Yoga para veteranos de guerra: una alternativa eficaz en la cura de traumas

Por Tara Bahrampour
Rick Wojciechowski, un ex marine, en una clase de Vetoga. (Jason Andrew/The Washington Post)

En una habitación en el casco antiguo de Alexandria, en Virginia, un grupo de estudiantes permanece en silencio, sentados sobre tapetes, frente a un altar con cuentas y un tazón tibetano de meditación. Pasarán juntos 11 días mientras reciben un riguroso entrenamiento para convertirse en maestros de yoga.

Vetoga es un programa que enseña a los veteranos de guerra de Estados Unidos a convertirse en maestros de yoga con la idea de que ellos, a su vez, enseñen a otros veteranos a saludar al sol.

El programa fue desarrollado por Justin Blazejewski, de 38 años, quien ha pasado la mayor parte de su vida adulta en zonas de combate, primero como marine y luego como contratista civil del gobierno. Después de más de 40 viajes a Afganistán e Irak, quedó lisiado por heridas de guerra y por vivir constantemente en máxima tensión.

Duane Perez, veterano de la Guerra del Golfo, en una práctica de elongación que su perro guía acompaña a su manera. (Jason Andrew/The Washington Post)

"Mi sistema nervioso parasimpático, el que te permite descansar y relajarte, no había estado activo desde 1998", recordó.

En 2008 tomó su primera clase de yoga.

"Físicamente sentí que mi cuerpo se soltaba por primera vez. No había notado que contenía toda esa tensión hasta que hice yoga. Mi cerebro se apagó y el resto de mi cuerpo empezó a liberarse". Cuando acabó la clase y salió del lugar, se dijo: "Quiero más de esto".

Mientras tanto seguía viajando a zonas de guerra. Se dio cuenta de que todos los soldados necesitaban liberarse tanto como él, o más. Incluso ya de regreso en los Estados Unidos muchos luchaban con cicatrices físicas y emocionales, como el trastorno de estrés postraumático o lesiones cerebrales. Para Blazejewski descubrir el yoga había sido un regalo, y quería compartirlo.

El programa Vetoga es completamente gratuito y se financia con donaciones.

Comenzó a hacerlo en noviembre de 2016, primero con un curso inicial de formación. Hoy los 12 alumnos del primer curso enseñan yoga a veteranos en ocho estados. A diferencia de algunos programas de formación de maestros que fracasan porque los aspirantes no pueden soportar el horario riguroso, estos estudiantes están acostumbrados a 16 horas diarias de entrenamiento militar. Las 13 horas y media del Vetoga les parecen poca cosa.

El curso, impartido por diversos yoguis, incluye lecciones de meditación, anatomía, historia del yoga y varios estilos de práctica, así como instrucción especializada en la enseñanza a veteranos. Se ofrece también un segmento de 10 horas, que se puede tomar por separado, para la certificación en la enseñanza de personas con traumas, trastorno de estrés postraumático y lesiones cerebrales.

(Jason Andrew/The Washington Post)

Pero el sólo hecho de ser veteranos permite a los aspirantes a maestros un nivel de empatía y camaradería que les puede resultar difícil lograr en el mundo civil.

"Es el poder de comunidad", dijo Blazejewski, y señaló que más de 22 veteranos al día se suicidan en Estados Unidos. A pesar de recibir servicios como consejería y capacitación laboral, "en algún momento se desconectan de la sociedad". Su esperanza es que esta comunidad "pueda proporcionarles un espacio para que lleguen a ellos de una manera en que no llegan los civiles. Cuando están con civiles no se abren sobre nada. Cuando están aquí se abren", dijo.

Keith Toy, un hombre musculoso de 38 años de edad, dijo que había sufrido de bursitis en la cadera. "Mi médico me sugirió yoga y mi reacción fue: 'Eso es para las chicas y las amas de casa'. Yo siempre había sido un atleta, jugaba cuatro o cinco deportes".

(Jason Andrew/The Washington Post)

Pero después de probar el yoga, dijo, su bursitis "desapareció sin ninguna ayuda médica, medicación ni nada. Y pensé que, realmente, si uno puede ayudar a llevarle esa luz a alguien, debe hacerlo."

Rick Wojciechowski, de 53 años, acariciaba su pit bull Harley mientras hablaba. El ex-marine había visto combates en Irak, Granada y Líbano, y estaba en Beirut en 1983 cuando estalló el cuartel y murieron 241 soldados de paz de la ONU.

A mis 40 años "estaba aislado, metido en casa, enojado, a punto de ir preso", dijo, añadiendo que aprender yoga y meditación trascendental lo trajo de vuelta a la sociedad.

Justin Blazejewski creó Vetoga convencido de los beneficios de la práctica por su propia experiencia. (Vetoga.org)

Blazejewski señaló que cuando los soldados están con otros soldados comienzan a caer las capas, permitiendo que se exploren los traumas y los recuerdos.

El programa, que no tiene costo y ofrece comidas y hospedaje gratuitos para personas que lo necesiten, se financia con donaciones; Blazejewski dijo que espera obtener fondos a través de una ley.

Los participantes deben ser militares activos o veteranos, o familiares de militares, y tienen que haber practicado yoga durante al menos seis meses. La clase actual está compuesta por 10 miembros en servicio activo, 10 veteranos y cinco madres, cónyuges o hermanos. Para el próximo curso, que comienza en noviembre, ya se han inscrito 50 personas, lo que significa que habrá una lista de espera o tendrá que crearse una segunda clase.

Para muchos, el principal beneficio de la capacitación es ayudar a otros.

"El yoga ha hecho tanto por mí que quiero retribuir", dijo Wojciechowski.

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