Carole y Verne King con su border collie, Katie, en su casa en Deer Park, Washington (Rajah Bose / The New York Times)
Carole y Verne King con su border collie, Katie, en su casa en Deer Park, Washington (Rajah Bose / The New York Times)

Después de una carrera de autos, Carole y Verne King regresaron entrada la noche al hotel donde se estaban hospedando, un lugar que admite perros, en Kalispell, Montana, y descubrieron algo devastador.

Su border collie de 7 años de edad, Katie, ya no estaba en la habitación. Aparentemente, logró abrir la puerta, tal vez asustada a causa de una tormenta que había azotado la zona. En la recepción, un empleado les dijo que había visto a un perro nervioso a las afueras de la entrada principal unas horas antes.

Los King quedaron estupefactos. En el pueblo de 23.000 habitantes que tiene de fondo la extensa naturaleza cercana al Parque Nacional Glacier, rodeado de bosques y campos, ¿por dónde siquiera podrían empezar a buscar?

Durante los siguientes 57 días, la pareja llevó a cabo una búsqueda desesperada que incluyó gafas de visión nocturna, cámaras para rastrear animales y estiércol de caballo que llevaron de la granja de la familia ubicada al este de Washington. Carole King, quien trabajaba de cartera, renunció a su empleo.

“Todas las noches, irse a la cama era devastador”, comentó Verne King. “¿Estará pasando frío? ¿Habrá podido comer hoy? Nos hacía pedazos”.

DÍA 1

‘COMO LA ESCENA DE UN CRIMEN’

Después del descubrimiento inicial, los King pasaron la noche buscando frenéticamente en los vecindarios cercanos, donde convergen las granjas de alfalfa y las casas con los nuevos centros comerciales al norte de Kalispell.

Estuvieron afuera hasta cerca de las 4 a. m., recordaron los King, pero no vieron ninguna señal de la perra. El empleado de la recepción les pidió que le enviaran fotos y juntos comenzaron a hacer y distribuir volantes por la zona.

Pegaron cientos de ellos en postes de luz y buzones comunitarios, y los entregaron de puerta en puerta y en eventos deportivos locales. Publicaron la foto de Katie en páginas de Facebook y redes de mascotas perdidas en internet. En las caminatas por los vecindarios para encontrar a Katie, los acompañaron extraños.

Debido a que fueron oficiales de la policía en Los Ángeles, los King sabían que debían buscar en edificios abandonados. Examinaron el lodo en los campos de alfalfa, en busca de huellas o excremento de perro. Consideraron la posibilidad de que un auto pudiera haber atropellado a Katie en la carretera, pero, sin ninguna evidencia, continuaron con la búsqueda.

“La tratamos como la escena de un crimen”, aseguró Verne King.

Después de que Katie escapó de su habitación en un hotel en Montana, la pareja emprendió una búsqueda desesperada que duró 57 días (Rajah Bose/The New York Times)
Después de que Katie escapó de su habitación en un hotel en Montana, la pareja emprendió una búsqueda desesperada que duró 57 días (Rajah Bose/The New York Times)

DÍA 15

TRAMPAS Y RASTROS

Tras un par de semanas de búsqueda, los King decidieron probar con algunas medidas más extremas. Hicieron un pedido de dos cámaras para localizar presas, del tipo que usan los investigadores de la vida silvestre, que grabaran videos de cuando pasa un animal. También ordenaron trampas para animales, con la esperanza de que la comida —como los palitos de queso que le gustaban a Katie— la persuadiera de entrar en una jaula.

Carole King también empezó a correr y andar en bicicleta en los vecindarios, con la esperanza de que su sudor pudiera ser una señal para que la perra supiera que su familia estaba cerca. Dejaron camisetas usadas en puntos estratégicos, así como la cobija de Katie y el plato donde comía.

“No creo que haya una calle a la que no hayamos ido en esa zona”, mencionó Carole King.

Luego, la pareja llevó pelo y un par de cubetas con estiércol de los caballos que tenían en su casa y, con la aprobación de los granjeros locales, lo dispersaron en trampas cercanas y otros posibles lugares.

Después, tras saber de especulaciones de que quizá Katie merodeaba en las noches, la pareja compró gafas de visión nocturna y pasó horas en el frío, con la ilusión de ver un destello de Katie atravesando un campo.

Sin embargo, no vieron ningún tipo de actividad. En los videos de la cámara, no había ninguna señal de su perra. ¿Y las trampas? Atraparon una urraca, un gato y cuatro mofetas.

DÍA 22

POSIBLES AVISTAMIENTOS

No obstante, seguían llegando los rumores. Cuando alguien informaba de posibles avistamientos, los King hacían lo posible por darles seguimiento.

