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Durante mucho tiempo hemos escuchado que la dieta Mediterránea es la forma en la que todos deberíamos comer. La dieta, inspirada en la cocina costera de países como Grecia, Italia y el sur de Francia, se caracteriza por sus abundantes porciones de frutas y verduras, el pescado y las aves de corral, y el uso de aceite de oliva y especias para el condimento. También se bebe vino (con moderación). La carne roja y la mantequilla están limitadas, y los granos, en su mayoría, son enteros. La dieta se ha estudiado por sus efectos sobre las enfermedades del corazón, la pérdida de peso, el cáncer, el Parkinson y las enfermedades de Alzheimer. Es una forma mucho más agradable de comer que las estrictas dietas como las de Paleo o de Ketogenic, entre muchas otras.

Pero no funcionará si eres pobre.

Es la conclusión a la que llegaron un grupo de investigadores italianos, que estudiaron a 18,000 hombres y mujeres durante un período de cuatro años. Encontraron que la dieta Mediterránea redujo el riesgo de la enfermedad cardíaca en el 15 por ciento, pero solamente para la gente ganó aproximadamente USD 46,000 al año. No se observaron beneficios cardiovasculares para las personas que ganaron menos de esa cantidad.

El estudio, publicado en la Revista Internacional de Epidemiología, también encontró que las personas con un mayor nivel de educación (y que pueden tener mayores ingresos) mejoraron la dieta porque, en parte, seleccionaron una variedad más amplia de vegetales y fueron más propensas a comer granos enteros. Cuanto más variada era la dieta de una persona, más tipos de nutrientes consumían. Los participantes altamente educados también eran más propensos a comprar alimentos orgánicos.

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El estudio "determinó que las sujetos con los ingresos más altos tienden a consumir más vegetales orgánicos, que pueden contener mayores concentraciones de antioxidantes, con niveles más bajos de cadmio y una menor incidencia de residuos de los plaguicidas en comparación con los alimentos cultivados de otra forma".

Por lo tanto, no solo importa que hagan la dieta Mediterránea sino qué tipo de alimentos se escogen, cómo esos alimentos se han cultivado y cómo se preparan en la cocina. Los hallazgos contribuirán, inevitablemente, a la discusión entorno a la desigualdad de los alimentos o cómo el acceso a la comida sana es un principio de la justicia social.

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Hace mucho tiempo que sabemos que los estadounidenses más pobres carecen de acceso a los alimentos nutritivos y a las tiendas de comestibles. Ellos son más propensos a confiar en alimentos procesados. Un estudio reciente señaló que la brecha nutricional se está ampliando. "El precio es un determinante importante en la selección de alimentos y los alimentos saludables en Estados Unidos, por lo general, cuestan más que los que no lo son", recogió el informe. También se hizo una referencia a la vinculación entre la educación y la alimentación saludable, que sugiere que los programas para enseñar a las personas de bajo nivel socioeconómico sobre cómo elegir y preparar comidas saludables baratas son importantes.

"Esos resultados respaldan la necesidad de adoptar estrategias más efectivas para reducir las disparidades socioeconómicas en la salud, no solo promoviendo la adopción de patrones de alimentación saludables, sino también facilitando el acceso a los alimentos con mayores valores nutricionales", indicaron.