"Macri es un símbolo para Venezuela"

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Eduardo Porretti, ministro a cargo de la Embajada Argentina en Caracas, en plena mudanza a su nuevo edificio.
Eduardo Porretti, ministro a cargo de la Embajada Argentina en Caracas, en plena mudanza a su nuevo edificio.

Caracas, enviado especial

En medio del caos económico y político que atraviesa Venezuela y cuando muchas delegaciones diplomáticas hacen las valijas o reducen su presencia, la embajada argentina está en pleno proceso de mudanza a una sede más grande y segura (y al mismo tiempo con un alquiler más económico), en la que dispondrá de mayores comodidades para expandir su agenda comercial y cultural. Puede sonar paradójico que esto suceda mientras el propio Mauricio Macri se colocó en primera fila de la ofensiva internacional contra la deriva autoritaria del régimen de Nicolás Maduro. Pero, en diálogo con Infobae en Caracas, Eduardo Porretti argumentó que cuenta con el aval del gobierno para explorar nuevos caminos en la relación entre ambos países.
Diplomático de carrera (pasó por Cuba, las Naciones Unidas y Colombia) y escritor de cuentos y ensayos (acaba de publicar su cuarto libro), Porretti, de 53 años, llegó como encargado de negocios a la embajada de Caracas en noviembre de 2015 para organizar la transición después de 12 años de vínculos íntimos y oscuros entre el kirchnerismo y el chavismo. Ya con Macri en el gobierno, las pujas internas entre la Casa Rosada y el Palacio San Martín sobre si designar o no un embajador y en tal caso a quién, fueron extendiendo sus funciones. Porretti está cerca de cumplir dos años al frente de la sede diplomática, tiempos turbulentos en los que la crisis venezolana se agravó y creció la tensión entre Buenos Aires y Caracas.

Mientras tanto y paradójicamente, perdió a sus últimas tres secretarias que, al igual que 3 mil venezolanos al mes, decidieron emigrar a Argentina.

"Es una sensación que ya viví cuando estuve destinado en La Habana, y en Bogotá. Esto no sólo habla de la situación económica y social muy deteriorada en este país sino del hecho que Argentina sigue siendo un símbolo de un país con posibilidades de progreso, que es muy distinta de la percepción que tienen los argentinos de su propio país", explica. "Nadie puede subestimar la enorme tarea pendiente en materia de desarrollo en la Argentina, en particular en materia de pobreza y distribución del ingreso, pero es relevante considerar que en otros lugares de América latina y del mundo existe la percepción de que la Argentina sigue siendo un país de posibilidades y de progreso".

-¿Cómo describiría la situación política actual en Venezuela?
-Me resisto a hacerlo en público, porque no me corresponde, pero considero que la situación política está bien entendida y calificada por el gobierno argentino. El Presidente Macri ha reclamado una y otra vez sobre la situación de los derechos humanos y la crisis económica y social en este país. El canciller Faurie ha sido muy activo en distintos escenarios regionales e internacionales sobre el tema. Mi rol es menor y me enfoco en trabajar en el terreno, tratando de entender lo que está sucediendo. Es una situación compleja porque no siempre los manuales de ciencia política son eficientes al abordar las situaciones híbridas que muestran los autoritarismos competitivos y hegemónicos, así como los regímenes no liberales. Y es un desafío intelectual, porque es relativamente fácil revolear etiquetas, pero es más difícil tratar de entender una realidad compleja y volátil como la venezolana. Y más difícil aun es trabajar en ella.

-¿Cómo es su tarea diplomática siendo el representante en Caracas de un gobierno que ha tomado una posición tan dura y confrontativa de denuncia del régimen de Nicolás Maduro?
-Es un desafío profesional muy delicado. Mi accionar es muy limitado y tengo que estar todo el tiempo imaginando alternativas para poder trabajar en la agenda que se me instruye. Pero en lo personal me siento muy contento de estar representando a un gobierno que tiene una mirada sobre los derechos humanos por fuera de las limitaciones ideológicas y político-partidarias. Hay mucho cinismo, ironía y mordacidad política sobre esto dentro de Argentina, pero puedo asegurar que Argentina es vista en todo el mundo y desde hace décadas como un referente técnicamente sólida y políticamente respetable en materia de derechos humanos.

