta una dosis de la vacuna Sputnik V en un centro de vacunación contra el covid-19 en Buenos Aires. (Foto: Agustín Marcarian. REUTERS)" height="519" width="800"/><p>La plataforma Zoom pasaría a ser la forma de comunicación con el mundo por excelencia: trabajaríamos por zoom, compartiríamos con seres queridos por Zoom, celebraríamos Zoomples, se harían velorios por Zoom. Cursos, seminarios, clases, gimnasia, yoga, cocina, mindfulness, casamientos, duelos, primeras citas, últimas citas. Recitales. Obras de teatro. Todo pasaría a través de Zoom.</p><p>Podríamos hacer salidas esporádicas, “recreativas”, por turnos según la terminación en el DNI. Cerrarían negocios, se hundirían pymes, se perderían fuentes de trabajo, habría más emprendimientos, se popularizaría aún más la compra por internet. Las <i>apps</i> de <i>delivery</i> trabajarían más que nunca en su servicio de mensajería: enviaríamos obsequios de cumpleaños, día de la madre, del padre, de la niñez, sorpresas, a las casas de los que extrañábamos.</p><p>Las tareas de cuidado se intensificarían al infinito, puertas adentro, 24x7. Las madres y padres serían también maestras y maestros, orquestadores de absolutamente toda la vida de sus niños y niñas.</p><p>Haríamos equilibrio al bajar una escalera para no tomarmos de la baranda. Tocaríamos los botones del ascensor con un palito.</p><p>Dejaríamos el calzado en la puerta de casa. Nos cambiaríamos al entrar de la calle si logramos salir. Nos quitaríamos toda la ropa y bañaríamos de inmediato después de una consulta médica.</p><p><b>Los médicos serían los héroes de todos los días</b>, los que no podían quedarse en sus casas para cuidarse. Los que se exponían para cuidar a todos. Se organizarían aplausos en la ciudad para agradecerles. Y aún así, personas que temían enfermar repudiarían tenerlos de vecinos.</p><p>Tener fiebre, tos o dolor de garganta era pensar que podías morir. Temer que se contagiaran seres queridos dentro de los grupos de riesgo o que se deprimieran por la soledad y el aislamiento. No poder visitar ni cuidar a los enfermos. No poder despedirse de los que se habían contagiado y estaban graves. Ayudar a los mayores de 60. Cuidar a los niños pequeños. Hacerles entender lo que sucedía. Temer por su desarrollo. Temer Por la salud mental de todos. Temer si estabas embarazada. O si acababas de parir. Temer temer temer temer temer.</p><p>Hasta que <b>llegó la vacuna</b>. Llegaron las vacunas y con ellas la luz de salida de la vida demencial que la pandemia había instalado.</p><p>La cuarentena obligatoria en Argentina duró 234 días: desde el viernes 20 de marzo hasta el lunes 9 de noviembre —aunque para esta fecha todo se había flexibilizado un poco y las restricciones variaron mucho en las diferentes provincias—. Originalmente, el confinamiento iba a regir hasta el 31 de marzo. Ante la situación mundial se extendió seis veces. El 9 de noviembre Alberto Fernández confirmó el final del aislamiento social preventivo y obligatiorio (aspo) y el inicio del distanciamiento social preventivo y obligatorio (dispo). Comenzaba <b>“la nueva normalidad”</b>.</p><p>La pandemia dejaría diez millones de contagiados. Ciento treinta mil muertos. Incontables secuelas físicas y psicológicas en la población mundial.</p><p>Pero todavía no. Al 3 de marzo nada de esto había pasado. El 3 de marzo, hace cinco años, esto apenas comenzaba.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/C4V6457WEFHMVO73UJ7AG5PK34.jpg?auth=d1e4cfd08797d2433a128340529aaf2c4c0f2899d7a542c4e76e346e69f023ac&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[zzzznacg2NOTICIAS ARGENTINAS BAIRES MARZO 3 El ministro de Salud Ginés Mario González García junto a su par porteño, Fernán González Bernaldo de Quirós, y a Carla Vizzotti, secretaria de acceso a la salud durante la conferencia de prensa que ofrecieron hoy referida al primer caso de corona virus en Argentina. FOTO NA DANIEL VIDES pl zzzz]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Helmut Ditsch lo hizo de nuevo: vendió una obra del Perito Moreno por más de un millón y medio de euros y rompió su propia marca]]></title><link>https://www.infobae.com/sociedad/2025/02/26/helmut-ditsch-lo-hizo-de-nuevo-vendio-una-obra-del-perito-moreno-por-mas-de-un-millon-y-medio-de-euros-y-rompio-su-propia-marca/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/sociedad/2025/02/26/helmut-ditsch-lo-hizo-de-nuevo-vendio-una-obra-del-perito-moreno-por-mas-de-un-millon-y-medio-de-euros-y-rompio-su-propia-marca/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[El artista que bate récords por el tamaño y el precio de sus cuadros salió de un claustro de siete años y habla sobre su vida, su trayectoria y su proceso creativo]]></description><pubDate>Wed, 26 Feb 2025 06:29:55 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/2KGTCCIC7BHLXJEJSOZX3WDI2M.jpg?auth=7cf4bf9ed20573df4f2b79b73f7e5f33dff958860091af3ecb0a8879565c735a&smart=true&width=1920&height=1081" alt="Una de sus obras inspiradas en el glaciar Perito Moreno fue vendida a más de un millón y medio de euros" height="1081" width="1920"/><p>Oír e intentar pronunciar correctamente su nombre y apellido, Helmut Ditsch. Verlo, en un video, en fotografías: pelo largo y lacio, rubio casi plateado. Hombros anchos. Barba, bigote. Porte de vikingo. Resulta más cercano a un integrante de la Casa Targaryen —<i>Game of Thrones</i> y secuelas— que a un bonaerense del partido de San Martín. Y sin embargo.</p><p>Un video de Ditsch inmerso en su trabajo, reproduciendo en una tela de dimensión monumental el Glaciar Perito Moreno. La expresión fundida entre la sensibilidad y el pincel que acaricia los témpanos helados con sus azules infinitos, blancos etéreos. El paisaje, el fin de la Tierra en él. Él en la tela.</p><p>Si su nombre y su aspecto desorientan respecto a sus orígenes, su arte, al que dedica su vida, no admite dudas: el Glaciar Perito Moreno, el Río de la Plata, el Salar Grande, el Volcán Lanín. La sublime inabarcabilidad de la naturaleza argentina forma gran parte de su obra. <b>La mitad de ella comprada por más de cinco millones de euros, un hito sin precedentes para un artista nacional</b>.</p><p>Ese, además de sus pinturas hiperrealistas, hipergigantes, es el hecho por el que es conocido mundialmente: Helmut Ditsch es el artista argentino que más caro ha vendido su trabajo. La primera vez que batió ese récord fue en 2010: <i>El Mar II</i>, inspirada en el Océano Atlántico, fue vendida por 865.000 dólares. En 2016 se superó a sí mismo y vendió <i>Cosmigonón</i>, obra inspirada en el Perito Moreno, a 1,5 millones de dólares. <b>Marca que acaba de volver a romper</b>.</p><p>En 2024, otra obra inspirada en la masa de hielo más deslumbrante del fin del mundo <b>fue vendida por 1.615.900 euros</b>. Trazando un nuevo récord para el arte nacional. El comprador fue HPH Privatstiftung (Hans Peter Haselsteiner Fundación Privada), una fundación del propietario de Strabag, una de las empresas constructora más importante de Europa, con base en Viena.</p><p>Esta fundación —que posee una colección de arte compuesta por 8.000 obras bajo el concepto de mecenazgo— se asoció con Helmut Ditsch comprando, además, un porcentaje del resto de sus obras que suman un 49%, quedándose el artista con el 51% y el derecho a venderlas cuando y a quién lo considere, compartiendo con el inversor las ganancias que correspondan. Este hecho, sumado a la obra vendida que instala nueva marca, da una inversión total de 5.560.000 euros por parte de la HPH Privatstiftung en obras de Helmut Ditsch.</p><p>La noticia se encontraba oculta por respeto al período personal de encierro en el que volcó toda su energía a lo que será su primera película, un largometraje dedicado a la memoria de su madre, Inge, y a la de su esposa, Marion, y su debut en el séptimo arte. Un claustro que acaba de romper en este diálogo para <i>Infobae</i> en el que repasa su trayectoria, sus motivaciones y da detalles de su proceso creativo.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/2EROVLZTJRCFXAWMBYSHE3TKGM.jpg?auth=88235c300b0f73208505bccfee8b1dd80374c070c325b91ba07aac0ea2ecd911&smart=true&width=1920&height=2546" alt="Vivió en Argentina hasta los 25 años, cuando se fue de Buenos Aires a Viena a estudiar Bellas Artes y montó allí su primer atelier" height="2546" width="1920"/><p>Helmut Ditsch nació en 1962. Aunque nació en Argentina, por sus venas corre sangre europea.</p><p>—Mis cuatro abuelos emigraron después de la Primera Guerra Mundial. Eran adolescentes en los años 20, cuando vinieron de Austria y Alemania. Mis padres nacieron en Buenos Aires y yo también. Mis hermanos y yo fuimos criados como bilingües, en alemán y castellano, conscientes de que <b>a través del lenguaje se transmite la cultura</b>. Mis abuelos se asentaron, junto a muchas otras familias alemanas, en Villa Ballester donde hasta los años 70 se encontraban las escuelas alemanas y el club deportivo alemán más importante de América —cuenta Ditsch.</p><p>Su infancia y adolescencia fueron el deporte y la cultura. Compitió en atletismo y natación en la Sociedad Alemana de Gimnasia de Villa Ballester (SAGVB). Asistió con frecuencia al Teatro Colón donde su padre, Walter, tenía un palco. Ambas disciplinas convergerían en los cimientos de Helmut, un proceso casi alquímico para el artista.</p><p>—Fue aquel misticismo que vivencié nadando miles de metros y sumergiéndome en las grandes óperas de Richard Wagner junto a las excelentes puestas en escena que ofrecía el Teatro Colón <b>lo que marcó el rumbo de mi vida</b>. No podía separar el deporte del arte, ni sentía que el deporte fuera ajeno al arte, al contrario, ¡eran sinérgicos!</p><p>Dice que no hubo un hito en particular en su vida que haya disparado el comienzo de su expresión artística, que para él, pintar era parte del mismo juego que es cantar, bailar, actuar. Y lo sigue siendo. Pero sí hubo un hecho que lo atravesó como una lanza maciza, profunda. Cuando tenía siete años apenas cumplidos, dos hermanos más pequeños, su madre, Inge, de 33, murió. “De ahí en más<b> todo cobró mayor peso, mayor distancia, mayor altura, mayor color, mayor melodía y mayor palabra no dicha. </b>Todo parecía estar, el cielo y el mar, pero nada, nada era igual desde su gran ausencia”.</p><p>Ese hecho, que él define como “acontecimientos del destino”, fue determinante en el devenir de su expresión artística. Lo que lo llevó “a <b>escalar altas cumbres en busca de respuestas</b>”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/BQ7NIMGYMBH33FJEDXZNQHYDRA.jpg?auth=205b88fb3412d12626c3c8c2d2c1c8017152fbf52c8d16ed59a9fe6b3fd9ef8b&smart=true&width=1920&height=1150" alt="Aunque su nombre y su aspecto desorientan respecto a su origen, en sus pinturas no quedan dudas: los elegidos para sus cuadros son algunos de los puntos naturales más majestuosos de la Argentina" height="1150" width="1920"/><p>Un arcoíris vaporoso coronando el manto pardo y ondeante del Río de la Plata, surcando un cielo de nubes plomizas que se abren para dar paso al atardecer. La tierra craquelada, abrupta, seca, que parece extenderse al infinito en ese punto de la Cordillera de los Andes que separa —¿o une?— Argentina y Chile, La Puna de Atacama. La majestuosidad irreverente del Glaciar Perito Moreno. El misterio inacabable de la montaña, de un volcán.</p><p>Los sitios elegidos por el pintor para sus obras no son solo algunos de los puntos más encomiables de la Argentina, son aquellos donde la inmensidad de la naturaleza parece caer como el pie de un gigante sobre el ego del hombre. Donde los seres humanos se dan cuenta de que no reinan siquiera entre los límites descascarados de sus propias vidas. Donde se manifiestan los bordes de lo inconcebible.</p><p>Para llevarlos a la tela, primero, los hizo carne. Escaló las cumbres, se perdió entre los picos gélidos, se sumergió aguas adentro. Así funciona su proceso creativo: se los apropia. Vive en ellos. Se vuelve parte. Los mete dentro de sí. Luego puede verterlos en el lienzo.</p><p>—<b>Pinto lo que conozco, lo que llevo en mis entrañas, lo que logré apropiarme</b>, en el sentido de Heidegger, hacer de una experiencia algo propio. Por eso necesité nadar primero para entender qué era el agua. Una vez que me apropiaba de la vivencia, que el mar se convertía en parte de mí, podía pintarlo. Lo mismo con las montañas, primero necesité escalarlas, apropiarme de esa experiencia, ser parte de la montaña. Pero para asimilar esas vivencias, que en parte fueron extremas, necesité tiempo. Tiempo para decantarlas y traducirlas en una pintura. A veces hasta diez años. El montañismo, al igual que la natación, fue un camino místico para entender lo que no tenía explicación. <b>El amor y la muerte no tienen respuestas</b>, solo sentimientos, y esos sentimientos a veces los podía expresar pintando o haciendo una canción pero otras veces necesité volver al mar, al vientre cósmico de la vida, y <b>sentir el poder de la naturaleza</b>, al igual que lo sentí en las altas cumbres. Mis paisajes son autorretratos de mi alma y mi vida.</p><p>—¿Cómo es la experiencia en la naturaleza cuando estás ahí?, ¿buscás algo en particular, te dejás fluir?</p><p>—Siempre que pinté naturaleza pinté mis sentimientos y siempre pinté un horizonte que albergaba todo aquello que añoraba. En muchas de mis obras ese horizonte está detrás de las montañas, no se ve pero se percibe. <b>Los paisajes que elegí siempre fueron aquellos que representaban mi cosmovisión y mi estado anímico</b>, nunca fui un paisajista que retrata un lugar determinado. El Glaciar Perito Moreno no es una postal turística, es mucho más que eso, es mi indescriptible asombro y entusiasmo por <b>la maravillosa belleza que nos regala nuestro planeta</b>, es un símbolo de lo más preciado que tenemos y debemos cuidar.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/2KLSMNVOCJCDTJNPPWAEHSGFMM.jpg?auth=1116efd4ec5d7e13db2a269847f4b9231e5707071e5c4f13c704401b2b7b462f&smart=true&width=1920&height=1918" alt="La música es para Ditsch indisociable de la pintura: "No puedo separar los colores de los tonos musicales. Cada color tiene una frecuencia de luz que encuentra su homóloga en la escala tonal"" height="1918" width="1920"/><p>Ditsch vivió en Buenos Aires hasta sus 25 años, momento en el que emigró a Viena y empezó a estudiar en la Academia de Bellas Artes. Allí instaló su atelier. Con el comienzo del nuevo milenio, en el 2001, instaló otro también en Dublín. Y desde 2012 tiene uno en Vaduz, capital del Principado de Liechtenstein —un pequeño Estado ubicado entre Suiza y Austria— pero conserva su atelier en Viena.</p><p>—Siempre tuve dos lugares para trabajar. Cuando me cansaba en uno me iba al otro y así fue que jamás me tomé vacaciones —cuenta.</p><p>Aunque su carrera iba en ascenso, fue en 2010, cuando batió su primer récord de ventas, que las miradas del mundo fueron sobre él.</p><p>Ditsch atribuye su éxito a su decisión determinante de ser artista independiente.</p><p>—Es decir, no entrar al mercado secundario, que es el circuito de galerías, cosa que en 1988, sin internet y sin redes, era muy riesgoso, ya que debía hacer mi camino donde no había ninguno. Tampoco era mi meta tener éxito económico, <b>solo quería ser feliz y preferí la libertad</b>. Además, viví una experiencia en la montaña, en plena naturaleza, que me marcó. Fue cuando volvía de escalar el cerro Tolosa, en Mendoza, por el Glaciar del hombre cojo. Debíamos atravesar una pared de hielo muy riesgosa, donde no nos podíamos asegurar, cualquier error hubiera significado la muerte. Eso me ayudó mucho a la hora de emprender mi camino en Europa: “Si pude con esa pared también podré sortear los obstáculos que se me presenten”, así pensé al comienzo de mi carrera y lo sigo pensando ahora. Simplemente cumplí mis metas de realizarme en libertad sin pensar en generar dinero, tal vez sea esa una de las causas [del éxito], <b>haber tenido un objetivo superior a lo material</b>.</p><p>También destaca algo no menor sobre su devenir de batidor de récords de ventas: en torno a su obra se formaron <b>mecenas</b> dispuestos a comprarlas por grandes cifras.</p><p>—No eran meros coleccionistas sino fans y mecenas en el sentido renacentista del mecenazgo. Entre ellos, el más importante de Austria, Hans Peter Haselsteiner, que hoy tiene una colección privada de más de 8000 obras de arte contemporáneo incluyendo muchas de mis obras más importantes. Esa relación directa con el mecenas me permitió beneficiarme del 100% de las ventas además de fortalecer mi independencia y convertirme en empresario, tal cual lo eran Durero, Leonardo, Miguel Angel, Rembrandt. Prácticamente todos los artistas de renombre, antes de la Revolución industrial, fueron empresarios.</p><p>Asegura que saberse el artista argentino mejor pagado no lo hace sentir especial, sino que le reafirma que no se equivocó al tomar el camino del arte independiente, con libertad de elección, de acción. Que eso es lo que más lo complace.</p><p><br/></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/5OQDPWQIVFBLRAY4OCKEJ2H5HM.jpg?auth=bd568a3a1f654e5bbb293ef50be9e8a4faf718717cf072eeb345a8d50048d1b3&smart=true&width=1920&height=1433" alt="El Río de la Plata protagoniza otro de sus grandes cuadros" height="1433" width="1920"/><p>Así como señala que para él deporte y arte no eran disciplinas aisladas en su infancia, sino que lograban sinergia, Helmut exploró otros caminos creativos que, insiste, no considera materias divergentes: hizo diseño automotor, de indumentaria, composición musical, elaboró vinos, y acaba de terminar su primera película —que quizás se estrene este año— en la que pasó por muchos roles desde la dirección hasta la actuación.</p><p>—Todas mis formas de expresión tienen el mismo motor y si bien hablamos de distintas disciplinas yo las veo unificadas, están en el mismo universo que yo percibo y están impulsadas por la misma pasión y la misma necesidad. Tengo una mirada renacentista del arte y la ciencia. <b>No puedo separar los colores de los tonos musicales. </b>Cada color tiene una frecuencia de luz que encuentra su homóloga en la escala tonal. Por eso necesité un piano para tocar la música que veía, esos azules que pintaba solo los encontraba en el piano y no en un violín que tiene todos tonos amarillos. Además <b>tengo algo así como lo que se llama oído absoluto y mirada absoluta</b>, es decir que puedo registrar con exactitud la frecuencia de un color y volver a recrearlo meses o años más tarde. Ese fenómeno se llama <b>sinestesia</b>. Así tampoco puedo separar el arte de la ciencia y la técnica. No podría sobrevivir sin música pero tampoco sin mirar las estrellas, sin interiorizarme en la astrofísica, sin intentar entender al universo, descubrir que hay una sinfonía ahí en el espacio, que la música, la pintura, la poesía, tienen la misma esencia que ese maravilloso universo que nos rodea. <b>Todo es frecuencia, todo son ondas, todo está relacionado entre sí, el aparente caos es un orden</b>.</p><p>Esta mirada del mundo, esta forma de percibir lo que lo rodea y sus dones en la manera de hacerlo, impulsaron a Helmut a crear cosas impensadas, sin estudios especializados en las diferentes materias. En su infancia, dice, también jugaba con el diseño de autos, motos e indumentaria. De adulto, su estrecha relación con la naturaleza lo llevó a analizar “la eficiencia de los animales y las máquinas”.</p><p>—Descubrí que existía en el diseño una relación directa con la belleza: más eficiencia requería de más belleza. Un ejemplo simple es el tiburón y, en el mundo de las máquinas, el Concorde, que atribuye su belleza y elegancia pura y exclusivamente a su eficiencia en velocidad. Eso me llevó a diseñar un auto sport prototipo para Le Mans, sin conocimientos académicos de aerodinámica, simplemente con mi conocimiento sobre la relación entre las formas y la eficiencia. Desarrollé (a mano alzada) una carrocería que fue probada en Alemania por ingenieros aerodinámicos de Formula 1 - Le Mans y dio en la primera prueba de viento una eficiencia de casi el 100%. Los ingenieros no me creían que jamás había estudiado aerodinámica y yo no podía creer el resultado. Esto originó un proyecto muy ambicioso que quedó trunco, como muchos otros proyectos, al fallecer mi esposa, Marion, en el 2009.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/FBP2ZP3IVFHUBNDQGZUQBS6RSM.jpg?auth=22c9d0a53eb13f70ae3b5cd13a57f5359ceab8a1eba6b5e99067844c22b353eb&smart=true&width=1920&height=1280" alt="Para pintar los sitios de la naturaleza primero necesita hacerlos propios. Por eso escaló altas cumbres, se sumergió en aguas profundas, vivió en el hielo. Experiencias que también fueron una búsqueda de respuestas a lo inexplicable: el amor, la muerte " height="1280" width="1920"/><p>De niño, de adulto, las muertes de las mujeres de su vida fueron para Helmut una estocada seca. Necesitó diez años para atravesar el duelo de Marion en el que dejó de pintar casi por completo. En el que encontró refugio solo en la música, en el agua: “Lo único que me hacía sentir protegido, como si sintiera el abrazo de mi madre”.</p><p>El encierro de los últimos años y la producción de su primer film fue para Ditsch “un viaje de introspección” que lo ayudó a ponerle fin a ese proceso.</p><p>Quizás por las raíces alemanas, quizás por la necesidad de encontrarle algún sentido a la vida y a la muerte, quizás solo por curiosidad, por el placer de leer, de pensar y ensanchar más su mirada profunda, la filosofía, los pensadores alemanes, ocupan un lugar importante en su trabajo.</p><p>—Friedrich Nietzsche dice “el arte es filosofía aplicada” —responde Ditsch a la pregunta del vínculo entre el arte y la filosofía en su obra.</p><p>Y va más allá.</p><p>Frente a su entendimiento del mundo actual, a su comprensión sensible de las políticas dominantes, de la IA y el riesgo climático, asegura “que Nietzsche está más vigente que nunca”.</p><p>—No solamente por la manipulación dogmática sin precedentes que provoca la adicción a las redes sociales, sino por el deterioro ético que provoca la epidemia narcisista del <i>selfie</i> y la idiotez explícita. Si Nietzsche viera el estado de la humanidad hoy, reescribiría su <i>Ecce Homo</i> y haría un Zarathustra más impecable y pesimista. Su <i>Übermensch</i>, el suprahumano, seguiría siendo el sentido de nuestro planeta pero estaría mucho más lejos de alcanzar. <b>Nuestra chance de sobrevivir como humanidad está en el arte y no en el avance exponencial tecnológico,</b> el suprahumano de Nietzsche es el artista.</p><p><br/></p><p><br/></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/2KGTCCIC7BHLXJEJSOZX3WDI2M.jpg?auth=7cf4bf9ed20573df4f2b79b73f7e5f33dff958860091af3ecb0a8879565c735a&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1081" type="image/jpeg" height="1081" width="1920"/></item><item><title><![CDATA[Una familia diezmada por el antisemitismo, un abuelo que ganó la lotería, una tía abuela víctima de trata: la historia de los Wolowski]]></title><link>https://www.infobae.com/historias/2025/02/25/una-familia-diezmada-por-el-antisemitismo-un-abuelo-que-gano-la-loteria-una-tia-abuela-victima-de-trata-la-historia-de-los-wolowski/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/historias/2025/02/25/una-familia-diezmada-por-el-antisemitismo-un-abuelo-que-gano-la-loteria-una-tia-abuela-victima-de-trata-la-historia-de-los-wolowski/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[Dos hermanos que se reencuentran cuatro décadas después de la guerra. Sus nietos que lo hacen 30 años después del primer reencuentro. Búsquedas, hallazgos, descubrimientos y secretos que crecieron en el mismo árbol genealógico]]></description><pubDate>Tue, 25 Feb 2025 05:47:27 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/S4CZEPMHDVEJVDQEAPVSRSWQGA.jpg?auth=210e24f8b804803a60327bbc5fb96402cd8de95ad192f2befedb8ec25dc2fda0&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Familia Wolowski. Arriba, en la punta, a la izquierda: David, Doba y su hijo, Abram " height="1080" width="1920"/><p>Era el año 2001. A la casa de Claudia Wolowski, en Capital Federal, llegó el correo. Internet todavía era una novedad. Había <i>e-mail</i>, algunas salas de chat, pero nada reemplazaba al cartero aún —ese entrañable portador de buenas y malas noticias— y la forma de comunicación que hasta ese segundo milenio de la mayoría del mundo había sido la manera de unir puntos divergentes del planeta.</p><p>—<b>Recibo una carta en mi casa</b>, la leo y dice: “Mi nombre es Justin Buttler, tengo 30 años, vengo a pasar seis meses a la Argentina para mejorar mi español. Sé que tengo familia en la Argentina porque mi abuelo me lo dijo y estoy tratando de localizarla. Si usted se siente identificado en alguna de las fotos que adjunto, por favor, contáctese a este teléfono”. Cuando miro las fotos estoy yo, mi hermana, mi mamá, mi papá, mis tíos. Fue un <i>shock</i>.</p><p>Justin Buttler, nacido en Gran Bretaña, llegó a la Argentina antes de diciembre de 2001, antes de que el presidente desapareciera en helicóptero. Antes de empaparse de la argentinidad al palo, lo que haría rápidamente en su estadía en el sur del mundo. Pidió una guía telefónica, esa que <b>por su tamaño servía como base de televisores o pata de muebles cojos</b>, y empezó a buscar aquello por lo que había venido, lo que más quería además de pulir el idioma.</p><p>—El pibe vino, agarró la guía de toda la Argentina, buscó Wolowskis por todos lados y mandó la carta a once con el mismo apellido. Y me halló. A mí y a otros que no eran, que por ahí se escribían diferente. <b>Y nos encontramos nuevamente. Fue como reeditar la historia de mis abuelos.</b></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/ZYVIPP34GZELJJJWCCZUGRVQEE.jpg?auth=a6bdb9a2b0852b52bded8c10973e90d9e5e2740ae84333dfc132320b1f683304&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Claudia y Justin, hace días, en el obelisco, más de 20 años después de su primer encuentro" height="1080" width="1920"/><h2>Los abuelos David y Doba</h2><p>—Mirá, es así. A mí siempre me interesó la historia de nuestros antepasados, nuestros abuelos. Mi papá era polaco, yo soy primera generación de argentinos de mi familia, porque mi papá nació en Polonia y vino con mis abuelos cuando tenía dos años. De hecho, mi marido también, el abuelo de mi marido que para él era un personaje muy importante vino de Polonia y a él le gusta mucho, sabe mucho del Holocausto. Entonces en el 2019, 2020, justo antes de la pandemia, hicimos un viaje a Polonia y fuimos a los pueblos de cada familia. Yo fui al pueblo de mi papá y después fuimos al pueblo de su abuelo.</p><p>Claudia Wolowski —analista de sistemas, productora artística y audiovisual, pelo amarillo, ojos de agua— habla y se interrumpe. Comienza la historia, pausa, piensa un segundo y vuelve a empezar por otro lado. Por otra parte que conduce a otra. Como si se colgara de lianas enredadas en diferentes árboles en las que se balancea y se desplaza para unir las ramas que van dibujando su historia familiar. Como un libro del tipo<b> “elige tu propia aventura” </b>en el que se puede empezar por diferentes capítulos para armar la narración. Como un film contado desde la perspectiva de cada uno de los personajes que terminan uniéndose al final, como abriendo ventanas emergentes, sembrando cabos sueltos que al final atará. Así narra la historia de su familia, <b>la historia de los Wolowski.</b></p><p>Una que nadie le contó de forma ordenada sino que ella intenta armar así, fragmentada, recogiendo las piezas de un rompecabezas que fue encontrando a lo largo de su vida a partir de las historias que rondaban en su casa y la de sus abuelos, las que escuchaba desde su infancia. Trozos que empezó a unir y adquirieron otro sentido a partir del <b>reencuentro con su primo segundo Justin Buttler</b>, hallazgo clave en su vida. Y que, como dice ella, de algún modo vino a repetir la historia de <b>sus abuelos.</b></p><p>Sus abuelos. Por ahí puede empezar.</p><p>Los abuelos paternos de Claudia y su papá eran de Węgrów, un pueblo al este de Polonia, a unos 100 kilómetros de Varsovia. Allí, varios años antes de que comenzara la Segunda Guerra Mundial y ese país se convirtiera en un infierno para los judíos, la discriminación y persecución a las personas de esa comunidad ya era frecuente. Los Wolowski no vivían bien: eran pobres, eran perseguidos. Tuvieron una oportunidad de venir a la Argentina en 1926 y decidieron probar suerte.</p><p>—Mi abuelo, David, vino con mi abuela y mi papá. Era gente muy pero muy humilde. Hace poco me enteré de que su papá había sido carpintero y él tomó esa profesión acá en Argentina. Era como un artesano de la carpintería.</p><p><b>La oportunidad por la que pudieron venir no es un detalle</b>. Llegaron porque un desconocido que, a su pesar, se convertiría en familia, les ofreció dinero para los pasajes. Esta ventana emergente podría ser una historia aparte.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/4ISNTIT7TVGBRG4D6M2WOIZWIE.jpg?auth=766353363dbed77a125fdb7443f9b993bdb4edf2bc32e1ca4b2bdcfee72636d4&smart=true&width=1920&height=3394" alt="Acta de casamiento de David Wolowski y Doba Aszer   " height="3394" width="1920"/><h2>La tía abuela víctima de la Zwi Migdal</h2><p>Doba, la mujer de David, abuela paterna de Claudia, tenía una hermana de la que Claudia no sabe ni el nombre [N. de la R: a raíz de la entrevista para esta nota pudo averiguar que se llamaba Sara]. Sabe que era, como su abuela, de otro pueblo, Sokołów, y que fue captada por la red judía de trata de blancas que funcionó entre finales del siglo XIX y la década de 1930, con sede principal en Buenos Aires: Zwi Migdal. <b>Era puta.</b> No por elección. Para la familia, en los años 20, era la mayor de las vergüenzas. No había perspectiva de género, no se entendía que la habían secuestrado. <b>Que le habían mentido.</b> Que nadie le había preguntado si quería ser prostituta.</p><p>La mayoría de las personas que manejaban la Zwi Migdal —que llegó a tener más de 400 miembros en la Argentina y a facturar más de 50 millones de dólares anuales— eran judíos polacos que buscaban mujeres judías pobres en aldeas del Este de Europa y, como también sucede ahora, les hacían promesas: que ellos habían tenido éxito en América, que estaban buscando esposa polaca para regresar al sur y formar familia con buen porvenir. Se aprovechaban de las miserias económicas y el hostigamiento que padecían las familias judías con una oferta que resultaba irresistible. Cuando llegaban a destino <b>las obligaban a prostituirse. Las tenían secuestradas.</b></p><p>La tía abuela de Claudia, hermana de Doba, fue víctima de esa red. Pero ¿la suerte?, ¿el destino?, designó buena ventura, como lo haría con el resto de la familia. Un cliente italiano llamado Juan Molinari, aparentemente pudiente, <b>se enamoró de ella</b> y, como en un cuento de hadas retorcido, la rescató. Como eran consideradas las mujeres, como en muchos sitios y culturas lo son todavía, <b>como un objeto, la compró a la Zwi Migdal</b>.</p><p>—Entonces ese mismo tano le dice: “Si vos querés traer a tu familia yo les pago el pasaje para que vengan”. Y la condición para que pudieran entrar, no sé por qué, era que las mujeres que vinieran estuvieran casadas. No podían traer solteras. Supongo que para que mi abuelo también tuviera la posibilidad de entrar a la Argentina tenían que estar casados, si no él no iba a poder ingresar. Entonces trae a dos hermanas, a mi abuela, que se casa con mi abuelo para poder entrar y ahí reconocen a mi papá como hijo legítimo para que pudiera venir con ellos —porque en ese momento no se casaban por civil y ellos antes no se habían casado—, y a otra otra hermana que también viene para Argentina.</p><p>Pese a que vinieron gracias a ella, su familia usó el pasaje y no se habló más del asunto. <b>La tía abuela sin nombre era un secreto enterrado</b>. Claudia se enteró hace pocos años de esa parte de la historia. De esa mujer que fue puta. <b>Que fue víctima.</b></p><p>—Para mí fue un fantasma siempre. Eso era una historia familiar que era un tabú, no se hablaba de ella porque como era puta nadie quería nombrarla. <b>Era una vergüenza para la familia, por más que vino engañada</b>. Uno a la distancia, sabiendo lo que fue la Zwi Migdal, se da cuenta, pero a ellos les costaba entender que ella fue víctima, la culpaban bastante y, además, se había enganchado con un tano que no era judío.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/MRDG7UATQ5HWXLTEKENUAAJMEI.jpg?auth=f5bd2be47030ce5d2e24a430731221fab69c0612e5509aa70efc199b631a54c0&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Claudia en Węgrów, Polonia, el pueblo del que vinieron sus abuelos paternos con su padre" height="1080" width="1920"/><h2>El abuelo David</h2><p>Acosados por el antisemitismo y los <i>pogroms</i> (linchamientos multitudinarios por motivos étnicos o religiosos que padecían los judíos en diferentes lugares) David y Doba <b>se prepararon para emigrar</b>.</p><p>Se casaron por jupá —la ceremonia judía— y de esa manera reconocieron a su hijo, Abram, como legítimo. Para asentar ese hecho les dieron un acta que, muchos años después, Claudia recuperaría como otra de esas piezas que recogió para armar la historia familiar, una que <b>el Holocausto diezmó</b>, como le sucedió a tantas familias. Uno de los testigos de esa boda sería el rabino del pueblo, de apellido Morgenstein, lo que ella descubrió cuando vio ese documento. Y ató otro cabo: durante su vida siempre había escuchado de sus abuelos que el antisemitismo había escalado tanto en Węgrów que habían matado al rabino del pueblo en la plaza principal. “Era una historia que en mi familia circulaba mucho”, dice. Después se enteraría que era el mismo rabino que había sido parte de su boda.</p><p>Entre las historias que sí contaba David, las que no ocultaban, había otra. La de cómo le había cambiado la vida tiempo después de llegar a la Argentina. La de <b>cómo una gitana se lo había anticipado</b>.</p><p>—Mi abuelo era sumamente pobre. Siempre contaba que él estaba en la cola para venir acá, a Buenos Aires, en Węgrów, Polonia, haciendo los trámites, y que se le acercó una gitana, le agarró la mano y le dijo:<b> “Vos vas a ganar un premio muy importante en tu vida”</b>. Y después acá él gana la Lotería Nacional —yo tenía cuatro o cinco años cuando pasó—. En ese momento era un montón de plata para ellos. Entonces se compraron un departamento —que yo conservo, mis padres fallecieron, mi tía lo quiso vender y yo lo compré porque siento que es un eslabón de mi historia— y lo primero que hace mi abuelo, aparte de comprarse el departamento y repartir la plata entre sus hijos, es sacarse un pasaje a Glasgow, Escocia, porque alguien le había contado que <b>su hermano menor vivía ahí</b>, pero él no sabía dónde, solo sabía que vivía en Glasgow. Entonces se sacó el pasaje y se fue.</p><h2>El tío abuelo Abram</h2><p>David tenía cuatro hermanos, dos varones —Hersz y Abram (a quien de pequeño le decían Abrum)— y dos mujeres, cuyos nombres todavía no encontraron entre los pliegues de la historia familiar. Claudia no sabe con exactitud el destino de todos ellos. Sí sabe que la mitad, dos o tres, murieron en la Segunda Guerra Mundial. Y que entre los que se salvaron estaba su abuelo David y su tío abuelo Abram, que era unos catorce años menor que él.</p><p>Abram se había ido a Glasgow desde Polonia con el nazismo pisándole los talones. Era 1938, un año antes de que comenzara la guerra, cuando llegó.</p><p>—En Glasgow, un tipo le dijo: “Vos con ese apellido no vas a poder entrar, cambiátelo”. El hermano de mi abuelo mira para arriba y ve un aviso de unos helados que se llamaban Walls. Y él dijo, “Bueno, Walls, Wolowski, empieza con W —ahí creo que lo escribían con V— es más o menos lo mismo. <b>Y se puso Arnold Walls</b>. Entonces tenía un apellido diferente.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/R54DZDZJQVBTPJVKP2Z67LY6H4.jpg?auth=656505e10661efe8d177566fc99fd92f27eddc5180efae2b48746401b568c9bc&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Claudia en Treblinka, un campo de exterminio nazi al noreste de Varsovia, con la piedra del pueblo de su padre y la foto de su familia" height="1080" width="1920"/><h2>El reencuentro de los hermanos</h2><p>Como también solía hacerse para comprar, vender, publicar alguna carta o petición importante en lo que quizás para muchos hoy es la prehistoria de la comunicación, es decir, cuando no existía internet, algo desorientado sin saber cómo encontrar a su hermano menor, que además tenía entonces otro apellido,<b> David acudió al diario judío de Glasgow y puso un aviso.</b></p><p>—Publica su foto y dice que está buscando a su hermano, que no lo ve hace 40 años. Y al poco tiempo lo encuentra, <b>se encuentran</b>. El hermano Abram leía ese diario judío y se vio en la publicación. Y mi abuelo pasó un mes en la casa de ellos. Era difícil porque él se había casado con una mujer que no hablaba Yiddish, hablaba inglés, y tenía una hija que tampoco hablaba Yiddish, o sea que Abram hacía de traductor y los hermanos se comunicaban en Yiddish entre ellos. Después, el mismo diario donde había puesto el aviso publicó un artículo con una foto de ellos dos contando: <b>“Dos hermanos se encuentran después de 40 años”</b>.</p><p>Luego de encontrarlo, de compartir tiempo con él y su familia, David volvió a la Argentina. Tiempo después se enfermó. Y Abram y su familia, a disgusto en Glasgow “por el clima, por la gente”, se mudaron a Inglaterra. Los hermanos volvieron a perderse. Pero no del todo.</p><p>En su viaje, <b>David le dejó a Abram fotos de su familia</b>, de su mujer, de su hijo, de sus nietas, de Buenos Aires.</p><h2>El pariente británico</h2><p>—Supe que tenía familia en Argentina porque mi madre me lo mencionó cuando era joven. Ella había conocido al hermano de mi abuelo, David Wolowski [abuelo de Claudia], en 1960, antes de que yo naciera, cuando él viajó a Glasgow para reunirse con mi abuelo después de haber ganado la lotería en Argentina. Fue la primera vez que los dos hermanos se encontraron desde que se separaron en Polonia antes de la guerra —dice Justin por Whatsapp.</p><p>Al igual que a Claudia, nadie <b>le había contado</b> demasiados detalles de la historia de su familia. Como sucede con las tragedias, sobrevivir al nazismo desplegó un manto de <b>silencio sobrecogedor</b> sobre buena parte de los que lograron hacerlo.</p><p>—No escuché mucho de mi abuelo sobre su vida en Polonia o la historia de la familia, probablemente porque era un tema muy doloroso para él. Perdió a sus padres y hermanas durante el Holocausto y perdió el contacto con sus dos hermanos cuando ellos dejaron Polonia, mucho antes de la guerra.</p><p>También al igual que haría Claudia, Justin decidió viajar en busca de ese pasado que formaba parte de él pero del que sabía realmente poco. A fines de los 90 fue a Węgrów con un amigo de la universidad. Habló con historiadores locales, intérprete mediante, y pudo dar con la calle donde estaba la casa de su abuelo. Lejos de saciarlo, ese viaje despertó en él la curiosidad por el devenir del resto de su familia. Quería saber qué había sido de ellos. Así fue que después de terminar sus estudios se tomó un año sabático para viajar por Sudamérica, <b>“aprender español y, con suerte, encontrar a algunos de los primos argentinos por primera vez”</b>.</p><p>A principios de 2001 Justin sacó un pasaje a Quito, Ecuador, donde hizo un curso intensivo de español. Aunque le interesaba el idioma pensó que aprenderlo sería clave para poder comunicarse con su familia, si la hallaba.</p><p>—Después de pasar tres meses en Ecuador viajé durante otros tres meses por Perú y Bolivia antes de cruzar la frontera en Villazón hacia La Quiaca, Jujuy. Luego tomé un autobús hacia Salta y, una de las primeras cosas que hice al llegar, fue ir a un locutorio donde tenían las guías telefónicas de todas las ciudades de Argentina. En esa época no existían bases de datos de búsqueda en internet así que tuve que revisar manualmente todos los Wolowski de Buenos Aires, incluyendo las variaciones del apellido. Probablemente recopilé unos 20 o 30 nombres y direcciones. Cuando finalmente llegué a Buenos Aires y alquilé un pequeño apartamento decidí escribir cartas a cada una de las direcciones,<b> tanto en inglés como en mi recién aprendido español</b>. En cada una incluí las fotografías de la familia que David había llevado consigo cuando visitó a mi abuelo en Glasgow diciendo que si alguien se reconocía a sí mismo o a algún familiar, <b>éramos parientes.</b></p><p>Alrededor de una semana después de haber enviado las cartas Justin recibió respuesta: Claudia, Ana y Cecilia le decían: <b>“Somos tus primas, ¡llámanos!”</b>. Justin estaba tan emocionado e impactado como ellas. Llegó sin certeza alguna de si lograría hallar a alguien y sucedió apenas comenzaba su estadía en el país.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/MV3GZOS3T5FYTKNVA5K6UVD6VQ.jpeg?auth=8189ac963bd7aa7448fed8e0e145eac5cabb9f7e1af5f01ef597129a49c5f445&smart=true&width=1090&height=684" alt="David, Doba, Abram y Cecilia, en Argentina" height="684" width="1090"/><h2>Los primos, 30 años después</h2><p>Cuando en el 2001 Claudia se vio y vio a su familia en las fotos adjuntas de la carta de Justin, quedó pasmada. Inmediatamente le abrió la puerta de su casa a ese primo segundo, hijo de la prima de su papá, nieto de su tío abuelo Abram, que venía del otro lado del océano a revivir la historia de sus abuelos: <b>unos por el periódico, otros por carta,</b> ambos a través de fotos habían logrado recuperarse, reencontrarse de nuevo.</p><p>Y con él <b>le abrió la puerta a toda la historia familiar </b>que hasta el momento para ella eran pequeñas historias sueltas, las que comenzó a hilvanar para que cobraran sentido.</p><p>—Fue muy lindo. Al poco tiempo vino la madre, Bernice, que estuvo parando en mi casa. Ya vino dos veces. Mi papá falleció hace un montón de años, treinta y pico. Mi mamá hace unos ocho, pero la mamá de él que todavía vive y tiene casi 80 era la prima de mi papá. Y todos estos años seguimos superconectados —dice Claudia.</p><p>—El reencuentro fue increíble. No podía creer cuánto se parecían algunos de mis primos a mi madre y a mi abuelo. Fue una experiencia muy emotiva conocer primos de todas las edades, desde los más jóvenes hasta los mayores. Todos estaban interesados en conocerme, en mi familia y en mi historia. <b>La idea de que pudiera tener familiares cercanos separados por tanta distancia y tiempo era algo que necesitaba descubrir </b>—coincide Justin, quien se empapó muy pronto de la esencia argenta.</p><p>Cuando vino por primera vez, en 2001, se puso a trabajar dando clases de inglés para mantenerse durante su estadía. Abrió una cuenta bancaria donde le enviaban el dinero de las clases. Pero un día no lo pudo sacar.</p><p>—Me llama y me dice: “Necesito juntarme con vos porque hay algo que no entiendo”. Entonces nos reunimos y me contó: “No sé qué pasa, no puedo sacar la plata de mi banco”. Le dije: “Bienvenido a la Argentina”. <b>¡Lo había agarrado el corralito!</b> Pese a eso ama Buenos Aires, le encantó su experiencia acá, todo le parecía fascinante. ¡Imaginate que se llevó grabado horas de <i>Crónica TV </i>en videocasete porque no lo podía creer! Siempre le agradezco por el trabajo que se tomó para encontrarnos.</p><p>Además de encontrarlos, Justin ayudó a subsanar la grieta que había entre los pocos Wolowski porteños. El papá de Claudia, Abram, igual que su tío, tenía una hermana, Cecilia, que todavía vive y hoy tiene 97 años. Pero entre Abram y Cecilia la relación había muerto joven. Ella era del Partido Comunista, él sionista socialista.</p><p>—Había mucha rivalidad entre ellos. Entonces nosotras, con mi prima, Anita, la única prima que me quedó —porque tenía un hermano que murió diría que en el año 87 de SIDA— no nos vimos por años, porque nuestros viejos se odiaban. Y ahora estamos tratando de recuperarnos. Justin también hizo ese trabajo de juntarnos, <b>porque él quería ver a toda la familia</b>.</p><p>Y después de más de 20 años, luego de ese 2001 en el que los encontró, lo agarró el corralito y disfrutó de las placas rojas de <i>Crónica</i>, quiso volver. Hace apenas unos días Justin viajó a Buenos Aires para reencontrarse con los Wolowski, con este suelo, y presumirlos con su novia: quería que conociera la Argentina y a su familia que vive en el sur del mundo.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/SK3QVEYVFNF4NNWGSGL4F65U74.jpg?auth=4abcc06968eb1d2621f6f3be3796126db9b73f1b52a4df8443e78366a64fa7b5&smart=true&width=1920&height=2560" alt="El reencuentro de los Wolowski, febrero 2025. De izquierda a derecha: Roman (hijo de Claudia y Gerardo), Saúl, esposo de Ana (prima de Claudia), Ana, Gerardo, Claudia, Mariana (hija de Ana), Justin y Mateo (hijo de Mariana, nieto de Ana)" height="2560" width="1920"/><h2>Un viaje a Polonia, la búsqueda de respuestas</h2><p>Después de aquella carta y la llegada a su vida de ese primo segundo que la conectó con su familia y sus raíces polacas, Claudia y su marido Gerardo también quisieron saber más. Decidieron ir al lugar del que habían salido sus antecesores, escalar por el árbol genealógico y hundir los dedos en la tierra de sus raíces.</p><p>Los dos se pusieron a investigar sobre los pueblos de donde eran cada una de sus familias. La de su marido había venido de Żelechów, que era el pueblo de su abuelo. Él se sumó entonces a un grupo en Facebook llamado Żelechówers que nucleaba a los descendientes de judíos de Żelechów. Ahí conocieron a un polaco, no judío, Sebastian, muy interesado en la historia. Claudia dice que no sabe dónde trabajaba pero que Sebastian <b>tenía acceso a documentos</b>.</p><p>—Y un día le dice a mi marido: “¿De dónde es la familia de tu mujer?”; “De Węgrów”. “¿Cómo es su apellido?”; “Wolowski”. Y a los 10 minutos le manda un documento. Vuelvo a otra historia. Cuando empiezo a averiguar por Polonia, veo que en Węgrów hay una especie de casa museo que era de este rabino que se llamaba Morgenstein y me doy cuenta de que era ese rabino que toda la vida mi familia hablaba de que lo habían matado en la plaza. Y que hay una casa que funcionaba como sinagoga que está cerrada, que la dejaron intacta como una especie de museo, pero nadie entra. Cuando Sebastian, el del grupo este, me manda ese documento, yo lo abro: era el acta de casamiento de mis abuelos, firmada por ellos, y ahí dice que el testigo de esa boda es Morgenstein.</p><p>Otra pieza que encajó.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/3ZZOQILBKJHRJKDOP2SO5TDLNE.jpg?auth=957927067b811852613ed013c0385ba79c9dd5052d419fbddcc4b5373e7e02ea&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Claudia y Justin en el Puerto de Frutos, Tigre, provincia de Buenos Aires" height="1080" width="1920"/><p>A Polonia fueron en familia, con su hijo. Cuando llegaron a Varsovia no podían dejar de llorar.</p><p>—Los dos teníamos una sensación <b>como de haber estado ahí, como de haber vuelto. </b>Como que no era un lugar que veíamos por primera vez.</p><p>Varsovia, para los judíos, suele despertar múltiples sensaciones. Es gris y es colores. Son las ruinas de un pueblo, las trampas, el frío, el miedo, y una ciudad europea que <b>late sin cuidado sobre cenizas</b>.</p><p>Vieron Varsovia, Cracovia, fueron a Węgrów, a Żelechów, guiados por Sebastian, el polaco de Facebook que consiguió el acta de casamiento de los abuelos de Claudia. Y él también los llevó a Treblinka, el campo de exterminio ubicado al noreste de Varsovia. En el que más judíos fueron asesinados, junto con Auschwitz —se calcula que entre 700.000 y 900.000 murieron en sus cámaras de gas—. El que los nazis llegaron a destruir prácticamente por completo para que no hubiera pruebas y <b>hoy es un monumento a la memoria</b>, a la barbarie. Un cementerio sembrado de piedras con los nombres de los pueblos y lugares de donde venían sus víctimas.</p><p>—La familia de mi marido estaba muy cerca de Treblinka. Y aparte lo que tiene Treblinka es que tiene piedras de cada uno de los pueblos. Yo llevé la foto de mi familia, una que tengo en el living, y me saqué una foto en la piedra que dice Węgrów con esa foto. Quería dejar ese registro. Hace más de 20 años que Justin vino a traerme respuestas que yo no tenía y me abrió una puerta. Esa parte de mi familia es para mí tan familia como con la que me crie acá. Es muy importante. <b>Recuperarnos fue sentir que a pesar de todo lo que pasó pudimos encontrarnos</b>. Que no hubo tragedia que nos pudiera separar.</p><p>Encontrarse, para ellos, fue ganar.</p><p><br/></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/S4CZEPMHDVEJVDQEAPVSRSWQGA.jpg?auth=210e24f8b804803a60327bbc5fb96402cd8de95ad192f2befedb8ec25dc2fda0&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"/></item><item><title><![CDATA[Se puso al mundo en el bolsillo con el encanto de una sola mano: a diez años de la muerte de René Lavand, el mago que vendía ilusión]]></title><link>https://www.infobae.com/historias/2025/02/07/se-puso-al-mundo-en-el-bolsillo-con-el-encanto-de-una-sola-mano-a-diez-anos-de-la-muerte-de-rene-lavand-el-mago-que-vendia-ilusion/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/historias/2025/02/07/se-puso-al-mundo-en-el-bolsillo-con-el-encanto-de-una-sola-mano-a-diez-anos-de-la-muerte-de-rene-lavand-el-mago-que-vendia-ilusion/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[Cuando tenía nueve años lo atropelló un auto y tuvieron que amputarle la mano derecha. Dedicó su infancia y juventud a entrenar la mano izquierda y aprender cartomagia y se convirtió en uno de los mejores ilusionistas del mundo]]></description><pubDate>Fri, 07 Feb 2025 04:54:55 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/GYZTTPJAYNHBHAZ4JNFIHKM6WM.jpg?auth=13eb5b682559a5998c699769078ade304e12307aa3ecc62c2f0bc3c2934f89d0&smart=true&width=1920&height=1080" alt="René Lavand" height="1080" width="1920"/><p>Si alguien escribe en Google “René Lavand” lo primero que aparece, como por arte de magia del oráculo digital que todo lo sabe, son fotos.