Las mujeres que acusan a Donald Trump de abuso sexual formaron un grupo llamado “Hermanas de la extraña sororidad”

Están íntimamente unidas debido a un hombre que fue presidente, un hombre al que todas han señalado por su conducta sexual inapropiada, un hombre que aún enfrenta demandas de tres de ellas. Ahora, se reúnen regularmente en Zoom

(Natasha Stoynoff via The New York Times)
(Natasha Stoynoff via The New York Times)

Se llaman a sí mismas las “Hermanas de la Extraña Sororidad”. Tienen una lista de canciones que incluye “I’m Every Woman” y “Hit the Road, Jack”, y nunca se han conocido en persona.

Sin embargo, están íntimamente unidas debido a un hombre que fue presidente, un hombre al que todas han señalado por su conducta sexual inapropiada, un hombre que aún enfrenta demandas de tres de ellas. Se reunieron para ver cómo el sucesor de ese hombre prestaba juramento para asumir el cargo esta semana.

“Estoy mareada. Me siento entumecida y mareada”, comentó Natasha Stoynoff, una periodista que, junto con otras seis mujeres que han acusado a Donald Trump de agresión sexual y conducta inapropiada, se reunió por internet el miércoles para celebrar la toma de posesión del presidente Joe Biden y la vicepresidenta Kamala Harris. Stoynoff llevaba una camiseta que decía DESTITUIDO.

Fue Stoynoff quien formó este grupo. Todas las mujeres habían leído las historias de las demás, divulgadas en diversos medios, y algunas de ellas se habían conocido. Pero no fue hasta 2019, tres años después de que Stoynoff escribiera por primera vez su artículo para People, que conoció a E. Jean Carroll, con la ayuda de George Conway, abogado y marido de Kellyanne Conway, consejera principal de Trump.

“Le había mandado un correo electrónico para agradecerle que diera la cara por nosotras”, dijo Stoynoff, de 56 años, sobre Conway. “Y luego, dos días después, se topó con E. Jean en una fiesta”. Carroll, periodista y columnista de consejos, acusó a Trump de haberla violado en un probador de Bergdorf Goodman a mediados de la década de 1990, algo que él ha negado y por lo que ella lo ha demandado por difamación. Trump ha negado cada una de las acusaciones de las mujeres.

Conway presentó a las dos mujeres. Pronto se pusieron en contacto con otras: Alva Johnson, exempleada de la campaña de Trump; Kristin Anderson, fotógrafa; Rachel Crooks, que recientemente se presentó como candidata a la legislatura del estado de Ohio; Jill Harth, maquillista; y Samantha Holvey, exconcursante de Miss Estados Unidos. Se comunicaban por mensaje de texto, correo electrónico y —desde la pandemia— por Zoom.

Las mujeres se reunieron recientemente para “dar la bienvenida” a la nueva integrante de su extraño club: Amy Dorris, exmodelo, que se dio a conocer en un artículo de The Guardian en septiembre. Preguntó a las demás mujeres en la llamada: “¿Me ha pasado solo a mí o alguna de ustedes también ha recibido amenazas de muerte?”.

Hablaron por Zoom la noche de las elecciones durante horas. Karena Virginia, una instructora de yoga y mentora de vida que fue la décima mujer en acusar a Trump tras la filtración de la infame cinta de “Access Hollywood” durante la campaña presidencial de 2016, les pidió a todas que trajeran una vela, cerillos y un “objeto de la naturaleza”, que utilizarían para una bendición.

Se reunieron por Zoom el miércoles, día de la investidura presidencial, conmovidas mientras cerraban parte de un capítulo del que ninguna de ellas quería formar parte. Quemaron salvia.

“Estamos unidas de una manera extraña”, dijo Carroll, de 77 años, que llevaba un collar de perlas en honor a Harris. “Así que es un vínculo muy extraño”.

Ese día eran siete: Stoynoff, en Canadá, y Carroll, en Nueva York; Johnson, que antes dirigía los esfuerzos de difusión y desarrollo de la campaña de Trump —lo demandó en 2019 por discriminación racial y de género, así como por acoso sexual—, desde Georgia. (Ambas partes están en arbitraje).

También estaban Anderson, de 50 años, la fotógrafa, desde Los Ángeles, quien ha dicho que Trump la agredió a principios de la década de 1990 en un club nocturno de Nueva York, y Crooks, de 37 años, que ha descrito, en repetidas ocasiones, su encuentro con Trump en un ascensor a los 22 años.

Harth, la maquillista, llegó casi al final; estaba de luto por la muerte de su madre. Holvey, la exconcursante de Miss Estados Unidos que alzó la voz antes de las elecciones de 2016, señaló que había “tratado de advertirle al país” cómo era Trump, pero que de todos modos resultó electo.

Eran un grupo animado, “mujeres decididas y brillantes que ven el mundo con mucha claridad”, como las describió Carroll.

Recientemente, Carroll ha estado escribiendo semblanzas de cada una de las mujeres y de sus encuentros con el expresidente, pues sintió que sus historias habían sido despojadas de color para dar prioridad a los hechos. “No les gusta que la gente les diga: ‘Pobrecitas’”, dijo Carroll sobre las integrantes del grupo. “Son mujeres de corazón vivo y palpitante. ¡Son divertidísimas! Son todos unos personajes. Y todas se enojan”.

Pero el miércoles, todas juntas adoptaron una actitud de ritual y sanación.

“El abusador que ha estado a cargo de este país finalmente se ha ido”, dijo Anderson como parte de una bendición, explicando que no usa la “palabra con T”, como llama al expresidente, porque “ni siquiera creo que lo merezca”.

Crooks había preparado un poema, llamado “Bye-Don”, que leyó en voz alta.

“Descartadas por el mundo, /parecía que a nadie le importaba, /era difícil y profundo /el peso que cada una cargaba”.

Johnson, de 44 años, sacó la que antes era su tarjeta de presentación con el logotipo de la campaña TRUMP, impreso con letras gruesas al frente, y le prendió fuego al borde de la tarjeta con un encendedor.

“Con nuestras bendiciones pedimos que no vuelva a ocupar un cargo público nunca más”, dijo, sosteniéndola para que las otras mujeres pudieran verla.

“Que rinda cuentas por todas las ofensas que ha cometido”. Añadió fuerza a la llama. “Esto es por todas las mujeres que han sido ignoradas”. Este no fue exactamente un cierre.

Carroll, por su parte, no cree en ese concepto. “Entiendo que poner un cierre al asunto puede curar una herida y calmar el dolor, pero eso no es para mí”, dijo. “Lo que quiero es que diga que mintió, que estuvo en ese probador de Bergdorf”. (Puede que, de hecho, todavía pueda lograrlo en el tribunal).

Pero, mientras tanto, el ritual ya era algo.

“Sentí que, en cuanto Lady Gaga empezó a cantar el himno nacional, las emociones reprimidas de cuatro años empezaron a salir de nuestros cuerpos”, dijo Stoynoff. “Esta es la primera parte del cierre, y hay más partes por venir”.

Copyright:c.2021 The New York Times Company

SEGUIR LEYENDO:

Últimas Noticias