"Sin dudarlo, escupió las flemas en el vaso".

Un curso básico de "Cómo lidiar con las agresiones" es absolutamente necesario para cualquiera que trabaje en la industria hostelera. Puede salvar tu cordura cuando te arrojan al mundo cruel de clientes ojetes y malagradecidos. Trabajar como mesero puede ser muy divertido, pero sólo basta un cliente malhumorado para joder el turno. Un conocido método para lidiar es más o menos así: finge una sonrisa, corre a la cocina o alacena, maldice todo lo que puedas hasta que te sientas mejor, di groserías a tus compañeros y, por último, regresa al servicio con tu personalidad encantadora y recoge un Óscar por tu gran actuación.

Pero hasta los empleados más amigables y tranquilos experimentan momentos de pura furia descontrolada de vez en cuando, lo cual a veces puede resultar en actos despiadados de venganza. Le pregunté a cinco personas que trabajan en la industria sobre sus peores —o mejores, depende cómo lo mires— formas de vengarse de clientes particulares. La moraleja es, a menos de que quieras un vaso lavado con un cepillo para baños o un escupitajo en tu cóctel, piensa dos veces antes de molestar a la persona que está manejando tu comida o bebida.

Rick, mesero de restaurante

Recibimos —otra vez— a una cliente horrible, una mujer patética de veras. A menudo se quejaba por cosas sin importancia, pero en lugar de hablar directamente con nosotros para arreglarlo, tomaba fotos de la comida y mandaba sus "quejas" al correo del restaurante, mismo que revisa mi jefe. Como respuesta, él se molestaba con nosotros.

Constantemente se quejaba de ser intolerante al gluten, pero siempre ordenaba una hamburguesa vegana con pan (claro, esta mujer era vegetariana). Cuando le decíamos que el pan no era libre de gluten, respondía que entonces no comería el pan. Al final, sin falta, se había comido el bollo.

Como se quejaba incesantemente, una vez decidimos hacerle una hamburguesa regular con carne real en lugar de un relleno vegetariano. Esperamos a que el bollo hubiese absorbido los jugos de la carne y antes de servirla, cambiamos el relleno por uno vegetariano. No se dio cuenta. En definitiva disfruté el momento, pero también me sentí culpable porque sabía que no era lo correcto.

Foto vía
Foto vía

Sabri (26), barman

Generalmente ignoro a los malos clientes. Mi compañero en la barra no podía. Si alguien le molestaba, le servía menos. Por ejemplo, sólo servía ¾ de onza de vodka en un cóctel que requiere 1¼ onzas.

Pero sí había algo que yo hacía a diario. Me vengaba de alguien a quien odiaba mucho más: el chef. Las comidas para el personal eran asquerosas: demasiado condimentadas o muy grasosas, sólo para molestar. Además, era tan arrogante. Era el jefe estereotípico que no podía pasarla bien sin burlarse de su personal por lo menos una vez. No podía soportarlo y las cosas se salieron de control en un par de ocasiones. Una vez comenzaron los gritos y casi terminamos en una pelea a golpes. Desde ese momento, me rehusé a serviles tragos, pero a los gerentes no les pareció mi actitud.

Me encargaron llevar un trago al equipo de la cocina tan pronto como su turno terminara. No me gustaba, pero lo que en verdad desencadenó todo fue cuando el chef puso cerdo en mi plato, sabiendo perfectamente que no como cerdo. Desde entonces todo salió de control.

“Había visto el cepillo para la taza del baño, estaba muy sucio porque nunca lo limpiaban”

Había visto el cepillo para la taza del baño, estaba muy sucio porque nunca lo limpiaban. Decidí lavar el vaso del chef con ese cepillo cada noche. Era su vaso de cerveza personal. Me sorprende que nunca haya notado algo. La cerveza se cortaba al instante, pero no era el tipo de persona que saboreara su trago porque bebía muy rápido.

La única persona que sabía era el ayudante de barman. Si no tenía tiempo de escaparme al baño, él me ayudaba. En retrospectiva, sé que no debí haberlo hecho, pero si él me daba mierda para comer, yo le daría mierda para beber.

Dimi, chef

Una vez le dieron una fuerte multa a un compañero. Días más tarde, los mismos oficiales llegaron al restaurante para comprar un sándwich. Los reconoció de inmediato. Para vengarse, calentó el pan y luego restregó su pene por todo el sándwich antes de agregar el resto de ingredientes.

Otro acto de venganza que llegué a ver, fue cómo pateaban la carne de una hamburguesa por todo el suelo de la cocina antes de ensamblar el platillo. Pero creo en el karma, así que yo no hago ese tipo de cosas.

Foto vía Rafael Poschmann
Foto vía Rafael Poschmann

Laila, exempleada de un restaurante

Cuando tenía 18, trabajaba en un salón de té holandés. Un día, la nueva novia de mi ex se sentó en una de las mesas. De inmediato supe quién era y me sentí tan pequeña, porque tenía que servirla. Era como si tuviera todavía más poder sobre mí ahora. Tenía una molesta sonrisa en la cara mientras ordenaba un coctel verde llamado Jugo de la Selva.

Le dije a uno de mis compañeros en el bar que quería escupir en su vaso. Sin dudarlo, generó una cantidad monstruosa de flemas y escupió en los demás ingredientes. El bar estaba casi oculto en la parte de atrás, así que los clientes no podían ver lo que hacíamos. Licuó todo durante unos segundos y cuando lo sirvió en el vaso, pudimos ver flotar un poco de flemas en la superficie.

Recuerdo haber usando un mezclador como loca para hacer que se viera menos extraño. Cuando el cóctel estuvo en su mesa y la miré mientras tomaba, me sentí tan bien. Nos reímos durante semanas. Por cierto, ella y mi ex terminaron unos cuantos meses después.

Publicado originalmente en VICE.com