La solución de San Francisco para los drogadictos y "sin techo" que deambulan por sus calles

Por Scott Wilson
Unos peatones caminan por un calle de San Francisco con personas sin hogar durmiendo en las aceras (The Washington Post / Mason Trinca)

San Francisco (California) – Para los que no saben de qué se trata, los plásticos de color anaranjado brillante que se ven en las aceras, en las rejillas de calefacción y en algunos bordillos resultan un poco misteriosas.

Son los tapones de plástico estéril para las agujas hipodérmicas, arrojados por decenas de adictos a la heroína que viven a las afueras de las oficinas de Twitter, las tiendas como Banana Republic y el ayuntamiento. El gobierno local los distribuye gratuitamente para proteger a los drogadictos de las enfermedades.

Al mismo tiempo, la ciudad ha prohibido el uso de otro artículo de plástico: el absorbente o pajita para beber. Los partidarios de esta normativa señalan que evitará que un millón de absorbentes al día puedan ir a parar a la Bahía de San Francisco.

Turistas y residentes caminan frente a personas sin hogar por las calles de San Francisco (The Washington Post / Mason Trinca)

"Las servilletas, las pajitas y las bolsas están disponibles bajo pedido", dice una nota al pie en el menú del Sentinel, una tienda de sándwiches en el próspero distrito financiero de la ciudad. "Pero puedes obtener agujas gratis. Bienvenido a SF".

En los últimos años, las calles de San Francisco, accidentadas, con curvas y cinemáticas, han sido un sombrío escaparate para los enfermos mentales y los desplazados económicamente. Además, han reflejado durante mucho tiempo las prioridades del gobierno de esta excéntrica ciudad.

Pero una nueva alcaldesa ha asumido el cargo. Ella está, al menos por el momento, cambiando el estilo del gobierno liberal por un enfoque más práctico, y quiere que este sea su legado.

"Quiero que la gente camine por esta ciudad y piense: '¡Guau, aquí está muy limpio!', explicó la alcaldesa London Breed durante una entrevista reciente. "Quiero que las personas pasen el rato en el barrio donde viven y que disfruten del clima, quiero que haya personas de todas las razas, que sean capaces de vivir dignamente porque tienen un hogar y pueden llegar a final de mes", añadió.

Simple y enormemente complejo.

Una persona sin hogar durmiendo a pocos metros de la biblioteca pública de San Francisco (The Washington Post / Mason Trinca)

Breed es la primera mujer afroamericana al frente del ayuntamiento de San Francisco tras una ajustada elección que dejó claro cómo la ciudad está cambiando y qué se debe hacer para preservar su carácter.

En los últimos años, esa pregunta se ha centrado en una industria tecnológica en expansión, una bonanza económica que la mayoría de las ciudades simplemente celebrarían. Pero la inversión y el empleo se han producido con el aumento de los costos de la vivienda, la rápida reurbanización del vecindario y el éxodo de residentes durante mucho tiempo, incluidos los de su propia comunidad negra.

Los cambios han hecho a la ciudad, una vez cuna de la contracultura y ahora la meca de la economía dominante, una de las más emocionantes y desconcertantes de la nación.

Es un imán para los jóvenes talentos de la tecnología y un lugar público para la desesperación, un lugar con el porcentaje más bajo de niños de cualquier ciudad estadounidense importante y que puede pasar semanas debatiendo los precios de los permisos para probar robots de entrega en la calle. Gasta más de un cuarto de billón de dólares al año en cuestiones relacionadas con sus 7.500 personas sin hogar, y ocupa el tercer lugar con multimillonarios del mundo.

Lynda Coburn, que ha estado en la calle en los últimos tres años, pide ayuda en una esquina cercana a McKesson Plaza en San Francisco (The Washington Post / Mason Trinca)

Todo esto se puede ver en sus famosas calles.

