Sara Guillermo, directora de programas de Ignite, una organización dedicada a la preparación y capacitación de la próxima generación de mujeres líderes, con Elizabeth Castañón, gerente de operaciones del grupo, en su oficina en el centro de Oakland, California, el 5 de noviembre de 2019. Para los grupos que entrenan a la próxima generación de mujeres en política, el mensaje principal es: No publique. Cualquier cosa. No es justo. No es lo mismo para los hombres. Pero todo lo que publique será un juego justo. (Cayce Clifford / The New York Times)
Sara Guillermo, directora de programas de Ignite, una organización dedicada a la preparación y capacitación de la próxima generación de mujeres líderes, con Elizabeth Castañón, gerente de operaciones del grupo, en su oficina en el centro de Oakland, California, el 5 de noviembre de 2019. Para los grupos que entrenan a la próxima generación de mujeres en política, el mensaje principal es: No publique. Cualquier cosa. No es justo. No es lo mismo para los hombres. Pero todo lo que publique será un juego justo. (Cayce Clifford / The New York Times)

Las jóvenes presentes en el recinto conocían la historia de la legisladora de California —y candidata primeriza— que había logrado lo inesperado en 2018: vencer a un republicano en funciones y convertirse en la primera demócrata electa en su distrito en décadas.

Esa podría ser yo”, pensaban, mientras reflexionaban sobre su victoria. Esa era parte de la razón por la que estaban allí. También sabían lo que le había pasado luego de su triunfo: su vida personal fue usada en su contra. “Esa también podría ser yo”, pensaron.

Las jóvenes se encontraban en una conferencia llamada Young Women Run, que organizó el grupo Ignite en Denver a finales del mes pasado. Todas se referían a la representante demócrata Katie Hill, la congresista que, durante su primer periodo, estaba enfrentando una investigación del Comité de Ética de la Cámara de Representantes por denuncias sobre una relación sexual con un miembro de su personal —lo cual negó—, que constituye una violación a las reglas de la Cámara. Las fotos de Hill desnuda, publicadas sin su consentimiento, recorrían internet.

Sara Guillermo, jefa oficial del programa de Ignite, una organización dedicada al entrenamiento y preparación de la próxima generación de mujeres líderes, comentó que la ansiedad en el recinto era evidente.

Ya de por sí existe mucho temor a postularse a un cargo siendo mujer, porque casi no nos inculcan que somos capaces de hacerlo”, afirmó Ayad Zideyah de 22 años, miembro de Ignite en Denver que asistió a la conferencia.

“Y ahora hay tantas cosas por las que una mujer tiene que preocuparse”, añadió. “Tenemos esta sensación de que no podemos confiar en nadie”.

En la conferencia, las mujeres estuvieron de acuerdo con que la relación que Hill sostuvo con un asesor de su campaña, la cual sí reconoció, había sido poco ética. Pero lo que les preocupaba era el hecho de que sus mensajes de texto y fotografías íntimas hubiesen sido presuntamente enviados a sitios web conservadores por parte del que pronto será su ex esposo, al cual Hill calificó de “abusivo”.

Katie Hill se vio obligada a renunciar (AP Photo/J. Scott Applewhite, archiv)
Katie Hill se vio obligada a renunciar (AP Photo/J. Scott Applewhite, archiv)

Al día siguiente, Hill, de 32 años, anunció sus planes de renunciar, convirtiéndose así en la primera congresista en dimitir en la era posterior al movimiento “MeToo” (#YoTambién), por haber tenido una relación íntima con alguien de su equipo. Hill también fue víctima de la “pornografía de venganza”.

Los grupos que están entrenando a la próxima generación de candidatos que son miembros de la comunidad LGBTQ y de género femenino temen que este episodio pueda disuadir a las mujeres y a las minorías —quienes estadísticamente enfrentan mayor escrutinio y acoso en línea— de postularse a un cargo.

El acoso en línea contra las mujeres que se dedican a la política no es nada nuevo. Pero a medida que las nuevas generaciones entran a la arena política, y dependemos más que nunca de nuestros teléfonos, la situación se ha vuelto “totalmente distinta”, según Guillermo.

La capacitación que les estamos ofreciendo es para recordarles que todo lo que tienen en sus teléfonos y computadoras podría aparecer en algún lugar en cualquier momento”, añadió.

Zideyah dice que tanto ella como muchas de las mujeres que asistieron al entrenamiento de Ignite estaban conscientes de que tenían que ser precavidas con sus publicaciones en redes sociales, pero tener que preocuparse con lo que tuvieran guardado en sus teléfonos era algo nuevo.

