Cada vez más, los “millennials” prefieren utilizar los servicios de urgencia en vez de tener un médico general que lo vaya tratando periódicamente (iStock)
Cada vez más, los “millennials” prefieren utilizar los servicios de urgencia en vez de tener un médico general que lo vaya tratando periódicamente (iStock)

Calvin Brown no tiene un médico de atención primaria, y el peripatético de 23 años no quiere uno.

Desde su graduación el año pasado de la Universidad de San Diego, Brown ha tenido una serie de trabajos que lo han llevado a varias ciudades de California. "Como persona joven en un estado nómada", dice Brown, prefiere encontrar una clínica ambulatoria en las raras ocasiones en que esté enfermo.

"Todo el fenómeno de 'ir al médico' es algo que está desvaneciendo de nuestra generación", comentó él, que vive ahora en Daly City, a las afueras de San Francisco. "Significa subirse a un auto e ir a una sala de espera". En su opinión, la atención de urgencias, que le cuesta alrededor de USD 40 por visita, es más conveniente porque "los servicios se prestan de manera rápida".

Las opiniones de Brown parecen ser compartidas por muchos millennials, los 83 millones de estadounidenses nacidos entre 1981 y 1996, que constituyen la generación más grande de la nación. Sus preferencias, por conveniencia, servicio rápido, conectividad y transparencia de precios, están actualizando el modelo tradicional de atención primaria en la oficina.

Muchos jóvenes están recurriendo a una constelación de alternativas de rápido crecimiento: clínicas minoristas situadas en farmacias o grandes almacenes, centros de atención de urgencias independientes que ofrecen horarios nocturnos y de fines de semana, y sitios de telemedicina en línea que ofrecen visitas virtuales sin tener que hacerlo presencialmente. A diferencia de los consultorios médicos, donde los cargos, a menudo, son opacos y se revelan solo después de que se presten los servicios, muchas clínicas y sitios de telemedicina publican sus precios.

Una encuesta nacional de 1.200 adultos seleccionados al azar realizada en julio por la Fundación Kaiser Family para este artículo encontró que el 26 por ciento dijo que no tenía un proveedor de atención primaria. Hubo una diferencia pronunciada entre los grupos de edad: el 45 por ciento de los jóvenes de 18 a 29 años no tenía un proveedor de atención primaria, en comparación con el 28 por ciento de los que tienen de 30 a 49 años, el 18 por ciento de los de 50 a 64 años y el 12 por ciento de 65 años y más (Kaiser Health News es un programa independiente de la fundación).

Una encuesta realizada en 2017 por el Employee Benefit Research Institute, un grupo de expertos de Washington, y Greenwald and Associates arrojó similares: el 33 por ciento de los millennials no tenía un médico regular, en comparación con el 15 por ciento de los que tenían entre 50 y 64 años.

"Hay un cambio generacional", apuntó el internista Ateey Mehorotra, profesor asociado del Departamento de Política de Atención Médica de la Escuela de Medicina de Harvard. "Estas tendencias son más evidentes entre los millennials, pero no son exclusivas de ellas. Creo que las expectativas de la gente han cambiado. La conveniencia es apreciada en casi todos los aspectos de nuestras vidas", desde las compras hacia la banca online.

Así es la velocidad. Los pacientes más jóvenes, avanzó Mehorotra, no están dispuestos a esperar unos días para ver a un médico por un problema agudo, una situación que solía ser una rutina. "Ahora, la gente dice: 'Eso es una locura, ¿Por qué debería esperar tanto?'".

Hasta hace poco, la alternativa a la consulta de un médico para el tratamiento de una faringitis estreptocócica u otro problema agudo era la sala de emergencias de un hospital, lo que generalmente significaba una larga espera y una gran factura.

Durante décadas, los médicos de atención primaria han sido los médicos con los que los pacientes tenían una relación más cercana, un vínculo que puede durar años. Un internista, médico de familia, geriatra o médico general tradicionalmente se desempeñaba como un asesor confiable que coordinaba la atención, ordenaba pruebas, ayudaba a seleccionar las opciones de tratamiento y hacía derivaciones a especialistas.

Pero algunos expertos advierten que alejarse de una relación de uno a uno puede aumentar los costos y empeorar el problema de la atención fragmentada o innecesaria, incluido el uso indebido de antibióticos.

Un informe reciente en Medicina Interna de Jama encontró que casi la mitad de los pacientes que buscaron tratamiento en una clínica de urgencias para un resfriado, gripe o una afección respiratoria similar se fueron con una receta innecesaria y potencialmente dañina de antibióticos, en comparación con el 17 por ciento de los que utilizaron un consultorio médico. Los antibióticos son inútiles contra los virus y pueden exponer a los pacientes a efectos secundarios graves con una sola dosis.

"He visto a muchas personas que acuden a cinco lugares diferentes para recibir tratamiento para una infección urinaria (infección del tracto urinario) que no tiene una infección como tal", apuntó Janis Orlowski, nefróloga y directora de atención primaria de la Asociación Americana de Escuelas de Medicina, o AAMC por sus siglas en inglés. "Ahí es donde veo el problema de no tener algún tipo de cuidado continuo".