</p><p>René Lavand en blanco y negro, saco de solapas satinadas, camisa, moño, cigarrillo en boca. El cuerpo curvo hacia la mesa donde se despliega un juego de naipes, mirada clavada en la baraja, codo de su único brazo completo, el izquierdo, apoyado en la mesa. El diez de corazones sobre el pliegue de ese, el único brazo que puede doblar.</p><p>Podría ser la imagen del dueño de una cantina de los años 50, de esas de puertas vaivén, que perdió el brazo en una balacera tipo <i>western</i> y gusta de entretener a sus clientes con un poco de ilusión. O la del dueño de un bar y villano de barrio, como el que interpretó en la película <i>Un oso rojo</i>, un policial dirigido por Adrián Caetano en el que hizo su debut cinematográfico, en el 2002, que le valió una nominación al premio Cóndor de Plata como Mejor Revelación Masculina.</p><p>Pero no.</p><p><b>René Lavand fue un mago.</b> <b>Un mago con una sola mano</b>. Uno de los más importantes en la historia del mundo. Quizás ahí, en la ausencia de su mano derecha, que fue la que más usó hasta que no la tuvo más, en la destreza extraordinaria que consiguió con la izquierda, la que le quedó, flotaban los destellos de su encanto.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/BFUQUTCMBNBAFGN5WMNK2ULE5Y.jpg?auth=632e531075d8b331a506d770cca45301abc0bdf0c367bf14adfabb98901b4b0d&smart=true&width=1920&height=1549" alt="Su nombre completo era Héctor René Lavandera. A los siete años vio un show de un mago chino y quedó fascinado. Desde ese momento quiso aprender a hacer trucos con las cartas " height="1549" width="1920"/><p>“No se sabe si alguien pidió el consentimiento del niño cuando, a los nueve años, <b>fue amputado de su mano derecha</b> y equipado con un muñón de once centímetros a partir del codo.</p><p>No se sabe, tampoco, cómo empieza una vocación pero es probable que haya sido así: el día de sus nueve años en que el niño levantó la toalla con que su madre le impedía ver las curaciones y, allí donde recordaba una mano, el niño no vio nada.</p><p>Nada por aquí. Nada por allá. Ahora la ves. Ahora no la ves”.</p><p>Con estos párrafos la cronista Leila Guerriero comienza a narrar la increíble vida del ilusionista en el increíble texto titulado “René Lavand: mago de una mano sola”.</p><p>Héctor René Lavandera era un niño de nueve años en el carnaval de 1937. Era febrero en Coronel Suárez, la ciudad de la Provincia de Buenos Aires a la que se había mudado con su familia luego de que la zapatería de su padre, Antonio Lavandera, quebrara. Héctor, como lo llamaban entonces, estaba con sus amigos jugando en la vereda, cerca de su casa, con baldes de agua. Como sucedía en los barrios, en los veranos argentinos. Como quizás todavía sucede en algunos. Tal vez querían ir a buscar más baldes para llenar y mojar a los vecinos. Tal vez querían ir a algún quiosco en la acera de enfrente a acopiar azúcar para la tarde de verano. O impresionar a alguna chica. Lo cierto es que sus amigos dijeron: <b>“Vamos a cruzar la calle”</b>.</p><p>Así narra Guerriero lo que pasó después: “Era un desafío menor: no era un río, no era un abismo, no era subir una montaña: eran cinco metros de asfalto. A él, al niño, <b>le tenían prohibido cruzar la calle solo</b>. Pero sus amigos cruzaron y él pensó: “También voy a cruzar”. Y cruzó. Y entre él y el resto de su vida se interpuso un varón rampante, diecisiete años a bordo del auto de su padre. Hubo maniobra brusca, niño caído, neumático aplastando —aplastando: lesión gravísima— el antebrazo derecho contra el cordón de la vereda”.</p><p>En los barrios argentinos, en las provincias argentinas, quizá no en todas, seguro en la mayoría, antes de que la modernidad trajera una mayor concientización vial —e incluso así— es usual que los adolescentes conduzcan, con o sin licencia. También que un niño de nueve años tenga prohibido cruzar la calle solo por no estar lo suficientemente diestro en mirar hacia los lados, en saber lo que hay que hacer.</p><p>El niño atropellado fue trasladado a un hospital donde lograron salvarle parte del brazo y le colocaron un muñón de once centímetros a partir del codo.</p><p>“Y un amigo me acuerdo que, frontalmente, me dijo: ‘René, vas a poder llevar un solo balde el resto de tu vida. <b>Dos baldes, jamás</b>”, contó Lavand en una entrevista publicada en <i>Clarín</i>.</p><p>Su mano derecha, la que más usaba, no se llevó con ella la ilusión.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/U37C4POSJJEM5EB3QH2LDORNLE.jpg?auth=dca4c1388ebb3b592968717c27054b0ae206364b70884696675eeb8eaabd31b0&smart=true&width=1920&height=1831" alt="Cuando tenía nueve años cruzó la calle con sus amigos y lo atropelló un auto. Tuvieron que amputarle la mano y parte del brazo derecho. Lavand era diestro, debió aprender a hacer todo con su mano izquierda" height="1831" width="1920"/><p><b>Héctor René Lavandera</b> había nacido en la ciudad de Buenos Aires, el 24 de septiembre de 1928. Era hijo único de Antonio Lavandera, viajante y zapatero, y Sara Fernández, maestra.</p><p>Era 1935, dos años antes de que lo atropellaran y le cambiara la vida, cuando René, con siete años, fue a ver un espectáculo de magia con su tía Juana. Quizás fue en ese instante en el que nació su vocación, cuando vio la presentación de un mago chino llamado “Chang”. Fascinado con el show, cuenta la leyenda que el niño le gritó al mago que hiciera el truco más lento, quería detectar a dónde estaba el engaño, a lo que, seguramente con disgusto, Chang le respondió: <b>“No se puede hacer más lento”</b>. Ese espectáculo lo marcaría para el resto de sus días. <b>Esas palabras se convertirían en la marca de Lavand</b>.</p><p>Luego de ver, quiso hacer.</p><p>René se obsesionó como solo los niños pueden: no dejaba de pensar en Chang y en sus trucos. Un amigo de la familia le regaló un mazo de cartas y le enseñó uno. Lo practicó sin descanso y logró sorprender a sus compañeros de escuela: su primer público. No tenía idea de que las cartas transformarían, serían, su vida entera.</p><p>“Es un estilo mío, sí. No voy a prestidigitar voy a lentidigitar y solo con seis cartas. A ver si sale el desafío en el lente de la televisión. Pondré todo lo mejor de mi técnica en el juego y todo lo mejor de mi corazón en ustedes”, dice a la cámara de Azul Televisión —como se llamó Canal 9 entre 1999 y 2002— con cadencia de tanguero, galantería de arrabal, mientras prepara las cartas para uno de sus trucos más populares: “Agua y aceite”. El juego consistía en mostrar, lentamente, cómo intercalaba en una fila las cartas rojas y las negras para luego rotarlas, tres a un lado, tres al otro, y mostrar que aparecían ordenadas: las negras con las negras, las rojas con las rojas. Remataba el truco con la frase que era su sello: <b>“No se puede hacer más lento”</b>.</p><p>En realidad, lo que hacía tan especial a este truco clásico de la cartomagia, lo que lo envolvía con el hechizo de Lavand, era precisamente eso en lo que se volvió un as: la lentitud.</p><p>“La palabra prestidigitación no tiene vigencia, nunca la tuvo. Son otras las técnicas a emplear, no la velocidad, de ninguna manera. La postura, la palabra, los ángulos”, decía en una conferencia.</p><p>Con una sola mano Lavand no generaba la ilusión a través de la rapidez sino de su opuesto. De ahí nació el término y la técnica de la <b>“lentidigitación”</b>, creada por él, ese era su espectáculo: la magia que brotaba de los ademanes tranquilos, volviendo lo inverosímil —el engaño no descifrable ni en la calma de sus movimientos— verosímil. Haciendo que parezca real. “La cámara implacable no me deja mentir”, decía en TV cuando mostraba sus trucos.</p><p>“Tuve la suerte de no poder copiarle a nadie. Porque no hay libro ni maestro que te enseñen técnicas para mano izquierda, así que tuve que hacerme autodidacta. Porque <b>yo tenía la suerte de tener una sola mano</b>. Y así surge el estilo, la personalidad, lo que no se puede copiar”, dijo en el documental <i>El gran simulador</i>, que Néstor Frenkel hizo sobre él.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/QFY3RTOWUJDAJLQGH7LF3ZZ4EI.jpg?auth=cc476c1416aa61f373a0e5592bf47e2263429788a456441cb22db1db12e30309&smart=true&width=1920&height=1040" alt="Para entrenar la mano izquierda Lavand jugaba al ping-pong, a la pelota paleta, practicaba esgrima y ensayaba, obseso, trucos con las cartas " height="1040" width="1920"/><p>No fue magia.</p><p>La rehabilitación luego del accidente que le quitó la posibilidad de llevar dos baldes, de hacer trucos con ambas manos, duró un año. Las cartas, que desde ese momento jamás le faltarían en su bolsillo, en su mesa de luz, fueron el refugio. Al comienzo se le escapaban en avalancha de su única mano, hacían montaña en el suelo. El desafío no lo amedrentó. Le suministró una dosis feroz de perseverancia.</p><p>A los 14 años se mudó con su familia a la ciudad de Tandil, de donde no se iría, salvo para sus presentaciones alrededor del mundo, pero para eso faltaba un poco.</p><p>Para desarrollar destreza con la mano izquierda jugó al tenis de mesa, a la pelota paleta, hizo esgrima. La baraja era otro deporte. Se entregó a la práctica voraz de la cartomagia. <b>No solo la dominó con su única mano: se volvió el mejor</b>.</p><p>Hubo alguien que colaboró un poco. Un aficionado a la magia de apellido Leonardi le enseñó algunos trucos, le regaló el libro<i> Secretos de Cartomagia</i>, de Joan Bernat y Esteban Fábregas, con técnicas que René debió adaptar: todas estaban pensadas para magos de dos manos.</p><p>Noche a noche, cuando volvía a su casa, Antonio Lavandera encontraba a su hijo con la cara en el libro. “En sus ojos podía leer sus palabras: ‘Pobre hijo mío’. Él sabía, tanto como yo, que ese libro estaba escrito para hombres con dos manos. Pero lo que él no sabía era de lo que yo iba a ser capaz”, contó René Lavand para la revista <i>Orsai</i>, en 2010.</p><p>En la nota de la misma revista lo que siguió el periodista Ulises Rodríguez lo narra así: “Tandil, 1950. René mezcla las barajas en el comedor de su casa. Cada vez que las apila parece que ronroneara un gato. Su madre teje en un sillón y bufa. Él sigue como si tal cosa. Hasta que ella no aguanta más, deja las agujas y el ovillo a un costado y le dice algo que viene pensando hace meses: “Hijo… eso de la barajita está muy lindo pero hay que ir pensando en hacer algo en esta vida”.</p><p>Su padre había muerto de cáncer. Había cuentas por pagar, deudas por saldar. René consiguió un puesto en el Banco Nación de Tandil. Allí era cadete, escribía a máquina, llevaba y traía papeles, contaba plata. En el cajón de su escritorio no faltaba el mazo de cartas y cuando el banco cerraba al público sacaba la baraja y <b>maravillaba a sus compañeros entre cigarrillos y café.</b> Como círculos concéntricos, su habilidad con los naipes empezaba a escalar en popularidad: familia, amigos, compañeros de trabajo.</p><p>El círculo que siguió fueron los desconocidos, el público en general al que deseaba conquistar. Su debut local fue en el Hotel Continental de Tandil, para unas 50 personas. Obnubiló a los asistentes: Lavand no solo hacía cartomagia,<b> era un actor sobre el escenario</b>: ataviaba sus trucos con historias que narraba de manera excepcional. Manejaba la pausa dramática, las inflexiones de la voz, los silencios. Su presencia elegante y altiva, siempre de traje, siempre la manga del miembro ausente al bolsillo, lo dotaban de un magnetismo que deslumbraba a quien lo veía.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/7PLZ3PNNKRAELBUY3MKQQDVIRM.jpg?auth=e456436de18404d476f5f6a454e69738d8353b47b0bde3015137cebbbf3a5513&smart=true&width=1920&height=2069" alt="Cuando murió su padre, en los 50, consiguió un puesto en el Banco Nación de Tandil para ayudar con los gastos en su casa. Trabajó ahí una década hasta que, en 1960, ganó un concurso de ilusionismo y se lanzó como mago profesional " height="2069" width="1920"/><p>En 1960 ganó una competencia de ilusionismo y después de trabajar una década en el banco, se fue. Tenía treinta y dos años cuando, en 1961, se lanzó como mago profesional. Los círculos concéntricos a su alrededor se reproducían. <b>Llegaban cada vez más lejos</b>.</p><p>Las tablas del Teatro Nacional y del Tabarís fueron las primeras de Buenos Aires que lo vieron brillar. Después llegó la fama mundial. Lo llamaron de programas de televisión criollos y extranjeros —como el Ed Sullivan Show, con unos 50 millones de espectadores, y el programa de Johnny Carson, en los que se presentó en 1961—. Lo aclamaron en Latinoamérica, en Estados Unidos. En Europa. En japón. Brindó espectáculos privados, entre los que destaca una mítica presentación para el narcotraficante colombiano Rodríguez Orejuela, capo del Cartel de Cali, y sus invitados con armas y cocaína en sangre. Llenó salas, dio conferencias para sus colegas. Asombró a los más grandes del oficio: David Copperfield quedó deslumbrado al verlo cortar el mazo con una sola mano.</p><p>Así describe Guerriero lo que sucedía en sus <i>shows</i>: “El público se rendía ante esa mano que acometía los lomos de los naipes como si fueran vértebras, que arrancaba ases de las honduras de los mazos, que transformaba sietes de piques en reinas de corazones, que reinaba sobre aquellos bordes y dominaba las cartas difíciles, las profundas cartas, mientras una voz magnética en la que tremolaban el coraje, la violencia o la emoción ahogada contaba la historia de un viejo tramposo del sur de Estados Unidos, de un mago oriental encerrado en una mazmorra, de un tahúr obligado por su mujer a ganar una fortuna antes de la medianoche”.</p><p>Convertido en artista internacional y habiendo comprobado que sin algunas de sus partes el éxito se potenciaba, se extirpó el primer nombre, se cortó el apellido. <b>Héctor René Lavandera se convirtió para siempre en el mítico René Lavand</b>.</p><p>“Añadirle belleza al asombro” era otra de sus marcas registradas. Eso perseguía a través de las historias que narraba con lenguaje teatral —escritas gran parte de ellas por sus amigos Rolando Chirico y Ricardo Martín—. También con las poesías y las citas a Borges, Unamuno, Ortega y Gasset, José Ingenieros, Homero Manzi, con las que envolvía sus trucos en las presentaciones, con la música de fondo de Beethoven, Bach o Andrés Segovia. Lavand era un mago en el arte de crear climas. <b>No solo los trucos. No solo su mano. Todo él era el espectáculo</b>.</p><p>“Lo dijo Picasso —diría en una de las últimas entrevistas que dio—: La única misión del artista es convencer al mundo de la verdad de su mentira”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/W7XLOSK4ANAH3M5TGP2HWTURPM.jpg?auth=fab78003be7abab2f470fdefb3bc945b03cffe428b8a2fc9606db4ce317544bb&smart=true&width=1920&height=1634" alt="En Buenos Aires debutó en el Teatro Nacional y el Tabarís. En 1961 fue invitado a Estados Unidos, al programa televisivo de Ed Sullivan, con 50 millones de espectadores, y se hizo famoso en todo el mundo" height="1634" width="1920"/><p>El ilusionista de una sola mano tuvo <b>tres mujeres</b>, <b>cuatro hijos.</b> Con Sara, la primera, tuvo a Graciela y a Julia; con Norma, a Lauro y Lorena; con Nora, veinte años menor que él, compartió el resto de su vida. En muchas de las notas que dio contó que la conquistó con un truco de navajas en el que de una navaja grande lograba que aparecieran otras más pequeñas en la mano de ella y luego unas aún más pequeñas. Una vez que consiguió su amor, desterró el truco de su repertorio: jamás lo volvió a hacer porque ya le había dado todo, dijo.</p><p>—Llevo cincuenta años de casado, solo que en tres etapas y con algunos meses de descuento. Cada divorcio fue morir un poco —le dijo a Ulises Rodríguez en su crónica para <i>Orsai</i>.</p><p>Tuvo algunos aprendices que gustaba de llamar “discípulos”, quienes querían ser portadores de su legado. Lo visitaban en su casa en la que Lavand había acondicionado un vagón de tren, al que nombró Pata de Fierro, donde los alojaba.</p><p>Grabó videos y publicó libros con sus técnicas para los colegas, escribió sus memorias que tituló <i>Barajando recuerdos</i>, apareció en cine y tv, protagonizó un documental sobre su vida. Coleccionó bastones y sombreros.</p><p>El último público que dio fe que no se podía hacer más lento fue el de Lugo, España, donde brindó su último <i>show</i>.</p><p>Murió a los 86 años, de neumonía, en una clínica de Tandil. Era 7 de febrero de 2015.</p><p>Allí, en esa ciudad donde hay sierras y vistas panorámicas, famosa por su piedra movediza, quesos y charcutería, desde 2012 puede verse a un René Lavand de hierro fundido pintado de blanco, sentado —piernas cruzadas, su anillo en el dedo meñique, su corbatín, su sombrero y su mano ausente siempre al bolsillo— en los jardines del Palacio Municipal. <b>La estatua, un homenaje</b></p><p>“Había terminado la guerra. La patrulla en retirada. Un soldado solicita permiso al capitán para volver al campo de batalla en busca de un amigo. Pero se lo niegan. ‘Es inútil que vayas, está muerto’, le dice el capitán. El soldado desobedece la orden y vuelve al campo de batalla por su amigo. Regresa con él en brazos. Muerto. ‘Te lo dije, era inútil que fueras’, lo retó el capitán. ‘No mi capitán, no fue inútil. Cuando llegué aún estaba con vida, me miró a los ojos y me dijo: Sabía que ibas a venir’”.</p><p>Solía ser sobre el final de su presentación. Terminaba uno de sus trucos, se paraba en el centro del escenario y comenzaba a narrar llenándolo todo con su postura teatral, con su aspecto de timador elegante y seductor, con su cadencia para narrar, con su voz.</p><p>“Sabía que ibas a venir…”, decía, como si se refiriera a alguien en particular, a alguna persona del público. Hacía una pausa y comenzaba:</p><p>“Esta frase, sabía que ibas a venir, me trae el recuerdo de un cuento corto y dramático, y lo voy a decir. Y lo voy a decir porque el drama también es belleza, si no... ¿a qué Shakespeare, no? ¿A qué Beethoven y su quinta sinfonía? ¿A qué Picasso en Guernica? Sin música y sin nada. Así nomás. Dice así”.</p><p>Y lo narraba en el silencio espeso, sostenido, del público atento. La línea final, la voz quebrada, casi un susurro, mientras se volvía a su mesa, a sus cartas: “Sabía que ibas a venir”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/T2ECO6NLXZAYVIDXJD5MY4RMRM?auth=ec279b02d0fde3bb3c0475bd350725a50486772e25ec9146c6ff6e2977a060c6&smart=true&width=600&height=360" alt="Recorrió el mundo con un mazo de cartas en el bolsillo, asombró a los mejores de su oficio, como David Copperfield, y hasta sus últimos días ofreció belleza e ilusión" height="360" width="600"/><p>—¿Qué tengo que hacer para ser tan buen mago como usted? —cuenta el ilusionista español Woody Aragón que le preguntó a Lavand en Londres un pequeño admirador deslumbrado con sus trucos, como él mismo había quedado al ver al mago Chang en su infancia.</p><p>El ilusionista lo pensó un instante, lo miró y le dijo:</p><p>—Pierda una mano.</p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/GYZTTPJAYNHBHAZ4JNFIHKM6WM.jpg?auth=13eb5b682559a5998c699769078ade304e12307aa3ecc62c2f0bc3c2934f89d0&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"/></item><item><title><![CDATA[Cordones desatados: las chicas y chicos que juegan a ser periodistas y por qué las notas que escriben terminan con una pregunta]]></title><link>https://www.infobae.com/sociedad/2025/02/05/cordones-desatados-las-chicas-y-chicos-que-juegan-a-ser-periodistas-y-por-que-las-notas-que-escriben-terminan-con-una-pregunta/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/sociedad/2025/02/05/cordones-desatados-las-chicas-y-chicos-que-juegan-a-ser-periodistas-y-por-que-las-notas-que-escriben-terminan-con-una-pregunta/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[La reportera Jessica Fainsod es la jefa de redacción, editora y cocreadora de Periodismo por chicos, una propuesta que cuenta, además, con un programa de radio y de streaming]]></description><pubDate>Thu, 06 Feb 2025 18:57:16 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/NJOIYHDYLJE7XHGQFSU6WAOUFQ.jpg?auth=559059196617dce94d93f37fbe431e5398df8d75d8ecbe0afdac5d7104b92e70&smart=true&width=1920&height=1080" alt=""Cordones desatados es un periódico con noticias contadas desde los ojos, las imágenes y las palabras de los niños. Jugamos de verdad a recortar y a escribir, que es sin duda una forma de leer", dice Jéssica Fainsod, su directora  " height="1080" width="1920"/><p>“¿Por qué nos importan tanto los dinosaurios?”: “Es interesante saber qué pasó antes de que nosotros existiéramos”, dice Lucía, de 12 años. “Porque eran gigantes”, responde Lorenzo, de 9. “Porque son como estrellas, siempre salen en las películas y series”, aporta Emma, de 10. “Porque nos sirve para aprender de nuestro pasado”, dice Noa, de 11.</p><p>“¿Qué tendría que tener un jugador para ser considerado un dios?”: “Mínimo tiene que haber metido 500 goles”, dice Matías, de 10 años. “Debe tener habilidad, llevarse bien con sus compañeros de equipo y tenerle respeto al rival”, piensa Pedro, de 11. “Tener botines de la suerte”, suma Eloísa, de 9.</p><p>Esas preguntas y esas respuestas, entre otras, forman parte de las secciones del último número de <i>Cordones desatados</i>, el periódico hecho por chicos y chicas que “juegan a ser periodistas de verdad verdadera”, dice Jéssica Fainsod, quien lleva adelante la propuesta desde hace una década. “Cada noticia en <i>Cordones desatados</i> termina con una pregunta. <b>Solo si uno incorpora una pregunta se puede transformar la información en pensamiento propio</b>”.</p><p>En la última edición del periódico, la 23, los y las periodistas decidieron hacerle un homenaje al Dibu Martínez, que usa el buzo de arquero con ese número. Entonces el dibujo de la nota de tapa, hecho por Dante, de 8 años, es la ya inolvidable imagen del Dibu en el arco, brazos y piernas cubriéndolo todo, haciéndose gigante —lo que ya es— para proteger a su equipo. El titular que acompaña, que eligieron en la redacción, es <b>“¡Grande, Dibu!”</b>. Dentro del periódico hay una página destinada a contar quién es el Dibu, por qué le dicen así, qué premios ganó. También una sección de “Noticias prehistóricas”, en la que se cuenta por qué se extinguieron en realidad los dinosaurios, otra de “Policiales/Maltrato animal” que habla de la matanza de pingüinos en Punta Tombo, noticias cortas, opiniones, chistes, publicidad. Y una invitación: “Vení a jugar a ser periodista con nosotros”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/WUMERT64ZFFLDLVLOWWNLRLNUM.jpg?auth=08329ec78b93d375fef933c98a1622ca10ac9cffd193d29201e3a2586d63b4b8&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Además del periódico desde 2020 hacen "Clásicos desatados", un programa radial que recibió varios premios (Foto: Mariana Araujo)
" height="1080" width="1920"/><h2>El periódico de los chicos y las chicas</h2><p>“Jugamos a ser periodistas de verdad verdadera. Nos reunimos alrededor de una gran mesa de redacción, con recortes de diarios, de noticias de la actualidad. En cada encuentro elegimos una noticia. Pensamos títulos, los votamos. Los chicos y chicas dibujan, escriben. Dividimos funciones al igual que en una redacción profesional.<b> Con las preguntas y las imágenes que les generan las noticias creamos un periódico: </b><i><b>Cordones desatados</b></i><b>. </b>Ahora estamos haciendo el número 24″.</p><p>Jéssica Fainsod es periodista, dramaturga, poeta. Correntina de Paso de los Libres, porteña por los vientos de la vida. Siempre le gustó jugar.</p><p>—Ya tengo edad como para jugar <b>con la misma seriedad</b> con la que juegan los niños. Me gusta jugar con las palabras y su musicalidad. El periodismo siempre fue una excusa para escribir —dice.</p><p>Por ese impulso a los 19 años comenzó su propia revista de rock: <i>Stock and Roll</i>, en la que dedicaba cada número a una banda diferente. Llegó a hacer unas 24 ediciones. Las distribuía a las salidas de los recitales. Ella escribía la revista completa, con seudónimos, pero después empezaron a sumarse escritores y periodistas. Hubo fotos de Nora Lezano, avisos publicitarios. Esa experiencia, las 20 ediciones de su propio medio, la condujo a <i>Clarín</i>, donde trabajó 16 años en el suplemento de rock, en espectáculos, en la revista <i>Viva </i>y en el cuerpo central del diario.</p><p>De ese comienzo recuerda que en el suplemento “eran todos varones” y que era “una época muy machista, más en el ambiente del rock”. Ella era la única mujer y se le asignaban las notas de color, hasta que hizo una con la que se ganó el derecho de piso: entrevistó a la mamá de Pappo, quizás <b>la más “intocable” del rock nacional.</b></p><p>—Fue la única nota que le hicieron a la mamá de Pappo, Angelita. Cuando se enteró, Pappo llamó a la redacción para quejarse, para preguntar quién era yo. <b>Después de leerla, llamó para felicitar y agradecer.</b> Fue un gran logro de esas épocas. Después, con el tiempo, siempre seguí escribiendo.</p><p>Notas en medios nacionales e internacionales —como la prestigiosa revista colombiana <i>Gatopardo</i>, la chilena <i>Surcos</i>, las argentinas <i>Planeta Urbano</i>, <i>Rolling Stones</i>, <i>Inrockuptibles</i>—; un ciclo de poesías y canciones que se estrenó en el Teatro Colón y en Estados Unidos; un libro editado por Sudamericana —<i>Se nos fue María y mi vida es un caos</i>—, una adaptación de ese libro para una obra de teatro. <b>Fainsod exploró y jugó con géneros y palabras.</b></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/34AHFM3WPZB7DJCQNLH26IGMOA.jpg?auth=a0b1f0ac9580f0e24ea32a62098d17e0f8a770ff7e3fd7f2f1483f7d46996879&smart=true&width=1920&height=3413" alt="Sara y Elena, dos periodistas de "Cordones desatados", en la radio (Foto: Mariana Araujo)" height="3413" width="1920"/><p>—El tema de los niños siempre, siempre me interesó. La esencia de la infancia, esa mirada tan especial desde el asombro, desde el absurdo, desde otro sentido. Y Alejandro Ariel, un gran doctor y psicoanalista, y Claudia Nayar, otra psicoanalista especializada en niños y adolescentes, tenían una fundación, la Fundación Estilos. Yo colaboraba allí con ellos y comenzamos a pensar, hace diez años, en hacer un espacio en el cual darle la voz y la palabra a los niños y las niñas, donde pudieran contar qué les pasaba con las noticias o cuáles eran las que les interesaban y los atravesaban, con sus palabras y sus imágenes.</p><p>Las redes sociales ya formaban parte del mundo y el boca en boca, que nunca pierde eficacia, fue un aliado. De ese modo se inauguró el proyecto Periodismo por chicos, “un espacio realmente único donde pueden hablar con sus pares de temas que les interesan, desde su mirada. Donde <b>tratamos de despejar todas esas voces de adultos que no los dejan expresarse</b>”, dice Jéssica.</p><p>Comenzaron con dos redacciones —que luego se multiplicarían—, en la Biblioteca Infantil la Nube, en el barrio de Chacarita, y en el Teatro El Excéntrico, ubicado entre Palermo y Villa Crespo. Allí se reunían una vez por semana. “Los chicos traían recortes de noticias y así nació <i><b>Cordones desatados</b></i><b>, un periódico hecho por niños y niñas que sale dos veces al año</b>”.</p><p>Una década más tarde siguen reuniéndose una vez por semana pero las redacciones a las que los y las periodistas pueden asistir son cuatro: el Bar Roma, en el Abasto; la librería Suerte Maldita, en Palermo; la Escuela Del Sol, en Colegiales; y la redacción <i>online</i> a la que se suman desde diferentes puntos del país y el mundo.</p><p>Allí, a partir de las noticias escogidas por los chicos y las chicas, experimentan los roles, funciones y actividades que tienen lugar en un medio gráfico<b>. Leen, debaten, charlan, desmenuzan títulos y discursos</b> para encontrar los sentidos y significantes de las noticias, formulan preguntas, proponen y votan los títulos, ilustran las notas, eligen cuál va a ir a la tapa, crean secciones, organizan entrevistas con especialistas en temas que les interesan o con personalidades de la cultura. Investigan, producen, piensan, dibujan y escriben. Se expresan libremente, trabajan en equipo. <b>Crean un medio y una identidad compartida</b>.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/GTKAAHB5PVFVNFXTZGVSE5LSWA.jpg?auth=f8fa28a9534626a19fda31f520a791a61f3b283f6fa3f9b0a3fbd7f935d45a9b&smart=true&width=1920&height=2593" alt="Tapa de "Cordones desatados" número 23. El mismo número del buzo del Dibu Martínez" height="2593" width="1920"/><h2>Cordones desatados, el multimedio</h2><p>En una década de encuentros y talleres el proyecto creció y se diversificó. Desde hace tres años sumaron adolescentes a la propuesta. “Con quienes hacemos <i>Cordones desatados, La secuela</i>” —dice Jéssica—. Lo que extendió las edades a quienes está dirigido el espacio: desde 7 a 17 años, ya que los y las periodistas deben saber leer para acudir.</p><p>La dinámica continúa siendo la inicial pero ahora no se vuelca únicamente en el periódico sino que <b>exploran en diferentes plataformas y medios</b>.</p><p>—Los chicos traen recortes de noticias, temas que les interesa contar, investigar, dibujar. Con todo eso hacemos un programa de <i>streaming</i>, de radio, un periódico y un canal de Youtube para el que hacemos videos. Recomiendan música, libros, películas, juegos, recetas, historietas. Hacen entrevistas a personalidades, van a la radio, aprenden a hacer guiones, a formular preguntas, a reflexionar y a leer. También elegimos música, poesía, adivinanzas, chistes, inventamos secciones que luego salen en <i>Clásicos desatados</i>, el programa que comenzamos a hacer en Radio Nacional Clásica, en el 2020, donde los niños, niñas y adolescentes tienen la voz y la palabra. Y lo seguimos haciendo semanalmente en Spotify y en los estudios de Éter. Ya hicimos más de 200, cada uno con una temática especial —cuenta Jéssica.</p><p>Tanto el programa de radio como el periódico ganaron premios: Premio Aire Nacional 2021 como Mejor Programa Infantil, Premio de Honor por la contribución radial y el Premio Nacional y Latinoamericano de Lij “La hormiguita viajera”, recibió <i>Clásicos desatados</i>; y Premio Pregonero al Periodismo Gráfico, que otorga la Fundación El Libro, <i>Cordones</i>, la publicación en papel.</p><p>Entre un encuentro y otro Jéssica fomenta la actividad periodística enviando noticias por Whatsapp a los adultos referentes de los talleristas, estimula la investigación y la lectura de noticias compartida para analizar en la redacción. <b>Involucra a las familias en la propuesta, teje lazos.</b></p><p>—Se trata, de algún modo, de formar lectores. Nuestro lema siempre fue: “Recortar y escribir, es un modo de leer” —dice.</p><p>No trabaja sola. Está formando un equipo entre los que hay docentes, estudiantes de Psicología, profesionales relacionados con el mundo de las artes, de la escritura. Y el proyecto se expande hacia otros espacios: acuden donde los llamen. Así dieron talleres en escuelas, como en La Banderita, de Devoto, donde ayudó a armar la radio que se lanzó con hincapié en el cuidado de los baños y del cuerpo, tema que preocupaba a esa comunidad educativa y que trabajaron todo el año “desde el lado escatológico y desde la historia, la literatura, la poesía”.</p><p>También la convocaron el año pasado desde el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti —cerrado recientemente por el Gobierno de Javier Milei— para trabajar con chicos, chicas y adolescentes de diferentes escuelas la historia de <i>El eternauta</i>, de Héctor Germán Oesterheld, y que pudieran contarla con sus palabras, con sus dibujos.</p><p>—Titularon algunas de las escenas de esa tremenda y preciosa historieta. No se llegó a imprimir por un tema de presupuesto pero está <i>online</i>. En el Conicet hicimos un periódico especializado en ciencias, trabajamos en la Universidad de Quilmes, en la Fundación del Libro hicimos hace unos cinco o seis años un especial de la Feria del Libro. Estamos ahí a donde nos llaman, podemos armar un periódico o un programa de radio o <i>streaming</i>, que es lo nuevo. <b>Ahora empezamos a jugar con la imagen, que es superinteresante.</b></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/AKM2EDK6SZEANBR6WE3JT4OH4Y.jpg?auth=24bc650e6a21d41f872181c6c53797cab85cf565b83e789eeedcceecffb384d3&smart=true&width=1920&height=1280" alt="Jéssica Fainsod, directora de Periodismo por chicos (Foto Mariana Araujo)

" height="1280" width="1920"/><h2>El mundo desde los ojos de los niños y las niñas</h2><p>Según un análisis de los temas abordados en los primeros trece números de <i>Cordones desatados</i> que realizó María Laura Korell, licenciada y profesora en Comunicación Social, para una tesis académica, los niños y niñas que pasan por las redacciones de este proyecto sienten inquietudes e intereses por temas sociales, ambientales y políticos.</p><p>La autora del trabajo ordena los temas que tuvieron mayor representatividad en esas ediciones. La lista está encabezada por “<b>el cuidado del planeta, el ambiente o la ecología</b>; las prácticas socioeconómicas y políticas que dañan el ambiente, como el incendio del Amazonas, la actitud de los políticos frente a ese desastre ambiental, el calentamiento global, los deshielos, la fumigación de los campos”. Y cuenta que en la décima edición del periódico “se crea la sección Desastres naturaficiales”.</p><p>Siguen en la lista <b>el trato de los humanos hacia los animales</b> (cabe aquí el maltrato animal, la extinción de los zoológicos, animales de otras eras geológicas, el uso de mascotas en la campaña presidencial 2019); el uso de la tecnología con diversos fines (la inteligencia artificial, la robotización de la sociedad, el uso de drones y otras tecnologías para la guerra); la cultura del miedo y el terror hacia los niños (los nuevos monstruos como Momo, la desprotección de los niños frente a internet); política, sociedad y economía (la falta de empleo y los despidos en el mundo del trabajo, el triunfo de Donald Trump en los Estados Unidos, la carrera nuclear entre los Estados Unidos y Corea del Norte, las personas que no tienen casa en Buenos Aires, el Ratón Pérez, el ahorro y la inflación, las noticias falsas, describe Korell.</p><p>No faltan la literatura, el cine, la cultura general, como el 151 no cumpleaños de Alicia [en el país de las maravillas], recetas de cocina, reseñas de libros, chistes y adivinanzas. “Somos especialistas en en chistes malos, está nuestra sección “Cazadores de chistes malos” que, en <i>Clásicos desatados</i>, en Radio Nacional Clásica, era una de las más pedidas y aclamadas”, dice Jéssica.</p><p>La directora del espacio se corre del adultocentrismo para mirar el mundo con los lentes de sus periodistas. <b>Disfruta de verlos analizar ese mundo adulto con elementos del suyo.</b></p><p>—Hace varios años habían titulado “Peleas de bebés” a la pelea de Trump con el presidente chino; o cuando pasó lo de Loan, uno de los títulos tremendos que surgió fue “Lo han perdido”. Ese fue el título de la nota. El título y la imagen es algo que trabajamos mucho porque es una de las cosas más importantes en los medios, es lo primero que uno ve, así que hacemos mucho hincapié en eso y [a los chicos y las chicas] les interesa mucho contar con sus palabras, con sus dibujos, <b>con su mirada tan especial y siempre tan sorprendente</b>. Cuando falleció el cantante de One Direction —entre quienes se suman <i>online</i> hay dos chicas que viven en Inglaterra, ellas trajeron el tema— el título que le pusieron a esa noticia fue “La música terminó temprano”. Así de poético y tremendo.</p><p>En el último número de Cordones desatados, el 23, además del homenaje al Dibu y los dinosaurios, los y las periodistas inauguraron una sección policial con la noticia de la masacre de los pingüinos en Punta Tombo. “Que en el diario de los adultos está en la sección de Sociedad”, dice Jéssica.</p><p>—Ellos no entendían por qué estaba en Sociedad y la pusieron en la sección Maltrato animal/Policiales. El título es “Topadora versus pingüinos”. Y la bajada habla del terrateniente “Ricardo Adolfo La Regina que destruyó 292 nidos de pingüinos al avanzar con una topadora para poner un alambrado eléctrico en Punta Tombo, Chubut, el sur de la Argentina”. <b>Cuando escuchaban esta noticia se tapaban los oídos porque no podían creerlo </b>pero a la vez fue la que más les impactó. Y cuando se enteraron de que esos campos habían sido donados por el abuelo de este señor que destruyó los nidos se preguntaban por qué había hecho algo así y decían: “Desobedeció a su abuelo”. Y alguien dijo: “Yo creo que lo hizo porque estaba enojado con su abuelo que le dejó el campo a los pingüinos y no a él”. Los niños son profundos. Es otra, realmente, la mirada. <b>Son una reserva ética y también económica del futuro</b>.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/MA7B5JXA4RBOLFN34RDCVOZ3LM.jpg?auth=30ba3f5aabcbcb9dc648b6bdb46b74575dbdd7e82ae8d1017bf81f2ef835af5a&smart=true&width=1920&height=1280" alt="Los y las periodistas de Cordones desatados en el Malba, con el cuadro "Manifestación" del grupo Mondongo (Foto: Pepe Mateos)" height="1280" width="1920"/><h2>El arte de hacer preguntas</h2><p><b>Estimular la lectura, el pensamiento crítico y la formulación de preguntas</b> son los ejes que forman la columna vertebral de la propuesta. Las lecturas, que comienzan en las redacciones a partir de las noticias que los y las periodistas llevan, se inician generalmente con el análisis de los títulos, copetes, fotografías, epígrafes y continúan con el cuerpo de los textos. Una de las maneras de fomentar la formulación de preguntas se relaciona con analizar las palabras utilizadas en los medios e intentar comprender aquellas que les resultan extrañas. A partir de esta actividad analítica, de cuestionar y arriesgar significados, del diálogo y el intercambio, comienzan a imprimir el sentido que tendrá la noticia en su periódico.</p><p>Además, los y las periodistas dibujan sobre el tema, quienes lo desean proponen un título y luego votan para definir cuál quedará. Una vez escogido, uno de los periodistas lo escribe de la manera que lo hayan pautado, lo dibuja, lo pinta.</p><p>“Por lo general, <b>cuando una nota cierra, los periodistas han ampliado su conocimiento del tema</b>, incorporado vocabulario, formulado un esquema de la información que los habilita para ser también ellos mediadores, comentar la información en otros ámbitos y relacionarla con la vida cotidiana, de manera que cada uno ha podido poner en juego esta lectura con otras previas, o relacionar esa información nueva con el capital simbólico desde el que cada uno lee y significa”, escribe Korell.</p><p>Jéssica dice que de todos los trabajos que tuvo y que tiene el que más disfruta es este, “cuando estoy jugando de verdad verdadera con ellos. Cuando nos sumergimos en cada uno de los temas y encontramos el sentido más profundo”.</p><p>Al cierre de cada nota se propone una pregunta, como por ejemplo: “¿Por qué nos importan tanto los dinosaurios?”, y los y las periodistas <b>que lo desean responden lo que piensan</b>.</p><p>En el número 12, cuenta Korell en su trabajo, debajo de la nota titulada “Mascotas presidenciables”, que hablaba de las mascotas de los candidatos, preguntaban qué propondrían los chicos para mejorar el país si pudieran ser candidatos. Esto respondieron: “Que el aborto sea legal, que se den los mismos meses de licencia por maternidad/paternidad, y crearía el Ministerio de la Mujer”; “Tratar de pagar la deuda. Y luego armaría casas comunes para los pobres”; “Valorizaría el peso argentino, abriría más escuelas con maestros que enseñen muy bien”; “Bajar el dólar y buscar que todos tengan trabajo”. La ilustración mostraba la vista de una gran ciudad y la pregunta: <b>“¿Por qué los chicos no votamos?”</b>.</p><p>—Los niños se preguntan cosas diferentes de las que los padres creemos que se preguntan. <b>En </b><i><b>Cordones desatados</b></i><b> siempre decimos que las preguntas son más importantes que las respuestas</b>. Periodismo por chicos es un modo de pensar el presente y el futuro.</p><p><i>* Los medios para contactarse con Cordones desatados son por correo periodismoporchicos@gmail.com o en instagram @cordonesdesatados.oficial</i></p><p><br/></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/NJOIYHDYLJE7XHGQFSU6WAOUFQ.jpg?auth=559059196617dce94d93f37fbe431e5398df8d75d8ecbe0afdac5d7104b92e70&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"/></item><item><title><![CDATA[Fue apropiada por el represor que mató a sus padres y vivió 25 años con otra identidad: Victoria Montenegro, historia de una aparición]]></title><link>https://www.infobae.com/historias/2025/01/19/fue-apropiada-por-el-represor-que-mato-a-sus-padres-y-vivio-25-anos-con-otra-identidad-victoria-montenegro-historia-de-una-aparicion/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/historias/2025/01/19/fue-apropiada-por-el-represor-que-mato-a-sus-padres-y-vivio-25-anos-con-otra-identidad-victoria-montenegro-historia-de-una-aparicion/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[La diputada del Frente de Todos recuerda cómo fue crecer como hija del matrimonio Tetzlaff y el difícil proceso en el camino hacia la verdad]]></description><pubDate>Wed, 05 Feb 2025 03:52:41 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/V66HU3Y6YND3RNU2USQCZY2TTU.JPG?auth=bad93a8c5e04a8bb7b43f6021dc29159480dbebd04af428890dd1e10e60780e7&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Victoria Montenegro preside la Comisión de Derechos Humanos en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires " height="1080" width="1920"/><p>¿Qué hace una niña de cinco años buceando sin parar, recorriendo durante horas, los ojos abiertos como dos platos sumergidos, la pileta de un cuartel militar? ¿Qué hace saliendo del agua después de cada vuelta, corriendo, mientras chorrea, a mirarse en el espejo del baño? ¿Qué hace la niña en cada intento obcecado de abrirlos más y más grandes, hasta su límite, buscando que el agua clorada le impregne el iris, lo cambie? ¿Qué hace cuando el reflejo todas las veces le devuelve el mismo color de ojos oscuros, las venas hinchadas y sanguinolentas por los químicos que mantienen el agua pura?</p><p>Quizás así se pareciera a ellos. Quizás así se pareciera a él. Al hombre que es su mundo entero: su papá. <b>Que no es</b>.</p><p>***</p><p>Esta historia podría empezar cuando Victoria Montenegro apareció dentro de ella misma. Cuando recuperó su verdadera identidad más allá de la confirmación del lazo de sangre, más allá de lo que decía el Banco Nacional de Datos Genéticos. La identidad completa. Esa que le habían arrebatado a pocos días de nacer. Pero antes de volver a ser Victoria, por 25 años, fue María Sol. María Sol Tetzlaff.</p><p>***</p><p>Hubo una niña de piel castaña, ojos castaños, pelo castaño y apellido rubio, de ojos diáfanos. Como los de su padre, como los de su abuelo. Hubo una niña que veraneaba en un cuartel del Ejército en Villa Martelli, primero, en Campo de Mayo, y por varios años, después. Ahí vivía, prácticamente, su papá y era la única manera de pasar tiempo con él.</p><p>Un papá al que idolatraba y ponía a la altura de Dios y de San Martín —”porque para mí era Dios, patria y hogar, entonces estaba Dios, San Martín, que tenía un caballo blanco, y mi papá que era muy parecido a San Martín y a Dios”—. Con el que llegaba al cuartel, desde su departamento del barrio de Lugano, muy temprano a la madrugada, antes del amanecer, con frío aunque fuera verano. El que la cubría con una manta de lana pesada para que durmiera un poco más antes de que a las siete el soldado golpeara la puerta: “Permiso, mi coronel, el desayuno de la nena”. Y ella se encontrara con una taza blanca de porcelana con café con leche y medialunas. Desayunaran juntos y empezara la diversión.</p><p>Hubo una niña que pasaba sus días jugando a atender el teléfono en el “Centro fijo” de Campo de Mayo, el área central, a cargo de su padre, a la cual llegaban todas las llamadas telefónicas que había que derivar a las distintas divisiones de ese cuartel del Ejército.</p><p>—Siempre fui muy rápida para aprender, entonces me quedaba ahí —de hecho había dos señoras que trabajaban y cuando iba yo se iban todo el día— porque todo el tiempo quería atender el teléfono, porque era una nena: “Centro fijo, buenos días”, “Hola, Centro fijo” —Victoria se pone una mano como auricular imaginario, imposta la voz y, con el recuerdo en el cuerpo, vuelve a ser por un segundo esa nena jugando a atender el teléfono en el trabajo de su papá—. Me acuerdo que aprendí a derivar las llamadas. Las únicas difíciles eran las de Caballería porque tenía un tablero distinto que estaba a la izquierda y vos tenías que unir con cables de acuerdo al área con la que quisieran hablar. Pero lo manejaba y me encantaba.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/5SQW7PL6IVENDAYMFMIWW266TQ.jpg?auth=3acb027ec42e36c8e2992670d6ec618d5c9784d62140717f8cdba80c06233c13&smart=true&width=1920&height=2753" alt="Victoria Montenegro nació el 31 de enero de 1976. Es hija de Hilda Ramona Argentina Torres y Roque Orlando Montenegro, ambos militaban en el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). El 13 de febrero  del 76 el Ejército irrumpió en su casa, ellos murieron en el enfrentamiento y Victoria fue apropiada por el represor Herman Tetzlaff, a cargo del operativo" height="2753" width="1920"/><p>Y en verano nadaba horas en la pileta del cuartel, sola, al cuidado de un soldado que le ponía su padre hasta que él llegaba a nadar con ella.</p><p>—Y ese era otro momento del día, porque yo lo adoraba. A él le gustaba mucho nadar, entonces se tiraba del trampolín y nadaba, nadaba, nadaba, y yo me quedaba esperándolo porque cuando él salía para mí tenía los ojos más claros todavía.</p><p>Una niña instruida con ideas y valores castrenses. Entrenada para reconocer situaciones de peligro. Acostumbrada a vivir rodeada de armas; a llevarlas, incluso, en su falda cuando viajaba al cuartel sola con su papá.</p><p>—Quizás el recuerdo más fuerte, el primero que tengo de mi infancia, yo tendría tres, cuatro años, es el caminito del ingreso a Martelli, la arboleda. Mi apropiador estaba en Campo de Mayo y en Martelli. Tengo ese recuerdo de las garitas de seguridad para ingresar al cuartel y una niña que amaba profundamente a quien para ella era su papá. Tengo el recuerdo de ir a la madrugada, cuando íbamos solos yo iba sentada al lado de Herman y tenía siempre un <i>attaché </i>con armas arriba de las piernas. Herman me enseñó a identificar lugares donde podrían emboscarnos entonces inmediatamente había un reflejo de agacharme y abrir el <i>attaché</i> para que mi papá tuviera acceso. Pero era un reflejo; para mí, que era chiquita, era como un juego.</p><p>—¿Qué es lo que te contaban de lo que sucedía? ¿Cuál te decía Herman que era su trabajo?</p><p>—Él no hablaba mucho. Había una guerra, eso sí estaba clarísimo. Había una guerra, papá era un soldado. Y había malos. Nosotros éramos los buenos y los malos estaban siempre ahí. Y había un librito que se llamaba <i>Y el próximo será usted</i>, muy chiquito, que yo me sabía de memoria, donde indicaban todas las medidas de precaución que tenías que tener en tu casa, con las luces, los horarios de entrada y salida, estar atentos a un vehículo “aunque hubiera un elemento femenino con un niño en brazos”, porque supuestamente las subversivas usaban a sus propios hijos pero también bebés falsos entonces si uno veía a una mujer con un bebé bajaba la guardia y podía ser un elemento subversivo. Lo tenía clarísimo. Entre esas recomendaciones estaba evitar los lugares donde uno podía ser emboscado: la oscuridad, que no hubiera ruta de salida, <b>cosas que ya estaban incorporadas en la vida que habitaba</b>.</p><p>Una niña que cuando se quedaba despierta hasta tarde, pese a que era feliz en su vida, al dar la medianoche sentía un hormigueo nervioso en la panza que no podía explicar, “ese que te agarra cuando jugás a las escondidas y te están por encontrar”. Una sensación que desataba siempre la misma pregunta: <b>“Mamá: ¿a qué hora nací?”</b>.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/GIH5ACTSDBB2TJJ6FGPT2N3VCE.jpg?auth=69f8966a034f24b8409f8fa0eeccc72cb8ac08f1fcf0062e0a4411166ef25c43&smart=true&width=1920&height=1219" alt="Victoria creció con el nombre de María Sol Tetzlaff, creyéndose hija de María del Carmen Eduarte y el coronel Herman Tetzlaff, a quien adoraba  " height="1219" width="1920"/><p>***</p><p>De pantalón fucsia y camisa blanca, sentada en su despacho de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, desde donde brega por leyes que amplíen derechos —sencilla, verborrágica—, Victoria Montenegro hilvana recuerdos que le brotan con la liviandad y los colores de las burbujas iluminadas por el sol. Habla sin pausa, los habita. Se ríe.</p><p>Su despacho es simple, casi despojado: un escritorio con sillas, una mesa redonda con sillas al lado, sobre el escritorio una foto de ella con Cristina Kirchner. Antes de la puerta de su oficina, una antesala más amplia con puestos de trabajo donde su equipo conversa sobre —naturalmente— leyes. Que entró una nueva, que qué hace falta para que salga. Que cuántos votos necesitamos. Que cuándo se votaría. Del otro lado de esa puerta, la de la entrada, un cartel en defensa de la universidad pública que tienen pegados algunos legisladores.</p><p>Dos puertas adentro Victoria sigue contando la vida de María Sol, su alter ego en el engaño. No lo hace con resentimiento ni con rencor ni con autocompasión, sino con una enorme empatía por esa otra <b>que era ella misma pero no</b>. Con ternura por la inocencia de esa niña que buscaba parecerse a alguien de su familia; que amaba tanto a su padre que creía lo más inverosímil: que ella, con sus rasgos norteños, su piel castaña, sus ojos y su pelo oscuro, a quien de hecho cariñosamente Herman Tetzlaff, su apropiador, apodaba “negra”, se parecía en realidad a su abuelo Erwin, el padre de Herman que no había conocido. <b>Victoria tiene el don de mirar a María Sol y comprender que fue una víctima</b>.</p><p>—Cuando entraba en crisis porque decía: “Bueno, pero, ¿a quién me parezco? Porque no tengo ni los ojos ni la piel de nadie, ni los rasgos de nadie”, mi apropiador me decía: “Vos sos muy parecida a tu abuelo Erwin Tetzlaff”. Mi abuela Luisa, la mamá de Herman, se separó cuando él y mi tía eran chiquitos, pero siempre vivió enamorada del papá de sus hijos y tenía una foto que guardaba como un tesoro. Hasta en la foto en blanco y negro, que ella me mostró algunas veces, se le notaban los ojos turquesas de tan ario que era —recuerda Victoria y ríe—. Pero mi mamá también me decía: “Vos sos igual a tu abuelo Erwin que era alemán del norte, de los moros”, entonces yo pensaba: “Moro, morocha”. “Bueno, está bien”, le decía, y me abrazaba a eso.</p><p>Pero del todo no se convencía. Porque volvía y volvía a preguntar, ante la mirada congelada de miedo de María del Carmen, Mary, su apropiadora: <b>“Mamá: ¿a qué hora nací?”</b>.</p><p>La respuesta siempre era un relato épico.</p><p>—María Sol había nacido el 28 de mayo del 76. Me iba a llamar María Soledad porque mi mamá era María del Carmen, mi hermana María Fernanda y yo me iba a llamar María como ellas y Soledad porque me había quedado sola. A Mary le pareció muy triste entonces me pusieron María Sol. Y en realidad iba a nacer el 29 de mayo, que es el Día del Ejército Argentino, pero me hacen nacer el 28. Entonces era: “Mamá, ¿a qué hora nací?”. “Vos naciste el 28 de mayo en el marco del desfile del Día del Ejército. Estábamos en el desfile, en San Isidro, papá era el jefe. Pasa papá —vos imaginate ser chiquitita y que te digan ‘pasa papá en el desfile’— con la bandera argentina y cuando tu papá pasa rompo bolsa. Papá baja —alguna vez bajaba del tanque, otra del caballo—, me envuelve” y casi nací en el medio de la bandera argentina en un sanatorio de San Isidro, porque María Sol nace en una clínica de San Isidro, de urgencia.</p><p>La verdadera historia había sido <b>mucho menos película épica. Mucho más película de terror</b>.</p><p>Hilda Victoria Montenegro había nacido el 31 de enero de 1976, en el Hospital Israelita de Buenos Aires. Abrazada por su madre, salteña, Hilda Ramona Argentina (“Chicha”) Torres, y su padre, salteño, Roque Orlando (“Toti”) Montenegro, militantes del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). El 13 de febrero, cuando tenía apenas 13 días, mientras el Gobierno de María Estela Martínez de Perón aún adornaba el país, un operativo del Ejército a cargo del coronel Herman Tetzlaff irrumpió en la casa donde vivían, en la Provincia de Buenos Aires, secuestró y asesinó a sus padres y se la llevó.</p><p>Victoria desapareció. Poco después nació María Sol Tetzlaff.</p><p>—[Mary, mi apropiadora] siempre me respondía lo mismo. A veces el caballo era más grande, el tanque era más grande, el batallón atrás era más largo, pero papá siempre estaba al frente. Y obvio había una cuestión épica que era hermosa pero que no me llenaba porque yo siempre volvía a preguntar lo mismo. Hasta los 9 años, más o menos, que me resigné a esa venida al mundo.</p><p>***</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/5TIJUPSVBNCSLO3KBYHIQBQPUM?auth=6ce55bb93c3d07bf37406ed3e1e8945154b86053365783eb0d6219914f329c78&smart=true&width=600&height=450" alt="Victoria Montenegro y Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo. (Foto: Télam)  
