(iStock)
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La mayoría de las familias que toman un vuelo para cruzar el país no pueden salir del aeropuerto tan rápido como quisieran. Pero Charles y Shalini Kapur y sus hijas Kiran y Alisha, todos residentes de Washington, retrasaron sus vacaciones durante algunos minutos cuando llegaron al Aeropuerto Internacional de Los Ángeles.

Había una sorpresa que les esperaba muy cerca de su puerta: unos perros mimosos que buscaban un poco de amor.

"Es una especie de centro de ayuda después de haber tenido un vuelo tan largo", comenta Charles Kapur mientras una de sus hijas acaricia a Coco, un caniche blanco y un labrador llamado Tucker.

Desde 2013, LAX se ha enfocado en este tipo de perros. Aunque las instalaciones cuentan con un montón de lugares de spa, tiendas de alta gama, restaurantes locales, entre muchas otras cosas, sus directivos también han querido hacer hincapié en ese tipo de servicios.

Los emisarios peludos están ahí gracias al programa "Pets Unstressing Passengers" (Mascotas Anti-estrés para Pasajeros), también conocida por sus siglas PUP. Gracias a esa iniciativa, un montón de voluntarios caminan por las terminales y ofrecen a los pasajeros el amor inquebrantable de sus mascotas durante un par de horas al día (incluso los fines de semana). Los voluntarios afirman que el amor suele ser recíproco.

Coco es una de las mascotas más queridas por los pasajeros del Aeropuerto Internacional de Los Ángeles (Heidi Huebner/The Washington Post)
Coco es una de las mascotas más queridas por los pasajeros del Aeropuerto Internacional de Los Ángeles (Heidi Huebner/The Washington Post)

"Es una manera de 'destensionar' antes de abordar", comenta Andrea Marr, una dentista de la Marina estadounidense con sede en San Diego. Ella perdió su vuelo el día anterior y tuvo que adquirir unos nuevos boletos. Pero ella acabó cayendo ante el dulce rostro de Rusty, un pitbull de color chocolate.

Michelle Sánchez, de Connecticut, que viajaba a casa con su madre y su hija de tres años y medio, Ashley, afirma que su encuentro sorpresivo fue algo muy entrañable. "Tenerla feliz, relajada y ocupada me quita el estrés", relataba Sánchez sobre la fascinación de su hija con Coco, que le recordó a su propia mascota, Peanut.

Los voluntarios de PUP ayudan en las instalaciones del aeropuerto (Heidi Huebner/The Washington Post)
Los voluntarios de PUP ayudan en las instalaciones del aeropuerto (Heidi Huebner/The Washington Post)

Cualquier perro puede participar en este programa. Pero para ser considerados, los animales deben ser de propiedad privada, tener al menos dos años de edad y tener, por lo menos, un año de experiencia trabajando con una organización de terapia reconocida. Heidi Huebner, directora del programa PUP, lleva a cabo la primera reunión. Los equipos deben pasar tres pruebas para ser registrados con la Alianza de Cachorros Terapéuticos y comprobar cómo interactúan con otros perros.

Los propietarios también deben estar de acuerdo en someterse a una verificación de antecedentes en LAX y ser tomados con las huellas dactilares. Gracias a eso, el programa ha ayudado a romper estereotipos y divisiones culturales.