(Getty Images)
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En 2016, la actriz Olivia Munn reveló en un podcast que había congelado sus óvulos. Ella tenía 35 años en ese momento. "Todas las chicas deberían hacerlo", dijo confiada. "Por un lado, ya no tienes que competir con el reloj. No tienes que preocuparte por eso, ni por tu trabajo ni por cualquier otra cosa. Está ahí".

Cuando algunas celebridades, representantes de clínicas de fertilidad y otros defensores hablan sobre la congelación de óvulos, a menudo muestran esta opción como algo seguro. Entras, pones tus óvulos en hielo y luego vuelves unos años más tarde. Un médico los fertiliza, coloca los embriones dentro de ti y meses después aparece el bebé.

Si solo fuera así de fácil.

Cuando se trata de reproducción humana, la madre naturaleza es muy ineficiente. De promedio, una mujer nace con alrededor 2 millones de óvulos, pero solo algunos de ellos tendrán alguna posibilidad de convertirse en niños. Del mismo modo, cuando congelas un lote de óvulos, no hay garantía de que alguno de ellos sigan los próximos pasos. Un óvulo congelado no necesariamente equivale a un niño.

Esa simple verdad lleva a una pregunta complicada: ¿Cuántos óvulos debes congelar para tener una oportunidad decente de tener un bebé en el futuro?

En muchas clínicas, a las mujeres se les aconsejaba que trataran de congelar entre 10 y 20 óvulos, sin importar su edad o situación. Pero eso nunca tuvo mucho sentido dado que los óvulos disminuyen en calidad y cantidad a medida que una mujer envejece.

A medida que la industria madura y los datos se construyen sobre los éxitos y los fracasos, algunos proveedores recomiendan un enfoque más individualizado, incluida la evaluación de lo que una mujer puede y está dispuesta a gastar. Para algunas mujeres, una probabilidad del 50 por ciento de USD 12,000 puede valer la pena. Para otros, el 50 por ciento no es suficiente.

"El diablo está en los detalles", dice Joshua Klein, director médico de Extend Fertility, una clínica con sede en la ciudad de Nueva York que se especializa en la congelación de óvulos. "Siempre me ha molestado y aún me molesta, que las mujeres que vienen a mí en busca de una segunda opinión no tengan claridad sobre cuántos óvulos representan una cifra razonable".

"Diez óvulos de alguien que tiene 30 años es muy diferente a los de alguien de 40 años", explica.

Janis Heidi Fox, obstetra y ginecóloga del Hospital Brigham de Boston, y Randi Goldman, miembro clínico de la Facultad de Medicina de Harvard, están entre los primeros en tratar de asignar algunas probabilidades a este proceso en función de la edad de la mujer y la cantidad de óvulos recuperados.

Este modelo puede ser un punto de partida para la investigación sobre la congelación de óvulos, pero los médicos que trabajan con pacientes también deben mirar las hormonas y las imágenes de ultrasonido que pueden proporcionar más información sobre el suministro de óvulos de una mujer y si sus ovarios funcionan correctamente.

Su estudio, publicado en abril de 2017 en Human Reproduction, utiliza un modelo matemático basado en datos de mujeres que se sometieron a la fertilización in vitro (debido a los problemas de fertilidad de sus parejas masculinas) sin congelar sus óvulos. Los investigadores dijeron en una entrevista que las mujeres del estudio eran jóvenes y sanas, de entre 20 y 30 años, similar a la población que retrasa la maternidad por razones de carrera o relación.

Fox dijo que la idea del estudio provino de su trabajo con pacientes.

De acuerdo con su análisis, una mujer de 35 años con 10 óvulos tiene un 69 por ciento de posibilidades de tener un bebé. A los 37 años, tiene una probabilidad del 50-50. Y a los 39 años, tiene un mero 39 por ciento de posibilidades.

Usar óvulos congelados es un proceso de varios pasos, con muchos óvulos o embriones perdidos en el camino. Primero, deben descongelarse, luego se fertilizan con esperma. Luego se dejan en una placa de Petri para crecer en lo que se llama blastocistos. Una proporción de esos blastocistos puede resultar anormal y algunos de los embriones tienen anomalías genéticas. Luego, los embriones aparentemente sanos se transfieren al cuerpo de una mujer. Algunos se adhieren a la pared del útero, y otros no. Si lo hacen, el aborto sigue siendo un riesgo.