(Archivo)
(Archivo)

Charles Darwin, al reflexionar sobre la evolución de la emoción, señaló las similitudes en la boca en los seres vivos. "En muchos tipos de animales, incluido el hombre, los órganos vocales son los más eficaces como medio de expresión", dijo el científico en 1872. Él se dio cuenta de que los cerdos gruñían mientras comían y que gritaban si alguien los aterrorizaba. Darwin teorizó que los sonidos emocionales podían remontarse a un rasgo animal en común.

Ahora los investigadores están analizando la idea que Darwin planteó hace más de 100 años. Han demostrado que los seres humanos pueden detectar la excitación de un animal, que va desde la intensidad más baja (mientras duerme) a la más alta (frenética).

Podemos sentir la emoción en los sonidos de especies tan diferentes como ranas y osos pandas, de acuerdo a las conclusiones de los investigadores. Los científicos también sugieren que esos sonidos son parte de un antiguo "sistema de señalización".

(Archivo)
(Archivo)

"Nuestro estudio muestra que los seres humanos son naturalmente capaces de reconocer la excitación emocional en todas las clases de animales a través de sus cuerdas vocales", señaló Piera Filippi, que estudia la evolución de la cognición y la comunicación en la Universidad Libre de Bruselas. Filippi y sus compañeros, psicólogos y biólogos en Alemania, Francia, Holanda y Canadá, publicaron su estudio en la revista Proceedings of the Royal Society B. "Este resultado puede encontrar una aplicación importante en el bienestar animal, lo que sugiere que los seres humanos pueden confiar en su intuición para evaluar cuando los animales están estresados".

Los científicos pidieron a 75 personas de edad universitaria que escucharan sonidos de nueve especies. Para comprobar la coherencia entre los idiomas el grupo incluyó hablantes de inglés, alemán y mandarín. Los investigadores recolectaron 180 grabaciones de vocalizaciones de animales, reflejando altos o bajos niveles de excitación.

Ese no era el tipo de excitación que uno encontraría en el parque de atracciones Six Flags. Se trataba de gritos desesperados o negativos: sonidos de ranas que competían con otras, monos reaccionando ante el peligro o cuervos enfrentados por un ave dominante. Representando a la especie humana se escogieron actores que hablaban tamil y les pidieron que leyeran frases como si cada vez estuvieran más molestos. Los sujetos tuvieron que identificar qué tipo de "vocalización" representaba una excitación mayor a partir de sonidos emparejados de la misma especie.

(iStock)
(iStock)

"Los seres humanos se comportaron mejor de lo esperado por casualidad", explicó Filippi. Se seleccionó con precisión a los seres humanos que actuarían con "aflicción emocional", que lo hacían en un 95 por ciento. El panda gigante (94 por ciento) estaba cerca, seguido por la rana (90 por ciento), el elefante africano (88 por ciento), el caimán (87 por ciento), el cuervo (62 por ciento) y un mono llamado Barbary (60 por ciento).

"Estos resultados sugieren que los mecanismos fundamentales de la expresión emocional vocal son compartidos entre los (animales) vertebrados", escribieron los autores. En términos generales, cada animal que estaba en una situación crítica sonaba de una manera similar.

Harold Gouzoules, experto en bioacústica y animales de la Universidad Emory de Atlanta, que no participó en esta investigación, calificó este estudio como "una contribución significativa" para responder a las preguntas que habían desconcertado a Darwin. "Va más allá de estudios previos de mamíferos y aves para incluir reptiles y anfibios. Eso también hace que sea difícil de entender", agregó Gouzoules.

(Archivo)
(Archivo)

El científico argumentó que este estudio no llega a lo que Darwin habría considerado acerca de la emoción. "Si las emociones son equivalentes a un pastel de zanahoria", dijo, entonces la excitación es como "el trigo antes de que se convierta en harina".

La excitación es una dimensión importante de la emoción, pero "no equivale a evaluar el procesamiento emocional". Los autores reconocieron que esta investigación se beneficiaría de los datos fisiológicos. Tener grabaciones del cerebro o la frecuencia cardíaca podría pintar un cuadro más claro de los verdaderos sentimiento de los animales.