En enero, la reportera de las Naciones Unidas Leila Farha comparó algunas de las condiciones que ella veía allí con la pobreza de Mumbai. Esto en una ciudad donde el ingreso familiar promedio para compradores de vivienda es ahora de USD 303.000 al año, un máximo histórico.

La nueva alcaldesa de San Francisco, London Breed, en oficina del ayuntamiento (The Washington Post / Mason Trinca)

"Empiezas a preguntarte sobre todos los dólares de impuestos y si se gastan de la manera correcta", señaló Jeffrey Ouyang, un residente que lleva 10 años viviendo en la ciudad y que trabaja para la empresa tecnológica Zumper, un sitio de búsqueda de bienes raíces.

Ouyang, de 33 años, señaló que cree que la pobreza y la falta de vivienda han empeorado progresivamente a pesar de la creciente base impositiva de la ciudad.

"Empiezas a pensar en el impacto y si estamos haciendo lo correcto", agregó al respecto.

Nada de esto es un misterio para Breed, que se crió en los sistemas de educación pública y vivienda de San Francisco. Entre las primeras decisiones de la alcaldesa estaba la de desplegar un equipo de cinco personas de Obras Públicas para que únicamente limpiaran las calles de heces humanas –se denominó "patrulla de caca"- ya que la ciudad había recibido 14.000 avisos de desechos humanos en solo un año.

Jess Donig de Miracle Messages (centro) habla a dos mujers sin hogar en Market Street, en San Francisco (The Washington Post / Mason Trinca)

Este es el problema a corto plazo, mientras que la prohibición de los absorbentes de plástico es una medida que piensa en el futuro. Tal y como ella dijo: "Puedes caminar y masticar chicle al mismo tiempo".

"Hay cosas que importan ahora, y hay cosas que importan para el futuro de nuestro planeta y la próxima generación de personas que crecen en esta ciudad. No podemos pensar solo en lo que tenemos que hacer ahora", añadió.

Incluso esas cosas que tienen que implementarse "ahora" toman tiempo en una ciudad tan cara como esta.

Por ejemplo, Breed dijo que quiere agregar casi 50 empleados de Obras Públicas asignados a mantener limpias las calles. Ella tiene el dinero para hacerlo. Pero la contratación será difícil.

"Algunas de estas cosas, definitivamente, tomarán tiempo y serán difíciles de implementar porque también tenemos una crisis de vivienda, ¿no?", afirmó. "Tenemos gente a la que tenemos que contratar. Pero las personas luchan por vivir aquí con los salarios de esta ciudad, por lo que todo está interconectado", recalcó.

Entre las paradojas actuales del gobierno de Breed y otros líderes cívicos, se encuentra lo que podría denominarse el problema de "dentro y afuera".

Empleados de la ciudad de San Francisco limpiando las calles de la ciudad (The Washington Post / Mason Trinca)

Camina a lo largo de Market Street, una línea que separa al glamoroso San Francisco de algunos de sus vecindarios sureños más sórdidos. Ahora es un tramo que presenta, entre otros nuevos puntos de referencia, las oficinas de Twitter. El edificio, conectado a otro por una pasarela peatonal, incluye un patio accesible desde la calle.

Detrás de un vidrio está SF Fitness. The Market, un exclusivo lugar para comida para llevar, está en el otro lado, y en el medio hay una fogata al aire libre donde los empleados se reúnen para comer sopa de fideos y sándwiches.

Justo afuera de la puerta se encuentra lo que sería un campo de tiro libre de heroín en las aceras de Market Street. Las reveladoras tapas de color naranja son abundantes. Los contenedores metálicos negros, etiquetados como "riesgo biológico", están dispuestos para la eliminación de jeringas.

Detrás de un grupo de camiones de comida –conocidos como food trucks– que servían atún y tacos al pastor, y a la misma hora del almuerzo, media docena de hombres manipulaban pequeñas agujas en sus brazos.

