Corredores matutinos entrenan en Eldoret, Kenia. Shadrack Biwott (segundo de derecha a izquierda) regresó al país para entrenar antes del Maratón de Boston del 15 de abril de 2019. (Andrew Renneisen para The New York Times)
Corredores matutinos entrenan en Eldoret, Kenia. Shadrack Biwott (segundo de derecha a izquierda) regresó al país para entrenar antes del Maratón de Boston del 15 de abril de 2019. (Andrew Renneisen para The New York Times)

ELDORET, Kenia — Hace diez años en la ciudad portuaria de Róterdam, Duncan Kibet estaba tendido sobre el pavimento mientras intentaba procesar el récord que acababa de imponer y cómo esa marca estaba a punto de cambiarle la vida.

Esa mañana del 5 de abril de 2009, cuando puso la punta de sus pies sobre la línea de salida en la vigesimonovena edición del Maratón de Róterdam, llevaba casi una década ganándose la vida como atleta de élite. Pero su mejor marca personal —de dos horas, siete minutos y 53 segundos— no hacía de él alguien muy conocido en Kenia, el hogar de la mayor concentración de talento de corredores de larga distancia en el mundo. Hasta que ese día corrió 2:04:27 en Holanda, con lo cual se convirtió en el poseedor del récord nacional de Kenia y el segundo maratonista más rápido de la historia.

Con la victoria, Kibet —quien creció en la pobreza, como muchos de sus colegas corredores— obtuvo también una cantidad sustancial de dinero. Ganó 180.000 dólares, incluidos sus honorarios de aparición, y poco después firmó un contrato con Nike por 100.000 dólares. En Kenia, donde el costo de la vida es bajo, un pago como ese tendría que haberle durado toda una vida. Sin embargo, es rara la ocasión en que eso sucede, y Kibet no fue la excepción.

Le compró una casa a su madre en Eldoret, la capital de facto de los corredores en Kenia, y le regaló una camioneta Toyota. Pagó las colegiaturas de varios parientes e hizo una donación a un hogar de huérfanos. Compró trajes de sastres italianos, así como gorras y camisetas de béisbol que mandó traer desde Estados Unidos.

Una lesión en la ingle le impidió terminar los maratones de Berlín y Londres. Su rendimiento físico menguó y, dos años después de su triunfo en Róterdam, prácticamente se quedó en bancarrota y sin trabajo.

"Terminé gastando todo", comentó Kibet, de 40 años, una tarde reciente desde su hogar en Eldoret, un apartamento de una habitación en un edificio de concreto que se encuentra entre dos gasolineras.

Duncan Kibet, de 40 años, pasó de tener récords maratonistas a tener problemas financieros. (Andrew Renneisen/The New York Times)
Duncan Kibet, de 40 años, pasó de tener récords maratonistas a tener problemas financieros. (Andrew Renneisen/The New York Times)

Aquí en el valle Rift, la región elevada que alberga a la gran mayoría de los atletas de élite en Kenia, muchos aún ven en las carreras profesionales un escape de la pobreza. Pero solo pocos de los miles de jóvenes atletas que se abalanzan a los campos de entrenamiento cada año logran ganarse la vida corriendo. La estabilidad económica a largo plazo es menos frecuente de lo que muchos creen, incluso para los que ascienden a la cumbre del deporte —como Kibet— y ganan uno de los principales maratones. Estos incluyen el de Boston, donde el keniano Lawrence Cherono obtuvo el primer lugar y 150.000 dólares el pasado 15 de abril, o el de Londres, programado para el 28 de abril.

Benjamin Limo, campeón mundial de 2005 en la carrera de 5000 metros y exrepresentante de Kenia en la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo, calculó que tan solo el 25 por ciento de los exatletas de más alto nivel del país africano viven de manera sostenible. "Más de la mitad de verdad están en problemas", comentó.

Los campeones kenianos a menudo tienen grandes redes familiares que mantener. La mayoría no ha terminado el bachillerato, algunos apenas están alfabetizados y muy pocos tienen experiencia para administrar el dinero. Según atletas veteranos, una infusión repentina de dinero en efectivo puede distraer del entrenamiento y resultar en un gasto descuidado. "Cuando tomas mucho alcohol, te vuelves estúpido: no sabes qué estás haciendo", señaló Moses Tanui, uno de los pioneros kenianos en carreras que ganó el Maratón de Boston dos veces en los años 90. "Sucede lo mismo cuando tienes mucho dinero".