" height="450" width="600"/><p>María Sol creció creyéndose hija del coronel Herman Antonio Tetzlaff, del Batallón de Inteligencia 601 del Ejército, y su esposa, María del Carmen Eduarte. Con una hermana diez años mayor, Fernanda, a quien también habían adoptado ilegalmente pero que no era hija de desaparecidos. Y criada amorosamente por una empleada doméstica, Lina, a quien Tetzlaff también le había dado un bebé apropiado que recuperaría su identidad: Horacio Pietragalla Corti.</p><p>Creció con sensaciones que no podía explicar, “olores que me remontaban a recuerdos que no podía encontrar, pero que estaban ahí, me llevaban a momentos que me generaban una sensación extraña pero que no tenían lugar en la vida de María Sol”. Con preguntas a las que encontraba respuestas que no la llenaban, como su llegada al mundo o a qué integrante de la familia se parecía, pero sin dudas de que era hija biológica del matrimonio Tetzlaff.</p><p>—Siempre es muy difícil de explicar. Había un vacío que Herman llenaba con mucha ideología. Me sentaba y me daba un encuadre de su trabajo, de la guerra, de los valores, de la familia. Había tanta formación ideológica que parecía que lo llenaba todo, todo lo otro era secundario.</p><p>Todo lo otro.</p><p>Una noche, cuando era pequeña, Victoria —que era María Sol— lo despertó con gritos y sacudidas porque una pesadilla la había asustado y él agarró un arma y le apuntó. “Como reflejo. Ahí supe que nunca más, tuviera la pesadilla que tuviera, tenía que ir a despertarlo”. Cuando volvían a su departamento en el barrio de Lugano y subían en el ascensor, él tenía un juego con ella que consistía en agarrarla “un segundo” del cuello —”tenía una mano enorme”— apretarle la garganta y movérsela para que después las palabras salieran cortadas. Cuando era adolescente y vio por primera vez a su novio, Guti, un pibe del barrio, el marido de Victoria hasta el día de hoy, casi lo mata.</p><p>En los ojos de María Sol Herman era “un papá gigante, un papá de 2 metros, 150 kilos”. Cuando ella se puso de novia con Gustavo tenía 15 años y él 21.</p><p>—Él [Herman] nos ve juntos. Estaba también mi cuñado y un grupo de amigos, ahí cerquita. Herman justo bajó, nos vio, agarró a Guti del cuello, en ese momento mi marido pesaba con toda la furia 60 kilos. Lo entró al edificio, lo puso contra la pared —yo le decía: “Por favor soltalo, papá”—, lo levantó a su altura y esa vez me impresionó mucho porque lo tenía agarrado y con el dedo gordo apenas lo apretaba, así, muy despacio —Victoria abre su mano y hace un movimiento muy leve con su dedo pulgar mostrando la sutileza y precisión con la que su apropiador presionaba el cuello de Gustavo—. Guti estaba morado morado. En un momento las piernas empezaron a moverse como si tuviera una convulsión, no podía respirar. Y yo veía como él muy despacito aflojaba el dedo gordo —una mano gigante—, apenas, y respiraba. Y de vuelta muy despacito lo apretaba. Apenitas lo tocaba. Yo dije: “Lo mata”. Lo levantó y lo tiró. Lo hizo volar hasta la reja, serían cuatro metros por lo menos. En el medio de todo eso salí corriendo a buscar al hermano. ¡Se habían ido todos! ¡Lo habían dejado solo! —se ríe—. Cuando se fue Guti, como pudo, yo me puse a llorar y Herman me dijo: “¿Vos lo querés?”, le dije: “Sí”. “Bueno,<b> si lo querés dejalo porque va a aparecer flotando en el Riachuelo</b>”. Porque no le gustaba para mí.</p><p>Pero esa vez Victoria no obedeció. Ella y Gustavo siguieron viéndose a escondidas, intercambiando cartas en forma clandestina a través de Lina, la empleada que la cuidaba y criaba amorosamente, porque Mary, su apropiadora, había tenido una ACV cuando ella tenía 13 años y estaba en silla de ruedas. Lina era cómplice de ese amor que duró en secreto poco más de un mes hasta que Herman volvió a verlos juntos.</p><p>—Yo había salido antes de gimnasia y Guti tenía un ramo de flores en la mano, cuando vio a Herman se puso blanco. Yo dije: “Ya está, lo mata”. Y Guti dijo: “Buenas tardes, señor”. Mi papá era cuatro veces el cuerpo de mi marido. Nos miró de reojo: “Buenas tardes”. Y a partir de ese momento se resignó y nos pudimos poner de novios. <b>Pero una cosa era estar de novios y otra decirle que estaba embarazada, con 15 años.</b></p><p>Cuando lo vio por primera vez, Victoria, que entonces era María Sol, supo que iba a ser el padre de sus hijos. Ella tenía 13, Gustavo 19. Era vecino de Lugano. Él era un chico joven que salía a bailar “y volvía todos los días con una distinta”. Ella, una preadolescente, hija de un coronel, que lo espiaba con los binoculares de su padre y lloraba al verlo con otras como si la estuviera engañando. Él, todavía, no la había visto. Dos años después esperaban su primer hijo.</p><p>Gustavo tenía miedo. “En esa época teníamos el FAL y la 45 en la cómoda, un bolsito verde lleno de armas, la pistola en la mesa de luz, eso era siempre, desde que tengo uso de razón”. Pero cuando le contó al que creía su padre que estaba embarazada y decidida a tener el bebé, Herman le preguntó: “¿Pero vos te querés casar? Porque si vos no te querés casar yo me hago cargo del bebé”. Victoria, que entonces era María Sol, se quería casar. Dos semanas después ella y Gustavo se convirtieron en marido y mujer.</p><p>—Y a partir de ahí yo creo que todo lo bueno que tiene mi marido como papá, con todas las contradicciones que eso tiene, lo aprendió de Herman.</p><p>***</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/GNDWGSLQURDVLMGS662DF4ZHSE.jpg?auth=cce2b3f73a8295bc89539b0d65a264a229b5f38f19953e4a5037b1b913e8f0b7&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Cuando Victoria supo que había una denuncia contra Tetzlaff que la tenía en el centro no dudó: le dijo que ella se quedaba con él. En 1991, por sugerencia de su abogado, dio una muestra de su sangre para el Banco Nacional de Datos Genéticos que las Abuelas de Plaza de Mayo ya habían logrado poner a funcionar
" height="1080" width="1920"/><p>Cuando Victoria, que entonces era María Sol, le contó a Herman que estaba embarazada y se casó, “explotó la causa”. Era 1991, ella tenía 15 años pero estaba advertida. Seis años antes, a sus 9, había habido aviso.</p><p>—Hubo un momento en el que fui con Herman a un juzgado, en San Martín. Me senté con él, me acuerdo de que el juez insistía mucho en “que la nena se vaya adelante con el secretario” y Herman le dijo que “no hay nada que no pueda hablar delante de mi hija, que yo conozco muy bien los bueyes que aro”. Ahí el juez sacó una carpeta y <b>le dijo que las viejas estaban jorobando</b>. Que se quede tranquilo, “mi coronel”. Lo tengo todo, hasta las plantas, hasta el jardín, el sillón, el escritorio. El sillón estaba a la derecha del juez y a la izquierda de mi papá apropiador, y la carpeta era rosa. Pasan los años pasan los años. Él siempre tenía muchos vínculos en la Justicia, eso lo sabía, hasta que sí estalla la causa en el 91.</p><p>Cuando el juez Roberto Marquevich tomó el caso Herman entendió que iba a pasar. Lo venía masticando en días de mal humor y temperamento irascible. Sentó a su mujer y a su hija menor y les dijo “que hay una causa que la tiene un montonero, que hay un banco mentiroso que maneja la Internacional Comunista y que cada tanto hacen aparecer supuestamente a un hijo de la subversión que está con gente de la Fuerza”.</p><p>—Y ahí, que yo estaba en modo adolescente, inmediatamente me volví a ordenar. Me acuerdo que le dije que no importaba lo que pasara, yo me quedaba con él. Que él me dijera qué tenía que hacer nada más. Y empezó un momento distinto.</p><p>***</p><p>Victoria, que todavía era María Sol, no creía en nada de lo relacionado con la denuncia que la tenía en el centro. “Estaba convencida de que todo era mentira: el Banco era mentira, las Abuelas eran mentira, los desaparecidos estaban todos en Europa”. Lo único que le importaba era salvar al que creía su papá.</p><p>Por entonces las Abuelas de Plaza de Mayo habían iniciado una acción que acusaba a Tetzlaff, que había participado en más de 1000 operativos de secuestro y desaparición, de la apropiación de Victoria y Horacio. El Banco Nacional de Datos Genéticos ya estaba en funcionamiento y un abogado le recomendó a Victoria, que todavía era María Sol, que fuera a sacarse sangre. Ella tenía 16 años, ya era mamá de Gonzalo, su primer hijo, que era un bebé.</p><p>—El abogado nos plantea: hay una denuncia, no iba a pasar nada, no había ninguna posibilidad de que mi papá fuera preso, entonces nos sugiere que lo mejor, para evitar obstaculizar a la Justicia, era sacarnos sangre. Fui con Gonci, nos sacamos sangre. Para mí ahí quedaba todo.</p><p>En 1997, Abuelas de Plaza de Mayo inició una causa penal convencidas de que <b>el robo de bebés durante el terrorismo de Estado había sido parte de un plan sistemático</b>. Este juicio, que terminaría en 2012, sentó un precedente internacional, fue uno de los más importantes en materia de derechos humanos.</p><p>Antes de todo eso, cuando apenas comenzaba, Tetzlaff tenía los nervios de punta. Le habían vuelto el mal humor y la irritabilidad. Victoria, que entoces era María Sol, no entendía qué le pasaba.</p><p>—Y una vez estaba con mi hermana y le digo: “Papá está imposible”. Y me dice: “Bueno pero tenés que entenderlo, papá va a ir preso”. “No, papá no puede, estás diciendo una pavada”. “No, gorda —mi hermana hasta el día de hoy me dice gorda—, papá va a ir preso, vos tenés que saberlo”. <b>Yo me percibía alemana, por lo tanto soy la negación hecha persona</b>.</p><p>Victoria no lo olvida: el 2 de diciembre, por la tarde, un día antes de que el matrimonio Tetzlaff celebrara un nuevo aniversario de casados, la brigada de San Isidro golpeó la puerta de su casa.</p><p>—Me acuerdo del perro que ladraba y, de repente, no te puedo decir lo que fue eso. Entró la policía, se lo llevaba. Se estaban llevando a mi papá. Me acuerdo que él me dejó el arma para que la guarde, para que la cuide. <b>Ese día y el día que aparezco fueron de los más tremendos.</b></p><p>Victoria, que aún era María Sol, hacía fuerza para no derrumbarse. Se culpaba. Como una imagen en cámara lenta, cuadro a cuadro, se veía a ella misma, una y otra vez, ofreciendo su brazo, dando su sangre en el Banco Nacional de Datos Genéticos: “Yo lo entregué”, pensaba.</p><p>Al día siguiente fue hecha una furia al juzgado de Marquevich, a pelearse “con todo lo que se movía”. No imaginaba que ese día iba a partir su vida en dos.</p><p>—Ahí me notificaron que en el análisis que habían hecho habían encontrado que en un 99,9% no era hija del matrimonio Tetzlaff. Me lo dice el secretario del juez. Yo era muy difícil, hoy lo tengo que asumir. Me acuerdo que solo quería romperlo todo. Me acuerdo que me dan una carpeta, un expediente, yo lo tiro en la mesa y le digo: <b>“Me quedo con mi 0,01%”</b>.</p><p>Victoria, que acababa de asomar dentro de María Sol aunque María Sol todavía no podía verla, negaba. María Sol rugía argumentos que tenía internalizados: “Que ustedes saben muy bien que ese Banco [de datos genéticos] no es real, que está financiado internacionalmente y nosotros no nos vamos a quedar así, vamos a pedir una contraprueba”. Exigió ver a Herman antes de que lo trasladaran al penal de Caseros. Cuando lo vio esposado la sangre hirviente cedió y ella se desarmó.</p><p>—Me puse a llorar solo unos segundos porque él me miró y me dijo: “No llores. No hay que mostrar debilidad frente al enemigo”, entonces me tragué tanto la angustia que me acuerdo que me dolía la garganta, pero sabía que me habían preparado desde muy chiquita para ese momento y tenía que demostrarle a mi papá que iba a estar a la altura. Me acuerdo que me pidió que le comprara un ramo de flores a mi mamá por el aniversario, que cuidara a la familia, a los nenes —yo ya tenía dos, a Gonci y a Sebas—, “que hay que estar fuerte”. Me dijo que me iba a llamar un amigo de él, que estuviera atenta. Y antes de que se lo llevaran, le digo: “Papá, vos quedate tranquilo, voy a pedir la contraprueba”. Y él me mira y me dice: “No, negra”.</p><p>***</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/D5GXFFSZDJDD7BPNOZYG22XSKM.jpg?auth=351c9ce804eb0b0d0c9c1e8313407b42b2fd917d8689b1e79499a7310ff13ab9&smart=true&width=760&height=427" alt="Victoria supo que no era hija del matrimonio Tetzlaff en 1997. Tres años después, en el 2000, se confirmó que era hija de Hilda Ramona Torres y Roque Orlando Montenegro, desaparecidos en la última dictadura militar. Le llevaría varios años más procesar la verdad y abrazar su nueva identidad " height="427" width="760"/><p>A partir de ese momento no paró. Todavía no se había detenido a pensar en el significado de las palabras de Herman, el rechazo a pedir una contraprueba del análisis de sangre. Lo único que implicaban para ella era que debía buscar otra estrategia para liberarlo, su vida empezó a girar en torno a cómo sacarlo de la cárcel. Removió su mundo entero, se peleó con cada persona que se cruzó en su camino, recibió la llamada que esperaba, la del fiscal Romero Victorica, amigo de Tetzlaff, quien le puso un bufete de abogados a disposición y, tres meses después, antes de Pascuas, Herman quedó en libertad.</p><p>A fines de 1999 Victoria recibió una nueva citación del juez Marquevich para volver a extraerse sangre para el Banco de Datos Genéticos porque faltaba compararla con otros cinco grupos y la muestra que tenían no les alcanzaba. Se negó.</p><p>—No me acuerdo qué argumenté, te lo juro por mi nieto, pero sé que fui muy firme y la Cámara le prohibió al juez Marquevich, el 31 de diciembre, volver a sacarme sangre. Me acuerdo que Herman me esperaba en una parrilla, cerca de los tribunales, y yo le llevé el fallo. Se lo entregué como algo que tenía que hacer, demostrándole que habíamos podido frenarlos, y <b>fue la primera vez que sentí una profunda contradicción e inmediatamente me dije a mí misma: nunca vas a saber nada</b>. Por primera vez sentí que me traicionaba, pero me duró dos segundos porque había un sentido del deber y yo había hecho lo que tenía que hacer. En el año 2000 el Banco Nacional de Datos Genéticos incorporó un mecanismo nuevo y con la poquita sangre que quedaba <b>aparecí</b>.</p><p>Victoria, que sabía que ya no era María Sol pero no quería aceptarlo, fue citada nuevamente. Ni el juez ni sus secretarias, porque se había peleado con todos, fue una señora de nombre Rosario la que le contó que habían encontrado el grupo biológico con el que tenía coincidencia. Ella tenía 25 años. Le temblaban tanto las manos que el café que le habían servido comenzaba a derramarse. Con las pruebas delante suyo se negaba a creer. Hasta que preguntó: <b>“¿A qué hora se supone que nací?”</b>.</p><p>—Y me dice: “Mirá, no está tu partida de nacimiento pero tu familia dice que naciste a la madrugada”. Y vos sabés que para mí esa confirmación que ella me daba de mi fecha de nacimiento era la verdad. Yo era eso. Cuando salí le dije a mi marido: <b>“Se confirmó, soy hija de la subversión”</b>. <b>Sentí que toda mi sangre estaba sucia</b>. Fue tremendo porque yo lloraba y decía: “Papá combatió a la subversión, combatió esta suciedad y mi sangre está sucia, mi papá no me va a querer más”. Mi papá era mi mundo y sobre ese mundo venía todo lo otro. <b>Mi único temor era “mi papá no me va a querer más”</b>.</p><p>Cuando regresó a su casa, bajo una llovizna helada de agosto que la cortaba por dentro, fue al departamento de sus apropiadores, pegado a aquel en el que vivía con su marido y sus dos hijos. Herman domía la siesta, lo despertó y le contó que habían encontrado su grupo genético. Tetzlaff suspiró y le respondió: “Gracias a Dios, negra”, le dijo el nombre falso que utilizaba su abuela materna y lanzó: “Esa hija de puta, la busqué un montón”. Le contó todo el operativo en el que asesinó a sus padres y se la llevó.</p><p>—Me dice que él estuvo a cargo del operativo, que la orden era, como siempre, abatir al enemigo, que hubo un enfrentamiento y que abatió al enemigo. Yo intentaba procesar de a poco, decía: “Bueno, papá lo sabía y a pesar de eso me quiere, listo, ordenemos esto”. Yo le dije: “Vos sos como un ángel que tuvo la capacidad de criar al hijo del enemigo como propio”.</p><p>Luego de matar a sus padres Tetzlaff había dejado a Victoria en la Comisaría de San Martín donde la buscó poco tiempo después.</p><p>—Mary me contó a los dos días que pasaron a una oficinita donde éramos un montón de bebés, estábamos en las cunas, nos cuidaban unas monjas de una congregación de Morón. Y que la monja le ofreció un varón rubio de ojos azules, más a tono con la pareja, y ahí me dijo: “Para que estés orgullosa, tu papá dijo: <b>‘La negrita es mi hija’</b> y decidió quedarse con vos”. Dice que salieron, que me sacaron toda la ropa que tenía: “No queríamos que tuvieras nada que te recordara a tu pasado. Te bautizamos en Campo de Mayo y te hicimos persona”.</p><p>***</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/OHXKRUEAZJDMPBR7X7FGGK5YUU.jpg?auth=357c85d60f1b1d5542951711f22e724fff35c1eb0d7ec449f75807afe933e934&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Cuando logró asumirse como Victoria se reencontró con su familia biológica y se convirtió en una activista acérrima de los derechos humanos. Es legisladora por la Ciudad de Buenos Aires desde 2017, lugar desde donde brega por la protección y la ampliación de los derechos y lucha por la Verdad, la Memoria y la Justicia
" height="1080" width="1920"/><p>El palacio de la Legislatura porteña, uno de los edificios más grandes de la Ciudad de Buenos Aires, es despampanante. Un monumento nacional ubicado en el casco histórico. Con su fachada imponente, escaleras, columnas y arañas de caireles que iluminan sus salones con una belleza descomunal. Allí, la diputada del Frente de Todos, Victoria Montenegro, preside la Comisión de Derechos Humanos.</p><p>“En 1984 supimos de la existencia de Victoria cuando una tía suya acercó su caso a Abuelas de Plaza de Mayo. Por entonces era una niña con la identidad falseada por un represor de la dictadura y su esposa. Pasaron dieciséis años de impunidad hasta que pudimos confirmar, a través de la prueba genética, que la joven apropiada era la hija de Hilda y Roque”, escribe la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela Barnes de Carlotto, en el prólogo del libro <i>Hasta ser Victoria</i> (editorial Marea, 2020), en el que Victoria vuelca el testimonio de su vida.</p><p>“La joven Victoria, ya madre, —continúa Estela— comenzó a conocer la historia de sus padres, sus orígenes y su lucha, y fue asumiendo y recreando esa identidad de la que habían tratado de despojarla. (...) Con valentía e inteligencia, sostenida por el amor de sus seres queridos, pudo dimensionar el daño que el terrorismo de Estado le había infligido a ella y a su familia. (...) Victoria transformó su dolor en militancia. La esperanza de un país más justo, más igualitario y más inclusivo la impulsó a involucrarse y dedicarse de lleno a la política, siempre junto a los humildes y los desposeídos. Así también se comprometió con la búsqueda de sus hermanas y hermanos de la vida y fue integrándose a la gran familia de Abuelas”.</p><p>Le costó muchos años, mucha ayuda, aceptar su identidad. Despedir a María Sol para darle lugar a Victoria.</p><p>—<b>Es como salir de un laberinto donde vos misma ponés las trampas</b>. ¿Cómo te purificás de tanta locura y tanto odio naturalizado? De <b>una formación ideológica que va en contra de tu propia existencia</b>. Después, la verdad, pero una verdad que tenés que empezar a procesar. No hubo un operativo esa noche, hubo tormento. Ese lugar donde vos corrías y jugabas en la pileta era a metros de donde estaban torturando a la gente mientras vos, a la que también estaban torturando, estabas ahí. Entonces, ¿cómo hacés para depurar y entender que esa es tu vida aunque no la hayas habitado y aceptar tu origen totalmente distinto? —se pregunta Victoria.</p><p>Sin pausa, habla. Se habla. Purga.</p><p>—No, no hubo un desfile militar ni te parieron envuelta en la bandera de Argentina, naciste en la clandestinidad de tu vieja mientras tu abuela estaba presa, mientras tu tía desaparecía, mientras tu tío desaparecía, mientras tu verdadera familia se desangraba por todos lados. Entonces cómo te encontrás con esa chiquitita de 18 años, [su madre, Chicha], que era una mujer que estaba dispuesta a dar la vida. <b>Cómo unís esas dos vidas tan distintas</b>. Y ahí es necesario, al menos para mí fue necesario, <b>asumir la contradicción</b>. No, no es que de repente me dieron esto y yo siempre fui Victoria. Claro que no. De hecho mentiría si dijera que no quedó nada de María Sol.</p><p>Cuando María Sol pudo interiorizar a Victoria, no hubo vuelta atrás.</p><p>Quizás una niña que amó con locura no puede sacarse el amor del cuerpo. La niña que nadaba con los ojos muy abiertos bajo el agua para ver si de este modo lograba que su color se aclarase y así pudiera parecerse al hombre de su vida <b>lleva miles de proyectos de leyes para ampliar derechos, miles de luchas para defenderlos</b>. Desde que Victoria es Victoria hace todo por ser diferente a ellos. A él.</p><p><i>* Si tenés dudas sobre tu identidad y creés que podés ser hijo o hija de personas desaparecidas comunicate al 0800-222-CONADI (266234) o por correo electrónico a: conadi@jus.gov.ar.</i></p><p><br/></p><p><br/></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/V66HU3Y6YND3RNU2USQCZY2TTU.JPG?auth=bad93a8c5e04a8bb7b43f6021dc29159480dbebd04af428890dd1e10e60780e7&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"/></item><item><title><![CDATA[La vida salvaje del anarquista italiano que proclamaba una revolución violenta y la crónica de su ejecución escrita por Roberto Arlt]]></title><link>https://www.infobae.com/historias/2025/02/01/la-vida-salvaje-del-anarquista-italiano-que-proclamaba-a-una-revolucion-violenta-y-la-cronica-de-su-ejecucion-escrita-por-roberto-arlt/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/historias/2025/02/01/la-vida-salvaje-del-anarquista-italiano-que-proclamaba-a-una-revolucion-violenta-y-la-cronica-de-su-ejecucion-escrita-por-roberto-arlt/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[Periodista, maestro y obrero, Severino Di Giovanni había llegado a la Argentina en la década del 20, difundía sus ideas en un periódico que creó y fue artífice de atentados que sacudieron a la sociedad]]></description><pubDate>Sat, 01 Feb 2025 08:37:02 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/TOJUIJ4QGFD75FKLCADCZ3F4MA.jpg?auth=bcd5cde2a22c93d3148819b8d5bcfdd4e1cceef1c5ed37e4cbadf83874005872&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Severino Di Giovanni migró de Italia a la Argentina en la década del 20 para huir del fascismo" height="1080" width="1920"/><p>El día que iba a morir Severino Di Giovanni agradeció. El destinatario de sus palabras era el defensor oficial que le habían designado, el teniente Primero Juan Carlos Franco, quien había desplegado una encendida defensa en su favor tras su captura. Se despidió de su primera mujer —que era su prima—, María Teresa Masciulli, de los tres hijos que tuvieron juntos, y de su compañera hasta ese momento, América Scarfó —o Josefina, según otras fuentes—.</p><p>Pocas horas antes de morir Severino Di Giovanni pidió un café dulce que devolvió tras el primer sorbo —”Pedí con mucha azúcar… No importa, será la próxima vez”—. Y escribió un último mensaje: “(…) No busqué afirmación social, ni una vida acomodada, ni tampoco una vida tranquila. Para mí <b>elegí la lucha</b>. Vivir en monotonía las horas mohosas de lo adocenado, de los resignados, de los acomodados, de las conveniencias, no es vivir, es solamente vegetar y transportar en forma ambulante una masa de carne y de huesos. A la vida es necesario brindarle la elevación exquisita, <b>la rebelión del brazo y de la mente</b>. Enfrenté a la sociedad con sus mismas armas, sin inclinar la cabeza, por eso me consideran, y soy, un hombre peligroso”.</p><p>Pocos minutos antes de morir Severino Di Giovanni gritó “venda no”, cuando su verdugo procedía a taparle los ojos.</p><p>En el momento de morir Severino Di Giovanni gritó: <i>Evviva l’Anarchia!</i> (¡Viva la anarquía!).</p><h2>La crónica de la muerte</h2><p>El 1 de febrero de 1931, día que se ejecutó la sentencia de muerte de Severino Di Giovanni, el anarquista italiano radicado en el país en la década del 20, que proclamaba una revolución violenta y se había convertido en una de las figuras más buscadas por la policía después de realizar varios atentados, el escritor y periodista Roberto Arlt “entra, desencajado, a la redacción del diario <i>El Mundo</i>, donde escribe sus deslumbrantes Aguafuertes Porteñas”, narraba el periodista Alfredo Serra en <i><b>Infobae</b></i> hace algunos años. Arlt venía de la Penitenciaría Nacional, ubicada en la calle Las Heras (donde hoy es el Parque Las Heras). “Se sienta a la máquina y escribe: ‘Hoy he visto hombres que se ponen guantes blancos para matar a otro hombre’”.</p><p>Es el comienzo de su crónica sobre el fusilamiento del anarquista y terrorista Severino Di Giovanni, condenado a muerte por cuatro atentados en los que han muerto once personas.</p><p>Terminada la crónica, el jefe de redacción tacha ese comienzo. Arlt dirá mucho después:</p><p>–Fue la primera y única vez que me censuraron.</p><p>La crónica del escritor, que fue testigo de la ejecución de Di Giovanni, se publicó con este comienzo:</p><p>“Las 5 menos 3 minutos. Rostros afanasos tras de las rejas. Cinco menos 2. Rechina el cerrojo y la puerta de hierro se abre. Hombres que se precipitan como si corrieran a tomar el tranvía. Sombras que dan grandes saltos por los corredores iluminados. Ruidos de culatas. Más sombras que galopan.</p><p>Todos vamos en busca de Severino Di Giovanni para verlo morir”.</p><p>Y más adelante lo describe:</p><p>“El oficial bajo la pantalla enlozada. Frente a él, una cabeza. Un rostro que parece embadurnado en aceite rojo. <b>Unos ojos terribles y fijos, barnizados de fiebre</b>. Negro círculo de cabezas.</p><p>Es Severino Di Giovanni. Mandíbula prominente. Frente huída hacia las sienes como la de las panteras. Labios finos y extraordinariamente rojos. Frente roja. Mejillas rojas. Ojos renegridos por el efecto de luz. Grueso cuello desnudo. Pecho ribeteado por las solapas azules de la blusa. Los labios parecen llagas pulimentadas. Se entreabren lentamente y la lengua, más roja que un pimiento, lame los labios, los humedece. Ese cuerpo arde en temperatura. <b>Paladea la muerte</b>.</p><p>(...)</p><p>Di Giovanni mira el rostro del oficial. Proyecta sobre ese rostro la fuerza tremenda de su mirada y de la voluntad que lo mantiene sereno.</p><p>(...)</p><p>El condenado camina como un pato. Los pies aherrojados con una barra de hierro a las esposas que amarran las manos. Atraviesa la franja de adoquinado rústico. Algunos espectadores se ríen. ¿Zoncera? ¿Nerviosidad? ¡Quién sabe!</p><p>El reo se sienta reposadamente en el banquillo. Apoya la espalda y saca pecho. Mira arriba. Luego se inclina y parece, con las manos abandonadas entre las rodillas abiertas, un hombre que cuida el fuego mientras se calienta agua para tomar el mate.</p><p>Permanece así cuatro segundos. Un suboficial le cruza una soga al pecho, para que cuando los proyectiles lo maten no ruede por tierra. Di Giovanni gira la cabeza de derecha a izquierda y se deja amarrar.</p><p>Ha formado el blanco pelotón de fusileros. El suboficial quiere vendar al condenado. Este grita:</p><p><b>-Venda no</b>”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/2LDMOOWDDFBPJEW6VDOD7QAZ44.jpg?auth=eea31aeeef30f365c3e35756bff50d9cf4adf9eefee431cd328be995b815012a&smart=true&width=770&height=1077" alt="Severino Di Giovanni fue fusilado el 1 de febrero de 1931 ante numerosos testigos entre los que se encontraba el periodista y escritor Roberto Arlt que publicó una crónica de su muerte " height="1077" width="770"/><h2>Los comienzos de la causa que defendería hasta su muerte</h2><p>Severino Nivangio Di Giovanni había nacido en Chieti —a menos de 200 kilómetros de Roma—, Italia, el 17 de marzo de 1901. Había crecido bajo el impacto de la posguerra siendo testigo de la hambruna, la pobreza y los soldados abandonados a su suerte por las calles. Quizás eso fue lo que encendió una chispa rebelde en él, desde pequeño: siendo un niño <b>no toleraba ninguna orden de ninguna autoridad</b>.</p><p>En su juventud estudió para convertirse en maestro y empezó a enseñar antes de graduarse, en una escuela de su pueblo. Al mismo tiempo aprendió el oficio de tipógrafo de manera independiente, mientras se nutría con las ideas revolucionarias de filósofos anarquistas como Bakunin, Malatesta, Proudhon, Kropotkin y Élisée Reclus. A sus 19 años quedó huérfano y, en 1921, a los 20, decidió dedicarse por completo a proclamar, difundir y poner en práctica las ideas anarquistas.</p><p>Era 1922 cuando el fascismo, ya forjado, y los Camisas Negras de Mussolini avanzaban y se apoderaban de Italia, cuando Di Giovanni se casó con su prima, María Teresa Masciulli, con quien tendría tres hijos.</p><p>Con el totalitarismo en el poder y la persecución a los anarquistas la pareja resolvió exiliarse con su familia en la Argentina, gobernada entonces por el radicalismo de Hipólito Yrigoyen y Marcelo T. de Alvear. Tierra fértil para inmigrantes que buscaban mejor suerte, nueva vida y hacer comunidad en otro suelo.</p><p>En el país de la carne —aún no era el de la soja— se asentó en la ciudad de Morón, en la Provincia de Buenos Aires, desde donde viajaba a diario a la Capital para trabajar como tipógrafo. Ahí —acá— conoció a Paulino Scarfó, un anarquista argentino con raíces italianas, y a su hermana —hay versiones que dicen que era su hija— América Scarfó, también anarquista y menor de edad —tampoco hay acuerdo: en algunas fuentes aparece con 14 años y en otras con 18, en algunas se llama América y en otras, Josefina— quien se volvería su compañera, con quien tendría un vínculo amoroso hasta el fin de sus días.</p><p>Eran tiempos en los que a la ciudad porteña arribaban <b>olas de inmigrantes italianos</b>, hacia ellos, especialmente, Severino comenzó a dirigir las ideas anarquistas que derramaba en un periódico propio: <i>Culmine</i>. Lo empezó en agosto de 1925 y lo escribía por las noches quizás insomnes, quizás tomadas por el fervor de sus deseos revolucionarios.</p><p>El objetivo de ese periódico era claro: “Difundir las ideas anarquistas entre los trabajadores italianos; contrarrestar la propaganda de los partidos políticos pseudorrevolucionarios, que hacen del antifascismo una especulación para sus futuras conquistas por sufragio; iniciar en el medio de los trabajadores italianos agitaciones de carácter exclusivamente libertario para mantener vivo el espíritu de aversión al fascismo; interesar a los trabajadores italianos en todas las agitaciones proletarias de Argentina; establecer una intensa y activa colaboración entre los grupos anarquistas italianos, los compañeros aislados y el movimiento anarquista regional”, definió.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/JZNF5OL4TJHPRH5ILF75B4KPII.jpg?auth=62ead8b55dd9955403940676bf074903322409cff86717505892f870e4768529&smart=true&width=443&height=395" alt="María Teresa Masciulli, esposa de Severino Di Giovanni, y sus tres hijos. (Foto: Caras y Caretas)" height="395" width="443"/><h2>Acción y reacción</h2><p>Sus palabras hicieron mella en muchos de sus compatriotas recién llegados y comenzaron a organizarse. Argentina se convirtió en el país de Sudamérica más fecundo para el anarquismo, que, como la mayoría de las corrientes de pensamiento, <b>no era un bloque sin matices</b>.</p><p>Di Giovanni abrazaba el ala más radical, que se nucleaba en torno a los sindicatos independientes y al periódico <i>La Antorcha</i>, bajo la dirección de Rodolfo González Pacheco y Teodoro Antilli. Esta facción, a su vez —como casi todo en la historia de Argentina, madre de los binarismos—, tenía sus contrincantes: el sector “moderado” —que no por llevar ese nombre descartaba totalmente el uso de la violencia— agrupado en la Federación Obrera de la República Argentina (FORA) y el periódico <i>La Protesta</i>, dirigido por Emilio López Arango y Diego Abad de Santillán.</p><p>Una noche de 1929 Arango escuchó que tocaban la puerta de su casa. Abrió y tres balas le cruzaron el pecho. Nunca se supo quién las disparó pero la historia dice que todas las sospechas apuntan a Di Giovanni, que lo había acusado de fascista infiltrado.</p><p>Los primeros años de su accionar anarquista Di Giovanni los dedicó a las palabras, a los panfletos y periódicos que difundía, hasta que en 1925 decidió que <b>era hora de su presentación en sociedad</b>. De poner en práctica lo que escribía.</p><p>Era 6 de junio y en el majestuoso y joven Teatro Colón se realizaba una función de gala para celebrar el vigésimo quinto aniversario de la posesión del trono de Italia de Vittorio Emanuele III. Estaban ahí el presidente Alvear y el embajador fascista, conde Luigi Aldrovandi Marescotti. En medio de ese esplendor un puñado de militantes anarquistas, dirigidos por Di Giovanni, irrumpió la función y arrojó volantes al grito de “¡Asesinos, ladrones! ¡Viva la anarquía!” destinado especialmente a las autoridades italianas. Hecho que desató un enfrentamiento con los Camisas Negras que escoltaban al embajador y terminó con los anarquistas en prisión.</p><p>Dos años después, en 1927, encabezó y participó de varias protestas contra el arresto y la sentencia de muerte de Sacco y Vanzetti, dos inmigrantes italianos, trabajadores y anarquistas, que fueron juzgados por el presunto robo a mano armada y el asesinato de dos personas, patrones de una fábrica, en Massachusetts, Estados Unidos, en 1920. Pese a que nunca hubo pruebas y a las numerosas manifestaciones contra su condena, tanto en América como en Europa, fueron ejecutados en la silla eléctrica el 23 de agosto de 1927.</p><p>Como represalia de ese asesinato y para dejar claras sus ideas respecto de que <b>la revolución sería violenta o no sería</b>, Di Giovanni puso su firma en una serie de atentados —algunos ajudicados a él con pruebas y otros no—. Entre ellos: la voladura del Banco de Boston, en el centro porteño, el 4 de diciembre de 1927, que dejó daños materiales; la voladura del City Bank, también en el centro porteño, el 24 de diciembre, mismo año, donde murieron dos personas y hubo múltiples heridos; la voladura de la embajada de Estados Unidos en Argentina; la voladura del consulado italiano en Buenos Aires, donde estaban reunidos los principales hombres de Mussolini en Argentina, el 23 de mayo de 1928, que dejó nueve muertos y treinta y cuatro heridos. También participó en asaltos, asesinó a un policía en su último día de servicio de un tiro en la cara. Robó un camión con 286.000 pesos y abrió, con el dinero, su propia imprenta.</p><p>La suma de las muertes y la violencia causaron un rechazo creciente en el resto de las facciones anarquistas y en la prensa, desde donde se lo condenaba; sembraron el terror en la sociedad. <b>Di Giovanni se hizo famoso: se convirtió en un enemigo público, de la policía, de gran parte del pueblo y del Estado</b>.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/4MAAZ7GIBNCNPIJ2ANH2YAX7UI.jpg?auth=178729a6056f4f4dafbe2d1b09cb2eff4767e42f2b560d9ef08747a985f32160&smart=true&width=192&height=263" alt="En agosto de 1925 Di Giovanni comenzó a escribir su propio periódico, Culmine, desde donde difundía sus ideas anarquistas " height="263" width="192"/><h2>Captura y condena</h2><p>Sabía que si lo atrapaban no habría salida. Di Giovanni comenzó a mudarse de un lado a otro, con su familia, se volvió prófugo. Aún así no dejó de ejecutar atentados con sello anarquista. En contra del fascismo. Llevando la bandera de la revolución violenta hasta las últimas consecuencias.</p><p>El 6 de septiembre de 1930 el Gobierno de Hipólito Yrigoyen fue derrocado por el dictador José Félix Benito Uriburu. El golpe militar inaugural, el que abriría un ciclo de alternancias entre Gobiernos civiles, democráticos, y dictaduras. Uriburu estableció la ley marcial, <b>las Fuerzas Armadas tenían luz verde para matar</b>.</p><p>“La dictadura de Uriburu quería presentar como un triunfo la detención de Di Giovanni y Scarfó”, cuenta el historiador Felipe Pigna. Los buscaron. Encontraron primero a Di Govanni en una imprenta de la calle Callao donde se reunían grupos anarquistas. Dos policías esperaron agazapados, el anarquista más famoso intentó fugarse cuando escuchó la orden de “alto”. Como una película en blanco y negro de policías y ladrones hubo persecusión, tiros cruzados. Una de esas balas alcanzó y mató a una niña que salía de su casa. Di Giovanni logró escabullirse unos momentos, se sumaron oficiales a la cacería. El italiano recorrió fondos, trepó techos, cayó desde la altura y volvió a evadirse en un <i>garage</i> donde un disparo lo tiró al suelo.</p><p>Fue detenido y trasladado en ambulancia, con custodia policial, al hospital Ramos Mejía. Una vez recuperado lo condujeron a la Penitenciaría Nacional con una cápsula imposible de burlar: cuatro vigilantes con él, un camión con diez hombres armados, varios automóviles y una motocicleta con el vehículo.</p><p>En el penal lo interrogaron, lo torturaron salvajemente y lograron que diera información que ayudó a dar con el paradero de su amigo, Paulino Scarfó, con quien compartiría destino.</p><p>“Yo voy a declarar en una sola forma: la verdad. Sólo le pido que no me haga mentir de mi ideología. <b>Soy anarquista y de eso no reniego, ni ante la muerte</b>. Soy consciente de mi situación y no pienso rehuir responsabilidades de ninguna clase. Jugué, perdí. Como buen perdedor, pago con la vida”, le dijo Di Giovanni al teniente Franco, el defensor que le habían designado, según recogió Osvaldo Bayer en <i>Severino Di Giovanni, el idealista de la violencia</i>, la biografía sobre él que publicó el escritor.</p><p>Franco hizo su trabajo, declaró en favor de su defendido: “Creo que no es competencia de este tribunal el delito imputado a Severino Di Giovanni. La ley marcial sólo está prevista para los casos de conmoción interna grave, de guerra o de grandes desastres públicos que pongan en peligro la estabilidad social. La Argentina no está en el caso de una guerra. No se justifica, pues, la aplicación de la ley marcial”, cuenta Bayer.</p><p>Su alegato le costó a Franco la baja del Ejército, un arresto y el destierro. El tribunal tenía órdenes del ministro de Guerra, general Medina, de “resolver el trámite” de inmediato y <b>condenar a muerte a Di Giovanni y a Scarfó</b>.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/JXKZYE36KNFMXNFQSPJUG56YDM.png?auth=f303475d039f6dcbc4e9bf9b935c96a0bee052e51bf0cbbcc1ea8db2e39b8016&smart=true&width=313&height=407" alt="Severino Di Giovanni y Paulino Scarfó fueron capturados y ejecutados con un día de diferencia (Foto: Caras y Caretas)" height="407" width="313"/><h2>Una muerte narrada con poesía</h2><p>Cumpliendo lo ordenado por Uriburu y Medina, el tribunal dictó pena de muerte para los dos anarquistas.</p><p>Di Giovanni defendió su causa hasta el final. En su último panfleto, escribió:</p><p>“Sepan Uriburu y su horda fusiladora que nuestras balas buscarán sus cuerpos. Sepa el comercio, la industria, la banca, los terratenientes y hacendados que sus vidas y posesiones serán quemadas y destruidas”.</p><p>El fusilamiento de Di Giovanni fue exhibido como espectáculo, él como trofeo para los generales, dirigentes y personajes importantes de la Buenos Aires de los años 30. Algunos periodistas, entre los que estaba Roberto Arlt, también estuvieron entre los testigos. Su crónica —que forma parte de su invaluable legado— trascendió en el tiempo.</p><p>Arlt narró la ejecución así:</p><p>“Mira tiesamente a los ejecutores. Emana voluntad. Si sufre o no, es un secreto. Pero permanece así, tieso, orgulloso.</p><p>Surge una dificultad. El temor al rebote de las balas hace que se ordene a la tropa, perpendicular al pelotón fusilero, retirarse unos pasos.</p><p>Di Giovanni permanece recto, apoyada la espalda en el respaldar. Sobre su cabeza, en una franja de muralla gris, se mueven piernas de soldados. Saca pecho. ¿Será para recibir las balas?</p><p>-Pelotón, firme. Apunten.</p><p>La voz del reo estalla metálica, vibrante:</p><p>-¡Viva la anarquía!</p><p>-¡Fuego!</p><p>Resplandor subitáneo. <b>Un cuerpo recio se ha convertido en una doblada lámina de papel</b>. Las balas rompen la soga. El cuerpo cae de cabeza y queda en el pasto verde con las manos tocando las rodillas.</p><p>Fogonazo del tiro de gracia.</p><p><b>Las balas han escrito la última palabra en el cuerpo del reo</b>. El rostro permanece sereno. Pálido. Los ojos entreabiertos. Un herrero a los pies del cadáver. Quita los remaches del grillete y de la barra de hierro. Un médico lo observa. Certifica que el condenado ha muerto. Un señor, que ha venido de frac y zapatos de baile, se retira con la galera en la coronilla. Parece que saliera del cabaret. Otro dice una mala palabra.</p><p>Veo cuatro muchachos pálidos como muertos y desfigurados que se muerden los labios; son: Gauna, de <i>La Razón</i>, Álvarez de <i>Última hora</i>, Enrique Gonzáles Tuñón, de <i>Crítica</i> y Gómez, de <i>El Mundo</i>. Yo estoy como borracho. Pienso en los que se reían. Pienso que a la entrada de la penitenciaría debería ponerse un cartel que rezara:</p><p>-Está prohibido reírse.</p><p>-Está prohibido concurrir con zapatos de baile”.</p><p>Después de su muerte el cuerpo no fue entregado a su familia. Por disposición del ministro del Interior fue enterrado de manera anónima en el cementerio de Chacarita con orden de no divulgar dónde estaba su sepultura. Pero la leyenda —y Felipe Pigna— dice que al día siguiente su tumba sin nombre “apareció cubierta de claveles rojos”.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/TOJUIJ4QGFD75FKLCADCZ3F4MA.jpg?auth=bcd5cde2a22c93d3148819b8d5bcfdd4e1cceef1c5ed37e4cbadf83874005872&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"/></item><item><title><![CDATA[Tiene 97 años y fundó un grupo de personas longevas para compartir vivencias y resignificar la vejez: así nació “Noventa y contando”]]></title><link>https://www.infobae.com/sociedad/2025/01/28/tiene-97-anos-y-fundo-un-grupo-de-personas-longevas-para-compartir-vivencias-y-resignificar-la-vejez-asi-nacio-noventa-y-contando/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/sociedad/2025/01/28/tiene-97-anos-y-fundo-un-grupo-de-personas-longevas-para-compartir-vivencias-y-resignificar-la-vejez-asi-nacio-noventa-y-contando/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[El grupo de nonagenarios y nonagenarias que se reúne quincenalmente es un éxito en las redes y tiene su propio podcast]]></description><pubDate>Wed, 29 Jan 2025 01:26:13 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/7AHUDJITPVG2NCTW4SP4QASHZY.jpg?auth=da63ce908dfbec4da11a4e6953b0c06dc6596b859f3ec3aa6f23a4fa4f7e1f9b&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Los integrantes del grupo "Noventa y contando" " height="1080" width="1920"/><p>“Hola, mi nombre es Alberto, soy un médico de 97 años y estoy intentando formar un grupo de siete u ocho personas de más de 90 años para intercambiar la experiencia de por qué y cómo hemos llegado a una edad tan avanzada. Seguramente hablaremos de la relación con la familia, con la sociedad, el descanso, la comida y cualquier otra cosa que nos resulte interesante y útil. Yo dejo abajo mi correo y por favor los que tengan interés escríbanme y ampliaré esta información”.</p><p>Los que tenían interés <b>eran</b> <b>miles</b>.</p><p>Parado frente a cámara, con una remera a rayas, un pantalón beige y un mensaje concreto, Alberto Chab se lanzaba al ciberespacio con la ayuda de una de sus nietas, Zoe, que a mediados de 2024, cuando lo ayudó a filmar y publicar el video en TikTok tenía 17 años.</p><p>La idea había surgido en una cena familiar cuando Alberto, psicoanalista, le comentó que tenía ganas de conocer personas de su edad, no para hacer terapia sino para compartir experiencias pasadas y presentes que no puede compartir con los jóvenes.</p><p>—Para charlar de común acuerdo, interviniendo yo también con mis cosas, lo que en una sesión de terapia el terapeuta no puede hacer porque solo escucha y después, eventualmente, interpreta —aclara del otro lado del teléfono y pide que lo tutee “así no me siento viejo”.</p><p>“Quiero reunirme con gente para intercambiar cosas que ustedes, los jóvenes, no conocen” —le dijo a su nieta—. “Si yo les hablara del colchonero no saben lo que es, o si les hablo del deshollinador o del lechero que venía con la vaca y te servía la leche en el momento, ordeñándola. Son cosas muy emocionantes de nuestra infancia que las tenemos muy presentes pero no tenemos con quién comentarlas. Quisiera hablar de eso, de los juegos infantiles, de lo que hacemos en un día desde que nos levantamos hasta que nos acostamos”.</p><p>—Le conté esto y ella me dijo: “Bueno, yo te hago un videito y conseguís la gente”.</p><p>Cuando su nieta publicó el video, lo que sucedió desconcertó a Alberto.</p><p>—Me llegaron <b>alrededor de 1.500 correos y miles, decenas de miles, de respuestas</b>.</p><p>Desde mensajes de felicitación de personas de todas las edades y todos los puntos del país, hasta pedidos de que creara un grupo virtual para que pudieran participar en otras ciudades, en otras provincias.</p><p>—Un tsunami que yo no entendí y sigo, aún hoy mismo, sin entender. Una repercusión tremenda. Evidentemente <b>debo haber puesto el dedo en la llaga en algo que estaba faltando y que nadie hacía: ocuparse de los gerontes</b>.</p><p>A menos de un año de ese momento, de ese video, el grupo tiene nombre, tiene integrantes, tiene Whatsapp, tiene sitio y periodicidad de reuniones, tiene redes sociales donde son un <i>hit</i> y tiene, incluso, su propio podcast.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/27IU355J35CZBOZ4JEB3FNZZYE.jpg?auth=47bbc2828b669073b390f21d9390c8654db9c7b422ad477b06fa23e8dbf48b3a&smart=true&width=1920&height=2880" alt="Con 97 años, Alberto Chab, psicoanalista, tuvo una idea: formar un grupo de personas de su edad para compartir e intercambiar experiencias. Una de sus nietas lo ayudó a filamar un video, lo subió a TikTok y se hizo viral" height="2880" width="1920"/><h2>Noventa y contando</h2><p>Guadalupe Camurati tiene 26 años, es diseñadora gráfica “pero también productora, notera, periodista, depende el día”, y creadora de contenido digital. Cuando vio el video de TikTok de Alberto trabajaba para el portal de noticias de <i>Luzu TV </i>y, como tantos periodistas, quiso hacerle una nota a él y a los que formaran parte del grupo que quería crear. Quiso ir a una reunión, conocer a los integrantes y ser testigo de esa experiencia desde el inicio.