"No estamos aquí para mejorar las naciones-estados que ya existen, sino para sustituirlas".

Virtual. Descentralizado. Voluntario. Sin fronteras.

Así es Bitnation, una plataforma de servicios basada en un sistema de cadena de bloques sin parangón. Bueno, a excepción de la Antártida.

"Ese es el único sitio del mundo que no está sujeto a una jurisdicción nacional o estatal", me explicó con naturalidad Susanne Tarkowski Tempelhof, fundadora de la plataforma, mientras se encendía un cigarrillo.

No tengo un interés especial en mudarme a la Antártida. Soy ciudadana franco-estadounidense, dos de las mayores potencias del planeta. Vivo y trabajo a caballo entre Túnez y Alemania. Mis impuestos, mis seguros y mi vida están repartidos en tres continentes y disfruto de un grado de libertad de movimiento, expresión y educación mayor que el del común de la población. Mis derechos fundamentales están protegidos. Mis interacciones con la burocracia casi siempre han estado exentas de problemas. Tengo acceso a internet por wifi prácticamente a todas horas.

Pese a ello, o quizá debido a ello, decidí presentar una solicitud para convertirme en ciudadana de Bitnation. Recuerdo que para obtener la nacionalidad estadounidense, mi padre memorizó partes enteras de la Constitución, y el día de la ceremonia de naturalización, se presentó elegantemente vestido con un traje. Yo me limité a curiosear la página web de Bitnation desde casa, con el pijama, mientras pensaba en un apodo para mi nueva existencia virtual. Pronto me llegó el email de respuesta: ¡Bienvenida a BITNATION!

Lo cierto es que la culminación del proceso no fue tan emocionante como había esperado.

Estaba deseosa de poseer pruebas tangibles de mi nuevo estatus. Parte del encanto de Bitnation radica en que también tiene representación física, con 25 embajadas y consulados en distintos sitios del mundo. Cualquiera que lo desee puede rellenar una solicitud para abrir una embajada.

Viajé a las afueras de Berlín para visitar a Dirk von Heinrichshorst. Hace cuatro años, von Heinrichshorst se trasladó con su reducida familia a un castillo solitario en la campiña alemana y creó un bed and breakfast. Movido por su espíritu altruista y su afinidad con los ideales de Bitnation, el año pasado decidió registrar su castillo como embajada de Bitnation.

Interior de Schloss Heirichshorst. Foto por Nikolaos Symeonidis
Interior de Schloss Heirichshorst. Foto por Nikolaos Symeonidis

Von Heinrichshorst me recibió ataviado con camisa morada y chaleco y luciendo un mostacho con las puntas hacia arriba que recordaba al de Salvador Dalí. Mi anfitrión me hizo pasar a una gran sala de recepción con decoración steampunk y música ambiental sueca, donde me ofreció un vaso de agua con gas. El exinformático de origen belga habla con una cadencia suave, midiendo cada palabra.

"Estoy en contra de las fronteras", señaló. "Esas fronteras son el resultado de siglos de guerras, dolor y sufrimiento".

En su castillo, Heinrichshorst ha adoptado varias de las prácticas de apertura de fronteras que caracterizan a Bitnation, como ofrecer a los visitantes la posibilidad de pagar su estancia en criptodivisas y un servicio de organización de bodas que puede pagarse en bitcoins; asimismo, el año pasado el castillo ha alojado a una docena de "nómadas digitales". Von Heinrichshorst solicitó ser nombrado embajador para poder "ayudar un poco a la gente".

Por ahora, los servicios que ofrece la plataforma son limitados, y los beneficios, exiguos. Aunque Bitnation pretende ser un "proveedor de servicios de facto", al no estar reconocida por otros países, no tiene jurisdicción legal. Las embajadas de Bitnation están, por tanto, limitadas en los servicios que pueden ofrecer. Un solicitante de asilo podría acudir a Schloss Heinrichshorst, si bien no tendría garantizada la protección internacional. La plataforma, que todavía está en fase experimental, únicamente ha recibido un par de solicitudes para la celebración de matrimonios online.

Von Heinrichshorst afirma que apoyaría la anexión de nuevas naciones virtuales a Bitnation, aunque se muestra escéptico respecto a la posibilidad real de implantar una Bitnation de ámbito mundial.

