(NA)
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Tras trabajar durante tres décadas como médico de urgencias, Bob Uslander nunca antes había escrito una receta para administrar una dosis letal. Pero luego pasó a los centros de cuidado geriátrico y paliativo, y en 2016, una paciente que padecía la enfermedad neurodegenerativa ALS quería utilizar la nueva ley de muerte asistida por médicos de California.

Uslander era aprensivo. Hasta entonces, siempre había visto la muerte como un fracaso.

"Realmente no sabía cómo sería estar con alguien que había tomado la decisión de morir y se iba a tomar ese medicamento", recordó. "No sabía si simplemente se quedarían dormidos o si estarían jadeando o luchando hasta el final", agregó.

Su paciente, una masajista de 67 años que padecía lo que comúnmente se conoce como Lou Gehrig, también estaba preocupada, pero por una razón completamente diferente. Su salud estaba disminuyendo rápidamente. Respirar y tragar era, cada vez, más difícil y ya no podía caminar. Uslander recuerda que estaba aterrorizado por todo lo que pasaría antes de que todo llegara a su fin.

(IStock)
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Entonces, él escribió la receta médica, y cuando la enferma estaba preparada para usarla, se sentó a su lado para verla morir. "Fue algo pacífico", confiesa. "Desde entonces, cada experiencia que he tenido con la asistencia a la muerte ha sido similar. Hay una sensación de alivio, hay una sensación de liberación", agrega.

Aunque la muerte por asistencia médica ha ganado terreno en este país, con seis estados y el Distrito de Columbia legalizando la práctica, sigue siendo un tema de división de opiniones entre los proveedores de atención médica. La Asociación Médica Estadounidense (AMA por sus siglas en inglés), el grupo de médicos más prominente de la nación, ha mantenido la misma orientación durante el último cuarto de siglo: "El suicidio asistido por un médico es fundamentalmente incompatible con el papel del médico como sanador, sería difícil o imposible de controlar y plantearía serios riesgos sociales".

Sin embargo, próximamente en Chicago, la Cámara de Delegados de la AMA debatirá y votará si el código de Ética Médica de la asociación debe ser revisado.

"El mero hecho de que lo estén considerando de nuevo deja claro que estamos en un clima cambiante", comenta Art Caplan, profesor de bioética y jefe de la división de ética médica en la Facultad de Medicina de la Universidad de Nueva York. "La realidad es que hay muchos más médicos en la AMA, pero también fuera de la AMA, que han cambiado de opinión sobre esto", remarca. Y, según pronostica, las opiniones "continuarán evolucionando".

El Consejo de Asuntos Éticos y Judiciales de la AMA pasó dos años revisando resoluciones, no tanto sobre si apoyar la práctica sino sobre si debían adoptar una postura neutral. El consejo está recomendando que el Código de Ética Médica "no se modifique" y continue refiriéndose al "suicidio asistido por un médico", alegando que el lenguaje todavía "describe la práctica con la mayor precisión". Los delegados podrían aceptar la recomendación o enviarla de vuelta para una revisión posterior.

No está claro en qué dirección va a ir la votación, pero en un foro abierto en el sitio web de la AMA, los médicos, los delegados y otros expertos mostraron un fuerte apoyo al status quo. Esa posición está cada vez más en desacuerdo con la opinión pública, y las encuestas muestran que muchos estadounidenses creen que se debe permitir que los médicos ayuden a los pacientes con enfermedades terminales a poner fin a sus vidas.

La AMA se negó a hacer comentarios antes de la reunión.

Por un lado, los médicos argumentan que la muerte asistida por un médico debería ser una opción para los pacientes que ya están muriendo y quieren terminar con su sufrimiento. Aquellos en el lado opuesto sostienen que tal asistencia viola uno de los principios básicos de su profesión, no hacer daño, y podría convertirse en una pendiente resbaladiza a la eutanasia. Incluso hay desacuerdo sobre cómo caracterizar la práctica. Los opositores dicen que términos como "ayuda para morir" son eufemismos que oscurecen la dura realidad, mientras que los defensores consideran que el "suicidio asistido por un médico" estigmatiza a los pacientes que lo eligen.

"Esto no es solo un problema médico", apuntó el cardiólogo Thomas Sullivan, un delegado de la AMA en Massachusetts que está de acuerdo con la recomendación de no cambiar. "Este es un problema social. Este es un problema moral. Esto es algo que mucha, mucha gente enfrenta de vez en cuando, cuando sus propios padres o sus propios hijos o su hermano o hermana o usted mismo se enfrenta a una enfermedad terminal", subrayó.

La neuróloga Lynn Parry, una delegada de Colorado, manifestó que votará para rechazar la postura del consejo de ética y pedirá que dedique más tiempo "a ver qué protecciones hay para los médicos, y particularmente para los pacientes" para que la AMA enmiende su orientación.

"La forma en que vemos el universo está realmente guiada por nuestro sistema de creencias personal y, en gran parte, por nuestras filosofías y creencias religiosas, y así es como debería ser", insistió.

Ella está entre los que están de acuerdo en permitir la muerte asistida por un médico. Oregon lideró el cambio con una votación en 1994, seguida por Washington en 2008 y luego, en Vermont, California, Colorado, DC y Hawai. Un caso judicial estableció la legalidad de la muerte asistida en Montana (la ley de 2015 de California fue revocada por un juez el mes pasado, una decisión que aún se está apelando).

La práctica llamó la atención nacional en otoño de 2014 después de que una mujer llamada Brittany Maynard con una enfermedad terminal se mudara de su casa de California a Portland para poder beneficiarse de la Ley de Muerte con Dignidad de Oregon. La mujer de 29 años había sido diagnosticada con un tumor cerebral en etapa 4, un gioblastoma, el mismo cáncer que combate el senador John McCain, republicano por Arizona. Le dijeron que esa condición la mataría en seis meses. Ella, en cambio, estableció su propia línea de tiempo, y, en noviembre, tomó una dosis fatal de barbitúricos.

Medio año después, una encuesta de Gallup reveló que casi siete de cada diez estadounidenses señalaron que los médicos deberían poder ayudar a los pacientes con enfermedades terminales a poner fin a sus vidas, un aumento notable con respecto a 2014.

David Grube, un médico de familia jubilado de Oregon y director médico de Compassion & Choices, califica la política actual de la AMA de "anticuada".

"'No hacer daño' lleva mucho daño a la medicina, con personas que respiran con máquinas durante meses y todo ese tipo de cosas", dice. Considera que el "enemigo" es el sufrimiento terminal, especialmente en los casos en los que los médicos no pueden aliviar el dolor de los pacientes. Desde que su estado aprobó la ley, Grube apunta que "no han muerto más personas, pero menos personas han sufrido".

Los doctores aún están debatiendo esa postura.

"Simplemente no creo que en la profesión médica, que en esencia se trata de proteger la calidad y la cantidad de vida, debamos convertirnos en el agente que entrega una receta para que puedan elegir la hora exacta y el momento de su muerte", declara M. Zuhdi Jasser, un médico de atención primaria que se desempeña como delegado de AMA en Arizona.

Jesser, que presentó la resolución para mantener el término de muerte asistida por un médico, dijo que planea votar para que la asociación se mantenga firme.

"La gran pregunta con la que creo que los médicos se van a enfrentar en los próximos 5, 10 o 15 años a medida que más estados lo legalicen es: ¿Nuestras líneas éticas y principios básicos van a estar determinados por cambios culturales y por el voto popular o el populismo? ¿o van a ser cosas a las que nos adheriremos y nos aferraremos sin importar los vientos cambiantes de las preocupaciones de los populistas?", apostilló.