Una de las manifestaciones por el brexit (AFP)
Una de las manifestaciones por el brexit (AFP)

LONDRES — Bajo la sombra de un brexit ruidoso y turbulento, otra transformación épica está en marcha en el Reino Unido.

A pesar de ser una de las principales potencias industriales, que se forjó a sí misma con base en el carbón y el colonialismo, el Reino Unido ahora está intentando alejarse de los combustibles fósiles que impulsaron la era industrial. El gobierno ha establecido un objetivo vinculante legalmente con el fin de llegar a cero emisiones de carbono para 2050.

Parte de ese cambio ya está en marcha: el país está sustituyendo con rapidez el carbón con la energía eólica y el gas. Además, este verano, por primera vez en más de 130 años, pasaron dos semanas sin que se quemara un solo trozo de carbón.

No obstante, el nuevo objetivo de las cero emisiones exige un giro mucho más grande que tal vez cambie todo, desde la manera en que los británicos calientan sus casas hasta cómo llegan al trabajo y qué alimentos cultivan y consumen.

La buena noticia para el Reino Unido es que las acciones para combatir el cambio climático tienen un apoyo político generalizado en una sociedad que en muchos otros aspectos está polarizada. Los conservadores en el gobierno propusieron el objetivo de las cero emisiones, mientras que hace poco el Partido Laborista los aventajó al exigir que la fecha límite sea 2030.

“Hay un alto grado de consenso en cuanto a la necesidad de hacer algo, y el Reino Unido tiene la obligación moral de liderar”, comentó Bryony Worthington, una integrante de la Cámara de los Lores y directora ejecutiva de la división europea de Environmental Defense Fund. “Nosotros lideramos la Revolución Industrial”.

En términos históricos, las emisiones del Reino Unido son las quintas más altas del mundo, según un análisis de Carbon Brief, un sitio web británico dedicado a la cobertura de ciencia y políticas climáticas.

Nick Bridge, enviado especial para el Cambio Climático del gobierno británico, señaló que su país quiere posicionarse como “un centro verde a nivel mundial”.

Se trata de una promesa audaz ante el desastre conocido como brexit.

La economía británica se está desacelerando justamente cuando el país necesitará invertir al menos el equivalente al uno por ciento del producto interno bruto para cumplir su objetivo de las cero emisiones, de acuerdo con el Comité sobre Cambio Climático, un organismo que asesora al gobierno. Además, en una época de máxima disfunción política, el gobierno no ha implementado las políticas necesarias para llegar a las cero emisiones, ni tampoco ha planeado cómo pagará los gastos de la transición.

“El brexit es una distracción terrible”, mencionó Worthington. “En términos políticos, ni siquiera hay suficiente oxígeno para tener una conversación”.

Mientras tanto, el tiempo sigue pasando. Glasgow tiene programado sostener una ronda crucial de negociaciones climáticas en las Naciones Unidas el próximo año. Ahora que el Reino Unido adoptó una ley tan idealista, falta ver si el país tendrá algún resultado.

En este momento, el país no va por buen camino para lograr su objetivo anterior de reducir un 80 por ciento las emisiones con respecto a los niveles registrados en 1990.

Esto no se debe a que no se sepa qué hacer.

Alex Kazaglis, un economista que fue miembro del Comité sobre Cambio Climático y ahora dirige la división de energía en Vivid Economics, una consultoría, se ofreció como voluntario para mostrarme parte de esos desafíos mientras caminábamos por el centro de Londres.

Según Kazaglis, para lograr las cero emisiones, el Reino Unido debe generar mucha más electricidad de la que ha generado hasta ahora, y toda a partir de fuentes de combustible no fósiles.

Ya hay progresos en esa área. En la oficina de Kazaglis, la energía para las luces, las computadoras y las teteras es generada a partir del viento y el gas, y no del carbón. Esto hizo posible que el Reino Unido redujera a la mitad las emisiones del sector energético en la última década. En la actualidad, el país produce más energía eólica por volumen que cualquier otro y depende del carbón para solo el cinco por ciento de su energía. Tiene la intención de cerrar las plantas eléctricas impulsadas con carbón para 2025.

El Reino Unido también necesita reglas más estrictas para los edificios. Con ese fin, recientemente el partido en el poder, el Partido Conservador, anunció que establecerá nuevos estándares para las emisiones de carbono de las casas que se construyan en el Reino Unido. Sin embargo, el desafío más grande es qué hacer con los 27 millones de hogares existentes, muchos de los cuales son viejos y tienen corrientes de aire, además de que la gran mayoría se calienta con calentadores de gas, los cuales tendrán que ser remplazados con bombas de calor eléctrico.

En la misma calle de la oficina, nos detuvimos enfrente de un complejo habitacional público de construcciones bajas con fachadas de ladrillo. Las ventanas y los muros son tan porosos que el calor se filtra hacia afuera durante todo el invierno, explicó Kazaglis. Necesitarían una renovación completa. ¿Cuánto costaría eso? ¿Quién lo pagaría? El gobierno no lo ha explicado en detalle.

Aún no había cargadores para autos eléctricos en las calles, ni tampoco en el estacionamiento subterráneo del edificio. Había una gran área para aparcar bicicletas. En edificios de oficinas londinenses como este, mencionó Kazaglis, los empleados se “amotinarían” si no ofreces un lugar para guardar bicicletas.

Todavía faltan muchos debates políticos, que seguramente serán polémicos, a lo largo del camino hacia las cero emisiones. ¿El Reino Unido debería expandir la energía nuclear? ¿El inmenso Aeropuerto Heathrow debe ampliarse, dadas las enormes cantidades de emisiones que producen los aviones? Y respecto a alcanzar el objetivo de 2050, ¿qué porcentaje se logrará reduciendo las emisiones y qué porcentaje de las emisiones se tendrán que capturar y enterrar?

Lograr las cero emisiones también requeriría pequeños cambios personales, comentó Kazaglis, como comprar cosas que duren más tiempo y volar menos en avión. Además, se necesitarían nuevas regulaciones gubernamentales para fabricar cosas de una manera más eficiente en términos de energía; Kazaglis mencionó todo el vidrio y el acero que tienen los rascacielos que nos rodeaban, por ejemplo.

“Durante mucho tiempo, supusimos que nuestros inteligentes líderes nos cuidarían. Ese no ha sido el caso”, opinó Kazaglis. “De hecho, se necesitará un cambio de comportamiento”.

“No se puede lograr todo esto por medio de los mercados”, agregó Kazaglis. “Se necesita una política sofisticada”.

El gobierno de la ciudad de Londres también está alentando algunos de esos cambios de comportamiento. Conducir autos viejos impulsados con diésel en el centro de Londres ahora cuesta 24 libras al día entre semana. Todos los taxis nuevos en circulación deben ser eléctricos.

A nivel nacional, la venta de autos que quemen combustibles fósiles estará prohibida para 2040. El Comité sobre Cambio Climático está recomendando que la fecha límite se adelante a 2030. Sobre ese tema, tampoco hay una política implementada.

Afsheen Kabir Rashid, un miembro de un grupo comunitario que ayuda a instalar paneles solares en complejos habitacionales públicos del noreste de Londres, comentó que el gobierno tenía que crear las condiciones para que muchos más ciudadanos adopten las opciones verdes que en este momento están fuera de su alcance. “Necesitamos que la gente nos acompañe en este viaje”, señaló. “Si se hace bien, no debería significar más costos. Debería significar más empleos”.

*Copyright: c.2019 The New York Times Company