Jimmy Aldaoud en una foto familiar.
Jimmy Aldaoud en una foto familiar.

ERBIL, Irak — La vida ya era una lucha para Jimmy Aldaoud. Era bipolar y esquizofrénico, además luchó contra la depresión y la diabetes. Se metía en problemas y, con frecuencia, terminaba en la cárcel o en las calles de Detroit y sus alrededores, donde creció.

Luego, en junio, lo deportaron a Irak y su vida se volvió mucho más difícil. Según sus familiares, nunca antes había estado allí. No entendía árabe y no contaba con las medicinas necesarias.

Además estaba solo. Sus tres hermanas se enteraron de que fue deportado cuando las llamó desde la ciudad de Najaf.

Aldaoud, de 41 años, murió en Bagdad el martes, después de pasar días vomitando sangre y suplicando que lo regresaran a Estados Unidos.

"Estaba condenado desde el principio", dijo Edward Bajoka, un abogado de inmigración que está en contacto con la familia de Aldaoud.

Su experiencia ilustra las graves consecuencias que pueden enfrentar las personas que no tienen la ciudadanía estadounidense y viven en ese país, si son deportadas a lugares que no han visitado en décadas o nunca. Aldaoud era oficialmente iraquí, pero nació en un campo de refugiados en Grecia e ingresó legalmente a los Estados Unidos en 1979 a la edad de 6 meses.

Casi tan pronto como Aldaoud salió del aeropuerto de Najaf, Irak, no pudo leer los carteles ni comprender las conversaciones a su alrededor. Todo, desde el abrasador sol veraniego hasta los cortes de electricidad diarios, era extraño para él.

“No me dejaron llamar a mi familia, nada”, dijo Aldaoud en un video sobre los oficiales de inmigración estadounidenses.
“No me dejaron llamar a mi familia, nada”, dijo Aldaoud en un video sobre los oficiales de inmigración estadounidenses.

"Literalmente, lloraba todos los días", dijo su hermana Rita Aldaoud, de 30 años, en una entrevista, y agregó que Jimmy le dijo que preferiría regresar a una cárcel estadounidense.

Los funcionarios de Inmigración y Control de Aduanas en Detroit dijeron en una declaración que Aldaoud recibió la orden de abandonar los Estados Unidos en mayo de 2018, después de haber cumplido al menos veinte condenas penales —durante las dos décadas anteriores— que incluyeron cargos como asalto con un arma, violencia doméstica e invasión de propiedad. Mientras esperaba su deportación fue liberado en diciembre con la condición de que usara un dispositivo GPS, pero lo cortó, dijo la agencia. La policía local lo arrestó en abril por un cargo de hurto y, finalmente, fue deportado el 2 de junio.

Después de pasar unas dos semanas en Irak, Aldaoud expuso su desgarradora situación en un video que fue publicado en Facebook. "No me dejaron llamar a mi familia, nada", dijo sobre los oficiales de inmigración estadounidenses. "Les supliqué. Les dije: 'Por favor, nunca he visto ese país. Yo nunca he estado allí'".

Aldaoud estaba sentado en el suelo y decía que dormía en la calle y luchaba por conseguir comida. "Aquí no tengo nada, como pueden ver", dice.

Aldaoud era católico caldeo y en el video se puede ver que tenía una cruz tatuada en el antebrazo. En Irak, un país cuya población es mayoritariamente musulmana, los cristianos son una minoría que se ha reducido considerablemente desde la invasión liderada por Estados Unidos en 2003.

Poco después de que se publicara el video, el reverendo Martin Hermiz, portavoz de Christian Endowment en Irak, encontró el número del celular de Aldaoud y lo llamó para preguntarle si necesitaba ayuda.

"Él me dijo: 'No, si alguien quiere ayudarme, hágale saber a Trump mi situación aquí en Irak para que tenga piedad y me lleve de vuelta a Estados Unidos'", recordó el padre Hermiz, y agregó que Aldaoud también rechazó la oportunidad de quedarse en una iglesia diciendo que quería vivir solo y pagar su renta.

El pequeño departamento donde Aldaoud vivía estaba en un barrio cristiano de clase trabajadora de Bagdad, donde hay iglesias y las mujeres pueden caminar sin tener que usar pañuelos en la cabeza, ni otras prendas tradicionales de un país musulmán como Irak.

Hermiz dijo que no volvió a saber nada del hombre hasta que recibió la llamada de un amigo de Aldaoud que le informó que lo había llevado a un hospital de Bagdad porque estaba vomitando sangre. El centro médico le dio medicamentos y lo envió a casa, dijo Hermiz.

Rita Aldaoud dijo que su hermano había presentado síntomas similares cuando se disparaban sus niveles de azúcar en la sangre. En sus últimos días de vida, su familia se preocupó por su salud. Rita recuerda que cuando lo llamaban "él respondía y decía: 'No puedo hablar', y se podía escuchar que estaba vomitando".

Un vecino de Bagdad lo encontró muerto en su departamento el martes por la mañana.

Los políticos ya han expresado su indignación ante el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de los Estados Unidos por la muerte de solicitantes de asilo que fueron asesinados después de ser deportados.

"Sabíamos que no sobreviviría si era deportado", dijo Miriam Aukerman, una abogada de la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU) de Michigan.

El congresista demócrata Andy Levin, que representa el distrito de Detroit donde solía vivir Aldaoud, dijo que lamentaba su fallecimiento. "Su muerte pudo y debió haberse evitado, ya que su deportación fue esencialmente una sentencia de muerte", dijo Levin en un comunicado.

A Rita Aldaoud le cuesta entender por qué su hermano fue deportado a un país en el que nunca había estado.

"Es desconcertante, no lo entiendo", dijo Aldaoud. "Todavía estamos atónitos, para ser honesta".

"Fue impactante descubrir lo que había pasado pero, para ser sincera, no sabía cómo sobreviviría allí", agregó.

Por ahora, el cuerpo de Aldaoud está en la morgue de Bagdad. Un tribunal iraquí ordenó una investigación sobre la causa de su muerte y Ziad Ali, un médico forense del país, dijo que probablemente transcurra otro mes antes de que finalicen las pruebas y la patología.

Nadie está seguro de qué es lo que pasará con el cuerpo después de eso. El padre Hermiz, dijo: "Estamos buscando a su familia, pero es una lástima que no tenga familiares aquí en Irak".

Alissa J. Rubin reportó desde Erbil, Irak, y Nicholas Bogel-Burroughs desde Nueva York. Falih Hassan colaboró con información desde Erbil.

Alissa Johannsen Rubin es la jefa del Buró de Bagdad de The New York Times. @Alissanyt

*Copyright: c. 2019 The New York Times Company