La guerra de los cansados

Especial para Infobae de The New York Times.

LONDRES — Hace un par de semanas, cuando los jugadores que representarán a Gales en los campeonatos europeos de fútbol de este verano comenzaron a presentarse a los entrenamientos, su cuerpo técnico instituyó una regla no oficial: intentar, si es posible, no decir la palabra que comienza con la “F”.

No es que la palabra esté expresamente prohibida; más bien se desaconseja su uso. “No queremos que sea un factor importante”, dijo Tony Strudwick, jefe de rendimiento del equipo. “No hemos usado el término. No estamos hablando de fatiga”.

Hablar de eso en público puede parecer como inventar excusas. Hablar de eso en privado puede sembrar dudas en los jugadores. Por supuesto, eso no significa que Strudwick y sus colegas, así como todos los demás equipos importantes del mundo que enfrentan un verano lleno de campeonatos, no estén pensando en eso casi constantemente.

La fatiga siempre es un factor en un torneo de importancia. La Eurocopa, la Copa América y el Mundial llegan como la última parte de una serie de extensas y arduas campañas por parte de los clubes. Estos son disputados por los jugadores más exitosos, los que son empleados de los mejores equipos, a quienes rara vez se les concede más de un par de semanas de descanso antes de presentarse a los compromisos internacionales.

Pero pocas veces la sombra del agotamiento se ha cernido tanto sobre un torneo como es el caso de este verano, que llega en un calendario compactado y condensado por los efectos de la pandemia de coronavirus. En la mayoría de los países, lo que normalmente es una temporada de diez meses, este año ha sido embutida en una de solo un poco más de ocho.

Muchos de los jugadores involucrados en la Eurocopa —y en la Copa América, el campeonato sudamericano que ocurrirá de forma simultánea— efectivamente han estado jugando sin parar desde junio pasado. Algunos están empezando a sentirlo. Marcos Llorente, el mediocampista español, confesó a principios de este mes que, en sus últimos partidos de la temporada con el Atlético de Madrid, salió del campo sin poder correr más. “El cerebro quería más, pero el cuerpo se negó”, dijo.

Hace tres meses, Didier Deschamps, entrenador de Francia y campeón del mundo, advirtió que su equipo repleto de estrellas, uno de los favoritos para ganar el título europeo, era vulnerable a la fatiga física y mental. Su prioridad, dijo al reunir a su equipo a finales del mes pasado, era asegurarse de que hubiera suficiente “gasolina en el motor” para sobrevivir a un calendario que —si todo va de acuerdo con su plan— comprenderá siete juegos en 30 días.

Gareth Southgate, el entrenador de Inglaterra, ha admitido que debe tener cuidado de no “quebrar a ninguno de los jugadores”. Roberto Martínez, el entrenador de Bélgica, el equipo con la mejor clasificación del mundo, sugirió, después de que su equipo empatase con Grecia en un juego de preparación, que sus jugadores estaban luchando por redescubrir la “intensidad competitiva” que necesitarán para lograr sus ambiciones en el torneo.

Y aunque Strudwick y sus colegas de Gales no la mencionen, la fatiga y sus peligros están entrelazadas en la estructura misma de su planificación. Estos han diseñado sus programas de formación para tenerlo en cuenta. Han programado más tiempo de inactividad para prevenirlo. Cualquier jugador que se considere que está forzando demasiado sus límites verá que sus regímenes de entrenamiento serán monitoreados y sus cargas de trabajo reducidas.

Tanto ellos como los demás entrenadores saben que, más que nunca, el resultado de la Eurocopa 2020 puede no depender de lo estratégico o estilístico, lo táctico o lo técnico. En cambio, puede depender de lo físico, lo que Strudwick llamó la batalla de “frescura versus fatiga”. Este es un torneo para el último equipo que quede en pie.

La explicación para eso es obvia. Los jugadores convocados por los 24 países que disputarán el torneo, previamente aplazado, no han pasado, según los datos de Twenty First Group, una consultora de análisis deportivo, más tiempo en el campo en promedio durante la última temporada de lo que podrían haberlo hecho en circunstancias normales.

Pero todos han jugado más partidos en un espacio menor de tiempo —el estudio de Twenty First Group mostró que algunos llegarán al torneo después de haber jugado más de 200 minutos, o más de tres partidos, más que sus equivalentes en la Copa del Mundo 2018— e, igualmente significativo, lo hicieron con mucho menos tiempo para recuperarse.

Antes de la última Eurocopa, en 2016, los jugadores habían disfrutado de una media de 4,5 días de descanso entre partidos. Esta vez, esa cifra se ha reducido a 3,9 días, según el estudio. Para algunas de las principales naciones, las cifras son aún más sorprendentes: los jugadores que representan a España, Francia, Inglaterra e Italia han tenido, en promedio, solo 3,5 días entre partidos esta temporada.

Sin embargo, es posible que la fatiga, esa que afecta de manera desproporcionada a los tradicionales favoritos, actúe como un gran ecualizador; el hecho de que tantas de las principales estrellas se estén quedando sin aire puede servir para hacer que el torneo sea mucho más, y no menos, emocionante.

Ciertamente, ese es el razonamiento de Strudwick. “No va a depender de la forma”, dijo. “Habrá resultados sorpresivos. Podría estar en los planes de un equipo menos proclamado. Será quien utilice su equipo, mantenga la frescura y lo transite de la mejor manera”.

Por supuesto, Strudwick no es un observador desapasionado. Gales, por ejemplo, tiene motivos para esperar que él tenga razón. Su equipo solo tiene a un par de jugadores destacados, Gareth Bale y Aaron Ramsey, pero ninguno jugó esta temporada tanto como les hubiera gustado. Ni Bale (en el Tottenham) ni Ramsey (en la Juventus) tuvieron 1500 minutos de acción competitiva en sus clubes. Ambos deberían, en teoría, estar bastante más frescos de lo habitual.

Sin embargo, hay otro potencial problema en todas esas pesadas cargas de trabajo: no que la condición física de los jugadores sirva para hacer el torneo más abierto, sino que lo hará más peligroso.

“Existe una correlación probada entre la prevalencia de lesiones y la falta de recuperación”, dijo Jonas Baer-Hoffmann, secretario general de FIFPro, el sindicato mundial de jugadores.

“Esta temporada algunos de los mejores jugadores disputaron hasta el 80 por ciento de sus partidos sin el tiempo ideal para recuperarse”, agregó. “Ya hemos visto el impacto de ciertos tipos de lesiones típicas de la fatiga. Por supuesto, esperamos que los jugadores se mantengan sanos y puedan jugar al tope de sus capacidades. Pero después de un año como el que hemos tenido, la realidad es que el riesgo de lesiones es alto”.

Eso es lo que más temen Strudwick y todos sus compañeros, contemporáneos y rivales. Es lo que han pasado semanas y meses intentando prevenir, o al menos mitigar. Puede que no estén hablando de la fatiga y de todas las amenazas que plantea, pero seguro que estarán pensando en eso, todos los días del próximo mes, hasta que solo uno de ellos quede en pie y por fin puedan descansar.