Se necesitaron más de 10 años para construir esa mesa y su costo era estratosférico (Cortesía: Robilant y Voena)
Se necesitaron más de 10 años para construir esa mesa y su costo era estratosférico (Cortesía: Robilant y Voena)

En 1568, Francisco I de Medici, heredero del Gran Ducado de Toscana, encargó una mesa diseñada por el artista, arquitecto y escritor, Giorgio Vasari.

En ese momento, Vasari era uno de los artistas más famosos de Florencia. La familia Medici ya le había encargados proyectos que van desde murales en el Palazzo Vecchio hasta el diseño de los primeros edificios de los Uffizi.

La mesa se hizo con una técnica de incrustación llamada pietre dure ("piedra dura"), que consta de un diseño hecho a partir de cientos de piedras finamente cortadas y muy valiosas, como jaspe y lapislázuli, colocadas encima de una pieza de mármol blanco.

Se necesitaron más de 10 años para construir esa mesa y su costo era estratosférico. "Poniéndolo en términos de su riqueza comparativa, podría comprar una pintura de Tiziano, el mejor maestro de su época, por mucho, mucho menos", comentaba Benedict Tomlinson, un comerciante de arte de Londres. "En su momento, fue un trabajo muy costoso".

la mesa logró permanecer en la familia Medici durante más de un siglo, primero en el palacio florentino Casino di San Marco, y luego en el Palacio Pitti (Cortesía: Robilant y Voena)
la mesa logró permanecer en la familia Medici durante más de un siglo, primero en el palacio florentino Casino di San Marco, y luego en el Palacio Pitti (Cortesía: Robilant y Voena)

Sigue siéndolo. Tomlinson es director de Robilant y Voena, una galería que exhibió la mesa en la feria de arte Masterpiece London. La mesa tiene un precio inicial de unos USD 11.6 millones y su base, ahora, es mucho más nueva.

"El precio tiene dos partes. Primero, es su historia", relata Tomlinson.

Por eso, él se refiere a la extensión casi intacta de la propiedad real de la mesa.

Gracias a la tendencia perdurable (y finalmente devastadora) de los monarcas europeos a casarse con sus primos, la mesa logró permanecer en la familia Medici durante más de un siglo, primero en el palacio florentino Casino di San Marco, y luego en el Palacio Pitti.

La mesa mide más de 1.5 metros de largo y un metro de ancho, y está cubierto de piezas gigantes de ágata, jaspe, lapislázuli y otras piedras (Cortesía: Robilant y Voena)
La mesa mide más de 1.5 metros de largo y un metro de ancho, y está cubierto de piezas gigantes de ágata, jaspe, lapislázuli y otras piedras (Cortesía: Robilant y Voena)

Después de la desaparición de los Medici (Anna Maria Luisi de Medici, que murió en 1743, fue la última heredera directa), el ducado de Toscana fue entregado al Sacro Emperador Francisco I, esposo de la emperatriz austriaca, María Teresa. Su familia, luego pasó la mesa por la herencia de tres generaciones más. Antes de 1800, se había movido al Palazzo Vecchio (no es poca cosa, dado que solo el tablero de la mesa pesa más de media tonelada). Después de eso, pasó también por la casa de Bourbon-Parma.

La mesa finalmente se trasladó al Palacio Pitti y, después de un breve período en manos de la hermana de Napoleón Bonaparte, Elisa, a quién había nombrado Gran Duquesa de Toscana (se vio obligada a abdicar cuando Napoleón cayó del poder) – la mesa regresó a la casa de Habsburg-Lorraine, donde permaneció durante 40 años, hasta que fue transferida al Opificio delle Pietre Dure de Florencia, el taller oficial de piedra dura.

Posteriormente fue vendido en 1870 por el estado italiano a un marchante de arte británico llamado William Spence, que la vendió a Hugh Lupus Grosvenor, que se convertiría en el primer duque de Westminster. La mesa fue debidamente enviada desde Italia a Grosvenor House, la enorme casa de la familia en el Mayfair de Londres, y se quedó allí durante 70 años. En 1953, la familia puso la mesa en una subasta, en la que pasó a manos privadas, no de la realeza.

Tomlinson reconoce que USD 11.6 millones es todavía una gran cantidad de dinero para gastar en un mueble (Cortesía: Robilant y Voena)
Tomlinson reconoce que USD 11.6 millones es todavía una gran cantidad de dinero para gastar en un mueble (Cortesía: Robilant y Voena)

"Tienes estos 400 años de procedencia extraordinaria, que es muy difícil de encontrar", justificaba Tomlinson. "Y luego combinas eso con Vasari, y es simplemente extraordinario".

Sin embargo, no solo se trata de quién era el dueño de la mesa. Ahí está el objeto en sí. Mide más de 1.5 metros de largo y un metro de ancho, y está cubierto de piezas gigantes de ágata, jaspe, lapislázuli y otras piedras. "Las piedras más translúcidas tienen una hoja de plata debajo, por lo que brillan. Tuve un experto que vino aquí y me dijo: 'Estás iluminando todo mal, deberían encenderlo a la luz de las velas'", relata.

Entonces, la mesa es rara, bella, grande e históricamente importante, pero Tomlinson reconoce que USD 11.6 millones es todavía una gran cantidad de dinero para gastar en un mueble.

"El punto es que parece una cantidad extraordinaria de dinero para un objeto o una mesa de diseño", dice.

Pero, continúa Tomlinson, "si comienzas a pensar en ello como una obra de arte, en lugar de una pieza de arte decorativo, la etiqueta del precio, de repente, se vuelve menos intimidante".

"Para una obra de arte, es comparativamente barato. Lo cuál es ridículo decir: sigue siendo una cantidad extraordinaria de dinero, pero -porque el mercado del arte ha llegado a un momento extraño en la historia donde no hay límites para los precios- comparativamente hablando, es una buena relación calidad-precio".

Tomlinson sugiere que los compradores comparen la mesa de 400 años con el precio de una pintura de Christopher Wool, un artista contemporáneo cuyas "pinturas con palabras" más caras se han vendido por más de USD 20 millones en una subasta. "En realidad es algo hermoso. No solo estás comprando un concepto".

El hombre sostiene que ya ha habido cierto interés por parte de los museos, pero que la mesa podría atraer a cualquier persona con medios y buen ojo para las cosas buenas.

También es, agrega, muy duradero. "Podrías poner algo encima de eso con total seguridad. No puedes hacer mella en él, aún así podrías ponerle un busto o algo parecido", cuenta.

"Supongo que cuando miras una mesa, es difícil que no tenga un uso funcional", apunta.