El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, junto a los líderes asistentes a la cumbre en Watford, Reino Unido. 4 de diciembre de 2019. REUTERS/Yves Herman.
El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, junto a los líderes asistentes a la cumbre en Watford, Reino Unido. 4 de diciembre de 2019. REUTERS/Yves Herman.

LONDRES — Cuando el presidente estadounidense Donald Trump, en un arrebato de indignación, se fue antes de tiempo de la reunión de la OTAN el miércoles 4 de diciembre, reforzó el temor de que mientras Estados Unidos se muestra distraído y distante, la célebre alianza de Occidente ha perdido el rumbo.

Las celebraciones del septuagésimo aniversario de la OTAN en Londres enfatizaron la incertidumbre sobre si su misión principal es la defensa contra una Rusia desestabilizadora, un Irán amenazante, una China en ascenso, o el replanteamiento de su estrategia para enfrentar una serie de nuevas amenazas cibernéticas y de desinformación que ha abordado con lentitud.

Además, las divisiones internas en la OTAN quedaron a la vista de todos, desde el papel perjudicial que ha desempeñado Turquía hasta la interrogante de si Europa necesita su propia defensa, independiente de Estados Unidos, de la mano o en competencia con la OTAN.

Trump, como suele hacer, se centró más en advertir a los países miembro que, si bien han gastado 130.000 millones de dólares desde 2016, tienen que hacer más para compartir esa inversión. Cada vez que aludía a la creación de estrategias, por lo general era para desviar la atención del tema de contener o hacer frente a Rusia. Los demás países estaban atormentados por el comentario que hizo hace unas semanas el presidente de Francia Emmanuel Macron de que: “Lo que estamos experimentando actualmente es la muerte cerebral de la OTAN”, una declaración que sostuvo a pesar de que Trump, en un cambio de tendencia, lo acusó de ser un insulto para la alianza.

Para muchos, Macron está en lo correcto. Y de lo que realmente está hablando, dicen, es de la falta de un respaldo congruente de parte de Estados Unidos —que siempre ha sido la máxima potencia de la OTAN— comenzando por la Casa Blanca.

“El mayor desafío es la ausencia de un liderazgo presidencial en Estados Unidos”, dijo Douglas Lute, general retirado del Ejército que fue embajador de Estados Unidos en la OTAN hasta 2017. Según Lute, es la primera vez que se nota esa ausencia “en la historia de la OTAN e inhibe el progreso en todos los demás frentes”.

Trump moderó sus críticas en esta visita, diciendo que, aunque tuvo razón al decir que la OTAN era “obsoleta”, la alianza había revivido gracias al éxito que él tuvo para presionar a los países a gastar más en su propia defensa. Macron reviró, cambiando el tema hacia las amenazas que enfrenta la OTAN. Se trataba de un tema que Trump no parecía preparado para abordar y su respuesta nerviosa solo reforzó la idea entre los críticos de que el presidente de Estados Unidos había pasado mucho más tiempo pensando en cómo reducir el costo de la alianza que en las amenazas que debe enfrentar.

Ian Lesser, exfuncionario estadounidense a cargo de la oficina de Bruselas del Fondo German Marshall, dijo que el trasfondo de la crítica de Macron hacia la OTAN era la duda cada vez mayor de si Washington ayudaría a un aliado europeo que sea blanco de un ataque físico o digital. “Cuando dice 'muerte cerebral', se refiere al liderazgo estadounidense”, dijo Lesser. “Tal vez eso sea lo que Trump está oyendo. La postura de Trump es que él ha cambiado radicalmente a la OTAN y la retórica de París está poniendo en entredicho ese discurso“.

Jeremy Shapiro, exfuncionario estadounidense, quien ahora forma parte del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, manifestó que algunos líderes asumen que la OTAN va a “superar este reciente susto”, ya que ha sobrevivido a otras crisis. Pero aclaró que los problemas son reales.

Explicó que Macron “considera, con justa razón, que Trump le está dando la espalda a Europa y quiere que los Estados miembro de la OTAN y la UE entiendan esa realidad”.

Estos son algunos de los principales retos que enfrentan los 29 miembros de la OTAN.

Turquía

A Trump le cae bien el presidente de Turquía Recep Tayyip Erdogan y ambos se reunieron el 4 de diciembre para una sesión que no formaba parte de la agenda pública de Trump. No obstante, Turquía se ha negado a abandonar un sofisticado sistema de defensa aérea proporcionado por Rusia —una amenaza para los aviones estadounidenses de más reciente fabricación— y ha dejado claro que quiere estar en buenos términos con ambos bandos.

