Muertos todas las noches: la lucha contra el narco en Filipinas

Hablamos con un fotoperiodista de la zona para conocer su testimonio de primera mano en una guerra que ya se ha cobrado más de 6.000 vidas.

La infame cruzada contra el narcotráfico que ha puesto en marcha el presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, ha acabado con la vida de más de 6.000 personas. Duarte adquirió gran popularidad por la mano férrea con la que aborda el crimen. Durante su campaña, prometió ejecutar a 100 . 000 delincuentes y arrojar tantos cadáveres a la bahía de Manila que "harían engordar a los peces". Desde que ganara las elecciones, no ha hecho más que cumplir sus promesas. Charlamos con el fotoperiodista filipino Jes Aznar sobre la situación actual de su país, la labor de él y sus compañeros de profesión para darla a conocer y sobre el origen de tantas muertes.

Jes pasó cinco meses seguidos durmiendo de día y saliendo a las calles de Manila al anochecer para documentar los asesinatos que se suceden a diario. Sus fotografías de la guerra contra el narcotráfico y sus consecuencias han aparecido en el New York TimesGetty y Der Spiegel.

VICE: Hola, Jes. Quizá podrías empezar contándome qué te encuentras cuando sales a hacer fotos por las calles de la ciudad. ¿Vas visitando las distintas comunidades con la policía?
Jes Aznar: Básicamente, nos meten a todos en la oficina de prensa de la policía de Manila, una de los mayores comisarías de la ciudad. Allí hay de todo: periodistas autóctonos, extranjeros, fotógrafos, etc. Pero no podemos ir con la policía. No permiten que ningún medio les acompañe durante sus operaciones alegando todo tipo de razones, como la seguridad o que podríamos entorpecer su plan. No conozco ningún caso en que la policía haya permitido a los medios cubrir sus actuaciones. Solo podemos documentar lo que ocurre después, los cadáveres que quedan tras los tiroteos. La mayoría de las veces las personas que más nos ayudan a hacer nuestro trabajo son las funerarias, y si se trata de casos relacionados con la droga nos avisan cuando van a recoger los cadáveres.

Un forense carga el cadáver de Paul Lester Lorenzo, de 32 años, muerto en una operación secreta en Manila el 17 de agosto de 2016. La pareja de hecho de Paul, Aileen Ferrer, asegura que la última vez que Paul fue visto con vida por unos vecinos, estaba esposado y siendo escoltado por la policía. JES AZNAR
Un forense carga el cadáver de Paul Lester Lorenzo, de 32 años, muerto en una operación secreta en Manila el 17 de agosto de 2016. La pareja de hecho de Paul, Aileen Ferrer, asegura que la última vez que Paul fue visto con vida por unos vecinos, estaba esposado y siendo escoltado por la policía. JES AZNAR

Desde que empezaste, debes de haber entrevistado a muchas familias y personas allegadas a las víctimas de este conflicto. ¿Podrías contarnos alguna historia en particular?
La mayoría de las veces, están tan conmocionados tras saber que un familiar ha muerto en el tiroteo que no quieren hablar. Lo que hacemos es volver al día siguiente para entrevistarlos. Casi todos intentamos respetar su espacio en un momento tan delicado como ese. Les hacemos algunas preguntas, pero poca cosa: sus nombres y si podemos volver otro día.

No es fácil elegir solo una familia que me haya conmovido, porque todos los casos… Uno nunca se acostumbra. Desde julio del año pasado, se están produciendo una media de diez asesinatos cada noche. Imagínate cuánta gente está muriendo y cuántas escenas del crimen hay. Lo más chocante para mí probablemente sean todos esos casos en los que las víctimas son asesinadas sumariamente. Esas personas casi nunca llevan ningún documento ni nada que los identifique; simplemente están allí, tirados en la calle, envueltos con cinta de embalar, sus rostros envueltos con cinta de embalar y las manos atadas. Un cadáver más, sin identidad. Esos casos concretos me resultan muy impactantes porque todos esos muertos son personas, ¿sabes? Personas a las que han matado y que ni siquiera se han dignado identificar. Se han limitado a dejarlas tiradas como si fuesen animales muertos. No se les ha tratado como a personas. Esos momentos me ponen muy triste y me perturban, porque no quiero acabar así. Nadie quiere acabar así.

