
En una nueva serie de Netflix de la productora de los hermanos Duffer, los que luchan contra los monstruos ya no se mueven tan rápido como antes.
¿Qué obtienes cuando juntas a un adorable elenco de actores septuagenarios con los hermanos Duffer? Obtienes una mirada directa al código genético de Netflix.
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The Boroughs: Jubilación rebelde, que se estrenó el jueves pasado, es un híbrido inocuamente agradable de aventura inspiradora para personas mayores y serie de terror con monstruos. Pero su característica definitoria es el estado netflixiano de atención variable y expectativas reducidas que induce en el espectador a lo largo de sus ocho episodios.
Al igual que Un hombre infiltrado, de Netflix, con Ted Danson, u Only murders in the Building, de Hulu, con Steve Martin y Martin Short, The Boroughs explota las posibilidades cómicas y sentimentales de poner a baby boomers mayores en acción, y en peligro, haciéndola de detectives gruñones. Pero lo hace a gran escala.
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De los ocho actores principales que interpretan a los residentes de la siniestra comunidad de jubilados en la que se desarrolla la trama, siete --Ed Begley Jr., Geena Davis, Alfred Molina, Clarke Peters, Bill Pullman, Dee Wallace y Alfre Woodard-- tienen más de 70 años; Denis O'Hare, el "bebé" del grupo, tiene 64 años. Otras septuagenarias del reparto son Jane Kaczmarek, Mary McDonnell y Anna Deavere Smith.
Este elenco de cierta edad --y se trata de un grupo decididamente talentoso y atractivo-- recurre al humor físico y a las bromas complacientes para el público que esperamos en las dramedias geriátricas. Pero aquí eso se lleva más al límite de lo habitual porque The Boroughs es el resultado del acuerdo de producción que Matt Duffer y Ross Duffer firmaron con Netflix después del éxito de Stranger Things. (Desde entonces se mudaron a Paramount).
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La serie fue creada por Jeffrey Addiss y Will Matthews, quienes colaboraron anteriormente en proyectos animados de El señor de los anillos y El cristal encantado. Pero las huellas de Stranger Things están por todas partes en The Boroughs. En la comunidad de jubilados hay monstruos, y ellos y sus hábitats son ecos distantes y de menor presupuesto de las criaturas de la serie anterior y su reino de sombras, el Otro Lado.
Cuando Sam, el viudo afligido y enfadado interpretado por Molina, reúne a los ancianos para la batalla, la simetría entre las dos series se vuelve cada vez más evidente. Los Duffer dieron prioridad a la nostalgia spielbergiana en Stranger Things ambientando la serie en la década de 1980; The Boroughs está ambientada en el presente, pero los gustos y pasatiempos de sus personajes nos ponen en una cámara de eco de la cultura pop de las décadas de 1970 y 1980.
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En la televisión pasan Los años dorados, en el estéreo suenan Bob Seger y Bruce Springsteen, y todo el mundo conoce los tratamientos contra la calvicie de Hair Club for Men. Sam, un exingeniero, colecciona televisores antiguos, que resultan útiles cuando se descubre que los rayos catódicos pueden ser usados como armas contra los monstruos. "Thunder Road" de Springsteen figura en la trama, y una de las escenas más conmovedoras implica al personaje de Peters, quien en otros tiempos fuera un radical, cantando "Lovely Day" de Bill Withers.
Lamentablemente, otra cosa que The Boroughs y Stranger Things tienen en común es la insípida solemnidad de su guion, que intentan compensar con chistes regulares y acción frenética. Ese fue un problema que se volvió cada más molesto a medida que Stranger Things se hacía más recargada y pretenciosa.
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En The Boroughs, eso no acaba con la diversión, pero sí la enfría. Sin embargo, esa sensación de producto a granel de Netflix sigue ahí, como si el énfasis estuviera en llenar los estantes de una tienda. Ayuda que Addiss y Matthews mantengan las cosas en un tono más bajo y afable. Y gracias a la calidad general del elenco, siempre aparecen personas a las que da gusto ver, aunque solo estén haciendo muecas o caminando de forma chistosa. O gritando. (¿Mencioné a Dee Wallace, cierto?).
La cotidianidad de The Boroughs no significa que no tenga algunas ideas ya probadas de película terror; es una variación muy entretenida de la idea de que a las personas "almacenadas" en comunidades de retiro les están chupando la vida, literalmente. Y aunque los personajes principales caen en arquetipos como el galán viejo y el hippie anciano, casi todo el reparto consigue darles un poco más de personalidad.
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Si vas a seguir a un variopinto grupo de ancianos actuando como adolescentes embarcados en una misión, ayuda estar en compañía tan agradable.
Mike Hale es crítico de televisión para el Times. También escribe sobre video en línea, películas y medios.
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