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Nueva York – Cuando Victoria Beckham lanzó su colección hace diez años, sus prendas acapararon la atención de los medios. Recibió el reconocimiento del sector pero también tuvo que superar la creencia, dentro y fuera de la industria de la moda, de que era una simple aficionada: una celebridad que incursionaba en el negocio del diseño por el impulso del ego.

En el transcurso de este tiempo, ella ha demostrado, y con creces, su consolidación en este sector.

Su colección ha evolucionado hasta llegar a unos diseños que se adaptan a la figura con costuras favorecedoras, una estética de múltiples capas centrada en la sastrería moderna, la facilidad de la satisfacción y la fuerza. En un paisaje hambriento de diseñadores que aspiran a vestir a las mujeres para su vida cotidiana, Beckham se ha convertido en alguien necesaria y bienvenida. Su ropa está firmemente arraigada en la realidad, pero no se destaca por la sobriedad y el aburrido sentido práctico.

Beckham presentó su colección de otoño de 2018 en el salón de una majestuosa mansión en el Upper East Side de Nueva York. Para conmemorar el décimo aniversario, Beckham optó por un espectáculo más pequeño de lo habitual, algo que permitió al público tener una visión más cercana de su trabajo, sus detalles y su diseño. Era lo contrario de lo que hacen la mayoría de los diseñadores en una ocasión similar. Lo normal es ir a lo grande, más grande de lo habitual, con un show largo y con una primera fila llena de celebridades. Pero todo ese alboroto desvía la atención del trabajo que se muestra. Beckham quiso poner la lupa en su ropa.

Ella mostró 25 looks. Su mensaje fue breve y claro. Un espectáculo de esas características suele tener el doble de modelos en la pasarela. En comparación, Christian Siriano, que también estaba celebrando diez años en el negocio, montó un desfile en el Masonic Hall del Grand Lodge of the Free & Accepted Masons, con 72 diseños diferentes, incluyendo múltiples versiones de bata de felpa.

En la primera fila estaba Laverne Cox, Meg Ryan y Whoopi Goldberg. Al final aparecieron espectaculares vestidos de baile. Todo perfecto para una fotografía para Instagram. El show duró casi 30 minutos.

La presentación de Beckham apenas duró 15 minutos. Ella centró su colección en las mujeres multitasking y que tienen poco tiempo. Su esposo, la estrella del fútbol David Beckham, estaba ahí. Pero sobre todo, ese fue un show que se basó en la artesanía.

La paleta de colores de Beckham estaba apagada, en su mayoría eran tonos marrones, verde oliva y medianoche. Las chaquetas eran demasiado grandes; los vestidos caían hasta la mitad de la pantorrilla. Había cinturones anchos que resaltaban la cintura, suéteres holgados, zapatos planos y un abrigo especialmente elegante de leopardo.

Un análisis rápido del calendario de espectáculos de esta ciudad revela la escasez de diseñadores destinados a vestir a las mujeres profesionales que desean y pueden gastar unos pocos dólares en su ropa. La mayoría de los diseñadores parecen tener la intención de vestir a hipsters y millennials, influencers de Instagram y otras celebridades. Y de aquellos diseñadores que se mueven a contracorriente, la mayoría son hombres.

Después de varios años, aquella mujer que fue percibida como una intrusa o, peor aún, como una aspirante, no solo ha demostrado ser más que capaz de defenderse. Ella está liderando el campo.