(Shannon Lin/The New York Times)
(Shannon Lin/The New York Times)

Cuando Ariel Coleman, de 28 años, renunció a su último trabajo como gerente de proyectos en la oficina corporativa de un banco, no fue porque su nuevo empleador le ofreciera un aumento, otro puesto ni una mayor jerarquía. "El equilibrio entre el trabajo y la vida es mucho mejor", afirmó.

En su nueva empresa, Omfgco, una firma de desarrollo de marcas y diseño en Portland, Oregon, todos trabajan desde casa los días martes y jueves en cualquier horario que elijan. Coleman puede ir a correr o salir a pasear a su perro.

En el banco, dijo, la gente la juzgaba por tomar todo el tiempo pagado libre que tenía. En Omfgco, se le alienta a hacerlo, razón por la cual no le importó responder correos electrónicos del trabajo mientras estaba sentada al lado de una fogata en un viaje reciente para acampar.

"Es: haz tu trabajo, pero no te preocupes por el horario", dijo Coleman. "Un cliente me llama a las ocho de la noche, y estoy feliz de hablar con él, porque eso significa que al día siguiente a las 10 a. m., puedo llevar a mi perro al veterinario. Me permite combinar mi carrera de mejor manera con mi vida. Tengo la sensación de que nos tratan más como seres humanos".

Muchos de sus amigos han elegido sus empleos por razones similares, mencionó. "Así es como los milénials y la generación Z están jugando el juego, no se trata de ir subiendo en la jerarquía empresarial, sino de buscar mejores entornos laborales", afirmó. "Son como combatientes silenciosos, que reescriben las políticas bajo las narices de la generación de los 'baby boomers'".

Para muchos estadounidenses, el trabajo se ha convertido en una obsesión, y pasar horas interminables haciéndolo con un empeño incansable es algo a lo que aspiran. Esto ha causado agotamiento, insatisfacción y desigualdad de género, debido a que la gente batalla para encontrar tiempo para sus hijos, pasiones o mascotas o cualquier tipo de vida, además de lo que hace para ganarse un sueldo.

No obstante, cada vez más trabajadores jóvenes están contraatacando. Ahora, más de ellos esperan y exigen flexibilidad, permisos por paternidad pagados, o bien, vacaciones generosas, además de lo cotidiano, como la capacidad de trabajar de forma remota, llegar tarde o salir temprano, o darse tiempo para el ejercicio o la meditación. El resto de su vida sucede en sus teléfonos, no está vinculada a un lugar ni a un horario determinados, ¿por qué debería ser distinto con el trabajo?

A los trabajadores jóvenes de hoy se les ha tachado de perezosos y de creer que tienen más derechos que los demás. ¿Podrían, en cambio, ser de los primeros en entender el lugar adecuado que debe ocupar el trabajo en la vida, y acabar replanteando la concepción que todos tenemos al respecto?

Todavía es poco frecuente que las empresas operen de esta manera y los obstáculos son más grandes que cualquier conjunto de políticas de recursos humanos de una empresa. Algunos de los trabajadores de más edad quizá piensan que los empleados recién llegados deberían sufrir como ellos lo hicieron y los empleadores se benefician de tener gente que nunca deja de trabajar. Incluso aquellos que ofrecen mayor flexibilidad quizá lo hacen porque el desempleo es tan bajo y están compitiendo por trabajadores, lo cual podría cambiar si hay una recesión económica.

Además, es un lujo poder exigir flexibilidad en primer lugar. Quienes pueden hacerlo tienen títulos universitarios y carreras de oficina, y pueden darse el lujo de aceptar un menor salario a cambio de esa flexibilidad o ser muy selectivos con sus trabajos.

"Ellos han demostrado que no se necesita estar en la oficina de 9 a 5 para ser eficaz", mencionó Ana Recio, vicepresidenta ejecutiva de contratación global en Salesforce, la empresa de tecnología. "Esta generación por sí sola está allanando el terreno para que todos hagamos nuestro trabajo de manera remota y flexible".

CUANDO TU OFICINA SE ENCUENTRA EN UN SENDERO EN LA MONTAÑA

Una encuesta realizada por PwC, una firma de contabilidad y consultoría, encontró que, para los milénials, el trabajo es una cosa, no un lugar.