</p><p>—Me contacté con Alberto en el momento que salió el video que subió su nieta, Zoe, que se hizo viral en TikTok, de la misma forma que se contactaron millones, un montón de periodistas y canales. En su momento una persona lo había ayudado y le puso una respuesta automática en el mail y me respondió con eso. No me di por vencida, esperé a que bajara un poco la ola y lo volví a contactar. Pasó un tiempo y me respondió él con su número de teléfono.</p><p>El grupo se había conformado y Guadalupe le pidió a Alberto asistir a la primera reunión, él le dijo que sí y le pidió si podía conseguirle una cámara que la registrara. Ella se encargó.</p><p>—Conseguí una <i>filmmaker</i> que fuera gratuitamente a grabar la primera reunión y me quedé yo también. Salí muy sensibilizada por todo lo que había escuchado. Todos los integrantes se estaban conociendo, fue muy fuerte para mí y para ellos. Y cuando terminó Alberto planteó que él quería difundir el proyecto, digitalizarlo, expandirlo para que se hiciera conocido y se replicara. A mí se me ocurrió digitalizarlo a través de un podcast y filmarlos, me pareció la manera más fácil en la que ellos podían acostumbrarse a la idea de las cámaras y las preguntas, y sacar clips de ahí para redirigir. Nadie había hecho un podcast de personas de 90 años, así que pensé que era una manera gratuita y fácil de difundirlo.</p><p>A partir de ese momento Guadalupe comenzó a ir a todas las reuniones, que son quincenales, a conocer a los integrantes del grupo. Y, un par de meses después, los empezó a grabar según los ejes y temas que veía que a cada uno le interesaba de acuerdo a las cosas que decía o planteaba en las reuniones, que siempre giran alrededor de una premisa, una consigna brindada por Alberto que oficia de coordinador.</p><p>Ella explica que el formato grupal era imposible para un podcast entonces, como son diez miembros y Alberto que modera, propuso que cada uno tuviera un episodio acompañado por él. Finalmente produjo 13 “porque hicimos alguno que otro más experimental”, y los subió a Spotify. “Cuando lanzamos el podcast estuvimos entre los más escuchados de cuatro países, como México y Chile”, cuenta.</p><p>Afinando esa idea, subiendo recortes de esos videos y contenidos a la cuenta de Instagram que ella creó, a la que nombró “<b>Noventa y contando</b>” y en la que ya tiene más de doscientos mil seguidores, trabajado completamente <i>ad honorem </i>—a pulmón, reenganchadas— junto a tres editoras de video para alimentar la plataforma, se volvió la host de la digitalización del grupo que creó Alberto y que, a partir de este año es alojado por una productora mayor para que ellas puedan poner en valor su trabajo y hacer que siga funcionando.</p><p>Además de convertirse en un proyecto laboral Guadalupe dice que fue adoptada por ellos como nieta postiza: “Yo no crecí con mucha referencia de abuelos ni con el amor de adultos mayores, lo fui generando, honestamente, con ellos, el año pasado, así que para mí fue muy transformador”.</p><p>Decidió llamar al proyecto digital “Noventa y contando” por la idea inicial de Alberto: “noventa y contando experiencias”, explica, “pero también noventa y contando años, porque siguen sumando años, entonces <b>se trata de mostrar que se puede llegar a los noventa con esta vitalidad</b>, que no todo el mundo está encorvado, empotrado en la cama sin poderse mover a esa edad, hay gente que está muy bien y muy activa. Es cambiar un poco el concepto de la vejez, el concepto de todo este universo”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/VBCICKBKOVH7NEDBDIKXIVI5TI.jpg?auth=5e74038315d52775e058af0f97830c4800ad1f599b2bb0191594a67fc2d93711&smart=true&width=1920&height=1280" alt="Mabel (92): "Yo no me veo como una anciana. Me considero una adulta mayor. Yo me puedo mover sola, ando en colectivo, trabajo, doy clases de inglés. Tengo una vida muy interesante, muy activa" " height="1280" width="1920"/><h2>Un casting difícil</h2><p>Desde que se formó hasta hoy, el grupo de personas que vivieron el último siglo casi completo lleva unas 14 reuniones que solo interrumpieron por vacaciones. Las primeras las hicieron en un <i>coworking</i> de Vicente López, “una oficina enorme a todo lujo, donde nos servían café, tenían grabación, todo”, describe Alberto, pero luego, para facilidad de la mayoría de los integrantes que viven Capital, lo comenzaron a hacer en el SUM del edificio de Alberto.</p><p>Lo integran cinco varones, cinco mujeres y Alberto como coordinador. “Coordinador, no terapeuta”, enfatiza. Todos tienen más de 90 años, todos son jubilados, aunque algunos, como Alberto, siguen ejerciendo su profesión. Entre ellos hay un farmacéutico, un médico, un joyero, una profesora de inglés, amas de casa. Todos tienen hijos, nietos, “y algunos, para envidia mía, bisnietos”, dice Alberto. Para elegir a los miembros él y su pareja, Mari, dispusieron varios filtros porque la tarea era ardua.</p><p>—La elección fue muy difícil, no porque no hubiera gente sino todo lo contrario, porque fue tal la cantidad de personas que quería ingresar a un grupo como este, que se ve que nunca existió en ningún lado, que había muchas propuestas, inclusive del interior, gente que me pidió hacerlo por las redes, pero yo decidí que por ahora solamente iba a ser presencial. Entonces, de 1500 correos que recibimos la primera vez, primero elegí a los que vivían acá cerca y podían concurrir; después separamos los que escribían por el abuelo, el tío o el amigo y dejamos a los que escribían por sí mismos; y después lo que tenían la lucidez suficiente, porque dado que íbamos a intercambiar cosas pensamos con mi pareja que tenían que ser personas lúcidas. A pesar de eso quedaron una cantidad. Después seleccionamos un poco al azar diez integrantes que son los que hay ahora.</p><p>Cada dos semanas, antes del encuentro, Alberto manda por el WhatsApp grupal una consigna o tópico a modo de disparador para la reunión, para que puedan pensarlo con anticipación. Y también algunos enigmas para resolver, desafíos para ejercitar la mente y poner en común.</p><p>—Y [en los encuentros] hablamos de nuestras cosas, de cosas serias. Ni jugamos al truco, ni tomamos el té, cada uno dice lo que quiere, a partir de ciertas premisas. Ya <b>hablamos de la gimnasia, de la alimentación, de la relación con el entorno, de la sexualidad, que la gente joven cree que estamos marginados y no es así</b>. Yo lo coordino, no hago ninguna interpretación de nada, simplemente pregunto, opino sobre lo que cuentan los demás y los demás sobre los que cuento yo.</p><p>En el último encuentro la propuesta fue contar episodios importantes que cambiaron, de una u otra manera, el rumbo de sus vidas, situaciones, personas o circunstancias que los llevaron a dar un giro inesperado.</p><p>Alberto compartió el suyo: cuando él comenzó a trabajar, hace 60 años, era terapeuta de chicos. Dice que siempre había disfrutado de trabajar con ellos y que estaba desbordado de pacientes porque hay —o había entonces— pocos analistas varones dedicados a las niñeces. Hasta que un día un niño de unos 7 años a quien estaba atendiendo le pidió ir al baño. Él atendía en su departamento, en el cuarto piso, y el baño tenía salida a un pequeño patio con una especie de balcón interno. Desde ahí escuchó la amenaza que le congeló la sangre: “Alberto, Alberto, me voy a tirar por el balcón”. Una correntada de sudor frío lo recorrió. No estaba dispuesto a averiguar si se trataba de un juego o si el niño podría en verdad saltar. Ningún libro le había enseñado qué hacer en esa situación y atinó a no responderle, a quedarse mudo, lo que al niño, que seguía con su amenaza, le extrañó. Eso logró que termine por acercarse al sitio donde estaba Alberto, que lo agarró rápidamente de la mano y cerró la puerta con llave.</p><p>—A partir de ahí decidí que, aunque me gustaba mucho, no iba a trabajar con chicos nunca más. Y empecé a trabajar con adultos. Eso cambió el sentido de mi vida porque sino a lo mejor yo hubiera seguido siendo terapeuta de chicos.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/XARAEFPMBFHYNG24H5ZV7MWYZ4.jpg?auth=f4bce8c26f845fc315991ab2d28994d79daac16e329323112c40e2cee6ce88ca&smart=true&width=1920&height=1280" alt="Jacobo "Fito" Fiterman (94): "Mis padres eran inmigrantes, vinieron de Polonia, y me pusieron el nombre de mi abuelo, Jacobo.  A los 13 años tuve una gran vocación por hacer un liderazgo en la colectividad judía y ahí me pusieron "Fito" por Fiterman " height="1280" width="1920"/><p>Hoy, con 97 años, Alberto sigue atendiendo. Antes de esta conversación estaba con pacientes. Ya no lo hace diez horas por día, dice, sino diez horas por semana.</p><p>—Dos horas por día, una hora, tres horas. Me llama mucha gente y, a raíz de todo este maremagnum de cosas, me llaman más y yo derivo, no tomo pacientes nuevos. Pero trabajo porque me gusta hacerlo y además obviamente completo mis ingresos no lo hago <i>ad honorem</i> como el grupo, en el grupo no cobro un solo centavo y dedico, dedicamos con Mari, mi pareja, muchas horas a desgrabar las reuniones.</p><p><b>—¿Graban todas las reuniones del grupo?</b></p><p>—Sí, de una manera bastante casera, con mi celular. Yo tengo un iPhone que graba bastante bien. Y obviamente que no desgrabo las sesiones completas porque serían unas ocho o diez páginas, pero hago una síntesis de más o menos 200 a 300 palabras indicando: se habló de esto, se habló de lo otro, de manera tal que cuando yo mando a todos los integrantes la síntesis de la reunión ellos lo puedan hablar con su familia, con sus amigos. Porque no es nada secreto y <b>contribuye enormemente al vínculo de la gente.</b> Porque bueno, vos sabés tan bien como yo que los jóvenes ahora dicen: “Qué tal abuelito; todo bien, todo bien” y se ponen con su celular, con sus cosas. Entonces <b>esto genera un tipo de vínculo que la gente agradece mucho.</b></p><p>Alberto cuenta que en diciembre hicieron “una reunioncita” en el SUM de su casa para despedir el año a la que los miembros del grupo podían invitar a familiares o amigos. “Y vos vieras la gente, estaba tan contenta, pero tan contenta de compartir eso con otros parientes, fue lindísimo”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/KET2AF5U5NHFPFB2HEAUA4S334.jpg?auth=a8e0e4d25f817e43e73bd0207593a01b28bbbaec7b4d51c7c5d519be817dee8e&smart=true&width=1920&height=1280" alt="Nélida (94): "Me gustan las mujeres que trabajan, eso te da una independencia muy grande. Es lo que me gusta de esta época, que la mujer se mantiene. Y puede decir "Esto no va más" a un hombre aunque tenga cuatro hijos, tres, cinco " height="1280" width="1920"/><h2>Una filosofía de vida</h2><p>“Cuando tenía 87 años, es decir hace poco, me encontré con alguien por la calle que había conocido cuando yo tenía 14 y él 17, en Mar del Plata. Habíamos estado en un grupo viéndonos todos los días, en la playa, a la tarde. Y luego no lo había visto nunca más —dice Mabel, 92 años, en un video de Instagram—. Pasaron 72 años y de repente me lo cruzo en la calle y lo reconocí instantáneamente. Era un día que yo tenía mucho que hacer, venía de un coro, no tenía tiempo de saludarlo, así que seguí viaje a mi casa. Al día siguiente, caminando por el mismo lugar, lo volví a encontrar. Ahí tuve tiempo y entonces me paré, lo saludé y le dije: “¿Vos sos tal?”, “Sí, yo soy, ¿vos quién sos?”. Y ahí se ingenió para pedirle al nieto, a la hija, que me buscaran, me encontraron en Facebook, me mandaron un mensaje, nos comunicamos por teléfono y resultó la coincidencia que durante 40 años había vivido a una cuadra de mi casa. Parece cosa del destino. Nos empezamos a ver una vez por semana, a salir a caminar por el barrio, al Botánico, al Parque Las Heras, hasta que dos meses más tarde me dijo que me quería. Duró un año porque luego falleció, pero fue muy lindo”.</p><p>Mabel dice que no entiende cuando las personas de 50 años que rompieron con sus parejas dicen que el amor para ellos es una etapa cerrada, que están grandes para eso.</p><p>“Es que, ¿saben lo que pasa? Es una concepción universal, una concepción abierta. Yo puedo decir que soy ateo pero no dejo de ser judío. Parece una contradicción. Es una cosa interesante porque es una cosa ideológica, si se quiere una concepción social, una concepción divina”, reflexiona Jacobo “Fito” Fiterman (94), en el episodio del podcast que habla sobre ser judío y la religión en general.</p><p>“Hola, soy Nélida, tengo 34 años. ¡94!, ¡34 quisiera tenerlos!” —dice a cámara y estalla en una carcajada por el furcio que le brotó con la más absoluta naturalidad. Y va de vuelta—. “Hola, soy Nélida, tengo 94 años y estoy muy feliz con todo lo que he logrado: con mi familia, con mis amigos, que aún me quedan algunos de mi época, de la infancia. Todavía me interesan las cosas. Me gusta ver la tele, me gusta leer, estudiar Italiano me encanta. Estoy muy feliz con toda la familia que tengo, con mis hijas, sobre todo, que se ocupan tanto de mí. No puedo decir más que gracias. Bienvenido a noventa y contando. Escuchá mi episodio, porque por ahí te gusta, y suscribite, dale like y compartí”, —dice y tira un beso con la mano.</p><p>Vivir una historia de amor adolescente a los 87; la religión; ejercicios para mantener las articulaciones lubricadas y flexibles; los embarazos deseados y el aborto; son algunos de los temas de los encuentros que luego se vuelcan en el podcast de “Noventa y contando” y en videos es sus redes. Un proyecto que superó con creces las expectativas de Alberto cuando le dijo a su nieta en esa cena que quería conocer personas de su edad para intercambiar experiencias. Cuando quería hacer algo lejos de la terapia, del análisis, que, de otra manera, también les resulta terapéutico.</p><p>—De repente me doy cuenta, porque yo no lo sabía cuando inventé esta posibilidad de reunirnos, de que <b>termina siendo terapéutico porque la gente toma cosas de los demás</b>: el que nunca meditó, medita o hace un poco más de gimnasia o lee un viejo libro que leyó hace 70, 80 o 90 años. Hay gente que se puso a escribir cosas que siempre habían pensado, no para publicar sino simplemente para crear, para <b>tener siempre algún proyecto</b>, o estudia un idioma nuevo, o hace algo que nunca había hecho. Entonces <b>en el grupo, cada uno a su manera, va creciendo internamente</b>.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/G3FDFRXSOFF23PGDWBHBZZ4JKE.jpg?auth=53435a36d65fea1b1187e4e27afd4bc9b4bcbbb84d7e0e4d83c04b23a5c5466a&smart=true&width=1920&height=1079" alt="A menos de un año de haber comenzado, el grupo de personas nonagenarias lleva 14 reuniones quincenales, tienen miles de seguidores en Instagram y sacaron la primera temporada de un podcast que promete una segunda" height="1079" width="1920"/><p>La pregunta es infaltable. Quizás —seguro— un lugar común, pero infaltable. Antes de llegar a esbozarla, Alberto dice:</p><p>—Mucha gente me pregunta cuál es “el secreto” que yo tengo para llegar a esta edad como estoy, lúcido y vital. Y yo digo que no es una sola cosa sino muchas. Soy vegetariano, hago gimnasia todos los días, medito con mi pareja, caminamos diariamente cuatro o cinco kilómetros. Pero además de eso hay algo que tuve internalizado desde chico y que creo que me ayudó toda mi vida, en todas las circunstancias, y es <b>un antiguo concepto sefaradí</b> [N. de la R.: se entiende por sefaradí a las personas o prácticas culturales judías que tienen su origen en España, Portugal, el norte de África y partes de Medio Oriente—. Mis padres eran de Damasco y me transmitieron esta idea que se llama <i><b>Kapará</b></i>. Que quiere decir algo así como “No te calentés por las cosas porque podrían haber sido peor”. Si uno se cae, tuvo algún inconveniente, le robaron, se lastimó, lo que fuera, uno dice: “Bueno, <i>Kapará</i>”. Que no quiere ser una negación, sino más bien pensar: “Bueno, esto va a pasar”. O “podría haber sido peor”.</p><p>Y sigue con un argumento científico o, más bien, mostrando cómo todo, o casi todo, puede manejarse desde la cabeza.</p><p>—Entonces lo que produce el estrés, el cortisol, disminuye. Y el estrés es lo que nos deteriora tanto que termina arruinándonos la vida. Todo funciona en un sistema interno de de cortisol, de hormonas y de neurotransmisores que, bajándolos con la meditación o con una idea conceptual interna, te permite seguir adelante. <i>Kapará</i> quiere decir: “Bueno, te pasó esto, la próxima vez vas a tener más cuidado, o lo vas a hacer mejor”, una cosa así; con lo cual uno suspira y puede seguir viviendo.</p><p>Con este concepto, asegura, evita martirizarse pensando “por qué me habrá pasado esto a mí”. Así, en sus primeros 97, Alberto solo se pregunta qué misterio de la vida habrá hecho que fuera él el que “apretara el botón rojo” y se volviera, sin imaginarlo, artífice de este grupo que es un disfrute y lo mantiene, como tantas otras cosas, ocupado, joven y feliz.</p><p><br/></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/7AHUDJITPVG2NCTW4SP4QASHZY.jpg?auth=da63ce908dfbec4da11a4e6953b0c06dc6596b859f3ec3aa6f23a4fa4f7e1f9b&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"/></item><item><title><![CDATA[Vivió casi tres décadas escondido en una caverna sin saber que la guerra había terminado: Shoichi Yokoi, el soldado que no se rindió]]></title><link>https://www.infobae.com/historias/2025/01/24/vivio-casi-tres-decadas-escondido-en-una-caverna-sin-saber-que-la-guerra-habia-terminado-shoichi-yokoi-el-soldado-que-no-se-rindio/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/historias/2025/01/24/vivio-casi-tres-decadas-escondido-en-una-caverna-sin-saber-que-la-guerra-habia-terminado-shoichi-yokoi-el-soldado-que-no-se-rindio/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[Sargento del ejército japonés en la Segunda Guerra Mundial, al ver que su tropa era abatida por la norteamericana en la gran batalla de Guam decidió huir a la selva para no ser asesinado ni deponer las armas, para no manchar su honor ni el del emperador]]></description><pubDate>Fri, 24 Jan 2025 04:11:17 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/2OTMVI5SKVGMRCIEDBZNZAWGPQ.jpg?auth=e9bfa5e983b295043a41fc0cf2a1d9b912516ddd3f8ba062f8ef6d6b4cf40605&smart=true&width=1920&height=1080" alt="A la izquierda Shoichi Yokoi antes de la Segunda Guerra Mundial. A la derecha, cuando regresó a Japón, 28 años después " height="1080" width="1920"/><p>Podría ser la trama de una serie, de un <i>film</i>. Como el capítulo de <i>Los simuladores</i> (2002-2004) titulado “El último héroe”, en el que Franco Milazzo (César Vianco), un estafador que se hace pasar por representante de artistas, es enviado por los especialistas en resolver todo tipo de problemas por un año al Impenetrable, para triunfar en un <i>reality show </i>inexistente. Y luego de vivir un año en la selva, hablándole a cámaras imaginarias, regresa sin comprender. O la película alemana <i>Good Bye, Lenin!</i> (2003), en la que una mujer que vive en la República Democrática Alemana, acérrima integrante del Partido Socialista Unificado de este país, admiradora hasta la médula del comunismo, entra en coma el 7 de octubre de 1989 y, al despertar, a mediados de 1990, su hijo, (Daniel Brühl), debe ocultarle por todos los medios que el mundo que conocía cambió: el Muro de Berlín cayó y el capitalismo triunfó en su amada Alemania Oriental, porque tiene indicación del médico de evitarle disgustos o emociones fuertes.</p><p>No fue un estafador internado en la selva chaqueña, ni un comunista que entró en coma. Esta es la historia de un soldado nipón que <b>se enteró de que la Segunda Guerra Mundial había terminado casi 30 años después</b> y salió del medio de la selva a un mundo que desconocía por completo. No pensaba violar el código de honor japonés que indicaba “no rendirse jamás”. Shoichi Yokoi no claudicó: se ocultó. Por 28 años.</p><h2>El sastre que fue sargento</h2><p>Shoichi Yokoi podría haber sido un sastre, quizás uno importante, pero sin esperarlo, quizás sin desearlo, se convirtió en militar, ignorando que <b>esa llamada del destino lo arrojaría a la historia</b>.</p><p>Yokoi nació en marzo de 1915 en Aisai, una aldea rural en el centro de Japón, con otro apellido. Después de que sus padres se separaran tomó el apellido de su madre, Oshika, y cuando su madre se volvió a casar, Shoichi decidió adoptar el apellido de su padrastro, con el que trascendería: Yokoi.</p><p>Cuando terminó la escuela primaria comenzó a trabajar como aprendiz en una sastrería, lo que hizo hasta que en 1941, con 26 años, el Ejército imperial japonés lo reclutara para <b>pelear en la Segunda Guerra Mundial</b>. Su primer destino fue un Estado localizado al noreste de China, un territorio disputado entre China y Japón. Y en 1943 fue trasladado a un regimiento en las Islas Marianas, un archipiélago formado con las cumbres de quince montañas volcánicas en el océano Pacífico, dividido en las Islas Marianas del Norte y Guam (o Islas Marianas del Sur), un pedazo de tierra estadounidense que pretendían tomar.</p><p>Yokoi llegó a Guam convertido en sargento. <b>La guerra ya sumaba cuatro años y millones de muertos</b>. Él y su ejército estaban listos para enfrentarse a la Marina estadounidense. La caída de Hitler y la Alemania nazi todavía no se vislumbraban y Japón se disponía a luchar por su expansión territorial por el Pacífico, al costo que fuese.</p><p>La llamada Segunda Batalla de Guam entre los Estados Unidos, cuyo ejército irrumpió para recuperar la isla, y Japón, durante julio y agosto de 1944, es caracterizada por los archivos históricos como “un verdadero baño de sangre” que dejó miles de bajas en ambos ejércitos, principalmente en el nipón. Un baño de sangre en el que Yokoi se vio hundido. Los norteamericanos arrasaron. El Cuerpo de Marines de los Estados Unidos capturó la isla. Y Guam siguió siendo una tierra estadounidense en el Pacífico occidental.</p><p>Pero <b>el Ejército imperial japonés tenía un código de honor férreo</b>: el emperador Hirohito había ordenado a sus soldados <b>no rendirse jamás</b>. Ser capturado era considerado deshonroso, <b>ellos peleaban para ganar o morir</b>. Hombre de palabra y orgullo brioso: al ver que no tenían oportunidad de triunfar en esa contienda, Yokoi, junto a otros diez soldados japoneses, huyó a la selva.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/36C3YQIC3FFETHMPO7DZBTWD4M.jpg?auth=d5279b93174e07881613ed7e2ce3c7300f4b2008233ddf5f40defac91535aa3f&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Soldados del ejército de marines estadounidenses se refugian detrás de cocoteros caídos durante la batalla de Guam en las Islas Marianas, 1944 (Archivo Bettmann)" height="1080" width="1920"/><h2>El sargento de las cavernas</h2><p>Al contrario que con las migajas de Hansel y Gretel, para no ser descubiertos y capturados, los soldados eliminaban los rastros que dejaban mientras avanzaban selva adentro. Pero la vida salvaje no era para todos: el grupo comenzó a diezmar y pasaron a ser seis. Para sobrevivir en la espesura, cazaban el alimento que tenían a mano: sapos venenosos, anguilas de río, ratas.</p><p>El miedo a ser descubiertos no se apartó de ellos. Como en el panóptico de Bentham, el terror de un enemigo que se sabe ahí, omnipresente pero invisible, el no saber si está vigilando o no, si va a atacar o no, el terror de ser emboscados y atrapados en cualquier momento llevó finalmente a tres de ellos a entregarse. Pero tres, entre los que estaba Yokoi, decidieron seguir.</p><p>Al transcurrir algunos meses resolvieron separarse por seguridad. Yokoi encontró una cueva cerca de las cascadas del río Talofofo. Allí, con una fuente de agua cerca, construyó lo que se convertiría en su hogar por casi tres décadas.</p><p>Con el paso del tiempo su ropa de militar se desintegró. El sargento recurrió a sus viejas habilidades de sastre para fabricarse prendas y hasta sandalias a partir de elementos de la naturaleza como cáscaras y fibras de coco en un telar construido por él. Emulando a las generaciones que nos precedieron en la historia de la humanidad, también creó diversos utensilios para sobrevivir. Con recursos naturales y restos de la guerra, como cantimploras, hizo trampas para cazar. Siguió alimentándose con frutas silvestres, ranas, ratas, caracoles, anguilas y camarones que pescaba con esas trampas. Contar con algunos elementos de su equipaje militar le fue de mucha ayuda: tenía con él sus tijeras del ejército con las que lograba cortarse el pelo.</p><p>En esas condiciones sobrevivió 28 años. Tiempo en el que enfermó de tifus y de malaria y sanó; en el que visitaba de tanto en tanto a sus dos compañeros escondidos en otras partes de la isla para combatir la soledad. Hasta que un día, por el año 1964, los halló muertos a causa de las inundaciones que habían asolado a Guam y de la falta de alimento. Yokoi quedó completamente solo.</p><p>La Segunda Guerra Mundial había finalizado con las bombas nucleares en Hiroshima y Nagasaki que Estados Unidos arrojó para abatir al Imperio japonés, entonces el único en pie de guerra después de la caída de la Alemania nazi. El 2 de septiembre de 1945, solo un año después de que Yokoi se ocultara en la selva, los nipones se rindieron oficialmente. Pero escondido como estaba <b>el sargento nunca se enteró</b>.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/O7T2NTMU65EQHHL6NAJFFT4EWA.jpg?auth=b608e603937b47d137dcabc6b381a5c61de2faa09585ae76e73059747b2cfeff&smart=true&width=1920&height=1080" alt="El 24 de enero de 1972 Shoichi Yokoi fue descubierto por un grupo de cazadores que le contaron que la guerra había terminado y lo llevaron ante las autoridades a que explicara su historia. Un mes después fue repatriado" height="1080" width="1920"/><h2>La tumba del soldado vivo</h2><p>Yokoi ignoraba muchas cosas: que la guerra había terminado —aunque en alguna oportunidad habían escuchado rumores, habían visto un panfleto que lo afirmaba, pero él y sus compañeros, aún con vida, temieron que se tratara de un truco para hacerlos salir—. Que el mundo que conocía prácticamente no existía —ya que en tres décadas la ciencia y la tecnología lo habían cambiado por completo—. Y que él tenía, en su ciudad, una tumba con su nombre —su familia lo creía muerto.</p><p>Al sargento Yokoi “lo invadió el pánico”, “temía que lo hicieran prisionero, lo que era la gran vergüenza para un soldado japonés y su familia en Japón”, recordó años después su sobrino, Omi Hatashin, quien se dedicó a reunir las vivencias de su tío político.</p><p>Era 24 de enero de 1972, <b>un día como hoy hace 53 años</b>, cuando Shoichi Yokoi fue descubierto por un grupo de cazadores mientras pescaba en el río Talafofo. Tenía entonces 57 años, estaba flaco como un cable y débil. Aterrorizado por ver a otros seres humanos después de tanto tiempo de hermetismo y soledad, les empezó a pedir clemencia creyendo que eran soldados estadounidenses. Incluso <b>les pidió que lo asesinaran para no manchar su honor</b> creyendo que lo estaban capturando. Yokoi se había detenido en el tiempo, en ese punto lejano y espeso de la selva. Él no sabía, no comprendía, que esas personas lo estaban, en realidad, salvando.</p><p>Cuando logró tranquilizarse los propios cazadores le explicaron que la guerra había terminado hacía mucho tiempo y que Japón la había perdido. En febrero, ese mismo año, Yokoi fue repatriado y su país lo recibió con honores como lo que era: <b>el soldado que jamás se había rendido</b>.</p><p><b>“Es vergonzoso, pero he vuelto”</b> fue lo primero que dijo al llegar. Con el tiempo esta frase se convertiría en un dicho popular en todo Japón.</p><p>El país estaba convulsionado: la ceremonia de bienvenida fue televisada para que todos pudieran verla y asistieron miles de personas. Cuando Yokoi fue conducido a su pueblo natal un gran número de nipones se alinearon en la ruta enarbolando banderas nacionales para acompañarlo. Al llegar a su aldea el exsargento se quebró cuando, en el cementerio, se encontró de frente con la tumba de su familia que tenía grabado su propio nombre. <b>Su muerte, para todos, había sido en Guam, en 1944</b>.</p><p>Poco a poco Yokoi empezó a adentrarse en ese nuevo mundo desconocido para él, tan diferente de aquel que había dejado treinta años atrás. En las entrevistas que comenzaron a hacerle, en todos los medios, porque su historia cobró popularidad de inmediato, aseguraba sentirse “extraño” por haber vuelto con vida a su país tres décadas más tarde de haber ido a la guerra y por haber pasado de la más absoluta soledad a convertirse en alguien célebre. Habló también de la culpa que sentía por la derrota de su país y por no haber podido servirle mejor al emperador Hirohito. Cuando contó cómo había sobrevivido todos esos años dijo: <b>“Seguí viviendo por el bien del emperador y creyendo en el emperador y en el espíritu japonés”.</b></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/OKL336O7WZHALJWAPQVEADBDU4.jpg?auth=c1d305e5f44f9e3197c27b8641ef1b5f55da3040cda6ca987883c7fa1c6c16ef&smart=true&width=1920&height=2616" alt="El 7 de febrero de 1972 Shoichi Yokoi fue recibido en el aeropuerto de Tokio por una multitud que celebraba su regreso" height="2616" width="1920"/><p>Su vida después de volver a su país dio un vuelco. Sus 28 años de reclusión con tal de no rendirse jamás lo condujeron a la fama y a la televisión, medio en el que trabajó como comentarista y desde el que defendió la vida austera. De su historia hicieron un documental llamado <i>Yokoi y sus veintiocho años de vida secreta en Guam </i>que se estrenó en 1977.</p><p>Seis meses después de haber regresado se casó con una mujer 13 años menor que él, se instalaron en su provincia natal y Yokoi intentó adaptarse a esa vida completamente nueva, completamente otra para él. Pese a sus esfuerzos sus familiares aseguraron que nunca dejó de sentirse un forastero en ese mundo de tanta tecnología y modernidad.</p><p>Quizás por eso, quizás por la nostalgia, volvió a viajar a Guam, aquel lugar que lo había acogido, que lo había marcado, en varias oportunidades. En uno de esos viajes descubrió que allí también su nombre era conocido y aún más: descubrió que el museo local le había dedicado una pequeña sección donde exponía algunas de las herramientas que él había fabricado con sus manos.</p><p>Su reaparición motivó al Gobierno japonés para llevar a cabo una misión en busca de otros soldados que pudieran haber compartido destino con Yokoi y quizás continuaran perdidos o escondidos. Y <b>en 1974 encontraron a dos más en una selva de Filipinas</b>: el teniente Hiroo Onoda y el soldado Teruo Nakamura.</p><p>En 1991 a Yokoi se le concedió una audiencia con el emperador Akihito, hijo y sucesor del emperador Hirohito. Para el exsargento ese fue el honor más grande de su vida.</p><p>Shoichi Yokoi murió el 22 de septiembre de 1997, de un ataque al corazón. Tenía 82 años, era un símbolo nacional y fue enterrado en la tumba que su madre había encargado para él, aquella que había podido ver cuando regresó. Como cuando fueron a recibirlo, a su despedida acudieron miles para brindar el último homenaje al soldado que nunca se rindió.</p><p><br/></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/2OTMVI5SKVGMRCIEDBZNZAWGPQ.jpg?auth=e9bfa5e983b295043a41fc0cf2a1d9b912516ddd3f8ba062f8ef6d6b4cf40605&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"/></item><item><title><![CDATA[Se escondió cuatro días entre maderas y pudo escapar de Auschwitz: la historia de Rudolf Vrba, el hombre que huyó para contar]]></title><link>https://www.infobae.com/sociedad/2025/01/16/se-escondio-cuatro-dias-entre-maderas-y-pudo-escapar-de-auschwitz-la-historia-de-rudolf-vrba-el-hombre-que-huyo-para-contar/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/sociedad/2025/01/16/se-escondio-cuatro-dias-entre-maderas-y-pudo-escapar-de-auschwitz-la-historia-de-rudolf-vrba-el-hombre-que-huyo-para-contar/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[El escritor inglés Jonathan Freedland narra en “El maestro de la fuga” la increíble hazaña de un prisionero que escapó del campo de exterminio y volcó su testimonio en un informe que evitó 200.000 muertes]]></description><pubDate>Thu, 16 Jan 2025 05:23:30 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/TKZVTE6GGFE3VMFRCLN4LM24GI.jpg?auth=858be318572d2c122eca1230eaa76a8c068c492b45fbb3700deeed0b732de835&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Rudolf Vrba, en Londres, unos años después de la guerra" height="1080" width="1920"/><p><i>“En la actualidad hay cuatro crematorios funcionando en Birkenau, dos grandes, I y II, y dos más pequeños, III y IV. Los de tipo I y II constan de tres partes, es decir: (A) el cuarto de la caldera; (B) las grandes salas; y (C) la cámara de gas. Una enorme chimenea se eleva desde el cuarto de la caldera en torno a la cual se agrupan nueve hornos, cada uno con cuatro aberturas. Cada abertura es suficiente para tres cadáveres normales a la vez y después de una hora y media los cuerpos se han consumido completamente”.</i></p><p>Informe Vrba-Wetzler</p><p>…</p><p>Aún en el centro neurálgico de la fábrica de muerte en serie que montó el nazismo durante el Holocausto, ese lugar que, como la gran parte de los engranajes de esa máquina, comenzaba con un engaño, un cartel ondeante y cínico en la entrada que avisaba: “<i>Arbeit macht frei</i>” (el trabajo os hará libres). <b>Aún el campo de exterminio de Auschwitz tenía una grieta</b>. Un punto ciego que, con 19 años y una pulsión visceral por avisar al mundo lo que estaba sucediendo con los judíos en Europa —la denuncia más que la propia supervivencia— Rudolf Vrba y su compañero de fuga, Alfred Wetzler, un conocido al que se había encontrado en el corazón de la muerte, descubrireron.</p><p>Vrba había pasado por varios puestos de trabajo forzado en su trayectoria por los campos. Era sangre joven y el azar lo había ayudado. Principalmente había tenido que clasificar las pertenencias de los recién llegados en el sitio donde arribaban los trenes con los judíos que iban a ser asesinados, lo que incluía retirar los cadáveres de los que habían muerto durante el viaje. Tambien trabajó en el registro de deportados, lo que le permitió hablar con algunas personas. En cada una de sus tareas trataba de observarlo todo, recopilar toda la información posible y grabarla en su memoria. Necesitaba contarle al mundo. Advertir a los judíos para que se sublevaran, para que dejaran de subirse a los trenes creyendo que iban a un lugar mejor.</p><p>Cuando Vrba y Wetzler se encontraron, planearon escapar.</p><p>El 7 de abril de 1944, apañados por otros dos prisioneros, se escondieron debajo de una gran pila de madera estancada, destinada a una futura construcción que no iba a concretarse pronto. Una pila amontonada entre las vallas perimetrales del interior y el exterior del campo; un lugar que, si no había alerta de fuga, quedaba sin vigilancia por la noche. Para evadir a los perros con los que los iban a buscar al darse cuenta de su ausencia, según habían aprendido en intentos de huida de otros prisioneros, rociaron la zona con tabaco impregnado en gasolina, un truco que les había enseñado un prisionero soviético. Por la noche, un oficial de las SS advirtió que faltaban dos y dio aviso a los demás. <b>La cacería para encontrarlos había comenzado</b>.</p><p>Vrba y Wetzler se quedaron escondidos e inmovilizados bajo las tablas durante tres noches y cuatro días. También habían aprendido que el protocolo indicaba ese tiempo de búsqueda antes de darlos por fugados. Si lograban quedarse ocultos sin que los descubrieran podrían salir. Wetzler contó en sus memorias que apretaban con las mandíbulas tiras de franela que se habían metido en la boca cada vez que les picaba la garganta. Tenían el cuerpo agarrotado. Los músculos tiesos. Pero las SS no habían dado con ellos, aunque se habían acercado más de una vez. Por fin escucharon el grito que avisaba que la búsqueda se desactivaba.</p><p>La noche del 10 de abril salieron del montón de madera arrastrándose. Huyeron hacia Eslovaquia. Caminaron unos 130 kilómetros. Escalaron montañas. Cruzaron ríos. Lo lograron.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/HD6UWB6CC5G2JG3UNYHEC2EU2U.jpeg?auth=4a8249d538bd31d455e725261fd7a541b8bb852e25d3482f43a8869d45e79c59&smart=true&width=1920&height=958" alt="El escritor inglés Jonathan Freedland conoció la historia de Rudolf Vrba cuando tenía 19 años y la escribió 40 años después. (Foto: Javier Ocaña / La Vanguardia)" height="958" width="1920"/><p><i>“(A un lado existe una gran «sala de recepción», que está acomodada de tal modo que da la impresión de ser la antecámara de un establecimiento de baños. Esta alberga a 2000 personas y al parecer hay una sala de espera similar en la planta de abajo. A partir de ahí, una puerta y unos escalones conducen a la cámara de gas por un largo y estrecho pasillo. Las paredes de esta cámara también están disfrazadas con entradas similares a cuartos de ducha, con el fin de engañar a las víctimas. Este techo está equipado con tres trampas que pueden ser herméticamente cerradas desde el exterior”.</i></p><p>Informe Vrba-Wetzler</p><p>…</p><p>“No me parecía que mi plan de escape no tuviera ninguna esperanza. Los alemanes creían firmemente que habían creado un sistema impecable. Y yo traté de encontrar su punto débil. Había un montón de intentos de fuga y procuré aprender de esos intentos fallidos, que terminaban en la horca”, contó Vrba en el 2000, en una entrevista para la Radio Checa.</p><p>Hay quienes dicen que <b>fueron los primeros judíos en escapar de Auschwitz y sobrevivir</b>. “Pero como no hay unanimidad, es mejor decir que fueron unos de los primeros en escapar”, mencionó en una entrevista Jonathan Freedland, periodista (<i>The Guardian</i>, <i>The Jewish Chronicle</i>, <i>New York Times</i>) y escritor inglés, autor del libro <i>El maestro de la fuga: el hombre que escapó de Auschwitz para alertar el mundo</i> (Planeta, 2023). “En total, no hubo ni diez prisioneros que se fugasen del campo de concentración, serían unos seis... eso ya lo hizo una figura interesante”.</p><p>La primera vez que supo de esta historia, Freedland tenía la misma edad que Vrba cuando huyó del corazón de la muerte: 19. “Estaba en un cine, en Londres, viendo un documental, <i>Shoá</i>, de nueve horas y media, de Claude Lanzmann. Es una sucesión de entrevistas de sobrevivientes que en aquel momento me parecieron muchos hombres grises, rotos, mayores y, de repente, aparece esta figura de un hombre más joven, con mucho carisma, con cabello moreno, que hablaba inglés, estaba en Nueva York, tenía abrigo de cuero, se parecía un poco a Al Pacino. Y él menciona de pasada que había escapado de Auschwitz. Yo estaba en la sala y pensé: ‘¿Cómo?’. Incluso en aquel entonces sabía que los judíos no escapaban de Auschwitz, prácticamente ninguno lo consiguió”, cuenta el autor en una nota con el Centro Sefarad-Israel, una institución diplomática de España que trabaja como puente entre su país y el mundo judaico.</p><p>Ese dato, nada menor, se clavó en su cabeza. Y 40 años más tarde, <b>en un momento en el que cree que la memoria y los hechos del pasado corren peligro</b>, volvió a esa historia. La investigó y la volcó en su libro de no ficción. “Empecé a pensar en por qué había escapado. <b>Había escapado para sacar la verdad de esta montaña de mentiras</b>. Nosotros vivimos en una época de postverdad, de <i>fake news</i>, y esta persona lo arriesgó todo en favor de la verdad”, reflexiona.</p><p>“Vrba quería advertir a los últimos judíos de Europa del destino que les esperaba al final de la vía férrea. Brillante estudiante de ciencias y matemáticas, memorizó cada uno de los detalles de la maquinaria nazi y lo arriesgó todo para recopilar los primeros datos de la Solución Final. Tras su huida, sacó de contrabando el primer relato completo de cuanto acontecía en los campos de exterminio, un informe detallado que finalmente llegaría a manos de Franklin Roosevelt, Winston Churchill y el Papa, y que acabaría salvando miles de vidas judías. <i>El maestro de la fuga</i> es la historia de un hombre que merece ocupar su lugar en la historia junto a Ana Frank, Oskar Schindler y Primo Levi, protagonistas todos ellos del capítulo más oscuro de nuestro pasado reciente”, se lee en la síntesis de la obra.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/HKTSID7XXJCKXFHWGI26FLLDCY.webp?auth=2f69ed7e2745b4345d74e5584bab83eb584d38d60463db3e48411e1fe563c49d&smart=true&width=1900&height=1069" alt="Rudolf Vrba en un juicio por crímenes de guerra en Fráncfort, Alemania, en 1964" height="1069" width="1900"/><p><i>“La gasificación se lleva a cabo de la siguiente manera: las desafortunadas víctimas son llevadas a la sala (B) donde se les pide que se desnuden. Para respaldar la mentira de que el objetivo es bañarse, cada persona recibe una toalla y un pequeño pedazo de jabón de manos de dos hombres vestidos con batas blancas. A continuación, son apiñados en la cámara de gas (C) en tal número que para comprimir esta multitud en el estrecho espacio, a menudo disparan algunos tiros para provocar que los que están al fondo se junten”</i>.</p><p>Informe Vrba-Wetzler</p><p>…</p><p>Rudolf, o “Rudi”, Vrba —nombre que adoptaría después de escapar de Auschwitz y cambiaría formalmente al finalizar la guerra— había nacido llamándose Walter Rosenberg, en Checoslovaquia —actualmente Eslovaquia—, el 11 de septiembre de 1924. Había crecido con las marcas del antisemitismo desplegado por Hitler, que se expandía como una mancha de aceite pringosa en Europa: por ser judío lo habían echado del colegio a los 15 años, en Bratislava, lo que lo llevó a seguir estudiando en su casa y a comenzar a trabajar como obrero. En su país los judíos estaban cercenados por un puñado de restricciones solo para ellos: en educación, viviendas, empleo, viajes. Y eran obligados a llevar consigo una estrella amarilla que los identificara. Los puestos de trabajo siempre eran, en primer lugar, para personas no judías, quedando los miembros de esta comunidad casi sin recursos ni opciones.</p><p>Vrba tenía 17 años cuando decidió unirse al Ejército Checoslovaco, en Inglaterra; no exactamente por vocación o amor a su suelo: en 1942 las autoridades de su país anunciaron que los judíos serían enviados como reservistas a Polonia, comenzando por los jóvenes. Para evitar eso, que intuyó como una deportación, se enlistó en el cuerpo militar nacional —era la primera de varias fugas—. Pero su plan falló: en la frontera con Hungría lo devolvieron a las autoridades eslovacas que lo enviaron a su primer purgatorio: un campamento de transición donde retenían a judíos que esperaban que los exiliaran. Poco tiempo después se las ingenió para escapar también de allí pero fue atrapado y, el 15 de junio de 1942, lo enviaron al campo de concentración y exterminio Majdanek y luego a Auschwitz, donde encontró a Alfréd Wetzler.</p><p>Su primera sensación al ver el letrero de <i>Arbeit macht frei</i>, cuenta Freedland, “fue de alivio”. Acababan de deportarlo del campo de Madjanek y <b>pensaba, como la mayoría de los que llegaban, que le esperaba un mejor pasar, lejos del frío, del barro y la suciedad</b>. “Creyó que era un lugar con orden y, como todos los judíos, en ese momento no sabía nada sobre la función de Auschwitz”.</p><p>Allí fue asignado para trabajar en Auschwitz II-Birkenau, el campo de exterminio dependiente de Auschwitz I, ubicado a cuatro kilómetros del principal, clasificando las pertenencias con las que llegaban las personas creyendo que iban a ser trasladadas a un destino mejor. La ropa, la comida, los medicamentos que les quitaban al bajar de los trenes eran llevadas a sitios de almacenamiento construidos allí. Por tener acceso a ellas, Vrba se mantuvo sano. Trabajó allí desde agosto de 1942 hasta el 7 de junio de 1943. En 1985 le contó al cineasta y periodista Claude Lanzmann, para el documental <i>Shoá</i>, que <b>había visto llegar cerca de 200 trenes durante esos diez meses</b>.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/A5JPXBCMARFS5L7YXCA4OGOIZ4.jpg?auth=1edc868cf5d305c633b160ede60d2f7b363f45f77d0002f566566cf50d908127&smart=true&width=1920&height=1080" alt=""El maestro de la fuga", la historia de uno de los primeros prisioneros que escapó con vida de Auschwitz " height="1080" width="1920"/><p><i>“Cuando la multitud se encuentra en el interior, las pesadas puertas se cierran. Después se produce una breve pausa y la temperatura ambiente del cuarto aumenta hasta cierto nivel, después los hombres de las SS con máscaras de gas suben al techo, abren las trampas y arrojan una preparación en polvo de latas etiquetadas «CYKLON, para uso contra parásitos», que se fabrica en Hamburgo. Se presume que este es «cianuro» mezclado de tal manera que se convierte en gas a cierta temperatura. Después de tres minutos todos en la cámara están muertos”.</i></p><p>Informe Vrba-Wetzler</p><p>…</p><p>Rudolf Vrba y Alfréd Wetzler cruzaron la frontera entre Polonia y Eslovaquia el 21 de abril de 1944. Poco después se reunieron con autoridades del Consejo Judío de su país, que eran las encargadas de organizar las deportaciones a los campos, y, en el sótano de un hogar de ancianos, en entrevistas por separado, comenzaron a contarles todo lo que habían visto, oído y vivido. Cómo estaban diseñados los campos, cómo era su estructura, cómo utilizaban a una parte de los judíos como mano de obra esclava y cómo la gran mayoría era asesinada en masa en las cámaras de gas. El resultado fue un informe de unas 40 páginas, reescrito varias veces, con descripciones y mapas detallados y estimaciones de cantidad de víctimas que daba cuenta de la magnitud del genocidio.</p><p>El documento —pasado de mano en mano de forma clandestina entre activistas de la resistencia y diplomáticos— dio la vuelta al mundo: llegó al Vaticano, a Churchill, a Roosevelt y apareció en la <i>BBC</i>. Pero pasaría más de un año para que la matanza en serie acabase.</p><p>En la entrevista del año 2000 para la Radio Checa, ante la pregunta de por qué no se hizo nada en ese momento, Vrba explicaba que no es sencillo leer la historia bajo el prisma de la contemporaneidad. Y que el objetivo de aquel informe era, principalmente, advertir a los judíos húngaros para que frenaran las deportaciones, que supieran la verdad y no se subieran a los trenes.</p><p>Al ser consultado sobre esto, en su entrevista con el Centro Sefarad-Israel, Freedland dijo: “<b>Muchas personas no creyeron las palabras de estos jóvenes judíos</b>. Puede ser por antisemitismos pero también, en el fondo, hay una cuestión más humana que es que nos resulta muy difícil creer en noticias realmente terribles o promesas que llevan a nuestra propia destrucción. ‘Esto no puede ser cierto’. No querían que fuera cierto. <b>No podían concebir un plan que pudiera tener como objetivo erradicar a todos los judíos del mundo</b>”.</p><p>Aún así, y pese a la demora de la intervención internacional, la presión de algunos líderes mundiales logró que terminaran las deportaciones en Hungría. Y <b>el informe Vrba-Wetzler pudo salvar entre 100.000 y 200.000 judíos húngaros de los campos de exterminio</b>.</p><p>Después de escribir el documento, Vrba se unió a los partisanos eslovacos, acompañado por su amigo Alfréd Wetzler. Una vez terminada la guerra se fue a estudiar a Praga y se convirtió en un virtuoso bioquímico. Luego se nacionalizó como británico pero no se radicó allí sino que se mudó a Vancouver, donde se casó, tuvo dos hijas, se separó, se dedicó a la enseñanza y murió en el año 2006. Durante su vida participó de numerosos proyectos vinculados a su experiencia en los campos de exterminio, a dar testimonio de lo que sucedía allí y de cómo fue <b>una de las pocas personas que logró fugarse y vivir para contarlo</b>.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/WTHCUTFCFVLFOWUF22OAB6GZMQ.jpg?auth=8a8e07454923f113dcdf682bab52e3e16b91e265f0764528c3578a7db7b29f3e&smart=true&width=6720&height=4480" alt="Entrada al campo de concentración y exterminio Auschwitz. (Foto: REUTERS/Kacper Pempel)" height="4480" width="6720"/><p>“Durante 40 años he estado pensando en escribir este libro y, tras darme cuenta de que estábamos en un mundo acosado por las mentiras, con ejemplos tan obvios como la campaña del Brexit y la de Trump en 2016, pensé que Rudi lo había arriesgado todo para sacar la verdad de debajo de una montaña de mentiras. Su ejemplo me pareció una especie de caso definitivo de lucha contra la postverdad y las <i>fake news</i>”, dijo Freedland en una entrevista con <i>El Periódico de España</i> sobre <i>El maestro de la fuga</i>.</p><p>“[Vrba] tenía la intuición de que una de <b>las armas más importantes de los nazis era el engaño</b> —dice en la misma conversación—. Les mintieron a sus víctimas para que subieran de una manera tranquila y ordenada a los trenes que les llevarían a la muerte. Creían que estaban comenzando una nueva vida en el este, porque eso era lo que les habían dicho. Y ese orden y calma fue esencial para los nazis y su método de asesinato en masa. Su cadena de montaje de la muerte no podía funcionar sin él. Rudi se dio cuenta de que la única forma en que podría arrojar arena a los engranajes de esa máquina de matar era rompiendo ese engaño y acabando con la ignorancia de los judíos de Europa para que por fin supieran su destino. Así que creo que tanto su perspicacia como su edad jugaron un gran papel, junto con el puro valor físico y el tremendo ingenio. Por no hablar de su asombrosa memoria, que le permitía almacenar los datos de la muerte en su cabeza”.