“Como somos humanos que siempre están conectados, no creemos que ese tipo de cosas puedan ser usadas en nuestra contra o vayan a ser filtradas, especialmente por las personas más cercanas a nosotros”, afirmó Zideyah. “Pero ahora sí creo que ese tipo de capacitación tiene que ser impartida, porque el contenido de tu teléfono se está convirtiendo en un problema grave”.

En su discurso de despedida en el pleno de la Cámara, Hill, una de las primeras congresistas abiertamente bisexual, afirmó que estaba renunciando “por culpa de una cultura misógina que consumió alegremente fotos de mí desnuda, sacó provecho de mi sexualidad y permitió que mi ex abusivo continuara con su maltrato, esta vez con todo el país de espectador”.

La divulgación de estas fotos privadas ya de por sí es traumática”, afirma Elliot Imse, director sénior del Victory Institute, una organización dedicada a ayudar a candidatos LGBTQ. “Pero el sexismo y la bifobia que se han evidenciado en los comentarios respecto de las fotos no hacen más que empeorar la ansiedad que sienten los candidatos de la comunidad LGBTQ, los jóvenes, las mujeres y las minorías sobre postularse a un cargo”.

Para Anne Moses, fundadora de Ignite, el acoso siempre ha sido una preocupación, en particular debido a que la mayoría de las candidatas potenciales de su grupo son mujeres de color, estadounidenses de primera generación o provenientes de comunidades con bajos recursos.

“Están preocupadas por sí mismas y por sus familias”, afirma Moses, la cual les asegura que “el internet es un gran nivelador” y que “todos tienen algo que esconder en sus antecedentes personales”.

Sin embargo, Moses dice que teme que lo sucedido con Hill haga que las mujeres lo piensen dos veces antes de entrar a la política. “Definitivamente no las va a motivar a postularse a un cargo”, afirmó.

Imse tiene preocupaciones similares. “Siempre ha sido un problema lograr que gente buena decida postularse, y creo que el incidente de la representante Hill solo logrará preocupar más a los que estén indecisos”, afirmó.

En sus sesiones de capacitación, Ignite les aconseja a las mujeres que cultiven marcas personales que sean “lo más limpias posibles”, dado el escrutinio adicional que seguramente enfrentarán como candidatas.

En el plan de estudio de Ignite, existe una clase llamada “gestiona tu reputación”, en la que se les pide a las mujeres imaginar si sus abuelas aprobarían el contenido de sus redes sociales. A las asistentes se les pide que eliminen las “cosas que ofenderían a la abuela”.

Eso incluye remplazar fotografías “traviesas” por otras más “buenas”, evitar lenguaje vulgar y comentarios sobre beber, fumar, consumir drogas o tener sexo y en general ser “cordial y respetuosa con las personas”. Ignite también recomienda que eviten el “sexteo”.

Andrea Colmenero, de 23 años, afirma que la capacitación de Ignite la ha ayudado a ser más consciente de su presencia en las redes sociales. Sin embargo, no cree que sea justo que se le pida controlar el contenido de su teléfono.

“Creo que está mal decir: ‘No puedes hacer eso ni siquiera en tus dispositivos personales, o en tu iCloud’”, dice Colmenero. “Para mí eso es una invasión de la privacidad”.

Los organizadores entienden que “todos hemos hecho cosas de las cuales preferimos no tener pruebas fotográficas”, dice Moses. “Ya sea a los 14, a los 28, o a los 33 años”.

Muy pocas personas saldrían ilesas si las fotos que han guardado en sus teléfonos durante los últimos 10 años fueran divulgadas ante el mundo entero, y eso es particularmente cierto en el caso de los millenials”, dice Imse.

Un estudio publicado en JAMA Pediatrics en 2018 reveló que uno de cada siete adolescentes envía fotos sexualmente explícitas usando sus dispositivos electrónicos. De acuerdo con un estudio de 2016 publicado por el Data and Society Research Institute, alrededor del cuatro por ciento de los usuarios de internet les ha pasado que alguien publique —o amenace con publicar— sus fotos íntimas sin su consentimiento.

Soraya Chemaly, escritora feminista, activista y directora del Women’s Media Center Speech Project, piensa que, a pesar de que es una triste realidad que las mujeres jóvenes deban tomar precauciones adicionales, ese consejo es “hipócrita”. Chemaly afirma que le gustaría que las instituciones apoyaran a las candidatas “de maneras quizás no tan tradicionales” en esta nueva fase del acoso en línea.

“Que un partido político, una red o una organización financiadora apoye a una candidata y declare que lo sucedido constituye una violación grave a la mujer es muy diferente a darle consejos sobre ser precavida”, afirma Chemaly. “Y eso es algo que aún no he visto”.

c. 2019 The New York Times Company