(Rose Wong/The New York Times)
(Rose Wong/The New York Times)

Uno de mis juegos favoritos en las fiestas es hacerle a un grupo de personas esta pregunta sencilla: ¿cuál es tu rencor más viejo o más arraigado?

Sin falla, todos se confiesan con detalles impresionantemente específicos e íntimos. Desaires profesionales (intencionales o no), comentarios espontáneos pero hirientes, disoluciones amargas de amistades. Nada es demasiado pequeño ni mezquino cuando se trata de los rencores.

Una de mis respuestas favoritas a esta pregunta provino de un amigo cuyo rencor se remontaba al segundo grado. Una compañera —aún recordaba su nombre completo y podía describirla en detalle— fue muy poco amable con respecto a un nuevo par de anteojos de fondo de botella que él había comenzado a usar. Su insulto no fue particularmente despiadado, pero había estado furioso en silencio desde entonces.

¡La infancia!

Incluso The New York Times ha adoptado una postura a favor de los rencores al llamarlos "Tamagotchis mezquinos en nuestro bolsillo emocional". La serie de HBO Big Little Lies o Pequeñas mentiras quizá lo expresa de la mejor manera, cuando el personaje de Reese Witherspoon, Madeline Mackenzie, señala de manera práctica: "Me encantan los rencores. Los cuido como pequeñas mascotas".

Pero, en realidad, ¿qué nos ofrecen los rencores, además de anécdotas entretenidas en las fiestas (y comentarios perfectos de Witherspoon)? ¿Qué podríamos ganar si renunciamos a ellos?

Hice esta pregunta en Twitter la semana pasada. Les pregunté a los usuarios si alguna vez habían renunciado a un rencor y, de ser así, cómo se habían sentido después. Las respuestas incluyeron de todo, lo cual fue encantador.

"Sí, me deshice de casi todos desde que cumplí treinta", dijo uno. "Es como purgarte para liberar espacio cerebral".

"Literalmente ni una sola vez", dijo alguien más.

"¡Me sentí neutral!", escribió otro. "Como si ya no pudiera molestarme, pero tampoco me sentí aliviado ni nada. Solo indiferente".

Las respuestas seguían llegando: "Genial. Realmente liberador". "Solo después de haberme vengado". "Desde luego, fue un alivio, pero también algo decepcionante. Es emocionante y satisfactorio tener rencores". "El perdón es la lección más gratificante de la que jamás dejas de aprender". "Aburrido". "Liberado. La mayor parte del tiempo, si se ganan mi odio, me tienen en la palma de su mano". Algunas personas respondieron simplemente: "No". (En cuanto a mí, le devolví al universo todos mis rencores el año pasado y me sentí muy bien).

Pero mi respuesta favorita fue la más introspectiva que me dieron: "Me sentí muy maduro. Admití que mis sentimientos fueron válidos en ese contexto y ese momento, pero me di permiso de cambiar mi mente/actitud a partir de mis experiencias de crecimiento personal desde entonces. Físicamente, me sentí más ligero, pero sé que eso suena a cliché".

Sí, suena a cliché, pero también es un sentimiento que está respaldado por la ciencia y las investigaciones sobre el perdón. En serio.

Un estudio de 2006, publicado en el Journal of Clinical Psychology como parte del Stanford Forgiveness Project (proyecto del perdón), sugirió que "el entrenamiento del perdón basado en habilidades quizá resulte eficaz para reducir el enojo como estrategia de afrontamiento, pues reduce el estrés percibido y los síntomas físicos de salud, y, por lo tanto, quizá ayude a reducir" la presión sobre nuestros sistemas inmune y cardiovascular. Además, un estudio publicado este año halló que conservar enojos hasta la vejez se asocia con niveles más altos de inflamación y enfermedades crónicas.

Otro estudio de este año halló que el enojo reduce nuestra capacidad de ver las cosas desde la perspectiva de otras personas.

"Aferrarse a un rencor en realidad es una estrategia poco eficaz para lidiar con una situación de la vida que no has podido dominar. Esa es la realidad", dijo Frederic Luskin, fundador del Stanford Forgiveness Project.

"Cuando no puedes afligirte y asimilar lo que pasó, lo retienes de cierta manera", comentó. "Si es amargura, la retienes con enojo. Si es desesperanza, la retienes con desolación. Pero ambas son respuestas psicofisiológicas a la incapacidad de afrontar una situación, y ambas provocan daños mentales y físicos".

Continuó: "La desesperanza suspende y perjudica la respuesta inmune, y lleva a algunos síntomas de depresión. La furia puede tener implicaciones inmunes: el sistema nervioso. En efecto, es la emoción más dañina para el sistema cardiovascular. Pero siempre hay un nivel superficial en el que no podemos lidiar con lo ocurrido, y a menudo tratamos de afrontarlo de alguna manera, pero sin las habilidades necesarias.

Un intento mediocre de afrontar una situación "refleja el mecanismo integrado de pelea o huida para lidiar con el estrés", dijo Luskin.

Al mismo tiempo, lo opuesto también es cierto: el perdón total más o menos puede revertir las repercusiones negativas de aferrarse al enojo y los rencores.

Muy bien. Entonces superar los rencores es bueno. Pero ¿cómo lo hacemos?

A grandes rasgos, el perdón total tiene cuatro acciones según Luskin. No obstante, antes de eso, debemos reconocer tres cosas:

1. El perdón es para ti, no para el otro.2. Es mejor hacerlo ahora.3. Se trata de liberarte; perdonar a alguien no significa que deba gustarte lo que hizo ni que debas ser su amigo.

De ahí, la primera táctica es calmarte en el momento. Esto puede implicar tan solo inhalar profundamente para tranquilizarte o dar un paseo, pero la idea es hacer una pausa y componerte para crear un poco de distancia entre lo que pasó y tu reacción.

"Tienes que contrarrestar la respuesta al estrés cuando sucede", dijo Luskin.

A continuación, cambia tu manera de pensar y habla sobre el origen de tu rencor.

"Cambia tu narrativa de la de una víctima a la de un héroe", dijo Luskin.

Las dos últimas partes van de la mano. Pon atención a las cosas buenas de tu vida "para que tengas una manera fácil de equilibrar el daño", dijo Luskin, y después recuerda una verdad sencilla: la vida no siempre resulta como quieres. Combinar esas dos ideas puede "cambiar el terreno y eso reduce drásticamente" tu nivel general de estrés.

Quizá lo más crucial, enfatizó Luskin, es que puedes aprender la habilidad de perdonar. Tan solo se necesita un poco de práctica.

"Eso es algo muy importante. No estás atorado en tu vida", dijo. "Es maravilloso saber que hay estrategias simples, entrenamientos, tecnologías que pueden enseñarle a la gente a hacer algo respecto de lo que han estado cargando desde siempre".

Sin embargo, admito que puede ser divertido guardar rencores y, además, son historias geniales cuando alguien pregunta sobre eso en las fiestas.

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