Sebastiana Lopez (Erica Yoon/The New York Times)
Sebastiana Lopez (Erica Yoon/The New York Times)

NUEVA YORK — Los peores días para practicar son los lluviosos, especialmente si hace frío. Mientras dirige a su equipo de remo, Sebastiana Lopez siente que la lluvia le pega en la cara, le empapa la ropa y la cala hasta los huesos. Los dedos se le adormecen.

Sin embargo, Lopez, una estudiante de bachillerato de diecisiete años, describe esto como lo mejor que jamás ha hecho por sí misma.

Cuando era estudiante de octavo grado se inscribió en esta prueba de tenacidad convocada por Row New York, una organización sin fines de lucro que les enseña a remar a los estudiantes de la ciudad y les proporciona apoyo académico y orientación universitaria. Ahora, más de cuatro años después, su rutina incluye superar los momentos difíciles de su extenuante deporte.

“Puedo afrontar los días difíciles”, comentó Lopez. “Me obligo a hacerlo porque en verdad quiero ir a la universidad y sé que esto me ayudará a llegar ahí”.

Intenta no llorar, pero no logra contenerse, y dice: “Realmente deseo una vida mejor para mi familia”.

La composición de los equipos de Row New York es lo contrario al estereotipo del remo como un deporte para ricos y blancos (según USRowing, el órgano rector de este deporte, el año pasado, cerca del 65 por ciento de las remeras en Estados Unidos eran blancas). Muchas de las compañeras de equipo de Lopez pertenecen, al igual que ella, a la primera generación de estadounidenses, de padres procedentes de países como México, China, Ecuador y Belice, y varias son inmigrantes. Son chicas provenientes de barrios y escuelas de bachillerato de toda la ciudad de Nueva York que tienen la motivación necesaria para transformar sus vidas.

Lopez reside en Queens, donde vive con diez familiares en un apartamento de tres habitaciones y un baño carente de toda privacidad. Comparte una habitación con sus padres, los cuales son inmigrantes mexicanos, y dos hermanos menores.

Su padre trabaja trece horas al día, seis días a la semana, preparando y cocinando pescado en un mercado de pescados y mariscos. Su madre trabajaba como manicurista durante diez horas al día antes de que cerrara su salón de belleza en septiembre.

Por eso Lopez nunca se queja de las prácticas en días lluviosos con sus compañeras de equipo que también enfrentan desafíos similares en su vida. Está decidida a llegar a la universidad remando y no ser una de esas remeras fraudulentas cuyos padres pagan sobornos para que entren.

Padres adinerados, como la actriz Lori Loughlin y su esposo, el diseñador de modas Mossimo Giannulli, fueron acusados de maquillar el currículo de sus hijos y pagar sobornos para que ingresaran a las mejores universidades. Loughlin y Giannulli han enfrentado acusaciones de haber gastado 500.000 dólares para ayudar a que sus hijas tuvieran ventaja al momento de acceder a la Universidad del Sur de California aparentando que eran remeras.

Las autoridades dicen que una de sus hijas intentó hacerse pasar por timonel, el capitán del bote que no rema, sino que dirige y da órdenes para motivar a sus compañeros.

Lopez, quien con un metro y medio de estatura es mucho más pequeña que la típica remera, es timonel y desea seguir siéndolo en la universidad.

Pese a que recibir una beca de remo no fue la razón por la que Lopez se unió a Row New York, se dio cuenta de que el remo la ayudaría a entrar a la universidad. Señaló que los timoneles son líderes tenaces que constantemente deben actuar bien bajo presión, cualidades que los convierten en el estudiante universitario ideal.

“Sabemos que algunas personas obtendrán un boleto gratis en la vida gracias a sus padres, pero cuando escuchas lo que realmente sucede, dices: ‘Vaya, esos chicos en verdad no hacen nada y de todas formas obtienen los beneficios’”, comentó. “Da coraje saber contra lo que tienen que luchar las personas como yo”.

Amanda Kraus, una exremera de la Universidad de Massachusetts, campus Amherst, fundó Row New York en 2002 para que las personas de bajos recursos tuvieran una oportunidad contra las personas pudientes. Aunque pocos egresados del programa han recibido becas de remo para la universidad (y aproximadamente la mitad ha recibido algún tipo de beca), para Kraus es más importante que esos egresados tengan confianza en sí mismos y en la ética en el trabajo para enfrentar los retos de la universidad.

Existen programas similares en otras ciudades de Estados Unidos, pero Row New York es notable por su tamaño y la gama de servicios que ofrece a los estudiantes de pocos recursos.

