Europa saquea París en busca de talento y el PSG paga el precio

Especial para Infobae de The New York Times.

(On Soccer)

Al final, el Paris Saint-Germain no podía haber acelerado más el progreso de Tanguy Nianzou dentro del club de lo que lo hizo. Fue capitán del equipo sub-19 del club con tan solo 16 años. Fue convocado al primer equipo a los 17, donde entrenó junto a Neymar, Kylian Mbappé y el resto, y en poco tiempo hizo su debut. Incluso fue titular en un partido de la Liga de Campeones.

Aun así, a pesar de todas esas oportunidades, se fue. Nianzou acababa de cumplir 18 años cuando, el 1 de julio del año pasado, fue presentado como jugador del Bayern Munich. El PSG ni siquiera tuvo el consuelo de haber podido embolsarse una prima por haber desarrollado al jugador. El contrato de Nianzou estaba culminando. Salió del club de su ciudad natal por nada.

Su partida dolió. Dolió lo suficiente como para que Leonardo Nascimento de Araújo, el director deportivo del PSG mejor conocido como Leonardo, lo citara como una especie de parábola apenas en febrero, mucho antes de que los equipos se enfrentaran en los cuartos de final de la Liga de Campeones esta semana.

“Con nosotros jugó hasta en la Liga de Campeones y en el Bayern ha pasado casi un año sin jugar”, dijo Leonardo, sin inmutarse por el hecho de que han sido las lesiones —y no la falta de calidad— lo que han limitado a Nianzou a tener apenas 21 minutos competitivos en el Bayern. “El problema es pensar que existe un paraíso en otro lugar. Dicen que el PSG perdió a una joven promesa, pero a veces creo que no es el PSG el que pierde, sino los jóvenes que se van”.

La susceptibilidad de Leonardo —y la de su club— ante la partida de Nianzou se explica solo parcialmente por el talento del joven jugador. También se debe a que Nianzou no es el único prodigio que se le ha escapado al PSG. Ni siquiera es el único que está ahora en el Bayern.

Kingsley Coman se convirtió en el futbolista más joven en jugar para el PSG cuando debutó con el club en febrero de 2013. Era la joya del sistema juvenil del equipo, el abanderado de su futuro. Un año después, se fue gracias a un traspaso gratuito. En agosto del año pasado marcó el gol que le dio la victoria al Bayern en la Liga de Campeones, contra el PSG.

Hay muchos otros como ellos. Quedan 11 jugadores en la Liga de Campeones de este año que crecieron en París o pasaron algún tiempo en la academia juvenil del PSG. Solo 3 de ellos juegan para el actual campeón francés: Colin Dagba, Presnel Kimpembe y Mbappé, aunque, por supuesto, este último pudo regresar a su ciudad natal gracias a una enorme suma de dinero.

Algunos de los otros —N’golo Kanté del Chelsea, Riyad Mahrez y Benjamin Mendy del Manchester City, Raphaël Guerreiro del Borussia Dortmund— crecieron en los amplios suburbios que rodean a París, pero nunca captaron la atención del club. Unos pocos sí lo hicieron: al igual que Coman y Nianzou, Dan-Axel Zagadou del Dortmund y Ferland Mendy del Real Madrid, pasaron un tiempo en la academia del PSG antes de irse a forjar sus nombres en otros lugares.

Eso debería ser suficientemente irritante, pero en realidad es solo la punta del iceberg. Otros 11 jugadores nacidos en el patio trasero del PSG fueron eliminados en los octavos de final de la Liga de Campeones, entre ellos Christopher Nkunku, Ibrahima Konaté, así como Nordi Mukiele del RB Leipzig y Jules Koundé del Sevilla.

Se pueden encontrar docenas más en la Ligue 1 y en toda Europa, desde Paul Pogba en adelante. El PSG está sentado en la que en general es considerada la mina de oro de talento más rica del fútbol mundial y, sin embargo, está permitiendo que los exploradores se lleven su tesoro por montones. La mayoría de las veces lo único que recibe a cambio es el persistente y amargo sabor del arrepentimiento.

Es entonces comprensible que Leonardo, por lo menos, haya intentado culpar a los especuladores. Los cazatalentos de clubes franceses rivales tienen tiempo rastreando los suburbios de París en busca de la próxima gran revelación. En los últimos años, se les han unido representantes de equipos alemanes —y, antes del brexit, clubes de la Liga Premier— que buscan eliminar a los intermediarios.

