Desde cocaína hasta una tortuga viva.

No sé ustedes, pero yo cada vez que tengo que pasar por el control de aeropuertos entro en pánico como si llevara diez pistolas automáticas, 20 kilos de coca y un cadáver descuartizado en mi maleta cuando en realidad solo llevo un cepillo de dientes, cuatro calzones y un desodorante metido en una bolsa de esas transparentes.

Sin embargo otras veces me ha pasado que olvido en mi mochila un cortauñas que me regaló mi abuela, la navaja suiza que llevé hace como siete años en un campamento y olvidé en un bolsillo secreto y alguna botella de alcohol que me sobraba de una fiesta y he pasado así sin más, como Pedro por su casa.

Pero bueno, todo está bien mientras no me pase como a ese tipo que olvidó una camping gas en su equipaje de mano durante un vuelo con destino a Lanzarote y luego, cuando el avión estaba a punto de despegar se acordó.

El caso es que una llega a preguntarse qué es lo más pesado que ha pasado alguien por uno de esos controles que tanto tiempo nos quitan y que para tan poco parecen servir, así que hablé con gente que ha pasado de todo en un control de aeropuerto. De todo sin querer, claro.

Pasé el control con un gramo de coca en la mano

"He pasado muchísimas veces con drogas: cocaína, marihuana, LSD, hachís… de todo. La mayoría de veces lo he pasado en el bolsillo y no se han dado ni cuenta. Cuanto más cerca de uno mejor. Tú pasas tu equipaje por controles pero a ti apenas te revisan.

Una vez en un viaje de vuelta de Portugal a España crucé el control con un gramo de coca en la mano. Fui a Portugal de fiesta unas navidades con amigos y nos sobró mucho material. No lo quise tirar. Mi abuela vivió la posguerra y me enseñó a no tirar nada".

—Javier*

Un cuchillo de montaña con una hoja de más de un palmo

"Hace unos años era monitor de tiempo libre en un esplai (un centro para niños y adolescentes en el que se hacen actividades extraescolares, se intenta inculcar valores como el compañerismo y demás) y en verano llevamos a los niños a un campamento de montaña. En mi mochila, entre muchas otras cosas, llevaba un cuchillo bastante grande, casi un machete, que utilizaba en las excursiones que hacíamos y en las actividades al aire libre.

El caso es que me iba de gira con mi grupo al volver y al deshacer la mochila, se me olvidó dentro de ella el cuchillo de montaña. De entre todas las cosas que me podía haber dejado, dejé un cuchillo con una hoja de un palmo de grande y ni siquiera me di cuenta. Cuando llegamos al aeropuerto de Barcelona, pasé el control sin ningún problema. No vieron nada en el escaner. De hecho, me di cuenta de que lo llevaba cuando al volver de la gira, en el aeropuerto de Sevilla, el guardia de seguridad me dijo 'por favor, saca lo que llevas en la mochila'. Yo, tranquilamente, empecé a sacar lo que lleva dentro y de repente, como si se hubiese materializado de la nada, noté la funda del cuchillo. Obviamente, lo tuve que dejar allí, pero durante todo el vuelo Barcelona — Sevilla lo llevé conmigo en el equipaje de mano.

—Marc*

Una tortuga en un paquete de tabaco

"Yo tenía 12 años y estaba de visita en Barcelona con mis padres. Mi hermano adolescente hacía cosas de adolescente: transgredía a mis padres, salía de noche… Quise imitar algo de eso. Salí de día a dar un paseo (nos quedábamos en un hotelito de calle Tallers), me fui a las Ramblas y vi que las tortugas estaban bien de precio. Costaba lo equivalente a unos cinco euros, y yo tenía ese dinero para mis compritas de niño.

Al llegar al hotel mis padres fliparon. Era la típica tortuga de agua y llegué hasta el aeropuerto con su pequeña pecera de plástico. Antes de pasar el control fui al lavabo, vacié la pecera y la pasé vacía. A la tortuga la metí dentro de un paquete de cigarrillos de mi padre que me metí en el bolsillo. Cruzamos el control sin problema y nos metimos en el avión. Supongo que no me cachearon porque era un niño de 12 años que iba con toda su familia… Una vez en el avión fui al baño y llené la pecera de nuevo con agua y ¡voilà!, la tortuga llegó conmigo hasta Argentina".

—Tomás

Bisturís, inyecciones y disolvente

"Soy arqueóloga y hace un año fui a Castellón a restaurar una pieza. A la vuelta, mientras estábamos en el coche, nos dimos cuenta de que nos compraron un billete de vuelta a Barcelona sin facturación de maletas. En nuestro maletín de herramientas había de todo: bisturís, inyecciones, disolvente, todo tipo de cuchillos y piezas metálicas, espátulas…

En mi bolsillo llevaba una navaja que también utilizo para trabajar y esa sí que me la quisieron requisar. En cambio todo lo que llevaba dentro de la maleta (que creo yo que puede ser más peligroso que una navaja), me lo dejaron subir".

—Mireia

Una caja negra negra enorme y sospechosa

"En el aeropuerto de Sevilla pasé un cofre enorme que era casi más grande que yo sin que apenas me lo abrieran en el control. Tampoco lo pasé por el escáner porque realmente no cabía por allí. Soy productora y dentro del cofre llevaba todo un equipo de grabación (cámaras, lentes, micros…), pero podía haber llevado cualquier cosa. No tenía ningún papel donde especificara lo que llevaba, ni ninguna autorización especial. Estábamos a punto de perder el avión y como había muchísima cola pasamos saltándonos todos los controles. Después pensándolo en frío sentí miedo de lo fácil que fue subir con aquel bulto enorme en el avión sin que nadie revisase nada, solo creyendo en mi palabra".

—María

Diez estrellas ninja en cinco maletas

"Fue durante un viaje que hice con cinco amigos por toda Europa. En una tienda de algún lugar de Bulgaria, compramos diez estrellas ninja porque nos hizo gracia tenerlas, sin pensar que ninguno de los cinco íbamos a facturar nuestras mochilas. A la vuelta no sabíamos dónde meterlas. Al final decidimos repartir las 10 estrellas entre las cinco maletas. Recuerdo que lo escondimos entre los calzoncillos y en el control del aeropuerto nadie nos dijo nada. Al final las estrellas ninja llegaron a Madrid sanas y salvas".

—Alejandro

Publicado originalmente en VICE.com