Las obras de Frida Kahlo vuelven a brillar en el Museo Dolores Olmedo

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Durante seis años, las pesadas puertas de madera del Museo Dolores Olmedo de Ciudad de México estuvieron cerradas al público, y su histórica colección de arte estaba oculta a la vista.

El museo, ubicado en una hacienda del siglo XVI, alberga 26 obras de arte de Frida Kahlo --según los expertos, se trata de la mayor colección del mundo-- y casi 140 piezas de Diego Rivera, entre pinturas, dibujos y un fresco.

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Situado en unos exuberantes jardines patrullados por pavos reales y perros pelones mexicanos, el museo cerró en 2020 durante el brote de coronavirus. Siguió cerrado, con pocas explicaciones, mucho después de que remitiera la pandemia. Después, el 30 de mayo, reabrió sus puertas, a tiempo, según dijo la dirección, para la Copa Mundial, de la que México será coanfitrión a partir del 11 de junio.

La hacienda fue el hogar de la fundadora del museo, una poderosa mujer de negocios que modeló para Diego Rivera cuando era adolescente y se convirtió en su amiga y mecenas de toda la vida. Olmedo fundó el museo en 1994 como monumento a Rivera, quien murió en 1957. Puso la hacienda, el arte e incluso sus animales en un fideicomiso para que lo disfrutaran los mexicanos.

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Mientras los visitantes recorrían las galerías y los jardines el día de la inauguración, Guadalupe Phillips Margáin y su hermana, Dolores Phillips Margáin, nietas de Olmedo e integrantes del comité que gestiona el fideicomiso, dijeron que habían aprovechado el paréntesis para replantearse y renovar el museo.

Las hermanas Phillips dijeron que querían hacer hincapié en la historia de su abuela y en su relación con Rivera. Dijeron que también querían mostrar mejor su colección, que incluye tres decenas de obras de Angelina Beloff (1879-1969), la artista rusa que fue la primera esposa de Diego Rivera, y cientos de objetos prehispánicos y piezas de arte popular mexicano.

"Intentamos ponerla en primer plano", dijo Guadalupe Phillips de su abuela, hablando por encima del graznido de los pavos reales en un patio sombreado. "No tendríamos nada de esto sin ella".

Los trabajadores restauraron obras de arte y añadieron cristales de calidad museística a los marcos, repararon paredes, quitaron viejas alfombras y desatascaron enormes ventanas. El museo habilitó más espacio para las obras de Rivera y las colgó en orden cronológico (Olmedo las había ordenado a su antojo, según dijeron las hermanas). También reservaron una sala para las cartas y documentos que atestiguan el afecto que compartían Olmedo y Rivera, que Olmedo describía como intenso pero platónico.

En una de ellas, escrita un año antes de su muerte, Rivera sugiere a Olmedo que compre una decena de obras suyas a otros coleccionistas. Firma "con todo mi cariño" y un boceto de una rana, una broma recurrente sobre su aspecto de rana.

El museo también habilitó más espacio para el arte de Kahlo, que antes había quedado relegado a una habitación larga y baja que fue el vestidor de Olmedo, quien compró las obras de su colección a petición de Rivera tras la muerte de Kahlo en 1954. Al parecer, pagó el equivalente a unos 1600 dólares; en el mercado actual, la selección, que incluye obras como Autorretrato con mono (1945), en la que Kahlo, su mono mascota y su perro fijan la mirada en el espectador, junto con Unos cuantos piquetitos (1935) y Hospital Henry Ford (1932), ambas pintadas al óleo sobre metal, valdrían millones de dólares.

Luis Rius, exdirector de la Casa Estudio Diego Rivera y Frida Kahlo de Ciudad de México, dijo que la colección es una especie de reconciliación póstuma entre Olmedo y Kahlo. En vida, dijo, "los desencuentros entre ellas eran brutales", y añadió que, con Rivera, "era un triángulo muy difícil".

Dolores Phillips descartó la noción de enemistad alguna, y señaló las similitudes entre ambas mujeres: cultas, inconformistas y nacidas con un año de diferencia, ambas se casaron con hombres bastante mayores que ellas. Sin embargo, en una entrevista en 1993, Olmedo fue directa. "Nunca fui amiga de Frida Kahlo", dijo.

El cierre del nuevo museo durante seis años irritó a los intelectuales y a los residentes de Xochimilco, el barrio de las afueras de Ciudad de México donde tiene su sede el museo. También lo hizo el plan, anunciado por el museo en 2022, de trasladar parte de la colección a un parque de atracciones en el centro de Ciudad de México. Los críticos del plan dijeron que eso violaría los términos del fideicomiso, que estipula que la colección permanezca intacta y en la hacienda. El plan de traslado se suspendió a principios de este año, dijo Guadalupe Phillips.

El día de la inauguración, un jubiloso grupo de residentes vestidos con trajes tradicionales bailó en la calle mientras los visitantes entraban en el museo.

"Nos sentimos muy felices", dijo Juan González Romero, miembro de un grupo de vecinos de Xochimilco que habían hecho campaña contra el cierre del museo y el proyecto del parque de atracciones.