</p><p>Freedland asegura que Vrba “<b>fue un testigo incómodo</b>”. “Incluso ahora que los supervivientes del holocausto son muy, muy viejos, esperamos que de alguna manera nos consuelen, que nos digan que, al final, los seres humanos somos buenos. Pero Rudi se negó a hacer eso. Él señaló con su dedo acusador a todos aquellos que no habían transmitido o actuado de acuerdo con el informe que él y Fred habían sacado de contrabando de Auschwitz. Como una vez le dijo a un productor de televisión de la <i>BBC</i>: ‘No soy el <i>cliché</i> sobreviviente del Holocausto’. [...] Dicho de otra manera, <b>estaba contando una historia que no era cómoda de escuchar</b>: la gente quería que le dijeran que todos los que no estaban del lado de los nazis eran héroes, que los Aliados (Estados Unidos y el Reino Unido, así como los judíos líderes en Hungría) se comportaron perfectamente. Y Rudi insistió toda su vida en decir que la historia no era tan simple como eso”.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/TKZVTE6GGFE3VMFRCLN4LM24GI.jpg?auth=858be318572d2c122eca1230eaa76a8c068c492b45fbb3700deeed0b732de835&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"/></item><item><title><![CDATA[Empezó a trabajar como un juego y se convirtió en el mejor en lo suyo: Juan Carlos Pallarols, el orfebre que brilla en el mundo]]></title><link>https://www.infobae.com/historias/2025/01/10/empezo-a-trabajar-como-un-juego-y-se-convirtio-en-el-mejor-en-lo-suyo-juan-carlos-pallarols-el-orfebre-que-brilla-en-el-mundo/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/historias/2025/01/10/empezo-a-trabajar-como-un-juego-y-se-convirtio-en-el-mejor-en-lo-suyo-juan-carlos-pallarols-el-orfebre-que-brilla-en-el-mundo/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[Creció en el taller de su familia y fabricó él mismo sus primeros juguetes. Portador de un legado artesanal de casi 300 años, lleva cinco décadas haciendo bastones presidenciales y una vida creando y preservando la historia]]></description><pubDate>Fri, 10 Jan 2025 05:12:22 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/4DJSFXAPV5GUFHSI6K34X4NYSU.jpg?auth=6b30b8319b4381125a105cb683b7a4fabe46adc8a978dcfa05f18ec3ff466472&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Juan Carlos Pallarols y los bastones de mando creados por él (Fotos Gustavo Gavotti)" height="1080" width="1920"/><p>Las manos del orfebre están surcadas por líneas y pliegues. Quizás cada una de ellas cuente su propia historia. Una marca: un objeto, una creación.</p><p>Las manos del orfebre son prolijas. Precisas. Tallan, cincelan, graban.</p><p>Las manos del orfebre tienen más de 80 años y trabajan con la destreza y el empeño de la juventud.</p><p>Las manos del orfebre tienen un don.</p><p>Frente a la Plaza Dorrego, en el corazón de San Telmo, una placa de mármol sobre una pared azafranada avisa que es ahí: “Juan Carlos Pallarols e hijos. Orfebres. Desde 1750 en Barcelona. Desde 1804 en Buenos Aires”. <b>Detrás de la puerta hay al menos 500 años de historia</b>.</p><p>La retina se desespera. Quiere mirarlo todo. No llega. Es inabarcable. Los pisos de estilo español, los ribetes dorados de las paredes, las placas. Y enseguida ellos: los bastones de mando que el orfebre hizo para los presidentes argentinos desde el regreso democrático en 1983. Un busto de San Martín. Objetos eclesiásticos. Copas. Cálices. Candelabros. Filigranas de plata brillante. Una escalera de mármol con algunos peldaños quebrados. Rotos por “El gordo Porcel”, que un día se cayó, contará más tarde Pallarols.</p><p>Arriba se abre un universo infinito: objetos hechos por sus manos, por las de su padre, su abuelo; otros adquiridos, obsequiados. Todos con valor histórico. Como la máscara mortuoria de Evita, la original tomada por su padre, Carlos Pallarols Cuni, del cuerpo de Eva Perón en la CGT, y la maqueta de su tumba.</p><p>—Eso había que destruirlo so pena de muerte, te fusilaban si no. Nosotros no dejamos que mi viejo lo rompiera. Él tenía una quinta en Rafael Calzada, en la zona sur (en aquella época era Villa Calzada). Hicimos un pozo. Mis abuelas y mi vieja habían sido dueñas del [café] Tortoni, entonces teníamos un montón de manteles y canastas, lo metimos todo ahí y lo enterramos durante treinta y pico de años. <b>Para preservar lo histórico</b>. Así se rescató la maqueta, que estaba en pedazos, y ahora está toda armadita de vuelta, y la máscara, intacta —cuenta Pallarols (jean, camisa celeste, tono suave, modos sencillos).</p><p>La maqueta es una réplica del sarcófago de dos metros que se construiría para guardar sus restos. “Adentro de esa caja de plata iba la caja de cristal con los restos reales de Eva Perón, momificados, que los había hecho Pedro Ara. Después de muchos años, yo estaba en Madrid, fui a los remates de Montepío y Mercedes Ara, la hija, había puesto a la venta el escudo peronista que utilizaba Eva”, cuenta. Pallarols lo compró. Y también está exhibido.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/FKML6YSBT5ANZM6NJPOI2OICCI.jpg?auth=ae2d5bdd73cd0b7cea672da0ba9e54536d8ef01f60cd6cda8f2cba43f518d551&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Algunas de las herramientas de su taller, heredadas de generación en generación, como el oficio de orfebre (Gustavo Gavotti)" height="1080" width="1920"/><p>Hay condecoraciones, objetos de plata pero también de otros metales. Tiene el primer tratado de platería del mundo, escrito en 1515 por Juan de Arphe y autorizado por Felipe II. Hay una gran tapa con un repujado exquisito para un libro sobre Fangio en el que trabaja para un cliente, pelotas de fútbol, alguna imagen de él con celebridades: en la mesa de Mirtha, con la Negra Sosa. Hay una foto de uno de sus bisnietos. Hay una gran mesa de madera castaña y reluciente en medio. Algunas copias de los bastones de mando. Hay una réplica exacta del sable de San Martín.</p><p>—El sable de San Martín, por un decreto de Cristina Kirchner, lo tuve más de un mes acá, con la guardia del capitán Candioti que dormía ahí, con otro soldado. Lo calqué milímetro a milímetro. El primer calco lo tengo acá. Ahora, por ejemplo, le doné uno a la ciudad de Lima, porque tengo un amor por San Martín. Me acuerdo que cuando lo terminé Candioti lo miró y con lágrimas en los ojos me dijo: “¡Qué lindo, salió con todas las cicatrices!”. Y realmente: <b>son las cicatrices del sable</b>. Porque dicen los historiadores que esto que está hundido así —dice y muestra una parte irregular de la espada—, se lo hizo el casco del caballo cuando se cayó en San Lorenzo. Pero estos otros —señala las marcas— son golpes del sable.</p><p>También hay cuadros sembrados por todo el espacio. Sobresale al fondo uno de grandes dimensiones de San Martín en su caballo. Podría haber sido adquirido en cualquier museo. Podría tener la firma de cualquier pintor que haya marcado la historia del arte. Esa pintura la hizo su padre y, como gran artista, se pintó a sí mismo en una esquina, vestido de granadero. Todos los cuadros que se exponen son autoría de su padre, de su abuelo, suyas. Además de orfebres, los Pallarols pintan con majestuosidad.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/SXZ377PZAFBJFKMOOZIX6XVE6I.jpg?auth=1c53ce95d6654bdb9662c53f9d4dd6987b8beaf3e304864a31aded3b68316986&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Juan Carlos Pallarols con la réplica del sable de San Martín, hecha por él. De fondo, el cuadro pintado por su padre (Gustavo Gavotti)" height="1080" width="1920"/><p>Hay rosas.</p><p>—Porque cuando yo hago una rosa para una persona muy importante hago dos.</p><p>—¿Y estas para quiénes fueron?</p><p>—Tenés la de Liza Minnelli, la de Lady Di, la de la reina de España, la de Valeria Mazza, la de Sandro.</p><p>Y una que pronto va a entregar personalmente: para Messi.</p><p>—La rosa es la mujer y los pimpollos son los tres hijos. Se la regalan unos amigos de la Casa Diez, es una casa que comparte con los clientes, los admiradores, no es su casa personal. Y le llevo ese mate también —muestra una calabaza plateada, con hojas finas—, que se lo regala una compañía yerbatera de Brasil.</p><p>Hay historia incluso en el baño. Al lado de un espejo de marco sublime, que es en sí mismo una obra de arte, en la pared, frente al inodoro, un pequeño trozo de texto añejo encuadrado.</p><p>—Este es un documento original, lo compré en un remate público. Es <b>la partida de nacimiento de Rivadavia</b>, el hijo de puta más grande que tuvo la Argentina, el que le negó los fondos a San Martín para la campaña de los Andes. Cuando mejor la ves es cuando estás sentado en el inodoro. Pero cómo puede ser que Rivadavia tenga la calle más larga del país… que, como buen símbolo, divide a la capital en dos.</p><p>Pallarols muestra su casa y dice: “Acá tenés un baño, acá está la cocina”, como si hiciera un <i>tour</i> hogareño convencional, pero cada espacio exhibe objetos que condensan la identidad argentina. Es una casa que es un museo. Un museo que es su casa. Y su taller.</p><p>—Este es un lugar especial. Y un taller, con la cantidad de herramientas que hay, todas originales, todas fueron de mi papá, de mi abuelo, mi bisabuelo y mi tatarabuelo. No hay otro en el mundo.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/B6R3SXV6MZE4ZLEOVZWF7TQY6E.jpg?auth=2560ef861f564629b079046ea5993cc7d3c380554f600301a82e528926fe65c1&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Rosa de plata para Lionel Messi y su familia (Gustavo Gavotti)" height="1080" width="1920"/><p>El primero fue en España. Fue su chozno (la generación anterior a su tatarabuelo, es decir cinco Pallarols antes que él, que encarna la sexta), que nació en 1735, el primero en montar su fábrica de orfebrería en Barcelona, Cataluña, donde nacieron las raíces del apellido y el oficio.</p><p>—Ahí tenés a mi tatarabuelo en un dibujo que hizo mi bisabuelo, su hijo, forjado con este yunque y este cepo de madera —muestra los objetos que están ahí: el dibujo, el yunque, el cepo—. No sé si tiene fecha pero debe ser de mil ochocientos y pico.</p><p>El taller de Juan Carlos Pallarols, además de ser una inmensa constelación de herramientas ennegrecidas por más de dos siglos de trabajo, tiene objetos del árbol genealógico de su familia que cuentan su historia. La de cómo el oficio se transmitió de generación en generación.</p><p>—Sabemos cómo empezó porque mi abuelo dejó escrito que su bisabuelo comenzó con un taller en la calle de la Cadena, que era una calle que dividía los barrios centrales del resto con una cadena, en Barcelona, y a la noche lo cerraban.</p><p>Alguno de los antepasados de Juan Carlos Pallarols habían pisado estas tierras por causas puntuales. Su tatarabuelo vino en 1804 “a juntarse unos mangos porque se cagaban de hambre” y le tocó pelear en las invasiones inglesas. Después se volvió a España. Su bisabuelo también vino, pero se volvió a Barcelona y de ahí a luchar en la guerra de Crimea. “Desde ese momento dijo ‘no a la guerra’”. “Él había peleado contra los franceses en la época de Napoleón primero, acá tengo una carta, escrita de su puño y letra, en la que decía que no podía entender que iba en un barco contratado para pelear por los ingleses, donde los ingleses eran amigos de los franceses que antes eran enemigos”. Pero el primero que vino al sur y plantó bandera fue su abuelo, José Pallarols.</p><p>—<b>A mi abuelo lo contrataron para hacer el Teatro Colón, las arañas, toda la iluminación</b>. Pensaba venir, trabajar e irse. Mi papá era chiquito. Pero les gustó. Acá había una cantidad de trabajo y una cantidad de comida que no la podían gastar nunca —recuerda y de fondo se escucha el cincel, golpes de martillo, una llama doblegando el metal: la alquimia del taller.</p><p>Su abuelo y luego su padre —que cuando llegó a la Argentina tenía solo un año— fueron los que trasladaron el arte de la platería, que ya estaba ligado a su familia en España, a este continente.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/ZGUO3CEXRRDCVHELJ4SSKRB6LU.jpg?auth=5974ac4eaca3814cbfc7dd7e4e9fd6d2d8e4474257cd864fa747119623094d4b&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Entre las herramientas de su taller hay un fuelle del siglo XVIII que era de su tatarabuelo; una máquina con la que Juan Carlos Pallarols hace muchas de sus piezas (Gustavo Gavotti)" height="1080" width="1920"/><p><b>En el comienzo fue un juego.</b> Un niño siendo feliz en el taller de su padre y de su abuelo. Explorándolo todo con la curiosidad infinita de la infancia.</p><p>Juan Carlos Pallarols nació en 1942, en Lomas de Zamora, donde vivió en un comienzo su familia. Es el cuarto de ocho hermanos que crecieron en una casa grande, compartida con sus padres y sus cuatro abuelos.</p><p>—En la mesa todos los días éramos catorce: ocho hermanos, papá, mamá y los cuatro abuelos. Era muy lindo. Ahí yo aprendí casi todo lo que tenía que aprender. Dicen que uno aprende casi todo lo que va a aprender en su vida en los primeros mil días de vida. Mirá Mozart, su mamá se murió cuando él tenía un año y medio, menos de dos, y el padre lo único que sabía era música y le enseñaba música. A los cinco Mozart era un genio: componía, tocaba el violín, el piano, es lo único que sabía hacer.</p><p>Como <b>el Mozart de la orfebrería</b> Juan Carlos Pallarols aprendía jugando, sobre todo, con su abuelo José —”porque a él nadie le decía nada y agarraba material, hacíamos autitos”—.<b> Sus primeros juguetes los fabricó él mismo, con su abuelo</b>.</p><p>Como el Mozart de la orfebrería a los cinco años Juan Carlos Pallarols también moldeaba la plata y fabricaba piezas artesanales. Fue entonces que su abuelo le enseñó otra lección: <b>si trabajaba tenía que cobrar</b>.</p><p>El taller familiar quedaba, como ahora, en la misma casa en la que vivían. Un día su abuelo lo llevó a la editorial Guadalupe, donde su padre “hacía todas las punteras para las Biblias y los misales muy grandes que había”.</p><p>—Mi abuelo me pregunta: “¿Y qué hay acá que hagas vos?”, yo le digo: “Estas florcitas que hay en las puntas las hago yo”. Me dice: “Ah, mirá que bien, son bien bonitas. ¿Y cuánto te paga tu papá?”. “No, papá no me paga porque yo estudio, voy al colegio, como, me visto”. “Eso es otra cosa, es una obligación de tu papá, pero también tiene la obligación de pagarte lo que vos hagas de trabajo”. Así que fuimos a la tarde a la casa, habló con mi papá y él me dijo: “Tenés razón, tenés que cobrar”. Y me prometió pagarme una cantidad que me la pagó siempre. Ahí me dijo: “Nunca trabajes gratis. Cuando trabajás tenés que exigir que te paguen”.</p><p>Además de los autitos y juguetes lo primero que recuerda haber tallado en su vida, que —por supuesto— también conserva, fue la cara de San Martín en pequeños trozos de metal. Su amor por el libertador, dice, nació de ver a su papá pintando el cuadro que tiene en su sala, “que lo terminó en el 49″. Las chapitas con su cara, clara, inconfundible, están grabadas con la fecha: 1948. Cuando las hizo Pallarols tenía seis años.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/JY4Y3F6LU5BVZFROSBWDC3KQMQ.jpg?auth=db6fa4275d2700fef2f2a272683e9eb7193a37d65984993be9d526038abd1451&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Las primeras creaciones de Juan Carlos Pallarols hechas cuando era un niño. En el medio, el cobertor labrado de su teléfono (Gustavo Gavotti)" height="1080" width="1920"/><p>—Costar no me cuesta nada, <b>me resulta siempre fácil porque tengo un orden</b>. Empezar con la idea, madurarla, llevarla al papel y del papel encontrar la forma de hacerlo.</p><p>Pallarols tiene su método. Encara y cuenta su trabajo como si nunca hubiera dejado de ser ese niño que juega y explora con la materia y las herramientas de su abuelo.</p><p>De la galaxia incalculable de objetos que ha creado destacan las “rosas de la paz”, “de bronce hechas con balas”, que comenzó a hacer con los restos de la Guerra de Malvinas, con balas inglesas y argentinas, y hoy continúa con las de las guerras actuales. Tiene balas de Israel, de Palestina, de Ucrania, de Rusia. Continúa <b>“transformado el material bélico en material de paz”</b>.</p><p>—Estas rosas las donamos todas, absolutamente todas, para obras de bien público: hospitales, colegios, comedores.</p><p>Entre las creaciones que más ha disfrutado menciona los bastones de mando y “los cálices para los papas”.</p><p>Los bastones presidenciales quizás sean el mayor emblema unido a su apellido. La marca de Pallarols. Aunque él asegura que no lo es: “Solo sé que no soy una marca”, se lee en la descripción de su cuenta de Instagram.</p><p><b>En su haber cuenta 14 bastones</b>. Aunque el primero que otorgó fue para Alfonsín, en el regreso democrático, ese no fue el primero que hizo, ni el primero que hacía su familia.</p><p>—Mi abuelo hizo el de Irigoyen y el de Marcelo T de Alvear. Y después yo empecé con el de Perón. No lo hacía directamente, se lo hacía a la joyería Ricciardi y ellos lo facturaban, pero era hecho todo por mí. Es más: yo fui a la casa de Gaspar Campos, se lo probé… Pero yo cobraba 50 dólares y ellos 4.500.</p><p>—¿Y para Alfonsín sí lo empezó a hacer usted, directamente?</p><p>—Con el de Alfonsín fue así: me llamó el capitán Scilingo, el que está en cana por los vuelos de la muerte, y me dijo: “¿Usted quiere participar del bastón de mando?”. “Sí, cómo no. Pero yo no voy a volver a repetir el bastón que se hacía —el que yo ya había hecho—, porque ese es un bastón diseñado por un dictador para otro dictador —lo había diseñado en 1932 Uriburu para el presidente Justo—. <b>Si entramos en un nuevo período y decimos que no más dictadura, que va a haber un gobierno democrático, hagamos un bastón democrático</b>”.</p><p>Scilingo se negó. Quería que hiciera el bastón tradicional y fin del tema.</p><p>—En realidad, lo que querían, era que yo cotizara para seguir haciendo el curro de Ricciardi.</p><p>Para este momento la idea de Pallarols de comenzar una nueva página del país con un nuevo bastón ya había prendido en su cabeza y empezó a hacerla rodar: comenzó a ir a los colegios de sus hijos, a hablar con las personas que conocía, y su propuesta encendió el entusiasmo de muchos. Se reunió en la emblemática Galería del Este con Sábato, con Borges, con actores y directores, un racimo de personas de la cultura, ávidas de recuperar la patria.</p><p>—Y entre ciento y pico de personas diseñamos un bastón con madera de urunday, que el único símbolo que tenía era un cardo (que es una flor de nuestro país y símbolo de la fecundidad) por cada provincia argentina y el escudo nacional. El urunday lo elegimos porque es una madera muy virtuosa pero muy barata, por eso se usa para hacer los alambrados del campo, las varillas que separan los alambres, porque siendo una varita finita se mantiene durante años al sol, a la intemperie, es una madera muy noble que se conserva siempre recta y no precisás lustrarla, con lijarla bien finita y pulirla brilla como si estuviera lustrada. Entonces yo dije: <b>“Mirá qué virtudes para que imite el presidente”</b>.</p><p>Pallarols cuenta que, a partir de esas características, Sábato le escribió una descripción que explicaba la elección de la materia prima: <b>“La madera se mantiene siempre recta, es apta y superdotada para el trabajo. Brilla por sí sola y no se tuerce ni se quiebra”</b>.</p><p>—Y hasta hoy lo repito siempre.</p><p>En el bastón de mando de Alfonsín, Pallarols puso, además, tres pimpollos de rosa “por las islas del Atlántico Sur y los caídos”.</p><p>—Ahí le dije a Scilingo: “Mire, yo no voy a hacer ese bastón. Yo propongo este otro, que ya lo estoy haciendo”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/N5ROQI4BTZGMFIVZEHN4BYPQRM.jpg?auth=838e7029d120edd691eef5d4d09e80cdcd3603fecb62ba735852bcfc9c6ec453&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Las "rosas de la paz": rosas de bronce creadas con restos de balas de diferentes guerras. Comenzó a hacerlas con material de la Guerra de Malvinas y hoy las fabrica con balas de las guerras de Rusia y Medio Oriente (Gustavo Gavotti)" height="1080" width="1920"/><p>Desde entonces cada bastón presidencial salió de sus manos. No exento de polémicas en algunas temporadas.</p><p>Mauricio Macri demoró en usarlo. Para su asunción decidió encargar uno por su cuenta en otro lado hasta que se convenció —o lo convencieron— de que el que había hecho Pallarols <b>no estaba embrujado</b>.</p><p>—Me llama por teléfono una chica que trabaja en ceremonial, que estaba cerca de Macri en ese momento, y me dice: “Mirá, estoy acá con el presidente electo y con su mujer, y me preguntan si vos le prestaste el bastón a Cristina Kirchner para que le haga una macumba”. Le digo: “Me parece una pelotudez tan grande que me pregunte eso. Primero yo no creo en la macumba y, además, soy muy serio con mi laburo. El bastón jamás se lo he prestado a nadie. Lo he guardado, celosamente, hasta el día que voy y lo entrego. Pero decile que se queden tranquilos”.</p><p>Pero no se quedaron. Y un día Pallarols recibió la llamada de una secretaria de Mauricio Macri que él conocía y le pidió si, para tranquilidad de la pareja presidencial, podían enviar a su casa-museo-taller, “si no te enojás”, un curandero. Con la generosidad —y la paciencia— que le son propias, Pallarols aceptó. Recibió en su espacio a una pareja de ¿exorcistas?, empleados de la Presidencia, que oraron, rezaron y sahumaron.</p><p>—Y a partir de ahí, a los dos, tres o cuatro meses, ya más tranquilo, usó el bastón.</p><p>Con Milei, se sabe, el tema estuvo en los perros. El presidente lo quería en su bastón. Pallarols es implacable: “Un emblema patrio es un emblema patrio. La bandera es la bandera, no la podés cambiar. Al bastón no le puedo poner los perritos”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/2N7UFIZPDJFHNDRCP7KZATT6KU.jpg?auth=f73276965e7b1f7a81589060a7eff7ed4002ff402677b003a2957c1ab36ee17b&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Juan Carlos Pallarols trabajando en su taller (Fotos Gustavo Gavotti)" height="1080" width="1920"/><p>Las manos del orfebre pintan, siembran, cultivan, dibujan.</p><p>Las manos del orfebre hacen cosquillas, juegan con nietos y bisnietos.</p><p>Pallarols se casó y se separó dos veces. Tiene cinco hijos, cuatro con la primera mujer y una con la segunda. Es abuelo de nueve y bisabuelo de cinco. Y cree que ese número aumentará.</p><p>De sus siete hermanos tres, además de él, aprendieron el oficio familiar pero solo uno le dedicó toda su vida: Miguel Ángel, que era un año mayor que Juan Carlos y murió joven, con 59 años. Los otros seis tomaron otros rumbos entre las antigüedades, la fundición, la crianza.</p><p>Hoy comparte el taller con dos de sus hijos que son plateros: “Carlos Daniel, que es el mayor, y Adrián, que es el menor”. Y sus bisnietos van a jugar con él igual que él lo hacía con su abuelo: “Se vuelven locos golpeando”, dice.</p><p>Pallarols no se aburre: “Siempre hago otras cosas”. Cuando no está en el taller, creando, está en su campo, en San Antonio de Areco, creando.</p><p>—Ahí tengo un tallercito. Y si no estoy tirando alambres estoy cultivando algo (yo no lo exploto, siembro cosas para consumo propio). Planto tomates, sandías, melones. Hacemos chorizos, jamones. Todo con lo que cosechamos y criamos. No es un campo grande, es chiquito. Entonces hago eso, pinto, grabo, sincelo… No me gusta meterme en la piscina. Voy para jugar con mis nietos.</p><p>Las manos del orfebre trabajan sin respiro para no envejecer, para no aburrirse. Para no ser ellas un objeto en su museo.</p><p>Y ahora están siendo retratadas en un mural impulsado por los vecinos de San Telmo, frente a su casa. Pallarols tiene el reconocimiento de las personas más ilustres del mundo, sin embargo ese homenaje, el de su barrio, es el que lo pone contento.</p><p>Pallarols tiene la sencillez de los grandes. Como la frase de Fangio que tiene en un cartel con su foto pegado en la sala: <b>“Siempre hay que tratar de ser el mejor, pero nunca creerse el mejor”.</b></p><p>Pallarols tiene 83 años y no parece. “Porque hago siempre lo que me gusta”. Porque, como dice otro cartel en el centro de su taller, él sigue jugando.</p><p><br/></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/4DJSFXAPV5GUFHSI6K34X4NYSU.jpg?auth=6b30b8319b4381125a105cb683b7a4fabe46adc8a978dcfa05f18ec3ff466472&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Crédito: Gustavo Gavotti]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Gustavo Gavotti</media:credit></media:content></item><item><title><![CDATA[“Hija de la pólvora”, la cafeomante que comenzó a leer la borra en la calle y hoy está al frente de su propio restaurante]]></title><link>https://www.infobae.com/sociedad/2025/01/04/hija-de-la-polvora-la-cafeomante-que-comenzo-a-leer-la-borra-en-la-calle-y-hoy-esta-al-frente-de-su-propio-restaurante/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/sociedad/2025/01/04/hija-de-la-polvora-la-cafeomante-que-comenzo-a-leer-la-borra-en-la-calle-y-hoy-esta-al-frente-de-su-propio-restaurante/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[La historia de Nataly Marutian y Querida Rosa: misticismo, gastronomía armenia contemporánea, intuición y tradición]]></description><pubDate>Sat, 04 Jan 2025 04:21:37 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/RXSYAUIR3BFEJCC5VBDNF5ZSSE.jpg?auth=bfde1521a85ed80eee902ca481eb483b05d57ce920c0b649d82c68e44b4cd914&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Nataly Marutian, conocida en las redes como "Hija de la pólvora", sabía leer la borra del café; creó una cocina de arena portátil para ofrecer un método ancestral de esa preparación" height="1080" width="1920"/><p>La cafetera tradicional para preparar café armenio o turco —Nataly Marutian dirá que lo llama café oriental para no despertar suspicacias— traza círculos sobre la arena. Deja su marca mientras regula el calor que sube por el brebaje humeante. Es una vasija cobriza con una asa de madera roja. Will, el barista, introduce una cuchara fina y dorada, más larga que un lápiz, más larga que dos, y revuelve con la concentración de quien manipula un objeto delicado el líquido que reposa dentro. La cafetera enterrada en ese pequeño fragmento de desierto. Abajo, invisible tras una estructura que parece una caja de aluminio pintada de azul, se esconde una cocina. La cocina calienta la arena. La arena calienta el café. La bebida burbujea.</p><p>—¿Cambia el sabor del café cuando se prepara en la arena?</p><p>—Es mucho mejor. Porque es como si se preparase a baño maría. El fuego a veces lo arrebata y la arena lo va preparando mucho más suavemente y genera <b>una bebida deliciosa</b> —responde Nataly.</p><p>El café resultante es de sabor intenso y aterciopelado. Del color del chocolate, con textura espumosa. Y —por supuesto— tiene borra. Como todo el café que se sirve en Querida Rosa. La taza y su plato son delicados, con flores y hojas pintadas de otoño.</p><p>Las instrucciones: beber el café, idealmente acompañado por un dulce armenio como la <i>baklava</i>, un cuadrado que combina la crocancia de la masa filo con una pasta de nueces trituradas y otros frutos secos y el dulzor del almíbar. Para Nataly es uno de los favoritos de la casa. Cuando queda solo la borra tapar la taza con el plato y darla vuelta, dejándola al revés unos instantes para que el sedimento caiga y los restos se asienten en la taza. En ese momento se puede pensar una consulta sobre algún aspecto de la vida, un deseo, una intención. Es la persona que leerá la taza la que debe darla vuelta para analizar los dibujos, las líneas, manchas y símbolos que muestre. <b>La cafeomante es quien encuentra en ese cuadro de arte abstracto un destino</b>.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/E73DTEBINRAQFE6FRQ6NIRPIMA.jpg?auth=7e3c3554607854bc9a03d60b279fd7870915bd47cb544c6a0df60d958f545fef&smart=true&width=1920&height=2560" alt="Nataly en la cocina de arena de Querida Rosa, su restaurante ubicado en el barrio porteño de Villa Crespo" height="2560" width="1920"/><p>Afuera hay sol de diciembre. De Año Nuevo. El barrio de Villa Crespo, todavía exhibe los adornos de la Navidad aún tibia. El calor todavía es amable. En la vereda, al lado de un <i>deck </i>con algunas mesas, bajo un toldo a tono, bordó y crema, un cartel con fileteado porteño dice: “Querida Rosa. Restaurante - café -mística”.</p><p>Adentro Nataly se descalza y recoge las piernas sobre un sillón verde oliva antiguo. Ese mueble, un sofá amplio y un tercer sillón que completa ese rincón recuerdan los livings de las casas de algunas abuelas con sus formas barrocas, sus bordes labrados, su estilo presuntuoso. En el centro, una pequeña mesa cubierta por un mantel bordó con guardas con granadas, una fruta nativa de oriente. Sobre la mesa un florero con colores a tono a la decoración del restaurante, ecléctico en su heterogeneidad: dependiendo el sector hay diversos tipos de sillas —con diferentes respaldos, de maderas de diferentes tonos y tapizados—, de mesas —redondas, cuadradas, con manteles estampados o lisos con caminos encima—.</p><p>El rincón en el que nos instalamos, en medio del lugar, está rodeado por un dosel con cortinas mostaza que lo resguardan y aíslan del resto. Todo tiene tonos sobrios: los floreados, los motivos de la alfombra, los textiles, las lámparas. Hay verdes secos, negros, marrones, bordós. Música suave. Cada detalle está planeado y cuidado. Cada espacio con sus objetos, cafeteras, escaparates y vajilla, crea un ambiente que exhala oriente y mística de manera armoniosa, sutil. <b>Oriente y casa de la abuela. Querida Rosa es un resultado de ambas.</b></p><p>Nataly —pollera verde oliva, musculosa blanca, pelo largo y oscuro, uñas hechas, rasgos marcados, ojos profundos del color del café— enciende una vela roja antes de empezar. Cuenta que por comodidad siempre se descalza para una sesión de lectura de borra del café. Se descalza y recoge las piernas o las cruza en posición de loto porque está más a gusto para recibir a las personas.</p><p>Tiene 32 años, nació en Buenos Aires, pero cuando habla de su identidad se piensa como armenia. Sus abuelos vinieron de la antigua Armenia, sus padres fueron la primera generación de su familia nacidos en este suelo y ella pertenece a la segunda. Aún así, sus raíces la definen de tal modo que habla de sí misma como si también hubiese venido en los barcos de la inmigración. Dice que la de su familia es una comunidad muy fuerte, que sus abuelos siempre los mantuvieron dentro, que en la casa de sus padres se hablaba español pero en la de los abuelos se hablaba en armenio. Ellos le enseñaron que “el idioma es lo más importante y algo que se cultiva desde la casa”. Pero que luego su madre necesitó tomar distancia del pasado.</p><p>—Mi mamá quizás era la que mejor hablaba, pero viste cuando empezás a pelearte con la raíz, cuando querés que tus hijos hablen español e inglés, algo mucho más <i>aggiornado </i>a esta cultura que a lo que se traía, esto creo que le pasaba con el armenio: sentía amor y, a la vez, necesidad de distanciamiento porque <b>es una historia que tiene una herida muy fuerte en relación al genocidio, a la migración</b>. El sentir que no sos de ningún lado. Nosotros somos los armenios que vivíamos en la zona de Turquía —en la ciudad de Smyrna—, que no es la Armenia actual, y cuando vamos a la Armenia actual hablan distinto que nosotros, culturalmente somos diferentes. Entonces <b>hay algo del lugar de pertenencia que se perdió</b>. Y ni hablar de donde es mi mamá, su familia era de Van, queda en Turquía, más del lado este. Son territorios abandonados, tomados por los kurdos, zonas donde quedan ruinas.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/BNQGCTFA4ZCUTOIOPCV6YZLAF4.jpg?auth=84cff6ca994eee8e6cee20daa71cda1f0af6459cc6733f120615d977497194db&smart=true&width=1920&height=2560" alt="La primera vez que leyó la borra del café a personas que no eran de la comunidad armenia fue en unas vacaciones con amigas, en Uruguay. Cuando volvió sus amigas corrieron la voz y Nataly empezó a leer a la gorra " height="2560" width="1920"/><p>La voz de Nataly es clara y pausada. Con una dicción cuidada, lenta, como ella se percibe.</p><p>Dice “Nosotros vivíamos” pero ella nunca vivió. “Nosotros hablamos”, pero ella nunca habló allí. Su identidad y su cultura la constituyen de tal forma que no necesita haber vivido, haber hablado en ese punto lejano y modificado en el mapa para sentir aquella herida y aquel desplazamiento como propios.</p><p>Sin embargo, y pese a que venía con los saberes y tradiciones de su pueblo, la lectura de borra del café no estaba bien vista por su comunidad. Rodeada de mística, como suele suceder con las mancias (las prácticas adivinatorias), antiguamente la cafeomante y su actividad estaban estigmatizadas. Los lugares donde se leía la borra siempre eran ocultos. Siempre detrás de una cortina, en un cuarto especial, detrás de escena.</p><p>—Era algo muy bastardeado en muchos aspectos y me costaba considerarlo. <b>Nunca lo había pensado como un trabajo porque no era algo que estaba bueno ser</b>.</p><h2>La abuela</h2><p>Nataly no lo olvida. Cuando ella era pequeña y su abuela Sirvart se reunía con sus amigas y sus hermanas a jugar al buraco siempre “hacían una vuelta de café”.</p><p>—Tomaban coñac, fumaban, tomaban café y se leían la borra. Para mí había algo de eso que era lo rescatable: la lectura de borra de café no desde lo sacro y ceremonioso sino en el folklore.</p><p>Ella se acomodaba en la falda de su abuela, en medio de ese aquelarre íntimo de mujeres, y miraba los dibujos que trazaba el café, ese cuadro que se formaba con el sedimento en la taza. La escuchaba decodificarlo. Y, sin proponérselo, aprendía su futuro.</p><p>—Yo me sentaba upa y leía con ella. Veía lo que ella veía, escuchaba sus cuentos. Así aprendí.</p><p>Su abuela Sirvart, la mamá de su papá, integraba un clan de seis hermanos. Cuatro eran mujeres. “Ella era la más chica, escorpiana”, cuenta Nataly. “Tiraba el cuerito, curaba el mal de ojo. Era la curandera del barrio, a la que le llevaban a todos los chicos que se sentían mal”. Había llegado a la Argentina con 24 años, alejarse de la Segunda Guerra Mundial. Era su segundo exilio. El primero había sido en Grecia, a donde su familia había huido para escapar del genocidio armenio. “Era divorciada, con tres hijos. Nunca se calló una, fue muy laburadora, para nada sumisa y muy libre”, así la describe.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/B4NPVQ4MJJFQJMNAF22BRCP5GE.jpg?auth=34cdca7b08fc60d780531ffc8946a88888232917f4ac5f1a49a5299132677df1&smart=true&width=1920&height=1280" alt="Nataly y su abuela Sirvart, de quien aprendió a leer la borra del café" height="1280" width="1920"/><p>Sirvart murió en la pandemia de Covid-19 con 93 años. Su siglo en este plano se derramó en esa raíz gruesa y profunda que germinó en su nieta y crece y expande ramas en Querida Rosa.</p><p>Nataly recuerda que cuando su abuela leía la borra se aferraba al significado de algunos dibujos y símbolos para descubrir el mensaje que ofrecía la taza.</p><p>—Había algo de “si hay líneas horizontales significa viajes; si hay esto, es esto; si hay lo otro, lo otro”. Yo no trabajo de esa manera porque hice mi camino místico con el estudio de los símbolos, el estudio de la magia, del esoterismo. Me metí a fondo en eso y también hago mi interpretación como lectora, porque <b>el símbolo no es una regla de tres simples: un dibujo no necesariamente significa siempre lo mismo</b>.</p><p>—¿Y cómo hacés, entonces, para entender lo que dice el café?</p><p>—Cuento lo que veo. <b>El símbolo habla, es decir, tiene una expresividad.</b> Por ejemplo, si hay una serpiente, que siempre la leían como peligro, yo miro y analizo: ¿Cómo está la serpiente? ¿Está enroscada en una copa?, ¿Está en posición amenazante?, ¿Está solamente circulando? Por qué tendría que ser peligro si la serpiente para distintas culturas representa cosas diferentes. En las culturas precolombinas, precolonizadas, la serpiente está relacionada con la abundancia y con la lluvia, porque veían los rayos y veían serpientes en el cielo, entonces se hace la danza de la serpiente para invocar a la lluvia. Asociarla con el peligro es una lectura muy de Adán y Eva, con la manzana y la tentación. En la medicina aparece como símbolo de la salud. Entonces es no limitar el diccionario, salirme de mi ego y conectar con el otro para ver en qué sentido este símbolo le habla.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/UGH3XZPS6ZHUBDXKXSSU7YEAEA.jpg?auth=547b322aa9f2cace3604b090776cd73c266eaf9675b31520d459a1bb222e42c8&smart=true&width=1920&height=2560" alt="Nunca había considerado la práctica de la cafeomancia como un trabajo porque no estaba bien visto en su comunidad: "Era algo que no estaba bueno ser", dice Nataly" height="2560" width="1920"/><h2>El debut</h2><p>La primera vez que se le ocurrió leer la borra a personas ajenas a su comunidad fue poco antes de la pandemia, en unas vacaciones con cuatro amigas en Valizas, Uruguay.</p><p>—Muy al estilo de mi abuela, era Año Nuevo, hice el café. Estaba con amigas argentinas. Mientras una tenía resaca porque había tomado demasiado Fernet yo le leía a otra, ese fue el contexto.</p><p>Tenía 28 años y había hecho sus primeras “amigas argentinas”. Aunque Nataly vivió toda su vida en este país cuenta que estudió en un colegio armenio y que cuando empezó Psicología en la UBA —carrera que cursaría algunos años— el azar o el destino o la casualidad la cruzó con otra chica de la que se hizo amiga que también resultó ser armenia. Sus años de universidad los hizo solo con ella. Aunque vivió toda su vida en el sur del mundo, su universo pasaba por el este. Su vida estaba atravesada por la comunidad, todas sus amigas eran armenias, como ella, mujeres para las que la borra del café no era novedad.</p><p>—Es más, nos juntábamos y tres leíamos la borra. Además, estaba mal visto —recuerda.</p><p>Cuando empezó la facultad sus padres se habían separado y ella se había ido a vivir a Vicente López, con su papá. Pero poco después no pudo seguir con sus estudios.</p><p>—Pasaron cosas familiares —dice y de repente la llama de la vela que se proyecta en sus ojos durante toda la conversación ilumina sus lágrimas. Se conmueve solo la mirada. La voz sigue tranquila y clara, como si la emoción no le saliera de la garganta—. Se me complicó seguir sosteniendo la vida académica, tuve que salir a trabajar. Deje Psicología, empecé a dar clases de armenio en el Colegio Armenio. Me volví a armar y después me incliné por los estudios de Arte. Me mudé a Capital, a una casa compartida, y estudié teatro en la Escuela Metropolitana de Arte Dramático (EMAD). Ahí fue que me hice amigas argentinas. Y en unas vacaciones llevé el café armenio para leerles la borra.</p><p>De la lectura en Valizas en medio de la resaca a llevar adelante su propio restaurante fue un vendaval comprimido en lo que dura un pestañeo.</p><p>—Cuando volvimos mis amigas les contaron a sus amigas. Sus amigas me llamaban para ir a leer. De repente todo el mundo, entre las personas que conocíamos, se quería leer la borra del café.</p><p>El boca a boca hizo lo suyo. <b>Nataly pasó la gorra y empezó a leer la borra.</b></p><p>Sin proponérselo, lo que comenzó como un entretenimiento para sus amigas se convirtió en el sostén de su vida.</p><p>—Unos amigos tenían un centro cultural en Lomas de Zamora y yo me iba con mi cafeterita, con mis tacitas, en subte y tren y después me volvía de la misma manera. Yo, con mis cacharritos. Ahí empecé a tener mis primeras clientas que me iban a ver allí, a Lomas de Zamora. Y venían con otras amigas.</p><p>La imagen de Nataly sentada con los pertrechos para preparar el café —que trasladaba en una valijita de mimbre— en un rincón de un centro cultural del Conurbano bonaerense podría formar parte de cualquier historia de ficción. Podría estar en una mesa y una silla preparando café y leyendo la borra en algún lugar recóndito del tiempo o el espacio. Podría haber salido de Macondo. <b>Pero más que realismo mágico, ella le puso magia a su realidad</b>.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/7ZXCRAMISFGQZPZ2EJ34Y5NW34.jpg?auth=7bc762ad657c8c7908777c41c7e77856bcfc85c024f8da6f3bb9b672975c3418&smart=true&width=1920&height=2560" alt="Viviendo sola Nataly a veces no tenía dinero para pagar el alquiler. Ahí se le ocurrió crear una cocina de arena portátil, inspirada en el método ancestral que utilizaban los beduinos en el desierto

" height="2560" width="1920"/><p>—<b>Al principio no tenía ni para comprarme el café</b>. Y vino la pandemia. Los teatros habían cerrado, los proyectos de actuación que tenía se habían cortado. Me tenía que mudar de la casa en la que vivía y lo único que tenía para ofrecer era la lectura de borra de café. Entonces me puse a pensar en cómo llegar a la casa de las personas.</p><p>Ahí fue que se le ocurrió diseñar su primer producto: una cafetera para preparar café oriental. Se contactó con una metalúrgica, <i>Finjan</i> —que es el nombre de las tazas donde se sirve el café árabe o armenio o turco—, como era pandemia estaba sin actividad, habló con la dueña y le envió unas diez cafeteras. Completó el paquete que iba a vender con una porción de café — “puede ser de cualquier origen solamente tiene que estar molido impalpable o ‘a la turca’, tiene que ser muy finito”— para que las personas pudieran preparar la bebida con borra en sus casas y lo ofreció junto con lecturas de borra <i>online</i>, por videollamada.</p><p>—Se empezó a vender bien, se empezaron a vender las lecturas. También me puse a estudiar astrología entonces lo conectaba con la carta natal. Después estudié tarot. Iba conectando mancias —recuerda.</p><p>Así, en medio de la pandemia, logró reunir el dinero que necesitaba para mudarse. Alquiló un monoambiente: el primer departamento en el que vivió sola. Y la primera vez que entendió la angustia que invadía cuando los números no cerraban y no le alcanzaba para pagar las cuentas. Ahí fue cuando se le ocurrió fabricar una cocina de arena portátil para preparar el café en la arena.</p><p>—En ese momento mi alquiler era de $16.000. Se me había metido en la cabeza hacer el café en la arena. Entonces, en esa postpandemia del 2021, empecé a buscar con esas metalúrgicas dónde comprar el cobre y todo lo que necesitaba y armé mi primera cocina de arena que es esta que dice “Hija de la pólvora”. La llevé a un <i>popup</i> [N. de la R.: un evento en el que se montan puestos para ofrecer diferentes productos y servicios] en un local de unas amigas que venden café de Medio Oriente y ese día, en esa parada en la calle, siendo julio, pleno invierno, hice $34.000. Por primera vez había hecho en una sola acción más del doble de mi alquiler. Ahí dije: ¡Wow! Fue un espectáculo. La gente paraba curiosa porque <b>fui la primera que salió con ese chiringuito y desde ahí nunca más, gracias a Dios, me faltó el dinero</b>.</p><p><br/></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/C7BM6FIOJFAZFL2JRQGDZYYZLM.jpg?auth=5b5a9416528977eabfda4b6e8422729ef30d68259094f0a07981cc408b211577&smart=true&width=1920&height=3413" alt="Cuando llegó la pandemia Nataly comenzó a vender cafeteras por internet en un combo que incluía el café para preparar la bebida oriental, con borra, y sus lecturas por videollamada. Así subsistió ese tiempo y reunió el dinero que necesitaba para mudarse sola " height="3413" width="1920"/><p>Ese chiringuito es una caja de cobre con dos tiras de hojas labradas y una taza de café en medio de la que, en lugar de humo, emanan pequeñas estrellas. Arriba se lee “Hija de la pólvora”. El seudónimo con el que se la conoce en Instagram, con el que se hizo viral. En la parte de arriba de la caja, una suerte de bandeja de arena donde prepara el café.</p><p>—Hija de la pólvora es el significado del apellido de mi mamá, que es Barutian. Los apellidos armenios terminan en “ian” que significa hijo de y el primer oficio de la familia. Yo pensaba que ellos quizás hacían armas, pero después me dijeron que la pólvora era una moneda, como acá la sal, entonces posiblemente eran comerciantes y eso lo entiendo porque, como buena armenia, el comercio uno lo lleva en la sangre. Creo que hay algo de eso; porque si bien yo nunca estudié números ni Administración de Empresas, me encanta. <b>Es como una alquimia de la energía que te permite hacer otras cosas</b>. Y dentro de los intereses de Querida Rosa, de mis intenciones, estaba generar un empleo saludable, condiciones de trabajo positivas.</p><p>La cocina de arena, cuenta, es un método ancestral inspirado en la cultura beduina. Los beduinos, ese “pueblo nómade que habita el desierto”, realizaban —y lo siguen haciendo— travesías. Para saber si en sus viajes se iba a presentar algún peligro o qué les iba a deparar el camino, cuando terminaban de comer, en sus carpas, enterraban las cafeteras en la arena “y utilizaban el café como un método adivinatorio”.</p><p>La idea de hacer una cocina de arena portátil y empezar a leer la borra con este método llevó a Nataly de no poder pagar el alquiler a ser <b>“la embajadora de la cafeomancia”</b>. Después de aquella tarde de invierno en la que apareció con su “chiringuito”, su trabajo explotó. Surgían eventos y <i>pop ups</i> de abajo de la tierra; ella, la lectura de la borra y su cocina de arena se volvieron famosos y llegó a la pantalla chica. La convocaron de diferentes programas de televisión y empezaron a contratarla para eventos de empresas y marcas, con cientos de personas; para casamientos y celebraciones. Comenzó a enseñar a leer la borra a amigas y personas que querían tomar clases con ella, armó equipos.</p><p>—Tenía mis aquelarres de brujas con las que íbamos para todos lados. <b>Estaba en la cresta</b>.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/LDB35HWJWZDVVJN4IAQAO3ELSM.jpg?auth=45c6d9865f7ba1f4411443e98615d414540e42a6689f8f8ceb91c3259f56fdd2&smart=true&width=1920&height=2560" alt="La primera vez que participó de un evento con su cocina de arena fue furor. Desde ese momento no paró: comenzaron a contratarla para leer la borra del café en eventos multitudinarios, para marcas y diferentes celebraciones, y llegó a la pantalla chica" height="2560" width="1920"/><p>Su comunidad y su familia, quienes hasta ese momento no veían esa actividad como algo serio, cambiaron opiniones, desfruncieron ceños y se subieron al <i>boom </i>que tenía la difusión de esa parte de su cultura.</p><p>Su nueva ocupación a tiempo completo también la llevó a conocer a su novio y actual socio en el restaurante, Fernando Romano. Chef de profesión, trabajaba en un local de comida de mar en Palermo, hicieron un <i>pop up</i> juntos y se flecharon mutuamente. Poco después él se pondría a trabajar codo a codo con ella para crear Querida Rosa. Volviéndose un experto en cocina armenia con la instrucción y las recetas de las tías de Nataly que le enseñaron todos los secretos de sus platos. Los que luego, según su pareja, Fernando llevó a otra dimensión.</p><p>Desde antes de subir a la cresta de la ola, cuando vendía cafeteras por internet, Nataly ya tenía la fantasía de hacer un club de borra de café.</p><p>—Yo soñaba con un espacio que fuera como una cafetería pero en la que se jugara al ajedrez, al <i>tablí</i> —el <i>tablí</i> es el <i>backgammon</i>—, se tomara café, se leyera la borra… Si vos estás en Armenia y pasás por una plaza, hay gente jugando al <i>tablí</i>. Cuando yo era chica, en el club que iba, los viejos jugaban al <i>tablí</i>, entonces quería un lugar, quería esa esencia. <b>Había algo, una certeza, de que tenía que hacer eso</b>.</p><h2>Tatuajes</h2><p>Nataly tiene tatuajes en los brazos. En el derecho su primera cafetera, una que su tía Betty, hermana de su papá e hija de su abuela Sirvart, le trajo de regalo de Armenia. En el izquierdo “una lloronita por las penitas del alma”, un limón feliz y una chica que se saca hojas de los ojos.</p><p>—Siento que yo hago un poco eso: me saco cosas que veo de los ojos.</p><p>Quizás son las cosas que intuye, que presagia, las que se saca y trabaja hasta volverlas realidad. Como Querida Rosa: el destino que imaginó para ella. La corazonada que latía diciendo que era por ahí.</p><p>—Y no me equivoqué.</p><p>Después de trabajar de forma desquiciada en más eventos de los que un fin de semana puede contener para generar dinero para la obra que convertiría el local que eligió alquilar en restaurante —no sin antes hacerle numerología a la altura de la calle donde se emplaza “que suma 10, era perfecto porque era el final de una etapa y el comienzo de otra”—, <b>Querida Rosa abrió sus puertas el 20 de octubre del 2023</b>.</p><p>—Abrimos, subí un <i>reel</i> de la cocina de arena, llegó a tres millones de visualizaciones, a 20.000 seguidores en Instagram y de ahí no paramos. De repente tenía una fila de gente que quería leerse la borra del café —dice.</p><p>Hoy capitanea, junto a su socio y compañero de vida, un negocio con 15 empleados, dos turnos y tres piernas: “Una pierna es la cafetería, porque la vedette es la cocina de arena, la gente la ve por la vidriera y para. La otra es la cocina armenia contemporánea, que hoy estamos en un nivel de excelencia. Y la cafeomancia”.</p><p>—Fue muy rápido todo. A veces yo me veo acá, llevando adelante el restaurante y digo: ¡Wow! Pero no fue fácil.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/O5ZN5MO4ZVCCNAQ7LQP23EXTVE.jpg?auth=12ce9c98768f76e72f7446fb5c2637d4eb3507906a872afbb9e1e45b6bc9c2aa&smart=true&width=1920&height=1280" alt="Desde que vendía cafeteras por internet soñaba con abrir su propio espacio: un lugar para tomar café y leer la borra que tuviera la esencia de su cultura. En octubre de 2023 abrió Querida Rosa, el nombre es un homenaje a su abuela  " height="1280" width="1920"/><p>Cuenta que cuando fue a anotar en el registro de marcas el nombre que habían pensado para el local, “Maro”, como se llama una de sus tías que se reunía con su abuela en las tardes de buraco y lectura de café, ya estaba reservado. Y que el hombre que la atendió le sugirió: “Si querés que te vaya bien no le pongas así”. Pensó un poco más y escuchó en su cabeza la voz de su tía Betty que repetía una y otra vez: <b>“Mi mamá se llama Sirvart que significa Rosa querida”</b>.