Aunque no permitirá el twerking, la NFL eliminará restricciones a los festejos porque perdió público

Por Kent Babb

El entrenador juvenil de Louisiana no pudo evitar notar la falta de interés: sus jugadores, e incluso sus cuatro hijos, apagaron un juego de la NFL que transmitían en televisión para poner un videojuego de la NFL.

"Los niños jugaban Madden pero se aburrían al mirar un juego en casa el domingo", dijo.

El entrenador es Joe Horn, el ex receptor de la NFL que el 2003 codimentó un juego aburrido: tras capturar un touchdown en el segundo cuarto, Horn se levantó y corrió hacia el poste de meta, donde había escondido un celular. En la televisión nacional, los Santos de Nueva Orleans hicieron lo que aún debe ser la llamada más cara de la historia de la NFL: una celebración que le costó a Horn una multa de USD 30.000.

Esto impulsó una era de penalidades y multas, y de cartas de la liga en los vestuarios de los jugadores. Un tiempo, dijo Horn, que podía perder la atención de una nueva generación de fanáticos. Por esa razón, según él, la NFL anunció recientemente que aliviaría las reglas de celebración de grandes partidos que durante gran parte de las últimas dos décadas hicieron que jugadores y aficionados llamaran "La Liga Aburrida" al deporte más poderoso de los Estados Unidos.

A partir de la próxima temporada se volverá a aceptar el uso de la bola para celebrar un touchdown en el terreno de juego y la demostración de los compañeros de equipo. En cambio el twerking (el movimiento de baile con impulso de las caderas), preferido por el receptor de Pittsburgh Antonio Brown, quedó excluido. Todavía es posible penalizar las celebraciones que se consideren burlonas o que duren demasiado.

Pero Odell Beckham Jr. —el receptor de los Gigantes de Nueva York de gran personalidad, que fue multado con más de USD 100.000 por varias infracciones— ahora puede fingir que le toma fotos a sus compañeros en la zona final, un acto que, combinado con el baile de salsa de su compañero de equipo Víctor Cruz, les costó más de USD 12.000 dólares a cada uno.

En una carta Roger Goodell, el comisionado de la NFL, dijo que los oficiales de la liga hablaron con más de 80 jugadores y ex jugadores antes de votar sobre la nueva política en una reunión de dueños de equipos que se realizó en Chicago. Pero esas discusiones se mostraron poco necesarias tras la temporada de 2016 cuando bajó el índice de público televisivo y la liga se dispuso a saber por qué.

Los propietarios y las autoridades le echaron la culpa a una campaña presidencial impredecible, o al exceso de repeticiones y las pausas comerciales frecuentes.

El otoño pasado Goodell reconoció que la liga —todavía la más rica y poderosa entre los deportes de Estados Unidos con USD 14.000 millones declarados de ganancia el año pasado— tenía un problema y necesitaba una solución urgente.

A casi dos décadas de la celebración con el celular de Horn, en febrero Goodell dijo que tal vez hacía falta una inyección de personalidad.

"Es algo con lo que hemos lidiado durante más de 35 años", dijo Goodell en el anticipo del Super Bowl en Houston: "Equilibrar el espíritu deportivo, evitar las burlas y tratar de permitir que los jugadores se expresen de una manera exuberante en el momento de celebrar.

Horn cree que la liga reacciona a la impaciencia de algunos fanáticos, en particular cuando se trata de que los jugadores muestren su personalidad.

"Están todas estas superestrellas que ganan millones y están los fanáticos a los que les encantan las celebraciones", dijo Horn. "Si se puede volver a animar a la gente con lo realmente quiere y se deja de actuar como una dictadura sobre los muchachos, no se lastima a nadie".

Catorce años después de su propia celebración, Horn dijo que espera ver la temporada de 2017. Quizás ahora sus hijos, de 14 a 22 años, y sus jugadores juveniles puedan quedarse lo suficiente para ver un juego con él.

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