(Getty Images)
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Los antojos de comida, a veces, confunden a uno. Algunas personas piensan que los antojos significan que tu cuerpo necesita nutrientes que se encuentran en aquellos alimentos en los que te obsesionas ("Tengo antojo de chocolate. Tengo que estar bajo en… zinc"). Otras personas ven los antojos como un signo de debilidad y tratan de enfrentarse a ellos o, simplemente, levantar las manos y declararse impotentes. Aunque los antojos se pueden basar en una necesidad nutricional, la mayoría provienen de otros factores. Entonces, ¿debes complacer los antojos o ignorarlos? La respuesta depende de lo que tu antojo realmente te esté diciendo.

Antojos contra impulsos.

Algunos antojos se describirían mejor como un impulso. Un verdadero antojo es más lento, como cuando tienes necesidad por una comida especial, y que no has disfrutado por un tiempo… entonces tu cuerpo arderá hasta que satisfagas ese deseo. Un impulso es más como cuando salta una gota de aceite de la sartén: se enciende repentinamente y se consumirá por sí mismo si lo permites.

Desafortunadamente, nuestros cerebros parecen estar más conectados para responder a los impulsos que para pensar más allá de ellos. Una técnica para lidiar con los antojos de tipo impulsivo es "sortear el impulso". Para hacer esto, imagina tu deseo como una ola oceánica. Míralo a medida que se desarrolla gradualmente, haciéndose más y más fuerte hasta que alcanza su punto máximo y luego se disipa gradualmente. En lugar de negar el impulso, navega de forma activa sobre él. Tener la experiencia de ver cómo se desvanece el impulso puede facilitar el manejo de este tipo de antojos la próxima vez que surjan.

Si, por ejemplo, tienes el deseo de comer una galleta y no desaparece, intenta comer la mejor galleta que puedas encontrar. Siéntate y soboréala. Lo que no funciona es perseguir el anhelo con alimentos que consideras más "aceptables". Si lo que realmente quieres es una galleta, ninguna de las manzanas o las tortas de arroz con canela que hay en el mundo te satisfarán.

Señales ambientales.

¿Te apetecen pop corn en el momento que entras en una sala de cine? ¿Tomar un refrigerio cada vez que estás frente al televisor? ¿Tienes ganas de una galleta todos los días a las 3pm? Si asocias ciertos momentos, lugares o actividades con un alimento en particular, lo que probablemente comenzó como un antojo se transformó en una alimentación sin sentido y luego en un hábito puro.

Para desenredarse de esta respuesta Pavloviana a la comida, practica lo siguiente cada vez que tengas ganas de comer: "¿Tengo hambre?". Si la respuesta en no, entonces pregúntante: "¿Por qué quiero comer esto?" Si tu respuesta es algo como "porque está allí" o "como es lo que siempre hago", considera experimentar con no tener comida para ver cómo te sientes.

Necesidades emocionales y psicológicas

¿Te apetece helado o pasta cuando te sientes estresado, triste, enojado o solitario? Un estudio de 2014, en coautoría con el psicólogo Traci Mann, autor de Secrets From the Eating Lab, descubrió que comer ese tipo de alimentos no mejora el estado de ánimo de una manera más rápida que si no comemos nada en absoluto. Los antojos también pueden afectar al cuerpo cuando estamos aburridos u ocupados y sentimos la necesidad de estimulación o placer. Además, comer emocionalmente no te ayuda a llegar al corazón de lo que te está molestando.

Adicción a los alimentos.

Los tipos de alimentos que tienden a desencadenar los antojos (los alimentos que contienen azúcar, sal y grasa añadida) a menudo se etiquetan como "adictivos". Se ha demostrado que el azúcar enciende el centro de recompensa en el cerebro, pero se supone que la comida es gratificante. Dejando a un lado la adicción, es más probable que anhelemos lo que no podemos tener. Si niegas categóricamente el chocolate, probablemente te apetezca el chocolate. Si te gusta cierta comida, encuentra una forma equilibrada de incluirla en tu vida.

Antojos contra el hambre.

Puede ser difícil distinguir los antojos del verdadero hambre, especialmente si no están en contacto con las señales internas de tu cuerpo. Los antojos tienden a ser más específicos que el hambre, por lo que si sientes que necesitas comer pero no tienes un alimento en particular, es probable que tengas hambre. Si estás enfocado en un solo alimento, es probable que sea un antojo. Tener mucha hambre es igual a tener los antojos más difíciles de resistir, lo cual es una buena razón para evitar tener demasiado hambre.

Para comprender lo que realmente anhelas, intenta mantener un "diario de antojos". En lugar de una galleta todas las tardes, es posible que realmente necesites un descanso de tu mesa de trabajo. ¿Esa película con pop corns? Podrías estar operando en piloto automático. En lugar de helado, es posible que necesites un abrazo o un oído amistoso para escuchar tus problemas.

En lugar de ser un esclavo de tus antojos, escúchalos y sé curioso. Pueden estar brindándote información valiosa, y tal vez ni siquiera se trate de comida.