Un revólver del calibre 38 reposa junto a la mano de un sospechoso sin vida tras un tiroteo con la policía en Manila. 17 de agosto de 2016. JES AZNAR
Un revólver del calibre 38 reposa junto a la mano de un sospechoso sin vida tras un tiroteo con la policía en Manila. 17 de agosto de 2016. JES AZNAR

¿Cuántos casos o asesinatos como esos crees que has presenciado en los últimos cinco meses?
Uy, no tengo ni idea. Tal vez decenas.

Hace poco, Duterte anunció que iba a suspender la guerra contra el narcotráfico. ¿Crees que hay alguna esperanza de que eso ocurra realmente?
Sí, claro. Pero lo que se ha dicho es distinto de lo que está pasando, de los hechos. Aunque dicen que la cruzada contra las drogas se ha parado temporalmente, la realidad es que sigue vigente, lo que pasa es que la policía cambia la versión de los hechos. Por ejemplo, la otra noche mataron a varias personas, pero la policía negó que sus muertes estuvieran relacionadas con la droga.

¿Cómo suelen producirse estas muertes? ¿El asesino es un tipo anónimo subido en una moto? ¿Cómo funciona?
Pues ocurre de muchas maneras. Una de ellas es la que dices: alguien no identificado en moto. Suelen ir dos, de hecho. Se detienen y disparan a su objetivo a bocajarro en plena calle. La gente nos cuenta que los días previos ven a tipos sospechosos merodeando por la zona, seguramente observando a su víctima, aprendiéndose sus horarios y cosas así. A veces también llegan decenas de hombres con pasamontañas, irrumpen en una casa y matan a quien tengan encargado matar. El año pasado —antes de que Duterte anunciara la suspensión de las operaciones—, la policía dirigía estas operaciones desde la legalidad. Entraban en el barrio diciendo que les habían dado un chivatazo de que había un toxicómano o un camello en la zona, lo arrestaban y al cabo de un par de horas, recibíamos una llamada anunciando que esa persona ya estaba muerta. La policía te dirá que intentó escapar o quitarles el arma. Esa suele ser su versión. Casos como ese los hay a cientos.

Otro de sus métodos consiste en hacer desaparecer a la víctima durante días. Nadie sabe dónde está o quién lo ha secuestrado. Después de un par de días, aparece muerto en algún sitio.

Néstor Hilbano consuela a su mujer, Alma, después de que ambos hayan visto el cadáver de su hijo en una bolsa en un callejón oscuro de Tatalon. Richard Hilbano, de 32 años, fue abatido por la policía en una redada antidrogas. Los agentes declararon que Richard estaba fumando marihuana con otras tres personas y los mataron a todos. JES AZNAR
Néstor Hilbano consuela a su mujer, Alma, después de que ambos hayan visto el cadáver de su hijo en una bolsa en un callejón oscuro de Tatalon. Richard Hilbano, de 32 años, fue abatido por la policía en una redada antidrogas. Los agentes declararon que Richard estaba fumando marihuana con otras tres personas y los mataron a todos. JES AZNAR

Entiendo. Desaparecen misteriosamente, nadie sabe qué ha ocurrido y luego aparecen muertos varios días después.
Sí, aparece en algún callejón oscuro con un trozo de cartón pegado al cuerpo en el que puede leerse un mensaje como "Soy camello" o "Soy drogadicto". En resumen, aquí en Filipinas, si odias a alguien, solo tienes que secuestrarlo, matarlo y colgarle un cartel indicando cuál ha sido su "delito". Nadie se molestará en investigar.