González, quien recorrió el museo, dijo que había sido restaurado adecuadamente. Sin embargo, dijo, las mejoras no justificaban el cierre durante seis años.

"Nos privaron del museo por mucho tiempo", añadió.

La visita a la hacienda comienza en el generoso anexo donde Olmedo vivió después de convertir el resto de la propiedad en museo. Las habitaciones hablan de una vida de glamour, influencia y coleccionismo: paredes cubiertas de fotos y retratos de Olmedo, incluidos varios desnudos; un salón lleno de colmillos de marfil tallados, figuritas chinas y budas reclinados, y con un techo del que cuelgan fantasiosas lámparas de araña compuestas de cristal azul.

"Si no hubiera sido coleccionista, habría sido una acumuladora", dijo Guadalupe Phillips.

Las galerías de la casa siguen siendo un santuario de Rivera, con 98 obras que abarcan toda su carrera, desde un dibujo temprano que hizo de su madre, María Barrientos, en 1896, cuando tenía 10 años, hasta una serie de puestas de sol pintadas en la casa costera de Olmedo en Acapulco, poco antes de la muerte del pintor en 1957. Hay paisajes que recuerdan a Cézanne y niños rusos en cuclillas con brillantes ojos azules, a los que Rivera pintó tras recibir tratamiento contra el cáncer en la Unión Soviética en 1955, según Rius.

Jorge Rios, un visitante que trabaja en la industria de la moda, dijo que le llamaron la atención algunos cuadros cubistas de Rivera, quien es conocido sobre todo por murales políticos y por pinturas que celebran a los indígenas y a los miembros de la clase trabajadora. Obras como el óleo de 1915 El Rastro y El joven de la estilográfica (1917) mostraron que Rivera era un pintor consumado cuyo repertorio era más amplio que "personas indígenas y alcatraces", dijo Rios.

Guadalupe Phillips dijo que el museo quería promocionar a Diego Rivera y prestar su obra a exposiciones extranjeras con más frecuencia. El museo presta con frecuencia sus obras de Kahlo; sus esperanzas para Rivera son más modestas, dijo Phillips, y añadió: "Es imposible competir con Frida".

De hecho, en el museo, al que Olmedo apodó "la casa del maestro", Kahlo ha pasado de ser una invitada no muy querida a una atracción estrella.

El museo ha colgado los 26 lienzos de Kahlo en dos salas. Una, dijo Dolores Phillips, muestra retratos íntimos de sus allegados y la otra, el dolor psicológico que sufrió a causa de sus heridas, dolencias y traiciones románticas. En el extremo de la segunda sala está La columna rota, un autorretrato de 1944 en el que una columna arquitectónica destrozada sustituye a su columna vertebral.

Dolores Phillips dijo que la obra, colgada sola en una pared negra, era su pièce de resistance.

"Era su Mona Lisa", dijo.

A pesar de estos tesoros artísticos, atraer visitantes a Xochimilco es todo un reto, dijo Phillips. Los visitantes ya abarrotan las exposiciones de Kahlo en el extranjero y acuden en masa a otros tres lugares de peregrinación en Ciudad de México, como el estudio conjunto con Rivera, el Museo Frida Kahlo y el Museo Casa Kahlo, que se inauguró el otoño pasado, y donde vivieron los padres de Kahlo a partir de 1930.

Sin embargo, Phillips dijo que son menos los que atraviesan la agitada ciudad para ver sus obras en el Museo Dolores Olmedo. El museo esperaba enlazarse con otras atracciones locales, como los conocidos canales prehispánicos de Xochimilco, dijo. Su objetivo es aumentar el número de visitantes de unos 120.000 al año, antes de la pandemia, a 300.000.

Las hermanas Phillips dijeron que se necesitan opciones para mantener la viabilidad financiera del museo. El fondo original creado por su abuela había disminuido, dijeron, aunque no quisieron dar detalles. Como parte de su búsqueda para vender más entradas, las hermanas dijeron que el comité seguía considerando algún tipo de "extensión" del museo más cerca del centro de Ciudad de México.

Luis Cacho, exjefe de asuntos jurídicos de la Secretaría de Cultura, dijo que todo lo que no fuera una exposición temporal rompería los términos del fideicomiso. Hablando por teléfono, dijo que no existía una definición estricta de lo que sería temporal, pero que una exposición que durara décadas "obviamente no fue la intención de Dolores Olmedo".

Otros planes para el museo incluían encargar obras a artistas contemporáneos, dijo Guadalupe Phillips. En un guiño a la Copa Mundial, habían añadido una exposición temporal del fotógrafo mexicano Santiago Arau centrada en el juego de pelota de la época azteca y una serie de retablos en cartón piedra de fútbol y aficionados. A principios de 2027 está prevista una exposición de mujeres artistas mexicanas, que incluirá obras de Beloff.

"Necesitamos generar ingresos", dijo Guadalupe Phillips. "Para generar interés, para mantenerlo vivo".

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