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– ¿Cómo se entiende que en un momento en que muchas delegaciones diplomáticas se están reduciendo en Venezuela y otras han armado las valijas, usted haya decidido ampliar y mudar la embajada a un lugar nuevo?
-Yo tengo un rol temporal y transitorio como encargado de negocios. Pero este interinato nos abrió la posibilidad de explorar alternativas y cambiar el modelo de negocios que teníamos durante la época del kirchnerismo exclusivamente con el chavismo para articular nuestra agenda con todos los sectores de la sociedad venezolana, así como aprovechar otros renglones de la diplomacia: el comercio, la cooperación, las inversiones, utilizando también el poder blando de la diplomacia cultural. Con una agenda más moderna que combine nuestro interés por los derechos humanos y la agenda del desarrollo. Para hacer eso, necesitábamos un lugar más amplio y que nos garantizara seguridad.

-¿Qué posibilidades concretas existen hoy de desarrollar el comercio con Venezuela? Muchos creen que hacerlo es beneficiar al régimen de Maduro.
-Absolutamente no. La agenda del desarrollo, la promoción del comercio exterior, el apoyo a las cadenas de valor que hay en Argentina y el apoyo a las pymes es una estrategia indudablemente complementaria con la protección de los derechos humanos. Si hay una pyme en Río Cuarto que produce a precios razonables y podemos ayudar a que coloque sus mercaderías en Venezuela, también estamos ayudando con los derechos económicos y sociales de las venezolanos.

-El problema viene después para cobrarle a Venezuela
-Por supuesto. El talón de Aquiles del comercio exterior con Venezuela es la cadena de pagos, ya que los compradores tienen problemas para acceder a las divisas. Estamos trabajando con la Cámara Argentino-Venezolana de Comercio, la delegación local del Banco Nación y otros mecanismos financieros y a veces podemos lograr los objetivos. Pero partimos de un hecho fundamental: las economías argentina y venezolana son perfectamente complementarias. Nosotros producimos cada una de las cosas que Venezuela necesita pero además tenemos una enorme experiencia en el intercambio de tecnología aplicada para la producción.

El Centro Comercial San Ignacio, donde se encuentra la nueva sede la la Embajada Argentina en Caracas
El Centro Comercial San Ignacio, donde se encuentra la nueva sede la la Embajada Argentina en Caracas

-También durante el kirchnerismo se habló mucho de la complementariedad de ambas economías, pero más que negocios, hubo negociados. Parece difícil que en este momento en que no hay ninguna afinidad ideológica entre ambos gobiernos se puedan hacer negocios entre los dos países.

-Muchos países que tienen diferencias políticas pueden tener acuerdos comerciales. Por otra parte, se debe tener una mirada estratégica y no meramente coyuntural: Argentina no solamente está mirando el presente, sino el futuro de Venezuela.

-Con respecto a una posible transición política, algunos actores de la sociedad venezolana parecen ver a la Argentina como una suerte de espejo para encarar una salida del populismo. ¿Usted lo percibe así?

-Sí. El fenómeno del macrismo y de la alianza Cambiemos en general y la figura del Presidente Macri en particular son un símbolo para Venezuela. Pero, sobre todo, el proceso de transición en Argentina, con toda su aspereza y dificultades, demuestra que de estas coyunturas se sale a través de las instituciones. De los escenarios de bonapartismo o de cesarismo democrático se sale a través de los mecanismos que la gente se da a sí misma. Y en este sentido, el ejemplo de Macri es muy interesante. No sólo por su agenda política en particular, sino porque con su ejemplo mostró la posibilidad de que la gente elija una alternativa distinta y de que la salida sea institucional.

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