Hablamos con Herman, un musculitos encantador que lleva 35 años en la profesión.

Normalmente, mientras tú disfrutas en un festival, hay gente que trabaja muy duro para que todo vaya bien, como los camareros, los cajeros y el personal de seguridad. Pensarás que los sacos de músculos calvos, que te registran la mochila en la entrada o que examinan entre la multitud en busca de posibles alborotadores solo están ahí para aguarte la fiesta. Sin embargo, su trabajo es precisamente asegurarse de que puedas disfrutar tranquilamente del festival.

Herman van Horsen es uno de esos seguratas. Este hombretón con cuerpo de armario empotrado y mostacho lleva más de 35 años trabajando en clubes, fiestas y festivales, principalmente en Ámsterdam, de donde es originario. Me senté con él para hacerle las preguntas que siempre he querido hacer a un guardia de seguridad de festivales.

VICE: ¿Cómo empezaste a trabajar en seguridad?
Herman van Horsen: Cuando terminé la secundaria, empecé a ir mucho al gimnasio y me puse muy fuerte. Por aquel entonces, si estabas fuerte o se te daba bien pelear, te llovían las ofertas para trabajar de seguridad. Luego ya se empezó a regular la profesión y tuve que arreglar los papeles, pero a principios de los ochenta tenías a esos delincuentes en la puerta y no te podías ir sin dejar una propina.

¿Se liga mucho como guardia de seguridad?
Sí, por lo general tengo bastante éxito con las mujeres porque soy muy corpulento. Antes trabajaba en una ciudad al norte de Ámsterdam donde había un montón de chicas que querían que las cacheara. Pero incluso ahora que ya no soy tan joven, me sorprende la cantidad de chicas de veintitantos que flirtean conmigo. Claro, a veces la cosa acaba en cita o algo más, pero soy muy selectivo y no quiero problemas en el trabajo. Ha habido chicas que me seguían a todas partes llorando porque yo no quería más que una amistad.

¿Qué es lo más raro que has encontrado durante un cacheo?
Una serpiente, aunque por suerte no era muy grande ni venenosa, creo. El dueño volvió a su casa a devolverla para poder entrar. Aparte de eso, armas de fuego, cuchillos y esos peines afro con las púas muy largas que antes se usaban como armas. Y luego hay gente que se viene a un festival de un día con la casa a cuestas, como si se fueran dos semanas de vacaciones.

¿Qué es lo más chungo que has visto en un festival?
Una vez, en Ruigoord —un local muy popular de Ámsterdam—, tuve que sacar a alguien que se puso a defecar en medio del recinto. También hay mucha gente que se masturba delante de todo el mundo, o que vomita en el vaso y luego se lo bebe.

¿Y lo que más te molesta?
A mí me parece muy desagradable que roben o abusen sexualmente de las chicas. Una vez tuve que echar literalmente a patadas a un tipo que le echó GHB a una chica en la bebida y luego intentó violarla en la tienda de campaña, mientras ella estaba casi inconsciente. Eso me parece repugnante.

¿Alguna vez te sientes inseguro en el trabajo? ¿Hay momentos de peligro?
Me han amenazado a punta de pistola en dos ocasiones, una vez eché a alguien que luego volvió armado con un hacha y me han destrozado un vaso de cristal en la cara dos veces. Por suerte, la cosa siempre ha acabado bien. Se me clavó un cristal muy cerca del ojo. En los casos en los que van armados, curiosamente, no siento miedo y me acerco a ellos sin dudarlo. Se quedan tan desconcertados que no saben qué hacer. Pero también te digo que en mis 35 años de profesión, tampoco me he encontrado tantos casos bestias.

¿Alguna vez te sientes culpable por haber pillado a alguien con drogas o consumiéndolas?
De vez en cuando. Cuando la organización te pide que seas muy estricto y pillas a alguien con un poco para consumo personal, piensas que con esas personas se podría tener más manga ancha. Pero el cliente dicta las reglas y tú las ejecutas. Luego están los chavales muy jóvenes que van hasta el fondo de droga y por los que sientes más bien lástima.

¿Cuál es el escondite más creativo en el que la gente ha escondido la droga?
Me hace gracia cuando la esconden en un sitio con mucho pelo o así. Claro, ahí no puedes verlo, pero a veces se les ha caído.

¿Hay que estar en forma para ser segurata?
Llevo trabajando 35 años y sigo entrenando cinco días a la semana. Hay chicos en el gimnasio que podrían ser mis hijos y que se sorprenden de lo que soy capaz de hacer todavía.

¿Quieres seguir desempeñando tu trabajo mucho más tiempo?
He llegado a una edad en la que casi todo el mundo lo ha dejado ya. Espero poder seguir uno o tres años más, pero hay que ser realistas: tienes que ser capaz de intervenir si alguien se pone agresivo, y eso con los años cada vez cuesta más.

¡Gracias!

Publicado originalmente en VICE.com