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Los grandes estudios de cine ofrecieron escasos lanzamientos para el fin de semana del Día del Trabajo en Estados Unidos, un final muy triste para un verano lleno de fracasos en la taquilla. El número de entradas de cine vendidas esta temporada es probable que alcance el mínimo registrado hace 25 años.

Para Hollywood, la crisis estacional está llegando en un momento particularmente malo. Gigantes de la tecnología como Netflix, Apple, Amazon y Google están comprometiendo miles de millones de dólares en el negocio de hacer películas y programas, y todas esas empresas quieren que el público vea sus productos desde la comodidad de sus sofás.

"Ha sido una mala temporada para las películas de verano", comentó Ross Gerber, presidente de Gerber Kawasaki, una firma de administración de inversiones con sede en Santa Mónica (California). "Pero hay algo más grande aquí", dice Gerber, al igual que otros, que señalan un malestar más amplio que afecta todo el ecosistema de entretenimiento heredado. Gracias a una confluencia de circunstancias, como la invasión de servicios de streaming o el éxito de las redes sociales, el público ahora tiene más razones para quedarse en casa. Ir al cine ahora no es lo que solía ser.

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Los analistas ofrecen una serie de razones por las que las películas se presentaron tan mal este verano. El contenido de The Emoji Movie, Ingrid Goest West y Birth of the Dragon fueron duramente criticadas.

En comparación, el contenido de la televisión fue particularmente más convincente. HBO registró récords de Game of Thrones en los meses de julio y agosto. Recientemente la pelea entre Floyd Mayweather y Conor McGregor acaparó toda la atención del público para ver este espectáculo en casa. Este tipo de éxitos solo pueden envalentonar a Silicon Valley a hacer movimientos más agresivos en el negocio del entretenimiento. Está claro que los programas y las series pueden llegar a ser tan poderosos como lo es una película de superhéroes.

"La gente tiene un montón de cosas para ver. Lo que ven fuera del cine tiene que ser mucho más convincente para ellos", afirma Patrick Corcoran, portavoz de la Asociación Nacional de Propietarios de Salas de Cine.

Los ejecutivos de los estudios de cine esperan que el público regrese al cine durante el otoño y el invierno ya que las franquicias como Stars Wars o Blade Runner estarán de nuevo en la gran pantalla. Para algunos expertos de la industria, esto solo se debe a algo estacional o a una simple mala suerte y no hablan de una crisis industrial completa.

Los últimos datos de la industria parece que apoyan esta decisión. Hace solo unos meses, los ejecutivos estaban hablando de un trimestre récord gracias a películas como La Bella y la Bestia, que generó unos USD 500 millones en el país.

El año pasado, las salas de cine recibieron más dinero que nunca, según algunas estadísticas.

"Las acciones están (actualmente) siendo destruidas porque los inversores han llegado a la conclusión de que si nadie va a ver películas, nunca lo van a hacer", remarca Michael Pachter, analista de Wedbush Securities, un banco de inversión.

Pese a todo, pocos niegan que el negocio de las películas se está enfrentando a un desafío marcado por los gigantes tecnológicos que pretenden revolucionar la forma en que se distribuyen las películas.

Por ejemplo, Netflix ha presionado para lograr la liberación de más películas en su plataforma, lo que podría afectar los ingresos en la taquilla y en la ventana en la que los cines muestran exclusivamente los nuevos contenidos. Empresas como Apple y Amazon, por su parte, están abriendo camino en el mundo del entretenimiento haciendo sus propias películas originales y sus programas de televisión.

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Para anticiparse a esa presión, los estudios y los propietarios de salas de cine están convirtiendo esos lugares en una experiencia mucho más personalizada, tratando de ofrecer aquello que los consumidores no pueden obtener en casa, al menos sin grandes gastos.

Cadenas de cines de todo el país están sacando los viejos asientos y los están cambiando por otros de lujo, tapizados y reclinables. En cierto modo, es como repetir las comodidades de la sala de estar pero mucho mejor. Algunas están comenzando a ofrecer alcohol o unos sistemas de audio premium, con un sonido envolvente en el propio asiento. A final de este año, el 40 por ciento de las salas con pantalla grande ofrecerán asientos de alta gama, según avanzó James Goss, analista de Barrington Research.