</p><p>—Y en realidad yo dije: no significa Rosa querida significa querida Rosa —porque <i>Sir</i> es <i>sirum,</i> que significa querida, y <i>vart</i> es rosa—. Le pregunté a Fer y me dijo: “me gusta”.</p><p>Nataly dice que se lleva bien con la incertidumbre, teniendo en cuenta el contexto del país, que vive muy en el presente, en el acá, y eso la hace disfrutar del proceso. También para eso trabaja mucho en su espiritualidad.</p><p>—A la noche medito, rezo y eso siempre me ayuda a ver el lado lleno. Al trabajar la gratitud es como que siempre estás llenándote y desde ese lugar se genera una vibración —dice y la vela vuelve a alumbrar su emoción—. Una vibración que atrae a las personas y eso hace que funcione.</p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/RXSYAUIR3BFEJCC5VBDNF5ZSSE.jpg?auth=bfde1521a85ed80eee902ca481eb483b05d57ce920c0b649d82c68e44b4cd914&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"/></item><item><title><![CDATA[Qué impacto tuvo en la mortalidad, qué pasa con los insumos y cómo cambiaron las historias: a cuatro años de la ley de aborto legal]]></title><link>https://www.infobae.com/sociedad/2024/12/30/que-impacto-tuvo-en-la-mortalidad-que-pasa-con-los-insumos-y-como-cambiaron-las-historias-a-cuatro-anos-de-la-ley-de-aborto-legal/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/sociedad/2024/12/30/que-impacto-tuvo-en-la-mortalidad-que-pasa-con-los-insumos-y-como-cambiaron-las-historias-a-cuatro-anos-de-la-ley-de-aborto-legal/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[Sancionada por el Congreso nacional el 30 de diciembre de 2020 y promulgada el 14 de enero de 2021, la Ley 27.610, de Interrupción Voluntaria del Embarazo, saldó un reclamo de décadas y puso a la Argentina a la vanguardia de la ampliación de derechos]]></description><pubDate>Mon, 30 Dec 2024 06:40:48 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/C7LCN62Q7RCYNL2BSD74A6X6OY.jpg?auth=d415c06f665f90b481eaa0f1bc32b70762146ac5cec839d47e107f73ed600f57&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Desde su entrada en vigencia, la Ley 27.610 establece el acceso a la interrupción voluntaria y legal del embarazo para las personas gestantes hasta la semana catorce, inclusive, sin tener que dar explicaciones sobre los motivos de la elección. Foto: Amnistí­a Internacional Argentina" height="1080" width="1920"/><p>La periodista Nancy Pazos tenía 18 años cuando quedó embarazada por primera vez. “Su mamá la había echado de casa, vivía sola en una habitación alquilada. ‘Nos estábamos yendo de viaje. En San Luis conocimos a una pareja y le conté a ella lo que me estaba pasando, yo seguía sin saber qué hacer. Pero la chica trabajaba en un juzgado de menores y me empezó a bajar línea para que tuviera al bebé y lo entregara. La idea de gestar y entregarlo me pareció más dura que la de abortar’. Nancy abortó en una casona, en Flores. ‘<b>Era un horror. Había como diez chicas recostadas, ni siquiera eran camas</b>. Algunas estaban saliendo de la anestesia, solas. Otras lloraban. <b>Todo era muy precario, poco aséptico</b>. Lo recuerdo como una tienda de campaña, como un hospital de guerra. <b>Creo que salí viva de ahí de casualidad</b>’”.</p><p>A la comunicadora Ana Correa le dijeron que su bebé no iba a sobrevivir, aún así la sometieron a una <b>tortura psicológica</b>: “‘Fue en 2007, estaba casada y tenía un hijo de 2 años. Era un embarazo deseado pero un estudio genético derrumbó la ilusión. El feto tenía Síndrome de Edwards: o no iba a terminar de desarrollarse o iba a morir poco después de nacer’. Ana tenía, además, un fibroma de 12 centímetros, por lo que también corría riesgo su salud. ‘Decidí abortar para no prolongar ni el sufrimiento fetal ni el mío, pero me encontré con que <b>en ningún lado podían hacerlo por la vía legal</b>’. Un médico le recomendó seguir con el embarazo ‘para tenerlo al menos unos minutos con vida’. Otro fue todavía más cruel: le dijo que era una nena —algo que ella había elegido no saber— y que tenía hidrocefalia y problemas cardíacos. Le advirtió, además, que ella podía morir desangrada y ‘dejar a su hijo huérfano’, salvo que hiciera un tratamiento con él, en dólares. El feto, finalmente, dejó de tener actividad cardíaca y tuvo que hacerse un aborto con misoprostol en su baño, en el desconsuelo y la soledad”.</p><p>Diana Galarza, capacitadora en temas de género, era una adolescente cuando se dio cuenta de que estaba embarazada. “Tenía 16 años, iba a la secundaria. No sabía qué hacer, tenía mucho miedo de que se enterara mi familia. Lo que más recuerdo es la desesperación, porque tardé como un mes en poder resolverlo. (...) Al final, me hice el aborto en la casa de una señora del barrio. <b>Tuve que llevar la sonda para que me la metiera, fue horrible</b>”.</p><p>En 2018, cuando la efervescencia alrededor del debate por la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo se apoderaba, de una u otra forma, de la agenda nacional y el tema llenaba páginas de diarios, portales, programas de radio y tv, redes y se manifestaba en colores de pañuelos en las escuelas, las oficinas, las calles y las plazas, <a href="https://www.infobae.com/sociedad/2018/08/06/yo-aborte-en-la-clandestinidad-las-historias-de-18-mujeres-que-decidieron-romper-el-silencio-y-el-tabu/" target="_blank"><i>Infobae</i>, publicaba estas historias entre otras 15</a>. Recogía el guante de un legado inaugurado en Francia en 1971, —cuenta la periodista Gisele Sousa Dias en esa nota— cuando 343 mujeres firmaron un documento, escrito por la filósofa Simone de Beauvoir, en el que declaraban que habían abortado, aún con el riesgo de que las llevaran a prisión. Su objetivo era reclamar el derecho al aborto legal y su despenalización, lo que lograron tres años después.</p><p>En 1997, en Argentina, la revista <i>Tres Puntos</i> retomó ese manifiesto y publicó una nota bajo el título: “Por primera vez veinte mujeres se atreven a decir: Yo aborté”. Entre trabajadoras anónimas, amas de casa, empleadas y estudiantes, contaron sus historias las escritoras Beatriz Sarlo y María Moreno, la investigadora, en ese momento legisladora, Dora Barrancos, las actrices Graciela Duffau, Divina Gloria y Alejandra Flechner. La portada de esa edición volvió a circular hace pocos días en las redes sociales luego del <a href="https://www.infobae.com/cultura/2024/12/17/murio-beatriz-sarlo/" target="_blank">fallecimiento de Beatriz Sarlo</a>.</p><p>Las 18 mujeres, célebres y anónimas, que contaron sus experiencias en este medio en 2018, también hacían públicas por primera vez sus historias de abortos con el mismo fin que 50 años antes las 343 habían perseguido en Francia: <b>que fuera ley</b>.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/6CII3ODRX5AGLDALGISVBYSFNM.jpg?auth=edef384115af1b22bad961ae8368ecb039598e911d674f1d8e8e72494fbba9c8&smart=true&width=1920&height=1080" alt="El 30 de diciembre de 2020, pese a la pandemia, manifestantes a favor del proyecto para legalizar el aborto esperaban el resultado de la votación afuera del Congreso nacional (REUTERS/Flor Guzzetti)" height="1080" width="1920"/><h2>De la épica de la media sanción a la promulgación y sus impactos: avances</h2><p>Hace seis años, en las puertas del Mundial de Rusia —que, como es usual, se realizó en junio—, la sociedad argentina, o gran parte de ella, asistía expectante a otra contienda que se disputaba en el Congreso nacional: la primera ronda para debatir la ley IVE/ILE<b>. Había invierno glacial y calor popular: fue un debate que mantuvo en vilo y conmovió a un país </b>que siguió lo que sucedía en el recinto minuto a minuto. Había temperatura bajo cero, una vigilia que hervía la sangre y un amanecer ansioso que se mordía los labios ante la ajustada diferencia entre quienes estaban a favor de la ley y quienes estaban en contra. Hasta que se encendió la primera luz verde. El 14 de junio, después de una sesión maratónica de 22 horas en Diputados, el proyecto ganó media sanción con un resultado de 129 votos a favor y 125 en contra.</p><p>El camino siguió sinuoso, en el Senado no salió. Colores políticos, retrocesos y modificaciones mediante, el 30 de diciembre de 2020, en el final de un año vivido a puro dolor, encierro, enfermedad y muerte, con barbijos, hubo festejo de quienes venían luchando desde al menos tres décadas atrás —y quienes se sumaron los años siguientes a la causa— por este derecho.</p><p>“Ese año [2018] fue en el que todo explotó, en el que hubo un rol de los jóvenes que es muy relevante. Nosotras, que veníamos haciendo campaña hacía tantos años, íbamos a la plaza y no veíamos tanto adolescente involucrado. Hubo algo raro en esta causa, <b>los jóvenes la tomaron como propia: esto de los pañuelos en las mochilas, en los colegios, fue superimportante</b>. Personas que nunca habían hablado de esto, escritoras, actrices, actores, todos los periodistas de los distintos rubros, no era algo que anteriormente se veía”, recuerda Mariela Belski, directora ejecutiva de Amnistía Internacional Argentina.</p><p>“Lo otro que fue impresionante —sigue— es <b>cómo Argentina se constituyó como un faro</b>, en este tema, en la región. Argentina, Brasil, te diría un poco México, son sumamente importantes en todo lo que es legislación regional en el Mercosur, en la OEA, en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Argentina ha tenido una legislación sumamente interesante y progresista en materia de derechos humanos con la ley migratoria, de matrimonio igualitario, de identidad de género, todo lo que es la agenda de Memoria, Verdad y Justicia. Siempre fue como el faro que todos miran. Entonces cuando se sancionó y legalizó el aborto, que pasó justo después de Irlanda, fue muy relevante”.</p><p>El eco de la ley argentina rebotó en la región y más allá. Belski recuerda que después de la aprobación local Colombia obtuvo “muy buena sentencia de la Corte Constitucional, México despenaliza el aborto en otras ciudade más allá del Distrito Federal, hay una marea verde. Y los pañuelos también empiezan a replicarse por toda la región. Entonces, para las organizaciones que luchamos por el reconocimiento y la implementación de este derecho, regionalmente tuvo un impacto enorme, pero también lo tuvo a nivel internacional: <b>el verde y los pañuelos llegaron a Europa, a Japón, a lugares impensados</b>”.</p><p>La despenalización y legalización del aborto, como el Juicio a las Jutas en 1985, marcaron un hito en Argentina. Y Belski, como directora de Amnistía Internacional, fue invitada a dar conferencias en Polonia, Japón, Indonesia, lugares lejanos geográfica y culturalmente que deseaban saber cómo se había gestado este movimiento y aprender de eso.</p><h2>Qué dicen los datos desde la aplicación de la ley y las nuevas luchas por su cumpliento</h2><p>Desde su entrada en vigencia, <b>la Ley 27.610 establece el acceso a la interrupción voluntaria y legal del embarazo </b>para las mujeres y personas con identidades de género diversas hasta la semana catorce de gestación (inclusive), <b>sin tener que dar explicaciones sobre los motivos de la elección </b>y también cuando el embarazo es resultado de una violación o pone en peligro la vida o salud de quien gesta. Además, <b>dispone la atención médica postaborto </b>“más allá de si el mismo se produjo o no en las situaciones previstas por la ley” así como <b>el acceso a métodos anticonceptivos </b>de todas las personas con capacidad de gestar.</p><p>Del texto a los hechos pasa de todo.</p><p>Quizás el dato más relevante e insoslayable desde la aprobación de la ley es uno de los que menciona Belski: “Entre 2021 y octubre de 2023, <b>cerca de 250.000 personas accedieron a abortos seguros en el sistema público de salud</b>. Esto logró que <b>las muertes por aborto disminuyeran en un 53% </b>entre 2020 y 2022. Y otra cosa que sucedió es que el acceso a información, a insumos, a servicios de salud sexual y reproductiva, contribuyó a que aproximadamente <b>un 90% de las interrupciones sean durante el primer trimestre de gestación</b>, que es reimportante”.</p><p>El Gobierno anterior, repasa la directora de Amnistía, concentró el trabajo para la aplicación de la ley desde el Programa de salud sexual y reproductiva del Ministerio de Salud. “Porque la implementación, aunque todos crean esto, no estaba bajo la jurisdicción o competencia del Ministerio de las Mujeres, todo lo que tenía que ver con temas de salud sexual y reproductiva y aborto caía dentro de las competencias de Ministerio de Salud. Y la verdad es que tuvo un avance impresionante”.</p><p>Belski detalla dónde estuvieron puestos, puntualmente, los esfuerzos y cuenta que se capacitó a los proveedores y al personal del servicio de salud, que se invirtió en la adquisición y compra de misoprostol —”que en Argentina ya se fabricaba en la provincia de Santa Fe y a partir de la ley se decidió que se produjera también en otras jurisdicciones”—, y se implementó lo que se llamaba <b>el “combipack”</b>, “que es la fusión del misoprostol y la mifepristona. La combinación de ambas es mucho más efectiva en términos de resultado; es <b>una fórmula medicamentosa recomendada por la Organización Mundial de la Salud para garantizar el aborto seguro y en condiciones de calidad”</b>.</p><p>Como resultado, destaca, <b>solo en el año 2023</b> se distribuyeron en todas las provincias, desde el Gobierno nacional, <b>más de 88.500 tratamientos de misoprostol y más de 77.500 combinados, el combipack</b>. “Y hago hincapié en esto porque de esas cantidades superrelevantes pasamos a la nada”, grafica.</p><p>Aclara también que no todos los medicamentos son financiados por el Estado sino que hay muchas organizaciones, como el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA, por sus siglas en inglés), un organismo de cooperación internacional que promueve la salud, los derechos y la igualdad de oportunidades, que entre sus roles se adjudica el de ayudar a los gobiernos a proveer estos tratamientos.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/MOB5RSZJKZGK5FB2TVB7P66NLA.jpg?auth=b6570879e5b62377ca347596bb01db3f953277837d1708fd8115e4adf8c0fad5&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Desde la promulgación de la Ley 27.610, en muchas provincias se presentan obstáculos para el acceso a la interrupción legal del embarazo (Amnistía Internacional Argentina)" height="1080" width="1920"/><p>Aunque la ley es de aplicación obligatoria en todo el país, al tener implementación local, “o sea que son las diferentes jurisdicciones las que tienen la responsabilidad de aplicarla”, explica Belski, no todas las provincias, ni mucho menos todas las instituciones se pliegan enteramente a su cumplimiento. Lo que hacía, entonces, el Estado era trabajar de manera coordinada con los programas de salud sexual y reproductiva de las provincias para hacer un seguimiento de qué sucedía con la norma en cada una y brindar asistencia o resolver las situaciones que pudieran surgir.</p><p>“Es cierto que aún en el Gobierno anterior pasaba que, por ejemplo, en una jurisdicción como Tierra del Fuego la implementación era muy compleja. Había un montón de hospitales y médicos que eran objetores de conciencia [N. de la R.: quienes se niegan a acatar normas o leyes y a realizar acciones aludiendo motivos éticos o religiosos] entonces había un solo lugar que hacía abortos y las personas tenían que viajar hasta ahí, lo que era bastante complejo”. “No es que todo era impecable, para nada, hubo muchas jurisdicciones que tuvieron este tipo de problemas. Pero lo que sí sucedía, que era bastante valorado, era que muchas veces se trabajaba de forma articulada entre el Gobierno nacional, las provincias y las organizaciones que nos ocupamos de este tema para lograr que se garantizara ese aborto en algún hospital o incluso que se viajase a alguna provincia o jurisdicción que lo proveyera. A veces las propias organizaciones cubríamos el traslado. Era un trabajo de alianza, que es lo ideal, para que se garantizara el derecho”.</p><p>Claro que no fue perfecto, ni la sombra de eso, aclara Belski. Y cuenta que en el sitio de Amnistía, donde se pueden hacer consultas y reclamos ante el no cumplimiento del derecho, recibieron en la gestión anterior muchas denuncias. Pero no la cantidad que reciben en la actualidad: <b>entre 2023 y 2024 aumentaron un 215%.</b> También porque la línea estatal de asesoramiento fue desactivada y las personas no tienen a quién recurrir.</p><p>Pese a estas barreras de acceso a la interrupción voluntaria del embarazo, el Proyecto Mirar —coordinado por el Centro de Estudios de Estado y Sociedad (CEDES) e Ibis Reproductive Health— que monitorea la implementación de la Ley 27.610 “con el propósito de mejorar el acceso y la calidad en la atención del aborto” informa que, solo <b>en el primer semestre de 2021 se hicieron 25.894 interrupciones</b> y se distribuyó la misma cantidad de misoprostol que en todo 2020. Que entre 2020 y 2021 <b>las muertes maternas por aborto se redujeron de 23 a 13.</b> Y que “se produjo un descenso progresivo de las niñas que llevan embarazos a término”, lo que se tradujo en <b>una disminución de la tasa de fecundidad en niñas de 10 a 14 años del 43% </b>entre 2018 y 2021.</p><p>También exponen que, tras la sanción de la ley, Argentina amplió la cantidad de servicios de salud públicos que proveen acceso a la IVE/ILE en un 98% (según datos de diciembre de 2022), aunque, como explicaba Belski, la oferta y el acceso efectivo no es lineal dada la heterogeneidad de las jurisdicciones: en algunas la oferta está distribuida en muchas instituciones pero en otras está concentrada en pocas. Especifican: en Argentina hay 16 servicios de IVE/ILE cada 100.000 mujeres entre 15 y 49 años. Lo que varía entre 3 cada 100.000 mujeres en Chaco, Mendoza y Santiago del Estero, y 40 cada 100.000 en Neuquén, Santa Fe y La Pampa.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/LJQAHU7YGFDJVDPLGTV36IYU2Q.jpg?auth=c7a5e7373d4e1c975f327a28ea53d2049fc21696ea78709fecefa29edf94cf22&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Entre 2021 y octubre de 2023 cerca de 250.000 personas accedieron a abortos seguros en el sistema de salud pública. Esto redujo las muertes por aborto en un 53% entre 2020 y 2022, indica Mariela Belski (Amnistía Internacional Argentina)" height="1080" width="1920"/><h2>Las barreras en el acceso a la IVE antes y después de 2023: retrocesos</h2><p>Antes de diciembre de 2023, cuando La Libertad Avanza asumió el Gobierno nacional habiendo declarado abiertamente, en numerosas oportunidades, que uno de sus objetivos era derogar la Ley IVE por estar completamente en contra, trabajadores de la salud y organizaciones que siguen a este partido, tienen ideas semejantes o una línea de pensamiento acentuadamente religiosa o conservadora, ya obstaculizaban el acceso a la interrupción voluntaria del embarazo de diferente maneras.</p><p>Las barreras iban desde agrupaciones, en diferentes provincias, donde trataban de persuadir a quienes iban a solicitar una interrupción del embarazo a que no lo hicieran —lo que sigue sucediendo—, a objetores de conciencia. Incluyendo a ministerios de Salud provinciales y hospitales municipales sin ningún tipo de interés en proveer el tratamiento indicado por la ley, con directivos que objetaban en lo personal y lo extendían a lo institucional, sin hacer la derivación correspondiente a otros profesionales o instituciones que sí lo realizaran, tal como lo indica la norma, que establece que si en una institución hay objeción de conciencia, la persona que busca el aborto debe ser derivada a otra que lo realice.</p><p>“Recibimos denuncias de que dejaban a las mujeres a la deriva —cuenta Belski—. Otra cosa que pasó es que hubo más de 23 acciones legales en contra de la ley, pidiendo la inconstitucionalidad, y de esas, aunque muchas se desecharon, al menos dos están en la Corte Suprema en este momento”.</p><p>Después de diciembre de 2023 el panorama empeoró. Los insumos para el aborto legal, seguro y gratuito, junto con los de otros tratamientos y herramientas vinculadas a la salud sexual y reproductivas como líneas de atención, fueron recortadas. Y la promesa de la batalla cultural que tiene a esta ley, entre otras que otorgan derechos, como una de sus principales víctimas.</p><p>Sucedió entonces que <b>los abortos solo pudieron garantizarse —hasta ahora— donde quedaba </b><i><b>stock</b></i><b> de años anteriores</b>. Luego tocaba —toca— perseguir y trasladarse a la institución, incluso a la jurisdicción, que tenga reservas de misoprostol o combipack porque el Estado ya no los provee.</p><p>“Tampoco brinda más capacitaciones a nadie, no hay ningún tipo de política establecida en el Programa de salud sexual y reproductiva del Ministerio de Salud hacia ninguna provincia pero tampoco hacia los pocos hospitales que dependen de la Nación, eso se cortó 100%, por una cuestión de plata pero sobre todo por una cuestión ideológica”, asegura Belski. Y agrega que también la postura y los dichos del presidente, su narrativa acerca del aborto, avalan de alguna manera a los objetores de conciencia para negarse a realizar la práctica.</p><p>“Eso baja directamente a los hospitales y lo vemos porque hemos hecho pedidos de información a distintas jurisdicciones como Chubut, Córdoba, Santa Fe, San Juan y sabemos que no queda ni misoprostol ni mistepirona. No invirtieron en comprar anticoncepción para adolescentes, ni en ningún tipo de insumo que tenga que ver con la salud sexual y reproductiva. No continuaron con ningún programa que tuviera que ver con eso. Todo lo contrario, establecieron programas que incentivan la continuación del embarazo”, dice la directora de Amnistía.</p><p>Belski también cuenta que este año Argentina rindió cuentas ante el Comité de los Derechos del Niño de las Naciones Unidas, donde varias organizaciones alertaron sobre los retrocesos en términos de derechos y, en sus recomendaciones, el Comité dijo que “<b>el Estado argentino tenía la obligación</b>, de acuerdo al derecho internacional, a sus leyes y su Constitución, <b>de proporcionar medicamentos para el acceso a la salud sexual y reproductiva</b> indicados en la lista de medicamentos que tiene la Organización Mundial de la Salud”, lo que incluye al misoprostol y la mifepristona. “Y que esto que está sucediendo es una medida regresiva que compromete la responsabilidad del Estado argentino respecto a los acuerdos internacionales”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/PMPIVALLFRFJ5B4MLGF7SNCFRY.jpg?auth=21a6750d7224e0c52bce2031d1f088a41733f8eef3a126134cfb413ab5ab9b39&smart=true&width=1920&height=1080" alt="El 28 de septiembre de 2023, por el Día Internacional del Aborto Seguro, se realizó una manifestación para apoyar el acceso a la interrupción voluntaria y legal del embarazo en Buenos Aires (REUTERS/Mariana Nedelcu)" height="1080" width="1920"/><p>El reporte titulado “Insistir y persistir. El panorama del aborto en Argentina”, publicado recientemente por el Proyecto Mirar con el objetivo de registrar y mostrar cómo fue la implementación de la política que establece la Ley IVE/ILE entre enero y octubre de 2024, coincide en los retrocesos señalados por Belski.</p><p>“Aunque no se han cumplido las expectativas más negativas respecto a la Ley 27.610, el entorno para las políticas de salud sexual y reproductiva no es favorable. El discurso gubernamental ha menospreciado las políticas de género y de salud reproductiva, evidenciado por el voto de Argentina en la ONU contra una resolución para eliminar la violencia de género. Por su parte, la Dirección Nacional de Salud Sexual y Reproductiva (DNSSR) ha sido debilitada, afectando, por ejemplo, un componente clave de la política de IVE ILE como es la distribución de insumos anticonceptivos y tratamientos para el aborto, lo que ha creado un entorno extremadamente complicado para el acceso a la salud reproductiva”, se lee allí.</p><p>Confirman que “durante 2024 el Ministerio de Salud de la Nación no distribuyó ningún tratamiento medicamentoso para IVE/ILE de los 100.400 planificados, (según <i>Chequeado</i>)”. Pero que, pese a los obstáculos, gran parte de las provincias continúan esforzándose para sostener y garantizar el acceso a este derecho.</p><h2>Los números son personas</h2><p>“Lucía llegó al hospital para solicitar una interrupción de embarazo. Con 16 años no quería dejar de estudiar”. “Aurora fue abusada por su padrastro. Cuando se enteró de su embarazo acudió a un hospital para interrumpirlo”. “Adelina encontró un centro de salud donde abortar cerca del paraje donde vive. Sabía que no podría mantener otro hijo”. “Bárbara se enteró de su embarazo cuando se estaba haciendo un tratamiento por una enfermedad. Era incompatible con la gestación. Abortó”.</p><p>“<b>Son las historias de muchas. Es ley. Es libertad para todas</b>”.</p><p>Dicen mujeres de diferentes edades, orígenes, profesiones, recorridos. Cuentan entre todas historias breves de otras mujeres que abortaron de manera segura gracias a la Ley IVE/ILE en un video realizado por CEDES para el 28 de septiembre, Día de Acción Global por el Acceso al Aborto Legal, Seguro y Gratuito.</p><p>Hay miles. En cada círculo de mujeres. En todos lados. Bruna abortó con misoprostol porque no podía hacerse cargo de otro hijo. Mora abortó con misoprostol porque le dijeron que el hijo que gestaba, muy deseado, no sobreviviría por un síndrome genético. Alicia abortó con intervención quirúrgica, cuidada por su equipo médico, porque su hija también padecía malformaciones que le impedirían tener una vida disfrutable. Mariana pensó en abortar cuando le dijeron que su hijo podía tener severos problemas de salud. Finalmente no debió hacerlo pero saber que si todo salía mal tenía la posibilidad la reconfortaba en medio de su pánico.</p><p>El aborto no es deseado ni buscado. Es un derecho imprescindible al cual acceder cuando la maternidad no es una elección ni una posibilidad. Es un derecho que otorga libertad.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/C7LCN62Q7RCYNL2BSD74A6X6OY.jpg?auth=d415c06f665f90b481eaa0f1bc32b70762146ac5cec839d47e107f73ed600f57&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[(AmnistÃ­a Internacional Argentina)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Lanzó una newsletter en pandemia y consiguió instalar la filosofía en las redes: Florencia Sichel, la voz que invita a pensar]]></title><link>https://www.infobae.com/sociedad/2024/12/27/lanzo-una-newsletter-en-pandemia-y-consiguio-instalar-la-filosofia-en-las-redes-y-la-vida-de-muchas-personas-florencia-sichel-esa-voz-clave-que-invita-a-pensar/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/sociedad/2024/12/27/lanzo-una-newsletter-en-pandemia-y-consiguio-instalar-la-filosofia-en-las-redes-y-la-vida-de-muchas-personas-florencia-sichel-esa-voz-clave-que-invita-a-pensar/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[Cuando imaginaba a qué se iba a dedicar después de graduarse no sabía que podía hacer filosofía con niños, como no sabía que podía hacer filosofía de la maternidad. Se aventuró a descubrir ambos universos y, sin planearlo, se transformó en referente]]></description><pubDate>Sun, 29 Dec 2024 13:21:21 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/SJYCXUKYPNG6DNBHR3LNDPEWJ4.png?auth=8d94cd27fd0c05ccf0f836138ccd3fcc5e58e144ef9153cf3e3403576bf4d5b4&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Florencia Sichel es profesora de Filosofía, enseñó en todos los niveles educativos y coordina el área de Formación ética y ciudadana del Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires. Su carrera dio un vuelco cuando creó la newsletter Harta(s), desde donde reflexiona sobre filosofía y maternidad" height="1080" width="1920"/><p>El primer <i>mail</i> fue sin aviso. Sin preámbulo. Una amiga reenviando un texto a otras cinco con un título que, sabía, nos interpelaría: <b>“¿Cómo es vivir una maternidad feminista?”</b>. El texto, a continuación, comenzaba así:</p><p>“A veces me despierto y pienso qué hubiera sido de mi vida si no hubiese sido madre. A veces pienso que quizás hubiera sido más feminista. Hubiera participado de más espacios de militancia, o hubiera leído más libros.Pero después me detengo a pensar, y no sólo lo pienso si no también lo sostengo, que <b>criar a mi hija es también una experiencia feminista en sí misma</b>. Desde que soy madre me siento más feminista, no sólo con los libros que leo sino con el cuerpo y con la vida que llevo. ¿Qué significa reconocerse como madre y feminista? ¿Cómo es vivir una maternidad feminista?”.</p><p>Arriba, a modo de volanta del texto titulado “Harta(s). Filosofía y maternidad”, la autora presentaba el espacio y a ella misma: “Harta(s) es una <i>newsletter</i> donde escribo y comparto ideas que me pregunto y pienso en torno a dos de mis mundos preferidos: filosofía y maternidad. Mi nombre es Florencia, estudié y me dedico a la filosofía y soy mamá de Sofía (sí, un poco obvio)”.</p><p>Era pandemia. Todas las que habíamos recibido el mail estábamos en nuestras casas. Todas éramos madres primerizas. Todas nos considerábamos feministas. A todas nos resonaron esas palabras. Esas preguntas. Y se hizo costumbre. Era martes y nos llegaba el mail de nuestra amiga, que había asumido la tarea de compartirlo —y lo hizo largo tiempo, hasta que el covid y el encierro empezaron a ceder—: “Amigas, arrancan los mails de los martes, ¿pa cuando la cervecita (con y sin alcohol) para conversar de estos temas? ¡¡Las quiero!!”.</p><p>No éramos las únicas. El sistema de reenvío de la amiga o la amiga de la amiga se replicaba cada vez en más casillas de correo. Florencia Sichel, la autora de los textos, dejaba de ser una desconocida para pasar a ser esa suerte de amiga por correspondencia a la que no conocías pero que esperabas cada semana. Las <i>newsletters</i>, como género en sí mismo, no eran tan masivas como lo son hoy, y las preguntas de una madre primeriza que se cuestionaba alrededor de esa experiencia abrazaban a muchas madres (primerizas o no) en esos días de cuarentena obligatoria, barbijos y noches eternas. Alrededor de <i>Harta(s)</i> —que poco después comenzó a replicarse en su cuenta de Instagram— alrededor de Sichel, creció una comunidad.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/X2K6Z22JXFAFNKRTZVSUVYERFE.jpg?auth=bd0b69d9ad6d712223f81712e2724c9a1bed49e8f53414a6b806df814f72bc91&smart=true&width=1920&height=2880" alt="Cuando se convirtió en madre comenzó a hacerse preguntas alrededor de ese nuevo mundo que la estaba atravesando. En el encierro de la pandemia decidió compartirlas y comenzó a escribir una newsletter sobre filosofía y maternidad que llamó "Harta(s)" " height="2880" width="1920"/><p>La filosofía —lo sabemos— se define como “amor a la sabiduría”. Sin embargo, Sichel, no siempre supo.</p><p>Estudió Filosofía en la UBA donde la salida laboral, en ese momento, estaba orientada principalmente a la docencia y a la investigación. Y, dentro de la docencia, la aspiración general era la universitaria y terciaria, no tanto la del nivel secundario y casi no se mencionaba que incluso en los niveles primarios e inicial hacer filosofía era una posibilidad.</p><p>—<b>A mí siempre me interesó hacer filosofía con gente que no viniera de la filosofía.</b> Lo que más me gusta es llevarla a otros ámbitos. Y cuando estaba por recibirme, en los últimos años, descubrí un proyecto que se llamaba “Filosofía con niños y niñas”, que no sabía que existía porque no lo estudié en la carrera. En ese momento no había ningún seminario de estos temas y me pareció algo increíble que me mostró, también, otras oportunidades laborales que hasta ese momento ni siquiera había imaginado, como que uno podía hacer filosofía con chicos y chicas, y eso es lo que empecé a hacer.</p><p>Con el mismo ímpetu con el que casi una década más tarde se lanzaría a hacer una <i>newsletter</i> de filosofía y maternidad cuando esos temas no iban de la mano y no había demasiadas personas que hicieran <i>newsletters</i> propias, de autor, siendo ella misma muy joven comenzó a dar clases en escuelas, en jardines y primarias. Cofundó, en 2013, una asociación civil que llamaron Grupo El Pensadero, integrada por graduados y estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA —la cual dirigió hasta hace poco tiempo—, que gira en torno a la investigación, el trabajo docente y la producción de materiales pedagógicos sobre filosofía para niños y adolescentes.</p><p>—Era increíble porque personas que nos formamos en la academia trabajamos para llevar la filosofía a otros ámbitos y pensábamos, justamente, su inserción en las infancias —dice.</p><p>Mientras sucedía eso Sichel, siempre inquieta, se formaba —y luego ejercía— como capacitadora de docentes y actualmente es, también, quien coordina el área de Formación ética y ciudadana en el Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires.</p><p>—Yo venía haciendo una carrera muy centrada en educación en filosofía y en educación en general, perfilaba mucho hacia ahí y a cuestiones de gestión educativa. Y en 2019 me convertí en mamá.</p><p>La maternidad hizo temblar la tierra bajo sus pies. La maternidad primeriza de una criatura de poco meses en el encierro de la pandemia, abrió la tierra bajo sus pies. Sichel empezó a pensar de dónde agarrarse para no caer.</p><p>—En el 2020 Sofi tenía seis meses. Primera ola de la pandemia, encierro masivo. Y me sentí completamente angustiada y abrumada lidiando con ese encierro y con ser madre al mismo tiempo, lo que le pasó a un montón de personas. Se sumaba que una de mis grandes preocupaciones era qué iba a pasar con mi carrera una vez que me convirtiera en madre porque mi profesión ocupa un pilar muy importante en mi vida y me daba mucho temor pensar que no había forma de que la filosofía pudiera convivir con la maternidad. Ahí surgió la idea de escribir una <i>newsletter</i>, cuando empezaba a haber algunas pero no como ahora. Porque yo necesitaba compartir lo que me pasaba. Y, casi como algo vital, me di cuenta de que podía hacer filosofía en mi nuevo entorno: que <b>si antes hacía filosofía en una biblioteca o en un café, ahora podía hacer filosofía con la bebé en la teta, a las tres de la mañana</b>.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/HAKGJXW73VCHZLF2434WTI343M.jfif?auth=11600e21c0b3cb360b02bda060310a5141b34a8876de15cdc4b0682417ec665a&smart=true&width=1920&height=1536" alt="Su newsletter comenzó a tener un gran alcance rápidamente y ella empezó a volcar sus contenidos en Instagram. La filosofía de la maternidad se hacía un lugar en la vida diaria de muchas personas y alrededor de Harta(s) y de Sichel empezó a crecer una comunidad " height="1536" width="1920"/><p>A Sichel la necesidad de reflexionar y hacerse preguntas sobre la maternidad y todo lo que la rodea, y compartirlas, le brotó como una pulsión. El mundo que conocía había cambiado, el que estaba muros afuera y también adentro. Las preguntas eran otras. Eran nuevas. Pero el deseo de expresarlas y divulgarlas, de invitar a pensar, seguía siendo el mismo. O quizás era aún mayor.</p><p>—Me cambió mucho el escenario y ese escenario me tomó por sorpresa como fuente de inspiración para la filosofía. Eso que yo pensaba que no tenía nada que ver, al revés, me generó un deseo de golpe, el de decir: “Estoy acá, dando la teta, sintiendo un montón de cosas, por qué no hablo también de esto si tengo muchísimas preguntas que me estoy metiendo para adentro, por qué no las comparto”. Y así surge<i> Harta(s)</i>, esta <i>newsletter</i> que combina, en su origen, mis dos universos preferidos. Hasta ese momento mi universo preferido era la filosofía y ahí me di cuenta que la maternidad también lo era y que <b>yo quería juntar dos cosas que nunca me habían dicho que se podían juntar</b>.</p><p>Hasta que se puso a pensarlo y escribirlo, cuenta, nunca había leído ni estudiado filosofía sobre estos temas. Dice que hay poca filosofía sobre la vida cotidiana y menos aún sobre “chupete pañales bebés deambuladores sentir que colapsás a nivel laboral”, la que atraviesa o se cuestiona todo lo que rodea a la maternidad.</p><p>Continuando con su búsqueda de llevar la filosofía a ámbitos ajenos a la filosofía, como quien arroja una botella con un mensaje al mar —uno potente, cargado de sentidos, de interrogantes que se clavan en las costillas— escribió y envió. Y eso que había empezado como “un deseo demasiado intuitivo y muy poco pensado empezó a cobrar cada vez más relevancia”.</p><p>—Sentí que tenía mucho potencial. Empecé a ver que había lectoras del otro lado, que había gente que respondía los <i>emails</i> —que al principio eran dos personas y una quizás era la amiga de mi mamá, pero después empezó a ser gente que yo no conocía, cada vez más—. Así, esto que comencé de manera muy orgánica empezó a tener una espera del otro lado y se iniciaban conversaciones. Al mismo tiempo empecé a replicar mi contenido en Instagram. Creo que el diferencial tuvo que ver con que, si bien ahora hay un sobrecontenido de maternidad —creo que ya se ha hablado de todo y que hay un exceso de información para la corriente que quieras, desde la que busca el <i>coach</i> de sueño a la que quiere la crianza megahiperrespetuosa—, <b>lo que faltaba era ese lugar que hiciera preguntas, que invitara a pensar y acompañara.</b> Que mostrara contradicciones y que no diera todo tan masticado con un <i>tip</i> y alguien que te diga “Esto es por acá”, que es lo que a mí particularmente, como madre y usuaria de redes, me cansa: que me digan lo que tengo que hacer todo el tiempo.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/KB7PPLQ3WFDPDP7SSGUJDA2M2M.jpg?auth=b292436f839d49d013e1e128c6aa7d0998f941db273e8e820b4b35809002b194&smart=true&width=1920&height=1920" alt="Cuando su voz comenzó a hacerse más pública y su trabajo más visible la convocaron de la editorial Planeta para escribir su primer libro. "¿Y vos qué pensás?" es un texto de filosofía para chicos y chicas, entre los 9 y los12 años, que los invita a conocer pensadores pero también a hacerse preguntas y estimular la creatividad" height="1920" width="1920"/><p>Al ver que la filosofía y la maternidad, juntas, abrían un océano de profundidad en el que bucear y que del otro lado de la pantalla —medio de conexión, educación, socialización, trabajo, compras, celebraciones, velorios y subsistencia durante la pandemia— había miles de personas en las que ese contenido hacía mella, sobre todo mujeres madres que necesitaban abrazarse y acompañarse, se sumergió.</p><p>Sin recetas precocidas, martes tras martes llegaban —llegan— sus correos con diferentes inquietudes, interrogantes, cuestiones alrededor de la maternidad, pero también de los vínculos y cómo mutan cuando llegan los hijos e hijas, del trabajo, de los cuidados, de la crianza, de los mandatos. Cada tema atravesado por preguntas y lecturas filosóficas que Sichel elegía para ofrecerlos y ponerlos en el centro de la mesa de debate.</p><p>—Tengo acceso a un montón de autores y de ideas y lo que hago es compartirlas, no para que después me sigan con tal librito pero sí <b>me gusta mostrar puntos de vista, mostrar las contradicciones que creo que a veces no se exponen lo suficiente</b>, las preguntas que nos hacemos. Y correrme un poco también de esta cosa moral que hay en torno a las maternidades (y casi en torno a todo) de “esto está bien, esto está mal”. Todo eso me abruma.</p><p>Con el hartazgo de todas su <i>newsletter</i>, <i><b>Harta(s)</b></i>, creció. Y se hizo grande.</p><p>Pocos meses después de haberla comenzado Sichel la postuló como proyecto digital a dos convocatorias, una del Fondo Nacional de las Artes y otra privada, quedó seleccionada en ambas, se capacitó y la perfeccionó. La <i>newsletter</i> y ella crecieron todavía más.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/WGHDO5T47ZDYVGPFCZ5ZHCE2YI.jpg?auth=c6c0a7eaeb5ed6fc33f0762729055869c9b3fa6da3f1a045c3bc488b6e3e716c&smart=true&width=1920&height=2773" alt="Mientras escribía su primer libro fue convocada por la editorial La Crujía para el segundo. Junto con otras autoras escribió "Filosofar desde la infancia", dirigido a docentes a quienes les interese llevar herramientas de la filosofía a las aulas" height="2773" width="1920"/><p>Los textos semanales también le quitaron el velo a deseos que su década de trabajar sin parar, con una cantidad enorme de horas cátedra en todos los niveles educativos, en docencia y educación habían tapado: la escritura y la divulgación.</p><p>—Entonces le quise dar cada vez más lugar a eso. Yo me la pasaba dando clases en nivel inicial, primario, secundario, universitario, era la famosa docente taxi, corriendo de un lado al otro, muy apasionada con lo que hacía. Pero lo que me empezó a pasar, pandemia mediante, siendo mamá y con la aparición de <i>Harta(s),</i> fue que no quise volver a esa vida que tenía tal cual la tenía antes.</p><p>Sichel ya había aprendido que el tiempo es un recurso finito y que por más intentos que hiciera de forzarlo y estirarlo, era imposible hacer todo a la vez. Consciente de eso, “con todo el privilegio” pero sin estar exenta del miedo que implican esas decisiones, empezó a renunciar a muchas horas de clase para dedicarse a su espacio de divulgación, a dar cursos y talleres, a la <i>newsletter</i> y a la escritura que, mientras ella le hacía lugar, aparecía. En medio de ese proceso fue convocada por la editorial Planeta para escribir su primer libro: <i><b>¿Y vos qué pensás? Viaje filosófico por las ideas</b></i> (2022), un texto pensado para chicos y chicas entre los 9 y los 12 años, “con un formato de bitácora, porque la idea es que sea un libro para intervenir, donde se pueda escribir, pensar, hacer ejercicios y compartirlo con la familia”.</p><p>La autora cuenta que no hay disponible demasiado material sobre filosofía dirigido especialmente a chicos y chicas, que los interpele y los invite a “hacer de la filosofía un juego, una experiencia”, y ese fue el desafío. Si bien <i>¿Y vos qué pensás?</i> tiene contenido sobre pensadores y pensadoras de la historia de la filosofía, no es su columna vertebral; ese material está entretejido con propuestas de ejercicios y experimentos, de pensar preguntas que los lectores se harían sobre lo que dicen esos pensadores y pensadoras, los invita a dibujar y a que les hagan esas preguntas a sus familias. “Tiene mucho foco en la creatividad y en el hacer filosófico”, dice.</p><p>Ese libro junto a otro titulado <i><b>“Filosofar desde la infancia. Y perderse en el camino” </b></i>(2022) —coescrito con Mayra Muñoz y Úrsula Pose— para el que fue convocada por la editorial La crujía mientras escribía el primero, forman algo así como el cierre de una etapa: de su primera década de trabajo con chicos, chicas y adolescentes, en docencia y educación.</p><p>Este segundo libro tiene que ver con el primero pero se dirige a los docentes (y a madres, padres y cuidadores de infancias): les ofrece herramientas de la filosofía que pueden aplicarse en las aulas. Estas primeras publicaciones marcan para Sichel un cambio de ciclo en lo laboral —pese a que aún conserva unas pocas horas en un colegio secundario y mantiene el puesto en el Ministerio de Educación de la Ciudad—, son su forma de coronar todo lo recorrido hasta la pandemia y lo que sucedió después.</p><p>—Condensan mis años en las aulas. Así que los quiero mucho —dice.</p><p>En septiembre de este año publicó, junto a Marcela Peidro, su tercer libro, <i><b>El filo del amor. Doce preguntas que el amor le hace a la filosofía</b></i> (Planeta), que si bien “ya no está orientado a chicos sino a adultos y jóvenes que quizás no tengan ningún acercamiento con la filosofía, es un libro de divulgación que surge también de las aulas”. Su coautora es docente y compañera de trabajo de Sichel, y lo que se propusieron en este texto fue “<b>dar vuelta la definición de filosofía, que es amor a la sabiduría, y decir: ‘Queremos también saber amar, o sea, hablar del amor’</b>”.</p><p>—Son preguntas que el amor le hace la filosofía donde vas a encontrar, por un lado, autores que tienen que ver con el amor y, por el otro, problemas contemporáneos porque aparecen las redes sociales, aparecen películas y conflictos de la actualidad ligados con estos grandes pensadores y pensadoras.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/OQTVXRQT2FB5TII3VC4N3DVYEM.jpg?auth=ffd551d3958b7f130c6b533efae7088306c476fd2ad8f273af9436ca348c66db&smart=true&width=1920&height=1920" alt="Su tercer libro, "El filo del amor", escrito en coautoría con Marcela Peidro, se publicó en septiembre de este año. En este texto las autoras plantean preguntas sobre el amor y sus conflictos en la actualidad  " height="1920" width="1920"/><p>Cuando escribió su primer número de <i>Harta(s)</i> jamás se imaginó lo que pasaría. En lo que eso se convertiría. Con muchos aprendizajes en el camino, Sichel transformó radicalmente su carrera y su vida.</p><p>—A mí escribir me gusta desde que era muy chica, pero cuando empecé a trabajar me olvidé de que me gustaba, y empecé a trabajar como loca. Para mí esto fue una oportunidad. Por eso también <b>le estoy muy agradecida a la maternidad </b>porque la maternidad y esa pausa obligatoria —que yo nunca iba a tener sino porque nunca paraba de trabajar, era como muy <i>workaholic</i>— que me incomodó y me trajo tantas preguntas <b>fue posibilitadora de encontrarme también con mi propio deseo</b>. Y dije: “Quiero hacer esto el resto de mi vida”.</p><p>Asegura que aún tiene que planear la manera para que los números cierren, porque hay que pagar cuentas, mantener hijas, “un desafío latente en quienes nos dedicamos a las palabras y a las humanidades”; que le interesa destacarlo porque no es algo menor. Pero ahora su universo, ese que ella misma creó con sus ideas y su trabajo, “es mucho más grande, en lo digital y en la escritura”. Eso, dice, la escritura, es lo que más le interesa a largo plazo.</p><p>Entre sus proyectos 2025 hay otro libro, —”completamente distinto porque es mucho más personal, no es de maternidad, pero sí recupera mucho de mí, de mi trabajo de estos últimos años. Y se acerca más al ensayo, no es tanto de divulgación de la filosofía”—, un <i>podcast</i>, cursos <i>online </i>y la <i>newsletter</i> a la que quizás le saque la etiqueta de maternidad —porque ahora sí siento que me queda un poco más chica, porque mis hijas ya van creciendo, van cambiando mis intereses—. El próximo año, espera, la va a tener muy activa, “haciendo lo que me gusta que es escribir, comunicar y difundir ideas”.</p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/SJYCXUKYPNG6DNBHR3LNDPEWJ4.png?auth=8d94cd27fd0c05ccf0f836138ccd3fcc5e58e144ef9153cf3e3403576bf4d5b4&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/png" height="1080" width="1920"/></item><item><title><![CDATA[Soledad Barruti: “Cuando veamos a la alimentación y a la comida de verdad como un derecho vamos a hacer las cosas diferentes”]]></title><link>https://www.infobae.com/sociedad/2024/12/21/soledad-barruti-cuando-veamos-a-la-alimentacion-y-a-la-comida-de-verdad-como-un-derecho-vamos-a-hacer-las-cosas-diferentes/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/sociedad/2024/12/21/soledad-barruti-cuando-veamos-a-la-alimentacion-y-a-la-comida-de-verdad-como-un-derecho-vamos-a-hacer-las-cosas-diferentes/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[Con motivo de la reedición de "Mala leche", su segunda gran investigación sobre la industria de los comestibles, la periodista reflexiona sobre la alimentación en la infancia, sobre lo que nos genera la naturalización de ciertos hábitos, pero también sobre los cambios en la sociedad desde la aparición del libro]]></description><pubDate>Sat, 21 Dec 2024 04:05:28 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/WT6CDBNTLFBHBOOWFIPILNMPOQ.jpg?auth=4c2cb898194f4d50ff63e7fb43c2103251a500040a9e29c2b7da31cabeb79191&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Con la belleza y la sensibilidad de una cronista y la obsesión y meticulosidad de una científica, en "Mala Leche", su segundo libro, Soledad Barruti se embarcó en la enorme tarea de desentrañar el mundo de los ultraprocesados. Foto: Alejandra López
