Los países vecinos de Venezuela se unen para contener el gran flujo de refugiados

Por Matthew Bristow y John Quigley

Gracy (derecha), una migrante venezolana, empaca comida que ha comprado después de hacer un viaje de 14 horas desde su ciudad natal (Mario Tama/Getty Images)
Gracy (derecha), una migrante venezolana, empaca comida que ha comprado después de hacer un viaje de 14 horas desde su ciudad natal (Mario Tama/Getty Images)

La acelerada caída de Venezuela hacia la hambruna masiva se ha convertido en un desastre en todo el continente y los gobiernos de Sudamérica han comenzado a hacer frente a esta situación de manera conjunta.

Con miles de migrantes cruzando la frontera, una salida comparable a la crisis de refugiados en el Mediterráneo, los funcionarios gubernamentales se han reunido en Colombia, Perú y Ecuador para coordinar una respuesta que, hasta ahora, ha sido fortuita. Hay medidas para prevenir epidemias, armonizar los requisitos de identificación y compartir las ayudas.

"La crisis migratoria está situando a Venezuela en un nivel que no hemos visto hasta ahora", comentó Geoff Ramsey, analista de la Oficina de Washington para América Latina, una organización de investigación que trabaja por los derechos humanos. "Ya no es un asunto interno".

En total, 2.3 millones de venezolanos viven fuera del país, y más de 1.6 millones han huído del devastado petroestado desde 2015, según el Alto Comisionado para los Refugiados de las Naciones Unidas. Eso es más o menos igual al flujo de inmigrantes a Europa en el mismo período. La crisis parece empeorar a medida que la producción de petróleo se hunde gracias a la mala gestión, y la hiperinflación desafía los intentos de controlarla.

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro (Reuters)
El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro (Reuters)

Hay otra discusión sobre qué hacer con el presidente venezolano, Nicolás Maduro, un autócrata socialista que ha resistido las protestas, los golpes, los intentos de asesinato y las sanciones de Estados Unidos. Perú y Argentina ya han dicho que se unirán a Chile, Colombia y Paraguay para acusar a Maduro de crímenes contra la humanidad en la Corte Internacional de La Haya. Los líderes han pedido elecciones y la restauración de la Asamblea Nacional anulada en Venezuela, pero la sugerencia de intervención militar del presidente estadounidense Donald Trump tiene pocos apoyos. En cambio, los países vecinos están lidiando con la carga que Maduro les ha dado.

En Boa Vista (Brasil), la capital del empobrecido estado de Roraima, la situación es desesperante. Dom Mario Antonio da Silva, el obispo católico del estado, afirmó que unos 25.000 refugiados han llegado a la ciudad, y unos 4.000 duermen en las calles. La Iglesia está ofreciendo cestas de comida, sirviendo desayuno a unas 1.200 personas y enseñando portugués a inmigrantes.

"Lo que necesitamos son políticas de inmigración efectivas", apuntó da Silva. "Por el momento, no tenemos políticas migratorias. Lo que Brasil está haciendo en este momento son solo los primeros auxilios, medidas de emergencia".

Recientemente, funcionarios de Colombia, Perú, Ecuador y Brasil se reunieron en Bogotá para discutir estrategias conjuntas sobre atención médica, educación y empleo para migrantes. Después, se realizaron más reuniones en Lima con el objetivo de formular una solicitud a organizaciones como la ONU y la Cruz Roja para intensificar el apoyo financiero y logístico, según dio a conocer Enrique Bustamante, jefe de política de la agencia de inmigración peruana.

Nikki Haley, enviada especial de Estados Unidos ante la ONU (AP)
Nikki Haley, enviada especial de Estados Unidos ante la ONU (AP)

"El número de migrantes venezolanos en la región no tiene precedentes. Nunca ha habido un flujo migratorio como este en tan poco tiempo", agregó.

Ministros de hasta 14 países y 10 organizaciones internacionales también tiene previsto reunirse en Quito (Ecuador) para analizar la crisis de manera más amplia.

"La región no parece estar preparada. Se está convirtiendo en una crisis humanitaria mucho mayor", advirtió Ian Vasquez, director del Instituto Cato para la Libertad Global y Prosperidad en Washington.