Una tercera parte de los 260 estudiantes de Row New York provienen de hogares en los que se gana menos de 30.000 dólares al año. Para la mayoría de los participantes, el programa no tiene costo y casi todos sus egresados asisten a la universidad. La mayoría no rema después del bachillerato.

“Nosotros ofrecemos lo contrario que los padres ricos que usan la puerta lateral para que sus hijos entren a la universidad”, señaló Kraus, de 45 años. “Los chicos aprenden que el trabajo duro da resultados, no solo el dinero”.

Kraus comentó que el remo era un concepto tan ajeno para los chicos de la ciudad que tardaron meses en reclutar incluso a nueve chicas para el embarcadero ubicado en el lugar de Queens donde se celebró la feria mundial de 1964 y que ahora alberga a Lopez y su tripulación. En la actualidad, Row New York tiene tres embarcaderos, incluyendo uno en Manhattan y otro en Brooklyn. El de Queens es solo para chicas.

“No podemos remar nosotros por estos chicos ni hacerlos que estudien para la prueba, pero les daremos las herramientas para que sepan de lo que son capaces”, comentó Kraus. “Y tenemos expectativas de ellos cuando, es un poco triste decirlo, otras personas en su vida quizás no las tengan. Creo que, hasta cierto punto, a ellos de veras les gusta eso”.

Lopez se enteró de Row New York cuando un entrenador visitó su escuela secundaria, y era el momento perfecto. Lopez, al igual que muchas otras compañeras, estaba buscando su propio lugar en el mundo.

Solicitó su entrada al equipo, que incluía una entrevista y una prueba de un minuto en la máquina de remo, y de inmediato le encantó el deporte, excepto por una cosa. No sabía nadar y le tenía terror al agua, un problema para alguien que está sentado en un angosto bote de remos de competencia de 18 metros.

Sin embargo, los funcionarios del programa no estaban buscando a los mejores atletas. Cerca del 90 por ciento de los reclutados ni siquiera habían participado nunca en un deporte organizado. Estaban buscando a los estudiantes que demostraran el mayor interés y que pudieran dedicarle tiempo.

Row New York le pagó a Lopez las clases de natación porque más de la mitad de los reclutados no sabían nadar. Reprobó el examen de natación en dos oportunidades. En su tercer intento, oyó que una compañera del equipo le gritaba.

“¡Yo te apoyo, y tú puedes!”, le dijo Naya Clark, su compañera. Y entonces Lopez lo logró. Ahora, ambas estudiantes de bachillerato que van a diferentes escuelas y viven en barrios diferentes, son muy buenas amigas.

El trabajo de Lopez como timonel es ser entrenadora en el agua y ayudar a realizar las prácticas como una líder audaz y enérgica. La entrenadora del equipo universitario, Breanne Fitzsimmons, comentó que Lopez ha avanzado en ese trabajo.

“Era tan callada y tímida”, dijo Fitzsimmons. “Pero luego de que hizo algo una sola vez, después lo realizaba a la perfección y su confianza era cada vez mayor”.

Tras despertarse a las 6 de la mañana, Lopez toma el tren de Elmhurts, Queens, para luego tomar un autobús a su escuela de aproximadamente 3500 alumnos, Benjamin N. Cardozo, que está a 90 minutos de distancia en Bayside, Queens. Eligió asistir a esa escuela por su extenso programa en periodismo, carrera que piensa estudiar en la universidad. Cuando sale de la escuela, va al embarcadero, por lo que tiene que viajar otra hora en autobús y, finalmente, en una camioneta del equipo.

La práctica dura dos horas y los estudiantes preparan casi todo, incluso fijar el motor al bote de la entrenadora y arrastrarlo al agua. A los nuevos participantes les proporcionan escobas. Su trabajo consiste en quitar el excremento de los gansos del muelle.

El equipo lleva su bote al agua; lo que más se escucha es la voz de Lopez entre los chillidos de las gaviotas. Da órdenes para el calentamiento, diciéndoles a sus compañeras cómo mantenerse en sincronía o motivándolas a hundir más los remos y jalar más fuerte. Su escuadra entrena para competir contra otros equipos locales y viaja a lugares como Washington y Filadelfia para participar en las regatas más importantes. Por lo general no son las mejores contendientes, pero su objetivo no es ganar.

“Cuando comencé en el equipo, nunca antes había sido líder, así que era intimidante”, comentó Lopez. “Pero yo era responsable de la seguridad de todas, y ellas confiaban en mí. Eso te hace sentir que eres importante”.

*Copyright: 2019 The New York Times Company