Salí del castillo de Heinrichshorst más confundido de lo que había entrado sobre Bitnation. ¿Cuál es su verdadero objetivo? ¿A quién va dirigido? ¿Es en realidad una solución viable a la desigualdad, o se trata simplemente de un nuevo invento creado simplemente para suscitar controversia?

Actualmente, Bitnation cuenta con casi 4.000 ciudadanos de todo el mundo, aunque la mayoría de ellos reside en Europa. En una época en la que el modelo de nación-estado se muestra más fracturado que nunca, esta plataforma virtual está ganando más impulso que nunca. Europa, cuna de la Paz de Westfalia y de la jurisdicción soberana tal como la conocemos, está viviendo un auge del nacionalismo de extrema derecha, una crisis económica, gran afluencia de refugiados y el episodio del Brexit.

¿Es Bitnation la alternativa al modelo de Europa?

"Tras la decisión del #Brexit, me he hecho ciudadana de @MyBitNation. Tiene un gran potencial y está ganando impulso. #BlockchainsnotBorders", escribió @Memset_kate en un tuit una vez publicados los resultados del referéndum.

In the wake of — Kate Craig-Wood (@Memset_Kate)24 de junio de 2016

Gracias a una serie de programas específicos, Bitnation ha podido solucionar las deficiencias que presenta el modelo de nación-estado europeo. Así, el proyecto Refugee Emergency Response de la plataforma, por ejemplo, ofrece documentos de identificación digitales y tarjetas Visa en bitcoins para los refugiados que llegan a las costas de los países de Europa huyendo de la guerra.

Son muchos los refugiados a los que se les confiscan sus documentos de identidad durante su travesía, por lo que la tecnología basada en cadenas de bloques permitiría verificar la identidad de las personas que no pudieran demostrar su situación jurídica; las tarjetas de débito, por otro lado, permiten a las familias más necesitadas disponer de dinero. El Parlamento europeo ha optado por un enfoque muy laxo a la hora de regular la tecnología basada en cadenas de bloques, aunque el uso de la misma varía en función de cada país. Grecia, por ejemplo, que recibe a la mayoría de los refugiados sirios, iraquíes y afganos, no cuenta con una legislación específica sobre el uso de bitcoins.

La principal clientela de Bitnation la componen los mercados emergentes. La Dra. Jennifer Jackson-Preece, profesora adjunta de Nacionalismo en la London School of Economics, me explicó que los estados miembros de la UE ofrecen "a sus ciudadanos más o menos lo que deberían ofrecerles según el ideal liberal… El valor de Bitnation sería un añadido para aquellos países que, por los motivos que fuera, no pudieran ofrecer a sus ciudadanos el grado de seguridad y de bienestar que se presuponen en un estado europeo".

Pero Bitnation no está interesada en ser un valor añadido.

"No estamos aquí para mejorar las naciones-estados que ya existen, sino para sustituirlas", me explicó Tarkowski Tempelhof durante nuestra charla por Skype. A su espalda se divisaban las características fachadas de los edificios de Ámsterdam.

Arquitectura en el centro de Berlín. Foto por Nikolaos Symeonidis
Arquitectura en el centro de Berlín. Foto por Nikolaos Symeonidis

El objetivo definitivo de Bitnation es que las naciones virtuales sustituyan al modelo tradicional de estado que existe actualmente, eliminando barreras y, básicamente, creando un nuevo mundo. Amparado en la constitución de la Nación Voluntaria Descentralizada y Sin Fronteras, cualquier persona podría establecer una nación con principios, culturas y tradiciones propios. Los estados competirían unos con otros por tener más ciudadanos ofreciendo la mejor relación calidad-precio por sus servicios.

Los partidarios de Bitnation, nacidos arbitrariamente entre fronteras, creen que todos somos "prisioneros geográficos" a los que se nos niega la posibilidad de escoger un modelo de gobierno o de qué servicios disponer. "Estamos arremetiendo contra la libertad de elección de las personas", declaró Tarkowski Tempelhof.

Sin embargo, resulta difícil concebir un mundo en que la libertad absoluta fuera una decisión más de cada individuo. Somos criaturas sociales, a fin de cuentas, y tendemos a organizarnos y a tomar decisiones de forma colectiva, a delegar tareas y a asumir roles sociales.