" height="1080" width="1920"/><p>“La publicidad es vender la felicidad”. “Eres un producto. Estás sintiendo algo. Eso es lo que vende”. No lo dijo Barruti, o al menos no en estos términos, pero estas frases, que se encuentran entre las más célebres pronunciadas por Don Draper —el creativo publicitario ficticio que protagonizó la serie <i><b>Mad Men</b></i> y atrajo la atención de miles durante siete temporadas— podrían sintetizar una idea central de <i>Mala leche, el supermercado como emboscada. Por qué la comida ultraprocesada nos enferma desde chicos</i>, el segundo libro de Soledad Barruti publicado en 2018 por Planeta y recientemente reeditado y lanzado por Siglo XXI.</p><p>La periodista y escritora había comenzado a develar qué hay detrás de lo que comemos y cómo impacta en nuestros cuerpos y territorios en la investigación que resultó en su primer libro, <i>Malcomidos, cómo la industria alimentaria argentina nos está matando</i> (Planeta, 2013), y a partir de ese momento no hubo vuelta atrás. No lo había planeado pero una vez que se zambulló entera en el mundo que se esconde dentro del plato de comida, en eso que la condujo a abrir las mandíbulas de la colosal industria de la alimentación y meterse, linterna en mano, para ver qué había dentro, cómo funcionaban los engranajes que se articulaban y terminaban en <b>nuestra mesa,</b> se vio impulsada a seguir. Como quien tira de un hilo y camina siguiéndolo hasta intentar llegar al centro de la madeja. Algo de eso hay. “Empezás a ver una cosa, tirás de un hilito y sale un mundo con el que decís: ¡Ah, no, es un montón todo esto!”.</p><p>Ese hilo la condujo a preguntarse cómo seguía el proceso. Después de cuestionarse “¿por qué las vacas ya no comen pasto? ¿Desde cuándo los criadores de pollos no comen pollo?”, de meterse en campos y criaderos, quiso saber cómo se transformaban esos productos hasta llegar a convertirse en los <i>nuggets</i> aclamados por las niñeces y en las hamburguesas más famosas del planeta, símbolos de felicidad. Quiso saber más: qué había dentro de cada paquete brillante y seductor que interpelaba a grandes y chicos desde pirámides y pilas coloridas en las góndolas del supermercado. Cómo funcionaba y qué rol cumplía la <b>alimentación en la crianza</b>. Qué había realmente en la mochila de su hijo, que entonces tenía diez años. De qué estaban hechas las galletitas y el jugo en cajita que llevaba cada día.</p><p>“¿Desde cuándo el sabor a frutilla se hace sin frutilla, el chocolate no tiene cacao y los cereales del desayuno tienen de todo menos cereal? ¿De dónde salen los colores de las aguas saborizadas? ¿Cómo se perfuman las papas fritas?”. Son algunos de los interrogantes —entre muchísimos otros— tras los que fue en la investigación que volcó en su segundo libro.</p><p>Dueña de una narración envolvente, delicada y fluida, que se aleja del lenguaje técnico, rígido y distante de las publicaciones científicas pero contiene la misma rigurosidad obsesa, Barruti presenta en <i>Mala leche </i>una investigación enorme, sólida y estremecedora sobre el mundo de los alimentos ultraprocesados en Argentina y América Latina. Un mundo que comenzó a desentrañar tímidamente en la alacena de su casa, siguió de modo casi detectivesco, de la mano de especialistas, en el supermercado y terminó de diseccionar subiéndose a aviones, por todo el continente, buscando llegar al centro del ovillo.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/7KLUGOZUCVHN5NEUFY4INTMTSI.jpg?auth=6f812fd5ddec1f35ab20cc2d1bebae7e385a6a05092992ed3d00c5ec8667ba1d&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Su segundo libro fue publicado por primera vez en 2018 (Planeta) y contó con ediciones en Argentina, México, Colombia, Chile, Uruguay y Perú. Este año fue reeditado por la editorial Siglo XXI" height="1080" width="1920"/><p><b>—¿Cómo surgió el deseo o el impulso de investigar el mundo de la alimentación y, concretamente, de los ultraprocesados?</b></p><p>—De la curiosidad más genuina. De las inquietudes que siempre hay alrededor de la comida. Somos lo primero vivo en el planeta Tierra, la primera cultura, que no tiene idea de dónde sale lo que come. Todo está rodeado de un montón de preguntas, de mitos, y yo empecé a coleccionarlos. También surge de un amor por la comida: siempre me gustó cocinar, comer bien, rico, saber qué era lo que comía. Y empecé a buscar. Primero me metí en los campos. <i><b>Malcomidos</b></i> fue una búsqueda por entender cómo se producen los alimentos que comemos: cómo se cría la vaca, cómo se crían los pollos, de dónde sale tanto salmón de repente, qué pasa con los agrotóxicos. Fui a toda esa matriz alimentaria que después deviene en productos ultraprocesados. O sea era como la continuidad más esperable, de alguna manera, aunque yo no me la esperaba, no es que estaba segura ni que era un plan, para nada. Fue realmente como lo cuento en los dos libros, era <b>de repente</b> <b>ver lo que antes no había visto teniéndolo enfrente</b>. O lo que no veía como algo problemático. Es eso: <b>está tan normalizado que no lo ves</b>.</p><p><b>—Contás en</b><i><b> Mala leche</b></i><b> que cuando lo escribiste tu hijo tenía 10 años y un día te empezaste a preguntar por lo que había dentro de los alimentos que llevaba en su mochila y consumía a diario. ¿Qué fue lo que de repente te hizo un </b><i><b>click</b></i><b> que te condujo a cuestionarte eso que, como decís, estaba normalizado?</b></p><p>—Yo venía investigando el mundo de la alimentación y de la industria alimentaria con <i>Malcomidos</i> entonces había algo en la producción de alimentos que ya sabía que era muy turbio. Básicamente que <b>los alimentos no están hechos con la lógica de alimentar, sino con la lógica de optimizar los negocios</b>. Y eso es fatal porque si bien pareciera que estamos enterrados en las lógicas de mercado que toman todos nuestros sistemas, lo cierto es que eso estalla, hace estallar los territorios, hace estallar nuestros cuerpos, es muy brutal. <b>Para que el negocio funcione renunciamos a cuerpos sanos y territorios sanos</b>, nada más y nada menos. Eso me hizo ir un poco más allá e ir a lo más cotidiano. Porque hay una escisión muy grande entre la producción y lo que uno puede imaginar que ocurre en el campo, con esa receta construida que viene en un paquete en el que estás completamente adoctrinado a confiar, o sea, confiamos en esas cosas, nos parece que no es tan grave. Hay un mundo construido alrededor de la infancia, de la niñez, que viene con ciertos elementos y pareciera que salirte de ahí es quedar afuera de lo que es la crianza porque “cómo voy a negarle a mi hijo, a mi hija, esto”.</p><p><b>—Eso funciona como una premisa muy difícil de desterrar. Y la otra es la que repite que “nosotros también comíamos así y no nos pasó nada”, el célebre “tan mal no salimos”.</b></p><p>—Es cierto que de alguna manera fuimos alimentados con eso, pero sabemos que cada vez es peor, que <b>no es cierto que cuando yo era chica comía de la misma manera que come un niño hoy</b>, para nada. Hay evidencia construida que es muy contundente respecto de que la alimentación infantil ha ido deteriorándose, degradándose muchísimo. Es verdad que cuando yo era chica la idea de alimentación infantil también estaba, también se pensaba que si un niño nacía le tenías que dar, por fuera de la lactancia materna, comida específica para esa criatura que pareciera alienígena. Todo eso me hizo acercarme a una forma de investigación rarísima, porque es la investigación de lo cotidiano, lo que parece que está completamente expuesto, porque vos tenés toda la información ahí, no tenés que ir a buscarla demasiado lejos —aunque después puedas ir a ver, como hice yo, dónde se construye cada una de esas cosas—. El primer acercamiento es romper esa barrera cognitiva que hace que vos no veas lo que es, lo tenés enfrente de tus ojos y no lo ves como algo raro, ¿por qué? Porque lo tenés completamente normalizado y <b>la normalización es el peor de los monstruos para lograr leer la realidad</b>.</p><p><b>—Es muy complejo desprenderse de pensamientos y hábitos que nos son tan inherentes que olvidamos que son una construcción. Está muy instalada esta idea de que las infancias tienen que comer comida distinta. Salís con chicos y muchas veces, aunque no lo pidas, te ofrecen el “menú infantil”.</b></p><p>—El menú infantil suele ser de lo más aberrante que hay, porque es una marca completamente brutal, como que todo lo que está mal está ahí. El niño entra a comer en una comida familiar y es tratado como una criatura aparte al que se le da patitas de pollo, fideos o milanesa. Y, no sé, mi hija tiene seis años y medio, va a cumplir siete, y nunca jamás le pedí menú infantil. Me parece que hay ahí algo tremendo. Los restaurantes podrían ofrecer la mitad de la porción, que eso sí sería mucho más lógico, porque es para niños que, generalmente, comen menos de lo que come una persona adulta. Pero no. Y entonces te terminás adhiriendo a una idea alimentaria que es completamente repetitiva y horrorosa.</p><p><b>—Y los niños y niñas también entran en esa idea de que esa comida es para ellos. Es muy difícil explicarles por qué no es saludable comer siempre lo mismo o lo mal que hace la comida chatarra porque casi todos a su alrededor están comiendo eso. Cuando empiezan a socializar empiezan a llegar los paquetes. Mandás al jardín galletitas caseras o fruta y vuelven restos de otras galletitas o la golosina que el amiguito compartió. Y tampoco podés decirle que no comparta porque no es el mensaje que querés darles ni querés que lo miren como a un alienígena por estar por fuera de lo que consume el resto. ¿Cómo hacés para luchar con esto?</b></p><p>—Tenemos que saber que <b>el individuo no existe</b>. Esa es la premisa que sería, para mí, para todo lo que hace a la vida en general, pero en la comida es tal vez donde más se ve. No somos individuos comiendo, por más que se haya inventado el paquete y el <i>tupper</i> individual. <b>La comida es un evento colectivo, es un evento de socialización, es un evento comunitario</b>. Es el evento en el que traducimos lo que somos a lo que nos nutre, con lo bueno y lo malo que eso tiene. Hoy en día cuando un niño sale al mundo, cuando sale de la panza, si vos comiste toda la comida que se come ya está habituado a ciertos sabores que se sabe que aparecen ahí. Si toma leche materna también hay edulcorantes, cosas que terminan pasando; si toma leche de fórmula, ni hablar, es como un sabor estandarizado que prepara y dispone a los sentidos a ese sistema industrial. O sea, todo está dado para esa repetición y, sin dudas, que haya un mundo aparte requiere de la construcción de ese mundo aparte y del entendimiento de ese mundo aparte, de su concreción. O no sé si es un mundo aparte pero me refiero a que para que eso suceda tiene que existir esto de “nosotros acá comemos así”, ese nosotros tiene que estar porque si no muchas veces pasa que es el chico el que tiene que comer saludable mientras los hermanos mayores se están bajando una hamburguesa o en la casa está lleno de cosas no saludables.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/VKTKNWSN4NHHLKF4R6HK27JE4Q.jpg?auth=f42c688fa2641271507fe6cc4544b2cdb18553040ef7b7ee52d76cad01308e65&smart=true&width=1920&height=2877" alt="Para ver qué había detrás de los alimentos que su hijo consumía a diario, Barruti comenzó por revisar su mochila y las alacenas de su casa, siguió en las góndolas del supermercado y terminó por tomar aviones para llegar a los laboratorios, campos, fábricas y estudios donde la comida deja de serlo y pasa a ensamblarse, embellecerse y perfumarse para convertirse en un producto a ser vendido por el marketing y la publicidad. Foto: Alejandra López" height="2877" width="1920"/><p><b>—¿Cómo hiciste vos?</b></p><p>—Mi hija nunca jamás en su vida comió una galletita, nunca comió un ultraprocesado, nunca comió un panchito. Ahora su papá y yo tenemos un acuerdo absoluto, aunque estemos separados, en su alimentación. Mi mamá, mis amigas, todas las personas a su alrededor respetan ese acuerdo, saben que comemos así, que somos gente que come comida de verdad. Que no es comida rara, solo que no te sentás en la mesa y tenés un agua saborizada, no abrís la heladera y tenés paquetes: tenemos comida y hacemos comida. Y eso hace un eco. Y después sí, busqué una escuela que diera comida donde no estuviese permitido todo eso, eso no significa que todos los niños y niñas ahí coman lo mismo, pero sí que haya, por lo menos hasta ahora que es su primera infancia, un cuidado alrededor. Como para mí era tan importante eso, lo busqué, pero no es fácil. No es que todas las escuelas lo tienen. Muchas veces <b>lo que hace falta es crear ese mundo aparte </b>y ese construir es involucrarse un montón.</p><p><b>—Hay que dedicar tiempo a generar ese cambio.</b></p><p>—Y hay que acercar información porque nadie quiere hacerle un daño a sus hijos, simplemente vivimos en la inercia cultural y la repetición <i>zombie</i> y alienante de lo que nos constituye. Estamos rodeados de problemas y “la comida del pibe es en el último que quiero meterme; ya está que sean felices y que coman”. Nadie dimensiona la gravedad de lo que eso significa, pero una vez que alguien sí, bajo esta idea de que la comida es un evento colectivo, con esa búsqueda y el propósito de la reverberación comunitaria de eso, se pueden hacer cosas: desde enseñar en la escuela, acercar ideas de menú, trabajar en una comisión de alimentación… Yo he visto modificaciones enormes y maravillosas en escuelas públicas, privadas, alternativas. Siempre desde personas que quieren hacer de eso un tema común, porque si no mandás a tu pibe a la guerra y eso es horrible, o lo mandás a vivir bajo esa enajenación de dudar todo el tiempo: “Ay no sé qué hacer, no sé si mi familia me deja o no me deja comer esto”. <b>Somos los adultos los que damos de comer, somos los adultos los que tenemos esa responsabilidad y son los adultos a los que hay que deconstruir, no a los niños</b>. Los niños no tienen nada que ver: comen lo que les damos.</p><p><b>—Es cierto, pero qué difícil desterrar todo eso en la mayoría de los ámbitos. Todo el tiempo estás como en la lucha de resguardarle la salud pero que no quede excluido y peleando con el comentario de “¡Ah, qué exagerada!” o “¡Qué extremista!”.</b></p><p>—Pero es que es como toda deconstrucción, como el feminismo. La sociedad está construida alrededor de una manera, cambiar esa manera requiere un compromiso, un involucramiento y un eco. Porque si estás sola en eso va a ser mucho más difícil. Esa construcción comunitaria, esa creación de mundo, que es un mundo muy copado, no es un mundo que decís “no, para, después termina siendo extraterrestre”. Mi hija no es una persona que no va a un cumpleaños y se topa con esas cosas, pero no las reconoce como comida, eso a mí me parece alucinante. Obvio que está muy interiorizada porque hablamos un montón y le fascinan, además, las historias alrededor de la comida. Pero me parece que hay una responsabilidad a asumir de parte de los adultos y que somos los adultos los que, en la lista de temas que tenemos que cambiar para dejarles un mundo mejor a nuestros hijos e hijas, tenemos que asumir esto también. Y además cuando cambiás la alimentación en tu casa cambian muchas cosas porque devolvés la cocina. <b>La cocina es un lugar de encuentro, de reunión, de darnos un montón de cosas. Es la comida juntos.</b> Hay una transformación que es muchísimo más profunda que lo que te estás llevando a la boca inmediatamente.</p><p><b>—¿Qué creés que se puede hacer desde las escuelas, por ejemplo? Porque al margen de las que ofrecen estas cosas, hay otras en las que no las ofrecen pero se cuelan en todos los </b><i><b>tuppers</b></i><b> de los chicos.</b></p><p>—Tenemos una ley que todavía está en vigencia. La ley [27.642, de etiquetado frontal] impone a las escuelas la necesidad de cuidar y priorizar eso. <b>En la medida en que veamos a la alimentación, a la comida de verdad, como un derecho vamos a poder hacer otras cosas. </b>Porque es como otras situaciones, por ejemplo: hay escuelas donde les gritan a los niños y ahí uno diría: “Che, mirá, le estás gritando, le estás haciendo mal”, es lo mismo. Si nosotros podemos ver a la comida industrializada como lo que es, como un evento cotidiano y permanente, es un asedio para una criatura sana que está amortizando esa alimentación porque es, justamente, una criatura sana. Dándole un montón de cosas que ninguna persona adulta comería en esa proporción, porque también es eso, nadie se alimenta a galletitas, <i>snacks</i> o gaseosas. Solo se lo damos a los niños porque son sanos, entonces estamos especulando con esa salud que no va a durar mucho porque, además, cada vez <b>los niños y niñas se enferman a edades más tempranas por estas cosas</b>. Hoy en día la infancia está atravesada por un montón de problemas y una patologización gigante, se ven cosas que no se vieron nunca y creo que tiene que ver muchísimo con la comida. Y también con la forma de vida a la que te invita esa forma de comer, esa idea de que comemos como vivimos, que tiene que ver con esa alimentación con un estímulo visual, con el celular en la mesa, con no tener mesa, con tener la comida en el auto, darle la galletita y ya merendaste, ese tipo de cosas. Entonces, el cambio tiene que ver con entender que <b>la alimentación adecuada para la infancia es un derecho</b>, que ese derecho es algo que tenemos que pedir que se ejerza y en ese pedido hay una necesidad de educación y de modificación de ciertos hábitos.</p><p><b>—Es clave, pero suena utópico.</b></p><p>—Se puede empezar de a poco, tal vez es muy difícil pretenderlo todo, pero decir, por ejemplo, la Organización Mundial de la Salud no incluye a las gaseosas porque está demostrado que hacen mal. Ir a lo más grotesco, ponerlo en evidencia y ver de qué manera eso puede ser modificado. Porque además es muy claro, cuando aparece un niño con alguna enfermedad, algún trastorno o alguna cosa que hace que tenga restricciones enseguida se entiende. Ahora cuando es a partir de la salud, no, es muy raro.</p><p><b>—Claro, decís diabetes o celiaquía…</b></p><p>—Se entiende todo. “Restricción, restricción”, nadie va a llevar un budín de nada. Ahora: “Che, no quiero que mi hijo se enferme, quiero que mi hijo se mantenga sano, no tiene ninguna enfermedad”. “Ah, rarísima, sos una friki”.</p><p><b>—De todo lo que venís trabajando con este tema, pero específicamente en la investigación sobre los ultraprocesados que devino en </b><i><b>Mala leche</b></i><b>, ¿hay algo que particularmente te haya sorprendido o impactado más que otras cosas?</b></p><p>—No. Quizás esto de la matriz alimentaria. Lo que más me modificó, de alguna manera, fue esta idea de la <b>comida infantil,</b> por qué la pensamos como comida infantil. ¿Qué es? ¿Cómo llegamos a eso? Por qué las familias en la crianza y a la hora de tener que acompañar y cuidar a una criatura terminamos entregándosela al sistema de una manera casi como “toma, tuyo. Qué más le querés, dar”. Ese fue el cambio más grande para mí porque fue con lo que hice, una vez asumido, el corte más grande. Y realmente siento que mi segunda maternidad fue mucho más libre y copada porque también vi ese horror de lo infantil que se traslada a un montón de cosas. No es solamente a la comida, es a un mundo, a una manera de ser, a un estímulo, sobre todo. Cómo a los niños se los estimula de esta manera y después son todos adictos al artificio máximo para una vida completamente desconectada, en la que, cuando son adultos, no tienen ningún estímulo de verdad, no hay estímulos reales. Los estímulos son la pantalla, el ruido, la música enajenante y el <i>snack</i>. Son niños que salen aturdidos al mundo y ese aturdimiento termina en que cada vez hay más niños medicados, que no tienen una infancia feliz, que no pueden conciliar el sueño, que no pueden quedarse quietos, que tienen problemas de todo tipo y eso tiene que ver con la vida de artificio. Cuando en realidad un niño necesita una vida mucho más tranquila, un ritmo mucho más suave, con aire, con sol, con pasto, con tierra abajo de los pies. Parece una pavada pero si le devolvés eso a la infancia la infancia responde con magia, creatividad y esa nueva humanidad que estamos esperando. Si les seguimos dando <i>snacks</i> y gaseosas, poniéndoles el celular en la cara y aturdiéndolos con música de Panam no va a suceder nada mejor en el mundo.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/LN5JJ4BNT5HXZOVIWSFMADKLZ4.jpg?auth=5175af9f8d8a73a7348bb9f46da714d2b9b5a6daf6505b4712834b78387c217d&smart=true&width=1920&height=1281" alt="Luego de sus enormes investigaciones Barruti se transformó en una referente del tema. Actualmente se encuentra trabajando en nuevos libros de los que prefiere no adelantar detalles. Foto: Alejandra López" height="1281" width="1920"/><p><b>—¿Pensás que el etiquetado frontal sirvió para tomar conciencia sobre qué comemos cuando comemos?</b></p><p>—Yo creo que la Ley de etiquetado es muy buena, muy necesaria y realmente creó cosas muy interesantes, como por ejemplo exponer que los edulcorantes no son para niños. No señala solamente lo que tiene azúcar, lo que no tiene, sino “che, tiene cafeína, no es para niños y niñas”, “tiene edulcorantes”. Además es una ley que requiere un montón de acompañamiento estatal para complementarla, primero, con vigilancia, después, con su continuidad; originalmente no era una ley de etiquetado frontal, era una ley de alimentación saludable. La ley prohíbe que en las escuelas y entornos escolares existan comestibles ultraprocesados que estén etiquetados. Y es una herramienta completamente válida, <b>no es cercenar la libertad individual es hacer del cuidado de cada persona un evento colectivo</b>, para eso sirven las leyes. Todo eso está. El tema es que en el medio nos agarró el anarcocapitalismo y nadie cree más en estas leyes como algo que haya que acompañar, cuidar y complementar. Entonces se la dejó un poco ahí, a merced de nada, solamente de los sellos negros. Y con los sellos negros solos es más difícil.</p><p><b>—Además de la Ley de etiquetado, ¿pensás que desde que publicaste el libro, en 2018, hasta ahora, hubo cambios respecto al consumo de alimentos y ultraprocesados?</b></p><p>—Yo creo que sí. Creo que las personas cada vez están más informadas y que quienes se adentran en la comida de verdad —porque también está esta idea de que la comida saludable es una comida de dieta y de búsqueda enajenante y en realidad es comida real, es salir del paquete— pasan a comer con gusto e ingredientes que podés reconocer y tener en tu cocina. En las personas que encaran esta búsqueda no hay una vuelta después hacia el paquete, y hay una cantidad de gente que se copa con eso. Son distintas personas, no es que hay una línea tipo secta de la comida saludable, hay personas rediversas. Personas que entienden que <b>la comida es un acto político</b> y que entonces hace falta salir del mundo que no queremos repetir o ingerir, como diciendo “no quiero seguir comiendo esta mierda”, pero en toda su dimensión, el producto en todo lo que implica. Comerse lo que yo llamo “las instrucciones de la comida ultraprocesada”, que no es simplemente comer ingredientes que te hacen daño sino que es comer una idea de no preguntar, de no cuestionar, de no saber. Es comer de una manera insensible, como jactándote de una ignorancia a la que necesitás abrazarte para que eso funcione. Y eso muestra también luego una forma de una <i>praxis</i> social, de <i>praxis</i> colectiva, una <i>praxis</i> permanente que acompaña el hacer en un montón de cosas en la vida. Entonces hay mucha gente que dice “che, yo quiero salir de acá”.</p><p><b>—Claro, existen diferentes motivaciones en esa búsqueda.</b></p><p>—Sí. Después hay una cantidad de personas en las que lamentablemente esa alimentación ya causó efectos negativos sobre su salud: niños y niñas con problemas de distinta índole, desde trastornos del espectro autista hasta alergia a la proteína de leche de vaca. Y hacen un quiebre con la alimentación y consiguen maravillas. Los que tienen esa intolerancia descubren la lista de ingredientes, lo que la comida esconde; los que tienen trastornos del espectro autista, muchísimos han encontrado una forma de tratamiento en la comida que no se les ofrecía por ningún lugar. Y es muy hermoso cuando escuchás esas historias de personas con enfermedades tremendas, que a mí me llegan un montón, todo el tiempo, y te dicen: “A mí me decían que esto no tenía solución y cambié la alimentación —de niños, familias, personas más grandes— y me cambió todo, y recuperé mi salud”. Yo soy muy escéptica, no es que voy por la vida creyendo en esas cosas y sin embargo la cantidad de historias que llevo acumuladas a lo largo de todo este tiempo es impresionante. Y después tenés los que cambian desde la información, que tal vez podés pensarlo como un grupo más privilegiado, donde hay como una especie de acuerdo colectivo, de decir: “Che, todo esto no entra porque a los niños les hace mal”. Entonces hay distintas variantes, pero sí veo que cada vez es más masivo. Creo que hay una nueva generación cada vez más despierta y también distintos profesionales (de la nutrición, pediatras), que están buscando hacer otra cosa, que con un montón de conocimiento salen de eso.</p><p><br/></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/WT6CDBNTLFBHBOOWFIPILNMPOQ.jpg?auth=4c2cb898194f4d50ff63e7fb43c2103251a500040a9e29c2b7da31cabeb79191&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[(Fuente)]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu">ALEJANDRA LOPEZ</media:credit></media:content></item><item><title><![CDATA[Fue secuestrado por Montoneros, torturado por la dictadura, preso en Italia y resarcido por el Estado: las mil vidas de José Siderman]]></title><link>https://www.infobae.com/historias/2024/12/19/fue-secuestrado-por-montoneros-torturado-por-la-dictadura-preso-en-italia-y-resarcido-por-el-estado-las-mil-vidas-de-jose-siderman/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/historias/2024/12/19/fue-secuestrado-por-montoneros-torturado-por-la-dictadura-preso-en-italia-y-resarcido-por-el-estado-las-mil-vidas-de-jose-siderman/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[Alberto Luis Zuppi narra en "El caso Siderman, casi una ficción", la increíble historia del empresario que se convirtió en el primero en demandar al Estado por el calvario al que fue sometido sentando un precedente internacional]]></description><pubDate>Thu, 19 Dec 2024 03:46:10 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/ATTVQRIGVVCVXJHT5TV5K6YGSI.jpg?auth=85b011184b24369be103d209dc1a395c998517bdbe68ba823ecf58c762047af6&smart=true&width=1920&height=1080" alt="José Siderman y Lea, su mujer, en la puerta de la corte norteamericana" height="1080" width="1920"/><p><i>“</i>—<i>Siderman, esto es un secuestro, no trate de resistirse o será fusilado”</i>.</p><p>Una frase seca. Como un látigo en la espalda. Así la escribe Zuppi. Probablemente así la sintió Siderman cuando lo raptaron. No tenía forma de saberlo entonces pero era apenas <b>la primera vez</b>.</p><p>No entendía por quién. No entendía por qué. Aunque lo suponía. De seguro deseaban el rescate.</p><p><i>“Su mente iba a toda velocidad para tratar de evaluar su situación. ¿Podría escaparse en algún momento? ¿Cuáles eran sus mejores chances para salir de esto vivo?”.</i></p><p>José Siderman había nacido en Rosario pero se había radicado en Tucumán, donde a fuerza de trabajo se había convertido en un empresario de la construcción, un nombre conocido en la provincia. En 1974, en medio de aquel caldo de cultivo resultado de una política revuelta, la violencia paramilitar estatal de grupos que actuaban con luz verde y sin escrúpulos secuestrando y ejecutando personas en todo el país y el surgimiento de agrupaciones guerrilleras que buscaban desterrarlos y defender ideales con la lucha armada como bandera, “<b>fue secuestrado por los Montoneros</b>”, cuenta Zuppi.</p><p>“Recluido en una cárcel del pueblo [N. de la R. fabricada especialmente para su secuestro], que era un hoyo de <b>un metro cincuenta por un metro cincuenta hecho en el sótano de una casa</b>; verano tucumano, imagínese que había 50 grados de calor en ese agujero”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/XW6SJ4DYX5AHFL5OQD5UBZYSG4.jpg?auth=708a29b241a904fa7625fbfd216ff3cb234d3841c1c86bf1239aa0718ca26265&smart=true&width=1920&height=2880" alt="Alberto Luis Zuppi es abogado, escritor y está vinculado a los derechos humanos. Conoció a Carlos Siderman en Estados Unidos y él le contó la historia de su padre para que la escribiera. Foto: Alejandro Guyot" height="2880" width="1920"/><p>Alberto Luis Zuppi es abogado, con un doctorado en Derecho Internacional, profesor de Derecho Internacional Público y escritor. En el año 2019 lo invitaron a los Estados Unidos, donde había vivido y trabajado como docente universitario, a dar una conferencia sobre el caso AMIA —había sido abogado de Memoria Activa en esa causa—. Le comunicaron que se iba a alojar en la casa de Carlos Siderman, el hijo de José Siderman, protagonista de esta historia. Zuppi conocía el apellido porque en los 90 le había tocado traducir el fallo del caso, de relevancia jurídica internacional, del inglés al español para publicarlo en una revista jurídica, y por un colega con el mismo nombre, Carlos Máximo Siderman, quien alguna vez al preguntarle su relación con la causa le había contado que se trataba de su tío y su primo.</p><p>Cuando Zuppi y Carlos Siderman se encontraron se hicieron amigos casi al instante. “No solo porque tenemos la misma edad sino porque en ese momento yo había escrito otros libros, difundidos en Estados Unidos —había publicado un trabajo muy grande de tres volúmenes que se llama <i><b>Los otros juicios de Nuremberg</b></i>, que se basa en los doce juicios que los norteamericanos hicieron a la segunda camada de nazis, interesantísimos desde el punto de vista de los derechos humanos y del derecho internacional; y un libro en inglés que se llamó <i><b>AMIA - An Ongoing Crime</b></i><i>—</i> que me los mandó mi editora a la casa de Carlos. Cuando Carlos vio que yo era escritor, además de abogado y hombre vinculado a los derechos humanos, me dijo: ‘<b>Vos tenés que escribir la historia de mi papá</b>’”.</p><p>Carlos Siderman compartió con Zuppi los acontecimientos que habían cambiado la vida de su padre y la suya. Se los entregó para que los diera a conocer. Para que hiciera con ellos literatura.</p><p>“Y yo me quedé absolutamente fascinado —recuerda Zuppi—. Me estaban dando un lingote de oro porque era <b>un caso único</b>. No existe algo así”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/VENNBBFBENGDRKCQUC4JRLV6QI.jpg?auth=3219088987500ccb02b4ad983c941e5b85e6dcc9ed6bc44d65a17ff91303ca29&smart=true&width=2770&height=1893" alt="José y Lea Siderman estuvieron juntos toda su vida, hasta el fallecimiento de José, en el año 2002" height="1893" width="2770"/><p>Cuando José Siderman fue secuestrado por Montoneros su hijo Carlos tenía 23 años. Tenía también dos hijas pero una de ellas, Susana, ya vivía en los Estados Unidos —estaba casada con un norteamericano de apellido Blake, nombre que después recibirá la causa— y la otra, Alicia, acompañaba como podía la situación familiar.</p><p><i>“—Si seguís mis instrucciones lo vas a ver de nuevo. Pero si contactás a la policía o a los militares o a cualquier agencia de seguridad, lo vas a perder. </i><i><b>Todo lo que tenés que hacer ahora es juntar dinero</b></i><i>”.</i></p><p>Desde la llamada de los raptores, Carlos Siderman se hundió en la tarea desesperada de reunir una suma imposible, <b>diez millones de dólares</b>, para rescatar a su padre. A partir de ese momento y hasta su regreso, durante once días, cada jornada se repetía el mismo rito: una llamada seca y la pregunta que era un tormento.</p><p>“<i>—¿Cuánto juntaste?”</i>. Luego de la respuesta, la sentencia más oscura.</p><p><i>“</i>—<i>No es suficiente, Carlos. Vas a perder a tu padre. No estás haciendo suficiente esfuerzo”</i>.</p><p>Carlos Siderman tocó todas las puertas de amigos y conocidos de José, visitó bancos, exprimió todas sus opciones y la cifra obtenida no se acercaba ni a la sombra de la solicitada. Cuando se sintió en el límite de sus posibilidades, ante una nueva llamada de los captores con la misma pregunta respondió que había hecho absolutamente todo lo que estaba a su alcance, que no había dejado roca sin levantar para conseguir más dinero. Y que a partir de ese momento<b> la vida de su padre estaba en manos de ellos y no en las de él</b>.</p><p>Los secuestradores aceptaron.</p><p>“Se inicia entonces un proceso para el pago de ese rescate que es una especie de caza del tesoro, de ir a buscar notas por diferentes lugares de Tucumán, hasta que se concreta”, dice Zuppi.</p><p>El año siguiente la familia Siderman tuvo algo parecido a la tranquilidad. Si bien no sufrió ningún acontecimiento que los sobresaltara, después del episodio del secuestro vivían en constante alerta, se sabían posibles blancos de este tipo de operaciones solo por tener dinero. Cada vez que un auto frenaba inesperadamente cerca se metían a un negocio, se resguardaban. Vivían con temor. Ante esta situación Carlos propuso mudarse todos a los Estados Unidos pero José se negó: dónde más iban a encontrar amigos como los que tenían en Tucumán, los que lo ayudaron para quedar en libertad y estuvieron cuando más los necesitó. No hubo forma de convencerlo.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/K6HKGBVXTZHSTL3BSZ7P6YAGZ4.jpg?auth=c33e39c1f559d2b7bbbc1828ca3c3a9cbd164d15648372bdce438ad13f9d24c0&smart=true&width=2477&height=1892" alt="Carlos Siderman, hijo de José Siderman, tenía 23 años la primera vez que secuestraron a su padre. La historia que narra el libro también es la suya: fue quien intentó por todos los medios rescatarlo y que regresara sano y salvo con su familia, tres veces" height="1892" width="2477"/><p><i>“José no sabía dónde estaba. Con la capucha sobre su cabeza solo oía gemidos de dolor a su alrededor así como una cacofonía de gritos, órdenes y pasos acelerados. Sus muñecas estaban atadas a la espalda y él sentado en el suelo contra una pared de azulejos en medio de ese pandemonio. Oyó que se acercaban botas y una patada en sus costillas lo dobló de dolor. Escuchó el insulto antes de que otro golpe le diera en las sienes y se desmayara:</i></p><p><i>—¡Movete, judío de mierda!”.</i></p><p>“El 24 de marzo del 76, día del golpe, <b>el Ejército irrumpió a patadas en la casa de Siderman. Lo llevaron detenido</b>. A la mujer la encerraron en un baño, saquearon la casa. A él lo llevaron al Departamento Central de Policía encapuchado y vendado, pero reconoció que estaba ahí porque con las manos atadas en la espalda logró tocar el zócalo del piso y reconocer la forma”, cuenta Zuppi.</p><p>La historia dice que José Siderman supo dónde estaba porque identificó los patrones de los zócalos de la Policía, que había visto antes, aparentemente diferentes a los zócalos convencionales. Un detalle que, quizás, solo un empresario de la construcción dedicado a los pisos podría haber advertido.</p><p>Allí fue <b>torturado salvajemente</b>. En los centros clandestinos de detención, durante el terrorismo de Estado, ser judío implicaba un <i>bonus track</i> para los vejámenes. Era motivo suficiente para la saña, para el tormento.</p><p><i>“Tenía miedo, más miedo del que tuvo cuando lo capturaron los guerrilleros. Los guerrilleros no lo torturaron: para ellos era solo una cuestión de dinero. Ahora no podía entender lo que le esperaba. </i><i><b>Los militares lo golpearon y torturaron sin explicación ni motivo. Solo por ser judío</b></i><i>”</i>.</p><p>“Lo habían llevado por ser judío. Eso es lo más dramático porque Siderman, inclusive, había construido un barrio en Tucumán para los suboficiales del Ejército que había sido inaugurado por el mismo Videla, con lo cual no se podía decir que su posición podía ser contra la dictadura y además había sido secuestrado por los Montoneros, que es la mejor prueba [para saber que no estaba involucrado con los grupos guerrilleros]”, recuerda el autor en diálogo con <i><b>Infobae</b></i>.</p><p>José Siderman les repitió una y otra vez a los militares que no tenía información para dar. No sabía nada. No había ninguna conspiración judía. No formaba parte de ninguna agrupación armada ni colaboraba con ellas.</p><p>Nuevamente en estado de desesperación Carlos levantó teléfonos: muchos de ellos esta vez respondieron que no volviera a llamar. Y se acercó al Ejército para interceder por su padre. <b>Amenazó con denunciar en los Estados Unidos, donde vivía su hermana Susana, lo que estaban haciendo en Argentina</b>. De algún modo ambos lograron hacerse oír y José Siderman fue liberado poco después. Herido. Golpeado. Con quemaduras hondas y partes de su cuerpo fundidas a causa de la picana. Y con una nota en el pantalón: <i>“Debe dejar Argentina en 24 horas. Después de 24 horas será eliminado donde sea que se lo encuentre. Grupo nazionalista Tucumán”</i>.</p><p>Los Siderman actuaron rápido. Carlos envió a toda su familia a Buenos Aires suponiendo que salir de la provincia les iba a dar algo de tiempo, algo de control sobre la situación. Él se quedó.</p><p>El mismo día que sus padres partieron a la capital recibió el llamado de un amigo. Se encontraron. El amigo, fotógrafo de los militares, le contó: “‘Estuve en una reunión, corrió el vino, uno de ellos dijo: ‘No debimos dejar libre a Siderman’; otro dijo: ‘No te preocupes, <b>ahora vamos por el hijo para que el padre no hable</b>’”, cuenta Zuppi.</p><p>Carlos estaba ofuscado. Sin saber cuánto tiempo tenía ni arriesgar con hipótesis fue a su oficina, agarró documentos, algo de dinero y, con lo puesto, se fue a Buenos Aires. Poco tiempo después la familia Siderman completa salía del país para exiliarse en Los Ángeles. Allí comenzaron desde cero.</p><p>Con muy poco dinero, hasta que lograron establecerse y conseguir un mejor pasar, en los Estados Unidos los Siderman recobraron una paz que habían perdido en 1974, con el primer secuestro de José. Eso bastaba para abrazar al país del norte “como la segunda patria”, “los hijos comenzaron a hablar en inglés entre ellos”, dice Zuppi. Por fin estaban bien.</p><p>Y así siguieron. Al menos unos cinco años.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/WM4YJKVTWVCLTNOXWVGQVZAFMQ.jpg?auth=eda3be5fad745e3879412101ab683e3063d37d434e1d39a2c5b481c433ce19df&smart=true&width=1983&height=1809" alt="José y Lea (a la derecha) en el casamiento de su sobrina, en Italia  " height="1809" width="1983"/><p>El calendario marcaba 1981 cuando los Siderman recibieron la invitación al casamiento de la sobrina de José, la hija de su hermano, en Italia. José no deseaba ir. Estaba absoluta y rotundamente comprometido con su tarea de brindar testimonio y contar a estudiantes latinoamericanos acerca de los centros clandestinos de detención argentinos, de las desapariciones y las torturas.</p><p>“Él decía: mientras estamos reunidos está muriendo gente en Argentina, están siendo torturados, mujeres están siendo violadas”, recuerda Zuppi.</p><p>Pero después de muchos esfuerzos, tras la insistencia de su familia, lograron convencerlo para viajar. José y Lea, su mujer, tomaron un vuelo, se relajaron, fueron al casamiento, disfrutaron, fueron felices.</p><p><i>“Un viaje perfecto</i> —cuenta Zuppi en el libro—. <i>La última noche, exhaustos de tantas emociones y alegrías se disponían a dormir cuando golpearon la puerta de su habitación.</i></p><p><i>—Siderman, abra la puerta. Somos carabineros, la policía italiana. Debe venir con nosotros”</i>.</p><p><b>La policía italiana lo llevó preso por un pedido de extradición de Argentina </b>del que Siderman no estaba enterado. Otra vez una serie de sucesos convergían contra su destino. En esos días habían intentado matar al papa Juan Pablo II. En la investigación encarada por las fuerzas de seguridad italianas tenían la orden de detener a todos los extranjeros que hubieran entrado a Italia y tuvieran pedido de extradición. Probablemente, desde Argentina, los militares querían que Siderman volviera para terminar con el cabo suelto que habían dejado en libertad y que no dejaba de divulgar lo que estaba sucediendo allí.</p><p>La desesperación nuevamente irrumpió en la familia. Carlos, que se estaba volviendo diestro en las gestiones para salvar la vida de su padre, viajó de Los Ángeles para conseguir un abogado y comenzó a tocar puertas, por tercera vez. Obtuvo algo: como José ya era residente estadounidense, el Departamento de Estado norteamericano le ofreció conseguir un pasaporte israelí con una identidad falsa para salir de Italia hacia Tel Aviv y desde allí volver a Los Ángeles. Cuando se lo contó a su padre, esperanzado y feliz por ese salvataje, José se indignó: “‘¡Estás loco!, ¡vos no sos mi hijo!’. Se enoja de una manera total y le dice: ‘Yo voy a estar en el juicio de extradición y lo voy a ganar. Voy a entrar a Los Ángeles por la puerta grande’”, cuenta Zuppi.</p><p>Así lo hizo. Estuvo meses en una cárcel italiana en la que, de todas maneras, <b>estaba más a salvo que si lo devolvían a la Argentina</b>. Tenía pruebas suficientes para demostrar que los dos motivos por los cuales se pedía su extradición eran falsos: ni había sobornado a oficiales de las embajadas argentinas para obtener una renovación de su pasaporte con un certificado de buena conducta —acusación que refutó valiéndose de tres cartas de consulados argentinos—; ni había vaciado las arcas de su empresa familiar —lo que demostró con un certificado que comprobaba la solvencia y la situación contable intachable de su compañía, tomado dos semanas antes de que lo obligaran a exiliarse.</p><p>Tal como su tozudez ética, la de aquellos que no tienen nada que ocultar, le había dictado: ganó el juicio de extradición. “José Siderman —cuenta Zuppi— demuestra acabadamente que todo esto es un complot para llevarlo al país con fines no justificados. Y el tribunal italiano se convence, le devuelve el pasaporte, <b>lo deja ir</b>”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/DMLA5VMQ5ZBE7FZMSTCAPODQPA.jpg?auth=6938dacb0029d309270fab45ecf93e49952b60fbeab9ec3f28d58f7453aa7cc4&smart=true&width=1920&height=2880" alt="Carlos Siderman y Alberto Luis Zuppi en la presentación de "El caso Siderman, casi una ficción"" height="2880" width="1920"/><p>Cuando volvió a Los Ángeles decidió que ahora sí había llegado a su límite. Que había sido suficiente para él y su familia. Había llegado el momento de que fuera Argentina —el Estado tomado por el terrorismo militar— la que rindiera cuentas.</p><p>Inició, entonces, una acción judicial: demandó al Estado por torturas y daños hacia él, su mujer y su hijo.</p><p>“Una demanda que Argentina ni siquiera se toma el trabajo de contestar”, dice Zuppi y explica: “Cuando una persona no contesta una demanda se transforma en rebelde, o sea, es rebelde para los tribunales; entonces Argentina queda en rebeldía. Cuando sale la sentencia favorable, el Estado argentino, enloquecido, plantea la inmunidad [N. de la R. la inmunidad soberana es una norma internacional que establece que ni un soberano ni un Estado pueden ser demandados por tribunales judiciales extranjeros], hace todos los intentos, incluso trata de llegar a la Corte Suprema norteamericana y todas las puertas se le cierran”.</p><p>El proceso judicial fue arduo. Y seguido de cerca por todos los organismos internacionales de derechos humanos: “El caso era tremendo porque era el primero en el cual un individuo lograba demandar al Gobierno argentino, perforar la inmunidad del país y obligarlo a arreglar”.</p><p>La jueza que tenía a cargo la causa les sugirió explícitamente a los representantes argentinos que “arreglaran con Siderman”. <b>El Estado fue obligado a pagar una suma millonaria</b>, en dólares, a la familia por todos los hechos de los que habían sido víctimas.</p><p>“Es <b>un caso único</b>. Argentina, para no quedar escrachada en un fallo claramente negativo de parte de la corte de Los Ángeles, tuvo que conciliar con Siderman y eso es un mérito impresionante. Primero, nunca hubo alguien que cobrara; segundo, alguien que demandara al Estado y lo hiciera arrodillar como lo hizo Siderman y todo eso producto de su perseverancia. Al punto tal de que el caso ‘Siderman de Blake’, como se llama, ‘Susana Siderman de Blake contra Argentina’, se ha transformado en un hito en el área de los derechos humanos y está citado por muchísimos más de 2.000 precedentes”, enfatiza fascinado Zuppi.</p><p><i>“Era la primera vez en la historia que la víctima de una dictadura recibía una compensación de tal magnitud ante una corte extranjera”</i>, escribe en su libro.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/7V77KXCGXNGEBNMDDMV2M2ZOEY.jpg?auth=70b932c55bd355e54aeebc9521c1e6afce67f8ce733bbbc86379874a3fbef199&smart=true&width=1920&height=1280" alt="A menos de un mes de haberse presentado el libro (editado por Planeta) vendió numerosos ejemplares en todo el país y ya se habla de una segunda edición" height="1280" width="1920"/><p><i>El caso Siderman, casi una ficción</i> (editado por Planeta) se presentó hace menos de un mes en el Ateneo Grand Splendid y lleva vendidos una gran cantidad de ejemplares en todo el país. Tanto que su autor ya habla de un <i>bestseller</i> y asegura que se está pensando en la segunda edición.</p><p>Narrado como una verdadera novela de acción y suspenso, “el libro tiene la virtud de atrapar al lector, llevarlo a ese momento de tensión abrumadora en el que no se sabe lo que va a pasar”, dice Zuppi, y asegura que todos los comentarios que recibió hasta ahora sobre el texto de no ficción tienen que ver con su carácter adictivo y con las emociones que genera. “Tener la capacidad de despertar esos sentimientos en lectores desconocidos es maravilloso. Me encontré con una historia que es un regalo, es el sueño de cualquier escritor”.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/ATTVQRIGVVCVXJHT5TV5K6YGSI.jpg?auth=85b011184b24369be103d209dc1a395c998517bdbe68ba823ecf58c762047af6&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[(Fuente)]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Las leyendas de las vírgenes negras: teorías e hipótesis sobre las representaciones de María con piel oscura]]></title><link>https://www.infobae.com/sociedad/2024/12/13/las-leyendas-de-las-virgenes-negras-teorias-e-hipotesis-sobre-las-representaciones-de-maria-con-piel-oscura/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/sociedad/2024/12/13/las-leyendas-de-las-virgenes-negras-teorias-e-hipotesis-sobre-las-representaciones-de-maria-con-piel-oscura/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[¿Por qué algunas esculturas y pinturas de la madre del cristianismo la muestran del color del café cuando su imagen hegemónica tiene piel de porcelana? ¿Qué simboliza? ¿A quiénes convoca? Existen diversos análisis que ensayan respuestas pero las raíces de su versión morena continúan siendo escurridizas]]></description><pubDate>Fri, 13 Dec 2024 05:30:22 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/QEAVUVHHEBHFDHRZPJVSFE36AM.jpg?auth=b3e2266344e1b08931017c7903894b3ea897ab2f2ed6967383abb4b8fcd1c77e&smart=true&width=1920&height=1080" alt="La Virgen del Valle o Nuestra Señora del Valle, patrona de la provincia de Catamarca, es una de las vírgenes negras de Latinoamérica. Foto: Diario La Unión digital (Catamarca) " height="1080" width="1920"/><p>Recorrió el mundo. Cuando el tráiler del clásico de Disney, <i>La sirenita</i>, en formato <i>live action</i>, vio la luz, las reacciones de niñas de piel morena estaban por toda la virtualidad que nos conecta. Las redes mostraban a pequeñas de cabello trenzado y rizado frente a la pantalla abrir ojos enormes y bocas de asombro, incluso llorar de emoción cuando veían que el <i>film</i>, que se estrenó el año pasado, estaba protagonizado por una afroamericana —la actriz y cantante Halle Bailey—. Con su pelo rojo y voz celestial, <b>Ariel era negra</b>.</p><p>Claro que esta apuesta por parte de la gran fábrica de sueños no dejó indemne a los detractores de la inclusión: generó conmoción, <i>heaters</i> y todo lo que, ya se sabe, aparece en redes cuando algo se sale de la norma o de lo esperado por las mayorías. Con altura, una cuenta de Instagram dedicada a publicar contenido de Disney respondió: “La única inclusión forzada es creer que todos los personajes deben ser blancos y hegemónicos”.</p><p>Lo más rico de todo esto, de la decisión de Disney de elegir una protagonista negra, fue sin dudas la posibilidad de ver las caras de sorpresa y felicidad de esas niñas morenas al verse representadas en la pantalla: “¡¿Esa es Ariel!?”. “¡Es negra!”. “Cuando tu princesa favorita de Disney luce como tu”, escribió una madre en el video de TikTok en el que una niña pequeña mira el adelanto y, emocionada, sonriendo con toda su cara pequeña, dice: “Creo que ella es morena”, “¡una Ariel morena!”. “<b>¡La Ariel morena es linda!</b>”. Es Navidad en los ojos de esas niñas.</p><p>Pero qué tiene que ver Disney con la Virgen María. Por el momento —al menos hasta que la compañía del ratón no quiera hacer un <i>film</i> con María de Nazaret como protagonista— quizás nada. Lo que sí tiene nexo es la importancia de la heterogeneidad en la representación.</p><p>Llegada esta fecha del año, a poco de haber conmemorado su día y cerca de que buena parte de los habitantes del planeta celebren el nacimiento de su hijo, Netflix estrenó en su plataforma una película sobre la vida de María, la madre de Jesús. Donde, como la inmensa mayoría de sus imágenes y representaciones, ella es una mujer del color de la leche. Con piel de porcelana.</p><p>Pero aunque la Virgen que después va a encarnar esta madre es representada mayoritariamente de esta manera, también existen más de una veintena de advocaciones que la muestran como una mujer negra. La mayoría son veneradas en Europa (más de diez en diferentes distritos españoles), pero también hay vírgenes negras en Latinoamérica: la Virgen de los Ángeles, en Costa Rica; la Virgen de la Concepción Aparecida, en Brasil; la Virgen de la Caridad del Cobre, en Cuba; y la argenta, claro, la Virgen del Valle, en Catamarca. Son imágenes, esculturas o pinturas donde <b>su piel es de color oscuro</b>.</p><p>¿Qué simbolizan? ¿De dónde surgen? ¿A qué se debe?</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/UWIYRROEQRG67OCTGFB67Z3KXE.jpg?auth=cb89f0e029ef93b84d239a708003e4f7c15dbd834b76ad7d1858aa41da5ee3ed&smart=true&width=1920&height=1080" alt="La Virgen de la Caridad del Cobre, conocida también como Cachita, es la patrona de Cuba, y otra de las representaciones morenas de la Virgen María" height="1080" width="1920"/><h2>Juan Bosco, la negra María y una historia de amor</h2><p>“La pregunta por el origen y significado de las representaciones de María de Nazaret con imagen negra es complicada, compleja y merece muchos estudios. En primer lugar uno se preguntaría si María de Nazaret era negra o era blanca. Lo que sabemos es que era judía, sí, ¿pero era judía negra o judía blanca? De esto podemos hablar sabiendo que hubo, justamente, judíos que habían vivido cuatro siglos en África junto a los faraones negros, entonces esta hipótesis no sería tan errónea, pero sería discutible y habría que buscar fuentes”.</p><p>Juan Bosco Nsengimana Mihigo —”o Jean Bosco Nsengimana Mihigo, o John Bosco Nsengimana Mihigo, el nombre siempre lo traduzco depende del país donde estoy, lo que se queda siempre es el apellido de mi familia y esto sí, no lo cambio nunca”— es un pastor ruandés (africano), que vive en Argentina desde 2017, por segunda vez. La primera había sido en 1999, cuando llegó para estudiar la Licenciatura en Teología Dogmática, en Devoto. Luego se volvió a África donde lo ordenaron como sacerdote y trabajó en Ruanda, Camerún y nuevamente en Ruanda. Hasta que en 2017 la Congregación de los Misioneros del Sagrado Corazón de Jesús y María, a la que pertenece, lo envió nuevamente a la Argentina.