La palabra flexibilidad ya no tiene el mismo significado que le daban las generaciones anteriores: la posibilidad de trabajar desde casa cuando viene el plomero o un hijo se enferma. Tampoco se trata de prestaciones del siglo XXI como las comidas gratuitas, el servicio de tintorería en el trabajo y los servicios de enlace equipados con wifi que ayudan a mantener a la gente en el trabajo durante más tiempo.

En cambio, se trata de que los empleados configuren sus empleos de tal modo que estos encajen en su vida cotidiana. Eso podría significar que trabajen de forma remota o cambien sus horarios según sea necesario. Cada vez más empresas están ofreciendo años sabáticos; boletos de avión gratuitos para irse de vacaciones; salas de meditación y descansos para hacer ejercicio o ir a terapia; tiempo libre pagado para hacer voluntariado y permisos extendidos pagados para asuntos familiares.

Y ya no son solo las madres de niños pequeños quienes están usando los horarios flexibles. A las mujeres se les penaliza cuando esto sucede —los científicos sociales lo llaman el estigma de la flexibilidad— y suele pasar que sus carreras nunca se recuperan en términos de salarios o ascensos. Pero si más padres y gente sin hijos piden flexibilidad, el estigma puede disminuir.

Jonathan Wong, de 36 años, trabajaba 80 horas a la semana en una consultoría de gestión, cuando se convirtió en padre. Su hijo lloraba cada vez que veía su maleta lista para otro viaje de trabajo y él tenía pocas oportunidades para tomar un descanso incluso solo para hablar con su hijo por FaceTime antes de su hora de dormir, recordó. Entonces, cambió de trabajo a RAND Corp., el grupo sin fines de lucro dedicado a la investigación de políticas, y aceptó una reducción de sueldo del 30 por ciento.

"Puedo llevar a mi hijo a la escuela todas las mañanas", dijo. "Si queremos que se resuelva el problema del exceso de trabajo, es necesario que seamos parte de la solución".

Algunos empleadores no se sienten cómodos dejando que los empleados decidan cuándo y dónde trabajar.

"Cuando los trabajadores jóvenes hablan de equilibrio, lo que están diciendo es: 'Voy a trabajar arduamente para ti, pero también necesito una vida'", comenta Cali Williams Yost, directora ejecutiva y fundadora de Flex Strategy Group, que ayuda a las organizaciones a crear culturas de trabajo flexibles. "Por desgracia, lo que los líderes escuchan es: 'Quiero trabajar menos'".

No obstante, los empleados afirman que cuando no están obligados a someterse a la vida laboral, trabajan más y son más eficientes. Melanie Neiman, de 28 años, es gerente de proyectos en Breather, una empresa de alquiler de espacios de trabajo. A diferencia de su anterior trabajo, más tradicional, llega más tarde en la mañana porque es más productiva de esa manera y visita a su familia con mayor frecuencia porque puede trabajar desde donde viven.

"Cuando estoy de vacaciones, si mi Slack emite una alerta en mi teléfono, lo más seguro es que conteste, así que quizás trabajo más", afirmó. Le gusta responder sus mensajes cuando viaja, dice, porque es ella quien decide hacerlo. "Nunca respondía correos electrónicos de mi antiguo trabajo cuando estaba de vacaciones".

TAMBIÉN HAY QUE CUIDAR DE LOS EMPLEADOS

Los científicos sociales han descubierto que no todos los jóvenes están pidiendo estas prestaciones, incluso si las quieren, porque temen que se les juzgue de flojos o desleales. Aun cuando aspiren a tener vidas más equilibradas, a menudo se encuentran con que los lugares de trabajo tradicionales no las permiten.

No obstante, decenas de empresas de consultoría e investigación que han realizado encuestas entre los jóvenes han encontrado que, para ellos, la flexibilidad es un requisito laboral.

Cuando el Centro de Investigaciones Pew preguntó qué acuerdo laboral sería más útil para la gente, los jóvenes, en comparación con las personas de mayor edad, fueron más propensos a contestar: la flexibilidad de elegir cuándo trabajar. Entre las personas de 18 a 29 años, fue más probable que los hombres lo dijeran que las mujeres y las personas sin hijos en el hogar fueron igual de propensas a mencionarlo que los que son padres.

