La aterradora vulnerabilidad de nuestros museos

Por Hugh Eakin (Especial para The Washington Post)
El Museo Nacional de Brasil estalló en llamas y miles de obras y objetos históricos se redujeron a cenizas(Reuters)

Sobre el mediodía del 15 de abril de 1958, el Museo de Arte Moderno (MoMA) de Nueva York estalló en llamas. El incendio amenazó con finiquitar la colección de pinturas del siglo XX y dejó a unas 200 personas resguardadas en el techo del edificio.

Al final, los bomberos controlaron el fuego y, gracias a los heroicos esfuerzos del personal, la colección quedó prácticamente intacta. Los empleados llevaron un grupo de pinturas importantes de Georges Seurat, incluida su obra maestra, Una tarde de domingo en la isla de La Grande Jatte, a un edificio adyacente. Sin embargo, una de las pinturas más grandes, Lirios de Agua de Claude Monet, fue destruida y otras tantas quedaron seriamente dañadas.

Después de unos días en los que un terrible incendio aconteció en el Museo Nacional de Brasil en Río de Janeiro, el mundo ha reaccionado con indignación y horror ante la destrucción de la mayor casa de tesoros de la historia natural de América Latina. Los brasileños han señalado a la mala administración gubernamental como el culpable de tal devastación, además de los drásticos recortes presupuestarios y un descuido general del patrimonio cultural del país.

Sin embargo, tal y como nos recuerda el episodio del MoMA de 1958, los incendios y otros peligros naturales han representado una amenaza tanto para los principales museos de Estados Unidos y Europa como para otras instalaciones con menos presupuesto en otras partes del mundo. En Estados Unidos, el largo historial de incendios se remonta a los primeros años de la construcción de museos, y continúa hasta nuestros días.

En 1865, el Museo Americano –una colección popular de objetos históricos, animales disecados y animales vivos de la ciudad de Nueva York propiedad del showman P.T. Barnum –se incendió tan rápido que dos ballenas se quemaron vivas en sus tanques. En junio, un incendio destruyó el Museo de Historia de Aberdeen (Washington) que contenía miles de objetos locales.

Ya a principios del siglo XX, había una demanda generalizada de edificios de museos "a prueba de fuego", pero los sistemas para rociar agua pueden presentar algunos particulares riesgos. En el incendio del MoMA, parte del daño fue causado por el agua de las tuberías de bomberos del edificio. Paradójicamente, el incendio de ese museo fue causado por trabajadores que intentaban instalar un mejor sistema de aire acondicionado, otro paso destinado a proteger el arte.

Hoy también existe la creciente amenaza del cambio climático. En los últimos años, las capitales artísticas que van desde Miami a Los Ángeles han hecho frente a huracanes, inundaciones e incendios forestales, con museos de arte, a menudo, peligrosamente cerca de las líneas del frente.

Piensa en los Países Bajos. El país es conocido desde hace mucho tiempo por sus innovadoras barreras marítimas y su experiencia en la lucha contra las inundaciones. Pero en Rotterdam, donde el 90 por ciento de la ciudad está bajo el nivel del mar, el Museo Boijmans Van Beuningen, que alberga una colección mundialmente famosa de antiguos maestros y arte europeo moderno, ha enfrentado cinco inundaciones en los últimos 14 años, un fenómeno que, sin duda, ha amenazado la colección.

Durante una inundación en 2013, las lluvias torrenciales provocaron un cortocircuito en las bombas de agua en el área de almacenamiento de arte de Boijmans y el agua comenzó a fluir. Sjarel Ex, el director del museo, tuvo que hacer frente a una terrible decisión: el personal de emergencia podía desviar el agua de las salas con la ayuda de las pinturas. Pero esto, probablemente, sacrificaría la colección de libros históricos del museo.

En el último minuto, el personal del museo pudo usar enormes cables de extensión para volver a conectar las bombas y salvaguardar la colección. Ahora, el museo está construyendo un "depósito" de arte sobre el suelo valorado en más de USD 70 millones y diseñado por el estudio de arquitectura holandés MVRDA con el objetivo de almacenar 145.000 obras de museo en un entorno totalmente a pruebas de inundaciones (con la forma de un azucarero gigante reflectante, estará abierto al público).

Para los museos con mayor presupuesto, las medidas especiales de seguridad pueden ayudar a evitar las peores amenazas. El Getty Center en Los Ángeles se encuentra en la cima de una colina en un área de frecuentes terremotos e incendios forestales. Pero con una dotación de casi USD 7.000 millones, ha sido capaz de invertir en tecnologías de protección. Su millonaria instalación cuenta con paredes gruesas de piedra de travertino resistente al fuego, un tanque de agua de más de 3.7 millones de litros y un sistema de tuberías de riego que puede empapar el perímetro si es necesario. También ha desarrollado vitrinas que aíslan obras de arte de la actividad sísmica.

Hoy, el Getty es considerado uno de los lugares más seguros para el arte en Los Ángeles. Cuando un incendio devastador arrasó las laderas circundantes el invierno pasado, los bomberos usaron el Getty como base para monitorear el área.

Otros museos están comenzando a tomar nota. El nuevo Museo de Arte Americano Whitney, que queda cerca del río Hudson y que se finalizó en 2015 con un costo de USD 422 millones, ha sido calificado como uno de los edificios más a prueba de inundaciones de Nueva York.

Sin embargo, la mayoría de los edificios de los museos son anteriores a las innovaciones recientes y, ante los crecientes gastos operativos y la reducción de los presupuestos, pocos están preparados para asignar los escasos recursos para la preparación de desastres. Andrew Wilson, un asesor del museo y ex jefe del programa de protección contra incendios de la Institución Smithsonian, ha observado: "Existe una actitud arrogante en este país que 'un incendio no me va a pasar'".

Al ser testigos de la tragedia de Brasil, puede ser muy fácil concluir que este es un problema de los países pobres. No lo es. Es una advertencia para todos nosotros.

Hasta que no comencemos a abordar las amenazas críticas hechas por el hombre y el medio ambiente a nuestros tesoros nacionales, también nosotros corremos el peligro de ver cómo cientos de años de arte e historia se esfuman.

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