“Los clubes alemanes, principalmente el Bayern, el Leipzig y el Dortmund, se abalanzan sobre los jóvenes y amenazan el desarrollo francés”, le dijo Leonardo a Le Parisien este año. “Llaman a los padres, amigos, familiares, al propio jugador, así sea menor de 16 años. Les llenan las cabezas con ideas grandilocuentes. Quizás las reglas deberían modificarse para proteger a los equipos franceses”.

Sin embargo, este es un problema que no puede eliminarse mediante legislación. Dada la gran cantidad de jugadores que emergen de París, es inevitable que al PSG se le escapen algunos de ellos, como pasó con Kanté y Mahrez. Lo que más debería preocuparle a Leonardo es que —como dijo Michael Zorc, director deportivo del Dortmund— muchos jugadores jóvenes vean “mejor permeabilidad y un mayor potencial de desarrollo” lejos del PSG.

Hace una década, cuando Qatar Sports Investments invirtió por primera vez en el club insignia de la capital francesa, se comprometió a no solo alcanzar el éxito; Nasser al-Khelaifi, presidente del club, habló de querer encontrar al próximo Lionel Messi en lugar de comprar al original. Los propietarios ratificaron el discurso con sus bolsillos, al invertir decenas de millones de dólares en el sistema juvenil del club.

Pero como bien ha descubierto el PSG en su lucha por conseguir el trofeo de la Liga de Campeones, la fórmula del éxito rara vez es tan simple. La academia del club es regularmente valorada como una de las mejores en Francia. En muchos sentidos, la cantidad de jugadores que ha producido para otros equipos es prueba de su instinto para reconocer talento y de la calidad de su capacitación.

Sin embargo, todo eso es irrelevante si el salto de la academia a poder jugar junto a Neymar y Mbappé es demasiado grande. Es aquí donde el PSG ha fallado.

Lo que las historias de Coman, Nianzou y tantos otros tienen en común es que llegaron al PSG y atravesaron toda la academia, solo para encontrar su camino bloqueado en el último escalón: por un entrenador cuya labor era concentrarse en el presente; por una superestrella adquirida con muchísimo dinero para ganar trofeos; por un club que se mueve demasiado rápido como para esperar que los jóvenes desarrollen sus habilidades.

En un cierto nivel, la pérdida de todo ese talento solo le ha dado al PSG un golpe superficial. El club sigue teniendo, con una sola excepción hasta el momento, un monopolio efectivo sobre el título de la Ligue 1. Ha llegado a una final de la Liga de Campeones. Puede convocar a algunos de los mejores jugadores del mundo. ¿Habrían Ferland Mendy, Guerreiro o Koundé marcado una gran diferencia? Posiblemente no.

Pero en otro nivel más fundamental, el impacto ha sido considerable. Catar ha invertido una cantidad considerable de tiempo y recursos no solo en el PSG sino en el futbol francés en su conjunto, ha financiado la transformación del club a través de Qatar Sports Investments mientras al mismo tiempo suscribía de forma eficiente a la liga a contratos de transmisión con la cadena catarí beIN Sports.

Siempre ha tenido una idea clara de lo que quería que el PSG fuera —principalmente, un ganador de la Liga de Campeones— pero, a 10 años de su llegada, todavía no es obvio que sepa cómo lograrlo. Los entrenadores han ido y venido, todos muy diferentes entre sí: el entrenador superestrella, el astuto estratega, el fanático imperioso, el antiguo capitán.

El equipo tiene cierta cualidad de mosaico que plantea un pensamiento confuso. ¿Está construido en torno a Neymar o Mbappé? ¿Dónde encajan Moise Kean y Mauro Icardi? ¿Puede alguno de estos jugadores hacer lo que el entrenador actual, Mauricio Pochettino, probablemente quiera que hagan? ¿Realmente se adaptaron bien a Thomas Tuchel la temporada pasada? El PSG es actualmente, como lo ha sido durante una década, un equipo en busca de una identidad.

De cualquier manera, el talento sigue llegando. El club tiene grandes expectativas, en particular, con un defensa central de 15 años llamado El Chadaille Bitshiabu. Las leyes francesas le prohíben firmar un contrato profesional hasta que cumpla 16 años, que será el 16 de mayo, pero todos los entrenadores que han trabajado con él están convencidos de que puede lograrlo. Solo les queda esperar que en efecto sea con el PSG.