En una encuesta de más de 11.000 trabajadores y 6500 líderes empresariales efectuada por la Escuela de Negocios de Harvard y Boston Consulting Group, la inmensa mayoría de los participantes dijo que entre los nuevos desarrollos que afectaban a las empresas con mayor urgencia estaban las expectativas de los empleados de tener un trabajo autónomo y flexible; un mejor equilibrio entre el trabajo y la vida, así como el trabajo a distancia (aunque solo un 30 por ciento dijo que sus empresas estaban preparadas para ello).

La tecnología es un gran motivo de este cambio. Los más jóvenes que entran al mercado laboral, no recuerdan aquella época en la que la gente no estaba disponible en todo momento, por lo que no ven por qué tendrían que sentarse en una oficina a trabajar (también dicen que ellos tienen más práctica que sus colegas de mayor edad para establecer límites sobre qué tanto usan sus teléfonos, a fin de que no los dominen).

Otra razón por la que los jóvenes están pidiendo más flexibilidad es que se están casando y teniendo hijos a mayor edad, así que están más comprometidos con sus carreras en este momento y tienen más ventaja para pedir lo que necesitan. Muchos también cuidan de sus padres que están envejeciendo.

Muchos han visto a sus padres luchar con empleadores inflexibles o empleos inestables. Los milénials son la primera generación criada por mujeres profesionistas en su mayoría. Muchos adultos jóvenes vieron a sus padres quedarse sin trabajo y perder sus ahorros durante la Gran Recesión. Ya no esperan la fidelidad vitalicia de un empleador, por lo que algunos dicen que no quieren dedicar toda su vida a un trabajo.

"Han visto lo que sucedió con las generaciones anteriores y son conscientes de los problemas que podrían venir más adelante", explicó Kathleen Gerson, socióloga de la Universidad de Nueva York cuyas investigaciones recientes sobre este tema serán publicadas este mes por el Council on Contemporary Families (Consejo de Familias Contemporáneas). "A medida que la fuerza laboral se vuelve más diversa, tanto hombres como mujeres están diciendo que en la vida hay mucho más que solo trabajo y que también queremos una vida plena".

'CAMBIA EL SISTEMA PARA QUE TODOS PODAMOS TENER ÉXITO'

Son pocos los que quieren trabajar muchas horas, sin tener flexibilidad, sin embargo, muchos trabajan así de cualquier manera o se escabullen para salir sin pedir permiso, según algunas investigaciones.

No obstante, los reclutadores afirman que cada vez más jóvenes piden flexibilidad de antemano y algunos le dan más peso a ese aspecto que al sueldo o la jerarquía. Los reclutadores que visitan universidades dicen que los recién egresados ya no consideran que esto es algo que se deba negociar, afirma Marcee Harris Schwartz, directora nacional de diversidad e inclusión en BDO, la firma de contabilidad: "Simplemente dan por hecho que así debe ser".

"Hace años, la entrevista era, por falta de una palabra mejor, una prueba", dijo Kamaj Bailey, quien trabaja como reclutadora de Con Edison, la compañía eléctrica. "Ahora es una conversación. Sí, quiero demostrar que soy una buena candidata, pero también estoy viendo si voy a conseguir lo que espero".

Una encuesta realizada por Werk, que ayuda a las empresas a incorporar estrategias de flexibilidad, encontró que es igual de probable que los trabajadores de mayor edad deseen flexibilidad que los jóvenes. No obstante, es menos probable que la obtengan, porque es menos probable que la pidan. En ocasiones, surgen tensiones entre los jóvenes que exigen una vida fuera del trabajo y los trabajadores de más edad que están más acostumbrados a trabajar en una oficina.

"A medida que los 'baby boomers' envejecen, también buscan mayor flexibilidad en el lugar de trabajo, pero pareciera que les da envidia darles el mismo trato a los trabajadores más jóvenes porque ellos no la tenían a esa edad ni en esa etapa de la vida ", explicó Pamela Stone, socióloga de Hunter College.

Coleman, quien trabaja en la empresa de diseño de Portland, dijo que esto puede resumirse a lo siguiente: los miembros de su generación no están dispuestos a conformarse con la manera en la que siempre se han hecho las cosas. Esto es especialmente cierto en el caso de las mujeres, dijo ella, y tiene la esperanza de que los hombres sigan uniéndose a sus filas.

"Estamos hartas y cansadas de pedir lo que necesitamos", dijo. "Estamos cambiando las reglas. Se nos ha encomendado la tarea de decir: 'Vamos a cambiar el sistema para que todos podamos tener éxito'".

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