En una ocasión, manejaron 24 kilómetros a Columbia Falls porque recibieron un aviso, aunque parecía inverosímil. Otras veces, iban a revisar aunque la descripción del perro no sonara muy precisa.

“En mi corazón, siempre decía: ‘Si no voy, ¿qué tal que era ella y no hicimos nada?’”, mencionó Carole King.

A veces, se trataba de un perro diferente. En una ocasión, mientras estaban conversando con un terrateniente en una granja, una mujer se les acercó y les dijo que acababa de ver un perro que había cruzado la carretera y había corrido a un campo de canola. Los King salieron disparados, llamando a Katie.

No la encontraron.

Katie, la border collie de Carole y Verne King (Rajah Bose/The New York Times)
Katie, la border collie de Carole y Verne King (Rajah Bose/The New York Times)

DÍA 37

RENUNCIÓ A SU TRABAJO

Carole King seguía trabajando para una empresa postal en el área de Spokane. Durante una semana de agosto, tuvo que regresar a casa mientras su marido continuaba con la búsqueda.

Habló con sus jefes para pedirles vacaciones. Sin embargo, eso no era factible durante los meses de verano. Aunque el dinero les había servido para complementar sus pensiones, presentó su renuncia.

“Katie simplemente era más importante para mí”, comentó. “Les dije: ‘Termino esta semana y me voy’”.

Cuando regresó a Kalispell, Verne King había tenido que regresar a Spokane. Dejó una nota escrita a mano para Katie.

“Me voy a casa a cuidar a tus hermanos y a tu hermana”, escribió Verne King, refiriéndose a sus otros dos perros y a una gata. “En vez de decir adiós, prefiero decir: ‘Nos vemos pronto’”.

DÍA 53

LA PÉRDIDA DE LA ESPERANZA

Después de un mes y medio de búsqueda, los King aún se sentían esperanzados. No había ninguna señal de Katie, pero tampoco ninguna evidencia de que estuviera muerta.

No obstante, para la segunda semana de septiembre, Carole King mencionó que empezó a sentirse desmoralizada. Lloró y comenzó a preguntarse si la perra nunca iba a aparecer.

“No estaba lista para irme, pero pensé: ‘¿Qué más puedo hacer?’”, mencionó.

Como ya extrañaba su hogar y a sus otros animales, planeó regresar a casa, ubicada a unos 400 kilómetros de distancia, para pasar el fin de semana. Sin embargo, su esposo la convenció de quedarse, y le sugirió una semana más. Algunos de sus nuevos amigos en Kalispell también la alentaron a persistir.

Una persona ofreció su casa a los King para que se quedaran en la zona. Más de una decena de otras personas dedicaron horas a la búsqueda. Los terratenientes los habían dejado entrar a buscar en sus inmensas propiedades.

“No podemos creer la increíble actitud de esa comunidad”, opinó Verne King. Carole King agregó: “Obtuve bondad pura de la gente, de extraño a extraño”.

Una nota corregida en una pizarra en la casa de Carole y Verne King tras el regreso de Katie (Rajah Bose/The New York Times)
Una nota corregida en una pizarra en la casa de Carole y Verne King tras el regreso de Katie (Rajah Bose/The New York Times)

DÍA 57

‘ESTÁ CONMIGO’

La mañana del 15 de septiembre, Carole King recibió otro aviso, esta vez de alguien en una zona suburbana cerca del hotel. El residente le dijo que estaba viendo por la ventana y estaba seguro de que Katie estaba en su patio trasero.

Carole King y una amiga se apresuraron a llegar al lugar. No obstante, para cuando llegaron, lo que fuera que hubiera visto el hombre ya no estaba. Caminaron por los campos cercanos, mientras buscaban con binoculares.

Se toparon con una pareja que había salido a caminar, les contaron sobre su búsqueda y la mujer señaló hacia donde estaba un perro debajo de un árbol cercano.

Era un border collie. Comenzaron a llamarlo por el nombre de Katie. El perro era precavido, receloso. Otros en el grupo se callaron para que Carole King llamara al perro. Katie llegó corriendo a toda velocidad y saltó a sus brazos.

“Lo único que pude pensar fue: ‘Se acabó, está conmigo’”, comentó Carole King. “Estaba llorando, la abrazaba, la envolví en un abrazo de oso. Solo quería meterla en el auto lo más rápido posible para dejarla adentro y no volverla a perder”.

Katie se quedó dormida de inmediato en el asiento delantero del auto. Estaba sucia, deshidratada y había perdido siete kilos. La llevaron a un veterinario de emergencias, quien no pudo contener las lágrimas al enterarse de que era Katie, la perra que tantas personas de Kalispell se habían esforzado por encontrar.

*Copyright: 2019 The New York Times Company