El horror realmente comienza cuando soplas las velas.

La próxima vez que cierres los ojos y te inclines sobre el pastel de cumpleaños, espero que pidas como deseo algo repugnante, porque eso es lo único que obtendrás cuando apagues las velas.

De acuerdo con un nuevo estudio —que hace revolver el estómago—, la inocente tradición de expulsar aire para apagar un montón de antorchitas en la superficie de tu pastel en realidad puede aumentar la cantidad de bacterias sobre el glaseado hasta catorce veces. Acabamos de arruinar el cumpleaños de todos los lectores ¡De nada!

En el estudio, publicado recientemente en el Journal of Food Research , los investigadores de la Universidad de Clemson hicieron todo lo posible por imitar la fiesta de cumpleaños de un adolescente, colocando 17 velas sobre un pastel falso de papel y unicel untado con un glaseado de vainilla. Los 11 sujetos de prueba se turnaron para soplar las velas y además, para tener la experiencia completa, se les pidió a los participantes que comieran pizza antes de soplar tan fuerte como pudieran. ("Pensamos que la pizza podría ayudar a activar las glándulas salivales", dijo el autor principal del estudio, Paul Dawson ).

Las muestras de glaseado se colocaron en cajas de Petri sobre agar y los investigadores esperaron 48 horas antes de descubrir la asquerosa verdad sobre lo que alberga nuestra boca. "Soplar las velas sobre la superficie de glaseado resultó en 1.400 por ciento más bacterias orales en comparación con un glaseado sin exhalaciones", escribieron los autores. "Debido a la transmisión de bacterias orales hacia el glaseado mediante la exhalación sobre las velas, es altamente probable que suceda una transmisión de bacterias y otros microorganismos de las vías respiratorias de una persona a los alimentos que consumen los demás".

Dawson declaró al Atlántico que a pesar de lo repugnantes que fueron sus hallazgos, no significa que vayas a recibir algún tipo de enfermedad contagiosa como regalo de cumpleaños. "Desde mi punto de vista no es un gran problem de salud", explicó. "En realidad, si lo hicieras 100.000 veces, las probabilidades de enfermarte serían mínimas". Pero sí sugirió que las personas enfermas no soplen las velas. Lo siento, María Tifoidea, pero la fiesta se canceló para siempre.

Un dato curioso es que el estudio revela que la práctica de soplar velas de cumpleaños se remonta a los antiguos griegos, quienes llevaban pasteles con velas encendidas al templo de Artemisa, la diosa de la caza. No sé si eso es mejor o peor que llevarlos al templo de Higía, la diosa de la higiene.

Independientemente de lo que diga Dawson, tal vez lo mejor es quedarnos con los cupcakes. No necesitan velas.

Publicado originalmente en VICE.com