El concepto de libertad difiere según la cultura y la religión. "Muchos libertarios consideran que el simple hecho de ser 'libres' fortalece y resulta inspirador", señaló Brett Scott, escritor e investigador independiente y autor de un ensayo sobre la tecnología de cadenas de bloques para el Instituto de Investigaciones de las Naciones Unidas para el Desarrollo Social. "Todo se basa en el concepto de la libertad negativa: mientras nadie te detenga, todo va bien. Pero la sociedad no funciona así en absoluto".

Los defensores de Bitnation han señalado en muchas ocasiones que la libertad de elección no tiene necesariamente que reducirse a la dicotomía colectivismo-individualismo. "No se obliga a nadie a usar Bitnation", insiste Tarkowski Tempelhof. Se trata de una opción.

Sin embargo, "el simple hecho de que no haya nadie que te detenga no tiene que conllevar un sentimiento de empoderamiento", arguyó Scott. "El empoderamiento implica tener todas tus necesidades cubiertas de verdad y disponer de estructuras de apoyo que te permitan vivir la vida que quieres sin renunciar a tu individualidad".

A veces, las ambiciones de Bitnation parecen ignorar intencionadamente la realidad de nuestro mundo. ¿Libertad total e igualdad mediante una plataforma descentralizada y autogestionada? ¿Quién dejaría que algo así ocurriera a nivel mundial?

"Actualmente, Bitnation está muy limitada, pero podría llegar a ser más de lo que es", me explicó Vinay Gupta, director del proyecto Ethereum Release, una empresa de capital de riesgo basada en la tecnología de cadenas de bloques.

"Las cosas que cambian el mundo siempre parecen tonterías hasta que se aplican", afirmó Gupta desde su piso de Londres, rodeado de monitores y mientras daba bocados a una manzana. "Es verdad. A bote pronto, se me ocurren los ejemplos de los aviones, el cine y la energía nuclear. Pero vivimos en un mundo que parece firmemente enraizado en el modelo político actual.

"Todavía le queda mucha vida al modelo de estado soberano", aseguró Jackson-Preece. En ese sentido, resulta más útil considerar Bitnation como un experimento provocativo: ¿qué pasaría si los gobiernos hechos a medida fueran la norma?

"La gente es más feliz si puede escoger un entorno que les satisfaga personal, emocional e intelectualmente", señaló Tarkowski Tempelhof. La fundadora de Bitnation trabajó varios años como contratista militar para el Departamento de Defensa de EUA, y pone su experiencia en Libia y Afganistán como ejemplos de "enfoque único y descendente que ha supuesto un fracaso absoluto".

Según Tarkowski Tempelhof, la única forma de garantizar la estabilidad y la paz es permitir a las personas "hacer lo que quieran".

Uno de los puntos fuertes de Bitnation es que sirve como herramienta para dar autonomía a colectivos discriminados o reprimidos por los estados actuales. La nación virtual Aboriginal Union of North America, por ejemplo, se presenta como la primera nación-estado indígena del mundo.

Las naciones virtuales basan su funcionamiento en el supuesto de la bondad innata del ser humano, lo que lleva a que los individuos se organicen de forma respetuosa. "Quiero tener fe en la humanidad", me dijo Von Heinrichshorst en un arrebato de sinceridad.

Interior de una jaula de Faraday en el castillo de Heinrichshorst. Foto por Nikolaos Symeonidis
Interior de una jaula de Faraday en el castillo de Heinrichshorst. Foto por Nikolaos Symeonidis

Mi mente cínica no puede evitar ir por derroteros más nihilistas: ante la posibilidad de elegir, tendemos a adoptar, de forma colectiva, puntos de vista cada vez más radicales y extremistas que acaban por aislarnos. ¿Qué ocurriría, por ejemplo, si los defensores de la supremacía del hombre blanco decidieran formar estados virtuales con sus propias leyes?

"Francamente, a mí me parece algo positivo", argumentó Tarkowski Tempelhof, "no porque esté a favor de este colectivo —los odio—, sino porque me parece mejor que se junten y vivan su vida como quieran".

Parece que para algunos el sueño criptolibertario ya ha llegado. Y a los que no les guste, siempre les quedará la Antártida.

Publicado originalmente en VICE.com