En Eldoret hay una buena cantidad de estafadores, y los atletas con dinero en abundancia son blancos fáciles. Una estafa común involucra la venta de títulos falsos de propiedades. En 2011, debido a un apuro financiero, Kibet vendió la casa que había comprado después de ganar en Róterdam. Según Kibet, el comprador le pagó solo la mitad del valor a cambio de pagarle lo demás con el título de una propiedad más pequeña. El acuerdo resultó ser un fraude.

Los problemas también pueden tener su origen en las relaciones íntimas, en particular para las mujeres. Muchas personas en Eldoret aseguran que las atletas tienden a manejar las victorias de una manera más responsable. No obstante, en una cultura en la que los hombres suelen encargarse de las finanzas familiares, las maratonistas también son más vulnerables a la explotación. Las atletas hablan de hombres "hienas" que se presentan a competencias juveniles y cazan estrellas femeniles nacientes, muchas de las cuales aún están cursando el bachillerato. Un reportaje publicado en febrero por el periódico keniano The Star identificó al menos a dieciséis atletas mujeres que habían perdido decenas de miles de dólares en activos por culpa de hombres.

Conocidos de Robert Kipkoech Cheruiyot, quien ganó el Maratón de Boston en cuatro ocasiones, comentan que suele pedirles dinero. (Andrew Renneisen/The New York Times)
Conocidos de Robert Kipkoech Cheruiyot, quien ganó el Maratón de Boston en cuatro ocasiones, comentan que suele pedirles dinero. (Andrew Renneisen/The New York Times)

En contraste con muchos excampeones que han padecido dificultades, Kibet habla abiertamente sobre sus problemas económicos. Creció con poco y lo expulsaron de la escuela por mala conducta. Hizo trabajos como moler maíz en una fábrica de harina usada para el platillo ugali y fue "matatu", que es el apodo que reciben los cobradores de microbús.

Empezó a correr inspirado en su hermano mayor, Luke Metto, un maratonista que competía en Francia y tenía una marca de 2:10:57. Metto le compró su primer par de zapatos para correr, puso a Kibet en contacto con un representante y le pagó su primer vuelo para competir en el extranjero, a los 22 años.

Pero cuando ganó en Róterdam "empezó a vivir como si no hubiera mañana", comentó Shadrack Biwott, hermano menor de Kibet quien vive en California y también compite como maratonista. "Duncan quería ayudar a toda la gente que pudiera y varios se aprovecharon de eso".

El Ministerio de Tierras de Kenia está en proceso de digitalizar las bases de datos de los títulos de propiedades para evitar los fraudes. Una nueva generación está aprendiendo de los errores de la anterior en temas financieros, aunque los corredores no reciben mucha orientación. Renato Canova, un entrenador italiano que ha trabajado durante dos décadas con corredores kenianos, señaló que la mayoría de los representantes, a cargo de arreglar las apariciones en carreras y los patrocinios, están radicados en en Estados Unidos o Europa y no ayudan a gestionar asuntos económicos.

Los caminos terrosos de Eldoret son un sitio importante de entrenamiento para los corredores de élite.(Andrew Renneisen/The New York Times)
Los caminos terrosos de Eldoret son un sitio importante de entrenamiento para los corredores de élite.(Andrew Renneisen/The New York Times)

Los atletas denuncian que Athletics Kenya, la federación nacional que supervisa el deporte en nombre del gobierno keniano, tampoco ayuda. El órgano ha estado involucrado en una serie de escándalos, entre ellos uno en el que funcionarios anteriores malversaron pagos hechos por Nike. Limo, el excampeón y antes representante de Athletics Kenya, propuso durante su gestión que se creara un plan de jubilación para los atletas, pero no logró obtener el respaldo suficiente.

Por el momento, Kibet se mantiene a flote con las comisiones de ventas de títulos de propiedades legítimos, mientras su abogado intenta recuperar las tierras que vendió al comprador fraudulento en 2011. Kibet comentó que quiere terminar los estudios que quedaron truncos y quizá ser investigador criminalista (dijo que es fanático de la serie de televisión CSI). Y aún sueña con correr.

"Con solo tres meses de mucho entrenamiento", afirmó, "estaré listo".

*Copyright: c.2019 New York Times News Service