En el sur de Texas, los republicanos hispanos tratan de cimentar los logros del partido

Supporters of former President Donald Trump wave flags in McAllen, Texas, April 17, 2021. Conservative Hispanic leaders, especially women, are ascendant in the Rio Grande Valley, where Republicans are trying to forge lasting bonds with voters who swung sharply to the right in 2020. (Veronica G. Cardenas/The New York Times)
Supporters of former President Donald Trump wave flags in McAllen, Texas, April 17, 2021. Conservative Hispanic leaders, especially women, are ascendant in the Rio Grande Valley, where Republicans are trying to forge lasting bonds with voters who swung sharply to the right in 2020. (Veronica G. Cardenas/The New York Times)

Especial para Infobae de The New York Times.

McALLEN, Texas — La puerta principal de la oficina del Partido Republicano del Condado de Hidalgo está cubierta con fotografías de políticos de alto perfil del partido: el gobernador Greg Abbott, el senador John Cornyn y el expresidente Donald Trump. Casi todos, hombres blancos.

Al entrar y se ve un pizarrón de anuncios con fotos de líderes republicanos locales: Adrienne Peña-Garza, Hilda Garza DeShazo, Mayra Flores. Casi todas son mujeres hispanas.

Los republicanos hispanos, en especial las mujeres, se han convertido en una especie de estrellas del rock político en el sur de Texas, después de que los electores del Valle del Río Grande sorprendieran a los líderes de ambos partidos en noviembre, al mostrar una fuerte preferencia por el Partido Republicano. En McAllen, una de las ciudades más grandes de la región, Trump recibió casi el doble de votos que cuatro años antes; en el Valle del Río Grande en general, el presidente Joe Biden ganó por solo 15 puntos porcentuales, una fuerte caída desde el margen de 39 puntos de Hillary Clinton en 2016.

Ese repunte conservador, y el declive liberal, ha alimentado las esperanzas del Partido Republicano sobre su capacidad para atraer al electorado hispano a la que durante mucho tiempo ha sido una coalición política de mayoría blanca y para desafiar a los demócratas en las regiones con gran presencia de latinos en todo el país. Ahora los funcionarios del partido, incluido el gobernador Abbott, han acudido al Valle del Río Grande en una especie de peregrinaje, deseosos de conocer a las personas que ayudaron a los republicanos a ganar terreno de manera acelerada en un bastión demócrata desde hace mucho tiempo.

Una de esas personas, Peña-Garza, presidenta del Partido Republicano del Condado de Hidalgo, creció siendo hija de un legislador estatal demócrata. Como era común para la mayoría de las familias hispanas de la zona, dijo, se daba por hecho que había que votar por los demócratas. Pero después de que su padre cambió de partido en 2010, Peña-Garza no tardó en hacer lo mismo, con el argumento de que los demócratas se habían desviado demasiado hacia la izquierda, en particular en temas como el aborto y el control de armas.

“La política de aquí me daba miedo porque no se puede ir contracorriente”, dijo. “Si alguien te va a decir: ‘Ah, eres morena, tienes que ser demócrata’, o ‘Ah, eres mujer, tienes que ser demócrata’, bueno, ¿quién eres tú para decirme por quién debo votar y por quién no?”, comentó.

Peña-Garza dijo que la llamaban coco —morena por fuera, blanca por dentro— y decían que era una latina que se odiaba a sí misma, etiquetas que han empezado a ceder hasta estos los últimos años al conocer a más republicanos hispanos que, como ella, adoptan políticas que consideran que ayudan a los propietarios de pequeñas empresas y apoyan sus creencias religiosas.

Ahora, dice, la elección política es una cuestión de orgullo.

“No pueden avergonzarme ni intimidarme para que vote por un partido solo porque siempre ha sido así”, dijo.

Una de las preguntas que persisten en las elecciones de 2020 es lo que impulsó a esta región —y a otras zonas del país con gran presencia de hispanos— hacia los republicanos. El cambio pareció ser en especial agudo entre las mujeres que se consideran conservadoras, según un análisis poselectoral realizado por Equis Labs, una firma de investigación alineada con los demócratas que estudia a los electores latinos.

