'China intenta contrarrestar la reacción negativa de Sinkiang con... ¿un musical?'

FILE -- People outside the Id Kah Mosque in Kashgar in the Xinjiang region of China on Aug. 7, 2019. A movie is part of Beijing’s wide-ranging new propaganda campaign to push back on sanctions and criticism of its oppression of the Uyghurs. (The New York Times/Giles Sabrie)
FILE -- People outside the Id Kah Mosque in Kashgar in the Xinjiang region of China on Aug. 7, 2019. A movie is part of Beijing’s wide-ranging new propaganda campaign to push back on sanctions and criticism of its oppression of the Uyghurs. (The New York Times/Giles Sabrie)

Especial para Infobae de The New York Times.

En una escena, se ve a mujeres uigures bailando en un emocionante enfrentamiento al estilo de Bollywood con un grupo de hombres uigures. En otra, un hombre kazajo canta para un grupo de amigos con un laúd tradicional de dos cuerdas mientras están sentados en una yurta.

Bienvenidos a “The Wings of Songs” (Las alas de las canciones), un musical respaldado por el Estado que es la apuesta más reciente de la campaña de propaganda de China para defender sus políticas en Sinkiang. La campaña se ha intensificado en las últimas semanas, pues políticos occidentales y grupos de defensa de los derechos humanos han acusado a Pekín de genocidio y de someter a los uigures y a otras minorías musulmanas de Sinkiang a trabajos forzados.

La película, que se estrenó en los cines chinos la semana pasada, ofrece un vistazo a la visión alternativa de Sinkiang que el Partido Comunista en el poder está promoviendo ante el público nacional y extranjero. Al parecer, el musical afirma que, lejos de estar oprimidos, los uigures y otras minorías cantan y bailan alegremente con coloridas vestimentas, una versión llamativa de un estereotipo chino ya muy extendido de las minorías de la región que los activistas defensores de los derechos de los uigures no tardaron en denunciar.

“La idea de que, como los uigures cantan y bailan, entonces no hay genocidio, no va a funcionar”, señaló Nury Turkel, abogado estadounidense uigur y miembro de alto rango del Instituto Hudson en Washington. “El genocidio puede ocurrir en cualquier lugar hermoso”.

A raíz de las sanciones occidentales, el gobierno chino ha respondido con una nueva oleada de propaganda de amplio espectro sobre Sinkiang. El enfoque va desde el retrato de una versión suavizada y agradable de la vida en Sinkiang (como en el ejemplo del musical) hasta el despliegue de funcionarios chinos en las redes sociales para atacar a los críticos de Pekín. En aras de reforzar su mensaje, el partido insiste en que sus esfuerzos han eliminado la supuesta amenaza del terrorismo violento.

Según el gobierno, Sinkiang es ahora un lugar pacífico donde los han, el grupo étnico dominante de China, viven en armonía junto con las minorías étnicas musulmanas de la región, como las “semillas de una granada”. Es un lugar donde el gobierno ha conseguido emancipar a las mujeres del yugo del pensamiento extremista, y las minorías étnicas de la región se representan como agradecidas por los esfuerzos del gobierno.

El musical lleva el discurso a un nuevo nivel de vergüenza. Cuenta la historia de tres jóvenes, un uigur, un kazajo y un chino han, que se unen para seguir sus sueños musicales.

La película describe a Sinkiang, una región predominantemente musulmana en el extremo occidental de China, como una zona libre de influencia islámica. Los jóvenes uigures aparecen bien afeitados y bebiendo cerveza, sin las barbas ni la abstinencia de alcohol que las autoridades consideran señales de extremismo religioso. Las mujeres uigures aparecen sin los tradicionales pañuelos en la cabeza.

Los uigures y otras minorías étnicas de Asia central, vistos a través de esta lente, también aparecen retratados como personas que se han integrado por completo a la cultura dominante. Hablan chino con fluidez, con pocos indicios de sus lenguas maternas o ninguno en absoluto. Se llevan bien con la mayoría de la etnia china han, sin que se perciba el resentimiento que desde hace mucho sienten los uigures y otras minorías por la discriminación sistemática.

El discurso presenta una imagen totalmente diferente de la realidad en el lugar, donde las autoridades mantienen un control férreo mediante una nutrida red de cámaras de vigilancia y puestos de policía, y han detenido a muchos uigures y otros musulmanes en campamentos de reclusión masiva y prisiones. Hasta el lunes, la película había recaudado unos escasos 109.000 dólares en taquilla, de acuerdo con Maoyan, una empresa que da seguimiento a la venta de entradas.

En un inicio, los funcionarios chinos negaron la existencia de los campamentos de reclusión de la región. Luego describieron las instalaciones como “internados” en los que la asistencia era absolutamente voluntaria.

Ahora, el gobierno está adoptando cada vez más una estrategia más combativa, tratando de justificar sus políticas como necesarias para combatir el terrorismo y el separatismo en la región.

Los funcionarios chinos y los medios de comunicación del Estado han impulsado de diversas maneras el discurso del gobierno acerca de sus políticas en Sinkiang; en parte mediante la difusión de discursos alternativos (que incluyen la desinformación) en las redes sociales estadounidenses como Twitter y Facebook. Esta estrategia alcanzó un máximo histórico el año pasado, según un informe publicado la semana pasada por investigadores del Centro Internacional de Ciberpolítica del Instituto Australiano de Política Estratégica, o ASPI, por su sigla en inglés.

La campaña de redes sociales se centra en diplomáticos chinos en Twitter, cuentas de medios de comunicación del Estado, influentes a favor del Partido Comunista y bots, según los hallazgos de los investigadores del instituto. Con frecuencia, las cuentas envían mensajes destinados a difundir desinformación sobre los uigures que se han manifestado y a desprestigiar a los investigadores, periodistas y organizaciones que trabajan en asuntos relacionados con Sinkiang.

Anne-Marie Brady, profesora de política china en la Universidad de Canterbury, en Nueva Zelanda, quien no participó en el informe de ASPI, calificó la ofensiva china en Sinkiang como la mayor campaña de propaganda internacional sobre un solo tema que había visto en sus 25 años de investigación sobre el sistema de propaganda chino.

“Es estridente y dogmática, cada vez más agresiva”, dijo en comentarios enviados por correo electrónico. “Y se mantendrá, sea eficaz o no”.

En un comunicado, Twitter señaló que había suspendido varias de las cuentas citadas por los investigadores de ASPI. Facebook dijo en un comunicado que había eliminado hace poco a un grupo de hackers que había estado atacando a la diáspora uigur. El año pasado, ambas empresas comenzaron a etiquetar las cuentas de los medios de comunicación afiliados al Estado.

El partido también ha afirmado que necesitaba tomar medidas firmes después de que una serie de ataques mortales sacudieron la región hace unos años. Los críticos afirman que la magnitud de la violencia sigue sin estar clara, pero que esos disturbios no justifican el alcance general e indiscriminado de las detenciones.