El senador Lindsey Graham, uno de los aliados más cercanos del presidente en el Congreso, habla con periodistas en el Capitolio en Washington (Erin Schaff / The New York Times)
El senador Lindsey Graham, uno de los aliados más cercanos del presidente en el Congreso, habla con periodistas en el Capitolio en Washington (Erin Schaff / The New York Times)

WASHINGTON - William Barr, Fiscal General de Estados Unidos, ha dicho que está analizando los orígenes de la investigación sobre Rusia. Como parte de ese proceso, Barr se reunió recientemente con funcionarios en Italia, donde en 2016 un asesor de la campaña de Donald Trump se reunió con Joseph Mifsud, un profesor cuyas acciones tuvieron un lugar destacado en la justificación del FBI para abrir la investigación sobre Rusia.

El presidente Trump y algunos de sus aliados han afirmado, sin mostrar evidencias, que una camarilla de funcionarios estadounidenses —a la que le dan el nombre de Estado profundo—, se embarcó en una amplia operación para frustrar la campaña del actual mandatario. Esa teoría de la conspiración sigue sin ser fundamentada, y el Departamento de Justicia no ha explicado por qué Barr cree que las acusaciones deben ser revisadas, aunque deberá agotar todas las pistas para poder realizar una auditoría exhaustiva.

¿QUIÉN ES JOSEPH MIFSUD?

Mifsud fue profesor en la Academia Diplomática de Londres y también pasó un tiempo como miembro de la facultad de ciencias políticas de la Link Campus University, una institución educativa en Roma.

Algunos de los aliados del presidente han impulsado la teoría, hasta ahora infundada, de que Mifsud, nacido en Malta, es un agente de inteligencia occidental posiblemente bajo el control del FBI o la CIA. Según esa teoría, los funcionarios del Estado profundo enviaron a Mifsud a la campaña de Trump, como una trampa de contrainteligencia.

En la primavera de 2016, Mifsud le dijo a un asesor de la campaña de Trump, George Papadopoulos, que los rusos tenían “miles” de correos electrónicos robados pertenecientes a los demócratas, los cuales podrían resultar perjudiciales para la oponente demócrata de Trump, Hillary Clinton, si se hicieran públicos.

James Comey, el exdirector del FBI, dijo que Mifsud era un agente ruso. Mifsud mantuvo contactos con asociados rusos, incluido un exempleado de la Agencia de Investigación de Internet, que utilizó publicaciones en las redes sociales para sembrar la discordia en 2016 como parte del sabotaje electoral de Rusia.

Mifsud le dijo a un periódico italiano en 2017 que no era un agente secreto. “Nunca recibí dinero de los rusos. Mi conciencia está limpia”, dijo.

George Papadopoulos, ex asesor de campaña de Trump, abandona el Tribunal de Distrito de los Estados Unidos en Washington luego de su sentencia el 7 de septiembre de 2018; fue declarado culpable de mentirle al FBI sobre sus interacciones con Joseph Mifsud (Tom Brenner / The New York Times)
George Papadopoulos, ex asesor de campaña de Trump, abandona el Tribunal de Distrito de los Estados Unidos en Washington luego de su sentencia el 7 de septiembre de 2018; fue declarado culpable de mentirle al FBI sobre sus interacciones con Joseph Mifsud (Tom Brenner / The New York Times)

¿QUÉ LE DIJO A LOS COORDINADORES DE LA CAMPAÑA DE TRUMP?

Mifsud y Papadopoulos se conocieron en marzo de 2016 en Italia. Al mes siguiente, después de que Mifsud había viajado a Moscú, se encontraron nuevamente en Londres, donde Mifsud reveló que los rusos tenían información que podría afectar a Clinton.

Mifsud sugirió que el gobierno ruso podría ayudar a la campaña de Trump con la “divulgación anónima de información que sería perjudicial para Hillary Clinton”, según el informe del fiscal especial, Robert Mueller, quien llevó a cabo la investigación sobre Rusia en mayo de 2017.

¿CÓMO FUE QUE EL FBI SE ENTERÓ DE SU PROPUESTA?

En mayo de 2016, Papadopoulos se jactó ante un par de diplomáticos australianos de la oferta que hizo Mifsud en relación con los correos electrónicos de Clinton que fueron pirateados por los rusos. Meses después el gobierno australiano le pasó la información a los Estados Unidos, pero luego de que WikiLeaks publicara los correos electrónicos que les robaron a los demócratas.

