La gente llora y reza frente a la tumba del bebé de nueve meses, Mohammed Omar, asesinado en un ataque con mortero un día antes en Akcakale, cerca del norte de Siria, durante la ceremonia fúnebre en Akcakale el 11 de octubre de 2019. (Foto por BULENT KILIC / AFP)
La gente llora y reza frente a la tumba del bebé de nueve meses, Mohammed Omar, asesinado en un ataque con mortero un día antes en Akcakale, cerca del norte de Siria, durante la ceremonia fúnebre en Akcakale el 11 de octubre de 2019. (Foto por BULENT KILIC / AFP)

Nadie debió sorprenderse, pero parece que todos lo hicieron. El presidente Donald Trump dejó claro desde hace tiempo que quería retirarse del Medio Oriente, pero incluso algunos de sus simpatizantes obviamente supusieron que no lo cumpliría o que alguien lo detendría.

Como resultado, finalmente ocurrió la crisis internacional que temieron durante tanto tiempo muchos de sus opositores, pero es una que Trump provocó por sí solo y que lo pone en contra de su partido y su gobierno. El ataque turco contra los aliados kurdos de Estados Unidos que el presidente facilitó en la práctica refleja su política exterior en su forma más cruda y trumpiana.

Es una política exterior fundamentada principalmente en los reflejos y cada vez más resistente a los consejos externos. Trump, poco impresionado por el sistema de seguridad nacional y poco interesado en el tedio de la creación tradicional de políticas, a menudo muestra más fe en lo que algunos autócratas del extranjero le dicen que en la asesoría moderada de los burócratas, diplomáticos, analistas de inteligencia y oficiales militares en la sala de crisis de la Casa Blanca.

El presidente Donald Trump hace comentarios durante una reunión informativa con altos mandos militares en la Sala del Gabinete de la Casa Blanca en Washington. (Doug Mills/The New York Times)
El presidente Donald Trump hace comentarios durante una reunión informativa con altos mandos militares en la Sala del Gabinete de la Casa Blanca en Washington. (Doug Mills/The New York Times)

Esta quizá sea la decisión de seguridad nacional más arriesgada que haya tomado hasta el momento”, comentó Richard Fontaine, director ejecutivo del Centro para una Nueva Seguridad Estadounidense y exasesor del presidente George W. Bush. “No creo que hayamos aprendido nada nuevo sobre el estilo de toma de decisiones del presidente, pero sí ha revelado los importantes riesgos que implica”.

Sin embargo, después de haber volcado la política del Medio Oriente con una sola serie de tuits, Trump ahora está tratando de encontrar la manera de revertir las consecuencias claramente previsibles de sus actos, mientras las fuerzas turcas bombardean a los combatientes kurdos que ayudaron a Estados Unidos a sofocar al Estado Islámico.

El secretario de Defensa Mark T. Esper llamó a su homólogo turco el 10 de octubre para enfatizar que Washington se opone a la incursión en Siria, y Trump habló de negociar algún tipo de acuerdo de paz entre Turquía y los kurdos. “Espero que podamos mediar”, les dijo a los reporteros, aun cuando considera imponer sanciones a Turquía.

Sin embargo, el gobierno señaló que daría a los turcos cierta libertad de acción. Un funcionario del Departamento de Estado, que proporcionó información a los reporteros con la condición de no ser identificado, dijo que el gobierno hará pagar a Turquía si se pasa de la raya”, es decir, en caso de que lleve a cabo depuraciones étnicas o abra fuego indiscriminado contra civiles en tierra o desde el aire.

Personas en Akcakale, en la provincia Sanliurfa al sureste de Turquía, en la frontera con Siria, observan humo de los bombardeos de las fuerzas turcas al interior de Siria el jueves 10 de octubre de 2019. (AP Foto/Lefteris Pitarakis)
Personas en Akcakale, en la provincia Sanliurfa al sureste de Turquía, en la frontera con Siria, observan humo de los bombardeos de las fuerzas turcas al interior de Siria el jueves 10 de octubre de 2019. (AP Foto/Lefteris Pitarakis)

Esto sugiere que las fuerzas turcas que cruzaron la frontera hacia el norte de Siria el 9 de octubre podrían atacar con fuerza a los combatientes kurdos, pero no masacrarlos, sin provocar alguna reacción por parte de Estados Unidos. Al mismo tiempo, los kurdos han estado contratacando y lanzando obuses a las aldeas turcas de la frontera conforme aumenta el peligro de que se intensifique el conflicto.

