Los humanos somos una multitud solitaria, y eso nos está matando.

El aislamiento social es más letal que fumar 15 cigarrillos al día, o que la obesidad, de acuerdo con una investigación publicada por Julianne Holt-Lunstad de la Universidad Brigham Young. Debido a que la obesidad está asociada en Estados Unidos con entre 300.000 y 600.000 muertes al año, la implicación es que la soledad es un enorme, y silencioso, asesino.

Los investigadores aseguran que la soledad incrementa la inflamación, las enfermedades cardiacas, la demencia y las tasas de mortalidad, pero también simplemente nos hace sentir deprimidos y como si estuviéramos en una pintura de Edvard Munch. Expertos en salud pública en muchos países debaten cómo abordar una “epidemia de soledad” que corroe la vida moderna, pero el Reino Unido ha tomado la delantera: el año pasado designó a una ministra para la soledad.

“Nos afecta casi a todos en algún momento”, me dijo la baronesa Diana Barran, actual ministra para la soledad. “Puede conducir a consecuencias de salud graves para el individuo y a la erosión de nuestra sociedad, en la que las personas se vuelven aisladas y desconectadas”.

Me interesé en la soledad mientras reportaba sobre la epidemia de opioides y las crecientes tasas de suicidios en Estados Unidos. Estos tienen orígenes complicados, en parte económicos, pero también son el resultado del aislamiento social. Las familias numerosas se han disuelto, y las instituciones sociales como las iglesias, las ligas de boliche y los clubes vecinales se han desgastado. Ya no estamos insertados en nuestras comunidades tan profundamente.

“Me especialicé en medicina interna, y esperaba que la mayor parte de mi tiempo la dedicaría a tratar pacientes con diabetes, padecimientos cardiacos o cáncer”, me dijo el doctor Vivek Murthy, quien fue la máxima autoridad sanitaria de Estados Unidos durante el gobierno del presidente Barack Obama. “Lo que no esperaba era que tantas personas que yo atendía estuvieran luchando contra la soledad”.

Más de una quinta parte de los adultos en Estados Unidos y el Reino Unido dijeron en una encuesta realizada en 2018 que a menudo o siempre se sienten solos. Más de la mitad de los adultos estadounidenses no se han casado, y los investigadores han descubierto que incluso entre los que están casados, el 30 por ciento de las relaciones están severamente afectadas. Una cuarta parte de los estadounidenses ahora viven solos, y, como dice la canción, uno es el número más solitario.

Un indicador del aislamiento social, o tal vez del egoísmo: Murthy dice haber visto familias dejar a sus parientes en un hospital para el Día de Acción de Gracias o un fin de semana largo, en lo que para mí suena más como cuando una familia deja a su perro en una perrera cuando se va de paseo. En el hospital, los médicos a veces son los únicos en presenciar la muerte de un paciente, sin que ninguno de sus seres queridos esté presente.

La soledad afecta a la salud física de dos maneras. Primero, produce hormonas del estrés que pueden provocar inflamación y otros problemas de salud. Segundo, las personas que están solas tienen menos probabilidades de acudir a citas médicas, que tomen medicamentos o que se ejerciten y sigan una dieta saludable. Podemos resentirnos por regañar a nuestros seres queridos, pero nos pueden mantener vivos.

Cuando conocí a Barran sospechaba que la cartera del Ministerio de la Soledad era como un truco. Ahora estoy convencido de que es un modelo para otros países.

El ministerio comenzó una campaña de “Hablemos de soledad” que causó conversaciones difíciles en todo el Reino Unido, y está entregando pequeñas ayudas económicas a clubes locales de jardinería, grupos de observación de aves y otros para que puedan difundir el mensaje e invitar a más personas a unirse. Por ejemplo, un subsidio de 640 dólares fue para un grupo en Birmingham para comprar juegos de mesa y comenzar un club de juegos.

Apoya las “bancas amistosas”, que son bancas públicas creadas para que las personas puedan ir y conversar. El ministerio ejerce presión para mantener abiertos los espacios comunitarios y evitar que el transporte público sea interrumpido de maneras que aíslan a las personas. El gobierno también está colocando trabajadores sociales en consultorios médicos para dar “recetas sociales” y, de esta manera, conectar a pacientes solitarios con organizaciones locales.

Una lección temprana, dijo Barran: debido al estigma, no publiques un letrero que invite a las personas solitarias a asistir. En cambio, coloca un letrero optimista que invite a las personas a ser parte de un club para pasear perros, para crear un jardín comunitario o cualquier otra actividad.

“Deberíamos enfocarnos en los dones de las personas en lugar de sus problemas, porque la mayoría de nosotros preferiríamos hablar sobre nuestras aptitudes”, dijo Barran.

Sugiero que también sea más fácil que las personas tengan perros. Hay cierta evidencia de que los propietarios de perros (pero no de gatos) son menos solitarios, aunque para ser justos, la investigación es mixta.

Algunos piensan que internet ha agravado el problema, pues un vistazo a Facebook o Instagram hace parecer que todas las personas en el mundo están pasando momentos fabulosos y disfrutan de relaciones perfectas.

Mientras tanto, las razones para abordar el tema son convincentes. “Si pudiéramos enfrentar la soledad”, dijo Barran, “las personas se sentirían más fuertes, más resilientes, más optimistas sobre el futuro”. Holt-Lunstad ha descubierto que una mayor conexión social está relacionada con un riesgo 50 por ciento menor de una muerte temprana.

Australia, Canadá, Alemania y Nueva Zelanda han mostrado interés en adoptar los enfoques británicos. Tal vez Estados Unidos, también, debería experimentar. ¿Qué tal un nuevo puesto en el Departamento de Salud y Servicios Humanos? ¿Un secretario asistente para la soledad?

c.2019 The New York Times Company