La versión de los australianos, incluida la revelación de que un miembro de la campaña de Trump pudo haber tenido información privilegiada sobre el hackeo de los correos electrónicos, fue un factor determinante en la investigación de contrainteligencia llevada a cabo por el FBI en julio de 2016 sobre los intentos de Rusia por interferir en las elecciones, así como para resolver si algún asociado de Trump había participado en la conspiración.

¿QUÉ PASÓ CON PAPADOPOULOS?

El FBI comenzó a investigarlo, junto con otros tres asociados de Trump, como parte de la investigación de contrainteligencia. Según los registros judiciales, Papadopoulos mintió en repetidas ocasiones cuando los agentes lo interrogaron sobre sus interacciones con Mifsud, y eso obstaculizó los intentos de los investigadores por detenerlo.

Mifsud había estado en los Estados Unidos y los agentes lo entrevistaron una vez, pero abandonó el país. Desde entonces ha desaparecido de la mirada pública.

Papadopoulos fue finalmente condenado por mentir a los investigadores federales y estuvo 12 días en prisión.

Desde que salió de la cárcel, Papadopoulos ha promovido afirmaciones infundadas y teorías conspirativas sobre la investigación de Rusia. Escribió un libro, “Deep State Target”, en el que acusaba al gobierno de Obama de organizar un esfuerzo coordinado por espiar la campaña de Trump y evitar que fuese elegido, además, afirmaba haber sido un peón en esa operación.

El ex vicepresidente Joe Biden, un aspirante presidencial demócrata, habla en una conferencia de prensa en Wilmington, Delaware, el 24 de septiembre de 2019 (Mark Makela/The New York Times)
El ex vicepresidente Joe Biden, un aspirante presidencial demócrata, habla en una conferencia de prensa en Wilmington, Delaware, el 24 de septiembre de 2019 (Mark Makela/The New York Times)

¿CÓMO ENCAJA MIFSUD EN ESA TEORÍA?

Papadopoulos ha postulado que Mifsud era “un activo de la inteligencia italiana que la CIA usó” como parte del complot sin fundamento del “Estado profundo”. El abogado personal del presidente, Rudy Giuliani, afirmó, también sin pruebas, que Mifsud era un “agente de contrainteligencia, maltés o italiano”.

La semana pasada el senador republicano Lindsey Graham, que representa a Carolina del Sur y preside el Comité Judicial del Senado, le escribió al primer ministro Scott Morrison de Australia alegando que uno de sus exdiplomáticos que se había reunido con Papadopoulos estaba involucrado en el supuesto complot. Las autoridades australianas rechazaron la afirmación de Graham sobre el papel del diplomático en ese episodio.

El viernes, Trump también planteó el espectro de la conspiración. “Creen que podría haber sido en el Reino Unido. Creen que podría haber sido en Australia. Piensan que podría haber sido por Italia”, dijo sin dar más detalles sobre las acusaciones o quién las estaba haciendo.

El presidente Donald Trump y el primer ministro de Australia, Scott Morrison, se dan la mano durante una conferencia de prensa conjunta en la Sala Este de la Casa Blanca, en Washington, el 20 de septiembre de 2019 (Doug Mills/The New York Times)
El presidente Donald Trump y el primer ministro de Australia, Scott Morrison, se dan la mano durante una conferencia de prensa conjunta en la Sala Este de la Casa Blanca, en Washington, el 20 de septiembre de 2019 (Doug Mills/The New York Times)

¿POR QUÉ ESTAS TEORÍAS SON IMPROBABLES?

Mifsud no trabajó ni para el FBI ni para la CIA, según dijeron varios exfuncionarios estadounidenses. Si hubiera sido un informante del FBI, los fiscales podrían haberlo encontrado e interrogado fácilmente. Si Mifsud estaba trabajando para la CIA, esa agencia habría tenido la obligación de informar al FBI mientras investigaba a Papadopoulos.

Entonces, creer la conspiración de que Mifsud estaba trabajando en secreto para la CIA es creer que la comunidad de inteligencia ocultó a los fiscales que él era uno de sus agentes o que los fiscales conspiraron para engañar a los tribunales federales.

Creer que otro gobierno occidental empleó de manera secreta a Mifsud como parte de un complot contra el presidente es creer que una elaborada conspiración eludió por completo a la oficina del fiscal especial durante su investigación exhaustiva, que incluyó más de 2800 citaciones, casi 500 órdenes de allanamiento, 13 solicitudes de gobiernos extranjeros para pruebas y las entrevistas de unos 500 testigos.

*Copyright: 2019 The New York Times Company