"Nunca antes había visto tanta gente haciendo eso de camino al trabajo", relató Holly, una joven de 27 años que recientemente se mudó a la ciudad desde Los Ángeles. Se negó a dar su apellido por temor a que pudiera tener problemas con sus empleadores. "Sé que soy parte del problema por los altos costos de la vivienda, y no estoy orgullosa de eso. Pero realmente espero que esta ciudad se centre en el consumo de drogas", dijo.

Breed y otros quieren trasladar el consumo de drogas hacia el interior, proporcionando los llamados sitios de inyección segura donde los adictos tendrán privacidad y agujas limpias a la espera de una rehabilitación. La legislatura estatal aprobó recientemente una medida que permita a San Francisco comenzar un programa de prueba de tres años.

La alcaldesa, que visitó recientemente una clínica modelo de inyección segura, anunció que quiere abrir una de esas instalaciones "tan pronto como sea posible", una declaración tácita de resistencia a la política federal de drogas. Ella afirmó que la ciudad primero tendría que determinar cómo proteger a los operadores de las clínicas, que han amenazado con acciones legales.

La ciudad también quiere trasladar a los trabajadores de tecnología al aire libre, al menos durante las comidas. Con una nueva normativa del gobierno local, las nuevas compañías tecnológicas no podrán abrir cafeterías dentro del lugar de trabajo, una medida que tiene la esperanza de distribuir mejor la riqueza desde las oficinas tecnológicas a los restaurantes locales y los food trucks.

Los líderes tecnológicos se oponen a la medida. Pero gran parte de la comunidad empresarial, a menudo vista aquí como un problema mayor más que como un socio, dice que Breed está en el camino correcto.

"Nos sentimos alentados por el progreso que estamos viendo y el plan que está comenzando a tomar forma", apuntó Kevin Carroll, director ejecutivo del Consejo Hotelero de San Francisco. "Como ciudad, solo trabajar para mantener limpias las calles es una gran prioridad, y ahora estamos viendo eso".

No se trata de que solo los empleados de Breed y de la ciudad trabajen en la calle.

En una mañana, Ouyang y Regina Piña, la gerente de la oficina en Zumper, caminaron junto a Jessica Donig por Market Street, pasando por las tiendas Timberland y Zendesk, y deteniéndose ante las personas sin hogar que se encontraban cada pocos metros.

Donig trabaja para la organización sin fines de lucro Miracle Messages, que busca conectar a los desamparados de San Francisco con familiares, algunos de los cuales se han perdido o se han distanciado durante años.

En una parada de autobús frente a una nueva oficina de acero y vidrio y un centro comercial, Donig se agachó para hablar con una mujer que dijo que se llamaba "V". Otra mujer que estaba en silla de ruedas se puso a su lado.

Ouyang le puso galletas Goldfish, una barra de granola, calcetines y gorros de lana, mientras que Donig le preguntaba si tenía algún pariente con el que quería ponerse en contacto. V le dijo que quería hablar con su tía Celine, que tiene la custodia de su hija.

"Ella no ha estado contestando al teléfono cuando le llamo", explicó V.

"Si ella no te está respondiendo, quizás nosotros podamos intentarlo. ¿Hay algo más que deba saber antes de hablar con ella?", dijo Donig.

Después de hacer este trabajo durante un año, Donig declaró: "Lo que veo es que las personas son compasivas, pero no saben qué hacer. Y no quieren mirar a esta gente a los ojos si no hay algún tipo de solución".

Zumper realizó una encuesta hace unos meses. Una de sus conclusiones fue que los empleados querían ser más activos en la comunidad. Por esa razón, la empresa comenzó a dar tiempo libre a los empleados para que se ofrecieran como voluntarios.

Salieron a la calle.

"Esto es algo nuevo para mí: la falta de vivienda, el consumo de drogas, la gente que vive en estaciones de transporte público", contaba Piña, que llegó a la ciudad procedente de Tracy, en el Valle de San Joaquín. "Eso me pone nerviosa, pero los refugios están llenos y no veo muchas otras organizaciones por aquí", subrayó.

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