Las conversaciones con votantes y activistas en el condado de Hidalgo sugirieron que no hay una respuesta sino muchas: las mujeres que se oponen de manera incondicional al aborto votaron por primera vez; las esposas de los agentes de la Patrulla Fronteriza se sintieron convencidas de que contaban con el firme apoyo del gobierno de Trump; las madres se contagiaron del entusiasmo de los amigos republicanos que conocían a través de la iglesia o la escuela de sus hijos.

Para muchos electores de la región, existe un profundo sentimiento de escepticismo: la sensación de que las cosas no cambiarán sin importar quién esté al mando. La frontera, después de todo, ha sido el escenario de una crisis humanitaria tanto con los demócratas como con los republicanos. Casi todo el mundo aquí conoce a los inmigrantes que viven en el país sin permiso legal y a los agentes de la Patrulla Fronteriza, a veces incluso dentro de la misma familia. Y para muchos aquí, la aplicación de la ley sigue siendo uno de los caminos más fáciles hacia la clase media y los republicanos han retratado a los demócratas nacionales como hostiles hacia la policía.

Es probable que tanto los republicanos como los demócratas comiencen este año a canalizar mucho más dinero hacia la región, donde el entusiasmo por el Partido Republicano en 2020 no se limitó a Trump. Por primera vez en la historia reciente, un candidato republicano estuvo a punto de derrotar al titular demócrata en el distrito 15 del Congreso de Texas, que incluye la mayor parte del condado de Hidalgo y se extiende al norte de McAllen hasta San Antonio.

En la siguiente contienda por el escaño, la candidata republicana, Mónica De La Cruz-Hernández, vuelve a desafiar al representante Vicente González, demócrata, pero puede que estén compitiendo en un terreno político diferente si la forma de “tira de tocino” del distrito se altera en la redistribución de los distritos a finales de este año.

Al igual que muchos de sus seguidores, De La Cruz-Hernández se registró en un principio como demócrata; en gran parte, dijo, para poder votar en las elecciones primarias locales.

“Eso es lo que suele hacerse”, dijo. Añadió que, aunque no recordaba haber votado nunca por un demócrata para presidente, había dudado en expresar sus opiniones políticas a los demás, por temor a que pudiera perjudicar su negocio de seguros. “Pero nunca me pareció que los valores o el mensaje demócrata fueran para mí”, dijo. “Y estoy convencida de que la gente aquí tiene valores conservadores. En realidad, la mayoría de la gente los tiene”.

Durante su última campaña, De la Cruz-Hernández se basó en gran medida en los esfuerzos locales, y atrajo poca atención del Partido Republicano nacional en una contienda que perdió por solo tres puntos. Ahora se está centrando en conseguir el apoyo de los donantes en Washington. El Comité de Campaña Demócrata del Congreso ya nombró a González miembro de “primera línea”, lo que indica que lo considera uno de los demócratas más amenazados de la Cámara de Representantes. Y en marzo, el Comité Nacional Republicano del Congreso incluyó a González en su “lista de salida” de 2022 y comenzó a emitir anuncios en su contra.

En una entrevista, González atribuyó el estrecho margen de la contienda del año pasado a la ausencia de campaña presencial de los demócratas en medio de la pandemia de coronavirus y la alta participación en el fenómeno particular de Trump, más que a un cambio a largo plazo.

“Para que los republicanos piensen que hay algún cambio drástico, que deben invertir su atención y dinero en este distrito, creo que estarán tristemente equivocados”, dijo. “Pero no doy nada por sentado”.

Al igual que otros demócratas a lo largo de la frontera de Texas, González ha tratado de distanciarse de los demócratas nacionales; este año pidió a Biden que rescindiera una orden ejecutiva para detener de manera provisional nuevas operaciones de fracturación hidráulica en tierras federales. El mes pasado, viajó a la frontera con el Caucus de Solucionadores de Problemas, un grupo bipartidista del Congreso, y ha exhortado a altos funcionarios del gobierno de Biden a venir a la región.

“Somos demócratas conservadores por aquí”, dijo. “Apoyamos mucho el comercio internacional. Somos una comunidad agrícola. Somos católicos. Trabajamos en los campos de petróleo. Somos ávidos coleccionistas de armas”.

Y añadió: “Creo que eso nos distingue bastante del resto del Partido Demócrata. No podemos solo asumir que todos los hispanos se van a quedar con los demócratas”.