Cómo fue el derrumbe lento y penoso de la clase política de Brasil

Por Marina Lopes

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Durante mucho tiempo la tarea engorrosa de gobernar Brasil, un país con 35 partidos políticos, se ha realizado lejos de las cúpulas y las torres simétricas del Congreso que se alzan sobre el horizonte de la capital.

Los acuerdos debajo de la mesa, en cambio, han sido la norma. Los políticos más poderosos del país y los dirigentes empresariales han decidido cuestiones de gobierno en almuerzos, cenas o noches de copas en bares a media luz. Las sesiones de planificación y de sobornos solían empezar temprano, dijo a los investigadores uno de los involucrados, a menudo a la hora del desayuno en el Hotel Golden Tulip.

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Pero a tres años de iniciada la investigación conocida como Operación Lava Jato, que hoy tiene en la mira a más de 100 miembros de la élite política del país, el comedor del Golden Tulip está silencioso. La investigación ha puesto de cabeza la realidad política en Brasil y ha abierto el camino para que personas que no pertenecen al entorno político puedan, por primera vez en generaciones, tener voz en los asuntos de gestión.

La Operación Lava Jato ha puesto al descubierto un esquema de sobornos complejo mediante el cual, entre otras cosas, las empresas constructoras más grandes de Brasil pagaban a parlamentarios a cambio de contratos lucrativos y legislación favorable. Luego de la destitución de Dilma Rousseff, también el actual mandatario, Michel Temer, está en el ojo del huracán. A medida que más acusados prestaron testimonio, la investigación enfrentó a viejos amigos y aliados.

"Es prácticamente paranoia", dijo David Fleischer, experto en política brasileña y profesor de la Universidad de Brasilia. "Llegados a este punto, todo el mundo está aprensivo y tiene muchas úlceras".

El intrincado sistema de alianzas e intercambio de favores del que dependían las distintas coaliciones permitía que los partidos políticos ignorasen a los votantes y siguieran ejerciendo un poder significativo en Brasilia. Incluso el actual grupo gobernante, el Partido del Movimiento Democrático Brasileño, no suele postularse en las elecciones presidenciales, y en cambio ha preferido negociar puestos de autoridad con el partido que estuviera en el poder, cualquiera que fuera.

El sistema comenzó a desmoronarse en 2015, después de que la Operación Lava Jato alcanzara al gobierno tras la detención del senador Delcidio do Amaral, acusado de haber aceptado sobornos de la firma estatal Petrobras y haber ofrecido ayuda para que un ex líder corporativo no fuera procesado, a cambio de su silencio. El propio hijo del empresario grabó a Amaral cuando le ofrecía a su padre ayuda para huir a España.

Delcidio Amaral, el senador arrepentido que comenzó el desplome de la clase política brasileña
Delcidio Amaral, el senador arrepentido que comenzó el desplome de la clase política brasileña

Amaral llegó a un acuerdo con los investigadores y entregó una grabación en la cual el entonces ministro de Educación se ofrecía a pagar su defensa legal si él se comprometía a no colaborar.

A lo largo de los meses se sucedieron otros acuerdos similares, que implicaron a las esferas más altas del poder político, incluyendo al propio ministro a cargo de la lucha contra la corrupción. Fabiano Silveira acabó por renunciar después de que unas grabaciones filtradas a la prensa sugirieron que había intentado arruinar la investigación. La pesquisa ha alcanzado ya a ambos líderes del Congreso, al canciller de la República, al jefe de personal del presidente Michel Temer y a cinco ex presidentes.

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Mientras la vieja guardia de Brasil lidia con enfrentamientos internos, elementos radicalizados y marginales han pasado a ocupar un lugar central. Estos políticos están entre los pocos que no quedaron implicados en las investigaciones de cohecho —en parte, dicen algunos—, porque nunca fueron lo suficientemente importantes para participar en la corrupción casi cotidiana de la élite gobernante.

(EFE)
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"Estoy en mi séptimo mandato y nunca he sido acusado de corrupción. En Brasil eso es como ganar un premio", dijo Jair Bolsonaro, autoproclamado admirador del presidente estadounidense Donald Trump y representante de la ultraderecha en la Cámara Baja de Brasil. Según algunas encuestas de opinión, Bolsonaro —quien propuso que se golpee a los niños homosexuales y elogió a un hombre que torturó a miembros de las guerrillas, como la ex presidente Dilma Rousseff, durante la dictadura militar— cuenta actualmente con un apoyo de 30% entre los jóvenes que planean votar en las elecciones presidenciales de 2018. Que Bolsonaro pueda convertir este favor en victoria está por verse, pero su caso refleja el crecimiento de los candidatos antiestablishment en todo el mundo.

"La mayoría conservadora estaba en silencio", dijo. "Ahora estamos listos para luchar".

João Doria, un millonario a quien a menudo se compara con Trump, utilizó este sentimiento antiestablishment para ganar la alcaldía de San Pablo el año pasado. Alegó que manejaría la ciudad de mismo modo que manejaba sus negocios. Los analistas predicen que será uno de los favoritos en la carrera presidencial de 2018.

Rousseff, cuyo gobierno de coalición se derrumbó el año pasado, dijo la semana anterior que le preocupa que las luchas internas en Brasil puedan despejar el camino para un candidato semejante.

La ex presidenta de Brasil, Dilma Roussef, que dejó el poder por su impeachment.
La ex presidenta de Brasil, Dilma Roussef, que dejó el poder por su impeachment.

"Cuando un gobierno se vuelve irrelevante, la política se vuelve irrelevante", dijo Rousseff durante una entrevista. "Se abre un espacio para la entrada de salvadores de la patria, para un estilo de política que sólo usa símbolos y marketing, y cuya estrategia se basa en la postverdad".

Los cambios en el panorama no han pasado inadvertidos para el establishment político, cuyos miembros intentan reforzar su control sobre el poder al tiempo que tratan de distanciarse de la Operación Lava Jato. El mes pasado, el presidente del Senado se reunió con Temer y sus asesores principales para discutir la implementación de un sistema de voto con lista cerrada, lo que requeriría que los electores eligieran una lista de políticos en lugar de un candidato individual. El partido de la lista ganadora distribuiría los escaños parlamentarios.

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La propuesta, que necesita mayoría simple en el Congreso para su aprobación, protegería de la ira del público a los implicados en Lava Jato, pues los incluiría en una lista mezclados con políticos sin procesar. También ampliaría la influencia de los líderes partidarios en las decisiones sobre quién puede postularse, lo cual neutraliza el riesgo de candidatos exteriores.

"La clase política en el poder se está organizando y crea medidas que harían mucho más difícil su renovación en Brasil", dijo Alexandre Bandeira, estratega de campaña y jefe de la consultora Strattegia de Brasilia. "Nos encontramos con una situación en la cual las personas bajo investigación son las que decidirán las reglas para 2018."

Permanecer en el poder después de las elecciones del próximo año es fundamental para los desacreditados políticos de Brasil. La Corte Suprema, que se considera mucho más indulgente que los tribunales inferiores, juzga a los miembros del actual Gobierno ya imputados, pero los casos de políticos que no sean reelegidos irán a instancias que favorecen penas más duras.

El presidente de Brasil, Michel Temer.
El presidente de Brasil, Michel Temer.

Para los brasileños, las luchas por el poder tienen implicaciones más amplias y de más largo plazo.

"Estamos en un momento clave", dijo Bandeira. "El sistema de listas cerradas no sólo reducirá el número de actores políticos, sino que hará que se aleje un electorado que ya se siente desvinculado de la clase política".

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