Los costos de una respuesta efectiva son desconocidos. Hasta ahora, Estados Unidos ha gastado más de USD 65 millones en desarrollo y asistencia humanitaria. Nikki Haley, la enviada de Estados Unidos ante la ONU, visitó la frontera de Colombia con Venezuela y dijo que la carga en los países vecinos obligaba a Estados Unidos a actuar.

"Cuando una región condena a uno de los suyos, la comunidad internacional escucha", apostilló.

Estados Unidos enviará un buque hospital de la Armada a aguas colombianas y China enviará un buque similar a Venezuela.

El Alto Comisionado de las Naciones Unidas está a mitad de camino para financiar una misión de USD 46.1 millones en la que está trabajando con los gobiernos para mejorar los sistemas de asilo y gestión de refugiados y satisfacer las necesidades básicas. Olga Sarrado, vocera en asuntos venezolanos, enfatizó la necesidad de que los países donantes provean el resto del dinero de inmediato. En esa línea, indicó que las organizaciones humanitarias y los gobiernos están siendo inundados por las casi 5.000 personas que salen a diario.

"Todavía están respondiendo, no están abrumados, pero están llegando a un punto de saturación", recalcó.

Colombia, que comparte una frontera de 2.250 kilómetros con Venezuela, se ha llevado la peor parte, con casi un millón de inmigrantes que ahora están en el país, según las autoridades. Pero el país ya tiene sus problemas, como por ejemplo, una de las tasas de desempleo más altas de la región. Ha endurecido la normativa de visado y ha desplegado tropas para patrullar por los cruces fronterizos informales.

En un restaurante de Bogotá llamado Caraota (dialecto venezolano para denominar a los frijoles), el propietario Jorge Lara tiene una pila de hojas de vida de inmigrantes venezolanos. Recibe dos o tres al día.

"No les importa qué tipo de trabajo sea", decía el hombre desde su restaurante, que vende productos básicos venezolanos, como las populares arepas. "Simplemente buscan establecerse, y obtener algún ingreso lo más pronto posible", agregó.

Muchos venezolanos continúan hacia el sur por tierra. Pero Perú y Ecuador prohibieron la entrada a los inmigrantes sin pasaporte. Ecuador suspendió la medida después de la orden de un juez, pero el gobierno introdujo el requisito de más documentación. Perú anunció que aceptaría niños y mujeres embarazadas sin pasaporte y a aquellos que soliciten el estatuto de refugiado.

El presidente de Brasil, Michel Temer, aseguró que el deterioro de la situación está aumentando las tensiones no solo a lo largo de la remota frontera norte, sino en toda la región. Una afluencia de hasta 800 venezolanos al día supone un gran esfuerzo para vacunar a los recién llegados contra el sarampión y otras enfermedades. Hace poco, los soldados fueron enviados a ayudar con patrullas y ayuda humanitaria. El país está considerando restringir el paso fronterizo entregando boletos numerados o cupones.

"Nuestra política y la de los acuerdos internacionales es ofrecer refugio, pero lo ideal para nosotros es que reciban nuestra ayuda humanitaria allí y puedan permanecer en el lugar", apuntó Temer.

El gobierno ha tratado de aliviar la presión sobre las ciudades fronterizas mediante la reubicación de algunos venezolanos. En televisión se pudieron ver imágenes de aviones que despegaban de Boa Vista llevando a los refugiados venezolanos hacia el sur. Cada uno tenía que tener un permiso de trabajo.

Maduro, por su parte, hizo una acción de relaciones públicas en toda regla. Un día antes de que Perú declarara el estado de emergencia, 89 venezolanos fueron trasladados desde Lima. El grupo repatriado supuestamente se había puesto en contacto con la Embajada de Venezuela después de un trato xenófobo e inhumano. Entre lágrimas, llegaron a Caracas para recibir aplausos y abrazos. El espectáculo fue difundido a través de la televisión estatal.

"A todos los que quieran regresar de la esclavitud económica, la persecución y el odio, dejen de fregar baños en otros países y regresen a casa", manifestó Maduro desde el palacio presidencial.

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