Turquía es un miembro vital de la alianza, pues colinda con Siria, y está a corta distancia de Rusia (razón por la que Estados Unidos todavía mantiene armas nucleares en una base aérea turca). Todos, excepto Trump, reconocieron que mantener a Turquía totalmente comprometida con la OTAN es cada vez más difícil.

Macron también cuestionó la definición de terroristas que expone Turquía. Turquía considera que las fuerzas kurdas en la frontera siria son terroristas, aun cuando se enfrentan al Estado Islámico junto a Estados Unidos, Francia y otros miembros de la OTAN. En esencia, el presidente francés quería saber hasta cuándo podría Turquía formar parte de ambos bandos, una inquietud que Trump se negó a responder.

“Turquía se convierte cada vez más en un reto para la OTAN”, comentó Amanda Sloat, exfuncionaria estadounidense que ahora trabaja en la Institución Brookings. Turquía tiene una ubicación estratégica, además de contar con el segundo Ejército más grande de la alianza, alberga a más de 3,5 millones de refugiados sirios y tiene preocupaciones legítimas de seguridad, dijo.

Al mismo tiempo, los demás miembros de la OTAN están cuestionando el compromiso de Turquía. Aun así, Sloat comentó que no existe un mecanismo para expulsar a Turquía, ni tampoco ningún deseo de alejarla de Occidente y dirigirla a Moscú.

China

Esta fue la primera reunión de la OTAN en la que los líderes parecieron tomar la amenaza de una China en ascenso como un desafío directo. Pero el debate fue confuso.

Mientras que Rusia puede ser un disruptor en los márgenes de Europa, China es un constructor. Por primera vez tiene una notable presencia naval en el Mediterráneo, el mar Negro y las rutas marítimas nórdicas. Está instalando cableado submarino de fibra óptica, lo que significa que más naciones de la OTAN se comunicarán con ayuda de la infraestructura china. Esas plataformas allanan el camino para aplicaciones de inteligencia artificial y la computación cuántica, dos áreas en las que China está invirtiendo fuertemente, a menudo en colaboración con universidades europeas.

Sin embargo, el problema inmediato se deriva de las ofertas agresivas por parte de Huawei, el gigante chino de las telecomunicaciones, para construir sistemas de comunicación 5G —“de quinta generación”— en los países de la OTAN, desde Italia hasta Alemania y el Reino Unido. A principios de este año, el secretario de Estado Mike Pompeo advirtió a las naciones europeas que, si compraban a Huawei, Estados Unidos podría poner fin a su acceso a la información de inteligencia. La reacción contra el ultimátum de Washington fue tan grave que Pompeo bajó el tono. Ahora varios países europeos sostienen que intentan “manejar” la presencia de China en sus redes de comunicación, en un intento por evitar enfurecer a Pekín a un grado tal que actúe en represalia y ponga fin a las importaciones europeas.

No obstante, al interior de la OTAN, los funcionarios luchan para entender qué sucede si sus comunicaciones cotidianas se ejecutan a través de los sistemas de conmutación y las torres de comunicación de China, una vulnerabilidad que la nación oriental podría aprovechar en un conflicto.

Macron, Rusia y la defensa europea

El presidente francés ve un vacío de liderazgo en Europa y quiere paliarlo. Macron, molesto ante la imprevisibilidad de Trump por considerarlo el presagio de un Estados Unidos indiferente, está pidiendo que Europa tenga más “autonomía estratégica”, que incluye la capacidad de defenderse a sí misma. No obstante, muchos en la OTAN, entre ellos Alemania, Polonia, los países del mar Báltico y Europa central, dicen que Europa no puede disuadir a Rusia sin Estados Unidos y su protección nuclear.

Al final de la reunión en Londres, el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, se las arregló para proyectar la apariencia de unidad. La declaración final reafirmó la alianza de defensa colectiva y sus objetivos de gasto y Macron logró un acuerdo sobre un nuevo estudio de la estrategia de la OTAN a futuro, que en el lenguaje de la OTAN se denominó como “un proceso de reflexión hacia el futuro”, bajo la dirección de Stoltenberg, “para fortalecer aún más la dimensión política, incluida la consulta, de la OTAN”.

*Copyright: 2019 The New York Times Company