¿Cómo mantener la motivación en una pandemia?

Por Jane E. Brody

Mantener la motivación se está convirtiendo en un desafío cada vez mayor para muchas personas que transitan por esta vida restringida por la pandemia del coronavirus. (Gracia Lam/The New York Times)
Mantener la motivación se está convirtiendo en un desafío cada vez mayor para muchas personas que transitan por esta vida restringida por la pandemia del coronavirus. (Gracia Lam/The New York Times)

Mantener la motivación se está convirtiendo en un desafío cada vez mayor para muchas personas que transitan a través de esta vida restringida por la pandemia del coronavirus.

Cuando enfrentamos inicialmente el hecho de que íbamos a pasar semanas confinados en nuestros hogares, asumimos, con cierta satisfacción, tareas largamente ignoradas como depurar armarios de ropa que ya no se ajustaban a nuestros cuerpos o estilos de vida, reorganizar cajones y vaciar despensas y refrigeradores de alimentos olvidados.

Pero a medida que las semanas se convirtieron en meses, sin un final claro a la vista para la mayoría del país, el hastío del aislamiento provocado por la COVID puede socavar el entusiasmo por este tipo de actividades mundanas, por muy gratificantes que puedan lucir. He hablado con un número cada vez mayor de personas que admiten tener una falta de motivación por tareas que, aunque saben deben realizarse, son incapaces de enfrentar en la actualidad. Yo también soy una de ellas.

Para algunos, incluso ejercitarse puede parecer abrumador cuando ya no pueden realizar actividades predilectas como la natación o las clases de spinning.

Demasiadas veces me he despertado preguntándome por qué debería molestarme en salir de la cama. Esta es una sensación contraria a mi determinación habitual de aprovechar cada momento posible para lograr algo valioso.

Un amigo que ha estudiado principios budistas me sugirió que no fuera tan dura conmigo misma durante estos tiempos difíciles. Sin embargo, ese enfoque despreocupado no se ajusta a mi personalidad orientada a objetivos y centrada en las personas. Decidí entonces consultar con un excolega de The New York Times, Daniel Goleman, psicólogo y autor de “Emotional Intelligence”.

Goleman me explicó que hay dos tipos de motivación: intrínseca y extrínseca. La motivación extrínseca se refiere a los actos realizados para recibir una recompensa o resultado externo como riquezas, poder o fama, o en algunos casos, evitar un castigo.

La motivación intrínseca involucra conductas realizadas por el bien en sí mismo y que son personalmente gratificantes, como ayudar a otras personas, participar en un deporte placentero o estudiar un tema fascinante. Con la motivación intrínseca, la inspiración viene del interior de la persona. Tiende a ser más enérgica y sus resultados más satisfactorios.

“El decreto de permanecer en casa ha forzado a muchos de nosotros a entrar en un modo de motivación externa que nos está haciendo enfrentar algo que se siente como letargo e insignificancia”, dijo Goleman.

“Al mismo tiempo, es una ocasión propicia para pensar sobre lo que realmente nos importa”, añadió. Goleman mencionó la perspectiva inspiradora del legendario neurólogo y psiquiatra austriaco Viktor E. Frankl, quien sobrevivió cuatro años en campos de concentración nazis sustentado por un profundo sentido de propósito. La obra maestra redescubierta de Frankl, “A pesar de todo, decir sí a la vida”, publicada recientemente en inglés, ofrece un camino para conseguir esperanza incluso en estos tiempos oscuros. Insta a las personas a reflexionar sobre lo que realmente es importante para ellos y a buscar maneras para actuar sobre lo más significativo.

“Enfocarse en lo significativo —actuar sobre lo que realmente le importa a una persona— es el antídoto para el desgaste”, afirmó Goleman, quien escribió la introducción del libro de Frankl. A aquellos que se sienten privados de motivación, les sugiere: “Enfrenta lo que está sucediendo. ¿Qué significa para mí? ¿Qué es lo verdaderamente importante para mí en este momento? ¿Hay alguna manera en la que pueda actuar sobre lo que tiene sentido para mí?”.

Richard J. Davidson, profesor de psicología y neurocientífico del Centro para la Investigación de Mentes Saludables en la Universidad de Wisconsin-Madison, ha demostrado que “cuando los individuos se involucran en actitudes generosas y altruistas, de hecho activan circuitos en el cerebro que son claves para fomentar el bienestar”. En otras palabras, preocuparse por otras personas puede ser su propia recompensa.

Davidson reporta que las personas cuyas perspectivas emocionales están enfocadas en el lado izquierdo de la corteza prefrontal del cerebro, el cual es activado por el comportamiento altruista, tienden a ser más positivas. Son más propensas a frustrarse y enfadarse cuando sus objetivos son obstaculizados, pero esto ayuda a movilizar su energía y habilidad para superar esos obstáculos que bloquean la realización de sus objetivos.

Por otro lado, el lado derecho de la corteza prefrontal actúa como lo que Davidson denomina un inhibidor conductual que empuja a la gente a rendirse más fácilmente cuando las cosas se ponen difíciles. Este tipo de personas tienden a ser demasiado cautelosas, temerosas y con aversión al riesgo, además de no tener motivaciones fuertes.

El temor a que no podamos nunca escapar de la amenaza del nuevo coronavirus puede generar sentimientos de futilidad. ¿Qué sentido tiene hacer cualquier cosa si todo será en vano al final? Esa forma de pensar puede ciertamente truncar la motivación y generar una existencia ingrata y triste. En vez de eso, adopta un enfoque más positivo, seleccionando metas que sean alcanzables pero que de todos modos representen un desafío.

Para los millones de nosotros actualmente limitados por la COVID-19, la mejor estrategia para fomentar la motivación podría ser dividir objetivos grandes en tareas pequeñas, específicas y más fáciles de alcanzar, sin que lleguen a ser tan sencillas que terminen aburriendo y se abandonen al poco tiempo. Evita el perfeccionismo para que el objetivo final no se convierta en un desafío imposible. Cada vez que completes una tarea, anótate una palomita y date una recompensa (¡no galletas ni papas fritas!), luego continúa a lo siguiente.

Sin embargo, algo incluso más importante que las tareas personales que consideres abordar, es pensar en lo que podrías hacer por otras personas dentro de las limitaciones del distanciamiento social o la cuarentena. Si puedes, aporta dinero a iniciativas que distribuyan alimentos —especialmente alimentos nutritivos que actualmente están siendo desechados con demasiada regularidad— a personas que no tienen lo suficiente para comer, así como a nuestros trabajadores esenciales.

Quizá podrías llevarle una comida casera, u ordenar una para que sea entregada a un amigo o vecino que no esté muy dispuesto o no pueda ir más allá de la puerta de su casa. Susan McGee me llamó desde Bethesda, Maryland, para pedirme una buena receta de sopa de repollo. Le había preparado una sopa de guisantes a una amiga de 107 años la cual, tras agradecérselo profundamente, le dijo que le encantaba la sopa de repollo.

Eso me puso a pensar. Yo también podría cocinarle mi sopa de repollo y pavo a una vecina recientemente viuda quien ahora, mientras lamenta la pérdida de su esposo, tiene que lidiar con el aislamiento del coronavirus completamente sola.

*Copyright: 2020 The New York Times Company

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