"Todos necesitamos atención coordinada y longitudinal", explicó Michael Munger, presidente de la Academia Americana de Médicos de Familia, que trabaja en Overland Park (Kansas). "Independientemente de lo saludable que estés, necesitas a alguien que te conozca". El mejor momento para encontrar a esa persona, según dicen Munger y otros, es antes de una crisis de salud, no durante una.

Y eso puede significar esperar semanas. Una encuesta realizada en 2017 por la firma de búsqueda de médicos Merritt Hawkins encontró que el tiempo de espera promedio para una nueva cita con un médico de atención primaria en 15 grandes áreas metropolitanas es de 24 días, frente a los 18.5 días de 2014.

Si bien los tiempos de espera para los nuevos pacientes pueden reflejar una escasez de médicos, en opinión de la AAMC, o una mala distribución de los médicos, como argumentan otros expertos, no hay duda de que las alternativas de atención primaria han explotado. Ahora hay más de 2.700 clínicas minoristas en Estados Unidos, la mayoría en el sur y el medio oeste, según cuentan los investigadores de Rand Corp.

Para atraer y retener a los pacientes, especialmente a los adultos jóvenes, las prácticas de atención primaria están adoptando nuevas formas de hacer negocios.

Muchos están contratando médicos adicionales y enfermeras para ver a los pacientes más rápidamente. Han desplegado portales de pacientes y otras herramientas digitales que permiten a las personas comunicarse con sus médicos y hacer citas a través de sus teléfonos inteligentes. Algunos están explotando el uso de las visitas a través del video.

Mott Blair, un médico de familia en Wallace (Carolina del Norte), una comunidad rural ubicada a unos 50 kilómetros al norte de Wilmington, dijo que él y sus compañeros han hecho cambios para dar cabida a los millennials que, ahora, constituyen una tercera parte de su práctica.

"Tenemos mucha más interacción a través de una interfaz electrónica", comentó. "Creo que los millennials esperan ese tipo de conectividad", añadió Blair.

Aunque las clínicas ambulatorias pueden estar bien como una opción para algunas enfermedades, pocas están equipadas para brindar atención holística, ofrecer buenas referencias a especialistas o ayudar a los pacientes a decir si realmente necesitan, por ejemplo, una cirugía de rodilla. Los médicos de atención primaria "tratan a todos los pacientes de la siguiente manera: '¿Recibió su mamografía? ¿Vacuna contra la gripe? ¿Prueba de Papanicolau? ¿Examen de la vista?'".

Nitin Damle, internista y ex presidente del Colegio Americano de Médicos, declaró que los jóvenes desarrollan diabetes, hipertensión y otros problemas "que requieren más de una visita".

"Sabemos quiénes son los mejores y más apropiados especialistas en el área", dijo Damle, profesor clínico asociado de medicina en la Brown University en Providencia (Rhode Island). "Sabemos a quién acudir por asma, alergias, enfermedades inflamatorias del intestino".

Marquenttha Purvis, de 38 años, comentó que su médico de atención primaria fue fundamental para ayudar a organizar su tratamiento del cáncer de mama el año pasado. "Fue importante porque no habría podido obtener la atención que necesitaba", apuntaba.

A veces, la atención fragmentada que puede resultar en no tener un médico tiene serias consecuencias.

Orlowski cita el caso de un familiar, un ejecutivo corporativo de 40 años con excelente seguro médico. El hombre siempre había estado saludable y no creía que necesitara un médico de atención primaria.

"Entre un tratamiento y visitando varias clínicas ambulatorias" pasó un año luchando contra un dolor de garganta que resultó ser un cáncer avanzado.

Para los pacientes sin síntomas o una condición crónica como asma y presión arterial alta, puede que no sea necesaria una visita anual a un médico de atención primaria.

"Puede que no necesites verlo más de cada tres años. Pero debería ser ese primer punto de contacto", cuenta.

Caitlyn Jozefcyk, de 30 años, maestra de historia en la escuela secundaria en Sparta (Nueva Jersey), utiliza la atención de urgencia cuando está enferma. Abandonó a su médico de atención primaria hace siete años porque "conseguir una cita era muy difícil". Durante su último embarazo, ella vio a su obstetra.

Jozefcyk sabe que está construyendo una relación con un médico. Ve a diferentes facultativos en el centro, pero "realmente le gusta la comodidad" y el horario extendido.

El acceso digital también es importante para ella. "Puedo hacer citas directamente a través de una aplicación, y las recetas se envían directamente a la farmacia", dijo.

Después de años de ir a un centro de atención de urgencias, Jessica Luoma, una madre de 29 años de San Francisco, recientemente decidió buscar un médico de atención primaria.

"Estoy muy saludable, soy muy activa", dijo Luoma, que recibió tratamiento por una infección renal y un aborto.

Luoma dijo que su esposo la animó a buscar un médico. "¿Por qué no? Da un poco más de seguridad", comentaba.