La semana pasada se habló de que la responsabilidad se transfería de la policía a las Fuerzas Armadas de Filipinas, que colaboran con los primeros en la guerra contra el narcotráfico. ¿Supone esto un cambio significativo?
Muy significativo. Las Fuerzas Armadas son una organización militar, mientras que la policía es una entidad civil cuyo cometido es mantener la paz y el orden en la comunidad. Pasa lo mismo en cualquier otro sitio. No puedes usar las fuerzas militares para hacer un trabajo civil. Aquí, en Filipinas, hemos visto muchas atrocidades cometidas por los militares desde los tiempos de Marcos, la ley marcial, Cory Aquino y los presidentes que vinieron después. El ejército se ha ganado la reputación de violar sistemáticamente los derechos humanos. Viendo esto, es previsible lo que puede ocurrir si los militares se suman a la cruzada contra la droga.

¿Crees, entonces, que va a cambiar el enfoque al estar el ejército involucrado? ¿Qué podría ocurrir?
Los militares tienen presencia en las provincias y las comunidades más remotas, así que ahora estas operaciones tendrán más alcance y se extenderá hasta los pueblos y las zonas más alejadas. Las matanzas no se limitarán a las zonas urbanas. Pero es solo mi opinión, como yo lo veo.

Desde el punto de vista de un extranjero, resulta sorprendente que Duterte goce de tanta popularidad en Filipinas. ¿A qué se debe?
A mí no me sorprende. La gente está muy cansada de la situación, de la forma en que la administración anterior gobernó el país, la economía. La gente pobre empobreció aún más y hay unos cuantos oligarcas que lo controlan todo. La gente estaba muy harta, y entonces llegó alguien que no pertenece a una estirpe de políticos y seguramente lo vieron como una esperanza.

¿Crees que está cumpliendo con las expectativas del pueblo? ¿Cómo está el ambiente desde que tomó posesión del cargo?
Bueno, hay gente de su gabinete que está haciendo bien su trabajo, implementando programas para los desfavorecidos y para los agricultores. El secretario de medioambiente está cerrando todas las compañías mineras que no respetan la normativa y cosas así. No se puede condenar al Gobierno en bloque.

Y ¿qué me dices de ti y de tus compañeros de profesión?
Para empezar, Filipinas es uno de los países más peligrosos del mundo en los que ejercer la profesión de periodista. Debemos de estar en el segundo puesto, después de Siria. Cada semana mueren una media de dos periodistas. Es cierto que de momento no hay noticia de que haya muerto ningún compañero mientras cubría las redadas contra la droga. Es curioso, porque si te fijas en las redes sociales, te das cuenta de que se está demonizando a los periodistas. Si un periódico publicara un artículo criticando a Duterte y sus políticas, habría voces que dirían automáticamente: "Eso no es cierto, no son más que rumores y la oposición os está pagando para que digáis eso". Si incluso se dice que el New York Times está pagado por la oposición. Es una locura, pero no solo eso; es indignante y peligroso, porque socava la libertad de prensa y la seguridad de los propios periodistas.

Desde que estoy cubriendo este problema, me han llegado muchos mensajes de odio y amenazas por las redes. Mi primer trabajo lo hice el año pasado. Era untakeover para Instagram, pero no esperábamos recibir tantos mensajes de odio. Después hicimos una serie de informes para el New York Times y este vídeo de un testigo que fue miembro del Escuadrón de la Muerte de Davao, un grupo supuestamente creado por Duterte. Aquello sí que se fue de las manos: nos escribieron miles de personas indignadas. Últimamente he intentado echar el freno y he dejado de cubrir el conflicto durante gran parte del mes de enero. Estaba demasiado cansado. Para mí es muy duro ver tantos cadáveres y familias destrozadas todas las noches. Pensé en tomarme un respiro para volver luego a la carga.

¿Cuáles son tus expectativas para el futuro? ¿Tienes alguna esperanza de que esto termine de forma positiva?
Bueno, todos tenemos esperanzas, nos aferramos a algo. En cualquier caso, ¿qué puedo hacer yo, como periodista? Lo único que puedo hacer es permanecer atento y seguir informando de lo que ocurra. Contárselo a la gente. Ese es mi trabajo. La ayuda que eso pudiera brindar no está bajo nuestro control. Nosotros nos limitamos a hacer nuestro trabajo.

Puedes ver la obra de Jes en www.jesaznar.com o seguirlo en Instagram en@jeszmann.

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Publicado originalmente en VICE.com