Desde que el presidente anunció en forma abrupta su decisión la noche del 6 de octubre de retirar de cincuenta a cien soldados estadounidenses que servían como una especie de barricada a lo largo de la frontera, con lo que prácticamente despejaría el camino para la incursión turca, el gobierno ha estado esforzándose por tratar de sortear la situación. Los altos funcionarios del gobierno estaban desprevenidos, y muchos compartieron la indignación expresada públicamente por los legisladores republicanos que dijeron que la decisión equivalía a abandonar a los aliados de Estados Unidos.

Desde los más altos niveles del Pentágono hasta las bases de las Fuerzas Especiales en el norte de Siria, hubo un gran sentimiento de traición cuando se les ordenó a los soldados que abandonaran a sus aliados kurdos, a quienes habían llegado a conocer y en los que confiaban. Todos los soldados a lo largo de la frontera han sido retirados y reubicados a bases en otros lugares más al interior de Siria, puestos que aún son resguardados por combatientes kurdos sirios.

Tres funcionarios estadounidenses dijeron que las operaciones de contraterrorismo de los kurdos sirios se han suspendido, puesto que ahora se enfocan en combatir a los turcos, en varias decenas de misiones al día. La menguada fuerza carcelaria kurda todavía resguarda a los detenidos del Estado Islámico en veinte sitios repartidos por toda Siria, al menos por ahora.

Los diplomáticos se dijeron frustrados por la consideración que el presidente Trump le muestra al presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, con quien habló muy poco antes de anunciar su decisión el domingo, e insistieron en Trump estaba dirigiendo la nueva política en Siria, en vez de que lo haga el Departamento de Estado.

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, habla durante la reunión extendida con los jefes provinciales del partido gobernante Justicia y Desarrollo (AK) en Ankara, Turquía, el 10 de octubre de 2019. (Foto de Adem ALTAN / AFP)
El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, habla durante la reunión extendida con los jefes provinciales del partido gobernante Justicia y Desarrollo (AK) en Ankara, Turquía, el 10 de octubre de 2019. (Foto de Adem ALTAN / AFP)

Está claro que Trump no considera las consecuencias de sus decisiones”, dijo R. Nicholas Burns, subsecretario de Estado durante el gobierno de Bush. “Esta decisión para tranquilizar a Erdogan ahora les está costando a él y a Estados Unidos algo que es difícil recuperar rápidamente: la credibilidad como aliados confiables”.

No obstante, con el Estado Islámico vencido por el momento, Trump retomó su deseo, expresado desde hace tiempo, de retirarse de la región. Su opinión de que Estados Unidos no tiene por qué estar en medio de conflictos como el que se libra entre los turcos y los kurdos refleja años de fatiga nacional con el aventurerismo en el extranjero y hace eco en muchos estadounidenses.

Tras el reciente fracaso del intento de firmar un acuerdo de paz con los talibanes en Afganistán, Trump claramente considera a Siria un lugar donde podría hacer avanzar sus planes de retirar tropas. “Estoy tratando de terminar las GUERRAS SIN FIN”, escribió en Twitter el 10 de octubre.

Aunque sus acciones dejan a los kurdos a merced de los turcos, Trump no parecía muy preocupado esta semana. Después de todo, como lo dijo el miércoles, los kurdos “no nos ayudaron con Normandía”. Su apoyo en contra del Estado Islámico era egoísta, no era un acto de apoyo a Estados Unidos, señaló.

En efecto, Trump y sus aliados comenzaron a decir que en realidad todo era culpa del presidente Barack Obama por tratar de crear un vínculo tan cercano con los kurdos.

Al mismo tiempo, este momento tiene sus propios riesgos nacionales para Trump. Su decisión de abandonar a los kurdos provocó que sus aliados republicanos de línea más dura en el Congreso se enfurecieran justo cuando el presidente necesita un partido unido para evitar que lo destituyan mediante el proceso de juicio político.

Ganamos. Salimos de la zona”, les dijo a los reporteros el jueves. “No creo que queramos regresar”.

c.2019 The New York Times Company