Una marcha de apoyo a la continuidad del Reino Unido en Europa (REUTERS/Simon Dawson)
Una marcha de apoyo a la continuidad del Reino Unido en Europa (REUTERS/Simon Dawson)

A lo largo de los siglos, Gran Bretaña produjo la Revolución Industrial y fomentó la democracia representativa. Gobernó los mares y creó el derecho consuetudinario. Propició el primer movimiento contra la esclavitud y le hizo frente a Hitler.

Ahora, el Reino Unido ha enloquecido.

Parafraseando a Churchill, si la nación perdura durante mil años, la gente quizá mire en retrospectiva y diga: “Esta fue su hora más lamentable”. De hecho, olvídenlo, puede que el brexit termine por fracturar al Reino Unido, así que la nación no durará ni una década más, mucho menos un milenio.

El Reino Unido tiene programada una nueva elección para el 12 de diciembre, en un momento en el que sus dos partidos principales están liderados por personas a quienes jamás se les debió permitir acercarse tanto a Downing Street. Lo más grave es que es muy probable que el primer ministro Boris Johnson termine sacando a rastras de la Unión Europea a un Reino Unido exhausto.

Para los que nos consideramos amigos del Reino Unido, es desconcertante ver a Johnson liderar las encuestas mientras avanza negligentemente por un camino que está afectando a su país en términos económicos y que amenaza con hacerlo pedazos. Para aquellos que sentimos una conexión sentimental con el Reino Unido —¡Shakespeare! ¡Té con leche! ¡The Beatles! ¡Los Cinco!— es como ver a un querido amigo empinarse varias pintas de alcohol y dirigirse a un acantilado.

La mayoría de los economistas concuerdan en que el brexit afectará al comercio y el PIB. Un estudio calcula que el Reino Unido quizá ya es un tres por ciento más pobre solo por la planeación del brexit. Otro estudio estima que el declive a largo plazo será del 3,5 por ciento; otro más calcula una caída del seis por ciento a mediano plazo. Como señaló la revista The Economist, el plan del brexit de Johnson sería aún peor para la economía del Reino Unido que el de su predecesora, Theresa May.

El brexit de Johnson dejaría a Irlanda del Norte más integrada a Irlanda que al resto del Reino Unido. Y, a medida que la religión pierde relevancia en ambos lados de la frontera, la presión a favor de la unificación irlandesa crecerá. Una encuesta reciente reveló que una pequeña mayoría en Irlanda del Norte está a favor de desvincularse del Reino Unido y unirse a Irlanda, aunque la aprensión de Irlanda por heredar la economía más débil de Irlanda del Norte podría frenar ese ímpetu.

Paradójicamente, tal vez Johnson y el brexit han hecho más a favor de una Irlanda unida de lo que jamás hizo el Ejército Republicano Irlandés Provisional”, escribió en The Financial Times Jonathan Powell, quien fue jefe de Gabinete del primer ministro Tony Blair. Powell advirtió que el plan de Johnson podría “marcar el fin de la unión, lo cual daría como resultado un gobierno ultranacionalista al mando de una Inglaterra aislada”.

También en Escocia, una encuesta muestra que una mayoría simple está a favor de independizarse, y ya se han hecho llamados para realizar un nuevo referendo de independencia.

El mejor futuro para Escocia es uno como una nación europea independiente, igual a las demás”, dijo Nicola Sturgeon, la ministra principal de Escocia. “Estoy resuelta a garantizar que esa decisión esté en manos del pueblo escocés”.

Es posible que el pragmatismo contenga a los escoceses al final, pues Escocia supuestamente terminaría fuera de la Unión Europea y acabaría creando una frontera con Inglaterra. No está claro en absoluto si la UE volvería a aceptar a Escocia, por miedo a motivar a los separatistas de lugares como Cataluña.

Incluso Gales parece estar harto. Una encuesta reveló que el 41 por ciento de sus habitantes estaría a favor de una separación si tuviera la opción de quedarse en la Unión Europea.

Un Reino Unido fracturado ya no sería un gran reino; a fin de cuentas, lo único que quedaría sería Inglaterra. Una unión poderosa que había perdurado cientos de años, extendiéndose desde las islas Orcadas hasta Cornualles, desde Belfast hasta Llanfair Pwllgwyngyll, terminaría hecha pedazos por la demagogia de políticos como Johnson que ni siquiera pueden manejar sus vidas personales, ni qué decir de una nación.

El primer ministro británico, Boris Johnson, pronuncia su discurso de apertura ante los delegados en el último día de la conferencia anual del Partido Conservador en el complejo de convenciones Manchester Central, en Manchester, noroeste de Inglaterra, el 2 de octubre de 2019. (Foto de Ben STANSALL / AFP)
El primer ministro británico, Boris Johnson, pronuncia su discurso de apertura ante los delegados en el último día de la conferencia anual del Partido Conservador en el complejo de convenciones Manchester Central, en Manchester, noroeste de Inglaterra, el 2 de octubre de 2019. (Foto de Ben STANSALL / AFP)

Londres es un homenaje a la teoría del “gran hombre” de la historia, con estatuas, nombres de calles y monumentos que resaltan cómo los líderes cambian la historia. Sí, lo hacen, y si el Reino Unido se divide y la economía británica sigue en declive, será debido a la campaña imprudente y falaz de Johnson y sus facilitadores. Quizás será recordado como la versión del siglo XXI de Guy Fawkes.

Esta elección refleja cálculos sórdidos en todos los frentes: Johnson con la esperanza de ganar una mayoría, el Partido Nacional Escocés con el deseo de que las votaciones finalicen antes de que sean desacreditadas por un juicio de abuso sexual, que se realizará el próximo año, e implica a su exlíder. Si ningún partido gana una mayoría, es posible que volvamos a empezar de cero, o que el Partido Laborista forme un gobierno con los liberales demócratas y organice otro referendo sobre el brexit. Eso espero.

Uno de mis ancestros británicos fue Ralph, el demoledor, un pirata de Hunmanby en Yorkshire que montaba luces en la costa para engañar a los barcos con el fin de que se estrellaran contra las rocas. Finalmente, fue arrestado y condenado a la horca. Cuando estaba de pie en el patíbulo, con la soga lista, un mensajero llego a galope con un indulto. De no haber sido por eso, yo no estaría aquí.

Por lo tanto, sé que los británicos son capaces de cambiar de parecer, y quienes nos consideramos sus amigos esperamos que lo hagan para que el Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte siga siendo grande.

c. 2019 The New York Times Company