</p><p>En este punto del mapa, tan lejano a su geografía y a su cultura, desarrolla su tarea en una capilla de Villa Celina (La Matanza, Provincia de Buenos Aires) que se llama Nuestra Señora de Luján, en el barrio 17 de noviembre, donde se dedica al trabajo pastoral y al trabajo con la comunidad afrodescendiente.</p><p>El primero dice que no lo tiene tan fácil porque las personas del barrio, en su mayoría inmigrantes de Bolivia y Paraguay —aunque también hay algunos argentinos, cuenta— no soy muy adeptos a la vida religiosa tradicional de la Iglesia: “La gente viene a la misa cuando hay muerto, cuando es una fiesta de [la Virgen de] Urkupiña (la Urkupiña es de los bolivianos); o cuando la Virgen de Caacupé, de los paraguayos; no hay tanta celebración”. Pero lo que sí tienen siempre lleno en el barrio es el comedor o merendero. “Mucha gente viene para recibir el plato de comida de la cena y hay muchos niños, de verdad muchos. Y cuando vienen los niños, los disfrutamos, hacemos deporte y valores”.</p><p>Sobre el segundo trabajo que mencionó, con la comunidad afroargentina, dice que es la parte más novedosa para él. Que la primera vez que se mudó a este país, cuando entró a la facultad, le preguntaron “de dónde sos”. Y que esa pregunta le disparó estudios y reflexiones que lo condujeron a lo que Argentina dice de sí misma: “Que es el país europeo en América Latina, donde los inmigrantes son europeos (como se dice muchas veces de una manera errónea), que Argentina es blanca y que los negros terminaron con la fiebre amarilla”.</p><p>Allí fue cuando se puso a investigar y se encontró con muchas comunidades de afroargentinos invisibilizadas. Comenzó a estar con ellas para ayudarlas a combatir “el racismo sistemático y la xenofobia”. “En esas cosas voy trabajando con los afroargentinos, en esta área de visibilizar y reclamar el respeto, y para que haya una reparación histórica”, dice.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/EYUKLCHPQ5EJRF7WKGN77I3DNI.jpg?auth=bd7fb1ca9db210631187dd1f74805c808fd049bd3feeff1969bfcb74531ff0e8&smart=true&width=1920&height=1440" alt="El pastor africano Juan Bosco vive en Argentina hace más de siete años y trabaja en una capilla en Villa Celina, La Matanza, y junto a comunidades afrodescendientes " height="1440" width="1920"/><p>Además de eso Bosco da clases “por ahí y por acá”. Visita diferentes sitios y escuelas donde trabaja con los jóvenes —”esa es la vida de misionero”— y está escribiendo un libro que titulará <i><b>María de Nazaret: una negra villera</b></i>, donde estudia, justamente, las diferentes hipótesis acerca de los orígenes de María, para el cual se está documentando.</p><p>“Aquí entonces te propongo una fuente que me parece muy significativa: el<i><b> Cantar de los Cantares</b></i> [N. de la R.: es uno de los libros alojado en el <i>Antiguo Testamento</i>, es decir, la <i>Biblia</i> por la cual se rige el judaísmo]. Allí, una parte que se traduce muchas veces en castellano, en francés y en inglés, se traduce muy mal y dice: ‘Soy negra, pero hermosa’, yo creo que la traducción del griego o del hebreo tendría que ser <b>‘Soy negra y hermosa’</b> (<i>Cantar de los Cantares</i> 1:5), entonces la negritud de María se puede justificar o deducir desde allí”.</p><p>Como la mayoría de los textos bíblicos el <i>Cantar de los Cantares</i> ha recibido múltiples interpretaciones a través del tiempo, dependiendo de la creencia y la fe de cada lectura. En general, el texto tiene la estructura de un poema de amor conyugal, con versos que se alternan, y habla de dos amantes que fueron obligados a separarse, se buscan con desesperación y declaran su amor de forma poética.</p><p>Tanto el judaísmo como el cristianismo lo han explicado como una alegoría que representa el matrimonio entre dios y su pueblo o (a partir del <i>Nuevo Testamento</i>, es decir la <i>Biblia</i> cristiana) entre Cristo y su Iglesia o, incluso, la interpretación a la que alude Bosco, entre la Virgen María y el pueblo cristiano. En esa lectura, el protagónico de la mujer, la que dice “Soy negra y hermosa”, podría corresponderse, metafóricamente, con la Virgen María.</p><p>“En el <i>Cantar de los Cantares</i> el amor erótico subvierte el orden patriarcal que discrimina a campesinos, pobres y personas de color. Además de ser el único libro en la <i>Biblia</i> cuyo tema principal es justamente el amor erótico, sería el único libro cuya autora parece ser <b>una mujer negra</b> y donde mayormente escuchamos directamente la voz femenina. El libro empieza con una iniciativa femenina... La voz y la presencia de esta mujer siguen como dominantes en todo el texto”, señala Bosco.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/X64PCN3A4FAELBFDXT64A75L4U.jpg?auth=c516a93c7864ae3a49ebd447f3ef7316f7b59c1014e82c0506c6e5972ce8c2a7&smart=true&width=1080&height=1137" alt="Juan Bosco investiga el origen de las imágenes de la Virgen María con piel morena para su propio libro sobre el tema. Indagó en diversas teorías e hipótesis pero asegura que encontrar respuestas es una tarea compleja " height="1137" width="1080"/><h2>La inspiración de Bernardo de Claraval y su difusión de la Virgen morena</h2><p>Las representaciones negras de la Virgen, presentes principalmente en Europa, nacen en el siglo XII, según explica el pastor, cuando el monje francés Bernardo de Claraval —que a causa de su devoción y sus contribuciones al cristianismo luego fue canonizado— comenzó a difundirla “y, para probar que era una imagen tradicional, iba mostrando justamente el versículo del <i>Cantar de los Cantares</i> que dice ‘Soy negra y hermosa’, justificando esta representación. Esto lo ayudó a configurar y a desarrollar mucho la devoción mariana de la Virgen negra”.</p><p>En el trabajo académico “El císter y el auge de las vírgenes negras. Una tradición antigua de revalorización de las figuras femeninas en época medieval”, escrito por Ana Valtierra Lacalle, profesora de la Universidad Complutense de Madrid, la autora también analiza esta hipótesis.</p><p>“Desde finales del siglo XI al siglo XIII podemos documentar un auge de este tipo de imágenes, que está muy vinculado a los numerosos comentarios sobre el <i>Cantar de los Cantares</i> que hizo San Bernardo de Claraval, donde se habla de ‘Morenota soy, y linda’ en un tono afectivo que ha sido ampliamente debatido por la investigación”.</p><p>Bernardo de Claraval se inspiró en este texto “para expresar el amor hacia Dios y la Virgen”, dice Lacalle, lo que difundió en diversas prédicas. Sus palabras rodaron, se difundieron y alcanzaron una gran popularidad: “Causaron un impacto directo en la moda de oscurecer las imágenes de la Virgen, con la idea de adecuarse al <i>Cantar de los Cantares </i>donde se recogía: ‘Morena soy y linda. Soy morena, hijas de Jerusalén, como los campamentos de Quedar, como las carpas de Salmá. No se fijen en mi tez morena: he sido tostada por el sol’ (<i>Cantar de los Cantares</i> 1:5-6)”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/4PHMTHJP5NBATGVELRKREOEPRY.jpg?auth=5cab1a648aca9ba53fd861005c3147c60d3b075c42565ba4e06f8028c18462d2&smart=true&width=1920&height=1440" alt="Cuando vino por primera vez a estudiar a la Argentina a Bosco le preguntaron por su origen. Desde ese momento comenzó a estudiar el lugar de las comunidades afrodescendientes en el país y hoy trabaja con ellas por su visibilización y la defensa de sus derechos " height="1440" width="1920"/><p>Una mujer egipcia o descendiente de los egipcios, una trabajadora de campo con la piel oscurecida por las horas de faena, “son muchas las interpretaciones y debates que ha generado este fragmento, especialmente centradas en la cuestión de la alusión al tono de piel. (...) En este sentido se lo vinculó a la Virgen María, la sabiduría y la Iglesia como esposa de Jesús”, escribe la autora. “La cuestión del tono de la piel causó un gran impacto durante siglos en el pensamiento y la concepción de la imagen de María”.</p><p>“San Bernardo —agrega Bosco— cuando agarra los textos, toma también esta dimensión de <b>la maternidad</b>, de la ternura, del amor, en una cultura patriarcal donde el padre y el hombre lo dominan todo. Creo que es ahí que tenemos que ir buscando las respuestas a estas preguntas”.</p><h2>Otras hipótesis sobre las vírgenes negras</h2><p>Si hay alguna certeza en todo esto es que el origen de las vírgenes negras continúa siendo incierto. De todas formas, como se ve, a lo largo de la historia se han propuesto diversas teorías para explicarlas. Tanto el pastor como la académica, luego de haberse sumergido en los estudios sobre el tema, esgrimen otras respuestas posibles.</p><p>En el caso de la Virgen de Lluch conocida como “La Moreneta”, patrona de la isla española de Mallorca, cuenta Bosco, se ha atribuido su color al humo de las velas que, con el correr del tiempo, la cubrió de hollín volviéndola negra. “Pero esta explicación no convence a nadie, no me convence a mí personalmente porque como esta hay también otras, por ejemplo la Virgen de Barcelona, la Virgen de Montserrat [N de la R:a la que también llaman ‘La Moreneta’, es la patrona de Cataluña]”.</p><p>“Otro argumento de los cristianos antiguos del siglo XII, XIII, XIV era que este retrato de la Virgen negra fue dibujado por Lucas, el evangelista, pero esto también es discutible porque no hay tanta fuente”, agrega.</p><p>“Algunos investigadores sugieren que las vírgenes negras pueden tener sus raíces en las prácticas religiosas precristianas de las tradiciones que rodeaban al Mediterráneo, especialmente egipcias y mesopotámicas. El culto a divinidades femeninas, a menudo asociadas con la fertilidad, la tierra y la naturaleza, estaba muy extendido en muchas culturas. La adopción de estas figuras por el cristianismo puede haber influido en su color y simbolismo”, escribe Lacalle.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/PPBMHD6IDJBAJKFFOLHLYNUQLY.jpg?auth=03dd2a429222157e1a6246c295159e440efdb0847bc1c8fe25531f6e80a04f47&smart=true&width=1920&height=3015" alt="La Virgen de Lluch, conocida popularmente como "La Moreneta", es  patrona de la isla española de Mallorca. Es una de las muchas representaciones negras de María en Europa" height="3015" width="1920"/><p>Hay teorías, entonces, que vinculan a la Virgen negra con creencias previas en una diosa madre de la tierra. Otras la asocian con la iconografía medieval, que utilizaba el color negro para representar el dolor, la maternidad y la misericordia, características que también son reflejadas en María, lo que podría brindar otra explicación.</p><p>Sobre esto Bosco dice que, según lo que ha estudiado, el tono oscuro puede estar vinculado a las representaciones de dioses y diosas egipcias, por lo tanto, africanas como Osiris e Isis.</p><p>“Se ve que es ahí que se inspira más bien San Bernardo de Claraval. Aun la <i>Biblia</i> que conocemos, sea la hebrea, la católica, la de Etiopía o el Corán, son libros que se inspiraron en los escritos antiguos de Mesopotamia y también de los egipcios. Entonces ahí tenemos que cavar, en la representación de la Virgen negra inspirada en estas diosas, desde ahí creo que tenemos que investigar: no con la Pachamama, no con los esclavizados; es más antiguo que la trata transatlántica”, dice Bosco. “Yo diría —sigue— que así como hay un filósofo griego que dice que ‘si los pájaros serían inteligentes para hacer dioses los harían a su imagen y semejanza’, entonces, los faraones, cuando representaban los dioses, los representaban negros, a <b>su imagen y semejanza</b>”.</p><p>“Mi hipótesis sería formulada de la siguiente manera: <b>María de Nazaret era tal vez una muchacha negra</b>. Porque es inconcebible que en una cultura negrofóbica, esclavista y colonialista [como la europea] exista el culto a la virgen negra. Si se demostrara que la Virgen María era negra, Jesús sería negro o mulato. Con ello, durante XXI siglos habríamos aceptado una de las mayores estafas intelectuales y religiosas de la historia”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/GKZQEHF45BHIVKXVJ5T7QUBFTI.jpg?auth=1cedad8d577f89540ccbd8f59357c08896a9632d0bbdc574324b95e5b8b662f9&smart=true&width=770&height=450" alt="La virgen de Montserrat también es conocida como "La Moreneta" y es la patrona de Barcelona. Está emplazada en un monasterio del mismo nombre incrustado en la montaña
" height="450" width="770"/><p>Consciente de que llegar a alguna conclusión es inverosímil por tratarse de un asunto incomprobable, con mirada crítica Bosco finalmente pone en dudas hasta lo poco que hay para sostenerse e hilvanar alguna teoría, las fuentes: “Habrá que ver si no son también una trampa porque las fuentes a veces se dice que escriben los vencedores y los vencidos no escriben”.</p><p>Blancas, castañas o color café, las vírgenes son portadoras de fe por igual. Se les adjudican leyendas y milagros por igual. Se las venera, se peregrina hacia ellas, se les hacen promesas y se les agradece por igual.</p><p>Quizás no haya pruebas que puedan explicar sus orígenes o de qué color era la tez de María, pero algo es seguro: como <i>La sirenita</i> afro de Disney, la existencia de vírgenes negras posibilita que una mayor cantidad de personas se sienta identificada; las santas madres morenas ofrecen una fe plural que trasciende la frontera de la piel.</p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/QEAVUVHHEBHFDHRZPJVSFE36AM.jpg?auth=b3e2266344e1b08931017c7903894b3ea897ab2f2ed6967383abb4b8fcd1c77e&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"/></item><item><title><![CDATA[“Resistenza”: historias de exiliados que huyeron de la dictadura con la ayuda del “Schindler de Buenos Aires”]]></title><link>https://www.infobae.com/historias/2024/12/10/resistenza-historias-de-exiliados-que-huyeron-de-la-dictadura-con-la-ayuda-del-schindler-de-buenos-aires/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/historias/2024/12/10/resistenza-historias-de-exiliados-que-huyeron-de-la-dictadura-con-la-ayuda-del-schindler-de-buenos-aires/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[El documental, dirigido por Omar Neri y Mónica Simoncini, recorre las experiencias de quienes lograron escapar del gobierno de facto y refugiarse en Roma por obra del cónsul Enrico Calamai]]></description><pubDate>Tue, 10 Dec 2024 05:13:59 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/2CILNMEC3VHZDC5TKTUMXC3T3M.png?auth=e23444630d28b960e4d7927a5d3f1a68cefba43e667e0e4e48a70906c4b7a8c0&smart=true&width=1920&height=1080" alt="A partir de numerosos testimonios el film narra historias de resiliencia y solidaridad" height="1080" width="1920"/><p>Un mapa pardo con líneas que se encorvan, se tuercen y entrecruzan, que da la sensación de tierra rasgada. Reseca. Las grietas que dejan las raíces arrancadas de cuajo. O quizás aquella tierra áspera que regada puede suavizarse, volverse tierna. Puede ofrecer un rincón para transplantar y expandir. Un terruño para nuevos brotes. En él, algunos puntos marcados, sitios geográficos italianísimos —Piazza Navona, Vaticano— y otros culturales argentinísimos —asado, tango—.</p><p>—Ustedes me piden que hable un poco de lo que fue para nosotros, los exiliados argentinos, el tiempo de la dictadura —dice el director de cine argentino Fernando Birri, fallecido en 2017, en Roma, abriendo la película—. Entonces prefiero subir a <b>los altillos de la memoria </b>y recuperar, de aquellos años, toda la parte hermosa, toda la parte luminosa. Lu-mi-no-sa.</p><p>El eco de sus palabras se funde con una melodía tana inconfundible que envuelve al que mira y oye y lo mece por paisajes romanos: el Coliseo, la fuente de Piazza Navona, la Basílica de San Pedro, una galería con arcos, un mercado callejero, un vendedor ambulante con chucherías para turistas. La música, los colores, la arquitectura, predicen <b>un viaje de la argentinidad a la italianidad</b>.</p><p>Con apoyo del INCAA —entre otros organismos—, los directores Omar Neri y Mónica Simoncini presentaron <i>Resistenza. Historias del exilio argentino en Roma</i>. Un documental que narra las experiencias de hombres y mujeres que llegaron a Italia escapándose del terrosimo de Estado de la última dictadura militar.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/3TQWOPAVLJBBLKOOECCHS4F62U.jpg?auth=db8ccd3a0c950f1d62cbeaac03e454d31103f05b4366dd55b582ddd0fce5161a&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Entre los entrevistados, el documental recoge las vivencias de algunos de los argentinos que llegaron a Roma gracias a la ayuda de Enrico Calamai, quien fue cónsul italiano en Buenos Aires al comienzo de la dictadura y ayudó a escapar a más de 300 personas" height="1080" width="1920"/><h2>Las voces del exilio</h2><p>—Entramos ahí adentro [al consulado de Italia en Argentina] y dijimos: “Nos declaramos refugiados políticos porque nos están buscando, nos quieren matar”. El embajador, no sé quién estaba ahí, dijo: “No. Se van inmediatamente porque llamo a la policía”. En cambio estaba Calamai; y Calamai dijo: “No, cómo llamo a la policía, estos son <b>ciudadanos italianos</b>, se tienen que quedar acá”. Y dice: “Esta noche se quedan acá, en el consulado” —recuerda Claudio Camarda.</p><p>—Nos dijo: “No vengan más acá, vayan directamente al consulado y pregunten por Enrico Calamai. Y vos te llamás Carlo Rossi”. (...) <b>Calamai nos consiguió todo</b> —cuenta Hernán Varela.</p><p>—Nos puso el pasaporte en la mano, en definitiva, de un día para el otro, para poder salir del país con un documento.</p><p>—¿O sea que ustedes también fueron <b>salvados por Calamai</b>? —preguntan los directores.</p><p>—Sí. Viajamos a Uruguay con la cédula de identidad y gracias a un compañero de trabajo uruguayo al que le habían matado a toda la familia y entonces ayudaba a quien tenía que escapar cambiando el nombre en las listas que se le daba al Ejército en Aeroparque —dice Nora Fratini.</p><p>—Lo primero que me dice es: “Señora, la van a expulsar”. Entonces yo le dije: “De ninguna manera”. Porque la expulsión en aquella época era no volver nunca más a la Argentina. Calamai no lo podía entender. Era un joven muy apuesto, muy simpático, pero estaba muy preocupado por la situación. Lo que yo siento es que si no hubiese sido por Calamai a nosotros <b>no nos sacaban de la Escuela de la Armada</b>. Y después, mientras él estuvo en la Argentina, me venía a ver a la cárcel y siempre me preguntaba: “¿Qué quiere que le traiga?”. Y yo le decía: “Tráigame un huevo frito”. Se reía, Calamai —recuerda Wanda Fragale.</p><p>—Aparte era joven. Tenía 30 años cuando hizo todo esto y arriesgó su carrera diplomática, arriesgó su físico, porque llevaba escondida a la gente; <b>protegía en el mismo consulado a quien no tenía dónde ir a dormir</b>. Cuando llegué a Italia con el pasaje y el pasaporte que me dio Calamai, él me dijo: “Basta que los documentos partan desde Uruguay para Italia, yo les doy pasaporte y pasaje, porque no se puede esperar ocho meses, un año, hasta obtener la ciudadanía, acá se trata de casos de urgencia”. Él me dio pasaporte y pasaje, yo llego a Italia salvada por Calamai —dice Blanca Clemente.</p><p>Entre testimonio y testimonio la cámara muestra a Calamai —pelo y barba cana, saco y camisa, mirada luminosa, sonrisa honesta— acomodándose en el sillón, colocándose el micrófono, arreglándose la ropa, riendo.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/43UAUHNS6VFINO6B35ZHDFI6AA.png?auth=c6ec0e41cc07f7e8859c8338572fc6d3bd4e772651844edcefae7cccc44aa865&smart=true&width=1516&height=2010" alt="Enrico Calamai, excónsul italiano en Argentina, en el rodaje del documental" height="2010" width="1516"/><h2>El Schindler de Buenos Aires</h2><p>Muchos de los argentinos que luego conformaron una comunidad estrecha en el exilio romano pudieron salir del país gracias a la ayuda de Enrico Calamai, quien en esos días del comienzo de la dictadura militar ejercía su cargo de vicecónsul y luego cónsul italiano en Argentina.</p><p>—Yo llegué a Buenos Aires en octubre del 72 —cuenta a cámara—, cuando todavía estaba Lanuse y ya se hablaba de elecciones. Mi cargo en el Consulado General de Italia en Buenos Aires era de vicecónsul. Y, al irse el cónsul, al ser trasladado, yo me volví automáticamente cónsul. Llegué a los 30 años convencido de que la ética era no robar, no matar, pero no conocía la ética política. Pensaba que el gobierno italiano era democrático, que respetaba los principios fundamentales de la democracia, los derechos humanos… Lo que me sorprendió y me dolió mucho fue la actitud de mi gobierno, la complicidad con las autoridades argentinas.</p><p>Conocido también como <b>“el Schindler argentino”</b>, en alusión al empresario alemán Oskar Schindler que, con el argumento de que necesitaba mano de obra en sus fábricas de utensilios de cocina y munición ubicadas en las actuales Polonia y República Checa salvó la vida a más de un millar de judíos durante el Holocausto, Calamai tramitó pasaportes, otorgó pasajes y documentos, alojó perseguidos en el mismo consulado en el que trabajaba y acompañó, él mismo, a otros hasta las fronteras para ponerlos a salvo. Se estima que, <b>con su ayuda, entre 300 y 400 argentinos escaparon de los centros clandestinos </b>de detención, la desaparición, la tortura y la muerte.</p><p>Por todo lo que hizo con quienes estaban en peligro, el 10 de diciembre de 2004, hace exactamente 20 años, en el <b>Día de los Derechos Humanos</b>, fue condecorado con la Orden del Libertador General San Martín en la embajada argentina de Roma.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/K3PSSYGDLFBZXEMFHLHGZ3WZ24.jpg?auth=e686abe7aa9f6894c28916d3d48dc563806549b7d33b3e65f1f4d36dfa97ed37&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Algunos de los entrevistados incluidos en el documental son León Gieco (que también aportó su música para la película); el director de cine, fallecido en 2017, Fernando Birri; Lita Boitano (fallecida este año), presidenta de la organización Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas y referente del feminismo y de la lucha por los derechos humanos; Julio Frondizi, hijo de Silvio Frondizi, asesinado por la dictadura" height="1080" width="1920"/><p>Entre el 72 y el 76 Calamai había sido enviado a Chile, desde donde logró trasladar a Italia a más de 400 perseguidos que se habían refugiado en la embajada luego del golpe de Pinochet. Para cuando la junta militar irrumpió en la democracia argentina ya estaba en servicio de regreso en Buenos Aires.</p><p>En la capital porteña formó una suerte de red de rescate con un periodista —“Giangiacomo Foá, que era el corresponsal del <i>Corriere della Sera</i>. Él inmediatamente me dijo que la realidad tranquila, relajada, que uno veía por las calles del centro, donde parecía que no ocurría nada, no era la realidad de lo que estaba ocurriendo”— y con el representante del Partido Comunista en Argentina —“Filippo Di Benedetto, que era una persona extraordinaria que durante su juventud en Italia había sido detenido y torturado por los fascistas y comprendimos los dos que podíamos fiarnos el uno del otro”—, ambos italianos.</p><p>—Habíamos descubierto una manera para salir del país. Sabíamos que lo fundamental para los argentinos y para los italianos era evitar el escándalo. (...) Había controles muy fuertes en Ezeiza pero no en Aeroparque. (...) Los que tenían nuestro pasaporte subían al avión con el carnet de identidad y bajaban a Montevideo con el pasaporte. Y si les preguntaban: “Pero cómo es eso, un chico joven con un pasaporte de la semana pasada, en Buenos Aires”, decían: “No es que éramos turistas pero me han robado la cartera y en el consulado nos han dado un pasaporte nuevo”. Y nunca tuvimos problemas. Iban a la embajada [en Uruguay], en la embajada ya sabían que tenían que darles el billete de avión, lo tenían preparado, y se iban —cuenta Calamai en el <i>film</i>.</p><p>En 1977, cuando el Ministerio de Relaciones Exteriores de Italia descubrió lo que su representante estaba haciendo —y luego de haber despertado suspicacias con su mismo accionar en Chile— lo sacaron de Argentina.</p><p>—Llegó el momento en el que comprendí no solo que estaba completamente aislado sino que quien venía a mí podía correr peligro. Fue el momento en el comprendí que estaba quemado. Y fue durísimo porque por un lado me hubiera gustado quedarme pero me di cuenta de que no tenía sentido. Qué iba a hacer yo.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/GQ37W64QUFB7XP7TVOCHVTP3KE.jpg?auth=f37499bf6a4f86b6ce38555703daf48d153586ce40048f69a3f7fb22d6ba8d31&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Los exiliados en Roma fundaron una agrupación que llamaron Comité Antifascista contra la Represión en Argentina (CAFRA), con el objetivo de conseguir ayuda de personas influyentes y difundir en los medios italianos las violaciones a los derechos humanos que estaban sucediendo en Argentina
" height="1080" width="1920"/><h2>Una historia de resistenza</h2><p>La idea de este documental aparece a partir del encuentro de Mascaró Cine —un grupo de cine independiente argentino formado por periodistas de investigación que decidieron dedicarse a las producciones audiovisuales para intervenir en los debates sobre el tipo de sociedad que desean— en el que participan Omar Neri y Mónica Simoncini, con Progetto Sur — “una asociación de italo-argentinos con sede en Roma que desde 2003 apoya iniciativas de movimientos de derechos humanos, sociales, ambientales y también indígenas”.</p><p>En 2015 la agrupación italiana le contó a los cineastas que estaban en contacto con la comunidad de argentinos que se exiliaron y resistieron en Italia durante la última dictadura militar. Les hablaron de sus acciones y de cómo se habían constituido en una red de apoyo para ayudar a los nuevos exiliados que llegaban escapando, la mayoría de las veces sin dinero ni lugar para vivir —muchos de ellos, la primera generación de refugiados, al llegar, habían dormido en plazas, limpiado casas, cuidado chicos o se habían puesto a hacer artesanías para subsistir, sin importar cuán profesionales eran o qué tan formados estaban.</p><p>Allí también se encontraron con la actriz y autora Adriana Bernardoti, que se había exiliado en Italia algunos años más tarde —cerca de los 90— y había hecho la primera investigación. “A partir de eso empezamos a pensar que ahí había una película, que esas historias de resistencia colectiva, muy poco conocidas, podían convertirse en un relato audiovisual. Tuvimos en cuenta que sobre el exilio se había hablado mucho de México, España, Francia, pero casi nada se sabía sobre<b> </b>lo que sucedió en Italia. Y que, además, incluía la ayuda brindada por el cónsul italiano en Argentina, Enrico Calamai. Esta fue también una de las motivaciones”, dicen Neri y Simoncini.</p><p>Para realizar el documental los directores viajaron dos veces a Roma, hicieron 40 entrevistas —allí y en Buenos Aires— a quienes se refugiaron en la capital italiana y a personas que los acogieron y les dieron ayuda. “Eso fue superinteresante porque es otra mirada del exilio, la de los italianos que los recibieron: gente sensible que se dio cuenta de cómo era la situación y que les dio la casa, los ayudó a conseguir trabajo. Es otra mirada que buscábamos”. “Nos interesaba especialmente indagar en la cuestión de la organización colectiva, cómo frente al poder que ejercía la dictadura y la adversidad de un país que no los reconocía como refugiados políticos, lograron llevar a cabo acciones muy audaces y con muy pocos recursos”, cuentan.</p><p>Con el país con el que muchos de los exiliados tenía lazos estrechos por ser descendientes de inmigrantes que, quizás, décadas atrás habían llegado a estas pampas para curar el hambre, para buscar futuro, tuvieron encuentros ambivalentes. Los ciudadanos los abrazaron pero el Gobierno, entonces encabezado por Giulio Andreotti, no quiso otorgarles el estatus de refugiados políticos.</p><p>“Entonces, en este marco, lo primero que hacen es organizarse como Comitato Antifascista contro la Repressione in Argentina (Comité Antifascista contra la Represión en Argentina: CAFRA) para buscar la solidaridad de algunos políticos y tratar de publicar información en los medios italianos sobre lo que sucedía en Argentina. Realizaron muchas acciones, como el escrache a Videla, una campaña durante el Mundial 78 y la huelga de hambre, que dieron sus resultados. Quizás la que más repercusión tuvo, porque golpeó de alguna manera a la junta militar que tuvo que salir a dar respuesta, fue la mención que hizo el papa, Juan Pablo II, en el Ángelus de octubre de 1979 sobre los <i>scomparsi</i> (desaparecidos) de Argentina”, dicen.</p><p>Otra cuestión en la que los directores del documental hacen <i>zoom </i>es en la forma en la que los exiliados se organizaron para ayudar a quienes llegaron después “armando redes laborales y de ayuda psicológica a quien la necesitara”. “Todo esto se daba sin perder la alegría ni la esperanza, <b>construyendo memoria </b>y tejiendo lazos con las nuevas generaciones, que es lo que hacen hasta el día de hoy”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/JJZKKITPXJDXNBNYGP5V76S3HA.jpg?auth=bdda4263d9b9871f0dcb251b664d0dc0e2ab7d5a521884a03567f7d98d8cca5f&smart=true&width=1920&height=1080" alt="A fines de la década del 90 muchos jóvenes argentinos, expulsados por las políticas neoliberales, se fueron a Roma a buscar nuevas oportunidades. Allí tejieron lazos con aquellos exiliados de los setenta y se unieron en la lucha por Memoria, Verdad y Justicia ante los crímenes de la última dictadura militar
" height="1080" width="1920"/><p>Seis de los testimonios de la película pertenecen a personas salvadas por Calamai. Del excónsul y su historia Neri y Simoncini destacan <b>“su firmeza, sensibilidad y humildad”</b>. Y lo impactante de que un funcionario público, dentro de una maquinaria burocrática, tuviera “la lucidez de entender lo que estaba pasando para actuar en consecuencia, salteando incluso lo que para algunos sería ‘la legalidad’”.</p><p>Los directores cuentan que la historia de Calamai se conoció en Italia recién en el año 2000, cuando se presentó a declarar en el proceso contra los militares argentinos en ese país. “Hasta ese momento era sólo un nombre susurrado en el mundo del exilio, como confiesa Juan Miglioli, uno de los tantos que le deben la vida: ‘Por muchos años, hasta el 2000 o el 1999, creo que ninguno de los que salvó Calamai hablábamos de Calamai. Decíamos que había un cónsul que nos había dado una mano. En privado y en voz baja. Porque posiblemente lo tratábamos de cubrir, porque un sentimiento hacia él había. (...) Calamai se destapó, sacó la cara, cuando alguno lo repescó para hacer de testimonio en el proceso (...) como persona informada de los hechos y él se presenta. (...) Yo no había entendido la dimensión de Calamai’”.</p><p>Entre los entrevistados aparece también el testimonio de León Gieco quien, guitarra en mano, cuenta su historia de exilio y regaló su música a la película.</p><p>“Artesanos, obreros, intelectuales, psicoanalistas, músicos, poetas, fueron protagonistas de acciones heróicas, hechas con escasos recursos, pero que de a poco lograron el objetivo de <b>visibilizar la tragedia que estaba ocurriendo en Argentina</b>. En la actualidad, un grupo de jóvenes argentinos e italianos se organizan en Roma y retoman las banderas de la resistencia activa”, escriben Neri y Simoncini en la presentación del documental.</p><p><i>Resistenza</i>, que se estrenó en Roma a fines de noviembre después de haberse presentado en el Festival de Derechos Humanos de Nápoles y llegará a la Argentina en 2025, habla de situaciones límite. Habla de supervivencia. Habla de solidaridad. Habla de resiliencia. Habla de derechos humanos. Habla de comunidad.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/2CILNMEC3VHZDC5TKTUMXC3T3M.png?auth=e23444630d28b960e4d7927a5d3f1a68cefba43e667e0e4e48a70906c4b7a8c0&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/png" height="1080" width="1920"/></item><item><title><![CDATA[Los trazos de la memoria: la tarea de las dibujantes de los juicios de lesa humanidad para estampar un testimonio en grafito y papel]]></title><link>https://www.infobae.com/sociedad/2024/12/06/los-trazos-de-la-memoria-la-tarea-de-las-dibujantes-de-los-juicios-de-lesa-humanidad-para-estampar-un-testimonio-en-grafito-y-papel/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/sociedad/2024/12/06/los-trazos-de-la-memoria-la-tarea-de-las-dibujantes-de-los-juicios-de-lesa-humanidad-para-estampar-un-testimonio-en-grafito-y-papel/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[Eugenia Bekeris y Paula Doberti retratan, desde hace 15 años, a cada testigo, a cada víctima y a cada genocida que se sienta en un juzgado a declarar sobre los crímenes de la última dictadura militar. Estampan un testimonio histórico de grafito y papel.]]></description><pubDate>Fri, 06 Dec 2024 04:41:34 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/7P45K2VS2ZFWLEQ57HF7QDLMDU.jpg?auth=9403105bbb719fc4b200a3c5bc4e7b349f057c6d9ba4631ff98cf959cdf9d970&smart=true&width=1920&height=1080" alt=""Dibujando damos visibilidad a lo que sucede en el recinto de los juicios de lesa humanidad. Hemos encontrado nuevas estrategias desde un dibujo en acción, un croquis atravesado por las emociones"
" height="1080" width="1920"/><p>Trazos suaves y contundentes permiten adivinar la fuerza de la mano. La contracción. La relajación. La presión más o menos tensa que ejercen sobre la hoja en cada detalle del dibujo. Los diferentes tonos de grises. Las líneas más firmes o más difusas. Los rostros. Los gestos. Las escenas. Grises. Un suéter de corazones. Un pañuelo que dice “Nunca más”. Un cartel que dice “Presentes”. Grises. Unas manos tomadas. Una cadenita. Los detalles de una blusa. Las víctimas. Unas espaldas rígidas. Unos hombros tiesos. Unas cejas soberbias. Una postura orgullosa. Unas manos nerviosas. Una mirada vacía. Los genocidas. Grises.</p><p>Y los fragmentos de texto. “Nunca recibí ninguna orden para dañar a alguien”. “Mi hijo luchaba por un país democrático”. “Se escuchaban pasos, gritos, grilletes”. “Salí del país en 1978 (...). Me llevaron esposada, vendada, desde Devoto”. Siempre grises.</p><p>En el intersticio donde se cruzan el arte y los derechos humanos, están ellas.<b> Testigos de los testigos. </b>Así se definen.</p><h2>Dibujos urgentes</h2><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/Y3TC6YH4UVEEDCQKPP3TFCGTII.jpg?auth=4ae28d57e60cf7545915e30de9419fa8a38831cec2a231d4e6bf460c86e5cbd5&smart=true&width=1920&height=1385" alt="Verónica Almada. Testigo en el juicio Contraofensiva montonera. 2020" height="1385" width="1920"/><p>—Esta tarea realmente marca <b>un antes y un después</b> para nosotras. Es un estado de conciencia distinto, absolutamente diferente.</p><p>Eugenia Bekeris es dibujante y artista visual. Desde hace casi 15 años trabaja junto a Paula Doberti, docente de Dibujo de la Facultad de Artes Visuales de la Universidad Nacional de las Artes (UNA) y en la carrera de Artes de Filosofía y Letras de la UBA. Ambas forman un colectivo al que nombraron “Dibujos urgentes”. Después de que Bekeris le da el pie, como si integraran una dupla teatral con el número memorizado —un intercambio que Doberti llama con humor “el stand up del horror”— se cuentan a sí mismas en el orden que acostumbran:</p><p>—Empezamos a dibujar en 2010, cuando cuatro años después de la segunda desaparición de Julio López se prohíbe que entren cámaras de vídeo y de foto a los juicios de lesa humanidad en Comodoro Py y en el resto de los tribunales del país. El objetivo era resguardar a los y las testigos, pero al mismo tiempo <b>se invisibilizaba a los genocidas</b> —dice Doberti.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/ABKJDERXFNA7JCY73B4GYMHNJU.jpg?auth=71a831eee81059f180e61f3ca14819f901e277fb32412f48d762bdb9e5e2ed35&smart=true&width=1920&height=1314" alt="Rubén Beraja. Imputado en el juicio Encubrimiento de AMIA. 2015
  " height="1314" width="1920"/><p>Hasta ese entonces —recuerda— los juicios por crímenes de lesa humanidad del terrorismo de Estado, o fragmentos de ellos, se emitían por televisión, eran noticia, pero en ese momento dejaron de aparecer (aunque se siguen haciendo en todo el país hasta la actualidad) [N de la R. ambas estaban dibujando momentos antes de esta nota en la causa Mansión Seré IV]—. Por esta razón, la agrupación HIJOS junto con la UNA (en ese momento IUNA), convocó a artistas, dibujantes, docentes y estudiantes a ir, desde las cátedras, a dibujar a los procesos judiciales.</p><p>—”Dibujo con modelo vivo, gratis, en Comodoro Py”, decían desde HIJOS, un poco burlonamente y también en continuidad con la consigna de que si no hay justicia hay escrache, de los 90. Cuando hubo justicia pero no se la pudo mostrar surgió esta idea. Siempre lo aclaramos porque no fue algo que se nos ocurrió a nosotras sino que fuimos convocadas —dice Doberti.</p><p>En los primeros años de las causas, entre 2010 y 2012, muchas personas se acercaban a los juicios a dibujar. Tantas que con las ilustraciones de 2010, junto a crónicas, textos e imágenes de la memoria, hicieron un libro llamado <i><b>Acá se juzga a genocidas</b></i>. Luego, con el transcurso del tiempo, solo quedaron ellas.</p><p>—Hay algunas otras personas que dibujan pero nosotras, con Eugenia, decidimos armar un colectivo y <b>acompañarnos en esta tarea </b>de ir a escuchar los testimonios. Cada tanto hemos incorporado a alguien: yo invitaba a mis estudiantes, hicimos el juicio de Encubrimiento de AMIA junto a otros dibujantes, no siempre estuvimos solas. Pero eso fue circunstancial. Nosotras estamos permanentemente con nuestros Dibujos urgentes —aclara.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/WYXF5TLBQJGN3MKZKBGWMGV7JM.jpg?auth=b9205937873515f7aaa35caf922542ba26e7b90154c914bf0d58a02903c1454b&smart=true&width=1920&height=1314" alt="Luis del Valle Arce, Luis Sadi Pepa, Hugo Miguel Castaño Monje, Francisco Rolando Agostino. Imputados en la Megacausa Campo de Mayo. 2022" height="1314" width="1920"/><h2>Testigos de los testigos</h2><p>En estos casi quince años que llevan dibujando Bekeris y Doberti han escuchado miles de testimonios. Atrocidades feroces e inimaginables que las conmocionaron en cada causa, en cada proceso. Dicen que cuando ven los dibujos los recuerdan a todos. Que cuando alguien cuenta una violación, una tortura, <b>es imposible olvidarlo</b>. Que queda grabado en la piel. Dicen que son experiencias que desde un comienzo decidieron no reproducir.</p><p>—Nosotras no hacemos ningún tipo de exhibicionismo del espanto, no contamos las atrocidades y no revictimizamos a las víctimas. Y ese es un acuerdo que tenemos en cuanto a cómo presentamos el trabajo. Los juicios muchas veces llevan a los perpetradores por más de 400 asesinatos, por violaciones, robos, no solamente en los centros de detención clandestina sino también en zonas urbanas. Nos hemos enterado de muchas cosas que no sabíamos, que no nos vamos a dedicar a transmitir —señala Bekeris.</p><p>Sostienen su compromiso profesional y ético como una columna de hormigón, contundente, inamovible. Al igual que al proceso que utilizan para hacer sus dibujos: siempre en lápiz sobre cuaderno A4. “Con pautas éticas y estéticas” acordadas previamente. “Sin postproducción”. Trabajan cuando la acción sucede. Con atención plena. Mientras son atravesadas por las vivencias de quienes quedan allí en carne viva, recordando.</p><p>—Somos testigos de los testigos. En eso nos hemos constituido a lo largo de nuestro trabajo y ese es un rol bastante interesante porque no tomamos partido, lo que hacemos es <b>captar el proceso judicial</b>. Nos pasa de todo, por supuesto. En el cuerpo tenés todo tipo de emociones contradictorias y tensión. Después de algunos dibujos quedás agotada porque te llega la energía, sobre todo de los testigos que cuentan, que lloran y están realmente quebrados; y también de las atrocidades que dicen los genocidas, que hablan, algunos, sin ningún tipo de cuidado y siguen insistiendo con la misma postura. Pero es una escucha abierta, tanto a las víctimas testigo como a los perpetradores —dice Bekeris.</p><p>Para lograr la cobertura de los juicios con dibujos, registrar a cada persona frente al tribunal y rescatar algunos fragmentos de sus testimonios, que acompañan los dibujos, necesitan estar “en un estado de atención y de trabajo permanente”, cuentan. Miran, escuchan, dibujan, escriben. Todo al mismo tiempo, las horas que dure la audiencia.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/LURQ6VRTWJBSDP5ANC7IZZSCUM.jpg?auth=3e7fc1a11e8d04b1c746687331b653ab9b60340020f3162fc2ed14afd411f2fc&smart=true&width=1920&height=1293" alt="Audiencia juicio Plan Cóndor. 2014" height="1293" width="1920"/><p>Dibujan, con la subjetividad cauterizada, lo que se presente en la causa. Dibujan por igual y con el mismo procedimiento metódico, víctimas y victimarios —así como abogados, jueces, fiscales y todos los participantes del juzgado a quienes inscriben como “personal judicial”—. Las dos dibujan lo que ven. Intentan registrar todo lo que sucede allí.</p><p>—Nos preguntaron una vez que fuimos a dar una charla si notábamos una diferencia entre los dibujos de los genocidas o los que realizábamos de las víctimas testigos, y quizás no las hay porque los dibujos, cuando los ves, son bastante homogéneos ya que mantenemos esa pauta, pero sí provocan emociones, por supuesto, cuando sabés quién es quién, y conmueven. Pero como nosotras no hacemos diseño, ni enfatizamos absolutamente nada, lo que está ahí es lo que recibimos del recinto —cuenta Bekeris.</p><p>—Nosotras no hacemos ilustración, entonces no es que hacemos una exageración o una cara a la que le agregamos los cuernos de demonio, o le agrandamos los rasgos, ridiculizándolos, no hacemos nada de todo eso. Los dibujos son documentos. Como nosotras consideramos eso, que son documentos textuales y visuales, no los modificamos, tratamos, al contrario, de que sean lo más parecidos posibles. Porque el horror, justamente, es que un perpetrador sea <b>una persona común</b>, que pueda ser tu vecino. Eso es mucho más terrorífico —agrega Doberti.</p><h2>La diferencia de la mirada</h2><p>Ninguna de las premisas éticas y estéticas que se pusieron en 2010 para llevar adelante este trabajo cambió con el correr de los años. Lo que sí se les modificó a partir de la pandemia es el escenario desde el que dibujan. Durante una década se acostumbraron a transitar los pasillos, ascensores y burocracias inhóspitas de Comodoro Py, viajaron a juzgados de otras localidades, presenciaron todo tipo de situaciones incómodas y vieron a los genocidas de espaldas, dibujándoles la nuca. Pero después del covid, cuando todo volvió a abrir, los juicios recuperaron las cámaras y comenzaron a transmitirse en vivo, por YouTube, lo que les permitía asistir desde sus casas, de manera remota, y ver a los perpetradores de frente, detrás de la pantalla.</p><p>Fue entonces que las artistas se preguntaron si, al haber nuevamente archivos audiovisuales generándose y profesionales tomando fotos, seguía teniendo sentido su trabajo, su registro dedicado y tan humano.</p><p>—Lo que identificamos, que fue lo primero que tuvimos que pensar —dice Bekeris—, fue que <b>queríamos seguir estando presentes</b>. Ese es un sentimiento importante que tenemos cuando dibujamos. Además (a diferencia de las fotos) cuando dibujamos lo hacemos durante mucho rato. Una foto es un <i>click</i>, nosotras estamos horas. Tuvimos una experiencia con un piloto de los vuelos de la muerte que fue transformándose. En cuatro horas que registramos con Paula vimos cómo cambió el vocabulario, cómo cambió los gestos; eso en una fotografía no se registra. Y nos pasa de todo, además, eso también es cierto. Entonces creo que esa diferencia de la mirada es bastante importante. Y nuestra presencia ahí: nuestra mirada, nuestra escucha, no es indiferente, eso lo sabemos. El estar ahí. <b>Presentes.</b></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/OBHOF5UMO5FPLJSPEI35Y2ZICY.jpg?auth=b085f86086f1a687d55549c6e23cd26701edb4d889d990221bc786e7680d1582&smart=true&width=1920&height=1359" alt="Cristina Mihura. Testigo en el juicio Plan Cóndor. 2013" height="1359" width="1920"/><h2>El arte como estrategia</h2><p>Además de los juicios por los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura militar, Bekeris y Doberti estuvieron con sus dibujos urgentes en la causa AMIA —”trabajamos hasta la sentencia firme donde salieron todos absueltos, acompañándonos a nosotros por la puerta, que fue muy impresionante y decepcionante”, dice Bekeris—. Y también viajaron a Uruguay en diversas oportunidades para dar charlas y exponer sus registros en el Museo de la Memoria de Montevideo. En una de esas oportunidades un grupo de ex presas políticas de la dictadura de ese país, mujeres que habían sido víctimas de violencia sexual y a quienes les habían rechazado el pedido de causa judicial para sus perpetradores, les pidieron que las dibujaran. Esos dibujos forman parte, actualmente, del patrimonio del Museo de la Memoria de Montevideo.</p><p>—Lo que nos pidieron, que a nosotras nos emocionó mucho, fue ser dibujadas para ser inscriptas. Ellas dijeron: “Nosotras no tenemos juicios pero queremos tener nuestros dibujos” —recuerda Doberti.</p><p>—Es que <b>el dibujo es una inscripción</b>. Lo mismo nos pasó con sobrevivientes de la dictadura que de repente vieron que no estaban dibujados y vinieron a preguntarnos por qué ellos no habían sido inscriptos. Porque es una inscripción, es cierto. Eso es lo que sucede. Realmente es una experiencia muy emocionante. Para nosotros y para ellos —agrega Bekeris.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/ZMUQMZTLBFAVFCCJNHF6AZN6L4.jpg?auth=b5b9782dcf94fce972ce5755c8cf6e7c959721cee5a305a12e13f193920cfaa0&smart=true&width=1920&height=2375" alt="Julio Poch. Imputado en la Megacausa ESMA. 2012" height="2375" width="1920"/><p>Tanto los dibujos hechos a las expresas uruguayas como los de cada una de las causas que registraron (y continúan registrando) las artistas los subieron a una página web, ordenados por juicio, donde además cuentan quiénes son ellas y las motivaciones de su trabajo. También los han expuesto en diversas muestras, como la del Museo de la Memoria del país vecino y en diferentes universidades conurbanas.</p><p>Además, en 2020, sus dibujos de una década fueron compilados en un “libro-archivo” titulado <i><b>Dibujos urgentes: testimoniar en juicios de lesa humanidad </b></i>(editado por Mónada Nómada). Que hicieron de manera autogestiva, poniendo dinero de sus bolsillos, artistas y editores, pero que en este momento se está reimprimiendo gracias a la Secretaría de Cultura de la Provincia de Buenos Aires que lo distribuirá en las bibliotecas de la provincia.</p><p>“La publicación está pensada para que, desde donde la abras, cada testimonio te habilite a continuar con el anterior o el próximo, aunque se trate de distintos testigos, causas o juicios, pues es en la resonancia entre testimonio y testimonio donde se va tramando una unidad de sentido, a la vez atravesada por un conjunto de textos como el de Ana María Careaga, Graciela Daleo, Gabriela Sosti, Maria Rosa Gómez, Fabiana Rousseaux, Julieta Colomer, Hernán Cardinale y el prólogo de Carlos Rozanski”, se lee en su descripción.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/3JCYIQWJ7VDXJJ7UAS34XKN6HE.jpg?auth=bff5eead02c7a14d7ed1115a2a2efa2dee08a858c1761a2e03133e60f76ef263&smart=true&width=1920&height=1352" alt="En octubre de 2018 Bekeris y Doberti dibujaron a catorce ex presas políticas, víctimas y testigos de delitos de lesa humanidad de la dictadura uruguaya. La propuesta era que las mujeres retratadas intervinieran los dibujos con fotos, textos y elementos significativos para cada una. En la foto, el dibujo y la intervención de Anahit Aharonian" height="1352" width="1920"/><p><b>—Aparte de ser una inscripción y un documento, ¿consideran que sus dibujos son arte?</b></p><p>—Yo pienso que son una estrategia del arte. No son dibujos que nosotras exhibimos como exhibimos otros dibujos que hacemos en una galería, con el mismo criterio; los exhibimos dentro de un contexto, en una universidad o en un museo. Ahora vamos a estar en marzo en el Museo de Morón, también con una gran cantidad de dibujos, y en un contexto donde se pueda conversar con escuelas. Siempre tenemos como una pata más pedagógica para transmitir esa idea que da el dibujo, pero que también, como tienen un poco de texto, se convierten en documentos. No, no son arte solamente, pero sí <b>una herramienta que proviene del arte</b> y sirve para dar a conocer lo sucedido —dice Doberti.</p><p>—El dibujo habilita a reconocer el rostro como está hoy, la víctima testigo y el perpetrador; que ya no es el perpetrador que está en un archivo guardado hace 40 años, cuando era una persona muy joven. Podemos mostrarlos como se ven hoy. Hay una transformación en muchos de ellos y [a partir del dibujo] se tornan reconocibles, se puede divulgar más. Eso también tiene que ver con el retrato, pero en este caso hasta podríamos estar hablando, aunque quizás suene un poco pretencioso, de un <i>identikit</i>. No es un <i>identikit</i> pero va en camino a serlo, a lograr el mayor parecido, ese es el desafío para nosotras —suma Bekeris.</p><p>—La idea —acota Doberti— es que si el tipo está en domiciliaria pero de todos modos sale, como se los ha descubierto, o si está libre porque directamente no lo imputaron, sepas que puede ser tu vecino. Ese viejecito, amable, puede esconder un genocida y nosotras queremos que esto se sepa.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/7P45K2VS2ZFWLEQ57HF7QDLMDU.jpg?auth=9403105bbb719fc4b200a3c5bc4e7b349f057c6d9ba4631ff98cf959cdf9d970&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"/></item></channel></rss>